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Drowned Memories [Desmond Lynch]

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Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Jackson Evans el Miér Jun 18, 2014 5:31 pm


 


Llevaba unos días con... ¡Qué demonios! Más bien casi un par de semanas con un humor de perros. Muy cierto, el caso es que no quería reconocerlo. Al principio no le resultaba difícil de ocultar al mantenerse ocupado durante todo el día y por supuesto, también por cada noche que pasaba con diferentes chicas; todo fuese porque su mente se viese eclipsada por la actividad de su cuerpo, todo fuese por no permitirse pensar. Pero a partir de la primera semana, todo cambió. No era inusual verse como otra persona cuando se miraba al espejo; alguien que llevaba muerto hacía mucho, alguien que con una sonrisa había cargado con importantes problemas familiares, alguien feliz.  Tampoco era raro que ciertas actividades rutinarias le hiciesen recordar hechos que creía enterrados muy en el fondo de su consciencia, aquellos que se desenterraban y nadaban hacia la superficie con suma rapidez. ¿A quién podría culpar? ¿A sí mismo? ¿A algún hecho en particular? Esa última pregunta se acercaba más a la verdad; a un reencuentro. Pero Jackson prefería criminalizar a alguien en particular, a alguien cuyo nombre prefería no mencionar , ni siquiera en sus pensamientos porque las veces que lo había hecho, había provocado que su cuerpo segregase pura inquietud en forma de sudor, y dibujasen surcos sobre su piel.

Estaba fastidiado ¿O no lo estaba tanto? ¡Cuanta contradicción! No era capaz de describir lo que sentía, tal vez fuera un poco de todo;  pesar, porque la fachada que se había estado construyendo durante tantos años se fragmentaba; orgullo, por no reconocer cuanto le afectaba; cólera, por no mantenerse indiferente; dulce añoranza, por sentir algo de calidez dentro de su alma.

Había grandes posibilidades de que nadie pudiese entender el porqué de su frustración, pero una vez explicado no era tan difícil. Todo comenzó cuando el don de la visión se manifestó estando en el instituto, ese hecho se combinó con la muerte de su querida madre, por ello decidió romper con esa vida y crearse otra; una realidad alternativa. Se podría decir que Jackson aún estaba en la fase de negación de dicho trauma al ser incapaz de admitir su capacidad de ver seres sobrenaturales. Le aterraba tanto que quería creer que si hacía como si nada, la visión desaparecería. Obviamente, eso nunca pasó, siguió y seguía ahí, torturándole. Y Emily, ese pedazo de su pasado con el que se reencontró, formó parte de su felicidad antes de que sus ojos aprendiesen a ver más allá del Glamour. Por eso se sentía tan mal al echar la vista atrás, pues se había resignado a esa vida como un cobarde.

Se obligó a marcharse de su apartamento con un potente portazo, tal que hizo temblar la puerta y asustar al pobre Sandor; el cachorro con el que vivía y al que había sacado de la calle. Sintió la extrema necesidad de salir para despejarse, para olvidar y ya se sabía lo que se  suele hacer para conseguirlo; beber, beber, y beber.

Y terminó tan borracho como una cuba, tanto que no tenía ni idea del Pub en el que se encontraba. Lo que sí sabía es que estaba repleto de gente, se notaba porque el ambiente estaba demasiado cargado y eso podía notarse por el olor a humanidad  y en los griteríos. Desde su posición, sentado frente a la barra podía ver otros clientes a su alrededor pero se fijó en uno en particular, especialmente por los ojos de gato que tenía, identificándolo como un brujo. Le clavó la mirada tan fijamente que el subterráneo se volvió hacia él con el ceño fruncido.

¿Qué coño miras?— escupió la pregunta con brusquedad. El mundano lo miró entonces con una sonrisilla divertida provocando más enfado del brujo. Con la borrachera que tenía encima su cautela se había visto anulada, así que continuó mirándole con la misma fijeza.

Mejor que no me provoques, lo digo por tu bien. Sigue a lo tuyo...—dijo de forma despectiva antes de mirarle de arriba abajo de la misma manera.

¿Puedo hacerte una pregunta?—se inclinó levemente sobre la barra para acercarse al tipo sin desviar la mirada y sin pestañear.

No— dijo tajante pero Jackson le ignoró.

¿Puedo llamarte Misifu? —No recibió respuesta en forma de palabras, sino en un fuerte agarre a su camisa. El brujo  se levantó y obligó al mundano a hacer lo mismo con tal tirón que casi le tira al suelo.— Eh... eh... calma amigo... ¿qué pasa?¿prefieres Baldomero? ¿Isidoro?

Una vez fuera del Pub, el muy cabreado brujo lo lanzó con fuerza al suelo donde Jackson rodó mientras se quejaba y a la vez reía. Insensato, no era consciente de lo que estaba haciendo. Se había sumergido tanto en su propia desgracia, en su desesperación que inundó con alcohol el poco sentido común que tenía.

Tú lo has querido— dijo en un murmullo casi inaudible. Le cogió del cuello, lo levantó y lo empujó hasta una escondida pared, en una callejuela cercana. Algunas personas pasaban por allí pero preferían no meterse en problemas y menos por un desconocido borracho. Entonces Jackson pudo sentir como la mano del brujo se caldeaba, más y más, hasta que esa mano que le apresaba, brillaba en un rojo refulgente. Él gritaba pues notaba como la piel de su cuello se estaba quemando. Intentó revolverse pero el brujo lo tenía bien sujeto. Sus ojos azules se clavaron en los del subterráneo, de aspecto felino. Lo miraba con autentico terror, habiéndosele ido en ese momento toda la borrachera. Intentó decir algo, pero su voz no salía, solo podía balbucear.





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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Desmond Lynch el Miér Jun 18, 2014 10:09 pm


Drowned Memories
→ Viernes → 22:35 → La calle → Templado  

Nota mental: Desmond, la próxima vez que Ana te diga de ir a tomar unas copitas, niégate rotundamente si es día laborable.

Es lo que apunto en mi cabeza mientras dejo que me meta mano esperando el taxi cuando estamos a la puerta de un pub cualquiera en un punto indeterminado de la ciudad, porque está tan borracha que como se vaya andando terminará despertando en la cama de cualquier lesbiana pervertida que sepa decirle dos cosas bonitas. Suspiro cuando noto que me coge el culo y se lamenta en voz alta de que no sea una chica, o de que ella no sea heterosexual, porque dice que tengo un culo ‘prieto y durito’. En el fondo me hace gracia que me diga esas cosas, pero no me divierte para nada el motivo por el que está así. Sobre todo no me divierte que apeste a whisky por todas partes, porque me trae malos recuerdos y me está costando la vida misma mantenerme abstemio. Llevo con la boca seca desde que se sirvió la primera copa, da igual cuanta cerveza sin haya bebido, y si termino la noche sin probar una gota de alcohol, me levantaré yo mismo un monumento.

¡Es que las mujeres son unas guarras, Des! ¡Deberías hacerte gay! ¡O yo hetero, así me acostaría contigo y se acabarían mis problemas! ¡Seríamos folla-amigos, Des!

Una pareja que pasa detrás nuestra se ríe disimuladamente, y yo aguanto las carcajadas mientras la sostengo contra mí. Pobre Ana. Su novia le ha puesto los cuernos y está destrozada. Yo nunca tuve ningún problema de infidelidades, así que no puedo compartir su dolor, pero entiendo su pena. Quizás por eso dejo que me toque el culo, que me meta la mano debajo de la camisa, aunque me hace cosquillas y me hago el molesto para que pare de hacerlo. Porque imagino que cuando te sientes traicionado, dolido, abandonado, deseas hacer cualquier cosa que sea posible para olvidarte de ello. Me pregunto si Ada se sintió traicionada cuando no pude salvarla de aquel licántropo; si Eliza piensa que les he abandonado por tener el trabajo que tengo; si a Sally le duela que no pueda leerle todas las noches antes de ir a dormir…

En cierto modo me siento aliviado cuando el taxi aparece por fin; no sólo porque mi compañera de trabajo estará pronto en casa, sino porque me corta de lleno el hilo de mis dolorosos pensamientos. Me cuesta avanzar con ella a cuestas hacia la carretera, pero me siento tranquilo cuando la dejo en el asiento de atrás. Cojo el móvil para avisar a la chica que vive con ella de lo que ha sucedido y que esté preparada para ir a buscarla dentro de unos minutos; ella me lo agradece; yo le digo que no las merece, que querría ir con ella pero que no me puedo retrasar mucho más en llegar a casa. Le doy al taxista un billete relativamente grande para asegurarme de que llegue bien y la dirección correcta. Ana se despide de mí con la mano y la mirada triste, y yo me río entre dientes.

Cuando el vehículo desaparece emito un suspiro devastadoramente profundo. La mochila me cuelga del hombro, con la chaqueta sobre ella, y me pesa muchísimo por el esfuerzo que he hecho aguantando a Ana, pero ha merecido la pena. Con las manos en los bolsillos empiezo a caminar en dirección a mi casa, porque hoy ha sido de esos días en los que he decidido coger el tren para dejarle el coche a mi suegra y acabo de darle a ese hombre el dinero que me quedaba. De todos modos, mi casa no está demasiado lejos de aquí, así que el paseo no será demasiado largo.

Pero hay algo que interrumpe mi caminata. Y es, al pasar junto a un callejón, una pelea. No puedo evitar quedarme mirando, y hago bien, porque la mano del chico que está sujetando al otro empezó a brillar levemente, por lo que mis alarmas se encienden por todas partes. Con disimulo me dirijo hacia allá para no llamar más la atención, apresurando el paso cuando nos encontramos a poca distancia. Sin miramiento alguno separo al subterráneo del humano, poniéndome entre ellos en pose defensiva. El atacante me mira con rabia, pero en sus ojos brilla el reconocimiento y yo también sé que sé quién es. Se llama Louis; es un brujo relativamente joven, no tiene más de cuarenta años, aunque físicamente parece que es algo menor que la persona a la que está acosando. Sigue mirando de forma furibunda al mundano al que estoy protegiendo, pero al toparse conmigo se muestra reticente, y no le culpo; le salvé de morir desangrado una vez y no le pedí ningún tipo de cuenta al respecto.

Apártese, doctor —me replica. Arde de rabia, como sus manos, pero no lo hago. Relajo mi cuerpo y abandono la postura de defensa. Él muestra desconcierto al verlo, cosa que pretendo.

No, Louis.

¡Aparte! ¡Ese imbécil…!

Ese imbécil probablemente no haya hecho nada que merezca que le achicharres.

Me ha visto —dice entre dientes—. ¡¡Me ha visto!! ¡Sabe lo que soy y se ha mofado de ello!

Giro la cabeza y le observo. Su rostro me resulta levemente familiar, pero no me centro exactamente en eso. Me aproximo un poco, observándole concienzudamente, especialmente la quemadura leve que se le ha formado en el cuello, cortesía del brujo, y olfateo un poco. Apesta tanto a alcohol que me da nauseas y se me seca la boca otra vez. Está casi tan mal como lo estaba Ana, por lo que le maldigo un poco. Maldita juventud. Maldita su ímpetu. Me vuelvo a girar hacia Louis, que está nervioso, a pique de un repique.

Louis, está borracho. Hasta las cejas. Es evidente para cualquiera. Probablemente sólo haya dicho lo primero que se le haya pasado por la cabeza. Márchate, por favor. No quiero tener que llamar a la policía.

Vacila. Está claro que, a pesar de lo violento que es, prefiere no ensuciarse las manos. Gruñe algo como que podría matarme a mí también para quitarse el problema de encima, pero suena poco convencido, así que me tranquilizo del todo porque sé que no lo hará. Me pregunto qué clase de problemas habrá tenido este pobre hombre para ser así. Para seguir siendo así.

No lo harás porque no quieres hacerlo. Por favor —insisto. Sus ojos de gato me devuelven la mirada, y aún algo rabioso, pero más sereno, vuelve a entrar en el bar, mascullando algo como que no merece la pena. Suspiro tan profundamente que es perfectamente audible, y me paso la mano por la frente para quitarme el sudor que me cubre la piel. Vuelvo a darme la vuelta para mirar al muchacho al que acabo de salvar de una muerte segura y le ayudo a tenerse en pie. Está visiblemente aterrorizado—. No es una buena idea provocar a un brujo tan irascible como Louis. Toma nota para la próxima vez. —Sonrío levemente mientras le apoyo contra la pared—. Ven, déjame echarle un vistazo a tu cuello. Soy médico.

Todo el mundo parece tranquilizarse cuando le dices eso, así que ya lo esgrimo para poder examinar pacientes. Afortunadamente sólo es una leve quemadura de primer grado, así que con algo de agua fresca y un cuidado leve, además de algo para el dolor, se le curará pronto. Vuelvo a sonreirle para demostrarle que todo está bien, que no tiene nada de qué preocuparse, y le aprieto el hombro con la mano suavemente. Su cara sigue dándome vueltas en la mente, pero no consigo ubicarle.

Si vienes conmigo a mi casa te daré un primer tratamiento. —Le ayudo un poco con los primeros pasos—. Soy Desmond Lynch. ¿Y tú?


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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Jackson Evans el Vie Jun 20, 2014 12:35 pm


 


¿Así se acabaría todo? ¿morir a manos de un brujo? Puede que desde el principio fuese eso lo que buscaba, pero de ser así... ¿Por qué tenía miedo? ¿Por qué en tal magnitud que era capaz de agravarle el dolor, de dificultar su respiración y de paralizarle el cuerpo? Temblaba y soltaba rápidas bocanadas de aire que apestaban a alcohol, pero a su atacante no parecía molestarle. El terror se había apoderado de él y eso podía notarlo en sus carnes, en la adrenalina que recorría todo su inteligente cuerpo que buscaba la reacción de su dueño; su instinto de supervivencia principalmente. Pero ese impulso no llegó, se quedó clavado allí por el pavor. Pudiera ser que  su destino era perecer allí y de esa modo, ojala lo hubiese esperado con serenidad. En cambio estaba sufriendo una agonía, no solo porque su cuello estaba siendo achicharrado, sino por lo que toda su persona estaba experimentando a causa de miedo, el peor sentimiento de todos, el que había tratado de ocultar toda su vida a pesar de que siempre había convivido con el, y esa noche decidió manifestarse como nunca antes lo había hecho.

Entonces alguien apareció, al principio no pudo ver de quien se trataba al estar de espaldas. Emitió un quejido en un intento vano de alejarlo de allí. Lo que le faltaba, que con su muerte también se añadiese otra más, posiblemente de un inocente que quisiera hacerse el héroe, un ignorante que no sabía en donde se había metido. Pero pronto se dio cuenta que no fue así;  ambos estaban hablando y aunque el brujo no le respondía de muy buenas maneras, terminaría soltándole.

Le había parecido oír que le llamaba doctor, y se había girado hacia él para observarle. Los ojos azules de Jackson se clavaron en los de él cuando lo hizo. Los suyos le eran tan familiares que se los quedaba mirando fijamente. Pero eso no duró mucho pues volvió a girarse hacia el subterráneo, para continuar hablando; era como si estuviesen negociando por su vida, y Jackson no sabía si agradecerlo o no. Solo quería que eso acabase lo antes posible, que acabasen sus pesadillas, su constante inquietud, su estrés, y su vacía vida. Ya no haría falta seguir fingiendo, seguir maquillando lo mierda que se sentía ayudándose de esas noches cargadas de vicios que nublaban su realidad.

Sus ojos se cerraron y notaba como su cuerpo perdía el equilibrio pero algo detuvo su descenso, aquel que le había salvado la vida. Seguía sin tener claro si eso era lo mejor o lo peor que le podría haber ocurrido. Escuchaba sus palabras, las cuales parecían estar muy lejos de allí pues su consciencia estaba a punto de perderse. Casi desfallecía; una mezcla de la falta de aire, de la tensión que había desaparecido dando paso a la extrema relajación y el dolor punzante en torno a su cuello. Obligó a sus parpados alzarse y ver a su salvador directamente a los ojos— otra vez esa sensación... le conocía —, le daba el consejo de no provocar al tal Louis la próxima vez; un  consejo muy acertado, sí señor.

Se dejó hacer, y más de la cuenta porque casi estaba dejando todo su peso caer, si no fuese por el doctor, el chico ya estaría desparramado por el suelo. El hombre le sonreía para infundirle confianza y tranquilidad, pero Jackson no era capaz de corresponder tal amabilidad, ni siquiera demostrarle gratitud, al menos de momento. De pronto se sintió tremendamente desolado, seguiría viviendo, seguiría arrastrando todo su pesar. Por otro lado entendía que tenía una nueva oportunidad, que aquello podía ser una señal para cambiar su camino solo que no se veía capaz.

Desmond...— musitó al oír su nombre y seguidamente se cagó en su maldita... buena fortuna, a decir verdad. Creía que el destino se estaba cachondeando de él, cuando en realidad le estaba dando una lección; si no podía superar sus miedos en solitario, qué menos que cruzarse con gente que había conocido en su época adolescente, aquella tan feliz y obligarle a dejar el orgullo a un lado— algo que por cierto, iba a ser muy, pero que muy jodido—.
Eres el puñetero doctor... el guaperas... —soltó un leve bufido que parecía un intento de carcajada, pero ya estaba recuperando el aliento como para volver a perderlo con un ataque de risa. Volvió a mirarle a los ojos y ahora lo reconocía mejor, seguía siendo apuesto aunque tuviese alguna que otra fina arruga de expresión bajo los ojos. Jackson quería una madurez así —.¿Quién te envía? porque no quiero creer que este encuentro ha sido casualidad, no me jodas...—esbozó una lastimera sonrisa y desvió la mirada hacia un lado mientras se disponía a caminar, con dificultad, pero Desmond le ayudaba. — creo que me siento atraído por el fuego... ¿verdad doc? Pero dudo que esta vez me digas que he sido valiente — dijo todo aquello sin intención de que ese hombre se acordase de él. En todos esos años habrían pasado centenares de pacientes por el hospital como para que se acordase del loco asmático que recorrió un instituto incendiado para salvar a la chica que le gustaba — .Jackson Evans... Cuando pase un rato me pienso si agradecerte esto... o maldecirte. Todo hubiera acabado ya... aunque no Tan rápido e indoloro como hubiera deseado — se lamentó y enderezó mejor su cuerpo y así mantener por sí mismo su verticalidad. La borrachera le podía afectar de mil maneras. Podía volverse violento, charlatan, divertido... o deprimido.




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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Desmond Lynch el Lun Jun 23, 2014 11:41 am


Drowned Memories
→ Viernes → 22:35 → La calle → Templado  

Con la mano entre los omóplatos del muchacho, le guío al comenzar a caminar por temor a que se desplome, y no sólo por la borrachera. Ha estado a punto de ser asesinado por un subterráneo a sangre fría, si bien es cierto que el modo en que ha estado a punto de ser ejecutado no es precisamente helador, sino todo lo contrario. Pero la quemadura de su cuello no me preocupa demasiado; es muy leve y no creo que se infecte. Lo que me preocupa es él, que parece haber perdido la capacidad de hablar, quizás por el shock, ya que no me ha dirigido la palabra desde que nos hemos quedado a solas. Me presento para intentar iniciar una conversación, y su reacción al escuchar mi nombre no sólo consigue que diga las primeras palabras, sino que confirma el que realmente nos hemos conocido en el pasado. Posiblemente sea un viejo paciente que habré tratado alguna que otra vez.

¿Guaperas? Le miro con una ceja enarcada, aunque no puedo evitar soltar una leve carcajada. ¿Guaperas? ¿Así es como me ve la gente? ¿Cómo el médico guaperas? Quiero decir, sé que resulto atractivo para las mujeres, porque no es nada nuevo para mí que algunas pacientes, doctoras y enfermeras se molesten en tontear conmigo un poco; siempre lo he hecho, y antes de estar con Ada lo cierto era que no me molestaba en coquetear con algunas chicas que parecían más que dispuestas a pasar conmigo un rato o dos. Al conocer a mi esposa cambié radicalmente. Sigo siendo cortés, educado, e incluso a veces no puedo evitar juguetear un poco, pero me refreno rápidamente, como con Lucy. Pero es imposible mirar a Lucy y no caer en su juego de pestañas negras, piel tostada, y labios rojizos. Sin embargo me parece curioso que los hombres me vean como ‘el guaperas’ ¿Cuántos novios y maridos habrán salido de mi consulta ligeramente celosos? La idea me divierte un poco, pero todo termina porque sus palabras me arrancan de ese lado para irme al del desconcierto.

¿Enviarme? ¿Qué se siente atraído por el fuego? ¿De qué está hablando? Caminamos despacio por la calle e intento encajar en mi cabeza las piezas del puzle que él mismo me está dando. Nos conocemos de algo. De algo relacionado con el fuego. Y yo le dije que era valiente. Valiente… No consigo acordarme, lo que me frustra sobremanera. Odio olvidarme de las personas, pero probablemente fue hace muchos años, antes de la muerte de Ada, y no es que haya olvidado lo que sucedió previo a ese incidente, pero durante un tiempo tendí a enterrarlo debajo del alcohol y aún hay recuerdos que permanecen borrosos, semiocultos bajo una maraña traslúcida que no me deja ver bien qué hay al otro lado.

Me giro hacia él, casi espantado, cuando me dice que quizás me maldecirá por no haberle dejado morir. Se llama Jackson Evans, y algo dentro de mi cabeza se acelera todavía más. Sé que conozco ese nombre, pero sigo sin ubicarlo. La mente me da vueltas, recorriendo el laberinto de mis recuerdos desperdigados, confusos, e intenta darles un sentido coherente. Jackson Evans. Fuego. Valiente. ¿Quién eres, niño? ¿Quién eres, y si alguna vez te llamé valiente, cómo has acabado así? Roto. Borracho. Desesperado. Con ansias de desaparecer. ¿Es porque puedes verles? ¿Es porque entiendes esto como una maldición? El pulso se me acelera a un estado casi errático, porque la rabia empieza a invadirme. Morir. ¿Qué sabrá un niño de la muerte? De la verdadera desesperación. Del dolor que te desuella los huesos, te hace sentir ganas de arrancarlos con las uñas hasta que no quede nada dentro de ti que pueda hacerte sufrir. Como los sentimientos. ¿Pretendes ahogarlos en un sopor etílico que te adormezca los sentidos?

¿Quién eres, niño? ¿Y cómo has terminado así?

No me ha enviado nadie, Jackson —respondo todo lo suavemente que puedo. Sus revelaciones me hacen entender que, como a todo aquel que está en un hoyo, como a mí mismo tras la muerte de Ada, tengo que ser paciente con él. Da igual cómo se ponga o cómo responda. Lo importante es la comprensión. Me aferro a ese sentimiento y al ligero temblor de su espalda cuando camina para concienciarme de que sólo es un crío perdido, solo, que necesita que alguien le escuche un poco—. ¿Puedo llamarte Jackson? Tú puedes llamarme Desmond. Tuvieses la edad que tuvieses cuando te traté, si es que te traté, aunque probablemente así sea, por la forma que has tenido de hablarme, ya ambos somos adultos como para marcar diferencias. Y el señor Lynch es mi padre, aún así que. Ven por aquí, mi casa no está demasiado lejos.

Le guío. Rezo para que no haya nadie despierto en casa porque me gustará hablar con él tranquilamente, intentar descubrir qué le ha hecho terminar así, si de verdad era un chico valiente. Porque inundarte el cuerpo de alcohol hasta el punto en que parece haberlo hecho, para huir de la realidad que te rodea, es el acto más cobarde del mundo. Lo sé de primerísima mano.

Lo cierto es que sé que te conozco pero no consigo ubicarte ahora mismo, Jackson. ¿Podrías iluminarme? Me harías un gran favor, la verdad. Me desespera no recordar las cosas.


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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Jackson Evans el Mar Jun 24, 2014 4:58 pm


 


Al final iba a ser cierto que Jackson tenía un bendito ángel de la guarda velando por su seguridad;  esa era ya la tercera o la cuarta vez que su vida había sido salvada de una muerte inminente. Eso le hacía pensar sobre lo vulnerable que llegaba a ser, siendo lo que era, un simple mundano, cosa que le asustaba y amargaba por igual. Pero bueno, esa noche había sido muy distinta ¿no es así? Tendría que dar las gracias, a fin y al cabo él mismo había provocado casi adrede esa controversia, y es que parecía que estaba buscando la muerte hasta que se la había topado de cara, hasta que la miró reflejada en esos ojos de gato que portaba el dichoso brujo. Y fue precisamente en ese momento cuando se dio cuenta de que también le aterraba la muerte. Le daba miedo a enfrentarse a su realidad, de aceptarla, de aprender a convivir con los subterráneos y para colmo también le horrorizaba la muerte, la única solución que lograba vislumbrar.

Volvía a tener una oportunidad a la que no había aspirado y mucho menos merecía, además de que sabía que lo más probable es que la volviese a tirar por la cañería de su desesperación... Mañana, pasado, la semana que viene ¿quién sabía?.

En fin, que seguía en ese  torpe caminar, casi arrastrando los pies ante el peso que sentía sobre su cuerpo, como si éste pesase toneladas. Por fortuna no estaba solo, el doctor que le había tratado en una ocasión de joven estaba a su lado, cargando con todo él, tanto con su dolorido cuerpo como con su afligida alma. Pero no se acordaba de él y eso le hizo sonreír, en realidad se regodeó ya que eso era lo mejor que podía escuchar en esos momentos.  Hasta se animó, no quería ser recordado ni por sí mismo, así que la confusión de Desmond le alivió bastante, el olvido era el mejor anestésico para el malestar que sufría.

Se encogió de hombros para responder a su pregunta de  si podía llamarle Jackson y sin entender muy bien lo siguiente que le dijo, simplemente asintió con la cabeza. No tenía más remedio que aceptar, pensaba que no lo abandonaría,  su condición de médico no permitiría que se le escapase hasta asegurarse que se encontrara bien físicamente, era un código o algo así que tenían todos ellos; al menos los que se unen a la profesión por vocación y no por la pasta que ganaban.

En ocasiones es mejor no acordarse de las cosas, doc... —prefirió llamarle así, porque en ese estado cada vez que nombraba a algún conocido sentía que la lengua se le quemaba — no sé que más decirte, tampoco me acuerdo mucho de esa tarde en la que nos conocimos —soltó vilmente una gran mentira, porque sí que lo hacía, tanto de manera consciente como en sus sueños. Era tan absurdo escapar de sí mismo... escapar de los recuerdos que a veces llegaba a pensaba en renunciar y ceder, hasta que volvía a resistirse pues creía que si se dejaba llevar, entraría en un bucle de pena y tristeza de lo que perdió; algo que podría recuperar si se lo proponía pero era tan pesimista y tan cobarde que no era capaz de atreverse.

A lo mejor te acuerdas de una mujer atropellada días después  de que me tratases a mí y... a otros dos. Yennefer se llamaba... —no podía dar más nombres, porque hasta el de su madre provocó que sus entrañas se retorcieran de la cólera y dolor — una mujer muy guapa por cierto; tenía que serlo si era mi madre. Debió acabar muy mal porque no me dejaron ver su cuerpo. Supongo que el motivo era porque estaba reventada, literalmente hablando.  ¿Y sabes qué? Ya no me creo tanto que fuese arrollada por un vehículo, sino por otra cosa... por una de estas asquerosas cosas que nos rodean a diario — dijo irguiéndose un poco y señalando alrededor, directamente a algunas personas que pasaban a su alrededor mientras seguían su caminar. Estas se los quedaban mirando  unos instantes pero cuando vieron que se trataba de un borracho continuaron con lo suyo, no sin antes catalogarlo de gilipollas. — ¿Quién te dice que esa de ahí no es en realidad una zorra chupasangre? ¿o ese un perro de más de dos metros de altura que no desea otra cosa que despedazarte con sus garras? Si esto fuese Matrix quisiera mi pastilla azul ¡La quiero! —gritó fuertemente tanto que su garganta se vio raspada. Luego dirigió una mirada acusadora a Desmond.
¿Por qué no me iluminas tú a mi, doc? ¿qué hiciste para que ese brujo me dejase? ¿es cierto que le salvaste el pellejo? ¿o es que eres uno de ellos? Si es así ya puedes dejarme en alguna esquina, mira, aquella es perfecta —señaló una que estaba sucia, minada de cristales rotos y un par de contenedores de basura al lado. Estaba hablando tan rápido que las palabras se pisaban unas a otras—además de no vocalizar bien por la borrachera que tenía encima—, y también elevaba la voz. Tanto que intentó separarse de él por lo que dio un par de pasos poco acertados pues casi se cae de bruces si no fuese porque sus manos se apoyaron en el suelo para volver a alzar su cuerpo.



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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Desmond Lynch el Miér Jun 25, 2014 12:52 pm


Drowned Memories
→ Viernes → 22:58 → La calle → Templado  

Jackson prácticamente camina arrastrando los pies, como si le costase continuar, por lo que en ningún momento aparto la mano de su espalda. Le observo con verdadera preocupación reflejada en el rostro mientras avanzamos, despacio, y reflexiono en silencio. ¿Hasta qué punto es esto completamente real? ¿De verdad está así sólo porque puede ver? Es lo primero en lo que he pensado porque he conocido a varias personas con la Visión en mi juventud, y aunque la gran mayoría lo han llevado relativamente bien desde el principio, no es el caso de todos; algunos tardan meses; otros, años enteros. Les he visto acudir a las drogas y al alcohol para ahogar los rostros de los subterráneos en el fondo de un vaso o una pastilla. Una vez incluso me topé con uno que se suicidó porque no podía soportarlo, y otros tantos que lo intentaron, pero esos eran casos tan extremos y tan escasos que pensé que nunca volvería a ver a nadie avanzar con tanto pesar sobre la espalda. ¿Acaso este muchacho hace lo mismo? ¿Intenta evadirse en lugar de aceptar la realidad? He intentado siempre ayudar a cuantas personas de mi condición he conocido que se encontrasen en un estado similar; con algunos los he conseguido; otros aparecieron en la hoja de necrológicas. Pero hacía años que no me topaba con un alma tan joven que parecía tener tantas ganas de autodestruirse y al mismo tiempo ser incapaz de conseguirlo.

Sus palabras dicen por él mucho más de lo que piensa que me está contando. No quiere acordarse de determinadas cosas. ¿Qué es lo que no quiere recordar? Frunzo el ceño. Dios santo, ¿en qué clase de espiral de autodestrucción te has metido tú solo, muchacho? Entonces la narración de la historia de la muerte de su madre me hace apartar la mirada de su rostro desolado y viajar años atrás en el tiempo. Abro los ojos ante el reconocimiento de lo que me está contando, y de pronto me encuentro horriblemente mal, como si tuviese que vomitar en la esquina más cercana, porque las tripas se me revuelven en una convulsión violenta en aras de intentar salir. Yennefer Evans. Un atropello que no era un atropello. Los ojos azules de un muchacho iracundo con el mundo. Sí, lo recordaba. Lo recordaba perfectamente. Lo recuerdo perfectamente. No suelo olvidar nunca cuando un grupo de subterráneos mata a alguien, mucho menos cuando es en circunstancias parecidas a las que murió Ada.

Sin embargo su discurso rabioso me saca de mis ensoñaciones, y obligo a mi cuerpo a estabilizarse. Un sudor frío me recorre la nuca, la frente, y hace que ruede por el cuello hasta colarse debajo de mi ropa. Yennefer. Jackson. ¡Claro, Jackson! ¿Cómo he podido olvidarle? Quizás porque sólo le traté una vez, pero de la mano de la muerte de su madre surgen el resto de recuerdos relacionados con este chico, y permanezco perplejo. Maldición, no puedo creer que sea este muchacho. No puedo creer que el chico que se lanzó a buscar a Emily Yates dentro de un instituto ardiendo esté zarandeándose a mi lado, borracho, y maldiciendo a los subterráneos que no existen ahora mismo a nuestro alrededor. ¿Qué te ha pasado para terminar así, muchacho? ¿De verdad te afecta tanto la Visión que no puedes soportarlo?

Cuando farfulla incoherencias y termina cayéndose al suelo sin que yo pueda detenerle, le observo desde la distancia, y por unos segundos me veo a mí mismo en el suelo, demasiado borracho para hacer nada que no fuese lamentarme de mi mala suerte, de mi dolor y de mi desgracia. Yo conseguí salir del hoyo porque tenía a dos hijas preciosas, a mi madre y a mi suegra. Pero, ¿qué tiene Jackson? ¿Ya ni siquiera conserva a Emily a su lado? Por lo que pude ver de ellos, sin duda se tenían el suficiente aprecio como para apoyarse juntos, el uno al otro, aunque Emily siga insistiendo en permanecer separada del resto. Entonces recuerdo una breve conversación que tuve con ella, al poco de morir la madre del chico, y caigo en que él desapareció después del instituto. El rostro apenado de la niña me hizo no contarle nada más acerca de su desgracia, aunque quizás le hubiese servido para entenderlo un poco mejor.

Con un suspiro paciente me agacho a su lado y le ayudo a levantarse del suelo. Esta vez paso su brazo por mis hombros para que no vuelva a terminar, esta vez de cabeza, en el asfalto. Necesita paciencia. Necesita comprensión. Necesita a alguien que le enseñe que el mundo no es tan asqueroso como él se cree. Y yo ya estoy demasiado viejo como para aguantar las inmadureces de un niño de menos de treinta años, pero me sobrepongo porque creo que nunca en la vida me he topado con nadie que necesitase tanta ayuda, y no pienso consentir que nadie a quien haya podido ayudar vaya a terminar de nuevo anunciado en una esquela en el periódico de la mañana.

Si la que avanzaba por ahí hubiese sido una “zorra chupasangre” se le habrían visto los colmillos y la piel ligeramente más pálida que la nuestra. —Le explico—. Y no todos los licántropos intentan despedazarte con sus garras cuando te ven; te sorprendería saber que la gran mayoría de ellos sólo matan los primeros meses porque no saben controlarse en las primeras fases lunares. Luego aprenden e intentan mantenerse alejado de las personas. No todos, por supuesto, pero sí una mayoría considerable. En cuanto a Louis, sí, le salvé la vida una vez, hace muchos años. Le hicieron una herida cercana a la femoral y conseguí cosérsela antes de que perdiese sangre de forma letal. Si fuese un subterráneo creo que habrías podido darte cuenta perfectamente, que para algo puedes verles, Jackson Evans. Así que deja de autocompadecerte un rato, hazme el favor. En este mundo no hay pastillas azules, muchacho. Sólo te queda aprender a vivir con ello.

Continuamos avanzando por la calle hasta llegar a un cruce. Ya a penas si hay coches por esta zona, así que no tenemos muchos problemas para atravesar hacia el otro lado. Rebusco las llaves en el bolsillo de mis pantalones para tenerlas a mano cuando lleguemos a mi casa, que está algunos metros más adelante. Nunca se me había hecho este camino tan largo, aunque claro, por lo general no suelo casi cargar con un cuerpo que parece querer dejarse ir en cualquier momento.

Cuando llegamos a mi edificio no me lo puedo creer. Es uno de los más altos de la zona, aunque ni es un rascacielos, cosa que celebro, ni es la unifamiliar en la que solíamos vivir antes de que muriese Ada. Es una casa sencilla, propia de Manhattan, pero con un alquiler algo más caro y más elegante, a donde decidí mudarme tras morir mi esposa para poder llegar rápidamente de un lugar a otro; nunca volvería a estar separado por demasiada distancia de mi hogar ni de mi familia. Nunca más.

Dejo a Jackson sentado en las escaleras que dan al portal mientras la abro. Vivimos en el ático, que es bastante más amplio de lo que puede parecer, y celebro que haya ascensor, eso lo aseguro. Mientras lo hago le observo constantemente de reojo. Me preocupa la fragilidad de su mente en estos momentos. El sonido del portón abriéndose rompe cualquier hilo de pensamientos.

Ven, vamos. —Le ayudo a ponerse de pie otra vez. De momento no le digo nada de que le he reconocido porque parece que eso le afecta. Una vez que le haya enfriado la cabeza quizás lo haga, pero no aún.


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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Jackson Evans el Jue Jun 26, 2014 1:14 am


 


Aunque borracho, a Jackson no le pasó desapercibido  como el doctor apartó la mirada  a un lado, adoptando una expresión pensativa y luego sorprendida, pues sus ojos abiertos de par en par le delataron. El muchacho continuaba mirándole fijamente, estudiando su faz que poco a poco iba cambiando a una expresión conmocionada, y eso le complacía. Lo hacía porque se sentía más acompañado en su dolor, o al menos eso quería creer, quería creer que no era el único que sufría a causa de su pasado. Lo que no se imaginaba es que Desmond pudiese comprenderle mejor que nadie. Sabía que ese regocijo era un acto egoísta e incluso cruel, pero en esos momentos le importaba más bien poco. El sufrimiento ajeno le proporcionaba... cierto alivio, tal vez porque así no se sentía tan solo. ¿Y qué era lo que atormentaba a Desmond? porque si también fue maldecido con La Visión, habría sufrido centenas de vivencias en las que la gran mayoría, si no eran todas, fueron malas.

Era una lástima que Jackson no estuviese en condiciones para mirarle más detenidamente y observar los goterones de sudor que bajaban por las sienes del Desmond para seguir disfrutando de aquél bálsamo ilusorio, pero ya con al pizca de antes le había bastado. No obstante eso no evitó que tropezase  y casi cayese al suelo después de aquel arranque de furia que tuvo. Quería quedarse apalancado allí mismo a la espera de pudrirse, de corroerse como el viento erosionaba las rocas solo que para su desgracia ese proceso sería muy lento. No era como la desintegración; la cual era nefasta e instantánea, ideal para su anhelo.

Sintió entonces su apoyo, no se rendía con él cuando Jackson ya lo había hecho, continuaba a su lado y le ayudó a volverse alzar, como el padre que enseña a caminar a su hijo con la única diferencia de que Jackson ya sabía, solo que se le había olvidado de como hacerlo. Emitió un gemido lastimero, de verdad se estaba empezando a sentir complacido por el empeño de Desmond, de verdad quería ayudarle... a él. Una ayuda que no quería o al menos eso pretendía demostrar, pero el niño de su interior estaba abrazado a sus piernas y lloraba, lloraba sin cesar, en silencio. Un lamento que el doctor había alcanzado a escuchar.

Ahora era él el que callaba para escuchar sus palabras, aquellas que contenían más sabiduría  y lógica, aquellas que respondieron a las absurdas preguntas que Jackson había formulado. Le invitaba a la razón y a la reflexión por lo que el chico borracho se sintió repentinamente abochornado. Tanto tiempo burlando al Glamour con el desprecio que sentía por su supuesto don, con el querer no ver, que era totalmente desconocedor de muchas de las características y formas de vida de los submundos. Por eso permitió que le diese esa pequeña lección, sin rechistar; pero si que lanzó un leve gruñido de reproche a esa especie de regañina. No quería reconocer que se autocompadecía, como tampoco quería aceptar que debía aprender a vivir con la carga de la visión.

Cuando se detuvieron, Jack no dudó en echar un vistazo a su alrededor en un intento de reconocer la zona pero le fue inútil, estaba tan aturdido que no reconocería ni su propio apartamento. Así que se dejó guiar y dejarse caer en uno de los escalones mientras el tipo abría la puerta sin quitarle los ojos de encima. Jack hacía lo mismo, a pesar de mantener la cabeza gacha, sus ojos azul intenso estaban clavados en los del doctor; pero no era una mirada agresiva o desafiante, sino resignada.

Podrías ser uno de ellos porque no a todos se les nota... no todos muestran sus características si pueden esconderlo... Pero sobretodo porque no entiendo como alguien... como una persona normal, un "mundano" como los llaman ellos puede tomarse esto como lo más natural del mundo — se dejó ayudar por lo que apoyó su cuerpo en el suyo mientras se adentraban en el edificio y caminaban hacia el ascensor— ¿Qué eres tú?¿Eres como el Doctor Dolittle pero con subterráneos? ja...ja ja... JAJAJAJAJAJA— al final rompió en una enorme carcajada que resonó por toda la entrada. Se reía por pura inercia, por la borrachera, porque necesitaba desahogarse de alguna manera y esa no sería la de derramar lágrimas. No quería mostrarse más vulnerable de lo que ya era—.¿vives en comunión con ellos?¿tienes algún grupo con los que juegas al Poker? ¿eh? porque eso es lo que parece. Como si nunca hubieras sufrido por su causa, como si no te asustaran... como si no te hubiesen arrebatado tu vida; la que podrías llevar con total normalidad. No lo entiendo— concluyó con un largo suspiro que apestaba a alcohol.

Se mantuvo apoyado en una de las paredes del ascensor cuando de pronto sintió como éste ascendía. Una arcada sacudió su estomago y todo lo que había consumido esa noche subió repentinamente hacia su boca. Su cuerpo se arqueó, trató de aguantar así un rato y  sus ojos abiertos de par en par observaban los números que correspondían a cada piso que estaban subiendo; primera planta, segunda planta, tercera planta, cuarta planta, quinta planta... ¿pero dónde coño vivía ese tipo? ¿en la azotea?. Al final terminó por echarlo todo en una esquina del elevador, lo cual tuvo como consecuencia que todo el lugar apestase de una forma nauseabunda y que sus deportivas se salpicasen de vomito. Genial... otras que tirar a la basura.  



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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Desmond Lynch el Jue Jun 26, 2014 10:38 pm


Drowned Memories
→ Viernes → 23:16 → Casa de Desmond → Templado  

Reprimo un suspiro cuando le escucho hablar. Pobre muchacho. Definitivamente no ha podido encarar esto bien y por eso se ha sumergido en esta espiral de autodestrucción, porque no tiene el valor suficiente como para quitarse la vida de forma directa o permitir que le maten, como me han demostrado sus ojos aterrorizados cuando me lo he topado en el enfrentamiento con Louis. Prefiere ir consumiéndose poco a poco en la degradación física que es el alcohol. Siento lástima por él, incluso cuando bromea estúpidamente acerca de lo que hago con los subterráneos. Simplemente me limito a suspirar mientras le ayudo a ponerse de pie y atravesamos el portal en dirección al ascensor, donde nos adentramos. Pulso el botón del ático, que es el piso número sexto, y me limito a rumiar todo lo que me ha dicho para responder cuando se encuentre algo más despierto.

He hecho bien, por cierto, porque pronto se arquea en una violenta arcada que le hace vomitar contra la esquina del habitáculo. Afortunadamente me encuentro lo suficientemente lejos como para que no me salpique, pero no por ello no le ayudo a ponerse de pie nuevo justo en el momento en que sonaba el pitido que indicaba que acabamos de llegar. Agradezco salir del ascensor rápidamente, porque aunque estoy acostumbrado a efluvios semejantes, no es como si me agradasen, precisamente. Vago con él hacia la puerta de mi casa, que son dos apartamentos juntos que alquilé para hacer reformas; el resto de la sexta planta son tres pisos más, donde viven una pareja joven, un muchacho recién salido de la universidad y una anciana siempre rodeada de gatos.

Abro con la llave, la dejo sobre el bol junto a la entrada principal, y sin siquiera percatarme de si queda alguien despierto o no, lo llevo directamente hacia el cuarto de baño. Enciendo la luz antes de hacer que introduzca la cabeza en la bañera, por si tiene algo más que vomitar; dejo la chaqueta y la mochila sobre el retrete, me remango las mangas de la camisa, cierro la puerta y me pongo de rodillas junto a él para quitarle la chaqueta. Luego cojo la manguera de la ducha, le obligo a inclinar la cabeza lo máximo posible y con el agua fría al máximo empiezo a empapar su nuca, el pelo y el cuello, sujetándole el cuerpo para que no se remueva con toda la fuerza que puedo sin hacerle daño. Aprovecho también para mojarle las quemaduras del cuello y para limpiar los restos en la bañera. Las gotas le recorren la cara, la frente, los ojos, y espero que eso le sirva para despejarse lo suficiente.

Cuando le he tenido en remojo durante más de dos minutos, cierro la llave, y rápidamente me levanto para coger una toalla con la que secarle la cabeza. Le ayudo a sentarse en el suelo mientras le aconsejo que se frote suavemente el pelo para que el agua no le moje demasiado la ropa. Aprovecho para quitarle los zapatos, recoger las cosas y dirigirme hacia la cocina, tras aconsejarle que se quede ahí unos minutos mientras vuelvo. Me entretengo dejando nuestras cosas en el salón, metiendo las deportivas de Jackson en una bolsa e introduciéndolas en la lavadora, que en este momento, agradezco, está vacía. Pongo un programa de lavado rápido, cojo la cafetera para preparar bebida para un regimiento, porque le hará falta.

Minutos después he regresado a mi habitación sin hacer demasiado ruido, porque tanto las niñas como mi suegra están durmiendo, en aras de coger unas zapatillas para el muchacho, y se las he dejado delante mientras le ayudo a ponerse de pie. Parece más despejado, o un poco, al menos.

Vamos a la cocina —le digo, con la mano aún en la espalda—. Allí estoy preparándote algo de café.

No acepto un no por respuesta. Ni nada, a decir verdad. Simplemente me muevo en silencio, hablando en susurros, y cuando llego a la habitación correspondiente cierro la puerta para no molestar más de lo necesario después de dejarle sentado en una de las sillas que acompañan a la mesita que usamos a veces para desayunar. Así podremos hablar más cómodamente. La luz de la luna se cuela por la ventana que hay al fondo, pero aún así prendo la lámpara de la cocina para que tengamos más claridad. Desde la cafetera llega el sonido de borbotones cada vez más seguidos, así que la separo y sirvo una buena taza, dejándola a su lado en la mesa. Suelto el azúcar también junto a él, y me sirvo un poco para mí, mezclándola con leche antes de endulzarla. Doy un sorbo, cerrando los ojos por lo agradable que es, a pesar de la sensación de calor. Mantengo el recipiente entre las manos tras apagar el fuego de la vitrocerámica, y con las caderas apoyadas en el mármol, situado justo frente a él, le observo.

Bebe. Hará que te sientas mejor, créeme. —Coloco la taza sobre la encimera, puesto que acabo de recordar que aún tengo que mirarle las quemaduras del cuello, y excusándome voy a por una manopla, vendas y algo de pomada de aloe vera. Regreso rápidamente y lo dejo todo en la mesa, volviendo a revisarle la zona dañada con cuidado. Sonrío porque no tiene mal aspecto—. Estate quieto, voy a tratártelo.

Mojo la manopla en agua que sale del grifo del fregadero y con suavidad le recorro la herida. Luego se la seco con unas gasas, le coloco algo de pomada con el dedo y por último se lo vendo.

Ya está, muchacho. Sé que habrías preferido a una enfermera sexy pero me temo que en esta casa no tenemos —bromeo. Lo dejo todo apartado y regreso a por mi café, que se ha enfriado un poco, así que lo introduzco en el microondas para que se vuelva a calentar—. ¿Cómo te encuentras? Supongo que después de vomitar y tras la pequeña ducha algo mejor. —Vuelvo a cruzarme de brazos frente a él, esperando a que el sonidito característico del electrodoméstico me indique que puedo volver a beber.


Última edición por Desmond Lynch el Miér Jul 02, 2014 1:28 pm, editado 1 vez


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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Jackson Evans el Lun Jun 30, 2014 2:01 pm


 



Se decía que una que se vomita, uno se sentía mejor y era cierto, pero Jackson se veía más patético de lo que era porque una vez que expulsó todo el alcohol y toda la mierda que había consumido, se dio cuenta de que estaba acabado, que aquello era un bucle sin fin, una espiral. Su cuerpo podría estar empezando a depurarse pero su mente anestesiada se iba despertando poco a poco, por lo que tocaba volver a la realidad. El agrio olor penetraba por sus fosas nasales provocándole más asco y más arcadas, pero ya no había nada más que regurgitar.

Caminaba dando tumbos de un lado a otro pero Desmond evitaba que chocase o cayese al tenerlo siempre de su lado. En su estado no era capaz de reconocer la vivienda, todas las imágenes que su cerebro captaban,  pasaban como si se tratasen de fotogramas hasta encontrarse en el baño, donde una potente luz hizo que cerrara los ojos y emitiese un quejido de molestia. Notaba como le despojaba de la chaqueta y le inclinase de tal modo que su cabeza estaba en el interior de la bañera por lo que tuvo que hincar la rodilla en el suelo.  Entonces... frío, un frío helado le recorrió por toda la cabeza, que  algunas gotas se colasen a través de su camiseta por su pecho y espalda.  Se estremecía y trataba de zafarse de esa situación que no era más que lo mejor que Desmond podía hacer por él, al menos de momento. Era la mejor forma para despejarlo de una vez y quitarle de encima el ciego que llevaba. Jadeaba, respiraba agitadamente por la sorpresa de encontrarse helado. Sus ojos continúan cerrados pero en cambio su boca se abría de vez en cuando entre resoplidos para soltar palabras malsonantes.

Por fin esa tortura acabó, recordaba que le había comparado con los nazis ante esa improvisada ducha fría aunque ni por asomo fue igual, pero no le importaba, estaba enfadado con el mundo y era así como lo expresaba. Sostuvo la toalla sobre la cabeza para seguir las indicaciones de Desmond. Sus ojos por fin se abrieron lentamente, percatándose que se encontraba solo en el baño, descalzo. Pensaba que estaba en la casa de un extraño que se había apiado de él, un borracho que casi pierde la vida a manos de un subterráneo; lo que había querido desde un principio pero también temía a la muerte. Al verlo regresar para pedirle que fuesen a la cocina, le miró abochornado, muchísimo. La ducha fría había ayudado para despejar su mente pero Jackson no tenía muy claro qué tenía de bueno aquello, ahora le perseguía la vergüenza. Para colmo, la desesperación y la amargura seguían allí, con la misma intensidad o más. Antes, nublado por el alcohol se dejaba llevar por esos sentimientos negativos pero ahora los encerraba en su interior, se dio cuenta que  no había forma de despojarse de ellos, que emborracharse no había sido la solución ni mucho menos. Siempre había sido otro vano intento.

De forma apática le hizo caso y se dejó guiar hacia la cocina, ya podía caminar con normalidad pero aun así sentía la mano del doctor a su espalda. Al tomar asiento frente a una pequeña mesa miró a su alrededor con ojos cargados de  sumisión, resignación. Tal vez debía dejarse de tonterías y rendirse a esa situación, pero no sabía como pues la máscara estaba cada vez más agrietada. Se preguntó si Desmond tenía familia, se imaginaba que sí como la gran mayoría. Tendría muchas preocupaciones como para ahora ser él el que le ocasionara problemas, además estaba el tema de que también trataba con subterráneos ¿cómo lo hacía?, ¿cómo se arriesgaba si tenía familia?. Se lo imaginó con varios hijos, un chico y una chica, pequeños. También al lado de una bonita mujer, mas joven que él con la que compartía lugar de trabajo. Su imaginación le hizo sentir envidia mezclada con incomprensión, era incapaz de entender cómo podía hacerlo, cómo podía mantenerse tan sereno.


Llevo ambas manos a la taza después de echarle dos cucharadas de azúcar  y dio un trago, estaba fuerte, demasiado pero no se quejó pues era lo mejor. No dijo nada cuando de nuevo lo dejó solo para ir a por vendas y pomada para seguir tratándole la herida. Tantos cuidados, tanta amabilidad, su sonrisa le hizo ponerse nervioso. Sujetó con fuerza la taza y ladear el rostro en sentido contrario, escondiéndolo de los ojos de Desmond. Podía interpretarse como un claro rechazo a su ayuda, también desagradecimiento; pero en realidad era frustración y sobretodo la vergüenza, no soportaba sentirse tan débil delante de un desconocido, sentir que había necesitado ayuda, reconocer que estaba mal, perdido y hundido.

Dejó que le tratase la herida sin emitir ningún quejido aunque le molestara, quería conservar la poca dignidad que le quedase... aunque si le había quedado algún resquicio, acabó desapareciendo por el desagüe de la bañera. Durante el tratamiento permaneció en silencio, y al acabar volvió a dar otro trago de su café con la mirada perdida  en algún lugar de la mesa. Bufó por la nariz ante el chiste del doctor y hasta sonrió, había tenido su gracia; además, eso había descartado la posibilidad de que su esposa fuese enfermera.

Mejor...—respondió parpadeando una sola vez y dirigiendo su mirada en el contenido de su taza. Aun no había cruzado su mirada con la de él—.Y no te preocupes... mejor que no hubiese ninguna para que no me viese en este estado—"tan lamentable" quiso decir, pero se lo calló y dio otro trago  al café. Cada vez se encontraba más despejado pero su estado anímico seguía descomponiéndose. De pronto le miró a los ojos, directamente, quería saber el porqué de su ayuda, de su tranquilidad, de su vida normal. Quería saber muchas cosas pero a la vez tenía miedo, pues sentía que habría cosas que él jamás tendría.

¿Por qué has hecho todo esto? te pudiste haber metido en un lío por un total desconocido que no es capaz de valorar su vida, algo que tu haces a diario. ¿No te sientes frustrado ante mi presencia? Cuantos pacientes habrás visto morir mientras trataban de aferrarse a la vida con ansias y en cambio yo...—se encogió de hombros—la dejo ir; ya sea permitiendo que el tiempo lo haga o esperando que "algo" lo haga por mi —frunció el ceño y se mordió el labio inferior con fuerza, casi haciéndose daño. Cerró los ojos con fuerza antes de volver a beber. No quería dejarse llevar por la lástima para no parecer aún mas patético pero no podía evitar que esos lastimeros sentimientos torturasen muy en el fondo de su ser y provocasen que sus ojos se enrojecieran—.Me temo que te he mentido, no me encuentro mucho mejor—negó con la cabeza a la vez que retiraba la mirada una vez más—No merece la pena que hagas esto por mi—admitió pues  hacía mucho tiempo que era consciente de aquello—Aparte, no me gusta deber nada a nadie y siento que tras esto te debo demasiado. Lo peor de todo es saber que no tengo nada para poder compensártelo— acabó de decir dejando escapar por su boca un suspiro. Se castigaba bastante pero estaba convencido que lo hacía con razón, se sentía merecedor de toda ayuda, incluso de la vida, pues solo hacía como la que la vivía cuando en realidad no era así, sino todo lo contrario.




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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Desmond Lynch el Miér Jul 02, 2014 1:30 pm


Drowned Memories
→ Viernes → 23:16 → Casa de Desmond → Templado  

Asiento algo más tranquilo cuando me reconoce que está mejor, pero en su mirada se vislumbra claramente el cariz de sus pensamientos. Está avergonzado, apesadumbrado, casi dolido por todo esto, podría decir… Siento una profunda compasión por él, pero me guardo de demostrarlo porque no todo el mundo acepta eso de buenas maneras, algo que nunca he comprendido. A fin de cuentas, la compasión es otra forma de manifestar la bondad humana. Me giro para recoger mi café, ya que el microondas acaba de dar la señal que indica que ha finalizado de calentarlo, y lo extraigo con cuidado del aparato. Doy un sorbo, sintiéndome reconfortado por él. Esta bebida es un maldita droga, tan mala como otras, pero quizás menos perjudicial que ellas, y es difícilmente resistible una vez te has acostumbrado a ella.

Cuando vuelve a hablar, yo simplemente le escucho, recogiendo todas las palabras que salen directamente de su corazón y se estrellan contra mí. Y quizás contra su conciencia. Reconocer que uno mismo no valora su vida, que está perdiendo el tiempo, es algo difícil, algo duro, por lo que debe de llevar así, siendo consciente de todo esto desde hace mucho, mucho tiempo. La tristeza que me inspira se incrementa. Pobre niño perdido que no ha encontrado a un Peter Pan que le enseñe a volar debidamente. De pronto me siento culpable. Si al conocerle, trece años atrás, me hubiese dado cuenta de que podía ver a los subterráneos, podría haber hecho mucho más por él. Podría haberle guiado como me guiaron a mí, haberle ayudado a sobreponerse a todo esto. Pero se me hace extraño, porque en aquel momento no parecía estar… así. ¿Sería que su Visión estaba sellada en ese momento?

Vuelvo a beber mientras masco lo que me ha dicho, intentando ordenar todas las ideas que se me agolpan en la cabeza. La conversación que tuvieron conmigo no vale precisamente con Jackson Evans. Yo era un niño que creía en la magia y él un adulto que sólo ve monstruos, así que el discurso debe de ser diferente. No dejo de tener la impresión de que este encuentro ha sido casi predestinado; quizás yo pueda ayudarle a salir del agujero en el que se ha introducido; quizás yo pueda hacerle ver que no es una maldición lo que poseemos. Ojalá pueda hacerlo y que recupere las ganas de seguir viviendo.

¿Y por qué no iba a hacerlo? Es triste que en esta sociedad hayamos llegado a la determinación de que es mejor no inmiscuirnos en los asuntos de los demás para perpetuar nuestra propia seguridad, pero, si no intervenimos nosotros cuando lo vemos, entonces, ¿quién lo hará? Y no me siento frustrado por tu presencia. —Sonrío, como quien le sonríe a un niño que no entiende muy bien lo que son el deber o el honor—. Solo porque alguien vaya por el camino equivocado no debemos darlo como un caso perdido, Jackson.  Es cierto que a lo mejor tu forma de encarar el mundo, de encarar las cosas, no es lo más adecuado de todo; pero siempre se puede buscar la forma de mejorar.

Doy vueltas al café en mi mano, distrayéndome unos segundos en las ondas que se forman cuando lo hago. Pienso en Ivory, sin quererlo, la primera de todas las almas que he conocido que necesitan ayuda. En cómo ella se encierra del mundo sin querer que nadie entre. Jackson hace algo parecido con alcohol: crea una película que le separa de la realidad porque no quiere tocarla. Conozco esa sensación tanto que incluso me asfixia recordarlo.

Yo también hubo un tiempo en que dejé ir mi vida. El dolor que me consumía era tan profundo, la desesperación era tan negra, que nada tenía salida. Pero encontré algo por lo que volver a la luz, y desde  entonces sigo aquí, esforzándome por aprovechar cada segundo de mi existencia. Por eso sé de lo que hablo y puedo comprender perfectamente tus sentimientos, aunque no exactamente por el mismo motivo. —Doy otro trago—. Antes me dijiste que no entendías cómo podía vivir tranquilamente, sin miedo a los subterráneos, ni añorando una vida tranquila y normal. Para mí la vida normal es la que llevo ahora, la que me permite estar en contacto con ellos. Llevo viéndolos desde que era un niño y siempre han formado parte de mi mundo; para mí no son algo de pesadillas ni sacado de un mal sueño. Son criaturas, la mayoría vivas y que respiran como nosotros. Algunos son malvados, peligrosos; otros no son diferentes a ti ahora mismo. Niños perdidos, solos, asustados de sus propios poderes y sin saber qué hacer para integrarse en una sociedad que no sabe que existe y que no les aceptaría jamás.

Es lo que siempre he pensado con respecto a ellos, desde el primer día. Ninguno tiene la culpa de ser lo que es, ni de las circunstancias de su nacimiento. Ninguno tiene la culpa de poseer sangre de demonio o una maldición que les condene. Ninguno quiere ser realmente lo que es. Nacen así. Se transforman. Sufren. Padecen. Sienten como nosotros. Merecen ser tratados como nosotros.

Además, te diré, Jackson Evans, que las personas que necesitan ayuda son las que están perdidas, no las que saben dónde están. No me debes absolutamente nada. No he hecho nada que no hayan hecho por mí antes, créeme. La única forma de la que podrías compensármelo sería aceptando esta nueva oportunidad con los brazos abiertos. O al menos, algo menos cerrados que antes. Sé que debe ser difícil para ti. He conocido a otros como tú, sumidos en la desesperación. Incluso me he topado con alguno que se quitó la vida, incapaz de soportarlo. Pero no estás solo, muchacho. Somos muchos los que podemos ver, así que no te tortures de esta manera. Ni tu cuerpo ni tu mente os lo merecéis.


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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Jackson Evans el Jue Jul 03, 2014 8:32 pm


 


Tenía tanta negatividad sobre él que hasta había perdido la fe en el ser humano, tanto que le sorprendía que aquel doctor de vida normal y sencilla —a pesar de de tener el don de la visión— quisiese ayudarle. ¿Pero a qué exactamente? ¿a pasar aquella noche acompañado y dejar que se desahogase? ¿o ayudarle en todo su escabroso camino de superación? Normalmente rechazaba cualquier tipo de ayuda, se negaba de forma tajante porque decía a los demás y sobretodo a sí mismo que no la necesitaba... pero eso no era cierto. Tenía miedo de no sobreponerse porque por sí mismo lo había intentado alguna que otra vez pero al final terminaba derrumbándose. Le aterraba inmiscuir a otra persona para que la cosa no acabara bien y no quería perjudicar a nadie. Agobiado por tales pensamientos, se llevó ambas manos hacia la cabeza pasando sus dedos entre sus cabellos y soltar un largo resoplido.

Al día siguiente tal vez se arrepintiese pero en esos precisos momentos estaba muy vulnerable, lo notaba muy adentro de su ser de tal forma que su cuerpo reaccionaba a la aflicción con ojos enrojecidos;  acumulando cada vez más lágrimas que se agolpaban entre sus comisuras, ansiosas de liberarse y derramarse por sus mejillas. Pero eso no iba a ocurrir, Jackson se resistía a que recordasen la libertad.

Escuchaba la respuesta de Desmond sin ni siquiera mirarle, estaba concentrado, observando el ultimo trago que le quedaba en el fondo de su taza de café. Tragaba saliva conmovido por el positivismo que desprendía su voz, por lo tranquilo que sonaba, por su calidez. El muchacho se atrevió a mirarle a la cara para toparse con una tierna sonrisa que acompañaba a la afirmación de que no se sentía frustrado ante él. Volvió a esquivar su mirada porque le avergonzaba oír lo que ya había dejado ver con anterioridad; que su forma de afrontar su problema no era la mejor del mundo, por decirlo de forma suave.

Rodeó la taza con ambas manos y le dio un último trago al café; sintiendo su sabor tan amargo como amarga era su vida,  pero a la vez podía sentir cierto regusto dulce, solo tenía que prestar atención a ella porque cuando lo lograra,  el café parecería más delicioso que nunca  y su amargor apenas sería perceptible.

Se sorprendió al oír las declaraciones del doctor sobre su propia vida, le costaba creer que hubo una vez en la que estuvo en esa misma situación en la que él se encontraba; tan hundido y perdido... ¿Cómo era posible si al verle podía ver el sustento en el que se estaba apoyando en esos precisos instantes? un sustento fuerte y robusto. Quería saber más, quería entrar en detalles pero no se decidía en preguntar cuando normalmente era el chico más descarado del mundo, el que no le importaba lo que sintiesen los demás, daba igual lo molestos, incómodos o heridos se sintiesen con tal de calmar su curiosidad o sus ganas de hacer la puñeta. Se imaginaba que el motivo que lo hizo hundirse en su día era el mismo que el suyo propio pero obviamente era ignorante de la realidad. Siguió atendiendo a Desmond, sediento de comprensión por lo que volvió a clavar sus ojos azules en los del doctor con extrema atención, con su boca entre abierta y sus manos aun aferradas alrededor de la vacía taza pero todavía templada.

No sé que puede ser ese "algo" que me haga salir de esto, no tengo nada ni nadie...—bufó y esbozó una sonrisa lastimera acordándose de Sandor, pero sentía que no era suficiente— tengo un perro pero "supongo" que no basta. Y sé, sé... que alguien inestable no debería tener un animal a su cargo pero bueno... aún sigue vivo...y no parece infeliz.— El rabo moverse de un lado a otro era algo que le demostraba todos los días que era un perro alegre y contento, complacido con la vida que Jackson le había dado después de que lo recogiese literalmente de la basura.

A lo siguiente que escuchó no pudo responder al menos no sin que pasasen unos largos segundos. Si había asimilado la visión de muy pequeño entonces ese no fue el motivo por el que estuvo una temporada preso del dolor y al borde de la autodestrucción. Pudiese ser entonces...  la angustia de una perdida, cosa que también podía comprender, tal vez más adelante podría descubrirlo. La sola mención de los subterráneos le puso visiblemente nervioso pues su mirada alternaba entre Desmond y otros puntos aleatorios de la cocina. ¿Podía ser verdad? ante su explicación ahora se sentía contrariado pues jamás lo había visto de esa manera,  que fuesen seres que podían guardar en su interior las mismas emociones como ellos mismos sentían.

Pero no pueden integrarse porque no son iguales a nosotros. La convivencia es algo... complicada porque siempre habrá enfrentas debido a... que... como has dicho, no todos quieren vivir en paz, sino que viven para hacer el mal. Y no entiendo porqué pueden sentir tantos miedos cuando son lo que son desde que nacen... al menos algunos de ellos—cayó en la cuenta de algunos subterráneos como los vampiros o los licántropos. Chasqueó la lengua frustrado por su propio desconocimiento ¿y por qué no? también por el orgullo. Llevaba demasiados años sintiendo ese profundo prejuicio y terror por los subterráneos como para cambiar la forma de verlo tan pronto.

El ofrecimiento que le estaba haciendo Desmond era demasiado valioso como para poderlo dejar escapar. Lo miraba fijamente a los ojos y sentía como la vista se le nublaba considerablemente por el acumulo de emociones que se estaban concentrando en el interior de su pecho. Se sentía inseguro ya que temía que aún con su ayuda no pudiese superarlo, al fin y al cabo no lo había hecho, pero quería pensar que no fue así porque siempre estuvo solo. También se sentía emocionado por la posibilidad de que su vida pudiese cambiar a mejor por fin, pero era tan extraño, tan nuevo que se sentía a si mismo como una persona desconocida, o mejor dicho, se sentía como aquel chico que dejó atrás hacía mucho.

Puedo discutirte el que no lo merezca. En todos estos años me ha dado tiempo a hacer de todo y no solo me he castigado a mi mismo...—había hecho muchísimo daño a otras personas para su propio gozo y disfrute aunque siempre había dejado claro a los que le rodeaban de que pie cojeaba. Y qué decir de los pobres jóvenes que en esos momentos estarían bajo los efectos de las drogas por su causa— Tampoco pensé nunca en pedir ayuda a nadie, bueno miento, una vez lo hice, pedí ayuda a mi padre y lo que quiso hacer inmediatamente fue meterme en un centro psiquiátrico ¡y eso que él sabía la verdad!—alzó un poco la voz y percatándose de ello, dio un amplio suspiro para calmarse— Después de eso... ¿en quién podía confiar? Seguí mi vida en solitario y decidí ignorar el hecho de que podía burlar el glamour. En mi vida se han cruzado muchas personas, sobretodo chicas pero nunca quise establecer ningún tipo de vinculo, ya sea por miedo... egoísmo...—negó con la cabeza levemente y despegando de nuevo la mirada para dirigirla a la taza con la que estaba jugando entre sus manos.

Dejó escapar un ahogado gemido provocado por lo que estaba sintiendo, era emoción. Emoción porque se estaba desahogando con alguien después de...¿cuantos eran? ¿13? Decían que ese numero era el número de la mala suerte pero parecía que en su caso iba a ser todo lo contrario, o al menos eso era lo que Jackson quería creer. Habían pasado demasiados años que no hablaba tan francamente con alguien, le estaba sentando demasiado bien pero a la vez provocaba que quisiera expulsar todo el mal de su interior,  igual que cuando  era un adolescente y había llorado en el hospital para liberarse,  pero esta vez sí que se contuvo, no iba a llorar, no lo iba hacer aunque las lagrimas terminasen cristalizándose.

Quiero... quiero aprovechar esta oportunidad que me brindas pero no sé como hacerlo, temo cagarla... porque la cago mucho ¿sabes?, ya te irás dando cuenta. Tal vez termines arrepintiéndote.... Hoy puedo decirte que sí, pero como bien dices... es complicado, y tal vez mañana cambie mi parecer, o me resista por... por eso, por cobardía, porque en esa palabra se puede resumir todo esto—suspiró mientras evitaba pestañear y volvió a dirigir la mirada a sus ojos— ¿cómo... lo conseguiste tú? ¿puede funcionarme a mi?.





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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Desmond Lynch el Lun Jul 07, 2014 9:08 pm


Drowned Memories
→ Viernes → 23:30 → Casa de Desmond → Templado  

Cuanto más tiempo paso en su compañía, hablando con él, escuchando las palabras que brotan de su corazón, más corroboro que he sido de lo más acertado al compararle con un niño perdido. Joven, solo, herido, sin nadie que le lleve de la mano para indicarle cuál es el camino acertado; la senda que todos los que somos diferentes debemos recorrer. Su comentario acerca de su perro hace que sonría de nuevo casi con ternura. De pronto siento la necesidad de pasarle el brazo por el hombro para asegurarle que todo estará bien, que todo irá bien. Ya no está solo y no tiene que enfrentarse a los monstruos que le atormentan sin la ayuda de nadie; ahora estoy yo para iluminarle esas figuras difusas que emborronan sus sueños y demostrarle que no son tan aterradoras como él creía.

Por eso le explico que nuestra historia no es tan diferente, que yo puedo ayudarle a superar sus traumas, sus malos tragos. Me siento como un padre que tiene que hablarle a su hijo por primera vez de cómo es en realidad el mundo que le rodea para que se dé cuenta de que no siempre tiene que estar asustado. De modo que le indico que continúe hablando mientras anoto en mi cabeza cada párrafo o frase que me parece interesante, que necesitamos comentar para que él aclare sus ideas poco a poco. Además, todo esto le hace bien. Le hará bien. Nadie puede guardarse sus demonios dentro de lo más recóndito de su alma y no terminar enloqueciendo parcialmente. Yo casi lo hice cuando Ada murió, pero cuando me sinceré con mis hijas, con mi madre y con mi suegra conseguí una paz que no recuerdo haber experimentado en años.

Termino el café que me queda de un solo trago, sintiendo la necesidad de prepararme otro porque me espera una noche larga, densa y complicada. Sonrío cuando me dice sin reparo alguno que puede que cambie de opinión al día siguiente, que me rechace, quizás que me mande a la porra porque no necesita ningún tipo de socorro. Niego con la cabeza mientras me giro para rellenarme la taza, que hierve deliciosamente cuando está llena de ese líquido oscuro; también busco unas galletas que Emily dejó aquí hace unos días, mientras estuvo cuidando de las niñas una de las noches en las que tuve guardia, y lo dejo en la mesa. Doy un nuevo sorbo antes de comenzar a hablar.

Veamos, ¿por dónde puedo empezar?

Soplo el café, dándole muchas vueltas a todas sus palabras. Cada matiz demuestra algo de él que quizás no piensa que me ha enseñado, pero así es. Resulta fácil leer en el rostro de un hombre cuando está confundido, dolido y se siente tan solo como parece que él está. Me tomo unos minutos, no para crear suspense ni nada por el estilo, y sin intención alguna de torturarle; sólo quiero estar, de nuevo, completamente seguro de lo que tengo que decir para no herir su sensibilidad.

La soledad es algo difícil de sobrellevar, como también lo es crecer sin compañía siendo como somos nosotros en el mundo que nos rodea. No soy psicólogo y puede que te parezca una tontería, pero con ese animal estás rompiendo un poco eso; estás centrándote en algo más que no eres tú mismo, y eso te ayudará, créeme. —Cojo una galleta. Su sabor a limón contrasta enormemente con la bebida que estoy tomando, pero es deliciosamente ácida y lo agradezco—. Hay una bruja en New York que conozco desde hace años—comienzo a decir, preguntándome si hago lo correcto. No tengo intención de decir su nombre, y él nunca ha sospechado de ella, por lo que no puede relacionarlas. Además, su historia alumbra lo suficiente sobre lo que quiero resaltar—. Es una mujer muy dulce, buena y amable. Sin embargo se ha condenado a una especie de ostracismo social que me duele contemplar. No es que no se relacione con la gente, pero no tiene amigos. No quiere amigos. Tiene demasiado miedo de sí misma y de lo que puede sufrir cuando los demás no estén. Como ella hay muchos otros que no nacen, sino que se transforman, y se sienten perdidos, solos, como tú. Sin rumbo fijo y sin nadie en el que dejarse caer.

Emily no era la primera criatura que traté con semejante conducta. Por lo general los inmortales tienden a aislarse cuando se dan cuenta de que lo son, asustados, demasiado abrumados por lo que significa vivir eternamente, o ser completamente diferente a como soñaron o a como fueron. Es normal que Jackson, que ha vivido siempre aislado de este mundo que le aterroriza, no tenga ni la más remota idea al respecto.

Esas personas no son diferentes a ti, que no encuentras tu sitio en el mundo. Yo creo que las diferencias que algunos hacen tan insalvables entre nosotros no lo son. Incluso si tenemos en cuenta que hay subterráneos hostiles. ¿Acaso no existen humanos que matan, roban, violan y estafan? Lo único que los separa de los otros es que no tienen poderes o no se transforman con la luna llena. ¿Entiendes lo que quiero decir? ¿Qué diferencia real existe entre un mundano que no quiere vivir en paz y un subterráneo que no quiere vivir en paz? Muy poca, si me permites la conclusión. —Vuelvo a beber y como una galleta más. Ahora parece que las palabras fluyen solas—. Lo que me cuentas de tu padre es absolutamente terrible —frunzo el ceño—. Normal que no hayas acudido nunca a nadie más a pedir ayuda con semejante experiencia, pero no te preocupes, yo no te llevaré a ningún loquero. Más que nada porque entonces tendrían que ingresarnos a ambos—. Sonrío y suspiro, llegando al final de mi discurso—. Dices que tienes miedo de cagarla. Jackson, eres joven, así que meterás la pata hasta el fondo. Todos lo hacemos. Siempre. Mil veces. Incluso cuando ya superamos los cuarenta y vemos cerca el olor de la mitad del siglo seguimos cometiendo errores abismales. Equivocarse es propio de seres humanos, o que han llevado o llevan parte de la humanidad en sí. Así que meterás la pata. Hasta el fondo. Pero si me rindiese a la primera de cambio cada vez que tengo que hacer frente a un problema difícil, no me habría hecho médico. No soy oncólogo, ni cirujano ni neumólogo, así que no trato con las situaciones más duras, pero es igualmente difícil. Así que no tengo intención de rendirme contigo de buenas a primeras sólo porque hagas lo que es propio de la gente de tu edad.

Lo mismo que a mí… Es lo último que ha dicho. Si mi método podría funcionarle a él… No lo creo. Me ha dicho que no tiene a nadie en quien dejarse caer; a nadie querido en quien confiar ni en quien apoyarse para salir del hoyo, así que no lo creo. Lo único que puedo decirle es que le ofrezco mi brazo, mi apoyo, mi amistad y mi sabiduría al respecto. No puedo hacer por él lo que mis hijas hicieron por mí, pero estoy seguro de que encontrará a alguien en quien resguardarse cuando sus pesadillas regresen. Porque siempre vuelven, tenebrosas, escabrosas y dolorosas. Yo aún me despierto por las noches sintiendo el cuchillo oxidado clavarse en mi espalda para sacar desgarrones de piel; o la efigie de Ada desfigurada, destrozada, me atormenta entre sueños. No sé qué ha vivido Jackson, pero necesitará en quién esconder el rostro cuando el terror le atosigue por las noches y no le deje dormir, incitándole a tener miedo nuevamente de las criaturas que nos rodean.

Deberías probarlas, están deliciosas —le digo, haciendo referencia a las galletas. Emily ha mejorado mucho como cocinera desde entonces. —Vuelvo a coger una para comerla. Es mi forma sutil de decirle que ya he recordado quién es, pero no pienso ahondar más en ese tema. Ella no ha vuelto a hablarme de él desde entonces, así que no quiero presionar en la llaga. Si él se marchó sin decir adiós tendría sus propios motivos—. Respondiendo a tus últimas preguntas, conseguí salir del agujero en el que yo mismo me introduje gracias a mis hijas, al amor que siento por ellas. Cada caso es particular, diferente y único. Yo no puedo hacer por ti lo que ellas hicieron por mí, pero puedo brindarte mi apoyo, mi amistad y mi experiencia para ayudarte. Eso te lo garantizo, Jackson Evans.


Última edición por Desmond Lynch el Lun Jul 14, 2014 11:12 am, editado 1 vez


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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Jackson Evans el Vie Jul 11, 2014 4:17 pm


 


Lo miraba con reparo después de haber soltado parte de los demonios que le acechaban y  que se le acumulaban en su interior; los que le atormentaban tanto de día como de noche, los que pasaron años rasgando la superficie de su voluntad y que en su actualidad terminaron por destrozarla. Aquel hecho significaba que poco a poco estaba recuperando la sobriedad y la conciencia de lo que se estaba hablando allí, de todo lo que se estaba revelando  sobre su persona hacia un total desconocido; aunque no del todo cierto ya que se habían visto las caras  una sola vez;  pero de eso hacía demasiado tiempo, seguía siendo un extraño para él y era precisamente por eso por lo que dejó todo salir—aunque la borrachera también ayudo a eso—.  Desmond no era más que un anónimo que le había salvado la vida, por lo que no tendrían porqué volverse a ver si no quería, pero tras esa golosa propuesta de que le ayudaría... no podía negarse.

Su taza ya se había vaciado hacía unos minutos pero sus manos seguían aferradas alrededor a pesar de que ya había perdido su calidez. Pero eso lo hacía porque se sentía tenso e inquieto al estar a la espera de lo que le fuese a responder su interlocutor, del cual clavó sus ojos con persistencia e indagación. Aún callaba a al vez que se servía otro hirviente café, parecía que se estaba reservando para decirle todo de una sola vez y eso no sabía si era bueno o malo.

Quiso responder a su pregunta con un "por el principio estaría bien", pero se guardó el sentido del humor absurdo que usaba cuando no sabía que responder o cuando necesitaba hacer tiempo por algún motivo. Así que se mantuvo callado y simplemente levantó las cejas.

Entonces habló por fin, hablándole sobre la soledad,  de lo difícil que era sobrellevarla y tal; aunque para Jackson nunca lo fue, al menos no conscientemente. De echo siempre prefirió estar solo y creía que eso no le perjudicaría, al contrario. Pudiera ser que estuviese equivocado al pensar aquello y por haberse encerrado tanto en sí mismo. La mención de Sandor le hizo recordar el día en que lo encontró y decidió llevárselo consigo, aunque no se lo admitió a sí mismo en un principio, más bien lo hizo porque él mismo también lo necesitaba a el; a fin de cuentas Jackson también estaba abandonado en su propio contenedor de basura.

Suspiró a medida que seguía escuchando lo que le decía y observaba como comía unas galletas que parecían ser caseras. Le empezó a hablar sobre una bruja que conocía en Nueva York y Jackson arrugó la nariz con desagrado; no era de extrañar después de que fuese precisamente ese tipo de subterráneos el que casi le freía. Apartó la mirada en cuanto la describía con tantos calificativos buenos, le costaba admitir que eso fuese posible ya fuese por desconfianza hacia esas criaturas o simple cabezonería. Por lo que oía, ellos también tenían sus propias inseguridades y miedos; casi le hacía sentir como que sus problemas fuesen menores.

La soledad no es un problema hasta que te dedicas a pensar a ella, supongo... no sé, no me desagradaba, pero al encontrarme al cachorro, a lo mejor, lo tomé para dejar de estar solo—frunció el ceño justo antes de dirigirle la mirada—.y creo que eso me hace ser egoísta, digas lo que digas. Piénsalo. Aunque si te soy sincero prefiero pensar que no lo hice solo para despojarme de la soledad—dio un bufido y se sonrió, de verdad es que era bastante complicado pues ya dudaba de sus propias intenciones— .¿Y no has sido capaz de ayudarla? Dices que esa bruja sigue en sus trece de vivir apartada de la sociedad, no es muy distinto a lo que yo suelo hacer. Vaya por Dios...—dijo no por ser creyente, sino como una expresión—vas a tener que juntarnos todos en una reunión similar a los que hacen los asistentes de "Alcohólicos anónimos" para tratar de solucionar nuestros traumas —se pasó una mano por la cara mientras dejaba fluir una risa que liberase un poco la tensión acumulada.

No pudo evitar darle toda la razón aunque fuese en sus adentros cuando  dijo que habrá subterráneos igual de despreciables y desbordantes de maldad como humanos. Así que Jackson tuvo que darle la razón asintiendo con la cabeza; aunque seguía pensando que la amenaza era bien distinta, no era lo mismo hacer daño a otra persona con navaja en mano o con un arma de fuego que con poderes sobrenaturales.

Sí, ya... como para darle el premio al padre del año —añadió al comentario de Desmond sobre su padre. Le dio la seguridad de que él no haría algo semejante, claro que no, era un buen hombre, pero Jack tampoco se dejaría arrastrar hacia un centro de locos si podía evitarlo. Correspondió a su sonrisa a su comentario de que de encerrarle, tendrían que hacerlo también con él.

Oh vaya, entonces no tengo porqué preocuparme por meter la pata, mira que lo hago constantemente. Mira que... lo mismo me das tú la patada, ya harto de mis cagadas. Hasta puede que en un futuro me culpes de tu alopecia debido al estrés—volvió a sonreír, estaba consiguiendo relajarse gracias a como el doctor le trataba, siempre de una forma amable y natural. Le señaló con el dedo—.Lo has dicho, no vas a rendirte muy bien. Me fiaré de tu palabra porque no veo por los alrededores ningún papel para redactar un contrato. Pero no lo digo solo por ti ¿eh? que conste, sino también por mí mismo, que lo mismo me termino acobardando—bromeó pero no era ninguna broma, de verdad Jack temía que todo eso lo aceptaba por un momento de debilidad, pero que tras unos días volviese a lo siempre.

Jackson desvió la mirada hacia las galletas que Desmond decía que las probase, por lo que alargó la mano para tomar una de ellas y metérsela en la boca. La mezcla de sabores era suave y a la vez intensa cuando sus papilas gustativas captaron el acido sabor del limón. Masticaba y las saboreaba con parsimonia a la vez que escuchaba su testimonio de cómo salió él del agujero donde se metió él solo; como lo hacía Jackson y todos los que no tuviesen la voluntad necesaria como para salir por sí solos.  

Mmmm sí que están buenas las condenadas galletas, espero que sean edulcoradas con sacarina  porque además de asmático,  también soy diabético—dijo con seriedad mientras le daba otro bocado a la deliciosa galleta. Por supuesto estaba bromeando una vez más, una broma que seguramente a Desmond le descompondría solo hasta el instante en que Jackson se riese, y ese momento llegó—.Es broma, es broma. Deberás aprender que suelo bromear cuando uno menos lo espera, y puede que alguna no tenga gracia pero... ¿qué se le va hacer?—se encogió de hombros con una sonrisa y volvió a coger otra galleta— Ahora, en serio. Confiaré en ti después de todo aunque no estoy muy seguro de como empezar con todo esto ¿Crees en las terapias de choque? Lo pregunto por si se te ocurre la idea de reunirme con algún subterráneo  para... en fin, hablar, compartir impresiones o... yo que sé, ver un partido de futbol juntos.—se rió al pensar que eso ultimo que dijo era lo más absurdo del mundo, pero ni de lejos lo era ya que muchos de esos seres solo querían convivir con los humanos como uno más—.Mira... podemos hacer un trato ¿de acuerdo? Si esa bruja que dices está buena... haré... haré un gran esfuerzo por aceptar tal encuentro—volvió a bromear una vez más; aunque eran bromas a medias porque de verdad pensaba que eso podría ayudarle, además que no hacía falta decir que continuaba nervioso por todo lo que había pasado y porque no sabía cómo comportarse en esa situación, todo lo que pasaba era nuevo para él.

Era extraño, estaba pasando del miedo e inseguridad; a la confianza y  esperanza. Del sollozo a la risa a una velocidad vertiginosa. Sentimientos adversos que se iban alternando la una con la otra a lo largo de la noche y seguramente en las próximos días hasta que Jackson lograra estabilizarse.

No debería seguir aquí, es tarde y tienes a tu familia descansando. Es todo un milagro que no les haya hecho levantarse de la cama—suspiró y lo miró con cara de circunstancias—No quiero ocasionar más molestias, al menos no más por hoy—le ofreció una leve sonrisa—eso sí, me acabo de dar cuenta por el frío del suelo que estoy descalzo. ¿No me jodas que han acabado en la basura? porque no voy a ganar para deportivas.



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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Desmond Lynch el Vie Jul 18, 2014 3:35 am


Drowned Memories
→ Viernes → 23:45 → Casa de Desmond → Templado  

Sus palabras sólo me confirman de él lo que yo ya me había imaginado: es un niño solitario y asustadizo que no ha tenido a nadie que le llevase de la mano por el camino adecuado. Durante unos segundos me pregunto si seré yo el apropiado para guiarle; después de todo también sigo algo perdido desde que murió mi esposa, que era quien tiraba de mí para permanecer definitivamente en la luz. Desde que ella se marchó me siento algo solo, como si una mitad de mi cuerpo estuviese combatiendo eternamente con la oscuridad para no terminar dentro de ella. Eso no es algo que todos sepan, porque no me gusta comentarlo. No me gusta reconocer en voz alta que no he sabido aún superar del todo, después de seis años, el que Ada ya no está a mi lado.

Pero los ojos de Jackson me hacen disipar esas dudas. Son grandes, claros, y por un momento me parece atisbar en ellos algo de esperanza cuando dice que me toma la palabra, que se va a fiar de mí. ¿Cómo puedo dudar de mí mismo? ¿Cómo puedo pensar en mí cuando hay un muchacho joven que está depositando su confianza en mi persona para que sea su tutor en este mundo tan complejo? Esbozo una sonrisa leve pero llena de esperanza, porque lo haré. Sé que puedo hacerlo; no puedo enseñarle a este chico a luchar contra sus demonios si yo no supero los míos, así que me digo para mí mismo que, sin que lo sepa, en cierto modo él también será mi guía, porque entre dos el sendero se encuentra más fácilmente; sobre todo si siempre está bromeando así. Me cayó simpático cuando era niño. Ahora es muy diferente al muchacho que entró corriendo en el instituto para salvar a la chica que le gustaba, pero sigue teniendo algo de aquello que poseía y algo nuevo que le hacen un joven que sigue siendo interesante.

No, no he sido capaz de ayudarle. —Me he tenido que morder la lengua. He estado a punto de decir su nombre—. Es… complicado. Se podría decir que es una mujer testaruda como ella sola. —Sonrío—. Si alguna vez la conoces un poco más seguro que te darás cuenta en seguida de que no es fácil ni atravesar su coraza ni convencerla de hacer algo que no quiere. —Aunque estoy seguro de que ya lo sabe, porque debía de haber tratado con Emily lo suficiente como para haber llegado solo a esa conclusión.

Desde luego su padre no es el mejor ejemplo de ser humano que existe en el mundo, y bien podría ser uno de los canallas que he descrito antes, con pocos escrúpulos, porque hay que tener ninguno para hacerle algo semejante a tu propia carne y sangre. Me imagino a un joven Jackson, asustado, temeroso y solo, sin saber qué hacer ni qué pensar de la nueva habilidad que se había despertado en sus ojos, y siento rabia contra él. Ojalá le hubiese encontrado antes para ayudarle a superarlo todo…

Y si acabo calvo por tu culpa no te preocupes. Te quitaré algo de pelo —bromeo, señalando a su cabeza— y todos contentos. Especialmente yo, que recibo una justa retribución por mis numerosos esfuerzos. —Bebo de nuevo, deleitándome con el sabor de este delicioso café. Bendita sea Marianne por haber comprado uno de tan buenísima calidad—. Y no te preocupes si te acobardas. Todos hemos flaqueado alguna vez. Te insistiré dos veces, si eso sucede, y ni una más. Si no vuelves por ti no iré a buscarte, porque si tú no eres capaz de luchar por ti mismo, de nada sirve que yo lo intente.

Sonrío cuando dice que le gustan las galletas. Me pregunto qué pensaría ahora de ella si la viese de nuevo. Emily ha cambiado mucho desde los quince años, aunque en realidad no tanto. Su dulce melancolía sigue intacta, aunque la barrera que se ha levantado para protegerse es más dura que la anterior; me pregunto si él sería capaz de romperla, porque ya casi lo hizo una vez. Me gustaría pensar que sí, pero por otro lado sufriría por su relación. Porque las brujas pueden durar para siempre, pero él no.

Me alarmo un poco cuando dice que es diabético, pero en seguida lo niega, así que me tranquilizo mientras alzo una ceja. Menudo chistoso está hecho… Terapias de choque. No sé si tomármelo a broma o no, como todo lo demás, aunque por dentro me lo planteo. ¿Sería bueno enfrentarle a un subterráneo que no sea violento para que se dé cuenta de que no todos son malos? Ignoro hasta qué punto eso podría ser beneficioso o no, así que, de momento, lo descarto. Pero cuando propone el encuentro con la bruja casi se me cae la taza de las manos, claro que consigo disimularlo. Emily me mataría mil veces si hiciese algo así. Aunque se tratase de mí.

Lo está —respondo inmediatamente, aunque me siento mal por decir estas cosas de ellas, pero no estoy diciendo nada malo ni mintiendo; lo cierto es que tiene un buen tipo—. Siempre lo va escondiendo porque no se viste con ropa ajustada pero lo está. Además aún es joven. No llega a los cien años. Pero me temo que si concertase un encuentro contigo me mataría —bromeo, terminando mi café y dejando la taza en el fregadero.

Niego con la mano cuando me dice que podría estar molestando, dejándome caer sobre el mármol de la encimera a la par que introduzco las manos en los bolsillos. Las niñas duermen profundamente, al igual que mi suegra, y tendría que caer un meteorito sobre la Tierra para que se despertasen. O que tuviesen una pesadilla, pero es poco habitual que sean ambas las que sucumban a sus malos sueños.

No, no han acabado en la basura. Están en la lavadora. —La señalo para que vea que está en marcha—. Luego las meteremos en la secadora y cuando estén listas podrás irte. Voy a traerte unas zapatillas, espera.

Salgo de la cocina y me dirijo hacia el cuarto de baño, porque juraría que la dejé ahí. En efecto siguen en el suelo cuando las cojo, pero en ese momento suenan varios golpes apresurados en la puerta del salón y yo me yergo, alarmado, porque esto no es normal en mi casa desde hace años. Con sudor en la nuca, el corazón bombeando con fuerza en mi pecho y el calzado en la mano, me dirijo a la entrada para abrir a quien quiera que esté fuera para que no hagan más ruido. Al asomarme al exterior veo a una de mis vecinas, a Sara Montero, una joven de ascendencia hispanoamericana que parece haber visto un fantasma por lo pálida que está.

Sara. ¿Qué sucede?

Doctor, ay, doctor. Necesito su ayuda, por favor. —Está envuelta en ropa seca, pero ella tiene el pelo empapado, como si acabase de salir de la ducha. Sus ojos se muestran desesperados—. Sé que es muy tarde y que no debería pedirle esto pero estoy asustada. Es Tyler. No sé qué le pasa.

La observo durante unos segundos antes de asentir con la cabeza y pedirle que me espere aquí. Corro rápidamente hacia el lugar en el que guardo mi botiquín de emergencias, en el salón, bajo el mueble del televisor, y lo extraigo sin problemas. Mi mirada se desvía durante unos segundos hacia una estaca de plata que guardo siempre detrás, en su funda, como medio de seguridad, por si alguna vez vuelve a sucederme algo parecido a lo que le sucedió a Ada, y la guardo dentro del maletín. Entonces me levanto, dirigiéndome hacia la cocina para darle a Jackson las zapatillas.

Necesito que me ayudes, ven.

Sin esperar a recibir respuesta regreso al salón para coger las llaves y seguir a Sara hasta su casa.


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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Jackson Evans el Jue Jul 24, 2014 6:28 pm


 


El que Desmond no hubiese podido ayudar a la bruja de la que hablaba, no hacía que Jackson dudase si con él podría o no,  porque estaba empezando a comprender que el salir de ese agujero le correspondía principalmente a él mismo. Desmond podía ayudarle, apoyarle, animarle en sus momentos de flaqueza, pero el verdadero responsable de sus propios actos era Jackson, y por tanto, de su propia liberación. Y sabiendo esa base, era obvio que esa bruja tozuda estaba en aquel desastroso bucle sin fin porque ella misma se resistía a abandonarlo, por miedo, como siempre. Jackson lo miraba fijamente a medida que hablaba, trataba de estudiar sus gestos y su mirada para responder la pregunta que se estaba formulando en sus adentros. ¿Se sentiría culpable por no haberla podido ayudar? Pudiera ser, aunque aún no era tarde si ella terminaba recapacitando.

Decidió no comentar nada y dejarle hablar; desde que habían iniciado al conversación, no había parado de interrumpirle con preguntas apresuradas o con comentarios jocosos. Una enorme sonrisa cruzó su cara cuando Desmond correspondió a su broma sobre la alopecia diciéndole que en tal caso le quitaría algo de su pelo, y una vez más no pudo evitar hacer una breve interrupción.

Mi pelo ni tocarlo. Es la única cosa buena que he sacado de la herencia genética de mi padre— continuó con aquella estúpida sonrisilla en sus labios hasta que continuó escuchando sus siguientes palabras que le hicieron serenar su semblante. No sabía porqué se sorprendía, era un hombre maduro que no iba a estar nadando contracorriente siempre. Si un día Jackson decide no proseguir con la ayuda que Desmond le ofrecía, él no iba a estar detrás suya constantemente, en eso consistía el libre albedrío.  Pensar en eso le hizo fruncir el ceño, pensativo, no quería que eso ocurriese  precisamente porque le habría hecho perder mucho tiempo que podría dedicar a otras personas que también necesitasen su apoyo, y que se dedicarían en cuerpo y alma a luchar por la estabilidad de sus vidas. Además de llevarse una decepción por su parte... y Jackson no deseaba provocarle ese sentimiento al hombre que tenía en frente; a pesar de que eso nunca le había importado porque él mismo se decepcionaba día a día, así que mucho menos le iba a importar que otras personas se sintiesen de tal modo. Pero ahora todo había cambiado, ahora sí que le importaba.

Asintió con la cabeza en señal de que lo aceptaba, apartando la mirada hacia las galletas que había probado; aquellas que estaban exquisitas y que no dudaba en seguir comiéndolas con gusto. La bromita de hacerse pasar por diabético fue de lo más divertido cuando surtió efecto por la expresión que tomó Desmond. Pobre hombre... no tenía bastante con ocuparse de sus traumas como para soportar sus bromas.

Ahora fue Jackson el que arqueó una ceja al ver como la taza casi se le caía de las manos, seguramente por haberse sentido algo incomodo por la pregunta de si la bruja estaba de buen ver ¡pero le contestó! aunque con cierta tensión en su voz. El muchacho se rió de buena gana a la mención de que lo mataría si hacía que se encontrasen.

Tranquilo que yo te defiendo... la distraeré — alzó las cejas de manera sugerente y luego volvió a reír a la par que se removía un poco el pelo,  su chispa chistosa y gamberra poco a poco iba regresando; era otro de sus métodos de defensa para ocultar su nerviosismo y su preocupación, se obligaba a reírse de todo con ese fin. Pero mejor tomarse las cosas con humor que estar llorando por las esquinas aunque todo fuese una farsa.

Ah.. gracias. Lavadas y todo... oye... ya que me ayudas con mis profundos traumas, no creo que te importe un día pasarte por mi casa y... bueno, darle un pequeño repaso que está un poco desordena...do...— volvía a vacilarle un poco, reírse y porqué no, que se riese también él a la par que le dejaba bien claro que no iba a ser la chacha de nadie ¡pero no lo pretendía! era broma, era broma... sólo que solía escogerlas o muy mal o muy bien, todo dependía de la persona que fuese victima de ellas—. ya sabes que no lo digo en serio—se rió mientras cogía otra galleta—mi apartamento está bien ordenado y pulcro—mintió como un bellaco— claro, no creo que me mueva de aquí—dijo agitando una galletita entre sus manos para demostrar que se encontraba a gusto con los dulces que le había proporcionado, y eso que él no era muy goloso.

Entonces desde su posición escuchó como llamaron a la puerta, quieto y con los ojos alarmados ya que no eran horas para llamar a puertas ajenas. Trató de poner oído en cuanto el doctor abrió la puerta y preguntó lo que ocurría; lo único que pudo oír en condiciones porque no fue capaz de entender lo que una mujer le decía, aunque parecía alarmada.

Cuando Desmond regresó frente a él y le dejó las zapatillas a su lado le pidió que lo acompañase. Dudoso y extrañado, el mundano asintió con la cabeza a la par que se ponía las zapatillas, levantándose. Sintió un pequeño mareo en ese instante por el tiempo que había estado sentado y por haber sido un bruto cuando se irguió, por suerte se le pasó rápido.

¿Qué pasa?... no... no me digas que el Doctor Dolittle tiene trabajo...—dijo nervioso y serio, aunque tenía esperanzas de que no fuese por ese motivo su petición de ayuda. El doctor no esperó, directamente se dirigió a la salida, por lo que Jackson se apresuró para alcanzarle y salir también de la casa. Sus ojos se toparon con la mujer que se encontraba en el descansillo con un aspecto desesperado; podía verlo en sus ojos principalmente y en su actitud asustada.

Eh... hola— estuvo a punto, pero a punto  de decirle "problemas ¿eh?" en la situación que menos pegaba por la tensión que los rodeaba y que se podía cortar con un cuchillo, pero consiguió reprimir tal comentario. Estaba nervioso porque no sabía a donde irían, ni qué harían y en esas circunstancias no solía acertar con lo que decía— ¿Qué es lo que pasa? —se dio cuenta pronto que ahí en medio no dirían nada, además empezaron a caminar apresuradamente hacia su destino— bueno... sea lo que sea... todo saldrá bien. Desmond es...—¿un máquina?¿en serio ibas a decir eso, Jack?—un.. buen doctor, él sabrá que hacer—trató de apaciguar el nerviosismo de la chica aunque no ayudaba que se lo dijera un tipo que no estaba más tranquilo que ella.

"Aunque yo no se que coño voy hacer ni como voy ayudar porque jodo todo lo que toco"—se dijo a sus adentros.



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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Desmond Lynch el Jue Ago 21, 2014 4:38 pm


Drowned Memories
→ Viernes → 00:00 → Casa de Sara y Tyler → Templado  

Las coincidencias no existen. Ni las casualidades. Hace tiempo que dejé de creer en ellas. Pero tampoco creo en el destino. Existe la causalidad. Tú emprendes un camino, una senda, y vas escogiendo diferentes bifurcaciones que al final te acercarán a una meta, a la par que te van apareciendo varios obstáculos que debes ir salvando, gente a la que vas conociendo, cosas que vuelven para morderte el trasero después de años y demás. Ada murió porque yo había cogido vacaciones semanas antes y aquella noche me tocó hacer horas extra; si yo no hubiese pedido días de permiso, habría estado en casa y la situación habría terminado de otra forma. Incluso podríamos remontarnos más atrás, pero el concepto es lo suficientemente claro como para no tener que hacer más mella en el asunto.

Como funciona para mí, también funciona para el resto, y, por ende, para Jackson. Hoy y sólo hoy escogió salir a emborracharse, se topó con el brujo al que hizo rabiar cerca de la zona donde yo estaba; así pude salvarle y traerle a mi casa. Y cuando abro la puerta, topándome con la escena de golpe, entiendo que era hoy y no otro día cuando ha tenido que pasar esto; hoy, que Jackson está aquí conmigo; él, que más que nadie necesita comprender la humanidad que sigue latente en los subterráneos que nos rodean.

Maletín en mano e hidratándome los labios con mi propia lengua, avanzo a través del portón de la casa hacia el salón, que es la primera habitación que se ve. El suelo está húmedo, manchado de sangre, y en el sofá, Tyler, un joven afroamericano, fornido y con una poderosa mata de pelo oscuro se retuerce de dolor sobre sabanas antaño blancas mientras se sujeta el brazo izquierdo. Suda muchísimo, evidentemente por el dolor, pero quizás también porque se le haya infectado un poco. Sin decir absolutamente nada avanzo hacia él, escuchando tras de mí los pasos de Jackson y de Sara, que cierra la puerta tras de sí por ser la última en entrar. Me pongo de rodillas frente a él antes de pasarle la mano por la frente para llamar su atención.

Tyler, soy el Desmond Lynch, su vecino. —Vivíamos en la misma planta desde hacía años—. He venido a examinarle.

¡No! —Intenta erguirse para echarnos de allí. Su voz suena como un rugido ahogado, ya que pronto le nace un gemido de dolor de la garganta y tiene que dejarse caer de nuevo para no desmallarse.

Tyler, por favor —Sara suena al borde de la desesperación, y en seguida puede comprobar por qué.

Al examinar la herida la reconozco rápidamente. ¿Cómo no hacerlo, si mi esposa había presentado un aspecto mucho más lastimero pero con los mismos colmillos hendiéndole la carne? Frunzo los labios, le arranco la camiseta sin miramientos y me siento a su lado en el sofá, colocando el maletín del botiquín sobre la mesa baja que había al lado.

Jackson, acércate y sujétale los hombros. —Le indico que se ponga frente a mí para sostenerle desde el brazo del sofá, donde Tyler tiene apoyada la cabeza—. Sara, ven. —No tarda en obedecerme, y clavo mi mirada en ella con tanta firmeza que incluso ella retrocede—. ¿Cuándo le han mordido? —Me aseguro de que me esté observando para que se dé cuenta de que sé qué le ha atacado. No es difícil reconocer la marca del licántropo una vez la has tratado con cierta asiduidad.

Hace… hace un par de horas… Estábamos en el parque y… yo… —Echa un manojo de nervios empieza a temblar, a llorar.

Sara —digo con voz firme—. No te necesito en ese estado. Necesito a una mujer fuerte que atienda a todos mis pedidos, ¿comprendes? —Con lágrimas en los ojos aún, asiente con la cabeza. Yo sonrío, más conciliador—. Bien, así me gusta. Ahora necesito que vayas por una palangana de agua caliente, gasas y algo que Tyler pueda morder.

Sin perder un segundo se marcha. Entonces yo miro a Jackson, que parece estar hecho de mármol por lo blanco que se le ve, y sonrió, casi con diversión. Pobre chiquillo nuevo.

Le ha mordido un licántropo —digo con voz firme. Tyler, entre delirios, me escucha y abre los ojos, en los que brilla una cierta sorpresa por el reconocimiento—. De modo que hasta que no llegue la próxima luna llena no sabremos si se ha transformado o no. —Entonces miro directamente al herido, que ha empezado a llorar, no sé si por miedo, por culpa, o quizás cosas que se escapan a mi comprensión—. Antes podrás saberlo, porque tu humor será horrible, violento, tendrás episodios de rabia y tus emociones se desestabilizarán. Si te sucede, ven a verme; te analizaremos. Y probablemente encontremos una forma de dar con una manada para ti.

Tyler asiente entre lágrimas, todavía sujetándose el brazo doliente. Espero a que Sara vuelva, rauda, con lo que le he pedido. Le doy a Tyler el objeto de madera —no lo reconozco— para que lo muerda con fuerza, y uso el agua caliente para empezar a limpiarle la sangre de la herida, aunque no tiene nada reseca, de modo que intuyo que Sara le ha tratado antes de llamarme. Una vez limpio todo, alzo el rostro, mirando a Jackson fijamente.

Ahora es cuando más tienes que apretar.

Cojo unas pinzas, las esterilizo con alcohol y empiezo a hurgar lentamente en las heridas. Tyler empieza a removerse, a proferir horribles de gritos de dolor, pero yo no me detengo, a pesar del rictus severo de mi mandíbula y a que mis cejas se mueven inquietas en señal de aprensión por lo que está pasando este pobre hombre. Pero tengo que cerciorarme que ningún resto de los dientes del licántropo ha quedado dentro de los agujeros porque podría causarle una infección de cuidado. Por el color de la sangre intuyo que no ha perdido demasiada, así que no será necesaria ninguna transfusión. Termino rápidamente, lo que hace que Tyler se desmalle por la presión. Respiro.

Puedes soltarle —le digo a Jackson, esbozando una leve sonrisa de compasión—. Lo has hecho muy bien, chico. —Río un poco entre dientes—. ¿No decías que querías terapia de choque? —Pues toma terapia de choque, muchacho.


Última edición por Desmond Lynch el Lun Sep 08, 2014 12:41 pm, editado 1 vez


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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Jackson Evans el Lun Ago 25, 2014 3:01 pm


 


No sabía qué era lo que se encontrarían en esa casa, pero al adentrarse en ella ya pudo notar el ambiente muy cargado, además de un olor extraño. El olor del miedo, del dolor y de la desesperación en forma de sudor y sangre. Se detuvo en cuanto llegaron al salón y vio el rastro oscuro y color carmesí que lo guiaban hasta el sofá, donde se encontraba el motivo por el que la chica había acudido a Desmond con tanta urgencia. Se giró violentamente hacia atrás al oír un estruendo; que ni siquiera lo era, sólo se trataba de la mujer que había cerrado la puerta tras ellos, pero a causa de los nervios estaba algo susceptible a cualquier cosa que pudieran captar sus sentidos. Luego clavó la mirada en Desmond que empezó a hablar y estudiar sus heridas mientras él continuaba allí, sin atreverse a seguir adelante.

Observaba la escena con gesto serio y más callado como nunca lo había estado en... tal vez toda su puñetera vida. El enorme hombre gritaba en un amago de levantarse para que se marchasen, y la mujer lloraba desconsolada. Se sentía incómodo, intranquilo, extraño y sobretodo fuera de lugar. Asustado. Una vez más esa sensación que le ahogaba y que sabía que debía enfrentarse en todas sus formas posibles. Entonces Desmond le llamó para que se acercase y colaborase a sujetarle los hombros a esa bestia enorme. Jackson observó al tipo, centrándose en su torso que no solo estaba cubierto de sangre, sino de músculos bien desarrollados, y que tenían unos brazos que doblaban los suyos propios. Volvió a mirar a los ojos de Desmond con una pregunta que bien podía leerse en ellos pero que no pudo evitar soltarla por la boca.

¿En serio? ¿Pero lo has visto bien?— preguntó dubitativo, avanzando hasta ponerse en el brazo del sofá donde  veía sus hombros temblorosos, empapados de sudor como el resto de su cuerpo. Sabía que después de todo no podía negarle la ayuda, así que se coloco adecuadamente para ejercer presión con sus manos para evitar que se moviese.

Volteó el rostro para fijarse en Sara que seguía en las mismas y cuando Desmond le preguntó cuando le habían mordido se sorprendió tanto que parecía que sus ojos saldrían de sus cuencas de como los abrió.  Lo peor era cuando la mujer titubeaba y lloraba con más desesperación. ¿Preocupación? ¿miedo? ¿o era culpabilidad? Porque ese "y yo" la delataba junto a su estado anímico ¿pero cómo si era una mujer?  Oh... ¡mierda, mierda! ¿podría ser uno de esos chuchos descontrolados? ¿y... y cómo pudo hacer daño a su propio cónyuge? Dejó que hablaran entre ellos porque él, aunque hubiera querido, no podría,  a pesar de que mil preguntas se agolpaban en su cabeza, pero su respiración se había acelerado;  estaba siendo preso de la incertidumbre, y el pánico que estallaron dentro de su persona como si se tratase de una bomba nuclear. Todas esas inquietudes se empezaban a ver reflejadas no solo en su rostro desencajado, sino también en su piel nívea. Cuando la fémina desapareció en busca de todo lo que el doctor le había pedido, miró a Desmond que se puso a algunas explicaciones de lo que allí estaba ocurriendo, aunque muy tarde... porque ya estaba perdido de los nervios.

Su mirada divertida no le hacía mucha gracia pero ese no era el momento para demostrárselo, más que nada porque no había cavidad en su rostro para otra expresión que no fuese la de acojone que tenía en esos precisos momentos.

"Genial, le ha mordido un licántropo y ese licántropo es su dulce mujer que parece tan frágil y delicada como una florecilla. ¡Y una mierda!"
Para colmo, Tyler se puso a llorar amargamente por lo que estaba oyendo. Su vida cambiaría a partir de ahora, no era de extrañar su reacción. Jackson le dio un par de palmadas en el hombro  que no sabía  si le había salido para consolarle o porque se trató de un tic nervioso.

Ohh vaya... como las mujeres cuando están en esos días del mes... tampoco es para tanto hombre... — Que genial que era. Era tan bueno consolando a las personas que merecía que le rompiesen la nariz de un puñetazo. Negó con la cabeza ante su propia payasada, rezando porque el tipo no se revolviese en el sofá, lo tomase del cuello y lo matase en una profunda agonía. De todas formas, quiso anotar todo lo que decía en su mente para así quedarse con esa información— me asusta que sepas tanto de esto, doc y que estés tan tranquilo. Yo estoy...—dijo mirando a Tyler que aún seguía con sus sollozos, entendiendo que delatar su estado—aunque más que visible—empeoraría la situación del hombre —de puta madre, puedo con esto y más. Claro que sí —dijo con más énfasis de la que debió usar.

También clavó la mirada en el doctor cuando éste le dijo que llegaba el momento de aguantar a Tyler. Le respondió con un asentimiento de cabeza y empezó la fiesta. En cuanto usó las pinzas sobre la herida el enorme afroamericano empezó a removerse como un animal salvaje; tanto que casi empezó a erguirse hacia adelante tomando por sorpresa a Jackson que tuvo que apoyar todo su peso sobre él.

¡Aaghh! ¡calma, amigo, calma, que ya acaba! —dijo entre dientes por el esfuerzo y sin saber realmente cuanto duraría esa tortura, pero todo era porque el hombre dejara de revolverse con tanta fuerza porque al mundano ya empezaba a dolerle los brazos. La conclusión que sacó de eso es que debía volver al gimnasio, sin ninguna duda. Cerró los ojos fuertemente y hundió la cabeza a un lado por lo que los gritos desgarradores casi le reventaban los tímpanos. Entonces llegó el silencio y la calma. Solo podía oírse el fuerte respirar de Jackson que dejó de sujetarle en cuanto escuchó la orden des Desmond antes de darle la enhorabuena por su gran actuación. Jackson le sonrió un poco hasta que escuchó su burla de si no quería terapia de choque. Levantó la mirada con una mala hostia que si se hubiese mirado en un espejo, se daría miedo a sí mismo.

Esto va más allá de una terapia de choque, maldito hij...—se reprimió un fuerte insulto apretando con fuerza los labios. No fuese a ser que allí, sus amigos licántropos le cortaran la cabeza por meterse con su querido doctor. Cuando dejó escapar un suspiro, su cuerpo desfalleció y cayó de culo, permaneciendo sentado durante un rato. Se frotó los brazos porque los notaba entumecidos y sentía un desagradable hormigueo—. ¿y ahora? ¿qué va a pasarle? ¿No siempre se convierten en licántropos? ¿ y por qué...—desvió la mirada  a un lado hasta toparse con los ojos de la mujer. No podía preguntarle delante de ella el motivo por el que le mordió, porque le haría daño, o lo que era peor según Jackson; la enfurecería y podría peligrar su integridad física. De todas maneras no quiso mirarla tan fijamente ahora que conocía su naturaleza, le asustaba. Volvió a los ojos de Desmond, y tragó saliva — Nada... creo que yo debería irme, ya que todo está en orden y todo eso... Ehh...  me he podido sentir bien al haber sido útil aunque fuese sujetando a este nombre. Que vaya músculos ¿eh?... cuando despierte a ver si le preguntas a que Gym va y... me... me lo cuentas... —dijo dudoso las últimas palabras al fijarse que lo volvía hacer; comentar idioteces cuando menos encajaban. Se levantó lentamente del suelo observando al hombre que dormía tras haber caído desmayado a causa del dolor. Tras unos segundos, volvió a dirigirle la mirada al doctor— Y es ahora cuando me das tu tarjeta donde incluye tu teléfono y tu dirección...—esbozó una nerviosa sonrisa.



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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Desmond Lynch el Lun Sep 08, 2014 12:41 pm


Drowned Memories
→ Viernes → 00:10 → Casa de Sara y Tyler/ Casa de Desmond → Templado  

A pesar de su mirada amenazadora, yo sonrío porque no hay forma de que Jackson pueda causarme ningún tipo de temor, por mucho que lo intente. Me he enfrentado a cosas más aterradoras a lo largo de mi vida como para que un muchacho con mala leche pueda infundirme algún miedo. Así que simplemente niego con la cabeza mientras suelto las pinzas con las que he hurgado en las heridas de Tyler para coger los apósitos y desinfectantes con los que tratarle. El dolor previo ha sido tan intenso que no se despierta cuando le curo, sino que tan sólo se mueve levemente, adoptando alguna que otra mueca de sufrimiento, pero sigue inconsciente. Pobre hombre.

Desde el suelo, el chico vuelve a hablarme, preguntándome por lo que le sucederá a nuestro paciente. Yo suspiro algo apesadumbrado, buscando en mi cabeza las correctas respuestas para que Sara no estalle en más llantos. La observo de reojo; parece tan nerviosa y tan asustada que la sospecha que se ha formado dentro de mí mientras trabajaba se acrecienta considerablemente. La pregunta es: ¿por qué? ¿Por qué? Quiero saberlo. Y quiero que Jackson esté delante para que pueda entender un poco más el sufrimiento de estas pobres criaturas que no han escogido ser quienes son en este momento.

En primer lugar, estoy tan tranquilo a pesar de que sé mucho de esto porque un médico debe de ser capaz de guardar la compostura. La primera vez que traté a uno de los suyos temblaba tanto que casi hice más mal que bien. Por otro lado, no, no siempre se convierten en licántropos; la mordedura puede resultar fatal o puede resultar inofensivo, si se trata bien. La maldición de los lobos no acude a todos una vez son heridos; ojalá no sucediese nunca pero… —Suspiro ligeramente.

Entonces Jackson dice que debería marcharse, y yo frunzo el ceño mientras pienso que es el primer síntoma de querer huir, al menos de momento. Entiendo que haya sido mucho para él el tratar directamente con alguien afectado por un subterráneo, pero tiene que permanecer con nosotros un poco más. Le observo ponerse de pie y hacer bromas mientras sonríe, nervioso. Yo le devuelvo el gesto sutilmente.

Quédate unos minutos más, Jackson, por favor. Tengo que terminar con Tyler y tus zapatos están en mi casa. —Me giro hacia Sara cuando termino de vendarle el hombro, aproximándome para quedarme frente a ella, que se ve diminuta en ese sofá tan enorme—. ¿Qué sucedió? ¿Por qué le mordiste? —Palidece—. No te estoy juzgando. Sólo querría saberlo. Por favor. —Ella duda. Tiene los ojos llorosos, pero al final accede a contárnoslo.

Hace un año que yo… —La voz se le hace un murmullo antes de continuar—. Tyler me ha ayudado tanto que no podría nunca. Yo… —Suspira, nerviosa, cuando le aprieto la mano para que se tranquilice. Parece entender mis señales, por lo que empieza lentamente desde el principio—. Esta noche decidimos a pasear un poco, simplemente por el placer de hacerlo. Desde que… desde que me… mordieron, no nos hemos atrevido a salir demasiado a menudo por temor a que me descontrolase. Nos hemos mudado varias veces hasta que dimos con este ático, tan tranquilo y bien ubicado cerca del hospital que pensamos que sería lo mejor. Incluso insonorizamos el cuarto donde… —Asiento, instándola a continuar—. Sin embargo para una vez que nos decidimos a hacerlo, un  vampiro salió a nuestro encuentro y… Yo intenté controlarme siendo un lobo, de verdad. —Empieza a llorar de nuevo, con la voz temblorosa—. Pero cuando me desperté estaba en el lago con Tyler; me había tirado al agua para intentar controlarme, y sólo ganó eso. Yo no quería hacerle daño. Sólo quería que nos dejase en paz…

Me coloco en el brazo del sillón para reconfortarla mientras rompe a llorar sobre mí. Le acaricio el pelo y le susurro que todo saldrá bien. Permanezco así un par de minutos, pidiéndole a Jackson con la mirada que espere un poco más porque no tardaremos en marcharnos. Cuando siento que se tranquiliza me separo, poco a poco. Ella me mira con sus grandes ojos oscuros y su piel aceitunada. Es tan bonita, tan joven, que sólo puedo sentir lástima por ella. Le sonrío de forma tranquilizadora mientras me levanto para empezar a recoger mis cosas.

No puedo quedarme más tiempo, Sara. Ahora está fuera de peligro y tenéis que controlar el siguiente mes; ya sabes cómo va. Para cualquier cosa ya sabes dónde vivo, así que podéis acudir a mí. Pero por favor, no le des a nadie de los vuestros mi dirección ni nada por el estilo. —Pongo una mueca muy seria que dulcifico en seguida—. En la consulta podréis encontrarme a menudo y allí podré atenderos mejor que en mi casa. —Ella asiente mientras se levanta tras de mí, siguiéndonos hasta la puerta—. Intenta descansar. Ha sido una noche dura para los dos.

Sí… —Parece tan triste y desolada, pero no puedo hacer más por ella. Sin embargo sonríe agradecida cuando me mira—. Muchas gracias, doctor. Que Dios le bendiga —lo dice en español, pero puedo entenderla perfectamente. Yo asiento con la cabeza antes de girarme hacia mi departamento.

Camino sin decir demasiado mientras avanzamos hacia él, y cuando cierro después de que Jackson entre, me dejo caer sobre el sofá, agotado de pronto por todo lo que ha sucedido. Desde luego ya no tengo treinta años, y este estrés emocional termina por pasarme factura. Miro de reojo al chico.

Si quieres irte ya mismo puedo darte unos zapatos mientras los tuyos no están listos. —Me inclino hacia delante en el mueble en el que estoy sentado, pasándome la mano por los ojos—. Siento haberte retenido un poco más, pero quería que escuchases a Sara para que comprendieses lo que intentaba decirte antes. Que los subterráneos sufren por lo que son mucho más de lo que puede parecer en primera instancia. Así que considera aprendida tu primera lección conmigo. —Sonrío con algo de cansancio, esperando su respuesta. Ya no tengo intención de que permanezca conmigo más de lo debido si él mismo no quiere.


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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Jackson Evans el Lun Sep 22, 2014 9:37 pm


 


Quería saber, quería conocer cómo Desmond se veía tan relajado, tan normal después de todo lo que había acontecido, pero claro está,  Jackson ignoraba que tan solo era apariencia ya que el doctor seguramente se sintiese algo nervioso y tenso porque nadie podía estar preparado al cien por cien para algo así, al menos no una persona humana. De todas formas le explicó el motivo del por qué se mantenía sereno, como era de lógica, como médico debía estarlo para que pudiese realizar su trabajo sin ningún problema, aunque reconoció que la había fastidiado en su primera vez. Como en todo.  Jackson asintió con la cabeza en señal de comprensión, y miró por el rabillo del ojo al enorme hombre que se encontraba aún inconsciente sobre el sofá, al pobre le esperaba un destino un tanto difícil si al final se convertía.

Nervioso, Jack quiso largarse de allí y no le gustó en absoluto la mirada que le echó Desmond ¿pero qué esperaba? ¿que se pusiera a dar brincos y gritar "¡Quiero otro sujeto!¡y lo quiero ya!"? Estaba acojonado y tuvo que hacer un esfuerzo para no mearse encima. Esas clase de cosas había que enseñárselas poco a poco, suministrándoselas en pequeñas dosis, no como lo había hecho, aunque vale... había que reconocer que él mismo le había dado la idea ¡pero es que no era consciente de lo que decía!

Ah...—fue lo único que pudo decir justo antes de echar la mirada hacia sus pies comprobando que se encontraban enfundados en unas zapatillas caseras — Eh, vale —de pie, se quedó mirando a la muchacha una vez hubiese escuchado las preguntas que le había formulado el doctor.

A Sara le costó arrancar, titubeaba bastante a la hora de describir lo que había pasado pero finalmente relató con tristeza, eso sí, cómo había ocurrido todo y el por qué. A Jack le pareció increíble que aún habiendo pasado un año, la muchacha se descontrolara. Supuso que no era tan fácil como pensaba o como las películas o series de adolescentes querían mostrar. Tuvo que retirarle la mirada en cuanto volvió a llorar, no podía con esas cosas aunque dijese que no le afectaba que le llorasen en la cara. La chica estaba rota por dentro, era una subterránea con los mismos miedos e inquietudes que podían tener un humano, bueno, no exactamente los mismos pero creo que se entiende lo que se trata de explicar. Su humanidad seguía intacta.

Desmond se pone a su lado para consolarla con un pequeño abrazo y el muchacho se ponía malo, esas situaciones le eran de lo más incómodas, porque le hacían sentir algo, y en esos momentos ese algo era lástima. Agradeció que el doctor empezara a recoger las cosas y darle los últimos consejos a Sara de lo que hacer en el próximo mes. Tenía que comprobar si Tyler se había convertido en uno más. Jack no se despidió con palabras sino con un simple asentimiento que seguramente ni siquiera vio, de todas formas ahí no era nadie, no había ojos que se fijaran en él después de que el doctor le hubiese salvado la vida a su marido.

Al llegar a la casa, Des se deja caer en el sofá revelando su verdadero estado. Estaba exhausto y apostaba cien dólares de que no sólo físicamente.

No es que quisiera salir por patas "porque sí", sino que necesito reflexionar sobre esto a solas ¿sabes?. Esto no es algo que vea todos los días y mucho menos que pueda asumir así a la ligera. Ya he entendido cuanto sufren, lo he podido sentir más dentro de lo quisiera, así que tranquilo que has cumplido tu cometido perfectamente —le reprochó con algo de brusquedad, incluso podía decirse que demasiado. Suspiró y se pasó la mano por la cara, chasqueando la lengua— Vale, lo siento. No quería echarte nada en cara, joder... que me estás ayudando en esto,  sólo que... ha sido demasiado chocante. Y no es una primera lección, esto ha sido todo un trimestre — bufó y se sonrió un poco, dando algunos pasos hacia el sofá y sentarse a su lado notándose también pesado. Dejó la cabeza descansar hacia atrás— Mejor espero a mis zapatillas — dijo en cuanto notó que su cuerpo se había relajado tanto que no podría levantarse hasta que pasaran unos minutos. Ladeó el rostro hacia él — No tendrás algo por ahí para llegar a casa y poder conciliar el sueño ¿no? Porque lo que yo tengo no es digamos... muy beneficioso para la salud — resopló, apoyando su antebrazo en su frente. Quería reflexionar en solitario, sí, pero esa noche quería dormir y no lo conseguiría sin obligar a su mente a desconectar — Y ya te llamaré — se rió un poco al caer en la cuenta de lo gracioso que resultó ese comentario por el significado que había detrás — Ehh sí, de verdad, aunque esa sea la frase más común de mi repertorio, la cual luego no suelo cumplir, pero contigo sí, prometido.



Última edición por Jackson Evans el Vie Oct 03, 2014 3:47 pm, editado 1 vez



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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Desmond Lynch el Miér Oct 01, 2014 8:28 pm


Drowned Memories
→ Viernes → 00:15 → Casa de Desmond → Templado  

Ni siquiera tengo ganas de llevarle la contraria a Jackson cuando se pone insolente conmigo. Estoy demasiado cansado y sólo es un niño asustado que no sabe cómo encarar sus miedos ni las cosas que le atormentan. Tampoco a los subterráneos. Lleva toda la vida huyendo de ellos, como Emily, y aunque haya hecho una broma al respecto necesitaba este primer contacto brusco, despiadado, para despertar. Para darse cuenta de que la burbuja ya no existe, que tiene que formar parte del mundo exterior y que protegerse dentro de ella sólo va a perjudicarle hasta el punto de ser motivo de su autodestrucción. De modo que me limito a alzar la mano para indicarle que cierre el pico y deje de quejarse sin mucho entusiasmo, aunque mis ojos azules no abandonan los suyos nunca.

Sonrío cuando le escucho pedir perdón, casi teniendo que reprimir una carcajada. Por supuesto que sí. Sé que ha sido chocante. Pero era mi intención. Era lo que pretendía, porque así he conseguido, probablemente, borrar ese cariz malvado que parece rodear siempre a todos los subterráneos, criaturas maléficas y descorazonadas. Ellos no tienen la culpa de haber sido maldecidos o haber nacido de un acto forzado. Mis pensamientos viajan hacia Emily, quién también tendría que empezar a salir de la burbuja tarde o temprano. Emito un suspiro y alzo el pulgar cuando me dice que esperará por las zapatillas. Las cuales, por cierto, debería ir metiendo en la secadora ya porque si no, iba a quedarse aquí toda la noche.

Suelto una carcajada muy leve cuando me dice que me llamará de verdad, y tengo que reprimir una broma porque estoy concentrándome demasiado en intentar levantarme para dirigirme hacia la cocina. Arrastro los pies por el suelo mientras le hago una seña al muchacho de que espere y me adentro en la habitación, cambiando las zapatillas deportivas de sitio antes de programar un secado rápido. Cierro la puerta tras de mí para regresar pesarosamente al lugar que he ocupado antes; sin embargo, no vuelvo a sentarme. No ahora mismo. Antes me desvío para guardar el maletín junto con la estaca de plata que llevo siempre para emergencias. La respiración de Jackson me llega desde atrás, y me planteo seriamente la idea de darle algún narcótico para que esta noche consiga conciliar el sueño, sobre todo después de haber reflexionado un poco sobre lo que ha dicho. ¿Tiene drogas ilegales en casa? Eso me hace fruncir el ceño considerablemente, y no me molesto en ocultarlo cuando me coloco de nuevo a su lado.

Sé que ha sido algo difícil para una primera experiencia, pero a veces es mejor saltar desnudo al agua helada. Después de esto, pocas cosas podrán sorprenderte de primera mano. Por otro lado, tus zapatos están ya en la secadora. Dentro de treinta minutos estarán listos. Igualmente, si quieres quedarte aquí a dormir, el sofá es todo tuyo, porque no me parece que sean horas especialmente seguras para que vuelvas solo. Claro que siempre puedo acercarte en coche. Lo que prefieras.  —Vuelvo a emitir un suspiro, apretándome los ojos con los dedos mientras gimo levemente—. No sé qué pensar de lo que me has dicho sobre las pastillas para dormir, porque las insinuaciones que me has hecho no son, desde luego, demasiado buenos… Pero si de verdad vas a tener problemas para conciliar el sueño, seguro que tengo algo en el botiquín del cuarto de baño.

Me pasé las manos por la cara y por el cuello, notando el peso de la edad una vez más cernirse sobre mí. Puede que no aparentase mi edad, y que me mostrase jovial casi todo el tiempo, pero los años caían sobre mí como bloques de hormigón recién mezclado en estos momentos, haciéndome sentir quizás mucho mayor de lo que en realidad era.

Por otro lado, me alegra saber que tendré noticias de ti, muchachote. —Le doy una palmada amistosa en el brazo, esta vez esbozando una sonrisa—. Si no me habría sentido un poco utilizado, ¿verdad? —Le aprieto suavemente antes de apartarme del todo—. Tampoco te presiones. Si quieres puedo darte yo el primer toque para quedar y ya tú me dices si nos vemos o no. Como prefieras.


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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Jackson Evans el Lun Nov 10, 2014 4:34 pm


 


Jackson pronto se dio cuenta de lo bien que se estaba en el sofá; era blando y duro en partes iguales,   su trasero había encajado a la perfección en uno de sus huecos, y su espalda descansaba cómodamente en el respaldo sin necesidad de cojines. Estaba en el puto paraíso. Por unos instantes perdió el hilo de la conversación hasta que, por el contexto de lo que decía —y porque dijo la palabra “desnudo”— dejó el camino hacia mundo onírico para volver a la realidad de esa noche.

Treinta minutos hasta que sus zapatillas estuviesen listas para ser calzadas. Bah, eso no era nada.  Jackson no iba a conciliar el sueño sin ayuda de alguna sustancia ni de coña. Además, que no se iba a quedar a dormir en casa del doctor, ya sería el colmo. El imaginarse que a la mañana siguiente se despertase con las miradas curiosas de sus hijas le hacía ponerse enfermo. No era que detestara a los críos... no, sino todo lo contrario, el asunto es que lo trataba de  ocultar para hacerse el “machito”, pero no se daba cuenta que hacía el gilipollas, como el 90% del tiempo.

Se llevó una mano a la cara cuando se dio cuenta de lo que le había insinuado, pero estaba tan cansado que no había filtro entre lo que pensaba y decía; se transmitía absolutamente todo, incluyendo sus más oscuros vicios. Iba ser mejor  callar la boca. Por suerte Desmond se lo dejó pasar, seguramente porque estaba agotado de aquella completa, o más bien desbordante jornada.

Te lo agradecería — asintió con la cabeza sin quitarle de vista ni un solo segundo, observando los  signos de cansancio que se manifestaban en la expresión de sus gestos, en su rostro, especialmente en sus ojos pues los parpados parecían caer constantemente — Tú no tienes pinta de que necesites nada para dormir, estás rendido. Me imagino que habrás tenido un día duro en el trabajo y para rematar, yo — esbozó una sonrisa ladeada, apoyando la cabeza en el respaldo y descubriendo otro nivel de confort que no creía posible — No te preocupes, yo en cuanto se sequen las zapatillas, me las pongo, y cojo un taxi si es... necesario ¿eh? ya... y ya está — se relamió os labios a la par que daba un profundo suspiro que se vio interrumpido por la aparición de una sonrisa. Desmond tenía su gracia, le seguía el juego de la conversación, sus dobles sentidos y eso le hacía sentirse bien, se sentía en un ambiente amigable y relajado.

Vale... vale... Me das un toque, perrrrrrfecto — murmuró a la par que asentía con la cabeza débilmente, tanto que no era fácilmente detectable. Dejó que el tiempo pasase entre ambos y con el, el silencio. Mentalmente buscaba algo que decir, algo que no fuese agradecerle todo lo que había hecho por él porque eso resultaría repetitivo, pero no se le ocurría absolutamente nada. Claro, no se le ocurría nada porque se había quedado profundamente dormido.

Ahí se quedo el joven Jackson; con el cuerpo totalmente relajado, sus piernas algo estiradas, y su tronco ladeado a un lado pero manteniendo su cabeza perfectamente apoyada en el respaldo del sofá, lo que hizo que su boca se mantuviese semiabierta y surgiesen de ella los primeros ronquidos.



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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

Mensaje— por Desmond Lynch el Mar Nov 11, 2014 12:32 am


DROWNED MEMORIES
→ Viernes → 00:30 → Casa de Desmond → Templado

Tener hijas es algo muy diferente a tener hijos. A pesar de que nunca ha nacido varón de mi simiente, estoy convencido plenamente de ello porque yo he sido hijo, y si me comparo con mis propias niñas o Emily, a quien aprecio como si fuese de mi sangre, me doy cuenta de que nuestra forma de percibir el mundo era completamente diferente. Antes de llegar a los once, en realidad, no nos diferenciamos tanto: peluches, camiones, saltar en el barro o trepar árboles. En ese momento no hay género que te diferencie. No hay rol. Pero cuando empiezas a crecer, la cosa cambia. Las niñas, probablemente empujadas por el papel que la sociedad ha impuesto sobre ellas, empiezan a interesarse por cosas supuestamente delicadas y femeninas —Emily es una de tantas que demuestra que esto no siempre es cierto—, mientras que los niños siguen preocupándose más de nadar en cueros en el río y jugar al fútbol. Si bien es cierto que cuando a ellos les alcanza la pubertad… nadie sabe decir quién la lleva peor.

Mientras contemplo a Jackson rezongar en el sofá de mi salón, sonrío levemente entre dientes, preguntándose si es esto lo más parecido que voy a sentir nunca a estar con un hijo. Alguien que necesita dirección; alguien que hace cosas indebidas a escondidas de los adultos que le conocen y/o son responsables de su persona para no recibir reproches. Perdidos. Desolados. Solitarios. Ansiosos de recibir una mano amiga pero siempre incapaz de pedirla por vergüenza, miedo, o ambas cosas. Claro que no es muy normal que un padre le diga a un hijo que está dispuesto a pasarle un sedante para que pueda pasar la noche durmiendo debido a que no tiene drogas de diseño en el apartamento. Pero a fin de cuentas, yo no soy responsable de su vida, y él ya es un adulto consciente de sus limitaciones.

Me paso la mano por la cara cuando me pregunta si he tenido un día duro, sintiendo en ese momento que el peso de la jornada cae sobre mis hombros una vez más como una losa de mármol. Es horrible esta sensación de impotencia, de agotamiento absoluto y total. Me rasco el cuello mientras asiento levemente con la cabeza, no sabiendo si no deseo que se vaya solo a casa por miedo a lo que pueda sucederle o si quiero que sí para poder descansar al fin en mi cama. Sin embargo, a pesar de que asegura que no va a quedarse aquí y que va a pedir un taxi, no puedo creerle. Sus ojos, que se cierran lentamente, adormecidos y mecidos por el cansancio, así que tengo muy claro que tendré un inquilino esta noche en mi hogar. Pero yo no digo nada. Sólo sonrío, asiento y me yergo para no caer presa del sueño antes que él.

Pronto se deja caer Jackson sobre el respaldo del sofá, y no pasan demasiados minutos antes de que empiece a roncar. Yo me río casi en un susurro mientras me levanto, y, tras asegurarme de que no se va a despertar, recuesto su cuerpo horizontalmente en los cojines grandes y cómodos del mueble para que esté cómodo. Marcho a una de las alacenas de las habitaciones del apartamento para traer una almohada junto a una sábana, ya que no me parece bien, de momento, que no pase la noche abrigado y con el cuello hecho papilla. Es verano, lo sé, pero no siempre hace calor durante la noche; en el caso de que me equivocase su cuerpo, siempre sabio, le ayudaría a desprenderse de la tela.

Le observo unos segundos, antes de que el pitido de la secadora me interrumpa, y contemplo cómo sonríe plácido, casi sin ninguna preocupación surcándole el rostro. Ojalá llegue el momento en que repose así todas las noches de su vida. Corro hacia la cocina para extraer las zapatillas, las cuales cojo rápidamente en una mano, para dejarlas en el salón justo debajo del sofá, donde él puede encontrarlas fácilmente sin buscar demasiado. Tras eso recojo un poco la estancia, apago la luz, bostezo sonoramente por el cansancio y me giro hacia él.

Buenas noches —digo a penas en un susurro, antes de apagar la luz en aras de dirigirme a mi dormitorio.

Tras eso, mi cuerpo se mueve solo y, antes de que pueda darme cuenta, estoy reposando en mi almohada, en una cama demasiado grande para mí y bajo unas sábanas frías. Pero por primera vez en muchos años, el dolor del recuerdo no hace mella en mí, y por una vez tranquilo, me dejo llevar suavemente en los brazos de Morfeo…


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Re: Drowned Memories [Desmond Lynch]

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