02/12 ¡Atención, atención! ¡Aquí os dejamos las noticias recién salidas del horno! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


27 # 30
7
NEFILIMS
7
CONSEJO
6
HUMANOS
4
LICÁNTRO.
10
VAMPIROS
8
BRUJOS
4
HADAS
4
DEMONIOS
1
FANTASMAS

We learned to survive, not to judge our duty. With Victorie C. Wintercloud [Flashback]

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We learned to survive, not to judge our duty
→ 7:30 a.m → HABITACIÓN SIN RESIDENTE| ALA NOROESTE DEL INSTITUTO → CLIMA: FRÍO Y LLUVIOSO (-7°c)
Insistí en que tomáramos un merecido descanso, le había casi rogado de rodillas porque no hiciera más cuando quedaba fuera de nuestras manos todo el movimiento en proceso de un ambiente más tenso y de pocas opciones. Hicimos todo cuanto pudimos para encontrar sobrevivientes, llevarlos lejos, escapar de una nueva emboscada y terminar con un lastimero trote al Instituto. Dos contra el mundo era una barbarie lejanamente posible pero la obstinación de un Wintercloud -en éste caso de ella- podía hasta con el imperio más debastador sí se lo proponía. Para mi era como una cabra; necia a decir basta, y firmemente orgullosa como para darse la vuelta sin siquiera llevarse consigo a dos o más demonios. Y aunque claro, no era un ser invencible que se dejara llevar la contraria, escuchó e hizo caso de mis palabras.

Apenas habíamos escapado antes de que arribaran los paramédicos y autoridades mundanas. Un paso en falso y no estaríamos en una de las habitaciones vacías del Instituto; no, a éstas alturas hubiesemos rendido cuentas frente a un jefe de policia. La fortuna de un glamour.

Lo que no podía decir que salió con suerte era nuestro aspecto con hematomas, heridas cerrándose, huesos rotos volviendo a su lugar, y ropas que daban la impresión de haberse tomado de la basura para pasar inadvertidos... pero no. Aquello que quedaba de nosotros era lo que realmente eramos; guerreros vencidos, humillados en diferentes formas pero vivos. Al menos con vida.

En ése momento estaba volviendo de mi propia habitación donde dejé al pequeño niño (Bastian) aún inconsciente sobre mi cama, no podía culparlo de estar exhausto tras vivir una de las experiencias más traumatizantes pero yo estaba más tranquilo de tenerlo en paredes sagradas donde ningún demonio se atrevería a poner un pie sí no quería toda la banda de Nefilim en su contra. Podía quedarme con un poco de alivio después de todo. Mientras tanto aproveché esa visita a mi pequeño hogar para tomar ropa limpia que posiblemente le gustara tener a Victorie luego de descansar lo que quisiera pero tontamente olvidando mi propio conjunto por sólo pensar en su bienestar. Y no la culpaba. Después de toda la travesía y charlas que nos dejaban en claro la posición de cada uno, ¿para qué continuar con un rencor de nuestra primera impresión sí por nuestras venas corría la misma sangre?. Le estaba agradecido.

Que no nos quedásemos en la Enfermería como todos los demás se debía a un pequeño pensamiento en el que no podíamos permitir -o eso de mi parte- el tomar un lugar que muchos otros de nuestros hermanos recién llegados podrían ocupar y ser atendidos inmediatamente. Nosotros no éramos ningunos chiquillos esperando por órdenes cuando sabíamos perfectamente qué procedía. Somos al final de cuentas miembros del Consejo; sin embargo alejarnos de todo -desde mi punto de vista- nos daría el espacio para reflexionar qué fue lo que vivimos y porqué no terminamos en medio de la masacre. Mi propia impotencia tal vez no era comparable con la de Victorie pero era en la única a la que podía pedir consejo sin tener que pasar a Adeline mis confusiones que no entendería sino que además le estresaría no saber cómo ayudarme.

En ése instante lo único que deseaba era a mi compañera de armas... mi hermana.

Luego de llamar a la puerta con dos simples toques, entré a la habitación cerrando a mis espaldas, en un brazo llevaba una jarra con agua, vendajes y el cambio de ropa para ti (pantalones de pijama, camiseta con el estampado "Fabriqué à Paris" y un suéter de estambre); mientras que en la mano libre llevaba un vaso de vidrio, estela y botiquín de primeros auxilios por sí las dudas.
No dirijo palabra alguna al avanzar a la cama con una ligera cojera de mi pie izquierdo, mi garganta hace un sonido ronco al respirar y un tenue dolor de cabeza presiona mis sienes con leves pulsaciones. Al dejar todas las cosas sobre la mesita de noche, di la espalda al colchón y literalmente me tumbé de espaldas a lo largo de la polvosa colcha con ambas manos ocultando mi mugriento rostro mientras frotaba los párpados cuidando que la suciedad de las uñas no irritara los lagrimales.

Je me sens jaloux de l'enfant. Durmió en todo el viaje de camino aquí y sigue durmiendo; ¿crees que sea necesario pedir que un Hermano Silencioso le revise el daño a su cabeza?— Listo, es todo. Por ahora no tengo ni me salen palabras para tocar el tema de lo que vivimos; quizás no es tiempo dé sino despejar los malos pensamientos. —Te he traído un poco de ropa...— Añadí después de descubrir mi rostro y ubicar con la mirada tu posición. Siento la vista cansada y me cuesta respirar con tranquilidad como sí estando allá fuera me obligara a siempre jadear.

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→ 7:30 a.m → HABITACIÓN SIN RESIDENTE| ALA NOROESTE DEL INSTITUTO → CLIMA: FRÍO Y LLUVIOSO (-7°c)
No había permitido que nadie sanase sus heridas. Si fuese por ella, no se hubiese detenido. Hubiera proseguido con aquella batalla hasta que el ángel se la llevara, si eso conllevaba que podía tirar a tantos demonios como le fuese posible. Se había movido con la furia de un ángel, molesta, llena de rabia, acabando una y otra vez con demonio o nefilim traidor que se le ponía enfrente sin titubear. Parecía un torbellino de sangre y metal, acabando con uno mientras su chakram acababa con otro, y ni los gritos de Christopher o de Sugar habían logrado detenerla. No fue hasta que se encontraron frente a una emboscada, apenas saliendo con suerte y un buen ejecutado movimiento de su medio-hermano, que a regañadientes y con la piel salpicada de sangre como la de una obra de arte muy macabra, que había dejado que el nefilim la guiara de vuelta al Instituto.

Había llorado en el camino, una silenciosa lágrima derramándose en su mejilla, producto de la impotencia de no poder hacer más, mientras con la fortuna de una runa escapaban de la vista de las autoridades y paramédicos. Que bonita era la ceguera de aquellos seres; para ellos siempre sería una fuga de gas, un atentado; para la nefilim no eran si no recordatorios de que no era lo suficientemente buena para hacer su trabajo.

Cuando habían llegado se había deshecho de su chamarra, para exponer los múltiples cortes de su piel, los hematomas y las quemaduras producidas por el icor; pero pese a que el cuerpo le dolía como un demonio, inventó cientos de excusas para conseguir evadir la punta de una estela o las manos de un sanador; la verdad el único consuelo que había aceptado había sido Kimara que se había abalanzado sobre su dueña con una ferocidad sobreprotectora, lamiendo la sangre de sus heridas, para evitar que la sangre seca formase dolorosas costras que al arrancarse pudiesen producir nuevas heridas. No había ni rastro de su orgullo o su siempre feliz semblante; era una mujer derrotada y llena de dolor. Una muñeca rota. Estaba viva por muy poco, pero algo de su dulzura había muerto aquella noche.

Se había acostado sobre la cama, con la cachorra a su lado gimiendo, pues los perros eran demasiado intuitivos, y la misma sabía que algo no estaba bien con su dueña. La francesa se había quedado mirando las paredes hasta que el cansancio y agotamiento de su cuerpo la sumieron en un sueño involuntario, pues lo último que deseaba, era cerrar los ojos. Su descanso estuvo plagado de un primer plano de la noche, pero apenas las pesadillas empezaban a ponerse demasiado intensas, Kimara la despertaría, por lo que toda su noche pasó de forma irregular, descansando a medias, mientras las heridas en su cuerpo seguían presentes, como un recordatorio constante del que ella no deseaba librarse. Christopher y ella habían estado de acuerdo que la enfermería necesitaba quedarse libre para los más jóvenes y heridos y si bien las heridas de la propia francesa no eran despreciables; su terquedad sobre dejar que la curasen hacía que su aspecto fuese casi tan malo como el del día anterior.

Se incorporó apenas escuchó los sonidos en la puerta y permitió la entrada de su medio hermano, posiblemente la única persona que podía entenderla en aquel preciso momento. Lo miró con los ojos azules atontados, mientras su fiel acompañante perruna emitía un gemido, se bajaba de la cama de su dueña, para instalarse al lado del otro francés, buscando consuelo. Pobrecita. Victorie no le había dado la atención que merecía, pues había estado demasiado metida en sus pensamientos. No habló al verlo entrar, ni caminar, pero si esbozó una mueca al ver la estela y el botiquín de primeros auxilios, mientras su cuerpo le decía a gritos que dejase de ser tan estúpida y permitiera que se ocupasen de sus heridas.

Peux-tu le blâmer pour ça?— empezó, agotada, antes de acordarse que no estaban en Francia —Apenas es un niño y fue zarandeado por el mayor enemigo de la Clave. Necesita tiempo para descansar, ya despertará cuando se sienta listo— se incorporó lentamente, mordiéndose los labios para no gritar cuando su cuerpo protestó por la multitud de heridas sin atender, su vista regresó al montón de cosas que había traído el rubio cuando había entrado y tomó las prendas agradecida, antes de deshacerse de su ropa actual, pero cuando intentó quitarse la camisa, la sangre seca volvió a abrirle las heridas, por lo que los ojos le brillaron por las lágrimas que empezaban a acumularse debido al dolor punzante que la había recorrido —Gracias,
tengo ganas de quemar mi ropa actual, la verdad
— fue todo lo que salió de sus labios, mientras se dirigía al baño, quitando finalmente la ropa, mientras veía en el espejo las heridas en sus brazos, hombros, clavícula y espalda. No pintaba nada bien. De hecho empezaba a verse un poco pálida debido a la pérdida de sangre, lo cual no era precisamente bueno. Suspiró. Cuando salió las prendas ocultaban el verdadero estado de su cuerpo, así que esperaba pudiese seguir con aquel capricho durante un poco más.

Cuidadosamente, se sentó sobre el colchón, cerca de Christopher y con la cabeza de Kimara sobre su regazo. Le acarició el pelaje distraída, mientras miraba a su hermano, evitando cualquier movimiento que fuese a producirle un dolor que no pudiese ocultar —Deberíamos bajar por algo de comida, podemos preparar algo por si el pequeño se despierta y no sé tu, pero no he comido nada desde ayer en la mañana. Puedo concentrarme en eso, cocinar es sencillo— eso último lo dijo más para si, mientras se quedaba tan inexpresiva como le era posible con un dolor recorriendo cada centímetro de su cuerpo ¡Pero bueno! ¿Quién la mandaba a sentirse tan culpable como para someterse a ese tipo de dolor injustificado?





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→ 7:40 a.m → HABITACIÓN SIN RESIDENTE| ALA NOROESTE DEL INSTITUTO → CLIMA: FRÍO Y LLUVIOSO (-7°c)
Después de quitar las manos de mi rostro noté la mugre, icor y sangre mezcladas en una gruesa capa de suciedad que era otro recuerdo de no volver a pisar el mundo exterior como lo conocía sin esperar una emboscada de demonios a la vuelta de la esquina o ser incapaz de salvar todas aquellas almas inocentes sin poder hacer nada para evitar el cruen destino. Estaba hecho un despojo de lo que solía ser hacía unos años cuando recién llegaba a N.Y. Parecía una vida pasada, lejana y cual espejismo. Entendí tarde que las historias de batalla donde uno salía victorioso eran al menos la parte donde se evitaba el dolor y desesperación de perder parte de tu alma, ¿y qué gloria tenía volver a casa empapado en sangre ajena?.
No lo estoy culpando— Respondí con una suave negación de mi cabeza, descendía mis brazos a los costados de mi cadera para descansar las manos sobre el abdomen y percibí una costilla rota como el adormecimiento de mis extremidades por el repentino descanso. Frunciendo el ceño, giré el rostro siguiendo con la mirada tu trayecto y me preocupó otra vez que lanzaras un improperio en francés sí intentaba cualquier cosa para curar esas feas heridas. A las chicas había que darles tiempo, lo sabía, pero qué chica masoquista le gustaba dejarse feas cortadas como sí... como sí tratara de castigarse. —Podemos hacer lo que gustes con la ropa y las armas.

Pasando un amargo pero metálico trago en mi boca, hincho el pecho conteniendo el aire en su máximo para dispersar mi mente y la fuerte jaqueca golpeando en mi craneo igual a un taladro destruyendo las ideas. Mientras cerraba los ojos una serie de imágenes volvían a trasladarme al terror de Times Square y estrepitosamente me senté en el colchón cuando la pequeña cachorra dio un salto en mi estómago; temblando, le acaricio detrás de las orejas tratando de que no intente lamer mis dedos o el icor podría causarle algún daño de digestión. —Ya sé, somos un desastre— Murmuro a la cachorra observando sus ojitos y mirada comprensiva que podría interpretarse a mostrar atención en todo lo que diga; sin embargo dejo a la cachorra en el suelo antes de que salgas del cuarto de baño tan rápido como habías entrado y ¿ni siquiera te diste una ducha?. Estaba perplejo mientras escuchaba tu sugerencia de ir a comer como un verdadero día de campo. Oh, eso sí que no.

Victorie...— Comienzo con un bufido entre dientes —No estas hablando en serio— Avanzo hacia ti guardando una prudente distancia al colocarme parado de frente, aprieto los dientes evitando que una palabrota o incoherencia sin filtro saque de nuevo a la "cabra Wintercloud" y contengo el impulso de sujetarse con fuerza. Pero en lugar de permitir que des un paso más, tomo tus hombros con ambas manos sintiendo la fragilidad en postura y una débil vulnerabilidad que no te había conocido hasta entonces. Algo en ti me hacía recordar al propio niño que me devolvía la mirada en el espejo cuando mi hogar se había incendiado y tuve que que vivir el resto de mi vida en un "país" extranjero. —¿Comer cuando apenas puedes permanecer de pie?— Frunzo el ceño —¿Ir ahí a la cocina y soportar todas las miradas que obviamente no vas a tolerar?— Inhalo con fuerza por la nariz y al exhalar lo único que pasa por mi cabeza es atraerte a mi en un casi estrangulador abrazo. Llevando la mano diestra a la base de tu nuca, inclino tu propio rostro al hueco de mi cuello con el hombro para apoyar ahí mi perfil con tus cabellos despeinados. No consiento ningún forcejeo o golpe que te aleje de mi. Paso a frotar tu espalda con la delicadeza del tacto a la seda y beso tu sien en un quedo gesto fraterno.

Ssshhh— Susurro ronco —Ya basta... deja de fingir— Retrocediendo a la cama contigo en brazos, me agacho hasta que puedo sentarme en la orilla del colchón y en el proceso extiendo la mano hacia la mesita de noche para tomar la Estela que mostré a la altura de tu rostro. —Yo hablo cualquier detalle que quieras saber de mi vida sí tú me permites trazar una runa— Hago un encogimiento de hombros no con la mejor de las sonrisas en mi rostro pero al menos una que expresaría mi angustia y obstinación de estar cuando más necesitabas de un alguien que te diera esa mano al caer o perder el camino. Siendo delicado al rodear tu cadera con mi brazo, suspiro soltando un poco de fuerza al sujetarte y peino un delicado rizo dorado tras tu oreja derecha; notó la forma puntiaguda de aquella y guardo mis sospechas para otro momento que no quisiéramos debatir qué sangre corría por nuestras venas.

Cuando tenía 7 u 8 años— Exhalo por la nariz —Encontré una caja de zapatos escondida detras de un espejo en la habitación de mis padres, ahi dentro habían cartas, todas dirigidas a las iniciales S.S. Muchas de ellas se veían viejas, sí quieres mi opinión, y con manchas del tiempo pero bajo todas ellas la fotografía de una mujer llevando en brazos a un bebé. No me preguntes mucho de los detalles, la madre estaba de espaldas y gran parte del bebé estaba cubierto por una manta azul. Lo único que reconocí...— Regreso la mirada hacia la tuya compartiendo el sentimiento de nostalgia que salía desde el fondo de mi pecho —fue Notre Dame y el río Sena por un costado.

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No bromeaba, no realmente. Por la expresión de su medio-hermano, fue plenamente consciente de que sabía lo que ella estaba haciendo, no el porqué, pues la respuesta a esa pregunta la desconocía la propia Victorie; pero si sabía sus intenciones. Esbozó una mueca cuando el rubio se acercó y si bien las heridas de su cuerpo protestaron ante el agarre de aquel cazador de sombras, la joven encontró algo en la forma en la que la sostenía bastante reconfortante. Como si hubiera tomado el mundo que Victorie llevaba sobre los hombros, deteniendo un poco el peso que ejercía sobre su cuerpo para dejarla respirar. Y eso hizo, cerró los ojos, respirando profundamente; dejando que fuera el sentido del olfato su única vía de comunicación con el mundo exterior. Olía la sangre, el icor, la luz, el aroma a animal que emanaba de Kimara; ese aroma como a nuevo de cosas que no se han usado y cuando abrió los ojos, había algo de dureza en ellos que le sorprendió. Era una cazadora de sombras, había salido adelante de cosas peores, sólo necesitaba darse un tiempo para componerse, suspiró, desganada y cuando le contestó su tono salió más suave de lo que le gustaría —No puedes decirme que puedo tolerar y que no, Christopher— no estaba siendo grosera, al contrario, era un intento de encontrar fuerzas en algo que solía creer, pero en ese momento le parecía inverosímil. Ella no era ella, era algún tipo de cosa vulnerable y débil.

Y a Victorie no le gustaba sentirse débil.

Lo que si no se esperó, fue aquella muestra de cariño. Parpadeó, confundida, ignorando la protesta de cada herida de su cuerpo ante el contacto. Pese a que su primer instinto fue luchar contra aquello, la sensación de compartir con un miembro de su familia (pues, tuvieran la misma madre o no, si que tenían la misma sangre) alguna muestra de afecto era algo que siempre había deseado y que no esperaba en lo absoluto. Cerró los ojos, respondiendo el abrazo titubeante. Ni su madre, ni su abuelo habían sido muy dados a ese tipo de señales de cariño, y Victorie había crecido rodeada de tanta dureza, que a veces, a veces se olvidaba lo que era ser un ser humano con debilidades y sentimientos. La única persona con la que alguna vez había compartido cariño, había sido con Crowley, pero hacía ya algunos años que había tenido que dejarlo ir —Deberías saber una cosa o dos sobre mi— murmuró en voz baja —En eso nos parecemos, demasiado tercos para saber cuando debes dejar ir— y sonrió un poco, pese a que en otro momento, hubiera sido lo que menos le apetecía. El trato, tentador, hizo que se deshiciera del suéter, con un movimiento controlado; de forma que sus brazos quedasen al descubierto. La forma en la que le acomodó un rizo, cariñoso, hizo que ella no pudiera evitar alargar la mano para despeinar un poco el cabello rubio del francés, con una sonrisa un poco más sincera que las anteriores . Aún que luego no pudo evitar preguntarse si habría notado la forma ligeramente puntiaguda de sus orejas, pues no deseaba levantar sospechas innecesarias. Sin embargo dejó el tema de lado, no era momento para pensar en aquello.—Deja de actuar tan maduro y sabio, se supone que soy la mayor.

Está bien, sólo no en los brazos. No suele ser tan efectivo como si la haces cerca del corazón— no tenía ni idea de porqué los iratze funcionaban mejor de esa forma, o tal vez era la única loca con esa idea. Para facilitarle el trabajo, movió la camisa un poco, de forma que parte de su clavícula y hombro derecho, quedasen al descubierto. Cerró los ojos, esperando el dolor de la estela, pero no pudo evitar volverlos a abrir cuando Christopher empezó a hablar. Curiosa, lo miró con aquellos ojos azules profundos, mientras grababa en su perfecta memoria, cada palabra de lo que decía. Asintió, agradecida, antes de compartirle lo poco que conocía de lo que le acababa de compartir. Era algo que le era familiar, por lo menos eso creía, su madre le había comentado que cuando recién la habían tenido, vivían en un departamento en París, no en el Instituto —Seguramente eran cartas dirigidas a mi madre. S.S. Suzzette Schreave, ese es el nombre de mi madre. Y tiene sentido que en la foto reconocieras la Catedral. Creo recordar que mi madre me comentó que cuando se casaron, vivieron en un apartamento en Paris, porque no querían criarme en el Instituto.

Se quedó un rato callada, pensativa. ¿Por qué su padre habría guardado cartas y fotos? Era todo tan extraño. Primero, había creído que había sido su madre la que había acabado con su padre. Suzzette era una mujer fría y calculadora, por lo que no le extrañaría que viendo la familia de su esposo deteriorarse, se hubiese cansado del estado de ánimo de este. Pero tras hablar con Claire, esta le había insinuado que su madre había sido más cariñosa en el pasado y que había sido el abandono del Wintercloud, quien la había vuelto la mujer fría que era en la actualidad. Pero si había sido el progenitor de ambos, el que había dado el primer paso ¿¨por qué guardar algo tan sentimental como cartas? Aquello sólo la confundía más. Frunció el ceño —Aún que hay muchas cosas que no entiendo todavía— tenía más interrogantes que cuando había llegado. Al inicio lo único que quería era saber cosas del padre que nunca conoció; pero ahora necesitaba entender que era lo que había orillado a Richard a actuar de una forma tan extraña, dejando a una mujer y sin embargo, guardando símbolos de lo que había sido la única relación de su madre. Pese a ser una mujer sumamente atractiva, poderosa y una gran cazadora de sombras, tras Richard Wintercloud, su madre había cerrado su corazón a cal y canto, sin permitirse volver a sentir nada por nadie, reclamando a Victorie por su relación con Crowley, diciendo que el sentimentalismo le haría pedazos el corazón.

¿Fuiste criado como un cazador de sombras?— su tono de voz, suave y sereno, tenía un toque de duda o incomodidad en él, pues no deseaba ir a tocar un tema peliagudo; pero tomando en cuenta que su padre se las había ingeniado para desaparecer del radar hasta el momento de su muerte, lo lógico es que durante los primeros años de su vida, no le hubiese contado nada del mundo de las sombras. Claro que bien podría ser como el caso de Michael, donde sus padres claramente sí le habían contado bastante del mundo de las sombras. Todavía no conocía al mundano lo suficiente, pero podía jugar que uno o los dos de sus progenitores eran fugitivos de la Clave. Eso explicaría el odio que le tenía a los nefilim —Mi madre... Intentó buscarlo, al inicio. No sé que le habrá dicho para que ella no quisiera buscarle más, porque hablar de mi padre es prácticamente tabú con mi mamá. Pero nunca pudo dar con él, por lo que solo puedo asumir que se escondió entre los mundanos, pero realmente, no sé nada sobre mi padre. Créeme que tras preguntar una o dos veces y que tu madre te mire como si la hubieras abofeteado, aprendes a no preguntar.




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¿Acaso no es más divertido cuando los menores superamos las expectativas?— Fue mi respuesta después del mimo correspondido sobre mi tieso cabello tan descuidado que ya me imaginaba la complicada tarea para lavarlo no sólo con el agua caliente de la ducha; mis manos se habían movido en automático, preparadas para descubrir zonas del cuerpo no ocupadas por marcas recientes pero la sorpresa que invadió mi rostro con esa "casi orden" emitida con tranquilidad, me hizo pensar que al final de cuentas el poco destello de vulnerabilidad estaba olvidado muy en el fondo. Y siguiendo las indicaciones como aprendiz, suspiré lentamente con la mirada concentrada y fija en lo que el procedimiento requería antes de dar inicio a un no agradable tema que dejaba como fuese el vacío en la boca del estómago.
No entendía qué fuerza me llevaba a ello o sí voluntariamente aceptaba en abrir una parte de mi que ocultaba con sonrisas y el característico carisma. Definitivamente no sería sencillo. No cuando la intriga generaría un sin fin de preguntas para la aguda mente francesa que sospechaba poderosa en tu interior.

Victorie, no tengo una respuesta clara aún después de 10 años para decirte porqué Richard las conservó. Era... muy reservado y hasta podría decir "misterioso"— Pero quién se imaginaría que yo estaba actuando igual con la vista baja y clavada en la estela de mis manos. Llamarle por su respectivo nombre en lugar de lo que se consideraba un "afectuoso" mote como "padre o papá" tal vez no era el mejor comienzo ni aliento a una charla que sea lo suficientemente amena; tenía... No... debía tranquilizarme como hacer el mínimo esfuerzo de apartar el rencor de años y transformarlo en paciencia. Aunque de igual manera agradecía que el silencio impuesto se quebrara por tu curiosidad demasiado ajena e inocente. Claro, cómo no podría sorprenderme. Todo cuanto podías averiguar quedaba en mis manos y qué egoísta sería de arrebatar aquello. Así que finalmente tuve que respirar hondo, levantar la frente y escuchar atento.

Sin embargo esa única  pregunta confundió lo que esperaba contra lo que suponía. Literalmente arrugué el gesto elevando las cejas. Analizando y envuelto en los recuerdos que se re-buscaban confundidos por hallar una respuesta que no se pasara de largo el filtro coherente. Y la serenidad con la que fue hecha no importaba al sentirme entre la espada y la pared.
¿Había sido entrenado como uno sin saberlo?. ¿Me habían criado esperando que reconociera el mundo que vivieron?. ¿O esperaban que limitandose en la lejanía de una granja jamás llegarán a pensar que les sería arrebatado por La Clave?.

Nada tenía sentido. Tampoco el no recordar sí una visita indeseada paralizó a la familia cuando se aparentaba... Un momento, ¿apariencias?.
Fruncí el ceño con más profundidad, ensimismado en todo, te aparté de mi con la considerada suavidad de alguien cuya mente no difiere los recuerdos más vívidos de las verdaderas experiencias que marcaban antes y después. En pie de la cama, apoyaba las manos encima de la cadera, comencé a caminar en círculos por toda la habitación esperando que aclarara mis ideas mientras de vez en tanto alzaba la mirada al techo con sus manchas amarillentas de humedad.

Es difícil de decir con seguridad sí la vida que viví en la granja donde crecí fue realmente una vida o tan sólo algo para mantener las apariencias— Llevo una mano a la nuca entrelazando los dedos con mechones despeinados sobre la nuca. Detengo mi camino frente a la ventana sin cortinas con las vistas totalmente en su contraste de los jardines abandonados a las conglomeradas avenidas típicas de su actividad en el tráfico neoyorquino. Ahí parado cruzo los brazos contra el pecho, cerrando los puños, mirando todo y a la vez a la nada mientras iba y venía de las memorias. —A mi madre siempre la había visto con una belleza que destacaba vulnerabilidad, ¿entiendes a lo que me refiero?, demostraba ser gentil, cariñosa, buena esposa y hasta a veces demasiado humilde que se mal interpretaba con sumisión. Nunca demostró nada que la catalgora como alguien invencible pero...— Vacilo levantando la mirada al cielo, apretando la mandíbula, observaba con tensión a las densas nubes grises acumularse unas con otras en el cielo contaminado —...una noche cuando nuestro padre perdió su autocontrol y me gritó con tanta ira que yo deseaba desaparecer... Recuerdo que ella acudió inmediatamente al lugar donde nos encontrábamos y se interpuso entre ambos con una presencia condenadamente aterradora. Casi pude evitar no ver cómo él la tomó de los hombros y se preparaba para alejarla de sí pero fueron segundos antes de que ella se deshiciera de su agarre tumbandolo en el piso. ¿Te lo imaginas?. Un hombre más alto que yo y con mucha más masa muscular siendo sometido por una mujer ligeramente más baja pero que no parecía ni matar a una mosca...

Girando con la espalda a la ventana, apoyo la cintura en el afeizar de la ventana, metiendo las manos inconscientemente cerradas dentro de los bolsillos frontales, y encogiendo los hombros un poco apesumbrado por lo que acababa de contar —Se podría decir que fue el primer momento que presencié algo nuevo y fuera de lo común en una vida humilde de granja— De pronto incómodo en la posición que me encontraba, saqué las manos de los bolsillos y las apoyé a mis espaldas encima de la madera mientras tamborileaba los dedos en un ritmo que sólo yo escuchaba pero que se unieron al repiqueteo de la ligera -en ése momento- lluvia golpeando el cristal. —Después de eso, papá nos dejó un par de días y me sentí con la obligación de cuidar a mi madre que ya tenía suficientes preocupaciones con mi recién nacida hermana— Remojo los labios de nuevo confundido y haciendo la mejor cronología para explicar con cuidado todos los detalles —Pero cuando él regresó me encontró jugando con una vara que fingía era mi espada golpeando toscamente la maleza que crecía cerca de la casa. Se acercó a mi y dijo que lo estaba haciendo mal; ahí me enseñó cómo sostener la vara con una sola mano y equilibrar el peso que llevaría un ataque definitivo.— Sonrío de medio lado agachando un poco la cabeza y negando con ella después de emitir un largo suspiro —Yo creía que por fin estaba jugando conmigo en lugar de decirme cómo hacerlo por mi mismo— Vuelvo a levantar los hombros ésta vez carraspeando la garganta queriendo alivianar así el nudo obstruyendo la garganta —Luego apareció mi madre y gritó horrorizada maldiciones en francés a papá. Rompió la vara por la mitad y arrojó los pedazos hacia el maizal... Después de eso jamás me dejó jugar a nada que tuviera que ver con "agresividad" ni a las famosas "luchas" que algunos niños vecinos querían hacer cuando sus padres visitaban nuestra casa.

Exhalo pesadamente por la boca echando la cabeza hacia atrás, camino perezoso de vuelta a la cama sentándome en la esquina del colchón con la espalda encorvada y las manos entrelazadas.

¿Crees estar confundida?. Dímelo a mi cuando mi padre y Brenand compartían la historia de que mi madre era una inmigrante de México que buscaba... ¿Cómo lo llamaban?. Ah sí, "un nuevo comienzo"— Hago las comillas en el aire girando el rostro hacia a ti, esperaba... sólo esperaba que la frustración que sentía fuera lo más discreta posible. —Por eso me aterró conocerte por primera vez en Central Park porque sabía que llegaría el día donde las preguntas no podrían evitarse y temo que... tal vez sea el peor ignorante de su propia vida como para ayudar a otros a entenderla. Pero Victorie, no estás sola.

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Ustedes lo encuentran divertido, yo lo encuentro irritante— sin embargo dejó de lado las protestas que pudieron haberse escapado de sus labios y se concentró en verlo tomar la estela y en el calor que emanaba de la misma. Mientras el pinchazo de dolor suave la recorría; sus ojos azules se perdieron en los cabellos rubios de su hermano, en sus ojos azules y en la forma en que ahora que lo veía sin el desprecio que inicialmente había mantenido como barrera; podía ver a su padre en él. Suspira.

Casi quiere reír cuando ve que Christopher se niega a llamarlo padre al igual que ella. A veces lo menciona. A veces solo lo dice a secas pero la mayoría del tiempo Victorie se refiere a él con solemnidad y molestia. Y es lo mismo que detecta en la voz de su medio hermano. Ladea el rostro confundida. Esperaba algo de resentimiento por las mentiras que su padre les había dicho a ambos, pero aquel joven parece tan molesto como ella —Lo sé, no espero una respuesta clara de ti. Después de todo les mintió así que no tienes forma de saber cuales eran sus intenciones, la verdad dudo que haya alguna buena respuesta. Quería pensar que lo hizo porque no tenía otra opción, pero ahora... Total y simplemente es lo que quería. Irse. Y como dejó la Clave os tenía que mentir a ustedes — deja que su hermano se aparte de ella y se vuelve a acomodar las prendas ajenas mientras mira como el iratze empieza a hacer efecto. Bien. Gracias al cielo fuera de Christopher nadie la había visto porque Amelia y Alam se la comerían viva seguramente por semejante estupidez. Tenía que hablar con su hermano de alma, pero por ahora tenía otras cosas en la cabeza y ya le había llamado al salir de Times Square para avisarle que estaba bien y que luego lo pondría al tanto. Una llamada innecesaria porque pese a la distancia si algo le pasase su parabatai lo sabría.

Su atención regresa al rubio frente a ella. Podía ver la angustia y la confusión en sus facciones. Se veía como un animalito perdido, al que le han quitado el cause y la orientación; vagando y dándose topes entre los árboles sin poder encontrar el camino a casa. Quiere buscar la forma de reconfortarlo, pero si no ha podido calmarse a ella misma ¿Cómo le ofrece un consuelo que sabe no posee? Su padre se había metido en sus vidas y al dejar la verdad sobre la existencia del uno y del otro, empezaba a destruir recuerdos y anhelos como un parásito. Y ella no podía encontrar razones al porqué de sus acciones por mucho que se rompiese la cabeza. Tal vez debería regresar a Francia y hablar con Suzzette. Su madre lo había conocido durante un largo tiempo y seguramente sabía más que ella al respecto.

Cuando habla ella absorbe sus palabras tratando de encontrarles lugar en el rompecabezas que había armado para intentar darle sentido a todo eso. Pero lo que dice Christopher solo le añade más misterio a todo. Entiende perfectamente lo que dice. Ella si puede ver como una mujer menuda podría tumbar a un hombre porque ella lo es. Victorie es por lo menos 15 centímetros más baja que el rubio frente a ella y sabe que podría tumbarlo sin problemas al piso si él no se lo espera. Pero ella tiene un cuerpo musculoso pese a lo menuda que es. Y ella es una nefilim, una cazadora de sombras con runas; pero no se imagina a una mundana pudiendo tirar a alguien del tamaño de su hermano y menos a un nefilim como lo era Richard.

Cierra los ojos e intenta recordar todos los rostros que su madre alguna vez le había enseñado de la generación de nefilims con los que había convivido. Tiene una memoria perfecta así que los rostros desfilan ante ella. Busca una mujer menuda, que tuviera rasgos latinos y de la que no supiera más. Que no hubiera visto en reuniones del Consejo. Pero no encuentra nada y parece que el recuerdo no llega, como si ella intentase agarrar agua con las manos —Creo que deberías considerar la posibilidad de que tu madre también era una cazadora de sombras. ¿Alguna vez has intentado buscarla? Su archivo digo. La Clave tiene archivos de todos los cazadores de sombras que abandonan la Clave, mi madre de hecho escribió buena parte de el de Richard, sólo que si quieres mi opinión estoy seguro que en lugar de querer poner "Abandonó la Clave por decisión propia tras retirar sus runas de matrimonio" ella quería insultarlo en francés—ahora que sabe que no encontrará respuestas en su hermano suspira. No se arrepiente de haber venido a dicha ciudad, pero si de haber pensado que le darían respuestas. Que estúpida había sido. Si su medio hermano supiese algo la Clave se habría enterado de su existencia muchísimo antes.

Y odia la idea de preguntarle a su madre. Siempre que lo hacía se veía profundamente dolida, como si Victorie le hubiera echado sal a una herida tan grave que era imposible de curar. La última vez que había hablado con ella y le había mencionado que ya había conocido a Christopher su madre se había quedado callada durante un largo tiempo y después le había dicho que había surgido algo y había colgado. Alam le había comentado que se había encerrado en su oficina por una hora y cuando había salido su serenidad y frialdad hubieran congelado el infierno.

No te preocupes, yo también le pongo cuchillos a la gente en la cara cuando estoy alterada— ironiza un poco, mientras se trenza el cabello de forma metódica, buscando una distracción de sus pensamientos que se tornan más oscuros a cada segundo que pasa —Lamento haber venido a causarte problemas Christopher. No era mi intención. Te prometo que intentaré descubrir que fue lo que pasó porque... No lo sé, creo que nos merecemos la verdad, pero eso ahorita es indistinto, no hay nada que podamos hacer ahora. No me arrepiento de haber venido pese a que no haya descubierto nada más que al parecer Richard nos jugó a ambos, valió la pena por ti. Eres adorablemente irritante y posiblemente la única persona con la que comparto que no espera nada de mi.




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