03/12 - Estimados habitantes del submundo. ¡Los nefilims vuelven a estar disponibles!


07/08 - Estimados habitantes del submundo. ¡Aquí tenéis las noticias con las actualizaciones/nuevas propuetas/ideas del foro! ¡Pasaos cuanto antes a echar un ojo!


10/06 - Estimados habitantes del submundo. Ahora tenéis una forma de llevar el recuento de las habilidades especiales de vuestras armas. ¡Sólo tenéis que pasaros por este tema para tener al día el tiempo que os queda hasta la próxima recarga! ¡Pasáos cuanto antes!


04/06 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza de los nefilim vuelve a estar abierta para todo el mundo <3 Y aunque aún no ha habido actualización de noticias... ¡no desesperéis! ¡Que antes de lo que podáis pensar estarán en vuestra bandeja de entrada ardiendo con el fuego celestial!


31/03 - Estimados habitantes del submundo. Como habréis comprobado, la raza nefilim tiene las letras en rojo en el censo del tablón. Eso indica que, hasta nuevo aviso, la raza está temporalmente cerrada por sobrepoblación. Sin embargo, antes de llevaros las manos a la cabeza definitivamente, esperad a tener un nuevo aviso por nuestra parte, pues estamos sopesando algunas cositas. ¡Un saludo! <3


07/03 - ¡¡Queridos habitantes del submundo!! ¡Aquí llegan las últimas noticias del foro! ¡Leedlas atentamente y no perdáis ni un solo detalle!


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Wish you weren't here |Victoire C. Wintercloud|

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WISH YOU WEREN'T HERE
→ Miércoles → 20:50 → Sótano del Scarlett's  → Cálido
Mientras estaba tirado en el sofá, me di cuenta de que había una mancha reseca en el techo del despacho de Jannik.

Lo había descubierto el otro día, mientras esperaba pacientemente a que terminase con uno de sus clientes. Aunque aquella noche no teníamos planes ni nada por el estilo, había ido a visitarle después de acordar cosas yo con mi propio cliente -una madre, una mundana, que me había contratado para que asustase al acosador de su hija; nada que me fuese a suponer demasiado esfuerzo- para charlar un rato, para distraerme, porque había estado soberanamente aburrido en mi apartamento toda la mañana.

Esa noche había pasado más o menos lo mismo. Durante el día había localizado al tipejo que se dedicaba a ir detrás de adolescentes para empezar a establecer su ruta diaria y poder pillarle en el momento más inesperado en el sitio más tranquilo que pudiese buscar para nosotros dos. Casi como una cita. Resultaba romántico, ¿no? Luego había decidido pasarme a ver al brujo. No había sido en absoluto porque hubiese recibido una llamada de mi madre esa misma tarde preguntándome cuándo pensaba volver, ni por la discusión que habíamos mantenido, casi a gritos, sobre que mi deber era estar a su lado; tampoco porque el colofón de la misma hubiese sido el llamarme desagradecido y me soltarme, frustrada, que era un fracaso como hijo, para luego ponerme esa voz de súplica que sabía adoptar también cuando sabía que me había herido en lo más profundo.

No había sido porque le hubiese colgado mientras me hablaba con voz vacilante -søn, me había llamado, hijo, como sólo hacía cuando estaba al borde del llanto- pidiéndome perdón. Ni porque no soportase la idea de haber dejado a mi madre llorando en el rincón más oscuro de nuestra casa, sola, ni porque en el fondo aquello no me removiese en lo más profundo para volver junto a ella. Siempre he querido a mi madre más que a mi padre, pero cuando me ofrecieron el trabajo en New York me di cuenta de cuantísimas ganas tenía de marcharme de allí, porque ella seguía siendo ese peso que me hacía ahogarme en lo más profundo sin posibilidades de escapar a ningún otro lugar. Tanto, que ni siquiera ahora que ya había llamado para informar de que no lo aceptaba, se me pasaba por la cabeza la idea de regresar.

Lo siento, madre. Mor. No volverás a asfixiarme tanto nunca más.

Cerré los ojos con pasotismo y suspiré, pasándome la mano derecha sobre los párpados, agotado después de todo. Conté hasta diez lentamente y luego volví a enfocar la mirada sobre el techo, pero la mancha seguía ahí. Igual que el dolor en el pecho, que me hizo plantearme no volver a coger el teléfono si reconocía el número de mi madre. Al menos no durante una temporada. Pero luego sonreí, desganado, sabiendo perfectamente que eso no podría pasar; a la mañana siguiente contactaría con ella para pedirle disculpas por la discusión -porque ella no lo haría, nunca le había visto pedirle perdón a nadie- y el asunto quedaría zanjado. Al menos de momento.

El silencio del despacho acompañaba mis pensamientos. Jannik había tenido que subir un momento por la puerta trasera a buscar a no sé qué otra persona que había solicitado su ayuda hacía un buen rato. Por el tono de voz que había puesto al teléfono debía de haber sido alguien que le cayese en especial gracia, pero no había dicho nombres. Eso no era especialmente extraño; ese maldito brujo era muy dramático y le encantaba crear la sensación de desconocimiento y de misterio cuando sabía que dos personas iban a conocerse. Sin embargo ya estaba tardando. O eso, o la persona a la que estaba esperando había tardado. Tamborileé los dedos sobre el vientre, cantando entre dientes una canción de Pink Floyd que habían puesto en la radio a la hora de comer; Wish you were here, creía recordar que se llamaba. Supongo que era muy oportuna para el momento que estaba viviendo. Volví a colocar el brazo sobre los ojos mientras los acordes de la guitarra resonaban en mis oídos casi como si la estuviese escuchando en esos momentos; esa canción me hacía sentir casi como si estuviese siendo mecido en una hamaca por el compás del viento, a pesar de lo triste que era.

How I wish, how I wish you were here.
We're just two lost souls
Swimming in a fish bowl,
Year after year,
Running over the same old ground.  
What have we found?
The same old fears.
Wish you were here.

La voz de Jannik empezó  a sonar por las escaleras mientras bajaba, hablando probablemente con la persona que había ido a buscar. Dejé de cantar. La puerta se abrió, y Jannik lo inundó todo con su presencia, como siempre; podía sentirlo incluso estando de espaldas a él en ese momento. Y tras él...

Oh, sigues aquí —dijo con un deje divertido en la voz que me hizo enarcar una ceja. ¿Eing?— . Pensé que te habías ido.

Jannik, ¿qué chorradas dices? ¿La edad te pasa factura? —me senté en el sofá y le dirigí una mirada que pretendía ser burlona, pero que se congeló en el momento en que vi a la persona que estaba detrás de él. Entonces le lancé una mirada de odio tal que sólo le provocó una risotada que murió detrás de sus dientes—. Vaya. Cuánto tiempo, rubia.

Ahí estaba Victoire, de pie tras él, tan blanca, tan rubia y con los ojos tan azules como siempre. No la veía desde febrero, más o menos, y su rostro casi se me había olvidado, al igual que el calor de sus labios, pero las heridas que me había hecho protegiéndola habían resultado en nuevas cicatrices y la sensación que me había acompañado al besarla seguía ahí, dentro de mí, guardado bajo llave tras una puerta que no debía de volver a abrir. Había tenido suerte de no toparme con ella en todo ese tiempo, incluso aunque me debía una, según ella. Pero no quería cobrármela. No quería volver a verla. Pero Jannik era un cabrón y siempre lo sería, y ahí estaba, riéndose de mí en mi cara y yo sin poder rompérsela.

En realidad no contaba con que estuviese aquí, Victoire, querida. —puto mentiroso. Se apoyó en su mesa con las caderas y se cruzó de brazos, contemplándola como quien mira una pintura especialmente hermosa—. Pero siempre puede sernos de utilidad. Bueno, decías que me necesitabas para algo. Por favor, procede. Para mí será un placer ayudarte.
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WISH YOU WEREN'T HERE
→ Miércoles → 20:50 → Sótano del Scarlett's  → Cálido
Le había dado muchas vueltas al asunto. Por demasiado tiempo.

Su madre no hablaba de ello. Hablar del padre de Victorie era tema terminantemente prohibido, de pequeña su madre se mostraba más paciente a la hora de responderle, pero desde que había cumplido los quince años, la rubia había aprendido que preguntar sobre su padre sólo generaría que su madre reaccionara como si la hubieran abofeteado, la mirase con dolor y respondiera de forma seca "No me gusta hablar de Richard, Victorie" No de tu padre, no de tu papá, no de mi esposo. A Suzzette Wintercloud no le gustaba hablar de aquel hombre en ningún término que estableciera algún tipo de relación con ellas. Le parecía extraño, que pese a eso, su madre no se hubiera cambiado el nombre a su apellido de soltera, o que ella en lugar de tener el elegante apellido de su madre Schreave, usara el apellido de la familia de su padre; ni porqué su abuelo parecía tenerle tanto cariño, mientras que a Suzette la trataba con más delicadeza de la que la mujer aparentaba. La única que alguna vez le había dado respuestas había sido Claire, su abuela; y había respondido como sólo las hadas podían hacer, diciendo que su madre siempre había cargado el peso del rechazo en sus venas, que con Richard había permitido que su fortaleza se debilitara y que aquello le había costado caro.

Ella siempre había asumido que su madre había dejado a su padre. Es lo que todos parecían pensar, por como trataban a su madre en las reuniones cuando salía el tema de su matrimonio con su padre, pero empezaba a creer, que había sido él quien se había ido. La idea le dolía más, y le había dolido todavía más cuando se había enterado de Christopher. Algo en ella se había tranquilizado al saber que al igual que ella, su hermano no tenía ni la más remota idea de porqué se había ido o que su padre había tenido una familia antes de él. Pobre de su hermano, había llegado a su vida solo a darle el golpe de que su padre había tenido una familia antes, y dejarlo tan confundido como ella misma estaba. Y ese era el problema, estaba cansada de estar confundida. Había hablado con uno o dos fantasmas -cosa que era totalmente extraña, pues los fantasmas estaban poco acostumbrados a que hubiera gente que pudiera verlos y cuando se encontraban con alguien, se entusiasmaban demasiado- y uno de ellos, un antiguo brujo le parecía, le había comentado que había piedras que podía usar para invocar a un fantasma en concreto, pero no eran cosas que vendieran en cualquier lado y había hecho mucho énfasis, burlón, sobre la posible "ilegalidad" de aquello.

Así que Victorie había acudido al único brujo que conocía en aquella ciudad. Irónico, puesto que había sido por culpa de ese brujo que ella había sido secuestrada (bueno, más que por su culpa, por culpa de los imbéciles que tenía trabajando para él) y si bien uno pensaría que Victorie jamás habría querido tener nada que ver con él de nuevo, en aquel pequeño intercambio que habían tenido, la tensión que el brujo le había provocado había sido suficiente como para que no se la pensara demasiado y salieran aquella vez a cenar. De vez en cuando lo veía, pues disfrutaba de su compañía y tener aliados en el submundo, le venía bien, como era evidente en aquel caso. Una llamada había sido suficiente para que Jannik acordara verla en un lugar a "tomar algo" había dicho, antes de pasar a los negocios como tal. Victorie había aceptado sin muchos problemas, se había puesto lo que denominarían "un típico atuendo en ella" (con el añadido de unas bonitas botas, que le permitían poder pelear sin necesidad de morir en el intento, de ser necesario) y tras un café, varios panecillos y una charla para ponerse al día, se habían encaminado al club donde se habían conocido la primera vez.

Empiezo a pensar, que deseas secuestrarme de nuevo, Jannik— comentó riendo, mientras bajaban las escaleras. El brujo le contestó sugerente y ella rodó los ojos, mientras sonreía pícara. No pensaba seguir con aquel intercambio, o no terminarían nunca, o por lo menos, acabarían haciendo otra cosa que no fuera lo que se habían propuesto en primer lugar. Atravesaron la estancia y ella percibió el típico olor que soltaba la magia de los brujos, como a azufre y a fuego. Había alguien acostado en el sofá, pero ella no pudo dar con quien era, no hasta que Jannik comentó de forma casual aquello, logrando que el individuo se incorporase indignado -o eso le pareció a ella- y cuando le pudo ver el rostro, maldijo en voz baja.

Era Michael.

Al parecer, así como ella, no esperaba su presencia. No es que a Victorie le molestase estar a su alrededor, no. Era peligroso. Había quedado demostrado tras ese beso que ella bien sabía, pudo haber terminado de forma muy diferente de no ser porque ambos estaban heridos y cansados. Y no podía permitirse ese tipo de confusiones, no alrededor de él, porque vamos, el tipo era completamente insoportable a veces, como quedó demostrado en aquel momento —Que decepción— dijo ella burlona —Creí que ya habíamos superado esa fase donde te empeñabas en decirme rubia, ¿No eramos muy buenos amigos y todo eso? Creo que me siento ofendida.

No dijo nada más. De hecho aquel comentario era sólo, palabras dichas con la intención de molestar al mundano haciendo alusión a lo que había pasado entre ellos aquella noche. No pensaba decirlo en voz alta, su orgullo se lo impedía, pero sacarlo a colación con la intención de irritarle, era suficiente para ella. Se volvió a Jannik desdeñando su disculpa —Oh, no te preocupes Jannik— dijo divertida —Necesito conseguir información de un nefilim que falleció. Tengo la vista espectral, por lo que puedo ver a los fantasmas— comenzó explicándoles a ambos la situación lo más neutral que le fue posible, no quería que ninguno sospechase lo personal que era para ella —Y uno de ellos me comentó que hay formas de conseguir un tipo de gema o mineral especial, como el de mi anillo— y mostró a ambos aquella pieza de joyería —Este detecta demonios. Pero aquel fantasma me dijo que podía conseguir alguna que invoque a un fantasma, así haya "pasado" ya. Hizo mucho énfasis en lo ilegal del asunto, así que evidentemente, no puedo pedir ayuda a la Clave y no tengo ni idea de donde buscar— admitió a regañadientes.

Quería saber si tenías alguna idea de donde podía conseguir alguna. O si existían siquiera, bueno, cualquiera de los dos— aún que si Michael no hubiera estado ahí, ella jamás le habría pedido ayuda de nuevo. Pero vaya, el destino estaba en su contra y se empeñaba en unirlos una y otra vez.




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WISH YOU WEREN'T HERE
→ Miércoles → 20:50 → Sótano del Scarlett's  → Cálido
Los mejores amigos —ironicé—, por eso lo de rubia. ¿Ves? A Jannik como le tengo tanto aprecio le llamo pelirrojo de mierda o cornudo pervertido de vez en cuando. Así, por divertirnos.

El mencionado se cubrió la boca con la mano, obviamente para ocultar la risa que le estaba naciendo de los labios. Iba a matarle cuando Victoire saliese de aquí. O igual lo mataba con ella delante porque, total, un brujo menos; seguro que el mundo me lo agradecía. O al menos, más de uno. Y morir a manos de una nefilim no podía ser tan malo, después de todo; sería mejor que morir a manos de mi madre después de descubrir lo que había sucedido con Victoire. Lo que podría haber sucedido. Lo que me encontraba anhelando cada vez que pensaba en ella. Puto, puto Jannik. ¿Por qué no era capaz de no meterse donde no le llamaban? Evidentemente para él el asunto no era sino una mera diversión para sacarme de mis casillas; no comprendía lo que me estaba jodiendo con aquella bromita de las narices, claro que no. ¿A él qué más le daba?

Bufé. Jannik se sonrió y habló. Y yo sólo escuché, aparentemente sin demasiado interés. De verdad que no resultaba tan difícil de entender que no quería tener nada más que ver con ella en lo que me quedaba de vida... ¿verdad? Pero algo no me dejaba. No supe si llamarlo universo, destino o brujo de mierda. Sin embargo, a veces no se te cierra una puerta sin abrirte una ventana. ¿Era yo, o Victoire estaba pidiéndole ayuda a alguien más? Jannik adoptó su expresión seria y profesional... pero yo no. Yo esbocé una sonrisa tan amplia como socarrona mientras entrelazaba los dedos de las manos y dejaba los brazos apoyados en las piernas.

Espera, espera. Que quiero inmortalizar esto para el resto de mi vida. ¿Estás reconociendo abiertamente que necesitas ayuda?

Michael...

Porque es lo que me parece a mí, vaya. "Quería saber si tenías alguna idea de dónde conseguir alguna" suena a eso, desde luego. —Jannik sonrió por la comisura de los labios, pude verlo. Y eso no me gustó tanto como la idea de reírme de Victoire un poco más. Pero ah... era tan divertido observar su intento de permanecer impasible ante aquello—. Claro que te ha faltado el por favor, aunque bueno, se te perdonará porque evidentemente no estás acostumbrada a usar ese tipo de lenguaje. Si quieres puedo enseñarte...

Michael, deja tu lengua para otros menesteres. —Sus ojos verdes se encontraron con los míos, y durante un sórdido segundo tuve la impresión de que estaba diciendo eso a propósito; que sabía que la había besado en un momento de debilidad, aunque yo no se lo había contado, y eso fue suficiente para mantenerme la boca cerrada al menos durante un par de minutos—. Discúlpale. Ya sabes que es un imbécil de cuidado. —Le sonrió con cierta complacencia, y me sentí algo molesto al respecto. Gruñí, me dejé caer sobre el respaldo del sofá y crucé los brazos tras mi cabeza—. Un cristal para invocar fantasmas es algo difícil de encontrar incluso en New York, ma chérie. —Se colocó los dedos sobre el mentón, pensativo. Joder, ¿de verdad se lo había tomado en serio? Victoire debía de gustarle de verdad—. No habrá muchos brujos que puedan conseguirte uno. Yo, por desgracia, no soy uno de ellos. Y de mis contactos...

De tus contactos no creo. Pero hay una...

Los ojos de Jannik se iluminaron. Yo me reí.

Ah, sí. Es verdad. Lucretia. —Yo asentí y él se pasó la mano por la cara—. Muy a mi pesar, me temo que yo no puedo ayudarte a conseguirlo, preciosa. Lucretia entra en mi lista de personas que querrían verme, sino muerto, al menos muy malherido.

Mala suerte, rubia. ¿Ves? Eso te pasa por...

Sin embargo, Michael podría ayudarte a conseguirlo. —Su voz me cortó completamente y me hizo erguirme. No. Ni de coña—. Él ya ha trabajado para ella un par de veces desde que llegó. Y me aventuraría a decir que incluso tienen una muy buena relación.

Jannik...

Si le ofreces el precio adecuado, estoy seguro de que podría llegar a echarte una mano. Porque Michael, ante todo, es un profesional, ¿verdad? No le gustaría nada que su hoja de credenciales tan perfecta se viese manchada por no haber aceptado un trabajo; incluso aunque se lo haya pedido una nefilim. No querríamos que este pequeño rumor se expandiese como la pólvora, ¿verdad?

Decir que odiaba a ese puto brujo de mierda era poco. En realidad mi reputación no me importaba un carajo... en Dinamarca. Ahí tenía suficiente renombre como para darme el gusto de rechazar trabajos que no me interesasen; el de la bruja que me había llevado allí incluido, e incluso ese no era tan horrible como podía parecer, ya que nadie era tan idiota como para enfrentarse a una bruja que no estaba completamente seguro de que pudiese, al menos, contener. Una cría hubiese sido plausible, pero una mujer adulta casi completamente desarrollada... Era para suicidas. Sin embargo, en New York no me podía dar el lujo de ser tan 'caprichoso' si quería seguir comiendo, y el puto Jannik lo sabía. Ya me estaba labrando una reputación más o menos interesante y aquello podría echármelo todo a perder; sobre todo porque quedaba ridículo que me negase a ayudar a la mujer a la que había salvado la vida de morir de manos de unos imbéciles chupasangres.

Porque oh, sí, tampoco era algo desconocido en el submundo. No era información del dominio de todo el mundo, por supuesto, pero algunas cabezas pensantes lo sabían, y lo usaban para tenerme vigilado. ¿Amigo de los nefilim? ¿Enemigo? ¿Neutral? Joder, ¿quién coño me mandaba sentirme sensiblón esa puta noche?

Así que me encontré gruñendo mientras bajaba los brazos y dejaba las manos sobre las piernas, casi apretando los dedos sobre el pantalón.

Sólo si la rubia me lo pide por favor —terminé respondiendo, provocador a la máxima potencia.
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→ Miércoles → 20:50 → Sótano del Scarlett's  → Cálido
Tu siempre tan considerado— dijo ella sarcástica. No sabía que tenía Michael que la alteraba tanto. La francesa normalmente era bastante amable, tranquila, usando la ironía lo menos posible, pero con el mundano era imposible ser otra cosa que no fuera sarcástica; desde el primer momento que se había topado con él había sido un intercambio de frases sarcásticas, frases rebuscadas para irritar al otro y también (por mucho que no quisiera admitirlo) habían coqueteado, si bien dudaba mucho que alguno de los dos fuera admitir eso en voz alta, mucho menos admitir que ese beso había ocurrido. Claro que para Victorie no tenía sentido ocultarlo, teniendo en cuenta que la única persona presente aparte de ellos era Jannik que ya sabía lo que había ocurrido entre ambos, ella se lo había dicho a cambio de que él le respondiese una pregunta que curiosa, había formulado.

Su atención se desvió hacia el brujo al verlo contener las ganas de reír. ¿Lo habría hecho a propósito? Michael parecía ya llevar tiempo en aquel lugar antes de que ella y el pelirrojo aparecieran, había reaccionado extrañado cuando Jannik había dicho que no sabía que estaría ahí, pero por más que le daba vueltas no entendía porqué el brujo lo habría hecho ¿Molestar Michael era tan importante para él? La joven se mordió el labio pensativa, sin embargo en aquel momento las dobles intenciones del brujo no le importaban tanto como encontrar respuestas sobre su pasado.

Una vez terminó de hablar, se giró hacia Jannik, dispuesta a ignorar olímpicamente a el mundano, de no ser que este no podía contener las ganas de tocarle las narices por haberle pedido ayuda. Claro, por supuesto que no. Suspiró mientras miraba al mundano como si fuera un niño pequeño y ella una madre que espera que se le pase su rabieta. Arqueó la ceja, mirándolo con una indiferencia bien practicada, era la misma cara que ponía cuando en el Consejo le decían que su opinión no contaba en aquel asunto. Apretó los labios y rodó los ojos incapaz de contenerse por más tiempo —Si mundano, si, ¿Necesitas una cámara también? ¿Quieres que lo repita para que te diviertas cuando no tengas nada mejor que hacer?— había dicho mundano con toda la intención del mundo, pero algo le decía que a Michael no le molestaría tanto como ella esperaba.

Ella se rió irónica —Perdón, ¿Es qué tú estás acostumbrado a ese tipo de lenguaje como para enseñarme a usarlo?— si ella era incapaz de pedir ayuda, Michael se cortaba el brazo antes de pedir una sola cosa en su vida, por favor, qué ridículo. Ella siempre había sido capaz de admitir cuando necesitaba ayuda, claro que ni en sus peores pesadillas habría venido a pedirle ayuda precisamente a ese maldito humano irritante, pero el destino, el destino amaba humillarla al parecer —Vaya y yo que creía que jamás habías escuchado el significado de "Gracias" o "Por favor" ¿O te he confundido?

Claro que ella no tuvo que añadir nada más, porque Jannik se encargó de ponerlo en su lugar con una indirecta que la hizo esbozar una sonrisa arrogante, como si el brujo y ella estuvieran compartiendo un bonito secreto. Con Michael callado, Victorie pudo recobrar su compostura, cruzándose de brazos mientras miraba al brujo con esa dureza de "nefilim" cuando su forma de caminar, de hablar y de mirar era la de un cazador de sombras, tranquila, profesional y con cierto peligro en su aura. —¿Michael imbécil?— ironizó ella con diversión —Que va, si es un encanto— el sarcasmo en su voz era evidente; no podía negar que aquello la divertía, hablar de él como si no estuviera en la habitación, molestándole directamente en sus narices, era una forma muy efectiva de vengarse por su escenita anterior. Apretó los labios cuando Jannik dijo que no podía ayudarle, mierda. La otra opción era irse a Francia, pero apenas pisase pie en aquel país, su madre se enteraría y se encargaría de no dejarla en paz por mucho, mucho tiempo.

Suspiró. Al parecer todas las preguntas que tenía, estaban destinadas a quedarse sin respuesta. Mencionaron el nombre de otra bruja, una que ella jamás había escuchado y por un segundo suspiró aliviada, pero claro que no, no iba a ser así de sencillo. Si Jannik no podía ayudarla, sólo quedaba Michael y... No. Ambos al parecer estaban pensando lo mismo, porque la negativa del mundano fue tal que incluso logró que ella se indignase un poco. Mira, que si el cabrón no quería ayudarla, ella no necesitaba ayuda de nadie. Jannik se dedicó a molestar a Michael un rato, mientras la rubia se mantenía impasible, intentando encontrar una solución al problema en el que se había envuelto muy a su pesar.

La última frase de Michael la hizo tensarse. Lo miró con los ojos azules brillando furiosos, mordiéndose la lengua para decirle por donde se podía meter ese por favor, porque ella no pensaba pedirle nada por favor, como si lo necesitase tanto y sin embargo... El recuerdo de la mirada de su madre dolida brilló contra sus ojos, su propio dolor, lo que le había dicho a su medio hermano. Ella necesitaba saber, y si para encontrar la información que necesitaba significaba que tenía que humillarse y decirle por favor a aquel egocéntrico, podía hacerlo. Apretó los labios antes de rodar los ojos —Oh Michael, por favor, por favor, ¿Podrías ayudarme a conseguir el maldito cristal ese? Sinceramente, con el dinero no tengo ningún problema, mientras no te pongas chulito y quieras que te pague en euros. Y mientras no sean más de mil dólares, creo que tampoco te estoy pidiendo gran cosa— dijo con un suspiro —¿Tenemos un trato entonces?— preguntó, mientras lo miraba.

Vamos ¿Qué era lo peor que podía pasar? Ya había trabajado contra su voluntad con Michael en dos ocasiones, sobreviviría a una tercera.

Suspirando, se miró las uñas. Esperaba no necesitar armas, porque lo único que llevaba consigo era el látigo enroscado en su muñeca, y sólo porque era la única arma que podía pasar por un accesorio, si no, habría salido sin nada. La estela también la llevaba, pues nunca salía sin ella de poderlo evitar, pero sus cuchillos serafín, su espada, los chakrams, dagas y demás menesteres, estaban en su apartamento o en el Instituto, no podía recordar donde —Si necesitaremos armas, necesito ir al Instituto por algunas, sólo traigo mi látigo—comentó, sin dirigirse a nadie en específico.




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WISH YOU WEREN'T HERE
→ Miércoles → 20:50 → Sótano del Scarlett's/Calle  → Cálido
Oh bueno, aquello realmente no me lo había visto venir, aunque tampoco habría esperado que Victoire realmente me hubiese casi suplicado que le ayudase con lo que necesitaba, por lo que rápidamente concluí que debía de ser algo de gran importancia para ella, lo que me hizo preguntarme para qué coño quería una piedra de invocación de fantasmas. Enarqué una ceja intentando evitar -prometo que lo intenté- esbozar una sonrisa que rallase lo estúpidamente satisfecho que me encontraba a nivel personal por haber conseguido que pasase por encima de su orgullo al menos un poco. Me llevé una de las manos a los labios y me los cubrí, aparentando pensar cuando en el fondo estaba entre deleitado y... jodido. En el fondo había esperado que no accediese, mierda. En fin. Un trabajo era un trabajo...

¿Mil dólares? Estamos que tiramos la casa por la ventana, ¿eh? —contesté jocoso—. Está bien, acepto el trabajo. Ya pondremos el precio después. Dependiendo de lo que necesitemos para que esa loca nos de lo que quieres adquirir. —Me puse de pie, me sacudí los pantalones aunque no lo necesitaba y la contemplé—. Wow, wow, wow. ¿Instituto? De eso nada, monada. Yo no me acerco a esa iglesia ni aunque me vaya la vida en ello. —Alcé la muñeca para mirar el reloj que llevaba—. Yo también necesitaré coger algunas cosas. Encontrémonos a las diez y media en la puerta este de Central Park; tampoco hace falta que vengas armada hasta los dientes, pero no estaría de más que trajeses algo más que tu látigo y algún que otro cachivache nefilim de los tuyos. Y procura no llegar tarde.

Tras decir aquello no esperé ninguna respuesta por su parte, ni me despedí de Jannik profusamente, puede decirse. Una leve inclinación de cabeza con un implícito gesto en la mirada de te-mataré fueron suficientes para que entendiese lo que estaba pensando al respecto. Él sólo sonrió abiertamente mientras me decía adiós con la mano, y yo me dije a mí mismo que esta me la guardaba.

----

Aunque era agosto se levantó una suave brisa veraniega que fue de lo más agradable. Me aparté los rizos de la cara mientras esperaba a la nefilim, preguntándome exactamente por qué demonios había dejado que Jannik me manipulase de esta manera. ¿Y por qué parecía tan interesado en que trabajase con ella? Por la expresión que había puesto mientras me arrinconaba contra la pared cual ratón frente al gato había visto brillar en sus ojos esa expresión maliciosa que sólo ponía a veces y que me hacía recordar que realmente era el hijo de algún demonio. ¿Acaso era consciente de lo que me atraía Victoire y quería ponerme a prueba, a ver dónde me estaba marcando mi propio límite o si me atrevería a cruzarlo? Gruñí. Cuando volviese a encontrarme con él pensaba darle de hostias...

Suspiré y miré el reloj. Faltaban aún diez minutos para la hora acordada. Saqué el mechero de plata que me había regalado Lykke, la chica con la que había vivido seis frenéticos meses de relación, un zippo, y empecé a darle vuelta entre los dedos. En su superficie llevaba grabado el mismo lema que me había tatuado en el brazo después de romper con ella, No hay ley que no pueda ser quebrada si la voluntad es la suficiente. No recuerdo exactamente de dónde sacamos esa gilipollez, pero éramos jóvenes, estábamos hasta el culo de alcohol y experiencias cercanas a la muerte; además las leyes en sí nunca fueron mucho de lo mío. Por las leyes mis padres habían sido desgraciados, así que...

«Una piedra para invocar fantasmas. ¿Para qué querrá Victoire algo así?»

Lo primero que pensé es que querría hablar con algún novio muerto, y una sonrisa sarcástica se me dibujó en los labios. En realidad no me parecía tan descabellado, porque aparentaba ser de esas chicas románticas que estaban dispuestas a hacer cualquier sacrificio por el amor de su vida; o era una prejuicio que tenía sobre ella por ser francesa, vamos. A mi mente se vino como una sombra, entonces, el recuerdo de algo que me había dicho la noche en la que matamos a Skull y sus secuaces. Hay un fantasma rondándote. Un fantasma... El primer pensamiento se dirigió a mi padre, y la simple idea me hizo estremecer; no lo consideraba especialmente cariñoso pero el muy cabrón habría hecho cualquier cosa con tal de putearme la vida... Sin embargo mis pensamientos luego se dibujaron hacia Abby, y la tristeza me invadió. La idea de que estuviese rondándome me pareció estúpidamente encantadora, como lo había sido ella, pero sinceramente esperaba que no; prefería que no. No sabía qué había tras la muerte, pero seguro que mínimo era igual de malo que el mundo real, pero al menos así no padecía ni sufría. Nadie podía hacerle daño otra vez.

Ahogué un suspiro antes de alzar la cabeza para otear el horizonte. Apoyado contra un árbol vi aparecer a Victoire a mi lado cuando menos me lo esperaba, sigilosa como una gata. Le di un par de vueltas más al mechero antes de guardarlo y erguirme.

Muy puntual. ¿Nos vamos? Nos queda una noche movidita...
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