10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


25/12 - ¡Por fin se ha abierto el panel de inscripción para moderadoras/es! ¡Apuntáos cuanto antes! Además, administración quiere dejar constancia de que, con motivo de las fiestas, la nueva limpieza por inactividad se realizará entre los días 03 y 04 de enero. ¡¡De nuevo, Felices Fiestas, submundis!!


19/12 - ¡Las noticias de final de 2016 están recién sacaditas del horno! ¡Felices fiestas!


04/10 - ¡Aquí llegan el inicio oficial de la Trama Global! Seguid este caminito de baldosas amarillas para saber dónde están vuestros temas, quiénes participan y decidir en cual entrar. ¡Esperamos que lo disfrutéis mucho!


06/09 - ¡Aquí llegan los cambios en la ambientación y la trama y las noticias de agosto y septiembre! No dejéis de leerlas, porque dentro hay muchos cambios importantes.


31 # 39
22
NEFILIMS
4
CONSEJO
9
HUMANOS
9
LICÁNTRO.
6
VAMPIROS
11
BRUJOS
4
HADAS
5
DEMONIOS
0
FANTASMAS

They're out to get you, there's demons closing in on every side... || Winter

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Halloween se acercaba. A Rowan le daba igual, pero sabía que los humanos tenían un curioso gusto por celebrarlo, disfrazarse y meterse en el mundo de las sombras más de lo que deberían. La noche de los muertos era una noche perfecta para las criaturas sobrenaturales, para mostrarse como eran y no ser temidos, para acercarse a los humanos de un modo que normalmente no podrían. No sabía si Winter tenía en mente salir por la ciudad, si había quedado con algún amigo (no quiso pensar en el nefilim aunque probablemente él fuera la mejor opción para salir la noche de Halloween) o si quería quedarse en casa, así que lo preguntó de manera muy sutil. Le sorprendió saber que ella no tenía ningún plan y que incluso había pensado que podían ir a casa de Marjorie, ya que tenían las llaves. Rowan sopesó las posibilidades durante un instante antes de responder afirmativamente, dado que recordaba el vecindario de la señora White, apartado de la gran urbe, tranquilo y con casas muy espaciadas de familias humanas completamente normales. Sí, irse allí se planteaba como una gran idea. Sin embargo, recordó a Winter estornudando a la llegada del gran duplex de lujo. La casa llevaba cerrada desde que la buena mujer falleció, y posiblemente estuviera llena de polvo, ¿podría aguantar la rubia aquello o habría que recurrir a un equipo de limpieza?

Aquello quedó solucionado nada más hacerle la pregunta a Winter y aquel viernes al salir del trabajo, la inspectora White dejó claro que iba a estar fuera de la ciudad hasta el día 2 de noviembre, cogiéndose unos días de vacaciones para ello. Quería pasar el fin de semana fuera, con su marido, o al menos eso es lo que había explicado en el trabajo mientras un Rowan invisible para todos los humanos allí presentes se aguantaba la risa por la cara de ella intentando no ser descubierta en la mentira. Eso de fingir ser marido y mujer aún se le hacía raro a Rowan, a pesar de que la idea había sido suya en casa de la familia Rosewood.

Así que allí estaban, 31 de octubre de 2016 en el antiguo hogar de Marjorie White, la casa a medio decorar con telarañas falsas (había tenido que quitar las de verdad, dejando a unas interesantes arañitas sin casa), la calefacción a tope porque el invierno se acercaba a la ciudad a pasos agigantados, y todo lleno de cuencos con chuches por si había niños que se acercaban a pedir truco o trato. Rowan estaba sentado en el sofá donde la abuela White había hecho sopas de letras, con un libro de pasatiempos entre las manos, un boli, el ceño fruncido y Kaylee en las piernas. La estampa era cuanto menos irónica, pero la gata posiblemente hubiera sentido que aquella noche lo mejor era estar cerca del demonio y ser su amiga. Ya tendrían tiempo de odiarse el resto del año. Había descubierto que aunque los crucigramas se le daban mal, tenía una facilidad asombrosa para resolver sudokus y estaba como un tonto completando aquellos cuadritos con números del 1 al 9. Era la primera vez que los hacía, pero al encontrar el cuaderno aquel sobre la mesa, había recordado lo que disfrutaba Marjorie y le había picado la curiosidad por ver qué era lo que la tenía siempre tan entretenida. Todas las sopas de letras estaban resueltas, los crucigramas no todos y los sudokus más fáciles se encontraban completos pero al mirarlos se había dado cuenta de que varios estaban mal hechos. Aún sin haber leído las instrucciones lo había entendido solito y estaba más que emocionado rellenando numeritos.

Para ser sincero, no sabía dónde se encontraba Winter, no recordaba si se había ido a dar una ducha, a dormir o a dar un paseo porque llevaba ya un rato considerablemente largo enganchado a los sudokus cuando el teléfono sonó y le hizo pegar un salto. Había visto a Marjorie usar aquel cacharro y a Winter con uno similar en sus dos casas, así que visto que la rubia no descolgaba, lo hizo él. Agarró el aparato y apretó el botón verde porque tenía pinta de ser el que funcionaba. El verde siempre significaba “bien” y el rojo “mal”, ¿por qué no iba a significar descolgar y colgar? Kaylee le bufó desde el suelo porque había aparecido directamente al lado del teléfono y ella había pasado de estar sobre sus piernas a estar en el suelo tirada. Se subió al sofá de un salto mientras la voz de Winter se colaba por el aparato. Rowan miró aquello que hablaba como la rubia y con duda se lo acercó al oído. Para ser sinceros, no prestó mucha atención a lo que decía mientras continuaba haciendo cálculos y rellenando su sudoku nivel difícil con el que llevaba ya diez minutos y estaba a punto de terminar.-¿PERO QUIERES QUE VAYA A POR TI?- Exclamó alzando la voz para que Winter pudiera escucharle a través del aparato. Pensó que hablando en voz alta le llegarían bien sus palabras. No entendía que con hablar normal bastaba.


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Era treinta y uno de octubre, el frío se había adueñado de la ciudad, los árboles perdían lentamente sus hojas marrones para quedarse desnudos ante la futura llegada del despiadado invierno, los niños corrían de aquí para allá para acabar de decidir con sus amiguitos a que hora saldrían a pedir los caramelos y Winter paseaba caminando a la pastelería más cercana. Siempre le había gustado el otoño, pero lo que más le fascinaba de todo era el día de los muertos. Siempre había celebrado Halloween, y era su fiesta predilecta, justo después iban las navidades. Teniendo en cuenta todo lo mencionado anteriormente, era comprensible que que la rubia se hubiera dejado sus casos aparte y hubiera pedido algunos días para celebrar su día favorito, hubiera despilfarrado cantidades indecentes de dinero en telarañas falsas, caramelos para alimentar a todos los niños de Nueva York, decoración tétrica, calabazas y un vestido victoriano con un corsé de color negro y rojo sangre. Su única duda era como se lo iba a poner sola, porque el dichoso corsé tenía los lazos atrás, en la tienda para escoger la talla le había ayudado su madre, ajustándolo tanto que pensaba que iba a morir asfixiada. Scarlet estaba obsesionada con que se le viera un buen escote y una cintura diminuta, según ella para hacer a su marido babear. Winter quería echarse a reír pero por respeto a la buena mujer que le había dado la vida, fingió interés por la prenda y porque Rowan tuviera una erección inmediata al verla. Evidentemente ninguna de las dos opciones era viable: ni ese vestido exagerado que a la joven le parecía incómodo e innecesarios en su vida, ni que Rowan se quedase anonadado al tener una vista parcial de sus pechos y de su estrecha cintura (básicamente porque ya la había visto desnuda).

El vestido había resultado ser muy caro para ser un mero disfraz y Scarlet, había insistido en comprárselo junto a un par de colmillos de masilla que se podían ajustar al gusto del cliente. Winter que estaba rotundamente en contra de que en halloween se llevaran disfraces de furcia barata, es decir, de mujeres de vida muy alegre, estaba indignada con toda la situación. Quería ir disfrazada de vampiresa, no disparar la libido de todos los padres que tocaran a la puerta acompañando a sus inocentes pequeños en su ardua tarea del truco o trato. Sin embargo, no podía negarse porque no tendría sentido, se suponía que ella tenía una vida sexual muy ajetreada, cortesía de Rowan y su lengua demasiado larga, y que se desvivía por complacerlo. ¿Qué mujer no quería que su marido la desease a todas horas? La respuesta era Winter. Ella no tenía marido, y aunque le gustaba el moreno (porque ya lo había admitido, le gustaba Rowan) no quería calentarlo y ser su sueño erótico. Ella estaba bien con su cuerpo tal y como estaba, no necesitaba nada profanado por un demonio de voz sensual y de ojos arrebatadores. Después de comprar el vestido y la masilla extraña, había tenido que llevarlos directamente a la casa de su difunta abuela y esconderlos en la habitación principal mientras estornudaba como si no hubiera un mañana. Al acabar de colocar la enorme bolsa en el armario más grande, se había dirigido a su apartamento y le había dicho a Rowan que el viernes de esa semana se irían a casa de Marjorie a limpiar, haciéndose la tonta, como si no hubiera pisado aquel lugar desde aquel fatídico día en que ésta falleció.

En cuanto acabaron de limpiar, la joven White pudo liberarse de la máscara blanca que cubría sus boca y nariz, y que había evitado que muriese de sobredosis de polvo. Entre los dos habían medio decorado el salón y el hall, pero Winter tuvo que salir porque había encargado unos cupcakes coronados con frosting en forma de fantasmas, calabazas y calaveras, y tenía que ir a buscarlos. Le había dicho a Rowan que salía, pero él parecía muy entretenido haciendo unos sudokus de un libro viejo que había sido de su abuela y con Kaylee hecha una bolita en sus piernas. La rubia le regaló una mirada de desdén a su gata traidora mientras se ponía la chaqueta y salía por la puerta hacia la pastelería. Antes de llegar al establecimiento pasó por una tienda de disfraces, se paró mecánicamente pensando que el moreno no tenía disfraz; se encogió de hombros y entró en la tienda. Ya no quedaría nada interesante porque la gente ya se había llevado lo mejor, pero no perdía nada por rebuscar. Encontró unos cuernos de plástico rojo, que iban en una bolsa de red blanca con un tridente del mismo color, ambas cosas eran de un plástico de calidad paupérrima y se notaba a leguas que era para niños, pero la sonrisa de Winter se amplió mientras cogía el móvil y marcaba el número de la casa de Marjorie. Había decidido hacerlo de la manera tradicional porque había un grupito de adolescentes muy cerca de ella, y no sería muy normal que se quedase en 'stand by' mientras conectaba mentalmente con Rowan. El demonio descolgó el teléfono.

-¿Rowan? ¿Hola? ¿Puedes oírme? Estoy en la tienda de fiestas que hay al lado de la pastelería aquella donde encargamos los cupcakes.- La pregunta que soltó a pleno pulmón la hizo separar la oreja del aparato.- Rowan si hablas normal también te escucho. Sí pudieras venir a ayudarme... no creo que pueda con todo el peso yo sola.- Afirmó poniendo esa voz que sabía que hacía al demonio acceder a todos sus deseos aunque intentara aparentar que le daba igual.- ¿Pero te acuerdas de aquel callejón que había al lado de la tienda?- Preguntó deseando que él captara la indirecta de no teletransportarse directamente a la tienda y hacer a todas las personas alucinar.- Yo sé que tu medio de transporte es muy cómodo pero podrías asustar a la gente...- Añadió con la esperanza de que le hiciera caso. - Tecla roja para colgar. Hasta ahora.- Una de las chicas la miró con una sonrisa burlona, seguramente creyendo que hablaría con su padre o con su abuelo. Winter ignoró la mueca socarrona y prosiguió con su sagrado deber de encontrar el disfraz perfecto para su maridito. La campanilla del establecimiento sonó y las chicas que aún seguían a su lado, hablando de cualquier tontería de la cual Winter pasaba olímpicamente, reprimieron un chillido. Claramente habían visto algo que les gustaba, o mejor dicho, a alguien que les encantaba. Ese alguien tenía el pelo negro, los ojos azules, un piercing en la nariz y una camisa holgada que dejaba a la vista su pecho vagamente tatuado. La rubia, con la cabeza prácticamente metida en el perchero de trajes, indagando, suspiró resignada sin levantar la vista. ¡Qué edad más terrible estaban pasando esas chicas! Casi se apiadaba de sus pobres madres, quienes debían aguantar sus alaridos agudos y sus hormonas revolucionadas diariamente. También se compadecía del desafortunado individuo que las había fascinado, que las hacía murmurar y de vez en cuando soltar algún que otro gritito mal contenido.




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- ¿CÓMO PUEDES OÍRME?- Dijo, aún alzando la voz para que a Winter le llegase su mensaje completo.- DAME UN MINUTO.- Al escuchar que ella no podría llevar todo el peso de lo que había comprado sola, se separó el teléfono de la oreja, de modo que no escuchó la recomendación de la rubia de aparecer en el callejón. Iba a colgar cuando le llegó la pista de Winter de que era el boton rojo. Rowan lo había intuido antes al ver que el verde hacía que la llamada se descolgase, pero agradeció la aclaración igual. El sudoku había pasado a un segundo plano al saber que ella necesitaba ayuda para cargar los cupcakes que había encargado, así que dejó el cuadernito sobre la mesa de café dónde lo había encontrado y al instante el demonio ya no estaba en la casa. Apareció en medio de la calle pero nadie se dio cuenta porque el glamour le cubría. Sólo los seres de su mundo podrían haber visto su figura salir de la nada, pero le daba igual… Al fin y al cabo, él podía ver orejas picudas y marcas demoníacas. Y todos habían aprendido a ignorar aquello porque para ellos era de lo más normal; excepto quizá un caballero seelie que se acababa de quedar pasmado en la acera de enfrente.

Rowan se giró hacia la tienda, y al ver que estaba junto a la pastelería de los famosos cupcakes encargados por Winter, entró. Nunca se había parado a pensar en su aspecto o en que la ropa que llevaba no era quizá la más adecuada para la temperatura que hacía, quizá por eso las miradas de un grupito de adolescentes se clavaron en él… Un joven alto, y con un claro problema para saber que hacía frío y que debía taparse. No les prestó atención mientras buscaba a Winter por la tienda, pero no la encontró porque ellas la tapaban. Además, ésta se encontraba mirando entre los percheros y su cuerpo estaba parcialmente oculto por los disfraces que aún la gente no se había llevado. Finalmente, clavó sus helados ojos en el grupito de muchachas que empezaron a mirarse unas a otras, a sonreír y disimular muy mal. Era la noche de los muertos, y Rowan el demonio estaba acaparando el escenario… Podía ser muy tranquilo, pero también podía portarse como los suyos y disfrutar corrompiendo almas humanas. Mientras se acercaba a ellas, una sonrisa canalla se instaló en sus labios y las pulsaciones de las jóvenes se dispararon. Pudo ver su pulso en el cuello de ellas, latiendo a mil por hora, las mejillas de algunas incluso se tornaron rojas y se detuvo a distancia suficiente como para tener al grupito entero en su campo de visión.

Las cinco chicas se quedaron de piedra, mientras todas lo miraban de arriba a abajo, deteniéndose en sus rasgos afilados; sus claros y gélidos ojos, su sonrisa que no auguraba nada bueno, y los tatuajes que la chaqueta tapaba muy escasamente. Ese joven estaba loco, ¿quién iría por la calle un 31 de octubre así? Pero por otro lado… Les estaba regalando la vista, aunque todas pensaron que debería haberse tapado más, dieron las gracias porque se había plantado de esa guisa en la tienda. Alguna incluso deseó poder seguir los trazos de tinta por su cuerpo; para ver hasta dónde llegaban.- Estoy buscando a alguien, a lo mejor podéis ayudarme.- Preguntó suavemente con esa grave y oscura voz tan característica de él cuando estaba de buenas… Las cinco asintieron al unísono. Mientras Rowan describía a Winter (rubia, ojos azules, alta y esbelta), una de las chicas empezó a juguetear con su pelo tontamente, otra se pasó la lengua por los labios, una tercera se mordió el labio inferior, mientras que la cuarta decidió seguir mirándole de manera indiscreta. La quinta y más atrevida, le dijo que la joven que estaba describiendo no había pisado aquella tienda, que ni siquiera había una muchacha así en el vecindario. No obstante, dijo, que si estaba buscando a alguien con quién disfrutar la noche de Halloween, ellas estaban invitadas a una fiesta y que podría acompañarlas.

Una de las cinco chicas dijo que podría pasar por un vampiro como los de Crepúsculo, que no tendría ni que maquillarse y otra se apoyó en el perchero más cercano quizá en un intento de no caerse de culo porque estaba segura de que Rowan la había mirado directamente a ella y le había guiñado un ojo. La que había negado haber visto a Winter había sacado su smartphone con intención de quedarse con el número del chico, su nombre, y si podía ser, una foto también… Pero el perchero no tenía el freno echado y se desplazó lo suficiente como para dejar un delgado cuerpo al descubierto, uno demasiado familiar para Rowan. Estaba rebuscando algo y por eso estaba agachada y no la había visto. El demonio se olvidó entonces de las muchachas, pasó entre ellas y se colocó junto a Winter. Su mano (que de haber estado solos, se habría quedado en su sitio) no solo la agarró para sacarla del perchero, sino que además se quedó sobre su trasero de manera casual.

Ante la mirada estupefacta de las chicas, Winter quedó entre sus brazos. ¿Estaban juntos? ¡Pero si eran completamente opuestos! Ella podía haberse colado por el moreno (¿quién en su sano juicio no iba a perder la cabeza por esa sonrisa?, pensaron algunas), pero no pegaban ni con cola. Y por eso no despegaron la mirada mientras la besaba, del fervor con el que devoraba su boca, o cómo las manos de él la apretaban contra su cuerpo. Aquello era demasiado para seguir mirando, daba la sensación de que en cualquier momento empezaría a arrancarle la ropa pero no podía simplemente fingir que la pareja no estaba ahí. No podían mirar hacia otro lado por mucho que quisieran. Y mientras, Rowan se decía a sí mismo que o dejaba de hacerle eso a Winter o algún día la mataría por combustión espontánea. Porque aún recordaba cuando la había besado de esa misma manera en la casa Rosewood y cómo se sentía su pulso bajo su boca. Porque no había podido olvidar su gemido y en el fondo sabía que si hacía aquello era porque quería volver a escucharlo.
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Encontrar cosas que las demás personas daban por perdidas era su trabajo. Winter pensaba que seguro que había un bonito disfraz esperando ser puesto por algún despistado que había pospuesto los preparativos de halloween a última hora. También había que replantearse la concepción de belleza que tenía la rubia, porque el disfraz de oso que había visto le parecía realmente adorable. Y Rowan ataviado con ese peludito traje debía ser aún más adorable. El problema es que la percha estaba encallada con la que tenía al lado y no podía coger el disfraz, llevaba ya unos cuantos minutos medio metida en el perchero, era un poco sofocante. Escuchó unas voces pero no prestó atención. Supuso que sería el grupito de adolescentes tonteando con quien hubiera entrado, sí, ese mismo que las había hecho reírse de manera tonta y susurrar por lo bajo. Claro que está, que en su posición (inclinada hacia delante con el trasero hacia afuera) no estaba en la mejor situación para criticar a unas chicas de dieciséis o diecisiete años. Todo el engorro se debía a que la percha estaba puesta a la inversa, se había liado con el metal de la otra y debida a la presión que ejercía toda la ropa, de ahí no había manera humana de sacar el traje.

De repente notó algo tomándola de la cintura y haciéndola salir de su escondite no planificado. Winter se alarmó. ¿Quién demonios la estaba agarrando de esa forma? Mientras se incorporaba su mano adquiría la forma de puño, ese tío se iba a enterar de que eso no se hacía. Pero vio esos familiares ojos gélidos a cámara lenta y paró en seco para no asestarle el golpe. Quedó entre los brazos de Rowan, la mano que había estado posada en su cintura viajó hasta su trasero de forma casual, como si siempre lo hiciera. Una ceja rubia se arqueó, interrogante. ¿Qué le pasaba al demonio? No obstante, antes de siquiera darle tiempo de preguntar, se estaba abalanzando hacia sus labios y prácticamente devorándola. Su mano derecha se quedó reposando en la clavícula del moreno, la izquierda recorrió todo su pecho hasta llegar a su nuca y se enterró en el cabello negro como la noche. La primera vez que la había besado, había sido en casa de sus padres, y no tenía ni la mínima experiencia, así que se había limitado a dejarlo hacer, tomando un rol pasivo. Sin embargo, esta vez ejerció un poco de presión en su cuello con la mano instándolo a seguir, incluso, le devolvió el beso devorándolo con vehemencia mientras sus cuerpos se juntaban. Realmente parecía que se desearan, y en parte era verdad. Las muchachas se habían quedado embobadas observando tal espectáculo. Era admirable la pasión que rebosaban.

La joven White reparó en que las chicas seguían mirando, atónitas, y poco a poco se fue separando unos centímetros. Atrapó suavemente el labio inferior de Rowan entre sus dientes y tiró de él de manera sensual, dejándolo ir lentamente. Ambas miradas conectaron y Winter se sintió abrumada. De manera inconsciente acercó sus labios al lóbulo de la oreja del moreno y pasó la lengua brevemente, antes de morderlo de una forma poco sutil, pero sin llegar a hacer daño. -Rowie, tenemos espectadoras. Compórtate.- Susurró muy cerca de su oído, mientras la mano que hasta ese momento había descansado en su cuello, descendía perezosamente por el torso del demonio que no cubría la holgada camiseta, arañando levemente la piel que encontraba a su paso. Al final sí que había acertado cuando predijo en plena cena con los Rosewood que Winter sentía cierto placer en marcarlo.  Se separó un poco, quizás intentando recobrar la compostura que se iba de paseo cada vez que él la besaba. Sus labios rosados dibujaron una sonrisa radiante. - Te he encontrado el disfraz perfecto.- Aseguró entrelazando sus dedos con los de él y tirando para que la siguiera. Rodearon el perchero de aluminio y de esa forma pudo sacar el traje marrón con pelo sin problema.- ¡Tacháaaaan! ¡De osito!- Exclamó sosteniendo el traje de cuerpo entero en un lado y las orejitas redondas en la otra.




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Desde que había visto a Winter, Rowan no había vuelto a recordar a las chicas que aún le miraban, que miraban a la pintoresca pareja deseando ver si resultaba ser su hermano, no su novio. Si antes había querido divertirse un rato con las expresiones de ellas y tomarlas el pelo, en cuanto la rubia aparecía en escena todo se borraba de su mente. Era el alma más inocente de la tienda, la más dulce, y por supuesto todo le hacía ir buscándola, todo le atraía hacia hacia ella como si fuera un imán. Parecía que llevaba neones encima invitándole ir e ignorar al resto del mundo. Y eso era lo que hacía instintivamente, ya no sabía si estaban en medio de una tienda o de nuevo en la casa, solos. Rowan solo veía a Winter, la sentía contra su boca, con su mano entre su pelo, y mientras sus propias manos se habían ido calentando ligeramente de manera involuntaria, avisándola de que no iban a acabar bien si seguían por ahí a pesar de que era él quién había empezado.

- Eres tú la que no se está comportando.- Dijo, mirándola a los ojos, mientras ella deliberadamente mordía su labio inferior. Y no contenta con eso, decidió que seguir divirtiéndose a su costa podía estar bien. Mientras Winter hacía de las suyas, Rowan susurró en su oído, más sonando como Schwarz que como él mismo.- No sabes lo que estás haciendo… Deberías dar gracias a que hay gente.- Sus palabras iban completamente en serio, no era una frase vacía. Si Winter hubiera hecho aquello en la casa de Marjorie… Rowan apartó ese pensamiento de su cabeza. No quería saber qué habría hecho en ese caso, volvía a ser él y guardó al demonio en su jaula de cristal. Menos mal que ella había decidido que ya valía de espectáculo porque no sólo les miraban las muchachas con las que él había estado hablando antes, sino otros clientes y el propio encargado. A la gente le incomodaban las muestras de afecto en público, pero no podían apartar la vista y menos si los protagonistas era una pareja tan dispar como ellos y lo hacían de manera tan apasionada y casi desesperada.

Apartó las manos del cuerpo de Winter, pensando que iba a enseñarle de lo que iba a vestirse esa noche, que había estado buscando su disfraz o algún complemento que le faltase y aprovechó para mirar al suelo, a sus propios zapatos mientras se regañaba a sí mismo por haberse abalanzado sobre ella de tal manera. No entendía por qué esa necesidad casi animal de provocarla, porque claramente había hecho aquello con un único motivo, no era su propio deseo, sino las ganas de querer arrancar en Winter una reacción como la que había tenido en la casa Rosewood. Que hubiera público solo lo hacía más interesante todo. Sin embargo al escuchar que el disfraz era para él, levantó la cabeza bruscamente, y su expresión se convirtió en un ”no te atreverás”... ¿Cómo iba a disfrazarse él? ¿De qué quería disfrazarle? Si Rowan tuviera intenciones de dar miedo aquella noche, era tan fácil como dejar salir sus alas y tomar su forma demoníaca. Probablemente no hubiera un disfraz más aterrador en aquella tienda que la piel de Schwarz. Lo peor de todo no es que pretendiera vestirle de algo, es que ya lo había decidido, y lo tenía allí, delante de sus ojos. Rowan rodeó el perchero con ella para encontrarse con el disfraz. Habría aceptado unos cuernos de demonio, ¡incluso un tridente falso! ¿Pero un disfraz de oso? ¡Con orejas y todo! Se alejó de Winter como si ella le hubiera dado un calambrazo, mientras negaba con la cabeza, completamente serio.- No. Ni de broma, no voy a vestirme de oso, Winter. Vete mentalizando.

Miró el traje con odio profundo, aunque realmente la tela no tenía culpa de nada… Era Winter la que pretendía que se vistiera con eso, así que la mirada asesina pasó del traje hacia la rubia, que estaba toda emocionada con la idea de que Rowan se vistiera de “osito”. Se cruzó de brazos y negó con la cabeza, dándole más énfasis a sus palabras.- Me niego, no voy a ser un puto oso. Elige otro disfraz pero a ser posible uno que no implique perder mi dignidad.- Miró a su alrededor, como si fuera a ayudarla a buscar otro disfraz, pero realmente aquello era absurdo.- O mejor, ¿sabes qué? Déjalo, creo que no tengo muchas ganas de vestirme de nada.- ¿Cómo se le podía haber pasado aquello por la cabeza? No solo la idea de vestirle de algo, sino además de oso. Claramente Winter había perdido la cabeza si pensaba que él diría que sí a ponerse aquella chorrada.
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Ella había aprendido una valiosa lección hacía algunos años, y con Rowan, solo se estaba confirmando. Hay cosas que es mejor no saber... Cómo el porqué de que la besara. Y no quería saberlo solo por una razón, porque estaba segura de que le dolería saber la verdad. Podía poner la mano en el fuego y no quemarse si afirmaba que Rowan ni siquiera la deseaba, incluso una idea maquiavélica había cruzado su mente: Lo hacía para divertirse. Definitivamente no sería una idea descabellada porque él era un demonio y como había dicho el primer día que se conocieron, algunos demonios encuentran entretenido corromper almas humanas. Así que la rubia, que se hacía una ligera idea de lo que sucedía, había decidido no preguntarle al moreno sobre sus arrebatos pasionales. Cuando la besaba, ella correspondía aunque supiera que sus besos carecían de amor o de sentimiento. Se contentaba con eso, por lo menos por el momento. Más adelante tendría que llevar a cabo la idea que se le había ocurrido mientras se duchaba el día siguiente del incidente en la mansión Rosewood.

Había pensado que a lo mejor habría alguna forma mágica de erradicar el sentimiento por alguien. Por lo poco que había escuchado, existían pociones de amor pues entonces debería de haber una poción inversa. Algo que hiciera que una persona fuera indiferente. No es que quisiera olvidar a Rowan, bueno sí, pero a medias. Quería no sentir nada cuando la tocase, y si lo esquivaba cuando quisiera probar su boca, mejor. La parte difícil del plan era que le había prometido al susodicho que quería omitir de su corazón que le preguntaría sobre los temas del mundo de las sombras, no quería romper su promesa, de verdad, pero le parecía realmente estúpido acercarse a él y decirle: ¿Rowan hay alguna poción de desamor para tomarme y que no me gustes nunca más? No, claro que no era inteligente hacer semejante barbaridad. También había sopesado decirle lo que sentía y que él mismo huyera despavorido de la ciudad para internarse de lleno en la selva amazónica. Sea como fuere, lo llevaría a cabo más adelante, cuando hubiera pasado halloween.

Mientras sostenía el disfraz en alto para que el demonio pudiera verlo, su mente le jugaba malas pasadas, recreando en modo repetición la ronca y grave voz de Schwarz y su consejo de agradecerle a los clientes la estadía en la tienda. Trató de volver al presente, parpadeando varias veces logrando salir de su ensoñación. Tenía que parar ya. Para matar dos pájaros de un tiro se centró en la conversación y en la reacción negativa del demonio ante el disfraz. Necesitaba librarse de la voz oscura de Rowan, y de la rememorización que venía con ella; en su cabeza se veía a sí misma sostenida por el cuerpo cálido de Rowan y sus labios asediando su garganta en un arrebato de fogosidad.  Puso la misma mueca que habría puesto una niña de cinco años al decirle que le iban a comprar chucherías.- Pero, pero... ¿Por qué no? Estarías adorable. Nunca quieres hacer nada divertido conmigo.- Afirmó dejando el disfraz de dónde lo había cogido, con el ceño fruncido y haciendo un mohín con los labios. - Bueno pues nada, voy a comprar el látex para las mordeduras de vampiro y nos vamos.- Dijo intentando sonar natural aunque se podía entrever que estaba molesta. Si ella hubiese podido se habría puesto el traje de oso, o mejor, uno que diera verdaderamente miedo. Pero no, a ella le tocaba lucir la mitad de sus dos amigas porque a su señora madre se le había antojado que debía ponerse un vestido victoriano para que a su marido, que no era más que su amigo (si se le podía catalogar de esa forma), se le cayera la baba durante toda la noche. ¿Cuál era la gracia?

Se alejó del moreno, yendo directamente hacia la estantería que tenía las heridas falsas, los mordiscos y quemaduras. ¿Tendría que llevar una marca en el cuello? Un vampiro tendría que haberla mordido para convertirla en vampiresa, ¿no? Observaba atenta el estante cuando un chico se acercó a donde estaba ella, en un principio pensó que era el dependiente mas luego descubrió que era otro cliente. El joven de pelo castaño la miró y le dedicó una sonrisa traviesa. Comentó acerca de que él si se pondría el disfraz si ella se lo pidiese, dando por hecho que Winter entendería que con eso decía más de lo que parecía. Su amigo se acercó a él y lo tomó del brazo, avisándole que el novio de la muchacha lo podría ver y no parecía un tipo pacífico. La rubia sonrió de una manera tierna, aclarando que no era su novio, que era un lío eventual. Porque eventual era, ellos no se besaban casi nunca y no eran pareja, con lo cual, estaba diciendo la verdad. El castaño fascinado por la sonrisa dulce  y los ojos alegres de la rubia, apartó a su amigo de forma brusca y le pasó el dorso de la mano por el antebrazo en un acto de valentía. Ella se quedó estática porque no había captado la indirecta romántica, solamente pensaba que había querido no hacerla sentirse estúpida por integrar a Rowan en su fiesta favorita. En cambio, no le dijo nada y dejó que él escribiera en un papel improvisadamente su nombre y número de teléfono. Se lo tendió con una sonrisa seductora, ella lo aceptó con media sonrisa y revoloteando las pestañas de forma coqueta. El chico, que según el papel se llamaba Peter, se quedó extasiado, como si estuviera viendo a un ángel descender del cielo entre luz celestial y cantos angelicales. Tuvo que alejarlo de ella su amigo, y a rastras. Winter reprimió una sonrisa complacida, porque le había levantado el ánimo ver que había otra gente dispuesta a estar con ella, que no era la culpable de no atraer a Rowan. Si ella no le gustaba no era porque fuera repulsiva, era él que las prefería más... morenas.




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Se recostó contra el perchero, ceñudo. No iba a ceder en aquello, se negaba. Quizá podría pasar por el aro y vestirse de… ¿Muerte? O de algo de eso, pero nada de animalitos, ni osos, ni perros, ni nada de eso. ¿No se suponía que Halloween era una fiesta en la que había que dar miedo? Pues ese disfraz daba más pena que miedo. Y probablemente si era él quién lo llevaba, sería peor.- Winter, ¿qué parte de no soy adorable no has entendido?- Dijo, poniendo los ojos en blanco ante su insistencia. ¡Que iba a estar adorable le decía! Un demonio adorable, ay si Arthur le viera en ese momento… Ya suficiente tenía que aguantar sus bromas acerca de si era ecologista o no, como para encima decirle que iba a vestirse de osito en Halloween porque a Winter le parecía adorable. No, si ella quería que se disfrazase que eligiera algo digno, no un disfraz de animal. Por su expresión supo que se había mosqueado, se le veía en la cara por mucho que quisiera ocultarlo, y también fue obvio por el modo en que devolvió el disfraz al perchero.

Decidió dejarla en paz mientras cogía lo que necesitaba para su disfraz de vampiro (que hasta ahora no tenía ni idea de que se iba a vestir de eso), y se dedicó a pensar en… Cactus. Y en plantas carnívoras y lo divertido que era observarlas como un idiota cuando cazaban un mosquito o algo así. Y pensaba en eso, cuando un joven se acercó a Winter. No estaba lo suficientemente lejos de ellos como para no escuchar lo que decían, así que se enteró de cada cosa que él decía e insinuaba. Pobre mosquito que iba a ser devorado por una planta carnívora de mucho cuidado… De repente se le ocurrió algo muy divertido, aunque realmente la idea había sido de Schwarz. El demonio susurraba en el oído de Rowan, esperando que éste cayera y le hiciera caso. Lo primero que decía es que marcase territorio, que alejase a ese mocoso de su humana, aunque era obvio que eso no iba a hacerlo porque no tenía derecho a ponerse posesivo de ninguna manera. Winter no era nada suyo, si acaso su protegida pero nada más. Si le gustaba a aquel chico, qué mínimo que dejar que tonteasen. Y su intención era dejarles hablar, hasta que de repente tuvo la idea definitiva, por supuesto dicha por Schwarz.

Yo podría haberte mordido si me lo hubieras pedido. Proyectó su voz en la mente de la rubia, que estaba muy ocupada tonteando con el chico. Una amplia sonrisa malévola se formó en los labios del demonio porque se moría por ver la cara que ponía ella al escucharle decir aquello. Principalmente porque se lo estaba diciendo telepáticamente… A ver cómo le explicaba al muchacho que se ponía nerviosa por las palabras que un demonio le estaba diciendo mentalmente. Estoy seguro de que recuerdas que se me da bastante bien… Vale, no quería ponerse capullo, pero es que la situación era muy graciosa para él. Según cómo reaccionase ella, seguiría diciéndole cosas y quizá fuera subiendo el tono de la broma para hacérselo pasar peor. Pero por desgracia, el chico con el que hablaba se fue (o más bien fue arrastrado por un amigo lejos de ella), y la conversación terminó. Le acababa de arruinar su nuevo pasatiempo, pero seguro que encontraría otra manera de ponerla nerviosa delante de otra gente para divertirse. Después de que Winter mirase al joven de manera coqueta y luego le echase un ojo al papel que le había dado, Rowan se acercó a ella tranquilamente, aún con esa sonrisa presuntuosa en los labios. Si pudiera ponerle la mano encima a ese papel lo quemaría sin dudarlo, pero… ¿Para qué? ¿Qué necesidad había de aquello? Winter acababa de hacer un amigo humano. Si se paraba a pensarlo, prefería que ese chico se acercase a ella antes que el nefilim. Sí, mejor un humano que un nefilim. Metió las manos en los bolsillos de la chaqueta, haciéndose el loco como si no hubiera presenciado la escena de coqueteo entre los dos humanos.

- No es que no quiera hacer cosas divertidas… ¿Tengo que recordarte que nos bañamos juntos? ¿Que hemos compartido cama y que te me enganchas como si fueras una garrapata? Simplemente un disfraz de oso me parece un poco… Vergonzoso.- Se encogió de hombros. ¡Que no hacían cosas divertidas le había dicho! Entonces si a ella le parecía aburrido, necesitaba saber cómo había vivido los años anteriores a conocerla, sumido en silencio y en su hechizo de invisibilidad. Eso sí que no era divertido.- Mira, nunca he celebrado esto, y de repente vestirme de oso con orejitas incluidas no es precisamente como yo me imaginaba que pasaría mi primer Halloween. Me disfrazaré contigo pero no de oso.- Aseguró, dando su brazo a torcer ligeramente. Winter ya lo tenía casi ganado, a nada que insistiera un poquito más, iba a tener a Rowan con orejitas de oso. Lo peor de todo es que él era consciente de que probablemente ella encontraría alguna manera de vestirle de dicho animal aunque acabara de negarse. La conocía lo suficiente ya… Pero qué mínimo que resistirse un poco, de hacerse el duro. ¿No?
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Peter la miraba como si fuera la obra de arte más esplendorosa que hubiera visto, algo que no lograba entender la rubia. Y es que ella, no se veía fea, pero tampoco se veía bonita, era más... tirando del montón. Para Winter la belleza era subjetiva, ya que lo que para uno podía ser precioso, para otro podía resultar feo o desagradable, así que ella, basándose en esas pautas, había decidido que sobre todas las cosas era persona, ni bonita ni fea. ¿Quién clasificaba a alguien por su aspecto? ¿No debería ser más importante su forma de ser? A su juicio, no valías nada si eras el prototipo de belleza griega (sí mucha belleza serena y canon de siete cabezas) si luego tu corazón era negro cual carbón.  Sin embargo, le pareció llamativa la forma en que él la observaba, se sintió importante para alguien y por esa misma razón no se tomó bien que la voz de Rowan apareciera en su mente de la nada. No le dio importancia y siguió sonriendo al joven que tenía delante, no iba a darle una mala impresión solo porque Rowan decidiera que sería divertido molestarla.

Su cara cambió de expresión cuando el demonio aportó su segundo granito de arena. Su sonrisa se tornó nerviosa y sus mejillas enrojecieron a una velocidad envidiable, pero gracias a dios, coincidió con la muestra de afecto del castaño haciendo que quedase como un acto de inocencia y coqueteo ante sus ojos. Tomó el número que le ofrecía con una sonrisa radiante y lo guardó en el bolso. Realmente era simpático, incluso sus amigas lo habrían catalogado como apuesto, ella no catalogaba a nadie hasta que hubieran entablado una conversación. No obstante, el tipo no parecía mala persona. Como una sombra siniestra Rowan se acercó a ella, actuando tan falto de interés por la situación que acababa de presenciar, que Winter se replanteó quitarle esa sonrisa pedante mordiéndole el labio. Fuerte. Que le doliera por idiota. Pero por otra parte estaba de buen humor, le había gustado a alguien, mucho. Tanto como para que la hubiera mirado como si ella fuera la obra maestra del artista. Su positivismo recargado se vio interrumpido por un demonio de un metro noventa y tres, de ojos grisáceos azulados y labios irresistibles. La rubia esbozó una mueca de total confusión (esperando haber escuchado mal) al tiempo que soltaba un- ¿Qué?- ¿La acababa de llamar garrapata y se había quedado tan ancho? Mas el moreno siguió hablando como si nada, y en su cabeza retumbaba la palabra "Garrapata" como un molesto eco. ¿Así era como la veía? ¿Cómo un parásito que se alimentaba de él? ¡¿Pero como tenía tanta cara?! Si era él era el primero en reírse a su costa. - Mira déjalo, ya no hace falta que te disfraces.- En su voz se podían notar rastros de clara indignación. Se cruzó de brazos sorteando el pequeño paquetito que guardaba la mordedura de látex, y no clavárselo en el brazo. - Vaya ser que disfrazarte de oso te quite la dignidad de no sé... ¿ser un demonio?- Lo último lo había susurrado para que los otros clientes que los rodeaban no pudieran oírlo.- Pero que no se preocupe su alteza demoníaca...- Interpretó exagerando adrede mientras lazaba las manos y fingía una reverencia. - Esta garrapata te va a dejar en paz. Para comenzar ya no vas a dormir conmigo, y estipularemos una distancia de mínimo medio metro entre ambos. ¿Qué te parece?- Inquirió sin ninguna intención de que él contestara o reprochase.

A paso ligero se dirigió a la caja para pagar el artículo que había cogido a última hora, al traste la idea de disfrazar a Rowan. El cajero le sonrió de manera amistosa, y la rubia sintió que se apiadaba de ella por su pelea con su "novio", eso la hizo mosquearse aún más y salir disparada de la tienda sin esperar al moreno siquiera. Caminó a paso muy rápido hasta la pastelería, en parte porque estaba que echaba humo, y más si recordaba su nuevo apodo: la GARRAPATA. Recogió los cupcakes y pagó el recibo, la mujer que atendía la había reconocido  de cuando iba con su abuela a comprar el pastel de los domingos y de alguna que otra vez que Marjorie la mandaba a comprar el pan, haciendo a su nieta sentirse una chica normal y no una recluida en una mansión repleta de criados. Eso la había calmado un poco, cosa que duró muy poco ya que viendo el anillo, la mujer preguntó si estaba casada. Winter lo negó rotundamente mientras se quitaba el anillo y lo metía en el bolsillo. No sabía si el demonio la había seguido, supuso que se habría ido a casa indignado por la escenita en la tienda de disfraces.




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La sonrisa de su boca se amplió al ver la reacción de Winter a sus palabras. Podía parecer que era por lo que el joven le había dicho, pero Rowan que se había colado en su cabeza y le acababa de recordar cierta situación en la que le había mordido y a ella le había gustado, sabía que era por él. Ella solo se ponía roja tan rápido cuando tenía que ver con él, como la noche que se habían bañado juntos y le había visto desnudo. No sabía por qué ocurría aquello, no tenía ni idea de que detrás de esa reacción había unos sentimientos, pero sí que sabía que siempre era el causante de la incomodidad de Winter. Vamos, no había que ser un lumbreras para darse cuenta de aquello, y menos si estaba las veinticuatro horas del día con ella… De un tiempo a esta parte se había dado cuenta de que a veces la pillaba medio embobada y se ponía roja ella sola, o se aturullaba si de repente volvía a la realidad y le veía mirándola. No sabía qué pasaría por esa cabecita rubia, pero prefería no preguntar. Y se preparó para que le dijese algo como que si era idiota o que había perdido la chaveta por no dejarla hablar en paz con alguien, pensó que Winter le echaría la bronca precisamente por lo que había sugerido, pero no. En lugar de eso, su cara fue de confusión y luego de enfado. Eso descolocó al demonio porque la rubia no solía enfadarse y ahora mismo no había hecho nada para cabrearla de ese modo… Le había tocado un poco las narices pero no había sido nada exagerado como para despertar esa reacción en ella. Y por si fuera poco, después de echarle la bronca, se fue indignadísima a pagar eso que había cogido y no le dio tiempo a procesar que se había picado por lo de la garrapata.

Rowan puso cara de circunstancias porque estaba seguro de que el día que entendiera cómo portarse con Winter sin acabar metiendo la pata iba a ser el día del fin del mundo y salió de la tienda detrás de ella. Esperó fuera de la pastelería a que ella terminase de recoger las cosas que había encargado, no quería hacer partícipes a los de aquel establecimiento de lo que estaba pasando con ambos, que a ser verdad él tampoco lo entendía muy bien. A través del cristal vio a una cabreada Winter guardarse el anillo y recoger la caja de cupcakes. Esperó a que hubiera puesto un pie en la calle y la agarró del brazo para llevarla hacia el callejón que le había mencionado antes por teléfono y que él no había escuchado. La tenía bien sujeta para que no intentase soltarse y no pudiera hacerlo, pero no lo suficiente como para hacerla daño… Ya solo le faltaría que cabrearla aún más por haberla hecho algo.- Vamos a ver, Winter, no sé qué he hecho ahora pero eso estaba completamente fuera de lugar. No te he insultado ni te he dicho que seas una garrapata, solo que por el modo que te me abrazas, parece que estás imitando a una de ellas.- Resopló porque su reacción le parecía un poco exagerada teniendo en cuenta que no se había metido con ella y que había sido la propia Winter quién le había tachado de aburrido.- Es como... No sé, si te digo que cuando te desperezas por las mañanas pareces un gato y te ofendes... ¿No lo ves? No me estaba metiendo contigo.- Puso los ojos en blanco ante lo obvio de su explicación. Le parecía demencial tener que explicarle eso a una chica de veinticuatro años, y más teniendo en cuenta que ella continuamente hablaba hasta con las piedras y estaba más acostumbrada que él a eso de socializar.- Venga, dame una torta si quieres, me la merezco. Pero que sepas que no he querido insultarte, eres la primera con la que duermo desde…- Había estado a punto de decir que desde que Neela había muerto, porque desde entonces no había dormido junto a nadie más, pero en el último momento decidió terminar la frase de otro modo.- Eres la única White con la que he dormido, lo he hecho porque he querido. Y para tu información, hablo de dormir en condiciones, nada de pasar la noche en vela.

Ahora que estaban allí solos (porque nadie les veía en aquel callejón, nadie pasaría por una callejuela oscura que no tenía salida) y después de terminar de hablar, soltó a Winter. Si quería irse no iba a retenerla, pero le parecía injusto que se enfadase por una tontería, cuando realmente él se podría haber enfadado primero por su intención de vestirle de oso y luego por acusarle de aburrido. De verdad Rowan tenía muchos más motivos que ella para cabrearse y no lo había hecho porque pasaba de movidas y de rollos raros, se conocía lo suficiente como para saber que una vez se enfadase podía liarla bien parda. Y no tenía ganas de eso, no quería arruinarle la fiesta a Winter. Antes de que se alejase (porque estaba seguro de que lo haría y se iría andando), le quitó la bolsa de las manos porque no quería que fuese cargada. Al fin y al cabo, en menos de un segundo podía estar de vuelta en casa y la rubia no iría con los cupcakes a cuestas.
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Al salir de la pastelería, llevaba una bolsa enorme y dentro de ésta, estaba la caja que contenía los famosos cupcakes. Había de muchos sabores, pero el que más abundaba eran los de chocolate, porque era el sabor más codiciado entre los niños. Aparte, habían dos que albergaba en su interior crema de café  y frosting de avellana, los otros dos que quedaban, estaban rellenos de chocolate blanco con trocitos de galleta oreo y nata en la cúspide. Los dos primeros eran para Schwarz, a quien le gustaba el café negro y los sabores fuertes, los otros dos restantes eran para Winter, quien era fiel seguidora de los sabores empalagosos. Nada más pasar el umbral de la puerta, Rowan la agarró del brazo y prácticamente se la llevó a trompicones hasta el callejón que ella le había recomendado treinta minutos antes por teléfono.

No le hacía daño pero no entendía a que venía eso. Lo miró con el ceño fruncido mientras andaba y hacia malabares para que los dulces que llevaba no se aplastasen. Al ver que entraban en el callejón oscuro, su ceño se arrugó aún más. ¿Pero Rowan sabía la clase de chusma que solía meterse en esos callejones? No era un lugar adecuado para una dama sin arma y con cupcakes que pretendía mantener intactos para los pequeños que golpeasen su puerta esa noche. Pero para suerte de la rubia el callejón se encontraba vacío, recordándole al instante que se encontraba en las afueras de New York, en una zona residencian de familias de clase media-alta. Si se encontrara en un callejón en pleno centro de Nueva York, ya no tendría cartera... ni bolso...ni siquiera cupcakes. Dirigió su mirada desde la pared de ladrillos que impedía la salida hasta los ojos del demonio. Lo que más le molestaba de la situación es que él no entendía a que venía su enfado, su rostro mostraba que de verdad no había tenido intención de herirla. Cruzó los brazos, poniendo las asas de la bolsa en su antebrazo, apoyó todo su peso en una pierna flexionando la otra, y arqueó una ceja. Odiaba cuando Rowan decía su nombre. Y decía odiar de una forma irónica, porque realmente le fascinaba como la palabra salía fluida de sus labios, realzada por su voz oscura y grave que le daba un matiz que hasta hacía poco era desconocido por la joven. Y para colmo estaba deseando escucharlo decir su nombre completo. El día que dijese Winter Juliet ella moriría de un colapso. ¿Quería decir que tenía algún tipo de fetiche con su voz?

Definitivamente sí lo tenía.

Rowan había dejado de hablar y ella se sentía estúpida. Le había montado una escena exagerada delante de todos, y él se había quedado. Podría haberse ido enfadado, dejarla tirada. En cambio se había quedado. La soltó al mismo tiempo que le quitaba la bolsa de los cupcakes. - ¿Puedo darte una torta por estúpido entonces?- Preguntó con indignación fingida esperando una respuesta del moreno. Levantó la mano derecha pero en vez de dejarla caer en la cara del moreno, lo abrazó. - Si me vuelves a llamar garrapata juro ponerle azúcar a tu café todas las mañanas y chocolate al pastel de café y whisky.- Amenazó situando su cara en la base de su cuello. Las palabras salieron amortiguadas por la blanca piel de Rowan que estaba rozando los labios de Winter. -Pero no creas que me voy a olvidar tan pronto.- Esta vez sonrió de forma traviesa aunque él no podría verla. Con la mano libre, rebuscó en la bolsa y sacó un cupcake que fue a parar directo a la cara de Rowan. La rubia empezó a reír a carcajadas alejándose de él lo suficiente para no mancharse de bizcocho y chocolate. La iba a matar por pasarse de lista, ahora sí. En un acto no planeado, imitó lo que él había hecho en la casa de sus padres. Sus manos sujetaron la cara del demonio manchada de pastel y en un acto muy osado, pasó la lengua por sus labios retirando parte del bizcocho y de la crema de chocolate y avellana.- No sé como no te gusta el chocolate.- Añadió a escasos centímetros de sus labios.- Bueno... ¿me llevas a casa o qué?




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No despegó su mirada de Winter mientras hablaba, porque sus ojos trasmitían sinceridad, lo que de verdad sentía y quería expresar con sus palabras: que nunca había querido molestar a la rubia… Es más, la manera en la que ella se agarraba y le abrazaba en la cama era graciosa porque si se despertaba y quería levantarse no podía hacerlo. A veces le había rodeado la cintura con la pierna como si fuera una especie de oso de peluche de casi dos metros, y teniendo en cuenta lo poco cariñoso que Rowan había sido siempre, la situación era divertida. Claro que él tampoco se quedaba corto, cuando la rodeaba con sus brazos, lo hacía de tal manera que le impedía moverse aunque fuese parar girar sobre sí misma… Ambos se tumbaban, el cuerpo de uno encajaba con el del otro como si llevasen juntos toda la vida, y ninguno quería soltarse. Quizá Rowan se abrazaba a Winter porque se había convertido en su tabla de salvamento, porque sin ella se ahogaba en sus pensamientos, y aquella humana era la única capaz de calmarlos lo suficiente como para dormir. Siempre que le daba vueltas a la importancia que de repente tenía la rubia en su vida, acababa con ganas de darse cabezazos contra la pared, pues parecía no haber aprendido la lección… No le valía con haber perdido a su familia, sino que ahora encima se encariñaba de una humana, el ser más efímero que existía en el mundo. Algo no funcionaba bien dentro de Rowan, era un demonio que no hacía honor a su especie últimamente… Como un juguete defectuoso. Pero siempre, el rumbo de sus pensamientos acababa en lo mismo; que Winter le había jurado que estaría con él hasta que se muriera. Podían quedarle cincuenta o sesenta años como mucho, quizá menos si le pegaban un tiro o algo de eso, pero cinco décadas al lado de aquella humana sonaba casi como si se abrieran las puertas del Paraíso para él. Winter nunca sería Neela, pero tenerla cerca le daba una sensación de calma que llevaba años sin sentir.

Asintió ante su pregunta, preparado para llevarse una torta por su parte. No iba a apartarse ni a esquivarla, Winter rara vez le había hecho daño y siempre se lo había merecido, ya fuera por aparecer de repente detrás de ella y asustarla o por haberle dicho cosas demasiado dolorosas. No, si ella decidía pegarle es que lo tenía merecido. Sin embargo el golpe no llegó. Rowan entrecerró los ojos al escuchar su amenaza, y ella aprovechó para mancharle la cara con un cupcake. Le estrelló el bollo en pleno rostro y el demonio no pudo hacer otra cosa que cerrar los ojos del todo para que no le entrase azúcar dónde no debía. Se llevó las manos a la cara, intentando quitarse los restos de frosting y glaseado mientras ella colaboraba quitándoselo de los labios. Una vez que pudo abrir los ojos y verla tan cerca, alzó una ceja y plantó sus manos llenas de cupcake sobre el rostro de la rubia. Por supuesto no había podido quitarse todo el glaseado porque no veía hasta dónde le había manchado, pero sí que había conseguido endosarle a ella parte. Rowan, que veía bien en la oscuridad, no pudo evitar una sonrisilla de contemplarla llena de azúcar de colores, aunque supuso que él se veía exactamente igual. Incluso sus manos estaban algo pegajosas.- Oh, la temible Winter Juliet. Si vas a amenazarme deberías hacerlo cuando no tengas comida por la cara… No das nada de miedo.- Dijo antes de inclinarse y besarla, sin saber muy bien por qué lo hacía. Abrazarla ya se había convertido en costumbre, ya no encontraba molestas sus continuas invasiones a su espacio personal, ni se retiraba cada vez que intentaba tocarle, y por el ritmo que llevaban, parecía que lo mismo pasaba cada vez que sus bocas se juntaban.

Sin embargo, el beso fue demasiado dulce, y por lo tanto, demasiado corto. Rowan se apartó de ella arrugando la nariz ante el sabor.- Puaj. Creo que me va a dar una diabetis, esto tiene mucho azúcar… ¿Planeas matar a los niños y comértelos, Winter?- La mueca de su cara se vio acentuada por los restos de cupcake bajo la escasa luz que llegaba al callejón. Aquella cosa estaba asquerosa, era muy dulce y eso que apenas había podido saborearla de los labios de la rubia. No quería pensar cómo sería comerse un pastelito de esos y se compadeció de los pobres niños a los que les iban a salir unas caries como un piano. La miró al escuchar que si iba a llevarla a casa y negó.- No, vas a entrar a esa tienda y no nos vamos hasta que compres el disfraz… Pero no pienso ponérmelo más de media hora.- Finalmente, cedió a los deseos de la rubia y entró al redil; iba a vestirse de oso para ella. Aunque fuera durante 30 minutos, Rowan se comportaría como un humano normal, disfrazándose en Halloween y sin pensar en qué pasaría si vieran al temible Schwarz siendo un oso, con orejitas incluidas.
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Las manos de Rowan se encontraban llenas de los restos de lo que hacía poco había sido un cupcake, y sin temblor alguno, se lo esparció por la cara a la rubia. Ella, lejos de sentirse humillada o insultada, reía a carcajadas por el hecho de que su cara en ese preciso momento parecía un bendito arcoíris. Sin embargo, su jolgorio se vio interrumpido por las palabras del demonio. Y no unas palabras cualquiera, no. Había dicho su nombre completo. ¿Es que tenía el poder de leer la mente? Sino, no entendía como podía ser que justo hubiera dicho lo que ella había estado pensando. Quizá era sólo cuestión de suerte. Correspondió al beso, aunque duró menos de lo que le hubiera gustado.

-¡Ehh! Yo no me quiero comer a ningún niño. Es más, a ellos les encanta el dulce.- Evitó decir la parte de que los dentistas se frotaban las manos, alegres por el dinero que iban a recaudar de tantos empastes y extracción de caries. por otra parte tampoco es que ella fuera la bruja de Hansel y Gretel, comer niños no era de su agrado, prefería el pollo parmesano o un buen pastel de fresa. Que nunca había probado la carne humana y esperaba no hacerlo nunca, gracias. Sonrió ampliamente, su cara estaba llena de frosting pero le daba absolutamente igual, era feliz. - ¿Te vas a poner el disfraz?- Preguntó dando saltitos.- Ya verás como vas a estar adora...- A mitad de la frase decidió no decir esa palabra. Podía entender que para un demonio ser adorable no era algo bueno, seguramente a ellos les gustaba que les dijeran que eran horripilantes o crueles.- Vas a estar... muy...- Se quedó seria mientras movía las manos en forma de circulo. ¿Qué demonios tenía que decir?- Vas a estar muy oso. Pueden ser animales despiadados, eh. No te creas que son monos, ni lindos, ni te dan ganas de achucharlos... Oh, te estoy mintiendo. Son adorables. Pero lo de que son peligrosos no es broma.- Aclaró con las manos en alto, declarando que no tenía intención de insultarle.- Yo voy de vampiresa.- Su rostro había adquirido un semblante aburrido. Una vampiresa no daba miedo. Ella quería aterrar a los niños cuando abriera la puerta, pero en cambio, iba a ser la perfecta visión para sus padres. - Quería disfrazarme de algo que diese miedo. Como tu apariencia real, algo así... aunque no estoy segura de si ahora me darías miedo.- Puntualizó haciendo una mueca extraña con los labios. -¿Puedes adoptar tu forma demoníaca sin tener que enfadarte?- Susurró ilusionada.- Pero nada de cogerme del cuello.- Avisó entrecerrando sus ojos hasta que el azul solo era una fina línea.

Bajando la mirada, metió las manos en su bolso para rebuscar un paquete de toallitas húmedas que llevaba siempre encima, principalmente porque cuando comía donnuts en la comisaría se manchaba bastante de chocolate.  Sacó el paquete y extrajo unas cuantas para limpiarse ella y de paso a Rowan. Menuda estampa harían los dos entrando en la tienda dónde se habían peleado con la cara manchada de pastel. Eran estas situaciones las que le hacía sentir que a veces era injusta con el demonio, porque él se esforzaba por ser agradable aunque no le apeteciese o se tragaba su orgullo por ella. Definitivamente se sentía afortunada de tenerlo a su lado, porque era un gran apoyo y siempre cuidaba de ella, más de lo exigido en el trato. De repente, tuvo ganas de abrazarlo y darle la gracias.- Oye Rowan...- Murmuró peleándose por volver a meter el envoltorio en el bolso.- Quiero que sepas que eres...- ¿Muy importante para mí? Muy inteligente Winter... seguro que sale huyendo. Pensó molesta consigo misma. Nunca se había puesto tan nerviosa al sincerarse con alguien.- Yo... estaba sola. No tenía el coraje de enfrentar a mi padre. Y tú... me has ayudado mucho. Gracias. Significa mucho para mí.- Le tendió dos toallitas a él con una sonrisa sincera y las pestañas llenas de crema rosa. El corazón le latía a mil por hora, y sus mejillas, resguardadas bajo una capa de dulce de colores, habían adquirido el color del carmín.


Última edición por Winter J. White el Lun Nov 07, 2016 1:39 pm, editado 1 vez




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- Yo te…- Se calló de repente.Yo te comería a ti y te encanta el dulce, había estado a punto de decir sin pensar. Y no se refería precisamente a comer en sentido literal de alimentarse, sino de otra manera mucho más… Sucia. Sería capaz de devorar a la adorable Winter Juliet una y otra vez durante aquella noche y sin necesidad de cupcakes. No escuchó lo que decía acerca de los osos porque estaba demasiado ocupado en su propia mente, intentando que las tórridas imágenes con las que Schwarz le obsequiaba desaparecieran.- Oye, ¿nunca has visto a un vampiro cazar? Bueno no, claro que no, sigues viva. El caso es que los vampiros pueden dar mucho miedo…- Él había conocido a más de uno y debía decir que verlos completamente entregados a sus instintos animales, tan bellos como letales, podrían causar verdadero miedo. Claro, que Rowan no se imaginaba que los humanos tenían una concepción distinta de aquellas criaturas; seres que brillaban bajo el sol, que comían animales y se saciaban, o que eran amables y serviciales. No, ellos nunca habían conocido a un vampiro de verdad, porque éstos solían ser caprichosos y sangrientos. Y un poco presuntuosos a veces.

- Que tú quieres que yo ¿qué?...- Preguntó sin disimular su sorpresa al escuchar la petición de Winter. Quería verle, pero verle de verdad; ver al otro, a Schwarz.- Claro que puedo, es mi forma natural… Yo solo soy una máscara por así decirlo.- Dijo con algo de orgullo. Para ser sinceros, Rowan estaba orgulloso de su yo demoníaco, de las cicatrices que le decoraban el cuerpo y del miedo que inspiraba porque se lo había ganado. Había labrado una reputación y hacía que cualquiera que mirase a los ojos a esa infernal criatura tuviera el instinto primario de salir corriendo. Y mientras, él se hacía fuerte; porque el terror lo fortalecía. Estaba orgulloso de Schwarz pero no aquella noche. Ser un demonio significaba muchas cosas, entre ellas que tenía unos instintos muy fuertes e ignorarlos era muy difícil… Sobretodo cuando en cinco siglos de existencia era la primera vez que quería ir en contra de ellos. Cogió las toallitas que ella le tendía y antes que nada, limpió la cara de ella que estaba llena de los restos de cupcake. Una vez que no quedaba ni una gota de glaseado de colores en su piel, usó la otra para limpiar su propio rostro. En un momento se habían pringado de lo lindo, y lo peor de todo es que el azúcar le dejaba pringosas las manos y la cara. Después de haberse limpiado, se quitó la prenda que cubría la parte superior de su cuerpo (que probablemente se rompería al tomar su forma real y sacar las alas), y se la tendió a Winter para que la sujetase. El frío le golpeó violentamente, pero Rowan no podía sentirlo porque su temperatura corporal siempre estaba un poco por encima de la humana.

Alargó la mano, enredando sus dedos en el pelo de Winter.- Lo sé, yo también estaba solo...- Su mano se deslizó, acariciando su ahora limpia mejilla. Lentamente, se fue convirtiendo en una garra, su piel se ennegreció y Rowan perdió todo lo humano, para quedar en su forma demoníaca delante de la rubia. Su cuerpo era el doble que antes, y si antes ya era alto en comparación con ella, ahora lo era mucho más. Winter casi parecía una niña a su lado. Aún así, aquella garra continuó apoyada casi con dulzura contra su rostro.- Tarde o temprano le habrías plantado cara, Winter… Eres inspectora de policía, eres capaz de eso y mucho más, yo solo he… Acelerado el proceso.- Dejó que Winter admirase a Schwarz, quizá porque era ella la que había elegido verle como de verdad era, quizá porque sabía que no se iba a encontrar con un ser hermoso, sino con uno más bien terrorífico, pero tras unos instantes volvió a adoptar su forma humana.- Anda, terremoto, vamos a por el disfraz… Si alguien se lo lleva mientras nosotros hablamos me voy a enfadar mucho.- Cogió a la rubia de la mano, sacándola del callejón. No se había dado cuenta de que ella aún tenía su chaqueta y que iba con el torso al aire, sin embargo la gente que pasaba por allí se giraba hacia él, primero por su aspecto de macarra tatuado, y luego porque consideraban que estaba loco yendo así en plena noche de Halloween. Los humanos no se explicaban por qué no se moría de frío, pero Rowan sentía exactamente el mismo frío yendo así, que tapado hasta las orejas.

Se detuvo delante de la tienda.- Te espero aquí.- La invitó a pasar con un gesto de la mano, haciéndole saber que él no tenía intención de entrar a la tienda; y no era por el numerito que habían montado sino porque no quería volver a cruzarse con Peter ni con las muchachas de antes.
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Winter le había preguntado a Rowan si podía transformarse en Schwarz, pero no esperaba que lo hiciera, no en ese momento al menos. Acababa de conseguir meter el paquete de toallitas húmedas cuando la chaqueta del demonio cayó en sus manos. La mano de Rowan acarició un mechón de cabello y descendió hasta su mejilla, de una forma dulce y delicada. Su mirada azul se perdió en el color plata de sus ojos y sus manos ascendieron hasta el lugar donde ahora había una garra negra, para acunarla con las suyas propias. Estaba tan absorta por los ojos del demonio que no fue consciente del cambio radical que había sufrido el pálido chico de pelo negro. No obstante, el ser habló y ella despertó de su ensueño. Cuando volvió en sí, delante de ella se erguía orgullosa la figura de Schwarz, el que tantos nephilims había asesinado a sangre fría,  el que había tenido atemorizado a todo un pueblo y había sido un misterio. Lo peor de todo es que Winter sabía eso, él mismo se lo había confesado; sin embargo, estando allí con su mano posada afectuosamente en su rostro, no le pareció ni tan temible ni tan espantoso como lo había visto en la Freedom Tower mientras su mano se cerraba en su cuello. En ese preciso momento le parecía bonito, aún teniendo una boca que se asemejaba a la de un tiburón, o unos ojos sin pupila, o quizás esas cicatrices que  para otra mundana habrían sido espantosas... a ella le parecían bonitas porque veía la historia que había detrás de ellas. Aún acariciando la zarpa de Rowan, dio dos pasos hacia él, haciendo que hubiera menos de medio metro entre ambos. Su mano derecha avanzó hasta el torso negro y con las yemas de los dedos acarició suavemente una de las cicatrices más notorias que poseía. Llegaba hasta el hombro del demonio pero debido a su altura, no alcanzaba a recorrer toda su extensión. Para no ofenderle evitó decirle que le parecía hermoso, no en el sentido estético, pero la rubia no veía a un demonio atroz. Veía a Rowan. Su Rowan. El calor que inundaba su mejilla izquierda le corroboraba que todo lo que estaba pasando era real, que estaba acariciando a un ente demoníaco y que éste la estaba acariciando a ella. Apenas le había dado tiempo de admirar sus alas negras cuando el cuerpo que tenía delante empezó a cambiar otra vez, dejando tras de sí el muchacho de piel blanca y ojos metálicos. La tomó de la mano llevándola nuevamente hasta la puerta de la tienda, sin acordarse de ponerse su camisa luciendo insconscientemente sus tatuajes. Antes de entrar, Winter le puso la camisa con afecto y sin pensárselo casi, plantó un dulce beso en sus labios. - Ya no me das miedo.- Susurró escuetamente, claro que Rowan ya se habría percatado de eso, había estado tan campante acariciándolo.-Ahora vengo. - Dijo alejándose para entrar a la tienda.

Ya se había ido parte de la clientela anterior y Winter no tuvo problema en encontrar el disfraz de oso. Pensaba en el pobre de Rowan, para quien seguramente era difícil ponerse un traje de tal calibre. Quería compensarlo de alguna forma... a lo mejor haciéndole el pastel de café con whisky que tanto le gustó, o una pizza barbacoa le serviría como pago. El empleado le volvió a sonreír cuando llegó a la caja, pero esta vez su cara decía "lo has conseguido." La joven White sonrió alegre mientras murmuraba algo sobre que su novio era un sol. Al salir de la tienda, comprobó que Rowan seguía en el mismo sitio, con su pose arrogante y su cara impasible. Se acercó mucho a él y lo abrazó con afecto. -Gracias.- Murmuró contra su pecho, propinándole después un casto beso en él. Levantó la mano mostrándole la bolsa que contenía el disfraz.-¿Nos vamos ya?- Preguntó caminando a paso liviano hacia el callejón, dudaba seriamente que le fuera a dar tiempo de arreglar los preparativos de última hora y a colocarse el vestido que le iba a dificultar la respiración (tenía pinta de ser difícil de poner). Ya resguardados de la curiosa mirada de la gente que transitaba por la calle, se subió cual koala, cruzando las piernas en la espalda de Rowan para no caerse.- Dale, Rowie.- Su semblante se tornó serio, y afirmó un par de veces. Daba la impresión de que se tomaba en serio eso de viajar en teletransporte, y no era para menos, no todos los humanos tenían la magnífica oportunidad de probar semejante forma original de desplazarse. De forma casi inmediata, la imagen del callejón se desvaneció dejando entrever la casa de Marjorie sumida en penumbras. Bajó de su medio de transporte de un salto y tanteando todo el mobiliario, llegó al interruptor de la luz, iluminando al momento la estancia.- Rowie, este es tu disfraz, póntelo con algo debajo...- Miró dentro de la bolsa y vio que el tejido del disfraz era grueso.- O mejor no, porque es de pelo y con la calefacción de la casa podrías asarte. Pero ponte ropa interior, eh.- Le sugirió antes de plantarle un sonoro beso en la mejilla.

Subió las escaleras, hacia la habitación principal, donde estaba el vestido escondido. Maquillarse, ponerse la dentellada en el cuello y los colmillos de masilla fue lo más fácil, en cambio, estaría mintiendo si hubiera negado que acomodar el vestido le costó muchísimo. Para ello, tuvo que ponerse de espaldas delante del espejo y girar la cabeza como una contorsionista para ver lo que estaba haciendo mientras apretaba con fuerza los cordones del corsé. Hizo un doble lazo y contempló su reflejo con una mirada curiosa: la cintura lucía mucho más estrecha que de costumbre (y eso que ya de por sí la tenía fina) y el pecho destacaba presuntuoso en su figura. ¡Vaya que eran favorecedores los corsés victorianos! Para rematar la faena, se puso la sangre falsa en las dos redonditas marcas donde un vampiro ficticio había hincado sus afilados colmillos. Dos finas gotas del espeso líquido carmín se deslizaron por su níveo cuello hasta debajo de la clavícula. Si era sincera, había sido sin querer, no había controlado bien el contenido de la ampollita y había salido más de la cuenta, pero el resultado había quedado increíble. A través de la ventana pudo ver como los niños empezaban a caminar animados por las calles en pequeños grupos. Algunos iban acompañados por congregaciones de hombres, seguramente serían los padres que iban de vigilantes obligados por sus mujeres, y ya que habían tenido que salir de casa y renunciar a su cerveza y al partido del final de la temporada, aprovechaban para parlotear sobre deportes. El bullicio era notable, todos parecían felices aunque esa festividad era ciertamente tétrica y oscura. Winter nunca había salido a pedir caramelos con sus amigos, era lo malo de vivir en una mansión rodeada de hectáreas de bosque... No obstante, había hecho fiestas de disfraces en casa, con sus padres, sus amigos y los niños de éstos. Guardaba buenos recuerdos de aquellos tiempos.

Bajó las escaleras deprisa, con cuidado de no torcerse los tobillos con los tacones y caer rodando.- ¡Rowieeeee!- Chilló impaciente, sus manos temblaban violentamente a causa de los nervios. Logró encontrarlo y se quedó de piedra. Rowan vestido de osito y con orejitas era la cosa más tierna y adorable que pisaba la faz de la tierra.- ¡Oh dios mío! ¡Estás precioso!- Exclamó tomando su cara con las manos y besándolo en la boca con cariño. - No te preocupes no te mancharé de rojo cada vez que te bese.- Hizo la prueba besando su mano. - Este pintalabios no mancha, solo se va con desmaquillante y le cuesta lo suyo.- Explicó encogiéndose de hombros. Realmente parecía recién sacada de la famosa novela de Bram Stoker: piel de porcelana, rostro dulce y escote pronunciado... ¡Drácula sería tremendamente feliz si hubiera visto a Winter! Ya que por lo que parecía, le gustaba recrearse la vista aparte de alimentarse.- ¿Qué te parece? ¿A que voy ridícula?- Dio una vuelta sobre sí misma, haciendo el vestido levantarse levemente del suelo en ondas.




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Conociendo a Winter, probablemente pensara que no daba demasiado miedo, quizá incluso que era adorable. Y lo vio, el modo en que se había acercado a él a pesar de que tenía delante a su monstruoso otro yo y sin miedo lo tocaba. Aquello solo había ocurrido una vez antes, con una mujer cuya piel hacía competencia a la del demonio en cuanto a color… Reconoció la delicadeza de su tacto, el mimo con el que le acariciaba, quizá con miedo de hacerle daño o quizá que no quería asustarle. No era un lumbreras en reconocer sentimientos humanos si no eran de los malos, de esos relacionados con el miedo y el odio, pero Rowan podría poner la mano en el fuego porque Winter sentía algo hacia él. Oh no, aquello no estaba bien. Amistad vale, cariño y respeto también, pero pasar de ahí eran palabras mayores… Rowan jamás podría corresponder a esos sentimientos, ni podría darle lo que a la larga cualquier humano quiere: una familia. Quizá Winter no pensaba ahora de ese modo, pero demasiado tiempo entre ellos y hasta el más contrario a la idea de tener hijos acababa deseándolo. Además de que había otro pequeño problema que hacía que los sentimientos de ella fueran problemáticos para ambos: La inmortalidad del demonio. Los humanos que se vinculaban a seres como él siempre acababan enloqueciendo por eso… Él se mantendría joven para siempre, mientras Winter envejecería y moriría. Suponiendo que el demonio la correspondiese, aquello estaba destinado a no tener un final feliz. Pero, ¿cómo decirle que lo mejor era calmarse y dejar los besitos y los abrazos cuando él era el primero que los buscaba? No, lo mejor era engañarse a sí mismo; era el primer hombre en su vida, estaban juntos 24/7, probablemente fuera todo una confusión. De vez en cuando se besaban pero eso no quería decir nada, Winter no sentía nada por él… Pero creía que sí. Todo se solucionaría cuando ella conociera a alguien y se diera cuenta de que realmente no le quería a él, simplemente eran amigos. Además, Winter no era estúpida, y sentir cosas por un demonio estaba en el top ten de estupideces humanas. Claro que sí, el autoengaño por delante, aunque en el fondo de su mente, una vocecita le decía que parase con aquello, que era consciente de lo que pasaba y que fingir que no, era una tontería.

Esperó a la rubia fuera de la tienda dándole vueltas a su descubrimiento y diciéndose a sí mismo por qué ella no podía estar sintiendo nada por él. Se recostó contra la pared mientras compraba el disfraz de oso y casi hasta se sobresaltó al verla salir. Se había quedado abstraído en sus propios pensamientos más tiempo de lo que había pensado. Asintió vagamente con la cabeza ante su pregunta mientras volvían al callejón. Nada más verse ocultos por las sombras, Winter saltó sobre él, de modo que Rowan tuvo que cogerla al vuelo para que no cayeran ambos de boca. Colocó sus manos en los muslos de ella pero sin subir más allá y prácticamente mientras la rubia le decía que adelante, ya estaban en casa de Marjorie. Frunció el ceño mientras ella le daba el disfraz y se escapaba a ponerse el suyo. Miró el traje como si pudiera prenderle fuego y fingir que había sido un accidente. Resopló porque supo que no le quedaba otra que ponérselo para hacerla feliz así que comenzó a desnudarse y una vez estuvo en ropa interior, se vistió de oso. No se lo puso entero en un principio, porque como ella había dicho, era de una tela bastante gorda y era demasiado caliente para alguien con una temperatura como la del demonio. Dejó colgando la parte superior del disfraz en sus caderas, como un mono a medio poner y se asomó por la escalera.- ¿Winter? ¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda? ¿Quieres que suba?- Preguntó al ver que tardaba y que no se la oía andurrear de un lado a otro. Con Winter se podía aplicar una de las normas de los niños pequeños: Cuando dejas de oírles, algo están haciendo. En este caso no es que no se fiase de ella, es que no quería encontrarse que se había tropezado en el baño y se había abierto la cabeza contra el lavabo por ejemplo.

Sin embargo Winter estaba viva, escandalosamente viva. La vio aparecer en lo alto de las escaleras y bajar a toda velocidad mientras él se terminaba de poner en disfraz. Puso los ojos en blanco al escuchar lo emocionada que estaba de verle vestido de oso.- Creo que tú y yo tenemos ideas diferentes de lo que es estar precioso…- Dijo con un bufido que fue callado por un beso de ella. Se apartó de Winter para poder observarla bien. Llevaba un vestido que bien podía haber pertenecido a Summer, sin embargo Rowan no pensó en eso. Sus ojos se detuvieron en el apretado corsé que posiblemente le estuviera dificultando la respiración. Fue a comentar algo acerca de esa prenda, pero no sabía cómo decirlo sin que pareciera nada raro, como que por ejemplo le había estado mirando el pecho y decidió dejarlo. Mejor no decir nada de ese corsé ni de cómo resaltaba sus curvas.- La verdad es que vas mejor vestida que muchas vampiresas, al menos no llevas manchas de sangre por la ropa.- Contestó, sin querer decirle que ninguna vampiresa llevaría ese traje y mucho menos en el siglo XXI. Los piropos no eran el fuerte de Rowan y fue evidente con aquellas palabras. Además, no se explicaba qué hacía ella con ese vestido; Winter no era muy dada a exhibir su cuerpo… Un cuerpo bonito, para ser sinceros, pero nunca llevaba ropa demasiado reveladora (al contrario que su hermana, que no tenía reparos en mostrar lo que tenía), ¿quién había elegido entonces aquel disfraz? Al instante supo que estaba la mano de Scarlet detrás de eso; ella había dicho varias veces que no sentía que fuera a dar miedo así que tampoco parecía estar muy de acuerdo con el vestido.

Rowan alcanzó la chaqueta que se había quitado para vestirse de oso y se la puso por encima a la vampiresa. Agarrando la tela por las solapas, la acercó hacia él.- Así no tendrás frío.- Dijo antes de acercar su boca a la de ella y besarla. En aquel momento, Schwarz decidió que sería divertido calentar un poco la fiesta; de modo que mordió el labio inferior de Winter la la fuerza suficiente para hacerla sangrar. El sabor salado de su sangre golpeó contra la lengua del moreno que se separó de ella con los ojos muy abiertos y sin saber del todo lo que acababa de pasar.- ¡Winter! Lo siento, yo no quería…- Mentira, claro que quieres, susurraba el demonio, su voz resonaba en la mente de Rowan. Alargó la mano para limpiarle la sangre del labio. ¿De verdad tenía que pasar aquello? ¿De verdad tenía que ser con Winter, la persona más inocente del mundo? Claro, porque su yo más instintivo se relamía con la sola idea de ponerle las manos encima. Miró a la rubia a los ojos, con tanta intensidad que cualquiera diría que su intención era prenderle fuego al vestido allí mismo. Y el timbre de la casa sobresaltó a Rowan, que se fue a buscar uno de los boles de caramelos a la velocidad de la luz. Winter le había contado cómo iba aquella festividad, y consideró que aquel era un buen momento para poner un poquito de distancia entre ambos y relajarse. Menuda noche le esperaba si no conseguía calmarse...
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Winter conocía al demonio lo suficiente como para saber que le estaba dando vueltas a algún asunto. Esperaba que no fuera nada malo, pero igualmente, no iba a atosigarlo a preguntas, esperaría que él mismo fuera quien se lo contara.  Tampoco comentó acerca de la mirada furibunda que le echó al disfraz, sin embargo, subió las escaleras hacia la habitación con una sonrisa divertida dibujada en el rostro. Se sorprendió cuando lo vio visto vestido de oso, porque inicialmente había pensado que ese aura peligrosa que lo solía acompañar se habría esfumado en el momento que se hubiera puesto el peludo disfraz, pero no. El aura lo acompañaba igual que su ceño fruncido.

Rowan alcanzó la chaqueta que se había quitado hacia un rato y se la puso en los hombros. La rubia le quiso decir que no tenía frío, que la calefacción estaba encendida pero el moreno la besó, enmudeciéndola al momento. En un principio correspondió al beso como de costumbre pero los dientes del demonio se clavaron en su labio inferior a tal punto que la hizo sangrar. Un ligero gemido de dolor escapó de sus labios mientras se alejaba de él con una mueca confusa. Nunca le había mordido y menos tan fuerte como para hacerle sangre. Tenía motivos para estar desconcertada. Por su parte, Rowan también parecía asombrado de su propia acción y la miró con los ojos como platos. Su mano, grande y adornada con pequeños tatuajes, ascendió hasta su cara, para posarse en su mejilla y su pulgar recorrió lentamente el labio inferior llevándose consigo las gotas del color del carmín que el mismo había propiciado. El contacto suave en la zona herida fue extraño, porque a la vez que le daba un suave pinchazo le transmitió placer, y si no se hubiera contenido, habría jadeado por la impresión. Como si la suerte estuviera de su lado, el timbre sonó y el demonio prácticamente corrió a coger un bol y llevarlo hasta el hall. La joven se había quedado allí pasmada con el corazón latiendo desenfrenado, se pasó la punta de la lengua por donde apenas unos instantes había estado el dedo de Rowan. El sabor metálico de la sangre estalló en sus papilas gustativas y su rostro plasmó el desagrado que éste le producía.

Al escuchar como el demonio abría la puerta a los niños, la rubia decidió ponerse en marcha. Se sacó la chaqueta de un movimiento y tomó una de las dos cajas de cupcakes que su niñero había abandonado en la mesita de café. Se acercó a la puerta donde un pequeño grupo niños gritaban truco o trato a pleno pulmón. Winter les dedicó una sonrisa dulce, porque eran críos de apenas seis años con ojos tiernos y grandes, sonrisas amplias y ataviados con disfraces que lejos de dar miedo eran adorables. Les ofreció los pastelitos, inclinándose levemente para que estuvieran a su alcance. A los cuatro niños se les iluminó el rostro con ilusión mal contenida mientras tomaban un cupcake cada uno, al incorporarse pudo ver como los tres hombres la miraban con claro interés y ella pensando que lo que tanto les había llamado la atención eran los dulces, les ofreció a ellos también. Se habían quedado pasmados mirándola fijamente y ella extrañada movió la caja levemente incitándolos a tomar uno. El más joven, el cual no debía de tener más de treinta años fue el primero en reaccionar, cogiendo uno y sonriéndole a la rubia amistosamente. Básicamente había conseguido salir de su trance generado por cierta rubia con ojos azules, cintura estrecha y senos subidos hasta lo imposible, y había visto al muchacho que a pesar de llevar un disfraz de animalillo del bosque no parecía ser muy encantador. De hecho, parecía bastante capaz de arrancarle el corazón y hacérselo comer en sus últimos segundos de vida. No sabía si era el novio pero mejor no hacerlo enfadar. Los otros tres hombres actuaron por imitación del primero, tomando un cupcake y marchando con sus hijos, la mar de contentos.

- ¿No son adorables las caritas que ponen los peques?- Le preguntó a Rowan cerrando la puerta y dejando la caja de cupcakes en el mueble donde estaban puestos los boles preparados con los caramelos para los niños que vendrían a lo largo de la noche. -¿Rowie quieres un cupcake? Hay un par que son de café puro. Deben tener un sabor muy fuerte pero como a ti te gustó el de casa de mi madre...- Comentó yendo hacia el salón y rebuscando en la otra caja que había en la bolsa que habían traído. Sacó el dulce que en la parte de arriba el frosting parecía el fantasma típico con la sábana con agujeros por ojos. - Es este. Es muy mono. ¿Verdad?- Preguntó. De repente recordó algo.- Antes de comer dulces tenemos que cenar. - Informó alzando el dedo índice del mismo modo que lo había hecho Scarlet muchos años antes cuando le quería regañar. - ¿Qué te apetece comer?- Los brazos de Winter rodearon el torso del demonio y sin pararse a pensar en lo que hacía, posó sus labios escarlatas en el tatuaje de la pluma negra, que ocupaba gran parte del lado izquierdo de su cuello, y lo recorrió lentamente con los labios, con dedicación y dejando que su cálida respiración hiciese mella en el férreo autocontrol que Rowan se había impuesto. Sería el último día que lo iba besar,  a partir del primer día de Noviembre ya tendría que mantener las distancias para descubrir si podía dejar de pensar en él, en sus dichosos besos y en su fría y profunda mirada plateada.




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