03/12 - Estimados habitantes del submundo. ¡Los nefilims vuelven a estar disponibles!


07/08 - Estimados habitantes del submundo. ¡Aquí tenéis las noticias con las actualizaciones/nuevas propuetas/ideas del foro! ¡Pasaos cuanto antes a echar un ojo!


10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


36 # 36
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NEFILIMS
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Not in the mood | Winter J. White

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Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Rossem E. Grey el Jue Ago 10, 2017 7:14 am

Not in the mood
→Viernes→ 19:00 → Residencia White → Calido

Eran excepcionalmente memorables los instantes en los que lograba sentirse a gusto en los últimos días,  y aunque ese era uno de esos momentos una parte de el no podía evitar sentirse ligeramente culpable. El sabía que la estaba utilizando para olvidarse de lo que había pasado días atrás en la residencia White, de todas las cosas que había descubierto en tan pocas horas y le habían dejado tan agotado que pensar en el asunto le producía una sensación desoladora. Sabía que tarde o temprano debía afrontar la realidad ¿Pero qué podía hacer con toda aquella informacion flotando en su cabeza sin orden alguno? Pasar tiempo con su hermana era algo que le reconfortaba y Georgina, que era terriblemente intuitiva para alguien de su edad, se había percatado de que había estado actuando extraño toda la tarde. Estaba en el asiento trasero cuchicheando sobre la película que habían estado viendo y cuando vió que Ross parecía no escucharle comenzó a interrogarlo hasta el hartazgo sin conseguir nada. Finalmente terminó por entregarle un paquete de cartas viejas, seguramente para animarle y Ross no hizo más que reírse –Georgina, deja de tocar mis cosas y sobre todo deja de entrar a mi cuarto– El tono de reproche que se forzó en fingir no salió demasiado bien.

–Si un dia me enseñas a jugar al "cincuentiuno" entonces tal vez me lo plantee– Comentó la niña, con una sonrisa arrebatadora

Se despidió de Georgina cuando la tarde comenzó a caer y observó a la niña correr hasta la casa de los Miller, donde sus padres habian creido que se había pasado la tarde jugando a la crayola con una mocosa que a Ross le ponía de los nervios porque gritaba demasiado alto y no era ni la mitad de agradable que su hermana. Observó su diminuta figura alejándose a la carrera con una punzada de preocupación, habían muchas cosas que no sabía sobre el mundo, y había muchas otras que podrían lastimarle y el no podía hacer nada para protegerla salvo esperar a que la vida no fuese tan injusta con su pequeña hermana y nunca tuviera que verse involucrada con el mundo de las sombras.

Dió un breve suspiro y puso el coche en marcha, internándose por el residencial a una velocidad prudente sin prestarle demasiada atención a la ruta, a fin de cuentas se la conocía mucho mejor que la de su pequeño piso en Soho. Tenía unas ojeras moradas que indicaba que había estado batallando contra el sueño durante los días posteriores a la extraña reunión, su cabeza era un volcán a punto de hacer erupción y conseguir dormir un par de horas sin despertarse con el corazón fuera del pecho y una serie de siniestras imágenes abrumado sus pensamientos era una meta imposible. Se detuvo frente a la fachada de la casa y tomó el viejo juego de naipes entre las manos, barajando distraídamente, recordado como su hermano se lo había obsequiado cuando aún estaba en la preparatoria y seguía demasiado enojado con el mundo.

Reconoció a la nostalgia mucho antes de que llegara y la arrojó tan lejos como pudo antes de que comenzara a afectarle.

Después de unos instantes se apuró en salir ignorando la sensación de incomodidad que sentía. Seria mucho mas facil si nadie más estuviese por la casa porque seguramente la inspectora pensaba bombardearle con preguntas sobre el porqué había parecido negarse a dar señales de vida durante la última semana. A decir verdad, ni el tenía la menor idea del porque  y mientras llamaba a la puerta esperó a que ninguna de las otras residentes abriese la puerta –Hey...– murmuró, evidentemente aliviado al reconocer los ojos azules y la melena rubia del otro lado del umbral que le recibieron –¿Me vas a dejar pasar o tengo que quedarme en el pórtico?– A decir verdad había hecho aquella pregunta por mera cortesía porque ya estaba abriéndose paso como un Sultán adentrandose a un castillo, con aquel aire de superioridad innato. Tenia una mirada extraña en los ojos, sabiendo que estaba caminando por terreno fangoso –¿Tienes ganas de jugar al poker? A menos que sea demasiado violento para ti, poli...–



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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Winter J. White el Jue Ago 10, 2017 10:04 pm

Not in the mood
→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO

Una semana. Nueve letras. Siete días. Ciento sesenta y ocho horas.

Winter suspiró tirando el móvil de cualquier manera en su cama perfectamente arreglada. La quinta llamada que Rossem no contestaba, el décimo mensaje que no respondía y el séptimo día que no daba señales de vida. Con movimientos ralentizados, como si caminara a cámara lenta, se dirigió al jardín con el fin de entretenerse lo suficiente como para no pensar en lo probable que era que el castaño no regresara porque pensase que la inspectora estaba como una regadera. Se internó entre los inmensos rosales, que desde que Sugar estaba en la casa, habían crecido de una manera escandalosamente hermosa. Las ramas recubiertas de rosas trepaban la pared desafiando las leyes de la gravedad y se enroscaban en la barandilla del dormitorio de la rubia, otorgándole cierto encanto romántico y provocando que cualquier brisa veraniega hiciera los pétalos volar cual nieve rosada.

La última White tenía la sospecha de que la viveza que mostraban las plantas, se debía en gran parte a que la chica de ojos amatista las tocaba y les hablaba frecuentemente como si fueran personas. Lilas, gardenias, peonias, margaritas, azucenas, lavanda... todas parecían estar en un constante florecimiento, estancadas en una eterna primavera. Inspiró profundamente mientras cerraba los párpados, captando el agradable olor que desprendían las flores y perdiéndose en él, el recuerdo de Majorie tomó forma delante de ella. Allí estaba ella con su vieja regadera de lata en las manos, su mirada brillante y una sonrisa cálida. Sin previo aviso, los ojos de Winter se llenaron de lágrimas que no pudieron ser contenenidas y desbordaron dramáticamente por sus mejillas, aún así sus labios esbozaban una sonrisa feliz.

Cualquiera que la hubiese visto llorando y riendo, dando vueltas en el jardín al mismo tiempo que el viento mecía su vestido azul cielo, hubiera pensado que le faltaba un tornillo. Y más lo hubiera pensado cuando de tanta vuelta no calculó el espacio y resbaló con el bordillo de la piscina, cayendo precipitadamente al agua que la acogió abrazándola al instante. Lo más irreal de la historia fue que ella no hizo intento alguno por ascender hacia la superficie, por recuperar el oxigeno que sus pulmones lentamente perdían mientras su cuerpo descendía hasta tocar el fondo. No fue hasta que notó cómo se ahogaba, que decidió que la ilusión había durado suficiente, apoyó ambos pies en los azulejos y tomando impulso salió disparada hacia arriba. Notó el aire golpearle el rostro mojado y abrió la boca para dar una gran bocanada. Las hebras doradas se le pegaban aparatosamente en la cara y le dificultaban la visión, así que, como pudo se retiró el cabello y nadó hasta el borde más cercano.

Salió del agua y goteando se dirigió a la casa. Al llegar a la cocina se quitó el vestido, para evitar dejar un reguero allí por dónde pasase y también que alguna de la inquilinas llegase de la nada y se resbalase. Menuda madre adoptiva sería si dejase que Alana perdiera el trasero en un buen golpe, o peor, que al caer se golpease la cabeza. Tomando una toalla limpia del baño de la primera planta, comenzó a secarse el cuerpo con prisa, aún estando en ropa interior.

El familiar sonido del coche del mediano de los Grey llegó hasta sus oídos, haciéndola caminar de puntillas hasta el recibidor para tratar de divisar el exterior por la rectangular ventana que estaba situada al lado de la gran puerta. El timbre sonó, advirtiéndole que su inesperado invitado había llegado y la hoja de madera se abrió con extrema lentitud. Primero, porque Winter se estaba escondiendo tras ésta para evitar que la gente que paseaba por la calle pudiera percibir que sólo vestía lencería de encaje, y segundo, debido a la humedad de su mano no podía agarrar bien el pomo. La puerta se cerró abruptamente en cuánto Rossem Edward Grey entró con sus usuales aires de grandeza.

La inspectora frunció el ceño y por un par de segundos, sopesó la idea de gritarle y tirarle el móvil que tanto ignoraba a la cabeza. Sin embargo, al mirarlo fijamente advirtió el velo pesaroso que ensombrecía el cautivador rostro de su prometido. Tenía unas prominentes ojeras debajo de sus ojos del color del chocolate fundido y una expresión abatida, que por más que él quisiera aparentar normalidad se notaba a leguas que se había estado saltando horas de sueño. ¡Qué golpe tan duro había sido enterarse del mundo de las sombras! Porque el joven pecoso pocas veces ignoraba sus llamadas o mensajes, aunque solo respondía con monosílabos. Obviamente la cita con Quamara y Charles no le sentó bien que se dijera... ¿qué es lo que estaría pensando el castaño?

Winter trazó una sonrisa dulce. - Yo no sé jugar al póker.- Respondió tirándole la toalla mojada a la cara en un gesto que pretendía ser travieso. - Pero aún así te voy a meter la paliza de tu vida.- Por ahora sólo intentaría que Ross se calmara y durmiera unas horas, y más adelante, cuando estuviese preparado él mismo le contaría sus pesares. - ¿Qué me das si gano?- Caminó hasta el salón de espaldas para que el muchacho pudiera ver como subía y bajaba las cejas cómicamente.





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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Rossem E. Grey el Jue Ago 17, 2017 2:26 am

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→Viernes→ 19:00 → Residencia White → Calido
No estaba seguro de que era lo que le asombraba más, si el hecho de que Winter no había reaccionado encolerizada para acto seguido bombardearlo con un montón de preguntas sobre qué demonios había estado haciendo los últimos días para no responder a ninguna de sus llamadas o el hecho de que básicamente estaba paseándose en lencería por la casa como si tal cosa. En un cambio cataclísmico de actitud el muchacho entrecerró los ojos, paralizando por unos segundos y deteniendo el movimiento de los naipes de una mano a otra que había estado realizando por inercia, completamente enmudecido. No hubo nada que sus ojos no recorrieran con la mirada con un descaro palpable y cualquier persona sensata que apreciarse la escena con un mínimo nivel de objetividad distinguiría en el chico la mirada truculenta y divertida que plagaban sus ojos, chispeantes como el fuego fatuo, como un lobo observando a una oveja enferma alejándose del resto del ganado.

Había algo sorpresivamente amenazador en la manera en que estaba mirándole, un cándido deseo que conocía demasiado bien pero que le constaba que la rubia no hacía. Tan parecido a un hambre voraz que resultaba dolorosa. Pero aquella vez se sintió diferente; siempre había sido capaz de observar la impactante belleza de su prometida manteniéndose, para simpatia de su orgullo, estoico en todo lo posible y conteniendose para no terminar cediendo a sus deseos más impulsivos y egoístas, sin embargo aquella vez había sentido un vuelco en el interior de su pecho y juraría que el sonido que retumbaba en sus oidos era el de su pulso disparado. Tuvo que volver a recordarse, que no habia forma de que ella quisiese lo mismo que el...

Ross cerró los ojos y exhaló con fuerza, dándose cuenta de que había estado conteniendo la respiración mientras le miraba –Perdón, no te he escuchado… ¿Que decias?– Pestañeó con rapidez, moviendo ligeramente la cabeza para recomponerse. Casi se había olvidado del peso sobre sus hombros y parpados, evidentes signos del cansancio –No te voy a dar nada porque lógicamente no vas a ganar. Usted comera polvo señorita– comentó con una sonrisa socarrona para acto seguido  avanzar lentamente por la estancia principal como si estuviese siguiendo a Winter, aunque en realidad terminó por meterse al salón importando un comino no ser previamente invitado y se derrumbó sobre el sofá con una falta de elegancia muy cruel para el pobre mueble –A todo esto ¿Me puedes explicar qué llevas puesto? Bueno, que no llevas mejor dicho– No es que no le hubiese visto antes en ropa interior. Lo había hecho, aunque tristemente no en el contexto que el esperaba ver a una mujer hermosa semidesnuda ¿Pero que esperaba si estaba comprometido con una planta, en todo el sentido literal de la palabra? Estaba pensando que lo más probable es que la agente no tuviese la mínima idea de lo que estaba ocasionando y eso le hizo sentirse ligeramente culpable e incómodo. Hasta hace un par de semanas no comprendía lo que significaba la asexualidad, aunque la realidad era que no creía que pudiese comprenderla nunca. Seguramente si belcebú apareciese en ese momento y le obligase a meter las manos en un caldero hirviendo le resultase menos traumático que aquella situación.

Finalmente golpeó el espacio libre junto a el en el sofá, dedicando una de esas miradas que traspasaban la piel –Siéntate. Te voy a enseñar a jugar, pero presta atención White, porque no me gusta repetir las cosas más de una vez...– farfulló con voz cansina. dicho aquello, colocó el desgastado grupo de cartas sobre la mesa y esperó por su reacción



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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Winter J. White el Sáb Ago 19, 2017 3:06 am

Not in the mood
→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO
Los profundos ojos color chocolate de Ross escanearon el cuerpo de la rubia con evidente interés, como el del tigre que acecha a una graciosa gacela a la espera de que se aleje lo suficiente de su madre como para poder hincarle el diente. Sus orbes manifestaban una fascinación tan visceral e intensa, que la evidencia era demasiado clara incluso para la ingenua y atolondrada Winter, quien experimentó una severa perturbación en la calma que la había sumido por veinticuatro años. Sin embargo, pese a las mariposas que habían emprendido un aleteo eufórico en la boca de su estómago o al preocupante hecho de que su corazón latía desbocado amenazando con escapar de su propio pecho, la inspectora se forzó en centrarse en las ojeras que ultrajaban el atrayente rostro del castaño y en el peso de las horas no dormidas, que le daban un aire agotado.

 Decidida, se plantó delante del joven Grey con las manos en la cintura, imitando el pose que solía adoptar Scarlett cuando regañaba a sus hijas por comerse todo el tarro de cookies de la cocina.-¡Bruto! ¡Que te vas a cargar el sofá!- El regaño carecía de la menor credibilidad, pues ni siquiera se había molestado en esbozar una mueca de enfado. -¿Hablas de esto?- Respondió a su pregunta con otra, señalando el sujetador de encaje blanco mientras enarcaba una ceja. - ¡Oh! Llevaba un vestido antes pero me he caído dentro de la piscina y bueno... me lo he quitado para no encharcarlo todo. De hecho, debería ducharme porque apesto a cloro. - Su vista descendió al conjunto de lencería aún mojado. Aunque estaba actuando como si nada, aún estaba ligeramente molesta por la desaparición temporal del que se suponía que era su futuro marido... y pensaba vengarse. ¿Cómo? Por el momento no tenía ni idea, no obstante, nada sabe más dulce que la venganza.

Sabía que iba a perder, no había que ser una lumbreras para percibir la pericia con la que movía los naipes en un vaivén hipnótico. Prácticamente cantaba a los cuatro vientos que le iba a pegar semejante paliza con las cartas que lo mejor era no apostar nada. Frunció los labios sopesando alguna manera de ganarle, de atontarle lo suficiente como para que no estuviera atento al juego... Una -mala- idea cruzó su cabeza fugazmente, tentándola en sobremanera a sonreír como el Grinch ante el magnífico plan de despojar a VillaQuién de la Navidad. - ¿Has dormido algo durante estos días?- Inquirió acercándose a él y acariciando su pómulo con afecto. - Te voy a preparar un café para que te espabiles y luego me enseñas a jugar. ¿Vale?- Sentenció con voz dulce, posando sus labios delicadamente en su frente.  

Caminó hasta la cocina, la cafetera aún contenía la característica infusión marrón oscuro casi negro que había preparado esa tarde. Llenó una taza con rápidez, pues oía los pasos de Rossem acercarse a la cocina y ella aún no había añadido el toque de gracia. De la despensa (de la zona de verduras, que esa no había nadie que la tocara) sacó un pequeño frasco que contenía un líquido rosa pálido. Poción de amor rezaba en la etiquetita informativa que había sido garabateada por la fina letra de Sugar Beth. Su sonrisa cambió a una mueca pícara, mientras vertía el elixir en la taza de café.

Se sentía como una rebelde sin causa, como una adolescente desacatando por primera vez  las reglas impuestas por sus progenitores. Ross se lo merecía, por desaparecer una semana e ignorarla. El hada le había avisado que los efectos eran temporales y que debía tener cuidado con la poción... mas, poco se imaginaba la rubia que la poción era en realidad agua con colorante alimenticio y que no tenía propiedad mágica alguna. La presencia del castaño en el umbral de la puerta la alertó, guardando el pequeño bote en el primer cajón que pilló.

- Ya está listo.- Como un rayo se alejó de la bebida, corriendo hacia el mueble donde guardaba el alcohol para sacar el bourbon que tanto le gustaba al pecoso.- Toma,- Le tendió la botella.- las cucharas de café están en ese cajón.- Si la culpabilidad no la hubiera estado carcomiendo, habría sabido que ella había escondido la botella del delito en dicho cajón minutos antes. Pero ella ya había emprendido el camino hacia su dormitorio, el único que tenía baño propio, ajena a que su no espléndido plan iba a desmoronarse sin haber siquiera empezado. - Ya sabes donde está mi cuarto, voy a ir duchándome.





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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Rossem E. Grey el Miér Ago 23, 2017 12:46 am

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→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO

–Claro, eso es perfectamente lógico– El castaño rodó los ojos con una sonrisa de suficiencia, mientras estiraba  los brazos monopolizando casi en su totalidad la superficie del sofá. Su contextura física y el porte con el que se movía  a veces hace olvidar lo alto que era, incluso a sí mismo. Cerró los ojos lánguidamente y dejo caer la cabeza hacia un costado, percatándose de que la ligera migraña que se había ganado luego de estar viendo fijamente la gigantesca pantalla de la sala del cine por más de una hora y media comenzaba a alojarse detrás de su ojo derecho y retumbaba con fuerza en sus sienes, pero no había podido negarse a su hermana con ojos de cachorro desamparado a medio morir luego de que esta le suplicara que le llevase a ver aquel estreno absurdo de una película de pixar con demasiados personajes coloridos y voces chillonas capaces de romper cristales a prueba de balas. A el le había parecido que la película ni siquiera era tan buena como las que se hacían en sus días, cuando aún era un muchacho pecoso, diminuto y desgarbado, pero posiblemente esa era la opinión que tenían todas las generaciones adultas que observaban decepcionados como sus caricaturas favoritas eran suplantadas por proyectos nuevos.

Solo volvió a abrir los ojos cuando sintió es suave tacto de la mano de su prometida deslizándose por su mejilla, con la piel ligeramente más helada que la suya. Ross le observó por debajo de la maraña de pestañas y negó levemente con la cabeza –Estoy intentando batir el récord mundial del hombre que ha pasado más tiempo despierto. Aun me quedan doscientas horas mas asi que en cualquier momento comenzare a sufrir de daltonismo o alucinaciones– Sus palabras estaban cargadas de evidente sarcasmo, pero el chiste resulta insípido debido al cansancio. Tomó la mano de Winter y la acuno entre las suyas, esbozando una ligera sonrisa. Podía estar todo lo cansado que fuera, pero su galantería patentada seguía intacta en algún lugar de su apariencia de zombie –Por favor– Murmuró sin apartarle la mirada de encima cuando ella le pregunto si quería algo de café, incluso mientras se marchaba. Aquel gesto tan sorprendentemente dulce de besarle en la frente  hizo que se le escapara una carcajada; Era la clase de cosas que se hacía con un perrito adorable o un niño pequeño, no con un tipo que no puede dejar de pensar en ponerte las manos encima, pero dudaba que eso fuese algo en lo que Winter repararía.

Se levantó con pesar al poco tiempo de que Winter se marchara a la cocina, cuando comenzó a sentir que los músculos se le agarrotaban  y comenzaba a ceder al sueño, no queriendo quedarse dormido en mitad de la sala  y que cualquiera de las residentes llegase y se topase con tan espectacular escena. Arrastró los pies hasta la pulcra habitación y se acercó a la encimera donde Winter se encontraba sirviendo la exquisita infusión, que hizo que se sintiera repentinamente más animado con el simple olor. Había entrado justo en el momento en que la inspectora escondió el cuerpo del delito y le observo ir y venir con una botella de Jack Daniel’s de un cajón de la cocina. Ross observó la botella con un brillo de entusiasmo –¡Oh!– Winter le tendió la botella y el suspiró aliviado, agarrando la botella como si fuera la cura mortal a un padecimiento de muerte –Dios, como te quiero ahora mismo. Esto era justo lo que necesitaba– El tono de diversión empleado le restó cualquier seriedad  a aquella afirmación y tras servirse en la misma taza de café algunos tragos de la bebida, dejó la botella sobre la mesa. Se dió la vuelta para escuchar a Winter, desperezándose como un gato y estirando los brazos hacia los lados –Bien– contestó instantes después y luego se embargo en la búsqueda del cubierto. Cuando su anhelada ambrosia estaba más que lista, salió a la estancia principal y comenzó a caminar en dirección a las escaleras que comunicaban con el segundo piso, no sin antes tomar el juego de barajas olvidado sobre la mesa de la sala. Un fugaz relampagazo del color de la nieve paso a la carrera frente a el y se escondió debajo del sofá, produciendo un ruidito amenazador que a Ross le hizo entrecerrar los ojos. No tenía la intención de simpatizar con la mascota de su novia, aquellas criaturas felinas y diabólicas le producían un salpullido de los mil demonios e imaginó que la gata pensaba lo mismo de el. Subió las escaleras de dos en dos y llegó rápidamente a la habitación principal, donde el ruido de la ducha le hizo suponer que la inspectora estaba metida en el baño. Le dió un sorbo considerable a la taza de café y se abandonó sobre un sofá, arrugando ligeramente el entrecejo. Aquello tenía un sabor muy extraño –Winter...– comenzó a decir cuando la muchacha salió del baño,  el tono de su voz sonaba alarmado pero la ligera sonrisa en su rostro le restaba hierro –…¿Que diantres le has echado a esto?–





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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Winter J. White el Vie Ago 25, 2017 2:19 am

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→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO
El agua que emanaba fuertemente del grifo golpeó con osadía el rostro y el cabello de Winter, otorgándole a las hebras doradas una suave tonalidad arena, para finalmente serpentear sin pudor alguno por su marmóreo cuerpo. A pesar del constante murmullo del agua, del elegante repiqueteo de las gotas en la fina porcelana de la bañera, pudo percibir el sonido que hizo la puerta de su dormitorio al cerrarse, intuyó que se trataba de Ross quien siguiendo sus consejos se había desplazado hasta su estancia con los movimientos de un perezoso. Las ojeras eran demasiado notorias como para esperar más de él, revelaban a gritos el hecho de que no se encontraba en su mejor momento y francamente, no le habría extrañado si él le hubiera dedicado algún comentario ácido cuál limón verde. Se acabó de enjabonar el cabello mientras imaginaba la perfecta situación en la que la insólita poción de amor de Sugar funcionaba. En ella, el castaño era alcanzado por una exagerado y arrollador flechazo que lo prendaba irremediablemente de ella, haciéndolo caer rendido a sus pies como el cautivado Fitzwilliam Darcy por la ingeniosa y astuta Elizabeth Bennet.

Mientras se vestía una extraña sensación se alojó en la boca de su estómago, indicando que una vez más, la culpa la comenzaba a carcomer. Estuvo tentada en salir y arrebatarle la taza de las manos a Rossem, con fuerza y genio, que no tuviera tiempo de procesar lo que estaba sucediendo, sin embargo, recordó lo estúpida que había parecido viviendo toda una semana con el móvil en la mano, las noches de vigilia provocada por el miedo y la preocupación de que su prometido no fuera capaz de asimilar la verdad y perdiera la cabeza… ¿qué era un par de horas en comparación con ciento sesenta y ocho? Miró el reflejo de sus ojos que le devolvía el espejo, tratando de darse el valor suficiente para seguir con la jugarreta. Con prisa, se secó el cabello con el secador sin preocuparse en mantener sus rizos a raya, obviamente la genética es tozuda, y sus hebras doradas resultaron en caprichosos tirabuzones. Abrió la puerta del baño, adentrándose en el gran dormitorio con paso decidido. Un paso que pareció congelarse con la pregunta del joven Grey, quien reposaba casualmente en el sillón que había delante de la chimenea (que en invierno casi siempre estaba encendida).

-¿Qué? ¿Quién? ¿yo?- Su voz era anormalmente aguda y su ceño amenazaba con fusionarse de lo fruncido que estaba. - Yo no le he echado nada.- Respondió con seguridad fingida.-Café molido, agua y Jack Daniel’s. A lo mejor le he echado más agua de la necesaria, ya sabes que yo no acostumbro a preparar café.- Explicó retirándose un rizo salvaje de la frente, caminando hasta la enorme cama para sentarse con aire resuelto. La camisola de encaje blanco caía castamente hasta los tobillos, cuales también cubría en su totalidad. Podría haber recordado a los camisones de las mujeres de antaño, y digo podría, porque era muy poco probable que aquellas beatas se hubieran colocado una prenda que desvergonzadamente transparentara lo suficiente cómo para dejar entrever la piel que se suponía que debía cubrir. A Winter no le importaba y esperaba que Ross no se percatase de ese pequeño detalle… pero espera, si la contemplaba a ella no podría estar atento a las cartas, ¿no? - Bien, ¿vas a enseñarme a jugar? ¿O es que te doy miedo?- Palmeó el edredón de seda azul cielo, invitando al castaño a sentarse a su lado. La inspectora aprovechó el encuadre que otorgaba la distancia para examinarlo con marcado escrutinio, tal y como él había hecho antes, no se molestó siquiera en esconder el evidente interés por su anatomía. Sentía tal fascinación por él, que no hubiera podido decir una parte de su cuerpo que no fuese sublime. Claro está que tenía predilección por sus ojos chocolate, tan expresivos e increíbles, ellos eran los que le confesaban a la rubia los sentimientos y emociones que embriagaban a su portador. También adoraba las pequeñas pecas que cubrían su piel recreando miles de constelaciones en su cuerpo, incluso, podía asegurar que tenía una extraña obsesión por sus manos...

Un pensamiento cruel la despertó de su fantástica ensoñación de un metro ochenta y cinco de alto. Si tanto quería a Ross, ¿por qué le estaba jugando semejante engaño? Estaba siendo malvada. Se levantó como un rayo, casi tropezándose con la tela del vestido en el acto. -¡No te la bebas! Le he puesto una poción mágica de Sugar. - Se acercó a él, comprobando en el momento que la taza estaba casi vacía. - ¡No! ¡Ross, no!- Exclamó horrorizada llevándose las manos al la boca para cubrirla dramáticamente (aunque le había salido de forma natural). - Lo que notabas raro era una poción de amor. Debes irte de aquí... No, mejor no, que sino te enamoras de otra... mejor ves a vomitar. - La joven era un manojo de nervios que parecía apunto de explotar.- Perdóname por drogarte, sólo quería que perdieras al poker y vengarme porque eres un idiota que ha pasado de mis llamadas durante toda una semana.





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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Rossem E. Grey el Lun Ago 28, 2017 2:28 am

Not in the mood
→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO

La luz del interior del baño hizo que el joven arrugara los ojos y apartara ligeramente la mirada, medio irritado debido a la iluminación que se colaba a la habitación. Cuando Winter cerró la puerta volvió a centrar su mirada en ella pudiendo percibir, incluso con una luz tan tenue, que la muchacha tenía la piel sonrosada y lustrosa igual que los ángeles de la Bóveda de la capilla Sixtina, y el joven estaba completamente seguro de que todos ellos envidiarían su adorable manera de mentir.

Rossem Edward Grey sonrió como  lo hubiese hecho el príncipe del inframundo antes de hacer caer a todos esos pequeños querubines a las llamas del infierno y ladeó lentamente la cabeza, observándola detenidamente hasta la punta de los pies. Quizá y solo quizá, fijándose sin pretensiones sobre su figura para incomodarla –Ni tampoco  acostumbras a mentir ¿Cierto, inspectora?– sus manos comenzaron a jugar con las barajas mientras seguía los movimientos de la rubia con la mirada, como si fuese un viejo hábito que hiciera sin darse cuenta. El no adivinaba ni de cerca los pensamientos que pasaban por la cabeza de su prometida, pero sabía que algo debía traerse entre manos debido a su conducta errática. No había nada que delatara a un mentiroso cómo hacer demasiadas explicaciones.

De repente las cartas que se movían fluidamente por entre sus manos se quedaron completamente inmóviles, observando a Winter con lo que parecía un interés renovado. Le gustaban los retos y a pesar de las efectivas artimañas que estaba utilizando la muchacha no había nada en el mundo que le fuese a impedir aplastarle en una partida, no importaba que aquella camisola se le deslizaba como un guante sobre su cuerpo describiendo sus suaves curvas, ni siquiera que el mantenerse en movimiento fuera lo único que no lo dejase quedarse dormido ahí mismo; el siempre ganaba y no había excepciones en esa norma –¿Miedo?– se levantó con los movimientos más fluidos que el cansancio le permitió, tomando la taza con su mano libre, para luego dejarse caer sobre la cama. El colchón susurró bajo su peso cuando se dejó caer, rozandole el hombro a la inspectora sin querer y enviandole una descarga de sensaciones que no tenían que ver en nada con los efectos del café –No tienes ni la menor idea– el tono tan crudo y real de sus palabras le sorprendió  a si mismo. Habia estado en innumerables ocasiones a solas con ella pero esa vez había algo distinto, una tensión sofocante que se estiraba cada vez más y le recordaba a un vaso a punto de desbordarse. Una voz lejana, sepultada bajo un abrumante sentimiento de codicia, le murmuró al oído que aquello no estaba bien, que estaba tentando demasiado a la suerte poniéndose a sí mismo en aquella situación. El no era un adolescente caprichoso y egoísta que se dejaba llevar por el deseo y la ira juvenil como para cometer la tontería de ponerle las manos encima, pero lo había sido antes ¿Cuántas veces no había hecho cosas impulsivamente sin pensar en las consecuencias? ¿Y cuántas veces no le tocó darse de bruces con la misma pared para detenerse? Ella era una luz centelleando en mitad de la noche y el una polilla que se dejaba arrastrar por el viento intentando reinvindicarse. Pero uno no cambia de la noche a la mañana y si hacía algo de lo que podía llegar a arrepentirse, no seria el unico en quemarse…

Si, sentía miedo, pero no por lo que ella creía.

–Winter...– murmuró con voz queda, mirándole con sus ojos abrumadoramente oscuros y un extraño tono de advertencia. Pero lo que sea que estaba a punto de decir murió en sus labios cuando Winter se incorporó rápidamente y dijo algo sobre una poción –¿Que me has dado que?– Ross parpadeó desconcertado, mirándola como si hubiese perdido la cabeza. El muchacho estaba demasiado impactado para responder al huracán de palabras sin sentido que salían de los labios de su prometida y por una milésima de segundo se vio en la necesidad de soltar una carcajada, pero por la expresión de Winter supo que realmente estaba hablando en serio. El no creía en esos asuntos, y su compañera de piso se veía como la clase de persona que sentía una fascinación por tomarle el pelo a todo el mundo. Ross frunció el ceño, ignorando las disculpas de Winter, puesto que su cerebro ya comenzaba a elaborar una idea.

En un silencio terrorífico, caminó por la habitación sin hacer el menor ruido y dejó la taza sobre una de las mesitas de noche, luego se volvió en redondo hacia Winter –Ya no creo que vomitar funcione para nada, la verdad es que comienzo a sentirme distinto– Tomó una larga respiración, conteniendo una carcajada. La presa se había vuelto el cazador y Ross pensaba absorber cada segundo mientras le devolvía la jugarreta –Pero ya que estoy irremediablemente enamorado de ti, deberíamos hacer algo al respecto– Comenzó a caminar hacia ella, con la mirada tan gacha que sus ojos apenas eran visibles a través de la maraña de cabellos oscuros. Deslizó sus manos a través de la cintura ajena, notando como la capa tan fina de la tela que le envolvía daba la sensación de estar rozando su piel desnuda –¿No lo crees? A menos claro, que seas tu quien tengas miedo– se inclinó sobre ella, el cabello le rozó la clavícula y con una sorprendente delicadeza depósito un reguero de besos sobre su rostro aporcelanado y suave. Sus cálidos labios encontraron la senda hasta su cuello, con el ruido de su propio corazón martillándole en los oídos. La misma voz de antes comenzó a incordiarle insistiéndole en que se detuviera, pero esta vez procuró enviarla a un rincón lejano de su mente, donde su conciencia no podría hacerle caso –Dime exactamente ¿Que se supone que vas a hacer ahora?– Levanto el rostro, la sombra austera de la excitación se asomaba en su mirada y aunque ella osara responder el no le dejó, atrapando sus labios en un beso desesperado, empujado por un deseo tan primitivo que no creía poder despertar jamas...




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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Winter J. White el Mar Ago 29, 2017 12:44 am

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→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO
Sabía que mentir estaba mal. Desde que era una niña de pelo dorado alborotado y salvaje, su abuela Marjorie se había encargado de advertirle una y otra vez de que las mentiras y los engaños rompían en cuestión de segundos los vínculos emocionales que la confianza había tardado años en construir. Su hermana, obviamente, era más de las que opinaban que las mentiras solo eran perjudiciales para las chicas con valores éticos y morales demasiado estrictos, ya que ellas permitían que sus dotes interpretativas se viesen empañadas por la sinceridad y honradez. -No me gusta mentir.- Respondió en un desborde de sinceridad, excusando con ese argumento el hecho de haber sido descubierta por Rossem. Sus orbes azules seguían fijas en el cautivador rostro del castaño, donde segundos atrás, se había llevado a cabo la sonrisa más maliciosa y obscena que había visto en toda su vida. Como la luna que sube la marea cada noche, ese simple gesto había promovido dos sensaciones contradictorias en el cuerpo de la rubia: la incertidumbre y el anhelo.

Aún le costaba entender la reacción de su cuerpo a ciertas situaciones que antes le habían parecido monótonas y corrientes. También le sorprendía la asombrante facilidad que tenía Rossem para alterar sus tranquilas y aletargadas hormonas o para poner sus nervios a flor de piel. No obstante, por más que el heredero de los Grey la alterase con tan solo una mirada, Winter no podía quitarle los ojos de encima mientras se disponía a ocupar el sitio que ella misma le había ofrecido. Al descender para sentarse, sus hombros rozaron, durando el mismo espacio de tiempo que dura un suspiro pero transmitiendo una corriente eléctrica que la hizo estremecerse. Inspiró profundamente antes de lanzarse a la búsqueda del café envenenado, ese que en breves minutos hechizaría al castaño y le nublaría el juicio lo suficiente como para hacerle creer que era ella la dueña de su corazón.

- ¿Cómo que te sientes raro?- Preguntó al borde de un ataque de nervios, llevándose las manos a la cabeza y entrelazando sus dedos en las hebras doradas, viéndolo dejar la taza en una de las mesitas de noche. - ¿Qué?- En ese momento la desesperación previa se había tornado confusión mientras sentía las robustas manos aferrarse a su cintura. ¡Oh, dios! La poción ya ha hecho efecto. concluyó la ingenua inspectora que desconocía que el pecoso solo estaba llevando a cabo un teatro para devolverle la gracia y de paso, aprovechar la oportunidad para tocar zonas inexploradas antes. - Yo no tengo miedo, pero…- Calló cuando fue consciente de que la cercanía comenzaba a ser amenazante. Su corazón martilleó con fuerza en cuanto los labios de Ross se posaron en su pómulo y por un momento le asustó que él fuera capaz de percibir sus latidos desenfrenados. Como si tuvieran vida propia, las níveas manos de la rubia encontraron su destino en el cabello oscuro de joven, friccionando con sus dedos el cuero cabelludo sutilmente.

Sus párpados se cerraron sin prisa, dejando que las enardecedoras sensaciones la cegaran y tomaran el control de su cuerpo. Un gemido escapó de sus labios entreabiertos cuando notó la calidez de Ross recorriendo la sensible piel de su cuello, generando un torbellino de emociones  que amenazaba con arrasarlo todo a su paso. El azul de su mirada volvió a brillar cuando la grave y ronca voz del castaño llegó hasta sus oídos, lo contempló embelesada como si todavía se encontrase presa de la ensoñación producida por el placer. Le correspondió el beso con impaciencia, empujándolo varios pasos hasta que el joven cayó de espaldas en la cama con la rubia prácticamente encima. Con poca delicadeza (y ninguna clase de elegancia) logró levantarse el vestido lo suficiente para poder sentarse a horcajadas en la pelvis de Ross. Volvió a juntar sus labios desesperadamente, mordiendo con suavidad su labio inferior al separarse al mismo tiempo que deslizaba sus manos desde su cuello hasta su torso cubierto por una de sus caras y finas camisas de marca. Trató de desabrochar un botón pero sus manos temblaban, dificultando el trabajo. - ¿Me ayudas? No creo que quieras que te rompa la camisa.- Susurró en su oído antes de atrapar su lóbulo entre los dientes.





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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Rossem E. Grey el Mar Ago 29, 2017 9:44 pm

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→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO

Hubiese mentido magistralmente si hubiese afirmado que la reacción de Winter no le sorprendió, el se había esperado que ella le iría a arrastrar hasta la taza del baño convencida de ponerle fin a todo el asunto, ajena a que todo aquello no era más que una jugarreta por parte de su prometido. Las cejas del castaño se arquearon, disfrutando tremendamente de la fragilidad de las palabras de la rubia, que murieron aplastadas por un beso correspondido.

La molesta voz que vibraba en su cabeza comenzó a volverse más incomprensible, refunfuñando sobre el remordimiento y la moral, algo de lo que el carecía completamente en esos momentos. Ross dejó de escucharla en el momento en que su juicio se nubló por la sensación tan arrebatadora que comenzaba a calarle los huesos, haciéndole sentir que el fuego corría por sus venas y despertaba los últimos deseos de su letárgica alma. Suspiró contra los labios de ella, besándole con dolorosa impaciencia, envolviendola con sus brazos, sintiéndose desarmado y frágil, pero no de una forma embarazosa y preocupante. Era una sensación de abandono casi liberadora, placentera, donde podía olvidarse de los remordimientos que perturbaban su conciencia y le arrebataban el sueño ¿Que le iba a importar si había todo un mundo oscuro y aterrador alla afuera, mientras podia estar besando cada lunar de su pálida piel? El cansancio desapareció y con él se fue la conciencia, y el placer hizo que se perdiera en si mismo como una hoja a la deriva del viento.

Sus manos se deslizaron por las hebras color miel de su cabello, tan hipnotizado que no se percató de los sutiles movimientos de la inspectora que le hicieron tumbarse de espaldas sobre el colchón. Sus labios esbozaron una sonrisa socarrona y disimuló la carcajada que le inundaba el pecho con un bufido –Como usted ordene, agente– anunció con un murmullo bajo, apartandole las manos con una suavidad sorprendente para encargarse el mismo del asunto. Con increíble maestría, se deshizo de los botones que cerraban la camisa y la tela produjo un murmullo tenue cuando chocó contra el suelo. Se irguió sobre su espalda con la joven sentada a horcajadas sobre el. Algo curioso y perturbador centelleó en la mirada del castaño cuando sus ojos oscuros se cruzaron con la mirada azul cielo de Winter, entornados con un aire depredador. Dejó de moverse repentinamente, conteniendo el ansia implacable que había colmado sus besos para observar en una impredecible serenidad, como si se hubiese propuesto a memorizar cada detalle de su rostro, el rostro de un ángel. Sus manos en cambio, volvieron a encontrarse en movimiento, arrugando la tela de su camisola cuando se deslizaron por su diminuta espalda, rozandole como si fuese la cosa mas delicada que había tocado jamás. Nunca en su vida habia sentido tanto repudio por una prenda de vestir como lo estaba haciendo en ese momento y el instante que le tomó decirdir deslizar la tela a través de sus hombros y que se descorriera por su delicada piel, fue justo el tiempo que necesitó para recobrar un hilo de conciencia.

–Dime que pare– Por supuesto que no quería detenerse, no quería hacerlo ¿Porque demonios iba a querer hacerlo? había aspirado a ese momento cientos de veces, incluso en la penumbra de los últimos días, incluso cuando se sentía desganado ante la idea de tener que enfrentar un mundo que el no conocía luego de toda una vida refugiado en un necio escepticismo. Pero una cosa era lo que el deseara y otra lo que era correcto, y definitivamente aquello no podía ser correcto, al menos no era justo para ella. Inspiró con fuerza, mechones del color del oro que se deslizaban por el rostro de Winter se removieron con su aliento, demasiado cerca del suyo como para que pudiese desviar la mirada. No lo hizo de todos modos, envuelto en aquella extraña nebulosa de placer lo último que podía hacer era dejar de mirarla. Pero necesitaba escucharla, escucharle decir que parara...




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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Winter J. White el Jue Ago 31, 2017 12:29 am

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→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO
No hacía falta ser una lumbreras para darse cuenta de que la situación se había tornado candente, de hecho, hasta la inocente y dulce Winter Juliet lo sabía. Sabía perfectamente que retirar la camisa del joven Grey y devorar su piel con la mirada no era algo que un ser cándido haría, no, lo que ella estaba haciendo era puramente sensual... o al menos desde su punto de vista, ¿cómo no iba a ser eso una depravación teniendo en cuenta lo mojigata que había sido hasta hacía apenas un mes? En los últimos veinte días había sido testigo de cómo la paz que había reinado en su cuerpo se quebraba en mil pedazos gracias a un adonis de mirada astuta, sonrisa pícara y adorables pecas. ¿Qué malévolo ser sería capaz de crear semejante arma de destrucción?

Cualquier persona que supiera apreciar la belleza y el erotismo masculino se habría rendido a los deseos del castaño sin siquiera cuestionarlo. Y para inri de la inspectora, parecía que ella no era la excepción. En apenas siete meses había desarrollado tal fascinación por él, que había olvidado que trataba con el rico heredero de una de las compañías más grandes y prósperas de Nueva York, el que podría haber sido una jóven promesa sino fuera porque los vicios y la corrupción de los círculos sociales más elitistas de Manhattan lo truncaron hasta reducirlo al vástago que ningún matrimonio bien avenido desearía tener. Para Winter, él se asemejaba más al protagonista desdichado de una novela romántica del siglo XVIII quien ni su cautivador atractivo, ni su superior intelecto, ni la promesa de amor eterno de la doncella, podrían hacerle olvidar y/o perdonar las injusticias con las que se había visto obligado a convivir desde que no era más que un niño de sonrojadas mejillas y ojos brillantes. La alta sociedad superflua y frívola lo habían convertido en un adulto desconfiado y mordaz, que prefería lanzar indirectas mortíferas a ser herido de nuevo.

Ese hecho había acentuado que la inspectora viera a su prometido como un ser único e inigualable, y como tal, entendía a la perfección que hubiera sido el único capaz de suscitar ese insolente deseo en ella. Estaba muy segura, tanto que podría poner la mano en el fuego por ello, que no había sido su físico el que había sembrado el caos, ni siquiera sus movimientos confiados y arrogantes… no, lo que la había hecho enamorarse perdidamente eran sus flaquezas, sus silencios, sus comentarios mordaces, su mirada traviesa y la ternura que mostraba para con su hermana pequeña. No podía decir con exactitud en qué momento se había prendado de esa forma tan irracional, lo único que sabía es que hacía unos días se había despertado agitada, sudorosa y reviviendo los fragmentos de un sueño bastante comprometedor. Ahora, tenía la oportunidad de llevarlo a cabo, de poder saber cómo sería besar las pequeñas pecas que poblaban la piel de Rossem, cómo se sentirían las fuertes manos surcando su nívea piel… pero habría sido injusto para él.

En un principio cuando él se quitó la camisa, ella no dudó ni un instante en acariciar su marcado torso delineando cada uno de sus músculos con evidente excitación. - Soy inspectora, en realidad.- Susurró con sus orbes azules clavadas en el rostro del joven, admirando sus rasgos detalladamente. - No quiero que pares.- Ross se mantenía estático, mirándola fijamente como si contemplara una obra de arte de sublime belleza, sin embargo, sus manos se movían con destreza por su espalda, retirando la fina tela de encaje para dejar expuestos sus hombros y clavícula. Volvió a juntar sus labios con los de él, percatándose de que la nueva posición de la prenda le dificultaba los movimientos a la hora de poder ponerle las manos encima a su novio. -Espera.- Musitó retirándose unos milímetros, sacando los brazos de las mangas del vestido y provocando que la tela, libre de tensión, se escabullera hasta la cintura, dejando al descubierto el delicado bralette de hilo bordado que portaba. Una alocada idea rondaba por su descabellada mente y esbozó una sonrisa traviesa.

Utilizando su brazo como apoyo, llevó sus labios al cuello del joven marcando un sendero de besos en dirección descendente, acariciando con su mano libre la piel decorada con múltiples y pequeñas manchas naturales. Sinceramente, la inspectora sólo hacía lo que su cuerpo le pedía que hiciera aunque los mensajes fueran confusos y su corazón pareciera estar a punto de explotar, sobre todo cuando llegó al límite impuesto por el pantalón. Entonces sus mejillas se tornaron escarlata y no osó mirar a Ross, que seguramente se estuviera arrepintiendo de tener esa intimidad con ella… Pero espera un momento… Ross no había escogido nada de aquello. Winter había jugado a ser dios y había intervenido en el libre albedrío de la persona de la que ella estaba enamorada. ¿Se podía ser peor persona? Se separó como si el cuerpo que estaba debajo de ella fuera lava pura.- Ross no te puedo hacer esto. Estás bajo los efectos de una poción y yo me he aprovechado.





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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Rossem E. Grey el Jue Ago 31, 2017 5:06 am

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→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO

Sus ojos siguieron el desacompasado movimiento de las manos ajenas e instantáneamente el comentario de la inspectora le arrancó una sonrisa mordaz, repleta de esa naturaleza soberbia que siempre desbordaba el muchacho, incluso encontrándose en una situación como esa  –¿De verdad quieres ponerte a debatir sobre tecnicismos ahora?– Murmuró contra sus labios para luego rozarlos con suavidad, sintiendo su respiración golpeándole el rostro. Por supuesto que no esperaría una respuesta, estaba demasiado concentrado en el dominio de aquellos labios rosados, en la sensación agradable de su ligero peso sobre su cuero y en deslizar sus manos por su piel con una devoción que lo empujaba a entregarse sin reservas, sin pretensiones sobre una moral que su fuero interno consideraba inútil.

Le había costado dios -irónicamente- y ayuda formar aquella oración, esa petición vagamente implícita que se le había escapado con los últimos resquicios que quedaban de su fuerza de voluntad, la cual se se desmoronaba a pasos agigantados ante la seductora presencia de la joven que le desarmaba con sus suaves caricias. Cruelmente ignoradas, sus palabras pasaron al olvido ante la exclamación de la rubia que desembocó unas ansias frenéticas en el castaño, absorbido por una lujuria vertiginosamente segadora. No habia marcha atras, ni modo alguno para que el lograra resistirse a sus besos, que descendieron a través de su cuerpo y le enviaron retumbantes olas de placer a cada molécula de su cuerpo. Sus párpados se cerraron pesadamente sin que lo advirtiera y sus pensamientos se apagaron como la llama de una vela, dejando como única prueba de su existencia la zafra débil bailando sobre el pabilo. Sus dedos acariciaron las hebras doradas de su cabello, estremeciéndose ante el suave roce de algo precioso –¿Que?– abrió los ojos de repentinamente cuando Winter se separó de el, incorporándose de golpe. El pánico hizo que el peor de los escenarios se asomara en sus pensamientos, imaginando que tal vez aquel fortuito encuentro le desagradó demasiado como para continuarlo. Le resultó hasta dolorosa la manera en que su corazón dio un vuelco de solo pensarlo...

El castaño parpadeó, la incredulidad plegaba su rostro y en cuanto entendió a lo que Winter se estaba refiriendo soltó una estrepitosa carcajada incómodamente larga, liberando la tensión que se había alojado en sus hombros  –En serio, a veces eres de lo más tonta– sus palabras perfectamente pudieron haber sido interpretadas como un insulto, pero si ella estaba mirándole entonces distinguiría aquella sonrisa tan sorprendentemente genuina, una que no tenía ese toque mordaz acostumbrado. Era una sonrisa de verdad, de esas que llegan a los ojos.

Demasiadas emociones se habían expuesto en poco tiempo para el, en su mayoria,  terroríficamente desconocidas: Esa necesidad casi insana de tenerle cerca, de perder el hilo de las conversaciones o los pensamientos cuando escuchaba algo que le recordara el sonido de su risa o sus ojos color cielo o incluso la satisfacción de solo pronunciar su nombre, no era algo que hubiese vivido jamás. Podría ser experto en muchas cosas, cosas que no tenían nada que ver con emociones o relaciones en general. Su adolescencia se resumía a la de un muchacho dominado por la angustia y el rencor, incapaz de enfrentarse a sus demonios interiores porque nadie se había encargado de enseñarle cómo hacerlo y atacando verbalmente a cualquiera que intentase atravesar aquella armadura de desconfianza que el mismo había construido. Sabía perfectamente cómo evadir a la gente, como empujarlas tan lejos que terminaran odiandolo, sabía cómo engañar y romper corazones… ¿Pero como se suponía que hablase de sus sentimientos? estaba seguro de que no podía descargarse un pdf sobre eso, y que no había ninguna fórmula mágica para ponerlos en orden. Por un segundo incluso pensó en decirle que aquella posición no le hacía amarla para que dejase de sentirse culpable, incluso decirle que no le queria, que solo había estado tomándole el pelo.

Pero de improviso se dio cuenta de que aunque hubiese querido hacerlo, no podría ¿Porque cómo iba a decirle que no le quería, cuando aquello era lo único de lo que el estaba seguro? El no estaba seguro de si todas las cosas a su alrededor se desvanecerían algún dia como la pólvora o si el sol no salía a la mañana siguiente porque algún espectro del submundo lo impedía, de lo uníco que podia estar seguro era de que le quería, de alguna forma que el no comprendía del todo…

–Por supuesto que esa poción no me ha hecho nada, no creo en esas cosas. Beber un trago de algo apestoso no me hará creer algo diferente de ti, Winter– dijo finalmente, con una punzada de anhelo en su voz que resultaba dolorosa, esforzándose en guardar la compostura –En todo caso he sido yo quien se ha aprovechado. No necesitas darme una poción para que crea que eres hermosa, ni mucho...– Se detuvo, rebuscando las palabras adecuadas. Sus dedos se deslizaron con suavidad por la línea de los brazos de la muchacha, como si le resultara imposible mantenerse tranquilo mientras hablaba –...Ni mucho menos que quiera tocarte como quiero hacerlo, porque quiero hacerlo, desde el momento en que me empujaste a una maldita fuente, y ninguna poción es la que me hace pensar en eso–



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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Winter J. White el Jue Ago 31, 2017 10:42 pm

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→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO
Los oídos de Winter fueron inundados por la estrepitosa risa de Rossem, dejándola estupefacta en el mismo momento en que la primera carcajada salió de sus labios. Nunca lo había oído reír de esa forma, y ciertamente se encontraba bastante confundida pues no recordaba haber dicho algo tan divertido cómo para que se partiera de esa forma. De forma inexplicable, la expresión interrogante de la rubia evolucionó a una sonrisa dulce mientras lo admiraba con un brillo peculiar resplandeciendo en las orbes azules. Las palabras del castaño parecieron desbloquear detalles que antes había pasado por alto, como por ejemplo la actitud del joven después de haberse tomado la supuesta poción. Él había mantenido su actitud arrogante y altanera todo el rato, y aunque no sabía demasiado de magia intuía que eso no funcionaba así. Las pociones nublaban el propio juicio, instaurando sus propias leyes y haciéndote manso, no un imbécil engreído y osado con tendencia a meter mano. Abrió los ojos desmesuradamente cuando la verdad estalló en su cabeza, Rossem había actuado. - ¿La poción no te ha hecho efecto?

El cazador había sido cazado. Y se hubiera echado a reír de una manera escandalosa, si no fuera porque Rossem continuó hablando, dejando a Winter petrificada. Entonces, repentinamente y sin previo aviso, fue consciente de la realidad y sintió ganas de pegarse cabezazos contra la pared más cercana. ¿De verdad quería pertenecer a la extensa lista de mujeres con las que Ross se había acostado? El frío cayó lentamente sobre ella como si de un manto de nieve se tratara y se encontró a sí misma temblando. Sutilmente, se alejó de sus caricias, colocándose de nuevo el vestido con cuidado.  -No lo entiendes Rossem.- Murmuró ella con voz queda, como si estuviera a punto de romperse. - Ya sé que quieres acostarte conmigo... cómo con todas. No soy una excepción, sólo soy otra más. La poción no era para que me desearas, era para que me quisieras.  





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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Rossem E. Grey el Vie Sep 01, 2017 7:52 pm

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En el fondo debía reconocer que no le impresionaba demasiado las palabras de Winter, a fin de cuentas ¿No era eso lo que pensaba todo el mundo sobre el? ¿No era esa la imagen que por años había labrado sin importarle las consecuencias? Un joven irascible debido a una infancia oscura y marginada que no medía sus acciones, que actuaba movido únicamente por el objetivo de saciar sus propios deseos. Lo único que le había interesado al ver a alguna chica que llamase su atención era seducirla  y una vez logrado el objetivo, el siguiente se limitaba a intentar quitársela de encima con la gélida soberbia que no se guardaba ni siquiera para dirigirse a sus progenitores, importando mínimamente si lastimaba a alguien con su comportamiento altanero. Habia sido asi la mayor parte de su vida, demasiado tiempo, tanto tiempo que ni siquiera estaba tan seguro de que hubiese cambiando. Cuando se vive en una mentira, llegados a un punto, se termina convirtiendo en realidad...

La situación se había tornado anticlimática y no le pasó desapercibido el hecho de que ella se había alejado de el, pero no podía culparla por sus palabras, incluso aunque le resultaran dolorosas. Al instante la expresión calidad que evocaba el rostro del muchacho se transformó en algo oscuro, tan desalentadora como la armadura que volvía a levantarse a su alrededor.. Por un segundo, algo ardiente tilitó en su mirada como una safra ardiendo en mitad de una ventisca y luego desapareció con la misma rapidez con la que había surgido.

Su juicio, que había sido sosegado por la nebulosa del deseo, volvió a surgir como un recuerdo impactante de la realidad en la que se encontraba, haciendo que retrocediera varios pasos para alejarse de la inspectora. La intimidad ahora le resultaba como algo incómodo, demasiado impropio, y la sonrisa que esbozaba se volvió  cruel y atípica –Supongo que la sutileza tampoco es lo tuyo. ¿Acabas de decirme que soy una ramera? Eso no fue muy bonito– indagó en el vacío que se había alojado en la habitación, plagado de un silencio casi asfixiante. Se dio la vuelta con elegante parsimonia y se inclinó junto a la cama donde había dado a parar su camiseta –Pues te equivocas… si eres una excepción Winter, aunque supongo que eso no importa realmente ¿Cierto? No viniendo de alguien como yo– Se dió la vuelta para encararla. Su rostro no denotaba ninguna expresión clara, únicamente una pequeña sonrisa que acrecentaba el filo de sus palabras, las cuales escondían su afección con fría rudeza, porque para el era mucho más sencillo actuar como si nada le afectara en absoluto que intentar enfrentarse a sus propios sentimientos.  Se colocó rápidamente la muda sin apartar la mirada de Winter, abotonadosela con evidente fastidio –Lo que no puedo entender es porque lo has hecho, ¿Porque me has dado esa posición si para ti es obvio que haría lo mismo con cualquiera? ¿Porque no se la das a alguien que realmente valga la pena? No puedes comprar algo como el amor Winter, lo sabes...– el comentario, evidentemente mordaz, surgió de sus labios antes de que pudiera pensarlo dos veces, demasiado sumergido en la confusión del momento como para interpretar las palabras de Winter como algo que no fuera desprecio.



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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Winter J. White el Sáb Sep 02, 2017 1:57 am

Not in the mood
→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO
Winter observaba toda la escena con una fría y extraña calma, como la de la espectadora que acude al teatro y permanece ajena al drama que envuelve a los actores. Mientras Ross lanzaba sus afiladas palabras cargadas de veneno y desprecio, ella permanecía con los labios sellados, mirándolo a los ojos con una expresión desafiante. Realmente no le importaba mucho la rabieta de Ross, porque no era más que eso. Estaba indignado porque la única persona que parecía confiar en él le acababa de decir que no había cambiado.

-Y para variar, no tienes razón. Yo sí creo que vales la pena, pero no, no quiero comprar tu amor. - Se encogió de hombros como si lo que acabara de decirle fuera lo más obvio del mundo. - La poción era para ganarte a las cartas, ni siquiera había barajado la posibilidad de que pudieras llegar a desearme.- La sinceridad con la decía las palabras podía ser tachada hasta de espeluznante. La inspectora no sentía la necesidad de mentir, no temía quedar expuesta pues para ella eso nunca había sido un defecto. -Perdón, no debería haberte hablado de esa forma, y tampoco creo que seas mala persona.- Con cuidado acercó su mano a una de las de Ross, acariciándola en apenas un roce. - ¿Sabes cuál es tu problema? Que crees que yo pienso lo mismo que las otras personas. Tú eres el que tienes esa percepción inmunda sobre ti mismo, pero yo no. Sé que hiciste cosas malas, pero no veo un delincuente Ross. Me da igual con cuantas mujeres te acostaste antes, no te estaba juzgando, sólo quería saber si yo era especial para ti, pero ha sido inmaduro por mi parte forzarte a decirlo. Lo siento.

La rubia era consciente de que ella también se había comportado como una niña malcriada pataleando por su atención. Básicamente porque había tenido las pruebas que evidencian el caso delante de sus propias narices durante todo ese tiempo, de hecho, él mismo había confesado sin palabras que lo que sentía por Winter era más que una atracción cuando recibió un simple mensaje en el móvil y prácticamente enloqueció, para acabar conduciendo a toda pastilla hasta la casa de la joven White y asegurarse de que se encontraba sana y salva. ¿Eso valía como prueba? ¿O lo eran acaso todas las veces en las que él se sentía abatido o aburrido y buscaba refugio en ella? Hasta podría tener en cuenta el hecho de que ya no olía a tabaco. ¿Si no le importase Winter, habría antepuesto sus deseos a los suyos propios? La respuesta era obvia, no. No obstante, en el fulgor de la batalla (como suele decirse), había olvidado que eran más importantes los hechos que las palabras y había montado un berrinche tratando de que él dejara a un lado su carácter reservado y reticente para decirle lo que realmente sentía.

- Puedes irte si lo deseas, pero espera a que primero te haga algo de comer, conociéndote llegarás a tu apartamento y beberás. Y no te estoy juzgando, sé que eres un manazas en la cocina. - Aclaró con la intención de que no pudiera malinterpretarla, si algo había aprendido de Ross es que podía ser muy malpensado cuando quería. Alzó la mano para acariciar la pecosa piel de su pómulo, sin embargo la retiró antes de siquiera rozarle, temiendo un posible rechazo. - Esta vez no te pondré cosas raras, te lo prometo.





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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Rossem E. Grey el Sáb Sep 09, 2017 3:16 pm

Not in the mood
→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO

Por un segundo, confundió la impasible serenidad de la rubia con el pequeño periodo de calma que surge instantes antes de un caos devastador. No le hubiese sorprendido si, en el menor de los casos, Winter hubiese explotado como una olla a vapor lanzando todo su arsenal de insultos y reprochando lo odioso que el sabia que era. Pero por supuesto, eso no pasó, a pesar de las palabras cargadas de filosas agujas que el le había soltado con anterioridad, la inspectora se mantuvo imperturbable antes de hablar.

El objeto de su afecto demostró una vez más algo de lo que el muchacho estaba completamente seguro a esas alturas: nunca, ni en un millón de años, podría siquiera llegar a prever sus reacciones o los pensamientos que pudiesen estar pululando por su cabeza. Ella era exactamente su opuesto en todos los sentidos que conocía de su persona, por lo que siempre terminaba sorprendiendose de lo que surgía de la caja de sorpresas que era su prometida, haciéndole permanecer en una constante incertidumbre, y por consiguiente, no se imaginó aquella actitud tan pausada y esas palabras cargadas de serenidad al dirigirse nuevamente a el. A decir verdad esperaba que se enfureciera y le arrojará algo a la cabeza por ser un pedante sarcástico y amargado de los mil demonios pero no fue así, y sus palabras de disculpa le tomaron completamente desprevenido. Sintió el peso de sus ojos de un color azul casi imposible observandolo fijamente y la mirada de Ross descanso sobre su mano, rozando sus dedos vagamente –No es...– se interrumpió, alzando la mirada hacia los ojos de su prometida. Nunca antes se había quedado sin palabras, siempre tenía algún comentario mordaz que desbordaba seguridad e irritación, pero en esos momentos su mente parecía haberse quedado en blanco. Los sentimientos que tenía por ella siempre le provocaba esa sensación de abrumadora exposición y le resultaba más fácil lidiar con esa sensación cuando no pensaba demasiado en ellos, pero en esa ocasión no podía simplemente ignorarlos porque le resultaban demasiado complicados para descifrarlos. Suspiró pausadamente, una niebla gris parecía quitarle el brillo a su miradas –Ya te lo he dicho...– había algo vacilante en la forma en que entonaba cada palabra, temiendo  arruinar lo que sea que estuviera surgiendo allí –...Solo en tus sueños podrías ganarme al Poker–

Permaneció en completo silencio, dejando que ella terminase de hablar. Era una sensación extraña el que alguien pensase en el de un modo tan distinto al cual estaba acostumbrado, ese grado de optimismo le resultaba desconocido. Por supuesto que Georgina confiaba en el, pero ella era una niña y no conocía todas sus caras, no había visto las peores facetas de Ross y sus padres habían procurado mantener en secreto el porqué su hermano llevaba una tobillera, porque ya no podían verse con tanta regularidad o porque se veía más apesadumbrado de lo normal. Ross apartó la mirada de ella como si ya no pudiese sostenerle la mirada y no advirtió su intención de acariciarle el rostro, fijando su atención en sus manos enlazadas, consciente de que había estado reteniendola, entrelazando los dedos frágilmente –Lo eres, eres especial para mi ¿Como no vas a serlo?– inquirió, alzando la mirada. Para el era tan evidente como que el sol salía durante el dia –Me importas Winter, solo que a veces tengo tendencia a joderlo todo. No quiero que confíes en mí y termines dándote cuenta que no soy lo que imaginabas, porque eres la única cosa que parece  esta bien en mi vida...– Puso los ojos en blanco, el panorama que tenía de su futuro no resultaba demasiado prometedor y no tenía ninguna intención de sacar el tema a colación –No me voy a ir a ningún lado, no te vas a safar de mi tan facilmente luego de intentar drogarme– Se giró repentinamente y comenzó a avanzar en dirección a la puerta, con una sonrisa franca y un aire mucho más despreocupado, sentía haberse sacudido algo del peso que llevaba encima –Te sorprenderías, a veces consumo cosas que no vienen de una botella– argumentó con evidente sarcasmo, avanzado airosamente fuera de la habitación.



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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Winter J. White el Vie Sep 15, 2017 12:00 am

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→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO
Los dedos de Rossem se entrelazaron suavemente con los suyos en un gesto tan natural que asombró a Winter. Por unos segundos, su mirada azul se perdió en ambas manos aferradas sin acabar de entender cómo el castaño había conseguido hacerse un hueco en su corazón tan rápido. Porque si era sincera consigo misma, Ross no se caracterizaba por ser un chico abierto, amable y cariñoso sino todo lo contrario, era ególatra, sarcástico, narcisista... o al menos, eso era lo que el se esforzaba por aparentar. Porque sí, para toda la élite de Manhattan el señorito Grey era un ser maquiavélico, taimado y caculador, que parecía saber con tan sola una mirada cuales eran tus puntos débiles y que no dudaría en usarlos en tu contra con sus usuales palabras letales y mortíferas.

Sin embargo, para Winter (que ya conocía su excepcional don para usar palabras hirientes) era extrañamente divertido, ingenioso y astuto. Le fascinaba la sonrisa ladina que dibujaba cuando tramaba algo, la sincera expresividad que mostraban sus ojos chocolate, incluso sus silencios tranquilos. Sí, claro que sabía que le gustaba mantener el control de cualquier situación, pero no le extrañaba, sabiendo por todo lo que había pasado. Porque aún recordaba al pequeño Rossem Edward Grey deambulando por su casa, intentando pasar desapercibido. No, definitivamente no lo tuvo fácil, de eso estaba segura. Contempló el rostro de Ross mientras éste hablaba, admirando sus rasgos y sus expresiones, memorizando cada centímetro de su pecosa piel con suma devoción. Los rosados labios de la rubia se curvaron en una sonrisa dulce, un centelleante brillo nació en sus ojos azules que amenazaban con empañarse por la emoción. No quiso interrumpirlo, ni proclamarle lo importante que él era para ella, no deseaba que al abrir la boca el castaño volviera a su usual estado hermético, con lo cual se limitó a sostener su mano y a mirarlo con afecto.

De repente, el joven se giró inesperadamente tomando desprevenida a Winter que quien lejos de soltar su mano para dejarlo ir, tiró de él con fuerza para acercarlo a ella. Su diestra ascendió hasta el marcado pómulo del castaño aprovechando el movimiento para acariciar la tersa piel con el pulgar.  - En mis sueños estamos demasiado ocupados como para jugar al poker. Te lo puedo asegurar.- La inspectora jamás se había caracterizado por ser una especialista de los dobles sentidos... por dios, ¡ni siquiera los usaba! Por esa misma razón, si esas palabras hubieran sido dichas en otro contexto, quizás y solo quizás, podrían haber pasado desapercibidas. No obstante, estaban impregnadas por una fuerte tonalidad sugerente que hacía imposible no saber de qué estaba hablando o como mínimo, hacerse una idea.

-Bueno, bajemos. ¿Qué te apetece comer?- Preguntó pensativa antes de acortar la distancia entre sus labios para besarlo castamente. - A mí me apetecen unas Buffalo Wings y patatas con bacon y queso...- Llevaba un par de días con el capricho de comer alitas de pollo fritas y gracias a que se había pasado la última semana preocupada porque el incomprendido de su novio no asimilase bien el mundo de las sombras y acabara tirándose con su Fisker Karma por un precipicio, no había tenido tiempo de salir por ahí a pedirse una buena ración. -¡Podríamos pedir comida a domicilio!- Canturreó saliendo de la habitación, arrastrando a Ross consigo.- ¿Te quedas a dormir conmigo?- Cuando lo volvió a mirar, su expresión se había tornado fingidamente triste. No era la primera vez que lo usaba, ya lo había utilizado el día que le pidió que desayunara (cuando claramente él no quería), o para que la acompañara a sitios en los que él sabía que se iba a aburrir... ¿Que quién le enseñó semejante juego sucio? Georgina Grey, esa niña se las sabía todas y aunque Winter al principio se había mostrado escéptica cuando ella le expuso tal argucia, al día siguiente pudo comprobar que Rossem no podía resistirse a unos buenos ojitos y unos cuantos pucheros.





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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Rossem E. Grey el Lun Sep 18, 2017 3:06 am

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→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO

Ross se detuvo a observar a la muchacha especulativamente, acompañada de una incuestionable nota de sorpresa en sus ojos cafés ante las intrépidas palabras que habían emergido de los rosados labios de ella. Advirtió la forma tan descarda en que estaba observándola, pero ni siquiera pareció importarle demasiado ya que no mostró interés en apartar la mirada, fijándose en algo inesperadamente nuevo en ella de lo que no se había percatado antes y casi soltó una carcajada ante su propio estupor; Por supuesto, hubiese esperado que un comentario como ese fuera pronunciado incluso por la rígida y desagradable secretaria de mediana edad que atendía el vestíbulo de una de las extensiones de la corporación Grey en el Wall Street antes que de la boca de su prometida, quien le había informado de la forma mas rotunda posible durante la gala a la que habían asistido semanas atrás su nulo interés en aquellos aspectos, aunque parecía que había mandando sus orientación sexual al garrote mientras le arrancaba la camiseta del pecho, pero Ross prefirió salvar el pellejo y no mencionar aquel detalle que podría encandilar a la inspectora, y  no precisamente de la forma en la que el quería  –Siento un gran interés por saber que tipo de cosas hacemos en tus sueños. Realmente estoy muy interesado en ello– observó con un divertido desdén. Sintiendo el  roce de su pulgar con un agrado que hacia tan solo unos meses le hubiese conmocionado, el castaño descansó su mano libre sobre la cintura de la inspectora con firmeza y observó brevemente como los vagos retazos de luz que se filtraban por las ventanas de la oscurecida habitación estaban espolvoreándole los rubios cabellos, tan resplandecientes como el oro mismo en una especie de halo angelical.

Ross compuso una expresión exagerada de divertida conmoción ante las proposiciones de la inspectora y no le pasó desapercibido el persuasivo gesto del aleteo insistente de sus pestañas ni el pequeño puchero Marca-registrada-de-Georgina –¿Ya te lo tenias pensado no? Pequeña tramposa…– Inquirió con una sonrisa socarrona, pero casi al instante dejo escapar un suspiro de derrota. Tampoco es que su piso en el SoHo resultara un destino especialmente atractivo para el y no le costó demasiado ceder –Vale, me voy a quedar. Pero te informo que soy un hombre comprometido, nada de segundas intenciones White– se hubiera atrevido a besarle con mayor insistencia, pero no estaba demasiado seguro de que pudiera sobreponerse una segunda vez y de repente le surgió una necesidad portentosa de abandonar la intimidad de aquella habitación, como si fuera un peligro inminente para el permanecer demasiado tiempo allí dentro. Avanzó sin mas pretensiones en dirección a la puerta, aunque seguía tan aferrado a ella como podía permitírselo.

La bola de pelo blanco le observo con frió desdén desde la parte baja de las escaleras y Ross entrecerró los ojos, ladeando ligeramente la cabeza –Tu gata me odia, se ve a leguas. Es una chica muy sensata– Observó con un interés clínico, mientras pasaba junto a la criatura que profirió un sonido que a Ross le recordó a un bufido bastante humano y por la forma en que evadió rozar al felino dejo bastante en evidencia que su repulsión hacia los gatos no había cambiado durante los últimos meses; si, eran unos bichos muy enternecedores, detrás de la pantalla de su Smartphone y siendo asustados por un pepinillo…




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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Winter J. White el Jue Sep 28, 2017 9:29 pm

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→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO
Winter no podía presumir de tener el don de poder acallar a su prometido, era ya de dominio público el hecho de que Rossem Edward Grey poseía un extraño y peculiar don para sacar a la gente de quicio, llevarlos a sus límites más insospechados y hacerlos obrar bajo la desesperación del momento. Tenía una facilidad espeluznante para calar a las personas, observar cual halcón al acecho y detectar todos los puntos débiles de la presa... Nadie estaba a salvo de sus comentarios mordaces, ni siquiera el gran Emmanuel Grey, quien en más de una ocasión se había tenido que limitar a observar con irritación como su vástago le daba a probar de su propia medicina. No, nadie podía con él.

Hasta entonces, claro.

Winter Juliet White, en cambio, atesoraba otro don muy diferente. Ella era el único ser en la faz de la tierra capaz de confundirlo, de desconcertarlo con apenas dos palabras y aturdirlo hasta el punto de que ni el mismísimo castaño sabía qué demonios era lo que quería. No lo hacía adrede, de hecho, la rubia ignoraba totalmente que fuera capaz de ocasionar semejante desbarajuste de emociones en el joven Grey. Claro que después de haber pasado más de siete meses contemplando aquellas orbes chocolate, había acabado por saber interpretar cada destello que las iluminaba, por pequeño e insignificante que fuera. Mas obviamente, no achacaba eso a su presencia sino a la nula capacidad que tenía el muchacho para compartir sus sentimientos, llamado por la rubia como el Síndrome del Tupperware. Conoces esa marca de recipientes de plástico que sirven para guardar la comida herméticamente, ¿verdad? Pues he aquí el parecido de ese tarro con el corazón de Rossem, todo lo que se guardaba allí era encerrado a cal y canto: ni un ápice de conmoción era derramado... ni una mísera emoción mal contenida.  

Incluso en el preciso instante en que la sorpresa asaltó el rostro de Ross, hubiera sido difícil percatarse de ello. Sin embargo, para Winter no fue complicado descifrar la estupefacción que se había alojado inesperadamente en él. Por un segundo sopesó sus posibilidades: podía complacer a Ross y saciar su curiosidad explicándole con todo lujo de detalle los descarados sueños que la habían abordado algunas noches. O podía sencillamente sonreír y dejar la intriga flotando en el aire, cosa que sería mucho más tortuosa para su desafortunado prometido que ignoraba lo astuta y tahúr que podía llegar a ser la angelical rubia. La segunda parecía más divertida, así que optó por dedicarle una sonrisa dulce y hablar de la cena como si el asunto en cuestión no fuera con ella.

Salió del dormitorio aferrando la mano de Rossem con suavidad, a un paso que musicalmente se habría catalogado como allegro. Descendió las escaleras procurando levantar el largo vestido de encaje lo suficiente como para evitar un embarazoso tropiezo que la hiciera rodar por las escaleras, arrastrado al joven Grey con ella. Llegaron a a cocina y la inspectora tomó el teléfono inalámbrico de un solo movimiento, jugueteando con él hasta pasar la barra americana, de forma que quedase como una barrera entre ellos. Winter se acercó al mármol y apoyó ambos codos, pasándose el aparato de una mano a otra. Gracias a la postura que recién había adquirido, la tela del vestido ya no estaba en tensión y lejos de quedarse en el sitio que debía, había quedado suelta y revelaba gran parte de sus senos. - Realmente…- Empezó a hablar, llevando la diestra hasta la barbilla para posar un dedo en sus labios adquiriendo posición pensativa, como si estuviera haciendo una gran deducción.- Es una gran decepción que estés comprometido. No sé, me hacía ilusión dormir contigo… pensé que podrías ayudarme con mi curiosidad nocturna.- La expresión de su rostro cambió a uno compungido y después de proferir un sonoro suspiro musitó. - Supongo que prefieres dormir en otra habitación mientras yo duermo sola, en un vestido de encaje y sin ropa interior.

Y dicho esto, deslizó las palmas de sus manos por la encimera que le sirvieron para tomar impulso y sentarse en ella con agilidad. Ojeó la falda de su vestido y con una insolencia insólita en ella, colocó la tela de tal forma que la obertura que estaba situada en medio del vestido y que llegaba hasta la rodilla, revelara casi la totalidad de sus largas piernas cruzadas estratégicamente. ¿Si se había elevado el vestido para provocarlo? Sí, y lo peor es que ella sabía que Rossem la estaba mirando, es más, le parecía excitante jugar con él. La rubia intuía que, sin duda, podía salir perdiendo porque aparte de que el castaño ejercía un extraño influjo en ella, estaba jugando a un juego en el que era una principiante y él, todo un experto. Asió el teléfono para marcar el número del restaurante.- Entonces, ¿qué te apetece cenar?- Le dedicó una mirada intensa, a la espera de su respuesta.





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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Rossem E. Grey el Lun Oct 02, 2017 7:34 pm

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Luego de haber abandonado la habitación, se había alojado en el una ligera capa compuesta por la prudencia y la conciencia; Estaba seguro de haber ido demasiado lejos, de haber roto una norma infra quebrantable de un contrato no establecido pero que, de todos modos, había existido desde el minuto cero entre ellos dos debido a la forma tan poco convencional en la que se habían conocido, reducidos a un activo corriente para la transacción entre dos inversionistas que habían tenido la desvergonzada idea de solventar sus negocios realizando un matrimonio concertado. Pero no había que ser demasiado inteligente para darse cuenta de que la tensa y forzada relación que habían mantenido se había transformado en algo completamente distinto. Tal como se veía en el pasado, no era la primera vez que estaba cerca de Winter de un modo en que pudiese percatarse del ritmo acelerado de sus pulsaciones o su propia inconformidad ante no poder llevar las cosas a otro nivel, pero era la primera vez que había consentido la posibilidad de un verdadero afecto por su persona, de que había algo más allá de una simple atracción que se limitaba a la espontaneidad del deseo físico.

Era un campo que desconocía completamente, uno repleto de minas y baches que le horrorizaban y le hacían preguntarse cómo podía atravesarlo sin desfallecer en el intento. El pensar en ella le desarmaba y estar con ella despertaba una vulnerabilidad que nunca antes había advertido en si mismo, y todo eso era tan novedoso y sofocante que se sintió demasiado asustado para enfrentarlo. No en ese momento, no bajo aquellas circunstancias. Era otra cosa que debía agregar a su incalculable listín de materias pendientes: ¿Como uno podía sobrevivir luego de descubrir que se está tan perdidamente enamorado? La sola idea hizo que se estremeciera mientras seguía con la mirada a Winter, moviéndose a través de la cocina con desenvoltura, aunque no estaba mirándole realmente, era un fantasma perdido en sus propios delirios

Con una ardiente inquietud destilando en su mirada, Ross terminó de adentrarse en la habitación en cuanto Winter finalizó su última oración. A pesar de aquella implícita ansiedad que opacaban sus ojos, presos de una extraña vorágine de sensaciones, se movió con extrema lentitud rodeando la barra que les separaba, como si se deleitará con el sonido de sus zapatos chocando contra las finas baldosas del suelo, como si estuviera contando pausadamente cada uno de sus movimientos. Se detuvo a un brazo de distancia de ella, recorriéndole con una mirada curiosa  y las manos tendidas despreocupadamente hacia los costados. Sus irises resplandecieron ante la expectación, le arrebató el teléfono de la mano y lo tendió boca abajo en la superficie de mármol, sin quitarle los ojos de encima. No le supuso ningún inconveniente animarse a terminar con el suplicio de la distancia, apoyando las manos en la barra a cada costado de la joven, impidiendo que éste pudiese simplemente escabullirse de su invasivo acercamiento que no contemplaba debilitarse. Había algo emocionante en aquel  aspecto de las circunstancias, algo similar a un depredador acorralando a un pequeño cervatillo que no sabía lo peligroso que era separarse de su manada mientras había lobos acechando tan cerca  –Muy mal Winter– murmuró en un repentino estado de neutralidad, con un tono de voz ecuánime, ininterpretable...

Deliberadamente comenzó a inclinarse hacia adelante, persiguiendo su mirada con el único objetivo de percatarse de cualquier irritabilidad el los azules ojos atentos, aunque estaba bastante convencido de que aquello no iba a suceder. En un parpadeo, sus manos se cernian en la curvatura de sus piernas y tiró de ellas con una inesperada brusquedad, encontrándose ahora demasiado cerca para no percibir su aliento contra sus pómulos o el pertinente roce de sus caderas –No juegues con fuego si no estás dispuesta a quemarte– profirió divertido, sus manos subieron lentamente a través de sus muslos y abrazaron su espalda baja con la delicadeza de alguien que está sosteniendo algo increíblemente frágil, divino e incapaz de poder ser sustituido –Porque puedo  suponer que no lo estas ¿Verdad? Eso fue lo que me dijiste en la gala, ¿Lo recuerdas no? ¿Recuerdas lo que me dijiste? – insistió contra sus labios,  rozandolos con delicadeza en el prólogo de un beso que jamás existió, deleitándose con la sensación de sus suaves curvas siendo rozadas por sus dedos aquí y allí, ahogándose con la ardiente añoranza de besarla, pero sabiendo que aquello era la contradicción misma de sus palabras. Febrilmente inclinó su rostro y sus labios rozaron la piel de su mejilla, el terso sendero de su cuello, soportando la dolorosa sensación que le provocaba la abstinencia.

Y tan repentino como el encuentro mismo, negándose a los preliminares de los que estaba completamente convencido de que no le llevarían a ningún lado, Ross se acomodó apartándose de ella para luego tomar el teléfono abandonado sobre la superficie y tenderselo con una sonrisa transparente, como si un segundo atrás no hubiese estado tocándola igual que el apóstol traidor había tomado la recompensa luego de la felónia cometida contra su maestro, como si fuera un pecado capaz de merecer las llamas del infierno –Elige tú, no me apetece nada en particular...–




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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Winter J. White el Jue Oct 05, 2017 12:29 am

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→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO
Si era del todo sincera, Winter no esperaba que sus provocaciones surtieran alguna clase de efecto en el castaño, incluso, llegó a recrear en su cabeza una posibilidad como sería caerse de la barra americana en su pobre e inexperto intento de ser la alegoría de la sensualidad. También sopesó la idea de que Rossem le preguntara entre risas a qué demonios estaba jugando y quién se creía que era. Sin embargo, contra todo pronóstico que ella pudiera vaticinar, el joven de ojos chocolate se acercó peligrosamente con la expresión inexorable que tanto lo caracterizaba y un extraño brillo en los ojos, y aunque Winter encontraba la cercanía fascinantemente excitante, por otra parte temía que su corazón estallara. Literalmente.

El teléfono fue arrebatado de sus manos sin poner ninguna clase de resistencia, la rubia se encontraba demasiado hipnotizada por la intensa mirada que la recorría con evidente interés. Las manos de Ross se situaron lado a lado de ella generando que una alarma de peligro se alojara en su pecho, mas no se atrevió a hacer movimiento alguno. El silencio se había hecho dueño de la sala, lo único que se podía oír era el suave murmullo de sus respiraciones y el ruido de los grillos en el jardín mientras los dos se miraban a los ojos con devoción, como la que muestra el fiel ante la representación de la divinidad suprema. Quizás esa fue la razón por la que Winter no esperaba semejante acercamiento. Bruscamente, Ross la tomó por las piernas y la acercó a él de un solo movimiento, haciéndola soltar un pequeño jadeo por la impresión. La proximidad pasó a ser tal, que la muchacha podía apreciar a la perfección cada una de las pecas que bañaban su rostro y cuello, sentir su cálida respiración chocar contra su rostro y el fervor que mostraba para con ella. Le costó varios segundos entender que era lo que se estaba presionando contra ella y cuando lo hizo, un fino rubor cubrió sus mejillas.

Se percató del ensañamiento que impregnaba sus las palabras, cuando con ahínco hizo alusión a aquel detalle de su vida íntima que compartió con él en la gala benéfica. Winter sabía que Rossem Edward Grey poseía cierta maldad implícita, prácticamente porque ésta solía salir a relucir en los comentarios mordaces y ponzoñosos que solía regalar con su mejor expresión de indiferencia, y pese a que ella era la primera que no se comedía ni una pizca en responder haciendo uso de toda su creatividad, debía admitir que el aquel preciso momento no pudo otra cosa que murmurar una entrecortada afirmación contra sus labios, rozándolos al compás de cada letra. No fue capaz de emitir otra cosa que no fuera un -Sí.-, porque temía atragantarse con su propia voz.

Las manos de Winter se posaron en el duro pecho de Ross y lentamente surcaron hacia su espalda, tomándose su tiempo para disfrutar de la agradable sensación que le suscitaba el tenerlo junto a ella. Siguiendo su instinto, la inspectora se acercó más a él procurando no dejar espacio entre ambos cuerpos, friccionando sin querer sus caderas. Una oleada de placer la recorrió al mismo tiempo que los labios de Ross se deslizaban tortuosamente por la delicada piel de su cuello, provocando que un tenue gemido brotara de sus labios entreabiertos. Con rapidez, la diestra de la rubia ascendió desde su torso enfundado en la cara camisa, que en ese instante le sobraba, hasta el nacimiento de su sedoso cabello castaño, donde lejos de mantenerse estática se entrelazó entre las hebras chocolate con anhelo.

Poco se podía imaginar la pobre muchacha que su prometido se retiraría instantes después, tomando el teléfono que yacía abandonado en el frío mármol que tanto contrastaba con la piel de Winter, quien parecía al borde de sufrir una combustión espontánea. Tomó el teléfono con los ojos como platos, sin entender qué estaba sucediendo y por qué Rossem no estaba tocándola como hacía unos minutos. - ¿Qué?- Preguntó parpadeando perpleja mientras sus ojos pasaban del dichoso aparato electrónico a su prometido.- Espera un momento.- Avisó cerrando las piernas que se habían quedado amoldadas a la figura de él. - Yo te dije que era asexual porque lo era de verdad. Bueno, creía serlo. No lo sé Ross… no había deseado a nadie. Y aunque desde el día en que te tiré dentro de la fuente del jardín de mis padres, me pareciste tremendamente guapo, jamás había querido… ya sabes… tener relaciones sexuales contigo. Pero desde hace un par de semanas, se me ha ido la cabeza o yo que sé, pero el caso es que… - Las mejillas habían pasado de rosado a escarlata en cuestión de segundos. Se sentía irremediablemente idiota tratando de expresar lo que acontecía a su intimidad.- te deseo.

Siempre que estaba con Rossem notaba esas mariposas en el estómago que la hacía sentirse un personaje recién extraído de una novela de Jane Austen, sin embargo, en ese instante lo que tenía eran elefantes. Elefantes saltando y amenazando con darle un vuelco a todo su sistema digestivo. - Yo sigo diciendo que me apetece unas Buffalo Wings, patatas con bacon y queso, y también unos fingers de pollo con salsa de mostaza y miel. -Comentó con voz temblorosa concentrando su vista únicamente en el teléfono para marcar el número del restaurante. - Y a ti, pero eso ya te lo he dejado claro previamente.




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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Rossem E. Grey el Lun Oct 09, 2017 11:39 pm

Not in the mood
→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO

La primera vez no era algo importante

Supo aquella lección cuando tenía catorce años y se dio cuenta de que ya había tenido la suya, sin recordar si quiera como había sucedido, despertándose en una habitación a la que no había recordado entrar, con una chica cuyo nombre no conocía por más que intentaba hacer memoria del acontecimiento... Jamás sintió ni el mínimo ápice de angustia  por ello; en cierto modo, ni siquiera estaba seguro de que había sucedido realmente o qué tan lejos había llegado Pero lo que si sabia, es  que no le importaba en absoluto, y las veces que volvió a hacerlo sin extralimitarse en ningún aspecto no cambió de opinión, ni mucho menos se limitó a la hora de manifestar escuetas explicaciones a las involucradas ante su actitud distante luego del suceso, que tampoco parecían demasiado interesadas en continuar con el disparatado hilo romántico hollywoodense del que siempre había rehuido Ross una vez que se había disipado la vorágine de erotismo y no quedaban más que dos desconocidos y una serie de largas respiraciones incómodas y aceleradas en medio de la oscuridad.

Creía de forma absoluta e incontrovertible que era algo banal con lo que solventar una necesidad como cualquier otra, que su actitud descarada  que escandalizaría  a cualquier moralista ultraconservador no cambiaría con el paso del tiempo porque era algo que le entretenía sin demasiados tapujos ¿Cuál sería el motivo de una transgresión en su modus vivendi, entonces? Ninguna, por supuesto. Se había convertido lentamente en una especie de renegado entre una multitud de niños prodigios de la elite, un pecado mas no empeoraría su , ya de por si, inexistente reputación. No podía temer a las repercusiones de un acto que consideraba subestimado por el enamoramiento y los tabúes.

Sin embargo, en ese momento, ya no parecía estar demasiado de acuerdo con sus propios argumentos. El rubor apagado en su rostro era la constatación de su excitación inocua y tal parecía que era capaz de comunicarse mejor con la mirada, mirada que se topó con la ajena  en una comunicación desprovista de palabras. Había algo tan poderoso en aquel intercambio, que el castaño supo que ninguna caricia furtiva podría igualarse al secretismo  y la intimidad de sus ojos. Su mano jugueteó con el fijo lazo ataba su camisola, embelesándose con la idea de deshacerse de aquella bendita cosa. Deseaba descubrirla, tomarse el atrevimiento de rozar cada centímetro de su piel desnuda hasta que se estremeciera y su cordura explotara en millones de pedacitos igual que una supernova.

Pero se reprimió con una desesperación dolorosa burbujeándole en las venas, desagradable y agonizante, porque de repente, todo pareció volverse demasiado importante, demasiado violento y rápido y todo lo demás que acontecía en el mundo fuera de esas cuatro paredes perdió sentido. No le resultaba ni remotamente familiar aquella sensación, y pensó inmediatamente en Catherine y Heathcliff, aunque esa vez no se sintió identificado con el patán malhumorado; Pensó en el amor de Catherine, en cómo se lamentó hasta morirse "Si todo pereciera y el se salvara, yo podría seguir existiendo y si todo lo demás permaneciera y él fuera aniquilado, el universo entero se convertiría en un desconocido totalmente extraño para mí..."

Receloso de si mismo se apartó lo suficiente para darle espacio a Winter, aturdido ante una revelación que no se esperaba ni en un millón de años. Recordó el primer dia que le vio, como se había quedado tan absolutamente deslumbrado,  y creyó que ella jamás había parecido  tan hermosa como aquel día. Pero supo que se había equivocado otra vez cuando le escuchó decir que le deseaba con una voz inconstante y una vacilación enternecedora. Retrocedió aún más para rodear el espacio y apoyó los codos sobre la encimera, mirándole con una aguda profundidad mientras esperaba que terminara la llamada, aprovechando para colocar sus pensamientos en orden ¿Pero como se suponía que debía hacer eso, si el no le podía poner nombre a nada de lo que sentía? –Esta bien que te sientas de ese modo–  Al momento, suspiró sonoramente y desvió la mirada, comprendiendo que aquello había  sonado demasiado vago, incluso para el –Quiero decir, que siempre me has gustado, así que fue bastante decepcionante que me dijeras que no podrías desear a nadie. Una cadena perpetua bastante injusta, déjame decirte– comenzó a decir pausadamente, hablando a medida que la idea se formaba en su cabeza –Pero no te puedo culpar, porque me han dicho que soy una persona sumamente encantadora– agregó sarcásticamente, su sonrisa adquirió un matiz malicioso, repentinamente divertido con aquella idea...




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Re: Not in the mood | Winter J. White

Mensaje— por Winter J. White el Jue Oct 19, 2017 8:42 pm

Not in the mood
→VIERNES→ 19:00 → RESIDENCIA WHITE → CÁLIDO
Los ojos zafiro de Winter permanecieron fijos en el teléfono que sus manos aferraban con insistencia. No tenía tanta hambre como para temer que el castaño le volviera a arrebatar el pequeño dispositivo privándole de una suculenta y deliciosa vianda a domicilio, y mucho menos si tenía en cuenta el pequeño detalle de que en ese preciso momento su cuerpo no le pedía alimento.

No sabía lo que le pedía. Bueno, quizás sí que se hacía una idea.

Necesitaba apartarse de él para poder serenarse, era la única forma en la que podría serenarse y volver a retomar el control sobre su ser. Permanecía inmóvil con la mirada fija en su propio regazo, aprovechando los últimos vestigios de la excitación, que decrecía al igual que la marea ante la aparición del sol, para intentar entender, presa de la fascinación el cómo había bastado un simple acercamiento de Ross para colapsar su sistema nervioso, aniquilar su raciocinio y colmar su piel de la agitación que precede a la fogosidad. También le parecía curioso el hecho de que hasta estando en esas circunstancias, Rossem aún mantenía ese aire soberbio y arrogante que tanto lo caracterizaba. Sin embargo, el brillo de sus ojos había cambiado desde aquel día en que ambos cayeron a la gran fuente del jardín de sus padres, había emoción contenida, sentimientos nuevos, confianza y vulnerabilidad... pero eso era algo que desconocía la rubia.

Marcó el número de memoria, demasiados pedidos hechos con anterioridad como para no memorizarlo. Al otro lado de la línea se percibía el gran estruendo típico de los restaurantes atiborrados de gente y comprendió que aquel día iban a tardar un poquito más en llegar con la comida. Asintió un par de veces, dando de nuevo su dirección y responder que necesitaría cambio de cincuenta dólares. Cuando presionó el botón rojo que declinaba la llamada, se bajó de la encimera con soltura y colocó el teléfono en su sitio. Procedía a sentarse en uno de los taburetes acolchados de la barra americana cuando las palabras del castaño brotaron de sus atrayentes labios. Estaba situado al otro lado de la encimera, a menos de un metro, pero su voz sonaba lejana como si fuera un remoto eco perdido en el tiempo. Trazó una sonrisa, debía admitir que siempre se divertía con él.- Ahí tengo que darte la razón, eres encantador. - Respondió poniéndose de rodillas en el asiento para poder inclinarse sobre el mármol y besar con delicadeza su nariz. - All I can say is I was enchanted to meet you.- Canturreó suavemente sumergiéndose en su mirada, perdiéndose en el color chocolate de sus iris.

Algo vibró cerca de ella, extrayéndola de su pequeño paraíso. El móvil tenía la pantalla iluminada, revelando que tenía notificaciones pendientes. Con evidente hastío, acortó la distancia hasta la mesa que había a un par de metros y tomó el dichoso aparato. Sus cejas se alzaron con asombro cuando después de dos segundos fue consciente del contenido del mensaje que procedía de su amigo Kibo. La siguiente reacción fue girarse hacia Rossem con actitud autoritaria. - Ross, ¡hay partido de los New York Giants contra Los Steelers! - Volvió a mirar la pantalla, posiblemente por la llegada de un nuevo mensaje. - Ya que estás cerca de la nevera, ¡coge dos cervezas y vamos al salón! - Exclamó saliendo por la puerta como alma que lleva el demonio, rezando porque la comida no tardase en llegar y pudiese disfrutarla mientras veía el partido. Esa iba a ser una gran noche, lo presentía.





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Re: Not in the mood | Winter J. White

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