07/08 - Estimados habitantes del submundo. ¡Aquí tenéis las noticias con las actualizaciones/nuevas propuetas/ideas del foro! ¡Pasaos cuanto antes a echar un ojo!


10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


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Touched by an angel |Zahara Hicox|

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Touched by an angel |Zahara Hicox|

Mensaje— por Desmond Lynch el Lun Jun 16, 2014 10:00 pm

Trabajar como médico en un hospital es duro. Muy duro. La gente puede decirte que lo entiende cuando jamás ha vivido un turno de guardia simplemente por ser condescendiente o amable, sonriéndote con compasión, tras decirles que casi no puedes ver a tus hijas porque estás dedicado a tu profesión. Pero en realidad no tienen ni la más remota idea. Tú no les contradices, generalmente por educación, pero mientras asientes con la cabeza y agradeces sus palabras, por dentro piensas que no son más que unos pobres ingenuos o unos cretinos por dárselas de sabihondos. O ambas cosas.

Sin embargo no todos los días te entran ganas de encerrarte en una habitación por las barbaridades que ves, que te quitan las ganas de vivir. Generalmente esos son los menos. Los que más abundan son en los que acabas cansado, casi derrotado, porque la gente es demasiado imprudente. No obstante, hay algunos que, simplemente, son tranquilos, y se podría decir que incluso te otorgan una paz interior como pocas has conocido, porque no hay demasiados trabajos violento, y sólo te topas con niños, mujeres embarazadas o madres excesivamente preocupadas.

Hoy es uno de esos. Es por la tarde y mi turno de consulta ha terminado, pero decido quedarme un poco más por si puedo ayudar en alguna urgencia. Eliza está en aikido y Sally pasará la tarde en casa de una de sus amigas de clase, de modo que en la clase sólo estará mi querida suegra para echarme la bronca por no prestare suficiente atención a las niñas una vez más. Le tengo mucho aprecio porque es una gran mujer y me ayudó mucho cuando Ada murió; nos apoyamos el uno al otro, más bien; pero cuando se pone insistente la dejaría dentro de una bañera para que les diese la lata a los peces.

Me paseo por la sección de niños hospitalizados, que es un poco más alegre y menos sombría que la de los adultos. Allí muchos tienen leucemia, problemas respiratorios crónicos o algo peor, por lo que casi todas las camas están llenas. Es la compasión la que me mueve a pasearme entre ellos, dedicándoles algunos minutos de mi tiempo a atender cualquier capricho o anécdota que tengan para contarme. Muchos no llegarán a los diez años de edad, cosa que me martiriza y me entristece, así que, ¿qué más me da?

Estoy entretenido en la habitación en la que hay varios niños terminales. Uno de ellos se llama Tommy, tiene cáncer de colon muy avanzado y no se puede hacer nada por extirparlo. Vive entre unos dolores terribles, pero nunca jamás se queja ni un poco. Sólo te mira con sus ojillos cansados y te pide que juegues con él a las cartas una partida más, porque su joven corazón intuye que quizás puede ser la última. Su madre prácticamente vive allí, pero se ve que ha ido a buscar alguna muda limpia y darse una ducha en casa. Ese matrimonio está hundido y destrozado, pero al menos no se han culpado el uno al otro ni han dejado de apoyarse. He visto a muchas familias quebrarse por eso, y un hogar roto no es precisamente lo que necesita un niño que se va a morir.

Dejo que Tommy me gane una vez más, aunque me ha costado mantener el ritmo, la verdad, porque el niño ya es un experto jugador, cuando Lucy se adentra con expresión inquieta. Me hace señas para que me acerque a la puerta y yo me despido de Tommy, prometiéndole que mañana jugaré de nuevo con él, pero cuando me devuelve la mirada, sé que está pensando que quizás no volvamos a vernos más. Maldito Dios que permite que estas cosas le suceda a criaturas tan puras y buenas. Le pongo la mano a Lucy en la espalda, notando perfectamente la cadencia de su curva, pero no hago ningún comentario al respecto y ella tampoco. Está nerviosa mientras caminamos hacia otra de las habitaciones. Al llegar me señala el interior. Una joven que no había visto nunca está con un niño. Contemplo a Lucy, extrañado, y entonces habla.

Entró aquí hace un par de minutos. Nadie la ha visto nunca y no hace más que rondar por las habitaciones de los enfermos, y a mí me está poniendo muy nerviosa, doctor. No sé quién es pero… nadie se acerca a ella para echarla y yo… —Le pongo las manos en los hombros para tranquilizarla. Sus preciosos ojos me miran, ansiosos.

No te preocupes. Yo me encargaré de ella. Vuelve con tus tareas, ¿vale? —Le cojo del mentón para que no aparte la mirada de mí y asiente con la cabeza. Es tan bonita como una noche de verano, y el miedo no puede empañar esa realidad.

Mientras ella se marcha yo introduzco las manos en mis bolsillos, observando desde lejos a la chica. Hay algo en ella que no es humano y puedo percibirlo incluso desde aquí. Su presencia me turba, pero no de mala manera, como Tyler. Su recuerdo me hace estremecerme, porque está asociado a un momento muy oscuro de mi vida, pero me sobrepongo. Con lentitud me adentro en la habitación para dirigirme a ella. Carraspeo. De pronto me siento como un niño pequeño, pero no lo demuestro. Es mi especialidad ponerme una máscara para dar noticias que no son del agrado de los demás, y es la que uso para encarar a esta misteriosa desconocida.

Disculpe, señorita. ¿Puedo preguntarle quién es y qué está haciendo aquí? ¿Es pariente de nuestro pequeño paciente? Porque de lo contrario voy a tener que pedirle que se marche…


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Re: Touched by an angel |Zahara Hicox|

Mensaje— por Invitado el Mar Jun 17, 2014 4:36 am

“Por mucho que uno se deleite con la luna
También necesita del sol.”



No existía un mayor castigo que avanzar por los corredores de un hospital lleno de almas atormentadas y llenas de dolor pues no existe ser en la tierra que se libre de tener un sufrimiento como el que estos pasillos guardan; me apresuro a caminar tratando de hacerlo con la cabeza agachada pues definitivamente este no era un sitio para mí pero debía buscar a quien necesitaba ver y debía encontrarle lo más pronto posible.

Llanto, pena, tristeza, preocupación, impotencia; casi no lo tolero de hecho no creo poder tolerarlo es demasiado para mi ¡deseo hacer algo! «No estás aquí por ellos, aunque lo desees, no es así»Me sobre pongo o cuando menos lo intento consolándome, apenas tolero ver tanta desgracia y no ser participe en la recuperación o cuando menos en calmar sus penas pero no debo interferir sus dolores son por alguna razón y yo debo mantenerme en el camino que se me dio.

Refunfuñante me detengo recargando mi espalda contra una pared sacando del pequeño bolso color café que llevaba colgado al hombro, retiro el broche para poder sacar la fotografía aunque muy dañada no había mucho que pudiera encontrar en ella cuando menos estaba pasable para  ser observada; una risa infantil azoto mis oídos como cuando colocas una concha de mar cerca de la oreja logras escuchar el mismo océano ¡extrañaba el océano! Pero por ahora debía conformarme con saber que podía, si es que podía, hacer bien a alguien más; guarde la fotografía de inmediato.
Asome las narices en la siguiente puerta o más bien par de puertas que parecían balancearse sobre si mismas, causaba curiosidad el área de infantes o cuando menos eso decía la placa en la parte superior; sin mucho tiempo que perder entre aunque algo nerviosa por no saber lo que debía esperar, mi sorpresa fue una agradable sonrisa de una niña rubia con ojos azules pero conectada a una maquina a su lado a través de tubos; alzó su mano como si me saludara como si de alguna manera supiera que era yo. Le devolví la sonrisa e imite alzando mi mano iba a dar un paso a ella cuando mi atención fue captada por los sollozos de un pequeñín que metían en una habitación, su madre y padre iban a un lado así que camine a ellos atraída por la sensación que ni yo conocía de nueva cuenta solo me asome con cautela aunque no logre ver mucho y proseguí caminando obligándome a mí misma a pensar en qué lugar sería el más correcto en buscar sin dejar rastros ni muchas evidencias, me observe reflejada en una puerta de cristal; mi ropa no hacía mucha diferencia pues un vestido blanco adornado con múltiples flores por doquier de colores rosas, azules y un poco de verde que podían dar alegría, ceñido de la parte superior y a tiras, ampón de la parte baja un poco más  debajo de la rodilla y finalmente unas ballerinas rosadas  por ultimo mi cabello caía sobre mis hombros, no se me daba mucho el recogerlo pues no veía el caso, desperté del pensamiento de agobio que me atosigo en no saber cuál era mi plan exacto esta vez, anteriormente se me informaba si había que cuidar de alguien por algún ataque o evitar alguna tragedia pero esta ocasión las cosas eran diferentes y no sabía hasta qué punto.

Una camilla traspaso las puertas de cristal pues se abrieron en automático, un pequeño de cabellos castaños entro en una camilla recostado siendo está impulsada por un enfermero que parecía no importarle mucho o más  bien estar sumergido en la monotonía de su trabajo, lo entendí de alguna extraña manera aunque no lo lograba entender.

Caminé detrás de ellos dos hasta que el enfermero le dejo en un espacio apenas cubierto por algunas telas que parecían colgar como cortinas trazando la división entre uno y otro paciente; el pequeño se quedó mirando al techo pero los restos de lágrimas eran obvios sobre sus mejillas. El enfermero se retiró y yo me acerqué al pequeño me incline un poco a lo que él me miró pero no con miedo, los niños comprendían mucho mejor era más simple hablar con ellos.

– Como te llamas?

Con sus pequeños ojos marrones el niño me miró, no estaba contento pero tampoco se mostraba grosero o desconfiado así que con toda calma respondió:

–John y tu cómo te llamas?

Le sonreí aunque no dude en responder.

–Zahara ¿que te ha pasado para que estés aquí? pues a mí te me haces un niño tremendamente sano.

Y así era, se notaba de completo así que señalo su pierna y de inmediato comprendí que estaba rota, mi boca se abrió en O profiriendo un ruido similar algo alargado asentí y él hizo un gestito que me pareció encantador después me explico que se trataba de un fallido brinco en patineta que no había salido del todo bien, su historia me pareció aún más que agradable cuando agregó que solo quería impresionar a una niña así que impulsada por la idea del cariño tan sincero me acerque un poco como si fuera a contarle un secreto pues de cierta manera lo era.

–Si yo hago que el dolor de aleje y no te moleste más prometes que usaras la protección al andar en patineta? Tener cuidado, hacer tus deberes así como obedecer y respetar lo que tu madre diga, las madres son como ángeles personalizados que nos otorgan ¿lo sabías?

El niño interesado en mi relato aceptó con entusiasmo comenzó a platicarme acerca de sus padres mientras que yo me aleje unos pasos para poner mis manos sobre la pierna rota aunque no toque su piel directamente, resultaba extraño usar esa clase de poder sobre todo en un lugar como este pero con la poca privacidad que las cortinas azules nos otorgaban, bueno, era más simple, pequeñísimos destellos de color blanco salieron como lucecitas navideñas que adornan los arboles de casa, el pequeño lo notó y al instante se pudo sentar, comenzó a hacer preguntas un sinfín de preguntas a las que no pude responder porque un golpeteo en mi hombro captó mi atención.

Giré sobre mis talones y ¡bom! Reconocí el rostro aunque la fotografía no le hacía justicia para nada; apreté los labios en una sonrisa podía gritar que cuando menos el primer filtro estaba completo «¡Te encontré!» Por un segundo sentí el impulso de saltar como una niña pero mantuve la calma y la sonrisa.

–Es una excelente pregunta con muchas posibles respuestas pero puedo asegurarle que el pequeño John y yo nos hemos hecho algo así como cómplices y por supuesto amigos.

Miré a John, el pequeño sonrío siendo mi cómplice puso su dedo índice sobre sus labios y yo le imite pues ambos compartíamos un secreto, de nuevo giré al doctor.

–Mi nombre es Zahara y si tiene un poco de tiempo me gustaría poder hablar con usted en un lugar un poco menos ajetreado sino le importa, pues como verá explique la primer pregunta, la segunda … humm, me parece que usted tiene la respuesta soy yo quien debe averiguarla.

A decir verdad solo necesitaba alejarme del olor a cloroformo, las mosaicos deprimentes y colores aún más depresivos, debía alejarme de toda esa pena humana de inmediato o sino ocurriría lo que hace un momento, mi corazón demasiado blando no soporta la pena humana y reconocía que esta vez las cosas podrían ser un poco más complicadas pero de cualquiera manera era mi deber por lo que estaba dispuesta a cumplirlo.
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Re: Touched by an angel |Zahara Hicox|

Mensaje— por Desmond Lynch el Miér Jun 18, 2014 7:23 pm

Bien, parece que esta joven no entiende que no inspira mucha confianza que una persona que aparenta estar entrando en la adultez diga que se ha hecho amiga y cómplice de un niño pequeño, pero en cierto modo me cuesta no pensar bien de ella. Emana un aura extraña, diferente a cuanto he conocido hasta el momento, hermosa, aterradora y de ensueño, prácticamente todo al mismo tiempo, como una amalgama de sensaciones que hacía tiempo que no experimentaba. Pero es un terror providenciado más por la reverencia que por un verdadero miedo, puesto que sus ojos no me transmiten otra cosa que no sea paz.

Dice que se llama Zahara y que quiere hablar conmigo. Sus contestaciones son enigmáticas, poco claras, y durante un terrible segundo temo que se trate de un hada, puesto que ellas mienten sin decir mentiras, porque no pueden expresarlas. El cuerpo se me estremece e intento controlar ese pánico que me nace de mi interior cuando aparto mi mirada de ella para enfocar otra parte de la habitación, como si estuviese asegurándome de que nadie nos ve. Controlo los espasmos de mis manos aferrándome a las sensaciones que me transmite, centrándome en ellas para hacerme ver que no puede ser algo maligno porque lo habría percibido de alguna forma. Un hada no sería tan relajante, aunque sean hijas de ángeles.

Podemos ir a la cafetería, si quiere. No suele haber mucha gente y hay rincones relativamente tranquilos.

Le indico con la mano que se adelante unos segundos, puesto que quiero hablar con John acerca de lo que ha pasado en esa habitación. Cojo la carpeta que va en su hueco asociado en la cama para revisar el motivo de su ingreso. Cuando la suelto le pregunto acerca del dolor de su pierna, y la sorpresa me inunda cuando el niño titubea mucho antes de decirme que se siente un poco mejor que antes, que casi no le molesta. Algo no me cuadra en absoluto, porque los niños que tienen fracturas suelen estar titubeantes, llorosos, por culpa de las roturas, que suelen asustarles mucho. Levanto la sábana para observarle la zona afectada y le paso suavemente las manos por encima. El niño ni se mueve. Mi mirada se gira hacia la puerta, donde la figura de Zahara espera, y vuelvo a centrarme en el niño, que me mira, suplicante. Se ha dado cuenta de que sé lo que ha pasado, por lo que tiene miedo. Intento tranquilizarme.

Tranquilo, no diré nada. Pero cuando vengan a revisarte verán que no tienes ninguna fractura. No le cuentes nada, ¿vale? —Le paso la mano por el pelo antes de levantarme y dar el encuentro a esa extraña joven.

Al llegar a su lado le indico con la mano que me siga, y durante el trayecto permanezco en silencio, intentando dar con la identidad de mi acompañante. Mis encuentros con subterráneos últimamente están siendo de lo más desconcertantes, desde luego; primero Charlie, la chica lobo; luego Ivory, la bruja de hielo. Y ahora Zahara… Y ni siquiera estoy seguro de que lo sea, realmente. Quiero decir. Es evidente para mí que no es humana porque ha curado al niño sin pestañear, aparentemente, pero la idea de que sea algo superior me desconcierta porque nunca había conocido nada más allá. Excepto a Tyler, claro.

La cafetería está en una de las alas más cercanas a la zona de los niños, así que no tardamos demasiados minutos en llegar. Está relativamente vacía; sólo hay algunas parejas o grupos de personas muy desperdigadas por las mesas que hay en la sala. Escogemos una mesa relativamente aislada del resto, cerca de las ventanas que están ligeramente abiertas, así que nos golpea una brisa bastante agradable. Aún no es demasiado tarde, así que quizás puedo salir con Sally a dar una vuelta por el parque. Igual Eliza accede a venir con nosotros, quién sabe…

Pero antes tengo que atender a mi visitante. Porque parecer ser que su incursión en el hospital ha sido porque me estaba buscando.

Bien, señorita, ahora estamos algo más solos que antes. ¿Qué pregunta decía que quería hacerme? —cruzo los brazos sobre la mesa y me dejo caer sobre ellos. Estoy algo inquieto. ¿Qué es lo que quiere de mí?


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Re: Touched by an angel |Zahara Hicox|

Mensaje— por Invitado el Jue Jun 19, 2014 5:23 pm

"Juguemos solo un rato.
Al final solo uno gana, no espero que seas tú".

Estaba de total inconformidad con la propuesta en realidad esperaba algo más personal probablemente su oficina o algo similar, algo que me llevara a poder conocer más sobre él sin decir nada pero ahora y en vista de las circunstancias tendría que recabar preguntas que no estaba dispuesta a hacer pues la información siempre es un arma de doble filo y mientras menos los humanos supieran de la existencia de los que son como yo, era mucho mejor.

Apreté los labios aunque no contenta asentí; me alejo no sin antes dar una furtiva mirada a John por encima del hombro entonces él  sonríe, adoro las sonrisas de los niños pueden provocar paz interna a quien sea pues son inocentes aun dentro de una mala acción; me alejo caminando solo unos pasos sintiendo un ardor en el vientre es de nuevo esa sensación de mi poca o nula tolerancia ante los actos malvados del propio ser humano o de la naturaleza de estos mismos; resignada espero al borde de caer enferma, aunque eso teóricamente sea imposible. No me siento del todo bien y deseo salir corriendo deseando de aluna manera haber elegido algún otro lugar para un encuentro y probablemente averiguar esto en otra parte. Recapacité, debía calmarme y recordarme que debía mantener la cordura por lo siguiente que haría. Por bendición el doctor me indica que camine y yo contenta, aunque no del todo, lo hago sin chistar.
No es menos mi pena en cuanto caminamos de hecho siento terrible cuando escucho un sigiloso llanto de alguna mujer a la que intento no imaginar ni mucho menos su dolor pero es seguro que mis facciones delaten eso pues jamás fui una mujer suficientemente fuerte de hecho no estoy segura de haber llegado a ser una, no he pasado más allá de la juventud alocada aunque ¿Cuánta locura pudo haber en mi vida? Sacudí la cabeza, hacia años ¡muchos años! Que no me había permitido pensar en mi misma o mi vida tampoco estaba segura que tanto recordaba. Resoplé.

Me senté en una de esas sillas que se notaban incomodas, no lo había hecho en mucho tiempo pero aun podía recordar como una señorita debía sentarse sobre todo en presencia de un caballero, era extraño pero normalmente mi forma de trabajar era rescatar a alguien en algún oscuro callejón de alguna mala compañía o sacarlo de asuntos poco saludables hacia su persona nunca sentarme en una mesa con alguien que, cuando menos, parecía educado.

–Yo no he dicho que quería hacerle una pregunta, no altere mis palabras sin embargo existen algunas que deberá responderme y espero no me lo complique porque ambos estamos aquí con el mismo fin, ya me entenderá usted.

Coloqué mi pequeño bolso sobre mis piernas aunque aún no era tiempo de mostrarle su propia fotografía de hecho no iba a hacerlo cuando menos no en un futuro cercano.
Así que sin mucho más que perder comencé a buscar lo que ni yo sabía que debía buscar.

–No comprendo cómo puede hacer esto, estar tan cerca del dolor, tan cerca de la pena humana y pasando a su lado como si nada sucediera, verlo como algo normal eso de ninguna manera es normal pero aquí, aquí todos creen que el llanto de un niño, la pena de una madre o de un hijo al perder a un padre, aun hermano, a alguien que le importe es algo de todos los días, es eso un trabajo.

De alguna manera encontré algo similar a lo que yo hacía. Jugué con mis dedos por unos momentos dirigiendo mi mirada desde la del doctor Lynch hasta alguna otra mesa ocupada por algunas otras personas, apreté los labios y me acomode aún mejor aunque eso no hacía falta.

–¿Sabe? Lo que usted hace es algo sumamente noble, tan noble que asusta. –Achiqué los ojos tratando de adivinar algo más sobre su persona algo que me indicara lo que fuera pero ni así aun cuando conocía ciertas cosas privadas no había nada extraordinario en él o ¿sí?. Vacilé por un momento antes de hablar –Hace un momento ha notado usted lo que he hecho, lo sé, lo puedo ver en sus ojos, reconozco algo en usted así que hábleme de sus conclusiones pues requiero saber sus preguntas antes de hacer yo las mías y no podré formular ninguna si no ponemos las cartas sobre la mesa debe hablarme antes de que yo le hable. Comience doctor.

Hasta el momento no he mencionado su nombre, ni una sola vez cuando menos no en voz alta pues necesito saber su honestidad, por entero aunque no era difícil saber su nombre pues número uno yo tenía una fotografía con el nombre impreso en ella, dos su bata lo llevaba bordado justo debajo donde sus plumas descansaban a la espera  y tercero llevaba un gafete colgado como identificación.

Esperé pacientemente a que su cabeza formulara preguntas, aunque no estaba muy dispuesta a responderlas todas cuando menos me ayudarían a saber que tan horrible era la mente del doctor o que tan agradable, resultaba extraño pero algunas veces las personas se dan más a conocer cuando hacen preguntas y no cuando las responden.
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Re: Touched by an angel |Zahara Hicox|

Mensaje— por Desmond Lynch el Lun Jun 23, 2014 1:51 pm

Su forma de hablar me desconcierta mucho, porque parece sacada de otro tiempo, o es la impresión que me da. ¿Cuán longeva es esta muchacha que está sentada frente a mí, observándome en todo momento con sus ojos oscuros? A fin de cuentas, podríamos resumir su anterior intervención con que hay algo de mí que quiere saber, por lo tanto está claro que hay preguntas que debe de hacerme para conseguir averiguar lo que busca saber. Me masajeo la sien con los dedos de la mano derecha mientras la escucho hablar de mi profesión, y aunque no me irrito, me siento bastante molesto, porque está suponiendo muchas cosas acerca de mí que no sabe y que no comprende.

Suspiro.

Todos hacen lo mismo. Todos creen que cuando eres médico miras la desgracia ajena como si hubiese una pared de cristal entre tus pacientes y tú para no mancharte de los gérmenes, la sangre y el dolor de las personas que te rodean. Que eres frío como el hielo, duro como las rocas e imperturbable como las montañas que se alzan queriendo arrancarle gritos al cielo. Mentiría al decir que no existen hombres y mujeres así, que viven de esto sólo para ganar dinero, tener títulos y reconocimiento. Pero en mi caso no es verdad. Conozco muchos casos en los que no es verdad. Aunque seas médico eres tan humano como las personas a las que curas, y sufres con ellos, padeces con ellos, y lloras por ellos cuando no están. Si creamos el muro, si nos separamos de los que nos rodean no es porque no nos importen, sino porque si lo hacen demasiado, al final, lo sentimos tanto como sus familiares.

Yo aún continúo sintiéndolo.

Pero no digo nada porque mi lengua está cansada de explicar al vacío para que caiga en el olvido. Me limito a masajearme el puente de la nariz, instándola a continuar con la mirada porque quiero saber exactamente a qué puerto pretende llegar con este barco, ya que no le veo salida alguna, de momento.  

Sus palabras vuelven a desconcertarme con rapidez, porque no comprendo absolutamente nada. Primero critica mi forma de vida, alegando, casi, que no tengo sentimientos. Y ahora hago cosas horriblemente nobles. Frunzo el ceño mientras coloco las manos frente la boca, dejándola caer sobre ambas, cruzadas, y observo su rostro aniñado y atemporal. ¿Qué intenta decirme? ¿Qué pretende saber de mí? ¿Qué busca exactamente con este encuentro tan surrealista y de relatos de Stephen King? ¿Será como John Coffey, un milagro de Dios que no soporta el sufrimiento humano? ¿O es algo más allá?

Mis conclusiones. Permanezco con los ojos sobre ella unos segundos más, sopesando qué puedo decir, qué cartas puedo mostrar. Su naturaleza demasiado caritativa me hace pensar que, obviamente no es una criatura de la oscuridad, ni por asomo; si bien no descarto a las brujas, porque Emily siempre será un referente para mí de lo atípicas que pueden ser a veces. Su corazón bondadoso y su habilidad para curar no parece muy diferente de la mujer que tengo frente a mí, y al igual que esta, el rostro de esa niña permanecerá impoluto por más años que se sucedan debido a su inmortalidad. Quizás sea por eso por lo que el temor la inunda cuando alguien quiere cruzar la puerta a sus sentimientos, y no la culpo. Es demasiado dolor cuando esa persona se marcha antes que tú. Más de lo que yo a nadie le podría desear jamás.

Las opciones que rodean la luz son tan absurdas y tan imposibles que sólo pensarlo me hace sentir temor. De modo que bajo las manos, esbozo una leve sonrisa en los labios, y hablo con voz suave, casi susurrando, puesto que no quiero que nadie nos oiga, aunque todos parecen estar sumamente distraídos con sus temas.

Hace mucho tiempo que dejé de hacer preguntas, Zahara. Más o menos cuando tenía cinco años y me percaté de que a veces podía ver cosas que a ojos ajenos no eran… normales. Así que sí, sé lo que hiciste. Lo intuí al contemplar al muchacho y leer el informe que le habían hecho en urgencias. Pero nunca pregunto ni me meto en las cosas que hacen los demás ni en sus motivos, más allá de lo meramente profesional, por eso no pregunté. Has ayudado a ese muchacho y te lo agradezco, pero por favor, no vuelvas a hacerlo en este lugar. —Mi rostro se torna algo más serio, pero nada grave—. Porque luego es difícil explicar determinadas cosas. Puedo ver que sufres por las personas del hospital, pero por favor, actúa con cautela.

Me reclino sobre la silla, y de pronto desearía tener un cigarro entre los dedos. En la facultad fumé algunas veces, pero lo dejé rápidamente. Es curioso, pero Ada influyó tanto en mi vida que no puedo ni explicarlo con palabras, ya que fue ella la que llamó hipócrita la primera vez que nos conocimos por estar sujetando un pitillo a sabiendas de lo que eso podía hacer en mi salud y en la de los que me rodeaban. También por ella dejé de ligar, dejé de beber durante años, e incluso empecé a hacer artes marciales para mejorar mi aguante físico. ¿Qué no hice por la mujer de mi vida en aquel momento? La respuesta escuece tanto que prefiero continuar.

Así que sí. Podría decirse que puedo ver. Y por eso puedo intuir que no eres del todo normal, pero tu naturaleza me desconcierta, ciertamente, puesto que los subterráneos no son muy dados a ayudar a los demás desinteresadamente. Al menos no la gran mayoría. Tienen una vida longeva, convulsa y violenta. Son pocos los que se escapan de esta generalidad. Así que ignoro lo que eres, dentro de ese grupo, pero sé que no eres malvada, porque ningún ser maligno habría hecho por ese niño lo que tú. Pero como sé que hay personas a las que les es duro hablar de su condición no he tenido intención alguna de preguntarte, porque además tampoco soy partidario de meterme demasiado en las vidas de los demás, como ya te he dicho. Siento no serte de ayuda, Zahara, pero no tengo ninguna pregunta rondándome la cabeza ahora mismo que pueda querer hacerte salvo el que intuyo que quieres algo de mí, lo que sea, y hasta que no me lo digas no podré ayudarte a conseguirlo. O a hacerlo.

Le respondo con total sinceridad, puesto que nunca he tenido afán por mentir, ni siquiera siendo niño. Lo único que no contaba a nadie eran mis experiencias con los subterráneos, a no ser que fuesen realmente cercanos o poseyesen la Visión, así que el número de gente que conocía mis habilidades era limitado. Para el resto de cosas siempre fui transparente, porque no entiendo la mentira como algo útil ni beneficioso. Espero paciente a su respuesta, preguntándome qué me dirá a continuación.


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Re: Touched by an angel |Zahara Hicox|

Mensaje— por Invitado el Mar Jun 24, 2014 1:07 pm

“Si tienes miedo de hacerte daño
aumentas las probabilidades de que eso mismo suceda".


Por un momento y no bajo mi imaginación, me siento como una niña regañada a la que se le dice que no puede utilizar sus juguetes o peor aún que se le priva de lo que más le agrada como salir a jugar al jardín o algo similar; entonces baje las manos a ponerlas sobre mis piernas a su vez agache la mirada pesando en la mejor respuesta aunque muchas no se me vinieron a la cabeza logre hacer  un lado la cierta humillación causada y finalmente me decidí a hablar con la mayor calma que me fue posible.

– En la pasillo por donde veníamos caminando había una mujer llorando porque su hijo está enfermo y no existe mucho que los médicos puedan hacer ¿sabes cómo se eso? Porque lo he visto muchas veces, una y otra vez siempre es lo mismo. –Sin saber bien como continúe hablando –Puedo hacer cosas que muchos desearían le pasarán a ellos, acabo de darle un ejemplo doctor, pero aun así usted me dice que no debo hacerlo ¿acaso no lo entiende? Las personas en este lugar esperan que eso suceda, quien les de algo en que creer es lo de menos. –Pase mi mano por mi frente no muy contenta con la idea de ser yo quien cuidará al doctor cuando a él no comprendía de cierta forma lo que yo hacía.

Acomodé un mechón de cabello detrás de mí oreja dándole cuando menos unos segundos para que lo pensará.

–Le di a ese chico algo más que solo curar su pierna, una fractura es algo simple pero aun con el don que tiene no es capaz de ver lo suficiente. –No entendía a que me habían enviado él era lo suficientemente cerrado y ese trabajo no estaba dispuesta a hacerlo, no había mucho que yo pudiera hacer por él a lo sumo, tal vez, cuidarle al pasar la calle o de sus hijas pero nada más ¡yo no era la indicada! Pero tampoco podía decir que no, no tenía muchas opciones justo en ese momento pensé que lo mejor era retirarme y actuar de manera no tan directa, probablemente solo ayudar de lejos.

Eche un rápido vistazo alrededor pero no había muchas personas y al parecer una pareja de doctores se levantaba listos para salir de la zona en donde los alimentos parecían igual de deprimentes que en todo el edificio; no había sonreído ni una sola vez desde su regaño y tampoco es que tuviera las ganas de hacerlo.

–Puede que usted sea bueno y ayude a los seres nocturnos pero no menosprecie un regalo de tal manera por ahora lo mejor para ambos es que usted vaya a casa con sus hijas, descanse y piense bien lo que contemplo esta tarde, ambos estamos cansados o cuando menos yo lo estoy, acaba de decirme justo lo que quiero así que siéntase afortunado de que probablemente nos volveremos a ver a menos claro que quiera que actué sin que me miré, sabrá que estaré cerca pero no podrá verme, ya me dirá su decisión para mi es igual lo uno que lo otro.

Sujete bien el bolso aunque no llevaba absolutamente nada más que no fuera la fotografía del doctor Lynch, la silla hizo un ruido cuando me levante empujándola hacia atrás, acomode mi vestido sin mucho ánimo de continuar pues enserio me sentía con las fuerzas insuficientes tal vez debería encontrar algún lugar en donde pasar la noche o cuando menos un par de horas dormir y seguir trabajando, después de todo el doctor Lynch al parecer no sería el único al que debía cuidar.

–Le veré después, si así gusta cuando esté listo para hablar, esta tarde ha sido suficiente–No sabía cómo alguien debía marcharse así que solo gire sobre mis talones la cosa era que no tenía idea por donde salir era como estar delante de las puertas sin saber cuál sería la elección y eso me desagradaba tanto como lo que acababa de descubrir.
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Re: Touched by an angel |Zahara Hicox|

Mensaje— por Desmond Lynch el Miér Jun 25, 2014 10:04 am

La escucho hablar, y por un momento me siento horriblemente viejo y cansado. Está claro que no comprende que no puede ir obrando milagros por el hospital como si estuviese por su casa porque la gente o no lo vería normal o empezaría a pedir que todos fuesen tratados del mismo modo. Yo soy el primero que ha sufrido las garras de la muerte arañándome la espalda; probablemente hace seis años hubiese rogado porque alguien como ella le hubiese salvado la vida a mi esposa, y en recónditas zonas de mi subconsciente, donde nadie puede entrar salvo yo mismo, casi que sigo deseando lo mismo. Pero entiendo que no puede ser. El equilibrio entre la vida y la muerte es algo tan efímero que cualquier intervención puede destrozarlo; yo salvo las vidas que pueden ser salvadas. Por las que tienen fecha de caducidad no puedo hacer absolutamente nada; ni yo ni ningún médico. Mucho menos una criatura caprichosa que se cree en posesión del poder supremo. Aún así no la culpo. Sólo quiere hacer el bien, evitar sufrimientos; ¿quién no desearía tener en su mano la capacidad de sanar al mundo con sólo un pestañeo?

Conozco perfectamente hasta donde llega mi visión, Zahara —intento responder no demasiado irritado, pero lo cierto es que su comentario me gusta más bien poco. Me suena a otro tipo de comportamiento radical. ¿Es que no es capaz de ver que lo hacemos por el bien del mundo? Los extremos nunca son buenos porque al final siempre se tocan—. Discúlpame si no coincido contigo en tu proceder.

Sus siguientes palabras me siguen desconcertando igual. Viene a mí, a hablar conmigo, porque quiere algo, y luego se marcha como si nada, alegando cansancio y que ya ha obtenido lo que necesitaba. ¿Y qué necesitaba? ¿Me ha puesto a prueba y no la he superado satisfactoriamente porque pienso que no debe ir curando tan alegremente a la gente en un hospital donde pueden pillarle? ¿Es que no tiene idea de las implicaciones que eso puede traer? No sólo para los pacientes, o para nosotros los doctores, sino para ella misma. ¿Cómo cree que la tratarían si la pillasen ejerciendo su don? Probablemente la encerrarían en una cabina para estudiarle, además de obligarle a realizar milagros constantemente, sin descanso. ¿Es acaso eso lo que quiere para el resto de su existencia? ¿Ser una rata de laboratorio?

Me estremezco cuando menciona a mis hijas y mi cuerpo se torna a la defensiva. No me gusta mucho que los subterráneos anden cerca de ellas, porque la última vez que uno apareció por mi casa hubo una muerte de por medio. Tan sólo le he permitido a Emily aproximarse para que me haga de canguro a veces, y porque tengo plena confianza en la bondad de la muchacha, que no sería capaz de herir a una mosca de motu propio.

Se levanta. Yo me la quedo observando sin tener muy claro para qué ha servido todo esto o qué buscaba exactamente de mí, pero cuando se detiene, sin saber muy bien qué camino tomar, observo su espalda delgada y su figura menuda, frágil, y siento que quizás he sido demasiado severo con ella, a pesar de que no comparto sus ideas. Con un suspiro lento, casi apagado, me pongo de pie y vuelvo a colocarle la mano en el hombro, esbozando una sonrisa conciliadora.

Puedo acompañarte, si quieres, a la salida. Y mientras podemos charlar un poco más. —Le indico que me siga y camino a paso lento a través del pasillo una vez salimos del comedor, muy despacio, como disfrutando del simple hecho de poder hacerlo—. Siento si te he parecido grosero, pero cuando era niño aprendí que las cosas tienen su ritmo y que por mucho que intentemos luchar contra la corriente no siempre alcanzaremos la cima. Hay gente que está destinada a morir y gente que está destinada a vivir. Yo lo sé tanto como otras personas, porque mi esposa me fue arrebatada cuando yo considero que debía haber ocupado su sitio. Sin embargo no podemos romper ese ciclo, porque es frágil. Ni debemos crear más muertes de las necesarias ni salvar vidas que no deben pertenecer a este lugar. Quizás sea mi visión porque soy humano y conozco la mortalidad, no lo sé.


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Re: Touched by an angel |Zahara Hicox|

Mensaje— por Invitado el Miér Jun 25, 2014 1:20 pm

"A veces la demarcación entre
los sueños y la realidad se vuelve borrosa".


Pronto me plantee sino era el desagrado algún sentimientos pues por repulsivo que fuera ese hombre había logrado más de lo que muchos otros, había provocado hacerme sonreír y enojara a la vez, eso era nuevo para mí más en cambio comprendía que él no viera lo que yo era capaz de ver sobre todo aun cuando alguien le fue arrebatado lo que me hizo pensar en mi hermano y por primera vez sentí el terror corriéndome por las venas prácticamente temblé de miedo así que como solía hacer siempre me rehusé ante la idea de recordar cuando menos su rostro, me grité mentalmente que ¡No!.

Cerré los ojos lista para caminar, una decisión que no me resultaría difícil o cuando menos eso quería creer cuando en el momento de dar un paso siento el cálido rose de una mano que por mucho que me lo niegue fue ciertamente agradable, olvidé la última vez que ayude a alguien que se atreviese a tocarme cuando menos de esa forma, nadie hacia eso y para mí era mejor pero no dude en caminar sin mucho ánimo, pensando en que vendería el reloj y las pulseras que llevaba en la muñeca en una de esas casas de cambio por lo cual me sería suficiente para conseguir una habitación cuando menos respetable en algún buen lugar de la ciudad después conseguiría un empleo para poder mantenerme el tiempo que fuera necesario, normalmente antes de irme guardaba algunas cosas con valor para mi regreso, no era la primera vez que hacia esto pero si la primera en que alguien me sorprendía.

Debo ir lento y no porque disfrute esto sino porque estoy cansada con esa necesidad de reposar porque un cuerpo humano tiene la necesidad de ello después de haber usado la energía para algo como lo que hice antes.

Sonreí al escucharle eso era lo que vine a buscar –Creo que debimos hacer esto al inicio, caminar para hablar en vez de sentarnos, he aprendido más de usted que lo que antes –Suspiré buscando las palabras adecuadas aunque lo único que en verdad quería era echarme un rato a descansar después con más tiempo investigaría pero por ahora deseaba tanto dormir.

No deje de caminar aunque mi paso ligero en otra ocasión me hubiera desquiciado, ahora no –Doctor, eso es lo que he tratado de explicarle todo este tiempo ¿qué le hace creer que yo no sé eso? –Hice una pausa prudente para continuar aunque más calmada –Conozco la mortalidad tanto como usted así como la inmortalidad pero de diferente forma, tal vez eso es todo lo que diferencia al uno del otro ¿Quién sabe?–Sentía ese cansancio agotador en todo el cuerpo, como si de pronto me fuera a caer ahí mismo pero en vez de eso seguí hablando aunque con el tono más bajo –El hombre dentro de su propia arrogancia determina lo bueno de lo malo, una muerte muchas veces es imposible de descifrar . Pero doctor, todos en algún punto hemos de morir, no es un castigo pues por el contrario–Mi propio deseo era eso para encontrarme con mi familia.

Apreté los ojos cerrándolos por un momento, mi situación empeoro o eso sentía yo. –Sabe? Jamás entenderé porque el desprecio del hombre hacia lo más bello de la vida, olvidan muy pronto que en las cosas más pequeñas se esconden los mayores tesoros, se dejan cegar por la belleza eterna, la riqueza y el poder sin saber que tienen todo a sus pies –Ciertamente tenía envidia de eso.

Ya estaba desvariando con aquello, sonreí caminando pero la languidez en mis gestos era notoria.

–Lo que hice hace un momento no lo he hecho por usar alguna clase de don o porque quería salvar al mundo de alguna enfermedad pues solo ha sido una pierna rota pues así hubiera sido un pequeño moretón lo haría por igual ¿sabe porque? –Hice una pausa pero no para el fin de dejarle responder pues continúe –En el futuro el pequeño entenderá que existe el bien y el mal, que tiene libre albedrío, que es capaz de decidir por sí mismo lo único que yo espero es que recuerde este acto y que comprenda que aún existe algo bueno dentro de todo este mundo, más aun el mundo que usted ayuda con tanto entusiasmo para su sobrevivencia o me equivoco, doctor? ¿no piensa que aun exista bondad? Sería contradictorio si niega esto, usted mismo es sin duda un claro ejemplo –Pase mi mano por mi frente bajándola por mis ojos, estaba demasiado agotada tal vez con la fuerza necesaria para llegar a un lugar a salvo.
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Re: Touched by an angel |Zahara Hicox|

Mensaje— por Desmond Lynch el Jue Jun 26, 2014 7:03 pm

Sonrío al escuchar que el complace mi idea y camino despacio a su lado, intentando no acelerar el paso para no dejarla atrás, puesto que parece que sus andares son lentos, casi pesarosos. Me pregunto si no será por lo que ha hecho antes, lo que me ayuda a mantener un ritmo más bien pausado, semejante al que lleva ella. Sus palabras me alcanzan y las entiendo como un prólogo de lo que va a venir a continuación; aunque sí pienso que el ser humano es arrogante muchas veces, queriendo jugar a ser Dios en la mayoría de sus decisiones, no creo que eso tenga nada que ver con la muerte. Se considera “mala” porque te aparta de los seres queridos, pero no deja de ser el fin de la función biológica de nuestro cuerpo. Sin embargo callo. Y escucho.

Tampoco digo nada, al menos al principio, ante su siguiente reflexión, acerca de lo que para ella es imperdonable para los seres humanos, pero frunzo el ceño, de nuevo en desacuerdo, aunque esta vez sólo parcialmente.

No todos los humanos despreciamos los pequeños momentos —respondo escuetamente—. Yo capturo cada momento hermoso en mi retina, cada pequeño ápice de belleza y de fragilidad, y lo retengo dentro de mí como un precioso recuerdo.

La risa de Sally cuando la despierto las mañanas que puedo quedarme con ellas en casa aparece claramente en mi memoria, como el claro azul de los ojos de Eliza, tan brillantes como los de su madre, a pesar de que se parece más a mí. Las lágrimas de Emily cuando le confirmé que no podía tener hijos, aunque tristes, resbalaron dulcemente por su rostro blanco, y me transmitió una compasión amarga. La mirada felina de Charlie cuando la atendí meses atrás en las salas de este hospital, y el contoneo cadencioso de sus caderas cuando se movía. El rostro de Ivory cuando parecía desubicada del mundo. Los labios rojos de Lucy y el contraste con el blanco de sus dientes y sus pestañas, más negras que la noche. El sonido del violín de mi madre. La severa calidez con la que mi padre me cogía en brazos al hacer algo mal en nuestra casa. Y Ada. Todo lo que era Ada. Todo lo que significó Ada. Su amor. Su olor. Su presencia. Su esencia. Todo.

Son esas pequeñas cosas que guardo bajo llave en algún recóndito lugar de mi mente, y a veces las evoco, simplemente. Si pudiese dibujar las plasmaría. Si supiese escribir, lo narraría. Y si pudiese tocar algún instrumento compondría canciones que hablasen veladamente de todos esos momentos que conforman mi memoria.

Claro que pienso que existe la bondad, Zahara. En cada pequeño ápice de ser humano que existe en nosotros hay bondad. Hay amabilidad, cariño y dulzura. No creo que las personas seamos malas por naturaleza ni mucho menos, pero somos fácilmente corruptibles, lo que no es lo mismo. Y agradezco que me consideres como un ejemplo tan claro. —Sonrío con amabilidad—. Pero, ¿crees que tu acto ayudará realmente al niño a decidir libremente sobre el bien y el mal? Quizás algún día lo olvide, los críos son así; o quizás le dé por investigar acerca de criaturas que tienen poderes y eso termine perjudicándole por meterse en un altercado. O quizás hable y eso repercuta negativamente en ti, sin darse cuenta, porque te capturen y te hagan cosas horribles como sólo nosotros sabemos hacer. Zahara, comprendo la bondad en tu acción, lo desinteresado y maravilloso de ella, créeme que sí. Sólo me preocupan las repercusiones, eso es todo. Espero que lo comprendas.

Cuando se pasa la mano por la frente, bajándola por los ojos, suspiro profundamente, porque no puedo callármelo por más tiempo.

¿Quieres que te acerque a tu casa, Zahara? Estás claramente agotada y no me podría perdonar si te pasase algo de regreso. Permíteme acompañarte, por favor.


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Re: Touched by an angel |Zahara Hicox|

Mensaje— por Invitado el Vie Jun 27, 2014 4:58 pm

"Une part de bonheur
Dont je connais la cause".



Cerré los ojos nuevamente queriendo mantenerme enfocada pero mi cansancio mental no iba del todo acompañado del físico, podía mantener la plática mucho más tiempo pero por el momento no quería y no quería porque mi mente comenzaba a divagar en las cosas que no debía como por ejemplo en mi misma, ese era un tema guardado en un baúl enterrado en mi memoria, no planeaba que fuera diferente ni tampoco quería exponer mi envidia por los humanos, eso era vergonzoso al grado de querer simplemente no sentir emoción alguna pero ¿Cómo ayudaría eso a realizar mi labor diaria si me baso más que en nada en sentir a mi corazón?. Aunque es claro que mi sentir es diferente.

Lo escuche porque debía hacerlo y no tenía tantas opciones como hubiera querido, pero afirmar o negar que él miraba la belleza en el mundo era cosa imposible, solo se llega a ver con ojos propios lo que muchas veces hace imposible decir si es verdad o no. Dudo mucho que un humano fuese capaz de contemplar con los ojos de un ángel, son cosas diferentes, bellezas diferentes, cambios radicales y lo que ellos entendían por belleza era un concepto distinto pues para mí el solo respirar resulta emocionante, conocer todas las sensaciones que yo con el tiempo he olvidado, reconocer un sentimiento, mantenerlo vivo dentro de sí mismos y provocar una emoción me resultaba tan atractivas como la idea de vivir pero contradictoriamente a su vez quería la muerte misma aunque la hubiera obtenido ya antes; sacudí la cabeza impidiéndome ir a donde no debía.

Asentí, no quería hablar me negaba porque no tenía mucho que decir, le deje terminar y cuestionar algo que por años yo había visto crecer y formarse en el fruto de uno de mis actos, alcé los hombros recordando a una pequeña de nombre Sophie, probablemente a estas alturas sería una mujer mayor, hacia años no pensaba en ella era una niña cuando la encontré por primera vez en su propia casa, yo era una novata prácticamente.

–Quizá si, quizá no, jamás sabré el alcance de mis actos lo que resulta una pena porque me encantaría estar ahí, una cosa es segura. –Hice una larga pausa, esta vez porque no estaba tan segura de si debía o no decirlo, al final lo dije. –Solo cuando los adultos tomen enserio las todas cosas como cuando jugaban de niños existirá un poco de consciencia en sus corazones –Alcé un hombro con cierta languidez.
Según mi experiencia, que era la suficiente, había comprobado que es más curioso un adulto a un niño pues el niño sabrá que las cosas mágicas existen pero con el tiempo las olvidará en su forma física más sabrá que algo bueno existe ahí fuera sin saber bien porque tiene el conocimiento, el adulto por el contrario, no.

Asentí otra vez, comprendía su punto pero no era fácil capturar a un ángel ¿acaso creía que sería simple como eso? No respondí confirmando o negando nada, no tenía ni las ganas porque era obvio que eso no pasaría y de ser así obtendrían un castigo acorde a ello o eso suponía, de cualquier manera me daba igual haría el bien sin mirar a quien mucho más cuando se trataba de proteger a alguien como era este caso.
Mi seguridad sobre lo que debía o no hacer con respecto al Dr. Lynch era borrosa pero supuse que con los días comprendería o eso esperaba, todo últimamente se basaba en suposiciones que no quería tener en mente.

Me había vuelto más callada, mucho más aislada, de hecho el doctor había expuesto más de sí mismo que yo, definitivamente prefería trabajar con niños, me agradaba mucho más que sus preguntas fueran por muy curiosas más certeras llegando a pensar que los adultos están aún más perdidos que los infantes.

Con la mayor de las calmas alcé la mirada hacia la dirección del doctor que venía a mi lado, me sacaba un par de centímetros por no decir algunos más, aunque no tantos.
Negué con suma educación con los labios apretados, gesto cansado pero con una pequeña sonrisa coloreándose sobre la comisura de mis labios. –No tengo una y tampoco le permitiría a usted acercarse mucho, puede que usted desconfié de mi tanto como yo de usted ¿no lo ha pensado? –Tracé miles de planes en mi cabeza sobre como encontraría un empleo seguramente en un lugar donde no hicieran preguntas, mesera, tal vez de cualquier manera tenía experiencia en ello – Nos veremos sin duda alguna puede que aquí, puede que en algún otro lugar ¡qué sé yo! Depende de usted ya se lo he dicho–Miré el reloj pulsera sobre mi muñeca, me parecía una hora excelente para buscar un techo agradable.

–Bien, haré una excepción solo porque … –Me lo pensé quedándome callada, no tenía idea porque hacia una excepción con alguien como él –No lo sé, pero la haré dígame una hora y un lugar, estaré ahí como muestra de que mi palabra vale mucho para mi –Alcé ambas cejas a la expectativa de su respuesta, necesitaba crear confianza si en verdad quería que el doctor de los subterráneos me contará más o se abriera esa sería la única manera de poder ayudarle realmente, tenía algunos datos muy básicos sobre él pero nada que de verdad me ayudará realmente.
Sonreí por la ironía del asunto recordé entonces una vieja frase de mi país natal–Voila le portrait sans retouche– Aun con el cansancio encima sonreí con la alegría que me representa al final de cuentas lo que la mente humana piense es interesante así que dejaría de exponer mi sentir dedicándome al de él sin preguntas o correcciones.
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Re: Touched by an angel |Zahara Hicox|

Mensaje— por Desmond Lynch el Lun Jun 30, 2014 2:08 pm

Sus apreciaciones son extrañas, desde mi punto de vista. Ser niño tiene cosas maravillosas, sin lugar a dudas, pero también cosas que no lo son tanto: la vulnerabilidad, la incredulidad, la fragilidad… Todas esas cosas se pierden en mayor o menor grado cuando vas creciendo, y a mi entender, es para bien. Somos los adultos los que disfrutamos de esos pequeños aspectos, tanto porque los hemos perdido como precisamente porque somos los que no los hemos sufrido. ¿Cuántos niños son maltratados, abusados, despreciados, sólo por ser niños? Por otro lado, siempre he considerado irreal pensar que los niños son todo pureza, bondad y magia. Los niños pueden ser mezquinos, malvados, crueles y despiadados; tanto o más que los adultos. Generalizar es algo que nunca me ha gustado, y por lo general no suelo llevarlo a la práctica en mi vida diaria, porque si no, no habría vuelto a acercarme a un licántropo, por ejemplo. Si bien el caso de las hadas es algo que mi conciencia no puede soportar. Sólo de pensar en ellas tiemblo de pies a cabeza, pero sé que si encontrase alguna al borde de la muerte, la ayudaría.

Me sorprende enormemente cuando me dice que no tiene casa a la que ser acercada. Dios mío, ¿es que esta chica vive en la calle? También su declaración directa de que no se fía de mí es heladora y me hace enarcar una ceja. ¿Por qué no se fía de mí? Ha venido a buscarme ella, a fin de cuentas; ha halagado mi bondad, mi trabajo; ¿por qué ahora dice que desconfía de mi persona?

Lo siento si te he dado motivos para no confiar en mí. Y lo siento si mi recelo inicial te ha hecho desconfiar. Hay ciertos… temores que me persiguen desde la infancia, por eso soy cuidadoso con los subterráneos; pero por lo general no tengo ningún motivo para desconfiar abiertamente de nadie. Disculpa si te has llevado esa impresión.

¿Una hora y un lugar? Para volver a vernos, supongo. Pero, ¿para qué quiere volver a verme si desconfía de mí? ¿Qué puedo tener yo para suscitar su interés si al mismo tiempo no soy capaz de inspirarle ningún tipo de confianza? Todo esto es muy extraño, pero sigo atrapado por su aura, enigmática, pacífica, que me dice que no tengo por qué temer de sus intenciones. Pase lo que pase, creo que Zahara no quiere ni puede hacerme daño, a pesar de todo. Quizás por eso he accedido a hablar con ella, aun habiendo temido que pueda ser un hada, porque algo dentro de mí me tranquiliza, asegurándome que no es así. No es como si tuviese un radar para identificarlas, pero me creo lo suficiente versado en la materia como para saber que una de ellas nunca me produciría una sensación así, aunque estuviese disfrazada y no pudiese verla.

¿Un lugar? ¿Una hora? —Sonrío—. Cualquier momento. Aquí mismo. O a la salida, si lo prefieres, ya que es evidente que el hospital no te agrada, precisamente. La hora no puedo garantizártela porque mis turnos van cambiando, pero creo que dentro de dos semanas salgo a la misma que hoy. —Miro el reloj de bolsillo que llevo siempre encima. El rostro sonriente de Ada me saluda—.  De hecho, hace ya un rato que debería haberme ido. ¿Seguro que no quieres que te acerque en coche a ninguna parte? Pareces agotada y me sabría fatal dejarte aquí. —Aguardo su respuesta con paciencia, guardando de nuevo el objeto para que no sufra ningún tipo de daño.


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Re: Touched by an angel |Zahara Hicox|

Mensaje— por Invitado el Jue Jul 03, 2014 3:11 am

Me parece curioso como ha dicho que un cierto hecho de su infancia le mantiene prisionero a la duda ¿cómo podía ser eso? ¿no era el doctor de los subterráneos acaso? No comprendí bien a lo que hacía referencia nunca se me comentó nada sobre eso tal vez sobre su difunta esposa pero nada sobre un evento de la infancia tal vez debería indagar en el tema pero por ahora debía tomarme un momento para respirar dar un descanso a mi fachada humana después de todo podía sentir los castigos del pesar humano; ese pensamiento me hizo sonreír.

Negué muda ante su comentario, no desconfiaba por esa razón de hecho no desconfiaba de él en lo más mínimo simplemente porque le conocía –cosa él no lo sabía ni lo sabría  –le miré con tranquilidad e incluso de forma dulce me hizo sonreír lentamente.

Su rostro de desconcierto de hecho me ha hecho reír un poco por lo que he cubierto mis labios con las puntas de mis dedos ¡es emocionante! Pero debo relajar mis ansias por la vida, por el anhelo humano más que eso debo mantenerme en serenidad después de todo es solo un mundano más, uno del que aún me falta descubrir mi objetivo aunque en este punto ya no creo verle como un “trabajo más” entonces en el fondo de mi conciencia un pensamiento disparatado se abre paso, uno que me deja helada.

Paso saliva nada contenta con mi propia hipótesis –Doctor, nada de lo que ha dicho me es de mucha ayuda ¿en verdad le parece traerme aquí de nuevo cuando sabe que el lugar es mi perdición? Mi presencia aquí les perturba ¿no lo ha dicho antes?–Viéndolo de esa forma parecía irracional su petición pero ¿Quién era yo para juzgarle? –Ciertamente diferimos en muchas cosas, existen otras que no comprendemos probablemente su experiencia y la mía es lo que nos deja o impide ver las cosas de una forma u otra, usted tiene algo de valor incalculable yo por el contrario … no. –Esperaba que entendiera que mi vida y la suya para nada eran similares, nuestros ideales tampoco podrían serlo probablemente nunca.

Con un leve gesto sonreí mi cansancio por más agotador que fuera era algo que me causaba placer pues hacia años no estaba en la tierra solo me dedique a observar casi no a actuar y estar aquí me causaba melancolía aunque en niveles diferentes a los de un mundano para nada mi sentir era siquiera similar–Creo que encontré un poco de lo que vine a buscar solo que aún no sé cómo explicarlo, como sea –Apreté los labios dispuesta a marcharme, pues ya habíamos llegado al final del recorrido, pero no sin antes acercarme, en mis tiempos sobre todo en mi país solía darse un par de besos en cada mejilla una vez que alguien se marchaba así que eso hice probablemente era sumamente anticuado pero ¡me daba igual!. –Quiero verle de nuevo de eso no existe duda alguna así que estaré aquí en dos semanas o antes si usted me lo pide, sabrá cómo hacerlo –Y todo lo anterior lo dije en un hilo de voz que he susurrado en su mejilla.

Me separé dejando solo un pequeño trazo de lo que había hecho – Au revoir, docteur. –Dije en un delicado pero perfecto francés después de todo esa era mi lengua natal.
Sonreí apretando su mano al negar –Qué tan malo puede ser New York? –Alcé un hombro soltando su mano justo en el momento en la ráfaga de viento por las puertas automáticas se abrieron, una camilla con algún herido entraba y la pena no se hizo esperar quise ayudar al herido, mi corazón se oprimió dentro de mi pecho pero aun así según el doctor no podía hacer eso aun así me condenaba a volver aquí.
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Re: Touched by an angel |Zahara Hicox|

Mensaje— por Desmond Lynch el Lun Jul 07, 2014 3:58 pm

El hada que me atacó cuando tenía doce años era hermosa como una mañana de primavera. Tenía el pelo de color pardo rojizo, los ojos de violeta hechizante y los labios más rojos y jugosos que he visto nunca jamás en la boca de una mujer. Su piel pálida, moteada de pecas, brillaba bajo la luz del sol, y su voz resonaba como música celestial. Era tarde, casi de noche, y yo me había escapado del control de mi niñera para perderme por un bosque que había cerca de mi casa. Ella surgió de la nada, me atrajo con sus cánticos traicioneros y me hizo danzar sobre sí mismo, torturar animales, y casi me hizo arrancarme la piel de mi propia espalda.

Aún tengo las cicatrices.

No recuerdo cómo conseguí escapar de ella, pero lo hice y me pasé una semana en el hospital y tres años en el psicólogo para intentar encontrar el motivo por el que había estado a punto de auto-mutilarme. Evidentemente nunca dije nada, pero es algo que ha permanecido dentro de mí desde ese día. No puedo evitar echarme a temblar cuando pienso en ellas; Zahara no creo que sea una, pero el relacionarlas es algo que no he podido evitar al principio. O quizás inconscientemente. Por eso al principio puedo haber parecido desconfiado. Es la única explicación que le doy a todo esto.

O simplemente que su introducción para conmigo ha sido demasiado extraña y ha formado una mezcla rara frente a mí;  además de que el hecho de que Ada muriese en manos de otro subterráneo me hizo guardar aún más cuidado con ellos, a pesar de que les respeto, les creo iguales a mí y siempre estoy más que dispuesto a ayudarles.  

Me paso la lengua por los labios, esbozando una leve sonrisa. Sí que parece un poco incoherente tal y como lo dice ella, aparte de, quizás, desconsiderado, pero precisamente por eso le he pedido que nos veamos fuera del edificio, para que no tenga que ver en exceso nada que la haga sufrir. A fin de cuentas, es el lugar más sencillo y rápido en el que encontrarme, ya que mi vida se resume el noventa por ciento del tiempo en el trabajo. Trabajo. Trabajo. Por eso estoy tan alejado de mis hijas y por eso esta pobre chica ha tenido que darme el encuentro aquí.

Es normal diferir en varias cosas, Zahara. A fin de cuentas, como bien has dicho, nuestras experiencias han sido diferentes desde el día en que nacimos. Pero sí que tengo algo de valor incalculable… —La imagen de mis hijas se me viene a la mente; mis dos pequeñas, mis soles, mis alegrías de la vida—. Me apena saber que no tienes ninguno, Zahara. Pero estoy seguro de que encontrarás algo a lo que aferrarte muy pronto.

No puedo comprender como una chica tan joven y bonita no tiene ningún vínculo con nadie. ¿Acaso es huérfana? ¿No tiene amistades? ¿O es que acaba de llegar a la ciudad desde otra parte del mundo y por eso no tiene conexión con ninguna persona en este lugar? En cierto modo me siento un poco extraño por el hecho de que quizás soy el primer neoyorkino con el que establece algún tipo de contacto; aparte del pequeño al que ha curado la pierna, claro estaba.

Llegamos a la puerta rápidamente, casi sin darnos cuenta. La acompaño al exterior del edificio. El sol aún brilla, aunque empieza a ocultarse al otro lado de los enormes rascacielos que se adivinaban de fondo. Junto a mí, ella sigue hablando. Sus palabras hacen que desvíe la mirada hacia ella, y mi sorpresa no puede ser mayor cuando me da dos sonoros besos, uno en cada mejilla, como si fuese lo más natural del mundo. Conozco países europeos en los que esto es una costumbre tanto al encontrarse como al despedirse; los primeros que se me vienen a la mente son Francia y España, porque en Inglaterra suele darse uno o ninguno; simplemente un choque de manos. Yo no me siento con tanto ímpetu como para devolvérselo, así que simplemente le aprieto el hombro con suavidad, sin dejar de sonreírle. A pesar de nuestras discusiones no he dejado de sentir ni un momento el halo de paz que me llega desde ella y me hace sentirme tranquilo conmigo mismo. Se separa de mí levemente.

Su despedida me confirma que probablemente sea de origen europeo. Eso explicaría por qué no se siente atada a nada ni a nadie. Me coge de la mano y aprieta suavemente; su tacto es cálido antes de soltarla. Su pregunta parece más retórica que otra cosa, por eso no le respondo directamente, ya que es algo que ella misma debe de averiguar por su cuenta. Veo su cara cuando la camilla pasa por nuestro lado, así que me apresuro en asegurarle que nuestra permanencia en este lugar, cuando regrese, será breve.

El mismo día de la semana que hoy estaré disponible. El resto del tiempo estaré muchas horas aquí y tampoco quiero que te veas demasiado mal influenciada por este lugar, que parece hacerte daño a nivel emocional. Te recogeré a la salida e iremos a donde quieras para hablar. Pero por favor, necesito que me cuentes qué quieres de mí exactamente. No ahora, pero quizás la próxima vez.


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Re: Touched by an angel |Zahara Hicox|

Mensaje— por Invitado el Jue Jul 10, 2014 6:30 pm

Los humanos eran simples siempre se iban por el camino más fácil ¡siempre! Sin importar mucho lo que sucediera preferían a ciencia cierta pasar el tiempo dentro de sus parámetros seguros así que se rehusaban a tomarse el tiempo de sentarse a pensar en ciertas cosas que yo debía resolver; si tan solo ellos gastara menos tiempo en ser egoístas yo no estaría aquí más bien podría disfrutar de estar con mi familia ¿Quién sabe?.
Me sentí agobiada y cansada a partes iguales pensando en que ningún humano era diferente en el fondo eran iguales así como que tampoco entendía a mis superiores al mandarme con el doctor Lynch cuando él demostraba una clara renuencia a mi normalmente así no eran las cosas las personas aceptaban la ayuda aun sin saber que eso era yo.


Tenía algo a que aferrarme pero no se la diría a un mundano porque no veía el caso hacerlo él no lo entendería jamás.

Alcé un hombro le dedique una sonrisa agradable y suspiré.

–Puede ser que se lo diga puede ser que no eso jamás lo sabremos hasta que este hecho incluso tampoco creo que sea necesario exponerlo con palabras pero por ahora no entenderá la gran cosa solo cuando el tiempo decida que es así –Esperar a que lo entendiera era de por si algo imposible pero a su vez algo que yo deseaba, no estaba en ese lugar para dañarlo por el contrario solo quería ayudar pero el sentirme atacada por sus constantes actitudes me hacía dudar sobre todo cuando la duda de mi propia existencia ya era un hecho sobre un hilo cuyo soporte estaba por derrumbarse.

Amaba ayudar, amaba sentirme útil pero existía algo más grande que no comprendía, una sombra en mi existencia que me impedía continuar con lo que hacía, me pregunté si por eso había sido envidad aquí si acaso ellos sabrían lo que pasa en mi cabeza.

Me sentí enferma pero los rayos del sol me daban un poco de ánimo, todo en el ambiente se sentía húmedo pero agradable, incluso el viento daba la impresión de querer abrazarme para sostenerme de lo que se vendría encima de mis hombros.

– à bientôt –Gire sobre mis talones para avanzar por el estacionamiento del hospital dirección a la avenida probablemente debería caminar un par de kilómetros para llegar al lugar que buscaba después de todo no era la primera vez en que deambulaba por la tierra por supuesto que no tenía miedo pero si unas inmensas ganas de hacer preguntas.
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Re: Touched by an angel |Zahara Hicox|

Mensaje— por Desmond Lynch el Sáb Jul 12, 2014 6:03 pm

Sus palabras no me dan ningún tipo de información, ni afirman ni niegan nada. Son tan crípticas como la mayoría que me ha dado en esta tarde, pero por primera vez no replico. Sólo suspiro. ¿Por qué pretende que confíe sin más? ¿Es acaso esto un acto de fe? ¿Un acto de Dios? Nunca he renegado de la idea de la deidad cristiana, salvo cuando murió Ada, pero nunca he aprobado la idea de que tengamos que ser puestos a prueba constantemente en nuestra forma de ver y entender el mundo para así ganar algo a cambio. La salvación. El perdón. La curación. Lo que fuese.

Desaparece de mi vida tras despedirse nuevamente, perdiéndose más allá del parking del hospital. Yo introduzco las manos en los bolsillos de mi bata de médico, notando que la cabeza comenzaba a dolerme como si hubiese una riada de personas golpeando con martillos en el interior de mi cráneo. Me masajeo la frente mientras doy media vuelta y me introduzco en el edificio, intentando poner en orden mis ideas, que no son pocas. Intentaré buscar algo de información acerca de esta muchacha, Zahara, mientras pasa el tiempo estipulado para nuestro próximo acuerdo. No creo que sea malvada ni mucho menos, pero también necesito saber qué pretende de mí.

No les hago demasiado caso a las personas que me rodean, preguntándome por la naturaleza de mi visitante. Simplemente sonrío, niego con la cabeza y aseguro que no se trata más que de una vieja conocida que ha venido a verme después de tantos años, porque no tengo ganas de responder a cuestiones que ni yo mismo sé contestar. Me abro paso hasta mi consulta, donde me cambio de ropa distraídamente, sin prestar atención a las cosas que estoy haciendo, hasta que me doy cuenta de que llevo el reloj donde guardo la foto de mi esposa por fuera de los pantalones, un error que nunca cometo. Lo abro para contemplar el hermoso rostro, brillante, de mi difunta mujer, y la tristeza me invade de nuevo. ¿Por qué se me ha despertado esta melancolía? ¿Es acaso por el encuentro que he tenido? No puedo comprenderlo.

Sam se encuentra conmigo a la salida y me observa, preocupada, como siempre que sabe que algo me ronda por la cabeza. No es bruja, pero cualquiera lo diría, porque tiene una capacidad de observación realmente envidiable. Me acompaña sin decir nada hasta la entrada al parking subterráneo donde suelo aparcar mi coche todos los días, y no es hasta que llegamos al ascensor, donde se introduce conmigo a pesar de que aún no tiene que irse, cuando abre la boca.

Doctor Lynch, quizás debería dejar de hacer esto.

¿Hacer qué, Sam? —Sé perfectamente por dónde van los tiros. Tuve una conversación parecida con mi mujer poco antes de que falleciese—. ¿De ayudar a los que lo necesitan?

De ponerse en peligro. Esa muchacha…

Esa muchacha era inofensiva, Sam, te lo aseguro. De entre todas las criaturas que he conocido a lo largo de mi vida era la única de la que estoy seguro no nos hubiese hecho daño alguno. —Le pongo una mano en el hombro, sonriéndole—. No tienes de qué preocuparte.

¡Doctor, si no lo hace por usted hágalo por sus hijas!

Su simple mención me hace sentirme algo irritado, y lo demuestro demasiado claramente en mi mirada. Sam se acobarda durante unos segundos, sabiendo que ha cruzado la línea que no permito que nadie atraviese sin mi consentimiento previo, y en seguida recula, pidiéndome perdón con voz baja. Yo suavizo el gesto, entendiendo que he reaccionado de forma extrema y le hablo con dulces palabras, agradeciendo su apoyo, su amistad y su preocupación. Ella me abraza durante unos breves segundos, hasta que las puertas del ascensor se abren para que yo pueda bajar. Me despido con un beso en la mejilla, haciéndola reír, y travieso el aparcamiento sin mirar hacia atrás, pensando en la tarde que me queda.

Mis hijas… Suspiro pesadamente al recordarlas. Sí, debo pasar más tiempo con ellas. Definitivamente, las llevaré a cenar fuera…


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Re: Touched by an angel |Zahara Hicox|

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