10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


25/12 - ¡Por fin se ha abierto el panel de inscripción para moderadoras/es! ¡Apuntáos cuanto antes! Además, administración quiere dejar constancia de que, con motivo de las fiestas, la nueva limpieza por inactividad se realizará entre los días 03 y 04 de enero. ¡¡De nuevo, Felices Fiestas, submundis!!


19/12 - ¡Las noticias de final de 2016 están recién sacaditas del horno! ¡Felices fiestas!


04/10 - ¡Aquí llegan el inicio oficial de la Trama Global! Seguid este caminito de baldosas amarillas para saber dónde están vuestros temas, quiénes participan y decidir en cual entrar. ¡Esperamos que lo disfrutéis mucho!


06/09 - ¡Aquí llegan los cambios en la ambientación y la trama y las noticias de agosto y septiembre! No dejéis de leerlas, porque dentro hay muchos cambios importantes.


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Two Idiots. One long night || Ft. Sugar Beth Gwendoline

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Two Idiots. One Long Night
→ SÁBADO→ 21:44→ CALLEJONES → FRÍO

Con una sonrisa ladina y un intenso sonrojo en las mejillas, la inglesa se movía con avidez por las calles que conformaban toda la zona de vida nocturna, que, en lo más personal, era de toda la ciudad su parte favorita, debido a la gran cantidad de vandalismo que solía presentarse en los callejones, que era de mayor notoriedad a esas horas, y un poco más en aquella zona, aunque se dispersaba de igual modo por toda la ciudad. Algo había hecho mal que ahora tras de ella corría un grupo de cuatro chicos, con una chica de rubios cabellos pisándole los talones, maldiciendo y vociferando a los cuatro vientos el odio que ahora sentía por la pelirroja, imitando cada movimiento de la misma, que se colaba entre los callejones hábilmente, usando sus sentidos lupinos para no llevarse una paliza. ¿El motivo? Bastante simple: Laila, que se había metido en un juego clandestino de póker llevado a cabo en un callejón, irrumpió abruptamente en medio de la partida, con un falso interés en lo que estaba ocurriendo, enfocándose en ganar un lugar en todo el desorden, lográndolo sin problema, puesto que había llegado alegando ser su primera vez en el juego, empleando sus encantos de actriz para así persuadir hasta al más astuto. Hasta ese momento todo iba considerablemente bien, hasta que comenzaron las apuestas y la intensidad del juego se vio por aumentada. VanMaxwell lo tenía más que claro, llevaba las de ganar, así que todo riesgo era aceptado, al menos para ella, que estaba totalmente segura de lo que estaba haciendo. Todo había transcurrido con normalidad, el tiempo había pasado, y los jugadores iban saliendo uno a uno, retirándose voluntariamente ante la complejidad del juego, hasta que de todos el círculo se cerró, quedando una partida que se disputaba entre la rubia y la pelirroja, quedando como finalista y, después de todo, coronándose como victoriosa, llevando consigo sus respectivas ganancias, entre ellas un costoso collar, propiedad de su última contrincante.

Y allí se vuelve al inicio.
Acusándola de haber mentido, y, además, de ser una estafadora por mucho profesional, la rubia exigía aquello que había apostado y perdido, siendo ayudada por el resto de perdedores en la competencia.

La persecución había terminado en otro de los callejones, a dos cuadras adelante del inicio de todo, con los corazones de todos apresurados y sus respiraciones agitadas, se miraban frente a frente, acorralando a la loba, cubriendo toda escapatoria para ella —¡Devuélvemelo, ahora!— jadeó la rubia, acomodando mechones sueltos de su dorada melena, dando un paso al frente con determinación. Por otro lado, la inglesa, con una gran confianza, y aún con aquella amplia y burlona sonrisa, sacó de su chaqueta el collar, guardándose el resto de pertenencias, dinero en su mayoría, sujetando aquel costoso accesorio en una mano, y mostrándolo a sus atacantes —¿Es esto lo que quieres?— inquirió la muchacha de rojos cabellos, arqueando una ceja —Pues tendrás que quitármelo— finalizó, dando un paso hacia atrás, chocando contra la pared tras de ella, deteniéndose en seco. No quería ese collar, en efecto le parecía realmente horrendo, y a pesar de aparentar ser muy costoso, tampoco necesitaba venderlo; no estaba necesitada de dinero al ya tener un empleo, así que, ¿por qué no lo entregaba y se marchaba? Sencillamente porque, de hacerlo, se perdería toda la diversión que implicaría entregarlo por las malas.




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Two Idiots. One Long Night
→ Sabado → 21:44 → Frio  


La noche era húmeda y fría en la gran manzana, cosa que había pasado a ser habitual en los últimos días e iba cada vez en aumento, dándole cierto aire de displicencia a la ciudad pero sin restarle su brillo cotidiano ni  mucho menos privando a los ciudadanos de  enfrascarse en la vida noctambula que tanto clamaba la urbe. El hada no era la excepción, si bien el clima no era especialmente su cosa favorita en la vida y disminuía sus deseos de exponerse al exterior, tampoco iba a retenerle un sábado por la noche de aventurarse a través de las calles de la polis.

Y sin embargo, había tenido la impresión de que no seria una noche como cualquier otra. Una serie de aleatorias y disparatadas circunstancias terminaron por darle un toque de extravagancia a la velada que ni siquiera el hada podía conjurar como normal;  se había dejado arrastrar por las calles como una hoja a merced del viento hasta llegar al bar Beekman. El mismo estaba en pleno apogeo dado a que una banda que Sugar desconocía -pero parecía tener cierta notoriedad dado a que no cabía ni un alma mas en el establecimiento- tuvo una presentación aquella noche, a mitad del espectáculo el baterista pareció sufrir lo que Sugar Beth calificaría como una extraña fusión entre un ataque de epilepsia y el empleo irresponsable de sustancias ilícitas, culminando abruptamente con la breve función.

El hada se decidió a salir del bar, alejándose lo mas posible del barullo de personas que se conglomeraban en torno al escenario. Fue entonces cuando se encontró con un particular grupo de universitarios, demasiado fascinados con la muchacha como para no invitarle a unírseles a su festejo. Sugar, lógicamente, no perdió tiempo en sumarse a tal chusca aventura, arrastrada por la curiosidad primigenia que le despertaban todos los hijos de Adán de alguna u otra forma. Y así fue como terminó en un viejo volvo recorriendo las calles de New york sin tener la mínima idea de cómo se llamaban sus acompañantes, ni mucho menos que era lo que le habían servido en  aquel vaso plástico rojo chillón que aun sostenía lánguidamente en su diestra. Ahora se encontraba sentada en las escaleras de emergencia del segundo piso de una torre ejecutiva. ¿El como había llegado allí? era una incógnita tan grande como el paradero de los jóvenes parranderos y extremadamente efusivos.

Le dio un ultimo trago a la sustancia desconocida del vaso, justo en el momento exacto en el que la tranquilidad del callejón  frente a ella se vió irrumpida por un grupo de personas. Sugar Beth observó toda la escena con una ceja arqueada, estaba sentada sobre el suelo de la escalera con las piernas colgando entre las rejillas balanceándose ligeramente, luciendo unas mallas con franjas negras y blancas. A pesar del clima, llevaba unos shorts negros y un suéter del mismo color, que contrastaban con el abrigo de pelo rojo que parecía irle dos tallas demasiado grandes. El escepticismo se reflejaba en los ojos violáceos del hada que no se perdía detalle de lo que sucedía justo debajo de sus narices, consiente de que lo mas probable ninguno de los individuos se había percatado de su presencia.

¿Podía Sugar Beth quedarse allí, como una simple observadora para ver el desenlace de tal disputa? ¿Haría lo correcto e intervendría, rompiendo con aquel esquema que catalogaba a su especie y demostrando que las mismas no eran las arpías que muchas veces podrían parecer ser? Ni una ni la otra -aunque tal vez, un poco de lo ultimo- Tampoco es que fuese una sádica para quedarse allí a ver como a la pelirroja le metían la paliza de su vida por un collar hortera ¡Faltaba mas!, pero no tenia intención alguna de hacerse pasar por alguna especie de súper heroína mágica que anda por la vida pateando traseros en nombre de la justicia.

Deslizó las piernas fuera de las barras de la escalera mientras sacaba el móvil de su bolsillo y abría el navegador. Hacia unos meses atrás desconocía lo practico y conveniente de poseer un smarphone pero ahora se sentía como toda una experta, aunque no estaba segura de que su improvisada táctica fuese a funcionar ¿Qué mas daba? No perdía nada con intentarlo. Tecleó varias veces sobre la pantalla y varios segundos después, justo cuando la rubia encolerizada parecía estar a punto de decir algo mas,  la sirena de una patrulla  policial resonó demasiado cerca como para pasar desapercibido para el grupo.

Al instante varios de los que acompañaban a la rubia comenzaron a mirar hacia todas partes por acto reflejo, uno de ellos murmuro una maldición y otro no perdió tiempo para marcharse a la fuga. La rubia pareció verse ligeramente alterada pero su atención permaneció sobre la pelirroja, un chico que le doblaba la estatura le tomó el brazo con insistencia –¡Eh, tenemos que irnos!–

–¿¡Y dejar que se quede con mi collar!? Ya, claro–
Repuso la rubia, apartándole la mano con brusquedad. El muchacho chasqueo la lengua y pareció tener intenciones de insistir aun mas, pero el ruido de la sirena parecía preocuparle lo suficiente como para hacerle desistir de la tarea y emprenderse a la fuga, dejando atrás a la chica que seguía afanada en recuperar su collar.

Sugar se incorporó y hubo esperado a que los pasos de los sujetos desaparecieran a lo lejos antes de presionar el único botón del teléfono y así callar el ruido de la sirena abruptamente. Al instante una risa imperiosa brotó de sus labios, lo que supuso captaría la atención de las otras dos muchachas –¡Oh por favor! ¡Que idiotas! ¿En serio se creyeron algo así?– deslizó su mano por debajo de su ojo, como si se estuviese secando una lagrima –No es por ofender, pero a tus amigos les hace falta un poco de materia gris– esa vez, sus palabras parecían ir dirigidas hacia la chica de cabello rubio, que la miraba como si un espectro hubiese aparecido frente a sus ojos. Dada a la altura que implicaba el que Sugar se encontrase aun en las escaleras, la rubia tuvo que que echar la cabeza hacia atrás para poder ver al hada, que estaba destornillándose de la risa como si no hubiese un mañana.




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Two Idiots. One Long Night
→ SÁBADO→ 21:57→ CALLEJONES → FRÍO

Con una gran confianza en sí misma, y en sus propios instintos, VanMaxwell estaba más que lista para lanzar un primer ataque si el asunto se prolongaba todavía más, solo para no tener que esperar demasiado para que comenzara la diversión. Por que sí, solo de ese modo podía definir tan hilarante situación, que aparentaba manejar con seriedad, solo para crear un disturbio que pudiera servirle de distracción esa noche. A su alrededor, el grupo le acorraló en un abrir y cerrar de ojos, como una manada de lobos acechando a su presa, a punto de dar el golpe que le mataría, con los cuerpos rígidos, igual de preparados para la pelea, siendo comandados por la impaciente -y dígase un tanto infantil actitudinalmente- muchacha de rubios cabellos, que no paraba de chillar a modo de insultar, recuperando poco a poco la voz entre jadeos, echándole en cara a la pelirroja lo mucho que iba a arrepentirse de lo que había hecho, sin saber que estaba tratando con un ser mucho más poderoso que ella, y no con otro simple mundano que pudiera mostrar cierto temor a sus amenazas. Estaba trazando un rápido plan en su cabeza, analizando que solo eran cuatro personas, lo cual instantáneamente se le figuró como algo bastante fácil al ya haberse enfrentado a grupos más grandes en situaciones anteriores, bajo condiciones mil veces peores. Sería bastante sencillo, como entrar y salir de un lugar sin apenas mancharse las manos: incluso con echarse a correr le bastaba para salir ilesa, no obstante, quería el camino difícil y divertido. A veces ver a los mundanos arrepentirse de sus propias decisiones era la mayor satisfacción de la vida.

La muchacha de pelo rojizo elevó un poco más la cabeza, dispuesta a comenzar la fiesta, sin embargo fue detenida en seco por un sonido bastante familiar, uno que erizó la piel de más de uno, y que los alarmó a todos: las sirenas siempre eran una señal directa de huida, así estuvieras o no en el lío, era un claro anuncio de escape. Percibió enseguida como la desesperación comenzó a flotar en la atmósfera, disolviendo los planes de la loba por completo, dejándolos ir uno a uno, sin poner un pero, quedándose en su sitio, tal cual no hubiera escuchado absolutamente nada, llevándose ambas manos a los bolsillos de la chaqueta, sin inmutarse aparentemente del ruido. Ya una vez había tenido que esconderse en un lugar muy desagradable para que no le atraparan, sin embargo, en esa ocasión, no quería repetir aquel desagradable momento del que tanto le disgustaba hablar, afrontando cualquier cosa... además de que la rubia -de la cual, a pesar de haber jugado con ella, desconocía su nombre- permanecía allí, consumiéndose en una profunda ira, pudiendo percibir el sus ojos esmeralda un tenue brillo de nerviosismo, señal de su gran inseguridad, pero insistencia en el asunto. Volaban chispas entre ambas chicas, entrelazando sus iracundas miradas mientras el sonido se hacía más, y más intenso, al menos hasta que sorpresivamente se cesó, desconcertándolas a ambas. Laila, con una ceja disparada hacia arriba, observó por primera vez de un lado a otro, perdiendo de vista a su enemiga, clavando la mirada en una silueta, que comenzó a divisar con mayor claridad, escuchando su voz con atención, como un animal siendo tomado desprevenido. Acto seguido, conformó en su rostro una expresión plagada de desagrado ante tal embuste, aunque admitió internamente que la estrategia de la muchacha de cabellera violeta no había estado tan mal, de hecho se llevaba mucho del crédito, pero, desde lo más personal para la chica, no era tan entretenido arreglar el asunto de ese modo.

Cruzó los brazos bajo el pecho, dando un par de zancadas, rebasando así a su atónita contrincante, tomando su distancia con ella todavía, a pesar de ya no ser una pelea como tal, centrándose en aquella nueva presencia, que reía de una forma que incluso podría ser contagiosa, pero para alguien como la inglesa eso si que era un poco más difícil. Clavó sus ojos en ella, viéndose en la necesidad de echar la cabeza hacia atrás levemente, para observarla desde un mejor ángulo, esperando a que terminara de reír para tomar la palabra —No es que quiera arruinar tu momento de felicidad, pero... ¿quién demonios eres y qué haces aquí? ¿No se supone que deberías estar en casa de tu madre a esta hora?— agregó en un extraño tono irónico, como si también buscase divertirse con la muchacha, cosa que no era mentira: si ella había provocado que su única distracción se fuera, ¿por qué no tomarla a ella como una sustitución? Tal vez podría hacer más interesantes las cosas con la rubia la presencia de aquella chica, todo dependía de su reacción a ese pequeño estímulo.




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→ Sabado → 21:44 → Frio  

Concluido el inesperado ataque de risa para nada moderado por la joven hada, volvió a enderezarse y reivindicar su grácil postura, con la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo para no perder detalle de las reacciones que acontecían a las otras dos muchachas. Se apoyó de la fría baranda metálica de la escalera de emergencias, apoyando todo su peso sobre la misma, inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado y sus piernas se entrelazaron. Estaba a sus anchas, la mar de divertida con toda la situación y por lo mismo no tuvo la decencia de retener las subidas carcajadas que le habían asaltado y que dejaron tras su paso una enorme y resplandeciente sonrisa.

Sus orbes violáceas se detuvieron sobre la hija de la luna, entrecerrando ligeramente los ojos al escuchar tal comentario. Sugar Beth estaba mas que acostumbrada a ser confundida con una estudiante de secundaria, tenia rasgos infantiles y una voz aguda y blanca. Sumado a ello, no era exactamente la representación de la madurez y el recato. Aun así, el tono despectivo y provocador de la loba no le paso desapercibido, parecía que no era la única allí que tenia algo que decir -¿Te recuerdo que…– comenzó a decir tras unos instantes de silencio, mas de inmediato la rubia la interrumpió en el acto, adelantándose unos cuantos pasos a la pelirroja con una mirada mordaz dirigida al hada –¿Se puede saber quien te dio vela en este entierro?– cuestionó exasperada, la brisa nocturna le desacomodó la melena pero aquello parecia no importarle. A Sugar no le agradaban las personas impacientes, por lo que decidió que aquella chica cuyo nombre desconocía no le agradaba demasiado.

Aun así, su mirada se deslizó de la pelirroja a la chica cuyo único interés era recuperar sus pertenencias, era evidente el tono despectivo que el hada emplearía a continuación –Cariño ahora mismo estamos manteniendo una conversación, así que si eres tan amable podrías esperar un momento y con gusto te atiendo ¿Vale? Como iba diciendo…– Volvió a mirar a la pelirroja, esta vez sus uñas golpetearon el metal oxidado de la baranda, un ruido vago solo perceptible para sus propios oídos –¿Te recuerdo que si no fuese por mi aquellos energúmenos y la oxigenada aquí presente te hubiesen metido una paliza importante? Deberías ser un poco mas agradecida ¿No crees?–

–¿¡Oxigenada!?– gritó histérica la agredida, al borde de perder los estribos –Ha hablado la misma que parece haber metido la cabeza en un bote de acuarela– Sugar Beth volvió a reír, aunque con menos ímpetu que como había hecho anteriormente. Consideró el saltar directamente de las escaleras y desconcertarles, aunque sospechaba que aquello ultimo solo lograría el efecto deseado en la rubia. Optó por un medio mas convencional y mucho menos estrafalario, bajando por las escaleras en grandes zancadas sin perderlas de vista –Pues a mi si me queda bien encanto, otras no podrían decir lo mismo. ¿Seguirás allí parada, indignándote por tonterías o vas a mover tu trasero lejos de aquí? Parece que tus amigos no tienen intención alguna de ayudarte– Se llevó las manos a los bolsillos del abrigó, a la expectativa de que cualquiera de las otras dos se decidiera por hacer algo, tal vez las cosas dieran un giro inesperado y el hada tuviese razón; aquella noche era bastante inusual…




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→ SÁBADO→ 21:57→ CALLEJONES → FRÍO

La filosa mirada de la pelirroja se paseó de un lado a otro, con un leve toque indiferente, pero con más interés del aparente, dibujando en su semblante una dura expresión, que gradualmente fue eliminándose hasta al fin quedar una gesticulación más relajada, incluso un tanto divertida ante la situación, que comenzó a afrontar de nueva cuenta con su tan impertinente e irónico sentido del humor, mientras que en su cabeza comenzó a buscar una nueva forma de molestar a la rubia, sin embargo, conforme transcurrió el tiempo, y observó a la chica de pelo violeta, se percató de que ésta última si que se había tomado en serio su último comentario, tratando de responder al momento, aunque fue interrumpida por la chica de dorados cabellos, que aún permanecía histérica e implacable ante la situación, cosa que en la loba comenzó a provocar más gracia de la que ya sentía hacia ella, creando ahora un gesto burlón, mientras escuchaba cada uno de sus chillidos a modo de reclamo, siendo ahora problema de la nueva integrante del grupo, gracias a la cual la diversión de la inglesa se había esfumado rápidamente, pero que bien podía ser reemplazada del mismo modo. Los brazos de VanMaxwell permanecía cruzados bajo su pecho, admirando aquella preciosa escena de sufrimiento (para la rubia), deleitándose con lo trágico que todo aquello parecía para ella, y con las respuestas del hada, que, si bien la primera no fue dirigida hacia ella, si que le robó una pequeña sonrisa torcida, bastante perturbadora, pero normal gracias a su naturaleza frívola e irónica. Gracias a la mejora en sus sentidos proporcionada por la licantropía, escuchó con claridad el sutil ruido de las uñas ajenas golpeando la baranda, centrando su mirada por un momento en el lugar de origen del sonido, arrastrándola hacia el rostro de la muchacha una vez empezó a hablarle, dando al fin respuesta a su comentario previo, que había soltado en todo jocoso: no estaba realmente segura, sin embargo la pelivioleta se veía lo suficientemente mayor como para ya no vivir con su madre, aunque uno nunca sabe.

La respuesta no había sido la que estaba esperando, pero de todos modos, le hizo esbozar una pequeña sonrisa amarga, separando un poco los labios, dispuesta a hablar, no obstante, la rubia, que comenzó a ver todo como una amenaza, volvió a saltar, posándose en el centro del asunto una vez más, robándole las palabras a la pelirroja, la cual, por obra de algún ser superior y divino, logró contenerse, siendo paciente por primera vez en su vida, estallando en una carcajada espontáneamente al escuchar las quejas y sus respectivas contestaciones por parte de ambas chicas, que de buenas a primeras la parecieron ridículas, pero que tiempo después les halló la gracia, llevándose una mano al rostro, riendo sin detenerse a pensar si era lo adecuado o no, dejándose llevar por sus instintos —¡Alto, alto, que no puedo con esto!— la chica dio un suspiro, tranquilizándose, adoptando una postura jocosa de nuevo, guiando ahora la mano a su pelo, revolviéndolo un poco —Ah, ¿en serio de esta forma vamos a arreglar las cosas?— inquirió, reduciendo su risa hasta que de esta no quedó absolutamente nada, conservando la sonrisa solamente —No creo que pasar la noche viendo quién tiene el mejor color de cabello sea la respuesta a esto... y tú— agregó enseguida, señalando con el mentón al hada, quién había bajado hace unos segundos antes de las escaleras en las que estaba, pudiendo a si igualarle la estatura, o casi —Lo que hiciste fue de todo, menos un favor: ahora, gracias a ti, en lugar de pasar una noche genial torturando a un grupo de estúpidos, estaré lidiando contigo y con una oxigenada frustrada por el color de su cabello— señaló a la chica en cuestión con el dedo pulgar, sin mirarla siquiera, conformando una gesticulación indiferente de nuevo, retomando la conversación desde un ángulo más serio, al menos desde su perspectiva.



Off:
¡Siento mucho la demora! Muchas gracias por la paciencia



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→ Sabado → 21:44 → Frio  

Vale, ese no era su mejor momento
Ya fuese porque por mucho que le costase reconocerlo, la pelirroja de mirada afilada y gesto soez llevaba un tanto de razón como porque el efecto de lo que sea que hubiese estado tomando toda la noche a merced de unos universitarios juergueros estaba comenzando a subirsele a la cabeza en pequeñas pero devastadoras oleadas. Sus botines de plataforma ahora resultaban no ser demasiado de fiar a cuanto equilibro se refería y procuró no moverse demasiado para no delatarse así misma. Manteniendo una expresión ecuánime, adornada con su acostumbrada sonrisa burlesca mientras le escuchaba asegurarle que solamente había empeorado la situación.

Era una noche indudablemente extraña pero a fin de cuentas, las había tenido peores. Como aquella vez que se había metido en los recovecos mas extraños de brooklyn y había terminado en un bar de mala muerte tomando chupitos con contenidos desconocidos, uno en particular que estaba fuera del menu ya que el licor con el que era preparado no estaba legalizado en los estados unidos y contenía un 91% de alcohol. La resaca fue epíca y su amnesia mucho mas severa, pero los rumores que circulaban entre sus compañeros de juerga de aquella noche habían sido lo suficientemente desalentadores para que al hada se le quitasen las ganas de repetir tal escenario repleto de lagunas y situaciones bochornosas.

Las acusaciones de la loba (cuya naturaleza el hada desconocía, dado a su actual condición no-sobria) le hicieron arrugar la nariz como si hubiese tragado acido, aunque ganas no le faltaban para reírse de la irreverencia de sus palabras, si es cierto que le produjo cierto desconcierto el hecho de que las cosas hubiesen tomado un rumbo muy distinto al que ella hubiese imaginado. Parpadeó unas cuantas veces y se llevó la mano al pecho de una forma extremadamente dramática, fingiendo una expresión dolida que era mas que evidente su falsedad –¿Así es como me pagas luego de salvarte la vida?– se paso la mano por el pelo, apartándolo de sus hombros con un rapido movimiento –Newyorkinos, siempre tan insolentes... la verdad es que no puedo entender como no sufren todos de una ulcera severa con tan mal temperamento–

–¡Basta de tonterías!– grito una vez mas la rubia, cruzando los brazos sobre su pecho, alternando su mirada iracunda entre el hada y la loba. dio unos largos pasos en dirección a la pelirroja, señalándole con el dedo indice pintado de escarlata y un evidente tono amenazador en sus palabras –Dame mi collar ahora mismo ladronzuela, o te vas a enterar...–

Sugar Beth rodó los ojos con impaciencia. En la cotidianidad le agradan muchísimo aquellas criaturas hijas de Adan, criaturas libres en su selva de metal, inocentes ante el mundo de las sombras e ingenuas de los oscuros secretos que la misma albergaba. Su efímera belleza era algo digno de apreciar, pues todos y cada uno de ellos eran como pequeñas cometas en el basto universo de la vida y sin embargo aquella muchacha estaba convirtiéndose en una verdadera astilla. Un tanto irritada el hada le tocó ligeramente el hombro. La muchacha se volvió bruscamente para encarar al hada –¿Que demonios qui...?– guardo silenció repentinamente, observando al hada con los ojos desorbitados y los labios temblorosos. Repentinamente la muchacha de cabello rubio habia dejado de lado su histeria y enojo para sustituirlo por un terror inconmensurable, una exclamación ahogada brotó de sus labios ante la vision de lo que el glamour del hada le habia hecho vislumbrar; lejos de la pequeña y delgada figura de ojos violetas y cabello lila que había sido antes, la mundana ahora se encontraba frente a frente con una cobra gigante de ojos rojos y amenazantes, con escamas tan oscuras como la noche y un siseo ruidoso y grabe que le pondrian los pelos de punta a cualquiera.

La rubia retrocedió rapidamente llevandose las manos a los labios, ahogando el gritó que se escapo de su garganta y segundos después se echo a correr como alma que lleva el diablo fuera del oscuro y sucio callejón gritando por ayuda. Al instante el tenue glamour que había utilizado en una mente tan expuesta a la magia se evaporó, dejando a la vista su verdadera figura que no tenia nada que ver con una serpiente gingante. Se rió laconicamente mientras le observaba correr agitadamente, para luego volverse hacia la pelirroja con una sonrisa contemplativa –ahora si que es oficial, he arruinado al completo tu noche de torturas– comento entre risas, mirando a la pelirroja con una sonrisa provocadora. Estaba midiendola sin duda alguna, calculando la paciencia de aquella muchacha hasta ver donde llegaría su paciencia –¿Y ahora que haras, quedarte a llorar porque se fueron tus jueguetes? Vamos, si esta es tu version de un sabado divertido por la noche, no tienes ni la mas minima idea del concepto de diversion...–





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La manera en la que la loba comenzaba a ver la situación era cada vez menos seria, haciéndolo más obvio de lo normal tras la maravillosa y nada creíble actuación de la muchacha de pelo violeta, observándola con una media sonrisa torcida, dejándole decir todo lo que deseara ya que, a fin de cuentas, ¿para qué le estaba dando seriedad a algo que no tenía ni pies ni cabeza? Para Laila todo comenzó a decaer desde la fuga del resto del grupo, sumiéndose en un extraño sentimiento de decepción, combinado con frustración al no haber logrado su objetivo principal de buenas a primeras, tomando inicialmente cierto resentimiento contra la chica, no obstante, decidió intentar abandonar aquella poco necesaria postura, acoplándose a la situación, y, más que nada, aceptando lo que fuera que tuviera que venir el resto de la noche. VanMaxwell ladeó la cabeza un par de grados, arqueando una ceja y cruzando ambos brazos bajo el pecho, tal cual los comentarios ajenos no le hubieran hecho ninguna gracia, cuando en su interior era todo lo contrario —¿Mal temperamento? ¿lo dices en serio?— inquirió con socarronería, separando un segundo más tarde sus labios para de ellos dejar salir más inútiles palabras, siendo interrumpida abruptamente por su contrincante inicial, frunciendo claramente el entrecejo ante aquel grito, que, a propósito, casi le deja sorda, sobretodo al tener el sentido del oído más desarrollado que el de un mundano cualquiera; eso básicamente fue una tortura para la inglesa, que no pudo deshacerse de aquella gélida gesticulación en ningún momento, retrocediendo un paso cuando la chica de cabellos dorados avanzó en su dirección, fijando la mirada en la de su acérrima enemiga, dicha que había logrado cansar a la pelirroja. 

—¿Ah, en serio aún lo quieres?— cuestionó la muchacha de forma jocosa, aunque con cierta brusquedad en sus palabras. Todo había llegado demasiado lejos por una tontería, llevándola a pensar seriamente en devolverle aquel maldito collar y dejarla ir, no sin antes ponerle muchas cosas en claro, sin embargo, el tiempo de reacción del hada fue más rápido que el suyo, evitando así que cometiera una imprudencia, o algo que puramente no encajara en sus planes, entornando levemente sus orbes verdes, dándoles el aspecto de rendijas, mientras ante ella se comenzaba a materializar una de las escenas más extrañas de toda su vida. Un par de segundos bastaron para que todo colapsara y se disolviera, un par de valiosos segundos de su vida se vieron consumidos en el momento y en la forma en la que el hada se deshizo de aquel estorbo humano, sin poder contener un pequeño gesto de aprobación cuando el espacio que la rubia ocupaba en la escena quedó completamente vacío, robándole las palabras a Laila algunos minutos, ganándose un par de aplausos irónicos cuando el castigo de la mundana se vio por finiquitado, y su presencia dejara de figurar en el panorama del dúo de chicas. Los comentarios ajenos invocaron una sonrisa torcida en su pálido semblante, dándole fin a esa corta oleada de aplausos, plagada de escasa emoción, exhalando antes de retomar la palabra, pareciendo como si jamás se hubiera percatado de ninguna acción por parte de la pelivioleta —Eso fue espléndido, sublime— comentó con ironía, con esa extraña expresión burlesca adherida al rostro todavía, llevando ambas manos a los bolsillos de su chaqueta —Mandaste mis planes al demonio, ¿qué te puedo decir? ¿debería agradecértelo?— sus ojos, levemente entornados, miraron los ajenos con atención, sacándose de la cabeza la idea de que estaba frente a otra mundana más, haciéndolo desde el momento que hizo correr despavorida a la rubia, que no dejó rastro alguno de haber estado allí... aunque aquel collar, que ahora Laila podía alegar que era suyo, servía como buena excusa para verle volver o topársela en el futuro, quizá más dispuesta y valiente en caso de enfrentarse solas. La loba lo dudó enseguida. 

Con toda su atención puesta en la hija de Lylic, VanMaxwell pestañeó repetidas veces, escuchando la segunda parte del sermón, manteniéndose en calma, aparentando carecer de emoción alguna, siendo imposible leer su rostro a simple vista, dando pauta a la libre interpretación. Acto seguido, justo al terminar de hablar la otra chica, la pelirroja tomó la palabra, esbozando otra sonrisa burlona de nuevo, dejándose ver bastante tranquila, a pesar de ser alguien que tiende a perder la paciencia en repetidas ocasiones, mostrando la primer fase de su comportamiento antes de sucumbir a la ira —Basta. Estás rompiendo mi corazón— agregó enseguida con marcado sarcasmo, llevándose una mano al pecho, dando después una larga zancada, para quedar más cerca del hada —Me estaba divirtiendo, tú lo echaste a perder, así que, ¿quién es la que realmente queda como aguafiestas, eh?— sus palabras no tenían ni un rastro de ira hasta el momento, lo cual era una clara señal de que le quedaba paciencia para rato, teniendo en la cabeza bastantes preguntas, creando una atmósfera de duda alrededor de su nueva acompañante, estando insegura sobre por cuánto tiempo lo sería. ¿Se quedaría con ella la noche entera, o se marcharía en ese momento? Laila quería tentarla, provocarla a meterse en algún problema puesto que necesitaba algo que hacer, y qué mejor forma de pasar el rato que esa —... Pero viendo que eres una "experta" en el asunto, dime, ¿cual es tu idea de diversión?— la muchacha golpeó con la punta del zapato el suelo repetidas veces, como hacía siempre de manera inconsciente, esperando por una respuesta a su pregunta.




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→ Sabado → 21:44 → Frio  

Como de lejos confiaba en sus propia estabilidad, Sugar Beth  retrocedió varios pasos hasta dar con la barandilla de la escalera metálica que antes había hecho función de escondite, bastante conveniente para la situación. Se llevó una mano a la cadera mientras ladeaba ligeramente el rostro, esbozando una sonrisa de complacencia que le inundaba todo el rostro. La chica terminó por perderse entre la noche, el traqueteo de sus tacones se perdió entre la bulla de la cosmopolis mientras el hada agitaba brevemente la mano en un gesto burlesco de despedida hacia la atemorizada rubia.

Incluso después de su marcha y las palabras acidas de la licantropa pelirroja, la sonrisa fanfarrona seguía bailando en su rostro y el hada se colocó el cabello detrás de las orejas con cierto aire triunfal. Aunque no lo había planeado de esa forma, estaba sopesando la posibilidad de que la muchacha no fuese una mundana común y tal parecía que había dado justo en el clavo, la pelirroja fue consiente del glamour mas su reacción lejos de hacerla salir despavorida, fue lo que le confirmo que no se trataba de una mundana. De ser así hubiese acompañado a la otra en su pronta huida para escapar de las terroríficas fauces de una enorme cobra  y sin embargo seguía allí, como quien había visto un cachorrito indefenso y no a una serpiente titánica. Aplaudiendo tras presenciar aquella sátira humorística que Sugar Beth había protagonizado, contemplativa ante el desarrollo de lo que vendría después.

–Me gustan los finales dramáticos, no me lo tomes en cuenta–
comentó con sorna y un evidente sarcasmo, debatiéndose en si resultaría demasiado ofensivo para la muchacha si volvía a echarse a reír ahí mismo –Me conformo con saber que he hecho bien, luego de esto podrían canonizarme ¿No crees? Mis actos de altruismo me sorprenden incluso a mi misma–

Se cruzó de brazos al escuchar como la pelirroja exponía su punto; ahora la situación pintaba bastante gris, ella no tenia ganas de encerrarse en casa en una noche como aquella y dado a que había retorcido los planes de la subterránea de origen desconocido, concedía en su punto en cierto modo. Aunque obviamente no le iba a dar la razón en voz alta ¡Ni en sueños!. Su mirada se torno ligeramente audaz mientras apoyaba la espalda contra la barandilla, el único foco que serbia como fuente de iluminación en el estrecho callejón pareció agotarse, puesto que comenzó a parpadear unas cuantas veces –Pues la verdad es que se me ocurre algo, pero hay algo que me descoloca desde hace rato…–  se llevo las manos hasta la parte trasera de la cabeza, reclinando la misma con despreocupación –¿Qué eres, exactamente? Porque a menos que te chiflen muchísimo los alucinógenos potentes no comprendo como es que te hayas quedado tan tranquila luego de…– Arrugo los labios ligeramente, señalando vagamente el punto donde anteriormente se había visto la victima de su manipulación  –Bueno, eso…–

Y no es que se las diese demasiado, pero resultaría en algo bastante desconcertante si al final terminaba por no tener razón y esa chica era realmente una mundana. Sin embargo, aquello no podía ser a menos de que estuviese muy ida de la cabeza, aun así prefirió no asegurar nada ¿Con cuantas cosas extrañas no se había topado ya anteriormente como para que aquello terminara impactándole?




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→ SÁBADO→ 21:57→ CALLEJONES → FRÍO

Durante aquel momento de actuada alegría, la loba siguió con la mirada a la otra chica, poniéndole un extraño interés después de lo que había hecho. No es que pudiera mirarla igual que antes de todos modos. Sus intenciones de considerarla una mundana se esfumaron enseguida tras lo que vio con sus propios ojos, aunque aquello no le hizo alterarse, al contrario, pareció más tranquila después de enterarse de que ante ella lo que no había era una humana común y corriente, sino un ser con habilidades, obviamente perteneciente al submundo. Con los brazos cruzados bajo el pecho, la inglesa se sumió en un silencio que en algún momento pudo haberse descrito como perturbador, digno de alguien que dentro de su cabeza formulaba el peor de los planes para crear un caos, o algo incluso peor que eso, dibujando en su semblante una expresión indiferente, escasa de alguna señal de la pasada "alegría", escuchando y captando toda la información con seriedad, aunque ese estado no es que le hubiera durado demasiado, centrándose en el segundo comentario ajeno. La pelivioleta tenía un sentido del humor particular, uno que realmente le sacaba sonrisas torcidas más de una vez a la loba, y que le hacían tomarle cierto gusto a escuchar sus comentarios y sus bromas, por mucho que el contacto con otras personas (chicas, más que nada) no fuera algo de su agrado —Si, seguro van a canonizar a una cobra...— comentó, siguiendo con aquella broma, por mucho que no fuese una obligación. Simplemente el deseo le consumió, y le fue inevitable contenerse. 

Una de sus cejas se arqueó, y elevó la mirada al reparar en los fallos que el único foco del lugar comenzó a presentar, restándole importancia enseguida: si se le venía en gana podía emplear una media transformación y ver con menor dificultad, aunque no lo usaría de no ser necesario, volviéndose hacia la muchacha, observándola con cierto grado de soberbia, esbozando una pequeña sonrisa hacia ella mientras le oye hablar, soltando una risilla de poca duración, más para asimilar su pregunta con cierto humorismo. Después de todo, ya podía tener una noción de lo que era, y por ende habían surgido las sospechas entre ambas. Con largas y lentas zancadas, la loba se acercó al hada, metiendo ambas manos en los bolsillos del pantalón —Pues no es que tenga nada en contra de los alucinógenos, pero te dejaré adivinar: si puedo arrancarte la cabeza de un zarpazo y amputarte una pierna con una mordida cuando hay luna llena, ¿qué soy?— como si no fuera suficiente para ella, recurrió a dos medias transformaciones, siendo una en sus orbes, que tomaron la apariencia de su forma lupina, y luego dejando ver un par de afilados colmillos en una amplia sonrisa maquiavélica, inclinándose un poco hacia el frente, para tocar con el dedo índice la punta de la nariz ajena, mostrando sus uñas, que tomaron el aspecto de garras a último momento, quizá para dar énfasis a sus dos primeras acciones y a sus palabras de igual modo —¿Quieres más pistas, o con eso te basta?— agregó al separarse, deshaciéndose de sus cambios físicos tan rápido como los hizo aparecer, aparentando no prestar atención, clavando su distante mirada en un punto aleatorio del callejón, o al menos hasta donde podía ver en su forma humana, que no era mucho, a propósito. 

La muchacha pelirroja exhaló un suspiro, conteniendo un bostezo, desplazando la mirada de un lado a otro, aunque sin mover la cabeza en ningún momento, dándole un momento a la joven hada para así volver a tomar la palabra —Por cierto, antes mencionaste que tenías algo pensado. Quiero ver que tan perturbador es— su tono de voz era claramente indiferente, debido a que, le dijera o no, no tendría mucha importancia para ella.




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→ Sabado → 21:44 → Frio  

La brisa nocturna golpeó con celo provocando que su cabello se agitase, Sugar deslizó su diestra con imperiosidad a través de los mechones violáceos que se escurrían rebeldes a través de su rostro al mismo tiempo en el que le dirigía una mirada inquisitiva a la pelirroja. Soltó una lacónica risa cuando esta le siguió el juego, encontrando el humor descabellado y ciertamente bizarro que había acompañado el momento de horror de la muchacha que se había dado a la fuga luego de la jugarreta mental impuesta por Sugar Beth. Su única fuente de luz, perezosa y débil, comenzó a parpadear con mas frecuencia anunciando su fallecimiento.

Sugar le vio por el rabillo del ojo moverse en su dirección en gráciles y parsimoniosos pasos, con la sonrisa ladina de quien esconde un secreto que esta a punto de hacer estallar. Los ojos de Sugar brillaron de diversión al escuchar la pregunta que realizó la muchacha seguida de unas sutiles pero contundentes transformaciones en la anatomía ajena que la dejaron expectante e inmuta durante unos segundos; los ojos de la loba ardían en el color anti natural, la etérea conexión con el mundo mágico que poseía se rebeló al instante –Ehh... ¿Una asesina serial?– bromeó en el ultimo segundo, mientras le golpeteaba la nariz en un gesto que podría pasar como tierno en otras circunstancias, igual que como hacían los adultos cuando veían a un infante que les parecía mono. Sugar Beth arrugó la nariz ante el frio contactos y puso los ojos en blanco, dibujando una amplia sonrisa en sus labios ante los gestos de lo que era indudablemente una hija de la luna –Vale, vale... ya he entendido. Obviedades a parte, aunque debo decir que me esperaba mas que se tratase de un chupasangre, no se... buscando un aperitivo antes de que amanezca– repuso el hada, dejando caer todo el peso de su cuerpo sobre su pierna derecha y llevándose las manos a las caderas, esperando una reacción de la loba. Sin duda sus palabras tenían una treta oculta, después de todo entre vampiros y licántropos existía una enemistad natural que no era secreto para nadie, pero al hada no se le podía escapar una oportunidad de tomarle el pelo a alguien y por lo mismo soltó el comentario sin mucho recelo.

Se dio la vuelta y camino hacia el extremo contrarió del callejón para apoyarse contra la pared del mismo. Cruzó los brazos sobre su pecho sin dejar de mirar al licántropo mientras realizaba una rápida valoración de la situación. Sin duda alguna había desmoronado sus planes y ahora no parecía que la pelirroja estuviese interesada en retomarlos puesto que hasta ahora no había hecho amago alguno de abandonar el callejón. La brisa no parecía cesar, ni mucho menos mostrar indicios de un cambio de temperatura y aquello no le alentó demasiado a permanecer en el exterior –No es nada que pueda quitarte el sueño– comenzó a decir tras el breve silencio, ladeando ligeramente la cabeza hacia un lado. La idea le había brotado de la nada pero si algo sabia el hada es que debía aprovechar las oportunidades que se le presentaban cuando aun están frescas –Imagino que sabes lo que es pandemonium– sus dedos tamborilearon sobre sus brazos, inconscientemente alargando el suspense de la situación –Digamos que tengo ciertos asuntos que resolver con unas pixies allí... A menos claro que sea demasiado para ti– Era evidente que estaba retándola, que procuraba con sus palabras calar en su orgullo y percatarse de hasta donde era capaz de llegar la loba con todo aquello –A todo esto... Mi nombre es Sugar Beth– agregó antes de que la susodicha pudiese responder –¿tienes un nombre o me las debo apañar con algún mote?–






Última edición por Sugar Beth Gwendoline el Lun Feb 27, 2017 3:34 am, editado 1 vez



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→ SÁBADO→ 21:57→ CALLEJONES → FRÍO

Parecía empezar a ignorar el hecho de que había revelado su verdadera naturaleza a una desconocida que le había arruinado los planes en cuestión de minutos, sin embargo, uno de sus comentarios le hizo fruncir levemente el entrecejo, aunque ese gesto, con el paso del tiempo, se fue endureciendo gradualmente, hasta que sobre su par de orbes se conformó una línea recta bastante definida —¿Chupasangre? ¿En serio me confundiste con una de esas mierdas?— espetó, denotando desagrado instantáneamente, dando énfasis a su comentario con su tan evidente expresión. Había tenido muy poco contacto con vampiros, incluso con otros seres del submundo debido a su poco interés en estar inmersa allí, sin embargo, era por naturaleza que el odio entre ambos bandos era inevitable. Por su parte, la loba, las pocas veces que se había topado accidentalmente con algún vampiro, había sido molestada sin estar buscando problemas, al grado de que recurriera a atacar a aquellos seres sin dejarlos muy bien parados, describiéndolos como desagradables: al menos a los pocos con los que se había topado —¿Acaso soy tan fea como parecerme a uno? Ewww...— comentó con sorna, relajándose un poco, abriendo ambas manos, que inconscientemente se habían convertido en puños, exhalando luego un suspiro, que dejó oir para poner en claro que no iba a descuartizar a la pobre muchacha: después de todo pudo captar la broma.

Acto seguido, la pelirroja se sumió en un silencio tétrico, dándole su oportunidad a la otra de hablar tras haberle soltado aquellas palabras, que parecían más bien órdenes que una pregunta como tal, debido a que empleó muy poca entonación. Cuando ella empezó a hablar de nuevo tras aquella prolongada pausa, Laila escuchó con cierto desinterés, aunque de igual modo asentía en lo que podía, llevándose un puño a los labios, recordando el lugar que había mencionado. Pandemonium. Pandemonium. La imagen enseguida llegó a su mente, y su entrecejo volvió a fruncirse. Detestaba ese tipo de lugares, realmente lo hacía, pero a veces eran muy buenas vías para conseguir diversión barata, y no precisamente en la pista de baile. La inglesa permaneció en silencio, esperando a que el hada terminara de hablar, y, cuando estaba a punto de responderle, escuchó el nombre ajeno, y, de paso, la curiosidad volvió a hacerse presente, y ahora también ella debía mencionar el suyo. 

La chica carraspeó, llevándose una mano a la nuca, para frotarla un par de veces, tal cual eso le ayudara a aclarar sus ideas, terminando por dibujar violentamente en su rostro una sonrisa burlona, casi torcida, soltando un gemido a modo de risa —A ver, a ver... ¿Pixies? ¿Estás hablando en serio, o solo me quieres tomar el pelo?— esta vez su risa si que fue notoria, dándole matices amargos, tonalidades grisáceas que casi pudieron hacerla sonar deprimente y oscura, cuando simplemente quería demostrar que efectivamente todo eso le parecía una broma sin gracia —¿O sea que quieres ir a Pandemonium a patearle el trasero a unas pixies y ya? ¿Esa es tu idea de diversión? Pfff, vaya que me divierte— su mano volvió a moverse, esta vez para revolver su ya de por si desordenada cabellera —Y por cierto: me llamo Laila, pero puedes decirme "Su Majestad" o "Ama", como más te guste. Al fin y al cabo, quién va a decirlo eres tú— soltó con sarcasmo, estirándose un poco. Comenzaba a aburrirse, y si lidiar con pixies era lo único que podía hacer esa noche, pues no le quedaría más remedio que aceptarlo, aunque tan grande era su orgullo que no lo aceptaría tan fácil, no sin al menos molestar a Sugar un rato con eso.




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→ Sabado → 21:44 → Frio  


El hada sonrió con todos los dientes sin cortarse en lo mas mínimo, alzando las manos a sus costados con las palmas abiertas en señal de rendición. Esbozó una falsa mueca de bochorno que no tenia ninguna intención de pasar por autentica mientras observaba la reacción de la hija de la luna. La sonrisa ladina había desaparecido de su rostro para dejar a su paso un expresión funebre y tosca que denotaba el disgusto que le había producido su comentario –A decir verdad Creía que esa enemistad suya estaba sobrevalorada pero ya veo que me equivoco. ¡No están tan mal! Conozco a unos cuantos bastante agradables a la vista…– comenzó a decir, con voz melódica y relajada, demasiado  contenta con el resultado de las cosas ¡Ah, ah, ah! yo no he dicho eso. A mi me parece que eres muy guapa pero los vampiros, aunque no en su mayoría, también lo me lo resultan– finalizó mientras deslizaba con imperiosidad la mano a traves de su cabello. La humedad comenzaba a hacer que se le crispara un poco y la brisa nocturna hacia que molestos y rebeldes mechones se le pegasen al cuello y a los pómulos con pique.

Notó la aversión de la muchacha ante el mencionado local y en cierto modo no le sorprendió al hada, Pandemonium no era una perla ni mucho menos su lugar de entretenimiento por excelencia, pero quien no supiese que era la fuente prima donde se generaban los encontronazos mas despampanes del submundo estaba muy lejos de la realidad y por ello, en esos días en que se aburría soberanamente y ni siquiera Vivaldi y sus sonatas podían opacar el ruido de su caótico espíritu clamando el desenfreno que tanto se negaba a darle, Sugar alzaba en vuelo a cualquier lugar donde las criaturas de las sombras se dejasen ser deliberadamente y ella pudiese gozar -desde una distancia segura, claro esta- el desastre en su máximo esplendor –Aunque no niego que me gusta hacerlo no es lo que pretendía esta vez ¿Has visto alguna vez a un hada mentir?– alegó rápidamente, llevándose la mano al pecho en un falso gesto de indignación –¿Que tienen de malo las pixies? quiero decir, mas de lo evidente… son criaturas mágicas– agregó rápidamente antes de que la loba pudiese contrariarla, discursó los brazos de su pecho y los dejo caer con desdén a cada lado de su cuerpo –No quiero patearles el trasero ¿Que crees que soy, una niña de párvulo? eso es muy sencillo…–

Se aventuró a alejarse, apartándose del mugroso muro y caminando hasta colocarse debajo de la única fuente de luz en todo el callejón que le hacia palidecer sobremanera, el perezoso foco parecía parpadear con mucha mas insistencia que antes y la luz rebotaba tenuemente. Sugar se dió la media vuelta ahora a varios metros de distancia de Laila y esbozo una sonrisa ladina al tiempo que le dirigía una mirada inquisitiva –Por mucho que me gusten los lios soy medianamente… sensata. Pero si se te parece taaan aburrido ¿Porque no propones una opcion mejor?– comento con un tono jocoso, volviéndose a apartar el cabello con impaciencia ¡vaya clima! –¡Soy todo oídos!—




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Realmente estaba haciendo un esfuerzo sobrenatural por quedarse callada, y, sobretodo, por no soltarle de buenas a primeras una exclamación a la muchacha para hacerla quedarse callada. Sería bastante inmaduro, además de que aquella noche quería tomarse las cosas con calma. Demasiada calma. Comenzando con no haberle roto una pierna al hada tras haberle arruinado los planes, demostrando ya desde allí que estaba siendo paciente, y que tomaba todo como una broma, aunque ciertamente, que comenzara a hablarle de aquellos seres que tantas veces le habían causado problemas, si que le picaba el orgullo, ya que ante todo buscaba defenderse a sí misma, al grado de llegar a denigrar a aquellas criaturas. Pero bueno, no es que tampoco le importaran el resto de criaturas que conformaban el submundo, incluyendo a los de su propia especie; por algo no había optado por unirse a una manada, por mucho riesgo que aquello pudiera implicar para un lobo —Ya, es suficiente— ladeó ligeramente la cabeza, llevándose una mano a la nuca para frotarla, con una pequeña sonrisita ladina en el rostro. Quería sacarse el tema fuera del modo que fuera, y prefería hacerlo de la manera menos descortés existente, aparentando que no le afectaba tanto como en un principio. Sugar le había hallado una debilidad, algo insignificante, pero que realmente podía molestarle mucho si insistía. Más le valía al hada no hacer enfurecer a la loba.

Laila hizo un pequeño movimiento con la cabeza, casi de resignación al escuchar las palabras de la muchacha, frunciendo notoriamente los labios, sin tener mucho que decirle, porque sus respuestas eran bastante predecibles, terminando por soltar un suspiro, bastante audible, como si aquello comenzara a cansarle —Ugh, replicas demasiado— apenas y si pudo decir, ya que enseguida la otra chica continuó hablando, tratando de seguir calmada, esbozando de vez en cuando uno que otro gesto burlón ante sus palabras, que bien le parecían cómicas a veces, robándole sonrisitas ladinas —Venga, que me ha quedado claro: no vas a patear traseros hoy, ya entendí— comentó con sorna, haciendo un gesto con la mano derecha, rasgando el aire rápidamente, dirigiendo esa misma mano hacia la cadera, manteniendo la mirada aferrada al frente —¿Hmm? ¿Tanto te interesa lo que pienso, que ahora consideras que tengo mejores ideas que tú? ¡Vaya, que atenta eres!— con la yema de los dedos se tocó el pecho, sacando la actriz que tenía dentro, y que bastante habilidosa era para ocultarla, fingiendo un gesto amable, tal cual estuviera agradecida —Bien, ya que quieres hacer algo mejor que patear traseros mágicos, te propongo una cosa, pero antes debes responder una pregunta: ¿Has robado alguna vez? Sé sincera, no diré nada a nadie— sus orbes brillantes se entornaron, y una sonrisa perversa adornó su rostro, dándole una particular y poco confiable postura —Porque si no lo has hecho... Hoy será tu primera vez—.




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→ Sabado → 21:44 → Frio  

   
 
La expresión de la hija de la luna resultaba un cómico poema para el hada puesto que era consiente que había bordeado la línea de su paciencia con aquel comentario polémico sobre los vampiros. Hasta no hace muy poco, su relación con los mismos había sido bastante distante y no les conocía de muy buena mano, siempre le habían parecido seres demasiado extraños. Aun así, Sugar Beth siempre había intentado mantener una opinión abierta sobre los seres del submundo, tan variables que nunca se terminaría de conocerles…
 
Su propia cháchara verbal se cortó abruptamente ante la exclamación de su acompañante. Sugar frunció el entrecejo y sus labios formaron un gran círculo –¡Yo no repli…!– estuvo a punto de protestar, pero al instante fue consciente de que aquello solo le daría base al argumento de la loba. Se removió la espesa melena y se la hecho por encima de los hombros con cierta impaciencia, había sido una acción fugaz pero que condensaba en ella toda la molestia que aquel sencillo comentario le había proporcionado. ¡No era replicona! Impertinente un poco, parlanchina tal vez… hizo uso de sus habilidades teatrales para recuperar la compostura en un santiamén y dejar atrás ese fugaz momento de desconcierto, sin quitarle ni un instante los ojos de encima a la loba 

–Jamás dije eso, pero te dejare creerlo. Además soy flexible, si se te ocurre algo interesante no me negaré y aunque me parece bastante buena mi propia idea, las pixies pueden ser realmente extenuantes– corroboró ella, entrelazando los dedos detrás de su espalda e inclinando la cabeza ligeramente hacia un lado. El foco seguía mostrándose perezoso y parpadeó unas cuantas veces mas al tiempo en que Sugar Beth esbozaba una amplia sonrisa, ni siquiera las pecas que moteaban su rostro y los delicados rasgos de ángel podían restarle malicia a aquella expresión –¿Robar?– repitió ella, como si la palabra le resultase extremadamente graciosa –Me gusta lo que escucho. No he robado nada de lo que pueda regodearme precisamente– Contesto sin pensárselo demasiado. Quitando un par de singulares circunstancias (entre ellas su emprendedora huida de la corte) hurtar no había sido precisamente una de sus manías habituales, prefería utilizar su persuasión para conseguir lo que quería, pero eso no descartaba aquella opción por completo. Aunque claro, no andaba por la vida robándole la cartera a pobre ancianas ni a indefensos minusválidos, ¡Que ella no es ningún demonio, joder! pero la cara de estupefacción de uno que otro riquillo cuando descubría que su preciado Rolex había desaparecido de su muñeca era algo que le resultaba bastante cómico –¿Que te traes entre manos?–








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Hijo/a de
Lylic

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Two Idiots. One Long Night
→ SÁBADO→ 21:57→ CALLES → FRÍO

Una amplia sonrisa adornó al instante el rostro de la pelirroja al reparar en la reacción ajena, devolviéndole inconscientemente la broma acerca de los vampiros, haciéndole tragarse sus propias palabras sin siquiera ser aquella su intención. Simplemente había expresado sus pensamientos, pero a lo que veía ser demasiado sincera a veces era estupendo, incluso siendo una persona que bien podía alegar ser buena para la mentira, como en el caso de Laila, que bastante habilidosa era en la tarea, que bien podía hacerse con el beneficio de presumir sobre aquello —¡Venga, que casi caes!— la loba rió socarronamente, conteniendo una carcajada, manteniendo su característica compostura lo más que pudo, pero con alguien como Sugar era imposible. La muchacha disfrutaba de aquel momento entre ratos, ciertamente, a veces le entraban ganas de querer decirle al hada que guardara silencio, como hacía unos pocos minutos, mas con frecuencia prefería que continuara diciendo cosas, puesto que tenía un humor tolerable, incluso bueno desde la perspectiva de Laila, a la que difícilmente se le hacía reír de la forma en que lo estaba haciendo esa noche. Al parecer la pelivioleta no era una compañía tan mala, y no dudaría volver a pasar el rato con ella de presentarse la ocasión, solo para seguirla molestando y del mismo modo recibir el mismo trato. Era algo inusual, es decir, no es algo las personas hacen propiamente al conocerse por primera vez, no obstante, a la inglesa le agradaba aquello.

Ella le había permitido hablar, incluso emplear su tan jocoso tono de voz a veces, por ende, le dio su espacio a la muchacha para expresarse, escuchando de buenas a primeras una rotunda negación, que bien se le antojó como bastante cómica, produciendo un ampliamiento en la ladina sonrisa de la licántropo, sorprendiéndose ante la reacción ajena: a ella parecía emocionarle la idea, y aquella palabra volvió a emanar de sus labios, intrigando ligeramente a la pelirroja, ¿qué estaría Sugar pensando específicamente? Ciertamente, expuso una parte de lo que pensaba, mas quería saberlo con mayor precisión, ¿se estaría haciendo una idea de lo que Laila quería? ¿realmente estaba segura? Laila se mordió el labio inferior un momento, liberándolo al oír esa última pregunta. Elevó ligeramente el mentón, y sus orbes, brillantes y perversamente encantadoras, se mantuvieron todo el rato sobre su compañera, esforzándose un poco para poder divisar con claridad su silueta, maldiciendo internamente a ese estúpido foto;no veía la hora de irse de allí —¿Qué si que me traigo entre manos? Hmm, bueno... primero: largarnos de aquí— sacudió sutilmente la cabeza, en un gesto a penas perceptible, golpeando inconscientemente el suelo con la punta del pie un par de veces —Y en segundo lugar, me gustaría que cooperaras en un pequeño acto que, de ser descubierto, iríamos a prisión sin más— se acomodó un poco el cabello, a pesar de que no necesitaba mucho arreglo al ser corto y estar siempre alborotado. VanMaxwell hizo un gesto con el mentón, indicándole a la joven de cabellera violeta que le siguiera, dirigiendo sus pasos fuera de aquel lugar, ya que se había hartado de estar allí —Ah, verás, no soy una persona del todo... correcta— comenzó, y un gesto divertido se plasmó en su semblante, adentrándose poco a poco en la acera, pudiendo al fin poder ver por donde andaba gracias a la luz que emanaba de algunas farolas estratégicamente colocadas a lo largo de toda la cuadra. 

Con un ligero estiramiento, y un discreto suspiro, la muchacha siguió andando, tomándose un momento para empezar a hablar, dejando a la otra en suspenso adrede, más por querer seguir probando su paciencia que por otra cosa, intentando averiguar si sería una buena compañía para otros líos o limitarse a solo esa noche —Digamos que quiero recuperar algo que perdí injustamente, un objeto muy preciado que tenía que ser mío, pero me lo arrebataron de la forma más sucia posible— metió ambas manos en los bolsillos del pantalón, reduciendo la velocidad de su andar, dando zancadas lentas y largas —Hace un tiempo, cosa de tres meses aproximadamente, me encontré en un bar con unos sujetos que querían apostar en un inocente juego de poker— omitió el hecho de que casi le persuaden de que fuera de prendas, mas ella no accedió. Podía ser imprudente, mas no estúpida —Yo llevaba las de ganar, estaba a punto de quedarme con todo, pero al final uno de los chicos literalmente sacó un as bajo la manga y ganó. Les dije lo sucedido a todos, puesto que lo había visto, mas nadie me creyó...— chasqueó la lengua, y restó importancia a su propia anécdota, incluso cuando a aquellas alturas le seguía pareciendo una notoria estafa, tal como si lo hubiesen planeado todo —El caso es que lo que quiero recuperar es un auto— en ese momento, ladeó la cabeza en dirección al hada, intentando captar su reacción —¿Crees que eso sea suficiente como para regodearte? Estamos hablando de un Mercedes-Benz clase SL— arqueó una ceja, con una perversa sonrisa en el rostro. Posiblemente eso despertaría el interés de la muchacha, o le haría echarse para atrás. Después de todo, hacerse con un auto de ese tipo de aquella manera sería algo bastante descabellado, y posiblemente sería muy sospechoso que de un día para otro se le viera a la pelirroja montada un vehículo tan ostentoso como aquel. De hecho le echarían la policía encima enseguida aquellos que conocieran en qué trabajaba, y supieran que no era precisamente la heredera de una fortuna —Ahora, que si eres muy cobarde, podemos tomarlo por esta noche y dar una vuelta: lo devolveríamos en un par de horas, aunque me quitará el placer de tener un hermoso auto deportivo aparcado afuera de mi departamento—.



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Hijo/a de
la Luna

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Two Idiots. One Long Night
→ Sabado → 21:44 → Frio  

Para sorpresa incluso del hada, el atropellamiento inicial de su encuentro con aquella hija de la luna había terminado transmutando en una situación mucho mas desentendida. Incluso en medio del tira y afloja que implicaban las puyas que constantemente se lanzaban la una a la otra, le había encontrado el lado cómico a la situación y debía admitir, haciendo de lado sus presunciones, que Laila resultaba una opcion mas agradable para matar el tiempo que aquellos universitarios excesivamente babosos que gracias a alguna intervención divina habían desaparecido -o ella se había extraviado, los detalles de dicho acontecimiento no le eran relevantes- Las comisuras de sus labios pigmentados de escarlata se tensaron en una amplia sonrisa, observando como la otra disfrutaba deliberadamente de su pequeño logro –Vale, vale. ¡No tienes que disfrutarlo tanto!– repuso la fae, riendo entre dientes, se llevó ambas manos a las caderas y zapateó con falsa impaciencia. Ella no tenia un especial interés en conocer a todas las criaturas del submundo pero tenia que admitir que la loba le resultaba particularmente interesante

Con una diligencia que no era partidaria de su persona, Sugar Beth se limitó a asentir y camino detrás de la licántropo dirigiéndole una mirada significativa, estando mas que de acuerdo en  salir de aquel reconvengo oscuro y apestoso, sintiendo como los resquicios del alcohol le hacían caminar con mas ligereza de lo habitual hacia la acera principal. Como si se tratase de una broma absurda el vacilante foco terminó de morir cuando la hada y la loba tomaron la iniciativa de abandonar el desolado callejón, sin embargo los pasos de Sugar Beth se detuvieron abruptamente cuando escucho a la hija de la luna mencionar los efectos colaterales que podían provocarle sus planes. La imagen mental que le profirió su creatividad legendaria de ella encerrada en una celda junto con una manada de bravucones sin remedio no le hizo ni pizca de gracia, pero aquello no era algo que iba a mencionar deliberadamente a su nueva acompañante. Ya había comenzado a tomarle el pulso a la pelirroja y estaba bastante segura de que aquello le haría bastante gracia –Prefiero saltarme la parte donde soy procesada por la justicia, pero prosigue…– comentó Sugar Beth reanudando la marcha, incitándola con su silencio a que continuase con la explicación de sus planes, y a medida en que estos eran expuestos las enormes pupilas del color de las petunias parecieron dilatarse y brillar de pura expectación. Un gesto que pasaba desapercibido entre el caos de sombras y luces que reinaba en la noche.

La brisa nocturna le azotaba el abrigo de pelo y el frío hacia que en sus mejillas se alojara un fuerte color carmín. Justamente cuando el hada comenzaba a impacientarse por la prolongación del suspense que había ejecutado Laila, la otra continuo con su explicación con una paciencia envidiable. Sugar tuvo la breve impresión de que Laila era particularmente impredecible, la clase de persona que podía ser espontánea pero necia al mismo tiempo, una extraña fusión entre seda y metal –¿Así que estamos hablando de una venganza? Oh cariño…– Sugar suspiró exageradamente, de la misma forma en la que se imaginaba que lo hubiese hecho Melibea en la añoranza de su amado Calisto. Entrelazó las manos a la altura del pecho, y sus pestañas revolotearon como el aletear de las mariposas encantada con la idea –¿Como podría negarme ahora? Muy bien mi querida Raskólnikov, estoy dentro. Solo te advierto una cosa– Sugar se inclinó lo suficiente como para que su rostro ocupase todo el campo visual de la otra muchacha, alzando el dedo indice a la altura de su barbilla y agitando ligeramente, con una extraña severidad en su mirada –Tu conduces y yo me limito a lucir fantástica. No tengo mucha madera de meteoro y a menos que quieras tu preciosidad de coche estampado contra un muro de concreto, pasemos de eso ¿Vale?– Agregó con un tono humorístico tiñendo sus palabras, deteniéndose justo en frente del paso peatonal. La cosa es que siendo un hada, nunca le había visto mucho sentido a someterse al estrés que implicaba conducir en un trafico como el de New york, si quería ir a cualquier lado, le bastaba con cerrar los ojos y dejar que la magia hiciese el resto. Pero claro, lo del coche sonaba mucho mas divertido…

–Pues necesito estar segura de que realmente vale la pena… ¿Es un descapotable? Porque si no es un descapotable, no le veo sentido a todo esto. Si nos vamos a jugar el culo al menos que sea un descapotable ¿Sabes? prioridades son prioridades–




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Hijo/a de
Lylic

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Two Idiots. One Long Night
→ SÁBADO → CALLES → FRÍO

Con cada segundo que transcurría, y conforme su historia fue avanzando, pudo percibir en el aire la emoción ajena, el como sus orbes se iluminaban esparciendo destellos ilusionados al mirar de soslayo a su compañera. ¿Acaso un acto como ese era digno de aquella reacción? tal parecía que si, o bueno, en el mundo perverso que las dos muchachas se estaban creando, si que lo era. Al finiquitar, le dio su espacio al hada para hablar, fijando su mirada por completo en ella, andando con calma: después de todo, les quedaba el resto de la noche para llevar a cabo su plan, que, a decir con sinceridad, Laila no sabía como es que había llegado a exponer una idea como aquella. Era cierta su historia, si, mas antes no habría tenido el valor de robar aquel auto por su cuenta, pero ahora, al tener una compañera en el crimen, no se sentía tan culpable. Se estaba comportando como una adolescente revoltosa, y lo peor era que alguien le seguía los pasos sin poner un pero. Tras la confirmación de la joven, la loba esbozó una amplia sonrisa, plagada de satisfacción, con los ojos delicadamente entornados en un gesto que por sí solo hablaba, transmitiendo la mayor de las perversidades, como si el mismísimo demonio se hubiera apoderado de su cuerpo y fuera él quien estuviera detrás de todo aquel plan. Expectante, observó a Sugar, deteniéndose en seco cuando ésta última se acercó, bloqueándole en paso, aguardando a que revelara aquella advertencia sumida en un profundo silencio, mismo que rompió con una risa burlona cuando la otra terminó de hablarle —¿En qué momento dije que tú ibas a conducir?— comentó burlonamente, cruzando los brazos bajo el pecho —Me quitaste la ilusión de decirte que no cuando ya estuvieras en el auto— le mostró la punta de la lengua de forma inusualmente juguetona, sobretodo en alguien tan seria como lo era ella. Al parecer ya estaba comenzando a sentir confianza. 

Detuvo su caminata por un momento, fijando la mirada en el hada, con una sonrisita ladina adornando su pálido semblante —¡Claro que es un descapotable, idiota! No arriesgaría la libertad de mi "preciosa" acompañante por cualquier cosa— se encogió de hombros, reanudando su andar, tomándose las cosas con calma. De pronto, una duda emergió en su cabeza, misma que le hizo desviar la mirada hacia Sugar Beth —A propósito: ¿cómo demonios llegaste a parar hasta aquel callejón? No conozco a alguien cuerdo que vaya por los callejones de la ciudad solo para dar un tranquilo paseo, mucho menos a estas horas— sus ojos se entrecerraron, escudriñando a la chica con detenimiento, aunque sin dejar de caminar en algún momento. No lo había mencionado, pero se estaban dirigiendo hasta donde Laila había dejado aparcada su motocicleta, que era una cuadra más adelante. No tenía planeado ir andando hasta donde estaba el auto, ya que tenían que cruzar casi media ciudad para llegar, y aquello les tomaría toda la noche si iban al paso que iban. 




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Hijo/a de
la Luna

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Two Idiots. One Long Night
→ Sabado → 21:44 → Frio  

La luna se había dejado engatusar por las tenues nubes que aun recorrían el cielo estrellado, y las orbes violaceas del hada destellaron divertidas con la misma fuerza que los astros que plagaban el oscuro cielo. Escuchó a la otra chica refutarle sin miramientos y en sus labios se formó un puchero que, si no fuese por las terribles ganas que tenia de partirse de la risa, lo mas probable es que hubiese resultado creíble, sus pestañas revolotearon rápidamente y miró a la hija de la luna como si una amarga decepción le hubiese calado ante su argumento –¡O sea que no pensabas prestarme tu juguete aunque si supiese conducir!– Se cruzó de brazos cual infante obstinada y la miro de soslayo, ¡Por supuesto que no tenia pensado meterle mano a aquel coche! A veces le daba por cometer locuras, pero jamas al punto de tener esos delirios suicidas. Solo pretendía disfrutar de la adrenalina que le provocaría todo el asunto  y si acaso, llevarse unas cuantas risas. Incluso podría interpretarse como un gesto bastante bien obrado ¿No era eso lo que hacia Robin Hood, a fin de cuentas? –Eso es ser demasiado codiciosa– Argumentó el hada, echándose hacia atrás la mata de cabello que el inclemente y húmedo viento de la cosmopolis se empeñaba en remover, el frió hacia que se le ondularan y crisparan en las puntas, cayéndole de cualquier manera sobre los hombros y la espalda, provocando que el color antinatural de su melena se viese ligeramente mas oscuro.

Sin dudarlo un segundo, el hada le devolvió el gesto tremendamente informal e incluso infantil., para luego arrugar la nariz al mismo tiempo en que en sus labios  formaban una sonrisa conspiradora. Vale, que no estaba del todo como una cuba, pero abrir de admitir que si se encontrara en todos sus cabales se hubiese replanteado mejor toda aquella situación, mas bastaba unos cuantos tragos de lo que sea que se hubiese bebido y un repentino arrebato de coraje para seguirle el juego a su acompañante a donde sea que le estuviese llevando. A pesar de la hora, sus pasos a penas se escuchaban por encima del furioso transito Newyorkino, que le hacia honor a la ciudad que nunca duerme y la pregunta que había ejecutado Laila por poco se perdió entre los murmullos de la cosmopolis. Sugar frunció el ceño y se encogió de hombros, como si realmente estuviera haciendo memoria a pesar de que sabia muy bien que las razones eran tan disparatadas como la misión improvisada que estaban realizando –¡Ahhh! una larga historia, digamos que me gusta aventurarme… ¡Soy como una hoja arrastrada por el viento! Ademas, no deberías hablar ¡Eh! que hace unos instantes estabas siendo perseguida por una rubia loca con muy mal gusto en accesorios– O mejor dicho, una hoja arrastrada por un grupo de universitarios borrachos que luego habían desaparecido bajo circunstancias desconocidas para ella, pero ese dato prefirió no compartirlo con la loba –La verdad es que me estaba aburriendo soberanamente, así que técnicamente también me has rescatado…– comentó llevándose el dedo indice al mentón, no había visto la situación desde esa perspectiva hasta ese momento y la verdad es que tenia su gracia.

Atravesaron en ráfaga lo que restaba de la cuadra, levemente iluminada por las farolas de las calles y arrasadas cruelmente por la estación invernal. Sugar se mordisqueó el labio inferior con impaciencia y se acomodo el pesado abrigo de pelo para resguardarse del frio, conteniendo la sensación de ponerse a tiritar. Le puso mas prisa a su andar, de modo que el constante movimiento de sus piernas le proporcionara un poco de calor. Tras varios segundos, miró a su acompañante con una ceja arqueada –¿Y como se supone que vamos…?– comenzó a cuestionar, mas la pregunta se perdió en el aire cuando la imagen de una motocicleta estacionada a unos cuantos metros le hizo responderse a si misma. El barniz destellaba ligeramente contra la escasa luz del ambiente y cualquiera que le viese podría apostar a que sus ojos estaban a punto de saltar de sus cuencas –Oh vaya, esto comienza a ponerse mas interesante aun…–



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Two Idiots. One Long Night
→ SÁBADO → CALLES → FRÍO

Un sutil destello de alegría cruzó por el gélido rostro de la pelirroja con las formas de reaccionar de su acompañante. Era sublimemente majestuoso el ver como las cosas entre ellas eran un total y completo disparate, y, a pesar de ello, las bromas no dejaban de salir en todo momento. Tal parecía ser que Laila había encontrado a su Watson, a su fiel acompañante en sus más terribles misiones suicidas, sin embargo, la verdadera pregunta era, ¿le seguiría en un futuro? ¿o todo quedaría en un juego de una noche? La loba no tenía ninguna duda en volver a llamar al hada para meterse en problemas si todo salía bien, claro. Posiblemente las circunstancias terminarían por separarlas, o por unirlas más, ¿quién sabe? VanMaxwell negó con la cabeza teatralmente, esbozando una impecable sonrisa, divertida con las palabras y la forma de actuar de la joven que le hacía compañía. Su forma de ser era peculiar, aunque tampoco descartaba el hecho de que notaba algo raro en ella, posiblemente en su andar, o en su manera de expresarse: lo cierto es que no estaba segura, pero tampoco le cuestionaría. La licántropo estuvo realmente cerca de responder a aquellas palabras que le acusaban de codiciosa con otra broma, porque era evidente que nada de aquello iba en serio, mas al final guardó silencio, porque podría ser su propia perdición. A veces si que llegaba a serlo, aunque lo suyo se centraba un poco en el egoísmo, lo cual sería casi lo mismo en ese caso. Pensaba que a veces no estaba nada mal no compartir con nadie más aquello que se desea, todo con el propósito de encontrar en mayor bienestar propio. Su modus vivendi en resumidas palabras.

Ella había hecho una pregunta, y ahora era el turno de que fuera respondida, perdiéndose en los envolventes sonidos de la ciudad mientras la pelivioleta se pensaba decir alguna palabra. A lo lejos podía percibir sonidos con bastante nitidez, todo gracias a sus sentidos lupinos, mismos que le fueron de ayuda para volver a centrarse en la conversación, posando con cierta dominancia sus orbes verdes sobre la joven que andaba a su lado. Enseguida una de sus cejas se disparó hacia arriba, pasando después a soltar un suspiro al recordar la situación planteada por la muchacha, aquella donde había sido perseguida por una rubia furibunda, la cual, de haber querido tener una pelea seria con la pelirroja, no habría salido bien parada de ella —¿Y eso que relación tiene? Que me persiguiera no tiene nada que ver con esto— comentó jocosamente, a manera de molestar a la hija de Lylic de alguna forma, que no era muy ingeniosa, pero si odiosa por el tono de voz que empleó, aquel con el que buscaba probar su paciencia, que, a propósito, parecía ser infinita. Era como si una hubiera sido hecha para soportar a la otra, y de igual modo para molestarse mutuamente. Todo era recíproco. Los indiferentes ojos de la hija de la luna se abrieron un poco más con lo siguiente que llegó a sus oídos, soltando enseguida una risa que opacó toda su seriedad —¿Quién diría que terminaría haciendo el bien el día de hoy? Lo siento, pero parece que a quién van a canonizar es a mi— rescató aquel juego del pasado, acercándose a la chica para clavarle un suave codazo, sin intención de hacerle daño. Solo buscaba jugar, aunque su condición de licántropo a veces hacía que sus acciones sutiles no fueran así ni de asomo; pero en ese momento afortunadamente nada de eso ocurrió. Las cosas iban bastante bien en todos los sentidos.

El tiempo se le fue como arena entre los dedos a la loba, la cual casi pasaba de largo de su propio vehículo, dejándose ver realmente interesada en la conversación. Era una de las pocas veces que eso le pasaba, ¿debería preocuparse? La ojiverde clavó la mirada en su fiel seguidora cuando ésta misma se topó con su motocicleta, invocando en el pálido semblante de Laila una torcida sonrisa —¿Te gusta?— inquirió, haciendo tiempo mientras rebuscaba las llaves entre los bolsillos interiores de la chaqueta, encontrando de igual modo algunos de los billetes que había ganado; sacó un par, junto a las llaves, que chocaban entre sus dedos y producían un tintineo bastante llamativo, volviéndose hacia Sugar. La joven de pelo rojizo le tendió un par de billetes arrugados a su compañera, incitándola a que los aceptara, a pesar de tener sus propios principios de no compartir nada con nadie —Tómalos: te mereces algo por lo que hiciste... aunque no fue mucho de mi agrado— esa acción surgió de la nada. Ni ella misma podía explicárselo, pero fue algo dentro de ella que simplemente salió sin pensar. Un instinto bastante extraño. Mientras la pelivioleta se pensaba su oferta, se le ocurrió una brillante idea, y su sonrisa se volvió amplia, aunque también un poco... perversa —Anda, confía en mi. Tómalos: no hay truco, solamente quiero darte las gracias— no era mucho dinero, así que si aceptaba, no podría sentirse tan culpable. Tras la decisión ajena, VanMaxwell sujetó el casco entre sus manos (el cual milagrosamente no se habían robado) y sin aviso lo colocó en la cabeza del hada, asegurándolo bien para que no fuera a caerse, ajustándolo un poco de más, solo por fastidiar. A continuación, le dio un par de golpes en el casco, asegurándose de que estaba bien puesto y se montó en el vehículo, encendiéndolo y haciéndolo rugir con fuerza, cosa que siempre provocaba una sonrisa en la chica —¿Vas a venir o te vas a quedar ahí parada desperdiciando los mejores años de tu vida?—.



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Hijo/a de
la Luna

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Two Idiots. One Long Night
→ Sabado → 21:44 → Frio  

Los prejuicios sobre las criaturas que albergaban en el submundo nunca habían sido lo suyo y siempre -dentro de lo estrictamente coherente- había mantenido lo mas que podía, una posición objetiva e imparcial sobre las demás criaturas del mundo de las sombras, a fin de cuentas ¿Que seria ella si no, otra radical hipócrita si criticaba aquello mismo que profesaba? Estaba mas que convencida de que el ejemplo se da con las acciones y no con meras palabras, y aunque hasta cierto punto el hada sabia que pecaba de idealista, ella creía firmemente que poner etiquetas no era mas que una absurda excusa para seguir creando problemas y disturbios a aquellos que sentían fascinación por los conflictos. Por ello, aunque había escuchado una que tora vez historias sobre los hijos de la luna, sus garras despiadadas y sus volátiles cambios, siempre doblegados por el instinto primigenio de ser un depredador, ella había procurado no dejarse influenciar por ello. Incluso cuando en carne propia había vivido y presenciado  el desastre cataclismo que resultaba poner de mal humor a un licántropo con malas pulgas.

Pero de todo se ve en el mundo, porque si bien las suyas sabían ser descaradas y despiadadas, las habían nobles y bien intencionadas -claro que ella no se incluía en este ultimo paquete, no al menos de forma permanente- había aprendido en sus escasos diecinueve años a no hacer juicios precipitados sobre las personas, le dedicó una fugaz mirada a la pelirroja que no hacia mas que reafirmar aquella opinión. Podía estar tomándole el pelo todo el rato, pero toda aquella situación no podía ser menos disparatada y absurda. Así que al hada no hacia mas que arrancarle una que otra sonrisa mientras escuchaba su voz ligeramente apocada por el ruido nocturno de la urbe, respondiendo a su anterior pregunta con otra pregunta –Tiene todo que ver ¿O me vas a decir que solo estabas dando un amistoso paseo con aquella rubia loca?– argumentó la aludida, obligandose a apurar el paso para no quedarse detrás de la otra, quien resultaba mas rápida que ella.

La vida comenzaba a apreciarse a su alrededor y a medida que caminaban, Sugar fue capaz de apreciar que las calles se tornaban mas iluminadas y abarrotadas de transeúntes apurados. Era algo que siempre le había gustado de New york, desde el primer momento en que había pisado su suelo y se había proclamado independiente; New york nunca dormir, en todo el sentido literal de la palabra, incluso aunque predominaran las altas torres de concretó, era como si la cosmopolis poseyera vida propia, dando esa extraña sensación de que nunca se estaba completamente solo. Siempre habría alguien caminando por el Empire State o adentrándose en la ruidosa vida nocturna de la 5th Avenue, nada que ver con  los tranquilos valles Feera donde ella había crecido. Sugar Beth soltó una risotada ante la exclamación de la muchacha, haciendo caso omiso al golpe juguetón que le había soltado puesto que apenas lo había percibido –¡Ya no te eches aires! ademas si yo fuese santa, seguramente seria de algo fantástico, algo así como “la santa de las fiestas mas absolutamente deslumbrantes” ni siquiera Dionisio se me compararía– exclamó llevándose una mano al pecho con falsa modestia, sin detener sus apurados pasos.

Y si, abría de admitirlo, se había llevado una impresión bastante grande al ver el vehículo que tenia frente a ella, una de esas motos bestiales que seguramente requeriría todo su salario durante las próximas décadas solo para pagar el manubrio. Sugar le dirigió una mirada suspicaz a la hija de la luna, esbozando una sonrisa ladina. Le intrigaba saber los métodos que la otra había empleado para hacerse con aquel vehiculo, pero no era algo que iba a cuestionarle, mas sin embargo eso no iba a evitar que se mordiese la lengua –Bueno, bueno… ¿Esta encantada? Eso si que amerita una ovación– Exclamó con cierto retintín de curiosidad tiñendo su voz, apartó la mirada lo justo para ver a la otra chica cuando esta extendió su mano hacia ella y le insto a que tomase los billetes. Sugar arqueo una ceja, faltaba de mas decir que estaba intentando leer entre lineas –¿Quieres pagarme?– cuestionó intrigada. recargando el peso de su cuerpo sobre su pierna derecho, escuchó una vez mas a la otra muchacha insistir, percatándose de la sonrisa malévola que le curvaba los labios. A lo que Sugar respondió negando con efusividad y soltando una carcajada –¡Bah! tonterías, no lo tomar sin embargo, dejémoslo como que me debes una, en otra ocasión se me ocurrirá el que…– argumento rápidamente, dispuesta a agregar algo mas. Sin embargo Laila se dispuso a interrumpirle y se movió mas rápido de lo que ella pudo haberlo hecho, antes de que se diese cuenta ya tenia el casco metido sobre la cabeza de una forma aparatosa. Sugar parpadeó y trastabillo –¡Ehhh! me has arruinado el pelo– exclamó, bufando y riendo al mismo tiempo, removiendo mientras la otra chica procuraba apretarle el jodido casco como si pretendiera ahorcarle con ello –Esta cosa no queda para nada bien con mi ropa ¿Sabes? me has hecho perder completamente el estilo– Se llevó las manos a la cadera y frunció el ceño, fingiendo indignación, mientras la otra se disponía a poner el vehículo en marcha y vociferar por encima del ruido del motor –¿Hola? Soy un hada ¡años tengo para dar y regalar!– argumentó casi en un grito para hacerse escuchar, se subió a tientas sobre la parte trasera de la moto, haciendo una nota mental de lo terriblemente incomodo que era hacer eso con shorts ajustados –¡Espero que seas tan mala conduciendo como lo eres huyendo de rubias poseídas!– exclamó conteniendo una carcajada, solo por el placer de molestar un poco mas a su nueva secuaz del crimen.



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Con una media sonrisa torcida en el rostro, la muchacha escuchó los últimos comentarios ajenos antes de llegar hasta su vehículo, en donde la mayor parte de la acción se llevaría a cabo. La joven de rojizos cabellos volvió un momento la mirada hasta su compañera con su pregunta, frunciendo levemente los labios —Quisieras— soltó una risa y ladeó un poco la cabeza —Una vez estuve cerca de robarme la moto de un vampiro, que en realidad pertenecía a un humano, fue toda una locura, pero esa es otra historia— comentó, restándole importancia a su propio relato, centrándose en su siguiente acción. Sugar rechazó el dinero, cosa que no le afectó a la pelirroja en nada, porque de todos modos le obligaría a hacer algo con él más adelante, por lo tanto su plan no se veía para nada afectado. Sus pequeños colmillos humanos se asomaron ligeramente con su amplia sonrisa teñida de la más terrible crueldad —Como quieras— acto seguido, contuvo una risa con las acciones de la muchacha, que de buenas a primeras se le figuraron como algo bastante tierno de su parte —¿Podrías dejar de quejarte en algún momento?— agregó tras la acusación del hada, entornando los ojos con falsa seriedad. Le parecía una pena que por culpa del casco no pudiera desordenarle el pelo... más —¿Estilo? ¿Acaso te habías tomado el tiempo de pensar qué ponerte? ¡Vaya, no lo noté!— exclamó burlonamente para hacerse escuchar sobre el sonido de la moto. Su filosa mirada se clavó en su compañera, disparando una ceja hacia arriba con sus palabras —¿Sabías que conmigo existe un alto riesgo de muerte, sin importar lo que seas? ¡Sube ya, con un demonio!— el tono bromista de su voz fue mucho más notorio en ese momento y enseguida miró por el retrovisor del vehículo a Sugar, ajustándolo un poco al percatarse de que debía dejarle ver la calle, y no el rostro de la chica —¡Y yo espero que sobrevivas!— y sin dejarle esperar más, puso en marcha la motocicleta, que dejaba escapar feroces rugidos mientras con habilidad la loba fue introduciéndola rápidamente al tráfico de la ciudad.

La calles estaban plagadas de vehículos, a pesar de la hora el tráfico aún fluía, pero nada de eso era un impedimento para la joven licántropo, que con agilidad entraba hasta en los lugares más estrechos, esquivando y rebasando a toda velocidad, evitando de esa manera quedarse atascada entre la inmensa cantidad de autos, aunque debía admitir que era mil veces peor conducir de día. Como una intensa llama su pelo se movía violentamente con el viento, sin saber cuanto le molestaría eso a la chica que iba con ella, soltando risitas de vez en cuando de solo pensar en ello. Las luces a sus alrededores se movían y se perdían en la oscuridad de la ciudad, viéndose como líneas borrosas que nunca más regresarían. A Laila no le preocupaba su forma de conducir, la cual por cierto era bastante fuera de lo común... o de lo socialmente aceptado, ya que infringía demasiadas reglas en muy poco tiempo, comenzando con el exceso de velocidad, pero si querían llegar rápido esa era la única forma de hacerlo. Solamente se limitaba a respetar los semáforos, aunque valor le sobraba para dejarlos atrás sin importar el color que mostrasen: era un milagro que conduciendo de esa manera no estuviera tres metros bajo tierra o en prisión por haber provocado un accidente. Disfrutaba de la velocidad y el sonido que emanaba del motor, ¿qué remedio tenía? Los vehículos le fascinaban, ese era el motivo por el cual trabaja con ellos, algo bastante poco concurrido por alguien de su sexo, pero que podía ejecutarlo sin complicación alguna. Se consideraba capaz de hacerlo, y eso era todo lo que necesitaba.

En medio de todo el estruendo, le dirigió una mirada a la pelivioleta a través del espejo, sin apartarla del camino del todo, por supuesto, alzando la voz lo suficiente como para dejarse oír —¡¿Sigues con vida?! ¡No tardaremos en llegar!— y sin aviso alguno, aumentó la velocidad, sacando provecho a una oscura calle en la cual ningún vehículo transitaba, sabiendo perfectamente por donde se estaba metiendo. Podía olvidar algunas cosas, pero ese recorrido jamás. La soledad del trayecto en aquella lúgubre calle le invadió enseguida, reduciendo la velocidad hasta que giró en una esquina y volvió a adentrarse en una parte más iluminada de la ciudad, acelerando o frenando según fuera el caso, hasta que de una vez por todas aparcó la moto. Habían llegado a un barrio donde el panorama era completamente distinto al anterior: las casas tenían una estructura mucho más moderna, se veía que los dueños habían hecho una gran inversión en la construcción, y, de igual modo, los autos aparcados junto a la acera, o dentro de algunos garajes, eran de una categoría bastante más alta a los que transitaban por el resto de Nueva York. La pelirroja apagó la motocicleta, terminando con los rugidos que emanaban de la misma, y bajando tras quitar las llaves. Parecía bastante relajada, como si el viaje le hubiera hecho cambiar de actitud y retomar una perspectiva más fresca de la situación —Venga, baja tu mágico trasero de mi moto: nuestro auto está a una cuadra de aquí— elevó los brazos sobre la cabeza y los estiró, liberando un pequeño bostezo después —Tenemos que actuar como si viviéramos en una de estas costosas casas para no lucir tan sospechosas. Si preguntan estás saliendo conmigo y te he invitado a pasar la noche— lo último había sido una broma. Ni de chiste se imaginaba saliendo con ella, por mucho que le agradara y fuera buena compañía, solo trataba de ver su reacción tras sus palabras. Era cierto que la loba había tenido alguno que otro que ver en el pasado con personas de su mismo sexo, sin embargo no pasaba de una noche, y solo era para conseguir algún beneficio: se fijaba más en los chicos, tanto de forma sentimental como sexual, así que Sugar no debía sentir que VanMaxwell trataba de decirle algo. Tras la reacción ajena, la inglesa le tendió una mano al hada, esbozando una sonrisa torcida —Vamos, cariño: toma mi mano o te vas a perder— se le escapó una risilla que terminó rápidamente, haciéndole una seña mientras comenzaba a caminar en la dirección previamente mencionada.



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Two Idiots. One Long Night
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–Eso es porque tienes un nulo sentido del gusto, no es mi problema que lo tengas estropeado– Contestó con una mueca socarrona, mientras se apartaba con brusquedad los desperdigados mechones violeta que se enroscaban por la cinta del casco. Percatandose de la expresión maquiavélica que esbozaba su compañera, igual que la de un gánster luego de salirse con la suya. Mas prefirió ignorarlo momentáneamente pues algo en su interior le decía que no saldría muy bien parada si intentaba adivinar los pensamientos que plagaban la mente de su compañera. El hada, ocupada encontrando una superficie de la que sostenerse, alzó la cabeza como un resorte y sus ojos desorbitados distinguieron la sonrisa que ya comenzaba a resultarle habitual en la muchacha a traves del empañado retrovisor –¡Eh! ¿¡Eso que quiere…!?– pero antes de que pudiese ejecutar la oración, El rugido de la motocicleta y su dramática puesta en marcha le hicieron ahogar un grito de temor. Se mordió el labio inferior con mas fuerza de la que pretendía, procurando evitar que la exclamación le traicionase, ya lo tenia visto, si hubiese gritado cual poseída lo mas probable es que la hija de la luna se lo estuviese recordando cada segundo de su mágica y perdurable existencia.

New york se convirtió en un caos de ruido ensordecedor, luces amarillas y azules que bañando el asfalto y olor a humo y noche. Sugar Beth entrecerró los ojos cuando sintió la brisa golpeándole el rostro con celo y observando, con creciente alarma, como la pelirroja se adentraba peligrosamente por las avenidas de la gran manzana a una velocidad alarmante, deslizándose a traves de la marea de coches que abarrotaban las calles con extrema agilidad. El rugido de la bocina de un flamante deportivo rojo resonó en sus oídos cuando atravesaron su camino evitando por los pelos un desastre de dimensiones bíblicas y Sugar, sintiendo que estaba a punto de delirar, se aferró a los hombros de la pelirroja como un koala. Tal vez no había sido la idea mas brillante de su vida aceptar aquella proposición por mero orgullo, pero ya tenia un basto historial de malas desiciones a la que sumarla sin demasiados miramientos. Los altos rascacielos se veían desdibujados dado a su velocidad de movimiento y el hada inclinó la cabeza brevemente hacia atrás tanto para apartar su cara de la ondeante melena pelirroja -que se mostraba igual de descarada que su portadora- como para apreciar la maravillosa vista de las altas torres de cristal transgrediendo el cielo.

–¿¡Estas de broma, no!?–
gritó por encima del destornillaste ruido de la urbe, llevándose una mano al casco por acto reflejo cuando, no conforme con la endemoniada rapidez con la que se movían a traves de la ciudad, la conductora hizo gruñir el motor acelerando aun mas. En su vida se había subido a una motocicleta, pero no tenia ni la mas remota idea de que parecería un paseo en una montaña rusa a máxima potencia.

Los altos rascacielos de la urbanización quedaron atrás cuando Laila condujo a traves de una calle baldía y excesivamente oscura, lo que resultaba bastante extraño en la gran manzana, que tenia fama de estar plagada de transeúntes por doquier sin importar la hora. El hada arqueó una ceja, escéptica ante el nuevo panorama en el cual se habían comenzado a adentrar, mas las primeras edificaciones de lo que parecía ser un condominio elitista disolvieron sus dudas. La ausencia del ruido del motor hizo que Sugar Beth volviera en si y apartara la mirada de un deportivo blindado color jaguar, excesivamente exagerado incluso para el llamativo gusto del hada. Parpadeo con fuerza y se bajó de un salto de aquel armatoste letal, mirando a la licántropo como si estuviese mal de la cabeza –Si así piensas conducir el coche, tendré que llamar a un notario para hacer mi testamento ahora mismo– comento exaspera, quitándose el caso que llevaba sobre la cabeza y agitándose el cabello para intentar acomodarselo. Una risotada se escapó de sus labios ante las palabras de la pelirroja, que caminaba con aíre despreocupado a traves de la acera –Ya… no lucir tan sospechosas ¿Y quien se va a creer ese cuento, un siego?– Exclamo al instante. Aunque parecían gozar del mismo humor descarado y oscuro, eran la antítesis de la otra y solo un ciego con poco juicio podía creerse una cosa como esa. A decir verdad, Sugar nunca se había sentido limitada en cuanto a esa clase de relaciones se refería, “definirse es limitarse” pensaba ella, mientras agilizaba el paso para seguir a la hija de la luna, mas eso no implicaba que fuese a sentirse atraída por su compañera.

Sugar Beth puso los ojos en blanco y por mas que trató, no pudo ser capaz de formular una mueca despectiva en dirección a su compañera –A mi no me des el rollo, Sweetheart, que solo buscas excusas para tocarme– respondió en cambio, tomándole la mano sin demasiadas pretensiones.





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La sensación de satisfacción en ella demoraría mucho en irse, y ésta misma se incrementó enseguida cuando escuchó las primeras palabras de la muchacha al llegar a su destino, haciéndole esbozar una relajada sonrisa, misma que tenuemente se había plagado de malicia —Vamos, no fue para tanto: no seas tan cobarde— comentó bromeando, escuchando después las palabras del hada con la misma sonrisilla dibujada. Acto seguido, creó un fugaz gesto con la mano, para llamar su atención —Si actúas bien no solo un ciego va a creerte— agregó, dando un par de largas zancadas tras su última propuesta, sintiendo como la pelivioleta le seguía sin poner pero alguno, y captando el sonido de su voz cerca de ella —Si quisiera tocarte créeme que ya lo hubiera hecho— comentó burlonamente, aunque sin mentir del todo, porque ya lo había hecho en el pasado, en una de sus tantas historias de finales poco felices y circunstancias poco habituales. En ningún momento llegó a imaginarse que el hada le tomaría la palabra, plasmando en su semblante un gesto de sorpresa cuando la mano de la chica sujetó la suya, tal como había dicho. Rápidamente la pelirroja dirigió su mirada hacia su compañera, misma que ahora andaba a su lado, creando de manera lenta y perversa una amplia sonrisa, que no estaba ni cerca de transmitir calidez, al contrario: era una sonrisa tan escalofriante que incluso parecía tener verdaderas malas intenciones con la muchacha, pero todo aquello se vio por terminado cuando una risa socarrona emanó de entre sus labios —Jamás me esperé eso— su mirada volvió al frente, mientras ambas recorrían el lugar con un ritmo calmado. Cuando lo vio indicado, Laila entrelazó sus dedos con los ajenos, ya que entre más incómodo pudiera hacer parecer todo, mucho mejor. Es lo que le hacía ser una persona fastidiosa, al fin y al cabo.

Les tomó algo de tiempo recorrer toda la cuadra hasta llegar al lugar prometido por la licántropo, misma que se la pasó bromeando durante todo el camino, tratando a la chica como si realmente fuera su pareja, e intentando molestarla de alguna manera al emplear su tan característico tono odioso de voz. Soltó la mano de Sugar en cuanto estuvieron cerca, metiéndola en uno de los bolsillos del pantalón como si nada hubiera ocurrido —Eres libre, aquí nadie nos ve— instintivamente observó en varias direcciones tras haber mencionado aquellas palabras, y rápidamente se detuvo, indicándole a su compañera para que hiciera lo mismo, pasando a señalar con el mentón un lujoso auto aparcado junto a la acerca de una gran casa, ubicada junto a un gran edificio que la loba sospechaba era un conjunto de apartamentos. El vehículo, un descapotable Mercedes-Benz de color negro, pronto brillaría por su ausencia. Los ojos de la joven inglesa brillaron al divisarlo, y una expresión maliciosa se instaló en su rostro para no irse durante un largo tiempo —Allí lo tienes. Muy bonito, ¿no?— buscó con la mirada alguna cámara de seguridad; por lugares como aquellos son bastante comunes, y no dudaba que alguna estuviera por allí arruinándoles el momento. Para su desgracia, si que había una, instalada justamente en la casa del propietario del auto que estaban dispuestas a robar, vigilando su preciada posesión. VanMaxwell sujetó a Sugar del brazo, alarmada por aquel descubrimiento —Mierda, hay una cámara: la última vez que pasé por aquí no la había visto— y es que no era la primera vez que estaba allí. De hecho, tenía intensiones de robar aquel auto por su cuenta antes, sin embargo no le parecía tan divertido como ahora.

La joven de rojizos cabellos se llevó una mano a la nuca, creando en su cabeza un rápido plan mientras aún se encontraban fuera de la zona en que la cámara podía captarlas, siendo allí cuando una idea llegó a su cabeza rápidamente, clavando su atención en el abrigo de su seguidora —Tengo un plan, y quiero que hagas la parte más importante— volvió a centrarse en su objetivo, mientras una ligera brisa revolvía su pelo —Quiero que bailes desnuda frente a la cámara, de ese modo la atención estará sobre ti y no me verán robar el coche— dejó transcurrir unos segundos antes de reír por lo bajo, dándole un ligero golpe con el codo a la pelivioleta —Solo bromeo— por si no lo había captado, era mejor especificar, y, aunque fuera en contra de la voluntad ajena, Laila pasó un brazo sobre los hombros de Sugar Beth, atrayéndola de nuevo para contarle su plan —Necesito que con tu abrigo cubras la cámara. No está muy arriba, así que puedes alcanzarla fácilmente, solo que tienes que evitar que te vean. Una vez que lo hagas, no tendremos mucho tiempo, así que tendré que apresurarme. Yo tendré un lindo auto y tú al fin le encontarás uso a ese horrible abrigo: ambas ganamos— soltó a la pelivioleta  tan rápido como se acercó a ella, y cruzó ambos brazos bajo el pecho —¿Estás de acuerdo o tienes algo mejor que proponer? A mi no se me ocurre otra forma de hacerlo, a menos que con tu mágico trasero podamos hacer algo menos normal—.



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–¡Eh! que soy una chica bastante dificil, no asumas que te dejaría hacerlo como si nada…– refutó sin miramientos. Aunque debía admitir, al menos para si misma, que su complejidad no se debía a estándares excesivamente altos en cuanto a parejas amorosas se refería. Nunca había sido la clase de persona que se había aferrado a las emociones románticas como un bien sagrado y había pensado que la otra persona era el pilar de su existencia o algo así de absurdamente emocional y cursi, el hada ni siquiera estaba segura de que había sentido por alguien alguna vez algo tan remotamente parecido al amor ¿Pasión? tal vez ¿Cariño? probablemente, o una sencilla necesidad de pertenencia… Pero la clase de amor que consumé desde adentro, que es capaz de sacrificar el juicio y transformar a las personas, esa clase de amor tan popularizado entre las celebres producciones de hollywood, pues no, ese no había formado nunca parte de su pasado. Había estado demasiado ocupada caminando de puntillas luego de que “había mandado su vida al caño” marchándose de la corte como para si quiera pensar en la posibilidad de enamorarse o mínimamente tomarse en serio cualquier relación con otra persona. Era mucho mas sencillo mantener las cosas de manera informal, o al menos eso creía ella…


Esbozó una sonrisa ladina que incremento de tamaño al descubrir cierto asombro en la exclamación ajena, entrelazando los dedos con los de la pelirroja que avanzaba por la acera como si fuese la dueña de la calle. La hija de la luna desprendía cierto aire de seguridad que resultaba agradable, incluso cuando se proponía tomarle el pelo con alguna broma despreocupada o esbozaba una mueca siniestra –Ese era el objetivo– comentó Sugar Beth, encogiéndose de hombros y fijando su violácea mirada en el sendero marcado por la otra muchacha –Hay cierto encanto en las cosas impredecibles– Procuraba seguir el ritmo ajeno con apenas exito, sin poder evitar distraerse con las ornamentales fachadas que poseían los recintos de aquel vecindario que sin lugar a dudas debía ser habitado por una clase exclusiva de mundanos, algo a lo que cualquier persona que era empleada por el sueldo mínimo no podía aspirar. Algunas eran mucho mas ostentosas que otras, como si sus habitantes se viesen en la obligación de hacer alarde de sus fortunas incluso en los felpudos frente a sus puertas, cosa que le resultaba absurda desde su perspectiva pero aquello era el tipo de cosa que nunca terminaría de comprender sobre los humanos; su constante impulso de valorar lo material por encima de lo demás.

El análisis individual dió por finalizado cuando la loba se detuvo en seco frente a una residencia y varios metros mas allá Lugar distinguió el botín aparcado en la acera próxima y Sugar no hizo mas que sonreír ante la emoción ajena –Bastante bonito– concordó ella mientras cruzaba los brazos sobre su pecho, observando como la otra muchacha comenzaba a tramar su plan. Había pasado muy poco tiempo desde que el hada se había asociado con la tecnología, pero sabia muy bien lo que implicaba la alarma en la voz de su compañera y aun así, sus ojos rodaron como canicas en sus órbitas antes de centrarse en la pelirroja –En tal caso, cruza los dedos para que no te reconozcan…– La repentina actitud divertida de la pelirroja le pareció un mal presagio y el hada entrecierro los ojos cuando esta anuncio que tenia un plan –¿Porque siento que esto será especialmente incomodo para mi?— cuestionó rápidamente y la respuesta llego instantes después cuando la loba explico su enrevesado y para nada conveniente plan. Sugar Beth no daba lugar a sus palabras y sus ojos estaban tan desorbitados como para poder salirse de sus cuencas si se lo proponían –no gracias, no pienso enseñarle mis dotes a nadie a traves de ese aparatejo– contesto siguiéndole la broma, mas la sonrisa que estaba perlando su rostro comenzó a desaparecer gradualmente cuando Laila le revelo cual era su verdadero plan –Ah, ah. No, un rotundo no– exclamó la pelimorada, negando efusivamente y llevándose las manos a la cadera –No voy a hacer nada que implique desvestirme; Por no decir que moriría de hipotermia y perdería un abrigo muy bonito. Supongo que tienes un gusto terrible en lo que a moda se refiere y no lo comprenderías…– Cuando su compañera le dio vía libre para proponer una mejor idea, Sugar sonrío como si hubiese estado esperando aquella pregunta toda su vida –La verdad es que si, tengo uno que de funcionar, no solo haría que recuperaras el choche si no que avergonzarías de paso a los tontos estos ¿O es que en serio no te has planteado lo sensacional que seria verles las caras cuando se la juguemos?–  cuestionó, con una sonrisa ladina –Tu ve por el coche y yo les haré una pequeña visita. Me encargaré de entretener a los anfitriones lo suficientemente lejos de la pantalla de seguridad como para que se percaten a tiempo de lo que esta sucediendo… confía en mi– agregó esbozando una sonrisa encantadora que podría hacer dudar a la persona mas integra –No se van a enterar que los golpeó–




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Tal parecía que VanMaxwell había hallado a una perfecta compañera de aventuras esa noche, debido a que sus bromas eran entendidas, e interpretadas como ello, siendo seguidas exitosamente, cosa en la mayoría del tiempo hacían sentir satisfecha a la joven loba —Oh, vamos, ¿te cuesta admitir que visto mejor que tú, y por ello tratas de negarlo?— inquirió jocosamente, esbozando una amplia sonrisa —Mi sentido de la moda es superior al tuyo— musitó, soltando una risilla burlona, casi para sí misma. Lo cierto era que no solía prestar especial atención a la hora de vestirse, de hecho, no le importaba mucho su aspecto, limitándose a usar la primer cosa que hallara en el armario, algo que por lo general suele estar muy mal visto en una chica, pero, ¿quién iba a juzgarla? No tenía un grupo de amigas que criticasen su forma de vestir (que aunque lo tuviera, tampoco le importaría mucho) y en su trabajo usaba un uniforme, por lo tanto, ¿cual era la importancia de todo aquello? Para ella la moda solo era algo irrelevante. Era obvio que quien llevaba las de ganar esa batalla era Sugar Beth, pero no sería divertido dejarle triunfar tan fácilmente: nunca estaba mal reírse un poco fastidiando a la muchacha, incluso cuando ésta última no parecía estar molesta en ningún momento.

Tras haber soltado el verdadero plan, que fue seguido por una última pregunta, la pelirroja admiró a su acompañante con atención, percatándose de que estaba impaciente por tomar la palabra, dándole aquel derecho sin interrumpirle. Gradualmente, la gesticulación de la chica empezó a tornarse adversa a como era un momento antes, frunciendo poco a poco el entrecejo conforme Sugar continuaba, hasta que sus orbes quedaron entornadas —¿Acaso estás contradiciéndome? Yo quiero evitar que me vean y tú quieres todo lo contrario: a este paso es mejor que les toque la puerta y les pida las llaves— llevó ambas manos a la cintura, abriendo un poco más los ojos —"Hola, vine a robar el auto, ¿podrían darme las llaves, por favor?"— su voz se tornó carismática, pero su gesticulación dijo todo lo contrario a ello, burlándose de la situación. Cuando se recuperó, cubrió sus ojos con una mano, negando lentamente con la cabeza. El plan no se parecía en nada a lo que estaba en sus expectativas, de hecho parecía más peligroso, ya que estarían más expuestas; pero también debía admitir que, de hacerlo, todo sería un poco más... interesante. No habría tanta presión al no actuar con sigilo, y, tal y como la joven hada mencionó, se le haría bastante divertido verles la cara cuando las vieran huir en el auto a toda velocidad, burlándose de ellos tal y como se burlaron de la licántropo tiempo atrás. 

Laila liberó un suspiro tras pensárselo bien, sumida en un profundo silencio un par de minutos, tratando de ver todo desde aquella nueva perspectiva planteada por la pelivioleta. Tras haberse hecho miles de preguntas a sí misma, agitó la cabeza, haciendo un rápido gesto con la mano. ¡Qué demonios! Entre más descabellado fuera todo, mucho mejor —Agh, tú ganas, hada: ve y muéstrales tu trasero mientras yo voy por el auto— rezongó falsamente, rodando los ojos y cruzándose de brazos, como si la situación aún no terminara de convencerle, terminando por relajarse un poco más. No estaba nerviosa, ni nada similar, por lo que todo sería rápido —Cuando tú digas: estoy lista—.



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