29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


37 # 34
15
NEFILIMS
7
CONSEJO
10
HUMANOS
7
LICÁNTRO.
10
VAMPIROS
12
BRUJOS
3
HADAS
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DEMONIOS
1
FANTASMAS

Cena nocturna (Aisak LaCroix)

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Cena nocturna (Aisak LaCroix)

Mensaje— por Arlissa R. NIghtgale el Vie Mar 09, 2018 1:56 am

La noche fue movidita, respondimos a una llamada de alarma en una zona llena de discotecas de la ciudad. Al parecer habían visto un grupo de demonios y habían algunos heridos. Tardamos unos pocos minutos en llegar gracias al metro, este era como siempre. Lleno de personas de toda clase y de todas condiciones. La verdad es que era abrumador, no era lo mismo ver aquello en mi país natal que en uno extranjero. Observé como algún que otra persona que entraba o salían del vagón eran subterráneos. En estos dos años que llevaba había hecho amistad con algunos cuantos, no era tan raro sin embargo se podría decir que no encajaba con mi personalidad. No era una chica especialmente alegre o risueña, tampoco con un carácter dulce y que atrajera a la gente. Yo no tenía ese carisma nato que había tenido mi parabatai hace años atrás, el cual se sentada a mi lado como si nada le importara y con la mirada perdida. Pero nada más lejos de la realidad, por mucho que tuviera esa pose estaba observando todo, y catalogando a todos en su mente. 
Interesante, aburrido, máximo aburrimiento, ver cómo un gato expulsaba una bola de pelo entre arcadas y sonidos estridentes era más divertido que tú. Esas eran muchas de las categorías que había visto en el exótico rostro del chico. Su carácter era incluso más difícil de soportar, recordando que antes tenía ese carisma para acercar a la gente a él. Sencillamente necesitaba sonreír y había dejado de hacerlo. Cogí aire silenciosamente al apartar la mirada de él y salir juntos del metro y salir a la superficie. 

Allí nos encontramos con personas jóvenes y de vez en cuando algún que otro adulto entrado en la mediana edad. Todos estaban bien vestidos, las mujeres, en su mayoría, con ropa ceñida para acentuar sus curvas y los hombros con sus camisas más nuevas o elegantes, para ocasiones especiales. Los mundanos eran más felices sin involucrarse demasiado en asuntos del submundo, siempre que lo hacían acababan mal. Por ello, ninguno de ellos eran capaces de vernos gracias al glamour grabado en nuestras piel. Tras llegar al sitio vimos un par de licántropos heridos que nos indicaron por donde se habían ido, hecho esto, seguimos el rastro de los demonios. Al encontrarlos vivos que se trataba de demonios diablillos. Lo que encontramos eran como unos doce, todos de pequeño tamaño como un niño de diez años, con cuernos y colas bifurcadas, su piel pasaban de rojizas o negros. Sus ojos eran grandes  y amarillas con pupilas elípticas. Dividimos inconscientemente a las pequeñas criaturas a la mitad, era de esperar siempre lo habíamos hecho así. Empezamos con el ataque, el brillo de los cuchillos serafín iluminaba la noche y nuestro camino. Sentía como el serafín atravesaba los cuerpos de los demonios con facilidad, estos gruñían a la hora de atacar y decirnos cualquier barbaridad. Giraba sobre mi misma, saltaba y protegía a Aisak. Mis ojos bailaban por todo el lugar, posándose en mi parabatai.  Era instintivo, el se movía y yo me movía con él, como si fuéramos planeta y satélite. Eso era en los que nos habíamos convertido. Terminamos con ellos en pocos minutos y eso no me tranquilizaba, no había rastro de más de ellos y eso era extraño. Volvimos con los licántropos para asegurarnos que estaban bien e informarles que habíamos acabado con ellos.

Eran las tres y media de la madrugada, algunas discotecas se estaban preparando para cerrar aunque dejaban pasar a gente todavía. Ante la necesidad básica de recuperar fuerzas mediante la comida fuimos al primer sitio que se me ocurrió. En otras palabras, nos había entrado hambre después de la misión y el único sitio cercano 24h era el Burger King. Nos quitamos el glamour, no me apetecía para nada estar robando comida rápida. Ambos entramos llamando la atención por ser sencillamente nosotros. Ibamos con el equipo de combate, totalmente de negros y con ropa que parecía de cuero aunque no lo fuera. Ambos con tatuajes iguales pero en distintas partes del cuerpo, eso es lo que verían los mundanos. Aisak eligió una mesa apartada de todos, mientras que yo me acercaba a la caja para pedir. El chico se quedó un por momento parado mirándome asombrado hasta que recuperó la palabras.
-¿Qué desea tomar? -preguntó afable y con la vista clavada en la pantalla del ordenador.
-Un King Jr Meal de hamburguesa con queso, danonino de fresa y mini burger king sandy con chocolate, el menú de pollo más grande que tengáis, un refresco de un litro y oreo shake. -por un momento me quedé mirando el menú que había en la parte superior, mordiéndome el labio. -Un chocolate caliente, café macchiato y un croissant de jamón y queso.
El chico que atendía se me quedó mirando perplejo, enarqué una ceja y reaccionó. Me indicó cuanto debía y que en breve estaría mi pedido. Esperé durante siete minutos y me dio dos bandejas con todo el pedido, en su mirada pude ver la clara pregunta de que si necesitaba ayuda pero la ignoré y llevé las bandejas sin problemas. Delante de mí dejé el chocolate caliente y el croissant de jamón y queso, el resto delante de Aisak.

Tomé un ligero sorbo del chocolate, viendo como el comenzaba a devorar su comida. Ese chico comía por tres personas, en este punto yo me preguntaba como podía comer tanto y él se preguntaba como podía comer tan poco.
-Deberíamos encontrar donde está el enjambre, si habían doce habrán más en alguna parte. -era bien sabido que los diablillos podían ser doscientos. En ese instante, no dije nada más porque a nuestro lado pasó una pareja de chicas, demasiado cerca para mi gusto. Se sentaron en una mesa continúa, una que respetaba el espacio personal pero ante la ausencia de clientela por la hora se podía escuchar claramente las conversaciones. Una de las chicas llevaba el pelo suelto rubio hasta la mitad de la espalda, le caía en suaves ondas dandole un aspecto encantador. Su vestido negro se le pegaba en cada curva de su cuerpo, resaltando el color de su cabello y junto a su sonrisa le daba un toque pícaro. Su amiga, llevaba un vestido morado igual de pegado, dejando a la vista parte de su busto. Ella en cambio tenía una melena azabache atado a una coleta alta, a diferencia de su amiga la rubia, estaba daba un aire peligroso siempre y decidido. Como si fuera a lanzarse sobre uno ante la mínima posibilidad y al parecer, el punto de mira de ambas para hacerlo era mi parabatai. Se lo estaban comiendo con los ojos y eso me molestaba.
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Re: Cena nocturna (Aisak LaCroix)

Mensaje— por Aisak Keidan LaCroix el Sáb Mar 10, 2018 4:03 am

¿Sería grosero el empezar a quejarse ya de Nueva York? Había perdido la cuenta de las advertencias hechas por gente que había estado allí, tachándola de una ciudad caótica y estresante para una persona como él. No era nada que no pudiera soportar, pero odiaba las multitudes, especialmente cuando no había ni una persona decente entre ellas. Para experimentar todo aquello lo tendría fácil, sólo debía ir al metro. Atestado de personas, como podía esperarse, con subterráneos mezclados entre ellas. Aisak podía tolerar a los subterráneos, de hecho había llegado a acuerdos con algunos de ellos para recibir más información. Sin embargo había una pequeña excepción: los vampiros. El cazador podía ver maldad propia de los demonios en sus acciones, y el cómo se alimentaban de humanos, como si fueran parásitos, no era precisamente la mejor carta de presentación. De todos modos, dudaba mucho que un vampiro decidiera coger el metro, por tarde que fuera y oscuro que estuviera. Ellos utilizaban métodos que iban más con la imagen que se tenía de ellos, aunque algunos no eran tan exquisitos. En su vida, corta pero intensa, Aisak se había encontrado con una variedad bastante pintoresca de vampiros. Desde el más tradicional y el que parecía estar imitando a la perfección la imagen del Conde Drácula, hasta el que vestía coloridas prendas y deportivas a juego. Nunca había un prototipo ideal en el cual fijarte para distinguir a subterráneos, los cazadores habían aprendido a hacerlo con entrenamiento y práctica, algo que no era fácil del todo, pero con lo que nacían a fin de cuentas. Las personas en el metro, por otro lado, parecían bastante iguales entre sí a ojos del muchacho. Todas las chicas iban vestidas de manera parecida, los hombres poseían el mismo calzado o incluso la misma apariencia, pero aquello no era lo peor. Sus miradas, las de todos ellos, estaban pegadas al móvil que sujetaban como si la vida se les fuera en ello, y poco caso hacían a su alrededor. Cuando sonreían lo hacían a una pantalla que absorbía su atención, cuando hablaban era porque estaban mandando audios o llamando por teléfono, y si alguien se atrevía a levantar la mirada y coincidía con la de otra persona, la desviaba rápidamente como si fuera algo malo. Puede que Aisak no fuera un bicho raro después de todo, pues no era el único que tenía problemas a la hora de relacionarse. El cazador terminó bostezando, signo del gran aburrimiento que comenzaba a sufrir. Quería empezar ya la acción, y estaba a punto de cerrar los ojos para liberar a su visión de la triste imagen que le ofrecía aquel metro, cuando por fin llegaron a su destino.  

Cuando los jóvenes llegaron al lugar que les habían indicado, siguieron la pista que unos licántropos heridos habían proporcionado. No fue difícil dar con ellos, y Aisak se encontró directamente con unos ojos grandes y saltones, de un amarillo que reconoció de inmediato. Se habían enfrentado a ellos en alguna que otra ocasión, aunque aquella vez eran menos de lo habitual. No eran muy grandes, especialmente para el muchacho que podía presumir de altura, pero tampoco eran del tamaño de un par de insectos, por lo que tenían que ser rápidos y ágiles en el trabajo. Como era de esperar, no hizo falta comunicación — ni siquiera visual — para saber cómo iban a proceder. Actuaron como si lo tuvieran todo planeado, a pesar de que no era así en absoluto. Empuñaron sus cuchillos serafines y empezaron lo que se podía denominar como la danza de la destrucción. Saltaban y giraban al mismo tiempo, espalda con espalda, siempre protegiendo al otro. Aisak hundió su cuchillo serafín en uno de los demonios y giró para hacer un corte en la cola bifurcada de otro de ellos, emitiendo éste un chillido ensordecedor. A pesar de la mueca de desagrado que esbozó, siguió para hundir su cuchillo serafín en el pequeño demonio que había salido rebelde. Se movió, saltó y gritó, incluso dijo cosas que Aisak no pudo entender, a pesar de saber algún que otro idioma demoníaco. Sin embargo él fue más rápido; lo rodeó y consiguió despistarlo para acabar con él de una vez por todas, terminando con el cuchillo empapado en icor. Después de limpiarlo y asegurarse de que no quedaba ningún demonio, los muchachos se fueron a otra zona por las quejas del chico, que insistía en comer algo.

En realidad no tenía hambre — aunque quizá sólo quería comer —, pero sabía que Arlissa difícilmente hacía dos comidas al día, por lo que casi tenía que obligarla sin que ésta lo supiera. Eran pasadas las tres de la madrugada, y sólo en una ciudad grande como Nueva York había algo como un Burger King veinticuatro horas. Más que sorprenderse, agradeció aquel pequeño detalle, algo a tener en cuenta para los cazadores que salen de caza tan tarde. Arlissa fue a pedir sin preguntar, pues además de que él siempre pedía lo mismo, tenía más que claro que podían echarlos de allí si era él el que iba a hacer el pedido. No, no era porque se fuera a pelear con el pobre chico que sólo atendía los pedidos, sino porque lo más probable es que cuestionara cada uno de sus movimientos. Incluso podría ofrecerse a entrar él para terminar más rápido, pues si una cosa odiaba el chico era esperar. Puede que fuera simplemente porque odiaba hablar con extraños, o porque odiaba en general hablar con otra persona que no fuera su parabatai, pero siempre prefería que ella fuera la portavoz. Mientras ella hacía el pedido, él esperó en una de las mesas más alejadas del lugar, esperando estar en tranquilidad mientras comía. Ella llegó después de siete eternos minutos, minutos en los cuales recibía la mirada de desaprobación del chico que estaba tomando su pedido. ¿Estaba considerando una falta de respeto que estuviera ahí sentado mientras ella se encargaba de todo? ¿Incluso de cargar las pesadas bandejas con comida que él había pedido, casi en la mayor parte? Por supuesto aquel chico poco sabía de las capacidades de su parabatai; ella podría lanzarlo al suelo con el dedo meñique y mientras estar tomando su chocolate caliente, todo aquello sin pestañear—. Estoy harto de que siempre me miren como si fuera un gordo —dijo al recibir la comida, por las evidentes miradas que le lanzaban los pocos trabajadores que cubrían el turno de noche—. ¿En esta ciudad no comen? Con razón son tan bajitos… —se quejó, y luego miró la comida de su parabatai—. Míralos bien, te quedarás como esos mundanos enanos y sin cuerpo como sigas comiendo así. —Se comió la hamburguesa más pequeña de un solo bocado, luego pasó a comerse el danonino de fresa. No tenía mucho orden a la hora de comer; para él no era primero comida y luego postre, sino comida, comida, comida y más comida. Necesitaba energía después de haberla gastado en aquellos demonios, pero ellos no lo entenderían. Arlissa habló de trabajo justo cuando su parabatai había empezado a devorar su hamburguesa de pollo—. No me hables del trabajo mientras como, ¿no has escuchado eso de que cuando se come no se molesta ni al perro? —bromeó, puesto que claramente no iba a perder el apetito por más que hablara de lo más repugnante que se lo ocurriera. ¿Cuándo perdía él el apetito? Aisak se encogió de hombros—. Podemos volver luego y rastrear la zona, pero antes come algo, necesitas reponer la energía que has gastado —dijo, señalando al croissant de jamón y queso que aún no había tocado. En ocasiones creía que la muchacha sólo comía porque era consciente de que podía pasarle factura no hacerlo en medio de una pelea. Sabía que si eso ocurría, él mismo estaría en peligro al ser su parabatai, y por eso terminaba accediendo a tener alguna que otra comida al día. No las suficientes, para el gusto del moreno. A pesar de que Aisak podía fijarse en los detalles más insignificantes, también era capaz de adentrarse en una burbuja de la que era muy difícil sacarle. En esas ocasiones sólo prestaba atención a Arlissa, y todo lo demás desaparecía a su alrededor. Por eso no se dio cuenta de la presencia de dos chicas en la mesa de al lado. Eran jóvenes y parecían haber salido de fiesta o estar en ella, reponiendo las fuerzas gastadas al bailar durante toda la noche. Si no fuera por la mirada de desaprobación de su parabatai, Aisak no se habría dado cuenta de que lo miraban a él. Sabía por qué, no era imbécil. Nunca había sido modesto, tampoco egocéntrico, pero se gustaba cuando se veía en el espejo, y eso jamás lo iba a negar. Los penetrantes ojos de Arlissa fueron rápidos al fulminar a las muchachas, pero ellas poco caso hacían al respecto—. Aburrido —susurró. Se vio en la obligación de parar de comer y ladeó la cabeza para mirarlas—. ¿Verdad que soy guapo? —preguntó. Las jóvenes enmudecieron de repente, pero luego de una risilla tonta asintieron sin dudar—. Eso mismo me aseguró el demonio que maté hace unas horas, aunque… no estoy del todo seguro, había una palabra que no supe reconocer. Por otro lado también las hadas halagan mi físico, pero uno no se puede fiar de esas criaturas, hay que tener mucho cuidado cuando se trata con ellas. —Mientras él iba hablando, las caras de las muchachas se iban convirtiendo en todo un poema, y a pesar de las miradas de su parabatai, él siguió. Una de las chicas se puso pálida, la otra se apartó un poco, intentando aumentar la distancia que le separaba del que ahora creía un psicópata—. De todos modos estoy con mi novia —dijo, señalando a Arlissa—. Así que tiendo a ser un poco cortante con la gente que intenta estúpidamente llamar mi atención. —Todo lo que dijo, de principio a fin, lo hizo esbozando una sonrisa que había parecido real por unos segundos. Luego borró todo atisbo de aquella expresión, volviendo su rostro a su parabatai y a su comida—. Come —dijo, descubriendo que su comida aún estaba intacta. Las jóvenes cambiaron de mesa, entre asustadas y enfadadas por haber sido tratadas de aquel modo. Evidentemente ellas creían que él les había gastado una broma pesada con el único objetivo de frenar aquella situación y los celos de su ‘’novia’’. El muchacho terminó de devorar la hamburguesa—. Por estas cosas prefiero llevar glamour —se quejó—. ¿Los mundanos siempre son tan aburridos?
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Re: Cena nocturna (Aisak LaCroix)

Mensaje— por Arlissa R. NIghtgale el Lun Mar 12, 2018 2:46 am

Me era imposible no comparar Nueva York con mi hogar e Idris, entre tantos viajes no podía considerar que Gales e Idris estuvieran al mismo nivel. Compartían ese nivel de vegetación que me hacía sentir libre, a diferencia de la ciudad en la que nos encontráramos que era todo edificios. La primera vez que estuve allí me abrumó la ciudad, no era lo mismo viajar por un corto periodo de tiempo a decidir pasar un tiempo indefinido en ella y eso me pasó. Dejé todas mis cosas en mi dormitorio en mi primer día, intenté colocar cada cosa de manera minuciosamente para perder el tiempo, evitando con todas mis fuerzas mirar por la ventana. Sabía que enfrente de mi habitación se encontraba la habitación de Aisak, más de una vez miré hacia allí como si fuera a salvarme de este pequeño infierno. No es que necesitara que me salvaran, pero todo se volvía más suave cuando ese chico estaba a mi lado, sentía que podía soportar todo cuando estaba conmigo. Cuando coloqué todo y vi que no podía nada más que hacer fui a la habitación de Aisak, encontrando que el chico no había sacado absolutamente nada y que tampoco estaba en la habitación. Coloqué todas sus cosas, era una oportunidad y tardé aun menos que cuando preparé mi habitación, como en ese tiempo mi parabatai no había llegado decidí salir a la ciudad. Por mucho que me disgustara, ese era mi nuevo hogar y tenía que acostumbrarme. Terminé por hacerme con la ciudad, como si hubiera vivido ahí toda una vida, aunque claro, nunca sería lo mismo que mi país natal.

Durante el viaje podía notar el estado de animo de Aisak, estaba claro que quería entrar en materia cuanto antes. Él se había adaptado mejor al cambio de ciudad, al fin y al cabo, todo parecía aburrirle, excepto cuando entrenaba o cazaba. Que mi parabatai tuviera esa actitud en parte era agradable, se dejaba llevar por la situación y da igual donde se encontraba, por otro lado me daban ganas de darle una patada en la boca por ser demasiado desquiciante. Lo quería, pero a veces hasta me sacaba de mis casillas y eso que era la persona que mejor le entendía, pero claro, yo también me gastaba mi carácter aunque mantuviera una relación cordial con todos. Alguno de los dos tenía que ser el diplomático. Justo al llegar a la parada donde nos teníamos que bajar, vi como el chico bostezaba. Ante eso, le di un pequeño toque en el brazo antes de levantarme y salir. Encontramos a un grupo de licántropos, seguimos sus indicaciones hasta encontrar a los demonios que los habían atacado. Los matamos a todos, luchar juntos era como respirar, en realidad, estar juntos era como respirar. Nos movíamos de tal manera que era como si estuviéramos unidos por cables invisibles, él hacía un movimiento y yo realizaba el complementario. Era algo parecido a eso o por lo menos esas son las comparativas que siempre había escuchado y que yo no podía desmentir porque realmente, en parte, sentía que tenían razón. Todos sabían como era la unión de parabatai, algo que nadie podía imaginar a no ser que lo experimentes. Tras terminar con todos los demonios volvieron junto a los hombres lobos y les informamos, en realidad les informé yo mientras que Aisak se quejaba de que tenía hambre.

Caminamos hasta el Burger King 24 horas, tenía que admitir que eso era lo bueno de Nueva York, siempre encontraríamos algún lugar abierto en el cual comer y si buscabas algo más, algún sitio donde podrías encontrar ropa. Dejé que mi parabatai se sentara en una mesa alejadas de todas, como si quisiéramos escondernos, de por si ya llamábamos la atención daba igual donde nos sentáramos. Fui a la caja y pedí todo lo que el chico iba a terminarse por si solo, pasaron siete minutos antes de que me diera todo lo que había pedido. Coloqué su bandeja delante de él, al mismo tiempo que me sentaba enfrente de él. Enarqué una ceja al escuchar lo que decía, aunque terminé sonriendo.
-Eres un glotón, te guste o no. -le recordé. Mis padres tuvieron que gastarme más dinero de lo normal en comida cuando Aisak se mudó con nosotros, no les molestó en absoluto, solo les sorprendió que un niño de diez años comiera tanto. Sin embargo, les parecido adorable, incluso de vez en cuando quería ver hasta que punto el chico podía comer. Miré alrededor, observando como los trabajadores le dedicaban algunas miradas de sorpresa a Aisak. -No son tan bajos, pero el problema es que muy pocos son capaces de alcanzar tu metro noventa y tres. -yo tan solo medía 1,68 de altura, a duras penas le llegaba al hombro. -Sin contar que no soy tan baja, soy de estatura media. -decía esto mientras se metía entera la hamburguesa en la boca. Si la cantidad había sorprendido, pude notar como la gente se sorprendía por su manera de comer. Tendría que buscar alguna hamburgueseria decente, alguna que fuera un reto para el joven. Lo siguiente fue coger el postre, le daba igual el orden en el que la gente normal comía, a él le gusta comer, punto. Todo acabaría en el estómago, así que le daba igual. Le informé de los diablillos, él ya lo sabía, aun así se lo dije y me mandó a callar, suspiré silenciosamente antes sus palabras pero volví a terminar sonriendo. -Siempre has sido un perro al que me gusta molestar. -me confirmó que después volveríamos, pero que antes que comiera. No dije nada y le di un sorbo al chocolate caliente que sentó bastante bien a mi estómago. Para ser comida de un local de comida rápida estaba bastante decente. Era raro que me gustara algo, porque era, como me habían definido más de una vez, rara para comer.

A veces no me daba cuenta de las cosas, pero por otro lado me podía dar cuenta de todo, absolutamente todo y era a veces muy molesto. Es cierto que en parte yo misma lo había decidido así a la hora de grabarme las runas de memoria en la nuca y parte de arriba de la espalda. Podía recitar muchas cosas de memoria, y después recordar el mínimo detalle, si supiera dibujar podría hacerlo. Por eso mimo me percaté de las dos chicas se sentaron cerca de nosotros, iban arregladas de fiesta, eran guapas con largas melenas cada una pero diferentes, una era rubia y otra morena, parecían seguras de si misma en un sentido totalmente diferente a la seguridad que yo sentía. Sus sonrisas eran seguras, una seguridad que resultaba atractiva a los ojos de cualquiera, incluso de los míos. No pude evitar compararme de alguna manera con ellas. Es cierto que tenía unos ojos que solían dejar sin habla, pero mi cuerpo era el de una guerrera. Era delgada, con sus curvas, pero las piernas y mis brazos estaban preparados para derribar puertas. No se trataba de pensar que tenían mejores cuerpo que yo, pero sin duda las veía más femeninas, tan solo por actitud. También compartía una melena, la mía era castaña clara atada fuertemente en una trenza desde la raíz, algo cómodo y práctico para luchar. Cada movimiento que hacían era para llamar la atención de Aisak, las entendía. Era un chico alto, muy alto, cuerpo robusto y que con el traje de combate quedaba claro que debajo de todo aquello había un cuerpo musculoso. Tenía una mandíbula cuadrada que después se iba afinando hacia la barbilla, labios carnosos pero finos, su nariz era pequeña pero no desencajaba para nada con su rostro. Cejas cortas y largas pestañas, y con lo peculiar era esa forma de ojos rasgados guardando unos ojos de iris castaño. Sin duda mi parabatai no era alguien feo, entre eso y su tamaño, llamaba la atención de cualquiera por algunos de los dos motivos. Por eso no me gustaba, no me gustaba que miraran a Aisak con tanto descaro. Era tan molesto, siempre sentía un malestar en el estómago, como si lo oprimieran con fuerza. Sintiendo eso tenía el impulso de esconderlo, sacarlo de allí para que no lo miraran más. El sentimiento que movía todos esos impulsos y ganas era el de propiedad, sentía que Aisak era mío. No quería llegar a comprender del todo por qué, pero sentía miedo cada vez que sentía esa angustia. Aparté las vistas de las chicas al escuchar el susurro del chico. Le miré sin comprender hasta que miró a las chicas y yo me puse en completa tensión. Me quedé expectante ante la situación que estaba pasando delante de mí, las chicas se rieron como bobas al principio pero todo eso desapareció cuando Aisak dijo que los demonios les habían hablado asegurándole lo mismo, a parte de también mencionar a las hadas, que les suele gustar las cosas bellas. Yo me mordí el labio, una parte de lo que decía era verdad, la otra no, pero sabía lo que estaba haciendo. Los mundanos normales y sobre todo aquellos que no tenían la visión no se creían esa clase de cosas, así que, a mí, ante esa situación, solo me quedaba morderme el labio para no soltar una carcajada. Las chicas se estaban alejando todo lo que les permitía su mesa antes las “locuras” que el moreno les decía. Por otra parte, intentaba decirle con la mirada que dejara de decir nada más, por mucho que disfrutara, uno de los dos tenía que ser el cuerdo la mayoría de las veces. Después le escuché decirme novia, eso me paralizado y creo un nudo en mi garganta, haciendo que clavara la mirada en él. El corazón me latió a gran velocidad, introduciéndose en mis oídos. Ante esa idea que tan fácil le salió al joven, guardé todo lo que sentía, todas esas ideas detrás de un muro impidiendo que el chico se diera cuenta cuando volvió su mirada hacia mi persona. Me ordenó a comer porque mi comida sigue intacta, bajé la mirada y en parte perdí el apetito. Tenía la sensación de que no pasaría de la garganta, pero a no ser que quisiera ver irritado al chico tendría que obedecer. Intenté recordar cuando comí la última vez y creo que solo comí a media mañana y desayuné, después nada. Le di un mordisco al croissant, concentrándome en el sabor del queso y el jamón, que todavía estaba caliente. Intercalaba mordidas con el chocolate caliente, estaba tardando más de la cuenta en comer precisamente por el nudo que se formó en la garganta.
-Tu siempre quieres llevarlo, incluso con los demás cazadores. -le recordé. -Deberías… -me quedé en silencio por un momento. había tenido esta conversación tantas veces con él. -Ya sabes lo que quiero decir, abrirte a otras personas. Me encanta que estés conmigo, pero seguramente algún día tendrás otras necesidades. Tener un amigo chico, conseguirte a una novia… -lo último se me atragantó. Pondría las mejores de las sonrisas ante esa posibilidad, me costaba imaginarme compartir a mi parabatai con alguien más pero era parte de la vida, él conocería a alguna chica, se enamorarían y después vendría la vida. Protegería su felicidad, eso es lo que tenía que hacer, era mi trabajo. -Los mundanos no es que sean aburridos, no tienen nada de que preocuparse. -di otro mordisco al croissant. -Sencillamente nacen, son criados, estudian, trabajan, forman familias y mueren. Su única preocupación el resto de mundanos, mientras que nosotros tenemos que preocuparnos de lo que ignoran. A veces me pregunto como sería nuestra vida su fuéramos sencillamente mundanos, aunque, después pienso que sería aburrido. -todo lo que le había dicho era verdad. A veces pensaba como sería no ser una nefilim, como sería mi vida sin conocer a los demonios, como sería mi relación con Aisak, con mis padres y esa clase de cosas. Rápidamente, me daba cuenta que esa rutina me aburriría, pero claro, era porque conocía esta vida. -Sé que no te gusta que hable de este tema, pero tienes muchas oportunidades. -le aseguré. -Sophie, la mujer lobo, te mira con ojitos desde hace tiempo. -le informé. Habían muchas más, pero podía decir que era una buena chica, guapa y con un carácter lo suficientemente fuerte para llevar una personalidad como la de mi parabatai.
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Re: Cena nocturna (Aisak LaCroix)

Mensaje— por Aisak Keidan LaCroix el Miér Mar 21, 2018 1:03 am

No aguantaba a los mundanos, y eso que con su trabajo lo que conseguía era protegerlos, pero no podía con la actitud de la gran mayoría de ellos. Que fueran despreocupados no era el mayor problema, pues sabía que ignoraban gran parte de las cosas que realmente ocurrían incluso frente a sus ojos. No era culpa de ellos, o no del todo; preferían vivir la versión fácil de la vida, y lejos de culparlos los envidiaba. Él no podría hacerlo, simplemente sería incapaz de cerrar los ojos a sabiendas de que hay algo más que no ve sólo porque no quiere verlo. Ser incapaz de proteger a los suyos, de considerar el peligro que los rodeaba, sencillamente sentía escalofríos al pensar que sería tan débil. Sin embargo aquella no era la cuestión que incomodaba a Aisak lo suficiente como para estar clavando la mirada en los mundanos que hacían su vida normal en el metro de Nueva York, nada más lejos de la realidad. Lo cierto era que los consideraba torpes y egoístas, y él de egoísmo sabía mucho, pero cada día se sacrificaba por un ideal que sus padres le habían inculcado de pequeño, y tenía clara su lista de preferencias en la vida. Por encima de él únicamente se encontraba Arlissa, que en aquella ocasión lo acompañaba, como era habitual. Por lo demás ni siquiera él mismo podría asegurar que era un santo, pero no llegaba al nivel de los mundanos. Ellos ni siquiera se preocupaban por el entorno en el que vivían, y en su opinión empeoraban el mundo de manera notable. Aquella opinión no era aceptada por la mayoría de cazadores, y procuraba mantenerla en secreto antes de captar la atención de la manera errónea, sin embargo, en pocas ocasiones se había encontrado con un mundano inteligente.

Salir del metro fue una liberación para el joven, que había nacido preparado para combatir cualquier cosa que se le pusiera por delante. Su estilo a la hora de ‘’cazar’’ variaba dependiendo de la compañía. Las pocas veces que iba solo se mostraba mucho más arriesgado, pareciendo casi un kamikaze. Le gustaba experimentar, por ello terminaba haciéndolo incluso en el peor momento del día, frente a un demonio o un subterráneo rebelde. Quizás ese era el motivo por el que Arlissa siempre iba con él; no sólo porque era su parabatai, no sólo porque era parte de sí mismo desde hacía tantísimo tiempo, sino porque ella sabía que él se controlaba mejor cuando estaban juntos. También estaba el hecho de que procuraba no tener contacto con los demás. Sí, era un chico un tanto complicado cuando lo conoces por primera vez, de pocas palabras y expresión seria, ¿o era aburrimiento lo que había en su mirada? Nunca había conocido a nadie que le resultara interesante, nadie más que Arlissa conseguía sacarlo de su burbuja y hacer que malgastar saliva no fuera una pérdida de tiempo en absoluto. En parte se había acostumbrado a ello desde pequeño, y resultó luego una costumbre el hablar únicamente cuando ella estaba cerca. Por supuesto que no tenía fobia social, no era eso ni mucho menos; él podía hablar, podía desenvolverse con facilidad en sitios desconocidos y no era tímido, pero sabía que si hablaba lo suficiente terminaría desquiciando al santo más paciente de todos. Y hablando de paciencia, ¿desde cuándo tenía él de eso? Sería todo un espectáculo si comenzaba una conversación con alguien que consiguiera ponerlo de los nervios, pero no un espectáculo pacífico exactamente.

Los interminables siete minutos que esperó por su parabatai en una mesa desgastada del Burger King más grande de Nueva York, fueron suficientes como para corroborar su falta de paciencia. Jugó a trazar formas indefinidas sobre la superficie de la mesa, pensó en formas de acelerar el proceso para que estuviera su comida lo antes posible y miró la pose segura pero relajada al mismo tiempo de Arlissa, que esperaba mientras mantenía ese gesto inalcanzable para la gran mayoría. Ella no lo sabía, pero era la persona más hermosa que Aisak había visto en su vida. Segundos después llegó con la comida y el muchacho resopló al verla—. La ciudad que nunca duerme y que no come lo suficiente, parece ser. — Cogió su bandeja, repleta de comida en comparación a la que tenía la chica delante. Todo lo que ella no comía lo devoraba Aisak, que tenía serias discusiones con ella de vez en cuando por su pobre forma de alimentarse. No, no estaba obsesionado con la comida, pero de algún lugar tenía que sacar energías—. Tú no serás baja, pero ellos sí. Y no es culpa mía ser tan alto, tus padres me alimentaron bien, supongo — comentó, encogiéndose de hombros mientras comenzaba a comer. Los padres de Arlissa eran como tíos para él, y diría padres de no ser porque sentía una presión en el pecho cada vez que creía que alguien podría reemplazarlos. De pequeño se obligó a no llamar a nadie ‘’papá’’ o ‘’mamá’’ de nuevo, y desde entonces aquella palabra no había vuelto a salir de su boca. Estaba sumamente agradecido con el matrimonio Nightgale, ya que jamás lo obligaron a hacer nada que no quisiera hacer. De haber terminado en otra familia a saber qué habría ocurrido. La sonrisa de su parabatai lo cautivó por unos segundos, segundos en los que terminaba con el primer postre que había escogido, luego arrugó la nariz esbozando una mueca algo graciosa—. Por lo menos soy un perro, me gustan los animales más que las personas — comentó, con total sinceridad. Observó cómo tomaba el primer sorbo de su chocolate caliente. La muchacha era extraña a la hora de comer, pero se había acostumbrado a sus preferencias a lo largo de los años. De todos modos, si algo no le gustaba terminaría entrando en el estómago del chico; de pequeños solían hacerlo así cuando los padres de Arlissa la regañaban por no comer ciertos alimentos.

Siguió comiendo a pesar de que entraron dos muchachas más al local, y siguió haciéndolo incluso después, cuando las mismas clavaron sus miradas en él, devorándolo de aquella manera tan particular. A Aisak no le importó en un primer momento, pero descubrió a su parabatai mirándolas de forma fija y pensativa. Eso no le gustó, pues sentía que se comparaba con ellas de una manera absurda y totalmente injusta. Arlissa no era una chica normal y corriente, y eso era precisamente lo que le gustaba de ella. Desde el principio había tenido una llama interna que llamó la atención del chico, y no se equivocó al escogerla como compañera, como su única amiga y parte de sí mismo. No le importaba cómo pensara ella de sí misma, para él, era la mujer más hermosa con gran diferencia. Por otro lado, su físico no era algo que usara para ganar ventaja, pero sabía que lo poseía. ¿Qué podía decir? Se quería a sí mismo cuando se veía en el espejo, y nunca se había quejado de su cuerpo o su rostro. Sin embargo, él sabía que no podía usar su cara bonita para acabar con todos los demonios, ni podía utilizar su cuerpo para que los demás lo dejaran actuar de cualquier manera y sin consecuencias. El físico no era algo útil para él, y no le importaba y jamás le había importado poseerlo o perderlo. Tenía un sinfín de cicatrices por el cuerpo, algunas más ocultas que otras; él era una máquina de guerra, usada y planeada para matar demonios, lo demás poco le importaba. Pero ahí estaban las muchachas, clavando sus miradas en él a la espera de ganar algo de atención; ¿ni siquiera se habían dado cuenta de que estaba ocupado? ¿No se habían percatado de que prefería mil veces mirar su refresco de un litro antes que hablar con ellas? Intentó ignorarlas durante el tiempo suficiente, hasta que su paciencia — limitada, muy limitada — se acabó. Arlissa parecía disfrutar de sus respuestas, aunque intentó poner orden en algún momento para ser la cabeza responsable del grupo. La táctica del cazador era sencilla, y la había utilizado en otras ocasiones. ¿Qué mundano que no tuviera la visión se creería todas las locuras que estaba soltando el muchacho? Ninguno, lo sabía de primera mano, y más cuando se trataba de chicas jóvenes que todo lo que buscaban era conquistar a un hombre guapo. Como había esperado, las muchachas se alejaron lo máximo posible, y terminaron cambiando de mesa en cuanto pasaron unos segundos más. Podía ver el rencor en sus miradas; probablemente no sabían qué pensar, si estaba loco o si había estado riéndose de ellas para favorecer a su supuesta novia. No le importaba, pero sí le molestaba tener que utilizar esos recursos para ignorar a los mundanos.

Escuchó sus palabras y se encogió de hombros. Tenía razón, no podía responder de otra manera a su acusación. Él no era el más sociable, no iba a fingir algo que no era. Seguía comiendo cuando la conversación tomó un rumbo que no le gustaba, no le gustaba en absoluto. Habían tenido aquella conversación en incontables ocasiones, todas ellas finalizadas de manera rotunda por el muchacho, ¿por qué no se cansaba? ¿Por qué le resultaba tan fácil apartarlo de su lado? En ocasiones llegaba a sentirse un estorbo en su vida. Era su parabatai, sí, sabía que lo quería, pero no sabía hasta qué punto estaba siendo un lastre para ella. ¿Era por eso que siempre le pedía que buscara otros amigos, incluso una novia? Casi pudo sentir un escalofrío cuando pensó en ello. Aisak era una persona posesiva y egoísta, no podía abandonar a su mejor amiga, puesto que para él ella era mucho más que eso—. No tengo ninguna necesidad salvo comer y cazar. Vamos, Arlissa, estoy bien así, no necesito amigos ni nada por el estilo. Vivo mi vida como quiero vivirla, ni más ni menos — respondió, evitando tocar el tema de tener una pareja. Como si para él fuera fácil; quizás, una parte de sí mismo, odiaba la idea de que ella consiguiera otro amigo, o peor, un novio. Mientras finalizaba el refresco de un litro, asintió a las palabras de la castaña—. Sería muy aburrido. No envidio lo que tienen, ni siquiera envidio lo que son. Sus vidas son insulsas y monótonas… a veces todos me pareces iguales — confesó, aunque sabía que no era así. Eran diferentes unos de los otros, tenían comportamientos distintos y personalidades contrarias, pero para él eso no tenía importancia. Lo siguiente que dijo le pilló desprevenido, por lo que casi se sorprendió. Abrió un poco más de la cuenta los ojos y los posó sobre su parabatai, luego frunció el ceño—. ¿Es una indirecta? — preguntó—. Me siento como el amigo pesado que es echado de un lugar con delicadeza y no se da cuenta hasta el día siguiente, ¿soy molesto de alguna manera contigo? ¿Tanto te disgusto? — Su voz sonaba seria, casi afligida. Cuando pasaron unos segundos esbozó una sonrisa, guiñándole un ojo a su mejor amiga. Había sido una broma, por supuesto que sí, él sabía que ella no lo odiaba y mucho menos deseaba apartarlo de su lado. Simplemente sentía que sus sentimientos eran más intensos que los de ella, que no sentía lo que él sentía—. Deja de hablarme de Sophie o de cualquier otra mujer, no pienso salir con nadie. Voy a quedarme a tu lado el resto de mi vida para que sufras mi compañía a diario. — Aunque pretendía que fuera una amenaza, en su interior lo sintió como un deseo, una promesa. Recordaba haberle prometido de pequeño que se casaría con ella, justo antes de que ella respondiera dándole con un palo en la cabeza. Puede que para otro aquello fuera suficiente para entender un rechazo, pero no para alguien como él—. Por cierto — murmuró, carraspeando. Inmediatamente su rostro se convirtió en uno más serio, y dejó la comida a un lado para clavar su mirada en los ojos de su compañera. Algo muy grave tenía que ser como para que Aisak dejara la comida a un lado—. Dime que estoy sordo, que estoy perdiendo la cabeza y que no fuiste a casa de Pierre hace un par de noches — pidió—. Lo escuché de alguien que conoce muy bien a Pierre, pero supongo que se equivocó de persona, ¿verdad? — Esperó que así fuera, pero su rostro le dijo lo contrario. Arlissa no podía mentirle, nunca había podido.  


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Re: Cena nocturna (Aisak LaCroix)

Mensaje— por Arlissa R. NIghtgale el Vie Mar 23, 2018 1:02 am

No necesitaba un mapa para saber lo que pensaba Aisak al entrar en el metro. Sus pensamientos hacia los mundanos eran claros, y en parte sabría que cambiaría si conocía alguno, no todas las personas eran iguales y él lo sabía. Sin embargo, el único problema que existía entre mi parabatai y el resto del mundo es que los veía como una cosa aparte, algo sin importancia. Protegería a todo aquel que lo necesitase, pero él siempre estando al otro lado de la línea. Yo mantenía esa diferencia dependiendo del mundano o subterráneo, no es que creyera que por ser una cazadora de sombras veía el mundo de la manera correcta, pero si es cierto que veía más verdad que el resto de los habitantes sin visión, al igual que el resto de mis compañeros nefilim. Sin duda, yo era la más tolerante, por decirlo de alguna manera, de los dos. Tuve que serlo desde aquella batalla en Alacante. El Aisak risueño desapareció desde ese día y en parte yo me sentía culpable. La única vez que intente hablarle sobre el tema, antes de hacernos parabatai me interrumpió diciendo que no importaba nada de eso, que a partir de ahora estaríamos juntos como compañeros guerreros. No pude decirle más, pero siempre me sentiría culpable por lo que pasó. La culpabilidad no se centraba en creer que sus padres habían muerto por mi culpa, porque no era así. Los había matado un demonio, no éxitos nada que pudiera cambiar eso. No obstante, lo que sentí en aquel momento si podían ser en parte reprochables. Sus padres siempre fueron buenos conmigo, no exageraba al decir que eran como mis padres y al verlos muriendo delante de nuestras narices lo único que se me pasó por la cabeza fue la posibilidad de que Aisak estuviera entre ellos. Entre en pánico cuando el niño estuvo dispuesto a morir ese día, porque yo tan solo pensaba: él no. Era una egoísta, por eso me sentía culpable porque incluso ahora, con todo lo que sé y mis habilidades, lo volvería hacer. Dejaría que los padres de Aisak murieran una y otra vez si eso significaba que él estuviera a salvo. Intenté decírselo antes de la ceremonia parabatai, tenía que saber con qué clase de persona se quería unir pero no me dejo y yo tampoco insistí, ganó mi miedo a que se alejara de mí. Por esta clase de cosas, existía una separación entre los mundanos y los cazadores, no pensaba que era incruzable pero bien era cierto que muy pocos podrían comprender nuestras vidas. ¿Quién de los mundanos podría decir: me alegro que hubieran sido tus padres y no tú el muerto? 

Al bajar del metro nos pusimos manos a la obra. Realizamos nuestro trabajo con precisión, sin preguntas, adaptándonos a la perfección a la situación. Eran unos pocos diablillos que matamos en pocos parpadeos, ambos sabíamos que esa clase de demonios formaban grandes enjambres. Lo que significaba que tendríamos que buscar el nido y acabar con todos ellos, ingeniárnosla siendo nosotros dos nada más. Seguramente en alguna parte del plan, el cual todavía no teníamos hecho, implicaría entrar armando jaleo para después realizar la increíble hazaña de acabar con todos de una vez o algo parecido. Así que para hacer eso teníamos que comer, bueno, Aisak tenía que comer. Necesitaba más energía que yo, sería por su metabolismo o por su tamaño, no estaba segura pero comía por tres personas. Mientras que yo tenía casi que obligarme a comer, teniendo en cuenta que nos los dos nos criamos bajo unas dietas ricas en todo para después quemarlas a la hora de entrenar o en las misiones. Saciar el apetito de mi parabatai a estas horas sería difícil en Gales, por suerte está era la ciudad que no dormía y meterse comida basura serviría hasta el final de la misión y más por la cantidad insana que le acababa de pedir. Sentía la mirada del castaño mientras esperaba el pedido, solo fueron siete minutos y para él fueron eternos, se le notaba, era como si lo escupiera por cada poro. De igual manera sabía que el chico que me atendió se sorprendió por la cantidad más un gesto de desaprobación hacia Aisak, el por qué no sabía muy bien y en parte tampoco me interesaba. 
-Tú comes por varias personas, ni si quiera sé cómo no estás gordo. -le dije burlona. En realidad si sabía porque conservaba ese cuerpo musculoso y delgado. Cuerpo que más de una vez me dejaba sin respiración, cosa que no pensaba admitir. Esa reacción no tenía sentido, estaba más que acostumbrada a esos cuerpos clásicos de nefilim, pero ninguno de ellos era Aisak. -Era alimentarme de esa manera o asaltarías la nevera en plena noche, y aún así lo hacías. -le recordé cuando le pille colándose en la cocina en plena madrugada porque seguía con hambre, desde ese día las raciones aumentaron para el chico. Mis padres estaban acostumbrados a que yo fuera rara para comer. -Te gustan más los demonios que las personas. -le dije con un tono divertido. -A estos puedes matarlos. -le recordé. A mi parabatai cuando era pequeño si se le daba bien las personas, por lo menos no tenía ningún tipo de problema a la hora de relacionarse con otras personas pero también era verdad que con la que pasaba más tiempo era conmigo. A pesar de sus rarezas no tenía problemas a la hora de jugar con otros niños, aunque siempre me estuviera esperando. -En realidad no eres como un perro… Eres más parecido a un gato o un hámster traidor. -no existía ningún gato normal, podían ser extremadamente independientes y que pasen de tu culo, excepto para lo que les interesaba o extremadamente cariñosos o una combinación de ambas según la persona que fuera.

Comencé a tocar la comida que tenía delante, más que nada para que el chico no me dijera nuevamente que comiera, porque el siguiente paso era que me obligaba a comer. En ese momento fue cuando capté las miradas de las mundanas hacia mi castaño. No pude hacer más que mirarlas de manera dura, sin decirles nada con palabras pero diciendo todo con la mirada aunque ellas no se dieran cuenta. Aisak se dio cuenta, salió de su burbuja especial que tenía con la comida y llamó la atención de las chicas. Solo me quedó quedarme mirando y quejarme de vez en cuando, para que no se pasara de la raya, hasta que la situación pudo conmigo. Me mordía el labio evitando reírme, no había nada como decirle la verdad para conseguir espantar a los mundanos. Hasta que dijo que era su novia, ante esa idea la piel se me puso de gallina y sentí un nudo en la boca del estómago por culpa de los nervios. No le di más vueltas al asunto, no quería e inmediatamente saqué un tema que no me gustaba para nada, pero en parte era necesario. Mientras que yo le hablaba el iba comiendo, viendo su desesperación por el tema. No podía negarme lo que le había dicho sobre el glamour. En realidad el tema también me incomodaba porque sabía que algún día Aisak me diría que era feliz con otra persona que no fuera yo.
-Está bien. -suspiré. -Solo lo digo por tu bien, me preocupas y lo sabes. -él a estas alturas debería saber que si faltaba en mi vida se llevaría una parte de mí misma con él. La relación de parabatai no era sencillamente un tatuaje de amistad como he visto en muchos mundanos, sino era algo más profundo. Sentí lo que él sentía, podía cuando no se encontraba bien físicamente y ligeramente su estado de ánimo. Cogía mi fuerza y yo la suya. -Podemos decir que las nuestras también son monótonas, entrenar y cazar, cazar y entrenar. Aunque cada cacería es diferente. -Aiksa tenía en parte razón, una cosa era ir a ese tipo de clases todos los días como adolescentes mundanos a hacer lo que nosotros hacíamos. Teníamos, por así decirlo, una vida más plena pero también más peligrosa. Cuando mencioné a Sophie fue como un poco meter el dedo en la yaga, no podía hacer nada con eso. Tenía que conseguir que fuera feliz, aunque fuera otra persona. Puse los ojos en blanco con su comentario, sonriéndole, de manera inevitable cuando él lo hizo. Cada vez que lo hacía era como si se me parara el mundo. -Nunca podría echarte de mi vida Aisak. -le dije con una sonrisa sincera, sin poder controlarla. -Está bien, dejo de hablarte de Sophie, pero no es la única que te echa un buen ojo cada vez que estás a su lado. -reí al escuchar su promesa y lo deseé, pero no se lo dije. Deseaba eso con todas mis fuerzas. -Acabaremos perdidos en algún lugar de Gales. -reí ante la idea, pero era mucho más. En parte deseaba que aceptara aquella idea, ¿por qué? no quería darle vueltas. Sentía que el chico era mío y listo, a pesar de saber que algún día ya no sería la única en su vida. Desde hace tiempo me he estado preparando para ello.

De pronto apartó la comida, tras llamarme la atención. Le miré extrañada, es raro que Aisak dejara apartada su comida, y más cuando podía hablar y comer al mismo tiempo. Era un don que tenía. Yo seguía comiendo despacio mi cruasán y mi bebida. Mi parabatai estaba serio y en parte me preocupaba, era raro verlo así. Es cierto que en parte estaba acostumbrada pero también es cierto que era raro que yo recibiera esa mirada o que yo fuera la causante. Le devolví la mirada a sus ojos oscuros, que eran la contra parte de los míos. Abrí los ojos de sorpresa cuando mencionó a Pierre, Aisak lo conocía y también sabía que solía ir a visitarle o eso creía. No era algo que ocultara ni mucho menos.
-Sí, fui a verlo. -dije segura pero algo preocupada por el tono que había usado. -¿Qué sucede? Suelo visitarlo de vez en cuando y llevo comida. -era mi amigo, como un hermano mayor para mí. Podía confiar en Aisak, le daría mi vida. Sin embargo, con Pierre era diferente, también le protegería con mi vida, pero era diferente, sencillamente no era lo mismo uno que con el otro. La última vez que fui a ver al brujo era por rutina y porque había peleado con el chico que tenía delante, a parte de sentir preocupación porque llevaba días sin dormir bien. -Aisak… -susurré porque noté que su enfado iba a más.
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Re: Cena nocturna (Aisak LaCroix)

Mensaje— por Aisak Keidan LaCroix el Vie Abr 13, 2018 2:22 am

Recordaba la primera noche que había pasado en Nueva York. Ni siquiera se había acostumbrado al instituto cuando le pidieron que saliera con Arlissa a solucionar algún asunto de menor importancia. Desde que la petición salió de la boca de aquella tosca mujer, comprendió que no sería precisamente un asunto de ‘’menor importancia’’. Las cosas se complicaron aquella noche, pero no fue nada que no pudieran manejar. Estaban acostumbrados a aquella vida, y aunque Gales era mil veces más tranquilo que Nueva York, el ritmo frenético de los americanos no era tan malo como había pensado en un primer momento. Puede que por su personalidad necesitara algo de tranquilidad la mayor parte del tiempo, pero en cuanto la noche reinaba sobre las calles de Nueva York, agradecía profundamente que aquella ciudad albergara la mayor cantidad de subterráneos rebeldes que había visto en su vida. Se podía decir que uno de los pasatiempos del muchacho era ese: sacar de sus casillas a los subterráneos como si fueran insectos que caen en una trampa de veneno. Sabía que aquella afición no era apoyada, ni de lejos, por su parabatai, y por eso procuraba llevarla a cabo cuando ella no estaba alrededor. Eso y no dejarse pegar, pues Arlissa lo sabría de inmediato y lo sentiría en su propia piel. Si pretendía hacerse el ingenioso delante de un par de licántropos, lo haría hasta el punto de escabullirse luego de soltar una bomba que lo hiciera reírse durante todo el camino de vuelta a casa.

Y parecía mentira que estuviera agradeciendo la presencia de subterráneos en su vida, pero de lo contrario sus noches de insomnio serían interminables. Aquello lo había heredado directamente de su padre; aquel odio innato por cualquier criatura que no fuera nefilim o, al menos, humana. Siendo un crío no lo había podido comprender del todo, pero recordaba las palabras claras y concisas de su padre, recordaba el tono de voz que utilizaba cuando se refería a los subterráneos y las maldiciones que pronunciaba cada vez que se encontraba con uno. También recordaba a su madre, que siempre luchó contra esa parte de la personalidad de su marido, algo que no pudo cambiar hasta el final. Aisak se preguntó, en silencio, si aquello formaba parte de una de las tantas tradiciones de los LaCroix. Había escuchado cosas sobre su familia, o sobre aquellos con los que compartía apellido; de ellos se hablaba muy bien o muy mal, siempre rozando los peligrosos extremos que permitían al muchacho dudar sobre si realmente merecía la pena conocerlos algún día. Y no, definitivamente, no la merecía.

Comer se llevó toda la atención del cazador mientras ponía el resto de sus sentidos en su parabatai. Todavía tenían mucho trabajo por delante, pero si no comían algo para recuperar energías, se sentiría ansioso durante toda la noche al respecto del bienestar de la muchacha. Él podía sentir cuándo se encontraba mal, pero estaba seguro de que ni siquiera ella misma se daba cuenta de lo mucho que necesitaba alimentarse. Era una pelea constante, por eso ya no se esforzaba en hablar y directamente actuaba como si fuera él el hambriento, lo cual también era cierto, pero no suponía ninguna novedad—. Tengo un metabolismo prodigioso y un físico insuperable. Todo lo que ves es genética, tendré que quejarme a mis padres por la envidia de los mundanos —dijo entre mordisco y mordisco. Se encogió de hombros al escuchar las palabras de la joven. Tenía razón; cuando por fin comenzó a comer con normalidad después de la muerte de sus padres, la sorpresa que se llevó el matrimonio Nightgale al ver comer al crío fue inmensa. Ya de pequeño comía como un animal, y lo peor es que terminaba quemándolo gracias al entrenamiento, por lo que jamás aumentó demasiado de peso. Más tarde, cuando dio el estirón, comenzaron a bromear argumentando que toda la comida la  había utilizado para crecer a lo alto y que por eso no había dejado nada para hacerlo a lo ancho. También solían culparlo de haber dejado a Arlissa pequeña en comparación, pero lo cierto es que ni siquiera era tan baja—. Eh, lo de saquear la nevera de noche era porque aún me faltaba el postre —se quejó y bromeó al mismo tiempo. El punto de vista de su parabatai con respecto a su visión sobre los mundanos le hizo reír, pero fue así porque no podía tener más razón. Sí, algunos demonios eran tontos hasta el punto de rozar lo insoportable, pero al menos podían morir con facilidad y sin tener que sufrir consecuencias después. Los mundanos tenían que seguir viviendo, de hecho tenía que protegerlos. De pequeño su mentalidad había sido muy diferente, pero con el paso del tiempo se fue convirtiendo en una persona más huraña y menos sociable, y finalmente terminó siendo lo que era hoy en día. No obstante, seguía tolerando mejor a los mundanos que a los subterráneos—. Vale que sea traidor, pero… ¿un hámster? Me siento repentinamente insultado, Arlissa —comentó, acabándose el refresco de un litro que su parabatai le había pedido.

No fue incómodo decir que era su novia, ¿por qué no lo fue? Habían crecido juntos, codo con codo, protegiéndose de cualquier mal que acechara sus vidas; ¿por qué no había sido incómodo entonces? Él lo sabía, aunque jamás lo diría en voz alta lo sabía. Aisak consideraba a Arlissa como suya, y a pesar de que la primera intención del matrimonio Nightgale había sido que fueran como hermanos, aquello había sido misión imposible para el chiquillo. Sabía que pensar en ella como en algo más que su parabatai era cruzar el límite de la cordura, y que su familia adoptiva lo mataría si viera en realidad lo que pensaba de la muchacha. Pero, ¿qué podía hacer él cuando ella se acostaba en su cama cada noche? ¿Cómo podía mantener sus manos lejos del cuerpo de la joven cuando se quedaba dormida a su lado mientras él leía? O hacía el intento de leer, claro, porque su mirada terminaba posándose en el cuerpo de la castaña. Y entonces se sentía sucio, se sentía idiota y un auténtico capullo; y a lo mejor por eso salía cada noche a buscar pelea, a buscar algo que hiciera que su mente estuviera ocupada para eliminar aquellos pensamientos que torturaban la poca cordura que le quedaba. Después de la ceremonia de parabatai, al preguntarse a sí mismo por qué había aceptado, descubrió la verdad. No había sido por todos los motivos que tenía para querer unirse a ella de aquella manera, sino porque lo vio como la manera más fácil de mantenerla a su lado por el resto de su vida. Entonces descubrió sus sentimientos, y desde entonces éstos no habían hecho más que crecer de manera desmesurada—. No tienes que preocuparte por mí, y no necesito a ninguna mujer para guiarme en la vida. Sé que soy un desastre en muchos aspectos, pero me valgo solo y no voy a perder la cabeza por no casarme, ¿está bien? —preguntó, poniendo los ojos en blanco y clavando luego su mirada sobre su parabatai—. De todos modos… sabes cómo es nuestra vida; sabes cómo es nuestro final —le recordó, con un tono profundo y más grave de lo habitual. Los nefilims vivían con una intensidad diferente a la de un mundano, pero morían mucho más pronto que ellos—. Mantener una vida normal es casi imposible para nosotros, imagínate para alguien como yo. —Y es que si ya de por sí era difícil que un buen nefilim viviera hasta ver crecer a sus hijos e incluso a sus nietos, alguien como él no duraría demasiado en esa clase de vida. Desde el momento en el que había aceptado sus sentimientos por Arlissa, al verlo como algo imposible, había decidido que jamás se casaría, que jamás se enamoraría de alguien que no fuera ella, y que jamás se conformaría con alguien que no fuera ella.

No se permitió embobarse con la sonrisa de la única persona que realmente le importaba en su vida, no lo permitió porque se vería como un auténtico idiota si lo hacía. En su lugar le devolvió la sonrisa de la misma forma natural—. Es normal que no sea la única, pero soy un chico exigente y cabezota. —Su sonrisa pasó a ser una un tanto más ególatra, pero luego se echó a reír. Puede que se amara a sí mismo hasta el punto de parecer narcisista, pero tampoco iba a exagerarlo más de la cuenta o resultaría vomitivo—. Me gusta la idea de perdernos por Gales, pero recuerda llevar comida y libros —recordó, los esenciales de su vida.
Su mandíbula se tensó al escuchar la afirmación a sus temores, y cuando cerró los ojos lo hizo para calmar el fuego que crecía en su interior a pasos agigantados. No era sólo que fuera posesivo con Arlissa, sino que había ido a la casa de un brujo, que además era un hombre, a las tantas de la madrugada. La sola idea de pensar que hacía algo semejante conseguía ponerlo de los nervios, y estuvo durante unos segundos con los ojos cerrados y las manos entrelazadas entre sí, como si pretendiera calmarse a sí mismo—. ¿Sueles visitarle de vez en cuando? —repitió indignado, frunciendo el ceño de manera que parecía haber envejecido unos años—. ¿Y ya está? ¿Te parece normal ir a visitarlo sin avisarme? Es un brujo, Arlissa, y además es un hombre, ¿es que te has vuelto loca o es sólo que estás en plena adolescencia mundana y te parece divertido actuar de manera rebelde? —Estaba enfadado, lo estaba y no podía negarlo—. Recuerdo que hace un par de noches discutimos porque me fui sin avisarte y desaparecí durante unas horas, ¿entonces tú me lo pagas yéndote a casa de un maldito brujo a pasar la noche? —El descontrol de sus palabras denotaba el desprecio que sentía por los subterráneos, y aunque procuraba ocultarlo en la medida de lo posible delante de su parabatai, cuando estaba enfadado no era capaz de controlar sus palabras.


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Re: Cena nocturna (Aisak LaCroix)

Mensaje— por Arlissa R. NIghtgale el Lun Abr 16, 2018 3:21 am

Observaba a mi parabatai, sentada tranquilamente enfrente de él. Le había puesto la bandeja de comida delante y yo con la mía, entre pitos y flautas me había recordaba un par de veces que comenzara a comer. Vigilaba cada uno de sus movimientos, la verdad es que fuera de manera innecesaria pero era algo de lo cual yo ya estaba acostumbrada. Seguir con la mirada cada uno de sus movimientos, en un principio lo hacía por pura preocupación. Pensando que en un momento a otro iba a colapsar por la perdida de sus padres. Al principio el chico dejo de comer, con la única que comía era cuando estaba a su lado. Poco a poco, conseguimos que el chico comiera con naturalidad y solo, sin depender de mi presencia. A partir de ahí, le seguía con la mirada. Llegue a un punto que el sentido de seguirle con la mirada cambió, como de costumbre, no quería pensar demasiado en ello. Estaba bien sin pensarlo demasiado, si lo reflexionaba más de la cuenta lo haría más real. Me mordí el labio inferior en un intento de distraerme. Intercambiamos un par de palabras, sobre todo por su habito de comer tanto y su disposición ante el mundo.
-Como si de verdad quisieras quejarte. -puse los ojos en blanco ante su comentario. -Y perdone señor LaCroix, no sabía que le había robado el sitio al ego. Así que, dígame, ¿puedo volver a pedir la atención de Mister Ego en este restaurante terrenal con su parabatai? -él tal vez recordaba esos momentos de manera inocente, pero no se daba cuenta de los sustos que me daba. Primero por no encontrarlo a mí lado, toda clase de cosas se me pasaban por la cabeza y el miedo se apoderaba de mí. Después, el susto de muerte al verle en plena cocina solo iluminada por la luz de la nevera con sus grandes zarpas en su “postre”. Negué con la cabeza con una sonrisa en los labios. -Siempre te faltaba el postre. -la realidad es que el chico se despertaba, rápidamente comenzó a tener cuidado en no despertarme a mí también. Tenía pesadillas con la muerte de sus padres y para ser sincera, yo también tenía pesadillas con esa noche. No tantas como Aisak, pero las tenía. Con las palabras respecto a los animales con los que le comparé hizo que me atragantara con el chocolate, soltando una breve carcajada. -No puedes ofenderte, hámster traidor es un pack, no puede solo quedarte con lo de hámster. -me lamí los labios en un intento de controlar la sonrisa mal disimulada. -Es por tu carácter, no puedes negar que resultas agradable a la vista. -señalé con los ojos a las chicas que seguían en aquella esquina mirándonos de vez en cuando como si estuviéramos locos. -Y después sueltas ácido. Eres como esos hámster adorables a primera vista y cuando vas a tocarlos te arranca medio dedo de un mordisco. -él sabía que tenía razón, no podía negármelo aunque quisiera. Existían muy pocas cosas las cuales podía negármelas, como yo a él.

Saqué el tema de chicas. Eso a Aisak le reventaba el hígado, eso consistía en entablar una relación sana y fuera de sus parámetros que se había montado para alejar a la gente. Como era de esperarse, solo faltaba que se subiera por las paredes. Me aseguraba que no necesitaba ninguna mujer a su lado, ni nada por el estilo. En parte me daban ganas de preguntarle si había estado con alguna chica, pero sabía que no debía. Su respuesta me iba a doler si era afirmativa, y él lo notaría y después no podría explicarlo. No podía imaginarme a Aisak tocando a otra persona y mucho menos de manera íntima, se me revolvía el estómago. Tal vez ahora no había nadie, también era cierto que solo teníamos diecinueve años, pero, las cosas se torcían. Quién podría asegurarme que en esta misma noche apareciera la mujer de sus sueños, esa que le arrancaría el oxígeno del pecho con tal solo mirarla. A lo mejor la conocía esta noche, a lo mejor nunca. Por muy mal que me sentara, tendría que prepararme para esa posibilidad. Mi parabatai era el mejor chico que podría encontrarme, para mis ojos lo era, incluso con sus defectos. No entendía como alguien podría no caer ante sus encantos si él se esmeraba. Lo conseguía sin hacer nada, solo sentándose y comer como un cerdo que nunca ha probado bocado.
-No digo que necesites una mujer para guiarte en la vida, sé que te vales por ti mismo. -le aseguré con un suspiro en los labios. -Pero nunca se sabe a quien te puedes encontrar. -le devolví la mirada y no pude negarle nada. -Pulvis et umbra sumus. -contesté con sencillez. -Donde tú mueras, yo moriré y allí seré enterrado. -recité una parte del juramente parabatai. Di otro trago al chocolate. -Sé perfectamente donde acabaremos. -comenté antes de darle un mordisco a mi comida, ya iba por la mitad. Si dejaba de ser nefilim, se consumiría. Era un guerrero, no podía perder esa esencial, no podía perder su naturaleza. No quería ni imaginarme que pasaría si alguien como nosotros perdiera eso, porque éramos nada más que eso, guerreros. Incluso cuando se convertían en padres, seguían siendo eso, guerreros. Por eso me esforzaba en proteger al chico que tenía delante de mis ojos, aunque yo fuera la culpable. Puse los ojos en blanco al escuchar como su ego salía a pasear de nuevo. -Que no se te suba tanto a la cabeza. -le recordé con un dedo acusador y de advertencia. -Tampoco sabía que tuvieras una lista de requisitos para que las candidatas cumplieran. -le dije socarrona. El tema de cabezota lo sabía de sobra, lo era para cualquier cosa que se le metiera entre ceja y ceja. Le sonreí y moví la cabeza de un lado a otro, como si el chico no tuviera remedio. -Gales siempre será un buen sitio para perderse. -recordé mi tierra natal por un momento. -Ya sé lo que debería llevar, no te preocupes. -por un momento lo consideré como una posibilidad. Irnos los dos de Nueva York y acabar en algún bosque de Gales, sabíamos cazar, el tema de la comida estaría resulto. No habría problema, una vida lejos de todo aquello, sonaba hermoso pero sería de cobardes y rehuir de nuestra obligación.

De pronto, el tema de conversación cambió de manera radical, Aisak me estaba preguntando por Pierre y que acabé en su casa. Le contesté la verdad, rara vez le mentía y en seguida era pillada. No se me daba muy bien actuar. Ante mi respuesta afirmativa vi como su mandíbula se tensaba, un cosquilleo en la runa de mi pecho hizo que alzara una ceja. No necesitaba que nuestra unión me avisara de que su estado de ánimo hubiera cambiado, lo estaba viendo con mis propios ojos. Me moví lentamente, como si me estuviera preparando para una batalla. Esperé pacientemente, sentándome totalmente recta en el respaldo de mi asiento, esperando a que por fin abriera los ojos. Cuando los abrió habló de nuevo, el chico mantenía los dedos entrelazados.
-La noche que discutimos acabé en un bar tomando licor de chocolate con una vampiresa, para después terminar que lidiar con Etham porque nos lo encontramos. -le aclaré pausadamente pero cortante. Me pegaba su enfado, siempre éramos así. La diferencia es que yo era fría, él se alteraba demasiado cuando se dejaba llevar. -Sí, Etham, el licántropo al que le hice una cicatriz en ceja y ojo para defenderte cuando te tenían acorralado. -le recordé. -Solo porque volviste a salir a buscar pelea. -sabía como se ponía, pero no podía mentirle. Sin contar que tenía que aprender por fin para que servíamos. -¿Y qué si es un Brujo? -le pregunté. -Es un chico encantador, que no tiene ningún problema es escucharme cuando necesito hablar con alguien, precisamente porque contigo estoy enfadada. No es la primera vez que le hago una visita, sabes como es así que no sé porque mencionas que es un hombre. Él dio la alarma de que el instituto mundano habían demonios y nosotros fuimos. ¿Y si me quedó en su casa que pasa? -le pregunté. -En algún lado tendré que quedarme para no ahogarte con una almohada cuando te largas sin decirme nada. La diferencia entre mis escapadas y las tuyas, es para que aprendas y porque no quiero verte la cara en ese momento. -le recordé por no se cuantas veces. -Te vas, sé que no puedes dormir, pero te vas sin decir nada y solo para buscar pelea. ¿Crees que no me entero cuando te vas? -le pregunté en voz baja para que él solo me escuchara. -Suelo enterarme la mayoría de las veces, me quedo en mi cuarto esperando a que llegues por fin y poder dormir tranquila. Siempre vestida por si tengo que salir corriendo a buscarte. No sé porque demonios lo haces, porque sé que no me lo quieres decir, tampoco te lo pido. Pero no me hagas quedar como la loca de esta historia, porque no es así. -sabía el odio que le tenía a los subterráneos y no me agradaba, lo veía sin fundamento. Él no tenía nada contra ellos, pero muchas veces había visto a su padre. A él tampoco le gustaban, su madre no tenía problema en tratar con ellos, como los míos, pero el señor LaCroix era otra historia. No sabía porque Aisak prefería quedarse con esa parte de su padre. Siempre que teníamos una discusión de este estilo, terminábamos así. Sin llegar a un punto neutral. Por eso mismo yo era la mediadora a pesar de mi nefasto carácter. -Pierre no te ha hecho nada para que le odies, de hecho lo único que ha hecho es cuidarme como una hermana pequeña. Deberías estarle agradecido por ello, ¿no te parece? ¿Dónde quieres que me quedé cuando discuto contigo? -junté las manos temblando. -Y tampoco ha sido la primera vez que voy a su casa o su trabajo, suelo llevarle comida y pasar la tarde juntos. -le aseguré para que eso no le pillara por sorpresa en otra ocasión. También recordé lo que había pasado con Etham. Era un joven licántropo con la idea de manada muy arraigada, no le culpaba si los consideraba como su familia. Aisak llegó al bar donde estaban, se comportó como era él y causó una pelea. Yo estaba en el instituto cuando sentí un fuerte dolor en la mandíbula, de manera inmediata se me lleno de sangre la boca. Sabía que algo estaba mal. Localicé a Aisak enseguida, y fui a su encuentro. Cuando llegué, estaba acorralado contra la pared, con la boca llena de sangre y el labio partido. Sencillamente me dejé caer desde la azotea, apartando al licántropo de mi parabatai, cuando el chico se acercó use una de mis dagas contra él. Provocándole una herida desde la ceja al ojo, me aseguré de no sacarle el ojo pero si para que le dejara una marca y fue así como el chico acabó con la ceja partida en dos debido a una cicatriz que le llegaba desde ahí, pasaba por el párpado y a la parte superior de su mejilla. No solo se metía él en líos, también me los metía a mí. Me preocupaba, era increíble que me estuviera reclamando cuando yo sentía pánico cada vez que se iba, sabiendo que se iba para buscar pelea. Sencillamente yo me iba para tranquilizarme, tener mi propio espacio después de discutir con la única persona importante en mi vida, hasta el punto de dolerme el pecho reconociéndolo. Era yo la que tenía que aguantarse en el Instituto sin saber si tendría que salir corriendo o esperar a primera hora de la mañana para dormir de nuevo. No tenía el derecho a reclamarme nada. Incluso ahora, viéndolo enfadado conmigo por un motivo tan absurdo como la naturaleza de Pierre. Era hijo de Lilith, y nosotros hijos de Raziel, ninguno había pedido ser lo que era. Estas discusiones con él casi me ponían enferma, sentía un nudo en la garganta y unas ganas terribles de darle de hostias para que se le acabara la tontería de encima. Le preocupaba mi seguridad, otra estupidez, sabía cuidarme perfectamente yo solita y él lo sabía.-Además, ¿cómo quieres que te avise? ¿Si te digo que me voy a ver a Pierre me vas a decir que no intentarás impedirlo? -clavé mis ojos azules en los suyos oscuros. -¿Puedes decirme que no harías nada para impedirlo?
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Re: Cena nocturna (Aisak LaCroix)

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