10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


25/12 - ¡Por fin se ha abierto el panel de inscripción para moderadoras/es! ¡Apuntáos cuanto antes! Además, administración quiere dejar constancia de que, con motivo de las fiestas, la nueva limpieza por inactividad se realizará entre los días 03 y 04 de enero. ¡¡De nuevo, Felices Fiestas, submundis!!


19/12 - ¡Las noticias de final de 2016 están recién sacaditas del horno! ¡Felices fiestas!


04/10 - ¡Aquí llegan el inicio oficial de la Trama Global! Seguid este caminito de baldosas amarillas para saber dónde están vuestros temas, quiénes participan y decidir en cual entrar. ¡Esperamos que lo disfrutéis mucho!


06/09 - ¡Aquí llegan los cambios en la ambientación y la trama y las noticias de agosto y septiembre! No dejéis de leerlas, porque dentro hay muchos cambios importantes.


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I can see that you got other plans for tonight. || Winter

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Podía decirse que su promesa le traía de cabeza. No solo había tenido que cuidar de mujeres caprichosas durante muchos años, sino que además, después de que Marjorie muriera, una de sus nietas había decidido rechazar el apellido paterno y usar White. ¿Para qué? ¿Qué necesidad había? Un apellido no decía nada, pero para él significaba otros muchos años de condena. Y desde entonces había seguido a la muchacha en cuestión, siempre oculto tras un glamour que lo hacía invisible y a una distancia prudencial. Nada de volver a involucrarse con humanos, nada de dejarles saber de su presencia.

Aquella noche, había visto como la esbelta figura de Winter entraba en su casa y cerraba la puerta, dándole varias vueltas a la llave. Sabía que los humanos hacían eso para sentirse más seguros (cómo si una simple cerradura fuera a parar a cualquier criatura) y que aquello significaba que no tenían más intención de salir de casa. No se aventuró a entrar, ni a vigilar desde las sombras, como había hecho con la abuela de ella, Rowan sabía que esa chica, que era de lo más normal no iba a necesitar de su presencia durante la noche. Así que en cuanto la cerradura dio la última vuelta, el demonio despegó el vuelo, dirigiéndose a un edificio abandonado que había en la ciudad. Quizá los subterráneos lo habían destrozado en cuanto se quedó vacío, o quizá habían sido los propios demonios, el caso es que aquel lugar era un sitio frecuentado por los de su especie. La energía demoníaca que desprendía era suficiente para atraer a Rowan hacia allí y sentarse en lo más alto. Los humanos rehuían de aquel lugar, dado que las leyendas urbanas ayudaban a que pensaran que había fantasmas, aunque más de uno se internaba y se llevaba una buena sorpresa.

Aunque aquel edificio no se parecía en nada al árbol dónde había estado sentado hasta que lo invocaron, al menos era algo. Allí, en lo más alto, con sus pies lejos del suelo casi podía decirse que se sentía en casa. Faltaba mucho verde alrededor, y olía demasiado a humo, pero al menos podía alzar la vista y mirar al cielo, las estrellas y sobretodo la gran luna que reinaba en el firmamento. Se tumbó bocarriba, para perder de vista las altas construcciones de Nueva York, para olvidar por un momento que seguía en aquella ciudad en la que tanto tiempo había vivido. Estaba solo y había un silencio relativamente reconfortante en la manzana, el claxon de los coches se oía de fondo simplemente, y sorprendentemente (o no), las farolas de la calle se apagaban misteriosamente según más cerca estaban de aquella construcción ruinosa. O al menos, estaba solo y tranquilo hasta que vio por el rabillo del ojo como una figura se acercaba renqueando al edificio. Guiado por la curiosidad, Rowan se asomó, a ver si quién venía era alguno de los suyos o simplemente un humano demasiado colocado como para reconocer el lugar.

Casi de manera perezosa, se dejó caer y aterrizó con suavidad en el suelo. Estaba medio oculto entre las sombras, y si se trataba de alguien con la Visión, tendría que fijarse muy bien para poder verle. Rowan sabía cómo pasar desapercibido, al menos cuando le interesaba. Y desde la oscuridad pudo ver que no se trataba de un yonki con demasiada droga en el cuerpo como para poder ver dónde se estaba metiendo, sino que era un subterráneo. Un licántropo que no controlaba muy bien lo que le estaba pasando, y el demonio se atrevería a decir que viendo cómo convulsionaba y gimoteaba, debía ser su primera o segunda transformación. No dijo nada, simplemente, se quedó dónde estaba. Aquello no era problema suyo, no iba con él, y allá el chucho que fuera dónde quisiera. Total, mejor que se transformase en aquel edificio abandonado y solitario a que lo hiciera por la calle y se echase sobre algún mundano... No había necesidad de que encima los cazadores de sombras metieran sus narices dónde no les llamaban.


Última edición por Rowan E. Schwarz el Lun Ago 22, 2016 4:54 pm, editado 1 vez
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Era una noche tranquila, con cielo despejado y brisa suave. Winter había trabajado hasta bien tarde, su compañera y ella habían detenido a un hombre que había dado problemas en la vía pública, y cuando Winter se había acercado pacíficamente a pedirle que le acompañara a comisaría, el hombre borracho como una cuba, había intentado pegarle un puñetazo a la rubia. Cinco segundos después, el tipo tenia su brazo retorcido en la espalda y la cara estampada en el suelo. La agente White de normal era optimista, vivaracha y charlatana, pero también sabía ponerse a malas y sacar mucha mala leche. Pero a pesar de que el tipo la había hecho enfadar momentáneamente, Winter no tuvo problema alguno en caturrear con voz alegre los derechos que poseía. Eso lo enfadó aún más, empezó a gritar insultos varios y amenazas sin ton ni son. La rubia le puso las esposas pasando olímpicamente de todas las cosas bonitas que le decía, pero su compañera no se lo tomó tan bien y acabó por tirarlo sin cuidado dentro de la parte trasera del coche, no molestándose en agacharlo levemente al entrar. El resultado fue: la cabeza del tipo impactando con la parte superior de la puerta, haciéndolo gritar, para después soltar una larga lista improperios para la castaña. Después de esa aventura lo habían dejado en comisaría, en una celda encerrado. Cuando la rubia llegó a casa, cerró la puerta con llave. A última hora se le había antojado ver una película de miedo mientras comía palomitas y acariciaba a Kaylee.

Cambió su coqueto vestido por unos leggings cómodos y una sudadera dos tallas más grandes que ella. Kaylee se restregaba contra sus piernas, dándole la bienvenida. La rubia la miró con una sonrisa dulce y se agachó para acariciarla. En los últimos meses se había centrado tanto en el trabajo que apenas había estado con el pobre animal, de hecho Winter sospechaba que algún día encontraría las cortinas del salón rasgadas y una rata muerta debajo de su almohada. Caminó perezosamente hasta la cocina, prestando especial atención en el comedero de la gata. Al verlo lleno decidió que lo mejor era centrarse en hacer sus palomitas. Rebuscó en el armario donde las guardaba normalmente, tardando varios minutos en entender que no le quedaban palomitas de microondas, frunció el ceño. ¿Cómo había podido olvidarse de su snack más solicitado? Suspiró cansada, pensando en cual era el 24 horas más cercano. Otra persona habría pasado de las palomitas y se habría comido otra cosa, pero Winter no se caracterizaba por dar su brazo a torcer.

Agarró las llaves, abrió la puerta y bajó las escaleras dirección a la portería. En ella un par de adolescentes se daban el lote como si no hubiera un mañana, provocando que la rubia arrugara la nariz, asqueada. No podía llegar a entender como la gente perdía tanto la vergüenza, o peor, como podían compartir saliva con tanto afán. Reprimió un "ajjjj" sacudiendo la cabeza, ella no había besado nunca a nadie y esperaba que siguiera así el resto de su vida, lo tenía muy claro. No me malinterpretes, Winter amaba la decoración romántica de su pisucho de alquiler, como también amaba muchos escritores del romanticismo. Hasta había releído una y otra vez "Jane Eyre", "Orgullo y prejuicio" o "Cumbres borrascosas", pero ella sabía que eso era ficción y era algo irreal.

Esquivó a los muchachos y salió a la calle, por fin. En su cabeza, trazó un plano mental de las calles que debía tomar para llegar pronto a la tienda. Decidió que la que tenía menos tráfico y menos afluencia humana era aquella calle que parecía abandonada, de hecho, tenía un edificio deshabitado que a Winter le daría muy mal rollito si no fuera porque no creía en esas tonterías. Le gustaban mucho las películas de terror y gracias a su falta de superstición podía dormir tranquilamente por la noche después de una maratón de películas sobre fantasmas, demonios o cualquier otro ser fantástico. Caminaba por dicha calle plácidamente mirando con interés todas las pequeñas casitas abandonadas, se sorprendió de que no había ni un pájaro rondando la zona. La temperatura empezaba a bajar y Winter se frotó los brazos intentando evitar los escalofríos que amenazaban con recorrerle la espalda de forma molesta. Apretó el paso mirando hacia el frente. No tenía miedo. Siendo agente de policía pocas cosas le daban pavor, había visto cosas horribles desde que estaba allí; aún así ella conservaba ese candor y esa inocencia que tenía desde que era una niña. Un ruido la hizo parar en seco, provenía de la puerta del edificio con luz inexistente. Las luces rojas de su cabeza se encendieron en señal de alerta "Corre Winter.". Pero... ¿Y si le estaban haciendo algo a alguien? ¿Y si algún inocente había sido atrapado por algún malhechor?

Dio dos pasos hacia la penumbra con precaución. Un gruñido animal le dio la bienvenida. El ruido se hizo más fuerte y la rubia comprendió que era porque "eso" se estaba acercando a ella. Consiguió evitar el zarpazo, que la hizo trastabillar y caer de culo. Desde el suelo, pudo ver lo que le había atacado. ¿Qué era eso? Parpadeó varias veces tratando de comprender que es lo que tenía delante de sus ojos. "¡Corre Winter!" gritó su raciocinio. La rubia se levantó lo más rápido que pudo dispuesta a salir corriendo como alma que lleva el demonio, pero algo la hizo flaquear y caer de bruces. Un dolor inmenso en su pierna izquierda. Llevó su mano a la pierna y notó algo caliente manchando el pantalón rasgado. Sangre. El ser volvió a acercarse y Winter sabía que sin pistola y herida nunca podría salir de esa con vida. Ni siquiera había una piedra cerca para tirarle a la cabeza. La "cosa", como lo había bautizado la joven, se tiró encima de ella y Winter, solo esperó la muerte, resignada.




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Mundano/a, sin la Visión

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Se oían gemidos, jadeos de dolor y de vez en cuando, un gruñido lastimero más propio de un perro que de un humano. Casi podía escucharse cómo la piel del hombre se rasgaba para dejar paso al animal… Las ropas hechas jirones cayeron al suelo mientras la transformación se completaba. El cuerpo estaba tendido en el suelo estremeciéndose, temblando de dolor; y probablemente no entendía qué le estaba pasando. Para Rowan, un ser que había matado y se había considerado a sí mismo un tanto sanguinario, aquello era grotesco, sentía ganas de apartar la mirada o mejor, de desaparecer del lugar. Decidió que lo mejor, sería dejar algo de intimidad al humano y que sufriera en silencio, que cada uno aguantase su cruz sin ser parte de un espectáculo público. Y en esas estaba, cogiendo impulso para alzar el vuelo y volver a lo alto del edificio cuando vio un cuerpo surgir de la calle, de la zona que estaba aún iluminada por algunas farolas alejadas. El demonio iba a desentenderse de todo aquello, a fingir que no había visto nada y ya está, pero para su desgracia, había reconocido quién estaba allí delante.

El olor dulce llegó hasta él antes de ver esa melena rubia, o de reconocer la silueta de Winter. Y por un momento, su idea siguió siendo la misma: Largarse y no hacer nada. Su primer impulso era simplemente fingir que no había visto a la chica White, al fin y al cabo, ¿iba Rosemary a levantarse de la tumba para atormentarle por no salvarla? ¿Acaso podía considerarse que era una White, teniendo en cuenta que su apellido real era otro? Había varios vacíos legales de los que podría aprovecharse, pero poniendo los ojos en blanco, se acercó al licántropo que había reconocido en ella una posible presa. El hombre ya no estaba, solo quedaba el animal, así que a Rowan no le quedó otra que remangarse e intentar que Winter no la palmase aquella noche de la manera más absurda. Claro que el destino se lo estaba poniendo difícil, porque ella se había caído y además tenía una herida en la pierna que iba a complicar mucho todo el asunto. Por mucho que él distrajera al subterráneo, ella no iba a poder huír si no era con ayuda. Con su ayuda.

En fin, no es que tuviera muchas cosas mejores que hacer aquella noche, pero salvar a una White y tocarle las narices a un licántropo no estaba entre el top 10 de planes nocturnos. Adiós a la paz y tranquilidad de la azotea del edificio. Adiós a quedarse ahí tumbado mirando las estrellas como si acaso le estuvieran contando algo muy interesante.

Al ver que el lobo se cernía sobre Winter y alzaba una de las patas para asestarle un zarpazo Rowan se colocó a su lado. Sujetó al animal por dicha pata, que no terminaba de entender qué le retenía. Qué le impedía matar. Lo miró, con aquellos ojos inhumanos, amarillentos y bestiales, diciéndole “suéltame, o correrás la misma suerte que ella, bastardo mundano”. Salvo que el licántropo no sabía que estaba frente a un demonio que probablemente le sacase más de 500 años de diferencia. Aunque aquel perrete quisiera hacerle daño, iba a tener que ser un poco más imaginativo, pues una simple mirada no iba a asustar a Rowan. Con una extraña y siniestra expresión, retorció la articulación lo suficiente como para hacer daño sin llegar a romper nada. En ese momento, el animal entendió que no se encontraba ante un humano normal y corriente, y por un momento, creyó tener delante a un vampiro. El aspecto de Rowan podía hacer que lo confundiera con uno de éstos, igual que su fuerza. La verdad, es que físicamente (al menos en su forma humana), daba más el pego por un hijo de la noche que por un demonio, pero si el lobito tenía ganas de pelea, no iba a quedar otra que enseñarle que no era una sanguijuela más.

El licántropo, sin embargo, cegado por su odio hacia los vampiros, se olvidó de la chica que estaba en el suelo herida, y centró su atención en Rowan. El demonio pudo observar cómo el animal daba pasos lentos, cojeando, pero con toda la intención de darle un buen bocado y si era posible matarle. Y fue demasiado lento, porque mientras el lobo se lanzaba hacia delante con todas sus fuerzas, el pálido muchacho ya no estaba ahí… Había podido prever su comportamiento y se había apartado en el momento justo para no ser golpeado. Incluso en un alarde de chulería, le hizo un gesto con la mano, como diciéndole “vamos, inténtalo de nuevo”. Esta vez el animal, impulsado por sus potentes patas traseras, saltó hacia el demonio y Rowan lo frenó poniendo su brazo entre ambos. Se llevó un buen mordisco, y la sangre salió y empezó a gotear hacia el suelo. Las fuertes mandíbulas del lobo se cerraron en su antebrazo, con toda la intención de arrancárselo de cuajo.

Aquello dolía, pero ahora tenía al bicho justo dónde quería: Sobre dos patas, y con un certero puñetazo en sus costillas, lo envió volando varios metros. Aterrizó sobre su espalda, gimoteando como un simple cachorro, y Rowan, decidió que debía dar por terminado aquel absurdo combate. Cerró los ojos y al instante siguiente el chico ya no estaba. En su lugar se encontraba un demonio, un demonio con todas las letras. Con sus dos metros y pico de envergadura, sonrió al lobo, que estaba preparando un nuevo asalto, a pesar de tener alguna costilla rota y la pata lastimada. Sin embargo, al ver al verdadero Rowan, a Schwarz cubriendo la brillante luz de la luna, una expresión del más puro terror se adueñó del semblante animal y le faltó tiempo para darse la vuelta y salir corriendo.

Él, que no estaba interesado en perseguirlo, lo dejó ir, para volverse hacia Winter. No sabía qué parte de aquella lucha sobrenatural habría visto, porque para empezar dudaba de que tuviera la Visión. No había conocido ninguna White que fuera capaz de verle por encima de su glamour, pero siempre podía ser la primera. De todos modos, ahora no le había quedado otra que mostrarse, porque habría sido muy raro que un licántropo detuviera su ataque y fuera golpeado por el aire. Sería eso mucho más raro que ver aparecer a un chaval de la nada y darle una paliza a un lobo que tenía el tamaño de un mastín.- Y esto es un gran ejemplo de una idea de mierda. ¿Acaso quieres morir? ¿No crees que si no pasa nadie por aquí es por algo?- Se acercó a la rubia y le tendió las manos por si quería levantarse y acaso necesitaba ayuda. Al fin y al cabo, era su “ángel de la guarda”. Tendría que llevarla a casa...
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Sin saberlo, Winter se había metido en un lío terrible. Se estaba introduciendo en el mundo de las sombras lentamente, y una vez que entrara ya no podría salir. Obviamente la rubia no había tenido la mínima intención de adentrarse en un terreno tan pantanoso y tan siniestro. Ella solo había querido unas palomitas de microondas. Se rió de ella misma mentalmente. ¡Qué ironía! Había planeado ver una película de terror y había acabado siendo la protagonista inútil de una. Decía inútil porque tenía la pierna herida, el zarpazo parecía ser bastante jodido y para colmo, su raciocinio se había ido a dar una vuelta. La situación, surreal como la que más, era bastante preocupante: En primer lugar, Winter se había topado con un hombre con la capacidad de convertirse en lobo (¿Eso lo convertía en hombre lobo?), y en el puesto número dos estaba la herida que sangraba como si no hubiera un mañana y provocaba que su cabeza empezara a dar vueltas. Por si la película protagonizada por ella no fuera suficientemente extraña se agregó el invitado estrella.

Winter había esperado el golpe de gracia, el que nunca llegó. Si hubiera aguardado a su muerte con los ojos cerrados no hubiera captado la aparición de Rowan, pero había tenido los ojos abiertos, expectante. No esperaba lo que iba a ocurrir, ni en sus sueños mas locos hubiera podido imaginar lo que estaba viviendo en ese preciso momento. El ser iba a darle el remate, pero de repente apareció una sombra negra. Al principio Winter no fue capaz de verle bien la cara, solo vio una figura oscura que retorcía el brazo del licántropo. Se arrastró por el suelo, alejándose medio metro de ambos, dejando a su paso un rastro de sangre escarlata por el asfalto. Quería levantarse, ayudar al muchacho, no ser la protagonista idiota de la situación, no obstante, el agudo dolor en el muslo limitaba sus movimientos. Levantó la mirada de su pierna maltrecha hacia los dos seres que peleaban delante de ella. Cuando el lobo atrapó en sus fauces el antebrazo de Rowan, la joven jadeó asustada. La sangre salía precipitadamente de la piel rasgada, deslizándose por el brazo y cayendo al suelo, tiñiendolo de rojo poco a poco. De un puñetazo en las costillas el animal salió volando para caer dolorosamente a unos metros más lejos. Dentro aún del shock inicial, la rubia no pudo evitar sentir pena por el perrete que gimoteaba. Le dolía ver a humanos sufrir, pero los animales le dolían muchísimo más. En ese mismo instante no vio a una cosa que se transformaba de humano a lobo, sencillamente veía un lobo herido.

-¡No! Deja al perrete. Lo vas a matar.- gritó Winter, aunque no pensaba que le fuera a hacer caso. Miró fijamente al muchacho al cual por fin la luz alumbraba el rostro. ¿Era un humano? ¿Cómo iba a ser eso posible? Peor aún, ese chico le sonaba pero su cerebro estaba apagado o fuera de cobertura, tal vez ambas. Un gruñido hizo que ella desviara la vista del moreno hacia el lobo. Parecía querer volver a atacar. Entonces, como si hubiera visto a la mismísima muerte, agachó las orejas hacia atrás y huyó con el rabo entre las patas. Winter volvió a observar al joven otra vez, no entendía porque el licántropo había huido despavorido después de mirarlo, cuando el chico no había hecho nada. Seguía en la misma postura que cuando se lo había quitado de encima.
Él habló: su voz oscura, grave y salvaje hizo que un escalofrío recorriera la espina dorsal de Winter. Se acercó lentamente hasta estar en frente de la rubia y le tendió las manos. Siendo sincera, en ese momento no podía negar un poco de ayuda. Esbozó una débil sonrisa y encogió los hombros. - Solo quería comprar palomitas. - añadió como si eso fuera suficiente explicación. Agarró las manos del chico e intentó coger impulso con la pierna que aún estaba intacta. Consiguió ponerse de pie con mucho esfuerzo (y con ayuda del muchacho). -Gracias por ayudarme. ¿Qué era eso? -preguntó mientras trataba de estabilizarse aún sosteniendo una de las firmes manos de él, no estaba segura de si podría mantener el equilibrio ella sola. Miró hacia arriba, hacia los ojos del joven. Con la luz de la luna, el azul brillaba dándole un aspecto más sobrenatural. Unos ojos fríos, tanto como el hielo.

Su cabeza viajó al pasado. Unos seis años atrás en una sala blanca de hospital.- No puede ser...- murmuró soltando poco a poco la mano del moreno. -¿Rowan?- Preguntó retrocediendo, alejándose de él. Pero Winter había olvidado que su pierna no estaba del todo bien y trastabilló hacia atrás. En un tonto intento de mantener el equilibrio, echó todo el peso hacia delante sin embargo, su cabeza no coordinaba los movimientos como debería y provocó que cayera hacia delante. Ante una futura caída de bruces, se agarró a la manga de Rowan, aterrizando sobre su pecho enfundado en una camiseta negra. Como el día en que lo conoció.-Creo que no puedo andar. ¿Podrías ayudarme a caminar hasta algún sitio donde no me ataque otro hombre lobo?- Susurró con la frente apoyada aún en él. La cabeza le daba muchas vueltas y la pierna se le estaba quedando adormecida. Llevó ambas manos a la camiseta de Rowan y se aferró fuertemente. No quería pegarse la hostia de su vida. ¿Por qué todo daba tantas vueltas?




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- Supongo que no se te pasó por la cabeza esperarte hasta mañana, ¿no?- Estúpidas palomitas. Estúpidas White. A nadie en su sano juicio se le ocurría salir a comprar palomitas de noche y encima atravesando una calle que daba mal rollito incluso a algunos de los subterráneos. Rowan ya había tenido la oportunidad de hablar con Winter y sabía que la mente de esa chica funcionaba de manera distinta a la de los demás humanos, pero ahora que tenía que vigilarla, tenía fe en que hubiera algo de sentido común en su vida. Aunque por lo visto, las ganas de palomitas ganaban al sentido común, y por goleada. Mientras la ayudaba a levantarse, puso los ojos en blanco, porque aquello era de lo más surrealista. ¡Encima le preguntaba que qué era aquello! Una cosa es que ella no conociera el mundo de las sombras (que por lo que él había visto de su vida, era tan normal como una patata), y otra cosa muy distinta es que no fuera capaz de reconocer a un hombre lobo.

Según el demonio tenía entendido, había historias y películas con licántropos, además de que era evidente que aquel animal no era un lobo normal que hubiera acabado en la ciudad porque sí. Su propio tamaño lo delataba. Así que decidió atribuir ese despiste a la pérdida de sangre y no pensar que tendría que contarle toooooooodo lo referente a los subterráneos aquella noche. Para empezar porque hasta ahora, ella nunca le había visto a él rondando a su alrededor, así que ya tendría suficiente con explicarle qué hacía mágicamente en aquella calle y cómo había conseguido golpear a un hombre lobo sin acabar despellejado en el intento.

Aguantó el peso de Winter en sus brazos mientras ella se ponía de pie, porque con el zarpazo que se había llevado, le iba a costar poder plantar con normalidad, al menos hasta que la herida fuera curada y vendada. Él, que tenía una mordedura de tamaño considerable (que por cierto, los dientes del lobo habían perforado su chaqueta de cuero), no pudo evitar hacer una mueca. Aquella herida se cerraría más rápido que la de Winter, pero no era una mordedura de perro callejero. Posiblemente, tardase un poquito en cerrar, lo que significaba que le iban a quedar unas cuantas cicatrices de dónde los dientes se habían clavado. Pero al demonio no le importó aquella perspectiva, total, ¿qué más daban unas cuántas más? La parte buena de aquello es que al menos ya no sangraba. Ir con un brazo sangrando por la calle y una chica herida podía acarrear preguntas por parte de la gente, mientras que si sol iba herido uno, iba a ser más fácil de disimular. Mientras pensaba aquello, Winter le miró a los ojos y lo reconoció.

Rowan había dado por descontado ya que ella sabía quién era, que lo había recordado, por lo que la reacción de separarse de él, le pareció bastante dramática e innecesaria. Sobretodo, teniendo en cuenta que había un pie que prácticamente no lo podía plantar, que su equilibrio dependía de que el demonio estuviera ahí cual muleta viviente para que Winter no acabase en el suelo. Efectivamente, la rubia trastabilló, y a punto estuvo de quitarse las ganas de comer palomitas merendando un poco de asfalto. Rowan podría haberse apartado, haberla dejado caer, porque aquello se debía a su estupidez; no es lo mismo si vas por la calle y te ataca un licántropo (a pesar de que te has acercado tú a él), que si te caes por soltarte de la única cosa que te impide que te des con el culo en el suelo. Pero Winter fue rápida, se agarró al pecho de él como si fuera su tabla de salvación, como si le fuera la vida en aquello, y el demonio no tuvo más que hacer que sujetarla para que no lo tirase a él también.

- Ya pensaba que no te acordarías de mí, y eso que apenas he cambiado desde entonces…- Susurró, divertido. No es que apenas hubiera cambiado, es que no lo había hecho, ahora y siempre seguiría aparentando sus 26 años eternos, aunque Winter ya tuviera arrugas o estuviera muerta.- Bueno, ya veo que te has respondido tú solita: Eso era un hombre lobo. Y ahora mueve el culo, vámonos antes de que aparezca algo más.- Ya solo faltaba que otro demonio con ganas de jugar apareciera por allí y se encontrase el festín montado. No gracias, Rowan quería pasar tranquilito los pocos años de vida humana que tuviera Winter y luego seguir a su bola por el mundo.

Cogió a Winter en brazos sin ningún problema y se la cargó al hombro como si fuera un saco de patatas. Ella no podía caminar en condiciones, tendría que ir a la pata coja y tardarían un eternidad en llegar a su casa, porque por supuesto no iban a ir a un hospital. Ir a ver a un médico significaría que podían hacer preguntas acerca del origen de la herida, lo cual tampoco era una gran idea. Tras haber recorrido unos pocos metros, Rowan decidió que aquello era absurdo, la pierna herida de Winter le estaba llenando de sangre la ropa, y habría que intentar curarla antes de que se desangrase. Seguro que a las abuelas White no les iba a hacer gracia si esa chica se moría por no haberla curado a tiempo. Así que paró en seco, y echando mano de su capacidad de aparecer y desaparecer de los sitios, la sombría calle dejó de estar ahí y de repente se encontraban en el salón de casa de Winter. Soltó a la rubia en el sofá y como si se conocieran de toda la vida, puso su pierna sobre la mesita de té. Por el rabillo del ojo apareció una pelusa blanca, que miró primero a su dueña y luego al demonio. Cómo no iba a ser de otra manera, creyó que él le había hecho eso y le bufó. Rowan la ignoró olímpicamente antes de ponerse en pie y mirar a Winter.- ¿Tienes vendas? Si no dejas de sangrar pronto, vamos a tener que cortar.- Y no, no lo decía de broma.
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Se calló cuando la cargó cual saco de patatas inerte, procuró no decir nada pero un gemido involuntario se escapó de sus labios al golpear su muslo con el cuerpo de él. Nada de esto le gustaba, ella solo había querido unas jodidas palomitas para ver "Insidious".
-¡Oh! Perdone su majestad, es que es tan normal que aparezca un hombre lobo y me ataque.- susurró con acidez y poniendo los ojos en blanco con exasperación (claro que eso Rowan no podría verlo). De repente fingió una mueca de alegría y dio una palmada.- Por favor que venga un vampiro con purpurina como el de crepúsculo. No, peor. Un demonio, que esos dan más miedo: con cuernos, tridente y ojos totalmente negros. - Comentó ya riéndose divertida.- Esto es un sueño. Me debe haber golpeado el tipo ese que hemos llevado a comisaría hoy. Seguro.- Reflexionó muy seria. Rowan no dijo nada, seguramente ignorando a la rubia, que se le estaba yendo la cabeza por completo. Habían caminado unos cuantos metros, bastante rápido a decir verdad, cuando de repente estaban en el salón de la casa de Winter. La rubia se quedó desconcertada en el sofá, mientras Rowan le ponía a pierna herida encima de la mesa y su gatita salía en su defensa. ¿Cómo había hecho eso? Definitivamente estaba soñando. Miró con horror al joven cuando dijo que habría que cortar la pierna. Lo estaba diciendo muy serio. Demasiado serio.

-No, no, no, no. -Negó aún sin asumirlo.- Mira dentro de ese mueble blanco, allí está el botiquín. Hay vendas, creo que también hay hilo por si hace falta que coser esto. -Señaló al zarpazo con una mueca extraña.- No me quiero quedar sin la pierna. Me hace falta para trabajar.- Afirmó. No sabía si estaba en un sueño o no, pero no se iba a arriesgar a quedarse solo con una pierna toda su vida. Cuando Rowan se embarcó en la búsqueda del necesitado botiquín, Winter se levantó un poco para quitarse los leggings y dejar la herida al descubierto, bueno, la herida, sus largas piernas... ¡Ah! y sus braguitas con dibujitos de gatitos. Pero oye, cuando te han dicho que te van a cortar la pierna pues ese es el menor de tus males. Tiró la prenda negra sin mirar ni a donde estaba cayendo. En su cabeza se decía "todo va a estar bien" como un mantra. Incluso cuando él se acercó peligrosamente, botiquín en mano, lo repetía. Dichosas palomitas.

Kaylee se subió al sofá de un salto y se puso al lado de su dueña, acarició la pierna no herida con su peluda cabecita. La mano de Winter  viajó al cuerpo del animal y lo mimó con afecto. Cerraría los ojos en cuanto notara el tacto ardiente de la mano de Rowan. Otro recuerdo la hizo estremecerse. Rowan la quemó aquel día. De hecho tenía una pequeña marca en el hombro, casi imperceptible; pero hace seis años, en el hospital le levantó una bendita ampolla que le dolió por días.- Eh, eh... espera. ¿No me quemarás verdad? No sé como lo hiciste pero a mí no se me fue la cabeza. Tú me quemaste. - Le acusó alejando la pierna del alcance del demonio, claro está que ella no sabía que él era un ser procedente del infierno con bastante mala baba. Miento, lo de la mala baba si lo sabía. -Pero no quiero quedarme sin pierna.- Su extremidad volvió al sitio inicial.- Haz lo que tengas que hacer. Intentaré no hacer nada de ruido.- Cerró los ojos con fuerza y se agarró en su propia sudadera, esperando a que le curara. Le iba a doler como el infierno. ¡Já! Como el infierno, que irónico.




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Winter parloteaba, pero Rowan había desconectado. Le solía pasar, la poca gente que le rodeaba hablaba como si no hubiera un mañana, olvidando que al demonio le daba igual todo lo que dijeran. Solo prestó atención cuando habló de las vendas y el mueble dónde se encontraban. Fue a buscarlas, recorriendo aquella casa que siempre había visto desde fuera y en la que nunca había entrado. Desgraciadamente, a Winter le gustaban los colores claros y tenía más de un mueble de color blanco, así que encontrar lo que necesitaba para que su herida se curase iba a requerir un poco más de tiempo de lo que había pensado. - Tú, bola de pelo, aparta.- Le dijo, poco amablemente a la gata de Winter que se había acoplado junto a su dueña, con la intención de darle mimos. Cuando regresó con la pequeña caja de color blanco con una cruz roja estampada.- Eh, tienes buena memoria... Pero una imaginación de mierda. Los demonios no son ni de lejos como tú piensas.- Bueno vale, eso de un demonio con cuernos, ojos negros y tridente le había gustado. Ay si ella hubiera visto a Rowan en su auténtica forma… Habría alucinado y habría tenido miedo.

Se sentó en el suelo, con la pierna (ahora desnuda) a la altura de los ojos, para poder ver bien la herida.- ¿Coser dices? Creo que empiezas a alucinar, has perdido demasiada sangre…- Que Rowan supiera, el hilo solo se usaba en la ropa, y aunque no era mala idea coserle la herida, podría ayudar en la cicatrización. El demonio alargó una mano para ponerla sobre la frente de Winter. Si acaso notaba su piel caliente y cubierta de sudor, significaría que iba a necesitar tomar medidas más drásticas. De momento estaba bien, pero no podían tardar mucho o la pérdida de sangre iba a causarles problemas. Rebuscó en el botiquín para encontrar hilo y una aguja de un grosor considerable. Alzó una ceja y como si nada, se dispuso a coser.- Si vas a sufrir mucho puedo noquearte… Pero te aviso que no tengo ni idea de lo que voy a hacer.- Así, con tranquilidad, perforó la piel de Winter. Echándole imaginación al asunto, intentó dejar la herida cosida de manera regular, aunque era obvio que iba a quedar una cicatriz en la pierna de la joven. Y una cicatriz no muy bonita.

Además, estaba de un rojo brillante, pero la propia Winter le había dado una idea. Ya sabía cómo hacer para que dejase de sangrar: Pasó la yema de los dedos sobre la piel recién cosida, quemándola. No iba a ser agradable, pero de ese modo, aceleraría la curación y evitaría un mayor sangrado. Y bueno, su intención era la mejor; la de evitar la muerte de la chica.- Deberías dar gracias por que no te ha mordido. Imagínate qué divertido si te toca convertirte en un bicho así cada mes.- Una vez que la herida estaba medianamente curada, Rowan sacó una venda del botiquín y lo enrollo alrededor de la pierna para que no rozase con nada. No tenía mucho conocimiento en medicina, pero sabía que las heridas no se curaban si no se tenía un cuidado especial con ellas.- Y deberías soltar a ese bicho. Como se te infecte la pierna por haberla tocado nos vamos a reír mucho los dos.- Señaló a Kaylee, que por supuesto, a Rowan no le caía bien.

Se levantó, para ir a dejar el botiquín en su sitio, pero primero pasó por la cocina para lavarse las manos. Las tenía manchadas de rojo, y visto el gusto de Winter por la decoración de colores claros, lo mejor sería no dejarle marcas de sangre por la casa. Aunque sería gracioso ver manitas rojas por las paredes y los muebles, rompiendo la armonía de colores en aquella casa. Una vez que ya hubo devuelto la caja de las vendas a su sitio, volvió al salón, con Winter y su gata, que no se había separado de ella, no fuera a ser atacada por Rowan. El animal no se había relajado en ningún momento, desde que había empezado a coser la herida, le había enseñado los dientes, y lo había mirado con expresión asesina. Y aunque Kaylee seguía con el lomo erizado y vigilándole por si se le ocurría cenarse el alma de la rubia, ahora estaba más centrada en acurrucarse contra Winter. Rowan vio algo negro tirado en el suelo, y se dio cuenta de que eran las mallas que la rubia había llevado puestas aquella noche. No se había dado cuenta de que ella estaba allí, en ropa interior, pero tampoco es que le importase mucho, así que los recogió y se los lanzó. La prenda aterrizó en su regazo.- Quizá deberías vestirte, hoy no voy a tocarlo más.- Ni a la herida, ni a ella. El contacto físico no le gustaba, lo evitaba si podía, y ahora se había visto obligado a tocar a Winter más de lo que consideraba como normal.


Última edición por Rowan E. Schwarz el Mar Ago 30, 2016 11:40 pm, editado 1 vez
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Winter había aguantado como toda una campeona, no se le había escapado ni un jadeo ahogado cada vez que la aguja había perforado su piel. Había pensado que eso era doloroso, pero después comprendió que eso no había sido más que un camino de rosas comparado con los dedos ardientes de Rowan. ¿Cómo podía ser eso así? ¿Cómo lo hacía? Sus dedos habían tocado su piel mientras apretaba el zarpazo, para que los dos extremos de la herida se juntasen y así poder coserlos juntos. En ese momento habían sido normales, no quemaban. Por eso la confusión se adueñó de Winter cuando esos mismos dedos sellaron a fuego la herida, cicatrizándola casi al instante, dejando a su paso piel roja y desigual (al parecer de la rubia algo repugnante). Su pierna había quedado hecha un Cristo. Sabía de sobras que no era momento para preocuparse por la maldita estética, pero no pudo evitar mirar su propia pierna con desagrado. Por un momento se olvidó de los poderes mágicos del moreno y también de que si no fuera por esa fea cicatriz estaría bastante mal, tirando a medio muerta.

Se quedó callada mientras Rowan le ponía la venda en la pierna, le agradecía mentalmente que quitara eso de su vista. Llevó la mano derecha a su frente y se la masajeó cerrando los ojos por el agotamiento. Menudo día. Hombre lobo 10- Winter 0. Vio al moreno ir al baño, a sus oídos llegó el sonido del grifo abriéndose y el agua correr. La mirada azul de la rubia vagó desde la venda hasta Kaylee que la miraba con sus enormes ojos verdes. Esperando cualquier señal para reanudar su ronroneo imparable y sus carantoñas. El joven entró al salón otra vez, dejó el botiquín donde lo había cogido y le tiró la prenda negra que hacía apenas veinte minutos se había quitado.

-Debes tener menos raciocinio del que esperaba si crees que voy a poder ponerme algo encima. Me duele hasta tener la venda.- Se quejó la rubia mirándolo fijamente.- ¿Y como que no vas a tocarlo más hoy? ¿Es que tienes que hacerle más cosas a esto?- Señaló su pierna con aire despectivo. Claro que no quería que él la tocara, pero que tuviera que mirarle la herida cada dos por tres le gustaba muchísimo menos. Estaba enfadada. Quería gritar, llorar y... ¿por qué no? tirarse del pelo por estúpida. Observó furibunda la pasividad de él.- Y tú tan tranquilo oye, ¡como no eres tú el que tiene esta cosa horrorosa en la pierna!- Se recordó a sí misma, que todo había sido culpa suya y no del moreno que tenía delante.- Perdona. Tú no tienes la culpa.- Se levantó cojeando y tiró los leggings al suelo con rabia. ¿Por qué su instinto tan infalible no le había avisado de que esto iba a pasar? ¿Qué iba a decir en el trabajo? Kaylee la miró con sobresalto. Caminó hasta su dormitorio, se quitó la sudadera y se puso un vestido que algún tiempo atrás había servido para salir a pasear, en ese momento su única función era ser un camisón. -¡Alto Señorito quemo-como-el-fuego! ¿Qué demonios eres tú? - Preguntó saliendo de la habitación, encarando a Rowan. Detrás del chico tatuado había un espejo, fue allí donde se vio reflejada y entendió que el asunto se le había ido de las manos. Se recordó a su hermana, a una niñata malcriada que estaba teniendo una pataleta de mil pares de narices. Ella nunca había tenido berrinches porque siempre había sido feliz con poco, no había deseado nada aparte de ser agente de policía. No les había exigido nada a sus padres y muchísimo menos de esas formas. Se calmó de golpe. - No te tenía que haber exigido nada, suficiente has hecho por mí esta noche... Gracias. Perdóname por gritarte. - Susurró arrepentida. Algo que ninguna White había hecho pero Winter sí, era darle las gracias al demonio. Al fin de cuentas ellas habían sabido que el deber de Rowan era cuidarlas, y habían llegado a creer que estaban por encima, tratándolo como a un criado más. Y aparte, podría ser que a Rowan no le importase la actitud de la rubia (porque rara vez a Rowan le importaba algo) pero Winter no podría dormir si sabía que había tratado mal a alguien que no se lo había merecido.




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- Simplemente me imaginaba que querrías taparte, por no estar medio desnuda delante de alguien que no conoces, pero que me da igual lo que hagas eh, como si quieres quitarte la venda y sacarte el hilo.- Rowan se encogió de hombros. Winter ya era mayorcita, podía decidir qué hacer, que el demonio no intervendría. Aún así, la siguió con la mirada mientras iba a la habitación medio renqueando… Y con medio renqueando me refiero a que le faltó poco para ir arrastrándose por el suelo como la protagonista de cualquier película de terror. Rowan se habría ofrecido para ayudarla, para cargar su peso contra su cuerpo o incluso, para llevarla en brazos y evitar que forzase la pierna peeeeeero hablamos de un demonio. Un demonio obligado por un pacto con una mujer mundana, así que no, no iba a ofrecerse así como si nada; suficiente que ya había evitado que Winter se convirtiera en una mujer lobo o en la cena del licántropo. Mientras ella se cambiaba de ropa (o eso era lo que Rowan suponía), se tiró sobre el sofá como si fuera su propia casa, porque tenía claro que Winter no le iba a dejar tan tranquilo después de verle luchar contra un lobo enorme o de que quemase su piel solo con tocarla.

Kaylee lo miró, como diciendo “no te atreverás a sentarse, sucio bicho del infierno”, pero él ya se había acomodado, y observaba a la gata con recochineo. Su físico comenzó a cambiar, y en lugar de revelar la forma real del demonio, de repente estaba Winter sentada dónde Rowan había estado. Intentando aguantar la risa que le provocaba la situación, señaló la puerta que llevaba a cualquier otra habitación de la casa, como si le estuviera pidiendo algo de privacidad al animal. Ésta, confusa por lo que acababa de presenciar, se bajó del sofá de un salto y se fue lentamente hacia dónde Rowan le había señalado. La gata no era tonta, pero el parecido con su verdadera dueña era demasiado y entonces decidió obedecer. Por suerte, cuando empezó a escuchar los torpes pasos de Winter por el pasillo, Rowan había recuperado su aspecto, volvía a ser el muchacho de piel pálida, cabello oscuro y ceño fruncido. Y miró con fingida sorpresa a la rubia, como si le pillase de improviso que ella hubiera descubierto que no era alguien muy normal. Pero luego se encogió de hombros, porque aquello había quedado patente desde el momento en el que apareció de la nada cual salvador para evitar ser asesinada por un licántropo. Además de que a poco que se diera cuenta, los años no habían pasado por él, y hacía mucho tiempo que se habían visto por primera y última vez.

- Tienes la irritante manía de contestarte tú sola…- Abandonó su recién adquirido sitio en el sofá para ir a buscar en los muebles de Winter algo de beber. Así, con todo su morro, pero no era para él, sino para la rubia. Estaba claro que ella iba a necesitarlo, ya fuera como ayuda para asimilar que los demonios existían, al igual que los licántropos y otro porrón de criaturas más, o bien para intentar que el dolor de la pierna remitía. Porque incluso tras el arreglo chapuza que Rowan había hecho en esa herida, tenía que doler y mucho. Menos mal que su propia curación era mucho más rápida y no necesitaba coserse nada…- Soy un demonio, y cómo puedes ver, mis ojos no son negros, no tengo tridente ni cuernos. Así que la próxima vez, agradecería un poquito más de inventiva; porque estoy empezando a sentirme ofendido... Ni que fuera tan feo.- Y además, no tenía interés en tener nada de eso. Rowan era muy feliz con sus dos físicos, el real y el humano, los cuernos eran molestos, se enganchaban y golpeaban con todo, el tridente era un arma estúpida y el tema de los ojos negros… Una invención de los mundanos. Absurda, como todas aquellas cosas que se inventaban alrededor de seres y cosas que no entendían del todo.

Finalmente, encontró un mueble con alguna botella (que supuso que tendrían alcohol)... Lo había visto al buscar el botiquín de Winter, además de que no fallaba; en todas las casas había un mueble de esos. Incluso en la casa de la buena de Marjorie había un sitio reservado para el alcohol. Agarró la primera botella que tuvo a mano y echó una buena cantidad en un vaso de cristal. Seguidamente, con la botella y el vaso en la mano, se acercó a Winter. La copa era para ella, y el resto, por si acaso necesitaba echarse más o (en un caso desesperado), Rowan se daba a la bebida para no tener que escuchar bobadas de mundanos.- No te disculpes por portarte como una desagradecida, sólo te he salvado la vida. No ha sido gran cosa.- Por que por supuesto, Rowan tampoco se estaba portando como un capullo insensible. Espera, sí, sí que lo estaba haciendo, pero inesperadamente, le daba igual lo que pensase ella. Independientemente de los pensamientos que Winter tuviera hacia su salvador, Rowan tendría que pegarse a su culo hasta que muriera o dejase de ser una White, lo que pasase antes.

- Mañana por la mañana miraremos a ver qué tal la herida, pero yo que tú me olvidaría de conducir, perseguir a ladrones, bajar a gatos de los árboles o cualquier cosa que hagas en tu intento de salvar el mundo diariamente.- Que se fuera mentalizando, que con el zarpazo que se había llevado y lo profundo que había sido, debía dar gracias de que Rowan estaba cerca y había podido parar el sangrado antes de que fuera demasiado tarde. Con suerte, solo iba a estar de baja un tiempo, pero si no hubiera tenido al demonio cerca posiblemente habría perdido la pierna. Lo mejor de todo es que al día siguiente les esperaba un genial y divertido día juntos, los dos encerrados como bobos en aquella casa…


Última edición por Rowan E. Schwarz el Mar Ago 30, 2016 11:39 pm, editado 1 vez
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Winter entrecerró los ojos, claramente confusa. Lo observó levantarse del sofá y rebuscar en su mueble blanco. Estaba de espaldas a ella cuando afirmó ser un demonio. Winter negó levemente con la cabeza mientras se le escapaba una risilla nerviosa. -No quiero ofenderte Rowan...-Levantó las manos en señal de paz.- Pero no me creo que los demonios existan. O sea, hasta hace unas dos horas tampoco creía en los licántropos, pero es que lo demonios... ya sabes... es algo más fuerte. Proceden del averno y comen almas humanas. Aparte de hacer fechorías o lo que quieran que hagan. También oí que toman diferentes formas, se acuestan con humanas y luego... ¡Premio! ¡Hijo demoníaco como souvenir de la relación!- Exclamó fingiendo alegría.- ¿Se supone que tú eres uno de "esos"?- Preguntó todavía escéptica, haciendo comillas con las manos en la última palabra. Winter había omitido el tema de si era tan feo, porque siendo sincera no catalogaba a las personas. Ella siempre había pensado que era asexual y que por eso no le había atraído nunca nadie. Pero habría jurado que, aunque fuera asexual y las personas carecieran de sex-appeal para ella, el chico que tenía delante era bastante guapo.

Al final encontró el armarito del alcohol, bueno alcohol... Solo tenía un vodka medio gastado (cortesía de Cathy) y un ron miel, que para que negarlo, sí era suyo. El demonio cogió el que estaba primero (gracias a dios el ron miel), un vaso y lo llenó con el líquido ámbar. "¿Se lo va a tomar así en seco?" pensó la rubia ladeando la cabeza levemente. Pero contra todo pronóstico él no se bebió el ron, no, se lo pasó a ella. La chica White miró el vaso con el ceño fruncido. De ninguna manera se iba a beber el vaso entero. ¿Es que estaba loca para hacer eso?  Entonces, lo sopesó mejor. La noche estaba resultando más extraña de lo que alguna vez habría podido imaginar, a lo mejor si bebía un poco las cosas se las tomaba mejor. Miró a Rowan un momento, bajó la mirada al vaso otra vez y se bebió el licor de golpe. Sintió el molesto ardor bajando por su esófago.

-¿No es gran cosa salvar la vida de alguien?- Preguntó riendo sinceramente por primera vez en lo que llevaba de noche. - Gracias igualmente.- Y después de decir eso, abrazó suavemente la cintura del joven. Procuró hacerlo rápido, para no inquietarlo. - Pues no sé yo que voy a decir el en trabajo, me hace falta un justificante médico para poder obtener la baja temporal.- Explicó mientras se acercaba al mueble y cogía otro vaso. Caminó hacia Rowan con una sonrisa dulce y le quitó la botella sin decirle ni una palabra. Llenó ambos vasos y le tendió el más cargado al moreno. - No me gusta que beban de la botella.- Añadió encogiendo los hombros.- ¡Ah! También explícame eso de mañana por la mañana. Llámame desconfiada pero... ¿Por qué un demonio querría ayudar a una simple mortal con un zarpazo de hombre lobo?- "Y menos un demonio que se ve a leguas que no quiere estar aquí." pensó.




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El demonio se llevó una mano a la sien… Aparte de la sarta de estupideces que Winter estaba soltando (porque la información que ella tenía no estaba completa, y vete tú a saber quién le habría dicho aquello), ya había supuesto que iba a tener que demostrarle que era un demonio. ¿Qué idiota se cree al primero que le dice que es un ser del Infierno? Nadie. Y Winter sería muy idiota si lo hiciera, aunque ella ya había visto a un licántropo en acción. Suspiró, aún estando de pie delante de ella, mientras volvía a usar su poder de cambiar de aspecto. De repente, Winter tenía delante a una copia perfecta de sí misma, con sus curvas tapadas por las oscuras ropas del demonio. Después, apareció Cathy, tal cual Rowan la recordaba, y Marjorie con el bonachón aspecto que tenía el día en que el demonio y la mayor de las Rosewood se conocieron. Su exhibición de poderes terminó con Rowan mostrando el aspecto de Rosemary White (mujer a la que no le tenía un gran afecto, pero que pensó que sería espectacular mostrarla a ella). Y tras aquello, volvió a ser él, colocándose la chaqueta y la camiseta tranquilamente, pues con tanto cambio de físico, se le había movido.- Uno, no comemos almas; los humanos nos venden la suya a cambio de que les hagamos un favor. Dos, no todos hacemos fechorías, no te creas que por ser demonios vamos a ser como un grano en el culo. Los humanos sois más molestos...- Su discurso de vio interrumpido por la carcajada que siguió ante la idea de él mismo apropiándose de la forma de otra persona para intentar crear un brujo. Aquello era de lo más absurdo que había oído, y en la última hora había escuchado muchas tonterías.

- Y tres, hay maneras de evitar tener bebés, aunque me imagino que ya sabrás como funciona el asunto. Además, engañar humanos es una acusación muy seria; los demonios disfrutan seduciéndoos, se ve que os encuentran divertidos.- Aunque para Rowan, los humanos eran bastante aburridos, duraban muy pocos años, y encima eran despreciables. No había conocido un sólo humano que mereciera la pena, ni siquiera Winter o su fabulosa abuela… Aunque Marjorie era la menos detestable de lejos. ¿Y por qué? Porque había asumido que Rowan era así, borde, silencioso, y no intentaba hablar para tirarle de la lengua como estaba haciendo la chica que tenía delante. Y por supuesto no lo abrazaba, costumbre que Winter parecía no haber heredado para desgracia del demonio, porque ahí estaba, rodeándolo con sus bracitos. Fuera, aparta, ya, quítate, pensaba mientras la mataba con la mirada… En su interior, Rowan juraba y perjuraba que si volvía a hacerlo, la mataría, o se volvería una bola de calor para que se quemase si intentaba acercarse a menos de un metro de él. Aunque el contacto fue fugaz, para el demonio ya había sido largo.

No se esperaba para nada que Winter le sirviera un vaso a él también. No quería beber, no le hacía falta, y sin embargo, ahí estaba; le había preparado una copa. Inmediatamente, dejó el vaso sobre la mesita, empujándolo hacia ella.- No bebo.- No era algo que Rowan hiciera muy a menudo, no se sentía atraído hacia la idea de perder la cabeza gracias al alcohol, y definitivamente, no necesitaba aquella copa. Es posible que a Winter le hiciera más falta que a él.- Mañana por la mañana, cuando te despiertes, haya salido el sol y esas cosas. Ahora es de noche, por si no lo has notado.- Intentó no continuar por ahí, cambiar de tema y centrar la atención de la rubia en otra cosa, pero tarde o temprano, el demonio iba a tener que explicarle por qué le había salvado la vida cuando era más que evidente que en general la vida humana le importaba muy poquito. Tomó aire antes de empezar a hablar, porque probablemente, sería un momento para recordar: Tenía que contarle una historia a Winter.

- Supongo que sabes quién fue Rosemary White, ¿no? Ella, por desgracia, conocía este mundo muy bien a pesar de ser humana, así que cuando me planté en su casa para pedirle algo, hicimos un trato: Me daría lo que yo le estaba pidiendo, si a cambio yo, cuidaba de cualquier mujer que llevase el apellido White por sangre. Durante varias generaciones, he cuidado de mujeres White hasta que se casaban o moría, pero entonces tu abuela se negó a ponerse el apellido de tu su marido, así que por eso estaba con ella el día en que nos conocimos, por eso fui al hospital y por eso estuve a su lado hasta que murió.- Y probablemente, Winter se preguntaría ¿qué tiene que ver ésto conmigo? Porque a simple vista, que el demonio hubiera tenido que cuidar de su abuela no significaba que tuviera que hacerlo con ella también, y más cuando no era una White de sangre (o no del todo).- Pero tu madre ya no era White, y tú y tu hermana tampoco. Me he tomado la molestia de buscar quiénes son los Rosewood, pues en el momento que decidiste mandar a la mierda tu apellido y adoptar White como propio, un brujo me hizo llamar para apuntar que mi trabajo aún no había terminado. Supongo que en el momento que te largaste de casa no tenías ni idea de la que acababas de liar, porque literalmente acababas de privar a un demonio de su libertad, una libertad que me he ganado durante más de un siglo por cierto. Así que nos guste o no, yo tengo que salvarte la vida hasta que te deshagas de tu nuevo apellido o te mueras. Apasionante, ¿eh?- Porque por supuesto, la opción de ser liberado del trato era muy remota; ni siquiera Rowan sabía cómo hacerlo. Sólo había dos personas que lo sabían: Rosemary y Arthur. Una estaba muerta y pedirle al brujo que le contase aquello iba a ser como pedir nieve en verano; imposible.

Volvió a empujar el vaso hacia Winter. Su historia había sido algo escueta, un resumen rápido de por qué él estaba en esa casa cuando era muy evidente que desearía estar en otro lugar, pero no iba a dar más detalles. A ella no le interesaba saber qué le había pedido a Rosemary para estar dispuesto a cuidar de todas aquellas mujeres, ni tampoco en por qué las odiaba tanto. Aquello había sido una cosa entre Summer y él. Sin embargo, toda aquella información se asimilaba mejor con un par de copas encima, Rowan estaba seguro de eso. Además, de ser alguien independiente (o eso se debía pensar ella) a saber que prácticamente estaba siendo vigilada por un demonio desde hacía más tiempo del que podía imaginarse... Merecía un buen trago. Aunque fuera para darse cuenta de que Rowan podría haber visto cualquier cosa que hubiera pasado a su alrededor por vergonzosa o rara que fuera.
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No iba a negar que le resultó extraño a la par de divertido que Rowan se transformara en ella, incluso en Cathy con seis años menos, pero cuando vio a su abuela su garganta se hizo un nudo. No estaba preparada para ver resurgir a la única persona que la había apoyado incondicionalmente. Se contuvo las ganas de abrazarla, porque no era Marjorie, era Rowan. Y la última señora que no sabía quien demonios era pero, oye, tendría que elogiar las dotes interpretativas del demonio.
-¡Uff! por lo menos no te has transformado en la chica esa que da mal rollito.- Suspiró aliviada con una mano en el pecho. Como si le hubiera dado un gran susto.- Mi abuela podía decir misa, esa chica del retrato del salón... tenía pinta de venir del mismo sitio que tú.- Recordó como Marjorie solía decir que aquella chica pelirroja había sido la dicha de la familia. Se había sacrificado, se casó con un hombre al cual no amaba pero que era mucho más rico que ella y les dio la fortuna de la que habían gozado generación tras generación. Que no sirvió de nada, porque el hijo menor de Marjorie despilfarró todo el dinero y dejó a su madre en la ruina estando ya jubilada. Claro que Winter no había sufrido por eso, su padre, William, tenía mucho más dinero que toda la familia White y había podido hacerse cargo de la pobre anciana. Así que para Winter, esa chica de pelo rojo fuego y ojos verde hoja no había sido otra cosa que una interesada. A parte de tener una pinta de déspota que no se la aguantaba.

Le dedicó una mirada avergonzada, con las mejillas tan rojas como un tomate. ¡Por supuesto que sabía como evitar embarazos no deseados! Y a parte... ¿Qué tiene de divertido seducir a un humano? ¡Los demonios cuentan con poderes! Un juego deja de ser divertido cuando uno tiene ventaja.
-Ya sé que es de noche.- Contestó con el ceño funcido y haciendo un mohín con los labios.- No me refería a eso.- Se calló de repente al ver que Rowan tomaba aire muy concentrado, sabía que venía algo importante. Winter se sentó en el sofá otra vez, con su recién llenada copa en las manos. La botella descansaba junto al vaso intacto de Rowan, encima de la mesita de café. Él empezó a hablar y ella solo se limitó a asentir cuando pronunció el nombre de Rosemary, porque había oído hablar de ella, pero vagamente.
Cuando escuchó que iba a tener al demonio detrás de ella para el resto de su vida, se bebió su copa de golpe, es más, hizo uso del ron que había rechazado Rowan. Se lo bebió de un trago, también. ¿Un demonio? ¿Detrás de ella? Miró hacia al techo del piso consternada. ¿Por qué? Bajó la mirada a su mano, la que tenía el vaso, ya vacío.
-No.- La negación salió sin que ella lo pudiese evitar.- Me da igual lo que hiciese la descerebrada de mi tatatata- ¿tatarabuela?- Preguntó dubitativa.- No voy a tener un demonio cuidándome. De eso no puede salir nada bueno.- Explicó dejando el vaso en la mesa con más fuerza de la necesaria.- Mira, yo sé que no quieres estar aquí y lo creas o no, yo tampoco quiero que estés aquí. Que te agradezco que me salvaras y cuidaras de mi abuela mientras vivió peeero... no quiero un demonio cerca de mí. Llámame desagradecida.- Se levantó rápido del sofá, ignorando el dolor punzante de su pierna y fue a la cocina a dejar ambos vasos en el fregadero.

Apoyó las manos en el mármol gris y dejó caer la cabeza hacia delante, abatida. "¿Dónde te has metido?" pensó la rubia con ganas de desaparecer. ¿Demonios? ¿Licántropos? ¿Es que de repente estaba dentro de una película barata de terror? Volvió al salón bajo la mirada penetrante del moreno.
-Bueno, basta ya. ¿no? Deja de mirarme con esa cara de asco, o ese sentimiento desagradable que sientes hacia mí y las de mi casta. Yo no sabía esto y si lo hubiese sabido me hubiera puesto otro apellido. Yo no quiero quitarte nada, ni tu libertad ni lo que tengas. Y además aquí el único ser despreciable eres tú. Eres un demonio, y los demonios sois malos y punto. Y ahora me voy a la cama, y con suerte, mañana por la mañana no estarás aquí, esta cosa tampoco- señaló el zarpazo.- y podré seguir con mi maldita vida. ¡Madre mía! Maldita sea Rosemary y su estúpida idea.- Maldijo a su antepasada con las manos enredadas en su pelo rubio, aguantando la ira que luchaba por salir. El alcohol no había sido buena idea, definitivamente. Éste estaba alterando sus reacciones y haciendo que su autocontrol, siempre impecable, se fuera a tomar viento.- ¿Qué tan valioso tenía para que tú le hicieras ese pacto tan estúpido? - Le preguntó cerca de perder los estribos.




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Rowan se tensó automáticamente al escuchar a Winter hablar de la chica que le daba mal rollito, la que su abuela tenía enmarcada en el salón. Había evitado rigurosamente tomar la forma de Summer White, porque aunque sabía que la muchacha lo reconocería, no quería tener nada que ver con ella. Habían pasado años desde que Summer había muerto, y aún así, a veces Rowan seguía viéndola, cruel y orgullosa delante de él.- Veneno. Ella era veneno, se mantenía viva por pura maldad. Y era humana, para tu información.- Dijo entre dientes, sin mencionar nada que ella hubiera hecho. Menos mal que era humana, que no había llegado al punto de vender su humanidad para ser inmortal. El demonio no podía imaginarse un mundo con una mujer como ella viviendo eternamente en él. Y Winter no tenía ni la más mínima idea de la que se había librado al no conocerla; pues si en cuadro le daba mal rollo, no digamos verla en persona.

Observó cómo la rubia se terminaba el vaso que tenía entre las manos y luego el que él había rechazado. Los humanos eran bastante predecibles, Rowan había sabido desde el primer minuto que Winter iba a echar mano del alcohol llegado un punto en la conversación, y ese momento ya había llegado. Claro, que no había previsto que posiblemente éste le pasaría factura a la rubia desinhibiéndola y haciéndola decir cosas que normalmente diría de otra manera. En el momento que ella se puso en pie, él ocupó su sitio en el sofá, y esperó a que volviera de dónde fuese que hubiera ido.- Y a mi me da igual lo que tu quieras. Yo tengo un trato que cumplir, y pienso hacerlo hasta el día en que dejes de ser una White. Y sí, estás siendo una desagradecida porque sin mi y la “descerebrada de tu tatarabuela” hoy serías fiambre. Además también eres una cabezota.- Bueno, lo de cabezota por suerte, no era nada nuevo. Rowan tenía aquello clarísimo desde el día en que la había conocido años atrás, pero no veía de más dejárselo caer, por mucho que fuera entrar al trapo y seguirle la corriente a una chica que estaba empezando a sentir los efectos del alcohol.

- No tienes ni idea de la cantidad de cosas malas que tu familia ha hecho y me llamas a mi despreciable. Wow, eso es tener clase.- Vale, para qué mentir, Rowan no se tragaba la historia de la dulce niña rica que siempre veía lo bueno en los demás y que abandonaba a su familia para dedicarse a salvar el mundo. Él siempre pensaba que todos tenían un lado oscuro, que nunca podían ser tan buenos como pintaban de cara al mundo. Winter lo estaba demostrando, se estaba portando como la malcriada que todas las White, sin excepción habían sido. En lugar de simplemente mostrarse curiosa cómo Marjorie había hecho, y aceptar las explicaciones del demonio (por enigmáticas que fuesen) se había dedicado a rebatirle y negarse en rotundo.- No tienes ni idea de cómo se cura una herida de ese tipo, hasta hace un rato no sabías que lo que te había atacado era un licántropo y que yo soy un demonio, ¿y pretendes que me largue? Estás echando a la única persona que puede evitar que pierdas la maldita pierna sin hacerte preguntas raras, no sé si tu ceguera de humana te está impidiendo usar el sentido común o es que directamente eres corta de entendederas...- Se levantó, porque estaba empezando a enfadarse, él tenía una misión que cumplir, si Winter quería que se fuera iba a llevarse un chasco: no podía. Estaba vinculado a ella a no ser que encontrase la manera de liberarlo de aquel trato. Y visto el comportamiento de la rubia, Rowan no tenía interés en decirle que intentase preguntarle a Arthur. Si ella no quería un guardián demoníaco, es lo que para su desgracia iba a tener.

Con una cínica sonrisa, se dirigió a la rubia.- Muy bien, a ver cuánto tardas en morirte por la infección.- Y sin decir nada más, se desvaneció ante la humana. Bueno no, no lo hizo, pero a ojos de Winter, el demonio ya no estaba allí. Ella, que no tenía la Visión (que lo había comprobado aquella noche al no verle en su forma demoníaca), iba a ser incapaz de mirar por encima del glamour. El demonio seguía en medio de su salón sólo que invisible para ella. Y allí, Rowan aguardó a que se diera cuenta de que en ese momento estaba jodida sin su ayuda… Total, tampoco podía largarse como si nada, así que hacer creer a Winter que de verdad había conseguido echarle de su casa. Además, que esa salida triunfal de divo le había evitado tener que responder acerca del trato que había hecho con Rosemary. Sólo Arthur sabía por qué lo había hecho, por qué odiaba tanto a la familia White y la maldición que pesaba sobre ésta. Era poco probable que le explicase a la rubia (precisamente a ella) que Rosemary había tenido poder sobre la vida de su único amor y de la hija de ésta. Una humana había dominado a unas brujas muy poderosas con el miedo que los nefilim infundían entonces. Qué iba a entender ella, si había sido incapaz de ver que tenía un demonio a su merced y que podría tenerlo cual perrito faldero sin que él pudiera tocarle un pelo de la cabeza para hacerla pagar. Qué explicaciones iba a merecer ella, si estaba demasiado ciega cómo para ver que aquel trato con Rosemary la situaba en la parte ganadora.
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Winter miró hacia todos los lados para comprobar que el demonio se hubiera ido. Correcto. Suspiró cansada masajeándose las sienes. Entonces, con mucha calma, volvió a colocar la botella de ron en el armarito. Intentaba no pensar en su pierna, si no pensaba, no dolía. Un bufido llamó su atención, cerró la puertecita blanca de madera y dirigió su mirada al marco de la puerta de la cocina, donde Kaylee bufaba con el pelo del lomo erizado. La rubia dio dos pasos acercándose al animal que seguía mirando hacia un punto muerto del salón. Genial, ahora tenia fantasmas.
-¿Kay?- susurró con voz calmada, intentando tranquilizar a la gata.- Kay, ¿qué pasa?- Cuando tuvo al alcance al animal, se puso de cuclillas e intentó acariciarla, ésta se mantuvo impertérrita en su posición de defensa. Winter se levantó lentamente, echando una ojeada al salón. Ella no veía nada.- Kaylee vete a la habitación.- le ordenó, aunque viendo que la gata no se movía, la tomó en brazos y la llevó ella misma.

Regresó al salón y empezó a ordenar los cojines del sofá que se habían desperdigado de mala manera con tanto me-siento-y-luego-me-levanto-indignada. Winter reconocía ser una maniática del orden y también de darle vueltas a todo lo que hacía y decía. No se había comportado bien con Rowan. Él la había ayudado y ella le había gritado. Muy ilógico y nada típico de Winter.
- Y ¿cómo se le deja un mensaje a un demonio?- Susurró rascándose la nuca con verdadera curiosidad. A lo mejor tenían telepatía. Entonces recordó algo, algo que había sido tan obvio pero ella había pasado por alto. Kaylee regañaba al aire, justo donde Rowan había estado. A lo mejor estaba alucinando... pero ¿y si no se había ido, solo era invisible? Había dicho que no la podía dejar. Ya todo le parecía posible. Se frotó las manos nerviosa.

- Debo estar majara ya... ¿Rowan? Bien, no sé si puedes oírme pero yo lo digo. Por lo menos no me sentiré como un mal bicho. No es que no agradezca lo que has hecho por mí. Pero es que me siento como si estuviera en el 1850, como si fuera una señorita que ha tomado a alguien por la fuerza y le ha quitado su libertad para anclarlo a mí. Me estoy explicando fatal. A ver, no me gusta la esclavitud y si te quedas conmigo eso te hace ¿mi esclavo? Lo siento pero no. Entiendo que tu diste tu palabra, pero ¿no ves que es estúpido? Y te lo dice alguien que va a morir dentro de dos días por una infección en la pierna.- Andaba en círculos por el salón, reflexionando.- Así que si tienes que quedarte conmigo voy a poner reglas. Uno, cuando estés en mi casa te vas a hacer visible porque tengo la manía de cantar y hacer el tonto muy a menudo. Dos, si algo no te gusta no seas una pared, me lo dices. Tres, no tomes nunca más la forma de mi abuela. Y... ya está.- Finalizó dando una palmada y una sonrisa extraña. Un pensamiento bastante desagradable se hizo presente en su cabeza e hizo una mueca de desagrado..- ¡Ah! Si haces pipí, levanta la tapa. Y hablando de cosas asquerosas, tampoco puedes tomar forma de la tipa esa que me da mal rollo. Y ahora sí. Ya he acabado.- Winter no sabía si la había escuchado, pero por lo menos se había disculpado. Eso era lo importante.
Cuando lo viera otra vez, se aseguraría de disculparse.




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Mundano/a, sin la Visión

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Parecía que los demonios no se libraban de ser vistos por los gatos. O eso pensó Rowan mientras observaba a Winter moverse de un lado a otro de su casa mientras la gata le miraba fijamente y le bufaba. Tranquilamente le hizo un corte de mangas al animal, no solo porque su dueña no iba a verlo, sino porque la condenada pelusa gruñona esa le había caído mal desde el minuto 1. En comparación con ella, el perro de Marjorie era la mascota ideal, aunque de vez en cuando le ladrase si se acercaba demasiado. El demonio se movió por el salón según Winter lo hacía para que no se chocase de repente con el propio aire… Sólo faltaba que descubriera que aún seguía allí. Así que observó a la muchacha humana mientras colocaba los cojines del sofá aún a pesar de estar herida; hacía ya un buen rato que tendría que haberse echado a dormir para reposar… Rowan había pensado que quizá querría respuestas, y sin embargo ella se había dedicado a someterle a un interrogatorio, lo que llevaba a que había sido una pérdida tonta de tiempo.

Se recostó contra la pared, esperando que volviera cojeando a su habitación y así podría moverse libremente por la casa y encontrar un sitio dónde esperar a que se hiciera de día. ¿Y si Winter necesitaba algo aquella noche? ¿Y si su (muy mal) curada herida requería algún cuidado? Si bien ella se merecía que se fuera y no volviera a su lado, no podía hacerlo; había dado su palabra e iba a mantenerla hasta el final. Suficiente reputación de mierda tenían los demonios como para encima añadirle que no eran capaces de cumplir promesas. Alzó una ceja según Winter hablaba, porque esas reglas le parecían absurdas, una cosa es que él tuviera que vigilar que siguiera vivita y coleando, pero desde luego no estaba obligado a seguir esas normas, y no iba a hacerlo. Además; como dato, estaba en modo visible, él no tenía la capacidad de volverse transparente, si ella no podía verle era su problema por no tener la Visión. Norma uno fuera. Norma dos, Rowan no hablaba si no era necesario, y como en general no le gustaba aquella casa, ni aquella ciudad era una tontería quejarse continuamente de eso, así que fuera también. Y se podía quedar tranquila porque no iba a transformarse en nadie más si no era estrictamente necesario. De todos modos, tampoco se molestó en responder… Hacerlo significaría volver a entablar conversación y no necesitaba más charla, no al menos aquella noche.

Se dedicó a vagar por las habitaciones de la casa, sin necesidad de encender las luces, ignorando si Winter ya se había ido a dormir o no aunque supuso que tras haber bebido, herida y con lo tarde que era, no tardaría en hacerlo. Se encontró en la cocina de nuevo, en el baño y con una habitación para invitados… Sabiendo que Winter tenía una hermana posiblemente fuera ocupada por ésta si venía a visitarla. No parecía un mal lugar para pasar la noche; sin embargo, la ventana no estaba tapada; y según fuera saliendo el sol, Rowan podría verse achicharrado. Y posiblemente, si la dueña de la casa escuchaba una persiana bajarse sola podría sospechar, así que aquella habitación quedó tan descartada como el dormitorio de Winter. Con resignación, volvió al salón, se acomodó en el sofá tal y como había hecho hacía un rato, y esperó. Esperó porque no podía hacer nada más, porque no le quedaba otra que esperar toda la noche en aquella casa a que llegase el día y enfrentarse de nuevo a la parlanchina Winter White.

Quizá estaba tan acostumbrado a simplemente mirar al frente y dejar que el tiempo pasara, que antes de que el demonio quisiera darse cuenta, el sol comenzaba a recortar la silueta de la ciudad. Muy pronto la luz inundó las habitaciones, de modo que Winter no iba a tardar en despertarse si no lo había hecho ya. Era posible que le doliera la pierna, que sintiera los puntos tirando de su piel tras toda la noche. Y Rowan puso los ojos en blanco antes de deshacerse de su glamour para poder ser visto por cualquier persona por mundana que fuera. Su aspecto, pálido y enigmático como siempre, reveló más cosas de las que él habría querido: Aún llevaba la misma ropa que el día anterior (aunque él siempre vestía de negro y era poco evidente cuando se cambiaba de ropa, era evidente a poco que alguien se fijase que esa noche no lo había hecho), y además estaba bastante arrugada. Por si fuera poco, la manga de su chaqueta estaba destrozada tras el mordisco del licántropo.

Como aún los rayos de sol no daban en la estancia, podía estar tranquilamente sentado en el sofá. Sin embargo, a poco éste empezase a subir, en cambio sí lo haría, de modo que se encargó de que más de la mitad de la ventana quedase cubierta; la habitación quedaría iluminada a medias y él estaría molesto pero al menos se aseguraba no convertirse en un demonio a la brasa.- Mucho mejor.- Tranquilamente, se quitó la chaqueta para mirar su propio brazo, el que estaba pintado a medias y ahora también estaba decorado por unas cicatrices de los dientes del lobo. Es cierto que la piel no era del mismo color, aún estaba sensible y era posible que tardase en curarse del todo, además de que siempre tendría una marca de ese bocado que le había pegado. Y entonces tendría que cubrirlo con tinta, como había hecho con el resto de cicatrices, para no levantar preguntas estúpidas entre los mundanos.

Escuchó unos pasos, que para nada se correspondían con los de Winter; eran demasiado ligeros para ser los de una persona herida en una pierna, así que por descarte, la maldita gata ya estaba andurreando por ahí. Nada más entrar al salón, notó que el demonio estaba allí y bufó con desaprobación. Aún así, paseó digna por delante de él, como si él no fuera merecedor de nada más que sus bufidos… Si Rowan hubiera tenido la capacidad magistral de Iah para dominar el fuego, se habría asegurado de darle una buena patada en el culo al animal; pero aquella mañana simplemente, la dejó pasar. Iba a necesitar su muy escasa paciencia para lidiar con su dueña, así que no podía malgastarla con aquel bicho gruñón.
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Rowan no había dado señales de vida y Winter, en su ignorancia de mundana si la Visión, se limitó a encogerse de hombros y caminar hacia su habitación. Ya estaba volviendo a notar molestias en la pierna, y francamente, no tenía ni pajotera idea de los cuidados que requería la inmensa herida que decoraba ésta. Supuso que un ibuprofeno mitigaría un poco el dolor, como mínimo que pudiera conciliar el sueño. Estando en la habitación recordó que los medicamentos estaban en la cocina y que además, si quería tomarla debería comer algo primero. Uy, sí ¿Por qué no comerse un bol de palomitas? Comentó irónicamente su raciocinio que poco a poco empezaba a despertar de un letargo llamado ron miel. Y la rubia maldijo su estúpida idea una vez más esa noche. Gracias a su brillante idea tenía: En primer puesto, una herida quemada y cosida. En segundo lugar, un demonio con la habilidad de quemar a la gente. Y en último puesto, y no menos importante, tenía a ese mismo demonio detrás de ella EL RESTO DE SU VIDA. Sinceramente Winter esperaba que se hubiera marcado un farol. Esas cinco palabras rebotaban en su cabeza y sonaban como un eco lejano y molesto... el resto de su vida. Sacudió su cabeza, intentando aplacar sus pensamientos que amenazaban con provocarle tal dolor de cabeza que un ibuprofeno no iba a ser suficiente para poder dormir.

Con semblante cansado, empezó a preparar un sándwich. Algo sencillo que se comiera rápido, para irse pitando a la cama. Nunca hubiera imaginado que hacer algo tan sencillo podría ser tan difícil. Cuando acabó con su ardua tarea de preparar el bocadillo y comérselo (juró por dios que nunca había sido tan desagradable comer, ni siquiera los extraños platos que le había hecho su hermana para practicar sus dotes culinarias), se apresuró a tomarse la dichosa pastilla. La tragó con un poco de agua. En serio, malditas palomitas. Prácticamente reptó hasta la habitación. Estaba sudando la gota gorda y su tez, de por sí ya blanca, había alcanzado un color casi enfermizo. No estaba segura, pero creía que tenía fiebre. ¡Já! El resto de su vida se había dicho... pues estaba de suerte Rowan, porque la rubia podía asegurar que no pasaba de esa noche. No se molestó en cerrar la puerta de su habitación, no iba a ayudar en nada si otro ser extraño se presentaba y la quería hacer trizas. Podían entrar sin usar puerta alguna. Se tiró en la cama, la habitación daba vueltas y lo último que pudo ver fue el pequeño hocico de Kaylee lamiéndole la mejilla.

Un rayo de luz solar entró por la ventana, impactando en la cara de Winter. Abrió sus ojos perezosamente. Notaba el vestido mojado. ¿Qué había pasado? Su cabeza trató de recordar los acontecimientos de la noche anterior y uno a uno llegaron a mil por hora, aturdiéndola levemente. Le costó un minuto entender que eso que había mojado su vestido de flores era sudor. Lo supo porque seguía sudando. Se sentó en la cama, el mundo dando vueltas todavía, empezaba a pensar que algo no estaba yendo del todo bien. Vale que le había pegado un zarpazo un lobo del tamaño de un mastín, pero creyó que con la cura de Rowan habría sido suficiente para evitar una infección. Sobre todo porque su herida estaba sellada. ¿Cómo se iba a infectar? Puso ambos pies en el suelo y el frío le dio la bienvenida. Tan solo si pudiera tumbarse en el suelo... De repente su cabeza tuvo una idea no demasiado buena: llenar la bañera de agua helada. Pero para ella fue una idea espléndida. Cojeó hasta el baño y abrió el grifo de la bañera. Desde el borde de ésta y gracias a la puerta abierta, tenía la perspectiva del salón, en él se podía ver a Kaylee, quien la miraba como si hubiera visto un fantasma. -Oh cierto, la comida de Kaylee...- murmuró mientras con ayuda de sus manos y a la pared más cercana se levantaba. Recorrió el pasillo casi arrastrándose mientras se agarraba como podía a la pared. Tendría que llamarla. No quedaba más remedio. Podría darle algo en ese mismo momento y nadie se daría cuenta. Tendría que pedirle a Cathy que fuera a verla.

Al llegar al salón se agarró a una de las estanterías. No se molestó en mirar hacia atrás, donde seguramente habría podido ver a Rowan sentado en el sofá; pero para ella el demonio se había ido la noche anterior. Y con lo pedante que había sido, dudaba que se le apareciera alguna vez más. Intentó agarrar el teléfono inalámbrico que había en el estante blanco que la ayudaba a mantenerse de pie. - ¡Córcholis!- maldijo al teléfono con rabia, debería apuntar para otra ocasión que debía ponerlo más al borde, donde fuera más accesible. En el momento en que sus dedos rozaron el aparato electrónico un sonido de agua la hizo desistir. Sonaba como si algo estuviera desbordándose. - ¡LA BAÑERA!-Gritó mientras intentaba darse la vuelta lo más rápido que podía y andar sobre sus pasos hasta el baño. Pero ese día no era su día de suerte y sus manos resbalaron de la pared haciéndola caer de rodillas. Una vibración subió desde su rodilla hasta el muslo dolido. Se contuvo las ganas de gritar de dolor, apoyando las manos en el suelo y respirando sonoramente. - Calma Winter... todo tiene algo bueno.- Se intentó animar a sí misma. Trató de levantarse, en vano porque la pierna ya le dolía entera y apenas respondía. En su tercer intento, mágicamente se levantó ¡y sin esfuerzo! Le resultó terriblemente extraño pero se sintió feliz. ¡Yayyyy! No voy a morir. pensó mientras se ponía en pie. Se quedó pensativa, ¿Por qué no notaba su peso?

Winter era ajena a que ella no se había levantado, la habían levantado. Y que si no bebía agua, iba a perder la conciencia gracias a la deshidratación.




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Mundano/a, sin la Visión

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Poco después de que la gata pasara por delante de Rowan, empezó a escuchar ruido procedente de la habitación de Winter. Le dio tiempo de que se levantase, se despejase y recordase qué había pasado la noche anterior, tampoco iba a atosigarla… Además, supuso que cuando le viera allí sentado, preguntaría, seguro. No todos los días uno se encontraba a un demonio en medio de su salón como si no pasara nada.- Soy un demonio pero por decir buenos días no…- Dijo en voz alta para que ella lo escuchase según viniera. Sin embargo, Winter tardó en llegar, y cuando lo hizo no le vio, primero porque estaba buscando el teléfono y luego porque se había caído de bruces. Aquello hizo que se callara de golpe, y entonces Rowan se plantó a su lado, mientras Winter intentaba levantarse porque era evidente que ella sola no iba a conseguirlo. La cogió en brazos, esta vez sin cargarla cual saco de patatas, y llevándola hacia dónde ella había tenido intención de ir: el baño.

La habitación estaba encharcada y la bañera rebosaba, pero lo importante es que la venda que había colocado la noche anterior en la pierna de Winter se estaba empezando a teñir de rojo. La dejó sentada sobre el inodoro, pues no había necesidad de que se cayera de nuevo al suelo, y para evitar que el agua siguiera cayendo al suelo y no caerse, primero cerró el grifo y después quitó el tapón hasta que la bañera se vació como hasta la mitad… Una vez parado el desastre, se giró hacia Winter, con intención de hacerle entrar en esa cabecita loca que cómo se le ocurría dejarse el grifo encendido, pero su cara se lo dijo todo. Estaba pálida, no tenía su habitual rubor en las mejillas y el sudor se pegaba a su piel. Rowan estiró el brazo hacia su frente sabiendo lo que iba a encontrarse: Ella tenía fiebre. La pierna se le debía de haber infectado durante la noche, y lo primero y más importante era bajar esa fiebre. Y lo más lógico que se le ocurrió fue intentarlo con frío. Las manos del demonio rápidamente agarraron el fino vestido que había usado Winter a modo de pijama y se deshizo de él… Sin embargo antes de continuar, decidió que lo mejor era parar un momento. No es que a él le importase la desnudez de una humana, seamos sinceros, él ya había visto a una mujer desnuda y no iba a pillarle por sorpresa; pero no quería que ella pensara que quería meterle mano, que quería violarla o algo así.- Esto… Quítate la ropa y vamos a intentar bajarte la fiebre con un baño frío, ¿vale?

Y para darle un poco de intimidad a Winter, decidió buscar toallas, trapos o algo que sirviera para recoger todo el agua que había en el suelo y que empezaba a extenderse por el pasillo. Rowan, que ya tenía los pies empapados, tuvo que deshacerse de las zapatillas si no quería dejar marcas de pies por toda la casa. Además, si seguía andando con ellos puestos, también había posibilidad de que se resbalase… Sería gracioso un demonio con una pierna rota, pero también sería bastante inútil y por tanto lo mejor era quedarse descalzo. Buscando en la cocina, acabó por encontrar una fregona, que aunque nunca hubiera usado un cacharro como ese, pues no debía de tener mucha complicación. Empezó por secar el agua del pasillo, con la puerta del baño entrecerrada para evitar ver a Winter mientras se desnudaba, y antes de volver a entrar, recordó que a lo mejor iba a necesitar el botiquín de nuevo y fue a por él. Le costó encontrarlo casi tanto como la noche anterior, pero bueno, como estaba haciendo tiempo, no era un gran problema. Pero con el agua del pasillo recogida y la cajita blanca en las manos, ya no pudo esperar más; bajar la fiebre de la rubia era lo más urgente en ese momento, más que arreglar la herida que volvía a sangrar o mucho más que encontrarla tal cual vino al mundo, así que irrumpió en el baño de nuevo.

- Prometo que solo voy a mirarte a los ojos, pero necesito que te metas en el agua… Si quieres taparte con algo adelante, pero métete ya. - Le urgió, mientras le tendía la toalla que estaba al lado del lavabo para secarse las manos. No cubriría todo el cuerpo de la rubia pero al menos taparía lo más importante si es que le daba vergüenza. Con cuidado, la volvió a coger en brazos para que pudiera quedarse cubierta por el agua hasta el cuello. Se le ocurrió entonces algo; echó mano del jabón para el cuerpo que allí estaba, abrió el grifo y echó un chorro de gel directamente en el agua… Había visto eso antes, se haría espuma y así ninguno de los dos debería fingir que la situación no era rara (porque lo era y mucho). Una fina capa de burbujas con olor a miel se formó en la superficie de la bañera y enseguida Rowan cerró el grifo para evitar nuevas inundaciones.

Sin dejar de mirar a Winter por si empezaba a recuperar el color, continuó recogiendo el agua del suelo del baño con la fregona.- Ehhhhh… Si te encuentras mejor, dímelo y te saco de ahí.- Hasta el momento, Kaylee no había dado señales de vida, se había quedado quieta mirando a Winter en el suelo y ahora se acercaba lentamente hacia el baño. Se quedó a una distancia prudencial; no solo por el agua, sino por el demonio también. Aún no se fiaba de Rowan, pero estaba comprobando que al menos no quería hacerle daño a su dueña.
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Cuando la cogieron en volandas, pudo darse cuenta de que no se había levantado por cuenta propia. Habría reconocido ese pelo tan negro como la noche y esos ojos plata a leguas. Intentó llamarlo, agradecerle, pero su boca estaba más seca que el campo después de un año de sequía y eso le dificultaba terriblemente poder mover la lengua. Comprendió que no iba a poder articular palabra y que sería mejor callar. Apoyó su cabeza en el hombro de Rowan y para su sorpresa no olía a azufre y a chamusquina como había imaginado. Se iban acercando al baño, la rubia que no sabía bien en el lío que estaba metida, pensaba en el menudo desastre que había montado en pocos minutos. Porque Winter era así, podía estar metida en un embrollo de dos pares de narices pero ella igualmente seguía obsesionada con el orden. Sin embargo, aunque lo hubiera dicho en voz alta, seguramente el demonio no se hubiera extrañado. Había presenciado como Winter ordenaba el salón con la pierna recién cosida, muy normal no era. Suavemente fue sentada en el excusado y ella suspiró aliviada al notar la porcelana fría contra su piel febril.

Con los ojos entrecerrados y vidriosos pudo ver al demonio cortando el grifo y trasteando en la bañera. Con el máximo cuidado que podía tener dejó su cabeza apoyada en el lavamanos, cerró los ojos y los brazos cayeron inertes a los lados. En su cabeza, la escena del lobo dándole el zarpazo se repetía en modo bucle. ¿Por qué le había atacado? ¿Le había parecido peligrosa? Eso era imposible a su parecer. En su trabajo la subestimaron cuando llegó, alegaron que no infundía respeto y así nadie iba tomarla en serio. Winter se había esforzado por hacer su trabajo bien, y había conseguido muchos honores de sus superiores por ello. Pero sabía que algunos de sus compañeros que no la conocían lo suficiente la seguían viendo como "la barbie policía". Entonces, no entendía porque ese lobo había visto una amenaza en ella. Por otro lado, también razonó que ella no sabía cual era el comportamiento usual de un licántropo. ¿Y si atacaban a todo el mundo? Debería preguntarle a Rowan cuando su lengua no fuera un zapato.

La mano fría del demonio la hizo dejar de divagar y abrir los ojos para mirarlo. Le costó enfocar sus ojos azules en los grises de él, pero después de parpadear como una loca, consiguió que la figura de Rowan adquiriera nitidez. El moreno le levantó el vestido y Winter, lejos de oponer resistencia alguna, levantó los brazos para que pudiera quitárselo. Una sonrisa tenue se dibujó en los labios resecos de la policía y es que le costaba creer que un demonio pudiera tener consideración e incluso comportarse tan atento con una humana. Ver para creer. Rowan salió del baño dándole privacidad, que sí, que la rubia lo apreciaba pero que siendo sincera, en ese preciso momento le importaba muy poco tirando a nada que él la viera desnuda. Llamadla impúdica, libertina, lo que sea... pero en ese momento su prioridad era sobrevivir. Para poder quitarse la ropa interior hizo acopio de las escasas fuerzas que le quedaban. Tiró las prendas al cesto de la ropa sucia, eso sí, fallando estrepitosamente. Puso los ojos en blanco, no sabía porque había esperado acertar.

Cuando la sed empezó a ser demasiado molesta, Winter se replanteó eso de tirarse de cabeza al agua de la bañera y beber como si no hubiera un mañana. Pero desechó la idea porque antes de que tuviera tiempo de beber se habría escalabrado. Así que optaría por beber del lavamanos como pudiera. Allí estaba ella con la cara prácticamente metida debajo del chorro de agua y oye, no se estaba para nada mal. Cerró el grifo, un poco más animada y el color enfermizo se estaba disipando lentamente. Aún notaba su cuerpo arder y las extremidades entumecidas, pero su cabeza estaba más despierta. Se volvió a sentar en el retrete justo cuando la puerta del baño se abría, dando paso a un Rowan descalzo y con el botiquín en las manos. Después de ese día, la última White creía que el demonio merecía el cielo. Que irónico.
Sonrió ante su comentario. Winter sabía que no la iba a mirar, por dios, estaba claro. No parecía ser un pervertido. - Tranquilo, sé que no lo harás. Peeeero si me dieras una toalla para hacer este momento menos incómodo te lo agradeceré por siempre.- El moreno le tendió la toalla que estaba destinada a secar las manos, pero ella no protestó. Pese a que estaba más avispada no se encontraba del todo bien. Se tapó como pudo y él la volvió a coger en brazos, metiéndola en la bañera. Winter casi pudo oír el coro de ángeles cantando a todo pulmón, eso sí que era el paraíso. Otro punto a recalcar fue cuando el demonio tuvo un arrebato de inspiración y echó jabón para hacer espuma. ¡Ya no olería a sudor! Y podía quitarse la toalla sin problema alguno para pasársela por la cara, luego se la volvería a poner y ¡tachán! Todos contentos. El color volvió poco a poco a su cara y su cuerpo empezó a sentirse menos carbón ardiente y más cuerpo de Winter.

La voz grave de Rowan llamó su atención y se dio cuenta de algo que casi había pasado desapercibido. Rowan estaba fregando. Fregando. Un demonio fregando. Winter sonrió al verlo tan concentrado en su ardua tarea de niñero. -Gracias Rowan. -le agradeció sinceramente.- Perdona por darte tantos quebraderos de cabeza.- Volvió a ponerse la diminuta toalla por debajo del agua y se empezó a levantar ella sola, aunque no estaba muy segura de poder aguantar bien su peso así que se apoyó en Rowan para salir.- Estoy mejor.- Le afirmó ante su ceño fruncido. Le costaba creer que ese demonio tuviera tantos años y que para colmo hubiera cuidado de todas las señoritas White. Tan solo hacía falta mirarlo; parecía un macarra de veintiséis años no un demonio de cientos.- ¿Cómo prefieres que me ponga?- Le preguntó señalando suavemente con la cabeza la herida de su muslo, que tenía dos puntos abiertos y pinta de estar infectada. Así que tendría que ponerse en algún sitio donde al moreno le fuera cómodo poder curar su zarpazo.




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Pasó lentamente la fregona por el suelo, recogiendo el agua que había y así le daba tiempo a Winter para ver si de aquella manera se le bajaba la fiebre. Se volvió al escuchar su agradecimiento, pues apenas había abierto la boca, supuso él por el atontamiento producido por la infección, y mira que Winter sin hablar era algo muy raro… Él que estaba seguro que la humana hablaría incluso estando muerta. Soltó el mocho contra la pared, para arrodillarse junto a la bañera en la que estaba la rubia metida y pudo ver cómo había recuperado algo de color. Con mucho cuidado, metió las manos dentro del agua, buscando la pierna herida para quitar la venda; a ver si así lavándola un poco se evitaba que todo fuera a más. Una vez que la tela estaba agarrada dentro de su puño, sacó las manos, pues no tenía intención de tocar nada más. Pudo ver cómo el agua se manchaba ligeramente de rojo, es decir, que la herida se había vuelto a abrir, aunque fuera solo un poquito. El ceño del demonio se arrugó, porque si no era capaz de cerrar la herida y que curase sin problemas, tendrían que ir a un médico y para ser sinceros, Rowan no conocía médicos subterráneos, o bien mundanos que no hicieran preguntas raras.- No eres ni de lejos la más problemática, así que no te preocupes.- La sujetó mientras se ponía de pie y salía de la bañera ella solita. Vale, sí, el baño le había venido de perlas.

La ayudó a sentarse en el borde de la bañera. Aunque Winter ya había demostrado que no tenía ningún problema con verse desnuda delante de él, Rowan buscó el vestido que le había quitado antes y se lo dio, al menos para que se lo pusiera temporalmente. Así ella no tendría que estar continuamente sujetando la pequeña y empapada toalla contra su cuerpo. En cuanto terminase de mirar qué le pasaba a su pierna, podría ir a su habitación a cambiarse de ropa y demás. Antes de empezar a hacer nada, rebuscó en el armario del baño a ver si había alguna otra toalla que pudiera servir para secar la pierna de Winter, y la miró como pidiendo permiso para hacerlo… Al fin y al cabo, podía llegar a molestar cuando secase por encima de la herida infectada y además se iba a manchar de sangre; lo mismo el rojo carmesí no iba a quitarse nunca y esa toalla acabaría directamente en la basura. Colocó su mano por detrás de la rodilla de Winter, alzando la pierna hasta que el pie acabó sobre la tapa del inodoro. Con un cuidado nada propio de un demonio, Rowan empezó a secar entonces, muy despacio llevándose primero el agua y después, presionó ligeramente contra la herida. También había que secarla antes de mirar qué pasaba, y así podría quitar parte de la sangre que empezaba a quedarse seca contra los puntos.

- Bueno, no tengo ni idea de qué hacer, pero podemos intentar limpiarla y desinfectar lo primero.- Colocó la toalla manchada de sangre en el suelo, antes de buscar en el botiquín algo de desinfectante y un poco de gasa. Si algo goteaba, no caería directamente en los azulejos y no habría que limpiarlo; simplemente con quitar la toalla valdría. Echó unas gotas sobre la parte abierta de la herida, que inmediatamente se volvió de color blanco… Rowan supuso que era porque estaba limpiando, pero no lo tenía muy claro. Por si acaso, tapó con el pedacito de gasa.- Si te hago mucho daño avísame, pero intento hacerlo despacito, ¿vale?- Levantó el trozo de tela, para ver que sí, aparte de sangre, también parecía haberse llevado parte de la infección. Despacito, lo fue colocando y quitando de manera intermitente a lo largo de toda la herida, no solo de la zona que peor estaba. Volvió a echar desinfectante, y repitió la operación. Tenía pinta de funcionar y no era él nadie para decidir que aquello era una mala idea.

Una vez que la gasa solo se quedaba manchada de sangre, Rowan agarró la venda y la enrolló alrededor de la pierna de Winter del mismo modo que había hecho la noche anterior.- Yo lo dejaría al aire, a ver qué tal, pero no creo que venga bien volver a coserlo, al menos no hoy. Así que si te parece bien, vamos a la habitación y puedes vestirte.- Como ya parecía que Winter podía andar sin caerse aunque cojease un poco, la sujetó contra sí pero sin llegar a cogerla en brazos. Supuso que aquello sería frustrante, depender de otra persona para moverte, y que posiblemente ella quisiera moverse por sí sola, aunque fuera cojeando. No la conocía de mucho, pero había visto lo suficiente para saber más o menos de qué palo iba Winter… Además, visto que la noche anterior prácticamente le había echado de su apartamento y le había dicho que no necesitaba su ayuda; ella agradecería poder moverse. Al llegar a la habitación, la ayudó a sentarse en la cama, pensando que querría recuperar un poco el resuello, o estirar la pierna si le tiraba o molestaba un poco.- Estaré fuera, si me necesitas vengo, pero me imagino que querrá vestirte sola…- Y sin más, salió de la habitación.


Última edición por Rowan E. Schwarz el Vie Sep 09, 2016 5:03 pm, editado 1 vez
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Winter se encontraba mucho mejor, lo decía el rubor que empezaba a surgir en sus mejillas y la palidez que desaparecía lentamente. La rubia no había sido consciente de la cara de muerta que había tenido ya que no se había mirado en el espejo, y como para mirarse... se hubiera dado un susto de muerte. Al sentarse en el borde de la bañera la toalla se levantó levemente, Winter se apresuró a taparse como pudo. Y no por ella, a la rubia, en las circunstancias que se encontraba no podía ser pudorosa, más bien era por Rowan, que no tenía porqué encontrarse con semejante percal delante de su cara. Seguía batallando con la toalla cuando el vestido de flores que había utilizado como pijama apareció ante sus ojos. Levantó la vista de la prenda y miró al moreno que aún le tendía el vestido. - Muchas gracias.- agradeció con voz dulce, cogiéndolo con una sonrisa. Era bastante reconfortante que tuviera esos detalles, como tenderle el vestido para que no se esté peleando continuamente con la diminuta toalla. Acababa de meter la cabeza por el cuello del vestido cuando lo vio pedirle permiso para coger una toalla. Winter asintió con la cabeza efusivamente. -Coge lo que necesites. Como si estuvieras en tu casa.- le ofreció mientras acababa de colocarse el vestido, que como la piel estaba mojada le costaba más deslizarlo hacia abajo. Realmente lo decía de corazón, si el pobre estaba obligado a estar con ella el resto de su vida (que esperaba que no, se apiadaba de él) que menos que estuviera cómodo en su casa. Cuando Rowan se arrodilló delante de ella para mirarle la herida, situada en la parte superior del muslo, el pulso de la rubia se disparó. De repente estaba nerviosa, supuso que sería por la posición del demonio. Y es que se le hacía raro tener a alguien tan cerca. Demasiado cerca. Claro que aquello se le olvidó en cuanto las gotas de desinfectante cayeron en la herida inficionada. Ya tenía otra cosa en la que enfocarse.

-Tranquilo, no me duele apenas.- La voz de Rowan, aunque era grave y oscura, estaba teñida con cierta gentileza que hacía a la neoyorquina olvidarse que trataba con un demonio. Y ella, no es que fuera una erudita en el tema del mundo de las sombras pero se suponía que los demonios eran mezquinos y egoístas. Cuando le enrolló la venda en la pierna, frunció el ceño de manera infantil.- Entonces... ¿Debería lleva la herida al aire mientras estuviese en casa?- Pues parecía una buena idea porque así la piel transpiraría y evitaría supuraciones. Se levantó demasiado rápido, confiada porque Rowan la sujetaba contra su cuerpo. - Sí, me pondré un vestido que no roce la herida.- afirmaba sonriente mientras salía del baño.- Y ropa interior- Susurró acercándose a Rowan, como si hubiera alguien más aparte de ellos que pudiera enterarse de que no llevaba nada debajo del vestido. Al entrar en su habitación, una ráfaga de olor a vainilla la rodeó. Si hubiera sido otro día, le hubiera importado un bledo el olor, es más, le hubiese gustado. Pero en ese preciso momento le dio nauseas. Entrecerró los ojos llevándose la mano derecha a su boca en un acto reflejo. El moreno la sentó en la cama, y ella asintió con la cabeza, dándole a entender que le había escuchado. Salió de la habitación dejándola a solas.

Winter fue cojeando hasta la ventana y la abrió de par en par. Que se vaya el olor por el amor de dios... o por lo menos que se disipe un poco. Y es que su habitación, al haber estado cerrada toda la noche, había concentrado el olor de las velas y no había ser vivo que se metiera en la habitación. Bueno, quizá alguien con un sentido del olfato atrofiado, pero ese no era el caso de Winter. Corrió la cortina para poder cambiarse sin ser vista por todo el bloque de pisos de enfrente. Tampoco tenía que hacer gran cosa, quitarse el vestido sudado, ponerse ropa interior y un vestido (que es fácil de quitar y de poner). Estaba tranquilamente acabando de ponerse unos zapatos cuando detectó movimiento en la cortina rosa pastel. -¿Qué es eso?- Se preguntó acercándose a la tela para poder ver lo que había detrás. A lo mejor había entrado un bicho por la ventana abierta... Si ese era el caso a Winter no le daban miedo los bichos, bueno, excepto las cucarachas. Esos seres sacados de las entrañas del averno le daban un asco atroz. La cortina seguía moviéndose y para colmo, al dar el sol directamente en la ventana, se podía ver la silueta del bicho que estaba pegado a ella. La rubia empezó a ponerse nerviosa.- No puede ser...- Susurró con cara de asco. Al mover la cortina pudo comprobar lo que había sospechado.- ¡Aaaaaaaaaaah! Oh dios míooooooo.- gritó como una loca soltando de repente la cortina. El movimiento hizo caer al insecto en el pie derecho de Winter y a ella le iba a dar un jamacuco.- ¡Rowaaaaaan ayudaaaa!- Gritó sacudiendo la pierna derecha (donde estaba la herida) frenéticamente. ¿Sabía que luego lo iba a lamentar? Sí. ¿Qué luego le dolería más la pierna? Sí. Pero odiaba esos bichejos y le daba igual mientras la cucaracha se le quitara de encima. De hecho, estaba tan nerviosa que no se percató de que el demonio estaba a su lado.


Última edición por Winter J. White el Sáb Sep 10, 2016 12:43 pm, editado 1 vez




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Sí, no sería mala idea que te pusieras ropa interior. Pensó el demonio, mientras salía de la habitación. Casi podía haberse reído con aquello, porque no hacía falta pregonar lo que llevaba puesto o en su caso, no llevaba puesto. Que ojo, no es que a él le importase, que Winter podía andar por casa como le diera la gana, ¡desnuda incluso! A él le daría igual, pero volvíamos a lo mismo de antes, no era por él, sino por ella. Posiblemente estaría más cómoda en su presencia si algo más aparte de un vestido le tapaba el cuerpo. Imaginando que ella estaría bien mientras se vestía, se dedicó a recoger lo que había sacado: el botiquín (que si seguían usándolo al mismo ritmo que la noche anterior y aquel día, pronto iban a tener que ir a comprar más vendas), y la fregona. Kaylee se había quedado en un rinconcito, con los ojos clavados en el demonio que iba de un lado a otro. Parecía haber entendido que Rowan iba a pasar mucho tiempo en aquella casa, y que su presencia iba a traer a Winter más bien que mal. No había vuelto a bufarle desde que había acudido en ayuda de su dueña.

Había soltado la fregona dónde la había encontrado, y estaba dispuesto a ir al salón a esperar a Winter, cuando un grito le hizo ponerse de los nervios. Rápidamente se plantó en la habitación de la rubia, para encontrársela saltando sobre la pierna buena (bien), y sacudiendo la pierna mala (mal) como si estuvieran dándole unos calambres.-Eh! ¿Estás loca?- Se colocó frente a ella sujetándola de los hombros, porque veía que si seguía así o bien se le iba a abrir la herida, o bien se iba a caer al suelo. Y si pasaba lo último, podía hacerse algo peor de lo que ya tenía, y Winter no necesitaba ya más lesiones. Con el zarpazo del licántropo iba ya servida para mucho tiempo.

La hizo volver a sentarse en la cama, y no dejó que opusiera resistencia, es más, podía haberse dicho que él la empujó lo suficiente para que su inquieto trasero se posase sobre el colchón. Finalmente, miró su pie, en el cual había una cucaracha. Podía haberla matado de un manotazo, pero Rowan (sorprendentemente), no encontraba aquel animal molesto. Él, que había vivido en plena naturaleza no odiaba los bichos, excepto quizá los mosquitos porque picaban. Así que, ante la atenta mirada de Winter, cogió la cucaracha entre sus dedos, la puso sobre la repisa de la ventana, e inmediatamente el insecto desapareció de allí.- Sólo era una cucaracha… Persigues delincuentes prácticamente a diario, ¿y te asusta una cucaracha?- Le preguntó totalmente extrañado. No lo entendía, ¿no le daba miedo un ladrón apuntándola con una pistola, pero sí un insecto? Incluso, la noche anterior, ante el licántropo no había chillado de la misma manera que ahora. Los humanos eran raros…- Vamos, anda, el desayuno es más importante que una cucaracha.- Se encogió de hombros, y dejó a Winter atrás, que de momento podía moverse bastante bien… Sin separarse demasiado, por supuesto, no fuera a ser que tropezase y se abriera la cabeza contra el suelo. Si a Winter le fallaba la pierna, él debía estar ahí para recogerla antes de que llegase a golpearse.

En la cocina, para ser sinceros, se encontró perdido… Y no porque él fuera un hombre, sino porque allí había cosas muy modernas, con muchos botones y de muchos colores. ¿Cómo funcionaba aquello? Además, de que por supuesto, aquella cocina no era la suya, no sabía cómo Winter tenía guardadas las cosas. Así que tirando de imaginación, se acercó al primer cacharrito de color negro que entró en su campo de visión. Empezó a toquetear, levantando una cosa gris que indicaba que algo se metía ahí dentro… Había varias cajas cerca de aquella cafetera, con pequeñas cápsulas que parecían caber en el hueco, así que metió una de ellas, sin fijarse en el color (porque no sabía que el color indicaba qué tipo de café iba a preparar). Y apretó el botón. Pero no pasó nada. Volvió a darle al mismo botón, para intentar hacer café, obteniendo el mismo resultado… Y menos mal, porque no había puesto ni vaso, ni taza, es decir, si el café hubiera salido, habría liado una bien parda en aquella impoluta cocina.
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Winter estaba asqueada, a tal nivel, que consideró que le haría falta echarse lejía por la pierna para desinfectarla. En serio, las odiaba. Y sí, era policía, estaba acostumbrada a tratar con gente de la peor calaña que probablemente fuera más despreciable que el pobre animal que tenía encima. Pero no lo podía evitar, le daban repelús. Su hermana solía reírse muy a menudo de ella, porque Winter había llegado a coger arañas, escarabajos e incluso serpientes, y todas las veces se había mostrado resuelta. En cambio veía una cucaracha y gritaba como si no hubiera un mañana. La primera vez que Winter había cogido una serpiente (pequeña por eso) tenía nueve años; había perseguido a Cathy con el réptil enroscado en el brazo. Su hermana pequeña había chillado y corrido por todo el jardín llamando al servicio y a la nana que las cuidaba. Cuando Nana vio a la rubia con la serpiente en la mano, el pelo alborotado y la cara manchada de barro, confirmó lo que había pensado la primera vez que la había visto, cinco años antes: Iba a ser una chica valiente y temeraria. Lo segundo no era demasiado bueno, pero pensó que la madurez que ocasionaba el tiempo la curaría. No lo hizo.

De padres africanos y con la piel más oscura que el chocolate negro, Nana había conocido a Sacrlett en uno de los viajes que la modelo había hecho a Botswana y había sido contratada como cocinera en la mansión Rosewood en las afueras de Nueva York. Nana que en verdad se llamaba Niara, había visto en la propuesta de la multimillonaria la oportunidad de salir de un país problemático donde la mujer era infravalorada constantemente. Viajó a la ciudad de las oportunidades y empezó a trabajar para los Rosewood con apenas veinticinco años. Gracias a la dedicación y devoción que mostró hacia la familia, el matrimonio les cedió la crianza de sus dos hijas. Niara, tenía por ese entonces treinta años, pero una sabiduría típica de una mujer de cincuenta, caló a las pequeñas nada más verlas. Apreció el dulzor en los ojos soñadores de Winter y la perspicacia en la mirada curiosa de Cathy. Las cuidó como si fueran sus propias hijas: curó las heridas en las rodillas de Winter y decoró el pelo de Cathy con peinados africanos. Fue quizás una de las más afectadas cuando Winter se fue de casa, pues a ella le fue prohibido volver a dirigir la palabra y/o ver a la que había cuidado por diecisiete años. Aún así, cuando iba a la ciudad de nueva York paseaba por las calles con la esperanza de poder al menos verla patrullando. También sonsacaba información a Cathy, por ella, sabía que Winter había cumplido su sueño y que estaba bien.

Menos mal que Cathy no la estaba viendo saltando a la pata coja y sacudiendo la otra como si estuviera sufriendo espasmos. Las manos de Rowan la obligaron a sentarse en la cama y esta vez fue ella la que lo miró como si le faltara un tornillo. Pero eso no fue nada, su corazón estaba a punto de paro cardíaco cuando lo vio coger al bicho con las manos y dejarlo en la ventana. Tragó saliva mirando la ventana con terror. Clavó sus ojos azules en los plata de Rowan. - ¡No compares! Si un delincuente se intenta acercar a mí, tengo la orden específica de disparar a su brazo. ¿Me puedes explicar cómo le digo a ese bicho que no se acerque a mí? No quiero matarlo, solo quiero que no me toque. Es algo parecido a lo que tú sientes por mí. ¿Me entiendes ahora?- Preguntó con sinceridad, claramente quería que Rowan no la malinterpretara. Ella no quería que ningún animal muriera, solo pedía que no se acercara a ella. Rowan puso una mueca que la rubia no supo descifrar. Es que ese muchacho era indescifrable.

Salió de la habitación cojeando detrás del demonio y se preguntó: ¿Los demonios comen? Se encogió de hombros, ella tenía comida así que si quería comer no habría problema, y si no comía pues... Le preguntaría porque no lo hacía. Obvio. Los interrogatorios eran lo suyo. Decidió parar un momento en el baño, para pasarse una toallita húmeda por donde le había tocado el insecto. Nada más de pensar en que había tenido una cucaracha en el pie le daban escalofríos. Cuando volvió a la cocina vio a Rowan pelearse con el botón de la cafetera, con el ceño fruncido porque ésta no funcionaba. ¿Cómo lo iba a hacer si estaba desenchufada? Cogió una taza de la vitrina de tacitas y la puso debajo de donde saldría el chorrito de café en la máquina. Revisó que tuviera agua y rellenó el otro recipiente que tenía la máquina para leche (por si las moscas, oye). Se acercó al enchufe y conectó el aparato, por último, solo tenía que encender la máquina para que calentase el agua y la leche, cosa que hacía muy rápido. Esperó cuarenta segundos y miró a Rowan mientras le daba al botón verde. La máquina empezó a funcionar, soltando un líquido de color crema. Eso no era café, era vanilio: un poco de café con vainilla y leche, lo que solía desayunar Winter. La cara de Rowan decía claramente que no sabía que había hecho, y el instinto de la policía le decía que lo había preparado para ella. Cogió la taza y se giró hacia Rowan. - Gracias.- Agradeció con una sonrisa sincera y con algo de cara, porque le estaba robando el café que él había elaborado (a medias). Para rematar, le dio un rápido beso en la mejilla, sin darle tiempo a quitarse porque ya se había retirado ella. Miró al moreno con una sonrisa divertida.- Ya lo sé, soy tu cucaracha.- Comentó riendo.- ¿Qué café quieres tú?- preguntó dejando la taza de lado y dispuesta a rebuscar en las cajas de las cápsulas la que le pidiera Rowan.




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- Estoy seguro de que un delincuente, incluso tras haberle disparado en el brazo puede hacerte mucho más daño que una cucaracha. Piensa que al menos, ellas no pican, ni muerden…- Aquello de verdad, era increíble, y no porque un demonio estuviera defendiendo a las cucarachas, sino porque lo encontraba todo demasiado irónico para ser verdad; una policía teniendo miedo de un insecto que no hacía absolutamente nada… Habría podido entender si sus gritos hubieran venido por una avispa, un mosquito o incluso una serpiente; esos bichos si que a la mínima te dejaban una picadura de regalo. Al menos, mientras pensaba aquello, su mente estaba ocupada en no sulfurarse porque el maldito cacharro no iba por muy fuerte que apretase el botón. Empezó a fruncir el ceño, porque no entendía por qué la cafetera se había empeñado en no funcionar… Él había metido el cosito de colores en su sitio y le estaba dando al botón, no había mucho más que hacer, ¿no? Es decir, el cacharro trabajaba por sí solo, no había que andar haciendo nada más. Pero Winter, acostumbrada a su propia cocina enseguida se dio cuenta de lo que fallaba: ¡no la había enchufado! ¿Y cómo iba a saber Rowan que la cafetera estaba desenchufada?

Observó cómo la rubia toqueteaba un par de cosas en la máquina que a él ni se le había ocurrido que había que tocar, colocó una taza para recoger el líquido que saliera (bien, al menos ella había sido consciente de que se podía armar una buena si no se ponía una taza o un vaso) y finalmente, enchufó la cafetera. Rowan, quieto como un muerto, volvió a apretar el botón verde una vez más, con la esperanza de que por fin funcionase, ahora que Winter le había echado un cable y un montón de soniditos empezaron a salir del armatoste. El olor a café empezó a inundar la cocina, pero también otro mucho más dulce, así que el demonio se quedó mirando la taza y el líquido que no tenía mucha pinta de café. La confusión se adueñó de su rostro porque no sabía qué narices chinas era eso… - ¿Estás segura de que eso se puede beber?- Le preguntó, con bastante desconfianza. No le gustaba como olía; muy, muy dulce, y mucho menos el color; muy, muy claro. A ver que no es que en una cápsula de esas que había metido pudiera haber veneno, sería todo como muy raro, pero Rowan tenía muy claro que si él probaba aquella cosa que había salido de la máquina probablemente no le gustaría. Y Winter se aprovechó de ello, para llegar y plantarle un beso en la mejilla…

Si él no hubiera estado tan distraído pensando en lo que ella estaba bebiendo, se habría podido apartar, incluso habría podido sujetarla para que no intentase besarle pero simplemente, no pudo. Le lanzó una mirada asesina, porque una cosa es que fuera su cuidador y niñero, que estuviera intentando mantenerla con vida algo más de 24 horas sin que sufriera un accidente o se le infectase la herida, pero otra cosa muy distinta era que de repente se hubiera convertido en su peluche. O lo que era mucho peor: su amigo. Amigos, Rowan los podía contar con los dedos de una mano, o solo con un dedo, porque la única persona que podía considerar amiga era Arthur, así que se plantó en la otra punta de la cocina, para evitar futuros ataques de cariño por parte de Winter.

- Yo no diría cucaracha; quizá un mosquito… Son molestos, me ponen de los nervios y de vez en cuando se dedican a picar a la gente, como tú cuando me abrazas.- Comentó, sin intención de herir los sentimientos de Winter. A veces podía ser un poco serio, cruel con sus palabras pero porque simplemente decía lo que pensaba. Y si tenía que comparar a esa chica con un animal que le gustase más bien poco, sería sin dudarlo, con un mosquito.- Además, no sé si te has dado cuenta pero te gusta mucho hablar, y es como cuando tienes a un mosquito zumbándote en la oreja, así bzzzzzz- Ui que si le gustaba hablar, estaba seguro de que Winter le habría hablado a la gata de no haber estado él allí. De hecho, incluso estando delante de ella, a veces le dirigía un par de palabras al animal. Definitivamente, ella era como un mosquito, un mosquito muy rubio, pero un mosquito al fin y al cabo.- Los humanos sois muy irónicos, ¿sabes?- Comentó, apoyándose sobre la encimera.- Tú te comparas con una cucaracha, y aquí en Nueva York hay un barrio que se llama Hell’s Kitchen, y no sé por qué, pero a veces no entiendo vuestra ironía… En el infierno no hay cocinas, te lo puedo asegurar.- Aunque debía de reconocer que la primera vez que había oído ese nombre de la boca de un mundano, le había hecho gracia. La cocina del infierno… Había que joderse. La ignorancia de los humanos acerca de lo sobrenatural a veces era tal, que acababan cayendo en lo absurdo.

- Esto… Café negro. Osea solo, sin azúcar ni nada.- Y además bien fuerte. Cuánto más amargo estuviera el café, más le gustaba a Rowan.
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Lo vio irse a la otra punta de la cocina, en un claro intento de poner tierra de por medio. Eso no le ofendió, de hecho se le escapó una risilla disimulada. Era como un niño cuando no quiere que le abracen y se enfurruña en un rincón lejos de los adultos. La siguiente comparación le hizo fruncir el ceño. ¿Le acababa de decir que era una chupa sangre? Pero es que no contento con haber ofendido un poco a Winter también le dijo charlatana. Y vale, ella sabía que hablaba bastante pero no sabía que llegaba hasta el punto de sobrecargar a las personas. Abrió la boca para protestar, pero en cambio solo boqueó como un pez fuera del agua. Sí, se sentía herida. ¿Por qué? Porque la había llamado molesta y pesada.  Bajó la mirada hacia la taza que tenía entre las manos, el líquido caliente no ayudaba en pleno verano en Nueva York. Quizá si le ponía un poco de hielo se enfriaba lo suficiente como para que al beber el café no le levantase llagas en la lengua. Tal vez  también era algo exagerada. Sus cejas se juntaron aún más.

Dejó la taza aparcada en la encimera gris y empezó a ordenar las cajas con las cápsulas que Rowan había desordenado. La rubia era muy ordenada, pero en ese justo momento estaba intentando evitar al moreno.
-Se llama Hell's Kitchen porque antes era el peor barrio de Manhattan, habían asesinatos múltiples con frecuencia y hacía una calor insoportable.- Aclaró como si nada, como si no le hubiera sentado mal que él le dijera que era un incordio andante. Que era de esperar que pensara eso, en el poco tiempo que habían compartido, Winter se había metido en más fregados de los que se había metido en toda su vida. Así que decidió que ya no iba a dejarle que la ayudara más. Ella no era la carga de nadie y menos porque una de sus ancestros dictaminara que era una buena idea tener un demonio a su disposición. -Bueno, perdona si no todo el mundo hemos estado en el infierno.- Comentó mientras ordenaba la última caja. Procuró hablar lo mínimo.
Asintió con la cabeza ante la petición del demonio. Café solo, era lo más fácil de hacer. Rebuscó en las cajas procurando no desordenar nada de nuevo, cuando encontró la capsula que necesitaba la metió en la cafetera y puso una taza blanca. En un periquete el café estuvo preparado, Winter se lo tendió a Rowan, con una sonrisa pero muda. Se volteó hacia el armarito y sacó una bandeja con muffins de diferentes tipos y galletas caseras. -Hay muffins de chocolate negro y de fresa. Las galletas son con chispas de chocolate con leche. Pero si prefieres puedo hacerte tostadas.- dijo escuetamente. No quería conversar pero pensó que tendría que desayunar, al menos. Y aunque le había hablado educadamente, carecía del calor y la algazara típica de Winter. Podría parecer una pataleta de niña malcriada, pero eso no era para nada la intención de la rubia. Su propósito era la de no molestar al demonio con su actitud irritante, además así le servía para saber que él no quería conocerla y que debía mantenerse en su sitio.




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Se dedicó a mirar cómo Winter colocaba todo lo que él había desordenado al meter las manos en aquella cocina. No le había dado tiempo a estropear demasiado el orden que allí había, pero podía verse que las cápsulas del café estaban todas mezcladas ahí a lo loco, cuando probablemente antes habían estado separadas por colores. Supuso que tendría que añadir “controladora” y ”maniática” en la lista de defectos, justo debajo de “manos largas” y “cotorra”.- Tampoco os perdéis nada; mucho calor, almas errantes que sufren la condenación eterna, muchos demonios… Lo de siempre.- Comentó distraídamente, exagerando incluso el panorama que un humano se encontraría de entrar al infierno.- Claro que se me olvidaba que cuando uno de los tuyos baja allí no suele volver.- Pero Winter tenía razón; ¿cómo iban ellos a saber cómo era el infierno, si todo humano que pisaba aquel lugar ya llegaba muerto? O mejor aún, ¿qué demonio se iba a poner a contarle a un humano qué había allí abajo cuándo había temas de conversación mucho más interesantes como las cucarachas?

Alargó la mano para coger la taza que Winter le tendía con una sonrisa, y llegando a rozar sus dedos con los de ella antes de que los retirase. No se había dado cuenta de que esa sonrisa no era como las otras, que ella se había molestado por su comentario acerca de lo molesta que la encontraba. No lo había hecho aposta, seamos sinceros, pero Rowan tampoco se caracterizaba por ser un trocito de amor, de hecho, aún siendo tan borde como era era probablemente el demonio más amable y tranquilo que existía en aquel planeta azul. Arrugó la nariz ante la mención de la comida, nada de lo que había dicho le abría el apetito lo suficiente como para comer algo.- No tengo hambre.- Dijo simplemente. Él prefería otro tipo de sabores, pero para ser sincero, su estómago aún no le pedía nada, incluso el café parecía demasiado para Rowan. Hacía tiempo que la comida y la bebida habían dejado de ser placeres para él, y se habían convertido en un ritual necesario para continuar existiendo.

Recortó la distancia que le separaba de Winter, esa que él mismo había impuesto, para quitarle la bandeja de las manos y dejarla sobre la encimera. Las galletas que estaban apiladas en pequeños montoncitos de dos o tres se desequilibraron y se cayeron unas encima de otras.- Y tú deberías dejar de moverte, una cosa es que ya estés mejor y otra es que seas incapaz de parar. Coge lo que quieras desayunar tú y quiero que plantes tu delgado culo inquieto en el sofá.- Y la miró de un modo que claramente le advertía “si no vienes en menos de cinco segundos y me haces caso, te llevaré yo mismo”, de esa manera que sólo un demonio podía hacerlo y provocar escalofríos, de esa manera que invitaba a no desobedecer incluso aunque se quisiera. Volvió a coger la taza, la cual había soltado antes, y se puso camino hacia el salón. Mentalmente, fue contando los segundos que tardaba Winter en ir, cojeando detrás, porque tenía literalmente cinco antes de que se diera la vuelta y la llevase sobre el hombro cual saco de patatas. Recogió la chaqueta que se había quedado olvidada en medio del sofá, poniéndola sobre la mesita de café para que Winter se pudiera sentar e incluso estirar la pierna mala si lo consideraba necesario.

De manera casual, se llevó la taza con el café ardiendo a los labios, antes de sentarse. Supuso que si ambos estaban ahora allí, iban a tener que hablar de algo, que no iban a mirarse a la cara… Que sí, que podían hacerlo, Rowan no iba a tener ningún problema con aquello, pero probablemente Winter reventaría antes de estar cinco minutos en silencio. Una vez se acomodó en el asiento, se llevó una mano al puente de la nariz, cayendo en la cuenta de que le iba a tocar hablar, y probablemente fuera de cosas referentes al mundo de las sombras, porque conociendo a la rubia, sería raro que no preguntase, por ejemplo si los zombies o los fantasmas existían… Cosa absurda por cierto.- Creo que debo estar loco…- Se dijo a sí mismo antes de tomar aire.- Bueno, supongo que si quieres saber algo de por qué un licántropo te atacó anoche, o de cualquier otra cosa extraña que te pase por la cabeza, es el momento de hacer preguntas. Los OVNIS no cuentan, por cierto, eso no existe.- Aunque seguro que le salía con cualquier otra, como el hombre del saco, o el mito de los cocodrilos en las alcantarillas de Nueva York. Casi podía decirse que Rowan estaba curado de espanto, las ocurrencias de Winter siempre lo dejaban sin palabras.
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