03/12 - Estimados habitantes del submundo. ¡Los nefilims vuelven a estar disponibles!


07/08 - Estimados habitantes del submundo. ¡Aquí tenéis las noticias con las actualizaciones/nuevas propuetas/ideas del foro! ¡Pasaos cuanto antes a echar un ojo!


10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


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NEFILIMS
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Well, you treat me just like another stranger. || Sugar

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Well, you treat me just like another stranger.
→ SÁBADO → 21:05 → TAKI'S  → FRÍO

Esa noche hacía frío, como todas las que había pasado en esa condenada ciudad. Contaminación, ruido, temperaturas imposiblemente extremas, nephilims que me tocaban la puñetera moral tan sólo con el simple hecho de verlos... vamos, el sueño de mi vida (que se note la ironía, por favor). No obstante, había algo en ese nido de problemas que me interesaba: los llamados mundanos. Uno de mis pasatiempos favoritos era ocasionar el caos entre ellos, eran seres demasiado frágiles y necios para ser tan belicosos, el otro era jugar con mi sobrino aunque Ellette me pedía que no le enseñara a ser como yo. Pero yo tenía claro que si dejaba a la bobalicona de mi hermana a cargo de las diversiones del pequeño Dennis, el pobre iba a morir viejo y sin haber disfrutado de su vida.

Esta vez había arrastrado a Lorelle que era la única que sabía divertirse en mi familia, solo que últimamente no parecía muy convencida de dejar la Corte ni siquiera por un par de días y tuve que traerla prácticamente en brazos. Al principio se mostró reacia a abandonar la residencia de Elle, pero como siempre, se le giró la neurona y a última hora decidió que sería buena idea que fuéramos al restaurante Taki's. No le pregunté el porqué de ese cambio tan repentino, sencillamente me puse las botas mientras suspiraba dramáticamente. Por su parte, Lory me dedicó una mirada fulminante que indicaba que tenía prisa como para aguantar una de mis obras de teatro. ¡Qué mal humor tenían algunas!

Andabámos por una de las calles por donde apenas transitaba gente, mi hermana parecía ausente mirando uno de esos populares móviles que tanto le gustaban a los humanos. ¡Hay que joderse! pensé irritado, seguro que ese cachivache le derretía el cerebro. -Lory, suelta esa mierda ya. - Le ordené quitándole de las manos el aparato electrónico, mis ojos lo escudriñaron con desdén no logrando entender que veían en esa pieza de metal recubierta de plástico. Un llanto me hizo apartar mi atención del objeto para centrarla en una mundana que andaba en dirección contraria a nosotros, llevaba en las manos un ramo de flores que parecía haber tenido mejor tiempo. - Toma tu cosa.- Espeté mientras le lanzaba el móvil a su dueña y me movía varios centímetros para poder colisionar con la chica de pelo rubio. Nuestros cuerpos impactaron suavemente, la mundana que tenía la nariz más roja que una cereza, alzó sus ojos color ámbar y musitó una disculpa. Yo negué levemente con la cabeza al tiempo que me separaba acariciando las rosas sutilmente, haciéndolas revivir casi al instante y tornarse de un rojo carmín. Ella podría haberse percatado si no hubiera sido porque sus pupilas estaban clavadas en mi rostro. -No importa...- susurré con voz ronca.

Seguimos paseando hasta llegar al restaurante, yo no tenía hambre pero Lory parecía estar famélica y se acercó a la barra como si la vida le fuera en ello. Reí ante la actitud infantil de mi hermana, parecía hasta nerviosa... y entonces lo comprendí. ¡Le gustaba la camarera! Me recordé a mí mismo que si me burlaba de ella, me odiaría por el resto de su vida así que me tuve que morder la parte interior de la mejilla para no echarme a reír. No obstante, algo liliáceo hizo que de repente mi rostro fuera adusto. ¡Hija de su bendita madre! reconocería esa cara en cualquier multitud, al fin de cuentas habían sido doce años cuidándola como una hermana más.

Ella estaba sola, leyendo la carta de menús, supongo que a la espera de encontrar algo dulce que saborear. Haciendo acopio de mis mejores dotes interpretativas caminé por el pasillo dirección a los baños con expresión aburrida, no repararía en mí porque la conocía lo suficiente como para saber que si había dulces de por medio el mundo sobraba. Justo al pasar por donde estaba ella, actué rápido sentándome a su lado para no darle tiempo a huir. -¿Qué tal un batido de chocolate con nata montada y virutas de colores? Aunque... creo que te gustaría más el batido de traición con sirope de ingratitud y virutas de deslealtad. Es más tu tipo. ¿Verdad Permony? 


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→ SÁBADO → 21:05 → TAKI'S  → FRÍO

El hada dejó escapar un lacónico suspiro mientras observaba la carta con evidente desdén, moviendo nerviosamente su mano y haciendo que los coloridos brazaletes de sus mano tintinearan entre si. normalmente no le hacia ninguna gracia salir de noche sin compañía y aquello no tenia nada que ver con que le costase desenvolverse en publico por su propio pie -¡Dios sabe que no!- era sencillamente, porque así no tendría con quien hacer platica y si algo resultaba un verdadero martirio para Sugar Beth Gwendoline era mantenerse callada por demasiado tiempo, siempre abrir algo que tenia para decir y le costaba demasiado tener que guardárselo para si misma. Era parlanchina por naturaleza, hablaba hasta por los codos y mas si era posible, una característica de su persona tan arraigada desde la infancia que ni siquiera el indudable paso de los años había echo que menguase.

Después de haber manifestado en voz alta que nunca había visto la saga completa de La guerra de las galaxias el día anterior en una de sus platicas esporádicas con la agente White, su compañera de piso le había exigido horrorizada que tendría que dedicar toda la noche del sábado para ponerse al día y que ella lo supervisaría con sus propios ojos. Como se había vuelto costumbre, se llenaron de provisiones compuestas por  golosinas de todo tipo y otras chucherías varias para soportar la maratón, pero en el ultimo momento a Winter le había surgido un improvisto y habían tenido que que interrumpir su velada. A Sugar aquello no le había hecho demasiada gracia, para variar, pero sabia que Winter no podía prescindir de sus responsabilidades. 

Sola en casa se sintió demasiado incomoda en el enorme sofa, era demasiada comida para ella sola y sin los comentarios hilarantes de su amiga no veia posible enfrentar la maraton sin quedarse dormida, por lo que decidió postergar el asunto y se marchó a su habitación, se ajusto en sus jeans oscuros con mas agujeros de lo estrictamente necesarió, un suéter lila, una rebeca a juego con sus pantalones  y su siempre fiel abrigo  de pelo para ampararse del frío nocturno de la ciudad. Incluso aunque la temperatura no prometiese demasiado las calles de New York, como era usual, se mantenían transitadas dentro de lo normal. La gente iba y venia entre el mar que componía la ciudad metálica y Sugar Terminó arrastrada como una hoja hasta las puertas de Taki’s. A fin de cuentas era uno de los locales favoritos de los subterráneos por excelencia y tenían sus malteadas favoritas, ademas que entre las camareras habían unas cuantas pixies con las que el hada simpatizaba de maravilla, pero el local estaba demasiado atestado como para que cualquiera de ellas se detuviese a chismorrear sobre los últimos acontecimientos de la vida social del submundo y aquello solo termino de fastidiarle la noche. 

Demasiado inmersa entre las distintas opciones azucaradas que exponía el menú y su propia irritación no notó la presencia de alguien mas hasta que escuchó su voz. Y vaya suerte, porque habría que tener por seguro que si hubiese sido cosa del hada se hubiese echado a correr como alma que lleva el diablo antes de que le hubiese acorralado. dejó caer la carta del menú sobre la barra de caoba y sus orbes violáceas, desorbitadas como a punto de salirles disparadas de la cara, se volvieron rápidamente. No podría textualizarse tan sencillamente; era una sensación similar a la de estar a punto de lanzarse en una montaña rusa, ese pequeño instante de pánico en el que te arrepientes malditamente de haberte subido en esa condenada atracción y tener ganas de saltar a la seguridad del suelo. Esa sensación de que el corazón se te cae a los pies y no hay manera alguna de articular nada coherente…

Se puso tan tensa de repente que sintió todos los músculos de su cuerpo quejarse al mismo tiempo. su expresión era como la de un ciervo siendo iluminado por los resplandores de un vehículo en mitad de la carretera, atrapado in fraganti, demasiado azorado como para reaccionar a tiempo. Se quedo unos segundo así, tiesa del pánico, pestañeó rápidamente y su expresión se volvió indescifrable y estoica –Te has equivocado de persona porque mi nombre no es Permony– contestó con una brusquedad que no sabia de donde había salido. Consideró el ponerse de pie, pero estaba segura de que se caería de bruces contra el suelo e iba a mandar todo al traste –Estas diciendo tonterías…– se dió la vuelta con excesivo dramatismo, incapaz de ignorar la terrible punzada de nostalgia, la carga de la culpa ante un rostro que conocía demasiado bien y que no había cambiado en absoluto desde el día en que le había conocido, hacia demasiado tiempo… tanto que ya no lo recordaba, sabia que ese día llegaría en algun momento, pero eso no significaba que estaba preparada para enfrentarlo.
 


Última edición por Sugar Beth Gwendoline el Lun Mar 20, 2017 7:28 pm, editado 1 vez


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No lo voy a negar, su respuesta me dejó confuso un par de segundos, solamente que no lo mostré, mantuve la pequeña y superficial sonrisa que había esbozado cuando me había presentado como por arte de magia. Demasiados años trabajando para la Reina como para ser Mr. Expresivo... Pestañeé un par de veces, una claro signo que indicaba que no me estaba creyendo ni una de sus palabras. Había sido muy divertido ver su reacción al verme, podría apostar mis alas a que hubiera huido si hubiera podido, sino la hubiera estado acorralando contra la pared, claro.

Permony, quien ahora a saber cómo demonios se llamaba, se giró dramáticamente. Fruncí el ceño, ligeramente irritado porque no tenía tiempo para sus arrebatos teatrales y para su actitud infantil. Ella podía decir lo que le diese la gana pero no había cambiado, ni físicamente, ni sus modales... ¡hasta seguía con sus putas pulseras! Bufé sonoramente. - ¿A quién quieres engañar, enana? Esos trucos no te funcionan conmigo, ¿debo recordarte que fui yo quién te los enseñó?- Le arrebaté la carta de postres de las manos con poca delicadeza mientras observaba su perfil.

- Es gracioso que seas tú quién se largó sin decirme ni una mierda y tengas la cara de hacerte la indignada. Eres una jodida egoísta... - Tomé distancia porque con las palabras que pensaba decirle la cosa no iba a acabar bien, era consciente de ello. Me levanté de la silla y la atisbé desde arriba. Siempre había sido mucho más alto que ella pero al estar sentada, la distancia se había intensificado.-Debo admitir que te vas pareciendo a tu madre.

 No le iba a gustar la comparación con Francia, pero en ese momento me pareció que físicamente y psicológicamente se le asemejaba demasiado, me había dejado atrás cuando ya no le convenía mi presencia como había hecho su progenitora con ella. Encima tuve que aguantar que me gritara que todo había sido por mi culpa, por darle alas cuando ella había intentado enderezarla y corregirla. Al principio me callé dispuesto a no entrar en su jueguecito de víctima, no obstante, hubo un momento en el que no me pude contener y le respondí tranquilamente que ella no quería poner recto al árbol, quería cortarle las ramas y no dejarlo florecer.

La madre de Permony me lanzó una mirada asesina y se fue, yo creí que había entrado en razón, pero horas después mi hermana me explicó que nos había visto discutir y que si Francia se había retirado era porque había podido percibir en mi voz la señal de advertencia. Admito que la paciencia había sido uno de mis mejores dones desde pequeño, pero insultar a quien yo había protegido y cuidado durante doce años era una buena forma de acabar con ella.


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El hada se volvió ligeramente para dedicarle una mirada cargada de impaciencia con aquella fingida expresión de imperturbabilidad en su rostro que siempre ponía cuando quería disimular su consternación. Sin duda alguna todo el asunto le había tomado desprevenida y en su interior no podía evitar comenzar a debatirse si acaso ya había perdido completamente la cabeza y ahora estaba alucinando ¿Que hacia el alli, de todas formas? ¿Y como es que había dado con ella? ¿Acaso la suerte era tan condenadamente macabra que no había sido mas que obra del destino?. Lo vió fruncir el ceño con evidente irritación y  Sugar Beth hizo lo mismo, arrugando el ceño como si se hubiese propuesto hacer que sus cejas colisionaran entre si. Cualquiera que los viese podría llegar a pensar que realmente compartían la misma sangre –¡No es ningún truco! Ya te he dicho que ese no es mi nombre ¿Porque no terminas de captarlo? ¿Has tomado agua de un estanque o algo así?– puso los ojos en blanco cuando Leí soltó aquella afirmación sin precedentes –Y no soy ninguna ena… ¡Ey!– exclamo abriendo los labios y estirando rápidamente la mano, en un vano intento de recuperar la carta del menú que se le fue arrebatada. Tenia el rostro ardiendo como si estuviese a punto de explotar, aquello no podía ser ni mucho mas ridiculo…

Sus labios se abrieron aun mas, formando un perfecto ovalo con cada palabra que pronunciaba el muchacho. Eran sin duda pensadas para amedrentarla, para herirle, para hacerle hervir hasta rabiar y explotar en el ultimo segundo. Le conocía lo suficientemente bien para saberlo, Lei nunca había tenido reparo en la vida para cortarse con nada a la hora de exponerse por muy fuerte que resultaran sus declaraciones. Siempre había sido, en especial con ella, muy franco y sincero ¿Como si no había logrado cuidar de una traviesa y pizpireta Sugar Beth por tantos años sin terminar recluido en un manicomio? El había sido el único que lograba hacerle entrar en razón, pero ya no parecía ser así… 

Sintió un monumental vacío en su interior con cada palabra, porque le dolía, si que le dolía. El sabia perfectamente lo que tenia que decir para hacerle sentir así y aquella comparativa era sin duda la gota que colmaba el vaso –¿Egoista? ya claro, por supuesto… ¿Y que se supone que tenia que hacer exactamente? ¿Contarte la verdad? ¡Anda ya, Lei! ¡A la mínima que te hubiese insinuado algo te hubieses metido en medio y no me hubieses dejado cruzar el umbral de la puerta! ¿Y se supone que yo soy egoísta?– Sugar Beth se incorporó de un salto, con una determinación fiera saltando en sus ojos y le volvió a arrebatar la carta del menú con fuerza, sintiendo como si le temblase cada célula del cuerpo imaginando el semblante hostil de su madre que tantas veces le había quitado el sueño en el pasado –No tienes ningún derecho a decirme eso… Ni a mencionarla si quiera, no soy como Francia y tu no tienes derecho a decir eso porque no me conoces en lo absoluto– Afirmó molesta, la ira desbocada en un triste debacle de su juicio.

Y no sabia decir exactamente que era lo que le descoloraba, que le había soltado aquello sin mas o llegar a pensar que realmente lo creía. Precisamente el, que había visto a Francia y a Isaia corromper la fragilidad de su inocencia y desvergonzadamente habían ignorado que tenían una niña que les necesitaba fervientemente, el quien precisamente había secado sus lagrimas y le había enseñado todo lo que sus padres se negaban a enseñarle… No podía, simplemente no quería lidiar con ello. Soltó un largo resoplido y se estiró sobre la barra para tomar su bolsa, le había dicho exactamente lo que pensaba de ella y ahora no tenia ganas de escucharle nunca mas…



Última edición por Sugar Beth Gwendoline el Lun Mar 20, 2017 7:29 pm, editado 1 vez


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→ SÁBADO → 21:05 → TAKI'S  → FRÍO
Me sentí terriblemente satisfecho ante la reacción de Permony, todo estaba saliendo tal y como yo había predicho. Rodé los ojos con aire aburrido hasta que el comentario de la chica de pelo lila me hizo abrir los ojos más de la cuenta y acariciar mi sien. Esta vez sentía mi cabeza a punto de explotar. ¿Qué coño estaba diciendo? Claro que la hubiera parado, no habría sido muy inteligente por mi parte dejarla largarse a quién sabe dónde a hacer quién sabe qué.  Me crucé de brazos con el ceño fruncido, obviamente empezaba a irritarme toda la situación.

-¿Y qué mierda querías que hiciera? ¿Qué te dejara irte a lo loco?- Mi voz salía más ronca de lo usual debido al enfado que estaba empezando a invadir mi pecho y amenazaba con extenderse por todo el cuerpo a una velocidad vertiginosa. Bufé audiblemente mientras negaba con la cabeza intentando reprimir más palabras que seguramente solo harían enfadar aún más a la enana que había cuidado por años. -Ah no, listilla. De aquí no te vas hasta que haya quedado todo claro.- Respondí de mala manera acercándome varios pasos y evitando que alcanzase su bolso, la reducción de distancia entre ambos hizo más evidente la diferencia de altura.

- Claro que te comparo con Francia... ¿te haces una idea de lo preocupado que estaba? No puedes ni imaginar lo jodidamente mal que lo pasé cuando fui a tu casa y tu madre me dijo que estabas desaparecida. ¿Puedes ponerte un poco en mi lugar?- La agarré del brazo acercándola todavía más a mí.

-Entiendo que quisieras irte, joder. Sé que tú madre es insoportable y que no estabas bien en casa pero lo que tú hiciste conmigo es lo mismo que había hecho ella contigo. -Mis ojos azules se clavaron en los violetas de ella. Apreté la mandíbula, tensando el músculo masetero que se hizo notorio. -Pero supongo que yo no era lo suficiente importante para ti. - La solté con desdén, volviendo a retroceder. Siendo sincero conmigo mismo, encontrarme con Periwinkle había resultado más doloroso de lo que alguna vez había sido capaz de imaginar. Y estaba enfadado, MUY ENFADADO... pero por otro lado me sentía terriblemente decepcionado.

Nunca había sabido cómo manejar la decepción. A mi parecer era un sentimiento que te hacía sentir abatido y vacío, entendías que esa persona no era merecedora ni de tu confianza ni de tu atención. Sin embargo, esa emoción había sido enlazada al recuerdo de Permony un par de años atrás, haciendo que apenas fuera notable. Por otro lado, el hecho de verla tan tranquila mientras yo me había pateado toda la ciudad para encontrarla, me hizo hervir la sangre y la rabia se adueñó de mí.   


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Llegados a aquel punto ambas criaturas mágicas de caracteres tan dispares parecían estar a punto de perder completamente los estribos en cualquier momento. La muchacha de cabello violeta había sentido como el coraje se adueñaba de su paciencia y la desmoronaba en milésimas de segundos pero al mismo tiempo una insólita e inesperada sensación de tristeza fue capaz de amedrentarle, quería irse de alli, salir corriendo hacia la avenida asta que sus pies le doliesen y el bar se perdiese en la lejanía, evitar la mirada juzgadora de aquellos gélidos ojos azules y marcharse a un lugar donde no volviera a verle, no de ese modo… Pero ágilmente Lei se adelantó varios pasos impidiendo que el hada se inclinase sobre la barra para tomar sus pertenencias y emprender la marcha hacia un destino que ni ella misma conocía. Con un profundo ceño dibujando en su rostro volvió a mirar al mayor brevemente, recargando el peso sobre su pierna izquierda y llevándose ambas manos a las caderas con exasperación –¡Pues si! ¡Justamente eso es lo que queria! ¿Pero vez? no me hubieses dejado– espetó, dirigiéndole una mirada mordaz que realmente no sentía, pero tampoco iba a demostrarle que sus palabras estaban afectándole otra vez.

 Y a pesar de la constante necedad que siempre había caracterizado a Sugar Beth Gwendoline y que no parecía desmoldarse ni con el filo de una navaja en su cuello, apartó la mirada y sus ojos se deslizaron hasta un punto muerto del local, manteniéndose tan impasible e imperturbable  como su voluntad se lo permitía. Le dejó hablar, dividida entre el asombro y la molestia que le causaban sus palabras y la impaciencia que se generaba rápidamente en su interior. Se remeneó con brusquedad cuando le tomó del brazo y le obligó a centrarse en el –¡Dices que lo haces pero eso no es realmente cierto, nunca me hubieras dejado ir de tu perfecta y amadisima corte! Ni siquiera si te lo hubiese dicho hubieses apoyado mi decisión ¿Acaso crees que no hubiese querido que las cosas fueran de otra forma? Vale, bien… no te dije nada y tal vez debí hacerlo. Pero por primera vez en mi vida hice algo que siempre había querido hacer sin tener que recurrir a nadie mas, ¡Algo para mi joder! No lo que tu, Francia o quien fuese creían correcto– Argumentó rápidamente, sintiendo como si le faltase el aliento y las palabras se precipitasen en sus labios –¿Y sabes que?  me alegro de haberlo hecho, porque nunca antes me había sentido como si perteneciera a algún lugar y ahora es… es lo mas cercano que he tenido– 

El le alejó con desdén tras finalizar sus ultimas palabras, con un desagrado que nunca antes le había mostrado y Sugar no pudo evitar sentirse como la niña pequeña de antaño cuando su hermano mayor le regañaba por sus jugarretas o sus travesuras y ella iba como borrego a medio morir, a lanzarse sobre sus brazos para que le perdonase todas sus faltas y volviese a sonreirle. Y por mucho que quiso hacerlo, por mucho que la pequeña Permony que había encerrado a cal y canto en algún oscuro lugar de si misma, no se atrevió a hacerlo y una parte de ella -aunque fuese muy minúscula y opaca- reconocía que era porque temía mas a su rechazo que a aquella mirada iracunda que no paraba de dirigirle –A estas alturas no se que clase de monstruo crees que soy, pero sabes que eso no es verdad. Tu si me importa Lei, pero también me importan mis sueños y todas las cosas que siempre he querido y que nunca iba a poder conseguir si no me marchaba de casa…– Se cruzó de brazos y dio un paso hacia atrás, le ardían los ojos de una forma extraña, una que no parecía haber sentido en demasiado tiempo –Siento haber desaparecido así y que te hayas preocupado por mi ¿Vale? Pero si quieres que me disculpe por irme no lo haré, porque sabes que no puedo mentir e incluso si pudiese no te mentiría. No me arrepiento de lo que hice, incluso si estas tan furioso como para creer que soy igual a mi madre–


Última edición por Sugar Beth Gwendoline el Lun Mar 20, 2017 7:29 pm, editado 1 vez


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Mi vista se apartó de Permony por unos segundos, en parte porque ella tenía razón y no tenía el valor suficiente como para mirarla a la cara sin sentirme culpable. Yo nunca habría visto con buenos ojos que abandonara la Corte, ni aunque su madre siguiera viviendo allí... porque a mi parecer no podía ser tan fantástico el mundo de los mundanos. ¿Qué era muy entretenido? Pues sí, pero para una temporada. Lo más frustrante era que por más que yo intentaba comprender cuales eran las cualidades que hacían de ese lugar uno mejor que el nuestro de origen, no lograba hallarlas. Seguramente, la pequeña Periwinkle veía un espacio nuevo para ser explorado, lejos de la cárcel que suponía los brazos de Francia.

Con una mueca que habría sido catalogada como estoica dejé que se explicara, que se desahogara un poco. Suspiré audiblemente cuando su discurso llegó al final. -No, no te habría dejado irte de la Corte. -Admití apoyando el codo en la barra metálica y mi frente en mi mano, aprovechando de paso para acariciarme la sien. - Pero si me hubieras dicho que pensabas huir te habría ayudado de alguna forma. Aunque no me gustara la idea de que abandonaras a nuestra Reina para aventurarte a la locura de vivir como una mundanita.

-No digas gilipolleces, no creo que seas igual a tu madre. Antes he dicho que te vas pareciendo a ella, y realmente lo he pensado en el momento. Para que negarlo.- Volví a mirarla a los ojos.- Podrías haber dejado una nota ¿no? " Querido Lei, te dejo esta nota para avisarte de que me voy a largar a vivir la vida loca. Besos, tu hermana que te quiere pero piensa que eres un gilipuertas que le va a amargar las fiestas."- Cité haciendo comillas con mis manos en un gesto que se habría tachado de cómico. -¿He resumido bien tu opinión de mí?- Por primera vez en la noche dejé que una sonrisa real adornara mi cara.

-Y... ¿Qué tienes pensado hacer ahora? ¿Pirártelas y hacer como que no me has visto? - No sabía si tenía pensado irse sin despedirse, más teniendo en cuenta con quien estaba hablando. Ella siempre había sido como el viento de poniente, revoltosa e impredecible. Así que antes de que se pudiera mover del sitio le dije lo que solo le había dicho dos veces en doce años. - Te quiero. - Desde afuera, podía parecer una declaración romántica, pero cualquier persona que nos hubiera tratado lo más mínimo, sabría que esas palabras estaban empapadas de inocencia y candidez debido al lazo fraternal que se había creado la primera tarde que la vi jugando sola y me ofrecí para acompañarla. -Te quiero muchísimo, y si eres feliz viviendo aquí... pues yo soy feliz.


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Aunque resultara imposible de creer  Sugar Beth comprendía las emociones que afligían al mayor. Ella las había incentivado y provocado sin el menor cuidado y aunque doliese, aunque le hiciese sentir como si la próxima vez que se viese frente a un espejo el reflejo que vería seria el rostro anguloso de Francia y no el suyo, reconocía que tenia toda la culpa del enojo que se había sembrado dentro de el. Sus manos habían estado fuertemente apretadas en puños, con tanta urgencia que sus uñas habían dejado marcas de media luna en sus palmas desnudas, Sugar Beth nunca había sido buena para manejar la tensión en general, ni los problemas, ni nada que no le hiciese sonreír o le divirtiese mínimamente… Siempre rehuía de aquellas situaciones con la misma agilidad que una sombra que huye del sol. No era alguien que lidiaba con los problemas, era alguien que escapaba de ellos y había escapado de Lei porque había sido la opción mas sencilla, incluso si le costaba reconocerlo.
 
Sin embargo su huida no había sido premeditada, cuando hubo arribado a Nueva York lo único que cargaba consigo eran unas cuantas pertenencias y su poderosa determinación. El coraje, el enojo y la furia no le habían permitido pensar en consecuencias ni en como aquello podría afectar a terceros dejando llevar por su instinto mas primigenio. Le dirigió una mirada escéptica al muchacho, apoyando ambos brazos sobre la barra y permitiendo acercarse, igual que un ciervo asustadizo luego de comprobar que no hay moros en la costa –Estoy segura de que lo hubieras hecho, me hubieses ayudado y te hubieses metido en un lío hasta el cuello– Comentó esbozando una sonrisa apisonada, de esas en las que raras veces le hacían lucir avergonzada. Su imitación bien acertada sobre una nota de despedida le arrancó una carcajada leve –¡Casi! en vez de gilipuertas yo hubiese puesto “maldito dolor de cabeza punzante”– repuso ella, lo decía realmente en serio puesto que la teatralidad sabia llevarla a los márgenes mas extraños. Se encogió ligeramente de hombros, consciente de que la tensión inicial se había diluido un tanto pero seguía presente, pesada y de un color verde azulado que le incomodaba soberanamente. Aquel tipo de sentimiento no sabia desaparecer de la nada, menos cuando había sido provocado por la traición y la desconfianza. Ella era consciente de que algo se había roto pero eran las consecuencias de las decisiones que había tomado y ahora tenia que lidiar con eso.
 
Lo único que hizo en contestación fue encogerse de hombros porque la realidad era que no tenia la mínima idea de que hacer ahora. Enfrentar un problema era una cosa demasiado novedosa para el hada y le hacia sentir incomoda bajo su propia piel ¿Que se suponía que debía hacer ahora? Sus hombros se cuadraron con tensión y cuando le volvió a escuchar hablar se quedó completamente quieta, sin hacer ni siquiera un movimiento perceptible mas que un breve pestañeo, con el rostro impasible en un prolongado silencio.
 
–Nunca voy a olvidar como me sentía antes de conocerte ¿Sabes? esa clase de soledad que destruye a las personas. No es algo que un niño deba sentir– comenzó a decir con un aire ausente y nostálgico, luego de un un silenció que pareció eterno dada a la sorpresa que aquella afirmación le había causado –Solamente cuando me cuidabas dejaba de sentirme así, tan triste...– vaciló un instante, pero al final estiró su mano y la colocó sobre la de Lei, con una sonrisa afligida que le opacaba los ojos  –Solo que ya no soy esa niña, no quiero serlo mas. Pero eso no significa que no quiera ser tu hermana o que vaya a dejar de quererte solo porque me largara a “vivir la vida loca”. No hace falta que te pongas cursi …– Había pasado mucho tiempo desde la ultima vez que le había visto, tocado o escuchado y a pesar de eso solo entonces Sugar Beth fue realmente  consciente del paso del tiempo y la ausencia de su hermano en su vida. El no había cambiado en absoluto, nunca lo había hecho incluso cuando ella había sido una niña. aquel rostro seguía siendo igual a como lo recordaba, pero ella -aunque de una forma casi imperceptible- si había cambiado y había dejado sus diecisiete años muy muy atrás, junto con el y todas las cosas que recordaba de su hogar –yo también te quiero muchísimo peeero…– sonrió brevemente haciendo una pausa y arrugando la nariz – como te quiero muchísimo tengo que decirte que odio esa camiseta ¿Donde te has dejado tu sentido de la moda? En serio… Ya veo a tu madre intentando quemar esa cosa ¡Tu y tu complejo de hijo de la noche!– Exclamó con efusividad y una sonrisa vivaracha. Realmente le quedaba bien, pero si realmente esperaba que con los años ella cambiase ese aspecto suyo de meterse con todo el mundo estaba muy mal encaminado.
 


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Ella tenía razón y yo lo sabía. Si ella me hubiera dicho que quería irse de la Corte me habría escandalizado, sin embargo, habría hecho cualquier gilipollez por ayudarla aunque eso significase atarme una soga al cuello. La escuché mirándola de reojo, percibiendo su aire nostálgico, casi lo habría tachado de ausente.

Y entonces le dije que la quería.

Solamente había soltado esas palabras porque pensaba que ella se iba a ir. Porque bueno, siendo sinceros, me habían criado y educado para ser un caballero de la Reina cuando tuviera edad, y los Caballeros de la Reina Seelie no es que fueran una personificación del amor precisamente. Una de las normas básicas que había reinado en mi casa era la de no demostrar debilidad (aparte de nunca desobedecer a mis padres, que menuda mala hostia se gastaban los dos). Así que yo no estaba acostumbrado a decir palabras de tal calibre y si las decía era porque de verdad las sentía.

Contra todo pronóstico, Periwinkle se quedó a mi lado tensa cual vara de almendro. Se notaba que las palabras habían hecho mella en la pequeñaja de pelo morado, al menos por unos minutos... después procedió a meterse conmigo. ¡Já! ¡Cómo si pudiera! Una risa grave y vibrante retumbó en mi pecho.- No te voy a tener en cuenta lo que acabas de decir, no al menos hasta que te hayas quitado ese vómito de unicornio de encima. - Apunté a su colorida camiseta con una ceja alzada.- Además, el negro es el mejor color. Resalta el azul plateado de mis ojos.- Estaba claro que aunque lo que acababa de decir no era para nada mentira, no era la razón principal por la que me gustaba vestir de negro. Y sencillamente era muy difícil justificar el porqué de que te guste algo. - Venga, va. ¿Quieres que nos tomemos algo?

-¡Yo sí quiero!-Exclamó de repente Lory, surgiendo entre los dos.- ¡Permy!- Gritó reconociéndola.- ¡Pensé que eras otra de las desafortunadas víctimas de Lei! ¡Me alegro de verte!- Gritó abrazando afectuosamente a Permony.- ¿Cómo que desafortunada víctima?- Le pregunté sonriente con ambas cejas alzadas.- Sí, desafortunadas son todas las mujeres que se tienen que acostar contigo. ¿Pero tú te has visto la jeta? -Canturreó entre risas sin soltar a la menor.- ¡Vamos a tomarnos un batido de fresa y arándanos, Permy! ¡Yo te invito!- El cabello blanco de Lory contrastaba totalmente con el cabello morado de Permony, ya la había soltado pero aún mantenía un brazo apoyado en sus hombros. Como si el tiempo no hubiera pasado para ella.


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Sugar compuso una sonrisa que rápidamente se convirtió en una vibrante carcajada, ya sabia muy bien que Lei no se quedaría tan tranquilo cuando se metiese con el y esa era la parte mas divertida del asunto. Cuando se lo proponía podía resultar mas helado que un témpano de hielo, pero Sugar conocía muy bien la calidez de sus orbes azules, por mucho que estuviese escondida. Era como si no importara los años que pasaran o el tiempo que durasen sin verse, siempre tendrían tiempo para gastarse bromas y tomarse el pelo puesto que habían cosas que nunca cambiaban, incluso por el imperecedero transcurso del tiempo.

–Disculpa pero los colores pastel son muy bonitos, no como ese disfraz tuyo de batman Presumió con un tono jocoso, al mismo tiempo en que sacudía los hombros y provocaba que los mechones violetas se deslizaran rápidamente por sus hombros. Puso los ojos en blanco ante su propia adulación y se llevo ambas manos hasta la parte baja de las caderas, cuando el le propuso que se tomaran algo ella no pudo evitar dirigirle una mirada cargada de obviedad ¿Cuando en su vida le había visto rechazar un batido? –¿¡Me lo dices o me lo cuentas!?– Exclamo entre risas, la imagen del chocolate fundido en su cabeza hizo que sus ojos chispearan de anhelo. No había cosa que pudiese alegrarle la noche como una buena sobredosis de dulce –¿Que decías sobre un batido de chocolate con nata?–

Antes de que el mayor pudiese atisbar a responder, una figura terriblemente familiar hizo acto de presencia. Sugar volvió rápidamente la cabeza cual resorte y sus labios esbozaron una amplia sonrisa cuando vio a Lory, tan radiante como solo podía lucir ella, el lapso en que se había ausentado no había implicado demasiado cambio en su imagen tampoco y su cabello tan palito como la nieve de las aceras de nueva york se ilumino con el resplandor de las luces neonicas del local. Sugar hizo una dramática mueca de horror y se llevo la mano al pecho –¡Ay por todos los astros, no!– y correspondió a su envolvente asalto con la misma alegría, rodeándole con los brazos en un afectuoso abrazo. Sugar no pudo evitar soltar una carcajada al escuchar al hada tomándole el pelo a su hermano mayor, confirmando lo indudable; Lory seguia siendo tan vacilona como le recordaba –Ya, ya… dejemosle que se crea el sueño Lory– intervino, con las mejillas de un rojo apabullante, apoyando el rostro sobre el hombro de la otra muchacha –Ademas, definitivamente me liaría contigo antes que con Lei, que seguramente me lanzaría los trastos a cada rato ¡Y no lo niegues!—
 


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Enarqué una ceja y pestañeé un par de veces, asimilando lo que mis hermanas pequeñas me decían. - Mi mamá dice que soy guapo. ¿VALE?- Exclamé fingiendo enfado en la voz y cruzándome de brazos como un crío pequeño al que le han denegado una porción de tartas. - ¡Já! No te lo crees ni tú Periwinkle. No eres mi tipo, me van más las de la realeza. ¿Recuerdas?- Le guiñé un ojo con descaro, para mí ser un caballero de la Reina Seelie era todo un honor, algo digno de ser recordado con asiduidad.  Lory me dedicó una mueca de molestia al tiempo que soltaba suavemente a Permony, se apoyó en la barra y prácticamente gritó el pedido a la camarera con quien se traía una relación complicada.

-Eso es verdad Permony. Mi madre lo adora.-Comentó con desinterés mi hermana, apoyando el codo en la encimera en una actitud chulesca y arrogante. - Y mira que no para de liarla, pero como es el preferido de mamá...- No finalizó la oración, solamente me dedicó una sonrisa malévola. -Perm... ¿sabes que me falta poco para ingresar como caballero de la Reina?- Su expresión se había transformado completamente al cambiar de conversador, ahora lucía una sonrisa que iluminaba todo el local y sus ojos color tormenta estaban fijos en la joven de pelo violeta.

Llegaron los tres batidos y la mediana tomó el suyo con rapidez. - ¿Me disculpáis un momento? Debo hacer unos recados.- Murmuró antes de salir casi corriendo, dejándonos solos otra vez. - Tiene un lío raro con la camarera.- Solté a modo de excusa por el comportamiento tarado de mi hermana.- Y bien... ¿Cuál es tu nombre ahora?- Mi mano tomó el batido de chocolate con nata montada y virutas de chocolate.



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Había una sensación realmente extraña en escuchar aquel nombre, el nombre con el que Lei y Lory había estado refiriéndose a ella durante todo el transcurso de la conversación. Si hacia memoria, el hada no podría ser capaz de recordar cuando fue la ultima vez que alguien le había llamado así o siquiera la ultima vez que estuvo con cualquier persona que supiese que aquel era el nombre con el que su madre le mecía en el moises mientras era un bebe, el juguete nuevo de Francia que había terminado por crecen demasiado rápido y se había convertido en una muchacha altanera, demasiado pecosa y delgada para su gusto y que lo único que le causaba era contrariedad y arrepentimiento. Había pasado ya un largo tiempo, uno realmente largo para cualquier mortal y a pesar de eso no era capaz de recordar ese nombre con una inconmensurable nostalgia. Lo único que sentía era incomodidad… Permony era un nombre que ya no le pertenecía, algo que no formaba parte de ella, igual que un par de zapatos demasiado viejos que terminaban por no calzarle.

Sugar Beth rodó los ojos con descarado dramatismo e hizo un sonido entre un resoplido y una carcajada cuando vio al mayor guiñarle el ojo luego de soltarle tremenda perla –¡Soy bastante consiente de tu pésimo gusto! No tienes que recordármelo– Exclamó sin tapujos, consciente del mensaje subliminal que implicaban sus palabras. Sin embargo ella nunca había tenido pelos en la lengua para soltar las cosas, incluso aquellas que podrían resultar excesivamente polémicas a oídos de sus congéneres y no le importaba en absoluto que alguien se lo tomase a mal. Se volvió hacia Lory cuando escuchó su cantarina voz, forzando una sonrisa cortes y tediosa–Oh, vaya… Felicidades, debe ser realmente emocionante– contestó tras varios instantes de duda. Vale, que no le hacia ninguna gracia la locura esa de ser caballero Seelie -las locuras de la corte en general no le hacían ninguna gracia- Pero tampoco le iba a soltar aquello sin mas a la muchacha; una cosa era ser franca y otra era ir por la vida matando sueños. Su sonrisa dejaba mucho que desear y agradeció en su interior cuando el hada de cabellos platinados se alejó como un tornado, eso de morderse la lengua no era realmente lo suyo.

–¿Realmente importa como me haga llamar ahora?–
Se encogió de hombros, como para restarle importancia a todo el asunto. Sus ojos brillaron con cierta chispa de diversión, diversión caótica y sádica. Ella era una Fae a fin de cuentas, ¿Que sentido abría si compartiese tal información con tanta facilidad? ¡No señor! ¡Por supuesto que no! habría que hacerle un poco de honor a la raza–Tu siempre me has llamado como te ha dado la gana, no creo que eso vaya a cambiar. Es un nombre mas, un nombre sin importancia como lo seria cualquier otro nombre…– Comentó a  media voz, balanceando los pies de un lado a otro como una infante traviesa, al mismo tiempo en que su sonrisa se volvía mas y mas amplia. Era una esplendorosa actuación de Rumpelstiltskin en toda la regla...
 


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Todos sabíamos lo voluble que era Lory, a ratos era puro amor jurándote que eras el mejor hermano de la Corte y a otros, eras su bufón encargado de hacerla reír. Yo, no era quién para quejarme, obvio es, porque siempre y repito SIEMPRE, me ha encantado burlarme de los mundanos. Pero nunca les hacía daño, al menos voluntariamente, porque, aunque eran seres frágiles que tenían una vida muy corta, yo los encontraba jodidamente fascinantes. Sobre todo a las mujeres humanas. Pero volviendo al tema inicial... Lory, quien también tenía cierta afición por los mundanos - daba igual el género- andaba coqueteando con varios mundanos a la vez, y con un hada. Eso no iba a salir bien.

Miré a Permony con una expresión que decía "Sí claro, y mi madre es la reina de Júpiter". Cosa que aunque mi madre era y es la rehostia en patinete, ya explico con antelación que nunca ha gobernado nada aparte de su familia. A nosotros sí que nos metía caña la señora. A mí me daba unas collejas que me dejaba la nuca roja durante un par de horas. - Ni siquiera lo intentes Periwinkle.- Le avisé bajando aún más la voz. - Tú y yo sabemos que sí que es importante. Solo hace falta ver la cara que pones. - Le di un sorbo al batido y acto seguido, puse una mueca de puro asco.- Pero... ¿qué clase de mariconada es esta? - Pregunté mirando el batido de chocolate como si fuera hierro y yo lo hubiera tocado sin querer.- A esto le falta café negro... o que lo hagan de nuevo con algo que no parezca recién sacado de candyland. - Gracias a mi comentario me gané una mirada desaprobatoria por parte de una de las camareras. - ¿Ahora dónde vives? No me digas que vagas por las calles como una vagabunda.


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Una carcajada limpia y genuina brotó de sus labios con solo ver la expresión de incredulidad de su hermano, sin preocuparse de las repercusiones que aquello tendría y lo mucho que eso podía llegar a disgustar a Lei. Sus mejillas se llenaron de un escarlata tan vivo que las motas marrones se acentuaron sobre la piel de su rostro. Todo rubor y pecas, Sugar Beth Gwendoline procuró evocar toda la seriedad que podía sonsacar de aquel momento -Que no fue mucha, como era de esperarse-  y miró fijamente al otro hada  – ¡Ya basta! no me llames asi– refutó poniendo los ojos en blanco y propinandole un codazo inocente –Y menos en publico ¡Por todos los astros Lei, ya no tengo seis años!– afirmó, y al instante sintió una inconmensurable nostalgia.

Si, podia ser que -viendo en retrospectiva- su infancia no había tenido demasiado que envidiar si se comparaba con la de cualquier otro niño criado en un hogar lleno de amor y comprensión. Pero debia admitir que había tenido sus momentos agradables y memorables, y en todos ellos estaban la familia Haynd, incluyendo a la pequeña cosa tormentosa que había salido detrás de un romance hace segundos atras. Pero especialmente entre todos aquellos recuerdos el mayor figuraba de una forma esencial y por mucho que le desagradase aquel mote, tambien le producía cierta nostalgia.

Sus piernas comenzaron a balancearse de alánte hacia atrás, colgando varios centimetros por encima del suelo. Sabia perfectamente que la reaccion de Lei seria digna de ser fotografiada y enmarcada. A fin de cuentas ¿No habia estado ella diciendole toda su vida que parace de colorarle motes tan extraños y cursis? Y ahora resultaba que se habia cambiado el nombre por uno que dejaba por el suelo a todos los comentarios hilarantes de su amigo –Sugar– confesó finalmente, encogiendose de hombros como quien espera a que algo estalle justo frente a su rostro –Sugar Beth Gwendoline... ese es mi nombre ahora–
 


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Mis ojos, hasta el momento habían permanecido fijos en el batido, intentando mandarlo de una forma telepática al arcoíris de donde procedía, porque seguro que le habían robado eso a un unicornio rosa, con pezuñas de purpurina y crin plateada. Ese liquido era tan anormalmente dulce que me había dejado un desagradable regusto en la boca, prácticamente obligándome a chupar una servilleta con tal de quitármelo de encima. Sin embargo, hubo otro hecho que me distrajo del espeso sabor que me estaba complicando la existencia momentáneamente, la revelación del nombre actual de Permony.

Arqueé una ceja, interrogante. - Sugar.- Repetí con seriedad, siendo preso por la sorpresa. - Sugar Beth Gwendoline.- Sonreí ligeramente, parpadeando un par de veces. Lo peor es que me lo estaba afirmando, y las hadas, no podemos mentir. Una risa amenazó con surgir de mí, y puedo prometer por la mismísima Reina Seelie que intenté contenerla para no herir los sentimientos de la que era mi hermana pequeña sin compartir lazos sanguíneos. Pero no logré pararla, estallé en risas, apoyándome en la barra metálica del bar para no caerme. - ¿Y te quejas de Periwinkle?

No podía parar de reír, intentaba calmarme con todas mis fuerzas, mas recordaba aquel nombre, seguramente también sacado del unicornio al que le habían robado el batido y era incapaz de mantener la mente fría. -Perdona...- Murmuré sin apenas aire en los pulmones.- No es por el nombre... es que me parece igual de empalagoso que el apodo que te otorgué. ¡Por todos los olmos! Si quieres parecer adulta, ¿cómo se te ocurrió ponerte de nombre, Sugar?



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Lo mas probable es que el Hada hubiese logrado batir un récord mundial de rodar los ojos cuando las carcajadas del mayor invadieron sus oídos. Aunque una sonrisilla no pudo lograr ser contenida por mas que esta intento mantener su postura disgustada; Aunque debía admitirlo ¿A quien iba a engañar con eso? Si era lógico que su hermano actuase de esa manera tras revelado el polémico secreto. Sencillamente le hacia bastante gracia verle partirse el culo tan deliberadamente luego de que hacia cosa de unos minutos atrás, estaban echando chispas por todos lados y botando humo por la nariz, gritandose el uno al otro por sus opiniones tan extremamente opuestas.

Pero ¿Que importaba? ¿No hacían los hermanos eso todo el tiempo? gritarse hasta el agotamiento, tirarse de los pelos con toda la rabia del universo, retarse por las causas mas absurdas e insignificantes y luego hacer como si nada hubiese pasado, como si, los últimos instantes habían sucedido hace milenios atras. Realmente debía admitir que incluso cuando se trataba de discutir, había extrañado inmensamente a aquel moreno de ojos azules, cuyo odio visceral hacia el pobre batido de chocolate le resultaba anormal –Eres la única persona en el mundo que podría hacerle el asco a un batido de Taki’s. Estas muy mal Lei Hadyn– Resongó, con la única intención de picarle un poco, para luego darle un amistoso codazo –¡Si, si! ¡Ya para de reírte!–

Escuchó, sin demasiado detenimiento los argumentos del porque su mote quedaba mucho mejor que el nombre con el que ella había comenzado a hacerse conocer, mientras agitaba el soplete de su azucarada bebida –Pues no me interesa, a mi me gusta mi nombre… es una de mis cosas favoritas ahora– respondió alzando las manos al aire, esbozando una sonrisa pizpireta –Y es la clase de nombre que la gente no puede olvidar ¿Eso es importante, no? Los nombres tiene que tener personalidad– Por no mencionar, que no quería quedarse con ninguna cosa que Francia Grace le hubiese dado alguna vez. Prefería aquel nombre que le había dado su mejor amiga, un vago recuerdo de infancia que evocaba memorias felices, mas no manifestó ese pensamiento en palabras,  se limitó a darle un largo sorbo a su bebida azucarada y a hacer como si aquel argumento fuese la única razón del porque había decidido que Permony ya no era un nombre que le pertenecia. Ella era Sugar, un hada que había nacido otra vez bajo las brillantes luces de una ciudad de metal que no dormía nunca…
 


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Mis ojos se encontraban empañados por la risa y por un momento me temí que se me salieran de las órbitas. Literalmente. La expresión de Sugar era todo un poema, su mirada expresaba que no le hacía ni bendita gracia que yo me estuviera partiendo el culo de su nombre, pero tenía una pequeña sonrisa en los labios, supuse que había surgido como acto empático a mi ataque de risa. El codazo me hizo reaccionar, logrando calmarme poco a poco, arqueé una ceja ante el comentario. - ¿Tu nombre es una de las cosas que más te gustan? ¿Sabes que pierdes toda la credibilidad que puede tener un hada llena de colorines y brillos? Porque a ver, teniendo en cuenta que te gusta ese batido, ya se sabe qué clase de gustos tienes.

Sí, hacer enfadar a Periwinkle... digo, a Sugar, era como comprarse un billete sin retorno al infierno, pero a ese que tanto temen los mundanos. Para mí ese sitio estaría lleno de hierro y de nefilims dispuestos a darme matarile y quedarse tan a gusto. Me encogí de hombros casualmente. - Sí, sí que tiene personalidad, te va como anillo al dedo.- Comenté removiéndole con afecto el pelo. Obviamente, ya no era una cría y seguramente no le iba a hacer ni pizca de gracia que le acabara de despeinar de mala manera.

Intenté atusarle el cabello y las hebras moradas que se habían quedado levantadas cual peinado modernista. - ¿En qué trabajas?- No estaba haciéndole un interrogatorio de hermano mayor... bueno sí que lo estaba haciendo. Pero, ¡joder! estaba en todo mi derecho de saber a que demonios se dedicaba la vida la niña que había criado por trece años, y eso me llevaba a otra cosa. ¿Dónde viviría? A mi cabeza llegó la imagen de un callejón asqueroso y mugriento, lleno de perturbados mentales con navajas de hierro, esperándola en el portal de su precario bloque de pisos, para robarle el dinero de una dura jornada laboral. Abrí los ojos como platos, mientras apartaba el batido con más asco del que ya le tenía. - Dime que no hay borrachos de mente perturbada bebiendo en la puerta de tu bloque de pisos. Los mundanos están mal de la puta azotea.  Sí, ya sé que me vas a decir. "Pero Lei, Sugar es un hada..." "Ella se puede defender...". No, una hermana pequeña siempre es una hermana pequeña, y si me enteraba de que le tocaban un solo puto pelo de esa cabecita morada, los iba a rajar en canal, les iba a sacar las tripas y se las iba a hacer engullir mientras se ahogaban entre sangre, vómito y vísceras. - Porque yo puedo ir a hacerles una visita...


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El hada chasqueó la lengua con exasperación y le propinó un palmazo en el hombro –Sigue burlandote de mi y no la contaras jovencito– se removió de forma casi imperceptible y se colocó los violáceos mechones rebeldes detrás de las orejas sin apartar la mirada de su hermano. ¿Que tenía la gente con su nombre? ¡Era un nombre perfecto, joder! y le quedaba como anillo al dedo –A mi me encanta, es el mejor nombre del mundo ¿Vale? así que si no te gusta puedes llamarme de otro modo… como “su celestial doncella” por ejemplo– argumento con dignidad muda, aunque se estaba aguantando muchísimo la risa –Ese también me viene bien–

No tenía ni la mas minima idea de los pensamientos que estaban pasando por la cabeza de Lei y aquello le preocupaba. Una de las cosas que menos había esperado aquella noche era toparse con alguien de la corte y mucho menos con el, que parecía haber superado olímpicamente los minutos posteriores a su reencuentro, pero ahora que estaba allí no podía evitar sentir que había recuperado algo realmente valioso, algo que ni siquiera había recordado haber perdido. El era un caballero de la reina, tenía deberes que acatar y normas que cumplir que ella nunca comprendería y en ese momento se dio cuenta de que lo que verdaderamente había temido al marcharse de la corte era que Lei le despreciara por haber desertado y que tal como habían hecho sus padres, le diera por muerta y se olvidase de ella. Hubiese preferido seguir sin saber nada mas de el antes que enfrentarse a una realidad donde el le repudiase.

El corazón le dio un pequeño vuelco, eso si que no sería capaz de soportarlo....

Sugar le dedicó una larga e intensa mirada que reflejaba su absoluto desconcierto cuando el muchacho alargó una mano y sin ninguna clase de pretensiones comenzó a desbaratarle el pelo. Medio atacada por el momento, el hada se volvió e hizo amago de querer pegarle un mordisco en la muñeca, pero sabía que el muchacho sería lo suficientemente veloz para esquivarle –¡Ya basta!– exclamó, aunque todo el numerito de diva ofendida se le vino abajo cuando se le escapó una risotada –¡Tengo un batido y no dudare en usarlo señor!– amenazó repentinamente, tomando una de las copas al azar que había sobre la barra y haciendo como si estuviese por echarsela encima, aunque claro que no lo haría ¿A quién podría ocurrírsele desperdiciar una cosa tan buena de esa manera? Enarcó una ceja con cierta diversión, al menos aquello le haría lucir menos fúnebre, pero prefirió no comentárselo y no iniciar otra contienda sobre sus gusto en lo que a moda se refiere.

Aquella pregunta le tomó por sorpresa, y el cambio tan abrupto de actitud en el mayor también le sorprendió –¿Que?–  frunció el ceño y la sonrisa que plagaba su rostro perdió su furor –Trabajo en...– comenzó a decir, y al instante se interrumpió a si misma mordiéndose la lengua. ¿Qué mosca le había picado de repente? sus ojos se entrecerraron volviéndose a penas dos pequeñas rendillas, volviéndose completamente hacia el para mirarle a los ojos –Trabajo en un tienda de musica ¿Porque?– agregó con un tono de advertencia, sin saber precisamente hacia donde estaba dirigiéndose esa conversación.

Si se tratase de una relación como cualquier otra y su hermano no fuese un cortesano no le importaría en lo más mínimo ponerse como una cotorra a relatarle los últimos acontecimientos que había vivido en los meses en los que no se habían visto. Pero eso no era ni remotamente sensato, y no era que no confiase en Lei, si no en las personas que estaban a su alrededor… dos en particular que le habían engendrado y que ella no tenía ganas de ver ni en pintura –¿Tranquilo, vale? no vas a ir por ahi repartiendo palizas, esto no es como en Feera y podrías terminar arrestado Lei– argumento, y no pudo evitar sonreír imaginando a Winter hablándole sobre civismo cuando ella soltaba una de sus ideas caóticas –Vivo con una buena amiga y estoy segura que el mayor peligro en toda la manzana es el san bernardo viejo del vecino. ¡Ya no soy una bebe Lei!– su voz estaba teñida de cariño, a pesar del ligero tono de reproche que había usado –Hablemos de otra cosa… ¿Que haces aquí, por ejemplo? ¿No deberías estar enamorando a alguna princesa de seelie?–

 


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Había removido su cabello, generando unos cuantos enredos que le daban un aspecto infantil y descuidado, pero por supuesto, el hada no se iba a quedar con los brazos cruzados y presa del enfado, intentó morderme. Con rapidez aparté mi brazo de su trayectoria, evitando así que mi bonita piel nacarada fuera marcada con sus dientes.-¡Por todas las estrellas! ¡Baja eso!- Respondí exagerando mis movimientos, alzando dramáticamente las manos en señal de paz. No tenía ningún interés en decorar mi vestimenta con batido de chocolate con extra de crema batida. No, gracias.

- ¿Cómo que por qué?- Pregunté con la ceja arqueada.- Porque me preocupa que salgas tarde del trabajo. Pero si es una tienda de música no corres peligro... cierran relativamente pronto.- Me encogí de hombros dedicándole una mirada resuelta, sin darle importancia a la actitud desconfiada que mostraba repentinamente la pequeñaja de cabello morado.

Al fin de cuentas no habría llegado tan lejos si hubiera confiado a ciegas en cualquiera que le jurara preocuparse por ella, que sí, yo no era como el resto de personas...  yo la consideraba mi hermana y ni loco se me ocurriría atentar contra su vida. Al menos mientras ella no fuera un inconveniente para mi Reina. Su comentario me hizo resoplar indignado, llevando mi mano derecha a mi frente. -¡Y que lo digas! Hay cazadores hasta en la sopa...- Aunque no había empleado un volumen demasiado fuerte, era el suficiente para que Peri- digo, Sugar me oyera. -¿San Bernardo? ¿Qué es eso?- Mi cara debía ser todo un poema pues por aquel entonces desconocía completamente que se trataba de una raza de perros.

-¿Enamorando a alguna princesa? ¿Por quién me has tomado? ¿Por Don Juan Tenorio? Mi deber es defender y velar por la Reina, no ir tonteando con la realeza. - Expresé muy serio, antes de echarme a reír. - No, estaba de broma... aunque ya sabes que me tomo mi deber en serio. Vine por el cumpleaños de Dennis, el hijo de Ellette. Ya tiene siete años y un culo muy inquieto.




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Tenia que admitir que le hacia mucha gracia ver como su hermano, un "valeroso caballero de la corte de Feera", se escandalizaba ante la probabilidad de que unas gotitas azucaradas mancharan su vestimenta nocturna y excesivamente oscura para el gusto de la Fae, que nunca había sido capaz de pasarle una si podia permitírselo. Esbozó una sonrisa triunfal mientras apartaba el arma improvisada del muchacho de ojos azules antes de que le diese un ataque y dejo escapar una risotada, meciéndose hacia atrás en el pequeño taburete que ocupaba frente a la barra.

–Si, las tiendas de música suelen cerrar relativamente temprano. Ya sabes, nadie le da por comprar discos a las tres de la mañana–
Contestó con voz ecuánime, conteniendose para no poner los ojos en blanco; ¡Por supuesto que ese no era su caso! a veces su gerente podia ser toda una perlita y la muchacha tenia que quedarse hasta las tantas de la noche realizando inventarios, organizando los escaparates y limpiando la horrorosa cantidad de polvo que se acumulaba en el almacén solo porque al señor no le apetecía contratar a nadie mas. Bien era cierto que ganaba un sueldo bastante decente por ser solamente una dependienta, y tampoco era como si pudiese pasarse mas de la media noche allí, sin embargo no era un sueño fantabuloso como abría creído el primer día que entro a trabajar en el East Village. Sin embargo no pensaba contarle eso a su hermano, ya le había dejado lo suficientemente preocupado desapareciendo por dos años sin ninguna clase de aviso  –Esta bastante bien ¡A veces el dueño me deja quedarme con algunos discos! No me quejo demasiado...–

–Un San Bernardo es un canino, ya sabes... cuadrúpedos, peludos y muy juguetones– bromeó con una afable sonrisa. A veces podia olvidarse de que pequeños datos como esos no eran conocimientos de todas las de su raza, a fin de cuentas su hermano no había pasado tanto tiempo como ella en el mundo de los humanos, no al menos que ella recordara –¿Ah, si? ¡Pues mira como ha salido al tio! siempre supuse que habría salido a ti... Me alegra escucharlo ¿Como esta tu familia?– pregunto con autentica curiosidad, para luego echar un rápido vistazo a la alegre peliblanca que se encontraba unos metros mas allá –Aunque veo que algunas se lo están pasando bastante bien y no han cambiado nada en absoluto...–
 


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→ SÁBADO → 22:30 → TAKI'S  → FRÍO

Me sentía mucho más tranquilo si sabía que mi hermana pequeña no deambularía sola por la calle a esas horas de la noche, y menos si teníamos en cuenta la cantidad exagerada de nefilims que habían patrullando, ser hada no era algo bueno en la gran ciudad. Asentí un par de veces mientras Sugar hablaba dándole a entender que la estaba escuchando, no obstante, fruncí el ceño al escuchar su pésima descripción de lo que era San Bernardo. - ¿Canino, cuadrúpedo, peludo y juguetón? No suena bien... ¿es como un lobo?- ¡Por el cabello de la Reina Seelie! Esperaba que no fuera como los yorkshire terrier esos porque los detestaba, mi hermana tenía uno y era como una rata que ladraba... Te pasabas la mitad del día pidiéndole que se callase.

- Ellette y el crío están bien. Y Lory...- Miré a mi hermana por encima de mi hombro, suspirando.- sigue siendo la de siempre. El resto están bien. - Volví a fijarme en la menor. - ¿Sabes lo que más me gusta de los mundanos? Que tienen establecimientos abiertos veinticuatro horas. - Saqué un billete de veinte y se lo di a la camarera. - Oye, ¿tú sabes lo que es una chimichanga? Porque a mi sobrino le gustan y yo no tengo ni pajotera idea de lo que es. - Me levanté del taburete ofreciéndole mi mano a la pequeña hada para ayudarla a incorporarse.- Te invito a cenar. - Nunca era tarde para comer y mucho menos en la gran ciudad de Nueva York.



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