10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


25/12 - ¡Por fin se ha abierto el panel de inscripción para moderadoras/es! ¡Apuntáos cuanto antes! Además, administración quiere dejar constancia de que, con motivo de las fiestas, la nueva limpieza por inactividad se realizará entre los días 03 y 04 de enero. ¡¡De nuevo, Felices Fiestas, submundis!!


19/12 - ¡Las noticias de final de 2016 están recién sacaditas del horno! ¡Felices fiestas!


04/10 - ¡Aquí llegan el inicio oficial de la Trama Global! Seguid este caminito de baldosas amarillas para saber dónde están vuestros temas, quiénes participan y decidir en cual entrar. ¡Esperamos que lo disfrutéis mucho!


06/09 - ¡Aquí llegan los cambios en la ambientación y la trama y las noticias de agosto y septiembre! No dejéis de leerlas, porque dentro hay muchos cambios importantes.


31 # 39
22
NEFILIMS
4
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9
HUMANOS
9
LICÁNTRO.
6
VAMPIROS
11
BRUJOS
4
HADAS
5
DEMONIOS
0
FANTASMAS

La sangre llama a la sangre || Esthappen P. Dalca

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La sangre llama a la sangre
→ Viernes→ 21: 15 → Casa de Esthappen
Rahela estaba sentada en el viejo sofá que había colocado en medio de la sala que sería en pocas semanas el Septimo Arcano. Aún le quedaban cosas por hacer para que aquel lugar pudiera parecer en lo más mínimo a una tienda de esoterismo. La mercancía ya estaba apalabrada y la gran mayoría de las mesas y estanterías que tenía que colocar estaban en el sótano, en sus cajas de carton con el logo de IKEA  dispuesta conciencusdamente a que apareciera alguno de sus primos a hacer el trabajo sucio, puesto que Rahela en su noble arte de la pereza pasaba tres kilos de tener que montarlas ella. En realidad todo habría sido mucho más fácil si hubiera conseguido arrastrar a Rosa hasta el local y pedirle someramente que hiciera uso de sus chispas de colores para que el local estuviera listo en un parpadeó, pero cuanto más aprendía de la magia real más aburrida le parecía a veces. ¿Donde quedaba la diversión y el esfuerzo de hacer las cosas por uno mismo?  Se rascó la barriga por debajo de la camiseta. Se había cambiado abajo pero aún tenía gotas oscuras de la pintura color cielo nocturno que había estado pintando aquella tarde en toda la pared del fondo. En cuanto se secase iba a currarse una pared entera estrellada, con sus constelaciones y todo. Pero ya era tarde y además, se había aburrido de pintar.  


-Muy bien Hela -Se dijo así misma, mirando al techo aburrida. Llevaba unos días muy ajetreados con aquel asunto de la tienda, y aunque le hacía ilusión tenía ganas de distraerse un poco. -¿Qué podrías hacer antes de que el aburrimiento te consuma hasta dejarte seca como a tu Nana? -Se incorporó del sofá tirando de abdominales, haciendo fuerza con una pierna para ayudarse, y al descenderla para coger fuerza golpeó la mesilla de café que tenía junto al sofá, que temblo y escuchó el "Plof" de su pequeño saco de terciopelo negro al caer. -¡Mierda!-Saltó del sofá para recoger las cartas y comprobar que al caer se habían abierto y su mano se detuvo, a unos centímetros de la baraja. La recogió y sacó la primera carta que había salido del saco. Apretó los labios, pensativa mientras miraba la carta del mago, hasta que tomó una decisión -[color=#00cccc]De acuerdo, no habéis sido precisamente cripticas hoy, mensaje recibido.[color=#00cccc]


Después de cerrar el local se dirigió a la primera tienda donde encontró algo de alcohol y compró refresco, vodka del bueno y de más basuras de esas que tanto le gustaban antes de dirigirse a la casa de su primo, que daba la casualidad, o si tenemos en cuenta que era un Dalca, no tanta, que vivía cerca de la tienda. Aún no se habían visto desde que Rahela llegó a Nueva York, había estado liada, y seguía estandolo, pero quería pasar un noche con su văr, su primo del alma. Siempre habían sido muy cercanos, al menos hasta que su primo se marchó del pueblo para comerse la gran manzana para estudiar. Rahela había echado mucho de menos a aquel chaval con el que se había criado, pero siempre había sido una persona práctica y había aprendido a vivir sin él, pero ahora que lo tenía allí estaba dispuesta a recuperar el tiempo perdido. Cuando llegó al portal se sacó de su enorme bolso una pequeña ganzúa que llevaba guardada en un minúsculo neceser y se coló en el portal para darle una sorpresa, sintiéndose malvada y traviesa a la vez, como cuando hacía travesuras en la casa de su Nana. Subió el ascensor hasta el piso donde vivía Esthappen y llamo al timbre con el codo, ya que tenía las manos ocupadas.


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Re: La sangre llama a la sangre || Esthappen P. Dalca

Mensaje— por Invitado el Lun Ago 17, 2015 1:00 pm


La sangre llama a la sangre
۞ Con Rahela Dalca ۞ Casa de Esthappen ۞ Viernes ۞ 21:15 ۞

Esthappen subrayó con cuidado otra frase del grueso volumen de esoterismo que había dispuesto encima de la mesa del comedor. En ella, plumas de oca, tinteros medio secos, enormes ejemplares de libros rarísimos y de dudosa procedencia se disputaban el reducido espacio. En aquella destartalada y caótica casa, ni siquiera los pensamientos del relativamente joven brujo estaban a salvo. Cuidadosa y minuciosamente, el rumano volcaba sus cinco sentidos sobre las páginas amarillentas y prácticamente en estado de putrefacción, tratando de retener con toda su insistencia todas y cada una de las palabras que sus ojos comían con sobrada ansiedad. Entre sus manos, las delicadas plumas de oca bailoteaban para recoger apuntes, notas y dibujar una fina pero certera línea bajo las palabras y frases que más le interesaban. Casi sin darse cuenta, el brujo había acabado por recalcar el noventa por ciento del contenido del libro; entre otras cosas, rodeando los llamativos dibujos que descifraban fórmulas secretas, ungüentos milenarios y pócimas de miles de colores, todas y cada una de ellas con sus particulares y medicinales fines. Algunas aseguraban curar la ceguera, otras prometían una flamante e inmediata cabellera fuerte a los calvos, otras tenían la perniciosa intención de hacer desaparecer las antiestéticas verrugas. Indudablemente, hoy en día existían miles de remedios químicos infalibles que multiplicaban su efectividad hasta cifras desorbitadas, pero la atención de los ojos azules del brujo sólo recaía en las cualidades de los componentes de los remedios naturales. Muérdago, calabaza, orégano y tantas y tantas otras hortalizas y hierbas aparentemente medicinales hacían su despliegue sesgando los apuntes del brujo, mientras su mente se dedicaba a absorber cada uno de los trazos del libro.

Ya ni se acordaba de cuántas horas llevaba pegado a la silla, pasando hojas concentrado como aquel chef que ha de calcular milimétricamente las proporciones de ingredientes para una nueva receta que dejaría impresionados a sus superiores. Aún era de día cuando Esthappen había hecho acopio de todos los libros prestados de "El Séptimo Arcano" y los había dispuesto a su alrededor, como si de un coro de público sediento se tratasen. Esperaban la orquesta sinfónica de sus pensamientos, la impaciencia de sus labios chasqueándose, la frustración en sus ojos cuando no encontraba una definición precisa.

Su mente era incapaz, prácticamente, de asumir que existiese nada más aparte de aquellos libros en aquel momento. Se hallaba tan concentrado que ni siquiera cuando el timbre de su casa sonó se exaltó lo más mínimamente posible. Simplemente deslizó los ojos hacia el marco de la puerta y resopló, teniendo que apartar sus pensamientos mágicos para ponerse en pie y dirigirse hacia la entrada. Giró el picaporte y la imagen de su prima hizo aparición en la sala.

Rahela llevaba consigo dos bolsas de plástico en las que Esthappen centró su atención; mucho más que en su propia prima.

Detestaba aquella pérfida manía de los humanos que consistía en gastar todos los recursos naturales, incluidos el petróleo y el gas natural. Y Rahela contribuía a aquel negocio indiscriminadamente, adquiriendo aquellas monstruosidades en forma de bolsas de plástico. Las monstruosidades contenían una curiosa variedad de botellas cuyo contenido consistía en una bebida a base de alcohol. Esthappen estaba seguro de que si vertía alguno de aquellos brebajes sobre alguna herida, lograría desinfectarla en un periquete.

- Sabes que no bebo - fue lo primero que murmuró, evitando la mirada juguetona de su prima, que incitaba claramente al consumo de las mismas. Rahela, como todos los humanos, había caído en las garras de la publicidad engañosa y barata que aseguraba diversión tras su consumo.

Se apartó para dejar paso a su prima, y preparó su cabeza para todos los reproches que fuese a recibir. Probablemente a Rahela no le hiciese gracia el hecho de que su primo prefiriese hundir la cabeza en los libros a beber como un cosaco, así que trató de no evitar la situación, y cerró la puerta cuando Rahela cruzó el umbral.

Así era Esthappen. Un hombre de pocas palabras.




Última edición por Esthappen P. Dalca el Mar Sep 01, 2015 7:16 pm, editado 2 veces
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La sangre llama a la sangre
→ Viernes→ 21: 15 → Casa de Esthappen
Rahela esperó casi con inocente ilusión a que su primo le abriera la puerta. Se habían adorado mutuamente desde que tenía memoria, aunque la mitad del tiempo no lo pareciera por parte de su primo que era más bien estirado. Sin embargo esa seriedad que le caracterizaba era una de las cosas que más le había llamado la atención desde siempre. Esthappen era distinto a todos sus hermanos, al resto de sus primos y de sus familiares, que se parecían más a ellas y eran escadalosos, oportunistas y juerguistas. Esthappen no, él siempre había preferido la paz de la soledad entre las paredes de una casa antes que salir de fiesta. Muchas veces le había defendido delante de su hermanos cuando le rechazaban por ser el adoptado de Nana, diciendo que era mentira que compartieran sangre, y en más de una ocasión defenderle había significado una pelea contra varios de sus hermanos.

La puerta se abrió y su sonrisa se ensanchó al tiempo que veía la figura de su primo recortada por la luz del interior de su casa. Estuvo a punto de saludarle cuando habló y ella soló un bufido. Pero que aburrido podía llegar a ser cuando se lo proponía.

-Uuf...yo tampoco -Bromeó sarcástica, con el ceño fruncido y una inevitable sonrisa mientras empujaba a su primo con el hombro al pasar a su lado. -Wow, y después vienes a mi piso y te quejas de mi, văr -Le miró, lanzándole una mirada de fingido reproche y apartó con cuidado un par de libros que reconoció haber guardado ella misma en una de las cajas del Septimo Arcano. Sin pedir permiso siquiera se fue a la cocina, guardó las botellas que no iba a usar en la nevera y agarró un par de vasos. No había vasos de chupito, así que se conformo con dos vasos de tubo que deposito de vuelta al salón en el espacio que había hecho entre las cosas de su primo junto con la votella de vodka y refresco de limón. Ahora que todo estaba listo se dio la vuelta con las manos en las caderas y miró a su primo. -¡Hola Rahela! ¡Qué sorpresa que vengas a verme! Que detalle, no tendrías que haberte molestado en traer nada...

Alzo las cejas, inquisitiva pero no molesta. Sabía que su primo no era demasiado hablador, pero que cojones, por lo menos podía decirle hola ¿No? Que con las tonterías hacía bastante tiempo que no se veían. Por supuesto, Rahela sabía que la del encanto natural era ella, así que directamente se acerco a su primo, le agarro de un brazo y lo atrajo hacía sí para estirarse y darle un cariñoso abrazo.

-Con esa labia no me sorprendería ser la primera mujer que entra en tu apartamento- Bromeó y le plantó un beso en la mejilla antes de separarse de él y dirigirse a sus botellas. Sirvió vodka para los dos, el suyo considerablemente más cargado que el de su primo, y después refresco. Le pasó un vaso y alzó el suyo. -¡Por los Dalca! Otra vez juntos -Le guiñó un ojo y le dio un trago a su bebida y definitivamente apartó los libros y se sentó sobre la mesa. -¿Qué tal todo por la gran manzana, văr?


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Re: La sangre llama a la sangre || Esthappen P. Dalca

Mensaje— por Invitado el Dom Ago 30, 2015 3:41 pm


La sangre llama a la sangre
۞ Con Rahela Dalca ۞ Casa de Esthappen ۞ Viernes ۞ 21:15 ۞

En más de una ocasión, Esthappen se había preguntado a sí mismo cómo en aquel conglomerado de genes que les unían, podía no existir parecido alguno entre Rahela y él. Ella era dicharachera, hablaba con desparpajo y no tenía absoluto respeto por ciertos temas. Por el contrario, Esthappen siempre encontraba más alivio dentro de un libro que relacionándose con los demás. Por supuesto que era agradable que su prima le visitase; al fin y al cabo, más que una prima, con el paso de los años se había convertido en una hermana, pero aquello no quitaba la molestia que le suponía el hecho de que Rahela viniese acompañada de una cantidad generosa de botellas llenas de aquella sustancia que, según los estudios de Esthappen, podría servir perfectamente para desinfectar los cortes y las heridas. También había sido utilizada, hacía mucho tiempo, como anestesia para operar a los enfermos. Esthappen confiaba en su entereza personal, de tamaño suficiente como para saber que no caería en las garras de aquel vaso de tubo que ofrecía una supuesta felicidad falsa que duraría apenas unos instantes –si no acababa vomitando todo el contenido por el water, claro–. El alcohol restaba dignidad a las personas, hacía que se convirtiesen en terribles monstruos que no eran conscientes de sus palabras y de sus actos y, en los casos más extremos, arruinaba a familias completas, provocaba más lágrimas que sonrisas, y destrozaba cualquier tipo de relación basada en las emociones mundanas. Esthappen no pensaba que Rahela fuera alcohólica, pero el hecho de pensar que su prima confiaba en la posibilidad de que el brujo tomase un trago de aquel líquido, le ofendía profundamente.

No sabía si estabas... – los brazos de Rahela le atraparon en un abrir y cerrar de ojos y estrelló casi con violencia sus labios contra su mejilla derecha. Esthappen se vio obligado a lanzar un beso al aire cuando los labios carnosos de su prima recorrieron su barba. Un beso que no pudo ser devuelto, porque enseguida Rahela se apresuró a llenar dos vasos con un líquido de origen desconocido, y tenderle uno a su primo.

El joven brujo puso ambos ojos en blanco, acompañando aquel gesto con un suspiro que denotaba que, efectivamente, no le agradaba aquel encuentro. Hubiese preferido haberse encontrado a Rahela en la biblioteca municipal, o quizás en algún puesto de fruta comprando manzanas. La visita era bien recibida, pero no el contenido. Había sido interrumpido en sus jugosas lecturas para beber... ¿aquello? Inspeccionó el vaso de tubo con la mirada un par de veces; primero el ojo azul, después el ojo verde. Su olor no era más agradable, y las burbujas de la superficie serpentearon un segundo antes de explotar. Después se giró hacia su prima y, con una postura estática, endureció los labios y respondió de una forma clara, concisa y directa:

No voy a beber ésta poción, Hela. – La seriedad en su tono de voz dejaba ver que no había vuelta atrás en su decisión. La tozudez de Esthappen era bastante conocida entre la familia. Había sido confundida en incontables veces con su estoicidad, pese a que el brujo se había empeñado en explicar la diferencia entre ambas virtudes varias veces. Nadie solía hacerle caso –. Ya sabes que me alegra verte.

Y cualquiera diría lo contrario. El gesto de Esthappen no había cambiado lo más absoluto con respecto a la llegada de su prima. Era bastante complicado el hecho de mostrar sus emociones delante de las personas, por mucho que se lo propusiese. Pensaba que ésto sólo implicaba una pérdida de tiempo, y Rahela ya tendría que conocer lo suficiente a su primo como para saber que sus emociones siempre tenían una cara adversa. Aunque ninguna sonrisa estuviese dibujada en sus labios, en el fondo –muy en el fondo– estaba agradecido por la compañía de su prima. Aunque hubiese desestructurado sus esquemas, perfectamente meditados, acerca de sus planes para aquella noche: leer como un cosaco y apartar a un lado la idea de dormir.

Dejó en la pequeña mesita del café –perfectamente limpiada, sin una sola mota de polvo– y juntó las palmas de las manos, mientras su mirada se pasó entre sus libros y Rahela.

Pensaba devolvértelos, y aportar algunos viejos volúmenes a la biblioteca – asintió –. En casa no hay lugar para más.

Era cierto. Las estanterías de Esthappen se caracterizaban por estar completamente llenas de libros, la mayoría de ellos eran antiguos, fabricados con pergaminos amarillentos por el paso del tiempo, y con los lomos en colores poco llamativos, y filigranas de oro rematando el aspecto de los mismos y dibujando las letras de los títulos. Las estanterías ocupaban la mayor parte del hogar, y en ellas de vez en cuando se podía encontrar alguna figurita de coleccionista: una lámpara de aceite pulida hasta que podías verte reflejado en ella, una pequeña figura de Buddha negra que, sonriente, sostenía dos pesadas bolas en sus manos regordetas, y una colección de una familia de gatos negros ordenados en escala ascendente: de mayor a menor. Los ojos de Esthappen se pasearon por la sala, como si estuviese esperando a que Rahela escogiese aquellos que quisiese llevarse, y no escogiera los que más le interesaran.




Última edición por Esthappen P. Dalca el Mar Sep 01, 2015 7:18 pm, editado 1 vez
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La sangre llama a la sangre
→ Viernes→ 21: 15 → Casa de Esthappen
"Ya sabes que me alegra verte" Repitió mentalmente, imitando el tono seco y cortante de su primo dentro de su cabeza. Quería a su primo, le quería de la única manera que Rahela sabía querer, con locura, pero a veces sus palabras no encajaban exactamente con lo que el "sentido arácnido" de Rahela le decía. Si, le agradaba verla, pero no, y tampoco se estaba esforzando mucho por ocultarlo mientras miraba al vaso como si le hubiera plantado una muestra orina dentro y esperase que se la bebiera de un trago. Intentaba pasarlo por alto, con todas sus fuerzas, sabía que Esthapend era ante todo una persona complicada, y que no bajaba la guardia ni junto a ella, la que había sido su compañera de juegos en su infancia y una buena amiga mientras crecían.

-El de las pociones eres tu, văr. Lo que yo hago es calimocho -Le explicó usando su tono de paciencia maternal, hablando despacito mientras miraba su copa y la alzaba para darle otro trago, aun subida sobre la mesa de su primo, acompañada por los libros que...para que engañarse, podían llegar a tener más chispa que su primo si Rahela se ponía "contenta" por culpa de la bebida mística que sostenía con una mano. -Aunque estrictamente hablando el vodka con refresco esta más cerca del cubata, pero bah, no nos vamos a poner técnicos, ¿Verdad? -En realidad no le estaba preguntando por que seguramente su primo no tenía ni idea sobre la nomenclatura de las bebidas alcohólicas y como clasificarlas, aunque conociéndole seguro que tendría algún libro por allí enterrado, sobre el tema. -No me importa que cojas libros, Esthappen, ya me los devolverás cuando quieras. Si te has quedado sin sitio puedes traerme un par de cajas al bunker, tengo espacio de sobra...-Se detuvo, al darse cuenta de que su primo sabía que era el bunker y antes de hablar le dio otro trago a su bebida. -El bunker es el sótano de la tienda, le he instalado una nevera, una mesa y un sofá cama por si acabo tarde o simplemente no tengo ganas de volver a casa...Rosa a veces es peor que mi nana -Eso y que alguien tenía que vigilar la droga pero no quería involucrar a Esthapen en aquella parte de su vida. Era un hombre muy inteligente, quizás la persona más inteligente que ella había conocido en toda su vida, pero nunca había tenido muchas luces en lo que se trataba de la ilegalidad y su abuela, como favorito suyo que era, lo había apartado completamente de aquella vida y le había prohibido totalmente a Rahela que le inmiscuyera. Así que entre las amenazas de su abuela, y a sabiendas de lo correcto que era su primo había optado por guardar silencio, y eso incluía también el hecho de que ahora ella hubiera dejado de ser una mera espectadora a una participe más de aquel mundo discreto.

Rahela miró los libros, sin demasiado interés realmente. La mitad de los libros estaban en latín y la otra mitad hablaban de cosas que a ella como mundana le estaban vetadas. Delante de los demás guardaba las formas y siempre que veía un grimorio se dedicaba a mirarlo con desprecio, pero en el fondo cada vez que veía uno de aquellos libros sentía una punzada dentro, un pinchazo en forma de recordatorio. De nada le servía aprenderse aquellos libros cuando nadie la veía, era mundana, una más en un saco lleno de frágiles y tiernos mundanos. Carnaza para subterráneos. De poco o nada servían sus dones para hacer magia, ella solo era rara, extraña, distinta. Desde muy pequeña había aprendido a aprovecharse de sus dones y a esconderlos entre el desparpajo, la bravuconearía y la falta de escrúpulos pero al final del día Esthappen seguía siendo el de que tenía el aura chispeante y ella la mundana rodeada de brujos. Antes pensaba que era poderosa, pero hacía mucho tiempo que se había dado cuenta de que jamás estaría a la altura para formar parte del Mundo de las Sombras.

-Bueno... -Suspiró alzándo la mirada, abarcando toda la sala y a su primo mientras balanceaba los pies en el aire. -¿Qué tal se esta portando la vida contigo? ¿Te va todo bien en la gran manzana?


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Re: La sangre llama a la sangre || Esthappen P. Dalca

Mensaje— por Invitado el Mar Sep 01, 2015 7:31 pm


La sangre llama a la sangre
۞ Con Rahela Dalca ۞ Casa de Esthappen ۞ Viernes ۞ 21:15 ۞

Calimocho. Aquella extraña palabra mundana a la que su prima parecía haberse habituado y que aún no encajaba en la mente de Esthappen. ¿Cómo podía resultar deliciosa una bebida con semejante nombre? Demonios, los humanos habían perdido completamente el juicio.

Rahela no parecía especialmente preocupada por sus libros. Pese a que Esthappen siempre los tenía en consideración y los trataba como si fuesen una partición de su alma, Rahela quizás ni siquiera los habría echado el falta. Era algo que, en lo más profundo de su ser, admiraba de su prima. Aquella livianidad con la que trataba ciertos aspectos de la vida en los que él era un profundo paranoico. Esthappen se preocupaba de cada nimio detalle en las cosas, y pensaba en todas las posibilidades remotas de que un suceso saliese mal o bien; mientras que Rahela y su habitual tranquilidad mundana parecía despreocupada y alegre, y también más que satisfecha de haber reunido una cantidad considerable de alcohol para postrarla allí, delante de Esthappen, y que él mismo la probase para luego, entre algún que otro quejido y un gesto desagradable, la rechazara. Ya lo había intentado en varias ocasiones. Algunos de los conjuros y brebajes que preparaba requerían de cierta cantidad de ron, y había tenido que cambiar dicho ingrediente por otro que resultase más suave a su paladar. Muchos le hubiesen tildado de blando, pero a él, simplemente, no le importaba lo más mínimo la opinión de los demás respecto a su Ley Seca.

Hela... no duermas ahí – pidió simplemente. Su prima era trabajadora, mucho, y Esthappen sabía que haría uso de aquel sofá cama en más de una ocasión. Pero los bunker nunca le habían hecho demasiada gracia; siempre le habían parecido unos enormes recipientes de plástico donde resguardarse. O, más bien, una simple herramienta más donde se guardaban todas las demás. El Pepito Grillo interior de Esthappen chillaba que le propusiese a su prima dormir en su casa cuando quisiera, así que trató de hacerle caso –. Puedes venir a casa a dormir. Pero... no duermas ahí. Ha de estar plagado de... vete a saber qué. – Ni siquiera quería pensarlo. El cúmulo de imágenes poco higiénicas más desagradable se instaló en su cabeza y le obligó a girar la mirada durante unos segundos.

Seguidamente, el brujo giró sobre sí mismo y se dirigió a la cocina, donde se sirvió un generoso vaso de agua, y en el cual vertió un puñadito de hierbas de su propia cosecha. Él mismo había acudido al bosque a recogerlas y mezclarlas con la maña suficiente como para que el sabor quedase agradable y no demasiado dulce, como a él le gustaba. El anís le daba un toque suculento y especial, lo suficiente como para despertar su paladar y comenzar a salivar. Removió un poco con una cuchara y salió nuevamente al salón, donde Rahela parecía estar más que convencida de que aquella noche era especial y debían beber. Pero Esthappen ya se había fabricado su propio mejunje, y así lo demostró frente a su prima. Sonrió, apacible.

¿Quién es Rose? Y... ¿cómo osa ser peor que la Nana? – se burló, guiñándole un ojo.

A decir verdad, muy pocas veces Esthappen solía ser gracioso. La seriedad era su modo de vida, y no porque lo hubiese elegido, sino porque estaba implícita en su naturaleza. Con Rahela, las cosas eran diferentes. Desde pequeños habían estado juntos, habían sido uña y carne, y sólo ella conocía el lado divertido de Esthappen, el de las bromas, en ocasiones, de mal gusto y carentes de sentido. Se alegraba de que fuese así, en cierto modo; abrir su lado relajado a los demás quizás llevase ligado alguna que otra decepción. Y así vivía bien. Relacionándose únicamente con su prima y con su Nana de vez en cuando, las veces que era estrictamente necesario.

Nueva York es bonito. Aunque... hay mucha gente. – Se encogió de hombros. Normalmente, los mundanos no solían ser molestos a no ser que los molestases tú primero. En ocasiones, se volvían burdos, zafios y chabacanos y tenías que verte obligado a esquivarlos de la manera más elegante posible; pero por lo demás, él los observaba como meros conejillos de Indias, ajeno completamente a su mundo y a sus costumbres.

Excepto de Rahela, claro.


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La sangre llama a la sangre
→ Viernes→ 21: 15 → Casa de Esthappen
Tuvo que contener una sonrisa que le tiraba delatadora de los labios para que su primo descubriera lo mucho que le gustaba (y a la vez le divertía) su ofrecimiento. Sin duda alguna le agradaba que su primo le ofreciera su casa para dormir, y más de esa forma, como si lo que ella a modo de broma llamaba "bunker" fuera realmente una especie de tugurio infectado de ratas y cucarachas, y no un sótano normal y corriente donde ella, hasta el momento, no había visto ninguna rata. Se termino su copa de un trago y sacudió la cabeza ligeramente, haciendo que le cabello teñido de rubio se sacudiera a su alrededor.

-No lo digas así, Esthap, suena como si hubiera recogido el sofá cama de la basura y estuviera lleno de chinches. -Arrugó ligeramente la nariz ante la idea. -Mi sofá esta en perfectas condiciones, y mi sótano esta como los chorros de loro. Obviamente no esta tan limpio como tu casa, pero es que yo no soy una obsesa de la limpieza -Más bien al contrario, era bastante dejada, y odiaba tocar una escoba, pero el peligro de caer a la inmundicia estaba descartado, había contratado a una mujer que le limpiaba la tienda. Se inclinó ligeramente hacía delante y le guiñó un ojo -Y gracias por el ofrecimiento, creo que hoy si que lo voy a aceptar

Se bajo de un saltó de la mesa y se acercó a la cocina para cotillear que hacía su primo lejos de ella. Miró con curiosidad aquel brevaje que estaba sirviéndose. Apostaba cualquier cosa a que su bebida mística estaba muchísimo mejor que aquella especie de mezcla que seguramente debía saber a hiervas con limón. No entendía por que estaba en contra de bebidas tan fáciles de controlar, seguro que él podía hacer cosas mucho más peligrosas que una simple bebida alcoholizada. Se apoyó en el marco de la puerta.

-Rosa es... es raro -Le respondió dándose cuenta de que responder a aquella pregunta era más raro y más complicado de lo que parecía a simple vista. ¿Quién era Rosa? Era su amiga, su confidente, su amante, incluso su maestra, de vez en cuando. Ahora que lo pensaba no había compartido con nadie su extraña relación con la bruja, al fin la mayoría del tiempo que había pasado con ella no había perdido el tiempo haciendo amigos mundanos, después de descubrir que el mundo estaba lleno de criaturas fantásticas la vida mundana era...aburrida, por decirlo de alguna manera. -Nana me mandó con ella después...bueno, ya sabes después del incidente -Carraspeó ligeramente, seguía sin ser un tema agradable para ello y nunca lo sería. Solo Nana, Rosa y sus padres sabían exactamente que había pasado anoche. Y así debía seguir siendo. -Nana me mandó con ella, es una mujer peculiar, encantadora a su manera. Viví en su mansión de los los Ángeles y ahora vivo con ella aquí, en Nueva York aunque a veces se le va la olla y acabamos discutiendo, y tiene malas pulgas así que por eso tengo el bunker, por si algún día se le cruzan los cables y me echa de casa- Se encogió ligeramente de hombros, para restarle importancia. No sería la primera vez que le echaba de casa, y por eso había echo del sótano un pequeño bunker, un lugar donde poder esquivar la bomba nuclear en la que podía transformarse Rosa cuando se enfadaba. -La verdad es que nunca me aburro cuando estoy con Rosa, aunque estos días no le he visto demasiado, la tienda me tiene ocupada.

Se dio cuenta de que estaba sonriendo tiernamente al pensar en aquella bruja caprichosa que le hacía la vida complicada, pero a la vez más entretenida. No era una mujer fácil, oh no de ninguna manera podía clasificar a Rosa como una mujer sencilla tal y como Rahela era, pero después de tanto tiempo pensar en su vida sin ella se le hacía inconcebible hasta el hecho de que hacerlo le provocaba una dolorosa presión en el pecho.
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Re: La sangre llama a la sangre || Esthappen P. Dalca

Mensaje— por Invitado el Vie Sep 04, 2015 7:13 pm


La sangre llama a la sangre
۞ Con Rahela Dalca ۞ Casa de Esthappen ۞ Viernes ۞ 21:15 ۞

Esthappen alzó una ceja, escéptico. ¿Era posible que en menos de diez minutos su prima ya se hubiese bebido una copa de aquel asqueroso brebaje con olor a demonios? Así es, efectivamente Rahela había vaciado completamente su copa de un último trago, mientras sonreía como si aquello fuese lo más normal del mundo. Y, en cierta forma, los humanos habían normalizado aquella costumbre de consumir cantidades de aquellas bebidas que lo único que hacían eran desinhibirles y destrozar sus hígados poco a poco. Pero no sería Esthappen quien advirtiese a su prima de los peligros del alcohol, al fin y al cabo, ella ya era mayorcita para hacer con su cuerpo –y consigo misma– lo que quisiese. Aunque éso significarse intoxicarse en la presencia de su primo. Esthappen continuó removiendo su infusión fría de hierbas aromáticas, mientras escuchaba con cierta atención lo que su prima le narraba acerca de aquella tal Rose. Al parecer, la Nana se había encargado de que Rahela hiciese amistades en Nueva York, lo cual dejaba un poco de lado a Esthappen, que siempre había estado orgulloso de su soledad y de su manía de no compartir su compañía con nadie, salvo los estrictamente necesarios.

Yo tampoco soy un obseso de la limpieza – se defendió, con el mismo tono calmado y plausible que usaba siempre que alguien se refería a él –. Sólo soy... más limpio de lo normal. – Mentira.

Esthappen siempre se encargaba de que en su casa no reinase una sola mota de polvo. Lavaba a conciencia y con desinfectante los baños todos los días, aunque no lo hubiese usado. Hervía cada artilugio de cocina que compraba antes de utilizarlo, y compraba su comida en una tienda naturista, en la que tuviese la garantía de que aquellos productos eran puramente naturales y estaban libres de cualquier impureza que los mundanos hubiesen podido agregar en el proceso de su creación. No utilizaba champús elaborados y como esponjas utilizaba lufas naturales. El suelo relucía y casi siempre olía a vinagre, que utilizaba para bañar el parqué sin que se destrozase; y las ventanas se hallaban perfectamente transparentes y brillantes gracias a la mezcla de agua y limón con la que las pulverizaba cuidadosamente. Utilizaba la aspiradora dos veces al día, y las sábanas de su cama se lavaban con una mezcla de lavanda y miel que la Nana le había enseñado. Todo en la casa de Esthappen era absolutamente natural. Excepto aquellas odiosas botellas que Rahela había traído consigo.

Y dices que es tu... ¿amiga? – preguntó, fijando su mirada azul en su prima. Ambos sabían perfectamente a lo que Esthappen se refería. Aquel tono de voz con el que Rahela hablaba de su compañera era ligeramente delator. El brujo podía adivinar un deje de cariño, de un cariño que no había distinguido demasiadas veces en su prima, que le había resultado curioso. ¿Querría acaso la Nana alguna especie de unión entre Rahela y Rose? ¿O se trataría de una simple amistad?

Esthappen ignoraba la orientación sexual de su prima. Realmente, no era algo que le preocupase en exceso. Se había criado en un ambiente en el que cada cual se enamoraba o experimentaba con su cuerpo con todo lo que le gustase, en el más estricto sentido de la palabra. No le sorprendería para nada que Rahela se viese atraída por chicas, y tampoco sería nada grave; al fin y al cabo, todas las criaturas eran absolutamente libres en el mundo. Excepto si te cazaba uno de ésos Nephilims; si te cazaba uno de aquellos inmisericordes hombres, estabas perdido.

¿Es una bruja? – quiso saber, dirigiendo ahora su mirada hacia su vaso, donde las pequeñas ramitas aún flotaban como si tratasen de no ahogarse en la inmensidad del agua; que había empezado a teñirse de un color morado oscuro. La lavanda le daba un toque especial, y era perfecta para iniciarse en un profundo y agradable sueño. Alzó la cabeza a continuación y añadió –: No deberías dormir en ése lugar. No creo que sea sano – se reafirmó en su postura, y después dejó su vaso encima de la mesa, para dirigirse hacia la habitación de la izquierda –. Te prepararé la cama de invitados. Ayer lavé las sábanas con aloe vera y ramas de vainilla. Las encontrarás muy cómodas.


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La sangre llama a la sangre
→ Viernes→ 21: 15 → Casa de Esthappen
La mundana se río ante su manera de puntualizar que no era un maniático de la limpieza, como si no se conociera (Como si ella no le hubiera invitado a entrar en su habitación a sabiendas de que el desorden le iba a poner de los nervios e iba a "echarle una mano" con la limpieza) Cerca de su primo olisqueó lo que quisiera que fuera eso que tenía eso en la mano y contuvo una mueca. Olía exactamente igual que aquel brebaje del demonio que su abuela le daba cuando era pequeña para que se fuera a dormir y, teniendo en cuenta que ambos lo habían aprendido casi todo de ella, estaba casi segura de que era el mismo brebaje del demonio. Le rozó al pasar a la cocina para volver a llenarse el vaso con su bebida y se apoyó en el marco para darle un sorbo.

-Podría decirse que de vez en cuando me levanta la falda - Le lanzó una mirada divertida y pícara, alzando las cejas, correspondiendo a su mirada de interés. No iba a negar algo tan evidente como que Rosa y ella eran algo raro. Rahela la quería con todo su corazón pero no podía decirse que fueran... ¿Qué fueran que? ¿Pareja? La mera idea le divertía y le espantaba a la vez, Rosa era demasiado Rosa para ser su "pareja oficial" o la de alguien -Pero la mayoría del tiempo es una muy buena amiga, además ya sabes que yo y el compromiso nunca nos hemos llevado bien. -Se encogió de hombros, intentando restarle importancia a su actitud. A mucha gente no le parecía correcto, pero Rahela no creía demasiado en la monogamia. ¿Tantos peces en el mar y ella solo se podía quedar con uno? Su primo nunca le había preguntado demasiado al respecto, y ella tampoco se había en la necesidad de explicarse, solo a ella debía importarle quien entraba en su cama y en su corazón, no siempre en el mismo orden ni en los dos sitios pero Rosa era una de esas excepciones que conseguían acabar en los dos. -Y si, es una bruja

Le siguió hacía la habitación de invitados, que inspeccionó con curiosidad mientras su primo cogía unas olorosas sábanas y empezaba a vestir la cama cuidadosamente y con esmero, como lo hacía todo. Siguió bebiendo su segunda copa y no se molestó en comentarle que pensaba colarse en su cama en cuanto tuviera la más mínima oportunidad, como cuando tenían trece años y le apretaba la planta de los pies en las pantorillas solo por el malicioso placer de verle estremecerse de frío. Un cálido cosquilleo le subió por las arterias, informando a su cerebro que el alcohol estaba alcanzando la sangre y se extendía por su cuerpo sin prisa pero sin pausa. Aún con esas Rahela tenía una estupenda resistencia al alcohol gracias a años de entrenamiento.

-Gracias Esthappen, no hace falta que te tomes tantas molestias, que hay confianza hombre -Se deslizó dentro de la habitación. Esthappen siempre le había resultado enternecedor, tan lógico, tan racional y sensato... no se parecía en nada a ella y aunque eso en ocasiones le sacaba de quicio era lo que más apreciaba de él, se preocupaba por ella de una manera tan sincera y a veces tan evidente. Dejó su bebida sobre una cajonera y se acercó a su primo que contemplaba su trabajo bien hecho. Pasó los brazos por sus costados y le abrazó, notando su abdomen firme bajo las manos y la línea de su espalda contra su mejilla. -Te he echado de menos-Suspiró, aún abrazada a él. Había pasado tanto tiempo lejos de casa, lejos de su gente que hasta que no había tenido delante a su primo no se había dado cuenta hasta ese momento de lo mucho de menos que echaba de menos algo conocido, algo estable. Echaba mucho de menos a su familia, pero Esthappen allí a su lado sabía que las cosas serían más fáciles de llevar, el nunca la dejaría sola. -¡Y no vayas a insinuar que ya estoy borracha! -Bromeó, dándole un mordisco en la espalda antes de soltarle.
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Re: La sangre llama a la sangre || Esthappen P. Dalca

Mensaje— por Invitado el Lun Sep 07, 2015 8:59 pm


La sangre llama a la sangre
۞ Con Rahela Dalca ۞ Casa de Esthappen ۞ Viernes ۞ 21:15 ۞

El delicioso aroma a vainilla dulzona impregnó la habitación en cuanto Esthappen alzó las sábanas para alisarlas lo máximo posible sobre aquel colchón lavado a conciencia haría una semana. Porque, por supuesto, los colchones también debían lavarse; y no sólo consistía su lavado en una esponja con jabón: había que rociarlos con agua y abundante alcohol para así deshacerse de la mayor cantidad de ácaros posibles. No es que estuviese demasiado obsesionado con aquellos bichitos invisibles que se había molestado en estudiar en algunas ocasiones, sino que simplemente su escrupulosa necesidad de estar siempre limpio siempre le llevaba a ellos. Una vez la cama se halló completamente vestida, se colocó las manos en ambas caderas, haciendo una rápida inspección visual para ver si había algún extremo doblado, o con alguna arruga que tuviese que eliminar. Sin embargo, mientras comprobaba que la almohada se había metido bien en su funda, dos manos humanos rodearon su abdomen y le apretaron contra el cuerpo de Rahela. Esthappen sabía que aquella era una clara demostración de ternura que se había visto ligeramente forzada por la sustancia química adhiriéndose a sus glóbulos rojos. Pese a ello, no le importaba que Rahela abrazase; es más, se trataba de la única persona que dejaba que le tocase o le demostrase su afecto, y por ello colocó sus manos sobre las de su prima, tratando de infundirle algo de calor que dejase claro que él también se alegraba de que se hubiesen encontrado.

No iba a dec... ¡auch! – gritó cuando los dientes de su prima se apretaron contra un trozo de carne que encontró en su espalda. Se giró con cuidado para no darle ningún golpe y sus dos ojos, uno de cada color, brillaron levemente mientras alzaba una ceja –. ¿Por qué me muerdes? Desde que tengo uso de la razón estás mordiéndome. ¡Diablos!, ¿mi carne te resulta apetecible? – observó cómo la marca de la leve saliva que había impregnada en los dientes de su prima se había marcado en forma de círculo en su camiseta del color del pino. Rodó los ojos. Probablemente, bajo ella, en su nívea piel, también tuviese un recuerdo en forma de líneas rojas –. No cambiarás jamás – musitó a continuación, y tras esbozar lo que pareció ser el atisbo de una leve sonrisa, salió de la habitación.

Se bebió de un trago y sin miramientos el brebaje de la Nana. Pese a su sabor fuerte e intenso, sin endulzar –justo como a él le gustaba–, reprimió las ganas de hacer una mueca de desagrado. El mordisco en su espalda se iba atenazando y un pinchazo le recorrió la zona, pero tampoco era algo por lo que preocuparse. Si Rahela se tratase de un perro o de cualquier animal, seguramente ya se habría encaminado hacia el hospital para vacunarse contra cualquier enfermedad. Aunque, obviamente, su sangre era muy diferente a la de los humanos y probablemente aquel gen debilitado introducido en su cuerpo no hiciese nada, Esthappen creía en los avances de la medicina mundana. Dejó el vaso sobre la mesa de escritorio y comenzó a recoger todos sus artilugios de estudio de encima de la mesa, mientras alzaba sus ojos durante un instante para localizar los ojos azules de su prima.

¿Has cenado? No deberías beber si tienes el estómago vacío. El alcohol en el estómago vacío incrementa la tasa de intoxicación, aumenta el apetito y accede directamente al torrente sanguíneo, aumenta la posibilidad de que entren agentes tóxicos en las vías respiratorias, y... – tragó saliva mientras continuaba formando una pila de gruesos libros con las páginas amarillentas por el paso de los siglos –... y también puede contribuir al desarrollo de hígado graso, el cual con el tiempo va perdiendo la capacidad de descomponer la grasa, nutrientes y proteínas.

Todas aquellas charlas acerca de la salubridad eran más que frecuentes en el brujo; su prima debería estar ya más que acostumbrada, pero le era completamente inevitable el hecho de sacar a relucir sus conocimientos en la más nimia oportunidad. Era algo de lo que podía sentirse ligeramente orgulloso, pero no lo hacía con intención de lucirse; más bien todo lo contrario, le gustaba ser un formador nato y quizás alguna de aquellas cosas hiciesen mella en alguien que le escuchase cuando las dijese. Quizás a Rahela no le importaban, pero el hecho de aquel estímulo en su cerebro que le hacía sacar información se accionara era totalmente placentero para él.


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La sangre llama a la sangre
→ Viernes→ 21: 15 → Casa de Esthappen
Pese a la diferencia de altura Rahela se cuadró de hombros y alzó la barbilla desafiante, devolviéndole una mirada henchida de orgullo ante sus actos, perversamente infantiles pero divertidos de todas maneras.

-¿Qué por que te muerdo? ¡Por que te conozco Esthappen Dalca! -Le apretó un dedo contra el pecho, airada solo por fuera y con la sombra de la diversión en la mirada, lo que delataba que bajo su gesto acusador solo estaba pasándoselo bien- Aún no puedo leer la mente pero se que estaba pensando exactamente eso! De otra forma más técnica, seguramente -Se encogió de hombros, no importaba como discurría la forma de pensar de su primo, el caso es que estaba segura de que había pensado algo por ese estilo y por eso le había mordido. -También te he mordido por que es divertido, pero eso es secundario -Bromeó con una sonrisa y se sorprendió ante la pregunta de Esthappen. ¿¡Pero bueno!? ¿De donde había sacado esa picardia? Pero que pregunta tan tonta, después de tantos años viendo a su prima ligar descaradamente con cualquier algo se le tendría que haber pegado, ¿No? Ya se sabe, todo lo malo se pega.

-No, no voy a cambiar nunca, y menos si consigo sacarte una sonrisa -Le siguió fuera de la habitación, recuperando su copa como si nunca se hubiera separado de su mano y le dio un trago -Por cierto, respondiendo a tu pregunta cárnica... -Le dio una pícara y sonora palmada en el trasero y casi se relamió perversa al notar lo firme que tenía su primo el culo. -Siempre me has gustado, pero con la edad vas mejorando, Esthappen

Rahela regresó a su hueco en la mesa, donde volvió a sentarse mientras respondía a su pregunta negando con la cabeza. No, no había comido nada desde que había mangado un kit kat de un chino a dos minutos de la tienda y sí, sabía perfectamente que beber con el estomago vació hacía que se absorbiera más rapidamente el alcohol, pero le daba igual, en principio su fantasioso y casi inocente plan había sido ir allí a emborracharse con su primo, pero a la vista de que el prefería tomar bebidas de abuelas seguramente sería ella la única que estaría borracha cuando llegara la hora de irse a dormir, por que era Esthappen, seguro que a las dos le agarraba por los hombros y le invitaba amablemente a irse a descansar.

-¡Oh no, Esthappen! -Dramatizó, llevándose la mano libre a la frente y echándose hacía atrás, como si quisiera dejarse caer cual princesa débil-¡Sálvame del horrible ataque del hígado graso -Se llevó la mano de la frente a la altura a la que debía de estar el hígado, teatral y dramática cual estrella sobreactuada de los sesenta de hollywood para después hacer desaparecer aquella actitud ridícula y dedicarle una reluciente sonrisa a su primo, a medio camino de una risa -¿Qué prefieres pizza o hamburguesa? Pagas tu, que yo ya he puesto las bebidas -Le dio otro sorbo a su segundo vaso. De acuerdo, no iba a conseguir emborrachar a su primo, pero al menos se estaba divirtiendo con él, como en los viejos tiempos.
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Re: La sangre llama a la sangre || Esthappen P. Dalca

Mensaje— por Invitado el Miér Sep 09, 2015 12:24 pm


La sangre llama a la sangre
۞ Con Rahela Dalca ۞ Casa de Esthappen ۞ Viernes ۞ 21:15 ۞

Las manos de Rahela se movían demasiado deprisa como para lograr captar todos y cada uno de sus movimientos. Tan pronto agarraba aquella copa llena de líquido de color oscuro, como clavaba uno de sus dedos huesudos en su pecho, o le palmoteaba el trasero como si se tratase de una anciana comprobando la madurez de los melones del mercado. Ante tales provocaciones, Esthappen sólo podía poner los ojos en blanco y rodar la mirada, acostumbrado al movimiento rápido y certero de Rahela, que no le dejaba indiferente. Cualquier otra persona se hubiese sentido algo cohibida ante tales gestos, pero Esthappen conocía demasiado bien a su prima como para siquiera alzar las cejas a modo de sorpresa. Lo que sí hizo fue tomar algo de aire para lanzar un suspiro no demasiado sonoro, pero lo suficientemente audible como para que Rahela se diese cuenta de que ella era un manojo de nervios y él se trataba del colmo de la tranquilidad; era una forma amable de pedirle que aminorara el ritmo y de que controlase la bebida, puesto que él había previsto una noche medianamente tranquila y se iba a encontrar con todo lo contrario.

Es un asunto mucho más serio de lo que piensas – gruñó, mientras alzaba todos los libros que había estado consultando en sus brazos con una habilidad pasmosa, y los iba colocando poco a poco en una de las estanterías que estaban un poco vacías de su salón. Conforme los libros fueron revistiendo el lugar, el salón fue tomando un toque diferente. Las estatuillas ya no estaban tan solas y los libros tomaban el orden que debían tener siempre. Su casa debía estar ordenada las veinticuatro horas del día, e incluso con la presencia de su prima se dedicaría a ordenar todo lo que fuese preciso –. No deberías bromear con ésas cosas. Eres una mundana y, por tanto, eres vulnerable a ése tipo de enfermedades.

Con ésto no pretendía ofender a Rahela, sino más bien todo lo contrario. Esthappen sabía, por experiencia propia, que aquellos males que acaecían a los mundanos eran cada vez más frecuentes debido al consumo de alcohol y del abuso de otro tipo de sustancias. No tardó demasiado en acomodar todos los viejos libros –pero perfectamente limpios, por supuesto–, y después se giró para contemplar cómo su prima reducía un envase de una de aquellas chocolatinas que tanto gustaban a los mundanos.

Y éso tampoco es saludable – rodó los ojos nuevamente, como si se tratase de una especie de guardián protector de su prima, pero rápidamente se dio por vencido. No era quién para decirle a Rahela lo que tenía que hacer, así que se resignó a sellar sus labios y a acercarse a ella contemplando cómo se comía aquel trozo diminuto de chocolate y barquillo –. Me niego a que en mi casa entre cualquier tipo de comida basura, ya lo sabes – deslizó un dedo con celeridad por encima de la chocolatina que estaba deleitando su prima, lo suficiente como para mojarse un poco los dedos de chocolate, y se lo llevó a la boca –. Supongo que me toca cocinar a mí, pues. ¿Ensalada? No tengo carne.

Rahela ya debía de saber que su primo era vegano y no comía absolutamente nada que se hubiese obtenido a partir de un animal, así que una pizza o una hamburguesa portaban casi todos los alimentos a los que había renunciado desde que tenía prácticamente uso de razón. El queso, la carne, los huevos, la leche, entre otros muchos, significaban una tortura hacia aquellos pobres animales que tenían derecho a vivir en libertad sin ser explotados en granjas para obtener de ellos los frutos más deliciosos, sólo por el deleite de los humanos. Así pues, aunque sabía que su pequeña decisión no cambiaría en absoluto el curso de la Historia, Esthappen se negaba a consumirlos. Una de las ventajas que tenía aquello era que tampoco obligaba a nadie de su alrededor a hacerlo. Sólo pedía algo de respeto y consideración hacia sus creencias. Se giró sobre sus talones y se dirigió hacia la cocina, tirando de la puerta del frigorífico para abrirla.

Creo que puedo ofrecerte algún menú un poco más... respetuoso con los seres vivos – echó una rápida ojeada a la tajada de tofu que había comprado aquella mañana, agachándose un poco para distinguir entre las verduras.


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La sangre llama a la sangre
→ Viernes→ 21: 15 → Casa de Esthappen
Rahela aprovechó que estaba de espaldas para dedicarle una silenciosa mueca burlona a sus reacciones de santo. ¡Pero que bendito! Invadía su espacio vital (una forma muy educada de llamar a aquella palmada amistosa en el trasero del brujo) y ni se inmutaba. Y no solo eso, se limitaba a suspirar, no sin cierto aire de resignación. No sabía que reacción había esperado de su primo, pero joder, al menos podría haber hecho algo más que lanzar ese suspirito que decía a todas luces "Rahela no toques me toques el culo" o que también podía significar "Rahela no bebas más" en realidad aquella respuesta era bastante ambigua ella le conocía de sobra como para que sus interpretaciones fueran certeras, además detectó cierta exasperación sacudiendo la habitación junto a su aura.

-No hace falta que me recuerdes mi débil mundaneidad, querido, vivo rodeada de criaturas más raros y subrealistas que yo las 24 horas al día -Eso se mereció un tragó de su bebida, que le bajo amargo por la garganta como si se hubiera pasado con la angostura. Después de dos años con Rosa, viviendo en una mansión rodeada de sirvientes subterráneos le hacía arder las entrañas que le recordaran que no pertenecía a ese mundo, que era mundana, frágil, débil, impotente y lo peor de todo. Mortal. Una vez la habían confundido con la hermana mayor de Rosa, y su realidad le había sacudido hasta abrir una grieta en lo más profundo de su ser. No podía escapar del tiempo, pasarían las décadas...¿Qué haría cuando la confundieran con la madre de sus mejores amigos? Ya les envidiaba por lo que eran, ¿Cómo podría soportar el paso de los años sin envenenarse por algo de lo que ellos no eran culpables? Miró a su primo, a sabiendas de que él siempre sería joven y que ella se consumiría a su lado como una débil flor, las décadas pasarían pesadas sobre su piel y sus huesos y para él solo serían un parpadeo y al final ella se moriría y los inmortales terminarían por olvidarla. Solo era una mundana, y así se sentía cada vez que se lo recordaban, y si no hubiera sido Esthappen le habría lanzado el contenido de su vaso en la cara.

-Ensalada...-Puso los ojos en blanco, planteándose que era mejor, comer verde o cogerse una buena papa... al menos lo segundo no sería aburrido. Como no, la carnívora Rahela olvidaba que Esthappen era vegano...posiblemente a eso se debiera su estreñimiento emocional, una buena hamburguesa le quitaría las tonterías, pero claro no quería provocar la ira de su querido primo así que se calló su broma cruel con una sonrisa en la que dejó cosidas sus palabras. Saltó de la mesa para ver su nevera de hombre soltero que vive solo...ni cerveza tenía...si es que hasta para eso Esthappen era un tío particular. Arrugó la nariz y negó insistentemente con la cabeza. -¡¿Tofu?! Ni se te ocurra ponerme eso en un plato, el tofu es como pegarle un bocado a un trozo de cartón mojado- Había probado el tofu una vez en su vida y no estaba dispuesta a darle una segunda oportunidad -Y no vamos a discutir, pero yo no compro carne en la carnicería "Torturemos al cerdo" ¿Lo sabes? Comerme un pollo asado no es ser irrespetuoso con la fauna animal, es la cadena alimenticia. -Notó el ligero rugido de su estomago en el abdomen, mierda no tendría que haber pensado en carne, por que ahora tenía ganas de comerla y su primo como mucho le intentaría aliñar tofu y le echaría alfalfa y brotes de soja... a Rahela le encantaba comer y disfrutar de la comida y comer con su primo le hacía sentirse como un perrito, dispuesto a comer pienso cuando podría estar mordisqueando un buen chuletón.

A sabiendas de que no iba a conseguir persuadir a su primo de cocinar algo con más chicha regresó al salón y por consideración a su copa abandonó su copa, al menos para mantenerse mas o menos sobria. Se sentó, por primera vez en lo que iba de noche, en una silla y sacó su tarot. Acarició las cartas entre las manos, dejando fluir su propia energía. Los años junto a aquella baraja habían depositado retazos de ella en las cartas, como posos de sí que le ayudaban a conectar con ese algo que le hacía especial, pero no lo suficiente para estar a la altura del mundo en el que quería estar. Mentalizó una pregunta, con la imagen de su primo, y barajo sin prisas, con mimo y extendió las cartas sobre la mesa y paseo la punta de los dedos por toda la baraja hasta que creyó notar una vibración especial. Agarró la carta, sonrió para sí misma y repitió el proceso mientras su primo cocinaba. No buscaba nada en especial, ni buscaba algo que no supiera de su primo, simplemente practicaba por que le apetecía, por que los dedos se lo pedían.

-¿No has pensado nunca en que otro brujo te enseñe? -Preguntó ella mientras recogía su última tirada y empezaba a barajar otra vez, metódicamente. -Incluso yo he aprendido un par de trucos gracias a Rosa

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Re: La sangre llama a la sangre || Esthappen P. Dalca

Mensaje— por Invitado el Vie Sep 11, 2015 1:20 pm


La sangre llama a la sangre
۞ Con Rahela Dalca ۞ Casa de Esthappen ۞ Viernes ۞ 21:15 ۞

Tranquila, Hela. No pienso darte de comer tofu.

En realidad, hubiese sonado mucho más heroico el hecho de que hubiese añadido que lo hacía porque sabía que no le gustaba, pero debía admitir en lo más profundo de sus adentros que también le daba bastante miedo el hecho de que Rahela acabase vomitando aquel manjar. Probablemente haría ascos, aspavientos y demás, y Esthappen tuviese que justificar una vez más el por qué de su veganismo, del respeto a la naturaleza y de su decisión vital. Por supuesto que daba igual lo que él comiese o dejase de comer, su eternidad siempre le acompañaría, pero era más importante el impacto que él causase en su alrededor al dejar de adquirir o consumir productos que dañasen a seres que él consideraba como importantes. Era una filosofía de vida que nadie que no la compartiese podría comprender y que, por supuesto, por muchos argumentos que se formasen a su favor, siempre se encontrarían otros tres o cuatro para rebatirlos. Así pues, se resignó y sacó una bolsa de espinacas frescas del cajón donde guardaban las verduras –prácticamente toda su alimentación– y arrancó unas cuantas hojas para ponerlas dentro de un bol transparente.

Si me hubieses avisado con un poco de antelación, quizás hubiese podido comprar algo de carne – murmuró, mientras cogía una bolsa de nueces de una de las alacenas de la pequeña cocina –. Pero, si quieres cenar conmigo, deberás aceptar que en mi casa no habrá nunca ningún producto cárnico – asintió más tarde, troceando un poco las nueces con sus propias manos para añadirlas a la ensalada.

¡Gracias a Lucifer que existía Internet! A pesar de que Esthappen estaba bastante introducido en el mundillo vegano, conocía bastantes plantas y alguna que otra receta con la que valerse por sí mismo y manejarse en la cocina, nunca venía demasiado mal el hecho de expandir nuevos horizontes, ver reportajes acerca de personas que llevaban prácticamente toda su vida sin comer ningún producto animal, que transmitían sus pensamientos a sus hijos y que llevaban una vida plena y vacía de proteínas de origen animal. Los libros de la Nana se habían quedado algo anticuados en lo que respectaba a los nuevos descubrimientos sobre las propiedades de la soja, la Stevia y otras muchas plantas, y con Internet podía escribir su propio recetario, con todo lo que necesitaba saber acerca de los alimentos que consumía.

Ya. Te felicito, Hela, eres toda una fiera en cuanto a comer carne se refiere – ironizó, sacudiéndose las manos y agregando un poco de pimiento rojo laminado a su ensalada –. Cadena alimenticia... – gruñó en voz baja, esforzándose por no hacer apelo a todos sus conocimientos acerca de las “cadenas alimenticias” y enzarzarse en una discusión sin final con su prima.

Terminó de agregar unos croutons de garbanzo y un poco de rábano, y después aliñó cuidadosamente la ensalada, poniendo el bol sobre una bandeja y llevándola con sumo cuidado y agilidad hasta la mesa del salón, ahora libre de papeles que pudiesen obstaculizar la cena, y rápidamente colocó un par de platos, vasos y cubiertos para comenzar a disfrutar de aquella ensalada. A Esthappen se le hacía agua la boca con el simple hecho de degustar la exquisita ensalada que acababa de preparar él mismo, pero sabía que, igualmente, a Rahela no le haría especialmente gracia “alimentarse con los conejos”, de forma que sonrió con dulzura y le tendió una servilleta y eludió el tema.

Me ofende que pienses que necesito algún tipo de maestro – contestó simplemente, pinchando con el tenedor uno de los pequeños rabanitos de color vivo que había en la cama de espinacas –. ¿No me ves lo suficientemente crecidito como para aprender por mi cuenta? – alzó las cejas, masticando con parsimonia su comida, mientras inquiría con la mirada a su prima. Si Rahela realmente pensaba éso, quizás debía comenzar a plantearse el expandir sus conocimientos, pero, por supuesto, no con la ayuda de nadie. El orgullo en aquel caso jugaría un papel sobradamente importante.


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Rahela escuchó sus comentarios más rumiados que dichos, como si hablará consigo mismo o simplemente ambos hubieran aceptado a aquellas altura de la conversación que ambos eran demasiados cabezotas para mantener una discusión tranquila e interesante en la que debatieran sobre "las ventajas y desventajas de comer como un conejo". Rahela era demasiado carnívora y el era demasiado vegano, teniendo en cuenta que esa no era, ni de lejos, una de las cosas más importante que les diferenciaban como personas ni el vegano ni lady cadena alimenticia iban a declararse la guerra por una cena así que prefirió permanecer en silencio mientras su primo se sentaba a la mesa a comer la "deliciosa" ensalada que Rahela miró desdeñosa hasta que él alzó la vista para dedicarle una sonrisa que se apresuró a responderle con el mismo cariño con el que el le sonreía y tomó la la servilleta que le ofrecía aunque tenía la intención dejarla limpia.

-¡Oh!-Exclamó ella sorprendida ante su respuesta. Le miró de arriba a abajo, su primo aún podía darle sorpresas. -¿Lo hueles? ¿Eso es olor a orgullo herido? -Bromeó y se inclinó sobre la mesa para revolverle el pelo como si todavía fueran niños pequeños, en realidad siempre se sentía así junto a él, como si aún quedará algo de la niña pequeña que había sido. -Teniendo en cuenta que tienes 24 y que vas a vivir...no se, ¿Eternamente? Si que podría decirte que aún te falta dar el estirón, pero perdóname oh gran Dumbledore -Hizo una reverencia burlona, inclinándose hacía delante para meter el tenedor de la ensalada y
robar un trozo de nuez que rapiñó rápidamente, antes de que su primo pudiera evitar su travesura culinaria. -Si te soy sincera, después de una temporada con Rose he llegado a la conclusión de que o ella abusa de la magia o tu no la usas lo suficiente. Daría mi alma por tener el poder que tu tienes

Y no bromeaba, en absoluto. No se lo pensaría dos veces. Si todos los brujos estaban a la altura de la bruja alada de Santa Mónica o por encima de ella Rahela se hubiera arrancado el corazón del pecho y se lo habría comido si  con eso pudiera obtener aquellas maravillosas capacidades. Sus dones eran calderilla al lado de los de su primo y muchas veces había tenido la dolorosa sospecha de que si su abuela hubiera sido una bruja y no una mundana seguramente solo habría tenido ojos para Esthappen. Evidentemente ella no era el ombligo del mundo, tenía seis hermanos mayores pero uno puede competir con los de su liga, y a puñetazos y tirones del pelo puede jugar cualquiera.

-No digo que te arrodiles delante de un brujo y le lama los zapatos para que te enseñe, pero...no se, podrías al menos confraternizar con otros como tu -Siguió robando nueces cada vez que encontraba una entre las hojas de espinacas...aquella noche iba a comer menos que un pajarito.
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Re: La sangre llama a la sangre || Esthappen P. Dalca

Mensaje— por Invitado el Miér Sep 16, 2015 12:55 pm


La sangre llama a la sangre
۞ Con Rahela Dalca ۞ Casa de Esthappen ۞ Viernes ۞ 21:15 ۞

Suspiró profundamente. Por suerte, Esthappen había sido agraciado con toda la paciencia de la que Rahela carecía. Éso los hacía cumplimentarse con toda la naturalidad del mundo, lo que se conocería como “el ying y el yang”, y aquello era realmente bueno. Fantástico, de hecho. Esthappen concebía que, sin la antítesis, no pudiese haber síntesis, y era por ello que estaba más que orgulloso de su linaje, aunque pocas veces lo manifestase en voz alta, o siquiera se lo admitiese a sí mismo. Así pues, y para refutar de una forma más férrea aún en su mente aquella teoría, fue pinchando con su cubierto todas aquellas hojas de espinaca que Rahela rechazaba de su plato, mientras que roía como un ratoncillo las deliciosas nueces que sobresalían de entre las mismas. Esthappen no puso ninguna pega a ésto, pues era un amigo acérrimo de la comida natural, así que dejó que Rahela comiese los frutos secos mientras escuchaba su humor sarcástico colarse por los recovecos de la casa.

¿Dumbledore? – quiso saber, mientras terminaba de masticar un puñado de hojas frescas. Se pasó la servilleta por los labios y miró a su prima con curiosidad. La cuestión estaba en que le era asombrosamente familiar aquel nombre, pero no lograba recordar con precisión dónde lo había escuchado. Optó por la opción más sencilla y viable: se trataba de cosas de mundanos que no lograría comprender. Pero lo más lógico era pensar que se trataba de alguna persona longeva. Sí, éso debía ser.

Era bastante curioso que Rahela hablase tanto de aquella tal Rose. Esthappen estaba más que convencido de que aquella bruja debía ser poderosa hasta la médula, no en vano era “La Bruja Rebelde de Santa Mónica”, pero realmente había llegado a plantearse si el poder de aquella mujer era tal como para comenzar a temerle. Por supuesto, Esthappen no tenía en mente tener algún tipo de miedo hacia alguno de sus semejantes, puesto que siempre abogaba por el camino más racional: de todo podía aprenderse algo. Y es que su afán por el conocimiento estaba mucho más sobre-alimentado que su afán por utilizar sus poderes en contra de los demás, sobre todo si se trataba de brujos. Si en sí ya eran una minoría por aquellos lares, no ayudaría para nada el hecho de que se tirasen piedras a la cabeza los unos contra los otros. La Nana siempre solía decir que “la unión hace la fuerza”, y Esthappen jamás había estado más de acuerdo con ésas palabras.

Tú ya eres muy poderosa, Hela – volvió a su comida, pinchando un par de hojas más, y pensando con meticulosidad sus próximas palabras –. A tu manera, lo eres – aclaró, y se metió en la boca su próximo bocado. Lo degustó con parsimonia y, a continuación, añadió –: Tus “poderes” no se diferencian demasiado de los nuestros. Eres útil. Tanto o más que nosotros. La longevidad es simplemente... un atributo más. – O, al menos, así lo veía él. Para Esthappen, el hecho de ser eterno le daba la ventaja de poder aprender muchas más cosas a lo largo de los siglos, pero sabía que lo que realmente envidiaba Rahela era disponer de todo aquel tiempo para hacer todo aquello que siempre hubiese querido hacer, para ver el mundo, y para todas aquellas cosas tan “interesantes” para los mundanos.

Estaba claro que eran muy diferentes. Pero también estaba muy claro que, como familia que eran, se apoyaban y se querían, a su manera.

Confraternizo con la Nana – apostilló, tomando un último bocado de su ensalada –. ¿No es suficiente?

En sus palabras no había reproche, sino más bien curiosidad. Estaba sobradamente claro que, para él, las enseñanzas más importantes se recogían en los gruesos volúmenes que guardaba en las estanterías de su casa, y era de los que opinaban que lo valioso también residía en los brujos más antiguos. Y, como sólo tenía cerca a la que había sido su abuela durante tantísimos años, procuraba empaparse de sabiduría cuando estaba cerca de ella. Nunca se había planteado el hecho de buscar a alguien que fuese su “maestro”. Además, odiaba ésa idea.


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Frunció el ceño y la lanzó una mirada asesina. Si, su primo era un brujo ¡Pero se había criado con mundanos! Con mundanos como ella, y hasta donde ella sabía como mundano había leído los mismo libros que ella, aunque su primo nunca había sido un apasionado de la literatura fantástica (lo cual tenía un aire de ironía que le sacó una sonrisa).

-Muggles... siempre hay que explicaroslo todo-Rahela sacudió la cabeza, fingiendo un suspiro cansado y echándose hacía atrás en su silla, apretándo la espalda contra el respaldo. Asintió a los elogios de su primo sobre sus talentos, pero era evidente para ambos que no lo hacía convencida de sus palabras, Estaphen no tenía nada que hacer en ese tema, no conseguiría a sacarle esas ideas de su cabeza. -¡Vámos! ¿Qué mis poderes no se diferencian de los tuyos? No se si tu has intentado hacer aparecer billetes en tu cartera pero yo si, y mientras que yo estoy aquí comiéndome un mojón tu podrías ser millonario, eso sí se los estarías robando a alguien pero... -Se encogió ligeramente de hombros, descarada. ¿Qué más le daban un millón o dos a Bil Gates? O a cualquier multimillonario. Rahela tenía otras formas de hacer dinero, igual de ilegales y mucho más engorrosas que hacer que te saltarás chispas de las manos y desear que las cosas pasaran. -Por no hablar de hacer pociones, una vez intente hacer una con Rosa y por poco nos dejo a ambas sin cejas. Para ti hacer magia es tan fácil como respirar Esthappen, para mi intentarlo es chocarme contra un muro, la magia en mis manos es como ponerme a los mandos de un avión y esperar que no nos estrellemos -Rahela suspiró y se pasó una mano por el rostro, exasperada. Su primo no podía entenderla, no servía de nada explicárselo, el lo llevaba en la sangre mientras que ella tenía que contentarse con poder adivinar con los ojos cerrados que no podía entenderla y que en ese momento sus palabras le confundían. -No digo que mis poderes sean una inutilidad, pero no seamos inocentes. Tu estas en otra liga y yo soy mas de...de tenderete.


-Y nana es tu abuela, eso no cuenta -Le señaló acusadora con el tenedor antes de atrapar otra nuez entre los dientes y cruzarse de brazos mientras masticaba. -Y te recuerdo que la abuela se da aires de bruja, y a su manera lo es. Pero los tres sabemos que es mundana, como yo, como toda los Dalca. -Al menos que ella supiera. Después de vivir con Rose había descubierto que por los dones que tenía debía de tener algún antepasado relacionado con el Mundo de las Sombras, pero a Rahela no le importaba demasiado descubrir quién era, de todas formas los muertos eran muertos y ella todavía no podía ver espíritus así que no se había molestado en indagar más allá de saber que en algún momento de la historia, un antepasado suyo había decidido mantener relaciones sexuales con lo que a todas luces parecía un hada.-¿No has pensado en dedicarte a la magia? Digo profesionalmente, los servicios de los brujos están muy bien pagados en el mundo de las sombras.


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Re: La sangre llama a la sangre || Esthappen P. Dalca

Mensaje— por Invitado el Miér Sep 23, 2015 11:26 am


La sangre llama a la sangre
۞ Con Rahela Dalca ۞ Casa de Esthappen ۞ Viernes ۞ 21:15 ۞

Clavó sus ojos bicolores en Rahela. Si había algo que odiaba en aquel mundo era que las personas que verdaderamente le importaban, se tratasen a sí mismas de una forma que no procedía. Por supuesto que Rahela era una humana normal y corriente, pero Esthappen sabía perfectamente que era mucho más capaz de hacer cosas con la magia que lo que muchos brujos desearían. Llevarle la contraria a Rahela sería como tratar de hacer entrar en razón a alguien que, definitivamente, no quería encontrar la razón, así que se dio por vencido incluso antes de comenzar aquella guerra. Masticó con prudencia su cena y, a continuación, cerró los ojos, rumiando su bocado y las palabras que debía decir para que Rahela entrase en razón. Ignoró aquella extraña palabra que Rahela le había dedicado y, después, dio un sorbo a su infusión personal de hierbas. A continuación, abrió nuevamente los ojos y le lanzó una mirada decidida pero tranquila.

La magia es mucho más que hacer aparecer billetes en la cartera – respondió con simpleza.

La verdad sea dicha: Esthappen nunca se había visto en apuros económicos. Jamás había sentido la necesidad de tener más dinero o, como bien indicaba su prima, más billetes en la cartera; así que nunca había visto la situación idónea para hacer aparecer dinero como si se tratase de un gnomo con ollas repletas de monedas doradas. Siempre había contado con lo justo y necesario para vivir, y aquello era más que suficiente. Su filosofía de vida era pragmática y se situaba en aquella persistente creencia de que el dinero no otorgaba la felicidad, sino más bien todo lo contrario: problemas y más problemas. Así pues, el brujo se echó hacia atrás con ligero desenfado –algo bastante inusual en él–, y se cruzó de brazos a continuación, apoyando los codos sobre la mesa en la que ambos estaban comiendo.

Éso es más que suficiente para refutar mi teoría – apostilló, en referencia a la poción que su prima sostenía que había intentado llevar a cabo junto con Rose –. Rose es una bruja. Debería haber salido una poción perfecta aunque tú fueses una humana. ¿Quién te dice que no fue culpa suya? – inquirió, con un matiz silogístico en su pregunta –. Estoy seguro de que podrías aprender a manejar un avión perfectamente y sin problemas. La mayoría de las asignaturas dentro de la enseñanza de los pilotos son meros procesos burocráticos para comprobar si verdaderamente están capacitados psicológicamente para ponerse frente a una responsabilidad de tal embergadura – continuó, de manera automática –. Puede que esté en otra liga, pero... no quiere decir que no seas buena en lo que haces.

Las exigencias personales de su prima crecían como la mala hierba. Rahela estaba tratando de luchar contra su propia naturaleza, lo cual era bastante inútil, en lo que respectaba a la opinión de Esthappen. La verdad era que le agradaba tratarse de un brujo, pero si hubiese nacido mundano como su prima, tampoco hubiese tratado de ser lo que no era y frustrarse porque de sus manos no brotase la magia. Así pues, Esthappen se puso en pie y tomó su plato para llevarlo a la cocina, sin terminar. Tratar de convencer a Rahela habría supuesto una ardua tarea, con lo cual decidió no extremarlo todo, y centrarse en sus pensamientos personales.

Tú también eres su nieta – continuó, mientras recogía su comida y la vertía sobre uno de ésos recipientes mundanos de cuyo nombre jamás lograba acordarse y que servían para guardar la comida cuando no se terminaba –. Bueno, si la Nana se da aires de bruja, ¿por qué no puedes hacerlo tú? – rodó los ojos.

La siguiente pregunta le tomó completamente sin defensa, así que tomó un poco de aire y algunos segundos para responderla.

No pienso estar al servicio de nadie. Esclavizarme no se encuentra dentro de mis objetivos en la vida, Hela. ¿Tú lo harías?


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La sangre llama a la sangre
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De no haber sido su primo habría lanzado un profundo suspiró de irritación, dejando clara su intención de no dar el brazo a torcer. Esthappen era su primo, y un brujo, no era precisamente el hombre indicado para decirle a Rahela cuales eran sus limitaciones y cuales no, además que ella misma conocía donde acababa su fuerza y donde empezaban su flaquezas. Apreciaba el intento de su primo, quizás solo estaba intentando animarla pero conociéndole Rahela sabía que le estaba diciendo la verdad, o al menos lo que el creía que era la verdad y en esta ocasión la pitonisa no compartía su punto de vista. ¡Ella ya sabía que era buena en lo que hacía! Y tanto que era buena, no por nada estaba montando una tienda de esoterismo en las entrañas de Nueva York, la iniciativa había sido suya. También estaba usando la tienda para atender algunos asuntos familiares que era mejor no airear demasiado, pero a ella le gustaba lo que hacía, se le daba bien y por ello estaba partiéndose el lomo para terminar de una vez las reformas de aquel local.

-Darse de aires de bruja no es lo mismo que ser una bruja y sabes perfectamente a lo que me refiero -Le gruñó, frustrada, señalándole con el tenedor. Su última respuesta la dejó plantada donde estaba. Le miró sin parpadear durante medio minuto y puso los ojos en blanco con ligera exasperación. ¿De verdad? ¿Esclavizar? ¿Qué clase de concepto tenía su primo sobre la brujería? A ella le parecía lo más lógico del mundo. ¿De que iba a vivir mejor un brujo que de la brujería? No es que la arquitectura fuera una profesión desdeñable, pero joder, ¡Estaban hablando de brujería! ¡De la de verdad! ¿Quién iba a querer ponerse a dibujar planos y a levantar edificios en comparación? -¿Cómo puedes ser tan dramatico sin darte cuenta? ¿Esclavizarte? Vender servicios, pociones y amuletos no es esclavitud, Esthappen. Créeme, Rosa es de todo menos una exclava, al contrario tendrías que verla, vive a cuerpo de reina -Lo único que le faltaba a Esthappen para poder conseguir todo lo que se propusiera era tiempo, y de eso le sobraba. Le llenaría de orgullo saber que su primo podía conseguir tener una vida como la de Rosa. Rahela se incorporó de la mesa y ayudo a su primo a recoger las cosas de aquella austera cena, que encima le había dejado con hambre así que de cena tenía bastante poco. -Y respondiendo a tu pregunta, si lo haría, los honorarios son más que suculentos y no es una mala vida, pero teniendo en cuenta que mi cualificación no es sufiente, tendré que contentarme con echar las cartas y vender amuletos de la suerte y velas olorosas -No lo dijo con resignación, pero sintió cierto enfado. Si pudiera convencer a Esthappen, con la inteligencia del hombre y con su ambición harían una pareja de escándalo, tendrían el éxito en la palma de la mano. No sabía si Esthappen pecaba de humilde o de poco ambicioso, o quizás era ella la que quería más de lo que el mundo estaba dispuesto a ofrecerle.



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Re: La sangre llama a la sangre || Esthappen P. Dalca

Mensaje— por Invitado el Sáb Sep 26, 2015 3:08 pm


La sangre llama a la sangre
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Hizo todo lo posible por evitar un sonoro respingo. Rahela había posicionado a los brujos en una categoría demasiado alta e “inaccesible”, y sería muy complicado hacerla venir de aquel mundo en el que la magia y la fantasía suponían el día a día y se podía “vivir a cuerpo de reina” a costa de sus habilidades. ¿Por qué los brujos buscaban ostentosas mansiones donde perderse en su soledad, enormes gemas en sus anillos que no hiciesen más que despertar las envidias de los demás y la gula de aquellos ladrones indiferentes? ¿Cuál era aquella necesidad incipiente de hacerle saber al mundo que sus cualidades como Hijos de Lilith eran más que útiles, y cobrar por ello? Sería como prostituir sus conocimientos; aquellos sortilegios y hechizos secretos que habían sido transmitidos de generación en generación con tanto esmero para que los superiores no se enterasen y así no acabar consumidos en una hoguera, habrían sido en vano. Si ahora aireaban sus virtudes en vez de explotarlas, ¿cómo pretendían después volver a sacar dinero con algo que te ofrecía un beneficio limitado? Pero no, Rahela parecía ser incapaz de comprenderlo. Lo cual hizo a Esthappen posicionarse aún más dentro de su propia decisión, y compadecer de una forma casi platónica la distancia desde los pensamientos hacia los suyos.

Por supuesto que eran personas muy diferentes. Pero Esthappen tenía la ligera sospecha de que aquella tal Rose estaba influyendo de alguna forma en la manera de pensar de su prima. ¿De dónde habría sacado Rahela aquella magnificiencia hacia todo lo que hacía Rose? No dudaba en un sólo instante de la grandeza de sus poderes y proezas, pero le resultaba más que sospechoso que Rahela siempre estuviese poniendo a Rose por medio; cosa que empezaba a molestarle, pero no lo demostró de otra forma más que rodando sus ojos, más para sí mismo que para expresar disgusto. Un gesto de lo más habitual en él.

¿Qué se supone que tengo que contestarte? – inquirió, mientras abría una de las ventanas que daban lugar a un solitario callejón donde se guardaban los cubos de basura –. Si te propongo hacerme un brujo honorífico y ponerme al servicio de ésos seres de dudosa moral, estaré traicionando mis principios; y si no lo hago, seguirás presionándome para que “explote” mis capacidades, hasta que lo haga. – Deshizo un nudo del cordón de la cortina, manteniendo su tono de voz acorde a sus pensamientos: tranquilo. Suave. Calmado. Pacífico –. No llegaremos a un acuerdo – concluyó finalmente, y se giró para buscar los ojos de Rahela.

A decir verdad, a primera vista no se contemplaba ninguna diferencia entre Rahela y una bruja. Su vestimenta, sus ojos centelleantes, incluso su manera de ser; todo eran indicios que apuntaban que, efectivamente, Rahela se trataba de una auténtica bruja. Pero ella estaba empeñada en la esencia verdadera que “sólo unos pocos privilegiados” poseían para sí. Por supuesto que no estaba de acuerdo en ésta suposición por parte de su prima, pero ya lo sabía, así que decidió no objetar nada más. Intentar soplar e hinchar su ego mágico sería una tarea complicada, y no se sentía con las fuerzas suficientes como para hacerlo. Debía reservar sus energías para continuar mañana con sus pesquisas.

Basta de charlas vacías – musitó a continuación, y se abrió paso para llegar a la siguiente ventana, la que estaba un par de cabezas por encima del nivel habitual y que había que abrir con una especie de garza de hierro larga con un brazo considerable para tirar de su anilla –. ¿Dormirás aquí, pues? – preguntó, sin girarse para mirar en la cara de su prima la respuesta.

Tenía la ligera sospecha de que poner punto y final a la conversación no le haría gracia a su prima. Y no es que le gustase posicionarse en el principio, pero odiaba aquellas charlas en las que sabía que no obtendría absolutamente nada productivo. Consideraba el silencio como algo mucho más delicioso que una charla sobre absurdeces y opiniones en las que se sintiese algo juzgado. A continuación, tomó un poco de aire y dejó la barra de hierro en el lugar de donde la había sacado en un principio, aguardando la respuesta de Rahela.

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La sangre llama a la sangre
→ Viernes→ 21: 15 → Casa de Esthappen
Esthappen y Rahela, como en muchas de las discusiones que habían tenido a lo largo de los años, habían llegado a la conclusión de que estaban de acuerdo en que estaban en desacuerdo. No era la primera vez que los dos acaban atrapados en una discusión de la que no podían salir, y dios quisiera que no fuera la última. No le gustaba irritar a su primo, sobre todo por el hecho de que Rahela era especialmente sensible a las emociones ajenas. Estaba acostumbraba a hacerse la loca (en realidad sabía que la mitad de la gente que la conocía pensaba que le faltaba un tornillo, y tenían razón) pero era mucho más aguda de lo que parecía. Estaba irritado y cansado a partes iguales. Prefería no hablar con ella y Hela supo antes que él que la discusión estaba acabada, aunque fuera el quién le diera punto y final. No le gustaba notar a su primo así, ni sentirse frustrada, dejaría el agua correr en beneficio de Esthappen.

Le sabía mal no poder llegar a un acuerdo tácito, por que si su primo lo hubiese mirado con otros ojos se habría dado cuenta de que un proyecto entre ambos habría sido muy beneficioso. Quizás su si primo usará la magia como algo natural, como lo que era, y no como una ciencia a la altura de la física cuántica, se daría cuenta de que era algo de lo que podía disfrutar. Rahela no tenía los dones que tenía su primo, y aún así disfrutaba de lo que tenía. Su última pregunta le pillo desprevenida, y se inclinó hacía su primo, con una sonrisa tímida en los labios.

-Bueno, si después de esto no me echas, yo encantada de la vida -Le sonrió, pesé a que el no le estaba mirando, y pasó a su lado, dándole una palmadita amistosa en el costado a modo de disculpa, antes de meterse en el pasillo. -Eso si, me vas a tener que dejar un pijama. Y antes de que me enumeres lo horriblemente antihigiénico que es compartir tus pijamas con alguien piensa que soy tu prima de tu alma, que como yo no tienes otra. Y que es eso o dormir en bragas -Ella no tenía ningún problema con la segunda opción, pero no sabía que grado de incomodidad sentiría su primo. De todas formas en el caso de que eso ocurriera lo sabría, inevitablemente. Entró en la habitación de su primo y se dirigió a la cómoda con curiosidad. ¿Qué clase de pijamas usaría su primo? -¿Vas a venir o puedo escoger yo? No tendrás algo de Hello Kity, ¿Verdad?


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Re: La sangre llama a la sangre || Esthappen P. Dalca

Mensaje— por Invitado el Sáb Oct 03, 2015 11:36 am


La sangre llama a la sangre
۞ Con Rahela Dalca ۞ Casa de Esthappen ۞ Viernes ۞ 21:15 ۞

No digas sandeces – murmuró, mientras entraba a la habitación que tenía reservada para los invitados (aunque no tuviese demasiados, todo hay que decirlo) y estiraba la fina sábana que cubría el colchón.

Después se dirigió hacia el mueble donde guardaba todos sus pijamas y lo abrió con cuidado, echando un rápido vistazo a su “colección”. Verdaderamente, Rahela no se equivocaba y, una vez más, pisaba los talones de su pensamiento. Le conocía demasiado bien y, efectivamente, Esthappen tuvo que tragarse sus propias palabras y aceptar aquel gol. Por supuesto que era anti-higiénico compartir cualquier tipo de prenda de vestir, pero al fin y al cabo, Rahela y él habían disfrutado de situaciones peores, como aquellos Veranos en los que correteaban desnudos mientras la Nana les echaba agua para que se refrescaran. Y, al fin y al cabo, ¿qué diferencia había? Llevaban juntos por más tiempo del que Esthappen pudiese contar –que podría– y, como decían los mundanos, “la confianza da asco”, así que decidió hacer homenaje a aquel famoso refrán popular y deslizó sus manos alrededor del pijama más reciente que había adquirido en uno de aquellos horribles centros comerciales –a los que, por supuesto, sólo acudía cuando era estrictamente necesario– para extraerlo y después cerrar el cajón. Salió de la habitación y le entregó el pijama –cuidadosa y perfectamente doblado– a su prima. Rodó los ojos cuando escuchó cómo su prima hacía alusión a aquel detestable dibujo japonés sin hocico, y se dirigió hacia su habitación mientras sopesaba cuánto de ironía y cuánto de verdad pudiese haber en sus palabras.

No tengo nada que crea que puede ser de tu gusto – admitió una vez hubo pisado su cuarto, y comenzó a deshacerse de su parte de arriba –. Pero tendré en cuenta comprarte un pijama de ése horrible dibujo para guardártelo en casa – añadió después, alcanzando la parte de arriba de su vestimenta para dormir, y metiéndosela por la cabeza para posteriormente estirar los brazos y que las mangas rodearan sus brazos –. Ignoro cómo funcionan las tallas femeninas, así que... tendrás que venir conmigo – supuso, mientras se quitaba los pantalones y notaba cómo el frío hacía que se encogieran todos sus poros.

En un santiamén se había puesto sus pantalones de cuadros para dormir y disfrutó del contacto frío del suelo con las plantas de sus pies. El parqué estaba perfectamente pulido, así que era agradable pisarlo, y ni una sola mota de polvo interrumpía su superficie. Todo estaba tan impoluto y ordenado que cualquiera hubiese enloquecido otorgando un rápido vistazo a la étnica casa de Esthappen. Cuando salió de su habitación, apagando las luces a su paso, y llegó al salón, esperó a que Rahela terminase de ponerse su pijama, y añadió:

¿Qué quieres hacer ahora? Ignoro las costumbres que sigues antes de ir a dormir.

La verdad es que Esthappen era una de ésas pedantes personas que amaba dormir temprano y despertarse más temprano aún para salir a su balcón y meditar. Y notar miles de ojos clavándose en las palmas de sus manos juntas y en sus párpados cerrados, mientras disfrutaba de un momento de paz y relax en el que su alma abandonaba su cuerpo para viajar muy lejos de la contaminación neoyorquina. Pese a que su lugar reservado para hacer yoga estaba expuesto a los ruidos del tráfico, de las gentes paseando por las calles e incluso de los aviones sobrevolando el cielo, Esthappen se había habituado a ello y se sentía cómodo; aunque no descartaba en muchas ocasiones la idea de ir a un rinconcito apartado en Central's Park para disfrutar del contacto con la naturaleza; aunque ésta hubiese sido forzada a subsistir allí.

Sabía perfectamente que no sería capaz de persuadir a Rahela para que le acompañase en su rutina de yoga, por lo que pudo descartar ir al día siguiente a encontrarse consigo mismo. Supuso que descansar un día no le haría daño, pero también sabía que la conciencia le estaría remordiendo por dentro durante el tiempo suficiente como para que quisiese compensar su esfuerzo días más tarde.

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La sangre llama a la sangre
→ Viernes→ 21: 15 → Casa de Esthappen
Rahela esperó paciente a que su primo entrara a razones, no sin expresar su satisfacción ante aquella pequeña victoria contra la mente maniática y obsesa por la limpieza escrupulosa de su primo. Así que recibió el pijama disimulando su sonrisa petulante y un educado gracias. Su primo no había salido de la habitación cuando ella ya se estaba quitando los zapatos, tirándolos despreocupadamente sobre el suelo. No tardó más de un segundo en quitarse la ropa, que dejo sobre la cama sin demasiados miramientos. Lanzó el sujetador de cualquiera manera y se puso la parte superior del pijama. Entre que su primo era ancho enorme y ancho de hombros y que ella era pequeñita la prenda le servía a modo de camisón así que se encogió de hombros y salió de la habitación.

-Tampoco te creas que soy muy exigente -Se le escapó una carcajada ante su promesa de comprarle un pijama de hello kity para ella. ¿Esthappen acompañándola a un centro comercial para hacerle regalitos? Oh dios mio, iba a tener que grabar eso con una cámara de vídeo para que quedaran pruebas fehacientes de que eso había pasado. Seguro que algún día ese vídeo valdría oro.   -¡Te tomo la palabra, Esthappen. Cuando menos te lo esperes me tendrás en la puerta con el coche para llevarte de compras. -Sonrío divertida. Esthappen acababa de cavar su propia tumba y todavía no se había dado cuenta. Ya lo vería, ya... y allí estaría ella con su pijama nuevo de hello Kity. En cuanto salió por el pasillo con su pijama le siguió aún relamiéndose en el plan.

-¿Qué hago antes de dormir? Pues...no se, lo normal supongo. Podemos ver una película-Se encogió ligeramente de hombros, a veces su primo hacía preguntas un poco raras. ¿Qué iba a hacer antes de dormir? Para empezar cenar como una persona normal y no como si fuera un conejo. -No se, leo un rato, veo la tele, me tomo una copa...depende del día. -No creía que Esthappen estuviera muy dispuesto a sentarse con ella a hacer zapping. ¿Qué vería Esthappen en la tele? Seguramente lo más interesante para él serían los documentales de la dos. -¿Y tu que haces antes de dormir?



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Re: La sangre llama a la sangre || Esthappen P. Dalca

Mensaje— por Invitado el Sáb Oct 10, 2015 3:59 pm


La sangre llama a la sangre
۞ Con Rahela Dalca ۞ Casa de Esthappen ۞ Viernes ۞ 21:15 ۞

Rodó los ojos, con ligera frustración. Ir de compras a uno de aquellos odiosos lugares en los que los mundanos se atropellaban entre sí para conseguir objetos irrelevantes en sus vidas a los mejores precios no era uno de sus planes predilectos. Ni siquiera entraría dentro de los cinco primeros. ¿Qué sentido tenía aquello de estresarse por conseguir aquel vestido, o aquella crema llena de químicos con los que tapar como si de arcilla se tratase hasta uno de los últimos poros de la tez de las mujeres? Esthappen estaba seguro que detrás de aquellas ansias consumistas que embadurnaban y empudrecían la sociedad se hallaba un profundo descontento general que difícilmente pudiese ser curado con expender billetes a diestro y siniestro tratando de comprar una pequeña dosis de tranquilidad temporal, que se agotaría tan pronto como fuese adquirida. Sin embargo, y por su desgracia, en ocasiones se veía obligado a ir a uno de aquellos demoníacos lugares, para adquirir alguna que otra prenda de ropa y batallar con el sistema de tallas americano, que indudablemente era un jaleo para su mente privilegiada. Pronto compraría únicamente la ropa a través de Internet. Y prontamente, también sería él quien se la fabricase.

Rahela parecía estar más que satisfecha con la idea de llevar a su primo de compras. Supuso que en parte se vería estimulada por el hecho de ver a Esthappen farfullando sapos y culebras entre los mundanos que se arremolinasen a su alrededor. Incluso él mismo hubiese admitido que se trataba de algo cómico, el hecho de verse entre aquella masa de cerebros anestesiados con prisas por comprar cosas que no necesitaban. Había comenzado a tratar de convencerse a sí mismo de que en los próximos días pisaría uno de aquellos infernales lugares y la verdad sea dicha, aquello no le puso de muy buen humor.

¿Más alcohol? – arqueó las cejas y automáticamente sus pupilas negras se contrayeron en aquel cerco verde y azul que eran sus respectivos iris –. Definitivamente, ésas cosas son un invento del mismísimo Lucifer – rodó los ojos con ligera frustración y se sentó en el sofá, intentando admitir que aquel era uno de los hobbies en los que a Rahela le gustaba invertir su tiempo. Aunque para él resultase del todo incomprensible –. Odio ése cacharro – gruñó a continuación, mientras lanzaba una mirada rápida a la televisión –. Pero, si gustas, podemos ver un document... – se obligó a sí mismo a cortar su siguiente frase. Definitivamente, Rahela volvería a mirarle como un bicho raro si mantenía que ver un documental sobre la pesca indiscriminada del atún era algo entretenido. Suspiró pesadamente –. Veamos una película.

La variedad televisiva aquel día no era precisamente brillante. Concursos donde la gente demostraba su escasa inteligencia y total falta de fluidez en las conexiones sinápticas, reality shows donde los hombres mostraban sus músculos y ellas sus nalgas –¡incluso a veces mantenían relaciones sexuales!–, quizás alguna que otra película de ésas que las señoras mayores solían gustar ver para después hechas un río de lágrimas por la tragedia que acontecía a las familias, y en otros muchos canales, series policíacas interesantes en las que analizaban hasta el último milímetro de diferencia entre las huellas dactilares de los sospechosos de crímenes horribles; pero de lo más atractivo para alguien como Esthappen.

Será mejor que nos marchemos a dormir – murmuró cuando observó de reojo el reloj de cuco de su pared que señalaba que pronto sería la una y media de la madrugada. Le quedaban escasas horas de descanso y debía aprovecharlas bien –. Vamos, Hela. Despierta – movió las yemas de sus dedos suavemente en círculos en las sienes de su prima, para hacer que ésta abriese poco a poco los ojos y se diese cuenta de que se había quedado profundamente dormida en su regazo –. Es hora de dormir – fueron sus últimas palabras antes de acompañar a su prima a la habitación y cerrarse él en la suya, para después hundirse bajo las sábanas en un profundo y, lamentablemente, poco reparador sueño.

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