03/12 - Estimados habitantes del submundo. ¡Los nefilims vuelven a estar disponibles!


07/08 - Estimados habitantes del submundo. ¡Aquí tenéis las noticias con las actualizaciones/nuevas propuetas/ideas del foro! ¡Pasaos cuanto antes a echar un ojo!


10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


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This can't be happening |M. Jasper Selander|

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THIS CAN'T BE HAPPENING
→ 14 de Agosto → 19:05 → Base del Praetor  → Húmedo

No hay mujer ni hay lobo.

Sólo hay luna llena.

El tormento de mil días se reconcentra en el dolor que le produce la transformación a la luz de la luna. Duele. Siempre duele. Da igual que lleve ya un tercio de su vida así. Un tercio de su vida cambiando cada vez que la luz plateada que emite la cara del satélite le alcance. Dentro de sí, en un lugar muy recóndito de su alma, duele. Duele por lo que ha perdido. Por lo que ha hecho perder a otros. Duele por la rabia que sintió. Duele por las lágrimas que derramó.

Duele.

Pero cuando termina, es libre. Es libre y no hay sufrimiento. No hay mujer ni hay lobo. Sólo hay luna llena.


***

Parpadeé de forma desganada, sin entusiasmo, a pesar de que por dentro me estaban comiendo los nervios como pocas veces en mi vida. Bufé, suspiré y me relamí los labios tan rápidamente que casi pareció que lo había hecho todo a la vez. Pero os juro que no. Aunque bueno, tampoco importa una mierda. Como tampoco me importó una mierda en ese momento. Estaba demasiado preocupada intentando no mirar el lavabo de mi casa. O más concretamente, lo que estaba colocado sobre el lavabo de mi casa. Ahí, largo y brillante –en realidad no, pero yo estaba en un estado cerca a la histeria y me parecía ver cosas que en realidad no eran–.

Tamborileé los dedos sobre mis piernas. Desvié la mirada hacia el reloj de pulsera que tenía en la muñeca, dándome cuenta, entre maldiciones, que había perdido la cuenta de los segundos que llevaba. Eso me hizo emitir un gruñido, y si no me levanté y lo tiré todo a la basura fue porque mi cabeza reaccionó más inteligentemente que mi cuerpo y se lanzó hacia el salón, con los nervios desatados completamente. Respiraba de forma desigual, entre cortada, mientras me aferraba al respaldo del sofá, a espaldas de este, intentando no derrumbarme. Pero era difícil. Era muy difícil para mí.

Al final ahogué un grito a la par que se me llenaban los ojos de lágrimas. Temblaba, casi. Por favor. Por favor. Es que, ¿por qué me tenía que pasar eso a mí? ¿Por qué no a otra persona? ¿Es que acaso nadie en el mundo se lo merecía más que yo? Lo dudaba. Lo dudaba mucho. Cientos de nombres me surcaron la mente en un segundo, de cuclillas, con la cabeza apoyada en el respaldo del mueble y las manos aferradas fuertemente a los bordes de arriba en un intento por sentirme apegada a algo. Un apoyo firme sobre el que sostenerme, porque si no, sentía que me desmoronaría del todo.

Tenía miedo.

¿Qué estupidez, verdad? Yo, una mujer hecha y derecha, acostumbrada al dolor, al sufrimiento y al desengaño, con miedo. Con uno tan fuerte, tan real y tan estremecedor que no me dejaba casi respirar.

Qué ridículo, temer a un trozo de plástico sobre un estúpido lavabo de imitación. Un trozo de plástico, por otro lado, que iba a decirme si mi vida iba a cambiar para siempre o iba a seguir como antes. Un trozo de plástico que tenía en su endeble estructura mi destino.

Qué ridículo. Temer a un trozo de plástico.

Conseguí calmarme un poco, tomé aire, me limpié los ojos acuosos y me erguí, reuniendo fuerzas para dirigirme hacia el cuarto de baño. Caminé. A pesar de que iba relativamente rápido, el pasillo se me hizo eterno. Lo recorrí, después de un tramo interminable, y sin pensármelo dos veces, me lancé hacia el objeto que reposaba, tranquilo, como si sobre él no recayese la responsabilidad de toda mi vida, y lo miré. Lo miré y el mundo se congeló a mis pies, a mi alrededor y sobre mí.

Me quedé pegada al suelo, con los dedos temblorosos y los ojos tan abiertos que iban a salirse de mi rostro.

Lo miré y vi que mis mayores temores se habían hecho realidad.

Estaba embarazada.

***


«¿Qué hago aquí?» fue el primer pensamiento que me pasó por la cabeza al darme cuenta de que estaba en las inmediaciones de la base del Praetor.

Parpadeé y fruncí el ceño al darme cuenta de que en mi devenir había terminado allí casi sin pensarlo. Eso me desconcertó, porque realmente no tenía motivos reales para acudir ahí. Al menos no en esos momentos. Mi relación con mis compañeros, aunque pondría mi vida en sus manos –por lo general, con excepciones–, no era tan cercana como para buscar consuelo en los brazos de nadie que yo creyese que pueda estar en la base. Y aún que lo hubiese, nada me garantizaba que hubiese nadie que pudiese consolarme.

Porque es lo que sentía que necesitaba en ese instante. Consuelo. Estaba… desecha, completamente. Seguía temblando a ratos, cuando recordaba que había algo creciendo dentro de mi vientre. Algo que ni quise, ni pedí ni busqué. Algo que de pronto había aparecido en mi vida en contra de mi voluntad y que me iba a obligar a tomar una decisión difícil, independientemente de cuál de las que se abrían ante mí escogiese. La simple idea me reventaba los nervios, pero me quedé quieta, mirando el edificio a lo lejos, incapaz de moverme.

¿Dudaba?

Quizás sí. A pesar de todo, la gente del Praetor me había tendido la mano cuando nadie más lo había hecho y había cuidado de mí en los momentos más difíciles de mi vida. Quizás por eso mis pasos me habían conducido hacia esa mansión donde antaño había encontrado protección y comprensión. Quizás mi subconsciente pensase que alguien podía ayudarme de verdad, o al menos, ayudarme a ver mejor la luz que en esos momentos se alejaba cada vez más de mí. No lo sabía. No tenía ni idea de nada. Siquiera poseía conciencia de mí misma.

Tan abstraída estaba que no escuché los pasos que hacían crujir la hierba a mi alrededor…



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Re: This can't be happening |M. Jasper Selander|

Mensaje— por Invitado el Lun Sep 21, 2015 12:47 am

THIS CAN'T BE HAPPENING
→ 14 de Agosto → 19:05 → Base del Praetor  → Húmedo

-Liam esto es una pésima idea- le dijo Jasper al licántropo mientras se quedaba quieto, recargado en la puerta de cristal como si no le importara nada en este mundo -lo cual probablemente era cierto- mientras Liam, el miembro más reciente del praetor que debía tener unos diecisiete años y estaba en pleno entrenamiento "Pratoriano" miraba uno de los últimos videojuegos que acababan de salir mientras Jasper negaba. Bien. A él si le gustaban los videojuegos, tenía una consola en la habitación que compartía con el crío aquí presente y de vez en cuando y cuando no tenía nada mejor que hacer dejaba que algún buen videojuego acabara con su aburrimiento.

Pero ese sin duda, no era el caso de Liam.

Desde que Jasper había comprado el dichoso aparato, se habían vuelto marido y mujer. Siempre que no estaba en una misión el crío estaba metido con la cara en la consola, puesto que realmente era el único lugar donde podía meter la cara; literalmente.-No solo me meterás en problemas a mi, la pobre alma arrastrada a este crimen, si no que además es ilegal. Idiota- Liam intentó darle un golpe con la caja del juego que tenía en la mano pero Jasper simplemente se movió un paso a la izquierda para esquivarlo mientras bostezaba.-La modestia no te vendría mal alguna vez, Pavo Real-masculló Liam mientras terminaba de mirar furtivamente a todos lados y cambiaba el disco que quería por otro normalito.

El brillante plan del crío, era cambiar el disco de una caja que costaba noventa y nueve dólares a otra que costaba quince. Pagar quince por el videojuego y salir. Un plan terriblemente malo en la opinión del rubio. Empezando porque cada vez que comprabas algún juego abrían la caja. Sin embargo Liam creía que si la volvía a sellar se evitaría el problema. Y ahí estaba Jasper, aguantando al niño sólo porque no tenía nada mejor que hacer.

"Lo van a atrapar" pensó él mientras esperaba pacientemente a que el local empezara a llenarse del caos cuando se dieran cuenta de que un niñato intentaba robar. Un minuto y no escuchó nada, dos y...-¡Te gané pavo real! Me debes algo-el licántropo le quitó el videojuego de las manos y lo miró. Había una de dos, los dependientes de aquella tienda eran muy idiotas o Liam tenía una suerte tremenda.

Por ahora, votaría por la segunda.

-Para ti, señor Pavo Real, y entonces salgamos de acá antes de que los dependientes encuentren su cerebro y te arresten. Porque tienen la misma inteligencia que tú crío, nadie más que tú hubiera caído en ese plan tan idiota- iba a admitirlo. Todavía estaba algo pasmado porque hubiera funcionado. Liam no, iba campante por la vida, con la bolsa moviéndose en su brazo divertido ante su robo perfecto. Y Jasper seguramente habría dado la noche por terminada mientras acompañaba a Liam de regreso si no fuera porque vio una actividad algo sospechosa por el rabillo del ojo.

-¿Tío te robaste más de uno verdad?- y cuando el niño no hizo nada que le indicara que lo negaría el rubio bufó. Agarró a Liam y antes que se metieran en más problemas se dirigió a la base.

***

-No, no me hables, ni siquiera me mires- le gruñó Jasper quedamente al crío mientras salía de la oficina del Praetor Scott -que se estaba encargando de regañar a Liam-  y se dirigió a las afueras a tomar aire. Si fuera fumador, seguramente habría encendido un cigarrillo y disfrutado del sabor del humo en su boca; en cierto sentido lo era, pero prefería las hookas, que en cierto modo por lo menos le quitaban el nerviosismo y no contaminaban a todos con el aroma. Pero no quería, si fumaba solo dejaría evidenciar que estaba nervioso y no tenía ni idea de porqué lo estaba.

¿Era algo en el aire? ¿Era un presentimiento de algo mayor? Jugueteó con su móvil mientras recorría los largos jardines que circundaban la base, aspirando el aire fresco, dejando salir el dióxido de carbono... Habían ocurrido tantas cosas en tan poco tiempo que no se había dado cuenta hasta que punto estaba molesto; tal vez cansado de salvar vampiros, salvar licántropos, ayudar brujos... Cansado y harto a decir verdad. Entonces ¿Por qué seguía trabajando de eso? ¿Por qué no se dedicaba completamente al casino que poseía? ¿A los negocios de bienes raíces?

Si hubiera estado menos distraído hubiera visto a Scarlett antes, pero no la vio hasta que le pareció detectar el aroma salado, dulce, extraño... Qué solo podía definir como el aroma que tenían las lágrimas. ¿Lágrimas? ¿Scarlett? Algo en aquella suma no le cuadraba. La licántropa era como un terremoto de mujer, imponente y preciosa; pero sin duda no entraba en la definición de mujer que esperaba alguna vez ver llorar, como tampoco lo hubiera esperado de Danielle. Era como... Verlas siendo vulnerables. Y ojo, no es que pensara que por la personalidad que tenían nunca lloraban pero no creía que viviera para contarlo. Se quedó quieto, indeciso sobre si debería acercarse o no... ¿Qué haría ella si se acercaba y le preguntaba si estaba bien? ¿Arrearle un bofetón?

Sin embargo en ese momento no pensaba con mucha claridad. -¿Scarlett?- preguntó mientras se relamía los labios, nervioso. -¿Que ocurre? ¿Estás bien?- ahí estaba él, diciendo las dos peores preguntas del mundo, las que normalmente solían obtener como contestación un: "andate a la mierda", "¿Te parece que luzco como alguien que está bien?" y demás lindeces.
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→ 14 de Agosto → 19:05 → Base del Praetor  → Húmedo

Corretea por los bosques siguiendo la estela que marca la naturaleza. Olisquea, aúlla y golpea el suelo con sus patas, poderosa y firmes. Su pelaje es hermoso. Sus dientes grandes. Y no recuerda nunca claramente si lo hace como mujer o como lobo, cuando permite que su mente se evada durante las carreras a las que se somete siempre que hay luna llena, porque para su ser, para ella misma, todo es lo mismo. El lobo y ella son uno desde hace mucho tiempo. Desde que aprendió a controlarlo, a hacer que se fusionase con ella. El lobo dejó de arrastrarla a la sangre cuando aprendió a hacerle frente; cuando le marcó para que no atacase a humanos inocentes.

Lobo y mujer son uno. Por eso nunca es ninguno de los dos, y a la vez, es ambos.

La mujer lobo.

La luna llena.


***

Parpadeé, dejando las lágrimas empapando mis pestañas y deslizándose de forma furtiva rostro abajo. Con un gesto inconsciente las recogí para hacerlas desaparecer, porque no era precisamente una buena carta de presentación el encontrarme de frente con alguien y que me viese así. Llorando. Hacía tanto tiempo que no lloraba de esta manera que incluso me proporcionó náuseas, aunque tampoco sé si en ese momento era por la fatiga, por el bebé o por la situación en sí. Llorando. La última vez que lo había hecho tenía poco más de veinte años y estaba absolutamente enfadada con el mundo. Y aterrada. Thomas acababa de morir. Yo le había hecho daño a gente inocente y tenía dentro de mí una rabia desatada que no sabía cómo controlar ni qué hacer con ella.

Ahora de nuevo estaba aterrada y había algo inocente gestándose dentro de mí, poco a poco. Resultaba tan desconcertante, tan imposible, y sin embargo era completamente cierto. La imagen de la madre de Derek con el vientre hinchado hasta los topes, comiendo sardinas con tomate y quejándose de los tobillos hinchados se me pasó por la cabeza. En realidad tampoco era para tanto, pensé, porque me había enfrentado a cosas peores. El embarazo en sí no era lo peor. Lo peor era lo que surgía de él. La niña. El niño. La responsabilidad de ser madre cuando yo debo de ser la persona menos indicada del planeta para tener descendencia jamás.

¿Por qué yo? ¿Por qué no alguien que lo desee mucho más?

¿Scarlett?

Al principio no reconocí su voz, tan abstraída como estaba. Me giré violentamente hacia él, sobresaltada, topándome con el rostro preocupado de Jasper, que me observaba como si estuviese a punto de reventar. O de darle una paliza. El gesto de mi rostro se relajó bastante al corroborar de quién se trataba, y antes de responderle me aproximaba lentamente, con la que probablemente era la pinta más lastimera que he ofrecido en años. De entre todas las personas dentro de esas paredes, quizás Jasper era de las pocas con las que siento una confianza algo mayor. Hace tiempo que le conozco; es un idiota de sonrisa fácil y descarada, pero es un buen chico.

Cuando estuve lo suficientemente cerca como para que mi puño hubiese tenido un efecto explosivo sobre su cara sonreí de forma cansada, cambiando el peso de una pierna a otra. Al menos había dejado de llorar. Por el momento.

Si para ti esta es la cara de alguien que está bien… —Generalmente habría sido más brusca o más sarcástica, pero lo cierto es que en ese momento no tenía ni ganas de ello. Estaba desinflada, no sentía rabia ni nada que pudiese avivar un poco el fuego. Nada. Sólo miedo.

Por eso, antes de darme cuenta de lo que estaba haciendo, me encontré abrazándole casi con desesperación. Porque necesitaba sentir una mano amiga que me arropase y me dijese que todo iba a salir bien. Ni siquiera me acordé de la herida que hacía poco le había afectado en aquella estúpida reunión. Sólo me dejé llevar. Temblé mientras le rodeaba el cuello con los brazos y me dejaba caer.

Oye, déjame estar aquí un momento, ¿vale? Te prometo que luego me aparto y dejo de hacer cosas raras. —Intenté aguantar el llanto. Jasper olía bien. Olía a seguridad en ese momento para mí, tan sensible como estaba— . Pero no se te ocurra pensar que puedes pillar cacho después de esto…



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Re: This can't be happening |M. Jasper Selander|

Mensaje— por Invitado el Lun Oct 26, 2015 11:23 pm

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→ 14 de Agosto → 19:05 → Base del Praetor  → Húmedo
"Te la ganaste campeón" pensó al escuchar la contestación de Scarlett a la cual respondió rascándose la cabeza con aire arrepentido. ¡Hombre no era su culpa que las mujeres fueran tan complicadas! Le recordaba a la cara que Danielle había puesto cuando él le había dicho que debería aprovechar su soltería en lugar de andar maldiciéndolo como si él tuviera la culpa. Estaba seguro de que si no fuera porque el estrés le había generado un bloqueo de magia -algo de lo que jamás había escuchado- lo hubiera convertido en un horroroso coso hecho cenizas. La fama de Danielle era algo sobre incendios y víctimas carbonizadas... Como una gran parrillada...

Se tensó un poco, como si esperara un puñetazo que nunca llegó. Por lo menos Scarlett había dejado de llorar para esbozar una sonrisa cansada, ¿Era un logro no? Se mordió el labio preparado para soltar alguna burrada sobre salir por cervezas, cualquier cosa que pudiera animar a la licántropa. No era un inútil en el tema de chicas llorosas pero si en femme fatales llorosas, total y podía llamar a Danielle... Siempre había sentido que esas dos se llevarían bien, posiblemente montarían una especie de club para reírse en la cara de sus pretendientes rechazados. Alzó las manos y se sorprendió por el ataque...

Sólo que no era un ataque. Scarlett se acurrucó en su pecho y el rubio de forma instintiva la rodeó con sus brazos, acariciando el cabello de la chica mientras movía su mano torpemente por su espalda en un gesto tranquilizador. Tenía experiencia en chicas llorosas a decir verdad, aferró a la chica con algo de fuerza, mientras palmeaba suavemente su espalda, intercalando entre acariciarla y eso. Suspiró suavemente algo nervioso, apenas haciendo una mueca por el dolor de su costado -dolor que era leve teniendo en cuenta que la bruja era buena sanando- pero seguía persistiendo como una herida lacerante. —Lo que necesites— murmuró ahora sintiendo la preocupación floreciendo en su pecho. ¿Qué pasaba? ¿Tenía que patear a alguien? Estaba seguro que Scarlett era completamente capaz de patear ella sola al patán pero seguro el apoyo moral ayudaba... —Aprecio mi cuerpo intacto. Creo que no me atrevería— admitió en parte porque era verdad, en parte porque quería animar a la rubia un poco con sus bromas idiotas de siempre. —Hey, todo va a estar bien Scarlett, ¿Vale? Tranquila.

El aire le alborotó el cabello y él aprovechó para inspirar hondo. Como humano tenía buen olfato por lo que servía para asegurarse de que nadie viniera. Scarlett y él se tenían confianza. Era una gran amiga de esas con las que tienes sueños platónicos porque eran guapísimas... En fin era algo diferente a que si llegaba alguien más. —Vamos Scarlett, vamos a caminar— la animó. Podía ser un patán a veces pero era extraño la forma en la que cambiaba cuando alguien se metía bajo todas esas capas de arrogancia —¿Quieres hablar de ello? He escuchado que ayuda.—  incluso él tenía que sacar de vez en cuando las cosas que carcomían su mente... Maggie, la nefilim... ¿Cuantas víctimas más tenía que cobrar como lobo? Todos eran víctimas de eso. Todos los presentes en aquella base habían sido mordidos, les habían arrebatado su mundo; y él se los había arrebatado también. Aún que si estudiaba con cuidado lo de la mundana había sido cuestión de vida o muerte, no tenía opción...

Te volverá loca si no lo dices, créeme. Y yo no pienso decir nada de nada. A menos que quieras patearle el trasero a alguien. Lo cual es mi deporte favorito.
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→ 14 de Agosto → 19:05 → Base del Praetor  → Húmedo

La mujer lobo corre sin medida entre los árboles, altos, viejos, descortezados. Árboles que conoce porque ha olido y arañado mil veces. Árboles bajo los que se ha cobijado para descansar después de la sangre. Corretea junto a ellos y siente el calor de la noche hacer sudar su piel. Se siente poderosa, invencible. Es la mujer lobo. Es la diosa de la naturaleza. Nadie puede ni podrá nunca con ella.

Entonces, en pleno delirio, en plena transformación, en pleno auge de hormonas que bullen, de emociones que salpican cada pequeño paso, aparece él. Le huele. Le rastrea. Le está siguiendo desde hace un rato. Le persigue. Busca su esencia. Y Scarlett no sabe si es mujer o si es lobo cuando le encuentra. No sabe qué piensa cuando sus ojos se topan los unos con los otros, pero sabe qué siente. Sabe qué experimenta. Sabe que tiene ansias, que tiene deseo. Que le recorre la piel como un interminable hormigueo mientras sus pupilas están clavadas las en las otras. Sabe que se acerca a él casi entre gruñidos, amenazante, anhelante. Sabe que la tierra está húmeda bajo su cuerpo, que el aire se vuelve cada vez más pesado y que los bichos les arrullan con su melodía.

Sabe que en los cielos brilla alta la luna llena.


***

Solté una risilla floja cuando dijo que apreciaba su cuerpo intacto. Chico listo… Había aprendido a base de ver lo que era capaz de hacer en circunstancias normales. Pero en ese momento… En ese momento no me habría atrevido a pegarle sabiendo que tenía algo dentro de mí. La sola idea hizo que me marease de nuevo. Los vómitos no habían desaparecido por arte de magia al saber que estaba embarazada, así que podían atacar en cualquier momento. Aunque ya había tenido mi racha aquella mañana… Sin embargo las náuseas seguían presentes, de algún modo u otro. Ya fuese porque me encontraba incapaz de encarar por mí misma una situación así o por las propias hormonas. Respiré. Quise creerme las palabras de Jasper. Todo va a estar bien, pero sabía que no era así.

No podía estar bien el que estuviese embarazada y que me aterrase tanto la idea de abortar como la de tener el bebé. ¿Por qué? ¡No tenía sentido! Nunca había querido tener hijos. No los deseaba ni me veía capaz de cuidar de ellos. Y sin embargo me daban el mismo miedo, el mismo pavor. No podía comprenderlo en absoluto…

Respiré profundamente, asintiendo levemente cuando Jasper me propuso ir a caminar un rato para despejarme. Esa había sido mi idea al principio, al salir de casa para perderme por ahí. Aclarar las ideas que me bombardeaban la mente y no me dejaban tranquila ni un solo segundo. Comenzamos a andar despacio, sin prisas, sin pretensiones de ir a ninguna parte. Sólo quería perderme un rato lejos de allí. Le miré cuando me dijo que lo soltase, que lo contase. Parpadeé. ¿Cómo podía? En realidad nunca me ha importado demasiado mi reputación; podían considerarme una facilona, una buscona, una irresponsable, porque no lo era. Nunca lo había sido. El sexo seguro siempre había sido mi bandera. Por eso, el tener a ese… bichito dentro de mi vientre me desconcertaba. Porque no recordaba para nada haberlo hecho sin preservativos o que se hubiese roto o algo por el estilo.

¿¡Qué demonios le pasaba a mi cabeza!?

Cuando quise darme cuenta estaba al borde del llanto de nuevo. ¡Putas hormonas de mierda! Me pasé la mano por los ojos para secarlos, y al descender y ver los dedos húmedos de las lágrimas que estaba derramando algo me hizo mirar a Jasper con la ansiedad recorriéndome el cuerpo; lo mismo que me hizo hablarle con la voz rasgada y aterrorizada.

Estoy embarazada. —Sonreí de forma forzada—. Estoy preñada y voy a tener un bebé dentro de nueve meses. Divertido, ¿verdad? Sobre todo… sobre todo con toda la mierda que se nos viene encima.

Era cierto y lo había olvidado. Al decirlo caí en la cuenta de que era el momento menos oportuno del planeta para que mi útero decidiese llevar a cabo la función para la que había sido diseñado, cuando habíamos sido atacados hacía escasos días, cuando Scott había muerto y cuando se avecinaba una guerra contra el bastardo de Valentine. Otra vez. Temblé. Temblé muchísimo y agradecí internamente que Jasper estuviese a mi lado para que pudiese sujetarme.

Estoy embarazada y no sé qué hacer, Jasper… —terminé. ¿Debía tenerlo y criarlo yo? ¿Debía abortar? ¿Debía tenerlo y darlo en adopción? ¿Pero a quién? ¿A algún lobo que quisiese tener un hijo? Porque, ¿cómo iba a entregarlo a sabiendas de que nacería siendo como yo? Coloqué la mano sobre el rostro para contener el llanto y volví a frotar los ojos, esta vez con más fuerza, queriendo mantenerme firme, cuando la realidad era que a duras penas conseguía estar de pie.



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