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Max Lightwood || Ficha

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Max Lightwood || Ficha

Mensaje— por Maxwell Joseph Lightwood el Vie Ene 05, 2018 10:41 pm

MAX LIGHTWOOD
“No puede ser salvado, aquel que no quiere serlo.”
Nombre completo: Maxwell Joseph Lihgtwood
Edad: 9 años
Lugar de origen: Idris
Raza: Nephilim
Bando: Fantasma, luz.
Grupo: Cazadores de Sombras. La Clave
Profesión: Ninguna
Sexualidad: Heterosexual
Avatar: Asa Butterfield


PODERES, HABILIDADES

Forma incorpórea.
Toque de Hielo.


RASGOS PSICOLÓGICOS

Max tiene una personalidad que se podría conocer como “estable”. Realmente, para su edad, se consideraría hasta maduro. A simple vista, es correcto, tranquilo y no mata ni a una mosca. Sin embargo, eso se debe a que pasaba la mayor parte del tiempo confinado en algún rincón del Instituto con la cabeza sumergida en algún libro, esperando ansioso a la llegada de sus hermanos a quienes acosaba con preguntas.

Taciturno le define algunas veces, tendía a observar a todos, su actuar ante diferentes circunstancias, quería ser como cada cazador de sombras que tenía a su alrededor, en especial, su hermano adoptivo. Por ende, intentaba cultivar su valentía y sagacidad con los libros. Pero era pequeño para ser tomado en cuenta, para ser tratado con la misma elegancia que a sus hermanos.

De sonrisa fácil y arrogancia innata que conservaba guardada igual que un muro alto. Se parecía más a Robert que cualquiera de sus hijos y se encaprichaba por imitar a Jace…

Ingenuo e inocente como todo buen infante. Era fácil de engañar, por ello Jace y él, solían gastarse algunas bromas, y por supuesto siempre salía molesto, además de que solía enseñarle trucos de ataque.

Manipulable desde una tierna forma, así que Isabelle bien podría usarlo de su sirviente personal, aunque, de vez en vez, salía su lado rebelde; mismo que se acallaba ante la llegada de su madre y hermano mayor. Alec era su estatus de serenidad y lograba esa sensación en el pequeño Lightwood.

Max Lightwood aún no terminaba de definirse cuando la vida se le fue arrebatada. Todavía era una mezcla de personalidades a su alrededor, intentando tener autonomía, libertad e identidad. Era un infante capaz de moldearse, de sentir lo que otros, de llorar por otros.

El Max de hoy, es terriblemente perspicaz. Conserva la inocencia de sus primeros pasos, pero ha logrado enaltecer su elocuencia y sagacidad. Logra pensar por sí mismo sin que otros influyan en sus decisiones. Aguerrido para hacer lo que le plazca, y quizá, esto no sea más que una influencia de su primer contacto, Jamie.

De los muertos ha aprendido que puede ser como quiera ser, sin perder su esencia y, pese a que sigue definiéndose en su mundo (y recientemente) y el terrenal, busca por todas las vías, ser completamente auténtico.



— OTROS DATOS —

Durante mucho tiempo deseó regresar por su soldadito de madera.


RELACIONES FAMILIARES

Madre: Maryse Lightwood.
Padre: Robert Lightwood
Hermano Mayor: Alexander G. Lightwood
Hermana Mayor: Isabelle S. Lightwood
Hermano Adoptivo: Jace Wayland


ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Grande es siempre el amor


Nacido en el Instituto de Nueva York, en la cuna de la familia Lightwood. Sus padres, eran los representantes y directores de ese Instituto, y él junto a sus hermanos se criaron allí, aislados del mundo. Creció siendo el hermano menor y era tal la diferencia, que se perdía de los mejores momentos vividos entre hermanos.

“Tu eres muy pequeño, Max”.

“No, Max, ni siquiera puedes entendernos”.

“¿Entrenar? No, mejor toma este libro y siéntate en la sala”.

“¿Estas llorando? Ay, Max, por eso te dijimos que no podías con esto…”

Esas eran algunas de las frases que constantemente escuchaba entre sus hermanos. Incluso Jace, después de alborotarle el cabello, lo apartaba. Era absurdamente cansino tener que escucharlos decirle que era pequeño para hacer tal o cual cosa. Sin embargo, Hodge siempre tenía algo mejor para él; libros, juegos, comida. A veces, hasta le enseñaba a limpiar las armas. Una que otra vez, le dejó hacer lanzamientos. Y para cuando sus ocho años se vieron cumplidos, ya estaba mostrándole maniobras de defensa. Cuando eso ocurrió, sus hermanos le enseñaban saltos atrevidos y el dolor de una fractura.

—Mamá estaba hecha una furia— había dicho Alec con semblante pálido.

—Maryse siempre está hecha furia— Jace le guiñó el ojo. Max se sentía realmente mal por el regaño que se habían ganado todos, incluyéndolo.

—Pero podré seguir entrenando, ¿verdad?

—No— los tres jóvenes contestaron, nadie quería cargar con la sensación de responsabilidad que les obligaba a cargar cuando el pequeño estaba a su alrededor.

—Cielo, será Hogde quien te entrene ahora, ¿no es grandioso?— Izzy se sentó a su lado, acariciando sus cabellos. Todos actuaban como si estuviera enfermo, pero el iratze había funcionado como se supone debería. —Él nos entrenó a todos— hermano y hermana se encogieron de hombros. Era relegado una vez más.

Básicamente su vida había sido así. Su madre menos estoica, apapachándole como a un cachorro herido, su padre apenas tocaba su rostro cuando se despedía cada noche. Maryse cantaba después de un cuento y Hodge le dejaba una pequeña taza con alguna hierba reconfortante. Alec dejaba detalles a su alrededor para él, Izzy cada día intentaba cocinarle hot cakes de colores, Jace le había regalado un soldadito. No podía quejarse, siempre pensó que había sido amado bajo las posibilidades de cada miembro de su familia.

El primer contacto con el mundo exterior lo tuvo a los cinco, Isabelle había rogado a su madre que la dejara llevarlo al parque.

—Será algo insignificante— había dicho la joven.

Para sorpresa de todos, fue Robert quien otorgó el permiso. Y así, los más jóvenes de la familia Lightwood y Jace, planearon un picnic; hubieron emparedados, jugos y un vasito con forma de elefante que acaba de conseguir en sus regordetas manos gracias a su hermana, así, todos se dedicaron a tumbarse en el césped. Menos él, que daba saltos entre las flores e intentaba coger algún ser mágico que se pavoneaba con sus diminutas alas. Maravillado del mundo como cualquier persona, todos pasaban por mundanos saliendo a divertirse.

La primera vez que fue a Idris, fue más cautivador, si cabe; sus padres tenían que ir por la directriz del Instituto. Las gigantescas torres de cristal le dieron la bienvenida. Majestuoso, así podría referirse al hogar de los cazadores de sombras. Su padre le nombró algunos de los lugares más emblemáticos, pero no pudo presenciarlos todos, por supuesto. Sin embargo, eso le motivó a retomar su lectura sobre la historia de su gente.

Y en esa Ciudad de Cristal, fue donde su sangre mancharía un hogar que no era el suyo, arrebatándole la vida.

Soldadito de madera

Max no entendió lo que pasó. Había sido enviado a su habitación, y prefería estar allí que con tantos adolescentes a su alrededor, cada uno ignorándole de forma olímpica. No le molestaba ahora, simplemente estaba allí para cumplir con lo que sus padres habían pedido: “ser un buen niño, quedarse en su habitación y obedecer a sus hermanos”. No era tan complicado. Y, de haber hecho lo que sus padres pidieron, quizá, éste no habría sido su final.

Estaba tan solitaria la casa cuando él bajó. Sabía que en el exterior se desarrollaba algo grande y catastrófico, todos hablaban de ello, comunicándose por medio de fragmentos que sus oídos componían en rumores poco específicos. Pero no lo sabía a ciencia cierta, y no percibió que no solo en el exterior existía la amenaza. La más grande estaba allí, frente a él.

—¡No!— deseó gritar. No estaba allí para sentir miedo, porque ese miedo se transformaba en una película de valentía. Su hermana gritó, ella tenía esa voz enérgica que identificaba desde siempre, y ahora lograba escucharle. Él era un Lightwood, no podía dejarla sola… sola.

Max lo intentó. Si, él quiso hacerlo. Pero todos tenían razón, era muy pequeño para entenderlo, era muy pequeño para defenderse. Y no lo vio venir. Creyó, en su inocencia, que lograría salir ileso de esto, sería un héroe para su hermana. ¡Oh, cuanto lo deseó! La vida es una broma, una muy cruel, y no por ser una broma, tendría que ser divertida siempre.

El golpe se sintió caliente, causó un traumatismo craneoencefálico que rápidamente desencadenó en un daño irreversible de las venas cerebrales, inundando el cerebro de sangre… un golpe tal, que el edema se formó a una velocidad desbordante, originando un paro cardiovascular. La presión en su cuerpo le hizo sentir tanto calor que mantuvo el soldadito de madera que Jace le regaló apretándolo como un ancla a su vida terrenal. Pero, no era posible, el reloj se había detenido para él.

¿Y cómo está el chico maravilla? ¿Ya está en edad de rasurarse?



Quien le dio la bienvenida a su nuevo mundo fue un Herondale. Un joven cuyo parecido a Jace le alegró la existencia. Allí conoció a una vasta existencia de los mejores cazadores de sombras, incluso, a quien fue el parabatai de su padre. Hizo buenas migas, y no se puede decir que fuese algo parecido al mundo terrenal. Ni siquiera era descriptible, carecía de realidad. Solo se vivía allí y no había más. Todavía recordaba a sus hermanos, con menos frecuencia y detalles en sus rostros. A veces, intentaba recordar el color exacto de los ojos de su madre, pero era como si la mirara desde un cristal empolvado. A veces se desistía de hacerlo, porque el tiempo aquí era más volátil.

“Aquí” se sentía encapsulado en un capullo, flotando sin rumbo pero con un objetivo. ¿Cuál era? Bueno, no lo sabía con precisión, esperaba saberlo pronto. Jah, ¿acaso no le había dicho antes que tuviera precaución con lo que se deseaba?

Un día, —no tenía comprensión que fecha era—, su mundo colapsó, y Max se vio arrancado de su confort, arrastrado al mundo terrenal con todas esas emociones cayéndole cual balde frío sobre su pequeño cuerpo de eternos nueve años (siete, en apariencia).

—¿Qué es lo que pasa?— alcanzó a preguntar cuando giró el rostro para ver la sorpresa grabada en los rostros de sus antepasados. Gideon le gritó algo que no alcanzó a escuchar. —¿¡Qué!?— gritó él a su vez, —¿qué? No logro escucharte.

El sonido del claxon atrajo su visión. Max respiró profundamente con un nudo en la garganta. Algo no estaba bien. Algo iba terriblemente mal y él… bueno él, él estaba descalzo.

—¿Gideon?— el tráfico le golpeó igual que la contaminación llevando consigo el aroma de la ciudad de Nueva York, su hogar. —Y ahora, ¿ahora qué pasará con mi entrenamiento?

Dos horas le bastaron para regresar al Instituto, gracias a Jamie, había aprendido lo suficiente sobre mantener su forma corpórea, aunque eso no fuese tan necesario, de cualquier forma, él intentaba mantenerla para no sentirse del todo aislado del mundo terrenal. Y, fue Gideon quien pudiera ayudarle a desarrollar su "toque de hielo", él no lo poseía, pero se había percatado que Max si.

Al entrar al Instituto, notó el paso del tiempo, se sentía menos solitario que en antaño. Quizá, Clary si había llegado para renovar el mundo de los cazadores de sombras. Descalzo y con la madrugada a nada de terminar, el más joven de los Lightwood se sentó en el sofá frente a la ventana, cogió un libro que estaba olvidado en la mesilla y contempló las letras que tanto había extrañado. Estando allí, los recuerdos llegaban como pompas de jabón, haciéndole sentir como si hubiese regresado a casa...

DATOS EXTRA

No llevaba zapatos en su momento de reaparición en el mundo terrenal.

No poseé ningún artículo propio, no lo necesitaba.

Para sorpresa de varios, encontró la historia de Benedict Lightwood muy graciosa.


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Re: Max Lightwood || Ficha

Mensaje— por Emily Yates el Lun Ene 08, 2018 12:32 pm

EVALUANDO FICHA
¡Hola, Max! Administración le está echando un ojo a tu ficha ;) No te preocupes que no es por nada malo; sólo estamos debatiendo algunos puntos. ¡En seguida tendrás noticias nuestras!



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Re: Max Lightwood || Ficha

Mensaje— por Christopher O'Dare el Miér Ene 10, 2018 1:12 am

FICHA APROBADA
¡Bienvenido oficialmente al foro, Max! Administración ya ha añadido tus datos a nuestros registros, puedes pasar a comprobar si está todo correcto. Ahora, ¡a disfrutar del rol!

Pequeña Nota: Las próximas ediciones hechas en ésta ficha deberán colocarse bajo un Spoiler o en Datos Extras para que no vuelva a pasar del límite el tamaño de Antecedentes Históricos :DD. ¡Gracias por tu comprensión!.

  → Recuerda: Una vez obtienes color dispones de 15 días para subir tu primer post de rol, sino perderás el personaje.

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Re: Max Lightwood || Ficha

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