10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


25/12 - ¡Por fin se ha abierto el panel de inscripción para moderadoras/es! ¡Apuntáos cuanto antes! Además, administración quiere dejar constancia de que, con motivo de las fiestas, la nueva limpieza por inactividad se realizará entre los días 03 y 04 de enero. ¡¡De nuevo, Felices Fiestas, submundis!!


19/12 - ¡Las noticias de final de 2016 están recién sacaditas del horno! ¡Felices fiestas!


04/10 - ¡Aquí llegan el inicio oficial de la Trama Global! Seguid este caminito de baldosas amarillas para saber dónde están vuestros temas, quiénes participan y decidir en cual entrar. ¡Esperamos que lo disfrutéis mucho!


06/09 - ¡Aquí llegan los cambios en la ambientación y la trama y las noticias de agosto y septiembre! No dejéis de leerlas, porque dentro hay muchos cambios importantes.


31 # 39
22
NEFILIMS
4
CONSEJO
9
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9
LICÁNTRO.
6
VAMPIROS
11
BRUJOS
4
HADAS
5
DEMONIOS
0
FANTASMAS

No me fío del destino || Liam B. McGath

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No me fío del destino || Liam B. McGath

Mensaje— por Invitado el Jue Ago 27, 2015 11:51 pm

No me fío del destino
→ Domingo → 11:40→ Zona nocturna  
Caminaba con pasos lentos, abatidos. Aquel estado de humor taciturno, amargo y dolorido le había acompañado toda la semana como una espina clavada en alguna parte de su alma a la que no llegaba con sus dedos para poder arrancársela. Era como intentar rascarse ese punto de exacto de la espalda al que no te llegan los dedos, solo que la sensación no crecía para llenarte de ansia y ganas de aliviarte, a Ananta la hundía en un humor de perros y en ganas de hundirse en el sofá a comer helado, comida basura y hacer un maratón de matrix, Blade, Indiana Jones...cualquier fantasía que la arrancara de aquel estado de moco viviente. El parkour era lo único que le servía para arrancarse aquel vergonzoso ataque de pánico de la cabeza. ¿Es que era imbécil? Vale que no podía quedar con el en luna llena, pero joder...¿Qué pasaba el resto del mes? ¿Es que era idiota? Pero así era mejor, en aquel momento no lo había pensado, solo había sentido al lobo vibrando bajo la piel y se había asustado. ¿Y lo veía en su mirada? ¿Y si se hubiera dado cuenta? ¿Qué iba a hacer? No podía mentirle pero tampoco podía decirle la verdad.

¿Cuanto habría durado una relación como aquella? Basada en una mentira tan grande como increíble. Ananta no podía mentir, era superior a sus fuerzas. Había crecido viviendo una mentira, y después le había explotado la gran verdad a la cara, aquella realidad, el Mundo de las Sombras, no solo existía si no que encima era una mierda entrar en él, sobre todo como lo hacían los licantropos. Pensaba en Liam mientras recorría las abarrotadas calles de Nueva York como un fantasma errante, mirando su reflejo en los escaparates llenos de luces neon. Pensó en la dulzura con la que le hablaba, en la gentileza y la claridad que le miraba, como si jamás fuera a mentirle...no, el no se merecía lo poco que Ananta podía darle, que no era más que fragmentos y esquirlas de un corazón roto encadenado a una bestia feroz.

Suspiró y se abrazó a sí misma, frotándose las manos contra el cuero sintético de su chaqueta. Aquella noche hacía frío, pero Daren no estaba en casa y esta se le venía encima, había sentido la necesidad de salir, pero no había encontrado alivio en las calles, demasiados desiertas o demasiado atestadas, pero al menos su mente se distraía concentrándose en lo que le rodeaba, en el pulso de la vida noctura de Nueva York y no en su propia paranoia.

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Re: No me fío del destino || Liam B. McGath

Mensaje— por Invitado el Miér Sep 02, 2015 4:06 pm

No me fío del destino
→ DOMINGO → 11:40→ ZONA NOCTURNA  

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Era como asomarse a un violento torbellino de estrellas, si pudiera sentir algo que no fuera aquel deseo de mascar carne cruda con las fauces, habría sentido la angosta ansiedad de aquel espacio reducido, aquella magia que tiraba de las entradas, rasgando los velos de los mundos donde los hilos que los separaban se volvían débiles, frágiles, como la más delicada seda, que no podía ofrecer resistencia. Así el aire se había agitado alrededor del asfalto y los cristales pulidos de los comercios de aquellas calles comerciales, dándole paso a la criatura. El aire limpio le quemó  las fosas nasales la primera vez que lo respiró, emitió unos ronquidos guturales con el fondo de aquella garganta acostumbrada al azufre en el aire y el polvo en la boca. Estiró  las puntas de sus garras, con las uñas afiladas como cuchillas hundiéndose en la gravilla, dejando marcas a su paso mientras empezaba a caminar con sus movimientos erráticos. Más que andar, parecía bambolearse en la confusión de todos aquellos colores brillantes que herían los ojos negros como dos simas en su cara canina.

Cualquier mundano que lo hubiera visto lo habría llamado “hiena”. Una, además, particularmente grande, con los ojos cargados de un macabro brillo de inteligencia y una corpulencia inusual, y una cresta roja que se abatía, agitada por la brisa, desde la nuca hasta la cola larga  y peluda, más propia de un perro que de una hiena. No era ni lo uno, ni lo otro, y lo único que podía sentir era hambre. Un hambre devastador que le hervía en las entrañas, que activaba cada pulsación animal de sus instintos, rodeados por aquel glorioso olor a carne por todos lados. Carne humana. Era un can del infierno, y había ascendido para traer el caos de su sangre negra al mundo humano.

Alzó la pesada cabeza al detectar un rastro que había seguido por las calles, aturdido, confuso y hambriento, y entonces la vio. Abrazada a sí misma, pequeñita y plateada, un primer bocado para empezar el buffet. Cualquiera diría que la criatura sonreía con una malicia terrible mientras fijaba sus ojillos malvados en la estilizada figura de Ananta.

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El viento nocturno agitaba los rizos pelirrojos, apretados en una coletilla en la alta coronilla de Liam, mientras éste se dejaba arrastrar a una velocidad de vértigo por las extensas calles de Nueva York. Sus ojos estaban fijos en el aparatito que estrechaban sus dedos, pero no lo miraban… se perdían en aquel estado de ánimo plano, casi apático, como si le hubieran anestesiado una parte de sí mismo para no tener que sentir, y al mismo tiempo, pero que tampoco le dejaba reaccionar. Como estar colocado con un porro de mariguana. Cuando se dio cuenta de que habían saltado las luces y el aparato había sensor había vibrado violentamente, el rastro se había pasado. ”¡Mierda!”

Delilah tengo una lectura en el sensor!

El pelirrojo tuvo que alzar la voz por encima del tráfico, intentando traspasar los gruesos materiales que cubrían el delicado cráneo de su parabatai, al volante de la moto que recorría las calles como un relámpago. No vio sus ojos azules mirarle por encima del hombro por culpa de la visera oscura, pero sintió como el motor del vehículo trabajaba entre sus piernas, soportando el peso de ambos sobre la potencia de sus dos ruedas, frenando el aparato. Con la maestría que da la práctica, Delilah aparcó la moto en el primer hueco libre de la acera que encontró. Se incorporó, levantando la visera del casco y apoyando la espalda en el pecho amplio de su parabatai, que le enseñaba el sensor con una mano.

-Mierda Liam, pensaba que hablabas de nuestro rastro. Masculló la rubia con fastidio, poniendo los ojos en blanco. Se sostuvieron la mirada en un pulso silencioso, una lucha de pupilas dilatadas, Liam con paciente insistencia, y Delilah, exasperada. Pero terminó por resoplar otra vez y rodar sus ojos azules hacia el aparatito que sostenía el pelirrojo con la mano. – No es muy intenso...
 
- Lo era dos calles atrás.

Bájate. Ladró Delilah, quitándose el casco en un además que liberó la larga espiga dorada que era la trenza que le colgaba, larga, entre los omóplatos. Llevas un par de días con un humor de perros.
El pelirrojo se apeó de la moto, seguido por la esbelta mujer. Se ajustó alrededor de las anchuras de su pecho la correa que sujetaba el escudo redondo que llevaba a la espalda, moviendo los hombros mientras caminaba al lado de Delilah, sensor en mano, en busca de la primera anomalía demoníaca que encontraban en toda la noche.

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Re: No me fío del destino || Liam B. McGath

Mensaje— por Invitado el Sáb Sep 05, 2015 8:01 pm

No me fío del destino
→ Domingo → 11:40→ Zona nocturna  
Ananta jugó con la muñequera que llevaba puesta en la mano izquierda. Sus acciones de aquella noche no le quitaban el sueño, había hecho lo que tenía que hacerse, pero no por ello podía olvidarlo. Por no hablar de que entre eso y la transformación posterior se sentía como si le hubiera pasado un tren por encima. Definitivamente no estaba siendo una buena semana, ni de lejos. Esquivó por poco el hombro de un desconocido y volvió a prestar atención a su alrededor. Había demasiada gente así que giró por una estrecha calle, buscando algún sitio más vació, más acorde con su espíritu. Era un callejón sin salida, pero no un obstáculo para ella que cogió carrerilla y subió varios pasos y se sentó sobre el muro, con un jadeo.

-Mierda, estoy perdiendo facultades-Gruñó malhumorada, sujetándose la muñeca izquierda. Ya se había curado, pero aún así prefería seguir llevando la muñequera unos días más, no quería jugársela. En el pequeño callejón se alzó el viento, cambiando de dirección y se le erizó el vello de la nuca y de los brazos. Alzó la barbilla, oteando el aire ligeramente, el aire le traía un olorcillo fétido mezclado con el tabaco, el humo y el olor cálido a personas. ¿Qué era eso? No era putrefacción, aunque tenía esa dulzura incómoda que se metía en las fosas nasales exactamente igual. Se quedo quieta, muy quieta, dejando que sus sentidos se afinaran, que sus ojos brillaran en la noche como la criatura nocturna que era, dejando que el lobo trepara del pozo de su alma hasta su piel. No solo era un olor, era una presencia, una presencia peligrosa según su instinto. Escrutó el lado al que quería saltar, no se veía nada extraño. Un gato salió corriendo, bufando y  con el lomo erizado, asustandola durante una fracción de segundo y miró en dirección opuesta a la del minino. Nació de las sombras como si fuera una ficción pero ella lo sintió tan terriblemente real que deseo ser solo una parte más del muro.

El monstruo y la loba se miraron un segundo antes de que ella saltara a la otra cara del muro, poniendo los pies en polvorosa. Ni era ella era idiota ni su instito estaba atrofiado, veía a un depredador cuando lo tenía ante sus ojos. Ananta tocó nuevamente el suelo y apretó el paso preparada para salir corriendo y mirando hacía atrás, a sabiendas de que ella Ananta, la licántropa, una cazadora en la cadena alimenticia del Mundo de las Sombras acababa de transformarse en la presa.

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Re: No me fío del destino || Liam B. McGath

Mensaje— por Invitado el Mar Sep 15, 2015 11:40 pm

No me fío del destino
→ DOMINGO → 11:40→ ZONA NOCTURNA  

Se movían en sintonía, dos sombras en la noche, deslizándose por las calles, y sobre todo, los oscuros callejones a medida que apresuraban sus pasos, casi corriendo, tras el rastro que el sensor revelaba cada vez más real a medida que recorrían Nueva York metro tras metro. El aparato, atrapado entre los dedos de Liam, como los barrotes de una jaula, lo apretaban violentamente a medida que las vibraciones se volvían más intensas y le reverberaban en los huesos de la muñeca. Sentía la anticipación de la batalla, esa tensión interior, ese silencio absoluto antes de que se desate la tormenta. Miró a Delilah, en el preciso instante en que la rubia alzaba su rostro para encontrarse con sus ojos, una mirada que lo decía todo sin palabras. Se habían acostumbrado a esa mirada, que dictaba lo que ya sabían. Si aquella debía ser la última vez que la miraba a los ojos, no había falla o dolor que no le hubiera perdonado, no existía un sólo instante a su lado en el que se arrepintiera del camino que habían recorrido juntos, la quería, y la querría más allá de la muerte. Eran ojos brillantes que decían; por si acaso, hasta pronto, hermano. La risa lupina se alzó en el aire con sus crueles dejes metálicos, erizándole los bellos de la nuca a Liam, que se giró violentamente hacia el callejón del que nacía, tan oscuro que podría haber sido la misma sima al infierno.

- Aquí viene.

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El can infernal trotaba por la ciudad como si fuera parte del viento, con las fauces abiertas en una terrible mueca de diversión, de ojos exorbitados y la lengua fuera, chorreando una baba rojiza que siseaba al tocar el suelo, demasiado caliente para ser de aquella dimensión. Los cuartos traseros empujaban su cuerpo curvilíneo con una fuerza anti natural sobre los adoquines, saltaba, enloquecida, por las paredes, trepando con una habilidad que Ananta nunca había visto en un animal semejante. El perro del infierno empezó a emitir un sonido agudo y rítmico, retorcido, que evocaba toda la maldad que cargaba en las entrañas, la desesperación de aquel hambre que, sin importar qué o cuanto comiera, jamás conseguía saciar. Frenó en seco, dejándo que aquella presa plateada tomara ventaja, mientras se arrebolaba sobre sus cuartos traseros, con todo el morro contraído en un gruñido que mostraba sus inmensos dientes amarillos y negros, preparándose para saltar. Rió una última vez, y con una reacción muscular, su peso surcaba el aire en una parábola perfectamente calculada para alcanzar a su presa.
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Si no fueran por las cimitarras de Delilah, que cruzaron el aire en un parpadeo, cruzadas, empujando hacia atrás la pesada mole peluda que se les vino encima con la boca abierta de par en par, la menuda muchachita que salió por el callejón estaría muerta. Los dientes largos de la criatura que gemía, lastimada y sorprendida, replegándose en la oscuridad, traicionada por el brillo anti natural de sus ojos, se habrían clavado en aquel cuello largo y perfecto que sus dedos habían ansiado acariciar. La miró, estupefacto, con la espada floja entre los dedos, absolutamente descolocado. Más hombre que Nephilim, débil.

-¡Atento, joder!

Su instinto de Nephilim lo había sentido moviéndose en la oscuridad, y aunque había cambiado el sensor por escudo y espada a cada mano, no había podido deternelo. No cuando la luz de la tímida luna que bañaba la ciudad había chocado contra el brillo argentino de su pelo, que le hacía competencia a la envidiosa luna, como si Ananta pudiera iluminar toda la ciudad sólo con su sonrisa. Había salido de la nada, y todos los pilares del mundo de Liam se habían venido abajo en cuestión de segundos. ¿Qué hacía allí? ¿Y por qué la perseguía un can infernal? Había alzado el escudo demasiado tarde, su presencia allí le sacaba de su papel, le distraía, le torturaba, y sobre todo, le perturbaba. No daba nada por lo que sentía, pero desde aquel segundo que sus ojos se habían cruzado con los de ella, unos llenos de pánico, y los de él con la frialdad de un cazador pintada en las facciones, se dio cuenta que ni aquella triste ilusión de un amor preñado de mentiras sería posible. Una mirada, y se quemaban todos los puentes, se revelaban todas las mentiras. Cualquiera cosa, las migajas de lo que hubieran podido ser ardían con la luz de la hoja ángelical de su espada.

- Lo siento, no esperaba una mundana.
Gruñó, alzando el escudo, pasando de Ananta a Delilah, que estaba en la boca del callejón, armas en alto y alerta, esperando a la criatura.


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Re: No me fío del destino || Liam B. McGath

Mensaje— por Invitado el Vie Sep 18, 2015 5:51 pm

No me fío del destino
→ Domingo → 11:40→ Zona nocturna  
Nunca había visto a un cazador de sombras en plena acción. Había esperado no tener que hacerlo nunca, y ahora que tenía dos delante su opinión no había cambiado. Aparecieron de la nada, coreados por el sonido de la risa gutural mas monstruosa que a Ananta le erizó el vello del cuerpo. Su olfato empezaba a saturarse de aquel olor que presagiaba muerte y sangre derramada, pero mientras se apartaba de una figura conocida sus pies se quedaron clavados en el suelo, por suerte para ella la mujer la defendió con sus brillantes espadas.

Se giró para contemplarla con la sombra del reconocimiento en la mente. Ella ya había visto antes ese cabello del color del trigo, y aquella figura que una vez le había parecido el de una modelo pero que ahora enfundada en un traje negro resultó evidente que tenía más de guerrera que de modelo. En la distancia y con su vestido de flores la había imaginado como una mujer más dulce de lo que en realidad era. Se le hizo un nudo en el estómago, ¿Esa era Delilah? Su cuerpo estaba amarrado por el instinto, y no se permitió darle alas al dolor sordo que empezó a sentir en el fondo del pecho ante la realidad que le golpeaba. Liam era un cazador de sombras. Un Nephilim. Le carcomían las ganas de huir de allí pero ya no sabía si era porque allí su vida corría peligro junto a un demonio o  por que no quería girarse y mirarle a los ojos de Liam y descubrir el engaño en sus ojos después de haber recibido una mirada cargada de estoica frialdad.

Acorralado contra el callejón el monstuo perruno aulló rabioso ante la frustración de no haber probado a la loba, que apretó los dientes para controlar el repentino calor en las manos que le advertía que sus garras estaban a punto de salir, delatando su condición, empujada por el instinto que le pedía defenderse con garras y dientes, con el anhelo de sentir sus dientes enterrándose en esa carne oscura hundiéndose Que idiota, ¿Qué más daba si descubrían lo que era? De las tres veces en su vida que ella había necesitado a los nephilims, aquella era la primera a la que habían llegado a tiempo y teniendo en cuenta que su plan era huir hasta llegar a un lugar seguro y en cuanto se sintiera a salvo volver desde los tejados a la casa de Daren no le venía nada mal que se hubieran presentado. Miró a Liam.  Allí le tenía, pertrechado con un escudo y una espada, como si fuera un gladiador y no la persona que creía haber conocido. Reconoció las marcas que se asomaban bajo sus mangas. Ahora entendía por que llevaba mitones cada vez que la había visto, escondía sus marcas a la vista de mundanos y subterráneos.

-Siento sacarte de tu error, hijo de Raziel, que más me gustaría a mi que ser mundana -Si el pensaba fingir delante de su compañera que no la conocía perfecto. Ella también sabía jugar a aquel juego. Y aunque habría hablado con sincera frivolidad,  burlona, si que lo sintió. Lo sintió más de lo que le hubiera gustado reconocer, pero no dejó que una pizca de su pena, de la culpa que le invadía por haberle mentido se transmitiera en sus ojos. Se sentía engañada pero también sabía que no tenía derecho a reclamar nada, ella también había mentido en un intento noble, y bastante infructuoso, de no hacer daño a Liam. Debía de seguir enfadado con ella, (y no se lo reprochaba, Ananta también se habría enfadado de estar en su lugar) después de la forma con la que le había despachado, y Ananta se avergonzaba horriblemente de la cobardía que había demostrado.

El perro infernal sacudió su cabeza de un lado a otro, con un profundo gruñido brotándole de entre los dientes, brillantes, con sus ojos rojizos como la sangre puesto aún en su presa que poseída por el instinto se creció y más loba que mujer le devolvió el gruñido con las garras listas, dando un paso hacía ella. Bien, si no podía huir de las cosas tendría que enfrentarse como solo sabía hacerlo, luchando por sobrevivir.
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Re: No me fío del destino || Liam B. McGath

Mensaje— por Invitado el Miér Sep 23, 2015 1:26 pm

No me fío del destino
→ DOMINGO → 11:40→ ZONA NOCTURNA  

“Hijo de Raziel” De alguna forma nunca se había visto así mismo así. Hijo de un ángel, de la sangre sagrada del padre de todos los Nephilims… no, él sólo era Liam. El niño huérfano que había dejado su casa de la mano de una madre rota, el amigo en luto que había soportado la encrucijada de los odios cruzados, el hombre que había enamorado de la nieve y al final se había quemado los dedos, Liam… el mentiroso al que Ananta había rechazado bruscamente bajo el portal de algún edificio sin nombre de aquella maldita ciudad. Liam B. McGarth, el mismo que se había quedado sin palabras y no sabía cómo manejar la ira fría que brillaba en los ojos claros de Ananta. La escuchó gruñir, un rugido que nacía del fondo de unas entrañas que tenían poco de humanas, sus manitas, que tanto había adorado, ahora estaban terminadas en la oscura sombra de unas garras perfectas, que podrían desgarrarle la carne y estrujarle el corazón sin ninguna piedad, y ni aun así, el pelirrojo conseguía zafarse de la sensación de querer soltar la espada, estirar el brazo y entrelazar aquellos dedos, casi translucidos de tan pálidos que eran, con los suyos.

Pero esta vez, el corazón se le quedo atrás, arrojado por los instintos, que lo arrastraron a colocarse delante de ella en un ademán brusco, protector, rodillas flexionadas y el escudo por delante de ellos, olvidando a Ananta y su torbellino de sentimientos, que se perdían en la oscuridad de las pupilas inmensas, dilatadas, que brillaban al fondo del callejón, rodeadas por un brillante aro rojo escarlata, los ojos de la can infernal. Lo miraba a él, hambriento, valorando el tamaño de su cuerpo y el riesgo que podría suponerle apostar por una presa más grande.

-Quédate atrás, Ananta.

Intentó sonar amable, pero los guerreros en la batalla no eran amables, daban órdenes, y las cumplían, y así era exactamente como habita terminado sonando, como una orden. Delilah estaba inquieta, la sentía agitarse al otro lado de la runa que los unía, apenas tendría los talones pegados al suelo mientras se deslizaba al interior del callejón, donde su ropa se fundía con las sombras y sólo su pelo, platino a la luz de la luna, era capaz de indicar su posición. Liam avanzó detrás de ella, más cauto, precavido, esperando su señal. La tensión era tan densa en el aire que podían respirarla, afilada, con toques de azufre y un punto dulzón en el que no había reparado antes. Y eso que era difícil, era un olor que conocía demasiado bien, un olor denso y tan empalagoso como si respiraran natillas, el edor de la muerte, que emanaba de aquella criatura al fondo del callejón.

Arrinconada, ahora miraba al peligro más cercano, Delilah, que tenía las espadas en ristre y la mirada fija en su adversario. Podría quebrarle aquel cuello fino de una sola dentellada, o partir en dos el talle delgado, casi esculpido, de su cintura, deleitarse con el sabor del tuétano de sus huesos. Cargó el peso contra los cuartos traseros y se lanzó al ataque otra vez, saltándo sobre su presa. Delilah se afianzó en su sitio, conteniendo el instinto de salir corriendo, contando mentalmente hasta el último segundo.

-¡Ahora!

Fue cuestión de segundos. La rubia se lanzó a un lado mientras Liam embestía con el escudo por delante. El peso de la bestia le hizo flexionar las rodillas, el envite lo arrastró por el pavimento maltratado del callejón, arrastrando un dedo de basura detrás de los talones, y mientras el can se debatía contra el acero bendecido del escudo, sacudiendo las fauces por encima del borde en un intento desesperado de morder lo que fuera, de encontrar la carne blanca de Liam, Delilah, en perfecta sincronía, alzó ambas cimitarras y las hundió en el lomo rígido del can. Los parabatais se coordinaron, uno empujando hacia delante y la otra hacia abajo, obligando a que la inercia abriera camino a las hojas de las cimitarras, ganándole centímetros a la carne oscura y maldita del can hasta que jadeó y tosió sangre que le salpicó a Liam en la cara. El pobre diablo resbaló por el escudo dejando un reguero de sangre tan negra como su alma, cayendo al suelo como un saco de patatas, sin peso, apenas sin vida. Ya no luchaba por comida, ni siquiera por el jolgorio de estar en aquel plano, sólo intentaba arañar un segundo más de vida. Ambos Nephilims dieron un paso atrás, salpicados de sangre negra y babas blancas, huyendo del charco ácido que generaban los fluidos internos de la criatura a sus pies mientras moría. Delilah suspiró, pasándose el dorso de la mano por la frente.

-Eso ha sido rápido... Miró a su parabatai, con una ceja arqueada y una mirada interrogante.- ¿Estás bien?

- Perfectamente. Vuelve al instituto, yo me encargo de la chica.

Delilah salió del callejón, no sin antes darle un ligero apretón en el brazo a su compañero, que envainaba la espada con aire cansado, derrotado, a pesar de la victoria. Ninguno de los dos tenía signos de una gran victoria, mucho menos de macabro jolgorio. Habían cumplido su trabajo, punto. En aquello no había ninguna gloria. Delilah miró a Ananta mientras pasaba por su lado, parecía entera, y poco mundana, a decir verdad.

-Perdona si te hemos asustado. Se excusó, amablemente, envainando las cimitarras a cada lado de sus caderas para sacar a continuación las llaves de su moto, abandonada calle arriba. Si se percató en las garras de sus manos, o le importaba algo que la mundana no fuera mundana, sino licantropa, no se vio. Se giró hacia Liam.- Voy a seguir el rastro, a ver de dónde ha salido y si hay algo más que limpiar. Llámame cuando necesites que te recoja.

La figura alta y ágil de la rubia se perdió calle arriba en su paso marcial y el tintineo de las cimitarras y las clavijas que la mantenían sujetas a sus caderas, que podían ser tan sensuales como mortales. Liam la miró marcharse calle arriba por que su respiración volvía a la normalidad, y sin la tensión de la batalla, el orgullo empezaba a desinflarse y, como una herida abierta, las mentiras empezaban a respirar, secándose al aire, y no encontraba fuerzas para mirar a Ananta a la cara después de haberle mentido, haber sido rechazado y ahora, tan estrepitosamente pillado con las manos en la masa... o en la espada.

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Re: No me fío del destino || Liam B. McGath

Mensaje— por Invitado el Vie Sep 25, 2015 12:33 am

No me fío del destino
→ Domingo → 11:40→ Zona nocturna  
Lobo y criatura se prepararon para atacarse mutuamente. En cuestión de bestias poco importaba que Ananta en comparación al can del infierno fuera pequeña y pareciera menuda, solo la fuerza podía acabar resolviéndose con un conflicto de sangre. Pero Liam se interpuso entre ambos, dándole una bofetada a su instinto. La parte más humana de Ananta agarró al lobo y lo enterró en lo más profundo de su ser, dando un paso atrás. "¿Qué demonios haces? fue lo primero que se le pasó por la cabeza, pero después volvió a fijarse en el brillante filo de su espada. El no era un mundano, era un cazador de sombras y sabía defenderse, seguramente mucho mejor de lo que ella sabría en toda su vida.

Fue visto y no visto, un segundo de acción veloz y coordinada, orquestada entre filos de espada y chorros de sangre demoníaca. Ananta contempló el espectáculo hasta que previó lo que iba a ocurrir y apartó la mirada, asqueada ante la crudeza del ataque y la violencia fría de los nephilim. El quejido del can mientras dormía le trajo a la memoria la no lejana misión en la que había participado con Alaric. Allí no había habido más que garras, y mucha sangre. Ella y su compañero lo habían hecho por un motivo de pesó, su esfuerzo había servido para salvar la vida de dos niños que aún seguían mirándola con ojos asustados en sus sueños. Los nephilim nunca le habían caído muy bien y eso que no conocía a ninguno, al menos no que ella supiera, y ahora entendía porque. Ella jamás habría tenido la templanza para acometer un acto tan fríamente sanguinario con aquella...¿Cómo llamarlo? ¿Naturalidad? Le estremecía pensar que el acto de matar pudiera resultar natural para alguien que no fuera un monstruo. Quizás hay recaía aquella aversión que sentía, pensar que en el fondo lo más monstruosos de los monstruos eran aquellos que menos lo aparentaban. Delilah se le acercó y ella le miró con reservas, desde un lado del callejón. No le apetecía estar cerca de esas cimitarras. Se encogió de hombros ante su disculpa, sin sacarle de su error quizás por que eso era más fácil que decir en alto que no le daban miedo y mentir.

Mentir, como una vez le había hecho a Liam, como se había engañado a sí misma al tener ilusiones. Miró las estrechas paredes de aquel callejón que sin la presencia del demonio ahora parecía desierto, o quizás eran el peso de las mentiras rotas lo que llenaba el aire de silencio. Se miró las manos, aún garras y se apresuró a retraerlas, mirándolas fijamente como si le hiciera falta verlo para creerlo. De pronto sintió vergüenza...¿Las había visto? ¿Qué habría pensado? Temió mirarle a los ojos y ver el rechazo en ellos y en ese momento empezó a entender como debía de haberse sentido Liam cuando ella había salido huyendo como si le fuera la vida en ello. ¿Por que no la había dejado allí sola? No le hacía falta que "se encargarán de ella" solo tenía que darse la vuelta y echar a andar hacía casa, o quizás a correr que era de lo que tenía más ganas, pero no podía marcharse de allí...¿Y si no volvía a verle?

-Eeh... -Carraspeó, llamando su atención pero mirándole de soslayo, temerosa. -Gracias... por salvarme y eso. - Dio un paso hacía él, salvando las distancias, o al menos intentándolo. Dios que extrañó era verle allí plantado, vestido y armado para la batalla. No parecía el hombre de sonrisa dulce y mirada tierna, casi ni le había reconocido en aquel combate express. ¿Serían así todos los cazadores de sombras o solo Liam tenía esa capacidad para parecer dos personas en una misma piel? -Yo... -Empezó pero cerró la boca. ¿Qué estaba haciendo mareando la perdiz? Cuanto antes lo soltará antes conseguiría llegar a alguna parte-Tenías tus motivos para no decir la verdad.

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Re: No me fío del destino || Liam B. McGath

Mensaje— por Invitado el Miér Sep 30, 2015 11:53 am

No me fío del destino
→ DOMINGO → 11:40→ ZONA NOCTURNA  

A los pies de Liam, mientras la figura de Delilah, delgada y elástica como un junco, se alejaba en la distancia, el demonio desfallecía. La respiración de la criatura se había llenado de unos gorgojeos extraños, probablemente el filo había lamido el órganos negro y pútrido que le permitía respirar, y ahora una espuma rosada se acumulaba entre los pliegues de su boca. Con un último jadeo de desesperación, el demonio estalló en un millón de partículas de polvo. A la luz de la luna brillaron, y Liam las contempló en silencio. Así, flotando en el aire, con sus reflejos plateados, con luz de luna juguetona, parecía inocente y delicada purpurina, como si hubieran pasado uno puñado de feéricos ebrios con sus macabras travesuras en vez de un demonio.

"Ojalá fuera purpurina..." Pensó el pelirrojo, que había sacado un pañuelo de uno de los multiples bolsillos del ajustado traje de combate, tan negro como la noche, para fundirse entre las sombras, y se había inclinado sobre el escudo para limpiar con mimo la sangre oscura y los fluidos de la bestia, que goteaban sobre el suelo como ácido negro. El pañuelo, empapado con agua bendita, devolvió a la superficie brillante su lustroso aspecto original, las vetas del metal que habían labrado las hermanas de batalla a golpe de martillo para defender el mundo, un escudo masgnífico que, por más que Liam quisiera, no podía defenderle de sí mismos, sus errores, o sus verguenzas. Como la que sentía ahora mismo, allí de pie, alto y altivo culpable. Alzó los ojos al escuchar como su delicada voz carraspeada, atrapando su atención.

.- -No... no me las des.- Masculló, avergonzado, colgándose el escudo de la espalda, ahora limpio, reluciente. Envainó la espada que ni siquiera había utilizado en un movimiento mecánico, un segundo antes de pasarse la diestra por el pelo, echándo los rizos hacia atrás. Se miró la mano un segundo, allí donde la runa de visión vibraba en su color negro como la tinta sobre la piel, con vida propia. Era la primera vez que estaba en su presencia sin mitones, y allí estaba la evidencia de por qué los usaba. Las runas de poder, la marca de sus mentiras. Se tragó los suspiros y la ansiedad con un puñado de saliva que lubricara el nudo duro que tenía en la garganta, bajo la nuez de Adán.- Es mi trabajo.

Se encogió de hombros, intentando darle énfasis a que no tenía mucha importancia. No quería que se sintiera incomoda pensando que lo había hecho precisamente porque era ella, que creyera que él seguía insistiendo donde ya le habían dicho que no.  El no era de esos que se aferran al "quien la sigue la consigue", se consideraba educado, gustaba de ser un caballero, sobre todo porque lo mínimo que merecía una mujer, cualquier mujer, era su respeto. Y Ananta tenía eso y mucho más aunque no lo quisiera, y Liam respetaba sus decisiones.  Su mirada se había ido perdiendo hacia el suelo, alicaído, sin saber que decir, pensando en cómo sus uñas delicadas y peladas por escalar como una gata por los muros y tejados de Nueva York habían tenido poco de humanas un segundo atrás. Y poco de gata, también. Cuando la escuchó hablar, alzó la vista otra vez hacia sus ojos azules, cohibido.

- Lo siento. Dos palabras, sencillas, breves, y tan difíciles de decir para muchas personas.  Pero Liam no era precisamente orgulloso, aunque tuviera su orgullo, sabía reconocer sus errores, y Ananta no podía hacerse ni idea de cuánto le había costado intentarlo con ella, teniéndolo todo en contra, y con mentiras por delante. No... ella se merecía algo mucho mejor que él. Yo nunca quise mentirte, era lo último que haría si... bueno, si hubiera sabido que tú... Carraspeó, incómodo, señalando una de sus manitas pálidas donde antes no había uñas, sino garras, y una fuerza que Liam nunca le habría atribuido, aunque ahora entendía mucho mejor por que trabajaba en lo que trabajaba. Seguro que par aun licantropo pasear perros era mucho más sencillo que para un mundano pelao y mondao. - No soy ningún mentiroso, pero los nephilims... hacemos lo que debe hacerse, y punto. Sé que no es excusa, pero es así. No me exculpa pero... no tenía opciones. Lo siento, Ananta.

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Re: No me fío del destino || Liam B. McGath

Mensaje— por Invitado el Vie Oct 02, 2015 7:39 pm

No me fío del destino
→ Domingo → 11:40→ Zona nocturna  
Su trabajo. Ese era su trabajo. Qué trabajo tan escalofriante y duro el tener que enfrentarse todas las noches a criaturas como la que le había acechado brevemente de no haber sido por ellos. Le miró de reojo...¿Si no hubiera sido Liam el que estaba allí enfrente le habría mirado de la misma forma? ¿Le habría dado incluso las gracias? Ananta siempre había sido reacia en materia de los nephilims; ella no se llevaba bien con los cazadores de sombras. No habían salvado a su hermano, no le habían salvado a ella, no se merecían su consideración nada que ella pudiera sentir ante aquellos "protectores" de los mundanos que vivían escondidos en aquel reducto que era el Mundo de las Sombras, el lugar de los subterráneos. No le gustaban los nephilim, nunca lo había escondido, pero allí estaba delante de uno, mirándole con el alma a los pies, la vergüenza en el rostro. No habría dudado ni un momento en largarse de allí de haber sido otro. Pero no era otro, era Liam, y Liam no era solo un nephilim, ni siquiera era solo un chico al que había conocido.

Y allí estaban ambos, temerosos de mirarse. Cohibidos ante la presencia del otro, sin saber que hacer, que decir. En cuanto los ojos de Liam amenazaban con encontrarse con los suyos apartaba la vista como si pudiera quemarse al entrar en contacto. Jamás unos ojos le habían asustado tanto. Reconocer en esos ojos azules como se sentía ella por dentro le haría sentirse aún peor. Aquella situación no era solo culpa de Liam, ni mucho menos. Ambos estaban implicados en aquella incomoda verdad que les había acorralado con sangre y muerte entre las paredes de aquel callejón. Alzó el rostro al ver como retomaba sus palabras, con un nudo en la garganta. ¿Por que se sentía tan culpable? Sabía que aquello iba a pasar, ese era el resultado de las mentiras.

-No eres el único culpable. Yo también te mentí. -Admitió, avergonzada mientras unía las manos frente a ella, intentando cubrirse las uñas inconscientemente tan pronto como él hizo el gesto hacía sus manos. Deseó no tener uñas, no tener manos. Las había visto... No era la primera vez que Ananta se avergonzaba de ser lo que era, de la naturaleza oculta que llevaba bajo la piel, pero era la primera vez que se avergonzaba por que alguien realmente las había visto y deseó que le tragase la tierra. Se maldijo por no ser capaz de controlar su instinto, de haberse sentido ofendida al ver como había actuado. El mismo lo había dicho, el hacía lo que tenía que hacerse. Si tenía que mentir, mentiría. Si tenía que matar, mataría... el no se dejaba llevar por el instinto, no como ella que había sido incapaz de controlarse ante aquella revelación. -Es mi culpa, no debí acercarme a ti. He odiado ocultarte la verdad desde la primera mentira... - Ananta cogió aire y miró al exterior del callejón. Qué difícil era mantenerse allí de pie cuando quería salir corriendo. -¿Podríamos irnos, por favor? No quiero estar aquí más tiempo - En realidad quería irse a casa, tirarse en su sofá cama y enterrarse bajo sus mantas hasta que el peso de las mentiras la ahogarán. Se dirigió a la salida del callejón, con la mirada baja, mirándose los dedos entrelazados, la muñequera blanca que le mantenía sujeta la muñeca izquierda. Estaban en la boca del callejón cuando se detuvo y se interpuso en el camino de Liam y haciendo acopio de fuerzas alzó el rostro y la mirada hacía el suyo.

-Dios Liam, lo siento mucho. Yo no quería mentirte pero lo hice, los dos lo hicimos. Los dos teníamos nuestros motivos, los seguimos teniendo, y espero que puedas perdonarme. No solo por mentirte yo...- Tuvo que coger aire, había empezado a acelerar, escupiendo las palabras como si fuera una radio, con la sensación de que cuanto antes lo dijera antes saldría de dudas, dejaría de sentirse dolorida e incómoda. No le importaba si el nephilim no quería volver a verla nunca más, se lo tenía merecido, pero no podía dejarle ir sin soltar todo lo que quería decirle. -La otra mañana, cuando nos encontramos, me porte fatal contigo. Me siento fatal. Lo siento, no me lo esperaba y pensaba que tu eras...y yo soy... -Le faltaban las palabras, o más bien le costaba decirlas por que hacerlo sería reconocer que aquella especie de pesadilla tenía menos de pesadilla y más de realidad de la que Ananta le habría gustado. -Soy torpe y cerrada, estas cosas se me daban fatal antes y ahora que soy un peligro... me asusté y salí corriendo. Fui una cobarde, lo siento mucho

Bajo la vista, respirando con fuerza, agitada y con los nervios a flor de piel. Ya esta, ya lo había dicho. Sabía que su sinceridad a aquellas alturas ya no cambiaba nada pero al menos ahora su consciencia estaría tranquila.

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Re: No me fío del destino || Liam B. McGath

Mensaje— por Invitado el Lun Oct 05, 2015 11:19 am

No me fío del destino
→ DOMINGO → 11:40→ ZONA NOCTURNA  

¿Cuándo habían sido tan huidizos aquellos ojos? Era como una carrera interminable con el atardecer, perseguir aquella única franja de azul cristalino desesperadamente, antes de que ardiera con todo el fuego del sol poniente, un solo instante que daba igual cuánto corrieras hacia el horizonte, nunca podía alcanzarla. Así sentía Liam con Ananta, siempre a la vista, casi capaz de creerse que estaba al alcance de su mano, pero se le resbalaba entre los dedos continuamente. Daba igual como lo intentara, no conseguía aferrarse, mantenerla cerca. Las mentiras ardían entre los dos como ese sol cenital.

- Oh, no, por favor. No digas eso. Musitó, incómodo. ¿Que culpa iba a tener Ananta? Los licantropos, al fin y al cabo, sólo tenían que lidiar con su condición una noche al mes, luchar el influjo de la luna, pero el resto del tiempo eran personas completamente normales, con vidas que podían ser perfectamente normales, trabajos normales. Amores normales. Pero … ¿él? No conocía otra vida que no fuera al otro lado de una espada, lidiando noche tras noche con la peor calaña que podía existir, con la muerte siempre acechante. Los pecados de Ananta no tenían comparación apenas con los del pelirrojo. - No tienes que disculparte. Sólo hacías lo que tenías que hacer, no son cosas que puedas ir contando a desconocidos. Carraspeó, incómodo con la verdad de aquella palabra. Seguían siendo eso, dos desconocidos, que se habían visto sólo dos veces, y las dos le había mentido a Ananta como un bellaco. Podría haber sido más suspicaz, podría no haber llevado los mitones y arriesgarse a afrontar preguntas por la runa que llevaba en el dorso de la mano derecha, pero por una vez en la vida, ser demasiado precavido había jugado en su contra. Ya era demasiado tarde para intentar deshacer lo hecho, sólo podía pedir disculpas lo más humildemente que supiera y seguir su camino… Ananta ya le había dejado clara su postura para con él, no quería insistir, ni tenía nada que perdonar. - Si, claro, vámonos.

Escuchó como Ananta echaba a andar, pero a él el instinto lo dejó allí clavado, mirando por encima del hombro. Contempló por última vez la nube de polvo en la que se había convertido el pobre demonio en su fastuoso final, oteo con los ojos entrecerrados la oscuridad del callejón, dándose un instante para que sus sentidos, de la mano de la runa de visión, lo examinaran todo con calma. La presencia de Ananta no podía distraerle más de su trabajo, y aunque no hubiera nada allí, Liam siempre miraba dos veces. Suspiró ligeramente, acomodándose las correas del escudo, y echó a andar hacia la calle, con paso lento. No se miraba los pies, por que un cazador no puede permitirse andar cabizbajo por la vida, pero iba distraído, casi tropezó con Ananta cuando se paró, plantándose entre el callejón y la calle como un muro, un muro pequeñito, entre él y la salida. La miró, sorprendido, sin entender que estaba pasando.

-Ananta, yo no tengo nada que perdonar... Dijo Liam, entre tierno y comprensivo, como era él. Alzó con timidez una mano, pero la retrajo hacia su cuerpo al ver las manchas negras de icor y sangre demoníaca. Hizo lo que pudo por limpiarlas contra la superficie suave del pantalón de combate, pero por más que frotase ya sabía que no conseguiría mucho. Dónde antes hubo manchas negras ahora quedaban sombras parduzcas, un eco de la realidad perfectamente palpable, que sabía a óxido, posiblemente venenoso. Pero aún así, alzó la mano de nuevo y con aquella mano, que encarnaba su realidad, con su omnipresente runa de visión y las manchas pardas de sangre, tomó una de las manitas de la licantropa. Miró hacia abajo con ternura, y con cierta timidez le dedicó una sonrisa amable y enternecedora a la muchachita, cubriendo su mano minúscula con las suyas propias. - Está bien, Ananta. No pasa nada por huir, todos lo hemos hecho alguna vez. Yo incluido. Yo... ya te lo he dicho, no tengo nada que perdonarte, no has hecho nada mal. Sólo lo lógico.

Le apretó la manita con suavidad, intentando ser conciliador, y guardarse aquel nudo en la garganta y el instinto que le gritaba que alzara los brazos y abrazara a aquella criaturita tan pequeña, que casi parecía desprotegida. Quería estrecharla entre sus brazos, borrarle aquel semblante triste con un chupito de consuelo, pero no se sentía bienvenido entre sus brazos, así que dejo ir su mano con suavidad, dejando escapar un ligero suspiro.

- ¿Necesitas que te acompañe a casa? Carraspeó, incómodo, sabía lo que parecía aunque aquellas no fueran sus intenciones. E-es mi trabajo, no es por... acosarte, ni nada de eso.
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Re: No me fío del destino || Liam B. McGath

Mensaje— por Invitado el Lun Oct 12, 2015 6:31 pm

No me fío del destino
→ Domingo → 11:40→ Zona nocturna  
¿Solo lo lógico? ¿Huir como una cobarde era "solo lo lógico" para Liam? Ananta no sabía si sentirse aliviada o si darle un abrazo. Un cálido alivio se extendió en su interior la comprobar que Liam no estaba enfadado con ella, ni siquiera parecía molesto. Al contrario, le miraba comprensivo y atento, y la mano con la que le sujetaba era firme y cálida. Ananta dejó que le sujetara la mano, bajando timídamente la vista para contemplar las manos unidas. Efectivamente allí seguía, y aunque aún le parecía surrealista, el tatuaje de la visión. Estiró el pulgar y acarició el tatuaje. No era más que piel tatuada, marcada a fuego por aquellas estelas que solo ellos podían utilizar...que extraño que solo unas marcas pudieran poner tanta distancias entre ambos, como si fueran muros en vez de color bajo la piel.

Pero el contacto se rompió y la piel se le quedo extrañamente fría cuando los dedos de Liam la soltaron. Sus dedos inconscientemente se estiraron, buscándo los del nephilim en el aire, pero en cuanto se dio cuenta de lo que estaba haciendo retuvo aquel capricho y bajo la mano, apretándola contra su costado. No había que ser muy listo para notar como Liam mantenía las distancias. Si bien había aceptado sus disculpas seguramente la revelación de su naturaleza había quemado los puentes de lo que podrían haber sido.

-Si, si claro. No esta lejos -Hizo caso omiso a su explicación, el mismo ya la había dado. Solo lo hacía por trabajo y aunque le agradaba saber que estaría unos minutos más junto al pelirrojo le escocía saber que solo lo hacía por lo mismo por lo que le había mentido, por que era su deber. Caminó cabizbaja mientras le daba la vuelta a la manzana y sus pies se dirigían de vuelta al adorable edificio donde vivía Daren y donde le esperaba su cómodo sofa-cama, una noche más. Se frotó los brazos mientras caminaba...¿Porque se sentía tan incomoda ahora al lado de Liam? Las cosas estaban mejor así, ¿no? El sería un nephilim orgulloso y leal a la clave y ella seguiría siendo una licantropa que al fin y al cabo haría menos daño estando sola que soñando con él. Se lo había dejado muy claro, era su trabajo, Ananta veía con mucha más facilidad cuando le estaban dando largas que cuando le estaban dando esperanzas. No le quedaba más que aceptar que Liam ya no parecía tener interés en ella.

Caminaron en silencio. No es que le silencio ayudase, al contrario, creaba una atmósfera tensa entre ambos, Ananta quería hablar pero contenía la lengua y las emociones. ¿Qué iba a decirle? Ya estaba todo dicho...¿No? Pero conforme se acercaban al edificio donde vivían más crecía la presión que se le estaba formando en el estómago, algo le decía que si no hacía algo para evitarlo aquella si que sería definitivamente la última vez que vería al pelirrojo y por mucho que él le hubiera dado largas un sentimiento cabezota le impulsaba a hacer tonterías.

-Es aquí -Rompió el silencio incómodo y se detuvo delante de las puertas de cristal cerradas que daban al interior del edificio. Rebuscó entre los bolsillos con la mirada baja las llaves, y las sacó. Jugueteó con ellas, buscando deliberadamente lento la llave de aquella puerta. -Gracias por acompañarme... -Empezó y le dio la espalda para abrir la puerta, que cedió a la llave sin ningún problema. Nunca le había gustado menos abrir una puerta. Se giró, para mirarle una última vez a sus ojos claros, sinceros. ¿Realmente iba a hacer esa la última vez que iban a verse? ¿El último recuerdo que tendría de él sería un incómodo paseo lleno de verdades desagradables y disculpas vergonzosas? -¿Sigue en pie?

El corazón se le aceleró nada más pronunciarlo, como si acabarán de darle el pistoletazo de salida a la locura. Iba a arrepentirse, lo sabía, aquello era una locura. Iba a decirle que no otra vez, lo sabía, pero no podía dejar las cosas así. Podía reprocharse muchas cosas, había cometido muchos errores, pero no podía permitir que uno de aquellos errores fueran por cobardía, había vivido lo suficiente para que pensar en arrepentirse de la cobardía le invitara a tener coraje.

-No me fio del destino. ¿Podemos vernos otra vez?... -Le parafraseó a riesgo de que pensara que era idiota, de que estaba loca o de las dos cosas a la vez.-¿Sigue en pie? -Repitió, envalentonada, esperanzada pesé a que se repetía que si se daba la vuelta y la ignoraba no le dolería, repitiéndose aquella mentira para que en el momento en que ocurriera fuera una verdad. -Pero... -Sintió que se le teñían las mejillas de rojo y esperó que la oscuridad de la noche lo disimulase. -Pero mejor si no es tarde, ya sabes, los ciclos lunares y todo eso...¿Te parece mejor a las siete?

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Re: No me fío del destino || Liam B. McGath

Mensaje— por Invitado el Jue Oct 15, 2015 12:07 pm

No me fío del destino
→ DOMINGO → 11:40→ ZONA NOCTURNA  
Un violento escalofrío le torturó toda la espalda, por el tuétano de la columna vertebral al percibir aquella ligera caricia sobre el dorso de la mano, una pincelada de un trazo que conocía de toda la vida. Podría cerrar los ojos y pintar miles de runas sobre la piel de Ananta, pero no con una fría estela y sus dibujos dolorosos, él las haría directamente con los dedos, por sus manos, a lo largo de sus brazos, en aquella curva de una cintura que apenas se intuía por sus ropas grandes, como si fuera un tesoro por descubrir. Pero se quedó con los ojos abiertos, contemplando con una tristeza hueca como la magia entre ambos se deshacía. Liam tenía un corazón cautivo en el pecho al que no podía dejar libre, por más que quisiera. Era educado, un caballero, y nunca insistía cuando le daban un no por respuesta.

- Bien, bien, vamos, entonces.

La seguía a un paso firme, con los hombros cuadrados y la cabeza siempre alta, oteando la oscuridad a su alrededor. La noche no le hacía sentirse incómodo, pero siempre le ponía alerta. Tal vez por eso no había sido capaz de ver la verdad a través de Ananta, porque sólo la había visto a la luz del sol, donde ella misma era más cálida y amable, donde los rayos de luz se le prendaban en el pelo cuando sonreía. Iba cabizbaja, y eso a Liam le partía el corazón, pero tampoco había en su abrazo frío y negro algún consuelo que ofrecerle. Probablemente era por el ataque fortuito, por las verdades descubiertas, insistía en decirse a sí mismo, para resistir el impulso de abrazarla. Sus pasos hacían un eco rítmico contra el pavimento, muy distinto al caminar errático de Ananta, que conocía el camino mejor que él. Cuando ella habló miró el edificio, pequeño y coqueto, una de esas bellezas perdidas entre la inmensidad de Nueva York. Parecía un buen lugar para vivir.

-Es bonito.- Comentó, incómodo, sin mirarla a la cara. El tintineo de sus llaves, atrapadas en la oscuridad de su bolsillo, después prendidas en sus dedos marfileños, le recordaron a Liam al brillante sonido de unas campanas, anunciando el final del cuento. No había zapatitos de cristal que encajar en un pie perfecto, y sabía que las hadas lo único que hacían era envenenar todos los deseos que tocaban con sus sibilinos deseos de travesuras. Los finales felices, al final, no existían.  Le sonrío, amablemente. - De nada.

Se quedó allí, cruzado de brazos, dispuesto a esperar hasta el último instante, hasta que Ananta estuviera dentro de casa, segura y a salvo. Y no porque fuera su trabajo.  Y aunque intentaba sonreír, educado y formal, aquella pregunta que surgió de ningún sitio le hizo fruncir el ceño, y palpitar el congelado corazón. Se le subió a la boca, palpitando estrepitoso, haciéndole los labios torpes a la hora de pronunciar, y sonreír con la franqueza de sus sentimientos. ¿De verdad estaba ocurriendo aquello? ¿No le engañaban sus oídos?

- Cla-claro... ¡claro que sí! ¿Era un sí, verdad? Ella estaba diciendo que sí, que quería verle. Y con esas sencillas dos letritas le estaba dando la misma vida al Nephilim. - Dime cuando y donde y allí estaré.



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Re: No me fío del destino || Liam B. McGath

Mensaje— por Invitado el Mar Oct 20, 2015 5:39 pm

No me fío del destino
→ Domingo → 11:40→ Zona nocturna  
Había fruncido el ceño. Le iba a decir que no, por supuesto que iba a decirle que no. ¿Cómo iba a decirle que sí? A ella que había salido corriendo de su lado cuando solo había sugerido la idea de hacerlo. Pero allí estaba ella, lo había hecho a sabiendas de que iba a decir que no y tendría que lidiar con las consecuencias de su error, arrepintiéndose de haber sido una cobarde la primera vez. Ananta endureció la mente para que sus facciones no pudieran delatarla cuando él la rechazará, pero no lo hizo. La sonrisa se le pintó en los labios como si Ananta acabara de darle un boleto de la lotería premiado y tan acostumbrada como estaba a las cosas malas y su negatividad ella se quedó allí plantada, con una mano sobre el pomo de la puerta, parpadeando.

-N-no se.....-Tartamudeó sorprendida. La mirad de Liam le calentó su corazón de piedra y sintió que la sonrisa se le aflojaba en el rostro, incapaz de contenerla, correspondiendo a la suya. Qué extraño e inquietante era tener la llave de una sonrisa en su mano, en unas tan pocas palabras. El corazón se le aceleró y las mejillas que se habían coloreado se mantuvieron así, rosadas, haciéndole sentir las mejillas cálidas. Estaba tan convencida que le iba a decir que no que en ningún momento se le había pasado por la cabeza que fuera a decirle que sí por lo que no había pensado en ningún momento un lugar al que ir con él, o que hacer... Dios mío, ¿A donde podía llevar a un nephilim? ¡Se dedicaba a luchar contra demonios! ¿A donde podía llevarle que fuera a gustarle? -¿Qué te parece si quedamos en la cafetería donde te encontré la última vez? A las siete, pasado mañana - Se mordió el labio inferior. ¿Cómo podían hacerla sentir tan alegremente inquieta aquel par de ojos? Se quedó allí sonriéndole durante lo que le pareció una eternidad pero apenas fue un minuto. Un ladrido proveniente del interior del edificio la distrajo y miró hacía el interior. Inmediatamente pensó en Stark, si respondía al ladrido seguro que despertaba a Daren. ¿Y si Daren bajaba a buscarla al ver que no estaba en el sofá? La idea le puso de los nervios, no quería que ellos dos se encontrasen. -Tengo que irme -Explicó aunque ahora le costaba separarse de él lo cual era ridículo ahora que sabía que volvería a verle. Se giró para mirarle una vez más y antes de que la puerta se cerrara le miró, diciendo "Hasta luego" sin hablar, solo moviendo los labios. Aún escuchaba su propio ritmo cardíaco contra la sienes mientras subía las escaleras con energía renovada. Que le costara dormir no era una novedad para Ananta, pero nunca se había quedado insomne por una razón como aquella.

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Re: No me fío del destino || Liam B. McGath

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