07/08 - Estimados habitantes del submundo. ¡Aquí tenéis las noticias con las actualizaciones/nuevas propuetas/ideas del foro! ¡Pasaos cuanto antes a echar un ojo!


10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


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Should I trust you? |Christopher O'Dare|

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Should I trust you? |Christopher O'Dare|

Mensaje— por Emily Yates el Jue Sep 08, 2016 7:17 pm

Había pasado más de un mes desde que leyese la carta de su madre, y en todo ese tiempo rara vez había conseguido Emily conciliar el sueño durante una noche completa. Ni siquiera cuando dormía con Jack, que solía ser sedante para ella, podía dormir más de tres o cuatro horas sin despertarse sobresaltada por pesadillas en las que veía el cadáver de su madre rodeado de un humo negro que adoptaba forma humana antes de desaparecer. O en las que veía a Mishka atacándole. O la figura de una mujer sin rostro que la contemplaba con odio antes de lanzarse sobre ella con la muerte escrita en los ojos.

Cuando estaba con Jack le mentía, asegurándole que era por otra cosa, como el cansancio o el mal ambiente y los rumores que corrían por el submundo, aunque sabía que él no terminaba de creerle del todo, pero ni quería preocuparle ni quería pelearse con él, porque eso no era algo que ninguno de los dos necesitase en ese momento. Luego se acurrucaba contra él, le veía dormirse y le sentía respirando profundamente a su lado, hasta que el sueño le terminaba venciendo.

No obstante, cuando se encontraba sola entre las sombras de su habitación, los fantasmas sin cara que la acosaban aparecían en cada esquina para atormentarla. De niña había habido un tiempo en el que había acudido a la cama de Dina para hacer huir sus miedos, pero la relación se había enfriado ligeramente tras la aparición de la carta, y aunque ambas tenían la certeza de que ninguna soportaba más esa situación, aún no habían dado el paso.

Sin embargo, Emily sí que había avanzado por cuenta propia. Después de más de veinte días de malos sueños, llantos a escondidas, odio y remordimiento, se había mirado una mañana al espejo del cuarto de baño, con el pelo azul enredado y despeinado, y había decidido que ya era suficiente de lamentaciones. Había ido a la peluquería más cercana y se había vuelto a cortar y a teñir la melena, pero en esa ocasión había escogido su color natural. Ese que había ocultado para mostrar su rebelión contra su propia naturaleza, contra un destino que no podía controlar. Ese que había decidido volver a lucir para mostrar su avance, su cambio.

Ya no habría más miedo a lo desconocido, ni a sí misma, ni al amor. Ya no habría más llanto, ni más arrepentimiento. Sólo determinación, teñida por algo de amargura y de odio. Sería todo lo que su padre y sus medio hermanos odiarían que fuese, ya no sólo porque esas eran sus propias convicciones, sino porque así estaba segura de que terminaría enfrentándose a ellos tarde o temprano.

También había cogido las cosas de Susan, empacadas y escondidas desde hacía años, y había abierto y revisado completamente. No más miedo. No estaba muy segura aún de qué sentimientos despertaba su madre en ella, pero sabía que no podía seguir huyendo de su sombra el resto de su existencia.

Por último, utilizaba las noches en las que no podía dormir para salir a la calle a buscar información sobre la familia de su madre, sobre su hermano pequeño, Bastian, y, al mismo tiempo, para despejarse la cabeza e intentar solucionar sus propios problemas mentales. Porque no iba a poder pasarse toda la vida igual, llorando, quejándose y pataleando por las cosas que le traumatizaban; eso era lo que había decidido con Jack el día que se habían encontrado por el vampiro. En el fondo le sentaba mal no contarle que estaba teniendo pesadillas con la muerta de su madre, y sabía que tarde o temprano lo terminaría haciendo, porque no soportaba tener secretos para él. Era lo que también se habían prometido, ¿no? No más secretos. No mas sensaciones amargas debajo de las costillas.

La pesadilla que le había arrancado de la cama esa madrugada había sido sobre Jack, precisamente. Jack, que le había mirado con sus ojos azules llenos de preguntas sin respuesta, llenos de dudas, incluso llenos de rencor, porque estaba muriendo en sus brazos por no haberle contado nada. Por no haberle contado la verdad. ¿La verdad sobre qué?, le había preguntado. Su respuesta le había ensordecido y no había llegado a percibirla, pero sabía que era lo que le había dicho despertarse entre lágrimas.

Y sabía que no podía continuar así ni mucho menos.

Cuanto más pateaba el suelo con toda la fuerza de su cuerpo mientras caminaba por las calles de Manhattan, más convencida estaba de que debía tratarlo con él cuanto antes. No podía seguir así. No podía seguir sintiéndose así. Había decidido cambiar y debía esforzarse por hacerlo.

Abstraída en sus pensamientos, sus pasos le habían dirigido hacia Central Park. Emily sintió un golpe de nostalgia al identificarlo como el primer sitio donde había visto a Jackson después de tantísimos años sin tener siquiera una noticia suya. El corazón se le apretujó violentamente dentro del pecho y tuvo ganas de llorar; muchísimas ganas, de hecho. Se pasó el dorso de la mano derecha furiosamente por los párpados para cortar las lágrimas antes de que surgieran, y entró en el recinto verde, aspirando el aroma de la noche en la hierba y en los árboles. Caminó con cuidado, despacio, recordando que la misma tarde-noche que ella había sufrido el accidente en Brooklyn, gente había avistado fantasmas también allí. Sin embargo en ese momento no le pareció ver nada sobrenatural. Respiró profundamente y caminó, aún tensa, echando de menos a Danielle más que nunca. Había desaparecido, como tantas otras personas en su vida, y lo había sentido como una pequeña traición, pero tampoco podía culparla. Seguramente sus motivos habría tenido para hacerlo.

Se perdió un rato entre los árboles, atenta a cualquier pequeño movimiento, pero con la mirada distraída en cualquier parte. Por eso tardó más de lo que habría debido en darse cuenta de que algo rompía el silencio propio de la naturaleza en la noche. Un débil jadeo que se mezclaba con el crujir de las hojas mecidas por el viento; una respiración entrecortada que indicaba claramente que se estaba sufriendo. Emily aceleró el paso, intentando identificar la situación de la persona o de la criatura que debía encontrarse herida, y se alegró de no tardar demasiado en dar con ella, porque al llegar a sus pies había tanta sangre que si se hubiese entretenido algo más, quizás no lo habría contado.

Dios mío... —se lanzó de rodillas hacia donde estaba el cuerpo.

Se trataba de un muchacho joven, un nefilim, que tenía una enorme herida en el pecho. La estela se le había resbalado de entre los dedos y estaba en el suelo, a su lado, lo que le indicó que intentó hacerse un iratze antes de perder las fuerzas y el conocimiento. Estaba muy pálido, y al ponerle los dedos en el cuello, sintió la piel más fría de lo que debería. Sin pararse a pensar qué podía estar haciendo o qué podía haber pasado, colocó las manos sobre la herida y empezó a utilizar su magia para que empezase a cerrarse.

Vamos. Vamos, chico, vamos. No te mueras ahora. No te mueras... —hubo un parpadeo, como el aleteo de una mariposa, en sus ojos, y se abrieron, brillando de un color oscuro. Respiró con profundidad, y en su cara se dibujó una mueca de dolor—. Eso es. Eso es, aguanta. Aguanta. No te quedes dormido.

¿...Bru-bruja? —consiguió decir.

—comentó con una risa nerviosa—. Puedes decirles a tus amigas que la Matadragones te está curando gratis. —Él también se rió entre dientes, y Emily apretó aún más las manos contra su pecho, como si así pudiese acelerar la curación—. Por favor. Por favor...


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¿Dónde?, ¿dónde está?, ¡le dije que no se alejara!.
Jadeo, a mis espaldas he dejado el famoso carrusel de C.P, mis pulmones dan su máxima capacidad mientras corro cuesta abajo en una leve colina pasando el primer puente sobre el arroyo Este, salto por encima de unos matorrales abriéndome paso en un espacio amplio y verde con muy pocos árboles a su alrededor; los escucho detrás de mi, deben ser por lo menos dos... quizás tres... el cuchillo serafín en mi mano derecha se agita iluminando parpadeante el césped mientras avanzo con grandes zancadas. Es ahora o nunca, sólo un poco más lejos de los árboles para que no se escabullan, vamos, asquerosos demonios. Miro por encima del hombro, me tienen, en campo abierto no soy lo suficientemente rápido... a menos que... me deslizo en el césped con una rodilla bajo de la otra llevando el impulso de mi carrera, frenó lento en mi descenso usando el talón de mi pierna estirada y observo en cámara lenta a los 2 rapiñadores pasar a cada lado como bestias tontas; son segundos, apunto mi cuchillo serafín con la hoja inclinada a 45 grados en el rapiñador de la derecha y secciono la mitad de su cuerpo escuchando un horrible grito mudo del demonio antes de que desaparezca explotando en icor. Me incorporo girando sobre mi cuerpo al frente con una voltereta y esquivo el salto que hizo el segundo rapiñador cuando volvió a aproximarse en cuanto se dio cuenta que me perdió de vista.

¡Eres un asqueroso demonio!— Blandí el cuchillo trazando una estocada de arriba a bajo en vertical para acabar con el último rapiñador cercenando su cabeza que botó metros adelante separándose del cuerpo con icor brotando y del que no pude evitar que manchara la chaqueta de cuero como mi rostro muy cerca de los ojos. ¡Caramba, arde como los mil demonios!. Grito bajo y enfurecido, suelto el cuchillo serafín del que escucho chirriar por lo ácido del icor, me quito la chaqueta, la giro al reverso para limpiar con el forro mi rostro antes de que comience a quemar más. No veo bien, maldita sea... ¡no veo nada bien!. Saco mi estela del bolsillo marcando un iriatze sobre la yugular lo más cercano al rostro y hago una segunda runa para visión nocturna sobre el antebrazo derecho esperando que por lo menos eso me de un plus con mi borrosa visión actual. Y apenas funciona, lo último que necesitaba era ver siluetas borrosas mientras corro en un parque a la mitad de la noche con quién sabe cuántos más demonios y hadas... o seres mágicos burlándose a mi alrededor.

No tenía que acabar así, de todas las posibilidades, ¿qué pensaba que sucedería?, tan iluso y mira lo que pasó; es mi culpa, maldita sea, mi culpa. Yo acepté tener un compañero diferente en lugar de Adeline para cubrir más terreno, propuse patrullar la zona que se había estado evitando y desmentir los rumores de demonios merodeando por todo el maldito Central Park, no tenían que ser reales, ¿cómo se me pudo ocurrir justo ahora confiar que el pueblo mágico nos daría ayuda en caso de ser emboscados como sucedió apenas pusimos un pie en el pasto?. Estamos en guerra, todo lo el mundo lo está, y he actuado sin pensar. Necesito encontrarlo, por el Ángel, debo encontrarlo antes que ellos o cualquier enemigo cercano lleguen primero porque se correrá la voz... Dos nefilim perdidos en territorio de hadas. Uno seguramente con herida mortal y el otro con una verdadera desventaja.
-Respira, Central Park es enorme y con puntos ciegos, vas a encontrarlo pero evitará el estanque de la tortuga. Recuérdalo- Sí, sí, sé qué zona está prohibida para nosotros, o al menos considerada "prohibida", a altas horas de la noche no hay problema para exponer una batalla al aire libre u otra emboscada. Tonto mundano sí me llego a encontrar con uno. ¡Demonios, dónde se ha metido!.

El cinturón sujeto a mi cintura hace sonidos metálicos desesperantes al correr y saltar desorientado del camino que sigo volviendo a entrar en el denso ¿bosque?, ya tropecé 2 veces con rocas que no he podido ver, y una más en el pequeño arroyo donde me empapé hasta la ropa interior (déjame decirte que no estaba nada caliente el agua), y por poco yo mismo me entierro el segundo cuchillo, de 3 que llevo, en mi cuerpo. Estoy desesperado por hallar a Jofrey... Jeffrey... Jefferson... no recuerdo bien su nombre... pero seguramente el pobre está o muy escondido o tan herido que no puede ni siquiera alzar la voz para llamarme sí me acaso me vio corriendo como idiota en su búsqueda. Corrección, un idiota medio ciego a punto de caer en pánico porque ha pasado mucho desde que tuvo acción "al aire libre".
¡Jeffrey!— Grito en lo alto (¡ah!, ése es su nombre) mientras me detengo jadeando en un sendero de tierra y grava desproporcionada; me apoyo en las rodillas recuperando el aliento, me tiembla el cuerpo por la adrenalina, escucho todo menos la señal que quiero pero por el rabillo del ojo derecho me llega un destello de.... ¿algo?, ¿luz?, ¿chispas?.... Qué rayos. Trago saliva apretando los labios, puede ser él. —Sarandriel— susurro el nombre que da vida al cuchillo, sin pensarlo dos veces empiezo a trotar en la dirección que mis ojos heridos ven ese brillo extraño oculto tras varios árboles y arbustos. Distingo a varios metros de mi dos siluetas/sombras, una en el suelo y la otra casi encima de la primera como si la protegiera.... la ocultara... ¿la atacara?. No, no, eso no pienso dejarlo pasar otra vez.
¡Aléjate ahora, en el nombre de la Clave!— Aumento la velocidad empuñando con fuerza el cuchillo, corro y a escasos dos metros me lanzo con objetivo a la segunda silueta sobre la otra para abalanzarme encima y alejarla con el impacto del que por mucho o poco reconocí como mi hermano nefilim perdido. El trancazo fue brusco, tal vez pude haberle quitado al aire a la segunda persona y no me importo caer sobre él... ella... quién fuera... cuando ambos rodamos por una muy pequeña ladera entre golpes y patadas míos para poder debilitar al "atacante" de mi amigo. A final de cuentas yo volví a quedar encima con mis rodillas a cada lado de su cadera, inmovilizándolo, mi mano libre estrujando su cuello y con el cuchillo en la otra apuntándolo en alto con dirección a su rostro del que estaba viendo amenazante. —¡Di tus intenciones ahora, dilas, maldita sea, habla ahora!— cierro la boca respirando por la nariz sin control, parpadeo velozmente para que mi visión se aclare un poco más, no estoy recibiendo una respuesta como la que se esperaría, comienzo a sentir un escalofrío subiendo por la espina dorsal y al enfocar mi vista es... fue... no lograba comprender ni captar el monstruo que yo estaba siendo cuando un "clic" hizo en mi mente de reconocer esos castaños ojos oscuros y ¿ahora morena?. Tomé aire con fuerza por la boca, yo sabía quién era ella, ¿qué estaba haciendo aquí?. Más bien, ¿qué rayos estaba haciendo yo?.

¿Em... Emily?, por el Ángel... yo...— Suelto lentamente su cuello, mi mano tiembla con el cuchillo sujeto y lo dejo caer a un costado, mis labios se mueven pero no logro emitir palabra alguna. Palidezco, las nauseas vienen a la boca de mi estómago, enrojezco hasta las orejas por toda esa verguenza y pena de mi mismo... yo estaba por asesinarla, dios mío, ¡la iba a matar sin sentido alguno!. Trago saliva con fuerza, me incorporo lentamente sintiendo las rodillas inestables —nunca... yo... no quería hacerlo... sí hubiera sabido que eras...— Apenas en una milésima de segundo presencio lo que sucede 1) un agudo dolor en una parte del cuerpo que no identifico de inmediato, 2) lo estoy jurando, jamás había tenido contacto con seres tan diminutos que podrían caber o escabullirse dentro de un bolso de mujer, y 3) ¿En que cabeza se les ocurre que ese momento era el mejor para atacar a alguien con la guardia baja?. Sí, lo explicaré de la mejor manera posible. Dos pequeños "gnomos" (o duendecillos sí no estás tan familiarizada con los diferentes tipos de seres mágicos) aparecieron como gorilitas salvajes de la nada y con objetivos completamente misteriosos hasta que saltaron sobre mi como posesos demoníacos y me tumbaron lejos de la bruja para poder cortar/enterrar sus mini cuchillos en zonas del cuerpo que apenas percibo mientras alaridos frustrados + adoloridos salen de mi boca al tratar de quitarlos de encima.


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Re: Should I trust you? |Christopher O'Dare|

Mensaje— por Emily Yates el Dom Ene 15, 2017 6:30 pm

Pocas veces los minutos habían corrido tan despacio para Emily como en esos funestos momentos. Las heridas parecían ir cerrándose poco a poco, o eso le parecía a ella, porque cada vez su magia se diversificaba hacia menos sitios donde ser efectiva; no sabía cómo podía saberlo o percibirlo, pero lo notaba con una cierta claridad, como si de sus dedos saliesen diferentes ramas y cada una de ellas se acercase a un corte o a una magulladura. Conforme iban desapareciendo, también lo hacían los pequeños hilos de poder, y así, el joven nefilim se curaba lentamente. La bruja no podía soportar la lentitud a la que se estaba sucediendo todo. El pecho del muchacho cubierto de sangre cada vez más reseca subía y bajaba despacio, casi con dificultad, y a Emily le agolpaban las lágrimas en los ojos, además de gotas de sudor en la nuca y en las sienes, a pesar de que no le conocía de nada. ¿Estaba aquello bien, acaso? No podía dejarle morir ahí en medio sin haberse esforzado en intentar salvarle. Pero, ¿habría hecho él lo mismo? Los subterráneos estaban en una mala época en su relación con los cazadores de sombras, por lo que ella sabía, ahora que se movía más entre los suyos, y si ella hubiese aparecido medio muerta en un rincón, quizás lo más clemente que podría haber esperado de su parte podría haber sido un final rápido.

Intentó dejar esos pensamientos fúnebres que le recorrían la cabeza mientras gastaba cada pequeña gota de su ser en restablecer a aquella criatura lo más rápidamente posible. Si malgastaba un solo segundo dudando podía terminar nublando su concentración y fallando en su propósito. Un poco más. Un poco más... Sólo un poco más. ¿Habría alguna forma de transmitirle sangre, o de restablecerla? Tendría que investigar un poco más a ver si...

Un grito rompió el silencio de la noche. El primer impulso que tuvo fue el de levantar la cabeza para contemplar al hombre que le había gritado, pero no podía para ahora. No cuando faltaba tan poco. ¡¡Tan poco!! Un fuerte envite la golpeó, tirándola al suelo y rodando con aquella persona por una pequeña ladera abajo, recibiendo contusiones, golpes e improperios en un confuso maremágnum que no le dejó pensar ni reconocer a su atacante. Le había parecido escuchar en un principio que la interpelaba en nombre de La Clave, y de forma casi perezosa pensó que desde luego no podía una esperar nada bueno de los nefilim. Ni siquiera un triste agradecimiento.

Pronto quedaron quietos en la hierba verde del parque. Recibió un leve golpe en la cabeza contra el suelo que le desenfocó la mirada durante unos segundos, notando el peso de un cuerpo caliente sobre su cuerpo, la presión de una mano áspera contra su garganta y casi percibiendo el frío acero de un cuchillo serafín sobre su cara. Parpadeó hasta que la imagen se hizo completamente clara ante sus ojos, y el rostro que encontró le trajo recuerdos viejos que había perdido durante mucho tiempo, pues hacía casi dos años que no veía a la persona que le estaba gritando mediante improperios que dijese cuáles eran sus intenciones. ¿Sus pretensiones? Aquello le hizo enfurecer. ¿Qué demonios le pasaba a aquel francés idiota? ¡¡Estaba salvando la vida del chico!! ¿¿Acaso estaba ciego?? Con la mirada ardiendo, apretó con fuerza la mano del cuchillo y casi rugió.

¿¡Se puede saber qué demonios te pasa, Christopher!?

Entonces fue como si un velo se hubiese quitado de sus ojos, pues encontró el reconocimiento en ello. La tensión del momento se redujo bastante mientras él la soltaba a la par que dejaba caer su arma sobre la hierba, repentinamente apesadumbrado. Casi se sintió mal por haberle gritado un segundo antes, pero pronto borró ese sentimiento, el cual fue rápidamente reemplazado de nuevo por la rabia. ¡¡Podía haberle matado!! ¿¿Qué mosca le había picado?? La última vez se habían separado cordialmente, ¿qué demonios le había hecho lanzarse sobre ella como si fuese un enemigo?

Le habría seguido gritando pero el nefilim fue repentinamente abatido por dos pequeños gnomos que se lanzaron sobre él con cuchillos en las manos, hiriéndole sin piedad. Cinco segundos necesitó Emily para reaccionar, lanzarles una bola de fuego a cada uno que les hiciese arder la espalda y atraer su atención sobre ella, quien les encaró con ojos furibundos y peligrosos.

¡Si sabéis quién soy dejadle ahora mismo! —Cada vez se sentía menos extraña haciendo alusión a su título, pues aunque generalmente le incomodaba notar que despertaba temor, odio y respeto a partes iguales, en situaciones como aquella era realmente útil.

Ambos se miraron entre ellos mientras se apartaban del nefilim. Emily se encontraba de rodillas, apuntándoles con las manos, quienes amenazadoras, prometían más dolor si se atrevían a alzar sus armas de nuevo contra Chris. De pronto, uno de ellos sonrió socarronamente e hizo una reverencia. La joven bruja no bajó la guardia ni por un segundo, observándole detenidamente.

Discúlpanos, oh, Matadragones, pues habíamos malinterpretado la situación. Pero nos había parecido que una de nuestros parientes lejanos corría algún tipo de peligro.

¿Parientes? —Emily soltó una risa jocosa—. Ahora resulta que brujas y hadas somos parientes y que nuestra seguridad os preocupa.

Nuestra sangre no queda tan lejana, hija de Lilith. Y sin lugar a dudas debes reconocer que ver a un nefilim amenazando de muerta a una bruja en estos lugares demanda una respuesta por nuestra parte, cuando tan candentes están las cosas ahora entre los hijos de ángel y los hijos de los demonios.

¡Basta! —Emily frunció el ceño. Las hadas, manipuladoras, eran totalmente de su desagrado—. Marchaos y dejadnos en paz.

Claro, gloriosa adalid de los indefensos —proclamó con sorna el que había hablado siempre—. Pero antes queríamos saber por qué el apuesto nefilim intentaba matar a quien trataba de salvar la vida de su compañero...

La muchacha se mordió el labio inferior. No tenía que ceder terreno ante ellos, no tenía, pero ella también quería saber por qué Chris le había atacado tan cruelmente. Sin dejar de centrarse en ellos, ni apartar las manos de su dirección, esperó a que el muchacho hablase y se explicase.


Última edición por Emily Yates el Sáb Ago 19, 2017 9:13 pm, editado 1 vez


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Re: Should I trust you? |Christopher O'Dare|

Mensaje— por Christopher O'Dare el Sáb Mayo 13, 2017 10:13 am

Percibo el ardor, es lacerante, los cuchillos de los pequeños seres endemoniados parecen cierras oxidadas de algún desperdicio encontrado en la basura, y también sentía sus apestosos pies saltando sobre mi espalda cuando dieron por hecho que sus intentos de "patadas" en las costillas no les serviría para un daño mayor. ¿Desprevenido cuándo?, los enanos habían atacado por la retaguardia; engañosos y detestables. De todas las criaturas del reino mágico eran los que más repugnancia me causaban y ni en un millón de años me imaginaría que sería sometido por dos de esos rufianes. Aunque la campana que me ayudó a salir de la pequeña tortura no fueron mis intentos ridículos por quitarlos de encima con lo ágiles que eran para zafarse de mis manos que cortaban igualmente con la burla en sus desesperantes risas. Oh no. Primero se manifestó una luz incandescente y en seguida el calor; fuego. Y no dirigido hacía mi sino a ellos.

En mi reflejo cubrí el rostro contra el césped, las manos a cada lado sobre mis orejas y encorvando el cuerpo para minimizar las quemaduras que jamás llegaron o sentí por un milagro de Raziel. Estaba -estoy- atónito, la visión enfoca y desenfoca, sí pudiera alcanzar mi estela dentro del bolsillo en mi pantalón tendría oportunidad para un Iriatze. Entretanto mis sentidos volvían a "la tierra" y el momento, escuchaba la voz de Emily lejana como si no le perteneciera, ¿cuánto tiempo había transcurrido desde la última vez?. Y claro, no podía faltar, de nuevo salvando mi trasero.

-Espera, ¿escuché bien?, ¿ella es la Matadragones?- Soporto mi peso en ambas manos al erguir mi espalda, exhalo el aire trabajosamente, la sangre de las cortadas pegándose a la camiseta me estremece y, más lento de lo que quisiera, flexiono las rodillas.

—¿Entonces...— Cierro los ojos torciendo el gesto, algo acaba de crujir a la altura de mi mandíbula —....quién debe disculparse a quien?— adolorido llevo la mano diestra al hombro contrario y quitó una de las pequeñas cuchillas que los engendros dejaron ahí. Reprimo un bufido de molestia —la verdad es que estábamos haciendo el trabajo que ustedes, duendecitos, debían de estar haciendo en su territorio en lugar de atacar a un nefilim por una muy mala equivocación— termino la frase incorporándome del césped con el ceño fruncido, saco de mi bolsillo la estela y marco en mi antebrazo izquierdo un feo iriatze mal trazado para que en seguida dirija la mirada seria al par de enanos que poco distingo con claridad —¿O ya tienen tratos con los demonios para que cuiden sus terrenos y así irse de vacaciones?— tal vez la última pregunta se escuchó como reclamo. Molesto y avergonzado, sentía que algo más volvía a olvidar después de toda esa adrenalina —Largo de aquí o tendrán problemas no sólo con esa bruja, también con un miembro del Consejo.

Sí protestaron o no, me dio igual, ahora que nos encontrábamos solos frente a frente podía respirar la tensión del peor "re-encuentro". Avanzo a ti ligeramente cojo, guardando la estela en el bolsillo trasero del pantalón negro, tiendo mi mano para ayudarte a poner de pie y tomo una gran bocanada o mi cabeza explotará de todas las escenas posibles donde me mandas a freír espárragos.
—Lamento haberte atacado— Froto mi sien derecha y después el tabique nasal con mi diestra —no debía pasar, estaba desesperado por encontrar a Jeffrey  y...— detengo mi frase en seco, lo que olvidaba volvió a mí como un relámpago destrozando todas las terminaciones nerviosas. Levanto las cejas, pronunciar el nombre de mi compañero me heló tanto que solté tu mano, di la espalda, corrí por mi último cuchillo Serafín y directamente paso a la ladera subiéndola con un esfuerzo tremendo para no perder más tiempo. —¡Apresúrate, Emily!.

Jadeo sofocado cuando escalo la ladera, llego al inicio del sendero terroso y emprendo la carrera al lugar donde recuerdo estaba tendido Jeffrey con Emily ayudándole. En el camino casi me estampo con matorrales, árboles y rocas, tropezaba constantemente pero nada me detuvo para llegar con mi compañero recostado en su propio charco de sangre; la visión de encontrarle pálido, inmóvil y con la mirada fija en el cielo fue horrorosa. Sentí terror
.
—Hey, hey, ¿Jeffrey?— Arrodillado junto a él, palmeo sus mejillas con suaves golpecitos, no tengo respuesta ni con un gemido y busco su pulso que... tampoco encuentro —¡por el Ángel, no te atrevas, idiota!— usó mi estela en su yugular y abdomen trazandole los iriatzes más veloces que jamás he hecho. Contengo la respiración, guardo la calma pero tanta sangre perdida es una mala señal. En mi mano izquierda marco la runa "Sangliers", titubeo, sé los efectos de tal runa, consecuencias y riesgos -sobretodo, un inmenso riesgo- pero no pienso sí vale la pena en desperdiciarla con un cadaver cuando trazo la gemela sobre el centro de su pecho para en seguida pegar mi mano ahí. La sensación por "donar sangre a fuerza" es arrebatadora, sin embargo en el proceso aplico con experiencia el RCP intentando agilizar el efecto de las runas curativas como sangliers. —¡¡merde, funciona, sil vous plait!!.

—¡Despierta ya!— Reclamó furioso, no escucho nada que no sea mi voz y la alarma por perder un compañero más. Pierdo fuerzas para las presiones sobre su pecho, sudando copiosamente, cierro los ojos diminuyendo hasta parar y me alejo estrepitoso del cuerpo de mi compañero en el segundo que lo escucho toser ahogándose con su propia saliva. Respiro con dificultad, me siento junto a él dejando los brazos caídos en el suelo, elevo la mirada hacia ti con toda la frustración en mi rostro desapareciendo a la vez que termino de palidecer —Ayúdalo, Emily, por favor, ya no puedo...— sonrió mareado, siento el dolor punzante en mis sienes y manos —sí se muere, yo mismo iré a donde sea que vaya para traerlo de vuelta— Ok, esa fue la incoherencia más tonta que he dicho pero ¿qué no es así como se sienten los héroes al salvar una vida?. En un segundo ahora estaba viendo el cielo y la copa de los árboles. ¿Que qué?. Estaba perdiendo el conocimiento y reía en bajo; oh si, el moribundo Christopher O'Dare deliraba con risas como sí fuese un día de campo en primavera.


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Re: Should I trust you? |Christopher O'Dare|

Mensaje— por Emily Yates el Sáb Ago 19, 2017 9:30 pm

Oh, vaya. Así que Chris no la había asociado con su nuevo sobrenombre. No supo cómo reaccionar a eso, pero tampoco le pareció tan importante como para tenerlo en consideración.

La verdad es que creo que tú me debes una disculpa —dijo, mordaz, mientras se arrodillaba a su lado en un intento de curar alguno de los cortes más profundos. Su magia chispeó cálida entre los dedos para aliviarle, aunque el gesto duro y retador no había desaparecido de su rostro.

Por un momento se olvidó del joven moribundo ladera arriba mientras escuchaba la conversación de Chris con los duendes, y cuando él le ofreció la mano para levantarse dudó sobre si tomarla o no durante unos segundos. Al final se alzó junto a él, aunque mantuvo la prudente distancia de la desconfianza. Acababa de atacarle, a fin de cuentas, fuese la excusa que fuese. Aunque pronto pareció olvidarse de su disculpa, desde luego, y no fue para menos. La figura del muchacho también recorrió la mente de Emily como un relámpago antes de lanzarse a la carrera detrás de su conocido, rezando a Dios para que no fuese demasiado tarde para poder salvarle la vida. Maldito y estúpido Chris con sus impulsos...

Lo encontró maldiciendo -o algo parecido- y dibujando runas en su cuerpo. Emily observó con horror todo el proceso, sin comprender absolutamente nada, y se mantuvo absolutamente petrificada a su lado hasta que el muchacho, Jeffrey, escupió sangre, reaccionando por fin a las atenciones de Chris. Sin embargo, este parecía no haber soportado demasiado bien lo que fuere que le acababa de hacer, porque empezó a decir chorradas, a delirar y a tambalearse. Y Emily, que tenía ya un humor considerablemente malo por todo lo sucedido, no pudo hacer menos que gritar, absolutamente frustrada por todo.  

¡Oh por favor! ¡Por todos los...! —Apartó a Christopher casi de un empujón, contemplando con desesperación las runas gemelas cuyo significado estaba lejos de comprender. Reconoció de forma soslayada las que le había dibujado horriblemente al principio; debían de ser las curativas, aunque ignoraba cómo se pronunciaban las muy malditas—. Todos los hombres sois unos puñeteros dramáticos. ¿¡Por qué no pensaréis más con la cabeza antes de actuar!?

Tras farfullar algunas maldiciones más se aseguró de que el francés estuviese recostado en el suelo antes de volver a colocarse al lado de su compañero, abrirle del todo la ropa y colocar sus manos sobre el pecho. Se había puesto un anillo esa mañana; el de la serpiente. El símbolo de Asclepio, patrón de la medicina griega. Apartó la mente de chorradas tales, respiró profundamente y usó todo su poder en empezar a curar el maltrecho cuerpo del nefilim. Estaba mal. Estaba muy mal. Entre ella y Chris habían conseguido arrancarle de la muerte por el momento, pero de algún modo sabía que tenía que poner todo su empeño en aquello o el joven no sobreviviría.

Quédate ahí hasta que se te pase el mareo y por lo que más quieras no me molestes mientras trabajo.

Minutos después empezó a notar un leve pinchazo en las sienes, pero lo ignoró. Poco a poco la intensidad fue creciendo hasta que el dolor de cabeza era algo sordo que le golpeaba por todas partes, pero no se apartó. Las heridas de Jeffrey -así había dicho que se llamaba el joven, ¿no?- tenían que ser cerradas, y si dudaba lo más mínimo terminaría muriendo. Los segundos pasaban como pesadas losas sobre su cuerpo, pero aún así, no vaciló, no cejó, no se detuvo. Jack la habría matado por arriesgarse tanto por un desconocido, pero simplemente no podía dejarle morir ahí.

Abrió los ojos cuando le pareció que la respiración del joven, aunque débil, se volvía constante, y vio que había recuperado parte del color, si bien resultaba evidente que no podría moverse solo en un tiempo. El rastro de las runas había desaparecido, así como las heridas más graves que llenaban su cuerpo; sólo quedaban cortes no demasiado profundos que podían ser tratados fácilmente y que no ponían en peligro su vida, pero aún así Emily se aseguró que la sangre no manase de ellos, como intentó reparar cualquier posible desgarro de tejido dentro del cuerpo del joven, del mismo modo en que puso todo su empeño -no supo cómo- en detener cualquier tipo de hemorragia interna que pudiese haber tenido.

Al terminar, toda la tensión que había acumulado en su cuerpo pareció explotar como una casa, y ante los ojos claros de Chris, el cuerpo dejó de sostenerle y se desplomó. El último pensamiento que le surcó la cabeza era que mandaba narices que al final el único cadáver iba a ser el suyo.


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Re: Should I trust you? |Christopher O'Dare|

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