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Un momento de paz [Jace]

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Un momento de paz [Jace]

Mensaje— por Clarissa A. Fairchild el Vie Mar 09, 2018 1:23 am

En medio del caos y la incertidumbre es dificultoso serenar la mente. Pareciera que bajar la guardia por unos segundos era tal cual un crimen atroz. A cada instante que pasaba me decía a mí misma que debía estar alerta, con los sentidos agudizados para reaccionar a cualquier acontecimiento que así lo requiera. Arduo es el trabajo de quien se empeña en proteger a todas las personas. Sentía ese enorme peso sobre mis hombros, pero no podía cambiar. Necesitaba que todos estuvieran bien. Necesitaba asegurarme de estar allí cuando fuera necesario, porque sé que lo será. Sé que Sebastian aparecerá, no sé cómo ni cuándo, pero sé que cuando lo haga será un peligro inminente para Jace, para mi madre, para todos. El miedo es un juego de niños cuando lidias con la frustración y la impotencia. Esas dos estaban allí, me hablaban en susurros que poco a poco se convertían en verdaderos gritos que me daban migraña.

Así mi cabeza estuviera resonando no me quedaría quieta. Sería absurdo permanecer en una habitación pensando en qué hacer para ser útil, cuando aquellos a los que ansío proteger están fuera tratando de seguir adelante cada día que transcurre. Además considere un desperdicio mantenerme encerrada con el día precioso que hacía hoy. El sol brillaba adornando un cielo azul limpio, el viento fresco danzaba por la ciudad moviendo las hojas de los árboles que adornaban el derredor. El fresco del viento tornaba muy agradable el ambiente para caminar. Con el bloc de dibujo bajo el brazo salí a dar un paseo ignorando las miradas que se clavaban en mí conforme seguía el camino hacia la Plaza del Ángel. Ha pasado la época en que perdía el sueño por lo que pudieran pensar de mí. Estaba inmunizada a los comentarios sobre quién es mi padre, o quién soy yo. Tampoco me servía ponerme de los nervios dando explicaciones sobre que “padre es el que cría y no el que engendra”. El mundo entero podía hablar u opinar, yo solo seguiría hasta mi destino.

Al llegar al centro de la plaza con la mirada puesta en la estatua de Raziel, me senté justo frente a ella con las piernas cruzadas y en medio de ellas asenté el bloc. Del bolsillo trasero de mi pantalón de mezclilla tomé unos palillos acomodando con ellos las ondas rojizas de mi cabello en una especie de rodete, un agarre imperfecto del que varias hebras brillante rojizas se escapaban en un desorden compaginado con mi casual vestimenta de camiseta de manga hueca magenta y un par de borcegos negros. Cogí el lápiz de carboncillo haciendo que gire entre mis dedos en ese instante previo en el que mis ojos verdes se clavaban en el papel imaginando los trazos antes de hacerlos. Sentí el impulso de realizar la primera línea, delicadamente, iniciando el bosquejo de Raziel. Esa era yo en mi lenguaje particular. Yo, apartada de las personas que circulaban a mi alrededor. Yo sin preocuparme por el sol sobre mi rostro ni el color rojizo que estaba tomando mi nariz ante la exposición. Este era mi momento de paz, y me sentía viva.
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Re: Un momento de paz [Jace]

Mensaje— por Jace C. Wayland el Vie Mar 09, 2018 3:10 pm

Adoraba Nueva York, era mi hogar, pero no era como Idris, la cuna de todos los cazadores de sombras. Toda mi familia estaba en Estados Unidos y donde estuvieran ellos ese sería mi sitio. Bien podría ir a Marte que también sería mi hogar, sin embargo una parte de mi pertenecía a este país y todos los sabían. Por mucho que la gente pensara que te criara alguien como Valentine era horrible, en parte no era así. Ese hombre que me crió como un hijo, aunque solo fuera por su experimento, me convirtió en el nefilim que era ahora terminando por definirme a mí mismo desde que los Lightwood me adoptaron. A pesar de eso, la gente seguía pensando en mí como el hijo de Valentine, sobre todo aquellos cazadores mayores. En parte me daba igual, podían pensar lo que quisieran mientras que no se metieran donde no lo llamaran. Es decir, que mencionara a Maryse, mis hermanos o Clary, en general ya habíamos tenido suficiente para que siguieran jodiendo. Debido a esto y la gran saturación en el instituto decidí hacer una pequeña escapada a Alacante, y con ella llevarme a Clary.

Llegamos la noche anterior y solo nos había dado tiempo a poner la casa a punto para poder pasar unos cuantos días antes de volver a la rutina. Magnus nos había hecho el favor de crear un portal, siendo importante que nos dejara gratis ese pequeño trabajo. Al despertarme por la mañana Clary no estaba, eso quería decir que la chica sintió que la casa se le caía encima. Así que sencillamente me cambie la ropa que use para dormir, después de una ducha, por unos vaqueros gastados, una camisa negra de manga corta, unas botas y en el cinturón llevaba colgados algunas las dagas. Cogí una manzana como desayuno y salí a las calles de la ciudad. Alacante estaba como siempre, las calles fueron arregladas, el desastre parecía cosa de un pasado lejano. Las torres de los demonios se alzaban alrededor de la ciudad, protegiéndola aunque estará gravado en la historia el único día en el que fallaron. El resto de cazadores de sombras paseaban tranquilamente, algunos llevaban el equipo de combate otros iban con la ropa de sus países. Charlaban, entraban y salían de sus casas, los niños jugaban en las calles. Todo era tranquilo.

Después de un rato y recorrer la cuidad la encontré en la plaza del Ángel. Clary estaba sentada delante de la estatua de Raziel, llevaba el cabello recogido en un moño sujeto con palillos, el sol arrancaba reflejos rojizos brillantes, era como si tuviera el fuego amarrado y bajo control. Estaba espaldas a mí, pero no necesitaba estar cara a cara para saber que sobre sus piernas descansaba su bloc de dibujo, que sus manos se movían con precisión sobre el folio en blanco, plasmando el mundo que veían sus vivos ojos verdes. Muchas veces me preguntaba cómo sería el mundo a través de los suyos, quería aprender a ver con sus ojos, con esa valentía y ese coraje que empleó para enfrentarse a un mundo que no conocía. Bien podría enumerar todas las cosas que me enamoraban de esa chica, al mismo tiempo no tendría palabras para hacerlo, aunque claro, esto no sé lo diría. No hoy.

Me acerqué a ella en silencio, intentando memorizar cada reflejo que el sol le arrancaba de la melena, la curva de su cuello y las pecas que adornaban su piel. Todo me fascinaba. Al llegar a su altura solo tuve que mirar hacia abajo un segundo antes de sentarme a su lado. Estaba dibujando a Raziel con carboncillo.
-¿Has desayunado? -le pregunté cuando despego su nariz del blog de dibujo.
Este viaje nos serviría, por lo menos a mí para intoxicarme de toda la actividad del instituto, o mejor dicho, de sus nuevos habitantes. No tenía ningún problemas con ellos, sencillamente, ya no exista la intimidad de antes. Si costaba cuando estaba los vigilantes ojos de Iglesia que traicionada por una buena lata de atún, era peor cuando habían decenas de ojos de otros nefilim. Sumándole, que consideraba que le vendría bien ese cambio de aires a la pelirroja, últimamente la había notado más nerviosa. Paseándose por los pasillos del Instituto jugueteando con su lápiz, incluso arrancando una y otra vez las hojas de su cuaderno de dibujo. Sabía o intuía, mi intuición en su mayoría daba en el blanco por no decir siempre, de que se trataba. No le había preguntado, ya me lo diría cuando ella quisiera o cuando yo perdiera la paciencia. Por eso le dije de realizar este viaje, prefería esto antes que perder la paciencia.
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Re: Un momento de paz [Jace]

Mensaje— por Clarissa A. Fairchild el Sáb Mar 10, 2018 12:55 am

Me daba inquina ser una especie de libro abierto para Jace cuando mi humor no está en su punto. Sentía que en el fondo era una chiquilla inútil que le daba cargas a quien ya tenía demasiadas. Pero, de momento no podía hacer nada por cambiar esto. El complejo de salvador y protector que tenía Jace no tenía límites, así que no fue nada extraño que apareciera mencionando que Magnus estaba tan aburrido que crearía un portal para que fuésemos unos días a Alacante. Sonreía casualmente presumiendo su dentadura perfecta y brillante, la que no tiene nada de casual. Rodando los ojos acepté ir, conmovida por dentro sin demostrarlo por fuera al cien por ciento. No es muy saludable para el egocéntrico de Jace darle más motivos para sentirse el mejor del planeta. Además sinceramente necesitaba escapar unos días. Necesitaba un cambio de ambiente aunque mi cabeza estuviera empeñada en mantenerse ocupada con planes y decisiones anticipadas que no serían de ayuda en estos momentos. Si tan solo pudiera saber dónde está y qué hace Sebastian.

Los pensamientos no me abandonaban. Preparé la mochila con lo indispensable estando más enganchada con los posibles objetivos de “mi hermano” que pendiente de si puse o no el cepillo de dientes entre el ligero equipaje. Al llegar a Alacante sentí en mi interior algo indescriptible. Sé que Jace siempre ha pensado en este sitio como en el hogar, porque se crió en estas tierras en sus primeros años. Porque tuvo esa crianza y esa creencia de la magnificencia de esta nación. Siempre lo escuchaba sin sentirme identificada, y sin embargo, al llegar en pleno crepúsculo a Alacante fui invadida por una especie de tranquilidad. Era más que eso, pero al carecer de palabras para calificarlo lo dejé allí disfrutando de la escasa paz que se me regalaba. Apenas nos acomodamos en condiciones cuando el cansancio nos venció por completo cayendo rendidos en el lecho sin cambiarnos de ropa.

La mañana siguiente fue nuevamente una serie de derroteros que no pude controlar. Inquieta salí de la casa sin pensar demasiado en el rumbo que seguían mis pies. Jace dormía aunque no era muy temprano. Preferí dejarlo allí, su rostro apacible denotaba un placer propio de quien necesita un descanso. Yo quería hacer algo, algo que me ayudara a no encontrarme tan estresada a cada minuto. Y por “algo” me refería a dibujar, pero hacerlo de verdad sin tener esos bloqueos mentales que últimamente me hacían rayar las hojas terminando por apuñarlas con el lápiz. Cuando fui consciente de la dirección que había tomado formulé en mi cabeza un plan para encontrar serenidad a los pies de Raziel. Sentada frente a la estatua me posicioné con mis dos armas favoritas comenzando los trazos, dejando que mis dedos hablasen su idioma. Me transporté a ese mundo lejano donde no importaban las guerras ni las ambiciones, donde nadie estaba en peligro ni existían las malas miradas ni las pugnas de poder. Apartada de todo, sonreí.

Supe que estaba a mi lado antes de que abriera la boca. Lo sentí. Después de varios minutos su voz me reclamó por completo haciéndome girar el rostro hacía mi derecha mirándolo con cierta serenidad de la que yo no era totalmente consciente. Por instinto, como siempre hacía, abracé el cuaderno de dibujo ocultando mi obra de arte de los posibles curiosos. - Una manzana. – respondí con franqueza recordando la manzana que cogí al azar al salir de la casa. La afluencia por el lugar iba en incremento, con ello las miradas que se posaban en nosotros. Las chicas se detenían al ver a Jace, algo que no tenía remedio. Evitando entrecerrar los ojos ante las miraditas que se llevaba el rubio atiné a preguntarle. - ¿Y tú? ¿Dormiste bien? ¿Ya te zampaste algo o estás cuidando la figura?. –bromeé escuchando una risilla femenina, el tipo de reacción nerviosa que producía Jace cuando se veía glorioso con su cabello dorado bajo los rayos del sol. Ignoré el escozor en las palmas de mis manos porque no podía sacar la estela cada vez que quisiera ocultar a Jace del resto del mundo, eso no sería nada ético.
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Re: Un momento de paz [Jace]

Mensaje— por Jace C. Wayland el Dom Mar 11, 2018 6:31 pm

Estuve en sentado a su lado en silencio, viendo como dibujaba. Sy mirada estaba concentrada en el block de dibujos y yo, estaba concentrado en ella, como la mayoría de las veces desde que la conocí. Las manos y los dedos de la chica se movían con rapidez y precisión, trazando y difuminando el carboncillo, dándole cierta vida al creador de los cazadores de sombras. Por esa clase de detalles llamó mi atención, a parte de ser ella entera. Me quedé ahí, quieto hasta que vi la oportunidad de hablarle, sabía que ella no había pasado por alto mi presencia, era imposible. De hecho, era imposible para los dos pasar desapercibida la presencia del otro. Sencillamente esperé al momento que yo consideraba oportuno. Cuando la pelirroja me miró, su rostro parecía mucho más tranquilo a diferencia del semblante que siempre tenía en Nueva York. Esa preocupación era casi contagiosa, así que, verla más tranquila me confortaba. El plan funcionó, estaba mal decirlo, pero era agradable saber que tus planes en su mayoría salían bien. Asentí antes su contestación y sonreí levemente, antes de soltar una carcajada por la pregunta que salió de su boca.
-Aunque engordara seguiría siendo hermoso. -le confirmé sin cortarme un pelo. -Sin contar que actualmente no necesito cuidarme la figura, sencillamente mírame. -ella misma sabía a que me refería, no necesitaba decir más. -Y sí, dormí bien. -contesté con sencillez. Me giré al escuchar una risitas femeninas, se trataban de dos chicas que se me habían quedado mirando. Les dediqué una brillante sonrisa, una que ocultaba algo peligroso. Esto hizo estragos en las jóvenes antes de girarme hacia Clary, porque era ella la que tenía toda mi atención en realidad. -Si fueran mundanas se hubiera golpeado contra algo. -le comenté sin remordimientos. -¿Quieres terminarlo o quieres dar una vuelta? -le pregunté.

El sitio donde nos encontrábamos era justo el centro de la ciudad, podíamos encontrar a nuestro alrededor todo tipo de tiendas disponibles para los cazadores de sombras. Las necesidades de los nefilim estaban cubiertas gracias a todas esas tiendas. Había de todo en aquel lugar, así que, solo era cuestión de escuchar su respuesta para saber que hacer. Una parte de mí tenía la intención de cumplir sus caprichos, por lo menos en todo lo posible. Más tarde ya pensaría llevarla en algún sitio donde no haya tenido la oportunidad de ver, por lo menos bajo la tranquilidad que ahora se vivía en Idris, una totalmente diferente en nuestra ciudad. Todos sabían la situación en la que nos encontrábamos, bajo amenaza constantemente debido a Sebastian, Jonathan o como se quisiera llamar esta vez. Aunque bien sabía que no le agradaba el nombre de Jonathan, no le agradaba compartir el nombre conmigo a pesar de tener ese afán de querernos a Clary y a mí a su lado, bajo esa extraña y cínica idea que tenía de familia.
-Creo que debes tener un nuevo traje de combate y unas nuevas armas. -le informé como si de esa manera fuera una tentativa para hacerla levantar. Aunque en realidad daba igual, bien podríamos pedir nuevas armas y trajes para que las enviaran al instituto. Sin haberlo pensando, aparté un mechón de su pelo de su rostro para colocarlo detrás de su oreja, rozando su pecosa piel suavemente con las yemas de mis dedos. Clavé mis ojos en sus labios y por un momento me acerqué a ella pero antes de concluir con la acción decidí no completarla. Dejé caer mi mano rozando su cuello por el camino.
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Re: Un momento de paz [Jace]

Mensaje— por Clarissa A. Fairchild el Mar Mar 13, 2018 12:13 am

A veces son pocas las situaciones que te hacen disfrutar de las pequeñas cosas. Por ejemplo, el aire puro. Alacante tenía un sinfín de bondades. Paisajes tan coloridos y mágicos que a cualquiera le picarían los dedos de las manos por empezar a pintarlos. También tenía ese aire de villa armonía, por lo que cuando me encontraba nerviosa y/o inquieta me parecía imposible soportar mucho la calma de este sitio. No pensaba que podría relajarme aquí más que en un callejón de Brooklyn. Puede que tuviese algo que ver con paradigmas y tonterías que se han quedado arraigados en mi cabeza. La verdad es que mis pulmones agradecían la limpieza del aire, la frescura que me rodeaba parecía recargarme de nuevas fuerzas. En general no puedo quejarme de nada que no sea el privilegio que me estaba tomando al tomar estas mini vacaciones.

En pocos minutos las mini vacaciones, con toda su lista de contras se esfumó. Conforme movía mi mano creando formas, pasando la yema de mis dedos para difuminar dándole a la imagen de Raziel un toque cada vez más agraciado, mi mente no tenía un resquicio para pensar en planes, ni estrategias. En donde no tenía lugar la guerra, ni el temor a lo desconocido. Me encontraba liviana, flotando en una mullida nube sin que me importe demasiado. Detuve el trabajo un segundo para limpiar el sudor de mi frente con el dorso de mi mano, sin percatarme que en un pequeño roce involuntario manche mi frente de negro por el carboncillo. Delineaba cuando Jace habló para llamar mi atención comenzando una conversación que fue interrumpida por risillas de niñas que llevaban una especie de carteles de neón invisibles sobre sus cabezas. Comenzaba a acostumbrarme a la baba que arrojaban las chicas cuando veían a Jace. Incluso cuando él podía adoptar una pose que claramente gritaba “peligro”, no dejaba de ser atrayente. Abrí la boca para cortarle las alas a su ego que comenzaba nuevamente a dispararse, pero él sonrió de modo que consiguió suspiros ajenos. Me dejó muy tentada a utilizar el bloc de dibujo como objeto contundente.- Hay demasiadas cosas que quisiera hacer en esto momento, Don Presumido. La mayoría no te conviene.- musité combinando con una mirada envenenada. Pude decirle muchas cosas que no lograrían nada, y sé que llega a ser demente, pero tal cual es lo quiero.

Aunque quisiera retomar mi sesión de dibujo sería imposible con él allí sonriendo para que caigan como moscas un montón de fanáticas. Eso solo me irritaría. Máxime cuando él me mira de esa forma cortándose en el camino sin que yo pudiera descifrar lo que sucede. Mordí mi labio inferior con muchas preguntas en la cabeza, disfrutando del roce de sus yemas callosas contra la piel de mi cuello.Tendríamos que pasear un poco, porque mi idea de ponerle una bolsa de papel en la cabeza no es muy sana. Antes de responderle cerré el bloc guardando en el bolsillo trasero de mi pantalón el lápiz. - Vamos a dar un paseo. – anuncie terminando por esbozar una media sonrisa al ver su rostro relajado, con un brillo en sus ojos claros que supe reconocer. Todo lo que tuviera que ver con armas llegaba a interesarle, y estaba por supuesto, en su campo. - Entonces vamos, guíame, soy toda tuya. –murmuré sin pensar demasiado en lo que estaba diciendo textualmente. Supongo que comprar equipo nuevo y a mi medida sería muy útil, aunque mientras yo cargara mi estela en el bolsillo, tal como hacía ahora, me sentía protegida y completa.
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Re: Un momento de paz [Jace]

Mensaje— por Jace C. Wayland el Mar Mar 13, 2018 10:06 pm

Llamar su atención por completo a veces no me costaba nada, era un alivio verlo por la sencilla razón de que ella si conseguía llamar mi atención con la mínima. Cosa que tampoco le iba admitir hasta que fuera el momento. Puede que fuera orgullo, sin embargo por otra parte sabía que cada cosa tenía su momento, no me preocupaba si ahora no se lo decía, tarde o temprano acabaría por decírselo. Nuestra charla se vio interrumpida por la presencia de unas chicas que no se cortaron a la hora de mirarme y reírse, les dediqué una sonrisa que claramente las alboroté por completo. Sé que ese pequeño gesto le molestó a Clary, lo suficiente para que se le tensara los músculos de las manos como solía hacer. Ante las opciones que le di para pasar las siguientes horas del día, su respuesta hizo que sonriera divertido.
-No te puedes enfadar. -le recordé socarrón. -Soy todo un atractivo, sin contar que yo no empecé esta pequeña toma de contacto. -dije refiriéndome a las chicas. -Y lo más importante, se han alejado ¿no es así? -le pregunté mientras que poco a poco me acercaba a ella.

Moverme en su dirección fue algo involuntario, como si me trajera como un imán. En parte me había acostumbrado y durante mucho tiempo estuve luchando contra ello, perdiendo constantemente hasta que por fin no tuve motivos de evitar acercarme a ella. Acaricié su piel, disfrutando de cada centímetro de ella. En esa caricia estaba claro todos los deseos que sentía por ella, era algo inevitable a estas alturas. Fui a besarla, sin embargo cambié de opinión y me alejé de nuevo. Le recordé que necesitaba un nuevo traje de combate, el que usaba ya estaba desgastado y sí, eso era posible. Los luchas contra los demonios muchas veces eran molestas y acaban por destrozar el material. Dicho esto, cerró su bloc, guardó el lápiz en el bolsillo trasero de sus vaqueros y respondió. La contemplaba sentado en el suelo de la plaza, hasta que escuché lo último que me dijo. Me levanté del suelo con una sonrisa en los labios, pasé mi brazo por sus hombros para acercarla a mí mientras que la hacía caminar. Bajé mi rostro hasta su oído.
-Estas cosas deberías decirlas cuando estemos completamente solos. -le informé. -No cuando estamos rodeados de gente. -le besé en la sien inmediatamente después.

La dirigí hacia una de las tantas tiendas que rodeaban la plaza, su escaparate podríamos ver varios maniquíes sin cabeza dejando a la vista algunos trajes de diferentes tallas. Veían tallas por edades, las que solían ser más comunes. Entramos, la campanilla tintineó a nuestro paso. Un cazador de sombras levantó la vista y nos dedicó una sonrisa amable. Nos indicó que si necesitábamos ayuda le preguntáramos sin ningún tipo de pudor. Asentí y la guié hasta el final. Llegamos a la sección final de la tienda, donde estaban los probadores, por el camino cogí un par de trajes.
-Para tu desgracia, mi preciosa zanahoria. -le dejé un par de trajes. -Estos trajes son de la talla de un cazador de quince y dieciséis años. -le informé. -Podrían quedarte bien. -me parecía divertido ese hecho. -Te dejo sola o te ayudo a cambiarte. -si eses nos le servían a la perfección siempre podríamos pedir tres trajes de combate a medida. A veces era necesario, cuando las tallas no coincidían con ninguna edad.
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Re: Un momento de paz [Jace]

Mensaje— por Clarissa A. Fairchild el Sáb Mar 17, 2018 12:21 am

Para Jace era inherente el efecto que tenía en los demás. Se veía cómodo, seguro de sí mismo cuando pasaba alguien babeándole los talones. La mayoría de las veces lograba enfermarme la manera en que se lo comían con los ojos. Y en otras ocasiones trataba de comprender como él podía soportar ser todo el tiempo el foco de atención. Claro, como toda chica alguna vez he deseado ser admirada, que me escuchen y me den cierta importancia. Una ensoñación que acababa rápido. La comodidad del anonimato es valiosa para personas que al igual que yo, no encajan en los parámetros que el mundo mismo ha impuesto como normales. Pienso que de recibir miradas constantes de chicos con la expresión de que soy un pedazo de carne que quieren devorar, me sentiría irritada constantemente. Pero Jace, él lo manejaba bastante bien. Sonreía un poco, luego cambiaba su mirada estrechando ligeramente los ojos para denotar peligro. Parece que nadie le ha informado que eso atrae más de lo que repele.

Lo noté divertido, demasiado para mi gusto. Con los nudillos tensos comencé a estirar los dedos muy casualmente. Tan casualmente como el paso que di para retroceder cuando él comenzaba a acercarse. Es lo que podía hacer como venganza silenciosa y educada. Por supuesto que quería decirle un montón de cosas, montañas de reclamos que no nos llevarían a nada. A nada que no fuese verme como una chiquilla celosa, y no, no pienso darle ese gusto. No literalmente, al menos. - Tú no me digas lo que puedo o no puedo hacer. - mascullé mirándole de refilón. Maldito, hasta cuando se burlaba de mí se veía, indescriptible, con los rayos del sol acentuando las ondas rubias de su pelo. Sus ojos brillaban, y yo en respuesta hice un mohín comenzando a guardar mis escasas pertenencias para comenzar un recorrido de tiendas que estaba segura sería curioso. Nunca disfruté demasiado ir de compras, pero tampoco he tenido la oportunidad de comprar utensilios y vestimenta de cazador.

Sentí su brazo sobre mis hombros disparando sobre mi piel una carga eléctrica. Pueden pasar mil años, pero jamás dejará de impresionarme esa sensación que despertaba en mí. Calaba hasta lo más profundo. Sentía su corazón, como si fuera mío. Como si fuéramos uno solo. Uno solo, la unión de esas dos palabras me descolocó por unos segundos, volviendo a tierra cuando Jace susurraba descaradamente a mi oído. No se le escapaba nada- Calla.- murmuré en un hilo de voz sintiendo el calor inundando mi rostro. Hubiese querido ponerme en modo chulo, pero cuando él hablaba de esa forma rozando sus labios, aunque sea contra mi sien, simplemente perdía los papeles.

Jace aprovechaba mi aberración por las compras para picarme. Sinceramente mi mayor aspiración es encontrar ropa de combate que fuese práctica y cómoda para mí. Nada muy ceñido, ni tampoco aniñado. Estaba segura de que Isabelle no tenía demasiadas pegas. En la tienda Jace comenzó a coger ropa calculando mi talla. Era de estatura baja, casi sin curvas para mi edad, así que por lo general ya sea arriba o abajo las prendas suelen quedarme anchas. - Vinimos a comprar. – apuntille sin dar mayores detalles. Dudo que él se limite a ayudarme con las prendas, y yo estaba bastante nerviosa sin tenerlo dentro del estrecho vestidor. Colgué las prendas comenzando a pelearme con ellas. Sorprendentemente todas las camisetas eran sumamente estrechas, como un corsé de la época de mi tatarabuela. Me sentía un embutido. Al mirarme al espejo tuve que admitir que aunque sintiera que me asfixiaba ese modelo acentuaba mi abdomen dando la sensación de que tenía una cintura curva que antes no estaba allí. Sonreí, e inmediatamente me quité la ropa quedando apenas con la ropa interior. Jugaba con mi pelo hasta sujetarlo con los palillos nuevamente. Finalmente me embutí en un pantalón que combinaba de manera muy extraña el cuero, la textura era como una segunda piel. Miraba la blusa con intenciones de ponérmela tras calzarme las cómodas botas que por sí mismas eran una bendición para mis pies, pero en eso una cabellera rubia se asomó. - Sal de aquí. –balbuceé atropelladamente tan roja como las hebras de mi cabello. No sé qué me avergonzaba más: que estuviese espiando cuando estaba casi desnuda de la cintura para arriba o haber gritado por el asombro alertando al encargado de la tienda.

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Re: Un momento de paz [Jace]

Mensaje— por Jace C. Wayland el Lun Mar 19, 2018 7:08 pm

Reí al escuchar la queja de la pelirroja, a estas alturas sabía perfectamente que nadie podía decirle lo que tenía que hacer. De hecho, si hubiera obedecido desde el primer instante nada de lo que había pasado desde que apareció habría sucedido. De hecho, nada de esto hubiera sucedido si no hubiera buscado a la pelirroja después de encontrarla en el pandemonium. Igualmente hubiera pasado todo eso, era lo que sentía. Daba igual las circunstancias, daba igual como hubiera pasado esa chica me hubiera llevado a la locura igual. Parecía que era inevitable el hecho de haberla conocido y amarla. Sencillamente lo iba hacer tarde o temprano, conocerla, sentía que daba era inevitable. Si las cosas hubieran sido diferentes, la hubiera encontrado de todos modos y yo habría caído ante ella de la misma manera. Acabamos en esta situación porque me preocupaba demasiado por ella. Recorrí la ciudad hasta encontrarla sentada en frente de la figura de Raziel. Le hablé y terminé por caer en la tentación de acariciarla. Ella como propuesta silenciosa se alejo unos segundos después.

Tras esas demostraciones fuimos a la tienda, durante nuestro camino a los probadores cogí un par de modelos. Se los di, dejándola sola en el probador mientras que yo me quedaba fuera. Apoyé todo mi cuerpo contra la pared que estaba al lado, viendo como el resto de cazadores de sombras pasan por delante, algo que otro mirando el escaparate. Me separé de la pared, la verdad es que no podía estar totalmente quieto, no me gustaba estar quieto. Cogí un par de trajes más de tallas parecidas. En esto, que volví y asomé la cabeza a través de la cortina para ver como iba. Sonreí al verla. Entré dejando los nuevos dos equipos en las perchas. Verla en sujetador conseguía hervirme la sangre, pero podía controlarme o eso esperaba. Agarré la cinturilla de su pantalón con un par de dedos, tiré de ellos pegándola ligeramente a mí.
-Te quedan algo pequeños. -le comuniqué. La ayudé a ponerse la camisa nuevas que le había traído. -Esta está mejor. -bajé su camisa pasando mis manos por sus curvas. Sabía que la chica tenía algunas opiniones que no encajaban para nada con lo que era en realidad. Llevé mis manos a su cabello y lo desaté, acomodándolo alrededor de sus hombros. La figura de la chica quedaba expuesta ante mis ojos, cada curva de su torso. Su cintura estrecha para ensancharse ligeramente en sus caderas, la curva de sus pechos con aquella camisa y las pocas runas que salpicaban su cuerpo. El cabello rojo parecía flotar sobre su cabeza como si fuera fuego, que llamaba más la atención por el color negro. -Deberías cambiarte el pantalón. -solté sus caderas y me apoyé en la pared del vestidor, sin salir, cruzándome de brazos esperando a que lo hiciera. -También deberías tener un traje de ceremonia… -dije pensativo. -Prefiero los colores que resalten el rojo. -dije tirando de uno de sus mechones sueltos. -Pero los trajes de ceremonia son rojos, no se puede hacer nada. También, aunque sea de mal gusto, alguno de funeral. En esta vida le darás más uso que al traje ceremonial.
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Re: Un momento de paz [Jace]

Mensaje— por Clarissa A. Fairchild el Mar Mar 20, 2018 4:17 am

Al verme al espejo solía perderme por unos minutos. Mi mente comenzaba a divagar entre mis propios recuerdos llegando a mezclarse con ensoñaciones e ideas que surgían de un sitio que no podía denominar claramente. El paso del tiempo parecía reflejarse en cada runa que marcaba mi cuerpo. Parecía una vida muy lejana, incluso ajena, la que viví antes de ver a Jace, Alec e Isabelle en Pandemonium. Ese despertar que de alguna forma ellos dispararon, parecía también de otra vida. Han pasado muchas cosas, tantas que no podría enumerarlas cronológicamente. Todas ellas me habían cambiado, para bien y para mal. El despertar fue precisamente eso, un balde de agua fría que lanzaron sobre mi rostro para que espabilara. Irónicamente pasé mucho tiempo quejándome de la sobreprotección de mi madre. De esas actitudes maníacas de controlar cada minuto donde me encontraba y con quien. Y de pronto me encontré sola enfrentando lo desconocido, aquello que formaba mis raíces. Aprendiendo sobre la marcha, sin tiempo para temores ni respiros. Descubrir verdades que destrozaron mi mundo, que me hicieron cuestionar quien soy en realidad. Extrañamente en medio de la sinfonía caótica de mi nueva vida encontré lo único que podía devolverme o quitarme la vida. Jace.

En mis sueños más locos, esos que comenzaban cuando estaba soñando despierta en medio del tedio que podía rodear mi vieja vida, pensaba en cómo se sentiría encontrar a una persona que calara tan profundo como para poder atarte por completo. Recuerdo que solía salir de esa especie de letargo, riendo divertida. Dudaba que una persona normal pueda encontrar eso tan complejo a lo que denominan amor. Consideraba que puede gustarte alguien, atraerte, incluso interesarte, pero con el tiempo y lo cambiante de cada ser, eso se perdería. ¿Cómo podría creer eso después de Jace? Faltaban las palabras para explicar lo que él producía en mí. Llegaba a describir nuestra relación como una unión que inició desde la primera mirada. Tal vez sus ojos brillantes dispararon un cordel creando un vínculo irrompible entre él y yo. Un vínculo que no pudimos romper ni cuando creíamos que éramos hermanos, no importó cuanto lo intentamos.

Con él me sentía madura y al segundo me volvía la mujer más inmadura, como sucedió hace unos instantes al ver un grupito de chicas buscándole. Era humana, eso me impulsaba a preocuparme por ese tipo de minucias. Hablando de minucias, ¿podía seguir posponiendo el embutirme en esa blusa? Suspiré resignada, chillando al segundo a causa de una melena rubia. - Fuera. - repetí mirando mi reflejo. Sí, estaba roja de pies a cabeza. Sería redundar decir que odiaba esos momentos incómodos en los que me siento una chica normal, con complejos y temores. Mordí suavemente mi labio inferior al sentir el calor de su cuerpo. La piel de sus brazos rozó ligeramente mi abdomen estremeciéndome. Dejé que me ayudara a colocarme la blusa, obviamente tuve que callar el impulso de gritarle que no soy una niña. No fue difícil, porque, una niña no estaría sintiendo lo que yo estaba sintiendo al sentir su aliento fresco tan cerca. Me sentí nerviosa al estar juntos en un espacio tan estrecho. Solos después de mucho tiempo. Comprando, en una actividad tan trivial donde nadie estaba pensando en guerra ni en mi demente hermano. - Me gustan estos pantalones.-repliqué dándole la espalda. Por supuesto, él llevaba razón, necesitaba toda la serie de trajes ceremoniales. No me sentiría nada cómoda dependiendo de Isabelle si se presentara una ocasión “especial”. - Vale, ve por...- tal vez fue su mirada lo que me dejó sin voz, o el deseo que tenía de sentirlo mío. Mío, aunque fuese un poco. No lo sé, los cambios que me producía Jace eran indescifrables. Solo caminé hasta él, en un principio con ánimos de empujarlo para que mueva el culo, terminando por cogerle de la nuca, enredando mis dedos en los mechones dorados que se rizaban justo en esa zona. Lo atraje hacía mí y lo besé sin preámbulo. Estirando mi cuerpo al ponerme en punta de pies para alcanzarlo.
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Re: Un momento de paz [Jace]

Mensaje— por Jace C. Wayland el Jue Mar 22, 2018 12:57 am

Meterme dentro del vestidor mientras que ella se cambiaba no levantaba mi pudor. De hecho, me resultaba divertido a parte de despertar una parte de mí más primitiva. Pero ver como los colores se le subían a las mejillas por mi presencia. Hice como si no lo viera, aunque la sonrisa que curvaba mis labios era significativa. La ayudé a vestirse, porque así lo quise yo. Me arriesgaba a que me mandara al carajo diciéndome que no era ninguna niña pequeña a pesar de su tamaño, pero rocé la piel de sus caderas al bajar la camisa. Si la suerte me acompañaba la distraería por completo o lo suficiente para que no me partiera la cara, ahora que sabía luchar no dudaba que pudiera hacerlo de varias manera diferentes.
-¿Ves? -le pregunté. -En realidad no quería que me fuera. -le dije en tono burlón. Observaba su reflejo al mismo tiempo que movía mis manos vistiéndola. No se me paso por alto como se mordía el labio inferior. Reí silenciosamente ante esa visión antes de concentrarme de nuevo en lo que hacía. Tiré de sus pantalones para acercarla a mí, ella replicó y puse los ojos en blanco. -Te quedan estrechos y los dos lo sabemos. -le comuniqué. De paso añadí todo lo que necesitaba. Bien podría seguir utilizando la ropa de Izzy o la antigua ropa de su madre arreglaba para que pudiera lucir su pequeño cuerpo ahí dentro. Estaba fantástico con todo, siempre conseguía arrancarme el aliento del pecho, pero estaba seguro que sería mucho peor y más placentero cuando tuviera esos trajes a su medida, hechos para ella.

Esperé a que me obedeciera o que me echara, que sería lo que realmente esperaba. La miré expectante cuando se quedó a medias en una frase. Se acercó a mí con aire decidido, la verdad es que su mirada vi toda clase de sentimientos, el enfado por seguir allí dentro y el mismo deseo que yo sentía por ella. Pensé que el primer sentimiento ganaría sobre el segundo, pero me equivocaba y con gusto. La chica se puso de puntillas, pasando sus brazos alrededor de mi cuello y agarrarse en mi nuca. Sentir sus labios contra los míos hizo que cogiera aire, como si respiraba por primera vez que la besaba. Rodeé su pequeño cuerpo con mis brazos, siguiente aquel beso con ganas. Era cálidos contra los míos, suaves y adictivos. Pegué su cuerpo contra el mío, no estuvimos mucho tiempo así porque me sabía apoco. Me agaché ligeramente, la agarré de los muslos y la levanté a pulso, dejándola a mi altura, inmediatamente la apoyé contra el espejo. Profundicé más el beso, acaricié sus labios con mi lengua antes de explorar su boca. Su respiración me hacía cosquillas sobre la lengua, mis manos se movían por su cuerpo. Mi mano voló hasta introducirse debajo de su camisa, la textura de su piel era increíblemente suave en comparación a mis manos callosas. Reduje aun más, si era posible, la distancia entre nosotros. La esencia de Clary traspasaba todo mi ser, cada beso, cada caricia que le dedicaba era con la clara intención de mantenerla cerca. La sentía mía, no como una propiedad, sino como parte de mí. La pelirroja se había llevado una parte de mí, una que le pertenecía por completo.
-Clary. -susurré sobre sus labios, al mismo tiempo que subía mi mano por el interior de su camisa hasta llegar a su sujetador, el cual aparté sin problemas. Acaricié lentamente la curva de su pecho, besando y otra vez esos labios que me atraían como abeja al polen.
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Re: Un momento de paz [Jace]

Mensaje— por Clarissa A. Fairchild el Lun Mar 26, 2018 2:30 am

Con Jace podía sentirme ridícula al analizar mis reacciones. Sé que si controlara mejor mi genio nos ahorraríamos muchas vueltas. Lo sé, es una debilidad que él pudiera alterarme con sus ocurrencias aun cuando me he propuesto no permitirlo. Al aparecerse en el vestidor con sus ojos brillando con esa chispa de diversión que me sacaba de quicio, bien pude dejarlo pasar. Ahorrar el grito de susto para no alertar a nadie sobre la falta de pudor del joven cazador. Pero no, tuve que hacer una escena colocándome tan roja que bien podía mimetizarme con mi cabello. Quería darle una patada por interrumpirme, tanto como quería ser valiente para tomarlo en mis brazos. Las hormonas comenzaban a jugarme malas pasadas. Jace pareció adivinar lo que pasaba conmigo. Eso parecía a medida que se acercaba con la intención de ayudarme. Chasqueé la lengua como protesta, para que no se pensara que me sentía del todo conforme al ser tratada como una niña que requiere ayuda a cada paso. La yema callosa de sus dedos rozó la piel de mis caderas desprendiendo un choque eléctrico que estoy segura ninguna niña sería capaz de sentir.

Perturbada por la ola de sensaciones que iba y venía por mi cuerpo le dí la espalda esperando componerme. Fue una espada de doble filo que él se pusiera a presumir lo que ocasionaba en mí. Porque básicamente eso fue lo que hizo con su sonrisa adorable incluida. - Ahora mismo quisiera que estuvieras afuera con las manos atadas y la boca cerrada. -mentí pensando en lo cómico que sería imposibilitarlo por un rato. La imagen fue más perturbadora, con lo cual tuvo que tragar saliva para no seguir por ese derrotero. Estábamos comprando ropa, teníamos que hacerlo como personas normales.
Normales, a veces se me olvidaba que ese calificativo estaba sobrevalorado y mal estructurado en lo que a ellos se refiere. Cuando él tiró de mis pantalones para ponerme más en evidencia, me contuve lo suficiente para no patearle la espinilla. - Se supone que a los hombres les encanta que se nos marque todo, ¿no?. - respondí dándome la vuelta para rebuscar entre los nuevos conjuntos que él había traído.

Duré poco tiempo en el camino de ignorarlo. Hacía demasiado tiempo en el que no podíamos tener un respiro. Siempre existía algo más en qué pensar. No puedo echarle toda la culpa a él cuando era yo quien pasaba inmersa en la oscuridad que había dejado Sebastian con sus acciones. Rozar los labios de Jace fue liberador. Sus labios eran el alimento que ansiaba mi alma. Aferrada a su nuca rogué en silencio que no se apartara de mí, mostrando libremente los sentimientos que estuve guardando por demasiados días. Era parte de un autocastigo que me impuse. No podía tener este tipo de felicidad plena cuando hay un peligro inminente sobre nuestras cabezas. Sobre todo el mundo. La lengua de Jace se rozaba con la mía, danzarina, segura como lo era él la mayor parte del tiempo. Sus manos esculpían mi menuda figura, aguijones que se clavaban en mi piel dejándome paralizada, nerviosa y frágil. Poco a poco esa sensación fue reemplaza por un profundo ardor, y me sentí poderosa. Poderosa y libre en sus brazos. - Jace. - exclamé en un grito ahogado aferrando mis piernas a sus caderas para quedar más cerca, más expuesta a sus ojos. Nuestros cuerpos se encontraban pegados. El frío del espejo traspasaba mi espalda, pero nada apagaba el fuego en mi interior. Mis manos recorrían su rostro dibujando el contorno de su mandíbula con mis pulgares. Jadeando sobre sus labios bajé mis besos a su cuello quedándome quieta en cuanto alguien preguntó si estaba ocupado. - Mierda.-maldije besándole el cuello con la vergüenza apareciendo para picarme.
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Re: Un momento de paz [Jace]

Mensaje— por Jace C. Wayland el Lun Abr 09, 2018 1:19 am

Provocar a Clary era uno de mis hobbies favoritos, ver cada una de sus expresiones era embriagador, cuando parecía que ya había visto todas realizaba una nueva. En parte siempre me sorprendía con algo nuevo, por eso no me cansaba de provocarle. A parte de gustarte saber que esas expresiones las ponía debido a mí. Yo era el culpable de todo aquello. No me corté ni un solo pelo a la hora de entrar con ella en el mostrador y ayudarla a vestir, en realidad a sacarla de quicio. También es cierto que le llevaba un par de traje para que se los probara, la ropa de Izzy le podía quedar medianamente bien pero no lo suficiente. Rocé su piel con la yema de mis dedos apropósito, no podía resistirme a tocarla. Entre unas coas y otras, le pedí que se cambiara porque la ropa no le quedaba. Era una realidad, esos pantalones le quedaban demasiados justos, no es que necesitará trucos para desnudarla, sin embargo así era más emocionante.

Le pregunté que quería y su respuesta no fue la más favorable de todas. Sonreí de oreja a oreja.
-Solo si después me dejas atarte, o hacerlo desde un principio. -jugueteé con unos de sus mechones sueltos. -Me daría igual el orden. -le dije de mirada pícara. Me acerqué de nuevo a su oreja. -Además, si estás tan inspirada podrías habérmelo dicho anoche. -le comenté acercándome a ella un paso más. Su cercanía era suficiente para sentir una carga eléctrica que nos empujaba a estar cada vez más cerca. No necesitaba tocarla para tener esa sensación. Tiré de sus pantalones para llamar su atención aun más, si eso era posible. Observando con atención el reflejo de la chica en el espejo. -Te equivocas. -le dije sin vacilar. -No nos guste que marqué tanto. -pasé mis manos por la cintura de la chica hasta sus caderas. -Lo interesante es que resalte lo que esté, pero dejándonos a la imaginación. -dejé mis manos en su cadera y pegué mi cuerpo a su espalda. -Es mucho más divertido descubrir los secretos del cuerpo poco a poco, que estén revelados antes de tiempo es aburrido. -le aseguré.

La chica se giró, quedando cara a cara a mí. Clavé mis ojos en los suyos de color esmeralda, sus largas pestañas hacia sombras sobre su piel pecosa. Cada una de esas manchas me invitaban a acariciarlas y trazar un camino, ya fuera con mis dedos, mi nariz o mis labios. Me daba igual como lo hiciera, pero quería hacerlo. Me agaché sin querer evitarlo y la besé. Moví mis labios contra los suyos, agarré su rostro y lo mantuve cerca, sin tardar demasiado tiempo en intensificar el contacto. La necesidad pudo conmigo, necesitaba sentirla más que esto. Exploré su boca con mi lengua, con el calor quemándome el pecho, controlando mis manos. Las bajé hasta sus muslos, levantándola en peso y colocándola contra la pared. Subí mis manos por su cuerpo, introduciéndolas en el interior de su camisa. Ahí seguí subiendo, acaricié la curva de sus pechos. Mordí su labio, tirando de él. Sus piernas se aferraban a mi alrededor, apreté mis caderas contra su entrepierna. Nos separemos un segundo para poder coger aire, al escucharla le quité la camisa. Besé su mandíbula, su cuello mientras que mis manos se aferraban a sus pechos.
-Clary. -susurré su nombre al mismo tiempo que le mordía el cuello. El calor y el deseo crecían en mi interior. Sentimientos y deseos nacidos para y por ello, todas estas respuestas eran suyas. Todas las reacciones que tenía en aquel estado le pertenecían a ella. Una de mis manos estaban enredada en su cabello mientras que la otra estaba desabrochando el pantalón de la joven cuando una voz preguntó por el probador. Miré al techo exasperado y molestia en los ojos por la interrupción.
-Cuando una cortina de un probador está cerrada, por norma general significa que está ocupado. -le dije en tono cortante. Clary no podía estarse quieta. Con aquel gesto, volvió a encender lo que quedó pausado por la aparición molesta. Apreté una vez más mis caderas contra las suyas.
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Re: Un momento de paz [Jace]

Mensaje— por Clarissa A. Fairchild el Jue Abr 12, 2018 3:38 am

Sé que él disfruta alterarme. Conozco de primera mano sus reacciones, la forma en que puede sonreír internamente cuando con un pestañeo mueve todo mi mundo arrebatándome el equilibrio. Por supuesto que mi primera intención es fingirme indiferente, pero en ello soy pésima. Me encontraba continuamente rindiendo un examen con las respuestas en la cabeza sin poderlas plasmar en la hoja. Y así y todo, no me importaba. Cuando él me miraba con ese par de ojos dorados acababa con mis respuestas irónicas, aunque después con una sola palabra pudiera activar nuevamente mis ganas de ahorcarlo. Ahorcarlo mientras besaba sus labios, no es una mala figura. Se me ocurría mil formas de torturarlo, sino fuese porque estábamos solos en este sitio tan estrecho. Él hablaba, con su tono de voz lleno de pretensión, sonriendo para deslumbrarme un poco más. Mi interior se removió, suspirando con resignación lo encaré alzando ambas cejas. ¿En serio tenía que provocar cien mil pensamientos indecentes en mi cabeza? - No veo la gracia en que los dos estemos atados. Y no sé porque estamos perdiendo el tiempo hablando de ataduras que no vienen a cuento. -chisporrotee dándole la espalda para disimular que me faltaba el aire.

El olor de Jace inundaba el ambiente. Era como la vida, como la luz del sol, y lo sentía de tal forma que él estaba en todas partes. Comenzaba a sentirme diferente. Diferente porque no sé explicar lo que estaba sintiendo, no con palabras. Hablar de ropa podía mantenerme a raya. Porque la ropa para mí era una necesidad, no una fascinación. Entonces cuando pensé que podía quedarme concentrada en tonterías y piqueos, él dijo palabras que desbocaron a mi corazón. Esa era la faceta que pocos conocían. Cuando se ponía serio, incluso ligeramente anticuado y formal. Terminé en sus brazos. Quise despacharlo, pero sus labios eran más interesantes. Nos liábamos sin importarnos que había gente dando tumbos por la tienda. Escuchaba su corazón, el ritmo que seguía al golpetear su pecho bajo mi mano. Sus manos se aferraron a mis muslos, rápidamente estaba siendo elevada para su comodidad. Con cada beso perdía el rumbo, y respiraba Jace, pensaba en Jace, reduciéndose todo a él.

En el enredo de manos y bocas, donde la pasión llevaba la delantera, no fui consciente de cómo acabé piel con piel con el rubio. Mis manos recorrían sus hombros frotándolo con apremio, quemándome con el roce. Mis dedos subieron a su cuello acariciando la marca que allí tenía para después atraerlo más hacía mí. Contra la pared sentía su bulto endurecer a la mínima presión, jadeé sobre sus labios dándole poco espacio para respirar. Me detuve a mirarlo a los ojos, sintiendo sus manos bajar por mi costado haciéndome cosquillas. Por más que estuviera vestida de cintura para abajo, me sentía desnuda y expuesta. Esa sensación de adrenalina e inquietud me gustaba. - Te amo. -murmuré sobre sus labios ladeando el cuello para darle espacio suficiente para que besara a su antojo. Estaba a punto de ser desnudada cuando preguntaron si estaba ocupado. Maldije distrayéndome con el cuello de Jace, dando mordisquitos para no dar rienda suelta a mi vena racional. Deberíamos salir, pero no quería hacerlo. Sentía la calidez de Jace y no quería perder esa sensación. Mordí su mentón para después pegar mi frente con la suya con cierta frustración. - Parece que no se cumplirá tu fantasía - comenté al sentir que la persona que nos habló no se movería hasta que saliéramos.
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Re: Un momento de paz [Jace]

Mensaje— por Jace C. Wayland el Dom Abr 15, 2018 3:05 pm

Solté una pequeña carcajada al escucharla quejarse sobre el tema de estar atados.
-No le ves la gracia porque todavía no lo has probado. -le comenté divertido. -Además, los dos no estaríamos atados, solo uno de nosotros. -le aclaré de manera innecesaria con una sonrisa pícara en los labios. Ella sabía de sobra a que me refería, pero a veces prefería hacerse la tonta para no pensar las cosas demasiado. Que tuviera esa reacciones me encantaba, jugueteaba con su cabello para provocarla todavía más. -Aunque te des la espalda, sigue habiendo un espejo delante. -le recordé burlón mirándola a través de su reflejo. -No es una perdida de tiempo siempre y cuando se pueda llevar a cabo, ¿no te parece? -le pregunté socarrón. Seguí molestándola un poco más, acercándome a ella, hablándole en susurros en el oído. Entre comentarios, caricias mal disimuladas, insinuaciones y aclaraciones se giró hacia mí, después de eso ya ninguno de los dos aguantamos más.

Comencé a explorar su boca con la mía, mi lengua acariciaba la suya. Sus labios eran dulces para los míos, húmedos y adictivos. Mis manos le agarraban el rostro, enredaba mis dedos en sus cabellos. Hasta que la cogí a pulso y la coloqué contra el espejo. Le acariciaba todo el cuerpo, sus muslos, sus caderas y cintura, la curva de su pecho. Le quité la blusa, era molesta. Me separé por un momento, viendo como le quedaba la ropa interior sobre su cuerpo pecoso. Bajé por su cuello, mordiéndole cada centímetro que estuviera a mi alcance. Me sacó la camisa con prisas, era necesidad lo que sentía por ella. Era como si necesitaba acariciarla para seguir respirando. Besarla para seguir sintiendo que formaba parte de este mundo. El calor de su piel encendía la mía. No solo sentía un cosquilleo en las manos, deseo de seguir tocándola, lo sentía en todo mi cuerpo. Quería tocarla, sentir su piel contra la mía, todo aquello era insuficiente para mí. Rescataba el oxígeno de su piel para mis pulmones. Le quité el sujetador sin apenas pensarlo, dejarlo caer al suelo fue como una liberación para mí. Me pegué más a ella, sintiendo sus pechos sobre mi torso, clavando mi abultaba entrepierna en la suya. Pensaba culminar todo aquello, ahí mismo. Era cuestión de no hacer demasiado ruido, mantenernos en silencio.
-Dímelo una vez más… -le pedí en susurros. -Dime que quieres ser mía aquí y ahora. -dije bajando por su cuello, besándola una vez más, llegando a sus hombros para subir de nuevo a su rostro. Aparté de su cabello de su rostro enrojecido por la vergüenza y el fuego que nos estaba consumiendo. -Pídemelo. -al mismo tiempo bajaba mis manos a su pantalón desabrochándolo.

Todo se rompió por un tercero que no fue invitado. Querría saber si estaba ocupado probador. Me separé de la pelirroja, dejé de besarla pero la seguía manteniendo contra mi cuerpo y bien agarrada. Le contesté desde el interior que claramente estaba ocupado por la cortina cerrada. En esa breve discusión de besugos por parte del tipejo de afuera, Clary siguió dejando besos en mi cuello, mentón, todo aquella porción de piel que le quedaba a tiro con tal de llamar mi atención. Bajé de nuevo mordiéndole el labio inferior, antes de comenzar a besarla de nuevo. Sin embargo, esta vez solo duro tres segundos porque la persona de afuera era insistente.
-Por el Ángel. -solté sin que me importara que se me escuchara. Bajé a la chica al suelo, recogí mi blusa y se la puse por encima. Salí del probador, sin dejar que se viera más de la cuenta a mi chica en su interior. -¿Qué pasa? -le pregunté al desconocido. Al verme salir en ese talante dio un paso atrás sorprendido. -Seguirá ocupado por mucho que te plantes ahí como una palmera. -me apoyé de nuevo fuera, esta vez con el torso desnudo y con los brazos cruzados. Esperando a que Clary se probara todo lo que le había traído, vestido de ceremonia rojos, de luto, su equipo de cazadora y uno de entrenamiento que eran mucho más ligeros.
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Re: Un momento de paz [Jace]

Mensaje— por Clarissa A. Fairchild el Miér Abr 25, 2018 6:39 am

Cuando empezábamos en el juego de palabras podíamos perdernos en un mundo que era muy nuestro. Tengo claro que daría la vida por ese rubio presuntuoso, y sé que él lo haría por mí. Lo sé incluso cuando aparecen esas oleadas de celos por si él estaba demasiado cerca a alguna chica que no me gustase demasiado. Hay que admitir que nosotros teníamos una conexión que iba más allá de lo normal, e incluso de este mundo. No existía algo que él pudiera decir o hacer con lo que mi cuerpo y mi mente no se despertaran. Por eso estaba con el rubor sobre las mejillas luchando para que no me viera. Para que no descubra cómo es fácil para él el hacerme imaginarme semejante situación. Peor, lo que provoca el solo pensamiento. Pero fue tarde, porque su risilla arrogante se coló en mis oídos, su aliento erizó mi piel arrugando la nariz como respuesta. No seguiría con el asunto, no por ahora.

Al besarnos empezamos un camino sin retorno. Sus labios, los míos, nuestras lenguas jugando y danzando. Nos estábamos quemando sin que nos preocupe demasiado. Solo podía tocarlo, como fuere, con mis manos, con mi rostro, con mis uñas. Necesitaba de él, así me moleste admitir que me derrite, lo hace. Lo quiero, lo amo en todas las formas posibles, que incluye esta pasión que me paraliza y me activa a la vez. Susurré su nombre, en un hilillo de voz, respirando con dificultad al sentir su torso presionando piel con piel mis senos. Mis pezones casi pedían a gritos su atención. Tragué saliva al sentir su mano a punto de desabrochar mi pantalón. Sus palabras, cada una de ellas era una invitación y una insinuación. Por más que se supone debo ser la voz de la sensatez, –se supone que uno de los debe serlo-, no puedo contra eso. Quiero ser suya, aquí, sin importar que nos escuchen. Lo necesito para sentirme completa. - Jace…haz…. -murmuré su nombre sobre sus labios como reproche, mordiendo su labio inferior solo para darle largas, pero cuando quise seguir llegó la intromisión.

Era un hecho que por más que bese a Jace no podríamos continuar. La presencia de ese desconocido odioso pinchó nuestro momento, lo arruinó. Noté el cambio en el ánimo del rubio en cuanto volvieron a preguntar si saldríamos pronto. Sinceramente me parecía demasiado, no era el único probador en la tienda. Aparté mi larga cabellera rojiza hacía atrás para despabilarme, aguantando el berrinche que estaba haciendo Jace al golpear la pared antes de apartarnos. Estando con los pies sobre la tierra me dediqué a respirar buscando con la mirada mi sujetador. Ya no se me daba la gana de seguir probándome ropa, quería irme muy lejos de aquí. Jace tenía un plan diferente. Él no se iba a ir sin jugar a ser el rudo. Abrió la cortina saliendo, poniéndose allí como un perro guardián.

Me puse el sujetador y una blusa, haciendo un revoltijo con las ropas. Compraría todas sin medirme nada más. Quería salir de aquí pronto, por mi bien y el del que estaba afuera. Percibía que Jace estaba a un suspiro de perder los papeles queriendo desquitarse. Sabía que tenía el pelo revuelto, el rostro encendido y sudoroso. Cualquiera puede sumar dos más dos al verme. Tragué saliva saliendo del probador, justo tras la espalda de Jace exclamé. - Vamos. -era una especie de orden que acabe con el duelo que estaba teniendo allí. Como él no se movía me escabullí por su costado dirigiéndome hacía el mostrador para arreglar cuentas. - Jace, tengo hambre - solté a medio camino lanzándole una mirada significativa para que se mueva.
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Re: Un momento de paz [Jace]

Mensaje— por Jace C. Wayland el Sáb Mayo 05, 2018 7:10 pm

Acabamos disfrutando uno del otro dentro de aquel probador, a pesar de que la primera intención era de verdad buscar ropa para la chica. Lo necesitaba para dejar de ser un maniquí en miniatura. Terminar con la chica en mis brazos, arrinconándola contra la pared con mi cuerpo fue algo que sencillamente sucedió. Comencé a dejarme llevar por el roce de sus labios, la suavidad en su piel contra mis manos callosas. Me deshice de toda la ropa que cubría la parte superior de la chica, mi camisa también desapareció. Notaba el roce de sus senos desnudos contra mi torso, la calidad y su suavidad eran indescriptibles. El calor comenzó a ser mi mejor amigo bajo la protección de esa simple cortina, el desenfrenó era nuestro amigo y no podía detener mis manos. Tampoco quería detener mis manos en su cuerpo, sentirla me arrancaba el aliento y sus manos cada vez que me tocaban se llevaba una parte de mí con ella. Estaba a punto de comenzar la verdadera diversión cuando alguien decidió interrumpir. Intenté ignorarlo al principio, indicándole que estaba ocupado pero no atendían a razones. Dejé a mi novia en el suelo, tapándola con mi camisa antes de salir y quedarme allí, con los brazos cruzados. La persona al verme sin camisa y con postura tensa, con un par de comentarios vi la mala cara del tipo. Comenzando a importarme bien poco, bien podría abrir la boca y ver quien acabaría de peor talante. No se dio el caso, ya que Clary salió.

La pelirroja tenía el pelo revuelto, las mejillas coloradas y totalmente avergonzada a la hora de salir. Claramente todo eso era por mi culpa, ella cargaba las prendas de ropa que había escogido. Fruncí el ceño por un momento antes de recibir mi camisa y volver a ponérmela. Clary insistió por segunda vez para que me moviera de allí, pasé al lado de aquel personaje sin dedicarle un segunda mirada. Escuché un murmullo por su parte.
-A la próxima te reservo un asiento en primera fila. -le dije con voz clara antes de reunirme con la pelirroja. Le quité la ropa que tenía entre las manos y la clasifiqué rápidamente, eligiendo la mejor que el quedaría a mi ojo y tanto el traje de combate como el vestido de ceremonia rojo, que ya se lo probaría cuando estuviéramos de nuevo en la mansión Herondale. Pagamos por todo y nos largamos de la tienda de ropa, sobre todo antes de que el otro sujeto se volviera a decir algo.

Cargué con las bolsas mientras que caminaba al lado de la Clary. La calle seguía igual que antes, con cazadores de sombras caminando de un lado a otro. Quedábamos pocos, con cada batalla nuestro número se reducía a una velocidad de vértigo. Por eso, los pocos que nos habíamos criado en Idris siempre volvíamos, por lo menos el poco tiempo que se podían permitir respirar. Se lo había dicho a la chica nada más conocerla, el invernadero de Nueva York para mí olía a mi hogar, mientras que a mi parabatai y mi hermana les daba alergia. Así que, era mi escondite la mayoría de las veces, aunque claro, con tanta gente rondando el instituto en busca del malnacido de Sebastian, ya no era un sitio único para mi persona.
-¿De verdad tienes hambre o prefieres ir a otro sitio? -le pregunté a la chica. Esperando una respuesta mientras contemplaba varias opciones para visitar.
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