03/12 - Estimados habitantes del submundo. ¡Los nefilims vuelven a estar disponibles!


07/08 - Estimados habitantes del submundo. ¡Aquí tenéis las noticias con las actualizaciones/nuevas propuetas/ideas del foro! ¡Pasaos cuanto antes a echar un ojo!


10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


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Hey, brother, do you still believe in one another? ➵ Aksel T. Khaine

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Hey, Brother, do you still believe in one another?
Martes → 22:10 → Edificio Abandonado  → Frío
Recientemente había visto una película llamada "Harry Potter y el Cáliz de Fuego" sinceramente la película era claramente mundana, porque todas sus referencias a magia, criaturas mágicas y seres sobrenaturales eran terriblemente erradas, pero la historia no era tan mala, el chico era divertido si bien un poco idiota y a criterio de la rubia no habría sobrevivido ni la mitad del tiempo que lo había hecho de no ser por la tremenda ayuda que "casualmente" recibía todo el tiempo. Se le había quedado grabado a fuego una escena en la que los participantes de algún tipo de torneo eran secuestrados y recibían como única referencia un poema extraño "Nos hemos llevado lo que más valoras, y para encontrarlo tienes una hora. Pasado este tiempo ¡negras perspectivas! demasiado tarde, ya no habrá salida." Y se preguntarán porqué en ese preciso momento, con el traje de combate, armada hasta los dientes, con una clara preocupación escrita en el rostro y recorriendo las calles de Nueva York como si fuera una sombra, Victorie Claire Wintercloud estaba pensando en una escena de una película mundana.

Aksel estaba desaparecido.

Vale, tal vez ella estaba exagerando un poco, pero era difícil de explicar como la francesa sabía que algo no estaba bien. Había salido hacía unas buenas horas en una misión; Victorie había estado atorada con un asunto diplomático con la Corte Seelie. La Clave odiaba tratar con las hadas pero por lo menos fingían interés y desde un inicio -disimulando sus razones y poniendo cara de indiferencia- la rubia se había ofrecido a actuar como "embajadora" entre el Pueblo Mágico y el instituto de Nueva York. No le molestaba y las hadas solían tratarla con respeto por la sangre que corría en sus venas, así que era mucho más sencillo dialogar con ellas cuando temían que su abuela las hiciera picadillo, ventajas de ser mestiza. En fin, aquel evento diplomático era la razón por la que no había podido acompañar a su Parabatai en aquella misión. Había regresado al Instituto hacía poco tiempo y al no encontrarlo había preguntado e indagado un poco para encontrarse con que nadie sabía donde estaba o si había regresado de la misión. Y una alarma se había activado en ella automáticamente. Era más que un presentimiento, ella sabía que algo no estaba bien.

Dibujó una runa de rastreo sobre el objeto que había tomado de la habitación de su Parabatai y cerró los ojos. Era un edificio abandonado, le pareció ver pilas de restos a los costados y las ventanas tenían pesadas cortinas cubriéndolas, vampiros, todo coincidía con la guarida de los seres de la noche, lo cual explicaba el retraso de su hermano de armas en la misión, se había desviado -o había seguido al objetivo- hasta un nido de vampiros. Se mordió el labio y se aplicó algunas runas de forma mecánica, antes de proseguir su avance en dirección de aquel edificio, se encontraba a pocas calles y por el oído de los vampiros prefería llegar a pie, era más sigilosa de esa manera.

Unos minutos después se había colado en el edificio por una de las ventanas superiores. Sus pasos amortiguados y silenciosos bajo el efecto de las runas eran gráciles y ágiles, estaba preparada para un ataque inminente mientras recorría las habitaciones. Le pareció ver sombras por el rabillo del ojo, pero estas se movían cada vez que ella giraba la vista para revisar. Era mala señal, posiblemente los vampiros ya sabían que ella estaba ahí y había entrado sin permiso, lo cual rompía las leyes de la Alianza si esa era una guarida de un aquelarre como tal y no de vampiros fugitivos, pero bueno, tenía cosas más importantes en las que pensar que no eran las leyes. Extendió la mano y el mango del látigo se acomodó en la palma de su mano, ella prefería armas más filosas y precisas, como los Chakrams o los cuchillos, pero aquella arma tenía una elegancia y velocidad que le vendrían bien para apoyar a Aksel que era mucho más lanzado que ella, que solía ser algo precavida, al luchar.

Empezó a bajar por las escaleras con un silencio mortal y los vio. En medio había un cazador de sombras moviéndose con una agilidad impresionante y la joven sintió una punzada de orgullo y arrogancia, no se había equivocado al elegirlo como pareja de armas. Los vampiros se habían vuelto cautelosos probablemente porque se habían dado cuenta de la habilidad de su contrincante, pero Victorie sabía que era más que eso. Aksel odiaba a los vampiros, les tenía un rencor profundo y su reacción al estar cerca de ellos era de volverse una letal máquina asesina, lo cual quedaba evidenciado en ese precioso momento. Negando con la cabeza Victorie se dejó caer, rodó sobre si misma y de un movimiento de muñeca desplegó el látigo que golpeó con ferocidad a algunos de los hijos de la noche, que retrocedieron cuando el electrum los quemó. La rubia se posicionó al lado de su parabatai, lista para cubrirle las espaldas.

La próxima vez, espérame, idiota— pero pese a la brusquedad de sus palabras, en su tono de voz no había otra cosa que no fuera alivio, estaba aliviada de que bien, y como muchas veces antes de esa, se preguntó que haría sin él, como podría vivir sin tenerlo a su lado. Gracias al Ángel, no era algo que tenía que descubrir todavía.




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Hey, Brother, do you still believe in one another?
Martes → 22:10 → Edificio Abandonado → Frío

Escasas eran las misiones en las que el dúo permanecía separado, al igual que la mayoría de nefilims que compartían tan enorme lazo como el suyo, pero cuándo se trataba de asuntos en la Corte Seelie, la presencia de la joven de rubios cabellos nacida en tierras francesas, era tan de ayuda como necesaria.
Tenía algo que pocos conocían, dos o tres contados a lo largo y ancho del mundo era en los que había confiado lo suficiente como para hacerlos conocedores de ello, y era aquél mismo algo lo que la llevaba a conseguir cierta ventaja en el trato con las hadas y su difuso sentido de la verdad.
Por aquél mismo motivo, aquella noche de martes de bajas temperaturas y cielo cerrado, aquél quién por sus venas corre sangre de los antaños guerreros nórdicos llamados vikingos, se aventuró en solitario.

Un aviso fue suficiente. Antes de que en el instituto pudieran movilizarse para paliar la situación, de organizar a los cazadores que llevarían a cabo aquella misión, respondió a la alerta que también llegó a su móvil. Él se encargaba.
Me dirigiré hacia al foco —informó a quiénes operaban en pro de aquella misión—. Tomaré posición de avanzadilla a la espera de refuerzos —añadió en tono calmado, sereno, convincente. Aunque ni él mismo se creía aquellas palabras.

Nada estaba planeado, no había un seguimiento previo o una sospecha centralizada más allá de las habituales. Simplemente, surgió. Era así con los seres de la noche, o al menos, con él siempre había sido así. Era algo personal hacia ellos, desde hacía ya, más tiempo del que pensaba.
Durante años, habían sido su mayor temor hasta el punto de despertarlo en medio de la noche, sudoroso y agitado, angustiado hasta el punto de hiperventilarse rozando la pérdida de consciencia, o incluso llegar a creer que aquella pesadilla era tan real, de agarrar un arma dispuesto a zanjar asuntos del pasado.
El miedo, lo controlaba en aquellas situaciones, pero también el odio. El recuerdo. La viva imagen de aquella noche, siendo un crío, en la que frente a su atemorizada mirada, uno de aquellos seres descarriados, sin normas o código alguno, puso fin a las vidas de personas realmente importantes para él. Y durante todos aquellos años, aquél miedo, no había hecho más que alimentar su rencor, su odio, aquella sed de sangre insaciable que se apoderaba de él y su estilo de combate, volviéndolo despiadado, letal hasta el extremo.
Cuándo aquél instinto se apoderaba de él, era incluso aún peor que aquellos a quienes daba muerte en la no-vida.

Varios minutos más tarde, llegó a los alrededores del lugar de dónde procedía la señal de alarma. Una zona poco transitada, ligeramente abandonada de la mano de la humanidad incluso, se podría decir. Un barrio casi marginal. De aquellos perfectos para esconderse, con decenas, por no decir centenares, de lugares a medio derruir o sin habitar; de aquellos dónde, una vida más, o una menos, era el pan de cada día.
Cauto y precavido, sigiloso, buscó ocultarse, mimetizarse con el escenario de la ocasión. Apoyando la espalda contra una fría pared, neutralizando así uno de los posibles flancos, cerca de la encrucijada dónde habían informado del avistamiento de los adictos a la sangre, buscó su teléfono en el bolsillo diestro del pantalón, enviando su localización a la base de operaciones, indicando con ella no solo lo obvio, sino también, que ya se encontraba en posición.
Únicamente debía esperar la llegada de refuerzos, de aquellos de oficio y juramento al Ángel como él, quiénes serían sus compañeros en la misión. Y hubiera esperado, antes de lanzarse a la aventura en solitario, arriesgándose, de no haber sido sorprendido por uno de aquellos seres a los que tanto detestaba.

Salido de la nada, sigiloso y ágil cuál bailarina sobre un escenario, de rápidos e inhumanos movimientos, aquél frío ser se abalanzó sobre él procedente de una ventana en el piso superior. Deslizándose por la fachada del edificio como quién anda sobre el suelo, pero con una velocidad endiablada. Dejándole, únicamente, una fracción de segundo para apartarse y prevenir el que podría haber sido un primer golpe certero.
Se hizo a un lado, impulsándose contra la propia fachada, minorizando los daños recibidos en poco más que un tajo que rajó la tela que cubría su hombro zurdo, llegando incluso a hacer lo propio en su piel, aunque de manera superficial.
Rápidamente, contraatacó. Como si de un espadachín se tratara, acostumbrado a batirse en duelo y entrenado durante años para ello, empuñó el cuchillo serafín. Arrastró el pie derecho hacia atrás sobre el terreno, acompañado por el sonido de la suela de sus botas contra las piedrecillas sobre el asfalto que su propio contrincante había desprendido, y asestó una primera estocada directa a la cabeza, buscando claramente, separarla del resto del cuerpo. No obstante, no acertó. Aquél ser lo esquivó, quedándose en un limpio, aunque no muy profundo, corte en el pómulo. Y de nuevo, tomó impulso, aunque ésta vez con el pie izquierdo, asestando un severo puñetazo en el costado opuesto del rostro de su oponente.

Varios fueron los golpes que intercambiaron en apenas un minuto que duró el enfrentamiento, antes de que el vampiro encontrara una brecha entre golpe y golpe por la que huir. De no haber salido corriendo, probablemente, hubiera acabado con él allí, pero por lo visto, quería posponer el enfrentamiento, volviendo un poco más ameno el juego, dirigiéndolo hacia un edificio abandonado que, seguramente y a juzgar por lo que presenció cuándo accedió el lugar tras el rastro de su presa, se trataba de un nido.
El ambiente estaba cargado, el aire viciado y un olor a mezcla entre polvo y putrefacción recorría la estancia. Parecía que aquello no se había ventilado durante años, que allí la luz del sol, no había entrado jamás. La luz era escasa, alguna que otra lámpara recargada de adornos, cubierta de telarañas y con más bombillas rotas que funcionando. Los ventanales, cerrados a cal y canto, tapados por unas cortinas de aspecto espeso que parecían tragarse todo lo que a ellas se acercaba. Por si aquello fuera poco, la cantidad ingente de mesas y sillas, amontonadas contra las paredes junto a sofás y muebles varios, ayudaba a aquél desorden generalizado, pese a lo despejada de la estancia.

Poco más pudo ver, cuándo, uno a uno, fueron apareciendo por doquier, aquellos seres de la noche. Parecían salir de detrás de aquél desorden, como si criaran allí o hubieran puertas a realidades paralelas, a un submundo dónde la mugre como ellos residía. Y comenzaron a rodearlo, lentamente, salvaguardando distancias. Y de pronto, apareció. Con una sonrisa malévola en los labios, aquél ser de la noche, todavía sangrante por el corte en el pómulo, se dignó en aparecer.
El varón, clavó su gélida y celeste mirada en él. Firme, seguro, implacable. Parecía hecho de metal. No le temblaba el pulso, tampoco flaqueaba al blandir el arma. La respiración era lenta, pausada, como si nada lo perturbara. Y con una lentitud pasmosa, casi despreocupada, rozando lo temeraria, ladeó el cuello a banda y banda, acompañando el gesto con un crujido a cada costado. Apretando la mandíbula conforme destensaba el resto del cuerpo y se preparaba para la acción, como si una ferviente ira se apoderara de él. Y es que así era, y así se lanzó al ataque, haciendo gala del sobrenombre por el que era conocido, el Berserker de Normandía.

El primero, no tardó en desaparecer. Una estocada que parecía cortar el aire, lo atravesó justo en el pecho, esfumándose en una nube de polvo y briznas de ceniza. Y en consecuencia, con un giro sobre sí mismo, interpuso su cuchilla en la trayectoria del salto del segundo, dándole el mismo final. Y así, uno tras uno, fueron cayendo. Desapareciendo. Tornándose lo que siempre debieron ser: cenizas.
Aún así, no dejaban de aparecer. Tan pronto uno caía, como si de una hidra se tratara, aparecían el triple. Por suerte, la percibió cerca. Sintió aquella conexión procedente de la runa, sintiéndose completo y aún más poderoso. Sintió la presencia de su parabatai, y no tardó en verla. Como si de un destello se tratara, la muchacha de cabellos rubios entró en acción, dejando a su pasar el mismo rastro de humo negro que parecía invadir la estancia. Posicionándose junto a él, recriminándole el no haberla esperado.

Sabía que llegarías —contestó—, siempre lo haces —culminó, esbozando una sonrisa en aquél rostro tan sumamente serio hasta apenas unos segundos antes. Ladeando la cabeza, dedicándole una mirada cómplice, antes de volver al ataque.
No había duda de que, el lazo que los unía, era sumamente poderoso. De una forma que no sabría explicar con palabras, la había sentido rastrearlo, e incluso antes de que llegara, sabía que lo haría. Por cosas como aquella, era probablemente, a la única persona, a la que confiaría su vida, y su destino. Porque sin ella, no habría ni la una, ni la otra, y una parte de él se perdería para siempre.


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Hey, Brother, do you still believe in one another?
Martes → 22:10 → Edificio Abandonado  → Frío
¡Agh! Un día dejaré tu trasero a su suerte, a ver si así aprendes a esperar— le contestó con una sonrisa divertida mientras el látigo hacía un elegante arco, acercando a un vampiro para que Aksel pudiera terminar con él. Trabajaban tan coordinados, como si ambos fueran una extensión del otro, sus mentes haciendo lo que el otro requería sin tener que expresarlo en voz alta; la maravilla de tener alguien que conocía tus movimientos como si fueran propios. El látigo se desenrolló otra vez, esta vez rodeando el cuello de uno de los hijos de la noche para dejarlo sin respiración. Victorie sabía que un tirón correcto al látigo y le quitaría la cabeza, sin embargo jaló para atraer al vampiro de forma que fuera Aksel quien apagara la luz de su existencia. Mejor así, prefería cuidar sus espaldas, quedarse en la contingencia, esperar a que él acabara con ellos; después de todo, la francesa sabía que Aksel necesitaba sacar aquel enojo, o sería peor.

Sin embargo, aquellas criaturas, no dejaban de salir. Eran demasiado rápidos, demasiado veloces; apenas esquivaban a uno, tenían a cuatro encima. Victorie se agachó a tiempo por lo menos unas cinco veces, en las que un segundo más tarde y los colmillos de los hijos de la noche, habrían tomado posesión de su cuello. Ya había sentido aquello una vez como para querer repetirlo, gracias. Era una experiencia totalmente repugnante —A tu derecha— le advirtió al nefilim, mientras un chakram salía disparado en la misma dirección en la que había estado antes Aksel, quien se había movido justo a tiempo para que aquel disco afilado, especialidad de la francesa; rebanara con singular facilidad el cuerpo pálido de uno de los hijos de la noche. Con singular agilidad se apoyó de las escaleras para saltar y recuperar el arma, separando aquel disco para formar dos letales cuchillas. El látigo había pasado a segundo plano, pues ella estaba demasiado metida en la pelea para pensar en ser prudente. Era su defecto; era adicta a la adrenalina.

Su error.

Se detuvo un instante, sonriente y se volteó hacia Aksel para hacer algún comentario ingenioso, cuando sintió un golpe en la nuca que le sacó el aliento. La rubia se desplomó, con un dolor de cabeza (que de no ser nefilim y por ende, estar acostumbrada al dolor) le habría sacado un alarido. Rodó, con uno de los vampiros, luchando por ganar posición, sintiendo como sus colmillos se clavaban en su antebrazo, mientras ella le encajaba una de las tantas dagas que tenía ocultas por todo su uniforme. Al final se logró quitar al vampiro de encima, pero pronto se dio cuenta de que se encontraba demasiado rodeada. Mierda. Aksel tenía su propia batalla con al menos cuatro vampiros (que ella ya sabía de primera mano la patada en los huevos que era eso) y temía que su caída lo hiciera perder la concentración, de forma que él resultara herido también.

Sin embargo, antes de que pudiera acabar con aquel círculo que la rodeaba, una risita infantil cortó el aire. No era una risa maliciosa no, era una risa de alguien que estaba verdaderamente encantada. Victorie masculló entre dientes, poniéndose de pie con un barrido (para librarse de aquel círculo) y ver de donde provenía aquella risa extasiada. Hasta arriba de las escaleras, mirando a ambos cazadores de sombras con deleite, había un vampiro que a pintas y señas, era el jefe de aquel grupo. Y en sus manos, tenía a una pequeña niña. Victorie apretó los labios, pues la amenaza no tenía que ser dicha en voz alta, para que ella la entendiese. La niña posiblemente había sido la razón por la que ambos cazadores de sombras se encontraban ahí en primer lugar; por la forma en que jugaba con una cuerda que serpenteaba entre sus dedos y aquel cabello lila, seguramente era una bruja.

Bonita— dijo aquel ser con tranquilidad mientras Victorie desplegaba el látigo, esperando un sólo movimiento en falso —¿Puedes contener a tu perro de ataque? Quiero tener un clan que gobernar— y al decir aquello, acarició el cuello de aquella pequeña criatura, que dejó de reír, posiblemente presintiendo que algo iba mal. Odiaba a los cabrones en general, que amenazaban con matar a alguien inocente con tal de asegurarse que la resistencia de sus enemigos, fuera mermada —Aksel— masculló mientras se posicionaba al lado de él. Sabía que no tendría que decirle que se detuviera; después de todo, no arriesgarían la vida de alguien inocente. El vampiro sonrió con tranquilidad, mirando a ambos cazadores de sombras, posiblemente pensando, que es lo que debería hacer con ellos. Victorie rodó los ojos.

Odiaba cuando las cosas se complicaban, hacía su trabajo mucho más complejo.




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