07/08 - Estimados habitantes del submundo. ¡Aquí tenéis las noticias con las actualizaciones/nuevas propuetas/ideas del foro! ¡Pasaos cuanto antes a echar un ojo!


10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


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07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


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A nice night to hunt demons - Eatham B. Greyjoy

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A nice night to hunt demons - Eatham B. Greyjoy

Mensaje— por Invitado el Mar Ago 11, 2015 7:01 pm

A nice night to hunt demons
→ Jueves → 23:00 → Estadio de los Yankees → Noche cerrada

Evangeline se preguntaba que hacia a esas horas de la noche aún tirada en la cama, tirando su pelota anti-estrés contra el techo de su dormitorio y una de sus manos posada en el abdomen de la nephilim. Escuchaba trastear a Niel en la casa mientras ella seguía con aquel ligero movimiento que desafiaba a la gravedad, lanzando el juguete hacia arriba, hasta que este bajaba y tocaba de nuevo la fina mano de la joven. Su cabeza, como cada día desde que se cruzó con la bruja Danielle, siempre pensaba lo mismo.

Su padre persiguiéndola por toda la ciudad. Unos demonios a sus órdenes siguiéndola allá donde fuera. Y aquello no era lo peor. Sino que ahora se dedicaba a vigilar a aquellos con los que la joven morena se juntaba y eso no era santo de su devoción, puesto que lo que menos quería era que el resto de personas de su entorno se vieran afectados por algo que venía directo a destruirla a ella. Y eso no se lo había comentado a Niel, aunque tendría que hacerlo tarde o temprano.

Se levantó lentamente de la cama, posando sus pies en el frío suelo y con paso lento, se acercó al espejo de su dormitorio. Miró las leves ojeras que se formaban bajo sus ojos, como una oscura sombra de las noches llenas de pesadillas que pasaba la pobre. Cerró los ojos levemente y suspiró a la par que sus párpados se separaban y miraban por encima de su hombro, donde la figura de su padre, con una sonrisa sádica en el rostro y mirándola como un juguete. Uno que pensaba cada día en la manera de atraparlo y acabar con él. Aunque sabía que no sería capaz de ello.

Cogió sus cuchillos serafines y salió de aquella oscura habitación para toparse de bruces con la espalda de Niel.- Auch, eso dolió.- se llevó una mano a su nariz y luego miró por el costado de su parabatai. No había nada por lo que estuviera allí parado, hasta que de repente, y tan rápido como había aparecido, desapareció por una puerta.- Niel, ¿qué te pasa?- se preocupó pero no pudo preguntarle nada más puesto que había recibido un mensaje que la mandaba al estadio de los Yankees.- Niel, me tengo que ir. Si necesitas algo, llámame, ¿de acuerdo?

Sin poder hacer nada más por aquel que era para ella un hermano, salió del apartamento y se dirigió a la dirección que le habían  mandado en el mensaje. No había pisado en su vida un estadio, ni siquiera en su país donde el fútbol era el deporte de mayor auge. Y aquella noche cerrada parecía perfecta para el ataque de una banda de demonios enviados por su querido Thomas. Con paso rápido y unas paradas de metro, llegó hasta el lugar citado. Y vio que estaba cerrado.

-Esto debe ser una broma, ¿verdad?- suspiró y mirando el recinto, no tuvo más remedio que saltar el muro y observar con gran admiración el gran campo de béisbol que se extendía ante sus ojos.- Que pasada...- se vio mirando las sillas donde la gente gritaría por su equipo, los lugares donde bateaban y corrían por el triunfo, y los lugares donde el resto del equipo esperaba a salir a jugar.

Algo le decía que la noche sin luna le traería alguna que otra sorpresa.

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Re: A nice night to hunt demons - Eatham B. Greyjoy

Mensaje— por Invitado el Mar Sep 01, 2015 5:44 pm

A NICE NIGHT TO HUNT DEMONS
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El primer suspiro inundó sus pulmones del aire nocturno y fresco, que enseguida combustió en su interior para notar una ligera y molesta presión sobre sus oídos, similar a si hubiese estado colgado boca abajo durante largo tiempo. Tragó saliva y prosiguió con su excursión nocturna, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta, mientras se esforzaba por mantener la mente en la Tierra, y no vagase por asuntos que hubiesen terminado por arrancarle más pesados suspiros.

Los ojos de Eatham paseaban por la ciudad como si buscasen empedernidamente algún lugar donde detenerse y extraer todas las posibles reflexiones acerca del mismo. Lo tomaba como alguna especie de desafío mental: esquivar los pensamientos parásito y tratar de centrar su mente en tareas, cotidianas o no, que ocupasen unas preocupaciones fingidas, asuntos banales y poco importantes. Eatham había desarrollado, con el paso del tiempo, una increíble habilidad para tolerarse a sí mismo y, pese a que en ocasiones le resultaba bastante complicado redimir y controlar los caballos desbocados de su mente, normalmente solía salir airoso de aquellas engorrosas situaciones. Sabía que encogerse en sus propios problemas sería contraproducente en su vida como Cazador de Sombras, de modo que él mismo había tenido que remolcarse del mundo abrupto que le ofrecía su lado más derrotista, y continuar en pie, de alguna manera u otra, para continuar sobrio de tristeza el máximo tiempo posible. No obstante, cuando las noches y sus terribles consecuencias se vertían sobre sus hombros como hierro fundido, a Eatham se le dificultaba aquella escrupulosa tarea. Aquella noche en concreto no se veía con demasiadas ganas de hacerles frente a sus demonios, por lo que, al primer síntoma del insomnio, se destapó, se puso en pie y salió de su habitación.

Vagaba por las calles de Nueva York como un alma en pena, buscando con fantasmagórica curiosidad algún lugar que requisiese de su atención lo suficiente como para borrar aquellos pensamientos abruptos. Sus botas resollaban en las losas de la acera, y aunque aún quedaba gente en las calles, Eatham pasaba entre ellos como si no estuviese realmente allí; como si de un mero observador entre ambos mundos se tratase, sin pararse más de dos segundos a mirar a la misma persona. Escaseaban los niños, y los adultos iban semi-encogidos por el miedo a los carteristas que solía haber a aquellas horas. Algunas mujeres se aferraban a sus bolsos hasta teñir sus nudillos de un tono blanco roto, y otras caminaban con soltura, clavando con fiereza sus tacones en aquella senda mientras hablaban a gritos y horcajadas por sus teléfonos móviles.

El bullicio, en un principio inapetente, acababa con las reservas de paciencia del Nephilim. Los diminutos murmullos que en un principio habían intercambiado los mundanos ahora se habían transformado en un zumbido molesto, irreconocible, incapaz de ser audible. Eatham necesitaba tranquilidad. Y aunque sabía que el hecho de estar quieto implicaría nuevos pensamientos rondando su mente y buscando sus debilidades para atacarle, aquella noche era más que preciso estar tranquilo.

●●●

Tres cuartos de hora y mucho movimiento de piernas después, Eatham se había posicionado delante de un ostentoso edificio de cuya existencia nunca había tenido noticias. Unas enormes letras rojas sobre un fondo blanco anunciaban el interior del lugar: se trataba de un llamativo estadio de baseball. Eatham había jugado de pequeño en diversos equipos de aquel deporte, cuando estaba en el colegio, y pisar aquel lugar le hizo rememorar viejas andanzas: home runs, su primera etapa de recoge-pelotas, los vítores de los asistentes al partido avisándole de que se le había caído la gorra, las manos empapadas en sudor de llevar aquel enorme y pesado guante de cuero...

Un suspiro volvió a inundar sus pulmones, y ladeando una sonrisa, Eatham finalmente se aferró a la alambrada que amurallaba el recinto y saltó a su interior. Tras comprobar que ninguna de las alarmas saltaba y evitando un posible encuentro con la policía, sus pies cayeron en terreno plano y arenoso. La oscuridad de aquella noche era total, y difuminaba amenazadoras sombras a su alrededor. El campo, liso y perfectamente cuidado, ofrecía un lugar con césped fresco donde los privilegiados podían sentarse a tomar un tentempié mientras veían el partido, numerosas gradas –cuyo acceso comprobó que estaba cerrado– y un enorme marcador negro que dictaminaba las posiciones de los equipos. Inundándose de un aire nostálgico, Eatham dio un pequeño paseo por el recinto, con el mismo aire taciturno y pensativo con el que había salido del Instituto, hasta que, finalmente, sus ojos divisaron una silueta en el fondo del lugar.

Podría haberse tratado de algún tipo de encapuchado, pues era más que conocido que las sectas de Nueva York preferían lugares amplios y públicos para llevar a cabo sus ritos religiosos, pero agudizó la vista y contempló que se trataba de una muchacha, no mucho mayor que él. El corazón le dio un vuelco, y esperó que no se tratase de la guardia de seguridad. Se quedó quieto durante algunos segundos y, posteriormente, avanzó con fingida decisión hacia ella, hasta que se posicionó detrás de ella, y hundió el dedo en el hombro de la susodicha un par de veces, con un pequeño toquecito, mientras susurraba:

¿Te has perdido?

 
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Re: A nice night to hunt demons - Eatham B. Greyjoy

Mensaje— por Invitado el Jue Sep 03, 2015 6:50 pm

A nice night to hunt demons
→ Jueves → 23:00 → Estadio de los Yankees → Noche cerrada

El cielo cerrado por las nubes se extendía por encima de su cabeza, abrazando la luna para que no lanzara sus rayos blancos sobre la superficie terrestre. Las gradas, el sitio donde todo el aficionado al béisbol gritaba emocionado en cada partido, se cernía alrededor de la joven que estaba encapuchada en medio del campo. Se sentía minúscula ante aquel pequeño lugar y ligera para recorrer todo aquel espacio corriendo. Pero sabía que no sería lo mejor si no quería luego caer sobre el suelo persiguiendo a cualquier demonio.

Sintió el aire batirle la cara y la breve sensación de fresco que la embargó, produciendo un escalofrío que la recorrió de arriba abajo. Elevó la cabeza, mirando los cúmulos de suaves nubes mientras cerraba los ojos y sonreí. Hacia tiempo que no se sentía tranquila, que no se sentía sin un peso sobre los hombros. Y eso se lo debía a su parabatai, quien había hecho lo imposible por animarla y sacarla de aquel pozo negro en el que ella se había sumido. Aunque la noche se abalanzara sobre ella y las pesadillas, por el momento podía estar tranquila de que nada de lo que ella viera había ocurrido.

Sacó su detector del bolsillo, viendo como la intensidad de la vibración de este disminuía, consiguiendo sacar del pecho de Evangeline un suspiro de exasperación. Había seguido la pista hasta allí del demonio que fuera que estuviera rondando aquel lugar, pero como ocurría en algunas veces, este parecía haber olido a la nephilim y había huido de la escena del crimen.

-Como me pillen aquí, me la voy a cargar.- dijo para sí en voz alta mientras guardaba el artefacto y metía sus manos en los bolsillos de la chaqueta. Relajó sus músculos, elevándose con la punta de sus pies y echándose para atrás con los talones, metida tanto en sus pensamientos que ni siquiera se dio cuenta de que alguien se acercaba por detrás. Cuando sintió el pequeño toque en su hombro y escuchó la voz masculina, todo su cuerpo se tensó, esperando que no fuera el demonio. Pero bien sabía que su detector había parado de vibrar.

Entonces... ¿qué era? ¿Un vampiro? ¿Un licántropo? Se regañó mentalmente, pensando en que quizás solo era el guarda de seguridad, aunque entonces ya estaría andando hacia el interior del estadio cogida por el brazo, entonces... ¿un humano? Bueno, en ese caso no diría nada a nadie, ya que a ella tampoco le convenía. Así que llenó de aire sus pulmones y se giró lentamente hacia el desconocido mientras hablaba.

-No, no me he perdido estaba...- lo miró fijamente, estudiando quien era, hasta que vislumbró que podría ser uno de los suyos, algo que la calmó. Momentáneamente.- Estaba persiguiendo un demonio. ¿Y tú? ¿Por qué estás aquí?- preguntó aún sin quitarse la capucha de la cabeza. Aún quería saber quien era para poder decidir si podía confiar en él o no. En esos tiempos que corrían en su vida, toda precaución era poca.

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Re: A nice night to hunt demons - Eatham B. Greyjoy

Mensaje— por Invitado el Vie Sep 04, 2015 6:36 pm

A NICE NIGHT TO HUNT DEMONS
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Decirle la verdad a su compañera sería arriesgar mucho en su contra. A pesar de que confiaba plenamente en todas las criaturas que se hallasen bajo el refugio del Arcángel, Eatham no dejaba de ser cauto. Sabía que había Nephilims que habían traicionado sus principios, que habían echado por tierra años de sacrificio y de intentos de proteger a la humanidad de los verdaderos peligros que subyacían allí abajo, en el Inframundo. Los seguidores de la Luz, como él, tenían la obligación de encargarse de que todas las criaturas hallasen el verdadero y único camino hacia sus objetivos: la paz. Teniendo en cuenta todo lo que le habían enseñado en la orden sacerdotal, Eatham estaba más que acostumbrado a encontrarse “ovejas descarriadas” que se habían desviado de las verdaderas enseñanzas del Señor, y que habían hallado sus refugios en otros lugares, como sectas y convenciones religiosas de dudosa procedencia. Eatham no dudaba de que aquella Nephilim se trataba de una de sus compañeras, pero no podía evitar sentir aquella punzada de curiosidad en su nuca. Y no porque se tratase de una desconocida, sino porque se trataba de una desconocida sola en un campo de baseball a las tantas de la noche.

Eatham la examinó de arriba abajo en un rápido control visual. Se trataba de una muchacha joven, no superaría los veinticinco años, con el pelo del color del chocolate puro y los rasgos afinados. Su mirada era penetrante como un potente rayo láser, y sus labios se habían curvado en un gesto de sorpresa casi equivalente al que Eatham había dibujado en su rostro al verla. Tragó saliva cuidadosamente, tratando de escudriñar en su mente las palabras más adecuadas para dedicarle a aquella desconocida. Pero realmente, no le salieron. Se quedó quieto, paralizado, experimentando aquel gusano dentro de su interior que jamás había notado.

Persiguiendo un demonio. Algo dentro de Eatham parpadeaba como una luz intermitente avisándole de que ésa muchacha estaba mintiendo. O tal vez dijese la verdad. No estaba seguro. Con tan poca luz –únicamente los rayos blanquecinos de la pálida Luna le servían como foco– era bastante complicado avisar el lenguaje corporal de su compañera. Ni siquiera podría describir sus rasgos con precisión; así que, por precaución, se acercó un poco más, sólo para ver si realmente se trataba de una Nephilim. Sus runas negras sobre su piel ligeramente bronceada la delataron; no había duda, se trataba de una de los suyos.

¿Un demonio? – inquirió, con un cierto deje de curiosidad en su voz, mientras alzaba las cejas. En realidad no dudaba de ella, pero su naturaleza inquieta lo empujaba a saber más acerca de aquella criatura que la Nephilim perseguía a aquellas horas de la noche –. ¿No crees que sería un poco peligroso que persiguieses un demonio a éstas horas, en un sitio como éste... tú sola? – continuó preguntando. Pero en seguida se dio cuenta de su error, y carraspeó, como haciendo inicio de querer corregirlo –: Quiero decir... No quería menospreciarte, ni mucho menos. Tampoco me refería a que fueses... ya sabes... – Estaba metiendo la pata a cada frase que pronunciaba, pero el error ya estaba cometido, y no había vuelta atrás. Eatham sabía que todo aquello que dijese ahora podría ser malinterpretado o utilizado en su contra, de modo que volvió a carraspear una última vez y desvió la mirada, notando los ojos de la muchacha clavados en él con expectación –. Supongo que... buscaba un lugar tranquilo en el que meditar. Pero puesto que éste ya está ocupado por la búsqueda de una criatura de Lucifer, supongo que tendré que buscar otro...

Se llevó una mano a la nuca y se la rascó, gesto que había adquirido de su padre, y cuya ejecución siempre se llevaba a cabo cuando se encontraba realmente nervioso. Eatham no recordaba una situación más incómoda en mucho tiempo; en el seminario no había mujeres, todos se trataban de muchachos serios pero amables, y las veces que había tenido la oportunidad de hablar con ellos no había sido tan complicado. Hacía mucho que no hablaba con una mujer, así que comprendió para sí mismo que su estado de nerviosismo era normal, pero que no debía preocuparse, pues al fin y al cabo debía mirar a aquella muchacha como lo que era: una sierva de Dios Nuestro Señor, una criatura desvalida más a la que proteger.

¡Oh! Qué maleducado. Me llamo Eatham – inclinó la cabeza como signo de presentación. Sabía que en las presentaciones a mujeres, el protocolo dictaba un suave beso en su mano, pero la verdad sea dicha, no iba a tomar su mano ahora para besarla, no después de todo lo que había dicho...

 
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Re: A nice night to hunt demons - Eatham B. Greyjoy

Mensaje— por Invitado el Miér Sep 16, 2015 7:05 pm

A nice night to hunt demons
→ Jueves → 23:00 → Estadio de los Yankees → Noche cerrada

Evangeline parecía extrañada a la par que se encontraba divertida por el nerviosismo que parecía demostrar el nephilim que tenía delante. Sí, debía admitir que más que dolerle le había hecho gracia aquel comentario. La razón por la que había aparecido sola por aquel lugar era porque Niel parecía no encontrarse bien o al menos, no bien para salir de caza en busca de un demonio que como si la tierra se hubiese abierto, se había tragado la figura del demoníaca. En cambio, ella había seguido la pista hasta aquel lugar, donde ya había desaparecido la señal.

Se quitó la capucha de encima de su cabeza y guiada por el instinto de guasa que se había apoderado de ella, se llevó una mano al pecho con fingido dolor.- Me siento terriblemente menospreciada, caballero.- pero no pudo mantener mucho tiempo así. Una sonrisa se dibujó en su rostro y se abrazó a su misma mientras la risa se escapaba de su interior.- Tranquilo, no me ofendiste. Seguramente cualquiera pensaría igual.

Enarcó una ceja. ¿Un lugar tranquilo? Cada uno buscaba unos sitios los sitios que le inspiraran más relajación, aunque para ella fuera Central Park o el acuario, donde podía ver a los peces tranquilamente, casi libres pero sin sufrir. Pero no sabía porque alguien buscaría un estadio de béisbol para meditar. Y la criatura de Lucifer no había vuelto a aparecer, pero podría hacerlo en cualquier momento, sobre todo si Thomas se encargaba de mandarlos hacia su dirección.

-Encantada, Eatham.- le sonrió y se acercó para darle dos besos en las mejillas. Tenía esa costumbre con los nephilims que conocía, pero a algunos quizás no les gustara.- Yo soy Evangeline. Aunque puedes llamarme Evan, es más corto.- ladeó la cabeza y observó la luz de una linterna por encima de las gradas.- Oye, ¿a ti no te apetece ser encontrado por un guarda de seguridad verdad?- tiró de su brazo mientras se pegaba al muro donde había visto la luz.

Contuvo la respiración sin atreverse a hacer el mínimo ruido. Podrían pillarlos a ambos y se meterían en un buen lío. La linterna pareció apunta a la zona del campo, moviéndose de un lado a otro, como si buscara indicios de actividad allí. Luego, esta luz se desvió hacia otra parte, pero Evangeline intentó agudizar el oído, para cerciorarse de que se había marchado. Entonces, se separó del frío cemento y se asomó lentamente para verificar si sus oídos no le fallaban.

-Bien, ya pasó el peligro.- Respiró con normalidad al cabo de unos minutos y clavó de nuevo la mirada en su nuevo acompañante.- ¿Te importaría si te hago una compañía silenciosa? Si no, lo entenderé. Al fin al cabo, buscabas meditar.- ahora que el demonio se había ido, no podía volver a casa tan pronto. Sino se pasaría la noche dando vueltas en la casa y no quería molestar a Niel sabiendo que ella estaba en aquel estado. En un estado latente de presión.

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Re: A nice night to hunt demons - Eatham B. Greyjoy

Mensaje— por Invitado el Miér Sep 23, 2015 6:11 am

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Los músculos de su cuello se tensaron con presteza cuando aquella muchacha, Evangeline –qué nombre tan bíblico– se acercó a él para posar dos decididos besos en cada una de sus mejillas. Debía reconocer que aquello había cogido a Eatham totalmente por sorpresa, pues no estaba acostumbrado a acercarse a mujeres, y muchísimo menos a besarlas, aunque fuese en las mejillas. Aquel gesto que, en apariencia, podía resultar tan sencillo, desató toda una tormenta de pensamientos en el interior de su mente. La chica con rasgos vampíricos había conseguido arrebatarle un ligero hormigueo en el corazón, pero se mantuvo férreo y trató de pensar las cosas en frío, tal y como le habían enseñado siempre. Así pues, Eatham se vio arrastrado por una corriente de pensamientos en aquella situación que logró hacer que sus esquemas se rompiesen por un breve lapso.

Sin embargo, allí, en la inmensidad de la nada, se encontró completamente desnudo ante el “peligro”. No pudo hacer otra cosa que hacer centellear sus ojos azules en un gesto de sorpresa y tratar de devolver aquellos dos besos, una costumbre bastante sureña a la que, en aquellos momentos, le pareció no poder acostumbrarse jamás. La voz de Evangeline fue la que lo bajó nuevamente a la Tierra, y tras menear interiormente su cabeza un par de veces, Eatham consiguió centrarse en lo verdaderamente importante, que era justamente lo que Evangeline había sostenido: se hallaban completamente a oscuras, en mitad de un estadio que no estaba abandonado, y del cual tenían que cuidarse, pues nunca se sabía dónde podía aparecer una nueva criatura o de dónde podía salir un peligro. Se culpó interiormente a sí mismo por haberse hallado tan inseguro y despistado ante una situación de lo más normal, y carraspeó para devolverse a sí mismo la voz perdida.

Pero ¿qu...? – su frase no logró ser finalizada, pues enseguida una lintera se avistó en el horizonte, moviéndose casi con frenesí y señalando con su luz amarillenta todo aquello que caía en su paso.

El Nephilim, algo nervioso, no pudo evitar su primer impulso: tensarse de nuevo. Como si Evangeline hubiese vuelto a posar sus labios sobre sus mejillas con celeridad. La negrura envolvía ambas figuras, pero no estaban exentos del alcance de la luz de la linterna, ni de la mirada severa del guarda de seguridad. Realmente jamás se habría explicado por qué los guardas de seguridad mundanos se hallaban tan desprotegidos frente a una amenaza: aquel hombre, como mucho, contaría con un taser que produjese descargas eléctricas a los rufianes, y, con suerte, con alguna porra semidura con la que atizar los peligros. Pero, definitivamente, se hallaba muy mal ataviado en cuanto a defensa se refería. Y por éso estaban los Nephilims allí. Suspiró pesadamente cuando el guarda y su linterna desaparecieron en dirección a los vestuarios femeninos.

¡Oh! Ehm... No te preocupes. Supongo que mi meditación puede esperar – sonrió casi con nerviosismo. Oh, por Raziel, ¿por qué no sabía comportarse delante de las mujeres? Si hubiese tenido algún tipo de dualidad corpórea, se hubiese abofeteado allí mismo para escapar de aquel trance desagradable en el que se había visto envuelto durante unos segundos –. Demos un paseo – propuso, tratando que sus labios dejasen de temblequear como flanes, y haciendo un ademán con la mano para indicarle la dirección de su paso –. Dime, ¿llevas mucho tiempo aquí?

Enseguida comprobó que el alcance de su pregunta había sido incluso mayor de lo que él mismo se hubiese propuesto. Se refería, por supuesto, al estadio de béisbol, pero entendía que Evangeline podía comprender su pregunta como una curiosidad por saber cuánto tiempo se hallaba en el Instituto, o donde quisiese que se refugiase. Nunca la había visto por el Instituto... ¿cómo era posible? Al fin y al cabo, todos eran compañeros y debían conocerse entre sí, así que ¿cómo había pasado desapercibida tanto tiempo para él?

 
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Re: A nice night to hunt demons - Eatham B. Greyjoy

Mensaje— por Invitado el Dom Oct 04, 2015 4:57 pm

A nice night to hunt demons
→ Jueves → 23:00 → Estadio de los Yankees → Noche cerrada

Seguía siendo una chica impulsiva en aquellos momentos. No todos los días se encontraba a un nuevo compañero que no había visto en el Instituto, claro que ella tampoco se pasaba mucho por allí, salvo quizás para entrenar y ver alguna que otra vez a Archer, al que ya le debía una nueva visita para ver como iban las cosas. Pero debía hacer más por conocer a gente que viviera allí, así como tiempo después y gracias a un encontronazo con demonios, conoció a Alex.

-Nos ha faltado muy poco para tener que dar explicaciones.- suspiró tranquila mientras revisaba el otro lado del campo buscando una luz que no aparecía. Al menos no tendría que estar pendiente de los guardias de seguridad durante un rato. Fijó su vista en Eatham y seguía sin sonarle de haberlo visto en el Instituto o en algún otro lugar. Tampoco es que hiciera misiones con otras personas además de Niel. Realmente a veces parecía que Evangeline no salía de su entorno más conocido. Y es que la última vez que lo había hecho fue para irse de su país porque la novia de Niel no quería verla allí.

Sonrió a su ahora compañero mientras emprendía una lenta marcha al centro del campo, mientas agachaba la cabeza y respiraba profundamente el aire de la noche. Parecía que aquel manto negro que ahora cubría las estrellas y la luna no se irían, para al menos dejar que un poco de luz iluminase el sitio donde se encontraban. A Evangeline no solía gustarle la noche cuando era pequeña pero ahora, parecía su hora favorita del día excepto los días que al conseguir conciliar el sueño sus pesadillas le atacaban. No era su mejor momento.

Se quedó pensativa durante unos segundos. ¿Cuánto tiempo llevaba dónde? ¿En el país o en el campo de béisbol? Lo pensó durante unos momentos. Sin haberse percatado del paso del tiempo, la joven nephilim ya llevaba allí casi dos años desde que salió de su casa despidiéndose de sus abuelos hasta que fue acogida por su prima, quien se había marchado de la casa hacia ya unos meses. En el campo debería llevar unos veinte minutos.- Si te refieres al estadio, llevo aquí unos veinte o veinticinco minutos más o menos. En el país, casi dos años.

El tiempo había corrido tan deprisa que no se había dado cuenta de ello. El reloj de arena se vaciaba tan lentamente a veces que cuando iba a mirarlo de nuevo, ya había dejado caer una gran cantidad de arena. Extrañó de repente los arrumacos de su abuela, las lecciones de su abuelo e incluso aquella sonrisa de su padre, que se borró de su rostro el mismo día que su madre falleció. De ella recordaba su sonrisa y su voz, pero no podía poner en pie nada más.

-¿Y tú, Eatham? ¿Eres de aquí o vienes de fuera como yo?-preguntó curiosa mientras guardaba sus manos en la chaqueta y se dedicaba a levantar los pies del suelo cada cinco segundos, contando mentalmente. En su bolsillo algo comenzó a vibrar de manera que cogió lo que había dentro y lo sacó para mirarlo.

-Empiezo a pensar que este cacharro esta estropeado.- el detector de demonios empezaba a vibrar y a iluminarse nuevamente.

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Re: A nice night to hunt demons - Eatham B. Greyjoy

Mensaje— por Invitado el Sáb Oct 10, 2015 10:12 am

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Estaba realmente nervioso. Podía notarlo en las palmas de sus manos, que se encharcaron en cuestión de segundos como si las hubiese empapado en aceite. La verdad sea dicha, Eatham no estaba acostumbrado a tratar con mujeres y en rarísimas y contadas ocasiones había sido capaz o había tenido siquiera la oportunidad de cruzar más de dos palabras con la misma fémina. Para él representaban un universo alterno y completamente diferente al que había bajo sus pies. Había escuchado, además, la complejidad de sus mecanismos cerebrales y de sus difíciles de lidiar emociones, lo cual había provocado que su respeto y temor hacia el género femenino aumentase a niveles considerables. No quería parecer un perturbado de aquellos que ni siquiera se dignaban a mirar a la gente a los ojos, pero debía admitir que en su estómago habían comenzado a despertarse aquellas mariposas extrañas a las que solían referirse los poetas cuando sentían una atracción hacia otra persona. ¿Éso significaba que se sentía atraído por Evangeline? La simple idea de imaginarlo hizo que sus mejillas se tiñesen con celeridad de un tono bermellón intenso, que fue perfectamente camuflado para su alivio por la negrura intensa de la noche. Si Evangeline se daba cuenta de que efectivamente sentía algo de timidez, probablemente resaltase aquel impedimento y provocaría que enrojeciese y enmudeciese. No quería no decir nada.

La tranquilidad de la noche únicamente se veía desestabilizada por las botas de sendos Nephilims haciendo crujir el césped verde bajo sus suelas. La humedad era considerable y un leve viento se había levantado haciendo que sus huesos se estremecieran y los cabellos rubiascos de su nuca se erizasen como si quisiesen salir disparados. Comenzaba el Otoño y, aunque se trataba de la estación preferida del islandés, debía reconocer que no disfrutaba demasiado de las noches frías cuando llevaba poco abrigo consigo.

Evangeline parecía una chica agradable. La calidez con la que sus palabras teñían el canal auditivo era casi mágica. Sus facciones finas como esculpidas a conciencia llamaban su atención, igual que su menudo cuerpo y su sonrisa que casi evocaría a un adagio suave de una orquesta a punto de comenzar un exquisito concierto. Sabía desenvolverse, cosa que Eatham supo apreciar en cuanto hubo escuchado un par de palabras provenientes de la muchacha, y gracias a ello logró reunir las fuerzas suficientes como para centrar su cabeza en el asunto.

No, yo...

Su frase ni siquiera pudo ser terminada. Aquella frase que le había costado tanto trabajo rescatar de su mente, forzar a salir como un niño empujado a una piscina para aprender a nadar. Pero ésta vez, eran considerables los motivos que habían interrumpido su frase. Aquel aparatejo –tecnología punta, quién lo diría– que casi todos los Nephilims portaban consigo y que recibía fama de poder localizar los demonios que se encontrasen a una distancia prudencial de los Cazadores de Sombras, había comenzado a vibrar y chillar de una forma no demasiado estridente, pero sí lo suficientemente elevada como para que los dos Nephilims enmudeciesen y sus miradas se clavasen en aquel pequeño agente tecnológico que supuestamente les facilitaría la caza.

Puede que no lo esté – apostilló observando cómo los deditos delgados de Evangeline extraían del interior de su chaqueta aquel pequeño artefacto, que había adquirido tonalidades rojas en los pequeños leds que había colocados a su alrededor. Parecía una pequeña piedra magmática brillante, a punto de emerger calor, entre la mano perfilada de la muchacha. Eatham quiso obligar a su cuerpo a permanecer alerta, pero apenas pudo levantar la cabeza para vigilar de acá para allá en busca de algún indicio que les indicara que, efectivamente, aquella noche no se encontraban solos en aquel viejo estadio de baseball –. ¿Crees que habrá algo por aquí? – musitó después, moderando aún más su tono de voz, adquiriendo dotes de confidencialidad mientras sus ojos volvían a encontrarse con el color almendrado de los de la muchacha.

Nuevos escalofríos recorrieron sus venas.

 
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Re: A nice night to hunt demons - Eatham B. Greyjoy

Mensaje— por Invitado el Dom Oct 25, 2015 5:26 pm

A nice night to hunt demons
→ Jueves → 23:00 → Estadio de los Yankees → Noche cerrada

Sí, Evangeline estaba segura de que había algo rondando el estadio y concretamente a ella. Seguramente algún otro hubiera pensado que al ser cazadores era por ello que los perseguían. Pero, estando en compañía de la morena, realmente se podía pensar que todo aquel que la rondara, estaría expuesto a peligro. Por ello tenía su nivel de miedo en tan altos niveles: Niel podría salir perjudicado, Archer y Alex, dos de sus compañeros podrían morir si su querido padre quería. Tenía a su propia hija entre la espada y la pared.

El sensor se mantenía encima de la mano extendida de la joven cazadora, mientras esta la miraba como si aquello fuera un signo de mala fortuna. Miró de reojo a Eatham, al que sin querer había metido en aquel lío y del que ahora tenía que sacarlos vivos y enteros a ser posibles. No sabía tampoco el que, pero algo en él le llamaba poderosamente la atención y seguramente, se atrevería a averiguarlo si no estuvieran allí.

Todo iba de mal en peor. Suspiró y guardó el sensor mientras alcanzaba su cuchillo y liberaba el látigo que tenía en su brazo. Al menos así se sentía más protegida.- Seguramente estén en cualquier parte.- alzó la cabeza chocando con los ojos de su acompañante y le sonrió. Pero aquella sonrisa era mas bien triste. Había involucrado a alguien a quien apenas conocía en quizás lo que era una misión suicida. Con tranquilidad, abrió los labios para dejar que de estos escapase aire y habló bajito, para que solo él le escuchara.- Verás, Eatham. Esto seguramente sea culpa mía. Tengo una diana puesta en mi espalda al parecer desde hace un tiempo.- no tenía tiempo para contarle los detalles y algo dentro de su cabeza le decía que no lo hiciera, porque aquello lo alejaría. Pero, ¿por qué pensar en ello le dolía? No lo sabía realmente.

Apretó los nudillos en torno a su cuchillo hasta que sintió algo de dolor. Aquello le hizo poner de nuevo los pies sobre la tierra. No era hora de estar en las nubes y se movió tranquilamente para mirar por encima del hombro de Eatham. Parecía que había algunas sombras moviéndose en las gradas y no quería arriesgarse a que ningún mundano viera a aquellos seres horripilantes, así que lentamente, comenzó a caminar hasta los que eran los vestuarios.

-Vamos. Los vestuarios será un lugar donde poder quedarnos y si es necesario tender alguna emboscada.- le guiñó un ojo hablando bajo mientras se internaba en las entrañas del estadio. Por allí es donde pasaban los ganadores o perdedores de un partido y Evangeline pensaba que aquella batalla, su batalla, no había hecho más que empezar y por ahora, ella iba perdiendo con gran diferencia. Una vez allí observó el lugar y tal como había adivinado, su emboscada podría resultar exitosa.

-Una pregunta rápida, Eatham. ¿Eres claustrofóbico?- preguntó mientras forzaba una de las puertas que sería donde los jugadores dejaban sus bolsas. Luego se apoyó en ella y lo miró con una sonrisa traviesa.
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Re: A nice night to hunt demons - Eatham B. Greyjoy

Mensaje— por Invitado el Dom Nov 08, 2015 9:59 am

A NICE NIGHT TO HUNT DEMONS
Stay in my corner please...
... I will fight for you if you fight for me too
Alzó las cejas, sorprendido, mientras perseguía a Evangeline por los enrevesados caminos que conformaban el estadio de baseball. A decir verdad, jamás hubiese imaginado que aquella noche hubiese acabo buscando demonios en compañía de una atractiva Nephilim que se había encontrado en medio de la nada. Porque, efectivamente, aquello no era más que nada en mitad de la carretera.

La Nephilim parecía desenvolverse con soltura en una situación así, cosa que hizo que Eatham enarcase aún más sus cejas y sus ojos azules se abriesen un poco más. Definitivamente, aquella chica había conseguido despertar su curiosidad. ¿Cómo habría llegado a tener una “diana” en la espalda? Su inevitable inocencia salía a flote en aquellos momentos. Pero en un abrir y cerrar de ojos, su compañera había arrancado –sí, arrancado– la puerta oxidada de una de aquellas taquillas, y pretendía que entrasen dentro. ¡Por Raziel!, ¿iban a meterse allí dentro de verdad? ¡Debía de haber cientos de insectos y enfermedades! Su mirada no podía evitar la sorpresa, y se cruzó rápidamente con sus ojos castaños, mientras tragaba saliva y trataba por todos los medios de vencer el miedo que se había instalado en la región trasera de su cerebro. Sin embargo, no había demasiado tiempo como para andarse por las ramas, y Eatham pasó dentro de la cavidad oscura que Evangeline había abierto. Ella se metió después y cerró la puerta tras de sí con la pretensión de hacer el menor ruido posible.

Eatham tomó algo de aire frío mientras notaba cómo el corazón burbujeaba dentro de su pecho. Sus ojos se adaptaron a la escasa luz y miró por las rejillas de la taquilla, esperando que en cualquier momento algún tipo de animal salvaje saliese de allí y se dejase dar caza. No sabía el tipo de demonios que hubiesen podido soltarse en aquellas últimas semanas, así que mejor no aventurarse a tomar riesgos innecesarios. Su escondite era más que perfecto para observar cualquier peligro que les ataviase.

Ni que decir tenía que el hecho de encontrarse tan próximo a una chica se le hacía terrosamente vergonzoso. Podía oler perfectamente su perfume, y debido a su poca costumbre de relacionarse con mujeres, se le hacía muy incómodo. Sabía que no tenía nada que temer, pero las chicas siempre habían formado parte de ése conglomerado de cosas que no lograba comprender. Y no porque no le gustasen, sino más bien porque huía de los problemas que siempre le habían intentado inculcar próximos a las mujeres.

Siempre tenía miedo de meter la pata. Pero en aquella ocasión el miedo se profundizaba de una forma sorprendente.

Explícame éso de la diana, por favor – susurró tratando de levantar las menores sospechas posibles –. ¿Has venido sola sabiendo que estás en el punto de mira de ésos seres? – inquirió, mirando la penumbra que se cernía sobre el rostro de Evangeline.

Nunca se hubiese imaginado a sí mismo compartiendo un espacio tan reducido con una mujer, y en aquella ocasión se estaba mostrando sorprendentemente tranquilo, cosa que levantaba su curiosidad por una parte. El hecho de estar cómodo con una persona femenina se le hacía bastante raro. Pero tampoco quería que la situación se volviese incómoda para ella, aunque no parecía serlo. Evangeline se desenvolvía con una soltura admirable, cosa que también le resultaba fascinante. ¿Estaría acostumbrada a aquel tipo de situaciones? Parecía ser una chica muy agradable, seguro que sí...

Ha cesado – señaló el detector de demonios, manteniendo el tono de voz tenue para no descubrir su posición.

Aquello sólo indicaba problemas.

 
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Re: A nice night to hunt demons - Eatham B. Greyjoy

Mensaje— por Invitado el Miér Dic 23, 2015 6:37 pm

A nice night to hunt demons
→ Jueves → 23:00 → Estadio de los Yankees → Noche cerrada

Evangeline temía por la vida de ambos mientras sus pupilas se clavaban en el rostro del nephilim que la acompañaba. Había dado la casualidad de que Eatham se había encontrado en el mismo lugar que ella, pero en el tiempo equivocado. Si lo hubiera visto en otro lugar, quizás se hubiera quedado embobada mirándole y a lo mejor, Niel le habría tenido que llamar la atención para que pusiera los pies en la tierra. Pero el caso estaba en que sus neuronas trabajaban a toda velocidad, sus músculos estaban tensos y la adrenalina corría por sus venas como corre la sangre.

Entró tras de él y cerró la puerta, quedando frente a frente con aquel joven. Y sin embargo, lo único que llamaba su atención en aquellos momentos era la vibración del detector de demonios que estaba guardado en su bolsillo trasero. Para no distraerse con la profundidad de los ojos del hombre y sus rasgos masculinos, desvió la mirada hacia el exterior por las pequeñas rendijas superiores de la misma taquilla. Quizás así podría vigilar durante un momento que ningún demonio apareciera por allí, pero algo dentro de ella le decía que no sería así.

Escuchaba la respiración de Eatham y sin darse cuenta, la suya se había acompasado a la de él. Estaba segura de que si estuviera en más silencio y no en aquella situación, podría escuchar los latidos del corazón de aquel ser. Pero no tenían tiempo.

Pero entonces, cuando la pregunta indirecta llegó hasta sus oídos sus músculos se tensaron más si podían. ¿Cómo podía explicar algo así sin ser vista como una loca? ¿Cómo podía hacerle ver que todo aquello era verdad y no era ninguna broma pesada? Sería difícil puesto que ni ella misma sabía bien si aquello era la broma de un bufón muy bueno. Pero después de haber hablado con la bruja que le desbloqueó los recuerdos, pocas dudas se aglomeraban en su mente.

Suspiró y cambió su vista, agradeciendo la oscuridad para que no viera la tristeza e ira que había en su rostro.- Es una historia muy larga pero intentaré resumirla.- se abrazó a si misma, como buscando la fuerza que en ese momento le fallaba.- Al parecer mi padre se ha convertido en demonio y busca matarme por alguna razón y creo que es por la muerte de mi madre a manos de una criatura del averno.- se encogió de hombros y recordó los momentos en que todas las imágenes se le había venido a la mente.- Y eso es algo muy resumido.

-Y mi querido padre está enviando demonios tras de mí, no sé si como una diversión o por vigilarme y saber donde estoy.- giró de nuevo la cabeza y lo miró de reojo.- Realmente tenía que venir con mi parabatai, pero le ha sucedido algo y he acabado viniendo sola. Creo que así es mejor, no lo pongo en peligro continuamente.- esta última frase la soltó como un suave murmullo que estaba segura que llegaría hasta sus oídos.

Miró ahora la piedra y sacó la suya del bolsillo. Enarcó las cejas y la golpeó un par de veces con el dedo. Era extraño que parase en ese momento.- No sé si prefiero que vibre o que no.
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