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Mensaje— por Steve Goodweather el Dom Jun 23, 2019 7:57 pm

Fecha: 23 de junio de 2019.
Hora: 23:40.
Lugar: Zona comercial.

El viento silbaba para atravesar los oídos de Steve Goodweather. El joven se sostenía de pies cruzados, con la mirada perdida en el horizonte; un horizonte que estaba teñido de oscuridad y negrura. Un horizonte cerrado por la presencia de más edificios y de tiendas como las que encontrarías en el Camden Town de Londres. A tan altas horas de la noche, los únicos establecimientos que seguían abiertos eran los bares y los restaurantes. La mayoría de negocios cerraba bastante más temprano. Muchos aprovechaban que algunos vendedores dejaban sus estantes para robar. Steve los había visto en más de una ocasión.

Sin embargo, su misión como Cazador de Sombras se limitaba a cazar las sombras sobrenaturales, no las que generaban los propios humanos. Eso era problema de la policía de los mundanos, así como problema suyo. La Clave no se responsabilizaba tanto de ellos.

Además, de un modo u otro, el desprecio que sentía Steve por los demonios hacía que se volviese imposible pensar en otra cosa. Vivía para cazarlos y, si podía, para aniquilarlos. Soñaba que, algún día, los erradicaría por completo. Sabía cuán descabellada era semejante idea, pero por eso digo que soñaba. Steve no tenía del todo claro cuál era su objetivo en la vida. Desde que sus padres habían sido vilmente asesinados por los demonios, sólo pensaba en acabar con las criaturas de la noche. No con los vampiros, y tampoco con los licántropos. Las brujas le daban miedo desde pequeño, aunque lo ocultase relativamente bien cuando así lo deseaba. No. Sólo los demonios ocupaban su mente.

Hoy no se encontraba tan de buen humor como de costumbre. Mantenía una mirada recia y seria. Estaba pensando en sus padres. Se había cruzado de brazos, y se percató de lo perdido que estaba en sus propios pensamientos cuando una mano tembló. De improviso, se giró y arqueó una ceja. Había escuchado unos pasos a sus espaldas.

Bajo las sombras pudo hallar un cabello moreno. Precioso, liso, visible aún bajo el manto de la noche. Unos ojos de un color que no reconoció de inmediato debido a su claridad. La oscuridad lo había envuelto por completo, a él y a todo lo que le rodeaba...

Ésta debía ser la chica con la que lo habían asignado a la misión de esta noche. Una excusa perfecta para matar demonios. La premisa parecía ser simple, como gran parte de las misiones que Steve había recibido hasta ahora. Era joven, y no había vivido suficientes experiencias como para pensar que su vida como Cazador de Sombras se había visto marcada por el trabajo, el sudor y el esfuerzo de los mejores de su categoría. Lo único que lo había marcado en la vida había sido la muerte de sus padres.

Tragó saliva y dio un paso hacia la joven. De inmediato detuvo una mano que había pretendido tocar el hombro de esta última, pues Steve supuso que podía parecer demasiado invasivo o agresivo si se presentaba de forma tan cálida. En cambio, miró fijamente a los ojos de la chica y asintió.

Debes de ser con quién trabajaré hoy. Es todo un placer. Me llamo Steve. —Ofreció su mano para que fuese ella quién escogiese si quería tocarlo o no. Luego, arqueó una ceja mientras analizaba el semblante de la joven y trataba de ver algo más a través de sus ojos.

No sería fácil, lo sabía. La noche no ayudaba para nada. Pero echarle todas las culpas a ella sería una excusa muy pobre. Steve se había dado cuenta desde el primer momento de que esta chica era todo un misterio, y quizá lo seguiría siendo para siempre. Había algo en ella que despertaba su curiosidad, pero también que rechazaba sus instintos y aptitudes.

Trataría de no pensar en tales sentimientos, siempre y cuando su nueva compañera probase ser útil y competente. Había venido a matar demonios, no a ser masacrado por ellos.

Deberíamos ponernos en marcha —propuso, haciendo un gesto con la cabeza para pedirle que lo siguiera. Se aseguró de tener la daga en su sitio. Sí, estaba listo.


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Mensaje— por Alyssa Olivetti el Dom Jun 23, 2019 10:43 pm

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23 de junio →  23:40h  → Zona comercial


Alyssa caminaba taconeando por las oscuras calles de Nueva York, pero el sonido se amortiguaba, apagado por la enorme algarabía de personas que pululaban por las calles riendo, charlando y celebrando que la noche es joven. Ella misma habría sido una de esas personas, encantada de ponerse un negro vestido ajustado e irse a bailar con su mejor amiga, pero aquella noche todo eso se antojaba lejano, apagado por la realidad de que tenía que salir a matar y hacer su trabajo. Cuando Augustus le había informado de que no solo le tocaba patrullar si no que encima sería con un recién llegado y buscando demonios, se le escapó un audible taco en italiano.

Seguía caminando por la acera encaminada al punto de encuentro, como se le estaba haciendo largo el paseo sacó unos pequeños cascos de color negro, del mismo tono del que iba vestida y toda de cuero, atuendo que acostumbraban a llevar los cazadores, y se los puso reproduciendo una animada canción sobre amor, pero no fue capaz de prestar demasiada atención a la letra, sin embargo notó que el ritmo se apoderaba de ella porque comenzó a andar de forma rítmica, sin duda era muy pegadiza.

Canción

Antes de lo que esperaba y acompañada por aquel "Come and get your love" llegó a la zona comercial, nuevamente petada de gente en los numerosos bares y sitios animados. Sin quitarse los cascos buscó por allí al cazador, el cual ni siquiera sabía como era, solo que eran de una edad similar. Vio una espalda con cuero negro en un pequeño rescoldo entre dos calles y supo que había dado con quién tenía que encontrarse. No le hizo falta llamarle porque él parecía haber notado su presencia de inmediato y se había dado la vuelta ya. Arqueó una ceja que enmarcó su ojo izquierdo y observó al cazador, parecía de complexión menuda pero engañaba, a menudo los cazadores parecían sencillamente delgados o finos pero tras la ropa oscura se escondían cuerpos perfectamente esculpidos y entrenados para matar.

Observó también que tenía unos enormes ojos castaños enmarcados en una cara de niño bueno y un cabello que acompañaba dicha imagen general. Cuando él se presentó se quitó los cascos, no había escuchado absolutamente nada, muy educada ella.- Perdona, llevaba música y no he entendido nada pero imagino que me has dicho tu nombre. -dijo con un perfecto inglés y un suave acento italiano, mientras se quedaba mirando su mano y, finalmente, la estrechó de forma firme pero suave con la suya propia, plagada de pecas y dedos finos. Siempre le había parecido que estos neoyorquinos eran unos estirados, siempre dando la mano. En Italia si no te das un beso en la mejilla pareces un maleducado. Sin embargo, después de meses, cada vez ella misma se sentía menos y menos italiana...- Yo me llamo Alyssa, aunque absolutamente todo el mundo por aquí me llama Aly, así que... Tu sabrás como llamarme.

No añadió nada más, consciente de que la charla banal no tenía por qué agradar a nadie. Guardó los cascos y sacó su aegis, regalo de su hermano Augustus por acabar su entrenamiento como la mejor de la clase. Con 18 años recién cumplidos ya podía considerarse, por fin, una cazadora hecha y derecha y además poseedora de un arma ancestral. Cuando el chico le dijo que iniciaran el camino aprovechó para mirarle por detrás y de pronto le soltó lo primero que se le pasó por la cabeza, como acostumbraba a hacer siempre.

-Tú... ¿No eres estadounidense, no? Tu acento, tu forma de moverte, incluso de mirar o dar la mano, es diferente -apreció, buscando también entre su cuerpo las runas hasta que topó con una, evidentemente era jóven como ella, ¿Pero cuanto? Suspiró dramáticamente tras unos segundos en silencio, probablemente el pobre chico-cuyo nombre no había escuchado no entendería nada.- Esta es mi primera misión como cazadora... ¿Por qué me mandan con el recién llegado? Yo al menos llevo aquí ya más de medio año... -farfulló mientras, obediente, seguía a la única persona allí que sabía como llegar a dónde les habían mandado.



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Mensaje— por Steve Goodweather el Lun Jun 24, 2019 12:19 am

Off:
Quiero dejar constancia de que Alyssa sale preciosa en ese gif xDDD.

Si Alyssa no lo hubiese mencionado, Steve no se habría dado cuenta de que llevaba auriculares. Parpadeó, levemente confuso, ante la introducción de la joven. A la impresión de la que hablaba antes hay que sumarle un matiz nuevo: Alyssa no parecía una joven, mujer de por aquí. Steve tampoco, supuso. Algo en su acento, además, le recordaba al suyo propio. ¿Era británica? ¿Escocesa, quizá? Por ahí andaban los tiros. Eso, o él ya había perdido toda orientación en cuanto a nacionalidades se refiere. Desde que se había asentado en Nueva York, el origen de cada persona había dejado de tener sentido para él.

Te llamaré Alyssa, entonces —respondió el chico con una pequeña sonrisa. No le gustaba ser considerado como "todo el mundo" y, por lo tanto, luchaba para evitarlo. Su carácter tenía mucho que ver: disfrutaba dando una impresión diferente a quienes conocía. Al menos, quienes le daban la impresión de merecer la pena.

Arqueó una ceja al mirar el arma de la chica. Interesado, inspeccionó desde la distancia cada una de sus marcas, las ondas que desdibujaban la perfección de la daga. Según Steve, ningún arma es perfecta. La suya propia no significaba nada para él. Aún no. Había mantenido una, la de su padre, como recuerdo. Sin embargo, no se había considerado digno de empuñarla. La que había llevado consigo sólo le ayudaba a mantener diversos recuerdos como Cazador de Sombras, de entre los cuales pensaba en cada demonio caído como los más felices.

Eres perspicaz, Alyssa. —Steve sonreía—. No creo que seas la única. Dime si me equivoco, pero no pareces muy acostumbrada a eso de estrechar la mano. Debes venir de países mucho más fríos, donde las personas no mantengan ninguna clase de contacto; o mucho más cálidos, donde la gente tienda a tocarse mucho más. ¿Americana, tal vez? ¿Africana?

Se rió pues, evidentemente, Alyssa no tenía ninguno de esos rasgos. Suponía que debía ser europea, quizá de España o de Portugal. En cualquier caso, Steve cuidó un detalle con suma cautela: no desvelar su propia procedencia a la joven. ¿Dónde quedaría la diversión si le contase de buenas a primeras quién y de dónde era? Quería hacerle pensar, encontrar más detalles y similitudes que la llevaran a una respuesta simple: Reino Unido, más concretamente Inglaterra.

Te he oído —dijo después de que se pusieran en marcha—. No tengo tanta experiencia como imaginas. ¿En verdad ésta es tu primera misión? —Giró ligeramente su rostro para mirar a Alyssa. Se aseguró de no ir por delante de ella llegados a estas alturas. Steve no pretendía mandar. Quería que cooperasen—. Soy bueno en eso de pensar, pero a veces no sirve de nada. Supongo que por eso te han enviado conmigo. Imagino que eres una chica muy lista o una gran estratega. O has de tener carácter suficiente como para detenerme en caso de que sea necesario. Verás, la aversión, el odio que siento hacia los demonios es... Más fuerte que yo. Ha estado a punto de costarme la vida en más de una ocasión.

De momento, ahí dejaría la información. Alyssa no era una chica tonta, y le habían bastado unas cuantas palabras para demostrarlo. Steve no quería hablar de sí mismo, y mucho menos centrar la misión en él. Pero sí que quería advertir a Alyssa de que podía darse un caso en el que él perdiera el control debido a su odio hacia los demonios. Entonces, sería cosa de Alyssa pensar en un buen plan, detenerlo antes de que fuese demasiado tarde, protegerlo y salvarlo... o dejarlo morir.

Llegaron al final de la calle. Un callejón se abría ante ellos. En él, la luz de la luna apenas penetraba. Sin dejarse intimidar, Steve siguió andando y se aseguró de que Alyssa se mantenía cerca de él. Instintivamente, se colocó aún más cerca de ella. Por mucho odio que sintiera hacia los demonios, Steve no podría olvidar jamás la camaradería y otras de sus virtudes. Por ejemplo, jamás dejaría que Alyssa sufriese daño alguno si podía evitarlo, aunque también sabía que no era ninguna damisela en apuros que necesitara ayuda.

Transmites mucha fuerza a través de tus ojos. ¿Has sido entrenada desde pequeña? —Entonces, Steve rió con amargura—. Todos lo hemos sido. A veces no puedo evitar pararme a pensar en un porqué. ¿Qué necesidad tiene el mundo de que nos perdamos nuestra infancia?

Ya estaba divagando. Le pasaba bastante a menudo cuando salía de noche y de misión. Tendía a soltar frases que cuestionaban no sólo a la sociedad, sino a la existencia en sí misma. Como no quería dar una mala impresión de buenas a primeras, Steve fijó su mirada en el frente.

Antes de que se diese cuenta, ya había vuelto a posar sus ojos en Alyssa. Debía tener más o menos su edad y, contigo en eso, la veía mucho más bella de lo que se veía a sí mismo. Ahora, bajo el manto oscuro y el reflejo de su daga —parte de ésta era acariciada por la luna en el extremo del callejón—, Steve identificó el color de los ojos de la Cazadora de Sombras: verde. Tragó saliva y entreabrió los labios, como si pretendiera decir algo. Las palabras no se escaparon de su garganta.

Es preciosa, se dijo a sí mismo. Agradeció no haber balbuceado esas palabras o, de lo contrario, le habría mostrado a Alyssa cuán torpe era en el fondo.

Oye —murmuró, aflojando de repente el ritmo de sus pasos, pero sin detenerse—. ¿Sientes algo en particular cada vez que... bueno, matas a un demonio? ¿Puedo preguntar qué es exactamente?...


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Mensaje— por Alyssa Olivetti el Lun Jun 24, 2019 1:21 am

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23 de junio →  23:40h  → Zona comercial


Spoiler:
Graciaaas, el PB es una muñequita  ^-^

Aly caminaba semi-distraída acariciando entre los dedos su aegis, pensando en todo lo que significaba aquel cuchillo segador para ella: la promesa de ser una cazadora completa, de haber cumplido su misión vital y de haber entrado de lleno en el mundo de los cazadores adultos. Observó que él miraba su aegis con interés y apreció que se fijara en su daga, muy orgullosa como estaba ella por tenerla entre sus manos.- La mejor de mi promoción -respondió de forma que se veía visiblemente que estaba pagada de sí misma y con un ligero timbre de emoción.

Cuando el cazador joven ignoró sus pesquisas y se negó a decirle de donde era, Alyssa frunció ligeramente el labio superior como una niña contrariada porque así era justo como se sentía, no acostumbrada a que la gente hiciera cosas que no entraban dentro de sus planes. Suspiró nuevamente, cualquiera pensaría que estaba enferma, pero sencillamente estaba viviendo un mal momento a nivel personal y todo su ánimo se veía afectado. Él preguntó de donde era y ella, consciente de que no parecía una italiana de piel tostada y cabello oscuro, lo dijo de todas formas.- Italiana, de la bellísima Roma. Mis padres dirigieron el instituto de allí muchos años, antes de que... bueno, viniéramos aquí -comenzó a andar dando pequeños saltitos y se puso a su nivel, ya que él se había demorado para permitírselo. Seguía claramente contrariada por no saber de dónde era, pero lo intentó.- Uhm... ¿Australiano? No sé, sinceramente me cuesta distinguir todos los acentos, los nativos habláis tan parecido -comentó poniendo una mueca bastante graciosa en la cara fruto de la molestia.

Cuando comentó que había escuchado lo que había dicho Alyssa, lejos de negarlo, se reitero en lo dicho.- No te ofendas, pero esperaba ir a mi primera misión como cazadora hecha y derecha con alguien al que conociera, como mi hermano, pero al parecer el señor Lightwood cree que ya pasamos demasiado tiempo juntos y que debo comenzar a trabajar con otros cazadores... Así que aquí estoy, de guía del recién llegado -dijo en tono jocoso, al menos la última parte. Pero cuando escuchó eso del odio hacia los demonios se le volvió a escapar el enésimo suspiro en tan solo unos segundos.- Por supuesto que los odias, son criaturas sedientas de sangre y malvadas y si, no solo soy inteligente, también una gran luchadora -su comentario le había parecido de lo más lógico, ¿Quién no odiaría a esas criaturas? Habían matado a tantos conocidos de Alyssa... Y no solo eso, uno se llevó a sus abuelos.- ¿Cual es tu fuerte, chico-de-un-país-que-no-identifico? Y repíteme tu nombre, por favor, tenía la música para sordos -dijo con una leve sonrisa, de vuelta a la suya.

Caminaban por las calles, Aly no paraba de mirar el anillo con una enorme piedra rosa que llevaba en el dedo central a la espera de una señal y cuanto más lo miraba más se ensombrecía su semblante, inundado por dolorosos ramalazos de recuerdos recientes no excesivamente agradables. Tan enfrascada iba en el anillo que su trayectoria giró un poco y no se dio cuenta de que Steve andaba más cerca, por lo que chocaron los hombros levemente y aquel contacto la trajo al planeta tierra de vuelta.

-Yo... -se quedó callada, ningún cazador hablaba nunca del por qué de lo que hacían, ella misma lo hablaba con gente ajena a su misión pero uno de los suyos... nunca y aquello le sorprendió pero de forma grata. Alzó los brazos al cielo para estirarse, sujetando una de sus manos con la otra y haciendo un perezoso movimiento con el que se desengarrotó y liberó, al menos por un rato, de las malas sensaciones.- Yo quería ser violinista profesional. Siempre he tenido talento, soy excepcional. Cuando tenía 5 años le pedí a mi padre serlo, le dije que no quería ser cazadora, ¿sabes lo que hizo entonces? -A Alyssa se le retorció el estómago con la historia y no llegaba a entender qué sentido tenía compartirla con un desconocido, pero sencillamente lo hizo.- Se acercó a mi hermano, él me ha cuidado siempre, y delante mía le dio un bofetón tan fuerte que le hizo sangre. Mi hermano solo tenía 12 o 13 años, mi padre le dijo que me había llenado la cabeza de tonterías. A partir de entonces, jamás he vuelto a decirles lo que quería ser en realidad y mi entrenamiento comenzó al día siguiente, me conformo con tocarlo en mi tiempo libre -cortó la historia de golpe, como si le hubieran dado un mazazo en el estómago pero ofreció a su moreno acompañante una sonrisa ligera, casi de disculpa por si le había aburrido demasiado.

Salieron a la calle principal, donde al ser tarde algunos locales de restauración comenzaban a cerrar, la gente que quisiera continuar de fiesta tendría que marcharse a lugares con discotecas. Le observó de vuelta, absolutamente ajena al significado de la mirada que él acababa de dirigirle solo unos segundos atrás.- Adrenalina, pura y dura -comentó, absolutamente convencida de su respuesta.- ¿Qué sientes tú? -preguntó mientras aminoraba el paso como él y se paraba para mirarle fijamente, el pobre chico no dejaba de preguntar y se dio cuenta de que estaba siendo una estúpida maleducada por no responder preguntándole más por él mismo, justo iba a decir algo cuando giró el cuerpo hacia la calle.

Ambos, vestidos de cuero, no llamaban la atención en la noche neoyorquina, sin embargo se les acercaba un mundano a mucha prisa. Alyssa apretó con disimulo su brazo para activar la runa de ocultación y su aegis ya no era visible para el mundis. Miró a Steve de nuevo con cara interrogante, el mundano se acercaba a toda prisa, con una cara indescriptible de horror y cuando estuvo más cerca... ¿Eso que había por su cuerpo era sangre? La cazadora sintió que su piel se erizaba al momento, fruto de la tensión y como si su propio cuerpo hubiera sido un aviso, el anillo de su dedo comenzó a brillar con una luz casi cegadora avisando inequívocamente de que un demonio andaba cerca.- Demonios -respondió con voz fría, la voz afilada del cazador que se concentra en encontrar a su presa y sin mediar palabra, miró a Steve, esperando que se preparase y enarboló en alto su aegis, preparada para un ataque sorpresa.




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Mensaje— por Steve Goodweather el Lun Jun 24, 2019 7:47 am

La mismísima y bellísima Roma. Steve no podría haber encontrado mejor adjetivo para describirla. Había oído hablar acerca de esa ciudad y, entre unas otras cuantas, había sentido curiosidad por visitarla. Sin embargo, había estado tan centrado en su trabajo como Cazador de Sombras que apenas había tenido tiempo para darle más que un par de vueltas. La forma en la que Alyssa mencionó la capital italiana hizo que dicha curiosidad incrementase.

Perspicaz y persistente —observó. Lejos de estar contrariado o sentirse ofendido por la insistencia de Alyssa, Steve la apreciaba. Eso significaba que la joven sentía un mínimo de curiosidad por él—. Los australianos tienen un acento más dulce. Los escoceses uno un poco más marcado. Soy británico.

¿Por qué esconderlo por más tiempo? Después de todo, tampoco era una información muy relevante sobre su persona. Pero guardársela hasta ahora le había ayudado a entender un poco mejor la manera de reflexionar de Alyssa. En cierto aspecto, no pudo evitar sentirse identificado con ella por unos instantes. Tal y como Steve había dicho, Alyssa era una chica persistente. Estaba casi seguro de que era la clase de persona que no disfrutaba cuando un plan salía mal.

No me ofendes, no te preocupes. Aunque créeme: no necesito mucha guía. Ponme un demonio enfrente, y perderé todo el sentido de la orientación.

Procuró no contarle nada acerca de sus padres. El odio que sentía Steve hacia los demonios iba más allá del que sentían los hijos del Arcángel Raziel. Éstos habían sido creados, precisamente, para acabar con aquellas criaturas. Steve suponía que muchos cazadores se tomaban el odio hacia los demonios como algo natural e incluso meramente profesional. Claro que eran deleznables, pero él sentía tener una conexión mucho más profunda con las criaturas del averno. No sólo buscaba cumplir con cada una de sus misiones. Anhelaba poder exterminar absolutamente a todos los demonios, y todo aquello que pusiera en vida la vida de personas como sus padres.

Nunca me ha gustado repetir las cosas. Vas a tener que ganarte mi nombre. —Le guiñó un ojo a la joven, sin ánimo de ofenderla o de enfadarla. Se aseguró de aclarar, con su tono de voz, que sólo pretendía jugar con ella. Sin mofarse.

Al parecer, su pregunta había pillado a Alyssa por sorpresa. Steve habría cruzado los dedos para rezar que fuese algo positivo. Alyssa empezaba a caerle bien. Si bien era un joven social y amigable, en el fondo era mucho más desconfiado de lo que parecía. Los únicos amigos que mantenía eran los de toda la vida. Había aprendido, a base de palos, que la mayoría de personas acababan decepcionándolo de un modo u otro. Por eso iba con cuidado, y trataba de no ilusionarse en demasía.

¿Violinista? Debes sentir mucho apego a la música —comentó rápidamente para aportar algo a la conversación, pero después se calló, pues no quería interrumpir a Alyssa. De nuevo, quiso cruzar los dedos. ¿Le habría contado la joven todo esto a mucha más gente?

Tragó saliva, imaginando la escena que Alyssa relataba. Un desafortunado encuentro con su padre, quién, al parecer, debía haber sido un hombre duro. Muchas dudas surcaron la mente del joven, pero no se atrevió a expresarlas. ¿Estaría el padre de Alyssa todavía vivo? ¿Sentiría ella odio hacia su progenitor? ¿Quién y cómo era su hermano? ¿Qué relación la ataba a él?

Relájate, Goodweather. Seguramente, te está contando lo que le ha contado a muchas y muchos más. No tienes por qué comerte la cabeza por una simple compañera de trabajo... ¿No?

Siento oír eso. —Estas palabras iban plagadas con sinceridad. Por un momento, pareció incluso que Steve había empatizado completamente con Alyssa. Al menos, así se sintió él—. Parece que, sean como sean nuestras familias, venimos al mundo para aniquilar demonios. A día de hoy, no es algo que me moleste. Pero cuando pienso en gente que habría apreciado dedicar sus vidas a hacer más cosas, gente como tú, no puedo evitar que se me parta el corazón. No me malinterpretes: no es piedad o lástima lo que siento, y sé que tampoco las necesitarías. La cuestión es que, si yo hubiese tenido la decisión, te hubiese dejado ser lo que querías ser, y alcanzar tu sueño.

Él mismo recordaba algún que otro encontronazo con sus padres. Habían sido tan duros como muchos otros Cazadores de Sombras, pero jamás se habían pasado de la raya con la educación de Steve. Siempre le habían hecho entender fácilmente qué era prioritario para él y para la familia, y Steve había seguido tales valores sin replantearse mucho las cosas. Sólo lo había hecho estando a solas. Más preguntas así aparecían conforme pasaban los años y conocía a nuevos compañeros. Ahora que conocía más acerca de Alyssa, por muy superflua que fuese todavía la información, se veía obligado a sentirse aún más contrariado. Lo que había dicho era cierto: le habría gustado ver a la chica ser violinista.

Si te sirve de consuelo —agregó después de recibir una sonrisa que interpretó como una ligera disculpa por parte de Alyssa—, me encantaría escucharte tocar. Algún día. Si me dejas.

Dejaría ahí el tema por el momento. Nunca se le había dado bien presionar a los demás, y se había dado cuenta de que es algo que solamente podía hacer con sus seres más próximos. Al fin y al cabo, hoy sólo tenía a sus dos mejores amigos y a su tío. Sin ellos, no estaba seguro de qué habría sido de él.

Recibió una respuesta por parte de su compañera mientras seguían caminando. "Adrenalina" era una palabra de lo más interesante para definir qué se sentía al matar a un demonio. Miró de reojo a Alyssa, y una sonrisa se dibujó en su semblante. ¿Habría vivido algún evento traumático que generase en ella lo mismo que en él?

Siento...

De repente, se vio obligado a callar. Giró su mirada hacia el mundano que se les acercaba rápida y velozmente. En cuanto percibió la sangre en el cuerpo del hombre, Steve se acercó aún más a la chica y dijo:

No te separes, Alyssa.

Nuevamente: Steve sabía que Alyssa era una guerrera tan o más capaz que él. No debía necesitar ninguna clase de protección, e incluso se jugaba un brazo a que ella tendría más posibilidades de sobrevivir en un combate que él. Sin embargo, el instinto, el reflejo de Steve era el de protegerla. Por un lado, formaba parte de su personalidad y carácter, pero por el otro le habría gustado saber por qué.

Preparado para lo peor, Steve llevó una mano a su cintura, justo donde se hallaba su daga. Afinó su oído y se aseguró de que cada uno de sus sentidos estuviesen listos. Justo cuando un silbido atravesó el aire, alzó la daga y sintió peso a su otro lado. Se había posicionado justo al lado de Alyssa, y era él quién había recibido el ataque. Por un momento, creía que había conseguido detener el golpe de la bestia con total eficacia. Pero pronto tuvo que apretar los dientes y bajar la mirada hacia unas garras que habían desgarrado superficialmente su vientre. Dos demonios habían atacado al mismo tiempo.

Instintivamente, Steve tiró de Alyssa y juntó su espalda a la de la joven. El tacto cálido en el eterno frío de la noche hizo que sintiera cómo su conexión con la joven incrementaba todavía más. Algo le decía que ambos compartían una perspectiva: si no vencían juntos, morirían juntos. Después de ahuyentar a ambos demonios con un tajo, ladeó la cara para mirar a su compañera. Se topó con su largo y liso cabello. Desde donde estaba, podía sentir su aroma. ¿Qué demonios le echaba para dar tantas ganas de tocarlo?

Si quieres saber qué siento al matarlos, Alyssa... —Sonriendo ante la idea de cómo se cubrían mutuamente las espaldas, Steve elevó su daga justo cuando uno de los dos demonios volvía a atacar. En esta ocasión, no se contentó con bloquear un golpe, sino que elevó el filo de su arma justo a tiempo para abrir en canal a la criatura. Creyó tocar algún que otro nervio importante en lo que recorría la línea que se trazaba desde su vientre hasta su garganta. De inmediato, el demonio desapareció en una cortina de humo negro. Steve se dio la vuelta, sabiendo que los demonios restantes atacarían desde el lado de Alyssa. De hecho, ya lo habían hecho. Por ello, el joven Cazador de Sombras avanzó y se preparó para dos nuevos ataques. Un nuevo golpe le quitó parte de sus fuerzas e hizo que más sangre apareciese y, tras aniquilar a un segundo demonio, Steve se vio obligado a detenerse—. Lo que siento es devoción, ¡pasión! ¡Para mí, esto es vida! ¡Mi existencia, el motivo de por qué sigo en este mundo, se reduce sólo a aniquilar a estos monstruos! —Y, feliz, avanzó de nuevo, sin importarle ponerse en peligro a sí mismo. Quería matar más, y todos los que apareciesen caerían.


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Mensaje— por Alyssa Olivetti el Lun Jun 24, 2019 8:24 pm

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23 de junio →  23:40h  → Zona comercial


Australia se antojaba un paraíso de playas y surf, pero en realidad le dijo que era de Reino Unido, británico, el país del pescado frito y la monarquía.- Me gusta, es uno de los pocos países en los que he estado, pero los anglosajones... Solo dais la mano -dijo con una indignación leve, no tocar a la gente era uno de los retos que más difíciles se le antojaban, acostumbrada a abrazar y besar a su hermano desde niña, ¿como podía sobrevivir la gente en climas más fríos sin un ápice de calor humano? Sin duda era algo digno de estudiarse.

Sacudió la cabeza, no entendió a qué se refería con perder el norte frente a un demonio. Solo acababa de conocerle pero sabía cosas sobre él, ella también era muy habladora pero aquella noche oscura, con el anillo del dedo brillando, sentía más que nunca que su corazón estaba hecho polvo. Pero ahora era momento de pensar en demonios y no en los amoríos fallidos de una recién convertida en adulta (o algo así). Volvió a parpadear con una gran incredulidad cuando se negó a decirle el nombre.- Como tenga que adivinarlo... Se me dan fatal las adivinanzas, pero realmente mal, así que esperaré a que se te escape tu nombre en algún momento -y acto seguido se rió un poco de forma malvada, como si el plan que acababa de materializar fuera el mejor de la historia, cuando... bueno, dejaba mucho que desear.

-Apego... Apego se queda corto para expresar lo que siento cuando sostengo mi violín entre las manos, no podría decir qué es porque no existe una palabra para definirlo. Sin embargo, algún día puedes venir a verme tocar, en el instituto suelo usar la sala grande para practicar, aunque si tu eres ya un adulto dudo mucho que vivas en el instituto, ¿o sí? -aquella perspicaz pregunta tenía un sentido claro, averiguar su edad. Aunque Augus tiene 25 años y aun así sigue viviendo en el instituto y cuidando de ella, pero claro... ¿Cuánto más sería una carga para su hermano mayor? El dijo que le habría permitido alcanzar sus sueños y Aly le miró, extrañada por aquello, preguntándose una vez más quien era esta persona tan aparentemente agradable, de modales perfectos y sonrisa bonita, ¿acaso estaba realmente ante un cazador? ¿Uno de los hijos de Raziel, cuando la mayoría son arrogantes, chulitos y jamás se interesan por nadie más que por sí mismos?.- Eres... -y no llegó a acabar la frase porque fue cuando todo comenzó.

Se pegó a ella, ambos con los sentidos alerta. Le pidió que no se separara pero lo que el cazador no sabía era que Alyssa no era demasiado buena obedeciendo órdenes o haciendo lo que los demás esperaban de ella, razón por la cual lo primero que se le pasó por la cabeza fue lanzarse a por uno de los demonios de cuencas vacías y aspecto terrorífico, ella siempre hacía sus deberes y lo reconoció de inmediato como un demonio Moloch. Pronto comenzarían a expulsar grandes llamaradas por los ojos. Pero el la sujetó y la colocó a su espalda y ella decidió no moverse, consciente de que dejaba un flanco libre si se separaban. Así que espalda contra espalda, lanzó un enorme tajo hacia el primer Moloch que llegó, escuchando la pelea al detrás de ella entre él y el otro Moloch. El mundano no dejaba de gritar de fondo, horrorizado por la estampa que estaba viviendo y a punto de caer desmayado al suelo.

Todo pasó tan rápido que no se percató de que el garrazo que iba hacia ella no llegó a tocarla, pues el chico los giró a ambos y su vientre recibió el impacto. La cazadora chasqueó enfadada, no quería que nadie se arriesgara por ella así que con una de sus dagas y un movimiento rápido cortó una extremidad del demonio qué, furioso, se agitó y como acto reflejo intentó morderla. Aly estaba pendiente solo de las extremidades así que cuando el horrible engendro mordió el brazo izquierdo con el que sujetaba la aegis se le escapó un gemido de dolor. Pero en ese momento que el demonio se paró para morderla fue el que ella aprovechó para, con un corte rápido y mortífero, cortarle la cabeza.

Su brazo presentaba enormes incisiones llenas de sangre y no solo eso, probablemente veneno también. Tendría que buscar un antídoto en cuanto terminara la pelea pero no se preocupó de pensar en ello en el fragor de la batalla. Limpió su aegis llena de sangre putrefacta y fluídos en su pantalón negro. Los Moloch nunca venían solos y llegarían más de un momento a otro. De pronto Steve comenzó a hablar y a separarse, ella se dio la vuelta sin entender por qué rompía la formación ahora.- Espera, solo... No vayas solo -y cuando escuchó la forma siniestra que tenía de describir sus sentimientos hacia la caza de demonios se sintió confusa pero no sorprendida, no era raro ver un cazador cegado por el ardor de la lucha, claro que esa clase de cazadores... Desterró el pensamiento de la cabeza y corrió tras él.- ¡Espera!

Un solo segundo de vacilación fue suficiente, el único segundo que le dio la espalda a la batalla para intentar tirar del brazo del cazador al que creía en peligro al intentar enfrentarse solo contra otros demonios fue suficiente. Otro demonio había llegado ya, silencioso y agresivo y sintió un impacto en la pierna que la hizo caer, aunque pudo saltar para intentar esquivarlo. La rodilla izquierda le laceraba como si hubiera fuego... Pero no era fuego metafórico, la criatura había usado sus ojos para atacar a su pierna y la cazadora chilló de nuevo, el fuego le había dado de refilón pero le había quemado la piel y el pantalón en la zona de la rodilla. La herida brillaba de forma horriblemente fea pero ella, acostumbrada al dolor extremo, esquivó otra de las llamaradas con una voltereta por el suelo y se apoyó contra la pared de la callejuela, jadeante.

El demonio pareció perder interés, claramente atraído por la pasmosa aura del chico. Aprovechó aquellos segundos efímeros para quitarse la chaqueta y anudársela en torno a la rodilla, gimiendo de dolor lo menos que pudo. Y con la rodilla tapada volvió a levantarse, aegis en mano y con dos extremidades ya casi inútiles.- Los demonios... -seguía jadeando cada vez con más intensidad por el cansancio- Son Moloch, lanzan fuego... ¡Cuidado! -chilló, porque el bicho acababa de dispararle fuego y sin saber si lo había esquivado o no quedó cegada por la llamarada.




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Mensaje— por Steve Goodweather el Lun Jun 24, 2019 10:12 pm

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→ 23 DE JUNIO → 23:40 → ZONA COMERCIAL

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¿A que mola el paralelismo del gif? XDDD.

¿Qué tenía de malo dar sólo la mano? Los europeos del norte o los británicos consideran que es más educado no mantener demasiado contacto físico con los demás, en especial con completos desconocidos. Steve no había considerado mucho lo diferente que podía ser la mentalidad en las personas dependiendo del lugar en el que habían nacido y en el que se habían criado. Era consciente de ello, pero no era un tema en el que se hubiera puesto a pensar largo y tendido. Alyssa era un claro ejemplo de cómo ver las cosas de otra manera, y eso le gustaba.

Seguía estirando el misterio y la tensión entre ambos. Todavía no le había repetido su nombre, y Steve era plenamente consciente de ello. Como ya le había dicho, tendría que ganárselo. Aunque quizá Alyssa no fuese capaz de ver una conexión directa entre su nombre y su origen. Steve supuso que tendría que darle ambas informaciones por separado, pero lo haría a su debido tiempo.

Ahora, ansiaba poder verla tocar el violín, en aquella sala grande en la que Alyssa practicaba. Hacía tiempo que había dejado de vivir en el instituto, y ahora lo hacía en un apartamento mediocre y solo. No obstante, tuvieron que olvidar todo esto cuando el combate dio comienzo. Algo le decía al joven Cazador de Sombras que éste sería difícil.

Perdido como estaba en la refriega, apenas se percató de qué hacía Alyssa. Ni siquiera se centraba en el dolor que surgía de sus heridas, las cuales podían llegar a ensancharse o a pintar mucho peor si no eran tratadas pronto. Los demonios no mostrarían piedad alguna; Steve lo sabía bien. En cambio, no eran las heridas actuales las que deberían preocuparle, sino las que podía recibir si no se centraba y cooperaba correctamente con Alyssa. Estaba demasiado perdido en su propio mundo, en la sed de sangre y el desprecio. Podía pagar las consecuencias a un precio muy caro...

Sentir el tirón por parte de la joven hizo que Steve apretase los dientes. Mirándola e instintivamente, alzó su daga detrás de su espalda y atravesó con decisión la garganta de un nuevo demonio. Lo pilló completamente por sorpresa, pues este último había intentado atacarlo por detrás. Steve se aseguró de hundir bien su arma en su cuerpo antes de que desapareciese en la neblina oscura.

¡Alyssa! —exclamó Steve, en parte horrorizado, al ver cómo era herida.

¡Maldición! ¡Céntrate, Steve! Si fueses más listo y no te dejases llevar por la ira, podrías haber evitado que hirieran a Alyssa... Pero ¿por qué necesitaba tan desesperadamente proteger, ayudar a esa chica? Era una Cazadora de Sombras que acababa de cumplir la mayoría de edad, sí, pero que estaba perfectamente preparada para encuentros como éste. Varias de sus aptitudes hacían que las de Steve pareciesen las de un crío en pleno entrenamiento, ¡y todo por no ser capaz de refrenar su ira!

Vio la sangre de Alyssa en su pierna, y tragó saliva. Pintaba mal, muy mal, incluso peor que las que él había recibido. Sin embargo, no vio una sola mueca de dolor en el rostro de su compañera. Al fin y al cabo, eran Cazadores de Sombras, ¡hijos del Arcángel Raziel! Estaban entrenados desde pequeños para soportar el dolor.

¿Estás bien? —preguntó desde su posición, viendo cómo cuidaba de sí misma.

Empezó a moverse para reducir la distancia entre ambos. Apretando los dientes, Steve hizo caso de las palabras de Alyssa. El fuego era el mayor peligro al que podían enfrentarse ahora mismo. Había visto los estragos que podía hacer en la piel; Alyssa era testigo y víctima de ello.

Con la daga todavía en mano, llegó por fin al lado de Alyssa. Justo entonces, una llamarada los cubrió a ambos. Steve también se había movido instintivamente. No sintió el dolor del fuego mientras se tapaba los ojos, así que supuso que no había sufrido daño. Además, se dio cuenta sólo cuando el fuego aminoró de que había puesto una mano en el brazo de Alyssa para tirar de ella. Tal y como la joven había hecho antes.

El fuego los cubría, en cierto modo, para defenderlos. Los demonios se mantuvieron al margen por unos instantes. Steve había tirado con tanta fuerza que había reducido la distancia con la joven Cazadora de las Sombras. Tenía la mirada perdida en la de ella, en aquellos hermosos ojos verdes que ahora podía ver más claros que nunca, y todo gracias al fuego. No había apartado la mano de su brazo, y tampoco había reculado su cuerpo, cubierto por tela y cuero negro, como tantos otros cazadores.

Steve. —Una sonrisa se dibujó en su rostro. No cortó contacto alguno con Alyssa. Por algún motivo, el tacto de la joven era cálido y le agradaba mucho—. Me llamo Steve Goodweather, y soy inglés.

Justo entonces, dos demonios saltaron sobre ellos al mismo tiempo. Un tercero era un Moloch. Steve alzó la mirada y la daga al mismo tiempo para protegerse de uno de los dos ataques. Nuevamente, se encontraba con la espalda pegada a la de Alyssa. La herida en su costado estaba quitándole fuerzas, y se notaba en su forma de combatir. Pero no era momento de rendirse.

En cambio, empujó al demonio con todas sus fuerzas y luego se interpuso entre el otro y Alyssa.

¡Vamos, ve a por el grande y más peligroso! Te ha herido a ti, ¿recuerdas? ¡Véngate! —Sabía lo importante que era la venganza para las personas. Para él, al menos, lo era.

Estiró un brazo y tiró del demonio que trataba de saltar sobre Alyssa, brindándole así el espacio que la joven necesitaba para encargarse del Moloch. Confiaba en que podría con esta situación más difícil. Era una chica fuerte. Mientras tanto, Steve apretó los dientes, pero no dejó escapar un alarido de dolor. El demonio había clavado sus garras y fauces en su brazo, y éste sangraba ahora, así como su mano. El otro demonio, con el que había estado forcejeando, se había deslizado para abrirle una nueva herida; esta vez en el pecho.

Débil como se hallaba, y sangrando de varias de sus heridas, Steve hizo acoplo de sus últimas fuerzas y elevó su daga. Logró apartar a ambos demonios. Ante la sorpresa, uno de ellos calló rápidamente. El otro tuvo tiempo de recomponerse, pero Steve no dejó que volvieran a herirlo. Volvió a forcejear con él, y estiró el cuello para observar qué hacía Alyssa.

¡Acabemos con esto de una vez! —exclamó.



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Mensaje— por Alyssa Olivetti el Lun Jun 24, 2019 10:19 pm

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Los cazadores de sombras nacen para cumplir una sencilla y a la vez peligrosísima misión en el mundo: acabar con todos aquellos demonios con amenazan a la humanidad. Y lo hacen desde el anonimato, con absolutamente nadie que les de las gracias por la ayuda ni por lo que hacen. Aly desconocía el origen de esos pensamientos turbios mientras combatían, pero ahí estaban. Con un enorme mordisco en el brazo y una quemadura terriblemente fea en el muslo, cualquier humana de 18 años estaría ya desmayada por el dolor. Pero Alyssa no solo no se desmayó, si no que se limpió la sangre, tapó la herida y se incorporó del suelo con mucha dificultad.

Penosamente agarró la aegis entre sus manos, el dolor le laceraba tanto que oía al chico de fondo, como si una enorme capa de ruido se interpusiera entre ambos y formara un gran eco, lo escuchaba doble pero logró discernir que le preguntaba por su estado y asintió como pudo.- Estoy bien, un rasguño -comentó con una media sonrisa torcida y un tono realmente jocoso. Sintió como él se acercaba, evidentemente para echarle una mano, pero Alyssa notaba que la cabeza le pesaba cada vez más y no sabía si era fruto del dolor, la quemadura o de ese cariz negro que estaban tomando las venas de su brazo mordido.

Cuando él depositó su brazo sobre el de ella terminó de incorporarse.- Tenemos... tenemos que matarlos -dijo con voz entrecortada, cada vez hablaba peor y era consciente de ello. El veneno, había sido envenenada, y se expandía con demasiada rapidez. Sintió un ramalazo de pánico, pero tenían que terminar porque si no lo hacían ambos iban a morir ahí de todas las formas. Se esforzó por recordar la misión, nadie dijo nada de demonios Moloch y mucho menos de 4... Dos cazadores de sombras jóvenes son pasto para demonios tan sanguinarios y bien organizados como ellos. ¿Quién les había mandado allí? ¿Sabían acaso que les habían enviado a una muerte más que segura?

Sentía la mirada de él sobre sus ojos, pero le costaba estar despierta, su piel, ya pálida como la porcelana, comenzaba a tornarse casi amarillenta por el rápido efecto de aquella sustancia venenosa que se extendía por sus venas, poco a poco.- S... Steve -pronunció con voz ronca, escuchando su nombre.- Me... me siento rara -dijo en voz queda, intentaba avisarle de que algo no iba bien, pero las palabras no le salían y de pronto dos de los demonios se abalanzaron sobre ellos preparados para darles la estocada final. No estaba dispuesta a morir ahí, por lo menos no porque un demonio acabara con su vida del todo. Le escuchó algo sobre el grande y la palabra "venganza". Aly no sentía ganas de vengarse, pero si de terminar aquella pelea y destruir a semejantes seres repugnantes.

La cazadora parecía ajena al fragor de la batalla, escuchaba a Steve... Ahora sabía su nombre, bonito, luchar contra los demonios pero era incapaz de reaccionar. El veneno parecía adormercer sus sentidos, el brazo le dolía cada vez más, sentía ganas de chillar sin parar y sin embargo aun así, de algún lugar escondido en su interior, sus runas tomaron toda la fuerza y el poco poder que quedaba dentro de ella y la espabilaron un mínimo. Steve estaba solo, si no reaccionaba los dos demonios iban a matarle en cuestión de segundos. Así que no lo pensó demasiado, alzó su aegis con el brazo bueno y la luna brilló reflejada en la hermosa espada, un trabajo digno del mismísimo ángel Raziel.

Con un movimiento más rápido que cualquier persona humana, Alyssa consiguió abalanzarse sobre el demonio que la había herido y con una precisión sobrehumana, logró hundir el filo de la aegis en el cuello del horripilante bicho, que herido de muerte se agitó chillando y deapareció convertido en cenizas. El otro demonio estaba a punto de usar de nuevo sus asquerosos ojos con fuego, así que hizo lo primero que se le ocurrió y con mucha fuerza estiró el brazo hacia atrás y lanzó la aegis con toda la precisión de la que fue capaz hacia la cabeza del Moloch. La espada angelical voló por el aire con un silbido y se clavó justo en el ojo derecho del bicho, que cayó a plomo sobre el pavimento y se deshizo también en cenizas.

Increíblemente y tras unos segundos que parecieron años, ningún otro demonio Moloch apareció por allí. Habían ganado, la batalla, Alyssa se miró el brazo, las venas negras le llegaban ya al hombro. Luego miró a Steve, herido pero a salvo, había sacado la poca fuerza que le quedaba y su compañero viviría para contarlo. Ella... posiblemente no. Se deslizó hasta la pared dónde se dejó caer hasta el suelo, a penas era capaz ya de enfocar la vista y aquella fuerza nacida de las runas o de la adrenalina, la abandonaba tan rápido como había llegado. Los ojos le pesaban terriblemente, estaba tan atontada que ya ni siquiera sentía el dolor de las heridas, solo mucho, muchísimo sueño y todo comenzó a ser negro.- Ya... no me duele nada -y no pudo decir nada más porque los ojos se le cerraron de golpe y Alyssa cayó inconsciente sobre el suelo.

Canción



Última edición por Alyssa Olivetti el Lun Jun 24, 2019 11:03 pm, editado 1 vez


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Mensaje— por Monstruos el Lun Jun 24, 2019 10:19 pm

El miembro 'Alyssa Olivetti' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Mensaje— por Steve Goodweather el Lun Jun 24, 2019 11:42 pm

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Off:
Tenía un like en esa canción. ¿Cómo me la pones al final de este pedazo de post? ¿Qué quieres, matarme de tristeza y hype?

La herida de Alyssa no era un simple rasguño, y lo sabía perfectamente. Podía vivir con que la joven quisiera hacerse la dura, pero en cuanto aniquilaran a los demonios restantes, tendrían que acudir de inmediato al instituto para que se deshicieran del veneno de su herida, o de lo contrario Alyssa podría pagarlo con su vida.

"Me siento rara." Estas palabras hicieron mella en el joven Cazador de Sombras. Habría dado un brazo por ayudarla, para evitar que la quemadura dejara de dolerle tanto, pero lo único que podía hacer ahora mismo era combatir contra los demonios. Tenían que salvarse o de lo contrario serían aniquilados. Además, por mucho que a Alyssa no le gustase la idea, ahora dependía de él. Steve no iba a dejar que le pasase nada malo. No era su intención, al menos.

Había conseguido deshacerse de uno de los demonios, y ahora sólo restaba uno contra el que forcejeaba. Mientras tanto, se descentró por completo para poder observar qué hacía Alyssa. La vio atacar rauda y veloz al demonio que la había herido, y logró atravesar el cuello del demonio antes de que éste pudiese hacer nada.

¡Sí! —gritó Steve, alzando el puño y sonriendo con renovada energía—. ¡Bien hecho, Alyssa!

Apretó los dientes. Una nueva herida apareció en su hombro. En esta ocasión, Steve empujó la daga con todas sus fuerzas, y la deslizó en la yugular del demonio. Sorprendido, éste cayó al suelo y se desvaneció.

El Cazador de Sombras apoyó el filo de su arma en el suelo, y cayó sobre una rodilla. Respiraba con dificultad, y la sangre supuraba de sus varias heridas. En esta ocasión había recibido demasiados cortes. De repente, todo el cuerpo le dolía, y sentía que la mayor parte de sus fuerzas lo habían abandonado por completo. ¿Es que iba a desmayarse? ¿Tal vez Alyssa tendría que cargar con él?

¿Alyssa? —la llamó, acercándose rápidamente a ella en cuanto vio cómo se desplomaba en el suelo tras apoyarse en la pared. Ignoró por completo el irresistible dolor de los cortes—. ¡Eh! ¿Qué estás haciendo? ¡No te mueras!

Las palabras de la joven hicieron tragar saliva a Steve. Tomó su mano justo en el momento en el que se desvanecía. Confuso y sobrepasado por la situación, Steve la sacudió en un intento por despertarla. Después le dio un pequeño golpe en la mejilla, y luego otro, pero se dio cuenta de que no servían de nada.

¡Alyssa, despierta! No te vas a morir, ¿verdad? Por favor, no lo hagas. No ahora que te he cono...

Calló, dobló y enfundó su daga, y luego cogió a la chica en brazos. Dejó escapar un quejido, en esta ocasión, cuando un corte tiró más de la cuenta debido al peso de su compañera. Su cabello, largo y sedoso, caía sobre él, e incluso acariciaba su rostro a medida que avanzaba en la noche. Steve esperaba no perder demasiada sangre: se había encargado de las heridas lo mejor que había podido, pero alguien tendría que echarles un vistazo.

Mientras avanzaba, tarareó una canción para que Alyssa durmiera...

[...]

En cuanto llegó al Instituto, se acercó a la enfermería. Allí contó qué había ocurrido y explicó qué mal padecía Alyssa. Dijo que había venido tan rápidamente como había podido, y que el veneno podía ser fatal si no lo trataban cuanto antes. El encargado de la enfermería reaccionó tan rápidamente como pudo y empezó a ocuparse de Alyssa. Steve, mientras tanto, se apartó de la camilla y se acercó a la pared más próxima. Se apoyó en ella y cubrió la sangre de su costado con la misma pared. Después, llevó una mano a ésta y acarició la superficie. Sus dedos se impregnaron en sangre, mucha sangre.

Se quedó quieto unos instantes, respirando lo mejor que podía y con dificultad. Ahora mismo, más importante que sus heridas era el estado de Alyssa. No le contaría que se la estaba jugando a desangrarse por ella. Sabía que no lo apreciaría, y que más bien se enojaría por verlo nuevamente jugarse el cuello por ella.

Después de un rato, el enfermero lo llamó. Mareado y sumamente débil, Steve se acercó a la camilla. Perdió de inmediato el equilibrio y apoyó ambas manos a los pies de Alyssa, en la camilla. El enfermero puso sus dos manos en los hombros del cazador y lo sacudió para que reaccionara.

¿Se puede saber qué demonios te pasa?

Nada. No me pasa... Nada...

La cabeza empezaba a darle muchas vueltas. El enfermero hizo que se sentase al lado de Alyssa, y de inmediato se fijó en los diversos cortes que surcaban su cuerpo. La ropa se hallaba rasgada, y la sangre se había secado, pero algunos cortes aún le hacían perder más flujo.

¿Cuánto tiempo llevas así? ¿Tú te has curado esos cortes?

No los he curado, sólo los he vendado. Llevo así desde que llegamos, y desde antes.

El enfermero lo miró con una mueca de contrariedad. Empezó a cuidar de sus heridas, a desinfectar los cortes y a asegurarse de que sanarían rápida y eficazmente. Mientras trabajaba, habló sin mirar a los ojos de Steve:

No es la primera vez que vienes aquí para que te sanen. Está convirtiéndose en un hábito, Goodweather. No seremos capaces de salvarte siempre el pellejo. Tienes que empezar a mirar por...

El corte. Su pierna. ¿Cómo está?

Giró los ojos hacia el muslo de Alyssa, justo donde había sido herida. Suspiró un tanto relajado al ver que se encontraba mejor, y las palabras del enfermero lo aliviaron aún más. Después de que terminara con sus cortes, el enfermero se apartó y lo miró con seriedad.

¿Puedo irme ya?

No. Vas a pasar la noche aquí, y sólo podrás irte por la mañana. Quiero asegurarme de que los cortes no son graves. Así que, para asegurarme de que te quedarás, tú velarás por la chica. Si marchas, la dejas sola conscientemente.

Espera, ¿qué? ¡No puedes hacer esto!

No recibió respuesta alguna. En cambio, se encontró con la puerta cerrada y un silencio sepulcral. Pero cuando se giró para mirar a Alyssa, se dio cuenta de que tenía los ojos muy abiertos. ¿Cuánto tiempo llevaba consciente?

Oye, no quiero que haya problemas entre nosotros... pero tampoco quiero que vuelvan a herirte por intentar salvarme a mí. Sé que tú no necesitas protección, pero yo tampoco. Estoy perfectamente. Ambos lo estamos.

Se había sentado al lado de la chica nuevamente, y la miraba con total seriedad. Su rostro se veía iluminado por poca luz, y la mayor parte se hallaba envuelto en las sombras. Frunció el ceño con dureza y, entonces, sólo entonces...

Rió.

Rió mucho y con insistencia.

Evidentemente, ninguno de los dos estaba perfectamente, y eso es lo que le hacía tanta gracia. Ambos estaban para el arrastre.

¿Sigue sin dolerte nada, heroína? —preguntó con una ceja arqueada. No se movió de donde estaba, pero sí que fijó nuevamente sus ojos en la herida de Alyssa y, a continuación, cruzó su mirada con la de ella—. ¿Es cierto que eres mala con las adivinanzas? Entonces estoy seguro de que no sabrás en qué pienso ahora.

Pensaba en que había encontrado la excusa perfecta para escucharla tocar el violín en el Instituto...



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Mensaje— por Alyssa Olivetti el Mar Jun 25, 2019 12:42 am

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Lo único que Alyssa sintió cuando se despertó, fue una confusión terrible. Creyendo que todavía estaba en plena batalla, no abrió los ojos y furiosa con el demonio que sabía que había a su lado, le dio un gran golpe en su fea cara de demo... Oh mierda, entonces vio la carita de Steve y se dio cuenta de que acababa de atizarle a él con los ojos cerrados y no a un demonio como ella creía, delirios. Los abrió de golpe y porrazo, con esa mirada de cervatillo asustado con ojos verdes y se incorporó de forma tan brusca en la camilla que casi se cae, mirando a todos lados e intentando ubicarse.

Como acto reflejo, fruto de la tensión, se había agarrado con fuerza a la mano de Steve y cuando se dio cuenta la soltó. Miró hacia todos lados, reconoció la enfermería del instituto, él hablaba pero ella sentía que sus palabras volvían a llegarle lejanas, ¿efectos del veneno aún? Con los segundos cada vez su oído mejoro más y de pronto ya le escuchaba. Sintió el lacerante dolor de la pierna y el brazo izquierdo, dolor que le gritaba que la pelea con el demonio había sucedido y no había sido fruto de su imaginación. Y de pronto Steve comenzó a reírse como un demente y Alyssa, que aún no tenía muy claro lo que había pasado, comenzó a reírse también contagiada por aquella escena sin ningún sentido.

Risa

Acto seguido le dio un puñetazo amistoso en el hombro, con más fuerza de la debida.- Siempre seré una heroína y ahora más, cantarán sobre cómo vencí yo sola a 4 demonios Moloch... Omitiré todo eso de que tu me ayudaste, quiero llevarme el mérito en exclusiva -rió con su propia ocurrencia, afectada por las medicinas y calmantes que debían haberle puesto y comenzando a recordar lo ocurrido. Veneno, se había desmayado por eso y estaba viva por lo que Steve debió ingeniárselas para traerla al instituto de alguna forma. Quién sabe, unos minutos más y sería una nefilim más en una tumba, nadie habría llorado demasiado su muerte en un mundo en el que fallecer combatiendo es un honor.

Se quedó un momento mirándose la pierna herida, toda vendada pero doliendo aún, antes de responder.- También me parece que te salvé yo, creo recordar... -Afirmó con absoluta convicción, siempre de broma, pero de pronto su semblante se ensombreció muchísimo, le temblaba el labio inferior ante lo cerca que ha estado de morir, si no hubiera sido por él...- Me has salvado la vida, de no haberme traído al instituto habría muerto envenenada -se le quebró un poco la voz en el último momento, intentó ofrecer una sonrisa que ni siquiera llegó a los ojos pero aun así lo intentó por su salvador y acto seguido, sin pararse a preguntarle si quería o no, le dio un abrazo.

En el mundo de Alyssa todo se puede agradecer o valorar con un abrazo y para ella es una muestra tan natural como cualquier otra. Con suavidad se separó, devolviéndole al británico su espacio, consciente de que tendía a sobreestimar el aguante de la gente hacia su pegajosidad y afecto italiano. Además, él acababa de conocerla y solo la había salvado porque es el deber de un cazador ayudar a otro, nada más, pero se lo agradecía de todas las formas. Cuando le preguntó sobre lo que estaba pensando se llevó la mano a la cara de forma interrogatoria, haciendo como que pensaba demasiado.

-Estás pensando en que soy una pasada de cazadora y que además traerme un helado de chocolate sería la mejor idea para agradecerme mi duro trabajo contra los demonios -seguía sintiéndose medio tonta por las medicinas pero se zamparía una tarrina de helado de chocolate enterita sin absolutamente ninguna duda. Apoyó ambos brazos en la camilla e hizo el amago de levantarse, el brazo chilló un poco y la pierna ardía, pero podía moverse. Buscó heridas en el cuerpo de Steve, pero parecían haberle vendado también los cortes profundos, los miró unos segundos antes de dirigirse de nuevo a él.

-Tú también te llevaste una buena tunda, ¿Estás bien? -apreció, y toda loca e impulsiva como Alyssa puede ser se levantó de la camilla tras escuchar su respuesta, comprobó que plantaba bien el pie y de pronto echó a correr como una loca. En su mente era el superhéroe Flash, pero con la quemadura igual la adelantaba una tortuga.- Te echo una carrera a la cocina, el primero que llegue reclama el helado de chocolate, el otro tendrá que comerse el de pistachos... PUAG -exclamó con un visible desagrado mientras ponía a funcionar su pierna pocha y se decía para sí misma "Cuerpo no me falles, que no me gustan nada los pistachos".



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Mensaje— por Steve Goodweather el Mar Jun 25, 2019 10:30 am

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→ 23 DE JUNIO → 23:40 → ZONA COMERCIAL


No esperaba, para nada, recibir un golpe en la cara por parte de Alyssa. Sin embargo, la idea de quejarse no pasó siquiera por la mente del joven. Después de todo, era consciente de en qué situación Alyssa debía encontrarse. Él mismo estaba muy débil, con los diversos cortes que le habían abierto. No entendía cómo seguía en pie. Su única motivación, desde la muerte de sus padres, había sido aniquilar demonios. Y, una vez Alyssa se había desvanecido, esa motivación se había acabado, al menos por esa noche. Entonces ¿por qué había encontrado fuerzas para sacar a Alyssa de donde estaban y traerla al Instituto?

Mientras reía, Steve tuvo que dar un paso atrás debido a la fuerza del nuevo golpe de Alyssa. Era uno mucho más amistoso, pero también cargado de fuerza. Se rascó distraidamente el hombro y siguió riéndose. ¡Cuánto vigor!

Vaya, ¡perspicaz y humilde! Sigue, ¡estás cayéndome bien! —exclamó mientras reía. Ahora, su voz sonaba mucho más animada y jovial. Las sombras en su rostro desaparecían conforme se movía un poco de posición, pues la luz que salía de la enfermería parecía querer valorarlo más—. ¡Lo has hecho muy bien! Creía que moriría de no ser por...

Se detuvo al escuchar las palabras de Alyssa, quién ahora reconocía que le había salvado el pellejo. Por un lado, Steve le estaba siguiendo la corriente por ella, porque si lo que quería era creer que ella había sido la heroína, él no pondría pegas. Por otro lado, lo hacía porque también se reía y se mofaba. No obstante, ahora Alyssa había cambiado de parecer por completo, y pilló al Cazador de Sombras por sorpresa. Éste tragó saliva y negó con la cabeza.

No ha sido nada, de veras. Me basta con una de tus sonrisas. —Le guiñó el ojo amigable y cariñosamente, tratando de quitarle hierro al asunto. Pero cuando Alyssa se abalanzó sobre él para abrazarlo, Steve se quedó sin palabras.

Las únicas personas en Nueva York que le daban abrazos eran Elizabeth, Peter y su tío Patrick. Bien es cierto que había dejado a otra gente en según qué circunstancias, en especial antes de la muerte de sus padres, pero había pasado mucho tiempo de eso. Inconscientemente, Steve rodeó a Alyssa con sus propios brazos y cerró los ojos por un momento. Era cálida, incluso estando débil. Además, el aroma que desprendía la conexión entre su cabello y su cuello lo embriagaba. Steve se preguntó si usaba alguna clase de perfume. No muchos Cazadores de Sombras lo hacían, pero estaba dándose cuenta de que, de un modo u otro, Alyssa era distinta. Para bien o para mal.

Cuando Alyssa por fin se separó, Steve tosió y apartó un poco la cara. Estaba seguro de que se había ruborizado, y no quería que Alyssa pensase cosas que no eran ciertas. Por fortuna, cambiaron pronto de tema.

¡Bingo! ¿Has visto? No se te dan tan mal las adivinanzas. —Rió y se hizo de hombros—. Aunque te has olvidado de un detalle. Estaba pensando en contarte algún chiste, para hacerte reír. ¡Tengo un repertorio muy amplio!

En ese apartado, no mentía. Aunque Steve no lo compartiese casi con nadie, en el fondo tenía un buen sentido del humor. Bueno, "buen" puede que no sea la palabra más indicada. Tenía sentido del humor, que ya es decir. Pero para mostrarlo, le hacía falta soltarse, un poco de confianza. Con Peter y Elizabeth, había mostrado toda clase de humor, pasando por el verde y el negro. Nunca se había sentido avergonzado de ello.

Estoy perfectamente. ¿Te imaginas que, de repente, me convierto en demonio por infección? ¡Debe ser horrible! ¿Has visto la de cortes que me han abierto? ¡Mira, aquí hay uno... y aquí otro! —Enseñó varias zonas de su cuerpo para señalarlos. Luego dió unas palmadas y se rió—. ¡Son muy listillos!

Una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en el rostro del joven. La propuesta era perfecta y, estando en el estado en el que se encontraba, lo último que necesitaba era quedarse quieto sin hacer nada. Se puso en pie y corrió detrás de Alyssa mientras ella lo hacía con lentitud. Todavía no habían salido a la carrera, sino que tanteaban el terreno y las posibilidades.

Está bien, pero a cambio dejarás que te invite a comer algún día. —Arqueó una ceja, mirándona con seguridad—. A algún restaurante, a casa, donde quieras. Tengo mis motivos. Además, algo me dice que ésta no será nuestra última misión. Creo que estamos destinados a hacer grandes cosas juntos.

¿Dónde había quedado el carácter oscuro y distante de Steve? ¿Por qué sentía que se abría poco a poco con Alyssa? ¿En verdad quería hacerlo? Le habían hecho mucho daño anteriormente, y no quería que eso se repitiera. ¿Y si Alyssa demostraba no ser una buena persona? ¿Y si le rompía el...?

Sacudió la cabeza. Estaba pensando por pensar.

Decidido, echó a correr después de que Alyssa y él diesen la señal. Lo hizo tan rápidamente como las heridas se lo permitían, y se aseguró de no dejarle una sola ventaja a Alyssa.

Estaba herida, y él también. Ambos lo tenían difícil. Sin embargo, Steve había comprendido que infravalorar a Alyssa por ser chica no iba a servir de nada. Además, la edad no era excusa, pues ambos parecían compartirla; y, en el peor de los casos, si no era así, los dos todavía tenían cara de niños. Steve veía cada vez más cosas en Alyssa en las que se parecían. Siempre había creído que, para encontrar gente a la que querer, esa gente debe ser afín a ti, en la mayoría de aspectos. Al menos, en los más importantes. Este humilde narrador también lo cree.

Justo cuando creía que tenía la victoria entre sus manos, tropezó y rodó por los suelos. Alyssa llegó a la meta antes que él, y Steve dejó escapar un quejido al tocarse uno de los cortes. Si no tenía cuidado, se le volverían a abrir. Esperaba que Alyssa no se preocupase de más y no pensase en ello. Por ese motivo, sentándose en el suelo, Steve sacudió nuevamente la cabeza y empezó a reír. ¡Tenía muchas ganas de reír y de pasárselo bien!

¡Primero los demonios me apalizan, y ahora tú! ¿Es que no tienes clemencia? —preguntó mientras seguía riéndose. Se puso en pie como pudo y negó con la cabeza—. Bien, el helado de pistacho para mí. ¡Iugh! —Sacó la lengua en señal de disgusto—. Pero aún habiendo perdido, sigo queriendo que aceptes la ci... La propuesta. La de ir a comer a algún sitio, quiero decir.

Avanzó en la sala en la que ahora se encontraban, y buscó la zona donde guardaban los helados. Entregó a Alyssa el que se había ganado legalmente, y él se cogió uno de pistacho. Lo abrió y lo llevó a su boca. No estaba tan malo, si te parabas a... No, ¿qué digo? ¡Es horrendo!

Los ojos de Steve se llenaron de lágrimas mientras degustaba el horrible sabor del helado. Se puso rojo como un tomate, y luchó para no mostrar a Alyssa que batallaba consigo mismo. Elevó el dedo pulgar, además, para señalarle que estaba bueno, ¡pero mentía como un bellaco! Nada salía a pedir de Milhouse.

Está riquísimo —dijo, poniendo una cara graciosa a Alyssa. Quería volver a escucharla reír. Tenía una risa preciosa.



Última edición por Steve Goodweather el Mar Jun 25, 2019 10:36 am, editado 1 vez


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Mensaje— por Monstruos el Mar Jun 25, 2019 10:30 am

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Mensaje— por Alyssa Olivetti el Mar Jun 25, 2019 7:26 pm

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23 de junio →  23:40h  → Zona comercial

Cuando escuchó que le bastaba una sonrisa, Aly puso los ojos en blanco de forma dramática.- Anda ya, acabamos de contraer una auténtica deuda de sangre, pero bueno, un cazador siempre cumple sus deudas -afirmó, llevándose la mano al pecho de forma teatral y confirmando que aquella deuda existía para ella. También le pasó completamente desapercibido el hecho de que él parecía tener una tos de lo más rara tras abrazarse. La cazadora alzó una ceja confusa.- Te he hecho daño, ¿verdad? Tengo que dejar de abrazar tan fuerte a la gente, no son peluches... -y se sintió repentinamente culpable porque su primera idea había sido espachurrar a un cazador herido. Si Augustus estuviera le habría dado un buen capón.

Miró los cortes que se señalaba y tras pensar un momento dijo.- Puedes ser un demonio si quieres, uno de esos que son como arañas, ¿sabías que echan telarañas y pueden subir por los edificios? Apuesto a que serías el mejor demonio araña del mundo -y su ocurrencia le hizo tanta gracia que comenzó a partirse también de la risa. Procesó las palabras "Invitarte a comer" y tuvo una idea absolutamente genial que compartiría con él después de la carrera, porque, siendo francos, un helado no iba a calmar su hambre en absoluto.

La carrera fue un poco bastante torpe, ninguno de los dos se encontraban en el estado de salud más idóneo y eso se tradujo en una carrera lenta en la que los participantes a menudo tuvieron que parar para descansar y que más parecía que estaba llena de obstáculos. Sin embargo logró llegar a la meta de la cocina la primera y se puso a gritar con total eufioria.- ¡CHOCOLATE! ¡CHOCOLATE! -en forma de visible canturreo, pero cuando se giró para buscar a su compañero se lo encontró más atrás en el suelo. Caminó hacia él ligeramente preocupada, pero al menos Steve no parecía denotar dolor o nada parecido así que no supo que hacía ahí tirado.

-Vale que el pistacho está asqueroso, pero tirarte y abandonar la carrera no va a servirte de nada... Anda dame -dijo mientras le ofrecía el brazo para que se sujetara ya que el muy loco intentó hacerlo solo. Entre los dos y con fuerza se levantó y se encaminaron a la cocina para comerse el helado.- No te pienses que te voy a perdonar, soy demasiado dura -canturreó mientras rebuscaba por los cajones hasta que dio con una enorme cuchara grande y cogió el helado que Steve acababa de sacar de la nevera, solo de pensar en el de chocolate se le hizo la boca agua, cuando escuchó lo de la cena asintió pensativa.- Sí, he tenido una idea genial sobre eso, ¡Una cena de cazadores! Voy a invitar a todo el mundo y cocinaremos comida italiana, ¿qué te parece?

El chico tardó en responder porque comenzó a comerse su helado de pistacho, puaj... No entendía que fuera capaz de comerse semejante aberración pero entonces comprendió que estaba aguantando el tipo y se le escapó una risotada al verle ponerse rojo por el esfuerzo de no hacer una arcada. Aquella cara le pareció un auténtico poema, necesitó un minuto para parar de reírse y tuvo que colocar el helado en la encimera porque estaba a punto de tirarlo.- Tienes cara de que está realmente rico -seguía riéndose pero al final, sin mediar palabra se acercó a él y le arrebató el helado de pistacho de golpe de la mano. Luego lo cogió con una mueca de asco similar, se acercó hasta su delicioso helado de chocolate y se lo dejó a Steve en la mano que acababa de dejar vacía.

-La persona que compra este helado tan malo es el verdadero demonio -dijo dramática, pero luego agarró su recién estrenada tarrina de pistacho y se llevó una enorme cucharada a la boca. Tras saborear el asqueroso pistacho unos segundos en la boca y notar la mirada expectante de Steve, le dirigió de vuelta la cara más estúpida que pudo poner como regalo. Incapaz de resistirse ni un segundo más al helado de chocolate, dejó el suyo sobre la mesa y disimuladamente hizo que se acercaba a coger una servilleta pero en absoluta traición metió desde la espalda de Steve la cuchara en su helado y se llevó un gran pedazo del de chocolate a la boca.

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-Cuando terminemos el helado tengo una idea genial, los mundanos juegan a algo que llaman... Espera, ¿como era? -Aly sacó su teléfono del bosillo y abrió internet, no manejaba demasiado bien la tecnología mundana pero si lo bastante como para arreglárselas con una simple búsqueda de internet y en eso estaba cuando Dave Harrod apareció por la cocina, siempre con esa cara de eterno lelo y con ese aire de chulo insoportable.

Dave:
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-Ey Alyssa, ¿qué pasa? -preguntó el cazador, mientras se acercaba a la nevera y sacaba un enorme zumo natural.- Piérdete Harrod -contestó ella de mal humor, seguramente Steve, que no lo conocía, no entendería nada. La realidad era que Dave era uno de los cazadores más brutos, arrogantes y abusones de todo el instituto, siempre haciendo bromas de mal gusto a todo el mundo y tratándolos mal, se dice incluso que una vez le rompió un brazo a uno de los cazadores jóvenes en un sencillo entrenamiento.

-No te hagas la dura, ricura, cuando quieras puedes venir a mi habitación -Alyssa apretó los puños tan fuerte que se clavó con dureza las uñas en la palma, provocándose sangre. Siempre había soñado con darle una buena paliza a este gilipollas pero si lo hacía, la que acabaría expulsada del instituto y tal vez sancionada por la clave, sería ella.- Vete a mirarte al espejo, ahora no quiero hablar contigo.

Dave se puso blanco como el papel ante el insulto combinado con el hecho de verse rechazado de aquella forma, apretó el zumo con fuerza y de pronto ofreció una sonrisa de lo más desagradable.- Me da igual, además dicen por ahí que has estado saliendo con una de esas criaturas mentirosas y repulsivas, ¿un hada? Eres una vergüenza para los cazadores, si yo fuera tu padre ya te habría castigado con dureza, a saber con qué más te vas por ahí... -y antes de que la chica pudiera siquiera responder se largó de la cocina. Alyssa chilló, sumamente enfadada por lo que acababa de decirle y por no tener respuesta así que enganchó lo primero que tenía a mano, el helado de pistacho y lo tiró contra la puerta justo cuando se cerró tras el otro cazador.



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Mensaje— por Steve Goodweather el Mar Jun 25, 2019 8:37 pm

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→ 23 DE JUNIO → 23:40 → ZONA COMERCIAL


Si se paraba a pensarlo, ser un demonio con forma de araña habría sido de lo más divertido, curioso y útil que podría haber ocurrido. Claro que detestaba a los demonios, así que quizá habría sido más acertado un... ¡Un hombre araña! ¡Spiderman! Suena bien, ¿a que sí? Una sonrisa se dibujó en el rostro del Cazador de Sombras. ¡No había ser lo suficiente creativo y original en el mundo como para haberse topado con una idea tan brillante!

Lejos de sentirse ofendido por la victoria de Alyssa, Steve no pudo más que observarla desde el suelo mientras la joven gritaba la palabra chocolate. Era gratificante verla así de contenta, en especial después de la herida que se había llevado. Muchos jóvenes, aún siendo Cazadores de Sombras, se habrían desanimado o no habrían encontrado la entereza suficiente para seguir adelante por unos días. Ella, en cambio, rebosaba energía. ¿Cómo demonios lo hacía?

¡Me has tirado tú! —exclamó divertido y bromista, dejando que Alyssa lo ayudara a levantarse. Detestaba reconocer que, con las heridas de esta noche, le costaba valerse por sí mismo. Menos mal que ella estaba allí—. No serías tú si me perdonases, así que no lo hagas. —Se hizo de hombros. La prefería sincera. Eso también le gustaba en ella.

Entonces, Steve parpadeó. En un primer momento, no asimiló correctamente las palabras de Alyssa. Creía que él era quién había entendido mal. Pero pronto se percató de que Alyssa se había llevado una idea completamente contraria a la que Steve había tenido en mente. Apurado y en un entero compromiso, Steve sacudió las manos, tratando de disuadirla.

¡No, no, quería decir que...! —Todo se hizo un lío de repente: él comía helado y ponía cara de situación; ella hablaba al mismo tiempo y provocó que Steve olvidara qué quería decir. Al final, decidió seguir comiendo un poco del asqueroso helado y centrarse en la risa de Alyssa—. Está buenísimo, ¡de veras! ¡Mejor premio al perdedor!

Trató de forcejear, nuevamente, para quedarse con el helado. Pero Alyssa era fuerte, en físico y en carácter. Por ello, acabó arrebatándole el helado de pistacho. La joven parecía dispuesta a romper todos y cada uno de los esquemas del Cazador de Sombras, pues nuevamente lo pillaba totalmente por sorpresa. ¿Qué estaba haciendo?

Oye, has ganado tú. No hace falta que compartas el helado conmigo... —murmuró, arqueando una ceja y mirando cómo Alyssa probaba del de pistacho.

Otra vez, Steve parpadeó, expectante... y luego empezó a reír.

Reía mucho con Alyssa.

Se frotó un ojo de manera distraída. A traición, Alyssa se acercó por atrás y le robó un poco del helado de chocolate. Steve se giró hacia ella y negó con la cabeza.

¡Tramposa! Podías pedírmelo con una sonrisa, ¿lo sabías? —Evidentemente, lo decía con cariño y diversión. Él mismo seguía riéndose mientras caminaba hacia ella—. ¿A que el de pistacho está más rico?

Probó un poco del de chocolate, pues hasta ahora no lo había hecho. Miró el de pistacho y se hizo de hombros. Lo dejaría para las larvas, aunque prefería comérselo él a que lo hiciera un demonio. Suspiró y volvió a mirar a Alyssa, quién ahora estaba enfrascada en su teléfono móvil, buscando el juego al que se refería muy probablemente.

Te compro la idea, pero no sin que me digas qué juego antes. No me fío un pelo de ti.

Justo cuando iba a reír, una tercera presencia irrumpió en la sala. Steve se giró de inmediato y arqueó una ceja. Era un chico atractivo, aunque tampoco le parecía un bellezón absoluto. Había hombres mayores que él que a Steve y a mí nos parecen muchísimo más bellos. No nos juzgues por nuestros gustos.

No conocía al chico de nada. Ni su nombre, ni su estampa. Pero Steve supo de inmediato que algo no iba bien entre él y Alyssa, por lo que procedió a cruzarse de brazos. Irónicamente, uno de sus hombros cubría a la cazadora. Steve no se percató de este detalle.

Steve no tenía prisa por meterse en problemas ajenos. De hecho, siempre había pasado de ellos por completo. Para él, sólo había dos clases de problemas: los que puedes evitar, y los que no, así que su filosofía era evitar los evitables. Pero pronto se dio cuenta de por qué Alyssa se mostraba tan fría y tajante con ese chico, y él mismo compartiría parte de ese odio.

Tío, córtate un poco. Ésa no es forma de hablar a los demás —observó, enfadado, ante la sugerencia del cazador. Steve apretó inconscientemente los puños, e imaginó a ese chico como un demonio. Por el Arcángel Raziel, cuánto habría pagado por poder partirle la cara allí mismo.

El chico marchó raudo y veloz en cuanto dejó escapar su última y más dolorosa perla. Mientras que Alyssa se hacía con el helado y lo tiraba hacia la puerta que se cerró de golpe, Steve ya se había empezado a mover y había avanzado hacia dicha puerta. La abrió de par en par, provocando que una fuerte cortina de aire hiciera que sus prendas y su cabello corto sobrevolaran. Después, presa de la ira, elevó la voz:

¡Vete al infierno, payaso! ¡Si te vuelvo a ver hablándole así, te mataré! ¡Juro que lo haré!

Respiraba con dificultad, como lo había hecho durante el combate contra los demonios. Estaba rojo como un tomate, y de repente sentía muchísimo calor. Tuvo que apoyarse en la puerta, debido al dolor de los cortes que amenazaba con privarlo nuevamente de todas sus fuerzas. Por un momento, se había creído capaz de lanzarse sobre aquel cazador y de golpearlo hasta la muerte. Aunque Steve detestara las heridas que tenía ahora mismo, bien es cierto que le habían salvado de un aprieto aún mayor.

Abrió la boca para respirar mejor y volvió a cerrar la puerta tras de sí. El cazador que había molestado a Alyssa había huido por patas. Un auténtico cobarde que se había limitado a proponerse desagradablemente a una joven para después insultarla y marcharse con el rabo entre las piernas, si es que tenía uno. Steve apoyó una mano en la puerta y se llevó la otra a la frente. Cubrió uno de sus ojos, presa de un dolor de cabeza del que antes no había sufrido; sólo ahora. Después, cuando logró relajarse en apenas dos o tres segundos, alzó la cabeza para mirar a Alyssa y tragó saliva.

¿Quién demonios es ese cretino? ¿Y quién se ha creído que es para proponerte algo así? Si vuelve a ocurrir, Alyssa, quiero que le atravieses la yugular con tu daga, ¿me oyes? —La cogió de las manos y tragó saliva—. No hagas caso de lo que digan los demás cazadores. No voy a preguntarte qué ocurrió con ese hada, si es que es cierto lo que dice. Me da igual. Pero no te avergüences de lo que hayas hecho. Jamás.

Giró la mirada hacia el helado que se había estampado contra la puerta y suspiró. Luego, le entregó el helado de chocolate que había sobrado a Alyssa, y lo colocó en una de sus manos libres. Hizo que la cerrara en torno a éste y le guiñó un ojo.

Vamos, termínalo. Tú has ganado la carrera. —Pasó por su lado y se dirigió hacia la mesa. Antes de que Alyssa se diera cuenta, volvió tras ella con una cuchara y le robó otro poco de chocolate. Steve se relamió los labios y se rió—. ¡La venganza siempre se sirve en plato caliente!

Terminó de saborear el chocolate y dejó la cuchara en la mesa nuevamente. Entonces, se dio cuenta de que tenía sangre en las manos. Creyó que era debido a alguno de sus cortes, o que había apretado los puños con tanta fuerza que se había hecho daño. Pero cuando se dio cuenta de que no era su sangre, miró a Alyssa y avanzó hacia ella para mirarle las palmas de las manos, tomándolas entre las suyas.

¿Escuece mucho? —preguntó, esbozando una mueca.

Aquella sangre no era sino una muestra del auténtico carácter de Alyssa...



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Mensaje— por Alyssa Olivetti el Miér Jun 26, 2019 12:29 am

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No fue hasta que el imbécil de Dave se fue que Alyssa comenzó a sentir como toda la ira y nervios de la situación comenzaban a calmarse un poco en su interior. Steve no se había tomado nada bien todo lo que había dicho Dave y no era para menos, pero ella, acostumbrada a sus numeritos tontos, tenía que haber mantenido la calma pero tras lo último que soltó no le fue posible no ponerse nerviosa. ¿Una vergüenza para los nefilims? Ese pensamiento le daría vueltas por la cabeza unos días sin ninguna duda, no era ya nada fácil lidiar con un corazón roto, pero si además le sumas que la gente te vea como algo deleznable para tu raza es la gota que colma el vaso.

Aly no contestó a su moreno acompañante, no se veía capaz de decir nada y le temblaban demasiado las manos por la situación. Dejó que él le cogiera las manos pero cuando la miró, ella no le devolvió la mirada, centrada como la tenía en el helado de pistacho derramado por el suelo y sus propios pensamientos actualmente sombríos. Cuando le ofreció el helado de chocolate, la chica lo tomó con vacilación pero le agradeció el gesto con un leve asentimiento de cabeza. Él trajo una cuchara pero Aly no sentía hambre alguna, le vio comer chocolate en silencio e incluso se dejó revisar las palmas de las manos.

Ella misma las miró brevemente, se había clavado las uñas con tanta saña que se había abierto heridas, pero le daba igual en aquel momento, por fin dirigió la vista a su interlocutor, más avergonzada y dolida que cualquier otra cosa pero intentó que no se notara ya nada más. Con una sonrisa más fingida que verdadera, volvió a asentir.- No tanto como mi orgullo, eso si que me escuece. Pero se me pasará, Dave solo busca hacerme daño, como a todo el mundo. Me pregunto qué situación debe tener en casa para pensar que la única forma de relacionarse con los demás es así -porque en el fondo, aunque fuera un imbécil redomado, en cierto sentido Alyssa podía empatizar con el cazador e imaginarse la clase de castigos físicos que habría sufrido para haberse convertido en algo así. Ella había sufrido pocos en parte porque Augustus se había llevado los que le correspondían, pero en el mundo de los cazadores el niño que nunca hubiera sufrido daño físico era el raro. Unos sufrían más que otros, desde luego.

La italiana separó sus manos con suavidad de las de Steve y se acercó a por papel de cocina, limpió la sangre de las manos sin mostrar un solo gesto de dolor. Una vez tuvo las manos limpias y sin sangre, en un silencio poco usual para ella, cogió una balleta y le puso agua caliente y un cubo de fregar y a limpiar todo el helado de pistacho que acababa de aplastar contra la puerta, con cuidado y sin quejarse ni un momento. Al contrario, se sentía culpable por haber pagado con la puerta su frustración, aunque ni un ápice por un helado que de todas formas nunca debía haber sido inventado.

Cuando terminó, cogió la cuchara y la hundió en el helado de chocolate. Si eso no le quitaba las penas, nada lo haría.- ¿Sabes Steve? Cuando era pequeña mi hermano solía castigarme, como era quien se encargaba de mí... Y cuando lloraba me regalaba un unicornio de peluche, llegué a tener como 30 en mi habitación, no pude traerme ni uno de Roma, pero, ¿pensarías que soy una cría si te digo que abrazar a mis unicornios me hacía sentir mejor? A lo mejor si que lo soy -dijo resoplando mientras, de un saltito, se subió a la encimera para estar sentada ahí, hablando a su interlocutor desde lo alto y en una posición más cercana.

Los ojos de Aly, acostumbrada a jamás temblar o admitir nada, brillaron más de la cuenta con unas lágrimas que estaba conteniendo con todas sus fuerzas. No era capaz de verbalizar en palabras el dolor, especialmente acostumbrada a tener que tragarse todos y cada uno de sus sentimientos más profundos y tampoco fue capaz de hacerlo delante del cazador, pero frente a él se estaba mostrando más vulnerable que con ninguna otra persona que hubiera conocido anteriormente.- Encontré el juego que estaba buscando, se llama... ¿Uno? -Aly miró de nuevo el móvil, el día había avanzado con mucha velocidad y por las ventanas ya se adentraba la noche.- Aunque a lo mejor tienes que irte a dormir, no quiero tenerte todo el día conmigo, tendrás cosas más interesantes que hacer -respondió con una media sonrisa, intentando tragarse el malestar.



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A regañadientes [Alyssa] Empty Re: A regañadientes [Alyssa]

Mensaje— por Steve Goodweather el Miér Jun 26, 2019 1:15 am

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→ 23 DE JUNIO → 23:40 → ZONA COMERCIAL


Claro que es lo que busca. Nada de lo que te ha dicho es cierto. Lo sabes, ¿verdad? —preguntó, agachando un poco la cabeza y arqueando ambas cejas para mirarla de manera inquisitiva. No quería que Alyssa se hiciera ideas raras sobre su propia persona.

Dave — así lo había llamado ella — era un auténtico cretino, y lo había demostrado en menos de un minuto de presentación. Steve esperaba que Alyssa fuese consciente de que lo que ella misma decía era cierto, y era la respuesta a todas sus posibles dudas. Sólo buscaba hacerle daño y no debía creer una mísera palabra de lo que dijera, hubiera pasado lo que hubiera pasado con el hada que había mencionado, o viniese de donde viniese Alyssa. Dave no era nadie para juzgarla.

Se mantuvo callado mientras Alyssa se encargaba de limpiar la sangre de sus propias manos, y también el estropicio que había hecho al lanzarle el helado al energúmeno de Dave. Pensó en ofrecerle ayuda, especialmente pensando en su herida, pero no quería darle más motivos a Alyssa para que pensara que la infravaloraba. Tenía un carácter fuerte e independiente, y lo respetaría tanto como fuese posible. Al menos, Steve creía que era lo más acertado si quería ganarse su aprecio.

El joven Cazador de Sombras se puso recto una vez Alyssa volvió a girarse hacia él. La observó degustar más helado de chocolate, y una sonrisa casi inapreciable se dibujó en su rostro. Steve se cruzó de brazos mientras escuchaba la anécdota que le contaba. No, era más que una simple anécdota. Era una historia, y una que se extendía hasta hoy. Un hábito, un sentimiento; algo que parecía significar algo para Alyssa y, por ello, Steve lo recordaría con facilidad.

OST:

Eso no te hace una cría, Alyssa. Te hace tierna. —Se mordió la lengua para no agregar algo más, como que también demostraba que tenía sentimientos. No estaba seguro de querer arriesgarse a incentivar la fragilidad de Alyssa en estos momentos. No si ella no se sinceraba del todo con él; no si no apoyaba su cabeza en su hombro para llorar, literal o metafóricamente hablando—. Lamento que no pudieras traerte esos unicornios contigo de Roma. Hay dos cosas que podría hacer para ayudarte... —Tragó saliva y la miró—. Una, sería dejar que me abraces y te imagines que soy un unicornio. Ya me has imaginado como un hombre araña. La otra sería comprarte uno.

Entornó los ojos. ¡Bien hecho, Stevie! ¡Ya le has estropeado la sorpresa! Si hubiese recapacitado un poco, podría haberse guardado el secreto y aprovecharlo en favor de Alyssa para que, cuando menos se lo esperara, recibiera un unicornio de peluche. Suspiró, suponiendo que no podía hacer nada para remediarlo ahora y detestándose a sí mismo. En ocasiones, deseaba poder controlar magia que erradicara la memoria de las personas. La vida sería mucho más fácil así.

Vio cómo los ojos de la joven brillaron, y de inmediato se apresuró a acercarse a ella y colocar una mano cerca de su muslo herido. Su reflejo había sido el de poner una mano sobre la de ella, pero se había detenido en el último momento para no atosigarla. Tragó saliva y se fijó en su teléfono móvil.

¿Uno? Me suena de algo. —Frunció el ceño y se fijó en una foto del juego. Asintió. Era un juego de mundanos, si no se equivocaba. Un juego de cartas. Cogió una mano de Alyssa y la ayudó a bajar—. Sí, tengo que irme. El deber me reclama. ¡Tengo muchos demonios que matar todavía! Nos vemos, Alyssa. —Se acercó a darle un beso en la mejilla y se alejó rápidamente para atravesar la puerta del lugar...

Pero cuando la cerró tras de sí, volvió a abrirla un poco y asomó con una nueva cara divertida. Después se adentró y caminó hacia Alyssa, negando con la cabeza. Quería quitarle hierro al asunto y ayudar a Alyssa a sentirse mejor. No iba a hacerla llorar si ella luchaba por retener sus sentimientos. Sí, Steve sentía muchísima curiosidad por saber qué atravesaba su mente y su corazón, pero todo eso debía salir de ella, no de él.

Se ha acabado el helado. Creo que me debes una partida de Uno. —Le hizo un gesto—. Vamos, ¿cómo y dónde jugamos? ¡Pongámonos en marcha!

Después de unos instantes, Steve se detuvo y suspiró tranquilamente. Aunque no se lo creyera, Alyssa le estaba haciendo mucho bien desde que se había despertado. Era como si se tratase de una aparición divina. Steve se había olvidado por completo de sus heridas, y se estaba riendo más de lo que solía hacer frente a los desconocidos.

Alyssa le había contado algo. Algo importante. Él no podía quedarse atrás. Quería que Alyssa lo conociese mejor.

Cuando era pequeño, mis padres me hablaban de algo que yo no entendía. La Ciudad de las Estrellas. Creía que era un cuento, un mito... pero que en verdad existía. Cuando marchaban a una misión, siempre temía que no pudieran volver. Me costaba dormir y seguir con mi entrenamiento. Pero imaginaba esta ciudad, hermosa, idílica, y conseguía encontrar el sueño.

>>Una vez me hice mayor, mi madre me contó que la Ciudad de las Estrellas era una amenaza que sus padres le hacían cada vez que se descentraba de su oficio como cazadora, en especial durante la época de su entrenamiento, siendo ella muy niña. No quería que yo pasara por el mismo temor, así que cambió por completo el sentido de estas palabras. Así, ella misma pudo superar su trauma, y yo me abracé cada noche a esa imagen para no temer, como tú con tus unicornios.

>>Tu hermano te regalaba peluches, y mis padres me regalaban una ciudad imaginaria para ser fuerte y para que no pensase en ellos cuando sus vidas peligraban. Llámame loco, pero me gustaría ver algún día esa Ciudad de las Estrellas, aunque no exista; tanto como quiero que tú tengas un peluche de unicornio de nuevo. Al menos uno. Sólo uno.

Tragó saliva y miró a Alyssa con una pequeña sonrisa. Después de unos instantes, se frotó las manos.

Bueno, ¿estás preparada para que te dé una paliza? ¡Soy un suertudo en juegos de azar, te lo advierto!



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Mensaje— por Alyssa Olivetti el Jue Jun 27, 2019 1:22 am

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23 de junio →  23:40h  → Zona comercial

Spoiler:
¡UNO! Uno de los juegos favoritos de mi user :P. Vamos a tirar 5 dados en cada post que hagamos, es decir, 15 dados en total. En cada ronda el que tenga más aciertos es el que la ha ganado. El que gane 2 es el vencedor de la apuesta... ¿Reglas claras?  Yeah

A veces parecía frívolo e incluso robótico ver a una niña de 18 años, gravemente herida, moverse por una habitación como si no tuviera ni un rasguño. El cuerpo de un cazador de sombras estaba sometido a entrenamientos tan duros y a niveles tan altos de dolor, que la mayoría alcanzaba la edad preparado para sufrir heridas casi mortales y sobrevivir a ello. No en balde la sangre angelical les hacía superiores a un humano normal, pero no inmortales. Innumerables cazadores perecían a diario realizando una labor desagradecida y encima entre los suyos no estaba bien visto guardar luto un tiempo excesivo, el deber continúa.

Si ya la muerte se interpreta de esa forma, no hablemos de algo tan banal como un amor con final fatal. Aly no le había contado nada a sus padres, habrían sufrido demasiado, pero Augustus lo sabía... ¿Cómo iba a contarle que la había abandonado un hada caprichosa justo como él anticipó que pasaría? Su cabeza le aportaba todo tipo de pensamientos terribles mientras limpiaba el helado de pistacho de forma eficiente pero pensativa. Y entonces comenzó a hablar y le contó aquella estúpida y vergonzosa historia sobre su gusto por los unicornios, ¿Por qué con Steve no sentía la necesidad de hacerse la dura como siempre con todo el mundo? Probablemente porque no parecía la clase de chico que se dejaba impresionar por la indiferencia y empezaba a pensar que podrían ser grandes amigos.

-¿Tierna? ¿Como los filetes? -preguntó, claramente confusa por la palabra que acababan de usar para definirla, y de pronto se imaginó a sí misma como un filete con piernecitas y le dio una risa muy extraña por enésima vez aquel día. Le dio la risa cuando se ofreció a regalarle un unicornio, justo como hacía Augustus cuando la veía disgustada.- Te aviso que me gustan demasiado los abrazos, como me ofrezcas más serás oficialmente mi peluche y no creo que eso te guste -comentó divertida, siempre le habían gustado. De pequeña solía dormirse solo cuando podía abrazarse a la pierna de Augustus, que tiempos y que bonita fue su infancia única exclusivamente porque su hermano estuvo ahí para ella. Y se imaginó nuevamente si el moreno británico podía ser ese amigo que tanto necesitaba en su vida, ahora que Alya se había ido una temporada del instituto.

Alyssa nunca había sido demasiado avispada con lo que le rodeaba y no percibió la mano en su pierna tan concentrada como estuvo en el juego que buscaba en internet. Recordaba haber visto un Uno en la biblioteca del instituto, pero realmente no estaba muy segura ni de como se jugaba o si los mundanos realmente se divertían con eso o no. Cuando le dijo Steve de pronto que se iba, Alyssa se paró en seco un poco confusa.- Vaya, yo... Pensaba que íbamos a jugar, bueno no pasa nada, puedes venir otro día por el instituto, ¿verdad? -preguntó intentando ocultar esa confusión y dejó que el depositara un beso de despedida en su mejilla.

... Y de pronto el muy tonto apareció por la puerta con una cara de lo más graciosa y Aly volvió a reírse.- ¡Ya basta! -exclamó entre una risotada y otra, ¿es que las caras de Steve no tenían fin? Cuando escuchó lo de la partida asintió saliendo de la cocina con él y le guió hasta la biblioteca del instituto.- No se como se juega a eso del Uno, pero en internet viene una explicación y si los mundanos juegan no puede ser tan complicado -afirmó rotunda, ignorante de que el juego podía ser fácil pero no tanto de ganarlo. Aun así Alyssa, como casi todo cazador de sombras joven, se veía a sí misma como una ganadora y una muchacha en la cima con todo el mundo por comerse.

La chica escuchó toda la historia en absoluto silencio, cualquiera que la viera pensaría que no estaba escuchando porque no decía nada, pero todo lo contrario, prestaba tantísima atención que era incapaz de interrumpirle en ningún momento. Cuando Steve acabó de explicar esa bonita historia sobre como "La ciudad de las estrellas" le ayudaba a superar la separación con sus padres, se imaginó como debía ser tener unos padres que te contaran algo así de chulo para superar su ausencia. No pensó mucho lo siguiente que dijo pero lo soltó igual.- Algún día construiremos un cohete e iremos juntos a esa ciudad de las estrellas, así podrás verla en persona -afirmó rotunda antes de ponerse a trotar por el pasillo.

Entraron en la enorme y apabullante biblioteca del instituto de Nueva York, donde antaño estuvieron los hijos de los Lightwood y otros cazadores como Clarissa Fray o Jace Herondale. Buscó en los cajones distraída hasta qué... ¡BINGO! Encontró el pequeño paquete con las cartas y lo sacó. Se sentó en el suelo como los indios con las piernas cruzados y dio unos golpecitos en el suelo frente a ella, indicando a Steve que se sentara también.- Lástima que no todo en esta vida sea azar -dijo en un tono casi burlón antes de sacar las cartas. Con el móvil en la mano leyó las reglas por encima y le habló a Steve de los puntos más importantes antes de repartir las cartas de cada uno.- Bueno, sencillo, el que gane más rondas en 5 turnos es el ganador. Si gano yo, me compras un unicornio como me has prometido, ¿qué quieres tú si ganas? -preguntó Aly mientras miraba sus cartas para ver si eran buenas o malas y el juego comenzó, al menos la primera ronda.



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Mensaje— por Monstruos el Jue Jun 27, 2019 1:22 am

El miembro 'Alyssa Olivetti' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


#1 'Acierto/Fallo' :
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#2 'Acierto/Fallo' :
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#3 'Acierto/Fallo' :
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#4 'Acierto/Fallo' :
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#5 'Acierto/Fallo' :
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A regañadientes [Alyssa] Empty Re: A regañadientes [Alyssa]

Mensaje— por Steve Goodweather el Jue Jun 27, 2019 7:32 am

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→ 23 DE JUNIO → 23:40 → ZONA COMERCIAL

Off:
Acostumbro a jugar Uno con mis padres (también uno de mis juegos favoritos). Siempre es motivo de risas en casa, en especial cuando vienen invitados (algún amigo mío XD). ¡Reglas claras!
Tu reputación con los dados te precede. Esto ya es legendario XDDDDD.

Bueno, podré sobrevivir. Los Cazadores de Sombras podemos asimilar mucho dolor —dijo, alegre y a modo de broma, ante la perspectiva de convertirse en el peluche de Alyssa.

No dejaba que mucha gente lo tocase más de lo necesario. Es más, si cualquier otra persona le hubiese propuesto algo tan disparatado, Steve se habría negado rotundamente. Pero había algo en la chica con la que ahora estaba aprovechando su tiempo que le imposibilitaba decirle que no. Quizá se debía a su carácter inocente y cariñoso, o quizá al hecho de que, irremediablemente, Steve sentía que empezaba a forjarse una fuerte conexión entre ambos. Y, por si fuera poco, se daba cuenta de que era recíproco.

Después de haber puesto a Alyssa en un aprieto, haciéndole realmente pensar que marchaba, ambos se dirigieron hacia la biblioteca del instituto. Mientras atravesaban pasillos y otros lugares, Steve no podía evitar mirar a todos lados, sonriendo en ocasiones y esbozando muecas de contrariedad otras cuantas. Había pasado mucho tiempo desde que había estado en un lugar así. Pondría la mano en el fuego por su propia memoria. Si Alyssa lo dejaba a solas, seguramente sabría encontrar dónde quedaba cada zona.

Relatar una historia acerca de su pasado, sobre todo cuando tenía que ver con sus padres, no fue fácil. Al menos, no tendría que haberlo sido. Pero con Alyssa, Steve sentía que podía abrirse. Había contado uno de sus temores de cuando era niño. Era el primer paso para que la joven fuese descubriendo, poco a poco, mucho más acerca de él. La Ciudad de las Estrellas era un lugar que sí quería buscar y visitar, aún sabiendo de base que no existía. Eso decía algo acerca de Steve: era un chico ambicioso y, en parte, soñador.

Miró a Alyssa con una sonrisa de medio lado y asintió.

Te tomo la palabra. —No quería que Alyssa fuese a echarse atrás ahora—. Y tú vendrás conmigo.

Poco después, llegaron a la biblioteca. Steve se acomodó en el suelo, frente a Alyssa, mirándola expectante. Ella parecía haber captado las reglas, así que, mientras le explicaba las más importantes, Steve se tomó la libertad de hacerse con el móvil de la chica para echarle un vistazo mientras la escuchaba. Sería más fácil de asimilar. Una vez estuvieron listos, él asintió y volvió a frotarse las manos.

No dijo nada, pero ganase o perdiese Alyssa, tenía pensado comprarle el unicornio de todas formas. Steve dio unas vueltas, pensando qué quería en caso de ganar. Una vez hubo hallado una respuesta digna, chasqueó los dedos.

Si gano, me darás tu número de teléfono y además te harás una foto conmigo. No vale decir que es una recompensa mediocre. Yo también tengo un teléfono aquí, pero apenas sé usarlo. Me bastará con que me llames de vez en cuando. —Le guiñó el ojo. Nunca había estado de acuerdo con que el chico siempre tuviese que dar cada paso, incluso cuando quería llevarse bien con una chica. Suponía que por eso no había tenido precisamente muchas novias...

Habiendo dejado claras las condiciones, ambos se pusieron a jugar. Cinco turnos de los cuáles cuatro victorias se las llevó Steve. Era un juego de azar, y tuvo que reconocer haber empezado con muy buenas cartas tres de las veces. La cuarta victoria la obtuvo de pura chiripa, y la derrota fue completamente aplastante. Tenía claro que Alyssa había entendido mejor el juego que él. No sólo las reglas, sino también algún que otro truco para deshacerse de más cartas cuanto antes o para confundir al adversario. Por ejemplo, en lugar de tirar todas las cartas de diversos colores y de un mismo número en el principio, se deshacía primero de cartas más sueltas para que después, si Steve cambiaba de color, pudiera tener más elección. Además, en su victoria, Alyssa llegó a tirar seis cartas seguidas, ¡y eso que había robado diez de ellas! Steve no había pensado en que tendría la mano perfecta y que seis cartas serían muchas. No había estado tan equivocado en toda su vida.

¡Me encanta este juego! ¿Podemos quedarnos con las cartas? Esto podría convertirse en un pasatiempo entre nosotros cada vez que tengamos que esperar algo. —Se hizo de hombros. Era una simple idea—. Bien, es hora de reclamar mi justa recompensa. Ven, acércate.

En lugar de hacerse con su propio teléfono, Steve cogió el de Alyssa y se hizo dos de las fotos, rodeándola con un brazo a la altura de los hombros o de la cadera, cambiando de posición. Después, se lo pasó para que las hiciese ella. Puso caras divertidas, una seria y una de las sonrisas más sinceras que había esbozado en mucho tiempo. Acto seguido, recuperó el teléfono para escribirle su número.

Puedes poner el nombre que quieras. Vamos, estoy seguro de que quieres escribir "unicornio de peluche".

Se rió mientras le entregaba, ahora sí, su número para que lo escribiese. Una vez hubo guardado el móvil en el bolsillo, Steve le entregó la baraja de cartas a Alyssa.

Guárdalas tú. Así estaré seguro de que volveremos a jugar. Y echaremos más de una partida en la Ciudad de las Estrellas. ¡No volveré a darte tregua! —exclamó, ilusionado y feliz, y después se puso en pie. Le dio la mano a Alyssa para ayudarla y tiró de ella con tanta torpeza que la proximidad entre ambos se vio nuevamente reducida. Apoyó ambas manos en los hombros de la joven para que se estabilizase, y se rió aún más desde donde estaba—. Y bueno, tú también has ganado una partida. Eso te hace una ganadora también, así que ven conmigo.

La cogió de la mano y trotó junto a ella para taparse con el manto de la noche, en el exterior del instituto. Recorrieron dos manzanas más rápidamente de lo que él habría podido imaginar. En efecto, tal y como tú has dicho, los Cazadores de Sombras estaban acostumbrados al dolor, y podían con heridas así y muchas más. No eran inmortales y, si no tenían cuidado, podían morir. Steve podría haber muerto de no ser por la intervención de Alyssa. Aunque ella no lo quisiese reconocer, ambos se habían ayudado mutuamente esta noche.

Por fin, encontró lo que buscaba: una máquina de juguetes. Steve se hizo con unas monedas y las metió dentro de la máquina. Ya había visto un unicornio de peluche en su interior. Había una gran variedad de ellos, así que sería difícil atrapar uno.

Primer, segundo, tercer, cuarto intento... En este juego de azar, la suerte de Steve parecía no existir, y su dinero se agotaba poco a poco. Alyssa se sostenía a su lado, pero él se hallaba completamente absorto por la máquina. Creía estar entendiendo mejor el mecanismo, pero por más que lo intentase, el unicornio no parecía dispuesto a salir de allí.

El sudor empezó a perlar su frente, y él sentía que perdía la paciencia. Pero aún así, siguió intentándolo, una y otra vez.

Décimo intento. Onceavo... Doceavo...

Vamos, tiene que salir... —murmuró, apretando los dientes mientras introducía las monedas de nuevo y luego posaba las manos en los botones. Su mirada se hallaba completamente fija en ese unicornio—. Te voy a conseguir ese unicornio, Alyssa. Cueste lo que cueste.

Y, si no funcionaba, rompería la máquina y echaría a correr con el peluche. Alyssa no volvería a casa sin su unicornio.



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Mensaje— por Alyssa Olivetti el Jue Jun 27, 2019 8:21 pm

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23 de junio →  23:40h  → Zona comercial

Pues siguiendo el hilo de pensamiento de su moreno compañero y su usuario... Nada que ver. Alyssa siempre fue muy afectuosa con absolutamente todo el mundo, el carácter italiano y el afecto recibido en su familia hacía que no tuviera ningún miedo de demostrar el afecto con gestos corporales, ahora que decirlo... Eso ya era demasiado, admitir sentimientos es admitir debilidades en un mundo en el que la gente puede desaparecer demasiado rápido, y con la creciente sensación en su interior de haber sido abandonada, ¿cómo dar el paso de volver a confiar en alguien?

-City of stars, there's so much that I can't see... -canturreó de pronto la italiana, no recordaba absolutamente nada sobre por qué conocía una estrofa de una canción así, tampoco recordaba haberla oído en ningún sitio o si lo había hecho lo había olvidado, pero venía que ni al pelo. No era una gran cantante así que dejó la frase en el aire y suspiró.- Si canto un poco más seguro que me cargo a Iglesia -dijo y como si el siniestro y perezoso gato se hubiera sentido aludido, asomó la acabeza por la puerta de la biblioteca con su acostumbrada cara de enfado y se marchó airoso como casi todos los gatos, dejándote claro que se había enterado de todo.

Cuando escuchó lo que le pedía asintió, porque de todas formas pensaba haberle dado su número así que no es como si fuera a ser una promesa difícil de cumplir.- Venga vale, prometo que también te mandaré algún que otro Whatsapp al movil, tienes que contestarme, eso sí. También puedes mandarme algún careto de esos que te encanta poner -contestó divertida, pensando en lo guay que era eso que hacían los mundanos... ¿Un shelfo? Sí, estaba segura de que hablaba de un shelfo. Aly pensó en los curiosos nombres que los mundanos podían llegar a darle a algo tan simple como tomarse una foto y de pronto... Show must go on, la partida comenzó y sus cartas eran penosas.

Desanimada, se pasó toda la partida suspirando, frunciendo el ceño con toda su fuerza para ver si era capaz de hacer algo con una mano tan mala, pero no. Steve estaba ganando prácticamente siempre y solo en la cuarta partida, logró ganar porque hizo un buen combo con algunas de las cartas y logró descartarse de las peores, pero por mucho que se esforzó por jugar lo mejor que pudo y combar en todo momento, acabó perdiendo por goleada igualmente. Refunfuñando, masculló algo como "No quiero jugar más" y dejó las cartas sobre la mesa frunciendo el labio en un mohín más que molesto, no estaba nada acostumbrada a perder y nunca lo llevaba bien.

-¿Que te encanta el juego? Supongo que con las cartas adecuadas a mí también podría haberme encantado -y puso los ojos en blanco, dejando claro que estaba ironizando. Cuando tocó el momento de cobrar la apuesta y la llamó, fue sin vacilar porque las deudas se pagan y punto. Y cuando la tanda de fotos comenzó se dijo a sí misma que haría una tontería en cada foto. En una morritos, en la otra enfado, cara interesante y por último la mejor, una cara payaseta frunciendo la boca como un pez.- ¡Esto de los shelfos es muy divertido! -comentó en voz alta, cogiendo su pequeño samsung de la mano de Steve, guardó el teléfono como "Unicornio británico" y se lo enseñó.- ¿Qué te parece? ¿Lo apruebas? -pero antes de que el chico pudiera decir sí o no, lo guardó igualmente.

La cazadora miró la baraja de cartas y finalmente se las guardó, altamente enfadada con aquel juego que había provocado que perdiera y que no le había dado ni una buena carta. Aly era la clase de persona que a veces, debido a la competitividad extrema con la que llevaba todo, encontraba difícil divertirse con las cosas más corrientes, pero solo porque Steve le había pedido jugar otra vez, accedió a guardarlas para el futuro.- Que sepas que lo guardo solo por ti... Y por la ciudad de las estrellas -exclamó, mientras le dio las manos para levantarse pero el chico tiró con tanta fuerza que estuvo a punto de estamparse contra él y, como acto reflejo, llevó las manos a la cadera del chico para no caerse. Las quitó en cuanto recuperó el equilibrio y le dirigió una mirada avergonzada de disculpa.

Steve agarró su brazo y Alyssa se dejó arrastrar sin tener demasiado claro a dónde iban. Abandonaron el instituto para salir a la noche neoyorquina, parecía mentira que justo 24 horas antes fueran a conocerse patrullando y a casi palmarla, pero ahora era un ambiente completamente diferente y por el camino se sucedieron las bromas y las tonterías varias acompañadas de montones de risas. La chica no pudo pensar mucho en el dolor de la pierna, aunque andar rápido hacía que a veces le ardiera un poco más de la cuenta. Cuando llegaron a una sala recreativa y se acercaron a una máquina de juguetes miró interrogante lo que hacía, intentaba sacar un unicornio.

Volvió a poner los ojos en blanco.- Soy una perdedora, ¿por qué me regalas un peluche? Los peluches son para las chicas que saben jugar al uno, las que no saben se aguantan sin ello -comentó pero en tono divertido, la verdad es que no estaba teniendo mucha suerte y cuando le vio gastar moneda tras moneda se agobió un poco por ello. Llevaría mínimo ya unos 10 dólares gastados por un peluche cuando el dueño lo habría comprado por 1 dólar y con mucha suerte, pero el chico se estaba gastando una fortuna y no lograba nada.

Cautelosa, depositó la mano sobre las suyas y le quitó las manos de los mandos.- ¿Confías en mí? Pues cuando yo te diga... corre -dijo y le dio un golpe lateral a la máquina con tanta fuerza que salieron como 5 o 6 peluches de unicornio disparados de la máquina directos a la fría acera. La chica cogió uno y la máquina comenzó a pitar como loca debido al golpe, el dueño vendría de un momento a otro. Se encogió de hombros como disculpándose, peluche en mano, por su temeridad, pero con lo que Steve se había gastado ya desde luego no era un robo.- Con uno me vale, hora de darse a la fuga, ¡CORRE! -gritó sumamente divertida y cuando la puerta se abrió con un hombre gritando en un idioma que parecía pakistaní, cogió la mano de Steve y echó a correr con él, directos al instituto.



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A regañadientes [Alyssa] Empty Re: A regañadientes [Alyssa]

Mensaje— por Steve Goodweather el Jue Jun 27, 2019 10:35 pm

A REGAÑADIENTES
→ 23 DE JUNIO → 23:40 → ZONA COMERCIAL

Escuchar qué canturreaba Alyssa hizo que Steve frunciese el ceño y la mirase fijamente por unos instantes. Estuvo a punto de pedirle que siguiera haciéndolo y que no se preocupara por las iglesias de la ciudad. En cambio, Steve calló, arrepintiéndose de no haberse fijado en si su voz era bella o no al cantar. Pero esto no era lo que hizo que callara, sino perderse en sus propios pensamientos. ¿De dónde había sacado esa letra y esa canción?

Claro está, Steve se había reído ante la reacción de Alyssa al perder. No pretendía mofarse de ella, y no era bobo. Veía que no llevaba muy bien el perder. Ningún Cazador de Sombras lo hacía. Una derrota para un hijo del Arcángel Raziel podía significar la muerte instantánea. Sus padres no habían sufrido derrota alguna hasta que...

¿Shelfos? ¡Se llaman salfas! —había exclamado Steve, riéndose en confianza, como si Alyssa fuese ingenua. Al momento se rascó la frente y trató de mostrar seguridad. Se llaman así, ¿verdad? En cualquier caso, las fotos que se habían sacado juntos no sólo eran buenas. También eran bonitas y maravillosas.

Algo que tenía Steve, y que también viene de mí, es que valoraba mucho los recuerdos. No sólo los que tienes en mente, sino también los que puedes tocar y ver cada vez que quieres. En ese aspecto, los dos somos un poco materialistas. A veces basta con un gesto, barato o gratuito, para sacar la mejor de las sonrisas. En este caso, Steve se contentaba, y por goleada, con los selfies que se había hecho junto a Alyssa. Algo le decía que los vería en más de una ocasión. No quería perder esas fotos por nada del mundo.

Había tragado saliva al ver el nombre de contacto que le había puesto. Como Alyssa no le había dado tiempo a responder, Steve se había limitado a suspirar y sonreír mientras negaba con la cabeza. Esta chica...

No podría haber estado más encantado con el nombre.

Tuvo exactamente la misma reacción una vez Alyssa accedió a guardar las cartas. ¿Por él? ¿Cuántas cosas había hecho otra gente por él? Lo guardo sólo por ti... y por la ciudad de las estrellas. Dicho de este modo, dicho por ella, hacía que sonase demasiado bonito para ser verdad. Mucho más mágico que cualquier hazaña salida de lo común. Procuró toser y mostrar exactamente la misma mirada que Alyssa le dirigió cuando tuvieron el tropezón.

Después, vino el episodio de la máquina de juguetes.

Sí, eres una auténtica perdedora. ¡Por eso la máquina no me quiere dar el condenado peluche! —exclamó el joven, también con un tono jocoso y cariñoso.

En efecto, estaba teniendo mala suerte. Parecía que todo se ponía en su contra para que Alyssa no recibiese el juguete. Pero después de todo lo que había dicho, después de la anécdota que le había contado... Después de nombrarlo unicornio británico en su teléfono móvil, ese peluche tenía que ser de Alyssa. Estaba dispuesto a pagar mucho más dinero con tal de conseguirlo. Si no había tenido uno desde que había venido de Italia, hoy eso cambiaría.

¿Cuánto más cambiaría en los próximos tiempos?

¡No, no quiero parar! Necesito regalarte ese peluche —dijo mientras el sudor se deslizaba por su frente. Alyssa todavía no había hablado. Se había limitado a cogerlo de las manos para apartarlas. Miró fijamente a los ojos de la chica, e incluso abrió la boca para poder respirar un poco. Parecía un poco afectado por lo que ocurría. ¿Cuánto necesitaba realmente hacerse con ese peluche?

La pregunta lo pilló un poco por sorpresa. Alyssa parecía conocer la respuesta. ¿Sería un cliché? ¿La habría escuchado muchas veces antes? Steve cruzaba los dedos para que no fuese así. Tragó saliva y asintió.

Hoy, me has salvado. —Y no iba a aceptar que dijese lo contrario.

Las instrucciones eran claras, y la idea también lo fue. No hacía falta vocalizarlo. El corazón de Steve empezó a latir con fuerza, y las heridas vibraron en advertencia de qué podría pasar si se excedía. No obstante, aguardó a que Alyssa rompiera la máquina y, después, se hizo con su mano cuando ella buscó la suya. Había cogido un peluche de unicornio. ¿Debía temer? ¿Debía echarle la bronca por su osadía?

No. Todo lo que Steve hizo fue asentir, reírse y gritar:

¡A la orden, capitana! —Y siguió riéndose. No se lo había pasado tan bien en mucho tiempo.

Ya habían echado a correr, claro está, y el hombre de la tienda había salido. Steve escuchó cómo vociferaba tras ellos y, después, también escuchó algún que otro insulto. Se habría parado a devolvérselos, en especial si iban dirigidos a Alyssa, pero no podía hacerlo. Ahora sólo podía pensar en correr y en reír. Feliz.

El peluche era de Alyssa.

Por fin perdieron la pista del tipo. Steve se vio obligado a encorvarse, apoyando ambas manos en las rodillas. Sólo ahora las heridas empezaron a quemar, señal de que correr no había sido la mejor de las ideas para su estado actual, pero le daba igual.

¿Estás bien? ¿Te duele la pierna? —preguntó, tocándose sus propias heridas distraído, pues la de Alyssa le preocupaba más. Después miró el peluche, y llevó ambas manos a la de Alyssa, la que lo sostenía, para cubrirlas—. Podrías haber tenido más. Unos cuantos más, para abrazarlos a todos. ¿Estás segura de que éste será suficiente?

Respiraba con cierta dificultad todavía. ¡Normal, después de la noche que llevaban juntos! Por mucho que hubiesen corrido peligro, por muy mal que hubiesen estado las cosas en un principio, todo había cambiado desde la enfermería. Sabía que habrían problemas, sabía que se reencontrarían con Dave, pero ahora también sabía que Alyssa era una persona que se quedaría, a cierto o largo plazo, en su vida.

Lo que te he dicho antes, Alyssa... No quiero que te lo tomes a la ligera, porque yo no voy a hacerlo. Es una promesa. Algún día, tú y yo iremos juntos a la Ciudad de las Estrellas. Y jugaremos al Uno. Sé que, en esa ocasión, me derrotarás sin piedad. —Se rió y le guiñó un ojo—. ¿Confías en mí?...


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