10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


25/12 - ¡Por fin se ha abierto el panel de inscripción para moderadoras/es! ¡Apuntáos cuanto antes! Además, administración quiere dejar constancia de que, con motivo de las fiestas, la nueva limpieza por inactividad se realizará entre los días 03 y 04 de enero. ¡¡De nuevo, Felices Fiestas, submundis!!


19/12 - ¡Las noticias de final de 2016 están recién sacaditas del horno! ¡Felices fiestas!


04/10 - ¡Aquí llegan el inicio oficial de la Trama Global! Seguid este caminito de baldosas amarillas para saber dónde están vuestros temas, quiénes participan y decidir en cual entrar. ¡Esperamos que lo disfrutéis mucho!


06/09 - ¡Aquí llegan los cambios en la ambientación y la trama y las noticias de agosto y septiembre! No dejéis de leerlas, porque dentro hay muchos cambios importantes.


31 # 39
22
NEFILIMS
4
CONSEJO
9
HUMANOS
9
LICÁNTRO.
6
VAMPIROS
11
BRUJOS
4
HADAS
5
DEMONIOS
0
FANTASMAS

Problemas nocturnos [Laila VanMaxwell y libre]

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Era bien entrada la noche, en realidad solo era la una o dos de la madrugada pero llevaba ya unas cuantas horas dando vueltas sobre mi cama sin poder conciliar el sueño. Cambiaba una y otra vez de postura y nada, por un momento pensé en ir al dormitorio de Zad pero deseché la idea, no podía siempre meterme en su cama cuando no pudiera dormir. Me pegué una buena ducha para relajarme por completo. Decidí salir porque no podía estar allí, y había demasiados cazadores en aquel instituto para poder estar tranquila y pasear. Podía encontrarme a alguien y mantener una conversación, eso no me apetecía para nada. Me enfundé los pantalones del equipo, llenándolas de todas las armas posibles, una camisa negra suelta, que ocultaba mi cinturón también cargado de armas, mis botas negras donde, como siempre, colocaba un par de dagas y cuchillos arrojadizos, aunque ya tuviera en el cinturón y a lo largo de la tela del pantalón. Después de eso entré silenciosamente en el dormitorio de Zad, estaba profundamente dormido, por una vez eso estaba bien. Era consciente que muy pocas veces era capaz de dormir toda una noche seguida. Le quité, por impulso, mechones de cabello del rostro antes de escribir rápidamente una carta y dejarla, como siempre, en su mesilla de noche.

El calor de la noche me dio la bienvenida en la calle. No me podía creer que hiciera tanto calor incluso a estas horas de la madrugada. Caminé tranquilamente, dejando la protección del instituto a mis espaldas. El mundo cobraba vida por la noche, eso lo sabíamos todos los cazadores, por eso mismo estaba armada hasta los dientes aunque no se viera. Lo único que parecía es que era una chica tatuada caminando por las calles sin rumbo fijo, en esa situación la mayoría de la suposiciones eran ciertas. Solo necesitaba salir y despejarme.

Caminando como lo hice llegué a una zona donde los adolescentes comenzaban amontonarse, las chicas con roa ceñida para resaltar sus esbeltos cuerpos y con faldas tan cortas que mostraba hasta sus intimidades, subidas a unos tacones de vértigo. Yo siendo mujer no sabría si sería capaz de subirme a uno de esos, irónico que pudiera matar a demonios sobre una viga de diez centímetros de ancho y no me veía capaz de subirme a esa clase de zapatos. La lógica de la guerrera, aunque solía ver a cazadores que si lo hacían, incluso eran capaces de correr con esa clase de tacones. Todo un misterio para mi persona…. Al fin y al cabo estaba claro que no era demasiado femenina, era la única conclusión a la que llegaba.

Los mundanos y mundanas se amontonaban en la cola, algunas podían entrar con facilidad mientras que otras y, sobre todo, otros se quedaban en la cola sin avanzar para nada. Estaba perdida en mis pensamientos cuando noté que alguien me miraba, me puse en tensión de inmediato, y al girarme vi el grupo de chicos del parque. Se acercaban a mí con una sonrisa, comunicándome que por la zona estaba la discoteca Lotus, la recordaba de que Zad la mencionara y que era mejor no pasarse por allí precisamente por estos tíos. También había unas pocas chicas, pero la mayoría eran los tíos. Parecía que estaban comprobando que estuviera sola para pasarme un brazo por la cintura, inmediatamente le retiré la mano de un golpe. Les advertí que no me tocaran, ni que se acercaran antes de comenzar a caminar sin embargo no comprendieron ni una sola palabra de la que dije, porque me agarró de la muñeca con la intención de retenerme, le cogí de la muñeca y se la doble antes de tirarlo al suelo. Mis actos fueron como el pistoletazo de salida, todos me rodearon… Lo que me faltaba, tener que pelear con mundanos.


Última edición por Karou J. Ravencroos el Sáb Ago 13, 2016 2:24 pm, editado 2 veces


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Las luces de la acera nunca le habían parecido tan agradables. El cuerpo de la joven loba se paseaba silenciosamente por la ciudad después de un largo día andando de un lado a otro, sin saber precisamente que hacer realmente consigo misma, dejando de lado cualquier pensamiento que pudiera catalogarse como coherente, sucumbiendo al destino para que se deshiciera de ella. Su vida se había vuelto un terrible y aburrido cuento, escribiendo cada página con el mismo contenido que la anterior, acudiendo a la monotonía para rellenar los espacios en blanco; hacía mucho tiempo que la diversión se había acabado en su rutina, y la acción se redujo a niveles catastróficos, demasiado triste para tratarse de ella, una persona con un ego que debía ser alimentado constantemente. Esa noche no tenía planes de conciliar el sueño, tomando en cuenta que tampoco hubiera podido hacerlo debido al calor, que solo podía definir como infernal y que por supuesto le habría robado toda la noche de querer intentar descansar. La pelirroja elevó la mirada del suelo de repente al oír un ligero estruendo, tal como un susurro con un ritmo que solo le aturdía, percatándose de que había llegado a un área excesivamente poblada, repleta de adolescentes con ganas de perder el tiempo y, además, que querían ganar un poco de respeto entre sus amigos por estar en ese lugar, el cual a Laila se le figuró como una discoteca, percibiendo la música que emanaba del local al ya hallarse demasiado cerca, topándose incluso con una que otra chica de aspecto muy llamativo, o al menos junto a ella, que solamente llevaba unos jeans, una blusa negra sin mangas con el logotipo de una banda de rock y un par de pesadas botas, que bien podrían servirle para patear a alguien sin problema.

VanMaxwell se mantuvo al margen, contemplando la posibilidad de colarse en aquella infinita fila para ver lo que había allí dentro, solo para gastar otro poco de su existencia y además tratar de comprender que era lo que las discotecas tenían de maravilloso para los mundanos, sin embargo, desechó la idea al perder repentinamente el interés, dirigiendo sus pasos hacia otra dirección, teniendo que cruzar inevitablemente por aquel mar de personas, que parecían aumentar en cantidad con cada segundo que pasaba, pero eso no era lo que había llamado la atención de la muchacha al pasar por allí, sino que sus ojos se clavaron en una escena que le pareció muy entretenida y, sobretodo, se le materializó como una buena opción para divertirse esa noche.

Sigilosamente se acercó, llegando en el mejor momento de la velada, justo cuando una chica parecía estar en serios problemas, siendo rodeada por un gran grupo de personas. Cuando miró con atención, se dio cuenta de que aquellos tatuajes sobre la piel de la fémina no eran realmente eso, provocando que una sonrisa burlona se dibujara en su semblante, mientras admiraba con mucha atención el momento, esperando a que comenzara la acción, frunciendo después los labios al ver que el progreso era escaso, comenzando con provocaciones y sin pasar de ellas... aunque no se perdió el momento en que aquella muchacha derribó a un chico al doblarle la muñeca. Al final se cansó de esperar, entrando en el juego sin que le llamaran —¿Van a golpearla o no?— vociferó en tono jocoso, dando un par de pasos al frente, robando varias miradas al revelarse de ese modo, exigiendo algo que no debería haber exigido, metiéndose en lo que no le importaba, excusándose con que quería un poco de acción. Cruzó los brazos, arqueando una ceja, manteniendo un silencio cargado de tensión, que fue roto por un grito proveniente desde lo más profundo de la garganta de un chico, que se lanzó sobre ella de forma iracunda, con la mano hecha un puño, dirigiéndolo directamente hasta su rostro, pero, para la desgracia ajena, la loba fue más rápida, y lo evadió enseguida, frunciendo el entrecejo —Oye, idiota, el problema no es conmigo— elevó ambas manos y las dejó caer, esquivando un segundo golpe, contraatacando a aquel sujeto con un puñetazo, el cual lo aturdió un poco. Los ojos de la chica se clavaron sobre los de la Nefilim con indiferencia, como si la reprendiera, desatando con ese acto el infierno, comenzando la guerra entre un grupo de mundanos, una Nefilim y una loba estúpida que sólo buscaba diversión.


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Hijo/a de
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No comprendía esa necesidad que tenía los mundanos en tocar, los cazadores a veces podían ser un poco más cargantes, cierto, sin embargo sabían que era mejor meterse la mano en los bolsillos si no querían que le rompiéramos algún hueso por el camino. Por lo menos los cazadores sabían donde tenían que meterse las manos, derribé al hombre con un simple apretón de manos. No tenía que pasarme demasiado con ellos, eso era lo que me repetía, no era lo mismo nuestra resistencia que la de ellos. Noté alguien más, pero no fui consciente de su presencia hasta que escuché la voz de la chica. Alcé la vista para clavar mis ojos en los suyos, fruncí el ceño identificándola como una mujer lobo.

Su tono era divertido y estaba claro que deseaba que hubiera una pelea delante de ella, de cierta manera me recordaba a mi propio parabatai cuando se emocionaba, y en esos casos no podía decirle nada porque yo estaba más o igual de emocionada ante la idea de una batalla, la diferencia es que normalmente eran contra contrincantes decentes, no contra simples mundanos que no sabía ni encajar un golpe. Todas las miradas estaban puestas en la pelirroja, y en silencio hasta que un chico con un grito fue en contra de ella. Sentía la estupidez volar por el ambiente… Aunque claro, él no sabía lo que era la chica, pero igualmente, la estupidez estaba hay. Hice una mueca desagradable para el grupo. Como era de esperar la pelirroja lo esquivo y le dio un puñetazo al hombre. Que lamentable. Le devolví una mirada parecía a la chica, simplemente la mía le decía te has metido tu sola en esto, aguántate. No iba contra la ley pegarse contra mundanos, solo matarlos. Con eso empezó todo.

Ahora que estaba rodeada y con una mujer lobo, me dediqué a analizar con atención mi alrededor. Los mundanos no me preocupaban, pero estaba claro que la pelirroja quería camorra, así que, tenía que ver porque ella si que era capaz de hacerme algún daño. Eran seis chicos, y tres chicas, esas se quedaban atrás dando gritos como si estuvieran animando. Eso parecía alentar más a los hombres y que se hicieran más gallitos. Que alguien las callara, por dios, sus chillonas voces se clavaban en mis tímpanos de manera desagradable, por suerte no tuve mucho tiempo para pensar en ello. Uno de los chicos se acercó dispuesto a darme un golpe, le aparté la mano con un movimiento y le di un fuerte puñetazo debajo de la axila que lo dejó aturdido y doblado de dolor. Otro me agarró por completo, rodeó mi cuerpo con sus brazos para levantarme, lo que no esperó es que usara tanto mi impulso de un salto, como su fuerza para elevarme después caer y levantarle por encima de mi espalda. Cayó al suelo con un ruido sordo y una queja en los labios, se dobló de dolor, a lo que yo rematé con una patada en las costillas. El tercero si sabía un poco más de pelear, sabía algo de boxeo pero por su postura estaba claro que no sabía tanto como quería aparentar, para su desgracia, yo sabía más técnicas de combate que él. No me costó bloquear sus ataques, pero si que me costó un poco más ver un hueco en sus defensas. Aparté sus dos puños, y como si fuera un látigo mi brazo, rápido y certero, le golpeé con el puño en la nuez. Sin duda ese iba a tardar en recuperarse, más que el resto. Vi que una de las chicas se acercaba corriendo contra mía, y ya, por acto reflejo levanté la mano y ella sola se estampó contra mi puño. Cayó al suelo llorando y sangrando de la nariz, enarqué una ceja para observarla, casi sin creerme lo que veía. Decidí ignorarlos a todos, yo había terminado, la otra mitad era completamente para la inoportuna pelirroja, si no se hubiera metido a lo mejor no estaría en algún lío. Aunque no creía que tuviera demasiado problemas, era una licántropo. Pasé por encima de los que estaban en el suelo, pero un simple comentario basto para que yo perdiera los nervios.

-Esta me la pagas. -dijo un chico el primer chico que golpeé. -Y tu amiguito también, le romperé las piernas y a ti te desfiguraré. -detuve mi paso inmediatamente. Era una cazadora de sombras, hija del Ángel Raziel, entrenada para matar a demonios, luchas contras subterráneos si estos se ponían idiotas y defenderlos, mantener a los mundanos a salvo de todo el submundo. Eso era lo que yo era, para lo que había nacido y para lo que había sido entrenada. Me habían enseñado a luchar con todo tipo de armas, mis viajes por los distintos institutos solo ayudaban a ampliar mis conocimientos, me había enseñado a mantener la calma en una pelea, mantener el tipo en una batalla. Estar en pie para luchar lo más fríamente posible, y aun así solo basto que mencionaran a ese chico para que todo eso se fuera por tierra. Escuché algunas risas de los que seguían con fuerzas, incluso la de la chica. Me giré en redondo, el hombre seguía riéndose como si acababa de ganar, en cierto sentido era verdad, pero le iba a costar caro. Fue a levantarse para enfrentarse de nuevo a mí, no le dio tiempo. Le di una fuerte patada en la rodilla, la rotula se le fue a otro extremo de la pierna y eso se podía ver gracias a los pantalones ceñidos que estaba usando el hombre. Gritó de dolor, le cogí de la cabeza cuando cayó al suelo, y se la estampé contra el contenedor de metal cercano, el sonido metálico se extendió por la calle. La sangré del mundano comenzó a salir de la herida de su cabeza. Me puse de cuclillas, agarrándole del pelo.
-¿Qué decías? -le pregunté. De su boca solo salía sonidos de dolor. -Ya sabía que había escuchado mal. -al dejarle ahí me percaté que a lo mejor no solo la rotula se la había salido de su sitio, porque había usado bastante más fuerza que la anterior. Era simples mundanos, tampoco iba a pegarle con todas mis fuerzas, hasta que habló. Los demás de ver aquello se quedaron en silencio, las chicas salieron corriendo del lugar, eso sin duda y en ese momento me percaté del sonido de las sirenas de la policía. Saqué mi estela y rápidamente me dibuje una runa de glamour en el brazo, mientras miraba a la mujer lobo. Yo podía hacerme invisible, ella no. -Date prisa, -le dije a la loba. -no me apetece tener que irte a buscar a la comisaría.

Cogí un poco de carrerilla y subí de un salto a unas escaleras de incendio que se encontraban enganchadas a la pared del edificio y en silencio subí por ellas, hasta llegar a la azotea y poder mirar el panorama de la policía llegando al sitio, ya sea encontrándose a la pelirroja sola con los caídos, o solo a los caídos. Independientemente de una cosa u otra tenía que quedarme allí. No me sentía demasiado bien por haber perdido los estribos de esa manera, por eso, me encontraba ahí viendo como iban a resultar las cosas.


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La sonrisa burlona en el rostro de la inglesa hablaba por sí sola: no necesitaba tiempo para pensarlo, para mentalizarse o prepararse para repartir un par de golpes. La seguridad con la que se mantenía era exasperante dadas las condiciones en las que se encontraba, dejándose ver como triunfante incluso sin haber movido un dedo. Expulsó aire de entre los labios, disparando una ceja hacia arriba cuando la batalla se vio por iniciada, comenzando por un chico que tuvo la mala idea de acercarse a la loba, lanzando un puñetazo al aire, mismo que a Laila no le costó esquivar al dar un paso hacia atrás, con una expresión jocosa en el semblante —Que valiente— el muchacho lanzó una patada con la que se sospechaba eran todas sus fuerzas, siendo superado por la chica, que lo frenó al tomar el pie ajeno, doblándolo sin esfuerzo alguno, ocasionando que su atacante dejara huir un grito, acto que a la pelirroja se le hizo exagerado debido a que ni siquiera lo hizo con la intención de provocar una fractura o algo peor, resistiéndose a aquella dulce tentación, dejándola ir al recordar que era un simple mundano. Empujó a aquel aburrido ser, haciéndolo caer como si no valiera la pena, girándose en el momento exacto cuando el segundo estúpido se lanzó sobre ella, justo por detrás, queriendo alcanzar el cuello de la loba con ambas manos, siendo él el sorprendido en su propio juego, recibiendo una patada en el estómago que le hizo retroceder con una mueca que transmitía el más puro dolor, cerrando los ojos con fuerza, completamente sonrojado. La joven no mostró ni un ápice de cansancio, en efecto se había esperado una pelea mil veces mejor, decepcionándose de lo que estaba ocurriendo, gesticulando con desagrado y además aburrimiento. Todo pareció tomar un poco más de emoción cuando un tercer sujeto se abalanzó sobre ella, avisando con un alarido que denotaba una enorme cantidad de miedo en lugar de ira o valor, quedando en ridículo frente a la persona que pretendía golpear... o bueno, al menos él podía considerarla como una persona normal que corría con mucha suerte a la hora de esquivar algunos golpes. Las orbes de la Hija de la Luna se fijaron sobre las del aparentemente valeroso caballero un momento antes de que la lucha entre ambos comenzara.

Sus reflejos lupinos le hicieron predecir el golpe por parte ajena y detenerlo en plena trayectoria, sujetando con una mano el puño del muchacho, aplicando muy poca fuerza para mantenerlo, agachándose para evadir el otro puño, girando hacia atrás sobre el suelo, evitando de ese modo recibir una buena patada en el rostro, ayudándose con las piernas para retroceder, siendo seguida en su intento por levantarse, hasta que llegó a cansarse, propinándole a su enemigo un fuerte puntapié en la entrepierna, derribándolo de forma exitosa, esbozando una amplia sonrisa burlona, junto con una risa que solo podía describirse como perversa, cargada de una inapropiada alegría, terminándose toda aquella celebración cuando el segundo sujeto al que había atacado retornó, un poco más animado que en un principio, acercándose por detrás, sujetando a la pelirroja por los brazos, levantándola del suelo mientras ésta última forcejaba y maldecía, sintiendo como sus posibilidades de salir ilesa se reducían. El chico comenzó a mascullar un par de cosas, que a propósito la loba ignoró al poner mayor interés en su escape, siendo lanzada contra una pared, frenando en seco antes de chocar contra ella, dando media vuelta, esquivando lo que parecía ser una bofetada (un golpe bastante débil en medio de un lío como ese), respondiendo al momento, sujetando el brazo del mundano, doblándolo hacia atrás en menos de un segundo, comenzando a aplicar más fuerza segundo a segundo —Esto te dolerá solo un poco— asegura con una sonrisa torcida, disfrutando la bella sinfonía que flotaba en el ambiente y llegaba a sus oídos, aquella música de fondo compuesta por gritos que tanto deleite le causaba, usando ambos brazos para que su presa no escapara, soltándola cuando un ruido emanó del débil brazo del muchacho, acompañado de un grito que casi le deja sorda, siendo eso más sencillo que quebrar una rama seca, aunque el sonido fue exactamente igual.

Miró de un lado a otro, esperando a alguien más, sin embargo supo que allí la acción se había acabado, al menos para ella, ya que la Nefilim se veía bastante entretenida todavía con una chica, teniendo tiempo para presenciar como terminaba con uno de los chicos, observando con la misma gesticulación burlona, soltando una carcajada cuando sus ojos percibieron lo que la muchacha le hizo a la rodilla de aquel mundano, cruzando los brazos bajo el pecho, mordiéndose el labio inferior con marcada satisfacción. La chica era muy buena a la hora de pelear, de eso Laila no tenía la menor duda, saliendo de sus pensamientos cuando a sus oídos llegó el familiar sonido de las sirenas inundando las calles, haciéndole fruncir el entrecejo, desviando por fin la mirada hasta la morena, mirándola con indiferencia mientras le dirigía la palabra, pasando a morderse la mejilla por dentro por un momento. La pelirroja no se movió de allí, en efecto, guió ambas manos a los bolsillos de los pantalones, ladeando la cabeza de un lado a otro a un ritmo imaginario, tarareando una canción hasta que el sonido de las patrullas se hizo más intenso, y las luces rojas y azules se dejaron ver con mayor nitidez: esa fue la señal para ocultarse —Malditos Cazadores de Sombras y sus malditas runas...— farfulló, liberando luego un suspiro antes de saltar dentro del mismo contenedor con el que la cabeza de uno de los chicos había chocado "accidentalmente". Mínimo aquel contenedor estaba vacío, por lo tanto su plan no había sido tan malo, saliendo de allí cuando las sirenas se alejaron, y las voces de los oficiales desaparecieron, corriendo un gran riesgo al haber una posibilidad de que revisaran en su improvisado escondite, teniendo suerte al no haber ocurrido en ningún momento. Al salir con un salto de aquel sitio, tomó una gran bocanada de aire, pasándose una mano por el pelo, revolviéndolo un poco, buscando con la mirada a la Nefilim, poniendo los ojos blanco al recordar lo que había hecho —¡Oye, Defensora de la Justicia, ya no hay nadie: puedes venir por tu abrazo!— vociferó, con el entrecejo fruncido, mirando en todas direcciones, esperando alguna respuesta antes de irse de ser lo contrario. Las cosas no habían pasado como lo había esperado, pero al menos hizo algo distinto esa noche, algo que no fuera dar vueltas en la cama y maldecir a todo el mundo.


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La pelea fue bastante bien en términos generales, me había encargado de no usar demasiada fuerza para no hacer daño a ninguno de ellos. Eran simples mundanos, tampoco iba a usar toda mi fuerza contra ellos. Esa era la línea de mis pensamientos, terminé antes que la muchacha lobo. Así que observé como luchaba, por lo menos como se desenvolvía por un momento, antes de concentrarme en la chica que venía en mi dirección. Para mi todo ya había terminado, y hubiera sido así si ese hombre no hubiera mencionado a mi parabatai. Él o sabía lo que ese chico significaba para mí, eso era irrelevante. A la hora de callarle fui mucho más técnica que antes, e incluso me pase a la hora de usar la fuerza. Al ver su pierna en un ángulo extraño me di cuenta que me había pasado, no obstante a esas alturas el chico tenía una brecha en la cabeza que sangraba a borbotones. Las sirenas de la policía se hicieron presentes y yo con un movimiento me puso un glamour, con la intención de ser invisible para los mundanos sin visión, vamos para la mayoría de humanos.

Subí rápidamente hasta la azotea del edificio de allí tenía una vista perfecta y podía oír claramente lo que se decía abajo, el edificio en sí no era demasiado alto y gracias a un segunda runa que me apliqué. Vi como la pelirroja se metía dentro del contenedor de basura, si la pillaban tendría que ir a buscarla a comisaría y seguramente que en esta ciudad habría más de una, si la atrapaban me veía toda la noche buscándola para sacarla. No sería sencilla, la cuestión sería entrar, distraer a los guardias y listo, cosa sencilla porque no me verían y seguro que más de uno se asustaría por ver de pronto cosas flotando… Los mundanos eran sugestionables, aunque es cierto que los fantasmas existían.

Pasaron unos pocos minutos, la ambulancia tuvo que venir para llevarse a los heridos que quedaban en el callejón, los otros se habían ido al escuchar las sirenas. Imbéciles, tan importante ir en grupo pero después no se lo pensaban ni dos veces a la hora de abandonar y traicionar a los que en teoría son sus amigos. Apreté la mandíbula, sin duda tuve que pegarles más fuerte para que fueran juntos a una celda a pasar la noche. Idiota de mí por tener algo de compasión por ellos. Todos los mundanos se fueron, la ambulancia, los policías y los pocos espectadores. Fue en ese momento cuando la chica salió del contenedor. Me llamó, a su manera sin duda. Bajé de un par de saltos, apoyándome en las escaleras para frenar la caída. Me quité el glamour, ya no había nadie para llamar la atención.
-No te ofendas, pero hueles mal. -le dije en tono neutro, sin la intención de ofenderla ni nada. Solo estaba haciendo un apunte. -El contenedor no fue buena idea, pero supongo que era eso o que te cogieran. -yo había olido peor que ella, de eso estaba segura. -¿Es normal en está ciudad ese tipo de cosas? -pregunté a la situación anterior. Y te daría las gracias, pero estabas deseando en meterte pleito.


Última edición por Karou J. Ravencroos el Mar Ago 16, 2016 1:20 pm, editado 1 vez


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Esperó solo un momento y después de ello vio como ella descendía, acudiendo a su llamado, creyendo que se había marchado sin más, por lo tanto, en ese caso, Laila se cuestionó el porqué no le había abandonado. La pelirroja clavó su indiferente mirada sobre la chica, disparando una ceja hacia arriba, siguiéndola con la mirada, escuchando atentamente sus palabras, como si le importara demasiado —¿Lo dices porque soy mitad lobo? Vaya, ¿que a ustedes los Cazadores de Sombras no les enseñan modales?— responde con sarcasmo al primer comentario de la muchacha, aunque no niega lo que ésta le dice debido a que es cierto, pero no tenía otra opción: si se echaba a correr iba a ser demasiado evidente y todos se irían sobre ella enseguida —¿Y que otra cosa querías que hiciera, eh? Yo no puedo desaparecer— se inclina un poco en dirección a la morena, elevando ambas cejas, tal como si insinuara algo demasiado obvio. El ser licántropo no le ocasionaba ningún problema, al menos a esas alturas de su vida, donde ya tenía experiencia en ese ambiente y ya estaba completamente resignada a vivir así, por ende, no se iba a poner a reprocharle al universo el porqué no fue una Nefilim u otra cosa, ya que además de ello comenzó siendo una mundana cualquiera. Liberó un suspiro, frunciendo los labios al mirar en todas las direcciones habidas y por haber, aparentando estar más interesada en las paredes más cercanas o en el mismo contenedor de basura, hasta que se percató de que la chica le dirigía la palabra, volviéndose hacia ella con lentitud dado que le estaba dando la espalda —¿Acaso nunca sales?— mete ambas manos en los bolsillos, haciéndole un gesto con el mentón, indicándole que iba a marcharse pero que le invitaba a seguirle si quería —¿Dices que si es de lo más normal que dos chicas golpeen a un par de sujetos de la nada?— hizo una breve pausa, desviando la mirada por un momento hacia el cielo, posándola sobre su receptora rápidamente —Yo creo que no del todo, pero si te centras en un mundo paralelo pues...— ladeó un poco la cabeza, encogiéndose de hombros a su vez, adentrándose con demasiada lentitud a la acera, dando grandes zancadas, tal cual militar, haciendo un poco de ruido al pisar.

Al haber avanzado un par de pasos, dio media vuelta, solo para observar a aquella extraña señorita, que aparentaba ser menor que ella, mas no aseguró nada: a veces las apariencias engañan. Sus ojos se entornaron, y acudió a una media-transformación en dichas orbes, observando con mayor claridad a la dama, analizando cada detalle de ella, sumida en un silencio sutilmente intimidante, escudriñándola de pies a cabeza con curiosidad, cosa que pocas veces se detenía a hacer —Cuantos años tienes— dijo en tono indiferente, deshaciéndose de aquella media-transformación enseguida, la cual dejó ver sus ojos lupinos durante un momento. No es que su interés en ella fuese demasiado, simplemente había sentido curiosidad, nada más que eso.


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Enarqué una ceja al escuchar su comentario sobre ser lobo, ¿cuándo había dicho eso? Acaso no olía la diferencia de antes y después de haberse metido dentro del contenedor de basura.
-¿Qué tiene que ver ser licántropo con el olor? -le pregunté incrédula. Nunca me había importado la naturaleza de los demás, y no comenzaría a importarme ahora, después de tantos años. Mis padres estaban de acuerdo con los Acuerdos, es cierto que solían desconfiar un poco de ciertos subterráneos, pero prefería tenerlos como aliados que como enemigos. Aunque también era cierto que tenías sus amigos subterráneos, pero claro, las amistades de mis padres, en general, eran pocas. Ignoré su comentario sobre los modales de los cazadores, todavía existían cazadores jóvenes que odiaban a cualquier ser que entrara dentro de la categoría de nefilim, algo estúpido. Por ejemplo, los vampiros y los licántropos eran enfermedades, las hadas eran más antiguas que todos y los brujos, tampoco lo elegían, ellos se encontraban con su naturaleza nada más nacer. Nuestro trabajo era eliminar a los demonios, a ellos si los consideraba el verdadero enemigo. Se encargaban de matar a todo lo que estaba a su paso, con tal de consumir el mundo. Esa era la tarea que el ángel nos había dado. -Tirarte al suelo y hacerte la herida. -contesté de inmediato cuando me preguntó interrumpiendo la línea de mis pensamientos.

Volví a sumirme en mis pensamientos, y al terminar por mirarme las manos vi que tenía un poco de rastro de sangre. No era raro que tuviera las manos manchadas, de hecho, era la primera vez que salía tan limpia de una pelea en términos generales. Bueno, de esas cosas no me daba cuenta hasta que terminaba hasta arriba de porquería. Aunque lo que debía decir que la realidad es que no solía tener peleas donde saliera limpia. Busqué en mis pantalones un pañuelo, y ahí me limpié la sangre. Terminé por preguntarle sobre la ciudad, la miré y vi como se giraba porque me había dado la espalda. Muy pocos nos daban la espalda, supongo que era buena señal.
-La mayoría de mis salidas son de caza. -contesté. Hizo un gesto que me daba a entender que podía acompañarla, así que la seguí sin problemas. Además ahí no tenía nada que hacer. Le devolví la mirada y negué con la cabeza. -Más bien me refiero a que te aborden varios y como no les gusta lo que le dices intentan darte una paliza. -entre los míos era normal que dos chicos dieran palizas a los demás. Las mujeres y los hombres éramos iguales, es cierto que antiguamente había ciertas diferencias pero los cazadores siempre habían mucho más igualdad que entre las culturas mundanas.

Mientras caminábamos miraba todo lo que estaba a nuestro alrededor, memorizaba todo, el nombre de las calles, el nombre de los edificios por lo menos aquellos que tenían, el nombre de los locales de la zona. En poco tiempo sería capaz de ubicarme más o menos en esta ciudad y moverme con soltura, por así decirlo era yo quien tenía que ser el mapa del equipo. Me pregunté si Zad se había levantado ya o seguía despierto, no es que fuera hora para estar despiertos porque el solía tener insomnio. La miré para ver como sus ojos volvían a la normalidad.
-Diecisiete, ¿por qué? -le pregunté. Un sonido familia me hizo apartar la vista, clave la mirada en una moto que pasó a toda velocidad por la carretera. -¿Sabes como conseguir una moto demoniaca? -le pregunté con interés.


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No quería entrar en detalles y comenzar una extensa e insulsa discusión acerca del olor que ahora expedía, por lo que mejor pasó a ignorar las respuestas ajenas, solo para evitarse un dolor de cabeza... además de que todas sus preguntas habían sido retóricas, por lo tanto una contestación estaba de más, aunque hubiera tenido muchas cosas que decirle, hablando toda la noche si ella quería, comenzando con alguna que otra contradicción respecto a lo de hacerse la herida, estando totalmente en desacuerdo con ello debido a que le hubieran llevado en una ambulancia y por ello no se habría podido quedar a molestar. Miró de soslayo a la fémina tras sus palabras —Yo también salgo a cazar, pero no necesariamente demonios— le guiñó un ojo a la muchacha, con una sonrisa amarga en el rostro, tal cual se estuviera burlando de ella, cuando en realidad insinuaba algo más que una burla. Escuchó su siguiente comentario con marcada indiferencia, aparentando ignorarla un poco —Ah, pues si no les dejas tocarte por las buenas lo harán por las malas, aunque eso implique golpearte— hizo un gesto con la mano después de hablar, restándole importancia al tema, por mucho que a la otra le interesara; aunque si la Nefilim seguía insistiendo, Laila le respondería, de mala gana o con sarcasmo, pero lo haría.

Cuando la edad ajena salió a la luz, la loba permaneció en silencio, asintiendo de forma distante, ganando algo de tiempo después de que la chica le pidiera una explicación —Por nada, pequeña entrometida— dijo en tono jocoso, encogiéndose de un hombro —Simple curiosidad— por primera vez no le mintió, era la verdad, percatándose gracias a esa información de que alguien menor que ella tenía mejores tácticas para inmovilizar a cualquier mundano. Los ojos de la inglesa siguieron la misma motocicleta que llamó la atención ajena, recordando enseguida que la suya estaba a pocas cuadras de allí, esperando que siguiera en el mismo sitio donde la dejó aparcada ya que, de ser lo contrario, acababa de presenciar el robo de su único medio de transporte. Se hundió en la inmensidad de sus cavilaciones cuando el sonido de aquel vehículo se extinguió en la oscuridad de la ciudad, siendo interrumpida abruptamente con una pregunta que le hizo poner su atención sobre aquella desconocida —¿Hablas de las motos de los vampiros?— el interés se reflejó en su rostro gradualmente hasta que elevó ambas cejas, clavando la mirada en la de la chica por un instante —Mmm... Pues si tuviera un sexy y atractivo amigo chupa sangre podría pedírsela, pero tomando en cuenta que no me llevo con ninguno...— retornó a su caminata, consciente de que ahora tenía compañía —Escucha: no sé para qué diablos la quieres, pero si tanta es tu urgencia: sí, si sé como conseguir una— rodó los ojos, suspirando, esperando a que ella dijera algo que volviera a captar su atención.


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-Mientras que no caces mundanos. -contesté como si estuviera hablando del tiempo, viendo como me guiñaba un ojo y su sonrisa amarga. Me pregunté porque el último gesto, lo único que me venía a la cabeza era por su condición, pero no pensaba decirlo. No era asunto mío y cada uno tenía que luchar con lo que le tocaba, las cosas eran así. Que le preguntara por el tema no la ayudaría de ninguna manera, así que me quedé en silencio. Le expliqué a que me refería, aunque no me sorprendí al saber que las mujeres mundanas no le dieran una paliza a los hombres, habían unas que si lo hacían, pero otras no. Por suerte yo no era mundana, y aunque lo fuera no dejaría que nadie, en términos generales me tocara, podría caer pero el otro se lo volvería a pensar dos veces antes de hacer nada. -Dudo mucho que ninguno de ellos pueda tocarme. -comenté pensando en lo que acababa de suceder, más todas las otras veces que he roto alguna que otra nariz por tocarme sin permiso. Para mi sorpresa todas esas veces habían sido en el metro, algunas eran accidentes porque el metro estaba lleno otras es que lo hacían con descaro y antes de que Zad le rompiera las piernas, yo les partía la cara, aunque si mi parabatai decidiera hacerlo le diría cual debería romper primero. Por suerte, él sabía que era mejor no meterse en mis peleas, porque podría recibir sin querer también.

Me preguntó mi edad, y me dejó claro que solo era curiosidad. Asentí restándole importancia, pensando que los que solíamos salir a cazar éramos los jóvenes. Los adultos solían quedarse en los institutos dirigiéndolo, no siempre lo hacían, respondían a la llamada de auxilio como todos, pero siempre debía de quedarse alguien adulto en los institutos cuando alguien iba de caza, por si algo pasaba. El instituto nunca debía quedarse sin cazadores. Las normas eran esas. Pasó una moto a nuestro lado y no pude reprimir la pregunta, al fin y al cabo no era para mí.
-Sí, hablo de esas.-contesté a su pregunta. Le devolví la mirada, la chica mostraba interés y lo perdía con facilidad en la conversación. No me disgustó, había gente así. Yo tenía algunos conocidos, pero que estuvieran en otros países no ayudaba para nada. No es que fuera urgente, pero si que me interesaba conseguir una. -¿Te refieres a robarla? -le pregunté. Puede que Zad y yo hubiéramos hecho algún que otro hurto, pero después abandonar las cosas por ahí, siempre en medio de una misión, no por placer. -Supongo que algún que otro lío más no estaría mal… Haría la noche completa. -contesté mirando al suelo. -¿Dónde es? -le pregunté, clavando mis ojos azules en los suyos después de dejar atrás el cielo. -¿Cuánto tiempo llevas aquí? -no se me había pasado por alto el acento inglés que tenía. Había estado en Londres, y el acento americano y el británico eran diferentes. El mío era simplemente de Idris, una mezcla rara entre acento alemán y francés, una mezcla rara. Por suerte nos enseñaban varios idiomas.


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La palabra "robo" despertó su atención instantáneamente, haciéndola mirar a la chica con los ojos un poco más abiertos, quizá con un ligero toque de indiferencia, pero no tan notoria a simple vista. A la pelirroja le encantaban aquella clase de líos, simplemente no podía evitar la opción de meterse en algún problema, mas si este podía traerle algún beneficio, muy aparte de la diversión que podría otorgarle: muy pocas veces tenía la oportunidad de hacer cosas como esas, así que, ¿por qué no? La ojiverde miró a su compañera, un poco más interesada —¿Pues a qué más me puedo referir? Dudo que la consigas pidiéndola amablemente— por muy animada que estuviera con la propuesta, seguía comportándose como si no fuese la gran cosa, tal cual se tratase de algo escaso de importancia, expresándolo con el mismo tono de voz sarcástico de siempre, aunque sintiendo una emoción interna que poco era visible en su semblante. Sus pasos eran cada vez más rápidos, como si la misma idea le impulsara a seguir adelante con mayor avidez, mientras seguía escuchando, recordando lo suficiente como para responder a la primer pregunta ajena —La última vez que vi una de esas motos fue fuera de Zapphire's, aunque no estoy segura si esta noche nuestros amigos vampiros se hallan animado a irse de fiesta ya que se han vuelto impredecibles... quizá en lugar de andar seduciendo a gente por ahí van al grano y se cuelan en las casas de los mundanos para succionarles el alma— fingió angustia en la voz, aparentando estar al pendiente de la vida de aquellos seres y preocuparse por lo que estuvieran haciendo, cuando en realidad admitía no sentir nada, ni por ellos ni por ninguna otra raza en particular, en efecto, se consideraba a sí misma excluida del Mundo de las Sombras por motivos personales.

Sintió la mirada de la chica sobre la suya, sosteniéndosela hasta que se dispuso a responder, pensando en la cantidad de preguntas que estaba recibiendo en tan poco tiempo, mas hasta ese momento no puso ningún pero —Vine a esta ciudad cuando tu tenías solo diez lindos e inocentes años...— frunció el entrecejo después de unos segundos —Siete años, por si no sabes contar— agregó con desdén, sin profundizar en el tema a menos que la otra así lo quisiera, aplicando ciertas restricciones a lo que decía, hablando solo lo suficiente ya que le desagradaba decir más de lo que le preguntaban: aparte de ser molesto, es dar información irrelevante. En ese instante recordó la primera vez que había andando por aquellos lares, sin saber en dónde se estaba metiendo, intentando memorizar nombres y callejones, perdiéndose cientos de veces en la inmensidad de la ciudad, saliendo adelante por su cuenta al ser lo suficientemente necia como para no buscar ayuda. Con la loba como guía, ambas chicas cruzaron una de las tantas calles de esa zona, teniendo un "relativamente" largo camino que recorrer al dirigirse al lugar que VanMaxwell había mencionado antes, absteniéndose de hablar acerca de su motocicleta, que estaba aparcada un par de cuadras atrás; pensaba que no les haría daño caminar un poco, además de que dudaba que la Nefilim quisiera abrazar a alguien que literalmente olía a basurero, por mucho que eso pudiera evitarle una buena caída. —A propósito, ya que voy a robar contigo, al menos deberías decirme tu nombre: si la policía me atrapa tengo que mencionar a mi fiel asistente— miró a la chica de reojo y después doblaron en una esquina, mientras la inglesa recordaba el camino a aquel lugar, que era un poco más frecuentado por subterráneos, dándoles una ingente posibilidad de irse en una motocicleta en lugar de caminar de regreso.


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La chica me confirmó que se refería a un robo, no es que me molestaba robar nada de eso, al fin y al cabo no sería el primero y lo más probable es que el último que hiciera. La verdad es que caminar con ella era tranquilo, no me gustaba la idea de mantener una conversación más de lo normal, no me gustaban las conversaciones. Estaba claro que la chica también le gustaba decir lo mínimo, lo justo y lo necesario, era de agradecer ya que yo no era muy buena en temas de matar el silencio hablando. La chica cada vez iba más rápido, por suerte, podía seguirle el paso sin esfuerzo. La chica me comentó que la última vez que había visto una de esas motos fue en algo llamado Zapphire’s, comentó algo y yo la miré entrecerrando los ojos.
-No pueden atacar a los humanos fuera de sus territorios. -si los humanos entraban dentro de su territorio, de alguna manera pertenecían a los vampiros y si estos querían ser mordidos por un vampiro, pues era cosa de ellos pero los vampiros no podían cazar a los mundanos. Esa era la ley. A lo mejor encontrábamos uno de esos, la cosa es que normalmente tendría verlo con mis propios ojos para poder matarlo aunque la realidad era que tenía que pasar por un juicio. Pero solo tenía la palabra de una persona y eso no era una prueba.

Le pregunté con curiosidad cuanto tiempo llevaba allí, simplemente para saber cuan fiable era sus comentarios sobre la ciudad y al decir que llevaba aquí desde los diez años era un consuelo. Quedaba claro que sabía bastante de la ciudad, y como moverse por ella y que encontrar en cada esquina. A mí todavía me quedaba un par de semanas para moverme con seguridad.
-Sé contar, pero no sé tu edad para calcular nada. -le recordé sutilmente que no tenía ni idea de la edad que tenía porque no le había preguntando. No es que me interesara demasiado, era un dato más, lo interesante era saber el tiempo en la ciudad por ejemplo. -Si la policía aparece, la única que será atrapada serías tú y yo tendría que ir a sacarte. -le recordé de nuevo. El don de la invisibilidad estaba tan solo en ser capaces de trazar unas líneas sobre mi piel. -Pero me llamo Karou, ¿y tú? Tendré que saber su nombre para buscar tu celda. -doblamos una esquina y la gente que nos encontramos a partir de ahí estaba claro que eran subterráneos. Más de uno se me quedaba mirando, unos con curiosidad y otros con odio. -¿Acaso no han visto nunca un nefilim? -pregunté para mí cuando otro me miro con curiosidad, aquellos que miraban con odio estaba claro que habían tratado con cazadores de sombras. A los pocos minutos llegamos al lugar que indicó. -¿Ahora qué? -pregunté mirando al techo, seguramente las motos estuvieran ahí o en alguna zona cercana oculta. Subterráneos por todas partes, era capaz de identificarlos, lo que me sorprendía es que por el momento no hubiera demonios. Estos estaban por todas partes. Seguramente acabaríamos por encontrar uno en el peor momento de la noche, con tal de complicar la trama. -¿Por qué no hay ni un solo demonio? -por el momento, pensé.


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Tal parecía que la muchachita no había captado completamente el sarcasmo con el que la pelirroja se expresó, sin embargo a esta última no le pareció molesto debido a que no era la primera vez que algo como eso le ocurría, por ende, solo lo dejó pasar, aunque no dejaría de dirigirse a ella de forma sarcástica siempre que pudiera: ya era algo completamente inevitable, una mala costumbre arraigada a su persona que parecía hacer acto de presencia inconscientemente. Puso los ojos en blanco por un momento ante la aclaración acerca de su edad, haciendo un gesto desdeñoso, como si aquello le hubiera molestado —Tengo veinticinco— mencionó ladeando la cabeza, empleando un tono casi fastidiado en la voz, solo por costumbre ya que en realidad la chica no le estaba causando ninguna molestia, al contrario, le daba una gran alternativa para dejar la rutina y divertirse un poco. El siguiente comentario le sacó una risa burlona, muy similar a un gemido que marcaba objeción —No tienes que ir a sacarme: estas hermosas manos que ves aquí pueden tener garras si lo deseo, lo cual significa que puedo arreglármelas sola— agregó, elevando ambas manos a la altura de la cabeza, dejándolas caer enseguida —... Además, no tienes porque jugar a ser la heroína conmigo, hagas lo que hagas no voy a ser tu amiga tan fácilmente, Cazadora— miró a la susodicha por el rabillo del ojo, elevando una ceja, con el más real desinterés pintado en su pálido semblante, hablando como si realmente aquellas fuesen las intenciones ajenas, tratando de hacer que el tono irónico empleado a la hora de hablar se notara más que antes.

Escuchó el nombre de la muchacha después de una breve reflexión, observándola fijamente, clavando su filosa mirada sobre la de su emisora, tragando saliva un segundo antes de tomar la palabra —Me llamo Laila— hizo saber enseguida, absteniéndose de mascullar alguna frase de forma jocosa, tratando de mostrarse un poco más seria, incluso cuando le era casi imposible no molestar de alguna forma. Se dio cuenta de que se hallaban cerca cuando la cantidad de 'personas' iba en aumento por aquellos lares, percatándose de que la mayoría eran subterráneos, humedeciéndose los labios, terminando por morderse el inferior de forma sutil, haciendo contacto visual con algunos de aquellos seres voluntariamente, mas las miradas se fijaban sobre su compañera de una manera realmente extraña, iracunda en su mayoría, expresando lo que algunos sentían mejor a que si hubieran hablado. Existía una posibilidad de que algunos vieran extraño que una mujer lobo se paseara por ahí con una Nefilim, pero la chica prefería restarle importancia a ese tema, centrándose en el camino, o al menos eso intentó —Que si no los han visto...— murmuró para sí misma, rodando los ojos, saliendo de allí lo más rápido posible, llegando intactas al lugar prometido, incluso después de que casi todos los subterráneos mataran a Karou con la mirada. La loba soltó un bostezo tras oír aquella pregunta, guiando su mirada de un lado a otro, tratando de hallar una de aquellas motos, solo para saciar el deseo de su compañera. Fuera del local había un pequeño grupo de personas, que VanMaxwell fácilmente identificó como mundanos, entornando los ojos al divisar a más subterráneos —Silencio, niña: irrumpes en mis pensamientos— trató de hacer callar a la Nefilim innecesariamente al no ser en realidad una molestia su voz, abriendo los ojos de par en par cuando estos captaron su objetivo; el vehículo estaba estacionado entre las sombras, junto a un viejo auto, quizá con la intención de hacerlo imperceptible al ojo humano, sin tomar en cuenta que los licántropos como Laila podían emplear una simple media-transformación para ver con mayor claridad, siendo aquella la estrategia de la inglesa para identificar el deseado medio de transporte.

La música emanaba del lugar sutilmente, siendo solo un murmullo para un humano, sin embargo la pelirroja podía escuchar con mayor claridad, todo gracias a la mejora de sus sentidos, cosa que a propósito a veces era una tortura. Con una seña le indicó a su acompañante que le siguiera, andando con paso sigiloso y discreto a su vez, tal cual felino en plena cacería, aproximándose a su objetivo con lentitud, evadiendo miradas, haciéndose pasar por alguien con deseos de entrar a aquel club nocturno, aunque su plan pudiera arruinarse al ser seguida por una Hija de Raziel, pero eso ya lo había pensado al estar a menos de tres metros de su próximo robo. De pronto se detuvo, alargando el brazo hacia su costado, deteniendo a la Nefilim junto con ella —... Aquí es donde vas a ayudarme: quiero que vigiles, nada difícil a menos que seas tan estúpida como para no quedarte en un solo sitio mirando de un lado a otro con discreción— la loba se volvió hacia la morena, posando ambas manos sobre sus hombros, presionando fuertemente con los pulgares —Este es el plan: vas a entrar en aquella fila de allá, y si ves algo sospechoso buscas un modo de avisarme y nos vamos como si nada hubiera ocurrido, pero si no pasa nada nos iremos de aquí en menos de diez minutos. Me llevaré la moto y te estaré esperando una cuadra más adelante— arqueó ambas cejas, esperando algún tipo de respuesta, soltando a Karou con un pequeño empujón, usando su talento en actuación para esbozar una amplia sonrisa, alejándose sin mirar hacia atrás, agitando una mano en el aire, como si se despidiera de su 'amiga' —¡Apártame un lugar en la fila, vuelvo enseguida!— vociferó, alejándose de la Cazadora de Sombras con rapidez, desvaneciendo aquel falso gesto amistoso en cuanto se adentró en las sombras.


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La chica acabó por decirme cual era su edad, básicamente estaba aquí desde su mayoría de edad. Al mencionar mi edad de diez años simplemente recordaba aquel ataque en Alacante, es cierto que fueron unos años antes y fue en ese momento cuando ataqué a mi primer demonio, pero recordaba ese día por otro motivo. No le di mucha importancia al asunto, ya que estaba en el pasado y lo que importaba era el presente, y tal vez el futuro inmediato que tenía por delante. Le pregunté el nombre después de decirle el mío, noté el sarcasmo de sus palabras al decirme que no iba a ser mi amiga tan fácil. La verdad es que no tenía amigas, solo tenía uno y era más que eso, así que tampoco contaba como amigo. Así que en resumen, no tenía amigos, punto. No sabía si decir que era una vida solitaria o un precio a pagar, aunque habían más cazadores que si mantenían una buena relación con los demás.
-Igualmente me sentiría responsable y si acabas encerrada. -le aclaré. Si no fuera que estuviera actuando conmigo y acabara entre rejas, ignoraría el hecho. Cada uno tenía que cargar con las consecuencias de sus actos, yo no era la excepción de esa regla.

Pasamos a una parte de la calle repleta de subterráneos, no me molestaban para nada. Por mucho que me hubiera criado en Idris, donde la raza predominante eran cazadores no significaba que no me llevara bien con ellos. Aunque claro, en términos generales las cosas se habían resentido y todo por culpa de los ataques que había surgido, tanto en Alacante como en Nueva York. No pude evitar preguntar sobre la visión de nefilim, los que tenían ese toque de odio estaba claro que sí, que al menos una vez en su vida había tratado con alguno de los nuestros. Llegamos a la zona en cuestión, nos detuvimos delante del edificio y cuando le pregunté me mandó a callar. Me crucé de brazos, mirando disimuladamente a nuestro alrededor. Me percataba de todo un poco, de la gente que seguía un poco a su aire, como si se hubieran acostumbrado a mí, que también habían humanos entre los subterráneos, la música salía tenuemente del local y a penas podía reconocer claramente lo que decía, alguna que otra palabra suelta, tampoco es que supiera mucho de música de moda.

Caminábamos un poco de aquí para allá, hasta que me detuvo. La miré con un claro interrogante en los ojos. Enarqué una ceja al escuchar lo de estúpida, me pregunté con quien creía que estaba hablando, no hice ningún comentario porque ella seguía hablando, incluso me agarró de los hombros contándome el plan que tenía.
-Supongo que con eso basta. -comenté tranquilamente mientras me colocaba en la fila para poder entrar en el local. Escuché lo que gritaba la chica, sin duda tenía un talento para mentir o actuar, según desde que punto lo vieras. Rápidamente alguien se colocó detrás de mí, y me sentí algo inquieta por estar rodeada de gente, si ninguno me viera como solían suceder o estuviera con Zad, las cosas cambiarían pero así no eran las cosas. Tendría que aguantarme. El lugar estaba bastante tranquilo, por lo que se veía… Siempre prefería vigilar desde lejos, tenía más movimientos y ya después entrar de lleno en la batalla. El plazo de tiempo que me había dado se estaba terminando, y justo, en ese momento, el único vampiro de la cola llamó mi atención. Estaba tan solo a dos personas de distancia de mí, tenía la piel pálida, el color de su cabello era azabache y del lóbulo de la oreja le colgaba un pendiente que seguramente estaría unido a su labio. Se estaba girando para mirar en la misma dirección en la que se encontraba Laila.

Me moví con rapidez, me coloqué al lado de los que estaban enfrente de mí y le di una fuerte nalgada a la chica que había delante. Esta se giró rápidamente hacia atrás para saber quien demonios había sido y yo, al mismo tiempo, miraba sorprendida al chico de pelo castaño que claramente era humano. La chica rubia, a la que le había tocado el culo, comenzó a gritarle y le soltó una bofetada, eso llevó a otra cosa y todos comenzaron a pelearse con todos, incluido el vampiro que se había distraído y disfrutaba con la visión de la sangre y como se golpeaban. Mientras tanto, yo retrocedía disimuladamente, como si todo eso no tuviera nada que ver conmigo. A Laila le tenía que dar tiempo de salir de allí con la moto ahora que todos estaban distraídos. Fui al lugar donde habíamos quedado, una manzana más allá.


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Respetar el límite de tiempo que ella misma había puesto era crucial, si había algún atraso, las posibilidades de ser descubierta aumentarían, y todos saldrían perdiendo... excepto el vampiro, que bien en aquel plan encajaba como la víctima y estaba en todo su derecho de replicar si se le venía en gana. Las manos de la loba se movían con habilidad, tratando de hallar un modo de echar a andar aquel aparato, topándose con un número ínfimo de inconvenientes gracias a sus conocimientos en mecánica, que en ese momento, mas que nunca, le resolvieron la vida en cuestión de minutos, aunque claro, tampoco es que no se topara con pequeñas cuestiones al tratarse de un vehículo poco convencional. Los ojos verdes de la chica se entornaron, hasta que la moto cedió y le fue posible huir, esbozando una media sonrisa de satisfacción cuando sus artimañas dieron frutos, sentándose a horcajadas sobre el vehículo, saliendo de allí apresuradamente, no sin antes mirar hacia atrás antes de alejarse, divisando desde su posición algo que simplemente podía describirse con una sola palabra: caos. Con extrañeza, se quedó observando por un rato como todos en la entrada se golpeaban y gritaban con ira, sin embargo, jamás vio a la Nefilim, por lo que intuyó que esta se había marchado, haciendo Laila lo mismo después de crear un gesto indiferente, encogiéndose de hombros, guiando su robo exitoso hacia las calles, conduciendo con lentitud, solo para no pasarse de largo y así poder encontrarse con su secuaz, aunque, personalmente, a la inglesa le hubiera encantado considerarla como una lacaya.

Miró de un lado a otro, cerciorándose de no haber ido tan lejos, frenando en seco cuando sus ojos lograron ver la figura de la muchacha, frunciendo el entrecejo con aparente disgusto, como de costumbre. Acercó el vehículo demoníaco a la acera, aparcando cerca de Karou, observándola fijamente al apoyar un pie en el suelo, manteniendo el equilibrio —Vaya, vaya, que tenemos aquí... ¿qué haces en esta esquina, muchacha?— arqueó una ceja, pasándose una mano por el cabello, desordenándolo un poco a propósito, incluso cuando el viento ya había hecho lo suyo durante aquel breve viaje —¿Fue tuyo el plan de provocar una pelea?— inquirió, señalando con el pulgar hacia atrás, mostrando gesticulación indiferente al hablar, pasando a encogerse de un hombro —... Quería quedarme a apostar, pero luego me acordé de ti: que pena— acto seguido, le hizo un gesto con la mano, indicándole que subiera —Ya cumplí con mi parte, así que ahora déjame ir por mi moto: después haz lo que se te de la gana— devolvió ambas manos al manubrio, mirando a la fémina con cierta incertidumbre, moviendo los dedos de la mano derecha constantemente, dejando ver su tan característica acumulación de energía, sin a penas darse cuenta de que lo estaba haciendo.


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Había pasado una semana de mierda, de auténtica mierda. ¿Por dónde podía empezar? Tal vez por aquellos mensajes de texto amenazantes que había comenzado a recibir a principios de semana; se trataba de esos putos rumanos que me estaban haciendo la vida imposible por la pasta que les debía. Sí, sabía que debí haberme imaginado que ese momento llegaría pero desde que había comenzado a salir con Emily olvidé toda la mierda gitana que me rodeaba. Hacía muchísimos meses que dejé el turbio negocio que tenía con ellos de vender droga porque mis principios habían cambiado, todo de mi lo había hecho a medida que mi relación con la bruja iba evolucionando. Tenía que reconocer que no todo el mérito era de ella, sino que también tenía que ver que la policía casi me pillara y tuviera que tirar parte del material por el desagüe… por lo que esos ingresos se perdieron. De ahí el problema que me estaba dando por culo.

¿El otro asunto que me tocaba los cojones? Pues el proyecto final de ciclo. Había logrado gracias a mi gran carisma y a mi hermosa cara a formar parte del mejor grupo de la clase, que evidentemente estaba compuesto por dos féminas. ¿El problema? Que eran extremadamente responsables y puntuales a la hora de entregar los diferentes puntos del trabajo y estaban constantemente agobiándome para que acabara mis partes. Sí, era el vago y el poco trabajador del grupo, ¡pero tenía mis motivos!

Y para rematar estaba el tema de la muerte de la madre de Emily. ¿Sabéis qué? ¡Que la diesen por culo! Tuve que controlarme mucho para no soltarle eso tal cual a aquella Emily echa una piltrafa entre mis brazos del dolor que sentía. Dolor, enfado, indignación, frustración, impotencia… una serie de emociones que la estaban torturando desde que leyó esa maldita carta. Qué manía tenía la gente en escribir una carta “por si acaso” y remover la mierda cuando ésta ya estaba superada. Quise enterarme de dónde la habían enterrado o esparcido sus cenizas, no sé cuáles son las costumbres fúnebres de los nefilims,  pero iría allí y pisotearía su lugar de descanso, o tal vez me mearía. Soy una bestia despreciable cuando me hacen daño, pero más cuando se lo hacen a la persona que más quiero. Sintiéndolo mucho, no puedo entender completamente su pena.

En fin, que esos tres motivos me habían dejado con un cabreo descomunal y para colmo esa noche tenía que ir a ese pub de alterne para citarme con uno de los rumanos para según él “hablar”. Me lo prometió pero no me fiaba de él, habría que ser muy estúpido para hacerlo. Por esa razón decidí llevarme la moto demoníaca que había adquirido hacía un par de meses pero que se encontraba muy destrozada. Así que hice alarde de mis conocimientos de mecánica para arreglarla, aunque más de una vez tuve que llamar a Scarlett para preguntarle unas dudas.

La aparqué cerca del Zapphire’s Club  pero oculto entre un vehículo bastante feo y antiguo que por cierto tenía bastante polvo, a saber cuánto tiempo hacía que no lo movían del sitio. Tras eso me fui hacia la cola que había frente al local. Metí las manos con aire nervioso en el interior de mis bolsillos delanteros de esos pantalones pijos de pinzas negros. No me gustaba mucho ir tan formal vestido pero era lo que el local éste requería. De vez en cuando giraba la cabeza hacia donde había estacionado mi moto, porque era otra de mis “niñas” junto a la Harley Davidson, solo que esta era mucho más exótica. En eso que escuché la voz de una chica pelirroja que le indicaba a otra que le guardara sitio en la cola, una joven castaña que se fue aproximando hacia mi lugar. Y cuando dijo joven, es JOVEN, porque no tendría cumplidos ni los veinte años ¿qué hacía allí? Fue perceptible mi cara de extrañeza. Entonces hizo algo inesperado, se puso tras otra mujer y le dio una cachetada en el culo. Abrí los ojos de par en par. ¿Pero qué hacía? No me dio tiempo a reaccionar, la niñata me había culpado señalándome con esa mirada de sorpresa y  la rubia, que por cierto, tenía un culo estupendo, empezó a recriminarme que la hubiese tocado.

¡Eh!¡Eh!¡Eh! ¡Yo no he tocado ningún culo ajeno! Ha sido ella. Yo ya tengo culo que tocar. — me quejé sin dejar de mirar a la niñata que sin saber por qué me había metido en un lío, pero dejé de mirarla porque mi cara se volvió hacia un lado de la cachetada que me dio la rubia. Y el caos estalló. — ¡¿Qué haces, capullo?! ¡Es mi novia! — desvié sus puñetazos con la facilidad propia de estar preparado por esa vez y porque hacía ya como un año que me entrenaba para no ser tan vulnerable contra otros seres. — Me… me… ¡Me cago en la puta! — salí de allí escopetado porque contra uno podía, contra dos, tal vez… pero aquello empezó a ponerse difícil y a los gorilas les costaba poner todo en orden.

Salí escopetado de allí porque ya estaba empezando a recibir palos por todos lados, así que salí pero lo hice hacia la dirección que había tomado esa niñata. Le iba a cantar las cuarenta, además, que me pareció ver en ella algo extraño pero que no me dio tiempo analizar. Empecé a correr por la acera guardando las distancias con ella que daba la casualidad seguía la misma ruta de donde había dejado la moto. Bien, la iría a coger e iría hacia ella pero cuando me quise dar cuenta la moto no estaba. ¡¡No estaba!! ¡Mi querida moto demoníaca! ¿Esa niña habría tenido algo que ver? No lo sabía, pero mi enfado se había incrementado, y sería otro nefasto suceso que añadir a la lista de los momentos de mierda de la semana. — ¡¡He tú!! — grité antes de percatarme que después de haberme alejado bastante del Club, la castaña no estaba sola, había una chica pelirroja a su lado, ¡con mi moto bajo su trasero! — ¡¡Esa es mi moto!! — solté enfadado por mi boca entre jadeos. — ¡¡Ladronas!!



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Escuché las palabras del chico al que había culpado con la mirada, tras hacer eso el caos explotó delante de mí. Con una simple mirada comprobé que todos estaban ocupados pegándome uno a otros así que me largué de allí con paso tranquilo, como si todo aquel asunto no tuviera nada que ver conmigo y sobre todo, como si yo no hubiera sido la culpable. Daba igual quien hubiera empezado todo aquello, sería tarde o temprano cuando ellos mismos comenzaran a pegarse por cualquier idiotez, me habían demostrado nada más salir del instituto. Caminé por la calle, llegando justo al lugar de encuentro que me había indicado la pelirroja. Esperé cerca de la acera, justo en la esquina con los brazos cruzados. Escuché el sonido de la motocicleta, al levantar la vista, ya que me estaba entreteniendo contando las grietas del suelo me encontré con la pelirroja ya montada sobre la moto. Le dediqué una media sonrisa.
-Pues estaba esperando a una fornida pelirroja, sin embargo tendré que conformarme contigo. -me encogí de hombros. Me preguntó sobre la pelea, me encogí de hombros. -El vampiro que había en la fila iba a mirar en tu dirección, así que, cree algo de discordia. -le dije mirando en la dirección de la pelea, donde unos hombres vestidos de negro separaban a los mundanos. Me centré en esa escena, ignorando por completo a las personas que se acercaban a nuestra posición. -Apuesta por el que quede en pie, suele ser el ganador. -dije medio en broma examinando la moto. -No está mal. -me hizo un gesto para que subiera comunicándome que ella había hecho su parte y ahora era la hora de ir a buscar su moto y ahí habrá acabado nuestra relación delictiva.

Fui a subir encima de la moto, escuché un grito pero no pensé que era para mí hasta que escuché las declaraciones sobre la moto y sobre nuestro nuevo estatus. Al mirar en la dirección de los gritos me encontré con el hombre, era al que había acusado con la mirada de haber hecho aquel acto tan indecente como tocar el culo a la chica. Pelo corto, color arena y unos ojos azules, enarqué una ceja al mirarle. Miré a la chica, y me di cuenta que faltaba Zad para que él confirmara las sospechas que cruzaban por mi cabeza sin tener que decir ni una sola palabra. El hombre con tono enfadado y entre jadeos nos había dejado claro su postura. Observé la moto.
-Supongo que la querrás de vuelta… -coloqué una mano en el manillar, ya nos había pillado salir huyendo ahora no me parecía lógicos, también es que solía tener la manía de hacer frente a ese tipo de cosas, ¿para qué huir? -Hagamos un trato, ¿te parece? -le pregunté con una sonrisa. Miré a la pelirroja. -¿Quieres pedirle algo? Es el momento.


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Aww, que pena que no sea la mujer de tus sueños: habría hecho lo que fuera por ti, querida— inició con sarcasmo, rotando sus orbes con visible ironía, contemplando a su compañera durante un breve instante después de ello, pasando a gesticular con indiferencia. No estaba para nada interesada en la cazadora, en efecto no veía un motivo claro por el cual relacionarse con ella, además de que sabía que no obtendría demasiados beneficios de ella, siendo ese el principal motivo por el que hablaba con otras personas de vez en cuando. La loba pasó de lo demás que le dijo con un encogimiento de hombros, estando más que dispuesta a marcharse en ese momento, notando la intención de la Nefilim de hacerlo del mismo modo, no obstante, un impedimento llegó sin apenas reparar en ello. Tras de ellas, exclamaciones iracundas surgieron de entre las sombras, provocando que la inglesa se volviera hacia de dónde el sonido se originaba, frunciendo marcadamente el entrecejo al divisar como una figura masculina se acercaba hacia ambas, reclamando aquel vehículo de buenas a primeras de una manera que comenzó a irritar a la chica desde el primer momento, absteniéndose de acercarse a él en cuanto la voz de Karou reapareció en la escena, siendo ella la que tomó la palabra antes de que Laila lo hiciera, pareciendo lo más adecuado debido a que ésta última iría guiada por la ira al momento de abrir la boca.

Sus ojos se entornaron notoriamente, bajando de la moto con lentitud, dejando que la Nefilim se encargara de ella a partir de ese instante, posándose junto a la joven de pelo castaño, cruzando los brazos bajo el pecho, esperando que algún evento de mayor importancia aconteciera para interferir, sin embargo, fue requerida mucho antes de lo que pensaba, disparando una ceja hacia arriba cuando una pregunta llegó hasta sus oídos, mirando de soslayo a la fémina. —¿Estás hablando en serio?— masculló desdeñosamente, poniendo los ojos en blanco y metiendo ambas manos en los bolsillos del pantalón, centrando su atención en aquel sujeto y en la ira que arrastraba consigo. Negó con la cabeza, liberando un suspiro cargado de la más pura resignación ante la situación, sabiendo que no podía hacer algo para modificarla debido a las palabras ajenas —Esta es la estrategia más estúpida que he visto, ¿negociar? ¿lo dices en serio? Hubiera sido más fácil escapar: ¡tenemos una maldita moto demoníaca ¿y tu quieres negociar?!— susurró exasperadamente, quedándose callada cuando sus ojos pudieron mirar con mayor claridad a aquel hombre, manteniendo aquella gesticulación malhumorada, escudriñándolo, hundida ahora en aquel plan que bien pudo haber resultado mejor de no ser por la otra chica. Solo le quedaba esperar, y, si tenía la oportunidad, modificar la situación, siempre y cuando el supuesto dueño de la motocicleta no buscara pelea, aunque, viéndolo desde otro ángulo, él tendría una obvia desventaja al estar solo, no obstante, no sabía a ciencia cierta si era un simple mundano u otro subterráneo.


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No había que ser un lumbreras para saber que a Rowan le gustaban las alturas más que a un tonto una tiza. Cuando no tenía que ocuparse de que Winter no se metiera en líos, le gustaba volar a lo más alto de los edificios de Nueva York. Como ahora mismo la chica White tenía la pierna herida y en bastante mal estado, el demonio estaba al 100% seguro de que no se le ocurriría la locura de levantar su culo de la cama y salir a pasear por la ciudad. Más que nada porque podía plantar el pie poco si no quería que la herida se le reabriera y empezase a sangrar. Así que ahí estaba, yendo de tejado en tejado, buscando un sitio tranquilo para sentarse y limitarse a no hacer nada. Aquello era mucho mejor que ir por las calles, que aún siendo plena noche, estaban llenas de mundanos y subterráneos. Rowan y las multitudes no se llevaban bien, así que la otra opción era ir prácticamente volando, y cuando tenías alas era una idea de 10.

Precisamente, atravesaba una zona más bien ruidosa, con clubes y bares, con gente haciendo cola para entrar a los locales regentados más de uno por seres sobrenaturales, y con un demonio que saltaba de azotea en azotea, procurando mantenerse siempre en la sombra y que las brillantes luces de la ciudad que nunca duerme no lo cegasen. Solo faltaría que de repente no viera dónde ponía los pies y acabase cayendo al asfalto que estaba varios metros por debajo de él.

Un rugido, casi similar al de un animal salvaje llamó la atención del demonio. No estaba familiarizado con los transportes humanos, pero podría reconocer una moto demoníaca a kilómetros. Sus ojos azules se clavaron en la máquina, pero también en la melena brillante de su conductora. No había visto muchas en la ciudad, hacía tiempo que los vampiros las usaban para poco, y aquellos que no eran vampiros y tenían una, no solían sacarlas. Le llamó la atención, sí, tanto como para olvidarse de la tranquilidad de los tejados y tocar el suelo con suavidad. Casi hasta con desgana, como si todos los días de su vida se dejase caer desde lo alto de un edificio, con la confianza de saber que no te harás picadillo contra el pavimento. Como si nada, como si no hubiera aparecido de repente entre los mundanos, caminó por las calles, mezclándose con las sombras y buscando esa maldita moto.

Instintivamente, siguió a un hombre que corría como alma que lleva el diablo (irónico). No sabía por qué corría, pero conocía demasiado a los mundanos como para saber que no estaba corriendo por amor al arte. Sin embargo, Rowan continuó su paso tranquilo tras él. Y efectivamente, sus suposiciones eran ciertas: le llevó a un callejón en el que estaba la moto, ronroneando bajo el cuerpo de la pelirroja, y otra muchacha. Esperó a que llegase su momento de intervenir, porque él los estaba observando a todos, tanteándolos. No tenía un radar de criaturas, pero el demonio podría poner la mano en el fuego por que el hombre era humano, y la chica que no estaba sobre la moto era una nefilim. Los instintos de Rowan ahora le decían que saltase sobre ella, que se olvidase del resto y que Schwarz hiciera de las suyas. Sin embargo, tuvo una idea mucho mejor: ¿por qué no llevarse la moto? No es que él supiera conducirla, pero se le antojó que quizá podría ser útil para vigilar a Winter cuando pudiera volver a trabajo. A veces, volar podía resultar peligroso si no mirabas al frente, porque podías comerte un pantalla de Times Square por ejemplo.

Entonces, la idea de cargarse a la joven nefilim, fue sustituida por un plan maestro: El humano tenía que desaparecer de la ecuación, y el demonio podría negociar con ellas. Podría deshacerse de él para ayudarlas, aparentemente. Y luego apropiarse de la moto. Rowan podría haber sido una gran mente criminal si no se hubiera dedicado a hacer tratos estúpidos, claro que si. - Técnicamente no es tuya. Nos pertenece a nosotros.- Salió de entre las sombras, dejando que la luz le iluminase.- Los mundanos tenéis la manía de creer que todo lo que robáis o pagáis os pertenece y no es así. ¿Os está molestando?- Sin decir nada más, dejó que cada uno sacase sus propias conclusiones. No había nada en él que lo delatase como demonio, incluso por su palidez podría decirse que era un vampiro, igual que el lobito que atacó a Winter lo había pensado. Además, la pelinaranja le inquietaba; aún no había podido reconocer qué tipo de criatura era… Mejor entrar pacíficamente y tantear el terreno a llevarse sorpresas.
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Ya tenía los cojones lo suficientemente hinchados como para que aquella niñata me los hinchara aún más. Ahí estaba yo, caminando a zancadas y dando enormes brazadas al aire con la mirada clavada en la nuca de la castaña. ¡¡En esos momentos estaba hecho un basilisco!! Aceleré el paso en una pequeña carrera hasta que por fin pude colocarme delante del vehículo con ellas dos sentadas con una clara determinación de que no me movería de allí hasta que no me la devolvieran. En eso que me dio por fijarme bien en cada una de ellas para así poder acusarlas a… ¿A la policía? Sí, claro, iba a ir a la comisaría y a decirles que un par de niñatas me habían roto una moto demoníaca. El que terminaría encerrado y además embutido en una camiseta de fuerza sería yo. El caso era que una de ellas era una nefilim, las runas que llevaba marcadas sobre su piel desnuda la delataban.

¿Trato? ¡¡¿Trato dices?!! ¡¡¿Encima?!! ¿Encima que me robáis la moto dices que se me devolverá si os doy algo a cambio? No tendrás por ahí alguna runa que te otorgue algo de sentido común ¿verdad? Porque sí, sé lo que eres — la señaló sacudiendo su dedo índice y con un ceño fruncido profundamente fruncido — Menos mal que estáis para proteger a los mundanos, para cumplir cumplir la ley, bla, bla, bla, y aquí estás robándole el vehículo a uno de vuestros protegidos. ¡Y tú! — señaló a la pelirroja quedándose dos o tres segundos en silencio analizándola de arriba abajo con su mirada para determinar qué raza era. — Eh… no sé qué coño eres, pero vas a bajarte inmediatamente de MI moto.

Tragué saliva cuando sin previo aviso, la muchacha se bajó de la moto. Eso me puso nervioso. Recé, recé mucho a Dios, cosa que nunca hago, solo para que no resultase ser una subterránea y me diese la paliza de mi vida. Por suerte solo se dedicó a refunfuñar por lo bajo a su cómplice. — No hay mucho más que decir. Ella se ha levantado, y ahora te toca a ti, nefilim — exijo todavía exasperado. No me había pasado semanas enteras descifrando como arreglar esa maldita moto con ayuda de Scarlett para que me la arrebataran.

Una repentina voz masculina resonó en el callejón lo cual produjo que diese un pequeño bote y dirigiera la mirada hacia su procedencia. Tragó saliva al ver el aspecto pálido de aquel hombre que consideraba la moto como suya haciendo referencia al colectivo del que era miembro. Un vampiro. El corazón, que ya de por sí estaba alterado por el enfado, en esos momentos incrementó sus pulsaciones pero esa vez por miedo. Ya había estado a punto de morir por culpa de uno de ellos que casi le había desangrado si no fuese por Emily. La razón, que normalmente me la imaginaba con el rostro de la bruja, me decía que me marchara de allí inmediatamente, pero mi orgullo y mi fanatismo por las motos me lo impedían. No… aún no. No podía perder la moto. En situaciones así odiaba. ODIABA ser un puto mundano sin posibilidades de defenderse.

¿He dicho que soy un mundano? Para nada, lo dije para que os confiarais. Soy un brujo, un brujo muy poderoso. Si os preguntáis dónde está mi marca demoníaca, lo siento, es un tercer apéndice que se encuentra escondido en un lugar demasiado íntimo. — les fue señalando con el dedo uno a uno aunque éste temblaba igual o incluso más que mis rodillas. Los nervios hacían que me inventara cosas que a no ser que fuesen estúpidos, nadie se creería. — Hace semanas que me la encontré tirada y totalmente destrozada, no era de nadie, así que me ocupé de arreglarla. Eso la hace mía. — me pasé rápidamente el dorso de mi mano derecha por la sien al sentir como una gota de sudor empezaba a descender lentamente delatando aún más mi situación en desventaja.



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-Eso llega a mi corazón pelirroja. -coloqué una mano sobre mi corazón como si eso demostrara los sentimientos de mis palabras. Eché un rápido vistazo a la moto, dándole el visto bueno, hasta que de pronto apareció un hombre. Su respiración era agitada por culpa del esfuerzo, estaba claro que había llegado corriendo a nuestra posición. Me sorprendió un poco al ver que era al hombre que se recibió el golpe de la chica al confundirle con el salido que le había metido mano. Indicando que su moto la que habíamos robado. Le dije de hacer un trato, animando a mi compañera de noche que le pidiera algo, la pelirroja se mostró incrédula y yo puse los ojos en blanco. Sería más fácil con cierto hombrecito que en aquellos momentos se encontraba sobando de mala manera en su nueva cama.

Miré al hombre enarcando una ceja mientras que gritaba tan alegremente. Me crucé de brazos mientras él soltaba lo que tenía dentro, señalando a cada una de nosotras totalmente ofendido. Como si fuera la primera vez que le robaban, vivía en Nueva York seguro que no sería ni la primera, ni la última.
-¿Ya has terminado? -le pregunté. -Mi trabajo es encargarme que nadie te mate, nada me impide robarte y menos un objeto que pertenece al submundo. -rebusqué en mi bolsillo sacando un frasco con agua en su interior. -Esta nefilim sigue con la idea de un trato… -dije tranquilamente rodeando la moto hasta llegar a donde quería. -Vaya… yo es que no sé mucho de motos… -mentira. -pero creo que esto da al deposito. -lo abrí con facilidad con la estela. El olor al combustible llego a mis fosas nasales. Miré al chico, abrí el frasco. -¿Sabes lo que le pasa a una moto de estas cuando le pones agua bendita en el deposito? -le dijo con una sonrisa. -El trato es sencillo, ya has conseguido una, nos ayudaras a conseguir otra o sino pondré esto, -agité el agua sin derramar una gota. -dentro del deposito. Cuando tenga una nueva moto, te puedes llevar la tuya sin problema. ¿Qué te parece? -le pregunté y miré a la pelirroja. -¿No quieres tener el honor de ponerle el agua? Se quedan inservibles después de esto.

Las cosas se complicaron bastante ante la nueva presencia. Levanté la vista y me tensé por completo. Tapé el bote de agua bendita y lo volví a guardar. Me moví con la vista clavada en el recién llegado. El hombre no paraba de decir que era un brujo con una marca de especialmente escondida mientras que señalaba y temblaba. Agarré el brazo del gran brujo del callejón y lo aparté, colocándolo detrás de mí.
-Lo has dado todo brujo. -comenté echándole una mirada para que se calmara, dandole un par de golpes en el pecho. Tenía la estela en la mano terminando de dibujarme las runas, solo por si las moscas. Guardé la estela de nuevo en el bolsillo, siento todavía más consciente de todas las armas que llevaba encima. Llevaba la cuenta de las armas que tenía, y como tenía que utilizarlas. Algunos demonios solo estaban de paso, y esperaba que fuera de esos. No es que me gustara dejarlos con vida por ahí. -No, no nos está molestado. -le eché un vistazo, clavando mis ojos claros en los suyos. -¿Y a ti? -le pregunté. -¿Qué te trae por aquí? -podría contestarme, pero no me fiaría de su palabra y de pronto tanta amabilidad era nefasta para mis nervios. Los demonios no eran amables porque sí, siempre se traían algo entre manos. Los demonios rastreros podían ser los más peligrosos, sin embargo también los más pacientes. Solían esperar a que se le presentara la oportunidad, y por inercia me coloqué en medio de la pelirroja y el brujo del callejón y aquel demonio.


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¿Tanto drama por una motocicleta? La cosa parecía importarle demasiado a aquel sujeto. La pelirroja, aburrida de aquella situación, dejó escapar un bostezo, cubriéndose a medias la boca con una mano, observando de forma desatenta como su compañera era reprendida por aquel desconocido, llevándose una gran sorpresa al ser también señalada, dándose cuenta con las palabras ajenas que aquel caballero, de ser mundano (cosa que no empezaba a dudar por su comportamiento) poseía la Visión. Cuando se apeó del vehículo demoniaco, el que parecía ahora sorprendido era él, deteniéndose para mirarlo con los ojos entreabiertos en una expresión indiferente, sin mencionar una sola palabra debido a que, de decir algo, sería una acción realmente inútil. Después de un momento, una propuesta bastante extraña llegó por parte de su compañera, mirándola de soslayo, terminando por encogerse de hombros: fuese lo que fuese que quisiera hacer, le daba exactamente igual, pasando por alto el "privilegio" de estropear aquella motocicleta ella misma.

Una batalla verbal con el mundano (como Laila lo tenía catalogado) comenzó a desarrollarse, pareciendo que se dirigía a ambas al verle señalar en todas direcciones, lo que por ende significaba que estaba en todo su derecho de hablar, sacando provecho de eso para responder a lo primero que él dijo, riendo durante un momento de forma jocosa —Oye, lo que tienes entre las piernas no es una marca demoníaca: se llama pene, y todos los hombres tienen uno— comentó sarcásticamente, demostrándole que no le había creído ni la mitad de lo que había dicho, siendo un indicio directo de lo que era aquel caballero, recibiendo la respuesta sin necesidad de preguntarle. La mirada de la pelirroja se mantuvo sobre la del aterrado mundano, escuchando su historia sobre como la motocicleta llegó hasta él y que por ende le pertenecía; ante ello, la loba rodó los ojos y volvió a cruzar los brazos, sin ánimos de soltar otro comentario sarcástico respecto a ello ya que también debía darle su oportunidad a la Nefilim, la cual, a propósito no la desaprovechó, acudiendo a una nueva serie de acciones que, de buenas a primeras, le desconcertaron, siendo invadida por la confusión sin saber exactamente lo que la otra chica realmente estaba buscando, o al menos no lo supo hasta que el juego pareció cambiar de rumbo ante la aparición de un nuevo integrante, uno que, con suma cautela, llegó, y gracias a su presencia, una sonrisa torcida se dibujó con lentitud en el pálido semblante de la loba, mientras varias ideas en torno a aquel muchacho de peculiar aspecto comenzaron a pasársele por la cabeza, ¿sería un vampiro? la tonalidad de su piel parecía darle ese aspecto, pero algo hacía a la chica dudar de ello, por lo que mejor decidió esperar, prestando atención a sus palabras, desvaneciendo gradualmente aquella sonrisa sardónica en su rostro.

El desconcierto de la inglesa disminuyó rápidamente cuando Karou tomó la palabra, dando un par de pasos de costado, teniendo un poco más de distancia entre la castaña y el mundano, sin apartar su atención del nuevo invitado, escudriñándolo de pies a cabeza, incluso con cierto interés pasajero, esperando de él alguna buena respuesta, sin temor alguno, mostrándose más relajada que la Cazadora de Sombras.


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La mirada de Rowan pasó del mundano a las chicas. Su aparición les había pillado por sorpresa, mejor, el factor sorpresa es importante cuando se hacía una entrada dramática, como en este caso. Y dejó que cada uno reaccionase a su manera, era el turno de ellos de o bien asustarse, o intentar matarle, aunque Rowan tenía bastante claro que sería mejor la primera opción: él se beneficiaba del miedo que podía inspirar. Aunque siendo sinceros, si aquello acababa en una pelea pues no iba a decir que no…

Alzó una ceja con evidente incredulidad cuando el mundano dijo que era un brujo. Él había vivido con dos brujas durante un siglo más o menos, y aún después de haberse separado de ambas, la única persona con la que se relacionaba que pertenecía al mundo de las sombras, era sorprendentemente un brujo también. Podía reconocer a un brujo a distancia, aunque no viera su marca demoníaca, y aquel hombre olía a mundano que tiraba para atrás. Pero bueno, no estaban allí para decidir si era un brujo o no, así que no dijo nada más… Si el humano quería seguir con aquella especie de teatrillo adelante, a ver si alguna de las mujeres le creía, porque Rowan no se había tragado aquello. Además, como dato, si eres un poderoso brujo, no te tiemblan las manos, eso era posiblemente otra cosa que lo delataba. Bueno, parecía que la nefilim tampoco se lo había creído mucho, porque lo empujó detrás de sí al fijarse en la alta figura del demonio; o eso, o era una cazadora muy generosa (cosa que Rowan dudaba porque parecía que le estaba robando la moto). Levantó ambas manos, demostrando que no tenía nada en ellas, ni intención de atacar a nadie -de momento-.

- Si de verdad tuviera intención de haceros algo podría haberos atacado por la espalda. Ya estaríais muertos y todavía no os habríais enterado de qué os ha pasado, así que yo creo que puedes relajarte un poquito, nefilim.- Era una tontería intentar fingir que nadie en aquel callejón sabía que la muchacha era hija de Raziel; las runas eran tan evidentes, que casi herían sus ojos. De momento, la más inteligente había sido la chica pelinaranja, que había optado por quedarse callada y mirar el panorama. Avanzó un par de pasos para poner sus manos sobre la moto. A ver, haciendo números teníamos a un humano, a una nefilim bastante joven (¿llegaría a los 20 años?), y a una mujer de raza no identificada… Si quisiera llevarse aquel cacharro de allí podría hacerlo y probablemente no tendría ni que despeinarse.- No he podido evitar oír eso de hacer un trato… ¿Qué queréis a cambio de esta moto?- Miró de nuevo el armatoste, que no tenía ni idea de cómo conducir, por cierto, pero que todo podría aprenderse.- Supongo que no os importará que me una a vuestra negociación; si lo que yo ofrezco es más interesante que lo de…- El humano, pensó, pero por seguirle la corriente no pasaba nada.-... El brujo, me quedo la moto.- Por descontado, cualquier cosa que el demonio pudiera ofrecer iba a superar lo que el hombre estaría dispuesto a dar por su querida moto. El mundano estaba en desventaja ahora mismo, pero, ¿cuándo no lo estaban?

Y aprovechando que la nefilim protegía al humano y la otra chica con su cuerpo, Rowan se tomó todas las libertades del mundo para quitar las manos de la moto y plantar su culo en el asiento. Sí, definitivamente, aquel cacharro iba a venirle muy bien en su tarea de hacer de niñero. Además, teniendo en cuenta sus pintas de tipo duro, aquello completaba el look de niño rebelde. Y su mirada se fijó en las dos chicas, primero en la más joven y luego en la otra, que estaba considerablemente más tranquila y algo separada de la nefilim.
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Estaba flipando con el descaro de aquella niña y que por ser una maldita nefilim sabía de sobras desde el primer momento que me percaté de sus runas de que tenía las de perder… Arrugué la nariz mostrando mi desagrado e incomodidad con la situación y con la razón que había salido a borbotones de su boca en forma de palabras. Sí, vale, muy bien, que impedís que nos maten, pero joder… un poco de moral y ética no estaría nada mal. — ¡Oh, vamos! Qué excusa, todo para justificar que  puedas robarlo. ¿Sabes? Os asemejáis a la policía cuando incauta algún cargamento de droga. Estoy seguro que se guarda un poco para catarla. ¡Ladrones! ¡Corruptos! — grité con frustración y manteniendo un dedo alzado. La razón poco a poco me iba abandonando sin apenas darme cuenta pero es que me encontraba tan preso de la ira que no sabía cómo controlar mis palabras.

La escudriñé con la mirada entrecerrada al verla levantar y dirigirse hacia el depósito de la moto, pero cuando amenazó con verter agua bendita en su interior toda mi chulería se fue a la mierda al igual que mi actitud amenazante. Hasta alcé mis dos manos mostrándome totalmente sumiso. — ¡Ohhh, Dios, no! No, no, no, no, no. No hagas eso, joder. Vale, vale, trato hecho pero no le eches ni una gotita de eso, maldita sea.

Mi “maravillosa” idea de hacerme pasar por un brujo no funcionó, al menos estaba seguro que la pelirroja no se lo creyó por su contestación que, en otras circunstancias me habría reído a carcajada porque había sido muy ingeniosa y hasta la habría felicitado palmeándole el hombro, pero en ese entonces no hizo otra cosa que cabrearme. Y del cabreo pasé al más puro terror cuando intervino el tipo pálido aquel aunque no permaneció mucho tiempo frente a mi pues la nefilim le dio por hacer su cometido e interponerse. No se lo agradecería… es una maldita Cazadora de Sombras corrupta…  Suspiré con frustración al sentirme tan vulnerable… y ridículo porque la voz de la chica denotaba ironía al llamarme “brujo”… ¿Tan descabellado era? ¿No tengo pinta de subterráneo? ¿Solo tengo pinta de capullo?

Eh, eh, eh, el trato lo han hecho conmigo. — respondió con la cabeza casi hundida entre mis hombros y con una voz insegura porque aquel tipo imponía; su alarde de poder no me había pasado desapercibido. — Mira… mira… os propongo algo… He oído… bueno, más bien he visto un viejo hotel donde residen unos vampiros. Tuve la mala suerte hace poco más de año y medio de pasar el lugar y casi no lo cuento, y sé que hay motos allí. Puedo servir de cebo, ¿vale? Si me aseguráis que mi vida no correrá peligro. Atraigo a cualquier vampiro que ronde por los exteriores y mientras alguna de las dos se hace con una de las motos. ¿Trato hecho? Venga… decid que sí…No querréis perderos a este mundano - que es evidente que lo soy...- correteando como pollo sin cabeza escapando de unos sedientos vampiros… Una moto y buenas carcajadas, es un buen trato ¿no? — Qué patético… en serio… Me estaba ofreciendo ser el puto bufón personal de aquellas dos pero todo fuese por mantener la moto como mi propiedad.



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Mundano/a, con La Visión

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Una melodiosa risa burlona no dejó de emanar de entre sus labios con cada cosa que el mundano decía, siendo al que prestaba un poco más de atención al tenerle considerablemente más cerca, negando ocasionalmente con la cabeza en un gesto notoriamenre burlón hacia él: le provocaba demasiada gracia el tan solo mirarlo, esforzándose por no reír con mayor fuerza luego de sus súplicas y ante su manera de actuar frente a cada situación, percatándose de que no era muy bueno a la hora de mentir, cosa en la que ella fácilmente podría robarle el mérito sin que apenas pudiera notarlo gracias a su naturaleza frívola. Su mirada pasaba de un lado a otro sin necesidad de girar la cabeza, ya que tenía una excelente vista de todo desde su posición, siendo aquel un gran espectáculo con el que se deleitaba en silencio, convirtiéndose en testigo de dos grandes ofertas; una por parte del falso brujo y otra del aparente vampiro, disparando una ceja hacia arriba al analizar con mayor detalle las últimas palabras del mundano, procediendo a fruncir ligeramente el entrecejo cuando aquel desconocido muchacho se apoderó del vehículo sin mencionar nada al respecto. A Laila no le molestó en lo absoluto que él hiciera eso, al fin y al cabo, ella solo aceptó robar la moto a cambio de un poco de diversión y no por que la necesitara. La loba mantuvo el ceño fruncido por un rato, tomando la palabra sin darle su oportunidad a la Nefilim de buenas a primeras —Escucha lo que te voy a decir, mundano: tu plan es evidentemente falible, ¿por qué? bueno, simplemente porque: a) No vas a durar ni cinco minutos, incluso en el exterior del lugar, b) Por lógica, tu vida va a estar en riesgo, y, c) Eres muy estúpido— dijo, contando con los dedos de la mano derecha cada uno de sus motivos, haciendo luego un gesto de indiferencia —... Pero, por otro lado, sería interesante ver como fracasas, te ridiculizas y además mueres— acto seguido, pasó a mirar al otro chico, señalándolo con el mentón, solo para llamar su atención —Y tú, ¿qué puedes ofrecer que sea mejor que ver como alguien se pone en ridículo y aparte se presenta voluntario para Los Juegos del Hambre?— señaló indiscretamente al 'brujo', elevando una ceja con desdén, llevando ambas manos a los bolsillos del pantalón, golpeando el suelo con la punta del pie de forma arrítmica, sin seguir un patrón en específico.


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Hijo/a de
la Luna

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El mundano, ahora el brujo del callejón, comprendió que era mejor hacer un trato o dejaría la moto que ni para chatarra. Lo había hecho más de una voz con Zadkiel, nada nos prohibía molestar un poco a los vampiros con las motos, mientras que no nos pillaran. La verdad es que era gracioso ver a ese mundano dándolo todo, incluso comparándome con su policía. Así que, terminé por enarcar una ceja divertida.
-No es una justificación, te estoy robando porque me da la gana. -le aclaré para que todo quedara claro ante la sustracción. A parte de llamarnos ladrones y corruptos, el podía decir lo que le diera la gana, mi trabajo estaba claro. Protegerlos, punto. Acabar con las amenazas para ellos, sin embargo, no podíamos protegerlos de ellos mismos, acaso no se mataban entre ellos mismos. En pocas palabras, podría ser una “corrupta” como el decía, aunque en realidad no lo fuera, pero nosotros apreciábamos más el valor de la sangre. Yo era una asesina, cosa que si era cierta, pero era serlo o que el mundo se fuera al garete por culpa de unos seres abominables, ellos eran asesinos por placer. Tampoco es que no me diera placer matar a un par de demonios, pero eso era otro caso.

En esto, apareció otro sujeto. Claramente era un demonio, era tan obvio para mis ojos que comencé a sentir un pequeño chorro de adrenalina por mis venas, aun así, no podía atacar así como así. No había hecho nada, por el momento. Así que me límite a interponerme entre el mundano y el demonio, estando yo en primera fila entre la chica y el mundano. No era estúpida, estaba en clara desventaja pero no por lo que decía el demonio.
-Y yo pensando que querías ser nuestro amigo. -contesté con sarcasmo. Observando con atención lo que hacía, manteniéndome justo delante del hombre que parecía estar temblando como una hoja, por lo menos era así como estaba cuando lo aparte. El demonio siguió hablando, comentando como había decidido intervenir. Coloqué una pierna en la parte de atrás de la moto cuando el demonio se sentó. -Todavía no has dicho el trato, así que no pongas cómodo sobre la moto. -le miré de arriba abajo. -¿Cómo te llamas? -le pregunté al demonio, entrecerrando los ojos. En teoría nos habían enseñado a matar a todo demonio que se nos pusiera por delante, no obstante, si no atacaba era mejor estar quieta y más cuando en palabras simples tenía que proteger a dos. Una seguramente era capaz de defenderse solita, el otro no y por eso ahora mismo era mi punto débil y cuando soltó su plan lo miré sorprendida, tanto que ni me molesté en ocultar mi expresión.

Estaba tan sorprendida que fue Laila la primera en hablar, obviamente dejando claro que el plan podía ser fatal. Me pellizqué el puente de la nariz, casi incrédula es escuchar las palabras de ese hombre y la contestación de la licántropo.
-La única que puede prometerte que no va a pasarte nada soy yo. -le dije al mundano. -No porque crea que ellos no sean capaces, que seguro que lo son, pero no es su responsabilidad. Si te metes de lleno en una guarida de vampiros, me meterás a mí también. Una cosa es robarles y joderles la moto y otra muy distinta meterte de lleno en una de sus guaridas, y más cargando con un mundano. -coloqué mis manos en el cinturón. -Y es lo que dice la pelirroja, no duraras ni cinco minutos dentro, de hecho, yo perdería el derecho de protegerte porque te has metido de lleno en su territorio y los vampiros tendrían el derecho a comerte vivo. Ya que tienes la visión, asegúrate de aprender la ley evitaras que te maten. -estaba entre la espalda y la pared. Miré al demonio, cuando la pelirroja le preguntó al demonio que plan tenía él. Si decidían por algún casual aceptar la loca idea del mundano tendría que ir yo, si o si. Ellos serían capaces de protegerlo, no lo ponía en duda, pero ninguno de ellos dos tenía el compromiso de protegerlo, sin contar que el demonio era un demonio. No se podía confiar en él.

Off: Perdonad la tardanza, me pilló el inicio de las clases de sopetón D:


Una más:



 



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