10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


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Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

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Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Alaric Levinson el Vie Jul 22, 2016 2:07 pm

Tostándonos al sol
→ Sábado → 17:00 → Paley Park / Playa→ Con Rahela  
La vida empezaba a sonreírme como nunca antes lo había hecho, o pudiera ser, tal vez… que mi pesadumbre y victimismo la habían anulado completamente habiéndola ocultado con una niebla tan densa que era imposible vislumbrarla. Sabía que por sus propios medios nunca lo habría hecho porque no se le pasaba por la cabeza darse una oportunidad después de haber provocado aquel accidente. Ya era capaz de llamarlo así, accidente, no asesinato. Esa evolución se lo debía a Rahela, pero no podía restarle mérito a Scarlett, pues la única culpa que me echaba encima era la de haberla dejado sola tras su conversión en vez de recriminarme la muerte de Thomas. Porque me dijo, de manera escueta y directa, tal como es ella, que no fue mi culpa. Oír eso de ella ayudó en la activación de un nuevo yo que aún se estaba gestando dentro de mí y  cuyo pistoletazo de salida lo había dado Rahela.

Entre tanta reflexión, me encontraba en la base del Praetor, exactamente en mi habitación reorganizando un poco la estantería pues desde hacía casi dos meses estaba acumulando libros sobre embarazo y cuidado de niños recién nacidos. Iba acabar convirtiéndome en un experto porque ya era capaz de conocer la maduración y el desarrollo con el que constaría el feto dependiendo del mes de gestación. Una gran cantidad de consejos sobre qué alimentos beneficiarían y perjudicarían durante el embarazo, así como la realización de una serie de actividades que ayudarían en muchísimos aspectos como por ejemplo el yoga. Scarlett me había estado llamando pesado un par de veces por todo lo que le sugería, pero dentro de lo que cabe me estuvo haciendo caso y accedió a acudir a esas clases de Yoga.

Quedaba poco para que la criatura naciera, una niña que se llamaría Emma. Quería estar ahí. Estuve presente en varias de sus ecografías, unos momentos realmente excitantes y emotivos. Era increíble cómo te podía hacer sentir ver una pequeña y simple mancha en la pantalla y resultarte hermosa, así como sentir una punzada de emoción al escuchar sus rápidos latidos. Lo tenía claro. También iba a estar presente el día de su alumbramiento aunque solo de pensarlo sienta nauseas de los nervios. Tal vez ella no entendiese cómo era posible que quisiera encargarme de una hija que no era mía, tal vez creyera simplemente que fuese por la deuda que tenía con ella por haberla dejado en el pasado pensando que era lo correcto, pues hice mal al decidir por ella. Y tal vez tenga razón, en parte, en una pequeña parte porque hay razones mucho mayores y que se esconden hasta de mi razonamiento, pero sentía muy dentro de mí esa necesidad de encargarme.

De pronto mi cuerpo dio un pequeño espasmo del susto cuando mi teléfono móvil sonó. El timbre me sacó de mis pensamientos, lo cogí sin siquiera ver de quién se trataba y  pregunté de quién se trataba, provocando cierta gracia en la voz de Raehla. Me llevé una mano a la frente al darme cuenta de mi estupidez y reí también, disculpándome. Me alegraba oír su voz, tan enérgica y positiva como siempre, con más razón cuando indicó que en tan solo media hora quedáramos. Me daba vida. Su gran improvisación y espontaneidad para todo, incluso para quedar hacía que me pusiera en marcha para no quedarme atrás, para no estancarme como había estado durante tantos años. Quise preguntarle qué plan tenía pero fue tarde, colgó.

Usé veinte minutos para darme una ducha, y arreglarme vistiéndome de manera casual como solía hacer y salí hacia el punto de encuentro usando mi vehículo el cual aparqué por la zona, un parque cercano al Central Park. Me quedé ahí esperando con signos de ansiedad en mis gestos y movimientos de pies, mirando de un lado a otro en busca de su rostro con la marca de una divertida intriga en el mío.


Última edición por Alaric Levinson el Jue Jul 28, 2016 1:06 pm, editado 1 vez


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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Rahela Dalca el Vie Jul 22, 2016 4:58 pm

Tostandonos al sol
→ Alaric Levinson → La playa → Soleado
Habían pasado varias semanas desde su divertida quedada en el festival medieval. Desde entonces los momentos con Alaric se habían transformado en unos de sus momentos favoritos de la semana. Después de dos años de vivir con una bruja a la que le faltaba más de un tornillo y mezclarse con hadas, vampiros y otra clase de seres Rahela se había olvidado de lo maravillo que podía resultar hacer cosas normales. Si, evidentemente Rahela era mundana y hacía cosas normales como intentar cocinar, trabajar en la tienda, hacer la colada y todas esas tareas tediosas y mundanas que cualquiera preferiría no tener que hacer, pero hacía ya mucho tiempo que no hacía algo tan sencillo como salir a dar un paseo con alguien, irse a tomarse unas cervezas y charlar. Se habían conocido con un encontronazo pero su relación se había transformado en algo tan...normal que a aquellas alturas de la vida se le hacía extraño y peculiar la forma en la que se desarrollaban los acontecimientos cuando estaba con Alaric. Eran dos personas totalmente sobrenaturales haciendo cosas mundanas, sencillas. A veces Rahela echaba de menos aquella sencillez y tenía que reconocer que Alaric le transmitía cierta tranquilidad al alocado torrente que era su vida.

Pero aquel día no iba a ser tan mundano, al menos no para ella, puesto que le había preparado una sorpresa a Alaric. No quería que se oliera nada así que había dejado correr el tiempo mientras preparaba las cosas, entre eso y su gusto por la teatralidad se había preocupado de que todo estuviera perfecto y preparado para le momento en que su subió a la furgoneta. En el fondo de la furgoneta había una enorme nevera de playa cargada hasta los topes de todo lo que podían necesitar, osease mucha cerveza, refresco y carne para hacer una barbacoa.  La susodicha barbacoa y todos sus pertrechos, toallas, un par de sillas para la playa, sombrillas. Por no hablar de que se había tomado la libertad de comprarle bañadores a Alaric. Si, bañadores, en plural, por que tenía la ligera sensación de que los turbitos no iban a ser sus bañadores favoritos pero se había quedado con el y si.... y al final había acabado por comprarle un poco de todo, todos negros que con ese color evidentemente no iba a fallar. Marcó el número de teléfono y se lo llevó a la oreja.

-Ey, peludo, ¿Ya te has olvidado de mi número de teléfono?- Se río al escucharle su voz con educada formalidad, preguntando quien era. No fue consciente de la ancha sonrisa que le cruzó el rostro cuando Alaric río junto a ella. Escucharle reír siempre le arrancaba un cosquilleo en la piel. No sabía si era solo con ella pero Alaric reía más desde que le había conocido. -Espero que tengas la tarde libre, por que como soy mi propia jefa acabo de cerrar la tienda, nos vemos en medio hora en Central Park, no llegues tarde - Y tras el sí y sin darle más explicaciones cortó la llamada antes de que Alaric pudiera preguntarse que planes tenía para el aquel día. Ocupó los minutos que quedaban para revisar que todo estaba en su sitio y entonces aprovechó para echarse medio bote de colonia encima. Sí, medio bote, no quería que los sentidos desarrollados del licantropo le chafaran la sorpresa así que había llegado a la resolución de que tendría que aguantar un poquito el olor a cerezas si quería que la sorpresa surtiera efecto.

Cuanto todo estuvo preparado arrancó el coche y se encaminó al lugar donde habían quedado conteniendo la emoción que le despertaba ejecutar una sorpresa. Se moría de ganas de ver la cara de Alaric cuando viera lo que tenía planeado para él. No tardó en reconocerle, esperándole con gestos ansiosos, evitando la mirada de la gente que pasaba por su lado. Detuvo la furgoneta junto a él y bajo la ventanilla del conductor, apoyando el codo para inclinarse hacía él.

-Ey, guapetón, ¿Quieres que te lleve de paseo?- Le dedicó un guiñó de ojos travieso. Le instó a subirse a la furgoneta y cuando lo hizo le dio un beso en la mejilla. -Perdona el olor, se me ha roto un bote de colonia mientras cerraba la tienda. -Le dedicó una sonrisa de disculpa y cerró las ventanillas y puso el aire acondicionado, con la esperanza de que eso ayudara a mezclar el olor por toda la furgoneta y lo disipara lo justo para que no le fuera molesto pero no le estropeara nada. -Hoy vamos a hacer algo espacial, pero tienes que confiar en mi - Se sacó del bolsillo de los vaqueros un trozó de tela oscura, a todas luces una venda para los ojos. Se la mostró y le sonrió con dulzura. -¿Me dejas que te la ponga?


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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Alaric Levinson el Lun Jul 25, 2016 12:20 pm

Tostándonos al sol
→ Sábado → 17:00 → Paley Park / Playa→ Con Rahela  
La espera no se hizo muy larga aunque los nervios me dieron la sensación de lo contrario, pues el rugido de un motor hizo que le dirigiera la mirada para encontrarme una furgoneta que frenó justo delante de mí. Sonreí habiéndome hecho gracia su saludo, cosa que ayudó a relajarme un poco sin embargo seguía siendo acosado por esa divertida curiosidad e intriga por saber qué me tenía preparado. Estaba emocionado porque no recordaba la última vez que alguien hizo algo así por mí, aunque tampoco yo daba opciones haciendo hasta lo imposible por estar solo alejando al resto de mi persona.

Claro, aunque aún no me has contado adónde vamos. — me subí en el asiento del copiloto, cerré la puerta y empecé a detectar un olor dulzón que se me estaba clavando en las sienes… Un olor que se incrementó cuando Rahela se acercó para besarme en la mejilla. No lo pude remediar, arrugué la nariz sobremanera porque, aunque la colonia pudiese oler maravillosamente, esa cantidad que la embadurnaba me resultaba extremadamente pesada y empalagosa pero no quise darle importancia para que no se sintiera mal. — No importa, en el mercado medieval fue peor, casi tuve alucinaciones con arcoíris de colores y prados repletos de flores. Esto no es nada si lo comparamos. — bromee y le dediqué una sonrisa amable. Solo esperaba… Rogaba porque llegásemos al lugar lo más pronto posible.

¿Y cae cerca de aquí? — No quise parecer impaciente pero con esa pregunta no pude esconder la impaciencia por dos poderosas razones; la primera, el olor que aunque se estuviese disipando gracias al aire acondicionado necesitaba aire fresco; la segunda, porque quería saber dónde acabaríamos. Yo confiaba en ella, de hecho por ese motivo estaba allí y se había abierto a ella en un tiempo record cosa que no había hecho con nadie antes, pero eso no tenía nada que ver con las ganas de saber sus planes de hoy.

Que me quisiera poner una venda en los ojos no hacía otra cosa que incrementar mi intriga. Alterné mi mirada al trozo tela y a sus ojos un par de veces con una expresión extrañada pensando que empezaba a exagerarse la cosa. No sé por qué, pero mi mente empezó a hacerse una idea muy sucia, algo relacionado con el sadomasoquismo digno de ese libro que se hizo película que tanta fama había tenido. Al darme cuenta de mis ridículos pensamientos me sentí avergonzado y estúpido, razón por la que  se encendieron mis mejillas.

Empiezas a darme miedo. Hay algunas terapias de choque que no resultan positivas… ¿lo sabias? — bromee pero mi voz temblaba delatando cierta inseguridad, pero cerré los ojos y dejé que me vendara. — ¿Alguna pista? ¿Algo capaz de tranquilizarme? Eres imprevisible y puedo hacerme ideas equivocadas…  — y de las que seguramente quisiera escapar… Entrelacé las manos, que nerviosas empezaban a jugar con sus propios dedos. — ¿Has estado preparando esto desde la última vez que nos vimos?... Porque esto parece muy premeditado.


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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Rahela Dalca el Mar Jul 26, 2016 4:42 pm

Tostandonos al sol
→ Alaric Levinson → La playa → Soleado
Tuvo que contener las ganas de lanzar un suspiró de alivio al comprobar de boca de Alaric que el olor no era tan insoportable como había pensado en un principio. Era lo malo de no tener le mismo sentido del olfato, no podía hacerse a la idea de como de molesto podía llegar a ser el bote de colonia de cerezas que se había dado. Tuvo que apretar los labios para contener la risa ante la forma en la que sus ojos viajaron de la venda a su rostro y de su rostro a la venda. La ligera inquietud que vibró alrededor de Alaric era totalmente justificable. Ella se habría mostrado muy escéptica si alguien le subiera su coche y con una sonrisa en el rostro le animaba a ponerle una venda en los ojos. Aún así y pesé a la inquietud Alaric terminó aceptando, arrancándole una sonrisa feliz a Hela que se inclinó sobre él para vendarle la venda con firmeza, cegándole.

-Oh, por favor no seas exagerado, esto no es terapia de choque. Te va a gustar, confía en mi. -Le sujetó por la barbilla, hundiendo los dedos en la barba rubia que le cubría las mejillas. Aprovechó que no era capaz de devolverle la mirada para atrapar sus rasgos en la memoria a fuego y apretó nuevamente los labios contra su mejilla. -Alaric, no voy a aguarte la sorpresa- Le advirtió antes de sentarse en su asiento y ponerse el cinturón. Con un giró de volante Rahela introdujo la furgoneta en la corriente del tráfico. Se inclinó sobre la radio y la encendió para que al menos tuviera algo con lo que distraerse. -Lo único que voy a decirte es que vamos a estar sentados un rato, así que ponte cómodo, Alaric -Le palmeó la rodilla mientras esperaba a que el semáforo se pusiera verde.

Sonrío para sí misma ante su pregunta. No se hacía ni idea de lo mucho que aquello estaba preparado, pero Rahela no había hecho lo que había hecho para fanfarronear lo mucho que le había costado organizar aquello, o cuanto esfuerzo había puesto y las ganas que tenía de que la sorpresa saliera bien. No, Hela no era así. Su única intención era darle a Alaric un día distinto, un día especial, devolverle algo que el pensaba perdido. Desde que el hombre se había roto entre sus brazos y se habían propuesto acabar con aquel sufrimiento, todo el tiempo que ella el había dedicado iba dirigido a ese objetivo, a ayudarle, a ser su amiga. Una amiga alocada, imprevisible, un tanto exótica y de método poco ortodoxos, pero una amiga que inconscientemente era cada vez más fiel a él.

-Dejémoslo en que quería hacer algo especial y me lo he currado -Terminó por claudicar con la mirada puesta en la carretera pero la mente bastante lejos de allí.

Hela se entretuvo en el camino canturreando las canciones de la radio, apretando el acelerador un poco más de lo debido para llegar cuanto antes a su destino. Al final, después de una hora larga llegaron a su destino. Para la tranquilidad de Rahela en la playa hacía un sol espectacular y el agua más allá del cristal del coche brillaba intenso. Además, y para comodidad de Alaric la playa estaba prácticamente desierta. En realidad eso era más cosa de Hela que de la propia playa ya que se las había apañado para escoger un día a mitad de la semana, plana jornada laboral, y había escogido una playa alejada de la ciudad.

-¡Ya estamos aquí! -Exclamó con una palmada y apagó el motor. Sonrió, agitándose en el asiento como una niña pequeña el día de navidad a punto de abrir su regalo. La emoción le burbujeó por la piel. -No te muevas -Exclamó y salió rápidamente del coche. Rodeó el coche y le abrió la puerta del copiloto. Le agarró de las manos y le ayudó a salir del coche. -Ya puedes quitarte la venda -Anunció con divertida solemnidad. De pronto sintió el ansia en el fondo de estómago. ¿Y si no le gustaba? ¿Y si no quería estar allí? Lo peor de todo es que detrás de su propia ansiedad, ligera y volátil (Nunca había sido una criatura dada al pesimismo), si resultaba que Alaric encontraba aquella sorpresa de mal gusto o sencillamente no le gustaba, Hela de una forma y otra terminaría notándolo.


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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Alaric Levinson el Miér Jul 27, 2016 2:05 pm

Tostándonos al sol
→ Sábado → 17:00 → Paley Park / Playa→ Con Rahela  
Me sentía como ese rehén al que vendan los ojos y era trasladado hacia un lugar espantoso que seguramente fuese húmedo, apestoso y subterráneo, tal como solía ocurrir en las películas o en series policíacas. Pero era imposible quedarse con una idea cuando la esencia concentrada de cerezas se colaba por mis fosas nasales y me hacía incluso saborear el alcohol de la colonia. Tuve que obligarme a tranquilizar mis nervios apoyándome en sus palabras.

“Confía en mi”


Sí que confiaba, y a ciegas, nunca mejor dicho, pero todo eso era bastante extraño y sospechoso. Era evidente que quería darme una sorpresa de llevarme a algún sitio agradable porque de no ser así, no habría entendido eso de que me gustaría, aunque… ¿estaba seguro de que Hela conocía mis gustos? Eran bien sencillos, no había nada estrafalario en ellos muy al contrario que en los de Hela, y eso era lo que me podía inquietar. Me imaginaba de pronto en una fiesta de disfraces que se celebraba en una mansión de su nuevo socio, un brujo, por supuesto, y en la cual ya me había comprado un disfraz un tanto estrambótico.

“No… Ella me conoce y no puede arriesgarse a llevar a cabo tal “cruel” aventurilla.”  Pensé porque de verdad así la catalogaría.

Su beso cariñoso me sacó de esos pensamientos confusos y temerosos, sin embargo sentí la timidez haciéndose lugar en mis mejillas. Ya me iba acostumbrando a su cercanía pero a ciegas me sentía bastante indefenso,  a su merced total y no sabía de dónde me podrían llegar sus gestos de cariño. Y no estaba pensando nada depravado, para que costara. — No hay problema, la paciencia siempre me ha caracterizado, pero si me cantas las canciones de la radio me sentiré mejor. — no sabía si colaría aquella petición tan teñida de diversión por mi voz, pero sería divertido escucharla y acompañarla durante el trayecto.

Me sentí dichoso. Mientras cantaba, pues accedió de buena gana a mi sugerencia pensaba en lo que estaba haciendo por mi. Se estaba tomando demasiadas molestias por satisfacerme, por hacerme aunque fuese sonreír. No sabía lo que me tenía preparado pero seguramente sería algo grande que me encantaría, y ya con esa intención suya me hacía sentir alegre y feliz. No había tenido oportunidades de sentirme especial, ni siquiera en fechas especiales como podría ser el día de mi cumpleaños, y ella en un día normal y corriente lo conseguía. — Oye… no tenías por qué haberte molestado tanto para prepararme esto, creo que no entiendes hasta qué punto puedo llegar a ser de conformista, siempre lo he sido. Así que… para mi es suficiente pasar una tarde o incluso unas horas tomando unas cervezas en el bar de la esquina, lo considero especial. — ladeé la cabeza hacia su dirección aunque no la viera pero se me apetecía mostrarle una sonrisa sincera. — Pero gracias, esto significa mucho para mi. — significaba que sentía que ella empezaba apreciarme más de cómo un conocido al que había que ayudar porque se lo pedí. Estábamos entablando un lazo de amistad muy especial. Tenía que agradecerle todo lo que estaba haciendo.

El anuncio de que ya habíamos llegado me puso nervioso, quise abrir la puerta inmediatamente sin haberme quitado previamente la venda pero Hela me detuvo con aquella orden de quedarme en el sitio. Elevé las manos en señal de que así lo haría esbozando una sonrisa divertida. Sentí con mayor sensibilidad a causa de la ceguera sus manos agarrar las mías, salí del coche y sentí de pronto varias sensaciones que me confundieron. Fruncí el ceño. Bajo mis pies sentía un terreno blando, de hecho sentía que mis deportivas se hundían… ¿en arena? Aspiré el aire rico en sal y sin poder creer lo que estaba empezándome a imaginar me quité la venda de los ojos para ver con ellos la explanada de arena que culminaba en el mar de olas tranquilas que lamían la orilla. Sonreí, ese fue mi primer gesto. Era una sonrisa cargada con la mayor de las ilusiones y mis ojos parecían brillar como si dentro de ellos existiese una constelación.

Esto es increíble. Como has podido acordarte de una simple mención. — murmuraba todavía perdido en aquella bella imagen de un lugar que hacía muchísimo tiempo que no visitaba. Me giré hacia ella mientras el  sol continuaba calentando mi piel y hacía brillar mi cabellera. — Gracias Hela, me encanta. — me atreví a estrecharla entre mis brazos y apretarla un poco contra mí, por si solo mi cuerpo  se balanceó de un lado a otro mientras lo hacía. Cogí aire muy cerca de su pelo cuello, entonces caí en algo que me hizo reír — Así que un accidente con la colonia ¿eh?... Qué fácil es engañarme. — fingí molestia conmigo mismo y me separé con la misma sonrisa radiante que había puesto desde que supe donde me había llevado. — Vamos, ¿a qué esperas? Enséñame con todo detalle lo que has preparado para el día de hoy. Ya no es ningún secreto. — le apreté suavemente la mano antes de separarme totalmente de ella y con gran emoción y curiosidad me fui hacia la puerta trasera de la furgoneta para descubrir lo que había traído y ayudarla a llevarlo a donde nos asentáramos, que  podría ser cualquier lugar pues Hela había escogido un día entre semana, ideal para que apenas hubiese nadie. Había pensado en todo.


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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Rahela Dalca el Miér Jul 27, 2016 5:17 pm

Tostandonos al sol
→ Alaric Levinson → La playa → Soleado
Hela se apretó los dedos los unos contra los otros, controlando la ansiedad que se le asentaba en el fondo del estómago conforme Alaric empezaba a descubrir que estaba pasando. Se notaba tensa y cuando se quitó la venda ella le miró conteniendo la respiración. Y de pronto allí estaba, más brillante e intensa que el sol. La tensión se deshizo en su interior y ella se balanceó y reflejó su sonrisa. ¡Le gustaba! ¡Si! ¡Lo sabía! Ella se encogió de hombros, fingiendo inocencia pero con una sonrisa risueña en el rostro. No lo había podido evitar, en el momento en que el había mencionado con nostalgia que añoraba la playa no había podido resistirse a prepararle aquella sorpresa.

-¡Pero bueno! ¿Y esto? -Exclamó cuando Alaric la atrapó entre sus brazos pero ella se abrazó a su cuello y se apretó contra él, dejándole que le estrechara entre sus brazos, reencontrándose con el olor masculino que había descubierto una noche en su sótano. Disfrutó profundamente de su abrazó, sorprendida y agradada a partes iguales de que se hubiera lanzado a hacerlo. Cerró los ojos durante un breve segundo, sintiendo el calor que emanaba su cuerpo bajo la ropa. -Conmigo no tienes que conformarte con lo mínimo. De nada, Alaric - Podría haber compartido con él lo mucho que le gusto su abrazo y el calor que le despertó en el pecho su sonrisa cargada de ilusión, pero no lo hizo. En un acto egoísta atesoró aquella imagen y la guardo para sí, para sus propios pensamientos, con la sensación de que él no era el único que estaba disfrutando aquella salida pero de forma muy distinta. -Eso ha sido una mentira piadosa, no quería que se llenara el coche a olor de mar, te iba a fastidiar la sorpresa- Se excusó ella, dando una explicación de lo mas lógica que justificase sus aparentes torpezas y locuras. Le agarró de la mano y le acompañó hasta la parte trasera de la furgoneta, que abrió de un tirón, de lo más acostumbrada a abrir la pesada puerta. Abarcó con el brazo el contenido más o menos desordenado del interior. Más o menos desordenado quería decir que no era precisamente la mejor jugadora de tetris del mundo, pero al menos había conseguido que todo entrara sin que se volcase por el camino, lo que ya era un logro considerable.

-He traído todo lo necesario para echar el día en la playa. Sillas, sombrillas, una nevera llena de cerveza... -Enumeró las cosas conforme las iba señalando. -También he traído una barbacoa y carne de sobra para que no pases hambre. ¡Ah! Se me olvidaba...-Escaló entre las cosas para agarrar una bolsa de deporte negra. La abrió un poco y rebuscó hasta sacar el turbito negro que había comprado casi exclusivamente para tomarle el pelo, por que estaba segura de que no iba a querer ponerselo. Le sonrío con una mezcla llena de maliciosa diversión. -¡Tu bañador!  -Antes de que a Alaric pudiera dalre un ataque de pánico le lanzó la bolsa de deporte -Es broma, tranquilo, hay tienes un poco de todo, ponte el que más te guste -Y dicho eso empezó a sacar trastos del interior de la furgoneta.


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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Alaric Levinson el Jue Jul 28, 2016 9:51 pm

Tostándonos al sol
→ Sábado → 17:00 → Paley Park / Playa→ Con Rahela  
Me divertí ante su expresión sorprendida cuando la abracé porque sabía que no se habría esperado tal gesto por mi parte -  ni yo mismo-, pero no me pude contener; la emoción me arrastró consigo hasta sus brazos.  Como represalia a su sorpresa noté el pudor haciéndose dueña de mis mejillas pero ya era tarde para pensármelo dos veces, estaba pegado a ella como una lapa en ese abrazo. Era una lástima que me costara tanto expresar gratitud o simple cariño con un abrazo, porque de veras estaba experimentando sensaciones enriquecedoras. Me sentía muy cercano a Hela… Conectado, esa era el término ideal para describirlo. El paso del tiempo era responsable de fortalecer las amistades, de establecer una unión entre las personas que a medida que pasaba se fortalecía enormemente, ¿pero nadie hablaba de los gestos y de la buena voluntad que aceleraban el proceso de amistad?

Hela era una bruja. Una bruja del tiempo, porque tenía la capacidad detenerlo, ralentizarlo, y moldearlo a su antojo para que todo fuese intenso a su lado sin requerir demasiados días, horas, o minutos. Me gustaría contárselo, decirle ese pensamiento que tenía de ella pero sentía vergüenza y miedo a que pensara que era una cursilada o una estupidez. Me lo reservé, para quién sabía, dejárselo ver algún día que tuviera más agallas.

Me enseñaba además que debía aspirar a algo más que “lo suficiente”, pero creer eso iba a costar lo mismo que el abandonar la idea de sentir culpabilidad, porque si se analizaba bien, ambos conceptos iban de la mano por no creerme merecedor de muchas cosas, entre ellas aquello que Hela me había preparado con tanto cariño, un día al completo junto a mi, aunque los preparativos le habría costado un tiempo añadido. Solo por eso debía cambiar el chip. Por eso y por la renovadora visión que tiene Scarlett de mi. Y si lo conseguía, podría formar parte de mi gratitud hacia Hela. Le regalaría una sensación de plenitud, y de felicidad total porque ella sabía sentir las emociones de la gente como un libro abierto, sabiendo además que ella sería responsable de tal dicha.

Una vez frente a la puerta trasera de la furgoneta me fue explicando lo que había traído y le ayudaba a sacarlo todo con una sonrisa que parecía no querer abandonar mi rostro nunca, la cual se incrementó con solo la mención de cerveza en nevera. — Genial. Yo me encargo de asar la carne — moví la barbacóa a un lado y sentí que se desestabilizo depentinamente de mis manos cuando vi el bañador que Hela me enseñaba. Era un bañador tipo slip que cambió mi expresión feliciana a una de descomposición total. Me había puesto rojo, lo notaba en las mejillas y hasta en la nariz. Si ya me daba vergüenza mostrar mi semidesnudez… aquello sobrepasaba los límites de lo que podía aguantar.

Dios… Rahela… — suspiré realmente aliviado cuando dijo que era broma, y me llevé una mano al pecho. — Casi me da algo. —No hacía falta que lo jurase, a fin de cuentas ella había sido espectadora del show de mi cara. — Me cambio en un momento y vamos moviendo las cosas. — cogí la bolsa de deporte y cuando apenas quedaba nada que sacar, me encerré. Busqué un bañador más adaptado a mis gustos, uno largo del mismo color que el que me había mostrado, de hecho todos eran así. Se había molestado hasta en comprarme varios tipos. Dejé ahí dentro pantalón bien doblado junto a mi ropa íntima entre sus pliegues para mantenerlo oculto y salí. — Bueno, vamos para allá — utilicé mi fuera antinatural para ir llevando cosas, las dos sillas, la nevera, alguna que otra bolsa, las sombrillas para que ella no tuviera que cargar con demasiadas cosas. A medida que nos aproximábamos al mar más ganas tenía de irme a darme un chapuzón, pero me controlé.

Nos detuvimos no muy alejados de la orilla y donde yo me puse a clavar las sombrillas y las sillas, así como mantener la nevera siempre bajo la sombra de la misma para que no se calentasen las cervezas. Cuando todo estuvo listo cogí aire profundamente, llenando de ese modo mis pulmones y la miré — Venga Hela, sin pensarlo demasiado — la miré y luego dirigí el rostro hacia el mar — A la carrera. Quiero darme contigo el primer chapuzón. — me fui quitando las deportivas con los propios pies, igual hice con los calcetines y finalmente la camiseta, ignorando lo mejor que podía la vergüenza del “destape”. Pero pensándolo bien era una tontería, total, ella ya me había visto ‘sin’. Sin nada. Alargué la mano hacia ella y si lo hacía empezaría a correr hacia el agua sin darle oportunidad de soltarse.



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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Rahela Dalca el Vie Jul 29, 2016 4:35 pm

Tostandonos al sol
→ Alaric Levinson → La playa → Soleado
Por un momento Rahela solo se arrepintió de no haber tenido una cámara en la mano para hacerle una foto a la carita que se le quedó a Alaric al contemplar el trajo de baño que le había llevado. Alaric tenía la capacidad de ruborizarse hasta límites insospechados, seguro que tenía que tener las orejas ardiendo. Tuvo que apretar la mandíbula para no empezar a reírse sin parar, pero haciendo un enorme esfuerzo su ataque de risa se transformó en una sonrisa tensa y en una vibración silenciosa de su pecho.

-Lo se-Le respondió y se le escapó una carcajada que contuvo cubriéndose la boca con la manos para crear una jaula que atrapara la risa contra su piel y la escondiera entre sus pliegues. ¿Cómo podía ser tan divertido aquella pequeña tortura? Si su Nana la viera ya le habría dado un buen capón por comportarse como un sátiro travieso. -Si, claro, aquí te espero -Alaric no había terminado de encerrarse en la furgoneta cuando Hela ya se estaba sacando la camiseta. La dejó caer descuidadamente al suelo y a esta le siguieron sus pantalones vaqueros. Ya iba preparada, por tanto llevaba el bañador bajo la ropa. Era un bañador verde botella y al contraste no estaba claro si era la piel la que parecía más clara o era la tela la que parecía más oscura. Lo cierto es que Hela tenía tendencia al blanco nuclear. Se ató un pareo negro en torno a la cintura pero la transparencia del mismo solo servía para realzar la estrechez de su cintura y las formas de su cuerpo bajo la finísima prenda.

En cuanto el hombre lobo salió de la furgoneta Hela la recibió con una sonrisa y empezaron a cargar las cosas hasta la playa.

-Madre mía, así si que da gusto bajar a la playa, voy a tener que secuestrarte más a menudo-Exclamó maravillada al ver como Alaric cargaba sin demasiado esfuerzo con gran parte de las cosas. En pocos minutos tuvieron el campamento listo entre los dos. Mientras el clavaba las sombrillas y colocaba la nevera ella colocó las sillas y estiró las toallas que había traído sobre la sombra y colocó los macutos con el resto de cachibaches junto a los palos de las sombrillas. El reclamó su atención y nadie podría reprocharle a Hela que no se maravillase con el espectáculo que suponía contemplar como Alaric se desvestía. No hacía falta que se quitara la ropa para fijarse pero Alaric tenía la espalda amplia y fuerte. Las sombras de su piel bajo el intenso sol revelaban la forma de sus músculos firmes y Rahela rememoró la sensación de su piel caliente bajo los dedos y el sabor de su cuello en la boca. Quién pudiera volver a darle un mordisco a esa piel...

Haciendo oídos sordos a sus impulsos, y dando gracias al cielo de ser la única allí presente capaz de captar emociones como la lujuria. Le dedicó una sonrisa divertida y se quitó el pareo. Con dos divertidas patadas mandó lejos sus chanclas y le estrechó la mano para salir corriendo un segundo después. Era muy consciente de que Alaric como hombre lobo debía de ser mucho más rápido que ella, pero corrió a su lado hasta que le agua se estrelló en sus tobillos, arrancándole un grito ahogado a Hela. Todo el vello del cuerpo se le erizo y alzó los brazos inconscientemente, apretándo los dedos de Alaric.

-Creo que me estoy arrepintiendo -Gimió estirándose sobre la punta de los pies, mirando a Alaric con la cara contraída por culpa de la sensación de frío que le mordía la piel y le tensaba los músculos. -¿Estamos a tiempo de entrar despacito y sin prisas como las señoras mayores? - La protesta que salió con una vocecilla sin demasiada convicción no impidió que Alaric hiciera gala de su fuerza y tirase de ella. Hela intentó resistirse, clavó los pies en la arena pero esta se rebeló a su deseo y se escurrió entre sus pies, facilitándole las cosas al hombre lobo. -¡Oh, no, no por favor!-Imploró un momento antes de que los dos acabaros zambulléndose en el agua helada. Por un segundo todo lo que la rodeaba desapareció y sus sentidos físicos se llenaron de la sensanción fresca del agua fría envolviéndola, el suave movimiento del agua que la rodeaba y la ondulación de la superficie sobre sus cabezas. Y de la misma forma que sus sentidos físicos se detuvieron en el abrazó del mar, con los ojos cerrados Hela notó como Alaric se sumergía en una sensación intensa y sencilla. La emoción que había despertado al contemplar la playa creció en él, una emoción sencilla pero intensa de bienestar, de felicidad. -¡Oh joder! ¡Esta helada!-Jadeó aún agarrada a su mano cuando salió a la superficie.


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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Alaric Levinson el Lun Ago 01, 2016 4:16 pm

Tostándonos al sol
→ Sábado → 17:00 → Paley Park / Playa→ Con Rahela  
Dediqué a Rahela una mirada reprobatoria aunque fingida cuando, sin pelos en la lengua, admitió que ya sabía que me iba a abochornar la broma del dichoso bañador de escasísima tela. Le encantaba ver esa reacción propia de mí cuando me avergonzaba, cosa que ocurría con más frecuencia que de la que me gustaría, y que al parecer a ella le resultaba divertida. Ella no se controlaba ni una pizca para no provocar tal efecto en mí, puede incluso que todo lo contrario para que así terminase algún día siendo inmune. Desde luego que en un futuro, no sé si cercano o lejano, espero que lo primero, consiga reírme de buena gana de todas esas bromas además de responderle con ingenio, y quién sabe, haciendo algo que jamás esperaría; que en el caso del bañador tipo slip fuese ponérmelo. Deseaba que llegara ese momento, de verdad que sí.

Ya estuve listo para el día de playa en cuanto salí de la furgoneta con el bañador puesto, pero no fui el único pues Rahela se había despojado de su ropa para quedarse en bañador acompañando su indumentaria playera con un pareo oscuro que no ocultaba del todo sus caderas y sus piernas. Era inevitable no haberle dedicado un vistazo al no esperarme su rapidez, igual que era imposible no hacer una evocación a ciertas imágenes de su desnudez, las cuales habían vistas reflejadas en mis ojos aquella noche en su sótano. La tela del bañador se pegaba a la perfección a su cuerpo como si se tratara de una segunda piel acentuando su figura que evidenciaba pura atracción. Logré ocultar esa sensación bajo el sonrojo de antes para que no se notase, por suerte yo siempre fui muy discreto en ese aspecto. No era de los que miraba directamente porque… básicamente no podía.

Me reí con algo de timidez por su comentario por cómo me puse a cargar cosas para adentrarnos más en la playa. Me alegraba que pensase así. Quería ofrecerle gratitud por lo que había hecho por mi así que no podía hacer otra cosa que darle toda la comodidad que pudiera y que aunque hubiese sido una sorpresa para mí, para ella también fuese especial. Una de las cosas buenas de la licantropía era la gran fuerza que había ganado haciendo que esos trastos no me pesaran casi nada haciéndolo todo mucho más fácil. Una de dantas. Estaba aprendiendo a aceptarlo de una vez porque era algo que no había conseguido de momento a causa de la gran represalia que produjo mi transformación, así que siempre que podía le buscaba lo positivo.

Ya es tarde para eso — respondí a su lastimero comentando entre risas. Aparte de que me atrevería a no permitírselo después de todo. Era atrevida para un millón de cosas, ¿se iba a acobardar por agua fría?

Nuestras manos aún se encontraban entre lazadas después de habiéndonos metido en el agua, y bien sujeta a ella le jalé para que siguiera adentrándose y el agua lamiera su cuerpo más rápido de lo normal, ascendiendo por el hasta zonas tan sensibles como el vientre y el pecho. Yo tuve que encoger ligeramente el mío porque también sentía las puñaladas heladas sin embargo apostaba que tenía mucha más tolerancia que ella. — Te aconsejo que cojas aire. — aconsejé obviando sus súplicas cargadas de contradicción pues en su timbre de voz se notaba su diversión así como en su mirada. Entonces el agua nos acogió con su gélido abrazo desconectando un minuto para prestar atención a esa sensación tan enriquecedora y que hacía tiempo que no sentía. Salí a la superficie ayudándome de mi mano libra para echar hacia atrás mi cabellera. Tendría que despedirme de ella en poco pues me había decidido cortarme el pelo bien corto como la barba para estar más presentable de cara a las siguientes revisiones de Scarlett, y también acompañarla a visitar a sus familiares, aparte de que no quedaba nada para que diese a luz. Sería extraño para mi pero también podía darle un significado; todos los cambios del interior se solían ver reflejados en el exterior.

Muévete y se te pasará — hice como el que nadaba aun sujetado a su mano hasta que la solté para darle libertad, sin haberme dado cuenta me había aferrado a ella. Me impulsé un poco para flotar boca arriba dejando que el pequeño oleaje me meciera. Era maravillosamente relajante. — Porque sabes nadar ¿no? — le pregunté mirándola de reojo para mantener el rostro hacia arriba si no quería que el agua invadiera mi boca y nariz. — Si no sabes no te preocupes, no iremos a mayor profundidad, lo suficiente para que hagamos pie como ahora. Supongo que sabrás porque no he visto manguitos en la furgoneta. — me dio por reírme un poco de ella, era liberador y… extrañamente satisfactorio. Empezaba a comprender como ella se sentía cuando era yo el objetivo de sus chistes y bromas.


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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Rahela Dalca el Miér Ago 03, 2016 6:57 pm

Tostandonos al sol
→ Alaric Levinson → La playa → Soleado
Rahela aprovechó la libertad de su mano para sumergirse una vez más en el agua y apartarse el pelo de la cara, utilizando los dedos para echárselo hacía atrás. Inconscientemente sus pies se sacudieron lentamente hasta que encontraron el fondo y su cuerpo se relajó ligeramente ante la inconsciente seguridad de sentir un suelo firme bajo los pies. Todo el cuerpo se estremecía ante la sensación fría que la sujetaba y la envolvía, meciéndola al compás rítmico de las olas que besaban sus hombros y su cuello.

-Oh, muévete, pero que insensible- Le reprochó y le dio un manotazo a la superficie del agua para lanzarle un poco. Quería poner su mejor cara de mujer compungida que ha sido arrastrada al agua contra su voluntad pero le costaba horrores contener la sonrisa, siempre le había costado mantener la compostura y la seriedad, mucho más cuando veía que su plan acababa de salir a la perfección. Parecía mentira que Alaric parecía tan maravillosamente tranquilo allí flotando en el agua con deliciosa pereza. -Jaja, que gracioso- Le sacó la lengua por no hacerle un bonito corte de manga con la mano que básicamente por la necesitó para acercarse a el con un par de brazadas. Apoyó las manos en su pecho y con un movimiento veloz le hundió en el agua salada le acarició la barbilla. Se le escapó una carcajada al ver el aspecto de su pelo todo revuelto y pegado a su cabeza. -Por supuesto que se nadar -Y dicho esto le lanzó una mirada retadora y empezó a meterse mar adentro. Conforme más y más avanzada la arena desapareció bajo sus dedos y se vio obligada a utilizar todo su cuerpo para mantenerse en la superficie, nadando sin prisa pero sin pausa. -Dios, ahora que lo pienso llevaba mucho tiempo sin venir a la playa. Cuando vivía en los Ángeles con Rose iba cada vez que se me antojaba. Siendo un poco justos es normal, la muy bruja tenía una mansión con vistas a la playa, prácticamente se podría decir que tenía una playa. -Rose siempre había vivido de una enorme opulencia que solía despreciar con un orgullo que para el noventa por ciento de las personas resultaba insoportable. En realidad si las circunstancias no le hubieran obligado a quedarse con ella seguramente Rahela habría salido corriendo tres minutos después de conocerla. -Y tu, Alaric... si te gusta la playa, ¿Porque hace tanto que no volvías a la playa? Cuando lo comentaste sonaba que te gustaba mucho -Le preguntó, deteniéndose junto a él, usando brazos y piernas para mantenerse a flote.



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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Alaric Levinson el Jue Ago 11, 2016 1:17 pm

Tostandonos al sol
→ Alaric Levinson → La playa → Soleado
Subí los brazos para cubrirme del agua que por efecto de su golpe en su superficie me había salpicado. Supuse que me lo merecí después de haberla casi obligado a meterse en el agua a una velocidad mayor de la que su friolero cuerpo pudo asimilar sin que empezase a temblar. Yo me reía como respuesta y la miraba de reojo con la típica expresión de no haber roto un plato para intentar que se compadeciera de mí.

Abrí los brazos y mientras la escuchaba con una gran diversión marcada en una sonrisa, disfrutaba del suave balanceo de mi cuerpo sobre la superficie del agua, y como mis cabellos todavía largos se mecían a causa del tranquilo oleaje. Mis oídos de vez en cuando se veían taponados cuando el agua le daba por lamer sobre ellos pero eso no me impedía escuchar las graciosas reprimendas que Rahela me dedicaba tras haber bromeado acerca de su posible incapacidad de nadar.

Sentí entonces que se aproximaba nuevamente a mí, y presentí que de una manera bastante amenazante, le iba a decir algo para que no hiciese lo que estaba pensando que haría pero fue imposible pues me hundió cruelmente bajo el agua, y cuando salí los cabellos me cubrían toda la cara. Solté algo de agua por la boca y comencé a echar los cabellos hacia atrás y a seguir, sin acobardarme, aquel juego de burla sin acobardarme.

¿Seguro? No me hagas salir de este sopor para ir a rescatarte — bromeé volviéndome  a dejar flotar y percibiendo como se alejaba unos pocos metros de mi puesto que aún seguía inamovible, al menos por mí mismo porque había notado que el mar adentro me atraía poco a poco con el oleaje.

Me sorprendió oírla hablar nuevamente del tiempo en que vivía junto a aquella bruja en su casa de la playa, no sabía por qué, pero la única vez que la había mencionado lo hizo con cierta pena en la voz y en la mirada porque acabó haciéndola daño. Pero bueno, Hela es muy diferente a mí, siempre, siempre… se queda con lo positivo. — Supongo que en esa época formaba parte de vuestro hábito si desde la casa podíais escuchar incluso las olas del mar. Debían actuarían como una especie de “llamada divina” irresistible, ¿no? —emito una pequeña risotada.

Sentí que se aproximaba nuevamente a mí para lanzarme una pregunta que en un primer momento no sé muy bien cómo responderle porque la verdad es que pude haber ido a la playa antes pero no lo hice. — Pues… la verdad es que no lo sé. Supongo que no me sentí con el humor de disfrutarla, mucho menos yendo solo. Nunca creé grandes lazos con mis compañeros de manada. Pero las cosas pueden cambiar, podemos venir más veces. — me incorporé y comprobé como mis pies tampoco llegaban al fondo del mar, el oleaje me había arrastrado unos pocos metros. — Mmmmm ¿Puedes comprobar por mí a cuanta distancia estamos de la arena?— no la dejé responder, como “venganza” a lo de antes, coloqué suavemente mis manos sobre sus hombros y me impulsé para hundirla todo lo que pude.



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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Rahela Dalca el Dom Ago 14, 2016 4:43 pm

Tostandonos al sol
→ Alaric Levinson → La playa → Soleado
A Hela se le escapó una carcajada ante su comentario. Sin duda alguna había algo de cierto que había sido en aquella época en la que Hela había aprendido a apreciar el mar. Antes de eso había pasado el resto de su vida en el centro de américa, en un pequeño pueblo. Es cierto que tenían cerca un lago pero después de ver el mar era obvio que no tenía absolutamente nada que ver un lago grande con el mar y su inmensidad azul, la fuerza casi violenta de las olas al impactar contra las costas. El mar era bravo e indómito mientras que los lagos estaban llenos de barcas, de pececillos de río, de muchachos insolentes como ella que se divertían colándose en barcos ajenos y pasando veladas nocturnas en el agua. Se le dibujó una sonrisa ante semejantes recuerdos. Ains...los buenos tiempos de la adolescencia, a veces los echaba de menos pero después veía su rostro sin acne y su cuerpo bien formado y se le pasaba la nostalgia, a excepción quizás de esa entereza juvenil con la que pasaba las resacas y que sabía la acabaría abandonando.

-Si, seguro que puedes hacer amigos entre tu manada, si me toleras a mi podrás tolerar a personas más normales- Le sonrió pro también sabía que su picaresca le ayudaba a salir del paso, a enfrentarse sin reparos a la incomodidad y la timidez que despertaba con tremenda facilidad en Alaric. Era curioso que un hombre con semejante aspecto tuviera un interior tan delicado, tan frágil. No todo el mundo sabía manejarse ante la incomodidad ajena, que normalmente solo servía para que esa misma incomodidad se formara dentro de uno mismo y no supiera como actuar. Por suerte para ambos, Rahela era desvergonzada por los dos. Estaba a punto de confirmar sus ultimas palabras cuando él la hundió sin piedad ninguna bajo el agua. Su cuerpo ligero y menudo se adentró en el agua fría con insultante facilidad gracias a la fuerza del licántropo.

Con los ojos cerrados y la boca llena del sabor a sal bajo el agua el mundo se distorsionó. Agitó los brazos bajo el agua y sus pies patalearon con dificultad el agua, buscando la arena, un apoyó que le impulsara para subir. Al final acabó encontrándola prácticamente a dos metros y medio por debajo de la superficie del agua. Cuando salió del agua abrió la boca y lanzó un jadeó ligeramente firme, notando como la tensión por la falta de oxígeno se diluía. Sacudió la cabeza ligeramente desorientada y después le miró con el ceño ligeramente fruncido.

-Pues si, me encantaría volver a la playa contigo...- Sonó un poco enojada al principio, con la voz ligeramente ahogada ante la necesidad de tomar aire fresco pero antes de terminar la frase ya era evidente que no estaba hablando en serio -... pero me da que va a ser imposible si intentas ahogarme-Le dio un manotazo en el hombro y después se agarró a él, primero al brazo pero al final terminó por pasarle un brazo por el cuello. Su piel transmitía un calor agradable a través del contacto del agua helada. El sol reflectaba en el agua pero eso no impidió que Rahela se fijara en algo en lo que no había reparado la primera vez que le había visto sin camiseta. Tenía que reconocer que la primera vez estaba bastante ocupada en asuntos más eróticos pero ahora contempló la cicatriz a través del agua. La recorrió con los dedos. En las películas aquel tipo de cicatricez eran mucho más...limpias...románticas por decirlo de alguna manera sin embargo lo que Alaric tenía a la altura del hombro era una cicatriz con todas las de la ley. Una cicatriz que hablaba de violencia, de sangre y dolor. Sus ojos volaron de la cicatriz a sus ojos y después le dio un empujón, apartándose de él. -Que sepas, que ahora vas a tener que llevarme a la toalla en volandas como penitencia- Le sacó la lengua y se apartó un poco más.

El mismo le había contado que le mordieron. Ella también habría podido llegar a aquella conclusión por cuenta propia. Nadie nacido con la licantropía se sentiría como un monstruo de la manera en la que él se sentía. Los terrores de Alaric nacían de algún suceso traumático y que inevitablemente estaba relacionado con su condición. Rahela no había preguntado y por mucha curiosidad que sintiera no preguntaría. Sabía que Alaric tenía su pasado oculto, lo respetaba incluso podría decirse que una parte de ella empezaba a desear ignorarlo. Allí los dos solos en una playa, viendo como Alaric le echaba valor y le devolvía las bromas no quería atraer nada que pudiera arruinar aquel momento.


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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Alaric Levinson el Mar Ago 16, 2016 12:53 pm

Tostandonos al sol
→ Alaric Levinson → La playa → Soleado
En el Praetor siempre me habían tratado bien desde el primer instante en que llegué, aunque fuese completamente rojo en un amasijo de dolor. Tuvieron paciencia conmigo y después de dejarme ayudar- cosa que tardé en aceptar – empecé a aprender cómo hacer lo propio con otros subterráneos que como yo pudieran sentirse perdidos. He perdido la cuenta del número de misiones que he realizado, fallidas y exitosas, pero nunca he olvidado las caras de mis compañeros y esas propuestas de amistad que siempre esquivaba por no atreverme a rechazarlas. No me gustaba hacer sentir mal a los demás, pero no quería crear lazos, era más fácil así para mí, además que estaba aquel enfermizo pensamiento de que no creía merecer ningún tipo de estima.

Pero entonces, ahí, en la playa me sentí profundamente arrepentido. Había perdido grandes oportunidades, como haber forjado antes una amistad con Scarlett si habría sido lo suficientemente valiente como para ayudarla una vez me hubiese recuperado, pero no lo hice, cree una estratagema que consistía en que me odiara… y eso me salió a la perfección. También pensé en aquellos que ya no se encontraban con nosotros, como Zach, Jasper, Ananta… Decidieron marcharse para buscar su propio camino sin permitirme la oportunidad de volverles a ver. Quién sabía, tal vez en un futuro se pudiesen cruzar, pero con quien no lo haría nunca jamás sería con Scott, líder de la manada y que falleció en aquel fatídico agosto a manos de nefilims del Círculo, después de los últimos acontecimientos ya teníamos claro quiénes fueron sus verdugos.

Sin darme cuenta me había quedado un buen rato pensativo y con un aura de pesadumbre liderada por los remordimientos. Haría mía aquella frase en latín que otros tantos hacen: “Carpe diem”. Puede que por aquella reflexión, y porque… para qué mentir, se me apetecía jugar, hundí a Rahela. Quería mostrarme más espontáneo, más dinámico y vivo. Quería que nos divirtiéramos pero cuando la vi salir dándole aquella enorme bocanada de aire sentí que la había fastidiado. No medí la distancia que habría entre nuestros pies y la arena.

Lo siento, lo siento, no pensé que estuviéramos tan alejados. — me disculpaba con ella aún cuando su tono de voz se fue relajando hasta casi rozar un timbre bromista. La miré acercarse buscando en ella alguna otra reacción, dejando que me pegase para luego dedicarse a seguir con la yema de sus dedos el surco de la cicatriz que tenía sobre el hombro. No me agradaba esa marca fea, cruel, y evocadora de malos recuerdos, sin embargo ya no agachaba la cabeza con una expresión lastimera y sentía deseos de marcharme bien lejos cuando alguien se percataba de ella. Solo me quedé ahí quieto dejando que la inspeccionara todo lo que quisiera pero deseando que no mencionara nada sobre ella. Y así fue. A veces pensaba que Rahela también predecía mis deseos.

Lo acepto, lo acepto. Poca penitencia me parece. — le sonreí todavía con esa expresión que busca desesperadamente y de nuevo su perdón. — Así vamos preparando la barbacoa y tomar alguna cerveza fría. Luego podríamos darnos otro chapuzón sin intento de ahogamiento, lo prometo. — nadé hacia la orilla hasta que por fin pudiera sentir la arena bajo mis pies, seguidamente me acerqué a ella hasta situarme de frente para tomarla en brazos, un momento en que me vi realmente torpe porque de nuevo sentí la inquietud propia de mi timidez, pero la ignoré todo lo que pude.

Pasé mi brazo izquierdo sobre mi espalda e incité que se apoyase en él mientras el derecho lo colé bajo sus rodillas sintiendo la piel resbaladiza de sus piernas, entonces la levanté. Sonreí, todo eso me estaba resultando divertido pero sobretodo inusual. El nivel del agua iba bajando a cada paso que daba hacia la orilla, redescubriéndose poco a poco nuestros cuerpos hasta que fueron expuestos en su totalidad una vez llegamos a la arena. No la solté hasta que llegué a su toalla, tal y como me pidió.

Con las manos liberadas escurrí mi cabellera y dejé que fuese el sol el que secase mi cuerpo con el tiempo. — Yo me ocupo de preparar la barbacoa y encenderla… Bueno, a ver cómo iba esto porque también hace mucho que no lo hago — me reí de mí mismo, de lo patético que podría estar resultando. La cargué hasta situarla en un lugar adecuado,  le fui poniendo algunos trozos de carbón y fui abriendo la caja de las pastillas de encendido. — Oye… ¿Cómo me verías con la barba y el pelo más recortado? Me lo ando planteando. Eh… en realidad casi lo tengo decidido, me es necesario dar una mejor imagen.



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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Rahela Dalca el Jue Ago 18, 2016 2:09 pm

Tostandonos al sol
→ Alaric Levinson → La playa → Soleado
Aceptó sus disculpas con una sonrisa que en el fondo también le dejó un regusto divertido. ¿Iba a hacerlo? ¿De verdad iba a cogerla en volandas? Se habría reído pero no quería que Alaric malinterpretase su gesto pero se preguntó si le habría parecido igual de aceptable si la playa hubiera estado llena de gente.

-Uum... cerveza, me parece genial-Asintió y nadó sin prisas hasta la orilla, contemplando como Alaric se mecía por las olas como un pato en el agua y no como un perrete mojado. Se notaba que le gustaba el agua y Hela se alegró profundamente de haber tomado la decisión de llevarle hasta allí. Solo por verle así ya merecía la pena todo el esfuerzo que había hecho, toda la ilusión puesta en aquella tarde, ahora solo tenía que asegurarse de no fastidiarla con alguna pregunta incómoda o gestos como acariciar sus cicatrices...no se había podido resistir la primera vez, pero como llevaba haciendo desde que le conocía después de la primera vez tendría que contenerse. Le resultaba un poco machista que Alaric tuviera que dar siempre el primer paso, abrise el solo, pero también sabía que no había machismo en su relación, solo...solo tenía que dejarle ser, dejar que se sintiera cómodo. Él hablaría cuando se sintiese preparado, al igual que el amor hay ciertas cosas que no se pueden forzar por mucho que lo queramos.

Llegó a su altura y cuando notó que estaba de pie sobre la arena extendió los brazos en el aire hacía él, como una niña pequeña.

-Mi caballero de peluda armadura -Bromeó para distraerle del súbito pico de timidez que coleteó en su interior y que le brilló en la mirada. No le reprochaba no estar acostumbrado a llevar mujeres en volandas, pero iba a tener que hacer una excepción con ella. Hela se agarró gustosa a su hombro y después le pasó los brazos por el cuello para hacerle la carga más fácil de llevar aunque al principio el agua facilitaba bastante el viaje en cuanto esta empezó a descender notó como los brazos bajo su cuerpo se tensaban ligeramente y se volvían firme, músculo duro y fibra. Sin duda alguna ser hombre lobo tenía que tener sus ventajas. -Oye, esto no se te da nada mal -Le felicitó, con la cabeza apoyada contra su pecho y le dio un beso en la barbilla un momento antes de que la soltara sobre su toalla. Hela se estiró, disfrutando de la frescura de la sombra y remoloneó en la toalla un momento antes de estirarse hasta tu su bolsa y ponerse sus gafas de sol. Protegida por las gafas disfrutó de la agradable vista que suponía Alaric con el pelo mojado, hacía atrás y el torso desnudo y brillante bajo los rayos de sol. "Dios bendiga a los licántropos" Pensó para sí misma y se levantó para ir hacía la nevera. Agarró las cervezas y se acercó a él.

-A mi me gustas melenudo -Le aseguró antes de apretarle la lata congelada contra las lumbares y que se le escapará una risa ante su reacción contra el frío súbito. Era cierto. Le gustaba los hombres con el pelo largo por muchos bonitos y a Alaric le sentaba bien la barba, pero si el estaba dispuesto a cambiar de aspecto no iba a ser ella la que se opusiera por mucho que pensase que la barba y el pelo largo no tenían por que ser signos de mala imagen. Abrió la lata y le dio un sorbo. Ah, cerveza fría, ambrosía de los dioses. -Pero si tu dices que estas decidido, adelante pues, pero...¿Porque "necesitas" dar una mejor imagen? ¿A quién?- Preguntó alzando una ceja, inquisitiva y curiosa.



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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Alaric Levinson el Vie Ago 19, 2016 1:04 pm

Tostandonos al sol
→ Alaric Levinson → La playa → Soleado
El sol estaba pegando fuerte, lo notaba en la piel caldeada que aún se dedicaba a absorber las gotas de agua una vez salimos del mar. Me gustaba esa sensación tan natural de dejarme secar sin necesidad de usar una toalla por el cosquilleo que ejercían las gotas al descender por mi cuerpo. Era una sensación agradable ser tan bien tratado por la naturaleza porque aquellas gotas descendientes se me antojaban como caricias hacia mi persona. A lo mejor estaba pensando estupideces, pero lo cierto era que  desde mi conversión había sentido una tremenda afinidad hacia la naturaleza y la necesidad inminente de acercarme lo más posible a ella.

Me puse en marcha de inmediato dejando que Rahela descansase en su toalla, recordando con una sonrisa que parecía no quererse separar de mi cara cómo me había llamado en el instante que la llevé en brazos. — Caballero de peluda armadura… — no pude evitar repetir en un murmullo a la par que encendía una de las pastillas y la metía dentro junto al carbón. — ¿Cómo puedes tener tanto ingenio? — reí entre dientes negando con la cabeza. “Caballero de peluda armadura…” No dejaba de repetírmelo de la gracia que me hacía.  

Mientras empujaba la pastilla con la varilla de la barbacoa me di cuenta que no me quité la pulsera de cuero que Hela me había regalado en el mercado medieval, esperaba que no se estropeara porque sería toda una lástima después del detalle que tuvo conmigo. Estaba teniendo suerte, el carbón estaba empezando a arder, solo había que esperar que aminorara hasta quedarse en brasas porque era así como se hacía una buena barbacoa. De vez en cuando la miraba de reojo. Se encontraba tumbada en su toalla exponiendo su bien formado cuerpo y con unas gafas que ocultaban ligeramente sus ojos, pero eso no evitaba que me sintiera… un poco observado. Eso me puso una “pizca “nervioso y sin querer hice un movimiento con mi diestra haciendo que la varilla golpease un trozo de carbón y éste acabase en la arena. Imbécil… — Ehhh… esto lo recogeremos cuando nos marchemos, tenemos que mantener la playa limpia. — disimulé mi torpeza. También me aparté un poco no fuese que metiera la pata de nuevo y literalmente en el carbón ardiente que había caído. No quería dar más  espectáculos.

Agradecí que me acercara una helada cerveza con una gran sonrisa que se tensó totalmente cuando sentí el gélido tacto de la lata en mi lumbar, y no solo reaccionó mi expresión facial, sino todo mi cuerpo  se desvió unos centímetros al lado contrario. Pero tuve que reírme contagiado con su propia risa. No obstante a su pregunta no sabía muy bien cómo responderle, culpa mía por haberle consultado cómo me vería con ese nuevo aspecto. No podía escapar de ahí sin contarle a groso modo en donde estaba metido, y no es que desconfiara de ella sino que… era complicado. — Ah… pues… gracias pero sí lo tengo decidido… — las brasas ya estaban listas para cocer la carne pero yo seguía dando pequeños golpecitos al carbón a la vez que les miraba fijamente para hablar, necesitaba hacer algo mecánico para conservar la poca calma que tenía. La forma en que Hela indagaba parecía entender que lo hacía por alguien en particular, y en realidad era por unas circunstancias un tanto extrañas.

Llevo un tiempo ayudando a… una amiga con su embarazo, eso requiere ir a la clínica, ir a clases de relajación, y demás temas relacionados, lo cual es adecuado ir más presentable. Normalmente la gente supone que un aspecto como el mío es antihigiénico y dejado. — no sé si a Scarlett le gustaría que la describiera como amiga, pero resultaría raro denominarla como conocida. Aunque… ¿Por qué no decirle toda la verdad? — También está involucrada su familia, así que con más razón lo voy hacer, aunque lo debí haberlo hecho antes… — me encogí de hombros, abrí la lata y le di un buen trago para atreverme a soltarlo todo de una vez.
En realidad se trata de la mujer a la que mordí hace doce años, a la que le arrebaté a su pareja y abandoné porque en mi estado no podía ayudar a nadie, y cuando pude, no lo hice por pensar que sería lo mejor para ella. Cuando sugirió que la ayudara con su embarazo no lo dudé porque se lo debo, y diablos… porque quiero. Le debo tanto Hela… — fue en ese instante la  primera vez que separé mis ojos de las brasas para mirar los ojos de la rumana a través de los oscuros cristales de sus gafas con una expresión algo abatida porque me volvía a dar cuenta que poco era lo que hacía por Scarlett. — Así que por eso quiero dar buena imagen. No quiero volver a fastidiarla. Nunca más. — Deseaba con todas mis fuerzas que por fin me pudiera sentir en paz con todo ese asunto. — Voy a… por la carne — caminé hasta la nevera para tomar la carne que estaba adecuadamente colocada en una fiambrera. La coloqué sobre la pequeña mesa plegable así como un plato para sacar la carne cocinada.



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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Rahela Dalca el Lun Ago 22, 2016 6:59 pm

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→ Alaric Levinson → La playa → Soleado
¿Qué es lo que se había dicho a sí misma hacía cinco minutos? No hagas preguntas incómodas, déjale disfrutar del día en la playa, que se relaje. Pues bien, a aquellas alturas empezaba a sentirse como Dori el adorable pero idiota pececito de "Buscando a Nemo". La incomodidad se instaló como una intrusa venenosa, que empujaba a Alaric a desviar la mirada, a mover las manos con ansiedad, jugueteando con las brasas (Cosa que por cierto era poco recomendable, aunque estuvieran en la playa) Jugueteó con la cerveza entre las manos, notando como empezaba a exudar frío, condensando el aire a su alrededor y creando pequeñas gotas de agua que se le adhirieron  a la piel como besos fríos.

Rahela cogió aire con fuerza, asintiendo ligeramente a sus palabras, con la sensación de que Alaric acababa de descorchar una botella y estaba dejando que el contenido se derramase rápidamente, como si tuviera prisa por terminar lo que estaba haciendo. En el mismo instante en que la mencionó recordó a la mujer embarazada, a la bonita pelirroja a la que le había vendido productos para su embarazo. Sabía que era su amiga, o al menos eso era lo que había deducido de su pequeña y un poco incómoda charla, pero en ningún momento había pensado que Alaric pudiera estar tan implicado con ella. Ni con el embarazo. Su mirada abatida le atravesó los cristales de las gafas, ella le miró, agradecida de poder controlar su expresión facial y que sus ojos no delatasen.
No sabía que decir, Rahela no podía compartir con él algo que estuviera a la altura de su sufrimiento ni se había visto nunca implicada en una situación semejante. Rahela había visto bastantes embarazos pero la posibilidad de implicarse en algo como un niño no era algo que le hiciera sentir cómoda.

-Seguro…seguro que lo haces bien – Le dijo ella esbozando una sonrisa de aliento. Empezaba a conocerle y si ya había tomado la firme de decisión de “arreglarse” no estaba segura de que pudiera hacer algo para que Alaric cambiara de opinión. ¿Realmente tenía que cambiar de opinión? Admiraba sus firmes intentos de superarse, denotaba una capacidad de superación que no había visto en demasiadas personas y que, por lo que le tocaba, le hacía sentirse muy orgullosa pero por otra parte no estaba segura de que aquel deseo de ser “respetable” o de parecer menos antihigiénico naciera realmente del deseo que había visto una mañana en su apartamento, mientras sostenía su dolor y lo contemplaba sin juzgarle. Le dejó hacer con la carne y regresó a su toalla para envolverse en su pareo, usándolo como un chal veraniego para protegerse del sol. – Pero...si vas a hacerlo…si realmente estas dispuesto…no lo hagas por la culpa, Alaric.-Le dio un trago a su cerveza con la sensación de que estaba pisando arenas movedizas. Se suponía que para eso había ido allí, para ayudarle, pero de pronto el camino de Alaric no le sonaba a cambio, sino más bien a redención. – Lo que os ocurrió fue terrible pero no significa que tengas que involucrarte…tanto, quiero decir… no puedes sustituir al padre que esa niña ha perdido. - Hela se removió incómoda ante el derrotero de sus propios pensamientos. Le dio un trago a su cerveza pero al tragar se le quedó un regusto a pólvora. Ella también había matado a un hombre, no a un buen hombre, pero le conocía. Tenía una mujer, tenía hijos. Por su culpa esos hijos crecerían sin un padre… le dieron ganas de reír. ¿Qué hacía ella diciéndole a Alaric que tenía que hacer? Ella, que había matado a sangre fría, ella que había huido y se había refugiado en un lugar donde se sentía cómoda. Los remordimientos y la culpa no le acosaban de la misma forma que lo hacían con Alaric, y en momentos como aquel empezó a sentirse culpable por ello. Sentir lo que sentían los demás la dejaba cansada, la dejaba vacía y confusa. Podía ayudar a Alaric pero jamás podría ayudarse a sí misma.

-¿Sabes qué? Olvida lo que te he dicho. Si crees que criar a esa niña te hará feliz, hazlo. – Se bebió el resto de su cerveza de un trago largo y se dejó caer nuevamente sobre la toalla. –Por cierto, no se si recuerdas que conocí a tu amiga la del bombo, no debe de quedarle mucho, ¿No?  Ella podía pasearse como una mariposita insultantemente feliz y alocada, podía seguir viviendo sin dejar que los remordimientos la destrozasen pero al final del día Alaric seguiría siendo mejor persona de lo que Rahela Dalca lo sería nunca. ¿Quién era ella para privarle de su honradez? -No parecía que te guardase rencor por nada, la verdad, habló bien de "el tímido de Alaric"


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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Alaric Levinson el Jue Ago 25, 2016 4:54 pm

Tostandonos al sol
→ Alaric Levinson → La playa → Soleado

Me sentía reconfortado por el silencio de Hela mientras le iba relatando brevemente el motivo de mi cambio de imagen. No me interrumpió en ningún momento, ni mostró ninguna expresión que reflejase disgusto o incomodidad. Entendía que pudiera ocurrir porque le estaba contando algo personal y muy especial para mí, pero si lo hice fue porque tenía seguridad de que ella estaría bien. Si no se sintió incomoda aquella mañana en la que me eché a llorar sobre sus hombros, dudaba mucho que lo que le acababa de contar lo superase. Era una nimiedad en comparación.

La carne se empezaba hacer bajo las brasas de la barbacoa. Con las pinzas le fui dando la vuelta observando como la grasa comenzaba a gotear sobre el ardiente carbón. El olor era embriagador pero no había nada que le distrajese de la conversación que estaba teniendo con Hela, ni siquiera el olor de la carne asándose. Ladeé el rostro hacia ella al notar que volvía alejarse, recuperó su posición en su toalla pero dejando claro una postura que yo buscaba con desesperación aplicarme. No le pude responder de inmediato, en parte todo lo hacía para mantener la culpabilidad a raya, hacer cosas que contrarrestaran todos mis errores, y eso a veces me confundía. Es decir, que llegaba un momento en el que no sabía si las cosas las hacía porque de verdad lo deseaba o porque sentía que se trataba de un deber autoimpuesto.

Lo sé… Yo… quiero hacerlo. De eso estoy seguro, además, en realidad todo esto surgió a raíz de que me encontrase después de unos meses fuera. Me dijo que no me culpaba por la muerte de su pareja pero sí de haberla dejado sola. No estaba preparado para ayudarla cuando la mordí porque yo no estaba bien, también era inestable… pero una vez recuperado pues… no la fui a buscar… tan solo avisé a mi manada. Pensaba que era lo mejor. No creí que estuviera tan equivocado. — varios filetes tomaron el color idóneo para ser consumido, así que los cogí con la pinza y los puse sobre el plato. Di otro trago a la cerveza cuando noté que las cosas se estaban confundiendo, Hela dijo algo que no se correspondía con la realidad pero no era falta suya, sino mía porque había datos que no había revelado. — No, sobre el padre de la niña no se sabe nada porque no fue buscada, tampoco he preguntado a Scarlett, no creo que sea asunto mío. Y lo que te decía, que cuando nos encontramos ella me ofreció ayudarla con el embarazo y con la cría en un principio, y yo acepté inmediatamente. Ni se me pasaba por la cabeza negarle algo así después de todo. Me sentí bien entonces y me siento bien ahora.

Dejé que la nueva tanda de carne que puse sobre la barbacoa se cociese para acercarme a la mesa, abrir pequeños panecillos con un cuchillo y meter en  su interior uno de los filetes para ofrecérselo a Hela. Me puse en cuclillas a su lado y se lo puse delante dedicándole también una sonrisa llena de gratitud porque su apoyo era muy importante. — Gracias, yo creo que sí, me hace estar bien conmigo mismo y con Scarlett. — me iba a volver a levantar cuando me recordó que la había conocido pero… me quedé algo estupefacto. ¿Me lo recordó o nunca me lo había dicho? — Ah… ¿sí? Eh… no, ahora le quedarán escasas semanas… — preferí responder a su pregunta, la cual me puso nervioso. Tal vez la niña naciera la siguiente semana, o la que venía después.

¿Qué? ¿Sí? ¿Lo dices en serio? — solté una exhalación de alivio y en mis labios se estiró la representación de la felicidad plena. Me costaba mucho pensar que alguien hablara bien de mi por todas las inseguridades que llevaba arrastrando  desde hacía años por el mismo motivo de siempre, pero tenía que aprender a aceptarlo y a gritar bien alto que era lógico porque yo era buena persona, y que podía ser querido por quien me conociera. — Gracias por comentármelo, no sabía que te había hablado de mí. Supongo que el título de tímido va a estar siempre acompañándome. ¿De verdad se me nota tanto? — pregunté en serio aunque sonara a chiste. Sabía que me sonrojaba y que me daba vergüenza muchísimas cosas, pero esas reacciones eran tan naturales para mí que no me daba cuenta que estaba constantemente demostrando mi personalidad tímida y retraída. — Supongo que lo que uno es… Es. — me encogí de hombros. — Tú por ejemplo, eres espontánea, sociable, dicharachera, alegre… porque eres así, son cosas que no se pueden cambiar. Aunque no tiene por qué, tampoco es que sea malo... No sé... — alcé una ceja y la miré buscando su opinión.



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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Rahela Dalca el Vie Ago 26, 2016 11:00 pm

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Rahela estiró el brazo y aceptó la carne en pan que Alaric le ofreció con una bonita sonrisa. No se cansaba de pensar que estaba mucho más guapo cuando sonreía, cuando se permitía ver el mundo con un poco más de optimismo y dejaba de ahogarse a sí mismo y a sus posibilidades de sentir feliz. Hela no tenía mucha idea de licantropía así que realmente no podía ayudarle, podía imaginarse lo que se sentía al ser un licantropo, podía ver y compartir el sentimiento pero nunca viviría en sus carnes el hecho de ser un monstruo, lo que no quería decir que siendo quien era no pudiera considerarse un monstruo sin necesidad de serlo. Aquellos asuntos de los hombres lobos debían de ser difíciles, eran manadas, seguro que establecían lazos de amistad muy estrechos los unos con los otros, dejar abandonado a uno de los suyos por temor debía de haber sido muy duro para Alaric, no encontraba otra forma de justificar la tremenda culpa que sentía y esa enorme deuda que Alaric sentía hacía la mujer, Scarlett.

Su reacción cuando mencionó a Scarlett la dejó descolocada. Nunca le había visto tan...¿emocionado? en el sentido positivo de la palabra hacía otra persona, ni siquiera cuando estaba con ella. Una molestia se le clavo como una espina en el pecho y tuvo que darle un mordisco a su bocadillo para contener la expresión de disgustó que amenazó con dibujarse en su rostro. ¿Tan importante era aquella mujer para él? ¿Tanto le suponía lo que pensará de él como para deslumbrar con una repentina felicidad?

-Si, Alaric, es terriblemente tímido-Asintió severamente, aún tragando el trozo de carne que tenía en la boca y espero ha terminar para seguir hablando. -Eres el hombre más tímido que he tenido delante jamás- También uno de los más tristes e inseguros pero recordarle algo así sería absolutamente contraproducente. Siguió masticando su bocadillo y se encogió ligeramente de hombros ante su justificación. -Eres tremendamente tímido Alaric, no es algo malo, pero hace bastante difícil poder acercarse a ti. Piénsalo, si no te hubiera drogado hasta dejarte totalmente enamorado de mi ni siquiera me habrías dirigido cuatro palabras, mi encantadora sonrisa te habría abrumado si hubiera intentando pedirte el número de teléfono. -Se levantó las gafas de sol y las dejó sobre su cabello para mirarle con las cejas arqueadas. Era evidente que estaba diciendo la verdad, completamente. -Y todo esto lo digo teniendo en cuenta que te entiendo mejor que una persona normal. Si ya es difícil para mi entenderte a veces no quiero ni imaginarme lo perdida que me sentiría si no pudiera sentir las cosas que siento. - Le explicó con paciencia, terminando su bocadillo y chupándose los dedos machados de grasa. -Pero no es tan malo. Solo eres como una enorme cebolla, tras capas y capas de timidez eres un hombre encantador, divertido, considerado y respetuoso. -Se levantó y regresó a su lado, animada por el tono que había llevado la conversación y le pasó una mano por la piel, por la espalda y descendió suavemente por su costado hasta que le envolvió con sus brazos y se apretó contra el mientras emitía un ronroneo seductor -Aunque si te soy sincera a veces me gustaría que fueras menos respetuoso conmigo-Recalcó. No tenía las curvas de Beyonce, pero la última vez no se había quejado.



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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Alaric Levinson el Mar Ago 30, 2016 11:57 am

Tostandonos al sol
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Me alivió que se cambiara el tema porque hablar de Scarlett, o solo mencionar su nombre, en un principio provocaba que se me ensombreciera el rostro. Era inevitable. Era automático. Solo pensaba en todo lo negativo que arrastraba todo su ser pero no por ella, sino por mí, por lo que hice y no hice. Pero poco a poco eso estaba cambiando y cada vez me daba un poco menos de miedo que su imagen se me dibujara en la memoria pues, por lo que me había dicho Hela, Scarlett ya no parecía odiarme. Esa información no era nueva pues ella misma me había dicho en alguna ocasión que no me culpaba, que ya no sentía esa rabia hacia mi persona, pero había estado tan acostumbrado a ello que me costaba asimilarlo. Lo creía a momentos. Debía cambiar el chip porque me hacía daño y aparte, podía incomodar a los de mí alrededor con esa actitud tan penosa.

Di un mordisco a la carne y eché un rápido vistazo a la que se estaba cociendo en la barbacoa  antes de que Rahela corroborara aquella pregunta que había sido la responsable de hacer desaparecer a Scarlett de nuestra conversación. Aunque tocase hablar de mi timidez que mi amiga describía como “terrible” porque era excesiva. A medida que la iba escuchando, mis ojillos celestes descendían dedicándose a mirar la arena de mis pies los cuales iba enterrando distraídamente en ella. No podía quitarle razón a lo que me decía, de habernos conocido en circunstancias normales no habríamos estado juntos en la playa, ni habríamos compartido aquella tarde medieval en Central Park.

La timidez me limitaba; era un grillete que aprisionaba mis deseos y mi libertad de actuación, pero no sabía cómo deshacerme de ella. Quería pensar que solo necesitaba tiempo, pero también era yo quien debía esforzarme haciendo cosas que antes no me atrevía hacer, pero no lo estaba haciendo tan mal ¿no? Fui vestido como un caballero con… esas ropas de polipiel que daban una calor horrorosa, y momentos antes casi había asfixiado a Hela con aquella broma…

Lo sé, es una de las razones por las que no tengo buenos amigos. No les permito entrar. Si tú no jugaras con esa ventaja de sentir a los demás nunca hubiéramos empezado con todo esto. Bueno… tampoco hay que olvidar el mérito que tuvo la poción pero… ahora no hablamos de eso. — se rascó la cabeza un poco incómodo porque todavía me daba mucho corte lo que pasó en su sótano. — Pero voy bien ¿no? Estoy haciendo todo lo posible por remediarlo. — Me abrumó tantos calificativos positivos, aquellos que debería empezar a creerme. Le sonreí tímido pero también agradecido. — Gracias — murmuré antes de aprovechar el tiempo de darle un trago a la cerveza para pensar qué más decir, pero ella volvió a intervenir poniéndose a su lado y acariciarme la espalda con su mano. Sentí un pequeño escalofrío cuando la sentí descender hacia mi costado y escuchar de sus labios que me quedé mirando aquellas palabras tan atrevidas y sugerentes.

Sin quererlo, entreabrió un poco más la mano que sujetaba el pan provocando que la carne callera a la arena empanándose en ella al instante. No sabía si había dicho eso por decir porque Hela en ocasiones me resultaba indescifrable, pero tal vez se trataba de alguna especie de prueba para estudiar mi reacción. ¿Qué se suponía que debía hacer? Éramos amigos pero su conducta no era propia de lo que se supone que hacen los amigos… y aunque la percepción de la amistad podía ser diferente según la persona, la mía era bastante tradicional. Ella… ¿me estaba tirando los trastos? ¿O solo bromeaba? Qué complicado era todo. Me estaba poniendo de los nervios. Encima decía que fuera menos respetuoso con ella… si el respeto hacia los demás, especialmente hacia las mujeres lo tenía demasiado arraigado a mi carácter. Pero también era una petición… Me estaba volviendo un poco histérico, lo corroboraba mi rostro ruborizado que reflejaba un tremendo debate interno. — Va… vale, creo que puedo, pero somos amigos ¿no? —  me fue inevitable formular aquella pregunta que a primera vista era obvia pero su acercamiento empezaba a alterarme las hormonas y los nervios. Necesitaba liberar tensiones aunque fuese con una broma estúpida a mi costa. Me incliné hacia ella, agarré suavemente su mandíbula y  le di un beso en la mejilla tal como ella solía hacer, así, sin esperarlo. — Mira, no he pedido permiso. No he sido respetuoso. Para ser la primera vez, y sin… ninguna ayuda de laboratorio está bien. — la garganta se me había resecado  y los labios, así que bebí dos buenos tragos de cerveza.



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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Rahela Dalca el Vie Sep 02, 2016 4:27 pm

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La carne hizo un sonido sordo al caer, empanándose en la arena hasta que tomó un aspecto no muy agradable precisamente. Rahela se inclinó ligeramente hacía un lado, aún sujetada a él para observar el trozo de carne frente a sus pies. Apretó los labios para contener una risa que Alaric podría haber malinterpretado. Era tan fácil ponerle nervioso que empezó a sentirse culpable. Su tímida pregunta dejó a las claras que le había dejado bastante confuso, no era esa su intención en realidad, pero debería de haberlo sabido, Alaric no estaba preparado para semejante acercamiento.

Se dejó sujetar por la mandíbula, alzando ligeramente la barbilla y mirándole con curiosidad pero también con la certeza de que tenían unas concepciones de "Respeto" ligeramente distintas. Su beso sumado a sus palabras le provocaron un pequeño pellizco de ternura. En momentos así Alaric le recordaba a un niño atrapado en el cuerpo de un hombre adulto, como alguien que ha crecido demasiado rápido, que se mueve desgarbado en un cuerpo que aún no sabe como manejar y eso le llena de inseguridad.

-Estrictamente hablando esa poción salió de la cocina de casa, no de un laboratorio, pero no te asustes, era una cocina impoluta -Agarró otro trozo de carne del plato y empezó a comérselo con los dedos.La picardia era algo más propio de ella que de Alaric, aunque apreció su gesto con una palmadita cariñosa en la espalda y una sonrisa. -Progresas adecuadamente-Se apartó de él para darle espacio, devolviéndole el espacio personal que le había arrebatado. Se terminó el trozo de carne y se limpió los dedos a lametazos antes de coger otra lata de cerveza. -¿Y la gente del...del praetor? ¿No tienes amigos allí? O posibles amigos. Es un buen sitio para empezar a abrir horizontes. -Si los lobos funcionaban en manada no sería mala idea que empezara por allí. Rahela no entendía demasiado de manadas, pero si de familias tremendamente numerosas. Siempre que había un encuentro acababas encontrándote con primos que no conocías o que solo veías una o dos veces al año, también era inevitable llevarse mal con algunos, pero siempre había alguien que era más especial, ese hermano o primo al que le tenías especial cariño o apreció aunque no le vieras demasiado. Los lobos no podían ser muy distintos...¿No?

Regresó a su toalla y se miró las manos, un poco pringosas por culpa de la grasa y la saliva y se limpió indiscretamente las manos en su toalla hasta que sintió las manos limpias o al menos más limpias que antes. Nunca había sido especialmente escrupulosa, no le importaba

-Hablando de amigos, no te  lo vas a creer. El otro día me tropecé con un brujo por la calle -Hizo una pausa solemne, mirándole para dejar que la pausa dramática tuviera efecto. -¡Tenía patas de cabra! Y allí estaba, tan tranquilo paseándose desnudo de cintura para abajo. Bueno, llevaba un taparrabos, pero tu me entiendes. Cuando lo vi pensé que estaba teniendo alucinaciones


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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Alaric Levinson el Lun Sep 12, 2016 2:01 pm

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Se inclinó ligeramente para tomar entre ayudándose de una bolsa de plástico la carne que había tirado porque no quería ensuciar de ninguna manera la hermosa playa donde Hela le había traído y que hacía tanto que no visitaba. También le sirvió para centrar su mirada en algún lugar en un intento de que el rubor de sus mejillas desapareciera después de haberse atrevido a darle un beso en la mejilla. No podía decir que se sentía presionado porque ella… sencillamente era así, pero para él guardarle el respeto que se merecía como todas las mujeres que pisaban esa tierra formaba parte de sus principios inquebrantables. Aunque Hela se refiriera a cosas más bien leves y cotidiano en los tiempos que corrían,  Alaric sentía muy cercano ese límite que siempre se había autoimpuesto.

Que la poción no hubiese salido de un laboratorio de algún brujo lo tomó por sorpresa y no quiso admitir que incluso le había inquietado, porque una cocina sin más no era el lugar más apropiado para elaborar algo que podía perjudicar a quien lo bebiera, que en su caso fue él por accidente pero total, ¿ya que importaba? Aquello pasó y no hubo ningún tipo de dañino efecto secundario que lamentar.  El licántropo se levantó haciendo una mueca poco convencido de lo que le acababa de decir Rahela; él no consideraba ni de lejos que progresaba bien porque  pensaba que lo estaba haciendo muy lentamente, y pudiera ser que a la rumana se le agotara la paciencia.

No estoy yo muy seguro. — hizo ese pequeño comentario y se fue hacia la barbacoa donde había dejado varios trozos de carne asarse, y más de la cuenta, porque al darles la vuelta notó que se habían tostado un poco más de lo normal pero no parecía haberse creado aquella sustancia oscura y tóxica así que se podía comer.

En el Praetor… sí, supongo, aunque más bien son compañeros. No soy muy bueno relacionándome con ellos fuera del ámbito “profesional”. Solo con Scarlett por el asunto del embarazo y… poco más. Tal vez debiera aceptar alguna vez irme a tomar algo… — dijo aquello último en voz baja porque le avergonzaba la de veces que había negado salir con ellos con tal de quedarse en su zona de confort, solo y tranquilo junto a su guitarra. El tema era que sería él quien tuviera que tomar la iniciativa pues se había pegado tantos años con aquella conducta solitaria que ya eran muy contadas las ocasiones en las que le invitaban a salir con ellos.

¿Patas de cabra dices?, ¿Como un sátiro? — alzó las cejas con sorpresa y seguidamente frunció el ceño a causa de la extrañeza. — Nunca he visto a un brujo con esa marca demoníaca. Ha tenido mala suerte. — dijo de forma instantánea sin pensar que pudiera molestar, no tenía esa intención, pero no pudo evitarlo, a él le habría horrorizado tener esa marca tan llamativa de haber nacido brujo. Desde luego que en esos instantes Hela había conseguido que se sintiera muchísimo mejor como licántropo. Lo prefería cien mil veces.  — ¿Y dices que es tu amigo? ¿Es de fiar? ¿A qué se dedica? — preguntó con interés porque desde lo que había sucedido los últimos meses, se había vuelto algo desconfiado frente a los brujos. Mientras, volvió a meter otro trozo de carne en el interior de un bollo. Esa vez se prometió no echarlo a perder.



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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Rahela Dalca el Dom Sep 18, 2016 7:46 pm

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Rahela asintió aunque no estaba segura de que el licantropo estuviera mirándola. Si que debería, era una buena idea, un buen lugar por donde empezar. Además, los lobos hacen manadas, estaba segura de que en cuanto se sintiera un poco más cómodo entre sus compañeros no le costaría nada ganárselos de la misma forma que se la había ganado a ella en un puñado de encuentros.

-Te lo juro, patas de cabra, desde aquí hasta las pezuñas -Se pasó la mano a la altura de los mismo, más o menos a la altura de donde terminaba su bañador y empezaban sus piernas torneadas y claras. -¿Mala suerte? Que bah, a el le encanta y si soy sincera a mi también, tienen ese aspecto tan... tan... -Hizo un gesto impreciso con las manos, como si intentara sostener una nube entre los dedos. No sabía describir lo que le despertaban aquellas piernas, pero seguramente era una mezcla de diversión ante el hecho de que era un sátiro y de que realmente sus patas tenían un aspecto lanoso y esponjoso. Se le escapó una risa privada, Alaric no lo había visto, no podía hacerse una idea. -Es como pasearse con las piernas llenas de algodón de azúcar, me encantaría meter las manos ahí algún día - Sus siguientes pregunta le pillaron un poco desprevenida. No estaba del todo segura de como responder, porque tampoco tenía del todo claro si realmente podía considerarle un amigo o no.

-Hace cosas de magos, supongo, vende sus servicios de hechicería al que pueda pagarlos. Es un tío excéntrico, es divertido-Sonrío y se encogió ligeramente de hombros, lo cierto es que al lado de Arthur se sentía a gusto, era extraño y distinto, como ella. A Arthur su carácter le parecía tan llamativo como a ella se lo parecía su naturaleza, lo que le despertaba una sensación de aceptación y de identificación que pocas veces había encontrado lejos de su familia y allí en Nueva York le había resultado tremendamente agradable. -Más que amigo somos compañeros de negocios. Me ha ayudado lanzando un par de hechizos de protección sobre el Septimo Arcano, pero es un tío divertido, seguramente acabe considerándole amigo en poco tiempo.- Prefirió no especificar si le parecía de fiar o no por que realmente aún no estaba segura o al menos el interés que tenía en el brujo le hacía ignorar ciertos aspectos de su personalidad por puro egoísmo.



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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Alaric Levinson el Jue Nov 03, 2016 10:57 am

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Alaric no podía salir de su asombro. Miraba fijamente a Rahela cuando le explicaba la longitud de esas piernas de animal que portaba el brujo que decía ser su amigo. Ese estado de sorpresa se vio incrementado por la seguridad que la rumana dejaba claro que al usuario de dicha marca le encantaba… y a ella también… A ella también. Volvía la mirada lentamente hacia la carne que seguía asándose en las brasas asegurándose de apartar un par de filetes y meterlos en pan. No podía entenderlo. Para él, esa marca tan llamativa era una desgracia, una señal visible de su maldición. Tal vez no pudiera tomárselo como ella o como el susodicho brujo porque Alaric nunca superó su conversión, que, aunque le encuentre ventajas, si pudiera, cambiaría en un chasquido de dedos su condición si le dieran alguna cura.

Llevó los pequeños bocadillos de carne en la mesa y regresó a la barbacoa para evitar que las que estaban a punto de salir se quemasen. “Tan… ¿qué?” Pensó mirándola de reojo hasta que comprendió un poco el gesto que hacía… Y claro, eso también lo diría él pero acerca de un adorable animalito. No comentó nada en su último comentario, pero la oyó pero quiso ser sordo esos segundos para no haberlo hecho. Estaba seguro de que, de haber sido una computadora, habría sufrido el mal del pantallazo azul con el texto “Error en el Sistema”. Imaginársela tocando esas… piernas le causaba escalofríos. En el fondo se sentía un poco mal por tener esos pensamientos mas no podía evitarlo, esas cosas le superaban.

Ah… negocia con sus poderes. Le ha dado una salida comercial… curioso, aunque imagino que eso es algo que hacen muchísimos, no debería sorprenderme, a fin de cuentas tú has tenido socios de ese tipo — tuvo que decir, porque si no lo hacía, iba a seguir callado y ya Rahela podría detectar cierta incomodidad en él, si es que no lo ha había hecho ya con esa capacidad suya de leer emociones. — Con tal de que no lo haga para nada malo… — se obligó a sonreír y se encogió de hombros. Terminó de asar el resto de carne que se componían de un par de filetes y dos salchichas. Las dejó también en el plato con varios bollos de pan abiertos a su lado. Cogió la lata de cerveza y se sentó nuevamente al lado de Hela, bajo la sombrilla; el sol volvía a apretar. Elevó las cejas cuando dijo que ya lo eran. Socios. Rahela y el brujo medio sátiro. Debía alegrarse por ella ¿no? Se supone, después de que, por lo que creyó entender no tenía ningún socio fijo desde lo de… ¿Rose, se llamaba? ¿Rosa?.

Ah… Eso está bien, pero tampoco tengas prisa, ya sabes… A los socios se les debe conocer un mínimo pues no quisiera que te deje tirada o… quién sabe. — se encogió de hombros, estuvo a punto de sugerir que la podría engañar pero eso habría sido una clara ofensa hacia ella porque Rahela no era nada estúpida ni inocente; sabía bien dónde se metía. — ¿Se te apetece darte otro chapuzón después de comer o eres de las que temes acerca de la “digestión”? — Sonrió. Esa era una leyenda urbana que siempre había sido usada para chistes. — O podemos seguir aquí, tranquilos, acostados bajo el astro rey y así lucir bronceado, aunque yo seguro me queme. — dejó escapar aire por la nariz con despreocupación, aunque su piel fuese más clara que la de Rahela, dudaba mucho que terminara rojo como un salmonete si seguía bajo la sombrilla.  



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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Rahela Dalca el Lun Nov 07, 2016 3:56 pm

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Rahela asintió a sus palabras. En realidad era lo normal para los brujos utilizar sus poderes para ganarse la vida. Que demonios, hasta ella que no tenía "poderes" o algo que se pareciera en lo más mínimo a las habilidades de un brujo utilizaba sus capacidades y un poco de trampas para ganarse un lugar en el mundillo de las artes místicas a nivel mundano. El negocio no iba precisamente mal, aunque también era consciente de que las cuentas salían gracias a ciertos chanchullos y blanqueos que hacían dentro de su familia.

-En realidad si yo fuera bruja, con todas las de la ley, también me dedicaría a eso, hacer magia de la de verdad es alucinante- A diferencia de muchos otros su fascinación no provenía de una inocente idea sobre la magia. Rahela sabía que era peligrosa, que el que juego con fuego acaba quemándose, pero también veía el potencial, la sensación de poder y maravilla que debía de sentir alguien con la capacidad de alterar la realidad a ese nivel. Se encogió ligeramente de hombros. -Tampoco le he hecho un examen a fondo, la verdad, los dos somos conscientes de lo que queremos hacer y lo tenemos claro. Tengo buenas vibraciones en este asunto -Asintió muy satisfecha consigo misma mientras tomaba otro panecillo con carne y empezaba a mordisquearlo, llenándose los dedos de la grasa caliente. Sabía cuidarse a sí misma, o eso se decía ella.

Pasaron unos minutos en silencio, dando cuenta de la carne hasta que no quedaron más que migas sobre el plato y la toalla y latas de cerezas vacías. Rahela lanzó uno de esos agradables suspiros. Se pasó una mano por el estómago, donde se le concentraba la sangre por mera cuestión de la necesidad física de su cuerpo de hacer la digestión. Sus pies juguetearon con la arena, escondiéndose de la sensación intensa del sol sobre su piel de porcelana. Una sonrisa ancha y placentera le cruzó el rostro. Podría pasar así el resto de su vida, libre de preocupaciones y vagueando mecida por el sonido de las olas, como en una pequeña burbuja donde la felicidad estaba en la calma y los pequeños detalles.

-Vamos a quedarnos aquí un poquito más- Susurró ella, con la voz cargada de placidez. Estiró una mano por la toalla y sus dedos buscaron a tientas hasta que se topó con su brazo y le dedicó una caricia cariñosa, tranquilizándola. Si Rahela sentía la piel caliente la de Alaric ardía llena de vida bajo la intensidad de aquel día. Le dio gracias a los espíritus por haberle concedido un día tan espléndido como el que estaban viviendo. -Eh, ¿Te apetece? No es que me de miedo que se me corte la digestión, pero estoy en la gloria...- Alargó la última vocal mientras se estiraba como un gato perezoso y todo su cuerpo se tensaba. -Debería de darte yo las gracias a ti, por haberme dado esta idea loca. Hacía mucho tiempo que no hacía algo como esto. Nueva York es una ciudad absorbente, parece que no hay nada más fuera de sus rascacielos y sus mundanos estirados


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Re: Tostándonos al sol[Rahela Dalca]

Mensaje— por Alaric Levinson el Dom Dic 04, 2016 11:47 am

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Miraba con fijeza a Hela, sintiendo el frío de la lata en sus manos y como las diminutas gotas de agua eran absorbidas por su piel. En esos momentos se imaginaba a la mujer que tenía a su lado como una bruja, y además, si lo fuese, seguramente habría sido de las poderosas a causa de su carácter; mujer perseverante donde las haya, con gran fuerza de voluntad y por qué no decirlo, de contactos. Sonrió sin apenas darse cuenta, porque también se imaginaba que de haber nacido con el mal en su interior, habría sido una gran villana, cuya crueldad podría rivalizar con la de la misma Lilith. Por fortuna, el mundo de las sombras tenía una amenaza menos, pues la gitana era bondadosa y comprensiva, aunque ella no lo aparentara ni hiciera mucho por hacerlo ver, pero quien la empezaba a conocer así lo consideraba.  

Quién sabe qué habría pasado con nosotros en esas circunstancias; de ser tú una bruja, digo… — aclaró por si había alguna duda. Dio un trago de cerveza y siguió hablando— No es que me disgusten los brujos en sí mismos… pero me provocan un gran respeto que… roza el miedo. — admitió sin problemas, delante de Hela ya no le preocupaba tener que ocultar lo que pensaba o sentía, a fin de cuentas tampoco podría evitarlo ante su habilidad. Además, pensaba que no estaba diciendo nada extraordinario; los brujos eran la raza más poderosa del submundo, era evidente, y la gran mayoría eran seres misteriosos que podrían esconder intenciones en absoluto buenas. No era de extrañar pues contenían en su flujo sanguíneo, sangre demoníaca que no había sido diluida como pasaba por ejemplo con los licántropos o los vampiros. Ellos eran hijos directos de demonios…

Pero en fin… ya me detengo, creo que me estoy pasando al dar mi opinión tan abierta. Dudo que te influenciaras por mí pero tampoco deseo incomodarte. Solo… ten cuidado, ¿vale? — mostró un rostro lleno de preocupación con esa pregunta a la par que la miraba al rostro esperando con gran expectación un asentimiento por parte de la rumana.

Él también colaboró para terminar de gastar la comida que habían cocinado sintiéndose totalmente lleno, y eso que era un hombre que comía muchísimo, pero Hela lo debió considerar cuando trajo tanta cantidad de carne y pan. Desde luego Alaric se lo debía pagar de alguna forma. Lo negativo de aquello es que, después de haberse acostado sobre la toalla, sintió esa típica modorra que le hacía ansiar una larga siesta que se incrementaba a causa del calor del sol, sin embargo el licántropo quería resistirse a esa somnolencia.

Sí, me apetece, si casi me arrepiento de habértelo sugerido — dejó escapar una pequeña risa y permaneció atento a su pequeña caricia que le atontó un poco más. —solo temo quedarme dormido y no seguir disfrutando de esto, y para colmo levantarme rojo. Ummm pero esto último se puede arreglar. — hizo un gran, gran, gran esfuerzo por incorporarse. Estiró su cuerpo para buscar con sus manos las bolsas cercanas con intención de encontrar la crema protectora pero con un gruñido tuvo que levantarse totalmente porque no la veía por ningún lado. — Podríamos tomarlo como costumbre, marcharnos del núcleo de la ciudad de vez en cuando y salir de esa burbuja. Ahá, aquí está. — se lo trajo consigo hasta la toalla y se lo mostró a Hela. — hay que ser precavidos, ¿sabes? Aunque esto se debió haber hecho en un principio… —esbozó un extraño gesto que delataba el sentir que se había equivocado, pero al menos no terminarían mal a causa de los rayos solares.

Abrió el producto y echó parte del producto en sus brazos pero untándose concienzudamente por los hombros y pecho. No le gustaba mucho el contacto de la crema con su piel pero no iba a quejarse. Hizo lo mismo tomando un poco para la cara quedándosele algunos restos sin percatarse de ello. Le daba vergüenza pedirle a Hela que le ayudase con la espalda pero era obvio y una estupidez sentir reparo, pero así era él. — ¿Me ayudas untarme crema a la espalda? Ahora te ayudo a ti, que al final la vas a necesitar más que yo. — le sonrió tiernamente con la timidez que le caracterizaba.



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