07/08 - Estimados habitantes del submundo. ¡Aquí tenéis las noticias con las actualizaciones/nuevas propuetas/ideas del foro! ¡Pasaos cuanto antes a echar un ojo!


10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


38 # 40
23
NEFILIMS
5
CONSEJO
11
HUMANOS
9
LICÁNTRO.
9
VAMPIROS
12
BRUJOS
5
HADAS
3
DEMONIOS
1
FANTASMAS

Does the pain weigh out the pride? [Adeline, Emily y Mishka]

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Does the pain weigh out the pride? [Adeline, Emily y Mishka]

Mensaje— por Invitado el Vie Sep 12, 2014 1:26 am


Does the pain weigh out the pride?
 

Los días posteriores a la llamada de Adeline se me hicieron eternos. Es lo que ocurre cuando esperas algo con muchas ganas, que parece que el tiempo se ralentiza y el día no llega.
Acababa de salir del trabajo y era cuestión de minutos que Adel apareciera, pues habíamos quedado en que ella me recogería al acabar, y entonces ya decidiríamos qué hacer. El plan, en realidad, era lo de menos. Lo que importaba es que estaba deseando verla y no sólo por mero "egoísmo", sino también porque estaba preocupado por lo de su padre. Menuda gracia que le hubiera dado por cotillear los cuadernos de dibujo de su hija. ¿Se habría interesado de pronto por su talento? Porque de ser así había escogido el momento más inoportuno de todos.
Se suponía que Adel iba a hablar con él, pero no tenía ni idea de cómo había acabado aquello. Aunque había seguido escribiéndole, me había obligado a no mencionar el tema a no ser que ella comentara algo al respecto. Estos últimos días me había propuesto ser su vía de escape y no el recordatorio de sus problemas.
Tampoco habíamos hablado explícitamente de lo que ocurrió durante su cumpleaños, pero eso era otro tema aparte. Todo estaba muy en el aire, y no sabía muy bien cómo encarar aquello. El caso es que el conjunto de todo hacía que estuviera un poco nervioso. Sí, ilusionado y nervioso, contento y preocupado. Esto hacía que a lo largo del día me hubiera mostrado entre disperso y...bueno, que estuviera en la parra no era ninguna novedad, así que dejémoslo en que no había estado demasiado centrado.

Sin embargo, sí lo estaba lo suficiente como para darme cuenta de que en ese momento se palpaba algo raro en el ambiente. Entrecerré los ojos y busqué con la mirada a algún personaje que desentonara, cualquier cosa que explicara mi inquietud. Caminé unos pasos, alejándome de la entrada del Peggy Sue's y cuando llegué al final de la calle sentí una presencia detrás de mí que hizo que se me erizara el pelo de la nuca. Automáticamente lo asocié al demonio con el que había tenido la desgracia de encontrarme en el ring. No es que se tratara del mismo demonio, pero presentía el mismo tipo de poder. Así que lo más inteligente que se me ocurrió fue seguir caminando, sin rumbo, hasta deshacerme de aquella molesta sensación y luego volver al restaurante.

Daba por hecho que yo no era interesante para un demonio, que sólo me había cruzado con él por cuestiones del azar. Lo del ring había sido distinto, ahí habían influido cuestiones personales aunque igualmente yo había sido un instrumento.
Pero cuanto más me alejaba, más me daba cuenta de que sin duda, aquello venía siguiéndome, porque ya tendría que haberle dado esquinazo. Me detuve en seco y me giré, alerta. Me encontré de lleno con un señor aparentemente normal, de mediana edad. Normal, ya...
-¿Ocurre algo, chico?
Enarqué una ceja. Al parecer sí que quería jugar a que era normal.
-No, es que creo que me he equivocado de calle - respondí yo también con normalidad. El "hombre" se acercó a mí y tuve un mal presentimiento. Más experiencias con demonios no, por favor.
-Claro. Te has recorrido media ciudad huyendo de mí. Yo quería que me ayudaras con un asuntillo...
Oh, no. Sonrisa de "creepy man" y siguió aproximándose.
-No te acerques -le advertí poniéndome en guardia. De pronto sentí un dolor tan agudo en el brazo que me hizo soltar un grito tanto por la sorpresa como por la herida en sí. El individuo no se había movido, pero al parecer no necesitaba armas para hacer daño.
-No quiero hacerte daño...ahora mismo. Debes colaborar.
¿Colaborar? ¿Con un demonio? Nunca.
-No creo que te sea muy útil para...para cualquier cosa. No sirvo para mucho en general -exageré mi poco amor propio con intención de aquello lo hiciera...no sé, ¿razonar?
-¡Seguro que sí! -exclamó con jovialidad.

Y lo siguiente que recuerdo es que sentí que se metía en mi mente y que yo luchaba por echarlo fuera. No podía decir cuánto aguanté. Poco después mi visión se nubló y cuando abrí los ojos tenía el móvil en la mano. "Adel, llamando...".
-Hola. Oye, me ha pasado algo. Tienes que venir. Estoy en...-miré la calle desierta, buscando el nombre y se lo leí, como un autómata. -Ven rápido, por favor.
Me guardé el móvil y observé con indiferencia el cuerpo de un hombre, tirado en el suelo. No sentí nada al respecto. Yo era un observador inconsciente de lo que ocurría, inmovilizada mi conciencia hasta el extremo de que no podía opinar sobre nada. Sólo era capaz de observar y asumir con absoluta tranquilidad que no podía hacer nada, como en los sueños. Era ajeno a todo.
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DOES THE PAIN WEIGH OUT THE PRIDE?


El tercer día había llegado, el que significaba que volvería a ver a Mishka desde la celebración de su cumpleaños y también desde que mantuvieron una importante conversación telefónica. Sólo de acordarse de aquella tensa situación, se angustiaba un poquito pero rápidamente desechaba esos pensamientos de su mente porque ese día debía estar feliz, nada ni nadie podría estropearlo, o eso quería creer ella. ¿Qué mal podría pasar además de haber estado separados un tiempo y que su padre se hubiese enterado de la "relación" que mantenían? Eso sin contar con aquel nefasto episodio en el que sucumbió a sus más oscuros sentimientos, provocando que matase a Aileen  y parte de sí misma. Pero eso no lo sabía nadie más que ella y Nikolaus, y no tenía pensado contárselo a Mishka jamás porque tenía miedo de su decepción y rechazo. ¿Pero cómo podía iniciar algo con él sin sinceridad? ¿si desconocía tanto de ella? sentía que le estaba ocultando demasiadas cosas, en cambio él había desnudado su alma en muchísimas ocasiones porque le generaba confianza, un valioso regalo del que ella no se sentía merecedora.

Entonces se dio cuenta de lo que estaba pasando.... ¡estaba cayendo en los remordimientos y en las emociones negativas en un día como ese! ¡No, no, no y no! ¡Ese era un gran día en el que tenía que desconectar de todos sus miedos y angustias para transformarlo en sonrisas y alegrías!. Tenía que ser optimista, ser positiva por  una vez y pensar que el destino no les haría pasar una mala pasada porque ya tuvieron suficientes las últimas semanas y para rematar, los últimos días debido a Jonas.

Se metió prisa y salió del instituto con una indumentaria muy mundana; camiseta azul eléctrico de escote de barco, unos pantalones vaqueros, estrechos y unas botas con un poco de tacón. Algunas runas podían verse a la perfección mientras que otras se mantenían parcialmente escondidas bajo la ropa. Su cabellera rubia  la había dejado suelta, zarandeándose levemente de un lado a otro a cada paso que daba mientras se ocupaba de mirar de vez en cuando el móvil, al cual volvió a activar el sonido. Dio la casualidad de que Mish la llamaba por teléfono y con una sonrisa tonta respondió.

¡Hola! ah...— se calló al instante al notar que la voz del chico, seria y neutra, le estaba dando un mensaje alarmante. Algo le había ocurrido pero no le dijo el qué — pero... ¿qué? — preguntaba confundida y agobiada, escuchando el nombre de la calle en la que se encontraba y luego se cortó la comunicación. Empezó a correr rauda hacia donde se encontraba su moto, la cual tuvo abandonada varios días. Jadeante por la ansiedad que estaba experimentando, arrancó el vehiculo y se dirigió hacia el punto de encuentro. Dobló la esquina de esa misma calle pudiéndole ver a lo lejos, acto por el que sonrió al instante pero... estaba solo y no parecía que tuviese ningún problema. Entonces... ¿de qué se trataba? ¿iba... iba a hablar de ellos? ¿y si se lo había pensado mejor y no quería saber nada por miedo a su padre? Con un manojo de nervios aparcó la moto tratando de mantener la calma, de mostrarle una leve sonrisa y esconder tras ella su propia inseguridad.

A medida que se iba acercando a él, no lo aguantó más y aceleró la marcha hasta darle un fuerte abrazo, escondiendo su rostro en su pecho durante unos segundos. Al percatarse de que algo no iba bien, alzó el rostro hacia él sin borrar esa sonrisa de su rostro, no podía mostrarse preocupada.

Lo siento por el repentino abrazo... pero tenía ganas — miró a un lado y luego a otro antes de proseguir y volverle a clavar la mirada — ¿Está todo bien? tu llamada era alarmante.



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Does the pain weigh out the pride?
 

Llevaba todo el día con una horrible sensación en la nuca. Como punzadas intensas que le recordaban constantemente que algo iba a salir horriblemente mal. Nunca había imaginado que pudiese tener algún tipo de poder premonitorio, así que jamás había intentado entrenarlo o siquiera hacerlo relucir, pero aquello era algo completamente diferente. No era como ver imágenes, palabras o nombres desfilando en su cabeza, sino más bien como la desagradable certeza de que iba a tener que toparse con algo espantoso cara a cara. Pegado a eso como una segunda piel, estaba el sentimiento, la impresión, nuevamente, de que alguien la estaba observando desde hacía varias jornadas. Como el día que se había colado en la tienda de antigüedades de Steinner. Alguien estaba siguiendo sus pasos, vigilando sus movimientos, analizando cada pequeña acción que llevaba a cabo, y eso sólo le hacía sentirse aún más y más nerviosa.  

Por eso había estado muy distraída, casi incapaz de atender dos cosas al mismo tiempo. Se le habían quemado las tortitas en el desayuno, había volcado el recipiente del agua de los gatos, se había puesto la ropa al revés, y en el trabajo había equivocado varias comandas y pedidos, llamando la atención de los clientes habituales, de sus compañeros de trabajo y de Louis, pero había intentado quitarle toda la importancia que había podido con desenfadados gestos. Alegar que no se había pasado una buena noche por alguna pesadilla era mejor que decirles que su instinto de bruja se había activado de alguna extraña manera, incapaz de dejarle actuar libremente. Sarah le había puesto una mano encima para llamarle la atención, provocando que casi tirase la bandeja al suelo con todos los pedidos de la mesa cinco. Mishka también le había observado extraño después del cambio de turno de compañero —le había tocado trabajar todo el día para librar ese fin de semana completo—, pero tampoco había querido preocuparle con sus memeces. Aquello no debía de ser más que una tontería que se le terminaría pasando cuando terminase el día, comprobado que, efectivamente, todo había estado dentro de su cabeza. Lo que había pasado desde el primer momento.

Sin embargo había llegado a un punto aquella tarde en que se había tenido que encerrar en el almacén durante unos minutos porque no podía soportarlo más. Estaba histérica. Las manos le temblaban y el corazón le rechinaba dentro del pecho, agobiándola con sentimiento de lo más desagradable. Como si todo lo que había estado viviendo esos días no hubiese sido más que la anticipación de lo que iba a suceder. Tenía ganas de llorar a mares, e incluso se le escaparon un par de sollozos que ahogó rápidamente, pasándose los dedos por los ojos para borrar los pequeños trazos de lágrimas. Por un momento se le pasó por la cabeza la idea de hablar con Jackson, aunque fuese por WhatsApp, porque probablemente, aunque la mitad de las veces —por no decir que la mitad de sus conversaciones acababan así— terminaban peleándose o enfadados, siempre la hacía reír. Le hacía sentirse tranquila. Normal. Como cuando eran niños.

Pero no le dio tiempo a sacar el móvil de los pantalones porque Manuel hizo acto de aparición para buscarle, porque estaba tardando demasiado en llevarle la harina para las tortitas. Se forzó a tranquilizarse en ese momento, esbozando una sonrisa que no llegó a sus ojos y olvidándose entonces de contactar con el mundano, porque el trabajo volvió a absorberla. Despidió a Mishka ligeramente con la mano cuando se marchó, apresurado porque había quedado con una chica al salir. Ella tendría que cerrar el local con Louis, pero no le importó demasiado. Se quedó observando su figura mientras atravesaba las puertas de la cafetería con una sensación mezcla de ternura y miedo; la idea de imaginarle con algo parecido a una novia le resultaba enternecedor, dulce, pero por otro lado… Ese maldito agobio se había acrecentado cuando le había visto al otro lado del cristal, mirando en ambas direcciones.

Intentó centrarse en terminar de limpiar mesas y suelos, con la respiración dolorosamente punzante. Sólo eran imaginaciones suyas. Sólo eso y nada más. No iba a sucederle nada malo a Mishka. A nadie cercano. Sólo eran tonterías. Ella no tenía premoniciones. Su instinto no podía ser tan bueno como el de un lobo simplemente por ser la hija de un demonio, ¿verdad?

La vibración del teléfono en el pantalón le hizo dar un bote a la par que proferir un pequeño grito. Con el corazón desbocado, latiéndole a toda prisa en el pecho, lo cogió con manos torpes. Casi se le paró el mundo cuando vio que había pasado un rato desde que le había visto marcharse. Mishka. Descolgó, colocándose el auricular junto a la oreja.

¿Sí?

Su voz sonaba seca, casi fría, distante. Aquello no le dio demasiada buena espina. Mucho menos su mensaje. Reúnete conmigo. Tengo problemas. Colgó como si se tratase de un autómata, con náuseas en el estómago y la boca seca. Louis sólo le indicó que se marchase a por sus cosas, porque estaba claro que esa llamada debía de haber sido más que urgente para que reaccionase así. Con un beso en la mejilla a su enorme jefe y un saludo rápido a los cocineros, recogió sus cosas y salió corriendo de allí como alma que llevaba el diablo. Nunca mejor dicho.

Arribó a la calle que le había indicado jadeando, con el sudor resbalándole por debajo de la ropa y el pelo pegado a la nuca. Ojalá hubiese podido decir que lo que se encontró le gustó. Todo lo malo que le había estado rondando esos días se acrecentó; la sensación de que alguien le vigilaba; la sensación de que iba a tener que enfrentarse a algo horrible cara a cara. Fue como si le hubiese golpeado un olor a podredumbre justo en las fosas nasales; como si hubiese recibido un puñetazo en la boca del estómago. Una chica rubia abrazaba a Mishka, probablemente la muchacha con la que iba a encontrarse, pero desde el momento en que sus miradas se cruzaron, Emily supo que no era él. No era él porque lo sentía. ¿Acaso la chiquilla no lo notaba? ¿No lo sentía? Las marcas de sus brazos le hicieron entender que se trataba de una nefilim. ¿Acaso el ser hija de ángeles no le hacía notarlo? O quizás ella, que había estado envuelta en esa paranoia toda la semana, podía percibirlo con mucha más claridad.

«O quizás mi naturaleza de hija de Lilith.»

Creo que deberías apartarte de él, muchacha. —Su voz sonó ronca. Sus labios, secos. Su boca, de cartón—. Aunque está claro que quien quiera que sea, parece muy a gusto con la idea de tenerte tan cerca. — Tenía las manos crispadas y las encogió, cerrándolas con fuerza. Respiró profundamente antes de avanzar sonoramente hacia ellos, con fuego en la mirada, a pesar de que temblaba—. Lo preguntaré sólo una vez. ¿Dónde está Mishka?


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Re: Does the pain weigh out the pride? [Adeline, Emily y Mishka]

Mensaje— por Invitado el Lun Sep 29, 2014 11:50 pm


Does the pain weigh out the pride?
 


Adeline. La reconocí al instante, pero de la misma manera que un bibliotecario saca la ficha de un visitante habitual y lo reconoce por su foto. Me abrazó, y aunque mi cuerpo reaccionó automáticamente a aquello devolviéndole el abrazo, una conciencia mayor se imponía y hacía que no sintiera nada. Aunque eso no era cierto, pues en realidad sentía una fuerte repulsión hacia ella y los suyos.
Sonreí cuando habló y asentí con la cabeza.
-Pensaba que me seguía alguien, pero eran imaginaciones mías. Lo siento.
Me encogí de hombros, volviendo a componer una sonrisa que pretendía ser de disculpa, aunque no noté mucho la diferencia. No pasaba tanto tiempo en el plano físico como para llegar a comprender del todo la expresividad de esos cuerpos. Pero sabía lo suficiente. Como, por ejemplo, que eran frágiles. Se rompían con facilidad, aunque unos resistían más que otros.

-Tenía ganas de verte.
Dije aquello porque era un pensamiento persistente que aparecía en mi mente como si estuviera escrito en letras de neón. Podía jugar todo lo que quisiera porque sólo tenía que leer aquellos pensamientos como si fuera un guión. Pero tampoco quería entretenerme mucho, la verdad. De hecho no tuve que actuar mucho más porque en ese momento llegó Emily.

Ya estábamos todos donde teníamos que estar. No había recibido instrucciones más allá de propiciar aquel encuentro y matar dos pájaros de un tiro, en el sentido más literal.
Agarré a Adeline de la muñeca y la acerque a mí.
-Hola, Emily -saludé a la recién llegada con una sonrisa causada por sus palabras.
Reí por lo bajo cuando dijo que parecía a gusto teniéndola cerca.
-La verdad es que los nefilim no me caen demasiado bien...Y me quedo corto. Siempre he preferido demostrar las cosas por acciones, en lugar de usar las palabras -respondí con normalidad como si aquello fuera una conversación corriente, sólo que al decir aquello apreté con fuerza la muñeca de la cazadora.

Enarqué una ceja ante la pregunta de Emily.
-No sé de qué hablas. Yo soy Mishka -Sabía que me había descubierto desde el principio, pero yo no pretendía fingir nada. No le estaba mintiendo del todo, ¿no?
-Um...pobrecillo, qué nombre.

Fruncí el ceño y esta vez dirigí mi atención a la nefilim, a la que tenía fuertemente agarrada.
-Esto me va a doler en el alma...en la de Mishka, más bien -dije concentrando mi poder para "lanzar" cuchillos mentales que dolían tanto como los físicos, aunque no lo fueran. En principio me contenté con unas cuantas cuchilladas en los brazos y otra en el costado.
Alcé la mirada para observar la reacción de Emily.
-¿Qué? Estoy siendo muy flojo, ¿verdad? ¿Qué harías tú? La creatividad no es uno de mis dones.
Me encogí de hombros.
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DOES THE PAIN WEIGH OUT THE PRIDE?


La muchacha permanecía abrazada a su cuerpo, sintiendo su calidez y también su olor. Sus oídos captaban lo que le decía pero estaba en tal estado de ensoñación que no era capaz de detectar el timbre neutro de su voz al hablar.  Mucho menos se dio cuenta de que aquel al que abrazaba no era el chico del cual empezaba a sentir algo muy especial; amor, si nos dejamos de irnos por las ramas, pero Adeline creía que si le daba nombre hacía más real aquel sentimiento, y de verdad que verse en esa situación la asustaba bastante a pesar de lo bien que le sentaba. No comprendía el por qué de tanta contrariedad pero con el tiempo y la experiencia no tardaría en darse cuenta... en el caso que tuviese oportunidad, ya que lo que el destino le tenía preparado podría acabar con su vida.

Levantó un poco la cabeza para mirarle a él, sumergirse en esos dos pozos oscuros y pudo ver sus ojos. Sólo sus ojos porque  en ellos no era capaz de percibir la mirada característica de Mishka. Entonces empezó a sentir un intenso escalofrío recorrerle toda la espalda, como si su cuerpo ya le estuviera avisando de un mal presagio. Frunció el ceño un poco pudiéndose notar en su mirada que empezaba a darse cuenta de lo que estaba pasando.

De pronto una voz femenina sonó a su espalda. Cuando se giró pudo ver la figura de una mujer de cabellos cortos y azulados, pero a lo que más atención prestó fue a sus palabras; palabras de aviso, de alarma pues le confirmaba de que él no era Mishka. Confusa, se fue separando muy lentamente del cuerpo del licántropo y como si se tratase de un nauseabundo olor, percibió por fin la verdadera naturaleza del ente que tenía casi pegado a su cuerpo. Un demonio. ¿Cómo no se había dado cuenta? ¿Cómo había sido tan idiota de haber bajado tanto la guardia?.

Se volvió a girar hacia el subterráneo de nuevo pero en esa ocasión con brusquedad y alarmada con la pretensión de separarse de él pero le fue imposible al sentir como los dedos del chico se aferraban con fuerza alrededor de su muñeca. Los ojos de la rubia empezaban a cargarse de lágrimas principalmente por el miedo pero también por notarte tan desorientada en esos momentos tan cruciales. Ahora sí que se daba cuenta de que no era él;  esa fría mirada que surgía de los ojos de Mishka, aquella sonrisa de suficiencia, y la intención de dañarle. Porque lo sentía, no sólo en el agudo dolor que empezaba surgir de la muñeca aprisionada, sino en su pecho.

No podía creerse lo que estaba ocurriendo ¿De verdad se encontraba ante una situación de posesión? Nunca antes se había enfrentado a algo así, tan solo conocía la teoría de los pasos a seguir en una situación similar, pero jamás tuvo la oportunidad de experimentarla. Ahora la tenía, pero en una circunstancia que la superaba con creces. Porque era Mishka...

No sabía quién era la tal Emily no obstante eso no importaba en aquellas circunstancias. Empezó a tirar para zafarse de su agarre a la par que sentía la mirada del demonio sobre ella, y cometió el error de cruzar la suya como si quisiese de buscar en sus ojos una parte de Mishka en su interior. Pero no, lo único que recibió como respuesta fueron dos impulsos horriblemente dolorosos en los brazos y luego en el costado que la hicieron gritar de dolor. Jadeante, atendió a lo último que dijo; aquellas palabras dirigidas hacia Emily que hablaban sobre lo que haría la muchacha en su lugar para seguir torturándola. No sabía qué se traían entre manos, el por qué se conocía, tampoco la naturaleza de la chica de cabellos azulados, lo único que podía hacer era escapar de esa situación, sin embargo lo único que le salió fue alzar la voz para llamar a Mishka, aquél que parecía permanecer dormido en el interior de su cuerpo mientras éste había sido dominado por el demonio.

¡Mishka! ¡Mishka, suéltame! — Gritó con una expresión lastimera en su faz. Daba igual que conociese la teoría de que cualquier sujeto objeto de posesión, perdía por completo todo su control sobre su cuerpo y voluntad, ella se sentía incapaz de hacerle daño, y era justamente de eso de lo que se aprovechaba el demonio pues ese era el motivo principal por el cual usaban ese poder. Se le iba la vida solo al pensar que al subterráneo podría acabar muy mal, y más aún bajo su propias manos.

¡No le hagas daño! — avisó a Emily habiendo dirigido la mirada hacia ella con un gesto de súplica y angustia. Necesitaba un poco más de tiempo para digerir aquello y entender que no tendría más remedio que hacerlo si quería liberarse. Si quería sobrevivir llegado el caso porque aquel ente demoníaco no parecía tener intenciones de dejarla vivir.



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Does the pain weigh out the pride?
 

Observó a Mishka, o quizás a aquel cuerpo que aparentaba serlo, mientras hablaba, estudiando sus reacciones detenidamente; cada gesto, cada pequeño movimiento, por sutil o imprevisible que pudiese parecer. Su sonrisa. Su risa. Sus palabras. Todo era frío y carente del sentimiento, de aquello que hacía a Mishka ser Mishka, por eso no tenía demasiado claro si se trataba de él o de una marioneta, de una ilusión. De lo que sí estaba segura era que un aura maligna rondaba toda su esencia, todo su ser. Algo diabólico estaba con él. Incluso dentro de él. Algo como lo que le había estado rondando todo el día.

Y entonces lo comprendió. Claro que no era una premonición. Algo maligno le había estado vigilando toda la semana, por eso había tenido constantemente esa nauseabunda sensación de haber estado siendo observada. Por eso había enloquecido, casi, hasta el extremo de la histeria. No tenía la certeza de que fuese la misma esencia que ahora estaba con Mishka, pero sabía que era parecida y que no era humana. Le recordaba a lo que había sentido estando cerca de Steinner, por lo que pudo comprender rápidamente que aquel tendero de subterráneo había tenido poco. La diferencia estaba en que mientras que el hombre probablemente se había esforzado por esconder su naturaleza, no tenía demasiado claro que lo que se encontraba frente a ella en ese momento estuviese haciendo lo mismo.

¡No! —gritó, cuando le escuchó decir que al chico le iba a doler aquello, segundos antes de que la muchacha empezase a retorcerse de dolor.

Su cuerpo no llegó a reaccionar lo suficientemente rápido, por lo que no pudo abalanzarse sobre él para impedirle actuar, cosa de la que se arrepintió enormemente. Tenía las manos crispadas y las encogió, cerrándolas con fuerza. Apretó los dientes casi sin darse cuenta, rezumando rabia por los cuatro costados, además de una profunda impotencia que le estaba cegando tanto como el odio. Respiró profundamente antes de avanzar sonoramente hacia ellos, con fuego en la mirada, a pesar de que temblaba. Dejó en el suelo su chaqueta y su bolso. Dentro de sí su cola vibraba, puesto que nunca, jamás, se había enfrentado a algo de esa naturaleza. Ni siquiera sabía qué iba a hacer, qué podía ser efectivo y qué no.

Lo que rompió el hilo de sus pensamientos fue la súplica desesperada de la rubia, que le desgarró el alma con cada letra, no supo si por el mensaje en sí o por la insinuación de que ella podría hacer algo que le provocase daño. ¡Por supuesto que no quería herirle bajo ninguna circunstancia! Era Mishka; el bueno de Mishka. El imbécil, tonto e incapaz de hacer un chiste bueno aunque le fuese la vida en ella de Mishka. Maldita sea. Era… ¡Era casi el primer amigo que había hecho en años, desde que Jackson se hubo marchado de su lado! Todo aquello le dolía, le confundía y le desesperaba al mismo nivel, porque estaba ansiosa por actuar pero realmente no se le pasaba ninguna idea buena por la cabeza.

La presencia del demonio le intrigaba casi tanto como le asustaba, porque prefería no relacionar el hecho de que se hubiese sentido acosada por uno de su raza y que, de pronto, Mishka se hubiese encontrado poseído por uno de ellos. Porque la reacción de la muchacha, sus ojos angustiados y el timbre roto de su voz, le ayudó a esclarecer que no se trataba de un simple espejismo o un disfraz. Sin lugar a dudas debía tratarse de él, ¿verdad? Lo cual, por cierto, sólo dificultaba aún más la situación.

«Lo siento, Mish. Lo siento, muchacha. Pero no se me ocurre nada mejor…»

Cerró los ojos una milésima de segundo; la que necesitó para concentrarse en notar cómo el hormigueo que tan familiar le era gracias a la magia le recorría todo el cuerpo, como si se hubiese encontrado dispersa por toda ella antes de decidirse a usarla. Se reconcentró en la punta de los dedos, los cuales parecían arderle, justo antes de separar los párpados y usar su telekinesis para golpear al cuerpo de Mishka con una onda, obligándole a salir disparado hacia detrás, con un golpe de mano. Al mismo tiempo, casi, utilizó el mismo poder para atraer a la muchacha consigo, intentando hacer caso omiso al ruido que provocó el ucraniano al golpearse y centrarse en intentar sujetar a la chica rubia junto a ella para que no se cayese al suelo por culpa de lo súbito del movimiento.

Todo había sucedido en menos un minuto, pero Emily jadeaba por el esfuerzo y el estrés emocional que le había supuesto atacar a Mishka. Cosa que se reflejaba claramente en su rostro. Entonces miró a la joven que estaba junto a ella, e intentando hacer caso omiso de todo lo malo que pudiese decirle, habló.

Lo siento. No se me ocurría otra cosa para apartarte de él. Es un… ¿es un demonio, verdad? —La angustia hizo acto de presencia en su voz durante unos segundos—... Lo que está dentro de Mishka, quiero decir. Porque si es así necesitaré tu ayuda para hacerle salir…


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Re: Does the pain weigh out the pride? [Adeline, Emily y Mishka]

Mensaje— por Invitado el Mar Nov 11, 2014 11:20 pm


Does the pain weigh out the pride?
 


Era inútil que intentara llamar a Mishka, pues su voluntad ya no ejercía ningún poder sobre su propio cuerpo. Así que disfruté de aquella vana esperanza que sintió la nefilim al llamar a su amigo, como si este fuera a oírlo. Era gracioso porque ella, en su calidad de cazadora, debía saber mejor que nadie que el poseído por un demonio no era capaz de responder hasta que este no saliera de su cuerpo. Así pues…¿cómo lo haría? ¿Iba a hacerle daño a su amiguito? He aquí el por qué la situación me resultaba tan divertida.
E incluso se puede decir que mejoró cuando la pequeña bruja atacó. Me empujó haciendo uso de sus poderes y noté un fuerte dolor en la espalda, e incluso la nuca, producido por el propio golpe. Sin embargo, sonreí.

Había que reconocer que me pilló desprevenido. No esperaba un arranque de empatía tan inmediato hacia la nefilim, sino más bien cierta indiferencia.  Había aceptado aquella “misión” sin saber nada de la forma en que reaccionaría aquella chica. Pero a fin de cuentas eso era lo que le daba emoción al asunto.
-¿Haciendo piña con la nefilim? Creía que los subterráneos no eran muy amigos de los cazadores. Con motivos, además – dije volviendo a ponerme en pie.

Podía oír el cuchicheo entre las chicas. Ventajas de estar en el cuerpo de un licántropo, supongo.
-Esperaba que te dieras cuenta- dije respondiendo personalmente a la pregunta que Emily le había hecho a la nefilim.- Después de todo eres mitad demonio…Casi de los nuestros-añadí encogiéndome de hombros. Parecía indiferente, pero el brillo de malicia en mi mirada difícilmente podía pasar desapercibido.

-Y una pregunta indiscreta…-continué frunciendo el ceño como si de verdad me sintiera intrigado por resolver aquella duda.- ¿Cómo pensáis acabar conmigo sin matar a Mishka en el proceso?
Miré hacia arriba, con gesto grave, parecía que lo meditaba. Y luego sonreí ampliamente. ¿No era maravilloso el poder?
Me acerqué a ellas caminando con parsimonia.
-Me han dicho que la plata va muy bien.
Aunque mi actitud parecía relajada, me encontraba lo suficiente cerca de ella como para ponerme en guardia. Esta vez vería venir cualquier ataque, o eso me dije.
-Vamos, ¿no vais a atacar? –las hostigué enarcando una ceja. Hice un gesto casi imperceptible con ambas manos y esta vez fueron Emily y Adeline las que salieron despedidas. Cada una en una dirección. No presté atención adonde caían, ni siquiera me centré en hacerlas chocar contra un muro. Sólo quería dejarles claro mi poder y que debían resolver pronto el dilema de: pelear o morir.


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¿Cómo pudo haber sido tan idiota? ¿tan inconsciente? Desde luego que el amor hacía un poco imbéciles a las personas porque para qué mentir ya, lo que Adeline sentía hacia el licántropo era amor, las cosas había que llamarlas por su nombre y punto. Por ello se mortificaba tanto por haber caído en esa trampa, encima siendo una nephilim que con tan solo unos escasos segundos se hubiera dado cuenta de que se trataba de un maldito demonio. Todos sus sentidos básicos y los de cazadora  se vieron desactivados en cuanto lo vio y lo abrazó; más todavía después de los días que había pasado tras la tremenda discusión que tuvo con Jonas.

Cuando notó que la mujer peliazul la atrajo hacia ella, lanzó un grito no mucho menos intenso que cuando vio como Mishka salía volando por los aires. No sabía cómo mirarle al caer si con preocupación o con ira, al igual que no sabía como enfocar a Emily después de que hubiese ignorado su aviso. ¿Con reproche acaso? No, para nada, pero Adeline se encontraba inmersa en sentimientos tremendamente contradictorios uno de otros, y por ello no pudo evitar echarle una mirada de molestia y confusión. Pobre Emily, y eso que fue la única de las dos que hizo lo que había que hacer.

¡Tenemos que buscar otra manera! ¡No podemos hacerle daño! — gritó de forma imperativa aun sabiendo que eso era imposible, si querían sacar al demonio del cuerpo de Mishka, hacerle daño era lo más idóneo y más con lo que más afectaba a los mismos. Escuchó lo que la bruja tuviese que decirle, y lo primero fue una disculpa, a lo asintiente tan solo asintió con la cabeza porque cuando le iba a responder, fue "Mishka" quien le interrumpió.

Su voz sonaba con un timbre tan desconocido para ella, con un alarde de superioridad y maldad que le hacía daño, que le retorcía las entrañas y le removía el estómago. Fue entonces cuando por fin pudo mirarlo como un enemigo, porque debía asumir que Mishka, de momento, no se encontraba en ese cuerpo. Las palabras del demonio eran insultantes e hirientes, especialmente hacia la bruja aunque no podían decir que estuviese mintiendo, al fin y al cabo los brujos eran mitad demonios y mitad mundanos.

No le escuches — le aconsejó, tratando de atraer de nuevo a la nephilim que debía ser en esas circunstancias. Los pasos que él iba acortando hacia ellas, eran los mismos que la rubia daba en sentido contario, de espaldas — No vamos a usar la plata — le aseguró bastante enfadada... aquello ya era personal porque obviamente estaba burlándose de la situación. Además, por lo que había deducido, también para Emily al saber que entre ellos existía algún lazo de unión después de recordar que le había llamado por su nombre.

¿Quién es?— Preguntó directamente a la bruja sin dejar de mirar al demonio — ¿De qué te conoce?— y más preguntas que se le estaban pasando por la cabeza como por ejemplo si era ella la razón por la que había usado a Mishka de cebo, pero una vez más fue interrumpida, en esta ocasión por el nuevo ataque del licántropo poseído que, usando su poder las separó lanzándolas varios metros atrás.  Al caer emitió un doloroso alarido debido al golpe pero no quiso perder tiempo quejandose y se levantó rápidamente armándose con su cuchillo serafín.

Con esto — alzó su cuchillo para mostrarle el arma, el cual estaba unido a su muñeca con una tira de cuero pues en más de una ocasión la habían desarmado con ese mismo poder. Se fue acercando de nuevo hacia la bruja antes de hablar — Son débiles a los cuchillos del Ángel y al oro, pero como dudo que tengas algo punzante de este último material, será mejor que trates de detenerle de algún modo; con un escudo, una especie de parálisis... lo que tengas. Necesito tiempo para unir nuestras fuerzas — Con la mano libre, sacó del interior de su chaqueta una estela plateada y ornamentada con simbologías nephilims.

Ya había aceptado que iba hacerle daño, ahora tenía que idear la manera de hacer que sufriese lo menos posible. Su decisión fue muy repentina cuando no hacía más que unos minutos imploraba a la bruja que no le dañase pero se dio cuenta que no podía seguir actuando de esa manera; como una chica enamorada, asustada y débil, sino como lo que era, una cazadora de sombras ligada a un licántropo a quien pensaba liberar de su encierro.




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Su voz, la voz de Mishka empañada con las nauseabundas palabras de ese ser, con el deje burlón, irónico e hiriente impregnando, mancillando la dulzura y simpleza con la que el ucraniano solía hablar, le llegaba desde donde estaba y le hacía sentirse enferma. Siempre había temido a los demonios por su gran poder, su gran maldad, su gran capacidad para hacer daño a los demás sin siquiera importarles un ápice la vida que estaban destrozando. No en vano eran lo que eran. Sin embargo, ahora Emily podía decir a ciencia cierta que los odiaba profundamente. Nunca había sentido aprecio por su padre, en concreto, ni por ningún demonio existente, pero tenía claro que desde ese momento en adelante, los detestaría enteramente hasta el fin de sus días.

Casi pudo sentir el cuchillo atravesándole el pecho cuando hizo referencia su naturaleza semi-demoníaca. Casi pudo notar la sangre brotándole de la herida, manchándole el vientre, las piernas, los zapatos, y formar un reguero a sus pies, donde su amor propio y su orgullo se desvanecían lentamente con el líquido vital que manaba de su cuerpo. Casi, porque sólo eran palabras. Pero si hubiesen sido concebidas como armas, Emily yacería en ese momento en el suelo, dolorida, sola y asqueada por su propia existencia. Odiaba que les comparasen. Y lo odiaba porque había temido toda su vida esa mitad oscura que en el fondo de su ser dormitaba, latente, esperando el momento oportuno para salir. Al menos era así como ella se lo imaginaba. Al menos era así como ella lo detestaba.

Le lanzó la mirada más iracunda que había echado nunca sobre nadie —siquiera sobre Jackson en su momento, o sobre Venus, y mira que a ella la detestaba— mientras seguía diciendo estupideces, y se puso en guardia al verle avanzar hacia ellas, poco a poco. Se estremeció al escuchar lo de la plata. ¡Nunca! Tenían que encontrar una forma de herirle a él sin que Mishka terminase demasiado afectado por ello… Sin embargo… ¿Cómo? La joven nefilim lo confirmó. Sí, ella debía conocer otro modo. Sus siguientes preguntas le hicieron girar la cabeza, sorprendida. ¿A ella? ¿Conocerle? ¿De qué podía…?

Sus elucubraciones le hicieron distraerse lo suficiente como para no percatarse de lo que el demonio pretendía hasta el último segundo, cuando ambas salieron disparadas hacia atrás. Emily notó el sabor metálico de la sangre en la boca después de sentir el dolor seco al chocar contra el duro suelo, frío e insensible.  Sin embargo, al igual que la joven rubia, no tardó demasiado en ponerse de pie, a pesar de los calambres que le recorrían todo el cuerpo. Escupió saliva roja al ponerse de pie antes de limpiarse los labios con el dorso de la mano, escuchando todo lo que tenía que decirle.

No sé de qué me conoce. Pero te aseguro que no pienso permitir que se quede en el cuerpo de Mishka durante mucho más tiempo.

Se concentró mucho más rápido de lo que recordaba poder haber hecho nunca; quizá la única vez anterior había sido cuando había tenido que proteger a Jackson de la muerte. Ahora reunía magia en sus entrañas para poder crear un escudo resistente, fuerte y pequeño. No necesitó siquiera alzar las manos para que la burbuja comenzase a aparecer frente a Mishka y rodearle con la rapidez del rayo, creando una esfera perfecta, con unas paredes tan gruesas que podía percibirse incluso desde la distancia. Así, Emily permaneció completamente centrada en mantener el escudo mientras la muchacha extraía de su chaqueta una extraña vara con ornamentos, que supuso le servía para pelear.

«Date prisa» pensó, pues no estaba segura de cuánto tiempo podría mantener la burbuja sin agotarse demasiado. Y sin que él pudiese atravesarla con su magia.


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Re: Does the pain weigh out the pride? [Adeline, Emily y Mishka]

Mensaje— por Invitado el Dom Dic 07, 2014 7:49 pm


Does the pain weigh out the pride?
 


Casi era aburrida la ausencia de acción. Y digo casi porque estaba disfrutando con la situación en la que ponía a las dos chicas. No comprendía, sin embargo, por qué Emily se empeñaba en colaborar con la cazadora. Su parte "maligna", la que tenía sangre de demonio, debía de estar muy dormida. Iba a darle otra oportunidad, después de todo aquel montaje era para ponerla a prueba. Aunque por supuesto...colaborase o no, el licántropo y la nefilim iban a salir muy malparados.

-La verdad es que no nos conocemos -dije encogiéndome de hombros, de forma casual como si no las acabara de lanzar a varios metros de distancia.-No os lo toméis como algo personal. Los demonios también nos aburrimos a veces y tenemos nuestros pasatiempos. ¿Es tan raro?
Aquello no era del todo cierto, pero me habían prohibido irme de la lengua. Tal vez no era especialmente ingenioso, pero podía salir del paso.

Las oí hablar entre ellas. Empezaban a organizarse, trazaban un plan. Sonreí y di un paso al frente, pero había algo que me impedía avanzar. Noté una energía, una fuerza que me rodeaba. Estiré el brazo y toqué una barrera donde no debía haberla y al fijar mi vista en Emily comprendí lo que estaba ocurriendo.
-¿Haciendo tiempo? Creía que os habíais mentalizado ya en eso de herir a vuestro amigo...
No aparté la mano del escudo, concentrándome en aportar mi propia energía para destruirlo. Fruncí el ceño al ver que mi esfuerzo no servía de nada y fulminé con la mirada a la bruja que le ponía la misma concentración que yo. Vi, de reojo, el movimiento de la nefilim al sacar su estela y supe lo que iba a hacer.
Sentí que me llenaba de ira por ser incapaz de destruir un estúpido escudo. Aunque a decir verdad, no hacía falta gran cosa para enfurecerme.
-La brujita tiene garras -comenté tras un segundo intento fallido de destruir la barrera.- Pero yo también.
Controlé la transformación parcial, haciendo que las manos se convirtiera en garras. Así notaba que la energía era mayor. No era raro. La esencia de demonio sentía más afinidad por aquella forma que por la humana.
Lancé un zarpazo a la barrera, concentrando en él mi poder, pues no se trataba de fuerza física. El escudo comenzó a debilitarse y aproveché aquello para salir antes de que pudiera reconstruirlo.
Convertirme en lobo completamente era muy tentador, pero perdería de vista mi objetivo de hacer que se sintieran mal hiriendo a Mishka. Como lobo seguiría siendo él pero no tendría su apariencia humana y...Tampoco podría hablar y esa era mi arma principal, la palabra.
-¿Adeline? ¿Por qué no pides ayuda de tus compañeros cazadores? Seguro que entre todos podéis conmigo. Además, tu padre estaría encantado de ayudar en esta misión...-sonreí. Los pensamientos del licántropo eran tan claros...y me había parecido ver por ahí una disputa familiar. -Por cierto, Emily, te has esforzado mucho con el escudo...Pero has olvidado protegerte.
Concentré mi poder mental en producir unos cortes en el cuerpo de la bruja. No era consciente de lo que había ocurrido mientras yo estaba intentando salir de la burbuja.
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La cúpula ya estaba formada  alrededor del subterráneo, y la cazadora de sombras tomó de la mano de Emily pidiendo que no se asustase. Empezó a dibujar la runa de la alianza sobre la piel de la bruja a la par que dirigía la mirada hacia el enemigo, de vez en cuando por si se liberaba antes de tiempo. Se concentró en no seguir escuchando sus palabras cosa que también requería gran esfuerzo pero sabría que le beneficiaría. Le hacía sentirse nerviosa, enfurecida, asustada, abatida, tantas emociones negativas  que acabaría consigo misma sin que él tuviese que hacer nada más que hablar y hablar. El poder de la palabra podía ser un arma voraz a quien se le diese bien, y ese demonio era todo un experto.

Eso es lo que buscabas. A él lo heriremos... y sufriremos con ello, pero a ti te mataremos. Creo que ese desenlace lo compensa todo.

Terminó la runa en la mano de su aliada para ahora inscribir la misma en su propia piel. Emily habría experimentado una leve sensación de quemazón a medida que iba creando los surcos del símbolo sobre el dorso de su mano. A medio camino de acabar, el demonio haciendo uso de los poderes de  Mishka controló parcialmente la transformación en una de sus extremidades con una impresionante facilidad, y de un garrazo comenzó a debilitar la cúpula. Aquel suceso no hizo más que incitarla para terminar la marca cosa que consiguió unos minutos después. La runa de las dos chicas pareció resurgir por unos instantes dando la señal de que estaba activa. La nephilm no podría usar los poderes mágicos de la bruja, más bien se hubiese notado más en el caso de usar la runa con un licántropo o un vampiro con el que obtener su fuerza y velocidad sobrenatural, pero en cambio Emily habría adquirido temporalmente las habilidades de lucha y aguante de Adeline.

Ya estaba hecho, había que acabar con él lo más pronto posible.  Estaba jugando con las dos chicas de una manera que, si ya llevaba un rato encolerizando a Adeline, terminó por superar los límites de su control al mencionar a su padre. Al principio le sorprendió que supiese sobre la difícil situación que estaban viviendo los dos jóvenes para poder tener una relación... de lo más normal posible, pero pronto cayó en la cuenta de que estaba metido en la cabeza de Mishka donde se encontraba toda la fuente de esa información.  No le respondió con palabras pero sí con una mirada cargada de puro odio que pronto tornó a una de preocupación cuando la bruja recibió uno de los ataques psíquicos del demonio.

¡Libéralo! — Gritó segundos antes de lanzar un par de agujas de plata directamente al brazo que había usado para transformarlo en garra. Sólo dos cuando perfectamente tenía capacidad de lanzar cuatro o cinco a la vez pero aún le costaba hacerse a la idea de lo que tenía que hacer. Estaba sumergida en una constante contradicción pues sabía y se había concienciado que le atacaría lo suficiente como para liberarlo de su encierro pero luego dudaba, disminuyendo considerablemente las fuerzas que utilizaba para dañarlo.

Corrió. corrió hacia él mientras le durase el dolor de las agujas que habían acertado de pleno en su hombro transmutado y estando ya a apenas un palmo de distancia de él, no le miró al rostro sino al pecho, donde proyectó una estocada descendiente en el centro de su pecho con su cuchillo serafín, el cual brilló con fuerza ante el contacto con su sangre.



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El hecho de que afirmase tan tranquilamente que sólo estaba haciendo eso por aburrimiento consiguió que la sangre le hirviese todavía más; sobre todo porque era tan despreciable como poco probable. Porque, menuda puntería, ¿no? Ir a dar con un licántropo al que poseer que tenía como amigas a una nefilim y a una bruja, concretamente. La sensación de sentirse perseguida, observada, aumentó, permitiéndole sumar dos más dos en su cabeza: ¿y si les había visto en la distancia, comprobado que se veían entre ellos, y por eso les había escogido? Pero, entonces, ¿por qué? ¿Sólo aburrimiento de verdad?

No es tan raro —siseó con la voz ronca por la rabia—. Es repulsivo.

Sin embargo, cuando hubo que entrar en acción, no se pudo dar el lujo de desviar la atención del escudo que había creado en torno al demonio para que no pudiese escapar mientras la muchacha llevaba a cabo el plan que había trazado por su cuenta. Aunque no la conocía de nada, Emily tenía que confiar ciegamente en ella; el nexo de unión que ambas tenían era lo que le permitía dejarse manejar así. Mishka nunca tendría relación con alguien malvado o despreciable, y era a eso a lo que se aferraba. Por eso le permitió tomarle de la mano rápidamente, que acercase el palo y que empezase a grabar sobre su piel un extraño dibujo como los que tenía ella en el cuerpo.

No pudo reprimir el grito de dolor que le salió de la garganta por lo inesperada que había sido la quemazón que la había atenazado, pero procuró no chillar más. Tenía que ignorar la molestia, concentrarse en lo que estaba haciendo, porque si no el demonio se liberaría. Pero era difícil. Resultaba complicado pensar en la barrera mientras notaba el recorrido ardiente de la vara metálica. Sintió un profundo alivio cuando finalizó, y no pudo evitar alzar el brazo para observarlo. Parecía una especie de letra.

«Una runa.»

Su distracción tuvo consecuencias. Fueron tan sólo unos segundos, pero el demonio consiguió abrirse paso a través de su escudo para salir al exterior, por lo que se maldijo. Con un simple gesto la hizo desaparecer, dejando la sorpresa por la facilidad con la que lo había conseguido para más adelante. Su fijación la atrajo el hecho de que el dibujo sobre su piel resaltó especialmente cuando la muchacha —Adeline, la había llamado el demonio— terminó sobre sí mismo. Y se sintió extraña. Había algo raro en ella misma, aunque no podía identificar ni saber a ciencia cierta el qué.

«¿Protegerme?»

No fue consciente de que tenía razón hasta que no sintió la carne abrirse. Fue tan rápido que apenas si pudo reaccionar. Sólo emitió un leve quejido, más producto de lo repentino que del dolor en sí, que no tardó en azotarla en oleadas por todas las zonas que habían sido heridas. Adeline, presa de una furia que no debía permitir la controlase, lanzó un par de cuchillos que hirieron a Mishka en el hombro. Y habría aprovechado ese tiempo para curarse si no hubiese visto con evidente horror cómo la nefilim se lanzaba sobre él para apuñalarle justo en el centro del pecho. Los ojos de Emily se abrieron con pavor al ver el brillo rojo de la sangre bailar sobre la hoja del cuchillo.

¡¡No!!

A pesar de que sabía que Adeline había actuado de la manera apropiada, no pudo evitar que brotase de sus labios como un manantial. Ni siquiera le importaron sus propias heridas mientras corría hacia ellos. Sin siquiera darse cuenta cómo, apartó a Adeline un par de metros con su telekinesis y creó alrededor de Mishka un aro de fuego, impidiéndole moverse y a ellas acercarse, de momento. Supo que era ella porque resultaba ilógico que el demonio se atrapase, y porque Adeline no podía hacer nada de eso. Era lo suficientemente ancho como para que no pudiese pasar por debajo, y las lenguas de fuego lamían hacia arriba, casi incapacitando la posibilidad de saltar. No sabía por qué había sido lo primero en lo que había pensado, pero ella también era reacia, en el fondo, a hacerle daño. Quería curarle, pero sabía que no era precisamente lo más adecuado. Sin embargo, era consciente de que si no le dejaban al borde de la muerte o peor, era poco probable el demonio abandonase el cuerpo.

Lo siento —se disculpó al llegar a su lado. En ese momento se percató de que tenía una herida en la mejilla que sangraba. Se pasó el dorso de la mano para quitar los restos de sangre, ya que no quería malgastar fuerza hasta no haber terminado con él—. Es que… —Se mordió el labio inferior—. Dios, sé que no saldrá si no seguimos atacándole, pero no creo que sea buena idea que lo hagamos al tuntún. —Observó durante unos segundos la cárcel de fuego que rodeaba a Mishka—. Ni siquiera sé qué puedo hacer, aparte de apresarle o hacerle volar... —Desvió la mirada hacia la runa que latía sobre su piel. Le era incómoda, por lo que supuso que debía de ser de origen angelical, cosa que contrastaba con su propia naturaleza. Estaba claro que era algún tipo de símbolo, de nexo de unión; por eso eran iguales. Centró su mirada en Adeline, recordándose que se había propuesto confiar en ella—. Si de verdad es el único modo de salvarle, dime, ¿cuántos golpes crees que serán necesarios para que le abandone? —preguntó, algo más decidida—. Prepárate para dárselos. Céntrate en el ataque y yo te defenderé y le bloquearé cuando intente golpearnos. —Suspiró con cierta agonía—. Sé que esto no es fácil para ninguna de las dos, pero prometo no volver a flaquear. —Era tanto una promesa para Adeline como para ella misma. No podía darse el lujo de hacerlo. No cuando, irónicamente, había sido la primera en golpearle.

Aunque la visión de la sangre de Mishka le hacía revolverse el estómago.


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Re: Does the pain weigh out the pride? [Adeline, Emily y Mishka]

Mensaje— por Invitado el Vie Ene 30, 2015 11:39 pm


Does the pain weigh out the pride?
 


Era gracioso ver cómo cada vez me odiaban más. Precisamente los demonios no es que nos sintiéramos mal por recibir el odio ajeno, al contrario. Era divertido porque las cegaba. Entre eso y el sentimentalismo de no querer hacer daño a su amigo estaban practicamente a mi merced.

Con este tipo de pensamientos rondándome la cabeza era de esperar que el ataque de la nefilim me cogiera desprevenido. Al contacto con la plata, mi mano dejó de ser una garra para volver a su forma humana. E incluso en esa forma notaba el escozor y el dolor punzante que producía. Me las quité con la otra mano, provocando quemarme también ahí al tocar la plata. Cerré los ojos inconscientemente, un acto reflejo producto del dolor, y en ese momento de distracción la cazadora aprovechó para clavarme un cuchillo serafin. Esta vez sí grité tanto de dolor como de rabia.
Me doblé, terminando por apoyarme en las rodillas. Había dicho que el odio cegaba y no me había incluido, pero en esos momentos ese sentimiento fue recíproco.
-Voy a matarte -le dije con una rabia visceral, en una afirmación tan llena de confianza que habría puesto los vellos de punto al más osado.
Alcé la mano para lanzar uno de mis ataques, cuando una barrera de fuego me hizo retroceder, todavía a cuatro patas. Claro, la bruja.

Busqué un punto débil en el aro de fuego pero la única manera era atravesarlo y quemarme, y después de recibir una puñalada no me atraía esa idea. Tenía la mano sobre el pecho, justo sobre la herida. Si de por si una puñalada con un cuchillo corriente dolía...una puñalada con un cuchillo serafín para un demonio era lo peor y de hecho notaba que mi poder había mermado bastante. Me sentía...cansado. Aquello me hizo ponerme serio y pensar que tenía que cargarme a la nefilim ya. Sin embargo, al mismo tiempo, mi soberbia me impedía creer que pudiera estar en una mala situación en lugar de llevar las riendas.
-Veo que por fin tenéis agallas para pelear -dije alzando la voz. -Admito que lo de la plata ha dolido bastante...No tenía ni idea de que a los licántropos les afectara tanto. Tienes que ponerte en la piel de uno para saberlo...
Sonreí. Era necesario que les siguiera recordando que todo el daño que me hicieran se lo harían a Mishka, me parecía una baza interesante.

Esperé hasta que la barrera desapareciera, pues sabía que en algún momento tendrían que retirarla para hacer algo. Y sabía que el ataque vendría justo tras la retirada del fuego. Así que me preparé y en cuanto estuve libre...Me abalancé sobre la nefilim. Mis poderes podían haber mermado, pero no hacía falta tener poderes para matar a alguien. Sólo había que ver a los mundanos...


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La puñalada se hundió en la carne del subterráneo, la cual sintió en su propio corazón, con tanta intensidad que se sentía morir. Sus ojos estaban rojos y las lágrimas amenazaban por tirarse al vacío, como si no pudieran soportar más los actos que estaban cometiendo su dueña. Adeline estaba siendo empujada por su deber, de igual manera que las marionetas eran manejadas por el titiritero porque no podía permitirse el lujo de cortar los hilos y dejarse caer al suelo. Inerte. No podía no hacer nada. Tenía que acabar con el sufrimiento de Mishka aunque eso supusiera hacerle daño, porque de no ser así, tanto ella como la bruja morirían, y después de ellas, el subterráneo después de haber sido utilizado por el cobarde demonio.

Solo le dio tiempo de oír sus desgarradores gritos de dolor cuando de pronto se sintió volar hacia atrás un par de metros, cayendo por consiguiente al suelo. Se sorprendió de que había sido empujada por Emily, que arremetió contra ella de forma inmediata en cuanto vio que hacía daño a su amigo. La nephilim casi se sintió ofendida, pero más todavía dolida porque ella no podía actuar como lo hacía la bruja, que pensaba antes con el corazón que con la cabeza. Sintió unas ganas enormes de gritarle. De chillar a pleno pulmón por el simple hecho de hacerlo, y desahogar su frustración sin necesidad de decir una sola palabra. ¿Creería que no se sentía mal por lo que le estaba haciendo a Mishka, que justamente se trataba de la persona que amaba? Al final no gritó. Se fue levantando pero portando en su faz una expresión amargada pensando en que ese no era el mejor momento para discutir o echarse nada en cara. Presenció que usó su poder para rodear al subterráneo en un muro de fuego que lo rodeaba, y cuando la bruja se puso a su lado, escuchó de su boca una disculpa seguida de una explicación.

Lo que se está haciendo no es ir al "tuntún" como dices, Emily. Es lo que hay que hacer. He ido directa. Porque si tardamos más, si dudamos, él nos matará y después el demonio lo eliminará — le explicó costándole calibrar el tono de su voz porque estaba molesta con la situación en general — Hasta con un solo golpe podríamos liberarle si se le da bien, y es por eso por lo que uso este cuchillo. Puede que ahora necesite uno más para que el demonio no pueda continuar usándolo como recipiente. ¿Entiendes? Mejor uno o dos golpes más certeros e hirientes que el triple de ellos que no haga otra cosa que atrasar lo inevitable y hacerle sufrir todavía más. Así que no, no vuelvas a flaquear porque... me haces flaquear a mi — acabó de decir, antes de darle una señal para que deshiciera el hechizo, pero antes que eso él habló. Volvía a hacernos sentir fatal. Continuaba recordándonos el sufrimiento por el que estaba pasando Mishka, y por ello la muchacha le replicó con una mirada cargada de ira y asco. Se controló para no decirle nada, ya se lo pagaría con un último golpe. Se prometió que... en cuanto las llamas bajasen, no pasarían más de dos minutos en los que Mishka no fuese de nuevo él mismo.

Cuando Emily bajó las llamas, confió en su palabra. Y más le valía que la cumpliera porque el demonio se abalanzó contra la cazadora de sombras con un coraje palpable. Adeline normalmente no hubiera vuelto a ir de frente hacia él, pero esa vez tenía el respaldo de la bruja que, en cuando detectó que la muchacha rubia iba siendo atacada, usó sus poderes para bloquearlo y fue ese instante el que la joven usó su cuchillo una vez más. Ahí fue cuando con un grito ahogado, sus lágrimas cumplieron con la amenaza de desmarrarse por sus mejillas. Sólo esperaba que ese fuese el último ataque, el definitivo antes de que pudiera ser liberado.  



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Emily se sintió cada vez más estúpida conforme iba actuando, al atraer Adeline hacia sí y encerrar a Mishka —no, a Mishka no; al demonio con su forma—en aquel círculo insalvable de fuego. El fulgor, la musicalidad de sus llamas le habría distraído si la jovencita no le hubiese respondido, haciéndola sentir aún peor. Parecía mentira que debía de ser la mayor de los tres y era la única que se había comportado como una niñata estúpida y asustada. Sus palabras sonaban ahora egoístas, banales segundos atrás, sin saber cómo remediar el mal que había hecho al impedirle continuar atacándole.

Claro que sabía que debía de ser duro para las dos. Ambas querían a Mishka y querían salvarle. La bruja apretó los puños de frustración, sintiendo que los sentimientos iban a desbordarle. Eso era lo que sucedía cuando te apegabas a las personas. Cuando les cogías cariño. Cuando querías su amistad. Que si sucedían este tipo de cosas, terminabas afectada en una esquina, casi llorando de la impotencia, mientras los veías consumirse en algo mucho peor de lo que recordabas.

Pero no iba a consentir que eso sucediese con el licántropo.

Además, no estaba sola. La joven nefilim le ayudaba. Emily creía percibir en la desesperación de su voz, de sus movimientos, en lo fría que intentaba aparentar estar, que los sentimientos de la chica por él eran, con creces, superiores a los suyos propios. Y diferentes. Estaba claro que, a pesar de las bromas que le había lanzado al licántropo, la muchachita que estaba junto a ella era algo más que una amiga. Por eso se afianzó su determinación del todo. Le ayudaría como fuese.

Asintió levemente cuando ella le pidió que hiciese bajar el fuego. Durante un leve segundo, uno que se le escapó completamente de control, se preguntó por qué sentiría predilección por ese elemento. Su poder destructivo sólo podía compararse con la belleza de sus colores y la sensualidad de su danza al crepitar. Las palabras del demonio en boca de Mishka, afeando su voz y todo lo que era él, le hicieron fruncir el ceño. Qué ganas tenía de espantarle, de sacarle de ahí. Incluso se planteaba levemente el buscar su cuerpo y… Una sombra oscureció sus ojos. Una sombra que borró en el momento en que se percató de que tenía los dedos crispados por el odio. No. No se dejaría vencer por ese maldito deseo de muerte. Alzó la mano para romper el campo, confiando completamente en la habilidad de la nefilim.

Podía sentirla en sus carnes, de hecho, gracias a la runa, así que sabía de lo que era capaz.

Aún así, el demonio se abalanzó hacia ella con tanta presteza que Emily decidió que no le daría la oportunidad de herirla. Le detuvo en el aire durante dos segundos con su telekinesis. Dos segundos en los que el tiempo se paralizó durante un instante hasta que Adeline aprovechó para clavarle el cuchillo de nuevo en el pecho. Luego lo sostuvo allí con su fuerza todo lo que pudo, insegura sobre si debía soltarle o no. ¿Y si atacaba de nuevo? ¿Y si Adeline necesitaba otro golpe? La cabeza empezaba a dolerle cada vez más. Subía de forma gradual la sensación de que le estaban clavando cristales en la cabeza, pero no podía deshacerlo. No podía… No hasta que no estuviesen seguras de que debían parar ya. Sin embargo eso, sumado al leve escozor de la runa sobre su piel, le hacía perder levemente la concentración. Viendo que no podría mantenerlo así mucho más, le hizo golpearse contra el suelo con todas sus fuerzas, reteniendo las lágrimas en los ojos.

Una vez hubo dejado de usar su fuerza, cayó de rodillas al suelo, sin saber si estaba inconsciente o no. Pero necesitaba descansar un momento. Un segundo solamente.

Lo siento —farfulló—. Pero los escudos provocan mucho desgaste y yo no estoy especialmente entrenada. —Se puso de pie con dificultad. El cuerpo de Mishka estaba aún yacente en el suelo. Aún así, habló en susurros—. Déjame aproximarme. Podré traerte conmigo en seguida si la cosa se pone fea, y será más fácil así que puedas darle el último golpe, si es necesario.

No le dejó responder, y usando la velocidad que había ganado gracias a ella, se acercó. Arrodillada a su lado, se las ingenió para acumular fuego en la palma de su mano, que pronto estuvo tan caliente que podría haber derretido la roca. Su ardor era más una amenaza que otra cosa; no pensaba herirle como tal. Parecía inconsciente, así que podría sobresaltarle lo suficiente al despertar como para volver a atraparle, aunque la idea de usar el escudo no le gustaba demasiado.

Levántate. Aún no hemos acabado contigo.


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Re: Does the pain weigh out the pride? [Adeline, Emily y Mishka]

Mensaje— por Invitado el Mar Feb 17, 2015 4:15 pm


Does the pain weigh out the pride?


La bruja me detuvo en pleno ataque y no pude contrarrestar su poder. En cuestión de segundos tenía a la nefilim delante, dispuesta a atacar. ¿Sería capaz?
Percibí el poder del cuchillo serafín que me repelía con sólo notar su presencia, y un instante antes de que volviera a clavármelo dejé entrever un matiz de miedo. Apenas pude gritar, porque acto seguido la bruja me empujó contra el suelo con tanta fuerza que me dejó inconsciente. O más bien dejó inconsciente el cuerpo del licántropo, que no respondía a mis intentos de controlarlo...

¿Qué ha pasado?

Abrí los ojos.
-¿Emily? -Mi voz no parecía mi voz, e incluso a mi amiga la veía como si estuviera mirando a través de un cristal sucio.
Me dolía todo el cuerpo y especialmente el pecho, donde notaba una presión muy intensa, costándome incluso respirar. El aire entraba dentro pero parecía como si mis pulmones estuvieran comprimidos y no dejaran entrar el oxígeno en el cuerpo.
Sentí un odio irracional y una ira que ni siquiera sabía a quién iba dirigida, pero estaban dentro de mí. Entonces supe que no estaba solo y las imágenes de lo que acababa de ocurrir empezaron a proyectarse en mi mente como una película. Me llevé las manos a la cabeza, conteniendo un sollozo, y comencé a tirarme del pelo como si con el dolor físico contrarrestara todas las emociones negativas que estaba sintiendo en ese momento por culpa de la presencia del demonio en mí.
Fui vagamente consciente de que estaba gritando en ucraniano que se marchara y que saliera de mí a la vez que le dedicaba todo mi repertorio de insultos por lo que acababa de hacer. O lo que me había hecho hacer, más bien.

Me di un puñetazo en la cabeza, impotente, como si de esa manera fuera a hacerlo salir de mi cuerpo, y fue entonces cuando pensé en la auto-lesión. Miré hacia Adeline con desesperación pero sin ser capaz de mirarla a la cara. Lo que mi mirada buscaba era su cuchillo serafín.
Fui a ponerme en pie para cogerlo pero el demonio volvió a controlarme y me hizo detenerme. Saqué todo mi fuerza interior para vencer su voluntad ya de por sí debilitada y conseguí incorporarme sobre mis rodillas y casi arrastrarme hacia el cuchillo.

Para él, tuvo que ser la señal de que estaba acabado, comprendiendo que  ya no tenía control sobre mi cuerpo. Mis músculos se relajaron, y todo el dolor que había sentido antes se triplicó, pues la presencia y el poder del demonio había estado amortiguando esto. Me dejé caer al suelo, sintiendo cómo esa energía maligna me abandonaba y aunque malherido y agotado, me encontré completamente en paz. Volvía a ser yo.

-Lo siento muchísimo...
Sí, era yo, porque me sentía increíblemente mal por haber hecho daño a Adeline y a Emily, pese a que yo no había sido consciente de lo que hacía. El demonio había anulado por completo mi conciencia, aunque luego me había dejado "mirar" lo que había hecho, con toda la intención además.
A pesar de lo magullado y dolorido que estaba conseguí sentarme. Me enjugué el rostro para quitarme la sangre y el sudor, y me di cuenta de que también tenía lágrimas. Supongo que la imagen en general debía de ser bastante lamentable, pero me importaba bien poco.
Después de todo, me atreví a mirar a Adeline y a Emily.
-¿Estáis...bien? - se me quebró la voz. Menuda pregunta de mierda.
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DOES THE PAIN WEIGH OUT THE PRIDE?

El fuerte sonido que produjo la brusca caída de Mishka me hizo cerrar los ojos. Sentía en el alma el haberle vuelto a hundir la hoja angelical en su carne, pero todo era para espantar a ese demonio que dominaba todo su ser. Emily por fin se había dado cuenta que los sentimientos afectivos que sentíamos por él obstaculizaban nuestro deber, y de ello se aprovechaba el demonio. Tragué saliva cuando abrí los ojos y vislumbraba el cuerpo inerte del licántropo. ¿Nos habíamos pasado? ¿Había... muerto? Mis labios empezaron a temblar de puro terror ante tal nefasta posibilidad, y mis ojos no podían llorar más.

Mi bloqueo se esfumó al presenciar a la bruja derrumbarse; al hincar sus rodillas sobre el suelo de puro agotamiento. Me coloqué a su lado por si necesitaba auxilio y lo que escuché fue una disculpa porque su cuerpo se había rendido al cansancio a causa del poder que había usado. Se levantó y yo todavía quedaba a su lado. No me atrevía a acercarme a Mishka. Tenía miedo de que estuviera muerto y que nosotras habíamos sido las responsables. Respondí a sus palabras con un asentimiento a pesar de que mi mente no había acabado de asimilarlas. Dudaba mucho que volviera a levantarse; dudaba que estuviera con vida. Multitud de pensamientos negativos se agolpaban en su mente y le hacían sentir una dolorosa opresión en el pecho.

Como una espectadora, contempló cómo se había arrodillado a su lado , haciendo emerger de su mano una llama que la lamía el aire e iluminaba parcialmente la zona. Di un solo paso, insegura, y otro con más inseguridad todavía. Entonces me detuve cuando escuché la voz de Mishka nombrando a la bruja con un tono de duda. Inmediatamente me puse en tensión y en una posición totalmente ofensiva por si fuese otra treta del demonio, por si la cosa todavía no había terminado.

Entonces gritó; de forma desgarradora, hiriente, furiosa y dolorosa. Me estremecí  de pies a cabeza al ver su estado pues nunca le había visto sufrir tanto — Mi... Mishka — musité con la voz temblorosa. Él continuaba dejando fluir palabras en su idioma natal y tan fuertes que raspaban su garganta. Y ya verlo como se golpeaba a sí mismo me dejó totalmente bloqueada; sin poder reaccionar, con los ojos llorosos clavados en ellos como si hubiese muerto y me hubiera quedado así. Cuando lo vi acercarse a mi, mi cuerpo reaccionó solo, y caminé hacia atrás. Estaba asustada. ¿Era él o seguía el demonio en su interior? Parte de mi sangre, la que pertenecía a los ángeles reconocía que aún persistía el ente maligno en él, pero esa sensación desapareció en un pestañeo. Lo noté más en su mirada entristecida y arrepentida por algo de lo que no tenía culpa.

Cayó al suelo totalmente abatido, susurrando muy bajito que lo sentía y fue en ese entonces cuando ambas nos acercamos a él. Emily empezó a hacer uso de su poder para curar sus heridas de forma apresurada. Era ella la única que podía hacerlo porque yo como nephilim no podía. El solo roce de mi estela para marcar la runa de sanación lo dañaría y hasta le acabaría matando. Me sentía tan impotente por ese hecho que incrementó todavía más mi sufrimiento mas no podía dejarme llevar por la desesperación, al menos la bruja estaba allí y podía poner remedio a sus heridas.

Entre sollozos le tomé de un brazo y se lo abracé. No podía rodearle por completo con mis brazos porque la herida que tenía en el pecho lo impedía y  Emily se estaba encargando de curarla. Pero eso no impedía que ejecutara la necesidad de sentirlo cerca. No respondí a su pregunta porque no era capaz de darle importancia y ni siquiera para tranquilizar su preocupación porque no era capaz de pensar en ese detalle. A mi  me importaba bien poco cómo me encontrara yo, que aunque dolorida y cansada, lo que quería era que él se recuperase.

Te vas a poner bien, Mishka — dije todavía aferrada, notando como mi cuerpo temblaba y saliendo de algunos hipidos —  Tuve que hacerlo. Tuvimos que hacerlo... — esa fue mi manera de justificarme y disculparnos por haberle hecho daño.



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DOES THE PAIN WEIGH OUT THE PRIDE?

Con el corazón en un puño, encogido dolorosamente en el pecho, Emily aguardó por algún tipo de reacción, sufriendo intensamente por cada segundo que ni el demonio ni Mishka decían una sola palabra. Estaría torturándose durante semanas por haber tenido que usar sus poderes contra el licántropo, pero, ¿qué otra cosa habría podido hacer? La muchacha rubia, quien obviamente sentía algo por él, también lo había hecho. ¿Quién era ella para ser menos valiente y menos decidida? Alguien menos fuerte, desde luego, resonó con jocosidad dentro de su cabeza. Una lágrima se resbaló por su mejilla pálida y algo sucia por el combate, harta de todo aquello. Y no era como si llevasen mucho tiempo, pero le había resultado una eternidad. Le resultaba una eternidad. Era la primera vez que usaba su magia para herir a alguien a quien quería y le resultaba insoportable.

«Vamos, Mishka… Sal… ¡Sal!»

De pronto el sonido de su voz, distorsionada por el dolor y con ese ligero deje de timidez que caracterizaba a chico, le hizo temblar. La mirada perdida que le dedicó durante unos segundos le hizo ahogar el llanto en su garganta, y una sonrisa de alivio comenzó a dibujarse en su rostro. ¡Había vuelto! Le habría abrazado, de haber podido. Pero evidentemente, la lucha no iba a terminar “tan fácilmente”; no iba a quedar sólo ahí, a pesar de las heridas que ambas le habían infligido al cuerpo de Mishka. El maldito demonio seguía debatiéndose por tomar control de su organismo otra vez, y Emily sintió que le destrozaba el alma al verle actuar así para intentar echarle de su ser. Se abandonó al llanto silencioso que la caracterizaba sin saber qué hacer. Su mano se apagó, su cuerpo, agotado por el uso de la magia, se sintió de pronto como si fuese plomo, mientras ella tan sólo podía observar, expectante, a que la lucha interior de su amigo terminase.

Lo que le hizo reaccionar fue cómo sus ojos buscaron el cuchillo de Adeline, y horrorizada, se levantó impulsada por unas fuerzas que no sabía que le quedaban para intentar impedirle que alcanzase el arma. No quería que se hiciese más daño, por el amor de Dios… Y entonces, tan pronto como había comenzado, finalizó. Mishka se dejó caer sin fuerzas en el suelo, derrotado por el dolor que sentía, por todo lo que había sufrido sin ser consciente de ello. Emily permaneció quieta durante unos segundos, al menos hasta que su voz sonó de nuevo, rota, seca y desencajada. La bruja se lanzó hacia él, cayendo de rodillas dolorosamente pero sin importarle un pimiento. Le ayudó a sentarse mientras le ponía las manos en el cuerpo para curarle; daba igual cuán agotada estuviese.

Dejó caer la frente contra su hombro mientras el cuerpo de Mishka se estremecía por las pequeñas descargas eléctricas y el escozor de las heridas siendo curadas, llorando sin proferir un sonido. La muchacha se aferró a su otro brazo, profiriendo gemidos mientras las lágrimas se vertían por su rostro. De pronto sintió que estorbaba, que ellos dos compartían algo que la dejaba fuera de sitio, pero aún así no se movió. No lo haría ni un ápice hasta que él estuviese completamente curado, así se quedase ella inconsciente en el proceso. Tampoco dijo nada. Una palabra. Nada de lo que saliese de sus labios podría justificar el hecho de que le había herido, aunque fuese para salvarle. Las palabras de la muchacha le resonaron en los oídos. Tuvimos que hacerlo.

Parecía estúpido darse cuenta de pronto de cuán importante se había vuelto Mishka para ella en tan pocos meses, fuese por su condición de subterráneo o no, teniendo en cuenta lo reacia que había sido siempre a las amistades y a los sentimientos. Ábrete, le había dicho Jack, y quizás lo estaba haciendo. Quizás, al asimilarlo estaba avanzando, estaba caminando. Quizás, al sentirlo, al darse cuenta, estaba cambiando. Quizás, al ponerle a Mishka la etiqueta de ‘amigo’, su corazón comenzase a sanar poco a poco.

Sólo quizás.


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Re: Does the pain weigh out the pride? [Adeline, Emily y Mishka]

Mensaje— por Invitado el Jue Mar 12, 2015 4:12 pm


Does the pain weigh out the pride?


Me dieron ganas de llorar al ver la expresión en los rostros de Emily y Adeline. Seguramente nuestros sentimientos fueran un reflejo recíproco, porque los tres nos sentíamos igual de miserables por algo que habíamos tenido que hacer contra nuestra voluntad. Quería decirles que no se sintieran mal por haberme hecho daño, porque eso había sido lo correcto y lo que debía hacerse. Pero me encontraba tan débil física y mentalmente que fui incapaz de decir palabra. De hecho, tras la recuperación inicial de conciencia, me encontraba en una especie de shock en el que no dejaba de darle vueltas en la cabeza a lo que acababa de pasar, repitiéndose las imágenes una y otra vez. Y preguntándome: ¿era débil por haber dejado que un demonio me poseyera?

Sentí un escozor en el pecho que me hizo apretar los dientes, pero no repliqué. Aquello tan sólo me hizo espabilarme lo suficiente para salir de mi estado de bloqueo mental y volver a la realidad. Miré a la derecha donde estaba Adeline aferrada a mi brazo, llorando. Y luego a la izquierda, Emily abrazaba mi otro brazo, también llorando en silencio y curándome las heridas a pesar de que ella debía de estar muy débil. Esta vez me dolía el pecho, pero no por la herida en sí, sino por verlas a las dos en ese estado. Y todavía sentí una nueva punzada de dolor al oír las palabras de Adeline. Como si necesitara justificarse...
-Lo sé, lo sé -murmuré, notando como los ojos se me empañaban. Las abracé a las dos, que a fin de cuentas era lo que estaba deseando hacer. Las heridas en el pecho habían cicatrizado en superficie aunque por dentro me seguían doliendo, pero no me importaba aguantar el dolor con tal de abrazarlas fuerte.
-Está bien -dije resumiendo como me sentía en cuanto a lo que habían hecho. Unas lágrimas se deslizaron por mis mejillas, no podía contenerlas más.
-Anda, no lloréis que me hacéis llorar yo -seguí diciendo, sin darme cuenta de que la gramática también estaba llorando con nosotros.

No quería deshacer aquel abrazo pues hacía que me sintiera mucho mejor...aunque también puede que tuviera que ver el hecho de que Emily me estuviera curando. Aquello me hizo separarme un poco y apartar las manos de la bruja.
-Gracias, ya estoy bien. No me cures más, estoy bien-repetí. Aunque me sentía agradecido, aquello fue una exigencia. No era cierto que estuviera curado, pero me sentía lo suficiente bien como para poder mantenerme consciente y que las heridas se curaran solas tardaran lo que tardasen. No quería que mi amiga se debilitara por mí. Además, ellas mismas estaban también malheridas.
-Yo...Me siento fatal -me mordí el labio y agaché la cabeza. -Nunca os haría daño. Jamás. Odio que me hayan usado.
Negué con la cabeza, sintiendo un odio que esta vez sí que procedía de mí mismo, e iba dirigido al asqueroso demonio que había estado jugando con nosotros.
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Mis lágrimas no paraban de salir y esparcirse por mis mejillas que ya estaban totalmente sonrosadas de las veces que me había pasado las manos para secarlas. Sin éxito, porque otras nuevas volvían a descender humedeciendo de nuevo mi rostro. Todavía persistía el temor en mi cuerpo y parecía no querer abandonarme cuando todo había acabado. Estaba temblando de pies de cabeza, y agradecí estar arrodillada en el suelo, aferrándome a su brazo porque de haber estado de pie me hubiese derrumbado.  

A mi lado Emily ya trabajaba con sus heridas, en absoluto silencio, ni siquiera se le escuchaba respirar pero en las pocas veces que le había dirigido la mirada había visto la marca de la aflicción en ella. Cuando Mishka nos abrazó, cerré los ojos controlando esta vez la fuerza la intensidad con la que me aferraba, en cambio él no lo hizo así, nos agarraba fuertemente... con necesidad. Dejé una de las manos sobre el  hombro de Emily cuando nos unimos. La apreté ligeramente con afecto porque al fin y al cabo, de no ser por ella no hubiera sido posible liberar a Mishka... Ninguna de las dos lo hubiéramos podido estando a solas, y ahora estaba regenerando sus heridas. No sabía como agradecérselo, pero por instinto surgió aquel gesto.

El abrazo se deshizo un poco ante la insistencia de Mish de que Em dejara de curarle aunque todavía lo necesitaba. Pero caí en la cuenta de que los brujos gastaban energía vital para usar su magia, si ya había gastado buena parte de ella durante la batalla y ahora le estaba curando, debía estar agotada pero fui egoísta... no quise detenerla. No estaba nada bien que permitiera que quedara exhausta pero en esos momentos tenía prioridades y esa era que Mishka estuviese totalmente recuperado, ella... tan solo tendría que descansar para recomponerse.

"Lo siento..."

Esa disculpa nació y murió en el mismo segundo en el que lo pensé, permaneciendo en mi mente sin que saliese por mi boca. Bajé la mirada hacia el suelo avergonzada por ello, pero fue muy breve porque mi atención volvió a centrarse en él cuando empezó a hablar de cómo se sentía después de habernos atacado. Ninguno éramos culpables. Ninguno debíamos disculparnos pero lo necesitábamos.

Ya pasó, es mejor no pensar en eso ¿vale? Ahora solo importa que tú te recuperes. Ya habrá tiempo de investigar lo que ha pasado— todo había sido muy extraño. ¿Por qué Mishka? ¿Y por qué nosotras? Era bien cierto que los demonios no tenían razón para hacer el mal pero algo me decía que había algo más — Emily ¿Estás bien? ¿Puedes ayudarme a levantarle? Hay que llevarle a un lugar seguro — dije haciendo intento de levantarme y ayudarles.




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Los brazos de Mishka se cerraron en un abrazo en torno a las dos, y Emily sólo sintió que las ganas de llorar aumentaban exponencialmente. Quería dejare llevar por sus propia emociones, pero no se dio ese lujo porque debía de mantener la concentración para poder curar al muchacho, que les hablaba entre susurros para intentar consolarles. Pero en ese momento, y Emily creía que la joven nefilim se sentía igual, no había palabra que les apartase del pesar de tener que haberle herido casi de muerte para salvarle la vida. Para salvarle de ese maldito demonio que se había introducido dentro de su cuerpo. ¿Por qué? ¿Por qué ellos? ¿Por qué Mishka? ¿Es que acaso se había estado paseando, azaroso y aburrido, hasta dar con ellos, y espiarles para decidir si de verdad sería lo suficientemente divertido torturarles? Quiso contarles que se había sentido observada toda la semana previa, pero el temor se hizo tan grande dentro de su corazón que lo obvió. La idea de que ella hubiese sido el portal que les había hecho acabar en esa situación era tan horrible que lo desechó por completo.

Cerró los ojos, intentando apartar las lágrimas, cuando las de Mishka empezaron a caer poco a poco por sus mejillas. Debía mantenerse fuerte, debía aguantar por los tres, porque era la mayor, porque era la que podía hacer todo aquello. Pero lo cierto era que empezaba a hacerse realmente pesado; notaba que las fuerzas se le iban poco a poco del cuerpo, y pronto quedaría sólo como un muñeco inerte incapaz de hacer otra cosa que respirar y, básicamente, sobrevivir. Porque la tensión, la adrenalina del momento, parecía haber magnificado la cantidad de magia que había usado en cada momento; el gran problema, a fin de cuentas, de no saber utilizar sus poderes. Con Jackson le había sucedido algo por el estilo, cuando le salvó la vida del vampiro.

El joven ucraniano intentó apartarse de ella, pero Emily, con el ceño fruncido, le obligó a regresar a sus manos, demostrándole con la mirada que no pensaba ceder en ese punto. Le habían herido con plata. Le habían herido en el pecho. Ni loca pensaba consentir que se alejase hasta que sintiese que no quedaba ni un pequeño rasguño por curar en su cuerpo.

Como te muevas te doy tal guantazo que te quedas sin sentido, Mishka Henrik —espetó con brusquedad y la voz áspera. De todos modos, no quedaba demasiado, a su entender. Un par de minutos más y…

Las palabras rotas de su amigo le hicieron sentir el corazón un poco más ahogado, más pequeño, más dolorido. Alzó una de las manos, mientras la otra seguía en contacto con él, para colocarla sobre la cabeza y acariciarle un poco el pelo, como solía hacer de broma en tantas otras ocasiones, si bien en ese momento quiso que fuese un gesto reconfortante. Cuando Adeline se dirigió a ella, ciertamente no supo qué responderle. Dejó de mirar a Mishka con gesto ausente para centrarse en la muchacha con algo más de lucidez. Los dedos que estaban apoyados en el cuerpo del joven se crisparon un poco por el dolor que ella misma empezaba a sentir, mientras el calor le abandonaba poco a poco el cuerpo. No quería levantarse, ni quería ayudar a nadie a ponerse de pie. Su ser le pedía descanso porque había trabajado más de la cuenta, pero aún así, no dijo nada al respecto.

Claro. Voy. —Intentó imprimirle cierta convicción a la voz, si bien fue cierto que no quedó demasiado creíble. Pero, ¿qué otra cosa podían hacer? Con reticencia abandonó el cuerpo de Mishka para ponerse de pie con dificultad. Cada músculo del cuerpo le ardía por el cansancio, pero no se quejó; casi ni se reflejó en su rostro, más que unos segundos traicioneros. Luego se giró hacia él con una sonrisa agotada—. Anda, Mish, marchémonos de este apestoso lugar.

No pensaba volver a coger por ese sito en lo que le quedaba de vida.


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Re: Does the pain weigh out the pride? [Adeline, Emily y Mishka]

Mensaje— por Invitado el Lun Jun 08, 2015 1:39 pm


Does the pain weigh out the pride?


Asentí, con expresión ausente, a las palabras de Adeline. No volví a hacer el intento de resistirme después de oír la advertencia de Emily porque sabía que en mi estado no iba a poder vencerla en cuanto a cabezonería y sus palabras y su tono habían sido lo bastante firmes para dejarme inmóvil como un perro bien adiestrado.
-Te he dicho que ya estoy bien...-fue mi último amago de resistencia, por eso de tener la última palabra.  

Sentía como las heridas cada vez dolían menos, aunque mi estado de ánimo seguía por los suelos y mi cuerpo estaba tan cansado que apenas respondía a las órdenes del cerebro. Al oír a Adel decir que había que irse, el cansancio se hizo más patente y estuve tentado de pedirle que me dejara descansar algunos minutos más. Pero tenía razón, era mejor no seguir mucho más tiempo en aquel sitio. ¿Qué había pasado con el demonio? ¿Y si volvía? Negué con la cabeza, asustado ante la posibilidad de que se repitiera lo que había ocurrido antes. De ese pensamiento saqué fuerzas para incorporarme, ayudado por Emily y Adeline.
Mi acto reflejo al levantarme fue llevar una de las manos a la herida, pero comprobé que ya no era un dolor insoportable. Miré a Emily con agradecimiento y, también, preocupado. Si yo estaba mejor, eso significaba que ella debía de estar peor...

Comencé a caminar por mi cuenta, pero al final tuve que pasar uno de los brazos alrededor de los hombros de Adeline para apoyarme un poco. Aunque lo sentía más como un apoyo moral, ya que hacía lo posible por no cargarla con mi peso.
-¿Podemos volver a la cafetería? - pregunté a Emily. Sin duda todos necesitábamos descansar, y tal vez, si no estaba el encargado (por eso de evitar las preguntas), pudiéramos instalarnos en la sala para el personal. No se me ocurría otro sitio más cercano donde refugiarnos y pasar desapercibidos con ese aspecto que debíamos tener todos.
Fruncí el ceño. Sabía que no servía de nada que siguiera torturándome por lo que había pasado, pero era inevitable y sin duda me daría más de un dolor de cabeza hasta que fuera pasando el tiempo...E intentando no ver sólo el lado negativo...¿qué habría pasado si no hubieran estado Adeline y Emily ahí? Ellas eran las que habían conseguido liberarme del demonio, no me importaba los medios. Después de todo era muy afortunado, aunque para saber eso no necesitaba haber pasado por semejante experiencia. Ya era consciente de ello con anterioridad.
Me giré para mirar a Emily y asegurarme de que se encontraba bien. No, no estaba bien pero al menos se mantenía en pie. Agarré su mano y la apreté suavemente, sin intención de soltarla.
-Lo que habéis hecho por mí no lo compensa nada.


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