03/12 - Estimados habitantes del submundo. ¡Los nefilims vuelven a estar disponibles!


07/08 - Estimados habitantes del submundo. ¡Aquí tenéis las noticias con las actualizaciones/nuevas propuetas/ideas del foro! ¡Pasaos cuanto antes a echar un ojo!


10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


36 # 36
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NEFILIMS
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Blanco y Negro [Priv]

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Blanco y Negro [Priv]

Mensaje— por Aiden E. Blake el Mar Ago 29, 2017 8:09 pm

Blanco y Negro
→ Nueva York → Instituto → Sala de Entrenamiento  
→ Narración || Dialogo de Aiden || Traducción del francés

Era media tarde cuando, caminando, como era usual, con las manos en los bolsillos, se dirigía por los pasillos del Instituto hacia el salón de entrenamientos, donde el día anterior Amelia le había indicado que sería el punto de encuentro para el dia de hoy. Aiden supuso que se trataría de otra sesión de prácticas, pero esta vez en su respectivo salón. Hacía ya un par de semanas que Aiden había comenzado los entrenamientos con su nueva tutora y recientemente ella le había comentado su ilusión por presentarle a alguien, pero Aiden ya lo había olvidado por completo.

Fuera del Instituto, podía ver por las ventanas que el sol brillaba en un tono anaranjado, previo a la puesta de sol. Le resultaba agradable sentir los pequeños rayos en su rostro, a pesar de que por ello apenas podía ver el camino delante. Como de igual forma había un silencio absoluto e inusual, supuso que nada se iba a interponer en su camino como para preocuparse, pues el Instituto parecía muy calmo aquella tarde.

Pensó mal. Cuando estaba por entrar a la sala de entrenamientos, tropezó con algo que parecía estar tirado en el suelo. Alcanzo a sacar las manos de los bolsillos a tiempo para no estamparse de cara con el suelo, pero igualmente quedo tendido. Se apartó del suelo impulsándose con los brazos y se giro enseguida para ver que había ocurrido. Entrecerró los ojos, intentando ver a través de los rayos de sol que le encandilaban la cara y distinguió una figura de una chica en el suelo. -¿Pero qué demonios hacías en el suelo?- Espetó con fastidio mientras se giraba para quedar sentado en el suelo.  Y entonces la reconoció. - Tu…-

— 7 hs antes —


Estiró su mano con sumo cuidado, en un movimiento extremadamente lento comparable al de un caracol y acercó sus dedos hasta que en su piel sintió el tacto suave y frió de la figura esférica color marfil. Tomó el peón y lo alzó separando su base del tablero, para hacerlo avanzar un casillero hacia adelante. Subió su mirada hacia su contrincante, mientras volvía a atraer su brazo hacia él, guardándolo debajo de la mesa. El chico que jugaba contra él parecía sorprendido de que Aiden hubiera hecho una jugada tan simple, sobretodo luego del tiempo que se había tomado para pensarlo, pero si no se equivocaba, aquella jugada podría darle una buena oportunidad luego. Con la paciencia y calma que caracterizaba a la gran mayoría de las personas que jugaban ajedrez, Aiden regresó la vista al campo de juego a cuadros blancos y negros, mientras subía los codos hasta apoyarlos en el borde de la mesa y juntaba ambas manos por debajo de la altura de su nariz. Esperó, sumido en un completo silencio.  A su alrededor, no se oía más que el viento moviendo las ramas de un árbol fuera de la ventana. Casi no había más personas en aquella sala, pero su presencia allí podía pasarse completamente por alto al no emitir sonido alguno. Y aquello era algo que Aiden no podía evitar disfrutar: El silencio, tranquilo e inexplicablemente agradable.

Una vez que su contrincante realizó su jugada, Aiden escondió una diminuta sonrisa ladina de satisfacción  detrás de sus manos. Lo tenía justo donde lo quería. Con algo de suerte y de estrategia podría adueñarse de la victoria de esta partida, tenía un buen presentimiento al respecto. Era el turno de Aiden cuando una vocecilla comenzó a escucharse por el pasillo, aumentando el volumen a medida que se acercaba. -  ¿Quieres saber lo que de verdad es una locura?... ¡No! ¡Hablando enserio! ¡Las tarifas de taxi! ... ¡Te lo juro, como diez dolares! ¡Desde el apartamento al Instituto! ¡Claro que es un robo!  ¿Tienes idea cuántos pastelitos podría comprar con eso?-  Una chica de un curioso cabello entre castaño rojizo entró a la sala hablando por teléfono. Aiden lamentó que el silencio se interrumpiera de tal manera, pero supuso que la chica no estaría hablando por teléfono por mucho más ni que tampoco era consciente de que no había elegido un buen lugar para ello. O de que estaba hablando tan alto.

Aiden intentó concentrarse en su jugada, a pesar del parloteo incesable de fondo que cada tanto parecía aumentar de tono con la emoción de la chica. Respiró hondo y movió su pieza. El juego continuó por unos minutos más, al igual que la charla por teléfono de la chica. A Aiden le costaba mantener la concentración, pues la joven no paraba de hablar. Aiden había logrado avanzar un poco más en sus jugadas, pero se le hacía difícil pensar con claridad, incluso tenía que tomarse más tiempo para pensar sus próximos movimientos. -Disculpa ¿Te molestaría hablar en otro lugar?- Aiden no lo aguantó más, lo soltó sin pensarlo  mientras observaba a la chica con una seriedad sepulcral. La chica apartó el teléfono de su oído un momento para asentir con la cabeza  -Un momentito, ya termino-  Volvió a tomar el teléfono y esta vez continuó hablando más bajo, aunque aún parecía ajena a lo que la rodeaba. Aiden suspiró e intentó volver a poner su mente en el juego, pero de nuevo, la chica comenzó a elevar la voz una vez más. -Eh, de verdad ¿Te importaría ir a otro lugar?-  Insistió el joven, exasperado y regresó la mirada a sus fichas. Estaba tan solo a un par de movimientos de hacer un jaque mate, necesitaba estar concentrado o cualquier error le estropearía aquella oportunidad. La chica suspiró al escuchar las palabras de Aiden -Está bien, ya me voy. ¡Eh, no, espera! ¡No era a ti! Es que un amargado me está diciendo que me vaya a otro lado ¿Puedes creerlo..?-  La chica comenzó a caminar, mientras hablaba en un idioma que Aiden no comprendía,  sin prestar la suficiente atención como para no tropezar con una madera suelta en el suelo. Acabó por caerse y empujar la mesa donde Aiden y el otro chico tenían montada su partida de ajedrez. La mesa se volteo y las piezas volaron por todo el suelo. El jaque mate de Aiden acababa de ser enviado por los aires directo  al olvido.  La chica, con los ojos abiertos como platos, como si no supiera qué la había golpeado, se levantó con rapidez y salió corriendo de la escena… no sin antes pisar, apoyarse e impulsarse en un pie de Aiden.



-Tu eres la parlanchina de pies torpes de esta mañana- Agregó mientras se levantaba del suelo, limpiándose el polvo de sus pantalones y luego echaba una mirada rápida hacia el interior del salón. Estaba vació, Amelia aún no había llegado.


Última edición por Aiden E. Blake el Lun Dic 11, 2017 7:25 pm, editado 3 veces


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Re: Blanco y Negro [Priv]

Mensaje— por Julyette Lutegui el Miér Ago 30, 2017 10:32 pm

Blanco y Negro
→ Nueva York → Instituto → Sala de Entrenamiento  

Hasta ahora los únicos institutos en los que había estado físicamente eran el de París y Nueva York, y aunque ambos tenían distribuciones distintas a la joven cazadora de sombras de vez en cuando le daba la impresión de que seguía en la ciudad de la luz ¡Claro, si no fuese porque había muchísimos rostros desconocidos! Pero la amplia catedral era bastante similar a la de su instituto de origen, con aquel aire gótico y soberbio, las altas paredes de piedra que impedían que el ruido de la cosmopolis se filtrarse dentro y aquella sensación indescriptible de encontrarse en un territorio sagrado, lleno de aquella sensación conciliadora de las runas del libro gris talladas por todas partes.

Como era de esperarse de su parte, Julyette abandonó temprano en la mañana el apartamento de Amelia y se dirigió a todas prisas al instituto de los Lightwood. ¡Estaba ansiosa por curiosear el lugar y visitar el invernadero! Como una estrella fugaz, recorrió todos los pasillos imaginables, procurando que nadie le fuese a solta una reprimenda por correr por los pasillos como una bola demoledora ¿Pero que podía hacerse? tenia un espíritu demasiado inquieto como para sentarse a esperar aquella reunión que Silverbow había programado. No tenía ni la mas minima idea de que podía ir todo aquello, pero sin duda estaba emocionada.

Luego de su maratón olímpica de media mañana, se adentró en uno de los salones de entrenamiento donde se suponía se llevaría a cabo el encuentro. Seguramente el resto tardaria en llegar, pero ella ya había curioseado lo suficiente y prefería sentarse por alli en lo que el resto aparecía. Deslizó la espalda por la pared que se encontraba al lado de la puerta colocando los pies en la posición del loto, observando como los rayos perezosos del sol se filtraban por un ventanal y le daban una sensación de serenidad al ambiente. Sus párpados comenzaron a hacerse pesados y el silencio le envolvió completamente, haciéndole caer en un apacible sueño sin que se diera cuenta.

Crasso error

Se levantó de un salto, con el corazón acelerado al sentir que algo le golpeaba una pierna y el ruido de una cosa impactando el suelo. La sorpresa no le dejó gritar y cuando sus ojos se enfocaron distinguió que no había sido algo, sino alguien que se había dado de bruces contra el suelo muy cerca de ella. La pregunta del muchacho le tomó de sorpresa y parpadeo varias veces, como para lograr poner los pies sobre la tierra –¿De que estas hablando? Tu fijate por donde...– La frase se quedó a medias y al instante reconoció su rostro mientras se incorporaba –¡Tuuu!–

— 5 horas antes—


Como sus habilidades culinarias eran bastante dudosas y no le apetecía atracar la despensa de su amiga, Julyette recorrió las calles de NY en busca de algo para merendar. Por supuesto no iba a correr el riesgo de marchar al instituto con las manos vacías, la comida era algo sagrado para ella y estaba en el tope de su lista de prioridades. Gracias al bendito google maps y su habilidosa capacidad de orientación, encontró una panadería a unas cuantas calles del instituto y paró sin pensárselo demasiado. El local tenía una buena presentación y en las vitrinas se exhibían una variada cantidad de postres que le aguaron la boca, pero lo que atrajo su atención fue una caja de pastelitos recién horneados, con variados tipos de glaseados y una masa esponjosa que sin duda se veía apetitosa.

Pagó por media docena de ellos, una cantidad que cualquiera podía considerar un tanto exagerada para alguien de su complexión. Pero cualquiera que le conociera lo suficiente sabía que la joven nefilim nunca tenía reparo sobre las cantidades, era un pequeño barril sin fondo hiperactivo que necesitaba grandes raciones alimenticias para mantenerse en movimiento. Con una sonrisa de oreja a oreja llegó al instituto con su preciado botín entre las manos y lo guardo celosamente en uno de los enormes refrigeradores de la cocina del instituto, junto a un grupo de Tupperwares con el nombre de sus respectivos dueños.

Tan feliz como una lombriz, comenzó a pasearse por el instituto y sus alrededores. El jardín sin duda alguna era un lugar inmaculado y pudo apreciar que en el invernadero había una gran variedad de plantas que ella no conocía, luego seguramente se pondría a interrogar a alguien sobre el cuidado de las flores y si tenían algún sistema de riego. Cuando sintió que había recorrido todo el invernadero, bajo hasta la cocina para devorar uno de sus pastelillos, haciendose aun lado cuando vio a un muchacho salir del lugar comiendose un pastelito glaseado bastante parecido a uno de los suyos.

Literalmente galopó hasta el gran refrigerador y al abrirlo se dio cuenta, horrorizada de que no quedaba ninguno… Se los había comido todos


–¿YO?– Exclamó con  evidente indignación, aunque un violento rubor en las mejillas delató que era perfectamente consciente de a que se estaba refiriendo el chico. Okey, ese suceso no había sido muy glamuroso de su parte ¡Pero había sido un accidente completamente justificable! –¡No soy una parlanchina de pies torpes! Además, has sido tú quien casi me atropellas por andar en las nubes– se cruzó de brazos y ladeo el mentón, en un gesto altanero –¡Y mira quien habla! Se perfectamente que has sido tú quien se ha comido todos mis pastelitos ¿Acaso vas por la vida robándote la comida de otros?– farfabulló con aquel acento francés tan marcado que hacia que sus palabras tropezaran.




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Re: Blanco y Negro [Priv]

Mensaje— por Aiden E. Blake el Jue Ago 31, 2017 12:30 am

Blanco y Negro
→ Nueva York → Instituto → Sala de Entrenamiento  
→ Narración || Dialogo de Aiden

Aiden elevó una ceja al oír las contestaciones del individuo que tenía en frente. Le parecía insólito que le estuviera echando la culpa a él por haberse tropezado ¿Qué ahora también tenía que ir mirando el suelo por si había alguien tirado por los pasillos del Instituto? Además ¡Tenía todo el derecho de andar en las nubes! Al menos mientras no tuviera trabajo importante que hacer.  Vió a la muchacha cruzarse de brazos y dirigirle una mirada inconfundiblemente altiva. Sabía perfectamente de eso, él mismo la usaba en ocasiones y por un pequeño instante se sintió en la piel de las otras personas. Pero es fue todo, un pequeño instante.

Cruzó los brazos imitando el gesto de la chica y soltó un largo suspiro antes de dejarse llevar por las palabras sueltas que se le venían a la mente, manteniendo una expresión seria, completamente  inexpresiva que graciosamente contrastaba con la actitud de la chica -Oye, oye, que tú no tenías que andar durmiendo en el suelo en primer lugar, para eso están las habitaciones o mínimo un sillón de la biblioteca- Comenzó hablando con desgana y pausadamente, como si sintiera que discutir con ella fuera una completa pérdida de tiempo. Hubiera preferido que todo se terminase allí, pues por más paciente que fuera, aún así algunas veces tenía un límite. Y eran precisamente aquellas actitudes de altanería que le hacían mandar la paciencia al diablo más rápido de lo que tardaría en cualquier otro caso. Dejó a la chica continuar con sus quejas y se tomó un par de segundos de silencio, mientras terminaba de comprender lo que estaba escuchando. La muchacha tenía un acento muy marcado y combinado con su manera atropellada de soltar palabras, se le hacía algo complicado, pues nunca se había llevado del todo bien con el francés, a pesar de saber reconocerlo.

Estuvo a punto de preguntar de qué demonios estaba hablando. Aiden había dado por sentado que los pastelitos estaban allí para el que los quisiera, pues eran los únicos que no tenían ningún distintivo que indicaran lo contrario. Después de todo, algunas pocas milagrosas veces, algún ser bondadoso cocinaba en mayores cantidades para dejarlos a compartir con sus compañeros - ¿Los pastelitos eran tuyos? ¿Cómo iba a saberlo yo si ni siquiera tenían etiqueta? Además, no me los comí todos, solo comí dos y no había más que esos cuando llegué. Así que en todo caso la culpa es tuya, no mía- Esta vez, sus palabras salieron un poco más de prisa, casi sin pasar por el filtro de su mente, como si con tener una repuesta más rápida de alguna manera tuviera ganada la discusión, o lo que sea que fuera lo que estuviera pasando - Y agradecería que hablaras más claro, que no se te entiende bien- Bueno, puede que con eso se hubiera pasado. Puede que haya sido un comentario completamente innecesario, pero  tantas acusaciones estaban comenzando a exasperarle.


Última edición por Aiden Blake el Jue Ago 31, 2017 11:21 pm, editado 1 vez


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Re: Blanco y Negro [Priv]

Mensaje— por Julyette Lutegui el Jue Ago 31, 2017 2:17 pm

Blanco y Negro
→ Nueva York → Instituto → Sala de Entrenamiento  

Ay, ay, ay… La cosa se iba a poner muy fea, y Julyette lo supo en cuanto el muchacho comenzó a contestarle.

En teoría, ella no se había sentado allí con la intención de echarse una siesta tan tranquila como perro por su casa. Ella era todo lo ruidosa e inquieta que una muchacha de dieciocho años entregada a la causa del ángel tenía permitido ser, pero eso de dormirse en el suelo de cualquier manera no era su estilo ¡Ni siquiera había advertido el momento en que sus ojos se cerraron! Había tanto silencio, tanta serenidad… el momento había llegado sin que ella se lo imaginara. Pero lógicamente el castaño no estaba enterado de ese detalle, y ella, que estaba demasiado indignada como para argumentar nada con un mínimo de lógica, ni siquiera se le ocurrió esclarecer ese hecho; a sus ojos, el único responsable de comerse el piso era el por estar mirando pajaritos en el aire o váyase a saber que cosa.

Escuchó los argumentos del muchacho con una mirada incrédula, golpeteando nerviosamente el suelo con su pie izquierdo. Bufó ante las sugerencias del chico sobre lugares donde podía echarse una siesta y dejó escapar una risa sarcástica –En primer lugar, las bibliotecas no están hechas para ir a hacer el ganso y en segundo, yo no vivo en el instituto así que no me voy a meter a una habitación cualquiera a dormir sin saber si ya tiene un inquilino. Además yo...– se interrumpió bruscamente. Por alguna razón, admitir que se había quedado frita sin darse cuenta debido a que aún no se había adaptado a la diferencia horaria entre París y Nueva York le resultaba imposible. Seguramente el muchacho de ojos claros encontraría la manera de burlarse de aquello –¡Donde yo duerma o no, no es de tu incumbencia! es un país libre ¿Sabes?– Tenía que admitir que verle tan tranquilo le exasperaba muchísimo, era como si al otro cazador no le perturbara nada en absoluto de lo que ella estaba diciendo y por un segundo le recordó a uno de esos cuadros renacentistas de Botticelli, con sus  ángeles de rostros perfectos pero sin expresiones que manifiesten sus estados de ánimo. Así estaba el, plantando observándola como si fuese un bicho extraño con un tercer ojo en la frente y con un tono que la cazadora de sombras relacionó inmediatamente con condescendencia. Apretó los puños y se cuadró de hombros ¡Le importaba muy poco lo que ese sujeto se creyera! ¿Acaso todos los americanos se pensaban con el derecho de hablarle así a la gente? El ni siquiera parecía dispuesto a disculparse por devorar sus pastelillos, vale, que no se los había comido todos ¡Pero se había comido los últimos! –Ohhh disculpe usted por no saber las rigurosas costumbres que tienen  aquí sobre la cocina. Yo si veo algo en el refrigerador, antes pregunto ¿Porque se supone que es mi culpa que tu te comieras mis pastelitos?– Exclamó, todavía más exasperada que antes –A la próxima, ire por el instituto marcando mi territorio como los animales salvajes, gracias por el dato– continuó sin inmutarse, dándose la vuelta y pegando la espalda a la pared para no tener que seguir mirándolo. Seguramente lo mejor que podía hacer era tranquilizarse ante el tono tan acalorado que la situación estaba adquiriendo, pero por muy enojado que se encontrara el chico ella no pretendía quedarse callada ante sus acusaciones...

Inmediatamente giró la cabeza hacia el muchacho al escuchar su último comentario sobre la forma en la que hablaba, debido al marcado francés y su escasa práctica con el ingles –¿¡Que me has dicho!?– Gritó, plantandosele de frente de un solo paso  –Vous Êtes un vrai connard, Va te faire mettre!*– Ni siquiera se dio cuenta del momento en que comenzó a hablar en francés y antes de pensarselo dos veces, la chica levantó la pierna y le pegó un perfectisimo pisotón en todo su pie de niño bonito.

 ¡Nadie insultaba a Julyette Lutegui y se quedaba tan tranquilo, por supuesto que no!

¡Eres un verdadero idiota, que te den!*




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Re: Blanco y Negro [Priv]

Mensaje— por Aiden E. Blake el Vie Sep 01, 2017 12:18 am

Blanco y Negro
→ Nueva York → Instituto → Sala de Entrenamiento  → Por la tarde  
→ Narración || Dialogo de Aiden

Se esforzó por recomponerse y mantener una actitud indiferente. No era algo que le costara, era perfectamente capaz de hacerlo con completa naturalidad, pero se esforzaba en remarcarlo, siendo plenamente consciente de que a la chica parecía molestarle eso en particular, entre otras cosas. Aiden tenía la sensación de que ella tenía una tendencia especial a tener la última palabra y lo podía confirmar viendo que no dejaba pasar ni una. Normalmente, las respuestas verbales de Aiden solían ser nulas, literalmente. Pero esta vez, sentía un impulso incontrolable de no quedarse callado. Sentía tal indignación que incluso tuvo que esforzarse por morderse la lengua, intentando reprimir las palabras que amenazaban por escaparse. Aiden se negaba a seguirle respondiendo. No quería darle más importancia de la que sentía que merecía. Por lo que respiró hondo, girando los ojos y negando levemente con la cabeza, en un intento desesperado por mantener la calma a a vez que mostraba su claro cansancio de todo esa discusión absurda.  Y lo logró, a pesar del claro sarcasmo en la voz de la chica y a pesar de que sí tenía una respuesta para darle ¿Y ahora se suponía que era su culpa que ella no hubiera marcado que esos pastelitos eran de ella? La primera ley de supervivencia implicita en el Instituto de Nueva York respecto a la cocina dejaba muy en claro que si no querías que nadie siquiera diera una probada a tu comida, debías  o esconderla muy bien en algún lugar o bien ponerle una etiqueta. Y en algunos casos extremos talvez cerrar el recipiente con cinta adhesiva y/o un candado ¡Todo el mundo  lo sabía! De lo contrario, no tendrías derecho a quejarte. Soltó un largo suspiro y decidió poner su atención en algo más, como por ejemplo la ventana, que de pronto le resultaba más interesante, al tiempo que la chica se volteaba luego de haber terminado de soltar todo lo que tenía para decir. Por un pequeño instante, agradeció que por fin se hiciera el silencio... Pero no duró demasiado. Y lo que fue peor, regresó con la gota que colmó su paciencia, acompañado por lo que supuso fue algun tipo de insulto en francés que no entendió en lo absoluto.

Aiden soltó un pequeño quejido. Los zapatos de la muchacha debían ser de ladrillo. Incluso ¡Incluso! No tuvo la decencia de pisarlo en el otro pie, sino exactamente el mismo que ya había pisado unas horas atrás -¿Pero qué haces? ¿Cuantos años tienes, cinco?- Espetó y luego hizo lo único de lo que se arrepentía profundamente: Convertirse él también en un niño de cinco años. Levantó el pie que no había quedado bajo el zapato de la muchacha y le devolvió el pisotón, sobre el pie correspondiente, incluso moviendo su zapato de lado a lado para remarcarlo. Y como si no hubiera sido suficiente, como acto seguido y con todo el descaro del mundo, levantó la mirada para encarar de regreso a la muchacha -Y sí, me he comido tus pastelitos, porque no tenían etiqueta y además porque es un país libre ¿Sabes?- Imitó el tono con el que ella misma lo había dicho anteriormente, lleno de un sarcasmo que sacaría de quicio a cualquiera -¡Y estaban buenísimos!-



Última edición por Aiden Blake el Vie Sep 01, 2017 4:47 pm, editado 1 vez


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Re: Blanco y Negro [Priv]

Mensaje— por Julyette Lutegui el Vie Sep 01, 2017 1:23 am

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→ Nueva York → Instituto → Sala de Entrenamiento  

Bueno, tenía que admitir que se había pasado bastante al reaccionar de aquella manera por muy molesta que se encontrara, ni siquiera se había pensado dos veces las cosas, había reaccionado tan precipitadamente que para cuando se dio cuenta su pie ya estaba pisando el del muchacho. Julyette era la clase de persona que disparaba primero y luego hacia las preguntas, muchas veces su personalidad tan temeraria e impulsiva le hacían reaccionar sin meditar correctamente la situación y aquella vez no había sido la excepción. Además el otro cazador de sombras no se lo estaba poniendo muy fácil que digamos. En menos de media hora ya había logrado sacarla de sus casillas y perder completamente los estribos, sin embargo una vocecita en su cabeza le hizo notar que se había pasado dos pueblos soltándole aquella perla, llevando las agresiones verbales a algo mucho más serio.

Sin embargo el otro nefilim no le dio tiempo a que el sentimiento de la culpa la abrumara lo suficiente como para calarle el orgullo y hacer que se arrepintiera de pegarle semejante pisotón: En un abrir y cerrar de ojos, el otro muchacho levantó el pie y le pagó con la misma moneda. Julyette dio un respingo y soltó un grito ahogado ¡Porque, por supuesto que le había dolido! si nada mas había que ver con la manía que el castaño le estaba aplastando el pie -diminuto en comparación con el suyo- como si estuviera dispuesto a arrancarselo. Gracias a sus buenos reflejos de cazadora pudo lograr zafarse de la vendetta realizada por el muchacho Antes de que le hiciera un esguince. July le empujó por los hombros con todas sus fuerzas, fulminandole con la mirada al escuchar aquella exclamación burlona que había soltado casi al instante –¡Puede que yo sea una niña, pero tu eres un idiota! ¡Cabeza de chorlito! ¡Connard!Exclamó furiosamente, sintiendo la indignación burbujeandole en las venas. Antes había tenido altercados con otros cazadores, algunos incluso que pretendían tomarle el pelo solo porque ella era delgaducha y mucho más baja que el promedio, la antítesis del estereotipado cuerpo fornido y musculoso que la mayoría de los hijos de Raziel poseían. Sin embargo ella seguía siendo una cazadora de sombras, y estaba bastante dispuesta a comprobarlo soltandole un gancho en toda la cara –¡Espero que estuvieran echados a perder y te de una indigestión biblica!– Acto seguido, la muchacha se dio la vuelta dramáticamente, moviendo la cabeza de forma exagerada provocando que su melena castaña le golpease al chico mientras se alejaba, tan airosa e indignada como solo ella podía estarlo luego de darle un pisotón a alguien y soltarle su arsenal de improperios en francés.

Caminó rápidamente por la habitación, sacando el móvil de sus vaqueros sin detenerse. Rápidamente sus dedos comenzaron a teclear sobre la pantalla del aparato electrónico como si se hubiese propuesto a romperlo <<¿Donde estas? ¡Me he topado con un loco en el salón de entrenamiento!>> Escribió a la velocidad de la luz, enviándole el mensaje a Amelia de inmediato para luego volver a guardar el móvil. Estaba tan furiosa que las manos le temblaban ligeramente, cuando se volvió para apoyarse en la pared contraria frunció el ceño al ver que el chico seguía en aquel lugar –¿Que? ¿No te piensas ir? Yo estaba aquí primero asi que lo mejor que puedes hacer por tu vida es largarte– comentó con una sonrisa hipócrita, gesticulando con las manos para enfatizar sus palabras.





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Re: Blanco y Negro [Priv]

Mensaje— por Aiden E. Blake el Vie Sep 01, 2017 2:38 am

Blanco y Negro
→ Nueva York → Instituto → Sala de Entrenamiento  → Por la tarde
→ Narración || Dialogo de Aiden

Y ahí estaba. Con diecinueve años y usando los pisotones como método de ajuste de cuentas. Lo gracioso era que, a pesar de su actitud imprudente, sumamente infantil y peor aún, resentida, ahora mismo ya no se arrepentía de nada. Sin embargo el empujón lo tomó un poco por sorpresa, sobre todo por la brusquedad de la acción en si. Aunque teniendo en cuenta que hacía un par de segundos le había dado un pisotón, podría decir que ya no le sorprendería nada. Retrocedió un par de pasos, casi trastabillando por el impulso, pero se incorporó  con rapidez. Estuvo a punto de quejarse, pero acabo por quedarse con las palabras en la boca. O más bien, con el pelo en la boca. La cabellera de la muchacha le azotó como un montón de pequeños látigos en la cara. Pestañeo varias veces, incrédulo y se pasó una mano por la mitad inferior del rostro, intentando quitarse la sensación de que le habían quedado pelos ajenos en la piel.

Aiden descruzó los brazos, guardando las manos en los bolsillos mientras caminaba hacia la pared opuesta del pasillo. Ya estaba harto de esa chica. No quería oír ni una sola cosa más que viniera de ella. Quería que Amelia llegara de una vez para que pudieran comenzar el entrenamiento y así no tener que seguir viéndole la cara a la castaña, o rubia ¿o peliroja? No tenía ni idea ¡Pero ni venia al caso! Recostó la espalda a modo de apoyar su peso contra la pared y se quedó mirando hacia el pasillo, con la esperanza de que pudiera ver aparecer a su tutora, mientras intentaba no desesperarse con el sonido molesto del tecleo en el celular de la muchacha.  

Y entonces escucho su voz de nuevo. Aiden giró apenas la cabeza para mirar de reojo a la chica, que lo observaba con esa sonrisita burlona. No pudo evitarlo y soltó una risa irónica ante el comentario de la muchacha. Si ella esperaba que él se fuera, estaba muy equivocada. Aiden no pensaba mover un solo pie de donde estaba, al menos hasta que llegara Amelia. -Me da igual que estuvieras durmiendo aquí desde antes. No voy a irme, estoy esperando a alguien- Y esa fue toda su respuesta, desganada, cortante y por supuesto, mandándole a callar implícitamente.



Última edición por Aiden Blake el Vie Sep 01, 2017 7:52 pm, editado 3 veces


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Re: Blanco y Negro [Priv]

Mensaje— por Yale D' Lioncourt el Vie Sep 01, 2017 6:22 am

Blanco y Negro
→ Nueva York → Instituto → Cocina/Biblioteca → Por la mañana.



 Hacía un par de días que Yale se sentía otra persona, o quizás era el intento por volver a ser él mismo desde que su vida había dado una sacudida con la desaparición de su parabatai. Estaba dispuesto a más misiones con los compañeros que se le impusieran sin presentar queja alguna. No estaba demasiado acostumbrado a los nuevos, pero ahora que no volvería a luchar con su compañero debía ingeniarselas. Andreas estaba bien y era todo lo importante, estaba con vida y aquello hacía que el menor de los D'Lioncourt se paseara por los pasillos del Instituto con una sonrisa reluciente y un andar tranquilo y relajado, al parecer el día estaba estupendo para estar al aire libre pero él aún no había salido afuera. La falta de práctica y de entrenamientos habían hecho que el castaño recibiera una buena tunda de un par de demonios hacía un par de días y la había sacado barata. Pero eso no quedaría así. Debía entrenarse y nada mejor para ello que la tutora Silverbow. Pero para ello debía encontrarla. Yale llegó a las cocinas donde luego de cinco minutos deliberación se preparó un sándwich de jamón.. pero al abrir el refrigerador se encontró con una pequeña bandeja con pastelitos deliciosos esperando por él. ¿Serían de alguien? Talvez los hubieran puesto allí para que se sirvieran de ellos. Seguramente era aquello, y seguramente a Amelia le gustaría aquel gesto. Tomó tres de ellos, los colocó en una bandeja aparte y los envolvió en papel para que no se estropearan. Jamás había sido demasiado bueno para envolver paquetes, mucho menos comida.

Masticando su sándwich Yale salió de la cocina a la carrera, pasó como un alma que lleva a Edom hacia la biblioteca, chocando con varios cazadores a su paso, disculpandose a voz en grito. Al llegar a la biblioteca paró en seco,jadeando por la carrera, tocandose el estómago por haber comido demasiado rápido. Allí estaba la muchacha pelirroja, le habían dicho que vivía en la Biblioteca y allí estaba.

- Señorita Silverbow? - preguntó acercandose con una sonrisa a la mesa, parandose a un costado de ella e intentando leer la portada del libro que ella estaba leyendo con el rostro inclinado hacia un costado. - Buenas tardes, mi nombre es Yale D' Lioncourt y quería hacerle una consulta sobre las tutorías? Cree que puedo unirme a sus clases? - preguntó, siempre respetuoso con la muchacha que si bien conocía no habían pasado del saludo formal cuando se cruzaban por los pasillos.  Yale estiró su mano para ofrecerle el paquete con pastelitos a la pelirroja. - Pensaba comerlos solo pero mucho mejor es compartirlos, no crees? - preguntó encogiéndose de hombros, mirando a la mujer y esperando ella estuviera de acuerdo en ofrecerle ayuda.
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