07/08 - Estimados habitantes del submundo. ¡Aquí tenéis las noticias con las actualizaciones/nuevas propuetas/ideas del foro! ¡Pasaos cuanto antes a echar un ojo!


10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


38 # 40
23
NEFILIMS
5
CONSEJO
11
HUMANOS
9
LICÁNTRO.
9
VAMPIROS
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BRUJOS
5
HADAS
3
DEMONIOS
1
FANTASMAS

[FLASHBACK] EL TRANSCURSO DE LA NOCHE || SUGAR - ARTHUR ||

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El transcurso de la noche
 → MINUTOS ANTES DE LA MEDIA NOCHE → TIME SQUARE  → TEMPLADO

Devastadoramente fascinante...

Aquel pensamiento golpeó con fiereza la psiquis de la fémina haciendo que volviese a anclar los pies en la tierra y comenzara a caminar, una sonrisa afloró en su rostro mientras descendía apresuradamente por la antiquísima escalinata del hogar que la vio nacer, ignorando el estruendo provocado por la puerta principal tras ser estrellada con violencia. Sabia que una vez que lo hiciese, no abría marcha atrás, no necesitó darse la vuelta para comprobar la mirada reprobatoria de su madre a los pies del ventanal de su alcoba ni la decepción que teñiría irrefutablemente los ojos de su padre, asomado por la mirilla de la puerta.

Habían colocado todas sus esperanzas, sueños y aspiraciones sobre los hombros de aquella muchachita altanera y egoísta que solo parecía pensar en si misma sin preguntarse ni una sola vez si acaso la cruz que le habían impuesto era demasiado pesada para ella. Ahora que se marchaba, podrían dar fe de que así era. Para ellos aquello no era mas que un acto de rebeldía e insensatez adolescente y confiaron en que en cuanto la chica superase su enojo volvería a casa luego de unos cuantos días ¡Que sorpresa resultaría para los Gwendoline cuando se percataran de que ese día nunca llegaría!

Sugar Beth sabia que no era así, sabia que aquella noche no seria igual que otras tantas en las que amenazaba con marcharse. Esa vez, cuando abandono la estancia familiar corrió hacia  sus aposentos, tomo su bolso, lo lleno con unas cuantas pertenencias y partió sin destino fijo hacia la urbe.

No volvería a poner un pie en esa casa, estaba mas que segura de eso.

Ahora no tenia a donde ir, pero sentía una arrolladora libertad que en sus dieciocho años recién cumplidos nunca había conocido, y mientras vagaba por las calles neoyorkinas evitando ser arrollada por los transeúntes que parecían demasiado ocupados y enfadados como para maravillarse con las esplendorosas luces de la ciudad como hacia la jovencita, sabia que había comenzado a dictaminar su propio destino.

Camino por lo que pareció una eternidad a través de la séptima avenida y se detuvo abruptamente cuando llego al mismísimo corazón del Times Square, en  ese momento se permitió cerrar los ojos y percibir el olor a almizcle, humo y civilización, el ruido de la habitual caminata presurosa de los peatones y la brisa nocturna que le acariciaban las mejillas y le despeinaban la violácea melena. Su corazón parecía estar a punto de abandonar su pecho  y  emanaba alegría por cada poro de su piel –Lo hice , si que lo hice– una risa nerviosa surgió de sus labios, provocando que uno que otro seño fruncido se volviese a mirarle sin demasiado detenimiento, deslizó las manos desde la frente, surcando los pómulos y deteniéndose sobre sus labios en el momento justo en que la risa murió, sustituyendo la adrenalina y la emoción por un arrollador sentimiento de incertidumbre y temor –Mierda… lo hice– el murmullo se perdió entre el ruido de la urbe, pero había dejado a su nueva locutora una gran preocupación; había enviado todo por un tubo y no tenia idea de cómo volver a empezar.



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Re: [FLASHBACK] EL TRANSCURSO DE LA NOCHE || SUGAR - ARTHUR ||

Mensaje— por Invitado el Dom Sep 18, 2016 1:35 pm

El transcurso de la noche
→ MINUTOS ANTES DE LA MEDIA NOCHE → TIME SQUARE → TEMPLADO
Arthur contemplaba Nueva York en silencio, con ese aire de seguridad que haría pensar a cualquiera que era el dueño de la calle. Antes sabía medir muy bien los gramos de seguridad que le imprimía a sus ojos azules, cuando era más recatado y utilizaba códigos de protocolo, una pulcra educación… ah, pero no, ya no. Esos tiempos estaban pasados y ahora poco le importaba al brujo quien le mirase, él era el brujo, él era poderoso, y no iba a disimularlo. Claro está que tampoco podía corcovear alegremente por Nueva York con sus patillas de cabra, dejaría un paso de damas desmayadas y hombres alucinando en su caminio, el denso glamour que le envolvía las piernas era, básicamente, un acto de amable deferencia hacia los nephilim. Claro que también era glamour diseñado para que los propios hijos del ángel tuvieran problemas para ver lo que era en realidad. Sabían borrar de sus ojos los glamoures sencillos, pero cualquier cazador de sombras necesitaba mirar dos, tres veces al brujo, y poner mucha fe en observar lo que escondía. Así que sí, a efectos prácticos, también era un insulto. Como decir a voz en grito que les dejaría ver cuando él quisiera ser visto, y nada más.

A diferencia de la mayoría de transeúntes, Arthur no tenía prisa. Es decir, si tuviera prisa en ir a algún sitio chasquearía los dedos, abriría un portal, y sería visto y no visto. No, no, esta noche no perseguía lugares ni faldas, por una noche quería salir a sentir la sangre de la ciudad correr por sus venas, respirar su glorioso progreso que sabía a polución, y paladear la herrumbre de su sociedad corrupta y jerárquica, donde los ricos eran más ricos cada día, y los pobres más desgraciados. Estos mundanos… tan divertidos siempre. Además, tenía ideas en su cabeza, ideas que requerirían años de refinamiento antes de alzarse con la travesura perfecta. Se le había ocurrido al ver a un yonki, si, un yonki, suplicando en una esquina. Lo había mirado con sus ojillos desorbitados, anhelando un gramo más de lo que fuera que se metiera, y de pronto empezó a reír, exclamando que veía alas a su espalda, que Arthur era un ángel con sus rizos oscuros y sus ojos azules, enviado por el Dios Todopoderoso. Un ángel… criatura desgraciada, de haber sabido que la mitad de Arthur provenía de un demonio probablemente se lo habría pensado dos veces antes de decir eso. O no, porque claro, estaba drogado hasta las cejas. Pero aquel fortuito encuentro deslizó entre las neuronas del brujo una idea… ¿y si hubiera alguna forma de conseguir que los mundanos vieran un ápice de aquel mundo, tan solo unas horas? ¿Se volverían locos, adictos, las dos cosas?

Iba entretenido por los pormenores de esa idea, por una de las avenidas más importantes y atestadas de todo Nueva York cuando el olor floral de una melena púrpura le devolví los pies a la tierra. La observó, unos metros detrás de ella, que caminaba como si no estuviera en ese mundo. Tenía un culo que, efectivamente, no era de ese mundo, y le provocó una sonrisa muy poco decente. Pero aparte de ese pensamiento lujurioso, era verdad que la chica parecía estar muy lejos, en su propio mundo, y eso le llamó la atención.

— ¿Qué has hecho? Preguntó, espontáneo, adelantándose dos pasos para incorporarse al paso ligero de la chica. Era más alto que ella, tenía que mirar hacia abajo para encontrarse con unos ojos tan violáceos como su cabello, de una delicadeza única que le provocó un escalofrío. Debería decir que la juventud de sus rasgos le había hecho sentir algo, una mínima parte de remordimiento por haberse regodeado en la forma de sus nalgas, pero lo cierto es que para él no era ningún problema. — Si se puede preguntar, por supuesto. Arthur Clare, a su servicio.

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El transcurso de la noche
 → MINUTOS ANTES DE LA MEDIA NOCHE → TIME SQUARE  → TEMPLADO
La muchacha dio un respingo al escuchar la pregunta que indudablemente, parecía ir dirigida hacia ella y se volvió rápidamente hacia el extraño. El ceño que se había formado en su rostro se evaporó instantáneamente y contempló  el rostro ajeno y varonil a conciencia, embelesada, reparando en las profundas iris azules que le devolvían la mirada.

El estupor la mantuvo completamente muda por unos incomodos seis segundos en donde uno podía escuchar el molesto tic-tac del reloj imaginario, era una ausencia de sonido que podía significar una amplia variedad de cosas. La que mas resultaba evidente era su impresión ante la actitud relajada con la que se había acercado hasta ella, pues era la primera vez que alguien le había dirigido la palabra en todas las horas que llevaba deambulando por la ciudad.

La muchacha pestañeó repetidas veces e hizo un movimiento con su cabeza, como si la fuese a sacudir, signo de haber sido sacada de su ensoñación y haber vuelto a la realidad de golpe –Lo siento… no se donde tengo la cabeza, podría decirse que me he convertido en una homeless con todas las de la ley y acabo de darme cuenta que es menos divertido de lo que imaginaba– agregó rápidamente, con una sinceridad en su voz que le sorprendió incluso a si misma. Apartó la mirada, se llevó una mano al bolsillo delantero de los vaqueros y deslizó la otra por su cuello con imperiosidad –He terminado pensando en voz alta sin darme cuenta– Las iris violáceas se dieron a la labor de escrutar aun mas al bien parecido que tenia al frente  mientras hablaba, provocando que sus palabras sonasen arrastradas y perezosas. Las extremidades inferiores del hombre no pasaron desapercibidas para Sugar, que como única reacción ante las mismas se limitó a entrecerrar los ojos y mirarlo con suspicacia.

En cuestión de segundos, allí estaba otra vez; la actitud desafinada y jocosa que la caracterizaban por sobre todas las cosas y que solo se había dado a la fuga por un corto periodo de tiempo debido al estupor que le provoco el momento. Esbozó una sonrisa socarrona y extendió su diestra hacia Arthur esperando que el mismo la estrechara –Sugar Beth Gwendoline, un gusto… ¿De que clase de servicios estamos hablando?–




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Re: [FLASHBACK] EL TRANSCURSO DE LA NOCHE || SUGAR - ARTHUR ||

Mensaje— por Invitado el Mar Sep 20, 2016 10:53 pm

El transcurso de la noche
→ MINUTOS ANTES DE LA MEDIA NOCHE → TIME SQUARE → TEMPLADO

Arthur no tuvo la decencia de guardarse para sí mismo una sonrisa, ni siquiera de contener la satisfacción en las comisuras de la boca. Le costaba bajar de sus turbulentas nubes pero al menos tenía la decencia de reconocer lo guapo que era. Dio un paso hacia delante para ponerse a la altura de la muchacha, donde la distancia que los separaba en altura se hacía más evidente. Inclinó la cabeza, abiertamente sorprendido ante la naturalidad y la sinceridad con la que la bonita muchacha le respondió. Oyoyoyoi… a alguien no le han enseñado en casa que no se habla con desconocidos. Y menos aún con desconocidos brujos como él.

— ¿Homeless? ¿Una muchachita tan bonita como tú? Preguntó con teatralidad, alzando ambas manos con las palmas hacia arriba como para hacer énfasis, pero en un segundo las dejó caer a sus costados. — Aún así no deberías desdeñar tan rápidamente las opciones de tener un techo sobre tu cabeza, siempre puedes dormir a la luz de las estrellas.

Echó la cabeza hacia atrás, los rizos cortos que se ensortijaban en un delirio de curvas morenas, esperando encontrar la bóveda celeste cuajada de estrellas, pero lo único que encontró fue Nueva York, y no pudo evitar poner cada de disgusto. Nueva York se alzaba en su capricho, rascaba los cielos con sus frías estructuras, y estás lanzaban la luz artificial al cielo, apagando sus estrellas. Extrañó una época en la que las noches eran realmente negras, y al alzar la mirada al cielo las estrellas estaban allí, a puñado, verdaderas multitudes de supernovas y soles conjuntados en la distancia para la gloria de aquellos que se atreviera a mirarlos. Pero ahora lo único que había sobre sus cabezas eran picos de acero y cristal, erosionándose por el constante castigo del viento, y la contaminación lumínica dándole un velo rojizo a la ciudad.

— Hablar en voz alta es una mala costumbre, si me permites el atrevimiento. Respondió Arthur con una sonrisa. Era sencillo acoplarse a los pasos de la chica, con unas piernas mucho más cortas. Los ojos del brujo se entrecerraron de manera imperceptible para ella cuando se percató de cómo le miraba las piernas, con esa chispa en la mirada de los que son capaces de ver más allá, de los que al menos lo intentan. Miró su manita con una sonrisa encantadora, y en vez de sacudirla extendió su mano. Era grande en comparación, pero con la experiencia de hombres que ya no se educan en esta época, Arthur se dobló sobre la cintura para llevarse la mano a los labios. Besó el dorso con delicadeza, apenas un roce de labios efímero, la insinuación de lo cálidos que podían ser sus besos antes de dejarla ir con galantería. — Pues era una forma de hablar, love, pero me jacto de ser un hombre hospitalario… si hay algo que pueda hacer por una bonita homeless neoyorkina como tú, estaría encantado de hacerlo.

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El transcurso de la noche
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Su sonrisa se ensanchó hasta dejar expuesta por completo la hilera de dientes que la componían y dejó escapar una leve carcajada ante la pregunta de Arthur, se había quedado bastante corta en su explicación pero probablemente había sido la mejor opción. El desborde de sinceridad tan espontáneo con el que había respondido a aquel ser elocuente y particularmente atractivo no había sido su idea mas brillante ¿Quien va por ahí soltando sus desventuras a diestra y siniestra? alguien veraz por naturaleza, una cualidad ante sus ojos bastante desgraciada debido a su especie y que a veces le costaba sobremanera mantener a raya Touche...– Inclinó la cabeza hacia atrás, imitandole, y frunció los labios en una expresión de incredulidad; al parecer las estrellas no estaban muy contentas con aquella propuesta –Aunque no creo que ellas opinen lo mismo– argumento la chica, refiriéndose al panorama carente de astros mientras su cabeza volvía a su posición inicial aunque aun ligeramente inclinada hacia atrás, la diferencia de estaturas era bastante notoria y el mayor era mucho mas fornido que ella, pero no de una manera intimidante y brusca. Había cierta elegancia en aquella constitución y no hace falta mencionar como comenzaba a gustarle eso a Sugar Beth.

–En mi defensa, New york es mucho mas ruidoso de lo que hubiese esperado ¿Como pueden escuchar estas personas sus propios pensamientos? Alguien podría pararse con un megáfono a recitar a Garcilaso de la Vega y nadie entendería una sola palabra– cierta dignidad muda teñían sus palabras, su vena soberbia hablo por ella en ese instante. No le gustaba sentir que no tenia el dominio de sus propias acciones, causa inicial por la que se dio a la fuga de su hogar, y a pesar de que las cosas no estaban pintando demasiado bien, la inseguridad que le proveía New york y sus dudas respecto a si el haberse marchado había sido la mejor opción seria un secreto que se llevaría consigo a la tumba ¡No iba a retractarse! ¿Porque tendría que hacerlo? había dicho que se iría y punto, eso no iba a cambiar –Pero debo admitir que tampoco soy con exactitud una chica de modales refinados. Cariño, tendrás que disculparme–

Sugar sonrío con picardia y ladeo la cabeza ante el gesto galante, provocando que la melena se deslizara hacia un lado como una cascada de cintas violáceas –¿Hospitalario? ¿Algo así como un filántropo? Vaya, vaya. Que dicha entonces la mía, no creo que se me de muy bien esto de vivir debajo de los puentes pero estoy segura de que sabré arreglármelas–Bromeo descaradamente, una brisa nocturna le revoloteó el pelo, la muchacha deslizó una mano por sus cabellos con imperiosidad y miró fijamente Arthur antes de volver a hablar –Espero que tu ofrecimiento no tenga un plazo limite, me gusta pensarme muy bien las cosas–


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Re: [FLASHBACK] EL TRANSCURSO DE LA NOCHE || SUGAR - ARTHUR ||

Mensaje— por Invitado el Vie Sep 23, 2016 1:16 am

El transcurso de la noche
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Arrastrado por un presentimiento tuvo que parpadear, intentando alcanzar una chispa púrpura que se perdió en el fondo de las pupilas oscuras de Sugar. Estaba allí hace un segundo, ese resplandor brillante y pizpireto de las criaturas que moraban entre los árboles y poblaban el seno de los lagos, los feericos, las hadas, como queráis llamarlo. Lo reconoció como habría reconocido sus propias pezuñas en medio de un corral. Pero en vez de aferrarse a su a su confusión sonrió, resuelto, e hizo un gesto ambiguo hacia el cielo.

— Siempre han sido caprichosas, no se lo tengas en cuenta.

Ai, si él pudiera... chasquería los dedos en el centro de Manhattan y toda la ciudad se vendría abajo. Cada aparato electrónico conectado a un enchufe palidecería ante el poder de su magia, y cada luz mundana se apagaría en un brillo cenital. Y no quedaría más que la negrura para observar aquello que siempre había brillado. Y cuanto le gustaría hacerlo, si no fuera por los malditos Nephilim y la histeria colectiva. Estos mundanos, demasiado aferrados a lo que construían con sus propias manos, porque la mayor parte del tiempo eran lo único que conseguían comprender, como sus mentiras.

Se encogió de hombros ligeramente, mirándo a su alrededor como si el ruido tuviera una forma física. En Nueva York prácticamente la tenía. La primera emisión era visible, palpable, de hecho, si tenías el ojo lo suficientemente rápido para seguir la estela borrosa de los coches. Pasaban por las carreteras sin parar, eran los glóbulos rojos que recorrían las venas de asfalto de la ciudad y le insuflaban vida. La vida no era tan distinta a la que había conocido doscientos años atrás, sólo había... cambiado. Por lo menos ahora las grandes urbes ya no tenían ese eterno perfume a mierda de caballo instalado entre los adoquines. Después estaba la gente. Desde los altos edificios no eran nada por separado, formaban una marea interminable, extendiéndose como los gusanos por la Gran Manzana, cada uno con su voz y sus tacones, y ese pitido de un teléfono con un mensaje perdido. Eran un coro que no tenía sentido sin sus cientos de voces.

My lady... Suspiró, con una sonrisa digna del caballero que había sido otrora. — El mundo perdió el eco de su armonía en los años pasados, la vida sabe a prosa manida cuando los labios que antes la cantaban han olvidado a la poesía. Fallece, entonces, el romanticismo. Es tan sencillo como saber que el mundo ha olvidado como escuchar.

En el fondo la dama no estaba escasa de razón. El mundo se había acelerado tanto que incluso criaturas como él a veces perdían el ritmo. Con los siglos era imposible no descompasarse a veces, como tener dos pies izquierdos. A él mismo le había pasado después de demasiados años de estudio y contemplación, cuando su voz era la única que escuchaba y no tenía más compañía que su pensamientos. El ruido le había dejado sordo, a veces perdido y maravillado en la sucia sinfonía discorde de la modernidad. Era curioso encontrar en una niña de su generación una duda semejante, aunque tal vez no fuera tan profunda como el brujo se la atribuía.

— Puedo perdonarte siempre que me permitieras poner un techo sobre tu cabeza, aunque sólo fuera una noche, pero como sé lo descarado y malinterpretable de mi oferta, querida, déjame al menos que te ofrezca una comida caliente.  Así tendrás tiempo de pensar entre bocado y bocado. Le sonrió como un encantador de serpientes. — ¿Siempre has vivido en Nueva York, love?

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El transcurso de la noche
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El hada abrió los ojos de par en par, como una pequeña ardilla fascinada por un objeto brillante y soltó una risa corta pero fuerte. ¿Ante sus ojos había una criatura imperecedera? O mas importante aun ¿Se había dado cuenta el que era ella una de Seelie? No podía estar plenamente segura de eso, pero su intuición le aseguró que así era, sin embargo ella prefirió no confirmarlo. Quiso dar rienda suelta al juego de la ignorancia en el que ambos parecían haberse sumido o podría ser que aquello tampoco fuese relevante, del modo que fuese prefirió no decir nada al respecto y siguió caminando –La verdad se a dicho, Arthur Clare– repuso ella, mientras agilizaba el paso. Sus ojos se perdieron en el océano de personas que llenaban la avenida y su corazón palpitó con fuerza, azotado por un sentimiento que conocía muy bien. Era el mismo que le producía cada vez que veía a sus padres o a sus extremistas hermanas de raza. Para ella no eran mas que aves enjauladas, atrapadas entre las rejas de una sociedad gris, rutinaria y aburrida –El ruido puede volver insensibles a las personas, como si les drenara el color de sus espíritus. Consecuencia de una vida sedentaria, pienso yo–

Y lo decía en serio, ¡Estaba mas que convencida de ello! confiaba ciegamente que el quedarse en un mismo sitio por demasiado tiempo terminaría por restarle el individualismo a las personas y ella no quería eso. Quería volar, correr y jamás detenerse. Rodearse de caras distintas, de lugares distintos y colores  diferentes todos y cada uno de sus días. Si no se movía demasiado rápido entonces se perdería a si misma.

Sus orbes se detuvieron sobre los ojos azules, con la sonrisa aun bailando en su rostro pero con menos ímpetu que antes –¡Oh vaya! Entonces no me queda otra que aceptar ¿Cierto?– respondió dramáticamente, y sin ningún reparo, rodeó el brazo de Arthur con el suyo. Le tomó varios segundos mas de lo esperado idear una respuesta ante aquella ultima pregunta que soltó con fingida naturalidad, era una experta en evadir preguntas y ese momento no fue la excepción. Después de todo no estaba del todo segura de cuan confiable era su acompañante –No exactamente, he estado aquí y allí…Pero podría apostar a que tu te conoces esta ciudad como la palma de tu mano ¿No es así?–


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Re: [FLASHBACK] EL TRANSCURSO DE LA NOCHE || SUGAR - ARTHUR ||

Mensaje— por Invitado el Vie Sep 30, 2016 10:34 pm

El transcurso de la noche
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De haber sido un hombre más modesto tal vez se habría azorado, o aquella tierna y adorable respuesta en el rostro de la dama habría conseguido que sonriera dándo las gracias y murmurando con modestia. Pero Arthur no era un hombre modesto, ni mucho menos medido, así que se regodeó en su propia habilidad con una sonrisa que habría encantado a la serpiente más venenosa de Nueva York, irguiéndose sus patas peludas, que de por sí lo hacían alto entre la multitud. Otra persona más competitiva o con más labia habría sido capaz de seguirle el juego, y esa llamita de divertida esperanza por un pasatiempo que consumiera sus inagotables minutos se vino abajo, perdiendo fuelle, al ver que la muchacha no podía corresponder a su lírica.

— El sedentarismo no es malo, no hace tanto el sedentarismo era sinónimo de… progreso. Su sonrisa torcida tenía algo de críptico. Aquella muchacha no podía adivinar ni por asomo que los pensamientos de Arthur volaban lejos, a través del tiempo, a una época en la que los hombres libres eran sometidos en las llanuras del oeste, las culturas nómadas se aniquilaban en nombre de la ciencia, de la evolución, o del mismísimo Dios. Sí, Dios, esa criaturita desagradable e ignorante que lo había hecho todo y a todos, y cansado de su brillante juguete perfecto, lo había abandonado a su suerte. — ¿Crees en la libertad? Hace un momento parecía que te asustara.

Apuntó, sin ser pretencioso. Al fin y al cabo tenía razón, cuando la encontró parecía perdida. Cuando tienes demasiado de algo es una sensación común, cuando algo sobra, rebosa, hay un hueco que no puede llenar, el alma está condenada a anhelar aquello que no posee. Tal vez por eso estaba Arthur maldito a perseguir la barbarie allá donde le llevara, el orgullo, la lujuria, sus pecados, muchos y variados, para llenar el ahora y olvidar el mañana. Dejó de pensar en aquellas cosas cuando el liviano tacto de su mano se asió a su bícep, obligándole a inclinarse un poco hacia la altura de la dama. Es más complicado de lo que parece seguir los andares mundanos con piernas de cabra, pero los rizos que se agitaban bajo su esperpéntica ropa conseguían hacerlo con una naturalidad pasmosa. En parte era la fuerza de la costumbre, y en otra el glamour que tiraba de sus patas, deshilachaba la realidad para tejer el hechizo y convertirlas en piernas.

— Aquí y allí, allí y aquí, me recuerdas a mí mismo. Entrecerró los ojos, sin perder detalle de cómo la muchacha tenía cierta sutileza para no responder directamente a su pregunta, para hablar sin decir la verdad ni recurrir a la mentira. ¿Eso que olía su instinto era el tufillo de una fata perdida en Nueva York? — ¡Has dado en el clavo! Me muevo en Nueva York como si hubiera estado aquí antes de que la construyeran. Que a efectos prácticos… era casi, casi cierto. — Conozco multitud de lugares en este sitio pero desconozco los gustos de la dama. Déjame adivinar… ¿comida china, tal vez? Mmmm, no, no tienes cara de comer gato. Tal vez algo más verde es de tu gusto, algo francés que siempre recuerde el sabor de la mantequilla, o la torpeza culinaria de mi tierra, que sólo supimos hacer con pericia el mejor té. ¿A dónde quieres que te lleve? Tu pide, y yo lo haré realidad.


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El transcurso de la noche
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En un monumental contraste a su temperamento habitual, dejo escapar un lacónico suspiro. Las iris violetas se perdieron mas allá de las luces fosforescentes  y el conglomerado de transeúntes que avanzaban apresuradamente frente a ellos.  Unas arrugas se formaron en su frente como si pretendiesen que las cejas violáceas colisionaran entre si –Y de todos modos, pareciese que cada día diésemos un paso hacia atrás ¿No es así?– daba la impresión de que estuviese hablando para si misma, incapaz de menguar la efusividad en su voz –Quiero decir, la gente vive creándose ataduras pensando que es lo que se supone que deben hacer. Procrear, aferrarnos a ideologías políticas, religiones, patriotismo, monogamia… ¡Es todo lo que tenemos! puros inventos tontos de una sociedad que crea cánones aun mas tontos y nos obligan a pensar que es todo lo que hay– La mano libre descanso sobre la curva de su cintura, mientras su cabeza se inclinaba del lado contrario al que se encontraba su acompañante. Esta vez lo miró cuando volvió a hablar y sus ojos no volverían a apartarse de la figura de Arthur en ningún momento –Creerás que estoy loca pero pienso que hay cierta fascinación en irse a la cama y no saber que pasará al día siguiente. No quiero una vida con horarios inflexibles y rutinas aburridas, eso no es…– se interrumpió a si misma, a veces se le iba la pinza cuando la emoción le calaba y terminaba por hablar demasiado –No es para mi…–

El mundo en el que vivía no le agradaba, eso era mas que evidente. Para ella los ideales que movían los conflictos actuales no estaban tan desligados al pensamiento arcaico de siglos atrás y en cuanto comenzaron a formularse aquellas ideas en su cabeza, su interior se agitó, a veces temía incluso a pensar como difería tanto de su estirpe. Aun a sus diecinueve años reinaba el temor absurdo e infantil de ser reprendida por sus mayores, pero se había ido de casa y eso no sucedería otra vez ¿Entonces a que temía? La pregunta de su acompañante dio en el clavo, haciendo que Sugar se tensara ligeramente –Supongo que si, que me asusta por momentos– contestó haciendo un mohín, había deseado tanto aquel día que ahora que se había presentado no sabia como seguir y el hecho de que aquello resultara tan obvio no le agrado demasiado –Pero eso no me hace anhelarla menos–

Sus labios volvieron a curvarse en una sonrisa  simulando indiferencia  ante aquella mirada escéptica. No sabia si esa respuesta tan vaga lo había convencido, pero podría apostar que no fue así. Comenzó a reír ante las carismática exclamaciones del hombre, la mención de los felinos como dieta le hizo especial gracia –¿El mejor te? ¿Europeo? Vaya, si que estas lejos de casa… – hizo una pausa y arqueó una ceja, un tanto sorprendida ante aquella nueva revelación –Bueno, no quiero ser demasiado exigente pero en mi opinión, no hay nada como la gastronomía Italiana…–


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Re: [FLASHBACK] EL TRANSCURSO DE LA NOCHE || SUGAR - ARTHUR ||

Mensaje— por Invitado el Sáb Oct 08, 2016 3:13 pm

El transcurso de la noche
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En su fuero interno Arthur intentaba tomarle la medida a Sugar. A veces, de siglo en siglo, nacía entre los mortales mentes únicas, capaces de ver más allá de sus propios convencionalismos. La mayor parte de las veces este nervio cósmico se quedaba en una etapa rebelde de una adolescencia tardía, pero otras… otras tenían nombre, Picasso, Einstein, Mozzart, genios de lo suyo que sabían que había algo más en el mundo. ¿Era esa niña una de esas mentes, con el pelo violeta flotando en la brisa neoyorkina, o solo era otra adolescente que expresaba sus hormonas en un intento desesperado de saltar el redil? No sabría decirlo. Aún no.

— Si te consuela, escapar de tu propia cultura es un trabajo arduo. De siglos, de hecho… Respodió, escondiendo su aire nostálgico en una sonrisa comprensiva. No podría explicarle a una chiquilla que él mismo se había hecho todas esas preguntas, estuvo preso en su propia crisis existencial. Romper moldes era arduo, pero él había tenido el tiempo y el dolor suficientes para hacerlo, algo que Sugar no tendría la suerte de experimentar. Como una buena corderita en algún momento volvería al redil, la libertad pesaría menos que el orgullo de sus propios padres, las responsabilidades de la vida, la llamada de la naturaleza susurrándole que fuera madre… era una historia contada mil veces. — No creo que estés loca. Hay gente que no sabe encajar en el molde que la sociedad corta para ellos, sois un espécimen raro, una peculiaridad. Buscar tu propio camino requiere mucho más valor que seguir las pautas establecidas, si lo tienes nunca te arrepientas de las decisiones que tomes.

Sonrió satisfecho al escuchar la risa de la dama, alejarla de los temores que asolaban su mente y se distanciaban de aquellas conversaciones tan trascendentales. Como no tomó su brazo lo dejó caer con elegancia, sin ofenderse por la ignorancia de la dama. Aquellos gestos pasados de moda era algo que casi nadie apreciaba, y cuando una dama ignoraba su galantería victoriana le hacía sentirse más viejo de lo que debería.

— Británico, por supuesto. Afirmó, meneándo la cabeza. Tampoco era un secreto, teniendo en cuenta como el acento le bailaba en la lengua cada vez que hablaba. — Italiano sea pues. No me pareces exigente, el mediterráneo es prácticamente lo mejor que hay en Europa. ¿Alemanes? Unos estirados. ¿Los franceses? Unos prepotentes todos. En mi isla lo que mejor sabemos cocinar es pescado frito con patatas grasientas. Vamos, conozco un sitio estupendo. ¿Me permites?

Aunque estaba preguntando, ya había pasado un brazo sobre los hombros de la dama para acercarla a él. Podía ser una excusa para que no se perdieran entre el gentío, pero también era una forma elegante de arrimarse a un cuerpo bonito, algo que Arthur nunca desdeñaba. Si pudiera meterse entre sus muslos lo haría sin dudar. La guió por las calles concurridas, pero por el camino del mago la gente empezaba a apartarse, era fácil moverse junto a él porque el instinto de los mundanos les empujaba a huir de aquello que podría serles peligroso. No habían caminado mucho rato cuando en una esquina, el pintoresco local italiano emergió de la nada, como si la propia Italia hubiera comprado un pedazo de aquel terreno. Las mesas del exterior vestían manteles de cuadros blancos y rojos, con centros de mesa de flores italianas rosas y amarillas. Una buganvilla trepaba por las paredes de un biombo que limitaba la terraza del local, dale un aire íntimo y natural, pero carente de aromas que intercediesen con los de la comida. Una música pintoresca surgía del interior del local, completando el ambiente.

—Buenas noches, Marco. Saludó al metre.
El alto muchacho ocultaba con un glamour una piel tersa de color purpúreo, las pupilas engarzadas en unos ojos del color de las acuamarinas, como si tuviera el mar en la mirada. Sonrió al reconocer a un cliente habitual y amante ocasional. Los locales de hadas eran un gusto excéntrico del esperpéntico brujo.

[b] Buenas noches, Arthur. ¿Mesa para dos? [/color]

— Exactamente. Le regaló una sonrisa a Sugar, inclinándose hacia ella. — ¿Te gusta el local?

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El transcurso de la noche
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No es preciso afirmar que el Hada fuese extremadamente idealista, pero se permitía soñar de vez en cuando, crearse agradables imágenes mentales donde vivía en una utopía que ella consideraba apropiada. De todos modos, la muchacha tenia un juicio bastante desalentador sobre el mundo y siempre intentaba no aspirar demasiado, no dar demasiadas riendas a sus sueños a pesar de que con gran constancia solía desconectarse de la tierra y perderse entre sus pensamientos siempre procuraba decirse a si misma una y otra vez que aspirar en demasía solo terminaría por  hacerle daño.

Ella asintió con efusividad a la respuesta de Arthur, había escuchado aquellas palabras en otras ocasiones aunque en un orden distinto y con un tono menos cordial y carentes de simpatía. Sus padres estaban convencidos de que habían criado a una niña en las nubes y constantemente le repetían lo absurdo de sus aspiraciones. Ella no los culpaba del todo de su inseguridad; Sabia que lo hacían para protegerla de la crueldad con la que el mundo azotaba a aquellos que se exponían ante el sin la armadura del coraje queriendo exponer sus ideas novedosas, pero aun así aquello no menguó el espíritu emprendedor que se manifestaba en cada una de sus acciones y que había sido el motor de su precipitada decisión de marcharse de casa, como si con eso pudiese llenar el vacío que le generaba su -hasta ese entonces- vida insustancial.

Sugar, que se dividía entre la nebulosa de pensamientos que afloraban en su mente y las palabras de Arthur que fluían con dinamismo, ni siquiera hubo entendido la pregunta hasta que se vio rodeada por su formidable brazo y el agradable aroma de su compañero. Sus cejas se arquearon y retuvo una floja carcajada, pero no hizo amago de alejarse de el –Confiare en tu buen juicio, entonces– comentó en el instante en que se adentraron en el flujo de transeúntes que abarrotaban la avenida, ajena a la reacción natural que manifestaban los mundanos ante la presencia del mago.  Unos cuantos metros después, se detuvieron frente a un local que parecia haber sido sacado de una escena de La vida es bella. ¡Casi  podia escuchar reproduciéndose Valse Larmoyante desde el iluminado establecimiento¡ fascinada, los labios de Sugar trazaron un ovalo perfecto mientras sus ojos vagaban de un lado a otro.

Y se hubiese quedado embelesada por un lapso inconmensurable si no fuese por la peculiar y nueva escena que se desarrollo ante sus ojos cuando entraron al local. El sitio estaba abarrotado de subterráneos, de todos los colores y sabores. Sus ojos fueron capaces de percibirlo tras mirar detenidamente en los clientes demasiado distraídos como para percatarse de la mirada violácea que los escudriñaba. En el extremo opuesto diviso a un alto muchacho con extremidades como las raíces de un sauce que se carcajeaba en la compañía de una muchachita mucho mas joven, con la piel como la porcelana y el cabello blanco, que brillaba como si emanara luz propia.

La voz de Arthur la trajo devuelta abruptamente, Sugar parpadeó reiteradas veces y esbozó una sonrisa, sintiéndose avergonzada repentinamente –Si, es impresionante– respondió finalmente, haciendo un rápido gesto en señal de saludo hacia el mesero. Era una completa falta de educación quedarse mirando fijamente a la gente, aquel pensamiento le resulto divertido, como si se regañara a si misma mientras Marco les escoltaba hacia su mesa…




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Re: [FLASHBACK] EL TRANSCURSO DE LA NOCHE || SUGAR - ARTHUR ||

Mensaje— por Invitado el Vie Oct 14, 2016 1:15 am

El transcurso de la noche
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La expresión de sorpresa de Sugar no era un gesto desconocido para Arthur, la había visto antes. Algunas veces en los ojos de los niños maravillados cuando unas pompas de jabón aparecían de algún lugar inesperado, otras en los rostros de ancianos que respiraban un repentino halo de vida, y otras cuando alguien, sin rostro, sin nombre, encontraba un chispa de magia en su mundo gris y aburrido. Era el gesto de la dulce sorpresa, lo inesperado, las aventuras que esperaban en la siguiente esquina de la vida.

Aquel local le gustaba a Arthur de una forma especial. Era algo más que ese sitio donde traía una chica guapa de vez en cuando, o a tomar una cena a solas para disfrutar tranquilo de su más que grata compañía. Le tenía cariño a aquel lugar porque nadie se giraba a quedarse mirando sus patas de cabra. Ahora apenas le importaba, de hecho le encantaban, las amaba como la parte esencial de sí mismo que eran, formaban parte de su identidad, pero hubo otro tiempo en el que no era tan fácil. Años atrás cuando intentaba esconderlas bajo pantalones extraños que tenía que coser una hada en particular, usando capas pesadas de tejidos oscuros, o glamoures tan densos que le pesaban las piernas. Allí podría caminar tranquilo, sin que los ojos se fijaran en él, levantándo sus vergüenzas. No siempre había sido orgulloso, treatral o amoral. Y Sugar se lo recordaba de alguna forma, el paso del tiempo.

— ¿Ves algo que te llame la atención?

Rió, posándo la mano en las lumbares de la chica para guiarla por los pasillos que quedaban entre las mesas. En un gesto de anticuada galantería retiró la silla para que ella se sentara antes de ocupar su propia silla, al otro lado de la mesa. Tenía que hacerlo con las silla un poco más atrás de lo que lo haría una persona normal, por que sus piernas no cabían con tanta comodidad bajo la mesa. Las cruzó, un gesto habitual, apoyándo los codos en la mesa.

— ¿Eres menor? Lo digo por si puedo tomame la libertad de pedir vino para dos.
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El transcurso de la noche
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Sugar Beth era consiente de la rapidez con la que su rostro había comenzado a adquirir un nuevo nivel en la gama de tonalidades rojizas. Podría atribuirse al bochornoso momento en que se le habían ido los ojos con el cliente de particulares extremidades, el tacto de la mano del brujo sobre su espalda o  la ironía de encontrarse rodeada de subterráneos.

Una duda que rozaba lo paranoico la hizo cuestionarse si la elección de Arthur había tenido la intención de causar esa reacción en ella, mas no reparó demasiado en aquella fútil cuestión. Tuvo que morderse el labio inferior para impedir que una carcajada traicionera terminara de escapársele cuando escuchó la pregunta del Brujo, mientras deslizaba una mano con imperiosidad a través de los mechones que se escapaban del gorro de lana, grato refugio de las protuberancias  elficas a cada lado de su cabeza  –Pues, además de que pareciese que nos hubiésemos transportado a la mismísima roma…– Comentó con aquella voz aguda y blanca, que parecía haber rechazado el insoluble paso de la pre adolescencia  –Estoy fascinada, este lugar es… mágico–

Termino de hablar para cuando llegaron a la  mesa, que al igual que el local era extremadamente pintoresca. El hada correspondió al gesto cortés con una sonrisa y se deslizó en la silla, se quitó la chaqueta de Jean y la colocó sobre el respaldo del asiento  –Voy a quedarte mal esta vez, en efecto soy mayor de edad pero no muy amante del vino, asi que voy pasar…–  Una de las pocas cosas que Sugar extrañaría, seria la frecuencia con la que acostumbraba a tomar los deliciosos brebajes de las hadas. Cualquier otra bebida no era capaz de compararse a las maravillas que podían surgir de aquellas manos encantadas. En la brevedad de sus dieciocho años había probado un sinfín de deliciosos tragos; bebidas que parecían burbujear en el estomago como si fuera brisa, tragos azucarados que se volvían cítricos si se tomaban demasiado despacio, exquisitos néctares que hacían sentir ridículamente felices a sus consumidores al punto en que les hacia querer bailar sin parar y doblarse de la risa por cualquier pequeñez. No era su pasión mas apreciada y tampoco era buena elaborándolas, pero las conocía lo suficiente como para ser una digna catadora.

Se echó hacia delante, apoyando el rostro ligeramente ladeado en la palma de su mano como si estuviese analizando una pieza de arte moderno –Entonces, mi querido Arthur…– comentó tras un breve carraspeo, al mismo tiempo en que sus piernas se cruzaban con parsimonia –¿Cómo es que has terminado en la gran manzana? Si no es muy atrevida la pregunta…–




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Re: [FLASHBACK] EL TRANSCURSO DE LA NOCHE || SUGAR - ARTHUR ||

Mensaje— por Invitado el Miér Oct 19, 2016 1:28 pm

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Sin ningún reparo Arthur sonrió de lado permitiéndose el lujo de desviar la atención de la dama al local. Era exquisito, no necesitaba admitirlo, lo sabía perfectamente. Él y la humildad no se llevaban bien desde hacía algunas décadas, así que se llevó una mano al pecho y ejecutó una escueta reverencia sobre su pelvis. Era extraño ver a un hombre capaz de ejecutar ese gesto desde una silla, pero Arthur era extraño persé.

— Lo sé, es una delicia de sitio. Lo conozco desde que lo abrieron, ¿sabes? Hizo un floreo con la mano, dándose aires. Algunas personas malinterpretaban su teatralidad con algún tipo de manierismo de inclinación homosexual. Vale que jamás le diría que no a un buen culo prieto pegado a un mozo guapo, pero eso era otra cosa. Se consideraba a sí mismo bastante masculino, si dejabas de lado su ropa esperpéntica por regla general, lo era. Su cuerpo tenía músculos marcados bajo la tela, hombros anchos, y una mandíbula recta que embellecía sus facciones. — Parece que fuera hace un siglo ya… pero sigue teniendo su chispa.

Un camarero de aspecto humano se acercó con una sonrisa para entregarles la carta. Tenía las manos especialmente pálidas, las venas de las muñecas, sorprendentemente azules, parecían vetas en el mármol. Vampiros, por supuesto, no siempre tan sutiles como ellos pensaban que eran, eternamente desterrados al turno de noche. Arthur articuló un mudo gracias con los labios mientras estiraba la mano para tomar la carta.

— ¿No tomas vino? Vaya, siento escuchar eso. Hay pocas cosas que alegren una velada como el buen vino. ¿Qué prefieres tomar, en ese caso? El vampiro, diligente, entregó una segunda carta a la dama. Era discreta, con ribetes renacentistas. Sobre su fondo color blanco roto desfilaban una a una las palabras negras de los platos y bebidas que servían. Los ojos adecuados podían atravesar el glamour que había en la sección escrita en italiano (para los turistas, supuestamente), revelando los platos aptos para subterráneos. Obra de Arthur, por cierto. Con un resoplido dejó la carta al lado. — No sé para qué demonios miro esto si al final siempre pido lo mismo. Tráeme un sueño en la bahía para ir abriendo el apetito, después te pediré mis platos. Hizo una pausa para mirar a Sugar con una sonrisa. — Tú pide lo que quieras cielo, pago yo.

Apoyó los codos en la mesa en un gesto que otros considerarían maleducado, pero a Arthur le daba igual lo que la gente pensara de él, así que lo hizo de todas formas. Entrecruzó sus dedos largos y nervudos, con una sombra oscura de vello espolvoreando la base donde se unía con los nudillos.

— Buena pregunta. Repitió, agachándo el rostro para dejar descansar la barbilla en la hamaca improvisada que había hecho con sus dedos blancos. Miró los trocitos purpúreos de cielo que se veían desde la silla, a través de las brillantes flores de buganvilla. — La vida, supongo. Estaba asentado en Londres… pero asentado en el peor sentido de la palabra. La rutina me tenía carcomida el alma, de verdad. Siempre la misma gente, en los mismos lugares viejos que olían a moho. Ni un triste rayo de sol, y la puntual lluvia con sus cielos plomizos… a pesar de lo triste de la descripción había un cariño especial en sus palabras. Al fin y al cabo Londres le había visto crecer, sufrir, evolucionar hasta lo que era hoy en día. — Supongo que como muchos de mis congéneres vino buscando el sueño americano. El de las fiestas y la gente divertida, no el de trabajar, quiero decir. Necesitaba un respiro de mí mismo y… Nueva York parecía adecuado. Y tú, querida… ¿quieres huir de aquí ahora que eres libre?


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–¡Ah! Entonces eso solo lo hace mucho mejor…– Exclamó el Hada, tal parecía que el brujo se sentía a sus anchas en el trozo de Italia y aquello  termino por robarle otra risa impetuosa a la muchacha –Como dice el dicho..." Los arboles mas viejos dan los frutos mas dulces" y este lugar tiene  cierto encanto, sin duda alguna–

Su atención se desvió brevemente de Arthur al recién llegado camarero que -tras unos breves instantes de escrutinio- la muchacha identificó como una criatura de la noche. Su sonrisa se tensó ligeramente mientras estiraba la mano para tomar la carta. Los brazaletes que imitaban el patrón de un arcoíris y adornaban su mano tintinearon ante el fugaz movimiento  y rápidamente Sugar desvió su atención al impreso. No es que no le simpatizaran los Vampiros, pero no eran con exactitud sus criaturas favoritas. Demasiado fríos y enigmáticos para su preferencia, no había tenido una disputa con ninguno de ellos (¡Gracias al cielo!) Seguramente si ese trágico escenario se presentara, el Hada y su lengua suelta no terminarían muy bien paradas. Podría ser un encanto en la cotidianidad, pero Sugar Beth sabia lo cabezota que podría resultar y por ello se mantenía lo mas lejos posible de las confrontaciones, procuró entonces que la  sonrisa que le dirigió al chico no fuese demasiado tosca.

–A ver, a ver…– Su índice golpeteó repetidas veces su barbilla y arrugó  la boca, gesto que se convirtió rápidamente en el retoño de una sonrisa que floreció cuando sus violáceas iris encontraron en la carta un familiar licor que un paladar humano no hubiesen reconocido con la misma facilidad –Un blackbird para mi, por favor… Tampoco pienso dejar que tomes solo, eso seria muy descortés de mi parte–

Escuchó su respuesta con evidente interés, percibió la carga emocional ligadas al breve discurso del hombre e hizo el amago de una sonrisa ¿podría haber sentido empatía con aquel relato? Era muy posible, dada a la familiaridad de su situación con la descrita por el brujo, que parecía haberse transportado a sus recuerdos. Hubiese sido así si no fuese por aquella nota afectiva con la que se expresaba, ajena a la condición del Hada. La muchacha inclinó aun mas la cabeza y pronto sus manos se encontraron entrelazándose y cargando con el peso de su rostro. Inconscientemente imitando una pose bastante similar a la de su acompañante –¿Libre? No, no encanto… no soy libre– respondió con una sonrisa ladina que no le llegaba a los ojos –Puede que lo sea, parcialmente, pero no soy libre. Siempre habrá una parte de mi que no podrá pertenecerme enteramente sin importar cuanto lo desee…–

Posiblemente aquella había sido la respuesta mas sincera que había dado en toda la noche. Había logrado salir de la jaula en la que se había convertido su hogar, cortado los fuertes lazos que la habían convertido en prisionera de su propia vida y la habían marginado a una rutinaria y asfixiante existencia. Mas sabia que, en el momento justo en que se atreviera a desplegar las alas y volar, el recuerdo imperecedero de que su sangre siempre estaría ligada a las de sus hermanas de raza entorpecerían su vuelo y la harían caer –No tengo deseos de seguir corriendo sin detenerme, al menos no ahora. Puede que sea en extremo ruidosa para mi gusto…– comentó, tras una breve pausa –Pero New york comienza a gustarme, creo que puedo acostumbrarme al bullicio… después de todo es la ciudad en donde las cosas pasan– Se echó hacia atrás, reclinándose en el respaldar de la silla. Su diestra dio un breve paseo alrededor de su cuello, deteniéndose sobre el espacio entre sus clavículas –¿Tu has pensado en huir alguna vez o has terminado demasiado enamorado de New york para considerar el irte de aqui?–


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Re: [FLASHBACK] EL TRANSCURSO DE LA NOCHE || SUGAR - ARTHUR ||

Mensaje— por Invitado el Mar Oct 25, 2016 2:56 pm

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Observó detenidamente a la chica mientras sus ojos discurrían por la carta. No dejaba de notar que a veces los entrecerraba, poniendo más atención en lo que veía, esforzándose por ver lo que había más allá. Mientras más tiempo pasaba en su presencia más sentía la verdadera naturaleza, la conexión de la chica con el submundo era más clara. Como la bruma vespertina deshaciéndose con el calor del sol.

— Oh, por mi te preocupes. No me avergüenza nada beber sólo. No sé porqué está tan estigmatizado, en realidad… la gente fuma en soledad y nadie le tacha de nada, sin embargo aquel que bebe en soledad es un borracho. Los vicios son vicios al final, y yo tengo unos pocos, pero no me avergüenzo de ninguno de ellos.

Siguió observándola con tranquilidad. Tampoco le avergonzaba mirar a los ojos a la gente, observar en silencio. Eran hábitos de viejo en realidad, sentarse a ver como las horas se consumían y el mundo seguía girando, los bebés naciendo y los adultos alcanzar el cénit de su existencia. Se ganaba mucho observando, aunque la dama presente parecía enigmática. ¿Tendría la edad que aparentaba?  Por su forma de hablar, lo parecía.

— Yo creo que eres muy libre. Siempre que uno sea libre de elegir su camino es libre. El problema es tener fuerza para sostener las convicciones por las que nos decantamos. Todo lo que es tu ser te pertenece a ti, lo que hagas con él, también. ¿Si somos presos de nuestra propia cultura? Sin duda, todo el tiempo, es de esas cosas que precisan perspectiva y tiempo.

Se encogió de hombros. Era dificil explicarle a los mortales cuestiones que trascendían a los años. Cuando tienes todo el tiempo del mundo y ves lo banal que son los moralismos culturales, o lo que crea la humanidad para sentirse segura en su propia existencia, año tras año, durante toda la historia. Un ciclo sin fin. El camarero los interrumpió, servicial y diligente, con la bandeja eclipsando las luces que emergían del local. Sendas copas tenían una forma similar, pero contenido mucho más diferente. El pedido de Arthur tenía un fondo color arena blanca, fina, un poso que tenía un aspecto dulce y se iba fundiendo en un azul calmado, de un brillante turquesa, con una banda blanca que formaba burbujitas.  La otra copa tenía un contenido de un brillante negro en el que parpadeaban figuras perladas, iridiscentes, que a veces parecían tener forma de pluma, o de un ala entera, surcando en círculos el cristal.

— Mmm… Nueva York sigue siendo interesante a pesar de los años. Ha cambiado mucho desde que llegué, sigo teniendo proyectos interesantes. No me enamoro de nada, desgraciadamente. Mientras me divierta aquí, seguiré aquí, y cuando me aburra haré la maleta y buscaré otro lugar donde empezar de cero. La incertidumbre no me asusta. Sonrió de lado, inclinando un poco la cabeza mientras se acercaba la copa que el camarero había depositado en la mesa, frente a él. Estaba frío, empezaba a condensarse sobre la superficie pulida. —  ¿Empiezas a acostumbrarte? Entonces antes no estabas aquí.
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La muchacha arrugo la nariz y se removió en su asiento, dubitativa. Las palabras de Arthur detonaron una cuestión que le generaba un debate interno provocado por las inseguridades del Hada; sabia lo que quería –o al menos, eso creía- y en su afán temerario le había dado un giro sin retorno a su vida para conseguirlo. Mas no sabia como continuar ni mucho menos si tenia la determinación que necesitaba para enfrentarse a los obstáculos que implicaba aventurarse al mundo sin el instinto maternal para respaldarle.  A veces se veía así misma, en una versión mas pequeña y asustadiza, escondiéndose detrás de las faldas de su madre o aferrándose a los protectores brazos de su padre como un pequeño felino temeroso y refunfuñón. La imagen le produjo una nostalgia inconmensurable, pero la misma estaba asociada con algo que trascendía al ceno familiar.

Era un Hada, primero que todo, como mismo sus progenitores eran cortesanos antes que padres y con el transcurso de los años, habían notado que las prioridades de su unigénita no eran las mismas que las suyas, empujándoles a ser mas exigentes y críticos con su hija. Beth no fue capaz de verlo de inmediato pero la certeza creció y creció hasta que ya no fue capaz de ignorarlo; la corte no era su hogar y nunca lo seria. Su mirada albergó un brillo particular, no importaba lo simple que sonaran sus palabras, sus ojos contaban una historia mucho mas profunda –No… no lo se. Tal vez esté sobrevalorando las cosas pero siento que lo único que no puedo tener es aquello que me haría sentir completamente libre. No me basta con solo huir de casa, eventualmente tendré que volver…– repuso ella, esforzándose en sonar lo mas despreocupada posible –Pero no puedo huir de lo que soy. Puedes considerarme fatalista, pero soy como la pieza de un rompecabezas que no termina de encajar, es triste… tal vez no termine por encajar en ningún otro lugar– desvió la mirada unos insignificantes instantes, el pintoresco muchacho que tenia raíces en vez de manos y pies, se había incorporado de su asiento y se paseó cerca de su mesa. Sugar fue capaz de ver  que de las raíces comenzaban a brotar los retoños de unas flores. Había visto cosa similar antes, pero el muchacho lo llevaba con una gracia que resultaba deslumbrante. La llegada del camarero y la entrega de su respectiva bebida fue lo que la hizo volver, la visión del espeso y oscuro licor le arrancó una sonrisa –Mira nada mas, no he dado el primer sorbo y ya estoy divagando…–

Tomó en su diestra la copa de brebaje tan oscuro como el petróleo, cuando la acerco a sus labios percibió el  suave olor a verbena y brisa. Una combinación tan agradable como particular, mas la copa se detuvo en su labio inferior antes de que pudiese probar la bebida. Sus ojos se encontraron con los del el brujo, pero no hizo amago de moverse. Por varios segundos el  único movimiento perceptible por parte del Hada era el suave sube y baja de su pecho con cada respiración y  su expresión se mantuvo imperturbable –Vale... puede que me haya saltado la parte en donde explicaba el hecho de que acabo de llegar a la ciudad. Aunque antes si estuve aquí, pero era demasiado pequeña como para poder recordarlo ahora, así que no ha sido una mentira. Después de todo no soy capaz de mentir…– su dedo se deslizó vagamente por el borde de la copa, trazando el circulo de la misma –Pero ¿Sabes que? Me causa intriga la forma en la que hablas sobre el tiempo que has residido en nueva york, suena a que llevaras siglos aquí ¿O me equivoco?–


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Re: [FLASHBACK] EL TRANSCURSO DE LA NOCHE || SUGAR - ARTHUR ||

Mensaje— por Invitado el Jue Nov 03, 2016 1:44 pm

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— Querida, no te considero una pieza de más en absoluto.

Le dedicó una sonrisa enorme, deslumbrante. ¿Quién le habría dicho que tendría una conversación semejante con una chica en la que se había fijado por el culo que escondía en sus apretados vaqueros? Durante un instante se vio reflejado en el violeta de sus ojos, y donde estaba ella estuvo él, la vida se dio la vuelta y el tiempo le recordó que no siempre había sido el hombre que era. No siempre había sido sabio, como le gustaba pensar que era cada día un poquito más, o libre. Había estado atado por sus propias convicciones e inseguridades, como tantos otros, como ella ahora mismo. El mundo encuentra extraños caminos para enseñar lecciones, incluso cuando algunos se niegan a aprenderlas. Él había sido una pieza del puzzle, ten errada y deforme, que ni siquiera había encajado con su madre biológica. Lo habían escupido de un seno sangrante para arrojarlo a morir al mundo, sencillamente porque no era como los demás. Estaba tocado por la mano negra y la sangre maldita de los diablos, su marca era tan evidente que hacía daño a la vista, un bebé impío, maligno, destinado a la muerte. Pero había sobrevivido, aquella vez, y otro puñado durante las eras. Hasta las piezas que no encajan encuentran si sitio algún día.

— ¿Sabes? No hay una forma correcta de vivir, ni una equivocada. Si juntas las piezas rotas de un puzzle cuadrado puedes hacer uno redondo. Las posibilidades son… infinitas.

La copa de Arthur estaba situada justo bajo su nariz. Al respirar se levantaba como la espuma del mar un aroma salado y dulce al mismo tiempo, el eco lejano de un rumor que era fruto de la magia de las hadas. Al levantarla entre dos dedos, las ligeras agitaciones crearon riberas de espuma blanca entre las bandas de azul esmeralda. Bebió con suavidad, tomándo de la copa sorbo a sorbo. Mientras tuviera ocupados los labios no podía hablar, y eso le daría pie a Sugar a tomar el ritmo de la conversación. Era una estrategia tan antigua como el tiempo, pero aunada con la sospecha precisa había conseguido que la dama empezara a contar su historia. Mmm, como le gustaban los retos.

— Podría decirse que sí, en cierta forma. Rió, al ver como Sugar era capaz de devolverle la pelota a su campo. Era inteligente, y joven, y si algo le gustaba más que una mujer guapa era una guapa e inteligente. Le dio vueltas a la copa con su suavidad y su contenido imitó la textura de la mar picada a media mañana, con su poso dorado de arena agitada. — Pero claro, el tiempo es relativo. Lo que para ti es un siglo para mí puede ser un suspiro, y viceversa. Pero… sí, llevo mucho tiempo en esta ciudad. Más del que crees, seguro. Y ¿de habías dicho que vienes?


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El transcurso de la noche
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–Creo que eso es lo mas lindo que alguien me ha dicho alguna vez–
rodeó sus enrojecidos pómulos con las palmas de sus manos, mientras ladeaba el rostro al punto en que el torso de su mano rozaba uno de sus hombros –Visto de ese modo, resulta mas tentador ser una pieza rota–

El Hada -como era común entre las suyas- tenia los gélidos encantos heredados de las criaturas benévolas dotadas de la gracia celestial y una apariencia tan delicada como la de una amapola a punto de florecer, aun así, detrás de aquella aparente inocencia albergaban los impulsos primigenios y maliciosos de una etnia con tendencias maquiavélicas, incluso ella que se consideraba así misma pacifica no era capaz de resistirse a las jugarretas y los enigmas, y la dotaban del ingenio suficiente como para salir bien parada en mas de una ocasión.

Pero a pesar de todas esas característica ventajosas estaba ese algo que a veces resultaba en un incordio para la misma Sugar; era parlanchina, demasiado, hablaba hasta por los codos y de mas. Hacerle soltar la lengua era sencillo y callarle una proeza, por lo que siempre terminaba diciendo uno que otro detalle que terminaba por dificultarle el arte de desenfocar la realidad.

Sonrió en su máximo esplendor, el brujo tenia una risa vibrante y contagiosa. Ella era demasiado joven para predecirlo y no tenia la experiencia para determinar cuan longevo era Arthur, sin embargo, mientras observaba la sonrisa que competía con la de un adonis, el Hada concluyó que eran mas años de los que aparentaba. Le dio un sorbo a su bebida, sintiendo el familiar sabor amargo que se deslizaba por su garganta y dejaba a su paso un cosquilleo como si las puntas de las alas de un cuervo le hubiesen rozado los labios –Bueno…– Comentó pausadamente, mientras reía entre dientes y las ideas fluían apuradas  –Pues no, no lo había mencionado con anterioridad pero ¿No perdería todo el misterio si lo hago? El enigma de la chica extranjera, vamos… ¡Es mi as bajo la manga! Sería mucho mas divertido si lo deduces tu solo, pero sospecho que lo sabes tan bien como yo–

Por un breve instante su mirada se alternó entre el brujo y la bebida que sostenía en sus manos, haciendo gala de su nombre con un juego de colores trópicos –Que cosa tan interesante tienes ahí– comento resuelta con los aires de una niña traviesa, sus orbes violáceas destellaron ante la expectativa. El glamour podía humanizarlas disminuyendo el resplandor de las iris pero no al grado de restar su peculiaridad. Se decidió a abandonar su propia copa sobre la mesa, el liquido oscuro siguió agitándose por si solo, danzando, como si un torbellino se hubiese alojado en el interior de la copa. Estiraría su mano, en caso de que el brujo no mostrara objeción –¿Puedo…?–




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Re: [FLASHBACK] EL TRANSCURSO DE LA NOCHE || SUGAR - ARTHUR ||

Mensaje— por Invitado el Mar Nov 08, 2016 2:11 pm

El transcurso de la noche
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El gesto tierno y natural de Sugar le arrancó una sonrisa ladeada. Si eso era lo más lindo que le habían dicho, Arthur tenía todo un arsenal de agasajos, halagos y cumplidos que podrían ponerle las mejillas más rojas que un tomate, en un abanico que abarcaba desde las sutilezas victorianas para el cortejo hasta el burdo ligoteo moderno que se destilaba hoy en día.

— Oh, así que esas tenemos… Inclinó el rostro a un lado sólo un segundo, echándo hacia atrás los hombros para recostarse en la silla, copa en mano. La agito, y la bruma blanca hizo espirales contra el cristal mientras se la llevaba a la boca. Arthur había desarrollado una resistencia extraordinaria a todo tipo de brebajes a base de vicios, así que bebía casi sin darse cuenta. Si estaba frío y tenía alcohol, el se lo tomaba. Era agradable ver que también Sugar estaba cómoda, se reía, bebía sin pensar que pasaría después, y a pesar de todo tenía siempre una puntilla en sus palabras. — ¿quieres jugar a las adivinanzas? Juguemos pues.

Soltó la copa en la mesa para frotarse las manos, ahuyentando el frío condensado de la copa de su piel. Los mundanos no vieron como ese sencillo gesto levantó un puñado de chispas verdes de sus dedos, la fricción de la magia, algo a lo que el brujo estaba tan acostumbrado que ni siquiera se percató.

—Por supuesto, querida. Toma. Le habría dado a probar el sabor de su coctel directamente con la boca, pero podría resultar soez y rudo en aquel ambiente tan encantador. Tomó la copa con la diestra y se la pasó en el aire, cuidando de que el contacto con los dedos de la dama pareciera fortuito, azaroso, y no premeditado. Chasqueó la lengua contra el paladar, midiéndo a Sugar, entrando mentalmente en aquel juego de la verdad. Tal vez era hora de empezar a enseñar las cartas que tenía bajo la mano.

— ¿Puedo hacerte un pequeño truco antes de empezar? Verás, no te lo he dicho antes, pero Chasqueó los dedos y una moneda dorada apareció de la nada, sostenida entre el índice y el pulgar de aquella forma pintoresca de los magos mortales, esos que no tenían magia. — soy mago.

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–Me gustan los juegos– De sus labios brotó una risa tan profunda que hizo que sus hombros se agitaran. La reacción de Arthur era, cuanto menos, satisfactoria para ella. No siempre tenia la buena fortuna de encontrase con quien tolerara sus jugarretas repentinas ni que soportara que siempre estuviese dándole vueltas a la tortilla, cosa mas debido a la inercia que una manía como tal. Era algo incomprensible para sus ojos que otros no pudieran consentir su –a veces ridículo- sentido del humor, criaturas demasiado bruscas y que iban al punto con todo. Complacida al ver que el mago era simpatizante de sus juegos la grácil postura del Hada se vio interrumpida cuando colocó los codos sobre la mesa y se inclinó hacia delante, casi incorporándose de su asiento –Pero déjame decirte, que no soy muy buena perdedora…–Aquella información era relativamente cierta. Le gustaban las adivinanzas si el proceso le resultaba divertido, independientemente de si terminase acertando o no.

Se volvió a anclar a la silla, con los hombros sueltos y una sonrisa ladina –Gracias– murmuró arrastrando las vocales, sujetó la copa que le extendía el brujo, haciendo un vago reconocimiento de sus helados dedos. La agitó un par de veces y se la llevó a los labios, había comenzado a preguntarse hasta donde llegaría todo aquel asunto y que tanto terminaría por saber. La ansiosa expectativa… a fin de cuentas todo lo que podía  deducir de su acompañante -ciertamente enigmático- no eran mas que simples hipótesis de un Hada sin mucho mundo.
 
Se limitó a un breve pero efusivo asentimiento ante su pregunta. El Hada interpretó la acción previa como un guiño, un pequeño preámbulo que precedería a la revelación que despejaría toda duda de Sugar y la dejarían Inmuta, no porque no hubiese debatido esa posibilidad si no porque no esperaba que Arthur lo contara en ese momento. El Hada enarcó las cejas observando la moneda entre los dedos del brujo. Varios segundos después una sonrisa de diversión se escondió en el borde de la copa antes de que la apartara de sus labios, incapaz de lidiar con la pequeña conmoción juntó las palmas de sus manos y aplaudió repetidas veces, con el cuidado de que el gesto no provocara sonido alguno y molestara a los comensales –¡Bueno, bueno! Eso si que no me lo esperaba…– empujó la copa a través de la mesa con su mano, aun tenia el gusto cítrico y helado mezclados cuando volvió a hablar –¿Y como has hecho eso exactamente? Espera que ya lo se, un buen mago nunca revela sus secretos.... Aunque bueno, siempre está la excepción de la magia real e inexplicable ante los ojos humanos ¿No es asi?–





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Re: [FLASHBACK] EL TRANSCURSO DE LA NOCHE || SUGAR - ARTHUR ||

Mensaje— por Invitado el Vie Nov 11, 2016 12:19 pm

El transcurso de la noche
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— Entonces será mejor que te prepares mentalmente, querida. Arthur Clare no pierde nunca.

Le obsequió con una sonrisa enigmática. Podría referirse a la larga lista de conquistas que había construido a través de los años, o a los múltiples demonios que había doblegado a base de magia y voluntad. Incluso a los nephilims que había esquivado cuando sus actividades –de escasa moral- eran cuestionadas por la ley del ángel. Arthur Clare nunca perdía, pero también jugaba con ventaja; él no se atenía a las reglas. Lo ético, lo moral, todas esas cosas que otros profesaban y esperaban del resto como si fuera lo más lógico le venían pequeños. Para el Brujo sólo existía una ley en el mundo, y era la de no negarse nada.

Sin ninguna prisa, Arthur se dedicó a darle vueltas a la moneda entre los nudillos mientras Sugar bebía. Como una escama dorada, el canto se deslizaba entre los dedos, reptando entre sus dedos. Cuando la chica empezó a aplaudir, complacida, la colocó sobre el pulgar y la lanzó al aire. La pieza giró sobre su propio eje varias veces, cogiéndo velocidad justo antes de que la gravedad la reclamase. Aterrizó en la palma de su mano, grande, y tal como cerró el puño la moneda desapareció. Uno a uno desplegó los dedos, revelando piel, y nada más.

— Ah, ah, ah Repitió el mismo sonido con un retintín de advertencia, sin embargo, sonreía. Se frotó las manos y un polvillo dorado cayó de ellas sobre la mesa, algo que antes no había estado ahí. Aquel espectáculo era tan habitual que nadie en las mesas contiguas se había girado a contemplar. No eran mundanos, los trucos de baratillo con una chispa de magia no podían impresionar a licántropos enormes ni a vampiros inmortales. Sólo ella aplaudía, y en el ambiente flotaba una falsa intimidad. Se sentía como si estuvieran absolutamente solos en el restaurante, aunque él sabía perfectamente donde se posaban sus pies. — Un mago nunca revela sus trucos. Espera, ¿qué es eso?

Descruzó las piernas lanudas por debajo de la mesa, incorporándose con un brazo estirado hacia el rostro de Sugar. Sus dedos se deslizaron entre las hebras violáceas de su pelo, apartando la lana sintética del gorro para pasar las yemas por debajo de su oreja. Al retirar tela y pelo la naturaleza de sus orejas quedó expuesta, desnuda ante sus ojos y los sensibles dedos del mago, que recorrieron la forma puntiaguda del extremo superior. Siguió el movimiento, bajándo por el pabellón y arrastrando la caricia por la línea de su mandíbula hasta exponer entre los dos una nueva moneda. Tenía poco que ver con el penique usado de antes, esta era una moneda tan grande como la yema de su pulgar, con joyas minúsculas engalanadas; una moneda de la corte.

— ¿Te suena?

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El Hada siguió con la mirada los movimientos del mago con sumo detenimiento. Le gustaban los trucos, incluso aquellos que carecían de lo espectacular. A fin de cuentas todo lo que conllevaba cierta incógnita terminaba por atraerle sobre manera, como mosca a la miel, dada las características primigenias de su especie que adulaba los engaños laberinticos y las artimañas sutiles.  Sin embargo, su curiosidad estaba mas ligada al mago en cuestión que al polvillo dorado que caía de entre sus manos a medida que las movía, con una soltura que la hizo deducir cuan adepto era. Cuando el acto había comenzado a llegar a su final sus ojos se entrecerraron ligeramente, afilados como los de un gato a punto de abalanzarse sobre el resplandor de una luz roja. Se cruzó de brazos, expectante y ladeo la cabeza procurando no perderse detalle.

La hilarante y esperada afirmación del brujo le hizo reír,  su ceja derecha se curvó rápidamente en una interrogante muda cuando observo la mano vacía del brujo. Sabia que se traía algo mas entre manos ¿A caso aquel truco resultaba ser un preámbulo para algo que iba mas allá de demostrar la procedencia mágica de su acompañante? Sopesó en silencio que así era. Estaba por cuestionárselo y justamente, Arthur se incorporó luego de realizar su breve pregunta, sin darle tiempo alguno al Hada para responder.

De forma casi inmediata, todo su cuerpo pareció tensarse y ser recorrido por un hormigueo extraño en respuesta al tacto ajeno. Tuvo que retener el ferviente deseo de encogerse de hombros ante el roce del mago contra su elfica aureola. Se tomó su tiempo en recorrerla, rozando la piel y pendientes que le adornaban. Una impresión fugaz del como podía resultar tan delicado el roce de unas manos masculinas y amplias provocaron que los ojos de Sugar Beth destellaran con el brillo particular de la expectativa, resplandor que enfatizó sus ya de por si iridiscentes orbes.

A pesar de que aquel gesto termino resultándole muy intimo -dado a que sus orejas eran un punto especialmente sensible en la anatomía del Hada- no hubo sido razón para dejarle fuera de combate, procuró esbozar una sonrisa ladina para enmascarar el bochorno que la invadió vorazmente. Lo que si no fue capaz de ignorar fue el objeto circular entre los dedos del Arthur; Reconoció la manufactura de su etnia al instante, y aun así hizo todo cuanto pudo para mantenerse imperturbable. Hubo unos segundos de absoluto silencio, donde únicamente se escuchaba el tintineo de copas, cubierto y la charla de los demás comensales antes de que ella contestara –Pues yo no he puesto eso allí… seria un poco extraño que anduviese con una moneda entre las orejas ¿No crees?– repuso finalmente, su mirada se alternó de la moneda a los azules ojos del brujo como para corroborar su estado de serenidad –No, la verdad es que no me suena. Aunque estoy segura de que no fue sencillo conseguirla. ¿Cómo es que la tienes tu?–

la prescindencia de información en sus palabras era mas que evidente, dado a que estaba refiriéndose a esa moneda de manera especifica. Omitir ciertos datos trasgredía la veracidad de cualquier respuesta, un medio infalible para las criaturas que se veían privadas de la capacidad de mentir. ¿Qué si podía llegar a ser desesperante andarse con rodeos? Pues si, pero aquello siempre le divertía.



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Re: [FLASHBACK] EL TRANSCURSO DE LA NOCHE || SUGAR - ARTHUR ||

Mensaje— por Invitado el Mar Nov 22, 2016 3:14 pm

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No permitió que la risa brillante de la dama le distrajera de los secretos que intentaba revelar. Su hermetismo empezaba a ser frustrante. Arthur era un hombre que no sabía aceptar un no por respuesta, y aquellos ojos rasgados ocultaban muchos secretos. Entrecerrados, brillantes, eran dos joyas purpúreas engarzadas entre pestañas oscurecidas a base de mascarilla. ¿Serían de ese profundo violeta que se extendía por su cabellera? ¿Sería todo el vello de su cuerpo de ese delicado y antinatural color? Sabía disimular, pero revelaba su inexperiencia en el empeño que ponía en parecer que lo controlaba todo. Otra hada, de más edad, habría sabido jugar al juego que Arthur ponía sobre la mesa, utilizar la seducción como un arma con el que contrarrestar su fuerza, pero Sugar parecía indefensa entre esos peones. Se escurría, porque desconocía las normas y no sabía cómo se movían las fichas.

El silencio también jugaba en su contra. Inexperta, esa era la palabra. Sugar era una perfecta inexperta. En su defensa podía decir que no se desenvolvía mal, pero no era suficiente.

— Créeme, he visto cosas peores en sitios que no podrías ni imaginarte.

Y estaba siendo rotundamente sincero, precisamente eso era lo peor. Pero si tuviera que sacar sus aventuras sexuales sobre aquella mesa la muchacha saldría corriendo espantada. La moneda había empezado a dar vueltas alrededor de sus nudillos, empujada por la inercia de los movimientos sutiles del mago. No necesitaba magia para lucir un poco de prestidigitación. La luz agradable del restaurante arrancaba reflejos de la pequeña pieza dorada, sus joyitas de varios colores lanzaban haces teñidos de pigmento mágico, una verdadera pieza de orfebrería. Era casi un insulto a las monedas de cualquier otra clase colocarlas al lado de esa, quedaban como ridículos intentos de objeto, sucias y manoseadas. Las monedas de las hadas, así como sus señoras, tenían la cualidad de sobresalir entre todos los demás.

— La conseguí haciéndole los favores precisos a la gente precisa. Un portal por aquí, un beso por allá, le regalas el oído al consorte adecuado y pocas puertas se te cierran en ciertos lugares. Sólo hay que saber… como hacerlo. Sonrió, enigmático. Podría estar hablando de vampiros, de hadas, o de licántropos. Pero hablaba de hadas, el criterio de Sugar era el que tenía que dictar como entendía sus palabras, igual de enigmáticas que las de ella. Impulsó hacia el aire la moneda con la uña del pulgar, un golpe seco que la hizo girar en el aire, interponiéndose entre la mirada de ambos un segundo antes de aterrizar sobre la mesa. Giró sobre su canto, intentando encontrar su equilibrio sobre la mesa. Emitía un sonido tan brillante y encantador como la risa de la dama. Arthur aprovechó el momento para sacar la caballería pesada. — ¿Eres un hada, Sugar?

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Sugar alzó las cejas y esbozó una sonrisa incrédula al escuchar tales aseveraciones, las mismas podrían resultar polémicas  a los oídos de cualquiera debido a lo que podría llegar interpretarse entre líneas. En otrora -cuando contaba con la casta ingenuidad que había sido motivo de unas cuantas noches en vigilia para sus antecesores en la despedida de la misma- el Hada se habría mostrado totalmente confundida y probablemente, sin cavilar demasiado, le hubiese preguntado con franqueza al brujo a que se estaba refiriendo.

Puede que en el ahora contara con una imaginación menos limitada, pero supuso que cualquier imagen mental que ella pudiese elaborar se quedaba corta ante lo que ojos azules de Arthur habían presenciado. Prefirió entonces no decir nada al respecto, aquel camino parecía demasiado enrevesado para la inexperiencia del Hada, que a pesar de no haberse mostrado indulgente a la hora de responder a las preguntas que le había realizado el brujo, decidió que era momento de ceder, incluso si eso la hacia ir en contra del imán arcano que suponía sus propios instintos. La moneda giró en su eje,  y el Hada pareció esperar hasta que cesara antes de responder, con el mismo tono casual que se empleaba en cualquier conversación superflua, como si no estuviese a punto de hacer ninguna afirmación de importancia –¿Que te hace pensar eso? Es porque parezco sacada de una fábula infantil ¿Cierto? ¡Oh! ¿Lo dices por estas viejas cosas?– señaló vagamente su oreja derecha, rozando el diminuto pendiente dorado en su lóbulo –no es tan difícil conseguirlas, creo que vi un par de ellas en amazon y vamos, ¡los colores fantasía son tendencia! Puedes quedarte calvo en el proceso pero lucir como un hermoso poni al final del día–

Lo que prosiguió al sarcástico comentario no tenia precedente alguno; El Hada abría de quitarse el sombrero ante el brujo. La había dejado sin mas opciones que las de ceder a despojarse del enigma y literalmente la chica se quito el sombrero con el mismo dramatismo de un anónimo que se ve sin su antifaz, aun así una sonrisa le adornaba el rostro. Las preguntas de “si o no” no le dejaban demasiadas opciones para moverse y ante sus ojos, era hora de llevar la situación hacia otro rumbo diferente ¿O tal vez estuviese cediendo demasiado pronto? Era posible, pero ahora la muchacha estaba mas interesada en saber el efecto que podrían conllevar sus palabras –Muy bien Arthur Clare, puede que sea una mala perdedora pero me jacto de ser una persona justa e indulgente y reconozco, muy a mi pesar, que haz ganado esta vez. Basándome en mis costumbres, los ganadores deben llevarse una recompensa– tomó la copa medio llena, medio vacía entre las manos y sus uñas golpetearon un par de veces la fina cristalería –Entonces dime ¿Que desea el brujo que el Hada pueda cumplir?–


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