31/12 ¡Último día del año, queridos habitantes del submundo! El Staff de Facilis Descensus Averni os desea una magnífica entrada de año y que os sucedan más cosas buenas que malas. ¡FELIZ 2019!


02/12 ¡Atención, atención! ¡Aquí os dejamos las noticias recién salidas del horno! ¡Pasaos cuanto antes para echar un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echar un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, usuario! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echar un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...

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Mensaje— por Viktor H. Mattheakis el Jue Feb 28, 2019 11:41 pm

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Trinity Britt Expósito — En las afueras del Pandemonium  — 00:20
Arreglándose el cuello de la nívea camisa, el brujo maldijo entre dientes lo molesto que era aquel bendito traje. No por gusto vestía aquellas serias ropas, debido a que había atendido recientemente un evento que requería etiqueta formal. Los capitanes de los diferentes distritos se habían congregado para despedir a un veterano de la fuerza policial, invitando al agente Mattheakis en un gesto amable. Luego del término de aquella despedida se habían trasladado a un bar cercano, compartiendo un par de copas y risas. El brujo se había retirado de una vez, fingiendo que debía atender temas personales.

Soltándose la corbata, dejándola en su cuello, procedió a soltar los primeros botones de su camisa. Libre, al fin, de lo incómodo de su vestir, Viktor se encaminó hacia donde había dejado estacionado su auto. Eran un par de cuadras de distancia, por lo que agradecía la instancia de poder caminar tranquilo bajo la aparente quietud de la noche. Cortos se quedaron sus deseos, puesto el retumbar de la música estridente llegó a él a tan solo la primera cuadra recorrida. Oh, claro. El Pandemonium... Era conocido entre los submundos aquel antro, un pequeño centro donde se mezclaban ellos con los humanos en busca de diversión. Deteniendo abruptamente su paso, el agente Mattheakis no quitó la mirada de aquel lugar. Y no era por lo imponente del local, sino que sus ojos estaban centrados en una persona en específico.

Redireccionando su camino hacia la larga fila de jóvenes que ansiosos esperaban la posibilidad de entrar, se acercó a un grupo pequeño. Poco le interesaba el resto de mocosos que rodeaban a su objetivo, mucho menos qué estaban haciendo, pero el problema recaía en que ella estaba metida allí.

Al parecer tenían ciertas dificultades para hacer funcionar el encendedor que uno de los pubertos sostenía, porque seguía tratando de encender su pequeño botín en vano. No faltaba ser brujo para saber qué había en aquel delgado cigarrillo. Sacando su propio encendedor para luego abrirlo con un movimiento de su mano, un pequeño chasquido y la llama encendió, acercándoselo al mocoso. Poco le interesaban las miradas de sorpresa o confusión de ese montonero de adolescentes, por lo que habló como si fuera lo más natural del mundo.

¿Necesitas ayuda con eso?

No dirigió su mirada a ella aún, pero su atención estaba clavada en esa muchachita. Casi ansiaba escuchar qué elaborada excusa le sacaba ahora, que quería saber si la podía agregar a su extensa lista. De una cosa estaba seguro y esa era que Trinity volvería a casa. Aunque le costase ponerse a la rubia en un hombro y cargarla hasta allá.




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Mensaje— por Trinity Britt Expósito el Vie Mar 01, 2019 12:39 am

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Outfit — afueras del Pandemonium  — 00:20  


Por fin podía descansar un poco. Las clases eran una mierda y las monjas unas pesadas de cuidado. Parecía que la seguían a todas partes recordándole que tenía que hacer deberes y estudiar, ¿pero de que coño se quejaban? Menos filosofía lo aprobaba todo con nota. Como era su último año no dejaban de hablar de la universidad, de lo importante que era. ¿Qué hacía? Asentir dando la razón a los tontos. ¿Qué le hablaban de universidad? A los dieciocho años la mandaban a la mierda porque el estado ya no se hacía cargo de ella. ¡¿Quién iba a pagarle la universidad?! Menuda panda de retrasados, pero ellos no querían entenderlo. Se centraban en sus pensamientos narcisistas y ególatras, en el hecho de creer que ayudaban a muchos niños inocentes y no se daban cuenta de la realidad. Que después no había nada.

De todas formas había ido de bronca arriba, bronca abajo. Ya tenía todos los papeles para la independecia y solo le quedaba que se los firmaran, pero tenía miedo de llamar al hombre del esperma. Era plenamente consciente de que no la había querido, la había abandonado con tres días de edad y no antes porque el hospital tiene protocolos, pero por algún motivo pensar en esas personas que le trajeron al mundo le hacía sentirse extraña. Los odiaba, pero en ese momento los necesitaba tan solo un minuto de su vida para poder huir del orfanato. Menuda mierda.

Así que después de semanas, y sobretodo ese día, de mucha presión habían concertado una salida nocturna. Obviamente se tuvieron que escapar, pero no era la primera vez que lo hacían y no solían pillarlas. Había tres amigos más que ya las estaban esperando al final de la fila. Todos ellos se conocían del orfanato, solo que ellos ya habían cumplido la mayoría de edad y vivían juntos para poder correr los gastos de un alquiler y la comida. Su vida era un desastre y su hogar un antro, pero le gustaba porque se sentía cómoda con ellos.

Durante un rato estuvieron hablando de las clases y la vida, Jory se fue con uno de sus amigos para colarse, y sorprendentemente les salió de fábula. Ella se quedó con los otros dos, no tenía prisa y tenía ganas de fumarse el porro. Estaba de brazos cruzados por el frío, a la espera de que consiguiera encendero y riéndose de él ante la torpeza que llevaba. Aquella noche era para dejar de pensar. Joder, necesitaba que lo encendiera. Pero fue pensarlo y caer su gozo en un pozo.

Alguien se acercó para encenderles el porro y ni siquiera le dio tiempo a mirar, porque esa voz la dejó helada. No joder, no. ¡Me va a quitar la droga!. Estaba conteniendo el aire sin darse cuenta, se había puesto recta y apretando los labios. Vamos, que no podía estar más tensa. Sus ojos al final se posaron en el y el aire salió cuando no podía mas, sus amigos la miraron como si le faltara un tornillo. ¡¿Y ahora que coño hago?! Debería estar en el orfanato y encima me pilla con marihuana. ¡Joder, el speed! Lo más disimuladamente posible sacó la bolsita de pastillas que tenía en un bolsillo del abrigo y las puso en un del trasero, rezando por todos los medios que el agente de FBI no se diera cuenta.

Pero no tenía los ojos puestos en ella... Aun. ¿Y si se iba por patas? Jory lo entendería, claro. Lo pensó durante unos segundos, incluso dio unos pasos hacia un lado para huir, pero otra parte de ella tampoco quería irse así. Maldijo en su fueron interno. ¿Qué más daba? Dudaba mucho que su plan de fuga funcionara. Y entonces uno de los subnormales de sus amigos, después de pegar un calo le ofreció a Viktor con un gesto de mano. Dios, iban a acabar todos en chirona. Rápidamente le bajó la mano y se puso en frente.

- ¿Sabes que es terapéutica? Es muy sana fumarla de vez en cuando.- ¿Le colaría eso por el soplo en el corazón? - Alivia dolores, te desestresa... Por favor no me lleves al orfanato.- No sabía que pedir a Dios exactamente, si el hecho de que no se hubiera dado cuenta de lo del speed, si que no le quitara la marihuana o directamente que no la llevara a su supuesto hogar. Con lo último se conforma.


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Mensaje— por Viktor H. Mattheakis el Vie Mar 01, 2019 2:39 am

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Trinity Britt Expósito — En las afueras del Pandemonium — 00:20
No entendía cómo demonios siempre terminaba de frente contra algún juego cruel del destino. Tenía los suficientes años como para haber comprendido el destino trabajaba, pero cuando llegaba a pensar que lo tenía todo ordenado, llegaba con otra maldita sorpresa. Y eso había sucedido con Trinity. En un principio no había visto peligro alguno en la cercanía de la niña, ni mucho menos el que terminara tomándole cierto cariño, pero fue cuando se le apareció la oportunidad de adoptarla comprendió que estaba parado justo bajo una trampa más. Las parcas querían hacerlo volver a sufrir la pérdida, tal como había sucedido con Erianthe; el hecho que fuera mortal lo ponía en la exacta posición que había tenido con su fallecida hija. Vería, sin poder detenerlo, cómo ella iba sintiendo el paso del tiempo en su cuerpo mientras que él permanecía estático, sin cambio alguno.

Por lo que había tenido que contentarse con ser un observador, ajeno a la vida de la niña.

Y aquella noche, mientras escuchaba aquellas palabras, quiso destrozar lo primero que se le pasara por enfrente. Sabía qué sucedía en aquel maldito agujero, sabía lo que ella había tenido que vivir dentro de esas paredes, pero no podía hacer más que morderse las ganas de intervenir. Manteniéndose impávido a sus intentos de evitar que les quitara las drogas que portaban, el brujo al fin fijó sus ojos en los ajenos.

Oh, claro. Sobre todo dolores crónicos que sufren ustedes, claro que lo sé. ¿Qué? ¿Les duele la cabeza de tanto que ruedan los ojos? — Su excusa no había servido de nada más que para cabrearlo un tanto más. No tenía derecho de regañarla ni de hacer de figura de autoridad, porque a duras penas podía llamarse amigo cercano de la muchacha. Lo que le repateaba era que se estaba adentrando, intencionalmente o no, en algo que era muy joven para entender. — Menuda...

Se detuvo antes de soltar el juramento que le quemaba la lengua. Respirando, profundamente, guardó su encendedor y negó. Tampoco quería devolverla al orfanato, pero qué otra opción tenía. Tomándola del brazo, prestando atención de no herirla en el proceso de instarla a que lo siguiera, puso algo de distancia entre ellos y los "amigos" de la rubia.

No te llevaré de vuelta.— la tranquilizó.— Pero sabes bien que no dejaré que te drogues. Por lo que tienes que decidir: no toco la hierba que tus amigos traen, ni esa cosa que guardaste en tu bolsillo, a cambio que vengas conmigo. O te dejo tranquila, pero todo se viene conmigo.

Ni idiota la dejaría allí, con ese puñado de mocosos que parecían tener la palabra problemas escrita en la cara, pero tenía derecho a decidir. No sería él el que forzaría su voluntad sobre ella.

Sabes que no me costaría nada informar de esto. Además que dudo que tus amigos quieran pasar la noche en el calabozo de la comisaría por posesión de drogas.

Le estaba arruinando la noche, de eso estaba seguro, pero prefería eso a que terminara viéndose en problemas por unos idiotas descerebrados.





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Mensaje— por Trinity Britt Expósito el Vie Mar 01, 2019 11:59 pm

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El mundo estaba en su contra, no había otra explicación razonable a lo que le ocurría. Desde que había nacido había ido de desgracia en desgracia y parecía que nunca le salían bien las cosas. Era como esa ley del tío ese, que siempre podía pasar algo peor... El Murphy ese. Eso. Omg, ¿cómo podía catear filosofía? Más chorrada que esa ley no había, pero se acordaba perfectamente de ella. De todas formas, pues eso, que el señor raro tenía razón. Sieeempre podía pasar algo peor, quedaba demostrado.

Pero bueno, ahí estaba, enfrentándose a un agente del FBI con droga encima. Y con unos retrados como amigos que no se habían ni replanteado que era sospechoso que un hombre de esa edad les ofreciera el mechero para encenderles el porro. O sea, como mínimo de la secreta. Porque era Viktor, y lo conocía desde que era pequeña, porque sino habría salido por patas en cuanto le viera el jeto. Estaba claro que no tenían dos dedos de frente, era la única coherente de allí. Probablemente por eso nunca se habían metido en problemas graves, era la voz de la conciencia... Aunque en ese momento se sentía más bien la delatora.

Se quedó contemplandó los ojos de Viktor cuando por fin la miró, sintiendose estúpida por esa excusa absurda. Era más inteligente que eso, pero las que se le pasaron por la cabeza eran para inculcar al resto y ellos jamás se harían algo así. Era una ley del orfanato, protegerse mutuamente. Bueno, por lo menos del grupo que eran porque solo se tenían entre ellos. Menuda estúpidez realmente, porque aunque aquello se cumpliera siempre, solamente le importaba Jory.

En ese momento no se atrevió a abrir la boca. O sea, la iba a cagar más seguro. No tenía escapatoria. Por lo que se dejó llevar al margen de sus amigos, esperando unas palabras de Viktor. Era curioso, claro, porque ella no se dejaba tocar por los hombres, mantenía una distancia a veces exagerada y su reacción innata era alejarse o apartarse de golpe. Con él era distinto. Apareció en un momento de su vida... Bueno, ¿qué cojones? Apareció en el peor momento de todos y aun hoy en día pensaba que si él no hubiera estado se habría acabado volviendo loca de verdad. En cambio, saber que al verlo le hacía sentirse protegida había sido una gran ayuda cuando era pequeña. Incluso hoy en día cuando tenía miedo y se levantaba entre pesadillas pensaba en él.

Vale, la primera frase empezaba bien. Un suspiro de alivio salió de sus labios porque realmente no quería ni podía volver allí aquella noche, necesitaba descansar de todas las mierdas que le carcomían la cabeza. Y... ¿Había dicho de irse con él? Una alegría extraña se aposentó en su cuerpo y una leve sonrisa que intentó ocultar rápidamente se apoderó de su rostro. Le parecía un trato justo. O sea, la elección era sencilla, quería irse con Viktor. Oh, joder, ¿pero qué coño pensaba? O sea, tenía como cincuenta tacos y prefería pasar su tiempo con el agente que con cualquiera de sus amigos o incluso su chico. Ese pensamiento fue un mazazo. No. No había que pensar en eso. ¡¿Estaba tonta o qué?!

-Eso no es drogarse realmente. Es... ¿Desestresarse? Y a mi me ayuda cuando me duele el pecho. - Joder, encima le había pillado las pastilas del bolsillo. No sabía donde meterse. Nunca se había sentido como esas niñas pijas que debían tener cuidado no fueran a verle sus padres o amiguitos de sus padres, era una de las ventajas de ser huérfana. Desde luego la posibilidad de encontrarse con Viktor no estaba en sus pensamientos.

Y entonces finalizó con una frase... Una frase que hizo que le mirara con la boca abierta. ¡¿Qué?! Apartó rápido la mirada mientras apretaba con fuerza la mandíbula y los labios, realmente cabreada. Capullo. Todo el buen rollo que había sentido al pensar en irse con él se había evaporado de golpe. Se sentía pequeñita, no quería que se enfadara con ella pero joder. Con paso firme y contundente fue donde sus amigos, dejándoles las pastillas. Escuchó quejas de ambos mientras se giraba para volver con el hombre, querían que volviera y que pasara de él. Lo que demostraba lo retrasados que eran.

- Que sepas que esto es coacción.- Metió las manos en los bolsillos del abrigo. Ni siquiera le había dado una calada al porro. En ese momento aparecieron unas chicas super despampanantes, de su edad probablemente. Se las quedó mirando unos segundos mientras usaban los móviles. Ella no podía permitirse nada de eso. Su comunicación con el mundo exterior se basaba en el teléfono que controlaban las putas monjas. Y encima la ropa. Siempre que salía todas iban super maquilladas y con unos vestidos preciosos. Trinity no tenía vestidos, toda su ropa era de segunda mano, la mayoría dada por la gente para poder vestirlos. O sea, que la gran mayoría de su supuesta ropa le venía grande.- ¿A dónde vamos? - Le miró otra vez, queriendo apartar su mente de la rabia que se le había sumado al ver a aquellas chicas que tenían de todo.- ¿Venías de una cita o qué? Vas tan arreglado como esas gilipollas. ¿No te estaré estropeando una preciosa noche?


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Mensaje— por Viktor H. Mattheakis el Miér Mar 06, 2019 3:42 am

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Parecía chiste ver a un ser como lo era él, antiguo y temido por muchos, cabreado por algo tan mínimo como era la actitud de una cría humana. Ella no tenía ni el 10% de los años que él tenía en el cuerpo y aun así hacía que tuviera que trabajar la mandíbula para no soltarle grito vivo en medio de ese montón de hormonados. Concentrándose en respirar y controlar su temperamento, el sabueso se cruzó de brazos de una vez para esperar la respuesta que deseaba oír de ella.

Y aquella vena autoritaria no tardó en mostrarse cuando vio la frustración en sus delicados rasgos. Había ganado. Esta vez tuvo que reprimir una sonrisa socarrona ante aquella batalla de voluntades, porque era el adulto en esa situación y si lo vieran regodeándose de eso, pues mandaría al trasto cualquier respeto que ella le tuviese. Conservando una pequeña sonrisilla en los labios, el brujo la guio fuera de aquel tumulto de gente. No le pasó desapercibida la mirada que ella le había dado al grupo de muchachas que se alejaban parloteando. Estaba claro que ella deseaba cosas, ansiaba tener aquello que otros consideraban parte de fundamental de sus vidas y sin darse cuenta terminaban por desperdiciarlo. Una jodida lástima...

Primero, iremos por mi auto.— le respondió, ladeando su rostro hacia ella.—¿Tienes hambre? Que me apetece pasar por algo.— mirando su reloj de pulsera, el brujo sopesó la idea de ir a algún lugar en específico.— Aunque a esta hora dudo que podamos encontrar un lugar decente.

Arqueando una ceja ante aquel pintoresco uso del lenguaje, Viktor se dio una mirada y frunció el ceño. Aquello era uno de sus trajes más viejos que tenía, incluso había tenido que cabecearse para no aparentar más dinero que un agente normal poseía. Porque la realidad era una muy diferente para Viktor. Estaba forrado, de tal manera que el dinero había dejado de ser un motivo para tomar un trabajo. Era casi excesiva la suerte que había tenido Viktor para amasar su fortuna, que en un intento de limitar sus posesiones había invertido en prospectos de negocios destinados a fallar. Cual había sido su sorpresa al saber, años más tarde, que poseía acciones de empresas de calibre mundial.

¿Cita? Claro que no. Un compañero del distrito se retiraba y me invitaron a su despedida. Había que ir formal, así que tuve que empaquetarme en traje y corbata. — mirándola un momento, el brujo se volvió serio.— Y no, Trinity, no me estas arruinando la noche. Incluso me alegro de haberte encontrado, que hace mucho que no te veía.

La presencia de la muchachita estaba lejos de ser un problema para Viktor, que disfrutaba de sus comentarios ácidos y lengua mordaz. No tenía más panoramas para aquella noche más que volver a casa y tratar de matar algo de tiempo hasta que el sueño lo venciera. Recordando el nombre de un viejo conocido, Viktor sacó su móvil y llamó al viejo italiano que le debía algunos favores.

Ahora que lo pienso, creo que sé del lugar perfecto donde podemos ir. — le dijo a la rubia, momentos antes de acercar el móvil a su oído. La voz grave y cabreada del italiano le llegó entre un murmullo agitado. Estaba en la cocina, como siempre.— Hey, Giovanni, tanto tiempo. Lo sé, lo sé, será breve. ¿Tienes una mesa para dos disponible? Perfecto. Si, voy en camino. Luego arreglamos eso, tranquilo. Considéralo como un favor, una petición de un amigo. Nos vemos, ciao.— cortando la llamada, Viktor rio por lo bajo ante la violenta efusividad del hombre. Era un maestro en su arte, pero tenía un humor de mierda que hacía algo difícil tratar con él.

Bien, tenemos un lugar donde ir. ¿Te gusta la comida italiana? — le preguntó, sacando las llaves de su auto y apretando el seguro. Un breve pestañeo de los faroles acompañado de un pitido bajo le indicó que las puestas estaban abiertas. Bajo la oscuridad de la noche, el negro de su Mustang parecía fundirse en las sombras, siendo solo el brillo de los cromados lo que delataba su presencia allí. Abriéndole la puerta del copiloto, el brujo esperó a que ella entrara.

Considera esto como una posibilidad de venganza. Todo lo que pidas correrá por mi cuenta.

No había tenido oportunidad de hacer ese tipo de gestos con ella, por lo que aquella noche compensaría varias faltas que había cometido. Primero, por aguarle sus planes y, segundo, no actuar como un verdadero amigo lo hace en todos esos años.
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Mensaje— por Trinity Britt Expósito el Miér Mar 06, 2019 6:32 pm

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Aquella situación era un tanto extraña. No era la elección entre sus amigos y Viktor lo extraño, aunque no pensaba admitirlo que se hubiera ido con él solo con preguntarlo, era más bien como se sentía en ese momento. El hecho de no querer decepcionarlo, el de sentirse pequeña a su lado sabiendo que podría estar enfadado de verdad... Joder, eso le acobardaba mogollón. Pero realmente él no era su padre, por mucho que lo hubiera deseado de niña, no lo sentía como tal. Agh, no se entendía ni ella misma por lo que prefirió dejar de pensar en ese dilema. Quería estar con Viktor y punto, además por muy cabreada que ella estuviera no quitaba sus animos de pasar su tiempo con el hombre.

-A esta hora vas a encontrar turcos, hamburgueserías...- ¿De verdad vamos a ir en coche? Era gracioso imaginárselo. Ella, que se alejaba de los hombres a mínimo un metro de distancia, en un coche con uno. Quien la conoce no se lo creería.- Pero si, yo siempre tengo hambre.- Era una mierda. Siempre había comida justa por lo que muchas veces les dejaba parte de sus raciones a los más pequeños, o aquellos que acababan de llegar al orfanato. Lo necesitaban más que ella.

Con las manos en los bolsillos siguió a Viktor, suspirando al negar lo de la cita. Se sentía aliviada y curiosamente su enfado estuvo a punto de extinguirse simplemente por eso. A punto, porque los resquicios aun quedaban. Esa noche más que ninguna otra necesitaba el porro para desconectar. Oh, mierda. ¡¿Cómo coño se lo cuento?! En ese momento vinieron las imágenes de la mujer del óvulo en la cama, la llamada telefónica al hombre del esperma, los papeles, el hospital... Buah, si se había cabreado al verla con droga, ¿qué pasaría con todo lo demás? Se masajeó los ojos, cansada porque aquella noche era para olvidar y se había encontrado con que el destino se le reía en la puta cara.

-Te queda bien. El traje.- Miraba hacia el frente otra vez, estaba sin poder esconder la sonrisa. Sus palabras habían hecho que volviera a dejar todo aquel marrón atrás.- Yo también me he alegrado... Hasta la coacción. Bueno espera, cuando he oido tu voz casi me ha dado un infarto.- Soltó una carcajada.- Te juro que me he visto en la carcel cuando el retrasado te ha ofrecido una calada. - Se mordió en labio inferior antes de suspirar.- Pero en realidad me alegro mucho de verte. Me hubiera ido contigo solo con pedírmelo, para la próxima vez que me pilles.- Porque algo le decía que no iba a ser la única vez que eso pasaría.

Se le quedó mirando mientras cogía el móvil, alzando una ceja sin comprender bien que estaba haciendo. ¿Dónde cojones quería ir? ¿Giovanni? Escuchó con atención mientras contemplaba su alrededor sin mucho interés. Demasiada gente hacia la misma dirección. Y unos fumando... Así tendría que estar ella: Colocada. Suspiró para volver a mirar a Viktor, observando aquella risa ante lo que fuera que le dijera su contacto. Ladeo el rostro, un poco confundida mientras la pregunta entraba en su cabeza. ¿Comida italiana? Puff... Eso valía una pasta.

-Si, claro. ¿A quién no le... gusta? -Abrió los ojos de golpe al ver coche. ¡La virgen! ¡¿Pero no era un agente del fbi? - ¿Cuánto te crees que como? Es imposible que consiga vengarme a base de comer, te salgo super rentable.- No entró al coche de primeras, se quedó observando el gesto de Viktor sorprendida durante unos breves segundos. ¡¿Pero que cojones me pasa?! - Gracias.- Para cuando se sentó, se puso el cinturón de seguridad y se dejó resbalar en el asiento. Se sentía pequeña, insignificante en comparación a él. Y aun así no había desaparecido nunca, siempre volvía a verlo. Y había sido la única persona, aparte de Jory, a la que jamás había querido perder.- ¿Sabes como podría vengarme a conciencia? -sonrió divertida.- Dándome clases de conducir. No digo ahora, claro, pero estaría bien que alguien me enseñara. Asi te vería más a menudo.- Eso último lo dijo más bajito, de hecho no quería decirlo en voz alta por lo que rápidamente dirigió su mirada hacia el exterior un tanto avergonzada.- Por cierto, he pedido la emancipación. Tengo la vista en en semana y media.- Y pum, soltó la bomba. Si le daban la emancipación se iría del orfanato, el estado ya no se haría cargo de ella... Y tenía muchas esperanzas en poder irse de ese lugar.





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Mensaje— por Viktor H. Mattheakis el Miér Mayo 08, 2019 5:22 am

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Trinity Britt Expósito — En las afueras del Pandemonium  — 00:20
Inclinando la cabeza en un asentir, el brujo agradeció el comentario.

Gracias. Tengo un gusto terrible a la hora de vestir, así que me tranquiliza el saber que no hice el ridículo eligiendo el traje.— No mentía en aquel detalle, que jamás había sido su prioridad el cómo vestía. Carraspeó, a sabiendas de que no debería estar diciéndole eso. Maldita sea, si no era su padre para estar dándole sermones. — Me preocupa la inteligencia de tus amigos. Y creo que sabes cuál es mi opinión respecto a lo que estaban haciendo. — Metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón, Viktor eligió sus palabras con cuidado.— Solo… no son buena compañía. He visto demasiado casos como esos como para saber en qué terminan y detestaría ver cómo te diriges hasta ese final.

Limitando sus palabras a ese breve comentario, el brujo se tragó la lista de razones de porqué debía alejarse de ese grupo de escorias. No quería tornar aquella noche en una pelea. Fue testigo silencioso de la reacción de la rubia al ver su vehículo, sin poder guardarse la diminuta sonrisa socarrona que tiraba de sus labios. Cerrando la puerta una vez que ella se había acomodado en el asiento, el brujo rodeó el auto y se alistó para iniciar el viaje. Mientras pasaba el cinturón de seguridad, Viktor se quitó al fin de la maldita corbata que seguía olvidada en su cuello y la lanzaba despreocupadamente hacia el asiento trasero. Fingiendo que aquella idea le daba cierto temor, le dio una mirada a su copiloto.

Eso sí que sería venganza, que me dolería en el alma ver algún raspón en la pintura. Es broma, claro, que no es mala idea. Depende de ti. Dime el día y la hora, yo me las arreglo para quedar libre.— El suave ronronear del motor dio aviso de que se pondrían en marcha, pero antes de siquiera moverse escuchó lo que nunca se había esperado. Con la mirada fija en el camino fuera del parabrisas, Viktor digirió lo que significaba aquello para Trinity. Luego de un latido, la mirada jade del brujo pasó a la muchacha, quien había girado la cabeza hacia su ventana. Se mantuvo así, fija en ella hasta que el silencio se volvió demasiado pesado en aquel pequeño espacio. Acelerando, el brujo decidió que era mejor enfocarse en manejar por ahora, que su cabeza era un hervidero de pensamientos con semejante noticia.

Cambio. Girar a la derecha. Cambio. Detenerse en el rojo. Acelerar. Permitir el paso de peatones. La monotonía del camino le permitió poner orden en el caos. Aquella decisión no era solo un respiro de alivio para Trinity, ya libre de las penurias de vivir en semejante lugar y lejos de cualquier peligro que conllevaban el vivir entre esas paredes. También lo era para Mattheakis. Solo que había más en aquella decisión que el ser libre del orfanato y eso era lo que preocupaba al hijo de Lilith. Si bien Trinity era una muchacha madura para su edad, producto de las duras experiencias que había enfrentado en su corta vida, aún era joven. Llegando al fin al restaurant de Giovanni, el brujo estacionó cerca de la entrada y apagó el motor. Inspirando profundamente, se apoyó en el volante y al fin encontró la mirada cristalina de Trinity. En aquellos ojos verdosos no había enojo o violencia alguna, solo la tensa preocupación que aún lo aquejaba.    

No te puedo decir qué hacer con tu vida, ni tampoco hacer de juez en tus decisiones, por lo que no escucharás de mi boca algo en contra de esto. Porque sé bien que no estas tomando esta medida sin antes haber pensado bien qué harás luego, confío en ti respecto a eso.  Por lo que quiero saber tu plan, cada detalle de esto. Quién te está ayudando con este proceso, si ya has contactado a las personas indicadas para que firmen los papeles, qué harás luego. — su voz se había tornado seria, cautelosa, conservando en todo momento un tono bajo. Deteniéndose un momento, el brujo trató de tranquilizarla al esbozar una sonrisa amable.— Además de en qué puedo ayudarte, que ya no hay manera alguna de que me puedas sacar de esto.

Ya no era una niña, lo tenía claro, pero le preocupaba qué sucedería una vez que todo estuviese concretado. Por lo que quería tener claro qué le deparaba a aquella muchacha a su lado y, por sobre todo, necesitaba hacerle saber que estaría cerca, aún si no necesitaba de su ayuda. Liberándose del cinturón de seguridad, el brujo indicó con un gesto que ya era hora que bajaran.

Vamos, hablemos de esto allá adentro.

Bajándose del auto, Viktor hizo su mejor esfuerzo en mantener la compostura. Esperándola, para juntos subir al restaurant, el brujo alzó su mirada hacia el cielo nocturno. Perdiéndose por un segundo en la inmensidad de la estrellada oscuridad.




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Viktor H. Mattheakis
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Too late for second thoughts now, missy ▲ T. Expósito Empty Re: Too late for second thoughts now, missy ▲ T. Expósito

Mensaje— por Trinity Britt Expósito el Jue Mayo 09, 2019 12:32 am

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Outfit — afueras del Pandemonium  — 00:20  


Alzó una ceja, sorprendida por lo de sus gustos para vestir. Nunca había considerado que el agente complementara mal su vestimenta, aunque quizá tampoco había prestado mucho atención. Por un instante intentó recordar las últimas veces que le había visto, pero rápidamente pasó a un segundo plano cuando empezó a hablar de sus amigos. No el hacía gracia, porque no los conocía y no tenía derecho a juzgarlos realmente. Eran buenas personas, habían estado en momentos muy difíciles para la rubia y siempre la habían protegido y respetado, aunque otra parte de ella no podía negar que tenía algo de razón. Desde que habían empezado a juntarse con una banda las cosas se habían tornado incómodas para ella y por algún motivo no se tomaban en serio sus palabras. Aquello era peligroso.

-Son lo único que tengo.- No le miraba a la cara, porque estaba molesta pero a la vez agradecía su preocupación. Preocupación que en parte ella misma compartía, pues sabía que juntarse con ellos se estaba tornando peligroso.- La marihuana me ayuda con el corazón, y las pastillas que me has pillado, me ayudan a olvidar que tengo hombres a mi alrededor. Es la única forma en la que puedo salir a discotecas o ser simplemente una chica normal. -Respiró hondo.- Además, no los conoces. Me cuidan, han estado conmigo desde pequeña. ¿Por qué tienes que juzgarlos así? Yo soy la que decide lo que se toma. Y te recuerdo que no eres mi padre.- Con esa última frase apretó con fuerza la mandívula. Era la persona más importante para ella, pero era inevitable pensar en que la dejó tirada en el orfanato. No la sacó de allí. Nunca me quiso lo suficiente. No era la primera vez que lo pensaba y probablemente no sería la última.

Ya una vez en el coche, sintiéndose totalmente pequeñita ante semejante ejemplar que sabía era caro de cojones, sonrió levemente ante el gesto de Viktor. Claro, como iba a conducir aquello. Se rió un poco, pensando en lo que pasaría si le diera un mínimo golpe a ese auto. ¿Se volvería loco? ¿O le daría igual? La verdad es que no entendía muy bien como podía tener un coche así. O sea, ¿cuánto cobraba esa gente? Suspiró, de todas formas tampoco importaba mucho.

- Hablaremos después de mi cumpleaños. Será un gran regalo.- Después soltó aquello que la dejó mirando hacia la ventana. La había liado, pero sus labios habían tomado vida. No lo pensó mucho cuando le dijo lo de la emancipación. Desgraciadamente eso conllevaba a contarle muchísimas más cosas y no estaba segura de como se lo iba a tomar.

Todo el camino se realizó en silencio, ella simplemente se quedó encogida, cerrando los ojos al cabo de un rato. No los abrió hasta que no escucho la voz de Viktor y posó sus ojos claros sobre los ajenos. Sus palabras la dejaron sorprendida, algo que se mostró claramente en su rostro. Pero había algo en el de él que no terminaba de descifrar. ¿La estaba apoyando o no? Y entonces esa sonrisa que le creo una especie de mariposas en el estómago. Abrió la boca y la cerró rápidamente. ¿Iba a contar con él para ello? No lo había pensado en verdad. Nunca había tenido reparos en contarle sus cosas, pero una cosa era eso y otra pedirle algo. No recordaba haberlo hecho, pero porque Trinity quería valerse por si misma. No quería la ayuda de nadie.

Sin pensarlo mucho siguió al agente dentro del restaurante, donde los llevaron a una mesa de dos y les tendieron la carta. En voz baja dijo que quería beber cuando el camarero se lo preguntó mientras miraba la carta y se preparaba para contarle todo lo que debia. Había hecho muchas preguntas y su cabeza no estaba del todo enfocada en ello. Era una noche para olvidar y se había convertido en una noche de explicaciones. Suspiró y sin pensarlo le señaló a Viktor la carta con una sonrisa, donde ponía "vino tinto". A ver si colaba y por lo menos se podía tomar un par de copas. Esperó a que el camarero se fuera y posó sus ojos en los jade del hombre, volviendo a sentir extraña. No entendia porqué se sentía así con él.

-Es un poco complicado, ¿vale? - Aunque por un instante lo intentó no consiguió apartar su mirada. Hacía mucho que no lo veía y sentía que podía desaparecer en cualquier momento si lo perdía de vista. Menuda estupidez.- Hace unas semanas apareció... Uhm...- ¿Cómo cojones debía llamar a esa mujer?- La mujer que me dio la vida. Decidí ir a verla y me contó sobre el hombre del esperma. En general sobre la que debería ser mi familia. Total que murió poco después. Me enteré por eso de que él no había firmado los papeles del cese de derechos sobre mí y para la emancipación lo necesito. Por lo tanto lo he llamado. Vive a tomar por culo y me ha dado el número de su hermana que vive en Nueva York. -Suspiró, de verdad quería olvidarse de ese tema que la carcomía.- Mi idea es que firmen esos papeles e irme a vivir con mis amigos, buscaré trabajo en cualquier lugar y ya está. Lo único que quiero es salir de allí, aunque no tengo muy claro como convencer a la jueza de que me la de. - Se quedó un momento en silencio.- A una amiga le dijeron que necesitaba un tutor, un adulto que se responsabilizara de ella y la trabajadora social lo hizo, prácticamente la adoptó. Pero sabes que yo no soy santo de devoción de nadie y como me toque a esa jueza estoy jodida... Suele ser la que lleva nuestros casos. De todas formas tengo ahorrado algo de dinero y como tampoco puedo cobrar la herencia de la muejer que me dio la vida, pues eso... - Fue entonces que se dio cuenta que había hablado demasiado y le sonrió como forma de disculparse.- Estoy hablando demasiado y la verdad es que no quiero hablar mucho de ese tema. Hoy era una noche para olvidar hasta que me has quitado la droga. - Le sacó la lengua, haciéndose la indignada.



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Gracias Alyssa
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