10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


25/12 - ¡Por fin se ha abierto el panel de inscripción para moderadoras/es! ¡Apuntáos cuanto antes! Además, administración quiere dejar constancia de que, con motivo de las fiestas, la nueva limpieza por inactividad se realizará entre los días 03 y 04 de enero. ¡¡De nuevo, Felices Fiestas, submundis!!


19/12 - ¡Las noticias de final de 2016 están recién sacaditas del horno! ¡Felices fiestas!


04/10 - ¡Aquí llegan el inicio oficial de la Trama Global! Seguid este caminito de baldosas amarillas para saber dónde están vuestros temas, quiénes participan y decidir en cual entrar. ¡Esperamos que lo disfrutéis mucho!


06/09 - ¡Aquí llegan los cambios en la ambientación y la trama y las noticias de agosto y septiembre! No dejéis de leerlas, porque dentro hay muchos cambios importantes.


31 # 39
22
NEFILIMS
4
CONSEJO
9
HUMANOS
9
LICÁNTRO.
6
VAMPIROS
11
BRUJOS
4
HADAS
5
DEMONIOS
0
FANTASMAS

Confrontación en el Bronx |Isis Lawnarrow/Luke Garroway|

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Nunca he pecado de racista, Dios me libre. Si considero que los subterráneos deben ser tratados como nosotros, que son nuestros iguales, ¿cómo voy a renegar de las otras etnias del ser humano? Sería cuanto más que hipócrita por mi parte, no promocionar la igualdad entre mis iguales cuando sí lo hago entre seres ligeramente sobrenaturales —siendo condescendiente, pero no me gusta pensar en ellos como aberraciones o monstruos—. Pero he de reconocer que a estas horas de la noche el Bronx no es precisamente mi lugar preferido en el que estar. Evidentemente no se puede generalizar, y no todas las personas que viven aquí son unos delincuentes que van por el mundo con navajas en los bolsillos dispuestos a rajarte la yugular, pero hay determinadas zonas que es mejor no pisar una vez pasado determinado momento del día. Y son las dos cosas que yo estoy vulnerando en este momento mientras conduzco con cierta rapidez.

¿Para qué me estoy dirigiendo a esta zona de New York? Bueno, todo tiene su explicación.

Hoy salí del trabajo sobre las siete y media de la tarde. Quedé con Marianne y las niñas para cenar en China Town, ya que hacía una semana que les había prometido que iríamos juntos, y a eso de las nueve de la noche, cuando nos dirigíamos para casa, me han llamaron del hospital con una urgencia. No soy realmente un médico de guardia, ni tengo ninguna especialidad salvo medicina general, aunque me he especializado con el paso del tiempo en tratar cosas leves, como hacer suturas, escayolar huesos rotos y demás. Una cirugía cardiovascular está fuera de mi alcance, evidentemente, pero si Samantha me llama alegando que hay una urgencia… sé perfectamente de qué se trata. Ignorando el rostro compungido de Sally y del despectivo de Eliza, me puse en camino, mentalizándome de que me tocaba tratar con algo ligeramente desagradable, por la voz de la enfermera.

Sin embargo fue peor de lo que me esperaba.

Al llegar a la consulta me encontré con un niño negro, muy pequeño, de unos cinco o seis años —Aaron, se llamaba—, al que un licántropo había mordido agresivamente. Me puse lívido durante unos segundos, dándome el lujo de sentir algo de rabia que luego deseché, porque por lo general no suelen querer hacer esas cosas —generalmente— y me centré en curar al pequeño. Su madre balbuceaba cosas incoherentes cuando le preguntaba cómo se lo había hecho, por lo que intuyo que ha visto al lobo atacar a su hijo y no quería contarlo por temor a que la tildase de loca. Sin embargo cuando terminé de curar al niño y Sam cuidaba de él, me la llevé a otro sitio y le expliqué sin tapujos lo que sabía, lo que le había pasado y lo que podía sucederle. La mujer se derrumbó encima de mí, asustada, llorosa, suplicándome que salvase a su pequeño de lo que le iba a suceder. Yo sólo pude consolarla, asegurándole que podía contar conmigo para lo que fuese, pero que en el proceso de la transformación yo no tenía nada que hacer. O sucedía o no sucedía. Sólo podíamos rezar. Tras eso decidí acercarles a su casa, porque no tenían dinero para regresar en taxi. La mujer no dejaba de agradecérmelo entre lágrimas, con su hijo durmiendo en sus brazos, y yo sólo pude decirle que no era para tanto.

Sigo pensándolo mientras conduzco, pero realmente tengo ganas de  volver a casa. El tema con los hombres lobo siempre me produce resquemores; no les odio, ni mucho menos, pero realmente me provocan recelo, casi temor. No al nivel de las hadas, pero lees tengo el suficiente respeto, y si hay uno suelto en el Bronx, no quiero encontrármelo. Sólo espero que encuentre pronto una manada que le ayude a apaciguarse.

Afortunadamente no tardamos mucho más en llegar a su edificio. Me siento realmente estúpido teniendo estos prejuicios a los cuarenta y tantos años, de modo que me obligo a tranquilizarme mientras aparco junto a la acera, e intento no pensar que menos mal que mi coche es más bien normalito y no llama la atención de nadie. Cojo a Aaron en brazos, a pesar de que su madre Lydia, me dice que no hace falta, pero yo insisto. Subo con ellos, acuesto al niño en la cama y le digo que para cualquier cosa venga a verme a la consulta, con Aaron o sin él, con su marido o sin él. Ella sonríe tristemente antes de añadir que su marido está trabajando siempre en una fábrica y que es poco probable que pueda, pero agradece mis consejos, me da algo de beber y se despide de mi en la puerta, con el corazón encogido y la mano sobre el pecho.

Yo suspiro aliviado cuando llego a la calle, sintiéndome algo mejor, pero preocupado por el niño. Ojalá, ojalá que no se transforme en un hombre lobo, porque a tan corta edad debe de ser horriblemente duro. Me paso la mano por los ojos y comienzo a caminar en dirección a mi coche. Pero entonces un escalofrío recorre mi espalda y me giro, con los pelos de la nuca de punta y la boca seca. Miro en todas direcciones. La calle está vacía, salvo un par de transeúntes que van por la otra acera y  nada más. Aún así, acabo de tener la impresión de que alguien me estaba vigilando…


Off rol:
Yo había pensado dos opciones:
1) O que es Isis, que lleva siguiéndole desde el hospital, más o menos, y del tirón decide abordarlo.
2) O que aparece el hombre lobo que mordió al niño e Isis le salva la vida, introduciéndose a él de esta manera, antes de abordarle.
Tú decides cuál de las dos te gusta más, en el caso de que te parezcan bien xD Si se te ocurre otra cosa, adelante : ) Estoy más que dispuesta a cualquier opción ^^
¡Espero que te guste! No he estado especialmente inspirada, pero quería abrirlo ya >-<


Última edición por Desmond Lynch el Mar Jun 30, 2015 8:18 am, editado 1 vez


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Re: Confrontación en el Bronx |Isis Lawnarrow/Luke Garroway|

Mensaje— por Invitado el Vie Jul 04, 2014 4:47 am

Lo bueno de las grandes ciudades, al igual que las grandes fiestas, es que son íntimas. Hay tanta gente por todas partes, tantas caras nuevas día tras día, que es imposible conocer la historia de cada una. La multitud logra camuflarte si sabes volverte un miembro más de ella. La clave está en no destacar más de lo necesario en el gran mar de personas. Y Nueva York, que no es un sitio donde residen, en su mayoría, amas de casa y viejas chismosas (como en los pueblecitos más apartados donde todos se conocen), es perfecta si quieres ser una partícula más; pasar de estos dolores de cabeza sociales.

Isis no apreciaba este pequeño detalle, de hecho repudiaba las multitudes, hasta que empezó a necesitar intimidad.

¿A quién se le ocurre enamorarse de su parabatai cuando está casi mortalmente prohibido por La Clave? ¿Y a quién se le ocurre corresponderla? ¿Y a quién se le ocurre seguir adelante con la relación, que va camino a los cinco años o así? ¿Por qué nadie impidió que fuesen parabatais, si sospechaban lo que iba a ocurrir entre ellos tarde o temprano?

Desde hace tiempo, Isis desarrolló una teoría "tontísima" al respecto: es cosa del karma. Algo en lo que, realmente, no creía hasta que conoció a Syra, y ésta iba diciendo «es el karma», a casi cada cosa mala o buena que pasaba. Luego fue relacionándolo con su relación con Daniel, sin mostrarse demasiado paranoica al principio, pero luego…

Ellos, desde que tienen uso de razón, y sin exagerar, siempre han sido fieles defensores de La Clave, a causa de los ideales de sus padres. Repudiaban a los subterráneos. No sentían piedad por ellos si incumplían las leyes. Acataban cada palabra de los mayores al pie de la letra y no daban margen a dudas… ¡Despreciaron a Cassandra cuando se transformó en vampiro! ¡Su hermana de corazón…! Pero desde hace años, una mancha ensució su inmaculado expediente de forma irremediable. Una horrible pero dulce mancha que no pasaría desapercibida, ni sería perdonada, por la Ley.

«Sed lex, dura lex…», ¿no es eso lo que dicen los nefilims siempre?

Por ello, de alguna forma, Isis necesita hacer buenas acciones desde hace mucho, como si así, por lo buena y entregada nefilim que es (desinteresadamente o no), no fuesen a darse cuenta de todo lo que se está cociendo en casa de los Ravenwolf desde hace años. Como si, quizás, llegado el momento en que todos lo sepan (ojalá nunca), lleguen a perdonarla por todo el servicio que ha prestado.

A causa de ello, y en parte por curiosidad propia, se encuentra en una misión de reconocimiento.

Desde hace tiempo se comenta que un médico mundano se ocupa, de forma desinteresada, de los subterráneos que tienen problemas con la salud. Cuando se lo comentaron, Isis no entendió qué tiene de malo ello. Sus superiores afirmaron que preferían descubrir si había algo detrás, así que se encogió de hombros y aceptó sin vacilar. Todo sea por el bien de la humanidad, ¿no?

Así que aquí se encuentra, con la espalda pegada a una pared de un edificio de ladrillo del Bronx. Ha seguido el coche del tal Desmond Lynch (bonito nombre, por cierto), desde que lo ha localizado, empleando cuando era necesario la moto que Jace le ha dejado prestada. Y está más o menos enterada de lo ocurrido con el pobre niño.

Está esperando a que el hombre salga del edificio, oculta a la perfección entre las sombras del callejón gracias a su traje de combate negro. Lleva el cabello atado en un perfecto moño, como siempre que debe impartir acción; y la mayor parte de las runas que ha grabado en su piel están cubiertas por las mangas de la cazadora, cerrada hasta la mitad del pecho. Tiene planeado abordarlo antes de que entre en el coche, pero desde hace rato tiene un mal presentimiento, y no suele fallarle la intuición. A parte, siempre pasa algo malo en esta ciudad, más en este barrio.

Por fin divisa la figura de Desmond salir del edificio.

Isis reacciona al instante, acercándose al coche con pasos tan silenciosos que podría pasar por una figura fantasmagórica. Mientras camina, con sus andares y movimientos de cadera sinuosos, mantiene el mentón alzado, los ojos ligeramente entrecerrados con aire inquisidor; en general, totalmente segura de sí misma, como si supiese que, si quiere, puede pisotearte como se pisotearía a una hormiga.

Entreabre los labios, apunto de llamar la atención del hombre cuando ve que este mira a su alrededor, pero los cierra de golpe al ver de reojillo una figura enorme moviéndose entre las sombras. Al instante, desenfunda su katana de doble filo que casi siempre lleva consigo, y corre hacia Desmond para quedar frente a él, ligeramente de espaldas. Se escucha un rugido, un poco más lejos.

Va siendo hora que entres dentro del coche, Lynch —dice con una tensa sonrisa ladina, los ojos centrados en la parte más oscura de la calle, donde puede ver los relucientes ojos de la criatura. Arquea una ceja, dejando ir un leve bufido—. Temo que hay un licántropo enfadado contigo. O mejor dicho, con todo le mundo. Entra.

Sin saber cuál es la reacción final del hombre, avanza un par de pasos dirección al licántropo. Tiene claro que es el implicado en el accidente del niño, pero al no haber matado a nadie, ni saber lo que hará a continuación, no puede atacarlo. Debe esperar a ver qué decide hacer para actuar correctamente y no tener problemas. Por suerte, lleva la pequeña pistola con balas de plata con ella.

Deduzco que no eres de la manada de Luke. ¿Un recién transformado, quizás? Por favor. Si puedes entenderme, debes saber que si decides atacarnos deberé matarte. No temas lo que eres, solo tranquilízate y todo saldrá bien. —Ya ha pasado por esto otras veces, algunas con mejores resultados que otras. Va, esta no puede salir tan mal como aquella vez… ¿no?


Última edición por Isis Lawnarrow el Miér Oct 22, 2014 2:56 pm, editado 3 veces
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Conozco esta sensación.

La conozco por que no es la primera vez que me siento observado. De niño tenía la impresión de que los subterráneos sabían que yo podía verles desde mi más tierna infancia, y algunas veces era cierto que les pillaba con los ojos fijos en mí, relucientes de curiosidad, de anhelo. Yo también les observaba. Desde la distancia. Desde lejos. Con la mirada impregnada de ansias de saber, de conocer, de ver. Se me había dado ese don y no iba a desperdiciarlo ignorando cuanto se podía mostrar ante mí; la maravillosa amalgama de razas que dentro de la especie de los subterráneos podía aparecerse en mi vida diaria.

Incluso cuando investigaba hasta altas horas de la noche en la Biblioteca Municipal de Dublín, sentía como si alguien clavase sus agujas en mí. Siempre pendiente. Siempre alerta. Como si yo pudiese desvelar los misterios que atenazaban a los suyos; como si yo pudiese cerrar verdaderamente las puertas del infierno e impedir que se acercasen a nosotros, a los mundanos, para saciar sus ansias con nuestra insignificancia. Al menos aquellos que poseen un alma negra, corrompida. El día en que aquel hada me sedujo hasta introducirme en sus dominios para torturarme en aras de ser su nuevo juguete, su diversión personal, noté lo mismo.

Es casi así como me siento en estos instantes.

Es casi así, cuando salgo a la calle y el frío me azota las mejillas, como noto mi cuerpo temblar, y no sólo por la repentina bajada de temperatura que acabo de experimentar por culpa de la corriente. Siento la imperiosa necesidad de beberme un lingotazo de whisky; de sentir su ardor colárseme por la boca, recorrerme el esófago e inundarme el estómago; de sentir el confort que produce cuando notas el alcohol recorrer tu sistema, anegarlo con su cálido abrazo para desaparecer en los límites de la consciencia. Siempre que tengo miedo me sucede lo mismo. Porque es eso. Miedo, lo que noto dentro de mí. Como si la muerte misma me acechase.

El repiqueteo de unos pasos rápidos, femeninos, se escapan a mi percepción hasta que de pronto una figura alta, estilizada y oscura surge frente a mí, y yo creo que es de verdad la parca que viene a cobrarse mi alma de una vez por todas. Pero yo no quiero morir. En el pasado lo deseé, cuando Ada me dejó solo con nuestras niñas. Sin embargo ahora quiero vivir, con, por y para ellas. No quiero dejarlas solas de nuevo, sin nadie a quien acudir cuando sus fantasmas les persigan en la noche. Quiero vivir desesperadamente. Por eso siento tal alivio al escuchar una voz humana proveniente de la persona que acaba de aparecerse.

La seguridad que despide me abruma ligeramente. No puedo verle el rostro, pero suena joven. Entonces me fijo en su katana de doble filo, que empuña grácilmente. Sus palabras, toda ella, me hacen sumar rápidamente las variables que supone su presencia, y pronto averiguo sin dilación de qué se trata. O de quién se trata.

Cazadora de sombras —susurro suavemente.

Un licántropo enfadado con todos. La figura del pequeño Aaron se aparece en mis retinas, retorciéndose de dolor, sufriendo, llorando, asustado, y el rostro desolado de Lydia, compungida, le sigue. Entonces veo a Ada, cubierta de sangre, destrozada. No sé por qué no me siento capaz de moverme de donde estoy, a espaldas de esta muchacha que vive para nosotros. Que vive por nosotros. Para protegernos de la oscuridad que nos rodea día a día de mano de criaturas que no pueden o no quieren controlar los instintos que les inundan en determinados momentos de su existencia. Desde que se convierten en lo que son hasta el infinito.

La manada de Luke. Es la primera vez que oigo nombrar al líder de uno de los clanes de lobos que hay en esta zona. Me relamo los labios con el corazón golpeándome furiosamente en el pecho. Me congratula escuchar que sólo le atacarán si él o ella se mueven primero. Supongo que si hubiesen aparecido en mi casa la noche en la que ella murió hubiese acabado con la vida del pobre diablo al que, al final, decidí salvar la vida. Me pregunto si alguna vez hice bien en no condenarle, en no permitir que los otros le encontrasen…

No debes tener miedo —¿Por qué he empezado a hablar? ¿Por qué me estoy adelantando hasta quedar parejo a ella? No lo comprendo. El temor hace que me tiemblen las piernas, pero me aferro a mí mismo para no dejarme caer. Es la primera vez que hago frente a un lobo transformado desde esa noche, y es una sensación extraña—. No estás haciendo esto por voluntad propia, ¿verdad? No quieres hacer esto. Ninguno quiere en sus primeras veces porque no puede controlarse. Por favor, por favor, hazle caso. No quiere herirte ni yo quiero que te hagan daño. No es tu culpa… —Quiero ayudarle. De verdad que quiero ayudarle. No son conscientes. No quieren hacer daño… Al menos no siempre quieren hacerlo…

Me aferro a esa idea. Y a que quiero vivir. Con todo mi ser.


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Re: Confrontación en el Bronx |Isis Lawnarrow/Luke Garroway|

Mensaje— por Invitado el Jue Oct 23, 2014 2:46 pm

Aquella vez fue hace mucho, cuando Isis apenas tenía 8 años. Todo sucedió durante unas supuestas vacaciones con sus padres en Forks, lugar donde Isis solo recuerda los verdes paisajes que su padre tanto apreciaba, las noches frías y el incidente con el licántropo.

Caía el atardecer cuando llegaron las noticias de varias muertes en la ciudad causadas por un animal de gran tamaño y fuerza. Sus padres, sospechando lo que realmente ocurrió después de investigar, no tardaron en mover ficha y rastrear a la bestia, que encontraron en las profundidades del bosque en estado moribundo, pero aún dispuesta a dar guerra. Lo más ético es que no hubiesen llevado a la pequeña aspirante a Cazadora de Sombras consigo, ¿verdad? Pero la madre de Isis ya empezaba a ser demasiado estricta y fría con su hija. Necesitaba hacerle ver lo que son los subterráneos, cuánto daño pueden causar, y esa era una buena oportunidad. Y Eddard, su padre, no iba a impedir tal lección.

La Clave es consciente de tus delitos. Aunque quizás no sabes ni lo que es La Clave, ¿no es así? —Su voz era fría, con retintín. Para Isis no era la misma madre que una vez le susurró con palabras dulces que no había monstruos bajo su cama—. Bien. Debes calmarte, o de lo contrario, si nos atacas, no tendré más remedio que acabar con tu existencia.

Iris… —Recuerda la voz de su padre pidiéndole compasión por el pobre lobo, un poquito de paciencia, mientras apretaba a su hija contra sus piernas, intentando no hacerla partícipe de aquello. Al fin y al cabo, era tan pequeño que seguramente debería ser un adolescente humano, de unos 12 años a lo mucho. Pero las cosas no fueron bien para él, e Isis lo contempló entre las rendijas de sus pequeños deditos que cubrían su rostro de aquella escena—. Era solo un niño…

***

No debes tener miedo.

¿Eh? —se le escapa a Isis automáticamente en voz baja, con tono defensivo. ¿Es que acaso este humano puede saber cuándo siente miedo? ¿Ella, que tan bien suele ocultarlo?—. Y-… Oh —carraspea al ser consciente de que le está hablando al licántropo.

No estás haciendo esto por voluntad propia, ¿verdad? No quieres hacer esto. Ninguno quiere en sus primeras veces porque no puede controlarse. Por favor, por favor, hazle caso. No quiere herirte ni yo quiero que te hagan daño. No es tu culpa…

«La Clave es consciente de tus delitos. Aunque quizás no sabes ni lo que es La Clave, ¿no es así? Bien. Debes calmarte, o de lo contrario, si nos atacas, no tendré más remedio que acabar con tu existencia.», «Deduzco que no eres de la manada de Luke. ¿Un recién transformado, quizás? Por favor. Si puedes entenderme, debes saber que si decides atacarnos deberé matarte. No temas lo que eres, solo tranquilízate y todo saldrá bien.». "Vaya, parecer ser que yo no soy mejor que mi madre", sonríe amargamente Isis para sí, dejando ir un suspiro quedo.

Adopta una postura más defensiva, avanzando un corto paso para poder cubrir mejor a Desmond en el caso de un repentino ataque por parte del licántropo, y espera alguna reacción. No quiere volverse una asesina, alguien que mata sin esperar una explicación, que blande la espada sin vacilar. Eso quedó atrás.

Toma aire:

Aunque ahora todo te parezca una locura… —empieza a hablar, buscando palabras esperanzadoras. Pero no es su fuerte—. Hay muchos más como tú, que han logrado seguir su día a día, controlar su naturaleza, conseguir trabajo, hogar, una familia… No todo ha acabado aquí. Hay una manada que podrá acogerte. Pero antes debes calmarte… De lo contrario… —deja la frase a medias, apretando la mano contra la empuñadura de la katana hasta que sus nudillos se tornan blancos.


Off-rol:
No he querido seguir porque tu estabas dominando la acción principal, pero si se te ocurre algo que pueda pasar me dices y edito el post >w<
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Se podría decir que siento la presión arterial golpeándome en las venas con tanta contundencia que casi me duelen; al menos, si de verdad eso pudiese notarse conscientemente y sin la ayuda del esfigmomanómetro, pero la realidad es que sólo noto el corazón golpeándome violentamente en la caja torácica, como si de un momento a otro, uno de sus envites fuese lo suficientemente fuerte como para romper el esternón y salir disparado más allá de mi pecho, terminando así de una vez con mi vida. Pero evidentemente eso no puede suceder. Echo mano de mis conocimientos médicos para intentar tranquilizarme, haciendo desaparecer descabelladas ideas de mi cabeza, mientras me relamo los labios, observando al feroz lobo de oscuro pelaje que se yergue ante nosotros, poderoso, rabioso, enfadado con todos.

Enfadado con el mundo.

Sus ojos, negros como su pelaje, se centran en mí, entre suplicantes e iracundos, y siento que el miedo me inunda por doquier. No soy alguien excesivamente valiente cuando me encaro a la muerte, así que me aferro a todo lo que puedo, a todos mis buenos recuerdos, para controlar mi cuerpo y no salir corriendo de donde estoy. No puedo dejar a una chica sola, por muy Cazadora de Sombras que sea, ante semejante bestia que parece descocada. Soy incapaz de saber si mis palabras le han llegado a alguna parte de su conciencia humana, enterrada bajo esas ansias asesinas que le llevan a intentar acabar con cuanto le rodea, y esa es la peor incertidumbre. Casi tanta como no saber si moriré en sus fauces o conseguiré vivir para dar gracias un día más.

La joven cazadora vuelve a hablar, esta vez con más suavidad, con palabras más amables y menos cortésmente agresivas que antes, y eso hace que yo me tranquilice un poco. Si somos dos intentando convencerle de que puede detener esto antes de hacer desgraciadas a más personas, quizás consiga entrar en razón antes. Eso, si conseguimos que sea capaz de entender nuestras palabras. Cosa que, por cierto, seguimos sin tener asegurado.

No obstante, durante un segundo recupero la esperanza que nunca parecía haber tenido cuando contemplo que esconde los colmillos ligeramente, aunque el pelo erizado no desciende ni su mirada feroz se aparta de nosotros. Pero quizás, y sólo quizás, si seguimos hablándole así, podamos hacer salir al hombre o a la mujer que habita debajo de esa forma propia de las pesadillas de mis hijas. Y las mías mismas. A pesar de que ella me ha cubierto ligeramente para intentar protegerme, yo me muevo hasta colocarme a su lado lo suficientemente visible, pero un paso por detrás de su cuerpo para que no piense que está intentando cuidar de un loco descerebrado que no entiende el peligro que está corriendo. Si ella supiese que lo conozco mejor que nadie…

Ella tiene razón. Se puede conseguir. No es un camino sin salida para ti. ¡Sigues vivo! Sigues vivo y puedes luchar para evitar que otros hagan el daño que tú has hecho sin pretenderlo. Puedes luchar para enseñar a otros, para proteger a otros. No tienes por qué usar esta ‘maldición’ como tal; puedes convertirla en algo bueno para ti; algo que te de una razón para existir. Para sobrevivir. Para vivir. Todos llevamos una carga encima, aunque no todos la manifestamos como tú puedes hacerlo. Pero cada cual lucha con sus propias armas para hacerle frente y tú no serás menos que ellos. Tú también puedes echar por tierra tus peores pesadillas; pisotearlas para que dejen de ser realidad, y convivir con lo que eres ahora. Con tu nueva existencia. Sin el odio, sin el miedo que rezumas por cada poro de tu piel. —Trago lenta y dolorosamente, porque parece que me he quedado sin saliva en los labios, en la boca, en la garganta—. Por favor. Por favor. No queremos hacerte daño. —Hago un gesto con las manos, casi suplicante, para que baje definitivamente la guardia y podamos llevarle a un lugar más seguro donde otras personas pudiesen cuidar de él. Quizás ese ‘Luke’ que ha mencionado la muchacha pueda hacerle comprender, hacer que deje de llevarse por el lobo guiado por sus emociones. Sólo quizás…

Off:
No me gusta demasiado como me ha quedado, pero quería que decidieses qué hacer con el lobo, ya que tú escogiste la opción >-< ¡Cualquier cosa que veas mal, dímelo y lo cambio! ¡Besos!


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Re: Confrontación en el Bronx |Isis Lawnarrow/Luke Garroway|

Mensaje— por Invitado el Miér Dic 31, 2014 2:20 am

La muerte está tan presente en la vida de los Cazadores de Sombras, es un pilar tan importante en esta, que a veces —muy pocas veces— Isis se asustaba. ¿Su vida iba a basarse únicamente en eso? ¿En matar y, quizás algún día, ser matada? ¿En ver como sus seres cercanos caían uno tras otro? ¿Y cuál sería su postura? ¿Sería un juez despiadado? ¿Compasivo? ¿Justo? ¿Qué consecuencias tendría en su carácter su estilo de vida? ¿Al final de su vida, sus manos estarían manchadas de sangre inocente?

No tiene claro si llegó a responder todas las preguntas, pero sabe que las fue enterrando una a una en la fosa más profunda que encontró y adoptó la actitud más adecuada que le pareció: ser fuerte para no ser vencida fácilmente, acatar para tener una buena convivencia con sus iguales, frialdad en justa medida… ¿Por qué? Pues… porque tanta pregunta no la ayudaba ni llevaba a ningún lado. Necesitaba hechos.

Ella tiene razón.

"¿Sí?", se pregunta con cierta inseguridad, pero mantiene la mano firme alrededor de la empuñadura de la katana, de momento. Los discursos no son lo suyo y, sin embargo, Desmond parece haber nacido para ellos. Puede ver en él el carácter que todo líder necesita. Puede ver por qué hombres como Luke acaban en el frente de un grupo, siendo queridos y respetados. Puede reconocer la necesidad que tiene el mundo de personas como Lynch y Garroway.

Lynch es un buen hombre, concluye. En una situación límite como esta, donde usualmente nuestra verdadera naturaleza queda a la vista, él se ha comportado con admiración. No es un hombre que La Clave deba vigilar con recelo, sino con ojo cauto para mantenerlo con vida.

Y decidiendo contribuir positivamente al progreso que ha conseguido su discurso, Isis relaja su postura y retira la mano de su arma, confiando en que, si la situación se tuerce, sus reflejos serán tan rápidos como siempre.

¿Ves? Ya no hay amenaza… Confiamos en ti. Ahora toca que tú confíes en nosotros, y entonces podremos llevarte a un lugar seguro, con gente amable que cuidará de ti —finaliza con tono amable, apretando los dientes. Nunca ha intentado eso. No sabe de experiencias de otros compañeros que hayan tenido similitud. No las tiene todas.

Pero pese a sus dudas, empiezan a haber pequeños cambios poco a poco. El lobo parece relajarse con el paso de los lentos segundos. Sus dientes se esconden del todo, su postura se relaja… Y entonces empieza la dolorosa transformación, y se escuchan gritos desgarradores que estremecerían cualquier corazón. Isis no tarda en reaccionar y correr hacia el desvalido ser, que va cubriendo con su cuerpo a medida que va pareciéndose más a un humano. Resulta ser un chico algo pálido y escuálido, quizás de 15 años o 17 años, que mira su alrededor con temor, temblando ante el frío nocturno que amenaza con enfermarlo.

Debemos llevarlo al coche… —Medio ordena con decisión, intentando levantar al muchacho. Alza los ojos, esperando encontrar a Desmond cerca de ella. De mientras, el chico empieza a balbucear palabras inentendibles—. Shh… Espera que te acomodemos al coche. Necesitas entrar en calor, relajarte, y… todo eso… —Sabe que Cassandra, Destiny o Syra habrían ido mejor en una situación como esta, gracias a la dulzura innata que las acompaña siempre. Quizás, y solo quizás, debería aprender un poco de ellas. Algún día.


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Pues a mi sí me ha encantado tu post ;w; <3 A ver qué te parece lo que he decidido. Sabes que puedo editar cualquier cosa~ :3
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De reojo, observo cómo la muchacha guarda su espada, alejándola de la vista del lobo, en una muestra de total y absoluta confianza. En mi fuero interno, en esa parte que está completamente aterrorizada, que sólo quiere salir corriendo para ponerse a salvo y asegurarse de que mis hijas están bien, rezo, quizás con cierta cobardía, para que sea capaz de alcanzarla con la misma facilidad con la que la ha guardado si las cosas se ponen feas. Ojalá, ojalá no tenga que utilizarla, pues no querría ver cómo matan a una pobre criatura semejante que no es capaz de controlar su odio. Pero si llegase el caso…

Sin embargo, no hay motivos para el temor ni para la desesperanza. Contra lo que podía parecer todo pronóstico, el lobo se calma frente a nosotros. Cuando la transformación comienza, noto por primera vez que el sudor frío me recorre la espalda y la nuca, y juro que no sé cuándo he comenzado a contener la respiración, pero doy una bocanada tan grande que incluso me duelen los pulmones. El corazón me late dolorosamente deprisa en el pecho, también, pero de eso ya me había percatado. Lo que intento es tranquilizarlo lo máximo posible, no obstante no conozco ninguna técnica para conseguirlo. Así que al final me encuentro riéndome estúpidamente, con náuseas en el estómago, el sabor de la bilis en la boca y las piernas tan temblorosas que tengo que apoyarme durante unos segundos en el coche para no desfallecer, mientras la cazadora va hacia donde está el lobo, que ahora no es más que un triste y escuálido muchacho.

Sus palabras me llegan, ciertamente, pero juro que durante un segundo no me creo capaz de moverme. Por eso es una sorpresa cuando consigo separarme del capó en aras de avanzar hacia donde están los dos, todavía sufriendo espasmos en el cuerpo. Realmente estaba tan asustado, estoy tan asustado, que creo que podría haberme muerto del susto, o al menos, haber encanecido mi cabello hasta la raíz. Creo que no me sorprenderé si me miro en el espejo y me encuentro con pelo plateado en vez de anaranjado, lo prometo.

Con algo de esfuerzo, paso mi brazo por debajo de la axila derecha del niño, ayudando a la joven a acercarlo a mi coche, donde lo introducimos para que deje de darle el frío húmedo de la noche en el cuerpo. Coloco sobre él mi gabardina marrón para que pueda entrar en calor, cerrando tras eso la puerta para que las bajas temperaturas no le molesten ahí dentro. A través del cristal le observo temblar a él también, y siento el sabor de la compasión en la lengua. Pobrecito, probablemente estaba tan asustado como yo. Me percato en ese momento, distraídamente, que no tengo el pelo blanco, y suelto una pequeña carcajada mientras me paso los dedos por los ojos, aún estresado y nervioso.

Es entonces cuando me vuelvo hacia ella, dejándome caer sobre la carrocería para que no sean mis propias piernas me sujeten, al menos durante un par de minutos.

Soy Desmond Lynch, aunque creo que eso ya lo sabes. —La contemplo con ojos cansados. Es tan ridículamente joven, ella también… ¿Por qué usan críos para estas cosas?— . Supongo que eres una Cazadora de Sombras. No tienes que darme tu nombre si eso te compromete, pero te reconozco que es la primera vez que soy consciente de estar frente a uno de los tuyos. —Guardo silencio unos segundos—. Tengo algunas preguntas que hacerte, pero lo primero es agradecerte que no le hayas matado, aunque te reconozco que estaba muerto de miedo —digo mientras sonrío nerviosamente—. ¿Dónde tienes intención de llevarle? Has dicho que conoces gente que puede ayudarle… ¿Iba en serio o era sólo para que se tranquilizase? No pretendo desconfiar de ti, pero nunca he tenido mucho conocimiento de vuestra organización ni la de los subterráneos más allá de la que mis propios pacientes me han proporcionado. Espero que comprendas eso. De todos modos, si de verdad conoces un lugar donde puede estar a salvo, te ayudaré a llevarle. Ya está en mi coche, así que… —sonrío con cierto agotamiento, pensando que, irónicamente, es el segundo licántropo que tengo que trasladar hoy.

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Todo perfecto, baby : ) Lo mismo te digo, si ves algo fuera de sitio... ¡Editamos! ¡Besos!


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Re: Confrontación en el Bronx |Isis Lawnarrow/Luke Garroway|

Mensaje— por Invitado el Mar Jun 16, 2015 7:48 pm

Cuando Isis se fija en el mundano, lo primero que piensa es que no quiere que ese médico que tiembla más que una hoja en una noche de lluvia conduzca el automóvil con ella dentro. Con ella ni con nadie. Si tiene que morir en un atroz accidente de carretera que lo haga solo y bajo su propia responsabilidad… Bueno, Isis aún tiene suficiente corazón como para pedirle, en caso de que decida conducir en este estado, que se tome unos minutos de descanso antes de tomar el volante. ¡Vaya! No es una bruja que desea ver el mundo arder, y tiene su humanidad, por mucho que digan lo contrario.

Tras acomodarse en la butaca del copiloto y dejar la katana pulcramente encima de su regazo, dirige una mirada inquisitiva a Lynch. Ahora que las cosas se han calmado, mirado de cerca es más atractivo de lo que parecía. Y no solo eso, posee una mirada dulce y comprensiva. Nunca había visto unos ojos así, tan valientes y tan cálidos, en un humano que tiene las de perder en este tóxico mundo. Por miradas así es por lo que la misión de los cazadores de sombras.

Lo deja hablar hasta el final, y después de echar un vistazo al asiento de atrás para comprobar que el niño está dormido, vuelve los ojos al hombre y asiente.

Sí, mis superiores me habían hablado de ti, del médico humano que empezaba a saber demasiado acerca del mundo de las sombras… Por eso estoy aquí, para saber si eres o no un problema para nosotros. —Hace una breve pausa, alisándose los pantalones—. Me llamo Isis Lawnarrow, y soy cazadora de sombras únicamente. Es decir, mi deber es defender a los humanos y a los subterráneos de los demonios, y vigilar que todos cumplen las leyes dictadas por La Clave. Seguramente no las conozcas, pero una de ellas es que, por ley, no puedo atacar a un subterráneo si este no está siendo peligroso… Aunque algunos de los míos no habrían dudado en arremeter de todos modos —murmura, alzando los ojos para contemplar el interior del coche—. El mundo de las sombras es muy amplio, mejor te lo cuento una vez lleguemos a la antigua comisaría. Porque no, no me lo había inventado. Hay una manada de licántropos aquí en Nueva York, la de Luke Garroway. Creo que os caeréis bien. Y seguro que adoptará al niño en cuanto lo vea sin cuestionarse nada… Es un buen hombre… Como tú —finaliza arqueando una ceja. Deja ir un mechón de cabello que había ido enredando entre sus dedos, y se pone el cinturón—. Voy a hacer de guía, espero que no nos perdamos.

***

A estas horas, en cualquier otro día, Luke estaría en casa, sentado cómodamente en el sofá con Jocelyn a su lado, las gafas reposando al final de su nariz, un interesante libro en el regazo, una taza de humeante café en la mano y el murmullo de la televisión de fondo. Pero hoy no es cualquier otro día. Hoy le ha tocado la lotería. No, no. No es una metáfora. Le ha tocado de verdad. No ha sido el premio gordo, pero sí una cantidad considerable. Tiene claro que si la administra bien hará grandes logros para todos, así que está haciendo “cuentas” en su despacho. En realidad está apuntando en una libreta todo aquello que le gustaría hacer:
› Ir de viaje familiar con Jocelyn, Clary y Simon donde más quieran.
› Arreglar la vieja comisaría, conseguir muebles nuevos, electrodomésticos…
› Subvencionar/Ayudar a los cachorros para encontrar trabajo y etc.
› Comprarle un coche a Clary.
› Subvencionar la universidad de Simon???
› Irnos la manada al completo de viaje???
› Conseguir una nueva base para la manada???
› …Tener un hijo??????????

Se encontraba haciendo la carrerilla de interrogantes del último propósito cuando escucha un coche aparcar frente al edificio, cosa muy extraña. Se coloca bien las gafas y sale a la calle, donde se encuentra a Isis con su usual postura de "Soy genial. Tú no" acompañada de un hombre más o menos de la edad de Luke.

Pensaba que no estarías. Te traigo una sorpresa. —Y hace un gesto hasta el coche. Luke frunce el ceño con curiosidad.

¿Una sorpresa? ¡Vaya! —ríe, pasando los ojos de la muchacha al pelirrojo—. Buenas noches… Eh… No nos conocemos, ¿verdad?

Desmond, él es Luke Garroway, el líder de la manada. Luke… él es Desmond Lynch, un médico humano. Tiene mucho a contarte, y tú a explitarle. Me quedaría, pero debería marcharme ya —dice mirando el reloj del móvil con pesadez—. Mi labor ha terminado.

¿Tan rápido te vas, Isis? Ha sido cortés hacer las presentaciones, pero sigo un poco perdido —suspira levemente mientras se pasa una mano por la nuca.

Ogh, vamos, Luke. Tengo demonios a cazar, más humanos a salvar, y confío en ti. Debo irme ya, me han avisado —dice con una sonrisa medio victoriosa, alzando el móvil con la pantalla en dirección al hombre lobo, queriendo corroborar sus palabras.
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Ciertamente me tomo mis minutos antes de separarme de la carrocería del coche para ponerme de pie sin apoyo alguno, porque he pasado verdadero pánico segundos antes. Lo increíble es que haya conseguido mantener el porte y no haya terminado vomitando junto a una farola o algo por el estilo, aunque he de reconocer que tengo el estómago tan revuelto que no se me haría para nada extraño el que tuviese que excusarme unos segundos frente a ella para ir a hacerlo. Pero por fortuna aguanto con más entereza de la que podría haber imaginado que tendría y, tras tomar aire un par de veces, me dirijo hacia el asiento del piloto, seguro de que ya puedo controlar mi cuerpo. Más o menos.

Escucho cada palabra que esta muchacha, Isis, tiene que decirme con respecto de todo lo que le he preguntado. Su rostro parece serio, a pesar de lo joven que se la ve, pero no es tan frío como podía haberlo imaginado a la luz titilante de las bombillas que alumbran pobremente esta zona de la ciudad. Sus palabras son serenas, su voz está llena de fuerza y me infunde cierta confianza ahora que lo peor del momento ha pasado. Sonrío mientras arranco el coche, asintiendo con la cabeza, preguntándome, al mismo tiempo, cómo será el susodicho Luke Garroway, y si de verdad podrá haber un lazo de comprensión lo suficientemente grande como para que las cosas terminen bien.

Miro al muchacho tumbado en el asiento trasero, respirando agitadamente, a través del espejo retrovisor, y me preocupo por él, a la vez que temo. Creo que los licántropos son los subterráneos más desgraciados que existen porque, por lo general, la mayoría son transformados en su contra y viven con el peso de las atrocidades que han hecho en los primeros meses de luna llena toda la vida a sus espaldas. El muchacho que mató a Ada probablemente todavía se retuerza por las noches pensando que arruinó una familia sin quererlo. Qué terrible destino el suyo… Espero que de verdad puedan ayudarle.

xxx

El trayecto se me hace un poco largo, como siempre que ignoro dónde está el lugar al que tengo que llegar. Es curioso cómo la percepción del tiempo puede cambiar sólo con algo tan insignificante como eso; únicamente por conocer hacia dónde te dirigen tus pasos, todo parece mucho más cerca. O quizás simplemente es porque tienes controlado lo que tardas en recorrerlo. Sea lo que fuere, lo cierto es que la vieja comisaría, como la ha llamado Isis, no está tan lejos como puede parecer, porque cuando aparcamos consigo reconocer algunos edificios de lejos.

Detengo el motor, me quito el cinturón de seguridad y le echo una ojeada al muchacho detrás. Se ha quedado profundamente dormido por el bamboleo del vehículo y por la experiencia tan traumática que acaba de pasar. Pobre niño… Salgo segundos después que la cazadora, que ya ha establecido contacto con el que probablemente sea el hombre que hemos venido a ver. Realmente parece que tiene un rostro afable, así que de buenas a primeras es relativamente fácil bajar la guardia. Ocupando los bolsillos de mis pantalones para que los dedos se distraigan, pues aún estoy algo nervioso, me acerco a ellos a tiempo de que Isis nos presente.

Buenas noches, señor Garroway. Siento las molestias a estas horas, de verdad, pero ciertamente hemos tenido un altercado inesperado. Isis ha pensado que usted podría ayudarnos, así que me pongo en sus manos. —Miro entonces a la muchacha y le pongo una mano en el hombro durante unos segundos. Sonrío, agradecido—. Siento que tengas que irte. Pero gracias. Sin ti probablemente ahora mis hijas estarían huérfanas. Gracias, Cazadora de Sombras. Isis. —Espero a que la muchacha termine de despedirse antes de dirigirme de nuevo hacia el señor Garroway, que nos observa—. De nuevo siento la intromisión pero creo que ciertamente le necesito para zanjar un tema. —Suspiro—. Es usted el líder de la manada de New York, ¿verdad? Porque quizás acabe de conseguir un nuevo miembro…
Off:
¿Tardanza? ¿Qué es eso? Lo siento MILLONES. De verdad D:


Última edición por Desmond Lynch el Miér Sep 09, 2015 11:21 am, editado 2 veces


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Re: Confrontación en el Bronx |Isis Lawnarrow/Luke Garroway|

Mensaje— por Invitado el Lun Ago 10, 2015 11:01 am

Antes de irse, Isis parpadea unos segundos con los ojos fijos en Desmond, demasiado consciente de que él tiene una mano en su hombro. No está acostumbrada a esto, a que un humano al que acaba de salvar le dé las gracias. Porque el humano está en condición de poder dárselas, claro. Puede verla pese a que lleve una runa de glamour, ya conoce el submundo… El trabajo que realiza noche tras noche, ya sea a veces por obligación, deber o ganas, por fin es reconocido por alguien. Hasta ahora, no esperaba que escuchar una palabra tan corta le produjera tanto… alivio, ¿felicidad?

Por ello, logra pronunciar a media voz un:

No hay de qué… Es mi trabajo —Con una sonrisa casi amable al final.

Luke sonríe ante la escena, contemplando de reojo a la joven nefilim marcharse a gran velocidad, volviéndose parte de la oscuridad de las calles. Por ello, encantando y casi adormecido como está, la noticia de Desmond lo deja atónito. Parpadea varias veces con sorpresa, con las gafas deslizándose nariz abajo lentamente. Se las sube con gesto acostumbrado.

¿Un nuevo miembro? ¡No hay problema! Todo licántropo es bien recibido en mi manada. —Bueno, en realidad cualquier licántropo no es bien recibido, pero él mismo se entiende. Tampoco es momento de exponer su comprensible criterio para los miembros—. ¿Viene con usted? —Pregunta con amabilidad pese a conocer ya la respuesta, pues un olor a un licántropo que no reconoce le llega a la nariz. Está seguro que proviene del coche, por eso observa el vehículo con curiosidad tras preguntarlo—. De no tener casa a estas alturas, lo acogeremos en la comisaría. Hay habitaciones individuales y de pareja, comida, personas responsables las 24 horas… Además, empezaremos a hacer reformas dentro de poco para darle un aspecto más cálido, por fin. Y podemos encontrarle trabajo, o un lugar donde estudiar, si así lo desea —le hace saber, rascándose la nuca a la espera de conocer a su nuevo cachorro—. Puede preguntarme cualquier cosa si lo desea. Además, Isis ha dejado claro que necesita muchas respuestas, al parecer… Podemos entrar. Hay café, té, pastitas, galletas… Mejor que aquí afuera se está —sonríe, introduciendo una mano en el bolsillo de sus vaqueros. Por unos segundos se plantea, digamos que con humor, que Jocelyn podría enamorarse a primera vista de Desmond. Jocelyn y… cualquier persona a quien le gusten los hombres, sí.


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Para nada, sin prisas, ya lo sabes♥ >w<
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Su desconcierto hace que esboce una sonrisa ligera. En otras circunstancias no lo habría hecho, quizás, porque podría interpretarse como que no me lo estoy tomando en serio. Pero no es eso. Si de verdad es quien dice ser, merece mi respeto, porque sé, por experiencia propia, que la licantropía no es algo que se pueda controlar fácilmente, y que puede acarrear muchas desgracias. Casi sin darme cuenta dirijo una mirada al edificio mientras me pregunto si el chico que mató a Ada está ahí, plácidamente dormido, y algo viejo y doloroso se remueve en mi interior. Nunca le culpé. Nunca le odié. Pero sé que si le tuviese delante despertaría en mí un cierto recelo que, por otro lado, creo es bastante comprensible. Destruyó parte de mi vida, aunque él mismo no lo hubiese querido y aunque yo mismo me señale como culpable.

Sin embargo, también pienso que si ese hombre, Luke Garroway, de verdad se ha hecho cargo de él y ha conseguido que no vuelva a pasar por algo así, me sentiré algo más tranquilo. Porque si puede hacerlo por él, puede hacerlo por cualquiera que quiera no hacer más daño a los demás. Porque los jóvenes siempre, siempre terminan hiriendo o matando, tristemente. Suspiro antes de volver a hablar.

Sí. Está en el coche. —Sus ojos se han desviado al vehículo antes de que yo lo dijese—. Aunque supongo que de eso ya se había dado cuenta.

Aprieto la tela dentro de los bolsillos con los dedos. Los nervios no disminuyen, aunque no creo que sea por la naturaleza subterránea de mi interlocutor. Charlie nunca despertó ese tipo de sentimientos en mí, aunque siempre guardé mucha cautela con ella, herida y todo como estaba. Vuelvo a observar el edificio tras del adulto mientras habla, reteniendo toda la información que me está dando, y sintiéndome en cierto modo, más tranquilo, al saber que hay gente que cuidará de él mientras puedan hacerlo.

Lo cierto es que no sé nada del muchacho en sí. Es un adolescente, pero ignoro su nombre, de dónde es, si tiene familia o si está solo. Lo único que tengo es una corazonada. Una mala corazonada. Y es que creo que ha mordido a un niño pequeño hace poco.— Frunzo el ceño al pensarlo, pero se suaviza rápidamente—. Me encantaría estar en un sitio más cómodo, así que acepto su oferta, señor Garroway. Venga conmigo.

Dirijo mis pasos hacia el vehículo, donde el muchacho sigue dormido, agitándose en sueños tortuosos y confusos debajo de mi abrigo. Con cuidado abro la puerta del coche, porque no quiero despertarle, y le cojo en brazos, aunque reconozco que ya no tienen la fuerza que antaño, porque se resienten algo bajo su peso, que no es poco. Sin embargo no vacilo. Cierro tras de mí como puedo, notando entonces que el muchachito se acurruca, tembloroso, contra mi cuerpo. Debe de tener unos quince años; edad en la que la mayoría de jóvenes empiezan a comportarse como gallos en un gallinero. Pero la mano de éste se aferra a mi camisa, buscando seguridad en la oscuridad de sus pesadillas, y yo también me estremezco. No sé si de pena, de rabia, o incluso de algo de miedo. Aunque les trate con naturalidad, los licántropos, aparte de infundirme respeto y compasión, siguen provocándome sentimientos contradictorios en contadas ocasiones. Este niño puede haber destrozado una familia también, sin quererlo, pero no encuentro valor en ningún lado dentro de mí para odiarle.

Comienzo a caminar antes de que el dolor que empiezo a sentir en los brazos sea demasiado intenso, siguiendo de cerca a Luke Garroway, que nos conduce hasta una habitación donde podemos dejar al muchacho hasta que se despierte. Lo coloco suavemente sobre la cama y le quito la gabardina para cubrirlo con las sábanas. En cierto modo me da reparo dejarle ahí, solo. Frunzo el ceño mientras le observo adoptar una mueca de dolor en el rostro. Tiene apenas unos años más que Liz; es tan joven y ya tiene tanto sufrimiento a las espaldas. De forma inconsciente le paso una mano por el pelo, triste. Increíblemente, eso le calma un poco. Suspiro antes de echarme mi abrigo sobre el hombro y mirar a Luke.

¿Dónde decía que tenía té, señor Garroway? —susurro con una sonrisa cansada en el rostro.



Off:
He movido un poco a Luke >_< Espero que no te importe. Cualquier cosa ya sabes~


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Re: Confrontación en el Bronx |Isis Lawnarrow/Luke Garroway|

Mensaje— por Invitado el Lun Oct 19, 2015 1:08 am

No es la primera vez que Luke se ve en una situación parecida, pero eso no significa que esté acostumbrado y sepa exactamente cómo lidiar con cada una de ellas. Cada vez que alguien trae un niño, un adolescente, incluso cada vez que aparece un adulto recién convertido, algo poderoso estremece todo su cuerpo, pues significa que alguien más ha cruzado las puertas del mundo cotidiano hacia el mundo de las sombras. Y, para la desgracia de muchos, no es un mundo repleto de arcoíris, nubes de azúcar y golosinas… últimamente es más oscuro de lo que recuerda; sin duda, demasiado peligroso incluso para aquellos que, como él, ya van camino a los 50 años.

Solo le hace falta ver cómo el muchacho se estremece contra el pecho de Desmond para sentir otro escalofrío. No es más que un niño. Un niño que a esta edad quizás empieza a creerse Dios, que juega con los límites cómo y cuándo quiere… que no se imaginaba, ni por asomo, terminar así, con la vida patas arriba y aparentemente destrozada…

Por aquí, por favor —sonríe levemente, haciendo un gesto de mano para que Desmond le siga. Una vez están todos dentro de la comisaría, cierra la puerta con llave y los conduce a ambos hasta el salón—. Puedes acomodarlo en el sofá y… Hay mantas dentro de ese armario. También algunos cojines —Señala con el dedo un moderno mueble blanco de Ikea—. Ahora voy a por el té.

***

No tarda más de tres minutos en aparecer con una bandeja bien servida: tetera con agua hirviendo, tres tazas a juego con sus respectivos platitos, una cajita con bolsitas de té, azúcar, leche, y unas pastitas. Para él el té se ha vuelto su pequeña afición, haciéndole competencia a su preciado café. No puede faltar de nada, y todo siempre debe estar en su lugar, o preparado en la bandeja, porque cada dos por tres varios miembros de la manada se preparan alguno.

La leche es semidesnatada. ¿Va bien? Tenemos sin lactosa y… Creo que algunos tipos más. Hay tantos gustos en esta casa que terminamos con mil productos distintos… —ríe, sin poder evitar dejar ir un leve suspiro mientras deja la bandeja encima de la mesita y se sienta en el sofá—. Creo que es mejor que se sirvas primero, a cada uno le gusta el té a su manera. —Después de eso se mantiene callado, hasta que al fin ordena las palabras en su cabeza. Empieza a servirse té a sí mismo—. Así que… ¿Crees que ha mordido a un niño…? Es mejor que me lo cuentes todo desde el principio… Y puedes aprovechar para hacerme todas las preguntas que necesites…
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Cierro los ojos unos segundos mientras espero a que Garroway regrese con el té. De pronto me siento terriblemente cansado, tan agotado que podría derrumbarme allí mismo, en el sofá que está junto al del niño-lobo que descansa plácidamente, una vez le he cubierto con las mantas y le he colocado un cojín bajo la cabeza. Podría pasarme toda la noche durmiendo de un tirón e incluso ignorar el sonido del despertador por la mañana para ir a trabajar, como me ha sucedido otros días en los que ni mi cuerpo ni mi mente daban más de sí, porque esto ha sido demasiado y ahora es cuando parece que estoy perdiendo las fuerzas.

Pero aún así me mantengo de pie, firme, con una mano en el bolsillo y el abrigo colgando del hueco que queda, mientras que con la otra me acaricio los ojos, sintiendo todo el agotamiento del mundo. Me hace pensar en la noche en la que conocí a Ivory, cuando la presión de salvar a su ayudante me hizo casi perder el sentido. La situación es parecida, en cierto modo, aunque el anfitrión es ciertamente muy diferente, y no sólo porque uno de ellos tenga barba. Me río sólo ante mis propios pensamientos, sintiéndome algo estúpido.

Afortunadamente cuando Luke Garroway regresa, he adoptado de nuevo un semblante serio y no tengo el de un adulto que se carcajea de sus propias y absurdas ocurrencias. Casi podrá pensar el buen hombre que estoy en condiciones de estar despierto en estos momentos, cuando tendría que estar regresando a casa con mis dos hijas y mi suegra para acostarlas. Ay, las niñas… No iban a perdonarme el que no hubiésemos salido a comer juntos en algún tiempo. Al menos hasta que deje que Eliza destroce mi tarjeta de crédito y le traiga a Sally un bonito peluche.

Agradezco a Garroway la preparación del té y todo lo que conlleva, y me siento en un sofá adyacente al que él ha ocupado. Le aseguro que así está perfectamente, aunque no suelo tomar demasiado té con leche, pero haré una excepción esa noche, porque creo que puedo permitírmelo. Observo las pastas acordándome de Emily, y de la noche en la que encontré a Jack borracho a punto de ser carbonizado vivo por un brujo con demasiados pocos humos, y llego a la conclusión de que Ada tenía razón y que tarde o temprano voy a tener que empezar a frecuentar compañías que no lleven un peligro de muerte directo, de forma consciente o inconsciente.

Me distraigo removiendo la bebida con la cucharilla los segundos en los que ninguno decimos nada, quizás demasiado absortos, demasiado preocupados en cómo decir las ideas que nos pasan por la cabeza. En realidad no lo sé. A lo mejor Garroway sólo está pensando en que tiene que poner una lavadora y soy yo el que está místico porque de pronto me siento más derrotado que en mucho tiempo. El sonido del metal contra la taza me perfora en los oídos mientras la idea de que quizás el muchacho que mató a Ada está en estas paredes. Quiero mantenerme tranquilo, así que dejo el cubierto y cruzo los dedos de ambas manos, observando al líder de la manada con interés y sonriendo cuando me cede la palabra.

En realidad no hay mucho que contar. Soy médico en el Presbiterian, y tengo lo que llamáis La Visión. —Respiro lentamente mientras cojo la taza para soplar el humo que sale de ella—. Siempre he tratado con gente como vosotros, las he atendido y he ayudado en lo que he podido dentro de los márgenes en los que puedo moverme. —Doy un sorbo—. Esta noche, cuando me retiraba a casa ha llegado una urgencia muy especial. Hay una enfermera que me ayuda en estas situaciones, y me los trajo. Eran una madre y su hijo pequeño, de unos cinco años, ambos del Bronx. Conseguí que me dijese que le había mordido un gran lobo y no tuve que atar demasiados cabos, porque no hay grandes lobos que suelan pasearse por New York a estas horas, la verdad. Les acababa de dejar en casa cuando Isis y yo nos topamos con él —señalé al chico con la cabeza— y tras tranquilizarme ella me dijo que podíamos traerle aquí. —Suspiro, mientras ordeno las dudas en mi cabeza. Hay una que me golpea las sienes, pero no la considero apropiada. No aún. Bebo de nuevo algo de té antes de mirar a Luke—. Sabía que los lobos no andaban sueltos por la ciudad, pero ignoraba que existiese una manada tan grande. ¿Hace mucho que es el líder de esta? ¿Hay alguna más a quien se pueda acudir en este tipo de situaciones? Conozco cosas del submundo, pero no estoy tan informado como quizás debiera —sonrío con algo de culpabilidad, aguardando sus conclusiones y su respuesta.


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