07/08 - Estimados habitantes del submundo. ¡Aquí tenéis las noticias con las actualizaciones/nuevas propuetas/ideas del foro! ¡Pasaos cuanto antes a echar un ojo!


10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


38 # 50
26
NEFILIMS
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I'm praying the floor doesn't fall through, again. | Desmond (Flashback)

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I'm praying the floor doesn't fall through, again.
→ Miércoles → 10:15 AM → Hospital General de Nueva York  → Frío
Su pierna derecha no estaba bien y no era difícil percatarse de ello, tan solo hacía falta echarle un vistazo a la fea herida que lejos de querer curarse parecía estar empeorando. Había pospuesto la visita al médico por dos razones, Primero y más importante:¿Cómo explicaba que un lobo gigante le hubiera regalado un zarpazo en plena Nueva York? No era factible. Y segunda: La estúpida creencia de que ella podía con todo sola, no le gustaba tener que pedir ayuda y aunque pagaba una póliza de seguro de sanidad bastante costosa (gracias a su trabajo) evitaba magistralmente tener que ir al matasanos a explicarle sus penas.

Había logrado mantener la infección a raya echando todas las noches agua oxigenada por una parte de la herida que Rowan no había soldado por error y aún permanecía abierta. Obviamente, el resultado no era muy prometedor y día tras día se aseguraba a sí misma que al día siguiente sí que iría al médico. Cosa que nunca hacía, por cierto. Pero aquella mañana, después de dos semanas, se había visto obligada a conducir hasta el hospital general de Nueva York porque la herida estaba supurando un líquido realmente desagradable y la piel estaba tomando un color blanquecino. Eso sí que asustó a la agente White, que creyó que le tendrían que amputar la pierna si seguía así… y ella no había visto ningún agente de policía paticojo.

La alarma no había sonado y efectivamente, la rubia se había quedado dormida. Cuando abrió los ojos pudo ver a Rowan sosteniendo el reloj con los ojos entrecerrados, le preguntó qué que hacía y él le explicó tranquilamente que el aparato había empezado a hacer un ruido muy molesto así que lo había estrellado contra la pared y desde ese momento las manecillas no se movían. Winter había asentido un par de veces con los ojos cerrados, no procesando la información hasta que lo comprendió todo. ¿Despertador? ¿Ruido molesto? ¿Estrellar? Sus ojos azules se abrieron como platos al tiempo que se levantaba de la cama de un salto, pero... ¿Qué hora era? No le iba a dar tiempo a desayunar y a ducharse al menos qué... prescindiera del maquillaje y el secador. Realmente el maquillaje era innecesario para ella, no obstante, debido a que en su trabajo no podía hacer uso de él, aprovechaba los días que tenía libre para pintarse los labios de rojo, delinearse la raya superior de los ojos y salir con sus colegas del trabajo a tomar unas cervecitas y unas buenas cestas de alitas de pollo mientras veían la liga de fútbol americano.

Había bajado al parking en ascensor pasándose el cepillo por el pelo para explotar los minutos al máximo, tenía la cita a las diez y cuarto. Condujo lo más rápido que pudo, siempre teniendo en cuenta que era insoportablemente correcta: respetaba las señales de tráfico, no se saltaba semáforos y no corría más de lo establecido. Sí, esa era Winter Juliet White. Después de la odisea que podía llegar a ser cruzar en quince minutos la transitada carretera que cruzaba el centro de Nueva York y encontrar un aparcamiento enfrente del hospital, corrió como si su vida fuera en ello, ignorando el dolor punzante de su pierna, hasta la segunda planta que era donde estaban las consultas. Voy a llegar a tiempo. Todo va a estar bien. Se repetía como un mantra. No fue hasta que llegó a la sala de espera que se permitió el lujo de tomar aire mirando por la ventana a un par de pájaros que revoloteaban uno al lado del otro, formando una bella danza.

-¿Winter White?- La voz de la enfermera la tomó por sorpresa y se giró desconcertada. -Soy yo.- Levantó la mano levemente con una sonrisa nerviosa. -Pues tome esto y entre, el doctor Lynch la espera desde hace cinco minutos.- La rubia tomó la hoja que tenía que rellenar con sus datos del seguro de salud y la cansada mujer prácticamente la empujó dentro del despacho. El dolor en su muslo derecho se agudizó, así que bajó la vista hacia sus piernas ataviadas con unos leggins deportivos grises y se percató de que el tejido tenía una enorme mancha escarlata. Por eso todos la miraban. Cerró los ojos con vergüenza unos segundos cuando los abrió pudo distinguir al hombre con bata blanca y ojos compasivos. -Perdón por llegar tarde, me he quedado dormida.- Se disculpó con sinceridad.




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→ Miércoles → 10:15 AM → Hospital General de Nueva York  → Frío
¡Desmond, maldita sea, sal de las nubes!

Ana me grita directamente en la oreja y a mí me rechinan todos los dientes por el dolor que eso me supone. A veces para ser enfermera se comporta como si no tuviese ni idea de las consecuencias de sus acciones en cuerpos ajenos. Me encojo sobre mí mismo antes de taparme el oído afectado con la mano a modo de acto reflejo y la miro con todo el odio que puedo concentrar en la mirada. Ella, por supuesto, ni se inmuta. Me mira con los brazos apuntalados en las caderas y una expresión de enojo que compite a muerte contra la mía, y contra la que, evidentemente, salgo yo perdiendo. Maldita Ana...

Acabas de dejarme sordo, muy bonito, sí.

¡Es que me estabas ignorando!

Pensaba en mis cosas, Ana, eso es todo. —Lo cierto es que hoy no estoy de buen humor para discutir. Han pasado días desde que fui al bar y mantuve la copa de whisky en la mano y aún noto los remordimientos dentro del estómago. A veces soy tan débil que me doy un poco de asco y me paso torturándome semanas enteras. Luego se me pasa y me vuelvo a querer un poco más.

Cuando me oigo pensar, siento que estoy haciéndolo como Jack y esbozo una sonrisa cansada. Ana suaviza la expresión porque sabe lo que me pasa, sabe que estoy sufriendo y que lo estoy pasando mal, como siempre que me da una crisis, y me susurra un leve 'lo siento' mientras me pone la mano en la espalda como señal de apoyo. Me dice de broma que deberíamos casarnos, que ella cuidaría de que no volviese a beber mientras le dejase tener novias, y al final termino riéndome, porque aunque me trata a veces con la punta del pie, siempre me hace reír. Desde luego, es mi mejor amiga.

Eso ya me gusta más. El truco de la esposa lesbiana siempre funciona contigo, medicucho.

Anda, calla, enfermera de tres al cuarto. ¿Qué me estabas diciendo antes de que te ignorase brutalmente por mis propios pensamientos?

No eres tan interesante para hacer eso, peeero ya que lo preguntas... Tu paciente de ahora llega como cinco minutos tarde y no hay nadie más esperando fuera, así que... Creo que voy a irme a tomarme un café y ahora vuelvo.

De acuerdo, de acuerdo.

Su figura desaparece tras la puerta y yo aprovecho para pasarme las manos por la cabeza. El anillo de casado sigue en el mismo dedo de siempre; a veces es liviano como una pluma, pero en días como hoy pesa como si fuese el Empire State Building. ¿Por qué no lo dejaré todo aquí para regresar a Irlanda con mi madre, mis hijas y mi suegra? ¿Por qué me afano en quedarme sirviendo de médico cuando lo único que consigo es acarrear problemas a mi familia? ¿Por qué...? La puerta se abre de nuevo; en realidad han pasado escasos segundos, pero a mí se me ha hecho una eternidad. Una bonita jovencita de pelo rubio la atraviesa y se disculpa tan sinceramente que me hace esbozar una sonrisa. Su pierna está ensangrentada -al menos la zona vendada- y eso me preocupa, así que le señalo que se siente en la camilla que hay junto a la ventana por la que entra la luz del día.

Luego rellenará los documentos, no se preocupe. Por favor, quítese los pantalones para que pueda ver su herida, señorita... —espero a que se presente.


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→ Miércoles → 10:15 AM → Hospital General de Nueva York  → Frío
Sus labios dibujaron una sonrisa dulce en respuesta a la tierna mueca que había esbozado el médico previamente. La pierna le dolía de una manera casi insoportable, seguro que debajo de la piel sellada tenía una infección igual de grande que la capital de China.

-White. O sea, Winter White. Llámeme Winter.- Por un momento quiso preguntarle por su nombre, no obstante, percibió su tarjeta identificadora en la bata blanca. Desmond Lynch. Su mirada se movió en la dirección que el hombre le estaba indicando. Asintió un par de veces con la cabeza mientras se acercaba a la camilla. Sus manos viajaron a la cinturilla del pantalón deportivo con intención de bajárselos, sin embargo, se quedó estática al recordar un pequeño detalle que no sería muy relevante para el hombre pero a ella le daba cierta vergüenza.

Se había puesto ropa interior con dibujitos de gatitos. De. Gatitos. ¿En qué había estado pensando? Esa era la respuesta, no había pensado. Había estado tan ausente debido al sueño y al estrés de saber que llegaba tarde a su cita médica gracias al demonio que había decidido estrellar al pobre reloj contra la pared, que no se había parado a pensar que el doctor le pediría que se quitase la prenda inferior para poder visualizar la herida, con lo cual sus braguitas estarían a la vista.Y siendo sincera, a ella le encantaban sus braguitas rosas con dibujos de gatetes... ¡Hasta tenían un pequeño lacito en la parte delantera! No había cosa más mona a su parecer. Le daba igual que sus colegas (mujeres) le dijeran que eso era de niñas pequeñas, porque se las había comprado en una tienda de ropa interior femenina para adultas. Seguro que había muchas más mujeres que se comparaban ese estilo de lencería.

 Asintió segura de sí misma y se bajó el pantalón de golpe. Como era de esperar, sintió un pellizco en la herida pero no quiso darle importancia alegando que cuánto más pensara en el dolor más daño le haría. Sin el leggin, quedaron al descubierto sus níveas piernas, la derecha portaba una venda adornada con una gran mancha escarlata. Y ahora venía la parte más difícil... quitarse la venda y explicar que era lo que le había hecho tal desgracia. La sangre seca se había pegado a la gasa y prometía irse pagada a ella cuando la retirasen, y sobre el origen de la herida... no le quedaría otra opción que mentirle. Decirle que había sido atacada por un oso mientras estaba de acampada en alguna reserva natural. De ninguna manera iba a decir que un licántropo había intentado merendársela, la mandaría de cabeza al psiquiátrico.- La venda... ¿me la quito yo misma?




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I'm praying the floor doesn't fall through, again.
→ Miércoles → 10:15 AM → Hospital General de Nueva York  → Frío
Winter. Qué nombre tan extraño. Sin embargo, en cierto modo creo que le viene bien, porque su piel parece blanca como la nieve. Sonrío para mis adentros al pensar que si hubiese nacido morena podrían haberle puesto Blancanieves, pero es un comentario tan estúpido y tan propio de mi hija pequeña que prefiero no hacerlo en voz alta, por temor a hacerle pasar vergüenza. Perfecto, Desmond, has llegado a este punto de tu vida en el que empiezas a comportarte como el típico padre viejo e idiota que hace pasar vergüenza a las compañeras de tus hijas, aunque esta jovencita desde luego no es de la edad de Lizzie. Pero si sigo pensando en términos como 'jovencita', sí que voy a ser un viejo idiota.

Durante un segundo parece bloquearse y eso me preocupa. ¿Le dolerá algo más? Pero todo pasa rápidamente y se baja los pantalones con decisión, dejando la venda a la vista; la mancha de sangre es más grande y llamativa en la tela blanca del vendaje, y eso me preocupa, porque su expresión, ha debido de dolerle siquiera apartar el leggin de su pierna.

No, no te preocupes, ya me encargo yo. Ven.

La ayudo a sentarse sobre la camilla con mucho cuidado, intentando hacer los menos movimientos bruscos posibles para que no le duela más de lo normal. Regreso sobre mis pasos para coger todo lo que puedo necesitar para tratar una herida como esa: tijeras, gasas, vendas, suero, yodo, agua oxigenada... incluso hilo, por si se le ha abierto y tengo que volver a cogerle puntos. Este trabajo debería hacerlo Ana, pero no voy a llamarla cuando está tranquilamente tomándose un café cuando de esto puedo ocuparme yo solo, que para algo durante las prácticas me dediqué a desinfectar todos los tipos de herida que pudiese encontrar en mi camino.

Cojo mi silla, activo el pedal para subirla lo suficiente como para que esté a una altura adecuada para tratar la pierna y cojo las tijeras, introduciéndolas con cuidado por el lado de la pierna, algo apartado de la mancha principal de sangre. Voy despacio, con cuidado, aunque es imposible que no le duela. Cuando termino, mojo una gasa en agua oxigenada y voy limpiando la piel de debajo con sumo cuidado, humedeciendo la zona para no arrancar la costra de sangre que puede que se haya formado debajo con violencia. Tardo varios minutos pero por fin consigo apartar el tosco vendaje y dejar al aire libre la herida. No me llama la atención el hecho de que estaba supurando, aunque eso era lo más grave, desde luego. No.

Era por la herida.

Deberían pasar un millón de años para que yo no fuese capaz de reconocer una herida así.

¿Cómo no hacerlo, si las había encontrado por todas partes en el cuerpo de mi esposa muerta?

Trago lentamente, muy, muy despacio. Puedo equivocarme, desde luego, y deberse a un animal salvaje. Pero eso lo habría pensado si viviésemos en mitad del campo o en otro contexto. En New York ninguna otra criatura era capaz de provocar semejante daño. El pulso empieza a temblarme ligeramente, pero pronto lo controlo respirando con tranquilidad. Miro a Winter profundamente a los ojos y respiro de nuevo. Había muchos modos de proceder a continuación, muchísimos: ocultar, mentir, hacer como si nada... Pero no era lo oportuno, ni mucho menos. No en esa situación. No si su condición humana podía peligrar. Me levanto con tranquilidad, cierro la consulta con pestillo, rezando porque Ana tardase bastante en volver, y me coloco de nuevo en mi asiento.

Tomo una gasa, el bote de yodo y lo vierto suavemente sobre la herida de Winter. Dolerá, estoy seguro, pero teniendo en cuenta que no tengo agua y jabón ahora mismo en mis manos, es la forma más eficaz de hacerlo. Lo hago en pequeñas dosis, posando la gasa suavemente. Entonces hablo.

Ese lobo... ¿te hizo algo más, aparte de este zarpazo? ¿Te mordió, Winter? —prefiero ir directo, a pelo, que sepa que sé lo que le pasa para que sepa que puede confiar en mí. Vuelvo a mirarla unos segundos antes de seguir limpiando su herida—. Es muy importante que me lo digas porque si es así, puedo ponerte en contacto con gente que puede ayudarte si empiezas a sentirte extraña. No tienes por qué mentirme, porque sé qué te ha hecho esto, así que por favor, no lo intentes —sonrío con cansancio—. Si lo haces, no podré seguir ayudándote. No es mucho lo que puedo hacer por ti, pero lo que esté en mi mano, ten por seguro que lo haré.


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→ Miércoles → 10:15 AM → Hospital General de Nueva York  → Frío

Después de quitarse el pantalón, procedió a subirse en la camilla, cosa que fue menos dolorosa gracias a que el doctor le estaba echando una mano. La rubia supervisaba cualquier movimiento del hombre y no era por desconfianza, sino por curiosidad. Observó como tomaba todos los utensilios pertinentes para curar y coser su herida en el caso que fuera necesario. Incluso, se permitió el lujo de mirar como cortaba las vendas que manchadas de sangre se habían pegado dolorosamente a su herida. Después de unos minutos el vendaje había desaparecido, pero había dejado como recuerdo un extraño semblante en el doctor.

Claramente se sentía abrumado.

¿El porqué? No tenía ni la más mínima idea. Porque seguramente habría visto peores heridas en su día a día. ¿Verdad?

En pocos segundos el gentil hombre consiguió serenarse y conectó su mirada con la de Winter. Quizás fue el brillo bondadoso y compasivo... o quizás que aquella noche la había marcado más de lo que quería admitir... lo que hizo que los ojos azules de la agente White se cristalizaran inmediatamente. No obstante, se vio obligada a bajar la mirada porque estaba segura de que si seguía contemplándola así se echaría a llorar como una cría.

Si se atrevió a volverlo a mirar, fue porque Desmond había echado el pestillo ocasionando en la joven de cabello rubio una mueca de pura confusión, que más tarde cambió a pánico cuando él formuló una pregunta que ella nunca habría imaginado que podría manifestar con tanta soltura. Winter palideció repentinamente. Al parecer, no iba a hacerle falta inventarse una alocada teoría sobre un supuesto oso con instintos asesinos y una acampada en pleno parque natural. Nunca se hubiera imaginado que su doctor sabría reconocer una herida de licántropo, y mucho menos con tanta rapidez.

Negó un par de veces con efusividad. Sentía ternura por el buen Desmond Lynch. - No, solo me arañó. Lo pararon antes de que pudiera morderme. - Sonrió tristemente.- Rowan me dijo que si me hubiera mordido me habría convertido en uno de ellos. - Un suspiro de puro cansancio brotó de su pecho. - Fue él quien me sanó la herida.- Dijo señalando la gruesa cicatriz de piel sellada con la mano de la muerte. - A su modo, claro. Y encima se dejó la infección dentro.- Apretó tanto sus labios que se tornaron una fina línea rosada. -Sinceramente, si no hubiera llegado a aparecer él, no sé que habría sido de mí...- Llegados hasta ese punto, la joven reflejaba todo el abatimiento que en realidad sentía. La habían sumergido en un nuevo mundo y no podía compartir sus incertidumbres con nadie... eso era lo más frustrante.




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→ Miércoles → 10:15 AM → Hospital General de Nueva York  → Frío
Asiento con la cabeza mientras Winter me habla, sintiéndome un poco más aliviado al respecto, porque eso significaba que sólo había que combatir contra la infección de una herida mal curada y ya está. Considerando la situación, desde luego podía haber sido algo muchísimo peor, mas afortunadamente no había terminando sucediendo la catástrofe. De pronto siento que la joven se viene abajo delante de mí, y yo me compadezco de ella; incluso tengo ganas de abrazarla, pero no la conozco de nada y por muy atractivo que se me pueda considerar sigue siendo acoso, así que lo único que hago es ponerle la mano suavemente sobre la suya antes de apretarla con cuidado.

Te hablaré con sinceridad, Winter, porque cuando entras en el mundo de las sombras los tapujos son contraproducentes. Habrían podido suceder dos cosas: que hubieses muerto o que te hubiese mordido, y ahí dentro, podrías haberte transformado o no. No siempre la infección del lobo es más poderosa que la persona y hay gente que desde luego le hace frente y sale de ahí. —Continué curándole, hablándole con delicadeza a pesar de la crudeza de mis palabras—. Ignoro cómo te viste inmersa en una situación así, y no te diré que las rehuyas porque es obvio que estarás haciendo todo lo que está en tu mano para no terminar herida... pero ten cuidado. Los subterráneos en general son personas como tú y yo, dejando de lado las condiciones sobrenaturales de sus vidas. Sienten, padecen, son bondadosos o malvados; tener colmillos o transformarse en lobos gigantes no les hace menos humanos, aunque haya quienes piensen lo contrario. A lo que me refiero es que se puede confiar en ellos tanto como en nosotros, si bien entendería que ahora te provocase rechazo la idea de hacerlo.

Pienso en mi propia experiencia, en lo que me costó dejar de temblar delante de un licántropo cuando me topaba con alguna o alguno, o cuando venían a buscarme porque necesitaban algún tipo de cura. En lo que me costó convencerme de que no les odiaba porque nada de lo que sucede, en general, es su propia culpa; en que el niño que atacó a mi esposa en una noche de luna llena no lo hizo porque estaba ansioso de sangre, sino porque no fue capaz de controlarse a sí misma. Aún recuerdo el temblor de su cuerpo, sus lágrimas, en cómo se encontró vomitando e incapaz de seguir viviendo por haber destrozado a una mujer inocente. A una familia. Hace poco me enteré de que ha terminado en el Praetor, intentando ayudar a los que son como él, y en cierto modo me alegra porque eso significa que ha conseguido superar ese hecho. Sin embargo, no sé si estoy seguro de que reaccionaría bien al verle, o si podría decirle a la cara que he intentado perdonarle desde que sucedió todo aquello... Y que no sé si realmente he conseguido hacerlo.

Suspiro.

Lo siento si te estoy haciendo daño, por cierto. Querría ir con más cuidado pero prefiero que esto esté lo más limpia posible antes de volver a vendarla. Y creo que tendré que mandarte antibióticos para contrarrestar la infección; lo extraño es que no hayas venido aquí con una fiebre de narices...—Frunzo el ceño, porque la persona que le curó esto no lo hizo de forma antiséptica, precisamente, sino parece que por la fuerza. Tampoco quiero hacer tanto hincapié en la vida de esta muchacha pero... —. Y dime, ¿cómo te viste envuelta con un licántropo? Si te parece bien contármelo, claro. Sé que no es la clase de cosas que le confías a un médico de cabecera, sino a un psicólogo, pero si quieres puedo hacer de ambas cosas mientras te curo a la pierna. Tengo unas cuantas historias con subterráneos a mis espaldas, desde luego, y no creo que me asuste demasiado lo que puedas haber pasado. —Sonrío, intentando parecer lo más tranquilo posible mientras cojo otra gasa para terminar por el lado izquierdo de la pierna, que está rojizo y con la piel hinchada.


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→ Miércoles → 10:15 AM → Hospital General de Nueva York  → Frío
La voz dulce del médico y el contacto de su cálida mano la serenó. Winter sabía a lo que se enfrentaba, o más o menos... el escozor en la pierna era soportable, no supo si achacar ese hecho a su gran tolerancia al dolor, a que el hombre la curaba con cuidado, o a que estaba demasiado absorta en sus palabras como para prestar atención al líquido que penetraba por la herida, desinfectando todo a su paso. Los ojos de Winter ya habían perdido la humedad que los había cristalizado minutos antes, aunque aun conservaban un extraño brillo de sentimiento contenido. Se limitaba a asentir a todo lo que el doctor le decía, porque estaba realmente de acuerdo.

-Sé que no fue queriendo. Por eso no le he dicho nada a nadie, lo último que querría es que empezase la caza al lobo.-Añadió con la verdad patente en cada una de las palabras. - No es que no confíe en ellos. Sé que son personas como yo, con un corazón que late y siente... sencillamente es que me dan un poquito de respeto en su forma lobuna.- Tragó saliva y suspiró audiblemente.- Sé que hay más razas de subterráneos... bueno, vampiros y licántropos. Los nephilums y los demonios no son subterráneos por lo que me dijo Rowie. Aunque los nephilums no me caen muy bien... o nephilims... Nunca recuerdo como es.

Lo que más asombraba a la agente White era la facilidad que había tenido para confiar en el hombre que tenía justo delante. El doctor Desmond Lynch tenía unos ojos expresivos y llenos de bondad, y una expresión tenue y dulce que la había animado a contarle sus penas. ¡Pobre hombre! se dijo a sí misma cuando comprendió lo pesado que podía ser tener que aguantar a todos sus pacientes diarios. Un picor la hizo salir de sus pensamientos y desviar la mirada hacia su pierna. ¡Menudo desastre le había hecho Rowan!

-Pues la verdad es que fue por una tontería. Verá, yo soy agente de policía y como tal, tengo horarios muy dispares. Un día salí sobre las doce de la noche y bueno, me apeteció ver una película mientras comía palomitas, pero claro, no tenía y decidí ir a comprarlas a un veinticuatro horas. Ya lo sé, no fue algo muy inteligente pero lo que hice después lo era menos. Acorté por una calle que siempre está oscura y donde ni el coco querría ir a dormir. -Le dedicó una mirada significativa haciendo un mohín con los labios.-Encontré a un hombre que se quejaba, me acerqué para ver si estaba bien y ¡sorpresa! Era un licántropo y me dio un zarpazo, quiso morderme también, sin embargo, Rowan apareció en escena y me salvó. Luego con su magnífico poder de quemar con las manos me soldó la piel y evitó que me desangrase. -Atrapó su labio inferior, como si sopesara alguna cosa.- Y me dejó la infección dentro.




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→ Miércoles → 10: 30 AM → Hospital General de Nueva York  → Frío
Después de limpiarla bien, sopeso si lo mejor sería coserla o esperar a que se baje la hinchazón. Parece… cauterizada. Niego con la cabeza mientras me pregunto cómo demonios alguien puede ponerse algo candente contra una herida abierta en una pierna antes de pensar en acudir al hospital para que se la cosan debidamente. Miro de soslayo a Winter mientras me habla, pensando que realmente ella no tenía por qué saber que había alguien aquí que pudiese ayudarle sin hacerle demasiadas preguntas, pero aún así, ¿quemarla? Está claro que la gente ignora que pueden venir más infecciones de una herida mal cauterizada que de una mal cosida. Emito un suave suspiro y me paso los dedos por la barbilla rasposa. Mientras, sus palabras me llegan de fondo, y me cuesta contener una carcajada cuando pronuncia mal el nombre de los cazadores de sombras.

Son nephilims, Winter. O shadowhunters, si prefieres. Los subterráneos les conocen más por este último apodo. Y nadie te culparía por tenerles respeto en su forma lobuna, como dices tú.

Me levanto a buscar material con el que coserle, además de algo de anestesia local para que no rabie más de dolor. Regreso junto a la camilla y voy preparando todo mientras ella continúa contándome lo que sucedió; sin embargo no es hasta las últimas frases cuando alzo el rostro, extrañado, y poso la mirada de nuevo sobre sus ojos claros.

¿Quemar con las manos? —Un escalofrío me recorre la espalda. Una bruja o un brujo habría acudido antes a sus habilidades curativas que a quemar la piel de nadie. Entonces… Durante unos segundos, permanezco en silencio. Y cuando hablo, no es sobre su historia—. Voy a ponerte algo de anestesia local para poder coserte bien la herida. Deberás tener mucho cuidado de ahora en adelante, pero no te preocupes, con que vengas aquí o algún centro de salud cercano para que te la limpien cada dos o tres días, todo irá bien. Si no, te daré instrucciones sobre cómo hacerlo. Dolerá un poco, pero pronto pasará.

Inyecto la lidocaína intentando hacer el menor daño posible. Luego, me centro en localizar tejidos necróticos, pero al no haber demasiados, la purga dura poco. Entonces irrigo la herida con solución salina suficiente para toda la herida, me cambio los guantes y empiezo a enhebrar la aguja con la que le coseré la pierna. Cojo todos los útiles necesarios, los dejo en una bandeja sobre una gasa esterilizada al lado de Winter y centro mi mirada en ella completamente, adoptando el mismo tono serio que ponemos los padres cuando tenemos que hablar de algo con nuestra descendencia.

Winter, no conozco muchas criaturas que puedan quemar la piel con la palma de la mano, y las únicas que se me ocurren procederían a curarte directamente antes que a cauterizar. Así que me veo en la obligación de preguntarte, este Rowan… ¿qué es exactamente? Porque si estás acompañada de una criatura tan peligrosa como yo creo deberías poner tierra de por medio cuanto antes, porque desde luego no son criaturas fiables.

Los demonios me traen recuerdos oscuros y grises, relacionados con el alcohol. Son seres nefastos, incapaces de amar, incapaces de sentir nada positivo por nadie en el mundo, y nadie, nadie, debería relacionarse con ninguno de ellos.


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I'm praying the floor doesn't fall through, again.
→ Miércoles → 10:15 AM → Hospital General de Nueva York  → Frío
Winter apretó los labios ligeramente y asintió con la cabeza a modo de respuesta. Sabía que había metido la pata hasta el fondo  manifestando cuáles eran los poderes de su salvador infernal, ahora sería fácil ser descubierta. ¿Cuánto tardaría ese buen hombre en contarle a los nephilims que había un demonio suelto en Nueva York haciendo de las suyas? Espera... ¿Y si había más demonios en la gran ciudad? La rubia frunció el ceño, su expresión cambiando a una pensativa. No podía haber más demonios. ¿Verdad?

El tren de sus pensamientos se vio parado de golpe cuando la voz grave del hombre volvió a hacer eco en la habitación, obligándola a dejar de lado sus cavilaciones para poner toda su atención al doctor Lynch. - De acuerdo. No me importa tener que venir a que me limpien la herida.- Calló sin embargo, su súplica por un poco de anestesia. Ya había quedado suficientemente mal en lo que llevaba de rato como para que se le sumase también el término llorica. El dolor ya se había extendido dese la herida a medio muslo hasta la rodilla derecha, y podía jurar que notaba su pulso en un punto indeterminado de ésta.

El doctor comenzó entonces la limpieza a fondo de la herida, retiró los tejidos muertos y vertió lo que la rubia supuso que era líquido desinfectante. Los ojos de Winter permanecían clavados en todo el procedimiento, de una manera masoquista y sádica, pues aunque se sentía profundamente asqueada no podía apartar la mirada por más que se lo propusiera. No había placer alguno en la situación (ni siquiera uno retorcido y macabro), no obstante, era imposible no echar una ojeada. Contempló como enhebraba la aguja con la agilidad que otorgaba la experiencia antes de que su mirada ascendiera hasta su rostro, su expresión era distinta, casi familiar.

Tragó en seco. Sus labios se abrieron un par de veces, mas de ellos no brotó palabra alguna. La pregunta le había caído como un cubo de agua fría, puesto que había pensado que ya había dejado el tema correr y que podía salir airosa. Podía mentir como una bellaca o decirle la verdad, así de simple. Pero para la policía, el asunto era mucho más complejo y había algo que la paralizaba, miedo a que los nephilims supieran de la existencia de Rowan e iniciaran una caza al demonio.

-¡No, no no! Se equivoca. Rowan no es peligroso...- Dijo suavemente, reacia a confesar cuál era su raza.- Él jamás me haría daño. Créame.- La culpa inundó su pecho. Rowan le había advertido que no fuera al hospital pero ella le había ignorado y ahora lo iban descubierto. - No avise a los nephilu-digo, nephilims- Suplicó casi desesperada. - Si lo encuentran lo matarán. No puede volver a Edom...





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Gracias Chiaruchi, eres mi bruha favodita

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Mundano/a, sin la Visión

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I'm praying the floor doesn't fall through, again.
→ Miércoles → 10: 30 AM → Hospital General de Nueva York  → Frío
Comienzo a coser muy despacio, procurando tener cuidado con las zonas que fueron visiblemente quemadas en su momento, porque la piel está fina y sensible aún por ahí. Me entretengo mientras su voz suplicante me llena los oídos, haciéndome sentir mal por algo que realmente no debería provocarme culpabilidad. Miro a los ojos a Winter un segundo antes de continuar con la herida, preguntándome qué le habrá pasado a esta chica que habla de un demonio como si fuese una persona normal y corriente, no una encarnación del mal más absoluto que puede llegar a asolar nuestra tierra.

Pero, ¿cómo decírselo, cuando ha sonado a pura desesperación? ¿La habrá embrujado? ¿La habrá embaucado para que le venda su alma? No puedo pensar cosas buenas de una relación así; nunca podría. Lo único que hago es recordar a Emily, a su madre, cuyo rostro me es desconocido por entero, y todas las circunstancias que han rodeado su vida. ¿Y si la quiere sólo para dejarla embarazada y tener una criatura a la que acudir para utilizarla en momentos de necesidad? La sola idea me hace temblar, y he de controlarme para que el pulso sea firme, así que respiro un par de veces antes de dar la siguiente puntada, porque no quiero hacerle daño.

Como tampoco quiero hacerle daño a ella.

Emito un largo suspiro, derrotado, cansado. Cuando la herida está totalmente cosida me hago con una venda y comienzo a cubrirla con suavidad para que no le duela. Dentro de mí masco las palabras que creo necesarias para continuar hablando, pero se me atragantan en la garganta, aferrándose a las paredes de la misma como si el salir fuese a provocarles la muerte. Mas si no las pronuncio ahora, ¿qué puede ser de esta chica? De nuevo centro la mirada en su joven rostro, que me mira con aprehensión.

Winter, no hay una forma delicada de decirte esto. Pero los demonios siempre son peligrosos. No son criaturas que tengan en sí ni un ápice de energía positiva o de bondad. Son criaturas del mal, de la oscuridad, de las entrañas más profundas de los infiernos. No buscan nada bueno entre la humanidad; sólo quieren reducir nuestro mundo a cenizas y hacerse con las almas de cuantas personas débiles o ingenuas caigan en su poder.

El sabor a whisky me inunda la boca con tanta fuerza que casi se me saltan las lágrimas. Me asquea mi propia debilidad, incluso después de tantos años. Parece que nunca podré apartarme de ese pulso que me hace romperme en dos si no soy capaz de ingerir algo de alcohol. Quizás no hubiese hecho falta que ningún demonio me incitase a beber para terminar al borde del alcoholismo, pero esa parte, quizás poco racional para algunos, que tenemos todos los seres humanos, me hace asociarle con ese hecho. Con aquello que estuvo a punto de destrozar mi vida.

No sé cómo conoces a este Rowan, ni por qué crees que no te hará sufrir. Pero es un demonio, Winter, y los demonios siempre, siempre hacen el mal. No son como la mayoría de los subterráneos, que siempre tendrán algo de humano, ¿entiendes? Pedirme que permanezca quieto ante la idea de dejarte a merced de uno de ellos es como pedirte que te deje en manos de un asesino.  —Niego con la cabeza cuando termino de ajustar el vendaje—. ¿Qué harías tú en mis circunstancias, sino? ¿Permanecer airosa? Yo... yo estuve una vez a merced de uno de ellos y casi me costó la vida que tengo ahora mismo. Aún sufro las secuelas de ese encuentro y no me gustaría que quedase en ti una marca semejante a la que me persigue...


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