29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


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Oh... Hi there! ❅ Uriah

Mensaje— por Coraline Moreau el Vie Nov 24, 2017 6:15 pm

Oh... Hi there!
→ Lunes → 00:00 → Callejón  → Frío

Odiaba los lunes. Seguramente como cualquier persona habida y por haber en este mundo. En realidad odiaba todos los días de la semana, menos los sábados, los sábados me gustaban. Me solía quedar tumbada en la cama hasta las mil y una, cuando me empezaban a rugir las tripas demandándome que les alimentase. Eso solía ser sobre las cuatro de la tarde. Luego me pasaba la tarde danzando por casa, con la música a todo volumen aprovechando que Melissa nunca estaba por allí, sin hacer nada en concreto, hasta que me picaba el gusanillo de ir a explorar la ciudad. No me hacía falta nadie, mi bolso y yo éramos suficientes. Unas veces acababa dando vueltas sin más hasta llegar a Central Park, otras me daba por ir a algún club (tenía que aprovechar que ya pudiese ir legalmente después de cumplir los 21) y, en ocasiones, me daba por coger un autobús y plantarme en alguna de esas pequeñas ciudades que rodeaban la Gran Manzana. Siempre acababa haciendo algo. Pero los lunes… eso era otra historia. No sólo tenía que levantarme cerca de las 6 de la mañana para ir a clase, sino que me pasaba hasta casi las cuatro de la tarde entre una cosa y otra en la Universidad, para luego salir pitando y no llegar tarde a abrir la tienda a las 5 en punto. En qué momento se me ocurriría empezar a estudiar de nuevo. Cierto era que no me hacía falta trabajar mientras lo hacía, tenía ahorrado para pagar mis estudios y, en el caso de que no fuese suficiente, mis padres seguramente hubiesen puesto el resto, pero sentía que era el momento de dejar de ser una garrapata humana y buscarme mi propio espacio, y para eso tenía que seguir trabajando, los alquileres en la ciudad no eran especialmente baratos. Y como buen lunes que se precie, ahí estaba yo, casi las doce de la noche y todavía no había terminado de hacer todo lo que me tocaba en la tienda para dejarla preparada para la chica que trabajaba por las mañanas. Era, sigo y seguiré siendo un desastre andante.

Para cuando terminé de barrer el suelo, hacer las cuentas y ordenar toda la ropa eran las doce menos cinco. Menos mal que aquella noche le tocaba trabajar a mi hermana, si no la tendría desde hace casi una hora llamándome al móvil como si no hubiera un mañana. Dejé todo en su sitio y apagué el equipo de música antes de coger un post-it para escribirle una nota a la chica de por la mañana que coloqué en la puerta de atrás antes de salir.

Aquel callejón por el que tenía que salir todas las noches me ponía nerviosa. No era de esas personas a las que le diesen miedo muchas cosas, sólo había una que me pusiese de los nervios, la oscuridad, y aquella estrecha calle a penas tenía una pequeña bombilla sobre la puerta. No había ningún otro tipo de luz hasta la calle principal. Ya casi me había acostumbrado, casi, aunque los primeros días fueron los peores, solía pedir que me fuesen a buscar y me esperasen junto a la puerta. Ahora tenía mi propia técnica. Cascos puestos, música lo suficientemente baja como para poder oír por encima de ella y mirada al suelo. Ese era mi ritual para llegar hasta el mundo de luz artificial que tanto me reconfortaba por las noches.

Cerré la puerta con llave y emprendí mi ritual o, al menos, lo intenté; no llegué a colocarme el segundo auricular. Una sombra rondaba cerca de la farola de la calle principal. Comencé a caminar intentando ignorarla pero se dio cuenta de mi presencia. Seguí los pasos hasta que se movió y lo tuve lo suficientemente cerca para que la luz cerca de la puerta le iluminase mínimamente. -Hola, preciosa, ¿estás solita?- contuve la respiración. Normalmente simplemente le ignoraría, le apartaría de un empujón o usaría alguna de las técnicas de defensa que Melissa me había enseñado, pero él era diferente. Le veía los afilados colmillos asomarse en su sonrisa malévola, y esa piel tan extremadamente pálida. Los ignoraba, siempre lo hacía. Veía cosas, cosas que otra gente no podía. Sabía lo que era ese ser, y lo que quería de mí. Lo único que pude hacer es darme la vuelta y correr.

Me dí la vuelta, pero ahí estaba él. Di un respingo y volví a girarme hacia el callejón, ahí estaba de nuevo. No lo pensé, no solía hacerlo muy a menudo, me abalancé sobre él, apartándole de un empujón con el hombro y corrí, corrí tan rápido como pude y tan lejos como pude. Estaba sin respiración cuando choqué contra una pared de ladrillo al otro extremo. Sin salida. En qué maldito momento no se me había ocurrido echarle un ojo a ese lado del callejón cuando iba a trabajar. "Eres un desastre, Cora", era lo que rondaba mi cabeza en aquel momento. Me giré hacia el otro lado. Veía la luz al final de la calle, pero la sombra había desaparecido. Todo a mi al rededor estaba oscuro, a penas era capaz de ver poco más allá de mí misma. Dí algunos pasos, aferrándome a mi bolso como si eso fuera a salvarme en aquel momento. Entonces lo noté, un aliento gélido, forzado especialmente para mí, en mi nuca.
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Re: Oh... Hi there! ❅ Uriah

Mensaje— por Uriah Pellegrino el Dom Dic 10, 2017 12:00 pm

Oh... Hi there!
→ Lunes → 00:00 → Callejón  → Frío
Aún había noches en que las pesadillas no le dejaban dormir. Pesadillas en las que aparecían una fusta, un látigo, una enorme cruz de madera con un Cristo espantoso lleno de pústulas y de llagas que se encontraba en una habitación mohosa, de piedra fría, en la que sólo había una cama desvencijada con cadenas oxidadas en el somier de metal.  También soñaba a veces con cuerpos ensangrentados, con los ojos rojos de un demonio observando con lascivia el cuerpo de una joven mientras un bebé lloraba en plena noche hasta asfixiarse con sus propias lágrimas. Noches en las que escuchaba la voz rasgada, desagradable, del padre Adamo, susurrándole que un buen cristiano debe ser recatado y no ambicionar cosas para sí mismo, y que por eso ellos no deben comer más de lo necesario para sobrevivir. Que los pobres se lo agradecerán. Noches en las que se despertaba con lágrimas en los ojos, sudando, sobresaltado y asustado, hasta que él mismo empezaba a calmarse, presa de un miedo que nunca le abandonaría a que alguien apareciese en su habitación dando un portazo para encerrarle como castigo por perturbar la paz de la noche.

Hacía años que no podía gritar cuando se despertaba de un mal sueño. Había aprendido a base de poder contarse las costillas por encima de la piel con facilidad cuando era un niño, y ahora estaban tan reprimidos dentro de sí que sólo podía dar quedos gemidos mientras observaba la habitación con horror. Como esperando a que alguien le hubiese oído y surgiese de la nada para reprenderle por su mal comportamiento. Porque eso podía disgustar a Dios. Mario no había conseguido borrar ese terror que tan hondamente había calado dentro de su sobrino, porque él no hacía más que negarlo todo con esa sonrisa artificial que el hombre tantísimo odiaba, y ahora que había muerto no quedaba prácticamente nadie que pudiese arrancarle ese dolor.

Aquella era una de esas noches en las que se erguía de pronto en su cama, transpirando como si la vida se le fuese en ello, mientras las imágenes se le mezclaban en la cabeza. Con los ojos desorbitados y las manos crispadas sobre las sábanas, recorrió a toda prisa la habitación a oscuras, encontrándose con su macetero, con sus libros y con su violín, y tuvo plena consciencia de que seguía en el Instituto; que no había vuelto a la habitación común del orfanato y que los niños no se iban a lanzar sobre él para taparle la boca por hacer ruido. De modo que, tranquilizando su respiración, se aferró con fuerza a la cruz que le había dado el padre Pietro antes de abrazarse a sus propias piernas.

En esos días, antaño, Uriah se levantaba, se secaba y se duchaba, se ponía ropa limpia y salía a patrullar la ciudad aunque no tuviese ningún encargo ni ninguna misión en concreto con esa sonrisa artificial pintada en los labios. Había seguido haciendo lo mismo tras la muerte de su tío, solo que ahora había abandonado la expresión lúgubre y suicida por una más serena, aunque inmensamente triste. Amelia le había ayudado un poco apareciendo como alternativa a la desesperación, ofreciéndose como mano abierta, pero eso no conseguía opacar sus emergentes emociones negativas.

Después de quince minutos, con sus armas perfectamente guardadas bajo su gabardina negra y sus runas bien grabadas en su piel, el italiano salió del Instituto en dirección a la “Ciudad que nunca duerme”. En aquel momento eran las once. Se deslizó por tejados y azoteas, acostumbrado de sus rondas en los pequeños pueblos del norte de Italia, que era por donde más habían patrullado su tío y él. Saltaba con gran agilidad, deteniéndose cada pocos metros para observar el tumulto de las calles propia de la nocturnidad, sin percibir nada extraño. Le gustaba —ahora tenía más conciencia de ello, casi lo recordaba— asemejarse a un pájaro que podía verlo todo desde las alturas, porque de pequeño le había gustado observarles y disfrutar de la libertad que él sentía que nunca iba a alcanzar.

Todo fue más o menos bien hasta las doce de la noche. Entonces, mientras paseaba por la azotea de un edificio, vio a una muchacha estrellarse contra la pared del callejón sin salida. Eso le hizo posarse sobre el muro e inclinarse hacia abajo para ver mejor. Y lo percibió en seguida. Un vampiro. Un vampiro acababa de personarse tras de ella, amenazante, sediento… Se echó la capucha hacia detrás y corrió, raudo, hacia las escaleras de emergencia. Agilidad, equilibrio, velocidad y “sin sonido” eran las runas que siempre se aseguraba de llevar puestas cuando salía a patrullar, por si se topaba con una situación como esa, de modo que todo fue tan rápido, tan certero y tan silencioso que consiguió llegar junto al subterráneo cuando estaba a punto de morder a la chica sin que se diese siquiera cuenta; no, al menos, hasta que sintió su firme mano posarse en su hombro y el sabor de su bota en los labios al darle una patada que consiguió empujarle hacia detrás, casi tirándole al suelo.

Hacía un par de años habría sonreído a la chica sin decirle nada porque no sabía hacer otra cosa. En ese momento, sin embargo, con el glamour ocultándole se centró en su presa con el ceño fruncido y sus armas rozándole los dedos helados.

¡Puto Cazador de mierda!

No se sorprendió porque lo reconociese. Las runas siempre quedaban, algunas, a la vista. Sin embargo no cambió la mueca cuando miró al vampiro. Sólo se puso en guardia y sacó su cuchillo, callado, tan inmóvil como una estatua que de pronto había surgido ahí de la nada. No se movió un ápice hasta que su rival se abalanzó sobre él con un movimiento rápido, esquivándole y haciéndole girar en una dirección en la que la chica no estuviese, para alejarla lo máximo posible de su radio de alcance.



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Re: Oh... Hi there! ❅ Uriah

Mensaje— por Coraline Moreau el Lun Dic 18, 2017 1:56 pm

Oh... Hi there!
→ Lunes → 00:00 → Callejón  → Frío
Cerré los ojos lo más fuerte que pude y contuve la respiración, con el cuerpo tenso, como una niña pequeña asustada bajo una manta, pensando que así desaparecería y no se daría cuenta de que estaba allí. Dicen que cuando se está a punto de morir pasan por tu mente las imágenes de los momentos que se suponen han sido las más felices de toda tu vida, o piensas en todas las personas que te van a echar de menos, pero en mi caso no fue así, yo sólo era capaz de pensar en que ojalá tuviese un spray de ajo y pimienta en el bolso, como tantas veces me habían dicho mis padres, aunque había tantas historias tan dispares acerca de esos seres que, al mismo tiempo, me preguntaba si hubiese servido de algo, si realmente el ajo les afectaba de manera tan eficaz como contaban las historias y se veía en las películas. Podría haberle rociado toda la cara, darle una patada en los mismísimos y correr como si no hubiera mañana hasta la parada de metro que estaba a dos calles de distancia, o simplemente hasta algún punto concurrido en la calle principal, sabía que probablemente no se atrevería a hacerme nada si había gente alrededor. Pero bueno, parecía que no iba a tener tiempo de comprobarlo por mí misma, ni de intentar escabullirme, al fin y al cabo no dejaba de tenerlo detrás de mí, acechándome en la oscuridad, preparado para lanzarse a mi cuello. Todos aquellos pensamientos rondaron mi cabeza en menos de tres segundos. La mente humana llega a ser de lo más compleja y peculiar. Solté el aire que había estado conteniendo, estaba preparada (en realidad no) para que se arrojase sobre mí y decirle adiós al mundo. Pero lo único que oí fue un ruido sordo golpear contra algo.

Abrí los ojos, dando un pequeño brinco, antes de girarme sobresaltada. Tenía la respiración entrecortada. No entendía qué estaba pasando. Debería estar muerta. Sin embargo, estaba allí de pie, vislumbrando en la penumbra a un chico, preparado para abalanzarse sobre el maldito encapuchado.—¿Qué demon...? —me dio tiempo de susurrar con el ceño fruncido hacia él antes de que el vampiro se dirigiera al muchacho. *Gracias* vocalicé antes de salir corriendo a esconderme tras un contenedor que había debajo de la escalera de incendios. Era una estúpida suicida por quedarme allí y no irme a la otra punta de la ciudad, o del país, pero tenía curiosidad y la curiosidad mató al gato, o eso dicen. Definitivamente mis hermanos tenían razón; estaba loca de remate.

Me agaché tras el contenedor, forzando la vista para ver lo que pasaba. Él podía verle, igual que yo. No parecía tener nada raro, ni colmillos, o piel de serpiente, o alas, nada de lo que había visto antes, pero, al fin y al cabo, tampoco era capaz de ver demasiado con aquella iluminación. Esos dibujos, esos especie de tatuajes en su piel, me eran familiares, sabía que los había visto antes, me llamaba la atención ver X número de personas, muchas veces juntos, con los mismos diseños, pero nunca le había dado importancia hasta aquel momento. Además, el vampiro le había llamado cazador, ¿qué demonios era un cazador? Dudaba enormemente que se refiriera al término habitual de la palabra, pero podía estar bien equivocada.

Estaba asustada. Las piernas y las manos me temblaban, no paraba de morderme el labio hasta tal punto que llegué a saborear algo de sangre, por lo que me obligué a mi misma a parar. Pero ya me daba algo igual lo que me pasase. Parecía simplemente humano, y podía ver a aquel horrendo ser, no estaba loca, sabía que no estaba loca y nunca lo había estado. Cuando era pequeña simplemente creía que lo que veía era producto de mi imaginación, o eso me habían dicho mis padres, pero a medida que crecía seguía viendo cosas que no eran del todo normales, empecé a pensar que estaba loca y tenía miedo de contárselo a nadie, así que aprendí a ignorar ese mundo de fantasía que me rodeaba. Tenía muchas preguntas y sabía que, si no aprovechaba esa oportunidad, podría no presentarse ninguna otra. Mi mirada no se apartaba de él, no quería perderle de vista y que se fuera sin más; necesitaba respuestas.
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Re: Oh... Hi there! ❅ Uriah

Mensaje— por Uriah Pellegrino el Miér Ene 31, 2018 4:54 pm

Oh... Hi there!
→ Lunes → 00:00 → Callejón  → Frío
La pelea en sí no duró demasiado.

El tipo era bastante neófito, y Uriah pudo saberlo perfectamente en su forma ansiosa, desesperada, lanzada y poco calculada de atacar. Embestía contra él como si fuese una mala bestia, un jabalí cegado por el odio, por la rabia, por las ansias de matar, pero con una mente demasiado poco clara. No se había molestado en despejarla para poder llevar a cabo ese combate —obviamente, en parte, porque no esperaba tenerlo—, cosa que el nefilim aprovechó con cada pequeño giro, con cada pequeño movimiento de su cuerpo. No fue malgastada ningún tipo de energía por su parte; sólo esquivar, parar y atestar un golpetazo. La mayoría fueron pequeños cortes al principio que sirvieron para hacer que el vampiro hirviese de rabia y desequilibrase su forma de atacar.

Él, simplemente, luchaba. Mantenía una expresión en el rostro muy similar a la que había tenido años atrás, hermética, cerrada, con la diferencia de que ya no se molestaba en fingir una alegría que no sentía; lo único que tenía en mente era que cuanto antes despachase a ese tipejo que estaba intentando saciarse de una humana, mejor, porque así podría volver a su tranquila ronda por la ciudad.  

Se mantuvo así varios minutos, hasta que el subterráneo empezó casi a echar espuma por la boca. No necesitó más de un par de patadas, unos cuantos golpes certeros en el pecho y en la garganta, para tumbarle bocarriba en el suelo, a una distancia prudencial de la joven para que no pudiese contemplar el final de su agresor. Se sentó sobre él sin miramientos, presionado el cuchillo en el lugar del corazón mientras extraía la estaca que llevaba siempre consigo, respirando con cierta agitación. El vampiro pronto reconoció el objeto que tenía frente a sí y empezó a agitarse, a moverse, desesperado por escapar del fuerte abrazo al que le sometían las piernas de Uriah. Empezó a farfullar cosas ininteligibles mientras el brillo del terror brillaba en sus ojos muertos; era fácil reconocerlo.

Alzó la estaca con la mano izquierda, dispuesto a terminar lo que había venido a hacer. Por un segundo se planteó si Amelia habría hecho algo así, si le habría acorralado contra el suelo como un cerdo para darle su final, o le habría dado la oportunidad de luchar dignamente, y se encontró dudando sobre qué hacer. La joven a la que había salvado seguía a sus espaldas, pero eso no le importaba demasiado, aunque debería haberse preguntado por qué seguía allí y no se había marchado corriendo para ponerse a salvo. Quizás era como Ary, una loca que sólo quería corroborar que se encontraba bien antes de desaparecer de su lado. ¿Por qué todas las mujeres con las que se topaba eran tan irracionales?  

Por favor... —terminó mascullando, aterrorizado. Uriah sintió que el asco le recorría el esófago en el momento en que la estaca descendió... y le golpeó con fuerza en la sien para dejarle inconsciente.

Contempló el cuerpo caído debajo de sus propias piernas varios segundos antes de sacar con pereza la estela para dibujarle en los brazos una runa de atadura que le mantuviese allí hasta que alguien pudiese venir a por él por haber intentado asesinar a una humana. Lo arrastró hasta que quedase detrás de un contenedor, contando que a nadie más le diese por pasar por allí hasta que pudiesen ocuparse de él, porque a saber qué demonios iba a pasar después de eso. Guardó las armas, guardó la estela y sacó el teléfono móvil para mandar un mensaje rápido informando de la situación, además de solicitando una patrulla que trasladase el vampiro. Mandó la dirección, sabiendo que estarían allí rápidamente, y se irguió cuan largo era.

Fue entonces cuando se giró y reparó en la joven que estaba detrás de él, observándole como si se tratase de algo de otro mundo. Aún con la capucha cubriéndole el rostro, Uriah posó sus ojos oscuros sobre él y separó los labios en una mueca desagradable.

Largo —fue lo único que dijo.



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Re: Oh... Hi there! ❅ Uriah

Mensaje— por Coraline Moreau el Miér Ene 31, 2018 6:47 pm

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Me era imposible siquiera pestañear. El miedo me tenía atrapada en aquel escondite, que en cualquier otra situación me hubiese servido más bien de poco, pero al mismo tiempo la escena me era de lo más atrayente, como si de un partido de rugby se tratase y sintiese la necesidad de sacar los pompones y animar al equipo, aunque más bien lo podríamos clasificar como una película de terror donde sabes que va a pasar algo que no te va a gustar pero aún así sigues mirando.

Se notaba que lo había hecho más veces. Por como se movía, como le asestaba los golpes, esa actitud que parecía despreocupada, no cualquiera, ni si quiera de esas personas con cinturones negro o cosas así se hubiese sabido manejar como él, mucho menos ante un vampiro. Lo cual me había hecho hilarlo y llegar a la conclusión de que no estaba loca.

Punto positivo: no estaba loca. Punto negativo: no estaba loca.

Ese mundo que yo creía producto de mi locura no tan transitoria era del todo real, tenía la prueba delante de mis ojos, hasta la había sentido en mi nuca. Pero entonces, si ellos eran reales, qué otras criaturas también lo eran, osea, absolutamente todo lo que creía haber visto de niña, ¿era real? ¿hasta las hadas? Y además, ¿como es que nadie más se daba cuenta? ¿o simplemente hacía como si nada? A lo peor tenía un tumor cerebral que hacía que me lo imaginase todo, pero volvemos al punto de que tenía pruebas y...

Me había quedado con la mirada fija en un punto casi sin pestañear metida en mi mundo de fantasía y ni siquiera me di cuenta cuando el chico acabó con él. No reaccioné hasta que no estuvo junto a mí y me aquella simple y seca palabra.

—Yo... —susurré aún un tanto perdida ignorando el tono y la mueca con la que me había hablado. Digamos que ignorar ese tipo de actitudes que la gente tenía conmigo eran un don y una maldición; me permitía seguir a mi bola pero no es que le gustara precisamente a mi interlocutor. —Tú... ¡tú eres real! —alcé la voz abriendo mucho los ojos. Y fue entonces cuando empecé a vomitar las palabras. —Él también lo es... era... fue... ¡lo que sea! Son reales, ¿verdad? No estoy loca. Y tú... ¿tú qué demonios eres?... Demonios, ¿existen también?... Ay madre... ¿por qué los veo? y tú, ¿cómo es que los ves? ¿y cómo es que has sabido qué hacer?... ¿Y esos tatuajes? No eres al primero que veo con ellos... y... —no paraba de hablar y gesticular con las manos, moviéndome inquieta pero sin siquiera haberme levantado del sitio, como un muñeco al que le acababan de dar cuerda por un tubo. Entonces, y sólo entonces, pensé que realmente podría creerse que estaba loca después de aquella metralla de preguntas.

Tomé aire para tranquilizarme y dejar de ser la bocazas que normalmente era por un momento. —Gracias... me has salvado. —dije algo avergonzada. Siempre me había considerado alguien independiente (dentro de lo que cabe) y no terminaba de gustarme eso de que me echaran una mano, era un tanto orgullosa en eso, pero tenía que admitir que si no fuera por él en ese momento hubiese estado muerta. —Y siento mucho lo de hace dos segundos, mi madre siempre me ha dicho que no me callo ni debajo del agua y que no sé leer entre líneas, y parece que tiene razón. Nota mental: nunca me dejes hablar o estaremos hasta el día del juicio y por lo que más quieras, no te andes por la ramas, a veces se me va la peonza y de verdad.. Se supone que debería estar aterrorizada, ¿y qué hago? Pues empezar a hablar por los codos, típico en mí... ¿Ves? Ahí está otra vez. —apoyé las manos sobre la pared que tenía a mi espalda para ayudarme a levantarme. La tensión del momento y la posición en la que estaba habían hecho que los músculo de las piernas se me atrofiaran un poco. Tuve que quedarme apoyada junto a la pared una vez de pie para no caerme, mirando a aquel chico de la que decidí ignorar, mueca desagradable.
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Re: Oh... Hi there! ❅ Uriah

Mensaje— por Uriah Pellegrino el Dom Mar 04, 2018 5:49 pm

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Tiempo atrás, Uriah había sido alguien que analizaba al resto de personas como si perteneciese a una especie diferente, catalogándolas en diferentes categorías conforme a su comportamiento para saber cómo reaccionar ante ellos; qué sonrisas mostrar y qué frases eran mejores para hacerles actuar como mejor le convenía. Casi como un robot, frío, alejado de su humanidad, que se veía obligado a servirles y a interactuar con ellos como si fuese uno de ellos pero sin serlo del todo.

Ahora, sin embargo, le costaba discernir lo que podía esperar de cada persona a su alrededor, aunque en ese momento pensó que probablemente incluso con su anterior forma de ser no habría tenido muy claro cómo tratar con ella, porque lejos de sentirse asustada, traumatizada o en shock, la muchacha lo único que hizo fue hablar. Lo normal cuando alguien era atacado por un subterráneo era, sin lugar a dudas, más balbucear que lanzar frases completas al aire. Todos preguntaban, pero ninguno soltaba la verborrea acelerada con la que le estaba martilleando la cabeza sin compasión alguna. Su parloteo era tan incesante que, simplemente, no le dejaba concentrarse en otra cosa que no fuese ella y sus grandes ojos azules. La siguió mientras se ponía de pie, apoyada con la pared, sin saber muy bien cómo actuar con ella.

Se quedó observándola como si fuese la criatura más rara sobre la Tierra; y había que tener en cuenta que había visto de todo desde que había empezado a “trabajar” de nefilim, y se había topado con personas increíblemente extrañas. Pero sus ojos negros no se apartaron de ella hasta que le pareció que iba a hablar de nuevo, ante lo cual, de forma instintiva casi, le hizo la llave del sueño, presionando el punto justo en la zona apropiada del cuello, recogiéndola con el brazo para que no se estrellase contra el suelo. Era delgada, frágil, como todas las demás, por eso la dejó sentada contra el muro.

Con la rodilla hincada en el suelo, permaneció contemplándola durante unos segundos, planteándose qué demonios hacer con ella -la había hecho callar por puro instinto; no soportaba esa cháchara que se traía-, hasta que llegaron sus compañeros para deshacerse del cadáver del vampiro. Uriah se reunió con ellos con la misma mueca fría y maneras bruscas que le caracterizaban los últimos tiempos, asegurando que tenía la situación completamente controlada y que no había de qué preocuparse en esos momentos.

¿Y la chica? —preguntó el que se hacía cargo del informe. Uriah ni siquiera se giró para observarla. ¿Por qué hacerlo? No era de su incumbencia.

Inconsciente. —Por eso no comprendió de dónde salieron sus palabras—. Yo me hago cargo.

Minutos después, el callejón volvió a quedarse vacío salvo por él y por ella. Uriah se dio la vuelta sólo en ese momento, cuando no quedaba nadie más, y encaró el rostro de la chica. Reculó sobre sus pasos para arrodillarse a su lado, repasando mentalmente todo lo que le había dicho antes para ver si encontraba algo que pudiese darle una identidad, un lugar al que hacerle regresar, aunque fuese inconsciente. Entonces recordó algo.

“Gracias.”

No recordaba la última vez que alguien le había dicho eso, sinceramente. La gente se encontraba por lo general demasiado asustada cuando les salvaba; solía trabajar solo, así que no había nadie a quien ayudar. Quizás su tío había sido el último en pronunciarla, pero su tío no contaba para nada, porque era una persona buena y educada. Y le conocía. Pero esa chica no le conocía de nada.

Alargó la mano para coger el bolso, con intención de rebuscar algún documento que le indicase su dirección. Tardó un poco, pero al final se topó con una calle y un edificio al que acudir que esperaba fuese el suyo y no el de alguna amiga; aunque bueno, si lo era, tampoco pasaba nada. Podía dar buena cuenta de ella hasta el día siguiente. Así que la cogió en brazos —era ligera como una pluma— y con movimientos sigilosos, precisos y elegantes, se deslizó por los barrios más sucios y bajos de New York, donde casi nadie rondaba y donde si rondaban, no harían preguntas, hasta dar con la casa de la joven víctima del vampiro. Mientras duraba el viaje había tenido tiempo suficiente de repasar de nuevo su monólogo, extrayendo la conclusión de que la chica debía de tener, al menos, La Visión.

Al llegar al apartamento encontró una ventana abierta por la que entrar, pero la cruzó tan rápido que nadie tuvo la oportunidad de verle hacerlo. Bajó la persiana, corrió la cortina y se irguió, buscando algún lugar donde colocarla. El sofá se le antojó suficiente, puesto que no quería perder mucho más tiempo; sin embargo se distrajo un poco observando las fotos que había en los muebles del salón, en los que se la veía con su familia, cerca de un minuto entero, absorto en la idea de un hogar que a él le había sido arrancado al poco tiempo de nacer.



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Re: Oh... Hi there! ❅ Uriah

Mensaje— por Coraline Moreau el Miér Mar 07, 2018 11:33 pm

Oh... Hi there!
→ Martes→ 01:00 → Casa de los Moreau  → Frío
Y puff, de golpe y porrazo todo se volvió negro como el zelote. Bueno, tampoco es que me acuerde de eso, simplemente empecé a soñar. Multitud de personas caminando por las calles de la ciudad. Veía a mis hermanos algunos pasos por delante danzando libremente entre el gentío. Quería ir con ellos, pero no podía, algo me lo impedía. Mi madre me sujetaba la mano con fuerza. Intentaba zafarme de su agarre pero cada vez me sujetaba con más fuerza. “Mamá, me haces daño”, intenté escaparme de nuevo, pero tiró de mí hacia ella y entonces le vi la cara; un demonio de ojos rojos y grandes colmillos que quería comerme.

Me desperté de golpe sobre el sofá de casa. ¿Pero qué demonios hacía en el salón de casa? Empecé a recordar. Callejón, vampiro, ataque, joven de ojos negros, vampiro fuera, vómito de palabras, puff. Me incorporé más rápido de lo que habría debido. Ay por el amor de dios que aquello había sido real y no estaba loca, ¿no? El piso estaba oscuro, Melissa tenía turno de noche, así que era normal, pero aquella sombra junto a las fotos familiares no lo era. ¡Un ladrón! fue lo primero que se me pasó por la cabeza. Estaba a punto de coger la lámpara que estaba sobre la mesita auxiliar cuando mis ojos se acostumbraron a la penumbra y pude ver que era él; mi particular héroe salvador.

—Esos son mis padres, hace tiempo que no les veo, se han mudado a Canadá ¿sabes? Y esos de ahí son mis hermanos, Ashton y Melissa. A Ashton lo veo muy de vez en cuando, ya tiene su propia familia y esas cosas. Melissa y yo vivimos juntas, aunque no te preocupes, tiene turno de noche, si no ya te estaría apuntando con el arma y leyéndote los derechos. —me había puesto a su lado. —Por cierto, Soy Coraline, aunque me llaman Cora para abreviar. Aún no sé tu nombre, y no sé tú, pero en mi familia nos gusta saber los nombres de aquellos que entran a nuestra casa. Aunque por otro lado, gracias por haberme traído, me podrías haber dejado en aquel callejón, alejada de la mano del señor sola y desamparada. Has sido tú quien ha hecho que caiga redonda, ¿a que sí? Bueno te lo perdono. —Sin embargo, así de repente me entró el pánico. —Porque no lo he soñado, ¿verdad? —le miré extrañada. Por el amor de un dios cualquiera, si es que no podía callarme en ningún maldito momento. Como aquella vez que no paraba de contarle a mi profesora de lengua del colegio por qué no había llevado los deberes y casi me castigan una semana porque pensaba que le estaba vacilando con tanta palabra.

Seguramente estaría arrepintiéndose en aquel mismo momento de haberme ayudado, y en realidad no le culpaba. Por suerte o por desgracia era totalmente consciente de lo desesperante que podía llegar a ser y, sin embargo, era algo que me era imposible evitar por mucho que me esforzara. Simplemente había llegado a la conclusión de que, si alguien quería formar parte de mi vida tendría que acostumbrarse. —Por cierto, si es verdad que no estoy loca, me vendría bien una clase introductoria. Ya he visto estos tatuajes, sois de una banda especial luchadora especial contra el crimen, ¿o qué? —le había cogido del brazo y me había puesto a inspeccionar los dibujos que surcaban su piel, al fin y al cabo me gustaba el arte y los tatuajes, además sentía una curiosidad inhumana y esperaba, con todas mis fuerza, que no hiciera que todo se volviera negro de nuevo y volvieran las pesadillas.
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Re: Oh... Hi there! ❅ Uriah

Mensaje— por Uriah Pellegrino el Dom Abr 01, 2018 12:17 am

Oh... Hi there!
→ Lunes → 00:00 → Callejón  → Frío
Minutos más tarde se arrepentiría de no haberse trazado de nuevo la runa del glamour y de no haber abandonado la casa cuando aún tenía tiempo para hacerlo de forma sigilosa, ya que la joven no tardó mucho más en despertarse, iniciando de nuevo esa verborrea incontrolable que amenazaba con ponerle la cabeza como un bombo. Uriah se giró para mirarla con la misma expresión fría, heladora y distante que en el callejón, en el fondo un poco fascinado por la capacidad e la muchacha de hablar, hablar y hablar sin parar, casi, aparentemente, sin la necesidad de respirar. ¿Cómo lo haría? A él no se le ocurría decir tantísimas cosas por segundo. Si casi ni se le ocurría cómo empezar una conversación civilizada con nadie...

Sin embargo, segundos antes había estado distraído viendo las fotos familiares de la muchacha, donde se les veía contentos, completos y felices, y Uriah había añorado muchísimo algo que no sabía que se podía echar de menos. Sobre todo cuando no se había tenido. Pero se preguntó qué debía de ser tener una vida normal, por primera vez en su vida de nefilim, con una madre y un padre que le quisieran, y una hermana o un hermano que apreciase su vida, se pelease con él y le diese cariño, además de comprensión. Incluso llegó a sostenerla entre los dedos, acariciando el marco con los pulgares, notando algo pequeñito y doloroso dentro del pecho, justo donde se suponía que tenía el corazón.

Cuando la joven -Coraline, había visto que se llamaba en su tarjeta de identidad- empezó a charlar ese sentimiento se disipó, pero dejó dentro de él una gran sensación de soledad que no se vio mitigada estando acompañado como estaba, aunque no fuese más que una desconocida, o quizás precisamente por eso. Uriah centró sus ojos negros en ella, absorbiendo, a pesar de todo, cada palabra, porque su mente había sido entrenada para eso, y analizando cada pequeño detalle que pudiese extraer de ellas. Ni siquiera se movió cuando ella se acercó a él, le cogió del brazo y empezó a mirarle las runas como quien intenta encontrar una arruga en un trozo de tela recién alisado. Únicamente se limitó a soltarse con un movimiento bastante más suave que el que podría haber hecho para librarse de ella, y se apartó un par de pasos, marcando la distancia entre ambos. Entonces la observó de pies a cabeza, sopesando qué decirle; su vida se había visto amenazada, pero la Clave era bastante clara en ese aspecto: estaba terminantemente prohibido revelar cualquier información del mundo de las sombras a los mundanos, y aunque su vida estaba en un momento de crisis absoluta, no se encontraba tan loco como para desobedecer a la Clave en eso. Sed lex, dura lex.

Sin embargo, por algún motivo, sus labios se movieron solos, pronunciando su nombre.

Uriah. Mi nombre es Uriah. No lo has soñado, no somos una banda, y no puedo decirte nada más al respecto. Me has visto, por lo que significa que puedes ver, pero eso no me autoriza a contarte nada. Lo siento. —Aquello lo dijo en parte un poco de corazón, porque el que le hubiese dado las gracias le había hecho sentirse calentito por dentro, pero por otro lado con cierto alivio, porque realmente sólo un loco o un demente le daría información a alguien que lo único que hacía a alguien que acababa de conocer era contarle su vida. Se giró de nuevo hacia la foto, de soslayo, e inconscientemente, sintiendo que el cuerpo se le entumecía un poco por el dolor y la añoranza—. Tienes una bonita familia. Mantente alejada de los sitios oscuros y de las cosas que has visto hoy si no quieres perderles.

Y se giró, dispuesto a marcharse, porque ya no tenía nada más que hacer allí, en realidad, pero justo cuando fue a acercarse a la ventana el suelo pareció moverse bajo sus pies, y Uriah parpadeó un par de veces antes de que la sensación se acrecentase, y se tambaleó un poco, teniendo que apoyarse en el primer mueble que pilló para no terminar en el suelo.



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Re: Oh... Hi there! ❅ Uriah

Mensaje— por Coraline Moreau el Mar Abr 03, 2018 4:24 pm

Oh... Hi there!
→ Martes→ 01:00 → Casa de los Moreau  → Frío
Era rara, y era algo que la gente no tardaba en darse cuenta cuando me conocían. Por lo que, mientras que cualquier persona digamos “normal” no le habría cogido así sin más del brazo o se hubiera molestado cuando se zafó de aquella manera, yo iba a contracorriente y no me importó lo más mínimo aquel gesto ni el que se alejara de mí o el hecho que me mirara de arriba a abajo tan descaradamente.

—Qué nombre más curioso, te pega. ¿Sabías que era un guerrero hitita del ejército del rey David en el Antiguo Testamento? David estaba obsesionado con su mujer, así que le puso en primera línea de batalla para que muriera. —si no sabías nada de mí era normal que el hecho de conocer ese tipo de datos resultase de lo más extraño. Pero así era yo, me gustaba saber cosas. Además, me encantaba poder rebatirle a los profesores del colegio católico al que fui datos aleatorios que daban acerca de la Biblia. Sí, así era yo con nueve años, leyendo la maldita Biblia por mero amor al hecho de tocarle las narices a mis profesores en vez de estudiar algo que me sirviera. —¿Cómo que no puedes contarme más? ¡Venga ya! ¿se supone que tengo que conformarme con eso después de lo que ha pasado? ¿y si me vuelve a atacar otra cosa diferente? —casi revoloteaba a su alrededor. Me estaba buscando otro ticket de vuelta al mundo de los sueños. —¿Qué se supone que tengo que hacer ahora con todo esto? ¿y qué es eso de que puedo ver?—hice un gesto de comillas con los dedos remarcando la palabra “ver” mientras me dejaba caer sobre el sofá. De verdad no tenía pinta de que me fuera a decir una mísera palabra más al respecto, aquello era peor que cuando no paraba de acribillar a mis padres a preguntas y pasaban completamente de mi existencia de lo agotados que estaban de mí. —Gracias por el consejo, supongo. —no aparté la mirada de él mientras se dirigía hacia la ventana más que dispuesto a irse. Tuve el impulso de agarrarle de nuevo el brazo, pero por una vez en mi vida fui capaz de darme cuenta que de nada habría servido. Y entonces vaciló.

Sin pensarlo dos veces me levanté de un brinco y fui hacia él. —¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda? ¿Agua? ¿Aire? ¿Un bajón de azúcar? ¿Una aspirina o algo? —hice el amago de tocarle el hombro pero me quedé a medio camino. —Sí, que hablo mucho, lo sé, y es peor cuando me pongo nerviosa, así que, por lo que más quieras, te vas a sentar en ese sofá aunque sea por dos segundos, te vas a tomar un vaso de agua o zumo o lo que sea que haya en la dichosa nevera, y vas a descansar, aunque sea lo último que haga antes de que me mandes de vuelta a dormir. —le miré casi como si fuera un cachorrito a ver si de ese modo me hacía el mínimo caso. Por cierto, ¿sufrirían bajones de azúcar esta gente? Aunque vaya cosa a pensar en todo mi maravilloso esplendor en ese momento.

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Re: Oh... Hi there! ❅ Uriah

Mensaje— por Uriah Pellegrino el Mar Mayo 08, 2018 11:15 pm

Oh... Hi there!
→ Lunes → 00:00 → Callejón  → Frío
Siendo muy pequeño había buscado en una de las Biblias de la iglesia donde se había criado alguna referencia al nombre que el padre Pietro le había puesto después de que le dejasen en su puerta, encontrándose con ese detalle, y se le hizo tan extraño que no supo cómo procesarlo. Claro que en aquel entonces debía de tener unos seis años, y poco o nada conocía de los significados de los nombres, mucho menos del suyo propio. Así que había acudido al sacerdote con la mirada inquisitiva, el ceño fruncido y cargado de preguntas que buscaban conocer por qué no le había dejado Miguel como primer nombre, cuando estaba claro que hacía referencia a un personaje mucho más glorioso que un pobre idiota que terminó muerto por la lujuria de un rey judío. Pietro le había mirado con esos ojos tiernos que tenía y que a veces se encontraba echando de menos, y le había dicho que ambos eran nombres de guerreros, y aunque Miguel era glorioso, poderoso, él era sólo un niño, y su nombre clamaba por la luz de Dios, mientras que Miguel intentaba asemejarse a él.

Y tú no eres Dios, ¿verdad?

No  ─le había contestado el niño, confuso─. Pero querría ser como Dios.

Pues no quieras ser como Dios, Uriah. Sé digno de él. Déjate iluminar por él. Pero sé el hombre en que te convertirás, con tus fallos, con tus defectos. Dios no quiere que le emules. Quiere que seas tú mismo, siguiendo sus enseñanzas, lo mejor que puedas. Siguiendo su luz.  

Aquella respuesta había bastado para saciar su curiosidad, y la había olvidado por completo hasta el momento en que las palabras habían salido de los labios de Coraline, despertando recuerdos tan dolorosos que sólo quiso marcharse con más intensidad. Mas estaba claro que su cuerpo traidor no pensaba darle ningún tipo de tregua al respecto. Consiguió aferrarse a una especie de cómoda que había cerca de la ventana para no terminar tendido cuan largo era, pero eso no quiso decir que el mundo dejase de rodar… o que Cora estuviese dispuesta a callarse la boca, por supuesto. Aún estaba debatiéndose entre caminar erguido o arrastrarse como un gusano sobre la tierra cuando ella apareció, impetuosa como desde el primer momento en que la había visto para continuar avasallándole a preguntas. ¿¡Cómo podía hablar tanto!?

¡Está bien, está bien!  ─No recordaba la última vez que había alzado la voz de esa manera, pero Cora estaba consiguiendo ponerle de los malditos nervios. Se llevó la mano a la frente antes de separarse del mueble sobre el que se había dejado caer para sentarse lentamente en el sofá, agradeciendo el sentir algo firme debajo de él, a pesar de que el suelo amenazaba con volver a moverse─. Tráeme algo de beber, de acuerdo, pero haz el favor de callarte, o visto que no puedes, al menos habla más despacio o terminarás volviéndome loco del todo.

La contempló mientras se marchaba a la cocina a buscar cualquier cosa que pudiese ingerir, no demasiado seguro de que el apartarla de su lado fuese a disminuir su charla, pero al menos la distancia amortiguaba su voz lo suficiente como para que no le taladrase los tímpanos en dirección hacia el cerebro. Emitió un largo suspiro mientras dejaba caer la espalda contra el respaldar, donde dejó también caer la cabeza, sintiendo el peso de los días, las semanas, casi de los años caer de pronto sobre su cuerpo para impedirle moverse un centímetro de donde estaba. Menudo nefilim estaba hecho, que unas cuantas noches de malos sueños le dejaban en ese estado tan lastimoso…



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Re: Oh... Hi there! ❅ Uriah

Mensaje— por Coraline Moreau el Mar Jul 31, 2018 11:19 pm

Oh... Hi there!
→ Martes→ 01:00 → Casa de los Moreau  → Frío
Fui consciente de que una sonrisilla —que cualquier persona ajena a mí habría podido llegar a calificarla de traviesa, no sé quizás fuera porque en cierto modo había hecho que se enfadara y eso me había hecho gracia, aunque vaya cosa rara— se había abierto paso en mi rostro de bollo (mi madre se había empeñado en llamarme carita de bollo cuando era pequeña y así se me quedó grabado, qué le vamos a hacer) cuando por fin había accedido a que le ayudara mínimamente de una endemoniada vez.

Salí entre pitando y brincando rumbo a la cocina, como si siguiera un camino de baldosas amarillas hasta la desvencijada nevera —nota mental: teníamos que arreglar aquella cocina, o por lo menos cambiar la nevera—, intentando una de mis técnicas no-infalibles para no hablar tanto; hablar conmigo misma mentalmente. Sep, a veces funcionaba, a veces no. Era más común que no funcionara, porque simplemente acababa perdida en un batiburrillo que en algún momento había sido una conversación y bien me quedaba vegetal mirando a una esquina de la pared o empezaba a hablar y a contestarme a mí misma para no perder el hilo de la conversación.

Eché mano a la botella de agua y a una hermosa manzana roja carmesí. Un vaso por aquí, una aspirina por allá, una bandejita bien cuqui por acullá, y a volver todo lo silenciosa y humanamente que me era posible —eh, que me lo tomaba en serio esta vez—. Dejé la bandeja sobre la mesita de café y me senté a una distancia prudente en el mismo sofá que él.

Estaba haciendo gala de un esfuerzo sobrehumano por no empezar a acribillarle a preguntas otra vez, y eso se notaba a veinte kilómetros ya que no paraba de mover las piernas y de apretar los labios con todas mis fuerzas para no abrir la boca. Le acerqué un poco la bandeja y me volvía mi sitio mientras no paraba de observarle.

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Re: Oh... Hi there! ❅ Uriah

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