07/08 - Estimados habitantes del submundo. ¡Aquí tenéis las noticias con las actualizaciones/nuevas propuetas/ideas del foro! ¡Pasaos cuanto antes a echar un ojo!


10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


27/02 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que la limpieza de este mes de febrero se realizará entre los días 02 y 03 de marzo, para que tengáis tiempo de poneros al día. Así mismo, estimaremos que las noticias del mes saldrán esta misma semana, aunque sabemos que ya vamos con imperdonable retraso. ¡Perdón por las molestias y gracias por vuestra atención!


07/01 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! Queremos anunciaros que hemos recuperado el dominio del foro satisfactoriamente, de modo que podéis volver a utilizar la dirección anterior, www.cazadoresdesombras-rpg.com, sin ningún problema. Por otro lado, hoy se han realizado las limpiezas del foro. ¡Sigamos trabajando y pasándolo bien como hasta ahora, y perdón de nuevo por las molestias!


02/01 - ¡¡Feliz año nuevo a todo el mundo!! Con motivo de la llegada del ansiado 2017, hemos decidido daros un pequeño regalito. Si miráis en vuestra reserva de reliquias... ¡veréis que han aumentado considerablemente! Es un premio a todos los usuarios que se registraron antes del 01 del 01 por vuestro apoyo ^^Recordaros, además, que las limpiezas se realizarán al final de esta semana. ¡Apurad los últimos post para no perder vuestro color!


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This night is sparkling, don't you let it go. | Rossem E. Grey

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This night is sparkling, don't you let it go.
→ SÁBADO → 18:30 PM → GALA BENÉFICA DE LA SRA. JOHNSON→ FRÍO

Sorpresa ante el inesperado compromiso entre la primogénita del político William Rosewood y el heredero de Emanuel Grey.

Cómo es la costumbre, a la gala benéfica que protagonizó la multimillonaria Denise Johnson asistieron innumerables caras famosas y varios de los dueños del monopolio estatal, como sería el poderoso William Rosewood o el gran Emanuel Grey, ambos acompañados por sus espectaculares esposas. Hasta ahí no hay nada nuevo, todos sabemos la estrecha amistad que comparten desde hace varios años, cuando coincidieron en el meeting del reconocido político republicano. Sin embargo, recibimos una grata sorpresa cuando después de cuatro años la primogénita de los Rosewood, Winter, hizo acto de aparición tomada de la mano del mismísimo Rossem Grey. Una persona cercana a la familia ha asegurado que ambos están muy enamorados y que el joven la pidió en matrimonio hace unas semanas en una bonita comida familiar. Esta unión estaría enlazando dos de las familias más prósperas de todo el estado de Nueva York...

Winter dobló el periódico local por la mitad antes de abandonarlo, desganada, en la encimera de mármol donde descansaba su vaso de leche con Nesquik. No podía evitar sentirse molesta por toda la situación, aún sabiendo de antemano que eso iba a suceder. No quería volver a estar en boca de todos, ni tener a los paparazzi encima cada vez que saliera de casa... Debía resolver el caso de Ross antes de que la cosa se descontrolara por completo y tuviera que irse del estado para vivir tranquila. Tenía que romper el compromiso con el heredero de las empresas Grey lo más rápido posible, e ignorar por completo el molesto pellizco que le producía el mero hecho de pensar en que ya no lo vería jamás. Su tiempo habría acabado y  Ross sería libre para enamorarse de alguna jovencita rica, que no le montase pataletas desobedientes y asaltase su pieza con el propósito de detenerlo y esposarlo en nombre de la ley.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

18:25 pm del día anterior.

En un principio no había sabido que debía ponerse esa noche, llevaba tantos años apartada de aquel superficial mundo que ya no sabía como debía ataviarse para encajar en la mentira que había montado su padre de cara a los medios de comunicación. Había ojeado varios diseños del libreto del aclamado diseñador de moda Julien Macdonald, y uno había llamado su atención al instante. Se trataba de un vestido tan largo que llegaba hasta el suelo, provisto de pedrería negra que cubría casi toda su totalidad y digo casi, porque la espalda era completamente al descubierto. Una abertura estratégicamente situada en la parte trasera, dejaba entrever hasta la mitad de los muslos, dándole un toque sensual y distinguido.

La inspectora White no podía negarlo por más que se esforzara en ello, le encantaba la pedrería y los vestidos entallados. Pero eso era sinónimo a lujo, admitir que le gustaba la clase social a la que había pertenecido y de la que tanto le había costado salir. Sin embargo, no era ninguna de todas esas bellas características que el vestido poseía la que más le gustaba a la rubia. No, a ella le encantaba no tener que usar sostén, no verse obligada a llevar un estúpido objeto (a su parecer MUY estúpido) que le apretase el pecho o que se lo subiera cual damisela perteneciente a la corte de Luís XIV. Su madre le había sugerido que llevara alguna cosa que evitara tener algún que otro engorro, pero el mismo diseñador de la prenda había explicado que debido a la pedrería no se notaría si el frío o un roce hacía de las suyas. Vestido elegante 2- Scarlett 0.

Eran las seis veinticinco se la tarde y se supone que Rossem pasaba a buscarla a y media. Ya estaba maquillada, peinada y vestida, sentada en una butaca del salón esperando pacientemente a que su prometido apareciera con su flamante deportivo para llevarla a la gala esa. Sugar no estaba en casa, estaba echando horas extras en la tienda de música, y menos mal porque no sabría como explicarle el hecho de que estuviera portando un vestido que costaba miles de dólares. El característico sonido de timbre avisando que había una visita la sacó de sus pensamientos. Se dirigió a la puerta y al abrirla se encontró con Ross, perfectamente ataviado para la ocasión. Su corazón comenzó a latir desenfrenado y Winter rezó porque él no sonriera de esa manera tan suya, rebosando un brillo infantil y esos dos hoyuelos que se le marcaban en las mejillas.

- Antes de que digas algo... ¿Crees que debería ir a buscar el antídoto para víboras y así no morir joven?- Preguntó con una sonrisa traviesa dibujada en sus labios rojos como el carmín. - Venga vámonos.- Anunció tomando el clutch negro y cerrando la puerta a sus espaldas. Dio dos zancadas para pasar por delante del castaño, dándole sin querer una espectacular vista de la parte trasera del vestido. - ¿Tu padre te ha llamado para avisarte de que te comportaras o eso sólo lo hace el mío?- Se giró levemente, admirando mientras hablaba lo bien que le quedaba la ropa elegante al que por el momento era su prometido.






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→ → SÁBADO → 18:30 PM → GALA BENÉFICA DE LA SRA. JOHNSON→ FRÍO

A Rossie le importaba una mierda despertarle.

A su hermana también le importaba una mierda, y a Winter… a todo el mundo le importaba una mierda.

Aunque para ser francos, el tendría que haber admitido que en las ultimas semanas se encontraba mas letárgico de lo usual y sus horas de sueño traspasaban la linea de lo saludable, como si se encontrara en un constante estado de hibernación. Y aunque no tenia el sueño especialmente ligero, el muchacho siempre era capaz de percibir cuando Rossie llegaba, sin avisarle, por supuesto… De alguna forma había conseguido sacar una copia de la llave de su piso mientras el no estaba por casa (O quizá lo había hecho mientras el no se encontraba mirándole, a esas alturas Ross estaba seguro de que su madre era un maldito ninja o una ex agente del KGB) porque de otro modo era imposible que ella pudiese entrar a su piso. El día que se mudó, el le había dicho que no le iba a entregar una llave de la cerradura por mucho que se lo pidiera, incluso le había exigido que no le visitase porque sabia muy bien la cara que pondría su padre si se enteraba que ella había terminado cruzando Upper West Side para meterse entre los apestosos recovecos bohemios de Soho. Pero Rossie era demasiado ingeniosa, condenadamente ingeniosa y necia.

En ese preciso instante se encontraba metida en el piso de su hijo mayor restregando y rebuscando cada centímetro del lugar igual que lo haría un puto escuadrón del SWAT desmantelando un cuartel, gritándole cada tanto a un inconsciente Ross que seguia tumbado sobre el sofá negándose a abandonar el sueño (Había estado demasiado cansado para llegar hasta la cama la noche anterior). Ni siquiera se movió cuando su madre se puso a revolver los libros de su estante ni sostuvo con alarmante descuido la macbook en una sola mano y la arrojó dentro de los cajones del escritorio. Tuvo la mujer que comenzar a curiosear en la despensa para que Ross saltara del sofá como un remolino y le impidiera el paso plantándosele justo en frente.

Su madre no era ninguna tonta, en cuanto abriese las gavetas de la despensa y viese el desastre de pop-tarts, chocolatinas y pasta de lavanda se iba a dar cuenta de que Georgina había ido hasta alli, y peor, que el había estado comprandole comida chatarra a su hermana cuando se suponía que  estaba llevando a cabo una dieta vegana y completamente orgánica demasiado cruel para una niña de su edad (O un ser humano cualquiera con sentido del gusto). Los ojos de Rossie lo evaluaron cargados de impaciencia, demasiado separados del puente de la nariz repletos de pestañas y furia. Hacia mucho tiempo que la mirad de su madre no le producía nada en absoluto, cuando era pequeño y se había dado cuenta que estaba perdiendo su tiempo amando a una mujer asi –¿Se puede saber que estas haciendo invadiendo mi espacio personal?– cuestionó con la voz mas monótona que fue capaz de evocar. Su madre puso los ojos en blanco y señaló el Spencer Hart tendido sobre la cama, un lustroso traje negro hecho a medida y asquerosamente insidioso.

Miró a su madre con mala cara, cayendo en cuenta de lo que iba todo aquello, Rossie sonrío –Esta noche no llegues tarde… o personalmente te arrastraré hasta Los Hamptons con tus abuelos— sentenció la mujer, antes de darse la vuelta sobre sus tacones y salir por la puerta principal tan rápidamente como un agua viva. Ross había escuchado esa amenaza miles de veces.

A veces se preguntaba si era lo que su madre había pensado cuando el medico se lo había puesto en brazos y le había dicho que su hijo neonato era sordo. Ross se encogió de hombros dandole la mínima importancia al asunto, se tiró boca a bajo en la cama (Al diablo con el maldito traje de los cuernos, le daba igual) y se volvió a quedar dormido.


Cuatro horas mas tarde, vestido con el conjunto negro que le acentuaban los rasgos oscuros y un ceño fruncido semi permanente, Ross estaba llamando a la puerta principal de la residencia White con demencial impaciencia. Ni siquiera pensaba hacer el intento de disimular lo poco que le simpatizaba todo el asunto de tener que asistir a una gala benéfica, dado a que los eventos de tal calaña nunca habían sido de su agrado. Estaba bastante seguro de que desde su asiento podría sentir el nerviosismo que le transmitiría su madre durante toda la noche, y aunque se le diese bien las sonrisas secas, las conversaciones banales y las miradas frívolas, todo ese despilfarre inútil de energía le entumecía demasiado. Ademas, como si no tuviese suficiente, su prometida estaba incluida en el paquete y hasta el momento ya se encontraba demasiado perturbado con su sola presencia como para tener que simular una radiante felicidad durante toda la velada.

Escuchó los pasos detrás de la puerta casi al instante y a continuación, todo fue un completo caos de luces y brillos irrumpiendo en la oscuridad de la calle. Ross entrecerró vagamente los ojos y algo parecido a una sonrisa se alojó en sus labios cuando se percató vagamente de que que, incluso aunque hubiese demasiada luz, los ojos de Winter eran tan despampanantemente azules que era capaz de distinguir el color de los mismo en medio de su oscura y delgada silueta a contra luz. Ross alzo ligeramente el mentón, posando su mirada sobre puntos inexactos del cuerpo femenino, como si no fuese capaz de estarse tranquilo –¿Porque? ¿Temes morderte la lengua? Esa si que seria una muerte bastante trágica– dijo luego de unos instantes, su sonrisa se tornó sádica y divertida, sus ojos siguiendo cada ínfimo movimiento de la rubia. No tardó en seguirle el paso, caminando junto a ella con el saco rozándole el hombro –No seas ingenua "calabacita"... yo nunca me comporto– aquello le salió como una especie de murmullo, acercándose lo suficiente para murmurárselo al oido, poniéndole especial énfasis al mote que había surgido de la mismísima nada. El Fisker Karma plateado rugía junto a la acera y el barniz destellaba blanco bajo la luz de la luna, no se había molestado en apagar el motor  –Anda, sube. Tenemos que ir a hacer el ridículo otra vez…– Insistió el, mientras le abría la puerta del copiloto. Su mirada estaba tan oscura como el color del alquitrán y tan incisiva como una cuchilla. Era bastante consiente de que estaba siendo demasiado evidente ¿Pero y porque eso le iba a importar? o mejor ¿Porque iba a intentar disimular que se la estaba comiendo con los ojos? el camino al infierno no se labra con buenas intenciones ni miradas piadosas, y para esas alturas de su vida, Ross estaba bastante seguro de que el infierno le debía haber reservado su propio circulo.


Última edición por Rossem E. Grey el Lun Mayo 22, 2017 2:15 am, editado 1 vez


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→ SÁBADO → 18:30 PM → GALA BENÉFICA DE LA SRA. JOHNSON→ FRÍO

No conocía al heredero de los Grey desde hacía mucho tiempo, pero sí que tenía calada su actitud. En apenas dos encuentros había captado que la actitud impredecible y su lengua viperina siempre estaban dispuestas a hacer una aparición estelar. La mano derecha de la rubia se posó en el rostro de Ross y le dedicó una mueca condescendiente.-¡Oh querido! Me ofende que creas que yo soy una víbora. - Su voz había adquirido un matiz venéreo, casi libidinoso, mientras su dedo índice recorría con lentitud descarada la tersa piel de su pómulo hasta llegar a su labio inferior.- Yo soy más bien una Oxyuranus microlepidotus, más conocida como serpiente Taipan del Interior. Una vez que te he mordido no hay antídoto que te pueda salvar. - Y dicho esto su mano descendió abruptamente, desvaneciendo el espejismo de sensualidad y brillos de pedrería cara.

- De hecho, las víctimas tardan sólo cuarenta y cinco minutos en morir, agonizando.- Se encogió de hombros con cierto desinterés aparente, como si estuviera hablando del tiempo. - Has pasado demasiado tiempo con las frívolas mujeres del Upper West Side, Ross, parece que se te ha olvidado reconocer el verdadero peligro. - ¿Hablaba de ella misma al referirse al verdadero peligro? Pues a su parecer no, Winter solo estaba llevando a cabo una increíble y buena interpretación de la femme fatale que solía ser mal vista en aquel círculo tan selecto. No obstante, era ajena a que esa afirmación podía ser definitiva para su prometido, quien sentía cierta perturbación cuando la tenía a ella cerca.

Lo adelantó con movimientos sinuosos, los que la misma Scarlett le había perfeccionado años atrás.  Desde pequeña había tenido cierto parecido a su madre, y este se había ido acerando con los años. Desde sus ojos pequeños y almendrados con el color del cielo, a la forma de sus labios, o su silueta de su figura, incluso en su forma de moverse. Todos, incluso la misma Scarlett, había visto en ella su reflejo y mientras que todos querían alentar a la joven a seguir los pasos de su madre, ella le había insistido en ir a la universidad y mantenerse alejada del repulsivo mundo al que ella misma pertenecía (aunque la misma Winter le afirmó que ella pasaba olímpicamente de la industria de la moda). Poco sabía que la loca de su hija había decidido ocupar el mismo trabajo que su propio padre, que había muerto en un tiroteo cuando Scarlett no era más que una cría.  Aún así, la ex modelo había sido fascinada por la forma en la que su hija deambulaba por el jardín. Como si sus pies ni si quiera rozasen el suelo... movimientos tan delicados y sutiles como el caer de los copos de nieve. Así que había decidido compartir con su primogénita algunos consejos para moverse en situaciones puntuales, desde eventos públicos hasta estimular el interés de algún pretendiente. Con los años la inspectora White los había asimilado tan bien que cuando portaba un vestido entallado salían de manera inconsciente.

La voz de Rossem llegó muy cerca de su oído y giró levemente el rostro para mirarlo de reojo. Un par de escalofríos recorrieron su columna vertebral y se mordió el labio inferior con repentina impaciencia. Sin embargo, sus labios esbozaron una sonrisa pícara. - No esperaba menos de ti "chocolatito". Me gustas más cuando eres un rebelde sin causa. - Contraatacó con un empalagoso y recién asignado apodo. Se subió al coche, siendo testigo de la intensa mirada que Ross le regalaba a su cuerpo y como era de esperar, ella fue incapaz de descifrar sus oscuras intenciones. Esperó a que se subiera a la plaza del conductor y saliera del tranquilo vecindario para dedicarle una mirada furtiva.- ¿Qué te pasa? ¿A qué viene esa miradita? ¿Mi vestido no es lo suficientemente elegante para acompañar al heredero de los Grey? Tu madre quería que me pusiera uno más recatado.- Apuntó asegurando el cinturón de seguridad alrededor de su fino cuerpo. - Pero yo paso de vestidos sosos. Si Rossie no quiere que enseñe pecho pues enseño espalda,  además así no debo llevar sujetador. A mi padre le va a dar un jamacuco cuando se entere.- Comentó riéndose alegremente.




Última edición por Winter J. White el Dom Abr 30, 2017 9:34 am, editado 2 veces




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→ → SÁBADO → 18:30 PM → GALA BENÉFICA DE LA SRA. JOHNSON→ FRÍO

Una sonrisa ladina se plasmó lentamente en su rostro, esfumando casi en su totalidad los pensamientos negativos que habían estado fastidiándole mucho antes de llamar a la puerta del recinto, cuya fachada comenzaba a desvanecerse a medida en que avanzaban  por la grava –Alguien se ha tragado una enciclopedia antes de salir de casa– habló haciendo un esfuerzo sobrehumano para no echarse a reír, consciente de que eso le quitaría mucho hierro a su afirmación anterior. Sus ojos se entrecerraron ligeramente, permitiéndose escanear con deliberado atrevimiento las gesticulaciones que esbozaba su prometida. El escepticismo se volvió protagonista de su mirada mientras la mano de ella se posaba sobre su rostro, suave, fría y delicada, deslizándose a traves de este con parsimonia y cautela, provocando que lo que estuviese a punto de decir segundos atrás se quedase olvidado en un punto sin retorno. El no se apartó, sin embargo, y tras terminar con su elaborado argumento la mayor de las Rosewood retornó a su posición inicial, dejando a un muy confundido Rossem intrigado con aquel sencillo gesto.

Incluso a esas alturas, debía confesar que no alcanzaba ni por atisbo a imaginar los pensamientos que cruzaban por esa cabecita rubia y terriblemente descarada. Era como si cada vez que se encontrasen, su prometida evocara múltiples facetas que diferían  una de la otra con el afán de confundirle y justo cuando comenzaba a creer que comprendía sus maneras, que podría resolver la incógnita que representaba Winter en sus pensamientos, sus acciones y palabras volvían a resultarle impredecibles e impactantes y la interrogante volvía a imponerse otra vez. Sus labios se tensaron en una fina linea, consciente de sus ademanes, de los movimientos sutiles pero cargados de sensualidad y gracia que manifestaba, completamente ajenos a la formalidad y brusquedad con la que había actuado días atrás cuando (literalmente) invadió su piso afirmando ser una agente de la policial de Nueva York –Creo que estas subestimandome demasiado ¿No te parece? Ese es el primer paso para la derrota– comentó enarcando ambas cejas, siguiendo con la mirada los movimientos de la agente, quien había tomado la delantera intencionalmente,  luciendo la ajustada prenda cuyo peculiar brillo destacaba en el contorno de su delgada figura, como si hubiese sido rociada por aceite, no se imaginó que nadie mas podía llevar aquel vestido, sencillamente porque parecía haber sido confeccionado sobre su piel. Esperó hasta que Winter terminase de deslizarse dentro del vehículo para rodearlo en amplias zancadas y ocupar el asiento delantero, forrado en cuero negro como todo el tapizado del automóvil. Reconoció el bajo murmullo de Owl City  reproduciéndose en la radio, el cual no le resultaba particularmente agradable pero el mismo fue opacado por la voz de la rubia y sus interrogantes.

Ross le dirigió una mirada contemplativa aunque su expresión carecía de emoción alguna, y en un silencio casi religioso, desvió la mirada para verificar el dobladillo de sus mangas y los dos gemelos  del color del oro viejo que portaba en cada muñeca y que reservaba su uso solo para ocasiones como aquella –No, me gusta tu vestido…– afirmó el, con una voz tan monótona que podría fácilmente emplear para hablar sobre un historial financiero o cualquier cosa privada de emoción –...En realidad, te ves muy guapa– Esta vez, procuró volver a mirarle, trazando una sonrisa desganada en sus labios –Por mi podrías ponerte un saco de papas si quisieras, seguramente seguirías viéndote guapa. Ademas, soy consciente que yo soy el único que tengo un concepto del estilo bien concebido de los dos, asi que no me sorprendería si lo hicieras– agregó descaradamente, aquello ultimo no tenia otro fin que pincharla un rato, haciendo justicia a su sádico sentido del humor que formaba parte de su naturaleza y era incapaz de retener como ya bien sabia ella. El motor rugió cuando Ross lo puso en marcha y sus ojos se abrieron de par en par ante la mención de su madre  –No se si debería sentirme perturbado porque tengas conversaciones en privado con mi madre pero como estoy seguro de que no me va a hacer ningún bien enterarme de lo que hablan, ni siquiera preguntare…– Exclamó haciendo especial énfasis en la mención de la mujer que le había dado la vida, cuyas repentinas invasiones a su privacidad comenzaban a sacar sus lado mas paranoico, Ross subió en volumen de la radió lo considerado como “prudente”, adentrandose en la Wall street tras unos cuantos zigzagueos  –Puedes cambiar de estación si quieres, aunque no tardaremos demasiado en llegar…–


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→ SÁBADO → 18:30 PM → GALA BENÉFICA DE LA SRA. JOHNSON→ FRÍO
Lo primero que pudo percibir Winter al sentarse en la costosa tapicería del automóvil de Ross fue la mezcla del inconfundible perfume que siempre utilizaba el castaño con el suave olor del ambientador del coche. A la inspectora White no solía gustarle ninguna colonia masculina, de hecho, su cara esbozaba alguna mueca extraña y divertida cada vez que en el trabajo llegaba el olor de alguno de sus compañeros (ella creía que abusaban terriblemente de la colonia y parecían ambientadores pestilentes que se movían de un lado para otro) a sus fosas nasales, sin embargo, encontró extrañamente placentera la fragancia que desprendía Rossem.  

Ya era un hecho, estaba loca. No sabía cómo de todas las personas que poblaban el mundo se había tenido que fijar en él. Era arrogante, irónico, altanero, soberbio y petulante. Y para coronar el pastel de adjetivos, estaba esa faceta oscura que aún residía en su mirada. Winter sabía de primera mano que todo ser humano tenía una cara oculta… sin embargo, en el caso del castaño parecían ser los vestigios de una mala época, un cúmulo de malas experiencias que hacían a la rubia debatirse entre indagar en su pasado y descubrir al verdadero Rossem Edward Grey , o limitarse a no saber más de la cuenta y seguir como si él fuera el caballero de brillante armadura del que tanto hablaban en los cuentos de hadas. No obstante, la primogénita de los Rosewood no se caracterizaba por ser una cobarde y se había propuesto descubrir que lo hacía tan desconfiado y lejano.

Las palabras del castaño la tomaron desprevenida. Esbozó una sonrisa boba y sus mejillas se tiñeron de rosa. -Exageras.- Afirmó con evidente vergüenza, algo que no era típico en ella.  Era obvio que había malinterpretado sus intenciones, sin embargo, no era culpa de la rubia sino de la cara de poker que mantenía la mayor parte del tiempo su prometido. Nunca sabía que tendría en mente. La mayor parte del tiempo mantenía esa especie de mueca burlona y una mirada inexpresiva. Fue por eso que ella creyó que el brillante y sugerente vestido no había sido de su agrado, pero por lo que había dicho el heredero de los Grey, parecía que no solo se encontraba complacido por la prenda sino que sentía cierto interés en ella.

Giró su cabeza hacia él, observándole mientras conducía. -¿Cómo que eres el único que tienes buen gusto? O sea, claro que lo tienes… me ves bonita.- Su voz estaba sazonada con un deje cómico, la mera intención de devolverle la gracia. - Es broma no soy tan engreída. Tú también estás muy guapo.- Confesó alzando la mano y colocando una hebra de cabello oscura junto a las demás que estaban peinadas elegantemente.- Aunque no sé si deberías tener en cuenta mi juicio ya que yo siempre te veo guapo. - Parloteaba sin ser consciente de que sus palabras eran más grandes de lo que ella podía imaginar. - Mira que es raro porque no me suele gustar nadie, pero tú eres un caso aparte. Lejos de esa apariencia de playboy que me dan ganas de quitarte a puñetazos… creo que lo que más me gusta es esa sonrisa tan adorable que le dedicas a tu hermana. Aunque también me encantan tus pecas y tus ojos...- Sopesó en voz alta posando su dedo en la barbilla, adquiriendo una pose pensativa. Pero no estaba haciendo nada malo, ¿verdad? Solo estaba diciéndole la verdad.- Y luego está el hecho de que seas sordito que te hace más mono todavía. No sé, a veces me dan ganas de abrazarte como a un osito, pero luego recuerdo que eres un poquito asocial y se me pasa.

Sí, Winter era experta en decir lo que pensaba de manera casi inconsciente. Por eso, cuando se percató de que le había soltado tan tranquilamente todo lo que le gustaba de él plasmó una sonrisa divertida. - ¡Oh! No te preocupes. Yo soy de rock pero no me importa escuchar otro tipo de música cuando voy en coches ajenos.- El paisaje comenzaba a cambiar.- Puedes estar tranquilo no hablo mucho con tu madre, solamente coincidimos ambas en casa de mi madre. La culpa fue mía por ir sin avisar… creo que tendría que haberle dicho que tenemos mucho sexo y que nos pasamos el día borrachos.- Bromeó mientras de sus labios brotaba una risa alegre.- Pero mi padre me hubiera matado.

Supo que habían llegado al lugar de destino en cuanto vio el majestuoso hotel donde se llevaba a cabo la “reunión social” como solía llamar su madre a tales actos. Rossem paró delante del edificio, rápidamente un muchacho ataviado con un traje rojo y dorado propio del botones del hotel se apresuró a tomar el relevo para aparcarlo. La última White esperó a que su prometido abriera la puerta del vehículo y bajó con aires de grandeza, colgándose rápidamente del brazo del castaño. En cuanto divisó los primeros focos sintió una ola de pánico que la sacudía. -Ross no puedo… Ross…- Su voz sonaba suplicante, como un borrego que va de camino a su sacrificio. Su mirada azul coincidió con la chocolate de él, intentando decirle sin palabras que estaba muerta de miedo.




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→ → SÁBADO → 18:30 PM → GALA BENÉFICA DE LA SRA. JOHNSON→ FRÍO
En una escala del uno al cien, la sorpresa del joven sobrepasaba los estándares establecidos con un numero de siete dígitos. Sin embargo, dada su ambigua expresión, resultaría casi imposible percibir tal impacto en el, pues su rostro a penas trazaba en sus facciones un ligero atisbo de asombro y diversión. Se volvió varias veces en dirección al asiento de copiloto, observando al destello de luz que era en ese entonces Winter White como si fuese una supernova a punto de estallar frente a sus ojos, sin proponerse a interrumpir el monologo que estaba ejecutando la rubia con imprecisas intenciones. No iba a negar que le despertaba curiosidad saber que imagen mental se había trazado ella de su persona, principalmente después de la extrañas circunstancias que se habían generado en el pasado y que seguían confundiéndole bastante, pero sin duda estaba muy lejos de imaginar que su descripción desbordaría tanta amabilidad, mas aun después de las palabras peyorativas que había usado para describirle en el preámbulo de su discurso.

Ross rodó los ojos con dramatismo cuando finalmente Winter terminó de hablar y a continuación soltó una breve carcajada. Vibrante y sonora desde el mismo centro de su pecho, el sonido, incluso para el mismo, le resultaba sorpresivamente ajeno. Francamente no podría recordar la ultima vez que se había reído sinceramente, cosa que de por si no sucedía con mucha frecuencia –¿Winter, estas intentando alagarme? ¡Vaya maneras! solo tu eres capaz de usar adjetivos tan extrapolares en la misma frase. Ya te lo he dicho antes…– refutó con un tono de advertencia desdeñoso que quedó en un mero intento, dado al tono de diversión que lo opacaba –“Mono” no es un termino con el que pueda sentirme  alagado– agregó, tamborileando los dedos sobre el fino tapizado del volante –Pero valoro tu honestidad, supongo…–


–No deberías escuchar otra cosa, ningún otro genero amerita que le escuches. Ya te lo digo yo…–
Bromeó sin apartar la mirada del frente, enfilándose hacia una calle que quedaba perpendicular con la octava avenida, agradeciendo internamente la existencia de google maps. Para ese entonces había frecuentado tan poco aquel sector que su memoria selectiva comenzaba a jugársela despiadadamente aun punto en el que no fue capaz de ubicarse propiamente hasta que reconoció Columbus circle en la lejanía. Sabia que el hotel donde se estaba efectuando la actividad se encontraba extremadamente cerca de dicha entrada del Central Park –Eso seria un impulso suicida, ni te lo pienses. Pero oye, que yo soy de argumentos sólidos así que lo ponemos en practica si te apetece. Le damos el toque realista…– murmuró distraídamente, procurando concentrarse para no pasar de largo la entrada principal del edificio.  Frunció el ceño de inmediato al reconocer lo que parecía una docena de figuras resguardándose bajo el ornamental toldo del hotel sin intenciones de adentrarse en el lugar y supo de inmediato que debían ser fotógrafos de la prensa. dejó escapar un suspiro resignado mientras abría la puerta y salía al exterior, murmurando un vago –Demonos prisa– mientras cedía las llaves del coche al servicio de vallet parking y se apresuraba en abrir la puerta a su prometida. Esbozando una sonrisa emblemática, Ross se dispuso a andar en dirección a la entrada principal del gran hotel, mas la exclamación de la rubia hizo que se detuviese abruptamente. Acto seguido, se volvió con el ceño fruncido para mirarle y la imagen de Winter tan azorada como un pequeño ciervo asustado por los reflectores de un coche en medio de la carretera casi le obligó a echarse a reír y al mismo tiempo, le despertó cierta ternura –¿Que pasa? ¿Vas a quedarte aquí afuera?– cuestionó, dedicándole a la aludida una mirada siniestra. En la distancia percibió el extraño desfile de las exuberantes galas de un grupo de invitados fanfarroneando frente a los flashes y percibió el constante chasquido de las cámaras fotográficas. Se puso frente a ella, interponiéndose en su campo de visión  y el destello de luces que iluminaban la noche –Vamos… ¿Y se supone que eres una agente de la policial? ¿Donde esta todo ese coraje absurdo tuyo?– murmuró por lo bajo, esbozando una sonrisa ladina.

Y a pesar de sus palabras, la mano de Ross ya estaba deslizándose en el encuentro de la suya. Entrelazando sus dedos con avidez en un gesto con el que pretendía mitigar sus nervios, acarició fugazmente sus suaves y delgados nudillos –No te preocupes, no voy a dejar que te muerdan. Me reservo el gusto para mi–  agregó rápidamente, tirando de su mano con ligereza para avanzar en medio de la gente que comenzaba a conglomerarse frente a la puerta. Ni siquiera le prestó atención a los reporteros y en cuestión de un parpadeó habían atravesado el iluminado vestíbulo, decorado con enormes arañas de techo y ornamentos fantasiosos en sus columnas. Le dedicó una mirada fugaz a su prometida que lucia tan fresca como una rosa y la sonrisa se le esfumó en cuanto vió a su madre haciendo de centinela frente a la puerta con una copa de sidra burbujeante en mano y cuchicheando con una de sus colegas que lucia un flamante vestido turquesa doloroso para sus ojos. Seguramente pretendía esperarles allí hasta que llegasen, cosa que  Ross confirmó cuando  los  ojos de su madre reflejaron una profunda satisfacción –Matame ahora, si quieres ahogame con el ponche o algo así pero que sea rápido...– murmuró con disgusto a la rubia mientras le sujetaba la mano, observando a su madre caminar en dirección a ellos a velocidad luz.


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Frunció el ceño extrañada mirándolo como si su prometido tuviera un tercer ojo en la frente. No acababa de entender cuál era la cosa a la que le debían darle el toque realista... ¡oh! espera.... ¿Acaso hablaba de decirle realmente a su madre que tenían sexo y bebían como para apuntarse a alcohólicos anónimos? Ladeó la cabeza entrecerrando los ojos, que solo se abrieron de manera desmesurada cuando entendió el sentido de su declaración de intenciones indecentes. Sin embargo, optó por no tomárselo en serio. ¡Sabía dios si solo estaba tomándole el pelo! ¡Y ella que había estado a punto de golpear su atractiva y pecosa cara contra el volante!

Sus labios, trazados en escarlata tan vivo como la sangre, se curvaron en una sonrisa traviesa.- Bueno, lo de emborracharnos vale. ¡Pero sin conducir! Y lo del sexo... depende. ¿Te gustan las esposas?- Las palabras brotaron de ella con lentitud premeditada y concisa, sin apartar su mirada azul de la ventanilla. En la pieza de cristal se podía ver reflejada la expresión divertida que teñía su rostro, claro está, que Ross no podía ser testigo de tal mueca, ya que estaba demasiado atento a los acontecimientos que azotaban la carretera. - Es broma, es broma... No me van las esposas. En realidad tampoco el sexo. Soy virgen y soy feliz así.- Afirmó en un tono solemne, cómo si estuviera tratando un tema tan delicado como las copas de cristal de bohemia que Scarlett poseía. De repente el coche paró, y debían empezar el teatro. Bueno... eso habría pasado si no le hubiera dado un ataque de pánico.

¿Y si ponían su foto en una revista? ¿Y si la reconocía alguien de su trabajo? ¿Y si la despedían? ¿Y si...?

Las palabras de Ross estaba teñidas de fanfarronería y arrogancia que no se preocupaba en reprimir ni si quiera en un momento tan crítico, no obstante, sus dedos se entrelazaron con los de ella en un gesto reconfortante. Y ella arqueó una ceja, plasmando una sonrisa socarrona. -Disculpa si en la academia de policía no me prepararon para combatir a paparazzis de la prensa rosa.- Espetó con ironía. De una manera impetuosa, la rubia se vio prácticamente arrastrada por todo el vestíbulo del hotel. Sonríe, sonríe. se recordó una y otra vez mientras las incesantes flashes de las cámaras la rodeaban. Su actuación no duró mucho gracias al castaño, quien la guió hasta el mostrador donde se dejaban los abrigos.

Pensó que sería buena idea dejar su bolso, en esos eventos nunca se solían llevar. Winter alzó su rostro ligeramente, haciendo sus miradas coincidir, admirando la insólita sonrisa de su prometido. Sintió como la ternura se adueñaba de ella y sin prensarlo, acarició la mano que  aún tenía afianzada, en un agradecimiento silencioso. Fue por esa misma razón que no pasó inadvertido el cambio brusco de actitud que sufrió en cuánto vio a la mujer que le había dado la vida, y no era la primera vez. Siempre que Rossie salía en la conversación, Ross se tensaba y parecía más (aún) ácido que de costumbre. - No seas bobo, no te voy a matar.- Canturreó con diversión, acercándose peligrosamente hasta notar su cuerpo contra el de ella. - Empiezo a creer que tienes cierto fetiche con que te asesine.- Con la mano libre, trazó un dibujo en la piel de su mejilla, moteada con múltiples pecas. - Pues a mí me gusta más besarte.- Le comentó acortando la distancia entre sus labios, regalándole un suave beso que fue interrumpido por la aparición de Rossie en el espacio personal de ambos. - Buenas noches, Rossie.- La saludó la inspectora White aún abrazada a Rossem. En realidad, no tenía ganas de separarse de él y verse obligada a representar el papel de la prometida boba que se muere de ganas por casarse, tener varios chiquillos llorones y un perro.




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Su intención inicial no había sido que la conversación tomará aquel rumbo tan sorprendentemente favorecedor, su respuesta no había sido conjurada para sacar de contexto la conversación por mucho que lo hubiese parecido; Había sido una respuesta apresurada, algo que no se había detenido a analizar demasiado antes de soltarlo. Sus labios comenzaron a curvarse en una sonrisa sombría en respuesta a las palabras de la chica y el sonido de las intermitentes del coche se extendió hasta que volvió a hablar, con su voz pausada y monótona –Depende de quien las lleve puestas. Me voy a reservar mi comentario… porque me estoy creyendo muy poco lo que me has dicho– concluyó el muchacho, mientras el motor del coche se silenciaba junto a la acera y el aire helado de la cosmopolis le golpeaba la piel en cuanto abrió la puerta del híbrido para salir al exterior. La verdad es que ya estaba comenzando a hacerse una idea de lo que podría llegar a alegar la rubia ante tal afirmación porque si de algo estaba seguro era que Winter no tenia pelos en la lengua, más la experiencia de las últimas semanas le había enseñado que de ella no debía esperarse nada puesto que era una caja de sorpresas en toda la norma, dispuesta a abrirse y cerrarse en los momentos mas inesperados.

Y tendría que admitirlo, aquello le divertía bastante...

–Tal vez no, pero si mal no recuerdo eres hija de William Rosewood. ¿O me vas a decir que he montado a la rubia parlanchina equivocada?– repuso instantáneamente haciéndose escuchar por encima del murmullo de los noctámbulos, sin dejarle de observar con una calidez inusual en la mirada a pesar de sus toscas palabras. Tampoco es que fuese un fan de la prensa, le parecía tan ruin como los noticieros amarillistas y cualquier cosa que se relacionara con inmiscuirse en la vida privada de otras personas, pero verse en situaciones como esa era un efecto colateral que venía con haber nacido en Upper West Side y era más fácil tomarse aquel trago tan amargo de una vez por todas que detenerse a pensar demasiado en ello y comerse la cabeza por las ridiculeces de la farándula. Cuando uno no llevaba una vida tan escandalosa entre la élite de Manhattan, el único temor que se podría llegar a ostentar con respecto a la prensa era no llegar a ocupar una columna en el apartado de economía del Times o lucir como una morsa en la fotografía de alguna gala. Sin embargo ese no había sido su caso y ahora que conocía bastante bien las repercusiones que podían traer llevar una vida voraginosa y desenfrenada dentro de aquella jodida clase social tan clasista y prejuiciosa, no podía importarle menos lo que hablase de el o no la prensa… En general no le importaba en absoluto lo que hablase la gente, o mejor dicho, no le importaba la gente. Lo suyo podía llegar a rozar alarmantemente la misantropía.

Bajo el despilfarre de luces y ornamentos del edificio donde circundaban allí y acá vestidos pomposos y elegantes, Ross era bastante consiente de su sentido del tacto, de la calidez, el toque ajeno y de la forma en que aquel contacto había perdurado incluso después de lo estrictamente necesario. Se hubiese concentrado todo lo que restaba de la gala en esa insignificancia si no fuese por la inadvertida presencia de su progenitora, que se acercaba a ellos apresuradamente, pero sin ostentar perder el porte en ningún momento. Con su flamante vestido ciruela y su cabello color del fuego sujeto en un peinado que seguramente le abría costado horas a su peluquera. Ross miraba a su madre como si fuese un tren a punto de venírsele encima en la forma mas literal de la palabra, por eso, al escuchar  la voz de Winter interrumpiendo sus pensamientos enérgicamente, sintió cierto alivio apoderarse de el y se volvió hacia ella con una expresión indescifrable –En gustos no hay nada escrito– se limitó a bromear, aunque su voz era notablemente ausente. Sus ojos repercutieron sobre el mar azul que brillaba en la mirada de su prometida como los elementos de una fábula, tan cerca que podía captar el aroma que desprendía su piel y le dio la impresión, mientras sus labios se rozaban, que ella podía brillar mucho mas que las resplandecientes arañas de la majestuosa recepción.

Cuando se volvió para mirar nuevamente a Rossie tenía una sonrisa que le iluminaba todo el rostro  –Oh… bueno, esto es nuevo – repuso la mujer, incapaz de menguar la emoción que teñían sus palabras, ya estando frente a ellos –Aunque no debo decir que me disguste...–

–Madre–
le interrumpió abruptamente su hijo con un tono despectivo en su voz, procurando una sonrisa diplomática y rígida. Rossie se inclinó para besarle la mejilla y el se limitó a rodar los ojos –¿Que haces aqui afuera?—

La mujer agitó las manos en el aire, olvidándose del estupor causado por la escena que había presenciado segundos atrás. Siempre que su madre se encontraba en un evento de tal calibre se olvidaba por completo del mundo, era como si hubiese nacido exclusivamente para aquellas fiestas –Oh, solo estaba concretando algunas cosas con el servicio. Nada importante… ¡Winter cariño, te ves fantástica! Aunque creía que llevarías otra pieza, palideces un poco con ese color ¿no crees? Seguramente Scarlett te hubiese sugerido una prenda un poco más– hizo una pausa para lo que Ross imagino que era la búsqueda de un eufemismo –Romántica...– continuó ella, está vez volviéndose hacia la muchacha con una sonrisa carismática mientras le rozaba el hombro con dulzura. Para ese punto, Ross sentía formarse un nudo en su garganta, ese día Rossie estaba siendo especialmente fastidiosa.

–Esta bien mama, no tienes que darle la cátedra ¿Has dicho que se ve estupenda, cierto?— Intervino el, su mano se deslizó sobre la cintura de su prometida y Rossie le lanzó una mirada mordaz tan mordaz que hubiese sido capaz de disecar una rosa. Tras varios segundos de silencio, la flamante pelirroja sonrío como si tal cosa y se dio la vuelta –Vamos entrando, los demás nos esperan. Además tu padre quiere hablar contigo–

–¿De que?–

–Rossem, si yo pudiese decírtelo entonces no tendría sentido que hablases con el– lo que en el idioma de su madre significaba que ella tampoco tenía la más mínima idea...  

Si la recepción había resultado exquisita para los invitados, entonces el salón de eventos ridiculizaría cualquier expectativa que pudiesen llegar a imaginar; retazos de seda se entrelazaban en el techo de forma delicada, las flores que decoraban los centros de mesa eran de un color tan blanco que parecían brillar y la gente se codeaba y reía mientras tomaban sidra cara y vino tinto. No le sorprendió que Scarlett se pusiese en pie en cuanto divisó a la pareja y a Rossie adentrándose en el salón, saludándoles con amabilidad. Aquella mujer desprendía un aura de tranquilidad inigualable, pero aún así a Ross todo eso le estaba dando una crisis sería de migraña, por lo que cuando llegaron hasta la mesa que les correspondían su rostro parecía la cara de un bulldozer rabioso y no la de un ser humano. Se sintió realmente aliviado al percatarse de que su padre no se encontraba allí por el momento.

Tal vez a propósito o tal vez no, la mano que reposaba en la espalda  de su prometida se deslizó hasta su cintura cuando divisó a William Rosewood acercándose hasta ellos, con la expresión dura de siempre. Ross le dedicó una sonrisa maliciosa y estiró su mano esperando a que su suegro la estrechase –Buenas noche, William...– conjuró el muchacho, preparándose mentalmente para lidiar con las horas restantes de aquel calvario, aunque eso no quitaba que en el proceso buscara como divertirse un rato...



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El cambio en la actitud de Ross había sido demasiado drástica, y Winter tenía serios problemas para saber si este hecho se debía a su repentina muestra de afecto o a la aparición de la invitada estrella. El pelo rojo de Rossie estaba atrapado en un perfecto recogido, su delgado y fino cuerpo, enfundado en un elegante vestido que seguramente había costado miles de dólares, y sus ojos, fijos en su primogénito. La rubia esbozó una ligera mueca incómoda mientras se alejaba un poco del castaño, manteniendo las distancias que la sociedad dictaba como respetables. - Muchas gracias, tú también estás preciosa. - Apuntó dedicándole una sonrisa cálida a la que se suponía que era su suegra.

Siendo sincera, Winter hubiera apreciado que una cara amiga la hubiera recibido, sin embargo allí estaba una de las damas más influyentes de la Upper Est Side opinando acerca lo adecuado que hubiera sido que llevase un vestido pomposo y exagerado. La otra, claro está, tenía el cabello del mismo dorado que la joven inspectora, unos ojos azules como el cielo, lucía un vestido que hacía justicia a su nombre y se hallaba sentada en una de las mesas mejor situadas del fascinante salón, con una copa de champagne en la mano. Se puso de pie en cuanto vio a la falsa pareja aparecer, caminado detrás de Rossie.

-Buenas noches, Winnie.- La saludó abrazándola con afecto.- Este vestido te queda perfecto. Me recuerdas al cielo de noche... cargado de brillantes estrellas.- Hizo un movimiento con la mano, haciendo que la luz se reflectase en su costosa pulsera de diamantes. - Buenas noches, mamá. ¿Son las siete y ya te has pasado con el champagne?- La elegante mujer dejó escapar una divertida carcajada. - ¡Ross!- Exclamó para evitar seguir con el tema de la bebida espumosa.- Buenas noches. Tú también estás muy guapo. - Y acto seguido le plantó un beso en la mejilla. Pero no se trataba de un beso superficial como los que se dan en las familias estiradas. Era uno de los que regalan las personas que se han criado en una familia humilde, donde el amor se demuestra con besos cálidos y acogedores abrazos, la felicidad se percibe en el olor a bizcocho recién horneado, y el dinero está justo.

Como no podía ser de otra forma, William se acercó a ellos, colocándose al lado de su mujer con una expresión seria y adusta. - Winter Juliet.- Murmuró como saludo antes de darle un suave y tierno beso en la frente de su primogénita. - Buenas noches, Rossem.- Esbozó una sonrisa tan falsa que hasta un ciego se habría dado cuenta del poco agrado que le generaba la situación. No había pasado inadvertido el desafiante hecho que acababa de realizar. A su juicio, esa mano que estaba en la cintura de su hija sobraba. No obstante, estrechó con cierta fuerza la mano que Rossem le tendía. - Es increíble lo mucho que te pareces a tu padre. ¿Verdad Scarlett?- Las palabras salieron con malicia y su sonrisa se ensanchó con sagacidad. Si el muchacho era la mitad de inteligente de lo que esperaba, notaría que no lo estaba halagando. - Sí, sí que se parece a su padre... -Respondió Scarlett titubeante. ¿A qué estaba jugando su marido? - Sólo que es una versión mejorada.- Añadió guiñándole un ojo con complicidad a su yerno.

Por otra parte, Winter seguía en shock. Su padre la había besado. La había besado después de tres años de absoluto repudio. ¿Se avecinaría el fin del mundo? Tosió un par de veces, llamando la atención de su prometido.- Ross, tengo la garganta seca. ¿Por qué no hablamos con tu padre y de paso vamos a por algo de beber? Le pediré al camarero coca cola, quiero estar sobria cuando empiecen a rodar las cabezas.- Y dicho esto se dio la vuelta para caminar por el salón, poniendo distancia entre los dos únicos hombres que tenían el poder de volverla tarumba. Su padre y su prometido.




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Ni siquiera tubo la modestia de disimular la placentera satisfacción que le produjo ver la reacción de William Rosewood camuflageada detrás de aquella tensa y superficial sonrisa, un esfuerzo pobre de disimular el disgusto que le producía ver al muchacho pavonearse sin limite alguno. Seguramente el hombre estaba pensando en centenares de métodos que podía emplear para cercenar aquella mano que descansaba sobre la cintura de su hija, pero eso no logro intimidarle para que se apartarse un solo milímetro de su prometida. Ya a quedado  bastante claro que Ross no posee ninguna empatía especial hacia la humanidad en general y desde el momento en que había visto el carácter del hombre al descubierto la primera vez que había conocido a Winter tras su “pequeño altercado”, Ross había decidido que no había forma de que aquel hombre fuese a convertirse en una excepción a su norma. Le daba muy igual lo mucho que sus padres quisiesen que el simpatizara con su supuesto suegro; a el le valía un cuerno lo que pensara William de el.

Ross evocó una amplia sonrisa, levemente impresionado ante la actitud que había tomado el hombre, era como si ya no quedase nada del iracundo William que había estado a punto de arremeter contra su hija por una pequeñez, pero Ross tenia la suficiente audacia para saber que aquello no era mas que el telón rojo que cubría el escenario de un teatro. Su sonrisa frugal no se ensombreció ni siquiera cuando sintió la tensión en aquel robótico saludo recargado de hipocresía, soltando la mano del hombre intentes después puesto que por muy divertido que le resultara el asunto, prefería conservar su diestra –¿Ah si? Bueno, Edward siempre ha dicho que debo ser descendiente directo de lucifer ¿No es así Rossie?— Cuestionó el aludido, esta vez dirigiendo su temeraria mirada hacia su escandalizada progenitora, que parecía estar cruzando los dedos para que su hijo se quedase mudo. El comentario de Scarlet no le pasó desapercibido, como siempre la mujer parecía intentar ser la mediadora entre en cielo y el infierno para evitar que el techo se les fuese a caer encima a todos. Un trabajo demasiado arduo y agotador, consideraba el desde su perspectiva –Usted tiene toda la razón mi Lady, yo soy mucho mas atractivo que mi padre–

Sin lugar a dudas, aquel comentario fue la gota que derramó el baso para terminar por matar la conversación y Ross no pudo quedar menos satisfecho; ser socialmente incomodo tenia sus ventajas cuando uno se proponía con toda su fuerza de voluntad perturbar a los demás presentes, cosa que era bastante que obvia que había logrado por las caras que le rodeaban –Como quieras– Se limitó a contestar, encogiéndose de hombros con desinterés, pisándole los talones a su prometida a traves del rimbombante salón decorado como un palacio real en toda su magnificencia mientras esta caminaba sin mirar atrás. Procuró con maestría esquivar los armatostes de seda china que llevaban por vestido la mayoría de señoritas que componían la sociedad elitista de Nueva York y mientras se preguntaba si acaso su prometida se había propuesto correr una maratón por todo el lugar, divisó a Emanuel acercándose con determinación desde el otro extremo del salón –Eh, espera…– Exclamó hacia la muchacha, tomándola del codo con suavidad sin apartar la mirada de la figura que se acercaba a ellos. Su padre, demasiado galante para actuar con fanfarronería y demasiado enojado como para saludar directamente a su hijo menor, se decató por   hacer contacto visual con la única persona del duo que no le producía dolores de cabeza constantes –Comenzaba a sospechar que se habían perdido en el camino– Ross hizo un sonido parecido a una risa, aunque era demasiado despectivo para poder ser considerado como tal y los ojos de Emanuel  finalmente se fijaron en el con cierta molestia.

–No tuvimos tanta suerte. Rossie me ha dicho que querías hablar conmigo–
argumento el muchacho, ganándose una mirada condescendiente  por parte de su padre.

–Rossie no. Tu madre y si, en efecto, tengo que hablar contigo– Le corrigió al instante y como era de esperarse Ross no mostró un ápice de arrepentimiento. Su mano se afianzó en la de su prometida mientras se decía así mismo que debía contener su habitual necesidad de contrariar a su padre y sacarle de quicio (Sin demasiado éxito, por supuesto) Si tenia que quedarse toda la noche allí a escuchar a su padre soltarle la cátedra prefería tirarse por uno de los bonitos y lustrosos balcones de alguna suite  –Tendrá que esperar, Winter tiene muchísimas ganas de bailar una pieza ¿No es así Winter?– refutó instantes después, dirigiendo su mirada ahora hacia su prometida. Había cierto destello de alarma en la misma y esperaba a que la rubia le siguiese el rollo para zafare de la situación ¿Como si no iba a retener su repentino ataque suicida?. Ni siquiera espero a una negación por cualquiera de los dos, y sin mas dilatación, se apresuró a escoltar a su pareja al área donde la gente comenzaba a conglomerarse para disfrutar de la música y el baile, algunos mas afectados que otros por la influencia de la Sidra y demás brebajes dudosos. ya ubicados, Ross no tardó demasiado en colocar su manos en la posición tradicional que correspondía al baile de salón y su sonrisa ladina se volvió mas natural –Di lo que quieras, pero esto es mucho mejor que escuchar a mi padre–



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→ SÁBADO → 18:30 PM → GALA BENÉFICA DE LA SRA. JOHNSON→ FRÍO

Winter avanzaba sin rumbo por el inmenso salón, tratando de no chocar con ningún camarero cargado de copas, de no pisar el bajo de ningún vestido femenino, y de evitar las miradas furtivas que algún que otro joven de dedicaba con cierta curiosidad. La exorbitante pedrería que constituía el vestido de Winter, reflejaba con cada ligero movimiento la luz que emitían las despampanantes arañas que colgaban del techo, creando pequeños destellos brillantes a lo largo de su esbelta figura, haciendo imposible que la rubia pasara inadvertida a ojos de los invitados.

A un par de metros de la pareja se encontraba Emanuel, acerándose a paso ligero con movimientos elegantes y actitud apuesta. Sin duda, observando el rostro del hombre se podía ver el futuro que le esperaba a su hijo, pues era como ver a Rossem con muchos años más. Winter paró en seco en cuánto la cálida mano de su prometido afianzó con suavidad su codo, y se giró para encararlo con intriga. - ¿No debías hablar con tu padre?- Preguntó retirando sutilmente el brazo de su agarre, para acto seguido, tomar su mano y entrelazar sus dedos con los de él. Era palpable la incomodidad que le generaba el hecho de charlar con su padre, seguramente porque se acercaba una reprimenda. En cuanto la voz de Emanuel llegó a los oídos de la inspectora, ésta dejó de mirar al castaño para enfocar sus ojos azules en el hombre que se erguía delante de ellos. Estaba abriendo la boca para responder, pero Rossem se adelantó y ella frunció el ceño mientras hacía un tierno mohín con los labios.

El ambiente tenso que se había instalado entre padre e hijo, hacía a Winter sentirse pequeña y inútil. Era como si ella no pintase nada en aquella reunión familiar, sin embargo, se había propuesto ser el pilar de apoyo del mediano de los Grey en cualquier situación desagradable. Siempre que a Ross le hiciera falta alguien en quien sostenerse, ella estaría allí. No se había parado a pensar el porqué de esos sentimientos, sencillamente su corazón le dictaba lo que debía hacer y ella, aceptaba su cometido con la cabeza alta. Fue por esa misma razón que cuando su prometido la utilizó como excusa (muy mala, por cierto), la rubia asintió un par de veces con la cabeza, sonriente, mostrando una expresión risueña que parecía realmente verídica. Sin embargo, para cualquier persona que tuviera calada a la policía, habría notado la alarma en su mirada.

Fue arrastrada sin miramientos hacia donde se había improvisado una zona de baile. Pasando al lado de un camarero, tomó aparatosamente una copa de lo que parecía champagne y se lo bebió de un trago, dándole después la copa a otro mozo que recogía cristalería vacía. Si debía bailar, más vale que tuviese algo que la hiciera desinhibirse, o al menos hacerle que no le dolieran los pies. Se pausaron en medio de la gente, mientras la diestra de Ross se instalaba sin pudor alguno en su cintura y la mano izquierda agarraba su mano con decisión. ¡Oh, oh! Esto no va a acabar nada bien. pensó sonrojándose violentamente. - Seguro que no pensarás eso cuando tengas los pies morados. - Su sonrisa ahora no era más que un atisbo de vergüenza y timidez.

La lenta melodía comenzó a sonar, y ella trató desesperadamente recordar las clases de baile de salón que había recibido cuando era adolescente. Por suerte, su acompañante sabía llevar el ritmo y eso le ponía las cosas más fáciles. Procuró no descender su mirada a sus pies, porque su madre le había comentado varias (muchas) veces que así era como una acababa pisando a su compañero de baile. Debo mirar cualquier otra cosa. fue su decisión. Así que optó por mandar al garete lo establecido por su profesor de baile hacía once años atrás, y acercó su cuerpo al de él, apoyando su cabeza en el duro pecho de Rossem. Pudiendo observar desde esa nueva perspectiva, las facciones del pecoso. - Qué mono.- Canturreó Winter antes de esconder el rostro en el hueco de su cuello en un arrebato de timidez, rozando dulcemente sus labios con la sensible piel del joven. El característico olor del heredero de los Grey inundó sus fosas nasales y esbozó una sonrisa risueña. Quizás si Winter no se hubiera perdido en las sensaciones que le producía la cercanía de su prometido, hubiera sido capaz de ver que no lo había pisado ni una sola vez.





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Tal vez pareciese que no le importara o que como mínimo no lo hubiese notado en absoluto, pero había sido bastante consiente de la alarma que matizaba los ojos de su prometida cuando hubo expuesto sus intensiones, provocando que una sonrisa perversa se dibujase en sus labios. El breve encuentro fue cerrado con broche de oro y a pesar de que avanzaban a gran velocidad, el muchacho era capaz de sentir las aguijoneadas sobre su cuello que provenían, indudablemente, de la mirada condescendiente de Emanuel Grey, el que ahora no era mas que una mancha perdiendo entre amplias faldas de seda china y cristalería exorbitantemente cara danzando entre bandejas de plata.

Aquella no había sido menos que una bribonada infantil, pero mentiría si dijese que no se sentía absolutamente satisfecho con haber dejado al CEO de toda una corporación con la palabra en la boca y totalmente desconcertado. Eso no solía suceder con mucha asiduidad porque en la rutina diaria que consistía su relación, era Emanuel quien ignoraba completamente la existencia de su hijo a un punto ridículo y eso había dejado de resultarle deprimente hace muchísimos años atrás. Aun así, aquello no era suficiente y lo sabia; tal acto no podía ser tachado como una venganza a la par de las acciones de su padre, y a decir verdad,  si de Karma se tratase y fuese Ross el encargado de ejecutarlo, Emanuel no tendría las agallas de presentarse en sociedad si quiera, porque aquel hombre no era mas que una fachada de egocentrismo y dolores de cabeza.

Estaba demasiado distraído enfrascado en sus propios pensamientos (Incomprensibles y satisfactorios en partes iguales) pero eso no evitó que se detuviese cuando vio por el rabillo del ojo como Winter White se detenía en seco, tomaba una burbujeante copa que reposaba sobre una de las bandejas que llevaba un mozo y se la terminaba como si de agua se tratase. Las oscuras cejas de Ross se elevaron y una mirada de diversión interrumpió en su expresión, a continuación esperó hasta que su acompañante se hubo desecho del utensilio, aun permaneciendo en el la sonrisa vivaracha cuando se abrieron paso en medio de la pista –¿Que ha sido eso?– Cuestionó con diversión, fijando su mirada en los extraordinarios ojos azules de la aludida, mientras sostenía con firmeza su mano. La bien apreciada escasez de distancia le proveía la facilidad de apreciar mas de cerca todos los detalles, incluso los mas diminutos, que le componían; Su cabello tan dorado como el trigo, el suave rosa constante en sus pómulos, el inexorable agrado que producía la mezcla del licor dulce y la fragancia a vainilla. Incluso la suave curvatura  de su cintura donde yacía reposada su mano, completamente negada a apartarse de allí –Estoy bastante seguro de que eso no era una coca cola— agrego varios segundos después, murmurando en su oído con voz queda al tiempo en que sus movimientos se aminoraban. Era un vals tan lento que apenas requería el mínimo esfuerzo y los pasos se perdían entre las palabras.

Y aunque todo el salón estaba repleto de invitados ataviados en exuberantes galas, todo pareció difuminarse a su alrededor cuando Winter termino con la distancia que les separaba. Una tensión casi palpable se alojó en sus hombros cuando sintió el calor ajeno propagarse por su pecho, su mentón fue a descansar sobre la cabeza de ella, y sus brazos se dieron al encuentro de su cuerpo en un delicado abrazo en torno a su cintura. La exclamación de la muchacha le hizo sonreír con mayor ímpetu –Ya te he dicho que no soy…– comenzó a hablar nuevamente, con una voz tan apagada que supuso que ella a penas podría escucharlo y sin embargo, sus palabras se quedaron en el olvido cuando distinguió una figura de un conocido a tan solo unos metros, observándoles tan fijamente con las ansias de una cobra. Instantáneamente Ross se recompuso, alejándose de la muchacha. Volviendo a ser todo ángulos y dureza tras aquel breve instante de normalidad.

Muy bien, supongo que el baile termino mucho antes de lo que imaginaba– Confesó con voz queda. Su mirada se volvió precavida al notar como el chico al que había comenzado a mirar fijamente sin ningún tipo de decoro se acercaba a ellos en grandes pasos simulando la sonrisa mas hipócrita habida y por haber –¿Ves a ese tipo de allí?– Sus ojos se detuvieron sobre Winter unos ínfimos instantes, a la espera de una respuesta afirmativa –Su nombre es Luca, Luca Rowell. Y me odia de una forma especialmente obsesiva, así que lo mas probable es que esto sea realmente incomodo…–

Esperaba que por algún milagro divino, Winter no se dispusiera a acribillarle con preguntas pero sabia que eso formaba parte de una absurda utopía y pronto se vería acribillado de interrogantes, sea como fuese, prefería disolver las dudas de Winter que quedarse allí pasmado observando como todo se iba lentamente al traste…



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-Claro que era coca cola.- Mintió deliberadamente sabiendo que él había visto cómo ella se acababa la copa de champagne en apenas unos segundos.- ¿Estás mal de la vista también?- Preguntó mirándolo a los ojos con la misma expresión traviesa que solía tener cuando se comía la última cookie de chocolate que guardaba el gigantesco tarro de cristal que había en la alacena de la mansión de los Rosewood.

Había escondido su rostro en el cuello de Rossem, quien había escuchado el halago proferido por su prometida, y procedía a cotradecirla con una sonrisa radiante en el rostro. Cabía destacar, que lucir tal expresión le hacía carecer de la convicción necesaria para que alguien le pudiera creer. Los fuertes brazos del castaño la rodearon, inundando su pecho de una cálida sensación de protección que se fue extendiendo por todo su cuerpo, provocando un agradable cosquilleo en la zona donde ambos cuerpos hacían contacto. La inspectora aprovechó el momento para rodear su cuello en un gesto más que afectuoso, ajena a todos los problemas que la habían acechado en los últimos días. Gracias a la proximidad que compartía con su prometido, fue capaz de percibir la tensión repentina de sus músculos incluso antes de que deshiciese el tierno abrazo y se tornara una persona diferente a la que había sido instantes atrás.

El ceño de la rubia se frunció ligeramente, sorprendida del cambio tan brusco de actitud que el joven Grey había sufrido. Su mirada azul se centró en la dirección que él observaba. Un muchacho los observaba con evidente ahínco. ¿Qué leches le pasaba al tipo ese? La primogénita de los Rosewood se sentía horriblemente incómoda bajo el escudriño mortífero que le estaba dedicando. Las palabras de Ross no la sorprendieron, en los ojos del extraño no parecían haber buenas intenciones y Winter sintió la imperiosa necesidad de proteger a su prometido. Inconscientemente, dio un paso hacia el frente y se interpuso entre los dos hombres, usando su propio cuerpo como escudo contra la inspección venenosa que iba dirigida al mediano de los Grey.

-¿Por qué te od...?- No acabó la pregunta por voluntad propia. No había tiempo para preguntar, lo mejor era que siguiera interpretando su papel de mujer florero y tratara por todos los medios de recaudar la máxima información posible. Si se hacía bien la tonta, el tal Luca pensaría que no es peligrosa y hablaría sin tapujos. Los hombres se cohibían menos ante mujeres a las que consideraban bobas, no las veían suficientemente avispadas como para usar ciertas palabras contra ellos. En cuanto notó la inquietante presencia detrás de su espalda, habló como si llevara hablando todo el rato.- Pues gracias por el bolso de Prada, Ross, llevaba una semana con ganas de tenerlo.- El hombre los encaró y ella dedicó una sonrisa superficial, como las que lucían todas las mujeres de la sala.





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Cualquiera que le viese la cara que se cargaba en ese momento no tendría que conocerle demasiado bien para dar por aludido que Rossem estaba lo que le seguía a incómodo. La forma en la que el nuevo perturbador de la paz había irrumpido en escena y por sobretodo la singular mirada que le dedicó a su confundida prometida no le hizo ni la mas mínima pizca de gracia. Ya tenia suficientes problemas intentando evadir las miradas asesinas del padre de Winter y escapar de lo que sea que Emmanuel tenia para decirle (seguro un montón de cuentos absurdos que no venían a juego) como también tener que cargar con la cruz que implicaba relacionarse con personas como Rowell…

En pocas palabras, Luca era la personificación misma de la prepotencia y la habladuría, aunque sabia muy bien volverse una rata de alcantarilla huidiza y cobarde cuando los desastres que el mismo provocaba le reventaban en la cara. No le había vuelto a ver desde “el ligero altercado” (al menos así lo había descrito el director del instituto) que habían tenido hace ya casi una década, cuando Ross aun era un adolescente fastidiado con el mundo, lleno de ira juvenil y con ganas de reventarle la cara a cualquiera que le pasase por delante. Luca, por supuesto, era una mala lacra  elitista que no hacia otra cosa que meterse con sus compañeros de clase y se le vino a la cabeza la fantástica idea de que el muchacho era un buen objetivo.

Crasso error, porque Ross nunca había estado de humor para aguantar a idiotas y mientras el chulo de paso se paraba frente a su prometida, mirándole como un pedazo de carne en exhibición  y no como una persona. Casi le podía su orgullo y su auto control, mas se limitó a Rodear los hombros de la rubia con su brazo en un gesto instintivo, esbozando la sonrisa mas siniestra e hipócrita que fue capaz –Buenas noches Luca, hace un tiempo ya que no te veia– su mano se tendió en dirección al recién llegado que no dudó en estrecharla, con un afán correspondido y dibujando en sus facciones la misma expresión artificial que Ross.

–Si que ha pasado un tiempo Grey, he escuchado muchas cosas sobre ti–
comento en un tono venenoso, lo que podía implicar que estaba bastante bien enterado de sus tramites legales. Tampoco es que fuese un secreto; la noticia había ocupado bastantes planas en la prensa las semanas posteriores ha las que se había destapado el asunto y seguramente Luca había disfrutado mucho enterándose de aquella noticia. Lamentablemente sabia que con el tiempo termiaria encontrándose con el, New York era una gran ciudad pero la elite una parte minoritaria y privilegiada que chocaban de hombros constantemente –¿No piensas presentarnos?– Cuestionó con malicia observando a Winter, removiendo la copo burbujeante que llevaba en la mano. A Ross casi se le escapa un bufido en el acto, mas pudo contenerlo a tiempo.

Si hubiese estado en sus manos, directamente lo hubiese mandado a la mierda y se hubiese ido de allí pero no era algo que podía permitirse hacer sin considerar las consecuencias; Rowell era hijo de uno de los socios minoritarios de la multinacional de su padre, y las cosas no estaban yendo tan viento en popa como para que pudiese permitirse tal acto sin que Emanuel tomase medidas. Por mucho que lo odiase y detestase su sola existencia, era una lacra con la que debía aprender a vivir –Estoy bastante seguro de que ella preferiría hacerlo por si sola…– contestó con una sonrisa gélida. Si tenia que seguir dirigiendole la palabra por medio minuto mas, terminaría explotando.




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¿Sabes esa sensación ácida que nace en tu pecho cuando ves a alguien que no es de fiar? ¿Sabes ese instinto que te indica que la persona en cuestión es de naturaleza innoble y puede resultar peligrosa? Bien, pues esa era la sensación que había embargado a Winter por completo. De forma inconsciente, en un acto puramente primitivo, se irguió del todo intentando ocupar más espacio y no parecer una dama en apuros. Los ojos del recién llegado escanearon el cuerpo de la rubia con evidente interés, provocando que ella frunciera el ceño irritada, presionando sus labios hasta que formaron una débil línea escarlata. - Yo soy Winter Rosewood.- Respondió desganada. - Y te recomendaría que no volvieras a mirarme así. - El joven esbozó una sonrisa divertida, como si el aviso de la inspectora no fuera más que un mero chiste. Le dedicó una mirada altiva a Ross, sabiendo que él no podría hacer nada por defender a la muchacha, a menos que quisiera perder su semi-libertad.


- Así que es verdad lo que dicen… Rossem Grey ahora solo pertenece a una mujer. ¡Qué romántico!- Hizo ahínco en esas dos palabras para que no pudieran pasar desapercibidas para Winter, mientras removía el líquido dorado de su copa, generando que las burbujitas ascendieran desde el fondo de la copa para explotar en la superfície.- ¿Cuánto crees que tardarás en volver a las andadas? Todos sabemos lo mucho que te gusta disfrutar de las mujeres, y no en el mejor sentido.Y ahora, debo retirarme. Pasad una buena velada.- La rubia se había tensado como una vara bajo el brazo de su prometido, sin embargo, no fue por el comentario del tal Luca, sino porque empezaba a estar cansada de aguantar estupideces y tener que sonreír como si fuera una muñeca de porcelana. -Casi le pego.- Murmuró cuando volvieron a estar solos entre tanta gente.

Su cabeza amenazaba con explotar. Por si el hecho de tener que volver a un ambiente tan nocivo como el de la clase alta no fuera suficiente, se sumaba el estúpido ese deambulando por la sala.- Pero lo de las cincuenta sombras de Grey casi ha sido divertido. ¿Me vas a atar y a azotar?- Preguntó antes de que la risa comenzase a brotar de sus labios sin control y tuviera que apoyarse en Ross para mantener el equilibrio. Tan solo el hecho de imaginarse a Ross vestido de cuero y preguntándole si había sido una chica mala, provocaba que una nueva oleada de carcajadas hiciera acto de presencia. - Yo tengo unas esposas… por si las quieres.- Atinó a decir entre risas y la falta de oxígeno.

-Bueno, cuéntame de qué conoces al tal Luca.- Pidió secándose las lágrimas que amenazaban con estropear su maquillaje, se había pasado casi tres minutos riéndose sin control alguno.- Pero primero, vamos a por una copa Sr. Grey.- Y acto seguido hizo un movimiento con la mano que imitaba el acto de latigar mientras murmuraba un “Chsss”. Rossem la iba a mandar a paseo, de eso estaba segura, no obstante, quería mostrarle a su prometido que no le importaba las palabras de semejante pretencioso.- Es broma, no te ofendas.- Su mano se enredó con la de él, poniéndose completamente de puntillas para poder besar la comisura derecha de sus labios.- Ahora en serio, explícame.





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Sus ojos ya no cargaban el sutil brillo de la diversión, no, mientras Luca vomitaba fanfarronerías y se comportaba con su habitual y desagradable pedantería, la poca paciencia que Ross creía tenerle se esfumó como la pólvora. Sus nudillos se tornaron tan blancos como el papel y su mirada se fijó en el otro muchacho, en la actitud altanera para con su prometida y aun así sonrió; la sonrisa de un lince que aspira el aire, justo en el momento previo a lanzase sobre la yugular de su presa. Sus labios se abrieron, dispuestos a exteriorizar unos pensamientos que no habían sido bien puestos en orden pero rápidamente Winter había tomado la iniciativa, demostrando una vez mas que no necesitaba que nadie abogase por ella. La sonrisa de Ross se torno ligeramente satisfecha, viendo como Lucas parpadeaba estupefacto.

¿Y es que quien lo diría? Aquel muchacho tenia el aire regio y soberbio de alguien que nunca había padecido ningún sufrimiento, alguien que había tenido todo en bandeja de plata desde sus primeros instantes de vida, acostumbrado a la constante atención de mujeres que se dejasen impresionar por su labia, su sonrisa y los incontables ceros en su cuenta bancaria. Ross tuvo que contener una carcajada cuando le vio carraspear, incomodo, y su pecho se infló de un repentino orgullo hacia su prometida, que no se amedrentaba ni una milésima ante la mirada lasciva que el dedicaba el sujeto frente a ellos.

Ross se volvió hacia Rowen una ultima vez, y todos los músculos visibles se tensaron mucho mas de lo que ya estaban desde que había visto su irritable presencia. Soltó una carcajada ante la exclamación ajena y se inclinó hacia el, sin sorprenderse de como Luca le dedicaba una mirada renuente –No lo se ¿Cuanto crees tu que tarde en romperte la cara?– Masculló el muchacho, previendo que la sonrisa del aludido perdía furor –O tal vez debería romperte la otra pierna, así todo quedaría bastante igualado– añadió, rompiendo el contacto visual tras varios segundos de súbita tensión. Luca bufó y continuó su cháchara, lanzándole en cara un ultimo comentario desvalorativo al que Ross no mostró la mínima importancia y le observó marcharse. Sintiendo que se rompería los dientes en cualquier segundo si seguía apretándolos de aquella manera.


Le detestaba de una forma irremediable, de la misma forma que llegaba a odiar a la mayoría de las personas que conformaban aquel circulo social prejuicioso e insensible, y justo aquel tipo de situaciones eran las que mas le hacían odiar presentarse a ese tipo de eventos donde tenia que fingir constantemente encontrarse a gusto, cuando lo único que quería era volver a casa y cerrar los ojos, olvidarse de que el mismo era tan detestable como Luca Rowell. Un hijo de puta que caminaba por el mundo creyendo que lo merecía todo. Suspiró sonoramente y se volvió hacia Winter, aterrizando cuando escuchó el sonido de su voz –Me he percatado de ello, si. Eres toda una fiera, Rosewood…– Murmuró junto a su oido, acercándose lo necesario para volver a deslizar su mano en el delicado espacio entre sus omoplatos. Era evidente que la tensión y el disgusto no se le habían removido aun, pero eso no podía interrumpir con su interpretación de un tórrido romance juvenil ante los ojos de cualquier espectador, si es que aquello era realmente un acto sin mas –Por supuesto que si– respondió con evidente sarcasmo, buscando con la mirada sus ojos azul cielo. Pusó los ojos en blanco mientras la rubia le daba largas a aquella broma, sin retener una sonrisa ladina que se asomaba en sus labios.

Aunque parecía ser que no, debía admitir que le preocupaba la opinión que Winter había podido desarrollar tras el desagradable encuentro con Rowell y por lo mismo no podía evitar observarla con cautela mientras se acercaba a el y volvía a besarle. Aquello no pareció manar el disgusto de Ross, quien suspiró mientras acariciaba los delgados nudillos de su prometida, esforzándose en reordenar sus emociones –En estos salones siempre hay descansos en alguna parte. Seguramente habrá algún balcón vacío… venga, las bebidas no van a desaparecer– dijo sin demasiadas ganas << y a mi no me sentaría mal un poco de aire fresco >> estuvo por añadir, pero prefirió no hacerlo. Tras espera la respuesta afirmativa de la joven, tiró con delicadeza de su mano y se volvió a adentrar entre la conglomeración de trajes de gala, colonias caras y joyas excesivas. La gente que había asistido al evento parecía ahora mucho mas interesada en la pista de baile, y eso le facilitó a Ross dar con una puerta que comunicaba a un pequeño balcón, bañado únicamente por la luz de una luna perezosa. Abrió la puerta sin mas demora y salió a la noche, dedicándole una mirada furtiva a su pareja, iluminada por los resquicios de la luz blanquecina –Supongo que es ahora cuando debo hablarte sobre mi amistosa relación con Luca…– masculló sin demasiada gracia, a pesar de el comentario parecía tener intenciones de resultar comico –Lucas Rowell fue mi mejor amigo alguna vez, supongo. Si es que a eso puede llamársele amistad. Sobre el no hay mucho que decir, la verdad, solo es alguien de mi pasado. Alguien que vió muchas cosas y sabe muchas otras…Cosas de las que no me gustan hablar con nadie porque no me enorgullecen, digamos que llegamos a tener varios altercados cuando aun éramos un par de muchachos y yo no era precisamente racional, no es como que lo haya sido nunca realmente…– Se volvió hacia la nada, perdiendo la mirada en la infinidad de la noche –No creo que tengas una percepción tan buena de mi, pero aun asi te lo contaré si quieres escucharlo. Se que te debo una explicación–




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Winter no iba a negar que le apetecía terriblemente una bebida, le daba igual que clase de bebida fuera mientras estuviera fría. En los últimos minutos había notado la instauración de en calor sofocante en el ambiente, siendo completamente consciente que solo lo notaba ella, y para colmo, el portar ese precioso vestido de pedrería no ayudaba en nada. De hecho, el mero tacto de la suave tela contra su piel la agobiaba de una manera exagerada, haciendo cada minuto una odisea. Y podría haberlo compartido su pensamiento con su prometido cuando él le propuso salir a un balcón, estaba segura que aunque Ross quisiera con locura largarse del cargante salón, si ella le pedía la bebida él mismo iría a por ella. Pero en cambio, ninguna palabra salió de sus labios, solo el movimiento afirmativo de su cabeza expresó estar de acuerdo con el castaño. A fin de cuentas, ¿No habría fresco en el balcón?

Cruzaron otra vez el salón, la rubia se aferró a la mano de su prometido como si fuera un salvavidas en el mar, vislumbrando a unos metros un rostro amigable y terriblemente familiar. Su hermana Catherine charlaba alegre con un par de conocidas, herederas superficiales y de cabeza hueca. Abrió la boca para pedirle un par de minutos a Ross, pero al ver la prisa del cual era preso Ross, decidió que lo mejor sería posponer el saludo a la pequeña Rosewood. De todos modos ella no la había logrado ver. El mediano de los Grey abrió la puerta y Winter pasó primero, disfrutando terriblemente el impacto del aire frío contra su cuerpo. La luna iluminaba mágicamente el paisaje, haciéndolo el perfecto escenario de uno de esos relatos románticos de época en el que los enamorados compartían un íntimo beso, protegidos por el oscuro manto de la noche. Por un momento, quiso dejarse llevar por el encanto del bello satélite que reinaba dichoso y recitar aquella frase que tanto le apasionaba a su madre, esa que le había leído tantísimas veces.

¡Oh, Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú, Romeo?
Niega a tu padre y rehúsa tu nombre.
O, si no quieres,  jura tan sólo que me amas,
y dejaré de ser yo una Capuleto.

La voz de Rossem sonó como un eco tan lejano que la inspectora tuvo que acercarse a él para poder escucharlo bien. Y es que por unos segundos, ella también había sido hechizada por la brujería de la literatura y los recuerdos de una vida pasada. Ladeó la cabeza ligeramente, apoyando su mano derecha en el antebrazo del joven con afecto. Mientras él justificaba la situación dada con Luca, Winter comprendió con toda certeza que Ross no era más que un niño incomprendido que había acudido al primero que le había jurado preocuparse por él, y había cometido mil y una locura para poder evadirse de la realidad, sin preocuparse de su futuro o de las consecuencias de sus actos.

Sus labios color carmín esbozaron una sonrisa dulce, cargada de comprensión y apego. - Ross.- Susurró alzando su mano y acariciando su pómulo con ternura. -Todos tenemos fantasmas.- Suspiró sonoramente mientras acortaba las distancias, rodeando su cuello en un suave abrazo y posando sus labios en la mejilla decorada con múltiples pecas. El beso estaba cargado de sentimiento, quería que supiera que ya no estaba solo y que podía contar con ella. Retornando nuevamente a su sitio inicial. - Pues te equivocas, sí que tengo una buena percepción de ti. - Su sonrisa se tornó suficiente, entrecerrando los ojos y moviendo las cejas cómicamente. - Supongo que no es justo, pero yo ya sé tu pasado. O al menos, todos los altercados que la policía tiene registrados y créeme, sé por mi trabajo que esos archivos solo son la punta del iceberg. - Se encogió de hombros con simpleza.- Todos los jóvenes que son arrestados por la policía, es porque han desvariado demasiado y los han pillado. Hay muchos que siguen haciendo sus cosas sin ser descubiertos.

Miró al cielo con interés, como si rememorara algún tiempo mejor.- Sé que es jugar sucio, pero en mi defensa diré que me los leí mucho antes de conocerte. Cuando oí hablar de tu caso y había algo que me fallaba. - Una pequeña brisa removió los árboles y las flores, haciendo a algunas viajar hasta Winter. - Yo no he sido nunca una chica problemática. ¿Sabes? Supongo que mi padre nunca me vio como una mujer capaz, sino como la hija florero que se paseaba por el jardín. Aún así, no acepté tu caso para demostrarle nada a él, sino porque te quería ayudar a ti. Yo ya estoy perdida ante sus ojos, soy la que prefirió vivir en un piso diminuto de paredes de papel a la mansión en la que me había criado. Y mira que no le he soltado que soy asexual, seguro que cree que me acosté con mi ex. Pero es preferible que crea eso a saber que su hija no siente atracción sexual por nadie. Vaya... ahora que lo digo en voz alta, es mucho más triste.- De su pecho brotó una risa repentina. Sincerarse con alguien que no fuera su hermana, resultaba nuevo y revelador. - Pero te voy a decir una cosa, no dejes que lo que piense tu padre de ti te afecte. Creo que eres una buena persona, Ross. Tienes un pasado, sí. ¿Y qué? Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra.





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Como era de esperarse, el aire en el exterior le resultó gélido en comparación con la calurosa muchedumbre que congestionaba cada vez más el salón de fiesta y cuyo ruido quedó amortiguado en cuanto traspasaron las ornamentales puertas del descanso hasta el pequeño balcón que ofrecía una vista espectacular de la urbe. Un manto de luces que decoraban los rascacielos e iluminaban los elipuertos bordeaban el horizonte, icónicos en aquella área prestigiosa y sofisticada tan concurrida por la Elite. El silencio le supo a prosa y aquel improvisado refugio le permitió abandonar aquella postura tan rígida y formal que comenzaba a oxidarle los músculos. Era evidente en su expresión que no tenía ganas de volver a sumarse a aquella saturación de brillo y banalidad que tanto le desagradaba.

Hubiese mentido si hubiese dicho que la reacción de Winter no le había sorprendido, porque al instante en que las palabras tan cálidas de su prometida salieron de sus labios Ross no hizo más que inmutarse por varios segundos. Observándola con una expresión indescriptible –Yo diria mas bien demonios...– murmuró, sintiéndose repentinamente alicaído. No imaginaba otra situación más extraña para conversar sobre algo tan polémico como su pasado, algo de lo que no había hablado con nadie en su vida más que con su hermano, que ahora no era nada más que un hueco ausente en su existencia. Sin embargo sabía que evadir la situación no serviría de nada. Alzó la mirada, mas agusto de la cercanía de la rubia de lo que nunca había estado antes y más aliviado de lo que podía haber sospechado al escuchar en sus propias palabras que lo que había sucedido antes no había transgredido su perspectiva sobre el, arrancándole una ligera sonrisa de los labios –¿Porque?– cuestionó con verdadera intriga, observando con extrañeza –Reconozco que nunca he hecho nada para agradarte demasiado...–

No se hubo esperado aquella confesión, pero a pesar de que en otras circunstancias o con otra persona distinta pudo haberse alterado hasta límites insospechados, Ross se mantuvo sereno y le dejó hablar. Sorprendiendose de encontrar tanta amabilidad reflejada en sus palabras, aunque para esas alturas estaba bastante seguro de que aquella era la modalidad constante en que su prometida enunciaba cualquier palabra –Así que has estado observandome inspectora, curioso– agregó con un deje de diversión en su voz, aunque la misma parecía ausente, perdida, tan lejos como el murmullo de la brisa que le sacudía los dorados mechones a la joven. La siguiente revelación le tomó mucho más desprevenido y no puedo evitar contener una carcajada de incredulidad, estirando la mano para acomodarle un intrépido mechón de cabello detrás de la oreja. Aunque al instante se percató de que no había sido una broma, que realmente aquella era la forma en la que ella se veía a si misma y sintió una ligera punzada de culpabilidad por no haberse percatado antes, por haberse permitido un grado de intimidad que pudiese haberle resultado ofensivo. Compuso una expresión grave, desprovista de cualquier rastro de humor que hubiese manifestado anteriormente –Eso no es triste, a decir verdad nunca habia escuchado a alguien referirse a si mismo de esa manera, pero es quien eres y puede que esté equivocado en muchas cosas… que no lo estoy, lógicamente– intervino, percatandose del tono agridulce de sus palabras –Pero tu no estas mal, no pienses eso nunca más– No sabía de dónde le había nacido esa repentina calidez ni cuál era la justificación de porque su aspereza habitual se había extinguido, pero fue capaz de atestiguar el momento justo en que sintió aquella rústica armadura que tantos años le costó forjar quebrantarse con el contacto de Winter, y eso le despertó sentimientos que no fue capaz de reconocer en ese momento.

Ross le observó con detenimiento, refugiado en el breve silencio en el que se enfrascaron cuando se hubieron agotado las palabras, en un esfuerzo innecesario por analizar la manera en la cual debía proceder. Sus manos rodearon su cintura, apenas rozando la suave tela del vestido que le envolvía, como si fuese una figura de cristal a punto de deshacerse entre sus manos. Buscando sus labios en un beso cándido y lento,  tratando con una veneración que jamás había sentido. En su cabeza seguían arremolinándose un montón de pensamientos, pero aquel sencillo gesto los eclipsó por completo  –Se a lo que te refieres, sobre mi padre…– murmuró, alejándose a medias –harías bien en seguir tus propios consejos de vez en cuando. La próxima vez que tu padre te  hable como lo hizo aquella vez, me aseguraré de ponerle la lengua de corbata. Entonces tendrán una buena razón para arrestarme– A pesar de sus palabras, no había ni el menor ápice de reproche en su voz. Aquello le había salido del alma y no estaba cargado con el aire hostil y descarado con el que hablaba habitualmente –Venga, vamos por esa copa antes de que te de la gota–

El murmullo de la música de salón le devolvió a la realidad, una donde aquel furtivo encuentro había quedado solo en sus memorias. Sin mediar palabra tomó la mano de su compañera y atravesó las puertas que comunicaban al salón con una nueva resolución; odiaba esa clase de eventos, pero podía tolerarlos con la compañía adecuada...




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