10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


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El monstruo debajo de la cama (Erik Vanhanen)

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El monstruo debajo de la cama (Erik Vanhanen)

Mensaje— por Invitado el Sáb Oct 08, 2016 9:58 pm

El monstruo debajo de la cama
→ Sábado → 18:35 Hrs. → Museo metropolitano de Nueva York  → Frio y húmedo


Había trabajado muy, pero muy duro desde que había llegado a la ciudad. Si la familia Cervantes podía ser conocida por algo seria por su dedicación al trabajo, siempre cumpliendo con lo que se les pedía, siempre estando a la altura de las expectativas y yo, siendo la menor de dicha familia, no me iba a quedar atrás. Misión tras misión, patrulla tras patrulla, sesión de entrenamiento o excursión a la biblioteca, siempre daba todo de mi.

Pero a veces se necesitaba descansar o el cuerpo lo resentiría.

Era mi primer día libre en semanas y sabia exactamente a donde quería dirigirme, nunca había sido la clase de chica que se iba de fiesta en la primer oportunidad, de hecho los lugares con gente en exceso me parecían incomodos, sofocantes y molestos por lo que bares o antros no estaba en la lista de lugares a los que deseaba ir por cuenta propia, había ido una vez al que llaman PANDEMONIUM junto con dos compañeros pero habíamos estado ahí por cuestiones de la Clave, no para divertirnos.

Pero estaba en Nueva York, la ciudad de las posibilidades, siempre ocurría algo interesante en algún lugar fueras Nefilim, mundano o subterráneo. Salí del Instituto envuelta en sueter negro ya que el día estaba húmedo y frio. Mis pasos eran lentos y distraídos pues miraba las calles por las que pasaba con atención, me gustaba encontrar pequeños detalles en las personas o en los lugares que visitaba, todo eso le daba personalidad a la ciudad y cuando conocías de esa forma la ciudad podrías saber exactamente que esperar.

O... Por lo menos así era en tiempos normales. En tiempos de guerra como los actuales eso no servía de mucho, siempre ocurriría algo inesperado para tronar tus planes.

Pedía a Raziel que este fuera un día normal, un día sin que tuviera que hacer uso del cuchillo serafín, única arma que cargaba por este día. Llevándome lejos de mis pensamientos me acerque al museo metropolitano de arte de Nueva York, además de las exposiciones habituales que no solían salir de esas paredes a veces llegaban piezas o exposiciones extranjeras a ser expuestas en el lugar, normalmente dichas exposiciones solían atraer a muchas personas abarrotando el lugar pero, muy para mi suerte personal, este era el penúltimo de la expo y por ello había menos gente de lo normal.

Entre por las grandes puertas caminando lentamente por los pasillos, observando con detenimientos las pinturas y esculturas que se encontraban frente a mi, me senté frente a una pintura bastante grande la cual tenia una banca a medio metro para que las personas pudiéramos verlo todo lo que quisiéramos. Puse en mis piernas la bolsita que llevaba y la abrí, buscando el programa del museo hasta que sentí un escalofrió que escalo por toda mi columna, al instante gire medio cuerpo para encontrarme con... Nada... Nada fuera de lo normal, personas yendo y viniendo de aquí para allá absortas en sus propios mundos.

Todo parecía normal y aun así me sentía extraña, como si algo o alguien me observara.

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El monstruo debajo de la cama
→ Sábado → 18:35 Hrs. → Museo metropolitano de Nueva York  → Frio y húmedo
Por supuesto la belleza era algo completamente subjetivo.

Para lo que Erik resultaba encantador, como eran los gritos de dolor de sus víctimas, el calor de la sangre pegajosa recorriéndole los dedos o los gemidos de sus subyugados cuando los hacía retorcerse de placer, conformaba para los demás algo grotesco, insoportable y ciertamente desagradable. Él, en cambio, encontraba todo aquello fascinante, sublime y sobrecogedor. Le hacía llegar al éxtasis de una forma que pocas cosas, situaciones o personas conseguían, y quizás lo que más le gustaba era que pocas personas compartían ese tipo de afición que incluía torturar, desgarrar y juguetear con el corazón de sus víctimas (literal y no literalmente) entre sus manos.

Sin embargo, también se podía decir que Erik entraba en los convencionalismos mundanos en otros aspectos, y disfrutaba de la música, de la ópera y de la pintura como cualquier snob rico que daba dinero a la ciudad y luego se paseaba por ella como si la hubiese construido con sus propias manos. A él se le daba muy bien interpretar ese papel y lo hacía con tal holgura que rara vez alguien que no le conociese estupendamente podía llegar a pensar que quizás era todo una pantomima y que se trataba de una criatura de otro mundo. No obstante, sí que disfrutaba de verdad con el hermoso arte de los humanos; era lo único que turbaba el remolino de oscuridad que se arrebolaba siempre dentro de su alma, y a veces, sólo a veces, le gustaba sentir esa paz calmando lo caótico de su propia esencia, porque temía que algún día eso mismo terminaría por destruirle.

Demasiado fuego. Demasiado intenso. Demasiado todo.

Por eso aquella tarde había indicado a su torpe nuevo chófer que le llevase al Metropolitan, pues le apetecía perderse entre las bellas pinturas y esculturas en aras de que eso le tranquilizase ligeramente. Pues los últimos acontecimientos que estaban por suceder le tenían demasiado excitado y ya había matado a tres personas de su servicio cuando en un principio no había pretendido hacerlo, y no era tan fácil encontrar criaturas dispuestas a vivir bajo una total y absoluta sumisión. El viaje en coche se había hecho largo, el ascenso por las escaleras tras despedir al idiota que lo llevaba eterno, pero mientras paseaba lentamente por los pasillos del museo el tiempo dejó de pasar y se detuvo. Erik disfrutó de la tranquilidad del silencioso espacio, a pesar de estar rodeado de humanos, y durante horas fue capaz de fundirse con ellos sin sentir la más mínima necesidad de hacer que la sangre brillase sobre aquel reluciente suelo.

Hasta que la vio allí sentada.

Los ojos se le abrieron de par en par al reconocer la esencia misma de la nefilim que estaba observando uno de los enormes cuadros, y las fosas nasales de Erik aspiraron hasta cada pequeña partícula que había por allí, excitado. Como todo demonio, los nefilim suponían una amenaza y su presencia un nuevo enemigo, pero para él sólo le abría las puertas al maravilloso mundo del que estaba intentando escapar. Apretó los nudillos e incluso realizó un esfuerzo para apartar su atención de ella e intentar volver a encontrar la renovada paz que el arte le había traído, pero la llama que habitaba en su interior se había vuelto a encender y ahora rodaba en un remolino que de forma lenta y sosegada empezaba a ser cada vez más y más grande.

Con las manos en los bolsillos de sus carísimos pantalones, Vanhanen se aproximó lentamente hacia el lugar donde estaba sentada y se colocó de espaldas a ella pero cerca de su pequeña figura. Cruzó las piernas, colocó las manos sobre el regazo y tras unos segundos controló perfectamente cada pequeño temblor que podía llegar a sufrir su cuerpo.

¿No resulta fascinante como las personas son capaces de crear semejante belleza con sólo un lienzo y algo de pintura? —comentó con voz suave, como si estuviese hablando consigo mismo, pero con claras intenciones de ser escuchado.


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Re: El monstruo debajo de la cama (Erik Vanhanen)

Mensaje— por Invitado el Lun Oct 31, 2016 9:31 pm

El monstruo debajo de la cama
→ Sábado → 18:35 Hrs. → Museo metropolitano de Nueva York  → Frio y húmedo


Nada fuera de lo normal, frente a mi solo estaba el panorama de un museo lleno de gente, todos absortos en las obras de arte que los rodeaban o perdidos en la burbuja de su acompañante ¿Estaba volviéndome paranoica?

Volví a darme la vuelta para seguir viendo el cuadro, me encantaba la forma en la que el pintor había representado a su modelo; Una mujer de cabellos tan oscuros como el ébano y de facciones muy finas. Una mujer hermosa sin duda para ser mundana aunque claro, era probable que no lo fuera y el que el artista lo supiera o no daba igual.

Un pequeño movimiento detrás mío me saco de mis pensamientos regresándome a la realidad, había visto una silueta por el rabillo del ojo y sabia que alguien estaba sentado a mis espaldas, seguramente alguien cansado de estar caminando y de pie viendo lo que el museo ofrecía o bien, alguien que como yo se había sentado para ver mejor alguna pieza. Guarde el folleto del museo de nuevo en mi bolsa y justo cuando la cerraba escuche la vos de quien compartía banco conmigo.

"¿No resulta fascinante como las personas son capaces de crear semejante belleza con sólo un lienzo y algo de pintura?" fueron sus palabras. Una pequeña sonrisa se dibujo en mis labios, ciertamente era impresionante el como las personas eran capaces de plasmas sentimientos, fantasías y belleza utilizando solo pinturas y una superficie donde ponerlas. "Una razón mas para proteger este mundo de los demonios" pensé de inmediato, alejando mi mente todo lo posible de mi propia venganza contra los demonios.

Gire un poco mi cuerpo para poder ver a la persona detrás mío, era un hombre de apariencia cuidada y ropa cara, tenia un porte elegante aunque se lograba notar que no era del todo natural, era mas bien una elegancia calculada - Es algo fascinante sin duda - Respondí con la amabilidad en mi vos, me era agradable el conocer personas nuevas, para mi era una forma mas para enriquecer mi vida - La creatividad humana es sin dudas maravillosa, cuando crees que ya lo has visto todos siempre hay algo o alguien que logra sorprenderte, espero no sonar muy infantil o inocente con lo dicho -

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Re: El monstruo debajo de la cama (Erik Vanhanen)

Mensaje— por Erik Vanhanen el Miér Dic 14, 2016 12:15 pm

El monstruo debajo de la cama
→ Sábado → 18:35 Hrs. → Museo metropolitano de Nueva York  → Frio y húmedo
Erik giró el rostro para darse el lujo de dejar traslucir una sonrisa que habría hecho temblar a la persona con el corazón más negro del mundo entero, pues dejaba traslucir todo lo que realmente pensaba, sentía y ansiaba. Las palabras de la joven nefilim sonaron dulces a sus oídos, cándidas, y la ansiedad por corromper y destruir el alma que estaba a su lado se intensificó hasta tal punto que resultó tan doloroso como placentero. Ah, el éxtasis de la caza contrastado, siempre enfrentado a su impaciencia natural. Aquel pequeño tira y afloja que le había hecho perder la cara por Éline y que le arrastraba siempre a lo más oscuro de sí mismo para retorcerse como un animal atrapado por la brea.

Claro que no, querida. Pero aunque así fuera, en absoluto sería malo, pues la inocencia de los niños hace que a sus ojos todo sea mucho más hermoso, mucho más fascinante y mucho más perfecto.

Su voz sonaba perfectamente recatada, absolutamente delicada y suave. Casi no parecía que antes hubiese mostrado al mundo la mayor de las crueldades enfrascada en una sola mueca de su marmóreo rostro. Erik se regocijaba por dentro, aún incapaz de centrar sus pensamientos en una idea fija que le permitiese decidir qué hacer con ella, de modo que se dedicó a improvisar de forma lenta, pues estaba seguro que de ahí sacaría algo delicioso que hacer. Experto en esconderse de sí mismo, incluso, aparentaba absoluta tranquilidad sentado al lado de una de sus mayores enemigas, con el rostro dulcificado por la belleza del cuadro que tenía delante, como si fuese una persona normal y corriente. Si ella no había sabido distinguir lo repugnante de su hedor o la malicia que manaba de su persona él no iba a hacer nada que propiciase que su máscara cayese en pos de revelar lo que ocultaba detrás.

Respiró profundamente, pareciendo apesadumbrado, como si un sentimiento o recuerdo doloroso hubiese atravesado su corazón. Negó con la cabeza y se llevó la mano a la frente, intentando inspirar la compasión que solía despertar en los estúpidos mundanos y en las incautas mundanas cuando actuaba.

¿Sabes? Una vez amé a una mujer que era artista. Una de las mejores que he visto nunca. Era capaz de crear absolutamente de la nada, como una diosa, y cada vez que plasmaba trazos en sus lienzos podía hacer llorar incluso al más frío corazón. Pero las almas de semejantes criaturas arden con demasiada intensidad para permanecer vivas mucho tiempo, y murió joven, demasiado joven. El destino la arrancó cruelmente de mi lado. Durante muchos años quise huir de su recuerdo pero últimamente, cada vez que veo pinturas como estas, pienso en ella demasiado. No entiendo por qué...

Mantuvo una pausa dramática para hacer reflexionar a la joven, o para hacerla sentir incómoda, o para despertar su curiosidad y/o compasión. La historia no era del todo falsa. Allá por el siglo XV había conocido a una hermosa pintora renacentista que había hecho llorar a duques y reinas; él la había seducido con sus encantos, pues la había deseado desde el primer momento, y tras usar sus crueles artes con ella, la joven no había soportado seguir viva y se había suicidado. Erik se había llevado todo su trabajo con él el resto de su existencia, y esos cuadros eran los que adornaban sus respectivas mansiones, casi como un trofeo de caza. Un triunfo sobre la debilidad humana.

Perdóname, siento haberte contado todo esto. Debes pensar que estoy loco, hablando de mis intimidades con una desconocida... —Soltó una risa cansada—. No quería incomodarte, discúlpame.


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Re: El monstruo debajo de la cama (Erik Vanhanen)

Mensaje— por Invitado el Miér Ene 04, 2017 9:58 am

El monstruo debajo de la cama
→ Sábado → 18:35 Hrs. → Museo metropolitano de Nueva York  → Frio y húmedo


El hombre detrás de mi se giro un poco hacia cuando mis palabras le alcanzaron y entonces sonrió. Su sonrisa hizo que un escalofrió me recorriera la espalda, había algo en ella que había perturbado mi tranquilidad y por unos segundos mi rostro mostro un atisbo de intranquilidad. Me quede quieta con medio cuerpo girado hacia mi nuevo compañero y la mano aun en la bolsa sin soltar el folleto que me había decidido por guardar.

Las siguientes palabras sonaron normales, incluso suaves y delicadas ¿Había imaginado lo de la sonrisa? Mi rostro seguía mostrando ahora esa amabilidad y tranquilidad anterior pero muy en el fondo de mi pecho había un sentimiento de peligro que se había encendido y se rehusaba a extinguirse.

Dicho sentimiento pareció gritar en mis interiores al ver como el hombre frente a mi había adoptado un aire de tristeza en tan solo instantes, lo habría pasado por sincero si no fuera porque minutos antes había mostrado una tranquilidad y elegancia totalmente calculadas ¿Acaso estaba actuando o era simplemente mi paranoia la que se había despertado sin provocación alguna? A veces odiaba el que los Nefilims no tuviéramos vacaciones, un tiempo lejos del submundo, los demonios y las guerras le vendrían bien a mis nervios.

- Son... Cosas que pasan - Respondí, queriendo creer en que lo decía sinceramente y no como una pieza de actuación mas - Cuando perdemos a un ser que amamos es común que pequeños detalles nos recuerden a ellos - Cada que visitaba un museo pensaba en mi parabatai, a ella le hubiera gustado mucho mas este lugar - No es algo que se deba o se necesite entender, simplemente pasa, no importa quien seas.

Le dedique una sonrisa amable y comprensiva al hombre junto a mi, no me gustaba desconfiar de las personas aunque mi sangre me pidiera que lo hiciera así que había decidido que su historia era real, drama extra o no parecía ser real de alguna forma - Bueno, en realidad es mas fácil desahogarte con un desconocido, después de todo ¿Qué te obliga a verle de nuevo para que te juzgue? - Me levante de la banca rodeándola, quedando de frente al hombre, mirándole bien - Así que por esta tarde puedo ser esa desconocida si es que cargas penas muy pesadas -Total ¿Qué podría perder?

No sabia en lo que me metía.

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→ Sábado → 18:35 Hrs. → Museo metropolitano de Nueva York  → Frio y húmedo
En el fondo, a Erik le fascinaba la facilidad con la que algunas criaturas se entregaban a la compasión ajena, y no podía entenderlo. Era como si el sufrimiento ajeno les causase una molestia, o un dolor, o una incomodidad, y se molestaban en hacerla desaparecer para poder continuar felizmente con su existencia. Algunas personas lo llamaban amabilidad, sensibilidad o empatía; Erik lo llamaba egoísmo, y por eso solía escudarse detrás de eso para acercarse a sus víctimas. ¿Qué era a fin de cuentas, sino una respuesta para alejarse de lo que le hacía sentir incómodo al humano de turno? Como no soportaba percibir tristeza se las ingeniaba para que el foco de donde venía se aliviase lo suficiente como para hacerla desaparecer de forma paulatina y así, regresar a su estado de paz personal. Erik se negaba a creer que la humanidad podía llegar a ser desinteresada, principalmente porque él, como mundano no lo había sido.

Pero lo cierto es que, fuese por el motivo por el que fuese por el que la especie humana tendía a acercarse a sus iguales para hacer desaparecer la tristeza, a él le servía para utilizarla en su contra y hacerles caer en la más profunda de las oscuridades existentes. Se preguntó de refilón si podía conseguir que esa joven abandonase ese lado luminoso en el que estaba -figurada y literalmente, pues se había levantado para ponerse cara a cara con él, intentando ser comprensiva con su dolor- y sumergirse en sus brazos en los pozos de negra brea donde nadaba desde hacía siglos.

Sus pensamientos, por supuesto, no se correspondieron con sus actos. Sonrió con cierto cansancio, con una particular pesadumbre, como si a pesar de todo sus palabras no consiguiesen calmar la desazón que en ese momento le inundaba, y suavemente negó con la cabeza mientras chocaba las palmas de sus manos con ligereza. Todo era una actuación, siempre, cada segundo de su vida, y cada pequeño movimiento estaba fríamente calculado, aunque muchas veces su naturaleza violenta podía más que sus esfuerzos por encantar cual serpiente.

Me resigno ante la evidencia. Es cierto que la cercanía de una persona desconocida a veces es lo único que necesitamos para poder hacer salir con fluidez todo lo que guardamos en nuestro interior. Todo eso que parece que va a permanecer encerrado dentro de nuestros corazones hasta el día en que desaparezcamos. —Sonrió, esta vez de forma incluso cariñosa—. Tú también me recuerdas a alguien que perdí hace mucho tiempo, ¿sabes? Era comprensiva y amable, como tú, y se preocupaba por los problemas de las demás personas. Y eso es raro de encontrar en este mundo egoísta en el que no parece que podamos ser capaces de separarnos de nuestros propios intereses. Dime, muchacha, ¿podría saber tu nombre? Yo soy Erik. Erik Vanhanen. —Le tendió la mano para estrechar la suya, pequeña y angelical. Podía llegar a controlar el asco que le daba rozar su piel con bastante disimulo—. Encantado de conocerte.

Se puso de pie después de las pertinentes presentaciones, se recolocó la chaqueta de su elegante y fino traje hecho a mano y dirigió la mirada a Noa mientras se colocaba las manos entrelazadas en la espalda.

Tenía intención de seguir contemplando este maravilloso arte que nos es expuesto. ¿Querrías hacer el honor de acompañarme? Quizás así podamos seguir conversando durante un rato más, y tu presencia podría amenizar mi soledad en estos momentos. Por supuesto no tienes que sentirte comprometida a decirme que sí, podría entender que prefirieses avanzar sola por las interminables salas del museo. Pero ya que vamos a compartir la misma ruta, no me ha parecido mala idea.


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Re: El monstruo debajo de la cama (Erik Vanhanen)

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