29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


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Following the bloody rabbit [Roseem E. Gray]

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Following the bloody rabbit
→ Sábado → 22:05 → Callejones  → Frío
A veces todo duele tanto que cuando te clavan un cuchillo en las tripas lo único que te sale hacer en ese momento es sonreír y pedir amablemente que por favor, termine cuanto antes porque tienes cosas más importantes que hacer.

Es curioso porque con la muerte de Thomas no sentí algo así, sino cosas mucho más profundas, más desesperantes y que me hacían herirme a mí misma una y otra vez, sumergiéndome en un pozo tan oscuro, tan profundo, que pensé que no podría volver a salir. Claro que en ese momento estaba completamente sola, sin nadie conocido a mi alrededor, con la familia lejos, sin amistades, sin compañeros, sin nada. Sólo gente desconocida rodeándome e intentando enseñarme cómo integrarme de nuevo, cómo superar una pérdida que llevaba tan profundamente en el alma que pensé que nunca lo superaría.

Ahora no estoy segura de que pueda pasar por encima de esto en algún momento, pero al menos tengo a Emma y a la gente del Praetor, y eso está bien. También tengo a Emily, que vive en la ciudad, que está cerca y de alguna forma que no consigo explicar, siempre consigue sacarme una sonrisa. Aunque la sombra sigue oscureciendo sus bonitos y enormes ojos, hay algo de brillo en ellos al fin. Han sido unos meses espantosos, pero está consiguiendo salir del boquete. Yo voy más despacio, pero la niña me ayuda; lo bueno de todo esto es que no se acordará de Alaric cuando sea mayor, porque es demasiado pequeña para otra cosa. Sin embargo aún hay veces que lo busca con la mirada cuando la puerta del dormitorio se abre, y con ella yo también. Pero nunca es él. Cuando una lleva tanto tiempo en este mundo sabe que cuando alguien desaparece lo más probable es que no regrese. La sola idea hace que el corazón se me fragmente aún más, pero aprendo a sobrellevarlo; el cuchillo está en las tripas, ya se me irá, pero de momento debo vivir con él y continuar existiendo.

En el Praetor, sin embargo, todo el mundo parece mantener conmigo una especie de luto durante algunos meses, y tardaron en darme un nuevo informe para trabajar. Lo agradecí mucho, más de lo que pude expresar, porque necesitaba distraerme, necesitaba dejar de pensar en la herida, en la sensación de abandono y en la desesperanza que me recorría el cuerpo cada vez que me acordaba de él. Lección número dos, Scarlett. No vuelvas a enamorarte de alguien nunca, nunca más. Céntrate en tu hija, en que crezca fuerte, independiente y capaz de sobrellevar estas situaciones mejor que tú, y olvídate de que alguna vez quisiste a alguien más que a ella misma.

Aquella noche había salido como tantas otras a rastrear a alguien que llevaba molestándonos bastante tiempo. Seguramente la gente de la Clave también le estaba siguiendo la pista, pero al parecer habían tenido tanto éxito encontrándola como la gente del Praetor, a pesar de que habíamos conseguido reunir bastante información sobre ella, después de varios meses de asesinatos y crímenes, así que de momento no pensaba detenerme a la hora de dar con ella. Su nombre era Jane, Jane Stevens, y no parecía tener ningún respeto a nada de lo que se alzase a su alrededor que tuviese una mínima relación con las leyes... con la vida humana. Al principio, la teoría que habíamos manejado era la de una vampiresa neonata que había perdido el control de sí misma; sin sire y sin nadie a quien acudir, no le habían enseñado a beber sin llegar a matar. Por eso debíamos de haber dado con ella cuanto antes. Mas esa idea había empezado a perder fuerza conforme pasaban las semanas y los meses, aunque aún no podíamos asegurar nada; pero había algo en sus patrones que empezaba a oler mal...

Por eso me había decidido a perderme por algunos de los callejones más sucios que alguien podría visitar jamás, siguiendo la estela de la última muerte que habíamos registrado. Empezaba a ser insultante que se nos estuviese escapando de entre los dedos con tanta facilidad y tanta frecuencia. Si de verdad se trataba de alguien inexperto, ¿cómo no la habíamos pillado antes? ¿Demasiada suerte? ¿Ayuda? Esperaba descubrirlo cuanto antes...


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Following the bloody rabbit
→ Sábado → 22:05 → Callejones  → Frío
Había escuchado cientos de veces que al ver la muerte de cerca, uno experimenta una especie de revelación cósmica donde el tiempo se detiene y todos los sucesos icónicos de una  perecedera existencia invaden la mente como un torbellino de nostalgia y malestar. La sensación de agónico dolor que causa la muerte pasa a un segundo plano y nada importa mas que ese recuerdo de absoluta importancia, uno que lo significa todo para la existencia de la persona. Pero eso era una idiotez, el lo sabia, no necesitaba vivirlo en carne para comprobarlo. Y sin embargo, allí estaba, a punto de ser brutalmente asesinado por  algo que ni siquiera la prensa amarillista podría llegar a describir con justicia, no había palabras para textualizar lo que sus ojos veían, porque no había explicación lógica para que los sabuesos del infierno se escaparan del inframundo…

Lobos genéticamente alterados, alguna mutación ridícula entre un pastor alemán y un oso polar que había logrado transformarse en la encarnación  misma de la pesadilla de caperucita roja. Ninguno de los vagos conocimientos que el tenia del mundo de las sombras podía explicar la existencia de aquel ser que le había atacado con la rabia brillándole en la mirada, y la sed de sangre vibrando en cada gruñido gutural que emitía. Todo olía a sal, hierro, a la  tierra mezclada con su sangre y a humedad. Había algo que a el le parecía el olor del miedo, si es que este de alguna forma poseyera un aroma, uno tan lacerante y terrible que le había quitado la capacidad de gritar…

Entonces todo pasó a una velocidad increíble frente a sus ojos; otra criatura similar a su asesino surgió de entre las sombras y un gruñido casi humano brotó de sus garganta mientras se abalanzaba sobre el otro lobo, rasgando y mordiendo sin la mas mínima contemplación. Ross se quedó observando la contienda de titanes que surgió a unos metros de el, pero poco después su sistema locomotor reaccionó al pánico y,  valiéndose de una fuerza inexplicable, se incorporó y se echó a correr.

Para esas alturas solo estaba convencido de tres cosas: La primera era que tenia el brazo destrozado e inutilizado, la segunda y mas importante era que si iba a un hospital sin una coartada nunca lograría librarse de la tobillera y probablemente complicaría sus asuntos legales, y la tercera pero no menos importante, era que si no salía volando de allí no iba a seguir encontrando cosas de las que estar seguro. La mano buena le temblaba con fuerza mientras rebuscaba entre sus pantalones y  jamás en su vida se había sentido tan aliviado por escuchar el ruido del motor de su vehículo al encenderse, ni las llantas chirriando contra el asfalto en el momento en que pisó a fondo el acelerador.

No supo por cuanto tiempo estuvo conduciendo, Brooklyn se había convertido en el laberinto del minotauro frente a sus ojos pero a el poco le importaba si con eso conseguía alejarse de los lobos. Finalmente un espasmo involuntario le hizo volver en si y el grito furioso de un motociclista a quien estuvo a punto de llevarse por delante le obligó a detenerse, con el corazón bombardeándole a mil por hora.

Abrió la puerta con dificultad y salió disparado a la acera apoyándose contra el frio metal de un farol, el cual bañaba tenuemente la acera, evaluándose desesperadamente la herida. El aire del deportivo parecía fuego y se había sentido acorralado dentro del vehículo; necesitaba pensar, necesitaba hacer algo, necesitaba que dejara de doler… Percibió el andar de alguien a sus espaldas y procuró quedarse muy quieto, pese a que la sangre le manaba de la herida que, si no hubiese sido por el otro lobo, seguramente hubiese terminado mucho peor. En esos momentos no podia encontrar una solución inmediata, pero asustar de muerte a un transeúnte tampoco parecía una idea demasiado buena.


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→ Sábado → 22:05 → Callejones  → Frío
No había esperado, sin embargo, encontrarme con aquello.

Llevaba ya algún rato patrullando la zona en busca de alguna situación sospechosa, husmeando el ambiente cada poco rato para ver si percibía el aroma de la sangre proveniente de alguno de los callejones que me rodeaban, pero irónicamente parecía que había decidido salir la noche más tranquila del año. Me dejé llevar por mis pies sin pensar muy bien el rumbo, permitiendo que los sonidos, los olores, la vida de la ciudad nocturna me llevase a donde quisiese para alejarme de mi propio sufrimiento. Sentía las ojeras cada vez más pronunciadas en mi rostro, como si en realidad pesasen veinte kilos cada una, y me recordasen a cada pequeño paso con su presión lo desgraciada que me sentía desde hacía meses. ¿Alguien se merecía eso, el abandono? Prefería la muerte. Al menos con el cadáver de Thomas entre mis brazos había sabido que esa etapa de mi vida finalizaba y el motivo, pero ahora... ¿ahora qué me quedaba? Nada. Sólo mil recuerdos, los labios agrietados, los ojos resecos y las mejillas pegajosas por un sufrimiento que asfixiaba.

Entonces lo vi.

Un vehículo maniobró estúpidamente varios metros por delante en la calle para no atropellar a un motorista, y se detuvo de forma brusca, escupiendo casi a su conductor. Mi experiencia con los novatos era bastante extensa después de tantos años sirviendo al Praetor, buscando a gente recién transformada de todo tipo, o incluso niñas brujas que no tenían a nadie que les guiase en su periplo como criaturas mágicas. Por eso, al verle debajo de la luz, como en una escena trágica de una película de bajo presupuesto, no me fue demasiado difícil darme cuenta de que la herida sangrante del joven que estaban en mitad de la calle en plena noche apoyado en una farola mugrienta se la había hecho uno de los nuestros; uno recién transformado, como era habitual entre la gente que terminábamos siendo licántropos. Me recorrió el escalofrío familiar que hormigueaba mi piel al saber que lo que iba a afrontar en ese momento, la negación, la incredulidad, el odio, el rechazo, las ganas de coserle la cara a hostias... Y respiré profundamente mientras aceleraba el paso hacia él. A su lado el coche relucía con colores mortecinos, y sobre su cabeza varias moscas revoloteaban cerca del cristal que protegía la bombilla, estúpidas dándose golpes en el mismo sitio para acercarse a lo que no podían y que, de tener la posibilidad, morirían al sentir el calor en sus diminutos cuerpos.

Un lobo gigante te han mordido— dije cuando estuvimos lo suficientemente cerca con un tono seco, brusco, pero sincero. Era una afirmación, no una pregunta, como una observación más, como si fuese algo tan evidente que cualquiera podría haberlo deducido—. Estás más que jodido por eso, niño. —Me quité el pañuelo que llevaba al cuello y me acerqué para vendarle la herida, esperando encontrarme con la resistencia habitual, de modo que con mi poco tacto habitual, fui directa al grano. Total, si no era en ese momento, me rechazaría más adelante, cuando la negación fuese tan tremenda que no sabría qué hacer con ella—. Ha sido un licántropo, un hombre lobo, y en la próxima luna llena te transformarás, matarás, te alimentarás y quizás hagas lo mismo que te han hecho hoy a ti. Pero si me dejas, puedo ayudarte. Puedo enseñarte a controlarlo, a prepararte, y puedo llevarte a donde pueden curarte bien. Pero tienes que dejarme actuar rápido, tienes que creerme, y sobre todo, tienes que comportarte decentemente y no dar la puta lata. —Le tendí la mano con la misma expresión seria que había mantenido en todo momento—. Dame las llaves de tu coche.


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→ Sábado → 22:05 → Callejones  → Frío
Neutral, tajante y clara. Así había sido la manera en la que la desconocida, inesperada como una Valquiria furiosa cayendo del cielo, decidió darle el veredicto del resto de su vida. Si le hubiese inmovilizado de un puñetazo para vendarle la herida, seguramente Ross se hubiese mostrado igual de sorprendido.

Le pareció tan ridículo, surrealista, que ni siquiera se le ocurrió algo sensato para responderle. Había una seguridad tan absoluta en cada una de sus palabras que el moreno no mostró reticencia al estirar la mano buena y entregarle el juego de llaves. Tal vez todo era una mentira por parte de ella, tal vez pensaba darle el golpe de gracia que el licántropo no había conseguido; El sabia que correr no serviría de nada, lo iba a atrapar y lo iba a matar, o tal vez iba a salvarlo. El pensamiento le resulto gracioso, el, salvado...

Antes, cuando aun no había sido capaz de controlar la furiosa etapa de  adolescencia que tantos problemas  había ocasionado, hizo cosas realmente peligrosas y viscerales que solamente podían ser respaldadas por una idiotez demasiado arraigada o una apatía enfermiza hacia la vida. Todo con el deseo de sentir algo, cualquier cosa, sin importar que tan mala y dolorosa resultara...

Se recordaba a si mismo siendo un boceto mal trabajado de un adulto pecoso de ángulos demasiado suaves para un chico, tendido de cualquier manera sobre un tapete de una habitación apestosa de un Holiday Inn en Brooklyn, envuelto por la emocionante y aterradora bruma de demasiada LSD  recorriendo las venas y los quejidos de alguna muchacha que no conocía de fondo. No le interesaba nada las lineas con apariencia de tiza que tanto enloquecían a sus acompañantes al otro lado de la habitación, un grupo de adolescentes que componía a su inestable grupo de amigos; El llevaba un largo tiempo allí tendido, escuchando letras confusas de los Smith (Porque ningún adolescente depresivo, agresivo y/o suicida podia no escuchar a los Smith) y pensando en que si no volvía a casa en los próximos días, entonces no podría terminar nunca con el ensayo de astrofísica de Madore y Freedman.

Entonces a alguien le había parecido gracioso ponerse a jugar con el estéreo de la habitación y reconoció una canción de Fiebre de sábado por la noche, algo de Yvonne Elliman, If I can’t have you. Quizo protestar por el molesto sonido de la música disco pero el cuerpo no le respondía, un peso muerto le había dejado incapacitado, las paredes a su alrededor transpiraban y se llenaban de extraños puntos "Don't know why I'm surviving every lonely day…” cantaba Yvonne, y a Rossem se le cerraban los párpados con tanta lentitud que fue perfecto, inmaculado, el momento en que la estrofa terminó en sus oídos coincidió con su perdida de conciencia “…When there's got to be no chance for me”.

Lo único que supo es que al día siguiente estaba en una costosa clínica privada, con el estomago lavado y lo que parecía ser los efectos secundarios de su  cerebro puesto al revés. Fue una catastrófica y poco memorable experiencia que se repitió un par de veces mas durante su adolescencia, pero aquella había sido especialmente trascendental; Casi había sufrido una sobredosis escuchando música disco. Eso se prestó a varios chistes luego de que volviera a su rutinaria vida con sus amigos tan imbeciles y destrozados como el “La música disco es peligrosa, letal y por eso debe morir"

El caso era, que incluso ese  recuerdo parecía tener mucho mas sentido de lo que estaba viviendo. Sabia que era real, sabia que estaba sucediendo, sentía la sangre elevandose con cada gota que se deslizaba contra el asfalto y el peso de sus propios ojos muertos y negros. No iba a recibir una especie de lavado estomacal y luego volver a casa con una mirada severa y preocupada de su hermano, no iba a tener segundas oportunidades. Pero ella había aparecido en el momento justo para darle la sentencia de su vida, de la misma manera misericordiosa que Yvonne Elliman le había cantado aquella estrofa en los odios cuando parecía que iba a morir.

Pero esa vez se habia perdido, y lo interesante del caso era que no había hecho nada para provocarlo.

 –Me tienes que estar jodiendo, por supuesto que esto me iba a pasar a mi– atisbó a decir, como un trillón de años luz después. Su parte mas lógica había comenzado a digerir la lluvia de información que la mujer había disparado contra el sin la mínima sutileza y lentamente comenzaba a comprender que había perdido cualquier oportunidad de volver a lo que había sido su vida antes–Cuanto…– Tenía un hilo de voz a penas. No parecía que fuese a terminar la oración pero aun así lo hizo, moviéndose y apoyado un tembloroso brazo en el capó del vehículo –¿Cuando tiempo exactamente me queda?–

Parecía tranquilo, parecía. En realidad era la paz que precedía a la tormenta...


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→ Sábado → 22:05 → Callejones  → Frío
Creo que si hay algo que ningún licántropo podrá olvidar jamás es la primera noche de su transformación.

Para mí nunca dejarían de ser claras las imágenes que envolvían ese momento, pero en mi mente se mantiene difusa la del ataque me transformó, aun cuando la mayoría de mis congéneres parece ser completamente consciente de ello. Yo sólo recuerdo la mano cálida de Thomas apretando la mía con esa suavidad que era tan propia de él y que resultaban tan torpe en mí. Recuerdo su risa, su voz alegre, el sabor de sus labios, suaves, mientras nos deteníamos en el césped que circundaba al campus universitario, y cómo la luna llena brillaba enorme en el firmamento. Nunca me había fijado en ella antes de convertirme en lo que soy, pero aún soy capaz de ver el color perlado de su superficie, redonda como un queso salpicada de cráteres, y cómo las estrellas eran incapaces de conseguir el suficiente silencio para brillar.

También recuerdo el gruñido del animal. Y con él, el miedo. Los segundos angustiosos mientras volábamos sobre la hierba hacia un lugar seguro, la respiración de Thomas mezclándose con la mía. El sudor. El calor. Los jadeos. Y todas las promesas que nos habían hecho cuando los dientes del lobo nos alcanzaron. El dolor... Es difícil olvidar el dolor que te recorre en el momento en que los colmillos te perforan el brazo. Y después el silencio. Y al despertar, el blanco de la habitación del hospital, la soledad, la incomprensión, los ojos tristes de mi padre al decirme que Thomas había muerto, y cómo el darme cuenta de que se había ido sobrepasó con creces el sufrimiento que estaba padeciendo por culpa de la herida en ese momento.

Probablemente el crío que estaba frente a mí, pasándome las llaves como si de un autómata se tratase, no olvidase nunca el intenso pinchazo que le recorría en ese momento el brazo herido, ni el pánico que le había recorrido al ver al lobo, al sentir sus colmillos desgarrando la carne. Realmente me compadecí de él, porque le esperaba una vida cansada, sufrida y algo más larga de lo normal para un ser humano, pero al menos había conseguido encontrarle a tiempo, antes de que pudiese hacer ningún daño y que eso cayese sobre él el resto de su existencia. A mí también me habían encontrado, gracias a Alaric, pero demasiado tarde, y durante los primeros meses de mi licantropía llegué a causar verdaderos destrozos a mi alrededor. Pero la primera vez siempre era la peor, porque te hacía sentir como si tu cuerpo ardiese, se quebrase en dos, se deshiciese para volver a componerse, y te mueves como animal enjaulado los días previos, sin comprender absolutamente nada de lo que te está sucediendo ni por qué de pronto lo odias todo a tu alrededor.

Apreté las llaves en mi mano mientras me acercaba a él para ayudarle a caminar de nuevo hacia el coche, pues tenía pinta de que iba a derrumbarse de un momento a otro, no sólo por la color cenicienta de su rostro, sino por la expresión de sus ojos, como si le acabase de pegar un mazazo en la boca del estómago y no pudiese respirar. Le comprendía demasiado bien, como a toda la gente novata. Suspiré al escuchar sus palabras mientras le tomaba del brazo bueno, incitándole a mirarla para poder encontrar algo de firmeza mientras el mundo a su alrededor se desmoronaba poco a poco. Podía verse el atisbo de la desesperación en su mirada aun cuando no estaba presente, pero no era para menos. Respiré, intentando mantener la calma para responderle con tranquilidad. No convenía que nos pusiésemos a chillar como imbéciles.

Le toca a quien le toca, chico. —Le mostré el colgante del Praetor—. Ahora mismo esto para ti no significa nada, pero en breves lo será todo, porque es el símbolo de las personas que vamos a ayudarte a pasar por esto. —Le miré intensamente. Mierda, es que era tan joven. Mayor que yo cuando me mordieron, sí, pero... ¿hay alguna edad en la que no sea demasiado pronto para terminar transformado en licántropo?— . Te queda hasta la próxima luna llena. Ven, subamos al coche y responderé a todas las preguntas que tengas, que no serán pocas. —Comencé a caminar junto a él y le abrí la puerta del copiloto para que pudiese introducirse con tranquilidad. Luego me dirigí a la parte del conductor, admirando el cacharro que iba a hacer rodar en esos momentos. Niño rico, ¿eh? El arranque del motor fue como un ronroneo; puse la directa y empezamos a volar por el asfalto. Mi misión podía esperar, al menos, de momento, porque un novato suelto podía ser tan peligroso como una vampiresa loca...


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→ Sábado → 22:05 → Callejones  → Frío
Mas por la desesperación de encontrarse en una situación desconocida que por seguridad, se había convencido de que aquella mujer realmente pensaba ayudarle. Había necesitado creerle desesperadamente, sus palabras tenían tal poder de convencimiento y el estaba tan aterrorizado que hacerle caso y dejarse guiar por la única persona cuerda en el momento fue todo lo que Ross se podia permitir hacer. Era incapaz de tomar una decisión, pensar de manera racional mientras sus pensamientos eran una vorágine inconsistente entre el horror de haberse visto casi muerto y la conciencia de su vida dando un giro inesperado.

Se detuvo y miró la inscripción del medallón que se grabó con fuego en su memoria, Beati bellicosi, El acero brilló bajo la iluminacion decadente proporcionada por la luna e hizo que se estremeciera. Todo en aquel momento parecía alojarse de manera permanente en su memoria, no podia olvidar nada, no debía olvidar nada.

Dentro del Fisher Karma el aire era pesado y caliente y la luz artificial provocó que la palidez en su piel se tornara enfermiza y anormal. Dirigió su mirada al brazo herido, donde la bufanda comenzaba a resaltar con manchas escarlatas arruinando su patroón. Ross sintió con fuerza el sabor de la bilis y el sudor frío del miedo pegándosele a la ropa –¿Hay una manera de detenerlo? ¿Algo que pueda curarme de...–  Su voz sonaba gastada y se apagó de pronto, lentamente su mirada comenzaba a ganar vigor, lentamente, se volvía mas y mas consciente de lo que estaba por suceder y el pánico se adelantaba a pasos agigantados. A penas podia hilar sus pensamientos, la cabeza le dolía llena de ruido blanco y sintió un terror tan primigenio e indescriptible que no fue capaz de seguir hablando por temor a romperse; ¿Si terminaba convirtiéndose en un monstruo, cuanto tardaría en destruirse a si mismo? Parecía algo peor que enfrentar a la muerte ¿Como podia enmendar algo así?  

El hervidero de emociones destelló con un chispazo de ira, porque justamente aquello había sucedido cuando estaba tan cerca de descubrir la verdad sobre su hermano y como podría arreglar las cosas. Se volvió hacia el asiento del conductor con una expresión apesadumbrada, porque esa vez el motor logró desesperanzarle. Tenia la sensación de que estaba dejando atrás su vida, una vida llena de asuntos pendientes –¿Eres como uno de ellos, cierto? Como uno de los que me atacó ¿Porque estas ayudándome?– Se decidió por preguntar, sus otras dudas, tuviese ella o no las respuestas, seguramente no eran algo para lo que el estuviese preparado...


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→ Sábado → 22:05 → Callejones  → Frío
La única manera de detener esto es la muerte, chaval. No existe nada que pueda curar la licantropía una vez que la has adquirido. También es cierto que hay una probabilidad de que no te transformes después de haber sido mordido, pero yo no me haría ilusiones. Es mejor no hacérselas, porque si no el mazazo es mucho más grande. —Tamborileé los dedos sobre el volante, sintiendo una especie de angustia debajo del pecho que conocía demasiado bien—. Tienes que empezar a asumir que te transformarás en hombre lobo y que lo serás hasta el día en que te mueras, esa es la realidad, y cuanto antes la afrontes, mejor será para ti. Y no somos monstruos, aunque eso es lo que intenten hacerte creer. Seguimos teniendo nuestra humanidad, podemos morir, y podemos enseñarte a controlar el lobo que hay dentro de ti para que no hagas daño a nadie de forma no intencionada. Es lo único que puedo garantizarte.

El tráfico era tranquilo a esas horas, casi inexistente. Me ayudaba  a abstraerme, haciéndome recordar la noche en la que me habían encontrado en New York los primeros miembros del Praetor. Aunque a mí me parecía que el crío era como una bomba de relojería a punto de reventar, de momento había sido muy dócil y colaborador; yo, desde luego, no lo fui. Me peleé con todo aquel que estuvo a mi alrededor en ese momento, gritando, pataleando, golpeando con los puños y saltando dientes. Markson nunca me perdonó que le saltase los premolares, el muy condenado, y de vez en cuando aún me lo restriega por la cara con el grimoso colgante que se hizo con sus dientes reventados. Al final yo también me dejé caer contra el cristal de un vehículo, llorando, derrotada, hecha un ovillo sobre mí misma, enfadada, asustada, pensando tanto en mi familia que no hacía más que temblar. Habían sido momentos muy difíciles, muy duros para mí, pero el Praetor me ayudó a superarlos como mejor pudieron en aquella maldita casa. Aunque ahora, sin Scott...

Le miré de reojo cuando por fin me hizo la pregunta, cuando por fin pudo asimilar que yo también era una licántropa, y dejé que el silencio fluyese entre él y yo durante casi un minuto entero. ¿Por qué le ayudaba? Había tantas posibles respuestas a aquello, todas conduciendo en la misma dirección. Casi daba risa el pensarlo, que tu vida pudiese cambiar tanto porque te encontró la persona adecuada en el momento oportuno; nunca he tenido la aspiración de ser la salvadora personal de nadie, que me abracen por los pasillos agradeciéndome cuánto necesitaron mi intervención. Es verdad que la mayoría de los novatos y las novatas que recogí se llevan bien conmigo, me tienen un cierto aprecio e incluso respeto, pero nunca lo hice por eso. Nunca.

Lo soy —dije al fin, centrando mi mirada en la carretera—. Llevo muchos años siéndolo. Desde los veintidós, casi. Me mordieron cuando paseaba por la universidad con mi novio. Yo sobreviví. Él no. Y durante mucho tiempo deseé haber muerto con él. —No solía convencer a la gente de ese modo, pero desde la desaparición de Alaric había regresado la rabia... pero envuelta en una melancolía tan taimada que no tenía fuerzas para pelearme, a pesar de que volvía a no ser agradable—. Porque los primeros meses en los que me transformé estuve completamente sola e hice mucho daño en mi zona. Me mudé aquí y la soledad fue lo único que me hacía compañía las noches de luna llena. Fue una época horrible de mi vida, enfadada con todo, con todos, odiando cada centímetro de mí y cada pequeña parte del mundo que me rodeaba. Fui muy desgraciada y muy miserable, y creo que si hubiese seguido por ese camino me habría terminado matando. —No pensé que sacar todo aquello a la luz fuese a escocer tanto, porque era algo que ya había comentado con anterioridad, pero dolió como la primera vez. Y sin embargo también había algo balsámico en ello, como dejar ir el veneno—. Sin embargo a los pocos meses un par de hombres con mi medallón vinieron a buscarme y me dijeron lo mismo que a ti, más o menos. Y al igual que a ti, consiguieron llevarme hasta su sede para hacerse cargo de mi persona. Pertenezco a un grupo llamado Praetor Lupus, y somos licántropos que ayudamos a quienes acaban de ser mordidos, o transformados, o incluso a criaturas con poderes sobrenaturales que están perdidos y sin nadie que les guié. El Praetor Lupus lo hace porque es lo correcto, porque están desamparados y lo cierto es que pueden llegar a ser un auténtico peligro tanto para la gente como para sí mismos.  —Volví a girar mi rostro hacia él—. Yo lo hago porque quiero evitar que nadie se sienta como me sentí yo en esos momentos, tan desamparada y amargada que el suicidio me parecía una opción realmente deseable. Quiero que recibáis la mejor ayuda posible para salir del hoyo cuanto antes, para que entendáis que no sois monstruos por haber nacido o sido transformados. Habéis sido víctimas, pero podéis cambiar eso y convertiros en algo más.


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Hijo/a de
la Luna

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Nada, no se le ocurrió absolutamente nada que decir ante aquellas palabras que destrozaron sus frágiles esperanzas. El ruido blanco que transgredía sus pensamientos comenzó a ceder lentamente y Ross se encontró observando la herida que había parado de sangrar con un doloroso resentimiento, con una intensidad tan dura que parecía querer suturar la piel por pura fuerza de voluntad –Entonces nada, esto es lo que hay– Había algo como fuego conteniéndose en la exhalación que acompañaron sus palabras, mientras la amargura de la comprensión se regia sobre el; otra vez, estaba siendo preso de una realidad que simplemente llamaba a su puerta y le decía “No te queda de otra, estas son tus cartas” cuando menos se lo esperaba, cuando estaba tan seguro de que al fin podia resolver el cuatro roto en que se había convertido los Grey.

Después de años de búsqueda al fin había dado con nombres y pistas, y justamente esa noche tenia que sucederle eso. Era como si estuviera destinado a fracasar justo cuando podia rozar la victoria con los dedos, una vez tras otra, obligado a apostárselo todo en una partida que evidentemente iba a perder. Cruel y burlona, la realidad se interponía entre el y la vida que tanto anhelaba reparar.

Perdió la mirada en el horizonte borroso de los rascacielos de la jungla de concreto, escuchando las palabras que siguieron a su pregunta luego de un minuto eterno. A medida que escuchaba se sentía cada vez peor, como si se adentrara a un mar oscuro, profundo y gélido. No supo la razón -puesto que lo suyo nunca había sido simpatizar con la gente- pero algo en la historia que estaba escuchando le hizo sentir una profunda tristeza, una rabia tan intensa por el lobo que la había atacado y había provocado que hablara como si aun le doliera. También había una pizca de envidia en toda las emociones que lo acribillaban, porque el nunca hubiese tenido la osadía de aquella mujer para hablar de su pasado y de las cosas que aun arrastraba consigo simplemente para ayudar a un extraño –Suena a que has tenido una vida de mierda, la verdad– le dijo sin mirarla, envuelto en su trágica historia.

–¿Algo mas que? ¿Una mejor versión de mi? No creo que tenga muchas posibilidades– agregó, con algo que sonaba a un agotamiento tan profundo que no parecía encajar con alguien tan joven como el –No soy un buen tipo, agradezco tu intensión pero ni siquiera tengo una puta idea de como arreglar mi vida. Si me voy como estan las cosas ahora... hay personas que me necesitan. Nunca creí que fuese así, pero si les doy la espalda…– Se cortó de pronto, pensando en la expresión desgarradora de su hermana al ver que el tampoco volvía a casa, que al igual que Gustave había desaparecido sin dejar huella ¿Y que se supone que iba a decirle a Winter? ¿Que iba a decirle a su padre? No necesitaba mas razones para que Emanuel lo odiara….

Se suponía que el iba a devolverle a su hijo prodigo, que le encontraría, que Gus haría que todas las piezas encajaran otra vez y lograría terminar por fin con aquella historia. Se suponía que el lo iba a arreglar todo ¿Quien iba a hacer todo eso ahora? ¿Quien iba a encontrarlo si no era el? –Supongo que no puedo contárselo a nadie– murmuró apesadumbrado. la ciudad y sus rascacielos se alejaban cada vez mas y advirtió que no sabia hacia donde se dirigían, pero tampoco tuvo muchas ganas de preguntárselo –Como funciona… la transición o lo que sea ¿Van a encerrarme?–  


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Mundano/a, sin la Visión

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→ Sábado → 22:05 → Callejones  → Frío
Al menos de buenas a primeras, el crío pareció aceptar lo que se le venía encima, y yo respiré algo más tranquila.

Las reacciones de la gente al enterarse de que su vida iba a cambiar para siempre eran tan diversas como personas existían en el mundo, así que tener expectativas era una estupidez, si bien es cierto que la mayoría no solía tomarlo por el buen camino, y no podía culparles, vaya. Muy poca gente puede tragar de buenas formas el haber dejado de ser humano para transformarse en una criatura que durante los primeros años de su vida podía llegar a ser un peligro para la gente que le rodeaba; tener que alejarte de tu familia y amistades nunca era una perspectiva agradable, así como tener que ocultarles lo que te estaba pasando. Yo nunca había tenido ni tendría el valor suficiente para confesarle a mi familia que ya no era humana, que envejecería mucho más lentamente que todos ellos y que probablemente viviría tanto como mis sobrinas y sobrinos. Era difícil de digerir, y a la larga tendría que alejarme poco a poco de ellos para que no les extrañase mi apariencia, cosa que me dolía tanto como dejar de respirar.

Sin embargo el chico pareció asimilarlo bien, aunque probablemente conforme se fuese acercando la siguiente luna llena su humor y su parecer al respecto iría cambiando drásticamente. La primera es siempre un recuerdo traumático para todos nosotros; el dolor, el desconcierto, la incertidumbre, el tener que lidiar con un cuerpo que no es el tuyo pero al mismo tiempo sí... Quise quitármelo de la cabeza con la mayor rapidez posible, porque son experiencias amargas que dejan una huella profunda que ya no te abandona nunca más. Especialmente si en tus primeras transformaciones mataste a alguien. Se queda en ti un retazo de oscuridad que parece seguirte allá donde vayas, y aunque de forma lógica sepas que en realidad no fue tu culpa, no puedes dejar de pensar que en un momento determinado tus manos estuvieron manchadas de sangre inocente.

No tuve una vida de mierda exactamente, pero fueron unos años difíciles para mí.

Sus siguientes palabras me habrían hecho rodar los ojos en otras circunstancias, pero me limité a apoyar el codo izquierdo contra la puerta mientras mantenía el volante sujeto con la derecha, echándome el pelo hacia detrás. Me había tocado un crío dramático, vaya por Dios. Sonaba como si fuese el único futuro licántropo que había estado perdido en la oscuridad de la noche, y esa idea me hizo esbozar una sonrisa sarcástica que se difuminó tan rápido como llegó.

Si no eres un buen tipo te patearemos el culo, no te creas que eso nos preocupa una mierda. Pero a lo que me refería es que puedes ser algo más que una víctima. Puedes coger lo que te han hecho y transformarlo para actuar, para atacar, para defenderte, para luchar, para proteger a los demás. No eres sólo un pobrecito niño de mamá al que le ha mordido un chucho rabioso, tienes opciones. —Suspiró—. Siempre hay personas que nos necesitan y a las que tenemos que dejar un tiempo de lado. Yo desaparecí durante casi un año hasta que volví a darle señales de vida a mi familia, pero arreglamos las cosas y todo fue bien. Ahora les veo con cierta asiduidad, e incluso tengo una hija pequeña. Que no vayas a poder volver a vivir con ellos no significa que vayas a ser un apestado ni vas a tener que vivir debajo de un puente, joder. No seas melodramático, chaval. No es el fin del mundo.

La carretera que estaba cogiendo estaba más bien despejada a esas horas, pero eso no quería decir que no fuésemos a toparnos con un embotellamiento de un momento a otro, así que me dediqué a callejear lo suficiente como para evitar las grandes aglomeraciones de coches. Cada vez nos alejábamos más del punto donde se suponía que tenía que encontrarme con la vampiresa para intentar detenerla, y eso me cabreaba un poco. Sabía que no iban a decirme nada por dejar la misión de lado cuando teníamos un potencial cachorro en ciernes, pero me jodía que mi primera misión al aire libre se hubiese fastidiado nada más empezar. ¡En fin! Qué se le iba a hacer.

No, no puedes contárselo a nadie. Nuestro mundo tiene una serie de reglas que vas a tener que cumplir de ahora en adelante si quieres vivir en paz con los que nos rodean. No somos los únicos seres sobrenaturales que existen, y la verdad es que ahora mismo estamos muy jodidos y en los preámbulos de una guerra que está por estallar de nuevo. Tendrás que aprender rápido y bien. Pero volviendo al punto no puedes contarle a ningún humano, o mundano, como les llamamos, nada de lo que somos, de lo que hacemos, ni siquiera que existimos. Algunos podrán saber lo que eres porque tienen lo que llamamos la Visión, que les permite descubrir qué criaturas no son humanas, pero salvo que la vida del individuo peligre, o como en tu caso, vayas a transformarte en uno de los nuestros, no puedes decir absolutamente nada. Y la transición... Depende. Lo más probable es que se queden contigo para controlarte, para mostrarte cómo llevar el proceso. Podrás salir cuando tengas un mínimo autocontrol, pero no vamos a meterte en una cámara acorazada, si es lo que te preocupo. Te recuerdo que te llevo a una casa llena de lobos —sonreí—. No nos asusta un cachorro como tú. ¿Más preguntas?


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No hubieron gritos desgarradores, pataleos incesantes ni una marea de lagrimas mezclándose con sangre y consternación. El joven parecía absorber la situación con un aplomo que parecía ensayado, casi terrorífico, y definitivamente aquello era mucho peor que el si se hubiese puesto a gritar como un poseído, porque con Ross las cosas nunca eran sencillas.

En otrora la cosa hubiese resultado muy distintas. El mismo lo sabía, sabía que su actual imperturbabilidad no era mas que un débil estado de shock, que las cosas solo irían a peor cuando se encontrara en juicio y sus pensamientos se enfriaran. Lo sabia porque aun se encontraba demasiado asustado, demasiado perturbado para decidir hacia donde dirigir el odio que lo sobrecogía, pero cuando consiguiera hacerlo…

Desde siempre había un fiel promotor de la hostilidad y la indiferencia, así que no le intimidaba la brutalidad ni la franqueza con la que ella abordó la situación. No era de extrañarse entonces que las palabras de la mujer no le sulfuraran; ella simplemente estaba contándole la verdad, arrojándosela cruda en un plato llano, pero la verdad al fin y al cabo.

Sin embargo Ross no se encontraba en condiciones de ser pragmático y darle la razón a la hija de la luna, la verdad era que no estaba en condiciones de absolutamente nada. Sentía que el brazo lesionado se adormecía rápidamente y le cosquilleaba, que la sangre seca se le adhería a la piel y lo congelaba. Mientras tanto el resto de el se encontraba preso de un ardor chispeante y abrazador, uno que volvía sus pensamientos inútiles y sedientos –No puedo dejarles un tiempo de lado– repitió con hastío –Eso es lo que estuve haciendo por meses, quizá años, y por eso lo he jodido todo. Esta noche era mi ultima oportunidad para arreglar las cosas con mi familia, eso era lo que estaba haciendo justo antes de que me…– finalmente hizo caso a la diminuta voz de su interior que le pedía que parara de hablar, gritándole que nada de lo que estaba diciendo podía sonar coherente. Y tenia razón, su explicación estaba llena de lagunas y lo convertía todo en un sinsentido de excusas –Olvídalo, no importa. Lo único que quiero es que dejes de decirme como irán las cosas conmigo, eso no lo sabes– Espetó de inmediato. Había una nota de frialdad impresa en sus palabras algo que sonaba a una irritación muy antigua –Pero tranquila, que luego te avisare cuando me de por aplaudir de alegría  después de que un lobo casi me arrancara el brazo, evidentemente soy un desconsiderado ante tal obsequio de la vida–

La carretera de vez en cuando destellaba con los brillos escasos de las farolas desperdigadas por la acera, los rascacielos se difuminaban y se perdían en el aire  bajo el firmamento oscuro. Apenas notó que se estaban dirigiendo al expreso de Long Island, fijándose en el movimiento tenue de las corrientes del Sound en la lejanía, tan oscuro que en el mar parecía haberse vertido tinta. De niño nada lo había preparado para el impacto de un mundo plagado de nuevos estímulos y definitivamente el sonido del mar había sido uno de los que mas le habían sobrecogido y uno de los que mas disfrutaba, porque el océano sonaba exactamente como se veía; misterioso, profundo y plagado de misterios tan hermosos como salvajes. Deseó estar escuchando aquello y no lo siniestro del mundo de las sombras, un mundo que el apenas había rozado con los dedos pero en el que ahora se había metido de fondo –Solo una, por ahora– Su mente ya había comenzado a trabajar, formulándose hipótesis, abriéndose ante posibilidades. Su ingenio frío era parte fundamental de su brillante intelecto y pensar en las cosas que podía solucionar de manera inmediata era la única forma en la que podía dejar la imagen truculenta de colmillos y sangre –¿Sabes como desaparecer un coche?– Por supuesto que había algo extraño en su ausencia de reacción ante la mención de una guerra, pero no era algo que Ross no hubiese escuchado antes. Entre la retorcida revelación de su hermano vampiro y la existencia de criaturas como los brujos, al joven Grey le quedaba muy poco por lo que sentirse impresionado, o al menos eso se pensaba. En esos momentos se encontraba preocupándose porque no fueran a encontrarle, o mas concretamente, que su padre no fuese a encontrarle...



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Evidentemente que la cosa no iba a ir bien todo el tiempo. Evidentemente que el chico terminaría saltando por un lado o por otro, y lo cierto era que yo no estaba preparada del todo. En realidad había esperado como una ingenua que reventase cuando hubiese más gente a nuestro alrededor que pudiese lidiar sensatamente con la furia propia de alguien a quien le ha pasado esta mierda, pero me tocó a mí aguantar su desdén, su ironía, su frialdad, como si yo estuviese diciendo estupideces. Como si no estuviese intentando ayudarle a entender que, después de todo, aquello no iba a ser tan malo. Así que me mantuve en silencio hasta que salimos en dirección a Long Island, momento en que me hice a un lado en la carretera y paré el coche, dejando puestas las luces de emergencia. Tenía los dedos apretados sobre el volante intentando no romperle la cara a aquel niñato imbécil que se sentaba a mi lado, irguiéndose como si fuese la mayor víctima de todas las desgracias del mundo. Pero no podía hacerlo, simplemente. No podía soportar que me viniese con esas ínfulas de víctima del destino a la que han vapuleado cuando todas las personas que estábamos en esa maldita base teníamos porquería a nuestras espaldas.

Al menos esa noche no pude.

Había intentado mostrarme comprensiva, había intentado que entendiese que a pesar que lo que se le venía encima era basura todavía había esperanzas. Que no estaba solo, que podría tener una vida normal aunque ya no fuese del todo humano, que podría seguir viendo a su familia a pesar de sus responsabilidades, incluso. Pero no. Me quité el cinturón de seguridad, abrí la puerta del piloto, que cerré con brusquedad, me dirigí a la del copiloto, le solté de su agarre y lo cogí de la camisa que llevaba, obligándole a salir del vehículo y estrellándolo contra la carrocería. Los ojos me brillaban rotos de dolor mientras conseguía levantarle un par de palmos del suelo a pesar de que era más alto que yo gracias a mi fuerza sobrenatural.

Deberías aplaudir de alegría porque no te diese una paliza aquí mismo por ser un cretino integral. A lo mejor si a mí me hubiesen dado una paliza me hubiese mostrado menos gilipollas los primeros meses cuando me encontraron, no lo sé, pero hoy día apostaría por ello. ¿Y sabes por qué? ¡Porque eres un imbécil que no sabe la suerte que tiene de estar vivo! —grité más de lo que había supuesto mientras apretaba los puños contra su ropa, sintiendo que toda la pena del mundo me estallaba dentro. Sentí la primera lágrima salir de mis ojos, pero me dio igual. Volví a dejarle posar los pies sobre el suelo sin soltarle, casi escupiéndole a la cara—. Podrían haberte arrancado la yugular, podrían haberte descuartizado en trozos y que no hubiesen podido identificarte salvo por la ficha dental. Podrías haber sido la cena de un vampiro o que un demonio se hubiese cebado con tu alma. Podrías haberte topado con un hada que te hubiese hecho arrancarte la piel a tiras o que le hubieses terminado suplicando que te llevase con ella a la Corte donde habrías sido un esclavo por toda la eternidad. Pero te han mordido en un brazo con una herida que se curará y tendrás que soportar la maldición del lobo el resto de tu vida, y ¡oh, pobre de ti!, que encima te hemos encontrado a tiempo para que no tengas que pasar por lo que hemos pasado solos otros, que te impediremos que mates a nadie, que te hagas daño o que hagas daño, que transformes a más personas y te enseñaremos como vivir con lo que te ha tocado. ¡Discúlpame si ante la perspectiva de las vidas que cargamos a las espaldas quienes hemos matado o visto morir, quienes han arrasado a sus familias una noche de luna llena o viven presa de los remordimientos, me parece que tu perspectiva no es tan mala del todo! ¡¡Así que deja de comportarte como si fueses la única persona desgraciada o que está sufriendo en la tierra y usa la cabeza!! —Le solté con brusquedad sin apartar los ojos de él, aprovechando para limpiarme las lágrimas que, furtivas, se me habían escapado—. Lo que te ha sucedido es una mierda y créeme cuando te digo que ojalá, ojalá no tuvieses que pasar por esto. Ojalá. Toda la frustración, la ira, la decepción, el sentirte desdichado, abandonado por la suerte y por la vida... Todo eso lo hemos sentido cada miembro del Praetor. Pero te diré una cosa, te ha tocado, y cuanto antes lo asumas mejor te irá tanto en la vida como con nosotros. Tu historia no es más que un grano más en lo que es el gran árbol de los licántropos, así que no me vengas de mártir. Y vuelve a subirte al puto coche que aún nos queda un trecho.


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→ Sábado → 22:05 → Callejones  → Frío

Imaginó que el no hubiese sido el único sorprendido tras ser arrancado repentinamente de la comodidad de un  deportivo instantes después de que este se detuviera precipitadamente, expuesto al crudo exterior y a una mirada claramente iracunda. Eso no lo vio venir, no estaba preparado y por lo tanto no hubieron comentarios agudos capaces de surgir en el acto ante la evidente exhibición de fuerza manifestada por la hija de la luna, cuya paciencia había rebozado todos los limites.

Y los de el también lo hicieron, mientras el discurso dado a flor de piel por la mujer se le hacia insatisfactorio y familiar.

Sin excepción, todas las etapas en la vida de Ross estaban marcadas por hechos icónicos que le habían arrebatado algo, y el era perfectamente capaz de reconocer cada uno de ellos con la frialdad que dichos sucesos le habían otorgado; al nacer lo habian arrancado con desprescio del ceno y lo habian arrojado a un lugar donde la oscuridad lo tragara, en su tierna infancia perdió su capacidad de decidir sobre su propio cuerpo detrás de las puertas de un quirófano,  en la adolescencia su sensibilidad humana comenzó a desvanecerse como si no significara nada,  como si el interes clinico con el que valoraba todo lo que sucedia a su alrededor no fuese alarmante y los primeron indicios de un desastre emocional. Alguien con un titulo de Juliard y experto en las conductas humanas usó términos como "superdotado" "asocial" y "conducta depresiva" para denominarle con la simpleza con la que alguien cataloga vegetales en un supermercado. Les dijo a sus padres que era normal, que era entendible en la gente de su tipo.

Le habían llamado afortunado, le habían dicho que estaba bien. Le palmearon la espalda y lo enviaron nuevamente a un hogar disfuncional y a una vida elitista en la que el no encajaba, y para ese entonces Ross había dejado de confiar en todos ellos y cedió a una época oscura de drogas, alcohol e ideas románticas sobre la muerte.

Y luego había perdido tantas otras cosas que no podía recuperar, como su hermano o el velo de la ignorancia que le mantenía lejos del mundo de las sombras. Recordaba con mas claridad de la que quería las falanges blancas cerrandose en su cuello y desangrándolo, recordaba el cuerpo de un hombre inocente asesinado a solo metros de el bajo las mismas condiciones, y recordaba su desesperanza, y luego la terrible sensación de calidez que la seductora idea de la muerte le brindó. Al fin podía descansar y dejar de pensar, dejar de atormentarse... Pero había despertado, enfrentandose a las consecuencias de un cargo judicial que no auguraba nada bueno.

Era lo mismo una y otra vez, cientos de intentos de buscar mejorar y otros cientos mas destrozados por la gente, por el y por sus propios demonios que llenaban su cabeza de ruido blanco y de una desesperanza que a veces le impedía hacer las cosas mas sencillas, como levantarse de la cama por las mañanas. Y aun asi habia gente que se atrevía a llamarle afortunado, porque era rico a pesar de que estaba vacío, o porque estaba vivo cuando la vida le sabia a arcilla –Tienes razón, soy estúpido– ni siquiera vaciló cuando esbozó una sonrisa, cínica, hueca. En sus ojos no había ni atisbo de impresión porque la verdad era que nada de lo que ella le pudiese decir doblegaría sus ideas, desaparecería su dolor o le haría empatizar mientras su argumento era que había gente que estaba peor que el, o que el no significaba nada mas que uno entre cientos.

Como si el ya no lo supiera, como si eso fuera a ayudarle en algo...

No esperó a que ella le argumentara nada mas, tenia la impresión de que finalmente le dejaría en paz luego de acorrararle, desquitarse o lo que sea que hubiese sido eso. Dentro del coche no abandonó su expresión de desdén, con su mirada negra y  vacía recorriendo el East River.




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→ Sábado → 22:05 → Callejones  → Frío
La mueca que adornó su rostro mientras me respondía me hizo perder completamente la respiración, y le observé introducirse en el coche de nuevo, aún con la imagen de esa sonrisa vacía nadándome en la cabeza como una anguila escurridiza y venenosa que se retorcía, provocándome tantas náuseas que estuve a punto de vomitar. Yo había visto esa mueca antes, cientos de veces, no sólo en mi rostro, sino en el de algunos cachorros que habíamos recogido y cuyo final no había sido precisamente el más afortunado.

Se me erizó la piel al imaginar las consecuencias de llevar al Praetor a una bomba como aquella, a una criatura que estaba tan rota que no sabía cómo recomponerse, con o sin ayuda. Me relamí los labios, abriendo de nuevo la puerta del copiloto y haciendo que me mirase con esos ojos oscuros, turbios, que parecían querer mantenerse nadando en la mugre por toda la eternidad. ¿Qué podía haberle sucedido a alguien tan joven para querer desmarcarse así del resto de la vida? ¿Y qué podía saber yo de alguien como él, desde luego?

Le había hablado como habría hecho con cualquier persona, sin sopesar las circunstancias de su propia existencia, sin tener en cuenta que sus palabras podían hacer daños o sonar huecas en las orejas de quien las escuchaba, pero le había salido de las tripas, de lo más profundo. Pero yo era así, una criatura directa, pasional e intensa, incapaz de controlarse cuando alguien rompía sus barreras tal y cómo lo había hecho ese crío; mucho más encontrándome en el estado emocional en el que todavía me andaba debatiendo. Caminando sobre la cuerda floja entre el continuar caminando o rezagarme y quedarme en un boquete por el resto de mis días.

Me mantuve allí, de pie, fría, distante, recorriéndole el rostro de forma analítica antes de volver a hablar. ¿Había algo ahí, dentro de él, además de ese fango negro que parecía oscurecerle desde dentro? ¿De ese desdén, de esa desidia? ¿De esa expresión absolutamente vacía que no dejaba entrever nada? ¿Merecía la pena salvar aquella vida, o quizás debía de hacerle un favor al mundo y a él mismo y librarnos de su presencia? La mano libre no me tembló al preguntarle, usando un tono tan calmado que contrastaba enormemente con la fogosidad anterior.

¿Quieres morir, niño? —Me centré en su reacción, en el brillo de su mirada, en la expresión de su rostro, buscando algo que me diese razones para apostar por él—. Porque si quieres, puedo matarte aquí y ahora. No soy una asesina, pero no serías mi primera víctima, y nadie sabría nunca lo que ha sucedido. Te ahorraría seguir viviendo una existencia que no te satisface y nos ahorraría la presencia de alguien que no está seguro de si quiere morir o no. —Deje pasar unos segundos—. Ni eres el primero ni serás el último que se nos una. Sólo eres eso, uno más. —Suspiré—. Pero ahora mismo estás aquí, delante de mí, y eres mi responsabilidad. Un puñetero niño perdido que ha tenido una vida de mierda y que es un jodido desgraciado. Quiero apadrinarte en este proceso y hacerte las cosas más fáciles, en la medida de lo posible. Pero sólo si quieres continuar. A pesar de todo, quiero ayudarte, y si lo que quieres es morir dímelo y ni te enterarás de que ha pasado. Será un segundo de dolor y luego el silencio. —Desvié la mirada hacia mis dedos, viendo las zarpas de la loba cubiertas de sangre, y luego le miré de nuevo a él—. Como ya te he dicho, no serías el primero.

El viento sopló, moviéndome el pelo en todas direcciones, mientras aguardaba por su respuesta. Notaba el corazón latiéndome con fuerza dentro del pecho, increíblemente consciente de lo que acababa de hacer y arrepentida hasta las cejas de haberle hecho semejante propuesta. Porque, ¿y si decía que sí? ¿Y si se lanzaba contra mí buscando un final que no podía encontrar de otra manera? Apreté los dedos, intentando centrarme en las palabras que había dicho antes de mi estallido de furia. No puedo dejarles un tiempo de lado. Esperaba sinceramente que ni un tiempo... ni nunca.


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