31/12 ¡Último día del año, queridos habitantes del submundo! El Staff de Facilis Descensus Averni os desea una magnífica entrada de año y que os sucedan más cosas buenas que malas. ¡FELIZ 2019!


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Mensaje— por Irina Volkova el Lun Feb 11, 2019 11:25 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Con cariño desde Moscú
 
EINAR SØRENSEN  


Había necesitado unos días de descanso para recuperarse, pero gracias a la sangre que había ingerido el proceso de curación había sido más rápido. Puso los ojos en blanco tras escuchar a la bruja echarle el sermón, no eran amigas ni nada por el estilo y sabía que le ayudaba porque mientras lo hiciera la pelirroja mantendría bien lejos al que es su mayor pesadilla, manteniéndola a salvo a cambio de favores como este o como encargarse de Einar y mantenerlo con vida y escondido hasta que pudiera irse por él mismo. - Pero no lo hizo, es un cobarde. No quiero seguir hablando de ese maldito tema. Tengo cosas más importantes de las que encargarme, ¿no crees? Que por cierto, también te afectan. -Acabó respondiendo cansada de hablar del mismo tema. Ya se encontraba bien. - Iré allí. Sé que puede estar por ahí escondido, necesito saber con quiénes cuenta. -Le explicó a la bruja cuando abrió la boca para preguntar.

El ser que tanto había evitado y mantenido lejos de ella había estado cerca en todo momento, le ponía los pelos de punta saber que quizá había visto todo lo que Einar le había hecho aquella noche. Aunque aún no estaba segura de si realmente había sido real cuando escuchó la voz de su creador y sintió su olor y su presencia. Había sido tan intenso que no podía ser su imaginación. Lo que le quedaba claro es que podía haber matado al lobo y habérsela llevado esa misma noche y no lo había hecho. Tenía un plan... Y pronto sabría que estaba tramando, que cartas jugaría, porque así era él. Hacía que no vieras el peligro hasta que te daba en las narices.

- Tengo que irme. Tú solo sigue haciéndolo como hasta ahora. No tiene ni idea de donde estás y sigo ayudándote, por mutuo acuerdo, pero así ganamos las dos. -Se encogió de hombros. Sacó la piedra que le había dado y se la enseñó. - ¿Para qué sirve? -Abrió los ojos al oír la explicación y la volvió a guardar en el pequeño bolso que llevaba a la cintura de cuero negro. El cual pasaba desapercibido. Llevaba unos pantalones negros ajustado, una blusa de manga corta a juego con unas botas, dejando así como siempre que su pelo resaltara entre tanta oscuridad.

Volver a Rusia le hacía un nudo en el estómago pero allí podía encontrar quiénes su creador creía tener como aliados que siempre le tendían una mano a la pelirroja. "El enemigo de mi enemigo es mi amigo".

Habían sido semanas o meses, lo importante era que la información había llegado hasta ella y gracias a eso sabía por donde moverse. Su regreso se había adelantado cuando en uno de sus encuentros uno de sus aliados en tierras moscovitas había sido asesinado por los parásitos que trabajaban para su creador. No sabía donde se escondía Drakkar, había llegado tarde para conseguir su ubicación, pero al menos sabía uno de sus planes. Aunque no tenía ni idea de como haría para lograr su objetivo; matarle.

No había contactado con nadie de momento, y mantendría su anonimato un tiempo más. Pasear por aquellas calles le trajo muchos recuerdos, pero no sabía si eran buenos o malos, la nostalgia nunca le había gustado, le hacía sentirse rara. Incluso ni ahí se sentía libre ni tranquila, ya que el motivo por el que había ido no era precisamente por placer o el simple hecho de ir y disfrutar de las calles moscovitas. Incluso allí tenía enemigos muy peligrosos, no le convenía que la vieran mucho, tenía que pasar desapercibida. Su estancia terminó con más dudas aún y la angustia de que su creador, como siempre, iba pasos por delante.



Última edición por Irina Volkova el Dom Feb 24, 2019 10:20 pm, editado 2 veces


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Con cariño desde Moscú [Irina Volkova]

La presencia de la pelirroja, su contacto contra mi cuerpo al tumbarse en la misma cama, no genera reacción alguna en mi, puesto que ahora mismo lo único que deseo es que termine de una vez con mi sufrimiento que, como le acabo de suplicar, termine con mi jodida vida de una vez por todas y libere así mi alma de este cuerpo enfermo, a pesar de que la condena que me espera es mucho peor que lo que pueda llegar a sufrir en el mundo de los mortales.

Durante unos escasos segundos, el sonido de su voz, ese suave susurro que pretende hacerme callar lo consigue, aunque no es más que unos momentos, en los cuales noto la frialdad de sus labios contra mi mejilla, algo que me relaja de una forma difícil de entender pero que no consigue acabar con el sentimiento que me impulsa a seguir derramando lágrimas y a anhelar el abrazo de la muerte. Un sentimiento que le vuelve a permitir mover mi cabeza, consiguiendo que mi húmeda mirada se encuentre con la suya, mostrándole directamente el profundo pesar y la angustia que padezco ahora mismo ante la verdad, ante el conocimiento de lo que hizo mi pequeña por mi y cómo le pagué por su defensa y valor.

Su negativa, profunda, contundente, real, me hunden más si cabe en ese estado de desesperación, angustia y depresión del que me veo incapaz de salir y más ahora que rechaza mi petición, que se niega a matarme como le he pedido. Durante unos momentos había soñado, había imaginado que todo llegaba a su final, que ella cumplía lo que tantos le han pedido y terminaba con mi existencia, pero su monosílabo pronto deja bien claro que no lo va a hacer. Al igual que sus siguientes palabras, aquellas en las que me cuenta las innumerables veces en las que pudo haberlo hecho, pero que también se negó a hacer. Aceptando silenciosamente su decisión, sabiendo que el dolor y la tristeza me van a seguir acompañando al menos un día más, permito que sus finos dedos recorran mi rostro, llevándose consigo las últimas lágrimas que abandonan mis ojos, provocándome una extraña sensación al notar el frío apoderarse de las zonas por las que se deslizan con una ternura, un cariño que ni en mil vidas hubiera esperado viniendo de ella.

Sin apartar mi rostro, sin girarlo, dejando que ella continúe con esas atenciones hacia mi cara tan extrañas pero agradables a la vez, voy escuchando sus palabras, permitiendo que las suaves yemas de sus dedos recorran la cicatriz que tengo por su culpa, una culpa que ella misma me reconoce pero que ahora mismo no me importa lo más mínimo, pues lo único que deseo en estos momentos es aquello que ella me ha negado.

Incapaz de seguir luchando, de evitar que siga hablando, ni tan siquiera niego con la cabeza cuando se empeña en querer contarme más cosas, sin importarle lo más mínimo que no deseo saber nada más, que lo único que quiero es que todo termine y que me importa una puta mierda cualquier otra cosa que ella crea que debe contarme, como si no me hubiera hecho sufrir suficientemente ya con sus confesiones como para seguir dañándome con ellas.

El roce de sus dedos al juguetear con mi barba consigue ir calmando poco a poco mis sollozos, a pesar de no querer escuchar nada más, mientras vuelve a hablarme, desvelando más información que yo desconocía por completo, haciendo que nuevas verdades me golpeen con fuerza, con demasiada fuerza. Sus palabras, cargadas de un significado que arroja una nueva luz sobre lo que pasó en mi tercera luna llena, cuando acabé con mi familia, van consiguiendo que las lágrimas cesen finalmente y que vuelva a posar mi mirada en la suya, sintiendo de nuevo la intensidad del verdor de sus ojos, quedando cautivado por su belleza, a pesar de que estar comenzando a entender los motivos reales que me llevaron a actuar como hice aquella maldita noche. Lentamente, animado por sus palabras, voy liberando al pequeño cachorro de mi abrazo, girando mi cuerpo para quedar tumbado boca arriba, sin apartar mi mirada de la suya, dejando que sus manos continúen realizando recorridos agradables por mi rostro, por mi barba, apaciguándome de una agradable forma.

”Los lobos perdéis el control… y más si lo provocan” esa frase lapidaria no deja lugar a dudas en mi mente de que fui provocado, de que ése alguien que ella tanto insinúa y cuyo nombre ya conozco, hizo lo posible para asegurarse de que estallara, de que atacara lo que más quería, que destruyera algo que conllevaría mi propia autodestrucción, algo que terminaría conmigo - "Si no es mío, no será de nadie" –  casi podía imaginar la voz del maldito cabrón al enterarse que me habían convertido en un licántropo de que, lo que parecía ser su plan maestro, según me acaba de contar la pelirroja, se había ido al traste por culpa de un licántropo. Algo que provoca que un atisbo de rabia recorra de nuevo mis venas, como si la ira quisiera imponerse al abatimiento del que soy presa, incluso creo oír un tenue gruñido de enfado provocado por mi garganta, pero estoy demasiado cansado de todo como para reaccionar de cualquier otra forma ahora mismo, por lo que la rabia no tarda en morir ahogada por el mar de hastío que es mi cuerpo en estos momentos.

Sin casi dejar tiempo a que encaje la verdad que acaba de decirme, centro mi atención en la mano que sujeto firmemente la piedra, a la cual se refiere con un nombre que no había escuchado antes en mi jodida vida - ¿una qué? – no puedo evitar preguntarle con una voz completamente enronquecida por las lágrimas y que atraen la atención del lobezno, quien no duda en acurrucarse en mi costado disponiéndose a dormir, una vez comprueba que mis sollozos han cesado definitivamente. - "¡Maldita zorra!" – estallo en rabia en mi mente en cuanto la oigo decirme que se quedó con el anillo de bodas de mi esposa, aquel que siempre llevaba conmigo y que pensé había perdido en las peleas, cuando eliminé a aquel demonio menor gracias al oro de las alianzas. Pero soy incapaz de decir nada más, demasiado derrotado por todo como para presentar batalla y negarme a callar como me manda con sus dedos, no quedándome más remedio que escuchar lo que tiene que decirme, entendiendo qué es la piedra que me ha entregado y para qué sirve.

Sintiéndome como un jodido muñeco, como un títere utilizado por todo el mundo sin importarles mis deseos o mis sentimientos, me veo sentado en la cama con la piedra en la mano y con la presión por parte de la jodida sanguijuela de que la use, de que convoque a mi mujer, como si enfrentarme a mis fantasmas, a mis muertos, pudiera realmente ayudarme a superarlo. Por suerte, el lobezno atrae mi atención al exigirme algo de atención, cosa que agradezco, pues no tardo nada en centrar mi enrojecida mirada en él, comenzando a acariciar su pelaje con el mismo cariño que ella había estado utilizando con mi barba. Mientras lo hago, no puedo dejar de debatirme entre el miedo y la necesidad de volver a ver a mi mujer, aunque sea durante unos pocos minutos, permitiendo que el silencio se apodere de la estancia mientras no dejo de darle vueltas, esperando que alguno de los dos sentimientos se imponga.

Finalmente, y tras dejar transcurrir unos minutos, en los que termino de tomar mi decisión dejo salir de mis labios un profundo suspiro antes de disponerme a hablar - ¿Es eso lo que quieres? – comienzo a preguntarle con la voz ronca, sin apartar mi mirada del lobezno el cual no he dejado de acariciar durante estos minutos - ¿Tan importante es para ti que hable con mi esposa? – añado pues no entiendo los motivos que han empujado a la vampiresa a confesarme todo eso y mucho menos a elaborar un plan para conseguir que me comunique con mi esposa, un plan que debió de idear durante las peleas, algo que no entiendo puesto que creía que solo me quería utilizar para las peleas, pero que ahora veo claro que no sólo era eso, como si realmente estuviera interesada en mi en otra forma que no alcanzo a comprender, como si deseara algo más de mí, quizás ayuda u otra cosa que escapa a mi comprensión ahora mismo. - Pero si tan importante es para ti, solo te pido que me dejes solo esa media hora… – termino casi en un murmullo sabiendo que de ella depende de que de el paso ahora mismo o no, de que contacte con mi esposa o postergue el momento, con la certeza de que si eso pasa no sé si tendré el valor necesario para enfrentarme a ella de nuevo.


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Con cariño desde Moscú
 
EINAR SØRENSEN  


Estaba siendo paciente, más de lo que había sido nunca en su vida, pero necesitaba que Einar reaccionara o acabaría poniéndose de los nervios. Decepcionada por su indiferencia hacia ella cuando se mostraba por primera vez amable con él, y por que después de obligarla y violarla para que le contara la verdad ahora le pedía una y otra vez que se callara. Sentía como empezaba a enfadarse por su comportamiento y tuvo que separarse finalmente y ponerse de pie, alejándose así de ese contacto que en el fondo estaba disfrutando, para hablar por una última vez. - Quizá debí pedirte ayuda Sørensen. Si aquella noche en el bar te hubiera sido sincera, todo lo demás no habría pasado. ¿Pero sabes que? Nadie me ha ayudado y ¿por que tu sin conocerme ibas a hacerlo? ¿Por un polvo? No.... - Negó con la cabeza mientras se cruzaba de brazos. - No he hecho esto jamás por nadie, porque solo miro por mi misma, porque la familia y los amigos te hacen débil, podré estar sola si, pero jamás harán daño a mis seres queridos porque sencillamente no los tengo. Puedes parecerte triste, pero es mejor así. - dijo segura de sí misma, sabiendo que eso último había cambiado por mucho que le jodiera.

- Te estoy dando la posibilidad de volver a hablar con tu esposa muerta, de decirle todo lo que estoy segura que, habrás pensado mil veces. De pedirle perdón, yo que sé. En tu mano queda que lo aproveches o no. - Sentenció puesto que siempre lo había visto mucho más fuerte de lo que lo veía ahora. Sabiendo que tenía que ser comprensiva con su estado y su tristeza, pero desesperada porque actuara y consiguiera respuestas.

¿Acaso esperas un gracias pelirroja? Fuiste tu solita quién le puteó y encima disfrutó con ello. Así que ahora, toca joderse y aguantar el chaparrón. Se mordió el labio inferior antes de volver a hablar, pensativa durante unos segundos.

- Mi creador tiene mal perder, su hija le desobedece y.... su nuevo.... fichaje es mordido por un licántropo.... - Hizo una pausa- Es como si el karma quisiera joderle bien jodido. - Por todo lo que me ha hecho durante toda mi vida, pensó. Sin llegar a decirlo en voz alta. Pero riéndose interiormente porque su creador fracasó con su gran plan sobre su nuevo neófito.

- Pero... como buen vampiro despiadado y sin escrúpulos que es, tuvo que mover los hilos para destruirte. Fue un jodido genio porque encima no tuvo ni que mancharse las manos ni necesitar que lo hiciera yo. como tanto me había exigido y presionado. Sino que jugó con tu punto débil, sabiendo lo temperamentales que sois los lobos... y... pum! -Hizo el sonido de una explosión y después se acercó de nuevo pero sin llegar a sentarse ni a mantener ningún contacto físico. - Aunque hubiera fracasado llevándote a su bando, sino ibas a ser suyo, no iba a dejar que fueras de un jodido licántropo y mucho menos que siguieras con tu vida. También destruyó la mia y la de todos los que se cruza en su camino. Por eso, cuando acabes de lamerte tus heridas como un buen perrito, usa la piedra que te he dado y sana tu corazón Sørensen, al menos inténtalo. - Alzó la voz sin querer y después retrocedió unos pasos.

Aunque su siguiente respuesta era gritarle que no era importante para ella que hablar con su mujer, era importante para él mismo, pero estaba claro que su dolor y tristeza le cegaban el juicio, por lo que asintió con la cabeza. Mostrando una sonrisa ladina, más amable de lo habitual ocultando así su anterior enfado. - Hecho. - Respondió a su petición sobre estar solo esa media hora. - Pero él viene conmigo. - Señaló a Valhalla quién dormía plácidamente acurrucado. - Te dije que me iría tras contarte la verdad, y está claro que estará más a salvo contigo que conmigo. Quiero poder despedirme también. - Le confesó, dejándole claro que cumpliría con la promesa de marcharse.

Sin poder evitarlo, cogió a Einar para terminar de incorporarlo y que quedara sentado en la cama. - Estás hecho un asco, al menos lávate la cara antes de invocarla. - Le comentó mientras lo miraba de arriba a abajo, sabiendo que no se podía hacer mucho dado por todo lo que había pasado física y psicológicamente. - Bebe, sin discutir. - Le advirtió mientras sacaba de su bolsillo un brebaje, más suave, pero que le relajaría. Advirtiéndole que le hiciera caso porque no era momento ni lugar para ponerse a discutir.

Recogió todas sus cosas metiéndolas en la mochila, dejando la comida, agua y algunas pócimas en la mesa. Solo por si acaso las necesitara. También sacó una pistola y una caja de balas y lo dejó todo a su disposición. - Mañana estarás mejor y podrás volver con tu hermana y tu sobrino. todo esto es solo por si acaso. - Se colgó la mochila y le miró durante unos segundos para luego acercarse y llevar sus manos a la suya. - Mantenla en tu mano, visualiza su rostro en tu mente y pronuncia su nombre. Usé su anillo de bodas para hechizarla. Una vez aparezca tendrás 30 minutos e imagino que mucho qué decir. Tómate tu tiempo, pero hazlo. -Volvió a poner sus manos en el rostro del lobo, después de pasar una mano por su pelo intentando así darle mejor aspecto.

Soltó un suspiro y después se apartó definitivamente. - Volverá aquí cuando hayas acabado. - Miró a Valhalla y movió la cabeza para que fuera a su lado. Era un cachorro juguetón y mimoso, si se quedaba ahí solo conseguiría distraerle, además ella también necesitaba de su amigo peludo en ese momento. Quién parecía que iba a ser el pañuelo de lágrimas de ambos, aunque ella lo tendría más difícil. - Puedes hacerlo, Einar. - Dijo antes de dirigirse a la puerta mirándole fijamente a los ojos, para después abrir la puerta y salir acompañada del cachorro.


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Con cariño desde Moscú [Irina Volkova]

El movimiento del maltrecho colchón cuando ella se aparta de mi cuerpo parece molestar al lobezno, el cual gruñe ligeramente, en una burda imitación a mis constantes y casi continuos gruñidos, por lo que no dudo ni un momento en volver a acariciarlo, encogiéndome instintivamente un poco más al notar la extraña ausencia del cuerpo muerto de la vampiresa, como si una parte de mi disfrutara de su gélido contacto, algo que me cuesta demasiado comprender. Pero lo que no me cuesta comprender es el sermón del que soy objeto por la pelirroja en cuanto abandona la cama, porque lo que parece comenzar como una simple explicación del motivo por el cual no me había explicado nada desde el principio termina, rápidamente en convertirse en un rapapolvo por su parte, como si realmente deseara que yo hablara con mi Ana, con mi difunta esposa.

Lo que está claro es que no opino como ella, supongo que será por la naturaleza de los licántropos, los cuales nos vemos arrastrados a dejarnos llevar por nuestras emociones, a actuar según nos dictan al sobrepasarnos y hacernos actuar de nuestra famosa forma impredecible, pero también nos insta a crear lazos, a no estar solos demasiado tiempo, a crear vínculos con otros seres de nuestra especie, porque en el fondo somos animales gregarios, manadas cuyos miembros nos necesitamos los unos a los otros, ya sea creando lazos de amistad, de respeto y también amorosos, aunque en éstos últimos mezclamos a los mundanos y otros seres en ellos. La cuestión es que sus palabras me incitan a replicarle, a decirle lo que pienso, pero el extraño cansancio que me embarga y sobretodo la profunda tristeza que siento mantienen esas ganas de responderle en un segundo plano, dejándolas aparcadas para otro momento.

Aunque ese estado, no puede conseguir que la rabia, aquella que hasta hace un momento permanecía oculta bajo los sentimientos que me abruman, no tarda en dar señales de vida al escuchar, al ser de nuevo consciente de la manipulación a la que me sometió ése maldito ser, ese vampiro que se había encaprichado de mi y que, al no conseguirme hubiera decidido acabar conmigo definitivamente - "Como si de un maldito novio celoso se tratara, de un jodido maltratador que decide matar a su esposa cuando descubre que la va a perder…" – pienso notando el agradable calor de la rabia, de la ira, querer comenzar a recorrer mis venas desde mi estómago. Pero no es hasta que no escucho su jodida voz soltándome eso de ”cuando acabes de lamerte tus heridas como buen perrito” que no siento como la rabia vuelve a mi, combatiendo con el estado de abatimiento en el que me encuentro, sobretodo al volver a recordarme la muy cabrona que no he sido más que un perro al que han utilizado a su antojo, y al que ella casi ordena que utilice la jodida piedra, cosa que me molesta lo suficiente como para gruñir, y esta vez soltar un gruñido de molestia real, no empañado por la tristeza o la melancolía, apretando posteriormente los labios y centrando mi mirada en el lobezno, sabiendo que ahora sí que las lágrimas no van a volver a surcar mis mejillas.

La reacción de la sanguijuela a mi pregunta curiosa, me descoloca demasiado, haciéndome dudar todavía más de los motivos por los que ella está tan interesada en que hable con los muertos, algo que, unido a sus siguientes actos me dejan totalmente desconcertado. Ya no solo porque aceptara dejarme solo por un momento, sino por el hecho de quererse llevar al lobezno y peor aún, por su ayuda para incorporarme en la cama y su sorprendente preocupación por mi apariencia - "¿Seguro que no estás soñando? ¿Se está preocupando por mi aspecto? ¡Esto es de locos!" – no puedo evitar pensar, mientras la veo mirarme y darme otra maldita poción para que me beba, instándome a mantenerme callado y no discutirle, por lo que no dudo en gruñir nuevamente, aunque aceptando el maldito frasco y engulléndolo de golpe, dejando que el enfado se trasluzca en mi mirada y en lo airado de mi gesto al beber y tirar el frasco después al suelo, sin importarme la cantidad de fragmentos de cristal que deja al estallar en el suelo.

En silencio la observo comenzar a recoger sus cosas, mientras empiezo a jugar inconscientemente con la piedra que tengo en la mano, inclinando la cabeza ligeramente mientras intento entender qué es lo que está pasando ahora mismo, el porqué de su extraña amabilidad ante mi y sobretodo en cómo habrían sido las cosas si me hubiera contando todo esto aquella maldita noche en la que me drogó y utilizó. Está claro que de haberlo sabido las cosas habrían sido totalmente distintas, puesto que dudo mucho que no hubiera aceptado ayudarla en conseguir la información para acabar con ese maldito cabrón, puesto que ahora mismo solo tengo claro una cosa, que ese hijo de puta me destrozó la vida, que no pienso permitir que nunca nadie más vuelva a usarme a su antojo y que quiero verle sufrir durante toda su puta eternidad.

Sin romper el silencio, con el entrecejo fruncido, noto el gélido contacto de sus manos en la mía, la cual sujeta la piedra, escuchando sus palabras con un rostro algo más serio, no tan sumido por la tristeza aunque sí por la ansiedad de tener que enfrentarme a algo que no creo se capaz de hacer ahora mismo.

Elevando mi mirada hacia su mano, la cual comienza a intentar peinarme, sin desfruncir mi ceño, vuelvo a sentirme desconcertado por ese gesto demasiado cariñoso, demasiado íntimo y que se me representa tan extraño viniendo de ella, al igual que la agradable sensación que me hace sentir el notar su contacto, por muy frío que sea, dejando que vuelva a tomar mi rostro entre sus manos, centrando mi mirada ahora sí en la suya, la cual he estado rehuyendo en las últimas horas, sintiéndome muy incómodo al ver como juzga mi estado, como si de mi madre se tratase, comprobando si estoy bien para salir a la calle o ir a una fiesta.

En cuanto se aparta, mantengo la expresión de extrañeza en mi rostro, así como mi ceño fruncido mientras la oigo y veo despedirse, llevándose tras de si al pequeño, el cual parece haberse resignado a dejarme solo e ir en pos de lo que quiere que sea ella para él. - Te habría ayudado – me sorprendo diciéndole en voz ronca justo antes de que atraviese la puerta - Si me hubieses explicado todo, te habría ayudado – añado sin apartar la mirada de su esbelta espalda - Y te equivocas, querer a alguien, preocuparte por alguien no es más que una debilidad, porque te da la fuerza necesaria para luchar, para seguir adelante, para no darte por vencido, para apretar los dientes y continuar, y no puedes negarlo. Sabes que si gané aquellos combates, si conseguiste la información fue porque luché por mi familia, por lo que amo y, aunque lo uses para atacarme, para provocarme, es ése sentimiento, ese lazo el que me hace ser lo que soy, seguir luchando por los míos, por los que amo y quiero proteger – termino de decirle dándome cuenta, según mis roncas palabras van abandonando mis labios que es la verdad, que es ese sentimiento que me une a mi hermana, a mi sobrino, el que me va a ayudar a superar cualquier cosa, a recobrarme de cualquier cosa, el que ahora mismo me va a dar el valor necesario para hacer lo que tengo que hacer.

En cuanto la puerta se cierra y el sonido de sus pasos me indican que se han alejado, soltando un profundo suspiro y cerrando mis ojos, empiezo a pensar en mi Ana, en mi difunta esposa. Intento con todas mis fuerzas visualizar su imagen, su rostro, sus cabellos, sus profundos y tiernos ojos. Sin embargo, pronto el desespero se apodera de mi mente, pues sólo consigo recordar su rostro ensangrentado, su cuerpo mutilado, mis manos llenas de su sangre, aquellos ojos muertos con aquel terror visible en ellos, su expresión de pánico, volviendo a sentir como el dolor atenaza mi corazón. - Vaya, ¿es así como me recuerdas? - la voz divertida y amable de mi esposa, procedente de mi espalda, hace que todo mi cuerpo tiemble y que abra mis ojos al instante, al tiempo que siento su presencia con claridad - Mi amada Ánya… – susurro incapaz de mirarla a sus ojos  - Mi estimado y querido Feroés, ¿es que no vas a mirar a tu esposa a los ojos? - con miedo, elevo mi mirada para encontrarme con el tan añorado rostro de mi esposa, aquel que hasta hace unos momentos era incapaz de recordar y que, ahora, se muestra como siempre había sido ante mi, bello, tranquilo, relajado, completo, sin un atisbo de miedo en él - Estás tan hermosa como siempre – le digo, notando cómo mi rostro se relaja, como la sonrisa se forma en él y como una punzada de dolor se vuelve a clavar en mi corazón - Mi amada… Jeg… – empiezo a decirle, sabiendo que no dispongo más que de media hora, un tiempo innecesario para decirle todo aquello que quiero, para intentar conseguir que entienda que no fui yo, que yo jamás le podría hacer daño.  - Shhhh, no, no hace falta que hables - me manda a callar posando su etéreo dedo sobre mis labios

No es a mi a quien deberías perdir perdón. Yo ya te perdoné cuando supe la verdad. Te he estado observando y sé lo que has hecho, sé que me amas, que nos ambas a Nadia y a mi, pero no puedo permitir que vivas atormentado por la tristeza, por unos actos que no pudiste controlar. No, Einar, no. Mi querido, mi luchador y cabezota Feroés… No, ya es hora de que sigas tu camino…




…………………………………………………………………………………


Nunca antes el tiempo había pasado tan rápido como aquella corta media hora, aquellos treinta minutos en los que había podido despedirme al fin de uno de los seres más amados y más importantes en mi vida. La oscuridad reinaba completamente en la habitación, únicamente rota por la luz de la lamparilla de mesa, que a penas si podía iluminar algo más que la mesa de noche sobre la que se encontraba. Y mi mirada permanecía atenta en la oscuridad que se extendía más allá de aquel claro de luz, con los ojos enrojecidos de nuevo, y unas lágrimas recorriendo otra vez mi rostro, aunque ahora no se trata de lágrimas de dolor, o de rabia, sino de pena, de una profunda pena por el echo de haberme despedido definitivamente y para siempre de mi esposa, unas lágrimas derramadas lentamente por saber que nunca más volveré a verla, aunque con la certeza de que sus palabras, aquellas que me ha dicho hace escasos minutos me acompañarán el resto de mis días.

El sonido de unas pezuñas acercándose alegremente hacen que una ligera sonrisa comience a formarse en mi rostro, una sonrisa que se ensancha al tiempo que las lágrimas terminan de cesar al oírlas arañar la madera de la puerta, indicándome que el lobezno ha regresado. En silencio, y aguantando la respiración de una forma sorprendente, una reacción que no puedo llegar a alcanzar a pesar de las palabras de mi esposa, aquellas que me han abierto los ojos tanto como las de la vampiresa, espero expectante a que la puerta se abra, notando cómo mis labios se curvan mucho más al ver el pomo girarse y la puerta entreabrirse, recibiendo al cachorro con una gran sonrisa y la tranquilidad y paz de quien ha encontrado el descanso, de quien se ha librado de una enorme carga, reflejadas en mi rostro - Du er tilbake! – espeto con la voz ronca, pero en un claro tono de tranquilidad y alivio en ella, abriendo los brazos a la espera de que el lobezno se lance sobre mi, como parece querer hacer - Has vuelto… – repito en cuanto noto su cuerpo caliente y peludo entre mis brazos, pero sin bajar la cabeza hacia él, manteniendo mi mirada, una mirada sosegada y tranquila, en el rostro de quien cruza seguidamente la puerta, en el de la pelirroja, aquella maldita zorra que había entrado en mi vida para ponerla patas arriba.
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Última edición por Einar Sørensen el Mar Abr 30, 2019 10:15 pm, editado 1 vez


Con cariño desde Moscú - Einar Sørensen  +18 - Página 2 Oshp9h
Einar Sørensen
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Con cariño desde Moscú
 
EINAR SØRENSEN  


Entonces justo en el momento que pasaba los dedos por su pelo y le miraba de reojo supo que ambos habían sufrido justo por la misma persona, quién disfrutaba dañando a los demás y destrozando las vidas ajenas. Solo que ella lo tenía mucho más complicado, porque había sido la figura paterna desde que tenía memoria. Sintió un tremendo arrepentimiento por el primer encuentro, por como había abusado que el lobo se había interesado en ella para usarlo, tal y como había hecho miles de veces, la diferencia ahora es que a quién se lo había hecho no era para nada como los demás. Y ahora se daba cuenta, cuando ya no había nada que hacer, solo asumir todo lo que había pasado.

Pese a que la expresión de Einar tan sorprendido como ella realmente se sentía en su interior, solo hace que termine por apartarse, porque los dos parecían sentirse igual de confundidos. Conseguir la piedra de invocación, ir en busca de una bruja para hechizarla, y coger el anillo de su difunta a sabiendas que podría haberle cabreado mucho si se daba cuenta había sido por un fin. Por una única razón y era que en su interior necesitaba que se quitara esa culpa que cargaba en sus hombros todo ese tiempo, porque la pelirroja sabía que no había sido su culpa, que no había sido descuidado con su condición, a diferencia de ella... , su eterno arrepentimiento solo le demostraba que era un buen hombre y era el momento de que a los buenos les pasaran cosas buenas.

El lazo que unía a Valhalla con Sørensen había conseguir ablandarla, algo que le enfadaba y sorprendía muchísimo, porque desde que había conocido a Einar había empezado a sentir... Algo que le hacía mucho daño y que odiaba porque era un dolor intenso que no sabía controlar y le resultaba difícil de soportar. Antes solo se preocupaba por el dolor físico, del cual podía soportar gran cantidad, pero en la parte emocional... Era totalmente novata. Miró a Valhalla y le hizo una señal para que la siguiera aunque al principio se resistió, como ya había esperado, negándose a separarse de quién parecía considerar su padre, líder o como fuera que lo sintiera. Fue entonces cuando escuchó las palabras de Einar, antes de salir por la puerta que hizo que se parara de golpe, dándole segundos a Valhalla para ponerse a su lado. Sus ojos se aguaron y casi estuvo a punto de llorar, porque sabía que no mentía. Ella misma había pensado en esa noche una y otra vez al darse cuenta de esa conexión con Einar, de ese enganche que parecía tener con él aunque no quisiera. De pensar en él estando a solas, deseando poder sentirle cerca. Consiguiendo irritarle esa necesidad que su cuerpo le transmitía de tenerle cerca. - Te he visto luchar por la felicidad de los tuyos y nunca pedir que nadie luche por la tuya. - No le miró directamente, simplemente le miró de reojo para después salir fuera y cerrar la puerta detrás suya.

Echó a correr dirección al bosque, sabiendo que el cachorro la seguía porque oía sus latidos y el sonido de sus patas al impactar contra el suelo. Cuando se hubieron adentrado lo suficiente paró y esperó a que Valhalla la alcanzara, quién mostraba una actitud desafiante. - Podrás volver con él, dentro de media hora. - Le dijo intentando suavizar el aparente enfado del cachorro. - Debería volver a Moscú y esconderme por allí un tiempo. Pero volveremos a vernos, te lo aseguro. - Se agachó para acariciar al lobo, dudando si se dejaría, consiguiendo apenas rozar su pelaje. - ¿Qué te ocurre? -Preguntó también algo molesta.

Notó como Valhalla tiraba de su vestido en dirección por donde habían venido y entonces estiró de la tela para soltarse. - No. Yo no voy. Eres tú quien quiere quedarse con tu amigo peludo. Yo tengo que irme. - Esta vez Valhalla volvió a cogerle el vestido pero tirando y rompiendo una parte. Irina lo miró enfadada y retrocedió, no iba a hacerle nada al cachorro, porque sabía que su aprecio por Einar era tan grande que se enfrentaría a ella. Pero al entender el porque lo hacía negó con la cabeza.

- No voy a volver allí. - Dijo en tono firme. Escuchó como el lobo le gruñía enfadado, como nunca antes lo había visto, viendo por primera vez que el aspecto adorable que solía tener como cachorrito ahora quedaba muy lejos. Quería que volviera con Einar, pero la pelirroja no soportaba ver el desprecio hacia ella en sus ojos ni un segundo más, le dolía y odiaba sentirse así. - Él me odia, y lo peor de todo es que le he hecho la vida imposible por mis propios intereses. -

En esta ocasión le habría gustado que el lobo hablara y hubiera sido más sencillo comunicarse, mientras pensaba eso le pilló desprevenida cuando le mordió en la pierna, atacándola por primera vez en su vida. La vampiresa se sorprendió de la fuerza que tenía para lo joven que era, consiguiendo arrancarle un grito de dolor. - ¿Qué estás haciendo? - Le gritó, pero no le atacó, no pensaba hacerlo, a su cachorro no. - ¡¡¡Déjame en paz!!! No puedo volver. - Se llevó una mano a la pierna al notar la sangre caliente recorrerle la piel.

Pero no le dio tiempo a reaccionar ya que Valhalla se le lanzó encima derribándola y tirándola al suelo. Que el cachorro le estuviera atacando le dolía más de lo que jamás podría haber imaginado. - Para - Le dijo irritada por la situación y entonces el lobo volvió a tirar de su vestido rompiendo otro trozo y luego le mordió en el brazo, ese dolor que sintió le hizo llorar y por eso dejó caer sus brazos en el suelo mientras clavaba sus ojos en los del cachorro. - ¿Porque me atacas? ¿Por Einar? - Le preguntó confusa.  

Se incorporó quedando sentada viendo como tenía el vestido roto y dos heridas que habían dejado un rastro de sangre, aunque ya empezaban a sanar. No se dio cuenta que estaba llorando hasta que Valhalla lamió su cara intentando consolarla. - Quita, no me toques. - Se puso en pie separándose del lobo. - Le prometí que me iría, si vuelvo la estoy rompiendo maldito chucho cabezón. Me hizo prometerle que me iría, vas a conseguir que me mate. - El olor a lo lejos de que no estaban solos la alertó en ese momento mientras Valhalla volvía a tirar de ella, esta vez cogiéndola del mano con sus fauces en dirección a donde estaba el camino de regreso al motel.

El sentimiento de proteger a Einar fue demasiado fuerte, por lo que acabó cediendo mientras resoplaba molesta. Pero era cierto que aún estaba débil y sería un blanco fácil si daban con él en el estado que se encontraba. Por lo que apretó sus labios hasta que se volvieron una fina línea y siguió al cachorro, corriendo detrás suya, tras un buen rato, en dirección al motel.

Primero subió Valhalla las escaleras de madera que daban al final con la puerta donde estaría Einar, sabiendo que ya habría percibido su olor. El cachorro se desesperó arañando la puerta y después la miró, para que le abriera la puerta. Suspiró y finalmente subió despacio los escalones para abrir la puerta, dejando que entrara primero Valhalla, escuchando como Einar le daba la bienvenida. Quedándose unos segundos parada, mirando si le daría tiempo a irse antes de que el lobo se diera cuenta y fuera tras ella, pero su sorpresa fue que una vez en ese punto no quería irse. Quería entrar, aunque fuera para asegurarse que estaba bien y estaba hecho lo de su difunta. Abrió un poco más la puerta y finalmente entró evitando cruzar su mirada con la de él, mostrándose seria, pero relajando esa expresión al oír como el cachorro jugueteaba en sus brazos.

- ¿Lo has hecho? - Terminó por preguntarle mientras se acercaba a él y se ponía agachaba para quedar a su altura, percibiendo su rostro ahora más relajado y su cuerpo libre de esa tensión y ansiedad que llevaba encima durante horas.

Esperaba que no reparara en que llevaba el vestido roto y dos manchas de sangre resecas. Porque no iba a saber explicarle lo que había pasado y porque había vuelto ahí. Intentando consolarle, en un gesto que había hecho antes y parecía no haberle molestado, volvió a poner su fría mano sobre la suya, dando un pequeño apretón, para luego asentir con la cabeza dándole a entender que lo más difícil ya había pasado. Después su mano subió de nuevo a la cara de Einar, acariciando su mejilla, clavando sus verdes ojos en los suyos, mientras se acercaba un poco más y juntaba su frente con la de él, notando su respiración y latidos más tranquilos, fundiéndose luego en un abrazo que más que el lobo, era ella quién lo necesitaba...

No obstante no sabía si la rechazaría por lo que su espalda estaba en tensión, pero se había dejado llevar y era lo que quería en ese momento. Sabía que Einar lo necesitaba y se había sorprendido al saber que ella también. Apoyó su cabeza en su hombro y pasó sus brazos alrededor de su cuello, quedándose así unos segundos.



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Irina Volkova
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Con cariño desde Moscú [Irina Volkova]

Valhalla, el lobezno, aquel que había sido bautizado con un nombre tan sagrado para parte de mis ancestros, de aquellos que más me siento orgulloso, no le importaba demostrarme con sus carantoñas y gruñidos demostrar abiertamente la alegría por reencontrarse conmigo, con otro miembro de su escasa manada. La pelirroja, por el contrario, parece no querer demostrar nada - "Tan fría, altiva y arrogante como los de su especie…" – no puedo evitar pensar al verla entrar en la habitación, con una extraña expresión en su rostro el cual, en ningún momento dirige al mío, como si no mereciera tal honor por su parte - "Pero ha vuelto, como Ánya dijo…" – algo completamente cierto pues está de nuevo en la habitación a pesar de haberme dicho que se marcharía y no volvería más.

Sin dejar de acariciar al cachorro, continúo con la vista clavada en la vampiresa, cuya figura se va haciendo cada vez más clara, más tangible según se va acercando al tenue haz de luz que emana de la lamparilla de noche. Si estuviera en mi forma animal, seguramente la podría ver con claridad a pesar de las penumbras que rodean la cama sobre la que me encuentro recostado, con la espalda apoyada contra la pared, pero en mi forma humana, mi vista dista mucho de ser mejor que la de cualquier mundano corriente. Es por este motivo por el que espero a que la luz bañe su marmóreo rostro para bajar lentamente la mía hacia el cachorro, apoyando mi frente contra la suya mientras mis manos sujetan con firmeza su cabeza, sintiendo así el íntimo contacto entre miembros de una misma manada. Seguidamente aparto ligeramente la cabeza, permitiendo que la cariñosa lengua del lobezno no tarde en limpiar mi barba y rostro de los restos salados de las lágrimas, erradicando así cualquier vestigio de ellas de mi cara.

La pregunta formulada por la vampiresa se impone al rítmico sonido de los gruñidos alegres del cachorro, así como del sonido de su lengua al entrar y salir de su boca, haciendo que aparte definitivamente mi rostro de las húmedas atenciones del pequeño para volver a mirar al ser que parece haber sido destinado por los dioses para marcar mi vida, me guste o no. Con la leve inclinación de cabeza, no puedo dejar de demostrar la curiosidad que producen en mi las manchas de sangre que lucen su vestido, unas manchas y desgarros que antes no estaban ahí y que me indican claramente que algo ha pasado en su ausencia. - Så overraskelse! – le espeto como respuesta mientras veo como continúa acercándose utilizando mi tan característico tono sarcástico para indicar que estoy recuperando mi estado anímico habitual - Parece que no sabes estar ni diez minutos sin meterte en problemas… – añado en ruso, señalando con un ligero movimiento de cabeza la sangre que mancha su ropa y sin abandonar el tono burlón - claro que seguro que quien te haya atacado lo estará lamentando – termino de responderle, utilizando un tono más neutro, más normal, el mismo tono que utilicé con ella en aquel primer encuentro del que tengo constancia, en aquel bar, en lo que me parece ya una eternidad.

Con otro gesto completamente ajeno a ella, algo que me pilla tan por sorpresa que me deja sin capacidad de reacción, responde a mis palabras de una forma inesperada, apretando con un cariño inusitado mi mano para, a continuación, afirmar con la cabeza, como dándome a entender que comprende lo que estoy pasando, que no hace falta que exagere mis comentarios ni mi actuación, que lo peor ya ha pasado y que ha vuelto para acompañarme en estos momentos tan dolorosos. Nunca antes me habría imaginado encontrarme en esta situación, y mucho menos con ella, por lo que rompe todas mis defensas, toda mi ironía y mi sarcasmo con ese callado y sencillo gesto. Incapaz de reaccionar, permito que su mano libere la mía para dirigirse a mi rostro acariciándolo con su gélida mano, haciendo que note al momento el agradable frescor que emanan de ellas, permitiéndome rememorar, durante los pocos momentos en los que la elevada temperatura de mi piel consigue temperarlas, la agradable sensación del frío invernal en mi rostro, aquel frío feroés y ruso que tan largos años me ha acompañado y del que disfrutaba a cada momento. Sin mediar más palabras entre ambos, acallándome al instante con aquel contacto tan íntimo y sorprendente permito que continúe su acercamiento, sintiendo cómo mi azulada mirada queda atrapada por la suya verdosa, notando el frío de la piel de su frente enfriando la mía, sin apartar su mirada de la mía, permaneciendo así callados, sin mediar más palabra o comunicación que la que emana de nuestros cuerpos, para finalmente pasar sus brazos por mi cuello, dejándome notar el agradable peso de su cabeza sobre mi hombro mientras me funde en un abrazo inesperado, al que no tardo en corresponder, cruzando mis manos en su espalda, atrayéndola hacia mi, provocando con ése gesto que el lobezno se desplace hacia mis piernas para no quedar aplastado por nuestro cuerpos al unirse, permitiendo que el calor de mi cuerpo comience a caldear el suyo, un cuerpo frío, muerto, que se niega a aceptar su destino final, pero que anhela el contacto con otro. Aumentando lentamente mi fuerza, la estrecho cada vez más entre mis brazos, haciéndole entender que le agradezco todo lo que ha hecho por mi y lo más importante, que tiene mi perdón por sus errores pasados.

Lentamente voy acercando mis resecos labios a su dulce oreja, dejándole sentir el cálido aliento que brota de mi cuerpo unos instantes antes de despegarlos entre si para susurrarle al oído - Tusend Takk – empiezo a decirle con voz dulce, tranquila, relajada  - Muchísimas gracias, Irina Volkova, por perdonarme la vida, por cuidar de mi, por proteger a mi hija, por quererla tanto como yo, a pesar de no haber conseguido impedir que su propio padre acabara con su vida – le voy diciendo con el mismo tono suave y calmado, separando finalmente mis labios al tiempo que hago lo propio con mis manos, liberándola de mi abrazo para llevar ahora mis manos a su níveo rostro, sujetándolo entre mis manos con cariño, volviendo a colocar mi frente contra la suya, retomando el contacto directo de nuestras profundas y coloreadas miradas - No estás sola en el mundo, he pronunciado mi juramento sagrado de que pienso ayudarte a acabar con ese bastardo que tanto daño te ha hecho. No estás sola en esto, estoy contigo, te debo una disculpa por todo el daño que te hice, por todo el sufrimiento que he causado a tus amigos, a tu pareja – digo haciendo referencia a Andreas a quien torturé injustamente para dar con ella -
No voy a permitir que te lances tu sola a una batalla tan desigual, ni que otros paguen por algo que me concierne directamente. Ese cabrón va a pagar por todo el daño que ha hecho, cueste o lo que cueste, así que, por una vez en tu vida, deja que alguien te ayude – le pido con mi mirada fija en la suya, permitiendo que mis manos abandonen sus mejillas para explorar el largo y sedoso pelo del color del fuego que cae hermoso por su espalda, recorriendo así el camino que las conduce a su cintura, volviendo a abrazarla, a atraparla de otra vez entre mis brazos al tiempo que muevo mi cabeza, permitiendo, de esta forma, que la una se apoye sobre el hombro del otro, sin importarme, ni sentir miedo de dejar mi cuello, aquel en donde mi yugular late con fuerza, peligrosamente cerca de esos colmillos que podrían desangrarme al instante.

Ya estaba hecho, una de las promesas que había realizado a mi difunta esposa había sido expuesta y tengo toda la intención del mundo de cumplirla, quiero matar a ese maldito cabrón, hacerle pagar todo el daño que nos ha hecho, pero sobretodo quiero ayudar a que sea Irina, su propia discípula quien se encargue de ello, quien le destruya y le haga sufrir por todo el daño que le causó a ella, aunque sé que sin eso no hubiera pasado ella jamás habría aparecido en mi vida, y seguramente ahora yo no sería más que una marioneta bajo las órdenes del malnacido ese, o yacería muerto en cualquier rincón. Pero también sabía que ya no la veía como una enemiga, que la vampiresa se había convertido en alguien especial, en una pieza importante de mi vida, y lo más curioso del caso es que había sido mi esposa, mi amada y perdida Anna, quien me había hecho darme cuenta de lo que realmente siento por ella, algo que no puedo negar aunque sea incapaz de comprender ahora mismo.

Así, esperando su reacción a mis palabras, permanezco abrazado a ella, calentando su frío cuerpo con el mío, expectante ante lo que pueda suceder una vez se decida a hablarme o a atacarme.


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Con cariño desde Moscú
 
EINAR SØRENSEN  


Al volver a la habitación evitó que sus miradas se cruzaran mientras se pregunta así misma el porque había vuelto y porque esperaba con todas sus ganas que Sørensen no volviera a decirle lo mismo que su último encuentro en la cabaña, dejándole claro que no quería verla más. A lo que ella correspondió con una portazo y la rabia recorriendo su cuerpo mientras volvía a la cama hasta haberse recuperado del todo. Por ese motivo, no le miró pero si sintió como la observaba, por lo que se acercó despacio.

Valhalla era alguien leal y sin maldad, la unión correspondida que tenía con Einar no la podría romper nadie, ni siquiera ella, aunque nunca le había pasado esa idea por la cabeza. Quizás porque sabía lo tóxico que era estar cerca de ella y sabía que el lobo cuidaría bien del cachorro si ella se marchaba. Siguió acercándose hasta quedar de rodillas a su lado. No iba a hacerle hablar de lo que había pasado en esos treinta minutos porque obviamente sería privado, pero si quiso explicarle porque había cogido la alianza... - Necesitaba algo de ella para el hechizo... Por eso la cogí, era algo que había llevado y serviría... - Le miró a los ojos, sabiendo que entendía que el cabreo inicial por haberle robado el anillo, quizás ahora sería lo de menos.

Finalmente y al ver que no le guardaba odio en ese momento, se sentó a su lado en la cama. Escuchando ambos corazones latir, mientras observaba lo mucho que se respetaban y cuidaban entre ambos. Sabiendo que ella tenía relaciones así contadas con los dedos de una sola mano. Ahora encontraba a Einar con un mejor estado, aunque había vuelto a llorar, algo lógico teniendo en cuenta que acababa de despedirse de la que había sido su mujer, con quién habría compartido muchas cosas y sentimientos... Algo que ella estaba descubriendo ahora, que la confundía y sorprendía... Pero sobretodo la aterrorizaba, porque sabía que las veces que había dejado que sus sentimientos fluyeran había sufrido y dolían mucho más que cualquier herida o castigo físico, el cual soportaría mucho más. Se quedó mirando durante unos minutos a ambos lobos sin darse cuenta de la sonrisa que se curvaba en su rostro. Sin darse cuenta, de lo mucho que le gustaba verlos así. Tranquila por ver mejor a Einar que cuando se había ido, dándose cuenta de lo mucho que le había dolido verlo tan derrotado... Sintiéndose culpable por haber sido quién agudizara su dolor y encima lo había hecho a conciencia, con un objetivo si, pero le había hecho daño y sufrir. Porque al parecer, así hacia todo. La pelirroja en ese momento se dio cuenta de lo mucho que realmente se parecía a su creador, quién la había hecho a su imagen y semejanza. Y aunque Irina había luchado por ser diferente a él y contradecirle en todo, ahora se daba cuenta que llevaba años actuando como lo hacía el vampiro y ocultando y enterrando sus sentimientos. Porque así es mucho más fácil hacer daño, sin conciencia ni nada que pudiera frenar sus objetivos a corto plazo.

Su rostro mostraba una expresión confundida pues Einar estaba tranquilo y no parecía estar molesto... Ya no... sonrió ladina cuando bromeó acerca de su aspecto, sin pasarle desapercibidas las manchas de sangre que Valhalla le había hecho para evitar que se fuera y no volviera con Sørensen, algo que segundos después le iba a agradecer con todas sus fuerzas, porque jamás imaginaría que acabarían de ese modo. Quizás tendría que explicarle que siempre había estado sola, que su creador, en quién ella más confiaba la había engañado una y otra vez. Y que desde muy joven solo había conocido muy de cerca el dolor y el sufrimiento, sin parecerle ni mucho menos una excusa a su comportamiento. - Creo que alguien estaba dispuesto a todo para que volviera aquí... - Su mirada se desvió hacia el cachorro, quién le devolvió la mirada como si le diera la razón, sabiendo que había logrado su objetivo. - Ya le dije que te había hecho una promesa... - Empezó diciendo mientras seguía mirando a Valhalla, esperando que quizá volviera a pedirle que se fuera, o que después de ese momento ambos harían sus vidas como antes de que se conocieran, separándose finalmente.

Sabiendo que Selina había bloqueado sus recuerdos de lo que había pasado cuando le había secuestrado, haciendo que la mano que había sujetado el cuchillo con el que había apuñalado a Einar comenzara a temblar levemente. Porque sabía que lo acabaría recordando, aunque ella misma lo había admitido, ahora se sentía culpable, le creaba ansiedad el saber que acabaría recordando cuando se lo había clavado. Aunque luego le había sacado de allí, como había hecho en las peleas. Porque aunque sintiera que le odiaba, siempre tenía que asegurarse que no iba a morir. Ahora que se daba cuenta, nunca había querido que muriera sino era en sus manos y cuando él mismo se lo había pedido,  había sido incapaz.

En cuanto sintió como correspondía a su abrazo supo lo afortunadas que habían sido su mujer e hija, pues junto a ellas había compartido el ser marido y padre. Ahora todo lo que había observado con frialdad desde el otro lado del cristal, impasible. Apoyó su cabeza en su hombro, sorprendida por bien que se sentía ese abrazo y lo reconfortante que estaba siendo. Recordando de nuevo la primera noche en aquel bar, pensando que si hubiera hecho las cosas de otra forma, quizá habría tenido más abrazos así o encuentros como los de su cabaña pero sin venganza de por medio. Al menos ella sabía que aunque le había restregado que había tenido que hacerlo por la fuerza para hacerla suya... Se había excitado pensando en él e incluso se había tocado. Incapaz de sacarlo de su mente después de eso. Enfadada consigo misma por sentir esa fuerte atracción física, dándose cuenta ahora de que iba mucho mas allá.

Sus palabras la sorprendieron tanto que tuvo que contener sus lágrimas y hacer un esfuerzo inhumano por no echarse a llorar ahí mismo. Sin poder creerse que estuviera dándole las gracias, después de todo lo que le había hecho. De hacerlo luchar por su vida a la fuerza, de engañarlo y drogarlo. Utilizarlo para sus fines. Cuando sintió como la soltaba y luego llevaba sus manos a su rostro notó como el labio inferior le temblaba levemente y el cosquilleo inconfundible de las lágrimas. Por un perdón que no esperaba que llegaría, pero que en el fondo de su ser necesitaba. Su corazón estaba frío y muerto, pero al parecer aún era capaz de sentir.

- No mereces vivir atormentado por algo que mi creador planeó.... - Le miró a los ojos mientras hablaba- Yo... supongo que soy como él, aunque me moleste admitirlo. Por eso te hice daño y te utilicé, porque no sé hacer las cosas de otro modo. Pero esa piedra es mi forma de intentar arreglar todo lo que he roto. - Puso su mano encima de la suya, sabiendo que quizá no era suficiente.

Las siguientes palabras de Sørensen hicieron que cerarra los ojos y negara con la cabeza varias veces. No podía seguir oyendo lo que le decía, la perdonaba, después de todo. Era un monstruo, y ahora la realidad la golpeaba con fuerza, demostrándole que quizá por cosas así y por como se las había gastado en las peleas, su creador siempre había estado tan interesado en Einar. Porque sabía que tenía muchas cosas que ella jamás tendría, porque era más inteligente que ella en algunos aspectos. Puesto que los lobos eran más impulsivos y se dejaban llevar por sus sentimientos, si Einar hubiera sido convertido en vampiro habría usado esos sentimientos y esa frialdad tan propia de los vampiros para conseguir lo que quisiera. - Basta... - Mantuvo la cabeza mirando al suelo. - Vuelve a casa con tu família Einar. Yo me encargaré de mi creador... - Al menos él seguía teniendo una familia que le esperaba y le quería, ella no tenía a nadie. Pero quizá se lo había buscado con su actitud y sus ansias de poder. Además de que siempre había disfrutado de la soledad, refugiándose en ella más de lo que nadie debería.

¿Pareja? Enseguida supo a quién se refería, por lo que volvió a negar. - Andreas no es mi pareja. Es mi compañero vampiro, el único en el que confío. Pero no hay nada entre nosotros. - Andreas era como un hermano para ella, o al menos el hermano que nunca tuvo. Y aunque habían tenido algunos encuentros, ambos estaban con otras personas, pese a que tenían esa complicidad de ayudarse cuando se necesitaban. O bueno, de la pelirroja ayudarle cuando lo necesitaba, ya que se había negado en muchas ocasiones a contarle nada de Drakkar, y a día de hoy seguía haciéndolo. - Es hora de que dejes a otros que luchen sus propias batallas. Estas en paz con tu mujer, te mereces ser feliz... - Le susurró dándole a entender que ella se encargaría. Al fin y al cabo era la única que podría acabar con él, porque era quién mejor lo conocía y sabía sus puntos débiles.

Por una vez en tu vida, deja que alguien te ayude. Esas palabras resonaron en su cabeza, mientras volvía a apretar los labios, juntando su frente con la de Einar, sintiendo esa cercanía, escuchando su respiración tranquila. Manteniendo esta vez los ojos abiertos, mirándole, apreciando por primera vez el tono azulado que tenían sus ojos, quedándose así unos instantes, sabiendo que podría quedarse horas. Cariño, afecto, preocupación por el otro, miedo al rechazo, ansiedad, ganas de llorar... Todo eso era lo que estaba sintiendo, después de muchos años sin sentir nada de ello, dejándolo bien oculto y enterrado en su ser, pero que ahora florecía. - ¿Porque haces esto? - Le preguntó sabiendo ya la respuesta.

Cuando volvió a acogerla en sus brazos, no opuso resistencia, más bien ansiaba volver a estar entre sus brazos, por lo bien que se sentía ahí. Pasando sus labios por su cuello, notando como latía con fuerza, algo que sin duda quería que siguiera así, rozó con suavidad la piel de su cuello mientras volvía a pasar sus brazos para acercarse más. Acarició su espalda y después su diestra fue hacia su nuca mientras se separaba despacio. Sabiendo que no dejaría que fuera con ella a una muerte que podía ser segura, le obligaría a volver con su familia, a estar a salvo con ellos, a dejar que esta vez lucharán por él mientras se merecía descansar de una vez, sin que nadie lo arrastrara a una guerra. Cuando se separó volvió a mirarle a los ojos, de un azul intenso en ese momento, que veía con claridad pese a la poca iluminación, mientras se acercaba despacio y sentía su respiración, deseando hacer lo que debía haber pasado la primera noche que se había visto, que habían hablado cara a cara. Acercó sus labios a los de Einar, uniéndolos en un beso, pegando su cuerpo al suyo, necesitando más que nunca ese contacto físico. Pero en el fondo de su ser con miedo a que la rechazara, pese a todo lo que le había dicho de perdonarla, ella se sentía culpable.

Se separó y mordió su labio inferior mientras con la izquierda acariciaba su cuello, sintiendo la piel caliente en la yema de sus dedos. Mientras la diestra seguía descansando en su nuca, queriendo evitar así que se alejara, notando como había correspondido su beso. Haciendo que sonriera con picardía mientras se ponía encima suya, con las piernas a ambos lados de su cintura, volviendo a besarle, sabiendo que si su corazón latiera ahora iría a mil por hora.



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Irina Volkova
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Con cariño desde Moscú [Irina Volkova]

Durante unos momentos, en los que vuelve a juntar su frente con la mía centrando, volviendo a fijar su hermosa mirada en mis azulados ojos, unos ojos que ahora mismo están relajados, tranquilos, ofreciendo un tono azul intenso, como sólo se muestran cuando estoy realmente tranquilo, relajado, permito que mis labios esbocen una sonrisa igual de relajada que mi mirada a modo de respuesta a su pregunta. Sé que ella espera unas palabras, algo que le diga el motivo por el que estoy diciéndole todo esto, el motivo que me está llevando a prolongar un contacto físico que hasta hace poco me repugnaba. Pero sé que muchas veces un gesto es más valioso que mil palabras, por lo que simplemente la vuelvo a abrazar, dejándole mi cuello expuesto, para que vea que confío plenamente en ella.

El lobezno parecía captar perfectamente los extraños sentimientos que embargaban a los dos únicos seres que parecía haber aceptado como miembros de su manada, puesto que su tranquilidad y alegría ante el reencuentro, había dejado paso a una cierta intranquilidad, a una tensión que seguramente era causada por la que tanto Irina como yo desprendíamos. Y lo podía notar, podía notar perfectamente su pequeño corazón galopar velozmente en su pecho y la tensión que se había apoderado de su pequeño cuerpo, la misma que ahora sentía yo a la espera de la reacción de la pelirroja.

Sin deshacer mi abrazo, notando como el fuerte calor que desprendemos los licántropos parecía atemperar el cuerpo gélido de la vampiresa, permanezco tenso, a la espera de su reacción, como Valhalla, sintiendo mi corazón agitarse ante la incertidumbre de la reacción que mis palabras hayan causado en ella y odiando ahora mismo que su cuerpo esté muerto, que no pueda notar los latidos de su corazón o incluso su respiración, al verme ciego, privado de la información vital que se desprende de ellos, sabiendo que si pudiera sentir su corazón latir más rápido o su respiración alterarse podría tener una pista, aunque fuera mínima, sobre su posible reacción. Pero tratándose de una hija de la noche, me era imposible averiguar nada de todo eso.

Si bien era cierto que, al deshacer mi abrazo para hablarle me había parecido un ligero temblor en sus labios y un brillo húmedo en sus ojos, no podía asegurar que mis palabras le hubieran sentado como esperaba que hicieran, no parecía que otorgarle mi perdón, un perdón merecido por ella, porque a fin de cuentas ella era no era más que otro peón a manos de su Sire, otra pieza de la guerra centenaria que seguramente la jodida sanguijuela estaría librando. Una guerra en la que me había visto involucrado sin que yo fuera consciente y mucho menos sin desearlo, pero que no podía remediar, aunque sí podía cambiar, y más ahora que ya tenía el conocimiento de que estaba metido de lleno en ella. Irina estaba segura de que era igual que su creador, y eso era parte de la guerra, la había creado, moldeado y convertido en el ser que es ahora, pero algo en mi interior, y sobretodo sus acciones, aquellas que valen más que mil palabras, me han demostrado que ella es mucho más que el ser oscuro y carente de sentimientos que todo el mundo cree, que puede liberarse del dominio de su Sire, ser libre y empezar a tomar sus propias decisiones y vivir sin el temor a mostrarse tal y como desea ser, sin miedo a que nadie le haga daño por sentir, por ser feliz - "Ánya, gracias por abrirme los ojos, a pesar de lo que eso signifique para nosotros dos… tan buena, amable y comprensiva como siempre" –.

Estaba claro, por su reacción, que no iba a permitir que nadie le ayudara en lo que para ella no dejaba de ser una cruzada personal, una lucha contra quien se suponía que tenía que cuidar de ella y que se había convertido en un dictador, en un ser despiadado que la había transformado en lo que él deseaba, eliminando todas las cosas de ella que no le gustaban. La verdad es que todavía me sorprende la capacidad que tenía mi difunta esposa para entender a las personas, para ver más allá de lo que muestran y descubrir su verdadera naturaleza. Me lo demostró conmigo, cuando no vio a un simple sicario de la mafia, sino a mi auténtico yo, a aquel que mantenía oculto por miedo al dolor que me generaba. Y ahora me lo ha vuelto a demostrar, cuando me ha explicado cosas de Irina que yo no podía, o mejor dicho, no quería ver. Es por eso que pienso actuar como me recomendó, que pienso hacerle ver que no está sola, que puede contar con más gente, que hay que arriesgarse a confiar en otras personas a pesar de la posibilidad de que te traicionen de que te hagan daño. Sé que no va a ser tarea fácil, pero estoy seguro que lo lograré, poco a poco, paso a paso, lo prometí y lo cumpliré.

El suave roce de sus labios sobre mi expuesto cuello termina con todos esos pensamientos y recuerdos, haciendo que contenga el aliento instintivamente ante la certeza de que ha llegado el momento decisivo en el que sabré realmente qué es lo que está pasando por la cabeza de la pelirroja. Sin querer ni poder evitarlo, ese leve roce, genera un cosquilleo que recorre todo mi cuerpo, erizando todos los vellos de mi cuerpo casi al instante y haciéndome tragar saliva al momento, aunque sin atreverme a soltar el aliento contenido. Y no es hasta que no noto el suave movimiento de sus dedos recorriendo mi espalda que no permito que al aire abandone definitivamente mis pulmones, en un largo y tranquilo suspiro que me inclina a cerrar los ojos y disfrutar de esa caricia, del suave recorrer de sus dedos sobre mi desnuda piel y del agradable roce de sus labios en mi cuello. Odiando el momento en el que noto cómo su cuerpo se separa del mío, como sus labios abandonan mi cuello y su mano se aferra a mi nuca, consiguiendo que abra lentamente mis ojos, anhelantes por volver a ver la belleza de ese rostro enmarcado en fuego, de esas perlas de jade que los iluminan con una luz radiante, una luz que te atrapa e impide que los abandones cual agujero negro del que no me importaría caer prisionero por el resto de la eternidad.

Quedando irremediablemente atrapado en sus ojos, sintiendo cómo mi corazón y respiración se vuelven a acelerar, pero esta vez no por el miedo o la rabia, sino por el deseo, el deseo de volver a sentir su mano sobre mi espalda, sus labios sobre mi piel noto como el lobezno abandona mis piernas, como su peso desaparece lentamente al abandonar la cama, como si el pequeño intuyera que ahora mismo no debe estar aquí, que es un intruso, un observador de una escena que debería ser solo vislumbrada por las dos personas que la están protagonizando. Incapaz de apartar la vista de la vampiresa para ver al pequeño, para indicarle con la mirada que no se marche, que una parte de mi no quiere que lo haga, que necesita que se quede ahí para servir de excusa, de evitar que pase lo que otra parte de mi desea desde el primer momento en el que la vi en aquel bar.

En silencio, expectante, con el único movimiento que se produce en mi nuez al tragar saliva veo como su rostro se acerca, consiguiendo que mis ojos se vuelvan a cerrar, dejando que sea mi tacto el sentido que se encargue de trasmitir toda la información de lo que va a pasar, notando al momento el suave pero firme contacto de sus labios contra los míos, en un primer beso real, auténtico, un beso que me arranca un suave gruñido placentero, mientras mi corazón y mi respiración se siguen acelerando y mi cuerpo comienza a reaccionar contra mi propia voluntad, animado por las sensaciones que sus labios me están haciendo sentir, volviendo a sujetarla con fuerza entre mis brazos, atrayendo su cuerpo hacia el mío, deseando volver a sentir las yemas de sus dedos recorrer mi piel, explorarla, conquistarla como lo ha hecho con mi corazón.

En cuanto vuelve a separarse, a liberarme del embrujo en el que me han sumido sus labios, esos perfectos y excitantes labios, no puedo evitar mirarla, jadeante al sentir el agradable roce de sus dedos nuevamente en mi cuello. Viendo cómo se muerde el labio inferior en un gesto tan erótico que no puedo evitar que los dichosos pantalones se conviertan en una prenda realmente molesta ante la dureza de mi miembro, el cual pugna por liberarse de ellos sin mi consentimiento.

Incapaz de reaccionar ante el deseo que corroe todo mi cuerpo, alucinando completamente por lo que está sucediendo, la forma de mirarme pícara, provocadora, exacerbando la reacción de mi cuerpo, esbozando yo también una sonrisa de deseo mientras la veo sentarse sobre mi cintura, notando su agradable peso sobre ella, mirándola fijamente, dejo mis manos caer al quedar atrapado de nuevo por sus labios, esos labios que son tan bien recibidos por los míos, los cuales no tardan en abrirse ligeramente, permitiendo que mi nuevo gruñido se cuele por los suyos, inundando su cuerpo con el aliento cálido que abandona el mío.

Dejándola besarme, sintiendo mi corazón galopar por el deseo en mi pecho, mi respiración agitada no puedo evitar cerrar los ojos, y bajar mi mirada en cuando me libera de sus labios, sintiendo como mi cuerpo me está traicionando, como está reaccionando físicamente a algo que deseo, sí, que deseo con todas mis fuerzas, pero no puedo evitar que una parte de mi, se horrorice ante lo que estoy haciendo
- "¡Ostia puta Einar!, ¡Que no hace ni cinco minutos que te has despedido de tu mujer y ya estás deseando follarte a otra!, ¿Es ese el amor eterno que le juraste?" – la voz de lo que muchos consideran la conciencia, no tarda en recordarme que acabo de decirle el último adiós a mi esposa, que acabo de derramar lágrimas de dolor y pena por ello y esa parte se asquea ahora mismo del deseo que siento de poseer a la vampiresa. Es por eso que no quería que el lobezno marchar, una excusa para evitar justamente lo que estaba pasando, algo que no debería pasar aún, pero que está claro que ella desea - "Igual que yo, que también lo deseo" – no puedo evitar pensar, notando como en mi interior comienza a fraguarse una nueva lucha, una batalla entre mi deseo y mi conciencia, la eterna batalla que lleva librándose en mi interior desde que hace años, la batalla entre mi parte animal y mi parte racional.

Sabiendo que si doy el paso ahora mismo la culpa volverá a acosarme durante tiempo, una culpa por no respetar a quien amé tantos años, a quien aún sigo amando y por quien he luchado tanto en la vida, elevo mi rostro hacia el de la vampiresa, dejando que vea la súplica en ellos, que intente comprender lo que me está pasando - Nei…. Irina… vær så snill… – le suplico en un susurro, sabiendo que, aunque lo quiera negar mi cuerpo desea lo mismo que ella, acabar lo que iniciamos aquella noche en el bar, terminar lo que no pude terminar en su cabaña, pero esta vez buscando darle placer, disfrutar de su cuerpo. Por eso mismo, pese a suplicarle que pare, que no continúe no hago nada para evitarlo, incapaz de tomar la decisión de apartarla realmente de mi - Ahora no… mi… mujer… – intento hablarle, explicarle el motivo que me está obligando a parar esto a pesar de que todo mi cuerpo indica lo contrario, a pesar de tener que mover mis caderas para acoplarme mejor bajo su peso y cerrar los ojos, elevando la cabeza al aire, para soltar un profundo suspiro de placer al notar el roce de mi entrepierna contra su bajovientre.


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Einar Sørensen
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Con cariño desde Moscú
 
EINAR SØRENSEN  


Había visto varias a Sørensen unir su frente con la del Valhalla y pese a que no podía escuchar los pensamientos del lobo, si escuchaba sus latidos y por eso sabía que con ese gesto que a primera vista no parecía importante, los unía de manera muy especial. Por ese motivo, la pelirroja también había querido sentir eso, que conectaba con Einar. Aunque en el fondo le costaba creer que estuviera pasando, mucho más después del último encuentro en su cabaña, donde lloró con rabia cuando el lobo le dejó claro que no quería volver a verla. Y donde ella soñó con él durante semanas, sin poder quitarse de la cabeza que aunque la había tomado en la cabaña, no había significado nada.

Aún seguía con un nudo en el estómago recordando que horas antes, le había apuñalado, temiendo el momento donde lo recordara. Deseando poder borrarlo o volver atrás, sin embargo sabía que lo había hecho por la rabia que la había poseído en ese momento tras decirle que jamás volvería a tener una oportunidad... Ahora la noche en aquel bar le parecía tan lejana... Si hubiera sabido todo lo que sentiría después, que aquel licántropo sería quién abriría la puerta hacia sus sentimientos. Unos que creía que ya no podría volver a recuperar nunca. Ya que durante mucho tiempo había sido incapaz de sentir nada por nadie, llegando a pensar que la inmortalidad era algo que realmente más que un don, era una maldición que la torturaba día tras día.

Escuchó como los latidos de Einar se aceleraron cuando se acercó en el primer beso, haciendo que sonriera interiormente. Sin poder evitar tocarle y abrazarle, disfrutando de su contacto físico, con el que había soñado tantas veces y que había callado y ocultado en su interior. Tuvo una leve visión donde la seguía mientras subía por las escaleras, mientras ella miraba de reojo que la siguiera... Provocando con su forma de andar y acercándose a su oreja para susurrarle mientras escuchaba por primera vez ese gruñido que tanto le gustaba y le ponía. - Lo sé... - Habló con suavidad mientras acariciaba su barba despacio y le miraba, para que viera que entendía como se sentía. Pero su cuerpo reaccionaba como el de ella. Y se moría de ganas por tenerle solo para ella.

Se acercó a su oído dejando que notara su gélido aliento. - Ella descansa ahora gracias a ti.... - Besó el lóbulo de su oreja y llevó su mano a su hombro y a su espalda, acariciando cada centímetro de piel, disfrutando del contacto cálido bajo las yemas de sus dedos. - No más culpabilidad... Quiero sentirte dentro de mí... -

La última frase, en ambos sentidos. Pues había logrado llegar a su frío y muerto corazón, demostrándole que hasta los monstruos pueden llegar a sentir por alguien. Algo que para ella parecía imposible, pero que ahora entendía pues siempre había querido protegerle, aunque le hiciera daño. Nunca había podido matarle porque en el fondo sabía que si lo hacía dejaría de verle, de escucharle y de tocarle. Por eso siempre en el último momento acababa salvándole... ¿Eso era amor? ¿Había estado enamorada desde hacía años? Habían tenido que pasar por muchas cosas antes de que se dieran cuenta. La pelirroja seguía confusa y sorprendida, como si aquello fuera una especie de sueño o algo que le iba a estallar en las narices, dejando paso al dolor y la rabia. Lo que le había acompañado la mayoría de su vida...

Incluso en ese momento que la tenía encima suya, dispuesta a todo, Einar se mostraba leal a su difunta mujer. Un gesto que para la vampiresa no pasó desapercibido. No era el único momento que pensaba en su mujer, todo este tiempo, Irina había podido sentir su tristeza y su pena. Arrastrando día tras día la muerte de mujer e hija, cargándolo a sus hombros. Luchando por afrontar lo que había hecho, cuando había perdido el control. Ahora se sentía lo peor del mundo por no contarle antes todo lo que había sucedido. Pero podía arreglarlo, tenía un último intento para demostrarle al lobo que ella lucharía por su felicidad, igual que él había hecho por muchos. Mataría a su creador, que tanto daño le había hecho a ambos. Y podría seguir con su vida, junto a su familia.

Llevó su mano ahora a su pelo y tiró de él sin hacerle daño para tener mejor acceso a su cuello, el cual besó y mordió, buscando encenderle igual que estaba ella. Después volvió a besarle, pero antes tiró de su labio inferior notando su miembro contra su zona íntima, la cual empezaba a humedecerse, tan solo con el contacto y de pensar lo que pasaría si seguía. Sería el último encuentro antes de desaparecer... Esta vez definitivamente. Algo si había aprendido... No quería verle sufrir ni una vez más, ni hacerle daño. Por eso, antes de marcharse se entregaría a Einar... Quería que la hiciera suya una vez más.

Volvió a besarle y esta vez su lengua se abrió camino mientras movía despacio sus caderas, buscando que el roce entre ambas zonas fuera mas notorio. Separándose unos segundos para sonreír levemente mientras con la mano derecha empezaba a subirse el vestido. Quería sentir las manos del lobo recorrer su cuerpo, notando la calidez a cada centímetro de su piel. Agudizó el oído para escuchar sus latidos junto a sus suspiros y sus gruñidos, haciendo que sus manos fueran directas a su pantalón, desabrochando el botón y bajando la cremallera. Le miró con la boca entreabierta y los ojos brillantes, mostrándole la necesidad que tenía en ese momento de seguir adelante. - ¿Recuerdas la noche en mi cabaña? - Le preguntó con voz suave mientras le miraba con picardía.

Antes de que pudiera responder a su pregunta, tiró de sus pantalones con fuerza, sin poder contenerse más, sin querer contenerse más. Llevando su mano directamente a su miembro, el cual acarició y después cogió con firmeza. La pelirroja volvió a morder su labio inferior para después mostrar una mirada cargada de deseo. Su mano cogió con firmeza el miembro de Sørensen y comenzó a subir y bajar despacio, buscando llevarle al límite, escuchando como su corazón se aceleraba.

Al observarle sentado así en la cama, con la cicatriz que adornaba su rostro, que siempre había considerado que le hacía aún más atractivo. Al ver sus iniciales en el hombro del lobo, no pudo contenerse más y se colocó encima, abriendo aún más sus piernas, rozando con la punta la entrada de su vagina, buscando provocarle y que se dejara llevar. Buscando que sacara su lado salvaje en ese momento, mientras la penetraba. Algo que ella no pudo esperar más, por eso comenzó a mover sus caderas despacio, soltando un sonoro gemido mientras notaba como entraba en ella poco a poco.

Cerró sus ojos unos segundos y llevó su diestra a los labios de Einar para que no hablara, no quería que estropeara el momento, ambos se lo merecían, habían pasado por mucho. Movió sus caderas con fuerzas hasta que lo sintió dentro de ella. Empezó a moverse despacio y buscó sus labios con ansia.




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