03/12 - Estimados habitantes del submundo. ¡Los nefilims vuelven a estar disponibles!


07/08 - Estimados habitantes del submundo. ¡Aquí tenéis las noticias con las actualizaciones/nuevas propuetas/ideas del foro! ¡Pasaos cuanto antes a echar un ojo!


10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


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Otra oportunidad [Emily Yates]

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Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Jackson Evans el Jue Jul 24, 2014 12:46 pm


 


Nunca antes se le había pasado tan lento el transcurso de un mes y medio; todo debido a la caótica discusión que mantuvo con Emily en el tailandés, en aquella última vez que se vieron y donde prometieron que jamás volverían a saber el uno del otro. Jackson se llevaba ese tiempo evitando a toda costa  Central Park y la cafetería donde ella trabajaba, no quería ni verla. El problema recaía en que sí que lo hacía, la veía exactamente en sus pensamientos cuando, de forma inevitable, se acordaba de ella y ya por ello tenía toda la jornada bien jodida y de muy mal humor. Sandor lo notaba, Emma lo notaba, hasta los clientes lo hacían cuando veían que le servían la cerveza tan malamente que la espuma le rebosaba y caía por los bordes de sus vasos sin que a él le importara. Si alguien se quejaba, él le reprochaba muy malamente y con voz elevada, cosa que hizo ganarse algún que otro golpe. En más de una ocasión, su compañera de trabajo, Emma,  le había pedido que se marchase a casa porque temía que en una de esas noches perdiera unos cuantos clientes por el oscuro nubarrón que tenía Jackson sobre su cabeza.

Durante unas semanas se resistió a contar lo ocurrido a Desmond porque no tenía nada que ver con su problema realmente... Lo suyo tenía que ver con su temor y su no-superación de la visión; pero también trabajaban en que su vida saliese a flote y no que se hundiese cada vez más. Y precisamente el asunto de Emily lo había dejado tocado aunque no lo quisiese reconocer, y Desmond no tardó en notarlo. Cuando empezaron hablar de ello, Jackson se exaltaba; se enfurruñaba, se enfadaba, pagándolo con el pobre doctor que estaba ahí para ayudarle. Aquel hombre—o mejor denominarle Héroe— poseía una paciencia imposible. Durante la conversación, Desmond había catalogado lo ocurrido con "una metedura de pata" por su parte; eso empeoró aún más el estado anímico del chico, volviéndose a enfurecerse y a soltar veneno por la boca, sin admitir ni un ápice que en parte fue culpable. Porque fueron los dos, porque si existiese algún concurso de tozudos, Jackson y Emily empatarían, y seguidamente, se pelearían por llevarse el trofeo a casa. Al final, el doctor consiguió calmarlo un poco al explicarle que como él, Emily estaba rota; pues él no era el único con problemas que lo habían llevado a la ya conocida "espiral de destrucción". Eso le hizo pensar; pero solo un poco porque su orgullo seguía aplacando su sentido común, su empatía.


A medida que seguía pasando el tiempo, iba pensando cada vez menos; cosa que agradecía porque ya estaba harto de estar poniendo mala cara a todo el mundo, en especial cuando se llevó un par de semanas sin poder... "liberar tensiones" con alguna amiga. Pero ahí estaba Sandor, animándole como bien podía; normalmente le mordisqueaba los pies cada vez que Jackson se movía por la casa, simplemente para llamarle la atención, para jugar. Y lo conseguía; era en esos momentos cuando Jackson desconectaba de todo pensamiento negativo para acariciar, mimar y jugar a los empujones con el perro.

Tras todo ese tiempo transcurrido, se encontraba en su apartamento y acabándose de preparar; hoy iba a salir a un pub de un conocido porque le habían prometido copas gratis y eso no iba a desperdiciarlo. Vestía una camiseta gris y unos pantalones oscuros. Le faltaban los zapatos que no encontraba; ya fuese en su habitación, en el baño, en la cocina, no se encontraban en ninguna parte. Entonces Sandor ladró un par de veces indicando a Jackson donde se encontraban, y cuando los vio, sintió una punzada desagradable en el pecho. Los zapatos estaban sobre  unas estanterías con motivo de que el perro no los destrozase, tal y como Emily le había aconsejado en su día. Era en esos momentos puntuales cuando la recordaba y para nada bien. Seguía sintiendo un fuerte rencor hacia ella, equiparable a su desprecio; por todo lo que le dijo, lo que le hizo sentir y que aún sentía en algunas ocasiones; por sus mentiras que le hicieron desencantarse de lo bueno que tuvo en su pasado; por haberle hecho sentir dolor.

Recogió los dichosos zapatos, se los puso y seguidamente se dirigió a la salida; como era de esperar, con el perro detrás, siguiéndole los talones y empezando a lloriquearle para que no le dejase solo. Pero como siempre, Jack cerraba la puerta tras de sí, sin ningún remordimiento; Sandor tenía que aprender a ser un poco independiente y saber estar solo durante unas horas.

El frescor de la noche le golpeó la cara una vez había bajado las escaleras y se encontraba en el exterior del edificio. Sonrió; era agradable sentir la caricia de la fresca brisa de la noche veraniega, le hacía sentirse mejor y tener un poco más de optimismo. "Hoy puede ser una gran noche" se dijo... pero no pudo estar más equivocado. Tras quitarle la cadena de seguridad de la Harley y colocarse el casco, montó y arrancó con velocidad. El lugar quedaba bastante lejos de su apartamento pero no le importaba; primero, porque le encantaba conducir; y segundo, porque iba a beber gratis ¡gratis!

Lo que no se esperaría es que no iba a llegar a su destino.

Él no podía presenciarlo pero cuando estaba cruzando algunos callejones para cortar camino y enlazar con otras avenidas, tuvo que detenerse al volcarse justo a escasos metros de él,  pequeños contenedores que estaban dispuestos cerca de la puerta trasera de un local ya abandonado. ¿Un local o era un hotel? Su rostro empalideció al temer donde se había metido sin apenas darse cuenta; ya no sabía si se lo dijo Abbie o Steinner, pero se encontraba en los alrededores de un nido de vampiros. ¡Perfecto! Cuando pensaba que en ese día no iba a cometer una gilipollez ¡la cometió! ¡y con creces!.

Sus manos, aferradas a los manillares de su moto estaban temblando, y sus nudillos, blancos como el papel, de la fuerza que ejercía en su agarre. Se relamió los labios resecos y se obligó a tranquilizarse. Continuó adelante aminorando la marcha, el murmullo tímido de la moto era lo único que se escuchaba y eso le ponía cada vez más nervioso.

Esto es solo miedo. Déjate de niñerías de una puta vez porque no tiene porqué pasar nada—se dijo a sí mismo. Y justo en ese momento recibió tras su espalda un gran golpe que lo hizo caer a un lado, sintiendo el peso de la moto atrapándole la pierna y aquello que había caído sobre él, que resultó ser otro pequeño contenedor.

Jack lanzó un leve alarido, por el susto en un principio pero luego sentía un dolor punzante en su cabeza. Y cuando logró deshacerse de la presa que le hacía la moto tumbada contra su pierna también notó unas molestias que le haría estar cojeando un buen rato. Se giró rápidamente a su alrededor con gesto furioso, apretando los dientes y aparentando seguridad.

¡No tiene puta gracia! más vale que salgas huyendo de aquí porque... porque... ¡porque estoy muy enfadado! —dijo con toda la falsa seguridad que podía, sintiendo un hormigueo recorrer la pierna que había sido apresada. Al no oír respuesta se dispuso a levantar su Harley y mientras lo hacía, sintió una presencia muy cercana, tanto, que cuando levantó un poco la mirada vio unas robustas botas negras, pero no le dio tiempo a seguir ascendiendo pues notó una fuerte presión en el cuello que le hizo alzar su rostro hacia su acechador de forma inmediata.

Los ojos de Jackson se abrieron de par en par, mirándole entre quejidos pues la presión le impedía respirar. El hombre que le sostenía era alto pero de complexión débil a los ojos de cualquiera, por su extrema delgadez. Su piel era tan blanca como el mármol y su cara estaba ornamentada por unos oscuros ojos que no cesaban en mirarle con maldad, además de una siniestra sonrisa que se abría para enseñar sus blancos dientes, sus puntiagudos colmillos. No reparó en sus cabellos también oscuros recogidos en una coleta porque estaba ocupado en no morir asfixiado. Sus robustas manos trataban de apartar los firmes dedos que el vampiro que continuaban apresando su frágil cuello. Sentía que no le quedaba mucho para caer en la inconciencia pues el aire se le escapaba por la boca en intermitentes resoplidos. Se le estaba escapando la vida.

El que va a huir eres tú. Durante diez segundos... juguemos...— le soltó la garganta con brusquedad, haciendo que Jackson cayese al suelo de culo dando fuertes bocanadas de aire con extrema necesidad y  desesperación. Necesitaba tiempo para recomponerse pero era incapaz de levantarse; así que alzó una mano pidiéndole con la mirada, con sus gestos algo más de tiempo.

Uno... dos... tres...—empezó a contar aún con sus ojos puestos en él, en su ahora presa. Entonces, una vez comprendido que no habría ningún acuerdo, Jackson se levantó apresuradamente, quitándose el casco a medida que empezó a correr y arrojarlo al suelo. Cojeaba y aún estaba con dificultades para respirar.  Miró hacia atrás para asegurarse de que el vampiro siguiese allí quieto, contando; pero no estaba, había desaparecido de su posición. Esa inquietud le dio fuerzas para continuar corriendo y cruzar la esquina donde chocó contra algo de una dureza sorprendente, con algo que pudo adivinar antes incluso de que pudiese dirigir su mirada hacia él, pues sintió una fuerte mordida entre el hombro y el cuello, a la par que sentía como le tiraban con fuerza del pelo. Un fuerte grito brotó de su boca con fuerza, con dolor, con angustia. Sentía la sangre brotar de sus mordiscos; porque el vampiro estaba arremetiendo contra él de una manera cruel y perversa. Mordía, y mordía en la zona afectada haciendo que los orificios de su piel se abriesen aún más y la sangre brotase con más fuerza. Con tanta, que su camiseta gris se empezaba a teñir de un rojo carmesí. Le volvió a soltar dejando salir de entre sus labios una pequeña risotada y un hilo de sangre.

Ummm noto un sabor exquisito en tu sangre...  ¿Nefilim?... no, no parece que tengas agallas para ser uno de ellos—dijo extrañado, con el ceño fruncido levemente. Pero su voz se interrumpió porque Jackson no iba a quedarse allí a escuchar sus palabras, ya que había dado marcha atrás y a correr en busca de su supervivencia. Mientras giraba varias esquinas de los callejones para perder a su perseguidor, se llevaba la mano al cuello para detener, en vano, el sangrado.

—  No me gusta que me interrumpan— la voz surgió de una de las paredes, exactamente en la parte superior pues ahí se encontraba el vampiro, adherido perfectamente en la pared como si se tratase del hombre araña. Los ojos azules del humano lo miraban ya con desesperación y con una expresión lastimera, que el vampiro se aprovechó para burlarse de él, imitándole.

Déjame ir... ¿qué ganas con esto? vamos...—suspiró cansado, muy cansado—podríamos vivir... en paz—dijo dando varios pasos atrás y así retroceder; aunque al hacerlo su espalda chocó con algo que le serviría de utilidad como último recurso. Eran varias sillas de madera apiladas y destrozadas. Sin mucho disimulo arrancó parte de un respaldo, sacando una estaca larga, pero de grosor escaso. El vampiro se rió a carcajadas.

¿Me hablas de paz mientras preparas una... mierda de estaca para intentar matarme? ¿sabes?... me recuerdas a cierto presidente— dijo con sarcasmo. Y como si Jackson se lo hubiese esperado, trató de arremeter contra la criatura nocturna que se abalanzó desde las alturas sobre él. Intentó por todos los medios clavarle aquel arma improvisada en pleno corazón pero el vampiro había doblado su brazo con un desagradable crujido, haciéndole soltar la estaca de inmediato, al igual que otro alarido lastimero que volvió a resonar entre las calles. Un grito que el subterráneo acalló con otra mordida esta vez en pleno cuello, donde Jackson era capaz hasta de oír como succionaba su sangre y sentir como la sobrante se desperdigaba por su pecho. Sentía como sus piernas perdían fortaleza y como sus ojos perdían brillo; pero era un superviviente, no iba a rendirse hasta que no le quedase ni una gota de sangre o ninguna bocanada de aire que tomar.

¿Aún sigues con vida? Te aferras a ella como una rata— le volvió a soltar con curiosidad y diversión en la mirada. Esperaba con paciencia qué sería lo siguiente que haría el indefenso humano, y como era de esperar, volver a huir. Las piernas de Jackson apenas obedecían sus ordenes, tenía que ayudarse de los brazos para mantener el equilibrio apoyándolas en las paredes. De fondo podía oír como el vampiro seguía contando; habiéndole prometido que esa vez sí que le daría una oportunidad porque se estaba divirtiendo de lo lindo.

Así que le quedaban unos escasos segundos para que el subterráneo terminase de alcanzarle gracias al rastro que dejaba de sangre por el suelo, y no solo ello... sino que también podría olfatearle a como mínimo a varios kilómetros a la redonda por todo lo que estaba sangrando. Cuando creyó que se había alejado lo necesario, apoyó su espalda en la pared de un callejón más estrecho, mirando a un lado y otro en busca de  más actividad ciudadana. Sabía que una vez se encontrase a más personas ese vampiro no podía hacer nada...¿verdad? se dejaría ver... ¿y eso le importaría? ¿los mataría también? No lo sabía, y lo peor de todo es que estaba tan mareado y fatigado que había perdido el sentido de la orientación de tal manera que... se había pasado dando vueltas por la misma zona desde que se encontró con el vampiro. Se percató de que la falta de fuerzas le hizo ir descendiendo poco a poco hasta encontrarse sentado en el suelo, con las piernas estiradas y que la herida principal apenas le sangraba ya. No sabía si era a causa de la gran perdida de sangre o porque se había empezado a coagular.  Ni idea, no entendía de eso. Entendía que pudo haber rehecho su vida antes, que pudo haberla aprovechado un poco más en vez de haberla tirado por la borda como lo había hecho por miedo. La soledad no era buena compañía, ni para echar un rato. Mucho menos lo era para morir.

Sus ojos se encontraron entre cerrados, dejándose llevar por el desfallecimiento; pero estos se abrieron un poco al escuchar un sonido. Alguien se acercaba y sospechaba que era el enemigo;  así que se giró hacia donde provenía el ruido para enfrentar su mirada contra la de él.
Al menos... no moriría solo.





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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Emily Yates el Jue Jul 24, 2014 3:12 pm


OTRA OPORTUNIDAD

Emily, cielo, todos te queremos, pero hace semanas que estás más en las nubes que en tu trabajo. —La voz de Louis había sonado con contundencia en ese momento. Había temido que eso supusiese un despido, aunque conociendo como conocía a su jefe, eso era poco probable—. Ninguno sabemos por qué —mentira, Mishka sí—, así que por tu bien y el del ambiente de la cafetería, tómate unos días libres.

Y ya habían pasado dos semanas.

El mes de julio había comenzado agitadamente para ella; no sólo el incidente con Jackson la había dejado moralmente hecha polvo, a pesar de los ánimos que había conseguido encontrar en Mishka; el asunto de la fiesta de Layla y el encuentro con la mujer de la Clave, Venus, habían dejado molida su conciencia, porque habían tambaleado todas las ideas que tenía sobre el mundo en el que vivía. Nada era como ella consideraba, y eso sólo le provocaba dolores de cabeza, además de continuos debates internos que eran los que le hacían estar poco pendiente de sus obligaciones. Todo estaba poniéndose poco a poco patas arriba en su vida de un momento para otro…  

Así que al principio, en realidad, había agradecido esas ‘vacaciones’. Le habían dado tiempo a organizar su habitación, sus tareas pendientes; había ido de compras, quedado con Mishka para ver a los gatos; había salido con Charlie también, cuando hacía eones que no había podido. Prácticamente se había recorrido todo Manhattan de pies a cabeza, comprado en todas las tiendas que le gustaban, probado cafeterías nuevas y restaurantes de sushi. Incluso había salido con Sarah alguna que otra noche. Y por eso ahora no tenía ni puñetera idea de qué podía hacer para entretenerse, porque prácticamente había consumido todo lo que podía hacer en menos de catorce días. Un nuevo motivo para desesperarse.

Cada vez que llamaba a Louis asegurándole que su cabeza ya estaba perfectamente y que cuando quisiera podía reincorporarse le decía que no, que su voz seguía sonando distante, y que Sarah le había confirmado que seguía igual; ignoraba el por qué. Maldito negro de 2x2 y maldita traidora. Así que desde hacía un par de días había decidido gastar su tiempo en perderse por las zonas de New York que menos conocía; el Bronx, Queens, Hell’s Kitchen... Total, no iba a perder nada.

Esa noche había salido a la calle después de cenar. Dina había ido a ver a Matthew, así que había estado sola, lo que le había llevado a aventurarse a la New York nocturna cuando estando en compañía de su abuela nunca lo habría hecho. Se había puesto el mp3 a todo volumen y había empezado a caminar sin rumbo, sin fijarse en dónde estaba ni qué direcciones estaba tomando. Sólo estaban ella, la música y sus pensamientos, manteniéndola lo suficientemente ocupada como para ignorar prácticamente todo lo que sucedía a su alrededor.

Hasta que lo vio.

De pronto le pareció percibir movimiento a su derecha, en un callejón cercano. Eso le hizo girar el rostro de manera inconsciente, a la par que se quitaba los cascos, hacia el lugar donde había visto sombras atravesándose de manera rápida, y casi en un parpadeo, le pareció haber visto a alguien que era imposible que hubiese visto. Mucho menos por esa zona. Detrás de él apareció una figura blanquecina con una sonrisa macabra que le heló la sangre. Avanzó por la calle paralela todo lo rápido que pudo, deteniéndose al escuchar quejidos, gemidos, y el recuerdo de un grito que rasgó el silencio de la noche.

Con los pelos de punta y el corazón latiéndole a toda prisa, Emily se apresuró en llegar hacia la zona donde había oído el alboroto, topándose con una escena que le dejó paralizada en el sitio en el que estaba. Tragó lentamente, temiendo respirar demasiado alto y que eso atrajese la mirada del vampiro. Se quedó pegada a la pared, casi temblando, mientras veía cómo el cuerpo de Jackson desfallecía lentamente a causa de toda la sangre que estaba perdiendo. ¿¿Qué demonios era todo aquello?? Apretó los párpados, golpeando los ladrillos suavemente con las manos y maldiciendo su suerte; ¿¿cómo mierdas Jackson Evans había terminado envuelto en un problema con un vampiro?? Giró el rostro de nuevo hacia donde estaban, notando que el pecho se le encogía. Malditos fuesen todos los dioses del universo. Se iba a los confines de la ciudad para perderse y terminaba topándose con el último mundano al que quería encontrarse en el mundo, encima a punto de ser convertido en un saco vacío.

¿Aún sigues con vida? Te aferras a ella como una rata.

Con curiosidad, vio cómo le soltaba de nuevo, casi divertido con todo aquello. Encima se trataba de uno que le gustaba perseguir a sus presas. Genial. Apretó la frente contra la pared, teniendo cinco segundos para decidir qué hacer. ¿Meterse en una reyerta contra un vampiro sanguinario por ayudar a alguien a quien no podía soportar o permitir que muriese horriblemente a manos de esa criatura? Gruñó. Maldita fuese su suerte. ¡Ese era trabajo de los nefilim, no suyo!

Con el ceño fruncido y un mal humor considerable, salió de su escondite al ver que Jackson empezaba a correr. El vampiro le observaba, con deleite, incluso relamiéndose los labios, disfrutando evidentemente con alguien que no se rendía fácilmente ante la muerte. Menudo imbécil que estaba hecho… Sólo esperaba que al final la cosa saliese bien, porque si moría por su culpa, tenía muy claro que iba a atormentarle desde los infiernos el resto de su penosa existencia.

¿De caza?

Se plantó junto a él con las manos en los bolsillos. El vampiro giró los ojos hacia ella, y pronto vio el brillo del reconocimiento en ellos, por lo que esbozó una sonrisa ladina. El corazón le latía deprisa, y sabía que él podía sentirlo, el que su sangre ahora corría con velocidad por sus venas. No dejó de contar ni un momento hasta que llegó al número que se había propuesto.

No deberías inmiscuirte en asuntos que no son tuyos, hija de Lilith.

Hija de Lilith. Cómo odiaba ese maldito apodo. Frunció el ceño y se colocó en su trayectoria. El vampiro esbozó una horrible mueca que le heló hasta el alma, pero siguió ahí, de pie.

Una defensora de los humanos. Qué bien. Es precioso que arriesgues ese bonito cuello en defender la vida de una criatura que no te importa.

Y es precioso que tú arriesgues el tuyo con una cacería tan agitada. ¿Crees que los nefilim no se darán cuenta de lo que estás haciendo? ¿Qué no te dar muerte por esto?

Sus ojos recorrían el lugar con velocidad. Había muchos contenedores de basura, grandes y pequeños, cristales, sillas rotas, madera… Cualquiera podía servirle para entorpecerle el paso, pero eso no haría que dejase de perseguir a ese imbécil descerebrado. Le llegó el sonido del mp3 desde los cascos porque había olvidado apagarlo. Sympathy for the devil. Muy propio. ¿Es que su vida iba a estar llena de ironías ahora?

Bueno, de momento no han dado conmigo. —Alargó su pálida mano hacia ella, rodeando su cuello casi con delicadeza. ¿Era algo de… cautela… lo que veía en sus ojos? ¿Se habría topado con alguna de su raza alguna vez?—. Y sería muy cruel de tu parte interrumpirme más en mi cena. —Apretó con algo de fuerza—. Así que, hija de Lilith, ¿me permites continuar? ¿O tengo que acabar con tu vida?

Lo cierto… es que de momento agradecería que no.

Una de las sillas que estaban cerca de ellos crujió al moverse hacia donde estaba el vampiro. No era nada fuerte ni poderoso, pero más por la sorpresa que por otra cosa, y por la rapidez con la que estaba ejecutando las órdenes de Emily, se lanzó contra él, haciéndole perder el equilibrio y liberando el cuello de la muchacha, que respiró profundamente para recuperar el aire. Antes de que pudiese levantarse creó un escudo en torno a él, bloqueando cualquier posibilidad de moverse. El vampiro lo golpeó con los puños pero su superficie era sólida y resistente; ella se estaba encargando de eso. Desde el encuentro con Christopher y Adhara había decidido poner más en uso sus poderes, y algo había entrenado por su cuenta. No demasiado pero al menos tenía la conciencia de que podría mantenerlo hasta haber alcanzado a Jackson.

Los ojos del cazador refulgían por el odio que destilaban a la par que empezaba a reírse histéricamente.

¡¡Corre!! ¡¡Corre, hija de Lilith!! No suelo probar la sangre de tu gente, pero creo que esta noche haré una excepción. ¡¡Corre con el pequeño humano antes de que tu muro se deshaga, y asegúrate de que os escondéis bien, porque si no os mataré a los dos!!

Emily tragó, respirando agitadamente. Entonces se dio la vuelta y empezó a correr siguiendo el rastro de sangre que Jackson había ido dejando en las paredes y el suelo. No querría reconocerlo en un millón de años, pero estaba preocupada por él, maldita sea. ¡Se estaba muriendo! Una cosa es que fuese un cerdo cruel y despreciable y otra que fuese a morirse delante de sus narices.

«Si te hubiese pasado algo no me lo hubiese perdonado nunca.»

¿Por qué tenía que acordarse de eso precisamente ahora, mientras corría? Quizás porque la situación era muy parecida, solo que a la inversa. Esta vez era ella quien avanzaba casi con desesperación buscando su cuerpo, su figura en alguna parte, y asegurarse de que no había sucumbido en los brazos de la Parca.

De pronto pasó cerca de un callejón y le pareció ver algo, por lo que retrocedió y se introdujo en su oscuridad. ¡Era él! Casi sin aliento se agachó a su lado, centrándose primero en ver las heridas que tenía tanto en el cuello como en el hombro. Sus ojos azules se prendieron en ella inundados de sorpresa. Tenía sangre por todas partes, por lo que su olor atraería a ese maldito psicópata. Se mordió el labio inferior, nerviosa. Debía curarle, pero no podía perder más tiempo porque incluso a esa distancia sentía la magia de su escudo cada vez más y más débil.

Me voy a cagar en todas tus castas, Jackson Evans —gruñó de malos modos.

Con un movimiento brusco le quitó la camiseta y usó los retazos limpios para quitarle la sangre del pecho, del vientre, los hombros y la espalda. También se la pasó ligeramente por las heridas, intentando no presionar demasiado para no hacerle sufrir, pero algún que otro gemido de dolor se escapó de sus labios, acompañado de sartas de tonterías, como era habitual en él, que se dedicó a ignorar, demasiado atareada como estaba en decidir qué demonios hacer. Tras comprobar que la hemorragia se estaba deteniendo tiró la prenda al suelo.

Vamos, levanta y camina lo más rápido que puedas.

Le ayudó a ponerse de pie. Luego le dejó que se apoyase en su cuerpo para empezar a andar a paso ligero en aras de alejarse de allí, saliendo hacia una de las calles que tenía transeúntes en medio. Con algo de fortuna su olor se confundiría entre tanta gente, y con algo de suerte, los atareados habitantes de la ciudad estarían demasiado inmiscuidos en sus vidas, para variar, como para reparar en ellos más allá de parecer una pareja que se iba de bares medio borracha. Rezó también porque nadie se percatase de las heridas de Jackson. Tenía que cerrarlas cuanto antes para que el aroma de la sangre desapareciese pronto de su rastro, aunque eso supusiese… aunque eso supusiese que él descubriese lo que era.

«Ya da igual. Ya me ha despreciado por lo que soy; más daño no puede hacerme todo esto. Y si no lo hago nos encontrará…»

Cuando se topó con la primera discoteca que pilló se adentró sin pensarlo en lo más mínimo: necesitaba un lugar concurrido, con mucha gente. No abrió la boca en todo el trayecto, demasiado centrada en lo que estaba haciendo como para escuchar o responder nada de lo que él le estaba diciendo. Pronto el calor asfixiante les rodeó. Se mordió el labio inferior; por allí también había subterráneos, y probablemente vampiros, así que se apresuró en atravesar la zona atestada de gente para no llamar demasiado la atención. No fue hasta que llegaron a los servicios que se sintió un poco más tranquila.

Lo introdujo en uno de los retretes, pasando por alto enteramente que había una pareja magreándose en otro, y lo dejó sentado sobre el inodoro, cayendo ella al suelo, respirando de forma agitada, agotada. Se pasó la mano por la frente y por el cuello; sudaba. Entonces le miró de nuevo, sintiendo ganas de darle un puñetazo en la nariz, si bien en ese momento no habría sabido decir cuál era el verdadero motivo por el que quería pegarle. Decidió que era por la situación en general.

A saber qué mierda has hecho para terminar en estas condiciones. —Tomó aire profundamente y se puso de pie, aproximándose a él—. Déjame mirarte las heridas.


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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Jackson Evans el Jue Jul 24, 2014 8:28 pm


 


Sus ojos estaban clavados en la dirección donde había escuchado el posible sonido de la muerte, casi con decisión y dignidad porque al menos había hecho todo lo posible por sobrevivir, pero no podía hacer más porque su cuerpo ya no le respondía. Era frustrante ver como su empeño y obstinación seguían manteniéndose firmes  en su intento de salvar su propia vida, pero que el recipiente de su alma había cedido por completo. Daba bocanadas de aire con dificultad, como el pez que se encontraba fuera del agua, agonizante. Esperaba ya con impaciencia la llegada de su verdugo pero lo que vio por acercarse no era lo que esperaba ya que una pequeña figura y femenina se aproximaba hacia él rápidamente hasta quedar arrodillada a su lado. No podía creer lo que estaba viendo; sus ojos se abrieron de par en par aforrándose al rostro de Emily como si fuese un espejismo; ¿Su consciencia era la que le hacía ver tal imagen o era ella de verdad?. La maldición que pronunció la chica lo sacó de toda duda y su expresión se entristeció profundamente; no sentía alivio en absoluto, porque estaba allí y también sería victima del subterráneo. Ella no sabía... ella no sabía nada.

Vete... vete—decía y repetía de vez en cuando a la par que movía los brazos hacia ella. No era momentos de enfurruñarse ante su presencia, ni de sentir rencor y rechazo por ella, no solo por la conversación que mantuvo con Desmond, sino por la situación en sí, porque su vida pendía de un hilo.

Cerró los ojos al sentir que le quitaba la camiseta bruscamente, lo que provocó que soltase un alarido entre dientes en un intento de acallarlo todo lo posible. El solo roce de la tela de la camiseta pasar por las heridas le hacía retorcerse de dolor, pero aún así seguía en su petición de que se fuese de allí.

Em... Emily no... Nos va a atrapar a los dos...— musitaba con esfuerzo en un intento de hacerle entrar en razón pero era inútil, la muchacha le ignoraba. Se pasó su brazo tras su nuca y le ayudó a levantarse para empezar a caminar lo más rápido posible. Emitía gemidos quejosos  y lastimeros tras algunos pasos debidos al dolor y desesperación—.no desperdicies... no merece la pena—dio una profunda bocanada de aire, porque hasta hablar le costaba, pero por sus muertos que no iba a callar en su intento de que huyera y se mantuviese a salvo— Dina... "zanahorio"... todos.. y —surcaron den su boca unas palabras inaudibles— ...y nadie— se cayó en el preciso instante que sintió un cambio en el ambiente; ahora se encontraban en un sitio ajetreado con multitud de personas, podía sentirlo en el olor a humanidad, en estruendo de la música y los gritos, en el roce con otras personas.

Y sin percatarse del tiempo que había transcurrido, de pronto se vio sentado sobre uno de los retretes de los baños mientras en otro cercano podía oírse alguna que otra risotada y jadeos muy distintos a los que Jackson emitía en esos precisos instantes. Su cuerpo estaba dejado caer en "el trono", por todos los ángeles... esperaba no morir en ese lugar. Sus ojos entrecerrados enfocaban a Emily, clavados en ella, observando esos gestos cargados de cansancio. ¿Por qué le ayudaba? pensaba que le odiaba, o al menos que le despreciaba y que no quería volverle a ver y haberle dejado morir hubiera sido la manera más directa de que eso se cumpliese, pero ella no era así, y él lo sabía.

Escuchó sus palabras que rebosaban de frialdad y rudeza, cosa que le hizo esbozar una débil sonrisa. Parpadeó lentamente, o eso creyó ya que sin darse cuenta de que había dejado sus ojos cerrados durante más tiempo de lo que dura un simple pestañeo. Notó que se acercaba a él para... ¿mirar las heridas? ¿acaso ella sabía de primeros auxilios?

¿Y... y tratarlas también? ¿vas a...—soltó un bufido manteniendo aquella sonrisa, si iba a abandonar ese mundo que fuese sonriendo a la última persona que creía  que no vería jamás, no al menos ante sus ojos— ...a vendar mis heridas... con papel higiénico?— seguía mirándola fijamente, casi se regodeaba de lo brusca que estaba siendo con él a la hora de hablarle y tratarle, era tan tozuda y cabezota que no abandonaba esa actitud ni en un momento tan delicado— auténtica—dijo en voz alta a la vez que asentía torpemente con la cabeza.

Yo... solo quería tomar unas copas, nada más. Maldita mi suerte... pa...para una vez que no hago nada...—emitió una risotada cargada de resignación. Por suerte ya estaba manteniendo una respiración tranquila, así que si iba a morir, no iba ser por el asma— Llama a Desmond... él sabrá que hacer...—dijo en su desconocimiento de que Emily poseía un poder que ayudaría con creces a su recuperación. Se fijó en la mirada sorprendida de la chica en cuanto mencionó al doctor y él  alzó las cejas una sola vez— nos hemos hecho amigos...—rodó los ojos por lo que iba a reconocer— me hace terapia, bueno, lo que sea, llámalo... aún estamos a tiempo. Y si me duermo tú te ocupas de darme alguna que otra bofetada para evitarlo, que... apuesto que estarás deseando hacerlo...—sonrió otra vez, sabía que aún estando agonizando y con su rostro y torso perlado en un sudor helado, su sonrisa burlona le enfurecería. Dejó que pasasen varios segundos cercanos al minuto para continuar hablando ya que Emily parecía estar concentrada en las heridas... sin saber el porqué, seguía creyendo que no podía hacer nada— No me arrepiento de haberte salvado la vida... Em...—era una forma de disculparse, a medias ya que lo siguiente que diría lo estropearía todo—porque ahora me la has salvado a mi. Fue una gran inversión— es que le costaba tanto dar su brazo a torcer... era tan terco y empecinado como ella. Entonces en el momento que vio una mirada furibunda en los ojos de la muchacha alzó la voz una vez más— No, no me pegues que te veo venir... Puedes quedarte con lo primero que he dicho...—dijo con una sinceridad que le escocía tanto o más que sus propias heridas, y ya era decir— Y ahora llama a Desmond—insistió— no me estoy encontrando mejor...—cerró los ojos con fuerza, al igual que hizo convertir sus manos en puños, tenso por lo que estaba experimentando su cuerpo.



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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Emily Yates el Jue Jul 24, 2014 10:19 pm


OTRA OPORTUNIDAD

Se limpió las manos sobre los shorts vaqueros que llevaba, haciendo que las pulseras que le adornaban las muñecas tintineasen, a pesar de que no había tocado nada que pudiese estar sucio; siquiera ese suelo, el cual por cierto, necesitaba que alguien le pasase una fregona por encima con urgencia. Las medias que le cubrían las piernas se le habían roto en las rodillas hacía tiempo, pero había conseguido detener el avance aplicando laca de uñas; cortesía de Dina, la idea. Se relamió los labios antes de fijarse en él; mirarle directamente al rostro y a los ojos cansados le producía una mezcla de dolor, rabia y nostalgia que resultaba todavía más incómodo que los primeros sentimientos que le había provocado al volver a verse en la cafetería. Qué genial era todo en su vida.

¿De qué le servía decirse a sí misma que odiaba a alguien si al final se estaba jugando el culo por salvarle? Las palabras que le había dedicado mientras avanzaban hacia ese lugar le retumbaban en la cabeza. Que no merecía la pena… ¡Pues a lo mejor no! Pero su puñetera conciencia no le permitía dejarle tirado en una esquina esperando a encontrar la muerte. No era tan mezquina. No era malvada, como su padre. Se negaba a serlo con todas sus fuerzas.

Suspiró, intentando llenarse de paciencia, cuando empezó con sus tonterías. Aquella sonrisa que estaba esbozando sólo le despertaba más la mala leche, porque, lo peor de todo, es que sentía que en esas circunstancias no podía detestarle del todo. ¿¿Por qué no?? A pesar de que reconocía que había tenido parte culpa en la discusión que habían mantenido semanas atrás, eso no le excusaba de las cosas crueles y horribles que le había dicho montado en esa estúpida moto.

Auténtica. —Esa palabra saliendo de sus labios le desconcertó. ¿Y ahora a qué venía? Ya sabía que sus heridas eran auténticas. Debía de estar realmente ido.

Estate quieto y déjame mirar.

Pero no había forma de que se callase la boca, y el tiempo era oro. Así que no tuvo más opción que centrarse en lo que tenía que hacer mientras le dejaba parlotear y desvariar a gusto. Estaba claro que se encontraba medio ido por culpa de la pérdida de sangre.

Cuando fue a colocarle las manos sobre el hombro que tenía herido reculó un poco, porque era como si toda ella, de pronto, se hubiese dado cuenta de que hacía rato que realmente llevaba el pecho al descubierto y que, probablemente, era la primera vez que veía un hombre semi desnudo. Buen momento para fijarte, Em, sí señor. Encima los soniditos que provenían de una de las cabinas de al lado no ayudaban. Negó con la cabeza y posó las yemas de los dedos sobre su piel, sudada, que ardía. Dios mío, ¿tenía fiebre? Esperaba que no, que esa fuese la temperatura normal de su cuerpo.

Lo que le hizo apartarse un momento de su escrutinio fue que nombrase a Desmond. ¿De qué le conocía? La respuesta llegó en seguida. Claro que Desmond sabría qué hacer, pero no serviría de nada en esas circunstancias. El corazón empezó a bombearle deprisa en el pecho, acompañado de una inquietud general que le recorrió todo el cuerpo, presa de los nervios, porque sabía que sólo podía sellarle las heridas con su magia. Sí, Jackson no podía hacerle más daño en esas circunstancias, o eso creía. Dudaba tantísimo. ¿De verdad podría soportar otra mirada de miedo equiparable a una que ni siquiera recordaba? Apretó los párpados con fuerza, intentando concentrarse en lo que era de verdad importante en esos momentos. Y no se trataba de sus traumas personales.

Un puñetazo más que un guantazo, la verdad —respondió ante su broma con completa seriedad. Ya no tenía tantas ganas de reírse con él como antes, y no sólo por lo que se habían dicho; la situación la tenía un poco congelada en la frialdad y la dureza que no solía ser dominante en ella.

Le tomó con suavidad del mentón para girarle la cabeza. Joder, el puto vampiro había mordido con saña…

No me arrepiento de haberte salvado la vida... Em... — Vale, aquello le hizo sentir un escalofrío recorriéndole la columna, y le miró. ¿¡Ahora le daba por ponerse sentimental!? ¿¿No tenía otro momento??—Porque ahora me la has salvado a mí. Fue una gran inversión. — No, evidentemente que no.

La rabia volvió a recorrerle el cuerpo con la sangre, y Dios sabe que si no le cruzó la cara de un bofetón fue porque estaba al borde del desmayo, no porque no le faltasen ganas. Imbécil redomado… Pero no, no podía perder el tiempo en descargar su furia en él; tenían un vampiro asesino que no tardaría demasiado en dar con ellos, por mucho que se hubiese molestado en intentar disimular sus olores con los de otras personas, así que tenía que ponerse a actuar rápidamente.

Pero le costaba.

¡Aaaaah!

Gritó, separándose de él durante unos segundos y llevándose las manos a la cabeza. Empezó a recorrer la cabina del retrete de un lado al otro; bien, el corazón se le iba a salir por la boca, y probablemente lo que había cenado también, porque los nervios le estaban provocando hasta espasmos por el cuerpo. Sin embargo tenía que tranquilizase. Tenía que hacerlo. Respiró profundamente un par de veces, con las manos cubriéndole la nariz y los ojos cerrados. Por la forma en la que había farfullado mientras huían, quizás Jackson tuviese alguna ligera idea de qué era lo que le había sucedido pero, ¿cuánto sabía de los subterráneos? Se mordió el labio inferior y se acercó a él. Temblaba.

¿Sabes qué era lo que te perseguía? —empezó a decir, con la voz susurrante y casi titubeante—. Bueno, supongo que puedes hacerte a la idea por lo que te ha hecho, aunque te cueste creerlo… Sin embargo no sé hasta qué punto tienes idea de lo que eso implica y de… de que existen más criaturas, aparte de él, que acechan a los humanos desde las sombras. —Dios, se encontraba al borde de un ataque, lo notaba. Soltó aire por la boca—. ¿Recuerdas que te dije que no sabías nada de mí? Pues… no es porque te ocultase mi personalidad, ni te mintiese al respecto de ella, por cierto, pedazo de retrasado. Pero… —Intentó centrarse. No podía irse por las ramas—. Mira, sólo no flipes demasiado, ¿vale? Ni… salgas corriendo.

Antes de que pudiese reaccionar le puso los dedos sobre las heridas que tenía en el hombro, concentrándose con todas sus fuerzas. La “magia”, el “poder” que poseía la recorrió desde los pies a la cabeza, como una corriente continua, como siempre que lo ejercitaba, y se centró en lo que quería hacer: curarle. Emily lo había sentido antes porque se había aplicado su propio poder a ella misma, así que imaginó lo que Jackson debía de estar sintiendo: era como si una pequeña descarga eléctrica le recorriese el cuerpo, concentrándose en la zona afectada, que empezaba a escocer levemente mientras la piel se regeneraba y las plaquetas se agrupaban a una velocidad fuera de lo normal. Como eran heridas pequeñas no tardaron demasiado en desaparecer. Sin decir nada, se centró en las demás. Rezó para que no se diese cuenta de que temblaba.

Te dije que no sabías nada de mí —intentó decirlo con rabia, con furia; incluso frunció el ceño. Pero su voz tenía un ligero deje de miedo. Se separó cuando hubo terminado—. Ya está…


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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Jackson Evans el Vie Jul 25, 2014 12:58 am


 


Le hizo gracia que le pidiese que se estuviese quieto,  como si pudiese moverse en esas circunstancias... De hecho iba a decirle precisamente eso, pero se mantuvo callado, algo insólito para él que no callaba ni bajo de agua, ni en las peores situaciones. Le dejó hacer mientras seguía su rostro con la mirada, contemplando las diferentes expresiones que se manifestaban en su cara, las cuales la gran mayoría eran muy discretas; seguramente porque trataba de ocultar su propio nerviosismo o porque la rabia que sentía por él provocaba tal impasible semblante. Aunque cuando nombró a Desmond, como imaginaba, se topó directamente con sus ojos que reflejaron puro desconcierto, pero no dijo absolutamente nada ¿por qué? ¿por lo que él pudiese contarle de ella o porque no era el momento? Daba igual, de pronto las respuestas carecieron de interés cuando sintió sus manos sobre sus heridas, sintiendo una mezcla de dolor y alivio a la vez, por el simple motivo de que las tenía frescas en contraste con su ardiente piel.

Le hubiera encantado bromear cuando le estaba tocando, como por ejemplo diciéndole que pensaba que no le gustaba el contacto físico con las personas ya que desde siempre había sido así, aunque aquella "norma" se la saltó ella misma en el hospital, cuando le abrazó y le besó. Aquellos tiempos eran tan lejanos que parecían formar parte de alguna vida pasada porque en la actualidad no tenían ni un poco de ese antiguo trato, ni la misma personalidad de entonces. Eso le hacía formularse algunas preguntas del tipo de... quién de los dos había cambiado más,  y el porqué en el caso de Emily, ya que eso no llegó a revelarse en la conversación que tuvo con Desmond hacía unas semanas; la cual le dejó bastante impactado.

Como se imaginaba, le provocó enfado la broma que le hizo, aquella que usó un poco para  maquillar su arrepentimiento de lo que le dijo el día que terminaron enemistados, y pudo ver como se contuvo para no cruzarle la cara. En vez de eso emitió un grito—que no parecía distraer a la pareja que estaban ya en otra fase de su inicial magreo—, se levantó, y con las manos tapando parcialmente su rostro, empezó a dar vueltas en aquel escaso espacio. Jack la miraba con una extraña tranquilidad, no solo porque se esperaba que terminase reaccionando así, sino por la típica calma previa a la muerte; porque sin saber el motivo, ya no tenía miedo a morir después del pavor que había sentido en los minutos posteriores, tal vez fuese porque ya no se encontraba solo; aunque sabía que si fallecía delante de sus narices le ocasionaría un tremendo trauma, y no precisamente porque le tuviese estima, que no era el caso, sino porque era una mujer de conciencia débil, y aquello la fragmentaría  aún más. No era tan fuerte como aparentaba; todo era un disfraz, como el que usaba Jackson , solo que cada uno usaba una careta diferente. Parte de lo que le dijo doc tenía sentido en esos precisos momentos en los que ella seguía nerviosa en exceso. Al final iba a terminar conociéndola mejor de lo que ella pensaba, aunque nada más lejos de la verdad pues aún le quedaba lo más importante por descubrir, cosa que no tardaría en llegar.

Su siguiente pregunta le hubiera hecho reírse de lo lindo si pudiese, así que tuvo que conformarse con esbozar una graciosa sonrisa que estiraron sus resecos y blanquecinos labios. Que si sabía qué le perseguía. Y la continuación de su respuesta solo incrementó la gracia que sentía. "Aunque cueste creerlo" y tanto que costaba, llevaba años tratando de asimilarlo. Pero oye... espera... eso significaba que ella sí que sabía de ese mundo, y por lo que oía más de la cuenta ¿también poseía la visión? claro... como su abuela, como Desmond... todo iba cobrando sentido poco a poco, o eso creía él, aunque no estaba del todo encaminado.

Por desgracia lo sé; un vampiro que no llega a ser tan amigable como Edward Cullen—dijo con resquemor porque ya estaba revelando parte de lo que sabía, y pronto llegaría el momento de explicarle el motivo en el caso que saliese con vida—.¿Cómo sabes...—su pregunta se interrumpió por el proseguir de  sus palabras porque quería demostrarle algo, o más bien revelarle el motivo de su actitud frente a todo el mundo, ya que no era solo con él. No le dijo ni una palabra porque además de estar intrigado, sentía que la vida se le escapaba por cada bocanada de aire que daba, por cada palabra que expulsaba, hasta por cada sonrisa. Entonces ella se acercó a el nuevamente, depositando la punta de sus dedos sobre sus heridas e... hizo algo porque de pronto sintió una extraña descarga en la zona afectada que le hizo ponerse en tensión, asustado y confuso, el leve escozor pasó a un segundo plano. De pronto sentía que el dolor amainaba considerablemente hasta el punto de desaparecer, y Jack empezó a sentir que su vitalidad regresaba, aunque mantenía el debilitamiento a causa de haber perdido tanta sangre. Cuando ella acabó, le dijo que ya le había dicho que no sabía nada de ella, y sí, tenía toda la razón del mundo porque no se esperaba para nada que... que tuviese poder, no, no podía ser ¿Emily?.

Jackson la miraba con los ojos abiertos de par en par; una mezcla de asombro, y cautela se reflejaron en ellos. A vez y paulatinamente, iba echando su cuerpo hacia atrás hasta que su espalda estaba totalmente pegada en la cisterna; estaba en shock y por inercia se quería alejar de ella porque el desconocimiento daba pie al temor. Entonces fue ese mismo sentimiento el que pudo ver en los ojos de Emily ante la reacción de Jack, justo lo que temía. Pasaban los eternos segundos sin decir nada, solo la miraba fijamente hasta que pasó su mano derecha por donde antes estaban las heridas de su hombro y cuello. Aunque no las sentía a través del tacto, echó una rápida mirada por el rabillo del ojo, sin creérselo y aún manteniendo la incertidumbre de su reacción. Entre abrió la boca para decir algo pero era incapaz... quería preguntarle qué era, porque estaba claro que era una subterránea. Empezó a descartar posibilidades; no podía ser vampiresa porque de ser así ya le habría dado un buen mordisco... aparte de eso, no tenía ni colmillos afilados ni piel enfermiza;  ¿licántropo? no...creía saber que esas criaturas no poseían poderes curativos; hada mucho menos, y no hizo falta más enumeraciones porque ya fue capaz de contar dos más dos.

Bru...bruja. Eres... eres la bruja de la que hablaba Desmond—dijo titubeante , y entendiendo todo. Era aquella que tenía miedo de su propia condición, que luchaba adaptarse a la sociedad aunque a la par mantenía una fuerte coraza a su alrededor. Era capaz de recordar todo lo que Desmond le dijo porque fue uno de los más detallados ejemplos que le dio sobre un subterráneo. Entonces empezó a notar en ella una reacción que rozaba la desesperación, pues Jackson sin haberse dado cuenta había estado divagando durante aproximadamente un par de minutos si no eran más. Así que tenía que reaccionar rápido, el vampiro podría seguir acechando en los alrededores y ella marcharse de allí dejada llevar por su propio desconcierto.

Emily... todo está bien. está perfecto... je... no, no me has.. no me... me... me has dejado ni una cicatriz—ni el mismo podía creerse lo que tartamudeaba, pero necesitaba un poco de tiempo para digerir todo ese asunto, y no era nada fácil. Se llevó una mano en la frente por su estúpido comentario—No, eso no quería decir... jo...joder. ¡No, tampoco! ahg...—apretó los dientes manteniendo su mirada  hacia ella y por fin despegar su espalda de la cisterna para poder levantarse lentamente para no marearse. Se sorprendió de sí mismo de poder haber hecho eso, de no sentir dolor, de que su cuerpo rebosaba de vida. Comprendió tantas cosas en tal hecho... Sí que existían subterráneos que hacían el bien, como también existían poderes  o dones que proporcionaban un tremendo bienestar— tú ganas... ¿vale?, porque no tenía ni puta idea de esto—dijo mirándola fijamente a los ojos, hablando ahora con más cautela porque sentía que de su propia reacción dependería la de la propia Emily— tienes un poder asombroso, y... me has salvado la vida, obviamente...—se pasó la mano por el pelo mientras que con al otra volvía a toquetearse las heridas ya inexistentes, incrédulo— Y ya que estamos de revelaciones, te diré que...—se detuvo durante unos instantes, dudando, pero se obligó a continuar— que no abandoné el instituto solo por la muerte de mi madre, el verdadero motivo fue porque  se activó "la visión" en mi, y no me preguntes ni el cómo, ni el porqué a esa edad porque no tengo ni pajolera idea. Así que... soy como tu abuela... y como Desmond... Y ya podrás imaginar que eso trajo muchas consecuencias negativas que llevo como puedo— se tuvo que sentar otra vez en el retrete. Demasiada emoción, demasiada sangre perdida, demasiadas revelaciones en unos escasos minutos. Arrastró hacia atrás su cabellera con sus dedos, volviéndola a mirar— Gracias... y te diré algo que una vez me dijiste... "no vuelvas a hacer algo así, por favor... Emily"—carraspeó un poco, se sentía extraño al exponerse tanto delante de ella—evidentemente he cambiado mi nombre por el el tuyo... supongo que te habrás dado cuenta—y ahí vino otra de sus grandes estupideces que rompían el momento, pero bueno, él era así, formaba parte de su "encanto personal".

De pronto se dieron cuenta   que ya no se escuchaba a la pareja que disfrutaban de su pasión a escasos metros de distancia. Ahora reinaba un escalofriante silencio en los baños, exceptuando sus respiraciones y el retumbar de la música en la sala de baile. Algo iba mal... muy mal.

Os encontré—resonó la voz de vampiro justo delante de sus cabezas, pues se encontraba pegado al techo con su boca abierta en una alocada sonrisa y  embadurnada en sangre, la cual caía gota a gota sobre Jackson y Emily




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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Emily Yates el Vie Jul 25, 2014 2:03 pm


OTRA OPORTUNIDAD

Emily no solía utilizar sus poderes delante de nadie, por lo general. Dina, Desmond, Layla y Mishka habían sido las excepciones que confirmaban la regla en los veintidós años que habían pasado desde que despertase como bruja por primera vez, porque, por lo general, no se sentía cómoda demostrando ante el mundo —aunque estos ya lo supiesen— que tenía poderes sobrenaturales. Bueno, ellos y la niña a la que casi mató de un infarto haciendo que sus juguetes cobrasen vida cuando iba a la guardería. Pero evidentemente nadie le echó la culpa a ella porque eso era algo imposible. La única que tuvo la certeza de aquello fue Dina, y porque sabía que su nieta era… especial. Adhara y Christopher tampoco contaban del todo porque... bueno, se había visto en una situación de vida o muerte y ahí era normal.

En ese momento, mientras curaba a Jackson, notaba en las venas de las sienes los latidos apresurados de su corazón. ¿Qué temor podía albergar porque una persona que ahora le despreciaba le tuviese miedo por ser una bruja? Aparentemente ninguno, pero su corazón era frágil y su alma llevaba fragmentada mucho tiempo, a pesar de los torpes remiendos; por eso no estaba segura de poder soportar una mirada de miedo, horror o asco en los ojos de alguien, aunque ese alguien fuese Jackson Evans —o quizás, por lo que habían pasado juntos de niños, precisamente por eso mismo—. Pero no podía andarse con traumas ni lindezas en ese momento. Su seguridad era lo primero. Ya se deprimiría después.

Mientras se aseguraba de que su magia era efectiva, en su cabeza se rememoraba la primera vez que lo había utilizado para curar a alguien. Tenía seis años y Dina se había cortado haciendo la cena; un tajo limpio, no mortal, pero sí escandaloso por la cantidad de sangre que salía, que le hizo desear con todas sus fuerzas que se cerrase. Y se cerró. Ahora las heridas de Jackson iban desapareciendo poco a poco, y aunque no recuperaría el color en la piel ni la sangre, pronto dejaría de sudar por el sufrimiento, ya que su cuerpo ahora no desfallecería del todo. Sin embargo ella misma empezaba a notar un cierto desgaste en su sistema; primero la barrera y ahora esto. Se apresuró en terminar rápido para no sufrir más de lo necesario, porque probablemente necesitarían más de sus poderes mientras escapaban del vampiro. Eso si Jackson no salía volando por la ventana.

Porque el que se fuese apartando poco a poco de ella no le vaticinaba otro tipo de reacción, la verdad. Parecía que había visto un fantasma —en ese caso una bruja, pero bueno, no nos íbamos a poner tiquismiquis— por lo abiertos que tenía los ojos, cautelosos, asombrados. Emily entrecerró los párpados y se separó de él, irguiéndose completamente, esperando algo de su parte, con el corazón desbocado. Casi habría podido reírse por la forma en la que miraba la zona donde había estado herido si no fuese porque estaba tan tensa que le costaba mover los músculos, en general.

No reaccionó hasta que no mencionó su condición… y a Desmond. Eso le hizo enarcar una ceja. ¿Desmond había hablado de ella? Entreabrió los labios, dispuesta a decir algo, pero no consiguió articular palabra por que el pánico se hizo presente. ¿¿Desmond le había contado que era una bruja?? Le observó con ansiedad en el rostro, casi deseando ser ella la que echase a correr. ¿Ya lo sabía la última vez que se habían encontrado? ¿Era algo nuevo? Se obligó a tranquilizarse porque empezaba a respirar de forma agitada; no, Desmond nunca haría algo así. Desmond jamás le revelaría su condición a nadie porque sabía lo mucho que eso la había traumatizado. Debía ser otra cosa…

Entonces Jackson siguió hablándole. ¿Estaba... intentando ser amable? Realmente no lo tenía muy claro, pero parecía tan nervioso y angustiado como ella.

«Bueno… al menos no ha salido corriendo.»

Cuando le dijo que tenía un poder asombroso casi enrojeció, como cuando Mishka le había alabado por lo mismo, aunque la situación era diferente porque, bueno, Mishka era más parecido a ella y se relamió los labios. Estuvo tentada de decirle que no se toquetease la zona aunque no tenía demasiado sentido, porque ya no había nada que se pudiese infectar ahí. Le escuchó con cierta atención, aún con el ceño fruncido, al empezar a hablar de revelaciones. Sus ojos se abrieron por la sorpresa. ¿Tenía la Visión? Sus manos se desviaron inconscientemente hacia el nacimiento de la cola; menos mal que había hecho bien siempre en llevarla oculta… Aunque claro, en aquel momento él no habría podido percibirla, al parecer.

Entonces, todo lo que había cambiado, todo lo que era ahora… ¿lo había ocasionado no sólo que falleciese su madre, sino el hecho que podía ver? Al principio incluso sintió rabia, porque no le parecía para tanto, pero se dio el lujo de recapacitar y pensar que, de sopetón, cuando tienes catorce años, debía de ser mucho más complicado de llevar, sin guía, que cuando se es un niño. O si no, sólo había que contemplar el caso de su madre. Tragó, sintiendo que le comprendía un poco mejor, aunque ni de broma todo eso excusaba las cosas que se habían dicho. Lo que le comentó a continuación, sin embargo, hizo que escociesen un poco menos.

Suavizó el gesto de su rostro, e incluso esbozó una sonrisa nerviosa antes de negar con la cabeza.

Eres único destrozando momentos, Jackson Evans.

No llegó a decir nada más, porque de pronto fue consciente de que no les acompañaba ningún ruido. ¿Y la pareja de salidos? Miró hacia los lados, buscando alguna explicación. ¿Se habrían ido? Pero, ¿sin hacer ruido? Eso no parecía muy normal… Tragó lentamente. De pronto algo le cayó en el hombro semidesnudo; algo pegajoso y caliente, que se quitó en un acto reflejo con los dedos. ¿Sangre…?

Os encontré.

Bien. Había pasado de sufrir una taquicardia a que el corazón se le detuviese durante un minuto entero. Indudablemente eso no podía ser sano, pero tampoco lo era el toparse con que les había encontrado mucho más rápido de lo que ella habría imaginado. Y mucho menos tal y como estaba en esos momentos. El vampiro se despegó del techo y cayó sobre la madera que conformaba las cabinas grácilmente, como si no pesase. En un acto reflejo, Emily se colocó delante de Jackson para cubrirle con su cuerpo.

Qué tierno por tu parte, hija de Lilith…

Soy todo ternura, ¿nunca te lo han dicho? —intentó sonar desafiante, pero estaba más preocupada buscando algo que usar en su contra. Él se dio cuenta, y no dejó de carcajearse ni un segundo por ello.

Quizás debería acabar contigo primero para que así tu joven amigo no tenga  quien le proteja…  —pronunció suavemente, con peligro en la voz y el rostro manchado de sangre.

Ya… Probablemente.

«PiensaEmily.Piensa.Piensa.Piensa.Piensa.Piensa. »

Ahora controlaba algo más su magia, sí, pero había poderes que aún desconocía tener y algunos que apenas si sabía manejar. Sin embargo tenía que probar lo que fuese. ¡Lo que fuese! La puerta del servicio se abrió suavemente hacia fuera, entonces; al colocarse encima el vampiro la había movido y al regresar al suelo, como había hecho en ese momento, había adquirido la que parecía ser su posición habitual. Entonces lo vio. Los espejos que estaban en la pared de enfrente.

«Oh bueno, de perdidos al río... »

Cada vez estaba más cerca mientras que ella mantenía la mirada fija en ellos. Muévete. Muévete. Muévete. El vampiro alargó la mano para cogerla del cuello otra vez, apretando con más rapidez, pero de nuevo le sirvió de poco.

El cristal se separó de la pared con un movimiento brusco y cayó sobre el vampiro para romperse en su rostro blanquecino, ya que se había girado al escuchar el estruendo. Emily les ocultó a ella y a Jackson bajo su escudo, teniendo de nuevo la desagradable sensación de que le estaban drenando las fuerzas. Pero no podía rendirse. No ahora. Jadeando como si hubiese corrido una maratón y con los desgarradores chillidos del vampiro que había salido del habitáculo dando tumbos, ya que algunos fragmentos le habían entrado en los ojos y no podía ver, salió con Jackson en la mano. Aunque no sin antes dejarle un nuevo regalo encima a su perseguidor. Uno de los retretes salió volando y se estrelló contra su cuerpo, tirándole al suelo.

¡Puta! —gritaba.

Tras eso, sin necesidad de más alicientes y con los dedos de Jackson entrelazados con los suyos, salió corriendo en dirección hacia la sala de baile, atravesándola como alma que llevaba el diablo. Incluso pudo conseguir algo para que Jackson se cubriese de entre toda la ropa que había amontada en una esquina, propiedad de unos jóvenes que ahora andaban descamisados. Se la puso contra el pecho para que la vistiese y le hizo aumentar la velocidad, soltándole una vez que salieron a la calle y hubieron andado un poco.

Sé… sé que estás cansado pero ahora no podemos parar. —Era ella ahora la que empezaba a tener mala cara—. Vamos…


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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Jackson Evans el Dom Jul 27, 2014 11:40 pm


 


Emily no había dicho una palabra  en lo que Jackson tardó en recomponerse y hablarle sobre lo que él también escondía, sobre todo porque ella había revelado algo muy personal de sí misma y de una gran importancia.  Él era consciente que lo que ocultaba no era tan sorprendente como lo suyo pero aquello no era una competición de quién tenía el trauma más gordo; sino el modo de justificar sus actos, de hacer lo creía justo, pues creía que Emily merecía saber ciertas explicaciones después de ver cómo se había expuesto a la hora de sanarle la herida. Aunque por otro lado también lo hacía por sí mismo, ya que al fin y al cabo necesitaba soltarle todo aquello a Emily y aquel momento fue su vía de escape perfecta... porque trataba de hacerlo de sopetón y que no hubiese mucho tiempo para entrar en detalles. ¿Y de donde venía esa gran necesidad? Básicamente era por culpa de Desmond que se había ocupado de hurgar en su consciencia de mala manera durante sus profundas conversaciones. Aunque eso no quitaba que entre ellos siguiese existiendo el resquemor y el rencor por la mierda que se habían echado el uno al otro hacía unas semanas, solo que ahora había carecido de importancia, al menos de momento, pues había que huir.

Él había terminado encogiéndose de hombros y dando un suspiro al comentario de la bruja, pero sin resignarse porque no le gustaban esos "momentos"; le ponían nervioso por no saber cómo reaccionar en tales situaciones sentimentales, y porque se sentía también vulnerable a ellos. Vulnerable... esa era la palabra que le marcaría el resto de la noche porque ser un mundano metido en problemas con subterráneos,  se asemejaba al que puede tener un pececillo entre tiburones. De echo, ya tendría que empezar a echar a correr pues el vampiro les había encontrado haciendo una entrada espectacular; se encontraba sobre ellos con sangre aún caliente que caía de la comisuras de sus labios. Jackson no reaccionó, tan solo abrió los ojos de par en par y sus piernas se bloquearon, pero debía agradecer que tenía a Emily ahí para sacarle las castañas del fuego... una vez más.

Se sorprendió al ver como la muchacha se ponía delante de él para protegerlo y de eso mismo fue de lo que se burló el vampiro. Si no fuese por la peligrosidad del momento, Jackson se hubiese sentido bastante acomplejado porque fuese una chica quien diese la cara por él, de hecho seguramente en frío sentiría la bofetada de la vergüenza. ¿Pero qué iba hacer? era un simple humano sin poderes ni habilidades especiales con las que enfrentarse a esos seres, y eso le jodía mucho, muchísimo porque eso le hacía sentirse inútil y una autentica carga.

Casi taladró la nuca de Emily con la mirada cuando se percataba de que ella le respondía de forma desafiante, pero luego, cuando saliesen de aquella minúscula caseta  comprendería que si lo hacía, era porque escondía un as bajo la manga. Jackson volvía a respirar agitadamente a pesar de que trataba de controlar el miedo, pero era inevitable al ver que estaban al lado del subterráneo, de un salto los alcanzaría y entonces no habría escapatoria, de nuevo la sangre correría. Para colmo a Jackson no le quedaba demasiada por lo que sus energías estaban muy mermadas, al igual que las de  Emily; porque lo notaba, lo notaba en su mirada cansada y de su frente perlada de sudor.  


El mundano ni pudo decir nada ni hacer mucho menos cuando el enemigo descendió y en plena puerta, bloqueando la salida, alargó la mano para coger del cuello a Emily. Sí que pensaba matarla antes y delante de Jackson para acabar después con él. No le dio tiempo a pensar algo que hacer ya que notó que algo cambiaba el entorno y eso era debido a que el espejo se movió solo saliendo de su encaje para precipitarse peligrosamente hacia el subterráneo que se había girado en ese preciso momento.

¿¡Estás lo...—su grito se interrumpió pues cerró los ojos y se cubrió con los brazos temiendo que los cristales que se habían roto en el subterráneo también les impactarían a ellos pero no fue así, pues un escudo esférico les rodeaba a ambos— ¡joder, joder, joder!—dijo muy nervioso debido a lo que acababa de pasar. Otro poder más que anotar. Sentía que el corazón le iba a mil y si le daba un ataque de asma en ese momento complicaría aún más las cosas porque el guapo despreocupado, lo había dejado olvidado en casa.

Empezaron a correr como alma que se lleva el diablo a una velocidad que ni él mismo se lo creía hasta que se percató de que Emily era quién le estaba guiando y tiraba de él al haberle tomado de la mano. Sus cuerpos se chocaban levemente con la gente que seguía en al discoteca, bailando en  la sala de baile ajenas a lo que pasaba. Salieron de allí, encontrándose de nuevo en la calle donde pudieron respirar un poco más de aire  y éste se disponía a ponerse la camiseta que le había conseguido Emily. Era bastante fea porque era muy distinta a las que solía llevar;  era negra, de lycra y de al menos una talla menos, por lo que le quedaba bastante estrecha.

No debería quejarme pero esto es horrendo...—se quejó en un murmullo y entre jadeos. Entonces la escuchó decir y él sonrió para sí mismo porque no podía mentir tal y como quisiera y  demostrarle lo bien que se encontraba. Ni ella tampoco—. No soy el único agotado aquí. A mi me falta sangre y a ti... ¿energías? No sé que "consume" vuestros poderes— poderes... aún le resultaba extraño relacionar esa palabra con Emily.

Vamos, creo recordar donde quedó la moto... aunque... aunque  fuiste tú quien me trajiste aquí... Entonces yo estaba más para allá que acá y puede que no me oriente bien—comentaba continuando con la respiración agitada y con su cuerpo exigiéndole descanso con ligeros mareos que se esforzaba en ignorar. Emily estaba haciendo un gran esfuerzo y él no iba a ser menos. ¡Viva el orgullo!—. Ven—empezó a trotar un poco hacia la calle de enfrente y giró en una esquina. Echaba la mirada atrás para asegurarse de que ella le seguía los pasos—Espero que funcione porque... calló al suelo cuando ese desgraciado me ... me atacó—siguió hablando a medida que continuaba hacia adelante, esquivando bolsas de basura y algún que otro contenedor volcado. Observaba que había rastros de sangre, de su sangre, por lo que iban bien encaminados. Entonces a lo lejos pudieron divisar unas sombras que al menos Jack logró identificar sin poder ocultar un tono más alegre en su voz— ¡Ahí está!

Maldita zorra... vas a pagar por esto

La siniestra voz volvió desde sus espaldas haciéndoles girar de la impresión. En efecto, ahí se encontraba el vampiro con la cara cubierta no solo de la sangre de sus victimas, sino de la suya propia. Sus ojos estaban clavados directamente en Emily pues en ella recaía todo su odio. Aprovechó la ventaja de la sorpresa para darle un fuerte golpe en su pecho para obligarla a chocar contra una de las  paredes de ladrillo y con la otra mano tomó su mandíbula con violencia, apretando con fuerza para hacer que lo mirase. Éste la miró fijamente a los ojos.

Tal vez me ahorres más molestias si eres directamente tú la que acabe con esto. Me llenará de satisfacción ver como eres la que elimine a esa apestosa rata que tanto proteges y luego... puede que te deje vivir para que te ahogues en tu desdicha ¿Te parece?—seguía sosteniéndola con fuerza y con sus ojos clavados en ella para que el control mental funcionase— haz que arda, sé que...— un objeto volante se estrelló directamente contra la cabeza del vampiro, cosa que no le haría  ningún daño.

¡Ni de coña voy a arder, ni ser objeto de tu puta satisfacción personal!—gritó con una fiereza que creía no tener, pero el miedo se había ido un poquito a tomar viento después de mencionar el fuego que tanto detestaba, además de que quisiera hacer que la propia Emily le ejecutase. El objeto que había lanzado era su teléfono móvil y aunque no iba a resultar la solución del encierro de la bruja, pensaba que le daría algunos segundos de reacción. Aunque daba igual, iba a seguir hablando para llamar su atención, provocarlo con palabras cargadas de burla y desafío— ¿Qué te pasa? ¿Te está resultando extremadamente difícil matar a dos "niños"?  porque apostaría mi cuello a que  ni juntando nuestras edades llegaríamos ni a una décima parte la tuya—sí, estaba consiguiendo con creces que el vampiro le enfocase a él aunque su mano estuviese aún sujetando el mentón de la chica, la cual esperaba que pronto fuese consciente de la realidad y reaccionase —Gi... Gili... ¡Gilipollas!—ya esa repentina valentía iba aminorando a medida  que el vampiro iba desencajando su rostro en una expresión que asustaría hasta el más valiente de los nephilims. Terminó soltando a Emily para abalanzarse contra Jackson, lo hizo de tal manera que fue difícil captar el tiempo que tardó en hacerlo pues fue a una extrema velocidad,  la cual la usó para empujar el cuerpo del muchacho varios metros atrás, sintiendo bajo su espalda el manillar de su moto.

Ahg... Emi... ly ¡dale!—grito a la desesperada, porque ya no se le ocurría nada más para ganar tiempo. No tenía súper poderes, ni capacidad de combate, pero sí que tenía una gran habilidad para tocar los cojones a los demás—Emily podía corroborarlo— , y eso podía ser de gran utilidad en aquellos momentos tan cruciales en los que se decidiría si sobrevivirían.




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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Emily Yates el Vie Ago 01, 2014 1:39 pm


OTRA OPORTUNIDAD

Rodó los ojos cuando le escuchó farfullar que la prenda que le había conseguido era horrenda. No, encima con tonterías de ese estilo. Como era tan fácil robar una camiseta en medio de la oscuridad de una discoteca rodeados de cientos de personas cuando les perseguía un vampiro con ansias asesinas que…

Siento que las exigencias del señor estén por encima de lo que amerita el momento —susurró de malos modos. Segundos después se arrepintió por completo. Al menos había reconocido que no era la ocasión oportuna—. Lo siento —farfulló—. Tienes razón. Empiezo a estar cansada y ya no controlo lo que digo. —Se llevó las manos a los ojos, intentando apaciguar un poco el agotamiento que los embotaba—. Nunca se me ha ocurrido ponerle un nombre, pero llámale estamina, si quieres. O maná. O energía. Realmente da igual, porque lo que importa es que hay ciertos poderes que te agotan —lo dijo todo con desgana mientras continuaba caminando; no sólo porque se tratase de Jackson, sino porque toda esa situación le tenía los nervios de punta.

¿Quién le mandaría a ella meterse donde no le llamaban? Si sólo había salido a pasear para despejar la mente, para quitarse el aburrimiento… Estaba claro que eso segundo ya estaba eliminado por completo pero joder, tampoco podía ir pasando de 0 a 100 en menos de un minuto porque al final era su cuerpo el que se resentía. Como en esos momentos. Siguió a Jackson a través de las calles que habían recorrido minutos antes para escapar del cazador en aras de encontrar su moto y salir de esa zona; tenía una extraña sensación de opresión en el pecho que no tenía nada que ver con el cansancio ni la adrenalina que le recorría las venas en ese momento —siendo prácticamente lo que le impulsaba a avanzar—. No sabía describir el origen, pero tenía la impresión de que nunca volvería a sentirse segura del todo.

Como bien demostró el que, nada más dar con la moto, el vampiro volviese a aparecer en escena. ¿Es que esas criaturas nunca se agotaban? Estaban muertos, podía entenderlo, pero le había tirado un espejo, un retrete, le había sepultado con una cúpula. ¿Cuánto más podía llegar a soportar? Porque no estaba del todo segura de cuánto iba a poder aguantar ella en esas condiciones, ya que, por mucho que hubiese estado entrenándose algo estos meses, no tenía aún la capacidad para soportar grandes batallas; mucho menos para estarse toda la noche haciendo frente a un vampiro. Nunca se había preocupado demasiado mejorar su magia y conocer completamente sus poderes, por lo que ahora estaba pagando las consecuencias, ya que sentía el agotamiento contraerle los músculos.

Sus miradas se cruzaron durante los breves segundos que tardó desde que alzó la voz hasta que la golpeó en el pecho. Su odio le congeló los huesos mientras se precipitaba contra una de las paredes de ladrillo de los edificios que formaban el callejón. A sus oídos llegó un leve crujido, y el dolor se extendió por todo su cuerpo como una ola que azota las rocas de los acantilados, cortándole incluso la respiración en ese momento. Sintió sus heladas garras aferrarse a su mandíbula con violencia, pero estaba tan adormecida por el padecimiento de sus huesos que casi ni lo notó. Sus ojos destilaban rabia reconcentrada cuando le obligó a centrarse en ellos.

«¡NO!»

Empezó a intentar zafarse de su agarre, pero estaba demasiado cansada y dolorida como para que su cuerpo. Pero cualquier cosa era mejor que ser la que perpetrase con sus propias manos la muerte de otra persona, porque ciertamente no podría soportarlo. Se quedaría vagando en la miseria de su vida el resto de su existencia, incapaz de sobrellevar que había asesinado a alguien, a un simple humano, aunque hubiese sido controlada por un vampiro para llevarlo a cabo. Sin embargo la intervención de Jackson consiguió romper el contacto visual y la capacidad de dominación que estaba intentando ejercer sobre ella, lo que le provocó un gran respiro, aunque no duró demasiado por temor a lo que pudiese hacerle a él.

Cuando le soltó recuperó la respiración que había ido perdiendo poco a poco mientras se sentía apresada contra la pared. Tomó aire rápidamente, intentando no escurrirse hacia el suelo porque las piernas le temblaban mientras veía cómo lanzaba a Jackson contra la moto gracias a su extrema velocidad. Sintió la alarma recorrerla de pies a cabeza. ¿¿Qué podía hacer?? ¿¿Qué podía?? Tantas habilidades y ni una sola idea en la cabeza.

Haz que arda.

Se observó las manos. ¿Realmente podía hacerlo? Nunca había controlado fuego, y aún así, tampoco había nada cerca que pudiese provocarlo. Entonces recordó a Chester; él no había usado nada para incendiar el instituto: lo había creado por sus propios medios. Tragó lentamente, separándose de la pared de golpe; no tenía tiempo de dudar de sí misma ni de sus propias capacidades. Sólo podía actuar para sobrevivir. Para que ambos pudiesen sobrevivir. -Así que cerró los ojos, concentrándose con todas sus fuerzas. Necesitaba que se prendiese en llamas, que ardiese hasta los cimientos, aunque realmente no estaba segura de si eso podría terminar con el vampiro o no. Pero por Dios que pensaba conseguirlo.

«Arde. Arde. Arde. ¡¡ARDE!!»

Al separar los párpados sintió como si la magia, que se había estado haciendo un remolino dentro de ella, saliese disparada de ella hacia el foco de sus intenciones. Lo hizo de forma tan súbita que se llevó un suspiro ahogado con ella, debilitándola hasta el extremo en que tuvo que dejarse caer contra el muro para no desfallecer del todo. Pero funcionó. Lo supo en el momento en que de los ropajes negros del vampiro empezó a salir una leve columna de humo negro que se tradujo en las primeras pequeñas ascuas que pronto prenderían el resto de la tela del brazo. Tardó unos segundos en darse cuenta de que estaba ardiendo, pero su rostro se compungió por el horror que destilaba; daba igual cuánto intentase apagarlo, las llamas sólo se extendían cada vez más rápidamente por todo su cuerpo, lamiendo cada centímetro de piel.

Lo único que se escuchó mientras eso sucedía fue su grito, desgarrador y agónico, y antes de que ninguno de los dos se diese cuenta desapareció de donde estaban ellos. Emily había sentido, cuando le había dirigido una mirada fugaz antes de desvanecerse, que sus ojos también ardían, pero no precisamente por el fuego, sino de odio hacia ella. Tenía la certeza de que ese vampiro volvería para acabar con su vida tarde o temprano, y eso le hizo temblar de temor; se había ganado un enemigo por toda la eternidad sin pretenderlo.

Tragó lentamente. La cabeza le daba vueltas, pero no podían quedarse allí. No sabía cuánto tiempo podría mantenerle en llamas hasta que sus energías se agotasen, así que debían marcharse. Se separó de la pared, impulsándose con las manos, pero lo único que consiguió fue caer de rodillas al suelo por culpa de un breve traspié. Las fuerzas le abandonaban lentamente. No estaba acostumbrada a usar tantos poderes en una sola noche, con tanta pasión, y eso le estaba pasando factura. Se dejó caer sobre el frío suelo, recostándose contra el asfalto, respirando con agitación.

Déjame… dame dos minutos… por favor —dijo entre jadeos, sintiéndose incapaz de mover un músculo en esas circunstancias.


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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Jackson Evans el Mar Ago 05, 2014 8:21 pm


 


Emily estaba muy irritada; consecuencia de los nervios, el miedo y sobretodo por el cansancio que iba acumulando cada vez que hacía uso de su poder. Atendió a medias su explicación sobre la falta de energía, surgiéndole otras preguntas como qué pasaría cuando ésta se agotase. ¿Caería inconsciente o... siendo negativos... muerta? Eso último no quería contemplarlo porque no, sencillamente eso.

Pero bueno daba igual porque no le daría mucho más que pensar en eso ya que el dichoso vampiro había regresado para acabar con su plan de matarlos, y tras su "heroica" intervención lanzándole su móvil para intentar que liberase a Emily, lo lanzó por los aires hasta acabar donde estaba. Con el manillar de su querida moto clavada en el lumbar, pero no os alarméis... solo en el sentido figurado. En el instante en que notó ese intenso dolor supo que le saldría un feo, enorme y morado moratón en la zona, además de que en el tiempo que se revolcaba por el dolor no podía hacer nada, por lo tanto todo estaba a manos de lo que pudiese hacer Emily. Y pronto comprobó que sí que estaba a manos de la muchacha... especialmente cuando brotó fuego de ellas en dirección al vampiro que empezó a arder vertiginosamente, a la vez que lanzaba alaridos de autentico dolor.

El lugar se iluminó considerablemente debido a las flamas que lamían la figura del subterráneo, haciendo que resplandeciese para a continuación, desaparecer de la escena. Jackson no se percató bien si realmente había abandonado el lugar, o se había consumido por completo, el caso es que estaban a salvo, por fin. Durante unos segundos en el que ella pedía tiempo, él se quedó allí anonadado, con los ojos de par en par sin saber ya qué más poderes revelaría la bruja. No sabía qué sentía hacia a Emily en esos momentos; no era miedo pero tampoco mucha tranquilidad que digamos, así que supuso que el termino medio estaba en respeto porque ahora sabía lo que podía hacer. Era inevitable no verla ahora con otros ojos. Era una criatura extremadamente poderosa aunque no supiese dominar todos sus poderes o se cansara demasiado pronto, para Jackson seguía siendo todo un  portento al que no mosquear…

¿Emily? —se irguió hasta conseguir ponerse en pie, colocándose la mano sobre la zona golpeada. A paso lento se fue acercando a ella mirándole preocupado porque hasta él sentía esa respiración agitada. Podía entenderla porque él era todo un experto en ese campo. Y qué decir de como su cuerpo estaba literalmente desplomado sobre el suelo.

Respira... tranquila. Parece que ya se fue — se posicionó a su lado y la obligó a incorporarse un poco, posicionando su brazo a su espalda que le sirviese de apoyo —así podrás respirar con mayor facilidad pero solo si mantienes un ritmo pausado — miró su estado con interés hasta que fuese poco a poco recuperando el aliento. Se obligó a seguir su mismo consejo pues la pérdida de sangre le provocaba esa dificultad, entre otras, que le hacía dudar si podía montar o no en la moto, pero eso pronto lo comprobarían. Con un resoplido desvió la mirada donde se hallaba su teléfono móvil o más bien, la masa de plástico endurecido... pues con el fuego había terminado de ese modo.

Joder... adiós a todos mis contactos...— dijo instantáneamente sin pensar que aquello no tenía importancia, pero él era así, le tenía mucho cariño a la tarjeta SD que había acabado fundida junto a su teléfono, sobretodo por la extensa lista números telefónicos de sus amiguitas—. Vale... olvida lo que he dicho— murmuró al percatarse de la profunda idiotez que había dicho y se fue levantando del suelo, ayudando a Emily.

Ahora era él el que la ayudaba a caminar habiéndose pasado su brazo tras el cuello, pero se tenía que ayudar con una pared cercana para apoyarse porque tampoco estaba en plenas condiciones. Al llegar, la dejó descansar sentándola en el suelo y a continuación fue apartando los cubos de basura que apresaban su moto a patadas. Una vez liberada, aferró sus manos a los manillares y se impulsó para atrás para levantarla; el primer intento fue vergonzoso, pero con el segundo logró ponerla en pie.

Como pesas... condenada...— dijo a su propia moto, arrancándola. El murmullo de su motor fue como un hermoso cántico para sus oídos—. Bien, al menos funciona. Trataré de ignorar los profundos arañones que tiene para no echarme a llorar—dijo con fastidio a la vez que se subía a la moto; eso no supuso mucho esfuerzo pero notó como la cabeza se iba a un lado debido a un repentino mareo que le hizo apoyarse en la pared al percatarse de que perdía estabilidad. No, desde luego que no estaba en condiciones de conducir. Zarandeó la cabeza para obligarse a estar bien, como si esa sacudida hiciera que la fatiga se evaporase, pero tampoco funcionó.

Emily mira... no quiero que me mandes a la mierda con esto que te voy a decir pero... vamos a tener que ir al hostal más cercano y pasar allí la noche— le dirigió una mirada dubitativa porque no sabría exactamente como reaccionaría, pero estaba claro que no muy bien. De verdad de la buena que no usaba todo su cansancio como excusa para llevarla a un hotel... igualmente tampoco daría la talla en tal estado—. Vamos... debe haber alguno por aquí cerca.

En efecto, lo había  por las cercanías aunque tuvieron que caminar durante al menos diez minutos. Jackson seguía las indicaciones a la vez que ayudaba a Emily a seguir avanzando, e intentaba no pensar en su preciosa Harley que iría a recoger lo más pronto posible aunque... habiéndola dejado en ese siniestro callejón... seguramente al día siguiente no quedarían ni los manillares...

Cuando llegaron al portal del hostal, uno muy humilde, llamaron al timbre para que le diesen acceso al diminuto vestíbulo donde le atenderían un tipo calvo con aspecto cansado y amargado. Jackson fue el que habló para pedir una habitación doble, la cual costó 40$ por cabeza, y había que dar gracias de que no fuese aún más caro. Tras un forzado "gracias", empezó a caminar hasta encontrar un ascensor tan antiguo que daba miedo a entrar en el, pero tras haberse enfrentado a un vampiro... ¿qué  temor iban a sentir por el elevador?

Atravesaron un largo pasillo hasta que por fin dieron con la puerta de la que sería su habitación,  la abrió y dejó paso a Emily, la cual pudo apreciar que el lugar no era mucho mejor de lo que ya se imaginaban. Una pequeña habitación con dos camas separadas por una mesita de noche; frente a ellas un pequeño escritorio con una única silla y en la pared una tele minúscula. Jack cerró la puerta tras de sí y al dar un par de pasos a mano izquierda se topó con el minúsculo baño que contaba con lavabo, una placa de ducha y un retrete. Cuando se adentró más en la habitación y observó las camas, de pronto le invadió una sensación extraña, no sabía si se trataba de nostalgia pero es que se encontraban en una situación muy familiar.
Todo aquello se asemejaba a cuando estuvieron en el hospital, con la diferencia de que en esa ocasión era Emily la que le había salvado la vida. Desde luego que el destino se reía de ambos jóvenes.

Acomódate, yo voy a quitarme esto y...— se dio media vuelta sin acabar la frase para entrar en el baño y quitarse la estrecha camiseta. Mirándose en el espejo se fijó de que aún tenía rastro de sangre seca por el cuello y hombro, y aún asombrado, se volvió a pasar la mano por las heridas que ya no estaban, pero en cambio sí que estaba el enorme moratón en el lumbar. A continuación se metió parcialmente en la ducha, inclinando su cuerpo para no mojarse completamente, pero sí que dejó que el agua le cayese por la cabeza mientras con la mano ayudaba a retirar la sangre. Al acabar, atrapó una toalla con la que se iba secando a la vez que salía del baño y regresaba a donde Emily se encontraba.

No la miró, se quedó de pie unos instantes con aire pensativo para a continuación dejar la toalla colgada en una silla y aún con los cabellos húmedos, se dejó e caer en la cama desocupada, en plancha y boca arriba, escondiendo el tatuaje de su espalda. Aún estaba dirigiendo todo lo sucedido, ¡Emily era bruja! era la misma de la que le había estado hablando Desmond en más de una ocasión, y eso le hizo ver que entonces... jamás la había conocido como creía, pero a la vez era... "ella". Se pasó un brazo por los ojos, dejándolo ahí apoyado, ya que esos pensamientos le agotaban mentalmente y no necesitaba alimentar aún más el cansancio que sentía. Continuaba tan pálido que no quiso fijarse demasiado en su reflejo cuando se había echado un vistazo en el espejo del baño, por eso... quería tratar de evadirse de su estado físico, porque se sentía extremadamente vulnerable, cosa que odiaba.

Supongo que... Ivette no se cayó de la silla accidentalmente, ¿verdad? — fue lo primero que dijo después de que transcurriesen esos minutos que se había dedicado a si mismo, en vez de haberle dedicado con más tranquilidad algunas palabras de gratitud; pero es que por primera vez en mucho tiempo, no sabía qué decir, ya que lo que se le pasaba por la cabeza eran las absurdas bromas que surgían ante precisamente ese bloqueo. Se obligó a cerrar los ojos con fuerza y agradecerle todo eso de alguna manera...normal, como cualquier persona de a pie, pero eso significaba ponerse algo "sentimental" y no quería. Si lo hacía, sería realmente consciente de lo que había pasado, por tanto... se olería sufrir un bajón emocional que le costaría contener, como cuando despertó en el hospital y lo primero que hizo fue echarse a llorar como un niño de teta, todo debido a la acumulación de tanta tensión y terror. No quería que la historia se repitiese más de lo que ya se estaba repitiendo.

Vuelvo a tener otra oportunidad. No sé cuantas llevo ya... pero esta te la debo a ti. Gracias...—dio un sonoro resoplido, sin poder remediar lo que iba a decir a continuación —has cometido una locura Emily... te has arriesgado demasiado— porque seguía con la idea de que no merecía que lo salvaran por muchas razones, entre ellas el que Emily tuviese familia y amigos, los cuales sufrirían mucho por su muerte. En cambio él  no tenía a nadie, exceptuando al pequeño Sandor. Se retiró el brazo de los ojos y ladear el rostro hacia ella para ver el aspecto que tenía — pero bueno... solo dime que te encuentras mejor— esperó su respuesta con un semblante serio.




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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Emily Yates el Lun Ago 18, 2014 2:15 am


OTRA OPORTUNIDAD

El calor de las llamas aún le latía en el rostro cuando la voz de Jackson sonó a sus espaldas, vibrando en un tono que bailaba entre la preocupación, el miedo y el respeto. Ella lo único que hizo fue girar los ojos en su dirección, porque sentía que no tenía ni fuerzas para moverse en esos momentos. Sólo le apetecía disfrutar del frío del suelo unos segundos más, pero él se aproximó a su lado lentamente y la obligó a erguirse. Casi estuvo a punto de darle un manotazo para que la dejase donde la había encontrado, pero entonces cayó en la cuenta de que lo que conseguiría así sería estrellarse de cabeza contra el suelo y eso era menos apetecible aún.

Así que se dejó guiar por sus manos frías, por sus consejos, obligándose a respirar con algo más de tranquilidad. Era cierto. El vampiro se había ido. Pero, ¿por cuánto tiempo? No quiso inquietarle con esas cuestiones porque ya bastante vulnerable debía de sentirse como para encima meterle más miedo en el cuerpo. Eso sí, le lanzó una mirada que era una mezcla de sorpresa y ‘te-mato’ cuando soltó lo de los contactos del móvil. ¿¿En serio esa era su mayor preocupación?? ¿¿El teléfono?? No sabía si despellejarle o simplemente arrancarle la cabeza, pero decidió que para eso necesitaba haber descansado unos minutos que no había tenido, de modo que lo dejaría para más adelante. Afortunadamente él captó la indirecta, por lo que pidió perdón mientras la ayudaba a ponerse de pie.

Se arrastraron —porque a eso no se le podía llamar caminar, sinceramente— lastimeramente hasta la moto. Emily agradeció sobremanera lo que estaba haciendo por ella, ahora que necesitaba algo de reposo, pero estaba más preocupada por el moratón y las secuelas psicológicas de todo aquello —en fin, había estado a punto de ser la cena de alguien— de él que por ella misma, porque con algo de reposo horizontal se le pasaría. Observó desde el suelo de nuevo, con cierta parsimonia, cómo se peleaba con la Harley para hacerla funcionar. Una pena. Con lo bonita que era… Esperó a que se diese cuenta él solo de que no podría montarla para esbozar una sonrisa irónica que se le borró cuando le propuso lo del hostal. ¿En serio? Lo peor era que en las condiciones en las que se encontraba no podía aparecer en su casa, más que nada porque no iba a llegar sin desmayarse antes por el camino, así que, con soberano esfuerzo, se irguió con ayuda de la pared.

Ya te mandaré a la mierda mañana por la mañana. Si Dina me ve en este estado tan lastimero me matará antes de darse cuenta de que puede arrepentirse.

Se apoyaron mutuamente para poder seguir avanzando, si bien afortunadamente no tuvieron que moverse demasiado porque había uno relativamente cerca, a menos de quince minutos. Le habría sugerido que cogiese la moto para llevarla con ellos, pero ambos estaban tan rendidos que no creía posible que pudiesen transportarla en buenas condiciones. Rezó para que no se la robasen, porque diantres, era una moto en buenas condiciones. El tiempo que transcurrió desde que llegaron hasta que se encontraron en la puerta de la habitación doble —gracias a Dios, no quería tener que compartir cama ni dormir en el suelo— se le pasó como un suspiro. Como si al cerrar los ojos estuviesen en recepción y al abrirlos arriba del todo. ¿Se había quedado dormida o algo por el estilo? Porque no recordaba nada de la transición.

Algo aturdida, avanzó por la habitación hasta caer en la cama en redondo, sin quitarse absolutamente nada; siquiera el bolso. Cerró los ojos sin percatarse de nada más, cayendo en una especie de letargo que ni siquiera la voz de Jackson o el sonido de la ducha consiguieron romper de todo. Todo lo que vio en su subconsciente eran llamas, fuego y chillidos horribles, además del olor de la carne quemada. No debió estar traspuesta ni tres minutos, pero para su mente fue como si se hubiese sumido en un profundo sueño de horas, porque se despertó sobresaltada, con la sensación de peligro acuciándole en la nuca y las ideas algo más despejadas. Parpadeó para ubicarse en la habitación de hostal, con el ruido del agua de fondo, hasta que se cerró de golpe. Volvió a dejarse caer sobre la almohada, observando a Jackson aparecer al otro lado de la puerta con la toalla en la cabeza. Le siguió con la mirada hasta que se tumbó.

Lo cierto era que quería decirle muchas cosas, explicarle otras cosas y, frunció el ceño al recordarlo, gritarle otras tantas. Reprocharle que su comportamiento la última vez había sido mezquino, que le había hecho daño otra vez y que se había pasado semanas no queriendo ni verle. Que probablemente podría haberle prendido fuego a él en otras circunstancias porque era un cerdo.

Pero no hizo nada de eso.

Sólo se levantó lentamente, dejando el bolso al lado de la cama, y se dirigió al cuarto de baño mientras él elucubraba sobre todo lo que le había acontecido en esa noche. Cerró la puerta para poder examinarse el cuello y la espalda. Sabiendo que podía arrepentirse de ello, usó sus propios poderes sobre sí misma, notando el escozor en las zonas afectadas. Al terminar lanzó un jadeo, pero no se demoró en regresar ni dos minutos. También se había asegurado de que la cola estuviese bien enrollada en la cintura para que no pudiese verla. Permaneció sentada un momento sobre el colchón mientras se quitaba los zapatos, escuchando lo que tenía que decirle, madurando y mascando las posibles respuestas.

Se introdujo bajo las sábanas como una carta en un sobre casi lista para cerrar, dándole la espalda a Jackson en todo momento, cubriéndose hasta la cintura. En realidad sólo tenía ganas de apretar los párpados hasta que le doliesen para intentar dormir, pero no podía. No podía. La conciencia le golpeaba como un martillo en la nuca; las palabras le ardían en la lengua y le necesidad de soltarlas era más imperiosa que la de intentar simplemente olvidarlo todo. Entonces se irguió, sentándose contra el cabecero de la cama y levantando las rodillas, abrazándose a ellas como siempre que se sentía incómoda, ya fuese por un motivo u otro.

No, Ivette no se cayó de la silla ella sola. Fui yo. La detestaba tanto que fue mi forma de vengarme de ella. Y el motivo por el que entré a buscar a Chester ese día fue porque sabía que, como yo, era un brujo. Incendió él solo el gimnasio porque controlar tus poderes es muy difícil cuando eres adolescente y te sientes tan tremendamente solo como se sentía él. Pobre criatura… —Suspiró—. Debí de haber seguido en contacto con él, pero en aquel entonces rehuía tanto de las personas que me dio miedo y se marchó de nuestro instituto casi a la par que tú, sin que pudiese hacer nada al respecto. Luego tampoco lo busqué. Como no te busqué a ti. —Se detuvo de sopetón, emitiendo un profundo suspiro—. Y puede que haya sido una locura pero no podía haber dejado que ese vampiro te matase. No habría podido sobrellevarlo en la conciencia, por mucho que tuviese ganas de arrancarte la piel a tiras. Así que… de nada. Cuando haya descansado un poco más me sentiré bien, no te preocupes. —Le dirigió una mirada muy breve—. Gracias a ti por no haber salido corriendo en ningún momento, aunque si lo hubieses hecho no te habría podido culpar, porque el miedo es muy traicionero…

Se sentía nerviosa porque tenía que continuar… En cierto modo se sentía obligada a explicarle el por qué de su comportamiento. Y empezar había sido tan fácil, tan ligero, y al mismo tiempo, en cierto modo tranquilizador. Como si se hubiese quitado un gran peso de encima. De modo que pensó que lo mejor que podía hacer era continuar expresándose en voz alta, extrayendo de sí sentimientos, pensamientos que había sepultado bajo el peso de la rabia durante aquel mes tan tremendamente largo porque sólo le habían causado dolor.

No era cierto —dijo con rapidez, de buenas a primeras, cuando hubo pasado un breve lapso de tiempo. Entonces sintió que le era mucho más fácil continuar, porque lo más difícil había sido comenzar—. Lo de que me alegraba de que nos hubiésemos separado. No era verdad. Yo… —se relamió los labios— yo te tenía mucho cariño; eras una persona importante en mi vida, de esas pocas que me hacían pensar en cosas como la amistad, y yo nunca he querido estar demasiado cerca de alguien porque al final… de algún modo u otro se van. Pero contigo, como con Charlie o Dina, o Sarah o Louis ahora, la cosa era diferente. Me abrí; más que ahora, porque en aquel entonces me era más fácil. Pero un día desapareciste sin más y… sufrí. Así que simplemente… te olvidé. Te olvidé y durante trece años no volví a pensar en ti ni una vez; escondí cualquier retazo de ti hasta que nos encontramos. Para nada. Sólo me reafirmé en mis creencias. Se van. La gente se va, así que, ¿para qué acercarte de nuevo? Por eso te dije que no quedaríamos más, que no nos veríamos más allá de los simples encuentros. Sin embargo… sin embargo también pensé… Pensé ‘Jack se irá. Como todos. Se morirá y yo seguiré viviendo eternamente, quizás hasta que se apaguen las estrellas, y no volveré a verle nunca más. Así que… así que dile que sí una última vez y luego seguiréis caminos diferentes’. Pero como todo, tú eso no podías saberlo cuando discutimos en el restaurante. —Agachó la mirada. No sabía en qué momento había entrelazado los dedos, y apretado de tal manera que tenía los nudillos blancos.


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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Jackson Evans el Miér Ago 20, 2014 9:39 pm


 


Dejó que un suspiro saliese de su boca, alargándolo todo lo posible sin ser consciente de ello debido al agotamiento y no sólo el físico, sino también el mental porque aunque ella le había salvado la vida, continuaba con la misma actitud esquiva y airada que él tenía pensado adoptar la próxima vez que se encontrasen; eso al menos era lo que había planeado hasta que mantuvo "la conversación" con Desmond, en la que  pudo entender no lo que le ocurría específicamente, porque no se lo dijo, pero sí que estaba marcada por el dolor. Que estaba "rota". Como él, pero sabía que de forma diferente.  Jackson había cambiado de parecer por ese motivo pero ella no; ella seguía en ese plan, ya había cumplido, así que había regresado a la cama después de haber visitado el baño y le dio la espalda, permitiendo que el silencio reinase en la habitación a pesar de que le había oído hablar. No sabía qué más decir... no se le daba bien esas cosas y mucho menos pedir disculpas cuando no tenía por qué ¿o sí? tal vez fuese el orgullo el único que le pusiera impedimentos pero así era él, cabezota y torpe. Eso le hacía sentirse mal, e incómodo, y un poco dolido si hablamos con franqueza; y si había dolor, significaba que le importaba.

Cerró los ojos para relajarse, para aislarse de todo lo que le rodeaba e imaginarse en su apartamento; durmiendo sobre la cama y con Sandor a los pies; sintiendo un leve cosquilleo  en sus piernas cuando el animal se moviese. Quería imaginarse que había pasado una noche magnifica y que a la mañana siguiente sentiría la lengua de su perro raspándole la barba para darle los buenos días. Pero no iba a seguir con esa ensoñación porque  sin esperarlo, Emily empezó a hablar. Abrió los ojos para enfocarla desde su posición, pudiéndola ver totalmente erguida en la cama, sentada de una forma que le hacía tan familiar que creyó sentir un Déjà Vu.

Lo de Ivette era obvio después de que se revelara que tenía poderes, como también lo era el odio que le profesaba porque esa chica hacía mucho daño a su amigo zanahorio; pero lo que no esperaba es que hablase de Chester porque no entendía a qué venía. Empezó a revelar cosas del pasado que, si ya se había quedado sin habla, en esos momentos se quedó sin aire. ¿Chester era también un brujo? Tragó saliva forzosamente dejando que su mente asimilara toda esa información; como la lamentación de la chica por no haber podido ayudarle más. Y sinceramente, no supo como tomarse que en vez de salvarle la vida le hubiera gustado arrancarle la piel a tiras, pero de igual modo... tendría que darle las gracias a la puñetera conciencia de Emily por haberla hecho actuar. Eso le hacía pensar que en ella no había ni un atisbo de estima hacia su persona... ¿pero acaso eso importaba?... Pues sí. Hace un par de párrafos que habíamos dicho que sí. Muy a su pesar.

Quería responderle pero no era capaz, aún procesaba todo y no sabía por dónde empezar; además, estaba el asunto de evitar soltar algún estúpido comentario como acostumbraba hacer en esos estados de nerviosismo en los que siempre metía la pata hasta el fondo. También le había agradecido que no saliese corriendo. Entonces sí que estaba confundido... si tanto le despreciaba ¿qué le importaba que hubiese salido huyendo? No tardó mucho en caer en la cuenta del por qué de su importancia;  ya que le dolería descubrir que le tenían pánico, que la rechazaran por ser lo que era, aunque ese rechazo viniese de un gilipollas como él.

Dio otro suspiro pero en esa ocasión fue más sonora y tosca al sentirse abrumado, de sentirse estúpido por comprobar cómo en momentos importantes, serios, era incapaz de hablar con fluidez;  pero cuando se trataba de lanzar alguna broma jocosa que en la mayoría de los casos estaba fuera de lugar, era todo un máquina. Pero no hizo falta abrir la boca todavía ya que Emily no había acabado después de que hubiesen pasado ya unos minutos. Aún le quedaba por manifestar lo que sentía con una soltura sorprendente y con la emoción propia de estar hablando desde lo más profundo de su alma. Parecía que el desahogo se había personificado a su lado,  y la abrazaba con más fuerza a medida que la chica soltaba a borbotones esas palabras con la misma facilidad como cuando se abre una herida, doliendo por igual.

Lo primero que dijo fue como una especie de bálsamo para su subconsciente;  que era el que había sufrido por eso desde que discutieron y que poco a poco se iba abriendo paso hacia la superficie revelándose por completo para ser consciente de ello. Sus ojos azul seguían puestos en ella sin haberse movido ni un ápice. Continuaba tumbado sobre la cama y con la cara levemente girada para enfocarle con una expresión atónica que iba tornando paulatinamente a una afligida.
De niño sabía el cariño que había sentido  por él pero tras desaparecer lo había olvidado igual que ella se olvidó de su existencia; se había obligado de ese cariño para no sufrir, para no pensar en todo lo que había dejado atrás una vez que los años habían transcurrido y que su falta de valor se había encargado de privarlo de ello. Pensar en que él inspiró esos sentimientos tan positivos le hacían daño; le entristecían de sobremanera a pesar de saber que era algo positivo, bello;  un dulce digno de saborear pero que perdió sabor durante el paso del tiempo quedando insípido... y una vez más, olvidado.  

Se sintió culpable, acusado de su tristeza por su ausencia, por su abandono;  cosa de la que ni siquiera pensó cuanto se fue porque sólo pensaba en huir y en sanar su desequilibrada mente y  recuperar el juicio. Pero el miedo se encargó de que no lo consiguiese, e incluso en la actualidad aún trataba de  reparar ese tormento. Su pecho lo notaba oprimido de tal manera que sentía su corazón palpitar con tanta fuerza que le hacía daño, y se ahogaba;  y se ahogaba porque recordó que nunca quiso hacerla sufrir entonces, que tan sólo quería acabar aquel año en un baile rodeados de luces y música, y no de criaturas extrañas. Y también se dio cuenta de que tampoco quería hacerla sufrir en el presente.

Su longevidad era la enfermedad crónica de su esperanza, porque era infinita. La desalentaba de tal manera que le robaba toda la vitalidad que desprendía cuando, por pocos momentos se olvidaba de eso y parecía feliz. Esa era la razón por la que le dijo que no quería más encuentros, no por otra despiadada razón que él había creído ver en su maquiavélica mente aquél día. Era por eso por lo que accedió a acompañarle. Jackson nunca pensó que volvería a sentir tanta pena, tanta tristeza en su vida, pero aquel descubrimiento había sido demasiado. Lo más sorprendente es que lo sentía mucho, muchísimo, pero principalmente por ella; llegó a tal nivel de empatía que deseaba, imploraba que se acabase porque le era imposible de soportar con serenidad.

Jackson volvió la cabeza hacia el techo de la habitación, quedándosela mirando fijamente unos instantes. Necesitaba tiempo para asimilar aquello. Se podía ver mejor como la saliva pasaba costosamente por su garganta, cómo su mandíbula se mantenía apretada y tensa en un intento de apaciguar esa pena que amenazaba con manifestarse en su faz. En sus ojos. Pensaba que ahora que sabía todo, podía dejar de molestarla y hacerla libre, ayudarle a que regresara a su recluida vida de alejar a los demás lo suficiente como para no tenerles un especial cariño; al fin y al cabo era lo que él hacía también, e incluso pudiera ser que por lo mismo. Miedo. En su caso no solo a querer y perder, sino a querer y huir,  ya que... aunque se había prometido terminar a aceptar la visión y todo lo que con ello acarreaba, temía que llegase a  un límite que no pudiera controlar.

Cerró los ojos otra vez para que de ahí no saliese absolutamente nada y cuando los abrió,  mantuvo el ceño tan fruncido que sus pestañas rozaban sus cejas. Había sido el chico vulnerable durante muchísimo tiempo;  el niño que huyó de su vida porque no fue capaz de soportarla; el borracho al que casi mataba un brujo porque simplemente... se quería morir; "la princesita" a la que había tenido que salvar Emily. Iba siendo hora de convocar a la firmeza y a la determinación, de pagarle como se merecía y con ello no quería decir que la fuese a compadecer, porque para eso ya estaba ella misma.  Así que fue él el que se irguió entonces, apoyando su espalda en el cabecero y su brazo sobre una de sus rodillas. La miró fijamente,  y en sus ojos aún podía verse la sombra del pesar pero decidido.

No era cierto...—repite y traga saliva para intentar tomar carrerilla en lo que iba a decir. En los baños ya se lo había dicho pero fue de una forma sutil y estúpida porque bromeó sobre ello—  que me arrepintiera de haberte salvado... porque lo hubiera hecho una y otra vez. Sé que antes ya te lo había dicho pero... en fin, ya sabes... —se pasó los dedos por los cabellos ya secos, tomando aire y apartando la mirada porque le costaba demasiado mirarla antes de darle una disculpa— Lamento lo que dije... muchísimo... Estaba rabioso porque no pude aguantar que me rechazaras, porque sí, me lo tomé así y muy mal... Y normalmente no me afecta pero esa vez sí que lo hizo... Claro que... no tenía ni idea de todo lo que escondía detrás— volvió a cruzar la mirada con ella — Sabes que desde siempre  he sido muy malo para estas cosas, así que no podrás esperarte gran cosa, ni que sea tan conmovedor como ha sido... todo lo que has dicho; porque lo ha sido, incluso para mi que pensaba que era inmune a estas cosas...—bufó esbozando una leve sonrisa, burlándose de sí mismo — Soy tan malo expresando lo que siento que hasta por escrito, pero de esto último ya te habrías dado cuenta hace mucho — musita eso último antes de continuar, algo confuso porque hasta ahora no se había acordado de aquella nota—. Bueno... venga... vamos... —vuelve a murmurar, animándose a sí mismo, y volviendo a mirarle a los ojos— Emily... creo que puedo entender tu temor, pero quiero que sepas que no voy a ir a ninguna parte. Esta no será la última vez que nos encontremos, ni fortuitamente, ni mierdas de ese estilo...—siempre tan poeta — porque no voy a dejar que te hundas en esta miseria a la que yo llamaría "autocompasión" y que no es más que un cepo que te deja congelado en el tiempo; te impide avanzar, evolucionar como persona, crecer..., vivir,  ser feliz...Te lo digo porque yo también estoy ahí pero estoy trabajando en ello. Y si tú no eres capaz de ayudarte a ti misma con el mismo ahínco con el que ayudas a los demás, tendré que atribuirme yo tal responsabilidad; porque quiero, y porque no te mereces esto. Tú... precisamente tú que te desvives por el resto y que te lamentas por los males ajenos como por ejemplo con Chester,  por no haber hecho más por él cuando quemó el gimnasio. De nada sirve apenarse por el pasado cuando no se puede hacer nada para arreglarlo. Piensa que le salvaste la vida y le demostraste que existen personas buenas. Le diste esperanza. Y ya está, no eras responsable de él. ¡Ah! sí, si no quieres que yo te ayude, tendrás que darme una gran patada pero luego acude a Desmond, por favor. No sabes bien cuanto le pesa tu sufrimiento...

Dejó de hablar un poco y cambió de postura, por lo que se sentó en la cama porque necesitaba la estabilidad del suelo bajo sus pies.

Quizás vivas hasta que se apaguen las estrellas, pero eso sería pensar muy por lo alto ¿no crees?. Observa a tu alrededor Emily... —negaba con la cabeza a la par que sonreía tristemente— estamos en un mundo de locos; de seres que quieren chuparnos la vida, de portadoras de la muerte en forma de inocentes hadas..., de demonios...que tan solo buscan la destrucción. ¿Crees que vas a vivir eternamente? Ilusa... Eres longeva pero no inmortal... sólo habría que echar la mirada hacia atrás y ver por lo que hemos pasado. Y que si a mi me cae una maceta sobre la cabeza, me mata, y a ti igual... aunque puede que yo sobreviviese porque soy mucho más cabezón que tú, eso está claro — suspiró y sonrió con cierta suavidad — Lo que quiero decir es que... no te atormentes. Aprovecha el momento y vívelo, porque cuando lo pierdas te arrepentirás de todo el tiempo que has perdido lamentándote y reprimiéndote por el miedo a la pérdida. Ella va a estar ahí siempre de una forma u otra —se encogió de hombros y se pasó las manos heladas por la cara antes de continuar, acordándose de pronto de la cantidad de cosas que hubiera querido cambiar de su pasado, pero ya no podía cambiarlo por ello quería demostrarle que era ahora en el presente cuando tenían que actuar sin miedo a abrirse... aunque a ver si era capaz de atribuirse sí mismo lo que decía— .Ojala hubiera pasado más tiempo con mi madre. Ojala no le hubiera rehuido tanto a sus besos de buenas noches. Ojala hubiera tenido el valor de quedarme en el instituto contigo. Y ojala nunca tengas que volver a usar esta maldita palabra en pasado, Em. Porque es una autentica mierda. — acabó de decir, inclinado hacia adelante, apoyando sus codos sobre sus rodillas y entrelazando sus manos. Sus ojos... sus ojos aún continuaban clavados en los de ella. Tan fijos que parecían que no se despegarían jamás.



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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Emily Yates el Jue Ago 21, 2014 11:57 pm


OTRA OPORTUNIDAD

Su silencio se le hizo tan insoportable como la falta de oxígeno.

Lo único que hacía era ahogarse en la incertidumbre de lo que diría, de lo que pensaría de ella. ¿Seguiría creyendo que era basura, que estaba podrida? ¿Seguiría siendo capaz de mirarle a los ojos sin juzgarla o sin temerle por su naturaleza? Y así mismo, se asfixiaba recapacitando sobre el hecho de que todo aquello realmente no tendría que importarle una mierda, porque ya se lo había dicho a Mishka. Jackson Evans estaba muerto y enterrado. Ya no iba a preocuparse por él nunca más. Pero, ¿hasta qué punto era todo eso cierto? ¿Hasta qué punto Jackson no seguía siendo, muy en el fondo, Jack? ¿Hasta qué punto su opinión sobre ella le era importante?

«Se ve que él te importa, y seguramente tú también le importarás a él.»

Las palabras del licántropo le resonaron con fuerza en la cabeza, casi de forma hiriente. ¿Seguía importándole, después de todo? ¿Por eso había acudido en su rescate, no sólo porque lo habría hecho por cualquier otra persona en apuros? Tragó dolorosamente y miró de reojo al joven, cuya vista estaba completamente centrada en el techo, como si aquello fuese lo más interesante que pudiese encontrar en aquel sitio mientras, probablemente, digería todo aquello que le había revelado. Esa era otra duda que le carcomía y otra cosa que se reprochaba a sí misma; ¿por qué demonios había sentido la necesidad de contárselo todo? Ahora se arrepentía, porque a él no le interesaba su vida; no le interesaba saber hasta qué punto estaba rota ni por qué. Y sin embargo lo había hecho. Y se había sentido tan bien tras hacerlo… como si le hubiesen quitado una pesada losa que llevaba cargando desde hacía años en los hombros.

Enterró el rostro en las rodillas, sintiéndose de nuevo esa niña tonta y demasiado vulnerable que él había conocido en el pasado. Esa que estaba en lo más hondo de su ser, encogida debajo de una enorme cúpula de cristal traslúcido que no dejaba que las figuras que pululaban fuera de ella se viesen con claridad. Esa que permanecía a la sombra de sus propias emociones por temor a que alguien rompiese su jaula para sacarla y luego dejarle sola en un mundo aterrador. Estaba tan asustada en esos momentos que incluso temblaba. Se sentía tan sola. ¿Por qué demonios había abierto ella la jaula? ¿Por qué le había abierto su alma, aunque fuese de modo parcial, para que pudiese ver dentro? ¡Nadie debía leer en su conciencia salvo ella misma! Tuvo ganas de girarse en la cama, cubrirse con las sábanas y desaparecer hasta el día siguiente una vez más.

Entonces Jackson habló.

Su voz resonó, algo titubeante al principio, y cuantas más palabras decía, más contundencia y más fuerza había en ellas, aunque a veces flaqueaba levemente; quizás porque a él mismo también le costaba sincerarse de ese modo. Prendió sus ojos castaños en él, sin perderse un ápice de sus reacciones o de sus movimientos; notó algo parecido al alivio cuando le dijo que era mentira que se hubiese arrepentido de salvarle la vida, y el agolpamiento previo al llanto en la garganta cuando dijo que lo hubiese hecho una y otra vez. Estaba demasiado agotada, física y emocionalmente, como para continuar pareciendo distante, justo como había pretendido mostrarse si se hubiesen encontrado en otras circunstancias, o incluso durante la propia persecución. Pero ella misma había abierto el grifo a su propia debilidad, a su propio sufrimiento; había abierto una ranura en la cúpula que permitía entrar la luz, y desde el interior seguía el haz hacia donde se encontraba Jackson al otro lado.

Asintió con la cabeza cuando le pidió disculpas, atenta. Incluso esbozó una rápida sonrisa cuando le dijo que siempre había sido muy malo para esas cosas. ¿Por escrito? Enarcó una ceja, no demasiado segura de a qué se refería, pero pronto lo dejó de lado para prestar atención a sus siguientes palabras; esas que parecía costarle sacar. Emily apretó los dedos contra sus piernas con la expectación latiéndole en las sienes, y lo hizo todavía más cuando le escuchó decir que no iría a ninguna parte, que no la dejaría sola. Era como si el cuerpo se le hubiese congelado. ¿Por qué Jackson quería entrar dentro de la cúpula? ¿Por qué quería ayudarle? No le debía nada. No tenía nada que agradecerle ni por qué intentar sacarla de ese cepo. Había acordado que cada uno seguiría por su lado, y por un momento deseó chillarle cosas desagradables para que se marchase porque el miedo que le inundó fue tan intenso que la paralizó. Ella no quería que entrase nadie. Le asustaba demasiado. Le aterraba siquiera la posibilidad de que alguien tocase a la niña y le provocase de nuevo un dolor que nadie podía entender. ¿Quién querría cuidar de alguien así?

«Tendré que atribuirme yo tal responsabilidad. Porque quiero y porque no te mereces esto.»

¿Qué sabía él de merecer o de no merecer? ¿Qué conocía siquiera de su vida o de su sufrimiento? ¿¡Por qué quería ponerse esa carga sobre los hombros!?

«Tú… precisamente tú que desvives por el resto y que te lamentas por los males ajenos.»

No sabía si era un reproche o un halago, pero de pronto le hizo sentirse muy avergonzada. ¿Era malo ayudar desinteresadamente a los demás, acaso? En sus labios parecía que no fuese algo bueno ni adecuado.

Cuando nombró a Desmond sus ojos brillaron, sintiéndose culpable de nuevo. ¿Le pesaba su sufrimiento? Debía de haberlo supuesto, conociéndole como le conocía. Siempre pendiente, siempre atento a ella, siempre intentando aconsejarle que saliese del ostracismo que se había autoimpuesto desde muy pequeña, desde que hubo sabido que su madre la había abandonado por ser una bruja y nada más. No entendía que no se cansase de intentarlo, como no podía entender, de nuevo, que Jackson quisiese seguir a su lado. ¿Acaso también tenía las mismas intenciones que en sus primeros encuentros? No necesitó reflexionar demasiado. Ni siquiera tuvo que pensarlo para que la palabra “Nunca” sonase contundente en su cabeza. En ese momento, casi con lágrimas en los ojos, tuvo la impresión de que le estaba hablando Jack, no Jackson. Jack, el niño que le había buscado con cariño hasta la saciedad. Jack, el niño al que había querido. Era él quien pretendía entrar en la cúpula, aunque hubiese cambiado lo suficiente por culpa de la edad. Seguía siendo el mismo, después de todo, a pesar de todo. Debajo de toda esa estupidez estaba el niño, como la niña seguía dentro de ella.

«No llores. No llores. No llores.»

Apretó los párpados mirando al techo, como había hecho él minutos antes, para impedir que nada fluyese fuera de sus ojos. Maldita sea, ella había querido mantener la distancia; había querido separarse, seguir su camino, pero él, por un motivo u otro, con unas intenciones u otras, seguía queriendo permanecer en medio de la vía, sin garantía alguna de que fuese a apartarse.

Aprovechar el momento y vivirlo. Bien, ahora Jackson también iba a unirse a la trupe que sabía de su condición y le decía eso cada día; ¡como si fuese tan fácil! Le costaba horrores abstraerse tanto, no mirar a alguien a la cara y pensar que también iba a sobrevivirle, dijese él lo que dijese, y que durante siglos sólo iba a ver borrones que pasaban rápidamente a su lado sin detenerse a mirarle. Porque ella no quería que se detuviesen. Porque si lo hacían, iba a terminar quedándose sin lágrimas. Y sólo tenía veintiséis años. Pero en parte, pensó, mientras se relamía los labios y volvía a colocar la cabeza sobre las rodillas, tenía razón. Sabía que un día miraría hacia detrás y se arrepentiría de todas las cosas que no había hecho, de todos los chicos a los que no había besado y de todas las amistades que no había hecho. ¡Pero resultaba tan difícil ponerle remedio cuando llevaba toda la vida huyendo de ello! ¡Tan complicado! Apretó de nuevo la frente contra las rodillas, sobrepasada por todo aquello. Que Jackson Evans, el chico que le había chillado, el ligón ególatra que había descubierto en el cuerpo de su amigo le estuviese echando la bronca por separarse del mundo era lo último que le faltaba por vivir. Casi era para reírse a carcajadas por lo irónico que resultaba todo aquello.

Permaneció encogida en la misma posición, cuando empezó a hablar de su madre. Es verdad. Ella había muerto hacía trece años. Trece… Ellos eran tan jóvenes en aquel momento, tan niños. Y Jack se había sentido tan solo y tan perdido, seguramente… Que de nuevo sintió lo mismo. ‘Ojalá hubiese podido ayudarle.’

«Tiene razón… Dios, tiene toda la razón. Tantos ojalá. Ojalá. Ojalá. Me paso la vida lamentándome por cosas que no me he atrevido a hacer, por cosas que he dejado pasar porque he sido demasiado cobarde, porque he tenido demasiado miedo para afrontar. Pero… ¿cómo luchas contra ese miedo? ¿Cómo le haces frente? ¿Cómo puedo hacer que las piernas no me tiemblen al pensar que me estoy acercando demasiado a alguien que puede o tenerme miedo o irse de nuevo? ¿Cómo puedo perder el miedo a llorar si alguien que me importa desaparece?»

Em… —murmuró con voz lánguida contra sus rodillas, casi al borde del llanto, como si fuese una broma—. Nunca pensé que volverías a llamarme Em. Aquel día pensé que habíamos terminado de romper la brecha que se había abierto entre nosotros trece años atrás, y lo preferí. Porque así era menos doloroso todo. Si alzas el muro y lo haces insalvable no tienes que preocuparte de que nadie lo traspase. —Se irguió, aprovechando el movimiento para pasarse las manos disimuladamente por las pestañas para dispersar las lágrimas que querían fugarse—. Pero tú sigues intentándolo. A pesar de todo. Sigues, y sigues, y sigues. Siempre fuiste un condenado cabezota, de eso no tengo la menor duda.

Entonces cruzó sus ojos con los de él, y de pronto se vio envuelta en el abismo que había olvidado hacía años, porque era la misma mirada que le había taladrado de niña. La misma intensidad. Casi parecía quedarse pegado a ella, así, mirándola por toda la eternidad, y eso le hizo sentirse pequeña, insegura y asustada. Parecía que iban a atravesarla de lado a lado, que iban a perforarles a ella y a su cúpula para que saliese de la reclusión en la que vivía. Pero…

¿Por qué? —Sin darse cuenta había salido de debajo de las sábanas y había adoptado la misma posición que él, sentada al borde de la cama—. ¿Por qué quieres esforzarte por mí? ¿Por qué quieres ayudarme cuando tienes tus propios problemas? Tú y yo ya no somos nada, Jackson. Nada. Nos aseguramos de eso la última vez que nos vimos. Te lo he dicho. Puse el muro. Lo levanté porque no quería que volvieses a pasarlo —hablaba casi con frenetismo—. No podía consentirlo de nuevo. Pero estás ahí intentando escarbar y yo no sé por qué. —Al final las lágrimas salieron de nuevo—. No entiendo el por qué. Digas lo que digas tu vida es limitada y no deberías desperdiciarla intentando arreglarme. —Se las limpió con rapidez, incómoda. No le gustaba llorar delante de los demás ni dar pena, y joder, llevaba así toda la puta noche—. Agradezco tus palabras, y tus intenciones. De verdad que sí. —Intentó tranquilizarse un poco porque sabía que si continuaba así, Jackson la mandaría a la mierda, ella respondería mal y, aunque era más fácil el odio, no tenía voluntad ni fuerza de espíritu para discutir con nadie—. No quiero que pienses que no lo hago porque no es así; sobre todo teniendo en cuenta que hasta hace poco más de un mes lo único por lo que te interesabas por mí era para llevarme a la cama. Supongo que Desmond ha tenido algo que ver en este cambio porque este hombre obra maravillas… Y también tu propia fuerza de voluntad, y eso es realmente loable. Y envidiable. Yo no me siento capaz de salir de mi burbuja, y me da mucho miedo que me saquen. —Sonrió con tristeza—. Por eso te lo pregunto con tanta vehemencia… ¿por qué? ¿Por qué no sigues con tu vida y me dejas detrás? No soy tan guapa ni estoy tan buena ni soy tan interesante —bromeó, casi riéndose—.  Habrá personas que merezcan tu tiempo mucho más que yo, como por ejemplo tú mismo. Porque si tienes que salir del cepo es porque estás tan dentro como yo y alguien no puede cargar con dos cuerpos. Céntrate en ti. Yo tengo toda la eternidad para arreglarme sola.

Emily nunca solía mostrarle esta cara a nadie, tan oscura, tan pesimista y tan siniestra. Prefería sonreír, y siempre llevaba el calvario en lo más profundo de su ser, porque no tenía por qué molestar a nadie con sus depresiones y sus traumas.  A veces emergían pequeños retazos, como la vez que se dejó llevar y se desahogó con Mishka, justo después de su gran discusión. O con Dina y Desmond, pero sólo cuando se sentía tan vulnerable y tan inestable como en ese momento. Tan perdida y tan sola. Y lo peor, lo más horrible de todo aquello, es que sabía a ciencia cierta que el único motivo por el que se sentía así era porque ella misma lo había elegido. Y ahora venía otra persona, alguien de su pasado que quería ayudarle, ¿y qué era lo primero que hacía? Cuestionar sus motivos.

Estaba sola porque era lo que se había buscado, y sólo por eso lo merecía.


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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Jackson Evans el Vie Ago 22, 2014 3:02 am


 


Jamás se hubiera imaginado que terminaría soltado  todo lo que le acababa de decir. Palabras que le llenaban la boca y el corazón, porque las había dicho con tanta franqueza que se sentía libre... en paz. Era sorprendente lo liberador que podía llegar a ser la verdad... lejos de usarla para hacer daño a los demás; porque decían que la verdad dolía, pero sólo cuando se trataba de sentimientos negativos. Ahora... ahora se sentía muy valiente, y debía mantener ese pensamiento en el tiempo que durase la conversación, antes de que regresara la absurda idea de que los sentimientos eran de débiles, de gays, de niñitas, y se olvidase de la plenitud que estaba sintiendo en esos momentos. Antes de descubrir que él también se estaba despegando de su propia cúpula; que a diferencia de la de Emily, era tan oscura que no le permitía ni ver, ni que el resto viesen lo que había realmente en el interior.

Ya había dicho todo lo que tenía que decir, ahora esperaba a ver la reacción de Emily; la miraba con tanto detenimiento como cuando se estudiaba el universo porque aún había mucho misterio en el, y lo cierto era que... en esos momento se sentía igual que flotar en ese infinito vacío, sin aire. Se ahogaba porque su sinceridad hubiera sido demasiado para ella a pesar de haberla usado en su beneficio; pero el oxigeno llegó en cuanto ella musitó algo, muy bajito, con la cara parcialmente escondida entre sus rodillas.

Em... era cierto. La había llamado como antaño y eso le consternó un poco.  La escuchó en silencio pero continuaba con aquella mirada inquisitiva, sin renunciar a ella; porque ahora no podía dejarse vencer por el miedo a ser descubierto;  principalmente porque ya era tarde, y por otro lado porque... porque sentía que le necesitaba. A él. A lo de "cabezota", tuvo que dedicarle una pequeña sonrisa ladeada, pero en ella no había nada de suficiencia. Continuaba, seguía con la mirada fija en sus ojos marrones cuando se movió para imitar su posición y sentarse en la cama, frente a él.

¿Por qué?
Él parpadeó lentamente a la formulación de esa pregunta, como también escaneó todo su rostro a medida que continuaba hablando, que relataba la situación actual que los rodeaba, donde no eran nada.  Se reprimió tanto las ganas de interrumpirla y discutirle algunas cosas que para ello, apretó con algo más de fuerza sus manos entrelazadas, tanto que le empezaba a molestar los huecos entre dedo y dedo; pero tenía que esperar, ser paciente... porque era normal que estuviese confusa, hasta él lo estaba aunque aparentara seguridad.

Él sonrió otra vez, tranquilo. Le hacía gracia que le dijera que no debía desperdiciar su vida intentando arreglarla; peor era desperdiciarla haciendo el mal a los jóvenes cada Sábado por la noche, o trabajando en el bar sin ser su mayor deseo en la vida. Aquello era la mejor salida que podía tener en su vida... y olvidarse del egoísmo un rato, porque en realidad nunca le sirvió. Se distrajo  viendo el descenso de sus lágrimas  por su mejilla hasta que ella las interrumpía con un rápido gesto de la mano ¿por qué? ¿por qué no dejaba que las lágrimas siguiesen su corto descenso y dejarlas morir haciendo su cometido? Si al fin y al cabo ya se había expuesto ante él y exponerse era de valientes... Bien... Jackson aún lo recordaba, aún se afianzaba a ese concepto.

Bufó en otra sonrisa, aguantando la risa y bajando la cabeza sólo en el instante en el que dijo que antes no pensaba en otra cosa que acostarse con ella. Culpable... Aunque esa idea ya se la había quitado de la cabeza porque no podía aprovecharse de alguien vulnerable, de alguien hundido y fragmentado. ¿Pero era por orgullo o por ser Emily? Precisamente por la sospecha de la importancia que podía tener ella quería hacerlo, pero ahora tendría que buscar otro camino para descubrirlo.

Iba hablar, y tenía que hacerlo respondiendo a muchísimos por qués que ni él mismo conocía la respuesta, al menos no conscientemente por lo que hablaría y vería que era lo que salía por su boca; todo un riesgo viniendo de él pero si lo pensaba, seguramente mentiría o no lo diría.

La Bestia tampoco estaba hecho un gigoló pero oye... tenía éxito; pero creo que era por el gran palacio y sirvientes que tenía — se rascó la mejilla con aire distraído mientras desviaba la mirada a un lado — Bueno ¿qué importa el por qué si decides darme la patada? porque si lo haces yo me iré; me marcharé y no volverás a verme hasta que el destino se le ocurra unirnos otra vez... igual que esa leyenda japonesa que me contaste — la miró alzando las cejas, dándole a entender que había cosas que no había olvidado aunque siempre aparentaba que lo había hecho. Se quedó callado un momento, mirándola fijamente, analizando sus gestos y esperando el momento idóneo para hablar otra vez — ¿Te lo has creído? ¿te he dado falsas esperanzas? pues lo siento porque era broma; insisto,  no voy a irme a ningún lado. Y puedes enfadarte, patalear, golpearme, porque al menos así te olvidarás de esa tristeza que te carcome por dentro y te está robando la vida.

Era tan complicado responder el por qué... esa preposición interrogativa se seguiría repitiendo constantemente en su cabeza hasta que respondiera. Se sentía de pronto como en un examen; exactamente como cuando se estudiaba algún tema y se quedaba bloqueado sin saber por donde empezar.

El por qué... Em... Esto es peor que un examen de lengua... —se sonrió enseñando los dientes y dejando unos segundos pasar — Y te llamo Em porque me sale, a lo mejor estamos dentro de una especie de máquina del tiempo que nos ha trasladado a un lugar extraño y nostálgico. No sé. —se rió de forma nerviosa, ya empezaba con las estupideces. Se aclaró la garganta, se llevó las manos a la cabeza como comprobando que estuviese en su sitio y regresó a su posición original con la diferencia de que esta vez dejó las manos libres  aún con las muñecas apoyadas en las rodillas — Tal vez haga esto porque yo ya no estoy solo; tengo a Desmond y a Sandor, que oye... aunque no lo parezca, escucha; me refiero al perro —sonrió nuevamente por la gracia — Y sí, es verdad que no somos nada pero lo hemos sido; y me dirás "el pasado, pasado está, bla bla bla"—lo dijo hasta tratando de imitar su voz — tonterías... siempre ha importado porque si nos lamentamos por el, no podemos ser hipócritas y quitarle importancia para justificar nuestros actos actuales. Así que ya tienes otra razón — suspiró, dándose cuenta que de pronto sentía las palmas de las manos sudadas, por lo que se las fue secando en los pantalones. No podía mostrarse inquieto delante de una Emily nerviosa e insegura — Y no pensaba discutírtelo pero oye... me sale del alma hacerlo, así que... Que no, que mi vida puede estar igual de limitada que la tuya, y no la desperdicio porque creo que si consigo arreglarte, será el mayor logro que pueda hacer en toda mi vida — entre abrió los labios y parpadeó un poco anonadado por lo que dejó salir sin echar el filtro, pero daba igual, había que seguir adelante — porque no he hecho nada bien, ni desinteresadamente desde hace trece años, Em. Ni si quiera por mí, porque el egoísmo tampoco me ha llenado; a lo mejor las dos primeras horas donde me siento de puta madre pero luego me vacío como un puto globo al desinflarse, o en su defecto... un palomo — la miró otra vez con la misma intensidad que antes, observando el brillar de su mirada, de aquellas lágrimas que seguían acumulándose en sus ojos — porque quiero que llores y termines de desahogarte de una maldita vez. Ohh sí, el malo de Jack quiere hacerte llorar.  Puedo hacerlo... puedo decir cosas bonitas si me lo propongo y... ¡ah! y olvídate de la vergüenza o del orgullo  porque ahora mismo redacto un contrato que nos comprometa a no hablar de esto nunca más.

No había ni papel, ni bolígrafo ni nada por el estilo al menos a simple vista, pero daba igual, el asunto era apagar el fuego que la devoraba, o achicar el agua que la ahogaba.

El muro es una mierda... No... así no voy bien... —le sonríe de nuevo con un ápice de nerviosismo — La voluntad se gana si te propones a conseguirla, pero nunca... nunca digas que lo intentarás porque terminarás fracasando — deslizó su mirada hacia las manos de la muchacha, sus brazos y hombros. Él mismo movía las suyas nerviosas, pensando en  apoyar su mano en su brazo... o en su hombro, pero sabía lo que podía provocar que la tocasen; estaba asustada y  de no ir con cuidado podría salir corriendo, derribando todo lo que estaba consiguiendo — ¿Porque no puedo dejarte atrás? porque ya lo hice una vez... me marché y desde entonces me he lamentado por todo lo que perdí. No puedo recuperar lo que allí se quedó, pero al menos puedo remendar aunque sea un poco mis errores; y he descubierto esta noche que tu aflicción es el peor de ellos Em... y no me quiero morir y que tu vivías tu "supuesta" inmortalidad con ese peso...  Y por favor... zanjemos esto antes de que mañana vuelva a ser un gilipollas — tragó saliva costosamente, clavando los ojos en el suelo entre sus pies. Se mordió el labio inferior para evitar que este temblase y una vez tranquilo alzó la mirada hacia ella, otra vez con decisión y le acercó el meñique estirado — prométeme que saldrás de tu cepo... y entonces yo saldré del mío; lo sé, soy un ser despreciable por hacerte chantaje emocional pero... sigo siendo un ser indigno. — le sonrió levemente, aparentando ahora sí, cierta burla pero en el brillar de su mirada podía notarse la chispa de la emoción.




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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Emily Yates el Lun Ago 25, 2014 3:14 pm


OTRA OPORTUNIDAD

Emily recordaba perfectamente el día en que había decidido que la gente sólo le traería problemas y sufrimiento, a pesar de que por aquel entonces era muy pequeña. Hacía poco que habían despertado sus poderes, dándole aquel susto de muerte a esa niña, y permanecía sola en el patio, jugando con su muñeca, como siempre. Observaba a los otros críos de lejos, pensando en su madre, en su abuela, en sus compañeros de guardería, recapacitando —todo lo que una criaturita de cuatro o cinco años podía hacer— acerca de lo sucedido y su propia naturaleza. Su mamá se había marchado porque había pensado que no iba a poder cuidar bien de ella siendo tan diferente —bendita mentira que le había contado su abuela años antes de conocer la verdad—, así que, ¿qué le garantizaba que nadie, ningún humano, iba a poder conseguirlo? Dina era especial porque había tratado con muchos como ella pero, ¿y el resto?

Aquella idea había sido el germen que luego, al crecer, habría mutado en lo que ella era ahora. Una persona, simplemente, distante con los demás. Los que habían tenido más o menos trato con ella a lo largo de su vida al final siempre se lo habían terminado achacando; era simpática, era amable, era dulce y sincera, pero siempre alejada. Los únicos que habían pasado eso por alto, como si no fuese con ellos, habían sido Charlie y Sarah. Y Jackson, el niño que había crecido en el hombre que tenía frente a sí, observándola mientras le respondía y le preguntaba, casi al mismo tiempo.

El hombre que se había afanado en despreciar durante más de un mes para… ¿qué, al final? Para nada. Para nada, porque ahí estaba ella, habiéndose jugado su vida por él, habiéndole revelado uno de sus más profundos secretos y, ahora, abriéndose y contándole sus miedos uno por uno, como una imperiosa necesidad. Se reprochó a sí misma. ¿De qué le había servido estar rumiando todo ese tiempo si al final no era tan importante? Evidentemente ahora no iba a ser todo sonrisas ni amabilidad pero… pero esa repulsión que le había inspirado ya no estaba dentro de ella. Aunque claro, quizás era por lo emocional que se encontraba en ese momento. Igual al día siguiente había vuelto a cambiar de parecer. Pero lo dudaba.

Sus respuestas no se hicieron esperar. Emily clavó nuevamente su mirada en él, intensa, ansiosa, en parte, por conocer. No supo exactamente qué predominó en ella cuando le dijo que si no le quería a su lado se marcharía… si alivio o… decepción. Decepción que le cortó la respiración y le hizo darse cuenta de que no era más que una niñata estúpida que quería aparentar ser distante cuando en el fondo era todo lo contrario. Al decirle que se quedaría con ella se había… ilusionado, en cierta manera, casi al mismo nivel que había sentido un fuerte pánico. Porque Emily era así; quería acercarse y al mismo tiempo le espantaba la idea. Era un mar de profundas contradicciones provocadas por el simple hecho de que no se encontraba capaz de aceptar lo que era. Y Jackson tenía razón. Era tan fácil como disfrutar del momento. Pero al mismo tiempo, para ella, resultaba tan complejo…

Idiota… —fue lo único que le salió por los labios cuando él le dijo que todo había sido mentira. Otra vez las lágrimas. Maldito Jackson. Maldito Jack. Siempre había sabido dónde dar para hacerla sentir más vulnerable que nadie.

Robarle la vida… Se relamió los labios mientras volvía a limpiarse las pestañas de restos acuosos. ¿De verdad le estaba robando la vida? ¿Le estaba consumiendo, dejándole en una criatura casi sin expectativas ante los demás? Sonaba tan triste y tan desgarrador con esas palabras y en labios de otra persona…

Entonces llegó la explicación del por qué. Y Emily no habría sabido decir si su confusión era mayor o menor antes de que él respondiese, porque empezó a hablar de mil cosas para intentar hilar sus pensamientos en aras de llegar a una conclusión. Estuvo a punto de reírse; incluso se sonrió levemente. Realmente a Jack nunca se le había dado bien hablar de esas cosas… pero realmente consiguió tocarle el alma con algunos de sus comentarios, aunque no supo si le gustó el ser su acto desinteresado o no. No creía que lo hiciese solamente por eso, ¿no? Jack no iba a estar pendiente de la primera pobre alma caritativa que necesitase consuelo y una mano firme que le ayudase a espantar todos sus temores de forma paulatina. Eso sería retorcido y egoísta, y eso era de lo que él estaba intentando huir. ¿Verdad? Del egoísmo en el que se había visto sumergido durante los últimos trece años, aunque ella sabía que eso tampoco se iba de un plumazo, como sus propios miedos. Si se quedaba con ella preveía que al final aquello iba a ser un tira y afloja en el que ambos iban a tener que estar tirando de la soga del otro para intentar recuperarle; algo que no sabía si quería hacer. Porque se conocía. Se conocía y sabía que al final se terminaría implicando con él de alguna forma; intentaría ayudarle porque, como muy bien ambos sabían, nadie podía sacarse del cepo por su propio pie.

Suspiró. Le estaba tendiendo una trampa, maldito fuese él y toda su estampa. Una trampa emocional. Cuando le vio alzar el meñique sonriéndole con esa expresión sus sospechas quedaban confirmadas. Estaba usando lo que sabía de ella para atraparla, para, supuestamente, ayudarla a salir del hoyo en el que ella misma llevaba enterrándose más de veinte años. Y lo peor era que seguía exactamente sin saber el por qué de sus motivos; ¿por ella?, ¿por él mismo?, ¿por los dos?, ¿por lo que habían sido? Quizás ni él lo tuviese del todo claro. Como ella tampoco sabía exactamente por qué una parte de sí, grande, enorme, fuerte, le estaba abocando a que dijese que sí. A que se dejase consolar, que se dejase cuidar y llevar, para variar. Porque todos necesitamos que de vez en cuando nos arrulle una nana, y Emily llevaba escondiéndose de ese hecho casi toda su vida.

Observó su meñique alzado durante varios segundos, respirando profundamente mientras pensaba qué hacer. Una promesa. Volvió a esbozar una ligera sonrisa.

Esto no es como llevarle comida buena a alguien que esté en el hospital… —susurró, temblorosa. Era increíble cómo, poco a poco, casi podía ir recordando esas pequeñas y estúpidas conversaciones que habían tenido de niños.

Llevada por un ligero impulso, se arrodilló frente a él y le cogió de la mano, completa, no del meñique. Era más grande que la suya, y, a pesar de que había perdido sangre en ese momento estaba lo suficientemente cálida como para ser agradable. Observó el contraste de ambas pieles la una sobre la otra, de sus dedos delgados y finos con los de él, algo más robustos, mientras recapacitaba un poco más su respuesta.

Mi aflicción… no fue un error tuyo. No fue un error de nadie salvo mío. Soy yo quien se hunde, y porque quiere. —Su voz sonó algo rota, pero decidió continuar—. Te lo diré una vez más, aunque sé que no va a servir de nada, pero no soy responsabilidad tuya. No soy responsabilidad de nadie, sólo de mí misma. Hace años que lo comprendí, aunque tampoco puse remedio para ello porque me asustaba demasiado. Salir… salir del cepo no es algo fácil, y tampoco quiero arrastrarte conmigo, así como me da miedo que pongas en mis manos la responsabilidad de que te cures. Eso no es justo ni para ti ni para mí. —Frunció el ceño diciendo eso—. Así que no acepto tu promesa de que si yo no salgo, tú no sales. Eso es cruel. Es muy diferente a que salgamos los dos juntos, aunque eso tampoco te lo puedo prometer. No consigo salir yo por mi cuenta, ¿cómo voy a conseguir sacarte a ti? —Le hormigueaba todo su ser; desde la raíz del pelo hasta la punta de los pies. Le recordaba que estaba viva, que tenía emociones, y que tenía el derecho a poseerlas. Que su humanidad era grande y por eso sufría. Por eso sufriría siempre—. Sin embargo tienes razón; sufriré en la vida, haga lo que haga. Si me alejo, me arrepentiré y por ello padeceré; si me aproximo, sufriré por no arrepentirme, aunque quizás igual lo haga. De modo que… de modo que lo que puedo prometerte es que intentaré tirar por tierra esa inseguridad. Digas lo que digas, no puedo ir de cero a cien en menos de un minuto, echar abajo todas mis barreas y permitir que todo el mundo entre. Nadie puede. Es algo… progresivo y paulatino, que necesita mucho sacrificio y muchísimo esfuerzo. —Abrió las manos de ambos y entrelazó los meñiques suavemente. La nostalgia le golpeó con tanta fuerza que le hizo temblar—. Así que, de momento, tendrás que conformarte con esto. Es todo lo que puedo ofrecerte.

Se separó suavemente, abandonando el calor de su mano para regresar a su cama, donde se sentó con los ojos centrados en el suelo, en la punta de sus pies. Permaneció unos segundos en silencio, sopesando qué hacer y qué no. Entonces, al final, estiró el brazo hacia su bolso para extraer de él su libreta de dibujo; cogió un bolígrafo y garabateó algo sobre la primera hoja que encontró sucia. Luego la arrancó, guardó el resto y se puso de pie de nuevo, quedando plantada frente a él con una expresión que iba entre la indecisión, la confusión y  casi, un arrepentimiento demasiado prematuro. Le tendió el fragmento de papel, donde se podía ver escrito un número.

Es mi teléfono. —Antes de que pudiese cogerlo, Emily lo retiró, mirándole con cara de reproche, a modo de advertencia—. Úsalo cuando tengas alguna urgencia o algo importante que decirme. Si empiezas a escribirme chorradas te ignoraré o te mandaré a la mierda, una de dos. —Por primera vez en toda la noche, Emily esbozó una sonrisa socarrona, a pesar de que en sus ojos aún brillaban restos de lágrimas y de tristeza—. De modo que te hago responsable de mis reacciones porque estás avisado. —Suspiró—. Y si no quieres irte, no te vayas. Considera esto como el primer paso que puedo dar sin salir huyendo o volverme completamente loca. Aunque creo que de eso te encargarás tú sólo, auguro —dijo con cierta resignación.

Soltó la nota con lentitud, permitiendo que él la tomase, y regresó otra vez a su cama, guardando las distancia entre los dos. Un paso era un paso. No un océano.


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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Jackson Evans el Lun Ago 25, 2014 10:19 pm


 


Era muy complicado responder con claridad una pregunta que ni él mismo sabía, había contestado con conjeturas que no dejaba nada en claro. Pero eso no era más que el reflejo de sus propios sentimientos, porque tampoco sabía qué sentía, aparte de la lástima y el arrepentimiento que se remolineaban dentro de su estómago. ¿Pero qué había de Emily? Ella era la fuente de su yo adolescente, o eso había querido creer  para convencerse a sí mismo de que se había secado con el paso del tiempo, pero ahora que había vuelto a ella se dio cuenta de que no era así, que el agua seguía fluyendo libremente  y eso le asustaba. Porque en el fondo tenía mucha sed; sed de esos tiempos que nunca regresarían, porque al fin y al cabo  los años de habían encargado de ello. Él y ella. Todo era diferente, sobretodo porque  ya no eran ignorantes el uno del otro, y lo distinto siempre asustaba. También estaba el añadido de que esa noche se habían dicho demasiadas cosas como para poder asimilarlas en unos minutos.

Se daba cuenta que eso les unía más de lo que quisiera, más de lo que siempre había rechazado de cualquier persona y obviamente;  cosa por lo que hubiese huido sin pensárselo dos veces porque nunca le había gustado comprometerse con nadie, ni responsabilizarse de ningún modo por lo que eso traía consigo. Pero era Emily. Y otra vez ese bucle que se repetía una y otra vez  carcomiéndole las entrañas ¿Y qué? joder... ¿y qué? Eso era lo que más le frustraba. ¿Era lástima? ¿era nostalgia? ¿pudiera ser cierta estima? ¿en serio? Cómo iba a ser posible si ya no eran nada, solo reflejos de lo que una vez fueron. Si desde que se reencontraron solo hubo dolor, desengaño, decepción, y hasta pinceladas de odio en ese lienzo caótico que ambos protagonizaban. ¿Podrían volver a pintar encima? podían intentarlo aunque habría que dar muchas capas de pintura para borrar lo que había detrás.

Seguramente, cuando Jackson cayera en la cuenta de todo eso intentaría reflexionar sobre ello, pero dudaba que pudiera llegar a alguna conclusión, no todavía.  Ahora tenía que olvidarse de él y poner toda su atención en la vulnerable Emily que al final había acabado sucumbiendo a las lágrimas que corrían libres por su mejilla. Él las veía caer con la misma tranquilidad que antes, pero sonriendo débilmente ante ese repentino insulto del que estaba tan acostumbrado.

No sabía realmente cómo le había sentado la "respuesta" a la bruja, qué era lo que estaría pensando de él en esos instantes pero ya quedó dicho y no había vuelta atrás. Y cierto era que la promesa que quería hacer con ella no era como la original, ni de lejos, pero había que intentarlo, así que simplemente se encogió de hombros a su comentario.

Intrigado, la observó arrodillarse delante de él, abandonando la cama donde había estado sentada segundos antes, y no le tomó el dedo con el suyo, sino que le cogió la mano. Los ojos azul claro del hombre se fijaron en esa unión con gesto confundido y extraño, como si eso fuese más sobrenatural que ese mundo que los rodeaba con la diferencia que a eso no le tenía miedo. Al comienzo de sus palabras, él regresó la mirada a ella de forma inquisitiva  y entreabrió los labios en una sonrisa que acompañaba su mirar. Era gracioso que... de forma tranquila y calmada, los dos estaban pecando de cabezones; estaban en tal estado de generosidad, tan llenos de, en parte, culpabilidad que le parecía que estaban negociando la forma de salir los dos a flote.

Creo que si seguimos así no acabaremos nunca. ¿Y soy yo el cabezón? — dio un suspiro a la vez que apartaba la mirada de la chica y la volvía a clavar en las manos unidas que ni siquiera movió en ningún momento. Era como si se sintiese algo intimidado— Así que voy a ceder un poco... porque  creo que tienes razón... al menos en parte, no quisiera que se te subiese a la cabeza. No me adjudicaré toda la responsabilidad, de acuerdo. Y tú tampoco. hasta ahí bien, pero después de esto no puedes pedirme que me mantenga al margen. ¿Por qué no puedes prometerme que salgamos juntos de toda esta mierda? Si te tropiezas, te levanto, y si soy yo el que cae, igual ¿vale? ni para ti, ni para mi. Es lo más justo ¿no? — el pecho se le infló al dar una amplia bocanada de aire y dejarla salir rápidamente por la nariz. Emily era mucho más consciente de su problema  que él del suyo, y prometió que trataría de cambiar poco a poco esa inseguridad que la había arrastrado a su situación actual.  Él la miraba con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido porque no había obtenido lo que quería pero al menos era un avance. ¿Era de lo que podría sentirse orgulloso? — Bueno... tampoco dije que de la noche a la mañana hicieras una "party hard" en tu casa invitando a todos tus vecinos... es obvio que se debe hacer poco a poco y meterás la pata muchísimas veces —se sonrió a sí mismo y hasta se rió, ya que recordó esas palabras del mismísimo Desmond— pero te aviso de que yo tengo el record en eso, y que jamás de los jamases me superarás — alzó el mentón como si estuviese orgulloso de ello — Bromas a parte, para variar... a mí también me está costando lo mío, pero mira, poco a poco lo voy asumiendo pero no he podido hacerlo solo, porque al estar solo no quería solucionarlo, porque me auto convencía de que todo estaba bien, de que todo era como debía ser, y supongo que tu pensabas igual de tu situación. Te resignabas y te refugiabas en donde creías sentirte a salvo.

Bajó la mirada y ahí estaban;  sus mequiñes entrelazados y eso le hizo sentir un estremecimiento. ¿Qué hacía? una promesa a esas alturas y de tal importancia le hacía sentir un vértigo de mil demonios... y eso que Emily había rebajado un poco el significado de esa promesa.

De acuerdo. No digo que esté del todo contento con esto pero algo es algo, pero te estaré vigilando. Eso es irremediable porque no quiero permanecer al margen, como ya te dije.

Cuando se alejó, él se acomodó en la cama porque había sentido de pronto el peso del cansancio que le atravesó el cuerpo cansado. La vio coger un cuaderno y escribir en el. Al entregárselo no se lo quiso creer, le había dado su teléfono móvil. Jackson  alargó la mano rápidamente para atraparlo pero ella  fue más rápida y lo retiró para darle un aviso. ¿Una urgencia? ¿eso significaba que volverían a esos encuentros fortuitos y no quedarían? porque no sabía en qué estado había quedado la relación, la verdad sea dicha... la cosa seguía siendo muy complicada. ¿Y qué iban hacer? Su finalidad hasta ahora era intentar acostarse con ella y eso ya formaba parte del pasado porque aunque pensase que con eso la convertiría en una más, eso quedaba más que vetado. Pero es que ya no sabía si quería que fuese como el resto. Lo dicho... muy, muy complicado.

Eh... vale, está bien —dijo asintiendo con la cabeza para dar mas credibilidad a sus palabras, pero conociendo a Jackson, eso sería cuestión de tiempo. Se rió con ganas porque sabía de sobras que él volvía loco a cualquiera si se lo proponía, sobretodo a ella. Era un experto en sacarle de sus casillas, pero ella no se quedaba atrás — La locura es vida, Emily. Siempre y cuando no sea enfermiza, por supuesto —sonrió con la nota en mano y se echó hacia atrás en la cama dejando apoyada en la espalda, levantando los brazos — ¡Yupi! ¡ya tengo tu número de teléfono pero ahora me he quedado sin móvil! — acomodó todo su cuerpo en la cama entre una risotada cansada. Tendría que hacerse con un teléfono en los próximos días. La miró, queriendo preguntarle sobre lo que había pensado anteriormente; ¿cómo volverían a encontrarse? ¿Se agobiaría si le viese atravesar el umbral de su lugar de trabajo? ¿cual era el estado de su relación? ¿la tenían? No quería quedar como un idiota al preguntarle sobre eso porque a lo mejor ella lo tenía más que claro, trasparente; que sólo se encontrarían si hubiese alguna emergencia o ni eso, ya que lo hablarían por teléfono, o por casualidad.

Bueno... ehh... gracias por el voto de confianza —dijo con un tono de voz que denotaba algo de desconcierto, porque de verdad no sabía que iba a pasar más adelante. Porque realmente no sabía cómo le permitiría ayudarla en su cometido de salir del maldito agujero. No supo por qué, pero pensándolo bien no se sentía del todo satisfecho con lo que habían pactado, tan solo... se tenía que conformar porque Emily era la que decidía— y será mejor que descansemos si mañana queremos salir de aquí antes de que las encargadas de la limpieza nos echen— guardó el papelito en el bolsillo trasero de su pantalón y cerró los ojos. Éstos se movían rápidamente  tras sus parpados, nerviosos porque no podía dejar de pensar en eso, así que esperaba ansioso que el agotamiento hiciese lo que tenía que hacer.

No iba a cagarla, no iba a discutirle nada más para aclarar esas emergentes dudas que de pronto le habían surgido. Ya lo descubriría... con el tiempo.



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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Emily Yates el Miér Sep 10, 2014 10:28 pm


OTRA OPORTUNIDAD

Sentada ya en la cama, con la cabeza y la espalda recostadas contra el cabecero cutre de color oscuro que tenía un leve matiz a barniz todavía, como si lo hubiesen lacado hacía relativamente poco tiempo, Emily dejó que su mente divagase mientras sus dedos jugueteaban entre sí, después de haberle dado el número de teléfono a Jackson, preguntándose si definitivamente había hecho lo correcto. Ya no podía arrepentirse ni dar marcha atrás, porque le había prometido muchas cosas, pero también era de las que se cuestionaba su propio proceder si sentía que había tanto en juego como su propia cordura. La voz de joven le trajo de vuelta, haciéndole esbozar una estúpida y suave sonrisa, que no sabe si es provocada por el cansancio o por lo que él ha dicho. Por la tontería que ha dicho. Jack —no puede evitar pensar en él como Jack, a veces, como llevaba demostrando toda la noche—  siempre había sido un experto en decir chorradas que le hacían reír.

Se frotó los ojos, pensando en las estupideces que había hecho desde que se había vuelto a encontrar con él. Primero había intentado encontrar algo del niño para no mandarle a la mierda, porque había evolucionado en algo muy diferente; luego había intentado no encontrarlo precisamente para poder apartarse de él, y cuando por fin lo había conseguido, aunque no del modo que ella habría deseado, lo arreglaba salvándole la vida y prometiéndole que iban a salir juntos de sus respectivas montañas de mierda. Siempre había condenado la incoherencia en el modus operandi de la gente, pero desde luego ella no se quedaba corta en esa ocasión. No sabía cuánto rato llevaba dándole vueltas a la misma idea pero Dios sabía que no iba a poder quitárselo de la cabeza en días. Sólo le quedaba resignarse y reconocer que, hiciese el esfuerzo que hiciese, intentase lo que intentase, su vida había estado ligada de una forma u otra a la de Jack y ahora ese vínculo nunca iba a romperse. Hasta que la muerte los separase, tal vez. Sonaba muy lapidario, muy definitorio, muy radical, pero cuando volvió a girar el rostro para encararle, fue la conclusión a la que llegó.

De nada —respondió, sonriendo rápidamente—. Sabes que yo siempre lo he sido mucho.

Descansar… Sí, la perspectiva de dormir se le hizo tremendamente atractiva y agradable. Se deslizó hacia el colchón, girándose para quedar de lado, como tenía por costumbre para dormir, y suspiró profundamente, sintiendo que sus pulmones se llenaban del aroma rancio de la habitación. Nunca había estado en un motel antes, pero desde luego le parecía el lugar más horrible del mundo para tener un encuentro de pareja; no pudo evitar sentir lástima por esos pobres que no tenían otro recurso más allá de ese. De pronto toda la pesadez del cuerpo, todo el agotamiento, el estrés, el sufrimiento, parecieron echársele encima ahora que habían hablado; ahora que le había contado la verdad. O gran parte de ella. Era casi como si su cuerpo se hubiese hecho horriblemente pesado, repentinamente, y no pudiese mover ni un músculo. Los párpados se le bajaron antes de que pudiese decir nada, pero se esforzó en abrirlos un par de veces.

Sí. Es una buena idea… —su voz sonó aletargada, lejana, como un susurro. Se aferró al colchón para mantenerse despierta un poco más, irguiéndose sobre su brazo para dedicarle una última mirada a Jackson con mucho esfuerzo—. Las ventanas están cerradas, ¿verdad? Y la llave de la puerta… No me apetecería que un vampiro carbonizado entrase sin hacer ruido, aunque su peste a quemado nos alertaría, sin lugar a dudas —bromeó, esbozando una ligera sonrisa, antes de dejarse caer de nuevo sobre las sábanas oscuras—. Buenas noches, Jack.

Se dio el lujo de cerrar los ojos otra vez, en esta ocasión de forma definitiva, puesto que no pasó ni un minuto antes de que hubo perdido la conciencia, dejándose llevar por senderos oscuros que hacía mucho tiempo que no se daba el lujo de recorrer, otorgándoles de nuevo algo de luz para que se viesen vibrantes y brillantes en sus sueños.


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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

Mensaje— por Jackson Evans el Vie Sep 12, 2014 1:18 pm


 


Llegaba el final de la jornada, y después de todo no sentía ni una pizca de dolor en su orgullo, dignidad u hombría, cosa que le sorprendió de sobremanera. ¿Cómo pudo admitir todo aquello a Emily? ¿Cómo pudo haber rebuscado tan dentro de su alma para darle apoyo moral hacia otra persona que no fuese él mismo? No quería pensar en ello, estaba demasiado cansado... No quería buscarle un especial significado nunca, pero seguramente inconscientemente lo haría porque en secreto quería averiguarlo, por lo que ese "por qué" le perseguiría durante muchísimo tiempo.

Es la mejor que he tenido en toda mi vida, lo sabes — replicó con humor pero con la voz apagada por el cansancio. Se acomodó un poco más sobre la cama, recolocándose la almohada tras la cabeza, que no era muy cómoda al ser bastante plana pero bueno, tampoco se iba a quejar. Cerró los ojos porque ya no podía aguantarlos por más tiempo abiertos pero aún así escuchaba lo que le tuviese que decir Emily antes de que Morfeo viniese a hacerles dormir la mona. Frunció el ceño tratando de recordar si había hecho todo lo que le andaba preguntando la chica; asegurar que la habitación, que estuviese todo cerrado para que el vampiro no le diese por volver. De verdad que se puso a pensar porque no se acordaba, al fin y al cabo habían llegado a la habitación reventados de cansancio y también muy asustados. Pero bueno, al rato se dio cuenta de que Em estaba bromeando. Menos mal porque él se había quedado bastante pillado.

Buenas noches, Em — dijo casi balbuceando, las palabras salían arrastradas de sus labios de manera suave y torpe, pudiéndose oír sólo si en los alrededores había un absoluto silencio, y así era. Ahora su cabeza se desconectó totalmente y viajó al mundo de los sueños, o en el caso de Jack de las pesadillas ya que era propenso a ellas; pero esa noche no, así que a la mañana siguiente ni recordaría qué había soñado, pero sí que se acordaría de todo lo que había pasado y sobretodo de lo que hablaron.

Su cuerpo semidesnudo que descansaba en peso muerto sobre la cama, estaba más cubierto que su propia alma después de todo lo que había compartido con ella en esa noche tan extraña e insólita. Seguramente, al pasar unas horas y el sol se asomase tímidamente por las rendijas de las persianas se despertaría levemente, pero volvería quedarse dormido sin reparar si Emily continuaba allí o ya se había marchado. Quien terminaría despertándolo serían al final las encargadas de la limpieza que habían llegado al medio día, que entre risas y alguna pícara broma le invitarían a abandonar la habitación.



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Re: Otra oportunidad [Emily Yates]

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