02/12 ¡Atención, atención! ¡Aquí os dejamos las noticias recién salidas del horno! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


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30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


27 # 30
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7
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Sadness with drops of coffee || Emily Yates

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Sadness with drops of coffee || Emily Yates

Mensaje— por Invitado el Mar Ago 01, 2017 6:22 pm


SADNESS WITH DROPS OF COFFEE


Tomando un capuccino de buena mañana



Bar-cafetería Pegge Sue's — Martes por la mañana — Clima fresco


No podía creer que la “cita”, si es que se le puede llamar así, saliera tan mal. Tenía esperanza de conocer a alguien especial, enamorarme, y que esa persona se enamorara de mí. Pensaba que sus besos tenían esa intención, pero no, me equivocaba, tan solo buscaban la pasión de una noche. Así que, tras quedarme claro lo que quería, decidí marcharme, y no quiero volverle a ver, no hasta que no haya logrado superar el sentirme utilizado. Ni siquiera me apetecía hacerme el desayuno, así que he decidido venir a esta cafetería de la que tan bien me hablaron mis compañeros del trabajo, Peggye Sue’s, cuyo estilo rockabilly logra subir un poco mis ánimos, gracias a esa movida música que suena de fondo. A estas horas está bastante concurrida, la mayoría de gente entra a trabajar ahora, muchos van arreglados con esos elegantes uniformes, otros tan solo vienen con amigos a tomar el desayuno y charlar un rato, y luego estoy yo, que me encuentro en uno de esos banquillos de la barra, solo y alicaído. Una camarera enérgica y alegre se acerca con buenas formas hacia mí, y algo extraño noto en ella, algo similar a lo que sentí aquella vez que me encontré a Quamara en Central Park, ¿acaso estoy frente a una bruja?

- Buenas, ¿me puedes poner un capuccino espolvoreado con canela y un par de esos croissants que tienes ahí expuestos? -señalo hacia la vitrina con pastas-. Tienen pinta de estar deliciosos, lo cierto es que me han hablado muy bien de este lugar -intento parecer amable y animado, mas mi pesar se nota a leguas, espero que la camarera no se percate demasiado de ello, no me apetecen las típicas preguntas de cortesía que no sabría cómo responder.

Mientras la muchacha prepara mi pedido, aprovecho para dar otro vistazo al local, fijándome en cada uno de los detalles que decoran las llamativas paredes. Desde luego, parece que haya retrocedido unas décadas para adentrarme en uno de esos bares que tanto abundaban en aquel entonces, pero que se han ido extinguiendo con el tiempo. Una pena, la verdad, que estos bonitos lugares hayan sido reemplazados por esas cadenas de comida rápida.









Última edición por Charles Fields el Dom Ago 20, 2017 9:31 am, editado 1 vez
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Re: Sadness with drops of coffee || Emily Yates

Mensaje— por Emily Yates el Sáb Ago 19, 2017 3:52 pm

Sadness with drops of coffee
→ Martes → Mañana → Peggy Sue's  → Fresco
¡Ems, no olvides cambiar los dulces de la vitrina, maldita sea!

Eran las ocho de la mañana, y para cualquier otra persona podía resultar raro que alguien estuviese gritando tan temprano, pero Emily llevaba trabajando el suficiente tiempo con Louis como para saber que si lo hacía no era porque empezaba a sentirse nervioso desde el primer momento en que levantaban la baraja del local para atender la clientela. El Peggye Sue's llevaba abierto más de quince años, pero eso le daba igual al excéntrico dueño del local; para él, todos los días eran como el primero, e intentaba transmitir eso a toda su plantilla, con más o menos éxitos. Algunas le reprochaban, otras le criticaban, y Emily era de las que le decía claramente lo que pensaba a medias con callarse de vez en cuando y complacerle en sus caprichos inquietos.

Así, lo primero que hizo cuando puso el cartel de 'ABIERTO' en la puerta fue ir a la cocina, sacar los dulces recién traídos de la panadería y poner los más suculentos de forma que cualquiera que se acercase al expositor no tuviese más remedio que sentirse atraído por ellos. Los que estaban algo más duros los puso en una caja aparte para que las chicas tuviesen algo que desayunar, y se guardó una napolitana especialmente jugosa, a pesar de que llevaba ahí tres días, para cuando tuviese un descanso para su propio café.

Tras eso terminó de colocar los servilleteros, las cartas, los recipientes de ketchup, mostaza, sal y pimienta y se peleó con Sarah porque no le apetecía quedarse ese día detrás de la barra. Evidentemente, ganó Sarah. Ella se dedicó a servir las mesas que iban llenándose poco a poco mientras a ella le tocaba poner los cafés, servir las tostadas, los dulces y cualquier otra cosa que no requiriese una preparación demasiado compleja y a lavar los platos. Odiaba lavar los platos. Pero, ¿qué remedio? Como le había comentado oportunamente su compañera, llevaba más de dos semanas dando vueltas entre las mesas mientras ella se pudría atendiendo a los tristones solitarios, como les llamaba.

Así, la mañana se fue sucediendo con relativa tranquilidad. De vez en cuando pensaba en sus cosas, en las reuniones que tenía pendientes con clientes, en su novela gráfica, en Jack, y más de lo que le gustaría, en Mishka. Notaba una tristeza agria en el corazón cada vez que recordaba al desaparecido hombre lobo, y aún no había tenido valor para llamar a Adeline y llorar con ella, aunque intuía que la nefilim lo necesitaba. Pero, ¿qué iba a decirle? 'Hola, Adel, verás, yo también creo que Mishka ha muerto. ¿Lloramos juntas?'. Le gustaba el humor negro, pero hasta cierto punto, la verdad.

En cierto punto de la mañana se encontraba fregando algunas tazas cuando un joven apareció en la puerta y se dirigió a sentarse frente a ella. ¿Un tristón solitario? No le prestó demasiada atención hasta que se colocó frente a él para tomar su comanda; entonces, una sensación conocida, inexplicable y chispeante le recorrió el cuerpo de los pies a la cabeza, dejándola parada durante unos segundos frente al muchacho. Tras un parpadeo fue capaz de reaccionar y escuchar lo que le estaba diciendo, ante lo que sonrió.

Gracias, muy amable. Desde luego, hacemos lo que podemos. Ahora mismo te traigo lo que has pedido.

¿Un brujo? La sensación fue extraña. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se topase con alguno, y la emoción que creció dentro de ella fue algo raro e inexplicable. Entonces echó también de menos a Danielle, a sus ojos cálidos y su compañía, y se dijo que debía de estar tan nostálgica porque eso no beneficiaba a nadie. Preparó el capuccino con el mismo esmero de siempre antes de dejarlo frente a él y espolvorearlo con canela delante para que pudiese decirle cuándo paraba. Aprovechó ese momento para volver a echarle un ojo. Parecía joven, aunque probablemente no lo era. Sin embargo, lo más curioso fue reconocer en él un pedazo de ella: el chico intentaba mostrarse alegre y animado en todo momento, y Emily era capaz de reconocer perfectamente cuando alguien se esforzaba por parecer animado. Ella misma lo había hecho miles de veces para no preocupar a los demás. Emitió un leve suspiro mientras se giraba para coger un plato que dejó al lado de la taza, y dejó sobre él un par de croissants y una galleta casera con frambuesa y pepitas de chocolate blanco. Sus preferidas.

Esta va de regalo. Yo también he tenido días en que lo que menos me apetecía era sonreír, pero me he esforzado en hacerlo, y te aseguro que siempre me levantan el ánimo. Si necesitas algo más estaré detrás de la barra. Soy Emily.

Sarah habría empezado a sonsacarle lo que le pasaba; se quejaba mucho de ese tipo de gente, pero luego no era capaz de mantenerse callada. Pero lo que siempre había caracterizado a Emily era la prudencia; ella misma sabía lo odioso que era que la gente se estuviese metiendo donde no le importaban porque creían que así podían llegar a ayudar, así que siempre se mostraba igual con todo el que aparecía en la barra con la expresión triste y el corazón encogido. Algunas personas le contaban su historia. Otras no. Ella siempre lo dejaba a la elección del comensal, y esa vez no sería una excepción.



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Re: Sadness with drops of coffee || Emily Yates

Mensaje— por Invitado el Dom Ago 20, 2017 10:09 am


SADNESS WITH DROPS OF COFFEE


Tomando un capuccino de buena mañana



Bar-cafetería Pegge Sue's — Martes por la mañana — Clima fresco


La camarera me sirve el café, espolvoreándolo con canela bien fina, hasta que le hago un gesto con la mano para darle a entender que ya no quiero más. Devuelve el bote a su lugar y, entonces, me acerca un platito con el par de croissants que le pedí, acompañados por una galletita con mermelada de frambuesa y trocitos de chocolate blanco. Si es cierto que no soy muy dado a los dulces, tiene tan buena pinta que, muy probablemente, termine por comérmela, parece casera y no soy quién para rechazar un regalo.

- ¡Oh! Tiene una pinta deliciosa, gracias Emily –le sonrío en forma de agradecimiento.

Sus palabras me calan bien adentro, parece que vea dentro de mi mente, no tengo ganas de sonreír, no quiero. Lo de Alabaster me dolió, volverme a ver solo, rechazado por alguien que me gustaba. Pero el amor es caprichoso, y supongo que, en mi caso, no quiere que sea feliz. Pero son el resto de personas, Quamara, esta amable camarera, gente que intenta animarte día tras día y que no dejan que decaigas. Por ello, les estoy agradecido, y no puedo rendirme a la tristeza, les debo mi alegría, y me lo debo a mí mismo. Otra sonrisa vuelve a dibujarse en mi rostro, leve, pero sincera, y aprovechando que la supuesta bruja continúa detrás de la barra, vuelvo a dirigir mi mirada hacia ella, dispuesto a entablar una conversación, ya que supongo que debe estar más que acostumbrada a que sus clientes lo hagan.

- Gran consejo el tuyo, Emily. Es difícil sonreír cuando te hallas con el corazón roto, en esos momentos en que parece que las esperanzas se desvanecen, que no merece la pena seguir luchando por ser feliz, que es mejor dejarse llevar por la corriente de lágrimas y tristeza –voy removiendo el capuccino suavemente, observando como la canela forma un espiral sobre la espuma de leche-. Aunque soy de los que opina que es importante sentir la emoción correspondiente en cada momento, ya sea alegría, tristeza, ira o miedo, no hay que darle más importancia de la debida a ninguna. Sí, supongo que ahora soy un tristón solitario, pero sé que mañana podré sonreír… Mañana, porque los hechos son demasiado recientes como para hacerlo hoy –y mi rostro vuelve a tomar esa expresión triste con la que entré al local.

Y por si fuera poco con el desamor, también está toda esa confusión de mi mente, el recuerdo difuso de lo que sucedió después de mi visita al cementerio. Aquel hombre que me sacó del callejón y me llevó a la cafetería… Algo extraño le rodea, como si no fuera un simple humano, pero entonces, ¿quién será? Hmm... Tendré que buscar algo de ayuda, no creo que pueda descubrir esto solo. Quizá se lo proponga a Quamara, es la única en quién confío lo suficiente como para contarle esas cosas y aceptar sus consejos.
Ahora doy un sorbo al café y, con una mueca de placer al saborear el delicioso gusto amargo mezclado con el dulce del azúcar y el intenso sabor de la canela, muerdo el cuerno de unos croissants.

- El sabor es incluso mejor que la pinta que tiene este desayuno –parece que dirija las palabras al aire, pero estoy seguro de que Emily me ha escuchado, y que ha detectado el halago. No sé si es ella no es quien cocina todas estas pastas, pero el cariño que le pone a todas sus acciones es un ingrediente esencial, y eso se percibe a leguas.






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Re: Sadness with drops of coffee || Emily Yates

Mensaje— por Emily Yates el Lun Ago 21, 2017 6:11 am

Sadness with drops of coffee
→ Martes → Mañana → Peggy Sue's  → Fresco
Corazones rotos.

Emily frunció los labios al escuchar lo que el joven le estaba diciendo tras emitir un pronunciado suspiro y cruzarse de brazos sobre la barra frente a él; realmente intentó no dirigirle una mirada compasiva, sino más bien comprensiva, aunque ella nunca había llegado a penar de verdad por nadie. Antes de decidirse a abrirse había habido algunos chicos que le habían gustado en la distancia, pero nunca había llegado a forjar ninguna relación con nadie, y nunca se había acercado demasiado, si quiera, así que no se podía decir que hubiese pasado por lo mismo que estaba pasando aquel muchacho. Pero entendía el sentimiento; lo había reconocido en otros lugares; en su amigo Charlie y en la propia Sarah, y no es que fuese un leño incapaz de sentir empatía.

Aparentemente aquel brujo era un hervidero de sentimientos profundamente heridos. Una parte de ella, la más práctica, y también la que le torturaba de vez en cuando, le decía que lo mejor era indicarle al brujo que tenía delante que debía de acostumbrarse a ese sentimiento. La desazón era la sal de la vida de la gente como ellos, cuyas vidas se prolongaban tanto que sólo podían gozar durante segundos para llevarse décadas sumidos en el dolor. Eso era lo que le esperaba a ella cuando Jack muriese, probablemente; un dolor inmenso que terminaría convirtiéndose en un retazo sordo que terminaría formando parte del tapiz de su vida pasada. Sin embargo se guardó las palabras; no tanto por la crueldad que suponía decirle 'acostúmbrate a sufrir que es lo que nos espera' sino porque tampoco sabía la edad de su interlocutor. Y si era mayor que ella sería una pedantería por su parte intentar darle lecciones cuando ella casi acababa de empezar a vivir.

No está bien nunca forzarse a sentir otras cosas, ni enterrar tus emociones bajo llave para ignorarlas. Créeme, sé de lo que hablo. Pero como dices, estas cosas pasan. Los desamores no duran eternamente, aunque eso seguro que ya lo sabes. Pero mi deber como camarera es escucharte y resaltar evidencias —bromeó—, y te garantizo que soy una experta haciendo esas cosas. —Volvió a sonreír, esta vez de forma más tierna, más maternal—. De todos modos, no te dejes llevar por el pesimismo. La realidad suele golpearnos fuerte, pero cuando lo observas con perspectiva te das cuenta de que en realidad tampoco fue para tanto. No quiero decir que lo tuyo no lo sea, entiéndeme, pero al final sólo es un suceso más. ¡Un capullo más a la lista!

Se movió ligeramente en la barra para colocarse sobre el friegaplatos y así continuar con lo suyo. El brujo pareció quedarse meditabundo durante unos segundos, por lo que Emily decidió que no quería interrumpirle, de momento. Sólo cuando volvió a alzar la voz por encima de sus pensamientos, la joven levantó el rostro y le sonrió con gratitud.

Gracias. Es el toque especial de la casa. Le dije a Louis que podíamos ponerlo como lema: '¡En realidad sabe incluso mejor que la pinta que tiene!', pero me dijo que sonaba demasiado pretencioso y que así terminarían lanzándonos tomates. —Alzó los hombros, terminando de enjuagar la última taza; cogió un trapo de tela que había por la zona, se secó las manos y se aproximó de nuevo a él—. Pero si cuento con el apoyo de parte de la clientela seguro que me escucha y hacemos algo al respecto. —Volvió a cruzarse de brazos frente a él e indicarle que se acercase para susurrarle algo al oído—. También tenemos matones a domicilio. Si quieres que nos ocupemos de quien te ha dejado el corazón hecho papilla sólo tienes que decírnoslo. Precios baratos. Resultados inmejorables. —Era una broma estúpida, como atestiguaba la sonrisa que surcó el rostro de Emily cuando se separó de él, pero esperaba que al menos eso le hiciese reír. Sarah apareció entonces para pedirle algunos cafés y batidos, y alzó la mano hacia el joven para excusarse por volver a su trabajo por unos minutos—. Si te lo piensas dímelo —continuó al regresar a su lado — y arreglamos algo, ¿eh? No te cortes.



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Re: Sadness with drops of coffee || Emily Yates

Mensaje— por Invitado el Mar Ago 22, 2017 7:34 am


SADNESS WITH DROPS OF COFFEE


Tomando un capuccino de buena mañana



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Su mirada expresaba comprensión como si supiese exactamente de qué le estoy hablando, como si ella hubiera por algo así. Quizá es lo que estoy buscando, alguien que me comprenda o, que al menos, simule hacerlo, y Emily lo hace muy bien la verdad. Curiosa escena la del propio psicólogo necesitando terapia, pero todos somos humanos… Rectifico, todos tenemos pensamientos y sentimientos de humano, aunque mi cuerpo no envejezca como el de cualquier otro mundano. Entonces, sus palabras resuenan en mi cabeza, «los desamores no duran eternamente, aunque eso seguro que ya lo sabes». Eso último está bien cargado con una indirecta, ¿acaso sabe que soy brujo? Qué más da, lo importante es que se la ve buena chica y que, sin conocerme de nada, me está intentando ayudar.

- ¡Huy! Te aseguro que no todas las camareras son como tú… -suelto un suspiro, para así dibujar una leve sonrisa en mi rostro, antes de dar un sorbo a mi café-. Siempre están esas viejas gárgolas que te sirven el café con mala cara, y con sus arrugas remarcando todavía más esa expresión -suelto una carcajada, para una vez más, seguir escuchando sus consejos-. No, dejarse, llevar, por el pesimismo -digo deteniéndome en cada palabra-. Anotado en mi bloc de notas mental.

Dejo escapar una pequeña risa tras su último comentario. Sí, un capullo… Aunque el idiota fui yo por recibirle en mi casa, quitar todas nuestras prendas hasta quedarnos en ropa interior, y besarnos una y otra vez removiéndonos por entre el sofá, pensando que aquello podría convertirse en algo especial, en algo más que un simple rollo. Pero aquel chaval era un saco de hormonas revolucionadas, que no le permitían ver más allá, supongo que era demasiado joven para alguien que lleva tantos años a su espalda.
Halago el desayuno, y la camarera me explica una pequeña historia sobre un tal Louis, el cual supongo que debe ser su jefe, mientras friega algunos platos.

- Una lástima que ese tal Louis no comparta tu misma opinión, a mí me parece un lema de lo más llamativo -le sonrío amablemente-. Cualquiera que pase por delante del local, y vea esos llamativos dulces y ese lema, de bien seguro que no duda en entrar -me acerco a ella para poder susurrarle sin que nadie se entere-. Y a las malas, siempre puedes usar algunas gotas de magia, ya sabes -le guiño un ojo y vuelvo a alejarme.

Pero vuelve a indicarme que me acerque, por lo visto quiere decirme también algo al oído. Como siga así, acabaré pareciendo uno de esos payasos con muelle que salen repentinamente de las cajas sorpresa, y que resultan tan aterradores para los más pequeños de la casa.
¿Matones? Si no fuera por la sonrisa bromista de Emily, podría llegar a pensar que va enserio, hecho que me resultaría un tanto siniestro. No quiero matar a Alabaster, no quiero mandar un ejército de matones para darle una buena paliza, tan solo quiero olvidarle, vaporizar el recuerdo de sus besos sobre mi piel, y dejar a un lado la idea de tener cualquier tipo de relación con él, idea que formé por culpa de su primer beso.

- Tranquila, Emily, creo que el único que puede arreglar este corazón estropeado es el tiempo -le digo a la joven camarera, alzando un poco la voz mientras se aleja para preparar unos pedidos.

Aprovecho ese momento para volver a concentrarme en mi desayuno, terminando así con ambos croissants y con la mitad de la taza de café, dejando la galleta de regalo para el final.

- Emily, simplemente por curiosidad, ¿cuánto tiempo llevas trabajando como camarera? -arqueo una ceja, mostrando interés en el tema-. Se te ve toda una experta detrás de la barra, manejando todas esas máquinas de café y batidos, agarrando con suma delicadeza los dulces y, lo más importante, tratando con los clientes.








Última edición por Charles Fields el Mar Oct 24, 2017 5:53 am, editado 1 vez
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Re: Sadness with drops of coffee || Emily Yates

Mensaje— por Emily Yates el Miér Oct 18, 2017 8:27 am

Sadness with drops of coffee
→ Martes → Mañana → Peggy Sue's  → Fresco
Si lo pensaba bien, se dijo mientras escuchaba hablar a Charles, quizás el que Jack desapareciese sin dejar rastro cuando era un adolescente era lo más parecido que había sentido nunca a sentirse destrozada por dentro; Jack había sido tan importante para ella siendo adolescente... Sonrió un poco para sus adentros mientras pensaba en eso. Cómo daba vueltas la vida, ¿verdad? Cuando menos se lo esperaba una el pasado aparecía, te golpeaba en la cara y te dejaba hecha un guiñapo asqueroso en el suelo.

Sí. Eso dicen —le respondió algo distraída, no pensando en ningún joven, sino en su madre. La primera persona que le había roto el corazón de verdad—. Y espero que sea verdad, porque si no, apañados estamos —bromeó antes de continuar con sus quehaceres.

¡Qué curiosa era la vida!, pensaba mientras hacía los batidos que le habían encargado, dejando a Charles solo con sus pensamientos. ¿Quién le habría dicho alguna vez que se reencontraría con Jackson Evans y que terminarían saliendo juntos durante varios años? ¿Quién le habría dicho alguna vez que estaría dispuesta a abrir su corazón para experimentar todo lo que fuese la vida al menos una vez, antes de empezar a volverse de verdad fría como el cristal? Y quién le habría dicho alguna vez que terminaría tan metida en el mundo del que llevaba intentando huir desde que había adquirido conciencia de sí misma que sería incluso reconocida entre los suyos.

La Matadragones. Aún se preguntaba quién había salido con ese estúpido nombre de debajo de la manga para bautizarla así por toda la eternidad. A Dina le había dado un ataque de risa tan grande que se había pasado más de media hora soltando carcajadas esporádicas cada vez que se acordaba. Suspiró, algo avergonzada al respecto todavía. Si su abuela se enterase que ya incluso se presentaba a los desconocidos con ese nombre... Menuda locura y menuda estupidez. ¿Pero qué otra cosa podía hacer a esas alturas?

Al regresar junto a Charles para continuar fregando los platos que le iban llegando, atendió a su pregunta algo distraída en un principio, y tardó unos segundos en procesar el significado de lo que le había planteado.

¡Ah! Pues la verdad es que ahora mismo no me acuerdo. —Comenzó a secar un vaso y centró la mirada en su superficie lisa y transparente—. Poco después de terminar el instituto me coloqué en una tiendecita de barrio, al poco tiempo en una de ropa y al final terminé trabajando aquí con Louis... pongamos... ¿hace diez años? —¡Madre mía! ¿Tanto tiempo hacía ya? Estuvo a punto de permitir que el recipiente se le resbalase de los dedos de la impresión—. ¿Diez años? ¡Madre mía! —soltó una risilla—. Ni lo había pensado, ¿sabes? Es... mucho tiempo. —Para una mundana lo habría sido, sin lugar a dudas. Pero, ¿lo era para ella? Su mirada se volvió turbia un segundo. Ya hacía tiempo que no se apuntaba a ningún curso de formación ni a ninguna clase extra, y su novela gráfica había acabado tan estancada... ¡Pero es que no tenía a penas tiempo! El mundo le estaba exprimiendo la creatividad y la vida de una mujer normal. Frunció los labios al pensar que en realidad eso tampoco importaba, al final, porque ella no era una mujer normal. Suspiró y se forzó en sonreír para seguir mirando a su interlocutor, bromeando—. ¡Voy a tener que empezar a pensar en moverme de aquí! Pero muchas gracias por tus palabras. Aunque en realidad en el trato con los clientes nunca he sido demasiado ducha; quiero decir, siempre he sido amable y he intercambiado palabras con la gente que lleva años viniendo aquí, pero unos años atrás no me habría molestado en mantener una conversación contigo, honestamente. Habría sido cortés y cordial, te habría dicho que lo sentía mucho por tu corazón roto y habría seguido a lo mío. Parece increíble lo que cambiamos las personas con el paso del tiempo, ¿verdad? Sólo necesitamos un elemento discordante en nuestra vida... y todo cambia.

Pensó de nuevo en Jack. En sus bromas, en su temperamento, en lo impulsivo que era, en su estupidez... y en su calor. Siempre asociaba a Jackson a la calidez de su pecho cuando dormitaba sobre él por las noches, a la de sus labios, cuando le daba besos por sorpresa para hacerla reír, a la de su mirada cuando se centraba sobre ella de soslayo, creyendo que ella no se había dado cuenta. Jack le había traído calor a una vida fría y le había obligado a salir de su confinamiento. Parecía mentira que en realidad a veces pudiese llegar a sorprenderle el darse cuenta de cuánto lo amaba, y cuánto le dolía pensar que algún día ya no estaría allí para ella. Le daban ganas de llorar. Pero no era ni el sitio ni el lugar para ello.

¿Puedo preguntarte en qué trabajas, si no es mucha indiscreción, cliente desconocido? —le apetecía seguir un rato con la conversación mientras fregaba. Él parecía agradable y así, al menos, estaba distraída.


Última edición por Emily Yates el Miér Nov 22, 2017 2:09 pm, editado 2 veces



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Re: Sadness with drops of coffee || Emily Yates

Mensaje— por Invitado el Mar Oct 24, 2017 5:58 am


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No pensé que nada pudiese distraer a Emily, la cual parecía bastante centrada en su trabajo y en atender a los clientes, al principio, mientras que, ahora, está con la mirada fija en un punto mientras prepara los batidos que le han encargado, ¿acaso ha sido alguno de mis comentarios lo que la ha dejado en este estado? Sea como sea, espero que no le dure mucho, o de lo contrario, los clientes, o incluso su jefe, podrían percatarse de ello, y es algo que no da muy buena imagen, algo por lo que podría caerle una pequeña bronca. Así que intento llamar su atención, logrando que vuelva a mi lado para pasar a limpiar los platos y tazas sucias.

Desde luego, los trabajos de dependienta de una tienda de ropa y el de camarera en una cafetería son bastante distintos, aunque es cierto que algo comparten, y es el trato con el público, el tener que afrontar todo tipo de persona que pueda acercarse a ti, siempre con una sonrisa en la cara y dedicándole amables palabras, a menos que quieras que te pongan una reclamación y, consecuentemente, te echen. Yo, por suerte, en mi trabajo también debo afrontar una gran variedad de personas, solo que no es necesario ir con una sonrisa, debo ser neutro con todos, objetivo, y eso es algo que, ciertamente, se me da bastante bien. Al igual que ella en lo suyo, a la cual esos diez años de trabajo parecen haberle ayudado a mejorar su trato con el cliente, aunque se me hace difícil imaginármela siendo una chica desagradable, se la ve tan natural con esa sonrisa y sus amables palabras que es casi imposible que antes fuese tan distinta. Aunque tiene razón, diez años son muchos, y la gente cambia, tanto si eres un simple mundano, como si eres un brujo con una larga vida a tus espaldas. Muy probablemente, si me viese a mí mismo hace unos cien años, no me reconocería, porque con el paso del tiempo he ido cambiando mi conducta, incluso algunas formas de pensar, adaptándome de la mejor forma posible a cada generación.

Sus últimas palabras me dejan intrigado, y es que me pregunto cuál debe haber sido ese efecto discordante en su vida, el que le ha hecho pasar de ser esa mujer distante que me describe, a ser la chica amable y sonriente que tengo en frente. Pienso en los míos propios, y si me paro en uno que realmente zarandeó por completo mi vida, ese fue la muerte de mi madre, cuando sostuve su cadáver entre mis brazos, una escena que todavía, después de 220 años recuerdo de forma tremendamente fiel, pero que cada vez genera menos ansiedad en mí, supongo que porque con el tiempo lo he ido superando.

Pero no estoy así para mirar hacia el pasado, ni para pensar en corazones rotos, sino que he venido a desayunar y a desconectar un rato, aunque no pensé que lo lograría gracias a la ayuda de una camarera. Le doy un mordisco a esa galleta casera que me he reservado para el final, y creo que la felicidad se hace presente en mi rostro.

- ¡Dioses! Esto está riquísimo -le comento como puedo a Emily, mientras mastico la galleta-. Supongo que es una receta secreta, ¿no? Entiendo que si fueseis diciendo cómo las cocináis a cualquiera, perderíais la esencia de la cafetería. Pero es que está tan buena, que moriría de ganas por saber cómo se hace…

La cocina siempre ha sido algo que me ha gustado bastante, un momento en que puedo organizarlo todo, seguir una serie de pasos para lograr un producto que, lo cierto es que la mayoría de veces me queda para chuparse los dedos. Quizá me podría haber dedicado a ser cocinero, regentar algún famoso restaurante conocido alrededor del estado, o incluso a nivel mundial, quién sabe. Pero no, preferí la psicología, y es algo que no cambiaría, una decisión de la cual no me arrepiento.

- Claro, no hay problema. Yo soy psicólogo forense. Y no, no leo la mente, ni tampoco analizo a los muertos… No, al menos, con capacidades humanas -dejo escapar una fuerte carcajada después de dirigirle un guiño-. Si supieses la cantidad de veces que la gente me ha comentado eso… Uno ya termina tomándoselo a broma, porque si tuviese que defender a muerte mi empleo ante cada uno de estos comentarios, probablemente terminaría quemado, y me convertiría en un asocial con tal de no escucharlos -doy un último trago a mi taza de café, dejándola vacía, para acercarle tanto ésta como el plato en que estaban los croissants y la galleta a Emily.



Por Tony en The Captain Knows Best

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Re: Sadness with drops of coffee || Emily Yates

Mensaje— por Emily Yates el Jue Nov 23, 2017 7:58 am

Sadness with drops of coffee
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Emily sonrió de satisfacción al contemplar el rostro de Charles cuando probó la galleta, e incluso soltó una pequeña risilla al escucharle hablar. La mezcla era herencia familiar de parte de la abuela de Louis, según tenía entendido, aunque con lo fanfarrón que era igual se lo había inventado para no reconocer de dónde la había sacado, como la abuela de Phoebe en Friends, que había estado mintiendo a su nieta con respecto a unas galletas cuya receta al final había pillado de la marca Nestlé. Aunque en ese caso, tampoco era como si su jefe fuese a ir al infierno por ese tipo de cosas. Pensando brevemente que quizás debía de volver a ver la sitcom –siempre había sido de sus favoritas– se giró de nuevo hacia el muchacho para responderle.

Pues lo lamento, pero tienes razón. No tenemos permitido divulgar recetas. Si fuese mía sería harina de otro costal pero… —alzó los hombros—. Mi jefe es muy quisquilloso con estas cosas, y siempre está paranoico con temas de la competencia. ¡En fin! Cosa de los negocios.

De todas las profesiones que habría imaginado, desde luego psicólogo forense no habría sido la que habría relacionado directamente con el hombre que estaba frente a sí. A decir verdad, si lo pensaba muy bien, tampoco tenía demasiado claro qué trabajo podría “pegarle” más o menos a alguien con su apariencia, y eso que había aprendido con el tiempo a no juzgar por las apariencias, porque ella misma no aparentaba ser quien era, desde luego. Suspiró con algo de pesadez al recordar que tenía un encargo pendiente que solucionar para aquella noche, y se dijo que si seguía trabajando allí, en aquella cafetería, era porque no quería terminar de desconectar con las pocas cosas mundanas que quedaban ya en su vida. Las echaba de menos…

Pues no me mates, pero creo que sigo sin tener muy claro qué es lo que hace un psicólogo forense —comentó con voz divertida, cogiendo los platos y la taza que le tendía para proceder a fregarlos—. Evidentemente sé que no lees mentes… por eso. Pero por culpa de las series de televisión ya hay profesiones que quedan un tanto distorsionadas. —Metió las cosas en el cubo lleno de agua caliente con jabón que había en su lado de la barra para empezar a quitarles los restos, y con ese tipo de movimientos ágiles que sólo daba la costumbre, enjabonó y enjuagó todos los cacharros con rapidez, casi sin pensar—. Así que, si no es mucha indiscreción, ¿en qué consiste exactamente tu trabajo? Porque está claro que no lees mentes, ¿pero cómo sacas deducciones psicológicas de… muertos?

Era una bruja. Podía crear ilusiones de la nada. Podía darle vida a objetos inanimados, cambiar partes de su cuerpo, hacer aparecer cosas que estaban a kilómetros de distancia, invocar a demonios, controlar los elementos… Pero la idea de que alguien pudiese sacar deducciones de una escena del crimen le parecía absolutamente increíble. Así que aprovechó que en ese momento no tenía ninguna comanda pendiente para escuchar atentamente cualquier explicación que Charles pudiese darle al respecto de su profesión, realmente interesada. ¿Quién sabía? Igual le proporcionaba ideas nuevas con las que retomar su novela gráfica…



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Re: Sadness with drops of coffee || Emily Yates

Mensaje— por Invitado el Dom Dic 03, 2017 10:12 am


SADNESS WITH DROPS OF COFFEE


Tomando un capuccino de buena mañana



Bar-cafetería Peggy Sue's
Martes por la mañana — Clima fresco


Emily reafirma mis pensamientos, verdaderamente es una pena el no saber cómo hacer tales galletas, pero bueno, quizá de esta forma tenga una excusa para pasarme a desayunar en más ocasiones por aquí, además de para poder conversar con la bruja tan simpática que acabo de conocer.
La escucho plantearme su duda acerca de mi oficio, y no puedo evitar soltar una leve carcajada con tan solo imaginarme a mí mismo interrogando a un muerto, cualquiera me tacharía de loco, o de esperitista. Pero no, eso es algo que ni siquiera los brujos podemos hacer.

- Ya me gustaría a mí comunicarme con los muertos -comento, denotando la ironía-. No, me dedico a investigar escenas de crímenes, evaluar psicológicamente a criminales para descubrir si cometieron los actos bajo su sano juicio, o bien estaban bajo los efectos de algún tipo de trastorno psicológico -dicho así, suena tan profesional que no sé si lo habrá entendido bien o no-. Vamos, que soy el que determina si un asesino está loco o no -dejo escapar una sonrisilla, algo que me sale solo cuando hablo de mi trabajo, y es que es algo que disfruto en demasía-. Muchos creen que puede resultar un tanto peligroso, o intimidante, el hecho de tener a un criminal frente a mí, pero a mí no me lo parece, no dejan de ser humanos. Además, no sabes lo persuasivo que puedo llegar a ser… -le guiño un ojo, haciendo clara referencia a las habilidades de manipulación inherentes a nuestra naturaleza de brujos.

Es entonces cuando recuerdo que ya llevo bastante tiempo en el mismo oficio, lo que significa que no debo tardar mucho en dejarlo y, o bien mudarme a otra ciudad, o bien montar una clínica privada o algo así, de lo contrario, las personas de mi entorno comenzarían a sospechar acerca de que no envejezca, todo un problema cuando uno trabaja en un cargo público. Por ello, no puedo evitar entristecerme un poco.

- Aunque claro, siempre tengo que ir con cuidado al trabajar en puestos públicos, que los años pasen para todos excepto para ti es algo extraño, por lo que dentro de poco me veré obligado a dejarlo… Quién sabe, quizá termine montando un bar, o aislado del mundo a lo monje budista en las frías montañas del Himalaya -río, intentando no volver a caer de nuevo en la tristeza, no quiero preocuparla con mis problemas, unos que probablemente ella conozca y haya vivido de primera mano-. Aunque, trabajando de cara al público, supongo que tú debes comprenderlo también, ¿no es así?



Por Tony en The Captain Knows Best



Última edición por Charles Fields el Vie Mar 02, 2018 7:33 pm, editado 1 vez
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Re: Sadness with drops of coffee || Emily Yates

Mensaje— por Emily Yates el Vie Mar 02, 2018 5:09 pm

Sadness with drops of coffee
→ Martes → Mañana → Peggy Sue's  → Fresco
Emily esbozó una sonrisa divertida ante la respuesta de Charles a su comentario.

Bueno, seguro que hay quienes pueden.

Le guiñó el ojo, pensando que en un mundo como en el que vivían resultaba más bien improbable que no existiese alguna persona o alguna habilidad que fuese capaz de ponerse en contacto con los fantasmas. Además... Estaban los eventos de hacía dos años, cuando se había quedado atrapada en el puente de Brooklyn y había visto cosas que sin lugar a dudas habría preferido olvidar, pero que aún se deslizaban de vez en cuando hacia ella en sus pesadillas. Se preguntó si los nefilim habrían conseguido dar al fin con lo que había sucedido allí... O si seguían tan perdidos como entonces. Las cosas sólo avanzaban rápido de vez en cuando, pensó mientras secaba la taza de Charles. Se forzó a apartarse de sus propias elucubraciones, porque el pobre brujo estaba contándole de qué iba su profesión, después de que ella le hubiese preguntado, y era descortés no hacerle caso. Así que centró toda su atención en él.

Desde luego es más interesante que ser camarera, aunque no sé si se conoce a tanta gente —bromeó—. Pero la gente que piensa eso está claro que no sabe que podemos hacer barbacoas con sólo chasquear los dedos —comentó en un susurro, terminando de colocar las cosas que iba secando en sus respectivos lugares, y dejándose caer en la barra una vez hubo terminado.

Echó una mirada rápida al local, tranquilo, con todas las mesas bien atendidas y sus compañeras charlando al otro lado de la barra, cerca de la cocina, donde Miguel, uno de los cocinero, coqueteaba con ellas, como siempre. Ser camarera tampoco había sido nunca la ilusión de su vida, pero le gustaba aquel lugar; se había vuelto como un segundo hogar para ella, aunque en algún momento tendría que abandonarlo, y puede que incluso tuviese que irse de la ciudad, o mudarse, o empezar a habitar otras zonas para no toparse con la gente que podía reconocer que no iba a crecer ya en lo que le quedaba de vida. Bufó, intentando alejar esas ideas de su cabeza, pero el propio Charles lo trajo a colación, como si lo hubiese leído en su cabeza, cosa que quiso creer que no había hecho. Prefería no pensar mal de alguien a quien acababa de conocer, porque realmente no tenía ningún motivo para haber bicheado dentro de su cerebro, y se limitó a sonreír con cierta tristeza impregnada en los labios.

En realidad soy bastante joven, ¿sabes? Tengo treinta y un años. Se podría decir que es mi primera vida mundana, y la estoy pasando con más lentitud de la que los propios mundis de mi alrededor sienten. Pero tengo muy en mente que lo que me aguarda el futuro no es... muy diferente de lo que estás diciendo. Tendré que cambiar de ambiente, de trabajo, y dejar de ver a personas que llevan conmigo muchísimo tiempo. —Suspiró—. Hace mucho tiempo conocí a una bruja que me dijo que con el pasar de los años nuestros corazones se vuelven de hielo, y es algo que siempre tengo presente, porque me parece que a la larga es la única forma de sobrevivir a la gente que nos rodea. Y te lo dice alguien que ha pasado gran parte de su juventud intentando evitar tener relaciones con otras personas. —Desvió la mirada un momento a sus manos de dedos entrelazados, intentando no dejarse llevar por el pesar—. Así que dime, ¿cuál crees que va a ser tu próximo trabajo? ¿Tienes pensado dónde vas a vivir después de New York? Yo aún lo estoy decidiendo, la verdad...

Off:
Mira... ¿podrás perdonarme alguna vez? XD ¡Espero que sí ! ToT



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Re: Sadness with drops of coffee || Emily Yates

Mensaje— por Invitado el Mar Mar 27, 2018 6:54 am


Sadness with drops of coffee

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✧ Entre semana, por la mañana ✧
✧ Día soleado, temperatura baja ✧

Emily parece entender mis ironías a la perfección, sonriendo divertida ante estas, aspecto que me hace sentir mucho más cómodo en la conversación con esta bruja a la que recién he conocido de casualidad. Es increíble cómo puede combinar su trabajo con una tan buena atención al cliente, por el simple hecho de volver a hablar con ella no dudaría en regresar a tomar otro desayuno aquí, aunque quien sabe si quizá podríamos encontrarnos en otro contexto.

- El 99% farsantes, el resto… Bueno, ni siquiera sé si me haría demasiada gracia encontrarme con ese 1% -me estremezco un poco al pensar en el tema-. A los muertos hay que dejarles descansar en paz.

Y durante mi siguiente explicación acerca de mi profesión, veo cómo Emily toma mi taza, ya vacía, y se pone a limpiarla con cuidado, mientras sigue atenta a cada una de mis palabras. Ante su susurro dejo escapar una débil carcajada, pensando en todas esas ocasiones en que hubiera resultado mucho más sencillo chamuscar al energúmeno que tenía en frente, asesinos en serie y psicópatas que realmente iban a estar mejor muertos que no cumpliendo la condena que les sería asignada. Pero ese tipo de actos no están permitidos en el mundo humano, hubiese tenido a La Clave encima de mí en cuestión de minutos, algo a lo que no merecía arriesgarse para conseguir lo que podría haber conseguido.

Al ver su rostro en el momento en que le planteo mi última pregunta, me quedo igual de sorprendido que ella, ¿acaso estaba pensando en eso mismo? Puede ser, mas no me gusta entrometerme en los pensamientos de las otras personas a menos que la situación lo requiera, como hice con Ross en aquella ocasión, en la mansión de la inspectora White. Sin embargo, me sorprende todavía más el escuchar su edad. Sin saber por qué, le había atribuido más años, probablemente porque pocas veces me he cruzado con brujos jóvenes, pero al parecer ella es uno de esos casos. Recuerdo la inexperiencia y confusión que sentía yo cuando tenía su edad, buscando un hueco en un mundo que no tenía cabida para personas como nosotros, individuos que viven al margen de las leyes del tiempo y de la naturaleza entendidas por los humanos. Era un bicho raro en una sociedad que evolucionaba a un ritmo al que yo no era capaz de adaptarme, hasta que algo en mi mente encajó y todo cambió para mí. Fue entonces cuando descubrí que la única manera de vivir en ese mundo era huyendo de él, saltando de ciudad en ciudad, sin crear vínculos estrechos con nadie e intentando huir de problemas que no pertenecían a mi realidad. Las guerras, los conflictos entre países y culturas, las enfermedades y epidemias, todo eso no eran asunto mío. Hasta que finalmente descubrí adónde pertenecía.

- El problema es que el hielo termina deshaciéndose en épocas de deshielo -y con ello me refiero a la aparición de ciertas personas que, sin esperarlo, entran en tu vida y la zarandean de arriba abajo, tengas treinta y un años, o tengas doscientos cuarenta-. Por mucho que intentes vivir desvinculada y ajena a todo tipo de relación, cuando menos te lo esperes algo agitará tu mundo y te hará cambiar de parecer. Mírame a mí, que me lamento por algo que ni siquiera llegó a suceder… -de nuevo, Alabaster regresa a mi mente como un pensamiento intrusivo, ¿tardaré mucho en olvidarle, o mañana cuando despierte no existirá? Eso es algo que siempre me cuestiono, y será cuando se cumpla lo segundo que tendré un pleno control sobre mi propia mente-. Pero de todo se aprende, nunca dejamos de hacerlo. Y sobre mi futuro trabajo… No sé, quizá abra una consulta privada en algún barrio poco transitado de Nueva York, es una ciudad demasiado interesante como para abandonarla tan pronto. Aunque quién sabe, quizá mañana mismo lance un dardo al mapamundi y me mude al lugar en el cual se haya clavado -bromeo, intentando hacer que el notorio pesar en Emily desaparezca-. Es un buen método si no tienes decidido adónde ir, y más cuando con un par de runas y movimientos eres capaz de crear una puerta que te lleve allá dónde imagines. Hay tantos lugares interesantes en la Tierra que creo que jamás me cansaré de viajar, hasta encontrar mi rincón ideal en este enorme mundo.



Off:
Tranquila, no pasa nada, ya sé que has tenido una mala racha y es totalmente comprensible que no hayas podido estar por el foro. Lo importante es saber superarla y mantener las ganas de volver!!
Me alegro de que ya estés mejor y, por mí parte, también pido disculpas por haberme demorado tanto en responder  Ay...
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Re: Sadness with drops of coffee || Emily Yates

Mensaje— por Emily Yates el Jue Abr 12, 2018 2:56 pm

Sadness with drops of coffee
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Épocas de deshielo.

Emily suspiró profundamente mientras pensaba en esa expresión. Sí, tenía una ligera idea de lo que le estaba contando Charles; a fin de cuentas, con Jack le había pasado. Cuando eran adolescentes no había terminado de formar ese escudo de hielo porque le había tenido al lado, encantador, divertido, dulce, haciendo sus días un poco más brillantes. Aunque había querido y quería mucho a Charlie él se había metido dentro antes de que cerrase por completo, tras la desaparición del primer chico que le había interesado en toda su vida, por eso había mantenido el contacto con él, por eso le había considerado su amigo desde siempre. El resto había quizás hecho pequeñas grietas, pequeñas muescas, y se habían quedado ahí aferrados, esperando a que algún día todo desapareciese, permitiéndoles a ellos entrar y a ella salir del aislamiento al que ella misma se había sometido.

Y entonces había vuelto a aparecer Jack. Con sus estupideces. Con sus peleas, con su insistencia en verla incluso después del terrible reencuentro que habían tenido. Ahora sabía que se había forzado a aceptar verle, en el fondo, porque quería acercarse a él y volver a sentir lo mismo que cuando eran más jóvenes, pero había resultado difícil relacionarse con eso, reaccionar a eso, porque iba en contra de todo lo que había montado a su alrededor para protegerse a sí  misma del dolor, del abandono y del paso de los años que terminaría por apartarle de la gente que había supuesto algo para ella en su vida. Jack se había plantado delante de ella, no aceptando un no por respuesta, y se había quedado allí a su lado, esperando mientras todo se derretía, permitiendo que el sol entrase por primera vez a alumbrar sus días tras muchísimos años de penumbra.

Épocas de deshielo.

Esbozó una sonrisa mientras escuchaba a Charles hablar, asintiendo suavemente con la cabeza, entendiendo perfectamente a qué se refería. Al final, había terminado pensando, los brujos y las brujas no eran gente con humanidad porque preferían extirpársela directamente; el mundo les obligaba, su condición les obligaba, y quizás no vivían demasiado con esa parte de sí mismos que les ataba a su lado no demoníaco. Ella se había aferrado con tanta fuerza a ese fragmento de sí misma que todavía era más humana que subterránea, y por eso temía, anhelaba y deseaba con esa intensidad tan propia de los seres humanos que tienen sus días contados desde el momento en que nacen, aunque era perfectamente consciente de que sobreviviría a todas las personas a las que quería en ese momento. Esa verdad no dejaba de secarle la boca, por mucho que lo pensase o lo asumiese.

Te aseguro que New York es una ciudad que nunca aburre —matizó con una sonrisa cuando él le dijo que le parecía muy interesante—. Siempre habrá algún loco con el que toparte por el camino que te haga las cosas más entretenidas. —Soltó una carcajada ante la idea del dardo, sintiendo que sus pensamientos ominosos se quedaban en un segundo plano; no estaba hablando con Charles para deprimirse, sino para animarle a él, que había aparecido tan decaído por la puerta de su cafetería—. Vaya... eso suena estupendo. Yo nunca he salido de New York, ¿sabes? Quizás como mucho para ir a New Jersey, pero no cuenta porque está aquí al lado. Y hay tantos sitios que me gustaría ver, tantas zonas que me gustaría visitar... Supongo que el tema del tiempo no va a ser un problema, porque la gente como tú y como yo tenemos de eso de sobra —rió—. ¿En qué sitios has estado antes de venir aquí? ¿Has viajado mucho por América o eres de Europa? A mí me gustaría ir al viejo continente antes que a ningún otro sitio, me llama mucho la atención, la verdad, aunque no tengo ningún país que me gustaría visitar en especial. ¿Tienes recomendaciones?



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Re: Sadness with drops of coffee || Emily Yates

Mensaje— por Invitado el Vie Abr 27, 2018 1:43 pm


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El discurso parece haber calado profundo en Emily, su expresión facial y su mirada perdida durante unos segundos lo demuestran, algo que para nada pretendía, pero que a veces es positivo que suceda. Ahora tengo claro que será un momento que recordar, que ya no soy un cliente cualquiera que pueda pasar a tomar un café por el Peggy Sue’s, sino que seré ese brujo que hizo remover el interior de esta tan simpática y agradable camarera.

- Y qué lo digas… Son esos “locos” los que me dan trabajos, de lo contrario estaría arruinado, de no ser por un par de truquitos que me podrían mantener en el mismo nivel económico que estoy ahora -y es que con un chasquido podría hacer aparecer todo el dinero que quisiese, pero pocas veces lo he hecho y espero no tener que hacerlo nunca. Soy un tío legal, y por muchos poderes que tenga, intento vivir en este mundo como un habitante más, cumpliendo con todas aquellas leyes que pueda y luchando por mis propios derechos, tanto de humano como de brujo-. España es genial si lo que quieres es pasar una temporada de desconexión, tiene playas maravillosas y la comida está para chuparse los dedos. Gente muy amigable… ¡Ah! Y tampoco olvidemos la cordillera nórdica, con paisajes y lugares preciosos que visitar -empiezo a buscar la cartera en mi bolsillo, dispuesto así a pagar por el café que ya hace unos minutos he terminado-. Suiza es obligatorio si te gustan las montañas, aunque Dinamarca y Noruega tampoco se quedan atrás. Aunque si eres más bien cosmopolita, entonces Londres te encantará, una ciudad enorme con diversos lugares histórico y unas dimensiones colosales, tendrás que volver una segunda vez o estarte mucho tiempo si es que quieres verlo al completo -quizá estaría bien volver a la capital inglesa, estoy seguro de que todavía me quedan rincones que explorar y conocer, aunque no está en mis planes cercanos el viajar hasta allí.

Con todo lo que está sucediendo aquí, en Nueva York, sería un tremendo error marcharme, ¿cómo me enteraría entonces de lo que estuviese aconteciendo? La situación en el submundo es delicada, y por muy rápido que viajen actualmente las noticias, no estar presente en el momento en que suceda algo me haría perder gran parte de la información. Así que de momento aquí me quedaré, y quién sabe lo que pueda decidir dentro de un tiempo.

- Y si en alguna ocasión necesitas guía turístico, ya sabes a quién avisar -le guiño un ojo a la misma vez que extraigo un billete de la cartera para pagar lo correspondiente-. Cóbrate lo que haya costado el desayuno -se lo ofrezco para que pase cuentas y me devuelva el cambio que sea, aunque realmente tampoco me vendría de dejarle el cambio. El problema es que sería un poco extraño, algunos clientes podrían extrañarse y pensar que soy algún tipo de celebridad o un ricachón.

Mientras comprueba la cuenta en la caja registradora, yo decido tomar una de las servilletas y, con el bolígrafo que siempre llevo encima, escribo mi número de teléfono móvil, para así poder mantener contacto fuera de este contexto.

- Aquí te dejo mi número, por si alguna vez quieres charlar de trucos de magia con un “mago experto” -vuelvo a guiñarle un ojo a la misma vez que cojo el cambio y lo guardo en mi cartera-. Espero volver a verte, Emily, ha sido un gusto pasar esta horita aquí y haberte conocido, volveré más a menudo -y tras la despedida, me bajo del taburete sobre el que estaba sentado y me dirijo hacia la puerta, con un buen sentimiento de satisfacción por haber podido dejar a un lado el tema que tanto me preocupaba al entrar a este lugar.



OFF:
Daría ya por finalizado el tema, me ha gustado mucho rolear contigo, Emily :D
Dejo a tu elección si hacer otro post o cerrarlo ya.

PD: Cuando te apetezca otro temita o se nos ocurra algo, ya sabes a qué brujito recurrir ;)
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Re: Sadness with drops of coffee || Emily Yates

Mensaje— por Emily Yates el Lun Jun 18, 2018 1:41 pm

Sadness with drops of coffee
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Charles empezó a hablar de Europa como quien habla de un catálogo de ropa que se tiene bien conocido, y Emily le envidió sólo un poco precisamente por eso, por haber tenido la posibilidad de visitar tantos lugares que a ella le parecían lejanos, como un sueño del que no hacía más que despertar. Hasta donde sabía, llegado un momento muchos inmortales dejaban de pedir dinero por sus transacciones para solicitar otro tipo de cosas debido a todo lo que habían acumulado con el paso de los siglos, así que no le extrañó que Charles hubiese podido estar en tantísimas partes. Ella se preguntó si en algún momento llegaría a ese extremo, a poder dejar de depender de lo material para empezar a solicitar cosas no físicas a cambio de su propia magia, pero de nuevo la idea de eternidad, como siempre, se le metió debajo de las costillas y le agobió, así que decidió dejarla de lado.

«Creo que en el fondo nunca me acostumbraré...» O al menos, no hasta que se muriese alguien cercano por primera vez.

Tomo nota, entonces —comentó, tras echarse a reír por su comentario del guía. Le observó sacar el dinero de la cartera para pagar, y asintió con la cabeza mientras lo tomaba con los dedos. Calculó mentalmente lo que debía cobrarle. El sonido de la caja abriéndose, el tintineo de las monedas, fueron el sonido de fondo junto con el cuchicheo de la clientela mientras pensaba que al final había terminado siendo una mañana de trabajo bastante agradable—. Toma, Charles, la vuelta. —Le sorprendió encontrándole garabateando su número de teléfono en una servilleta; Emily sonrió comedidamente mientras lo cogía para guardarlo en sus pantalones. Antiguamente lo habría dejado arrumbiado por alguna parte a pesar de que lo habría pillado por cortesía. Ahora ya no hacía esas cosas, desde luego—. Muchas gracias por el ofrecimiento —dijo entre risas—. También ha sido un gusto conocerte. ¡Regresa cuando quieras! —le despidió con la mano mientras él se levantaba de la barra y se apresuraba a marcharse del local.

¿Has conseguido una buena propina? —Sarah se acercó, ocupando el puesto de Charles, mirándome con los ojos brillantes y el rostro enmarcado por las manos.

Lo de siempre, no te creas.

Pues te has llevado un buen rato hablando con él —dijo, con aspecto contrariado, haciéndola reír de nuevo.

Me ha dejado una buena propina, Sarah, no pienses mal. Pero nada que se salga de los números. Que el pobre no tenía pinta de ser multimillonario.

Los multimillonarios no siempre tienen pinta de ser multimillonarios.

Ya, lo que tú digas —contestó mientras recogía los cacharros sucios que le había traído su amiga para empezar a lavarlos.

¿Y de qué habéis estado cuchicheando todo el tiempo? Que parecíais pasarlo bien.

Pamplinas. Trabajo. Viajes. Desamores. Las galletas de Louis... Ahora deja la cháchara y ponte a trabajar que hay una nueva mesa que atender. —Le señaló con la mano a la pareja que acababa de entrar, poniendo ese tono que esgrimía a veces de hermana mayor severa, y Sarah bufó.

Eres una aguafiestas, Ems.

La bruja sonrió, entretenida con sus propias cosas, mientras repasaba la conversación que había mantenido con su igual, decidiendo que tenía que hacer lo que fuese para dejar de sentir esa opresión en el pecho cada vez que pensaba en la muerte de sus seres queridos. Cuando tuviese que pasar, pasaría; no creía que nunca fuese a estar preparada para el duro mazado, pero preocuparse con anterioridad no solucionaría absolutamente nada en su vida, y era mucho mejor disfrutar de los dulces momentos que todavía le quedaban al lado de todos ellos.



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Re: Sadness with drops of coffee || Emily Yates

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