29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


38 # 37
18
NEFILIMS
7
CONSEJO
11
HUMANOS
5
LICÁNTRO.
12
VAMPIROS
13
BRUJOS
6
HADAS
3
DEMONIOS
1
FANTASMAS

Sigue mi ritmo... Si puedes... |Rosalia E. Labarth|

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Sigue mi ritmo... si puedes...
→ MARTES → 21:09 → DESPACHO DE ROBERT LIGHTWOOD  → FRÍO
Esto me sigue pareciendo absolutamente ridículo, Robert.

Apreté mis puños sobre el escritorio del director del Instituto, que me observaba con una expresión en sus ojos claros que no admitía reproche alguno. Tuve ganas de darle un golpe. ¡No estaba tratando con ningún niñato nefilim descarriado que se hubiese metido de cabeza en una cueva de vampiros y hubiese salido vivo por poco, maldita sea! No sólo soy un adulto como él, sino que además estamos en la misma posición, dentro del Consejo. ¿Es que lo que quiere es humillarme? Le atravesé con la mirada, queriendo hacerle flaquear en su decisión, pero parece inamovible, como las paredes. Creo que en ese momento entendí un poco más a Adeline cuando le obligué a hacer cualquier cosa que no entraba dentro de sus planes.

Jonas, las dos últimas veces que has salido solo has terminado hecho un desastre.

Su discurso siguió y yo lo escuché con la misma expresión que cinco minutos antes. Las dos últimas veces que me había terminado quedando solo en una misión había terminado en el hospital con heridas realmente graves; en ambas situaciones había tenido muchísima suerte, y no podían darse el lujo de perder a otro nefilim por la cabezonería de un viejo. Al decir eso, se sonrió entre dientes, y supuse que también lo decía un poco por sí mismo. De nuevo tuve ganas de pegarle, sobre todo porque no era como si su discurso fuese disparatado o no tuviese ningún sentido. En sus circunstancias yo hubiese hecho algo parecido, pero ¿mandarme con una cría a la que no conocía de absolutamente nada? Gruñí.

Está bien. No es como si estuviese de acuerdo con esto, pero lo acepto.

Cogí el dossier que había dejado para mí y lo leí rápidamente. Me dijo que esperase en el despacho a que apareciese la joven nefilim que iba a acompañarme y se marchó, pues otros asuntos requerían de su presencia. Aún se movía de forma inconstante por culpa de las heridas que había recibido en El Gard. No lo había expresado en voz alta, pero por un lado prefería haber tenido a Adeline de mi lado, porque conocía su eficacia en cualquier circunstancia adversa y era el nefilim más confiable que existía para mí; sin embargo, por otro, su presencia seguía despertando dolorosos sentimientos dentro de mí. Una hija nunca debería asociarse al dolor, pero desde el último suceso sentía que su mirada cargada de odio me afectaba mucho más que antes, y mucho más de lo que me gustaría reconocer.

Así que me centré en el estudio de la situación, esperando a que mi compañera apareciese. Al parecer había movimientos sospechosos en las ruinas del antiguo Hospital Renwick, probablemente de demonios menores por la zona. Lo sospechoso era el averiguar cómo de pronto habían aparecido ahí, de golpe, como si les hubiese atraído un brote de inmundicia a la zona. Arqué una ceja. Se suponía que lo único que teníamos que hacer era rastrearlos, infiltrarnos y reunir información; la lucha sólo estaba contemplada si nos veíamos comprometidos sin remedio, pero en la medida de lo posible era misión para más de dos nefilim, por mucho que uno de ellos tuviese mucha más experiencia y formase parte del consejo. Desde luego, era lo más sensato.

Suspiré, cerré la carpeta y me pasé la mano por los ojos, sintiéndome repentinamente agotado y sobrepasado por todo. ¿Me sentía viejo, después de todo? Estaban pasando tantísimas cosas que costaba no estar en esa situación de desventaja moral. La historia se repetía por tercera vez; no parecía haber forma de hacer que El Círculo desapareciese del todo y los tratos con los subterráneos cada vez parecían más necesarios al resto de la Clave. Y ahí me encontraba yo, dividido en dos por mi desprecio ante esas subcriaturas y la repulsiva idea de levantarme contra mis hermanas y hermanos en una lucha fratricida. ¿Por qué nos habrá tocado vivir estos tiempos? ¿Por qué...?




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→ MARTES → 21:09 → DESPACHO DE ROBERT LIGHTWOOD  → FRÍO

Amor en tiempos de cólera descansaba descuidadamente sobre su regazo a punto de ceder a la gravedad y dar con el suelo estrepitosamente. Una especie de entumecimiento emocional le había envuelto desde hacia horas, mismas en las que había estado tratando de leer el mismo capitulo una y otra vez, pero era como si su cerebro no fuese capaz de interpretar las palabras impresas sobre el papel y debía volver a releer los párrafos cada tanto. Había llegado a un punto en el que no comprendía la función de los personajes ni lo que estaban intentando lograr, los nombres mencionaban a unos extraños que ella no era capaz de recordar y finalmente, tras unos amargos minutos en descontento, decidió rendirse.

Dejó el volumen de  García Márquez sobre su escritorio con cierto pesar e hizo exactamente lo que siempre hacia cuando era incapaz de lidiar con sus propias emociones; Se colocó su traje de combate, tomó la naginata que descansaba juntó al pequeño buró de caoba con rapidez y abandonó su estancia hasta llegar a uno de los salones de entrenamiento mas o menos despejado. Siempre se sentía particularmente exasperada cuando recibía alguna carta de su padre, exigiéndole que le reportara su estado actual. Rosa siempre escribía las mismas palabras impersonales a la espera de que eso fuese suficiente como para calmar su interés, pero aun así no dejaba de suponerle una incomodidad que su padre le escribiera con una curiosidad que sabia que no era propia de su persona. Se abrió paso a unos de los salones apretando fuertemente el mango de la cuchilla y observó a un par de nefilims desde el umbral, uno a penas un niño, practicar con un par de espadas largas, siendo el mayor que le explicaba al menor como se suponía que debía sujetarla apropiadamente.

El mayor de los dos nefilims reprendió al niño instándole a levantar aun mas la punta de la hoja con un tono severo en su voz, aunque su mirada se reflejaba un profundo cariño por el que Rosa imaginó que seria su hermano menor. El pequeño asintió con efusividad y la muchacha se sorprendió a si misma espiándoles desde la puerta, sin animarse del todo a transgredir aquella escena que le recordaba vagamente las noches en las que había vivido en el circo ambulante, moviéndose de pueblo en pueblo sin parar. Sentada sobre el regazo de su tia mientras esta le trenzaba el pelo, Rosa recordaba escucharle  hablar sobre el mecanismo de las poleas de las carpas, las maravillas que había visto cuando había visitado el pueblo mágico o incluso a veces le hablaba sobre su madre, contándole que ella había heredado su sonrisa, sus deslumbrantes ojos de leopardo y sus simpáticas orejas. Viena había sido lo mas cercano a una familia que ella había tenido y a pesar del inclemente paso de los años aun recordaba su afecto y su dulzura con una extraña combinación de añoranza y resentimiento. El ruido del metal cayendo estrepitosamente contra en suelo le hizo abandonar sus pensamientos y Rosalia alzó la mirada, observando a tiempo como el niño se inclinaba para recoger la espada que había caído al piso. Repentinamente, el estar allí observándoles le hizo sentir como una intrusa y decidió buscar otro lugar para descargarse, lo cual resultó en una tarea imposible. Dadas a las exigencias de los últimos días le era casi improbable encontrar la privacidad que tanto le gustaba para entrenar, todo el mundo parecía encontrase envuelto por la tormentosa ansiedad de lo que se avecinaba y probablemente aquello fuera la causa por la que Rosalia no fue capaz de dar con un espacio despejado.

Dando aquella opcion por perdida, se dirigió a la oficina del instituto con la esperanza de que le asignaran alguna misión y tener una buena excusa para ocupar su tiempo. No le sorprendió cuando al poco tiempo de regresar a su aposento le informaron que debía presentarse al despacho para que le informaran su encargo. con cuchilla en mano y su cinturón previamente preparado con lo que consideraba estrictamente necesario, Rosalía avanzó a traves de los pasillos que eran levemente iluminados por la luz magica. La puerta del despacho se encontraba abierta y tras un instante de vacilación la muchacha se dispuso a entrar. Reconoció un rostro que se le había vagamente familiar y al instante, palideció, tan gris como la ceniza abatida por las llamas ¿Le habían asignado una misión con un miembro del consejo? Inspiró con fuerza, deteniendose justo debajo del marco de la puerta –Señor Geller ¿Cierto?— cuestionó a media voz, percatándose de la extrema concentración del hombre mientras estudiaba el documento que tenia entre las manos, en ese instante Rosa no pudo evitar sentirse como una especie de intrusa otra vez…



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→ MARTES → 21:09 → DESPACHO DE ROBERT LIGHTWOOD  → FRÍO
Una voz joven me extrajo de mis propios pensamientos derrotistas, sin embargo no reaccioné físicamente a ella más que girando ligeramente la cabeza de lado; lo suficiente para percibir su silueta morena en la puerta. Asentí de forma tan fugaz que podría haber pensado que lo había imaginado mientras regresaba a los documentos, apartando mi atención de ella. Por tanto ignoré si vaciló o no ante la idea de aproximarse a mí, pero igualmente hablé con voz fuerte y contundente. Delante de otro nefilim no podía mostrar mis miedos, mis inseguridades y las ideas que me torturaban desde dentro. Debía de sonar impávido, eterno, inamovible, como las estrellas del firmamento.

Acércate y preséntate —fue una orden, evidentemente. Una vez cumplida le tendí el dossier para que le echase un vistazo, y entonces me di el lujo de mirarla. Era joven, muy joven, con el fuego y la fuerza de la edad brillándole en los ojos. Bien, al menos era alguien que parecía comprometida. Veríamos si daba la talla—. En el antiguo Hospital de Renwick ha habido un avistamiento de demonios menores —resumí— de origen desconocido que tenemos que investigar. Han sido muchos en poco tiempo y por eso merecen nuestra atención. Ahora sígueme e intenta mantener mi ritmo, Labarth. Conmigo no hay segundos ritmos.

Empecé a andar de forma contundente, sin esperarla. Seguía teniendo la pierna afectada pero utilicé runas para paliar esa dificultad mientras andaba: impertérrito, sin miedo, agilidad, rapidez, silencio... Caminaba por los pasillos del Instituto sin mirar por donde iba, pues la experiencia me iba dictando qué caminos coger. No sabía si Rosalía me seguía de cerca o de lejos, pero me daba igual mientras me siguiese. El trayecto en ascensor se hizo pesado en comparación a cuando el aire libre nos golpeó en el rostro al salir al exterior. Una última runa: glamour, y me giré de nuevo hacia mi compañera.

Si estás lista, nos vamos. Hay mucho que hacer.

-.-.-.-.-.-.-.-.-

El sitio olía a viejo, a pesar de que el edificio aún estaba a cierta distancia y se encontraba medio derruido, pero había algo en los alrededores que te incitaba a pensar que estabas atravesando una barrera que el tiempo había establecido para separar a los vivos de los muertos. Con el ceño fruncido y la atención puesta en todas partes avanzaba, notando la presencia de la joven nefilim detrás de mí. Por el momento se había mostrado eficiente, aunque ignoraba su experiencia y las capacidades que tenía, pero si Robert la había puesto a mi servicio entonces no tenía dudas de que al menos, sería competente. Alcé el brazo para indicar que debíamos detenernos cuando faltaban escasos metros y aún existían algunos árboles, además de hierba alta, que podían protegernos. Por lo que tenía entendido aunque abandonado el edificio, la zona era vigilada por policías mundanos para evitar que las personas se acercasen a echar un vistazo, presas de la curiosidad. Evidentemente eso no nos afectaba, pero me alivió ver que no habría nadie que pudiese irrumpir en nuestro trabajo. Entonces me di la vuelta y encaré a Rosalia.

No sabemos qué está atrayendo a los demonios, ni cuántos son. El edificio no tendrá una estabilidad precisamente segura, así que no te confíes y camina con cuidado. Vamos.

Salimos de detrás del verde espesor y nos dirigimos rápidamente hacia las vallas que rodeaban el edificio. Saltarlas no supuso ninguna dificultad para dos criaturas como ella y como yo, y pronto nos encontramos delante de la gran puerta del hospital abandonado. Un leve empujón fue necesario para que cediese, lo que me inquietó sobremanera, aunque no lo expresé. La puerta debería de haber opuesto algo más de resistencia... Me giré, alcé el dedo y me lo llevé a los labios para indicarle que no debíamos hablar. Saqué una piedra de luz y la activé; su suave fulgor nos iluminó mientras nos adentrábamos...




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→ MARTES → 21:09 → DESPACHO DE ROBERT LIGHTWOOD  → FRÍO

Por unos segundos la cazadora de sombras se quedó completamente estática, congelada. Sus pies se habían trasformado en pesados bloques de cemento incrustados en el suelo ante la matiz exigente de aquella sencilla solicitud que había realizado el nefilim y que le resultó imprevisible; Lo ultimo que se hubiese imaginado era que le fuesen a asignar una misión con uno de sus congéneres que, indiscutiblemente, ostentaba un cargo mucho mayor al suyo, justificando en cierta medida la modalidad de sus palabras. Y aunque si bien era cierto que era una cazadora de sombras antes que nada, eso no anulaba el hecho de que era una completa extranjera, deslizándose siempre en silencio, resguardándose en el anonimato que le otorgaban sus labores individuales, rondando las calles de Nueva York sin ninguna compañía esperada mas que la de sus armas y cualquier criatura que amenazara con profanar la paz. Estaba demasiado acostumbrada a “ir a su bola” y siempre le resultaba incomodo tener que interactuar con otros cazadores de sombras. Si, por muy irónico que resultara, Rosalia se encontraba mucho mas plácida aniquilando seres del averno en algún páramo inhóspito que teniendo una conversación formal con otro nefilim…

La muchacha procuró tener la decencia de no delatarse demasiado en acercarse, esforzándose en encontrar su voz en algún lugar –Rosalia… Rosalía Labarth– respondió con el tono mas ecuánime que fue capaz de manifestar, manteniendo una expresión neutra que se transformó en un leve ceño fruncido cuando el cazador le tendió el informe pertinente, repasándolo en la mayor brevedad posible sin perder detalle de lo que decía. Volvió a alzar la mirada hacia el hombre y asintió rapidamente, con una intrepidez siega alojándose en sus orbes color ámbar.

–Lo estoy–
Afirmó con seguridad, percatándose del familiar peso de la naginata enfundada en su espalda. Siempre procuraba hacer uso de la magia rúnica una vez se le hubiese notificado de alguna misión en la que debía ser participe, aquello formaba parte de una estricta rutina que llevaba religiosamente desde la infancia para mantener optimizada su escasa salud de la que no podía desligarse, las runas no eran una ventaja o una herramienta de batalla para la híbrida… las necesitaba con extrema constancia. su diestra se posó sobre la estela guardada en su cinturón y sin demasiadas pretensiones abandonó el dossier para luego seguir los pasos al mayor que no había dudado en ponerse en marcha con suma rapidez. Suspiró sutilmente, atravesando los pasillos góticos del instituto, procurando ignorar el destello de preocupación que estaba comenzando a alojarse en su pecho…





La antiquísima edificación transmitía desde sus desolados cimientos muerte y olvido, Rosalia tuvo la sensación de que el aire se volvía mas espeso a medida en que se acercaban a ella, a juego con la lúgubre noche gris que se alzaba sobre sus cabezas. No le sorprendería si en la misma puerta les esperase un espectro diabólico invisible ante unos ojos sin la visión, puesto que el edificio no guardaba ni un atisbo del encanto de antaño y dado a lo evidentemente inestable de su estructura, la edificación era inhabitable para cualquier persona, al menos cualquier ser humano que estuviese en sus cabales. Era el ecosistema ideal para anidar un foco de criaturas del averno, amantes de la oscuridad y lo siniestro, pero también era una llamativa tentación para mundanos demasiado curiosos e ignorantes de la verdad.

Sus ojos viajaban hacia puntos inexactos de aquel páramo abandonado, aun resguardados detrás de la maleza, procurando el sigilo en cada movimiento realizado. A pesar de que la escasa luz no facilitaba la situación, Rosa fue capaz de ver el gesto del otro cazador de sombras, instándole a que se detuviese –No hay problema…– se limitó a responder. A esa distancia resultaba difícil hacer conclusiones sobro lo que anidaba allí dentro y aunque no había una vida inocente peligrando en esos momentos, eso no significaba que no la hubiese en días por venir si no se resolvía de inmediato. Procurando el sigilo en cada uno de sus movimientos, avanzó a través de la hierba con rapidez, procurando vigilar los alrededores a medida en que se adentraban en la propiedad cuya fachada a penas supuso impedimento para que se abriesen paso. Un profundo ceño se dibujó en su frente dado a que la puerta no se había resistido cuando Jonas se dispuso a abrirla, cosa que de por si ya resultaba bastante extraña.

Sin mas dilatación comenzaron a abrirse paso a través del edificio, terroríficamente silencioso y calmado, aunque aquello no era razón para fiarse de que se encontrase realmente deshabitado. Se adentraron aun mas y Rosalia arrugó la nariz al percatarse de la mezcla de olores poco desagradables entre la humedad, el polvo y algo que no podía ser otra cosa que azufre, mientras procuraba bordear los escombros para no caer de bruces. Sintió cada músculo de su cuerpo tensándose, focalizándose en agudizar sus sentidos en caso de que cualquier “cosa” apareciera sin previo aviso. Desenfundó de su cinturón dos kunais forjadas de adamas y las sostuvo  en cada mano, apretándolas por el mango, vigilando sus espaldas a medida en que avanzaban…



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→ MARTES → 22:15 → ANTIGUO HOSPITAL RENWICK  → FRÍO
El mal olor me hizo arrugar la nariz, pero no proferí ningún sonido al respecto. Humedad, polvo, antiguo, abandono... y por debajo de todo aquello, el ligero aroma a azufre que esperaba encontrar. La luz refulgía suavemente en la palma de mi mano, mostrando el desolador aspecto con el que nos recibían los pasillos del viejo hospital. Había telarañas por todas partes, desconchones en la pared, puertas desvencijadas, cristales rotos por los que penetraba la suave luz de la luna creciente... Ofrecía un aspecto tan lastimoso y decadente como se esperaba de un edificio así, en ruinas y abandonado, protegido por los mundanos para que nadie se acercase a sus proximidades por los peligros que podía entrañar su simple estructura.

Desde luego parecía el lugar perfecto para esconderse. Respiré algo más profundamente de lo normal, y el polvo me llenó los pulmones, aunque no llegué ni a toser ni a estornudar. El aire estaba tan cargado, tan sucio y tan viejo que era tan desagradable como la visión en conjunto de todo el local, pero no estaba allí para redecorar el sitio ni para calibrar su seguridad, de modo que continué avanzando sin mediar una sola palabra con mi acompañante, comunicándome con ella sólo mediante gestos fácilmente entendibles que indicasen qué camino íbamos a tomar, atendiendo a los rastros que pudiésemos encontrar en el interior.  

Recorrimos la primera planta con lentitud, pisando con cuidado, escuchando el crujir del viento contra las paredes viejas de piedra. Si hubiese sido otro tipo de hombre me habría dado por pensar con cierta nostalgia en los mundanos que habían recorrido estos pasillos, en los médicos, las enfermeras, las personas que habían estado ingresadas allí para que se les curase la viruela, totalmente aislados, completamente incomunicados con el exterior. Ahora pocas cosas podían atestiguar que allí alguna vez hubo vida antes; los pájaros, los árboles, los restos de suelas rotas en el suelo y los desperdicios que habían dejado al abandonar el edificio. Poco más.

Sí que reflexioné sobre ellos, pero sólo para cerciorarme de que sus vidas eran un lapso demasiado breve e insulso en una existencia mucho mayor como era la del universo, o la de los arcángeles. Raziel nos bendijo con su presencia, con las runas que portamos en nuestros cuerpos, y por eso deberíamos estar realmente agradecidos. Ojalá...

De pronto un crujido me sacó de mis pensamientos y giré el rostro bruscamente hacia ambos lados, intentando descubrir quién lo había provocado. Me volví entonces para Rosalia, y al encontrarme con su respuesta negativa y percatarme de que ella también lo había oído, alcé el rostro hasta toparme con el techo que había sobre nuestras cabezas. Entonces el crujido se convirtió en un rasgueo sinuoso que se movió por toda la planta superior, y con un dedo le señalé que debíamos ascender.

Buscamos las escaleras con la máxima celeridad posible, agradecido por la runa de silencio, y cuando llegamos a la que debía llevarnos al primer piso me detuve, pues en la vieja moqueta rasgada había marcas que habían destrozado la tela y que no habían sido provocadas por animales salvajes ni por el paso del tiempo, pues eran demasiado grandes para los perros que pudiese haber aquí, como mucho, o los cuervos o tórtolas. Las señalé con el dedo con el ceño fruncido y le hice ademán para que se acercasen a examinarlas, colocando la luz sobre ellas.

¿Qué piensas? —susurré, esperando que diese su veredicto. No lo habría hecho con cualquier persona, pero su presencia joven me recordaba a la de mi hija y me encontré inclinado a reproducir con ella los mismos modelos pedagógicos que usaba con ella.


Última edición por Jonas Geller el Sáb Ago 19, 2017 7:57 pm, editado 1 vez




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→ MARTES → 21:09 → DESPACHO DE ROBERT LIGHTWOOD  → FRÍO

Mientras sus ojos pardos y relucientes como el ámbar vagaban por los confines de la ruina, se esforzaban inútilmente en conjurar una perspectiva menos desmotivadora que la que tenia en esos momentos, mas le resultaban imposible hacerlo. Los resquicios de que alguna ves hubo vida humana solo le daba un aspecto mas siniestro al lugar, iluminado por los resquicios de la luna que se colaban por los desgastados ventanales. La parte superior de las paredes estaban recubiertas de una capa mohosa y desagradable, escombros propios de una infraestructura deteriorada se esparcían de cualquier manera por el suelo que resultaban en trampas efectivas para cualquiera que se andase sin el mínimo de cuidado y motas de polvo relucían bajo la escasa luz recordando la pena del abandono. Parpadeó reiteradas veces sintiendo el ardor en los ojos y el escozor en su garganta producido por el vaho a putrefacción, polvo y olvido que lo plagaba todo, procurando no irse de bruces y comerse el piso en el momento menos oportuno. Seguramente el ruido alertaría a cualquier residente desagradable y no tenia ganas de una reprimenda por parte de su congénere, puesto que algo le decía que Jonas Geller era la clase de persona que no se cortaría para hacerlo.

Le lanzó una mirada fugaz, aun esforzándose en acostumbrarse a su presencia, mientras se limitaba a seguirle a traves del deteriorado edificio en un silencio religioso. Ni siquiera sus rondas nocturnas constaban de una compañía frecuente y menos si se trataba de alguien a quien no conocía de nada, pero bien era cierto que salir de la trinchera con alguien para resguardarte las espaldas era una ventaja para tomar en cuenta cuando tu trabajo te hacia estar en peligro de muerte inminente. Suspiró de forma casi imperceptible, sacudiéndose los pensamientos que comenzaban a globalizar su mente sin dejar paso a la concentración. En su vida se hubiese imaginado que tendría que estar tan cerca de alguien que perteneciese al consejo, aunque la idea podría resultar altamente atractiva para cualquier hijo del ángel con intenciones de escalar ella solo podía pensar que todo podía terminar en un triste debacle…

Su andar se interrumpió bruscamente cuando escuchó un sonido amortiguado, sintiendo el espasmo en cada músculo debido a la repentina tensión, buscó con la mirada la fuente de aquel ruido y la reacción de su compañero  le dio a entender que el también se había percatado pero al igual que ella no había dado con la fuente del crujido que les había perturbado. Sus manos se apretaron con fuerza, sintiendo la usual punzada dolorosa de las kunais sobre su piel; la historia hubiese sido muy distinta si las hubiese desenfundado años atrás, la escasa experiencia hubiese provocado dos dolorosas hendiduras en sus palmas desnudas, mas había sostenido las suficientes veces cuchillas de aquella índole como para no cometer un error. No habían sido hechas para ella, no tenían la cómoda hendidura de su naginata ni el familiar peso de la cuchilla larga que se acoplaba a sus necesidades, pero sabia que su arma predilecta era mucho menos conveniente y practica si algo se le abalanzaba repentinamente.

Siguió al cazador sin titubeos, acercándose hasta los antiquísimos escalones a la mayor brevedad posible, amparados por la oscuridad y las sombras. Jonas iluminó con la luz mágica el espacio donde se dibujaban huellas irregulares sobre el suelo, lo suficientemente profundas y anchas como para no ser confundidas con las de un animal común. Rosalía frunció los labios y se colocó en cuclillas, la pestilencia del Icor le atacó sin reservas –Es brusco. Demasiado pesado, demasiado grande…– murmuró por lo bajo, observando las irregulares marcas sobre el suelo. Sus ojos siguieron la trayectoria de las huellas y distinguió en el primer descanso de los desgraciados escalones un rastro lineal y viscoso, como si algo se hubiese arrastrado por el suelo –Allá, mire– agregó, reincorporándose en un movimiento veloz –Un demonio raum, mas de uno, probablemente…–   Musitó sin apartar la mirada de los escalones, incapaz de distinguir si había algo o no moviéndose en el piso superior. Se volvió hacia su acompañante esperando a que declinase su veredicto o que por el contrario estuviese de acuerdo con ella. De cualquier manera, debían subir y enfrentarlo...



Última edición por Rosalia E. Labarth el Mar Sep 05, 2017 3:38 am, editado 1 vez


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→ MARTES → 22:15 → ANTIGUO HOSPITAL RENWICK  → FRÍO
Los movimientos de Rosalía eran ágiles, rápidos y precisos. Resultaba extraño hoy en día toparse con un cazador de sombras de su edad que no fuese todo ego, todo orgullo y prepotencia; ella, en cambio, acataba las órdenes con facilidad, sin rechistar, y se mostraba dispuesta en todo momento. Casi podía decir que agradecía a Robert la elección de mi compañera para aquella misión, porque salvo Adeline, de momento, creo que no podía haber escogido a nadie mejor; claro que aún estaba por ver si mantenía el nivel que me había mostrado hasta el momento el resto de la noche.

Su análisis sobre las huellas fue increíblemente bueno. Llegó rápidamente a la misma conclusión que había asaltado mi mente, y si hubiese sido un tutor más cariñoso habría sonreído con complacencia. Pero Jonas Geller no hace esas cosas. Me limité a asentir suavemente con la cabeza como signo de aprobación, y giré rápidamente el rostro en la dirección que la muchacha había señalado, pero no vi nada. Sin embargo, no quise dudar de la visión de mi compañera temporal.

Subamos en silencio, entonces. Atenta a mis señales.

Me introduje la luz en el bolsillo para ocultar su opalescencia, aunque seguía trasluciendo a través de la tela un tenue brillo que permitía saber su localización si se miraba atentamente en nuestra dirección, pero no si se pasaba de largo la mirada. Había memorizado el número de escalones y a la distancia a la que se encontraba cada uno, por la experiencia de los años, así que no me fue difícil ascender cuidadosamente sin hacer ruido. A mi espalda, Rosalía continuaba ascendiendo a mi lado con el mismo sigilo de un gato. Los escalones, sin embargo, no acompañaban. Crujían a cada pequeño paso, aunque eso no pareció alertar ni mucho menos a nuestros anfitriones.

Cuando llegamos a la primera planta nos recibieron sólo la oscuridad y el silencio. Mantuve firme el oído para ver si captaba algún sonido, pero de haber habido algún demonio esperándonos en borde de las escaleras, ya no estaba. Saqué de nuevo la piedra de luz y miré a la derecha y a la izquierda. Observé el suelo, las paredes, el techo, intentando encontrar pistas que me indicase en qué dirección podían haber corrido los asquerosos dueños del lugar; había marcas en todos lados, no obstante, pero tras un par de minutos de minuciosa atención pude encontrar algunas que eran bastante más recientes que otras. Le indiqué a Rosalía en silencio que las observase para luego señalarle con el dedo el camino de la izquierda, aparentemente más destrozado que el otro.

Teoriza —le susurré—, a ver si encuentras alguna hipótesis que haga plausible la presencia de más de un demonio raum en un hospital abandonado en una de las islas de New York.  En el informe de Robert no había nada específico, así que utiliza tus conocimientos. ¿Qué te dice el instinto?

¿Por qué me estoy comportando como un tutor con esta chica? Cierto es que no estoy acostumbrado a hacer misiones con gente más joven, únicamente con mi hija. De forma soslayada pienso que quizás, y sólo quizás, si Susan no hubiese muerto, yo habría sido así siempre con Adeline. No un padre tan estricto que le hacía entrenar hasta que le sangraban los dedos, sino un hombre firme y severo que sabía ser capaz de mantenerse algo suave, a pesar de todo. Pero la herida de mi hija fue tan grande que ya nunca pude ser de otra forma con Adeline... Ahora sólo quedaba este viejo para la gente que no era de mi sangre, lo cual sólo me despertaba una gran desazón en mi interior. Pero aquel no era el momento de divagaciones ni de ensoñaciones tristes. Debía de estar atento a la situación, porque un fallo podía ser mortal tanto para la chica como para mi.




Jonas Geller
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→ MARTES → 21:09 → DESPACHO DE ROBERT LIGHTWOOD  → FRÍO
No podía decir que no se encontraba nerviosa, y aquel sentimiento no se relacionaba en absoluto con la posibilidad de encontrarse en un nido de demonios. Había algo extraño en el ambiente, algo punzante y nostálgico en el trato que estaba recibiendo del otro cazador de demonios que evocaba en ella el recuerdo de Lucas Labarth. Le produjo la misma sensación que ver una fotografía de un rostro olvidado, esa pequeña impresión que se percibe al advertir una cara familiar de la que antes no se es consciente hasta ese momento, aunque no supo decir si la sensación le resultaba agradable, agobiante o atemorizante...

Lucas no era su padre ¿Porque iba a serlo? para el, desde el momento en que se enteró de su existencia, ella se había convertido en la encarnación viviente de sus demonios del pasado, el recuerdo imperecedero de una aventura juvenil con una de las hijas de las hadas que le perseguiría el resto de sus días. El era su entrenador inquebrantable y ella su devota discípula, su relación nunca había traspasado lo profesional para asemejarse a algo tan afectivo como podía serlo una relación de padre e hija. Le había educado y formado con una mano de hierro que no aceptaba reproches, titubeos, altanerías o errores, siempre observándola con una mirada tan afilada como la hoja de una cuchilla en manos inexpertas; esperando a que cometiera un error para reprochárselo pero al mismo tiempo con el temor de que sus métodos disciplinarios no forjaran a la guerrera que el deseaba que ella fuese.

La cazadora inspiró con fuerza y contuvo la respiración, empujando aquel pensamiento a los confines de su mente a medida que comenzaba a ganar peso ¿Porque atormentarse con algo así en ese momento? Necesitaba concentrarse… Jonas Geller no era su padre y no debía temer a la reacción del nefilim por algún error que pudiese llegar a cometer. Pensó, fugazmente, mientras subía cuidadosamente por los desgastados escalones del edificio abandonado, que equivocarse no siempre tenia que ser un cataclismo para alguien de la edad de su padre o Geller. Tal vez Lucas Labarth era el único padre cazador de sombras que podía fulminar con una mirada cargada de  absoluto desprecio a su única hija por no enarbolar su cuchilla en el momento justo o no ser la cazadora de sombras mas prometedora de su generación.

La muchacha asintió brevemente y tal como Jonas le había indicado, se detuvo para observar con detenimiento las huellas que se encontraban por todo el suelo. habían marcas por todas partes, algunas resultaban mas irregulares que otras y fue capaz de notar la diferencia de las dimensiones incluso con la luz tan escasa que proporcionaba el leve resplandor de la luz runa –La impresión de las huellas difieren mucho, algunas son mas profundas que otras. Seguramente porque la masa de algunos demonios es mayor que la de otros... Eso me hace pensar que hay mas de ellos– murmuró con voz trémula, a pesar de que lo intentó no logró imaginar una segunda opción; para ella era eso, o el demonio en cuestión se la pasaba dando vueltas en circulos sin ningún tipo de coordinación. Se mordió el interior de la mejilla para contenerse, repasando su propia teoría sin apartar la mirada del camino irregular de huellas formado hacia su derecha donde el otro cazador de sombras había señalado, sin dejar de mantenerse alerta en caso de que alguno de los moradores hiciera acto de presencia. Si hubiese sido por ella, ya se encontraría sumergida en la boca del lobo, sin embargo se limitó a contener sus impulsos y volverse hacia el otro cazador ligeramente, esperando por su interpretación del asunto.




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→ MARTES → 22:15 → ANTIGUO HOSPITAL RENWICK  → FRÍO
Escuché sus elucubraciones con atención. Bien, resultaba bastante obvio que había más de uno en aquel lugar, ya que yo mismo lo había dicho, y no dijo nada al respecto de lo que le pregunté: el motivo. Fruncí el ceño pero yo tampoco comenté nada en relación a su respuesta, sólo asentí, y viendo que se colocaba a mi lado, le indiqué con la cabeza que avanzásemos por el pasillo que estaba peor tratado por los arañazos de las criaturas. A mi cabeza vino el suceso que me había comentado Robert del grupo de nefilims que habían topado con mundanos y subterráneos y habían tenido un encuentro más bien difícil y tortuoso. Mientras avanzábamos, me pregunté si los demonios raum de este lugar estarían relacionados con ese evento o algo similar.

Tampoco dije nada. No me parecía mal que Rosalía no se hubiese atrevido a lanzar una teoría loca al aire sin tener suficientes datos al respecto; apreciaba la prudencia porque eso podía salvar vidas, aunque mi padre aquello lo hubiese tomado como cobardía por parte de la muchacha. En el pasado, quizás yo también, pero después de los dos encuentros que tuve con los licántropos, desde luego había topado por tener otra perspectiva, porque mis últimos análisis no habían sido, desde luego, de lo más favorecedores para mí. La leve cojera que intentaba disimular como si me fuese la vida en ello lo atestiguaba.

Espera —susurré, deteniendo el avance de la joven cuando ya habíamos llegado a la boca uno de los pasillos más anchos de la zona.

Un escalofrío me recorrió la espalda, pues desde luego se escuchaba un gran alboroto en alguna parte más allá del corredor. Con la mano le indiqué que avanzásemos despacio, porque desde esa distancia tampoco se podía asegurar si se trataba sólo de demonios menores o si había algo más... Los sonidos cada vez eran más fuertes. La piedra parecía arderme dentro del bolsillo, prendida, pero la dejé ahí hasta que llegamos a otro enorme pasillo, donde el ruido resultaba claro y ensordecedor: raums. Más de diez o veinte, aunque aquello eran sólo estimaciones que probablemente estaban muy lejos de ser las acercadas justo tras una enorme puerta que aunque desvencijada, parecía perfectamente cerrada. Sin embargo, eso no aseguraba que no hubiese más fuera de aquel lugar; quizás ahí estuviese el nido, y sonaba increíblemente numeroso incluso desde donde estábamos.

Será mejor que nos marchemos a un punto más elevado e intentemos pedir refuerzos —murmuré tras coger aire muy despacio—, pues poco vamos a poder hacer tú y yo contra ellos, ya que desconocemos el número de...

De pronto se escucharon sonidos de zarpas arañando el suelo, provenientes del corredor de la derecha, y mis instintos me llevaron a hacer dos cosas: coger un cuchillo serafín y colocarme codo con codo con la muchacha. Todo pareció ir más lento en ese momento, y fui consciente de todo lo que me rodeaba: del calor del cuerpo de Rosalía, de mi propio sudor, de los olores ligeramente dulzones de edificio podrido y del fétido aroma a basura que manaba de los demonios. Extendí la mano que portaba el arma y le indiqué que diésemos marcha atrás; no era que no pudiésemos hacerle frente a una sola criatura, pero si empezábamos a hacer demasiado ruido entonces las cosas podían llegar a ponerse muy pero que muy feas...




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→ MARTES → 21:09 → DESPACHO DE ROBERT LIGHTWOOD  → FRÍO
En teoría atrapar a un puñado de demonios raum tenia un procedimiento bastante lógico para alguien instruido en la labor, pero la practica era una cosa bastante difícil cuando no había tiempo para sentarse sosegadamente a meditar las teorías , ni mucho menos se aceptaba un margen de error. Sabia que cualquier paso en falso podía provocar que tanto ella como su compañero terminaran terriblemente mal parados ya que todas sus decisiones no solo tenían consecuencias para ella, si no que debía prever los movimientos del cazador de sombras manteniéndose en sintonía con el y al mismo tiempo,  adelantarse a los movimientos de los demonios que bien podrían surgir de cualquier lado.

De momento, consideró pertinente ceñirse a la tarea de pasar desapercibidos y siguió al nefilim a través del fantasmagórico esqueleto del hospital, la madera crujía ligeramente aquí y allá y advirtió la forma tan extraña en la que las rudimentarias extremidades de las criaturas habían arrasado con la forma uniforme del suelo y las paredes, que ya de por si tenían una apariencia bastante truculenta debido al deterioro de los años. Tragó en seco y siguió avanzando, pese a encontrarse bastante extrañada con aquel escenario; No tenia ni pálida idea de cuales eran las causas de tales patrones ni mucho menos porque una cantidad significativa de demonios de aquella especie yacían escondidos dentro de un hospital abandonado, las cosas no pasaban solo porque si, mucho menos cuando hay seres del averno involucrados.

Le faltaba algo, algo primordial y que seguro se encontraba asomándose debajo de su nariz, pero la experiencia le había enseñado que no debía aferrarse a las preguntas que no podía responder; necesitaba concentrarse en lo que tenia entre las manos, una cosa a la vez… Ignoró las consecuencias que podían tener su excesiva prudencia y siguió caminando, advirtiendo que el cazador tampoco había provisto ninguna conclusión ni mencionó el hecho de que ella no lo hiciera, al menos no en voz alta.

Se detuvo de inmediato,  y le dedicó una mirada de soslayo al cazador cuando este le indicó que se detuviera, reconociendo el barullo distante en algún lugar del edificio. Por inercia, la cazadora apretó con fuerza las cuchillas que había desenvainado y contuvo la respiración por un momento,  justo antes de que retomasen la marcha. Lentamente se abrieron camino a través del amplio pasillo y los ruidos, aunque amortiguados, se apreciaban bastante bien. Dejó escapar lentamente el aire que estaba conteniendo con una mirada de gravedad, aquella era una ubicación demasiado peculiar y daba la impresión de que alguien había sido el artífice de aquello ¿Por qué si no, abrían un puñado de demonios encerrados en una habitación? No dijo nada, sin embargo, y se limitó a asentir cuando Jonas volvió a hablar.

Otro ruido, grave y truculento inundó sus oídos, liberando toda la tensión de forma repentina y su compañero reaccionó de forma veloz y eficiente. Giró la cabeza bruscamente en la dirección de donde había procedido el ruido, agudizando la mirada para detectar alguna sombra que se moviera en medio de la casi absoluta oscuridad del corredor. Cientos de pensamientos embargaron su mente pero uno resonó con mas fuerza que los demás; si bien era evidente que se trataba de un nido de demonios raums ¿Por qué uno de ellos estaba paseándose por las instalaciones mientras que el resto yacía encerrado en una habitación? De tratarse de un demonio mayor, tendrían el agua hasta el cuello y Rosalía no dudo ni un instante para comenzar a retroceder sobre sus pasos, divisando la hilera de escalones por las que habían subido a unos metros mas sin alejarse del cazador...



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→ MARTES → 22:15 → ANTIGUO HOSPITAL  → FRÍO
Analicé con rapidez el espacio que nos rodeaba, decidiendo cuáles eran nuestras posibles vías de escape. Hacia detrás se encontraban el pasillo que habíamos recorrido, los corredores que habíamos dejado atrás sin demasiado interés y las escaleras por las que habíamos ascendido hasta la primera planta. El acceso a los niveles superiores debían de estar en otra parte, quizás en alguno de los corredores que cuyo paso nos estaba siendo bloqueado por la inminente amenaza del demonio que avanzaba hacia donde nos encontrábamos. También, estaba la posibilidad de correr hacia la bifurcación de la izquierda con todo lo que teníamos y rezar para ser más rápidos que el raum que sin duda nos perseguiría y al que podríamos dar muerte en un lugar más discreto que el que nos encontrábamos. Mas, ¿cuál era la verdadera buena opción? Sentía la nuca y las sienes empapadas en sudor. Piensa deprisa, Jonas, piensa deprisa. No podíamos abandonar esa planta porque ahí estaba el meollo de la cuestión, lo intuía, así que quedaba la última opción a considerar. Me deslicé con sigilo hacia una de las puertas desvencijadas de los lados del corredor y tras asegurarme de que no se escuchaba nada dentro, intenté abrirla sin tener que recurrir a nada externo. La madera crujió suavemente, y sin pedirle permiso, cogí a Rosalía del brazo y la arrastré conmigo hacia su interior, tras lo cual cerré con lentitud para no alertar al demonio.

El silencio que se hizo cuando la puerta quedó encajada en su sitio fue absolutamente asfixiante. Tenía la respiración controlada, a pesar de los nervios, porque hacía falta mucho más que un simple demonio para hacerme perder los estribos, pero la situación se había tornado cuanto menos que peliaguda. Un nido de raums oportunamente alejados de los mundanos, pero encerrados tras una puerta, parecía algo demasiado 'casual' para ser simple casualidad, de hecho, y estaba convencido de que mi compañera pensaba exactamente lo mismo. Sin embargo, no despegué los labios hasta que se hubieron sucedido al menos un par de minutos, pendiente de que el demonio no se deslizase hacia nuestra ubicación y pasase de largo. El sonido de sus zarpas llegaba hasta donde estábamos, y se fue deslizándose hacia otra parte, cual guardián haciendo la ronda de su castillo.

Suspiré con pesadez, prestando por primera vez atención a mi entorno. Antes había estado demasiado ocupado con el rostro pegado a la pared, absolutamente alerta a todo cuando podía acecharnos. Lo curioso fue ver que nos encontramos en el que antaño debió de ser un amplio y elegante despacho, probablemente el del doctor que dirigía el hospital. Saqué la luz mágica, pues no había nadie más en la habitación, además de la chica y de mí, e iluminé las zonas oscuras. En el techo había un par de boquetes que permitían el paso de la luz de la luna, pero era demasiado tenue para que pudiésemos movernos con libertad en la habitación. En un principio todo parecía absolutamente normal: muebles ajados y viejos, roídos por las termitas y las ratas, libros detrás de vitrinas de cristal, algunos aparatos y hojas de informes desperdigadas por el suelo lleno de escombros... Pero lo que me llamó la atención no fue eso, sino otro detalle que me acerqué para corroborar.

Mira esto —le dije a Rosalía entre susurros, instándola para que se aproximase hacia donde yo me encontraba, y le señalé el escritorio con la mano libre. Estaba inmaculadamente limpio, a pesar de que hacía décadas que nadie habitaba ese lugar, igual que la silla tras el escritorio y las vidrieras y vitrinas tras el mismo—. Alguien ha estado utilizando esto como base. —No fue una pregunta—. Seguramente la persona que ha congregado a los raum. Revisemos todo. —Dejé la piedra sobre la madera y me dirigí hacia las estanterías protegidas por los cristales, dispuesto a encontrar cuanto pudiese hallar escondido allí.




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→ MARTES → 21:09 → DESPACHO DE ROBERT LIGHTWOOD  → FRÍO
Fue su voluntad y su naturaleza diligente las que evitaron que, en medio de la marea de pensamientos que plagaban su mente, Rosalía no reaccionara de forma violenta al repentino movimiento hecho por el otro cazador de sombras, el cual le arrastró dentro de una habitación en cosa de una exhalación. Ni por el mas breve instante Rosa se atrevió a apartar la mirada del pasillo, como si estuviera totalmente segura de que si daba la espalda al ser del averno este conseguiría materializarse repentinamente detrás de ella y contuvo la respiración hasta el momento en que la puerta se cerró con un casi imperceptible repiqueteo.

El aire parecia mas cargado de suciedad y deterioro allí dentro, mientras ambos cazadores esperaban en absoluto silencio a que el guardián del averno realizara su ronda. Inspiró una bocanada de aire mohoso mientras sus ojos de gato se deslizaban por todas partes con su inusual resplandor ambarino cargados de una nerviosa preocupación. No tenia ni la mas pálida idea de que conclusión sacar sobre aquel truculento escenario; una infestación e demonios atrapados dentro de un edificio lejos de cualquier atisbo de civilización en lo que parecía una reclusión voluntaria y pacifica, como una especie de reserva o un plan de contingencia… o peor, la silenciosa planificación de algún ataque por parte de los enemigos de la clave. A la nefilim se le encogió el estomago ante la sola idea de que aquello pudiera ser algo mucho mas grande, pero se obligó a asentir, apretando con cuidado las cuchillas que portaba en cada mano, cuyo brillo a penas transgredía la espesa oscuridad de la habitación.

Fue sumamente consiente de las runas de sigilo y silencio dibujadas en lacerantes trazos sobre su piel mientras caminaba por el abandonado despacho guiadose por la luz runa de Jonas, buscando cualquier indicio de una presencia resiente en el lugar. No podia estar ni menos de acuerdo con el, definitivamente había alguien encabezando todo aquello –podremos rastrearle, debe haber alguna pertenencia suya aquí…– habló en una voz lo suficientemente alta como para que el cazador de sombras pudiese escucharle, pero mas parecía que la joven solo estaba haciendo conjeturas en voz alta. Le dedicó un vistazo a  las vidrieras y al nefilim que avanzaba hacia ellas, e instantes después se inclinó para hurgar en las gavetas del ridículamente prolijo escritorio. El ruido hueco de las zarpas se hizo mas notorio por unos segundos y Rosa se mantuvo en el acto. Solo volvió a retomar su labor cuando el sonido desapareció; paciencia y prudencia, eso era lo que requería para salir de allí y se concentró en ello lo mejor que pudo...


Última edición por Rosalia E. Labarth el Mar Mayo 29, 2018 2:26 am, editado 1 vez


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→ MARTES → 22:15 → ANTIGUO HOSPITAL  → FRÍO
Los muebles tenían aspecto viejo y algo descuidado, pero no estaban carcomidos, roñosos ni en mal estado. No había ni siquiera una sola astilla que estuviese sobresaliente de ninguno de los lados; de hecho parecía que habían lijado las zonas que pudiesen haberlas tenido para evitar accidentes. Lo único era que no se habían molestado en volver a pintarlos o barnizarlos, pero tampoco era absolutamente necesario teniendo en cuenta las circunstancias de la localización en la que se encontraban. Es decir, no era como si fuesen a recibir la visita de alguien importante allí, ¿no? Me moví con sigilo cerca de las estanterías, leyendo con rapidez los títulos grabados en los lomos de los libros que se encontraban allí mientras Rosalia se centraba en la mesa. Era curioso ver cómo aquellas baldas debían de estar ocupadas únicamente con polvo y suciedad, pero alguien se había molestado en rellenarlas con ejemplares que incluso podían haber pasado por manuales de medicina propios del siglo anterior.

Dirigí los dedos hacia el pomo que pendía colgando de la primera vidriera, deteniéndome un segundo porque me había parecido escuchar de nuevo las garras de un raum reptando por la zona, pero se marchó rápidamente, casi entre suspiro y suspiro. Únicamente había girado el rostro en dirección a la puerta para comprobar que no se aproximase ni remotamente hacia donde nos encontrábamos, y había deslizado uno de los cuchillos serafines hacia mi mano, mas no tardó demasiado en regresar a su sitio. La cerradura medio oxidada tenía la llave en su interior, por lo que no hubo demasiada dificultad. El suave 'clic' resonó en las paredes debido al silencio, pero nada más. Mis manos se distrajeron paseándolas por los volúmenes que se encontraban ante mí, sacándolos, abriéndolos, intentando leer lo que guardaban en sus páginas. La mayoría eran, de hecho, los que tendría un médico en un hospital psiquiátrico, pero eso sólo me hizo sospechar más y más, porque aunque era evidente que eran libros viejos, no tenían moho ni casi suciedad. Y si alguien se había molestado tanto en colocarlos ahí resultaba obvio para mí que era porque intentaban esconder algo.

Segunda puerta.

Tercera puerta.

No sabía cuánto rato llevábamos ahí, ni presté demasiada atención a lo que estaba haciendo Rosalia, convencido de que al menos, estaría siendo productiva. El polvo en la zona me hacía cosquillas debajo de la nariz y provocaba que fuese complicado respirar bien, así que cuanto antes saliésemos de ese lugar, mejor. Entonces llegué a un libro que se me antojó diferente a los demás. Rocé la portada con el dedo índice antes de abrirlo. Aparentemente no había nada que apoyase mi corazonada, de modo que empecé a pasar las páginas una a una, una a una. En ese momento se escuchó un leve 'crac' proveniente del lomo, como si se hubiesen despegado todas las páginas de golpe, y al cerrarlo me percaté que, de hecho, era lo que había sucedido. Al volcarlo de su interior cayó una llave más pequeña, dorada, que no encajaba con ninguna de las cerraduras de las vidrieras. La cogí, dejando el libro donde estaba y cerrando, y empecé a buscar una que pudiese ser la pareja. Rodeé el mueble entero hasta que me percaté de que en el lado derecho, bajo una moldura de adorno, había una pequeña ranura con forma de llave. La introduje. Al girar, sonó perfectamente el mecanismo, y una pequeña apertura separó una especie de puertecilla que daba a un escondite secreto donde había varios diarios, rollos de papel y carpetas.

Rosalia, ven. Ayúdame con esto. —Al fin parecía que habíamos dado con algo.




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→ MARTES → 21:09 → DESPACHO DE ROBERT LIGHTWOOD  → FRÍO
La mitad de su vida había sucedido con la nariz metida en alguna novela, y entre sus lecturas frecuentes Arthur Conan Doyle figuraba las suficientes veces como para que Rosalia no pudiese evitar recurrir a sus analogías para momentos como aquellos en donde parecía tener la evidencia justo frente a las narices. La mente criminal de aquel acertijo parecía haber puesto especial atención en cubrir cada una de sus huellas y resultaba casi imposible imaginar que aquel edificio abandonado era la base para algún complot destinado a la destrucción, porque si no era eso ¿Que otro sentido podia tener un edificio abarrotado de demonios menores? Rosalia dejó transcurrir los segundos en mutis absoluto cuando percibió las zarpas del demonio en vigilia arrastrarse muy cerca y luego siguió rebuscando.

Nada. Incluso llego a pensar que las gavetas del antiquísimo pero lustrado mueble podia llegar a tener un fondo falso, recurso bastante obvio pero constantemente empleado en las novelas policiales y por ello se dispuso a repasar cuidadosamente la madera con las palmas abiertas. Evidentemente no hubo ninguna respuesta, y ninguna compuerta secreta se abrió ante ella para revelarle el misterio...

Unicamente dio con polvorientos y arrugados sobres sin destinatario y un ennegrecido abrecartas de cobre abandonado, y por su decadente estado, supuso que el dueño no pretendería volver por el. Artículos que no revelaban ninguna identidad volvieron a ser abandonados por la cazadora de sombras en su lugar de origen y tras aquellos escasos minutos alzó la mirada en dirección al otro nefilim. Debía reconocer que se sentía mucho mas plácida con el trato distante que con un forzado intento por mantener algún tipo de conversación; afortunadamente, el otro cazador parecía totalmente enfrascado en su misión y a penas reconocía su presencia. Para ella resultaba mucho mas sencillo de ese modo, trabajar con gente desconocida y de pocas palabras, porque no hacían preguntas que ella evidentemente no tenia ganas de responder.

La cazadora comenzó a incorporarse procurando ser silenciosa cuando dio por terminada su inspección, pero se detuvo en el acto cuando advirtio el vago golpe metálico. Escuchó la llave caer mucho antes de verla y por lo tanto eso hizo que se tensara, pero al ver lo que hacia el otro nefilim comprendió de inmediato –Si– respondió escuetamente y se movió para atravesar el despacho. El recoveco recién descubierto estaba atestado de papeles y libros celosamente guardados y la cazadora tuvo un instante de reparo antes de tomarlos, como si temiera que con ello lograra activar alguna alarma secreta que los delatara.

Finalmente tomó un pesado tomó y lo abrió, topándose con alguna especie de diario de campo en un idioma que no era capaz de entender y repleto de garabatos incomprensibles. Si de por si la habitación estaba sumida en la oscuridad, era aun mas difícil lograr ver algo en aquel punto, pero instantes después se hizo con otro volumen que resultó sorprenderle no por lo pesado que era si no por lo familiar que le resultó el contenido –tártaro– murmuró sin un ápice de duda, sus ojos moviéndose sobre los símbolos que había estudiado en sus primeros años de entrenamiento y que ahora resultaban una revelación magnifica y aterradora. Muchos de los libros de los brujos estaban escritos en aquella lengua debido a la influencia demoniaca de su magia, solo era cuestión de unir cabos –Es un libro de hechizos– lo hizo aun lado como si quemara, pero siguió buscando. Tal vez un nombre, o tal vez la justificación de porque un hijo de lilith estaba detrás de todo eso.


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→ MARTES → 22:15 → ANTIGUO HOSPITAL  → FRÍO
Cualquier persona incauta hubiese extraído la luz mágica del bolsillo para utilizarla en ara de alumbrarnos, sin embargo, cualquier persona pensante habría intuido que con criaturas rondando los pasillos circundantes no era lo más sensato emitir la más mínima fuente de luz que pudiese atraer su atención sobre la habitación que estábamos poblando en esos momentos, por lo que tuvimos que conformarnos con el suave resplandor que emitía desde la tela de mi gabardina para poder ver de la mejor forma posible los documentos que habíamos encontrado en aquel compartimento secreto. Empecé a extraerlo todo mientras Rosalia se colocaba a mi lado, esparciendo de forma agrupada por categorías: pergaminos, libros, carpetas. La joven se centró en uno de los volúmenes mientras yo continuaba indagando en el interior del mueble hasta haber extraído todo lo que mis dedos dieron a alcanzar, topándome también con una pequeña caja de madera que coloqué en el centro, como si ella tuviese las respuestas a todas las preguntas que pudiésemos hacer.

Tártaro.

La palabra que salió de los labios de Rosalia me hizo estremecer mientras mis ojos se deslizaban por el material que se abría ante mí. Además del tomo que ella había escogido había hasta tres cuadernos de campo, cinco pergaminos, cuatro carpetas y, además, la caja. Alargué los dedos hasta coger uno de los diarios. Un libro de hechizos. ¿Qué demonios estaría pretendiendo el o la imbécil que había provocado todo aquello? Deshice el nudo y aparté el cordón que servía para mantenerlo cerrado y vagué por sus páginas de forma casi distraída hasta que me centré en una fecha en particular. 19 de octubre, 2016. De eso hacía tan sólo unos meses. Leí con rapidez. ... pronto todo estará listo. Dibujaré el pentagrama y mi señora madre me dará la bienvenida al otro lado. Y después de ella, Lilith. Y el mundo entero caerá bajo nuestro peso...

Otra fecha, 03 de noviembre, 2016. Los nefilim están muy nerviosos e insistentes. Normal. Después de todo lo sucedido en Times Square, ¿cómo no? Pero son una carga. Una molestia. Si me cercan me veré obligado a actuar antes de lo previsto...

Durante muchas páginas divagaba, loco, sobre los planes que iba a llevar a cabo cuando su madre atravesase el portal desde Edom, pero en pocas partes explicaba cómo pensaba llevar a cabo el proceso realmente. Sin dudas ese debía de ser el último de las libretas que había escogido para narrar su experiencia, debido a la proximidad de las fechas con la actualidad. Respiré profundamente mientras los días se sucedían en el papel, perdiendo la poca paciencia que me quedaba al respecto con las divagaciones de ese cretino. Sacrificio, leí varias veces, y la piel se me puso de gallina.  La letra se volvió cada vez más inestable. Los dibujos proliferaron en las esquinas de las páginas, imágenes de sangre, de cadáveres, pentagramas al derecho y al revés. La última fecha datada era de hacía unas semanas escasas, 23 de diciembre, 2016. Ya lo tengo todo. He cogido a un pobre imbécil que no tenía ni hogar ni familia y le he traído aquí con la promesa de una comida caliente y un lugar en que dormir. Me ha costado convencerle porque temía que este sitio estuviese maldito. Ahora lo sacaré de su habitación, le ataré y comenzaré el ritual. Madre querida, pronto estaré contigo. Espérame... La demencia que manaba de sus palabras me hizo estremecerme.

Rosalia. Lee esto —le tendí el diario, encontrando totalmente innecesario el buscar en nada más, salvo quizás en la caja, que me llamaba poderosamente la atención. Forcé el cierre, topándome con un interior aterciopelado... y nada más, salvo la silueta de un cuchillo—. Un brujo desquiciado ha matado a alguien para invocar a su progenitora demoníaca... Y me atrevo a asegurar que la cosa ha salido mal. Tenemos que mandar un mensaje para pedir refuerzos cuanto antes. No sabemos si el tipo sobrevivió o la cantidad de demonios que hay aquí, pero no podemos marcharnos sin más y dejarles como están con la esperanza de que no les dé por salir de aquí para atacar la ciudad. —Cogí una de las hojas en blanco del libreto y garabateé un mensaje de fuego que desapareció de mano—. Cojamos los diarios y el tomo de magia como prueba. Busquemos a ver si entre los rollos hay un plano del hospital para saber cómo movernos, o si marcó en qué habitación hizo el rito.




Jonas Geller
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→ MARTES → 21:09 → DESPACHO DE ROBERT LIGHTWOOD  → FRÍO
Rezos desesperados, marcas oscuras de una antigüedad incalculable yacían plagadas de caos, odio y perdición sobre el papel. Incluso si no hubiese logrado reconocer la lengua demoniaca de aquel libro, seguramente hubiese supuesto lo que eran con solo mirarlas. Las runas del Angel eran delicadas y veloces, hablaban de fuerza y divinidad por el poder otorgado de Raziel. Aquellas marcas eran salvajes y antiguas como un eco de Edom y tuvo la sensación de que las venas le palpitaban en un rechazo silencioso por salir de aquel lugar cuando comenzó a leer el diario.

Respiró hondo y guardó la compostura. No podía permitirse perder el temple y que los demonios notaran su miedo...

Leyó rápidamente y cerró con cuidado el diario sujetándolo con fuerza en su diestra hasta que los dedos perdieron el color, como si temiera que la locura plasmada en sus páginas pudiera escaparse y provocar más daño del ya hecho –Tiene sentido ¿Pero porque seguirían aquí los raum si a quienes sirven ya no se encuentra en este lugar? ¿No deberían haberse dispersado sin un amo? Tal vez por eso solo se detectó actividad demoniaca hasta ahora, tal vez el hechizo de invocación si salió mal pero quizá el brujo este esperando a recuperar sus fuerzas y realizar su ritual nuevamente, lo que pudo haber provocado una fricción en su magia o lo que sea que haya mantenido oculto este desastre por tanto tiempo– a medida que hablaba en susurros, su voz se iba convirtiendo en una exhalación muy débil y apagada. Abrió mucho los ojos y el repentino temor de que el subterráneo podría encontrarse atrayendo a otro inocente hacia su maquiavélica guarida le preocupó sobremanera. No había ningún indicio de que hubiese sobrevivido al ritual, de que su anhelada madre no le hubiese arrebatado la vida como seguramente él había hecho con el mundano, pero sin embargo...

Decidió parar de hacer suposiciones sobre lo que podría llegar a pasar y ponerse a solucionar la única cosa de la que podía encargarse ella misma; tomó una página en blanco del antiquísimo diario y garabateó la ubicación exacta donde se encontraban sin que el pulso hiciera que la estela le temblara, el mensaje iba dirigido en calidad de urgencia e imploraba discreción. Si los cazadores de sombras llegaban al lugar sin la menor discreción, los raum podían detectar la presencia de ellos dos y se quedarían encerrados en aquella trampa mortal –Es cuestión de tiempo antes de que uno de los demonios nos note, debemos encontrar un lugar al cual movernos– Aunque lo dijo en voz alta, de forma que solo el nefilim la escuchara, Rosalía no estaba muy segura de como debían proceder –¿Ha encontrado algo más? La entrada principal no es muy buena opción con el vigilante rodeándonos y temo que la estructura del edificio nos haga una mala jugada si trepamos por la ventana. Pero no nos quedan muchas opciones– murmuró a la vez que se disponía a guardar el diario en su chaqueta y a tomar el volumen escrito en tártaro, observando el mensaje desaparecer en un fuego consumidor. Luego se volvió hacia el otro cazador, con la pregunta brillando en sus ojos ¿Cómo iban a escapar de allí?



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→ MARTES → 22:15 → ANTIGUO HOSPITAL  → FRÍO
Rosalia apoyó mis teorías, lanzando a sí mismo nuevas preguntas al aire que quedaron flotando entre ella y yo mientras revolvía los pergaminos en busca de algo que pudiese sernos de utilidad para poder avanzar en esa misión. La idea de que hubiese salido mal pero que el brujo siguiese con vida era bastante plausible, si se desarrollaba tal y como ella lo había planteado, por lo que en mi cabeza se barajaban las opciones que se nos presentaban, que por desgracia no eran muchas hasta que no llegasen los posibles refuerzos. También ella mandó un mensaje de fuego al Instituto, pude ver de reojo. En otras circunstancias me habría irritado, pero la llegada de dos mensajes daría a entender que la situación era realmente grave y que necesitábamos que ayuda cuanto antes.

—respondí afirmativamente, desplegando un mapa bastante antiguo del edificio en el que nos encontrábamos.

La lectura del mismo no era demasiado complicada. Había hasta tres plantas, y era obvio que nos encontrábamos en la primera. Recorrí con el dedo desde la entrada principal hasta las escaleras, trazando todo el camino que habíamos seguido hasta dar con la habitación en la que nos habíamos escondidos, que se trataba del antiguo despacho del director del hospital. La sala donde habíamos escuchado a los raums debía de ser el salón de estar, donde los enfermos habrían pasado sus horas entre tratamientos, comidas y demás. El brujo había marcado los cuartos inaccesibles, probablemente por las deplorables condiciones en las que se encontraban, tachándolos con una enorme equis, lo que nos facilitaba el descarte de dónde podíamos encontrarle.

Finalmente, en la segunda planta había un enorme círculo rodeando lo que se leía como pabellón de enfermos psiquiátricos, pero ningún apunte ni letrero más. Debía estar situada justo sobre la nuestra, lo que me hizo alzar la mirada hasta el techo, intentando percibir algún sonido que evidenciase la actividad en esa zona, pero tras unos segundos de silencio no me pareció escuchar nada. Fruncí el ceño. Debía de encontrarse en otra zona. Pero, ¿dónde? ¿Por qué no estaba usando ese despacho en ese momento? La prisa y la incertidumbre me invadieron mientras enrollaba el mapa para guardarlo dentro de mi abrigo, analizando rápidamente la habitación hasta dar con unas ventanas de madera que parecían cubiertas con tablones. Me acerqué, asegurándome que no estaban clavadas a la pared y que tampoco estuviesen cegadas, y las abrí hacia el interior, permitiendo que el aire fresco del exterior entrase en la habitación. Fue como una bofetada, la verdad, y de haberse tratado de alguien más débil que yo probablemente se habría mareado, pero no fue así.

Saqué la cabeza con cuidado, corroborando que a medio metro escaso de nuestra ventana ascendía una gruesa cañería hasta el piso superior. Subidos al alféizar no debía de ser muy complicado trepar hasta la ventana que correspondía a la habitación marcada. Miré a Rosalia significativamente, esperando que comprendiese la idea que estaba teniendo, y me coloqué de un grácil salto sobre el alféizar, irguiéndome para poder alcanzar el tubo. No podíamos permanecer más tiempo en ese lugar porque tarde o temprano nos descubrirían, así que me agarré a ella y me colgué, asegurándome de que aguantaba mi peso. Reconozco que suspiré aliviado al no escucharla crujir en ese momento. Era fuerte y estaba bien afianzada.

Espera a que esté en el alféizar y entonces sube tras de mí.

Y comencé a trepar.




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→ MARTES → 21:09 → DESPACHO DE ROBERT LIGHTWOOD  → FRÍO
Había sacado su propia piedra runa para aportarse algo de iluminación y escribir el mensaje y no dejó de sostenerla con fuerza dibujando un débil destello sobre el mapa que el otro cazador de sombras estudiaba velozmente. Sentía un puño en la boca del estomago que solo agraviaba su inquietud, puesto que  la culpa le invadió en cuanto la nota hubo desaparecido de su mano; No debía haberle enviado aquel mensaje a los Lightwood, lo sabía, tenia que haberlo escrito para su parabatai.

En otros tiempos así lo hubiese hecho, hubiese escrito su nombre sobre la hoja sin dudar porque su nexo les hacia combatir mucho mejor cuando estaban juntos, pero la verdad era que ni siquiera se le había pasado por la cabeza. Sabia muy bien que estaba evitándolo a toda costa, y de alguna manera se había comenzado a acostumbrar a guardarle secretos incluso cuando no era necesario, como si de alguna manera se hubiera predispuesto a colocar una barrera entre ellos ¿En que momento había comenzado a mentir de esa manera? Ella nunca mentía, en especial a su familia, en especial a su parabatai, pero era como si el peso de tantos secretos no le permitiera mirarlo a la cara.

Volvió a poner los pies sobre la tierra cuando el nefilim se movió, guardándose el mapa dentro de la chaqueta con evidente resolución. Probablemente estaban por hacer algo increíblemente arriesgado, pero siendo la única alternativa para salir de allí no podían desperdiciar ni un segundo en vacilaciones.

Rosalía siguió al hombre como una sombra sin que le temblara el pulso. La noche absorbía cualquier destello de luz en el panorama que se observaba desde la ventana y la cazadora se mantuvo con una expresión inalterable, pese a que sabia que se encontraban rodeados de seres del averno que podían reducirlos a nada en cuestión de minutos o que bien la caída podia ser fatal si no contaban con la suficiente suerte para llegar ilesos al próximo piso. Asintió secamente al escuchar las palabras del cazador y le observó desaparecer por la ventana, con el viento removiéndole el cabello y los quejidos del alféizar antiguo y desgastado. Esperó hasta que el cazador se hubo encontrado a un margen de distancia considerable y sin pensárselo, se deslizó fuera.

La brisa le secó los párpados pero se obligó a mantenerlos muy abiertos, deslizando la piedra rúnica en el interior de uno de los bolsillos de su cinturón de combate, antes de apoyar todo su peso en el borde de la ventana y utilizar el mismo para impulsarse hacia arriba.  El tuvo olía a oxido y el frío del metal le congelaba los dedos que sus guantes mantenía expuestos, y aunque era evidente que lo haría, eso solo la hacia mas consiente de que podría fallar en cualquier momento. Su paciencia natural le ayudó a mantener un ritmo constante mientras avanzaba sin dejar de mirar hacia arriba, poniendo especial atención al cazador y la distancia que aun les quedaba por delante. Un pie tras otro avanzó en silencio, con el sonido de su respiración mezclándose con el viento...


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→ MARTES → 22:15 → ANTIGUO HOSPITAL  → FRÍO
A pesar de la prisa que podíamos tener para terminar cuanto antes con todo este asunto, empecé a ascender pausadamente, pues un paso en falso podía suponer la muerte tanto para mí como para Rosalía, ya que aunque firmes, eran tuberías que se habían construido hacía más de cien años y cualquier movimiento brusco podía poner en peligro la integridad del anclaje de las mismas. El sudor me perlaba la frente en pequeñas gotas que se escurrían por las sienes, perdiéndose más allá de la mandíbula por el cuello y empapando mi ropa. Yo mantenía la calma y el esfuerzo físico no suponía absolutamente nada para alguien marcado por las runas de Raziel, pero eso no quitaba que estuviese con todos los sentidos alerta, volcados en cualquier eventualidad que pudiese alterar nuestro ascenso.

Sentí vibrar el metal cuando la joven se colgó de él, maldiciéndola levemente por no haber esperado a que yo hubiese llegado a la planta superior, pero tras los primeros segundos estuvo claro que podía aguantar nuestro peso, así que ya sólo nos quedaba terminar de subir. Aceleré un poco más el ritmo, situándome de un salto en el alféizar de la ventana que estaba sobre la nuestra, examinando la ventana frente a mí. Las bisagras parecían iguales que las del piso inferior, de modo que tanteé la situación, ejerciendo diferentes grados de fuerza hasta que la madera crujió más fuerte de lo que habría deseado y las hojas se abrieron de golpe hacia el interior. Incluso en esas circunstancias me preparé para lo que fuese necesario, pero lo único que me recibió desde el interior del pabellón fue el más absoluto de los silencios.

Aún así, había algo espeso en el aire, denso, podrido. Descendí del alféizar con cuidado, avancé un par de pasos. Una vez me detuve me tracé la runa de visión en la oscuridad, ya que aunque la luna alumbraba la habitación con su halo plateado no era suficiente para cubrir todo el espacio, y tras un par de parpadeos empecé a vislumbrar cosas que no había percibido con anterioridad. El suelo estaba lleno de mugre, sucio bajo capas de polvo que nadie había limpiado durante años; las telarañas colgaban del techo en las esquinas y entre los barrotes de las camas que estaban desperdigadas por todas partes, algunas de pie, otras caídas, tumbadas o bocabajo. La mayoría ya no tenían colchones, y las que sí, estaban raídos por el efecto de las ratas que debían de haber correteado por el edificio antes de que llegasen los raum. Había una hilera de ventanas a mis espaldas, pero nada más; ni espejos, ni cristales. Todo era de metal o de madera, firme y fuerte; nada que pudiese romperse fácilmente ni que pudiesen usar para lanzarse o golpearse los unos contra los otros.

El sonido del cuerpo de Rosalía entrando en la habitación no me cogió desprevenido, ya que estaba alerta. Avancé un par de pasos más, absorbiendo más detalles, hasta que lo vi. En el centro había un gran círculo mágico con palabras en chtonian a su alrededor, además de otros símbolos que se me antojaban desconocidos. Y justo en medio una enorme mancha oscura, sangre que había salpicado en el momento del ritual. Apreté los dientes, los puños, pensando en el pobre diablo que había sido sacrificado para cumplir las aspiraciones de un brujo loco. No había demonios por ninguna parte, y las puertas de entrada y salida parecían cerradas a cal y canto... Desde el interior.

Atenta. Cuidado —le dije a Rosalía, que se había colocado a mis espaldas, protegiéndola con mi cuerpo.

Entonces escuchamos una risa rota, desgarrada y desagradable que retumbó en las paredes de la habitación. Giré el rostro, buscando en cada esquina, detrás de cada objeto caído... hasta que le vi, y me maldije por no haberme percatado de su presencia antes. Encogido en un rincón especialmente oscuro y alejado de nosotros, empezó a moverse una figura cuya informidad se tornó humana, pero tan destrozada, tan consumida, tan tambaleante entre la vida y la muerte que costaba percibirla como tal.

Era el brujo.




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