29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


37 # 34
15
NEFILIMS
7
CONSEJO
10
HUMANOS
7
LICÁNTRO.
10
VAMPIROS
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Who talk about "Pandemonium"?. N.Y has more fun than that poor thing! [Milena &... Other?] (Libre +1)

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Who talk about "Pandemonium"?. N.Y has more fun than that poor thing!
→ DOMINGO → 23:30 HRS → LOTUS DISCO → CLIMA: FRÍO (-7°C)
UPPER EAST SIDE, N.Y (23:00 Hrs)
Deian's Penthouse.


El vapor que se escabulle del cuarto de baño por la puerta abierta es denso y cubre la salida del ángel caído mientras se abrocha los pantalones perfectamente ajustados en la cadera no olvidando fajar antes la camisa de "sofisticado" corte. Una ducha para despabilar el sueño de 12 horas lo tienen como un joven renovado y listo para la acción. Descalzo fue al estante de cristal donde tenía un montón de juegos entre mancuernillas, anillos de la gama más alta, prendedores de corbata, y bolígrafos de tinta importada con el detalle de su "nombre" en letras de bronce; de ahí tomó un juego acorde a su atuendo e inspiró profundamente peinando el espeso cabello azabache hacia atrás con ambas manos.

¡Milena, dear princess Dragon!— Llamó inclinando la cabeza en dirección a la estancia principal del penthouse donde "olía" la presencia de la bruja. Sonriendo ampliamente, se escabullo se su habitación tras meter los pies en el fino calzado y mientras caminaba se abrochaba "brinquito a brinquito" los cordones —¡No me digas que sigues aplastada en ése sillón desde que me metí a la ducha!, ¿de verdad no sientes tu pequeño trasero entumirse después de tantas horas?— Riendo con sorna, bajó los 2 escalones que separaban la "sala de estar" y ésta era tapizada por una fina alfombra persa de algunos miles de dólares —Vamos, ¡arriba, arriba!— indicó con palmaditas insistentes sobre un muslo de la exótica castaña —¡Es una perfecta noche como para estar aquí, te dije que mi intención es explorar cada centímetro de la ciudad más optimista de los Estados Unidos!. Además, míranos, un par de obras perfectas no pueden quedarse a esperar por que la diversión venga a nosotros

Dirigiéndose a las puertas doradas del ascensor, presionó constantemente el botoncillo plateado para llamar al más lento aparato de carga que le ha tocado en todos los Penthouse donde ha vivido, y ansioso más su impaciencia entró como una exhalación al cubo dorado antes de girar elegantemente con una pose soberbia —¿No te lo dije?, hoy es una noche de cacería, quiero probar por mi cuenta quién es capaz de merecer mi atención por lo menos 5 minutos. Y, sí te portas bien, dejaré que le des la primera mordida, ¿mmh?— En su descenso al lobby, su preciada "Draped Bust" era lanzada de mano derecha a la izquierda, decidiendo silencioso por su siguiente juego de azar. Ocultando los verdaderos pensamientos a la bruja con banalidades que partían desde comprar "un nuevo auto clásico", "pasar a dejar su olor en la Estatua de la Libertad", y quizás "aceptar ver a una insistente pero pain in the ass Hada". —No te sugiero que continúes viéndome así, tal vez provoques un para nada apasionado y cruel intento de violación en medio de éste ascensor con cámaras de seguridad en las 4 esquinas— "Atacó" a la bruja con un tono mordaz aunque aún sonriente, guardando la moneda, salió del ascensor aventando en la dirección de ella un par de llaves electrónicas —Llévate el Lamborgini, veamos en cuánto tiempo puedes atravesar la ciudad de Norte a Sur. ¿Quieres de verdad que lo repita, pequeña traviesa?

SOUTH MANHATTAN (23:30 Hrs)
Lotus Disco.

En medio de una carcajada arrogante salía del asiento en el copiloto del Lamborgini, abrochó el segundo botón de su saco, negó con la cabeza y miró de reojo a la bruja —Por favor, recuérdame que contigo no existe el uso de "intermitentes", ¿ya hiciste la cuenta de las multas de tráfico?. Esas van por tu cuenta, my dear. Por cierto, limpia el asiento— Terminó sonriendo carismático y de frente a él observó la "acordonada" entrada custodiada por dos guardias del Staff con más pinta de ser narcotraficantes las primeras horas de su día —Caballeros— Hizo el saludo con dos billetes grandes de 100 Dólares metidos entre los nudillos y de los que hizo entrega absolutamente CERO discreta mientras les chasqueaba los dedos para un paso inmediato —Oh, cómo me encanta el aroma a sudor, basura e inmundicia mundana— ironizó con las manos metidas a los bolsillos, avanzaba al interior del club mirando de flanco a flanco, evitando tocar y ser tocado. Adentrándose como una escuálida sombra desapercibida, mezclándose en la multitud pese a sus ropas un tanto llamativas, enfocando con la mirada a delicadas jovencitas adolescentes con su reluciente sudor llamando a los más descarados deseos carnales por poseerles. Aunque por supuesto el "lugar" no estaba a la altura del "Poius Freedom", tenía una vibrante energía que recorría hasta la pista de baile hipnotizando a los mundanitos que pasaban una noche alocada después de la segunda copa demasiado adulterada.

Millie, reina de mi tablero, dime, ¿qué es lo que ves?. ¿Algo de interés?, ¿clientes potenciales quizás?— Esbozando una sonrisa de medio lado retrocedió en el instante que un mundano se caía de bruces a los pies del demonio, Deian rodó los ojos e ignoró la existencia del penoso acto por un interés a sus mancuernillas —O tal vez... ¿una masacre en masa?. La verdad es que, pensándolo bien, ellos deberían pagarnos a nosotros. Los liberaríamos de plagas tan estúpidas— Miró apenas por encima del hombro aquellos ojos reptilianos llenos de una vivacidad analizante, sonriendo extasiado, se alejó de ella con la vista fija en la barra del "Bar" —¡Avísame sí encuentras algo!

Ya dicha su advertencia a la castaña, el demonio fue con un andar despreocupado abriéndose paso en la pequeña multitud mientras los apartaba empujando a uno con otro para comenzar una "riña entre los machos" y no directamente con él que había logrado su cometido y ahora estaba apoyado de codos en la barra atendida por una hermosa señorita de piernas pecosas como prominentes.... ¿Acaso era "copa B"?. Y a la "bartender" le dedicó una sonrisa especial que haría poner de rodillas tanto a hombres y mujeres.



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Hijo/a de Lucifer

Deian
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Who talk about "Pandemonium"?. N.Y has more fun than that poor thing!
→ DOMINGO → 23:30 HRS → LOTUS DISCO → CLIMA: FRÍO (-7°C)
Era lo que la bruja llamaría, una noche tranquila.

En sus manos sostenía una taza de café con leche y azúcar, en la exacta proporción que le gustaba. A su lado, tenía un surtido variado de galletas, algunas de naranja, chispas de chocolate y otras con arándanos y philadelphia, cortesía de una bonita tienda de repostería cerca de aquella zona. A su lado en el piso había diversas bolsas de tiendas prestigiosas (Zara, Bloomingdale's, Barney's, Sephora, etc. ) Y una bonita caja azul turquesa que solo podía ser de Tiffany. Ella misma lucía un atuendo lleno de ropa recién adquirida: un bonito suéter gris perla de cachemira, una falda roja, medias negras, botas de color beige y una bufanda que combinaba con estas últimas. Y estaba leyendo un libro bastante interesante, sobre una protagonista con la que compartía apellido y al parecer era la mejor asesina de todo Adarlan, como había dicho, era una noche tranquila.

Era.

Apenas escuchó la voz de Deian lanzó un hondo suspiro, mientras bebía un poco de aquel café y se llevaba a la boca, una de las deliciosas galletas, dispuesta a ignorarlo. Ella quería saber porqué habían sacado a Celaena de la prisión, gracias. No estaba interesada en ir a torturar almas en desgracia, ver más demonios o algo parecido, no por hoy. —La verdad es que no— contestó ella con tranquilidad mientras arqueaba una ceja —Estos sillones son muy cómodos y "mi pequeño trasero" está bien aquí— y tras eso, regresó su vista a la lectura. Sabía que no podría ignorarlo sin embargo, cuando a Deian se le metía algo entre ceja y ceja, era muy difícil detenerlo y por como actuaba, ya traía un plan en mente. El demonio empezó a darle palmaditas insistente y la bruja puso los ojos en blanco, deteniendo la mano del demonio por medio de la telequinesis —¡Acabamos de llegar aquí!— protestó ella mientras cerraba el libro enfadada —Estaba perfectamente bien en Europa, pero señorito "no sé quedarme quieto" tenía que arrastrarnos a este nido de ratas americanas— se puso de pie, sus manos sacudiendo la falda mientras miraba al demonio exasperada —Tienes a los bastardos emplumados mirándote todo el rato, ¿Tu crees que no se han dado cuenta que hay un nuevo demonio en la ciudad? Y en lugar de querer ser discreto y pensar...— La mujer cerró la boca de golpe. Milena era la fría de la relación, nunca dando un paso en falso, pensando todos sus movimientos, analítica, concisa, amaba la adrenalina si, por eso era asesina, pero siempre jugaba con la mano sobre el asa de la sartén dirían, sin tomar demasiados riesgos. Deian era todo lo contrario en muchos aspectos, así que al final se resignó a seguirlo, la idea de meterse en problemas de cualquier forma, siempre la ponía de buen humor.

Chasqueó los dedos y el elegante látigo de platino recubrió su muñeca, mientras se levantaba la falda y ataba la funda a su muslo, que contenía una hermosa daga de ébano, su mango tallado en forma de alas de dragón. Se soltó el cabello antes recogido en una coleta que le cayó como una cascada sobre la espalda. Siguió entonces al demonio, altanera y elegante mirándolo como si fuera algún tipo de niño impaciente que le habían encargado cuidar —¿Ah? ¿Me dejarás darle la primera mordida?— dijo con mordacidad mientras lo miraba arrogante. Los pensamientos de Deian flotaban a su alrededor como mariposas y si bien leyó algunos, le bastó una ojeada para saber que el demonio estaba pensando en cosas distintas a las que tenía en mente. Antes aquello la habría encolerizado, pero cuando vivías con un demonio, aprendías a vivir bajo sus términos —¿Mirarte como?— dijo ella con un suave tono, ronco, tranquilo, arrastrando las palabras en parte para irritarlo, en parte para provocarlo —No seas ridículo Deian, no me gustan los elevadores— dijo sonriente, siguiéndolo fuera del ascensor y atrapando las llaves con un suave movimiento de la muñeca. Por primera vez en aquella noche, sonrió divertida, con sus ojos granate brillando ante el reto —Te vas a arrepentir de haberme retado, cariño.

***

¿Mhm? ¡Tu me dijiste que querías ver que tan rápido podía cruzar la ciudad!— dijo ella, saliendo del hermoso deportivo mientras movía las llaves en sus manos, guardándolas dentro de su bolso negro. Caminó hacia el demonio y acariciando su mejilla lo tomó de la nuca para besarlo con entusiasmo, metiendo su mano en su saco divertida cuando se separó, alcanzó a susurrarle en voz baja —¿Limpiar el asiento eh? No pienses que no me cobraré esa...— mientras Deian estaba distraído sobornando a los guardias, la joven bruja se deslizó de nuevo al coche, diciéndole que "había olvidado su bolso", una vez dentro, apareció un nuevo atuendo, uno que sabía, le costaría caro regresando, pero en aquel momento, era todo sobre la venganza y además, aquel atuendo quedaba mucho mejor con el lugar en el que se encontraban. Se unió a Deian jadeante, con una sonrisa amable y carismática —¡Tenías que esperarme cielo!— dijo ella, mientras miraba a los dos guardias tranquila y con una sonrisa tan rebosante de felicidad que ambos parecían bastante alterados. Una vez entraron la joven abandonó aquella mirada llena de amabilidad para ponerse seria y altanera. Caminó, moviéndose ágil como una serpiente entre los presentes, sonriendo altanera cuando sintió un indiscreto roce sobre su cadera, si Deian había visto aquello, tal vez mataría al pobre diablo, como fuera ella siguió como si no se hubiese dado cuenta.

Deian, querido, no puedes matar a nadie— dijo ella con un suspiro, mientras caminaba entre los presentes, chasqueando los dedos para recibir un martini en sus manos que había visto en la barra. Le dio un trago pensativa mientras iba pasando de pensamiento en pensamiento, buscando algo potencialmente interesante para el o algún peligro para ambos. Mundanos, mundanos, con pensamientos meramente mundanos, había uno con la visión supuso, porque cuando se vio reflejada en sus pensamientos, percibió sus ojos rasgados y sus escamas metálicas en su pensamiento, pero el pobre chico estaba tan acostumbrado a ver cosas como aquella que lo único que acertó a pensar es "Oh no, no otra vez" la castaña sonrió abiertamente y agitó los dedos en dirección de aquel pobre mundano con diversión. Ignoró la desaparición de Deian, mirando al demonio de reojo para recriminarle mentalmente "Pórtate bien y no derrames sangre demonio, que la que termina cubriendo tus destrozos soy yo" sin embargo por la dirección que tomaba Deian, tenía planes muy diferentes.

Ella por otro lado, se dirigió a la pista, moviéndose sinuosa como una serpiente, bailando con el primer chico que se encontró. No estaba concentrada en eso, su mente divagaba, saltando de pensamiento en pensamiento, buscando algo interesante. Había un hombre que al parecer estaba intentando pescar dinero de los bolsillos y bolsos de los presentes, otro que estaba claramente en un viaje producto de alguna droga, pero fuera de aquel pobre mundano, no notaba nada paranormal por ahora. Todo era demasiado tranquilo. "Si querías algo que no fueran mundanos, debimos haber ido a Pandemonium" le dijo a Deian por última vez, antes de volverse al hombre frente a ella, sonriendo mientras se movía a su alrededor, como si lo estuviera acechando. Le encantaba medir las reacciones de la gente y a falta de una mejor diversión, se contentaría por ver cuanto duraba aquel individuo sin querer ponerle la mano encima.





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Who talk about "Pandemonium"?. N.Y has more fun than that poor thing!
→ DOMINGO → 23:30 HRS → LOTUS DISCO → CLIMA: FRÍO (-7°C)
Desde hace años las discotecas me parecen el reflejo perfecto de la decadencia de la humanidad.

Con la música reverberando en los oídos de forma insoportablemente alta, el olor a sudor y a alcohol, la depravación en las manos, los labios y las miradas de la gente presente, la droga y el sexo, meten en un mismo cóctel infernal las peores características que reunimos los mundanos. Recuerdo perfectamente la primera vez que me arrastraron a una; era bastante más joven, bastante más ingenuo e incluso algo enamorado de un chico idiota que sólo tenía ganas de refregarse con todo lo que se moviese por delante de él. Recuerdo haber pensado que mi madre se habría sentido muy incómoda en un lugar así, y que mi padre lo habría odiado; nunca se me habría ocurrido traer a Abelone, porque incluso para mí resultó realmente impactante toparme con un sitio semejante. Claro que la discoteca a la que me arrastró estaba en un barrio no demasiado bonito con gente de todos los tipos, subterráneos incluso, aunque él no tenía ni la más mínima idea. A mí tampoco me importó demasiado cuando me metió la lengua en la boca y los dedos debajo del pantalón, llevándose con él parte de algo que pensé que no iba a poder desprenderse nunca de mí.  

Fue la primera vez que me emborraché, y la primera vez que me drogué, y la primera vez que follé en un cuarto de baño mugriento. Hice muchas cosas esa noche que luego he repetido a lo largo de mi vida, aunque no con la misma asiduidad, ni tampoco todas ellas, pero que a la mañana siguiente me hicieron avergonzarme y plantearme no volver a un sitio así. Sin embargo, después de la muerte de mi hermana se convirtieron en mi lugar preferido para estar, y me dejaba llevar por todo lo que podía darse en situaciones semejantes de una forma frenética, hasta que maté a un brujo que se había vuelto medio loco, atacando a un grupo de chicas a las que quería violar porque se había puesto hasta arriba de heroína. Entonces me relajé, pero seguí encontrando cierto consuelo en los lugares así. A fin de cuentas, ¿qué soy yo sino un reflejo perfecto de la decadencia de un nefilim, a pesar de que nunca he sido como tal? Pero su sangre corre por mis venas, a fin de cuentas, y ahora me codeo con criaturas que mi padre y mi madre, y mis antepasados habrían rechazado.

¿Soy una malformación de ellos? No lo sé, y tampoco me importa. Pero me sigo sintiendo cómodo rodeado de personas que quieren perderse en los placeres bajos de la vida y dejarse llevar, a veces hacia su autodestrucción.

Aquella noche había entrado al Lotus gracias a un pase que había conseguido tiempo atrás. Aunque bueno, quizás 'pase' no sería la forma más adecuada de haberme cobrado un favor a una persona más o menos influyente que se aseguró de que mi nombre estuviese en la lista de personas gratas para entrar los fines de semana que decidiese aparecerme por allí. No fue complicado, desde luego; cuando apareces con una chica pudiente del brazo cuatro o cinco veces, a la sexta no te preguntan demasiado para entrar si ella ha colado billetes en los bolsillos. No me había hecho falta pisar su cama para algo así; sólo encargarme de que el capullo maltratador de su marido sufriese un desafortunado traspiés que le llevase al otro barrio.

Casi nada, vamos. Le habían echado la culpa a otro idiota del que no me preocupaba para nada y ya está. O que no me habría preocupado en otro momento de mi vida, al menos. Quiero decir, seguía importándome un pimiento su existencia; era otro imbécil embaucador y acosador de niñas y se merecía terminar en la cárcel el resto de sus días. Pero no sabía por qué, Victoire se me había pasado por la cabeza al perpetrar semejante acto, y me había hecho decirme a mí mismo que ella nunca habría hecho algo así, a pesar de que era algo que yo ya sabía de antemano. No tienes por qué recordártelo, Mike, imbécil, porque eres perfectamente consciente de ello. La mugre, ¿recuerdas?

Pero mientras estaba apoyado en la barra no pensaba en ella; no conscientemente, al menos. Tenía un vaso de whisky que se recalentaba entre los dedos, los pies apoyados en los soportes del taburete sobre el que me sentaba y la mirada perdida en la pista de baile. Hacía poco que había vuelto a recortarme los rizos, por lo que ya no se me pegaban a la frente ni a la nuca, pero notaba el sudor perderse perfectamente por la nuca más allá de la ropa y la espalda. Los dedos tamborileaban al ritmo de la machacante música sobre el cristal del recipiente sudado; mis ojos distraídos viajaban entre las personas que se movían pegados, frotándose, y Smells like teen spirit se me vino a la cabeza, a pesar de que la canción que sonaba no se le parecía ni de lejos. Pero Nirvana me recordaba a la decadencia de las discotecas.

«Creo que me estoy haciendo viejo... No creo que mucha gente sepa quién fue Kurt Kobain... Y mira que sólo soy del 83...»

Entonces la vi.

Pasó de refilón a escasos metros de mí, contoneándose como una serpiente que busca una presa para cazar. Sus ojos, sus escamas y todo lo que era ella me hizo chispear; incluso su olor me pareció que delataba su naturaleza. A lo mejor era porque me había pasado demasiado tiempo con Jannik y por eso me pareció que era capaz de sentir su magia; o quizás era porque había bebido ya varias copas, aunque no era tantas como para que la cabeza empezase a darme vueltas. Sé dónde está mi límite y dos vasos de whisky malo no son suficientes como para hacerme perder la compostura y empezar a flipar por semejantes cosas.

Me quedé observándola mientras se dirigía hacia la pista de baile y empezaba a moverse contra el primer incauto que pilló de camino. Era realmente preciosa; no como Victoire, que a pesar de todo su carácter, su cabezonería y su orgullo tenía una belleza casi dulce. Aquella mujer era realmente como una serpiente, helada, peligrosa, y si se enroscaba entorno a ti con demasiada fuerza podía partirte por la mitad. Ese tipo de persona siempre me había atraído hasta extremos nocivos; me gustaba el peligro; hacía que los pelos de la nuca se me pusiesen de punta, que se me erizase la piel y que hasta el más mínimo roce resultase excitante después. Sin embargo, aquella criatura me llevó a quedarme en la barra, pues el peligro que rezumaba no era ese peligro caliente, divertido que te hacía chispear hasta la punta de los dedos porque no sabías qué iba a suceder a continuación. Era el tipo de peligro que llevaba consigo el tragarte todo un vial con veneno de víbora, y soy un loco suicida hasta cierto punto, la verdad...

Por eso, en un acto de autoconservación de la vida, la verdad, me terminé la copa que estaba bebiendo, la dejé sobre la barra, pagué y me dispuse a levantarme para irme. Atravesé el local cerca de donde estaba ella porque era el camino más rápido hacia la salida, al menos desde donde estaba, o quizás porque en el fondo no podía dejar de mirarla.

Mucho más tarde desearía no haberlo hecho.

Justo mientras pasaba por al lado de donde bailaba con su pareja, me fijé en que este estaba a punto de meterle mano muy poco descaradamente, y una alarma se encendió dentro de mí. Cuando quise darme cuenta estaba sujetando la mano del cretino y apartándolo de ella con la peor mirada que podía lucir, que no era poca cosa; a fin de cuentas yo había estado rezumando sangre, cubierto de mierda y había matado a gente. Aquel tipo era un don nadie con ínfulas de grandeza que se desinfló lo suficientemente rápido como para marcharse de allí con las orejas rojas y farfullando maldiciones contra mí y contra mi estirpe. Yo también lo hice, desde luego... ¿quién me mandaba meterme donde no me llamaban? Me giré hacia la bruja con la cautela bailándome en los ojos, no demasiado seguro de si lo había hecho por ella... o por él, para que no terminase matándole..
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DOMINGO → 23:45 HRS → LOTUS DISCO → CLIMA: FRÍO (-7°C)
"Pero quién dijo que quería portarme mal"
Descaradamente observando las pecosas piernas de esa atlética mujer, rió con la elegancia de un conquistador y juntó las manos una obre otra mientras se delinea el labio inferior con el pulgar —Un vaso de tu mejor Whiskey, preciosa— le indicó a la joven usando un guiño del ojo y sujetó la mancuernilla izquierda jugueteando con el grabado de la letra "D" garigoleada. Suspirando con una sonrisa, estudiaba los movimientos de aquella bartender con trasero tan bien formado como para sólo enfocarse en servir tragos y posiblemente su primer -y muy costoso- hobbie perteneciera a una academia de danza profesional en donde posiblemente se desviviría pagando las mensualidades. Era tan sencillo adivinar a los mundanos. Ofrecerles el mejor trato para una vida digna los hacía caer como moscas en papel de pegajoso y dulce sustancia; tan débiles, tan inocentes y estúpidos. —Gracias, sweetie, ¿planes para el futuro?. Conozco exactamente lo que necesitas sí quieres encontrar a la mejor compañía de bailes donde NO desperdiciar tu talento— Insistió modulando el ronco tono de voz, tomó el vaso con la mano zurda e hizo girar un poco el líquido antes de "besar" el fino cristal no apartando el contacto visual de aquellos hermosos orbes verdes —Todo por un precio justo, ya sabes, sí todo fuera gratis no deberías estar aquí en N.Y sino L.A— Hizo un encogimiento de hombros mientras apoyaba los codos sobre la mugrienta barra importándole poco que el costoso traje de una millonada se "estropeara" con todos los sobrantes de tragos anteriores. Y sonriendo de oreja a oreja, abrió la boca para seducir con una última frase a la jovencita cuando a sus espaldas el par de tontos universitarios -mismos que les provocó una riña al quitarlos de la barra- estaban dando más que un show de principiantes y echando por la borda el 1er consejo de una disco "famosa" en esa parte de la ciudad: "No jodas a tu prójimo". Oh, Bloody Hell. Iba por su segundo trago, ignorando gloriosamente al par de idiotas, en el instante que un empujón provocó salpicar un poco del alcohol a la fina y pulcra camisa —¡Tiene qué ser una puta broma!

Explotando su impaciencia, giró el rostro mostrando la peor de las expresiones para alguien a quien le has tocado "los huevos" lo suficiente y de tal ira corriendo por sus venas ya pensaba en mil maneras de hacer pagar a los imbéciles hasta que por lejos en su rango de visión enfocó la hermosa y esbelta figura de su más fina joya de la corona. Milena seduciendo y provocando erecciones a quien la mirase. Inquietante pero traviesa jovencita; desobediente bruja quien no paró de advertirle un buen trato a las plagas aunque allí estuviera, sacando su mejor plumaje como pavo real peleando por la mejor hembra. Niña desconsiderada.

Y pasando de la ira a una lujuriosa admiración que despertó a su siempre animado "amiguito", decidió que perder el tiempo con el grupito de ebrios no era precisamente la mejor diversión después de que el servicio de seguridad hiciera o suyo para deshacerse de la estupidez humana —¿Es que no les es suficiente el "Día de San Patricio"?— Ironizó recibiendo con más calma el paño húmedo de la bartender coqueta, limpiándose y frotando el alcohol de sus finas ropas, un escalofrío interno manipuló sus instintos para llevar la mirada en dirección de un castaño risadito quien seguía fijamente a la única persona en todo el bar que sería completamente inalcanzable para un vago desequilibrado como él. Sin embargo, el muy bueno para nada miraba absorto a la joya de SU corona, SU musa, SU única. "Pero claro, tendría que ser el cabrón más inepto de todos"

Regresando el paño sin prestar atención a nada que no fuera el seguimiento del risadito en su mirada, todo su cuerpo se tensó en el momento que le vio ponerse de pie como alma que llevaba el diablo -no literal, vamos- y se aproximaba estúpidamente a SU bella doncella —Apresúrate, cabrón, dame una razón. Sólo una— Murmuraba sujetando con fuerza el vaso y del que quebró en diferentes tamaños tras ver la acción sobreprotectora por uno de tan canalla raza. Oh, qué había hecho. Riendo altanero para sus adentros, se deshizo de los pequeños cristales con sólo sacudir los dedos y, como no tenía herida alguna, chasqueó los dedos ordenando impaciente otro vaso de whiskey cual poseer para admirar lo que aparentemente era una mejor obra de teatro que "Sweeney Todd". —Strike one, cowboy— elevando el nuevo vaso a la altura de sus ojos, observó a través de la acuosa sustancia las diminutivas figuras resaltando a sólo dos de ellas con un hambre voraz. Y, perfectamente sabiendo que Milena le dirigiría la mirada, sólo le brindó un movimiento de su muñeca halagándole con el Whiskey a que hiciera cualquier acto para entretenerle o él mismo mataría a los dos patéticos mundanitos que osaron estar a menos de un metro cercanos a ella.  "Mi hermosa Milena, ¿esperas un milagro?, arrebata el autocontrol de ése idiota. Prueba la última gota de su valentía y tráelo a mi cuando tan siquiera piense que fornicar contigo es buena idea" Añadió mentalmente a propósito para la decencia de su única reina. Mientras tanto, se puso cómodamente recargado de espaldas contra la barra, subiendo los dos codos a los costados sobre la orilla, girando en elegantes movimientos el whiskey ahora en su mano derecha y apoyando el tobillo zurdo encima de la rodilla derecha. Bastante intrigado por el desdén de "risitos de oro, soy inmortal" aunque... bastante entretenido. El mejor entretenimiento que provocar maldades por N.Y pero la duración de tal situación pendiendo de un hilo sí el demonio decidía que era mejor partir para burlarse a las puertas de El Instituto y retar por una alocada persecución.

Aguardando, una quemazón familiar rozó lacerante la fresca tela de su camisa, el rostro le cambió por uno de expresiones endurecidas y su boca se transformó en una fina linea de estrés. Tragó el alcohol de un sólo trago, contuvo el líquido en su boca y se lo pasó después de que la fragancia de "madera" aclimatara su garganta. Negando con la cabeza hacia Milena, le apresuraba contra reloj, y volvió a sonreír ligeramente inexpresivo ocultando su irritación por el jodido malestar a sus espaldas.

"¿Qué dices?, ¿no es un mundano imbécil cualquiera?.
Ah... qué mierda más divertida."



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Hijo/a de Lucifer

Deian
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→ DOMINGO → 23:30 HRS → LOTUS DISCO → CLIMA: FRÍO (-7°C)
Bien, no había sido divertido. Milena suspiró, ladeando el rostro mientras miraba al mundano frente a ella; era tan... Tan aburrido. Sus pensamientos eran predecibles, la forma en la que la veía era predecible, su forma de intentar rozarse contra ella mientras la joven lo evadía era predecible ¡Malditos humanos! ¿Es qué no habían cambiado en lo absoluto en los últimos quinientos años? Iba a irse, darse la media vuelta, cuando leyó las intenciones del mundano, y tuvo que usar todo su autocontrol para no soltarse a reír ahí, con el riesgo de quedar como una loca, ¡Ese mortal! ¡Un simple mortal! Estaba pensando en que si le ponía la mano y le levantaba aquella falda, ella se dejaría, que si tocaba el escote que se asomaba sobre aquella blusa negra, ella se dejaría. Casi contuvo el impulso de arrancarle la mano por su descaro, pero aquello no fue necesario no, porque Deian seguramente no tardaba en detenerlo; el demonio tenía un don para darse cuenta de cuando alguien pensaba en tocar aquello que consideraba "suyo" (Si bien Milena, le había dicho en múltiples ocasiones, que la única dueña de si misma era ella, gracias) así que no le sorprendió que en su trayecto a su escote, antes de que ella pudiese moverse para hacerlo pedazos, una mano ajena detuviera su avance.

Lo que sí le sorprendió, fue que esa mano ajena, no fuera de Deian.

Milena jadeó, sorprendida, al mismo tiempo que incrédula miraba al hombre frente a ella. No había rastro de su anterior actitud maliciosa, no, era como si aquel castaño le hubiera tumbado sus defensas. Parpadeó anonadada. Sus ojos del mismo color que las llamas de una hoguera, se encontraron con los oscuros de la persona frente a ella. Le daba la impresión, por la cautela y precaución en los ojos de aquel ser, que podía verla de verdad, como era, escamas y ojos de reptil incluidos. Intentó entrar a su mente como cuando entra a la mente de cualquier mundano, esperando no encontrar resistencia alguna pero ahí estaba, evitando que ella se deslizara sin siquiera intentarlo ¿Cómo no se había dado cuenta de aquello antes? Había descartado a todas las personas de ese club si no recordaba mal. Había entrado y buscado cualquier tipo de ser sobrenatural y sin embargo ahí estaba él enfrente de ella, viéndose tan mundano como sólo los mundanos podían serlo y sin embargo... —Gracias— masculló ella, con seriedad y solemnidad, por educación más que porque realmente necesitara ayuda. Su mirada atravesó a aquel mundano, centrándose en la figura detrás de ella, viendo como Deian la miraba con aquella sonrisa arrogante, esos gestos oscuros, pidiéndole algún tipo de diversión. Ella apretó los labios. No era el títere de nadie y a veces, a veces Deian parecía olvidar aquello. Se olvidó del demonio por unos segundos, centrando su atención nuevamente en aquel ser para ladear el rostro antes de decir como quien halaga a alguien por su color de camisa —No eres un mundano.

No esperaba una respuesta verbal, no realmente. Aprovechado que los pensamientos de aquel castaño le eran más claros intentó averiguar que había en él que fuera diferente. Era un mercenario al parecer, su mente se llenó de recuerdos de demonios, más demonios, vampiros, brujos... Y brillando sobre todo aquello una mujer. La vio apenas unos instantes, pues al parecer era algo que el "mundano" no quería pensar, pero le bastó aquel segundo para notar las runas en los brazos de aquella chica, los cabellos rubios, las facciones delicadas, una nefilim le pareció. Una que se le hacía familiar ¿Tal vez alguien que Deian conocía? Como si quisiera recordarle que estaba ahí, escuchó la voz del demonio en su mente y bufó "Deian, cariño, ¿Puedes dejar que me concentre? Me gustaría decirte que te lo llevaré de rodillas, pero no está interesado. Creo que sabe qué soy, no sé si es un mundano con la visión o alguna clase de mestizo, pero puede verme, verme de verdad" pensó en su cabeza. Su atención se volvió a aquel mundano, pues no había pasado más de un minuto entre lo último que ella había dicho y su intercambio con el ángel caído, suspiró, luego ladeó el rostro, lo volvió a mirar. Se veía experimentado, como alguien que ha tratado con demasiados peligros en su vida como para reconocer cuando tiene uno enfrente y aquello la intrigaba tanto qué no podía dejar que se fuera, no —Si no eres un mundano y por lo tanto puedes verme, sabes que si yo quería, podía haber detenido con la mente a aquel idiota. Supongo, que no es del todo mentira eso de que tienes algo de honor— empezó a pensar con rapidez, intentando averiguar que podía decir que a aquel hombre le interesase lo suficiente como para que se quedase, sonrió con formalidad —Mi nombre es Milena Sardothien, necesito tu ayuda para conseguir información— chasqueó los dedos y la cartera apareció en sus manos, el dinero nunca había sido un problema para ella, menos desde que estaba con Deian y en aquel momento, con tal de asegurarse de poder averiguar más sobre quien era y porqué la nefilim en la que había pensado se le hacía tan familiar.

"Deian, conoce a alguien que se me hace familiar" le dijo al demonio mientras contaba billetes ¿mil? Mil seguramente serían suficientes para conseguir que el mundano se quedara. Se los ofreció mientras esperaba respuesta por el "otro lado de comunicación" después de unos segundos, le mostró mentalmente al demonio la chica que había visto en los pensamientos del mundano "¿Se te hace familiar? Y donde pienses alguna guarrada, te prendo en fuego. Me gusta, osea, es interesante, no es un mundano normal, tiene la visión y sabe bastante del mundo de las sombras, veré si logro sacarlo de este club de mierda" el profesionalismo era su mejor faceta y por eso mismo no creía que fuera a tener muchos problemas en convencer a un mundano cuyo dinero no le vendría mal (como mortales que eran, no tenían el tiempo que ella había tenido para acumular dinero). Una vez fuera de ahí vería que pensaba hacer Deian, el demonio era completamente impredecible, pero por el momento ella se contentaría con poder averiguar lo que pudiera sobre quien era, tenía una sospecha bastante fuerte sobre lo que podría ser, pero no quería comentarle a Deian nada, aún. El demonio no solía ser benevolente cuando se trataba de posibles bastarditos de Raziel.

No tienes que confiar en mi— dijo ella con un suspiro, mientras se pasaba la mano por el cabello, distraída —Yo no confiaría si fuera tu tampoco, pero este lugar está lleno de mundanos y odio los pares de ojos extra ¿Si? El dinero que te estoy ofreciendo sólo por escuchar lo que tengo que decir y por soportar la compañía de alguien que se unirá a nosotros muy probablemente. Si aceptas, hay más dinero, si no, puedes irte y no te quitaré el que ya te he dado. Realmente, no tienes mucho que perder ¿No crees?— Milena siempre había tenido un don para convencer a la gente, saber que palabras había que decir, la forma de formar alianzas. No le preocupaba nada de lo que aquel castaño pudiera hacerle, no, pero no daba pasos en falso jamás, porque subestimar a alguien, por más insignificante que aparentase ser, era algo que ella no hacía —Tu puedes elegir el lugar, te seguiré, ¿Qué dices mundano?— dijo ella burlona, pues no había de momento, una forma mejor de referirse a él —¿Quieres oírme o no?




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→ DOMINGO → 23:30 HRS → LOTUS DISCO → CLIMA: FRÍO (-7°C)
Cuando nuestras miradas se cruzaron, ella pudo ver en mí tanto como yo había visto en ella, o siendo francos, probablemente mucho más. Sus ojos rojos de reptil se adentraban en tu interior hasta lo más profundo de tu alma para intentar leer tus más oscuros secretos. Jannik no tenía telepatía, pero Lucretia sí, y el recuerdo de lo que esa ciega bastarda le hizo a Victoire me revolvió tanto las entrañas que estuve a punto de seguir con mi camino. Sobrevivir era la prioridad número uno de la gente como yo, y sin embargo me quedé ahí parado, petrificado, casi, delante de ella. Qué terrible belleza la envolvía. Qué escalofriante y hermosa resultaba al mismo tiempo. Si todas mis alarmas no se hubiesen encendido al verla habría disfrutado más de la contemplación de la imagen que proyectaba, pero me provocaba el mismo escalofrío que tocar un bloque de hielo. Cuanto más lejos estuviese de ella, mejor.

No hay de qué —aunque en realidad quien debía de habérmelo agradecido era el maldito mundano, porque a saber qué le habría hecho... Sus palabras sonaron frías y me cortaron la respiración durante un segundo. Luego intenté sonreír con cierto descaro, como si no estuviese absolutamente en guardia frente a ella, pero dudaba estar consiguiéndolo—. Si tú lo dices. Yo me siento muy mundano ahora mismo...

Y no era ninguna mentira. Generalmente contra demonios menores y subterráneos no me sentía tan indefenso, pero generalmente llevaba algo más que una daga escondida encima cuando me encontraba frente a alguien del calibre de la mujer que tenía delante en esos momentos. Ir desnudo y con el armamento que llevaba era prácticamente lo mismo. Me sentía horriblemente vulnerable, y si tenía razón y ella era capaz de verlo, podría perfectamente llegar a estar muerto. Esos ojos estúpidamente intensos suyos volvieron a sondearme de arriba hacia abajo; ¿por qué no era capaz de moverme? ¿Acaso el terror me había paralizado? Apreté los puños a cada lado de mi cuerpo intentando hacerme daño para poder reaccionar; si me daba lo suficientemente fuerte el dolor me haría moverme, siempre lo conseguía. Así podría disculparme con esa mujer y salir de allí cuanto antes...

¿Honor? —susurré por lo bajo, realmente sorprendido porque esa palabra saliese de su boca refiriéndose a mí. ¿Yo? ¿Honor? ¿Acaso conocía esa palabra lo más mínimo? Parecía una estupidez de la que me habría reído en otros momentos, pero en ese instante estaba tan tenso que sólo pude darle vueltas al dichoso concepto. Sin embargo, incluso sonreí. Qué estupidez. Yo, honor—. No te confundas. Es sólo que no soporto a los babosos. —Su nombre me resultó familiar. Sardothien... ¿Dónde lo había escuchado antes? —Wow.

De la nada salieron mil dólares que flotaron delante de mi cara, prácticamente. Aquello me olió lo suficiente a chamusquina como para no aceptarlos del tirón, aunque me confirmó que realmente aquella mujer debía de tener algún poder telepático para haberme pedido ayuda tan rápidamente habiendo intercambiado conmigo tres palabras escuetas y tres miradas algo más intensas de lo normal. Sardothien... Los billetes en sus dedos me tentaban, pero el frío que me provocaba en la nuca me repelía hacia detrás. Milena Sardothien, ¿dónde había escuchado antes ese nombre? Qué memoria de mierda. Iba a tener que empezar a dejar el alcohol de lado, que ya me estaba pasando factura a los treinta y pocos.

¿Confiar? Ten por seguro que no me fio de ti ni un poco, preciosa. Hueles peor que el veneno de una serpiente y estoy seguro de que picas igual que una de ellas. —Sin embargo, la oferta que me ofrecía era demasiado tentadora. ¿Mil dólares por aguantarla a ella, a su novio y una propuesta de trabajo que era sólo reunir información? La última vez no me había salido tan mal, aunque la señorita Santana había soltado tanta mierda de mí que si no me hubiese hecho ya un nombre en Dinamarca estaría acabado. Suspiré. ¿Me compensaba?— . Está bien —contesté, mientras alargaba la mano, cogía el dinero y lo introducía dentro del bolsillo de mi chaqueta—. Te escucharé. Pero si no termino aceptando tu trabajo no quiero represalias ni que hables mal de mí en el submundo. —Miró hacia un lado y hacia otro—. El acceso a las zonas VIP es algo plausible dentro de este lugar, pero si prefieres podemos movernos hacia otro sitio, al callejón de atrás o algún local de la zona. —Alcé las manos, esbozando una sonrisa que en otras circunstancias habría sido traviesa—. Llevo armas, pero no soy tan estúpido como para intentar asaltarte con ellas, te lo aviso. De todos modos, tú me dices lo que prefieres. A mí me da igual.

Sardothien... Ojos de serpiente... Escamas... De pronto la imagen me vino clara a la cabeza y me sentí estúpido por no haber caído antes. Claro. ¡Claro! Esta tipa. ¡Esta tipa! Simplemente no la había ubicado fuera de Europa, que era donde solía moverse antes de que yo me decidiera a venirme aquí. Joder, normal que me hubiese apestado a peligro por todas partes, ¿cómo no? Milena Sardothien era conocida incluso en Dinamarca por sus andanzas los más de quinientos años que llevaba viva, o eso decían las malas lenguas. Un escalofrío muy grande me surcó la espalda; mercenaria, asesina a sueldo... y asociada con demonios. Aquella mujer era letal y un paso en falso con ella podía suponer mi propio final. Mike, eres único para buscarte problemas, hijo.

Decía que tu nombre me sonaba. No contaba con encontrarme con la Doncella Escamada en Estados Unidos —le comenté mientras nos movíamos hacia la dirección que ella hubiese escogido—. Con más motivos, de momento, me dejo llevar. Sólo espero que lleves los rechazos mejor que otras clientas que he tenido.
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DOMINGO → 24:07 HRS → LOTUS DISCO → CLIMA: FRÍO (-7°C)
Faltaba menos que se tratara de un petulante presumido luciendo sus modales del siglo XVII por cuidar a la joya en la corona de Deian. No había seres más estúpidos después de los mundanos... al menos hasta conocer que un aventurero Cowboy decidiera pasar de la primera base a la segunda en cuestión de horas cuando tenía a un ser del averno con los ojos puestos en sus siguiente juguetito del año pero sí lo que detuvo al pelinegro no fue la clara situación que Milenia quería entre manos para un futuro proyecto, por qué entonces habría de ahorrarse saliva. Ella era la que se hacía cargo de toda negociación después de que ciertas inconvenientes del siglo pasado tuvieran bajo presión al duo maligno después de los finales poco benefactores tras su irritación y desesperación. Y, por eso más otras situaciones, se confiaba la vida -prácticamente- en dejar la palabrería para la hermosa lengua de plata que la diablilla poseía.

Mientras el dinero abundaba en las manos de la castaña como anzuelo al mejor pez del estanque, el demonio paseaba su mirada en cualquier otro objeto que le distrajera el deseo de ir y romper el cuello del cabrón especial, igualmente bebiendo a largos tragos el contenido de su vaso del que ya era su tercera vez consecutiva que se encontraba por encima de la medida para una bebida concentrada. Más lo que Deian no esperaba bajo ninguna circunstancia era la posibilidad de que un mundo más oscuro que el otro se enlazara tal Karma de navidad cuando el pavo termina siendo el recalentado de una semana entera. Y aquello fue reconocer sorpresivamente que en efecto la imagen de la mujer en mente de "risitos de oro" era ni más ni menos la viva imagen de la Hada con quien asuntos pendientes tenía para agendar en las siguientes semanas... ¿cuánta coincidencia existía para que ese enucentor no fuera treta de la más despiadada Hada conocida por Deian?.

"Cuando dejes de jugar con tu comida, Milena, aseguráte de que se encuentre cegado a mi llegada. Ya no pretendo un número del mejor show para éste club y el "cabrón especial" no parece de los que dejan oportunidades que le acerquen a un demonio mayor."

La experiencia de sobra prevenía a Deian de un segundo escenario "tras bambalinas" para que la bruja actuara mas discreta que entregar en plena vista un montón de billetes grandes con los pocos mundanos que les rodeaban como espectadores; y, aunque del gusto no fuera para el demonio, debía dar como premio el beneficio de la duda el cuál sería su propio movimiento luego de ver que las dos figuras comenzaran a moverse para desplazarse de su punto de reunión a otro.

"Esa chiquilla rubia es familiar de Lady C".

Despectivo al avisar en cuanto la bruja leyera sus más oscuros pensamientos que iban desde métodos de interrogatorio nada ortodoxos contra la Hada, hasta una conversación regida por indirectas y amenazas de muerte. Lo que inició como una divertida travesura por el Club ahora era un campo de estrategia minado para el pobre mundanito.
No me importa como lo hagas, llévalo fuera de toda esta prole, hay una puerta de servicio en el fondo por tu derecha. Ahí debe ser lo más privado sí es que no quieres encontrarte con ratas y ebrios vomitando en el callejón"

Olvidando el banco donde había estado sentado, en su camino se tragó el ya sexto vaso de Whiskey que abandonó sobre una mesita de clientes V.I.P muy junta de la barra, él tenía la curiosa habilidad de "dejarse envolver" por la oscuridad ahí y allá donde las luces de neón y el hielo seco no se encontraban para deslumbrar de apantallantes efectos a la multitud. Al mismo tiempo abrochaba los botones de su refinado saco antes de despejar el cuello de la camisa con movimientos calculados y elegantes de un caballero antiguo. Sonreía tal bestia hambrienta al acecho.

"Y Milena... prepáralo para una extraordinaria ilusión sí es que no moja antes los pantalones".
Retirando las mancuernillas de las mangas que dobló sobre los puños del saco, se pasó las manos por el cabello todavía un poco húmedo y, en cuanto observó que ellos salieron de la abrumadora masa mundana, apresuró sólo un poco el paso de manera más grácil para vigilar sigilosamente -y a distancia prudente- el desarrollo de un acontecimiento que marcaría la diferencia para la balanza que la Hada ya no podría controlar mas cuando Deian acababa de desvelar posiblemente uno de sus secretos más escondidos que el Santo Grial.



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→ DOMINGO → 23:30 HRS → LOTUS DISCO → CLIMA: FRÍO (-7°C)
Es una broma— dijo ella, impaciente, con una bonita sonrisa en su rostro de muñeca —He oído hablar de ti, como yo eres mercenario. Nosotros no tenemos honor, ¿Códigos? Si. ¿Algo de moral? Algunos, pero honor, no puedes tener honor cuando te dedicas a esto— Milena tenía estrictos códigos, no niños, no inocentes, no mujeres con hijos, nunca traicionar a su cliente y sobre todas las cosas, hacía lo que se le pedía y lo hacía bien. El hombre frente a ella tenía una reputación similar, claro que un mundano nunca podría siquiera rozarle los talones, pero aquel niño estaba rodeado de contactos tan peliagudos (entre ellos un brujo que Milena prefería tener de aliado a enemigo) que se la pensaría dos veces el hacerle daño, aún que claro está, Deian no tenía su analítica forma de actuar.

Sus ojos se desviaron a Deian pero la expresión del demonio era demasiado cerrada como para que ella pudiera saber en que estaba pensando. Sin embargo si que lo oyó, si bien hizo caso omiso mientras su atención se volvía a centrar en aquel mundano. Sabía que lo había puesto ya, bajo alerta, no necesitaba leer su mente para eso. Su expresión corporal le decía suficiente al respecto, por lo que procuraría ser mucho más cuidadosa con sus siguientes palabras, pero por el momento... "No confía en mi Deian, no es como que puedo ponerle una venda en los ojos y arrastrarlo fuera del club. Si pudieras callarte y dejarme hacer mi trabajo, lo puedo acercar a ti. Aún que no entiendo porqué te interesa. Nadie ha visto el dinero ¿Acaso me crees estúpida?" su tono cambió al leer un nuevo hilo de pensamientos, uno que Deian no pudo bloquear a tiempo "Usé un glamour. Tranquilo" Salió de la mente del demonio para volver su plena capacidad mental al plan que lentamente se desarrollaba frente a ella. Alejar al mundano de la gente y hacerlo rápido, el ángel caído no era paciente y acabaría haciendo alguna imprudencia si la galesa no le proporcionaba su "entretenimiento".

Ignoraré que has dicho eso, pero cualquier otra mujer se ofendería en mi lugar— su voz, mecánica y profesional, no dejaba entrever absolutamente nada más que un ligero aburrimiento. Ya había obtenido todo lo que necesitaba de la cabeza de aquel mundano, lo que restaba era esperar a ver si mordía el anzuelo y rezar porque Deian la dejase hacer su trabajo. Cuando tomó el dinero ella sonrió, verdaderamente encantada, cosa que suavizó sus facciones, haciéndola verse dulce y angelical, cosa que no correspondía del todo con su personalidad —Excelente. Y tranquilo, no tengo interés alguno en dejarte mal, si me ayudas haces mi trabajo más sencillo, pero finalmente, no necesito la ayuda de nadie— llevaba años jugando aquel juego y sobreviviendo por su propia cuenta, con la ligera protección que Deian le brindaba para evitar capturas y malos tragos, pero para conseguir información nunca requería ayuda. Y como realmente la información que deseaba de aquel mundano era sobre si mismo y la rubia que según los pensamientos de su demonio predilecto, era familiar de Claire. La mención del hada la hizo fruncir el ceño, irritada, pues las hadas no eran de su agrado, pero la misma les había pagado una buena cantidad y "favores" por la simple tarea de vigilar que su querida nieta no se acercase demasiado a cierto secretito sucio que pondría en peligro toda su operación. ¿Qué tendría que ver el mundano en todo aquello? Todavía no lo sabía, pero quería averiguarlo —La zona VIP de este lugar no es confiable, dejan pasar a cualquiera. Creo que hay un cuarto de servicio por acá, sígueme— río ante la broma de las armas, pues estaba segura que tanto ella como el castaño sabían como acabaría eso, y no era de una buena manera.

Los dos estamos fuera de nuestro lugar normal de trabajo ¿No? Hasta donde yo recordaba, te movías por Dinamarca— y tras eso, murmuró en gales las palabras "gato" y "negro". Como informante que era, era su trabajo saber de la gran mayoría de los mercenarios que se movían por Europa. Se encogió de hombros antes de seguir caminando —No estoy acostumbrada al rechazo, pero no suelo reaccionar mal, como ya te mencioné, la ayuda me sirve para hacer las cosas más rápido, pero o la necesito. Como seguro has escuchado trabajo bien por mi propia cuenta— no le sorprendió que reconociera su nombre, después de todo se había ganado ya el respeto del submundo; hubo una época donde tenía tantos contactos que podía darse el lujo de escoger entre ellos, pues el dinero nunca había sido un problema. Se adentró en aquel espacio, moviendo algunas cosas con la mente para hacer espacio; había ya una mesa acomodada en el centro, posiblemente para los guardias de seguridad, con sillas desperdigadas por toda la estancia, no era precisamente lo que a la joven le gustaba, pero tampoco iba a quejarse cuando lo único que deseaba era estar a solas con aquel mercenario.

"Puedes venir ya" le dijo al demonio mientras se sentaba, cruzándose de piernas y chasqueaba los dedos para aparecer una carpeta. Era sobre toda la información que había recabado en los últimos meses sobre el hada, su familia y los dos miembros del Consejo en los que estaba interesada aquella princesa feérica "Camuflajearé tu aura para que no sepa de inmediato que eres un demonio, así que por el amor de Dios, compórtate Deian" lo invitó con un gesto a sentarse frente a ella, mientras acomodaba los documentos para que el mundano sólo supiese lo que ella quería; y eso implicaba eliminar al hada de la ecuación y a su pequeño y sucio secreto —Una persona muy importante me contrató para vigilar a dos cazadores de sombras y sus allegados. Por lo que tengo entendido no les tienes mucho aprecio a los nefilim, por lo que dudo que te resulte especialmente difícil ayudarme. Por motivos de confidencialidad no puedo revelarte quien me contrató, pero es una mujer muy importante que quiere mantener algo bajo la tierra por así decirlo, así que...— sonrió, mientras le tendía los archivos, donde venían fotos de la joven rubia que había visto en sus pensamientos, su hermano, los nefilims allegados a estos (un moreno de aspecto duro, una joven rubia de aspecto menudo que aparecía en numerosas fotos con el medio hermano de la francesa, entre otros) —Si me ayudas a conseguir información de las personas en estas fotos, te pagaré, y pagaré muy bien. No puedo acercarme al Instituto sin más, pero supongo que con tus contactos podrías conseguir a alguien que te informe en específico sobre... Esta chica y su medio hermano.

Supo el momento en que el demonio se unió a ambos y rápidamente se encargó de usar un potente glamour para ocultar aquel aroma y esa aura que gritaba peligro, de forma que pareciese otro brujo más. No volteó a verlo, pero si se recorrió un poco, para permitir que el mismo se sentase a su lado, sonrió con amabilidad, lista para ver la expresión del mundano o leer cualquier pensamiento que pudiese darles pistas.




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→ DOMINGO → 23:30 HRS → LOTUS DISCO → CLIMA: FRÍO (-7°C)
Me pregunté por un segundo si el que hubiese oído hablar de mí, en otras circunstancias, me habría parecido halagador, o si me habría hecho sentir el mismo escalofrío helador que me recorrió la columna en ese momento, a pesar del asfixiante calor que nos rodeaba... Si me sonaba su nombre es que era alguien a tener en cuenta dentro de nuestro mundo, pero no podía dejar de pensar que al final ese hecho me acarrearía más problemas que otra cosa, llegado el momento. Quizás ya era ese momento. Sus palabras, sin embargo, me hicieron desviar mis propios pensamientos. Códigos. ¿Tenía yo códigos por los que regirse? Sabía perfectamente qué clase de cosas estaba dispuesto o no dispuesto a hacer, por mucho que me contratasen a cambio de un verdadero pastizal. Santana había sido inteligente antes de contratarme y no me había pagado un duro -también yo se lo había aconsejado así- porque una de mis máximas es no meterme en trabajos que pudiesen suponer la muerte para mí; conozco mis limitaciones y le tengo aprecio a mi vida, y la señorita Yates no era moco de pavo, por mucho que no inspirase ni de lejos el mismo terror que su medio hermana mayor. Pero, ¿me movía contra algo más? Las violaciones. Los niños y las niñas. Embarazadas. La lista era más bien corta. Me pregunté cómo de larga sería la de ella, si es que tenía alguna, y qué clase de premisas estarían reflejadas ahí. Tampoco pensaba preguntárselo, pero me intrigaba saber si para alguien que hacía que todas mis defensas se activasen con su mera presencia había barreras que no estaba dispuesta a atravesar.

Generalmente me importa poco que la gente se ofenda, pero también soy consciente de que no eres cualquier mujer —contesté antes de coger los billetes mientras alzaba los hombros. Fue casi fascinante ver cómo cambiaba la mueca de su rostro con aquel simple gesto, con el que estaba aceptando su invitación a seguirla allá donde estuviese dispuesta a llevarme. Intenté alejar a Victoire de mis pensamientos, bloquearla detrás de un muro centrándome en el árbol donde mi padre nos ponía a entrenar en el jardín de atrás de nuestra casa. Su corteza arrugada me traía el olor de la hierba en primavera justo debajo de la nariz, y me hacía pensar en otros tiempos, quizás no mejores, pero sí diferentes—. Agradezco tu sinceridad, señora. Y créeme, soy muy consciente. —Guardé el dinero en mi cartera sin añadir nada más, y asentí ante la invitación. Qué romántico, un cuarto de servicio—. Ideal para una primera cita —murmuré por lo bajo, mientras bufaba. Si Jannik hubiese sabido lo que estaba haciendo me habría matado—. Pues sí —afirmó—, pero decidí cambiar de nicho y empezar de cero.

Aún me preguntaba exactamente qué me había llevado a irme de Dinamarca. ¿Fue sólo el trabajo que me ofreció Santana, o fue algo más? Quizás el recuerdo de mi padre me asfixiaba, o la añoranza a mi hermana estaba acabando conmigo. Probablemente fuese que no soportaba ya más estar ligado a un nombre, a una familia que me había traído más dolor que otra cosa, cuando padres y madres se supone que están para cuidar y proteger a su descendencia, no para torturarla hasta hacerles sangrar. Quiero a mi madre, no os equivoquéis, pero nuestra relación es absolutamente destructiva y cuando más lejos esté de ella, he descubierto que es mejor para mí.

No me sorprendió, al entrar en la habitación, verlo todo preparado para nuestro pequeño encuentro; si no hubiese sido por el pestazo a moho y por la escasa calidad de los muebles de ese lugar, habría jurado que era su propio despacho, por la forma que tenía de moverse por él como si fuese la dueña y señora del lugar, que perdona nuestras vidas con su simple presencia. Resultaba increíble cómo podía imponer tanto siento tan pequeña, pero si algo había aprendido con el paso de los años era a nunca subestimar a nadie por su apariencia. Eso sólo empeoraba las cosas, al final. Tomé asiento cuando me lo ofreció, desabotonando mi chaqueta para sentarme más cómodamente, mientras ella extraía los documentos que le parecían oportunos de la carpeta que había hecho salir de la nada y empezaba a hablar. El recuerdo de Victoire diciéndome cómo evitar que alguien pudiese leer tu mente fue lo primero en lo que pensé al ver las fotografías que me estaba mostrando. Lo segundo fue mi madre, y me centré totalmente en ella para apartar a la nefilim de mí, mientras me explicaba que uno tenía que saber guardar las apariencias en cualquier momento, y no dejar que tus emociones te controlasen más de lo necesario. Bien, me había permitido estar tenso porque sabía que así Milena sería consciente de cuán en serio me la tomaba y cuánto la respetaba por su poder y su fama. Pero desde luego no pensaba mostrarle el impacto que me había causado ver el rostro de la nefilim en esa imagen, bloqueándolo tras el recuerdo del árbol del patio de atrás.

Sin embargo, soy consciente de que no pude evitar que determinados pensamientos se diluyesen por el camino. Aunque mi madre y mi padre intentaron enseñarme bien, aunque los consejos de Victoire fuesen acertados, no todo podía dárseme bien en esta vida, y evitar que no lo leyese todo era absolutamente imposible, y lo sé. Lo que nunca sabré es qué alcanzó a escuchar exactamente, y eso me producía un terror que sí que era bueno ocultando detrás de una máscara de escrutinio hacia lo que me estaba mostrando.

Cogí la foto del chico y reconocí a Adeline en ella. «Así que Victoire tiene un medio hermano» Reclinado sobre el asiento me llevé la mano a la cara mientras alzaba la foto, observándola, pensativo. Así que el hermano de Victoire salía con esa criaja insoportable, pues qué bien. Por supuesto que podía darle información sobre ella, y sobre la propia Victoire. Sobre el imbécil de su hermano ni idea, aunque sí que había escuchado su nombre entre susurros. Sin embargo ahí mi problema más gordo era cómo actuar de ahí en adelante; si aceptaba el trabajo -cosa que no iba a hacer-, no podía escabullirme sin cumplir nuestro trato, porque me mataría, eso lo tenía muy claro. Si no lo aceptaba, teniendo en cuenta que seguro que había accedido a mi cabeza con anterioridad, sería capaz de intuir que no lo hacía por motivos personales, lo que me colocaría a mí en el foco de mira y me jodería para siempre. Solté la foto del chico y tomé la de Victoire, observándola como si fuese la primera vez que la viese; la quietud de la imagen no le hacía justicia al ardor de sus ojos ni al fuego de sus labios. Lo más fácil habría sido traicionar a la nefilim y aliarme con ella, y en otras circunstancias lo habría hecho; Milena era una bruja poderosa, con contactos y que pagaría bien por lo que fuese. Victoire era una nefilim, y yo no les debía nada ni a ella ni a su gente,  y los negocios eran los negocios... ¿No? Pero la simple idea me revolvió el estómago y me hizo asquearme de mí mismo mientras intentaba respirar pausadamente, no dejando entrever lo que me estaba surcando por la cabeza en ese momento.

Una tercera persona entró en la habitación. Era un hombre alto con aspecto de cretino que me observaba como si no fuese más que una marioneta o un juguete, y aunque generalmente me gustan las brujas y los brujos, ese tipejo me pareció un gilipollas nada más verle. Qué bien. Sumemos más emocionas a la ecuación. Dejé la foto sobre la mesa y las contemplé, a ambas. No me importaba que notase mi indecisión; sí, no tenía nada a favor de los nefilims, pero esa misión también entrañaba sus riesgos. Y los mayores estaban sentados frente a mí. Alcé la mirada y la centré en la pareja que me observaba casi con deleite, como un ratoncillo al que habían terminado enjaulando, y fruncí el ceño. Cuanto más tiempo pasase a su lado, peor.

Es una oferta ciertamente tentadora, Sardothien. Pero creo que voy a rechazarla. Tengo contactos en la ciudad, cierto, pero aún no me he labrado la reputación aquí que en Dinamarca, y pocas de las personas con las que me codeo son aficionados a vender información de la Clave, aún, a pesar de todo. —Jannik no era de los que saldría a recibir una bala por los cazadores de sombras, pero tampoco les traicionaría, desde luego—. Así que lamento no poder ayudarte en tus pesquisas detectivescas. —Intenté sonar desenfadado, y no me levanté directamente, porque no quería parecer que quería salir huyendo. Eso sería lo peor que podía hacer, dadas las circunstancias. Centré mi mirada en el desconocido que acababa de entrar, sintiendo un escalofrío aún mayor que el que había percibido cuando había visto a Milena, y me pregunté quién sería ese imbécil con pintas de psicópata que me observaba como si fuese un muñeco ideal para destripar.


Última edición por Michael Stenberg el Mar Mar 27, 2018 12:32 pm, editado 1 vez
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Gold mine & ¿jealous demon?
24:25 HRS → LOTUS DISCO|RINCÓN (HOT & CURIOUS)
Un segundo... ¿No algo estaba faltando en el atuendo?.
Detenido en seco se contempló a sí mismo en el reflejo del mármol en las columnas a un paso de la puerta por donde el par se escabulló, ahí escaneó con la mirada todo detalle desde los lustrosos zapatos al inmaculado traje y entendió curiosamente la indirecta de su subconsciente jugando una alocada idea que era exactamente una señal "caída del cielo". Lo que necesitaba no era un glamour. No. Sí quería meterle un hierro ardiente al ano de ese Cowboy... necesitaba con urgencia reinventarse. ¿Pero cuál modelito sería del agrado para encender las calderas de esa traviesa bruja?.

-"Por supuesto, un literal moja bragas.


Girando el picaporte, avanzó al interior del más oscuro y decrépito deposito de porquerías mientras se abría el único botón del excelso traje azul usado por y para esa reunión tan "clandestina". El azabache cabello fue reemplazado por un casi rizado cabello castaño finamente recortado. Los ojos onix se transformaron en un bonito par zafiro a juego con el traje. Y la arrogante sonrisa se debía a los orgullosos par de cuernos torcidos naciendo de las sienes para acomodarse en el inicio de la nuca enroscados en su punta como fieles amantes. ¿Qué más daba un poco de diversión sí te encontrabas el mejor "repertorio"?. Así que rodeó lateralmente a espaldas del cowboy quien ya tenía toda la información a su disposición, e igualmente procedió a pasar tras la despampanante bruja mientras se pavoneaba tal chico puberto conociendo qué era fajarse por primera vez. Finalmente cuando tomó asiento junto a ella, abrió comodamente el compás de las piernas y entrelazo las manos apoyando los codos sobre las rodillas para sonreír socarrón al anfitrión. Sin embargo ladeó la cabeza hacia ella reclinando un poco el cuerpo mientras levantaba una ceja.

"No me digas, ¿te agradaría montarte en éste bombón?. Tranquila, finge conmigo que ambos somos unos brujos con exceso de sexo y compartiendo el don de la telepatía. Vamos, sé buena niña".
Eso en el caso de que ella estuviese dispuesta a leerle la mente antes de corregir la posición y mirar fijamente la para nada interesante figura de acción/Cowboy versión ilimitada. Encogiendo los hombros, aguardó silencioso por la respuesta del incrédulo pero cuando sus labios se movieron y la mínima atención que recibía fue... ¿una peor reacción a la de su Padre cuando le exilio?.

Idiota.

¿De verdad acabas de decir lo que creí escuchar?— La cándida voz masculina tampoco era suya, la escuchó de un joven en el bar y decidió aplicarla al modelito al tomar la palabra por primera vez. Exhalando con una risita irónica, mostró la perfecta dentadura en esa sonrisa perturbadora aunque encantadora mientras liberaba sus dedos y toqueteó la superficie de la mesa. Humedeciendo sus labios con una "lasciva" natural, repitió el movimiento de cabeza y postura para fijarse en los ojos tal escarlata de la bruja.

"Dame su nombre, el verdadero, no quiero alias"

Michael, Michael, Michael— Pronunciando con teatralidad de sobra, suspiró negando con la cabeza —No quieres rechazar un trato así. Sólo es información, ¿no es cierto?. Y hay una cantidad exagerada de dinero esperándote por que sabemos lo que vale tu grandioso trabajo. De no ser así, créeme, no estaríamos perdiendo el tiempo— Estirando los dedos con el torso expuesto de las palmas, mantenía la sonrisa de la presa sabiendo cómo jugar con la comida y sin la intimidación natural de Milena —Olvidas, por lo que veo, qué bando está ganando terreno y sí no fue suficiente el espectáculo genocida de Times Square... ¿acaso necesitas gafas?— Apoyando perezoso la espalda en el respaldo de la silla, subió el tobillo a la rodilla contraria adoptando la pose más despreocupada pese a la mirada asesina —Por favor, eres inteligente, no vas a tardar en unir todos los hilos para entender que los bastarditoss de Raziel no tienen oportunidad y necesitas... no... es tu deber tomar una decisión justo ahora que no arruine el resto de tu vida. ¿Dominante o sumiso?. ¿Frente en alto o esposas tras la espalda?. Es así de simple. Pero recuerda, no eres inmortal y toda evasión dejará de importar en 50 años cuando ni tu amiguito entre las piernas asista a las desesperadas caricias madrugadoras.

Levantándose de la silla, abrochó el único botón del traje con elegantes y precisos movimientos para después alizar las mangas del saco. Tendió la mano diestra hacia la bruja quien tuvo totalmente su atención como el amante que en el fondo marcaba su territorio. Regresó la atención al peludo cowboy mientras esbozaba la sonrisa socarrona del principio y chasqueó los labios.

Pero tienes razón, anda, ve a envejecer tomando las decisiones de un hombre que va por el camino de la luz— Burlándose como el exiliado ángel que imploraba perdón entre maldiciones al Todopoderoso, ignoró su presencia girando el cuerpo a la castaña, habiendo dado su ultimátum esperaba porque se quedara el patético niño o se largara antes de ser castrado en ése lugar bajo los métodos más sádicos que harían ver al Marqués como un aprendiz de guardería. —Y Mikey...— Añadió mirándole de reojo mostrando quizás por una milésima de segundo el verdadero color de ojos que le pertenecía como demonio —¿En serio creíste que ése tontuelo de la pista apareció sólo porque si para que actuaras inmediatamente?.

Oh gloriosas mentiras y manipulaciones.


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Who talk about "Pandemonium"?. N.Y has more fun than that poor thing!
→ DOMINGO → 23:30 HRS → LOTUS DISCO → CLIMA: FRÍO (-7°C)
Sonríe con calma y serenidad. No le extraña la respuesta de Michael, por supuesto que no. La esperaba. ¡Los mortales eran tan predecibles! Y una de las ventajas de ser tan analítica como ella, es que no necesitabas la premonición para predecir como actuaría alguien. La voz de Deian resonó sobre su cabeza y ella ladeó el rostro impasible. No necesitaba recordatorios de lo que tenía que hacer. Pero no le dijo nada en su lugar guardó la carpeta con una calma exquisita, rozando las hojas y las fotografías con las uñas perfectamente arregladas. Una parte de ella hubiera deseado que aceptase. Hubiera sido más interesante. Pero los mortales solían ser estúpidos y ponían sus sentimientos sobre lo que les convenía, lo cual los volvía débiles a sus ojos. Se volteó hacia Deian con la indiferencia brillando en su mirada, se veía apuesto, con aquel traje, con aquellos ojos oscuros reluciendo con diversión pero Milena tenía el control de todo en su vida, incluyendo sus impulsos "Si amor, te ves atractivo y todo, pero a diferencia de ti, hace años que aprendí como controlarme"

Sin embargo, teme por su reacción. Acaricia la empuñadura de la daga mientras lo escucha hablar, sin cuidado, como siempre. No se altera, simplemente espera, paciente. Tal vez solo quiera asustarlo, tal vez solo quiera darle una lección; la verdad le es indiferente mientras no lo mate, porque lo necesita. Lo necesita con vida. Cuando le exige el nombre del nefilim frente a ella, duda por unos segundos; porque odia cuando Deian le ordena cosas como si ella fuera su esclava todavía "Si deseas algo, pregúntame" le dice con frialdad mientras se acomoda el cabello altanera "No estoy obligada a cumplirte todos tus caprichos. Ya no. Se llama Michael, Michael Stenberg" al final se lo dice, porque sabe que lo peor que puede hacer es alterarlo en ese momento; ya hablarán de aquello cuando regresen al departamento, y discutirán y al final acabarán en la cama, porque en parte se pelean y forcejean tanto con el otro por eso, porque aman terminar en la cama.

Lo deja ser pese a todo. Lo deja hablar mientras se queda a su lado indiferente mirándose las uñas como si las pláticas entre ambos hombres le diera igual. Deian tenía una forma directa de asustar y amenazar. Le solía funcionar bastante bien porque tenía esa aura de peligro y de magnetismo natural que hacía que buscases complacerle; así fuera solo para que no te rebanara la cabeza de un tajo. Ella no era así, porque su aspecto no era el de alguien que diera miedo a menos que fueras muy listo; era hermosa, tenía la belleza de un ángel pero los ojos llenos de vida y oscuridad. Hacía falta experiencia para reconocer el peligro en ella.

Cuando Deian le tendió la mano la tomó y se puso de pie. Sus ojos flameantes atravesaron a Michael con una serenidad que te helaba el cuerpo. Ese si era su don. Tenía una vista cargada de inteligencia y cuando te miraba te hacía cuestionarte todas tus decisiones, como si ella pudiera ver cada paso que ibas a tomar. Dejó que el glamour abandonara a Deian y sintió su aura, oscura apoderándose de todo. Sonrió con diversión y un brillo pícaro en sus ojos. Le miró durante unos segundos antes de con un gesto, indicarle que se adelantase, no fue hasta que se quedó a solas con Michael y se aseguró que Deian de verdad estuviera lejos que habló —Dice la verdad ¿Sabes? Raro en un demonio, decir la verdad. Pero no miente en general— lo mira durante unos segundos; no se molesta en entrar en su mente porque si bien si se lo propusiera podría tenerlo de rodillas suplicando que deje de meterle recuerdos en la cabeza y jugar con su mente, no lo necesita. Sabe que la está bloqueando y le parece incluso tierno, porque no es muy bueno en ello; ningún mortal suele ser bueno en eso.

No suelo advertir a la gente cuando voy tras ellos, es más fácil acabar con alguien cuando no se lo espera— arrastra las palabras con una serenidad irritante mientras lo mira con algo de tristeza, como si le diera pena. Todo lo hace apropósito por supuesto, Milena nunca hace nada sin querer hacerlo. Por eso es tan buena, porque antes de hacer algo ya lo ha pensado mil veces en su mente y si bien su encuentro con Michael fue accidental, no significa que no haya planeado todo desde el momento en que Deian le dijo con quien estaba liado —Pero voy a hacerte un favor. O darte un consejo, de mercenario a mercenario— en ese momento sonríe con sinceridad pese a todo, porque le produce diversión imaginarlo corriendo a decirle a Victorie, porque sabe que lo hará. O por lo menos lo sospecha fuertemente —Aléjate de ella. De Victorie— el nombre lo ha extraído de la misma mente de él, pues ella no lo conocía antes, pero apenas vio la foto no pudo evitar que se colase en su mente, como no podrá evitar ir a con ella —Su familia está llena de secretos y ella está caminando por un hielo muy delgado. Cada paso que da es un paso menos antes de que me pidan que la mate. Y si estás cuando vaya a por ella, tendré que matarte también. Y si has prestado atención a los rumores que corren sobre mi sabrás que no suelo fallar. Además has visto la protección que tengo— sonríe y empieza a caminar hacia la puerta silenciosa y ágil como una pantera —Nosotros solemos tener un buen instinto de supervivencia. Espero lo uses. Ojalá no tenga que volverte a ver Michael, porque temo no acabará bien.

Abre la puerta y ve a Deian a la lejanía. Por un segundo se siente tentada a decirle que Michael tiene sangre nefilim, pero no lo hace. Deian lo mataría si se entera de ese pequeño detalle y la idea de dejarlo vivir le tienta; quiere que les avise, que les diga como lo hizo el hijo de Lilith "Erchomai" había escrito "Ya vengo". Por un segundo se detuvo en la puerta, pero esta vez no se molestó en hablarle con su voz, se deslizó en su mente como un parásito y cuando habló lo hizo con la misma serenidad con la que le había dicho que tendría que matarle "Cuando vayas con ella dile que si sigue por el camino por el que va, va a destruir todo lo que ama. O tal vez tomes mi consejo y te alejes de ella. No lo sé. Ustedes mortales no suelen ser muy listos cuando..." se regordea un poco en sus palabras, en no terminar la frase; y se aleja antes de tomar del brazo a Deian. No voltea a ver en ningún momento porque no lo necesita, ya ha perdido todo el interés en aquel mundano, como si no existiera.

Creo que lo hemos dejado muy confundido— masculla, mientras une sus labios a los del demonio y le acaricia aquel traje con diversión —¿Te conformas con esto cariño? ¿O quieres ir a probar suerte a otro lado? Porque si quieres regresar al departamento se me ocurre una o dos cosas que podemos hacer.




I’ve been a bad girl, don’t you know?:
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Who talk about "Pandemonium"?. N.Y has more fun than that poor thing!
→ DOMINGO → 23:30 HRS → LOTUS DISCO → CLIMA: FRÍO (-7°C)
En general soy un tipo impulsivo, para qué negarlo, aunque es algo que suele verse mitigado por la mala costumbre que tengo de querer vivir; mi espíritu de autoconservación supera al suicida, si bien es verdad que el segundo suele salir a la luz más a menudo de lo que debería, pero sólo en situaciones en las que creo que puedo mantener un cierto control. También es cierto que en situaciones de negocios suelo mantener la compostura mucho más de lo que cualquier persona que me conociese cupiese a esperar. Quizás es que me estoy haciendo viejo, no lo sé, pero pocas cosas pueden hacerme saltar una mesa e intentar clavarle una daga en la cabeza a la persona con la que estoy conversando en esos momentos en aras de ver si acepto el trabajo que me está proponiendo o no. El tono con el que me habló el imbécil cornudo aquel fueron más que suficientes para que me lo plantease, siquiera, pero como digo, mi instinto de supervivencia es mucho más fuerte, a veces, que mis tendencias suicidas. Y Milena Sardothien no era cualquier tontería que uno pudiese eludir. Además, había algo en aquel... brujo que me puso los pelos de punta, aunque no sabía acertar el motivo; quizás porque me pareció atisbar un fondo de locura en sus ojos en un parpadeo, tan breve que temí habérmelo imaginado. Sin embargo, esa sensación no me abandonó ni siquiera cuando sus palabras me irritaron tanto que me costó reprimir cualquier impulso que no fuese respirar profundamente para tranquilizarme. Mi vida estaba por encima de mi orgullo, la verdad.

Por eso, quizás a parte del tono condescendiente, sus palabras no tuvieron demasiado efecto en mí. El tipejo podía decir lo que le viniese en reverenda gana, creyendo que ponía el dedo sobre una yaga que directamente no existía; sus adulaciones no inflaron mi ego y nunca, jamás, había tomado partido por ninguno de los dos bandos durante ninguna de las guerras que se habían librado en los últimos años. Eso sólo limitaba las opciones a tu alrededor, constriñendo la correa que solía atarnos a la gente que nos dedicábamos a ese negocio, pero por primera vez me dije que si al final terminaba ganando la gente de Lilith quizás y sólo quizás aquello terminase siendo inevitable.

Lo que tú digas —fue lo único que se me ocurrió decirle que no hubiese terminado siendo absolutamente desagradable, que eran, por cierto, las únicas cosas que realmente me apetecían decirle. Que se fuese a darle su puñetera opinión a quien le importase lo más mínimo, por cierto. Yo había ido a hacer negocios con Milena, no con aquel imbécil, pero algo me dejó la lengua pegada al paladar en ese momento.

Sí que enarqué una ceja ante la supuesta confesión de que el hombre que se había acercado a Milena en realidad era un cebo preparado para atraerme, y aunque dentro de mí lo sentí como un suicidio, no pude controlar mi lengua. No más. Aquel tipejo era demasiado petulante, demasiado engreído... demasiado gilipollas, en general, hablando como si tuviese la verdad, el conocimiento, todo bajo su control.

Pues habría sido más fácil concertar una cita por teléfono.

Segundos después me arrepentiría por haber usado esas palabras, al mismo tiempo que me alegraría de no haberle dicho nada más inapropiado, porque sucedió algo, como si hubiesen bajado un interruptor o hubiesen abierto todas las ventanas de una casa, y de pronto supe perfectamente qué criatura tenía delante de mí. No grité. No me levanté. Aparentemente ni siquiera me inmuté, aunque cualquier persona observadora podría haber percibido que mis ojos se agrandaron, que apreté los dedos entre ellos, incluso que las pulsaciones se me hicieron tan pesadas como un yunque. Los nervios vibraron a flor de piel, haciendo que se me erizase, y en realidad sólo tuve ganas de salir corriendo de allí y perderme más allá, pero no lo hice. Mantuve la compostura, hasta cierto punto, lo cual debió ser encomiable, porque era la primera vez que estaba frente a un demonio mayor. El ambiente se había vuelto tan cargante, tan opresivo, que costaba siquiera respirar, hablar o pensar en otra cosa que no fuese eso y el repugnante hedor que manaba de su cuerpo. Basura quemada. Fruncí tanto el ceño como los labios, pero mantuve la expresión concentrada hasta que él se hubo marchado, momento en el que me permití tomar aire de nuevo, dando un respiro a mis pulmones, que habían estado cerrados y a punto de reventar.

Todo un consuelo...

En realidad sólo quise decirle que estaba loca. Había escuchado rumores de que se codeaba con demonios, pero aquello... La forma que había tenido él de poner las manos sobre ella no era la de una socia, simplemente. Podría haber vomitado. Las brujas eran hijas de los demonios y de la oscuridad, pero no dejaba de sorprenderme el encontrar a quienes estaban tan severamente unidas a ellos. Y cuando eran padre/madre e hija/hijo podía llegar entenderlo, pero aquello... Negué con la cabeza. Sus palabras me llegaron lentamente, como si sintiese lástima de mi, de mi situación; eso sólo me hizo odiarla intensamente, porque una parte de mí gritaba que si había elegido servir a aquel engendro era por algo, y por mí podía comerse ese intento de compasión que no engañaba a nadie. Si él no hubiese aparecido, si él no hubiese dado la cara, quizás habría podido pensar que de verdad podía inspirarle lástima por el motivo que fuese. ¿Pero ahora?

No tengo honor. Mi código es limitado. Sin embargo, ¿hacer tratos con demonios? Nunca. Tampoco tengo orgullo y nunca he pensado en mí como un nefilim, pero quizás exista algo de la sangre de Raziel dentro de mí y por eso la idea de asociarme con un caído es lo que me crea verdadera repulsión, hasta el punto de odiarla a ella. La seguí con la mirada mientras se dirigía hacia la puerta, y por algún motivo hablé antes de que se marchase, aunque dudaba que mis palabras fuesen a servir absolutamente de nada, o a importarle en lo más mínimo.

Gracias por tu preocupación, pero no necesito tus consejos, bruja —nunca había utilizado esa expresión cargada con tantísimo rencor, y dudé de si se había colado tras la puerta mientras ella la cerraba. Su voz vuelve a golpearme dentro de mi cabeza, y eso sólo enciende mi rabia. Quise gritar.

«Espero que puedas pudrirte lentamente en el infierno, cabrona.»

Me quedé allí, sentado en esa ridícula silla con el dinero que me había dado quemándome en el bolsillo, los dedos entrelazados entre sí y el odio recorriéndome las venas a tal velocidad que podría haberme reventado las arterias si eso fuese posible. El zumbido de las bombillas sonaba sobre mi cabeza, continuo, perpetuo. Empecé a temblar de pura rabia, y antes de que me hubiese dado cuenta estaba de pie lanzando la mesa contra el fondo de la habitación con un grito que me destrozó la garganta. Jadeé, apretando los puños hasta hacerme sangre. No recordaba la última vez que me habían hecho sentirme tan impotente, tan discapacitado, como si me hubiesen arrancado los miembros y me hubiesen dejado siendo un torso inerte, incapaz de defenderme. Quise destrozarlo todo a mi alrededor, seguirles y meterles un tiro a cada uno en la cabeza, pero como ya dije, mi espíritu de autoconservación suele ser mayor al suicida, así que me quedé allí hasta que conseguí calmarme ligeramente. Con los ojos ardiendo por la ira salí de aquel sitio, dando un portazo tras de mí, y al llegar a la pista de baile tiré el dinero por los aires sin importarme quién pudiese cogerlo.

No tengo honor, ni orgullo, pero esos billetes me habrían supuesto una marca eterna dentro de mí con la que no estaba dispuesto a cargar. Salí del local sin mirar a nadie, a pesar de que sólo tenía ganas de reventarme la cara con algún desgraciado, y me dirigí a la casa de Victoire.



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