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31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


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Rockabilly girl |Jackson Evans|

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Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Emily Yates el Lun Jun 23, 2014 11:00 pm


ROCKABILLY GIRL
→ Lunes → 10:15 → Peggy Sue's → Cálido  

¡Peggy Sue, sírveme más café, por favor!

Emily se sonrió entre dientes mientras terminaba de tomarle nota a la pareja que había ido a desayunar aquel día a la cafetería en la que trabajaba, cuyo nombre precisamente era Peggy Sue's, pensando que de haberse tratado de cualquier otra persona le habría mandado al cuerno cortésmente. Pero el hombre canoso de sonrisa seductora que alzaba la jarra hacia ella mientras volvía a guardarse el cuadernito de anotar en el delantal de color verde oscuro no era cualquiera. Se llamaba Matthew Bram, tenía sesenta y cinco años, y aunque ellos pensaban que no lo sabía, era el amante de Dina.

Le había conocido hacía varios meses en ese mismo lugar, un día que había ido a llevarle las llaves de casa, que había olvidado. Emily ya había entrado en contacto con él porque frecuentaba el local bastante, y desde el principio le había puesto ese sobrenombre porque, según él, aunque tenía el pelo azul, estaba convencido de que vestida con el modelito daría perfectamente el pego de una camarera de los cincuenta. Y de los cincuenta casi nadie sabía más que él porque ey, había tenido a Elvis como canción de cuna. Se trataba de un tipo divorciado desde hacía años, con mucho desparpajo, encantadoramente encantador, con una sonrisa blanca y perfecta y unos impresionantes ojos verdes. Dina, que nunca había sido precisamente parada, se había acercado a hablarle en seguida. Y bueno, el resto, como se solía decir, era historia.

Se aproximó, cafetera en mano, después de haber dejado encargado el pedido de la mesa cinco. Sarah no compartía turno con ella esa mañana, pero aún así, no se habría referido a ella para pedirle el café. Era su chica predilecta, decía, porque el recordaba a su hermana pequeña, y siempre se detenía a hablar con ella de cualquier tontería, aparte de para preguntarle por su abuela. Como si no terminase en su cama cada vez que ella tenía turno fuera…

Cualquier día te dará un ataque, Matthew. Que ya no tienes cincuenta años —le dijo con un tono de broma, inclinándose un poco para llenarle la jarra. Él le sonrió simplemente, dando buen provecho del trozo de tarta de manzana que había encargado.

Ah, Peggy Sue. Si mis hijos me cuidasen tan bien como tú estaría hecho una rosa.

Estás hecho una rosa, Matt. Eso te lo aseguro. —Se irguió después de terminar—. Ya quisiera yo con tu edad estar como tú o como mi abuela. —Lo dijo por cortesía, porque ella nunca envejecería, y eso era un golpe que aún le estaba escociendo en el alma; pero de poder, sin lugar a dudas quería tener ese cuerpo fuerte y esos ánimos que le caracterizaban a ambos.

Me halagas demasiado, Peggy Sue. Demasiado. ¿No querrás algo con este viejo, no? —Le guiñó el ojo mientras se llevaba la taza a los labios para beber. Emily se rió.

Matthew, si tuviese cuarenta años más, estarías el primero de mi lista —le dijo antes de girarse para continuar atendiendo mesas.

¡Te esperaré hasta dentro de cuarenta años, entonces! —su respuesta volvió a hacerle reír.

Se aproximó a la cocina para esperar que el cocinero terminase de preparar los huevos revueltos y las tortitas. Observó de reojo a Louis, que charlaba animadamente con un cliente que se había sentado a la barra. Manuel era quien se encargaba de los fogones, mientras que Louis, el jefe, un negro enorme, calvo, con un pendiente y una sonrisa que competía en blancura con la de Matthew, servía las bebidas, fuesen cuales fuesen. Y lo cierto era que le quedaban de muerte. Tenía una sonrisa franca, una risotada profunda, unas manos que eran como tapaderas de cubos de basura y unos músculos que podían dejar atontados a cualquiera. Manuel, por su lado, era delgaducho, moreno por su ascendencia sudamericana y horriblemente guapo. A veces había coqueteado con ella, sólo le sacaba unos cuatro o cinco años, pero quedaba en eso, en un simple tonteo. Manuel tenía una novia preciosa a la que adoraba y ella no estaba interesada en ninguna relación, así que simplemente hacían el imbécil un rato mientras él cocinaba, porque ambos sabían que nunca llegarían a absolutamente nada.

De pronto, la idea de que algún día todos ellos morirían, todos los que estaban en ese restaurante, y ella se quedaría sola para llorar sus muertes le anegó por completo como una inundación, y se puso triste. Incluso por la chica que le acompañaba en el turno esa mañana, Anaís, con quien no tenía demasiado trato. Por las parejas a las que no estaba atendiendo. Por los bebés en sus carritos que envejecerían llenos de arrugas mientras ella seguiría igual. Matthew. Dina. Todos.

Una pequeña tortita en forma de corazón, sobre una servilleta, apareció delante de ella. Al alzar los ojos se topó con los negros, enormes de Manuel, que le sonrió antes de volver a su tarea. Emily rió tontamente, cogió algo de caramelo que había en la barra, la untó y se la comió, determinando que estaba tan buena como siempre.

Entre mi abuela y tú me vais a hacer sacar un culo que no voy a poder volver a sentarme en estos taburetes, Manuel.

Tonterías —dijo en un claro español antes de continuar en inglés—. Tienes un culo delicioso, Emily Yates, y ningún dulce podrá cambiar eso. —La chica rió estúpidamente, cogió los platos que le dejaba sobre la barra y se marchó a servir las mesas, sin fijarse en quién entraba o en quién dejaba de entrar en la cafetería/restaurante.

A fin de cuentas, era su día a día en el trabajo, y se topase con quien se topase, tenía que esbozar una sonrisa encantadora.


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Re: Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Jackson Evans el Mar Jun 24, 2014 6:47 pm


 


Terminó de untarse al dichosa crema para la quemadura que tenía en el cuello, la que no le quedaba más de unos días para terminar de cicatrizar y la que provocó el brujo con nombre de gay. Lanzó un leve gruñido mientras se miraba al espejo con cara de pocos amigos una vez que acabó. Luego abrió un cajón del pequeño armario para tomar unas vendas que estaba seguro que compró para Sandor cuando le estaba tratando la pata rota hará ya... varias semanas o quizá un mes. Quién le diría que ahora tenía que usarlas para él, al menos les daría uso y no sería dinero perdido. Abrió un paquete y fue rodeándose el cuello solo un par de veces. Cortó y con esparadrapo lo fijó para que no se moviese. Al acabar se sintió un pardillo de los pies a la cabeza con eso ahí, tanto que ni quería salir a la calle, pero tenía que hacerlo esa mañana. No tenía ninguna obligación de ello, bien podría quedarse en casa viendo alguna película o simplemente hacer el vago, pero se le apetecía comer algo dulce acompañado de un buen café recién hecho, nada que ver con lo que tenía en casa; galletas de supermercado y agua sucia con cafeína.

Se sentó en el sofá para atarse los cordones de las deportivas y ahí estaba su cachorro que pronto perdería esa condición porque parecía ya un joven Beagle, o cruce más bien, en fin, qué más daba... Lo quería igual aunque no lo quisiese reconocer. Sandor jugueteaba con sus manos y los cordones, mordiéndole cariñosamente los dedos impidiendo que siguiese con su labor.

Estas son las terceras zapatillas que me compro y parece que a ti te importa un comino, sigues queriendo destrozarlas, cabrón — le dio un empujón con la mano para arrastrarlo al suelo, brusco pero en forma de juego de tal forma que no le hiciese daño. Le puso la palma en pleno pecho para que no pudiese levantarse y empezó a retorcerse como lo haría una lagartija. También comenzó a ladrar.
Qué fácil es controlarte ¿eh? Qué fácil puedo manejarte a mi antojo... ojala todo fuese así de sencillo... —musitó a la vez que liberaba al perro el cual se tomó su venganza mordiéndole los dedos de las manos y empujándole con la cabeza. Con la mano libre tomó su teléfono móvil y entró en el buscador para ver qué cafetería podría proporcionarle un exquisito trozo de tarta, una que tuviese una gran variedad de sabores a escoger. Al menos podía elegir lo que podía desayunar esa mañana, tener algo bajo control en su vida aunque no fuese algo transcendental... Al menos eso le ayudaría a levantar un poco el ánimo. O eso quería creer el muy patético.

Peggy Sue's ummm vaya... voy a sentirme como Danny Zuko ahí dentro — se rió de su propia broma como siempre solía hacer, guardó el móvil en su bolsillo delantero del pantalón y se levantó en dirección a la puerta siendo perseguido por Sandor— Tú te quedas aquí, no tardaré mucho. Aunque eso depende de si le echo el ojo a alguna clienta o camarera. Adios~~— echó mano de la chaqueta que colgaba del perchero cercano a la puerta de salida y se marchó. Bajando las escaleras se colocó la chaqueta, alzándole el cuello para que se notase menos la quemadura vendada. Al salir a la calle se percató del buen día que hacía y que se asaría con el abrigo que llevaba, pero bueno... prefería eso que sentirse avergonzado. Qué extraño era Jackson, para unas cosas podía ser algo pudoroso, sobretodo cuando se trataba de su imagen, pero para otras no sentía ni un ápice de pudor. Era un sinvergüenza de lo más raro.

Cuando llegó al establecimiento lo hizo frotándose los ojos con una mano, el sol había impactado contra sus ojos mientras conducía provocando que alguna que otra vez sonasen el claxon de algunos de los coches a los que entorpeció, como también resonó algún que otro berrido de protesta. Se acordó que había "perdido" las gafas de sol en Central Park, por no acordarse que habían encontrado otra propietaria. La cual se daría pronto cuenta que el destino había vuelto a cruzar sus caminos;  exactamente igual que contaba esa leyenda japonesa, la que unía a dos personas predestinadas con un hilo rojo.

Jackson no echó mucha cuenta de la gente que le rodeaba, de momento, pues se dirigió a una de las mesas intentando que el suelo a cuadros no le hipnotizase. Tomó asiento y cogió con ansias la carta para verificar lo que la web indicaba, la amplia variedad de tartas;  tarta de queso, de chocolate,  rollos de canela, brownies y la que se le antojó ¡tarta de calabaza!. Una pequeña risotada surgió en sus adentros y que menos mal pudo reprimir en su interior, así evitó que otros lo mirasen como si estuviese loco.

Cuando levantó la mirada hacia la persona que iba atenderle lo primero que hizo fue lo más común en esas situaciones; abrir los ojos de par en par. Tenía a Emily de frente con un uniforme de camarera que resaltaba de sobremanera con el color de su cabello. Su mente se quedó bloqueada durante unos instantes. Recordaba que le había dicho en su reencuentro que trabajaba en un café pero por todas las religiones del mundo... ¿cuantas cafeterías pensáis que existirán en Nueva York? no, mejor no lo penséis por si os da una embolia.

Anda... que casualidad—se obligó a reaccionar antes de que se le notase la sorpresa— Estás ideal con ese uniforme ¿te lo han dicho ya?— apoyó el codo sobre la mesa y se inclinó un poco, adoptando esa típica pose de chulo interesante. Le sonrió de forma encantadora a la vez que la miraba a los ojos. Trataba de ignorar como su estomago se le había cerrado de pronto y lo que más le apetecía en esos momentos era escapar de esa sensación que le apresaba el cuerpo, tensándolo de tal manera que le costaba mucho disimular, incluso con esa estúpida pose. Trató de divertirse un poco, de apoyarse en parte de esa sensación de extraña euforia al haberla visto y a la vez acallar esa alarma que se había activado, la que  no paraba de resonar dentro de su cabeza pero que su eco alcanzaba hasta su corazón.

Quiero un café bombón y... —si, ahora sí que necesitaba un suplemento de azúcar... Al menos sería mas sana que una raya de coca — un trozo de tarta de calabaza con extra de GAFAS DE SOL — volvió a sonreír guiñándole un ojo — que poca vergüenza Emmmily — rectificó ganándole así a su subconsciente— mira que te di un teléfono y no me has llamado, ni siquiera para devolvérmelas ¿Es que no te alegras de verme?— la miró esperando impaciente su respuesta a la vez que usaba la carta para abanicarse un poco, de pronto sentía su cuerpo totalmente caldeado.

off:
Lo siento, no pude evitar añadir lo de "extra de GAFAS DE SOL" xD



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Re: Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Emily Yates el Mar Jun 24, 2014 10:27 pm


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→ Lunes → 10:20 → Peggy Sue's → Cálido  

«Oh, Dios, dame un respiro.»

Fue lo que pensó cuando escuchó de nuevo la puerta del local abrirse. Anaís estaba algo ocupada tomando nuevos pedidos a la mesa de un grupo de cuatro muchachos de unos veinte años que debían de ser deportistas o semejante, porque comían como limas sordas y sólo se veía músculo al otro lado de su camiseta, así que intuyó que le tocaba a ella hacerse cargo del nuevo cliente. La muchacha, que era rubia, le agradeció con la mano el gesto durante unos segundos para luego continuar anotando apuradamente. Emily sonrió mientras negaba con la cabeza. Se trataba de una chica tímida, todo lo contrario que Sarah, y aunque no hablaban mucho le inspiraba cierta ternura.

Recogió el juguete que se le había caído a un niño pequeño por el camino y se dirigió a la nueva mesa que acababa de ser ocupada. Y para qué… Tuvo que reconocer que casi le dio un patatús al distinguir el rostro detrás de la carta, porque no era nada difícil hacerlo cuando pasabas por su lado, cogiendo el ángulo de visión perfecto para ello. ¡Había cientos de restaurantes, cafeterías y bares en todo New York! ¿Qué demonios hacía de nuevo Jackson Evans frente a ella? Bien, se había alegrado de verle en su momento, pero sinceramente, no había albergado esperanzas con respecto a volverá a encontrárselo. Ni nada. Era una puerta que esperaba no tener que volver a abrir, pero allí estaba. Suspiró profundamente antes de colocarse frente a él y carraspear para llamar su atención, libreta en mano.

Bueno, al menos su cara fue divertida cuando la reconoció.

Sí. Eso mismo estaba pensando yo. —Rodó los ojos ante el comentario del uniforme. Pues más veces de las que me gustaría, la verdad. Pero para mi suerte no suelo vestirlo porque mi jefe claudicó en los intentos de que lo llevásemos hace años. Hoy lo tengo puesto porque se me ha manchado la camiseta y tenía esto escondido en el armario. —Podían vérsele los leggins negros por debajo de aquel ridículo vestidito de los años cincuenta. Bueno, en realidad le encantaba todo lo rockabilly, pero odiaba que se le viesen las piernas en público. Por eso había llevado a cabo una feroz batalla con Sarah que al final habían ganado.

Cuando le sonrió de esa forma el hieratismo de Emily se fue a tomar viento. No por nervios, ni por sonrojo, ni por amoríos adolescentes. Simplemente le hizo gracia y terminó sonriéndole de vuelta, divertida, a pesar de que no había absolutamente nada de lo que le había gustado de Jack en él. Jack no adoptaba esas poses, ni miraba de esa forma. Jack se reía estúpidamente de bromas sin gracia, era torpe hablando de sentimientos, sincero, brusco y se sonrojaba fácilmente con el tema de las chicas. Aunque tenía que reconocer a su favor que había conseguido aprender a utilizar su encanto. Se le hacía raro pensar que se trataba de la misma persona en ese momento, pero tampoco podía culparle por ser diferente al niño que había conocido. De hecho, incluso en ese momento lo agradeció.

Era cierto que cuando se habían reencontrado había deseado percibir algo del muchacho que había conocido años atrás en sus ojos azules, y casi se había regocijado al comprobar que muy en el fondo estaba escondido, prácticamente sepultado por años, vivencias, quizás dolencias, alcohol y sexo. Había vuelto a casa casi de buen humor por ese hecho, rememorando por el camino  el día en que le había conocido, cuando se le había echado encima al verle dibujar, o diferentes y estúpidas anécdotas que le habían hecho reírse en su momento hasta casi llorar.

Pero al llegar a su habitación y encontrar los dibujos que había hecho de él, al mirar el rostro del adolescente, recordó de pronto un episodio que había enterrado muy profundamente en su memoria. Lo que había sucedido en el incendio, cuando se había lanzado a por ella sin pensarlo al interior del edificio ardiendo, se sucedió en imágenes dentro de su cabeza, y se asustó. Se asustó porque recordó cosas acerca de él que había olvidado; llevaba tantos años sin pensar en Jackson Evans, en Jack, que había pasado por alto algo de lo que se había reído en el parque mientras hablaba con él. Y es que había sido prácticamente la única persona que había conseguido agujerear levemente la barrera que había alzado para mantenerse separada de los demás y le había sonreído desde el otro lado, incitándola a atravesarla y quedarse a su lado. Había sido prácticamente el primer chico que le había gustado de verdad siendo adolescente; recordaba el beso, el abrazo, la promesa estúpida que se habían hecho de cuidarse si alguno volvía al hospital, para haber terminado desapareciendo de su vida como su madre: de un día para otro.

Con el último retrato que había hecho de él —no eran muchos, sólo tres o cuatro, comparados con los que tenía de Charlie, de Dina o de Sarah y Louis—, el pulso había comenzado a temblarle y lo había tenido que dejar sobre su escritorio para tranquilizarse.

De pronto la idea de volver a acercarse a Jack se había hecho tan aterradora que no pudo soportarlo —casi pudo notar las lágrimas que había vertido, escuetas, leves, sobre el pecho de Dina por no poder comprender por qué había desaparecido; lágrimas que no recordaba haber llorado—, y se centró en todo lo negativo que había visto en él para convencerse de que no era ese niño que le había gustado en el pasado, y que tampoco iba a volver a rasgar la malla con la que había reparado el agujero que había dejado al irse. Era un egocéntrico. Un guaperas. Un capullo de cuidado. El hecho de que había retrocedido cuando le insinuó que podían ser algo más. La exasperación que el recorrió cuando él propició su acercamiento. Eso le hizo tranquilizarse un poco y recobrar la compostura en ese momento antes de volver a guardar los dibujos que había hecho de él en lo más profundo del cajón de la mesa, como hacía casi trece años, cuando había decidido amargamente echar el cerrojo con respecto a lo que había significado para ella en ese momento.

Por eso, mientras le miraba adoptar esa ridícula pose con la que intentaba seducirle, Emily se alivió de nuevo al comprobar que no veía nada de Jack, de ese Jack, en la mirada de Jackson, y se dijo que podría lidiar con él sin problemas, porque no era más que otro guaperas más que intentaba ser simpático con ella para llevársela al catre. Tomó nota de su pedido casi con una sonrisa en los labios, mordiéndose el inferior, casi divertida, cuando hizo referencia a lo de las gafas, aunque enarcó una ceja cuando le acusó de no tener vergüenza.

Perdona pero cuando cogí tu tarjeta en ningún momento te dije que fuese a llamarte. Simplemente fui cortés contigo y ya está; aunque he de reconocerte que casi que debes dar gracias porque por lo general suelo tirarlas a la cara y punto. Y las tarjetas también. —Se relamió los labios, intentando no pensar en que sí que se había puesto nerviosa al verle y había tenido que repetirse como un mantra que la relación que había tenido con él en el pasado estaba muerta, y que por hablar con él no iba a suceder absolutamente nada—. Además, no fue mi culpa que las dejases olvidadas accidentalmente —hizo un matiz especial en esa palabra antes de continuar—. Si tanto las hubieses querido podías haberme buscado para dártelas de vuelta. Y date con un canto en los dientes si decido no quedármelas al final. —Se introdujo la libreta en el delantal que llevaba con el vestido—. Ahora mismo te traigo tu pedido.

Se giró. Había estado a punto de decirle que sí que se alegraba de verle, pero al final se había mordido la lengua, porque no lo tenía muy claro. ¿Se alegraba de verdad? Había sido agradable toparse con él y comprobar que estaba bien, tanto la vez anterior como aquella, pero no podía dejar de darle vueltas al hecho de que ahora era una persona completamente diferente que no sabía si le gustaba. Ella también había cambiado un poco, pero ni de broma al mismo nivel que Jack. Jackson. Ya no era Jack. Sí, era encantador y continuaba haciéndole reír, pero ya no iba a llamarle Jack. Al menos no si de verdad no encontraba nada de él ahí dentro, y no estaba tampoco demasiado segura de querer hacerlo porque seguía dándole miedo la idea, provocándole que se tensase un nudo en el estómago. Así que mientras no tuviese muy claro… nada. No podía decirle que se alegraba de verle de nuevo, como le había dicho la primera vez, porque ahora que lo había reflexionado y madurado todo, no estaba segura de absolutamente nada con respecto a ese chico.


Última edición por Emily Yates el Jue Jun 26, 2014 12:12 am, editado 1 vez


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Re: Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Jackson Evans el Miér Jun 25, 2014 6:00 pm


 


Cómo odiaba en esos momentos el no creer en las casualidades, en la suerte, en los encuentros fortuitos... Cómo le irritaba sentirse preso de ese falso sino que no era más que su destino portando una máscara de simple eventualidad. Se la imaginaba como una figura ensombrecida y que escondida tras dicho antifaz le sacaba le lengua; mofándose de él, demostrándole que no era precisamente él el que podía controlar con quien se cruzaba. Su paranoica mente se veía afectada por esa idea y se cabreaba muchísimo por ello, el muy patético se dejaba provocar por su propia imaginación, por sus frustraciones, por sus carencias. A Jackson no le hacía falta ningún enemigo; con el mismo le bastaba y sobraba.  

Parpadeó lentamente observando la cara de Emily y no le había parecido ver ninguna reacción de alegría en su semblante, ni siquiera un ápice de sorpresa. O sea... ¿que era al único que le estaba volviendo loco su reencuentro? ¿era al único que le había trastornado un poco? A ver, eso le provocaba una hiriente punzada en su orgullo de macho dominante ya que hubiese esperado un recibimiento algo más... más... eufórico. Pero no solo era eso, sino que le horrorizaba pensar que era el único que removía el pasado tan dentro de su cabeza que le cansaba, hasta tal punto que lo fatigaba físicamente. Una revelación le llegó entonces... se sentía bastante decepcionado, más de lo que jamás hubiese creído y que nunca querría reconocer. ¿Pero por qué? Habían pasado ya trece años y él presumía de que no era el mismo de entonces, que ese tiempo no le importaba lo más mínimo pues quedó enterrado bajo varias capas de hormigón armado. ¿Era su vanidad la que hablaba o su auto convicción? Sea lo que fuese... lo que esas reflexiones provocaban era una extraña tristeza que brotaba de su pecho, le oprimía tanto que afectaba hasta a su respiración, dificultándosela, y no había inhalador que mitigase esa dolencia. Pero había que continuar con la función.

Pues qué suerte que haya venido en el día en que lo llevas puesto— añadió manteniendo esa traviesa sonrisilla mientras paseaba su mirada por sus piernas ocultas bajo los leggins negros.

Pudo ver en su rostro como sus labios se estiraban en una sonrisa, así que no le era del todo indiferente, le hacía gracia; pero igual que  a un niño le hacía gracia un payaso. Él amplificó la suya propia claramente contagiado por al de ella. Estaba distinta a como la recordaba; aunque intentaba no hacerlo lo hacía inconsciente la mayoría de las noches desde que se había vuelto a cruzar con ella. Ah... y muy, muy, muy a su pesar no la recordaba de la forma en que querría; en el baño de su apartamento con un paquete de pañuelos a su lado. Ese sería su objetivo... percibirla como a una más, porque ella ERA una más, debía serlo.

Jackson bufó y rompió en una leve risotada al oír su réplica; cuanta hostilidad... la cual manaba por su boca como la sangre en una herida abierta. Le divertía porque no se la quería creer. Aquel retintín que usaba al hablar sobre la perdida de sus gafas le hizo acordarse de que en el fondo seguía siendo la misma, a lo mejor algo más cortada en sus contestaciones, pero tenía la misma chispa que antaño. También estaba a la defensiva; así sería muy difícil llevársela al huerto. En más de una ocasión, con otras chicas con la misma inteligencia que Emily, tuvo que variar un poco su personalidad; mermar un poco su condición de gilipollas, básicamente. Pero eso no le gustaba nada... no con quien tenía en frente. Era complicado.

¿Cómo iba a buscarte si no me diste tu número de teléfono? tenía esperanza de que tuvieses algo de honradez y me llamases para devolvérmelas — alzó las manos para marcar un poco las siguientes palabras que rozaban la disculpa; pues si seguía así, terminaría sin gafas de sol y sin su pastel de calabaza —.vale, vale, perdona. Es solo que me había hecho ilusión ¿sabes?, y también debo reconocer que no esperaba que no me llamases... no suele pasarme — trató de darle credibilidad a su argumento. No le hizo verdadera gracia volvérsela a encontrar por los sentimientos que despertaron en su interior,  pero sabía que debía agachar un poco la cabeza para llegar hacia ella; para poder hacerle lo que hacía con todas, sin distinción. Porque ella no era nada especial ¿verdad? que va, que va, era una más, sin ninguna característica específica, nada que le hiciese dudar de sus lascivas intenciones.

Esperó a que regresara con su pedido; lo hacía frotándose las manos, pasándose una por la barbilla o masajeándose el puente de la nariz, inquieto. Seguía notándose tenso y sobretodo presionado, quería que cesaran todos esos pensamientos que se agolpaban en su cabeza de tal manera que le empezaba a dar jaqueca. Dio un resoplido en el tiempo que veía que Emily regresaba a su mesa para  servirlr lo que había pedido. Jackson tomó la cuchara y removió el café para que se mezclase bien con la leche condensada.
Gracias. Y oye... no me seas así;  tan agresiva. Me intereso por ti, de una forma u otra, pero así es. No es como si te estuviera tratando mal, o molestando; de ser así ya me habrías mandado a la mierda ¿verdad?. Porque no creo que te importe mucho cuatro dólares más o menos, en la caja registradora si de verdad te estuviese incordiando — dio un sorbo del café y se deleitó del amargo y dulce sabor, estaba realmente delicioso. Cogió la pequeña cucharilla para probar la tarta; otra cosa por la que tuvo que cerrar los ojos y contener un gemido placentero. Pero no... Jackson seguía prefiriendo el sexo —.Joder, esto está de putisima madre, felicitaciones al cocinero —se relamió  el labio superior al sentir que un poco de nata manchó su bigote. Entonces creyó ver que Emily se alejaba, estaba en su puesto de trabajo por lo que no podría quedarse con él. Por lo que la quiso interrumpir. — ¡Eh! ¿cuando acabas? Podríamos vernos después, comer, el café de la tarde, cena...— puso cara de tortuga a la vez que alzaba las cejas, eso sería tentar a la suerte, demasiado pronto— Además, Sandor te echa de menos, estoy seguro. Ni te imaginas lo grande que se ha puesto. Tienes que venir a verlo  — le sonrió más ampliamente. ¡Eso era!¡utilizando al perro seguramente tendría más posibilidades! Si al final Sandor se convertiría en su mejor inversión.



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Re: Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Emily Yates el Jue Jun 26, 2014 2:02 am


ROCKABILLY GIRL
→ Lunes → 10:30 → Peggy Sue's → Cálido  

Le pidió a Louis el café bombón de pasada para luego ir a darle la comanda a Manuel. Sus pasteles eran de lo mejorcito que había en ese lugar, podía atestiguarlo habiendo probado los de Dina primero. Se apoyó en la barra para entregarle la nota con una sonrisa algo cansada en el rostro, y se dejó caer sobre su superficie lisa, apoyando la cabeza entre los brazos, reflexionando sobre todo lo que le había dicho Jackson. Así que se había hecho ilusiones, ¿eh? Era horrible no saber si de verdad le estaba diciendo eso porque quería ligar con ella o porque de verdad había experimentado ese sentimiento; a fin de cuentas, no había tenido ninguna pega en reconocerle, semanas antes, que usaba a Sandor para intentar ligar con otras chicas. Probablemente esa fuese una de sus frases ‘precocinadas’, preparadas para sacar del horno en el momento más oportuno.

Cuando Emily Yates pone esa cara es que las cosas no van bien —canturreó Manuel mientras le dejaba a su lado una nueva tanda de tortitas para una de las mesas de Anaís y la tarta de calabaza de Jackson—. ¿Qué sucede, hermosura?

Nada, Manuel. Nada en absoluto. —Se irguió y se estiró como un gato hacia detrás. Entonces vio a Jackson de reojo y bufó un poco antes de adoptar una pose más humana—. ¿Cómo sabes cuando un chico está diciendo algo para ser amable y cuándo está diciendo algo para ligar? —La risotada de Manuel le hizo fruncir el ceño.

Cariño mío —repitió en su idioma natal—. Cuando un hombre es amable con una mujer la mayor parte del tiempo es porque quiere ligar con ella. —Ante el gesto que puso volvió a echarse a reír—.  Sabes que si no tuviese novia estaría pegado a ti como una polilla. —Emily cogió los platos y le sacó la lengua.

Y yo te habría rociado con spray.

¡No se podía esperar menos de la chica de hielo! —se carcajeó.

Negó con la cabeza con una sonrisa en los labios mientras paraba en la barra de Louis para coger lo que le había encargado, diciéndole en susurros que no se le ocurriese hacer un comentario al respecto o le mataría. Su jefe simplemente alzó los hombros y siguió limpiando tazas, aunque Emily sabía que las bromas vendrían después. Bandeja en mano se aproximó para dejar primero la otra comanda, ya que le pillaba más a mano, y luego fue directamente a la mesa de Jackson, dejando cada plato sobre la mesa mientras los enumeraba.

Se quedó escuchando mientras hablaba, de nuevo con la misma expresión casi distante en el rostro. Pero qué fácil se rompía esa máscara cuando estaba él cerca. Si cuando eran niños sobre todo le hacía reír, en ese momento se podía decir que casi además, le desconcertaba y le irritaba. ¡Tan agresiva! Como si él le hubiese conocido siendo agresiva en algún momento. A Jack sólo le había mostrado su cara amable, a veces un tanto borde, pero nunca de forma agresiva. ¡Ni siquiera en ese momento lo había sido! Menuda chorrada…

Yo no he estado agresiva —le repuso, algo molesta, mientras se cruzaba de brazos—. Reza para nunca verme agresiva, de verdad te lo digo. Pero sí, tienes razón, de momento no me estás molestando porque sí, lo notarías. Sabes que nunca me he cortado un pelo al decir lo que pienso y cómo lo pienso, por mucho que la mitad del tiempo esté siendo cortés, que es lo que pretendía hacer contigo.

No entendía por qué le molestaba tanto. Quizás porque estuviese intentando ligar con ella cuando… «¡Basta!» Se dijo a sí misma. «Deja de compararle con el chico que fue. ¡Ya no es Jack! ¡Ya ha dejado de ser Jack! Ahora es otra persona completamente diferente.» Por eso no debía importarle que intentase ligar con ella ni que estuviese diciendo estupideces. Pero lo cierto era que le importaba más de lo que quería reconocer. Quizás por eso tampoco le había mandado a tomar viento todavía. O quizás era porque, ciertamente, él no le había llegado a molestar demasiado. Aún. Aunque iba por buen camino, desde luego; y eso que no estaba haciendo nada en concreto.

¡Peggy Sue!

La voz de Matthew le sacó de sus ensoñaciones, y con un gesto de la mano se disculpó ante Jackson para seguir atendiendo mesas. Sin embargo su interrupción la dejó fría en el sitio. ¿Verse? ¿Cómo en una cita? De pronto echó de menos la mochila que había utilizado para cubrirse el cuerpo el primer día, pero no tenía muy claro exactamente para qué la precisaría en ese momento. ¿Para esconderle o para golpearle por culpa de los nervios que habían empezado a recorrerla nada más escucharle? Maldita fuese su estampa. ¿¿Por qué demonios se ponía nerviosa?? ¡Sólo era otro estúpido pidiéndole salir al que tenía que decirle que no!

Jackson… yo… —Espera. ¿Qué? Alzó una ceja—. ¿Acabas de utilizar a Sandor para ligar conmigo como si fuese una desconocida? ¿O es que ya lo haces por defecto con todas las chicas con las que quieres acostarte? ¿O de verdad quieres que vaya a ver a tu perro para que charlemos de, no sé, los viejos tiempos y demás? —daba igual cuál de las tres le dijese; por un motivo u otro, la respuesta a todas era la misma. Y se la dio tras reírse—. No, gracias. No me importa que nos encontremos de modo fortuito, pero nada de citas. O lo que pretendas que sea lo que quieres que sea eso.

Si ya se había mostrado reticente en la hierba, cuando sus recuerdos estaban aún borrosos, flotando en la inopia de su mente, ahora que tenía plena consciencia de quién era, de con quién estaba hablando y quién le estaba insinuando esas cosas, la respuesta no iba a cambiar en absoluto. Incluso ahora se iba a mostrar mucho más cautelosa a la hora de relacionarse con él. El miedo la cegaba en ese aspecto, como siempre. El miedo a que alguien la viese de nuevo y la llamase monstruo. Recordaba haberse estremecido por pensamientos parecidos referidos a él siendo más joven. Qué estúpida había sido…

¿Peggy Sue? —Matt le miraba con la cara pintada en preocupación. Emily esbozó una sonrisa suave para tranquilizarle, y aparentemente lo consiguió—. ¿Puedes traerme la cuenta, por favor?

Claro. En seguida. Oye, ¿por qué no vas a ver a mi abuela esta tarde? Estoy segura de que le encantará toparse contigo por ahí. —Le guiñó un ojo, y una parte de sí misma se divirtió al ver que se había sonrojado un poco—. Vamos, Matthew. Vivo bajo el mismo techo, ¿de verdad creías que no me había dado cuenta? Llámala, anda.

Eres un diablillo, pequeña. —Le hizo señas para que se acercase—. ¿Entonces no por qué no le dices tú que sí a ese muchacho tan guapo de ahí que, al parecer, te ha insistido ya un par de veces? ¿No será como el imbécil ese rubiales que viene a molestarte, no? —La cara de seriedad absoluta que puso Matthew le hizo reír. Era encantador.

Más o menos. —Le observó de reojo desde donde estaba—. Pero es un poco diferente. Fuimos compañeros de clases de niños. Hacía mucho que no nos veíamos y es raro. —Arrugó la nariz.

Dina ya me dijo que eras más bien complicada para estas cosas. Ay, pequeña. El tiempo que tenemos es corto y deberías aprovecharlo. Sólo te digo eso.

Esbozó una sonrisa condescendiente ante la afirmación del hombre, ya que para ella no se iba a cumplir nunca ni de lejos, y fue a pedirle la cuenta de Matthew a Louis, que era quien se encargaba de todas esas cosas. Sin embargo, al pasar junto a la mesa de Jackson, hizo algo que se le antojó estúpidamente repentino para lo que estaba acostumbrada a hacer. Se apoyó con una mano sobre la tabla y le miró directamente a los ojos.

Salgo a la hora de comer. —Frunció el ceño, preguntándose por qué demonios hacía y decía eso—. No pienso tener ninguna cita contigo, sin embargo si me quieres acompañar a casa no te voy a decir nada. —Se separó, alzando la mano y señalándole con el dedo índice—. Pero ni pienso devolverte las gafas ni acostarme contigo, guaperas.

Continuó con su camino hacia la barra, decidiendo que debía empezar ignorarse a sí misma o tendría un serio problema.


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Re: Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Jackson Evans el Lun Jun 30, 2014 12:24 pm


 


La mirada de Jackson acompañó a Emily cuando se marchó a seguir con su trabajo. En especial se fijó en su trasero; como éste se balanceaba de un lado a otro por cada paso que daba y eso le hizo sonreír. Era mucho mas fácil verla de esa forma que como su compañera de instituto, la misma que compartía los mejores momentos de su vida y que le hacía rememorar que entonces no tenía más preocupaciones que aprobar los exámenes. La clave era verla como una chica más; un trozo de carne al que meter mano, al que devorar cual fiera entre las sábanas, la que utilizar para su propio gozo. Sintió un tremendo alivio que ese conjunto de ideas le excitaran, todo estaba como debía estar, el problema sería seguir con el plan pues preveía que con ella no sería precisamente coser y cantar, sintió un Déjà vu ¿De qué le sonaría esa expresión? bah, daba igual, si seguramente sería una tontería.

Seguía disfrutando de su tarta  y pensando en lo "no-agresiva" que estaba Emily, no tuvo más remedio que reírse mientras ella se encontraba sirviendo otras mesas. Prefirió no responderle nada en aquel momento no fuese que le cruzara la cara y eso no podía permitirlo, su rostro era lo mejor que tenía después de su cuerpo. Pero le hacía gracia que negara algo más que evidente ¿pero por qué se enfadaba? no era capaz de comprender a Emily, era tan egocéntrico que pensaba que debía sentirse halagada más que irritada.

Dio un trago a su café a la vez que echaba un vistazo a su alrededor viendo otras camareras del establecimiento a las que sonreía en cuanto sus miradas se cruzaban. También las saludaba con un asentimiento de la cabeza y si alguna se mostraba receptiva, le guiñaba un ojo. Una de ellas no fue capaz de aguantar su encanto; ya fuese por timidez o por desinterés, aunque Jackson pensaba que era por lo primero. La otra sí que le hizo más caso y le surgió la idea de preguntarle a Emily sobre ella, algo que descartó al instante cuando parte de su razón le dio una colleja. No podía arriesgar lo que tenía planeado.

Cuando Emily había rechazado su invitación, Jackson se la quedó mirando un tanto sorprendido, no solo por el rechazo en cuestión, sino por cómo lo hizo ¿Dónde estaba la cortesía ahora? ¿por qué estaba prejuzgándole? Aunque había adivinado sus intenciones era mejor hacerse el ofendido y el asombrado. Aprovechar esos ojos que tenía para poner una expresión de desconcierto y confusión, con Emily siempre había funcionado y era inevitable usarla ¡pero no quería hacerlo! le salía solo, como antaño...
No quiso ni admitírselo a sí mismo, pero que le dijese con tanta hostilidad esa negativa le hizo fruncir el ceño y sentirse de verdad ultrajado. Ante esa actitud y sobretodo la mirada que le echaba, se sentía como si fuese un violador que había forzado a su dulce abuela la noche anterior, y eso le estaba tocando bastante los pendientes reales. Lo curioso de todo aquello es que no era la primera vez que una chica se le ponía así, pero inconscientemente le afectaba más al tratarse de Emily, como si sus palabras le hicieran sentir como un criminal.

Un vejestorio le llamó desde otra mesa y se marchó, desde luego se habría quedado tan pancha, o eso pensaba Jackson el cual se había quedado con el tenedor en la mano a punto de pinchar otro trozo de tarta, pero ese movimiento nunca se llevó a cabo al haberse quedado congelado por lo ocurrido.


¿Debía insistirle más o desistir? No le gustaba esa sensación que estaba naciendo de su interior por lo que se apresuró a terminarse el café. A lo mejor sería buena idea dejarle ese round a favor de Emily y ya buscarla en otro momento; ya sabía donde trabajaba así que no le resultaría difícil. Había dejado sobre el plato un último trozo del dulce que lo mantuvo a drede para marcharse de allí con su delicioso sabor, y cuando iba a pincharlo se topó con una mano femenina sobre la mesa.  Al alzar los ojos hacia  su rostro descubrió que volvía a tratarse de su antigua compañera y se temió lo peor. Él también clavó sus iris azul en los castaños de ella y ni por asomo se hubiese esperado lo que le había dicho. ¿Aceptaba? ¿y ese cambio de opinión? Quiso preguntarle el motivo pero temía que de hacerlo terminara por arrepentirse, así que no le salió otra cosa que sonreír de forma triunfante, pero la mantuvo tensa por miedo a que rompiese en una carcajada.

Acompañarte a casa, de acuerdo —parpadeó un par de veces y rápido aún extrañado. Desvió un poco la mirada hacia el hombre mayor que la había llamado antes, les miraba con interés ¿habría tenido algo que ver?— Pero eso no es justo. Puedo entender que no quieras acostarte conmigo... bueno en realidad no lo comprendo pero en fin, qué menos que devolverme las gafas. No pienses que me sobra el dinero para unas nuevas. Al menos darme algo a cambio ¿no? Me conformaría si me invitases a este desayuno— se terminó la tarta para luego echarse hacia atrás, acomodándose sobre el asiento y le sonrió de manera encantadora. — Te estaré esperando fuera, no te arrepentirás y lo sabes— intensificó su sonrisa y ella volvió a marcharse, tal vez iba a pagar ella su desayuno o lo mismo iba a por una sartén con aceite hirviendo para arrojársela a la cara. Jackson decidió esperar de todos modos a la vez que buscó con la mirada al tipo de antes y cuando sus miradas se cruzaron, le hizo una seña con la mano alzando el pulgar. Tenía cierta sospecha que tuvo algo que ver en el cambio de parecer de Emily.

¿Y qué iba hacer mientras acababa su turno? por lo menos quedaban dos horas largas. Se levantó de su asiento y se despidió de la chica de antes con otra discreta sonrisa. Al salir del local se acercó a un escaparate cercano, era una librería pero solo lo hizo para mirarse la solapas de las chaqueta levantadas que habían cubierto perfectamente el vendaje. Dio una pequeña vuelta por la manzana lo que hizo que se quitase la chaqueta al sentir una calor desmesurada, pero cuando llegó la hora de recoger a Emily se la volvió a colocar. "Recoger", aquello sí que sonaba a cita. Sin pensar mucho en ello decidió esperarla fuera y al lado de su Harley, aunque no veía que a ella se le apeteciera mucho dar una vuelta.




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Re: Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Emily Yates el Mar Jul 01, 2014 12:13 am


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→ Lunes → 12:30 → Peggy Sue's → Cálido  

«Oh, por favor…»

Tuvo que rodar los ojos ante su muestra de enorme humildad cuando le dijo que no comprendía que no quisiese acostarse con él. En serio, ¿el ego que había adquirido Jackson Evans a lo largo de esos trece años tendría fin en alguna parte del mundo? Porque empezaba a dudarlo seriamente. Al menos no era precisamente lo que demostraba… Enarcó una ceja cuando le pidió el desayuno a cambio de las gafas. ¿En serio? Lo peor era que estaba pensándoselo seriamente porque mierda, de verdad le gustaban las malditas; eran enormes, pero le hacían sentirse estúpidamente importante cuando se las ponía. Momentos frikis de cada uno, suponía.

No le respondió nada en concreto. Sólo movió el rostro, como pensándoselo, y se dirigió de nuevo hacia la barra para continuar con sus pedidos, sopesando seriamente lo de no cobrarle. Louis no le diría nada, salvo que le daba coraje que tirase su sueldo por un imbécil así, pero ey, comparado con la pasta que se habría gastado en las gafas, le salía tirado de precio. Se sentó a esperar a que el jefe le tendiese los nuevos cafés que tenía que servir, sopesando las opciones.  Cogió la bandeja con la cafetera repleta de café recién hecho, además de algunas tazas vacías y otras rellenas con algunos pedidos especiales. Cuando se lo comentó, como había predicho, le miró con cara rara, alegando que no merecía la pena.

Es que las gafas molan. Saldré con ellas de trabajar y cuando me las veas puestas me darás la razón.

Louis se echó a reír y le indicó con el dedo que Jackson se marchaba. Emily se giró para observarle mientras se perdía al otro lado de las puertas, e instintivamente suspiró, porque no quería tenerle todo el rato detrás intentando ligar con ella. Demasiado con que al final había accedido a pasar un rato extra más con él, aunque aún no tenía muy claro exactamente el por qué. Se acordó en el último momento de Matthew y su cuenta, que esperaban, y la pidió con rapidez. Al acercársela, él le sonreía, dándole la certeza de que habían sido sus palabras las que el habían hecho cambiar repentinamente de opinión.

Tu cuenta, Matt. —A pesar de todo, le sonrió. No podía no hacerlo.

Gracias, Peggy Sue. —Observó el papel, sacó el monedero y empezó a hacer cuentas—. ¿Al final le has dicho que sí?

Le he dicho que puede acompañarme a casa. Espero que no se haga ilusiones… —Matthew se rió abiertamente y le pasó la cuenta y una generosa propina—. Matthew, no… —Le daba cosa que le hubiese dejado tanto dinero.

Disfrútalo, Peggy Sue. Y no seas muy mala con el pobre chico.

Sin decir más se fue. Observó los billetes que le correspondían en la palma de la mano, y con un profundo suspiro, los introdujo en la parte correspondiente a sus ganancias personales del delantal mientras se relamía los labios. Fue a servir los cafés que debía, siempre con una sonrisa en el rostro, a la par que sus pensamientos seguían divagando por las palabras del amante de Dina un poco más. El tiempo que tenemos es muy corto, le había dicho. En ese momento había reflexionado sobre ella misma, pero quizás, y sólo quizás, su subconsciente, al pasar por su lado, había aplicado esas palabras a él. Jackson no iba a vivir eternamente porque no era más que un simple mundano; un ser humano normal, corriente, y que encontraría su final tarde o temprano en ese mundo.

Esa idea le hizo entristecerse un poco. Sólo un poco. A fin de cuentas, había albergado un gran cariño por él en el pasado, y él ya se había ido una vez sin poder despedirse. La idea de que eso se repitiese le hizo sentirse un poco mal, por lo que terminó achacando que toda aquella conclusión que acababa de determinar era el motivo de que hubiese aceptado. Malditas fuesen ella y su incapacidad para superar ese tipo de cosas. ¡Tenía que asumir algún día que iba a ser horriblemente longeva! ¡Casi inmortal! No podía estar lloriqueando por todas las personas que conocía… pero al pasear la mirada por el local… se dio cuenta de que nunca podría.

Intentó volcarse en el trabajo para distraerse del todo, consiguiéndolo, en cierto modo. Pronto alejó su cabeza de ideas pesimistas, pero el reloj avanzaba lentamente —o más rápido de lo habitual, podía decir— hasta el momento de la salida, cuando vendría el siguiente relevo, con quien tampoco tenía demasiado trato, así que no se molestó en esperarle. Se excusó ante Louis para ir a cambiarse un poco antes, alegando que le estaban esperando, y rebuscó en la taquilla de Sarah, cuya combinación conocía perfectamente, para ver si tenía algo de ropa limpia. Ya había pensado hacerlo antes de nada porque no tenía intención de regresar a su casa con la camiseta sucia, que guardó rápidamente. Afortunadamente se topó con que había dejado un vestido y una chaqueta vaquera dentro, probablemente para irse a tomar algo después, aunque, que ella recordase, no tenía turno ese día. Le pidió perdón mentalmente, alegando que lo lavaría más adelante, y se lo enfundó rápidamente. Menos mal que tenían la misma talla.

«Oh, Emily, casi ni parece que vayas a una cita…»

Menos mal que llevaba leggins y la cola quedaba oculta, que si no… Salió con su bolso y las gafas puestas para saludar a Louis antes de irle, mirándole y señalándose como diciendo ¿A que estoy divina? Salió riéndose con él mientras se despedía de Manuel y de las demás camareras, encontrándose con que realmente la estaba esperando ahí fuera. Pero no fue Jackson lo que le llamó la atención. Oh no… Fue la preciosidad contra la que estaba apoyado. Incluso se dejó las gafas en el pelo para poder observarla mejor. Ignorando completamente al chico corrió hacia la Harley, poniéndole las manos en el sillín como quien contempla a una belleza.

¡¡Tienes una Harley Davidson!!

Empezó a pulular a su alrededor, preguntándole cosas sobre la cilindrada, el año, la velocidad, la potencia… Parecía una niña pequeña con juguetes nuevos. El que entendiese de motos no era algo que pareciese pegarle mucho, pero ¡DIOS!, le encantaban desde que era una cría y siempre había querido tener una. Claro que escondía su pasión buenamente a ojos de su abuela, porque Dina se habría negado en rotundo. Demasiado peligroso, había alegado siempre, y Emily había sido tan prudente como para esconder que tenía intención de comprarse una cuando consiguiese más dinero. Y después de lo de los gatos... mucho menos. Con los ojos brillantes de la emoción se montó sin pedir permiso en ella, arrancándola y sonriendo ante el sonido del motor. Ronroneaba como un gato. ¡Le encantaba! Incluso se echó a reír mientras se bajaba las gafas y le miraba, olvidándose por primera vez en toda la mañana, desde que había entrado por la puerta, quién era/no-era Jackson, que había intentado ligar con ella, quién era ella misma, su inmortalidad, el escudo y todo lo demás. Por un momento se dedicó a ser una muchacha joven, emocionada y casi juguetona, aunque probablemente pronto se le pasaría...

Vamos vaquero. O me voy sin ti.


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Re: Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Jackson Evans el Mar Jul 01, 2014 3:34 pm


 


No quedaba más de un cuarto de hora para que Emily acabara su turno cuando Jackson se empezaba a replantear seriamente subirse a la moto para huir de aquella "cita" o lo que fuese. Quería marcharse porque se lo pensó mejor y decidió que no tenía porque currarse tanto el acostarse con una tía, mucho menos si se trataba de alguien que conocía de un pasado que llevaba años olvidando. Pero era tan complicado todo... por un lado quería salir corriendo, por otro asimilarlo de una maldita vez pues si no lo hacía, o al menos si no lo intentaba, estaría jodiendo a aquel que en su peor momento le había echado una mano. Se lo debía, porque a Jackson jamás le había gustado deber nada a nadie, y por ello quería cumplir.

Con un resoplido alzó la mirada hacia un cielo despejado y donde el sol radiante reinaba junto a sus rayos, los cuales penetraban entre los edificios de la gran ciudad dándole cierto aspecto onírico; un efecto visual que solo requería luz y cristales, sencillamente eso, pero no dejaba de ser una bella ilusión. Jackson no solía apreciar esos detalles pero en su espera, así lo hizo, era mejor observar  y analizar lo que veía a su alrededor que dejarse embaucar por sus pensamientos; los cuales le llevarían una y otra vez a su adolescencia. Aun así, para el chico, el mejor momento del día era el atardecer;  justo cuando el sol se pone y se alinea con una de las principales calles de Nueva York, de forma que se crea un efecto asombroso que en más de una ocasión él había disfrutado mientras conducía su Harley.  Y hubo una vez en la que se había visto atraído hacia el astro rey—como lo hacían los mosquitos hacia un foco de luz—, y  en la que deseaba seguir hacia adelante por la avenida para alcanzarlo. Pero lo único que consiguió fue detenerse cuando la calle terminaba, pero recordaba que permaneció allí, quieto, tranquilo,  presenciando como el sol se escondía. Aquella visión confirmaba una vez más que había cosas que eran imposibles de alcanzar, pero al menos sí que podía rozarlas temporalmente con la yema de los dedos.

Cuando echó una mirada a su reloj de bolsillo se dio cuenta de que había estado divagando durante  diez minutos, un tiempo que se le escapó sin apenas darse cuenta. Sus ojos se dirigieron hacia la puerta del local a la espera de que Emily saliese con sus gafas de sol;  no negaba que le pudiesen sentar bien pero le cubrirían la mitad de su cara porque eran enormes y sobretodo, masculinas. Justo en ese momento en el que pensaba en ella salió por la puerta con una indumentaria que no esperaba; un vestido corto con motivos florarles, muy colorido y una chaqueta vaquera. Sus labios se abrieron en una amplia sonrisa al ver lo que se había arreglado por él, porque por supuesto Jackson no iba a pensar que esa era la única ropa que pudo ponerse la chica después de que la suya propia se manchase. Lo único decepcionante era que volvía a tener leggins cubriendo sus piernas ¿qué era lo que le pasaba a sus piernas? ¿qué problema tenía con mostrarlas sin ninguna capa de tela que las cubriese?. Al clavar su mirada en ella se dio cuenta que sobre su cabeza tenía sus gafas de sol, pero sobretodo se fijó en que sus ojos no estaban fijos en él y en su chulesca pose sobre su moto, no... sino que estaban sobre donde estaba apoyado; la Harley davidson.

Jackson se sorprendió de sobremanera, no solo porque le ignorase sino porque no sabía que a Emily le gustase tanto el mundo del ciclomotor y encima entendía de ello. No sabía si estar asustado o sentirse emocionado ¡una chica que supiese que eran las cilindradas! ¡wow! No podía salir de su asombro. Fue por ello por lo que le perdonó que pasase de él.

Cuanta euforia—dejo escapar una pequeña risotada al ver como toqueteaba la moto. Sus femeninas y pequeñas manos se paseaban por toda ella mientras sus ojos la admiraban con tremenda ilusión. Había que aprovecharse de eso y responder a sus preguntas— pues puede llegar a  los170km/h aunque no es aconsejable—reia—, tiene 883 de cilindrada, una potencia de 50 y una velocidad que la vas a comprobar por ti misma— Se apartó un poco, sonriente, al ver como ni corta ni perezosa se subió a la moto y también se tomó la libertad de accionar el motor. El chico se cruzó de brazos y la miró con una expresión divertida en su rostro, observando con gracia como Emily se colocaba las gafas de sol y le dedicaba una mirada llena de emoción—. debo admitir que me has sorprendido, y además, encajáis a la perfección—dijo señalando la moto y a ella misma, luego  se puso en cuclillas para sacar junto a la cadena de seguridad un único casco pues el segundo que tenía para sus presas nocturnas lo tenía en el apartamento. Se levantó y se lo ofreció a la chica para que se lo pusiera. No le gustaba ir desprotegido—en ningún caso— pero prefería que lo llevase ella. No supo el porqué, simplemente le salió así— ¿Sabes llevarla?—preguntó con curiosa sinceridad, podía gustarle las motos pero se preguntaba si también sabía manejarlas. De todas formas, de momento, no le iba a dejar hacerlo porque la Harley era la única fémina a la que mimaba y cuidaba de forma exagerada.

Se dispuso a montar también en la moto tratando de apartar a la muchacha de tal forma que terminase atrás. Lo hizo con gracia y naturalidad, principalmente con movimientos de cadera, empujándola con su propio trasero. Sabía que de esa forma la espantaría un poco y él se reía a carcajadas.

Lo siento nena, pero la voy a conducir yo. Tal vez más adelante... si lo mereces, te enseñaré — bromeó mirándola de soslayo al no poder girar más su rostro hacia ella, a continuación hizo sonar con mas fuerza el motor a la vez que retiraba la pata de cabra. Ya no sonaba como un gato ronroneando, sino como el rugido de un tigre —agárrate bien si no quieres caer ¡Vamos!.— y arrancó la moto a una potencia suficiente como para obligar a Emily a aferrarse a su cuerpo. Tomó rápidamente  la primera avenida que viese,  donde podría adelantar sin dificultad otros vehículos más voluminosos. Jackson conducía a una buena velocidad, podría acelerar aún más pero temía que pudiese asustar a su acompañante y romper aquel momento. Inevitablemente, miró al frente en busca del sol poniéndose pero a su pesar aún quedaban muchas horas para que eso ocurriese, era una lastima que no pudiese mostrárselo a Em— ¡Y bueno! ¿¡A donde vamos¡? ¡no me dijiste dónde vives!—alzó la voz para que le oyese entre los rugidos de los motores que les rodeaban y el de la propia moto— ¡Sea donde sea, me temo que llegarás algo tarde a no ser que avises a casa de que al final comerás fuera!— sonrió de oreja a oreja ante la posibilidad de conseguir lo que se proponía. Siguió conduciendo esta vez en dirección al puente de Queenboro, mientras lo cruzaban podían disfrutar de unas agradables vistas—¿¡Te gusta la comida tailandesa?! ¡En Tuk Tuk se come de fábula!—gritó dirigiéndose hacia el lugar sin hacer mucho caso a la posible negativa de la chica. Ya se sabía, al principio las mujeres solían decir que no pero al final acababan diciendo que sí.  Ese era el plan de Jackson, salirse con la suya tarde o temprano. A lo mejor el procedimiento sería muy lento con Emily pero... todo tenía que culminar de la misma manera que con todas las demás, ella no podía ser diferente. Nunca.



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Re: Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Emily Yates el Jue Jul 03, 2014 12:54 am


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→ Lunes → 12:45 → Tuk Tuk → Cálido  

Enarcó una ceja ante el comentario de que encajaban a la perfección, pero prefirió no decir nada al respecto. También era que estaba de demasiado buen humor en ese momento como para dejarse llevar por nada que no fuese el hecho de que estaba montando una Harley Davidson absolutamente preciosa. Además, decir que se la veía bien encima de la moto era como poco el mejor piropo que podría haberle echado en todo el día. Tomó el casco con la mano cuando se lo cedió, preguntándole con la mirada si no tenía otro, pero pudo comprobar ella misma que no. Ese gesto le ganó un poco; aunque claro, tampoco se emocionó demasiado porque a fin de cuentas, la que saldría volando sería ella, así  que era un gesto normal de cortesía que se lo hubiese cedido. Se quitó las gafas, se las colgó del vestido y se lo puso, notando la presión, tras lo cual se lo ajustó en la mandíbula.

No —reconoció sin ningún problema. No le avergonzaba porque nunca había tenido la oportunidad de montar en ninguna.

Reprimió lo que le salió de dentro cuando empezó a apartarle con el culo para montarse. Porque lo hizo con el culo. ¡Sería! Menudo pervertido, aprovechando la mínima de cambio para rozarse con ella. Resultaba difícil olvidar que estaba ahí para ligársela cuando hacía esas cosas, pero se limitó a darle un pequeño golpe en los hombros con la mano abierta y ya está, a modo de indicación. Aunque no se lo dijo, la próxima vez que hiciese algo así terminaría en el suelo de la carretera y sin moto. Menuda era ella…

Rodó los ojos. Nena. Nunca en la vida le había llamado nena. Desde luego tenía la habilidad de exasperarle ligeramente, pero bueno, todo fuese por montar en la moto. ¡La moto! La sonrisa de boba le surcó el rostro, y agradeció que no pudiese vérselo, porque seguro que se pensaría que era porque estaba encantada con su presencia o algo así. En serio. Hacía tiempo que no conocía a nadie que se quisiese tanto a sí mismo. Pero el rugido del vehículo al pisar el acelerador ahogó cualquier pensamiento.

Emitió un suave grito que quedó amortiguado por el casco cuando aceleró de sopetón, obligándole a abrazarse y pegarle el pecho en la espalda. Muy a regañadientes reconoció que tenía que rodearle el torso con los brazos si seguía yendo a esa velocidad, porque si no podía darse la caída padre, cosa que no le apetecía para nada. Así que se adhirió a él sin demasiadas protestas, pero pensando cobrárselas más adelante. Algo se le ocurriría, seguro. Sobre todo porque le incomodaba el hormigueo que se le había instalado en el cuerpo al apretarse contra él y tenía que hacérselo pagar de todas todas. Su mente maquiavélica se decidía sobre la mejor forma de torturarle por eso —ya se le estaba pasando la euforia inicial, por lo que los reparos, la conciencia, los prejuicios y la mala leche que había heredado de Dina empezaba a regresar— cuando le escuchó por encima del ruido de las motos. Y sintió deseos de matarle. Lenta y dolorosamente. Pero lo peor es que era culpa suya. ¡Había sido demasiado ingenua al pensar que le dejaría en casa sin más, cuando estaba claro que si se había quedado a esperarla era porque no pensaba cejar en su intento! Bufó, sonido que quedó ahogado por el ruido de los motores, pensando en  aumentar su plan de tortura.

Lenta. Dolorosamente.

Así que no respondió nada, ya que habría sido malgastar el aire y hacerse daño en la garganta, y se limitó a asentir la cabeza contra él, esperando que notase el contacto. Porque sí que le gustaba la comida tailandesa, y pensaba sangrarle hasta el último dólar que tuviese en la cartera. Que no tendría para unas gafas nuevas, pero bonita moto que llevaba. Se iba a enterar. Menuda era Emily cuando alguien se la jugaba de esa manera… Adoraba a Charlie y éste se había pasado tres semanas con las gafas coloreadas de rosa cuando tenían diez años porque le había hecho una encerrona para una fiesta de cumpleaños.

Muy lenta. Muy dolorosamente.

A la velocidad a la que iba Jackson no tardaron en cruzar el puente para llegar a su destino. Aparcaron cerca del restaurante y Emily se bajó la primera, contenta de separarse por fin de él y del calor que manaba su cuerpo a pesar de la camiseta. Malditos fuesen todos los dioses por haberle concedido el tacto. En ese momento estaba tan… todo que estaba sopesando el darle plantón e irse en metro, pero el estómago entonces empezó a rugirle del hambre, por lo que disimuladamente le devolvió el casco, sin ponerse las gafas de nuevo, antes de dirigirse hacia el local. Al atravesar la puerta un camarero apareció para preguntarles el número de comensales, y ella alzó dos dedos para indicárselo. Un gesto rápido y eficaz. Les acompañó hasta su mesa, les dejó las cartas y se marchó a atender a otra pareja. Emily se quitó la chaqueta, mostrando los hombros blancos, finos, y dejando al aire completamente el cuello. Llevaba un collar de dos vueltas de cuero negro que le había regalado Sarah hacía un par de años  y que le encantaba. Se cruzó de piernas, entrelazó los dedos y le miró.

Espero que traigas la cartera a rebosar, guapo. Porque esto ha sido tu idea, así que por pasarte de listo vas a tener que apoquinar. —Le sonrió encantadoramente antes de coger el móvil para mandarle un mensaje rápido a Dina. Por supuesto no pensaba decirle con quién estaba comiendo. Ni siquiera le había contado que se habían reencontrado hacía semanas—. Bueno, veamos qué podemos pedir aquí…

Empezó a mirar la carta. El camarero regresó pronto para tomarles la comanda de las bebidas. Emily pidió agua para empezar, porque era demasiado temprano para beber alcohol, y volvió a centrarse en los platos. Cuando estuvo con ellos de vuelta, ya se había decidido.

Yo quiero… Unos Wontons fritos de pollo, Pad Thai y arroz frito con curry. —Entonces miró a Jackson al otro lado de la mesa—. Tranquilo, los Wontons y el arroz pensaba compartirlos contigo.

Esperó a que él hiciese su pedido y se sirvió el agua en la copa para dar un recatado sorbo. Estuvo con la mirada centrada en el cristal, observando la quietud de su superficie mientras empezaba a pensar demasiado otra vez. ¿Qué hacía allí? ¿Por qué demonios no le había dado la patada, se había marchado a otro sitio a comer y le había dejado sin gafas y con los dientes largos? ¿Por qué seguía ahí, delante de él, esperando a que terminase de hacer la comanda?

Una voz resonó fuerte en su subconsciente.

«Porque, a pesar de todo lo que tratas de evitarle y de evitarlo, en el fondo te alegras de verle.»

Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo antes de desviar la vista ligeramente hacia él. ¿De verdad? Ahora era un capullo mujeriego que sólo quería acostarse con ella. No había nada de Jack en él que le gustase. Salvo sus ojos. Aquel pensamiento la removió un poco dentro de sí. ¿Sus ojos? ¿Es que acaso le transmitían cosas que de verdad él no quería decirle? ¿Había visto algo que no había querido enseñarle o sólo estaba mal de la cabeza? Recordó su respuesta esquiva ante el cariño que profesaba por su mascota, su tono casi ilusionado cuando le había hecho preguntas acerca de su moto… Eso sí que tenía la marca del antiguo Jack; retazos leves en un gran lienzo de otros colores. Aquel hecho, el que sólo fuesen pequeñas cosas, diminutas, como granos de arena, debía de servir para alejarle más fácilmente. Sin embargo, al mismo tiempo, lo hacía difícil. Había significado mucho para él en el pasado, y ahora que lo había recordado le costaba desprenderse de ese recuerdo…

La conclusión que extrajo de todo eso era que si de verdad quería cerrar el capítulo de su vida cuyo título era Jackson Evans, debía pasar más tiempo junto a él para demostrarse a sí misma que no eran la misma persona, que ahora se trataba de un soberano capullo y que ese niño estaba muerto. Así, si destruía la imagen que sus recuerdos guardaban de él en lo más profundo de su ser, atesorándola con cariño, le sería más fácil terminar mandándole a paseo, porque dudaba que pudiese tener algo que le hiciese despertar un apego semejante al que le había tenido en el pasado. Esa era la clave, definitivamente.

Bueno, ¿qué has estado haciendo mientras trabajaba?  ¿Buscar presas más indefensas por si acaso el plan A fallaba? —preguntó con ironía, sosteniendo la copa entre las manos.


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Re: Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Jackson Evans el Sáb Jul 05, 2014 10:32 pm


 


Fue muy gracioso y a la par, nada sexi, que Jackson apartase a Emily de esa forma, pero le resultó de lo más divertido y además, que según él toda su persona, todos sus movimientos aunque fuesen ridículos tenían su encanto, su toque, su sexualidad bien marcada; es lo que tenía tener el ego por las nubes.

Cuando aceleró y la sintió abrazada a él, sus labios se estiraron aún más en una traviesa sonrisa, sabía que no le gustaba demasiado el contacto físico, en ese aspecto no había cambiado pero creía fielmente que si se lo curraba podría derribar ese muro y que, finalmente,  fuese ella misma la que pidiese algún día que no despegase sus manos de ella en vez de que le pegase como hizo en esos momentos.

Durante el trayecto pensaba que podría darle clases de conducción de vez en cuando y así tener una excusa para que se siguiesen viendo. Lo difícil era que ella aceptase pero Jackson, como siempre,  tenía confianza y aún más después de haber visto su reacción al ver la moto. Aparte, tenía que mostrarse interesado por ella, por sus gustos, por lo que hacía cada día,  por lo que pudiese necesitar de él, y así  volver a ganarse su confianza pero sin cambiar en ningún momento su personalidad porque tampoco quería mentirle, eso sería demasiado rastrero hasta para él a pesar de que había llegado a planteárselo. Pero tenía verdaderos motivos para ello ¿eh?, desde luego que sí, ansiaba desprenderse de esa sensación de familiaridad que tenía con ella por lo que tendría que acabar entre sus piernas. Creía fielmente que esa sería la solución, además de que estaba deseando hacerlo, al fin y al cabo seguía siendo una chica atractiva.

Emily no llegó a decir nada durante el viaje y eso le pareció demasiado extraño ya que no solía callarse nada ni bajo de agua. ¿Tendría que preocuparse? aquel silencio le generaba bastante desconfianza pero trató de no darle mayor importancia, y lo consiguió, si, hasta que llegaron al local donde se disponían a comer. El tailandés era uno de sus lugares favoritos y donde solía llevar a sus conquistas, cosa en la que cayó en cuanto tomaron asiento. Rezó intensamente porque ninguna de ellas estuviesen comiendo esa tarde allí, si no, perdería muchísimos puntos con Emily y la ocasión del coito tardaría muchísimo más en llegar.

Se deleitó de su figura en cuanto se despojó de la pequeña chaqueta vaquera que llevaba. Sus azules ojos la escanearon con su común descaro fijándose así en la desnudez de su cuello, de sus blancos hombros, los cuales contrastaban con armonía con sus cabellos azules. Agradecía que se hubiese teñido porque así tenía un aspecto diferente a cuando eran adolescentes y eso ayudaba a su ardua misión.

Entonces habló, ahí estaba la venganza que había estado rumiando durante todo el trayecto de llegada, ¡le iba hacer pagar toda una comilona!. Las cejas del chico se elevaron considerablemente y sus ojos se clavaron en los suyos. ¿Qué podría hacer ahora? no es que estuviese precisamente en la pobreza si podía vivir en solitario, tener un perro y haberse comprado aquella magnifica moto, pero tampoco es que estuviese nadando en la abundancia. A lo mejor tendría que dar un poco de pena, así que, muy a su pesar porque no quería mostrar aquello de lo que aún se avergonzaba, se retiró la chaqueta y lo colgó tras el respaldo de la silla, mostrando así el vendaje que tenía alrededor del cuello.

Por pasarme de listo dices...de nada ¿eh?. Te estoy invitando a comer ¡mira este sitio! no me negarás que es fantástico. Así que deja mi carterita tranquila que tengo  una boca más que alimentar —le miró serio pero fue imposible romper en una risotada porque le estaba volviendo a chantajear con Sandor ¡pero es que era inevitable!—. y no te asustes por esto, no es nada del otro mundo...—bufó ante lo irónico que quedaba ese comentario— un... mero accidente, aunque aún me molesta—exageró un poco, en realidad ya no le molestaba tanto.

Después de eso actuó con rapidez y al ver que el camarero estaba ahí para anotar los pedidos fue a pedir una cerveza, pero al recordar que conducía se pidió mejor un refresco de cola. En otras circunstancias le habría dado igual pero tenía que mostrarse un poco responsable delante de ella pues parecía que no se le escapaba ni una a la maldita. Ojeó la carta de pedidos sin decidirse, obviamente descartó cualquier cosa que llevase demasiado picante, ajo o cebolla básicamente para que su aliento no apestase por motivos...obvios aunque sabía que con Emily no iba a ocurrir, no ese día. Volvió a dirigirle la mirada en cuanto le llegó a sus oídos la cantidad de comida que estaba pidiendo, hasta que le tranquilizó al decirle que iban a compartir, cosa por la que finalmente asintió con la cabeza a la vez que dejaba salir un resoplido de alivio.

A mi un Gai palo—se esforzó mucho, muchísimo en no despollarse al pedir tal plato por eso de parecerse considerablemente a la palabra "gay". En fin, que se le iba hacer... y en cuanto el camarero se marchó Jackson aprovechó para volver a pinchar un poco, amistosamente, a Emily— así que... no te gustaba la idea de comer conmigo y ahora vamos a compartir platos...mmmm no sé qué pensar, me confundes, ¿no te doy lástima? ¡No juegues conmigo!—dramatizó principalmente para hacerla reír, no había otra cosa que funcionase mejor que el humor,  por fortuna para él, era un chico muy divertido y gracioso, una de sus mejores cualidades.

En cuanto llegaron las bebidas imitó el gesto de su acompañante y bebió de su vaso pero a diferencia de ella, con sed, por lo que le dio tres poderosos tragos. A continuación la miró, estuvo así durante... no supo cuanto, el mismo tiempo en el que ella parecía ver algo fascinante en el interior de su copa de cristal.  Durante ese momento en el que parecía que los segundos pasaban lentamente, se preguntaba qué era en lo que pensaba, lo quería saber porque su expresión se serenó considerablemente. Entonces la mirada de la chica se cruzó con la suya, y en esas,  él se mostró tan natural como siempre, sonriendo y alzando las cejas a la espera de que dijese algo como por ejemplo algún comentario cargado de sarcasmo, o el típico "¿qué miras?". Se llegó a preguntar si había pensado en él y luego se extrañó de su propia duda, ¿cómo no iba a pensar en él? por su puesto que sí, por favor... El caso era que en esa ocasión no estaba equivocado, al menos no del todo, ya que en quien Emily estaba pensando era en el Jack que él mismo había enterrado muy en el fondo de su ser.

Tsk, tsk, tsk, pobrecitas... no las llames así. Emily, muy mal ¿eh?—se hizo el ofendido pero seguía bromeando. Tenía que rehuir un poco de aquella faceta de depredador a pesar de que la muchacha no se equivocaba en lo más minimo pero tenía que defenderse aunque fuese un poco—además, una presa huye de su depredador, no termina yaciendo en su cama—se sonrió ante aquel contraataque—. Ahora en serio, estuve dando vueltas en busca de tiendas de calzado ya que debo comprarme unas deportivas nuevas. Sandor no deja de mordisqueármelas  ¿sabes? y ya voy por el tercer par—mentira, era el cuarto ya que el último terminó bañado en vómito pero eso no tenía porque saberlo—no sé como educarlo para que deje de ser tan destructivo. Le compro juguetes con los que está un rato pero termina reventándolo en mil pedazos, así que termina volviendo a mis zapatillas— explicó algo acelerado, gesticulando con  brusquedad pues de verdad que eso le estaba desesperando y por unos instantes se olvidó de su plan maquiavélico.

En el tiempo en el que hablaban se acercó el camarero para ir depositando poco a poco los platos que habían pedido por lo que Jackson fue distribuyéndolos por toda la mesa  y tras acabar cogió el tenedor y  empezó a comer con hambre animal. Los palillos los tenía justo al lado pero ni siquiera los había sacado de su envoltorio porque era un torpe con esas cosas y las veces que lo había intentado siempre se le caía la comida de vuelta al plato.

¡Mmmmmmmm! no hay un día que no lo diga aunque sea para mí mismo; esto está buenísimo—gimió con algo de discreción mientras continuaba comiendo sin mucho decoro, simplemente como lo haría en su casa—.Como no te guste me llevaré una gran decepción—bromeó— ¿Y tú qué? ¿te gusta tu trabajo? ya sé que no es lo tuyo y tal, pero creo que debe gustar un mínimo para poder aguantar el servir  a los demás. Te lo digo porque aunque no de la misma manera, yo hago lo mismo y lo cierto es que no es santo de mi devoción peeero... es trabajo al fin y al cabo, al menos luego al salir disfruto  mucho mejor mi tiempo libre. ¿Tú haces algo especial cuando sales?— preguntó justo antes de meterse un trozo de pollo a la boca, masticándolo con la boca cerrada y con sus ojos fijos en ella.


Última edición por Jackson Evans el Lun Jul 14, 2014 11:11 am, editado 2 veces



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Re: Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Emily Yates el Mar Jul 08, 2014 9:35 pm


ROCKABILLY GIRL
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Asintió encantadoramente cuando repitió sus palabras. Claro que era por pasarse de listo. Le había dicho que podía acompañarle a casa y él la había secuestrado, casi, aprovechando el hambre que debía sentir, para llevarle a otra isla de New York en una preciosa moto para comer en un tailandés. Cualquier otra persona normal le habría tildado de romántico, quizás, sintiéndose profundamente halagada porque alguien se hubiese tomado tantas molestias. Para Emily aquello era una encerrona como otra cualquiera porque en un principio no había tenido ni la más mínima intención de pasar más tiempo con él.

Al quitarse la chaqueta pudo ver con claridad la venda que llevaba atada al cuello, ante lo que frunció el ceño. No hacía falta que le dijese que no se asustase porque no iba a hacerlo, ya que de ser grave no estaría ahí tan tranquilo intentando ligar con ella —o sí; quién sabía, parecía insistente—, pero sí que le llamó la atención su forma de decirlo y de por sí, la herida. Se preguntó cómo se la habría hecho, y ciertamente esperaba que no fuese nada grave.

Me alegra saber que no es nada —sonrió, esta vez no con cortesía, sino sinceramente, pero no le preguntó nada. Ya había sido muy impulsiva la primera vez preguntándole por su desaparición y sacando cosas dolorosas a relucir. No iba a volver a hacerlo.

Tuvo que reírse entre dientes cuando contempló la cara que se le había quedado al escuchar la comanda que estaba encargando, igual que la expresión de alivio que la recorrió al corroborarle que iban a compartir al menos dos platos. El contenido, que no el precio. Eso ni de lejos; seguía siendo su castigo por ese pseudo-secuestro que había perpetrado, probablemente con intenciones de seducirla. No podía evitar preguntarse hasta qué punto estaba dispuesto a llegar para acostarse con ella, porque tenía muy claro que era lo que pretendía, vaya. Reconocía esa forma de hablar, de moverse y de hacer bromas porque llevaba meses sufriendo el acoso de Richard. La única diferencia era que Jackson le divertía y le irritaba a partes iguales. ¿Sería capaz de aprovecharse de sus intenciones hasta que tuviese que decirle ‘mis-pantalones-no-se-bajan’? Porque sinceramente, eso era lo que le apetecía.

Tuvo que reírse ligeramente mientras negaba con la cabeza. ¿Lástima? Ninguna. Que no hubiese sido tan lanzado.

No entiendo por qué te confunde. No quería comer contigo pero ya que me has arrastrado, pues me aprovecho. Y tampoco me das lástima. Por aprovechado~ Sólo juego contigo como tú juegas conmigo; no me hagas parecer la mala de la película.

El tiempo de reflexión que tuvo sobre sus propias acciones para justificarse allí no fue interrumpido por nadie, gracias a Dios. Jackson se quedó mirándola fijamente mientras no decía nada, lo notaba, haciéndola sentir tan incómoda como en su primer reencuentro cuando le había insinuado que podían ‘conocerse mejor’, o como cuando estaban en la moto, con el pecho pegado a su espalda. Odiaba esa estúpida sensación porque no tenía que estar ahí. Ella no tenía que sentirse incómoda por nada de lo que ese imbécil pudiese hacer, y sin embargo lo notaba. Estaba ahí. Al menos con Richard no le sucedía, porque si eso llegaba a pasar ya sería lo último que le haría falta para tirarse de un puente… Sin embargo cuando alzó el rostro para preguntarle por sus intenciones se las apañó para parecer que estaba absolutamente tranquila y para nada turbada, porque si sabía que la incomodaba empezaría con las estupideces de que era por la química que había entre ellos o cosas así. Seguro.

Hay muchos tipos de presas —fue lo único que dijo al respecto de ese comentario con una ceja enarcada.

Así que buscando deportivas, ¿eh? Se rió. Sandor, pequeño bribón. Se preguntó cómo estaría de grande; probablemente enorme, porque los cachorros crecían rápidamente. Estuvo tentada de pedirle una foto para verle, porque seguro que las tenía, por mucho que se hiciese el tipo duro que sólo lo utilizaba para ligar. Jack nunca había sido tan desalmado…

«No es Jack. No es Jack. Él no es Jack.»

Le sorprendió ver cómo perdía los papeles un momento, casi como si no se encontrase manteniendo una pose constantemente, y se reprochó al sentir que le gustaba verle siendo natural. No debía. No debía. No debía encontrar en él nada humano, ni normal, ni del pasado. Tenía que seguir viéndole como el subnormal pretencioso y ligón en el que se había convertido en los años que habían estado sin verse.

¿Por qué no pruebas a poner los zapatos en alto, donde él no pueda alcanzarlos? —aconsejó, entrelazando las manos debajo del mentón. A fin de cuentas, Sandor no era un gato y no podía trepar a sitios elevados.

El camarero regresó con la comida, y Emily sintió que las tripas le rugían, porque todo olía estupendamente y ella tenía un hambre de espanto. La tortita que le había dado Manuel horas antes ya estaba en la punta de los pies. Cogió los palillos, los alzó mientras se mordía el labio inferior al observar los platos con cara de ilusión e indecisión, y se abalanzó a probar el Pad Thai. Estaba tan rico que casi se le saltaron las lágrimas. ¡Qué bueno! Vale, tenía que darle ese punto a Jackson porque tenía razón. No había ido nunca a ese sitio pero desde luego pensaba regresar.

Oh, Dios, vale. Ni tienes que preocuparte ni que sirva de precedente pero tienes razón. Esto está delicioso.

Volvió a su comida, cogiéndola graciosamente con los palillos, manejándolos como si formasen parte de su mano. Charlie le había prácticamente obligado a aprender a utilizarlos hacía años y se negaba a perder las costumbres simplemente para no tener que aguantarle intentando enseñarle de nuevo.

Al verle comer sintió una punzada de nostalgia que se apresuró en ignorar. Seguía haciéndolo de forma indecorosa, apresurada y atolondrada. Giró el rostro para otear en el interior del restaurante a las demás parejas y grupos que estaban allí, todos muy centrados en su quehacer, en sus risas, en sus anécdotas, como para fijarse en nadie más. Emily se había acostumbrado a la marabunta para pasar desapercibida en ella, porque así podía llegar a sentirse más normal; más como la generalidad de los habitantes de New York, confundida entre la riada de mundanos y subterráneos.

Su repentino interés acerca de su trabajo le hizo dirigir la mirada de nuevo hacia él. Así que ahora tocaba la charla sobre la vocación otra vez, ¿eh? Sonrió entre dientes a la par que comía. Menudo tío estaba hecho ahora… Casi estaba repitiendo los esquemas que había seguido la primera vez en el parque. Cogió un wonton frito que mojó un poco en la salsa de soja que les habían dejado al lado antes de introducírselo en la boca para darle un mordisco. Aquel aditamento le encantaba sobremanera, porque le daba un punto buenísimo a casi cualquier comida. Se relamió los labios, con el resto de la porción entre los palillos, antes de contestar.

No te negaré que me agrada más de lo que yo habría llegado a esperar, la verdad. Quiero decir, no se me da mal atender al público y la mayor parte de las veces me gusta porque la gente que suele venir a nuestro local es muy amable. Luego aparece el típico capullo que te chafa la tarde pero consigo sobrellevarlo; nunca me he quedado callada ante nada que pudiesen decirme y no voy a empezar ahora a la adultez. —Terminó de comérselo comedidamente—. También está el típico subnormal que sólo viene a intentar ligar con las camareras, y no lo digo sólo por ti. —Le señaló con los palillos mientras sonreía—. Hay un imbécil que lleva acosándome desde hace meses por el simple hecho de que le rechacé la primera vez y ahora está obsesionado conmigo por eso. —Se sirvió algo de arroz en su propio plato—. Si te soy sincera la primera vez que nos vimos me recordaste a él y estuve a punto de darte la patada cuando me ofreciste pasear antes de la carrerita detrás de Sandor, porque detesto a los guaperas que no saben recibir un no como respuesta. —En cierto modo esperaba que eso le desalentase, aunque lo dudaba mucho—. Cada vez soy más borde con él y sigue regresando, y ya no sé qué decirle. Lo próximo será que Louis intervenga y entonces seguro que perdemos un cliente.

Se rió un poco antes de volver a beber agua. El único motivo por el que su jefe nuca había salido de detrás de la barra para darle un rapapolvos a ese imbécil era porque Emily le había asegurado un millón de veces que podía manejarle. El día en que ya no pudiese más levantaría la veda y Louis podría despacharle a gusto sin ningún problema, porque era el dueño del establecimiento, de modo que nadie osaría toserle.

Y cuando salgo de trabajar no hago nada demasiado especial. Regreso a casa, generalmente, a dibujar o a pasar rato con mi abuela. A veces quedo con Charlie para ir a la tienda de cómics o a dar una vuelta por Central Park para tomar un helado… También voy a dibujar fuera, hago la compra, voy al cine... Pocas veces accedo a salir con Sarah, una compañera de trabajo, a tomar una copa, porque no me gustan mucho las discotecas y ella parece querer eludir los pubs no sé por qué, ya que podría ligar igual de bien en todas partes. Ir de compras con ella cuando me convence… No sé, cosas normales. ¿Y tú? ¿Sigues paseando a Sandor para conseguir citas con la estrategia del ‘chico mono con perro’? ¿O has añadido cosas nuevas a tu Play book? —citó el manual de estrategias de Barney Stenson de la serie How I met your mother casi por inercia, porque usaba esas bromas con su abuela y con Charlie. Tampoco era raro. Simplemente un poco friki, pero no creía que fuese a sorprenderle demasiado.


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Re: Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Jackson Evans el Lun Jul 14, 2014 1:16 pm


 



Había funcionado lo de la herida en el cuello aunque fuese un poco, eso se vio demostrado en la sonrisa que la muchacha esbozó hacia él,  y parecía de las sinceras. Reprimió responderle que no se preocupara, que esa herida era especial y que se curaba con besos, pero pensó que con ese comentario perdería de una sacudida todos los "puntos" que estaba tratando de ganar con ella.

El sonido de su risa le alimentaba a seguir con aquel juego, con sus chistes y divertidos gestos ; aunque Emily estuviese riéndose realmente de él mismo y creyese que era lo más patético del mundo por tratar de ligársela así, pero le daba igual porque el resultado seguía siendo el mismo. Se divertía.

Si tuviese una banderita bla...— Desvió la mirada de su compañera al fijarse que aún tenía esos palillos orientales en su funda, por lo que interrumpió su conversación para cogerlos  y a continuación , agarrar los extremos de la  servilleta de tela  para unirlas al palo con la intención de crear su propia banderita blanca. Al terminar la agitó delante de Emily—.Me rindo, me rindo ¡más calma, mujer! Que tampoco es que te esté literalmente encima; además, si al final todo esto te divierte porque sabes que tienes el control del asunto y estás segura de que no vas a caer en mi "juego" ¿verdad?. Pues ya está—dejó la banderita a un lado dejando que una risa saliese por su boca. Le hacía gracia su propia reacción porque ni por asomo iba a rendirse, era una mentirijilla para que ella se lo creyese pero viendo lo desconfiada que era con él, lo dudaba. Aquello iba a ser más difícil de lo que pensaba.

A Jackson tampoco le pasó desapercibido aquella extraña sensación que les unía; pero al contrario de Emily, él no parecía pensar en ello, lo evitaba. Al fin y al cabo tenía ya planes para deshacerse de esa sensación que no eran más que fragmentos del pasado que continuaban clavados dentro de su pecho como si se tratasen de metralla. No permitiría que continuasen su rumbo hasta alcanzar su objetivo. Y sabía que con esas intenciones estaba ignorando lo que su médico le "recetó", pero era muy pronto como para dejarse llevar por sus emociones, para tener una compañía mas cercana con la que establecer ciertos lazos de unión—aunque fuese mera amistad—. Con Sandor tenía más que suficiente y sabía de sobras que... tarde o temprano llegaría a considerar a Desmond a algo más que su "reparador".

Lo siguiente que dijo Emily fue tan, tan pobre que se sintió decepcionado, porque era una chica que tenía respuestas para todo y solía ser tan clara que podía llegar a ser visceral, pero en esa ocasión no lo hizo. Seguramente porque no tendría buenos argumentos para contrarrestar la respuesta de Jackson sobre las presas que se acuestan con sus depredadores, así que le sonrió de oreja a oreja, con triunfo.

Pero toda esa satisfacción que sintió se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos en cuanto le empezó a explicar su pequeño problema con el cachorro y sus zapatillas perdidas, un momento en el que se le escapó la máscara de entre las manos aunque fuese por unos escasos minutos. Y Em le respondió con una solución la mar de sencilla, si es que... ella siempre había sido la mente pensante de los dos. Tal vez no por grado de inteligencia pero sí que era más avispada para ciertas cosas; él en cambio era más despistado y si  había ganado astucia, lo había hecho para alcanzar otras... metas.

Ah, vaya—la miró tras un par de parpadeos—sencillo pero práctico, no lo había pensado. Tsk... la de pasta que me hubiese ahorrado si hubiese caído en eso. Pero en fin, a saber qué será lo siguiente que mordisquee al ver que ya no tiene los zapatos porque no tienes idea de lo revoltoso que está.

La mesa empezó a llenarse del resto de platos que había pedido Emily. Jackson esperó pacientemente a ver su reacción cuando empezó a comer ¡y la vio! y tanto que lo hizo. Era esa clase de expresiones que se acercaba a las que sus queridas compañeras de cama ponía con ciertos movimientos. Esa semejanza le hizo soltar una carcajada que trató de acallar poniéndose la servilleta—aún unida al palillo— en la boca. Cuando se le pasó, continuó comiendo de su plato sin evitar soltar el típico sonido de cuando se come algo delicioso.

Te lo dije. Si te llevé aquí es porque sé que te gustaría, igual que con todo lo que ofrezco—lo dejó caer, aunque esta vez de forma sutil porque en esa ocasión Jackson no la miró con picardía ni nada por el estilo, directamente se hizo el tonto. Empezaba a pensar que confundirla sería muy divertido, y si así conseguía lo que tenía pensado hacer, mejor que mejor. Días, semanas... ¿meses?... uff, eso sonaba muy duro pero... tendría que hacerlo si quería llevar el control de lo que le empezó a suceder desde el momento en el que se reencontraron, bueno, no desde ese día ya que... fue tan inesperado que no lo asimiló, pero sí a los días siguientes.

Sí que te manejas bien con los "palos" esos. A mi me ponen de los nervios y no entiendo el motivo por el que se deberían utilizar cuando hay un buen tenedor en mano— Mostró el tenedor y lo acercó al plato que contenía el arroz. De verdad que estaba exquisito y preveía que él terminaría zampándose la mayoría de lo que había ahí porque Emily tenía pinta de comer poco o al menos, lo suficiente, como en el instituto. Frunció el ceño al recordar aquel hecho, su cabeza le traicionaba, así que se apresuró a darle un buen trago a su bebida—lástima que no fuese alcohol—.

Cuando Emily le empezó a relatar su día a día en el trabajo con lo que le gustaba y lo que no. Se rió un poco a las referencias que hacía sobre los "típicos capullos  que venían a ligar"; lo hizo porque no podía evitar sentirse muy, pero que muy aludido, pero aún así no se molestaba por ello, no cuando era verdad, así que no podía recriminarle nada. De todas formas se estaba divirtiendo más de lo que pensaba, no era la lucha agotadora como pensaba que sería. Se reía, se reía mucho y eso era algo que le encantaba; era mucho mejor maniobra de desconexión que el propio alcohol, o el del propio lamento, al menos más sano, pero más sano que el sexo ¡imposible!.

Tenía que aprovecharse de esa situación, ya que le estaba enviando esa cantidad de pullas, el tendría que asimilarla con sus mejores armas; su sonrisa y su mirada. Así que tan solo le devolvió una de sus mejores sonrisas y una intensa mirada mientras ella proseguía con su monólogo. Desde luego que era una chica de armas tomar, siempre lo había sido y en el fondo se alegraba por ello a pesar de que a él también se le resistiese—alargó la mano para coger uno de sus wonton frito y mojarlo en la misma salsa; ya que iba a pagar él, quería saborear todos los platos. Y todos eran todos. Se relamió los labios de puro gusto mientras terminaba de masticar aquel delicioso bocado hasta que llegó el punto en el que escuchó lo del tipo ese que directamente le acosaba. Bueno, él podía llegar a ser muy pesado pero sabía retirarse a tiempo antes de que pudiesen acusarlo de acosador. Eso sí, no pudo evitar sentirse un pelín identificado con el susodicho ya que... a él también se resistía a recibir un no como respuesta; pero Jack era más listo y siempre se lo tomaba como un pequeño... desvío.

¿Es importante perder solo un cliente si éste llega a molestar? Creo que compensaría con creces que dejase de rondar la cafetería ¿no? Y si quieres yo puedo encargarme del tipo en vez de acudir al tal Louis— enrolló el tenedor de los fideos fritos con gran agilidad y se lo metió en la boca, masticó, tragó y volvió a hablar— en serio, yo me encargo—se relamió los labios y  dio un trago del refresco— Tienes tres opciones para deshacerte del tipo; que le de una buena tunda, decirle que estás emparejada o denunciarle directamente por acoso. Yo voto por las dos primeras —se rió de buena gana ya que le estaba dejando caer que fuese él mismo el que se hiciese pasar por su novio y de paso darle una paliza al tipo, cosa que le gustaría mucho... golpear cosas también desahogaba que daba gusto—aunque también terminase recibiendo—.

Luego le explicó lo que ella solía hacer una vez salía del trabajo. Sus actividades eran de lo más extrañas o más bien diferentes a las suyas propias. Él era más nocturno y ella diurna. Visitaba tiendas de "frikis" y podía llevarse horas en Central Park para dibujar, tal como el día de su reencuentro.

Sí, sigo paseando a Sandor pero ya no lo hago con intención de ligar  porque es él el que termina ligando... con las muchachas y con sus correspondientes perras—se hizo el afligido, suspirando con pesar para intentar hacerla reír aunque no había mentira en lo que dijo. De vez en cuando le había funcionado, solo una vez con una chica que se llamaba Anna, muy guapa a la par de tímida por lo que... tardaría al menos un par de semanas hasta que consiguiese llevársela a la cama. O eso tenía calculaba él— ¿Play book?—preguntó extrañado hasta que recordó de donde provenía tal concepto y se empezó a reír con ganas, tanto que sus ojos se cerraron fuertemente y su risotada se hizo sonar por la sala, provocando que algunos comensales se giraran hacia ellos durante unos segundos antes de proseguir con sus asuntos.

Ohh Barney Stinson. Por él me haría creyente—reprimió las ganas de volver a reír, pero no quería que lo echara por alborotador—Y oye, que yo tengo otras cosas que hacer que ligar ¿sabes?... tengo mi tiempo libre...—le sonrió con picardía ante su propio comentario aunque en realidad no solía descansar para el ligoteo— Como trabajo por la noche, las mañanas las dedico en dormir bastante pero no abuso porque no me gusta perder el tiempo. Paseo a Sandor ya sea en Central Park o si tengo prisa, cerca de donde vivo. Al cine voy de vez en cuando solo cuando alguna chica quiere ir, no porque no me guste, sino porque ir solo al cine resulta algo patético, al menos es lo que a mí me parece. Ummmm qué más...—enrolló nuevamente el tenedor de fideos y se los comió— me gusta mucho conducir la Harley; Cruzar las grandes avenidas justo cuando el sol se pone, y en ocasiones llego hasta la playa de Coney Island, allí me quedo, y si hace buen día, me doy un baño. Algún día viviré en la costa—asiente con la cabeza— Y bueno, si no curro por la noche, yo sí que salgo de pubs y discotecas, es inevitable—le sonríe divertido— Supongo que te agobiará estar rodeada entre tanta gente que te rozan al no haber apenas espacio. En fin... mira, coincidimos en el cine, y en los paseos. Eso significa que podríamos acordar otro momento para encontrarnos ¿no?. Venga... no me digas que no te estás divirtiendo—se apoyó en el respaldo de la silla y le sonrió mostrando sus dientes.




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Re: Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Emily Yates el Mar Jul 22, 2014 12:31 am


ROCKABILLY GIRL
→ Lunes → 13:10 → Tuk Tuk → Cálido  

Observó a Jackson entrecerrando los ojos cuando le dijo que no tenía por qué reaccionar tan a la defensiva cuando ella misma estaba completamente segura de que tenía la sartén por el mango con respecto a la situación, porque no sabía si fiarse de esa supuesta rendición o no. Siempre había sentido tenaz, apasionado y sobre todo, cabezota; no se lo veía tirando la toalla a la primera de turno simplemente porque le hubiese rechazado cortésmente una vez, de modo que no se relajaría sólo porque le dijese aquello ni alzase estúpidamente la servilleta como si fuese una bandera. Sin embargo, se dio el lujo de sentirse un poco más tranquila, dándole un pequeño voto de confianza por el momento. No obstante, si se le ocurría cogerle del brazo cuando sólo le estaba dando la mano, la patada que recibiría sería tan histórica que no la olvidaría nunca más.

Tuvo que reírse entre dientes cuando le reconoció que no se le había ocurrido la idea de mantener los zapatos lejos del perrito. Jackson siempre había sido terriblemente despistado y eso no parecía haber cambiado en absoluto. Decidió que era mejor centrarse en la comida mientras le escuchaba hablar, porque su cabeza no dejaba de dar bandazos atando cabos entre lo que fue y lo que tenía en ese momento delante de sí. ¿Por qué? ¿Por qué demonios estaba continuando con eso? Oh, sí, claro, porque quería demostrarse que había cambiado para poder sacar alegremente la tarjeta roja y expulsarle de su campo de juego. Pero había momentos en los que parecía no estar precisamente dando resultado…

Intenta mantener el resto de cosas sensibles fuera de su alcance y ya está. Aunque a mí me preocuparía más cuando empezase a intentar arrimarse a toda pierna ajena que encontrase —bromeó.

Rodó los ojos ante la respuesta a su comentario sobre la comida. Con que… con todo lo que ofrecía, ¿eh? Se le podían ocurrir tantísimas respuestas mordaces a esa afirmación que podría dejarle llorando en la esquina del local durante días, pero en el fondo no era tan mezquina, y hasta ese momento parecía haber dejado de lado esa actitud ligona suya, como le había prometido momentos antes, de modo que decidió no ser borde esta vez. Hizo que los palillos chocasen entre sí cuando le dijo que le sorprendía lo bien que se manejaba con ellos.

Mucha práctica y un pelirrojo coñazo con lo que uno necesita para aprender a comer con ‘los palos estos’. Charlie suele llevarme a comer a asiáticos y se empeña en que los usemos; aunque siendo correctos los tailandeses sí que tienen tenedores, pero lo utilizan como cuchillo o para empujarla sobre la cuchara. Son los que más raros me parecen de todos.

Se sirvió arroz mientras le hablaba de su trabajo y empezó a comerlo lentamente, intentando ignorar la extraña sensación que le recorría cuando veía a Jackson reírse con algo cada pequeña tontería que le contaba, porque era asfixiante pensar que parecía que casi no había pasado el tiempo entre ellos; que hacía dos días que se habían visto; que no se habían sucedido casi trece años desde la última vez en la que habían hablado así, tan despreocupadamente, como si… como si siguiesen siendo… tan cercanos —no podía, no podía decir amigo; se le atragantaba en el alma la sensación de que eso era demasiado profundo para ella—.

Atendió a su respuesta mientras enarcaba una ceja.

No es sólo perder un cliente; no puedo ir dándole una patada en el culo a alguien que entre en la cafetería sólo porque sea pesado conmigo, porque eso arruinaría la reputación de un sitio que supuestamente es familiar. Por eso no quiero que Louis intervenga, ni siquiera Sarah, porque son gente con poca paciencia que se dedica a dar guantazos cuando se cruzan dos frases hostiles. Y muchísimo menos quiero que intervengas en una situación así sólo porque te apetece pelearte —intentó sonar seria, pero no pudo evitar esbozar una sonrisilla, porque a pesar de todo, le hacía gracia—. Aun así ni pienso denunciarle por acoso ni pienso decirle que tengo novio, porque lo segundo es mentira y a mí no me gusta mentir, y lo primero no será necesario. Créeme.

“Antes le tiro de la silla”, había estado a punto de decir, pero se había mordido la lengua prudentemente por temor a que eso desembocase en más preguntas que no estaba dispuesta a contestar. En el pasado le había dado pánico la idea de que Jack descubriese que se trataba de una bruja; ahora no es que Jackson significase lo mismo para ella, pero tampoco le apetecía en absoluto que la catalogase como monstruo y le diese la patada.

«Aunque quizás sería lo más fácil para que me dejase en paz…»

Pero lo rechazó en seguida, porque no podría soportar ver esos ojos azules llenos de miedo, de rabia y de rechazo. Ya sufría imaginando así a su madre cada minuto de su existencia; no necesitaba una sola mirada así nunca más.

Bueno. —Rió ante el comentario de Sandor—. No es culpa suya si resulta más atractivo y encantador que tú. A mí me conquistó con una mirada…

Asintió con la cabeza cuando preguntó por lo del Play book. Demasiado friki para los mundanos normales y corrientes, lo suponía. O quizás no. Le sorprendió ligeramente que supiese relacionarlo tan rápidamente, porque no todo el mundo era tan tremendamente seguidor de una serie como esa. Se mordió el labio inferior al ver la reacción que sus palabras habían provocado en él; seguía siendo bruto hasta para reírse. Casi ni se percató de que ese pensamiento había surcado su mente cuando le dijo que tenía otras aficiones a parte de ligar; aquello se le hizo tan raro que incluso enarcó una ceja y le miró con una expresión que quería decir “¿Ah, sí? Pues no te creo ni un poco.”

Pasear al perro, ir al cine —aunque al parecer ir solo era algo de tristes, según él—, conducir la Harley… Pero eso era un gusto que podría tener cualquiera. Por cierto, tenía que comentarle a Charlie y a Sarah que había montado en una… aunque por otro lado tendría que explicarles cómo había conseguido una y no le apetecía para nada tener que aguantar los ‘uuuuuh’ de Sarah ni las intensas miradas de los grandes ojo por parte del muchacho, que seguro le haría preguntas hasta del color de sus calzoncillos. Y no sabía cuál de las dos opciones le gustaba menos. Asintió con resignación cuando adivinó el motivo por el que no le gustaban las discotecas, aunque conociéndola mínimamente, eso no resultaba especialmente complicado.

Y entonces llegó la cuestión que había estado temiendo todo el tiempo. Ingirió algo más de comida antes de responderle, bebió algo de agua, se relamió los labios inconscientemente y cruzó los brazos sobre la mesa, mirándole con intensidad mientras meditaba lentamente la respuesta.

Mira, Jackson. Es cierto que me estoy divirtiendo y esto está siendo menos tortuoso de lo que había imaginado en un principio porque, como te he dicho, mis experiencias con ligones no han sido precisamente buenas. A veces me topo con chicos encantadores y a veces me topo con imbéciles descerebrados. Tú estás a medio camino entre ambos, no sólo, creo, porque nos hubiésemos conocido de antes. Pero a no ser que vengas a la cafetería a verme o nos topemos casualmente no voy a salir contigo ni a quedar contigo en ninguna parte; no lo hice cuando estábamos en el instituto y nuestra relación era más buena no voy a hacerlo ahora. Espero que lo comprendas.


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Re: Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Jackson Evans el Mar Jul 22, 2014 1:20 pm


 



Jackson además de ser un autentico depredador, era un autentico payaso; le encantaba hacer reír a los demás, en especial a esas presas suyas para que se sintiesen aún más atraídas a él—si eso fuese posible—. Pero había que añadir que la etiqueta de gilipollas no había quién se la quitase porque también solía reírse mucho de los demás, principalmente para sentirse mejor consigo mismo y para hacerse el gracioso delante de las otras chicas, sentirse... superior.  Esto le había ocasionado más de un problema y un ojo morado porque no era chico de peleas aunque alardeara también de ser un gran luchador. En una ocasión, en un pub,  se equivocó a la hora de bromear sobre la calvicie de uno de los tipos que había visto en la barra que... debido a la aglomeración de personas no pudo ver que el susodicho era enorme, el equivalente a un armario empotrado. Jackson se sintió entonces muy pequeño frente aquella masa de músculos, y aún recordaba los afilados ojos oscuros con los que el ofendido le miraba; pero aún mejor recordaba el sabor de su propia sangre cuando recibió un potente puñetazo en toda la boca.

En fin, eso no tenía porque saberlo Emily, aquella a la que había arrastrado hasta el tailandés y que tenía pensado seguir viendo hasta que la sensación de familiaridad que sentía mermara una vez culminase su objetivo. Todo debía ser apariencias, sonrisas encantadoras, intensiones escondidas hasta que el tiempo le diese la señal para darle la última pincelada al lienzo, con la única diferencia que ese cuadro jamás saldría en exposición. Y ese era un problema que ni él mismo sabía que existía, no todavía. Quería que Emily fuese una más con todas sus fuerzas, le iba a dedicar ganas; de hecho ya lo estaba haciendo y estaba dispuesto a que pasasen días, semanas... ¡incluso meses para cumplir su cometido! Pero a la hora de la verdad seguramente no fuese capaz de alardear de ello... en el caso de conseguirlo, al menos a la larga porque ya se conoce el dicho "quien juega con fuego se acaba quemando".

La sola mención que hizo su ex-compañera sobre Sandor y su instinto de restregarse con todo lo que tuviese al alcance, le hizo reír de forma inesperada porque no se esperaba tal chiste. La verdad es que el hombre no  había llegado a pensar que el cachorro dejaría esa condición para entrar en la madurez.

Cuando llegue el momento no tendrá que recurrir a una pierna. Yo le buscaré alguna amiguita... de parque en parque— se rió de ganas al verse tan reflejado en sus palabras, con la distinción de que Jackson buscaba de disco en disco, al menos la gran mayoría. Irremediablemente se acordó de Shaphire;  aquella bestia parda del sexo que le había dejado la espalda surcada por sus uñas y unas agujetas infernales, pero mereció la pena.

Siguió comiendo mientras conversaban, Jackson se había olvidado durante unos minutos de su propio plato para comer de los fideos chicos que enganchaban una cosa mala gracias al regusto que tenían de la salsa de soja. Seguidamente dio otro trago más de su refresco de cola a la par que seguía escuchando a su compañera que casi se dedicaba más bien a responder a sus preguntas que si no... no le sacaría conversación. Empezaba a creerse entonces que tal vez no le gustaba su compañía, que le desagradaba pero Jackson era insistente, además... como otro dicho decía, "El roce hace el cariño" ¿verdad? Una traviesa sonrisa se asomó entre sus labios, no pudo evitarlo. Aunque no le duró mucho al oír de Charlie, otro fantasma del pasado que seguía presente en la vida de Emily. Era como si la única vida que se había congelado era la suya propia y eso le trastornó un poco. Todos habían seguido hacia adelante, adentrándose de cara al futuro sin mirar atrás, sin sentirse arrollados por ningún acontecimiento del pasado, y si así fuese, tenían aspecto de haberlo superado con creces. Pero era su propia inseguridad la que pensaba así, pues la realidad de Emily era bien distinta, solo que sabía ocultarla casi tan bien como él.

Ah... ja... jaja, Charlie, sigues viéndote con él — esbozó una sonrisa tensa mientras pinchó con demasiada fuerza en su plato. No es que le molestase, ni por asomo eran celos, no al menos en ese sentido ¿o sí? no estaba del todo seguro, pudiese ser que al haberse quedado bloqueado en esa etapa de su vida  los sentimientos del pasado también se veían reflejados de la misma manera, justo lo que Jackson quería evitar de una vez por todas— ¿Y que tal le va? ¿sigue igual de friki con sus pokemons y sus visitas a las convenciones de cómics?—le costó horrores  usar la palabra "friki" sin un tono despectivo para arremeter contra él, para insultarle porque entonces no solo tendría que empezar de cero con Emily, sino ceder en el intento ya que eran muy buenos amigos. ¿Pero solo eso? venga ya... a Jackson le costaba creer que entre un hombre y una mujer solo hubiese mera amistad, sin que hubiese existido algún rollo entre ellos, un revolcón, o al menos un morreo— algo de lo más light, todo sea dicho—. Pero tal y como recordaba a Emily tenía que descartar tal idea ¿o no? al fin y al cabo habían pasado trece años. Definitivamente decidió por no preguntar por ello, callarse la boca aunque los labios le temblasen de la tensión y agradeció enormemente que la chica continuase hablando.

Oh vamos, no solo es porque me apetezca pelearme—tuvo que admitir— sino para ayudarte con el asunto. Pero como quieras... pero me da la sensación que si no quieres desprenderte de él, es porque en el fondo te gusta sentirte objeto de deseo de ese tipo  a pesar de que sea una mosca cojonera—la miró y alzó levemente las manos, suponiendo que ese comentario la molestaría— Eh, y tranquila que te veo venir. Oye, yo no te culpo ¿eh? porque eso le pasa a todo el mundo, a mi también me ha pasado y siempre he tolerado a las moscardonas hasta que pasan cierta línea. Es de humanos que nos guste gustar, es irremediable. Pero lo de ese tipo es enfermizo, y que lo diga yo...—sonrió, volviendo a bajar las manos para continuar comiendo. No iba a ofrecerse más para ayudarla pero sí que iba a encargarse del asunto en secreto; acecharle un poco, averiguar donde vivía, y algún que otro encuentro "fortuito". Si se lo curraba podía salirle bien la jugada sin que Emily se enterase.

Sabía que la chica que tenía en frente no era de las que se calmaba de una "ofensa" en un abrir y cerrar de ojos, que tendría que pagar por su repentina sinceridad de alguna forma, y esa forma sería con los postres. Alzó la mano en dirección de un camarero para pedir la carta de los postres aunque no los fuesen a pedir ahora ya que continuaban comiendo pero... bueno, ahí tenía algo que pudiese servirle de escudo,  y parecía que funcionó, al menos un poco, ya que continuaron hablando, de vuelta con el tema de Sandor y su gran encanto frente a la suya propia. Si al final cogería celos del chucho pero... tenía la respuesta perfecta para eso.

Ya se sabe el dicho—¡y ya iban tres!— Los perros terminan pareciéndose a sus dueños—le guiñó un ojo a la par que se servía algo de arroz en su plato. Las miradas eran su especialidad y se sentía orgulloso de que Sandor había captado la idea y era capaz de enamorar a las damas solo poniéndoles ojitos tiernos.
Ya solo quedaba la respuesta de oro, a la que tenía que reconocer que se estaba divirtiendo a él. La miraba con una flamante sonrisa y una mirada inquisitiva, visiblemente confiada, pero esa expresión iba perdiendo fuerza a mediad que Emily hablaba de forma tajante y firme, tal y como recordaba aunque más bien hacia los demás, con él siempre fue más permisiva pero supuso que no tenía porque sentirse decepcionado por no tener la misma relación ¿no?, al fin y al cabo eso era lo que buscaba.

Parpadeaba confuso, si estaba en medio de los imbéciles descerebrados y los encantadores ¿por qué no lo rechazaba de una vez por todas?.  Al instante recordó el motivo que le llevó a la conversación de antes; que le gustaba gustar y aunque no quería volver a quedar con él, tampoco rehuía a los encuentros forzosos o que él mismo fuese tras ella. Habían otros dos dichos perfectos para aquella situación; "ni contigo, ni sin ti" y "una de cal y otra de arena", porque eso era a lo que estaba jugando Emily quisiese o no reconocerlo. Y era una pequeña mentirosilla... porque en el instituto sí que habían acordado alguna vez encontrarse en el comedor, que sí, que era un simple "nos vemos a la hora de comer" ¡pero eso ya era quedar!.

Pues no— se enderezó un poco en su silla, clavándole la mirada directa a sus ojos, tratando en vano relajar ese gesto serio que surgía de su cara y cambiar la de payaso de siempre, la que usaba para demostrar que  todo le hacía gracia, incluso los rechazos. Pero esta vez no lo estaba consiguiendo porque sí que estaba un poco molesto y ya no tenía claro si era porque no estaba acostumbrado a los rechazos o que fuese precisamente ella quien lo practicase con él. Igualmente no se daría por vencido ¿o era mejor dejarlo estar? Si no se volvían a cruzar en lo que le quedaba de vida, volvería a olvidar esa extraña sensación que le recorría en cuerpo y en alma. El problema recaía en que si el destino volvía hacer de las suyas, esa aflicción volvería a manifestarse; como ocurría con las viejas cicatrices que con el cambio de tiempo, dolían.  Aunque ya era tarde pues sentía dentro de su pecho, de sus brazos, de sus piernas  que algo fluía con rapidez; se trataba de la adrenalina propia de la cólera, aquella de la que no llegaba a entender de su magnitud si aquello, realmente no era para tanto, o eso quería creer él. Estaba tan ansioso de desprenderse de toda esa tristeza, de esa horrorosa nostalgia, de todo lo que pudo y no fue, que se encontraba en esa desesperación, y que fuese  precisamente Emily la que impedía conseguirlo, lo empeoraba aún más. No sabía ahora qué hacer porque tenía varias salidas; echarle en cara ciertas cosas para hacerla sentirse culpable y así hacerle daño,  gritarle cosas horrorosas para que se le bajase esos humos de autosuficiencia que tenía o atacarla con palabras hirientes que le digan que terminaría sola y amargada...justo como habría acabado él si no hubiese encontrado el apoyo de Desmond. A lo mejor tenía que decirle un poco de todo, o absolutamente todo. Fuese lo que le dijese... tenía que pensarlo aunque en caliente era incapaz de hacerlo.

Te lo pasas bien pero no quieres volver a verme ¿no?. Te pones hasta las botas de comida tailandesa pero guardemos las distancias. Que sepas que siempre tuviste la opción de rechazarme desde un principio pero no. Decidiste dar una vuelta conmigo, porque eso fue cosa tuya,  pero claro... eso lo hiciste  por puro interés porque te gustaba la Harley, así que no me juzgues solo a mi de ser un puto interesado—dijo señalándole con el dedo y con el ceño fruncido, estaba muy molesto— También pudiste rechazar la oferta de comer una vez bajamos de la moto y a continuación tomar un maldito bus hasta irte a donde sea que vivas. ¿Sabes? no eres muy distinta a mi, sólo que yo voy de cara desde un principio—no era del todo cierto pero Em no tenía porqué saberlo— y tú muestras tu verdadera cara al final—se fue levantando de su asiento y rebuscar en su cartera— Si has hecho esto para darme una especie de  lección , no la comprendo. Si lo has hecho por puro placer, es que entonces no he sido yo el único que ha cambiado en estos años. Al final va a ser incierto eso que dicen sobre los vinos, porque veo que algunos no mejoran con los años, sino que terminan pudriéndose—Le arrojó sobre la mesa un par de billetes que cubrirían el pago de la comida, lo que sobrase le daba igual—.También puedes pagarte de ahí el trayecto de vuelta— tras eso se volvió y tomaba rumbo a la salida sin ser del todo consciente de lo que había hecho, pero daba igual, cuando se estaba enfadado todo se vuelve oscuro  y confuso. Ya tendría tiempo de pensar en las consecuencias y en lo que podría hacer después de eso.

Se aproximó a su Harley  una vez que se había encendido un cigarro, y manteniéndolo en sus labios, le quitó la cadena de seguridad, se colocó el casco y la arrancó dispuesto a marcharse lo más rápido posible de allí. Confiaba en que su cuerpo y su mente se relajaría mientras condujera.





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Re: Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Emily Yates el Mar Jul 22, 2014 2:24 pm


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→ Lunes → 13:15 → Tuk Tuk → Cálido  

Rodó los ojos. Por supuesto que le buscaría una amiguita a Sandor cuando llegase el momento; así él también tendría la oportunidad de arrimarse a la pierna de su dueña. No sabía cómo no lo había visto venir antes. En fin… Continuó comiendo mientras hablaban, y le pareció muy curiosa su forma de reaccionar ante la mención de Charlie. No sabía catalogar si se le veía nervioso, inquieto o incómodo, pero que ella recordase, el pelirrojo nunca le había hecho nada malo a Jackson en el pasado. Sólo estar con ella.

Pues sí, nos seguimos viendo de vez en cuando. Hasta hace poco vivía en mi edificio y me es difícil decirle que no cuando me mira con esos enormes ojos verdes suplicándome que el acompañe a este sitio o a aquel. Y sí, sigue igual de friki que siempre. Ahora mismo trabaja diseñando aplicaciones para una compañía mientras intenta desarrollar su propio videojuego. Lo de siempre.

El primer resquemor verdadero hacia él apareció, sin que supiese lo que iba a venir después, cuando le dijo que ‘a lo mejor era que le gustaba tenerle detrás como mosca cojonera’. Se dijo que no debía levantarse y clavarle los palillos en la bocaza que tenía porque no era buena idea y Jackson siempre había sido una persona que escupía con su sinceridad, así que se tranquilizó, porque en cierto modo era normal que pensase eso. Que no comprendiese que era porque para ella era más fácil simplemente pasar del tema hasta que, como él dijeses, se atreviese a pasar la línea. Cuando lo hiciese ya caerían la somanta de palos, pero no era precisamente porque le gustase tener a un gilipollas detrás. Ni dos. Ni tres.  

¿Entonces por qué demonios estaba comiendo con él?

Tuvo que obligarse a calmarse antes de continuar hablando, e incluso hizo como que ignoraba los comentarios que acababan de caerle con respecto a Richard. ¿Qué iba a saber Jackson sobre ella? Nada. Nunca había sabido nada. Probablemente cuando eran niños pensaba que la conocía mínimamente, pero la triste realidad era que nadie la conocía de verdad, salvo su abuela y Desmond. Las dos únicas personas que conocían su fondo tan bien como ella misma. El resto sólo veía lo que había en la superficie; nadie rascaba. Y lo prefería. Era mejor así. Era mejor estar aparte.

¿Entonces por qué demonios seguía charlando con él?

Negó con la cabeza cuando comentó que Sandor se terminaría pareciendo a él, alegando que Dios quisiera que no, antes de responderle seriamente a su petición de verse nuevamente. Y entonces fue como si acabasen de transportarle al escenario de una película alterna, porque para nada comprendió su reacción. Maldita sea, era testarudo y obstinado, y había pensado que simplemente le insistiría un poco más, que le miraría con esa cara de idiota que ahora sabía poner tan bien y que le diría que ya cambiaría de opinión. Pero no todo lo que le siguió a su mueca seria. No todas las palabras que salieron como punzantes cuchilladas de su boca con la intención clara de herirle.

Observó cómo los billetes caían sobre la mesa casi a cámara lenta, mecidos por una brisa inexistente, mientras que al mismo tiempo sentía cómo las mejillas empezaban a arderle por toda la rabia y la indignación que había ido acumulando con cada cosa que decía. Si hubiese sido un volcán habría explotado en ese momento, llenándolo todo de lava y haciendo que se derritiese todo a su alrededor; casi habría deseado que él desapareciese dolorosamente en ese momento, porque todo aquello también le había hecho daño. Mucho daño. Empezó a respirar fuertemente y con un movimiento brusco se levantó de la silla, cogió la chaqueta y el bolso y le siguió al exterior a paso ligero, sin preocuparse de si el dinero que había dejado era el suficiente o no. En ese momento sentía tantísima ira contenida que si hubiese podido hubiese hecho desaparecer el restaurante entero. Por suerte sus poderes no eran nada ofensivos.

Cuando salió le encontró encendiendo un cigarro y eso sólo le cabreó aún más. ¿Por qué? Ni idea. Porque no era como si a ella le importase que fuese asmático y se estuviese metiendo mierda en los pulmones que necesitaba tener limpios ni nada por el estilo. Por ella como si se despeñaba puente abajo y no encontraban ni los restos. ¡Dios! Hacía tantísimo tiempo que no sentía tantísima rabia que de haber estado más calmada le habría dado miedo. Pero en ese momento sólo tenía ganas de gritarle. Y vaya si lo haría.

¡¡Jackson!!

Chilló su nombre cuando faltaban pocos pasos para acercarse, y no hubo terminado de girar la cabeza cuando estampó su bolso contra ella, con casco incluido, sin importarle un pimiento el que eso fuese a amortiguar el impacto. Si hubiese podido golpearle con la misma moto lo habría hecho. No dejaban de pasarle ideas rastreras por la mente para putearle lo máximo posible, porque el pecho le dolía y no podía soportarlo. Le odiaba. En ese momento le odiaba muchísimo. Pero en el fondo era mejor así. Sí, era mucho mejor que él también la odiase a ella y así nada importaría. Daría igual lo que se hubiesen querido, lo que se hubiesen gustado o lo bien que se hubiesen caíd, porque si ahora se odiaban el resultado sería el que ella había estado queriendo desde el principio: Jack desaparecería de sus recuerdos para siempre.

Y lo mejor fue que él se quitó su protección. Bien, perfecto. Porque volvió a pegarle con el bolso en la cabeza.

¡Eso es por ser un capullo integral! ¡Gilipollas descerebrado! ¡Tú no me conoces! ¡No sabes nada de mí! ¡Nunca has sabido nada de mí y sin embargo vas dando lecciones como si tuvieses la más mínima idea de por qué me comporto como me comporto! ¡Primero aprende cuáes son las mierdas de los demás antes de echárselas en cara! Eres un puto cretino. ¿Me oyes? —Estaba tan... enfadada. Tan dolida. Y ni siquiera sabía por qué—. Ahora me alegro de que nos separásemos en el pasado porque no quiero tener nada que ver con alguien como tú. No soporto en lo que te has convertido. —Mierda. ¿Iba a llorar? No. No. No. Lo que menos quería ahora era mostrarse débil delante de ese imbécil redomado; demostrarle que de verdad le importaba todo lo que le había soltado. Pero los ojos ardían porque era cierto. Odiaba lo que acababa de ver—. Antes nunca me hubieses dicho nada de eso sin saber por qué actúo como lo hago. Jack nunca me hubiese tratado como si fuese basura sin saber el motivo porque yo le importaba. Tú me importabas. Y por eso he llevado a cabo toda esta mierda aunque yo no quería, ¿sabes? Por eso no te he mandado a la mierda; porque tú me importabas cuando éramos niños. —Se sorprendió a sí misma diciendo aquello, pero ya no podía morderse la lengua—. Pero ya no me importas. Ya no quiero tener nada que ver contigo ni con nada que tenga que ver con tu persona ni tu presencia. Y como vuelvas a acercarte a mí te juro que no me hará falta ningún Louis para echarte de mi vida porque lo haré yo misma a patadas. Capullo. —Al final se le escaparon un par de lágrimas que se limpió con rapidez. Se quitó las gafas y casi con desprecio se las tiró al regazo—. No quiero nada tuyo. Ahora salte de mi vida y déjame en paz. No querrás toparte con alguien que está podrida. —Resultaba gracioso que hubiese hecho esa alusión sin saber que la mitad de su ser había surgido de algo oscuro y putrefacto.

Se puso la chaqueta todo lo dignamente que pudo sobre los hombros, se colgó el bolso y empezó a caminar a paso rápido en dirección hacia Manhattan, con las manos en los bolsillos de la prenda vaquera y los ojos todavía ardiéndole de rabia.

Lo peor era que había cosas en las que le había mentido. Quizás muchas. Sí, había accedido a todo aquello en parte porque sabía que él no viviría eternamente y en cierto modo eso le había producido algo de desasosiego, y en parte porque en el pasado le importaba pero el verdadero motivo era porque quería demostrarse a sí misma que realmente ya no era así. Y vaya si lo había conseguido. Ahora tenía muy claro que Jack estaba muerto y enterrado bajo una gruesa capa que no iba a romperse. Era lo que quería, ¿no? Entonces… ¿por qué seguía doliéndole el pecho? Probablemente porque una parte de sí misma había anhelado equivocarse, llevarle la contraria. Probablemente porque una parte de sí misma, pequeña, frágil, quería recuperar lo que había perdido cuando él había desaparecido de su vida.

Pero ahora ya no iba a recuperar nada ni a volver a sentir nada. Y era mejor así, o de eso intentaba convencerse a sí misma. Era mejor quedarse aislada y sola para que nadie más pudiese volver a hacerle daño.

Sin embargo resultaba increíble que incluso con esas pretensiones continuaba saliendo herida. Se encontró limpiándose los ojos de nuevo porque el llanto pugnaba por salir. ¡Maldito imbécil! ¡Descerebrado! Tenía que haber hecho que su moto empezase a andar sola, o joderle el motor, o que se le perdiesen las llaves porque hubiesen salido corriendo del contacto para desaparecer por una cañería.

Probablemente así se hubiese sentido mejor consigo misma.


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Re: Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Jackson Evans el Miér Jul 23, 2014 11:49 am


 


El oír como lo llamaban por su nombre hizo que se girara hacia donde provenía la voz tan rápido como el bolso se aproximaba hacia su cabeza, recibiendo el fuerte golpe que hizo que el casco retumbara. Aquello no hizo más que aumentar su enfurecimiento, así que se retiró el casco con brusquedad a la par que le lanzaba una mirada iracunda pero eso no evitó que Emily volviese a repetir su movimiento con más esmero si cabía, y esa vez si que notó el golpe con más intensidad ¿qué llevaba en el bolso?¿piedras?. El se mantuvo en una posición defensiva desde su moto ya que no podía hacer mucho desde esa posición, prefería salir herido él, a que su hermosa Harley terminase en el suelo.  La voz de Emily surgía desde sus adentros con ferocidad y agresividad, denotando también un dolor tan intenso que podía verse aflorar desde la comisura de los ojos de la chica.

A Jackson le parecía increíble que le viniese con esas, claro... él siempre tenía que ser el culpable, el cerdo que se aprovechaba de las pobre chicas indefensas las cuales en realidad recibían lo que aceptaban, sin más. ¿Quién no conocía a quién? Su victimismo lo enfurecía cada vez más, un victimismo que no le correspondía a ella, sino la de él, pero en realidad ambos jóvenes cabezones y estúpidos formaban parte de ese término, pero cada uno de ellos se mantenían ocupados en ver solo y únicamente su propio dolor, sin ser capaces de ver el ajeno.

¿Y tú a mi sí?¡Te crees saber mucho y no sabes nada!—en esos momentos volvió a acordarse de Desmond, se lo imaginaba a un lado presenciando la escena y aplaudiendo con sarcasmo a la par que rodaba los ojos. Estaba claro que Jack debía ganar paciencia en esos asuntos pero... desde luego que esa tarde la había perdido. Se sentía más vulnerable que antes, y todo por culpa o gracias a su encuentro con el doctor— Así que nunca supe nada ¿eh?, ¡empezaste temprano mintiendo!—estaba colérico porque odiaba que volviesen a hablar del pasado, aunque él también era culpable pues fue el primero que lo mencionó. Lo que más le molestaba es que aquello que dijo Emily fuese la realidad  y que la chica que conoció entonces no era más que una ilusión que escondía el verdadero "yo" de su compañera de clase— ¡Ja! Tú también deberías aplicarte eso de saber las mierdas ajenas antes de abrir esa boquita y...—tuvo que detenerse tras el impacto recibido, no a través de ningún bolso sino de sus duras palabras. "Ahora me alegro de que nos separásemos" y las siguientes que vinieron a continuación. Ninguno de los dos eran conscientes en esos momentos que lo que salían por sus bocas era dolor comprimido que no entendían de razonamiento y lo confundían con extrema sinceridad. Eso lo enfureció aún más, lo que le faltaba por oír, que sus únicos momentos de felicidad habían sido una farsa y que la fuente de ella se alegraba de que todo desapareciese— ¡¿y fue por ti por quien me jugué la vida?! ¡Qué ciego estaba, maldita sea! ¡maldita falsa! Desde luego que yo tampoco quiero saber nada. Yo lo que no soporto es no en lo que te has convertido, sino tu verdadera identidad.

Abrió los ojos de par en par cuando le echaba en cara lo que su yo del pasado nunca le echaría en cara y eso le removía las entrañas de pura rabia. Encima tenía que estarle agradecido porque estuviese a su lado SIN que le importase, solo porque en el pasado sí que lo hacía. ¡Encima de mentirosa, loca! Eso lo entendía como una maldita contradicción.

Deja de vivir en el puto pasado y supéralo—habló él de superación— hablas con decepción cuando eres tú la decepcionante. La que siempre me ponía buena cara y me ayudaba con los exámenes sin pedir nada a cambio. Gracias Emily, gracias por no haberme bajado de esa nube en el pasado , porque fueron los únicos instantes de mi vida en el que me sentía completo; aunque ahora me doy cuenta de que el único sincero fui yo y eso no ha cambiado. Y tranquila, que no me acercaré a ti ni si quiera en mis últimos días, ni siquiera cuando te viese lamida por el fuego porque eres una maldita alimaña que no merece mi tiempo. Gracias, casi me siento mejor después de estos años de suplicio cuando los debí haber visto como un placentero descanso — Dijo sin haber podido esconder lo que le parecieron y aún en la actualidad esos años. Quería hacerle daño como ella se lo había hecho, así eran las personas, cuando se sienten atacadas se defienden... con contraatacando con más fuerza. Y ver sus lágrimas no detuvieron sus dañinas palabras, ni que relajase su expresión colérica. El dolor que ella expresaba era equiparable a la que él escondía en el interior de su pecho, protegido con sus costillas pero a la par tan indefenso. Era curioso que unas simples palabras pudiesen herir más que cualquier mano ardiente sobre la frágil piel de cuello. Tuvo que hacer uso de sus reflejos para tomar las gafas que Emily le arrojó sobre el pecho, recogiéndolas. Y antes sus últimas palabras no dijo nada, solo la miró con unos ojos nunca vistos por su compañera. No había alegría, timidez, travesura en ellos como había podido presenciar en otras ocasiones; sino oscuridad, y rencor con pinceladas de dolor.

¿Era todo aquello un castigo por sus verdaderas intenciones con ella? ¿qué malo tenía el querer liberarse de aquella insoportable sensación de melancolía? ¿y ahora qué haría? Todas esas preguntas se agolpaban dentro de su cabeza con alevosía. Jackson quería torearlas con un poco de cordura y tratar de verle el lado bueno, como que de esa forma, con odio, su concepto sobre lo que vivió hacía trece años cambiaría y ya no tendría porqué sentirse tan mal por lo que dejó atrás ya que se demostraba que no había valido la pena. A lo mejor aquello le ayudaba a alzar el vuelo y darse cuenta de primera mano que lo que dijo Desmond era cierto, que habían seres humanos más dañinos que cualquier otro subterráneo.

Hasta el momento en que la vio marcharse no se había dado cuenta que el cigarrillo estaba en el suelo y apagado, desde el primer golpe. No tuvo reparos en recogerlo del suelo, colocárselo en los labios y encendérselo con el mechero mientras sus ojos observaban la figura de Emily marcharse. Ahora su sola imagen, aunque fuese de espaldas,  le removía el estomago y le hacía desearle lo peor. Y aunque en  esos momentos no lo creyera, pasadas unas horas o unos días, se daría cuenta que las palabras que se habían dedicado eran lo único podrido entre ellos. Llegaría el sentimiento de arrepentimiento que no permanecería por mucho tiempo torturando su alma, pues el recuerdo de lo que Emily le dijo,  lo nublaría hasta hacerlo desaparecer. La cabezonería y el orgullo entrarían en juego, los dos enemigos de la razón, ambos nacidos del pesar.

Se volvió a colocar el casco, arrancó la moto y empezó su recorrido de vuelta. La dirección de la carretera le obligaba a seguir el mismo rumbo que la muchacha, pero cuando la fue cruzando ni si quiera la miró. Solo miraba al frente, buscando con desesperación aquel halo de luz  entre los edificios que lo tranquilizase.



Última edición por Jackson Evans el Jue Jul 28, 2016 4:43 pm, editado 1 vez



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Re: Rockabilly girl |Jackson Evans|

Mensaje— por Emily Yates el Miér Jul 23, 2014 1:07 pm


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Conforme iba avanzando y agrandando la distancia entre ellos, una vez le hubo visto pasar por su lado con la moto que tanto le había entusiasmado minutos antes, las palabras de Jackson iban haciendo mella en su conciencia. Caminaba con la cabeza gacha, despacio, casi arrastrando los pies, porque era como si cada paso le supusiese un suplicio personal. ¿Qué había de mentira en lo que él le había dicho, a fin de cuentas? No iba a dejar de pensar de él que era un capullo aprovechado, ni que no tenía ningún derecho a decirle las cosas que le había dicho, porque por desconocimiento no era capaz de comprender su forma de actuar. Nadie decía que ella estuviese actuando correctamente, pero no era capaz de hacerlo de otra forma, y por lo menos se lo había dicho claro en lugar de darle largas.

Pero tenía razón.

Maldita sea, tenía en razón en todo lo que le había dicho. Habían basado su relación siendo niños en el hecho de que él no sabía que ella no era humana; quizás no era una mentira porque nunca le había preguntado —obviamente— por su naturaleza, pero lo había obviado y eso hacía que nunca hubiese podido llegar a conocerla del todo. Eso había creado una franja insalvable que no se habría reparado jamás, y que ahora sólo había utilizado en su contra para echárselo en cara. Como si fuese basura.

Se sentía tan mal. No había sido capaz de reaccionar a sus respuestas porque le había dejado tan patidifusa el que le hubiese dicho que no soportaba su verdadera cara, que se arrepentía, casi, de haberle salvado la vida en el pasado. Podía haberle dicho que ella no le había pedido nada, nunca, que le había dicho mil veces que no había tenido por qué hacerlo, pero el que no la soportaba a ella de verdad le había hundido realmente. De niña había temido esas palabras de su parte y ahora le habían dolido lo suficiente como para saber que seguía sintiendo ese miedo, aunque no hubiese sido consciente de él. ¡Y ni siquiera había necesitado decirle que era una bruja!

Sonrió con ironía. Claro que sí. Los humanos no estaban hechos para relacionarse con los subterráneos. Nunca lo habían estado. Pero ella, estúpida, se había empeñado en apartarse de los que de verdad eran su gente para vivir entre personas que nunca la comprenderían. Que nunca podrían entender sus motivaciones o sus miedos. No les odiaba, ni de lejos. Incluso lucharía para salvaguardarles. Pero ahora sabía que había hecho bien alejándose porque no le habían traído nada absolutamente bueno, salvo quizás su propia abuela y Desmond; pero Desmond era alguien aparte. Charlie, Louis, Sarah, Manuel… eran buenos con ella, pero nadie le garantizaba que se tomasen bien su naturaleza no-humana. A lo mejor debía empezar a relacionarse más con otros subterráneos y olvidarse un poco de los mundanos; a fin  de cuentas, con Mishka, con Layla, con Caitlin y Anni, había sentido una conexión y una comodidad que no experimentaba nunca con humanos porque eran como ella; porque nunca le iban a mirar raro ni a juzgar por ser diferente, ni a asustarse de ella... En cambio el resto...

«He sido una ingenua… He sido estúpida.» Suspiró. «En realidad esto es lo mejor. El odio y la decepción son mejores escudos que la indiferencia.»

Pero le dolía. ¡Le dolía y estaba furiosa! Consigo misma. Con Jackson. Con su propia debilidad. Con su propia estupidez. Con su propia incapacidad para sobreponerse a sus sentimientos. No tenía que haber aceptado; no tenía que haber sentido lástima ni piedad ni nada de nada. Tenía que haber seguido diciéndole que se fuese a hacer puñetas y no haberle hecho caso a Matthew ni a nadie. Ni siquiera a la pequeña parte de sí que quería seguir acercándose. ¿Para qué? Al final sólo le había dejado como estaba.

Dolida. Sola. Furiosa. Triste.

Y muy en el fondo, desilusionada.

«Menudo día de mierda...»


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