10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


25/12 - ¡Por fin se ha abierto el panel de inscripción para moderadoras/es! ¡Apuntáos cuanto antes! Además, administración quiere dejar constancia de que, con motivo de las fiestas, la nueva limpieza por inactividad se realizará entre los días 03 y 04 de enero. ¡¡De nuevo, Felices Fiestas, submundis!!


19/12 - ¡Las noticias de final de 2016 están recién sacaditas del horno! ¡Felices fiestas!


04/10 - ¡Aquí llegan el inicio oficial de la Trama Global! Seguid este caminito de baldosas amarillas para saber dónde están vuestros temas, quiénes participan y decidir en cual entrar. ¡Esperamos que lo disfrutéis mucho!


06/09 - ¡Aquí llegan los cambios en la ambientación y la trama y las noticias de agosto y septiembre! No dejéis de leerlas, porque dentro hay muchos cambios importantes.


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Investigando la ciudad [Zadkiel A. Winchester]

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Nueva York es asfixiante, no tenía otra palabra que decir al respecto. En realidad no podía decir algo distinto de las ciudades que visitábamos. Todas comparadas con Idris eran agobiantes, llenas de altos edificios, demasiada gente caminando por una calle y el aire contaminado por los gases de los coches, cosa que hacía que el ambiente resultara mucho más cargado. Eso fue lo que sentí por primera vez que deje Idris. Nuestro país natal era tan limpiando, con la naturaleza creciendo a sus anchas de un lado para otro. En las ciudades actuales lo único que crecía era la basura, y la gente con malos modales. No es que los míos fuera exquisitos y correctos, pero no me gustaba encontrarme con ciertas personas que se tomaban confianzas que no le habías dado, de hecho, ni si quiera le habías dirigido la palabra.


Nueva York no era una excepción para mí, aunque tras viajar durante tanto tiempo y acostumbrarme a distintas ciudades, ya estaba algo más acostumbrada a ese aire tan viciado que tenías las grandes ciudades. Sobre todo esta, donde pasabas de un lado a otro y la diferencia de viviendas, y personas era abrumadora. De una esquina a otra podía ver a chicas vestidas con pantalones anchos, blusas igual de anchas y gorras, y en la siguiente esquina chicas con vestidos ceñidos que marcaban su figura todo lo posible y llevaban bolsos que posiblemente fueran de marca, como me habían explicado al salir al mundo exterior. Llevábamos tres años viajando de un lado a otro del mundo, yendo según donde nos necesitaban y nunca terminaría por comprender como se podía cambiar tanto de un lugar a otro de una misma ciudad. El mismo Instituto de esta ciudad se encontraba en un barrio que parecía que dentro de unos segundos saldría alguien para darte un par de apuñaladas de manera gratuita y después irse para cenar. Aunque tenía que admitir que el glamour que tenía la enorme catedral gótica era impresionante. Sin duda era uno de los sitios más grandes en los que habíamos estado.

Al llegar, por no decir que nos soltaron como perros para que poco a poco fuéramos meando los rincones para marcar territorio, entramos en la catedral. Nos indicaron una zona donde habían habitaciones libres, porque se estaba llenando de gente gracias a esos rumores que se escuchaban de Valentine y la inapropiada actitud de los subterráneos. Por los informes y rumores, estos consideraban que era el momento de desobedecer las leyes y pasarse los Acuerdos por donde no les llegaba el sol. Era preocupante, claro que sí, pero había algo que me preocupaba más. Los dos dejamos las cosas en nuestros dormitorios que estaban a pocos pasos de distancia y decidimos dar una vuelta, ya nos instalaríamos porque esta vez tenía pinta de que nos íbamos a quedar por mucho tiempo.

Nos pusimos ropa de calle, nada del equipo de combate, aun así, dentro de mi bota metí la estela, una daga y un par de cuchillos arrojadizos, aunque debería decir que yo podría lanzar cualquier cosa y acertar sin problema. Estaba mal visto que yo dijera eso sobre mis propias habilidades, pero las cosas eran así, era una de las mejores y ya está. No me molesté en atarme el pelo de alguna forma, por una vez que lo dejara suelto no pasaría nada. Cuando Zad estuvo listo salimos juntos y nos adentramos en aquella ciudad nueva. Por suerte hacía un tiempo decente para llevar manga larga y ocultar las runas, aunque siempre podíamos decir que eran tatuajes y más de un mundano lo pensaría. Sin embargo las cosas no estaban para ir por la calle, sin conocer el terreno, mostrando las runas de cazadores. Como en todas las ciudades grandes, odié profundamente el metro. Demasiada gente, demasiado mal olor, y gente que se aprovechaba para acercarse más de la cuenta. La peor parte cuando un par de chicas pasaban riendo como estúpidas al lado de mi parabatai. Tengo que admitir que fue gracioso como una de ellas fingía tropezar, precipitándose al suelo con la intención de que Zad la cogiera a tiempo. De la ilusión vivía el mundano, la chica se cayo de bruces contra el suelo. ¿No se daba cuenta que era un desconocido y a este le daría exactamente igual lo que le pasara? Estaba claro que no.

He aquí el tema de mi preocupación, mi parabatai Zadkiel, lo conocía demasiado para saber lo que se le pasaba por la cabeza sin que tuviera que decírmelo. Esa mirada que tenía en sus ojos cuando se enteró de los rumores de Valentine. Por una parte, comprendía que tuviera esos deseos tan oscuros, al mismo tiempo pensaba que no debía de hacer nada. Aunque estaba claro que si él quería ir al fin del mundo yo lo seguiría sin pensármelo dos veces. La muerte era nuestro pan de cada día, los cazadores solíamos morir bastante jóvenes y aquellos que llegaban a viejos, te daban ganas de estrecharles la mano y preguntarles cual era su secreto. Tampoco se me pasaba por alto que los padres de mi parabatai murieran de una manera común, aquel ataque fue por culpa de uno de los nuestros o por lo menos uno que lo fue. No era un simple ataque de demonios, era una guerra por culpa de otro Nefilim, comprendía que se sintiera. No podía imaginármelo, solo comprenderlo. Yo seguía teniendo a mis padre al fin y al cabo. Por eso mismo, y mis preocupaciones de vez en cuando lo miraba de reojo. Seguramente se diera cuenta de ello, porque no las estaba disimulando, como solía hacer para que no me pillara.

En medio de nuestra exploración, encontramos un lugar que podría ser, sin duda, mi lugar favorito de toda la ciudad. Un inmenso parque se extendía ante nuestros ojos, grandes árboles, verdes y que podías sentarse a sus pies y recibir su cobijo. Algo era algo, y era más de lo que esperaba de un sitio como ese, y más porque por todos los lados del parque habían grandes edificios. Solo esperaba que no nos encontráramos con problemas con elfos o hadas, ya que estos solían preferir lugares como estos, separados de todo aquello que tuviera algo que ver con metal. Habían zonas más concurridas, donde niños corrían de un lugar a otro, y algunos pocos puestos pasaban anunciando sus productos.
-¿Quieres una crepé? -le pregunté mientras que veía el puesto ambulante.


Última edición por Karou J. Ravencroos el Mar Ago 09, 2016 4:04 pm, editado 1 vez


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Así que aquella era la gran ciudad de los sueños, a la que todos los mundanos llegaban con la esperanza de tener una vida mejor. Me parecía demasiado pretencioso, podía tachar aquel pensamiento de estúpido. Una ciudad no cambia a las personas, si eres inútil lo serás estés en Los Ángeles o en Japón. Era duro de admitir, pero así era, y cuanto antes se dieran cuenta mejor.
Nueva York era todo lo contrario a Idris. Era enorme, con edificios altísimos a los que llamaban rascacielos y con demasiada gente para mi gusto. Unos parecían tener prisa, mientras los otros sólo estaban de paseo, dificultando el paso de los demás. Odiaba las multitudes, pero aquello era necesario, había estado deseando ir a la gran ciudad desde que escuché los rumores que situaba a la gente de Valentine allí. Sin embargo, esperaba no tener que quedarme mucho tiempo.

Estaba tan acostumbrado a viajar, que no me extrañaba la diferencia de culturas que había allí. Era como muchas ciudades y razas en un solo lugar, algo fascinante a la par que confuso. Por suerte, Karou y yo manejábamos varios idiomas y sabíamos lo suficiente como para mezclarnos sin la necesidad de runas.
Desde que llegamos a la ciudad buscamos el edificio que servía como instituto, una catedral gótica a la que poco a poco llegaban más cazadores. No era de extrañar que todos quisieran poner su grano de arena, teniendo en cuenta la amenaza que significaba una guerra para todos. En el señorial edificio quedaban pocas habitaciones vacías, así que me aseguré de escoger una que estuviera al lado de la que ocupaba Karou. Si me apetecía estar o hablar con alguien era con ella, no con unos desconocidos que seguramente tuvieran problemas para reconocer que el culpable de todo aquello era Valentine. Podía ser cierto que éramos cazadores y protegíamos el mundo, pero en ocasiones muchos  tienden a ser ilusos y prefieren tener ‘’esperanza’’ antes que ver las cosas de manera realista. Dejé el poco equipaje que tenía en mi habitación y me vestí con ropa más parecida a la que llevaban los mundanos, aunque iba todo de negro, como era habitual en mí. En la chaqueta de cuero escondí un cuchillo serafín y una estela, sólo por si había alguna urgencia; no creía que tuviera que pelear con un par de demonios en mitad de la quinta avenida, pero mejor prevenir que curar. Después, me reuní con Karou para salir a explorar la ciudad.

Decir que Nueva York era grande es quedarse corto. Optamos por coger el metro para movernos por la ciudad, escogiendo el centro de Manhattan como destino. Se suponía que aquella era la zona más frecuentada y, también más lujosa, de toda la ciudad. El metro fue toda una aventura. Estaba repleto de mundanos, algunos malolientes y otros tantos con una curiosidad que torpemente intentaban disimular. Lamenté de manera automática no haber ido en moto, aunque estaba seguro de que era algo que desaprobarían los padres de Karou y nuestros tutores del instituto de Idris. Pero, incluso a sabiendas, resultaría muchísimo más cómodo y placentero ir en moto junto a mi parabatai que aguantar al gentío que se acumulaba en aquel vehículo. Le lancé una mirada significativa a la chica, que estaba a mi lado con cara de querer salir de allí tanto como yo. Las agudas risas de unas adolescentes me sacaron de mi ensimismamiento, observando como una chica de cabello claro no apartaba la mirada de nosotros. No tardé en darme cuenta de que intentaba llamar mi atención, lanzándome miradas que probablemente intentaban ser seductoras, pero que a mí me resultaban ridículas. Las chicas pasaron por mi lado y la joven del cabello claro fingió tropezar. Por supuesto que habría podido cogerla, incluso sin runas sobre mi cuerpo tenía muchos reflejos y podría evitar el golpe que se iba a llevar, pero sólo miré con clara indiferencia cuando su cuerpo impactó con el mugriento suelo del metro. Dejé de mirar a la chica después de lanzarle una mirada fulminante, ladeando el rostro para volver mi atención a Karou. Escuché las quejas envueltas en una voz que amenazaban con echarse a llorar por la vergüenza—. Creo que he roto la fantasía romántica de una adolescente —susurré, dirigiéndome a mi amiga, mientras me encogía de hombros. Después de unos segundos las chicas bajaron del metro, probablemente para olvidar la humillación que acababan de pasar—. Los mundanos son tan… irritantes —añadí, en voz baja para que sólo ella pudiera escucharlo.
No era ninguna sorpresa que éramos atractivos. Había visto como los chicos se quedaban embobados mientras pasaba Karou, con sus aires de indiferencia hacia todo lo que le rodeaba. Incluso había tenido que fulminar con la mirada a sus múltiples admiradores, aunque ella apenas le daba importancia. Estaba seguro de que, si cualquiera se sobrepasaba con ella, sería bastante capaz de propinarle una patada en la entrepierna; no obstante, no me gustaba ver como los chicos hacían su ritual de macho alrededor de mi parabatai.

Era fácil ignorar las miradas curiosas de los mundanos que se posaban sobre nosotros como si fuera muy extraño que dos chicos jóvenes fueran tan elegantes y parecieran tan adultos. Lo que no resultaba tan sencillo era no darle importancia a la mirada de reojo que me lanzaba Karou y, que aunque intentara disimular, estaba cargada de preocupación. Ella me conocía mejor que nadie, sabía que algo rondaba mi cabeza desde que dejamos Idris, y yo tenía que reconocer que tenía razón. Mi obsesión por vengarme no era sana, no era el mejor sentimiento en un joven de dieciocho años, pero era con el que había crecido. Cuando era más pequeño, fantaseaba con matar con mis propias manos a todo aquel que apoyara a Valentine, incluso hacía partícipe de aquel sentimiento a mi parabatai. Desde los catorce años no había mencionado mi sed de venganza, pero mi rostro mostraba una oscuridad que Karou conocía muy bien, cada vez que escuchaba algo de Valentine. Carraspeé y miré hacia la chica—. Hemos llegado, o al menos eso creo… vamos, si pasamos un minuto más aquí me volveré loco —pidió, bajándose del metro junto a su parabatai.

Daba igual a dónde fueras, cualquier lugar de Manhattan estaba cerca del Central Park, dado a lo inmenso que era el dichoso parque. Había escuchado muchas cosas con respecto a él; que era habitado por hadas, que era el lugar favorito de muchos neoyorkinos e incluso que servían comida cada cinco metros, pero nadie le había dicho lo bonito que era. Independientemente de los niños y los no tan niños corriendo de un lugar a otro, aquel lugar era el más tranquilo de toda la ciudad. Tenía rincones que aprovecharía sin duda para leer en mis días más tranquilos, con un gran lago y múltiples actividades al aire libre—. Claro —acepté, cogiendo la crepe de chocolate. Desde aquel lugar se veían los rascacielos más grandes de la ciudad, era como estar en medio de la naturaleza y la civilización al mismo tiempo—. Nos tomará más de una tarde conocer Nueva York, por lo que veo —reconocí, dándole un mordisco a la crepe. A mí me interesaba conocer ciertas partes de la ciudad más que otras—. Tendré que contactar con algún subterráneo, quizás esta noche tengamos que ir de ‘’fiesta’’ —ofrecí, alzando las cejas para convencer a mi parabatai, mientras esbozaba una sonrisa llena de segundas intenciones. En un antro de subterráneos siempre se habla más de la cuenta, podríamos obtener tanta información como buscábamos, pero seguramente algún vampiro o licántropo no esté demasiado contento con nuestra presencia… especialmente ahora que el mundo está patas arriba.
Un grupo de chicos miró hacia mi compañera. No tendrían más de veinte años, pero sonreían como críos frente a una golosina—. A la próxima usaremos glamour —advertí, exasperado.
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Viajar en metro siempre era igual, aquí como en Pekín, aunque tenía que admitir que el metro de Japón era un poco más adecuado, aunque es verdad que te podrías encontrar con pervertidos con facilidad, aunque ya tenían vagones femeninos. Eso era bastante interesante. Y el metro de Moscú era toda una obra de arte… Pero seguían siendo espacios demasiados pequeños para la cantidad insana de personas que la usaban. Rápido, sin duda, espacioso en otros momentos del día y zulo en hora punta. Lo peor de Nueva York, es que se la llamaba la ciudad que no duerme, así que tenía toda la pinta de que las veinticuatro horas del día eran hora punta. Dudaba mucho que cambiara de opinión si fuera mundana, pero como no lo era me molestaba las risitas desde el otro lado, dirigidas a mi parabatai.

Era atractivo, hasta un ciego lo podría ver. Por lo tanto era común escuchar ese tipo de reacciones, por eso ya no me costaba reconocerlas, a pesar del bullicio. Les eché una mirada de reojo, podría haberlas clavado en la pared con mi mirada, si se hubieran dado cuenta de mi existencia. Se estaban haciendo comentarios unas a las otras, yo miré a otro lado en un intento de dejar de ver el ridículo que hacían algunas mujeres, por muy mundanas que fueran. Mi sentimiento de asco llegó a su límite llegó cuando una de esas chicas, junto con su grupo pasó a nuestro lado. Fingió tropezar y acabó de bruces contra el suelo. Para mí estaba claro que Zad no iba a mover ni un solo dedo para ayudarla, así que no me sorprendí al escuchar y ver el conjunto del golpe. Miré a mi parabatai cuando llamó mi atención uno de sus movimientos, solo necesitaba moverse para que yo lo mirara o cambiar de postura para que yo lo comprendiera. Al escuchar su comentario reí sin disimulo, cosa que aumento la vergüenza de las chicas porque las estaba mirando con el mensaje de: idiotas.
-Todo el mundo sabe que eres un rompecorazones. -después de eso, las chicas bajaron del metro. Estaba claro que seguían humilladas. -Las chicas que quieren algo contigo son irritantes. -recalqué el asunto. El metro arrancó de nuevo, y yo vi como las chicas echaban un último vistazo resentidas, decepcionadas, avergonzadas y llenas de rabia. No me apetecía que mi parabatai se quedara con una de esas chicas, de hecho entraría en pánico si alguna de ese tipo de mujer me lo quitara. Es cierto que siempre sería su parabatai, sin embargo, una esposa siempre sería una esposa. Si es que se casa, claro. Estuvimos un rato más en el metro hasta que Zadkiel decidió que era el momento de bajar. Le seguí en silencio y sin pensármelo dos veces.

Llegamos al Central Park, de cierta manera me recordaba a Idris, no obstante existía un factor que no encajaba en esa posible fantasía. El olor, olía a vegetación cierto, pero no resultaba tan natural al estar en medio de toda aquella población urbanizada, lo más probable es que este parque fuera, literalmente, el pulmón de la ciudad. No quería ni imaginarme como sería el ambiente sin este parque aquí. Nos adentramos en él y todo tipo de personas, pero estábamos cerca de una zona donde los niños jugaban por eso la presencia de puestos. Le pregunté a Zad si quería una, y gracias al ángel que dijo que sí. Él pidió una de chocolate, pero yo pedí dos, una de plátano y fresa y otra de chocolate y fresa. Si solo comía una me quedaría con hambre, así que el hombre del puesto me preparo una para llevar mientras que empezaba con el de plátano y fresa. Su comentario hizo levantar la vista a los edificios.
-Sí. -dije después tragar y me encogí de hombros. Escuché lo que decía sobre contactar con algún subterráneo y tener fiesta esta noche. Sonreí con naturalidad, era el único que podía conseguir que hiciera un gesto como ese de mí. -Claro, ¿por qué no? -le agarré de la muñeca y le pegué un gran mordisco a su crepé de chocolate. -Está bueno. -concluí antes de concentrarme en mi propia comida. Su tono de voz había cambiado, lo miré por un momento con un interrogante. Estábamos tranquilo, ninguna loca de metro había aparecido. Hasta que giré a mi rostro y vi al grupo de chicos, con la misma mirada fría me giré para mi compañero de batalla. -Podríamos usarlo, pero tendríamos que robar la comida y de vez en cuando no está mal ser honrados con algunos mundanos. -comenté. Yo también era propensa a usar los glamour, dependiendo el lugar a donde queríamos ir. -¿A dónde quieres ir exactamente? Zad. -le pregunté sin contarme un pelo, dando otro mordisco al dulce. Al fin y al cabo esta era la ciudad donde sucedió gran parte de la Guerra Mortal, por lo menos antes de que esta explotara en toda regla en Alacante.


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He de decir que estaba absorto en mis pensamientos cuando las chicas intentaban captar mi atención. Quizás era porque no me importaba lo más mínimo, o porque estaba planeando cómo conseguir una moto demoniaca. Robar estaba mal, pero tendría que acudir a muchos antros de subterráneos y ganarme la confianza de alguno de ellos para saber cómo conseguirla. Era un trabajo sucio, estaba seguro de que la mitad de los nefilims me mirarían mal si me vieran con un vampiro o un licántropo, pero prefería mil veces la compañía de éstos que volver a viajar en metro. Además, nunca me había disgustado la mentalidad de los subterráneos. Muchos de ellos sólo se guiaban por su instinto de supervivencia, eran egoístas y pasaban por encima de cualquiera, pero al final del día era sólo por seguir viviendo una semana más o por proteger a su ‘’gente’’. Si me preguntaran a mí, haría prácticamente cualquier cosa por proteger a mi parabatai, así que no podía juzgar sus actos.

Cuando las chicas bajaron del metro sentí cierto alivio. No me hacía falta que un par de adolescentes mundanas me miraran para saber que era atractivo, y lo último que me apetecía era ser el centro de atención en aquel momento. No pude evitar echarme a reír cuando Karou me acosó de ser un rompecorazones—. ¿Qué puedo decir? No es algo que pueda evitar, mírame —contesté, señalando mi propio cuerpo como si estuviera mostrando una obra de arte. Me eché a reír aún con más intensidad que antes, y quizás por eso las chicas se bajaron del metro, claramente humilladas. No había sido mi intención, pero de alguna manera me parecía divertido. La gente humana sólo se interesa por el romanticismo barato de cuento de hadas, se fijan en lo superficial e intentan conseguirlo. Los nefilims teníamos otra mentalidad completamente diferente. Nosotros crecíamos con canciones sobre el combate e historias de guerra, nuestros primeros juguetes eran armas con las que entrenábamos día a día. No era una infancia peor o mejor, simplemente era diferente, y me alegraba de haber tenido esa vida.
Me escandalicé ante lo siguiente que dijo mi parabatai, llevándome una mano al pecho como si estuviera sumamente ofendido—. No es mi culpa ser tan irresistible —dije de inmediato—. Es una maldición. —Me encogí de hombros, disimulando una risa al carraspear.

La llegada a Central Park fue más tranquila. Las personas se aglomeraban en las calles y Nueva York era una ciudad de multitudes, pero aquel lugar era más pacífico. Aunque claro, no había tanta paz como parecía. Había escuchado de ataques en aquel lugar en los últimos meses, y aunque en principio habíamos ido allí para conocer nuestro entorno, también era para asegurarnos de que todo iba bien. Aquel día estaba muy tranquilo, más de lo que había imaginado. Resultaba un soplo de aire fresco, y aunque teníamos que esquivar a los torpes niños que jugaban allí y se cruzaban en nuestro camino, no había rastro de ningún demonio. Le propiné un suave codazo a Karou—. Eh, deja algo de comida para los demás —bromeé, echándome a reír. Mi parabatai comía por dos personas, pero poseía un metabolismo tan rápido que jamás ganaba ni un kilo. Eso, y que no había un solo día que no entrenáramos.

No pude ocultar una sonrisa de satisfacción y alegría cuando accedió a ir a algún antro de subterráneos. Ella sabía que eso podría significar tener pelea, pero yo sabía de igual manera que le daba igual. Para Karou la acción era acción, y ambos solíamos disfrutar de los enfrentamientos. Me iba a quejar cuando le dio un mordisco a mi crepe de chocolate, pero al final sólo resoplé y revolví su cabello con la mano que tenía libre. Estaba acostumbrado a aquello, y no podía decir que no tuviéramos confianza como para hacerlo—. Acaparadora —acusé, entrecerrando los ojos al mirarla. No se sentiría culpable, lo tenía asimilado. Puse los ojos en blanco cuando argumentó que de vez en cuando estaba bien ser honrados. Tenía razón, no se lo podía discutir, se suponía que nosotros éramos los buenos—. Ahora me gustaría disfrutar de la tranquilidad que se respira aquí, luego podríamos enterarnos de algún sitio donde se reúnan los subterráneos. Si nos ganamos el favor de alguno sería una gran ventaja —expliqué, encogiéndome de hombros.
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Puse los ojos en blanco con una sonrisa al escuchar su comentario sobre él mismo. Como odiaba que pudiera hacerme reír de esa manera tan fácil, pero para ser sincera si no lo hacía me sentiría incómoda. Estar a su lado era tan natural como respirar, no había nada que pudiera sustituir esto. No hice ningún comentario sobre él, solo ayudaría a que su ego creciera aún más. Tampoco tenía motivos para no creer en él mismo. En ese momento bajaron las chicas, y vi como Zad se relajaba. Comprendía que quisiera mantener a raya a las mundanas, a los mundanos en general. Primero, creían que sufrir todo y más, es posible que algunos lo hicieran como es obvio y algunas excepciones como los soldados mundanos y sus familias, esos eran los únicos que podían comprendernos. Salir a la calle y no saber si vas a volver, o alguno de tus seres queridos lo hará o no. Eso me pasaba con mis padres, y me encargo de entrenar cada día para que nunca tenga que pasar un susto con Zad, mi deber era protegerle junto con el resto del equilibrio. Le recriminé casi que las únicas chicas que se le fijaban eran idiotas y se hizo el ofendido, como respuesta le di un simple codazo en las costillas.

Todo bien en aquel parque, a parte de esas miradas que estaba recibiendo por el grupo de chicos. Supongo que en el metro le toco a mi parabatai y ahora me tocaba a mí, no importaba. Podían mirar todo lo que quisieran, mientras que no se acercaran creyendo algo más todo genial. Además, estaban bien donde estaban, porque por mucho que no pareciera que no hiciera nada estaba atenta a cada movimiento que se realizaba en nuestra zona. Sin embargo, nada, ni demonios, ni hadas, ni fantasmas, los primeros no eran muy afines a la luz del sol, era normal pero siempre podían ocultarse. Igualmente, a lo mejor deberíamos esperar hasta la noche, solo tal vez. No es que fuera un reto acabar con un par de esas cosas con un número limitado de dagas y cuchillos arrojadizos.
-¿Por qué? -le pregunté recibiendo las dos crepé solo para mí. -He pagado por ellas… -le di un primer mordisco a la mía, disfrutando del sabor. La verdad es que me esperaba cualquier cosa teniendo en cuenta de donde acababa de salir, pero sin duda me equivocaba. En mi mente ya estaba marcando como este lugar, y ese puesto uno de mis lugares favoritos de Nueva York, por lo menos empezábamos de una manera decente. -¿Mis padres te han enviado alguna carta? -le pregunté. De vez en cuando lo hacían, pero la mayoría de las veces solo me preguntaban a mí como estaba él, no los entendía. Me habían enviado una carta antes de partir hacia Nueva York.

Sonreí al verle hacerlo, a veces era tan sencillo hacerle feliz, casi parecía un niño. En teoría era un adulto en nuestros mundo, y en teoría lo que pasaría esta noche es que yo me pondría un vestido o un conjunto de escándalo, uno que llamara la atención para ser exactos sería el cebo y cazaríamos un par de demonios o también, nos partiríamos la cara con algún que otro subterráneo, a veces en esas cosas se hacían amigos. Los dos lo sabíamos. Reí ante se queja.
-¿Acaso no lo recuerdas? -le pregunté ofendida. -A donde vayas, yo iré, donde mueras, yo moriré, y lo que comas, yo probaré. -dije dandole otro bocado a se crepé. Después de eso intenté comerme mi crepé con rapidez, a pesar de querer disfrutar de su sabor. Yo comía el doble que él, cierto, pero el daba mordiscos más grandes. Le pregunté donde quería ir, y al contestarme asentí. -Los subterráneos y demonios suelen ir a los locales de moda. -al fin y al cabo ellos también tienen derecho a divertirse, los primeros. Porque los segundos iban a alimentarse. -Podemos preguntarles a esos de ahí. -señalé con la cabeza al grupo de veinteañeros que rondaban por la zona. Lo preguntaba medio en broma, sabía que no le gustaría la idea, pero la broma valdría verla la cara de desagrado.


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Observé la sonrisa de Karou para deleitarme en su belleza. Era una chica hermosa, aunque no le diera importancia alguna, y cuando sonreía parecía más liberada y tranquila. Quizás estaba mal que yo lo dijera, siendo su parabatai, probablemente todos me miraran mal si lo pronunciaba en voz alta, pero era así. Siempre habíamos sido ella y yo contra el mundo, unidos de la mano, sin importarnos nada más. Habíamos crecido pronto y juntos; ella me había ayudado a superar en silencio el asesinato de mis padres, incluso se había puesto de mi lado cuando los suyos me enviaron a la academia en Idris. Nunca podría comprender lo mucho que significó para mí aquel gesto, y tampoco hacía falta que se lo agradeciera, ella entendía lo que quería decir con sólo una mirada.
Me reí con voz sonora cuando me propinó el codazo en las costillas, justo por donde estaba la runa de parabatai. En cierto sentido tenía razón; las adolescentes que querían algo conmigo resultaban irritantes. Los nefilims éramos diferentes, crecíamos antes y no nos deteníamos a pensar en actos tan estúpidos como fingir una caída frente a un desconocido de nuestro agrado. No obstante, a mí también me resultaban irritantes los chicos que querían algo con ella, no por cómo eran, sino por lo que querían de Karou.

Después de comprobar que lo más cercano a los demonios eran los niños pequeños que corrían de un lugar a otro, estuve mucho más tranquilo. Me acabé mi crepe mucho más rápido que mi acompañante, quizás porque yo comía rápido o porque ella se encargó de quitarme la mitad. De rato en rato, cuando me aseguraba de que ella no miraba, dedicaba un par de miradas fulminantes al grupo de chicos que se había fijado en la morena. Me eché a reír al escucharla, parecía que abrazaría la comida si me despistaba  un segundo—. Claro, el día en que explotes ya me aseguraré de apartarme —bromeé. Gracias a su afortunado metabolismo eso jamás ocurriría, y en caso de que algo explotara a su lado sería el primero en apartar a la chica del peligro, incluso si eso significaba ponerme yo en su lugar.
El tema que tocó a continuación hizo que endureciera la mandíbula. No me gustaba hablar de sus padres, ellos habían actuado lo mejor posible conmigo. Me acogieron en su casa y, sólo cuando vieron que mi actitud no mejoraba, me mandaron lejos. En mi opinión, deberían haberme echado mucho antes, ellos no me debían nada y yo les debía muchísimo a ellos. Sin embargo, al yo de hace un par de años le había molestado aquello. Cuando era apenas un crío no comprendí que esa no era mi familia, que no tenían que cuidarme, y ahora no quería que Karou volviera a discutir con sus padres por mi culpa. Negué levemente con la cabeza e intenté sonreír—. No, no me han enviado nada. ¿Cómo están? —pregunté, desviando el tema—. Espero que Merlín no haya hecho de las suyas de nuevo… —añadí. Merlín era un gato negro que acogí cuando aún era un crío. Los padres de Karou creyeron conveniente dejarlo en la casa como un experimento para ver si mi comportamiento se volvía un poco más normal. Por aquel entonces también era muy aficionado a leer, y estaba leyendo un libro en el que uno de los personajes principales era Merlín, así que creí que era un buen nombre para él. Con el paso de los meses se encariñaron con el rebelde felino y lo dejaron vivir allí.

Reí a carcajadas y cuando paré, negué enérgicamente con la cabeza, sacudiendo mi cabello oscuro—. Creo que has entendido el juramento como te ha dado la gana —respondí, pasándome una mano por la cabeza para hacer el pelo hacia atrás—. Me parece que también decía algo de no dejar morir a tu parabatai de hambre, y de que él siempre tendría razón… ahora mismo no lo recuerdo con exactitud. —Me encogí de hombros, escondiendo una sonrisa. Mi mueca se tornó a desagrado total cuando escuché la sugerencia de la morena, incluso la fulminé con la mirada como respuesta. Después de unos segundos de dubitación, caminé hacia los chicos con soltura. Empecé a hablar con ellos, que estaban jugando a algo parecido al fútbol americano, pero Karou no sería capaz de escuchar nuestra conversación por la distancia que había. Un par de segundos después, me di media vuelta y caminé hacia mi parabatai, con la pelota con la que habían estado jugando los jóvenes en la mano—. Listo, arreglado —comenté, lanzándole la pelota a la chica para que la cogiera—. Me han dado una lista de sitios de moda. Está el bar Beekman, el Black Hound Night Club, El Zapphire's Club y la discoteca Lotus… —expliqué, aunque mi voz se apagó y se llenó de duda—. Bueno, mejor no vamos a la discoteca Lotus, les he prometido que iríamos allí y que les presentaría a mi ‘’preciosa’’ amiga —dije, utilizando las mismas palabras y el tono ridículo que habían usado ellos—. ¿A que soy un estupendo detective? —sentencié, riéndome. Si podía sacar algo de aquellos idiotas lo haría sin dudarlo, pero jamás le presentaría a Karou al no ser que fuera para que ella misma les pegara una patada.
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Enarqué una ceja al escuchar que se apartaría cuando explotara.
-¿Eso es todo lo que me quieres? -le pregunté dandole con codazo en las costillas. -En teoría deberías protegerme y abrazarme para que exploté acompañada. -le pellizqué la mejilla con la boca llena de crepé, disfrutando del sabor. Tardaría muy poco en terminar de comer, y esperaba que con eso tuviera suficiente, al fin y al cabo las crepés llenaban bastante, en teoría, porque con una yo nunca me sentiría satisfecha. Cuando me terminé la primera crepé, le pregunté por mis padres. Eso le hizo reaccionar como era de esperar. Se puso totalmente tenso, noté como apretaba la mandíbula. Negó con la cabeza antes de contestarme, yo me limpié las manos en el pantalón por si acaso y comencé a hacerle una pequeña trenza en la melena mientras me contestaba. Sabía que estaba desviando el tema, no entendía porque no le enviaban una carta al chico cuando después se pasaban la mitad que me dedicaban a mí para preguntarme por él. Que si está bien, que si se ha abierto más a la gente, que si seguía corriendo tanto con la moto, que le pusiera freno antes de que alguno de los dos nos matemos por culpa del otro. También me relataba historias de Merlín, del gato que Zad acogió cuando era un niño, al final todos le cogimos cariño al pulgoso animal, pulgoso con cariño. -Lo normal, ha vuelto a escalar por las cortinas nuevas y hacerlas un desastre y robar la comida del plato de los invitados. -le conté. Sabíamos que todos estaban bien porque tras lo sucedido en todas esas partes del mundo, por culpa del círculo les envié una carta, ellos al mismo tiempo nos enviaron una, para confirmar que estábamos bien.

Para quitar un poco la tensión y defender, una vez más, mi postura ante la comida cambié ligeramente el juramento que hicimos cuando nos dibujamos la runa que nos uniría para siempre:

A donde tu vayas, yo iré
Donde mueras, yo moriré, y ahí seré enterrado.
Lo que tu comas, yo probaré,
Lo que digas, yo corregiré, y ahí la razón tendré.
El Ángel lo hace por mí, y también por más,
Cualquier cosa más que la muerte nos separa a ti y a mí.

Recité el juramento algo distorsionado para llevar la razón. Pero el buen humor del momento desapareció cuando le propuse esa posibilidad, en verdad se lo había dicho para molestarle y picarle un poco. Sabía que a él le gustaba tan poco los mundanos que se me acercaban, como a mi las mundanas que se le acercaban a él. Reí al verle ese gesto de desagrado, incluso fulminándome con la mirada de manera tan seria. Fui a decirle que era una broma, que no tenía que preocuparse pero ya se había levantando, seguramente por el orgullo, y se acercó a esos chicos. Mientras él hablaba con ellos yo abría la segunda crepé para comérmela mientras que miraba la escena curiosa. Se acercó a mí poco después, lanzándome la pelota, la cual la cogí con un rápido movimiento, con la otra seguía agarrando mi comida. Me comunicó que le habían dado una lista de sitio, al escuchar el último sitio levante la vista para clavar mis ojos en él.
-¿Preciosa? -pregunté incrédula antes de mirar al grupo de hombres de nuevo y ver que uno de ellos me sonreía guiñándome el ojo. -¿Eso te sirve a ti? -le pregunté a Zad con curiosidad, en un intento de entender a los chicos. -Buen chico, como premio te dejo dar un bocado pequeño a mi crepé. -se la ofrecía, y el tono que usaba era como si le estuviera hablando a una mascota. -Por cierto, ¿qué juego es este? -pregunté levantando la pelota.


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Me eché a reír sonoramente sin importarme los mundanos a nuestro alrededor, que nos miraban con la curiosidad implícita en sus rostros. Tampoco me parecía raro, casi llegaba a los dos metros, si me dedicaba a reírme de aquella brusca manera llamaría la atención de cualquiera. Su codazo en las costillas no dolió, y no precisamente porque Karou no tuviera fuerza, sino porque fue amistoso. Tenía la leve sensación de que si me peleaba cuerpo a cuerpo con la morena, saldría lleno de cicatrices—. Tranquila, donde explotes yo explotaré —dije, imitando su afición por cambiar el juramento que hicimos y nos unió como parabatai.
El siguiente tema me cogió desprevenido. Habituaba a poner buena cara cuando me preguntaba por sus padres, incluso solía bromear y recordar los desastres que hacía en su casa cuando era un crío. De vez en cuando, sólo si la situación lo requería, me mandaban alguna carta para saber cómo estaba. Por lo general prefería pensar que era puro compromiso, o una manera indirecta de preguntar por el verdadero estado de su hija, ya que yo la conocía mejor que nadie. Solté un par de carcajadas, recordando al felino al que hacía tiempo que no veía—. No puedes culparle, seguro que las cortinas eran feas y los invitados muy serios. Ya sabes que Merlín sólo cuida de nosotros —argumenté, en un intento por defender al gato. Con el paso de los años me había parecido estúpido el nombre que había escogido, pero siempre me había transmitido un mensaje de lucha constante, quizás por eso me gustaba estar cerca de él.

Enarqué una ceja al escuchar el nuevo juramento, luego no pude evitar reír—. Deberías dedicarte a hacer los juramentos, estoy seguro de que habrían muchos más parabatais… ¿Qué es el apoyo en combate comparado con poderte comer la comida de otro? —bromeé, negando con la cabeza mientras intentaba recuperar la seriedad. Ella era la única persona en todo el mundo con la que reiría de verdad, quizás porque su sentido del humor era muy parecido al mío. Sí, yo también soy muy gracioso y disfruto de mis ocurrencias, para qué mentir.
Mi sonrisa, mientras lanzaba la pelota y ella la cogía sin problemas, era triunfal. Aunque en un primer momento me había molestado el hecho de entablar conversación con aquel grupo de  chicos, por otro lado había salido beneficiado. No iríamos a la discoteca Lotus, era evidente, y nos llevábamos una buena lista de lugares de moda a los que irían, seguro, subterráneos. Me encogí de hombros ante su pregunta—. Son mundanos, no pidas más de ellos o sus cabezas echarán humo —dije, resignado. Le di un gran bocado a su crepe sólo por ver su cara al descubrir que le había quitado la mitad, mientras masticaba y reía entre dientes. Le quité la pelota de la mano, aun tragando la comida—. Algo llamado fútbol, o eso creo… da igual, inventemos nosotros uno nuevo —ofrecí, separándome unos metros de ella. Era malísimo en deportes, aun más cuando eran mundanos. No comprendía cómo podían pasarse horas delante de un televisor, viendo como la gente corre de un lado a otro—. Te apuesto una crepe a que no consigues quitármela. —Alcé las cejas y, con una mano, elevé la pelota en el aire para tentar a la morena, preparado para echarme a correr desde que moviera un músculo.
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-Es que si no lo haces te perseguiré como una fantasma. -le prometí con una sonrisa al decirme que donde yo explotara él también lo haría. Los pocos parabatai que he visto era de ese modo. Eran cómplices en todos los aspectos, si pasaba algo el otro lo notara de inmediato, puede que no se lo cuente pero sabría que pasaba algo. Era una relación que no se podría explicar, tenías que sentirlo para darte cuenta a que me refería, éramos más que amigos, más que familia, mucho más. Era muy complicado definir la relación de dos compañeros de combate.

Salió por la tangente cuando le pregunté por mis padres, contestó a al pregunta, pero era cierto que le incomodaba. Le hice una trenza en el pelo para que se relajara un poco, mientras escuchaba sus preguntas para desviar el tema. No insistí en el tema. Sonreí a medias escuchando su respuesta.
-Lo sé. -contesté. -Seguramente se aburre demasiado sin nosotros en casa. -el gato tenía la manía de entrar y salir de nuestros cuartos sin importarles nada. Si hacía alguna travesura se apresuraba a ir a nuestros dormitorios para refugiarse. -Oye, -comencé, podría parecer algo indecisa, aunque en realidad solo estaba tanteando al terreno a pesar de no ser necesario. -creo que nos vamos a quedar más tiempo de lo normal en Nueva York, a lo mejor es el momento de traernos a Merlín con nosotros. Está bien en casa, pero todos sabemos que preferiría estar con nosotros. A mis padres no les echaría de menos, a nosotros sí. -no creía que fuera mala idea, sin contar que el instituto de Nueva York era lo bastante grande para que el gato fuera a su aire y no pasara absolutamente a nada y si alguien se quejara, bueno tendría que aguantarse, eso era todo. El gato no molestaría a nadie si no le tocaban la moral.

Cambié un poco el juramento parabatai para que concordara con lo que a mí me interesaba y eso le hizo reír bastante. No podía negar que verle de aquella manera por mi culpa me subía un poco el ego, a pesar de saber que era cuestión de tiempo de que ya no fuera la única. Tenía que empezar a mentalizarme de eso, y no me gustaba.
-La comida es la comida, sin comida no se puede apoyar a nadie. -después de eso, y que fuera ha hablar con los chicos cogí la pelota al vuelo sin ningún tipo de esfuerzo. -No pido más de ellos, pero no has respondido a mi pregunta. -enarqué una ceja. -¿Eso te sirve a ti? ¡NO ESPERA! -le grité cuando le dio una fuerte mordida a mi crepé, me dio igual que me quitara el balón. -¡Te has comido la mitad de un solo bocado! -le acusé. Escuchaba su explicación mirándolo mal, mientras me llenaba la boca con rapidez con la comida, con la intención de comerme cuando antes la crepé antes que se le ocurriera darle otro mordisco. Me retó, levantando el brazo con la pelota en la mano, enarqué una ceja se estaba aprovechando de su altura. Yo le llegaba justo debajo de la barbilla, donde terminaba yo, su barbilla empezaba. Tensé los músculos con la intención de saltar, ya me había terminado la crepé y tirado a la basura la bolsa. Sin embargo, nada más hacer ese sutil movimiento hizo que comenzara a correr, alejándose de mí. -Tramposo. -me quejé mientras comenzaba la carrera detrás de él, no había pasado ni un segundo antes de reaccionar.


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