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Dos interminables meses [Liliana]

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Mensaje— por Jensen Landvik el Jue Dic 26, 2019 4:30 pm

DOS INTERMINABLES MESES
→ MIÉRCOLES → 23:42 → Pub Applebee's → NOCTURNO

Entro en un bar más, secándome el sudor que perla mi frente y esbozando una sonrisa. En esta ocasión, me he decantado por uno más tranquilo. No entiendo del todo el porqué. Quizá esté buscando un poco de paz. Antaño, cuando salía «de fiesta», aguantaba mucho mejor el ritmo de toda una noche loca que ahora. Desde que te fuiste, no se me ha dado tan bien esto de hacer el idiota. He sido incapaz de seguir con la misma vida.

A partir de cierto momento, empecé a echar tu magia en falta. He llegado a un punto en el que vago por la ciudad; deambulo como un idiota enamorado, como si me hubiesen martillado un puñal descorazonador. Dejo que mis rizos bailen, que mis ojos se posen sobre todo y todos y, a la vez, sobre nada ni nadie. Estoy aquí, pero no lo estoy. ¿Dónde está tu magia, Liliana? Han pasado dos meses; dos meses sin tu magia.

Sin ti...

Apoyo una mano en una columna y me llevo los dedos índice y corazón a las sienes. Me doy un ligero masaje mientras me acerco a la barra. Alzo una mano y pido una copa de whisky para mí. A mi lado, hay una chica: una joven muy bella que se fija en mí de inmediato. A veces, creo que las hadas desprendemos un aroma seductor que los mundanos son incapaces de soportar. Pero luego recuerdo que las chicas se acercan a mí por quién soy. En tu caso, por quién no soy. Por quién nunca he querido ser.

Cuando tengo mi bebida, le guiño un ojo a la chica y le sonrío. Intenta acercarse a mí, pero levanto una mano en su dirección para detenerla. Frunce ligeramente el ceño, confusa, y niego con la cabeza. Es mi mejor forma de decirle que no quiero nada. Al menos, no esta noche. Curiosamente, en lugar de enfadarse, asiente y vuelve a sonreír. No me detesta.

¿Qué ha cambiado?

Me giro y encuentro un recuerdo.

Te encuentro a ti.

Creo que el dolor de cabeza es demasiado fuerte. Sin tu magia, he de estar volviéndome loco. Han pasado dos meses tediosos e insoportables, y de repente, estás aquí, frente a mí...

Acompañada por otro hombre. Uno que recuerdo haber visto antes.

Llevo una mano a mi pecho, y yo también frunzo el ceño. Joder, jamás habría imaginado que podría sentir semejante escozor en mi pecho. ¿Por qué? ¿Por volver a verte? ¿Por saber que estás acompañada por otro hombre? ¿Eres real, siquiera? Sí, sí que lo eres. ¿Has rehecho tu vida? ¿Me has abandonado, tal y como me advertiste que acabarías haciendo si encontrabas a alguien que te quisiera? ¿Ya no eres mía?

Trago saliva y, con ella, todo mi orgullo. Siento ira, ¡mucha furia!, pero encuentro las débiles fuerzas necesarias para hacerme de tripas corazón y callar.

Amargamente, doy un trago a mi bebida y giro mi cara. No quiero que me veas.

Esa otra chica sigue ahí... y, aun después de lo que acabo de ver, no quiero acercarme para vengarme de ti. No quiero hablar con ella. Todavía no.

¿Qué está pasando conmigo? ¿Qué haces aquí? ¿Qué puedo hacer sin tu magia?

¿Por qué no me has llamado en todo este tiempo?...



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Mensaje— por Liliana Balfager el Jue Dic 26, 2019 5:06 pm

DOS INTERMINABLES MESES
→ MIÉRCOLES → 23:42 → PUB APPLEBEE'S → NOCTURNO

Liliana:
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Dos largos meses... Había estado fuera todo ese tiempo, en Europa. Había cogido vacaciones en el trabajo y había dejado a Matilde a cargo de la casa, también de las finanzas y de que hiciera todos los pertinentes pagos en su ausencia. También la había dejado dinero suficiente para que satisficiese todos los caprichos que Jensen pudiera tener. Jensen... Se había marchado sin decirle adiós, ni una nota, ni una despedida, nada de nada. Y aun así se había ido, consciente de que si se quedaba allí un día más enloquecería.

Europa solo había sido una excusa, había ido a pasar unos días con Tobías, a hablarle de su nuevo amante y de los sentimientos que profesaba hacia él, en busca del consejo de un amigo. Tobías no lo había visto bien, la había criticado, se había enfadado, especialmente cuando no le permitió tocarla y por eso tras una semana se marchó de Finlandia y pasó el resto del tiempo en Francia, en busca de anonimato, paz, consuelo... tal vez unas vacaciones que la ayudaran a alejarse de Nueva York y de la espiral con el hada.

Pero le echaba de menos, cada día, lo había hecho con pasmosa intensidad. Se había encontrado noches enteras llorando frente al espejo, ¿desde cuando lloraba ella por un hombre? Es más, ¿por qué lo hacía por uno que había demostrado sobradas veces no quererla? Pero daba igual, cada día lejos de él se sentía más y más perdida, como si hubieran arrancado parte de su alma y ésta se hubiera quedado en Nueva York, en el apartamento que tenía alquilado justo frente a ella. Ni una llamada, nada de su parte, ni siquiera pareció querer saber dónde estaba ella.

Eso dolía, dolía demasiado, pensar que al final no estaba notando lo más mínimo su ausencia, ¿cómo iba a notarla si el dinero y los lujos seguían ahí? ¿Echaría al menos en falta su magia? ¿Cuántas mujeres habrían pisado aquel apartamento en su ausencia, 10, 20... 100? No podía seguir así, por eso había vuelto a Nueva York, solo llevaba dos días allí y no sabía qué hacer, había estado durmiendo en un hotel, no quería encontrárselo, no quería ver a Jensen, estaría lejos de él el tiempo que fuera suficiente hasta que pudiera rehacer su maltrecho corazón.

Quería olvidarle, en esos dos meses lo había intentado y no lo había logrado, pero no podía estar más tiempo lejos de allí, tenía que volver. Pensaba que conocer a otros hombres podía ser una solución, un clavo que saca el otro, llamó a Jack, todavía guardaba su teléfono. Para su sorpresa el chico la recordaba, aceptó gustoso tener una cena con ella y luego fueron a tomar algo a un pub de la periferia. Sabía que allí no se lo encontraría, no era la clase de sitio que él frecuentaría. Jack llenaba el aire con su agradable charla, era un hombre interesante, rico como ella, guapo, encantador, pero... no era él.

Lo sabía, se esforzaba por escucharle, por interaccionar con él, se reía pero aquella risa falsa ni siquiera alcanzaba sus ojos. Él abrió la puerta y entraron en un agradable club, se quitó la chaqueta, el frío ya golpeaba Nueva York y se quedó en su vestido rojo: provocativo, revelador, intentaba despertar algo en Jack, también en ella. Lo había logrado, él la miraba, lo veía, pero ella en cambio no conseguía sentir nada de nada. Añoraba el cabello rubio revuelto, los ojos azules como el cielo, la boca carnosa, el cuerpo duro, el aliento dulce... todo, lo echaba de menos todo de él.

Ambos caminaban directos a la barra, Jack preguntaba algo sobre pedirle una bebida y ella asintió sin a penas prestar atención, daba igual lo que tomara, tal vez el alcohol sirviera para olvidar, eso decía la gente. Pero creyó estar en un sueño cuando vislumbró un cabello rubio igual que el de él, pero no podía ser, seguramente solo se parecían... ¿O sí podía ser? Aquel hombre se dio la vuelta y su corazón dio un giro tan brusco que pudo haberse hecho trizas de no haberlo estado ya, golpeó su pecho con fuerza y le miró: Jensen.

Cruel destino, ¿por qué estaba jugando el universo con ella? ¿Por qué tenía que encontrárselo justo allí, aquella noche, del brazo de Jack y después de dos meses sin verse? Sus labios se quedaron secos y su ceño se frunció de inmediato, de tensión principalmente. Él se llevó la mano al pecho, pensaba que le diría algo, que saludaría, pero en vez de eso él giró la cara. No dijo nada, se limitó a darse la vuelta. La bruja tragó saliva, separó su brazo del de Jack.– ¿Te importa acercarte a buscar una mesa? He visto a un conocido, me gustaría saludarle –Jack asintió y se alejó, no pareció percibir el cambio en su cuerpo.

Liliana se aproximó por detrás, con suavidad depositó su mano en el brazo de Jensen, esperando que se girase para mirarla. Sintió ganas de decirle muchas cosas, a pesar de la tensión del momento incluso una sonrisa pugnaba por salir de su boca, la alegría de volver a verle, la hinchazón de su pecho ante la perspectiva de volver a sentir su tacto, su aroma, todo. Todo estaba volviendo a sus sentidos. Se sentó en el taburete a su lado, cruzando las piernas, miró su copa, casi vacía y se preguntó cuantas llevaría ya, pero no podía juzgarle. Y como no sabía que decir, se limitó a pronunciar su nombre.– Jensen.


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Mensaje— por Jensen Landvik el Jue Dic 26, 2019 10:53 pm

DOS INTERMINABLES MESES
→ MIÉRCOLES → 23:42 → Pub Applebee's → NOCTURNO

Fijo mi mirada en el vaso de whisky, pretendiendo que éste me hará olvidar que estás aquí, en este mismo bar. Soy un absoluto imbécil, pero tú no te quedas atrás. ¿En qué basamos nuestras ilusiones? ¿De qué depende nuestra alegría? ¿Qué hemos estado esperando el uno del otro hasta ahora? De repente, siento que no me conozco en lo más mínimo. Soy incapaz de comprender de dónde vienen estas sensaciones tan desagradables, desafortunadas y, a la vez, humanas. No estoy hablando de esos burdos mundanos, sino de que, en el fondo, creo que merezco todo esto. Creo que he hecho suficiente mal como para que el mundo me lo dé de vuelta. Creo que te he hecho daño.

Creo que me has hecho daño.

Sacudo la cabeza y, con una mano, pido un vaso más. Es posible que me acabe pidiendo la botella y, cuando lo haga, abandone este antro cutre y aburrido para no tener que soportar cómo coqueteas con otro hombre. Imagino que no has estado perdiendo el tiempo en estos dos meses. Ahora entiendo que, después de todo, no me pertenecías tanto como creía. ¿Por qué deberías hacerlo, si no te he dado motivos para pensar que yo sí te respeto? ¿Por qué te entregarías sólo a mí cuando yo no lo he hecho?...

Cierro los ojos y separo mis labios cuando siento una caricia en mi brazo. Giro la cara y, poco a poco, me atrevo a posar mi mirada sobre ti. Te has sentado en el taburete que está a mi lado. Llevas un vestido precioso, pero uno que, evidentemente, busca mostrar más de lo que no quieres enseñar. Confuso, y por algún motivo dolido, agacho la mirada y evito la tuya.

Liliana.

Hay amargura en mi voz. Creía que nuestro reencuentro sería diferente...

¿A quién intento engañar? No creía que fuese a haber un reencuentro. Pensaba que esta enfermedad me acabaría llevando, y que tú encontrarías a un hombre que en verdad te mereciera.

Parece que uno de los dos ha encontrado lo que buscaba —digo, señalando en dirección del cretino con el que has venido. Sonrío crudamente y chasqueo la lengua—. Por eso no dices nada más. Por eso pronuncias tan sólo mi nombre.

No estoy dispuesto a dejarme ningunear por un don nadie frente a la mujer que, antaño, me perteneció. Tampoco creo que seas un trofeo que deseo exhibir. Hay más cosas... y no las comprendo.

Aprieto los dientes y, bebiéndome el segundo vaso de whisky, me giro para mirar al tipo. Está fijándose en mí, y frunce el ceño en tu dirección.

¿Es que tu novio está celoso? —Ahogo una risa y entorno los ojos. Acto seguido, alzo la mano en su dirección y sonrío con amarga picaría—. Puede irse al infierno; a ese lugar al que tú no perteneces.

Tampoco le perteneces a él. No es tu hombre. En cambio, eres mía... o quiero que lo seas. Tal vez sea demasiado tarde para enmendar esta situación.

Sin embargo, en un bravo impulso, poso mi mano en tu cadera y cierro los ojos. No tiro de ti, sino que yo me acerco.

Te beso en los labios con dulzura y con un cariño que son impropios de mí.

Permito que mi boca juegue con la tuya, y que nuestras lenguas se encuentren en el interior de tus labios. Lentamente, deslizo mi mano hasta tu muslo, el cual acaricio con la yema de los dedos. No lo estrujo en esta ocasión. Siento estar tocando un fantasma, un recuerdo del pasado que tengo miedo de haber perdido para siempre. Y, pese a todo, tu muslo es más real que nunca: más cálido, más fuerte...

Me separo de ti y acaricio tu mejilla.

Me alegro de volver a verte, Liliana.

Y te deseo la mejor suerte en el mundo, bruja. Pero ahora, he de encontrar otras fuentes de magia, y no quiero quedarme aquí más tiempo del necesario. Sólo conseguiré enfadarme. Así que me giro y me dispongo a abandonar el bar.



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Mensaje— por Liliana Balfager el Jue Dic 26, 2019 11:50 pm

DOS INTERMINABLES MESES
→ MIÉRCOLES → 23:42 → PUB APPLEBEE'S → NOCTURNO

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Liliana no podía apartar la mirada de él, como tampoco fue capaz de retirar la mano que había posado sobre su brazo, consciente de que si la quitaba de ahí tal vez no volvería a tener la oportunidad de posarla. Sabía que tenía que olvidarse de él, pasar página, estar allí con Jack era una de las formas con las que intentaba dejarle ir, pero no era tan fácil ahora que le tenía delante, ahora que de nuevo podía volver a verle y sentirle se le antojaba completamente imposible.

Él parecía negarse a mirarla, miraba el whiskey que tenía entre las manos, la suya posada sobre el brazo, a todos lados menos a ella. Lili frunció los labios con fuerza, no podía obligarle a mirarla aunque una parte de ella deseaba llevar una mano a su cara y girarla hacia la suya, forzarle a enfrentarla en cierta manera. Ambos se habían hecho daño, ella se había hecho muchísimo con aquella separación, una que se daba cuenta de que no había servido de absolutamente nada más que para torturarse.

Le vio pedirse más alcohol, era evidente que iba más que ebrio, se apreciaba ya en sus movimientos, en la lentitud de algunos de sus gestos. Jensen por fin se giró para mirarla, su cara se iluminó solo por aquel gesto pero pronto se desvaneció cuando bajó la mirada para fijarse en su vestido y tal vez juzgarla en silencio. Ella suspiró, tiró de la tela y la subió un poco, él no podía comprender lo burdo que era aquel vestido y sus objetivos, cómo no se lo había puesto para seducir a alguien sino para intentar ser seducida. Y no había servido.

Jensen, no es lo que crees –dijo ella, siguiendo la dirección de su mirada que se posó en Jack, que sentado en una de las mesas les observaba en la distancia con expresión seria, ¿cómo explicarle que no había nada entre ellos y que la creyese? Porque aunque no lo había, ella sí que deseaba que lo hubiese, o al menos eso era lo que creía antes de verle a él en aquel bar, serio y taciturno, bebiendo sin control. ¿Ocurrían las cosas con solo desearlas? ¿Podía amar a Jack y olvidar a Jensen de paso si se esforzaba lo suficiente por ello?

No, evidentemente no. Las cosas no funcionaban así y a pesar de ello su nombre había sonado maravilloso en la boca de él, ese Liliana, nadie lo pronunciaba de la misma forma, solo rivalizaba con la dulzura con la que la llamaba en el pasado su hija Norah. Le vio girarse para encarar a Jack y preguntar si estaba celoso, antes de mandarle al infierno. Liliana usó la mano que tenía posada en su brazo para bajárselo, consciente de que estaba montando una escena.– Ya vale, no somos novios, pero eso no te da derecho para hablar así de él, tú yo no somos na-...

Sus palabras quedaron suspendidas en el aire cuando el se inclinó sobre ella y recibió el golpe de su cálido aliento sobre su boca, antes incluso de sentir el tacto suave de unos labios que conocía ya como los suyos. Aquel beso desprendió dulzura y fue un tacto ligero, lleno de sabor en el que pudo sentir bien cada parte de su boca, sentía también su mano en su cadera y como descendía hacia el muslo. Tal era la concentración en aquel beso que ni siquiera recordaba ya que Jack estaba viéndolo todo, pero tampoco le importaba lo más mínimo.

Solo existía el tacto de su lengua en su boca, la humedad y la sensación agradable, todo su cuerpo se erizó en respuesta a aquel tacto, uno que supo que había echado de menos más que nunca, era casi doloroso saber que había estado dos meses sin poder besarle. Dos meses sin él. Pero terminó, le puso fin y de alguna forma sintió que aquel beso estaba siendo una despedida, le estaba diciendo adiós, se marchaba. Sintió que mil agujas penetraban su pecho a la vez, le faltaba la respiración ante la idea de que aquel beso pudiera ser el último entre ambos.

Jensen se levantó para marcharse, pero era evidente que no estaba en plena consciencia porque trastabilló y tuvo que agarrarse a la barra para mantenerse en pie. Liliana saltó del taburete, asustada, dispuesta a cogerle pero un brazo le aferró antes que el de ella, el de Jack. No supo cuando se había acercado a ellos, pero lo había hecho en algún momento y no solo no estaba enfadado o furioso, además había cogido a Jensen y había impedido que se cayese, antes de mirar a Liliana.– Creo que deberías aclararte, Liliana, decide lo que quieres y cuando lo tengas claro llámame, no me importa si no me eliges pero quiero saberlo. Ahora me marcho, que tengas una buena noche.

Ella se quedó atónita, esperaba otro tipo de reacción por parte del hombre, una diferente y no obtuvo nada de lo que esperaba. Le acababa de dar un ultimátum, tenía que decidirse, ¿acaso era consciente de la lucha que ella libraba? ¿Era tan evidente para todo el mundo? La bruja le vio marcharse de aquel club, después sacó su móvil y llamó a su chófer, que le dijo que estaría allí en cinco minutos.– Estás demasiado borracho, será mejor que nos marchemos, ponte tu abrigo –le dijo ella, tendiéndoselo antes de ponerse su propio abrigo, de pronto se sentía helada.

Acto seguido le cogió de la mano con delicadeza y le guió hacia fuera del local, el aire frío les golpeó en la cara y se permitió a sí misma respirar hondo, antes de girarse hacia él. Y en ese momento actuó sin pensar, alzó la mano y le dio una enorme bofetada, una fuerte pero que le dolió más a ella que a él. El eco del golpe resonó en la noche, pero no prestaba atención a eso.– No vuelvas a hacerlo, no vuelvas a besarme para luego intentar irte para siempre. Jamás vuelvas a decirme adiós de esa forma, ¿entiendes? –y no se dio cuenta de que unas brillantes lágrimas pugnaban por salir de las comisuras de sus ojos, delatoras. Traidoras.

Y las lágrimas comenzaron a salir, tal vez soltando con ellas toda la tensión de aquellos dos meses, los nervios y la agonía de no saber qué pasaría. Seguía pensando que aquello no podía seguir así, que estaba condenada a repetir los mismos errores con Jensen, pero dejó que aquella agua cristalina saliera sin control antes de abrazarse a él con fuerza, sin mediar mayor palabra.


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Mensaje— por Jensen Landvik el Vie Dic 27, 2019 8:13 pm

DOS INTERMINABLES MESES
→ MIÉRCOLES → 23:42 → Pub Applebee's → NOCTURNO

No necesito que me des explicaciones. No me las merezco, y tampoco creo que tú merezcas darlas. Que te crea o no es una cuestión muy diferente. Después de dos meses, siento que no nos hemos visto en toda una eternidad. Evidentemente, mi enfermedad no ha ayudado a que todo este tiempo pase más rápidamente. Me gustaría no tener que culparte por ello, pero...

¿No somos nada? —pregunto contra tus labios, justo antes de besarlos—. Puede que ése haya sido el problema. Eso es lo que te ha carcomido hasta que has encontrado a ese imbécil —insisto en mi insulto, sabiendo que no te gustará un pelo que siga metiéndome con el hombre que te ha acompañado hasta este lugar. Pero me da completamente igual cómo te lo tomes, Liliana. Por una vez, pienso ser sincero contigo y conmigo mismo: siento ganas de enzarzarme en un combate cuerpo a cuerpo con él sólo por haber sido capaz de... ¿De qué?

Justo cuando me giro para abandonar el establecimiento, siento una mano que me detiene. Trago saliva y me giro. El pobre parece decepcionado con tu interpretación. No esperaba que reaccionases así. Ahogo una risa amargamente y sacudo la cabeza.

¿Qué crees que va a elegir, payaso? Quédate, que yo ya me iba.

Hay resentimiento e ira en mis palabras. No entiendo qué está pasando, pero sí entiendo que, en tu corazón, ha de haber una decisión. Todos nos decantamos por lo que nos hace felices, y con las personas funciona exactamente igual. ¿Qué me haría creer que te quedarías conmigo en lugar de con él cuando, en todo este tiempo, no te he dado un solo motivo para amarme?

Y, sin embargo, lo has hecho. Me has amado. Me has pertenecido.

Y tú estás demasiado guapa —murmuro con triste melancolía en mi voz, apoyando una mano en tu hombro para hacerme con mi abrigo y obedecer cual perro sumiso. ¿Por qué lo hago? ¿Es el alcohol, o estás usando tu magia en mí para que haga lo que quieres?

La cabeza me da vueltas. En efecto, creo que he bebido más de la cuenta. También se nota en mi forma de hablar, aunque no confundo demasiadas palabras. No articulo tan bien como de costumbre —al fin y al cabo, soy todo un caballero—, pero me las apaño para que se me entienda.

El frío del exterior me sentará bien. Cierro los ojos para que me ayude a dejar de lado esta tajada...

Pero un guantazo repentino, acompañado de un chasquido satisfactorio, me hace girar la cara. Me froto la mejilla con suavidad, y ni siquiera muestro enfado por este gesto tan feo. Tras todo este tiempo, no he olvidado uno solo de tus golpes, bruja. Los tengo grabados a fuego en la piel. Y que sigas dispuesta a encajarme uno sólo puede significar una cosa.

No has cambiado —murmuro. Hay un atisbo de felicidad en mi voz—. Sigues siendo Liliana...

Tus palabras se clavan como puñales en mi corazón. Me llevo una mano al pecho para intentar retener este sentimiento que me consume, pero no soy más que un peón en este juego. Tú también lo eres.

Pero ¿y si me equivoco? ¿Y si sí tenemos voz de voto en nuestra vida? ¿Y si podemos escoger qué queremos hacer?

Al sentir tu abrazo, mis ojos se ensanchecen y mis labios se separan. Tiemblo ligeramente, no sé si es por el alcohol, por el frío o por el cálido tacto de tu piel. Pero, lentamente, apoyo mi mentón en tu cabellera y te rodeo con mis brazos.

El taxi se acerca en este preciso instante. Nosotros no nos separamos. El conductor espera pacientemente, y ni siquiera se atreve a mirarnos. No me hace falta posar mis ojos sobre él para saberlo. Nos quedamos en pie, unidos el uno al otro. Ambos tememos que, si nos soltamos, jamás volvamos a sostenernos así. Y yo te aprieto contra mi pecho. Lo hago con fuerza, la cual hallo sorprendentemente con esta borrachera.

Y tú no vuelvas a hacerlo. No vuelvas a desaparecer dos meses, no dar señales de vida, y luego reaparecer en mi vida con otro hombre. No vuelvas a hacerme pensar que no eres mía.

Pero lo eres. Creo que puedo verlo ahora en tus ojos. ¿Por qué otro motivo estarías dolida? ¿Por qué si no me golpearías y me exigirías que no te haga daño otra vez?

Tomo tu rostro entre mis manos y hago que me mires a los ojos. Luego, sonrío dulcemente.

¿Por qué lloras? ¿No deberías estar suspirando, exasperada, por volver a tenerme aquí? ¿No deberías huir con él?

Vuelvo a tener frío. Quiero entrar en el taxi. Pero ¿qué tienes tú que decir? ¿Qué puedes responder?

¿Qué nos está pasando?



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Mensaje— por Liliana Balfager el Vie Dic 27, 2019 10:01 pm

DOS INTERMINABLES MESES
→ MIÉRCOLES → 23:42 → PUB APPLEBEE'S → NOCTURNO

Liliana:
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En su interior, la voz coherente de su cabeza la decía que se había marchado por algo, que intentar olvidarle no era un mero capricho si no algo necesario. Se habían visto ambos envueltos en una extraña relación, una basada en el ni contigo ni sin ti que tampoco permitía que ninguno de los dos avanzara del todo. Pero, ¿entonces por qué era tan difícil recordar, ahora que estaba en sus brazos, los motivos por los que se había marchado? Porque le amaba, ese era el gran problema.

Tal vez ella lo había estropeado todo, enamorándose, podrían haber tenido una increíble relación sexual y nada más si no fuera porque su corazón tomó un rumbo unilateral sin preguntarle a ella primero. ¿Había acaso alguna decisión que tomar? No, ella no había olvidado a Jensen y tampoco sentiría jamás nada por Jack, lo sabía y aun así se había forzado a sí misma a sentir algo, a intentarlo, se lo debía al menos. Pero nada había cambiado, estaba como antes de irse, nuevamente enganchada a aquello.

Pero las lágrimas no podían parar de salir, un alivio, un desahogo a la ansiedad de no haberle tenido durante dos tortuosos meses, una eternidad absoluta lejos de él. Se le habían antojado largos, demasiado, creía que en una vida de tantos años dos meses eran un suspiro pero acababa de comprobar que podían ser el periodo más largo cuando te alejas de alguien de quien no quieres alejarte.– Claro que soy Liliana y tu sigues siendo Jensen –contestó ella, aferrada a su pecho, con la voz ahogada por el llanto.

El conductor esperaba, ambos estaban tan refugiados en aquel abrazo que ninguno hizo un movimiento para deshacerlo. Sentir sus brazos a su alrededor era algo casi curativo, se sentía más tranquila. A veces no luchar contra los sentimientos parece fácil, es hermoso dejarse llevar por la marea, dejarse llevar por él... Pero la dureza de la realidad siempre acaba llegando. Las lágrimas acabaron de salir de sus ojos, los sentía hinchados y enrojecidos, se separaron brevemente y él tomó su cara entre sus manos.

Su sonrisa, su sonrisa pareció sincera, fue hermosa.– Lloro porque duele, es doloroso el adiós. Y no, no me he ido con Jack –dijo como respuesta, con el dorso de la mano derecha se secó las lágrimas y los restos de las mejillas, hacía frío. Se separó del todo y se dirigió hacia el taxi, sabiendo que Jensen la seguiría. El viaje transcurrió con silencio por parte de ella, que viajaba terriblemente meditabunda, pero extrañamente tranquila por sentirle ahí a su lado, aunque ni siquiera le tocó.

El enorme edificio de apartamentos en el que ambos vivían apareció ante ellos, la bruja le tendió el dinero y salió del lugar, caminando y abrazándose a sí misma. El portero la saludó afectuosamente, llevaba dos meses sin pasar por allí, cuando entraron llamó al ascensor y subieron. No le dio la opción de irse a su apartamento, le cogió de la mano de nuevo y le condujo a su propia casa.– Tenemos que hablar, pero antes ésto –le dijo, sin dar mayores explicaciones y haciéndole sentarse en el mullido sofá de su grande y frío salón.

Se sentó a su lado allí, como tantas otras veces había hecho. ¿Cuantas veces se habían acostado en ese mismo salon? Muchas, más de las que ya podía contar de memoria. La bruja llevó los dedos a su frente y se metió en su cabeza sin mediar palabra. Todo era un desastre, su barrera casi destruida, cosas de no haberla reforzado en más de dos meses. Así que la alzó de nuevo, la levantó con cuidado, esperando aliviarle de inmediato, su enfermedad parecía algo más débil que de costumbre, ¿se debía al estado embriagado de su mente?

Como otras veces también había pasado, la conexión entre sus mentes comenzó y pudo vislumbrar un recuerdo de su pasado, buceaba por la oscuridad y de pronto estaba en un lugar conocido, parecía su apartamento, además estaba justo como lo tenía decorado en ese momento por lo que debía ser un recuerdo reciente. Jensen estaba en su puerta, preguntaba a Matilde dónde estaba ella y la mujer no pudo contestarle nada más que "Se ha ido, señorito Jensen, lo siento". Vio la frustración en su cara, la confusión, Matilde incluso parecía estar apenada por él.

El hada se marchó de la puerta furioso y Matilde cerró, negando repetidas veces con la cabeza. Él entró en su apartamento y comenzó a caminar en círculos. Parecía perdido, desorientado, como si de pronto no supiera dónde estaba. De pronto su expresión cambió y la ira tomó forma, le vio coger una silla y arrojarla con brutalidad contra la pared. El mueble se partió en pedazos, el pecho de Jensen subía y bajaba, agitado y se llevó las manos al pelo, antes de dejarse caer sobre el sofá.

Y el recuerdo se desvaneció, Liliana separó la mano de su frente, totalmente seria. Le había causado dolor marchándose sin decir nada, era evidente que le había dolido, ¿por qué no la había buscado entonces? ¿Por qué no había llamado? ¿De verdad eran ambos tan orgullosos como para haberse pasado dos meses sufriendo en silencio? Ella alargó los brazos para rodear su cuello y le besó, primero fue despacio, casi como si temiera ser rechazada, pero luego le puso una mayor intensidad al contacto y enredó las manos en su cabello.

Le besó más veces, usando su lengua para acariciar la de él. No fue un contacto tosco, fue sensual y tranquilo, solo paraba para respirar y después le besaba de nuevo, y así hasta que en una pausa entre beso y beso habló.– Siento haberme marchado sin decirte adiós, siento que me hayas visto del brazo de Jack y siento haberte hecho pensar que no era tuya –contestó, explicando todas y cada una de las palabras que él le había dedicado antes de que se subieran al taxi.– Pero soy tuya, Jensen, aunque he intentado no serlo, aunque he luchado contra ello, no ha servido de nada.



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Mensaje— por Jensen Landvik el Sáb Dic 28, 2019 1:40 am

DOS INTERMINABLES MESES
→ MIÉRCOLES → 23:42 → Pub Applebee's → NOCTURNO

Suspiro y entorno los ojos. No te has ido con Jack, es cierto. Estás aquí, conmigo, y supongo que, incluso después de todo este tiempo, eso es lo que verdaderamente cuenta. Sin embargo, tienes sobre todo razón en lo que has dicho antes. He dicho adiós a muchas personas en mi vida, y la mayoría de despedidas no me han hecho sentir nada. Hay dos excepciones, y una de ellas fue la trágica ruptura que hubo entre mis padres y yo. Y luego está...

Sacudo la cabeza, asiento y te ayudo a secarte algunas lágrimas. Debería haberlo hecho antes. Tendría que haber reaccionado a tiempo. Es una bella imagen de qué nos depara el futuro.

Entrar contigo en el immueble me hace sonreír. Incluso saludo grácilmente al portero. Suelo entrar aquí de capa caída, con mala cara y con las manos en los bolsillos. Hoy, lo hago sosteniendo la tuya, erguido y orgulloso. Estoy contento de volver a tenerte aquí, en tu casa. Desde que nos conocemos, he aprovechado tu amor por mí para tener todo lo que he querido. Mi apartamento es un ejemplo. Pero desde que marchaste, no me he sentido en casa. He evitado estar encerrado demasiado tiempo. Me siento como si estuviese volviendo de viaje también, como si no hubiese visto este lugar desde hace una eternidad.

Nos adentramos en tu casa. Dios, cuánto la he echado de menos. Antes de poder siquiera abrir la boca, me empujas al sofá. Normalmente, sonreiría con picardía y te preguntaría si quieres guerra, pero por dentro, sé que pretendes otra cosa. Empiezo a ver que pensamos de maneras similares, Liliana... y eso no me desagrada.

Tus manos en mi cabeza despiertan ese lazo tan especial que nos une. Cierro los ojos y frunzo el ceño fuertemente. Cuando esto acabe, gritaré de dolor, pero hasta entonces, voy a deleitarme en otro recuerdo tuyo más. También llevo meses aprovechándome de esta información que me entregas involuntariamente.

Empero, jamás habría esperado verte llegar a FInlandia. Es un recuerdo muy reciente; puedo verlo en tu forma de vestir, en tu peinado y en la longitud de tu cabello, en esa mirada tan perdida que no habías tenido antes de enamorarte de mí. No estás sola: ese hombre del que me habías hablado, Tobías, está contigo. Estás hablando con él; le pides consejo, pero él no te puede ayudar. Tan sólo puede opinar... y llevarte a su territorio.

Quiero apretar los puños en cuanto te suplica que te olvides de mí, que recuerdes que él siempre ha estado ahí para ti. Siento náuseas cuando te coloca una mano en la pierna y se propone. Imagino que le habrás dicho que sí. ¿Por qué no, si no me debes nada? ¿Por qué no, si estás buscando en otros hombres lo que jamás deberías encontrar en mí?...

Te apartas y te niegas.

Me da un vuelco el corazón.

Tobías vuelve a acercarse para insistir, pero tú expulsas sus manos. No quieres acostarte con él, con ese hombre que siempre ha estado ahí para ti, con un amigo al que conoces desde hace mucho más tiempo que a mí... No lo entiendo.

Abro los ojos y despierto.

Por primera vez, el dolor de cabeza no me hace gritar. Ni siquiera estoy pensando en él.

Hay dolores mucho más insoportables.

Pero tampoco puedo pensar en ellos ahora. Hay un sentimiento agradable en mi corazón.

¿Por qué tú...?

Con dulzura, tus labios me callan. Vuelvo a cerrar los ojos, reposando mis manos en tus caderas y deslizándolas hasta dejarlas en tu trasero. Uso la lengua para juguetear con la tuya, sin lascivia. En nuestros numerosos besos hay mucho más cariño del que hemos expresado hasta hoy. Es curioso. Siempre había imaginado que, si nos volvíamos a ver, tendríamos sexo en un callejón oscuro, salvajemente, y que todo quedaría ahí, como de costumbre. Pero cuanto más tiempo paso contigo aquí, más me doy cuenta de que nuestra falta es distinta. No ha sido el sexo lo que has echado de menos, ¿verdad, bruja? Me has echado de menos a mí...

Tu afirmación me hace tragar saliva y mirarte fijamente a los ojos. Tiemblo y llevo mis manos a tu rostro. ¿De verdad eres mía? ¿No te has entregado a nadie más? ¿No quieres dejarme tirado para encontrar lo que tanto anhelas?

Hacerme pensar que no eres mía... —repito, ahogando una risa y suspirando.

Apoyo la espalda en el sofá y echo la cabeza hacia atrás. Mis manos no han abandonado tu esbelto cuerpo. Siguen sujetas a él, con el mismo miedo que he expresado antes. De repente, estrujan la tela de tu ropa ligeramente.

No me puedo creer que estemos aquí. —Vuelvo a tragar saliva, y los rasgos de mi rostro se tensan—. En el pasado, habría hecho preguntas estúpidas. Te habría preguntado si no sientes que te hallas estancada en una vida infeliz conmigo, si no habrías preferido encontrar a alguien más. Sé qué me habrías respondido. Siempre he creído conocerte bien, Liliana. Muy bien. Y lo he hecho. Lo hago. Pero aun así, eres capaz de sorprenderme. Puedes hacerme sentir... diferente. Mejor.

Agacho la mirada y me fijo en tu vestido. Lentamente, poso la palma de mi mano en la línea que separa tus dos pechos, así como también acaparo el camino a tu cuello. Y, mirándote a los ojos, sonrío.

Eres mía, Liliana. No vuelvas a hacerme creer lo contrario. Por favor. —Me acerco a tus labios y los beso con dulzura. Luego, te cojo en brazos dulcemente y permito que rodees mi cintura con tus piernas—. Deja que sea el único en tocarte. Deja que estos dos meses hayan merecido la pena.

Con cuidado, te llevo a una pared cercana. Una de mis manos busca la zona baja de tu brazo, justo donde acaricio tu piel con la yema de los dedos. Los entrelazo con los tuyos y llevo nuestras manos a la pared hasta que, finalmente, vuelvo a mirarte a los ojos.

Tengo demasiado alcohol en el cuerpo, y me duele la cabeza. ¿Por qué no lo solucionamos de alguna manera? ¿Con más alcohol, tal vez? —propongo, divertido.



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Mensaje— por Liliana Balfager el Sáb Dic 28, 2019 3:27 am

DOS INTERMINABLES MESES
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La bruja no podía parar de pensar en lo que había visto. A pesar de que su mente solía pensar en lo peor e interpretar todo lo negativo, en el fondo de su corazón sabía que Jensen la había echado de menos, desconocía de que manera o hasta que punto, pero algo le decía que así había sido. No se había marchado para despertar nada en él, era algo más relacionado con una lucha interna, pero aun así le agradaba la idea de que su ausencia sí que hubiera sido notada por él. Nada podía ser peor que pasar desapercibida a sus ojos.

Aquel beso supo diferente, casi tanto como el del bar, pero mucho menos triste. Mientras que el primero era una despedida, este segundo pretendía ser una reconciliación, una promesa de algo que no volvería a ocurrir, una separación que no tenía que haber pasado y que nunca más pasaría. Le estaba prometiendo que era suya, en todos los sentidos, no era algo que no supiera antes de irse pero había descubierto que pelear contra ello no servía de absolutamente nada.

El beso acabó, ella tomó el aliento y Jensen no separó las manos de su cuerpo, apretó un poco la tela del vestido, un gesto muy común en él. Empezaba a conocerle hasta en esos pequeños detalles, en las manías, en las costumbres. La bruja le escuchó y no pudo evitar suspirar, tal vez no estaba en sus cabales cuando contestó, pero lo hizo igualmente.– Jensen, he probado la vida contigo y también la he probado sin ti. Que haya vuelto no significa que todo vaya a ser fácil, ni siquiera que las cosas vayan a cambiar demasiado, pero... He visto lo que es no tenerte y he decidido que prefiero tenerte así que no tenerte en absoluto.

Aquello acababa de ser una declaración en toda regla, pero él también había admitido ser diferente con ella. ¿Estaba influyéndole acaso de forma positiva? Era verdad que Jensen no era el mismo hombre al que había conocido hacía ya unos meses, ¿podía de verdad ella obrar un cambio en él? ¿Y si ese cambio de verdad conducía a que él acabara por amarla? La bruja alzó la mano, acarició suavemente su mejilla, se estaba poniendo excesivamente sentimental con aquel reencuentro con el que no contaba.

Toda su determinación al traste, su decisión de mantenerse lejos de él, a la basura, todo puesto patas arriba de nuevo.– Mi felicidad reside en estar contigo, no puede haber nadie más así –confesó ella, consciente de que no podía expresarle de mejor forma qué había vuelto con él y que no pensaba irse, pero claro, la esperanza de lograr que algún día Jensen también fuera a ser suyo seguía ahí, a veces parecía marchitarse, pero luego revivía como una flor que de pronto es regada.

Le sintió depositar la mano en la abertura de su escote. No fue un gesto especialmente provocativo, pero todo su cuerpo reaccionó en respuesta y su vello se erizó de forma inconsciente. Repitió que era suya, pidiéndole que no dejara de serlo, incluso usando las palabras "por favor". Recibió el calor de sus labios y se vio alzada en volandas. Enredó las piernas en torno a su cintura en respuesta, sin saber muy bien a dónde los llevaba a ambos, sus brazos tensos sostenían su peso, una de sus manos voló a uno y lo acarició, distraída.

Se encontró de pronto apoyada en la pared, sintió el tacto frío del pladur en su espalda casi desnuda, aquel vestido no cubría demasiado y dejaba poco a la imaginación. Pero si había una sola persona en aquel mundo que tuviera derecho actualmente a arrancárselo, ese era Jensen, nadie más.– Eres el único que me toca, te lo dije en el bar, no es lo que piensas. Jack y yo ni siquiera hemos compartido un apretón de manos, nada de nada. ¿Me crees ahora? –preguntó, mirándole fijamente, con intensidad.

Sintió su caricia en la parte baja de su brazo y como entrelazó sus dedos con los de ella, antes de llevar sus manos a la pared. Su cuerpo se agitó de nuevo en respuesta, su pecho se levantó y comenzó a respirar de forma más agitada. Acabó por alzar una ceja, confusa. Ella era una gran bebedora de vino pero no le encontraba el gusto a las bebidas espirituosas como el whiskey que él estaba tomando antes.– No creo que más alcohol vaya a quitarte el dolor de cabeza, pero tal vez sí que podamos solucionar de alguna forma eso...

La bruja se inclinó hacia delante y lenta y suavemente besó su cuello. No fue a su boca, se centró directamente en aquella zona, depositó suaves besos, primero usando solo los labios y finalmente algo más intensos usando solo un poco de lengua, la justa. Recorrió parte del cuello y subió hasta la garganta, antes de ascender un poco más y llegar a la barbilla, terminó depositando un suave y provocativo mordisco en su labio inferior. Mientras, con su brazo se aferró a su nuca y sus piernas hicieron más fuerza que nunca alrededor de él.

Demuéstramelo, has dicho que deje que estos dos meses hayan merecido la pena, demuéstrame que me he equivocado marchándome, que nadie me hará jamás suya como lo haces tú. Tócame y haz que me quede –pidió ella con voz ronca, sobre su boca. No se besaban, pero sus labios casi podían tocarse y aunque estuvo unos segundos así, conteniendo el aliento y dejando que aquella tensión sexual se instalara, no pudo aguantar más y se lanzó sobre su boca como una mujer sedienta que prueba el agua por primera vez.

Porque así se sentía, tener el cuerpo de Jensen rodeando el suyo por primera vez desde hacía tanto tiempo. Sentir el tacto de sus músculos duros sosteniéndola, su mano en la suya, la presión que la empujaba a la pared. Estaba enloqueciendo y no como otras veces que se habían acostado, aquella vez había perdido absolutamente el control sobre sí misma. Con la mano que tenía libre viajó hacia su camisa y sin ningún tipo de cuidado y miramiento comenzó a tirar para abrirla, algunos botones saltaron pero le daba igual, le compraría 100 camisas nuevas a cambio.


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Mensaje— por Jensen Landvik el Dom Dic 29, 2019 12:26 pm

DOS INTERMINABLES MESES
→ MIÉRCOLES → 23:42 → Pub Applebee's → NOCTURNO

¿Por qué deberían las cosas cambiar? Es fastidioso que no puedas conformarte con lo que tenemos, si es que en verdad tenemos algo mutuo. Para mí, sea el motivo que sea, lo importante es que me pertenezcas. Necesito saber que eres mía, y no entiendo el porqué. Soy un hada tan posesiva como el resto: igual de engreído, igual de manipulador que todos los demás seres de mi raza. Nunca me ha molestado ser así. Todo lo contrario: me he sentido orgulloso, y lo he usado en mi ventaja.

Tus palabras consiguen robarme una sonrisa. Hablas de una vida sin mí como si la idea te atemorizase; como si estuvieses diciendo la verdad; como si en verdad hubieses probado un poco de esa vida y no te hubiese llenado nada. Llevo probando lo mismo todos estos años, desde que dejé a mis padres atrás. Nunca me he arrepentido. Si hay algo bueno que me inculcaron, es a no arrepentirme de lo que haga, esté bien o esté mal. Hay que aprender a vivir con los errores, a enmendarlos si es posible... o a acatar las consecuencias, sean cuales sean éstas.

Hablas de felicidad, haces que todo suene tan bien... Pero te he hecho daño. Tú me lo has hecho a mí, sí, pero es merecido. Necesitaba un escarmiento como éste. Probablemente, de cara al futuro necesite unos cuantos más. Sin embargo, ¿qué has hecho tú para merecer que te trate como llevo haciéndolo todo este tiempo? ¿En qué momento se ha equilibrado la balanza? Es posible que nunca lo haga. Siempre seré el malo de la película.

Te creo —respondo con voz sorda. Esbozo una sonrisa y te miro con deseo—. Y creerte me llevará de cabeza a la ruina.

Cierro los ojos mientras expiro todo mi aliento en tu cuello, proponiendo que busquemos una solución a la cantidad de alcohol que ha ingerido mi cuerpo. No retrocedes, sino que, juguetona, llevas nuestro juego a un nivel más profundo. Me muerdo el labio inferior antes de dibujar una delgada línea de saliva en tu piel. Mis manos siguen sosteniéndote con fuerza, tanto acariciando como tu rostro como recorriendo cada centímetro de tus caderas.

Gimo ligeramente mientras tu boca trabaja en mi cuello. Me aferro a tu piel, como si fuese yo quién pudiera caerse en esta posición. He echado de menos este calor que me transmite tu piel, que me envenena... Siento adicción, pero no sé si se debe a tu cuerpo o a ti.

Te lo voy a demostrar, bruja. Vas a arrepentirte de haberte marchado. Te voy a demostrar que en verdad merece la pena permitirme ser el único en tocarte...

Tras besarte, aparto mis labios de los tuyos y tiro de tus piernas hacia arriba. Permito que las reposes en mis hombros mientras, con picardía, hundo mi rostro entre tus piernas.

No me lanzo al ataque de inmediato. Primero, dejo que mi aliento ornamente tu ropa interior: impregno la zona con una cálida ventisca que eriza tu piel. Uso las yemas de los dedos para recorrer tus muslos desnudos y, con delicadeza, tiro de él hacia arriba, hasta la cintura. Como es un vestido corto, no se me hace una tarea pesada.

Acto seguido, alzo la mirada para encontrarme con la tuya y te sonrío. No pesas lo suficiente como para que me canse, y podré soportar sujetarte así hasta que obtengas, al menos, un motivo para arrepentirte de haberte marchado. Voy a enseñarte cuál es.

Acaricio tus labios inferiores por debajo de la tela, sintiendo cómo se encuentran ligeramente húmedos de por sí, pero no lo suficiente. Todavía no. Antes, quiero que enloquezcas para mí. Quiero que, cuando te penetre, llores de felicidad y me implores que no me detenga.

Vas a suplicarme que te haga el amor, Liliana —murmuro con seriedad.

Aparto ligeramente la tela de tus braguitas para, con suma cautela, frotar con cariño. Ahora, mis dedos están en contacto directo con tu piel. Después de todo este tiempo, por fin puedo brindarte placer. Te otorgaré todo el que anheles... siempre y cuando me dejes ser el único en hacerlo.

Estás temblando. ¿Es que acaso te gusta?

Juguetón, extraigo mi lengua y te la enseño, pero no la acerco todavía a tu intimidad. Antes, alzo un poco más mi mano, haciéndome hueco entre tus piernas...

Y hundo uno de mis dedos en tu interior.

Dejo que te arquees cuanto desees. Mordiéndome el labio, introduzco un dedo más. De momento, dos deberían ser suficientes.

Empiezo a sacudir con cuidado, esparciendo tu humedad y sintiendo cómo se exterioriza ligeramente. Quiero que se resbale por tu piel y me brinde el acceso más placentero a tu interior.

Ligeramente, me encorvo un poco más y aproximo mi lengua a tu clítoris. Entonces, lo recorro, estimulándote en cada centímetro de tu sexo para que te prepares. Disfrútalo, querida, porque desde ahora en adelante, no volverás a dudar ser mía. O eso espero...

Y, con una sonrisa, succiono esta zona, besándola y atrapándola con mis labios para seguir lamiendo.



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Mensaje— por Liliana Balfager el Mar Feb 11, 2020 10:19 pm

DOS INTERMINABLES MESES
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Liliana:
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La había probado, la vida sin Jensen había demostrado ser tortuosa y aburrida. Recordaba perfectamente su estancia en Europa, lo desubicada que se había hallado, lo vacías que le parecían las interacciones con Tobías, todo había cambiado como si hubiera estado viendo una película a color y de pronto hubieran cambiado para ponerla en blanco y negro, bajando además el volumen tanto que a penas podía escucharla. Para bien y para mal, Jensen aportaba color y sonido a su vida.

Y aunque a veces deseara eliminarle de su vida, aunque en muchas ocasiones lo malo pesase más que lo bueno, no recordaba haberse sentido tan viva en 500 años como lo hacía cuando estaba con él. ¿No era acaso ese el quid de una existencia que no sea penosa? ¿Dejar de sentir que pasas por la vida de puntillas y sin realmente vivir? Al menos, ahora estaba disfrutando algo de su larga existencia, y no permitiría que ya nadie le arrebatase a Jensen, en ningún sentido, porque él la consideraba suyo y ella lucharía con dientes y garras porque el hada también fuera de su propiedad.

Haz que me arrepienta, demuéstramelo. Sé lo que hice al marcharme, comprendo perfectamente lo que provocó en ambos y ahora te estoy pidiendo que me hagas arrepentirme, que me des una lección que se grabe a fuego en mi piel y que me diga lo que debo hacer ahora. –aquellas palabras sonaron casi como una súplica, le estaba pidiendo que le recordara por qué no debía irse más, por qué merecía la pena aguantar el sufrimiento, por qué cuando él la tocaba parecía que el resto del mundo se desdibujaba completamente.

Disfrutó del beso, de la cercanía, sentía que su piel dejaba un tatuaje ardiente por cada lugar que tocaba. Dos meses sin verse, dos meses nada más y habían parecido años, décadas, sin poder tocarle ni sentirle dentro. Sintió que enloquecía cuando la colocó así y colocó la cara entre sus muslos, no tuvo que hacer nada, todo su cuerpo se erizó en respuesta, el vello se le levantó y sintió que solo aquel contacto ya había empezado a humedecer su intimidad con a penas un poco de aliento en la zona.

El roce de la tela subiendo por sus muslos fue suave, ¿cómo podía Jensen ser tan delicado en algunas ocasiones en el sexo? Su imagen no lo daba a entender, un hombre arrogante, frívolo y en cierta medida con aspecto tosco, pero capaz de las mayores atenciones a una mujer, capaz de un sentido de la delicadeza y la intimidad que nunca había creído que tuviera. Había aprendido a hacerle el amor, al principio solo había sexo, pero ahora era otra cosa, algo más íntimo, más... intenso.

Cuando sus dedos rozaron la zona y su cuerpo se arqueó en respuesta, supo que no tendría que pasar mucho tiempo antes de que le pidiera que la penetrase. No desdeñaba los preliminares, pero habían sido dos largos meses y todo su cuerpo le gritaba que le necesitaba dentro, era casi doloroso lo mucho que lo ansiaba, incluso sentía ganas de hundir las uñas en la pared.– Voy a suplicártelo, lo haré, porque debes demostrarme cuan equivocada he estado y porque tu también lo has estado, porque tu también necesitas demostrarme que soy tuya. Totalmente tuya.

Al añadir eso no pretendía fastidiarle, ni siquiera hacerle pensar, solo pretendía constatar una realidad. Jensen necesitaba sentir que era suya, con el abandono le había hecho creer que había dejado de serlo. No era la clase de vínculo que esperaba de él, pero prefería que la viese como una valiosa posesión de la que no desprenderse a alguien que le es indiferente. En cuanto sus dedos tocaron la zona desnuda de su sexo comenzó a temblar con una inusitada violencia, como si de pronto tuviera mucho frío.

Él se dio cuenta, pero no dijo nada, no hizo falta confirmar que aquello le gustaba. Cuando introdujo un dedo un gemido escapó de su boca, uno que se alargó cuando el tortuoso movimiento comenzó dentro de ella y que se intensificó con la entrada de un segundo. Aquello la estaba volviendo loca, la zona comenzó a humedecerse demasiado rápido, más aun cuando por fin él acercó sus labios y comenzó a rozar y a succionar la zona. Enloqueció completamente con aquello, consciente de que él nunca le había practicado sexo oral.

Liliana se retorció durante unos minutos, sus manos se abrían e intentaban aferrar el aire, antes de viajar a su cabello rubio, ondulado y suave y aferrarse ahí, casi como si necesitara sujetarse a algo para no perder del todo la cordura. Pronto supo que no aguantaría mucho más y las palabras salieron de su boca solas, ella ni siquiera las estaba controlando ya.– Te lo suplico Jensen, hazme el amor, aquí y ahora contra la pared. Como aquella vez que juramos que no volveríamos a vernos y los dos mentimos, ahora te lo digo, mentí hace dos meses, mentí cuando me dije a mi misma que no te necesitaba y que no volvería a verte. Cuando me fui, seguí mintiendo. Cástigame, he sido una mentirosa y voy a ir al infierno por esto.



Última edición por Liliana Balfager el Jue Feb 13, 2020 10:34 pm, editado 1 vez


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Mensaje— por Jensen Landvik el Jue Feb 13, 2020 9:16 pm

DOS INTERMINABLES MESES
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Eso es, bruja. me lo estás pidiendo... y sólo por eso estoy dispuesto a hacerlo. Sólo por sentir el calor de tu voz invadir esta habitación haré que te arrepientas de haberte marchado. Y créeme cuando te digo que no volverás a hacerlo.

Estoy seguro de que lo intentarás, de que de un modo u otro encontrarás un motivo para volver a alejarte de mí, pero esta vez, no dejaré que eso ocurra. Te haré creer lo que quieras creer, te poseeré como lo hice en la iglesia si eso te place; haré que te derritas entre mis dedos y bajo la humedad de mis labios... Destruiré este maldito edificio si es lo que hace falta para que no te vuelvas a marchar.

¿Por qué necesito tan desesperadamente esa garantía? ¿Cuándo me ha importado qué hagas con tu vida? ¿Estaré controlándote? No, no lo creo. De ser así, seguiría cada uno de tus pasos, y no me fiaría de tus sentimientos. Puedo ver a través de sus preciosos ojos. Sé que lo que sientes es real; sé que dices la verdad cuando me garantizas que no ha habido otro hombre en todo este tiempo, tanto como sé que el alivio que me embarga es real. No entiendo el motivo, no entiendo de dónde viene, pero está ahí. Eres completamente mía, y eso no va a cambiar. Jamás.

Mis dedos tocan la zona más cálida de tu cuerpo. Mirándote fijamente a los ojos, me muerdo el labio y sonrío. Tiemblas para mí, e incluso admites, de una vez por todas, ser completamente mía. Me das exactamente lo que tanto anhelo. La expresión en tu semblante delata lo que sientes en el corazón. No solamente quieres darme el gusto de oír lo que quiero oír, sino que tú misma necesitas saber que eres mía. Quieres que te de un motivo para no volver a marchar...

Eres mía. Totalmente mía —confirmo.

Estimulo tu intimidad por diversos motivos: para preparar mejor el terreno y que el acto me sea más placentero, para sonreír con picardía mientras te veo derretirte para mí... pero sobre todo, precisamente, para hacer que te derritas; para que lo disfrutes, para que entiendas por qué me he convertido en el único hombre de tu vida. Ahora mismo, Liliana, también soy tuyo. Completamente tuyo. ¿Vas a aprovecharlo? ¿Vas a dejar que te regale un motivo para no partir?

Mi boca prosigue con lo que mi mano ha empezado. Cierro los ojos mientras mis labios acarician tu sexo, mientras uso la lengua para humedecer lo que ya está húmedo de por sí. Ese sabor tan curioso como sabroso es incapaz de saciar mi sed de ti. Quiero más, quiero oírte gritar mi nombre y reconocer que soy el mejor hombre con el que has estado en toda tu vida. Quiero que me repitas cuán especial soy para ti una y otra vez.

Quiero sentirte real...

Yo mismo gimo al escuchar cada una de tus ardientes palabras. Ejerco un poco más de presión con la boca, y me muevo con más rapidez para sentir cómo te sacudes con mayor intensidad. Llevo una mano a tu pecho y entorno tu muñeca con la otra, apretando ligeramente, como si de repente tuviese miedo de caerme o de separarme de ti.

Siento un ligero espasmo que anuncia qué está a punto de ocurrir, y pronto, tiro de tus muslos para que rodees mi rostro con ellos. También los estrujo, recorriendo cada centímetro de tu piel con los dedos, excitándome con la hermosura de tu cuerpo. Aguardo pacientemente a que te corras para mí, al menos una vez, al menos un diminuto orgasmo, y luego alzo el rostro para mirarte y sonreír. Me limpio la boca con el dorso de la mano y tiro de tu muñeca nuevamente.

Así que quieres ser castigada... y contra la pared. —Te beso en los labios y tiro de tu cabello, con cuidado de no hacerte daño. Te ayudo a colocar las manos contra la pared, por encima del respaldo del lecho, y me posiciono detrás de ti, pegando mi torso a tu espalda, enterrando mi intimidad entre tus nalgas. Muevo las caderas ligeramente, permitiendo que resbale repetidas veces contra tu clítoris, estimulándonos a ambos—. Dímelo otra vez, Liliana. Dime nuevamente que no volverá a ocurrir entre nosotros... Miénteme...

Mientras espero a que lo digas, sigo moviéndome, y sólo entonces te penetro; me adentro en ti muy lentamente, introduciendo primero la cabeza de mi virilidad y luego permitiendo que su extensión abra más camino, aunque no hace falta empujar demasiado ni forzar nada. El líquido que resbala entre tus piernas hace que la accesibilidad sea perfecta y placentera.

Y ahora, dime que todo era mentira, y que soy el único hombre de tu vida —te pido, hundiendo una mano en tu cabellera para aferrarme suavemente a tu pelo. Aproximo la boca a tu cuello y cierro los ojos al besar. Uso la otra mano para adentrarme en ti por completo, tirando de tus caderas y apoyando la palma en tu trasero, y poco a poco, empiezo a mover las caderas, penetrándote una y otra vez mientras pierdo la mirada en tu cuerpo; en el más bello que he visto jamás...—. Dime que me necesitas. Pídeme que te castigue contra la pared...

Y me río. Me río por lo ridículo que he de estar sonando, pero a la vez, me río porque jamás una mujer ha conseguido excitarme tanto como lo estás haciendo tú ahora. Tus palabras no son vacías. Vienen de un lugar, tienen un motivo de ser.

A pesar de lo tosco que puede parecer el acto a simple vista, penetrarte contra la pared en una posición humillante para ti, no hay ferocidad en nuestros movimientos. Creo que estamos haciendo el amor.

Creo que me estoy volviendo loco. Más, si cabe...

Tú también me estás haciendo el amor, bruja —susurro a tu oído. A pesar de que yo me muevo y tengo la mayor parte del control...—. El acto es entre tú y yo. Ahora mismo, me perteneces...

Tanto como yo te pertenezco.

Mis dos manos se aferran a tus caderas y tiran de ti repetidas veces. Empiezo a gemir con fuerza.

Dios...

¿Vas a darte la vuelta y besarme de una vez? ¿Vas a jalarme del pelo, a empujarme contra la pared y penetrarte conmigo ya? ¿Vas a darme todo lo que siempre he querido?

¿Vas a quererme?

Pero llevas tiempo haciéndolo.

¿Y qué estoy haciendo yo? ¿Me estoy aprovechando de ti?...

Me siento bien. Aquí, contigo, haciendo el amor.

Observando tu fina espalda, estrujando tus caderas...

Pensando en tus ojos, en tus labios sonriendo, en tu mirada puesta en mí.

En tu dulce voz, en el calor de tus caricias...

En la forma en la que me dices que eres mía.

En tu amor.

En ti.

Aumento ligeramente la velocidad de las embestidas, echándome hacia atrás para despegar mi torso de tu espalda y penetrarte desde una posición un poco más alejada. Todo tu cuerpo es mío.

Yo soy ese motivo, Liliana.



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Jensen Landvik
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