10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


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02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


25/12 - ¡Por fin se ha abierto el panel de inscripción para moderadoras/es! ¡Apuntáos cuanto antes! Además, administración quiere dejar constancia de que, con motivo de las fiestas, la nueva limpieza por inactividad se realizará entre los días 03 y 04 de enero. ¡¡De nuevo, Felices Fiestas, submundis!!


19/12 - ¡Las noticias de final de 2016 están recién sacaditas del horno! ¡Felices fiestas!


04/10 - ¡Aquí llegan el inicio oficial de la Trama Global! Seguid este caminito de baldosas amarillas para saber dónde están vuestros temas, quiénes participan y decidir en cual entrar. ¡Esperamos que lo disfrutéis mucho!


06/09 - ¡Aquí llegan los cambios en la ambientación y la trama y las noticias de agosto y septiembre! No dejéis de leerlas, porque dentro hay muchos cambios importantes.


31 # 39
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Infierno en Nueva York [Cosette y Erik Vanhanen]

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Infierno en Nueva York [Cosette y Erik Vanhanen]

Mensaje— por Invitado el Sáb Abr 18, 2015 5:51 am

Infierno en Nueva York
Con Cosette y Erick Vanhanen

La ciudad no duerme, incluso para los empresarios la noche era sinónimo de trabajo. No era algo que fuese siempre así pero en ocasiones había algunas reuniones que se prolongaban o bien eran cenas, esta era una de esas últimas.

Cuando varios nombres importantes se congregaban en un solo lugar era bueno ser parte de esas reuniones donde sacar una tajada importante. Mis negocios no eran de los más limpios, o al menos no los que más dinero ingresaban a mis bolsillos, aun así contaba con ciertas "fachadas empresariales serias" (como me gustaba catalogarlas) de las que siempre era bueno sobresalir. Esas fachadas siempre eran emprendimientos rentables, cuestiones de negocios con los bancos de la zona y demás similares que en estos tiempos había logrado conseguir en reuniones similares. Los mercados siempre se ampliaban.

Mis negocios con las drogas necesitaban insertarse en Europa porque ya habia ganado en Norteamerica, siempre buscaba la forma de contactar con gente que recorriera estos lugares para darme algún contacto de valor con el cual hablar sobre estas cosas y poder incorporarme a un mercado un poco más amplio que el de Estados Unidos. Siempre había alguien que aceptaba el probar la dulce droga de buena calidad que solía requerir de esas cocinas clandestinas que lograban que se me inflamara el pecho de solo ver como crecían, no solo en instalaciones como también en calidad de la materia que salía después a la venta.

La reunión había sido aburrida, una cena convencional, algo de comida extravagante y de cierta categoría de nivel, caviar, sushi (que no me llegaba a agradar por completo todavía), y champagne. Caras conocidas y muchas tantas que no. Tenía entre ceja y ceja una persona. Un apellido poderoso me había llegado a los oídos, como siempre en palabras de otros compañeros. Tenía como peculiaridad ser un empresario notorio, solo aparecía de vez en cuando en las reuniones por el estilo, tenía una gran consideración por el aspecto social, mucha caridad ( o formas de absorber las deducciones por impuestos como me gustaba llamarlo), y últimamente se lo veía asistir a los lugares con una niña de rasgos aniñados y mirada letal. No lo creí de momento. Igualmente nuestras mesas estaban demasiado lejos, preferí dejarlo para después.

La cena terminó, la gente comenzó a abandonar el lugar y lentamente nos fuimos retirando también del lugar. Estando en el hall seguí con la mirada a la pareja (padre e hija), la primera sensación fue de sobreprotección, el Sr. Vanhanen no quitaba la vista de la niña en toda la velada y aquí tampoco. Acomodé mi traje y me les acerqué, más tranquilo aquí esperando los autos seria más amena la presentación.

-Señor Vanhanen, un gusto conocerlo. Nunca nos han presentado, mi nombre es Santiago Collins de Collins Bussines Co. - suspiré quedo mientras observaba su rostro y respondía al saludo, para no ser descortés saludé a la niña con una sonrisa también.
- El Sr. Johnsonn me ha hablado un poco de algunos negocios que compartían, acciones y demás. He trabajado con el largo rato y siempre se olvida de presentármelo, me ha dicho que usted siempre busca gente confiable con la cual hacer negocios, así que bien quería que me tuviera en cuenta para tener alguna charla en algún momento libre donde discutir un poco sobre nuestros negocios - comenté liberándole algo de importancia al asunto, recién habíamos salido de acaloradas conversaciones sobre negocios y no tenía ganas de entablar otras más. Imaginaba a Erick de la misma forma.

Puse una de mis manos en el bolsillo del saco y retiré una de las tarjetas de presentación que era de rigor tener en estos lugares.
-Tenga mi numero, para cuando guste me llama...- indiqué después de observar su rostro y medir su respuesta. Mi mirada fue nuevamente a la niña, tan ajena a esos ámbitos, sin embargo su mirada era mas la de una adulta sagaz que la de una niña de su edad.  

Le sonreí, no tenia aprecio por los niños pero esta pequeña era especial. Sus cabellos se movían con el viento y le daba un efecto melodramático.
- Tú ya debes de tener sueño  ¿Qué edad tienes? - pregunté algo divertido, era raro verme a mí mismo hablando con niños, mi infancia había sido dura, posiblemente más que la de la niña que debería ser la envidia de sus compañeras de escuela, siendo la niña mimada por el padre seguramente era consentida por él en todo lo que pedía.




Última edición por Santiago Collins el Vie Sep 04, 2015 1:39 am, editado 1 vez
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Las reuniones de negocio siempre le ponían de un humor pésimo, pero no podía hacer otra cosa que intentar disimularlo, por el bien de sus propios beneficios. Y eso le fastidiaba sobremanera. Generalmente dejaba que Arvid se ocupase de estos temas, acudiendo en su representación a cualquier tipo de evento que requiriese su presencia, pero las noches como aquella, en las que era aconsejado para no eludirlas, sólo le aliviaba la presencia de Cosette a su lado, atenta y obediente. Educarla para ser su mano derecha en todos los aspectos de su vida era una de las cosas que le proporcionaba más placer en el mundo; había decidido que pronto comenzaría a instruirla en el ámbito de infligir dolor, por lo que pasó todo el rato que estuvieron hablando de cosas insustanciales ideando los métodos con los que iba a comenzar. Quizás matando a algún animal o haciendo que golpease con una fusta a una de las sirvientas más sumisas que tenía. Sí, eso podría valer. O quizás podría hacer que le echase cera caliente a Arvid en la piel por haber osado hacerles acudir esa noche a ese aburrido local para escuchar a esos estúpidos humanos.

Su verborrea le aburría.

A pesar de que los grandes magnates de los negocios tenían una cierta creatividad que a veces incluso le sorprendía, no podía decirse que le fascinase precisamente su escasa imaginación para otros temas. Mientras fumaban puros habanos y reían a carcajada limpia de bromas que no tenían ninguna gracia, Erik fantaseaba con situaciones más interesantes para él que, afortunadamente, sólo quedaban en su subconsciente. Les observaba, mientras tanto, con la mano derecha sujetando el rostro y el meñique y el anular cubriéndole la boca. La mano izquierda acariciaba suavemente el pelo de Cosette, que se entretenía siendo encantadora con la mujer que estaba a su lado. Tramando, como su padre, probablemente nada bueno. Eran los ojos del magnate los que estaban realmente perdidos en dimensiones ajenas a ese mundo. Dimensiones de las que regresaba fugazmente para contestar algún comentario dirigido a él con una amable sonrisa que le ayudaba a hacer convincente su alegato de cansancio.

No era nada extraño que alguien como él se encontrase rendido a esas horas de la noche, por cierto, puesto que su fama de entregado al trabajo era más que conocida en todo el sector. Cosa que siempre había difundido con sus diferentes alter-ego, y que en New York no había sido una excepción en absoluto.

Casi ni se percató de cuándo tocó el momento de levantarse, pero lo agradeció tremendamente, porque sus imágenes mentales habían pasado a las cotas en las que su autocontrol solía irse a paseo sin darse cuenta, y al final terminaba todo lleno de sangre, vísceras y muertos. No es que le importasen una mierda los comensales, pero realmente sería un auténtico engorro limpiarlo todo para que los nefilim le echasen la culpa a cualquier otra cucaracha. Tomó la mano de Cosette con suavidad para dirigirla fuera del local.

Cuando lleguemos a casa —comentó con voz dulce—, tengo preparada una sorpresa para ti, ma petit.

De pronto, estando fuera en la acera donde se esperaban los coches, una voz importunó su agradable conversación. Hastiado como estaba, a Erik le costó recordar que tenía que ser amable con cualquier posible inversionista o socio, y se tragó las ansias asesinas que pugnaban por salir y destrozar escandalosamente el cadáver de alguien. Al menos, al girarse, se topó con un joven considerablemente atractivo, por lo que al menos su mueca fue, en parte, algo verdadera. Al menos cuando se presentó, no le tendió la mano para que se la estrechase. Detestaba eso. Así que se limitó a arreglarse los gemelos de la chaqueta.

Buenas noches, señor Collins. Es un placer. Esta es mi hija Cosette —presentó, ya que se había molestado en sonreírle a la pequeña, aunque fuese por pura cortesía, y él debía responderle del mismo modo—. ¿El señor Johnson? —Tuvo que hacer un cierto esfuerzo para recordar de quién se trataba, hasta que un anciano que manoseaba una chica rubia no muy lejos de ellos apareció en su campo de visión—. Ah, sí, el señor Johnson. Discúlpeme, pero hoy ha sido una jornada agotadora y estoy realmente cansado. Sólo pienso en llegar a casa para jugar con mi pequeña antes de irme a la cama. —Apretó suavemente los hombros de la niña, que estaba colocada frente a él, entre los dos adultos, con su espaldita pegada al cuerpo de Erik. Aquello le provocaba escalofríos realmente placenteros. Alargó la mano sin interés verdadero para coger la tarjeta que le tendía, guardándola en el bolsillo delantero de su chaqueta—. Cuando usted quiera, señor Collins, será un auténtico placer. —En realidad no, pero había que disimular. Entonces se dirigió a Cosette y eso hizo que Erik apretase suavemente sus hombros otra vez, aunque con algo más de posesividad. Repentinamente una idea maliciosa se le vino a la cabeza… pero sólo si a Cosette le gustaba realmente ese muchacho…—. Vamos, ma petit, respóndele al señor Collins —apremió.

Off:
Siento HORRORES la tardanza, de verdad.
Pero como ya anuncié por ahí, entre que he estado muy liada con otros temas que se me acumularon -y que han vuelto a acumularse =_=- y la mudanza... Me he puesto con los post ahora otra vez. Intentaré que la cosa no se demore tanto para la próxima aunque...  tampoco puedo prometerte nada ;--;
Igualmente gracias por tu paciencia y espero que te guste.
¡Un saludo!


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Re: Infierno en Nueva York [Cosette y Erik Vanhanen]

Mensaje— por Invitado el Vie Mayo 15, 2015 11:10 pm


Infierno en Nueva York

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Aquella aburrida señora –o señorita, como se había empeñado la propia en que Cosette la llamase– no paraba de hacer todo tipo de tonterías para tratar de hacerla comprender que ella entendía a la perfección que Cosette se aburriese en aquellas larguísimas reuniones de trabajo. La mujer parecía estar más bien poco acostumbrada a aquellas reuniones, puesto que incluso la propia niña prestaba más atención a las palabras de aquellos viejos milenarios que fumaban como una locomotora. No paraba de hacerle carantoñas, y también le había regalado una especie de llavero viejo con la cara de Hello Kitty. Cosette era una amante de la gatita blanca, pero en aquel momento sólo mostró una leve sonrisa de aprobación ante el regalo de aquella mundana. En su mente sólo rezumaban las ganas de estrellar su cabeza contra la pared y manchar de sangre todos los perfectos e impecables trajes de los asistentes. Tanta perfección la estaba aburriendo soporíferamente. Rezaba interiormente para que cualquiera de aquellos carcamales se cortase un dedo con uno de los folios y pudiese haber algo más interesante en lo que centrar su atención, que no fuese soportar a aquella parlanchina con incontinencia verbal.

Mientras los ojos de Cosette suavemente se declinaban sobre la muchacha que le prestaba toda su atención, como si la pequeña fuese lo más interesante que hubiese en la sala, la niña había dirigido su mirada hacia uno de los empresarios que había sentado unos sitios más hacia la izquierda. Se trataba de un mortal, cuyos ojos azules habían llamado la atención de la pequeña francesa. No pudo evitar fijarse en ellos, entrecerrando los suyos. Eran realmente llamativos, y que algo llamase la atención de la niña no se transformaba en algo positivo, sino todo lo contrario. Su pelo castaño y revuelto parecía estar colocado con la misma perfección que su traje, y sus facciones, perfectamente alineadas y sin ninguna imperfección en su piel blanquecina, eran la guinda del pastel que denotó la bomba interior de la francesa. Aquel chico le gustaba. Lo quería para ella. Erik se enteraría de aquello. No podía esperar al final de la reunión para decírselo...

Cuando la manecilla grande del reloj marcó y cinco, por fin aquellos vejestorios reunieron todos los papeles dentro de una carpeta que golpearon varias veces contra la mesa, se estrecharon las manos entre carcajadas y tosían bravuconamente por el humo de los puros. El aire estaba infestado de tabaco, pero a Cosette no le molestaba. Es más, estaba deseando que cualquiera de ellos se atragantase con uno de aquellos gruesos puros hasta quedarse tieso y frío como una lagartija, en el suelo; mientras cualquiera de ellos que no se hubiese dejado llevar por el pánico le estaría practicando un masaje cardíaco, sin éxito.

Cosette agarró la mano de Erik para salir del lugar. Ésto le proporcionó la seguridad suficiente como para que aquella molesta mosquita muerta dejase de acosarla y de hacerla perder el tiempo más de lo necesario. Esperaba no tener que volver a verla jamás; o si la veía alguna vez, que fuese con su cuerpo ensangrentado y casi a punto de romperse. Sonrió con inocencia.

Una vez abajo, Cosette pegó la espalda al torso de su padre. Cerró los ojos, disfrutando de la leve brisa nocturna que yacía sobre Nueva York, y que movía sus cabellos trigueños con gracilidad. No había soltado la mano de su padre en un sólo instante, y se alegraba de tener que volver a casa. Sobre todo cuando sus oídos, gozosos, habían recibido el preludio de que algo bueno estaría esperando allí. No podía esperar más a llegar...

Pero justo cuando la armonía parecía comenzar a reinar en aquel momento, una voz masculina interrumpió las ensoñaciones de Cosette, e hizo que su corazón diese un fuerte brinco. Abrió los ojos de forma fugaz y se repegó más contra Erik. Se trataba del muchacho trajeado que antes le había llamado la atención. Parecía interesarse por los negocios con Vanhanen, cosa que no era muy rara; después de aquellas reuniones, siempre aparecían los típicos “vende-acciones” que se empeñaban en dar tarjetas a diestro y siniestro. Él no fue uno menos. Se llamaba Santiago Collins, y aunque reclamaba a Erik, su atención final se llevó a Cosette. Su voz melosa, suave y quizás con más delicadeza de la pretendida fue lo que encandiló a la pequeña francesa. Sonrió con dulzura, mientras en su maquiavélica mente comenzaban a llevarse a cabo retorcidos deseos que harían las delicias de Erik.

Tengo doce años – dijo, con el tono de voz más dulce y empalagoso que logró poner en aquella situación. Pero Cosette no iba a perder más tiempo. El ansia apremiaba y los coches pitaban en fila india, reclamando a los empresarios. Con el corazón encogido por un puño invisible, Cosette giró la cara para encontrarse con la de su padre –. Papá, ¿podemos invitar al señor Collins a tomar un chocolate caliente a casa? – preguntó, cruzando una mirada cómplice con Erik.

Ambos estaban pensando de la misma forma. No era necesaria una comunicación verbal, no era necesario ningún gesto más. Padre e hija parecían haber sido fabricados el uno para el otro, y en aquella simple mirada, Erik sabía cuáles eran los verdaderos deseos de Cosette. Y los cumpliría, claro que lo haría. Mirando a su padre coaccionaba a Collins para que aceptase su proposición, que, aparentemente, sonaba bastante común y normal en una pequeña de su edad. Pero Collins se arrepentiría de su decisión, cualquiera que fuese. Porque ya no tenía escapatoria.


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Yo igual, lamento muchísimo la tardanza, pero estoy de exámenes hasta arriba. Espero que os guste el post. Prometo responder más a menudo. <3
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Re: Infierno en Nueva York [Cosette y Erik Vanhanen]

Mensaje— por Invitado el Vie Jul 03, 2015 8:58 pm

Infierno en Nueva York
Con Cosette y Erick Vanhanen

Bien, la parte mas importante ya estaba. No había mucho mas por hablar con alguien cuando ya esta sobrepasado de trabajo. Entablar una aburrida conversación de ese mismo estilo solo aburriría mas la noche. Sonreí con cortesía mientras guardaba mi tarjeta en su saco y observaba a su pequeña. La niña no era de las que molestaban, al menos se mantuvo tranquila toda la reunión. Era difícil encontrar niños así cuando se tenia mucho dinero y todos los caprichos eran cumplidos al instante.
Yo mismo me consideraba un chico molesto de pequeño. Cosa que veía, cosa que quería.

Una carcajada amable brotó de mi al escuchar su tierna voz. Chocolate caliente, era una ternura.
Si el Sr. Vanhanen no se oponía era una buena forma de conocernos un poco mas y así empiezan las mejores relaciones. Eso dicen.

Hice una pequeña pausa de cortesía mientras Erik pensaba la pregunta con una mirada hacia la niña que mas que reproche pareció una forma de entender las necesidades de ella en que la acompañara en su fiesta de Te con su jueguito nuevo de porcelana. Interiormente la idea me encantó. Ya podía yo verme en medio de un juego de te, frente a una mesita de madera con pequeñas sillas a su alrededor en una habitación decorada con doseles rosados bebiendo de una pequeña tacita. Mente perversa me juegas una mala pasada frente a un inicio de dialogo...

- Como el Sr. Vanhanen quiera pequeña. No es mi interés molestarlos, pero si no es hoy, me gustaría al menos pasar en otro momento para tomar un chocolate caliente con ustedes - dije casi frente a la niña, ella era muy agradable y los niños necesitan ese amor también, sentirse grandes en algún momento. Estaba agachado para igualar su altura por lo que mi mirada pasó de la niña al padre en forma de pregunta también.

- Y... como te llamas? - pregunté para volver a ella. Algo en ella invitaba a conocerla un poco mas, seria su reserva, su calma que hacia suponer que dentro de su cuerpo de oveja podía esconderse un león. Los autos de la empresa de transporte habían llegado, era momento de decidir. Obviamente me mantuve frente a la niña hasta de decisión del padre, no tenia ganas de dejar pasar la oportunidad, mas aun si la tenia en la puerta frente a mi.


 


Última edición por Santiago Collins el Vie Sep 04, 2015 1:37 am, editado 1 vez
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Había muchas cosas que hacían que Erik se sintiese decepcionado y hastiado en su día a día, continuamente, de hecho. Cada pequeño fallo, cada diminuto error, cada ínfima muestra de incompetencia por parte de sus subordinados hacía que el demonio terminase estallando. Literalmente. Y por lo general, la cabeza de alguien. También estaban la insubordinación, la incompetencia, y, por supuesto, los humanos y subterráneos en general. Ninguno de los que le servían o con los que había trabajo le habían dado plenas satisfacciones que no fuesen sexuales; y a veces ni siquiera eso, tan aburridos y tan lacónicos como se mostraban en algunas ocasiones. Pero si había alguien que sabía que nunca le iba a defraudar, esa era su pequeña Cosette.

Desde el mismo día en que la había adoptado, cuando le había casi reventado un ojo a una de las monjas con las que se había criado los años antes de que él apareciese en su vida, supo que aquella niña iba a ser la alegría de su vida, si es que acaso un demonio podía albergar tales sentimientos dentro de sí. Las satisfacciones que le daba con su actitud, con su evolución, no tenían parangón. Cosette era todo lo que había esperado de ella y muchísimo más, por eso, cuando habló con voz melosa al señor Collins y se giró para, por favor, pedirle que le dejase ir con ellos a casa a tomar una bebida caliente, Erik emitió un leve suspiro, apretándole las mejillas suavemente a su pequeña, como cualquier padre haría cariñosamente con su hija.

Mucho debía de gustarle, desde luego, para haber accedido. Y mucho iban a divertirse a costa de ese pobre desgraciado.

Lo cierto es que ha sido un día agotador, pero este pequeño diablillo que tengo por hija no me lo perdonará si no le invito a venir con nosotros. Así que queda formalmente invitado a tomar, ¿cómo era?, ah, sí, un chocolate caliente.

Rió, intentando parecer divertido por la ocurrencia que había tenido la pequeña, cuando en realidad estaba expandiendo su cerebro para idear qué podían hacer nada más llegar a su mansión. Erik disfrutaba dándole un trato especial a cada víctima que se le acercaba, así que, si no era propicio, no tenían por qué empezar con la tortura física, aunque habían sido esos sus planes para Cosette. No, podían establecer algún tipo de juego con ese joven empresario; alguna pantomima que le hiciese creer que podía sentirse a salvo entre los Vanhanen para, al final, apretarle firmemente contra las cuerdas y hacerle sufrir. La simple idea le pareció absolutamente deliciosa, claro que tenía que comentarlo con la niña porque al ser joven, Cosette era realmente impaciente y tendía a actuar antes que a pensar cuando conseguía lo que quería. En este caso, que el señor Collins fuese con ellos a casa.

Una vez la pequeña y el adulto hubieron intercambiado un par de palabras más, Erik se acercó a su coche y le ofreció a Santiago que entrase con ellos, alegando que podía mandar su limusina a su casa porque, con mucho gusto, le dejaría uno de sus coches para regresar.

Sería más cómodo y además, así podríamos comenzar a conversar mucho antes de llegar a nuestra casa. Claro que si se siente más cómodo yendo en su vehículo y siguiéndonos durante el camino, no seré yo quien insista demasiado, desde luego. Entiendo que prefiera mantener una cierta intimidad. Ningún jurado del mundo le condenaría.

Abrió la puerta, esperando que Cosette se introdujese, y esperó con semblante paciente a que Santiago se decidiese, mientras que por dentro, se podía asegurar, estallaba en llamas por la impaciencia. A veces soportar su propia máscara le suponía tal esfuerzo que terminaba pagándolo con quien realmente no tenía la culpa de nada. Pero eso a Erik poco le importaba, la verdad.


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Re: Infierno en Nueva York [Cosette y Erik Vanhanen]

Mensaje— por Invitado el Lun Ago 31, 2015 9:33 pm


Infierno en Nueva York

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Cosette cuidaba minuciosamente de cada uno de sus gestos, haciendo alarde de su buena educación y de ésa tranquilidad impasible de muñeca de porcelana que tanto la caracterizaba. Al lado de Erik, siempre se sentía como uno de ésos gatos mullidos y de un color blanco como la nieve, que danzaban alegremente sobre las piernas de sus amos para que éstos les acariciasen la espina dorsal mientras amenazaban de muerte a aquel pobre hombre que había tenido la desgracia de inmiscuirse donde no le llamaban, o peor aún: de deberle dinero a alguien que estaría dispuesto a desollarse para beber su sangre o cocinar sus sesos al más puro estilo Hannibhal Lecter.

Tras las hábiles palabras de Erik, Cosette le lanzó una mirada desdeñosa a Santiago Collins, cargada de dulzura y de ése poderoso magnetismo, fruto de una escrupulosa tarea de dedicación a todas sus posturas y gestos, con el fin de encandilar a las próximas víctimas de sus sangrías. A la pequeña le había llamado poderosamente la atención aquel mundano; quizás se tratase de sus ojos azules profundos como océanos, de sus rasgos afilados, más propios de un vampiro quizás; o tal vez por aquel traje que hacía que resultase tan atractivo, como casi todos los hombres. Estaba acostumbrada a que Erik usase traje siempre, por lo que ver a los demás con traje tampoco creaba en ella el más mínimo misterio. Sin embargo, aquella noche, Cosette había decidido que no se iría a la cama tan pronto, y que antes de hacerlo, debía sin duda divertirse. Sus innumerables Barbies y todos los accesorios que ellas traían no conseguirían darle la paz de un sueño reparador; así que el leve pensamiento de Erik maltratando a aquel mundano hasta hacerlo papilla le infundió ésa sensación de tranquilidad y bienestar que tanto ansiaba.

Así pues, tras lanzarle aquel dardo venenoso en forma de mirada a Santiago Collins, la pequeña se giró grácilmente sobre sus propios pies, haciendo revolotear a su alrededor la falda de tutú beige de su vestido, y echó a andar con pasos ligeramente voraces, hacia la limousina de Erik, mientras éste le sujetaba la puerta para que entrase. A Cosette le molestaba imperiosamente que los guardaespaldas no hiciesen sus tareas propias, como peinarle las muñecas o lavar a mano sus peluches, pero no sujetar la puerta mientras la señorita entraba era algo intolerable. Por éso su rostro se ensombreció en cuanto entró al vehículo, mirando al chofer por el espejo retrovisor y dedicándole una mirada cargada de odio y maldad, como si acabase de pillarle robándole tabaco a Erik, o algo por el estilo.

Estúpido – murmuró, en un tono lo suficientemente delicado como agresivo, para que el conductor pudiese escucharla y los de afuera no.

Cosette se acomodó los mechones de pelo rubio y asomó levemente la cabecita por la puerta, penetrando con su mirada aún al señor Collins.

¡Vamos, señor Collins! – apremió con un toque de azúcar en su tono de voz –. ¡Esta limousina es estupenda! ¡El chofer la limpió ayer! ¡Es un amor! – sonrió de forma falsa y retorcida al espejo retrovisor, completamente segura de que su cuello quisiese ser estrangulado en aquellos precisos instantes. Pero le daba igual. El pensamiento de que no podía hacerlo, de estar refugiada tras aquella pared que le daba seguridad, era algo tan placentero que no pudiese describirse con palabras exactas.

En realidad, con aquella insistencia sólo quería echarle una mano a su padre adoptivo. Él quería con la misma intensidad que ella que Santiago Collins aceptase la proposición de llevarle en su flamante limousina hasta la mansión Vanhanen, donde compartirían algo más que un chocolate caliente. Ya podía relamerse imaginando cómo el señor Collins comenzaba a sentir las gotas de sudor frío resbalando por la frente, mientras Erik se acomodaba en su sillón de cuero negro balanceando un vaso lleno del whisky más caro de toda Nueva York. Aquellos minutos de tensión provocaban en Cosette el estallido de una fiesta de emociones y sensaciones, impropias para una niña de su edad.

O, más bien, impropias de una persona equilibrada.
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Re: Infierno en Nueva York [Cosette y Erik Vanhanen]

Mensaje— por Invitado el Vie Sep 04, 2015 1:36 am

Infierno en Nueva York
Con Cosette y Erick Vanhanen

Una opresión. Algo en su pecho le pedía a gritos que no aceptara la propuesta que con tan buen gusto el mismo se había ganado.

¡Qué estúpido se sentía cuando eso pasaba! Buscaba las mil y una formas de entablar una agradable conversación de negocios y apenas esta se le presentaba Zaz! Esa vocecita interna que lo hacia ser un poco mas precavido. Aunque últimamente no solía funcionar como en otros tiempos. Todo parecía rondar a su Ex Ángel de la Guarda, ahora un Ángel Caído (con lo que implica saberlo y conocer uno) Inocence quie ya no le daba la protección anterior.

- Bien ¿qué mas da? - confirmé mas para mi que otra cosa.
Tragué saliva para borrar cualquier indicio de arrepentimiento y maletín en frente subí tras la feliz pareja en la limusina de Erick.

Espaciosa, moderna y confortable apenas son simples adjetivos cuando de describirla se trataba. Obviamente la elegancia de ese automóvil debería ser importada y posiblemente la habían hecho especialmente con su firma. Tenia el placer de conocer algunas empresas del sector e inclusive había tenido la oportunidad de visitar fabricas de ensamblado de autos, pero esto iba mas allá de cualquier diseño clásico.
- Tienen una nave estupenda ustedes. Muy buen estilo... - dije admirado y asombrado acentuando las palabras mientras observaba el detalle de las terminaciones. Y el auto se puso a andar con nosotros dentro. Aproveché unos momentos para enviarle un mensaje al chofer confirmándole que podía retirarse ya a descansar hasta el día de mañana.

Cerré el móvil y mientras las luces de la ciudad se perdían fuera del automóvil tomé la iniciativa de la charla
- Y ¿dónde se hospedan? - pregunté buscando algún tema de conversación. Tan poco sabía de Erick y su hija que hasta ya parecía querer tener la posibilidad de googlearlo antes de mirarlo a los ojos. Algo poderoso de él generaba tal impacto que me tenia preso. ¿Acaso no había yo hecho un curso de posturas de poder? De todas formas este parecía superarlas ampliamente generando incluso cierto temor a una reprimenda. Así que de reojo me dediqué a perderme un poco en el viaje de la niña, que lejos de las actitudes de su padre, parecía haberse quedado con toda la tranquilidad y sumisión que allí podía haber.


 
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Erik sonrió abiertamente ante la insistencia de Cosette. Cualquier persona podría haber llegado a pensar que se trataba simplemente de un padre que amaba demasiado a su pequeña hija adoptiva, cuando la realidad estaba tan lejos que podía provocar pesadillas. La forma de actuar de la niña era tan perfecta como en todas las ocasiones en las que se habían visto envueltos de una índole parecida. Y por supuesto, como se hubiese dicho antes, ella nunca le defraudaba. Algo parecido al orgullo –si es que alguien como él podía procesar un sentimiento así– se instaló en su pecho. Ella siempre se comportaba como estaba supuesto que debía hacerlo. La única que nunca habría de fallarle.

Permitió que Santiago entrase primero en el coche y luego, tras quitarse el botón inferior de la chaqueta, hizo lo propio. Se deslizó suavemente en el asiento hasta quedar al lado de Cosette, y después de darle orden al chofer para que arrancase, perdió los dedos en la suave melena de la pequeña, mientras mantenía una postura tan regia que podía haber pasado por alguien de la nobleza. En realidad, era algo así, pero eso el joven empresario no podía saberlo. Asintió suavemente cuando alabó su buen gusto en coches, como si aquello no tuviese la más mínima importancia, aunque en el fondo su petulancia le hizo sentirse alabado.

«Buen chico», pensó, «si sigues así quizás el sufrimiento podría llegar a ser algo menor…»

Muchas gracias, señor Collins. A decir verdad, creo que es la que más usamos cuando nos trasladamos de un lado a otro.

En su rostro había dibujada una mueca de tranquilidad, quizás, se podría interpretar, porque le relajaba tocarle el pelo a la niña. Sin embargo, su fuero interno ardía, y su mente trazaba miles de ideas complejas para el transcurso de la noche. Se imaginó que sa petit querría verle sudar y sufrir prontamente. Erik tampoco podía negar que estaba realmente impaciente por ver esos bonitos ojos llenos de dolor, pero las cosas había que trabajárselas lentamente. Él debía llegar a sentirse realmente seguro, a salvo en su compañía. Daba igual que tardase el proceso días, o semanas. La verdadera satisfacción llegaba con la decepción. Se le crispó la mano que mantenía sobre el regazo en un gesto involuntario, pero la controló en seguida. Ah, tendría que hablar con Cosette al bajar del coche para dejarle claras algunas cosas…

Tenemos una mansión en los suburbios. Podría decir que es sencilla, pero estaría mintiendo como un bellaco, y no creo que esa sea una buena base para un futuro negocio —bromeó; o hizo como que bromeaba, aunque no podría notarse la diferencia—. No. Sin embargo sí puedo alegar que no es nada barroca. —Aunque las habitaciones que utilizaba para otros menesteres sí que lo eran—. ¿Y usted?

En realidad le importaba poco más que una mierda. Para Erik esos detalles eran tan poco relevantes como el polvo del salón; sin embargo los humanos agradecían esas cortesías, ese intercambio de información tan banal que sólo servía para satisfacer sus hinchados egos. Criaturas infectas. Sin embargo, algún placer podían proporcionarle, sí, aunque fuese sólo con su sufrimiento. De todo que fingió un total interés en todo lo que el joven le estaba diciendo, mientras Cosette seguía a su lado, absorbiendo cada palabra que pudiese salir de los bonitos labios de Santiago. Si hubiese tenido algún tipo de emoción que no estuviese manchada o podrida, probablemente hasta podría haber llegado a sentir lástima por ese infeliz que estaba frente a ellos, ignorante de todo.

Pero, meh, ¿qué más daría? Mundanos había a patadas en ese mundo, poblándolo como hormigas, como langostas. Eran una plaga. Uno más o uno menos no alteraría el curso ni el rumbo de la historia que se estaban marcando ahora que se creían los amos del planeta. Pobres imbéciles desgraciados…


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Re: Infierno en Nueva York [Cosette y Erik Vanhanen]

Mensaje— por Invitado el Sáb Oct 03, 2015 11:21 am


Infierno en Nueva York

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La macabra impaciencia de su padre adoptivo sólo podría ser percibida por aquellos que hubiesen estrechado tanto su relación con Vanhanen. Y, por supuesto, ni siquiera aquel chofer de tres al cuarto hubiese podido siquiera imaginar lo que su amo estaba tramando en su interior. Pero Cosette sí. Ella notaba las ansias de Erik Vanhanen bullendo en su interior como un magma caliente proveniente del interior de un volcán a punto de estallar. Y lo sabía porque ella misma podía experimentar algo parecido en sus propias carnes; por supuesto, no de la misma intensidad, pero sí de una envergadura parecida. Probablemente con el paso de los años, Cosette se convirtiese en una pequeña máquina de matar, una sádica creación para disfrutar con el sufrimiento de sus semejantes. ¿Estaría verdaderamente aquel pequeño demonio que se imaginaba aparecer en su hombro creciendo dentro de su interior y ganándole terreno al ángel que de vez en cuando quería hacer aparición en su mente para llamar a la cordura? ¿Iba a convertirse Cosette en un ser desalmado y cruel, vil hasta en sus más nobles intenciones, que disfrutase con el olor de la carne pudriéndose o rasgándose? Ni siquiera éstas imaginaciones podían tener cabida en su pequeña pero retorcida mente. Quién sabía lo que el destino le tenía guardado a la pequeña de ojos cristalinos y cabello del color de los trigales en Verano. En aquella dimensión incierta, todo era posible y, por aquella regla de tres, todo tenía la oportunidad de convertirse en real. Incluso las más abruptas pesadillas.

Notó las yemas de los dedos sobre su cuero cabelludo, deslizándose y enredándose entre sus mechones del color del Sol, y supo que Erik estaba disfrutando con aquel preludio de una noche que prometía en todos los más oscuros sentidos. Aquella conversación, en apariencia tan inocente como la propia mirada de la niña, no estaba siendo más que un pequeño incentivo, un adelanto de lo que posteriormente se convertiría en algo prometedor y totalmente censurable éticamente. Cosette había visto con sus propios ojos la sonrisa blanquísima de Erik siendo manchada por el color rojo potente de las arterias rebentándose y estallando en pequeñas gotitas que después adornaban las paredes de la habitación, y que los criados limpiaban concienzudamente al día siguiente. Una imagen que cualquiera hubiese reprobado para los ojos de una niña de doce años. Y que, curiosamente, era uno de los acontecimientos más deliciosos que Cosette hubiese podido experimentar en su vida.

¡Oh, sí! – las comisuras de sus labios inocentes se estiraron hacia arriba al tiempo que sus cejas se arqueaban en una expresión de lo más cándida –. ¡Tenemos una casa muy grande! – sus pupilas fueron a parar sobre los ojos, de un color muy parecido al de Cosette –. ¡Tengo muchas Barbies! Podemos jugar un ratito, señor Collins – agachó la mirada a continuación.

A pesar de su corta edad, Cosette sabía muy bien cuáles eran sus puntos fuertes. A conciencia, Cosette hacía uso de sus grandes dotes de persuasión. Sabía que aquella caída de párpados, acompañada por un ligero y suave pestañeo, haría las delicias de Santiago Collins. Un cuerpo inocente que encerraba un alma –aparentemente– inocente era algo que llamaba la atención, que despertaba aquel sentimiento que los humanos solían llamar “ternura”. Y si a todo ello le sumábamos el hecho de que Cosette era una niña que había pasado tantas penurias en su pasado, el combo dulce se hacía aún más tierno que antes, si era posible. Cosette disfrutaba percibiendo cómo la situación se normalizaba cada vez más, cómo Santiago Collins se relajaba poco a poco y hacía que Erik se sintiese aún más cómodo y disfrutase más con aquello. La pequeña permaneció unos segundos en silencio y, a continuación, continuó hablando con el tono de voz más acaramelado que fue capaz de emular:

¿Hará usted negocios con mi papá, señor Collins? Tiene mucho dinero. Desde que murió mi mamá, está un poco triste...

Cosette dirigió sus ojos blanquecinos a Erik. Había ideado una rápida estrategia para que Santiago Collins picase el anzuelo. Por supuesto que no había ninguna mamá muerta, pero sabía, por experiencia, que los humanos sentían compasión los unos por los otros por las pérdidas. Así pues, Cosette quiso transmitirle a su padre aquella idea en una simple mirada. Y lo hizo.
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Re: Infierno en Nueva York [Cosette y Erik Vanhanen]

Mensaje— por Invitado el Vie Oct 23, 2015 5:56 am

Infierno en Nueva York
Con Cosette y Erick Vanhanen

Traté de imaginar el tipo de propiedad que podían tener los Vanhanen, quizá con detalles ostentosos, mucho mármol a considerar por la frialdad de su par, mucha tecnología y varios juegos para la niña, pero no barroca. Eso no se le había cruzado, menos aquí en Nueva York, quizá la casa Europea si era de las recicladas de otras épocas. Esas si merecían el estilo. Lo moderno no pasaba por esos estilos tan aletargados. Aunque tampoco apelaba al estilo minimalista. Le resultaba insulso.

- Lo mío no pasa de ser un Penthouse en la parte alta del Trump World Tower. Puros vicios electrónicos… cero estilo – comentó sonriendo al notar que poco tenia del estilo y clase que había sabido llevar su padre con su mismo apellido. Podía hablar basuras de su padre, pero en eso no tenía más que darle el crédito, muy a su pesar. Posiblemente eso no era parte de la herencia que tenia de este. La herencia que podía quedar había muerto con su madre. Su propio padre le había robado a su amor mas grande, a su madre. Porque a pesar de lo que la investigación confirmaba yo sabía internamente que mi padre tenía mucho que ver en ese deceso.

Me había dispersado cuando sentí la voz de la niña, tierna y suave como un murmullo hablando de sus muñecas. Era lo mas importante para un niño al menos. Como habían sido sus muñecos de acción en su momento. Le sonreí indicando con ello que ya estaba mayor para ese tipo de juegos. Los tiempos corrían para todos y los juegos de la actualidad eran los negocios. Cosette pareció comprender esto porque bajó su mirada.

- Sería bueno mantener un dialogo con tu padre para ver en que podemos beneficiarnos ambos, hoy, mañana, o cuando sea. El dinero  es el premio que luego se nos da por los buenos negocios y las empresas bien hechas –
comentó sin darle mucha importancia. Se había quedado con la información de la pérdida de la madre de la niña. No tenía idea de ello y decidió observar la reacción de Erick a las afirmaciones de su Cosette – Comprendo... – comenté simplemente para no parecer sorprendido ni descortés y dediqué una mirada por la ventana del automóvil.


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Durante un breve segundo, en la mente de Erik se recreó la escena que se había sucedido en París, en el hotel donde solía hospedarse, el mismo día en que había adoptado a Cosette, en contra, aparentemente, de los deseos de todas las monjas de su orfanato. La deliciosa mentira que había sabido perpetrar la pequeña para ganarse su atención, aunque evidentemente falsa, había hecho sus delicias en aquel momento, demostrándole que la pequeña tenía un maravilloso don para crear mentiras en tan sólo un mísero segundo. Mientras le acariciaba el pelo con la mano, escuchó lo que se estaba pasando por su cabecita perfectamente, a pesar de haber intercambiado solamente una frase. Y habría sonreído macabramente en cualquier circunstancia ajena a aquella, puesto que la idea que había concebido Cosette era maravillosa. Pero supo mantener el temple en ese momento, y lo único que hizo tras la revelación de la niña fue cerrar los ojos lentamente, como pesa de un abatimiento repentino. Como si le hubiesen atravesado el corazón con una daga ardiente.

Vamos, vamos, ma petit. No le digas esas cosas al señor Collins. —Dirigió la mirada hacia él, algo oscura, como si estuviese teñida por una leve melancolía—. Discúlpela por decir esas cosas, aunque no sé quién de los dos está más triste, ¿verdad, cherie? —comentó, como si estuviese reprendiendo a la niña por ocuparse demasiado de él cuando ella estaba en las mismas circunstancias— . Lo cierto es que he buscado distraerme con el trabajo para que la soledad no me golpee tanto, e intento hacer que mi hija tampoco note la ausencia de mi esposa pero a veces… resulta complicado. No sé si usted me entiende. —Le dio un suave beso en la cabeza a Cosette— . Pero intentamos ser fuertes, ella y yo. Así que no se preocupe, que no habrá lágrimas esta noche —bromeó, queriendo quitarle yerro al asunto.

Rápidamente su cabeza empezó a maquinar ideas sobre la que podría haber sido su esposa antes de ese trágico acontecimiento que la arrebató de su lado, y se deleitó imaginando cuantísimas posibilidades podían existir. No debía ser algo demasiado inverosímil, pero tampoco algo común, porque de lo contrario la compasión no sería tan grande. Dónde se habían conocido, dónde habían pasado su luna de miel, la trágica idea de que ella era estéril y por eso habían adoptado a varios niños para darle un futuro mejor, y a Cosette como hija propia, y cómo al final había terminado yéndose de ese mundo antes de lo que le habría correspondido. Mientras Santiago parecía volcado en sus pensamientos, Erik hizo lo propio, imitándole, mirando a través de la ventana, como esperando encontrarse con alguna señal, del tipo que fuese.

Dígame, señor Collins. —preguntó sin establecer contacto visual—. ¿De qué negocios le gustaría que hablásemos en concreto? Sabe que soy propietario de varias empresas y que tengo en mi poder otros tantos hoteles, donde se aloja la la crème de la crème a nivel mundial; actores, políticos, deportistas famosos… Vayamos tratando el tema; y no se preocupe por Cosette, no se aburrirá. Es una niña muy inteligente y que algún día no tendrá más remedio que sustituir a su viejo padre en asuntos de negocios, así que me gusta que esté presente en algunas transacciones y charlas. Así que cuénteme, ¿qué ideas tiene una mente tan joven y brillante como la suya?

Aguardó pacientemente su respuesta. Quería haber dado la apariencia de estar cumpliendo con lo que él mismo había dicho segundos antes: refugiarse en el trabajo para escapar del dolor. No sabía si lo había conseguido, porque aquel era un ámbito en el que hacía muchísimo tiempo que no se movía (el de la compasión) y quizás lo tenía un tanto oxidado. Fuese como fuese, desviar la conversación conforme se acercaban a la mansión era el preludio que probablemente el muchacho esperaba. De modo que decidió dárselo.


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Re: Infierno en Nueva York [Cosette y Erik Vanhanen]

Mensaje— por Invitado el Mar Dic 15, 2015 11:18 am


Infierno en Nueva York

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Anotó mentalmente aquello. Santiago Collins no iba a jugar con ella y con sus muñecas. Éso denotaba que no estaba tan interesado en ella como en apariencia había tratado de parecerlo. Lo único que interesaba a Santiago Collins aquella noche eran los negocios, y ése era un ámbito en que Cosette no podría desenvolverse con demasiada soltura, puesto que desconocía un frío noventa y nueve por ciento del ámbito de la economía que manejaba su padre. Sin embargo, se consideraba una niña superiormente intelectual, y estaba segura de que, si prestaba la suficiente atención, lograría comprender algo y seguramente ella incluso podría participar en la conversación, aunque sus aportaciones no fuesen a ser de demasiada importancia para ambos adultos. O, al menos, no para Santiago Collins, que había logrado sembrar en la niña aquel venenoso germen de la desconfianza al negarse a jugar un rato con ella y con sus muñecas rubísimas y delgadísimas, justo como Cosette iba a ser de mayor.

Sus párpados se habían entornado hasta convertirse en dos frías rendijas azules, que deslizó hacia arriba y hacia abajo por la silueta de Santiago Collins, aquel extraño hombre demasiado interesado en los negocios de Erik Vanhanen como para darse cuenta de que ya había sobrepasado la mandíbula del lobo y que se iba a introducir de lleno en un agujero oscuro y sombrío, del color y textura de la noche. Tuvo que conformarse con mirar por la ventana mientras notaba los labios marmóreos de Erik posándose sobre su cabello rubio. La conexión mental con su padre adoptivo era tan fuerte e intensa que ambos habían logrado perfectamente compaginarse para inventar algo parecido a una pérdida irreparable de esposa y madre. Se preguntaba interiormente qué estaría maquinando su papá para enternecer a Santiago Collins, pero estaba segura de que aquella versión elaborada por Erik lograría colarse como una serpiente entre sus sienes y le mordería el corazón, inyectándole aquella pequeña dosis de adrenalina que siempre corría por sus venas cuando se sintonizaba con Erik de aquella forma tan intensa.

Matthew, al volante, permanecía completamente callado. Él también era cómplice de las aventuras de los Vanhanen y, de momento, había demostrado ser el humano más fiel que ambos habían podido encontrar, así que Cosette había comenzado a aceptarle, poco a poco, a pasos demasiado pequeños, pero lo había hecho. Matthew ya no le transmitía ésa desconfianza, sino que lo había empezado a ver como ésa mascota obediente y sumisa a quien explotar tantas veces como lo deseara.

Antes de lo previsto, Matthew pisó suavemente el freno del lujoso coche de los Vanhanen, y lo dejó estacionado delante de la lujosa puerta azabache de la enorme mansión Vanhanen. Matthew tenía instrucciones precisas de dejarles justo en la puerta de casa, pero Cosette no pudo evitar sorprenderse por la brevedad del trayecto. Ligeramente atontada, dejó que Matthew abriese la puerta de Erik para dejarle paso hacia la casa y ella hizo lo propio; cuando Matthew se acercó a abrirle la puerta, la niña le dedicó una sonrisa suave y tranquila, como si de nuevo confiase plenamente en él. Sonrisa que se chocó con la sombría expresión del guardaespaldas, por supuesto.

La puerta de la mansión se abrió cuando Cosette llamó al timbre tres veces; era su señal especial, la que denotaba que la pequeña francesa estaba en casa y que reclamaba su espacio. Fue la señora Basset quien abrió la puerta, con su habitual delantal blanco perfectamente planchado, sus labios de un tono rojo sangre intenso, y su cabello despeinado por la faena de estar de acá para allá organizando todos los atavíos de la enorme casa.

¡Oh, señorita! – sonrió ampliamente al ver a Cosette –. ¡No les esperábamos tan pronto, señor Vanhanen! – sus ojos pequeños, como dos aceitunas negras, fueron a parar al patriarca de la casa.

¡Señora Basset! – Cosette rodeó con sus bracitos el corpulento cuerpo de la criada, y estrechó su carita de querubín contra su delantal blanco blanquísimo –. ¿Me habrá usted cocinado mi filete ruso para cenar? – sonrió, elevando la mirada para contemplar a la criada.

¡Oh, por supuesto que sí, petite! – La señora Basset acarició los cabellos rubios de Cosette –. Nicky está en la cocina haciéndolo justo como a usted le gusta, petite: poco hecho. – Sus ojos volvieron a alzarse hacia Erik –. Dispénseme, señor Vanhanen. Pasen. – La criada se echó hacia un lado para dejar pasar al extraño trío, y Cosette corrió por la casa hasta llegar a la sala de invitados, donde ocupó su sillón Luis XIV esperando a que los dos hombres llegasen, secundados por la señora Basset.
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Re: Infierno en Nueva York [Cosette y Erik Vanhanen]

Mensaje— por Invitado el Mar Ene 19, 2016 4:00 am

Infierno en Nueva York
Con Cosette y Erick Vanhanen

- Tranquilo, imagino que la situación no debe ser de las mas amables, pero se los ve fuertes entre ustedes. Eso es valorable Señor Vanhanen – comentó Santiago sobre la situación después de la muerte de la esposa de Erik y madre de Cosette. Para un hombre de su edad perder a la mujer de su vida debía de ser algo doloroso pero no por ello mortal. Mas aun con el dinero que tenia no debían de faltarle compañía por las noches, pero la niña era otro tema. Los menores suelen absorber las situaciones de diversas formas. Lo sabía por experiencia propia.

Cosette se notaba claramente molesta porque no iba a jugar con sus muñecas. Obviamente no era a lo que iba, una cosa era la cortesía y otra era tener que soportar a la niña con sus juegos. Aun  no se veía como padre como para comprender sus modos. Al pan, pan y a los negocios…

- Negocios en general imagino… sumando la larga lista de inversiones. Justamente mi compañía suele caracterizarse por las inversiones. Quizá tengas alguna empresa que merezca un capital de ayuda o bien acciones. De esa forma podríamos ganar ambos. Yo con mi dinero y tú posicionando la marca. En Collins solemos apoyar a empresas medianas o en desarrollo y de esa forma adquirimos el año pasado un gran capital, todas ellas ya son empresas grandes hoy, totalmente nuevas en el mercado – comentó el empresario con ese distinguido tono juvenil pero modesto que tenía cuando hablaba de su trabajo. Era sincero en las cosas que comentaba, no necesitaba mentir ni decir que apoyaban a grandes empresas por tener menos riesgo de perdidas.  A veces era necesario tirarse a la pileta para ganar y ver si está llena.

El auto se detuvo y el chofer desconectó las llaves. Observé por las ventanas del automóvil para ver la fachada de la casa. Tenía estilo, una magnifica puerta azabache lo confirmaba, la mansión era tal cual esperaba. Ni mas ni menos. Cosette fue automáticamente disparada hacia la misma y tocó el timbre repetidas veces, apenas llegábamos a la puerta con Erik que una dama nos abrió saludando enérgicamente a la niña con la que compartían un cariño especial, o al menos eso parecía de lejos. De cerca solo hablaron de comida. Sonreí por cortesía y avancé con el permiso de los dueños.  La sala era inmensa, un bello ingreso a semejante palacio. La Señora Basset nos escoltó hacia la sala donde aguardaban unos mullidos sillones que llevaban varios siglos y no por ello pasaban de moda. Algo de lo que poco comprendía pero respetaba porque era lo mas próximo al estilo que conocía.

Tomé asiento sin mas en uno de ellos, tomando nota de la pequeña. Tenía una mirada tierna, pero había descubierto que era la consentida… quizá no hubiera estado mal el jugar un poco con sus muñecas como para sumar unos puntos mas. Aun no me decidía, se la notaba algo enfadada en el auto.


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Negocios en general es algo muy vago, señor Collins —comentó, no con condescendencia, sino más bien como un apunte que encontraba necesario dar—. Encuentro realmente loable y valiente que usted se atreva a invertir en empresas sin saber qué rumbo va a tomar, o si el mercado lo recibirá bien. En el riesgo está la ganancia, eso lo comparto hasta cierto punto, pero siempre he pensado que es algo propio de la juventud. —Sonrió de forma que pareció humano, casi melancólico—. Yo también actuaba así con su edad, pero me veo en la obligación de decirle que yo sólo pongo en juego mi capital, o mis empresas, si al otro lado del camino encuentro algún tipo de retribución.

Fue a propósito que no mencionó a qué tipo de compensación se refería, porque Erik Vanhanen no siempre se lo cobraba todo en acciones, tratos o dinero. No, un ser depravado como Erik Vanhanen, que vivía y bebía del sufrimiento ajeno, de la maldad, del odio, de la ira y del dolor, no necesitaba que se le devolviesen los favores siempre con algo material. A veces le bastaba con la tortura, otra con la sumisión -ya fuese sexual o no-, y las más comunes, aunque la gente que le conociese de verdad, como criatura putrefacta, pudiese pensar lo contrario, con almas.

¿Qué sería de alguien como él, perverso hasta la médula, degenerado y desquiciado, si la gente no fuese a suplicarle favores a cambio de su propia alma? Los humanos eran absolutamente despreciables, jamás se cansaría de pensar, pero siempre encontraría en ellos la diversión y el saber que podía contar con su desesperación para pasar un buen rato, del tipo que fuese.

Centró sus ojos oscuros en Santiago, preguntándose qué podía sacar de él. ¿Sólo su atractivo físico? ¿O habría algo más que podría atraer para sí mismo? En este caso el dinero era un bien secundario, casi alternativo e innecesario. Las ganancias monetarias le importaban más bien poco si lo comparaba con otros placeres que podía sacar de sus transacciones. Pero claro, no podía decírselo ni dejarlo caer tan pronto, porque saldría huyendo. No, Santiago Collins debía creer que estaba ante un empresario normal, respetable y honorable que estaba dispuesto a escucharle simplemente por la bondad de su corazón. O por sus buenas intenciones. O ambas cosas. Así, con los dedos distraídos en la melena de Cosette, reflexionó mientras aparcaban frente a la puerta de su mansión.

Esperó a que su chófer les abriese la puerta para salir; todo lo contrario que Cosette, quien seguramente fue corriendo a buscar a la señora Basset. El empresario chasqueó la lengua casi imperceptiblemente mientras se colgaba el abrigo del brazo. Esa mujer estaba en su casa como parte normal de su vida diaria; desconocía por completo sus aficiones y su verdadera naturaleza, y aunque a veces había llegado a encontrar suelos manchados de sangre o jóvenes inconscientes en su dormitorio, nunca había preguntado nada más allá. Una sola mirada torva había bastado para subyugarle, y en cierto modo no comprendía de dónde venía la lealtad que le profesaba para no haberse ido de la lengua hacía tiempo.

Quizás intuía que nada bueno podía salir si se atrevía a abrir la boca. Erik no lo sabía y tampoco se lo preguntaba demasiado. Si algún día sucedía le mataría, lo tenía absolutamente claro. Lo único que podría frenar su mano cayendo sobre ella para acabar con su vida sería la voluntad de Cosette, y tampoco lo tenía demasiado claro. Su hija aún no tenía tanto poder sobre él como para incitarle a dejar de ser tan violento...

Tráiganos algo de beber, señora Basset. Y vaya preparando el baño para Cosette —le comentó casi sin ganas, como un murmullo. Observó a la niña tomar asiento, y arqueó  una ceja al ver que su invitado decidía sentarse sin esperar a que se lo dijese. Se aflojó el nudo de la corbata y dejó caer el abrigo en el respaldo del sillón sobre el que tomó asiento—. Bien, este es nuestro hogar. Espero que le resulte agradable y el servicio lo suficientemente eficiente. —Se cruzó de piernas y las manos sobre la rodilla superior—. Dígame, señor Collins, antes de continuar con nuestra pequeña charla, quisiese saber algo de usted. Lo considero justo, pues ha conocido bastante de nosotros en este pequeño viaje...

La velada se sucedió llena de temas insustanciales que no llegaron a ninguna parte, y Erik se dedicó a estudiar a su nuevo potencial socio a través de cada gesto, cada palabra y cada pequeño detalle, disfrutando enormemente de las diminutas porciones de información que conseguía extraer de él. De vez en cuando miraba a Cosette, y entre los ojos de ambos se entretejían siniestras historias que pronto acabarían, de un modo u otro, torturando la vida del joven Santiago. Pronto... muy pronto...


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