10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


25/12 - ¡Por fin se ha abierto el panel de inscripción para moderadoras/es! ¡Apuntáos cuanto antes! Además, administración quiere dejar constancia de que, con motivo de las fiestas, la nueva limpieza por inactividad se realizará entre los días 03 y 04 de enero. ¡¡De nuevo, Felices Fiestas, submundis!!


19/12 - ¡Las noticias de final de 2016 están recién sacaditas del horno! ¡Felices fiestas!


04/10 - ¡Aquí llegan el inicio oficial de la Trama Global! Seguid este caminito de baldosas amarillas para saber dónde están vuestros temas, quiénes participan y decidir en cual entrar. ¡Esperamos que lo disfrutéis mucho!


06/09 - ¡Aquí llegan los cambios en la ambientación y la trama y las noticias de agosto y septiembre! No dejéis de leerlas, porque dentro hay muchos cambios importantes.


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The story of how we met. || Winter (FLASHBACK)

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Casa de Marjorie White. Hace 6 años.

Marjorie White era de lejos una de las mujeres menos egoístas que había conocido. Generaciones de White habían vivido bajo la atenta mirada de Schwarz, y muchas de ellas habían resultado ser bastante estúpidas y creídas. Con los humos subiditos, se pensaban que él siempre estaba cerca porque era un criado, un criado cuya familia debía demasiado a la suya y que por tanto debía ser su perro faldero. Rowan no era el guardaespaldas de nadie, simplemente estaba allí cumpliendo con un trato que había hecho hacía mucho tiempo y del cual encontraría el modo de terminar no tardando mucho. Marjorie era la última mujer con aquel apellido, pues su hija llevaba el apellido paterno, y si ella aún conservaba el de soltera era por la pura cabezonería de negarse a cambiarlo. En cuanto aquella afable abuela muriera, Rowan se vería libre de esas cadenas, y podría ir y venir, hacer y deshacer a voluntad sin temer ser llamado de nuevo por algún brujo para proteger a nadie más. Y para ser sinceros, estaba deseando poder olvidarse de aquella familia que tantos dolores de cabeza le había causado.

Marjorie se encontraba sentada en el sofá de color crema con las gafas puestas y con un libro de pasatiempos abierto. Era aficionada a los crucigramas y las sopas de letras, y aunque no veía del todo bien, podía pasar horas haciéndolos (e inventándose las respuestas, todo sea dicho). Rowan estaba en una esquina, observando, porque aunque la buena señora desconocía que estaba ante un demonio, se había dado cuenta que mientras ella había sufrido las consecuencias de los años, él estaba fresco como una rosa. Inmortalizado en sus aparentes 26 años. Ella se había acostumbrado a su silenciosa presencia, le había dejado claro que siempre que estuviera en aquella casa podía sentirse como en la suya propia, y que no hacía falta que estuviera de pie si no quería. Él, siempre con elegancia, había rechazado su ofrecimiento.-Rowan, querido.

Levantando la mirada de sus crucigramas, observó al demonio. Medio oculto entre las sombras (porque prefería la oscuridad antes que el brillante y molesto sol que entraba por los ventanales), sus ojos de hielo miraron a la anciana.- Es posible que mis nietas vengan pronto.- Sabía de su poco gusto por la gente, así que siempre que iba a tener visita, Marjorie le avisaba para que se escondiera en alguna habitación de la casa o simplemente desapareciera. Asintió levemente, y poco después, el timbre de la casa sonó. La señora White abrió la puerta y entraron dos muchachas perfectamente vestidas. Ambas abrazaron a su abuela, mientras el demonio se escabullía... Casi no necesitó de glamour o poder para ello. Las chicas simplemente, no le vieron. Y fue a la habitación de invitados, lugar que Marjorie no solía usar, y que por lo tanto, estaba cerrado. Allí en la oscuridad, Rowan se sentó en la cama, se sentó y esperó. A no ser que una de esas rubias mocosas se hubiera convertido en una terrorista, la señora White estaría bien, no le iba a necesitar. Claro que el demonio no había contado con que el perro estaría allí. Al notar cómo la cama se hundía bajo el peso del ser, el bicho empezó a ladrar.

Rowan se levantó de un salto, se alejó del animal, esperando que se calmase y que nadie se hubiera dado cuenta de aquello. Pero ya era tarde, los pasos se apresuraban hacia la habitación, a ver por qué el perro estaba encerrado en aquel sitio, y para saber qué narices le había hecho ladrar. La puerta se abrió, dejando pasar un chorro de luz, que distrajo momentáneamente al demonio. Y entonces, la lámpara se encendió, para permitir que los ojos humanos pudieran ver qué pasaba ahí dentro. El perro, rabioso, miraba a Rowan como si tuviera algún tipo de enfermedad infecciosa, y éste a su vez, le devolvía la mirada ceñudo. Estúpido perro. Pensó. En general no tenía buena mano con los animales, que o bien huían de él, o le miraban poniéndole la cruz e insinuando "como le hagas algo a mi dueño, te parto por la mitad". Todos los animales domésticos a los que se había acercado por el motivo que fuera, habían intuido su naturaleza y se habían puesto a la defensiva. La última en reaccionar así, había sido Mimi. Y en medio de ese duelo de miradas asesinas lo encontraron.

-¡Mimi!- Se oyó una aguda voz llamando al perro. Éste bajó de la cama para ir corriendo a los brazos de una de las chicas que había venido. La más pequeña, se atrevería a decir Rowan pero no veía del todo bien. La luz le daba directamente en los ojos y le costaba enfocar. El perro se colocó delante de la joven, en un gesto protector. Como si ella fuera su cachorro y quisiera evitar que el demonio se lo llevase. Pero estaba claro que hiciera lo que hiciera Mimi, Rowan no iba a poder quedarse allí, calladito y quietecito. Nadie esperaba encontrarse a alguien con aspecto de ser el nieto rebelde de Marjorie encerrado en aquella habitación. A ver qué explicación le daba la señora White a aquello...
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Había tenido en mente ir a visitar a su abuela las dos últimas semanas, pero siempre tenía que posponerlo; si no era porque Scarlett se las llevaba a la semana de la moda de París, era porque tenía el recital de piano y si no, que su hermana quería que la acompañase a comprar ropa. Winter nunca se había sentido atraída por cosas tan triviales como comprar ropa o viajar hasta la conchinchina para ver tipas anorexicas luciendo modelitos de ropa que podía ver en cualquier tienda de ropa en New York. Claro que le gustaba la ropa, la ropa bonita les gusta a cualquier chica de diecisiete años, pero francamente le parecía estúpido que ir de "shopping" se considerara un hobbie. Para pasatiempo ya tenía las clases de equitación, las clases de piano o incluso jugar con su perrita. Cuando le había pedido a su chófer, Robert, que la llevara a casa de su abuela Marjorie, su hermana de quince años se había apuntado inesperadamente.


La primogénita de los Rosewood, se encontraba mirando por la ventanilla del coche, ausente, mientras su hermana cantaba alguna canción pop genérica de moda. Los graznidos que resonaban por todo el coche se mezclaban con los golpecitos nerviosos de los dedos de Winter contra la puerta del coche. Estaba algo nerviosa, sin motivo aparentemente. Había ido muchas veces a casa de su abuela como para estar nerviosa, pero ese día notaba algo extraño en la boca del estómago, algo que la inquietaba. Robert paró el coche suavemente y les abrió la puerta. Catherine, ataviada con un vestido rosa y un collar de piedras resplandecientes, salió la primera y cruzó corriendo el jardín hasta la puerta de la gran casa. Winter se bajó del coche dedicándole una sonrisa dulce al hombre que prácticamente la había visto crecer y se encaminó hacia la casa de su abuela con sus eternas pintas de niña buena. Al llegar a la puerta intentó atusar la falda de su hermana, que no paraba de moverse como un chinche, respiró hondo y presionó el timbre. Marjorie las recibió con su sonrisa bondadosa y sus ojos brillantes.
Ambas la abrazaron con fervor para después adentrarse en el luminoso salón. Catherine empezó a parlotear sobre lo beneficioso que sería un cambio de mobiliario para el zen de su abuela mientras esta se hacía la interesada y Winter sonreía apoyada en la puerta de la cocina. Un estruendo proveniente de una de las habitaciones las hizo sobresaltar.

Cathy salió disparada hacia de donde provenía el ruido. El ruido no era más que el ladrar histérico de Mimi, el perrucho de su abuela. La menor abrió la puerta con demasiada fuerza provocando que la hoja de madera impactara ruidosamente contra la pared. Winter siguió a su hermana, levantándose la falda para no caer de bruces.
-¿Cathy?- preguntó casi llegando a la habitación de donde salía luz.- ¿Cathy estás bien?- repitió justo entrando en donde el perro ladraba como si no hubiera un mañana. Al ver lo que pasaba dentro se quedó estupefacta; había un muchacho en medio del dormitorio. Agarró el brazo de su hermana y la puso detrás de ella. No tenía ni idea de quien demonios era, pero no iba a quedarse quieta esperando una explicación.- ¿Quién eres tú?- Le preguntó sin fiarse.
-No lo sé, pero es muy guapo.- Susurró su hermana menor.
-¿En serio Cathy? ¿En serio? Y si es un asesino, ¿qué? - Su voz indignada mientras se giraba un poco para mirarla a los ojos. Con todo el revuelo, Marjorie había llegado a la habitación.
-¡Oh querido! Siento todo esto este lío. Winter, deja de mirarlo de esa forma. No es un delincuente.- La regañó poniéndose entre el demonio y la muchacha.
- Es un delincuente muy guapo.- Volvió a intervenir la adolescente que había conseguido callar al perro. La hermana mayor se giró hacia ella con cara de callate-ya-por-favor.
-Este muchacho me ayuda con algunas faenas de casa.- Aclaró Marjorie tocándole el hombro gentilmente al moreno. Ambas chicas fruncieron el ceño, pero por diferentes razones: Winter no se fiaba y bueno, Cathy no se creía que semejante chico con pintas de ser un rebelde sin causa ayudara a ancianas desvalidas (aunque le encantaba él). La chica de diecisiete años intentó utilizar su instinto: Winter creía tener el don de saber si alguien era peligroso, si era culpable o inocente. El joven no le parecía trigo limpio pero no parecía tener malas intenciones con su abuela, así que se relajó.

Diez minutos después los cuatro estaban en el salón, sentados en el sofá con una taza de té en las manos. Marjorie intentando que la situación no fuera tan extraña, Winter tomando el té con las piernas cruzadas y la espalda erguida (como debía estar una dama, según su madre), y la pequeña entre su abuela y su hermana mayor, haciéndole ojitos al moreno.
- Ayer tuve el recital de piano.- Comentó Winter para romper el hielo. Su abuela la miró con interés.
-Rowan tiene muy buena voz, podríais hacer un dueto.- Comentó Marjorie alegre. Winter se atragantó con el té. La cara de él era un poema. La mujer solo había dicho eso para chinchar al demonio. Lo conocía desde que tenía uso de razón. Desde aquel día que se dio cuenta que todas las noches, en la esquina de la habitación más alejada de la luz lunar que se colaba por la ventana, había unos ojos tan azules como fríos. Al principio no quiso pensar en ello, hasta que una noche se atrevió a acercarse a la sombra para preguntarle si era su ángel de la guarda. Nunca olvidaría la carcajada amarga que salió de él como tampoco olvidaría todas las veces que le había salvado la vida. Por eso, con ochenta años se tomaba la libertad de bromear con él, incluso intentar molestarlo con bromas inocentes. - Winter toca muy bien el piano.- Le comentó al tal Rowan intentando mantener su rostro serio cuando lo que quería la anciana era reírse a carcajadas de la cara que estaba poniendo su nieta.
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Se sintió observado, observado y analizado. Puso sus manos delante de sus ojos, para que le hicieran algo de sombra y pudiera ver mejor quién estaba delante de él, aunque por las voces se lo imaginaba: Las primeras en llegar a la habitación había sido las nietas de Marjorie, y por supuesto, no comprendían su presencia allí. Mas Rowan no dijo nada, no era su deber dar explicaciones a nadie, y menos a esas dos mocosas malcriadas. Ni a la que le miraba mal, ni a la que lo observaba como si fuera una escultura del mismísimo Miguel Ángel. Por suerte, la abuela de las niñas enseguida llegó y le quitó importancia a la situación: Un ayudante. El demonio, como era de esperar, puso los ojos en blanco, pues por muchos años que pasasen él nunca iba a deja de ser "el criado", "el ayudante", "el muchacho de los recados"... ¿No había gente con imaginación en ese estúpido mundo? Aquella respuesta era la más obvia, y apenas tuvo que ver el rostro de la mayor de las hermanas para ver que aquella mentira tan descarada no se la tragaba. Rowan hubiera preferido algo del estilo "no os preocupéis, es mi amante pero no tenemos nada serio". Lo peor vino a continuación, que en lugar de dejarle en paz que se fuera a hacer cualquier cosa, se vio arrastrado a tomar el té con aquellas 3 mujeres. El demonio, que nunca se sentaba en esa casa, que no hacía crucigramas con Marjorie y por supuesto, no tomaba el té, se vio en uno de los sillones. Solo. Encarando a Marjorie y sus nietas.

Estaba sentado, recto, visiblemente incómodo, serio (ceñudo, por supuesto) y mirando al frente. Sus ojos apenas se dirigían a las chicas, y no quería mirar a la señora White que estaba feliz como una perdiz. Por fin había conseguido que Rowan no se escabullera con las visitas, y a lo mejor en futuros cumpleaños o celebraciones podría llevarlo a la mansión Rosewood. Diría de nuevo que era su ayudante, todos los creerían, y así el pobre muchacho se relacionaría con alguien más que una anciana. El plan de Marjorie para intentar ver a Rowan un poco feliz era brillante, y todo empezaba con sus nietas, su alegría, su vivir. Mientras, él simplemente, miraba al frente, imperturbable, como si simplemente estuviera vigilando desde las sombras. ¿Sabía que la menor de las hermanas seguía observándole? Claro que era consciente de las miraditas que le lanzaba, como si acaso fuera el chico malo que toda niña adolescente desea conocer, pero por su bien esperaba que solo se quedase en eso: Miraditas. Si esa chica se acababa acercando a él más de lo debido podía llevarse un sorpresa, y desagradable. La mayor lo examinaba de vez en cuando, pero de manera mucho más discreta que su hermana, y Marjorie... Era feliz. Estaba en su salsa, y parecía que en cualquier momento se iba a arrancar a bailar algo de la emoción. Esa señora, aún tras tantos años, seguía siendo un misterio para Rowan.

Prestaba poca atención al parloteo que se traían, su mente estaba ocupada pensando qué pasaría si de repente desplegaba sus alas y salía volando por una ventana para subirse al techo de la casa. Habría sido una solución mucho mejor que la de encerrarse en la habitación de invitados pero tenía un fallo: En teoría los humanos no volaban. Cualquiera que le viera se quedaría alucinando y no tenía muchas ganas de verse perseguido por los cazadores de sombras. Otra vez. Mas al escuchar su nombre (su nombre humano), de repente clavó sus ojos en quién lo nombraba. Marjorie. Frunció el ceño de tal manera que probablemente esas arrugas se le iban a quedar ya marcadas para toda la eternidad. ¿La señora se había pasado con la medicación? ¿Cómo se le ocurría insinuar eso? Vale que no supiera su historia, que no supiera el poco aprecio que le tenía a las criaturas que lo rodeaban, pero de ahí a no saber que los seres humanos le desagradaban... Era evidente para cualquiera.- Yo no canto.- Sentenció secamente. Su grave voz reverberó en la estancia, hizo que Marjorie esbozase una sonrisita y que la menor de las hermanas abriera mucho los ojos. Como si hubiera confesado que se acababa de escapar de algún cuento o algo así.

- Ya pensaba que se te había olvidado cómo hablar, querido.- Dijo la abuela, mientras removía su té con una expresión de la mayor satisfacción.- ¿No quieres conocer a mis nietas? Te he hablado de ellas más de una vez, además de que ya ves que son encantadoras.

Sintió 3 pares de ojos clavados en él, más los del perro, que estaba a los pies de Marjorie y había levantado la cabeza con interés al escuchar al demonio hablar. Él continuó mirando hacia la pared que tenían las mujeres detrás, las manos sobre su propio regazo, y el té en la mesa. No lo había tocado, ni siquiera se había echado azúcar o había cogido la cucharilla para removerlo, aunque fuera para aliviar un nerviosismo que en verdad no sentía. Recital de piano, como si siguieran en 1800, como si en lugar de estar ante Marjorie, tuviera delante a Rose y su hija Summer presumiendo de las habilidades musicales de ésta. Todas eran como ella, tan superficiales como la pelirroja, tan necesitadas de elogios que para Rowan solo había una manera de responder a las alabanzas de Marjorie. Se encogió de hombros, como si nada. Y negó con la cabeza.- No me interesa.

No podía ser más sincero, al mismo tiempo que tampoco podía evitar ser desagradable. La señora White, a la cual no le sorprendió la respuesta del muchacho, puso cara de circunstancias. Ella estaba acostumbrada a lo distante que era Rowan, pero a saber cómo reaccionarían sus nietas ante aquello... Claro que esa chica no merecía consideración, halagos. No merecía la atención del demonio, y sinceramente, Rowan no podía esperar a que ella y la mocosa de su hermana se largasen.
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Ante tal comentario Winter permaneció  callada, su hermana por el contrario hizo una mueca de desagrado y le dijo a su abuela que se marchaba. Catherine nunca se había tomado muy bien las negaciones. ¿Por qué ese tipo les había dicho que no le interesaba conocerlas? ¿Quién se creía que era para hablarle así? Le dijo a su hermana que la esperaría en casa mientras salía hecha una fiera por la puerta principal. Winter no se sorprendió en absoluto, seguramente esperaba poder ligarse al tipo malo de turno para poder presumir delante de sus amigas, y que él dijera tan tajantemente que pasaba de ellas había sido un golpe directo a su ego. La rubia tomó otro sorbo de su té. ¡Menudo numerito se había marcado su hermana!

- Sincero es, no lo puedes negar.- le dijo directamente a su abuela con una sonrisa divertida. Siendo sincera, la joven pasaba del culo del chico tatuado, tenía cosas más importantes en las que pensar.
- ¿Me vas a contar como te está yendo en las clases de defensa personal?- Winter desvió momentáneamente su mirada azul a el joven para volver otra vez a su abuela, recordándole que tenían compañía. Winter mantenía sus clases de defensa personal en secreto, si sus padres se enteraban de que se estaba preparando para ser agente policial les daría un jamacuco y la internarían en una institución para señoritas.- Tranquila, Rowan no va a decir nada a nadie, no ves que apenas habla.- explicó Marjorie muy seria.
- Me van muy bien, la profesora dice que aprendo muy rápido y que eso me ayudará en la academia de policía. - soltó el té encima de la mesa, se levantó del sofá andando por la estancia evitando sentir culpabilidad. Aparte de acudir a esas clases sin decírselo a sus padres, encima les mentía diciendo que iba a clases de español. Paró en la inmensa chimenea que tenía encima un jarrón de rosas y un retrato de quien según su abuela era su tatarabuela o algo así. Se rascó el codo con incomodidad y levantó la mirada del suelo conectando con la bella dama pelirroja que estaba plasmada en el cuadro.- ¿Por qué la tienes todavía? - preguntó refiriéndose al cuadro.

- Porque es un recuerdo familiar y es muy bonita.- Explicó su abuela acercándose a la chimenea también. Ella arrugó la nariz ante tal afirmación. ¿Bonita? Deberían revisar su definición de belleza.
- Será todo lo bonita que quieras pero hay algo en ella que no me gusta. Creo que son sus ojos, son demasiado fríos. Casi diría que carecen de calor humano.- Sus dedos recorrieron el marco dorado con esquinas desgastadas por el tiempo, una extraña sensación se anidó en su estómago y se alejó del cuadro como si quemara. La rubia volvió a sentarse en el sofá pero siguió mirando a su abuela fijamente, Marjorie se encontraba recolocando el retrato de la chica pelirroja con exagerado afecto. Winter rezaba por que su abuela no se lo dejara en herencia. Volvió a mirar al joven, que no le gustaba ni un pelo, él tampoco parecía tenerle mucho cariño a ese cuadro.
De repente Marjorie se agarró a la chimenea, la joven se empezó a levantar.
-¿Abuela?- preguntó caminando hacia ella. Al tocarla, Marjorie se desplomó en sus brazos, ella intentó sujetarla como pudo.-¡Rowan! - gritó tratando de atraer la atención del moreno. La rubia poco podría imaginar que a su amable abuela le quedaban unos escasos seis años de vida postrada en la cama.
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Cierra la puerta al salir, bonita. Estuvo a punto de decir en cuanto la hermana pequeña se levantó y salió a todo correr de la habitación. No le había vuelto a dirigir la mirada, pero Rowan sabía que ella estaba furiosa, que su sinceridad había sido hiriente. La pena era que Winter, la señorita del recital de piano aún seguía sentada, con la taza de té en sus manos. Una sonrisa petulante se instaló en los labios del moreno, sabiéndose superior y con muchas más posibilidades de ganar que la rubita. Le sacaba más de 400 años, acabaría dando con ese punto débil que la haría irse a la misma velocidad que "Cathy". Incluso aunque ella hablase de él estando delante, como si fuera invisible o algo así. Directamente puso sus sentidos en modo off, porque no le interesaba lo que hablaban de la defensa personal, de los policías y de todo eso... Incluso ignoró el comentario de Marjorie acerca de lo poco que hablaba, aunque era verdad; había aprendido a no contar nada de lo que veía u oía, prefería vivir a su bola, y más teniendo en cuenta que había guardado las espaldas de varias generaciones de mujeres White. Rowan sabía muchas cosas que podrían hacer a Winter estremecerse. Alzó la mirada, para ver como la joven estaba al lado de un gran cuadro. Desde allí el demonio podía apreciar el parecido que solo otorga la genética, pero al contrario que la muchacha que tenía pinta de no haber roto un plato en su vida, la mujer del cuadro era inquietante.

No podría olvidar a Summer ni aunque quisiera... Ese pelo que parecía fuego, y esos ojos verde manzana. Al verla, había pensado en un veneno, un veneno letal pero que mata lentamente, porque así era Summer. Nunca le había gustado aquella chica, y su presentimiento no podía haber sido más acertado. Summer era hermosa, y era, a veces, como el hielo: Tan fría que quemaba, si te acercabas a ella lo suficiente. Miró al cuadro, ceñudo, recordando el día que se había tumbado en la cama junto a ella, y le había dicho que sabía lo que había hecho con su antigua criada. Deseaba poder prenderle fuego allí mismo, destrozarlo, reducirlo al polvo, maldecir sobre el nombre de aquella mujer una y otra vez como el día de su entierro. Pero sin más, apartó la mirada del lienzo, que le hacía sentirse observado, que le hacía volver años atrás a la habitación de Summer y a sus intentos de venderle su alma. En ese momento, que los ojos de Rowan estaban fijos en otro lado de la habitación, fue cuando Marjorie sintió sus fuerzas flaquear. Lo supo en el momento que la desesperación se hizo evidente en la voz de su nieta. El demonio fue al lado de la mujer, sosteniendo su peso contra su cuerpo y liberando a la chica rubia de éste. Él llevó el cuerpo inerte de la mujer hacia el sofá, e intentó encontrarle el pulso, mientras la joven aún estaba de pie.- ¡Haz algo!- Exclamó. Sus dedos se apoyaron en el cuello de Marjorie, detectando un muy leve latido.- ¡Llama a emergencias!- No sabía mucho de medicina, disciplina mundana que para él era completamente inútil, así que era más que obvio que necesitarían llevar a la señora White ante un médico. Para no meter a la buena señora en problemas, decidió que en lugar de echar a volar con ella a la espalda, esperarían a la ambulancia. Eso si Winter llamaba, porque si no, se vería obligado a sacar sus alas.

No mucho tiempo después, el chirrido de la sirena se hizo eco en la tranquila urbanización dónde vivía Marjorie. La montaron en una camilla y comenzaron a estabilizarla, a intentar no perderla en el trayecto al hospital más cercano. Rowan aprovechó el caos para hacerse invisible a los ojos de todos los mundanos, pues ya llegaría él, pero se negaba a montar en una ambulancia. Conocía el lugar, así que no tuvo más que dejarse ir... Apareció en las cercanías del hospital al que tantas veces había seguido a Marjorie cuando debía acudir a una revisión médica. La ambulancia apareció minutos después, desmontando a la señora White, que estaba entubada. Ignorando las miradas que todo el mundo le dirigía debido a su aspecto, Rowan llegó hasta la sala de espera. No estaba muy seguro de lo ocurrido con la mujer, pero tenía claro que iban a tener para rato allí. Además, para colmo, le habían denegado el acceso a Winter a la zona reservada para pacientes. Y posiblemente, habría avisado a sus padres y a su insoportable y estúpida hermana de todo lo ocurrido. Mientras Rowan esperaba que no le hubiese visto, se sentó bien alejado de las puertas, intentando pasar inadvertido a todo el mundo, no solo a la rubia. Claro que no todos los días un muchacho blanco como la muerte, y vestido de negro al completo entraba a un hospital. A lo mejor la gente que allí estaba, se pensaba que era la propia muerte, que había venido a llevarse consigo a unos cuantos pacientes. Sonrió para sí mismo ante aquella idea, y sintió como el miedo de aquella gente flotaba en el aire. Podía percibirlo. Alimentaba su poder. Miedo por sus familiares enfermos, miedo por él, por si era peligroso... No era gran cosa, pero allí estaba.

Se recostó contra la dura (e incómoda) silla de plástico, jugueteando con sus propias manos, como si fueran lo más interesante del mundo. Qué pena no haberse traído el libro de pasatiempos de Marjorie para hacer algo mientras esperaba, porque iba a aburrirse como una ostra.
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Todo había ocurrido demasiado rápido y no pudo hasta horas después asimilar lo que había pasado. No supo como había marcado el número de emergencias, como había dado la dirección de la casa de su abuela correctamente y mucho menos de donde había sacado las fuerzas para sostener la mano fría de su abuela sin llorar. Estando sentada en la ambulancia, su abuela inconsciente extrañamente tomando su mano como si fuera un salvavidas en el mar. Winter tenía claro que quería dedicar su vida a ayudar a los demás, estaba segura de tener la fuerza requerida para mantener a otras personas a flote. Pero no cuando lo que tenía que mantener a flote era su abuela, en este caso se estaba derrumbando.

Cuando bajaron a su pobre abuela del vehículo ella bajó detrás intentando alcanzar la camilla y no perderla de vista entre tanto médico que se apiñaba alrededor de ella. Un enfermero le dijo que no podía pasar más allá que le iban a hacer pruebas, y que debía esperar en la sala de espera. Winter trató de protestar pero dos auxiliares de enfermería prácticamente la arrastraron hacia la sala. La rubia se resignó y se sentó en una silla, abatida. No miró alrededor, no sabía que debía hacer. Con lágrimas en los ojos hizo lo que pensó que sería más lógico, llamar a su madre, que estaba en Québec por negocios. Su madre le contestó con voz dulce, ajena a la desgracia que estaba sufriendo su familia.
-Hola mamá, -pausa para contener el llanto y que hizo a su madre preocuparse.- No mamá, yo estoy bien. E- es la abuela.- Scarlett  empezó a inquietarse. - No sé  mamá, se ha quedado inconsciente. Estoy en el hospital de Saint Jean.- pausa de tres minutos.- Vale te llamaré cuando me digan que le pasa. Sí, yo también te quiero.

Y colgó el teléfono mordiéndose el labio con nerviosismo. Alzó la mirada de su teléfono móvil encontrándose con el extraño muchacho con tatuajes. Se levantó con cierta desconfianza, estaba empezando a creer que lo que él quería era la herencia de su abuela. ¡Já! Pues estaba apañado el tipo, porque su tío y hermano de su madre se había gastado toda la fortuna de sus abuelos y había dejado a Marjorie con deudas. Si su abuela aún mantenía su casa y algunos privilegios era debido a que Scarlett y su marido, William, se habían encargado de reparar el daño que había hecho el estúpido de su hijo menor. Se acercó hasta el muchacho que miraba sus manos fijamente.
-¿Qué es lo que quieres de mi abuela? No me creo que seas el chico de las faenas. No tienes pinta de ser alguien que se preocupe por los demás.- Comentó con acidez en la voz. ¿Ya había dicho que a Winter no le gustaba él? Antes de que el muchacho pudiera contestar, un enfermero entró en la sala mirando un portafolios.
- ¿Familia White?- Winter se giró rápidamente y se acercó al hombre murmurando un suave "yo" que contrastaba con la hostilidad hacia el moreno.- La señora White a sufrido una embolia arterial severa, debemos operarla de inmediato. ¿Tiene seguro?
- Sí, pero no sé cual es. Puedo pagar la factura yo ahora mismo si hay algún problema.
- Sin el seguro es imposible operarla. Señorita, usted tiene pinta de ser menor de edad.
-Soy Winter Rosewood, puedo pagarle ahora si quiere.- Comentó al borde del enfado, rebuscando en el bolso su tarjeta de débito; tenía muchísimo dinero en ella, el costo de la operación y la estancia en el hospital no sería un problema. Por otra parte estaba el enfermero, que al escuchar el apellido de la muchacha se quedó blanco.
- Señorita Rosewood, no habrá problemas, puede pagarlo más tarde. No se preocupe.- La rubia aún así le enseñó el documento de identidad para asegurarse de que supiera que no le mentía. El hombre asintió con la cabeza levemente, lo último que le faltaba era meterse con la familia equivocada, avisaría a la administración lo más rápido que pudiese. Francamente, Winter no era muy asidua en eso de utilizar su influyente apellido para conseguir beneficios, pero cuando se trataba de ayudar a alguien que quería, podía hacer la excepción. El enfermero se fue por donde había venido, seguramente a informar de que tenían a una Rosewood tocando las narices en el hospital.

Quería evitar al muchacho que había conocido en la casa de Marjorie a toda costa, porque solo estaba segura de unas pocas cosas en su vida: primera, que quería ser agente de policía, segunda, que le encantaban los gatos y tercera, que ese tipo era gilipuertas (como decía ella). Se fijó que al igual que ella, la gente de la sala evitaba sentarse cerca de él y se sintió mal. Suspirando sonoramente se levantó de su silla para ponerse en otra más cercana al joven. Dejó un asiento libre entre los dos, que hiciera correr el aire. Sabía de sobra que a ese chico le importaba un comino si nadie se sentaba a su lado porque les daba pavor su apariencia, es más, tenía esa mueca de orgullo petulante, pero a Winter no le importaba en absoluto. Además la rubia quería darle a entender a las otra gente que estaba en la estancia que una persona tatuada no era señal de peligro, y que no debían hacer el vacío de esa manera. Sí que al tal Rowan le daba igual si nadie se acercaba (hasta mejor para él ) pero habría otro chaval tatuado que seguramente se sentiría mal ante tal situación. Y eso es lo que Winter Juliet Rosewood quería cambiar.




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La mirada de Rowan se clavó en la muchacha rubia que peleaba con un enfermero. No sabía de qué hablaban, aunque podía imaginárselo, pero le importaba poco. Él estaba allí por cierto trato hecho hace siglos, no porque quisiera servir de apoyo moral a Winter, eso lo tenía clarísimo. Los temas de su abuela, tendría que lidiarlos su familia, por muy insensible que aquello sonase... Rowan no estaba ahí para ser el abogado del diablo por nadie, no peleaba luchas que no fueran suyas, ni aunque incluyera la salud de una White. Así que su culo continuó plantado en aquella silla mientras la chica solucionaba lo que sea que tuviera que arreglar con el enfermero. - Estás inquieta por lo que me une a tu abuela, ¿verdad? ¿Tienes miedo de que pueda legarme todo lo que tiene si acaso hoy muere?- Susurró en cuanto se sentó cerca de él. No le había pasado desapercibido que había elegido un sitio bastante más lejos del suyo pero que luego se había cambiado.- Lo creas o no, no me interesa nada de lo que ella tenga.- No sabía muy bien por qué le había dicho aquello, por qué había aclarado que no iba tras el dinero o propiedades de Marjorie, a lo mejor para que le dejase en paz y no siguiera acusándole de ladrón. Aunque para ser sincero, le daba igual lo que Winter o su familia pensasen de él. No era por ser mala persona ni nada de eso, pero si la abuela de esa muchacha moría ese día, Rowan sería libre. Su trato con la familia White habría terminado porque no había más mujeres con dicho apellido, y dejaría atrás muchas cosas. Así que teniendo en cuenta lo que había sufrido por culpa de ese apellido, estaba deseando que Marjorie pasase a mejor vida... Pero sin rencores, ¿eh? No era culpa suya, los demonios no se caracterizan por llorar la muerte de los humanos.

Miró hacia el asiento libre que había entre ellos. La señorita había sido lo suficientemente valiente como para insinuar que estaba interesado en las riquezas que Marjorie poseía, había tenido las narices para acercarse a él cuando la gente que les rodeaba no dejaba de mirarle de reojo por si acaso sacaba una navaja de algún lado y les pedía el dinero y sin embargo no era capaz de sentarse a su lado. Soltó una carcajada amarga, porque por mucho que esa niña hubiera dicho algo de la academia de policía, era igual que todos. Quizá lo temía, quizá le tenía asco, pero no se atrevía a salvar el espacio que los alejaba.- ¿Acaso te doy miedo, Winter?- Susurró, inclinándose ligeramente hacia el lado dónde ella estaba sentada. La verdad es que allí se sentía un poco como en casa, le divertía ver la desaprobación en la cara de otros. Y echándole todo el morro del mundo al asunto, se sentó en ese sitio libre. No es que quisiera estar al lado de ella, ni entablar conversación, y mucho menos llorar abrazaditos sobre el trágico destino de Marjorie... Pero Winter ahora mismo se le antojaba la distracción perfecta: Era la señorita finolis, la White engreída que parecía un ángel de cara a los demás pero que en verdad era mala como un dolor.- Me vas a herir en el corazoncito, mira que no sentarte a mi lado...

Ante la curiosa (y poco disimulada) mirada de los que allí estaban, rodeó con un brazo a la joven. No tenía ni idea de quién era ella, por supuesto... Rowan no veía la televisión, ni leía las noticias, así que no podía saber que estaba tocándole las narices a una Rosewood, pero por sus pintas y sus modales refinados, podía imaginarse que pertenecía a una familia pija. Al tipo de familia que le daría un patatús si vieran a su hija agarrada de alguien cómo él, y eso sin saber que en verdad era un demonio. Teniendo cuidado de no rozar su piel con sus dedos, apoyó su mano sobre su hombro, y valiéndose de uno de sus poderes como demonio, hizo que sobre esa zona, Winter empezase a sentir calor, calor como si la estuviera quemando allí dónde su mano tocaba. Iba controlándolo, de manera que no sintiera la quemazón de golpe, sutileza ante todo. No iba a mentir, Rowan no hacía esas cosas, lo suyo era ir por ahí en su forma demoníaca, dar por saco un poquito, matar otro poco y para casa, pero ya que tenía que estar allí, tendría que conformarse con sacar de sus casillas a esa chica. Además, como demonio, era esperable que disfrutara incordiando humanos, ¿no?

Alzó una ceja, mirándola desde arriba (por que sí, la verdad es que le sacaba una buena cabeza a Winter). A ver cuánto tardaba en levantarse, haciéndose la ofendida y jurando que la había quemado con un mechero.- Por cierto, tu hermana es un poco dramática, ¿no?- Comentó, como si nada, recordando a la la otra chica rubia que había estado en casa de Marjorie y que se había cabreado mucho al escuchar de labios de Rowan que no le interesaba conocerlas.- Yo que me quería hacer el difícil...- Imprimió una pena fingida en su voz, como si la rabieta de Catherine le hubiera aguado los planes.
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Se tuvo que recordar a sí misma porque había aposentado el trasero tan cerca del sinvergüenza ese. No, Winter no le tenía miedo. ¿Qué? Unos tatuajes no le imponían suficiente pavor como para hacerla salir corriendo. Claro, que como le explicaba a semejante rarito que si no se había sentado a su lado no era por miedo si no porque le parecía gilipuertas y le caía como una patada en la mismísima cabeza. Y había dejado una silla en medio para darle algo llamado... no sé... ¿espacio personal?
- Te puedes quedar las pertenencias de mi abuela, yo no las quiero. Lo que no quiero es que le hagas daño.-Contestó tajante. Asintió algo más relajada cuando él admitió con franqueza que no quería nada de Marjorie. Algo le decía a Winter que Rowan no mentía. Por si la situación en sí no era suficientemente rara, el muchacho decidió inclinarse un poco y preguntarle si le tenía miedo. A Winter se le escapó una carcajada sincera.
-¿Miedo? ¿De ti? ¿Hablas en serio?- preguntó conteniéndose las ganas de reír. Rowan se movió de asiento, sentándose en el de al lado de la rubia. Ante la actuación del moreno ella decidió seguirle el rollo, y poniendo su mano derecha en la frente y la izquierda en el pecho comentó con voz lastimera.- ¡Oh! Dios no quiera que le parta el corazón al amante de mi abuela y que me castiguen sin merendar.- Al terminar sus palabras volvió a poner sus manos en su regazo con tranquilidad. Observó con una ceja enarcada como él pasaba el brazo por el respaldo de la silla y apoyaba su mano en su hombro. Decidió callar aún cuando empezó a notar un calor bastante molesto en él. Si quería incordiarla con ese truco iba apañado. Se quedó quieta en el sitio, tiesa cual vara de bambú.

-Sí, mi hermana suele ser bastante dramática. Pero... - fingió una expresión interrogante- yo pensaba que preferías las ancianas octogenarias a las niñas de quince años. ¿Cuántos años tienes? ¿25? ¿26? ¿No crees que mi hermana te va demasiado pequeña?- su mirada azul conectó con la hielo de él, ella tenía un brillo sarcástico y una sonrisa arrogante. El calor se hizo más molesto y la rubia cada vez se sentía más irritada. A ver, que no es que fuera él, era con todo el mundo. Winter se sentía muy incómoda cuando cualquier persona la tocaba, aunque el contacto fuera mínimo;  solo podían tocarla sus padres, su hermana y su abuela. Y este tipo la estaba tocando como si se conocieran de toda la vida, la rubia tenía claro que no iba a dar su brazo a torcer, no quería demostrarle a Rowan que le molestaba que lo hiciera porque era capaz se seguir sólo para molestarla.

-Así que... ¿Me podrías explicar como alguien como tú...- le echó una mirada de arriba abajo.- conocería a alguien como mi abuela? Que no quiero decir que porque tengas tatuajes seas mala persona que no... no son tus tatuajes, son tus ojos. Son algo escalofriantes. - Le explicó mirándolo fijamente a los ojos. Aunque estaba totalmente concentrada en la mirada de él, de reojo pudo percibir un movimiento extraño en el otro lado de la sala. Un paparazzi, lo que le faltaba. Puso una mueca de desagrado. Seguramente habría tomado unas cuantas fotos, de ella y de Rowan. Suspiró pesadamente y le susurró.- Aléjate de mí, hay alguien que nos ha tomado una foto y bueno, si estás cerca de mí tendrás muchos problemas.- Volvió a mirar hacia donde había divisado al fotógrafo, ahora hacia ver que leía un periódico. Se le notaba a leguas que ese hombre no pintaba nada allí, estaba demasiado tranquilo como para tener a alguien en el hospital. Winter se sentó otra vez erguida en su posición de chica Rosewood, toda una digna señorita que no debe meterse en problemas ni en habladurías. Su padre era uno de los políticos más conservadores de América, si ella salía en todos los periódicos junto a un muchacho lleno de tatuajes la imagen de William se ensuciaría y entonces ya podía huir del país o cambiarse de apellido.




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No entendía el descaro de Winter, su valentía. ¿De dónde sacaba las ganas para mirarle a los ojos y manifestar su preocupación por su abuela? ¿No le estaba dando motivos suficientes para levantarse y largarse a la otra punta de la sala de espera? -Sí, como te has sentado tan lejos he pensado que me tenías miedo o que te daba asco. Y creo que prefiero lo primero, puedo dar mucho miedo cuando me lo propongo.- Y tanto. Winter no se imaginaba ni por un momento el miedo que Rowan podía llegar a dar. Su forma humana era mil veces mejor que la demoníaca, y simplemente con sacar sus alas, negras como la noche más oscura, podría provocar verdadero pavor en aquella sala. Si no fuera porque no le interesaba que ella se enterase de que un demonio cuidaba a su abuela, habría probado a hacerlo...- Esa es buena, prefiero ser el amante al chico de los recados, pero has fallado estrepitosamente; no estoy con tu abuela por... Eso.- Rowan hacía mucho tiempo que no se acercaba a una mujer, o al menos que no lo hacía de esa manera. Sexualmente, todas habían dejado de interesarle, pues la única que era capaz de atraerlo, de despertar interés o deseo en él estaba muerta. Y si no era con Neela, no quería nada con nadie. Alzó una ceja al hablar de Catherine.- Simplemente me divertía ver cómo me miraba, ¿sabes? Ni que yo fuera un ángel caído del cielo, qué locura... Y por cierto, no adivinarías mi edad ni en cien años, te falta imaginación.- Incluso Marjorie era pequeña para Rowan si nos poníamos en esas. Pero lo divertido de aquella tarde habían sido las coquetas batidas de pestañas de Catherine, como si hubiera descubierto al amor de su vida en un momento.

Se inclinó un poquito hacia Winter, para poder susurrar en su oído sin que ninguno de los que los rodeaban se enterase. Que estaba todo en silencio, como si se hubiera muerto alguien y estaban todos con la oreja puesta.- Si de verdad te interesa eso de la policía, vas un poco jodida; párate a pensar, ¿por qué iba a querer hacer daño a tu abuela si no quiero nada suyo? ¿Qué te piensas, que le hago las faenas para luego envenenarle el té?- A ver si iba a ser verdad eso que decían los mundanos de que las rubias eran tontas, porque madre mía... ¿No le había quedado claro todavía que Rowan no estaba en la casa para hacer daño o robar a su abuela?- Pero como veo que eres un poco cabezota te lo diré de otra manera: Mientras yo esté cerca no puede sufrir ningún daño. Palabrita, lo juro por Esnupi, o lo que sea que se diga.- Alzó una mano, para ponerla sobre su propio pecho, como si estuviera jurando por el mismísimo Dios o algo así. En ese momento, se abrió la puerta que daba a la zona de pacientes, y un enfermero llamó a Winter por su apellido. Algunos de los presentes en la sala, miraron directamente a la rubia como si fuera una estrella de cine o algo así, cosa que a Rowan, para ser sinceros, le importó bien poco.

- Señorita Rosewood. Tenemos los efectos personales de su abuela, además de su ropa. Si quiere llevárselos a casa, puede acompañarme.- La voz del enfermero resonó en la silenciosa sala de espera, y el buen señor empezó a buscar con la mirada a la muchacha. Pasó por alto la negra figura de Rowan, porque ¿cómo iba a estar Winter Rosewood sentada al lado de ese macarra?

-Ah, claro, mis ojos. Es lo que pasa cuando no tienes alma, ¿sabes? Se vuelven normales cuando le robo el alma a alguien.- Aunque Rowan no era muy dado a bromas, no pudo evitar exagerar y mentir. Además de ignorar olímpicamente al buen trabajador que estaba buscando ahora mismo a la chica que se había sentado a su lado. ¿Qué coño le pasaban a sus ojos? Que el supiera, su forma humana era perfecta (no en el sentido físico, sino como máscara), no tenía ni una fisura que delatase su naturaleza sobrenatural. El enfermero ya había encontrado a Winter en la sala y la miraba, igual que el resto de gente, más bien sorprendido por ver quién la estaba haciendo compañía. Se notaba que se estaba debatiendo entre acercarse a ellos y pedirle a Winter que le acompañase, o quedarse de pie esperando a que ella recorriera los escasos metros que los separaban. Rowan miraba al señor para disuadirle de venir hacia ellos.

- No dejes entonces que te saquen otra foto.- Se acomodó todo lo posible mientras decía aquello porque no tenía intención de irse. Le daban igual las fotos que le sacasen, al fin y al cabo, ¿qué iban a hacerle a él? ¿A un demonio? Nada. No tenía nada ni nadie que perder ya. Además de que esa niña tenía de especial lo que una sepia, es decir, nada. Lo mismo si sus remilgados padres veían la instantánea intentaban interponerse entre ambos, buscar a Rowan y decirle que no tocase a su hija. Pero estaban de suerte: Rowan no tenía interés ninguno en Winter. Después de asegurarse de que Marjorie vivía o moría, no se volvería a dejar caer por el hospital sin llevar un glamour que lo hiciera invisible encima.- Deberías ir a por las cosas de tu abuela.- Su mano entonces aumentó de temperatura de repente hasta un punto que una persona normal no lo aguantaría, el tipo de calor que emitían unas llamas. Él no podía meterse en problemas, sino que la situación sería más bien al revés: Más tiempo que pasara Winter cerca de Rowan, más posibilidades tenía de salir mal parada. Al fin y al cabo, ¿no era ella la que se había preocupado por la foto que les habían sacado? Además, la especialidad del demonio eran los problemas. Con su mano libre (la que no rodeaba los hombros de ella) le hizo un gesto, indicándole que podía irse, algo que podía traducirse a palabras como un "shu, shu, fuera". - Y no te preocupes por mi, no voy a echarte de menos.- Y al igual que había sido desagradablemente sincero en casa de Marjorie, no pudo evitar soltar aquella perlita, con una fría sonrisa en los labios. Lo que le pasaba a uno cuando intentaba ser amable...
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Winter veía a su abuela bonita, hasta para tener ochenta años. En su rostro aún se podían ver los vestigios de su belleza, los recuerdos de una pasada juventud y un rostro dulce. Pero aún así a la rubia le costaba pensar en que un muchacho como a Rowan le atrayera ella. Basándose solamente en la apariencia de él, tenía pinta de que seguramente le atraían las mujeres con tatuajes, grandes pechugas, enfundadas en cuero y mechas lilas o azules.

- Las palabras pueden ser más hirientes que cualquier potente cianuro.- explicó escuetamente, dando por zanjado el tema de ser policía. En realidad, no pensaba que el moreno hubiera estado pendiente de la conversación con su abuela. Excepto lo de la mujer del retrato, que ella misma había visto su mueca despectiva. Sonrió divertida cuando Rowan le juró por Snoopy, era un joven demasiado tétrico como para ir actuando como si fuera un pijo recién sacado de la zona alta de Manhattan.

Estaba tan absorta objetando sobre sus ojos color hielo, que no escuchó al enfermero que entraba en la sala para darle las cosas de su abuela mientras estaba en quirófano. La gente la miraba expectante, esperaban que la rubia se diera cuenta. Con una mueca dudosa miró al muchacho, pues ahora que lo decía si tenía pinta de absorber almas, si en ese momento le hubiesen dicho que Rowan provenía del inframundo ella lo hubiera creído a pies juntillas. Bueno, a lo mejor tanto no, ya que Winter no creía ni en demonios que tomaban apariencia humana, ni en fantasmas, ni en vampiros. A la rubia todo le parecían historias para no dormir, excepto en el caso de los vampiros, en ese caso, un producto de Hollywood para hacer babear a adolescentes con las hormonas revolucionadas.

Más tarde que temprano se dio cuenta del enfermero, con cara de miedo que los miraba. Estaba pensando en acercarse a él cuando su hombro dolió como si le hubieran clavado un puñal en él. Se apartó bruscamente de Rowan, por una parte asustada porque no entendía como se había quemado y por otra parte sorprendida. Winter se levantó antes de que el moreno pudiera seguir diciéndole perlitas de tal calibre o que la echara como a un gato callejero. Reprimió las ganas de girarse y decirle unas cuantas cosas, en cambio solo soltó un - Que te den.- con enfado e indignación mal contenida. No acababa de pillar al tío para nada, y lo único que tenía en claro era que no quería volver a toparse con él en su vida. Por fin llegó hasta el enfermero, este le sonrió amable y agradecido de no tener que lidiar con el tipo tatuado y cara de mala hostia. Winter siguió al muchacho hasta el mostrador donde tenían los efectos personales de su abuela y esta vez, se pidió un chocolate en la cafetería y esperó a su hermana menor en la puerta del hospital, evitando la sala de espera. Cuando Cathy se unió a ella en la espera, ya se había olvidado del nombre de Rowan y no lo recordaría hasta varios años después.




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