07/08 - Estimados habitantes del submundo. ¡Aquí tenéis las noticias con las actualizaciones/nuevas propuetas/ideas del foro! ¡Pasaos cuanto antes a echar un ojo!


10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


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Es un extraño lugar para este tipo de encuentro |Mishka Henrik|

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Emily respiró profundamente mientras observaba el semáforo que estaba en la acera de en frente, brillando con esa intensa luz rojiza hacia ellos que indicaba que no podían cruzar porque era el turno de los coches, que pasaban unos detrás de otros con sus habituales sonidos de claxon, molestos y repetitivos. Las motos se colaban entre las pequeñas rendijas que dejaban, ganándose insultos y reprobaciones por parte de los otros conductores. Las luces de Time Square pronto empezarían a brillar, cegándolo todo con su aturdidora luz. La joven, no obstante, no estaba demasiado pendiente de ello; de hecho, ni siquiera escuchaba esos sonidos, porque se encontraba con los cascos puestos, conectados al mp3, y escuchando Johnny B. Goode, de Chuck Berry. Era una de sus canciones preferidas desde aquel día, tan atrás en el tiempo, en el que Dina le había puesto Regreso al Futuro, estableciéndose como una de sus películas preferidas.

Suspiró pesadamente, pensando en su abuela. Últimamente se encontraba algo más alicaída de lo normal porque se acercaba la fecha del aniversario del fallecimiento de su abuelo, y eso siempre la entristecía, porque habían podido estar juntos muy poco tiempo como marido y mujer, ya que él había muerto de un cáncer de colon que se lo había llevado en menos de tres meses. Desde entonces no había vuelto a casarse, aunque sabía que había tenido muchos amantes. Pero era como si el hueco que le había dejado su esposo nunca fuese a llenarse. Nunca jamás. Eso tenía que ser muy doloroso, había pensado siempre Emily, tanto como el que su hija le hubiese abandonado por querer quedarse con su nieta. Era una de tantas pesadas losas que llevaba a su espalda, una de las que más solía hacerle daño en la columna.

“Gané una hija pero perdí otra” le había dicho una vez, con los ojos tristes y la sonrisa turbada. Emily sabía perfectamente que pensaba que era cierto, sin embargo la marcha de Susan, como la de Richard, su esposo, no dejaban de doler.

Le dio por mirar a su alrededor y vio a su lado a un niño aferrado a la mano del que debía de ser su padre. Era muy pequeño, rubio, con unos enormes ojos azules, y le miraba con intensidad, como si quisiese ver algo a través de ella. Emily esbozó una sonrisa abierta antes de sacarle la lengua, haciendo que en la cara del pequeño, llena de mocos, se esbozase una parecida, mostrando que le faltaban algunos dientes. Tuvo que sonreírse ante una imagen tan encantadora, y estuvo tentada de darle alguna chuchería o algún caramelo que llevase en el enorme bolso abierto que le colgaba del brazo, en el que solía llevar sus utensilios de dibujo, pero pensó que el adulto que iba a su lado probablemente se sintiese contrariado, incómodo o pensase cosas raras, de modo que simplemente lo dejó pasar.

El semáforo se puso en verde y procedió, con el resto de la marabunta, a cambiar de acera lentamente. Llevaba las manos en los bolsillos y la canción había vuelto a cambiar. Wish you were here no parecía demasiado adecuada para animarla ni sacarle de sus pensamientos, así que cogió el aparato para cambiar a otra mucho más animada, más fiestera. El niño y su padre avanzaron a paso mucho más ligero que el suyo, de modo que pronto le perdió de vista. El pequeño se giró para decirle adiós con la mano y Emily le devolvió el saludo, aún sonriendo, pero aún triste, porque le pareció que el padre ni siquiera le prestaba un poco atención a su hijo.

“Dios le da pan a quien no tiene dientes.”

Caminó sin demasiado rumbo al principio, puesto que sólo había salido para dar un paseo y ver si podía encontrar alguna tienda donde comprar algo. Cuando estuvo a punto de pasar el disco para poner uno de música pop, suspiró. Qué demonios. Dejaría a Pink Floyd de momento. Era un álbum  agridulce y para ella, de momento, el día estaba siendo así.


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Re: Es un extraño lugar para este tipo de encuentro |Mishka Henrik|

Mensaje— por Invitado el Mar Mayo 20, 2014 12:15 am

Habían pasado meses desde la última vez que fui a la protectora de animales, donde solía trabajar como voluntario. Natalie no me recibió con muy buena cara, pero como no estaban sobrados de ayuda, no rechazó la mía para vacunar a los animales que habían llegado nuevos. Perdí la cuenta del número de vacunas que había puesto y de patitas que había curado. Para cuando llegó la hora de irme, la encargada me encasquetó, como una especie de castigo, a dos gatitos. Que les buscara familia, me dijo, que no había sitio allí. Como si dos gatos de dos meses necesitaran una habitación para cada uno.
Si no protesté fue porque me sorprendió que al coger los gatos estos no me bufaran, arañaran o hicieran ambas cosas para intentar huir de mí. Al contrario, se me pegaron cual lapas, ronroneando y buscando que los acariciara. Lo cual me hizo plantearme si no me estaba volviendo un lobo afelinado (que no afeminado), para conseguir semejante trato por parte de los mininos.

Así que alli estaba yo, camino a casa, con una caja de cartón con dos gatitos dentro. ¿Qué venía ahora? Explicarle a Rory la situación y poner anuncios en internet o dárselo a algún conocido. En esto último la única que podía ayudar era mi amiga, porque yo no es que tuviera una surtida lista de contactos.
Pasé de largo junto a una chica, sumido en mis pensamientos. Pero sin saber por qué me detuve y la miré. O sus poderes habían hecho que mi instinto se activara o su pelo azul me había llamado la atención. El caso es que tenía cara de no estar en su mejor día, y era muy posible que precisamente por eso fuera muy vulnerable a la hora de adoptar un gatito.

El problema es que yo no era muy dado a acercarme a los extraños a hablarles. No es que me diera corte, es que me daba un poco de alergia. Ummm...¿tendría Rory alergia a los gatos?
-Hola -saludé de pronto. Por probar no se pierde nada. La saludé con la mano para llamar su atención porque parecía concentrada en la música.
-Estás de suerte, ¿sabes por qué? Porque me quedan sólo dos gatos, ¡y los regalo! -se lo vendí como si un gato fuera una cosa carísima que no se encuentra en las calles y en las perreras. Vamos, toda una ganga.

Saqué un gato de la caja y se lo enseñé.
"Dile que coja el gato para hacerle carantoñas y sal corriendo" dijo una voz en mi cabeza.
-Mira, cógelo. -No, de verdad, no iba a echar a correr. -Gratis...-Aquello no era un buen aliciente.- Te pago si te lo quedas.
Claro, como tenía tanto dinero...
-Es decir...te pago en vacunas. Las vacunas gratis. Al gato, digo.
Probablemente en esos momentos la chica del pelo azul se estuviera planteando echar a correr, en vez de yo. Los locos cada vez eran más originales, ahora les daba por regalar gatos.
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Iba con la mente perdida en cualquier otra parte menos por donde pisaba, realmente, porque ese álbum en concreto de Pink Floyd le hacía perderse en otros mundos muy lejanos al que vivían. Mundos en los que no existían los subterráneos, su padre era un hombre normal y su madre no había huido, medio loca, por haber parido una bruja, y todos se habían querido y habían vivido juntos como una familia feliz. Mundos que no existían y en los que nunca, jamás, iba a poder vivir. Cuando era más pequeña eso le atormentaba tanto que se había llegado a pasar algunas noches llorando silenciosamente contra la almohada; ahora sólo le dejaban un regusto agridulce mientras las notas le conducían a otras sensaciones, antes de empezar a sentir asco de sí misma por autocompadecerse y decirse que si no cambiaba de chip, iba a terminar convertida en Susan. Y eso era lo que menos quería.

Generalmente bastaba con cambiar de canción en el mp3, pero en esa ocasión, mientras golpeaba con fuerza el suelo de Times Square al caminar hacia delante, no fue necesario, porque un joven alto y con el pelo claro le abordó con la petición más rara —una vez que se hubo quitado los cascos para escucharle apropiadamente— con la que nadie le había asaltado en muchísimo tiempo. ¿Gatitos? Esa pregunta se grabó en su rostro casi sin quererlo, enarcando una ceja mientras desviaba la atención hacia la caja que tenía entre las manos, en la cual descansaban un bonito gatito negro y otro de color crema; diminutas bolitas de pelo encogidas la una contra la otra. Sintió que se enternecía al mirarles, tan indefensos, tan poquita cosa, y se dijo que quizás Dina había sentido lo mismo al mirarla a ella recién nacida. Sin embargo el desconcierto le acompañaba progresivamente, porque el muchacho le tendió al negro para que lo cogiese en sus brazos. Emily se puso nerviosa, temiendo que el animal reaccionase contrariamente, pero lo único que hizo fue maullar suavemente, mirarle con sus brillantes ojos azules y hacerse una bola en sus brazos.

«Oh… esto es malo.»

Se mordió el labio inferior. Era calentito, peludito y adorable. Y ella siempre había querido una mascota… Pero Dina le mataría si aparecía de improviso con un gato. ¡Le mataba si aparecía con un libro nuevo, porque siempre decía que no sabía dónde iba a ponerlo! ¿¡Qué iba a hacer si le traía un gato!?

«Oh, pero es que busca calorcito…» pensó, cuando vio que volvía a moverse. «Maldición…» acababa de lamerle los dedos.

Rodó los ojos. ¿Cómo iba a decirle que sí? Miró al muchacho de nuevo, dispuesta a decirle que lo sentía pero que no podía quedárselo, pero la expresión de desesperación y anhelo al mismo tiempo, porque estaba claro que para él eso era un problema que no sabía cómo iba a solucionar, probablemente porque no podía quedárselos con él, no ayudó en absoluto. ¡Si casi la estaba mirando con la misma expresión que el gato que tenía en brazos! Se sentía con ganas de tener una pataleta porque no era justo. ¿¡En serio!? Se encontraba especialmente emocional ese día y le venía un chico con rostro adorable a decirle que le regalaba un gatito vacunado que era aún más adorable que el muchacho que lo había traído. ¡No era justo! ¿Por qué no podía habérsele acercado a venderle cocaína? Le habría despedido de una patada.

Oye, mira… Son muy monos y esas cosas, y agradezco lo de las vacunas pero…

Para terminar de hacer el día, se empezaron a escuchar maullidos dentro de la caja. Los dos miraron al interior y vieron que el otro gatito estaba recorriendo torpemente la mantita que había al fondo de la caja, como si echase de menos a su compañero de sueño. Emily sintió que tenía ganas de gritar, que aumentaron cuando el que tenía en brazos pareció salir de su letargo para maullarle también al otro.

«¡No es justo!» de pronto se sintió como Jackson con Sandor, y sin saber por qué, pensó que nunca jamás iba a dejar que se enterase de que ese pensamiento había surcado su cabeza. «Si me quedo con uno el otro se echará a llorar… Entonces debería no quedarme con ninguno, pero… ¿y si no encuentra a nadie que quiera quedárselos juntos? ¿Y si los separa y se mueren de la pena? ¿Serán hermanos? ¡Dios definitivamente me odia por ser la hija de un demonio!... Y Dina me matará si en vez de un gato aparezco con dos… Ya me matará por llevar solo uno…»

Colocó al gatito negro junto al otro, y escasos segundos después, volvían a estar acurrucados el uno junto al otro, hechos una bolita adorable oscura y clara. Gimió, sintiéndose desesperada, y al final bufó, cruzándose de brazos mientras miraba de forma reprobadora al chico de pelo claro, que parecía ansioso por saber su respuesta.

Acompáñame a mi casa —dijo, mientras empezaba a andar en la dirección contraria a la que había venido—. Si me voy a quedar con tus gatos y te voy a sacar las castañas del fuego en el que Dios sabrá cómo te has metido, lo mínimo que puedes hacer es cargarlos tú y aguantar conmigo la bronca de mi abuela.


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Re: Es un extraño lugar para este tipo de encuentro |Mishka Henrik|

Mensaje— por Invitado el Miér Mayo 21, 2014 4:39 pm

Me esperaba una contestación borde, o que la chica hubiera seguido caminando sin más. Seamos sinceros, es lo que la gente solía hacer. Pero por eso mismo yo había actuado rápido colocándole al gatito encima, para que interactuara con él. El roce hace el cariño, y aquel gato además no arañaba.

Retrocedí a un paso, no porque fuera a echar a correr como había pensado, sino porque quería dejarles intimidad para que los dos se conocieran. Pero el gatito de dentro de la caja pareció notarlo y comenzó a maullar. Aquello parecía un complot hecho a propósito para acorralar a la chica y que no pudiera decir que no. La verdad es que los gatos no se lo estaban poniendo nada fácil. Me estaban haciendo plantearme que si no se los quedaba ella me los quedaría yo.
-¿Pero? -Volví a poner cara de cachorrito. A este paso me adoptaba a mi también...
Eso sí, cuando colocó al gato de vuelta en la caja pensé que había fracasado. Ya sabía yo que el chantaje emocional no era lo mío, y a lo mejor estaba perdiendo facultades en lo de poner cara de cachorro.

Dirigí una mirada inquisitiva a la chica, esperando una respuesta definitiva. Su mirada de reproche no me pilló desprevenido, en absoluto. Lo que dijo a continuación sí me cogió por sorpresa. Acababa de aceptar quedarse con los gatos. ¿Ya está? ¿Así de fácil? ¿A la primera persona con la que me había topado?
-Claro, claro, te acompaño -dije rápidamente antes de que cambiara de opinión. La alcancé y caminé junto a ella, mirándola de reojo cuando dijo que me estaba sacando las castañas del fuego.
-No son mis gatos, que conste. Yo no los abandonaría -repliqué, porque no quería que pareciera lo que no era. -He estado en la protectora vacunando animales y me han mandado como trabajo extra buscar familia para los gatitos.
Ea, si no había quedado como un San Francisco de Asís, me iba acercando.

Nos detuvimos en el semáforo, momento que yo aproveché para meter la mano en la caja y acariciar a los gatitos que parecían inquietos al ser transportados de un lugar a otro.
-Te vas a quedar a los dos, ¿verdad? Porque la oferta es dos por uno. -pregunté por asegurarme, aunque la había oído hablar en plural: me voy a quedar con "tus gatos".

El semáforo se puso en verde y volvimos a emprender la marcha.
-Por cierto, me llamo Mishka -dije, recordando de pronto como se relacionan las personas normales. -Ah, y no te preocupes por tu abuela. Ya verás como la engatusamos.
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Ni siquiera se giró para comprobar que la seguía, dando por supuesto que lo haría sí o sí. Diablos, a fin de cuentas estaba por quitarse algo de encima para endilgárselo a otra persona; si a los pocos pasos no hubiese escuchado su caminar, de seguro que se habría girado entonces para tirarle de la oreja y arrastrarle con ella sí o sí. Pero no hizo falta de ninguna de las maneras; pronto lo tuvo a su lado, excusándose al respecto, por cierto, y explicándole que no eran sus gatos porque él jamás los abandonaría. Emily le dedicó una mirada fugaz de reojo, analizando de nuevo el rostro del muchacho; desde luego no tenía pinta de ir a hacerlo. Parecía más buenazo que otra cosa, y a pesar de que las primeras apariencias solían engañar, no pudo dejarse llevar por una cierta simpatía que le despertaba. A fin de cuentas, ayudaba a la protectora de animales. Esbozó una suave sonrisa y se relajó mientras seguía caminando.

Se detuvieron en el semáforo a esperar a que se pusiese en verde. Vaya vuelta más tonta que había dado. Aunque bueno, a fin de cuentas, ¿no había salido a comprar algo? Pues regresaba  a casa con dos gatitos. Hola, Dina, qué tal. Mira, es que me encontré a este chico que tenía que dar estos gatitos, ¿no son monos? Y he decidido que podíamos quedárnoslos porque sufro de incontinencia emocional por el hecho de que nunca voy a poder tener mis propios hijos. ¡Pero mira cómo se acurrucan el uno contra el otro! ¿No son adorables?

«Definitivamente me va a matar.»

Rodó los ojos pensando en la confrontación con su abuela hasta que la voz del muchacho le trajo de nuevo a la Tierra, preguntándole si se iba a quedar con los dos. Emily asintió con la cabeza mientras le observaba. Era bastante alto y ahora que se fijaba bien, no parecía ser oriundo de allí. O a lo mejor eran sus padres los que eran de fuera y por eso parecía extranjero. El semáforo se puso en verde. Mishka. No, la verdad es que muy estadounidense no sonaba.

Yo soy Emily —se presentó escuetamente. No por ser seca ni borde, simplemente se hallaba pensando en una estrategia lo suficientemente buena como para dejar K.O a Dina sin usar muchas palabras.

Pero entonces llegó el chiste de Mishka, y no pudo hacer otra cosa que no fuese mirarle fijamente con cara de idiota durante unos segundos, incapaz de procesar que había escuchado lo que había escuchado. ¿En…gatu…samos? Incluso se detuvo. Hasta que no pudo más y tuvo que echarse a reír.

¡Por favor, qué malo! —pero no parecía que lo fuese, porque Emily estuvo riéndose a carcajada limpia durante casi un minuto entero, atrayendo la mirada de los transeúntes, que la miraban como si estuviese como un cencerro absoluto—. Madre mía, ¿pero dónde te han enseñado a hacer ese tipo de chistes? —se cubrió los labios con la mano derecha, intentando controlarse para no volver a montar el mismo numerito y volvió a empezar a caminar, indicándole que le siguiese con la mano—. Caray, hacía tiempo que no escuchaba nada tan horriblemente malo. Desde luego acabas de hacer renacer mis esperanzas en que podamos convencer a Dina de que no nos mate, porque si le sueltas algo así la dejarás tan K.O que no se dará cuenta de que le estoy colando dos gatos en casa. —Mantuvo el silencio durante unos segundos, queriendo darse tiempo para recuperar del todo la compostura. Entonces volvió a mirar al muchacho con una sonrisa más calmada. Supuso que no encontraría forma alguna concreta de encarar a Dina hasta que no la tuviese delante, e intentarlo era una chorrada, porque si el chico podía dejarla tan fuera de combate como había sucedido con ella, ¿qué más daban los argumentos preparados? Además, esas cosas luego nunca se decían tal cual—. Mishka no es un nombre de aquí, ¿verdad? ¿Eres europeo o algo así? Porque no suena canadiense ni Centro o Sudamericano. A lo mejor de Alaska...—divagó.


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Re: Es un extraño lugar para este tipo de encuentro |Mishka Henrik|

Mensaje— por Invitado el Jue Mayo 22, 2014 10:22 pm

No tenía manera de saber lo que pasaba por la cabeza de la chica, pero parecía bastante concentrada, así que no la molesté. A lo mejor estaba pensando qué nombre ponerle, un nombre que enterneciera a su abuela, puesto que al parecer ese era el problema principal ahora.
Esa abuela a la que engatusaríamos...En mi cabeza seguía teniendo gracia aquella broma y Emily, como me había dicho que se llamaba, también pareció considerarla graciosa. Al principio puso cara de haber entrado en shock pero, como no podía ser de otra manera, acabó riéndose.

Enarqué las cejas y formé una mueca de sorpresa cuando dijo que era muy malo.
-Pues bien que te ríes...-murmuré. Yo era de la opinión de que los chistes malos eran los mejores, porque de tan malos que eran hacían gracia. Pero claro, también decían que los ucranianos teníamos un sentido del humor un poco extraño.
No obstante, las carcajadas de Emily acabó sacándome una sonrisa e incluso me reí un poco por lo absurdo que resultaba todo. Riéndome con una desconocida, quién me viera y quién me ve. Mucho había cambiado en todo aquel tiempo...

-En ningún lado, es...gracia natural -dije porque no caía en la frase esa para decir que uno nacía de aquella manera. ¿Innato? ¿Propio?...Qué más daba...Tampoco se podía tener un inglés perfecto.
Dirigí una mirada a Emily cuando mencionó que hacía mucho que no había escuchado nada tan malo. Aunque veía el lado positivo, y era dejar KO a su abuela con una estupidez como la que acababa de decir.
-Seguro que también hacía mucho que no te reías tanto. Vaya manera de coger confianza con un desconocido -le recriminé, irónicamente, teniendo en cuenta que había sido yo el que se había acercado a ella con toda la cara del mundo a endosarle dos gatos. Y todo por el simple hecho de que me había llamado la atención por llevar el pelo azul. Aunque algo me decía que lo del pelo era una cosa secundaria. Podía captar en ella...ciertos poderes, que de pronto me hicieron ponerme alerta.

Seguimos caminando, cada uno en su silencio particular. Yo me preguntaba qué era Emily, porque de ser una humana cualquiera no habría percibido ninguna clase de poder...
La miré algo despistado cuando preguntó por mi nombre.
-Soy ucraniano, pero de todos modos mi nombre es algo raro. Mi padre quería llamarme como él, pero mi madre prefería innovar y al final me pusieron un nombre que, para mi desgracia, es el mismo que el de una husky parlante que arrasa en youtube. No sé si la conoces...
Encima hembra, claro. Y para más bromas, también de la familia Canidae. Me parto con el destino...

-Podríamos enseñar a hablar a los gatos antes de presentárselos a tu abuela. Eso vende mucho. Lo siguiente que te iba a decir si no aceptabas los gatos era que tenían parentesco con gatos parlantes -bromeé. ¿Se notaba que me encantaban los videos chorras de animales parlantes?
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Algo en su interior, muy en el fondo, le decía que Mishka no era normal. Sin embargo, las prontas carcajadas le hicieron olvidar prontamente cualquier cosa al respecto de eso. Mientras se reía —y era acompañada por el chico, que conste— casi no le hizo caso tampoco a las murmuraciones de Mishka, aunque de haberlo hecho habría pensado algo parecido al ‘¡Pues claro que lo hago! ¡Si es muy malo!’. ¿Cómo se podía reaccionar si no ante una broma de semejante calibre que te pilla completamente desprevenida? Negó con la cabeza un par de veces mientras se limpiaba los pequeños restos de lágrimas que le quedaron en la comisura de los ojos, dirigiendo el rostro hacia él mientras contestaba. Con que gracia natural, ¿eh? Menudo tipo que tenía al lado. Se recompuso y empezó a caminar de nuevo, manteniendo el mismo ritmo que antes.

¿Confianza? ¿Así se había visto? Aquello le hizo sentirse un poco incómoda consigo misma, porque ella no le daba su confianza a nadie, y mucho menos de buenas a primeras. Pero entonces recordó que era él quien se le había acercado con una caja con dos gatos para que se los quedase sin conocerle absolutamente de nada, y llegó a la conclusión de que realmente no era absolutamente nadie para decirle nada de confianzas ni confianzas.

Le dijo negro el cuervo al grajo —fue lo único que espetó tras eso, con una sonrisa en los labios.

¡De Ucrania! Vaya, desde luego, eso estaba lejos. Bueno, quería decir, sabía que Ucrania estaba en Europa, cerca de Rusia, y que en esos momentos estaba teniendo serios problemas internos; al menos eso había leído en internet y había visto en tumblr; incluso había compartido imágenes para que la gente supiese qué estaba sucediendo allí. Pero lo cierto era que en ese momento no sabría ubicarla en un mapa correctamente, porque salvo los países principales, los que habían sido satélites de la U.R.S.S no los controlaba demasiado en ubicación. Tal vez porque el globo terráqueo con el que Dina le había hecho estudiar historia y geografía en el instituto era de la época de la Guerra Fría…

Se mordió el labio inferior cuando le contó la anécdota del husky, y el no te rías se repitió como un mantra en su cabeza. Ya lo había hecho con su chiste malo, encima no lo iba a hacer con el nombre, ¿no? Eso ya era algo más personal y una falta de respeto considerable, y Emily no quería faltarle al respeto a nadie, aunque fuese un muchachito avezado que le cuela gatos adorables y bebés a la primera desconocida que pasaba por su lado con cara de incauta y pelo azul.

Pues no, me temo que no me suena demasiado —no solía perder las horas buscando cosas tontas o banales en Youtube, como hacía Charlie; ella entraba con los objetivos muy concretos—. ¿Gatos parlantes? ¿En serio? Vaya, pues me sentiré profundamente decepcionada si al final no puedo terminar usándoles de mensajeros en vez de a las cotorras que había pensado comprarme para sustituir a mis lechuzas mensajeras. —Vale, había sido una broma estúpida sobre Hogwarts y brujos; se autoflageló por dentro por haber lanzado una evidencia tan clara; aunque por supuesto, si no era más que un mundano, no tenía por qué pillar la referencia de ninguna manera. A fin de cuentas, ¿quién no había leído Harry Potter y soñaba con ser mago en esos días?


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Re: Es un extraño lugar para este tipo de encuentro |Mishka Henrik|

Mensaje— por Invitado el Dom Mayo 25, 2014 11:59 pm

Ahora que me había quitado de encima la presión de tener que buscar familia a dos gatitos, los veía de otra manera. O mejor dicho, los veía por primera vez. Ahora ya no eran una carga, sino dos bolitas adorables que se acurrucaban juntas en la caja para darse calor. Procuraba no hacer movimientos bruscos al caminar, para molestarlos lo menos posible, así que de vez en cuando les echaba un vistazo mientras escuchaba a Emily.

Un grajo y un cuervo, había dicho. Y de hecho era muy posible que no fuéramos tan diferentes si los poderes que percibía significaban que ella también era una subterránea. Aquella posibilidad hacía que desconfiara, pero no me lo tomaba del todo en serio. Tal vez fuera la luz del día que me envalentonaba. A fin de cuentas, todos los problemas habían venido a mí durante la noche, nunca de día. Además...había sido yo quién se había acercado a ella, eso para empezar. Si hubiera sido al contrario, entonces si que me habría mostrado receloso.

Escuché aliviado que Emily  no conocía a Mishka, la husky. Lo último que quería es que me asociaran con ella. Maldita chucho con la fama subida a la cabeza...
Mi atención volvió a la conversación de la chica y reí por lo bajo cuando dijo lo de las lechuzas. Para ser sincero, no le di mayor importancia a aquel comentario. Es decir...lechuzas, sí, vale. Yo también había visto Harry Potter, así que me había parecido gracioso el chiste. Pero en cuanto vino a mi cabeza la palabra "brujo", una lucecita se encendió en mi cabeza y miré a Emily con el ceño fruncido.

Disimulé mi expresión, volviendo a mirar a los gatos. ¿Una bruja? ¿En serio? Tan sólo había "conocido" a una, pero no había sido un encuentro nada agradable.
O a lo mejor me estaba imaginando cosas y efectivamente, había hecho aquel comentario porque era una fan de la saga de Rowling. Un comentario ingenioso....¿o una bruja?
-No deberías decir esas cosas delante de un muggle- Muggle, ya.-Fue muy decepcionante que no me llegara la carta...Aunque de todos modos no tenía vocación.

Tenía que decirlo. Tenía que preguntarlo o reventaba.
- Oye, ¿y qué tienen en común las brujas de verdad con las de Hogwarts? -pregunté, fijándome bien en su reacción que sería la que me diría definitivamente si había acertado o si había estado malinterpretando su comentario. Esperaba no haberme pasado de la raya, porque no buscaba un enfrentamiento, de ninguna manera. Además, ahora que Emily sería la madre de mis gatitos, debía empezar por confiar en ella. Pero eso implicaba conocerla.
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«Bien, Emily. Que sepas que hoy recordarás este día como el día en que casi tienes que dejar a alguien inconsciente y huir porque prácticamente le has dicho a un desconocido que eres una bruja.»

Aquellos pensamientos se le antojaban ridículos.  Mishka no tenía por qué tener idea de lo que estaba hablando, y podía perfectamente haberlo tomado como una referencia a su amor por los libros de J.K. Rowling. A fin de cuentas, la pinta de friki la tenía, así que no tenía por qué llegar a conclusiones precipitadas de que acababa de desvelarse ante nadie. Pero igualmente, se sentía nerviosa. ¡Y era una estupidez! Con Charlie había bromeado miles de veces con ese tipo de cosas, por ejemplo, igual que con Sarah, porque siempre acertaba qué chico se le iba a acercar para ligar con ella mientras trabajaban. Sin embargo, la sensación que percibía de él, que quizás no era un mundano, le ponía nerviosa.

«Me ha ofrecido gatitos y se ha reído de mi chiste malo de Harry Potter. No puede ser tan mal chico, ni parece peligroso.»

Claro que ella tampoco parecía una bruja, así que por ahí no podían tirar. Se rió nerviosamente ante lo del muggle, en parte porque le hizo gracia, eso sí. Tragó. Decepción. Pues cuando quieras te cedo mis poderes, pensó. A fin de cuentas, ella no había pedido tenerlos en ningún momento, por mucho que ya estuviese acostumbrada a ese hecho. Acostumbrada pero no aceptada. ¿Podía ser posible que alguien llegase a esos términos? No tenía mucha idea, la verdad.

Sin embargo, fue su siguiente comentario lo que le hizo palidecer de golpe, aunque no dejó de caminar de ni moverse. Mantuvo la vista fija al frente, a pesar de que le recorrieron temblores por el cuerpo.
«Mierda. Mierda. Mierda. Mierda. Mierda. Mierda. Mierda. Mierda. Mierda.»

¿¿Qué podía hacer?? ¿¿Disimular?? El chico no era estúpido y si había lanzado esa pregunta al aire había sido aposta, no para seguir con el tonto juego de Harry Potter. Sentía las manos sudorosas y el corazón le latía con fuerza en la garganta; Dina le había dicho hacía tiempo que no podía esconderse eternamente. Que algún día tendría que empezar a explicarle al mundo que no era tan humana como intentaba aparentar siempre, porque no podía seguir negando su naturaleza durante mucho más tiempo. Veintisiete años eran demasiados sin querer introducirse en el mundo de los subterráneos. Veintisiete años… Parecían una eternidad para una persona normal, pero ella no sabía cuánto iba a vivir, así que quizás eran un suspiro. Sin embargo quizás, a pesar de todo, seguían siendo demasiados.

¿Importa eso mucho? —preguntó, con un hilo de voz, casi rota.

Tuvo que detenerse y apoyarse un segundo contra la pared. Las piernas le temblaban de los nervios y del estrés. ¿Por qué habría tenido que abrir la boca? ¿Por qué? ¿¿Por qué?? Miró a Mishka, de reojo, que parecía estar esperándole, tanto por la respuesta como por su comportamiento. ¿¡Podía ser más imbécil!? Hola, me llamo Emily. Me llevaré a tus gatos. Por cierto, ¿sabes que soy una bruja? Se había arriesgado demasiado, demasiado. Había percibido algo raro en él y aún así, aún así, se había lanzado a hacer esa broma estúpida sobre brujos que podía desvelarle como lo que era. Y si no lo había hecho con eso, probablemente su comportamiento estaba alejando cualquier duda de Mishka. Se giró definitivamente hacia él cuando sintió que su cuerpo a penas si se había calmado porque no podía estar perdiendo el tiempo constantemente ni llamando la atención. Emitió un profundo suspiro y regresó junto a él, mirándole a los ojos. Estaba tan asustada… que se reflejaba en cada centímetro de su cara.

¿Importa? —repitió. No se refería a las susodichas diferencias, sino a su propia condición. Luego respiró profundamente, cerró los ojos unos segundos e intentó retomar el ritmo normal—. Pues no hay varitas —comenzó a explicar—. Ni lechuzas ni dragones. Tampoco hay escuelas. Ni maestros. Estás sola en un mundo en que nadie te sabe explicar lo que eres correctamente. Es… más o menos como jugar a ‘Mago, la ascensión’. Creo que se llamaba así —frunció el ceño—. La cuestión es que ser una bruja no es tan bonito como lo pintan. —Intentó no darle más importancia de la que tenía, a pesar de que estaba como un auténtico flan—. Supongo que… por tu pregunta no te has topado con muchas. —Era increíble cómo conseguía decirlo de forma casual, casi sin pretender nada, a pesar de que la voz le seguía temblando y que el cuerpo no le reaccionaba del todo.


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Re: Es un extraño lugar para este tipo de encuentro |Mishka Henrik|

Mensaje— por Invitado el Mar Mayo 27, 2014 1:35 am

Su reacción no pudo ser más explícita. No hacían falta palabras, ya había dejado claro lo que era. Sentí cierto recelo y esa temida desconfianza que había ido adquiriendo con el tiempo, afloró de nuevo, pese a que me había dicho que no desconfiaría de ella. Pero casi que me sentí culpable por estos pensamientos cuando la vi con un aspecto tan abatido. Incluso me sentí mal por la pregunta en sí, pero yo sólo quería saber y la verdad es que no me había esperado aquella reacción.
Me detuve cuando ella lo hizo, y me quedé mirándola en silencio, sin saber qué decir. Bajé la mirada, observando ahora a los gatitos, pensativo. "¿Importaba eso?". ¿Por qué iba a importar? Sería muy hipócrita que un licántropo -otro subterráneo a fin de cuentas- pensara de otra manera.

Alcé la mirada justo en el momento en que ella se acercaba a mí, clavando sus ojos en los míos.
No percibía el miedo de una manera tan clara como lo hacía en mi forma animal, pero no importaba. Porque aunque no lo oliera lo veía en su rostro. Mi padre me había enseñado a ocultar el miedo porque en el ring era un signo de debilidad, pero eso había hecho que también fuera más sensible a identificar el miedo de los demás.
Preguntó de nuevo si importaba, y una vez más no respondí. Iba a decir algo pero ella comenzó a hablar, así que preferí no interrumpirla.
Entrecerré los ojos, sintiéndome muy identificado con cada una de sus palabras. A mi tampoco me habían explicado nada hasta que aparecieron Rory y Adeline en mi vida. Antes de eso, nadie me había ayudado. Había estado solo mucho tiempo, y había tenido mucho miedo. Miedo a mi mismo.

Salí de mi ensimismamiento de manera repentina, cuando la conversación volvió a tornarse "casual" de pronto. Como si la situación nunca se hubiera vuelto peliaguda.
-N...no, no con muchas. Me topé con una, una vez...no fue una buena experiencia -dije con torpeza. No estaba muy acostumbrado a "consolar", normalmente solía ser yo el que se venía abajo.
-Y...claro que no importa. Te entiendo perfectamente, de verdad. No lo digo por hacerte la pelota porque te vas a quedar con los gatos. Sé lo que se siente, no es algo que le deseara a nadie...
Me encogí de hombros algo incómodo.
-Por cierto, no sé qué juego es el de "mago en ascensión" -dije sonriendo un poco. El comentario era para animar el ambiente, o algo así. Aunque en cualquier caso no conocía aquel juego...
-Siento haberte puesto en esta situación. No quería...Bueno, tenía curiosidad y quería saber. -me disculpé, desviando la mirada.
Ahora que sabía lo que era ella, me sentía casi obligado a revelarle lo que era yo. Pero no me atrevía. Ahí seguía el miedo a ser lo que era y descubrirme a los demás. Sí, seguramente todavía tuviera que trabajar aquella parte de mí...
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La voz de Mishka sonó temblorosa, no supo si por el miedo o por los nervios. Por la expresión con la que le había mirado cuando le había vuelto a preguntar si importaba su naturaleza, desde luego prefería decantarse por la segunda opción; o quizás por una mezcla de ambas. Teniendo en cuenta que las brujas eran hijas de demonios y humanos, normal que su encontronazo anterior con una no hubiese sido muy buena experiencia; ella había tenido suerte porque había tenido a Dina, quien la había criado como una niña normal, a pesar de sus rarezas, y le había dado su amor. La proclividad de los de su raza a caer en la oscuridad era algo que siempre le había asustado, pero su abuela, la que consideraba su verdadera madre, había sido un faro que había conseguido atarla al otro lado, lejos de malas influencias. Sin ella, probablemente, se habría sumado al grupo de brujas que maltrataban a chicos como Mishka.

Sonrió levemente por primera vez en varios minutos cuando dijo que la entendía perfectamente. Así que definitivamente era un subterráneo. Bueno, aún había algo de luz en el cielo, así que probablemente no se tratase de un vampiro. Tampoco parecía ser un brujo, por su propia declaración de que no se había topado con otras. ¿Un demonio? Ni de lejos. Probablemente a esos los percibiese mejor por eso de que… bueno, tenía algo parecido a su sangre. ¿Un hada? ¿Un hombre lobo? La curiosidad empezaba a nacer dentro de ella, pero se había propuesto no indagar. Aún se reprochaba el haber asaltado a Jackson con esa pregunta indiscreta sin primero preparar el terreno, y a él al menos le había conocido de antes.

Gracias —dijo con sinceridad.

Soltó una risilla cuando dijo que no conocía el juego de Mago. Bueno, normal. No todo el mundo tenía a Charlie para comerle la cabeza con esas cosas frikis que tantísimo le gustaban. Al menos aún no había podido convencerla para que jugase a rol, porque eso ya no le llamaba demasiado la atención. Bastante tenía en su vida diaria con hacerse pasar por humana como para entrar en el círculo vicioso de interpretar a otros. Igual lo hacía estupendamente; mejor que nadie, quizás, pero prefería no comprobarlo.

Mago, la Ascensión es un juego de rol que va sobre… pues eso, sobre magos. Un día despiertas dándote cuenta de que tienes capacidades mágicas, o algo así, y puedes hacer hechizos, crear cosas de la nada y semejantes. Es raro. Han intentado explicármelo mil veces pero no consigo entender del todo cómo va su dinámica. Tampoco es que me interese pero cuando tienes a alguien detrás comiéndote la oreja para que lo pruebes, al final algo se te acaba quedando. En contra de tu voluntad, claro.

Cuando le pidió perdón, Emily se sintió un poco enternecida. Negó con la cabeza, restándole importancia al hecho. Parecía costarle decir aquellas palabras, como si algo dentro de él no estuviese bien del todo. Quizás, sólo quizás, él también tenía problemas para asumir su identidad; quizás le sucedía lo mismo, que se miraba por las mañanas al espejo e intentaba convencerse de que no estaba mal ser tan diferente sin éxito. Quizás tenía tanto miedo al rechazo como ella misma. Suspiró quedamente mientras le ponía una mano en el brazo, intentando transmitirle algo de apoyo. Era extraño, pero por primera vez la compasión y la sensación de ser comprendidas la inundaron. Por eso propició ese contacto que en otras circunstancias habría sido no deseado.

No te preocupes. Es… es normal que quieras saber. A fin de cuentas, me voy a quedar con tus gatitos, ¿no? ¿Qué habría pasado si fuese de esas que les da por despellejarlos y cocinarlos o algo así? —bromeó, intentando calmar el ambiente. Apretó un poco su brazo, pensando que quizás podía empezar a tantear el tema poco a poco sin asustarle—. ¿Me equivoco al pensar que no naciste… así?


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Re: Es un extraño lugar para este tipo de encuentro |Mishka Henrik|

Mensaje— por Invitado el Lun Jun 02, 2014 7:10 pm

Me encogí de hombros cuando me dio las gracias. No tenía por qué darlas, a fin de cuentas el que había pecado de indiscreto había sido yo. Aunque mejor así, porque al menos sabía a lo que me "enfrentaba". Además de que tenía que saber a quién le dejaba los gatitos, no era una decisión que se tomara así de cualquier manera, asaltando a cualquier persona de la calle. Había que decidir con cabeza.

Seguimos caminando. El ambiente se había relajado considerablemente después de todo y, ahora, Emily me explicaba en qué consistía ese juego tan raro del que no había oído hablar nunca. "Juego de rol" me llevó automáticamente a pensar en frikis, y recordé el grupito que se reunía durante el recreo y que jugaban a un juego de mesa con unos dados extraños con muchas caras...
-¿Y tú sabes hacer eso de crear cosas de la nada? O mover objetos, adivinar el futuro... -empecé a preguntar cosas al azar, todos los típicos poderes que se me ocurrieron sobre las brujas. Me regañé a mi mismo por haber vuelto a dar rienda suelta a mi curiosidad. Ahora que había conseguido disipar la tensión, lo último que quería era que volviera a sentirse incómoda. -No tienes que responder...-dije con timidez. Iba a pensar que era un pesado.

Su contacto me tranquilizó, y lo que dijo luego me hizo mirarla con una expresión horrorizada, sólo de pensar que alguien hiciera eso con los gatos.
-No sé, no tienes pinta de asiática -dije finalmente, recordando que en China se comía la carne de gato.
Desvié la mirada al frente, asimilando la pregunta que me acababa de hacer. Probablemente ella ya hubiera dado por hecho que era un licántropo.
-No -respondí estrechando los ojos, todavía sin mirarla. Tal vez llegaría un momento en que no me sentiría mal al recordar cómo me convirtieron. -No nací así.
"Soy licántropo porque el mundo me ha hecho así."

-Es bastante reciente. Hará...un año y medio que me convirtieron. Los brujos si nacen así, ¿verdad? -pregunté por asegurarme, y porque quería cambiar de tema en lo que a mi transformación se refería.
Justo en ese momento pasó junto a nosotros un chico que por su cara había oído lo último que había dicho.
Contuve una risa y me dirigí a Emily cuando el humano se hubo alejado.
-Menos mal que tus pintas no nos hacen sospechosos cuando decimos estas cosas -dije medio en broma para picarla un poco.
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Emily agradeció que el ambiente se estuviese relajando lo suficiente como para que ambos empezasen a sentirse mínimamente cómodos. No le gustaban las situaciones tensas, mucho menos si tenían que ver al respecto con su… condición. Alargó una mano para acariciar a los gatitos, que se encogían tranquilamente en su cajita. Mishka caminaba lentamente e intentando no zarandear demasiado la improvisada cama de los felinos, porque lo que iban completamente sumidos en su sopor, sin previsión alguna de despertarse. Algunos tenían más suerte que otros, al parecer.

Sonrió de lado cuando, tras preguntarle por sus poderes, le dijo que no tenía por qué responder. Eso le hizo sentirse un tanto agradecida, porque tampoco quería ir desplegándose tan abiertamente cuando llevaban escasos cinco minutos de conversación. A lo mejor si hubiese tenido que demostrarle ella que no era humana, en otras circunstancias, sí habría hecho uso de sus poderes, porque le parecía más fácil mostrarlo que decirlo. Después de veintiséis años, era incapaz aún de decir a los demás ‘soy una bruja’. Dolía demasiado dentro de ella.

Eso lo guardamos para la segunda cita, que si no, no hay misterio —bromeó.  

Tuvo que reírse cuando le dijo que no tenía pinta de asiática. Madre, eso había sido un poco racista, ¿no? A fin de cuentas, era mucho suponer que sólo ellos comían carne de gato, de perro o cualquier otra cosa que no fuese la estándar en ese país. Se llevó una mano a la boca para disimular inútilmente las carcajadas que le nacían en la garganta. Afortunadamente se tranquilizó pronto, emitiendo un suspiro que era clara muestra de ello.

Sin embargo, no le gustó demasiado su expresión cuando le preguntó por su condición. En seguida se arrepintió, a pesar de que había intentado ser delicada y no ahondar demasiado, aunque su respuesta evidentemente era lo que necesitaba para corroborar que realmente se trataba de un licántropo. Se humedeció los labios mientras le escuchaba hablar. Un año y medio. Eso parecía muy poco tiempo. Si ella en toda su vida no había podido asimilar lo que era, Mishka con sólo un año y medio a penas si podría…

Sí.

No conocían nada de la vida antes de tener sangre demoníaca o una maldición en las venas. Cuando reflexionó sobre ello, en ese instante, quizás era más piadoso nacer como tal y no conocer una existencia normal, humana. Al menos así ella no podía añorarla del mismo modo en el que, probablemente, Mishka lo hacía.

Ambos miraron de reojo al chico que había pasado junto a ellos, mirándoles con cara desconcertada y cortando la explicación de Emily, cosa que, en ese momento, agradeció. Ella también contuvo la risa apretando los labios entre sí, aunque no pudo evitar que una muy leve se le escapase al final. Enarcó una ceja ante su comentario y se cruzó de brazos. Así que sus pintas, ¿eh? ¿Qué tenía la gente con sus pintas, con su pelo azul? Friki. Bruja. ¿Qué sería lo próximo que le dijesen? ¿Pitufo?

Menos mal que con esa cara de niño bueno tú tampoco pareces nada sospechoso —le respondió, haciendo alarde de su sarcasmo—. Si no nos habrían pillado nada más poner los pies en la calle. —Guardó silencio unos segundos, escuchando su respuesta y conteniendo las carcajadas. En cierto modo le resultaba encantador—. Oye, ¿eres veterinario o algo así? —preguntó de pronto, acordándose de que le había prometido las vacunas de los gatitos—. ¿Te sobra el dinero? ¿O simplemente estabas tan desesperado por quitártelos de encima que me lo has prometido sin pensar en el gasto?


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Re: Es un extraño lugar para este tipo de encuentro |Mishka Henrik|

Mensaje— por Invitado el Dom Jun 08, 2014 5:42 pm

Hice una mueca más bien cómica cuando dijo que respondería a mis preguntas en la "segunda cita". Al final, terminé por encogerme de hombros y reír. Admitía que me había pasado de curioso, y suficiente era que Emily no me hubiera respondido con alguna bordería. Ella en cambio era más sutil, y si le quedaba alguna duda de que era un licántropo, ya debía haberla resuelto.
Decía que los brujos sin nacían siendo brujos. Por un instante me pregunté cómo habría sido nacer licántropo. Mucho menos traumático, eso seguro. Porque si eso es lo único que has conocido toda tu vida no te parece tan terrible...O sí, tal vez habría deseado experimentar lo que era ser mundano.
En cualquier caso, preguntarse aquello no servía de nada. La situación era la que era, ¿para qué perder el tiempo en pensar cómo habría sido de cualquier otra manera?

El mundano que se nos quedó mirando de forma extraña, captó mi atención al instante y no dudé en compartirlo con Emily.
Sonreí al oír a su comentario. Me lo había buscado, después de todo la acababa de llamar friki, así como quien no quiere la cosa.
-Un lobo feroz llevando una caja con gatitos.
Sí, la imagen era graciosa. Siempre bromeaba con Adel con eso de querer parecer amenazador, pintándome cicatrices en la cara (o dejando que me las hiciera un demonio) y cosas así...Pues en ese momento podría reírse de mí, y con razón.

Miré a Emily, con una media sonrisa, al oír todas las conclusiones a las que había llegado debido a mi ofrecimiento de vacunar a los gatos. No me sobraba el dinero, y ciertamente había sido un gesto algo desesperado para quitarme de en medio a los animalillos, pero la hipótesis acertada era la primera.
-Soy veterinario. Aunque no trabajo de eso ahora mismo -dije recordando que no hacía mucho había acabado mi periodo de prácticas y por una cosa u otra...no me habían vuelto a contratar. Vacunaba a los animales de la protectora de animales voluntariamente, sin que me pagaran, y esa era toda mi carrera profesional. Aún así no estaba preocupado por eso.
-Y no creo que vuelva a trabajar en una clínica, de momento... No le caigo muy bien a los bichos -añadí recordando todas las mordeduras y arañazos que me había llevado en los últimos tiempos. Y no hablaba de los que recibía en luna llena.

Los gatitos, en cambio, parecían tranquilos con mi presencia. Era lo que más me había gustado de ellos desde el principio. ¡Que fueran unos incautos!
-Oye, ¿tu abuela también es bruja? -pregunté de pronto volviendo a demostrar mi desconocimiento acerca de las razas.-A lo mejor no tiene importancia, pero es que yo soy el desconocido que intenta convencerla de que se quede dos gatos.


Última edición por Mishka Henrik el Lun Sep 08, 2014 12:43 pm, editado 1 vez
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Sonrió abiertamente cuando Mishka le respondió a su comentario mordaz sobre su apariencia. Desde luego no daba la impresión de ser absolutamente nada peligroso ni amenazador con una caja de cartón en cuyo interior descansaban dos adorables gatitos que dormitaban tranquilamente, como si no corriesen ningún peligro a su lado. Si a eso le sumábamos la cara de niño bueno que tenía de por sí, desde luego no era la imagen que una relacionaba con los licántropos de las películas, crueles, inestables y sangrientos.

Escuchó con atención su explicación sobre dónde había conseguido a los gatitos y cómo podía proporcionarle vacunas gratis para los dos pequeños. Sintió una cierta lástima por él, por el hecho de que no pudiese ejercer de la profesión que había estudiado, porque ella misma estaba en esa situación. Aunque lo suyo parecía más cruel, ya que no era por no encontrar trabajo, sino porque al parecer los animales no se llevaban demasiado bien con él.

Emitió un suspiro muy leve y dirigió la mirada a los felinos, que estaban todavía acurrucados el uno con el otro. Sonrió suavemente, extendió la mano y les acarició, notando sus pelajes suaves, cálidos, e incluso el movimiento de su cuerpecito al respirar. Aprovechó para rascarles detrás de la diminuta cabecita, enternecida por su simple presencia. Luego dirigió la mirada a Mishka, y la mueca de su rostro se amplió considerablemente. Era como un gato enorme, pero sin pelo, al menos para ella. Adorable, cálido y algo bobo.

Bueno, al menos a estos dos pareces encantarles, y eso es un principio bastante bueno. ¡Incluso podrás venir a verles de vez en cuando a mi casa! Cosas de la custodia compartida —bromeó.

La pregunta sobre Dina le dejó un poco descolocada. Aquello le hizo asumir que Mishka no tenía ni idea de la raza de las brujas, y se preguntó en qué otros campos tendría esos vacíos. Ella no es que fuese una experta en subterráneos, pero Dina le había pasado sus conocimientos a lo largo de los años, desde que le había comunicado lo que era, y aunque no era demasiado, desde luego parecía mucho más extenso que lo que aquel chico podía parecer saber.

No. Es imposible. Quiero decir.  —Respiró profundamente, como siempre que tenía que hablar del tema. Le producía un gran pesar, pero tenía que disimularlo—. Mi abuela es una mundana. Lo único peculiar que tiene es que posee la Visión. Si no hubiese sido mi abuela consanguíneamente hablando, podría darse, por adopción o semejante, pero de otro modo, nunca. Las brujas no pueden ser abuelas porque… bueno… porque no podemos tener hijos. Somos estériles.  —Se relamió los labios, triste, y luego volvió a mirar a los gatitos—. Así que me temo que estos dos serán lo más parecido a unos bebés que tendré en la vida  —sentenció, aunque no de forma pesimista—. Sin embargo  —añadió, visiblemente de mejor humor—, he de advertirte que aunque no lo es, Dina podría hacerse pasar por bruja perfectamente. Lo comprobarás tú mismo cuando lleguemos. Aún así no te preocupes, que no te convertirá en sapo ni en rata ni nada por el estilo. Como mucho te hinchará a helado casero, bizcochos o lo que haya en casa recién salido del horno. Desde que se jubiló no hace más que cocinar bollería y algún día terminaré reventando…

Muchas veces había hablado con ella para que se plantease el trabajar como repostera en alguna pastelería hasta que las fuerzas no le diesen para más, porque todo lo que hacía estaba tan delicioso que nunca sentía la tentación de comprar en la calle nada que ella no pudiese hornear. Pero Dina era cabezota como ella sola e insistía en que ya estaba muy mayor para esas cosas y en que lo prefería así, porque no necesitaban más dinero del que ya tenían.

Con dos inquilinos más en la casa… ¿quién sabría qué podría suceder ahora?

¿Tú vives solo? —generalmente no se sentía tan interesada por la gente, ni charlaba tanto. Pero Mishka no era gente. Mishka era como ella. Una pobre alma perdida que no encontraba su sitio claro; pudo verlo en el momento en que sus ojos se desviaron al responder sobre su condición.

Por eso se sentía tan cómoda con él en ese momento, cuando lo habitual era que no se sintiese especialmente a gusto con desconocidos. Si se hubiese tratado de un humano habría sido más condescendiente, menos sincera. Los únicos con los que no tenía esa sensación eran Charlie, Sarah y Louis, su jefe en la cafetería. Y estaba Jackson, pero él era un caso peliagudo. De niños habían sido… cercanos, y con él había llegado a sentirse realmente cómoda; pero ahora que habían vuelto a reencontrarse era extraño, porque había cambiado tantísimo que casi no había visto nada de lo que le gustaba de Jack en él. Sólo sus ojos.

Giró el rostro en otra dirección, alejando los pensamientos de su antiguo compañero de clase. Últimamente le tenía en mente más de lo que habría querido reconocer, porque había sido raro verle después de tantísimo tiempo, y no le gustaba demasiado tener a nadie mucho en la cabeza. De modo que volcó toda su atención en Mishka y en lo que le pudiese decir.


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Re: Es un extraño lugar para este tipo de encuentro |Mishka Henrik|

Mensaje— por Invitado el Vie Jun 13, 2014 2:05 am

Dediqué a Emily una amplia sonrisa cuando dijo que podía ir a visitar a los gatos. Custodia compartida, decía. Era gracioso, porque nada estaba pasando como yo lo esperaba. Para empezar, jamás se me habría pasado por la cabeza que me acercaría a una bruja a "venderle" dos gatos. Es decir, ¿cuáles eran las posibilidades de toparme con un subterráneo entre tantos humanos? Aquello tenía un nombre...brujería.
-Ya...Lo haré. Además, te he prometido las vacunas -dije.

Y luego vino el típico momento "yo". Porque era muy típico de mí el meter la pata preguntando de más o soltando comentarios que no considero malignos o que en mi cabeza no suenan tan mal como cuando los expreso en voz alta. Y últimamente parecía que me había dado por machacar a las mujeres que no pueden tener hijos o que tienen un dilema moral con eso. "Bocazas especializado en hundir a mujeres no aptas para tener hijos". Ya me había pasado algo similar cuando había soltado un comentario recordándole a Rory (sin quererlo) que si tenía hijos lo mismo le salían...cachorros. Pues bien, ahora resultaba que las brujas eran estériles, dato que , por cierto, yo desconocía. Hasta ese momento.
-Oh...
No se me ocurrió ningún comentario ingenioso. Aunque tal vez no fuera tan grave. Había mucha gente que no quería tener hijos...Claro que dicen que cuando no puedes tener algo es cuando más lo deseas.

Agradecí que Emily volviera a retomar el tema de su abuela, porque ya me sentía bastante estúpido por haber metido la pata.
-Yo no tengo problema en ayudarte con los dulces -dije como si nada. Aunque luego recordé que supuestamente no podía engordar más de dos kilos porque me saldría de la categoría de peso en la que peleaba en boxeo. Si no fuera porque desde que era un licántropo tenía un metabolismo distinto, en esos momentos estaría hecho una bola, cortesía de los dulces de Rory (buenísimos, por cierto).

Y como si me hubiera leído la mente, Emily me preguntó si vivía solo.
-No. Vivo con una chica. Compañera de piso. Quiero decir...que no es mi novia -aclaré, porque eso de compartir piso con otra chica siempre generaba esa pregunta. -Es también como yo, así que...nos entendemos.
Dicho así sonaba a que hacíamos terapia y tampoco era tanto...
-También le gusta hacer dulces...aunque ella si que se dedica a eso -le conté sin venir a cuento un poco sobre Rory. ¿Qué? Estaba orgulloso de mi compañera de piso.

Uno de los gatos comenzó a maullar mientras se removía, molestando al otro, que por imitación también se puso a maullar.
-Creo que tienen hambre. ¿Queda mucho? -pregunté. Llevaba una jeringa para darles la comida. En la protectora no había presupuesto para biberones, eso eran pijotadas.
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Cierto, las vacunas. Emily esperaba sinceramente que aquello fuese verdad, porque así al menos tendrían algún tipo de ventaja con respecto a Dina. El decirle que el tratamiento de veterinario venía por cortesía de la casa, ya que el dador de los gatitos también era el que proporcionaba las vacunas, suponía gastarse menos dinero ellas en el cuidado de aquellas dos bolitas de pelo.

Sintió un poco de pena por Mishka mientras le contaba que las brujas no podían concebir porque puso una cara que estaba entre la culpa, la incomodidad y cierta lástima. Su única respuesta fue un ‘oh’ que se perdió rápidamente entre los habitantes de New York. Oh… Sí, ella misma también había exclamado eso cuando Dina le había dicho que se había informado sobre las brujas al nacer ella y había descubierto que no podían concebir. Aún le dolía. Pero a ratos lo sobrellevaba pensando que quizás era mejor no traer al mundo más vástagos con sangre de demonio porque su vida sería difícil, caótica, y quizás terminasen siendo simplemente malos. Ella había tenido suerte con Dina pero a lo mejor no podía hacerlo tan bien como lo había hecho su abuela. Casi que era mejor así.

No te preocupes —le dijo, atendiendo a su expresión—. La curiosidad no es un pecado. —Pero sí extremadamente indiscreta.

Se echó a reír cuando dijo que podía ayudarle con los dulces. Perfecto, ahora serían dos bolas de carne para rodar calle abajo cuando paseasen por Times Square. La simple idea hizo que tuviese que enterrar la cara en las manos, porque aquello era demasiado para ella. Imaginarles aún más gordos de lo que se veía a las personas en la película de Wall-E, como dos pelotas de playa, y dando vueltas calle abajo, quitándose a la gente de en medio como si fuesen bolos. Le hizo una señala Mishka para que no se preocupase por su actitud; debía de pensar que estaba caminando con una pirada, aunque bueno, después de aceptar a los mininos tan de sopetón…

Cuando recuperó la compostura le preguntó acerca de su compañero fantasma de piso. En este caso compañera, al parecer. Le hizo gracia que tuviese que aclararle que no era su novia sino simplemente una chica como él. Una licántropo. Supuso que eso debía de hacerle las cosas más fáciles a Mishka, el tener a alguien cerca que le ayudase en los momentos difíciles. Tenía que ser muy complicado existir como licántropo; las brujas por lo menos no se veían influenciados por la luna llena, ni se convertían en criaturas que podían hacerles perder el control tan bruscamente como a ellos. De pronto sintió compasión por él, porque parecía un buen chico y aquello debía de ser duro.

Vaya, entonces realmente vas a terminar como una bola. —Se mordió el labio inferior para no reír. Escuchó a los gatitos en seguida y volvió a acariciarles para tranquilizarles—. No, no te preocupes. Está casi al final de la Octava Avenida. Ya no queda mucho. Espero que no tengan que comer nada especial porque no es como si en casa tuviésemos alimentos para gatitos bebé por si acaso algún día aparece alguno —bromeó.

Pronto llegaron a la Calle 17. Como seguían en la Séptima Avenida, Emily cogió a Mishka de la manga de la chaqueta con cuidado y atravesó esa calle para llegar a la Octava, haciendo que acelerase un poco el paso. Pronto llegaron a la Calle 15, en la que volvió a introducirse para llegar a su casa. Era un piso con la fachada roja, no demasiado alto, con una gran portada típica del siglo XIX. Extrajo las llaves del bolso y abrió el portón, no sin antes saludar a uno de los vecinos que estaba paseando a su perro justo por delante de la casa. Le hizo una señal al chico para que entrase antes que él, y cerró. Revisó el correo por inercia y caminó hacia el ascensor. Un tercero podía no parecer gran cosa, pero no le apetecía subir por las escaleras hoy. Cuando llegó se adentraron a la vez y Emily pulsó el tres.

A ver, un par de cosas sobre Dina. No te asustes. A pesar de que parece dulce y encantadora de buenas a primeras, y lo es, que conste, es todo un ogro cuando se enfada o está irritada, así que hay que ir con tiento. Eres un chico mono así que eso juega en nuestra ventaja, como lo de las vacunas; lo usaremos bien. Y por último, pase lo que pase no salgas corriendo y me dejes tirada sola —bromeó, medio riéndose—. ¿Alguna pregunta, vaquero?


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Re: Es un extraño lugar para este tipo de encuentro |Mishka Henrik|

Mensaje— por Invitado el Vie Jun 20, 2014 4:58 pm

No, la curiosidad no era un pecado, pero tampoco es que fuera una virtud, al menos no lo era en según que situaciones. Sin embargo, no lo podía evitar. Antes simplemente cerraba los ojos y me negaba a creer lo que ocurría a mi alrededor. Ahora me veía en la necesidad de aprender todo lo posible. Digamos que mi mentalidad había ido cambiando en el último año. Lentamente, eso sí.

Cambiamos de tema y Emily pareció recuperarse pronto, aunque no entendí muy bien a que se debía su risa. No hice caso y esta vez me abstuve de preguntar, aunque luego me arrepentí porque a fin de cuentas debía estar pensando algo gracioso. Pero no, en serio, mejor no arriesgarme de nuevo.
-Lo raro es que no esté ya como una bola. Creo que tiene algo que ver el metabolismo. ¿Tú has visto alguna vez un licántropo gordo? -pregunté en serio enarcando una ceja y reconociendo por primera vez, sin rodeos, que era un licántropo. Aunque de esto último no me di cuenta, más que nada porque ya había dado por hecho que Emily lo sabía. En cuanto a lo de los licántropos con sobrepeso...no era una broma. Podía jurar que cuando era humano, en cuanto me descuidaba un poco comiendo más dulces de la cuenta, cogía kilos de una manera alarmante. De hecho ya pasé una vez por esa etapa, cuando descuidé unos meses el entrenamiento y junté eso con comer mierdas...

-Con que tengas leche en la nevera es suficiente para ellos -dije en respuesta a su pregunta sobre lo que comían los gatos. Probablemente en una semana pudiera empezar a darles pienso para gatos.
Me dejé guiar por Emily, intentando memorizar hacia donde íbamos, no porque fuera un acosador ni nada, sino básicamente para no perderme luego cuando tuviera que desandar yo solo ese camino y volver a casa. A pesar de que llevaba más de dos año allí, no terminaba de hacerme a Nueva york y había ocasiones en las que me perdía.
Finalmente llegamos a nuestro destino, donde nos recibió el perro de su vecino que comenzó a ladrar. No estaba seguro de si era por mí o por los gatos. En cualquier caso no tardamos en entrar, subiendo al ascensor.
Conforme Emily me hablaba de su abuela una media sonrisa se fue dibujando en mi rostro. Parecía que me alertaba sobre algún tipo de animal al que había que tratar con mucho tiento. Le faltó añadir: "intenta no ponerte nervioso, porque huele el miedo".
-Ninguna pregunta. Confío plenamente en que la "mirada de cachorrito" será efectiva -dije mirando a los gatos. -Me refiero a ellos, ¿eh? Yo no voy a poner carita de cachorro.

Se abrió la puerta del ascensor. Y con lo tranquilo que yo estaba...al final resultó que empecé a ponerme incluso un poco nervioso.
-Me siento como un vendedor a domicilio...-murmuré mientras nos aproximábamos a la puerta de su casa. -Empiezas a hablar tú, ¿eh? Yo sostengo la caja y sonrío.
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Emily se mordió el labio inferior para no continuar riéndose de las cosas que le decía Mishka. Un licántropo gordo. Lo cierto es que no había conocido a muchos, pero por la imagen que tenía de ellos, desde luego no entraba en su registro de cosas que algún día esperaba descubrir. Más que nada porque imaginarse a un chucho enorme, peludo e incapaz de ponerse de pie porque sólo podía mantenerse acostado de lado por culpa de una inmensa barriga que era casi tan grande como la longitud de sus patas era una imagen demasiado perturbadora para ella.

Prefirió apartarla de su mente mientras continuaban caminando. Se alegró de saber que la leche sería suficiente de momento para los dos pequeñines, aunque pronto tendrían que empezar a comprar pienso para gatos, ya que no tenía intención de mimarles tanto que terminasen siendo ellos la enorme bola de grasa peluda que se fuese arrastrando por su apartamento. Ella prefería que los gatos se mantuviesen sanos, estilizados y delgaditos.

Pronto estuvieron en su edificio, subiendo en el ascensor, y Emily fue dándole las directrices para tratar con Dina. A veces le parecía que se refería a ella como si fuese la mascota, pero después de pasarse veintisiete años a sus cuidados, había aprendido tres o cuatro cosas sobre ella, y ahora que era lo suficientemente autosuficiente como para valerse por sí misma, se daba cuenta de que, en cierto modo, le tocaba ahora cuidar de su abuela hasta que fuese el momento de separarse. Ese pensamiento solía hacer que se le instalase un nudo en la garganta, pero en ese momento prefirió desecharlo, porque aún no había llegado ni de lejos.

Mirada de cachorrito. De eso no tenía duda alguna. Ambas eran bastante vulnerables a eso, como habían ido comprobando a lo largo de su vida. Maldita fuese su debilidad innata a las cosas adorables o a las caras de pena. Hubiese sido una madre terrible en ese aspecto; Dina había tenido suerte porque ella no se dedicaba a adoptar ese tipo de expresión siempre que quería mostrarse arrepentida de algo o pedía un favor. El problema había ido llegando después con los hombres. Se maldijo de nuevo por pensar demasiado. Negó con la cabeza y tuvo que reírse de nuevo. No recordaba la última vez que un chico le había hecho soltar tantísimas carcajadas en un rato… o quizás sí. Quizás demasiado. Pero no se dejó enturbiar ni llevar por eso.

Estupendo —rió ante sus palabras—. Me encantan los chicos florero, y a Dina todavía más. Ya lo verás.

Introdujo las llaves en la cerradura, ya que hacía un minuto escaso habían salido del ascensor, y abrió la puerta lentamente. Se internaron en la cocina sin hacer demasiado ruido. Al no ver a Dina, Emily le hizo señales para que dejase la caja sobre la mesa, y volvió a cerrar la puerta. Le dijo suavemente que se pusiese cómodo en una de las sillas que la rodeaban mientras ella se quitaba la chaqueta, el bolso y los zapatos, dejándolos al otro lado de la puerta, donde se amontonaban un tanto desastrosamente algunas deportivas y botas. Recorrió el pasillo para comprobar que se encontraba en su habitación, aparentemente hablando por teléfono. Regresó con rapidez.

Ahora saldrá. ¿Quieres algo de beber? —Se dirigió a la nevera para coger algo de zumo y lo que Mishka le pidiese—. Si quieres algo de comer también hay sobras de la cena de anoche, algo de chocolate… debe de haber helado en el congelador y dulces en alguna de las alacenas…

¿Mily? ¿Mily, eres tú, cariño? ¡Qué pronto has vuelto! —Su voz no tardó en sonar a lo lejos mientras pululaba por el cuarto.

¡Hola, Dina! ¡Tenemos visita!

¿Qué quiere ahora Charlie? ¿Su madre ha vuelto a quedarse sin nuez moscada? Mira que le tengo dicho que compre cuando vea que el queda poco en el tarro.

Emily se echó a reír, mirando a Miskha con cara de disculpas. Charlie hacía ya algunos años que no vivía en el edificio, pero aún seguía yendo a visitar a sus padres a menudo, y solía hacerle, como la primera vez, de chico de los recados.

No es Charlie, Dina. Es otro chico.

¿¿Un chico?? —Casi se la escuchó caminar más deprisa por toda la estancia, arrancándole de nuevo una risa a Emily, esta vez algo más avergonzada.

Es que nunca traigo chicos a casa —le explicó—. A decir verdad ni siquiera hay ‘chicos’ que traer a casa —reconoció alzando los hombro.

El tema no parecía afectarle demasiado y lo cierto era que la mayor parte del tiempo así resultaba. Había otros, algo más oscuros y tristes, en los que echaba de menos la compañía de alguien que le quisiese, la besase y se quedase con ella hasta el final de sus días. Pero eso no sucedería nunca. Esa había sido su regla desde que había descubierto, siendo muy pequeña, que era una bruja. A veces flaqueaba; a veces sentía que podía intentarlo, hacer su vida con alguien, pero la idea de la longevidad extrema pesaba demasiado. Se preguntó, mientras miraba a Mishka si él pensaba lo mismo. No sabía si los dos vivirían el mismo tiempo, pero desde luego más que los humanos convencionales sí. Suspiró.

Entonces, en ese momento, entró Dina en la cocina, liándose en su bata verde, con el pelo de un rubio teñido que hacía poco había empezado a ponerse, suelto a ambos lados del rostro, lacio, y observó la escena con cara de perplejidad. Emily. El muchacho. La caja de la que salían extraños maullidos. Emily otra vez, esta vez percatándose de que tenía un cartón de leche entre los dedos. El muchacho con cara de bueno. Los maullidos. Su ceño se frunció poco a poco, y pasó de ser una mujer atolondrada, despistada y un poco metiche en una señora que parecía tener un cierto enfado incipiente.

¿Qué significa esto, Emily? Espero que la respuesta a la pregunta ‘¿qué hay en esta caja?’ no sea ‘gatos’, porque si no vamos a tener un serio problema y que acudir a un proctólogo.


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Re: Es un extraño lugar para este tipo de encuentro |Mishka Henrik|

Mensaje— por Invitado el Lun Jun 30, 2014 11:55 am

Me hice el indignado cuando Emily me calificó de "chico florero". Por supuesto, era una indignación fingida, pues yo mismo había dado pie a que me llamara así. Pues ese era mi plan, en principio: sonreír sosteniendo la caja de gatitos mientras Emily hacia el trabajo de convencer a su abuela. Pobre iluso...

Entramos en su casa y dejé la caja sobre la mesa tal y como me indicó la chica. Sin embargo, no tomé asiento, ni tampoco acepté nada de beber ni de comer. De momento estaba tan a la expectativa, que no podía relajarme de aquella manera.
-No, gra...-empecé a decir, pero me detuve al oír la voz de la abuela de Emily. Miré automáticamente a la chica, esperando que ella respondiera. Le dijo que tenían visita y Dina me confundió con un tal Charlie.
Entrecerré los ojos, atento a toda la conversación y al cambio de tono de Dina, así como la explicación que me dio Emily.
Abrí la boca para decir algo, pero justo en ese momento entró la anciana en la cocina. Me quedé mirándola, poniéndole finalmente cara a la voz que había oído y a la breve descripción que Emily me había dado de su abuela. Finalmente reaccioné, saludándola con timidez.
-Hola.
Cada vez que su mirada se posaba en mi, yo me sentía como lo que era: un invasor que le había metido en casa dos gatos, convenciendo con malas artes a su nieta. Bueno, esto último no, pero no tenía ni idea de lo que pasaba por la cabeza de la mujer. De lo que sí estaba seguro es de que había ido atando cabos (tampoco hacía falta ser un genio) y estaba a punto de caernos una buena.

La amenaza fue dirigida a Emily, pero yo sentí como si me hubiera amenazado a mi también. Y aunque había dicho que no sería yo quien pusiera cara de cachorrito, lo cierto es que llegó un momento en que no se podía decir con seguridad quién era el cachorro abandonado, si los que estaban en la caja o yo.
-Señora...Dina -Qué bien, no me sabía el apellido. No, no tendría que haber hecho eso. No tendría que haber atraído la atención hacia mi. ¿Ahora qué le iba a decir? ¿No es lo que parece?
Cogí la caja con los gatitos. A lo mejor si tenía la caja por medio...
-No se puede llamar gatos a estos...cachorritos que ni ocupan espacio ni hacen ruido.
Para llevarme la contraria, los gatitos no paraban de maullar.
Dirigí a Dina una sonrisa apurada, acompañada de una risa nerviosa y aclaré:
-Es que tienen hambre...Emily iba a darles leche. Emily...
Miré a Emily lanzándole una mirada significativa de auxilio. Oh, Dios, me iba a mandar al proctólogo a mi también.

-Puedo cuidaros los gatos cuando os vayáis de viaje...¡Ah, y las vacunas gratis! -Ya está, ya había soltado toda la artillería pesada, de golpe. Vaya un estratega...Si fuera un videojuego ya habría firmado mi sentencia de muerte.
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Bueno, estaba claro que Mishka no servía para hacer de bulto en el frente, porque se derrumbaba a la primera de cambio. Intentó no reírse, de verdad que lo intentó, ya que la situación en general no lo ameritaba; pero no pudo resistirse a soltar unas carcajadas que más o menos ahogó con la mano cuando Dina enarcó una ceja, adoptando una expresión de perplejidad tremenda mientras el muchacho iba luciéndose con su encanto, su labia y su don de gentes. Casi le faltaba ponerse a tartamudear a la vez que sudar por la presión que parecía estar sintiendo en esos momentos. Cierto era que su abuela cuando se enfadaba le hacía competencia a Sauron y a Melkor juntos, y que el pobre Mishka no se había topado nunca con su furia.

Mira que le dije que hiciese de chico florero…

Espero que no os hayáis metido nada —fueron las primeras palabras sibilantes de Dina.

¡Dina, por Dios! No digas esas cosas. —Frunció el ceño mientras sacaba un plato hondo en el que verter la leche. Luego extrajo los gatitos de la caja y les dejó maullando sobre la mesa y bebiendo directamente del recipiente—. Mira que eres borde a veces.

La mujer centró su mirada en los felinos, tan adorables, tan peludos. El que los hubiese puesto a la vista no era una simple casualidad, sino que formaba parte de su estrategia para que su lado materno saliese a flote. Sabía que aquello no sería suficiente, porque si había algo de lo que estaba hecha Dina cuando no quería aceptar algo era hierro puro, pero desde luego les permitiría ganar varios puntos. Abandonó su empalizada junto a la entrada de la cocina para avanzar hacia la mesa con cautela, como estudiando todo el ambiente. Emily le dejó espacio, como el cervatillo que se acerca a comprobar si el territorio es seguro.

Mientras tanto continuó pululando tranquilamente por la cocina como si nada, sirviéndose un vaso de zumo y tendiéndole otro a Mishka, aunque le había dejado caer que no querría nada, porque probablemente ahora sí le apeteciese refrescar el gaznate. Le guiñó un ojo para infundirle ánimos mientras se giraba para observar cómo estaba el panorama. Dina se había sentado a la mesa, apoyando la cabeza sobre una de las manos y observando a los gatos como si se tratase de alguien muy superior a ellos. La joven se mordió el labio inferior pero se tragó las risotadas que le nacían de dentro.

Tienes que reconocer que son muy poquita cosa. —Acarició la cabecita de uno de ellos, que se giró para maullarle y mostrar sus dientecitos blancos antes de continuar bebiendo.

Todos sois poquita cosa cuando sois bebés. —Hizo un gesto con la mano—. Pero luego crecéis y os convertís en bichos insaciables que coméis, bebéis y no hacéis más que quejaros y llorar.

Dina, los gatos no lloran ni se quejan.

¡Pero maúllan! Huelen fuerte, dejan pelos, hay que darles comida especial, cuidados especiales…

Los bebés también y has criado a dos. Vamos, Dina. Sabes… sabes que me hace mucha ilusión tener gatos. Y a Mishka le haríamos un favor porque los de la protectora con los que trabaja se lo han pedido. —Se colocó al lado del muchacho y le puso la mano en el hombro, sonriéndole—. Además de que se ha ofrecido para cuidarlos cuando no estemos y a vacunarles, ¿verdad? —Le apretó un poco, indicándole que podía hablar en ese momento.


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Re: Es un extraño lugar para este tipo de encuentro |Mishka Henrik|

Mensaje— por Invitado el Sáb Jul 05, 2014 11:53 pm

Mi cara fue un poema cuando la abuela de Emily saltó con que esperaba que no nos hubiéramos metido nada. ¿Esa impresión había dado?
"En realidad...sí".
Me había puesto excesivamente nervioso pero es que a mí eso de ir a casas ajenas a "venderles el gato" me incomodaba bastante. Y si me sentía incómodo no podía hacer otra cosa que soltar incoherencias. O más bien escupir las palabras de forma torpe, recordando aquella época en la que me costaba enlazar todas las palabras de una frase en inglés de manera fluida

Dejé que Emily se hiciera cargo de la situación (como tendría que haber hecho desde el principio), y la observé mientras ponía a los gatitos encima de la mesa y les daba la leche. Yo me hice a un lado, para no llamar demasiado la atención, haciéndome pasar por un mero objeto decorativo de la cocina, y acepté el zumo que Emily me ofrecía para dar un largo trago.
Eso sí, no quité ojo a las reacciones de Dina, esperando que en esos momentos de contemplación felina tuviera un episodio de inspiración  y decidiera quedárselos.
Yo mismo admitía que era difícil que una persona que no quería ningún gato se quedara con dos, pero no era algo imposible hacer cambiar de opinión a la gente. A pesar de que la mujer se resistía y no parecía, en principio, dar su brazo a torcer.

Al final, la conversación pareció encaminarse de nuevo hacia mí. Y no es que aquello me hiciera mucha ilusión.
Asentí efusivamente a lo que dijo Emily y dejé el vaso a un lado, sobre la encimera.
-Claro, sin problemas -dije recuperando algo más la compostura. Aunque con no parecer que estaba drogado, me bastaba.-Además, tampoco necesitan tantos cuidados...No hay que sacarlos a pasear como a los perros, ni son especialmente exigentes...
La mención a los perros, me hizo recordar las dos perras con las que conviví durante casi dos años y sentí una punzada de dolor porque era inevitable que a veces las echara de menos.

-Y si a Emily le hace ilusión...-añadí, repitiendo a propósito lo que ella había dicho, esperando que de esa manera calara más hondo en la anciana.
-Ella no es de las que piden cosas continuamente -me la jugué, porque aunque era cierto que no tenía pinta de exigir nada a su abuela, bien podría ser al contrario y habría llegado a un callejón sin salida en cuanto a argumentos se refiere.

Miré a Emily enarcando una ceja. No estaba yendo tan mal, ¿no? Es decir, podría haber aceptado desde un primer momento y habría ido mejor, pero sabíamos desde el principio que no iba a ser así.
Me llevé las manos a la espalda y desvié la mirada hacia los gatos. Mi intervención acababa ahí, y por desgracia ya no podía excusarme diciendo que es que no dominaba bien el inglés y no sabía expresarme.
Fue entonces cuando se me ocurrió una idea, que podía salir bien o podía salir fatal. Aunque me daba a mí que había más probabilidades de que saliera bien.
-Mira, si no hay más remedio...Podríais cuidarlos unos días, y mientras tanto les busco una familia -dije como solución final. Aquello significaba que en esos días en los que supuestamente les buscaría familia, Dina le cogería cariño a los gatos y no querría deshacerse de ellos luego.
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Emily se mordió el labio inferior para aguantar la risa cuando Mishka empezó a hablar de nuevo por la forma que tuvo de adoptar una pose que le permitiese recuperar un poco la compostura y le hiciese pensar a Dina que, efectivamente, no estaba drogado ni nada por el estilo. A no ser que ahora el zumo se considerase una nueva, de diseño o algo así. Pero el muchacho comenzó a expresarse con más fluidez y a hacerlo rematadamente bien, sin nervios y sin presiones; no como antes, que había parecido un pato mareado en un parque de atracciones.

Mientras él enumeraba las cualidades positivas de los gatos, Emily hacía gestos señalándose a sí misma para indicarle a Dina que no eran tan diferentes del bebé que había sido en el pasado, independiente, poco molesta y siempre en las nubes, en sus propias cosas. Generalmente sólo había sabido de ella para comer, para ducharse y cuando tenía alguna queja o alguna pregunta que hacerle sobre sus padres o sobre su propia gente. Por lo demás, Emily había sido una niña realmente buena, madura y centrada para su edad. Quizás se había obligado a serlo para que no la considerase una molestia. Como al parecer lo había sido para su madre.

Intentó desviar un poco ese pensamiento de su cabeza porque hacía ya muchos años que debía de haber superado el hecho de que había sido una niña odiada desde el momento en que había aparecido en el mundo. Sin embargo resultaba difícil olvidar el que tu propia madre te repudió cuando aún ni siquiera podías abrir los ojos. Decidió centrarse mejor en los argumentos que Mishka estaba dando para que Dina accediese a tener a los gatitos en casa. Cuando la mentó a ella alzó una ceja, sorprendida por la baza de ‘es que Emily los quiere mucho  en su vida’. Mucho más, al igual que su abuela, cuando dijo que ella no era de las que pedían cosas continuamente. ¿Tanto se le notaba o se lo estaba jugando a la desesperada?

Ciertamente no. —La respuesta de Dina la dejó fuera de lugar. ¿Eh? ¿En serio? Cuando sus ojos se encontraron vio que realmente estaba empezando a planteárselo. ¡Dios mío! ¿¡Quién era esa mujer y qué había sido de su abuela!?— . Es verdad que Emily es de las que prefiere callarse para hacer un favor que pedir algo para ella misma si cree que no puede conseguirlo por su cuenta. Siempre lo ha hecho y siempre lo hará. —Volvió a mirar a los gatos, esta vez atreviéndose a alzar una mano para acariciarles el suave pelaje—. Debes de haber sido muy bueno convenciéndola para que se atreva a venir a pedirme algo para sí misma por su propia cuenta —le dijo a Mishka—. Aunque te haya arrastrado a ti detrás para hacer bulto a la hora de intentar convencerme. —La sonrisa ladeada que apareció en los labios de Dina le hizo sentir a Emily que quizás no estaban tan lejos de conseguirlo.

Mishka le miró, enarcando una ceja, y Emily hizo lo mismo. No quería vender la piel del oso antes de cazarlo porque nunca había sido su estilo, pero la cosa iba por buen camino, de momento. Entonces el joven decidió hacer una apuesta aún más arriesgada que la anterior. Emily no supo qué hacer, si alabar su brillantez o pegarle por zopenco, claro que el pobre no tenía ni idea de que Dina podía llegar a ser muy insistente y podía llegar a querer cumplir las cosas a rajatabla si se las entregaban de determinado modo en la bandeja. Rezó porque todo aquello no fuese necesario; o porque, al menos lo considerase de verdad como un tiempo de prueba en el que intentar acostumbrarse a los gatos, y si Mishka aparecía con una nueva oferta, decidir quedárselos o entregárselos a otra familia.

Desvió la mirada hacia su abuela. Ella hizo lo mismo. Cuando sus ojos avellanados se toparon con los azules de ella, se sintió tranquila sin motivo aparente. Quizás porque Dina le estaba diciendo sin palabras que nunca le haría algo así; permitir que se encariñase con los animalitos para luego dárselas a otra familia. De modo que o los tomaba del tirón o los dejaba marcharse.

Mantuvo un estresante silencio de varios minutos que aprovechó claramente para minar la confianza de ambos. Maldita estratega nata…

Condenados críos… —farfulló. No se había percatado que no había dejado de acariciar a los gatos—. Está bien. Nos los quedaremos unos días. Si son tan molestos como un grano en el culo te prometo que tendrás que irte bien lejos, muchacho, o practicaré el tiro al blanco con tu cabeza.

Emily se rió. Dina y sus amenazas sin profundidad alguna. Se sintió horriblemente aliviada, porque esa era una forma indirecta de asegurarle que tendrían mascotas nuevas, aunque de cara al público no podía decirlo tal cual. Se acercó a la mujer para rodearle con los brazos, plantarle un beso en la mejilla y susurrarle un leve ‘gracias’. Ella hizo un gesto con la mano para restarle importancia.

Por cierto, ¿de qué os conocéis? —Emily parpadeó mientras la observaba, colocándose a su lado—. Debéis de tener una mínima relación si él sabía que tú no eres de esas personas que suelen pedir cosas para ti misma, ¿verdad?

Oh, no. Maldita estratega nata. Su sonrisa pícara apareció, al igual que las arrugas que bordeaban sus labios. ¡Maldita! Eso no significaba absolutamente nada. Es decir, no iba a rechazar los gatos ahora que los había aceptado, pero estaba claro que quería reírse de ellos un rato en pago por el chantaje emocional al que le habían expuesto.

Ha venido algunos días a la cafetería y hemos hablado allí algunas veces —dijo rápidamente sin pensar—. Es un buen chico. Antes de venir me estaba comentando que estaba en busca de trabajo y yo le había dicho que podría estar interesado en aceptar el puesto de camarero libre que ha dejado Louis, ¿verdad? —le miró calmadamente, pero con evidentes gestos de ‘sígueme el rollo y no te hagas el loco, por favor’.

Además, en cierto modo no era mentira. Cuando le había comentado que estaba sin trabajo había recordado que una de las chicas había decidido dejar el puesto por otro un poco mejor. Louis era un mujeriego nato y prefería la compañía femenina en su negocio, pero había excepciones, como con Manuel, así que si ella intercedía por él, no veía por qué Mishka no iba a poder servir de camarero en el Peggy Sue’s. No sabía muy bien por qué había pensado tomarse tantas molestias por él, a quien acababa de conocer, pero la sensación de sentirse un poco comprendida aún le inundaba. Desmond había insistido siempre en que existían más como ella de los que ella se creía, pero tampoco se había topado con tantos como para corroborarlo. Probablemente Chester había sido el último, y de eso hacía ya más de trece años. Quizás era simplemente por eso, porque se trataba de alguien que había experimentado lo mismo por ser diferente, y eso hacía que se sintiese un poco como necesitada de devolverle el favor.

Porque hacía muchísimo tiempo que no se topaba con un subterráneo que compartiese su desazón.


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Re: Es un extraño lugar para este tipo de encuentro |Mishka Henrik|

Mensaje— por Invitado el Mar Jul 29, 2014 1:38 pm

Había acertado con respecto a Emily, lo cual era un alivio. No me consideraba especilamente observador y eso hacía que metiera la pata con demasiado facilidad, pero últimamente era algo más consciente de las reacciones y la forma de ser de los demás. Tal vez estuviera dejando más libertad al instinto, ese "super-poder", que en realidad no era un poder, sino algo que todos teníamos ahí desde que nacíamos pero a lo que no le prestábamos atención. Los animales era más instintivos que las personas, por eso tal vez los licántropos lo fueran más que los humanos. Es decir, lo fuéramos...

Miré a Emily cuando su abuela dijo que debía ser muy bueno para haberla convencido a hacer algo así. Lo cierto es que para ser un desconocido que le ofrecía unos gatos de manera ten repentina, no había sido tan difícil convencerla. Se había resistido al principio, pero finalmente había caído. Y eso se debía no sólo a que estuviera haciendo algo por ella, sino que lo había hecho por los gatos. Eso demostraba que tenía un gran corazón, pues estaba seguro de que la decisión de quedárselos no había sido un simple impulso caprichoso de alguien a quien se le ha antojado tener una mascota.
-Bueno, tanto como hacer bulto...-empecé a decir pero acabé por encogerme de hombros.-Sí, supongo que sí.


Después de mi sugerencia llegué a pensar que había sido una estrategia demasiado arriesgada, cuando Dina se quedó en silencio durante unos minutos que se me hicieron interminables. Finalmente cedió, con una amenaza que más que asustarme me sacó una sonrisa de alivio. Estaba seguro de que los gatos no darían demasiado trabajo. Sobre todo porque al seguir los dos juntos, no extrañarían el calor del otro. Si los hubiera separado entonces sí que podría haber sido un poco traumático al principio.
-Vale, lo tendré en cuenta -respondí mucho más relajado y sonriendo al ver como nieta y abuela se abrazaban. Se veía que tenían una relación muy especial, y no sólo por el hecho de ser familia.

Cuando preguntó de qué nos conocíamos me quedé bloqueado. Quedaba un poco mal decir que nos conocíamos de hacía un rato, ¿verdad?
Me quedé bloqueado, pero por suerte Emily fue más rápida y respondió. Aunque lo hizo con una mentira, pero en este caso era mejor así. Asentí, dándole la razón a todo lo que decía, y cuando tocó el tema del trabajo la miré como queriendo preguntarle telepáticamente: "¿eso es en serio o forma parte de la mentira?".
Su mirada, por otra parte, me dijo que le siguiera la corriente. Si éramos tan explícitos en cuanto a expresiones se trataba lo más seguro es que Dina también se hubiera dado cuenta. O tal vez la hubiéramos pillado entretenida mirando a los gatos.
-Pues...sí. Y como te dije...me vendría muy bien, gracias. Además, la cafetería me encanta, ya lo sabes -No tenía ni idea de cómo era la cafetería.
Espera, nunca había trabajado de camarero. De segurata de discoteca sí, y de veterinario...No podía ser mucho más sufrido que eso, seguro.
-En fin, creo que debería irme -dije porque no quería que la abuela de Emily siguiera preguntando hasta pillarnos. Iba a pedirle el número de teléfono, por lo de los gatos y, si era cierto, también lo del trabajo. Aunque se suponía que ya nos conocíamos y que yo no había aparecido de la nada con la caja de gatitos.
-Eh...Emily, ¿me das tu número? Es que he cambiado de teléfono....-dije sacando mi móvil.
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Se rió entre dientes cuando Mishka reconoció que había ido allí para hacer bulto, porque no era del todo cierto; a fin de cuentas, había sido su intervención conjunta la que había convencido finalmente a Dina de que podían quedarse con los gatitos hasta nuevo aviso. Para siempre, a ser posible. ¡El pueblo unido jamás sería vencido! Ni siquiera la tiranía de las abuelas algo cascarrabias y reticentes a tener gatitos podían soportar las miradas insistentes de dos jóvenes subterráneos encantadores, adorables y sobre todo, bobalicones.

Dina negó con la cabeza mientras pensaba en todo ello, ya que se había percatado perfectamente de que el muchacho no era humano; demasiados años ya topándose con gente de su especie como para poder determinar quiénes lo eran y quiénes no. No podría acertar, a lo mejor, con un 100% sobre la raza, pero tampoco era tan importante; al menos su corazón se sintió algo reconfortado al ver a Emily en compañía de alguien no-humano, para variar, porque durante años se había centrado siempre en esquivarles. Sabía que se había topado con algunos, pero aquel joven, Mishka, era el primero al que ella veía, y el primero de cuya existencia tenía certeza absoluta. Ojalá fuese bueno para su cordura y, sobre todo, su aceptación personal. Porque, mientras miraba Emily de reojo, pensaba que lo único que le faltaba a su nieta para ser feliz era reconocerse al final como bruja, como mitad humana y mitad de algo más. Si podía verla terminar de madurar antes de morir, podría irse con su difunto esposo tranquila al Más Allá.

Aunque disfrutó mucho, y lo demostró abiertamente con su sonrisa, cuando les pilló. Porque sí, les pilló. Emily era muy lista, pero ella era más lista aún, y sabía perfectamente que acababan de conocerse por la forma de reaccionar de ambos. Aún así, no dijo nada, porque eso sólo alimentaba sus esperanzas. Si era capaz de traer un desconocido a casa, aceptar sus gatos y ofrecerle trabajo, era que estaban avanzando.

Emily, por su parte, no tendría conocimiento de los pensamientos de su abuela hasta el día siguiente, pero en ese momento sólo podía rezar para que Mishka reaccionase de la forma adecuada y no descubriese el pastel, porque no tenía ganas de aguantar las tonterías de Dina sobre sus enamoramientos de un segundo para otro. Sobre todo porque eran inexistentes y sólo existían en la imaginación de esa maldita entrometida que sólo quería endilgarle un novio, Dios sabía para qué. ¿Para descubrir que tenía cola, que hacía magia y viviría más que él? No, gracias. Estaba muy bien como estaba.

Sonrió agradecida al escucharle hablar, asintiendo con la cabeza fervientemente. Su mueca se ladeó un poco cuando le dijo que tenía que marcharse ya; en cierto modo le daba pena, porque le había caído bien y había sido divertido meterse con él, pero era lo mejor si no querían que Dina continuase insistiendo. Luego buscaría el video de la perrita que había mencionado antes; así podría reírse un poquito a su costa. Sólo un poquito. Sí que le desconcertó un poco que cuando le pidió el teléfono Dina se echase a reír y empezase a negar con la mano, como si hubiese oído un buen chiste, y Emily no entendió por qué. Si había resultado creíble… Entonces se percató de que no eran tan buenos mentirosos como ella creía, pero bueno, al menos tenía dos gatos…

Pues hasta luego, muchacho. Yo regreso a mi cuarto que tengo que continuar arreglándome. —Se levantó de la silla para acercarse a él y le dio un pequeño cachete en la mejilla. Luego se giró hacia Emily— . Si sigues trayendo amigos tan guapos voy a morirme con una sonrisa de oreja a oreja —dijo con todo el descaro del mundo— . Después te digo a dónde voy y esas cosas. ¡Adiós, Mishka!

Recorrió el pasillo mientras Emily intentaba no soltar una carcajada. Dina y sus manías tan poco adecuadas para su edad…

Puedes darte con un canto en los dientes de que no te haya cogido el culo. A Charlie se lo hace ya sólo para torturarle. —Fue hacia el perchero y sacó su teléfono móvil, regresando rápidamente a su lado—. Ten mi número, anda. —Se lo dijo despacio para que fuese apuntando. Luego Emily anotó el suyo—. Por cierto, lo del trabajo iba en serio. Si te interesa puedo hablar con mi jefe para que te contrate. Al menos tendrás algún ingreso extra y los horarios no son tan malos como pueda parecer.

Alzó los hombros, desviando de nuevo la mirada para comprobar si el muchacho tenía WhatsApp, sonriendo al contemplarla y negando con la cabeza al dar con su cuenta. Luego desvió la mirada hacia la suya propia. Oh, bueno, probablemente no entendiese el chiste, pero Charlie desde luego se había hartado de reír porque le había hecho caso. La tenía desde hacía tiempo y ciertamente no había encontrado la necesidad de cambiarla. A fin de cuentas, era la encarnación, al menos físicamente, de Ramona Flowers. Según Charlie, claro.


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Emily Yates
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