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29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


28/01 Estimados habitantes del submundo. La limpieza se hará el día 31 de madrugada.


01/01 ¡El Staff de Facilis Descensus Averni quiere desearos un muy feliz año 2018!


30/12 - Estimados habitantes del submundo. La limpieza se hará el día 31 de madrugada. ¡Detalles aquí!


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Sr. y Sra. Grey [Privado]

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Sr. y Sra. Grey [Privado]

Mensaje— por Gustave N. Grey el Miér Ene 17, 2018 7:18 am

Sr. y Sra. Grey
→ Lunes → 13 pm → Residencia de Calem McLean  → Fresco
Los agentes de inteligencia de Gustave Nicholas Grey se habían demorado lo suyo para conseguir toda la información relevante sobre su más reciente objetivo. Con sólo un nombre y una muy acotada referencia educativa como todo punto de inicio, no era de extrañarse la tardanza, pero a él no dejaba de parecerle extraño que semejante tipo de sujeto no se dejara ver con más frecuencia, especialmente teniendo en cuenta los datos (no muchos, pero certeros) que tenía acerca de su personalidad.

El misterio se develó para él en cuanto descubrió que ésta persona no vivía sola, sino que compartía hogar con alguien bien capaz de borrar cualquier rastro de su presencia de ser necesario. Un movimiento sencillamente brillante, en la opinión de Gustave, que había tenido que indagar hasta rincones inesperados para conseguir una simple dirección. Fue necesario investigar a otras personas para llegar a la que realmente estaba buscando; Facebook, Twitter, Instagram, todo tipo de red social había servido de ayuda para éste fin. Hadas, humanos, brujos, licántropos, ninguno escapó al ojo meticuloso del vampiro, que se había hartado de enterarse de insignificantes detalles sobre la vida privada de desconocidos en busca de indicios que volvieran a ponerlo sobre la pista.

Y finalmente estaba allí, en el número 78 de Lafayette Street, vestido de manera casual para no captar la atención de los vecinos y dispuesto a tocar la puerta para enfrentarse de una vez por todas con la persona que, si le sonreía la buena fortuna, habría valido el esfuerzo para ser encontrada.
Bianca Salvatore.

Desde el momento en el que había coincidido con ella en aquel bar, Gustave se había formado una opinión relativamente alta de la vampiresa. Sí, tal vez no era la persona más elegante ni moralmente correcta del mundo, pero tenía coraje y era osada, y eso hablaba muy bien de ella, al menos para lo que Gus tenía pensado proponerle, que no era algo que normalmente se oyera venir de un desconocido.

El heredero de la familia Grey golpeó la puerta con confianza; había elegido para pasarse por allí un momento en el que sabía que el brujo, que con tanto ahínco cuidaba de la muchacha, no estaría en casa: él mismo se había asegurado de que se le encargara un trabajo lejos de allí para poder estar a solas con Bianca. No podía darse el lujo de confiar en nadie más que los justos y necesarios para llevar a cabo su misión, es decir, tan solo la vampiresa y él.

Oyó el sonido de la puerta al abrirse, y adoptó su usual postura de negocios, que se veía algo rara en combinación con la ropa que llevaba puesta.
—Bianca Salvatore, nos volvemos a encontrar. Si pudieras concederme algo de tu tiempo, traigo una propuesta para ti. No demoraré mucho, pero deberías considerar dejarme pasar antes de que las vecinas comiencen a imaginar cosas.


Última edición por Gustave N. Grey el Miér Feb 21, 2018 10:54 pm, editado 1 vez
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Re: Sr. y Sra. Grey [Privado]

Mensaje— por Bianca Salvatore el Jue Ene 18, 2018 2:38 am

Sr. y Sra. Grey
→ Lunes → 13 pm → Residencia de Calem McLean  → Fresco
Aún cada tanto, a Bianca se le hacía extraño el silencio sepulcral dentro de la casa. Se le hacía extraño no oír su propia voz hablándole sin parar a Calem o la música del brujo sonando en alguna parte de la casa, en cuyo caso la vampiresa optaba por dejar sus charlas para otro momento. No era la primera vez que Bianca se quedaba sola en casa de Calem, claro que no, y por más que se había acostumbrado a ello también, las horas de aburrimiento no pasaban solas si no se ponía a pensar en cosas completamente aleatorias, como el silencio. El silencio aparte de la televisión encendida, por supuesto. Suga descansaba acurrucado sobre el estomago de la vampiresa, quien se había tirado en el sillón de la sala a mirar Netflix otra vez. Al parecer, al pequeño felino le había parecido suficientemente cómodo el pijama de franela de la rubia y se había acomodado allí antes de que ella pudiera hacer algo al respecto. De todas formas, aquello le había enternecido lo suficiente como para dejarlo. Su pelo estaba recogido desordenadamente en un muño en lo alto de su cabeza, el peinado de piña, como ella le llamaba haciendo referencia a su forma y a los cabellos rubios que se veían.  
Cuando escuchó a alguien golpear la puerta, el felino se despertó y salió corriendo sin explicación alguna, dejando a una confundida Bianca aún tendida a lo largo del sofá. Pero convencida de que se trataba de Calem, que había regresado temprano, se levantó, desperezándose y emprendió camino hacia la entrada despreocupadamente para abrirle la puerta.

Parpadeo varias veces, mientras aguardaba en silencio y observaba al vampiro como si no se creyera que estuviera ahí parado –Las vecinas han visto cosas peores ya no les sorprenderá– Contestó finalmente y apresuradamente, luego de lograr salir de su estado de asombro. Mentiría descaradamente si dijera que encontrarse al muchacho en la puerta de aquella casa no le había tomado por sorpresa –Un segundo– Interrumpió cualquier posible contestación al instante de terminar su frase anterior, al tiempo que elevaba una mano a la altura de los ojos del vampiro con el dedo índice en alto, indicando un número uno. Y acto seguido, la rubia desapareció frente a los ojos del muchacho. El silencio y el vacío invadió el umbral de la puerta, mientras esta aún permanecía abierta dejando ver el interior de la casa del brujo, donde todas las luces parecían están apagadas y lo único que iluminaba su interior era una luz azulada proveniente de la televisión de la sala. Pero no habría sido difícil de averiguar qué había sucedido para alguien con suficiente buen oído, pues en el piso de arriba no tardó en escucharse un estruendo típico de quien está buscando cosas desesperadamente o moviéndose de un lado a otro a contra reloj. Antes de esfumarse como un suspiro, la vampiresa ni siquiera había hecho lo que cualquier persona normal hubiera hecho: Preguntar qué sucedía. No, Bianca Salvatore había subido al piso de arriba cual alma que lleva el diablo hacia su habitación, solo y únicamente para ponerse mejor ropa y arreglarse para estar presentable. Por lo que, casi tan rápido como se fue, volvió a aparecer en el espacio vacío que había dejado, la vampiresa ahora llevaba ropa casual, bonita, pero prolija y el cabello suelto y peinado, colgándole por la espalda. Incluso, prestando suficiente atención, se podía notar algo de maquillaje. Y sonrió ampliamente, mientras apoyaba el antebrazo sobre el lado menos ancho de la puerta que aún sostenía abierta, por supuesto, para apartar la atención de aquel cambio drástico y para cualquier otra persona menos ella, completamente injustificado –Vaya sorpresa– Continuó, como si lo anterior no hubiera sucedido y ella nunca se hubiera ido –Pasa, porfavor– Se hizo a un lado e hizo un ademán invitándolo a entrar –Soy toda oidos– Agregó y la puerta se cerró detrás de ellos.


Última edición por Bianca Salvatore el Dom Ene 28, 2018 7:32 pm, editado 1 vez
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Re: Sr. y Sra. Grey [Privado]

Mensaje— por Gustave N. Grey el Dom Ene 21, 2018 6:13 pm

Sr. y Sra. Grey
→ Sábado → 10 pm → Restaurante Royal Opera House  → Cálido

Cinco días después

Las puertas del Royal Opera House se abrieron de par en par al momento en el que un perfectamente vestido Gustave Grey entraba al restaurante llevando del brazo a una perfectamente vestida Bianca Salvatore, ambos mirando hacia adelante como si el lugar les perteneciera y avanzando de una manera tan elegante y coordinada que a nadie le hubiera sorprendido si de repente una música acorde a la situación comenzara a sonar de fondo, como si de una película se tratase. Varias cabezas se giraron para mirar a la hipnótica pareja mientras caminaban por entre las concurridas mesas en dirección a la que Gus había reservado para ellos; quizás era porque sus encantos vampíricos atraían con rapidez al ojo humano, o tal vez todas las personas allí reunidas estaban tan aburridas de sus perfectas vidas que no sabían hacer otra cosa para entretenerse que observar (y criticar) a los demás, quién sabe.

Para tratarse de dos personas que buscaban no llamar la atención, parecían estar armando bastante jaleo, pero algo que Gus sabía muy bien era que, en sitios como aquel, armar jaleo era la mejor manera de no llamar la atención, ya que los ojos atentos de las señoras y el escepticismo de los caballeros allí siempre encontraban sus mayores víctimas en las personas que por alguna razón no querían ser el centro de todas las miradas.
Allí, todo era un juego de llamar la atención, y cuanto mejor lo hicieras, más rápido se olvidarían los demás de tu presencia. Además, se había asegurado de arribar media hora antes que sus objetivos, de modo que ser o no ser vistos por los demás comensales le era irrelevante.

El plan era sencillo: hacía un tiempo que Gus había comenzado a seguirle la pista a cierto sector de una empresa rival a la de su padre porque se enteró que estaban planeando una jugada bastante sucia para con las empresas Grey, y él no pensaba permitirlo. Sabía, luego de muchos días de monitorear todos sus movimientos y conversaciones, que ese día se reunirían allí para concretar los últimos detalles de su plan, sino acaso también comenzar con su ejecución. Y Gustave, pese a haberse desvinculado completamente de su familia tiempo atrás, estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para detenerlos antes de que causaran problemas, de allí su presencia en aquel sitio esa noche.

No obstante, si quería pasar desapercibido en aquel restaurante, ir solo no era una opción, ya que muy raras personas lo hacían; no, para que su furtividad fuera exitosa, debía conseguirse una acompañante que reuniera tanto los requisitos básicos para aparentar normalidad en el Royal Opera House como los requisitos exigidos por él mismo.
Tenía que ser una muchacha bonita, indiscutiblemente elegante, con coraje suficiente para aceptar la misión y que fuera de utilidad en el caso de verse involucrados en una pelea.
Fue aproximadamente en ese momento cuando conoció a Bianca, y casi inmediatamente pensó que podía servirle para sus propósitos, y teniendo en cuenta que no disponía de más opciones, debería conformarse. De ahí que removiera cielo y tierra para encontrarla y tener una casual conversación con ella, en la cual, entre otras cosas, le reveló su nombre verdadero y el plan que había estado trazando desde el día en que se encontró con ella en el bar.


Última edición por Gustave N. Grey el Miér Feb 21, 2018 10:56 pm, editado 2 veces
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Re: Sr. y Sra. Grey [Privado]

Mensaje— por Bianca Salvatore el Dom Ene 28, 2018 8:42 pm

Sr. y Sra. Grey
→ Sábado → 10 pm → Restaurante Royal Opera House → Cálido
Pocos segundos después de que una de las puertas de la limusina se abriera, sostenida por el chofer, un zapato de tacón aguja color negro se asomó desde dentro del vehículo. El inmediato chasquido contra el suelo se hizo audible dentro de un repentino silencio antes de que los murmullos volvieran a intensificarse en cuanto un segundo tacón acompañó al primero, al tiempo que la vampiresa terminaba de salir del coche, con sus cabellos claros cayéndole impecables por la espalda, como si de una celebridad se tratara. Su mirada recorrió brevemente el exterior del lugar y a las demás personas allí presentes. Sin embargo no tardó en tener a su lado al mayor de los Grey y comenzar a caminar, atravesando la puerta de entrada en pocos segundos.

Tantos años de vida y la inmortalidad asegurada hicieron que para Bianca, la idea de recibir una importante suma de dinero por ayudarle a Gustave en una misión de en cubierto se le hiciera extremadamente tentadora. Para la vampiresa, la verdad era que el dinero era lo de menos, sino que lo que había llamado más su atención había sido lo descabellado de la situación y puede que talvez, el peligro que había involucrado y lo que ella asociaba a adrenalina pura. Su elevada autoconfianza le hacía creer que ella era una perfecta opción para ese trabajo: Un puñado de mundanos contra un par de vampiros. Los resultados estaban claros, al menos a su parecer, pero eso le era más que suficiente. Y por más que tuviera sus formas de conseguir lo que quisiera por gratis, al menos podría gastar el dinero en darse sus gustos de igual forma. Algo nuevo que hacer, para variar, no le venía nada mal a su rutina y sin dudas tendría algo que contar luego a sus amigas.

No le había tomado mucho tiempo aprender a disparar con pistolas, al menos decentemente. De igual forma, habían tenido los días contados hasta el día del evento y solo pudo aprender y acostumbrarse a manejar un solo tipo de pistola, con ayuda de Gustave y su enorme paciencia para enseñarle a una jovencita que quizás prefería pasarse el rato que duraba la clase improvisada hablando sin parar mientras disparaba a un blanco de cartón distraídamente. Pero a Bianca, su básico manejo de armas no le preocupaba, pues estaba acostumbrada a valerse de sus habilidades especiales vampíricas de ser necesario, aunque tenía claro que en un sitio lleno de mundanos, lo ideal sería aparentar ser uno más de ellos. Aún así, entre el caos y el glamour, dudaba que alguien se pudiera dar cuenta de lo que ocurría realmente. Así como su soltura y elegancia al caminar, su perfectísimo maquillaje y su vestido entallado en la cintura que a propósito resaltaba su figura, no hacían sospechar en lo absoluto las dos pistolas y municiones que llevaba muy bien ocultas, junto con algunos cuchillos arrojadizos. Gustave le había facilitado un cheque que la vampiresa había aceptado con gusto para conseguir un vestido nuevo, por más que su armario estaba repleto de otros que hubieran sido perfectamente acordes a la situación. Pero Bianca había querido entrenar un vestido nuevo ese mismo día así que no se había negado en lo más mínimo al regalo del castaño.

Bianca sentía las miradas posadas sobre ellos a medida que avanzaban hacia el interior del restaurante, caminando ambos con la frente en el alto con el orgullo tan clásico de la mayoría de la gente adinerada y con aires de superioridad que solo hacía que el par de vampiros se mezclaran mejor con el ambiente. Sosteniéndose del brazo del castaño, Bianca avanzó con la mirada al frente a su lado hasta llegar a la mesa que Gus había reservado para ellos. Esperó a que el mesero que aguardaba por ellos moviera la silla que le correspondía a ella y se acomodó allí, sentándose con la espalda recta y una pierna cruzada delicadamente sobre la otra, dándose el lujo de alardear no solo su buen estado físico sino su juventud y flexibilidad para hacer una acción tan simple que en muchas de las demás mujeres allí presentes no se verían tan bien como en ella.

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Re: Sr. y Sra. Grey [Privado]

Mensaje— por Gustave N. Grey el Mar Ene 30, 2018 9:01 pm

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→ Sábado → 10 pm → Restaurante Royal Opera House  → Cálido

Gustave mentiría si dijera que no estaba disfrutando aunque fuera un poco en ese momento; siempre le había gustado destacar y desde el instante en el que habían bajado del auto podía decirse que lograron llamar la atención con éxito. Pero mentiría también si asegurara que toda aquella atención era 100% bienvenida allí y ahora. No podía dejar de pensar que estaba en una reunión de negocios y que debían concentrarse en su objetivo de aquella noche, que no era ni mucho menos algo sencillo. Para Bianca, quizás, ésto no era más que una entretenida aventura, algo con lo que escapar de la rutina del día a día, o tal vez una manera interesante de ganar algo de dinero, pero para Gus se trataba de una cuestión de honor, y había mucho de por medio, mucho que perder si fracasaban. ¡Antes accedería a morir de nuevo, y ésta vez definitivamente, que dejar a esos imbéciles mancillar la reputación de las empresas que en algún momento le habían correspondido por derecho!

En cuanto se sentaron a la mesa, el joven procedió a ordenar algo de comer y beber, invitando a Bianca a hacer otro tanto, y entabló una casual conversación con ella para disimular en el tiempo que esperaban que su objetivo llegase al restaurante; en ésta, mezcló el clima con los halagos de rigor y otros temas insignificantes, como por ejemplo la vida privada de ésta o aquella famosa de turno, o las nuevas tendencias que habían llegado de París. En resumen, nada fuera de lo normal que solía hablarse en aquel lugar, aunque por dentro estaba repasando, una vez más, el plan que habían diseñado.
Había tenido mucha suerte de que la vampiresa demostrase facilidad para aprender habilidades nuevas, o tal vez simplemente facilidad para manejar armas de fuego, porque pese a contar con poderes sobrehumanos, Gustave siempre se sentía mucho más cómodo en sus aventuras si se sabía bajo la protección de un arma, a las que sabía manejar mucho mejor que a sus nuevas habilidades...

—A mis seis— dijo en un murmullo casi imperceptible un tiempo después, sabiendo que ella podría oírlo, a la vez que un grupo de, en apariencia, elegantes empresarios entraba por las puertas y se sentaban lo suficientemente cerca de Gus y Bianca como para que éstos pudieran oír su conversación, pero lo suficientemente lejos como para que el dúo no fuera oído por el grupo al hablar.
Confiaba en que la joven sería la discreción en persona al estudiar al enemigo, o que en caso contrario sabría disimularlo de la mejor manera para que su gesto pareciera algo casual; no por nada la había escogido como compañera de trabajo, después de todo. Sabía que Bianca no los descubriría por torpeza o descuido.
Agudizó el oído para poder escuchar atentamente todo lo que se hablaba en la otra mesa, intentando a la vez no descuidar la conversación casual que se estaba manteniendo en la suya propia, para no despertar sospechas.

—...éste jueves— oyó que decían, y su cuerpo se tensó, aunque solo alguien que estuviera muy cerca lo notaría. Faltaba poco menos de una semana para el jueves, no había esperado que actuaran tan pronto.
A continuación escuchó el sonido de unos papeles siendo sacados de un maletín, pero por más que dirigió la vista disimuladamente en aquella dirección, fue incapaz de ver su contenido.
Miró a Bianca y le dedicó un breve asentamiento con la cabeza. Había llegado su turno de actuar acorde al plan.


Última edición por Gustave N. Grey el Miér Feb 21, 2018 10:57 pm, editado 1 vez
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Re: Sr. y Sra. Grey [Privado]

Mensaje— por Bianca Salvatore el Miér Feb 21, 2018 4:58 pm

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→ Sábado → 10 pm → Restaurante Royal Opera House  → Cálido
Se inclinó ligeramente hacia adelante, apoyando su codo sobre la mesa y sosteniendo su cabeza sobre el dorso de su mano en un gesto delicado. Bianca sonrió al mesero en cuanto se acercó, una sonrisa amigable e inocente, a sabiendas que combinada con algún que otro halago o intercambio de palabras cargadas de carisma que no le hicieran sentir desvalorado en un ambiente como aquel lo tendría comprado. Y así fue porque luego de tomar el pedido el joven muchacho se marcho con una sonrisa complacida en el rostro. Bianca tambien se encargó de sacar el primer tema de conversación completamente banal con el qué aparentar mantenerse ocupados, además por supuesto de que aprovecho su habilidad nata para tomar la mayor parte de la palabra en la conversación, para que su compañero pudiera estar más atento a su alrededor, por más que no la estuviera escuchando. Sin embargo le sorprendió y admiró su capacidad para estar atento a las dos cosas. Pero en cuanto la vampiresa notó que Gustave había visto algo, guardó silencio y lo miró elevando una ceja, interrogante. Su respuesta llegó a sus oídos tan clara como el agua y la rubia estiró la mano para tomar una copa de agua que les habían servido en la mesa, acercándosela a los labios mientras su mirada sus ojos se movían con total disimulo en la dirección que le había indicado. Le basto un muy breve instante para reconocer los objetivos y volvió la mirada hacia Gustave al tiempo que volvía a dejar la copa sobre la mesa. Sonrió de lado, mirándole con cariño como lo haría una pareja de verdad, pero significaba que ya había visto al grupo de hombres.

Se acomodó un mechon de cabello detrás de la oreja en un gesto disimulado para poder escuchar con más claridad la conversación del grupo de empresarios, que ya se habían acomodado en su mesa correspondiente. Cuatro oídos eran mejores que dos, por si acaso a Gus se le pasaba algún detalle sería mejor que ella también estuviera escuchando, sin embargo su atención no podía estar completamente en lo que oía, porque también se estaba ocupando de llevar la conversación casual con Gus. Confiaba en que el estaría más concentrado escuchándolos a ellos que a ella. Desde donde estaba, la vampiresa pudo ver que los hombres sacaban maletines y desplegaban varias hojas sobre su mesa, tal y como le había dicho Gus que sucedería. Cruzó una rápida mirada con él y captó su asentimiento. Para disimular, ella no correspondió el asentimiento, sino que solamente anunció que iría al baño y se levantó llevándose su bolso con ella. Caminó entre las mesas con elegancia felina y se aseguró de pasar una primera vez junto a la mesa, echando un vistazo lo suficientemente rápido para hacerse una idea general de cómo estaban situados los papeles y ver si de casualidad podría leer algo. Alcanzó a ver un par de fotos y escuchar una parte de la conversación, pero como no podía detener su marcha continuó caminando en dirección al baño. Allí esperó el tiempo suficiente para no levantar sospechas mientras se retocaba el maquillaje y antes de volver a salir sacó su teléfono celular. Salió del baño revisando su celular mientras caminaba y simulaba estar texteando. Poco antes de llegar a las cercanías de la mesa de los empresarios, encendió la cámara del teléfono y lo sostuvo de manera casual con la mano que sostenía la correa de su bolso. El teléfono grabó durante el momento en que la rubia pasó junto a la mesa sin siquiera mirar a los hombres, pero sabía que lo que estaba sobre la mesa quedaría registrado en la imagen del video, al igual que probablemente parte de la conversación. Para cuando regresó con Gustave, se acomodó en su asiento y dejó el teléfono sobre la mesa, golpeándolo muy levemente con el dedo índice mientras miraba al castaño. Dejó el aparato allí arriba para que él pudiera tomarlo y ver la grabación y volvió a recostarse en el respaldo de su silla.

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Re: Sr. y Sra. Grey [Privado]

Mensaje— por Gustave N. Grey el Mar Feb 27, 2018 1:44 am

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→ Sábado → 10 pm → Restaurante Royal Opera House  → Cálido

De momento, todo estaba saliendo de acuerdo al plan, lo que complacía a Gustave enormemente. Sus objetivos parecían haberse tragado por completo su falsa apariencia de "pareja en una cita" (¿y por qué no deberían? No habían ido allí sospechando ningún sabotaje), y, para su gran alivio, Bianca no se había salteado ninguna de las normas y claves que habían discutido antes de entrar (Gus temía que, al ser una persona bastante despreocupada, olvidara partes del plan, pero hasta ahora había resultado ser la compañera perfecta, y no se arrepentía de su elección).
No, la vampiresa estaba representando a la perfección su papel, y él no podía sino admirarse por ello. La manera en que lo miraba, como si fuera la persona que más le importaba en el mundo, se veía tan real que lo hubiera engañado hasta a él, si no estuviera al tanto de la farsa.

No obstante, no demoró mucho tiempo pensando en aquello; era de suma importancia para él oír todo lo que sus objetivos estaban discutiendo, y si bien era capaz de prestar atención a ellos y Bianca al mismo tiempo, no podría entretenerse con una tercera distracción y pretender  enterarse de toda la conversación. Lamentablemente, ni siquiera él estaba capacitado para eso, de modo que prácticamente dejó de pensar para dedicarse de lleno a ambas conversaciones.
Cuando Bianca se levantó para ir al baño, Gustave la siguió con la mirada como si fuese el hombre más enamorado sobre la faz de la tierra; como si aquella breve separación se le hiciera eterna... Y aprovechó aquello para echar un vistazo sobre la mesa del enemigo, aunque no llegó a ver gran cosa. Frustrado por aquello, volvió a acomodarse en su asiento, sin que le quedase más remedio que esperar el regreso de la chica.

En cuanto ella volvió a sentarse frente a él, le dedicó una radiante sonrisa.
—¿Todo en orden?— una pregunta con doble sentido, ya que entre líneas le estaba preguntando si había sido capaz de averiguar algo que les pudiera ser de utilidad. Y vaya si lo había hecho.
Gus tomó el móvil que ella le ofrecía con la postura más casual posible, pero ávido de información; revisó el video detalladamente, pausándolo decenas de veces para leer todo el contenido de los papeles que aquella gente tenía desplegados sobre la mesa.

Lo que vio lo llenó de indignación, porque se trataba de un montón de información sobre su hermano Ross. Qué había hecho o no hecho durante el colegio, actividades ilícitas de las que se le había acusado, las peleas en las que se había metido de joven, su registro escolar, las bajas de la empresa desde el momento en el que Gus había desaparecido... todo. Todos y cada uno de los movimientos de su hermano estaban allí, impresos en aquellos papeles, y Gus no necesitó sumar dos más dos para darse cuenta de que el gran y terrible plan de sus enemigos era sacarlo todo a la luz para hundir a las Empresas Grey con información y rumores.

Lo que Gustave sentía por aquellas personas en ese momento sólo podía ser descrito como odio visceral. No solamente estaban planeando acabar con la buena reputación de las empresas Grey, sino que para hacerlo pensaban arruinar la vida de Ross, y con ella la de Georgina, ¡y eso él no pensaba permitirlo mientras existiera, aún si para impedirlo tenía que asesinar a sangre fría a todo aquel que se le pasara por delante!
Apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron níveos por la presión, y tuvo que respirar profundamente tres veces para lograr calmarse y aflojar la tensión y la rabia que había concentrado en las manos.
—Perfecto— dijo con una voz increíblemente calmada, sonriendo nuevamente con ternura en dirección a Bianca —Tenemos algo por lo que empezar. Si esos malditos bastardos creen que se saldrán con la suya, es que no me conocen en absoluto. Lo que vamos a hacer es...— pero el joven jamás llegó a decirle a su compañera qué era lo que iban a hacer, porque en ese momento sus palabras fueron interrumpidas por una única frase, que pese a haber sido susurrada en un oído ajeno, Gustave fue capaz de oír a la perfección.

—Jefe, ese hombre que está sentado allí... Es Gustave Grey, el heredero perdido de Emanuel Grey el vampiro se quedó tieso en su lugar, y observó a Bianca para asegurarse de que ella también lo había oído.
—De acuerdo, Plan B— fue todo lo que le dijo, desenfundando un arma que tenía bien escondida dentro de su saco (había sobornado al mozo de la entrada para que los dejaran pasar con ellas) y moviéndose justo a tiempo para esquivar una bala, que se clavó en la pared a centímetros de donde antes había estado su cabeza.  
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Re: Sr. y Sra. Grey [Privado]

Mensaje— por Bianca Salvatore el Lun Mar 26, 2018 5:39 pm

Sr. y Sra. Grey
→ Sábado → 10 pm → Restaurante Royal Opera House  → Cálido


En lo que Gustave revisaba las imágenes en su teléfono, la vampiresa volvió a tomar su copa y se humedeció los labios simulando, una vez más, estar bebiendo el agua. Su mirada recorrió distraídamente todo el lugar, pero cada tanto dedicaba una mirada fugaz a su compañero en el intento de descifrar algún mensaje en su rostro. Bianca no tenía mucha idea de qué era lo que había en los papeles de aquellos hombres, pues no había alcanzado a revisar con atención las imágenes que había captado, pero le bastó con ver la concentración con la que el vampiro observaba la pantalla para darse cuenta de que probablemente era algo serio.

Otro movimiento captó su atención; el mesero se acercaba de regreso, llevando consigo los platos de comida que habían ordenado y que evidentemente ninguno de ellos se iba a comer. Pero eso estaba planeado, lo necesitaban para aparentar normalidad, pero era altamente probable que de algún modo u otro ni siquiera tuvieran tiempo de probar la comida si hubieran querido. Y si hubieran podido. El mesero dejó los platos sobre la mesa y Bianca jugó con la ventaja de que el joven muchacho tenía sus ojos puestos en ella y no en Gustave, que seguía mirando el teléfono con mucha atención. Le sonrió una vez más, mirándole fijamente como si así pudiera mantener completamente atrapada su atención y a fin de cuentas consiguió que el mesero siquiera notara lo que el vampiro estaba haciendo en lo que termino de dejar la comida y volvió a irse. El pobre chico no se vería venir de ninguna manera todo lo que ocurriría a continuación…

Si bien lo ideal hubiera sido que no hubieran sido descubiertos y simplemente hubieran terminado por huir de allí con la información que necesitaban tan pronto como la consiguieran, era cierto que de todas maneras el par de vampiros también venían preparados para un posible enfrentamiento, en el peor de los casos. De reojo, la vampiresa se fijó en el puño apretado del muchacho y enseguida subió la mirada hacia él al escucharlo hablar. Intentó que la sorpresa por la calma en su voz no se le reflejara en el rostro y se concentró en prestar atención. Pero antes de que pudiera terminar de hablar, otra voz llegó a sus oídos. Un mensaje que se le hizo tan claro como el agua a pesar de todos los demás sonidos. Alguien había reconocido a Gus.

Todo pareció haber sucedido en cámara lenta. La vampiresa agudizó el oído y no le costó diferenciar el chasquido de quien carga un arma a tan solo unos metros detrás de ella, más precisamente, de donde había venido aquella voz. A modo de ahorrar tiempo, la mirada de la rubia captó enseguida el reflejo de una bandeja de plata que llevaba un mesero pasando a pocos pasos de ellos y vió el momento exacto en que uno de los hombres de traje se levantaba de su silla, apuntando el arma en su dirección, aunque sabía que el blanco sería Gustave. El hombre jaló el gatillo y al escucharlo, Bianca se hizo a un lado, inclinándose prácticamente hacia debajo de la mesa mientras seguía sentada en su silla. Enseguida se encontró con el rostro del otro vampiro del otro lado, ambos bajo la muy breve protección de la mesa y tal y como habían planeado, la rubia le miró esperando que este le diera las coordenadas del hombre a sus espaldas que había disparado -y fallado-. Desenfundado un pistola que llevaba en la pierna debajo de su vestido, la vampiresa volvió a incorporarse en su silla al tiempo que se volteaba hacia atrás. Apuntó y disparó de regreso al objetivo con una velocidad y precisión claramente sobrehumanas.

Y a partir de allí se desencadenó el caos. Personas corriendo y gritando de un lado a otro, poniéndose a cubierto debajo de las mesas o intentando huir hacia las salidas. La mesa de los empresarios no tardó en disolverse, pero no para huir sino para tomar nuevas posiciones para disparar, pues todos iban armados. Y como no podía faltar: sus guardias, comenzando a movilizarse desde varios puntos del interior del restaurante, inclusive desde el segundo piso donde ya podían verse corriendo y sacando sus armas. Unos cuantos mundanos contra un par de vampiros.
 
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Re: Sr. y Sra. Grey [Privado]

Mensaje— por Gustave N. Grey el Jue Mar 29, 2018 1:38 am

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—Oh, bueno. Las cosas no salieron como lo esperaba— manifestó Gustave en voz alta, sujetando su arma haciendo alardes de una increíble calma. No obstante, internamente su reacción no podía ser más diferente.
Mierda, mierda, ¡mierda! ¿Por qué tenía que suceder ésto justo ahora? ¡Ya casi lo tenía! Iba a hundir a esos desgraciados, vencerlos en su propio sucio y asqueroso juego, ¡ni siquiera iban a verme llegar a por ellos!
Observó a Bianca disparar y le dedicó un asentimiento de aprobación; había que concedérselo: la chica aprendía rápido. Claro que había contado con la ventaja de tener un buen maestro, aunque las clases no fueron todo lo extensas que a Gus le hubiera gustado, puesto que no tenían tanto tiempo y, además, debían hacerlo a escondidas del brujo amigo de Bianca para que éste no pusiera el grito en el cielo al enterarse del lío en el que pensaba meterse la chica.

—Bien hecho— susurró de forma inaudible para un oído humano, pero sabiendo que ella sería capaz de oírlo incluso por encima del caos que se estaba generando en el restaurante. Las cosas definitivamente no estaban saliendo como lo planearan, pero al menos habían venido preparados para enfrentar cualquier vicisitud que se les presentara, y ellos tenían una ventaja que sus enemigos no: eran vampiros, estaban diseñados para ser cazadores.  

Gracias a sus reflejos sobrehumanos, Gustave fue capaz de esquivar una bala tras otra, mientras la gente chillaba, corría e intentaba llamar a las autoridades alrededor suyo. Enseguida quedó claro que, aunque el joven era claramente el blanco principal de los empresarios y sus guardias, éstos no repararían en disparar también a Bianca si osaba meterse en el medio.
Con absoluta sangre fría, Gus se colocó de espaldas a su compañera y disparó un par de veces sin siquiera comprobar si había dado en el blanco antes de ponerse a cubierto nuevamente. Aquello no podía durar mucho más; la policía llegaría en cualquier momento, y ambos bandos lo sabían. Pero Gustave no iba a dejar marchar a sus enemigos así como si nada, y ellos no querrían dejarle suelto si creían que él sospechaba algo. No, ninguno daría el brazo a torcer, pero todos apreciaban demasiado su libertad allí, de modo que era cuestión de tiempo que la pelea se trasladase a otro lugar.

Los primeros en poner los pies en polvorosa fueron, por supuesto, los empresarios. Gus aprovechó la distracción de la huida para disparar una vez más por encima del hombro de Bianca, para que no se lo vieran venir, y salió corriendo tras ellos inmediatamente después.  
—¡Andando!— le apremió a la vampiresa antes de salir del local, cubriéndose el rostro lo más posible para evitar que le reconocieran. No se daría por satisfecho en aquel asunto hasta que todos y cada uno de los hombres que atentaban contra la seguridad de Ross, y por lo tanto también la de Georgina, fueran eliminados.

Una vez fuera, vio como sus objetivos se daban a la fuga en un automóvil de vidrios blindados, y maldijo por dentro al darse cuenta de que el vehículo que los había traído hasta allí había huido durante el tiroteo. Posiblemente debería haberle ofrecido un sueldo más alto...
Su mirada se dirigió inmediatamente a un taxi que estaba estacionado en la vereda de enfrente; tendrían que conformarse con eso, pero primero deberían ganárselo a la señora que ya se encontraba medio sentada en el asiento trasero del vehículo.
—¡Señora!— exclamó, acercándose a toda prisa e impidiendo que la puerta del auto se cerrase —Por favor, se lo suplico. Mi esposa lleva cuatro meses de embarazo y no está en las mejores condiciones de salud. Acaba de haber un revuelo en el restaurante en el que cenábamos, y se ha alterado bastante, debo llevarla a casa enseguida. El médico le ha aconsejado reposo absoluto— rogó con su mejor voz de desesperado. En cuando vio aparecer a Bianca le dedicó una mirada que claramente decía "sígueme la corriente" y luego se acercó a ella con cara de preocupación.

—¿Te encuentras bien, querida? Le estaba pidiendo a ésta amable señora si podía cedernos el taxi para que pueda llevarte a casa, estoy preocupado que lo sucedido sea una impresión demasiado fuerte para tu condición...— sabiendo que existía la posibilidad de que fuera a lamentarlo más adelante, Gus decidió continuar con el acto del esposo preocupado, y posó una mano en el vientre de la vampiresa para darle el toque justo de dramatismo a sus palabras. La señora, aturdida por la repentina aparición del joven y conmovida por el amor que le profesaba a su "esposa", accedió a esperar el taxi siguiente y cederles aquel a ellos.
Luego de agradecerle velozmente varias veces y subirse al vehículo, Gustave abandonó su actuación, alejando sus manos de Bianca, y se irguió en su asiento.
—Siga a ese auto— fueron sus siguientes palabras.
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Re: Sr. y Sra. Grey [Privado]

Mensaje— por Bianca Salvatore el Miér Abr 18, 2018 11:38 pm

Sr. y Sra. Grey
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La bala dio justo en el blanco y el hombre fue impulsado hacia atrás, cayendo al suelo. Por el sonido que había hecho la bala al impactar, Bianca supo que seguramente el hombre tuviera puesto un chaleco antibalas, pero al menos el arma del contario había volado de su mano al caer y ahora al menos uno de ellos se encontraba temporalmente desarmado. Un disparo certero, a pesar del poco entrenamiento con armas que había tenido, pero qué podía decir, ser vampiro tenía sus ventajas, dentro de ellas, una puntería más que decente. Bianca retrajo el brazo, trayendo el arma de nuevo hacia sí, con el cañón apuntando hacia el techo. Lo sopló, como hacían en las películas y una sonrisa socarrona se trazó en su rostro. ¡Eso había sido divertidísimo! Ahora era una espía de verdad. Incluso consideró seriamente volver a trabajar de ello de nuevo alguna vez. Sonrió a Gustave con satisfacción al escucharlo y luego volvió a centrarse en el plan.

Se levantó de su asiento y en un movimiento rápido, volteó la mesa en la que se encontraban con una fuerza poco natural de una dama, dejándola tendida verticalmente donde las balas ajenas no tardaron en estrellarse. Agachada junto a su compañero, ambos a cubierto, intercambio una breve mirada con él, esperando la señal para proceder con la siguiente parte del plan. Segundos después ya se encontraba de pie de nuevo, espalda contra espalda con el otro vampiro, sosteniendo su pistola con ambas manos mientras disparaba sin compasión alguna a todos aquellos que les apuntaban con sus propias armas en diferentes partes del local. Gustave le había enseñado esos movimientos en conjunto. Ambos salian juntos y  volvían a ponerse a cubierto juntos, después de determinada cantidad de tiempo  que usaban para disparar. Un segundo, dos segundos, tres segundos, cuatro segundos y a cubierto. Y así sucesivamente. Se enfrentaban a más enemigos de los que Bianca hubiera esperado. Estaban prácticamente rodeados pero aún así se las arreglaban para moverse y buscar nuevos refugios en donde las balas  no les alcanzaran, o donde fueran capaces de esquivarlas. La vampiresa seguía siendo una novata en todo el asunto de todas formas, por más instinto de cazadora que tuviera y por más acostumbrada que estuviera en cuanto a prestar atención a varios objetivos a la vez. Prácticamente era una niña jugando un juego de adultos. Por lo que, de no haber sido por Gustave y su disparo increíblemente certero por sobre el hombro de ella, un pequeño error de cálculo de Bianca al fallar anteriormente el disparo a uno de los guardias que se encontraban en los pisos superiores le hubiera costado un agujero no muy estético en el cuerpo. Sin embargo el muchacho no le dio tiempo a agradecérselo, pués se echó a correr y la vampiresa no tuvo más remedio que seguirlo, mientras aún disparaba para despejarles el camino a la carrera.

Lamentablemente pero con algo de suerte, su pistola se quedó sin municiones en el momento en que atravesó tan rápido como un suspiro el umbral de la puerta de entrada. Los vidrios del local reventaron en ese instante de un balazo que seguramente había tenido la intención de darle a ella, pero aún así Bianca no se detuvo, sino que siguió corriendo detrás de Gustave, siguiéndolo de cerca mientras cruzaba la calle y acortaba los metros que los separaban de un taxi estacionado. Rápidamente se las arregló para guardar la pistola descargada dentro de su bolso.  La vampiresa alcanzó al muchacho, deteniéndose a su lado sin tener la menor idea de cual era el plan ahora, pues eso no estaba precisamente dentro de las opciones que habían evaluado. Se quedó completamente helada en cuando lo escucho referirse a ella como su esposa embarazada de cuatro meses, pero para alguien que el engaño le salía tan natural como pestañear, le fue muy sencillo captar la idea al instante. Así que, de un momento para el otro, su expresión se llenó de preocupación y angustia, mientras se aferraba al brazo de su marido falso como si estuviera al borde de las lagrimas. ––Robert, debemos ir al hospital. Todo ha sido muy violento y no me siento bien. Necesito saber que nuestro Robert Jr. va a estar bien– Finalizó con un sollozo completamente fingido y llevándose una mano hacia la cara como si se estuviera secando lágrimas. Y sí, acababa de usar el nombre falso que Gustave le había dicho cuando se habían conocido.

Pocos después, Bianca ya se encontraba sentada en los asientos traseros del taxi y no fue hasta que este arrancó y se alejó lo suficiente que la vampiresa tuvo que esforzarse de sobremanera para contener las carcajdas. –No me lo puedo creer–. Dijo entre risas ahogadas, refiriéndose a la actuación tan dramatica que habían tenido que hacer. –Bueno ¿Y ahora qué, Cerebro?–. Agregó, volviendo a mantener la compostura mientras se giraba hacia el otro vampiro con una sonrisa divertida.
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Re: Sr. y Sra. Grey [Privado]

Mensaje— por Gustave N. Grey el Mar Abr 24, 2018 11:14 pm

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Internamente, Gus estaba más que satisfecho de la velocidad en la que Bianca había sabido seguirle la corriente y la convicción conque lo había hecho. Casi podría haberlo engañado a él también, y eso, para Gustave, era mucho decir.
El que no parecía estar nada contento con aquella situación era el taxista, que acababa de comprender que tanto él como la anciana resultaron víctimas de un vil engaño, pero que no estaba en posición de protestar puesto que Gustave arrojó a su lado un fajo de billetes que bastaba y sobraba para pagar por el viaje, y parecía temer perder el dinero si abría la boca.

Gus arqueó una ceja en dirección a Bianca, permitiéndose por unos breves segundos perder la seriedad
—¿Robert Jr?— inquirió con la voz cargada de sarcasmo. Aquel nombre le recordaba enormemente al de un actor de Hollywood que se había hecho estúpidamente famoso últimamente. Saber que su hijo falso tenía casi el mismo nombre de uno de los actores favoritos de turno le hizo algo de gracia, aunque dejó las risas para la vampiresa, puesto que no veía correcto que él comenzara a las carcajadas. Necesitaba analizar con seriedad sus siguientes pasos.

—Ahora...— dijo respondiendo a la pregunta de Bianca al mismo tiempo que recargaba su arma —...Nos preparamos para una emboscada. Querrán tendernos una trampa, pero estaremos preparados. Lo importante es hacerles creer que nos tienen acorralados— explicó recuperando su seriedad habitual mientras la persecución automovilística aún tenía lugar.
Aquellas personas iban a pagar por lo que pretendían hacer... Gustave se iba a asegurar de ello personalmente. nadie, nadie, amenazaba a alguno de sus hermanos y pretendía vivir para contarlo.

Finalmente, el taxi se detuvo frente a lo que parecía ser un edificio de oficinas con el rótulo de "desalojado por reformas" sobre la puerta. El vehículo rival se encontraba allí también, por lo que Gus imaginó que, cansados de aquella persecución infinita y temiendo que la policía interfiriera, los hombres habían decidido realizar allí una pelea final. Debían estar muy confiados: eran personas con experiencia, tenían la ventaja numérica y existía un 97% de probabilidades de que estuvieran subestimando a Bianca por el hecho de tener aspecto de mujer elegante y delicada. El joven se apeó del automóvil con una cínica sonrisa de satisfacción, sediento de venganza y acción.

—En una escala del uno al diez, ¿qué tan dispuesta estás a matar un par de sanguijuelas?— preguntó de manera casual mientras cerraba la puerta del taxi, que apenas se vio libre de esos dos huyó como alma que lleva el diablo; no estaría mal contar con algo de ayuda, aunque mientras Bianca no se entrometiera en su camino tenía suficiente. No iba a pedirle que mate por él, solo que no le impidiera hacerlo, aunque, claro, si quería ayudar, era bienvenida.  
Sin esperar de pie su respuesta, comenzó a caminar con precaución en dirección al edificio, dirigiéndose específicamente a las cocheras, en donde presentía la presencia de sus rivales.

Tras hacerle una seña a Bianca para que lo siguiera, se adentró en la edificación fingiendo escrutarlo todo con la mirada. No le hacía falta realmente, puesto que como vampiros podían detectar a las bolsas de sangre andantes que eran los humanos de la misma manera que un animal podía detectar a su presa, pero necesitaba aparentar.
—No hay nadie— le comunicó a su compañera con falso alivio. Fue entonces que oyó el primer disparo, al que esquivó gracias a sus reflejos aumentados con suma facilidad, pero que le hubiera costado la vida, o un brazo en el mejor de los casos, si siguiera siendo humano.  
Entonces Gustave devolvió el disparo con uno propio, y volvió a desatarse el caos.
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