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You¡re not alone {Einar Sørensen}

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Mensaje— por Scarlett J. Williams el Jue Ago 22, 2019 6:00 pm

YOU'RE NOT ALONE
→ Una semana después de este tema → 22:12 → Sótano de la Base del Praetor  → Calor
Ese lugar apestaba.

No literalmente claro, sino de forma metafórica. Aunque bueno, estoy convencida de que las cosas como estas también pueden llegar a apestar de verdad por el simple hecho de que, bueno, apestan. No sé. Ni soy poeta ni soy literata, así que no sé qué pretendíais que dijese al respecto; no me iba a sacar un soliloquio mental bonito de cojones, como tampoco sé soltarlos por esta boquita que tengo, así que ahí os quedáis, qué queréis que os diga. Yo sé escribir poesía con los puños, si os sirve de algo, y desde la última visita de Einar estaba deseando poder escaparme una noche con él para terminar haciendo cualquier cosa que implicarse desahogo, desfogue, y bueno, otras mil cosas más. Pero me temo que mientras siguiese encerrado en ese maldito sitio...

No recordaba haber bajado a estos lugares desde mis primeros meses en el Praetor. No es un sitio muy airado entre novatos y veteranos salvo en situaciones problemáticas, como las que di yo, o para impartir algo de castigo, como es el caso de Einar. Por eso la mayoría estaban vacías, afortunadamente, salvo probablemente el chavalín al que trajimos juntos en nuestra misión y él mismo, que debe de estar muriéndose del asco encerrado tras varios días de aislamiento. Una parte de mí estaba deseando ver la cara de frustración que tenía, pero reconozco que era nimia en comparación a las ganas que tenía de echar yo la puerta abajo para que pudiese escaparse de ahí corriendo como el perro que es. He conocido a muchos lobos y lobas a lo largo de mi vida desde que soy subterránea, y Einar es como pocos; parece que el animal le ha poseído hasta el tuétano, o quizás ya tenía esa conciencia incluso antes de ser transformado, solo que ni lo sabía ni le había dado oportunidad a salir a la luz. Duele que cualquiera se encierre, pero en su caso el daño era casi físico, como ver a un pájaro de colores acostumbrado a volar dentro de una jaula.

Pero como dicen los nefilims, sed lex, dura lex.

La ley es dura, pero es la ley.

Menuda sarta de gilipolleces.

Afortunadamente no hacía demasiado frío en esta planta de la casa, y las habitaciones dispuestas a lo largo de su peculiar geometría no creo que estén mal acondicionadas. Me dirigí a la puerta que se suponía que no debía saber que guardaba a Einar; a la puerta que no debía de estar visitando bajo ningún concepto porque la idea era que pasase algunas semanas de aislamiento total y absoluto. Estoy convencida de que sabían perfectamente que me lo iba a saltar a la torera, a pesar de lo rectos, de lo firmes que somos, porque son conscientes de que le debo mi vida a este hombre y que lo que hizo, aunque reprochable, fue un acto de pura camaradería. Así que si se ha filtrado información... Bueno. Ojos que no ven... Corazón que no siente. Quizás, después de todo, por eso me es más fácil sentarme junto a la puerta después de dar varios golpes, porque no puedo ver a mi nuevo amigo.

¿Sigues vivo, rubio, o te has caído ya tantas veces de subirte a las paredes que te has abierto la cabeza?


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You¡re not alone {Einar Sørensen} Empty Re: You¡re not alone {Einar Sørensen}

Mensaje— por Einar Sørensen el Dom Ago 25, 2019 7:52 pm

You’re not alone (Scarlett)
→ Junio 2018 → Subterráneos de la Base de los Praetor Lupus  → Calor asqueroso, hora desconocida


”Toda buena acción tiene su merecido castigo”.

Alguna vez alguien me había dicho esa jodida frase, algo que no entendía. Supongo que mi falta de entendimiento se debía, básicamente, a la falta de costumbre de hacer ”buenas acciones”, porque siendo realistas, nunca me he parado a pensar en si lo que hago está bien o mal, simplemente hago aquello que creo que debo hacer, sin pensar en las consecuencias que pueda tener, sin pensar en nada más allá de solventar el problema que se me presente. Y justamente eso había hecho en aquella ocasión, solucionar el problema sin pararme a pensar en lo que dictan las normas Praetor.

Y claro, la vida, que es una cabrona irónica de cojones, no había desaprovechado la ocasión de mostrarme la verdad que parece encerrar ésa curiosa afirmación, puesto que aquí me encuentro, encerrado en los subterráneos del Praetor, tras ser castigado por romper las normas del mismo, por haber eliminado, o asesinado, como más os guste la palabra, a un gilipollas que se divertía torturando y atacando a los más débiles y quien, sin lugar a dudas, estaba dispuesto a matar a mi compañera de manada.

Sea como sea, ya no sé cuánto hace que me metieron en esta maldita celda, sin más compañía que mis oscuros pensamientos, mi propio lobo, el cual hasta se ha cansado ya de lanzarse contra las paredes, puerta, de destrozar el maldito colchón y arañar con uñas y dientes los ladrillos de esta prisión, y la puntual aparición de una bandeja con comida y agua.

Pero lo peor no es el no tener nada que hacer, el encontrarte encerrado en un espacio que por momentos parece encoger. Tampoco el verte privado de lo único que te mantiene con vida, cuerdo, que te impulsa a seguir luchando, que no es otra cosa que la libertad de moverte, del bosque, de la gente, de la vida en sí. No, lo peor es el calor, ese calor asfixiante que aumenta por momentos, consiguiendo que no tardara en sudar como un jodido cerdo poco tiempo después de que me encerraran. Sí, odio el calor, no lo soporto. Me crie en una islas en el atlántico norte, en donde el frío es el amo y señor de todo, y he vivido demasiado tiempo en la Madre Rusia, en los gélidos bosques siberianos, por lo que estar encerrado aquí, obligado a permanecer estático en un mismo lugar, privado de la agradable sensación de la brisa, del viento en mi cara al correr libre ya sea sobre mis propias patas o montado en mi querida Harley, me está matando, o más bien enloqueciendo lentamente.

Supongo que no tardé demasiado en arrancarme la ropa agobiado por el calor y el sudor. Pero no creo que a nadie le ofenda mi cuerpo desnudo, ¡sobretodo porque no hay nadie que pueda verme!. Tampoco creo que pasara mucho antes de que mi lobo tomara el control de mi cuerpo, pues aquí encerrado los recuerdos de mis fantasmas, así como las pesadillas parecían acrecentarse a cada momento, llegando a hacerme confundir la realidad de la fantasía, la vigilia del sueño. Sí, hasta mi lobo se cansó, algo realmente curioso, y cedió voluntariamente el control del cuerpo a mi mente humana.

Si lo que querían era castigarme de forma dura, sin duda alguna han dado con la forma más eficaz. De hecho, ni tan siquiera mi padre consiguió hacerme sufrir tanto como este atajo de vejestorios pulgosos que no son capaces de encontrar a un sustituto que lidere a los Praetor como debe ser.

Durante todo este tiempo creo que no ha habido fantasma alguno en mi vida que no se haya acercado a saludarme, desde el cretino de mi padre, hasta el más insignificante de aquellos gilipollas que tuvieron la mala suerte de enfadar a mis superiores. Y eso que muchos de ellos siguen con vida. Supongo que mi estado mental no debe distar mucho ya del de un esquizofrénico paranoide. Incluso he llegado a tener conversaciones interesantes con ellos, fruto de mi dudosa integridad mental.

- ”Oh, vaya, ya estaba tardando en aparecer también ella…" – pienso en cuanto el olor a helado de chocolate parece querer colarse en mis fosas nasales. Un aroma que solo puede emanar de mi querida compañera de manada, aquella que había sido la causa para que acabara con la amenaza que se cernía sobre su vida sin pensar en las consecuencias.

Acurrucado en el centro de la celda, abro los ojos a la oscuridad reinante, rascándome ligeramente el apelmazado esperando a que su espectral silueta se presente ante mí. Curiosamente, sin embargo, eso no llega a suceder y su voz es precedida por algo que ninguno de mis anteriores ”visitantes” había hecho; golpear la puerta con sus nudillos para presentarse.

Notando las gotas de sudor recorrer velozmente mi espalda, la voz de Scarlett se cuela finalmente en mi mente, con esa forma de hablar tan característica suya, ese toque entre burlón y desafiante que tanto me gusta de ella. - ”Un momento… ¡no me jodas que está realmente al otro lado de la puerta!" – no puedo evitar pensar al oírla, sintiendo cómo la alegría estalla en mi interior y la esperanza de poder hablar con alguien real crece con igual fuerza.

Nah… solo he conseguido abollar el suelo… ya sabes que tengo la cabeza bien dura – le suelto en tono burlón, después de saludarla con uno de mis característicos gruñidos, sorprendiéndome al comprobar lo áspera y seca que resuena mi propia voz. – así que todavía estoy aquí, esperando a que te des cuenta que no vas a encontrar a otro macho como yo en esta jodida organización – añado en el mismo tono burlón, sabiendo que eso no ha sido lo que la ha traído hasta aquí, arriesgándose a ser sancionada también, pero necesitando mostrarme tan creído y desagradable como siempre, intentando aparentar que estoy bien, algo totalmente falso. – No deberías haber venido, princesa – suelto en un hilo de voz más bajo, girando lentamente mi cabeza hacia la puerta que me separa de ella, sin dejar de rascarme el pelo con la mano, ni de abrazarme las rodillas con el otro brazo.






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Mensaje— por Scarlett J. Williams el Dom Sep 15, 2019 8:24 pm

YOU'RE NOT ALONE
→ Una semana después de este tema → 22:12 → Sótano de la Base del Praetor  → Calor
Tuve que reír, aunque quizás lo más sorprendente es que no me había dado cuenta de que estaba conteniendo la respiración hasta que le escuché hablar.

Un alivio casi instantáneo recorrió todas las células de mi cuerpo, pues temía que tras unos días el aislamiento le hubiese pasado factura a la cabeza, pero no era así. Bueno, o sí, pero no a los niveles de terminar siendo un engendro babeante que estuviese meándose por las paredes y arañando la puerta suplicando por una salida. La imagen que se presentó en mi cabeza no es demasiado agradable, pero me hizo esbozar una sonrisa entre irónica y asqueada que fue una pena que Einar no pueda ver, porque estoy segura de que la hubiese aprovechado para soltar cualquier comentario jocoso que terminaría desembocado en nuestro tira y afloja habitual.

Encojo las piernas contra mi pecho mientras suspiro, deseando que haya pasado ya el tiempo de castigo para poder tenerle cara a cara. No sé si es porque la culpabilidad me atenaza dentro del pecho, porque está ahí encerrado por defenderme, porque estoy salida como la esquina de una mesa o porque he encontrado en él una... comprensión, una compenetración que no recordaba haber tenido con nadie desde hacía eones. Y la idea asusta, pero como siempre, poco a poco. Hay barreras que ya no pienso volver a bajar nunca más. Ni lo necesito ni lo quiero.

Bueno, pues tampoco dejes muchos boquetes en la sala no vaya a ser que te ganes otra semana de castigo y tengamos que posponer todavía más esa cita que tenemos pendiente.

Dejé caer la cabeza contra la pared. Desde dentro, por la pequeña ranura que hay entre la puerta y el suelo, me llegaba el olor intenso de su sudor. Debía de estar pasándolo francamente mal ahí dentro, porque tampoco hacía tanto calor.

Oh, ya me había dado cuenta, rubiales. ¿Qué te crees que hago aquí, si no, cortejándote como nadie ha hecho nunca?

Me reí de mi propia broma, pero la suavidad repentina en su voz me hizo desdibujar la sonrisa en mi rostro, apenada por lo asfixiado de sus palabras. No me di cuenta de que había empezado a morderme el labio inferior mientras me planteaba seriamente el echar la entrada abajo hasta que no sentí que el hormigueo se convertía en un dolor que empezaba a ser cada vez más y más picante. Bufé entonces, intentando tranquilizarme. No conseguía a nada demostrándole que estaba preocupada, y no había bajado precisamente para eso. Había ido a hacerle compañía, a que se olvidase un poco de su encierro, y a que no borrase de su memoria que tiene a una compañera que está dispuesta a hacer lo que sea para ayudarle.

Pues tienes razón. No es propio de una princesa bajar a las mazmorras a ver a los presos. Así que menos mal que yo no soy ninguna princesa, porque si no estaríamos en auténticos apuros. Yo debo de ser, no sé, la compañera buenorra y macarra que termina follándose al protagonista y que termina convirtiéndose en su confidente y mejor amiga. —Sonrío—. Creo que así salgo mejor parada, la verdad... Dejando bromas aparte, ¿cómo lo llevas? ¿Sabes cuántos días llevas ya aquí o has perdido la cuenta?


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Mensaje— por Einar Sørensen el Sáb Sep 21, 2019 11:19 am

You’re not alone (Scarlett)
→ Junio 2018 → Subterráneos de la Base de los Praetor Lupus  → Calor asqueroso, hora desconocida

El sonido de la risa al filtrarse por la puerta consigue indicarme que aquello es real, que por primera vez en mucho tiempo lo que escucho, el sonido que llega a mis oídos, es algo producido por un ser vivo, no por un ente creado en lo más recóndito de mi mente y que aprovecha mi estado mental actual para jugar conmigo avocándome paulatinamente hacia el pozo de la locura, con el riesgo de no lograr abandonarlo nunca más. Un ser vivo, de carne y hueso, alguien real que se encuentra justo detrás de aquella maldita puerta y esas jodidas paredes que me retienen encerrado como a un puto perro rabioso.

Oírle soltar esos comentarios burlones, sarcásticos tan suyos es como un pequeño bálsamo para mi deplorable estado mental. Un estado bastante acorde al físico, puesto que hace ya demasiado tiempo que noto cómo todo mi cuerpo protesta por el cautiverio, por estar privado de ésa libertad casi total de movimientos, de poder correr, saltar, y moverme en otra dirección que no este puñetero círculo sin fin al que me veo obligado a recorrer una y otra vez cada vez que siento esas ganas desenfrenadas de moverme, de respirar aire puro y no este ambiente cargado que me asfixia por momentos, desesperándome por salir de este jodido zulo infernal.

Como eso pase, comenzaré a ver cierto atractivo en esos boquetes y terminaré metiendo otra cabeza – consigo articular una respuesta medianamente acorde a lo que supongo haría en condiciones normales, aunque soy incapaz de suavizar el tono áspero, ronco de mi voz, la cual se niega a recuperar su timbre y cadencia habituales tras demasiado tiempo en reposo.

Su insinuación de que ha venido a cortejarme consigue que mis labios se arqueen en una mueca parecida a una sonrisa, algo que dura no más de un par de segundos, pues realmente mi humor no está en su mejor momento y, muy a mi pesar, no me veo capaz de responder de ninguna manera a dicho comentario mas que con un bufido molesto, dejando que la fantástica oportunidad de comenzar una guerra de pullas muera tras el bufido mientras el alegre sonido de su risa se cuela en mi embotada mente, convirtiéndose en los primeros momentos de claridad tras una larga y oscura noche.

- ”Hay que elegir un jodido líder pronto, o todo esto se irá a la puta mierda" – pienso sin detenerme demasiado en ése tema ahora mismo al pensar en el posible castigo que esos estúpidos retrógrados podrían aplicar a Scarlett. Un tema que nos atañe a todos los miembros del Praetor, pues, desde la muerte de Scott la organización no dispone de un buen líder, de un alfa que sepa tomar las riendas de todo y adaptarnos a la nueva realidad, algo que los ancianos que ahora mismo dirigen todo son incapaces de ver, y mucho menos de llevar a cabo.

Estaba bien claro cuales eran los motivos que la habían traído hacia aquí arriesgándose a recibir una reprimenda por el mismo atajo de vejestorios que ahora se encargaban de controlar a esta antigua organización. No hacían falta palabras para expresarlo, ni respuestas a preguntas estúpidas. Ella ha acudido a ver a su compañero de manada, igual que yo había eliminado al depredador que pretendía dañarla. Es algo que nos define como lo que somos, algo que nos une de una forma que ningún otro ser puede llegar a entender, una unión ”astral” que dirían algunos mundanos, ese lazo más profundo que cualquier sentimiento mental o carnal, pues ser manada es algo que solo un licántropo o un lobo puede llegar a entender y que va más allá de las relaciones establecidas por otros seres.

Como si de el jodido flautista de Hamelin se tratase, su voz va centrando mi mente, convirtiéndose en el faro que me guía en la oscuridad, por lo que lentamente voy girando mi cuerpo hacia el lugar del que procede, apoyando mis manos sobre el rugoso suelo para avanzar sin prisas, gateando, hasta que mi cabeza golpea suavemente la puerta, ésa maldita puerta tras la que se encuentra mi compañera.
Fy faen!... jeg skulle ønske du kunne gjøre – digo ronco tras soltar un gruñido placentero – ya me gustaría que pudieras… ahora mismo podrías hacer conmigo lo que quisieras, babyen – añado sin conseguir que mi voz sea la normal, apartando una mano del suelo para colocar su palma sobre el frío metal de la puerta buscando sentir la presencia de la loba mientras termino de arrodillarme contra la puerta manteniendo mi cabeza apoyada contra ella. – For mange for meg, men ikke nok for dem – digo en apenas un susurro respondiendo así a su última pregunta – Demasiado para mi, pero insuficiente para ellos – le repito, elevando ligeramente el tono, sin abrir los ojos ni variar la posición, obligándome a cambiar de idioma para que me entienda, bajando lentamente mi mano por la lisa superficie de la puerta. – Si querían joderme, lo han conseguido – me sorprendo al oír el sonido que produce mi voz al soltar aquello que realmente pienso pero que no quería que ella supiera, - ”estúpido, estúpido, estúpido" – pienso golpeando la puerta con la cabeza con fuerza un par de veces por haberme ido de la lengua, antes de dar media vuelta con mi cuerpo y quedar acurrucado con la espalda y cabeza apoyadas contra la puerta y los brazos rodeando las rodillas.

No quería demostrar a nadie lo que estaba significando este encierro para mi, pues nunca me habría podido llegar a imaginar que era la peor tortura a la que me podían someter jamás. Estar encerrado, solo, aislado, me estaba destruyendo más rápida y profundamente de que esperaba.


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Mensaje— por Scarlett J. Williams el Vie Oct 18, 2019 11:44 am

YOU'RE NOT ALONE
→ Una semana después de este tema → 22:12 → Sótano de la Base del Praetor  → Calor
Me reí. otra vez

Siguen siendo boquetes, Einar. Creo que hay sitios mejores donde meter la cabeza.

Echaba de menos su mirada franca y sus manos ásperas. Resultaba ridículo haber forjado un vínculo tan profundo con alguien a quien había visto dos veces, pero, sencillamente, habíamos encajado. A veces esas cosas pasaban. A veces te llevabas toda la vida intentando encontrar a un amigo que pueda hacerte compañía cuando estás hecho mierda y a veces lo has dejado de lado todo porque la vida no ha dejado de darte patadas en la entrepierna continuamente, y de pronto surge a tu lado como una sombra que no habías visto llegar. Einar era un poco de todo, y aunque había pensado que eso podría llegar a hacerme sentir incómoda, lo cierto es que no. Celebro haberle encontrado. Más lo celebraré aún cuando consigamos que salga de este maldito encierro.

No te confundas, rubio. Siempre voy a poder hacer contigo lo que yo quiera. Es bastante sencillo. Sólo tengo que enseñarte una buena moto, una jarra de cerveza y hacer que te sangren los puños y te tendré meneando el rabo detrás de mí.

Sonrío entre dientes al hacer la broma, pero cuando me llegan sus palabras y los golpes sobre el metal siento que se me descompone el cuerpo. El calor lo abandona, sustituyéndose por un frío helador que podría devastarlo todo. Siempre he sido así. Me es fácil pasar de un estado a otro porque generalmente no consigo controlar mis inhibiciones, desatando tempestades allá por donde paso; arrasando, reventando, destrozando. Tom siempre me decía que adoraba mi pasión pero que tenía que aprender a controlarlo, porque, a pesar de todo, podía ser dañina para mí. En el Praetor me enseñaron a aferrarme a la cordura, y Alaric... Su nombre me retuerce las entrañas, pero Alaric también me enseñó a tener paciencia, control de mí misma. Puedo conseguirlo si quiero. Así, aunque mi primer instinto es reventar la puerta a hostias para sacarle de ahí, no lo hice, porque al final eso sólo empeoraría las cosas. Por contra, respiré un par de veces para tranquilizarme y me coloqué de rodillas al lado de la puerta, apoyando mi frente contra ella.

Einar, dejar de golpearte. —Mi voz sonó autoritaria. De mando. Algo se retuerce de nuevo. Me sale natural, sola. Laurence, el tipo que me ayudó cuando me transformé, decía que si quería podía tener madera de líder. Nunca he querido serlo...— Escúchame bien. Nadie quería joderte. Me salvaste la vida y es lo que habría hecho cualquiera, pero no asesinamos a quienes vamos a capturar. Y odio, odio cada segundo que estás ahí encerrado. Lo odio con todas mis fuerzas. Pero no querían torturarte y no quiero que te hagas más daño así que déjalo. —Tomé aire. Lo solté—. Voy a quedarme contigo un rato hasta que recuperes la cordura y luego iré a obligarles a que te saquen de aquí porque esto ya ha sido más que suficiente. Y si no me dejan, te sacaré a patadas igual. ¿Vale? Pero quédate conmigo ahora y respira conmigo. Te prometo que pronto habrás salido de ahí y estaré dejando que me metas mano, pero primero quiero asegurarme de que estás tranquilo.


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Mensaje— por Einar Sørensen el Dom Oct 27, 2019 12:18 pm

You’re not alone (Scarlett)
→ Junio 2018 → Subterráneos de la Base de los Praetor Lupus  → Calor asqueroso, hora desconocida

De haber estado en otro lugar, o mejor dicho, de haber tenido mi cabeza donde la tengo que tener, de estar en un estado mental más normal, más relajado, menos desestabilizado como el que tengo ahora mismo, seguramente habrían brotado a mis labios algún tipo de respuesta irónica a su comentario sobre tenerme con el rabo meneando detrás de ella. Sin embargo, ni tan siquiera llega a brotar un triste gruñido, un simple resoplido o algo, porque el encierro ha hecho mella en mi, una mella demasiado profunda, algo que quizás tarde tiempo en desaparecer de mi mente.

Lo curioso del caso, es que Scarlett me conoce demasiado bien. Pues con ese comentario deja bien claro qué es lo que me hace sentirme vivo, qué es aquello que me ayuda a sobrellevar la maldición y no acabar en la locura. Y con esa frase, en la que detalla todo lo que me gustaría hacer con ella, incluso menear el rabo delante de ella, ha dado en el clavo al decir que siempre que quiera podrá hacer lo que quiera conmigo, porque somos manada, pero sobretodo porque ella se ha abierto un hueco con una velocidad pasmosa en mi mundo, en mi mente y en mi cuerpo.

Tan afectado me encuentro, tan embotado, desesperado e incluso derrotado que obedezco su orden sin rechistar dejando de golpear la puerta con la cabeza, permitiendo que ésta se apoye contra ella simplemente ante aquella orden algo inaudito para cualquier persona que me conozca bien. De siempre me ha costado obedecer las órdenes dictaminadas, quizás por eso siempre recibía más reprimendas del cabrón de mi padre. Pero por todos es sabido que soy un maldito cabezón testarudo que no acepto que me digan qué hacer sin una buena explicación. De hecho, ni tan siquiera cuando trabajara en la Bratva, en la mafia rusa, obedecía las ordenes ciegamente como otros compañeros, sino que siempre me daban más información para que entendiera la importancia de lo que tenía que hacer. De hecho, cuando estaba con mi antigua manada siberiana, el Alfa del grupo tenía serios problemas para controlarme, pues siempre le estaba rebatiendo sus argumentos algo que finalmente me confesó que le gustaba, puesto que así le servía para tener que pensar mejor los planes, las organizaciones y que era ”el mejor grano en el culo que un Alfa podía desear”. - ”Y en cambio has obedecido sin rechistar… ¿Quién coño eres?" – me parece oír la pregunta en un rincón de mi mente, un rincón al que ignoro casi al instante, pues lo único que deseo ahora mismo es continuar oyendo la voz de la rubia, una voz real, tangible, una voz que me sirve como faro en el oscuro mar tormentoso que es ahora mismo mi ser, mi mente y mi mundo.

Esa voz se va colando lentamente en mi cabeza, permitiendo que me quede apoyado contra la puerta, esa maldita puerta que impide que ahora mismo note el agradable calor de su cuerpo, un calor que, pese a la asfixiante temperatura que me rodea en esta maldita celda desearía sentir envolverme. Sus palabras se cuelan como una cura en una herida, buscando localizar el punto de la infección, la zona más profunda de la herida para calmarla, para erradicarla, consiguiendo que parte de mis pensamientos más oscuros, de aquellos que están tomando el control de mi mente arrogándome a la locura, a la paranoia, vayan desapareciendo. Con ellas no sólo me da su apoyo, su comprensión, algo que necesito tanto o más que el abrazo de un cuerpo real, tangible, sino que además me explica algo que sé pero que este encierro me ha hecho retorcer hasta crear otra realidad más oscura acorde a lo que me rodea ahora mismo. Pues el castigo no es para joderme, como estoy pensando, el castigo era una forma de recordarme que no debo romper las normas, un ejemplo para mantenerlas, por mucho que me joda y que crea que son injustas, pero si todo el mundo se las saltara, seguramente el Praetor no tendría razón de ser, y todos los subterráneos acabaríamos siendo exterminados por los engreídos pseudo ángeles.

El silencio se cierne en la celda tras la última de sus palabras. En mi mente todavía reverberan las últimas, aquellas en las que me promete sacarme de aquí ya si me relajo, si consigo demostrarle que estoy bien, algo imposible de demostrar en mi estado actual, con la desesperación rezumando de cada poro de mi piel como lo hace el sudor que cubre cada milímetro de la misma ahora mismo. Incapaz de reaccionar en un sentido o en otro, termino finalmente por encogerme más sobre mi mismo, por adoptar una postural fetal que hace que mi cuerpo vaya resbalando lentamente de la posición vertical hasta terminar acostado contra el suelo, rompiendo el silencio reinante con el característico sonido de la piel sudada al rozar contra la dura superficie de la puerta.

La necesidad de salir de este encierro, de poder ver el cielo sobre mi cabeza, de poder correr hasta caer exhausto en el suelo, de sentir el viento en mi cara, el frío en mi piel, es demasiado imperiosa, demasiado fuerte como para poder luchar contra ella. Sé que mi compañera quiere ayudarme y necesito sentir su presencia a mi lado. Sintiéndome sin fuerzas para hacer otra cosa distinta, llevo de vuelta mis manos a mi cabeza, comenzando a tirar nuevamente de mis cabellos, mientras mi cuerpo inicia un lento balanceo a pesar de estar hecho un ovillo en el suelo.

Vil du ta meg hjem? – susurro finalmente en un tono de súplica, sabiéndome incapaz de mantener la cordura durante mucho más tiempo en este agujero caluroso, maloliente y oscuro – Vær så snill, vil du ta meg hjem? – repito suplicándole de nuevo – ¿Me llevarás a casa, por favor? – vuelvo a suplicar tras unos momentos en los que mi cuerpo no para de balancearse y mis manos de intentar arrancar parte de mi pelo. Mostrando por primera vez en este continente mi debilidad, sintiéndome incapaz de mostrarme fuerte cuando ahora mismo he tocado fondo.




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Einar Sørensen
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