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04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


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¿Que te apuestas... que la espichamos? [Mishka y Synister]

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Spoiler:
OFF: No se me ocurrió otro titulo que ponerle, soy mala con ellos, pero la verdad es que me hizo gracia xD. ¡Se puede cambiar si queréis eh?!


El carmín recorrió sus labios coloreandolos de un rojo cereza y ya su ceño se fruncía al verse  porque no era algo que acostumbrara hacer y mucho menos usando colores tan llamativos pero en esta ocasión era necesario. Su poder de animorfo no la iba a salvar en esa ocasión en la sala de apuestas ya que si... habían vuelto a quedar para ganarse otro buen puñado de billetes. El caso es que en esta ocasión el combate duraba mas de media hora o eso le dijo Mishka así que tendría que aparentar ser una mujer mayor por eso el uso de el maquillaje, vestimenta y sobretodo unos tacones que la elevaran un poco. Tenía esperanza de que todo eso debería bastar para que no llamase la atención.

La ultima vez que estuvo allí se fijó en el aspecto de las féminas que había por allí y no es que fuesen muy discretas... ni mucho menos aniñadas. Lo que mas le dolió fue ponerse  esa sombra de ojos oscura  y el delineador negro aplicándolo sobre su ojo hasta acabar en un rabillo, lo siguiente fue aplicar la máscara de pestañas con algo de torpeza, tanto que se manchó un poco el puente de la nariz que se limpió emitiendo un leve gruñido.

Se echó otro vistazo en el espejo mientras se amoldaba un poco los cabellos, aunque los iba a llevar como siempre se los había dejado un poco despeinados dándole un aspecto desenfadado. Agradeció que tuviera ropa negra para dar y regalar optando esa noche por una que tenía algo de transparencia en toda la espalda y escote que resaltó un poco cerrándose la chupa de cuero negra a medias para alzar aquellas dos... cositas...

- Que patética... - Murmuró mirándose al espejo con algo de vergüenza, sus mejillas se habían encendido por lo que no creía que necesitaría nada de  colorete porque ese pudor no se le iría en toda la noche y menos aun cuando Mishka la viera... que lo mas seguro es que se reiría a carcajadas.

Con un resoplido se sentó en la cama para ponerse unas altas botas negras con unos tacones de infarto, además de que tenían algo de plataforma cosa por la que no le dolerían demasiado pero que les costaría un poco adaptarse a ellos al estar acostumbrada al uso de botas planas.  Éstas cubrían sus piernas hasta encima de las rodillas, si... unas piernas cubiertas con unas medias de rejilla y una minifalda también negra.
Se puso en pie y caminó un poco para verse. Agradeció tener las runas de agilidad y destreza aun inscritas en su piel, seguramente eso la ayudaban hasta para caminar con tacones, se tuvo que reír al pensar en eso.

- En fin... Adel "la chunga", es hora de irse.  - Tomó su inseparable mochila y la colocó a la espalda igual que su cuchillo serafín que guardaría en esa ocasión en el interior de la chaqueta teniendo que abandonar por esa noche los brazales con sus agujas de combate. Se dirigió a la salida de su habitación escuchando el sonido de sus poderosos pasos, los tacones hacía mas ruido de lo normal por lo que la distancia que había desde su habitación hasta la salida del instituto fue un poco de risa ya que estuvo caminando a zancadas y muy lentamente para no llamar la atención de nadie que estuviera por los alrededores.

Se montó en la moto, por fin una nueva y  en condiciones gracias a parte de las ganancias de los combates y se dirigió hacia donde se encontraba el lugar de las peleas. Repitió lo que siempre hacía, dejar la moto casi a una manzana de allí para seguir su camino a pie. Percibió las miradas que algunos caminantes de ese barrio la echaban, por lo que aceleró sus pasos pudiendo ver en la distancia el local donde se ejercían las peleas. No pudo ver a Mishka allí en la salida así que ella había llegado primero cosa que no le hacía demasiada gracia porque quería prepararse moralmente.
Tuvo la tentación de adoptar el aspecto de otra persona, de Synister nuevamente pero no podía arriesgarse de que se acabase el tiempo y alguno de los mundanos la vieran en plena transformación, así que... a paso regio se desplazó hasta el lugar del encuentro esperando que Mishka no se ganara esa noche su primer puñetazo por parte de ella.



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Re: ¿Que te apuestas... que la espichamos? [Mishka y Synister]

Mensaje— por Invitado el Lun Mar 17, 2014 7:07 pm

Tan pronto como terminó de vendarme las manos puse en práctica la treta que había ideado para escabullirme.
-Oye, Conn, no me encuentro muy bien. Creo que es por los nervios. Voy a salir un momento a que me de el aire.
Pero en cuanto me levanté para salir, él se colocó delante negando con la cabeza. No había caído en que aquello podía dar lugar a uno de los discursitos de mi entrenador, en este caso sobre lo necesario que era dejar los nervios fuera del ring.
"...y no tienes que estar pendiente de nadie más, sólo de tu adversario. Vale que es un combate importante, pero por eso mismo lo que tienes que hacer es..."
No sabía cómo cortarlo sin que se me notara excesivamente ansioso por salir fuera y se oliera algo raro.
"...me ha costado mucho conseguirte este combate..."
¿Qué podía inventarme? Adeline tenía que estar esperando fuera...
"...vas a salir y vas a dar un buen espectáculo..."
Encima este era de los que odiaba que lo interrumpieran, pero se estaba poniendo demasiado plasta.
-¡Hombre, mira a quien tenemos aquí!
Casi me alegré yo tanto como mi entrenador, al entrar en escena uno de sus mejores amigos, ex-alumno suyo y alguien a quién no veía hacía mucho tiempo y con quien tendría que ponerse al día. El momento perfecto para huir.  
Me contuve e intercambié los saludos de cortesía, para luego, interrumpir los efusivos saludos entre los dos amigos y decir:
-Voy al baño.
-Pues ve antes de que te pongas los guantes, porque si te entran ganas de mear luego, no te la pienso sujetar.
Tras el punto de humor de Conn, él y su amigo se empezaron a reír a carcajadas como si acabara de soltar el mejor chiste del mundo.
Puse los ojos en blanco y salí del vestuario pero no para ir al baño. Todavía quedaban dos combates hasta que fuera mi turno y ya estaba perfectamente vendado, y con los pantalones de boxeo y el poncho puestos. Aquello me daba bastante tiempo extra antes de que tuviera al entrenador encima para colocarme los guantes y salir al ring.

Me dirigí al punto de encuentro y miré a mi alrededor, esperando encontrarme a Adeline o bien a ella misma pero en su forma masculina. Nada, allí sólo había una chica. Una chica que me resultó muy familiar.
Me quedé mirándola con cara de lelo, de arriba a abajo, hasta que conseguí reaccionar.
-¿Por qué...? ¿Qué...? -No podía acabar ninguna frase porque estaba a punto de echarme a reír.
Mi expresión se tornó en lo que habíamos bautizado como "cara de sapo" y al final tuve que reírme, aunque sabía que me estaba ganando una buena tunda aún antes de subirme al ring. Me obligué a controlar la risa.
-Lo siento, es que...Sé que ibas a venir camuflada pero no me esperaba que vinieras...así -y la miré de arriba a abajo al decir aquello. El maquillaje, la minifalda, las medias de rejilla, las botas altas, el escote...No fui consciente de que me había quedado mirándola más descaradamente de la cuenta. Cuando caí en ese detalle volvió a darme la risa, pero esta vez la risa tonta.
-Vaya pintas...-Eso para disimular.

Recordé el por qué de haberle pedido que fuera antes, y le tendí un puñado de billetes. Era una buena cantidad de lo que había conseguido ahorrar en los últimos meses.
-Sé que te has gastado gran parte de lo que tenías en la moto nueva así que...Aquí tienes, invierte bien mi dinero.
Creía que podíamos sacar bastante dinero de aquel combate si apostábamos a lo grande. Allí había muchas más personas que en cualquiera de los otros lugares en los que había peleado en Nueva York, lo que podía ser un buen punto a favor a la hora de apostar.
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Los ojos de la nephilim se clavaron en Mishka en cuanto lo vio aparecer, se fijo que ya estaba listo para salir en el ring por los pantalones que llevaba, las vendas y ese poncho raro que llevaba encima, pero lo que mas le llamó la atención es que estando a su  lado y que incluso sus miradas se cruza...ron... no, mentira. El muy desvergonzado la había escaneado de arriba abajo  con cara de bobo y  pasó de largo, siguiendo con la búsqueda a la espera de Adeline  hasta que reaccionó y la volvió a mirar entendiendo que esa chica rebelde y con esas pintas de macarra era ella.

El sonrojo de sus mejillas aumentaron ante las palabras  de Mishka cargadas de cachondeo hasta que atisbó algo mas pero que en un principio la muchacha no cayó porque estaba roja como un tomate, desviando la mirada a un lado cohibida y eso que ella normalmente no era tímida.  "no esperaba que vinieras... así".

¿Y que esperaba?, tenía que ajustarse a lo que iba y cuerpo de macho cabrío no tenía como para hacerse pasar por un hombre a no ser que ese hombre sufriera de enanismo...
Pero lo que había notado también en aquella impresión que le había dado era cierto interés que le provocó que la risotada que soltara después de su comentario tuviera un timbre estúpido que lo delató.

Adeline alzó la mano y le propinó una colleja, algo que no le costó demasiado gracias a los centímetros de regalo que le proporcionaban los tacones.

- Si, ríete , ríete pero he visto lujuria en tus ojos. - exageró. -  Si en realidad esa burla es tu mecanismo de defensa. - le señalo con el dedito acercándose unos pasos mas hasta quedar en frente de él por lo que él rápidamente cambió de tema para sacar una buena parte de su dinero y se lo entregó por lo que le dedicó una mirada coronada con un ceño fruncido.

- Tu estás loco, no pienso apostar todo esto, es tuyo, solo una parte. Y me he comprado la moto con mi parte, así que no desperdicies la tuya. - Sabía que en esos momentos no le iba aceptar que se lo devolviera así que se echó la mochila hacia adelante para guardar la mayor parte del dinero en su interior y coger  un poco menos de la mitad que sería lo que apostaría esa noche.
- Esto es lo que se va apostar hoy, el resto te lo devuelvo. - Dijo guardándose lo que seguramente esa noche duplicarían o quien sabe... triplicarían dentro de la chaqueta.

Ya notaba un poco de molestia en los pies por mantenerse en pie con esos tacones pero no iba a quejarse ni mostrarse incomoda... que estaban empezando la noche, la falta de costumbre era horrible. Entonces le miró y le sonrió un poco.
- Y dime, Mish, iluminame para otra vez, ¿como vengo a la próxima?, ¿eh?, aunque no te he visto espantado. - le picó un poco guiñándole un ojo. No acostumbraba a coquetear ni nada por el estilo, no sabía hacerlo y supuso que esas cosas salían por si solas, pero forzó un poco la situación para lo que tenía pensado aunque dentro de ella, en algún rincón disfrutaría aquel acercamiento. Se atrevió a colocar sus brazos sobre sus hombros quedando sus manos colgadas rozando los cabellos de su nuca por lo que la distancia entre ellos había  disminuido, para que, tras unos largos segundos mirándolo con fijeza le cogiese la capucha y se la pusiera con brusquedad hundiéndole un poco la cabeza en venganza "sana". Tras esa jugarreta se echó a reír ignorando como unos armarios empotrados con patas le dedicaban algunas miradas sucias mientras se adentraban a la nave.



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Re: ¿Que te apuestas... que la espichamos? [Mishka y Synister]

Mensaje— por Invitado el Mar Mar 18, 2014 12:03 am

La colleja me la merecía, eso era cierto. Aunque no estaba seguro de si me la había dado por reírme de ella o por mirarla descaradamente luego. Tal vez por las dos cosas, a lo mejor eso explicara que la colleja tuviera más fuerza de lo normal. O sólo se trataba de que con los tacones era más alta y no había calculado bien la distancia. De todos modos no me hizo daño, sino que consiguió que volviera a darme la risa.
Sonreí cuando dijo que había visto lujuria en mis ojos y que burlarme era mi mecanismo de defensa. Sabía que estaba exagerando a propósito, y eso me hacía gracia. Pero por otro lado, no iba del todo desencaminada. Es decir, no la había mirado con lujuria, ¡ni mucho menos! Pero tenía que admitir que me había..."llamado la atención". Y mientras pensaba esto, de nuevo mi mirada se desvió de sus ojos. Cuando volví a toparme con ellos, reaccioné rápido negando con la cabeza, como si aquel "chequeo" general formara parte de lo que iba a decir a continuación en tono de burla.
-Vaya tela...

Por suerte se me ocurrió cambiar de tema, la mejor táctica de evasión de la historia. Y de todos modos para eso había quedado con ella, ¿no? Para darle el dinero y no para apreciar su ropa de camuflaje, aunque no es que fuera a pasar precisamente desapercibida entre los buitres. Tenía que advertirla sobre eso.
"Y dejar de mirarla como si fueras uno de ellos, también" , pensé y me concentré de nuevo en el dinero.
-¿Qué más da? No la vamos a perder porque no me va a ganar - le dije cruzándome de brazos. Si no estuviera tan seguro de eso, apostar todo ese dinero habría sido una locura. Pero no era el caso, aunque posiblemente apostar tanto dinero me hiciera parecer un ludópata. Podía ser que me estuviera viciando un poco a aquello de las apuestas, a pesar de que al principio no me había convencido. Pero era dinero fácil.
Sólo por eso, cedí, aunque de todos modos sabía que Adeline haría lo que a ella le pareciera, y en este caso era apostar unicamente una parte de mi dinero.
-Haz lo que veas, tú eres la que lleva las apuestas...Pero imagínate todo ese dinero duplicado...
No insistí porque a veces era mejor dejar las cosas en el aire, para dar que pensar. Con ese dinero duplicado sólo necesitaría ahorrar un poco más para poder comprar un billete a Ucrania. Para la ida tenía la pasta, pero claro, hablábamos de ida y vuelta.

Me hallaba pensando en esto, cuando Adeline me sacó de mi ensimismamiento, al oírla llamarme "Mish". No era nada raro, era mi diminutivo, pero ella nunca lo había usado conmigo.
La preocupación que había sentido durante un instante al pensar en mi familia, dio paso a la sorpresa y luego a la perplejidad.
-¿Por qué me iba a espantar?
Enarqué una ceja cuando pasó sus brazos sobre mis hombros, consciente de su cercanía. Me había quedado bloqueado, seguramente con cara de idiota, porque no podía poner otra expresión más digna ante una situación como aquella.
Y de pronto...el contacto visual fue interrumpido por la capucha que la maldita nefilim traicionera me había puesto con tanta brusquedad que me había hecho inclinar la cabeza y todo.
Aunque estaba seguro de que ya había empezado a sonrojarme antes, esta vez fui más consciente del rubor porque notaba cómo me ardían las mejillas. No sabía cómo no me había dado cuenta, si siempre me la jugaba, como buena mono titi.
-Sí, ríete, ríete...
La miré, sin quitarme la capucha, por si así, con la sombra, se disimulaba un poco que estaba sonrojado.
-Pero que sepas que no te conviene distraerme...-dije señalándola con un dedo acusador. En un rato peleaba y tenía que estar concentrado, eso era cierto.

Tuve una idea. Sonreí, y la cogí por ambos lados de la chaqueta para tirar de ella y acercarla a mí.
-Aunque por mí puedes venir todas las veces vestida así....-jugueteé unos segundos con la cremallera de su chaqueta y la bajé un poquito...para luego subirla hasta que hizo tope arriba, quedando con el cuello bien tapadito, cual macarrilla conservadora. Esta vez, fui yo el que rió.
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Adeline lo miraba muy poco convencida, esa máscara que Mishka llevaba encima no convencía a nadie, vamos, ni siquiera a él mismo cosa que la rubia demostraba con una pequeña sonrisilla en sus labios y arqueando una ceja. Él le había demostrado que el pudor le podía bastante, sobretodo cuando se le hacía algún cumplido por su físico, como en el caso de la tabletita o en esa ocasión por haberse dado cuenta de como la había estado mirando. ¿Sería cosa de la llegada de la primavera?, ya se conoce el dicho ese... que la primavera, la sangre altera y Adeline tuvo la tentación de hacer un chiste de perros y su época de celo pero prefirió actuar de otro modo.

La nefilim se quedó bastante pensativa ante las palabras de Mishka que estban cargadas de seguridad. Tenía razón, no podían vencerle debido a su condición de licántropo y el apostar todo ese dinero sería  asegurarse un dineral. El maldito subterraneo provocó la avaricia de la rubia y finalmente ésta asintió.

- Va... va... si tienes razón. Así no tendremos porque apostar cada semana y  en cambio tener mas tiempo para encontrarnos en... otras circunstancias. - Asintió convencida planeando en apostarlo todo esa noche, entonces en su mente ni en la de Mishka había ningún pensamiento de probabilidad de fracaso. Además se le escapó el hecho de poder seguir viéndole en otro lugar que no fuesen las apuestas, pasando ese negocio que tenían entre los dos algo secundario.

El juego que vino después fue super divertido para Adeline que vio en primer plano la confusión y el bloqueo de Mishka, el cual no pudo reaccionar al acercamiento que la rubia había provocado adrede para tomarse su venganza. Le parecía tan tierna su expresión, tan adorable su sonrojo que se lo quedó mirando bastante hasta que le hizo la jugarreta de la capucha y se rió de buena gana.

- Oh vaya, eso es verdad, vas a luchar contra un gran rival y estáis tan igualados que requerirás de mucha concentración para salir victorioso. - soltó Adeline con todo el sarcasmo que pudo reunir. Seamos realistas, no le hacía falta cuando tenía la batalla ganada desde el día que se la asignaron.

Ya el movimiento que ejecutó Mishka no lo hubiera esperado jamás. La capucha tapaba parte de su rostro y ensombrecía el resto cuando la atrajo hacia él jalando de las solapas de la chaqueta de la muchacha. Le dio un leve espasmo por el susto de tenerlo cara a cara y el no esperarse ese contraataque viniendo de él. ¿Quien eres y que has hecho con Mishka?, quiso decir pero como rara vez pasa... la dejó sin palabras.

Estaba alucinando en colores... ¿que había dicho?, ¿en serio?, aquello sonaba tan... sugerente que la hizo tragar saliva, esa tensión que sentía iba en aumento al notar como Mishka jugueteaba con su cremallera que iba bajándola poco a poco. ¡Despierta Adeline!, ¿como es que te has quedado congelada?, vale... había que admitirlo... el factor sorpresa.
Entonces notó una leve opresión a la altura de su pecho y cuello, el maldito chucho le había subido la cremallera hasta el tope, siendo él el que se reía ahora.

- Pe...pero que... - cerró el pico, apretando los labios con fuerza y agachando un poco la cabeza pero mirándole por el rabillo del ojo con resignación, se la había devuelto y aunque se le ocurría millones de ideas para continuar con ese juego pensó que lo mas razonable era parar si no quería que las cosas pues... se le escaparan de las manos.

- Anda... anda... mejor que te largues ya que tienes que tienes un combate que ganar y no quiero desconcentrarte... que podría, pero seré benevolente contigo. - Dijo con una pequeña sonrisa pero para su propia sorpresa sintiéndose algo intimidada, lo que faltaría. Como Mishka se diese cuenta ya no tendría ventaja en aquellos juegos. Se volvió a bajar un poco la cremallera como antes, cosa que le costó ya que la chaqueta era algo vieja y se atascaba un poco, je...aquel gesto le recordó a un viejo anuncio de colonia de hombre.



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Re: ¿Que te apuestas... que la espichamos? [Mishka y Synister]

Mensaje— por Invitado el Mar Mar 18, 2014 10:31 pm

Mis palabras tuvieron el efecto deseado: convencer a Adeline de que apostara todo mi dinero. Tuve que contenerme para no mostrar mi emoción abiertamente al pensar que si todo salía bien, y las apuestas se mantenían, podría conseguir un vuelo a Ucrania. Prefería contárselo cuando tuviera los billetes en la mano, por la sencilla razón de que era un pelín supersticioso para ese tipo de cosas. Pensaba que si expresabas ciertos deseos en voz alta, al final no se cumplían.

Pero tampoco pasé por alto lo que dijo después, que podríamos emplear ese tiempo en encontrarnos en otras circunstancias. No me pareció mala idea, de hecho hasta el momento había pensado en "excusas", pero no necesitaba de eso para quedar con ella, ¿verdad?

Era obvio que desde la primera vez que quedamos y ella apostó por mí, habíamos ido cogiendo más confianza. La prueba de ello es que yo le hubiera respondido con otra jugarreta tanto o más atrevida que la de la rubia. A decir verdad, no tenía ni idea de donde había salido aquella actitud y ni siquiera había sido plenamente consciente, pues sólo pensaba en ponerla en un aprieto como venganza. Pero cuando estaba de broma podía volverme un poco "travieso", al contrario que cuando algo era en serio, que me sonrojaba como un idiota y no sabía ni qué decir.

Aunque tuve que hacer el teatrillo hasta el final, la expresión de Adeline estaba haciendo que tuviera que contener la risa. El que no fuera capaz de reaccionar ya era todo un logro, pues el pinypon aquel tenía salidas para todo. Era una de las cosas que más me gustaba de ella, pero dejarla sin palabras también era divertido...a lo mejor lo convertía en mi hobby.

Cuando dejé de reírme pude escucharla por fin.  
-No lo dudo -dije refiriéndome a su capacidad de distraerme del combate. -Gracias.
Le sonreí a modo de despedida y también en agradecimiento por lo de las apuestas. Pero cuando me giré para irme se me ocurrió una estupidez y tuve que soltarla porque sino reventaba.
-Oye, ¿no me vas a dar una prenda? -pregunté como si de pronto nos hubiéramos situado en las justas de la edad Media y aquella sugerencia fuera lo más normal del mundo.- Espera...no. Mejor no. Que sino te quedas con nada...
Exageré a propósito la escasez de tela de su vestuario. Reí por lo bajo y me alejé un par de pasos.
-Ahora en serio, suerte mezclándote con la fauna masculina que hay ahí dentro. En cuanto acabe el combate acudiré en tu rescate...
Sonreí y esta vez sí, me di la vuelta y entré. Fue un fastidio cambiar a Adeline por mi entrenador, que como había supuesto, estaba de malas pulgas porque quedaba poco para mi combate y yo había desaparecido de pronto, "como una novia a la fuga", "creyendo que te habías rajado", "menos mal que no eres una niña y has vuelto".
Le dije la verdad, que me había encontrado con una amiga. Y entonces vino el discurso de "prohibido verte con mujeres antes de un combate".
Dejé la mente en blanco y la voz de Conn se convirtió en un murmullo de fondo. Me puse serio, porque aunque aquello fuera pan comido, tenía la costumbre de concentrarme y "meditar" antes de un combate. Cinco minutos después, por fin nos tocó el turno.
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Re: ¿Que te apuestas... que la espichamos? [Mishka y Synister]

Mensaje— por Invitado el Vie Mar 21, 2014 1:59 am

Y hasta mis oídos habían llegado los rumores de haberme visto en los barrios bajos de la misma ciudad, apostando en peleas clandestinas. Aunque disfrutase de verse a un par de tipos algo carentes de neuronas partirse la cara uno al otro, no era uno de mis pasatiempos favoritos. No conocía a nadie que tuviera la capacidad de tomar mi forma física y aun menos, alguien con los cojones suficientes como para hacerlo.
Envié a unos cuantos demonios como avanzadilla para que descubrieran que era lo que sucedía mientras me tomaba mi tiempo, ajustando el sombrero y atravesando las puertas ajadas que formaban el umbral del establecimiento donde supuestamente se llevaban a cabo las peleas. Levanté las cejas, di un pequeño respingo y me detuve en secó cuando sentí un manotazo en mi trasero. Ladee levemente mi rostro para observar como el portero me dedicó una sonrisa y me guiño un ojo. Bien... Dejaría a aquel desgraciado para mas tarde y me centre en seguir adelante mostrando una inescrutable indiferencia en mi rostro.
En la lejanía se podía apreciar el ring de aquel lugar maltrecho.Olía a orina, sudor seco y muchos otros aromas que, ha decir verdad, incluso para un demonio eran repugnantes. Me acerque a lo que parecía ser la mesa donde se manejaba todo el asunto. Le dí un manotazo a la cabeza calva de uno de los hombres que estaban sentados frente a la mesa y, justo después de aquello le hable alto y claro.

- Apúntame para pelear.

Mientras que los esbirros hacían su trabajo, tal vez pudiera divertirme con algún que otro mundano que rondase por allí. Quizás incluso encontrase a alguien lo suficientemente espabilado como para plantarme cara y tener una lucha entretenida... Lo dudaba mucho, pues no sentía a ninguno de los míos ni ningún ángel, no obstante las sorpresas siempre son inesperadas en este mundo.
Cuando fue el momento subí al ring pasando entre la tercera y la segunda cuerda. Dejé sobre una de las esquinas el sombrero quedando tan solo con la camisa sin mangas, los pantalones baqueros y unas zapatillas cómodas. Me tire sobre las cuerdas tomando una pose despreocupada esperando a mi oponente.
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Por primera vez Adeline deseó que Mishka se marchara porque la había dejado tan bloqueada que se negaba a reconocerlo o demostrárselo inconscientemente más si eso era posible, era demasiado bochornoso para ella como para que su dignidad y orgullo aguantaran mas.

- Anda... anda, si vete. - Dijo viéndolo marchar, entonces se giró y formuló aquella pregunta a la que respondió primero mirándole con cara de enterrador. Si que se había crecido con su reacción cohibida que volvió a atacar, ella al final rodó los ojos soltando una estúpida risotada y le hizo una burla arrugando la nariz y levantando la parte derecha del labio.
- Juaaa juaaaa juaaaa, que gracioso. Que si!, que no me va a pasar nada...  principe, que no se te olvide el corcel blanco cuando vayas a por mi. - terminó de decir siguiendole la broma y también le dedicó una sonrisa  presenciando cuando se marchara. Lo irónico de todo aquello es que a lo mejor a quien había que rescatar era a él.

Adeline no perdió el tiempo y fue hacia Pitbull para realizar el pago de la apuesta, apostó al final todo el dinero por Mishka, ¿no era lo que quería?, pues de acuerdo, confiaba plenamente en él y en sus posibilidades. El corredor de apuestas se la quedó mirando anonadado ante tal inversión.

- ¿Estás segura, muñeca?, esto es mucho dinero. - Dijo viendo como la miraba de arriba abajo, quedandose sus ojos bloqueados en su canalillo.
- Mi cara está aquí, tío. Y si, se lo que me hago. - Dijo dandose la vuelta para ir acercandose al ring, notando como de pronto algunos tipos que la veian pasar se rozaban con ella, agh, aquello era necesario?, no.. claro que no, eran esos babosos que Mishka le había avisado.  En circunstancias normales les habría apartado de un empujón y pateado la entrepierna pero no podía arriesgar que se liara parda así que trató de ignorar aquellos desagradables frotamientos y se colocó en un lugar bastante bueno para ver si no fuese porque aun con tacones seguía siendo baja, con el aspecto de Synister no tenía esa dificultad.

Entonces sintió como alguien la miraba fijamente, ella rodó los ojos y se encaró con el poseedor de esos ojos indiscretos entonces tomó aire rápidamente por el susto, tenía en frente a un demonio que la miraba con pasividad, un demonio menor. Ella se llevó una mano al interior de la chaqueta donde tenía su cuchillo serafín pero él no se alarmó, volvió a mirar al ring ignorando su amenaza pues no podía cumplirla abiertamente, delante de tantos mundanos.

Unos gritos que daban señal que el combate estaba apunto de empezar la hicieron volver a mirar al ring donde el arbitro comenzó a presentar a los luchadores, por un lado Mishka y por otro lado... por otro lado...

- No..., no, no, no, no... - Musitó para si misma con la cara descompuesta y los ojos clavados en la imagen de Synister, estaba sobre el ring y era el contrincante de Mishka, el miedo la invadió.

- ¡Mishka!, ¡Mishka!. - Gritó con desesperación, tratando de acercarse al ring pero había demasiada gente por delante que evitaba su paso sobretodo porque estaban concentrados en el combate que estaba apunto de comenzar. Los gritos de la muchacha las interpretaban como gritos de ánimos y algunos que también habían apostado por el licántropo también coreaban su nombre.

Su corazón bombeaba con fuerza y su pecho le dolía, sentía la ansiedad oprimiendo todo su ser y porque no, también la culpabilidad. Que Synsiter estuviera allí no era una casualidad. Había jugado con su apariencia varias veces en ese lugar para apostar y de paso ridiculizarle, y el que iba a pagar el pato era su amigo.

Aquel pensamiento le retorcía las entrañas y la desesperaba pero no podía hacer nada, solo mirar y sufrir.
Para colmo, el subterráneo sabría a quien tenía en frente, Adeline ya le había avisado de Synister, que cuando lo viese no se lo pensara dos veces en huir pero... pero allí no podía huir tan fácilmente. En esa pelea tendría que ponerse realmente serio y usar toda su fuerza porque... la fuerza del demonio también era impresionante.

Los gritos de la muchacha volvieron a resurgir de su garganta con fuerza, sin importarle que el esfuerzo le hiciera daño, o que a su vez pudiera llamar la atención de aquel que se había convertido hacía tiempo en su blanco, en su objetivo a erradicar, en esos momentos no podía pensar con claridad, se estaba dejando llevar con lo que su padre siempre le había advertido que debía evitar. Los sentimientos.



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Re: ¿Que te apuestas... que la espichamos? [Mishka y Synister]

Mensaje— por Invitado el Vie Mar 21, 2014 6:48 pm

Me encontraba ya en mi esquina, moviéndome un poco para calentar. Debo admitir que cuando el entrenador me ayudó a quitarme el poncho y me quedé solo con los pantalones, inconscientemente miré hacia el público con cierto pudor, al recordar la mofa de Adeline con mi "tabletita". Debía de estar en algún lugar entre la multitud observando y pensando en pullitas que lanzarme luego...

Mi atención, sin embargo, se desvió bastante de la nefilim cuando vi subir al ring a mi contrincante. Lo primero que me llamó la atención fue su vestimenta. ¿Vaqueros? ¿Que se creía que aquello eran peleas callejeras o qué? No dudaba que en aquel barrio también se llevara ese tipo de "combates", pero en ese caso se había equivocado de nave.
Pero cuando lo miré a la cara, tuve que preocuparme de algo más que eso...Tan pronto como reconocí aquel rostro, fui consciente de su poder. Un demonio.
Adeline me había dicho que si veía a aquel tipo huyera. Pero en el cuadrilátero, con cientos de miradas puestas en nosotros, aquello era casi imposible. A no ser que fingiera que me encontraba mal y me saliera, lo que implicaba abandonar la pelea, cosa que ni me planteaba, aún estando en peligro. Eran ideas que estaban fijas en mi cabeza, como las técnicas de boxeo.
Me giré para mirar a Conn, inquieto.
-Conn, este no es el tío contra el que peleaba..-le dije intentando mantener la mente fría y que mi tono no sonara muy desesperado. El entrenador me miró como si yo fuera idiota.
-¿Qué? ¡Claro que es él! Oye, Mishka, estás muy despistado hoy. No sé si será la primavera o qué es lo que te pasa, pero sacate lo que tengas en la cabeza y concéntrate en el combate de una vez. ¿Me entiendes?
Miré a Frank, el cutman, como buscando su apoyo. Pero él se encogió de hombros dando a entender que ahí no pintaba nada. Venga ya, al menos se habría fijado en sus ropas, ¿no? Nadie peleaba así, era el protocolo.
-Ven aquí -oí que decía Conn, y yo obedecí de manera automática, sin pensar en lo que hacía, pues tenía la cabeza en el combate que iba a comenzar. O más bien en el contrincante contra el que me iba a enfrentar.
Abrí la boca para que Conn me pusiera el protector bucal.
"¿Los demonios saben boxear?" , me pregunté mientras me acercaba al centro del ring al notar la palmadita de Conn sobre mi hombro. "Este no es como los que había en el piso de Rory....Casi que prefiero enfrentarme a esos ahora mismo".
Percibía el poder que emanaba aquel ser y me hacía sentir inmensamente inferior. ¡Mierda, mierda, mierda!
-Mishka, ¡concéntrate! -oí gritar a Conn desde mi esquina. Qué fácil era para él...

Nos colocamos en el centro del ring, el árbitro comenzó a decir las normas. Ese lapso de tiempo en que estás frente a frente con tu oponente solía ser de contacto visual, intentando intimidar al otro aún antes de comenzar el combate. Por una vez no creo que yo estuviera siendo realmente convincente. Al contrario, me mostraba confuso y, lo admito, un pelín acojonado. En fin...al menos sería un combate de verdad. Aunque si aquel demonio estaba allí por lo que yo creía que estaba...se iba a cebar bastante. Maldita Adeline, no se podía haber disfrazado de mono, no.
Tenía que ir provocando a un demonio.
Sonó la campana. Bueno, al menos iba a tener un rival decente...Era lo que me repetía a mi mismo todo el rato intentando ser "positivo".

Comencé tanteando, lanzando jabs de izquierda. Con la misma mano lancé un crochet y me retiré. En todos los casos, el primer asalto siempre es el más crítico para todos los boxeadores, porque no saben a lo que se enfrentan y es más fácil que el contrario lo noquee. En aquella ocasión, la incertidumbre era doble...Y aunque se me daban bien las esquivas, las fintas, los engaños...no tenía ni la más remota idea del alcance de los poderes de un demonio.
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Re: ¿Que te apuestas... que la espichamos? [Mishka y Synister]

Mensaje— por Invitado el Miér Mar 26, 2014 1:12 pm

Aquello no tenía buena pinta, para ser francos empezaba a aburrirme la espera. Había pensado en noquear a mi adversario con un solo golpe, pero con tanta espera... Recapacité para divertirme un poco con el pobre muchacho. Absortó en mis pensamientos siquiera vi como el otro luchador subía al ring pero, lo que si pude oír entre todo el abucheo de la gente que gritaba fue una voz familiar.
Mi sonrisa se ensancho mostrando mi blanca y marfilada dentadura. Desvié la mirada hacia la gente que se apegaba al ring buscando aquella cabellera dorada revolotear hasta que, al fin, di con el rostro conocido. Flexione las piernas apoyando una mano sobre la segunda cuerda y clave mi mirada sobre su rostro.

- ¡Adeline! Cuanto tiempo. Dime... ¿Sabes por que estoy aquí?

La sonrisa socarrona se desvanecio de mi rostro en cuanto la campana sonó. Recupere la verticalidad y lleve mi mirada sobre el rostro de mi adversario, así que este debía ser Mish, el nombre que había estado gritando la cazadora. Bien, veremos de que e...
Me comí el primer jab directo al rostro, no esperaba aquella determinación del muchacho. Sin duda el debía saber que era yo, esquive el resto de los golpes que lanzaba sobre mi apartándome de él. Lleve una mano hasta mi mejilla magullada y sonreí como un niño cuando le compran un juguete nuevo.

- Vaya. Tienes buena pegada. A ver que tal se te da defender.

Esta vez fui yo quien lanzó sus golpes, jab derecho directo a su rostro seguido por un cross izquierdo tratando de pasar por el lado de su defensa. Me retire un paso atrás para lanzar un uppercut a su mandíbula. Golpes básicos y sencillos de bloquear, quería saber cual sería su postura. ¿Aguantaría bien los golpes?
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La muchacha jadeaba asustada y su respiración se aceleraba al poder ver con mucha dificultad por el gentío que se arremolinaba alrededor del ring, la reacción de Mishka al ver que frente a él tenia a un demonio. Desconcertado lo vio inclinarse hacia su entrenador para decirle algo, seguramente extrañado por lo que pasaba pero su entrenador no se echaría atrás, desde la distancia veía como gesticulaba y vocalizaba con violencia gritando algo que con tantos alaridos revoloteando por el lugar no logró escuchar.

Mientras tanto desvié la mirada otra vez hacia su contrincante, hacia aquél que esperaba con toda su alma que no se convirtiese en su verdugo, emitió  un gemido al tomar aire con sorpresa al ver como los ojos de Synister estaban fijos en ella y vio como su boca se estiraba en una sonrisa cargada de soberbia.
Se dirigió a ella como si fuesen amigos de toda la vida y eso la hizo rabiar tanto que no fue capaz de esconder esos sentimientos negativos que se desbordaban por la boca en forma de palabras malsonantes que tuvo que acallar mordiéndose la lengua porque no podía empeorar aun mas la situación.
Claro que sabía porque estaba allí, por su causa, por haber jugado a ser él, al tratar de ridiculizarle habiéndose dejado llevar por la rabia y ahora el que iba a pagar era Mishka. ¿Cuando iba a dejar de ser tan irresponsable?, ¿de ser tan cría?, al final su padre iba a tener razón y que exteriorizar los  sentimientos era peligroso para los que los rodeaban.

La tremenda euforia de los espectadores casi ensordeció a Adeline cuando Mishka le dio el primer golpe en plena cara, el cuerpo de la muchacha se zarandeaba de un lado a otro cuando los mastodontes aquellos comenzaban a salgar, aplaudir, alzar los brazos animando el combate, por lo que ella tuvo que moverse un poco pero sin apartar la mirada del ring por lo que en mas de una ocasión seguía tropezándose con gente que o la ignoraba al estar demasiado atentos al combate o la empujaban.

Pudo ver la técnica de lucha de Synister que no se quedaba atrás, a lo mejor no era igual de buena que la de Mishka, pero su fuerza superior la compensaría con creces y eso pudo verse en el potente golpe que el licantropo recibiria que hizo que la nephilim pegara un pequeño bote y se llevara una mano a la boca.
Contuvo el dolor que sentía en el pecho que no era otra cosa que la culpabilidad, aquella que no la abandonaba y que no lo haría en muchísimo tiempo. Se desplazó hacia el tipo que estaba en el rincón de Mishka, supuso que era su entrenador, buscó con la mirada la toalla para que la arrojara pero no la vio, ¿que pasa?, ¿nunca se le habría pasado por la cabeza arrojarla?.

Estaba tan ida que se dirigió al ring para subir desde esa esquina, daba igual, tenía que detener aquello, ni siquiera pensó en activar el Glamour para que no la viesen hacer aquello por lo que sintió de pronto como oprimían su muñeca y la atraían hacia atrás, cuando quiso darse cuenta tenía a Conn cara a cara.

- ¿Y tu eres la nueva chica de los carteles?- dijo mirándola de arriba abajo extrañado y malhumorado. - ¿Un poco baja, no?. - Normalmente Adeline le hubiera soltado una burrada de las suyas, pero estaba tan bloqueada que no sabía ni que decir, ni que hacer. - Igualmente, ¿no ves que aun no ha acabado el primer asalto, bonita?, anda... anda, vete... Cuando suene la campanita ¿eh?.- dijo volviendo la mirada fija al combate. - Estas rubias...

Ella dio algunos pasos hacia atrás, volviendo la mirada con preocupación hacia el ring sin darse cuenta que alguien la miraba fijamente y con una rabia que lejos de ser contenida la exteriorizó con un pequeño jalón de pelo que de no ser por su fortaleza capilar, Adeline habría perdido el mechón. - Ni se te ocurra, rubita. Ese será mi momento.

Oh... un momento de gloria contonearse delante de decenas de babosos con un cartel, esa era la aspiración de toda chica... Adeline la miró con una mano apoyada sobre su cabeza algo dolorida por el tirón pero no la echó en cuenta en realidad, todo se estaba volviendo muy negro para ella, no podía hacer nada, y siendo tan pequeña entre tanta gente grande, daba igual las altos tacones, seguía rebotando de un lado a otro y ya apenas le salía la voz para continuar gritando el nombre de su amigo. Solo esperaba poder seguir conteniendo toda aquella tensión, aquel miedo y preocupación en su pequeño cuerpo antes de que le diese algo.



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Re: ¿Que te apuestas... que la espichamos? [Mishka y Synister]

Mensaje— por Invitado el Dom Mar 30, 2014 8:20 pm

Aparentemente cogí al demonio desprevenido nada más comenzar. Sabía que me estaba subestimando, como me habían subestimado tantos otros antes que él. Y sin embargo, en su caso, tal vez lo hiciera con razón, pero yo me negaba a pensar en que ya me hubiera vencido aún antes de luchar. Puede que como licántropo fuera un auténtico desastre, que no supiera ni siquiera transformar mis manos en garras para defenderme. Pero en el ring era un boxeador, y eso sí que llevaba toda la vida haciéndolo.

Escuché su comentario y supe lo que venía después, pero me limité a mirarlo con determinación, sin decir nada.
Nunca hablaba durante una pelea, porque no había nada que decir y porque la misma adrenalina del combate hacía que de pronto se te olvidara hablar, que volvieras a un estado más primitivo. Los lobos gruñen para advertir que van a atacar, pero allí no hacía falta amenazas ni advertencias.

Lanzó un directo de derecha que conseguí esquivar inclinándome y echando el cuerpo hacia atrás. Haciendo gala de mis reflejos esquivé el segundo golpe y aproveché la esquiva para intentar golpearlo en el costado. Pero él se apartó rápidamente con un uppercut que detuve de milagro cerrando los guantes contra mi barbilla. Aún así noté la fuerza del impacto que me cogió por sorpresa ya que hacía mucho tiempo que no peleaba contra alguien que pegara con tanta fuerza.
En ese momento de distracción todavía tuvo ocasión de lanzar varias técnicas más, que yo paré con los guantes, sin bajar la guardia en ningún momento. Volví a puntear con la izquierda conta su guante, para mantener la distancia. Escuchaba a Conn gritarme que me moviera más, que no lo dejara dominar el combate.

Volví a empezar con otra combinación: crochet de izquierda, jab con la derecha, jab con la izquierda, esquivé y al mismo tiempo que me desplazaba a su izquierda para apartare en caso de contraataque, le encajé un gancho en la boca del estómago que este sí que fue con toda la fuerza que pude descargar. Para un humano habría sido un K.O o al menos lo habría dejado doblado en el suelo. Para un demonio...puede que lo cabreara un poquito y aquello fuera contraproducente.
Y ya debía de estar bastante cabreado si sabía que Adeline había estado usando su apariencia física, ¿no? Por un momento, de reojo, me pareció ver una melena rubia junto al ring, pero rápidamente desapareció y yo volví a concentrarme en el tipo que tenía delante.
-Esquiva, pega, y muévete-decía Conn desde mi esquina. -Nadie ha pagado para ver cómo hacéis ballet.
No, desde luego habían pagado para ver sangre y estaba seguro de que iban a salir de allí con la satisfacción de haber empleado bien su dinero.
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