10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


25/12 - ¡Por fin se ha abierto el panel de inscripción para moderadoras/es! ¡Apuntáos cuanto antes! Además, administración quiere dejar constancia de que, con motivo de las fiestas, la nueva limpieza por inactividad se realizará entre los días 03 y 04 de enero. ¡¡De nuevo, Felices Fiestas, submundis!!


19/12 - ¡Las noticias de final de 2016 están recién sacaditas del horno! ¡Felices fiestas!


04/10 - ¡Aquí llegan el inicio oficial de la Trama Global! Seguid este caminito de baldosas amarillas para saber dónde están vuestros temas, quiénes participan y decidir en cual entrar. ¡Esperamos que lo disfrutéis mucho!


06/09 - ¡Aquí llegan los cambios en la ambientación y la trama y las noticias de agosto y septiembre! No dejéis de leerlas, porque dentro hay muchos cambios importantes.


31 # 39
22
NEFILIMS
4
CONSEJO
9
HUMANOS
9
LICÁNTRO.
6
VAMPIROS
11
BRUJOS
4
HADAS
5
DEMONIOS
0
FANTASMAS

Vampire feber [Éline H. Aubriot]

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Vampire feber [Éline H. Aubriot]

Mensaje— por Invitado el Jue Jul 30, 2015 4:17 pm

Vampire feber
→ Viernes → 2:27 → Zona vida nocturna → Luna Nueva
El enorme pelirrojo desentonaría a todas vistas con aquel lugar. No sólo era una cabeza más alto que casi todo el mundo en aquel local de techo reducido y estridentes luces que lo cruzaban de un lado a otro de una forma frenética. También era la ropa, aquella indumentaria negra, el traje de combate, que se ceñía meticulosamente a cada centímetro de músculo y piel de su metro noventa y un centímetros de cuerpo, que a su vez estaba cubierto bajo la flexible ropa de las runas negras que Delilah y el mismo habían dibujado por el pecho, los brazos y la espalda. Tampoco había que olvidar la serie de armas que se escondían por toda su anatomía, y la postura. Tal vez esto era lo más diferenciador entre él y los mundanos. Mientras los ignorantes humanos se agitaban de un lado a otro con los brazos flácidos y las piernas bamboleantes por toda la pista de baile, y se reían en voz alta y sacudían las cabezas, Liam estaba quieto. Los brazos cruzados ante el pecho amplio y los hombros cuadrados, erguido, con la espalda apoyada en la pared, mientras oteaba todo el local desde su posición. Y la única explicación de que estuviera tan cómodo allí, como Pedro por su casa, era por el glamour que le ocultaba de todos aquellos pares de ojos brillantes y nublados por el alcohol y el frenesí de la primera noche de un fin de semana.

Liam, como todo buen cazador de sombras, no conocía el termino fin de semana, y apenas le sonaban las canciones que escupían los altavoces enormes y hacían vibrar el suelo y el aire con la agitación de decenas de cuerpos y respiraciones que las esperaban ansiosos. Él estaba, como siempre, trabajando. Y aquella noche iba solo, porque aquella tarea no debía requerir más manos de las necesarias cuando había demonios en las calles, aquella noche le había tocado vigilancia. Y aunque casi echaba de menos recorrer las calles en el tranquilo silencio de Delilah, de las conversaciones que tenían sin palabras, sólo intercambiando aquellas miradas de parabatai, no echaba de menos la violencia. Y esperaba no tener que enfrentarse a nadie aquella noche.

- Allí está. Murmuró para sí mismo, estirando toda su altura sobre los pies al ver la cabellera rubia que llevaba media noche persiguiendo con vilo y diligencia. Un objetivo al que ya habían pillado alguna vez a punto de romper los acuerdos, según le habían dicho, y ahora el consejo quería que se mantuviera un ojo encima de ella, sólo por si acaso. Una vampira, tan hermosa como todos los de su raza, con los rasgos dulces y duros al mismo tiempo, como un piedra preciosa, algo que a Liam siempre le hacía sentirse inquieto, por que le recordaba al peligro. Al fin y al cabo, los diamantes eran el material más duro del mundo, y aquellas bellezas irreales la mayoría de veces sólo eran una máscara para el monstruo que escondían debajo. Éline H. Aubriot.


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Re: Vampire feber [Éline H. Aubriot]

Mensaje— por Invitado el Mar Sep 01, 2015 6:43 pm


Se pasó las uñas, con una perfecta y cuidadísima manicura francesa casi recién hecha, por sus cabellos rubios más rebeldes. Aquellas reuniones de trabajo la sofocaban enormemente, y aunque estaba más que acostumbrada al bullicio, a la gente y a las risotadas que les provocaban el alcohol, Éline se hubiese sentido mucho más cómoda en su acogedor Zapphire's. Al menos, la música no era tan estridente, ni se escuchaban sonoras carcajadas. Las carcajadas que siempre había en el Zapphire's provenían de bocas con dentaduras postizas y algún que otro implante, cabezas llenas de carísimos injertos capilares y miradas lascivas, lujuriosas y ansiosas. Se trataba, por supuesto, de los magnates que trabajaban todo el día en una estresante oficina y que venían a cerrar sus tratos de negocios al local de Éline. Y, para qué engañarnos, hubiese preferido la compañía de alguno de aquellos sebosos aplaudiendo ante un espectáculo, que aquel embotellamiento al que se tenía que someter para ser la imagen de aquella nueva discoteca.

Se trataba de un local que habían abierto hace poco. Un ruso era su dueño, y éso no le hacía ni pizca de gracia a la francesa, puesto que sabía perfectamente que podría dedicarse al tráfico humano y al tráfico de drogas. Al ver a Éline contornearse alrededor de la barra con excesiva sensualidad, no había podido resistir la tentación de pagar una cuantiosa cantidad de dinero a cambio de un striptease privado, al que Éline en un principio se negó. Pero ¡ah, el dinero!, el dinero abre tantas puertas como las cierra, y finalmente la atractiva francesa se había dejado embaucar por un maletín repleto de dólares a cambio de deshacerse de la mayor parte de su ropa. Sin embargo, se había guardado sus partes más pudentas para sí misma, y el ruso no se daría por satisfecho así. Quería más de Éline, y pensando en contratarla para su negocio, quería deleitarla. Gozar, retozar con ella. Y Éline lo sabía.

Se había esforzado en mantener su imagen impoluta, con un perfecto delineado winged que se había dibujado ella misma a conciencia, y una barra de labios que Shana le había regalado con el primer dólar que ganó el Zapphire's. Aquel cosmético estaba repleto de una intensa carga emocional, por lo que Éline había decidirlo usarlo sólo en ocasiones especiales, para no gastarlo y poder tener aquel recuerdo siempre con ella. Aquella noche no había podido evitar colorear sus labios con aquel juguetón tono rosado, y minutos más tarde se había arrepentido de desperdiciar así el obsequio.

La discoteca estaba abarrotada. El boca a boca se había hecho flotar entre todo Nueva York y tanto jóvenes como menos jóvenes se habían reunido allí para disfrutar de lo que ellos consideraban como “buena música” y “buenas copas”. Éline había observado las bombonas donde guardaban el agua para mezclarla con el alcohol y así reducir gastos, por lo que, con un gesto de desdén, se alejó de la barra sin recoger ni pagar su Sex On The Beach.

El hombre en cuestión, Stanislav, debería haberla estado esperando en la entrada, pero había sido la propia Éline quien había tenido que esperarlo a él y, como no aparecía aún pasados veinte minutos, su paciencia se había evaporado y había decidido entrar al local en una especie de tanteo. No estaba mal planteado, pero, sin duda, había muchos lugares mejores en Nueva York en los que gastar los diez pavos que costaba la entrada. Aún así, ella se había librado de pagarlos. Aquellos estúpidos mundanos le hacían más caso a un trozo de carne que a su propia dignidad. Aunque después tuviesen que pagar ellos la entrada con su propio sueldo.

Entre el ajetreo mundano, Éline podía divisar muchos olores. Se entremezclaban en su nariz el olor fuerte del alcohol de las bebidas, los miles y miles de perfumes que había esparcidos allí, el sudor de los mundanos... pero el que más le llamó la atención, sin duda, fue un olor fuerte y dulzón que llamó su atención y la obligó a girar la cabeza, buscando su objetivo.

Su mirada se cruzó lánguidamente con la de un muchacho que sobresaltaba en los demás. Era alto, atractivo, y parecía demasiado recto como para ser un mundano más. Las alarmas internas de la francesa se dispararon como galgos de carreras, y todos sus músculos se tensaron de forma totalmente automática.

Que empiece el juego.

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Re: Vampire feber [Éline H. Aubriot]

Mensaje— por Invitado el Mar Sep 15, 2015 7:25 pm

Vampire feber
→ Viernes → 2:27 → Zona vida nocturna  → Luna Nueva
Estático, la veía moverse por el local como una reina. Nunca llegaba a entender si era por la eternidad de aquellos cuerpos inmaculados, o su nocturna condición de bebedores de sangre, pero los vampiros siempre le daban escalofríos, no sólo estaban congelados en el tiempo, también eran, para Liam, los que más pronto perdían toda la calidez de la humanidad que un día poseyeron. Pero, ¿quién lo diría? Sin los ojos adecuados, ningún mundano sería capaz de ver más allá de la hermosura y delicadeza de sus rostros, cincelados por la maldición de los suyos en aquella brillante y magnética aura que los atraía como la luz brillante a las polillas, en mitad de la noche. Exactamente eso, los mundanos eran tristes polillas cegadas por algo que no entendían, y que voluntariamente se entregaban a su más cruenta destrucción.
Aunque era difícil no fijarse en Eline, tan alta y deliciosamente embutida en aquel vestidito ajustado, una segunda piel oscura que enseñaba de la primera más de lo que ocultaba. A la hora de la verdad, mundanos o no, todos los hombres tenían lo mismo entre las piernas, incluso el caballeroso pelirrojo.

Un violento escalofrío le atravesó la espalda al sentir como los ojos fríos de la vampira barrían con desdén la marea de cabezas y brazos que se agitaban al ritmo convulso de la música, hasta encontrarse con los suyos en un instante de mutuo reconocimiento. "Mierda" pensó, tenso, con toda la sutileza de la misión echándose a peder. ¿Se sentiría ofendida, acaso, por estar vigilada? ¿O la animaría, su presencia, como el fervor de los retos imposibles, a intentar darle su beso mortal a algún pobre mundano? O, por el contrario, ¿la persuadiría su enorme envergadura física de hacerlo?

-Maldita sea, ¿dónde se ha metido?

El gruñido gutural de las palabras le surgió en su natural escocés, pero en una fracción de segundo, en lo que dura un parpadeo, la había perdido de vista. [i]Se mueven demasiado rápido, oscuros, invisibles en su eterna noche, son más fuertes de lo que aparentan aquellos que portan la sangre de los malditos" recordó, analítico, las palabras de un manual viejo chapado a la antigua, girando el rostro de un lado a otro, con las luces de colores haciendo un juego luminoso y cruel con sus mejillas, marcándole de más los pómulos, afilados, y la mandíbula cuadrada y fuerte, cual luminoso fantasma de la muerte, en vez del enviado del ángel que era.
Las mismas luces que enredaban con sus rasgos traicionaron a la vampira. Liam estaba acostumbrado a localizar cabelleras rubias allá dónde fuera, en medio del desierto o enredadas entre la multitud, y el tono casi platino de Eline reflejó los rosas neones que señalaban la puerta del baño de señoras. Frunció el ceño, incómodo, pero el trabajo era el trabajo, y echó a andar con sus largas y firmes zancadas hacia la puerta, empujando mundanos a un lado y a otro para abrirse camino a codazos.

La mayoría de mundanos se apartaban por puro instinto, y cual moisés, atravesando la marabunta, dividiéndo en dos aquella convulsa marea de cabezas y brazos, se zambulló sin ningún decoro en el baño para señoritas, sin que a nadie le extrañara lo más mínimo.

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Re: Vampire feber [Éline H. Aubriot]

Mensaje— por Invitado el Miér Sep 16, 2015 12:35 pm


Aquel dichoso propietario de aquella discoteca de mala muerte no iba a aparecer. A la francesa había comenzado a picarle detrás de la cabeza aquella mosca que sostenía que aquello se trataba de una emboscada. Era así de malpensada y precavida desde siempre, pero debía admitir que desde que sus compañías se habían reducido a Erik Vanhanen y a su círculo de confianza, se cuidaba tres veces más de lo necesario. Nunca sabía cuándo podían echarle una mano encima, y no precisamente para intercambiar un par de palabras con ella. Un movimiento en falso y Éline podría convertirse en carne para los Nephilims o para cualquier persona que tuviese algo contra el demonio, lo cual aumentaba bastante las posibilidades de convertirse en una presa fácil para quien quisiese degustarla. Sin embargo, ella también se guardaba un par de ases debajo de la manga, y eran lo que le hacía sentirse segura de sí misma cuando acudía a alguno de aquellos lugares tan atestados de mortales que la peste a humanidad se concentraba en cada uno de los rincones del lugar como tentáculos venenosos, fétidos y podridos.

Como propietaria de un lugar de ocio nocturno, debía asegurarse en todo momento de que su local siempre desprendía un aroma agradable, que todo el mundo se encontrase a gusto y que los olores no se intensificaran hasta el punto de volverse insoportables. Sin embargo, al dueño de aquel local no parecía importarle el absoluto que el sudor y las hormonas de los asistentes impregnaran las paredes del local y se entremezclasen entre sí haciendo que el ambiente se cargara a sobremanera. Éline colocó en su rostro aquella mueca de asco que casi siempre mantenía consigo, y se abrió paso hasta llegar al baño de señoras.

No es que el olor hubiese mejorado, precisamente. Las chicas se agolpaban las unas contra las otras para encontrar el trozo de espejo que les devolviese sus sonrisas desinhibidas y sus maquillajes completamente emborronados, sus rostros sudorosos y empolvados hasta la médula en maquillajes baratos. La cara de asco de Éline permaneció pétrea, mientras esperaba a que todas las mundanas terminasen de pasarse los lápices de ojos por encima de las pestañas, y aprovechó un momento en el que todo el baño se despejó un poco para poder tomar aire con intensidad y extraer su teléfono móvil del interior de su bolsito negro. Hizo presión levemente con las yemas de sus dedos en la pantalla táctil y marcó el número de Shana, que ya se había aprendido de memoria, para pegar el teléfono a su mejilla a continuación.

Shana, éste tipo no aparece – murmuró, sin poder ocultar la indignación que se había apoderado de su tono de voz –. ¿Seguro que has mirado bien la dirección? – esperó unos segundos –. Estoy empezando a pensar que se trata de alguna trampa, o algo así. Estoy paranoica... – Se llevó un dedo a la frente, mientras fijaba su mirada azul en un trozo de papel higiénico que las poco decorosas mundanas habían dejado en el suelo.

La verdad sea dicha: Éline había sido presa de una mala sensación que había provocado que todos los músculos de su cuerpo de piedra se tensasen con fuerza. Estaba completamente sumida en una espiral paranoica que le decía que algo iba a salir mal, que aquel no se trataba de un trabajo común y corriente, y que tarde o temprano habría algo que se lo confirmaría. Era cuestión de esperar. Pero la paciencia no era precisamente una de las virtudes de las que se había visto surtida la francesa. Así pues, transcurridos unos minutos de charla en los que Shana quiso quitarle hierro al asunto con un par de chistes, irrumpió, en el lavabo de señoras, un hombre.

Se trataba de un Cazador de Sombras. Éline estaba segura. Sus ojos azules se abrieron, sus pupilas se expandieron con sorprendente facilidad y se apartó el teléfono de la oreja, guardándolo en su bolso sin molestarse en colgarle la llamada a su amiga. Su garganta se había cerrado, y sus colmillos querían desplegarse para comenzar la ofensiva contra aquel impertinente. Estaba segura de que algo tenía que ver con el incidente que había tenido con el indigente que había pretendido robarle hace un par de semanas y con aquel Nephilim rubio que la había cogido con las manos en la masa.

¿Puedo ayudarle en algo? – inquirió Éline, mientras mantenía su gesto frívolo de siempre. Estaba claro que la estaba buscando a ella; de lo contrario, se hubiese fijado en cualquier otra muchacha. La francesa, por el contrario, se mostraba en su postura más natural, con los brazos cruzados y la mirada cargada como un revólver con balas de indiferencia, pero también de precaución.

Mucha precaución.

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Re: Vampire feber [Éline H. Aubriot]

Mensaje— por Invitado el Sáb Sep 26, 2015 4:10 pm

Vampire feber
→ Viernes → 2:27 → Zona vida nocturna  → Luna Nueva
El baño de señoras bien podría haberse llamado "el caos de señoras". Un escáner o un TAC le habrían hecho una exploración menos exhaustiva. No pudo ni contar cuantos pares de ojos, vestidos con gruesas capas de maquillaje y espeso rímel oscuro que les daban cierto aire de mapache, le recorrieron de arriba a abajo con un descaro goloso que le puso sus pelirrojos bellos de punta. ¿Porqué ninguna de aquellas damas tenía el pudor necesario para no quedarse mirando su paquete como si pudieran calibrar con la retina cuantos centímetros escondía el ceñido traje de batalla?

--Señoritas... . masculló, incómodo, entre los piropos mal sonantes de las más atrevidas. Con un suspiro, sacó la placa policial falsa, resuelto a no soportar más tiempo el sentirse como un trozo de carne en un expositor. Despejenme el baño, será solo un momento.

No perdió la amable sonrisa autoritaria mientras las "damas" salían en desbanda, ahuyentadas por la placa como si fueran hadas ante un trozo de hierro puro.
- Tu no.

Le indicó con la misma amabilidad fría a la vampira, que parecía francamente sorprendida. Extraño, no tenía por costumbre ser capaz de tomar por sorpresa a un inmortal. El nephilim cerró la puerta cuando la última de las muchachitas salió con aire decepcionado y una última mirada de reojo a su culo. Liam apretó los dientes para contener el suspiro de resignación.

- Eso depende. Respondió, cauto, volteando para encarar a la vampira. Colgó las manos de los pulgares en sendas trabillas negras de su traje de batalla, donde estuvieran a la vista. No quería poner nerviosa a Éline, ni tenía ninguna intención de atacarla, aquello no era más que rutina.- Depende de quién esté cazando, tú o yo. Parecías tener mucha prisa cuando has entrado en el baño.

Controló su voz como le habían enseñado, con la amabilidad transformando las acusaciones en la simple mención pausada de los hechos.

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Re: Vampire feber [Éline H. Aubriot]

Mensaje— por Invitado el Sáb Oct 03, 2015 4:28 pm


Éline encajó sus manos en sus caderas. Los Nephilims podían resultar verdaderamente molestos cuando se lo proponían, y tenía que reconocer que desde que había llegado a Nueva York se había encontrado con las peores moscas de su vida. El rubio de la otra noche, Jace, había conseguido acabar con su paciencia, pero en aquella ocasión podía llegar incluso a entenderlo, pues había sido la vampiresa quien había infringido las normas, pero ahora no había roto ningún tipo de regla; únicamente estaba allí por cuestiones de trabajo. Al parecer, ahora La Clave se dedicaba a perseguirle los talones a los vampiros que honradamente trataban de ganarse la vida, y no había dudado dos segundos en mandar a sus esbirros para que pisaran los talones de la francesa. En otro ámbito probablemente ésto la hubiese incluso adulado, pero en aquella precisa ocasión, Éline se sentía más que molesta. Ya tenía suficiente con cuidarse de los guardaespaldas de Erik Vanhanen como para que ahora también estuviese la autoridad contra ella. ¿Por qué nunca estaban en los asuntos realmente importantes y en una vampiresa que no había cometido delito alguno tenían que inmiscuir sus narices? Así no había quien mantuviese una intimidad...

Rodó los ojos y a continuación se cruzó de hombros, negándose a corresponder la mirada del Cazador de Sombras. ¿Es que no había entendido que el cazador iba a acabar cazado? Se encontraba en una discoteca de los suburbios de Nueva York y si Éline decidía contar con ayuda podría acabar siendo carne de cocido. Una vez más, la insolencia y el atrevimiento de los Nephilims brillaba por su ausencia, y parecía estar más que firme en su decisión de continuar inmiscuyéndose en la vida privada de la francesa; lo denotó por el gesto chulesco que adoptaba el Nephilim como si se tratase del mismísimo Arcángel Raziel. Aquel gesto sin cuidado ninguno logró arrancar una leve sonrisa de frustración a la vampiresa, que posteriormente levantó sus enormes pestañas, negras y largas como las alas de un majestuoso cuervo desplegándose para alzar el vuelo. Pasó la lengua por sus labios sin retirar el gloss de ellos y apoyó en la pared la palma de su mano, mientras miraba de arriba abajo con suficiencia a su compañero nocturno.

Así que piensas que estoy aquí para alimentarme, ¿no? – alzó las cejas y a continuación sonrió. Quiso iluminar el ambiente con una de sus risas sarcásticas, pero en aquel momento lo único que logró arrancarse de la garganta fue un profundo suspiro que la hizo recobrar aún más fuerzas para enfrentarse aquella batalla dialéctica en la que el Nephilim parecía moverse como pez en el agua. El tono de su voz era más que delator –. Dime, ¿te han mandado tus amos para que observes lo que hace una vampiresa un Viernes por la noche? – contempló su perfecta manicura francesa con lascivia, mientras por el rabillo del ojo se aseguraba de que sus palabras hacían mella en el muchacho –. Debes de ser el último mono de ésa... academia del tres al cuarto.

Como siempre, Éline atacaba donde más le hubiese dolido a ella. La creencia general de que los Nephilims era bastante bulliciosa, pero más lo eran aún sus conocimientos en el género masculino, y creía que herir su orgullo sería la manera más rápida de sacarle de quicio y de librarse de aquel lastre que se le había encasquetado aquella noche. Estaba más que acostumbrada a la presencia de un guardaespaldas en su vida, pero lo último que necesitaba era un Nephilim recordándole que sus actos eran más que censurables y que debía cesar si no quería someterse a un juicio, y todos ésos rollos que de vez en cuando debía de oír en su trabajo.

Desaparece de mi vista antes de que te arrepientas de lo que estás haciendo – advirtió, alzando rápidamente sus ojos azules, afilados como cuchillos, fieros como los dientes de un león hambriento.

Bien sabía que aquellas palabras no asustarían al Nephilim, y mucho menos le harían retroceder. Probablemente ensancharían aún más su curiosidad acerca de los turbios asuntos que relacionaban a Éline con los acontecimientos que se habían divisado últimamente en Nueva York. Pero ella siempre había sido así de retorcida y desagradable... ¿por qué cambiarlo ahora?

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Re: Vampire feber [Éline H. Aubriot]

Mensaje— por Invitado el Lun Oct 05, 2015 11:49 am

Vampire feber
→ Viernes → 2:27 → Zona vida nocturna  → Luna Nueva
Aquella mujer exudaba orgullo por todos los poros de su perfecta, marmórea y fría piel. Con las manos en las caderas y aquel gesto adusto, resuelto a enfrentarse a él con una ira fría muy típica de los de su raza. Parecía una diva, y al pelirrojo eso no le gustó ni un pelo. Sabía lidiar con la cabezonería, con los nervios, con la fuerza bruta, pero nunca se le había dado del todo bien lidiar con las divas… ni siquiera con las que eran particularmente guapas, como Eline, y parecía que podían hacer rodar el mundo cada vez que ponía los ojos en blanco. Justo como hacía en ese momento.

- No lo sé. Dímelo tú. Sonrió, casi podía divertirse con aquella verborrea altiva y distante que la vampiresa enarbolaba como si fuera un cuchillo. Tal vez si hubiera estado Delilah allí delante, las cosas habrían sido muy diferentes, pero Liam era un hombre que no había pecado nunca de orgullo. Poco le importaba lo que pudiera pensar Éline de él, y menos aún lo que dijera. - Mira, no es personal. Es mi trabajo.

Se guardó la carcajada que le quiso subir a los labios para sí mismo, cruzándose de brazos en un acto de su paciencia, infinita. Dejó caer las manos en el arco cálido que quedaba en la zona interior de sus codos, flexionados, y apoyó su espalda, ancha como un armario empotrado, en la puerta, bloqueandola con un gesto tan sencillo como tranquilo. No tenía prisa, ninguna prisa por salir de allí. Su guardia no terminaba hasta que el sol despuntara entre los eternos rascacielos de Nueva York. él tenía toda la noche y todo el día, pero ambos sabían que Éline, no.

- Tú sabes por qué estoy aquí, porque me han puesto tras tus pasos. Yo no te he elegido como un objetivo personal, ni mucho menos. Preferiría estar en mi cama, durmiendo la mona, pero me han adjudicado asegurarme de que se cumplen los acuerdos, así que, si cooperas, ambos terminaremos antes y seremos mucho más felices. ¿Estabas cazando, o no? Podemos seguir con este juego si quieres, yo tengo toda la noche

Se encogió de hombros, cuan anchos eran, antes de sacudir la cabeza para alejar de sus ojos uno de aquellos ricitos pelirrojos que insistía en salirse de su sitio en la caleta para cosquillearle entre los ojos. Parpadeó, tranquilo, sereno, y esperando a que la dama jugara su nueva mano. No esperaba una respuesta amable, ni mucho menos, en su fuero interno Liam estaba muy preparado para la guerrilla que se le venía encima. Era una vampira que había roto los acuerdos una vez... tenía claro que aquello no iba a ser fácil desde el principio.
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Re: Vampire feber [Éline H. Aubriot]

Mensaje— por Invitado el Dom Oct 11, 2015 2:17 pm


Amplió su sonrisa, sarcástica y lasciva donde las hubiere, y deslizó con sensualidad la lengua por su labio inferior, preparando mentalmente las hábiles palabras con las que impregnaría a continuación al Cazador de Sombras. Un punto importante a su propio favor es que estaba más que acostumbrada a tratar con todo tipo de criaturas debido a la larguísima trayectoria social que la francesa arrastraba tras de sí. Así pues, provocando un terroso silencio que tardó un par de segundos en inundar la estancia, la vampiresa volvió a observar su manicura francesa, perfectamente pulida en uno de los salones de belleza más caros de Nueva York. La extraña fijación de su pareja por las uñas perfectas era algo que debía cuidar casi más que cualquier otra parte de su cuerpo, así que se preocupaba en exceso por ello. Tras clavar su mirada en sus uñas con indiferencia, después las pestañas de Éline se irguieron con fuerza, y sus profundísimos e intensísimos ojos azules se dirigieron hacia su compañero nocturno, para sonreír levemente, en un gesto casi burlesco e inquietante.

Dime, querido – su tono de voz apaciguado, tranquilo e inquebrantable se abrió paso en el silencio incómodo que había recreado en el baño de las mujeres que aquel Nephilim se había decidido a custodiar –, ¿qué es exactamente lo que pretendes? – preguntó a continuación, mientras apoyaba el brazo en los azulejos de color crema que invadían todas las paredes del cuarto de baño –. Vamos... no creas que nací ayer – estiró una de las comisuras de sus gruesos y brillantes labios –. Ambos sabemos perfectamente que cualquiera de mis dos posibles respuestas sólo hará empeorar la situación.

Éline se desenvolvía en aquellos momentos como un pez en el agua. Desde que llegó a Nueva York, había renunciado prácticamente a su libertad; indudablemente se había consagrado al dominio caprichoso de Erik Vanhanen, y pese al indudable retraso que éso provocaba en su crecimiento como ser de la noche, había aprendido un par de trucos con los que atrapar a las personas. Si ya de por sí Éline resultaba una mujer exultante y sorprendente, con aquellas pequeñas mañas sociales se convertía en una bomba de relojería. Era consciente de su propia situación, y en lugar de adoptar una postura nuevamente defensiva, decidió que quizás andar por otro lugar sería lo más adecuado para poder encauzar a aquel Cazador de Sombras por donde ella le apeteciese.

Su mirada no se apartaba del muchacho, que se había escudado detrás de una imagen autoritaria, muy parecida a la de un policía que acababa de encontrarse con un ladrón pero no tenía pruebas suficientes para inculparle. En cierto modo, así era. Aquel estúpido vagabundo que había matado semanas antes estaba resultando algo más que un lastre para el desevolvimiento de sus actividades cotidianas, e incluso de su trabajo.

Ya que vamos a pasar bastante tiempo juntos, ¿por qué no nos divertimos un poco? – inquirió alzando las cejas, mirándole directamente a los ojos para que no pensara de otra forma respecto a sus intenciones –. ¿Una copa? ¿O no bebes en horas de servicio? – quiso saber, con un cierto deje curioso en su tono de voz.

Ambos sabían que no había posible escape para aquella situación. Aquel Nephilim, cuyo nombre aún le era desconocido, parecía estar bastante involucrado en lo que respectaba a su oficio, por lo que Éline declinó la idea de encontrar al jefe de la discoteca y cerrar el trato que había pactado. Además, no sería nada estético el hecho de que una vampiresa se presentase custodiada por un Cazador de Sombras; y, para qué negárnoslo, el hecho de suavizar un poco el momento y disfrutar de un poco de compañía era tentador, mucho más que tentador. Ella estaba atrapada, estaba siendo cazada, pero no hay mejor víctima que aquella que sabe hacer ver a su captor lo que ella deseara. Así que, haciéndose valer de sus artimañas y sus propias pesquisas, la francesa acortó distancias con el Nephilim y le tendió la mano para cerrar aquella especie de formalidad con un gesto.

Aún no conozco tu nombre, querido.

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Re: Vampire feber [Éline H. Aubriot]

Mensaje— por Invitado el Miér Oct 14, 2015 10:47 am

Vampire feber
→ Viernes → 2:27 → Zona vida nocturna  → Luna Nueva
A Liam no le gustaba el silencio de la vampira. La contemplaba, paciente, observando como se relamía sus labios yermos, como contemplaba con fría materialidad la manicura perfecta de unas uñas en apariencia inofensivas, pero que podrían arrancarle la carne de la cara en cuestión de segundos. Ella medía el silencio entre ambos, lo controlaba y distendía como una medida psicológica contra Liam, y el pelirrojo lo sabía. Entonces le miró, y sus labios se abrieron como una flor rosada, pero no había nada de dulce en ella.

Era sibilina, no había que ser muy listo para ver por qué la habían pillado cazando. ¿Qué mundano podría resistirse a una de esas miradas? Esos pobres inocentes, ignorantes del mundo real escondido en el que ellos mismos habían creado, se sentirían increíblemente especiales, elegidos por aquella belleza para cualquiera que fueran sus intenciones, disfrazar probablemente de algún tipo de acercamiento sexual. Pero Liam no era mundano, y sabía que poco había de sexual o especial en las intenciones de Éline, que por mucha mano izquierda que utilizara, quería lo mismo que Liam; salir de allí.

- Lo único que pretendo es que los acuerdos se cumplan. Respondió, con voz parca, serio y firme. Era como un muro, y no estaba dispuesto a que Éline dejara en él ni una sola mella, al menos, a través de palabrería. Ten cuidado con las respuestas que esquivas, señorita Éline. El que calla, otorga.

No era una amenaza, ni una advertencia, en su voz sólo se transmitía un sencillo apunte de la realidad. Si no estaba cazando allí, ¿que tenía que esconder? ¿Acaso había una verdad más vergonzosa que admitir, como para preferir decir en su lugar que estaba cazando mundanos, e incumpliendo acuerdos por segunda vez? Jace no había sido benevolente con la vampira, pero menos lo serían las leyes. Dura lex, sed lex. El pelirrojo le sostenía su preciosa mirada sin dudas un instante, sin dejar que la tensión que le tiraba del diafragma se transluciera en su gesto o en su tez. Era un profesional de los pies a la cabeza, paciente y sereno, no tenía ninguna prisa por acelerar los procesos de cumplir el deber. Si era aquella guerra la que quería Éline, la que se libraba con palabras y gestos, estaba dispuesto a dársela. Y a ganársela. Sonrío de lado al escucharla.

- Efectivamente, no bebo en horas de servicio. Diría muy poco de mi dejarme llevar por invitaciones tentadoras, ¿no crees?

Respondió, con soltura, rechazando la invitación. Más que el hecho de estar de servicio, era la cuestión de confiar en una copa pagada por una vampira que quería librarse de él. El cuerpo de los nephilims y la sangre de Raziel eran un regalo que los hacía más potentes que los humanos, pero ningún Nephilim era inmune a sus drogas.  A algún tonto había conocido que se había dejado llevar por una invitación de inocente apariencia, y había terminado grogui sobre la barra de un bar, o corriendo desnudo por la avenida de la ciudad. No, no iba a aceptar una copa de Éline mientras la seguridad del mundo y sus mundanos le pesaran sobre la espalda. Miró la mano delicada que la vampira extendió en el aire, entre ellos. Algo en su instinto le gritaba que no se fiara de ella, ni mucho menos tomara aquellos dedos entre los propios, pero también veía un puente a un entendimiento. La diplomacia era una solución tan válida como la violencia sin tener que ser tan radical, así que, a pesar de sus renuencias interiores, alargó la mano y estrechó con firmeza la de Éline.

- Soy Liam. Se presentó, escueto. Y un segundo después, tiró ligeramente de la vampira hacia él, a través de aquella manita, de ese brazo tan delgado que parecía a punto de quebrarse, recortando la distancia entre ambos.- Ayúdame a terminar esto, Éline, sólo tienes que responder,¿ o vas a hacer que vaya toda la noche detrás de tus faldas como si fuera un guardaespaldas de tres al cuarto?  Vamos...

Dejó que sonara como un ruego amable, no quería parecer agresivo, a pesar de su tamaño y su aspecto. Tal vez Éline no esperara ese comportamiento de un cazador de sombras, y consiguiera quebrarla por ese punto.
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Re: Vampire feber [Éline H. Aubriot]

Mensaje— por Invitado el Dom Nov 08, 2015 12:40 pm


La francesa rodó los ojos en un gesto de desdén y retiró la mano; estaba claro que el Nephilim no iba a andarse por las ramas y mucho menos iba a dar su brazo a torcer. Demonios, molestaban incluso cuando no estaba haciendo nada. Debió de haber matado a aquel rubio cuando tuvo la oportunidad, y no haberle dejado escapar para que fuese por ahí contando lo muy mala que había sido por matar a quien quería robarle y, probablemente, dejarla con un trauma para la eternidad. Había que limpiar al mundo de aquellas asquerosidades, y lo cierto es que aquel sin techo debería estar agradecido por haberse dignado a beber su sangre. Había tenido la delicadeza de quemar su cuerpo para que el mundo no tuviese que hacerse cargo de él. ¿Por qué demonios los Cazadores sólo miraban el lado que les importaba? Era realmente molesto.

Retrocedió un par de pasos mientras se pasaba los dedos por la melena, sopesando sus opciones. Absolutamente todo lo que dijera podría ser perfectamente usado en su contra, así que ¿para qué molestarse en dar explicaciones? Además, no tenía por qué hacerlo. Seguramente a aquel tal Liam no le interesaran, y no se le ocurriría ninguna excusa para refutar su comportamiento. De todas formas, lo que sí guardó con especial interés fue el nombre de aquel Nephilim; ya se encargaría más tarde de hacer sus averiguaciones y destruirle si fuese necesario en algún momento. Pero Éline no parecía que fuera a ser liberada de aquel pequeño atajo, así que trató de amoldar sus pensamientos a que aquella noche tendría un lastre del que no se libraría tan fácilmente. Pero, al fin y al cabo, no le molestaba la presencia del Nephilim; los motivos que la habían llevado a aquel cuchitril eran meramente empresariales, así que no tenía nada que temer. No había nada que esconder, y por éso podía estar tranquila. Sin embargo, no le interesaba que le siguiese durante toda la noche, pues temió que finalmente averiguara dónde estaba su casa.

Despegó los labios para añadir algo más, pero en aquel momento, unos nudillos se chocaron varias veces contra la puerta en una especie de llamada de atención:

¿Hola? ¡Soy el portero del local! ¿Qué está pasando aquí?

Oh, mierda. – Un suspiro se escapó del interior de la vampiresa, y tardó dos nanosegundos en postrar sus manos en el pecho de Liam y atraerle hacia sí para posteriormente empujarle contra una de las puertas abiertas de los baños separados. De un nalgazo cerró la puerta del baño y se dio la vuelta para pegar la mejilla contra la misma, con el fin de escuchar absolutamente todos los detalles de aquella conversación.

De sobra quedaba el hecho de pedir silencio absoluto a Liam, pero sabía que no le convenía hablar. Era bastante obvio que Éline pretendía escuchar todos los detalles de aquella conversación, y no solo por cuestiones empresariales, sino porque aquel guardaespaldas no estaba solo. Un hombre había entrado con él, y ahora se dedicaban a olisquear como perros todos los rincones del baño. Cuando se hubieron cerciorado de que estaban lejos de miradas escrutadoras, el más pequeño se acercó al lavabo para enjuagar sus manos.

Ésa zorra no ha aparecido por aquí. Adiós a nuestro plan de eliminación – gruñó el gorila, mientras esperaba a que el otro hablase.

Tranquilo, Thomas. Sabemos que está con ése tal Vanhanen. Sólo será cuestión de encontrarnos con él para quitárnosla de encima. Ése club de mala muerte sólo es un pequeño resalto en nuestro camino. Eliminada ella, eliminado el problema.

No podía dar crédito a lo que estaba oyendo. Efectivamente, aquella noche se había metido por completo en la boca del lobo; y ni siquiera podría haberse hecho una idea. ¿Cómo había podido ser tan estúpida? Notaba que la rabia bullía en su garganta mientras el Nephilim, colocado detrás de ella, parecía estar guardando silencio y sintiendo algo de curiosidad por la conversación.

Vampire Feber

Viernes · Luna Nueva · LIAM B. MCGARTH
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Re: Vampire feber [Éline H. Aubriot]

Mensaje— por Invitado el Miér Nov 11, 2015 11:01 pm

Vampire feber
→ Viernes → 2:27 → Zona vida nocturna → Luna Nueva
El silencio empezaba a hacerse demasiado tenso. Liam sabía que la rubia había probado sus límites, su fuerza de voluntad, y él había ganado la jugada. Demasiados años de convencimiento y principios no los tirarían por tierra unos ojos bonitos y un puñado de palabras afiladas. La tensión era suave y delicada como pétalos de flor, flotaban en aquel aire que olía a maquillaje rancio y a humedad cerrada, a perfumes baratos con bajas notas de sexo acrobático en aquellos cubiles donde se escondían los w.c. Liam apenas se inmutó cuando notó vibrar la puerta pegada a su espalda, la runa de escucha le había ayudado a percatarse de los pasos que enfilaban hacia el baño mucho antes de que aquel puño aterrizara sobre el tablero de madera barata. Lo que no pudo prever fue el rápido movimiento de la vampira. Lanzado violentamente dentro de uno de aquellos cubiles, tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no sonrojarse de la vergüenza, se sentía absolutamente ridículo, era la primera vez desde que era un niño que una mujer lo manejaba con la facilidad con la que jugaría con un muñequito de trapo.

- ¿Qué haces? Gruñó en voz baja, intentando poner distancia entre su esbelto cuerpo y el suyo, tan grande que ocupaba casi todo el espacio. Las blandas curvas de su cuerpo de mujer, aquel culo firme aupado sobre unos tacones de vértigo, estaban demasiado cerca de él, de una forma políticamente correcta, dado que ella había pegado la oreja a la puerta. El pelirrojo no pudo evitar fruncir el deño... ¿de verdad le hacía falta poner la oreja en la puerta para oírlo? La conversación que discurría al otro lado, frente a los lavabos, le revolvió las tripas a Liam. ¿Cómo podían dos brutos hacer un plan tan vasto y burdo para intentar matar a una mujer? Seguro que Eline podría cuidarse perfectamente solita, pero su instinto de cazador y de hombre empezó a exudarle por los poros de la piel con una ira fría. Él era un nephilim, y tenían que proteger los acuerdos, a los mundanos de los demonios, y ahora, por lo visto, a los subterráneos de los mundanos. Tomó a Éline de la cintura apartándola con suavidad de la puerta, levantándola con cautela y, apretujados como estaban, dejándola detrás de él. Le indicó por señas, esperando que entendiera, que iba a salir, y se iba a encargar de uno de los dos. Podía encargarse del otro si ella lo necesitaba, pero algo le decía que aquella mujer querría tomar algo de la venganza por su propia mano. Asintió con la cabeza, una sola vez, y sin esperar mucho más, abrió la puerta como si tal cosa, toqueteándose la bragueta de los pantalones. Miró a los dos hombres, parpadeando en una elegante actuación de sorpresa, que después se diluyó en una sonrisa bobalicona, medio ebria medio divertida.- Parece que no soy el único que se equivoca de lavabo, jaja.

Echó a andar bajo la tensa mirada de los otros dos, cuidadosamente hacia la puerta, pero al pasar junto al guardaespaldas, que era el más grande de los dos, actuó. Su enorme mano se alzó en el aire como una serpiente, un golpe seco directo a la nuca que derribó al mundano contra el suelo, inconsciente, como si fuera un saco de patatas, completamente inconsciente. El nephilim pelirrojo ladeó la cabeza mostrando una sonrisa afilada, felina, con las rodillas flexionadas y los puños cerrados por delante de él.

- Así que intentando agredir a señoritas... muy bonito.

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Re: Vampire feber [Éline H. Aubriot]

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