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Mensaje— por Irina Volkova el Lun Feb 11, 2019 11:25 pm

Con cariño desde Moscú
 
EINAR SØRENSEN  


Había necesitado unos días de descanso para recuperarse, pero gracias a la sangre que había ingerido el proceso de curación había sido más rápido. Puso los ojos en blanco tras escuchar a la bruja echarle el sermón, no eran amigas ni nada por el estilo y sabía que le ayudaba porque mientras lo hiciera la pelirroja mantendría bien lejos al que es su mayor pesadilla, manteniéndola a salvo a cambio de favores como este o como encargarse de Einar y mantenerlo con vida y escondido hasta que pudiera irse por él mismo. - Pero no lo hizo, es un cobarde. No quiero seguir hablando de ese maldito tema. Tengo cosas más importantes de las que encargarme, ¿no crees? Que por cierto, también te afectan. -Acabó respondiendo cansada de hablar del mismo tema. Ya se encontraba bien. - Iré allí. Sé que puede estar por ahí escondido, necesito saber con quiénes cuenta. -Le explicó a la bruja cuando abrió la boca para preguntar.

El ser que tanto había evitado y mantenido lejos de ella había estado cerca en todo momento, le ponía los pelos de punta saber que quizá había visto todo lo que Einar le había hecho aquella noche. Aunque aún no estaba segura de si realmente había sido real cuando escuchó la voz de su creador y sintió su olor y su presencia. Había sido tan intenso que no podía ser su imaginación. Lo que le quedaba claro es que podía haber matado al lobo y habérsela llevado esa misma noche y no lo había hecho. Tenía un plan... Y pronto sabría que estaba tramando, que cartas jugaría, porque así era él. Hacía que no vieras el peligro hasta que te daba en las narices.

- Tengo que irme. Tú solo sigue haciéndolo como hasta ahora. No tiene ni idea de donde estás y sigo ayudándote, por mutuo acuerdo, pero así ganamos las dos. -Se encogió de hombros. Sacó la piedra que le había dado y se la enseñó. - ¿Para qué sirve? -Abrió los ojos al oír la explicación y la volvió a guardar en el pequeño bolso que llevaba a la cintura de cuero negro. El cual pasaba desapercibido. Llevaba unos pantalones negros ajustado, una blusa de manga corta a juego con unas botas, dejando así como siempre que su pelo resaltara entre tanta oscuridad.

Volver a Rusia le hacía un nudo en el estómago pero allí podía encontrar quiénes su creador creía tener como aliados que siempre le tendían una mano a la pelirroja. "El enemigo de mi enemigo es mi amigo".

Habían sido semanas o meses, lo importante era que la información había llegado hasta ella y gracias a eso sabía por donde moverse. Su regreso se había adelantado cuando en uno de sus encuentros uno de sus aliados en tierras moscovitas había sido asesinado por los parásitos que trabajaban para su creador. No sabía donde se escondía Drakkar, había llegado tarde para conseguir su ubicación, pero al menos sabía uno de sus planes. Aunque no tenía ni idea de como haría para lograr su objetivo; matarle.

No había contactado con nadie de momento, y mantendría su anonimato un tiempo más. Pasear por aquellas calles le trajo muchos recuerdos, pero no sabía si eran buenos o malos, la nostalgia nunca le había gustado, le hacía sentirse rara. Incluso ni ahí se sentía libre ni tranquila, ya que el motivo por el que había ido no era precisamente por placer o el simple hecho de ir y disfrutar de las calles moscovitas. Incluso allí tenía enemigos muy peligrosos, no le convenía que la vieran mucho, tenía que pasar desapercibida. Su estancia terminó con más dudas aún y la angustia de que su creador, como siempre, iba pasos por delante.



Última edición por Irina Volkova el Dom Feb 24, 2019 10:20 pm, editado 2 veces


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Con cariño desde Moscú [Irina Volkova]

Por increíble que pudiera parecer tenía toda una tarde por delante para mi solo. Desde hacía unos meses mi vida se había visto realmente tranquila tras zanjar el asunto con aquella puta sanguijuela pelirroja. Había dado fin a mi enfermiza obsesión con encontrarla y terminar con su vida, consiguiendo volver a centrarme en mi rutina diaria, en mis obligaciones con los Praetor y, sobretodo, en disfrutar de la compañía de mi familia y de aquellas personas que habían logrado hacerse un hueco en mi corazón, como la pequeña cachorrita, Laila, a quien intentaba aconsejar como si de una auténtica hija se tratase. La agente White, con quien no tenía problemas en colaborar y que se había ganado el puesto de una de una auténtica amiga a pesar de ser una jodida chupasangres y, como no, de mi compañera de manada, Scarlett, aquella con quien compartía mucho más que el trabajo y la amistad. Pero hoy parecía que los astros se habían alineado para conseguir que todas esas personas estuvieran ocupadas. Mi hermana y sobrino estaban en una fiesta de cumpleaños en Jersey, Laila estaba ocupada haciendo algo con su amigo Ronny, Scarlett estaba de visita con su hija en casa de unos amigos y era demasiado pronto para que Winter pudiera salir, así que definitivamente tenía toda la tarde y principio de la noche para hacer lo que quisiera. Durante el momento que tardo en montarme en la mi querida Harley, tengo el impulso de llamar a Sivanna, a quien le estoy ayudando en su búsqueda personal, e incluso a la extraña chupasangre nórdica, Fa’har, con la que todavía no estoy muy seguro de definir el tipo de relación, pues nuestro primer encuentro distó mucho de ser cordial - "Claro… como si tus encuentros con los malditos chupasangres fueran agradables… ¿o es que ya no recuerdas como jodiste al pobre Andreas?. Además que ya tienes demasiadas relaciones con esos cadáveres ambulantes como para que el resto de licántropos te miren raro con toda la razón del mundo…" – me recuerdo mientras me coloco el casco y arranco el motor, sabiendo que el hecho de tener a una hija de la noche como mejor amiga no ha gustado demasiado a ciertos miembros de la comunidad licántropa de la ciudad - "¡Que se jodan!, no pienso cambiar de amistades por gilipolleces como esas" – me afirmo en mi convicción de no dejar que los comentarios de otros lobos influyan en lo que quiero o no quiero hacer, dejando que el rugido y posterior ronroneo del motor se una al resto de sonidos de la movida tarde neoyorquina.

En cuanto se habían ido mi hermana y sobrino no había tardado ni dos minutos en subirme a mi moto y dirigirme hacia el Bronx, deteniéndome en la carnicería donde solemos comprar la carne para casa de camino a mi destino final, que no es otro que el Parque Pelham Bay, en donde sé que me espera impaciente cierto lobezno. El jodido cachorro, había seguido las órdenes de quien había sido su dueña y no había dudado en seguirme después de nuestro último encuentro. Había barajado la posibilidad de llevarlo conmigo a casa, pero no quería que acabara convirtiéndose en un simple lobo domesticado, a parte de que mi hermana habría metido el grito en el cielo por tener al pobre animal encerrado en nuestro modesto hogar. Así que opté por esconderlo en el parque, un lugar lo suficientemente retirado de la ciudad como para que pudiese pasar desapercibido, pero lo suficientemente cerca de ella para poder ir a visitarlo diariamente.

Tras comprar las chuletas que tanto le gustan al pequeño y conducir por las calles de Manhattan, no tardo en dejar la isla para internarme en el Bronx cruzando el puente de la Avenida Madison. Sin saber muy bien el motivo, quizás por la tranquilidad de disponer del tiempo necesario, decido adentrarme por las calles del barrio, sin tomar las vías rápidas que me llevarían con mayor rapidez a mi destino.

La tarde estaba siendo realmente agradable, era fría, cosa que me encantaba, y todavía se podían ver restos de la última nevada en algunos callejones y edificios. Seguramente el lobezno estaría disfrutando de la nieve o escondido en aquella pequeña cueva que se había convertido en nuestro refugio particular. Pensar en el cachorro me provoca una sonrisa, que no puedo evitar que aflore a mis labios mientras me detengo en un semáforo. El sonido de otra moto al pararse a mi lado hace que gire mi cara hacia la derecha, encontrándome con otro motorista que también me está mirando, aunque con una sonrisa que nada tiene que ver con la mía, una sonrisa que hace que mi lobo se remueva en mi interior y que los pelos de su cuello se ericen, soltando un leve pero continuo gruñido semejante al rugir de mi moto. Es entonces cuando, sin previo aviso, el sonido de una puerta corredera al abrirse a mi lado hace que gire rápidamente mi rostro hacia la izquierda, siendo testigo de cómo cuatro brazos salen disparados del lateral de una furgoneta situada a mi izquierda dispuestos a agarrarme. Por puro instinto, dejándome llevar por el impulso animal de mi lobo, retiro el pie del suelo girando con fuerza la mano, acelerando mi moto al máximo mientras inicia el movimiento, consiguiendo así esquivar las manos por escasos milímetros e iniciando la marcha saltándome el semáforo en rojo.

Al momento el estallido de adrenalina inunda todo mi cuerpo, al igual que el sonido de los neumáticos al chirriar inundan todo a mi alrededor, puesto que en cuanto arranco la otra moto me imita indicándome que no me equivocaba al desconfiar del motorista y que estoy en el inicio de una persecución en toda regla. Con toda al agilidad de la que soy capaz, obligo a mi caballo metálico a realizar un quiebro forzoso hacia la derecha, en un intento por esquivar al coche que amenaza con arrollarme, consiguiéndolo milagrosamente sin recibir más que un ligero roce por parte del vehículo. Sin dejar de acelerar y, volviéndome a hacer con el control de la moto, continúo con la carrera pasando entre los coches que circulan en mi misma dirección, no sin llevarme algún que otro retrovisor con mi alocada carrera, mientras puedo ver por los míos como el motorista me persigue - "Puta madre… ¿y ahora qué cojones pasa?" – me permito pensar mientras esquivo una furgoneta antes de girar bruscamente la moto para colarme por un estrecho callejón, esperando poder dar esquinazo al motorista.

Para mi mala suerte el motorista es jodidamente bueno, por lo que no consigo quitármelo de encima con la maniobra, pues no tardo en escuchar el ruido de su motor tras de mi, mientras esquivo como puedo las bolsas de basura del suelo y espanto a un par de ratas que merodeaban tranquilas por el lugar antes de llegar a la otra boca del callejón, en donde me veo obligado a girar bruscamente de nuevo para no terminar empotrado en un deportivo, aunque esta vez el giro lo hago en la dirección equivocada, por lo que sin buscarlo me veo conduciendo en una calle realmente transitada en dirección contraria, haciendo que todos los conductores empiecen a pitarme con furia y a insultarme por mi temeridad.


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Con cariño desde Moscú
 
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Siempre un paso por detrás, viendo como llegaba tarde o simplemente ni siquiera llegaba. Su viaje a Moscú se había alargado más de lo que le habría gustado, pero la desesperación de no haber encontrado lo que esperaba había sido un golpe duro. Como era de esperar nadie iba a ayudarle pero sin embargo si iban a traicionarla llegado el momento. Se dirigió a la casa que tenían allí, la cual ahora estaba abandonada desde hacía mucho tiempo. No obstante y pese a que se arriesgaba mucho yendo allí terminó delante de la vieja puerta de metal, ya oxidada por el paso de los años.

- Hogar dulce hogar... -Suspiró- Nyet... -Negó con la cabeza mientras hablaba en su idioma materno. Ese sitio era de todo menos su hogar. Al pensar en esa palabra le vino a la mente su preciada cabaña y ese maldito cachorro que siempre le daba un gran recibimiento.

Había sido su decisión mandarlo con Einar y sabía que estaría bien, se sorprendió asi misma al ver que no había dudado sabiendo que aunque el odio hacia ella fuera muy claro, no lo pagaría con el lobezno. Caminó por el camino pedroso mirando lo que antes eran hermosos jardines, llenos de sus flores favoritas, adornando los alrededores y dándole un aspecto acogedor. Miró de lejos la ventana de lo que era su habitación, donde pidió a Drakkar que le pusiera su flor favorita. Siendo complacida casi al momento, como con todo lo que le pedía. Sabiendo que todo aquello que pedía de algún modo lo acabaría pagando.

Se paró frente a la puerta, insegura de si cruzar la puerta o no. Siendo consciente de que los recuerdos la golpearían con dureza, la mayoría de ellos, eran algo que ningún niño, ni adulto debía pasar jamás en su vida. Observó la cara del dragón que había en el llamador de la puerta, ya que la casa estaba adornada a lo antiguo por aquel entonces, y ahora estaba todo desgastado o hecho trizas. Cerró la mano en un puño y la bajó al notar un leve temblor mientras un recuerdo venía a su mente....

- Pequeña pesadilla... Siempre tan desobediente. Mi regalo de la vida eterna te ha vuelto más rebelde... Al menos podré enseñarte a obedecer a quién te lo ha dado todo. Sin mi no serías nada, una mocosa huérfana que acabaría muriendo de gripe o de algo aún peor... -La voz de Drakkar sonó grave pero clara en la estancia. En el centro la pelirroja maniatada y con el vestido rajado por la parte de la espalda lloraba mientras intentaba hablar. - ¿Qué dices? Deja de llorar, eso es de débiles, me avergüenzas. -

Irina escondió su cara en su antebrazo mientras controlaba su llanto que luchaba por salir. - ¿Tienes hambre? Lo sé. Pero tienes que aprender a hacer todo lo que te pida. Del dolor puedes conseguir placer... Voy a enseñarte como... Pero deja de llorar mi niña, no me obligues a seguir. -Hizo una pausa- Irina, ¡deja de llorar! -

El vampiro se puso detrás de la vampiresa mientras veía como las heridas de su espalda sangraban, sabiendo que tendría que estar pasando un gran dolor. Puso su mano sobre la piel llenando su palma de sangre y después lamió uno de sus dedos recordando todas las veces que había bebido su sangre, hasta saciarse, usándola como si fuera una bolsa de sangre con patas. Para luego borrar cualquier recuerdo y que siguiera creyendo que era su salvador, un padre ejemplar. Se acercó más a la pelirroja pasando su mano por su cintura, aprovechando que estaba con las manos atadas y no podía defenderse. - Incluso así sigues pareciéndome preciosa, con ese aspecto salvaje y a mi merced. -Soltó una risita burlona. Su otra mano fue directa a uno de sus pechos mientras acercaba su boca a su oreja para susurrarle. - Seré el único, me perteneces. Te he convertido en una hija de la noche, tu lealtad es conmigo. -La cogió de la barbilla para que le mirara. - Juntos para toda la eternidad... -La besó mientras sus manos se perdían en el cuerpo de la chica, acariciando cada parte de su cuerpo.

Apretó los dientes mientras se quitaba una lágrima al recordar una de las tantas veces que se aprovechó de ella. Lo que mas le dolía era lo ingenua y sola que había estado en ese momento. Tal fue su cabreo al recordar aquello que acabó dándole un puñetazo a la puerta rompiéndola mientras soltaba un grito de rabia. Hoy no sería el día que entrara, no podía. No estaba preparada, los recuerdos eran demasiado macabros y dolorosos. Por lo que finalmente dio media vuelta y se alejó con paso rápido.

-------------------------------------------

Sacó el teléfono móvil que Andreas le había dado y lo abrió para escribirle un mensaje. "Tenemos que hablar. Me pondré en contacto contigo. No me busques, estoy bien. No preguntes, te lo contaré todo en su momento. I V. " suspiró mientras le daba a enviar y luego lo guardó en su bolsillo. En ese momento el móvil sonó con un pitido que le hizo fruncir el ceño, Andreas nunca respondía sus mensajes o al menos no al momento, porque era el primero que le enviaba. Solo él sabía que ella llevaba ese móvil para comunicarse. Abrió el mensaje "548 West 22nd Street - 23h ". Miró el número de teléfono pero era desconocido. - Muy graciosillo. -Borró el mensaje y soltó un bufido.

Estaba segura de que era Andreas quién le había respondido citándola en algún sitio. ¿Quién iba a ser si no? Tenía una visita pendiente y era su pequeño cachorro. Sabía que en cuanto fuera a la cabaña, el pequeño acabaría acudiendo. Realmente había sido quién le había acompañado desde que se había escapado, tantas semanas sin pasar por la cabaña le había creado un sentimiento de nostalgia que odiaba con toda sus fuerzas pero que no podía evitar.

Gracias a su velocidad vampírica no tardó en llegar a la cabaña sonriendo ladina al verla, mirando a su alrededor mientras olfateaba el aire. El olor de Valhalla era tenue, lo que indicaba que no hacía mucho que había estado por ahí. Entró en la cabaña y cerró la puerta detrás de si mientras cogía algunos objetos que tenía escondidos debajo de una de las maderas. Sintió un escalofrío al darse cuenta que justo era el trozo que había crujido la última vez que había visto a Sorensen. Cerró los ojos unos segundos y después se agachó levantando ese trozo y sacando lo que había ido a buscar.


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Con cariño desde Moscú [Irina Volkova]

Sé que lo que estoy haciendo queda muy bien en las películas, pero en la vida real es una auténtica locura. A pesar la agilidad que me otorga la jodida licantropía me cuesta la vida conseguir mantener una velocidad medianamente decente para huir de mi perseguidor entre vehículos de diferentes anchuras, que se cruzan en tu camino haciendo que te veas obligado a realizar quiebros peligrosos a cada pocos metros mientras los sorprendidos conductores te regalan los oídos con insultos que jamás había oído antes en toda mi vida - "Ahora entiendo el porque de eso de que las imágenes que verán están efectuadas por profesionales, no lo intenten en sus casas, joder…" – pienso mientras decido cambiar de calle aprovechando un cruce, intentando de esta forma dejar de avanzar a contracorriente.

Por desgracia, a pesar de girar en la dirección apropiada, lo hago justo cuando el semáforo está en rojo, por lo que, al instante me veo obligado a volver a realizar un par de maniobras evasivas para esquivar a los que acaban de iniciar la marcha, causando al momento el característico ruido de los frenazos y el golpe seco de la carrocería al chocar una contra la otra. Dicho sonido me deja bien claro que acabo de provocar un accidente entre varios coches que han intentado también esquivarme. - "¡Eso llamad a la puta policía!, ¡Que vengan rápido!" – pienso esperanzado, puesto que con el espectáculo que estoy montando estoy seguro que no tardarán en aparecer y si encima viniera Winter con ellos sería ya la jodida ostia, puesto que así todo este follón terminaría fácilmente.

Sin bajar la velocidad ni un instante, continúo avanzando por las calles del Bronx en busca de las vías rápidas que me permitirán alejarme definitivamente del jodido motorista y los tipos de la furgoneta. Decidido como estoy a llamar la atención de la policía sea como sea, no dudo en saltarme todos y cada uno de los semáforos que me encuentro, arriesgándome a ser arrollado por los vehículos que tienen el paso libre, pero sabiendo que hay momentos en la vida en que te lo juegas al todo o nada, y ahora es uno de esos momentos.

Realmente no tengo ni la menor idea de quien son los que se han emperrado en perseguirme, y mucho menos qué es lo que quieren, puesto que a día de hoy me he ganado ya unos cuantos enemigos y no me extrañaría que alguno de ellos quisiera cobrarse su venganza. Por la forma de actuar, tan organizados, estoy casi seguro que se trata del tal Gustav, el mafioso ruso quien quizás ha sido advertido de mi identidad y quiere asegurarse de que estoy donde debería estar según la mafia, bien muerto y enterrado. Pero también podrían ser los amigos de la demonio que engatusó a Sivanna y que vienen a por mi, o incluso algún miembro del hampa local que se haya enterado de mi relación con la agente White, pero sea quien sea no tengo ni las más mínimas ganas de descubrirlo esta tarde.

Finalmente parece que he conseguido dar esquinazo al motorista que me seguía, puesto que ni lo veo por los retrovisores ni oigo el rugido de su motocicleta por lo que decido tomar otra calle y adentrarme en ella a una velocidad más moderada - "Bueno… parece que se ha calmado, será mejor que vayas directo a comisaría y hables con Winnie" – me digo mentalmente una vez recobro la velocidad normal y empiezo a seguir el denso tráfico en dirección a la comisaría. Es justo entonces cuando lo veo. En la azotea de un edificio, justo en el borde, diviso a una figura cubierta con una oscura capa, la cual se mueve azotada por el viento como si de la capa de un superhéroe se tratase. El hombre está claramente controlando el cruce que da paso al puente de la calle 145 y que es mi ruta de escape del barrio. Consciente de que no es casualidad que esté allí, y mucho menos que no me esté buscando, decido arriesgarme y acelerar de nuevo, comenzando a rebasar coche tras coche para lograr llegar al puente y poder cruzarlo.

Mientras manejo la moto a toda velocidad, me permito elevar un segundo la mirada hacia la figura, la cual está claro que me ha visto seguramente gracias al ruido de mi moto, y que no tarda en señalarme con un dedo - "¡Joder un puto mago no!" – alcanzo a pensar antes de que note cómo la rueda delantera de mi preciosidad se clave en el sitio, como retenida por algo al momento, haciendo que empiece a girar sobre si misma, lanzándome con fuerza hacia delante. Adelantándome al golpe que está claro que voy a recibir, me preparo encorvándome y preparándome para cambiar a mi forma animal y así minimizar el daño que pueda sufrir con el impacto.

El estrepitoso ruido de la luna de un vehículo al estallar en mil pedazos me llega al mismo momento que el fuerte dolor en mi hombro y brazo derechos, y que un violento cambio de dirección en mi caída. Al momento me veo lanzado por los aires hacia un lado, al ser arrollado por un taxi que venía por la calle perpendicular a la que yo iba circulando. Tras golpear en su luna delantera y recorrer todo el vehículo rodando por encima de él, termino en el duro asfalto, rodando unos pocos metros hasta terminar parado, milagrosamente, a escasos centímetros de las ruedas de un coche patrulla.

Ligeramente aturdido por el tremendo golpe, y con el cuerpo dolorido por las múltiples contusiones, permanezco unos segundos tumbado bajo el morro del coche patrulla mientras escucho a los agentes apearse de su vehículo y a un nutrido grupo de curiosos acercarse a mirar. Está claro que ahora mismo, transformarme sería una de mis mayores locuras, puesto que tendría que dar demasiadas explicaciones - "Y solo te faltaba eso ya para que La Clave y esos capullos de los cazadores se te lanzaran al cuello… con las ganas que me tienen…" – me recuerdo mientras intento levantarme, comprobando que, efectivamente, me he fracturado el brazo derecho.

- ¿Se encuentra bien señor? - escucho la voz de uno de los agentes, el cual me ayuda a salir de debajo de su vehículo y a levantarme - Llame a la agente White, dígale que Sørensen la necesita, vær så snill – le digo en un susurro al policía, sintiendo el sabor metálico de mi propia sangre en la boca. - ¿Cómo puede ser que esté en pie después del golpe que se ha dado? - la pregunta lógica del otro agente lanza la duda que debe estar asaltando a todos los que están mirando - ¡Llama a una ambulancia!, Sangra por la nariz y la oreja… a ver si tiene una hemorrágia cerebral - escucho que dice el primero - "Sí claro… como que con un traumatismo cráneo-encefálico con hemorragia interna iba a estar de pie y hablándoles… anda que…" – pienso entre molesto y divertido ante la reacción de los agentes.

Antes de que alguno de ellos añada algo más, el sonido de la sirena de una ambulancia anuncia su llegada escasos momentos a su aparición. En cuanto llega dos técnicos se apresuran por obligarme a tumbarme en una camilla y meterme dentro del vehículo. Por un segundo estoy a punto de negarme, pero decido aceptar en cuanto el primer agente pregunta a qué hospital me van a llevar y veo claro que una vez allí podré desaparecer entre la gente sin que nadie se de cuenta, además que será mucho más fácil dejar atrás a mis perseguidores en la ambulancia que corriendo por las calles de la ciudad.

En cuanto las puertas se cierran, la ambulancia arranca de nuevo, llenando el ambiente con el estridente y monótono ruido de la sirena. - Estoy bien, de verdad, solo necesito que me dejen en el hostpial, takk – le digo a los dos técnicos que están dentro de la ambulancia conmigo. - Sí, ya lo sabemos, lobito… - en cuanto oigo esas palabras salir de los labios de uno de los dos hombres, lanzo un gruñido de advertencia, puesto que ahora sé que saben lo que soy, y seguramente quien soy - "¡Qué cabrones!" – pienso al tiempo que me preparo para transformarme notando como, con gran rapidez, el otro técnico me cuelga por el cuello una especie de cadena con un colgante. - "¡Pero… ¿qué cojones?!" – pienso completamente sorprendido, abriendo los ojos al máximo, expresando así la sorpresa que siento al no conseguir cambiar, al permanecer en mi forma humana en vez de estar ya mordiendo y desgarrándolos. ¡Oh! ¿Es que el lobito no puede cambiar?.... vaya… - la burla del hombre hace que gruña de nuevo, cambiando mi expresión a una más feroz, más violenta y preparándome para incorporarme de la camilla y golpearlos con mi puño izquierdo. Pero mi intento se ve truncado al notar el característico pinchazo de una aguja en mi cuello, señal inequívoca de que me están inyectando algo. No he terminado de incorporarme de la camilla cuando todo a mi alrededor comienza a dar vueltas y unas fuertes náuseas me hacen vomitar, - ¿Cuánta dosis le has metido? , Tranquilo, la suficiente como para dormir a un elefante adulto, Recuerda que él quiere que llegue vivo - las voces de los dos técnicos se van entremezclando en mi mente mientras poco a poco todo se va volviendo oscuro.


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EINAR SØRENSEN  


Hola oscuridad, mi vieja amiga,
He venido a hablar contigo otra vez.
Porque una visión arrastrándose suavemente
Dejó sus semillas mientras estaba durmiendo.
Y la visión que fue plantada en mi cerebro
Todavía permanece dentro de los sonidos del silencio.


Su voz sonó suave mientras caminaba descalza por el bosque esperando ver llegar a su lobezno, deseosa de su recibimiento antes de que su ahora dueño se diera cuenta de su ausencia. Tenía muchas cosas que pensar y otras decisiones que tomar. Pero en ese momento solo quería un poco de paz, cantar a solas mientras sentía la hierba y la tierra en la suela de los pies.

Volvió a cantar para ella misma mientras fijaba la vista en uno de los árboles, al que solía subir cuando los cazadores caminaban por allí. Lo  mucho que le gustaba observar desde arriba. Aquel sería su último momento en paz. - Sé lo que escuché y sentí. -Se dijo para si misma, no estaba loca, pero su creador había vuelto. La calma se había terminado y empezaba una guerra personal contra quién le había dado todo pero también la había dejado sin nada.

Se dirigió a la cabaña por última vez, donde esperaría a que el día terminara dando noche a la preciosa noche. Entonces acudiría a la dirección del mensaje. - ¿Porque demonios no has podido venir aquí? -Al escuchar su pregunta en voz alta frunció el ceño. Sabía que podía ser una maldita trampa, de hecho la ilusión de que era Andreas era a lo que se aferraba para no enfrentar ese rostro que tanto miedo le daba. Suspiró mientras guardaba los karambits que tiempo atrás le había regalado Alphonse, los cuales había tenido guardados hasta ahora. Notando como sus ojos se humedecían, pero reprimió toda lágrima que amenazara con salir. Los sentimientos y las emociones habían aflorado, pero a partir de ese momento volvía a su entrenamiento personal para guardarlos donde estaban. Odiaba la sensación de debilidad que le daba mostrar cualquier mínimo sentimiento, sin duda le habían metido en la cabeza que había vulnerable a cualquiera, su creador se había tomado muchas molestias con eso.

En el interior de su bota escondió una pequeña daga, no tenía ningún valor pero en un momento de necesidad sería perfecta para defenderse, hizo lo mismo con la otra y además escondió un cuchillo en la mochila. Sabía que siempre acababa echando mano de sus puños y su velocidad vampírica junto a su agilidad, pero nunca estaba de más. Su desilusión fue no poder reencontrarse con Valhalla, por lo que ya no sabía si volvería a tener oportunidad. Una vez fuera de la cabaña, dio un último vistazo y empezó a correr en la dirección que le habían enviado al teléfono móvil.

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Pasó por al lado de unos almacenes que parecían abandonados, la carretera era solitaria... Solo pudo ver algunos coches pasando por la poco iluminada carretera. ¿Un motel? - No me jodas... -Murmuró para si misma en voz baja mientras se paraba de golpe y miraba a su alrededor. ¿Quién le había mandado una dirección de un puto motel? Definitivamente había sido una idiota por pensar por una milésima de segundo que se mensaje podía ser del vampiro. Alzó un poco la cabeza para percibir algún olor, pero ninguno era familiar, por lo que no consiguió nada de información. Recordaba el número exacto, por lo que se acercó a la primera hasta encontrar la que tenía el número que buscaba.

Las primeras tenían en la puerta el cartel de ocupado y entonces vio que la que buscaba estaba justo al final, dándose cuenta que también tenía el cartel que avisaba de que la habitación ya tenía quien la ocupara. Alzó la mano para llamar a la puerta pero se paró a mitad de camino, quedando suspendida en el aire y entonces la puerta se abrió dejando a la vista un rostro familiar, uno que para nada se alegraba de ver, pues nunca traía nada bueno consigo. Sintio como su espalda se tensaba al escuchar esa monótona voz y verlo vestido con el mismo traje de color gris oscuro que solía usar. - Ah... Irina... Tan preciosa como siempre. Ha pasado mucho tiempo, aunque para él mucho más. Pasa por favor. La pelirroja supo al instante a que él se refería, a su creador, quien para Argus sería su señor todopoderoso. Ya que siempre había seguido sus pasos y sus órdenes sin rechistar. Muchas veces se había preguntado el porqué de esa fidelidad hacia un ser como Drakkar...

La vampiresa vio a dos hombres en la puerta de la habitación del fondo y los miró con recelo, no le daban buena espina y lo que estuviera ahí dentro tampoco. - Drakkar me ha pedido que le hiciera un favor... Como ya sabes... Es todo un placer, además por su pequeña haría lo que fuera y esto seguro que será de tu agrado. -

- ¿Dónde está? -Le preguntó al brujo, después de oler el ambiente y notar que claramente no andaba cerca. Notó como el brujo ponía sus manos en los hombros de la pelirroja y la conducía a esa habitación haciendo un gesto con la cabeza para que los hombres se apartaran. - ¿Qué es todo esto? - Con la poca sutilidad que pudo tener en ese momento se apartó de aquellas manos que le habían erizado el vello de la nuca y que no quería cerca ni un segundo más.

- Mi señor me ha mandado citarte aquí porque tiene una sorpresa para ti querida Irina... Algo muy especial, una segunda oportunidad. Una venganza para que puedas deleitarte... Ahora podras cumplir tu cometido tal y como debiste hacerlo en su día. -

Irina frunció el ceño al escucharle mientras observaba el hombre que había sentado en la silla, atado de pies y manos. Llevaba la camiseta cubierta de sangre y parecía inconsciente ya que no se movia, pero escuchó su corazón latir, aunque a un ritmo más tranquilo que si estuviera despierto.

No le hizo falta adivinar que le habían torturado antes de que ella llegara, lo que no entendía es que tenía que ver con ella y mucho menos de lo que hablaba el mago. Sabia como se las gastaban. Miró a un lado y vio una pequeña mesa auxiliar con algunos utensilios de tortura, los que habrían usado o esperaban que usara. ¿Porque tenía que matarlo?

- ¿Quién es? - Preguntó refiriéndose al encapuchado y entonces vio su rostro. - ¿¡Sørensen?! - Dijo con un hilo de voz al ver a Einar en esa silla, abriendo los ojos por la sorpresa de ver allí al lobo, algo que para nada esperaba.

¿Su creador quería que lo matara? Se lo había traído delante de sus narices para que acabara lo que no pudo en su momento y sin saber muy bien porque sintió un nudo en el estómago que le dio ganas de vomitar.  Durante unos segundos sin poder quitarle la vista de encima, observó algunos cortes en los brazos y los golpes en su cara.

- ¿Porque? -Pregunto con curiosidad mientras se acercaba un poco más al lobo. Sintió un dejavu cuando había sido ella quien había estado atado en una silla mientras su creador la torturaba bajo la excusa de hacerla más fuerte. El brujo había estado presente en algunas ocasiones y nunca la había ayudado. Al contrario que Alphonse quien buscó el modo de ayudarla, arriesgando su propia vida.

Le tendió un cuchillo bañado en plata, algo mortal contra los licántropos. Irina sostuvo el cuchillo en su mano y lo miró, moviéndolo despacio para ver lo afilado que estaba y como brillaba la hoja bajo la luz.

Acto reflejo pasó su mano por su vientre, donde Einar la había apuñalado meses atrás viendo la oportunidad de vengarse y devolvérsela. Algo que le habría encantado en cualquier otra circunstancia, pero después del último encuentro lo que menos le apetecía es que sus caminos volvieran a cruzarse y esta vez ni siquiera había sido ella quién había movido los hilos hasta conseguirlo. Esta vez le había estallado todo delante de las narices. Escuchó un leve gruñido, algo típico en el lobo, aunque no como solía gruñir a menudo de respuesta o inconformidad, un gesto que le encantaba. Vio como abría los ojos despacio e intentaba de encajar lo que estaba pasando y donde estaba. Irina se acercó despacio con el cuchillo en la mano, sin decir nada, esperando a que se diera cuenta de su presencia.

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Con cariño desde Moscú [Irina Volkova]

El sonido de unas voces me llega entre la bruma que cubre mi embotado cerebro, haciendo que, lentamente la consciencia vaya regresando, sumiéndome ahora en un estado de malestar general, con fuertes náuseas y un lacerante dolor de cabeza, que me hace dudar de si mi corazón está en su sitio o me lo han insertado en el interior de la mi cavidad craneal. Poco a poco los recuerdos de mis últimos minutos acuden a mi mente, dándole sentido al fuerte dolor de cabeza y al malestar generalizado de mi cuerpo, sintiendo aún molestias de las contusiones del accidente, pero notando cómo mi regeneración se ha encargado de curarme casi al completo, así que supongo que no deben haber pasado más de unas pocas horas desde el accidente, como también que la mierda de sedante que me inyectaron es el culpable de que mi estómago esté revuelto y del embotamiento y dolor de cabeza.

Con lentitud intento mover mis manos, comprobando así que están fuertemente sujetas a una superficie dura, al igual que mis brazos, piernas y tobillos, confirmándome, por mi posición que estoy tumbado, fuertemente atado a una mesa, cama o algo parecido y con una capucha o algo en mi cabeza que me permite respirar, pero no ver más allá de sombras de luces - "Bueno al menos sigues vivo… así que está claro que van a divertirse… a mi costa, claro…" – pienso irónico al encontrarme ahora mismo al otro lado de la historia, siendo ahora mismo el secuestrado y no al revés, como solía pasar en mi época en Moscú - "Caca de Karma…" – añado siguiendo con la ironía, repitiendo una frase que tantas veces he oído decir a mi joven sobrino - Vaya, parece que el monstruo se ha despertado, ¿ves como te dije que no me había pasado con la dosis? - escucho decir a uno de los supuestos técnicos de ambulancia que me secuestraron impunemente segundos antes de que me retiren de golpe el saco que cubre mi cabeza, haciendo que tenga que cerrar los ojos y apartar mi rostro a un lado por culpa de la abundante luz que ilumina mi cara. - ¡Mira tío!, ¡Es verdad!, fíjate… ya no hay rastro de los cortes en su cara… realmente hemos cazado a uno de esos… si se enterara mi padre que he seguido sus pasos de cazador de lobos… aunque este trofeo es mejor que un lobo normal… fíjate… si parece humano de verdad - los comentarios de su compañero, hacen que la rabia hierva en mi interior, que no solo mi lobo se enfurezca al oírle hablar con tanta alegría de la caza de lobos, algo que me asquea sobremanera y que hace que lance un gruñido de advertencia antes de que intente, con todas mis fuerzas, liberarme de las correas que me mantienen sujeto, unas correas que deben estar bajo algún tipo de conjuro feérico, puesto que cuanto más lucho por liberarme más constriñen mi carne, provocando que no tarde en notar el calor de mi sangre en tobillos y muñecas - "Putos brujos… ¡Es que todos tienen que estar en mi contra!, ¡Que yo nunca he atacado a ninguno, ostia puta!" – pienso cabreado, presa de la impotencia por no poder ni soltarme, ni transformarme por culpa del puto collar ”Restricción de la Bestia” que está claro que me pusieron en la ambulancia. Un collar que había visto en más de una ocasión y que me parecía una auténtica aberración, aunque necesario para controlar a los cachorros imprudentes en sus primeros momentos. - No te molestes… nos han dado permiso para que disfrutemos de nuestra captura durante un rato, así que tranquilo, que no te mataremos, sólo vamos a comprobar si es cierto todo eso que cuentan de vosotros - el tono sádico con el que me habla iguala a la expresión que ambos hombres tienen mientras se colocan a ambos lados de la cama en la que me tienen retenido. Supongo que debe tratarse de mundanos con la visión, puesto que realmente no huelen a ninguna especie de subterráneos, pero está claro que están enterado de nuestra existencia - "A no ser que el cabrón del brujo les haya convencido de que solo existimos los Hijos de la Luna…" – pienso sintiendo un escalofrío ante la posibilidad de que estos mundanos empiecen una caza de los míos, una peligrosa idea que podría provocar nuestra persecución, extinción y sobretodo el estallido de una guerra abierta, algo que los seguidores del cabrón de Valentin desearían para así imponer sus ideas a la frágil paz que se tambalea peligrosamente.

Sabiéndome incapaz de liberarme de las ataduras pero siendo incapaz de permanecer quieto mientras esos dos tipejos se divierten a mi costa, lucho desesperadamente por liberarme, sin conseguirlo, pero complicándoles un poco la tarea de colocarme una mordaza, para acallar mis gritos seguramente - Empecemos con los cortes… ¿tienes el cronómetro?, vamos a ver cuánto tarda en recuperarse de un corte normal y de uno con plata
-. Impotente, abriendo los ojos al máximo ante su comentario y mordiendo la correa de cuero que han usado como mordaza, espero a que empiecen con sus jodidas investigaciones, notando casi al instante el agudo dolor que provoca un profundo corte que realizan sobre mi antebrazo derecho. Un dolor que para nada tiene que ver con el que me provoca el corte, igual de profundo, que me provoca el mismo corte en el izquierdo, pero esta vez con un cuchillo bañado en plata y que consigue arrancarme los primeros alaridos de dolor. Unos alaridos que se vuelven más continuos, más intensos a medida que los dos torturadores van probando mi resistencia, calculando la capacidad regenerativa que poseo y comparándola a si se hace con o sin plata. Así, tras esos primeros dos cortes, pasan a aplastarme los pulgares de las manos con un martillo normal y otro bañado en plata, arrancándome no solo gritos de dolor, sino lágrimas mientras mi corazón y tensión se disparan por el dolor, incapaz de soportar el contacto de la plata sobre mi piel desnuda.

La sensación de sentirme como un mero espécimen de experimentación ante unos macabros científicos no deja de acompañarme según van probando más cosas, rompiéndome la tibia izquierda, electrocutándome, golpeándome la cara con puños americanos, probando ácidos sobre mi piel, y siempre, siempre apuntando el tiempo que tarda mi cuerpo en regenerar cada herida, haciéndome pensar en lo que debieron sufrir los pobres judíos y demás presos de los campos de concentración nazis a manos de aquellos doctores del horror.

Pronto la sensación del paso del tiempo se convierte en algo abstracto, de hecho, cualquier cosa que no sea dolor pierde su sentido al convertirse todo mi mundo en un dolor latente, constante con puntos extremos cuando inician una nueva prueba. Hasta que, milagrosamente, todo termina ante la aparición del que supongo es su jefe, el director de todo esto, el líder de todos, el maldito brujo. - ¡Pero bueno!, ¿Qué parte de que lo necesitamos vivo no os ha quedado clara? - me sorprende el tono duro que utiliza hacia sus secuaces, los cuales parecen asustados de él - Solo queríamos saber cómo matar a estos monstruos… ¡no veas lo rápido que se cura el cabrón! - comenta uno de ellos, enarbolando la libreta en donde han estado apuntando sus jodidas conclusiones. - Con plata, se les mata con plata, ya os lo dije… pero ya veo que sois idiotas hasta para entender esas cosas… si queréis hacer daño a un monstruo de estos, es más sencillo… observad -sus palabras hacen que mi respiración vuelva a alterarse ante el retorno inminente del dolor. Con ojos aterrorizados observo cómo se me acerca, colocando su mano en mi nuca, sujetándomela con fuerza, sintiendo su asqueroso tacto sobre mi piel segundos antes de que el mayor dolor que jamás he sentido se apodere de todo mi cuerpo, haciéndome aullar al instante mientras todo mi cuerpo se tensa, arqueándome sobre la mesa presa de un dolor agónico que me arranca grandes lágrimas de mis cerrados ojos antes de que desaparezca de la misma forma repentina con la que ha aparecido, dejándome totalmente exhausto y gimiendo de dolor como si de un perro apaleado me tratara.

Conozco perfectamente la capacidad que tienen los brujos de provocar dolor o placer extremos, pero nunca antes había sentido el primero, algo que nunca podré olvidar y que me ha demostrado que realmente es peor que todo lo que me han estado haciendo sus dos subordinados, los cuales no dejan de mirarle asombrados, incapaces de entender cómo ha conseguido hacerme gritar con más fuerza que ellos con sus instrumentos y pruebas.

Jadeante y cubierto por una capa de sudor contemplo como el brujo abandona la habitación en donde me tienen retenido, volviéndome a dejar en manos de sus compinches, los cuales parecen sorprendidos, pero sobretodo temerosos de contravenir a su líder - Venga va, vamos a dejarlo ya, lo dormimos de nuevo y así no dará problemas hasta que llegue la hora - escucho que dice uno de ellos sintiéndome aliviado por la llegada del final de sus torturas - Espera… antes… quiero un trofeo de caza, mi padre siempre se quedaba uno de sus presas y yo quiero el mío - Las palabras de su compañero hacen que la desesperación vuelva a mi con rapidez, sabiendo que mi sufrimiento dista aún de haber acabado a manos de estas dos sabandijas - ¿Es que estás pensando? - la voz curiosa del primero hace que dirija mi mirada hacia el otro, quien no tarda en tomar unos alicates de una caja de herramientas - Siempre me gustó el collar de colmillos que lucía mi padre… - sus palabras hacen que una expresión de pánico acuda a mi rostro de nuevo mientras empiezo a luchar por liberarme de nuevo, a intentar apartar mi rostro de ellos sin conseguirlo. Pronto noto cómo uno de ellos me arranca la mordaza con rapidez, sujetándome la cabeza con fuerza, manteniéndola lo suficientemente quieta como para que su compañero acerque los alicates a mi boca - Nei!, Nei!, Vær så snill! – les suplico cerrando los ojos fuerza al igual que hago con mis labios, apretando mis mandíbulas en un intento por mantener mi boca cerrada. - Abre la boca lobito… venga di aaaaaaaaaa - las risas de los dos provocan que mi lobo se lance contra las paredes que le retienen en mi interior, sintiendo la rabia y la impotencia de no poder hacer nada pese a tomar el control de mi cuerpo, aullando de ira, la misma ira que recorre cada una de mis venas en estos momentos. Al momento noto cómo uno de ellos tapa mi nariz con sus dedos, cortando así el vital suministro de oxígeno a mis pulmones, haciendo que vuelva a abrir los ojos y me debata con mayor desesperación, notando como el esfuerzo hace mella en mi, como el aire de mis pulmones abandona mi cuerpo por mis labios sin que se produzca el intercambio necesario, provocándome un ardor cada vez mayor en ellos, haciendo que finalmente mi instinto de supervivencia me obligue a abrir la boca para poder respirar, a retirar voluntariamente la última barrera que les impedía llevar a cabo su salvaje diversión. En cuanto la abro noto el sabor metálico y frío de los malditos alicates en mi lengua. - ¡Sujétalo, sujétalo bien joder! - la voz cargada de esfuerzo del cabrón de los alicates me llega perfectamente clara mientras lucho por apartar mi cara, por expulsar de mi boca el objeto invasor - Mierda… el colmillo se me resbala así - protesta mientras noto como lucha por sujetar mi preciado diente, el cual se resbala por la humedad y la fisonomía que no le ayuda a sujetarlo correctamente. - Pues sácale otro joder... ¿un diente es un diente no? - si hubieran tenido la herramienta correcta y me hubieran sujetado con mayor firmeza seguramente no habría podido salvarlo, pero su inexperiencia en ese sentido me sirve para conservar todos mis colmillos, aunque no todos mis dientes y, mucho menos, no sentir demasiado dolor. Pronto un dolor agudo empieza a aparecer en mi mandíbula, mientras el cabronazo empieza a tirar con todas sus fuerzas del primer diente que consigue sujetar con la suficiente fuerza y seguridad como para poder extraerlo. Notando como el dolor se hace cada vez más agudo, más insoportable y el sabor característico de mi propia sangre comienza a inundar mi boca, sigo luchando por resistirme hasta que, finalmente, noto la extraña sensación del diente al salir de su lugar en la encía, una sensación desagradable que siento a pesar del dolor, segundos antes de que me vea obligado a tragar mi propia sangre para no ahogarme.

- ¡Ya lo tengo!... ¡Mira que preciosidad! - el grito triunfal del cabronazo contrasta con el dolor y la rabia que siento - ¡Te mataré hijo de puta!, ¡Juro que no pararé hasta encontrarte y comerme tu hígado mientras aún sigues vivo! – le grito con rabia, clavando mi mirada de ira en su rostro, viendo cómo enseña una de mis muelas a modo de trofeo, expulsando restos de mi propia sangre con cada palabra. Palabras que son las últimas que pronuncio antes de sentir el fino dolor de la aguja al penetrar mi piel y el escozor del sedante al abandonar la jeringa e introducirse en mi cuerpo, conduciéndome irremediablemente al agradable mundo de la inconsciencia.


----------------------------------------------------------------------------



Nuevamente el sonido de varias voces me van devolviendo lentamente a la consciencia, haciendo que un gruñido de atontamiento brote de mis labios antes de que llegue a abrir los ojos. Lo que me encuentro, tras parpadear varias veces, hace que no pueda evitar que estalle en una potente y fuerte carcajada - Jøss!, ¿Así que toda esta mierda es por esta desgraciada? – suelto sin más, con voz enronquecida por los gritos anteriores, escupiendo restos de sangre coagulada de mis boca al suelo mientras paso mi mirada del cuchillo plateado que sostiene para dirigirla a su níveo rostro - Ya sé que soy terriblemente irresistible, pero ya te dije que lo nuestro no tiene futuro – le espeto burlón esbozando una sonrisa cargada de sarcasmo y pasando mis ojos del rostro de la vampiresa al del mago - ¿Has liado todo esto para organizarnos una velada romántica?. Så ømhet!…realmente tierno... te lo agradezco pero paso de esta zorra – le digo ahora al brujo manteniendo el mismo tono burlón y expresión sarcástica en mi rostro.

Está claro que todo esto lo ha organizado la puta chupasangre pelirroja, que seguramente va a devolverme por triplicado todo lo que le hice - "Pero me la trae floja, puedes hacerme lo que te de la gana, estoy tan cansado ya que morir sería una bendición… eso sí, no pienso suplicarte, eso ¡jamás!" – pienso sintiendo que, a pesar de que ahora seré yo quien muera, no siento remordimientos por no haberla matado aquella noche, algo realmente extraño.


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Mensaje— por Irina Volkova el Miér Feb 27, 2019 11:46 pm

Con cariño desde Moscú
 
EINAR SØRENSEN  


Al volver a ver al brujo algunos recuerdos volvieron a su mente... Recuerdos muy amargos para ella y que tuvo que controlar para no demostrar su rabia hacia como la había tratado cuando además acababa de ser convertida en vampiro, obedeciendo al loco de su creador siempre, incluso cuando ella era humana sin darse cuenta que tan solo era una niña inocente.

Realmente el único peligroso que había en aquella habitación era el brujo, ya que siempre tenían sus muchos trucos haciendo que todo se volviera más complicado, pero los otros dos... Irina olió el ambiente y sonrió internamente al ver que eran humanos. Unos que se lo habían pasado en grande torturando al pobre Einar. El mismo que la había violado y despreciado tanto. Cualquiera diría que se lo merecía, pero pese a todo sentía un enfado que no podía explicar, uno que le hacía sentirse más cabreada a cada herida que iba viendo en el cuerpo del lobo mientras este aún estaba inconsciente. Entonces aquel sonido tan característico, uno que a veces odiaba y otras veces le excitaba le hizo dejar de mirar al brujo para clavar su mirada en Sørensen mientras despertaba y le devolvía la mirada. Escuchó su primera frase y le mostró una sonrisa divertida por la situación, tramando ya un plan en su cabeza.

- Bienvenido.... ¿La princesa ha dormido bien? -Se acercó a él y ensanchó aún más su sonrisa, la cual se volvió cínica. - Las veladas románticas no son lo mío, me va más el sexo salvaje. Y por como acabamos la última vez sé que sabes a lo que me refiero. -Le guiñó un ojo. - Aunque estoy segura que puedes hacerlo mucho mejor. -Se burló soltando una carcajada.

Movió el cuchillo en su mano y se acercó hasta quedar a escasos centímetros, sabiendo que las otras tres personas que habían con ellos estaban al tanto de cualquier movimiento, reacción o expresión que la vampiresa hiciera o utilizara, por lo que aunque no era lo que más le apetecía tendría que hacerle daño a Sørensen; pero a final de cuentas era por una buena causa. - No me niegues que no te gustó.... -Se agachó para que sus miradas quedaran a la misma altura. - Tu cuerpo no miente Einar... -Le miró con intensidad, clavando sus intensos ojos verdes en los suyos, que ahora estaban azules, dándose cuenta que nunca los había visto tan bien como ahora. Sorprendiéndose de estar fijándose en eso justo en un momento así, pero sin perder su sonrisa ni la mirada amenazante que acompañó con el bofetón que le dio sin previo aviso, haciéndole que girara la cara. - Nunca ha habido un lo nuestro. -Escupió las palabras enfadada.

Puso su mano en el hombro derecho de Einar y apretó clavando sus uñas y dejando una marca. - Ni nunca lo habrá. - Terminó la frase. -  Serás irresistible para las idiotas que sueles tirarte. O quizás para las perras de tu manada. - Esta vez su mirada estaba seria y su expresión se mostraba llena de frialdad, no había rastro de la sonrisa que le había dedicado hacia tan solo unos segundos. Apretó el cuchillo entre su mano sujetándolo con firmeza, sabiendo que lo que iba a hacerle seguro no era nada comparado a lo que ya había aguantado. Por no hablar del alto nivel que Sørensen era capaz de soportar, algo que ya había comprobado años atrás.

Se sentó en sus piernas, para molestarlo con la cercanía de su cuerpo, notando como la miraba serio y enfadado mientras ella le desafiaba con la mirada. - Tuviste que hacerlo a la fuerza, porque sino jamás habría ocurrido... -Le susurró mientras llevaba su mano a su cuello y clavaba el cuchillo en su vientre, devolviéndole lo que le había hecho, notando como su pulso se aceleraba y su corazón latía con fuerza. - Puedes aguantar mucho más... - Casi le animó mientras le imitaba retorciendo la hoja en su interior, sabiendo que esa herida tardará en sanar. - ¡¡¡Tengo una idea!!! ¡¡¡Así no te olvidarás de mí, si es que sales de esta, que sinceramente lo dudo mucho!!! -Ahora si volvió a reír, una risa llena de locura y maldad.

Podía notar como la sangre se agolpaba al impedir con su agarre que siguiera fluyendo como de normal. Apretó su agarre para que hiciera la cabeza a un lado, aprovechando que estaba atado, impedido de poder defenderse y como más le gustaba, a su merced. Sacó el cuchillo despacio, prolongando así su agonía. Sabía que ya había soportado una gran carga de dolor, hasta él tenía un límite, por muy duro que fuera. Llevó la afilada hoja a su hombro donde grabó sus iniciales "I. V" Aunque esa herida sanara, esas letras quedarían marcadas para siempre. Después soltó de golpe su garganta y se quitó de encima acercándose a la mesita que tenían al lado, observando todo lo que había en ella, pasando la mano que tenía libre por cada objeto indecisa de cual sería el siguiente que utilizara. Mientras en la mano donde tenía el cuchillo bañado en plata dejaba gotas de la sangre de Einar.

- Tuvimos que darle una buena dosis a este cabrón para poder traerlo aquí, hasta casi lo matamos. -Comentó uno de los hombres burlándose del pobre desgraciado del lobo. A lo que Irina respondió alzando su mirada. - ¿Qué usaste? -Le preguntó usando su don vampírico que la hacía irresistible de verdad, consiguiendo así cualquier cosa que se propusiera. Mientras observaba como sacaba una aguja y se la tendía, notaba como el brujo no dejaba de mirarla, sintiendo su mirada clavada en su nuca. Cogió la jeringa y miró el líquido que había dentro, teniendo una idea al instante. Dejó el cuchillo en la mesa y cogió un martillo con lo que parecían ser clavos o al menos la punta de estos mientras miraba de reojo la distancia a la que se encontraba el brujo de ella. - Argus, ¿Que te parece si troceo al perro? Podemos dárselo de comer a otros subterráneos, carne de lobo. -Le guiñó un ojo. El brujo le devolvió la carcajada contento por la idea mientras la pelirroja corría hacia él, usando la característica velocidad de los vampiros clavando la aguja en su pecho, inyectando todo el líquido.

Vio como intentaba usar sus poderes contra ella, pero tenían razón, al ver lo rápido que había actuado se dio cuenta que en Sørensen el efecto habría sido el mismo. Se giró rápidamente lanzando el martillo a uno de ellos dándole en la cabeza, mientras que se acercaba al otro y lo empujaba contra una cristalera que había adornando la habitación, en una de las paredes, la que hasta entonces estaban usando para que la víctima que en este caso era el lobo se viera mientras lo torturaban. Algo muy retorcido, pero que no le sorprendía viniendo del brujo. Se rompió en pedazos, los cuales utilizó para rajar la cara del hombre. - Me voy a asegurar de que nadie te reconozca, ni siquiera muerto. - Los gritos del hombre resonaron en la habitación mientras Irina seguía rajando su cara haciendo que la sangre cayera por el suelo. Cogió un trozo y lo clavó varias veces en el hueco entre su cuello y su hombro hasta que dejó de moverse, sin darse cuenta que se había cortado su propia mano y sangraba a borbotones.

Se acercó al otro agachándose para recoger el martillo y lo golpeó un par de veces hasta que su cabeza solo fue una masa sanguinolenta de sesos y cráneo. Al incorporarse resopló quitando un mechón que se le había pegado a la cara y dejó caer el martillo que dio un golpe seco contra el suelo. Se acercó a la mesa de nuevo y miró la pistola dudando si cogerla o no, finalmente la cogió y volvió donde estaba el brujo mientras le apuntaba a la cabeza.

Un sonoro suspiro salió de su boca mientras su mano temblaba levemente sabiendo lo que supondría matarlo. Era la mano derecha de su creador y el maestro de Selina, la cual tenía un plan para acabar con quién la nombró su pupilo y luego pasó de ella. Pero en ese momento solo pensaba que si lo dejaba con vida correría junto a Drakkar y le daría toda la información que hubiera conseguido. Volvería a por Sørensen y esa vez no sería acompañado por dos idiotas sino por su propio creador si hacía falta. Seguramente la obligaría a mirar mientras él mismo acababa con la vida del lobo, para enseñarle como tendría que haberlo hecho.

Soltó un gruñido de rabia y bajó el arma mientras suspiraba y luego tomaba aire. Los recuerdos volvieron a su mente, cuando la empujaba para meterla en aquella celda, cuando se burlaba de ella y le enseñaba las bolsas de sangre mientras ella luchaba con la sed que la mataba en ese momento. Cuando fue quién dejó que su creador la violara por primera vez mientras ella le pedía ayuda. Levantó la mano de nuevo y disparó varias veces quedándose luego unos segundos mirando su cuerpo ya muerto, asegurándose de no percibir ningún latido. En ese momento solo le llegaba uno, que seguía igual de acelerado.

Se acercó a Einar y comenzó a soltarle mientras escuchaba de nuevo como le gruñía. - Aunque te parezca mentira, yo no he tenido nada que ver con esto. Pero si me crees o no, me importa una mierda. -Le contestó enfadada ya sabiendo su reacción. - Tenemos que irnos, ya. Vendrán más. -Le advirtió y le cogió pasando su brazo por su hombro para ayudarle a caminar sin esperar su permiso. Salieron a la calle y comenzó a dirigirse a un sitio donde estarían a salvo, un sitio que les sonaría muy familiar a ambos pero que pasarían desapercibidos y nadie preguntaría si los veían aparecer con esas pintas, ya que hasta era lo normal. En la parte de arriba había habitaciones, por lo que el lobo podría descansar.

Caminaron por las calles. - No te pares Sørensen. -Le susurró tirando con fuerza de él, casi arrastrándolo. Una última calle y llegarían al bar. Fueron a la parte de atrás, donde podían acceder también a las habitaciones. Dejando la sonora música en la parte de abajo, de manera que arriba sonaba como un murmullo. Casi imperceptible.

El destino, quién le diría que tendrían que esconderse en el bar donde se vieron la primera vez...


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Con cariño desde Moscú [Irina Volkova]

Está claro que estoy realmente jodido. De la forma que me tienen es imposible que me suelte y más sin poder transformarme por culpa del maldito ”Restricción de la Bestia", el cual deben haber cambiado mientras estaba inconsciente porque estoy seguro de que han pasado más horas de las que funciona el puto collar. El problema no reside en eso, sino en el motivo real por el que me encuentro aquí ya que puedo llegar a entender que la puta chupasangres quiera una venganza por lo que le hice, pero está claro, por la expresión de todos ellos y los comentarios que me pareció oír mientras despertaba que no es algo orquestado por ella, que parece más bien como si alguien me ofreciera como regalo, como ofrenda o como un cabo suelto que debe resolver la maldita rusa. Esto me vuelve a crear dudas, preguntas que había conseguido relegar al olvido y que ahora mismo vuelven, como si necesitara obtener las respuestas para poder morir en paz - "Vaya… parece que finalmente ha llegado tu hora… bueno… quizás pueda atormentarla como fantasma anclado en este lado hasta que no obtenga las respuestas que necesito para poder descansar… " – pienso seriamente recordando las historias que me han contado los compañeros del Praetor, aquellas en las que hablan de fantasmas que permanecen entre los vivos por no haber podido algún cometido o alguna cosa, aunque parece que algo está haciendo que cada vez hayan más fantasmas, que su presencia sea más habitual, otro signo de que la guerra está cambiando el mundo.

Sin retirar la sonrisa sarcástica de mi rostro, la veo acercarse a mi con el maldito cuchillo plateado en su mano. - Ja, velig bra takk, vamos como un niño chico – respondo burlón a su comentario sobre si he dormido bien compitiendo con su cínica sonrisa - Cierto… tus veladas románticas sin jaulas, peleas y muertos no lo son… y, como bien te dije la otra vez, nunca sabrás lo bien que lo hago, así que olvídame ya de una puta vez – le respondo sin variar mi tono ni expresión respondiendo a sus burlas con las mías propias sin apartar en ningún momento mi mirada de la suya, desafiándola con ella a que continúe lo que sus dos compinches comenzaron.

Con un profundo y gutural gruñido respondo a su afirmación de que me gustó mientras ella me mantiene la mirada, agachándose para ponerse a mi altura - "Pues claro que mi lobo disfrutó torturándote, pero eso no volverá a pasar" – pienso sabiendo que no lo volvería a hacer. Esto es algo que me sorprende, porque, como bien pensé antes, no me arrepiento de no haber acabado con su existencia aquella noche, por lo visto ella era importante, de alguna forma, para mi hija, porque tras aquella noche he ido recordando comentarios de mi pequeña, en las que hablaba de su hada de fuego que la visitaba por las noches para protegerla de los monstruos - "Aunque no pudo protegerte del peor de todos los monstruos, de tu propio padre" –. Este pensamiento me paraliza al momento, pues pensándolo fríamente la única diferencia con mi padre es que yo sí me maté a mi esposa e hija de forma directa, no indirecta como hizo ése cabronazo.

Un inesperado bofetón que me hace girar la cara, junto al fuerte y gélido agarre que siento en el hombro, aquel que pronto me provoca dolor al notar cómo se clavan sus largas uñas en mi piel, me apartan de ésos pensamientos, volviéndome a centrar en lo que realmente importa, consiguiendo que mis ojos vuelvan a enfocar los dos mares de jade que me observan con una intensidad y un desprecio que podrían matarme al instante, seguida de unas frases que intentan responder a mi anterior comentario burlón sobre mi atractivo, al que yo no tardo en responder con una sonrisa burlona. Es entonces cuando siento su peso sobre mi pierna, haciendo que sienta invadido mi espacio vital por esa víbora, provocando que ahora sí la mire molesto y serio, preparándome para que empiece a torturarme, puesto que está claro que va a seguir haciendo lo mismo que hicieron los otros dos.

Noto cómo su mano me sujeta del cuello mientras me comenta que nunca me la habría tirado sino hubiera sido por la fuerza, a lo que estoy a punto de responder, pero mi irónica respuesta no llega a formularse puesto que, inmediatamente tras soltar su última palabra siento el dolor regresar con violencia a mi, un dolor que conozco demasiado bien, el dolor de la plata al penetrar en mi cuerpo, ése dolor que poco a poco se va abriendo paso en mi vientre según ella va enterrando el cuchillo en él, haciendo que abra los ojos sorprendido sin apartar mi mirada de ella y que consigue arrancarme un quedo quejido en vez de la réplica mordaz a su comentario. Al momento noto como mi corazón se vuelve a acelerar y mi tensión se disparar por el dolor, un dolor que no es como el que me provocó el jodido brujo pero que me quema las entrañas por dentro con gran ferocidad.

Pronto me queda claro que estoy ante una auténtica profesional, no como los dos mundis, los cuales habían estado jugando conmigo, dejándome claro que eran dos inexpertos, puesto que las heridas que me habían provocado no dejaban de ser superficiales, heridas que podrían dejar marcas en mi piel, pero que no eran realmente graves sin embargo ella sabe lo que se hace y pronto me lo deja claro, al retorcer el cuchillo, rasgándome por dentro, provocando que mis vasos sanguíneos se abran, haciendo que mi sangre comience a brotar con abundancia por la herida de mi vientre, una herida que mi cuerpo no podrá regenerar de forma natural por ser causada por la plata, una herida mortal de necesidad que solo una persona experta sabría provocar a alguno de mi especie - "¿Así que esto es lo que se siente?" – no puedo evitar pensar sorprendido al sentir cómo la sangre, la vida, va abandonando mi cuerpo de una forma terriblemente dolorosa.

Sus siguientes palabras, las que me dicen que puedo aguantar mucho más me sorprenden ya que no sé si las dice para animarme a aguantar la herida o para anunciarme que van a seguir muchas más, pero sea como sea el dolor, intenso, ardiente, me hace dudar de que pueda aguantar mucho más, sobretodo sabiendo que me espera una muerte lenta y dolorosa causada por la hemorragia interna provocada por esa puñalada. Una puñalada, que de haber sido provocada por un cuchillo normal sería curada por mi capacidad regenerativa, pero no había tenido esa suerte.

Impotente, notando como su mano comienza a ejercer más presión sobre mi cuello, comenzando a cerrar el paso del aire hacia mis pulmones e impidiendo que la sangre circule con normalidad, escucho su exclamación, aquella que no me augura nada bueno y que me indica claramente que estoy delante de una jodida sádica de verdad. Algo que me demuestra al sacar con deliberada lentitud el cuchillo de mi cuerpo, prolongando una agonía que me obliga a apretar los dientes mientras su agarre a mi cuello me impide siquiera gritar de dolor, sintiendo como mueve mi cabeza como si de un mero muñeco me tratase. En cuanto la hoja abandona finalmente mis entrañas, comienzo a notar cómo la sangre brota con más facilidad al tener una vía de escape ahora que ya no hay nada que lo impida, sintiendo su calor inundar con rapidez mi piel y bajar por ella hasta mis pantalones, para acabar sobre el suelo, inundando la estancia con el característico olor de la sangre, aunque esta vez es la mía la que lo desprende.

Pronto me queda claro que los otros tres lo están disfrutando de lo lindo, puesto que no tardan en ovacionarla por su primer golpe, animados por lo que debe ser un jodido espectáculo para ellos a la espera de su siguiente acción, la cual no tarda en llegar en forma de dos dolorosos cortes en mi hombro, que, por la forma con la que el estallido de dolor se va extendiendo por ellos, para que se trata de dos letras, sus jodidas iniciales que servirán de prueba para que Winter sepa que ha sido ella la que finalmente ha acabado conmigo. La agente de policía la conoce, y sé que se enfadó mucho con la zorra pelirroja cuando se enteró de lo que me hizo pero, repito, por sorprendente que parezca, no me arrepiento de haberle impedido que acabara con su vida por haber amenazado a mi familia, y sobretodo al pequeño Damián.

En cuanto libera finalmente mi garganta de su presa, no tardo ni dos segundos en comenzar a toser, recuperando el aliento robado, para, una vez que mis pulmones pueden llenarse y vaciarse de aire con normalidad, lanzar un fuerte gruñido de dolor, bajando instintivamente la mirada a mi abdomen, descubriendo la creciente mancha rojiza sobre mi maltrecha camiseta, sintiendo un fuerte mareo al verlo, apretando los dientes con furia, mientras cierro los ojos unos segundos notando a mi lobo aullar con gran rabia, haciendo que mueva mis manos y pies con desesperación en un intento desesperado, pero inútil por liberarme.

Notando mi corazón bombeando sangre con rapidez, facilitando así su salida de mi cuerpo, y mi respiración agitada, no puedo dejar de pensar en mi hermana y mi sobrino, y en que los voy a dejar solos, indefensos en este puto mundo de oscuridad, deseando, rezando internamente para que Winter y Scarlett se hagan cargo de ellos, de que velen por su seguridad y bienestar una vez que yo deje este mundo, algo que está claro que pasará pronto. Mientras, llegan a mis oídos la conversación que mantiene la zorra con el brujo, hablando de trocearme y darme de comer a otros subterráneos, algo que ya poco me importa, puesto que en mi fuero interno sé que no voy a salir con vida de esta noche.

Es entonces cuando se desata el caos en la sala. Antes de que sea capaz de entender muy bien qué está pasando, veo al brujo caer al suelo en un abrir y cerrar de ojos, para después oír los alaridos de dolor de uno de los dos mundis. Ante mi mirada trastocada por el dolor, la pérdida de sangre, el pavor ante la muerte, soy testigo de cómo la vampiresa se ensaña con el otro humano con un trozo de cristal - "Y luego somos los hijos de la luna los sádicos y salvajes…" – me sorprendo pensando ante semejante espectáculo dantesco, viendo cómo termina con la vida del otro humano a martillazos antes de tomar una pistola de clavos destinada a torturarme para acabar con la vida del brujo.

Tras eliminar a los tres, la veo acercarse a mi, consiguiendo que centre mi mirada en ella, una mirada que ahora refleja claramente el terror que siento ante mi muerte, aunque no permito que mi rostro lo demuestre, alzándolo desafiante ante ella, a pesar del pequeño rictus de dolor que forman mis labios. Pero si creía que ya nada me podía sorprender esta noche estaba bien equivocado, puesto que, ante mi sorpresa, utiliza un cuchillo no para cortarme a mi, sino a las correas que me mantienen indefenso, sujeto a la jodida silla, soltándome esas palabras sobre que ella no ha tenido nada que ver, algo que concuerda con los comentarios que me pareció percibir antes, aquellos que parecían decir que me habían entregado a ella como un regalo sorpresa o algo así. Seguidamente, noto como tira de mi cuerpo hacia arriba, arrancándome, ahora sí un fuerte grito de dolor al notar como la profunda herida de mi vientre se abre, sintiendo un fuerte mareo al momento que amenaza con hacerme perder el equilibrio.

Sin tener las suficientes fuerzas para oponerme, sintiéndome cada vez más débil, con un rostro cada vez más macilento por la pérdida de sangre, aquella que va dejando un claro rastro según me obliga a caminar, me va llevando por las oscuras calles de la ciudad, conduciéndome como un cerdo al matadero, notándome cada vez más débil, sintiendo cómo mi lobo me exige que aguante, que luche por sobrevivir, recordando todas las veces que me había levantado tras las derrotas, las palizas y las humillaciones recibidas durante toda mi vida, aferrándome a esa fuerza de voluntad, a ese instinto de supervivencia que, al igual que la sangre, comienza a abandonarme irremediablemente.

Pronto una sensación que no había sentido realmente desde que me convertí en licántropo me provoca un pánico real, puesto que empiezo a sentir frío, un frío que cala mis huesos y que hacía muchos años que no había notado. Algo extraño y desagradable. El cansancio se va uniendo al frío, haciendo que note cómo mi respiración se vuelve más tranquila, más pausada igual que los latidos de un ya agotado corazón. Por muchos ánimos que parece quererme dar la pelirroja, ayudándome extrañamente otra vez, cargando con mi cuerpo otra vez para llevarme lejos de donde se ha producido todo, me siento incapaz de dar paso, terminando finalmente por arrastrar mis pies, dejando que sea ella quien me lleve gracias a su fuerza vampírica, empezando a ver cómo una bruma se va apoderando de mi vista y un fuerte pitido se va instalando en mi oído, ocultando así cualquier sonido.

Finalmente noto como por fin me deja descansar sobre lo que parece una cama, en una habitación que quiero recordar, pues me quiero acordar de haber quedado dormido en una similar la aciaga noche en la que la conocí, como si de una burla del destino se tratase, puesto que vuelvo a estar tumbado en la cama, incapaz de defenderme a su mereced. Con los ojos entrecerrados, la piel completamente macilenta, respiración pesada y latidos cada vez más pausados, incapaz de regenerar la herida sin atención médica urgente, empezando a dejar de sentir mis dedos, la busco con mi mirada cada vez más perdida - Hvorfor? – balbuceo con voz pastosa - ¿Por qué? – me esfuerzo en repetir la pregunta en ruso tras sentir un fuerte escalofrío recorrer todo mi cuerpo. Una pregunta que hace alusión a todas las dudas que me provoca ella, el porqué de usarme, de haber estado visitando a mi hija, de no haberla salvado, de atacarme, de ayudarme, de tantas cosas y que espero poder saber antes de que la inconsciencia previa a la muerte me impida conocer las respuestas.


Con cariño desde Moscú - Einar Sørensen  +18 Oshp9h
Einar Sørensen
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Con cariño desde Moscú
 
EINAR SØRENSEN  




Ahora solo quedaba huir, porque ella sabía que vendrían más. Y lo peor de todo es que la rabia le había hecho matar a alguien importante para su creador, pero que al fin y al cabo había sido quién había liderado todo lo ocurrido. De nuevo volvía a tener la misma sensación y esa inquietud que cuando vio como la bruja casi mataba a Einar, incluso hasta dejar de percibir sus latidos, al menos por unos segundos, hasta que el lobo había tomado el control.

Solo que esta vez no podría hacerlo, porque ella le había causado una herida mortal. Sintió como la culpa la azotaba y por primera vez en su vida, se sintió culpable, puesto que le había jurado que no volverían a verse y después de las peleas le había prometido a Selina no volver a meterlo en ese tipo de situaciones. Como si hiciera falta que ella se lo pidiera, la pelirroja no quería volver a pasar por lo mismo. Cuando la miraba con ese desprecio, aunque por fuera le mantuviera la mirada con esa actitud altanera, realmente le dolía. Y que le doliera la enfadaba y confundía hasta tal punto que no lograba comprenderlo.

- Einar, aguanta. Te vas a poner bien. - Volvió a hablarle al notar como esta vez dejaba caer su pecho en ella, sabiendo que sino se daba prisa por arreglar lo que había hecho acabaría cargando con un muerto a sus hombros.

El brujo podía haberlos matado solo con chasquear los dedos y siempre había sabido el odio que Irina le tenía a su creador por privarla durante toda su vida de tomar sus decisiones, por cargarla en contra de su voluntad con responsabilidades que ella no había elegido. Por eso había sido fundamental que creyera que iba a matar realmente a Sørensen, el problema es que lo había hecho demasiado bien y ahora se moría en sus brazos.

Enseguida supo donde podrían ir a esconderse, aunque ambos iban dejando un ligero rastro de sangre. Irina no se había dado cuenta de que su mano derecha estaba sangrando a causa de un corte con un trozo de cristal y además, se mezclaba con la sangre de Einar cuando lo había apuñalado. Por instinto llevó la mano al vientre del lobo y apretó en un vano intento por parar la sangre, sintiéndola pegajosa y caliente contra la palma de su mano. - Te vas a poner bien. - Le repitió esta vez alzando más la voz mientras hacía fuerza para subirlo por las escaleras y llegar a la habitación. Algunas de aquellas habitaciones estaban ocupadas siempre, algunos subterráneos pagaban la estancia ya que necesitaban un sitio seguro donde dormir y dejar todas sus pertenencias, precisamente porque en más de una ocasión les había ayudado sabía exactamente a quiénes podría recurrir en ese crítico momento.

Cogió la misma habitación, donde se habían visto por primera vez y se paró unos segundos recordando cuando ambos se habían parado ahí, como tuvo que convencerlo para que entrara a la habitación, la sonrisa que le dedicó de picardía y como se sintió cuando la apretó contra su cuerpo. Las lágrimas resbalaron por sus mejillas, al volver a revivir ese primer encuentro, donde la miró por primera vez como si fuera lo más bonito que había visto en su vida. Haciendo que aunque no lo reconociera se sintiera aún más poderosa y segura de sí misma. Varias veces se había arrepentido de no haber terminado esa noche en la cama con él, pues incluso cuando menos lo esperaba el lobo había ido a sus pensamientos, incluso se había masturbado pensando en él, sin poder evitarlo ni explicarlo. Igual que no podía entender porque estaba llorando, aunque aún no se había dado cuenta de ello.

Lo dejó en la cama y rápidamente abrió su bolso para luego darle la vuelta y vaciar todo lo que hubiera dentro. Semanas antes se había reunido con Zhenya, la bruja que la había ayudado con la piedra de comunicación y con todo tipo de pociones y ungüentos para heridas causadas por la plata, ya que aunque no de la misma forma, a ella también la podían llegar a matar. Entonces escuchó su pregunta y percibió su cansancio y su tristeza, su respiración y sus latidos pesados y lentos y el color blanquecino de su piel que le volvía a indicar que se estaba muriendo. Se giró para mirarle y cuando quiso contestarle de sus labios salió un sollozo, uno que la sorprendió e hizo que abriera los ojos y ahora si se llevara una mano a la cara, limpiando las lágrimas y dejando una mancha de sangre en la mejilla.

Cerró los ojos y volvió a sollozar entendiendo lo que le pasaba, aunque la había conseguido cerrar tal y como su creador siempre había querido, tras muchos años sin importarle nadie ni nada. Ahora lloraba preocupaba por el lobo, el cual la miraba ya más muerto que vivo. Si su corazón latiera ahora lo haría fuerza e intensidad, culpable por lo que le había hecho. - Einar... -Empezó diciendo mientras se acercaba y se ponía de rodillas al lado de la cama. - Te lo contaré todo. -Le prometió. Y aunque él no lo supiera las promesas de Irina valían porque no solía hacerlas. - Sólo seguía órdenes. Hay una explicación, pero tienes que luchar por tu vida, no te rindas. - Llevó ambas manos a la cara del lobo para que la mirara y no se durmiera mientras el fuerte olor a sangre lobuna le llegaba  las fosas nasales, instándola a darse prisa con esa mortal herida.

Buscó entre sus cosas y cogió el ungüento para heridas y una poción, no tenía tiempo de ir a buscar a nadie. Sørensen se moría, ya apenas podía notar su fuerte corazón como de costumbre, ahora luchaba por seguir latiendo, con un ritmo más lento y pesado. Por lo que, de no haber sido Einar ya se habría largado, pero esa vez no lo haría. Ella misma iba a encargarse de arreglar lo que había hecho, recordando como Selina le había curado y cuidado las semanas que estuvo en su cabaña, recordando a la perfección todo lo que había hecho y agradeciendo en su fuero interno que en varias ocasiones la obligara a curar ella misma al lobo por mucho odio que le tuviera. Por lo que, ahora dándose cuenta, ya le había ayudado y ahora se repetía la situación, solo que la había provocado ella y encima estaba sola. - Einar mírame, no te duermas. Mírame. -Volvió a repetirle mientras lo zarandeaba con suavidad poniendo su mano en su brazo para que le hiciera caso.

Limpió las últimas lágrimas con el dorso de la mano y cogió aire, que no necesitaba pero que presa de los nervios e instintivamente necesitó coger. Llevó sus dedos a la herida, de la cual seguía saliendo sangre a borbotones, sabiendo que el dolor no había terminado ya que tendría que conseguir meter el ungüento dentro del corte para que frenara el veneno que ahora mismo su organismo estaba soportando. Por lo que sin dudar más abrió el frasco y se llenó los dedos para después dejar el bote y con esa mano abrir el corte, metiendo despacio la yema de sus dedos con la cura contra la plata, asegurándose de meter la cantidad suficiente para que sanara sin problemas. Sintió como el cuerpo de Sørensen se tensaba ante ese contacto y como soltaba otro gruñido de dolor. - Ya casi está -No sabía si la escuchaba pero le hablaba para que se centrara en su voz. Sabiendo que la amenaza de la inconsciencia estaba cada vez más cerca.

Llevó su mano izquierda a la barbilla del hombre, solo que esta vez la cogió con suavidad, que una que no sabía que pudiera tener nunca con nadie y menos en esos momentos donde ella daría la estocada final. No al contrario, como estaba haciendo, revirtiendo la que ya había dado. - Tengo que cauterizar la herida. Aguanta un poco más. - Cogió la poción y la llevó directa a sus labios, sabiendo que una vez notara el dolor de su carne al quemarse caería inconsciente. Llevó la mano hasta su nuca para incorporarlo un poco, lo necesario para asegurarse que tragaba todo el líquido, que era de un color amarillento. - Esto te ayudará. - Dijo tras percatarse del sudor que surcaba la frente del lobo, un sudor frío fijándose en como sus labios estaban con un tono azulado y su rostro cada vez más pálido. Volvió a tumbarlo despacio una vez terminó de bebérselo y lo dejó caer sin apartar la vista de él.

- No no no no. -Repitió soltando un gruñido sin encontrar nada con lo que poder quemar la herida y detener así el paso de la sangre. - Puedo quemarla, coserla... O... -Se dijo en voz alta así misma, sabiendo que Sørensen ya dormía. Había hecho intentos por hablarle, pero solo había entendido algunas preguntas que no podía contestar en ese momento y otras palabras que no había logrado entender, por lo que finalmente había puesto un dedo en sus labios para que no malgastara las pocas energías que le quedaban, viendo como poco a poco cerraba los ojos cayendo en la amenazante inconsciencia.

"Piensa Irina, piensa" Se obligó a serenarse y no dejar que el miedo que sentía la bloqueara, volviendo a ver la mirada de Sørensen hacia ella, como la había mirado antes, reflejando el miedo en sus claros ojos. Finalmente aunque no era la opción que más le gustaba cogió aguja e hilo y aprovechando que no lo notaría, no perdió tiempo en  pasar el hijo y clavar la aguja en la carne, empezando así a coserla y poder cerrar la vía por la que salía la sangre. Sus manos temblaban levemente, por lo que apretó los dientes y se obligó a coger y soltar aire por la nariz. Finalmente dio el último punto y aplicó uno de los cicatrizantes que Zhenya le había dado, esperando que así sanara más rápido.

Suspiró largamente una vez había terminado con la herida, pero seguía habiendo un peligro que tendría que solucionar. Cogió una de sus bolsas de sangre y la abrió inundando la estancia con el característico olor a hierro. Sintió su estómago rugir y cayó en la cuenta que había olvidado alimentarse ella misma. Obligó a Einar a beber, pese a que estaba inconsciente, tendría el acto reflejo de tragar o al menos eso esperaba. La puerta se abrió de golpe, por lo que dedicó una mirada amenazante a quién había entrado encontrándose con esos ojos marrones tan expresivos de Selina, quién al parecer había seguido sus pasos. ¿Porque le había mentido? Y lo peor, ¿Venía a por su venganza por haber matado a su maestro? - Aparta, yo me encargo. -

Obedeció al instante dejando que la bruja hiciera lo que conveniente para salvar al lobo. Mientras, la pelirroja empezó a caminar de un lado a otro de la habitación nerviosa mientras volvía a limpiar rápidamente las lágrimas.

Tras unos minutos, que le parecieron una eternidad, la bruja se acercó a ella, esta vez mirándola con odio. - No lo hago por ti, haces daño a todo el que esté cerca tuyo. Eres un monstruo como tu creador. - Escupió las últimas palabras y salió por la puerta antes de que pudiera encajar las palabras y reaccionar. - Me prometiste que no volvería a suceder. No puedo seguir viendo como inocentes sufren por tu culpa. -

Quiso hablarle y decirle algo, ambas habían mantenido el contacto desde hacía muchos años, pero era polos opuestos. La pelirroja sabía que tarde o temprano llegaría ese momento. No le sorprendió que se enfadara al ver a Einar así, Selina no disfrutaba haciendo daño, más bien todo lo contrario y la vampiresa se había dado cuenta que en ese tiempo que estuvo curando al lobo, inevitablemente había empatizado con su dolor por haber matado a su mujer e hija, por lo que le ayudaría des interesadamente como solía hacer siempre con todo el que lo necesitaba. No llegó a formular la pregunta, pero teniendo en cuenta que la bruja trabajaba en ese bar, ahora sabía como se había enterado que estaban ahí, los habría visto llegar y como siempre, había acudido a la ayuda de la pelirroja. Que hasta ese jodido momento no había reparado en todas las veces que le había salvado el culo y en que nunca le había dado ni un simple gracias.

Miró de nuevo a Einar, quién ahora tenía mejor aspecto. No era el momento, pero su amistad con la bruja o lo que fuera que tenían, acababa de romperse y sabía que no empezaba una pelea en ese momento porque su instinto de ayudar de los inocentes era mayor y prefería salvar a Einar antes que llevar a cabo su venganza. La pelirroja apoyó su espalda contra la pared y se dejó caer mientras abrazaba sus rodillas con sus brazos y apoyaba su frente en ellos. Estaba hecha un lío y sentía un dolor mucho mayor, a cualquier dolor físico. Había olvidado como era de hecho... Sus sentimientos estaban volviendo, castigandola sin piedad. Sabiendo que su creador ahora mismo la torturaría de inmediato para evitar lo que iba ocurrir.

Volvió a llorar, mientras se quedaba ahí sentada, mostrándose como hacía años que no lo hacía. Solo su creador la había visto en ese estado, porque solo con él había sentido antes de que la obligara a despedirse de su humanidad. - Basta, basta. -Susurró bajo para sí misma mientras se movía nerviosa. ¿Qué me está pasando? Pensó con desesperación mientras llevaba una mano a su cabeza y después volvía a abrazar sus piernas quedándose cerca de Sørensen hasta que se recuperara. Dándole igual si pasaban horas, días o semanas.

Sus demonios del pasado venían a su mente trayendo recuerdos que sentía que no podría aguantar. Eran demasiado dolorosos y no se sentía fuerte para afrontarlos. Pensó en Andreas y se alegró en que él no fuera como ella, pese a que habían estado juntos durante un tiempo, ella siempre había tenido claro que el vampiro no se desprendería de su parte humana y ahora que la estaba sufriendo no entendía como no había caído en la tentación cuando ella lo había presionado tanto realmente.

Cuando se sentía dolida o asustada siempre se ponía en esa posición, aunque pareciera raro la hacía sentirse segura, que se escondía del mundo. Tenía ganas de llorar, de gritar, de destrozar todo lo que tuviera delante, pero sin embargo se mantuvo sentada abrazando su cuerpo mientras se mecía lentamente. Su mente pensaba en mil cosas, respuestas, sentimientos y sensaciones que no podía explicar, que le hacían daño y la sorprendían a la vez. Pensó en la pequeña Nadia, cuando la encontró así en su cuarto una de las noches que había ido a vigilar al lobo pero antes había hecho una visita a la niña que desde el día que la descubrió siempre la esperaba. Ese día algo parecía angustiarla, al verla así conectó al instante con ella. Ya que también había sido una niña inocente y asustada, recordando lo que le había contado que le preocupaba. Y como ella se había quedado impasible, sin saber como consolarla, simplemente hablándole y acercándole una de sus muñecas. Observando como se parecía a Sørensen y sobretodo, en que tenía sus mismos ojos.

Agudizó el oído y escuchó el latir del corazón de Einar, casi pareciéndole un sonido hermoso, quería ese corazón latiendo por sobre todas las cosas. Pero fue incapaz de levantar la cabeza y mirarlo, no tenía fuerzas para enfrentar esa mirada y el montón de preguntas que tendría que hacerle, sabiendo que había dado su palabra y por mucho que le jodiera, lo tenía que cumplir. Se lo debía.

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Con cariño desde Moscú [Irina Volkova]

Como si ya lo supiera de antemano intento esbozar una sonrisa triste mientras creo oír, entre el cada vez más fuerte pitido que escucho, el sonido de varios objetos cayendo sobre una mesa. Está claro que no me va a dar ése último deseo, esa última petición de sabiduría antes de que llegue el fin, algo que tampoco debe sorprenderme conociendo la crueldad de la que es capaz la vampiresa. Pero, curiosamente, me parece ver cómo se gira para mirarme, como si realmente fuera a impresionarme, a demostrarme algo antes de que muera. Sin embargo, lo que me demuestra es algo que me aturde, o más bien me enseña que estoy ya empezando a perder la consciencia, que mi mente ya está volando más allá de este mundo a donde quiera que sea porqué sé que es imposible que un ser como ella pueda sentir y mucho menos llorar y sollozar como parece que está pasando.

Luchando por enfocar mi vista en ella, me parece verla acercarse e incluso arrodillarse a mi lado, algo impensable y que me deja bien claro que mi final está ahí mismo. Pero aún se torna todo más extraño si cabe cuando la escucho hablarme en un tono que denota desesperación y ¿miedo?, pues realmente parece querer excusarse por lo que ha pasado, pidiéndome que luche por mi vida - "Sí, claro… como si fuera tan fácil, no te jode…" – me sorprendo a mi mismo con este pensamiento sarcástico ya que por lo visto ni en mis últimos momentos en el mundo lo voy a abandonar. Pero este pensamiento muere en cuanto creo notar cómo me toma la cara con sus manos, obligándome a mirarla con unas manos que extrañamente no siento tan frías, algo lógico cuando ya debo haber perdido la mitad de la sangre de mi cuerpo.

Por fortuna no tarda en soltarme, permitiéndome disfrutar de las que seguramente serán mis últimas vistas, el techo algo desconchado de la habitación a la que me ha traído - "Bueno viejo amigo" – comienzo a decirle a mi lobo, el cual parece tan derrotado como yo - "Hemos pasado mucho juntos… han sido muchos años conviviendo en el mismo cuerpo, pero como todo en este mundo tiene un final. Aunque a nosotros nos queda sufrir toda la eternidad en el infierno por todo lo que hemos hecho, así que tranquilo, duerme y descansa por fin, pronto serás libre de esta prisión y nos veremos al otro lado" – me despido de él, en lo que parece ser el inicio de una despedida mental para todas las personas que me importan y a las que voy a traicionar abandonándolas definitivamente - "Y esta vez sin tener la culpa… Jodida ironía…" – pienso dejando que por fin mis párpados se cierren.

Por desgracia la muy zorra no quiere dejarme ir de una vez por todas, pues se empecina en que la mire, en que no me duerma, obligándome a entreabrir los ojos tras ser zarandeado por el brazo, respondiéndole con un patético gruñido molesto, que parece más un suspiro que otra cosa. Entre la bruma que cubre toda mi visión creo ver unas lágrimas en sus ojos, como si lo que hubiera visto y oído anteriormente no fuera un espejismo y que realmente estuviera llorando - "¿Ahora llora?, ¡Haberlo pensado antes jodida por culo…" – vuelvo a ironizar en mi mente, incapaz de hacer nada más, puesto que mi respiración es ya demasiado pesada, demasiado lenta como para que consiga articular palabra o sonido alguno. Es entonces cuando el dolor en mi abdomen se hace más fuerte más agudo, consiguiendo que gaste mis últimas fuerzas en esbozar una mueca de dolor, soltar un quejido y tensar mi cuerpo, mientras me parece notar cómo hurga en mi interior - "¡Joder!... ya me extrañaba a mi… lo que quiere es arrancarte las tripas, el jodido corazón con sus manos…" – no puedo evitar pensar al notar el fuerte dolor y la extraña sensación de sus dedos introduciéndose en mi cuerpo por la herida que ella misma me ha causado, abriéndola dolorosamente y facilitando así la pérdida de sangre, consiguiendo que un fuerte mareo atenace mi cuerpo y mente, haciendo que todo mi alrededor de vueltas.

En cuanto libera mis entrañas de sus dedos mi cuerpo se relaja definitivamente y mis ojos terminan por cerrarse, pues estoy ya demasiado cansado como para hacer algo más. Así, derrotado y aceptando mi muerte, no ofrezco resistencia alguna cuando me sujeta por la barbilla y me dice algo sobre que aguante un poco más, sobre cauterizar, lo cual no significa otra cosa que más dolor, que la agonía se va a prolongar - Nei… n… vr… nei… vrsnill.. – intento hablarle, suplicarle que me deje ya, que me permita dormirme y no despertar jamás, que lo deje, que ha ganado, que se ha cobrado su venganza. Por desgracia no soy capaz de proferir más que sonidos aislados que consiguen que me ponga un dedo en los labios acallándome mientras levanta mi cabeza y coloca algo en mis labios, obligándome a tragarme lo que sea, cosa que hago por desidia, porque ya no soy capaz de resistirme más, sin importarme lo que me esté obligando a beber.

Cuando termino de bebérmelo me vuelve a dejar apoyado en la cama, apartándose de mi finalmente, dejándome tranquilo por fin, cosa que agradezco ya que el sueño se me hace insoportable y mis ojos se cierran finalmente, llevándome a la oscuridad previa a la inconsciencia mientras mi corazón, falto ya de sangre, empieza a latir más pausadamente anunciando su pronta parada.

Poco a poco el dolor, el cansancio, los pensamientos, las tristezas, las alegrías, todo va dejando paso a la oscuridad, la cual abrazo con alegría, sabiendo que el fin ha llegado por fin, que finalmente podré descansar y, con suerte, reunirme con mi querida madre y mis amadas hija y esposa. Una oscuridad que parece convertirse en algo claro, como un blanco impoluto, aunque oscuridad o luminosidad ya nada importa.

Es entonces, cuando la negrura y la blancura se funden en algo único, algo igual difícil de explicar, que me parece ver dos grandes orbes dorados, dos soles que parecen mirarme directamente, al tiempo que una voz femenina y dulce llena el vacío que todo lo cubre

- Aún no lobo, todavía no ha llegado tu hora, antes debes cumplir tu misión en la vida, debes redimirte, aceptar lo que eres y enfrentarte a ti mismo para honrar a aquellos que murieron por ti - las palabras van acompañadas con una ligera sensación de bienestar y de lo que parece ser una imagen que empieza a formarse en mi mente, una imagen que deja paso a otra, y a otra más. Imágenes de mi vida, de todas y cada una de mis derrotas, de todas las veces que he caído y me he vuelto a levantar, de todas las veces que luchaba por resistir, de la exigencia de mi padre para que continuara luchando, de mi madre consolándome y dándome ánimos, como la dulce voz que acompaña a las imágenes y a la agradable sensación de placer, de vida que va inundando mi cuerpo, haciendo que finalmente, y bajo la atenta mirada de esos dos orbes, mis ojos se enfrenten a otros ojos ambarinos, animales, encontrándome finalmente y por primera vez en mi vida frente a frente con mi lobo, uniendo nuestras cabezas en un solo ser, recordándome que los dos formamos un todo y que juntos tenemos la fuerza necesaria como para sobrevivir.

Con la placentera sensación aún en mi mente, abro los ojos lentamente, parpadeando pesado mientras el cansancio me sobresalta con dureza, al igual que lo hace un fuerte dolor en mi abdomen, un dolor tan agudo como el que sentía cuando mi padre me golpea con un palo esa zona para endurecerla y aguantar mejor los golpes. - "¿Y qué esperabas después de haber sido arrollado por un coche?" – me recuerdo a mi mismo el porqué de tanto dolor, cansancio, mareo y el sabor de la sangre en mi boca, dejando que pasen unos minutos y que mi vista se aclare, aunque sintiendo un hambre y una sed atroces, como si llevara días enteros sin comer o beber - "Ostia puta… vaya mierda de habitación de hospital… " – no puedo evitar pensar al ver el techo y la lámpara de la habitación, extrañándome al mover ligeramente la cabeza y descubrir que no parece que se trate de una jodida habitación de hospital, a pesar del fuerte olor a sangre reciente, la mía por cierto, y de ungüentos o medicaciones. - ”Vale… vale… está bien… nada de levantarse ni movimiento bruscos…" – me recuerdo en cuanto intento levantarme, apoyando un codo en la cama y notando como un potente mareo me obliga a dejar de intentarlo al momento, segundos antes de que un sollozo capte mi atención y haga que gire mi cabeza hacia el lugar de donde proviene encontrándome con una sorpresa realmente desagradable puesto que, apoyada en la pared, a escasos pasos de la cama, agarrándose ambas rodillas con sus manos, meciéndose con la cabeza entre los brazos, se encuentra la zorra pelirroja, la jodida sanguijuela que tanto me obsesionó hasta aquella noche en su cabaña, aquella noche que zanjé mi venganza con ella a pesar de no acabar con su existencia, algo que sigo sin arrepentirme - "Pero… ¿Cuándo coño ha aparecido esta y qué cojones hace aquí?.... mejor dicho… ¿qué coño hago yo aquí y cómo he llegado?" – pienso realmente confundido, frunciendo el ceño ante la incapacidad de encontrar la respuesta, esforzándome por rememorar mis últimos recuerdos, aquellos que terminan tras sentir el golpe y cómo el parabrisas del coche estallaba en mil pedazos por culpa del impacto - "Manda cojones que me haya tenido que rescatar esa chupasangres… a saber lo que me hará ahora…" – pienso sin importarme lo que quiera hacerme al sentirme más cansado que nunca antes en mi vida y con la olvidada sensación de frío en mi cuerpo, algo que hace que mi cara adopte una expresión de confusión máxima, de incomprensión.  

- Vann… – me atrevo a pedir tras observarla durante unos largos minutos sin ser capaz de entender lo que está pasando - Agua… – le repito en voz exageradamente ronca - Enfermera…¡Enfermera! – intento llamar a la enfermera para que me traiga algo que me ayude a combatir la sed, porque sé que mi cuerpo no tardará en regenerarse pero no eliminará la sed ni el hambre - Vaya mierda hospital que me han traído… – susurro a modo de protesta mientras espero que alguien me haga caso.


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Einar Sørensen
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Con cariño desde Moscú
 
EINAR SØRENSEN  


Se lo debía.... En el fondo eso le jodía más que nada, porque le sería mucho más fácil no deberle nada, ni a él ni a nadie. ¿Como sería si hubiera cumplido con su maldita misión hace tantos años? Ahora no tendría los jodidos problemas que ahora le daban tanto dolor de cabeza y, de algo más, que no llegaba a entender y le frustraba. Se veía envuelta en un lío tras otro, donde no solo Einar salía perjudicado, en el fondo sabía que ella estaba mucho más jodida.

¿Había disfrutado haciéndole daño? Si, un poquito. No podía negarlo porque al fin y al cabo había sido "creada" y entrenada para matar y sacar información. Incluso hasta que su creador se encaprichó en Sørensen buscando una supuesta mano derecha que fuera perfecta y a su imagen y semejanza, ella misma había tenido que matar a los neófitos, viendo como pasaban por el mismo estado de confusión, miedo, rabia y lo peor de todo, mucha sed de sangre. Pero se podría decir que su segunda obsesión después de ella, a quién la consideraba una hija, por eso buscaba alguien a quién hacer un arma letal. Alguien con el instinto de supervivencia mas grande que jamás hubiera visto, alguien que se metía en peleas a menudo y su simple apellido dejaba una reacción en los demás que para Drakkar no había pasado desapercibida.

Lo había tenido siempre tan a su merced. Mientras dormía, cuando estaba solo, incluso disparando desde lejos para ni siquiera mancharse las manos. Y ni una vez había podido hacerlo, lo peor de todo, es que no quería hacerlo. Sentía que sin haber cruzado una sola palabra, lo conocía mejor que nadie, puesto que le había observado cuando él creía que nadie le veía, por lo que sabía sus reacciones más ocultas. ¿Y la niña? Nunca le había tenido miedo... Tras la primera vez que se vieron incluso todas las noches la esperaba en la ventana, esperando que la pelirroja le hiciera su visita nocturna. ¿Como podía haber ido noche tras noche? ¿Como podían haberla ablandado tanto? No se había dado cuenta al momento, hasta que su creador tomó represalias por eso mismo.

Empezaba a pensar que habría sido mejor haber terminado con su vida, serían menos problemas para todos. No solo para ella, no habría pasado por la experiencia de convertirse en licántropo. Y tampoco de convertirse en vampiro, se habría librado de ambas opciones. No entendía porque se sentía culpable.

Selina había estado presente en su vida siendo siempre la tranquila, quién mantenía la compostura y por supuesto, siempre haciendo el bien. Si alguien le había repetido una y mil veces lo atroces que le parecían sus actos y que acabaría en el infierno, había sido ella. Pero nunca iba a darle ese gran problema de dejarse ayuda, porque eso habría sido un problema para la bruja, ya que Irina realmente cree que nadie cambia. Mejora o empeora, pero la esencia de cada uno siempre permanece y eso no lo cambia nada ni mucho nadie. Ahora que lo pensaba, siempre habían sido polos opuestos y la pelirroja nunca le había agradecido nada, porque nunca le había pedido nada, por lo que no se le pasaba siquiera por la cabeza. Pero las palabras que le dedicó, por primera vez hicieron mella en ella, que junto al estado en que se encontraba Einar, y que sin entenderlo aún le dolía, sintió como se rompía en mil pedazos.

¿Porque una bruja con tanto talento seguía trabajando en un bar de camarera? Y ayudaba a todo ser, gratis. Ahora caía en ese detalle. Incluso la noche que la vampiresa le había insistido en que la ayudara, sabiendo que iba contra sus principios y que tenía que prometerle que no moriría. Algo que ella ya tenía planeado, barajando las opciones de sacarlo una vez ganara las peleas, las cuales como ella ya sabía, ganó de sobras y mostrando ese instinto por sobrevivir que tanto le había gustado en su momento a su creador.

¿Porque se acercaría a ella? Obviamente por su físico, pero siempre se preguntaba que habría pasado después de esa noche de sexo desenfrenado, sino lo hubiera llevado en contra de su voluntad a los subterráneos. ¿Y porque se lo preguntaba? La pelirroja se llevó las manos a la cabeza para frenar todas las imágenes, recuerdos, preguntas y pensamientos que le corrían por la cabeza, sintiendo un agudo dolor en la sien. Sin tener valor en ese momento de parar a Selina. La que sin devolverle la mirada abandonó la habitación tras hacer lo que hubiera hecho con Einar. Quién descansaba y por sus latidos, empezaba a recuperarse, haciendo que soltara un suspiro.

Mientras mantenía sus brazos alrededor de sus rodillas sintió como Selina se metía en su mente, tal y como hacía en el pasado Alphonse, cuando quería hablar con ella sin que su creador se enterara. Creando ese vínculo que no se podía explicar con palabras, empezando a escuchar claramente su voz en su mente. "Te doy una última oportunidad para hacer lo correcto... Porque ambas sabemos que sientes mucho mas que odio profundo hacia ese hombre y precisamente por eso quiero que le cuentes todo. Se lo merece... Le has utilizado..."

- No. -Soltó un bufido al escucharla y saber que no iba a tener escapatoria.

"Irina por favor... Hazme caso por una vez. Solo una vez. Y sino explícame porque le has cosido la herida tu sola... Siempre he creído que eres mucho más que la burda copia de Drakkar... Pero también tienes que actuar como tal... Se lo debes, Irina. El tiempo se acaba, tú decides. "

Su voz tranquila apaciguó los malos recuerdos, sabiendo que era la forma de despedirse de ella. Un último intento por hacer las cosas bien, de demostrarle lo que quería ver, que era diferente a su creador. Quería sincerarse, pues tenía razón en que pensar en su muerte y haber sido la causante de que casi pasara, la había llevado a ese estado de desesperación y miedo. Por lo que, tenía que cumplir su promesa, recordando que se lo había dicho cuando sabía que le quedaban minutos para morir.

Sintió como la observaban y alzó la cabeza mirando a Einar, quién le devolvía la mirada confuso. Pero con mucho mejor aspecto. Meter el ungüento en la herida había sido doloroso pero muy efectivo, gracias a eso la plata había frenado su envenenamiento y su cuerpo acabaría eliminándola, si es que no lo había hecho ya la bruja. Escuchó lo que le pedía, mientras veía como intentaba incorporarse, pero después de todo lo que había pasado no parecía enfadado, pero si muy confundido. ¿Pero qué? Pensó mientras se ponía de pie y se acercaba a la pequeña mini nevera que tenía lo básico y entre todo eso, lo que le pedía. Se la tendió y antes de que la cogiera, la retiró. - ¿Como te encuentras? -Entrecerró los ojos esperando su reacción. Agudizó el oído escuchando como su corazón volvía a latir con la misma fuerza de siempre, superando todo el daño y las heridas que había pasado hacia unas horas.

Finalmente le tendió la botella y se volvió a poner de rodillas para quedar a su altura, o al menos para poder verse bien cara a cara. Si iba a sincerarse, lo haría bien, dándolo todo. Ya que para ella no era nada fácil ese tipo de cercanía. - Las peleas a las que te obligué a ir, no fueron el principio, hay mucho más... -Empezó diciendo, pensando como resumir todo lo que quería contarle. Sintiendo que era más difícil de lo que le gustaría.- Te utilicé para un fin que nos salvaría a los dos, pero nunca te lo dije... Sabes mi nombre y donde soy, pero no conociste a mi creador, el culpable de la mayoría de tus desgracias y de hayamos vuelto a vernos las caras. -

Esperó a que se terminara el agua y terminó sentándose en el borde de la cama mientras sus ojos le miraban con intensidad. - Llevo vigilandote muchos años. Te he visto pelear, ser padre de familia; convivir con la dificultad de mantener a tus seres queridos mientras estabas sumido en un mundo de oscuridad. Me enviaron para matarte.... Y convertirte en vampiro. Pero no lo hice, a eso se refería el brujo y por eso mandó a esos tíos a por ti. Querían darme una segunda oportunidad y obviamente, volví a fallar. -

- Mentí al que era mi padre para dejarte seguir viviendo junto a tu esposa e hija, a la cual jamás le hice daño alguno y que sin poder evitarlo, se ganó mi aprecio. Cuando te convirtieron en licántropo, mi creador se enteró de todo, de mi mentira y de que ahora estabas en el bando que él siempre había odiado y visto como rival. La noche que pasó... todo... -Bajó la mirada ya que se refería a cuando las había matado sabiendo que le dolería que lo nombrara. - Me tuvo encerrada durante meses, por no cumplir mi objetivo. Cuando llegué fue demasiado tarde.... -Alzó la mirada para demostrarle que no le mentía. - Eres muchas cosas, pero... Eso jamás debió ocurrir. -

Esperó la reacción de Sørensen teniendo más claro a cada segundo que Selina había bloqueado o borrado sus recuerdos, ya que parecía no recordar nada del brujo ni de los otros dos. - Vendrán más a por nosotros, me obligará a matarte porque es lo que tenía que haber pasado hace años. Debiste haberme matado aquella noche Sørensen, sería mucho más fácil para los dos. Lo sé todo de ti, ni siquiera tu que eras un experto en tu trabajo notaste que te vigilaban todas las noches... Te aconsejo que busques a tu familia y os escondáis. -Asintió con la cabeza esperando preguntas, algún gesto o expresión que le demostrara que la estaba entendiendo. - Te diré todo lo que quieras saber. Voy a ser sincera por primera vez en mi jodida vida inmortal. -

Había sido una cabrona siempre que se habían cruzado, siempre había sabido donde darle y hacerle daño, porque lo conocía de sobra. Era temperamental, cabezota e impulsivo, provocarlo era fácil y divertido. Le encantaba, de hecho. Pero ahora estaba actuando muy diferente y aunque una parte de ella esperaba una reacción violenta, también esperaba que aprovechara y también quisiera saber la verdad. - Te estabas muriendo Einar y me preguntaste, ¿Por que? En tu lecho de muerte reuniste fuerzas para hacerme esa pregunta y quiero contártelo. - Su voz sonó sincera también, percibiendo la sorpresa del lobo en su rostro. - Pero date prisa, el tiempo nos pisa los talones. -

Debatió internamente con contarle lo que le habían hecho y que había pasado, pero si Selina lo había borrado prefería ahorrárselo y si lo había bloqueado seguramente le devolvería el golpe o la puñalada. A lo que se agachó sacando una pequeña daga escondida en el interior de su bota y se la puso en la mano. Para que viera que iba en serio, sorprendiéndose ella misma. Le cogió por la muñeca y acercó el filo del cuchillo justo a su pecho, en el punto exacto donde estaba su corazón. - Sé que a estas alturas es difícil fiarse de mi. Pero no creo que te consuele matarme. No obstante... -Soltó su mano dejando que decidiera. Poniéndolo en una situación intensa incluso para ella, sabiendo que la rabia podía apoderarse de el y matarla, pero prefería que fuera él quien pusiera fin a su vida inmortal.



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Irina Volkova
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Con cariño desde Moscú [Irina Volkova]

- "¡Ostias!, esto sí que no me lo esperaba… " – pienso totalmente atónito mientras veo a la pelirroja levantarse y dirigirse hacia una pequeña nevera, algo que me no hace sino aumentar mi estado de desorientación, puesto que al ver el mini bar me queda bien claro que no me encuentro en una habitación de hospital, sino que estoy en lo que debe ser una habitación de hotel, una habitación que pronto se me antoja vagamente familiar, como si hubiera estado aquí antes, pero que no alcanzo a recordar cuándo ni porqué - "Seguro que estabas más centrado en otra cosa que no en la habitación como para no reconocerla… aunque sigo pensando que ya he estado aquí…" – no puedo evitar dejar de pensar una y otra vez, dándole vueltas a la cabeza, la cual siento como abotargada y lenta. De hecho, mi cuerpo debería haberse recuperado bastante bien del atropello, una de las grandes ventajas de ser licántropo, pero por lo visto había pasado demasiado poco tiempo como para que me hubiera recuperado del todo.

Sin poder eliminar la expresión de incomprensión de mi rostro, aunque sí mirándola con evidente suspicacia, la veo acercarse portando la preciada botella de agua, aquella que mi cuerpo reclama a gritos y que me dispongo a tomar. - "Iluso… ¿realmente creías que te la iba a dar sin más?, ¿sin chanzas ni ataques?" – me recuerdo mientras suelto un gruñido molesto en cuanto ella aleja la deseada botella de mi alcance, algo que en el fondo agradezco puesto que eso sí que es normal, quizás la única cosa normal que ahora mismo veo y siento - ”Debería estar en el hospital, o en medio de la calle, y ella no debería estar aquí. Me habían atropellado mientras conducía para ver al cachorro, eso es todo… pero entonces… ¿Qué cojones hago en una habitación de hotel con esa puta?" – sido dándole vueltas en mi cabeza, puesto que sigo sin entender nada de lo que está pasando.

Su pregunta hace mi rostro adopte, ahora sí, una expresión de total incomprensión durante un minuto antes de que reaccione a ésa pregunta tan extraña, una pregunta que jamás habría creído que ella pudiera llegar a formularme. - "¿En serio me pregunta eso?, esto debe ser una jodida pesadilla… porque sino se ha vuelto rematadamente loca… " – no puedo evitar pensar antes de recuperarme un poco de la sorpresa inicial y esbozar una sonrisa irónica. - Vivo – le respondo burlón recordándole que yo sí puedo decirlo, algo que los de su raza no pueden afirmar, aunque con una voz realmente ronca por la sequedad de mi garganta, lanzándole una mirada a la botella intentando calcular si puedo alcanzarla o no en mi estado actual. Por suerte no llega a ser necesario que intente alcanzarla puesto que es ella misma quien finalmente me la entrega, aunque acercándose demasiado a mi para mi gusto, ya que tenerla de rodillas al lado de mi cama me da bastante mal rollo.  

En cuanto tengo la preciada botella en mi poder, no tardo ni un segundo en abrirla, llevarla a mis resecos labios y comenzar a beber con ansia, sin siquiera levantar mi cabeza de la almohada, tragándome el fresco y agradable líquido, el cual va eliminando la sequedad de mi boca, de mi garganta así como el sabor metálico de la sangre seca. Es justo entonces, cuando ya llevo más de la mitad de la botella bebida cuando mi lengua nota algo extraño en el interior de mi boca, algo que hace que deje de beber al momento, apartando ligeramente la botella y volviendo a adoptar una expresión de extrañeza mientras con la punta de la lengua compruebo que falta algo que debería estar ahí, concretamente una muela - "¿Y esto?... ¿Cuándo cojones he perdido una muela? ¿En el accidente?... No recuerdo eso… pero tiene que haber sido entonces… sí, ¿qué otra cosa podría haber sido sino? " – continúo con mis preguntas mientras me centro, ahora sí, en el dolor en esa parte de la mandíbula, un dolor que me había pasado casi desapercibido pues el que siento en mi estómago es mucho mayor que el del resto del cuerpo.

Su voz vuelve a hacer que deje de pensar en lo raro que me resulta todo para centrarme en ella. Esta vez, por difícil que pudiera parecer, su voz parece sincera, sin ningún matiz de burla, o de superioridad, como si lo que estuviera diciendo fuera realmente lo que quiere decir, cosa que hace que rodee mis ojos hacia ella, mientras vuelvo a beber el resto del agua, evitando así tener que decirle nada, sobretodo porque estoy demasiado sorprendido para saber bien si se trata de una artimaña de la sanguijuela o realmente se está sincerando - "Y no sé qué cosa de las dos me da más miedo…" – me sorprendo con este pensamiento que no deja de ser fruto de la confusión que siento.

Con el entrecejo fruncido por sus palabras, continúo bebiendo, más lentamente ahora, sin dejar de mirarla, permitiendo explicarse y hablar con toda tranquilidad - "¿Su creador? ¿Qué cojones pinta su creador con que me utilizara?" – las preguntas comienzan a formarse en mi mente, algo que siempre me pasa desde que la conocí. - "Joder… ¿me ha estado espiando toda mi puta vida?... aunque eso explica muchísimas cosas…" – pienso sorprendido ante su confidencia, ante la evidencia de que me estuvo vigilando durante mi vida en Moscú sin que yo tuviera la más mínima sospecha, confirmando que realmente mi pequeña Nadia no me mintió cuando hablaba de su hada de cabellos de fuego.

No puedo evitar dar un respingo y dejar de beber en cuanto me suelta que la habían enviado para convertirme en una jodido Hijo de la noche, algo que me revuelve el estómago y a lo que respondo con un gruñido de asco. - "¿Brujo? ¿De qué brujo habla?" – vuelvo a preguntarme sin entender a quién o quienes se refiere, volviendo a adoptar ésa expresión de incomprensión en mi rostro, negando ligeramente con la cabeza - No sé de qué brujo me hablas… – susurro antes de volver a colocar la botella en mis labios y dar cuenta del poco agua que quedaba ya en la botella, dejando que ella continúe con sus explicaciones.

Dejando la botella de lado finalmente, giro mi rostro, ahora sí, hacia ella, sin importarme que vea el desconcierto en mi mirada, pero escuchando atentamente cada una de sus palabras, pues éstas aportan respuestas a muchas de las preguntas que me vinieron a la cabeza durante nuestro primer encuentro. Pese al dolor en mi mandíbula, aquel provocado por la falta de la pieza de mi dentadura, la aprieto con fuerza, al tiempo que el azul de mis ojos se torna más intenso, más fuerte ante la visión de la que consideraba un ser despiadado, incapaz de sentir nada por nadie, bajando su mirada en un claro gesto de deferencia a uno de los episodios más dolorosos de mi vida, haciendo que su frase ”Eres muchas cosas, pero… Eso jamás debió ocurrir” quede grabada al momento en mi mente, sintiendo como una extraña sensación me golpea con fuerza, puesto que ni en mil años me habría esperado ver, ni mucho menos oír, unas palabras tan amables, y con tanto tacto hacía mí viniendo de ella.

- "¿De verdad pensó en impedirlo?, ¿Realmente podría haberlo hecho? " – las preguntas continúan formándose en mi mente, provocando que mi cabeza comience a dolerme y mi expresión torne esta vez a una de cansancio, de pena y de incomprensión, puesto que sus palabras, pese a tener la certeza de que son pura verdad, me empiezan a confundir todavía más - Nei!, Nok! – le espeto cerrando los ojos con fuerza y negando con mi cabeza, suplicándole que no hable más. - Cállate… vær så snill, no… ¡No entiendo nada joder! – estallo en un grito llevando mis manos a mi cabeza, presionándome las sienes con fuerza, abrumado y confundido por el malestar de cuerpo y mente que siento, y sobretodo por el exceso de información, información vital que está provocando que muchas de las cosas que daba por echas en mi vida se derrumben al momento.

Por desgracia no me hace caso, sino que continúa hablándome, explicándome cosas que no recuerdo, que no entiendo, queriendo que recuerde haberle hecho una maldita pregunta en mi lecho de muerte, algo que, por más que me esfuerzo no consigo recordar, por lo que continúo apretando mi cabeza con las manos, negando todo lo que dice, empezando a creer que todo lo que me está contando es mentira, otra de sus mentiras, porque, a pesar de que explica los motivos por los que me conocía, por los que sabía lo que había hecho, y el porqué me había escogido para pelear, había otros detalles que carecen de sentido para mi, como el brujo ese y lo de estar muriéndome. - "A no ser que fuera cuando estuve en casa de Winter, tras las peleas, cuando casi muero por culpa de las esquirlas de plata en la cicatriz de mi rostro… pero es imposible… no hubiera podido entrar en la mansión de los White sin ser detectada…" – me esfuerzo por buscar si realmente pude preguntarle aquello o no, pero sin encontrar cuándo pasó.

En cuanto se calla, separo las manos de mi cabeza, volviendo a abrir los ojos para centrarlos en ella de nuevo, viendo la sinceridad marcada en sus oscuros ojos, y una súplica reflejada en su rostro, algo que me sorprende tanto que no puedo impedir que dicha sorpresa se refleje en mi mirada. Mirada que sigue sus movimientos mientras saca una daga de una de sus botas para colocara en mi mano, obligándome a asirla, haciendo que vuelva a sentir el gélido contacto de su piel sobre la mía, aunque esta vez el contacto no se me hace repugnante ni despreciable, más bien extraño, como si su piel también quisiera demostrarme que no me está mintiendo. Con una mezcla de confusión, incomprensión y sorpresa en mis claros ojos, veo como lleva mi mano hasta su pecho, colocando la punta libre de la daga en su corazón, dándome la oportunidad de acabar con ella, tanto con sus palabras como con sus gestos.

Pasando lentamente la mirada desde mi mano con la daga hasta la suya, entrecerrando los ojos, recordando el odio que sentía hacia ella y cuánto había deseado matarla para proteger a mi familia, empiezo a apretar la empuñadura de la misma, dispuesto a clavarla con fuerza en su corazón y terminar de una vez por todas con su maldita irrupción en su vida. Pero es en ese momento cuando me doy cuenta de que mi lobo calla, que quien más ansiaba acabar con ella, permanece expectante, callado como si de un mero observador se tratase. Apretando los labios, sintiendo cómo mi pulso y respiración se aceleran, empujo ligeramente la daga, notando cómo la punta empieza a presionar sobre la muerta piel de la pelirroja. ”Eres muchas cosas, pero… Eso jamás debió ocurrir”, su frase, aquella que había quedado marcada a fuego en mi mente, me asalta al momento, así cómo el recuerdo de las miradas dolidas de mi Ana y mi Nadia cuando la violaba en la cabaña, por lo que, negando con la cabeza y soltando un gruñido dejo caer la daga sobre el borde de la cama, notando como mi lobo también gruñe, pero no de rabia, como si él tampoco tuviera tan claro si su muerte nos aportaría la paz que tanto anhelamos. - Nei… no quiero matarte, no lo hice en la cabaña, y no lo voy a hacer ahora – empiezo a hablarle con voz cansada, pero sin atisbo alguno de burla o ironía en ella - No entiendo qué ha pasado, ni que cojones hago aquí… – voy esforzándome por hablarle, mientras vuelvo a clavar mi mirada en la suya - Pero… supongo que no tengo más remedio que fiarme de ti – le digo, recordando que decidí iniciar el largo camino hacia mi redención, de aceptar lo que realmente soy y unirme con mi lobo definitivamente, algo que no conseguiría si la matara ahora mismo - Así que tú dirás, aunque… no creo que pueda ni caminar – le confieso, mostrándole que también voy a ser sincero con ella - Por lo que no podré ayudarte mucho en lo que tengas pensado hacer – termino de decirle, sin apartar mi mirada de la suya.


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Con cariño desde Moscú - Einar Sørensen  +18 Empty Re: Con cariño desde Moscú - Einar Sørensen +18

Mensaje— por Irina Volkova el Miér Mar 13, 2019 11:55 pm

Con cariño desde Moscú
 
EINAR SØRENSEN  


Mientras desvelaba información que jamás llegó a pensar que le contaría, también sintió como las preguntas venían a su mente y como tampoco las entendía, por lo que fue encajando en su mente a medida que se las contaba al lobo. Tampoco entendía la reacción de Einar, la sorpresa por sincerarse y tratarlo bien lo podía entender, pero ahora parecía rehuir de las respuestas que tanto había ansiado, incluso la había secuestrado y torturado para que se las contara.

Desde que había llegado a la habitación cada vez que lo miraba sentía algo muy intenso. Como si sus sentimientos aparte de florecer, fueran más intensos, pues varias noches había pensado en él, pero nunca de esa forma y mucho menos se había sentido así. Le hubiera gustado hablar con la bruja, seguro que ella tenía respuestas que le vendrían bien, pero sabía captar cuando daban algo por finalizado y ese había sido el caso. ¿Además como iba a pedirle ayuda después de haber matado a su maestro? Algo que desataría la furia de ella contra la pelirroja y que le hurgió a estar lo suficientemente lejos y escondidos cuando pasara.

Se levantó y cogió otra botella de agua y un par de alcohol y las metió en su bolso, menos la de agua que volvió a tendérsela ya que con una no tendría ni para empezar. Después de la prueba que le había hecho pasar, guardó todo lo que había tirado al suelo de la habitación rápidamente, sabiendo que más adelante lo iban a necesitar.

Pudo ver la incomprensión en su cara al mismo tiempo que una expresión confundida acompañaba sus palabras. Lo que si le había parecido raro es que se había acercado y tras haberle apuñalado, esperaba una reacción agresiva, que incluso se la devolviera, pero parecía incómodo y de nuevo, muy confuso. ¿No se acordaba de nada? ¿Como podía ser? Se llevó una mano a la barbilla y labio inferior, los cuales acarició pensativa y después cerró los ojos mientras suspiraba. Como no.... La verdad la golpeó con fuerza, pero sobretodo le asaltó la pregunta de saber si recuperaría el recuerdo de lo que había pasado o lo había olvidado para siempre. La pelirroja sabía que Selina era una bruja excelente, pero su poder no llegaba a tanto. No obstante, tuvo la pequeña esperanza de que lo hubiese borrado.

Claro... ¿Como sino iba a sacarlo de allí y ponerlo a salvo? Miró hacia la puerta por donde había salido la bruja, entendiendo que había sido lo ultimo que había hecho por la vampiresa. Un acto de bondad desinteresado, además de sanarle, ya que sino ahora mismo el lobo ni siquiera estaría despierto y mucho menos hablando. La culpabilidad volvió a invadirla, esta vez porque ya era consciente de que le habia salvado al darle tiempo para mover a Einar y llegar a un sitio seguro. Irina volvió a mirar a Sørensen entrecerrando los ojos, durante unos segundos, queriendo así comprobar si estaba en lo cierto o el astuto lobo la estaba engañando, porque algo le había quedado claro y es que de tonto no tenía ni un pelo.

No pudo evitar alzar una ceja al escuchar su respuesta, para luego sonreír ladina. Ni en ese jodido momento perdía ese toque irónico y de sarcasmo suyo, que ahora se daba cuenta que tanto le gustaba, incluso cuando era contra ella despertando las ganas de responderle en el mismo sentido, por pura diversión. - Me alegro, mi intención es que tu corazón siga latiendo. -Le dejó claro, que no le ofendía por mucho que le recordara que su cuerpo estaba muerto y a comparación de su calor corporal, el suyo era frío.

- ¿No recuerdas nada? -Su pregunta suena con gran curiosidad cuando habla del brujo, diciendo que no recuerda nada. En ese momento Irina lo tuvo claro. Sintió el tremendo impulso de contarle la verdad mientras llevaba los ojos a su herida, en el vientre, observando la sutura que ella misma había hecho y que le había quedado sorprendentemente bien. Ya que en ninguna de sus heridas puso nunca tanta concentración por hacerlo bien. Queriendo asegurarse de juntar perfectamente la carne para asegurarse que no perdiera ni una gota más de sangre. Pero que por el buen color de su rostro, Selina tenía que haber arreglado, aunque sin entender muy bien como podía hacer una transfusión de sangre o algo por el estilo... Los brujos siempre llamarían su curiosidad... Sobretodo después de ver hace años todo de lo que era capaz Alphonse, que en comparación con Selina, estaba niveles por encima. Preguntándose si él también habría hecho la jugarreta de bloquear de alguna manera lo que había pasado, prolongando así el momento de la verdad. Donde sería devastador y ya sabía de antemano que lo pagaría bien caro.

Sus verdes ojos fueron subiendo hasta el hombro del lobo, donde claramente habían marcadas una I y una V, las cuales le había hecho ya que para su creador, el hecho de marcar a alguien era algo que denotaba control. Si lo hacía delante delante del brujo, lo tenía ganado. Pero si había decidido hacerle daño, también había sido por salvarle... ¿No? ¿Esa había sido su intención? Mientras veía como Sørensen llevaba sus manos a su cabeza y le pedía que se callara, la pelirroja terminó de hablarle y observó de nuevo su vientre, allí donde había clavado el cuchillo. Sintiendo un nudo en su estómago, porque al clavarlo había tenido toda la intención de matarlo, se había asegurado de que fuera un acto cruel y de hacerle pagar bien caro haberla violado en su propia cabaña. Lo había retorcido a conciencia tal y como él había hecho con ella, mientras le bloqueaba la entrada del aire a sus pulmones. Pero al ver la sangre salir y como la miraba derrotado y después con miedo, algo en su cabeza había cambiado.

Al acabar con la vida del brujo y los dos mundanos, había querido evitar que muriera. Sentía como su cuerpo se volvía más frío y ese característico color de piel cuando alguien estaba en sus últimos momentos. Además cuando le había oído hacerle esa pregunta, se rompió por dentro en mil pedazos. Lanzándose como una desesperada, incluso llorando, un llanto que había sido verdadero y profundo. Ya que había sentido esta vez ella el miedo.... De perderle....

Se levantó de la cama y caminó de un lado al otro de la habitación nerviosa. Miró de reojo a Sørensen y después se paró enfrente suya, observando de nuevo su hombro, dándose cuenta que al ver sus iniciales ahí, aparte de sentir culpa, también se sintió excitada. Por el simple hecho de que así era un poco suyo. - ¡¡¡Qué está pasando!!! -Gritó de repente, sabiendo que podía asustar a lobo y volvió hacia él, pero no mostrándose agresiva, enfadada o algo por el estilo. Sino confundida igual que él, sintiendose atraída hacia Einar y culpable, queriendo arreglarlo de una maldita vez por todas. - Esos tíos te atropellaron, te secuestraron y luego me llamaron a mi para que me reuniera con ellos. - Esperó a ver si lo recordaba, pero siguió enseguida. - Te torturaron Sørensen, primero te sedaron y luego se ensañaron contigo y llegué yo... -Paró de golpe, incapaz de decirle lo que le había hecho, sintiéndose una cobarde. - Y te saqué de allí.

Cogió el cuchillo que estaba al borde de la cama y se lo volvió a tender. - Toma, tienes que llevar algo para defenderte. - Fue lo que le dijo, pero realmente se lo había dado para que lo usara con ella, más adelante. Seguía pensando lo mismo, si moría quería que fuera a manos de Einar. Se sorprendió al pensar que antes de morir, le parecía bien que él fuera lo último que viera.

- ¡Tenías que haberme matado en la cabaña! - Le espetó esta vez enfadada. Reconociendo que más que para él, para ella habría sido un alivio. Puesto que ahora estaban metidos en un gran lío. - Sé que no entiendes nada y sé que sigues débil, pero sino salimos de aquí, no habrá un momento de que puedas entender las cosas. Cuando llegue el momento que tu mente esté despejada, seguiremos con esta conversación. - Dio por zanjada la conversación sobre su creador y sobre su familia, sobre aquella maldita noche que lo empezó todo.

Llevó sus manos a su cinturón donde descansaban sus dos pistolas, comprobando que ambas estaban cargadas y quitándoles el seguro. Las iba a necesitar. - ¿Crees que podrías utilizar una de estas? -Le tendió una esperando respuesta. - ¿Donde está Valhalla? -Preguntó al momento que su expresión cambiaba a una preocupada y ansiosa. - Irán a por él. Mi creador sabe que me acompaña un cachorro de lobo. Peinarán los bosques si es necesario para encontrarlo... y matarlo. - Su voz tembló al final mientras entreabría los labios para coger un aire que no necesitaba, nerviosa porque dieran con su cachorro.

- Estoy segura de que Selina ya habrá puesto a tu familia a salvo, pero nos aseguraremos en cuanto estemos a salvo. - Le ordenó, sabiendo que podría darle un arranque de querer ir ahora a por ellos. - Si vamos ahora, nos matarán a todos. Asi que si te fías de mi, tendrás que hacer lo que te diga, ¿de acuerdo? - Le encantó ganar control sobre Sørensen, aunque por fuera mantuvo una expresión seria por dentro no podía contener la risa y la satisfacción que le provocaba mandar sobre el lobo.

El estallido de una bomba en la parte de abajo, acompañando del sonido de tiros y gritos alarmó a Irina que se acercó a Einar pasando esta vez con cuidado su brazo por su hombro. - Tienes que andar Sørensen, están aquí por nosotros. -Le explicó brevemente mientras abría la puerta, casi arrastrándolo. Gracias a su fuerza vampírica, podría avanzar aunque él no tuviera aún las fuerzas necesarias como para ayudarla por su propio pie. - No te pares. -Dijo en voz alta, aunque mas bien era un pensamiento para si misma.

Escuchó como subían al piso de arriba mientras abrían la puerta que daba a las escaleras para salir por la puerta de atrás, la que estaba más cerca del bosque, la que le daría una oportunidad de salir con vida del bar-motel. Como podía protegía el cuerpo de Sørensen con el suyo, sabiendo que esas balas irían más destinadas a ella que a él. Por el olor reconocía a los hombres de su creador. Por lo que harían lo necesario para atraparlos. Avanzaron por la calle todo lo rápido que pudieron, cuando una bala rebotó al lado derecho de la pelirroja. - Escóndete. -Miró hacia atrás y disparó a dos que les pisaban los talones. Pensaba usar a Einar de cebo para cargarse a los demás.

Al entrar de esa manera en el local, los demás subterráneos habían empezado una pelea, al ver al sus colegas muertos por la maldita explosión. Cayendo en ese instante en la suerte que habían tenido de que la parte de arriba no se derrumbara, pues habría sido mucho más difícil salir de allí. Se adentraron en el bosque, la pelirroja tiró del cuerpo de Einar, quién la seguía a duras penas, por lo que cargó con todo su peso para ir más rápido. Hasta llegar a un árbol y ayudarlo a apoyarse. - Toma. -Le volvió a tender la pistola. - Dispara en cuanto veas a alguno, tú intenta darle. Yo estaré cerca. - Fue todo lo que le dijo antes de desaparecer para subirse al árbol más cercano, teniendo visión desde ahí arriba de cuando se acercaran. Percibiendo los gruñidos de Sørensen, al sentirse en peligro ahí abajo. Sin saber si había reparado en lo que ella estaba haciendo.

Las sonoras pisadas la avisaron de que se acercaban, aunque solo le bastó fijar la vista para verlos peinar el bosque en busca de ellos. Desde donde estaba disparó a uno cuando tuvo el tiro perfecto y certero. Cayendo en la ironía de que estaba matando a los hombres de su creador, gracias al entrenamiento intensivo que usó para perfeccionar su puntería. Vio como uno estaba frente a Sørensen y sin dudarlo, se lanzó encima suya, dejándolo inconsciente con su caída. - ¡¡¡Vamos!!! - Le avisó mientras volvía a cogerle y a guiarle por el bosque.

La respiración de Einar mostraba el esfuerzo que estaba haciendo intentando seguirle el ritmo y como consecuencia, al no estar en plenas facultades ante una situación así. Notó como el sudor inundaba su frente y torso. Había un tronco tirado en el suelo y cerca una especie de cueva que daría cobijo al lobo. Llevó su mano derecha a la del Einar para hacerlo girar y ayudarle a sentarse y apoyar su espalda en el tronco, mientras se ocultaba de los enemigos.

Sin decirle nada, retrocedió en busca de los otros dos que los seguían teniendo clara visión sobre uno de ellos. Corriendo hacia él como factor sorpresa, derribandolo y empezando a golpear su cara con su puño, una y otra vez, descargando así toda la rabia y adrenalina del momento, llevó su arma a su cabeza y apretó el gatillo haciendo que el sonido del disparo resonara en el bosque. Sabiendo que el lobo no sabría para quién había ido ese tiro. Se puso en pie y volvió con Sørensen, olfateando el ambiente en busca del tercero, esperando que no hubiera más cerca siguiéndoles la pista. Sabiendo que durante la noche no podrían parar de andar por el bosque y más les valía resguardarse antes de la salida del sol.

- Einar, tenemos que irnos. - Un agudo dolor en su costado le avisó de la presencia de otros de los hombres de su creador, el que había hecho un gran corte en su espalda y después en su costado, el cual le había dolido horrores, haciendo que se girara enfadada antes de golpearle en la cara con el codo notando como partía su nariz. Aunque tenía la pistola aún en la mano, esta vez no la usó, sino que levantó su pierna y pisó su cuello partiendoselo, evitando así que el sonido del disparo desvelara donde se encontraban. Por acto reflejo, llevó su mano al lado, que sangraba, pero no vio el de su espalda, el cual ahora notaba claramente, sabiendo que había sido más profundo. No le dijo nada, simplemente le tendió la mano para que se pusiera de pie y así poder continuar. - Los manda mi creador, por haberme cargado al brujo. No serán los últimos, al menos mientras andemos cerca de donde ha ocurrido todo. -Le avisó y esperó su respuesta.


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Irina Volkova
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Con cariño desde Moscú [Irina Volkova]

Sorprendentemente la vampiresa me da otra botella de agua, la cual, también sorprendentemente, no tardo ni dos segundos en empezar a beber, como si mi cuerpo necesitara todo el agua del mundo para aplacar una extraña pero potente sed, una sed que seguramente será la misma que sienten los pobres desgraciados que se quedan sin agua en medio del mar o del desierto durante días. Mientras voy bebiendo, no puedo quitarle ojo de encima a la pelirroja la cual empieza a recoger las cosas que había tirado por el suelo. Sabía que me acabada de dar una información valiosa, muy valiosa, puesto que ahora ya tenía aclaradas varias de mis preguntas, sobretodo aquellas que tenían que ver con el motivo por el que ella me conocía tan bien y sabía cosas realmente escabrosas de mi pasado, pero me encuentro demasiado mal, con un malestar tan generalizado que ahora mismo sólo deseo un poco de tranquilidad, de permanecer tumbado en la cama sin moverme, sin hacer nada de nada, permitiendo que mi cuerpo se regenere gracias a la maldita enfermedad que me ha convertido en la bestia que soy. Aunque también me extraña que sé que debería estar durmiendo, descansando también mi mente, pero es como si algo lo impidiera, como si alguna cosa me mantuviera despierto, alejando al deseado y reparador sueño de mi - "Puta mierda… ¿Por qué cuando necesitas dormir tu cuerpo no quiere y cuando tú no quieres el sueño te atenaza?" – me pregunto burlón rememorando todas las veces que no he querido dormirme por estar pasándolo bien, o por obligación, luchando con todas mis fuerzas por permanecer despierto hora tras hora.

Toda la situación se me antojaba de lo más extraña del mundo, ya no solo por el no estar en un hospital como debería, sino por el comportamiento de la rusa, un comportamiento totalmente opuesto al que siempre me había dispensado, con esa extraña amabilidad, ese sincerarse sin motivo aparente y sobretodo esas miradas tan extrañas que me lanzan, como si no entendiera algo o como si hubiera algo en mi que necesitar comprobar una y otra vez.

- Oj!, Ja!, claro que me acuerdo de muchas cosas, pero nada que tenga que ver contigo o con ese brujo que dices… ¿Es que no te enseñaron a no beber de drogatas, porque fijo que al último al que sangraste debía ir puesto hasta las cejas… – le respondo irónico a su pregunta sobre si recuerdo algo - "¡Pero que pesada joder!, ¿Por qué se emperra en que recuerde no sé qué película que ella misma se ha imaginado?, como si no supiera yo lo que me ha pasado, no te jode…" – pienso mientras apuro la segunda botella de agua, notando ahora un poco más aplacada la sed, pero no así el hambre.

Tras levantarse del lado de la cama la veo pasearse por la habitación como un león encerrado, algo que me deja bien claro que está nerviosa, que realmente hay algo que le preocupa, pero que no tengo ni la más remota idea de lo que puede ser. Es cierto que tras las peleas a las que me obligó a participar la estuve buscando, convertida en mi obsesión, para acabar con ella y así mantener a los míos protegidos. Pero por esa obsesión ciega la cagué como miembro del Praetor al encontrar a una recién transformada y no llevarla de inmediato conmigo, permitiendo así que la usaran para matar a un mundano, y casi acabo con la vida de su amante por conseguir encontrarla. Sí, me costó centrarme en lo que realmente era importante y no en perseguirla sin aliento por toda la maldita ciudad, pero luego cuando la encontré, cuando pude terminar definitivamente con ella me di cuenta de que eso no me ayudaría a encontrar la paz, a reconciliarme conmigo mismo, a redimirme de todos mis actos y sobretodo a aceptar lo que soy, a parte que el recuerdo de mi hija parece estar vivo con ella, y si la matara, sería como volver a matar a mi pequeña - "Vamos que no la maté, no me arrepiento de no haberlo hecho y no tengo claro porque puñetas no lo hice…" – sentencio mentalmente cuando una fuerte punzada en mi abdomen me recuerda que me duele todo el cuerpo, pero especialmente esa zona, lo que hace que me disponga a bajar la mirada hacia ahí cuando su grito hace que la dirija a ella, con una expresión cansada pero interrogante en mi rostro, puesto que no entiendo sus palabras - Ya te lo he dicho, estás flipando por beber sangre con droga… ¿a qué mola eh? – le suelto burlón tras soltar un gruñido divertido ante su grito.

Es entonces cuando empieza a decirme no se qué gilipolleces sobre lo que se supone que me ha pasado - "¡Oh!, Sí, claro… me secuestran, me torturan delante de ti, me sedan, se ensañan conmigo y tú, justamente tú, mi ángel salvador, me libera… ¡Los cojones!... está flipando, pero mucho, mucho… " – no puedo evitar pensar mientras la escucho soltar todas esas chorradas, sin poder evitar que mis labios formen una sonrisa divertida y mi rostro adopte una expresión cínica - Perdona pero disculpe usted… – empiezo a decirle burlón - Aquí la única que me ha sedado, raptado, torturado y permitido que se ensañaran conmigo has sido tú, encanto – le suelto burlón, recordándole que fue ella la que me secuestró, tras sedarme para obligarme a combatir por mi vida aquella jodida noche.

- "Y dale… ¿realmente se cree todo eso que dice?... casi mejor que aceptes el cuchillo, que está como una auténtica cabra y a saber por donde sale…" – pienso divertido mientras acepto el cuchillo que me ofrece, guardándolo en mis pantalones, viendo ahora sí una curiosa cicatriz en mi hombro - "Si no fuera porque es imposible diría que es una I y una V… ¿cuatro en números romanos?... curioso, si señor… realmente curioso" – pienso extrañado, puesto que sería muchísima casualidad que me hubiera herido con algo de plata que me dejara justamente esas dos cicatrices que parecen hechas a conciencia, porque estoy seguro que han sido hechas con el maldito metal ya que sino las heridas no estarían tan tiernas.

- "Menudos cojones que tiene la tía, ¡Y encima se enfada conmigo!, ¡Pero si la que está aluciando es ella!" – pienso al oírla gritarme enfadada, echándome en cara que no la matara y empezando a desvariar sobre que estoy atontado y débil - "Bueno… eso sí es verdad… porque estoy para el arrastre…" – y que da su conversación por zanjada, algo que me parece fantástico, sobretodo porque no hace ni unos minutos que le he estado rogando que me deje tranquilo de una puta vez, que no quiero oír nada más, que simplemente quiero tranquilidad y buenos alimentos ahora mismo. Pero por lo visto ella sigue en sus trece y no duda en ofrecerme una pistola, la cual miro enarcando una ceja, alucinando aún más por lo que me ofrece y dice - "¿Pretende realmente que use una jodida pistola ahora mismo?, ¡Esta tía quiere que me pegue un tiro a mi mismo!, ¿Es que no se da cuenta que apenas soy capaz de levantar la botella del agua?, ¡Como para apuntar y disparar!" – no puedo evitar pensar sorprendido por su propuesta. Aunque esa sorpresa dura poco ante su siguiente pregunta, la del cachorro. A esa, le respondo con un simple y claro gruñido, puesto que no pienso decírselo, porque si lo echo de su lado no considero justo que ahora vaya a buscarlo.

Observo curioso su reacción, sus palabras al preguntarme sobre el cachorro, al decirme que lo van a buscar y matar como castigo, algo que es normal, puesto que ella debe tener millones de enemigos y ese pequeño parece ser la única cosa que realmente le importa. Todo su cuerpo me indica que realmente se preocupa por él, que siente miedo por lo que le pueda pasar y por unos segundos estoy a punto de responderle, de decirle que está bien, pero finalmente aprieto mis labios, ante la posibilidad de que todo esto no sea más que un enrevesado plan para conseguir recuperar al cachorro, haciéndome creer que está en peligro para que le desvele su paradero y así poder encontrarlo ella para hacerle ves a saber qué. Tengo muy claro que es muy astuta y cruel, y no me extrañaría nada que estuviera interpretando este papel para conseguir esa información.

Sin dejarla de mirar con una expresión divertida en mi rosto, apretando los labios y negando con la cabeza ante sus delirios que le llegan a decirme que una tal Selina habrá puesto a salvo a mi familia, permanezco en silencio dejando que ella parlotee sin parar sobre algo que no me creo ni me importa realmente - Ja, ja… selvfølgelig, lo que tú digas… lo que tú digas… – le respondo a su orden dándole claramente la razón como a los locos aguantándome las ganas de reírme a pleno pulmón ante la gran cantidad de sandeces que está soltando por su boca.

El fuerte estruendo que llena el aire, junto al potente temblor que siento borran mi sonrisa y matan mis ganas de reírme al instante, haciendo que la confusión acuda a mi rostro con la misma rapidez que a mi mente. El caos de gritos, disparos y movimiento de personas subsiguiente al estallido llenan el ambiente, arrancándome un fuerte gruñido mientras instintivamente intento levantarme, fracasando estrepitosamente al momento, pues en cuanto mi cabeza se eleva un par de palmos de la almohada el mareo me golpea con tal violencia que me vuelvo a desplomar sobre la cama cerrando con fuerza los ojos, sintiendo como la incomprensión por todo lo que está pasando, y la creciente duda sobre la certeza de las palabras de la pelirroja se apoderan de mi mente.

Incapaz de impedirlo, siento cómo me obliga a levantarme pasando su brazo por mi hombro, provocando que el mareo vuelva a golpearme, pero esta vez unido al fuerte dolor abdominal que estalla nada más ponerme vertical, viéndome obligado a mantener boca y ojos cerrados con fuerza, mientras mi cabeza no para de dar vueltas y unas fuertes náuseas amenazan con hacerme devolver todo el preciado líquido que acabo de ingerir fuera de mi cuerpo.

Luchando por intentar andar, pero siendo arrastrado por ella, me dejo llevar sin abrir los ojos siquiera, sintiéndome como un jodido muñeco, un títere cuyas cuerdas son manejadas por la maldita sanguijuela que parece emperrada en no salir de mi vida a pesar de haberle dejado bien claro que no quería saber nada más de ella, que para mí no era nadie y que no quería volver a verla. - "Y sin embargo, ahora te lleva como a un jodido saco de huesos de un lado para otro…" – no puedo evitar pensar, soltando un gruñido de rabia por eso, mientras dejo que siga llevándome a donde narices quiera, sin ofrecer resistencia y sintiéndome cada vez más mareado y enfermo.

Durante lo que se me antoja una eternidad, en la que gimo suplicante en más de una ocasión para que pare, ella me acarrea sin problemas gracias a su fuerza vampírica, sacándome de donde me he despertado, para llevarme por sitios que no logro ver al ir con los ojos cerrados, mientras el inconfundible sonido de los disparos nos persiguen sin cesar, recordándome a que seguramente los cazadores habrán atacado el sitio o incluso haya sido algo peor, como los jodidos demonios y seguidores de Valentine.

Cuando por fin me suelta, permitiéndome descansar contra un tronco, no puedo dejar de gruñir agradeciendo por fin que mi cuerpo descanse, a pesar de que el maldito mareo no me abandona, abriendo los ojos en cuanto ella me habla, para tomar la pistola que vuelve a ofrecerme con una mano, la cual no tarda ni dos segundos en caer al suelo empuñándola. Apoyando mi cabeza contra el nudoso tronco del árbol me centro en mi respiración, obligándome a tomar aire y soltarlo, una y otra vez, centrándome en eso en un intento por controlar el mareo, por olvidarme del fuerte dolor de mi barriga, de mi cuerpo en general, sintiéndome realmente enfermo, cansado y completamente jodido.

A los pocos minutos el característico sonido de disparos y lucha justo enfrente de mí, hacen que vuelva a entreabrir los ojos, rompiendo mi concentración en mi respiración, notando como el fuerte mareo que siento al estar de pie se apodera de nuevo de mi en cuanto ella me vuelve a levantar del suelo, haciendo que, nuevamente, un gruñido molesto abandone mis labios, y me vuelva a centrar en no vomitar mientras soy arrastrado por el jodido bosque.

Jamás antes en mi puta vida me había sentido tan horriblemente mal, ni tan siquiera cuando el jodido licántropo que me convirtió en Moscú me atacó, ni cuando me recuperé en el hospital me había sentido así. Mareado, sudoroso, con potentes náuseas y un fuerte dolor generalizado, pero sobretodo un dolor agudo, casi insoportable, pero incapacitante en mi abdomen, como si me hubieran estado hurgando en las tripas con saña. Jadeante agradezco otra vez que me deje en el suelo, recostado contra otro tronco, pero por fin quieto, estático y sentado. Durante los siguientes minutos me centro de nuevo en mi agitada respiración, en los latidos desbocados de mi corazón, sorprendiéndome al notar un vacío, porque hasta este justo momento no me había dado cuenta de que falta algo en mi interior, de que mi lobo parecía haber desaparecido, como si hubiera escapado de su jaula, algo que me provoca un escalofrío y una desagradable sensación de vacío, de pérdida.

El sonido de disparos, de la lucha me llega claro, aunque no consigue llamar mi atención, puesto que continúo con los ojos cerrados, jadeando e intentando tranquilizarme, aislándome de todo lo que sucede a mi alrededor.

La voz de la pelirroja vuelve a adentrarse en mi mente, instándome a moverme, a hacer algo de lo que no soy capaz, antes de que sonidos de lucha vuelven a desarrollarse esta vez a escasos metros de donde estoy. Manteniendo los ojos cerrados, niego con la cabeza pese al claro tono de urgencia en su voz, puesto que lo que me pide es imposible que lo haga ahora mismo. - Nei!, ¡No puedo más joder!, ¿Es que quieres matarme? ¡Porque lo estás consiguiendo maldita zorra! – estallo en gritos, abriendo los ojos, clavando mi mirada en sus verdes ojos, haciéndole entender con ellos que no puedo más, que estoy exhausto, que no entiendo el porqué estoy tan débil, pero que sé que soy incapaz de hacer nada que no sea descansar - Nei – niego con mi cabeza - No pienso moverme de aquí, lárgate tú si quieres, déjame aquí, solo necesito descansar unas horas y estaré mejor – le digo casi gruñendo, sabiendo que es lo que mi cuerpo necesita para regenerarse, para volver a estar en condiciones de hacer cualquier cosa, algo que ahora sé perfectamente que no puedo por mucho que me esfuerce, ya que, por lo visto, el accidente de moto ha sido muchísimo más grave de lo que creía al principio.


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Con cariño desde Moscú
 
EINAR SØRENSEN  


Irina le miró alzando una ceja pero en el fondo disfrutando de la sonrisa del lobo pese a todo lo que le estaba contando, ya que la estaba ignorando y dando por loca. Pero teniendo en cuenta que no recordaba nada, entendía perfectamente porque actuaba así. No obstante era algo imprescindible que siempre se engancharan en algún momento en una pelea verbal. - ¿Es que crees que esto es un juego? ¿Porque iba a estar aquí perdiendo mi tiempo contigo? -Le soltó un bufido mostrándose seria. - Eres lo más insoportable y cabezota que he conocido jamás. - Mintió sobre lo primero, pero no sobre lo segundo.

Por supuesto que sabía que Einar estaba para el arrastre en ese momento, pero si se quedaban allí morirían los dos y al menos ella no iba a dejar que pasara y no dudó ni un segundo en que si fuera ella quién estuviera herida, el lobo también la sacaría allí, a regañadientes, por supuesto, y haciendo alarde de su sarcasmo y sus ironías.

Una vez en el bosque se sintió más tranquila, ahí podían esconderse y era fácil detectar a los enemigos. Pero no podían quedarse, le miró cuando le gritó entendiendo que no pudiera más. Pues en ese instante recordó en las condiciones que lo había encontrado cuando llegó, sorprendiéndose pues para nada esperaba que fuera él quién estuviera atado a esa silla. Volvió a sentir lo que había sentido en ese instante, aparte de la frialdad con la que había tenido que actuar y lo peor, marcarle y apuñalarle, pues en el momento que el brujo hubiera notado dudas los habría matado a los dos. Tiempo atrás escuchó a su creador hablar con Argus diciéndole que la mayor deshonra era que había terminado ayudando a un licántropo y esa era la tercera vez que lo hacía, no habría tenido ninguna posibilidad. Casi le dieron ganas de volver a drogarlo para que se callara, pero no, eso se había terminado. No más peleas ni mas juego sucio.

- Está bien. Entiendo que estás agotado. -Le dijo mostrándose comprensiva. - Te he dado medicina muy potente, en pocas horas te encontrarás mejor. La tenía reservada para mi, en alguna urgencia, pero está claro que tu la necesitabas más.  Sé lo que te hice y lo volvería a hacer, aunque después de subir a la habitación y hacer lo que sabes perfectamente que habría pasado. - Le guiñó un ojo, burlándose ahora ella, incapaz de dar por alto que le dijera que había bebido sangre de drogata, burlándose del esfuerzo que estaba haciendo contándole todo. Algo que tiempo atrás le había suplicado. Que ironías de la vida... Pensó mientras dejaba escapar un suspiro.

En ese momento se dio cuenta que no sabía actuar de una manera que no fuera usando la violencia, la manipulación o el juego sucio. Le dieron ganas de amenazarlo con pegarle un tiro o algo por el estilo para asustarlo, pero entonces cayó en que si fuera otra persona ya habría usado esas formas, pero con él se estaba cortando y mucho. - Sørensen, tienes que decirme donde está Valhalla. Sino lo usarán en tu contra y te mandarán su cabeza a casa de tu hermana con un lazito y dudo mucho que quieras que tu sobrinito vea a la que considera su nueva mascota de esa manera... Ya sabes que de niños cogen traumas muy rápido... - Lo había vuelto a hacer. Aunque intentaba hacerlo de forma diferente con el lobo, en el fondo le costaba horrores. Al notar su cara de enfado, levantó una mano y volvió a hablar. - Vale, vale, eso ha sido cruel. Einar, le harán daño. Lo matarán. -Hizo una pausa y luego añadió algo- A Valhalla le encanta ese niño, lo noto. -Le miró a los ojos con intensidad- Ha sido el único ser de este jodido mundo que me ha querido cuando más sola estaba y ha permanecido siempre a mi lado, aunque cuando yo le ordenaba irse. Me ha querido por encima de todo sin importarle nada. Sino me dices dónde está, lo buscaré donde sea necesario para asegurarme de que está a salvo. Sé que te importa y sé que cuando le encuentre querrá ir contigo también. -Sentenció manteniendo la mirada unos segundos. -

Irina vio necesario sincerarse sobre Valhalla porque quería de verdad que le dijera donde estaba para dar con él más rápido. Pero también tenía muy claro que sino lo buscaría donde fuera y eso tenía la parte de que tendría que dejar a Einar en un sitio seguro mientras andaba en su búsqueda y esa opción no la veía nada factible. Aún estaba pensando donde podían esconderse. Recordando algún sitio lo suficientemente alejado pero seguro, donde pasaran desapercibidos.

En la habitación le había visto mirar la herida del hombro, donde le había marcado sus iniciales. Un flashback le vino entonces trayendo a su memoria la imagen donde le clavaba el cuchillo y lo que había sentido al ver la sangre salir, arrepintiéndose al instante, por primera sintiendo que se había equivocado. Casi doliéndole verlo tan malherido y furiosa por escuchar por boca de los otros como lo habían drogado y luego se habían ensañado. Sabiendo perfectamente como el lobo bien había dicho antes, que ella también le había drogado y lo había obligado a luchar por su vida. Recordando también cuando la bruja casi lo ahoga, la impotencia que sintió cuando dejó de percibir sus latidos, teniendo claro que llegó a estar muerto unos segundos hasta que su lobo tomó el control.

- Fui yo. -Dijo sin pensar, en un maldito impulso, tensando la situación sabiendo que la había cagado y la cosa entre ambos no estaba bien que digamos, pero en ese momento ya no había vuelta atrás. Asi que maquilló lo que le iba a decir. - Yo te hice lo del hombro. Son mis iniciales. No lo recuerdas, pero te aseguro que recordarás todo lo que pasó y querrás matarme, solo espero que esta vez si seas capaz. - Dijo con toda la sinceridad de la que fue capaz. - No tenemos porque morir los dos, por eso tengo que sacarte de aquí. El sol terminará saliendo y no puedo estar aquí cuando eso pase. Yo misma te llevaré. -

Sabía que a Sørensen no le iba a hacer ninguna gracia, pero antes de que se quejara o dijera algo pasó una mano por sus piernas y otras por su espalda levantándolo enseguida, agradeciendo que estuviera débil porque sino estaba segura de que se habría revuelto y habría conseguido quitársela de encima, por lo que acabó imitándole lanzando un gruñido y después sonreír ladina. - No se lo diré a nadie, además el esfuerzo lo hago yo. - Dijo en voz baja.

Le daría esas horas de descanso, cuando se asegurara que el sol no iba a terminar achicharrándola, pues no tenía ninguna gana. Caminó durante unos segundos, sintiendo el peso del lobo en sus brazos, percibiendo ahora si su olor y su calor. Evitando mirarle directamente pero si notando su enorme enfado por lo que estaba pasando y por lo que le había revelado, ya que las iniciales que le había hecho, no se le irían... Estaban hechas con plata, quedarían en su piel para siempre. Aceleró el paso y gracias a la fuera vampírica no sintió cansancio ni el peso de Einar. Tenían que llegar a la carretera y mientras pensaría donde se esconderían.

Un cartel luminoso de color verde llamó su atención, uno grande donde ponía "Motel". Justo en uno había encontrado al lobo, pero teniendo en cuenta que habían usado el de la otra punta del bosque para torturarlo, ahí no los buscarían o al menos eso pensaba. Aunque le urgía tanto ocultarse en algún sitio, que la desesperación por ello la hizo que mirara a su alrededor, aún con el lobo en brazos y adormilado. Agudizando la vista para encontrar alguna habitación con el cartel que indicaba que la habitación estaba libre, donde se colaría con cuidado y sin que nadie los viera. Esperó unos segundos y encontró todo tranquilo, en cuanto vio una habitación que indicaba que no estaba ocupada echó a correr acercándose y abriendo la puerta.

Una vez dentro dejó a Sørensen encima de la cama, sin encender las luces ni nada. Salió al pasillo y vio como la que debía ser la dueña cruzaba mirada con ella y como se dirigía hacia ella enfadada al ver que había entrado sin permiso. Irina sacó unos cuantos billetes y se los puso en la mano después de hacer uso de su poder de persuasión y pagarle el triple por la habitación y agradecerle su amabilidad. Cuando la mujer se giró, la pelirroja entró a la habitación y cerró la puerta. - Duerme, en unas horas iremos a por algo de comer. -Le dijo mientras veía como no tardaría en caer rendido ante el sueño.

Fue al cuarto de baño y abrió el grifo para lavarse las manos y la cara, mientras se quitaba la camiseta para ver bien la herida del costado y de la espalda. Cogió una de las toallas y la mojó para luego pasársela por esas zonas, retirando así la sangre reseca. Finalmente abrió el grifo de la ducha y se dio una ducha rápida, quitándose la sangre suya y ajena. Se puso de nuevo la ropa y salió con el pelo mojado para ver como estaba el lobo, el cual seguía en la cama, pues aunque había estado dentro de la ducha había estado atenta de que no se le ocurriera marcharse, aunque no lo veía muy probable dado su estado.

Abrió su bolso y sacó una jeringa, aprovechando que Einar ya dormía profundamente. Contenía una cura muy potente, que había pedido a Selina, pero que en ese momento se la iba a inyectar a él. Nada de lo que le había dado le causaría daño alguno, todo lo contrario. La bruja siempre se las preparaba cuando salía de misiones y ella le daba una buena suma de dinero por los materiales. Estiró el brazo de Sørensen y acarició la palma de su mano mientras escuchaba su respiración relajada y su latir con energía pero tranquilo. Con el dedo buscó la vena, la cual casi la podría encontrar solo con su olfato y clavó la aguja inyectando toda la cura. Después la sacó con cuidado y la dejó en la mesita. Lo observó durante unos segundos, la cicatriz de su cara, el combate con la bruja. Ahora las marcas de su hombro, y por último la herida de su vientre, la que ella misma había cosido.

Gracias al ungüento estaba cicatrizando con rápidez, pero también le quedaría marca. ¿Acaso buscaba marcarlo como suyo? Ella sabía que Einar la odiaba y no la soportaba, pero el jodido destino siempre volvía a cruzar sus caminos y solo sabía que lo salvaría tantas veces fuera necesario, porque no tenía ninguna duda en que pese a odiarla, él haría exactamente lo mismo.

- ¿Porque no me mataste idiota? Bueno, quizás a la segunda vaya la vencida. - Dio un largo suspiro y pasó los dedos entre su pelo intentando así peinarlo.


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Con cariño desde Moscú [Irina Volkova]

Su pregunta sobre el motivo por el cual yo creía que estaba perdiendo su tiempo conmigo provoca un ensanchamiento aún mayor en mi sonrisa, por no decir que casi me causa un estallido de risa - "Ya ves tú como si a un jodido ser inmortal le importara mucho eso de perder algo de tiempo…" – pienso irónico, puesto que dudo muchísimo que para un vampiro, o cualquier otro ser que vaya a vivir hasta el final de los días le pueda importar o molestar mucho perder unos cuantos minutos de su tiempo - "Pero claro sino no sería una tocahuevos de primera categoría…" – me recuerdo divertido como si no supiera a quien tengo delante. - Ja, det vet jeg, lo sé, lo sé… ya lo decía mi madre que soy irresistiblemente encantador – respondo burlón a su pregunta y a su comentario sobre que soy insoportable y cabezota - Acéptalo ya, encanto. Te mueres por mis huesos, algo normal, pero lo siento, me das asco, así que vete con tus chorradas a otra parte y déjame tranquilo – añado manteniendo el tono sarcástico y mi expresión burlona ante toda la situación y su absurda obsesión por contarme milongas, por inventarse ataques, torturas y demás que sólo han tenido lugar en su mente.

El problema es que algo fallaba en mi interpretación de lo ocurrido, ya que el insignificante detalle de la explosión, así como el caos que se formó después del ataque, más la clara persecución de la que somos objeto a través del jodido bosque, cosa que consigue acabar definitivamente con mis pocas reservas energéticas, me dan a entender que hay algo que no cuadra, porque claro, no sería descabellado pensar en un ataque premeditado de los seguidores de Valentine hacia un local plagado de subterráneos, incluso una persecución, pero que justamente la persigan a ella, que sea ella su claro objetivo, y por ende yo, no cuadra mucho con esa panda de descerebrados, porque ella encaja más en el perfil de esos psicópatas que en el de los fieles siervos de La Clave - "Vamos que solo faltaría que las fantasías de esta maldita zorra fueran reales... entonces sí que usaré la jodida pistola para volarme los putos sesos" – no puedo evitar que la duda que me genera toda la situación crezca con rapidez en mi mente en vista de todo lo que está sucediendo a mi alrededor.

Y por si faltaba poco para que empezara a plantearme realmente si el loco no soy yo, me sorprende de nuevo, demasiadas veces ya en una misma noche para mi gusto, mostrándose comprensiva en cuanto le suplico que me deje descansar apoyado en el áspero tronco del árbol caído. - Flott… y supongo que esperarás que te de las putas gracias por chutarme de nuevo y que te diga que habríamos gozado como cabrones follando como animales aquella jodida noche nei?… pues sigue soñando caperucita – no puedo evitar soltarle con toda la ironía de la que soy capaz en ese momento, teniendo muy claro que aquella noche la deseaba, deseaba acostarme con ella como hacía tiempo que no lo deseaba con nadie, aunque supongo que todo se debió a que me encontraba de bajón y fui tan estúpido como para dejarme enredar por la atracción que ejercen los malditos hijos de la noche en el resto de seres.

Cerrando los ojos, permitiendo que el frescor del aire nocturno acaricie mi exhausto rostro, aliviándome ligeramente del agobiante calor que parece haberse apoderado de todo mi cuerpo, me permito descansar unos momentos, sin poder comprender aún cómo puedo estar tan agotado, tan cansado si solo he sufrido un jodido accidente de moto, algo que no es la primera vez que me pasa y que, desde que soy un puto licántropo, nunca me había dejado en unas condiciones tan patéticas como en las que me encuentro ahora mismo.

Sin abrir los ojos, disfrutando todavía de esos ansiados momentos de descanso que tanto parece necesitar mi maltrecho cuerpo, vuelvo a escuchar su voz romper la tranquilidad del silencio nocturno, llamándome por mi apellido, como suele hacer cuando quiere burlarse de mi o cabrearme. - "¡Los cojones te voy a decir dónde está el lobezno!" – pienso automáticamente en cuanto comienza a preguntarme por el paradero del que fuera su fiel compañero hasta mi irrupción en su cabaña, esbozando una leve sonrisa torcida ante dichas palabras antes de dejar salir un claro gruñido molesto en cuanto nombra a mi hermana e insinúa la posibilidad de que mi sobrino reciba semejante regalo macabro - Más le traumatizaría ver tu frío y muerto rostro – le espeto sarcástico sin abrir los ojos, sintiendo cómo ella realiza algún gesto con sus manos al notar el movimiento que produce el aire al desplazarse por dicho gesto en mi rostro - Hei?, ¿cruel?... pero si tu nunca lo eres – continúo replicándole haciendo gala de toda la ironía y sarcasmo del que soy capaz, entreabriendo en cuanto la oigo decir que a Dami le gusta Valhalla mis ojos ligeramente para encontrarme con su profunda mirada de jade clavada en los míos, sintiendo como un extraño estremecimiento recorre mi cuerpo mientras por unas milésimas de segundo quedo completamente cautivado, prendado por la belleza que desprenden, notando como la sinceridad brilla en ellos al igual que lo hacen las palabras que poco a poco van surgiendo de su atractiva boca. La repentina mezcla de sinceridad y de belleza hacen que empiece a abrir lentamente mis labios, dispuesto a desvelar el lugar exacto en el que se encuentra su fiel amigo - Nei, tranquila, está a salvo, y cuanto más alejado de ti, más a salvo estará – le digo sin embargo, manteniéndome en mis trece de no revelarle el paradero del cachorro, utilizando ahora un tono más serio, más tranquilo, dejando de lado toda la acidez de mis comentarios anteriores, puesto que siento que debo responderle por una vez con la misma sinceridad que parece haberse apoderado de ella toda esta jodida velada.

- Hva? – articulo cansado pero elevando una ceja curioso ante su repentino fui yo, ya que ahora mismo no entiendo a qué se refiere exactamente con esa afirmación, aunque según se va explicando mi ceño se vuelve a fruncir y el enfado vuelve a apoderarse de mi, sintiendo de nuevo la sangre hervir por culpa de la rabia que me produce el haberme convertido en una especie de res para ella, en un jodido ternero al que puede marcar cuando le de la gana anunciando su propiedad sobre él. Sin poder evitarlo, y como ya es habitual en mis encuentros con ella, consigue sacarme de mis casillas con demasiada facilidad, haciéndome gruñir de nuevo, esta vez realmente cabreado aunque volviéndome a dar cuenta de que algo ha cambiado en mi, de que no noto al lobo, el cual parece haberse desvanecido, haber desaparecido de mi interior provocando que un frío escalofrío recorra todo mi cuerpo, como si faltara una parte de mi, como si me hubieran vaciado de alguna manera, algo que no entiendo, que me asusta, pero sobretodo que me preocupa.

Tanta es mi consternación ante la falta de mi lobo que no llego a responderle, a contraatacar ni a demostrarle mi rabia, la que siento por culpa de haber sido marcado nuevamente por su culpa, sintiendo mi cuerpo profanado como nunca antes lo había sentido, teniendo muy claro que, de estar en perfectas condiciones físicas, ahora mismo me arrancaría la piel para borrar esas iniciales de mi hombro. - "Definitivamente el fin del mundo se acerca… no me extrañaría nada oír la última campanada, y ver a Fenris devorar el sol y la luna, anunciando así la llegada del Ragnarok, del Argamedon… del final de los tiempos, porque que un cazador se levanta en contra de su padre, que los demonios y fantasmas surjan por doquier no auguran nada bueno, y menos aún cuando una jodida chupasangres carga conmigo como si de una damisela en apuros me tratara…" – pienso molesto pero permitiendo que me lleve en volandas por el bosque, soltando simplemente reflejando en mi rostro y mi mirada la inquietud que me provoca el no notar a mi yo animal, aunque no sin protestar de vez en cuando con un gruñido molesto.

Cuando decide que ya se ha cansado de humillarme más aún llevándome de esa guisa por el bosque y una carretera, espero impotente a que me deposite sobre la cama del motel que ha elegido como guarida para pasar las horas diurnas, unas horas que no tardarán en llegar puesto que la claridad del amanecer comienza a notarse tímidamente en el este. Sintiendo de nuevo la agradable sensación de estar tumbado sobre un mullido lecho, algo que me relaja y que permite que un pesado y repentino sueño se apodere de mi, como si el efecto de algún tipo de inhibidor del sueño hubiera pasado de repente, obligándome a cerrar los ojos y a dejarme llevar, perdiendo la noción de todo lo que me rodea casi al instante, creyendo oír la voz de la sanguijuela decirme algo a lo lejos, mientras mi respiración se torna más pesada, más profunda y regular, al igual que mis latidos, los cuales se acompasan a un ritmo más lento, confirmando que he quedado profundamente dormido.


Con un profundo y largo gruñido, producido por mi garganta y que no llega a surgir por mis labios al permanecer estos cerrados, muevo ligeramente mi cabeza antes de abrir los ojos, estirando mi cuerpo completamente, desperezándome antes de abrir los ojos, unos ojos somnolientos que descubren parte del almohada sobre la que reposa mi cabeza, y la cual abrazo con fuerza entre mis brazos. Estrechándola con más fuerza, encogiéndome de nuevo mientras vuelvo a soltar el típico suspiro de recién despertado, me permito volver a cerrar los ojos unos segundos, el tiempo que necesita mi cuerpo para emitir otro sonido de nuevo, esta vez un auténtico rugido que procede de mi estómago, el cual me exige de esa forma que le de algo, que coma, puesto que se encuentra completamente vacío. Disfrutando un poco más de la agradable sensación de estar en la cama, sintiendo como si me hubiera despertado de un largo y reparador sueño, casi sin notar ya a penas dolor, me permito hacerme el remolón unos instantes más en aquella cama, que obviamente no es la mía, mientras los recuerdos de las últimas horas me van aclarando los motivos por los que me encuentro acostado en una habitación extraña.

Todavía medio dormido, me incorporo de la cama, quedando sentado al borde de la misma, mientras froto mis ojos con fuerza con mis manos, sintiéndome extrañamente atontado, cansado, como si llevara días enteros durmiendo. En cuanto dejo caer los brazos a mi lado y abro de nuevo mis ojos, con la cabeza gacha, la imagen de una nueva cicatriz en mi abdomen capta mi atención - "¡Joder!... y ¿esto?" – pienso curioso mientras observo con atención la herida, llevando con cuidado los dedos de mi diestra hacia ella, recorriendo con la rugosa yema de mis dedos su extensión, palpando cada uno de los puntos que la mantienen cerrada, unos puntos extrañamente bien dados y que soy consciente de recordar el momento exacto en el que me fueron dados, como tampoco el momento de la herida, pues solo puede ser causada por el accidente.

Es entonces cuando la puerta de la habitación se abre, haciendo que mire de reojo hacia ese lado sin apartar la mano curiosa de la sutura, viendo a la maldita sanguijuela pelirroja entrar de nuevo en la habitación, trayendo consigo misma el inequívoco olor de la sangre fresca, confirmando así que se acaba de alimentar, volviendo a centrar mi mirada en mi torso, ignorándola expresamente antes de incorporarme y comenzar a caminar tembloroso hacia la puerta que espero conduzca al aseo, no sin antes atisbar, por la apertura que forman las dos cortinas que cubren la única ventana de la estancia, que debo haber estado durmiendo lo que quedaba de la noche anterior y todo el día, puesto que el cielo vuelve a estar completamente oscuro, sin que haya el menor indicio del amanecer que quería comenzar a despuntar cuando quedé profundamente dormido.

- No sé que haces aquí todavía porque no pienso decirte dónde está tu cachorro – le suelto con una voz tan enronquecida que hasta me sorprende a mi mismo al tiempo que utilizo la pared a modo de apoyo para conseguir llegar a la puerta del baño, la cual empiezo a abrir no sin dificultad. Realmente no sé qué habrá estado haciendo la vampiresa durante todas las horas que he estado durmiendo, pero está claro que de haberme querido matar lo habría hecho ya, así que entiendo que, de momento, no piensa terminar con mi vida, lo que quiere decir que me necesita para algo.


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Con cariño desde Moscú
 
EINAR SØRENSEN  


- ¿Habríamos gozado como cabrones follando como animales aquella jodida noche nei? -Repitió su frase imitando su voz y luego mostró una sonrisa burlona. - El asco es mutuo querido.  ¿Yo cruel?  -Ironizó, como segundos antes había hecho él, sacándole una sonrisa, aunque el lobo no la había visto. - Ojalá pudiera dejarte a tu puta suerte, eres un estorbo bien grande, pero te vas a joder tú, porque si quieres que me vaya tendrás que echarme. - Contraatacó, esbozando una sonrisa maliciosa para picarle.

Alzó una ceja cuando le dijo lo de Valhalla pero terminó soltando un suspiro de resignación. - Siempre le digo eso, pero siempre regresaba a mi lado. -Reconoció, echando de menos al peludo cada vez que volvía a la cabaña y a los minutos aparecía recibiéndola como si fuera lo mejor de su vida. Cosa que le costaba creer, porque no era lo mejor de nada ni de nadie.

- Si muere, será otra muerte con la que cargar, total por una más... - Comentó finalmente, porque en el fondo de su ser el comentario le había jodido y por su instinto de cabrona a muerte, tenía que devolvérselo, aunque sabía que no era justo. Pero nada en la vida lo era.

Chasqueó la lengua, mientras miraba de reojo como la miraba con odio. Un que se había ganado y después, agradeció que se durmiera de una vez y la dejara hacer todo lo que tenía pendiente. Aunque tenía que dejarle a solas unas horas, estaría lo suficientemente cerca para oler si algún peligro acechaba la vida de Sørensen. Antes de irse, lo observó durante unos segundos, mientras seguía peinando su pelo. Agudizando su oído, envidiando esa sensación de bienestar e inconsciencia en la que se encontraba, sintiendo el peso de sus hombros cada vez más insoportable. Sin duda, nada era fácil y mucho menos para ella, pero moriría peleando, eso lo tenía bien claro. Alargó su mano y pasó la yema de sus dedos por la herida que le había hecho en el vientre, apenas rozándolo. Extrañada por esa culpabilidad que le revolvía el estómago y la confundía. Estiró un poco más su mano para tocar donde había marcado sus iniciales, viendo ya su cara de enfado y escuchando su característico gruñido, volvió a suspirar. Era la segunda vez que lo observaba mientras dormía, se dio cuenta de como habían cambiado las cosas.

Menos que volvía a salvarle la vida, después de ponerle en peligro... Apartó la mano y se puso de pie, abrazándose así misma mientras lo miraba de reojo, pensativa. La sugerencia que le dio en su cabaña de haberle pedido ayuda directamente, le pareció absurda, pero ¿Y si le hubiera pedido ayuda? Podía haber usado el atractivo que su condición de vampiro le ofrecía, o simplemente favor por favor. ¿De verdad se lo estaba preguntando? Frunció el ceño molesta y se dirigió a la puerta. - Maldito Sørensen. -Dio un portazo y se adentró de nuevo en el bosque.

Estaba enfadada y confundida y como siempre, por acto reflejo, corrió hacia su cabaña. Con cuidado de que nadie la viera ni la siguieran, sabiendo que podían estar merodeando por allí. Aunque solo Einar y Andreas sabian de la existencia de esa cabaña y dudaba mucho que Andreas hiciera algo contra su cabaña o contra ella misma. Y aunque le había jodido mucho, también había visto como Einar no le había matado, por lo que ahí hasta lo había comprobado.

Entró en la cabaña y levantó la madera del suelo donde daba lugar a un escondite secreto, donde solo guardaba lo verdaderamente importante para ella. Sacó la caja de madera donde descansaban dentro las karambits, componiendo una expresión triste, teniendo claro al momento que sin duda se las iba a llevar. Por nada del mundo podía perder el único regalo que tenía de su pasado, del brujo que la había intentado ayudar, el único que había enfrentado a Drakkar.

Después cogió una  piedra, la cual guardaba junto al anillo de la esposa de Sørensen. Teniendo claro al momento que se enfadaría mucho por habérselo quitado, aunque fuera para poder realizar el hechizo que más adelante le diría. Guardó la piedra junto al anillo en su bolsillo y después metió la caja de madera en la mochila. La cual llevaba desde que había empezado todo y lo que contenía todo lo necesario. Dejando las demás cosas de valor donde estaban, mientras volvía a colocar la madera y suspiraba pesadamente antes de levantarse de nuevo.

Sonrió ladina cuando un olor familiar le llegó, agudizó el oído escuchando sus pisadas y luego escuchó el sonido de la puerta al abrirse mientras el latir de un enérgico corazón daba pasado a un aullido de alegría. - Sabía que vendrías. - Se giró para mirarle esperando que se acercara y junto su cabeza con la de Valhalla, durante unos segundos. - ¿Te ha tratado bien ese idiota? - Tras unos minutos habló recibiendo un gruñido, imitación perfecta de los de Einar, por parte del cachorro, haciendo que no pudiera contener la risa. - Jamás te mandaría con nadie, pero confió plenamente en que te querrá como a un hijo. - Se sorprendió asi misma, tras oírse decir la frase en voz alta.

Puso sus manos en el pelaje del lobo, acariciando su cabeza y su espalda. - Estás en peligro, tienes que esconderte. Ven conmigo. Te diré donde quedarte, pero por un tiempo no podrás ir a tus anchas por el bosque. -Hizo una pausa- Solo por un tiempo. - Le prometió. - ¿Tienes hambre? -Se puso de pie rápidamente y salió de la cabaña junto a Valhalla.

Le recorrió un escalofrío al darse cuenta que el sol era un peligro inminente, que no podía pasar por alto y mucho menos confiarse en que tendría tiempo de sobra. Por lo que consiguió comida para Einar, con ayuda del lobo, después de alimentarse ella. Agradeciendo poder comer y estar en el bosque durante un rato. Cuando amaneciera se escondería en la habitación esperando que llegara la noche. Recordó la cueva donde había pasado con Einar antes de llegar al motel. Sería un buen lugar para que se escondiera Valhalla, teniendo en cuenta que ahí ya habían buscado y que, estaba cerca de donde ellos estarían, por lo que podrían acudir en su ayuda, en caso de que pasara algo.

Tras unas horas regresó a la habitación, dejando la bolsa con la comida del lobo en la mesa. Cruzándose de brazos mientras le veía mirar confundido la herida de su vientre, apretando los labios al principio pero sin poder controlarse, como le había pasado antes. - También fui yo. - Se levantó la camiseta enseñándole donde él le había apuñalado hacía unas semanas, en dos ocasiones. - Pero eh, estamos igual. - Bajó su camiseta mientras ahora si mostraba una expresión más seria, esperando su reacción.

Movió la mano para hacerle callar. - Si, ya sé que no recuerdas nada. Pero ya lo recordarás. -Le aseguró. Temiendo cuando llegara ese momento, ya viendo como el lobo se volvería a apoderar del humano y ella sufriría las consecuencias, y no podía decir que era inocente precisamente.

Observó como se levantaba ignorándola, dirigiéndose al baño. Soltando un leve bufido tras los segundos que tarda en abrir puerta, conteniendo una broma al ver como le costaba apañarse con el pomo. - Nei. - Repitió, como tantas veces le había oído decirle a ella, en su idioma. - Está a salvo, cerca de donde estamos. - Le respondió con sinceridad.

Esperó a que saliera del baño, dejándole tranquilo, para que hiciera lo que quisiera. Pero habiendo comprobado antes que no había ventana ni nada por lo que pudiera escaparse. Cuando se había dado la ducha, se había asegurado de que Einar no podía escapar, ya que tenía algo pensado. - Tengo algo que proponerte. - Empezó hablando mientras alzaba la voz para que la escuchara bien- Escúchame bien y piensa tu respuesta. Te contaré todo lo que quieras saber, responderé a todo lo que me preguntes, solo por esta vez. - Le ofreció, sabiendo que se lo debía.

Abrió la mochila y la dejó también en la mesa, al lado de la comida que le había traído al lobo. - Después, me iré. Te lo prometo. No volverás a verme. - Ese sería el trato.


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Con cariño desde Moscú [Irina Volkova]

Realmente era alarmante el grado de locura que colmaba a la colmillos. Pese a haber estado ignorándola expresamente desde que ha entrado en la habitación no se ha sentido muy aludida, puesto que ha tenido la desfachatez de asegurarme que la nueva herida que adorna mi barriga ha sido causada por ella, e incluso que se ha tratado de una especie de venganza por lo que le hice en su jodida cabaña. - "Claro, claro, la muy zorra me apuñala y yo no me doy cuenta… porque digo yo que me acordaría de haber recibido una jodida puñalada si ha sido capaz de dejar marca ahí mismo" – no puedo evitar plantearme mentalmente, mientras me incorporo para intentar llegar al baño, pues está claro que esa herida la sufrí en el accidente y no a manos de la engreída pelirroja.

Oírla soltar ese ”no” en mi lengua materna me cabrea demasiado, por lo que decido dejarlo bien claro soltando un gruñido molesto, aunque sin llegar a girarme para encararme con ella - "No, me niego, no voy a darte el gustazo, se acabó" – pienso abriendo de una vez la maldita puerta justo en el momento en el que ella me deja caer que el lobezno está por aquí cerca. - "Maldito cachorro estúpido…" – no puedo evitar pensar al oír sus palabras, sabiendo que el muy inconsciente ha abandonado la seguridad que le ofrecía la reserva natural en donde le dejé para volver a un lugar que por lo visto es peligroso para cualquiera que tenga que ver con esa maldita zorra pelirroja. - Ya lo dijiste antes… cuando lo encuentres despellejado donde demonios quiera que lo hayas dejado recuerda que será otra muerte con la que cargar, total por una más – le suelto tras soltar un resoplido burlón, utilizando este tono mientras repito la frase que me soltó antes de que cayera durmiendo, aquella que supongo intentó lanzarme cual cuchillo, pero que tanto erró en su destino, puesto que sé que la muerte del lobezno no recaería sobre mis espaldas, pues yo sé que estaba a salvo - "Pero contigo nadie está a salvo" – añado mentalmente, volviendo a moverme, después de quedarme quieto unos instantes mientras la oía decirme eso sobre el pequeño cachorro.

La verdad era que si lo mataban me iba a doler, no en vano se había convertido en un fiel compañero, a pesar de ser un molesto cachorro que solo piensa en jugar a todas horas y que tiene demasiadas cosas que aprender. Pero está claro que le he cogido un cariño tan grande, que sí que me dolería su muerte, y quizás por eso no he podido evitar soltarle semejante respuesta a la sanguijuela.

Una vez en el interior de baño, cierro la puerta tras de mi, agradeciendo a los dioses que hay un jodido pestillo, el cual no dudo ni un segundo en cerrar, puesto que no me extrañaría ni lo más mínimo que esa maldita zorra se colara dentro con tal de burlarse de mi, de intentar sacarme de quicio otra vez, como hizo aquel día en su jodida cabaña molestándome mientras meaba tranquilamente. Apoyándome en una mano contra la fría pared de azulejos, utilizo la libre para desabrochar el pantalón y así poder mear con tranquilidad, sorprendiéndome la poca cantidad de orina que expulso en comparación a la gran cantidad de agua que he estado ingiriendo en las últimas horas, como si mi cuerpo se hubiera visto desprovisto del mismo y necesitara reponerlo. Estando de esa guisa, la escucho hablarme, proponiéndome un trato - "Ahora saldrá la verdad, ahora sabré porqué no me ha hecho nada mientras dormía, y me dirá qué quiere de mi esta vez" – no puedo evitar pensar mientras esbozo una sonrisa irónica al tiempo que termino de sacudirme las últimas gotas de orina antes de desprenderme completamente de toda la ropa, dispuesto a darme una agradable y relajante ducha. Según voy desprendiéndome de la ropa, así hace ella de sus palabras, de ese supuesta propuesta que quiere hacerme. Sin poder evitar mantener esa sonrisa burlona, sabiendo que viniendo de ella eso es algo extraño, consigo meterme debajo del grifo de la ducha - Ajá… ¿ésa es tu propuesta?, ¿darme todas las respuestas y largarte?, ¿así, sin más? – le respondo con voz enronquecida elevando el tono lo que puedo para que me oiga bien - Perdona si no me lo creo y lo pongo en duda, porque dudo mucho que tú, precisamente tú, no quiera nada a cambio. Vær så snill!, que nos conocemos… ¿Qué quieres a cambio de esas respuestas y de desaparecer de mi puta vida? – le suelto ante de abrir el grifo notando como un fuerte chorro de agua fría irrumpe sobre mi cabeza, arrancándome un gruñido sorprendido pues esperaba que saliera algo caliente - Å!, ¡Qué graciosa!... si pretendías despertarme de golpe lo has conseguido joder… – no puedo evitar refunfuñar a pesar de que en el fondo sé que ha sido una estupidez no esperar a que el agua saliera más templada para meterme debajo, pero por lo visto realmente estoy ansioso por ducharme y quitarme la suciedad de encima.

Notando como poco a poco el agua se torna ligeramente más caliente, lo justo para quitarle el mordiente frío y dejarla algo más agradable para mi cuerpo, empiezo a enjabonar mi cuerpo, dándole vueltas otra vez a todo lo que ha pasado hoy, sintiéndome de nuevo atrapado en los malditos juegos de la jodida pelirroja, como si el destino no quisiera que me librara de ella. Mientras me siento en la sencilla y agradable tarea de ducharme, no puedo evitar sentirme torpe, mareado y sobretodo extremadamente hambriento, es justo entonces cuando caigo en la cuenta de que no he llamado a mi hermana, y que seguramente estará preocupada por mi ausencia. Así, en cuanto termino de aclararme y cerrar el grifo del agua, tapándome con una toalla que ha visto tiempos mejores, me dirijo hacia mis pantalones, en los que busco el jodido teléfono, encontrándolo en el bolsillo, sorprendiéndome de que haya permanecido ahí todo el tiempo pero no tanto al ver la pantalla partida, convirtiéndolo en un trasto sin utilidad, por lo que gruño molesto volviéndolo a meter en el bolsillo.

Sabiendo que es una auténtica tontería salir vestido únicamente con la toalla, vuelvo a comenzar a ponerme la ropa, descubriendo una serie de roturas, de rajas y de descosidos sobretodo en la maltrecha camiseta que me hacen decantarme por dejarla ahí tirada, puesto que llevar eso y nada es casi lo mismo. Respirando profundamente varias veces antes de abrir la puerta, salgo del aseo para adentrarme en la habitación, no sin antes descubrir con mi mirada lo que parece ser un par de conejos muertos sobre la mesa, algo que provoca que empiece a salivar al momento y que mi mirada quede clavada en ellos, sintiendo el agradable aroma que inunda mis fosas nasales y que anima mi estómago a exigir comida con más ahínco.

- Está bien, acepto tu propuesta, aunque me gustaría saber qué quieres a cambio de tus respuestas – le digo finalmente, dirigiéndome hacia la mesa, dispuesto a comerme aquellos animales crudos si es necesario, pues ahora el hambre es realmente inaguantable.    


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Einar Sørensen
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Hijo/a de
la Luna

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Con cariño desde Moscú
 
EINAR SØRENSEN  


Realmente la risilla que suelta al ver como intenta abrir la puerta no era en plan burla, pero como siempre, se encontraban a la defensiva incapaces de dar ninguno el brazo a torcer. Hasta hoy. Donde la pelirroja se había dado cuenta de algunas cosas y por primera vez en su vida, iba a cambiar su forma de actuar. Quería hacer las cosas bien, al menos con Einar, no sabía muy bien el motivo. Quizá porque era alguien de hacía tiempo, quizá porque en el fondo empatizaba con lo que le pasó y una pequeña parte de ella lamentaba no haber llegado a tiempo. Algo que le confesaría esa misma noche. Le confesaría todo.

La respuesta sobre encontrarse a Valhalla despellejado y con otra muerte más a su espalda le hizo poner los ojos en blanco, como hacía cuando un jodido Sørensen la molestaba pero era demasiado orgullosa como para responderle en ese momento. Ella misma sabía que Val seguiría su rastro, no sería capaz de mantenerse mucho tiempo alejado de Einar y más sabiendo que podía estar en peligro. Desconocía si Einar sentía ese vínculo, pero desde luego que el cachorro había cogido apego desde que había cuidado de él en la cabaña. - Te aseguro que lo estás subestimando. - Le dijo con total sinceridad, pero entendía que era un cachorro juguetón y daba una mala impresión.

Una vez Einar entró en el baño, se dirigió a la puerta abriéndola y dedicando una miarada seria y enfadada al cachorro por no haber sido capaz de quedarse donde le había dicho. Miró rápidamente a ambos lados y lo dejó pasar, mirando de nuevo y asegurándose que nadie había visto a la cría de lobo andar por allí. - ¡Porque nunca me haces caso! ¿Acaso intentas imitarme? - Compuso una sonrisa tras decir la segunda frase.

Con un movimiento de su cabeza ordenó al cachorro esconderse debajo de la cama, para que así Einar no lo viera cuando saliera y contando con que estaría tan descolocado y centrado en odiarla que no se daría cuenta. Sacando la muda de ropa limpia y poniéndola encima de la cama. Ropa que había conseguido de la parte trasera del mismo motel, no sabía de quién era pero le había hecho un favor. - Te digo que no quiero nada. Solo acabar con esto y largarme. - Alzó la voz respondiendo a su pregunta y dibujó una sonrisa en su rostro al oírle decir que se conocían... Ojalá fuera cierto eso. De serlo sabría que le hablaba muy en serio y que una vez respondiera a todo, se podría ir tranquilamente. - Sørensen te lo debo, y a Nadia. - Reconoció. - Te lo explicaré todo. - Su voz mantuvo un tono neutro, dándole a entender que esta vez no había nombrado a su hija para hacerle daño, sino todo lo contrario.

Tili-tili-bom,
Ty slyshish', kto-to ryadom?
Pritailsya za uglom,
I pronzaet vzglyadom.


Volvió a cantar la nana que tantas noches había cantado a su hija, removiendo algo en ella y pensando en lo jodidamente afortunada que era esa niña. Reconociendo que Einar era un gran padre, aunque sus actos y palabras le habían demostrado todo lo contrario. - Mi creador me la cantaba cuando era humana... - Le explicó cuando salió por fin del baño. Empezando así a abrirse un poco, sorprendida al notar cierta resistencia al tener que nombrarle a su creador.

Se acercó a Einar, sabiendo que eso le molestaría, clavando su mirada en la suya. - Aunque podría reclamar lo de la primera noche en el bar... - Le miró de arriba abajo con una sonrisa traviesa- Te estoy diciendo la verdad, no quiero nada a cambio. Te prometo que me iré. - Esta vez su expresión se volvió más seria, para que viera que le decía la verdad.

- Te he conseguido ropa limpia. - Dedicó una mirada a la cama para que la cogiera y se la pusiera, mientras le miraba descaradamente. - O también puedes quedarte así. - ¿Que demonios había sido eso? Como odiaba esa atracción física que sentía y como lo odiaba a él por hacerla sentir así. Se giró para sacar la bolsa con los trozos de carne, que ella misma había cortado, y de los cuales ya había cogido algunos pero la mayoría eran para Einar, los necesitaba más.

Alzó un dedo cuando miró los conejos de la mesa. - Me temo que esto no es para ti, sino para él. - Señaló a Valhalla al tiempo que salía de su escondite y se lanzaba a por el lobo, contento de volver a verle. La pelirroja entrecerró los ojos al ver aquella escena, enternecida y algo incómoda por esa sensación.

Negó con la cabeza antes de que se le ocurriera echarle en cara que el lobezno estuviera ahí. - Ha venido solito, es igual de idiota que tú. - Le soltó para después acercarse a la ventana y mirar con cuidado a través de la cortina. Era un motel de mala muerte, ni las ratas irían a dormir ahí, por lo que de momento estarían a salvo. Eso si, la vampiresa le dedicó una sonrisa triunfal, porque había encontrado al cachorro, pese a su negación a decirle donde se encontraba. Sabiendo que Valhalla acudiría a donde ella estuviera, le gustara o no. Algo que jamás podría evitar, al fin y al cabo ambos querían protegerlo y el cachorro les quería a los dos. Otra cosa que empezaba a quedarle clara, Valhalla adoraba a Einar.

Que ironía estar los tres en un jodido motel. Y más teniendo que esconderse y esconder a una cría de cachorro. Como siempre, su vida era una completa locura. Sacó otra botella de agua de la mochila y se la lanzó para que la cogiera al vuelo. - Come y luego hablaremos. - Le dijo mientras se acercaba a la puerta del baño y se apoyaba en el marco. Viendo como comía mientras estiraba una mano y acariciaba a Val detrás de las orejas. - Está más a salvo aquí con nosotros solo ahí fuera, y lo sabes. - Le dijo sabiendo que tenía razón y esperaba no discutir sobre ese tema porque habían otros mucho más importantes.

Esperó a que comiera y recuperara fuerzas, sin decir ni una palabra más.



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Irina Volkova
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la Noche

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Con cariño desde Moscú [Irina Volkova]

Sabía que había estando cantando esa jodida canción de cuna expresamente para molestarme, como también lo había hecho antes al mancillar el nombre de mi hija pronunciándolo con su sucia voz, con esa había conseguido que perdiera los nervios en las anteriores ocasiones en las que habíamos tenido la desgracia de coincidir, pero lo que tengo bien claro es que debo ser más listo que ella, debo conseguir mantenerme lo más sereno posible, y más ahora que estoy completamente atontado por lo que quiera que haya ocurrido en el jodido accidente de tráfico. Lo que más me extraña del caso, sin embargo, es que, ahora mismo, debería estar sintiendo a mi lobo gruñir con rabia, intentar tomar el control de mi cuerpo, de mis acciones para atacarla sin más. Pero por extraño que parezca, no lo noto, no noto esa rabia, sino un gran hambre y un fuerte cansancio, como si la debilidad que atenaza a mi cuerpo tuviera escondido al lobo en algún rincón de mi ser del cual no tengo constancia de saber dónde se encuentra realmente.

Así, con la incomodidad que me crea el hecho de no notar la presencia de la bestia, me encamino con paso tranquilo hacia la mesa en donde reposan los dos conejos, cuyo olor me embriaga como el mejor de los perfumes y me insta a comer como si no hubiera un mañana. - Normal… es una nana muy popular en Rusia – me sorprendo a mi mismo hablándole en tono neutro, sin pizca de ironía o de rabia en mi voz mientras me acerco a la ansiada comida.

Pero claro, como no podía ser de diferente forma tratándose de quien se trataba, no tardo en detener mi avance al interponerse en mi camino, obstaculizándome así el paso. Notando cómo su profunda mirada de jade se clava en la mía, arrancándome un gruñido molesto al ver retrasada mi ansiada comida, sin importarme que vea el cansancio y sobretodo la inquietud por la ausencia de mi bestia en ellos. En cuanto oigo sus siguientes palabras, no puedo evitar que mi ceja izquierda se eleve y que una media sonrisa acuda a mis labios, mientras mis brazos se cruzan sobre mi desnudo pecho, adoptando una postura prepotente y arrogante - Tuviste tú oportunidad, pero la desaprovechaste – le respondo ahora sí con cierto tono burlón encogiéndome de hombros y manteniendo la sonrisa socarrona sin que me pase desapercibo el repaso del que mi cuerpo es objeto por parte de la pelirroja. - Yakusoku nado iranai…no necesito promesas ni cosas de esas – le suelto divertido recordando una frase japonesa que me enseñó una vieja conocida en Siberia, negando con mi cabeza ante su promesa de irse.

Lo que no me esperaba es que evocar aquella frase hiciera que mi mente regresara a aquellos momentos, pero dicen que las canciones, como los olores, pueden vincularse en nuestra mente a momentos en concreto y, recordar aquella pequeña frase de la canción tiene ese efecto sobre mi, consiguiendo que, durante unos minutos mi mirada se pierda en el interior del mar esmeralda que se extiende en los ojos de la vampiresa. Durante esos minutos, mi mente evoca los fríos bosques siberianos, aquellas altas coníferas cuyas copas se alzan desafiantes al cielo cargado de nubes preñadas con la nieve que cubre toda aquella salvaje tierra durante meses. Y me veo a mi mismo corriendo sobre mis cuatro patas, seguido muy de cerca por la loba, por mi compañera de manada, una loba rusa, de orígenes japoneses que abandonó su isla natal al igual que yo había hecho cuando la enfermedad de la licantropía se apoderó de ella, uniéndose mucho antes de que yo llegara a la manada siberiana. Pronto veo su hermoso rostro asiático, iluminado tenuemente por el brillo de la luna y las danzarinas llamas de una pequeña hoguera que calentaba nuestro cuerpo humano en una de las viejas casas de madera. Recordando perfectamente el suave y dulce tacto de su piel, la pasión de sus labios sobre la mía y la fogosidad de aquellos encuentros íntimos compartidos en las largas noches siberianas. Ella fue la primera mujer con la que mantuve relaciones tras la muerte de mi esposa, relaciones basadas única y exclusivamente en el placer carnal, puesto que mi corazón y mis sentimientos seguían fuertemente atados a mi difunta esposa, algo que pronto aprendí, de una forma completamente dolorosa, que no eran los mismo que ella me procesaba. Sin yo buscarlo, pero favorecido por todos aquellos encuentros carnales, sus sentimientos hacia mi se volvieron más y más intensos, llegando a sincerarse finalmente, a pedirme algo que yo no era capaz de darle, dando origen a aquella canción, una canción de amor basada en algo que yo no podía darle, pero que ella aceptó sin problemas, gracias al amor sincero, puro y duradero que creía procesarme. Fue así cómo aquella canción quedó ligada a ella en mi mente de forma que el recuerdo de mi querida Eiko, a quien jamás podré olvidar.



Los recuerdos desaparecen dejando tras de sí un sentimiento intenso de soledad al quedar liberados mis ojos de la prisión en la que los había encerrado los ajenos, dirigiendo mi mirada hacia el mismo punto en el que se posa la de la Hija de la noche, descubriendo así unas cuantas piezas de ropa colocadas sobre la cama, antes de volver a sentir ésa mirada cargada de deseo por parte de la pelirroja, una mirada que tanto me recuerda a las que me lanzaba Eiko, incomodándome ante la improbable posibilidad de que ambas miradas significaran exactamente lo mismo, algo que es completamente imposible, viniendo de quien sé que solo busca utilizarme.

Notando la boca extrañamente seca, sin retirar el brillo de la tristeza en mi rostro, relajo mis brazos, dejándolos caer a lo largo de mi cuerpo, contemplando aquel cuerpo que se yergue ante mi con los mismos ojos que cuando la descubrí por primera vez en aquel bar, un cuerpo por el que sentí una extraña atracción y que, aunque el odio, la rabia y el asco que he estado sintiendo hacia ella hayan podido borrar de mi mente, ahora, ya sea porque me encuentro más calmado o estoy demasiado cansado para otra cosa, vuelve a mostrarse atrayente, exquisito y seductor ante mi.

Sumergido como estoy en estos pensamientos, no presto atención al movimiento que hace para tomar una bolsa, pero sí que no me pasa desapercibida su frase, así como la indicación que realiza con su dedo, la cual guía mi mirada de nuevo a la cama, bajo de la cual surge, como si de uno de esos monstruos con los que asustan a los niños el endemoniado cachorro, el cual no tarda en abalanzarse sobre mi, tomándome con tanta sorpresa que termino golpeando el suelo con mi espalda tras perder el equilibrio ante su embate, arrancándome una amplia sonrisa mientras acaricio su agradable pelaje con mis manos, permitiéndole que me limpie la cara con su áspera y húmeda lengua.  - ¿Es que nunca aprenderás a hacer caso?. ¿Eh, pequeña bola peluda? – le regaño cariñosamente en cuanto me permite hablar, estrechándolo con fuerza entre mis brazos, sintiendo su agradable calor mientras niego con la cabeza antes de sentarme en el suelo, sosteniéndolo entre mis brazos, dejando que limpie mi barba con su lengua, sin incomodarme ni mucho menos sus atenciones. Apoyando mi frente contra su hocico, juntando nuestras narices, dejo salir de mis labios un suspiro de ternura - Yo también te echaba mucho de menos… – susurro desviando mi mirada hacia sus ojos lobunos, aguantándome las ganas de transformarme ahí mismo y ponerme a jugar como un jodido cachorro junto a él.

Tras entretenerme un rato en acariciar y permitir que el pequeño me lama y roce su cabeza contra mi barba y cuello, dirijo mi mirada hacia la pelirroja, una mirada, junto a una sonrisa irónica ante la certeza de que el pequeño no la había obedecido y que le estaba demostrando el fuerte lazo que nos une a ambos. Por desgracia ella lo capta y es capaz de callarme con su frase antes de que le llegue a decir nada. Liberando al pequeño de mi abrazo, incorporándome, no sin dificultad, del suelo, dejo que el pequeño empiece a dar buena cuenta de los conejos, mientras su dueña se dedica a mirar por las ventanas, permitiéndome así volver al baño, en donde lavo mi cara, eliminando así los restos de babas lobunas, algo que hago más por costumbre que porque realmente me importe.

Cuando regreso a la habitación propiamente dicha, tomo al vuelo la botella de agua que me lanza la vampiresa, escuchando su orden de que comiera, cosa que no me importa ni lo más mínimo realizar, por lo que obedezco aunque sin rapidez, para no darle el gusto de creer que acepto sus órdenes sin más. Así, pronto me dedico a engullir con rapidez y casi sin masticar los trozos de carne que había en la mesa, aunque no sin antes olfatearlos bien para asegurarme de que no están aderezados con ninguna jodida poción o demás. - La manada siempre ofrece protección, aunque teniéndote a ti cerca, es tener una jodida arma apuntándote – le respondo irónico sin dejar de engullir la carne, agradeciendo la agradable sensación que provoca en mi boca y sobretodo estómago, el cual llevaba ya tiempo protestando por la falta de comida.

En cuanto termino con el último trozo de comida, dejando la bolsa sobre la supuesta mesa de la habitación, y digo supuesta porque parece más una especie de mesa-frankestein, me incorporo para dirigirme hacia la cama, revisando la ropa con las manos antes de volver a dejarla sobre la cama - Supongo que tengo que darte las gracias por la comida y el agua… pero no te acostumbres – le suelto en un tono que intento que no suene exageradamente burlón al tiempo que llevo las manos al botón de los pantalones que llevo, empezando así, de nuevo, la tarea de desvestirme para ponerme la ropa que me ha traído - "¿Pensabas que me molestaría quitarme la ropa delante de ti jodida?, pues jódete, disfruta del espectáculo, aunque tampoco tengo ya nada que ocultarte a estas alturas…" – pienso librándome de los pantalones viejos, quedándome en ropa interior delante de ella, recordando cuando tuvo la desfachatez de mirarme mientras orinaba en la puerta de su cabaña, y sabiendo que me había notado perfectamente dentro de ella meses después, cuando la forcé en el suelo de la misma cabaña - "Aunque no fue por placer… bueno al menos no era mi idea ni lo fue para mi… porque ella… eso no lo tengo tan seguro…" – me digo recordando cómo se había aferrado con sus piernas a mi mientras la penetraba con dureza - "Machote… mejor que no sigas por ahí… o tendremos un problema…" – me aconsejo divertido notando como el recuerdo de aquel momento genera un ligero cosquilleo en cierta zona de mi cuerpo que podría delatarme. - Y sí, se te acabó el espectáculo – le digo poniéndome los pantalones y seguidamente la camiseta antes de sentarme en la cama y apoyar mis codos sobre mis rodillas, juntando mis manos delante de ellas y clavando mi azulada mirada en su níveo rostro - Bueno, pues… empecemos… cuéntamelo todo desde el principio, quiero saber de qué cojones me conoces, quién coño eres tú realmente, quien narices es tu famoso creador, por qué me escogiste a mi, y sobretodo, cómo cojones sabes lo que pasó con mi familia y el nombre de mi hija – le pregunto en tono serio, mirándola fijamente, con la certeza de que pronto voy a descubrir si realmente cumplirá o no su promesa de contármelo todo, no sin antes permitir al cachorro que suba de un salto a mi regazo, notando cómo se acurruca entre mis piernas, sabiendo que no tardará en dormir, sabiéndose seguro al estar junto a quienes puede que considere como sus padres.


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Con cariño desde Moscú
 
EINAR SØRENSEN  


Era el momento, el gran momento. Al menos para ella, por el hecho de que tenía que ser sincera al cien por cien, porque de no ser así, ni siquiera debería esforzarse en sincerarse y contarle todo. Mientras organizaba en su mente toda la información, la cual sería demasiado para soltarla así de golpe, pensando como ir contándolo. Pero finalmente lo haría y como siempre, Einar tendría que asumirlo, también necesitaba saberlo todo. Algunos detalles intentaría pasarlos por alto, pero otros era inevitable tener que confesarlos...

No sabía exactamente cuando días llevaría sin comer, además del que había estado entero durmiendo mientras ella hacía algunas cosas, pero al menos con eso saciaría su apetito durante un rato. Abrió la puerta y colocó el cartelito colgado en el pomo de "no molestar" para que ni siquiera pensaran en llamar o algo por el estilo, porque de ser así, todo se iría a la mierda. Irina no podía hacer ese esfuerzo siempre, aunque pareciera algo normal, para ella era muy difícil y más tratándose del lobo.

Le miró con intensidad al recibir la primera contestación sin un deje de burla o ironía, algo que le llamó la atención, pero agradeció ya que al fin y al cabo había empezado contándole algo muy pequeñito sobre su creador.

Desvió la mirada hacia un lado mientras volvía a recordar aquella primera noche en el bar. Sørensen, era un idiota en algunas cosas, por su carácter impulsivo, pero no era realmente un idiota que no supiera usar la cabeza. Tiempo atrás en varias ocasiones le había sorprendido con su forma de actuar y su instinto de lucha y supervivencia. Aquella noche realmente tenía interés en ella, aunque fuera solo para pasar la noche y nada más. Si fue fácil, es porque tenía su cabeza en otro sitio. La pelirroja siempre se preguntaba que habría pasado de haber terminado la noche de otra forma. Pues la atracción era mutua, siendo la primera vez que tenía ese contacto tan directo con él, esa cercanía. Casi lamentando tener que interponer sus intereses al placer sexual que tanto deseaba en ese momento.

Le volvió a mirar cuando le dio las gracias y se encogió de hombros, quitandole importancia. Mientras veía como Valhalla mostraba su entusiasmo al reunirse con quién debe considerar como su fiel compañero de manada, o como fueran las cosas entre lobos, la pelirroja los observo fijamente, sin darse cuenta de la sonrisa que se posaba en sus labios, incapaz de apartar la vista ante aquella escena. Sabiendo que había hecho bien en mandarlo en su momento con Sørensen, aunque eso significara separarse de quién había estado a su lado todo este tiempo sin importar sus desprecios ni sus enfados. Si iba ser cierto que los lobos era más leales... Sintió una profunda tristeza en ese momento, pues escenas como esas había pocas en su vida, por lo que la grabaría bien en su memoria. Un tanto sorprendida por el afecto que Einar también procesaba a Valhalla, escuchando ese yo también te he echado mucho de menos. Bajó la mirada al suelo mientras se acomodaba la ropa, algo inquieta por ese momento tan afectuoso.

Le había dejado la ropa en la cama, unos vaqueros y una camiseta de manga corta, pero suficiente por el momento. Su ropa había quedado hecha jirones y los pantalones estaban llenos de sangre, obviamente así no podría ir por la calle si quería pasar desapercibido. - ¿Tú también estás hambriento verdad? - Le dijo a Valhalla mientras cogía los conejos y se los tiraba al suelo para que empezara a comer. - Sigue estando más a salvo aquí con nosotros, aunque yo sea un claro peligro. - Bromeó mientras pasaba su mano por el lomo del lobo y luego miraba a Einar.

Esperaba que quizá se volviera a meter en el baño para cambiarse de ropa, ya que ella no se iba a girar ni a ir a ningún lado. Quería estar en primer fila para incomodar y sobretodo, para alegrarse la vista si decidía cambiarse ahí mismo. - ¿Así que perdí mi oportunidad eh? -Volvió a clavar sus profundos ojos verdes en los suyos, sonriendo con picardía mientras le miraba descaradamente. Recordando cuando le había interrumpido aquella vez que salió a mear fuera de la cabaña. Disfrutando el hecho de molestarle y cabrearle. Algo que le divertía y excitaba casi a partes iguales. Observó sus tatuajes y la herida del vientre, suspirando mientras subía la mirada a donde le había grabado sus iniciales. Mordió su labio inferior y soltó una carcajada cuando se puso la ropa.

El momento había llegado, por lo que asintió con la cabeza mientras le escuchaba hablar. Valhalla habia ido junto a Sørensen, como si así quisiera darle ánimo y fuerzas para lo que venía a continuación. Por su parte se puso enfrente, cogiendo una silla y sentándose justo delante, sabiendo que no duraría mucho allí quieta, pero quería estar cara a cara, para que viera que no le mentía. Que todas sus preguntas iban a tener respuesta y que iba a enterarse de cosas que ni siquiera imaginaba.

- Mi nombre es Irina Volkova, conservo el apellido de mi familia biológica. Mi creador, también mi padre, se llama Nicholai Petrovich. Seguramente te sonará su nombre, ya que tiene muchos contactos en Rusia y sobretodo en temas poco ortodoxos... - Quiso suavizarlo con esas palabras, sabiendo que la entendería al momento. - Nunca conocí a mi família. - Desvió la mirada durante unos segundos, ya que realmente no iban a hablar ni de sus parientes, ni de como se había criado con un lunático como aquel. - Desde niña me entrenó para conseguir información de bandos enemigos. Drakkar, que es como lo conocen, tiene aliados por toda Moscú y está al tanto de todo lo que ocurre. Pero para haber llegado donde está ahora, alguien tuvo que infiltrarse y pasarle información. Asesinando también a unos cuantos que se interponían en su camino. -Fue todo lo que le dijo sobre su papel en la mafia Rusa.

- Te llevo observando durante años, durante todas las noches. Mi creador tuvo un gran interés en ti, tanto que me ordenó que te secuestrara y te llevara ante él. Obviamente eso no ocurrió... - Suspiró mirándole, notando como clavaba su mirada azul en ella, esperando ansioso las respuestas. - Llamabas la atención Sørensen, te vi luchar en montones de peleas callejeras, hablaban de ti, todos conocían como te las gastabas y esos rumores llegaron a Drakkar, quién de repente sintió un gran interés por convertirte en vampiro y así tenerte de su lado. -Esperó su reacción, sabiendo que cuando le fuera contando surgirían más preguntas.

Su creador le había contado los grandes planes que tenia para él... algo que nunca ocurrió y ella pagó el precio. Esa información prefería guardársela, ya que era relevante. Pero tenía claro que respondería a todo lo que quisiera saber, por eso, antes de estancarse, siguió hablando. - Quería tenerte de su lado, veía un gran potencial en ti, por eso insistió mucho en que te llevara junto a él. Aparte de a mi, jamás a sentido ese interés por nadie. Claro que yo solo era una niña a lo que moldeó y creó a su gusto y antojo. - Hizo una pausa- Yo siempre hacía su trabajo sucio..... Supongo que verte junto a tu difunta esposa y tu recién nacida, en ese momento consiguió ablandarme el corazón lo suficiente para no obedecerle.... - suspiró.

Recordó la noche que le vio cantándole a su pequeña mientras la mecía en sus brazos para que se durmiera, aquella noche donde ese bebé se iba a quedar sin su padre, aquella noche donde tenía que cumplir con una misión que le habían ordenado específicamente. En ese mismo instante recordó la sensación de no poder hacerlo, sin entender muy bien porque. Intentando convencer a Drakkar de que Einar no era lo suficientemente bueno, aunque en el fondo sabía que si lo era y de sobra, sabiendo que su creador destruía todo y a todos los que se le pusieran por medio. Queriendo así destruir una familia y como siempre, mandándola a ella a hacer el trabajo sucio. Sabiendo que Sørensen era mucho mejor que ella, y que por eso su creador había tenido ese gran interés por él.

Suspiró de nuevo y le miró, esperando que dijera algo para así continuar.

- Quién me iba a decir en ese momento que acabarías siendo un jodido licántropo... - Dijo con ironía. - Ojalá hubiera llegado a tiempo esa noche. Aún no sé ni como logré salir de donde me tenía encerrada, pero él si sabía lo que estaba pasando y se aseguró de que yo no llegara a tiempo. Pidiéndome que te matara a cambio de mi libertad, de no volver a la habitación donde me había tenido los últimos meses. Pero... fingí tu muerte... Sabía que no volverías por aquí una vez fueras consciente de lo que había pasado y.... se lo creyó. Al menos durante un tiempo. - Terminó diciendo.



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la Noche

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Con cariño desde Moscú [Irina Volkova]

En silencio, sintiendo el agradable calor del lobezno en mi regazo, sin poder evitar llevar mi mano izquierda a su denso pelaje y comenzando a acariciárselo, espero pacientemente a que ella hable a que aclare mis dudas, a pesar de tener la certeza de que quizás no sean más que invenciones suyas o, lo que podría ser peor, que se tratara de otra forma de provocarme, algo que, pensándolo fríamente ahora mismo me iría bien puesto que la ausencia de mi lobo me comienza a generar una ligera ansiedad que no me gusta ni un pelo.

En cuanto toma asiento delante de mí me permito observar su rostro, el cual me parece que muestra una expresión de ansiedad que no recuerdo haber visto antes en ella, algo que me intriga y que consigue que realmente me centre en ella, sin dejar de acariciar al cachorro, el cual bosteza largamente, confirmándome así que no tardará en caer dormido. Nada más las palabras comienzan a fluir de sus labios, no puedo evitar centrarme en su significado en aquello que dicen, estrujándome los sesos al momento en un vano intento por reconocer su nombre o el de su padre, o creador, como ella lo denomina. Pero, por desgracia, por más que intento una y otra vez pensar en ello no me suenan de nada, por lo que no dudo en negar ligeramente con la cabeza, respondiendo así a su comentario de que seguramente lo conozco. Pero mi ignorancia al respecto pronto queda borrada en cuanto pronuncia otro nombre, ese nombre que nada más oírlo me sorprende, provocando que de un ligero respingo silencioso en cuanto llega a mis oídos, seguido de un gruñido molesto al reconocer ese nombre, un nombre que había oído en incontables ocasiones, susurrado en las conversaciones entre compañeros de la mafia, un nombre que nunca se pronunciaba en voz alta por miedo a que alguien de los suyos lo escuchara.

Poco sé de ese tal Drakkar, a parte de que es uno de los miembros más destacados de la Bratvá, el más misterioso de todos sin lugar a dudas y del que rondan y cuentan miles de historias, a cual más descabellada y siniestra - "Y sin embargo delante de ti tienes la prueba de que existe, ese jodido cabrón existe…" – no puedo evitar pensar sorprendido en cierta manera por descubrir la existencia de quien creía un ser inexistente, una leyenda entre los mafiosos que ahora parece ser cierta - "Siempre y cuando ella no te esté tomando el pelo… aunque claro… si él le enseñó… eso explicaría muchas cosas, sobretodo el porqué no la había visto antes a pesar de que está claro que me espiaba… – pienso, dándome cuenta de que eso aclaraba las capacidades que posee la vampiresa para pasar desapercibida, para moverse entre la gente como entre las sombras, sin ser a penas vista a pesar de lo llamativa que es.

Ahora que conocía a la persona que le había enseñado no me sorprendía escuchar que me observara durante mis días moscovitas, ni que estuviera presente en las innumerables peleas en las que participaba simplemente por el placer de pelear. Eso es algo que llevo en la sangre que, me guste o no, disfruto. Desde pequeño el cabrón de mi padre me educó para ello, me instruyó, me entrenó, me educó para la lucha - "Y pese a saber que no ganar ninguna medalla olímpica como el borracho me decía, sí que aprendí a disfrutar con ello, a sentir el placer de esforzarte, de superarte y ganar a adversarios mejores que tú" – no puedo evitar recordar, puesto que fui educado por ese maldito cabrón para ganar las peleas, para convertirme en algún futuro en un luchador de fama mundial.

Oírle decir que ese capo de la mafia rusa se interesó en mi, que le ordenó secuestrarme consigue que mi mirada se vuelva más profunda, más intensa, al tiempo que mi rostro adopta una expresión de incomprensión, puesto que no entiendo qué motivos podían llevar a alguien como él a querer algo de alguien como yo. - Vent litt… espera… espera… ¿Qué tu creador quería qué de mí? – no puedo evitar preguntarle dejando que la misma extrañeza que refleja mi rostro se muestre en mi voz, elevando las dos manos en claro gesto de pedir que pare, haciendo que el pequeño eleve su cabeza hacia mi, lanzándome una mirada de fastidio por haberle dejado de acariciar. Pero si pensaba que esto era extraño, estaba bien equivocado, ya que la explicación que seguidamente brota de los carnosos labios de la pelirroja hacen que un frío escalofrío recorra mi espina dorsal mientras mis ojos se abren al máximo ante la sorpresa de su revelación. - Unnskyld? Hva? En vampyr ????, ¡Eso es de locos! – estallo en cuanto me dice que quería convertirme en un jodido Hijo de la Noche, levantándome de golpe, provocando que el pequeño salte de mis piernas con rapidez al notar cómo me pongo de pie de forma demasiado rápida al parecer puesto que tengo que apoyar mi mano diestra en la cama para no caerme al suelo al notar un fuerte mareo por culpa del brusco movimiento - Nei, nei… det gir ingen mening, no tiene sentido, ningún sentido… ¿Por qué querría convertirme en algo como tú?. Imposible, no tiene ningún sentido… no puede ser, nei – comienzo a decir mientras abandono la cercanía de la cama para comenzar a caminar a lo largo de ella, mirando al suelo y negando con la cabeza incapaz de encontrar el más mínimo motivo por el cual quisiera convertirme a mí en una aberración como esa.

Como antes, no tarda en volver a hablar, en darme una pequeña explicación sobre los motivos que habían llevado a su jodido creador a quererme en sus filas como una maldita sanguijuela. - ¿Potencial en mí? – le digo volviendo a clavar mi mirada en sus ojos, una mirada que ahora mismo muestra la confusión que siento, antes de dejarme caer pesadamente de nuevo sobre la cama, derrotado por el extraño cansancio que siento y las revelaciones que están brotando de sus labios. - "¿Será verdad eso?, ¿realmente estaba destinado a convertirme en un jodido subterráneo sí o sí?, ¿es ese el maldito plan que habían trazados los dioses para mí?, ¿ese el castigo por haber huido de mi padre?" – las preguntas se amontonan en mi cabeza, miles de preguntas y certezas que me golpean con contundencia haciéndome entender que el destino no quería que fuera feliz, que tuviera una vida normal, que estaba destinado a ver morir a los míos, a perder a mi familia, a mi mujer y mi hija. Todos estos pensamientos van ensombreciendo mi rostro, empañando mis ojos con una profunda tristeza que me lleva a retirarlos del níveo rostro de la rusa.

La mención por su parte de mi esposa e hija no ayudan mucho a que me reponga de la tristeza, de la sensación de vacío, de derrota que ese descubrimiento genera en mi, por lo que siento cómo si mi corazón quedara atenazado por el viejo y sordo dolor de la pérdida, volviéndome a hundir poco a poco en la antigua tristeza que siempre me ha acompañado desde aquella fatídica noche, la misma tristeza que me atenazaba la noche en la que me encontró en aquel jodido bar, la noche en la que me capturó como si de un maldito perro faldero me tratase.

La melancolía que desprende todo mi cuerpo no tarda en ser captada por el lobezno, el cual pronto vuelve a saltar sobre mi regazo, apoyando sus patas delanteras en mi pecho permitiéndome así abrazarlo con fuerza mientras su rasposa lengua vuelve a lamerme la cara, consiguiendo que baje mi cabeza lo suficiente para facilitarle el trabajo, agradeciéndole que me obligue a cerrar los ojos durante esos momentos en los que me intenta animar de la única forma que sabe, recordándome con su presencia y sus atenciones que está conmigo, que no estoy solo en esto, que le tengo conmigo y que quiere ayudarme sea como sea.    

Cuando retoma la palabra, elevo mi rostro ligeramente, esbozando una sonrisa amarga y soltando un corto bufido ante la ironía que ella misma acaba de decir, el hecho de que un licántropo se adelantara a su sire. Volviendo a centrar mi triste mirada en el pequeño, la escucho confesarme que ella intentó ayudarme aquella noche, pero que su creador se lo impidió. - "Así que Nadia tenía razón… su hada madrina realmente existía… " – comienzo a pensar mientras mantengo la sonrisa amarga en mi rostro notando cómo mis ojos comienzan a humedecerse en exceso ante el recuerdo de aquella noche, ante la posibilidad de que todo hubiera sido diferente de no haber estado ella encerrada - "Y mi hija la había ablandado… ¿por eso no me entregaste a tu amo?, ¿por eso querías ayudarme?, ¿realmente habrías impedido que las matara?" – las preguntas se forman en mi mente pero no llegan a abandonar en ningún momento mis labios, los cuales permanecen fijos en esa triste sonrisa, al igual que mis ojos lo hacen en el pequeño lobezno y mis manos se emperran en acariciarlo una y otra vez, hasta que finalmente, permito que su peso me venza, dejándome caer boca arriba sobre la cama, tumbándome en ella de lado completamente tras unos movimientos, dándole la espalda a la chupasangres, sin deshacer el abrazo con el que mantengo aferrado al pequeño mientras mi mente intenta encajar todas las revelaciones que acabo de oír, sintiéndome demasiado cansado, demasiado extraño como para pronunciar palabra alguna, deseando que el sueño, producto del fuerte cansancio que siento, se apodere de mi y me permita liberarme de la ansiedad que siento durante mucho, mucho tiempo.
- Takk Irina… pero… no quiero oír nada más por ahora… creo que he oído suficiente de momento… Jeg… – me atrevo a susurrar negando ligeramente con la cabeza antes de apoyarla sobre el lomo de Valhala, sintiendo la obligación de agradecerle sus revelaciones a pesar de lo que me están haciendo sentir, cerrando los ojos en un intento por dejarme conquistar por el sueño. - ¿De verdad me habrías ayudado? – me atrevo a preguntar en un tono cargado de inquietud al tiempo que me encojo adoptando una posición casi fetal, protegiendo al lobezno con mis piernas y brazos, sabiendo que la respuesta a esa pregunta puede significar un cambio radical de mi visión sobre ella y, sobretodo, sentir la vergüenza de haberla vilipendiado, insultado y agredido sin saber que en el fondo ella quiso ayudarnos, salvar a mi esposa e hija.


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Con cariño desde Moscú
 
EINAR SØRENSEN  


¿Como saldría todo aquello? No tenía ni idea, pero quería hacerlo. La penetrante mirada de Einar la puso más nerviosa de lo que esperaba, sorprendiéndola en ese momento. Dándose cuenta que la cicatriz que le había provocado la bruja en las peleas, le daba un aire muy atractivo, pero sin llegar a decírselo porque le cabrearía mucho. Miró hacia un lado recordando cuando la pequeña la esperaba en la ventana, mientras Irina se aseguraba de cumplir con lo que le habían mandando. Aunque al principio era un completo fastidio, finalmente siempre pasaba por la habitación de la pequeña, quién siempre le dejaba galletas y un vaso de leche, recordando ahora ese gesto con cariño cuando antes ni siquiera lo había valorado. Es más, nunca se había tomado nada. Sus ojos desprendieron un brillo triste, aunque su expresión no cambió.



Antes de nada se dio unos segundos para grabar en su cabeza aquella imagen. Quién le iba a decir que los dos lobos se acabarían conociendo y que terminarían así. Valhalla era un cachorro y por lo tanto veía seguridad y protección en Einar, pero teniendo en cuenta que sabía que el cachorro daba la cara por ella, le sorprendía que lo tratara tan bien. Hasta que recordaba lo distintos que eran él y ella, y sobretodo, que ambos habían tenido vidas muy distintas y su propia naturaleza los hacía ser muy diferentes.

Conforme fue contándole vio las expresiones en su rostro y como negaba con la cabeza, pero no hizo que parara de hablar. Sabía que era fuerte y aguantaría la verdad, aunque hasta ese mismo momento no se había parado a pensar en como encajaría todo lo que tenía que saber. Pero desde luego, no se guardaría ningún detalle. Le miró a los ojos mostrando una expresión y postura relajada, una vez había empezado a hablar había sentido como iba quitándose un peso de encima. - Sørensen tiene todo el sentido. Eras un jodido perro de peleas, mucho antes de que te atacara ese licántropo. La diferencia es que no te transformabas. Sé que disfrutas peleando y matando, porque también me pasa a mi, la clara diferencia es que tu tienes remordimientos y yo, como ya has comprobado, no. - Se encogió de hombros.

Vio como se levantaba de golpe espantando a Valhalla quién le miró molesto por despertarle de su letargo. - ¡Maldita sea! -Exclamó y luego  mostró una sonrisa burlona al cachorro quién miraba de reojo a Einar esperando poder volver a acurrucarse. Aunque tuvo el impulso de levantarse para ayudarle y que no se cayera, dado que se había levantado de golpe, se quedó donde estaba, mirándole. Sabiendo que lo que estaba pasando era necesario, pues había un vacío de información que se estaba llenando, por no hablar del sentimiento de culpa y la tristeza que vivían en él cada maldito día.

¿Por qué querría convertirme en algo como tú? -Frunció el ceño, pero lo entendió- Porque Drakkar tiene la teoría de que toda persona se puede corromper. En las manos adecuadas, todos podemos sacar lo peor de nosotros. Por eso, porque no tiene escrúpulos y solo conoce el dolor y el sufrimiento. - Le explicó brevemente, pareciendo que hablaba del tiempo, en vez de algo tan serio como era el ser tan despiadado que la había convertido en vampiro. - Eres valiente, protector,inteligente, salvaje y muy fiel. Además, sabes luchar usando la cabeza, todas esas virtudes fue lo que vio en ti. - Se sinceró por primera vez diciéndole cosas buenas sobre su persona, algo que no pasaría nunca más probablemente.

La verdad estaba siendo demasiado, por lo que observó su reacción, dándole tiempo. Pues de ser ella la que estuviera en su lugar lo agradecería. Se levantó de la silla y fue a la mochila cogiendo la piedra que había encargado expresamente a una bruja conocida para ayudar a Einar a pasar página. Porque ella bien sabía que vivir con esa carga de culpabilidad y tristeza, era un completo infierno. Al ver el apoyo que le daba Valhalla, suspiró sabiendo que había hecho bien trayéndolo. Claro que lo había traído para evitar que el lobo al despertar quisiera darle una paliza.

- No voy a parar. -Le advirtió mientras se acercaba a la cama y se sentaba en el borde pasando su mano por su espalda despacio, acariciándole para así darle apoyo. Al escuchar su pregunta su mano subió a su cara la cual también acarició y luego se acercó a él para que la mirara. - No soy un ángel y créeme, he hecho cosas horribles y las volvería a hacer. Sé que la mayoría de lo que hay en mi es maldad pura. Pero esa niña me recordaba tanto a mi, que lo que más quería era ayudarla. Tu perdiste una hija, yo una pequeña amiga. - sonrió con tristeza, pues habían sido muchas noches las que habían hablado. Le había recordado tanto a ella, que al final casi le cogió el gusto a las charlas inocentes de la pequeña. - Ella sabía que yo iba a por ti, por eso supongo que intentaba entretenerme todas las noches, para proteger a su papá. Pero, simplemente no pude. - Hizo una pausa- No me arrepiento de nada de lo que he hecho en mi vida Einar. - Lo llamó por primera por su nombre, sin darse cuenta. - Pero si es la primera vez que quiero arreglar algo o al menos intentarlo. - Se sinceró.

Aunque había dudado mucho sobre expresar cual gesto cercano hacia él o incluso un acercamiento, temiendo que la rechazara y la empujara, finalmente sintió que tenía que hacerlo. Dándole igual si la apartaba de su lado, al menos lo habría intentado. Aprovechando que Valhalla estaba entre sus brazos, la pelirroja apoyó su cabeza despacio sobre la cintura de Einar, llevando su mano de nuevo a su espalda, dejándola ahí.

Movió la piedra entre sus dedos mientras la miraba, mientras sus ojos se aguaban, pero sin llegar a llorar. Sintió la tristeza que invadía al lobo, y entendió lo cruel que había sido con él tiempo atrás. Por eso con esos gestos quería reparar ese daño. Siendo incapaz de pedir perdón. - Tengo algo para ti... - Empezó diciendo - Si quieres que deje de hablar, lo haré, pero te aseguro que esto te ayudará con lo de tu mujer y tu hija. -

Quién le iba a decir después de apuñalarlo que acabaría casi abrazándole... Toda su vida era un completo caos. Pero al menos ahí el tiempo se paró, o al menos le dio esa sensación, ya que aunque le había dicho que no pararía de hablar, durante unos minutos se mantuvo en silencio dejando que descansara y disfrutando ella de la cercanía que tenía por primera vez. - ¿Recuerdas la bruja del bar? En el que nos vimos la primera vez... Desde ese día no ha vuelto a hablarme... Si es cierto que le mentí sobre lo que quería hacer contigo, pero te saqué de allí, que era lo importante. No iba a dejar que murieras.... - Suspiró largamente. - Iban a darme la ubicación exacta de mi creador si ganabas.... Y lo iba a aprovechar para matarle, pero me engañaron y casi no salimos ninguno de los dos de allí. - Se incorporó y llevó sus dos manos a la cara de Einar para que la mirara, dejando antes la piedra en la mano del contrario. Acercándola para que la viera. - Es hora de cerrar viejas heridas. - Empezó diciendo.



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Con cariño desde Moscú [Irina Volkova]

Las palabras de la pelirroja no paran de repetirse una y otra vez en mi cabeza, convirtiéndose pronto en una molestia, en un incordio, en algo desesperante que no ayuda en lo más mínimo a que me reponga al estado de tristeza y cansancio que embarga todo mi ser. - "Un puto perro de peleas…, un maldito cabrón que disfruta peleando, alguien a quien corromper, a quien extirpar aquellas barreras que le impiden convertirse en un ser frío, cruel, sin remordimientos, sin conciencia, un ser con cualidades demasiado buenas para servir a un jodido amo astuto, frío y calculador… ¿Es eso lo que soy? ¿Es eso en lo que voy a convertirme? ¿En un maldito sabueso del infierno?" – no puedo dejar de preguntarme, entendiendo los motivos que tendría el jodido Drakkar para interesarse por mi, para convertirme en un maldito chupasangre. Pero mis pensamientos no solo se centran en la angustia del saber que un subterráneo tenía claros planes para mi, unos planes funestos y terroríficos, sino que también se centran en sentirme como una mera pieza de ajedrez en una batalla de siglos de duración, un simple peón de fuerzas mucho mayores y poderosas de lo que podría llegar a imaginarme nunca - "¿Es este mi destino?, ¿Es esto lo que ese Dios ha dictaminado para mi?, ¿Es este su jodido castigo por renegar de él, por insultarle, por perder la fe en él?, ¿Por eso me atacó aquel puto licántropo?" –. Y no solo eso, sino la certeza de que mi propia hija, quien se supone que era deber mío protegerla, me había estado protegiendo a mí me causan una melancolía y ansiedad tales que me siento incapaz de luchar, de levantarme de nuevo, sintiendo como el saber que la vampiresa podría haber impedido que las matara es la guinda del pastel, la gota que colma el vaso, lo que faltaba para arrastrarme definitivamente a una caída hacia un pozo sin fondo, del que dudo mucho que consiga salir.

Así, sumido por todos estos pensamientos y sensaciones, me aferro a lo único que me consuela levemente, que es el agradable calor que desprende la pequeña criatura que permanece apresada por mis brazos en mi regazo, sintiendo cómo el veloz latir de su corazón me sirve como único consuelo, aunque dudando ahora mismo de mi capacidad para protegerle ni tan siquiera a él de lo que soy, de lo que quieren que sea, de aquello en lo que puedo llegar a convertirme, comenzando a sentir el mismo desespero peligroso que sentí cuando descubrí que había asesinado, descuartizado e incluso devorado parte de los cuerpos de las únicas personas que amaba realmente en aquel momento, una muerte que ha condicionado toda mi existencia desde aquel funesto momento y que hoy he descubierto que podría haberse evitado si yo hubiera muerto antes, si hubiera sido entregado a un ser oscuro que me habría alejado igualmente de ellas - "Pero que habrían permanecido vivas… a salvo del monstruo que soy" –.

La humedad de mis ojos, poco a poco se va acrecentando, convirtiéndose en unas tímidas lágrimas que no tardan en abandonarlos para recorrer mis mejillas y perderse entre el suave pelaje del lobezno, en el cual mantengo escondido mi rostro, luchando por mantener acallado el profundo sollozo que pugna por abandonar mi cansado cuerpo. Por lo que me encojo más aún, haciéndome un pequeño ovillo en cuyo centro descansa el cachorro, quien empieza a lanzar pequeños aullidos lastimeros, exteriorizando así el dolor y la impotencia que yo mismo siento, sabiendo que, de seguir así no tardaré en unirme a esa música melancólica e hipnótica.

Las siguientes palabras de la rusa se clavan como cuchillos en mi cabeza, sabiendo que con esa negación a parar de hablarme, de seguir explicándome cosas desconocidas completamente por mi, iba a hundirme más y más en el infierno en el que estoy metido ahora mismo - "Cuidado con lo que deseas… puede hacerse realidad… ¿O es que no deseabas visceralmente saber las respuestas a tus preguntas…? pues ahora no llores" – el pensamiento estalla en mi mente estremeciéndome, sabiendo que en su día le exigí unas respuestas torturándola, provocándole dolor simple y llanamente por venganza, por el placer de provocárselo, de humillarla sin importarme las consecuencias y, ahora que estoy obteniendo aquello que tanto deseaba, quiero que se calle, quiero permanecer en la feliz ignorancia en la que me encontraba antes de esta maldita noche.

Volver a oírle hablar de mi pequeña hija consigue finalmente arrancar el primer sollozo de aquella noche, un quejido claro y puro, seguido por el estremecimiento de mi cuerpo, el que supone la apertura de las presas en las que se han convertido mis ojos, permitiendo finalmente las lágrimas derramarse cual torrente desatado - Nadia… Min fattige og elskede datter… mi pequeña Nadia, mi hijita… – balbuceo entre sollozos dejando que el pesar de los recuerdos amargos se imponga a cualquier intento de mostrar una fortaleza que ya no poseo ante la vampiresa, hundiendo más aún mi rostro en el pelaje del animal, empapándolo con mis lágrimas, agitándolo violentamente con las convulsiones que provoca cada sollozo al abandonar mi garganta, notando el profundo y lastimero aullido que, poco a poco empieza a abandonar mi garganta, uniéndose definitivamente a los lanzados por el lobezno, creando así una verdadera endecha, un triste canto por los perdidos, por los caídos.

Por mucho que se explique, por mucho que intente hacerme comprender lo mucho que le afectó la muerte de mi hija a ella, no me sirve de consuelo alguno, puesto que el resultado es el mismo, que maté a quien me estaba protegiendo, en vez de protegerla yo a ella. Un ser tan puro que incluso estando muerta, su recuerdo me ayudó a sobrevivir en aquella maldita pelea a la que la sanguijuela me arrastró en lo que parece ya una eternidad, y volvió a ayudarme a parar, a darme cuenta de lo que estaba a punto de hacer cuando intenté vengarme de ella, cuando la estaba violando, algo que me revuelve las entrañas a día de hoy, pero que aquel día parecía querer disfrutar.  - Hvorfor?, ¿Por qué me sigues cuidando después de todo lo que te hice, hija mía?, ¿Por qué no me dejaste morir y reunirme por fin con vosotras?... Aunque yo arderé en las llamas eternas del infierno…, solo, por toda la eternidad – digo inconscientemente entre sollozos, expresando verbalmente el pensamiento que se forma en mi mente.

Tan sumido estoy en mis pensamientos que el agradable peso de su cabeza sobre mi cintura me pasa casi completamente desapercibido, pero no así el contacto de su mano sobre mi temblorosa espalda, un contacto que sirve para fomentar mis lágrimas, mis gemidos lastimeros. Algo que consigue que note ahora sí su apoyo, una sensación extraña viniendo de ella, pero que agradezco en los más interno de mi ser, a pesar de negarlo, de no querer entenderlo.

El silencio en el que se mantiene unos momentos, roto únicamente por mi lloro y los gañidos del pequeño, me ayudan a descargar, mientras sigo cayendo más y más en el maldito pozo, sintiéndome solo, roto, a pesar de la reconfortante presencia del animal y la vampiresa. Sus siguientes palabras, con las que me promete que dejará de hablar, algo que ya no me importa puesto que el daño ya está hecho, no consiguen apaciguar mi llanto al volver a nombrar a mi difunta esposa e hijas, provocando el recrudecimiento de mis lágrimas y mi abrazo sobre el pequeño. - Nei… , no más, vete por favor… – suplico finalmente consiguiendo que permanezca callada unos minutos, dejándome llorar tranquilo, volviendo a romperme una vez más por dentro ante los recuerdos y la nueva cruda verdad, revelada finalmente.




Para mi desgracia está claro que aún no ha terminado de hundirme todavía más, por lo que no tarda en volver a hablar, no sin antes depositar algo extrañamente duro en una de mis manos, rompiendo así su promesa como tantas veces antes, explicándome cosas que no me importan lo más mínimo ahora mismo, puesto que ahora solo deseo morir, abandonar finalmente este maldito jodido mundo y descansar por fin, terminar de una vez con esta pelea, dejar de luchar y rendirme finalmente.

El gélido contacto de sus muertas manos en mi rostro consigue detener el reguero de lágrimas que tan abundantemente han brotado de mis ojos, separándolo del cálido cuerpo del pequeño, ofreciéndole la visión de mi rostro derrotado, hundido y sin esperanza a la vampiresa. - Adelante, acaba con mi sufrimiento, termina lo que tenías que haber hecho aquella noche…Drep meg, vær så snill – le suplico, en un tono extrañamente esperanzado, mientras una triste sonrisa aparece en mi rostro - Mátame, por favor – repito en ruso mis últimas palabras para que las entienda - Estoy cansado de luchar, termina ya con todo esto, nadie te echará en cara hacerlo, lo prometo, pero cierra las heridas como bien dices y acaba lo que te ordenaron, así ganaremos los dos. Yo dejaré de sufrir y tu dejarás de estar perseguida y podrás cobrarte tu venganza. Solo te pido que cuides de Valhalla, de Jannike, Damian, Trinity y que les digas a Winter y Scarlett que te lo pedí yo. – añado sinceramente, apretando con fuerza el objeto que ha dejado en mi mano, deseando que por fin haga aquello que debió hacer, aceptando mi muerte como la única solución válida a mi vida actual.


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Con cariño desde Moscú
 
EINAR SØRENSEN  


Nunca había considerado a Einar su enemigo, si alguien del que tener cuidado porque sabía que llegado el momento, en una pelea podría ganarle sin problemas. Queriendo siempre extrañamente, esa cercanía, a pesar del odio y el rencor que le demostraba siempre por todas las cosas que le había hecho. Algo que la pelirroja se había ganado, aunque no lo admitiera. Pero su reacción hacia el lobo la sorprendió tanto que se quedó callada unos segundos, sentada en la cama, aprovechando para dejar que Einar llorara tranquilamente la pérdida que tanto le atormentaba. Sabiendo en su fuero interno que había solo un culpable de eso... Y tenía que revelarle quien, porque había una mano ejecutora, que hizo que su vida diera un cambio radical.

Aunque yo arderé en las llamas eternas del infierno…, solo, por toda la eternidad. - Suspiró al escuchar esa frase, pensando al momento que ese mismo destino estaba esperándola a ella también y que nada ni nadie la salvaría, por todas las cosas horribles que había hecho y que le quedaban por hacer. Porque no iba a negar su naturaleza, ni quería tampoco... Miró a Einar mientras lloraba, viéndolo por primera vez de una manera que extrañamente le dolía, sintiendo la necesidad de calmar su sufrimiento y aliviar su ansiedad en ese momento. Algo que la sorprendió y confundió, pues de haberse comportado como siempre, en el momento que la primera lágrima había rodado por su mejilla ella ya estaría abandonando el lugar, huyendo de los problemas de los demás. Pero con él no podía, simplemente verlo tan vulnerable le creaba una impotencia que jamás había sentido, haciendo que añorara su personalidad sarcástica y sus gruñidos de advertencia.

Agradeció que no la apartara de su lado y dejara que se quedara ahí sentada, puesto que en los otros encuentros esa situación jamás había pasado. Observó en silencio como abrazaba a Valhalla mientras lloraba, a la vez que el cachorro gimoteaba al ver a su amigo en ese estado. Escuchó las preguntas dirigidas a su pequeña, y sus ojos se aguaron notando por primera vez esa sensación de tristeza, por ella misma, no compartiendo la pena de Sørensen.

Sabía que había sido un buen padre y un buen marido. Muchas noches no había podido evitar pensar en los afortunados que eran de tenerse, además de todas las veces que la niña le había contado porque adoraba tanto a su papá y las cosas que hacía por ella. Decidiendo así ocultar la noche que entre lloros le había suplicado que no le quitara a su padre, demostrando una fragilidad que nunca había demostrado. Sin acercarse a la niña ni mostrar ninguna cercanía, pero finalmente aceptando su petición.

Sin poder evitarlo y ante un nuevo sollozo de Sørensen, se hizo sitio en la cama y se acostó a su lado, pasando su brazo por su cintura mientras apoyaba su barbilla despacio en su hombro. - Shhhhhhh - Intentó calmar así su llanto mientras depositaba un beso en su mejilla. - Einar mírame. - Llevó la mano de nuevo con cuidado a su cara para limpiarle las lágrimas, sintiendo un profundo dolor cuando clavó sus ojos en los suyos. Notando como se había rendido, corroborando con sus palabras, haciendo que Irina negara enérgicamente con la cabeza, mientras apretaba los labios para no llorar ella también,. Algo que desde luego le costaba pero que en ese momento realmente parecía estar a punto de pasar.

- No. - Respondió rápidamente a su petición.

- Lo he intentado. De verdad que sí. Varias noches, mientras observaba desde lejos. Teniendo a mi alcance varias formas efectivas y mortales, pero... No pude. Y ahora... No puedo... Soy la culpable de todo lo que te ha pasado estos últimos meses, pero no... No quiero matarte Einar. - Le dijo finalmente siendo totalmente sincera. - No puedo y no quiero. - Le miró fijamente mientras volvía a pasar con cuidado su dedo pulgar y retiraba las nuevas lágrimas.

- Déjame ayudarte. Hay algo más que debes saber. - Empezó diciendo, pero antes de poder seguir agachó la cabeza unos segundos intentando que no le afectara el hecho de que le hubiera pedido que acabara con su vida.

Siguió pasando sus dedos despacio, esta vez por la cicatriz, viendo el aspecto de tío duro que le daba pero que ahora veía como algo que había sido culpa suya. Después bajó hasta su barba, la cual acarició, dándose cuenta de lo mucho que le gustaba como le quedaba y el tacto áspero bajo sus dedos. - Tienes que escucharme, por favor. No vas a morir hoy, ni mañana. - Clavó sus verdes ojos en los suyos, que ahora mostraban un azul apagado. - Hay un culpable, quién ordenó lo que sucedió esa noche. - Intentó ser directa, sabiendo que esa nueva revelación traería consigo más lágrimas, pero esperando también alguna reacción por su parte, incluso podía pagarlo con ella si quería, no tenía pensado resistirse.

Tuvo que separarse un poco para mirarle más directamente, agradeciendo que había captado su atención. - Perdiste el control esa noche... ¿Verdad? Mira... Hemos tenido nuestras diferencias y sé que te he hecho mucho daño, pero si algo sé de todo lo que he visto de ti, es que las querías más que a nada. Te vi protegerlas y cuidarlas como nadie. - Hizo una pausa. - Las adorabas, pondría la mano en el fuego.  Pero eran un punto a favor que usar para hacerte daño... De alguien enfadado por no tenerte en su bando, alguien que sabía que eras vulnerable y temperamental en ese momento. Que sabía como provocarte para que hicieras algo horrible y tu mismo acabaras con tu vida al no poder soportar la realidad. - Y finalmente iba a soltar lo más importante de todo lo que le estaba revelando. - Alguien que se aseguró de encerrarme, sabiendo también el lazo que mi unía a tu hija... - Asintió con la cabeza. - Recuerda lo que pasó aquella noche, los lobos perdéis el control... Y más si lo provocan. Me contó todo cuando estaba en esa maldita jaula, para divertirse sabiendo que me dolería no llegar a tiempo. -

Llevó su mano a la suya, donde descansaba la piedra que había depositado. - Eso es una piedra invocadora. - Esperó que le preguntara que leches era. - Permite hablar con un difunto, al menos durante 30 minutos Sørensen. Cogí el anillo de tu esposa, lo necesitaba para el hechizo, cuando estuviste en mi cabaña... - Alzó la otra mano para que no hablara, porque sabía que eso si podía enfadarle. Sintiendo un nudo en el estómago al recordar como la había tomado en el suelo de la cabaña, mientras ella se aferraba a él con sus piernas dándose cuenta de lo mucho que había ansiado que eso pasara. Sabiendo que el odio y la rabia hacia ella en ese momento provocaban que sintiera asco hacia su persona. - Una bruja conjuró esta piedra, puedes usarla para hablar con tu esposa, Einar. Tienes que usarla, tienes que cerrar viejas heridas. - Llevó esta vez sus manos a su camiseta para ayudarle a que se incorporara. - No puedes negar tu naturaleza, pero aquella noche te aseguro que no perdiste el control por voluntad propia. Disfrutas luchando y matando, porque yo también. La diferencia es que tú siempre has tenido muy claro tus enemigos y a quien matar. Te aseguro que necesitas respuestas de esa noche y usando esta piedra las conseguirás. - Le animó mirándole con intensidad.

No iba a matarle, necesitaba ese corazón latiendo por mucho tiempo más. Cuando nombró a los que serían sus seres queridos, se contuvo de usarlos para hacerle chantaje emocional. Algo que habría hecho tiempo atrás, pero que ahora no porque quería ayudarle de verdad, no soportaba verlo así y más sabiendo que el ataque hacia su familia no fue que su lobo interior tomara el control sobre su humanidad. Por supuesto que no... Fue alguien que aprovechó sus impulsos de recién convertido para hacerle sentir que estaba en el mismo infierno.

Escuchó el gruñido esta vez de Valhalla quién seguía dándole atenciones a Einar, deseando que su llanto se calmara. Notando como tenía los ojos hinchados, pero sabiendo que ahora se sentiría mejor. Sabiendo que todo eso era algo por lo que tendría que pasar, para poder pasar página, revelándole la verdad para que dejara de culparse, sabiendo que había sido quién las había matado si, pero que había un vampiro que se había encargado de mover los hilos para así vengarse mientras veía como destruía a su familia y luego así mismo.



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Irina Volkova
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