07/08 - Estimados habitantes del submundo. ¡Aquí tenéis las noticias con las actualizaciones/nuevas propuetas/ideas del foro! ¡Pasaos cuanto antes a echar un ojo!


10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


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Weapons in the dark || Arthur Edgeworth

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Weapons in the dark || Arthur Edgeworth

Mensaje— por Rosalia E. Labarth el Dom Feb 26, 2017 4:51 pm

Weapons in the dark
→ Lunes → 10:00 PM → Escuela primaria abandonada → Frio

Un siseo se escapó de sus labios de forma inevitable mientras observaba las oscuras lineas sobre su piel con un desdén extraño. La cosa es que no importaba cuanto tiempo pasara ni cuantas veces lo hiciera, el dolor  que le producía la magia rúnica no era algo a lo que fuese capaz de acostumbrarse ni tampoco la extraña sensación de rechazo que manifestaba su organismo segundos después de emplearla. Aunque su padre había tenido razón cuando le había dicho que terminaría por ser soportable, ella había imaginado que eso implicaría que en algún punto de su vida no le hiciese sentir como si estuviese arrancandose la piel a tiras, aun así intentaba no darle demasiada importancia al asunto, el hecho de poder tolerar las runas resultaba sorprendente de por si. Sabia muy bien que todo era consecuencia de su sangre mágica resistiéndose al don del angel y aunque las primeras veces habían resultado traumáticas –Alucinaciones, fiebres y cosas bastante desagradables para una niña de nueve años– ya no se mostraba tan reacia a utilizar su estela. Terminó de trazar con suma maestría una ultima iratze sobre el dorso de la muñeca izquierda y rápidamente se guardó la estela en uno de los compartimentos de su cinturón de cuero. Entre los múltiples bolsillos cargaba consigo todo lo que consideraba estrictamente necesario para aquella noche ¡Que no era demasiado! A fin de cuentas ¿Que tantos problemas podría causar una rápida inspección? Para ser precisa ni siquiera le hacia gracia tener que ser ella quien atendiese a aquel asunto por mucho que fuese la primera en presentarse voluntaria para cualquier misión que surgiese. Se sentía como un oficial al que le asignaban labores de transito...

Todo empezó con ciertos rumores sombre un viejo edificio abandonado que se encontraba a las afueras de Brooklyn, en otrora el edificio había sido una institución educativa privada que había cerrado por falta de recursos económicos para suplir el mantenimiento de las instalaciones hacia unos cuantos años atrás y el deterioro de la infraestructura representaba un peligro para las personas,  por lo que la escuela primaria terminó siendo clausurada. como era de esperarse un tétrico edificio abandonado en los suburbios terminó por resultar demasiado atractivo para un grupo de adolescentes que querían poner a prueba su  valentía. La cosa terminó en caos cuando horas después de realizada la hazaña del grupo una llamada al 911 hizo que varios coches patrullas llegasen hasta el lugar de los hechos solo para encontrarse con un grupo de adolescentes desgarbados y horrorizados, que no paraban de asegurar una y otra vez que habían visto criaturas sobrenaturales moverse dentro de las instalaciones.

Como era de esperarse las autoridades asumieron el hecho como una llamada de broma y la cosa no paso a mayores, sin embargo si algo calificaba a los nefilims era no mostrarse escépticos sobre nada. Esa noche le habían citado en la oficina y le informaron que la situación debía resolverse cuanto antes por lo que le habían asignado la labor a ella y a otra persona mas, si bien no había pruebas concretas de que aquello estaba ligado al mundo de las sombras la situación daba bastante mala espina, y Rosalia no podía estar mas de acuerdo. Se miró una ultima vez en el espejo sobre el buró limitándose a acomodarse el cabello de modo que sus orejas pasasen por discretas, se dio la vuelta bruscamente para tomar la naginata que descansaba sobre su cama y salió a las prisas de su habitación. Avanzando a traves de los corredores del instituto con envidiable rapidez. Ultimamente siempre tenia la sensación de que el lugar estaba poblado de una ansiedad generalizada, todo el mundo parecía ir de aqui para ella sin detenerse, aunque no era para menos con la situación actual y sin embargo, eso no dejaba de resultarle desalentador.

Llegó hasta las puertas del instituto, donde alguien mas parecía estar aguardando a algo. Era un hombre caucásico, esbelto y mucho mas alto que ella, Rosa no pudo evitar pensar que su rostro se le hacia vagamente familiar, le daba la sensación de habérselo encontrado alguna vez o haberse topado con el por el instituto pero no estaba plenamente segura de eso. Avanzó hasta el, dubitativa, sin estar muy segura de que decir precisamente –Buenas noches, soy Rosalia Labarth– comentó esbozando una tenue sonrisa –Me han informado hace un rato que debía marchar a hacer una inspección con alguien mas ¿Eres Arthur, no?– agregó rápidamente, acomodándose la vaina de su arma sobre el hombro. El mango de la naginata resultaba ser mucho mas largo que el de una cuchilla normal, pero con el tiempo se había terminado acostumbrando a ello –Disculpa la demora, se me ha ido el tiempo de las manos…



Última edición por Rosalia E. Labarth el Sáb Ago 12, 2017 4:48 pm, editado 1 vez


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La preparación para la misión había durado lo que tenía que durar, con el proceso de inscribir las runas en su piel de manera casi ceremonial que le habían enseñado sus padres tantos años atrás. Se trataba de un proceso que por lo general duraba cosa de media hora, siempre con cada una de las líneas que realizaba con su estela viniendo a contarle una historia como un viejo amigo, un pariente que pasaba cada tanto para recordar de su existencia y de su utilidad para la familia. Los trazos iban hablándole del delicado equilibrio necesario para que fuesen efectivos realmente, alguna memoria de un fracaso con respecto a ellos también paseándose cada vez por su cabeza. Y ciertamente esa ceremonia y las razones para llevarlas a cabo se le había hecho muy bienvenidas en el último tiempo como una manera de limpiar su mente de pensamientos que realmente prefería evitar. Su vida personal nunca había sido nada particularmente relevante para él, así que después de haber tenido algo en esa área, ahora que no lo tenía se le hacía difícil mantenerse ocioso por todo lo que esto podía atraer como consecuencia.

Cualquier misión era una buena excusa para apartar sus divagaciones de qué era lo que había pasado para encontrarse en esa situación, que lo único que sacaba en limpio de todo aquello era la esperanza de que ella estuviera bien ahora, en Boston o donde fuese que viviera ahora para luego pasar a un montón de ideas que terminaban siendo dolorosas más temprano que tarde. Mejor concentrarse en cada detalle que le entregasen, por más que no fuesen muchos en este caso en particular, y eso era lo que hacía, ya habiéndose dirigido a la entrada del Instituto donde esperaría a la compañera que le habían asignado, sus armas preparadas y enfundadas para ser tomadas en un instante en caso de ser necesario, cosa que no llegaba a ser el caso dentro de las paredes de aquel lugar.

Escuchó finalmente a alguien acercarse, girándose para saludar y quedándose en el gesto de levantar la mano cuando el rostro que vio lo dejó sin más palabras que un -Lorelei...- apagado que desapareció completo cuando la joven se presentó a continuación. -Perdón, pensé que eras alguien más- dijo rápidamente aunque estaba casi completamente seguro de que ella no le había escuchado. -Así es, soy Arthur- confirmó, negando para dirigirse hacia la puerta asumiendo que ella iría con él. -No hay problema, no creo que los mundanos se acerquen al sitio de todas maneras después de lo ocurrido. Tendremos el sitio para nosotros solos- afirmó, poniendo toda su voluntad para no volver a mirar aquel rostro que tan conocido se le hacía.


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Weapons in the dark
→ Lunes → 10:00 PM → Escuela primaria abandonada → Frio


La tenue sonrisa que poblaba su rostro se tensó ligeramente mientras asentía con efusividad y se disponía a atravesar las ornamentales puertas del instituto –Oh, Esta bien– Contestó rápidamente procurando que el tono de su voz fuese audible, siguiéndole los pasos al otro cazador de sombras que había tomado la iniciativa para abandonar el recinto. Por un momento había creído que su impresión se debía nada mas que  a los rasgos faericos que permanecían expuestos en ella -lo que le resultaba de lo mas normal a la muchacha. pero el se había excusado diciéndole que le había confundido con alguien mas, el murmullo de un nombre que jamas había escuchado se perdió como un vago lamento y Rosa se limitó a encogerse de hombros sin dar mucha relevancia al asunto, ese tipo de cosas solían suceder cuando uno vivía rodeado de desconocidos puesto que el instituto, en toda plenitud, refugiaba a una gran cantidad de sus congéneres que iban y venían con mucha constancia. Recordar nombres y caras podía ser un verdadero reto –Espero que no y que tengas razón; si las autoridades se involucraron en el asunto entonces seguro el lugar esta rodeado de cintas policiales, pero si algo he aprendido con los años es que los humanos pueden ser muy curiosos…– afirmó a media voz, imaginando los posibles escenarios con los que pudiesen encontrarse, deseando que nadie mas se sintiese tentado a husmear en el lugar y tuviesen que lidiar con mundanos horrorizados incapaces de comprender lo que sucedía, o en el peor de lo casos, lastimados. Era mucho mas fácil hacer las cosas cuando no habían inocentes de por medio…

Y aunque sabia que no era lo mas lógico esperaba en el fondo no llevarse un chasco y que al final todo se tratase de una falsa alarma. Siempre que se embargaba en una misión tenia esa acalorada sensación de impaciencia, como si la adrenalina comenzara a fluir a traves de su organismo sabiendo que pronto debía enfrentarse a algún tipo de peligro que pondría a prueba lo que el arduo entrenamiento había forjado. Bajó apresuradamente las escaleras de la edificación, la apariencia gótica del instituto lucia mucho mas sombría bajo el frío aire nocturno. Rosa Arrugó la nariz y se llevo las manos a la altura del cuello, apretando el mango de la espada ligeramente con una de sus manos, completamente ajena a los pensamientos del nefilim mientras se internaban a la calle vagamente iluminada –Para nosotros solos y lo que sea que este allí, si es que realmente hay algo– La sombra de unos hoyuelos se dibujaron en sus mejillas cuando sonrió sin demasiado entusiasmo, sus ojos eran tan amarillos como los de un guepardo y la negrura de la noche no menguaba su irisdicencia.

 Una brisa helada le removió el cabello mientras apresuraba el paso y en cuestión de segundos el instituto comenzó a perderse en la distancia, las luces de la gran manzana resplandecían en la distancia como pequeños puntos amarillentos. Había procurado trazar una runa para aumentar su velocidad incluso mas que la iratze, y en aquella situación le vendría como anillo al dedo pues Brooklyn no estaba exactamente al doblar la esquina. Se volvió ligeramente hacia el muchacho rubio entornando los ojos, pensando en que otra cosa pudiese decir, pero estaba demasiado acostumbrada al silencio y entablar conversaciones con otras personas no era su fuerte –Creo que… creo que deberíamos correr– Murmuró encogiéndose de hombros y al instante comenzó a apurar el paso hacia la avenida. Si tenían suerte, no se toparían con ninguna interrupción el camino pero para variar la ciudad parecía ligeramente tranquila y Rosalia tuvo el presentimiento de que no seria si.


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Habían en la joven nefilim tantas cosas similares a Lorelei que le costaba separarla mentalmente de ella, incluso a pesar de las características claramente distintas como los leves y delicados rasgos féricos, algo de lo que por lo menos podía tomarse por momentos para lograr cierta distracción y rondar por su cabeza con los rumores que había escuchado en algún momento sobre familias que se habían unido con ciertas especies de subterráneos, un porcentaje bastante bajo de los cazadores de sombras que por lo general solían terminar alejados del instituto o de sus vástagos, pero siempre con la posibilidad de que su descendencia decidiese en algún instante retomar los pasos de sus ancestros de sangre angélica y tomar como suya la misión de mantener el mundo a salvo de las amenazas demoníacas, lo cual bien podía ser o no el caso con la morena, algo que no estaba seguro de llegar a mencionar o más bien a preguntar, no siendo el mayor exponente de la sociabilidad, y ella parecía coincidir en eso fuera de lo que no fuese puramente laboral. -En el peor de los casos... tampoco creo que hayan sido tantos mundanos los que hayan decidido burlar las medidas de seguridad- dijo, quizás resultando muy desapasionado de su parte, pero efectivamente a veces no se podía hacer mucho por sus protegidos cuando éstos insistían en hacer cosas contra su propia seguridad.

La manera en que vio por un segundo brillar los ojos ajenos volvió a traerle a la memoria instantes pasados con su ex, y no porque ella hubiese tenido sangre de hada igualmente en las venas, sino que porque en alguna ocasión, cercanos a la luna llena, alguna similitud habían tenido los que habían sido amados, sin que hubiese temor alguno entre los dos. Qué tontería, no podía ponerse a pensar en ella con cada detalle que encontrase, especialmente con alguien que se parecía tanto, ya fuese porque tenía algún lazo sanguíneo del que ninguna de las dos había sido consciente o porque el destino le estaba jugando una mala pasada. -Si es que hay algo ahí, no creo que debería tomarnos mucho tiempo el lograr que el lugar quede efectivamente para nosotros solos- concluyó, al menos arreglándoselas para que aquello no sonase con ningún tipo de sentimiento residual que pudiese querer asomarse, algo que le resultó muy difícil particularmente al ver la sonrisa de la joven, que en sus hoyuelos era prácticamente idéntica a la que había conocido.

Removió su cabeza antes de escuchar la propuesta de parte de su compañera, asintiendo a continuación. -Hará bien para ir calentando- confirmó, apretando el paso para no quedar atrás, imprimiendo cada vez mayor velocidad, viendo pasar mundanos completamente ajenos a la presencia de ambos, el instituto quedando atrás rápidamente.


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Weapons in the dark
→ Lunes → 10:00 PM → Escuela primaria abandonada → Frio

El suave soplo nocturno rápidamente comenzó a evolucionar en una brisa helada que arrasaba con su temperatura corporal de una forma bastante incomoda. No era ni por asomo lo que ella consideraba un clima idóneo para salir a patrullar por la polis, puesto que no le hacia ninguna gracia que el frío le hiciese sentir a sus articulaciones igual que los engranajes de un reloj antiguo. En invierno, New york siempre le producía el mismo sentimiento de añoranza  patriótica, provocando que rememorara la calidez tan agradable de Brasil como un agradable recuerdo que le evocaba alegria, uno que parecía desdibujarse cada vez mas con el paso de el tiempo,  y aunque le costase admitirlo, comenzaba a adaptarse a la antítesis de los coloridos trópicos en los que había crecido.

El bullicio tempestuoso de la civilización se volvió cada vez mas notorio a medida en que ambos nefilims avanzaban y la imponente fachada del instituto se desaparecía tras el manto de la noche –Eso seria demasiado bueno para ser real– concluyó ella, el amago de un suspiro provocó que el aire se condensara formando una bruma cuando el oxigeno se escapo de sus labios. Segundos después, percatándose de la ambigüedad de sus palabras, frunció el ceño y le dirigió una mirada cuidadosa al cazador  –Quiero decir, que sea tan fácil acabar con lo que sea que este allí…– aclaró rápidamente, asegurándose de que su voz surgiera en un volumen entendible para su acompañante e ignorando el rubor traicionero . Rosalía era perfectamente consciente de los desperfectos que sufría a la hora de interactuar con sus congéneres, horas y horas en la intimidad de su habitación con las narices metidas en alguna novela de Dickens no era precisamente la actividad mas efectiva para forjarse como una persona sociable.

–Las cosas no suelen ser muy fáciles últimamente– inquirió ella, con el mismo tono de preocupación que cualquier cazador de sombras entregado a la causa del ángel profesaría. Si bien era consciente desde el momento en que había arribado a la gran manzana que el submundo parecía tambalearse constantemente, cada día se encontraba con esa amarga sensación en la boca del estomago amplificada; las cosas pintaban demasiado mal y tanto los subterráneos como lo hijos de Raziel se encontraban presos de la misma sensación de desagradable expectativa. La más leve sombra de una sospecha desagradable parecía ser suficiente como para destruir la poca estabilidad que reinaba entre los bandos. Rosa procuró seguir el paso del otro cazador de sombras mientras se debatía con sus propias ideas, deslizándose a traves de las calles con el sello anónimo que le otorgaban las runas ante la mirada de los mundanos, completamente ajena a los pensamientos que reinaban en la psiquis ajena. Aquella sensación de no ser invisible ante el ojo humano e incluso en los raros momentos en que tropezaba con algún transeúnte y estos no aprecian ser conscientes de su presencia seguia resultándole extraña e incomoda. Rosa se llevó las manos al interior de su campera y sintió el frío tacto de la estela contra sus nudillos mientras alzaba la mirada -amplificada gracias a la magia rúnica- fijándose en la desgarbada fachada de un oscuro edificio a unos cuantos kilómetros, era inconcebible imaginar que en otrora aquello había sido una escuela primaria si no fuese por los tétricos muebles de jardín con los característicos toques infantiles que se encontraban en el patio infantil. Cuando hubieron estado mas cerca, Rosa se percató de un viejo balancín que había sido invadido por la maleza que crecía violentamente por todo el lugar, justificando la inclemencia del tiempo y el abandono –No me sorprende que los mundis se hayan colado tan fácilmente– hizo una mueca que se debatía entre la aversión y la sorpresa, observando las cintas policiales amarillentas que rodeaban el lugar como única medida de restricción –Algo de razón tenían los mundanos al sospechar de este sitio… el lugar parece haber sido sacado de una película de Tim Burton


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Re: Weapons in the dark || Arthur Edgeworth

Mensaje— por Arthur Edgeworth el Miér Abr 26, 2017 8:45 pm

Arthur no era consciente de la temperatura ambiental cuando estaba en medio de una cacería, y mucho menos lo sería ahora que el paso se había acelerado hasta casi llegar a un trote. Quizás les hubiera sido mucho más sencillo tomar un vehículo para acercarse a su destino, pero en New York la opción de movilizarse de esa manera no era muy realista porque en cualquier momento el tráfico podía detenerse. Por lo demás, avanzaban mucho más rápido así que cualquier mundano que pudiese realizar una carrera a su máxima velocidad, siendo las ventajas de las runas y el entrenamiento constante. Por otra parte, a pesar de tener su atención puesta en el camino frente a ambos, el nephilim no podía evitar lanzar cada tanto miradas hacia su compañera, todavía impresionado por aquel parecido tan marcado y el efecto que causaba en él.

Estaba muy de acuerdo con la observación que ella realizó, con lo positivo que hubiera sido que su trabajo fuese sencillo, pero finalmente si es que fuese así no se necesitaría de ellos sino que prácticamente cualquier mundano podría defenderse por su cuenta, haciendo que su función fuese obsoleta por definición. -Es más fácil para nosotros que para los que defendemos, en todo caso...- replicó, siendo más bien algo retórico porque estaba seguro de que Rosalia también habría pensado en eso en algún momento, considerando la aclaración que ella misma había realizado.

–Se ha complicado todo desde Valentine-
concordó. No era que hubiesen sido sencillas en algún momento, fuera de lo que podría ser para algunas mentalidades al decidir que todo lo que no fuese mundano debía ser destruido, pero desde la llegada de aquella doctrina las posiciones se habían ido polarizando hasta dejar la situación en ascuas y sin poder siempre saber en quién se podía confiar. Su lugar de destino se aproximó rápidamente hasta que fueron disminuyendo el ritmo para no estamparse contra sus paredes. -Por lo general el que la gente no se acerque a este tipo de lugares tiene que ver más con su fama que con la dificultad para colarse- reconoció, probablemente siendo lo más que se había extendido en sus expresiones hasta el momento. -¿Estarás bien?- le preguntó, observándola después de aquella mueca, esperando su respuesta antes de pasar por debajo de las cintas policiales. No creía que tuviese miedo ni nada parecido, sino simplemente le daba curiosidad su reacción.


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Weapons in the dark
→ Lunes → 10:00 PM → Escuela primaria abandonada → Frio

El eco producido por el bullicio de la urbanización se esfumó en cuanto los cazadores de sombras se adentraron a la desamparada propiedad, rodeados de una inexorable oscuridad que solo aumentaba el aire lúgubre de la situación. El edificio se alzaba con imponencia al final de la calle, carente de cualquier ruido que pudiese hacer sospechar que había algo vivo residiendo entre sus destartaladas paredes, aunque eso no aminoró el escepticismo de Rosalía quien inspeccionaba con sus ojos color ámbar los pobres alrededores de la edificación, radiantes igual que la mirada de un felino estudiando el panorama. Alzó el rostro a penas unos centímetros, lo justo para contemplar el segundo nivel del edificio. Le resultaba imposible ver a través de los viejos ventanales o siquiera distinguir alguna clase de movimiento en su interior desde aquella distancia, por lo que hacerse una idea de lo que podría esperarles tras atravesar aquellas puertas era una tarea imposible, deberían averiguarlo sobre la marcha.

Asintió ante la afirmación ajena, coincidiendo con la opinión del cazador. En la mayoría de los casos la gente podía ser lo suficientemente juiciosa como para no rondar aquellos paramos desconocidos y peligrosos donde fácilmente las criaturas del infierno podrían estar resguardándose sin necesidad de que la clave tuviese que intervenir a la mayor brevedad. Sin embargo, siempre los habían curiosos, mundanos e incluso subterráneos que se adentraban en aquellos paramos desolados arrastrados por el morbo del terror o sencillamente, por la idea de poner a prueba su propia coraje. A Rosa aquello no podía parecerle menos absurdo, pero sabia que no había forma de controlar a las personas por medio de meras advertencias. Lo prohibido siempre resultaba absurdamente tentador…

–Los he visto peores...– Afirmó ella, encogiéndose brevemente de hombros refiriéndose a la deteriorada infraestructura del lugar, mientras una sonrisa pálida se dibujaba en su rostro. No es que fuese la primera vez que lidiaba con una situación así de peliaguda, sin embargo eso no hacia que fuese menos desagradable –Estaré bien, gracias– agregó instantáneamente, evadiendo las cintas de un color amarillo chillón para adentrarse en la propiedad justo detrás del otro cazador de sombras. Le fue un alivio descubrir que su compañero no resultaba brusco o apático, no estaba realmente acostumbrada al trabajo en equipo por mucho que eso asegurara la efectividad en las misiones. Se llevaba mucho mejor con las espadas y las cuchillas que con las personas, simplemente porque las ultimas le resultaban demasiado complicadas e impredecibles. Rosalía avanzó a través de la descuidada grava, cada paso procuraba ser mas sigiloso que el anterior de modo que si hubiese algún habitante indeseado allí dentro no se viese advertido por su presencia.

Una amplia escalinata conducía a la entrada del edificio, manchada de barro, tierra y años de negligencia, compuesta por dos puertas cerradas a cal y canto con varias cadenas notablemente oxidadas debido a la inclemencia del tiempo. La nefilim extrajo la estela de la parte delantera de su cinturón, para trazar con eficiencia y maestría una runa en el cerrojo. Una pequeña expresión de satisfacción se plasmó en su rostro cuando las cadenas cedieron a la magia rúnica, tintinearon y se desplomaron contra el suelo de manera instantánea. Sin mas dilatación, la cazadora se dispuso a empujarlas para abrirse paso dentro del edificio -Lo cual resultó muy fácil ya que las puertas no mostraron resistencia alguna- y el sonido de los escombros desperdigados por el suelo no tardaron en llegar a sus oídos –Mejor nos apuramos– comentó en un murmullo, volviéndose fugazmente hacia Arthur mientras extraía la luz runa que al instante bañó de luz la  oscura habitación –No seria bueno que…–

Las palabras que estaba a punto de articular quedaron suspendidas en el limbo cuando un sonido estridente resonó a varios metros de ellos, como si algo hubiese sido golpeado con una fuerza demencial. Rosa se detuvo con brusquedad, sintiendo cada músculo de su cuerpo tensándose en respuesta, buscando con la mirada la fuente de donde provenía el ruido. La naginata lanzó un fino destelló de luz cuando la cazadora la extrajo de su vaina, sosteniéndola con fuerza en su diestra mientras alzaba ligeramente su zurda para alumbrarse mejor con el débil resplandor de la luz mágica. Tras hacerle un breve gesto al otro cazador, comenzó a avanzar en dirección a uno de los pasillos adyacentes donde varias hileras de puertas se encontraban. Si había algo allí, entonces debían ser precavidos…


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Re: Weapons in the dark || Arthur Edgeworth

Mensaje— por Arthur Edgeworth el Vie Mayo 26, 2017 10:48 pm

Aún podía escucharse el sonido de la ciudad, aunque cada vez de manera más amortiguada a medida que ambos iban internándose en el lugar que les habían asignado dentro de su misión, llegado cierto punto incluso siendo esta característica antinatural, o incluso sobrenatural. No era como si Arthur no estuviese acostumbrado a ese tipo de sensaciones, sino que muy por el contrario hasta podía decir que era su día a día, pero de alguna manera se le hacía diferente debido a la compañía de la joven, incluso antojándosele como nunca entablar alguna conversación, cuando lo normal en su rutina era cazar solo, sin que esto le molestase en lo absoluto. Y, por supuesto, tampoco era cosa de ponerse parlanchín (que tampoco estaba en su naturaleza) en una situación donde lo más conveniente era mantener el mayor silencio posible. Lo que sí no podía evitar era observar cada tanto a su compañera, cada vez descubriendo un poco más de las diferencias que tenía con Lorelei y, de alguna forma, eso le dejaba algo más tranquilo por más que no pudiese decir con exactitud el por qué.

-Siempre está Chernobyl, por ejemplo- murmuró ante la afirmación de la chica de haber visto lugares peores, aunque esa observación no estaba basada en el conocimiento propio. Sospechaba que el sitio del desastre nuclear bien podía ser una guarida perfecta para la actividad demoníaca o incluso de algún otro tipo, a partir de los vistazos que había tenido del lugar a partir de reportajes y fotografías observadas en algún momento, pero ni siquiera sabía si es que los de su propio tipo se acercaría en algún momento en una misión o lo que fuese. Las cintas de líneas negras y amarillas quedaron atrás en instantes, el sigilo siendo apenas posible, sólo para ellos debido a sus runas, sobre las piedrecillas sobre las que se deslizaban. De una u otra manera, el nephilim sospechaba que lo que estuviera escondido entre las paredes de aquel deteriorado edificio ya sabía que venían.

El ruido de las cadenas cayendo pesadamente al suelo después de la apertura del cerrojo reverberó en el ambiente cada vez más silencioso, así como lo hizo el chirrido de las puertas cuyos goznes llevaban años oxidándose, anunciando aún más su presencia y ocasionando movimiento en algún sitio que aún no estaba a la vista. -Vamos- confirmó, empuñando con firmeza el mango de su arma mientras ella iluminaba la entrada al edificio, las palabras de la morena interrumpiéndose debido a un fuerte ruido más allá. Edgeworth confirmó con un gesto el procedente de su compañera y fue dando paso tras paso hasta llegar al pasillo, en esos momentos dándose cuenta de las ventajas de cazar acompañado. Le señaló una puerta, enarbolando su arma en posición de alerta, y la abrió a continuación, de forma rápida pero no escandalosa. Tenían que aprovechar todas las oportunidades posibles para mantener el poco de factor sorpresa que aún tenían, pero a una primera mirada de su parte no había nada en esa sala de clases, cosa que debía confirmar el par de ojos extra que proporcionaba Rosalia.


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Los ojos pardos de la cazadora tenían el ligero resplandor de un felino selvático, en el momento exacto en que se dispone a localizar a su presa deslizándose entre las sombras. Sin embargo, cuando el otro nefilim irrumpió en la habitación no había nada mas que escombros y muebles carcomidos por el paso de los años y la humedad que no representaban ningún peligro demoniaco. La muchacha  frunció el ceño y respiró profundamente, aspirando el olor a polvo y abandono de la deteriorada fachada, adentrándose unos centímetros mas en la habitación cuidando de no tropezarse con nada. La luz mágica que yacía en su mano iluminó cada recoveco de la habitación solo para confirmar lo que el otro cazador de sombras ya había previsto; nada, allí no había nada. Ni siquiera un rastro de icor o el distintivo y pestilente olor que caracterizaba a los seres del averno.

Desde su perspectiva la peor parte de aquellas misiones era siempre intentar dar con el objetivo, ese momento de angustia y suspense que prevalece cuando se esta buscando algo que ni siquiera se conoce bajo un silencio aplastante que precede al caos, lo único que podía ser capaz de percibir era el sonido de su respiración errática, la del otro cazador, y el ruido de su corazón bombeando en sus oídos. No saber a lo que se estaba enfrentando le resultaba agobiante y le impacientaba, mas había estado las suficientes veces en aquella clase de situación para tener dominio de sus emociones y actuar con la frialdad requerida que supone la comanda del ángel. Miró por encima del hombro al cazador de sombras, todo ángulos y sombras debido a la escapes de luz –Por allí– murmuró a media voz, señalando otra de las puertas que componían a hilera de habitaciones. Esta vez, adelantándose lo suficiente como para ser ella quien inspeccionara de primera mano el espacio. Nada tenia que ver con que no le gustase el trabajo en equipo, solo se trataban de viejas costumbres; nunca había tenido que avisar a nadie de los movimientos que realizaría a continuación, mas debía admitir, mientras inspeccionaba las habitaciones con asiduidad, que había una gran ventaja en no ir sola a las fauces del lobo. Al menos había alguien lo suficientemente cerca para vigilarle las espaldas.

La estratagema de recorrer todas las habitaciones no estaba dando demasiado resultado, pero era lógico que algo fuera de lo normal se estaba gestando en aquel lugar, y mientras se abrían paso dentro de otra de las habitaciones del lúgubre pasillo con excesiva precaución, Rosalía escuchó el sonido de algo rasgándose justo sobre su cabeza de forma casi imperceptible, un sonido tan amortiguado que podía pasar desapercibido. Alarmada, alzó rápidamente la vista al techó para asegurarse de que no habría algo allí queriendo abalanzarse sobre ellos, alejándose del umbral de la puerta, mas no había nada allí tampoco –En el piso superior, por supuesto…– pensó para sus adentros. Se volvió hacia el nefilim, incapaz de conjurar las palabras en voz alta por temor a alertar a lo que sea que estuviese merodeando por allí y terminar con la poca ventaja que les proporcionaba el no haber sido localizados aun, aunque imaginó que al otro nefilim no le tomaría demasiado llegar a la misma conclusión que ella. Sin mas dilatación, salió del pasillo procurando no bajar la guardia y retornó a la polvorienta estancia principal, para localizar en un rápido repaso la escalera que comunicaba con el piso superior en el extremo opuesto donde ambos cazadores de sombras se encontraban. Bastaba con avanzar un tramo de unos cuantos metros para dar con ella, subir a la planta y acabar con aquella situación

Pero, a veces el destino las juega pesadas…

Antes de que Rosa pudiese acercarse a la barandilla de madera algo descendió en picada desde los escalones de forma estruendosa y descuidada, haciendo añicos los escalones donde su deformada silueta había aterrizado.  La muchacha parpadeó con fuerza y retrocedió de un salto por mero instinto, apretando la luz runa que sostenía en la mano para no dejarla caer debido a la impresión, al mismo tiempo en que observaba con ojos desorbitados a la horrorosa criatura que yacía frente a ella: La criatura tenia largas extremidades como las de un pulpo de las cuales sobresalían letales espinas y su pestilencia resultaba casi insoportable, a penas era capaz de percibir su figura, pero supo al instante que se trataba de un rapiñador.

La criatura evocó una especie de chillido y se retorció, furiosa, elevando una de sus rudimentarias extremidades para arrancar un trozo de madera hastiada con envidiable facilidad y arrojársela a la morena. A penas teniendo tiempo de reacción, la nefilim se agachó rápidamente librándose del proyectil improvisado que seguramente le dejaría bastante mal parada. La criatura emitió un ruido gutural y  Rosa percibió con creciente alarma el movimiento errático que precedía en la planta superior, lo que habría de confirmale que en efecto, el rapiñador que ahora comenzaba a abalanzarse sobre ellos no se encontraba solo…




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Re: Weapons in the dark || Arthur Edgeworth

Mensaje— por Arthur Edgeworth el Mar Jun 20, 2017 11:28 pm

Los movimientos de su acompañante fueron suficientes junto con el corto gesto que se vio en su rostro para demostrarle a Arthur que tenía razón al pensar que la habitación estaba por completo desocupada, fuera de ellos dos. Aquel método seguramente terminaría tomando más tiempo del que transcurriría si cada uno estuviera de caza por su cuenta, como estaban acostumbrados, pero de la misma manera les daba algo de ventaja, fuera de los puros números, al ampliar las habilidades de cada uno y multiplicarlas exponencialmente con las del otro. No sabía si es que podía acostumbrarse a ese tipo de interacción, pero tampoco podía decir que estuviese mal sentirse apoyado... por más que el rostro de quien lo hacía le trajese todo tipo de confusiones.

Le tocó a la morena el ser quien continuase el recorrido mientras él la seguía y la siguiente habitación en un principio no dio mejores resultados, si es que se podía tomar como mejor la perspectiva de encontrarse con uno de aquellos seres infernales que se suponía que buscaban para dar cuenta y desaparecer del mundo, pero de un momento a otro aquello cambió al captar sus sentidos aguzados por las runas algo de lo que la joven también se había percatado. Asintió hacia ella cuando le miró, confirmando que estaba en la misma sintonía y con su espada enristrada volvió sobre sus pasos, casi pisando los talones de su compañera hasta llegar al foyer desde donde podrían subir para acabar con su misión de una sola vez. Sin embargo, un ruido pesado anunció la presencia de aquello que buscaban, siendo la primera vez desde que se les había encomendado la misión que realmente se enteraban de cuál era su cometido real. Una figura lovecraftiana se bamboleó en dirección de los cazadores que se pusieron en posición de defensa inicial desde la que podrían pasar rápidamente al ataque.

Al estar prácticamente detrás del fantasma de su ex, Edgeworth fue el siguiente blanco natural del demonio con la evasión de Rosalia, haciendo resonar su espada al deflectar la esquirla de madera que terminó rompiendo un cristal más atrás aún, sin que tuviera la más mínima intención de fijarse en aquello. -Encárgate de éste- le comunicó rápidamente a la joven, dando por sentado que era más que capaz de arreglárselas por su cuenta, lo que no implicaba que no la ayudaría de ser necesario, pero ahora mismo no quería verse en la posición de tener múltiples seres de tentáculos viscosos proyectándose aleatoriamente en una batalla en la que no pudiesen distinguir al uno del otro, entorpeciendo su estrategia y jugándoles en contra. Con un par de movimientos se impulsó sobre un fragmento de escombros, su siguiente paso siendo sobre la barandilla para saltar por encima del demonio, evitando apenas que éste le atrapase con un tentáculo y lanzando una estocada que le hizo chillar antes de caer al otro lado y seguir subiendo por las escaleras, justo a tiempo para que hubiera suficiente separación con el gemelo del de más abajo, que se detuvo por un instante por la sorpresa, todo lo necesario para que Arthur arremetiese en su contra.


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Weapons in the dark
→ Lunes → 10:00 PM → Escuela primaria abandonada → Frio
Las múltiples extremidades de la criatura se agitaron presas de la ira, mientras chillidos incomprensibles se escurrían de entre sus fauces afiladas y apestosas sedientas de sangre y destrucción, incapaz de razonar mas allá que sus instintos mas precarios. El olor a icor y putrefacción provocó que le escociese la garganta e hizo una mueca mientras retrocedía unos cuantos pasos, evidentemente asqueada. No importaba cuantas veces hiciese aquella misma labor, jamas terminaría de acostumbrase a aquel terrible aroma que manaban las criaturas del averno. Levantó su arma, sintiendo la familiaridad de sus dedos en torno al mango con una extraña tranquilidad pese a la situación, ignorando la forma en la que la criatura se disponía a masacrar lo poco que quedaba del único acceso a la planta superior justo cuando el nefilim de cabellos dorados alzaba la voz por encima del disturbio. Con una mirada fugaz y un ligero asentimiento, Rosalía observó a  su compañero deslizarse entre las sombras con inigualable agilidad, evadiendo a la enfurecida entidad demoniaca que le había lanzado sus extremidades con la intención de atraparlo entre sus fauces, mas el rubio pronto se perdió de su vista en medio de las sombras con la misma tranquilidad que quien esta haciendo labores domesticas y no adentrándose en una guardia de seres infernales.

Las orbes de la bestia siguieron al cazador y aquella pequeña distracción hizo que su objetivo fuese mas sencillo, facilitándole en demasía a la cazadora su siguiente movimiento; Sin mas demora, blandió el arma tan negra como la noche, cortando el aire en un sonido silbante y perfecto para luego impulsarse sobre sus pies y caer ágilmente a unos metros de distancia de la criatura, cercenando limpiamente uno de los múltiples tentáculos que componían su deforme anatomía cuando la naginata descendió en picada hacia el suelo. El demonio chillo adolorido y encolerizado, lanzandose con sus fauces abiertas sobre la hija de ángel mientras de la herida manaba una sustancia tan oscura como el carbon que a penas si había dejado rastro sobre la cuchilla.

Rosa se movió con un margen de a penas unos centímetros, mientras el demonio chasqueaba el aire con una de sus extremidades dispuesto a golpear a la cazadora, quien había tenido tiempo de sobra para girar y evadirlo. Los rapiñadores podían ser criaturas brutas y torpes, pero no tenia ninguna intención de comprobar, bajo aquella penetrante oscuridad, cuan letales podían ser sus heridas. Sabia que lo que menos tenían era tiempo, y se volvió a impulsar con fuerza, clavando la cuchilla justo en el centro de la criatura, la cual se evaporó entre las sombras sin dejar rastro. Se dió la vuelta en redondo sin perder un segundo de la ventaja que aun poseían, la oscuridad tan absoluta dificultaba bastante transitar y acostumbrarse al entorno, así que agradeció inmensamente las ventajas proporcionadas por las runas mientras se embargada en la aparatosa tarea de subir hasta el piso superior evadiendo los escombro que harían trastabillar a cualquiera.

Tras subir los últimos escalones cuyas baldosas no existían ya, se percató de una replica exacta de la escena que había protagonizado en el piso inferior del deteriorado edificio; el cazador de sombras batiéndose contra una replica exacta de la criatura, cuyas obvias desventajas no preocuparon a la cazadora en lo mas mínimo –¿Necesitas ayuda con eso?– Exclamó, imaginando que el nefilim manifestaría su negativa. Se dió la vuelta y se fijó en una de las criaturas que avanzaba amenazadoramente hacia el nefilim, extrajo rápidamente una de las ligeras kunais de la parte trasera de su cinturón, perfectamente accesible para aquel tipo de circunstancias. Sin mas, la morena lanzó el artefacto que cortó el aire en segundos y atravesó la piel de la criatura, que tal como esperaba ella se volvió furiosa en su dirección. Rosa esbozo una diminuta sonrisa mientras empuñaba nuevamente la naginata con sus dos manos y avanzaba hacia la criatura, dispuesta a terminar rápidamente con ella. No podía decir con exactitud si habían mas residentes desagradables en el edificio, en medio de la penumbra solo era capaz de observar el brillo letal de la cuchilla y el movimiento sinuoso de las extremidades de su nuevo objetivo.



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Re: Weapons in the dark || Arthur Edgeworth

Mensaje— por Arthur Edgeworth el Jue Jul 13, 2017 11:36 pm

Aquellas criaturas demoníacas bien podían estar infestando las instalaciones de la vieja escuela, que en realidad en esos momentos no podía saberlo el cazador cuando sus sentidos estaban inundados por los estímulos que al menos tres de ellas producían, habiendo dejado una atrás, por las escaleras hacia abajo, y ahora enfrentaba una que chillaba desde un poco más allá mientras movía sus tentáculos en una manera en que por un momento le recordaron a aquellos ridículos aparatos que los mundanos ponían frente a algunos concesionarios de automóviles, moviéndose gracias al aire caliente que fluía constantemente de un generador en la base, y ese paralelo le hizo sonreír con gracia, cosa que no duró demasiado al percatarse que desde el pasillo detrás suyo se deslizaba otro más. Solamente esperaba que aquel nido no se extendiese a muchos más individuos como para hacer que los nephilim presentes fueran insuficientes, aunque si es que ése fuese el caso sospechaba que el conteo de muertos sería mucho más alto para esas alturas.

La hoja de su espada brillaba en la oscuridad del lugar, ayudando a distinguir con mayor facilidad los contornos de los demonios que parecían querer reagruparse, buscar una apertura para poder realizar un ataque más efectivo, así que no podía permitírselo bajo riesgo de que resultase en una falla catastrófica para él. Por esto, tomó acción de inmediato, lanzándose contra el que tenía más cerca, el de adelante. La runa que mejoraba su agilidad funcionaba a la perfección, permitiéndole evadir con facilidad los tentáculos mientras iba realizando cortes en las bases de los mismos, no por crueldad sino para mantenerle desenfocado de la batalla. Un chillido agudo desde más allá le hizo saber que su compañera estaba encargándose de la criatura en los escaños y que no tenía que preocuparse con ella, lo cual era un alivio de por sí. Su propio adversario ahora mismo estaba por completo frenesí que apuntaba a su próximo final, azotando con furia sus tentáculos contra la pared donde instantes atrás se había impulsado Arthur, prácticamente derribándola y haciendo saltar escombros por el pasillo.

Bastante cubierto del polvillo resultado de la demolición reciente Edgeworth escuchó la pregunta que ocasionaría una negativa automática por su costumbre de cazar solo, pero ahora no tenía que hacerlo, ¿no? -¡El otro!- indicó antes de lanzarse al piso para no ser alcanzado por un nuevo ataque, rodando por un par de metros y saltando a continuación para enterrar su espada justo en el punto necesario para que el monstruo abandonase esta realidad. Se giró enseguida para ver en qué estaba la morena, deteniéndose por momentos para observar la acción de su arma que era más larga de lo acostumbrado, calculando cómo intervenir sin llegar a estorbar, finalmente uniéndose a la lid desde el otro lado, sabiendo que así acabarían más rápido con éste.


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→ Lunes → 10:00 PM → Escuela primaria abandonada → Frio

El sonido de la cuchilla deslizándose en el aire era un ruido tan familiar y reconfortante que ningún otro sonido podía complacerle de la misma manera. Necesitó de dos estocadas para finalmente herir de gravedad al ser del averno, que dejó escapar un ruido agónico y gutural debido al contacto de la hoja celestial. La cazadora se movió con serenidad y firmeza refugiada en la oscuridad que arropaba el edificio, blandiendo nuevamente su arma para atacar a la criatura en el centro del que sería su pecho -aunque dada su corrupta anatomia era difícil saberlo- más esta lanzó sus extremidades hacia ella con la intención de pegarle un zarpazo que le arrojase por los aires.

Gracias a la magia rúnica y el riguroso entrenamiento al que se sometía con constancia, Rosalia logró eludir fácilmente el ataque de la bestia, percatandose por medio de su vista periférica que el otro nefilim había salido bien librado de la situación y ahora se acercaba a la otra criatura que estaba dandole pelea, de cuya grotesca epidermis brotaba una nauseabunda sustancia allí donde las heridas permanecían abiertas que desprendía un olor tan repulsivo como el de la basura en descomposición. Era irónico que de todo lo que estaba sucediendo a su alrededor, lo único que le resultaba extraño y ligeramente perturbador era la presencia del rubio...

Siempre aguardaba las noche a solas desde que había llegado a nueva york y eso nunca le había supuesto un problema. En gran parte de su infancia y los años posteriores a abandonar américa del sur para colocarse al servicio del conclave de nueva york, había mantenido el contacto con su hermano y su padre en situaciones puntuales y su costumbre de ir en solitario a realizar las misiones que se le encargaban se volvió mas que una rutina, una tradición, debido a que embargarse en la batalla a solas era una sensación que le daba cierta seguridad. Supuso que no era la única que se sentía de aquel modo, mientras aporreaba a la criatura con el mango de su arma, sujetando peligrosamente el extremo superior donde la cuchilla amenazaba con rasgar la piel de sus muñecas, imaginó que el otro cazador tampoco estaba acostumbrado a compartir el terreno.

No sabría decir si habían sido sus pensamientos quienes le habían hecho flaquear, o la hostigadora oscuridad pero cuando alzó la naginata para darle un golpe mortal a la criatura, la bestia se movió en el momento justo para eludir la afilada hoja, provocando que esta terminase incrustada en la destartalada madera del suelo. Inalterable, la morena se movió con envidiable agilidad y su pierna derecha se precipitó contra el costado de la criatura para empujarla y apartarle de sí, al mismo tiempo en que desenvainó una cuchilla corta de  su cinturón. Por unos ínfimos instantes desvió la mirada del monstruo hacia es cazador de sombras, en caso de que este no reaccionara a tiempo, se lanzaría sobre el ser del averno con la última de sus dagas...





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Re: Weapons in the dark || Arthur Edgeworth

Mensaje— por Arthur Edgeworth el Miér Ago 02, 2017 5:56 pm

El hecho de que Arthur acostumbrase a cazar solo no impedía que, como ahora, pudiese admirar los movimientos bien ejecutados que realizaba su compañera. Por supuesto que si algo le hubiese impedido aceptar hasta el momento que no se trataba de Lorelei, la misma escena de la batalla hubiera sido suficiente como para terminar de convencerlo, ya que jamás podría haberse siquiera imaginado a su ex en una situación como aquella, manejando un arma de tal manera, y no porque fuese una chica torpe sino porque las runas daban una gracia que no podía alcanzarse de otra manera. El chillido de la criatura monstruosa era un testimonio más de la habilidad que ella tenía, pero eso no significaba que fuese a quedarse parado observándola, no cuando ella de todas maneras podía estar en peligro como ocurría frecuentemente en el ambiente en el que se movían, nadie estaba completamente seguro de que después de una misión podría regresar sin una herida, o regresar siquiera a casa. Era un riesgo que se tomaba día tras día, y que no debía dejar que fuese el caso para la morena.

De todas maneras tuvo que estudiar brevemente los movimientos de Rosalia, al menos para no entrometerse en ellos y terminar siendo el golpeado o peor por el arma que ella enarbolaba. Cuando se hizo una idea de por dónde podía unirse al ataque, tomó ese flanco, aparentemente justo a tiempo ya que justo entonces la afilada hoja de su arma larga se vio atrapada por un fuerte golpe evadido por el demonio que fue a dar contra la madera del suelo. Los movimientos se hicieron fluidos, como si hubieran sido de alguna manera y en algún momento hubiese sido todo ensayado e incluso coreografiado cuando no había ocurrido nada siquiera remotamente similar.

En el instante en que, debido al empuje de la pierna de la morena, el monstruo perdió el equilibrio, el movimiento ascendente de su espada fue a encontrarse con la base de lo que vendría a ser el cuello de la criatura, provocando un corte bastante limpio que si bien no le decapitó, le dejó con la cabeza colgando de algunos filamentos, por lo menos por las milésimas de segundo antes de que terminase cayendo al suelo, la horrible cabeza rebotando un par de veces antes de que el cuerpo empezase a desvanecerse, doblándose en sí mismo hasta desaparecer por completo. -Bueno trabajo...- reconoció, nada en su tono indicando condescendencia ni nada remotamente parecido. Sin embargo, aún no envainó su espada, sus sentidos alerta mientras intentaba captar la presencia de más enemigos, cosa que de momento no parecía ser el caso. ¿Acaso habrían terminado con todos?


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Re: Weapons in the dark || Arthur Edgeworth

Mensaje— por Rosalia E. Labarth el Miér Ago 16, 2017 9:19 pm

Weapons in the dark
→ Lunes → 10:00 PM → Escuela primaria abandonada → Frio

Justo cuando su mano blandió la hoja celestial la cazadora observó a su compañero adelantarse limpiamente a sus movimientos para asestar el golpe final a la criatura del averno. Se mantuvo estática, teniendo que contener el impulso de abalanzarse sobre la criatura para no interponerse entre ella y el accionar del otro cazador de sombras erróneamente,  observando el desenlace de aquella breve pelea con gran alivio. El cuerpo del demonio se encogió, gorgoteando y retorciéndose unas cuantas veces antes de convertirse en una pestilente esencia tan oscura y desvanecerse en el aire igual que un suave lamento, dejando como única prueba de su existencia un par de manchas de icor que pronto también se desvanecerán de aquel plano.

La avalancha de adrenalina en su torrente sanguíneo dispuesta por el combate comenzó a mermar lentamente y un silencio apabullante se apoderó de la estancia. Rosalia agitó los hombros, dejando que la melena azabache cayese por detrás de su espalda de cualquier manera y se inclinó para poder extraer la hoja de la cuchilla que se había incrustado en la madera del suelo. La madera crujió y se quejó, pero Rosalia solo necesito un simple tirón para que esta cediera y liberase el arma –Lo mismo digo– respondió escuetamente, esbozando una ligera sonrisa mientras apoyaba el arma contra el suelo y la  sujetaba de la parte superior como si fuese un báculo. No siempre era el artefacto más eficaz en su constante lucha serefíca pero le conocía tanto como a si misma y estaba tan adiestrada en usarla, que le parecía otra extremidad de su cuerpo de la que no podía prescindir en batalla –¿Crees que deberíamos hacer una inspección antes de marcharnos?– cuestionó la nefilim, procurando mantener el volumen de su voz en un tono moderado. Aunque, a demas de una que otra corriente de aire debido a la infraestructura en declive, no había otro ruido o señal que pudiese alertarlos de movimientos demoníacos en el edificio.  

La cazadora deslizó su mirada por las paredes y los escombros del suelo, suponiendo que aquel edificio llevaba abandonado desde hacía décadas. No había muchas razones por las que pudieran quedarse a inspeccionar más a fondo pero ella pensaba que más valía prevenir que lamentar.  Sus ojos tenían el brillo particular de un guepardo en la noche debido a la escasa luz que polarizaba a través de los ventanales rotos –No creo que nos encontremos con otro de estos, pero me gustaría solventar la duda...– comunicó a la vez que se disponía a extraer la luz runa de uno de los bolsillos de su cinturón y la estancia se bañaba tenuemente con su resplandor, inclinó ligeramente la cabeza hacia aún lado, observando lo que antes habia sido la escalera que comunicaba con el primer piso y que había sido destrozada por el primer rapiñador –Aunque, creo que vamos a tener que improvisar...–




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Re: Weapons in the dark || Arthur Edgeworth

Mensaje— por Arthur Edgeworth el Jue Sep 14, 2017 11:17 pm

Ahí era que venía a él aquella sensación de gratificación después de un trabajo bien hecho mientras el demonio terminaba de desvanecerse. Incluso aquel pestilente olor ya se había terminado asociando en su sistema, junto con cierta baja en sus niveles de adrenalina, con aquella sensación que se iba extendiendo por su cuerpo. Serotonina, hormonas, condicionamiento, las explicaciones particulares no le eran de importancia en absoluto, todo lo que importaba era que los demonios habían sido expulsados violentamente de aquel plano que no les correspondía, enviados de regreso a cualquier agujero inmundo de donde viniesen.

Observó a su compañera mientras ella liberaba su arma del piso, cosa que hizo en unos segundos y para lo que ni siquiera se le ocurrió ofrecerle su ayuda, no porque no fuese en el fondo alguien amable, sino más bien porque sabía bien ahora lo autosuficiente que era, y un ofrecimiento de ese tipo entre cazadores incluso podría considerarse como algún tipo de insulto, indirecto o no. -No estará de más- confirmó, que hubiese sido de todas maneras lo siguiente a realizar en caso de que hubiera estado solo. Empezó a caminar por los pasillos, que crujían con la madera vieja y sin mantener de aquel piso, a pesar de la liviandad con que sus pasos se imprimían, lo que quería decir que si cualquier mundano pasase por ese mismo sitio el ruido se escucharía mucho más.

-Al menos no nos queda tanto espacio por explorar...- murmuró, sin saber muy bien si su intención había sido que ella lo escuchase o no. -Ya nos ocuparemos de la salida cuando sea el momento- agregó, ahora sí algo más audiblemente, quizás dándose cuenta de su volumen anterior. Había observado el brillo de los ojos en la chica, lo que le hizo sospechar sobre sus orígenes, pero eso no iba a molestarle, claramente. Nunca había tenido una disposición negativa hacia los subterráneos, y probablemente eso era producto de no haber pasado tiempo con otros cazadores fuera de sus padres antes de ser adulto. La primera puerta ni siquiera necesitaba ser abierta, estaba rota sobre sus goznes, y la habitación se veía vacía a la luz de la luna.


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Re: Weapons in the dark || Arthur Edgeworth

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