29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


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Now I am become Death, the destroyer of worlds ♛ Erik Vanhanen

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Now I am become Death, the destroyer of worlds
Who am I? Not the body, because it is decaying; not the mind, because the brain will decay with the body; not the personality, nor the emotions, for these also will vanish with death.
Uno de los mayores inconvenientes de ir a una nueva ciudad eran los demonios que vivían antes que ellos en dicha ciudad. Durante los meses que llevaban en Nueva York Milena había hablado con la mayoría de estos para asegurarse o que le tuvieran miedo a Deian (lo cual no era muy difícil teniendo en cuenta la reputación que tenía el demonio y también la edad que cargaba) o que no tuvieran problemas con ninguno de ellos. Había sido un proceso lento, uno aburrido pero uno que había terminado... Casi en su totalidad.

Y es que había un demonio al que no había ido a ver. A Deian claramente no le importaba porque al ángel caído no le importaba realmente nada. Pero Milena que prefería evitarse problemas no quería tener de enemigo en la ciudad al único demonio que suponía una amenaza para ellos dos. No por edad porque pese a que era difícil seguir el paso de los inmortales dudaba que fuese más antiguo que el galés. Pero por astucia e inteligencia... Por eso mismo le había pedido a Erik Vanhanen de una forma amable y respetuosa que si estaba interesado en tener una conversación con ella estaría desde las nueve de la noche en el Royal Opera House y que pensaba quedarse en ese lugar hasta la una de la mañana.

No estaba nerviosa pese a las cosas que había escuchado del inmortal. Incluso se había dado el lujo de ir desarmada algo que había hecho por una razón política (no quería provocar a Erik) y en parte como una demostración de poder, de que ella no era una niña a la que podían asustar con facilidad y que si Erik esperaba que la balanza se inclinase a su favor porque la bruja iba a hablar con ella y no Deian, estaba equivocado. La única razón por la que Deian no estaba invitado a esa cena es porque dudaba que ambos demonios pudieran actuar de forma civilizada teniendo en cuenta que eran de bandos opuestos; el ángel caído odiaba todo lo que tenía que ver con Lilith. Incluidos la mayoría de los demonios que la seguían.

Revisó la carta aburrida, mientras jugaba con la copa de vino en su mano. Tenía una carpeta frente a ella con el último objetivo que le habían dado y estaba repasando la forma en que debería acabar con el mismo. No debía suponerle mucho trabajo teniendo en cuenta que era un cazador de sombras oscurecido, lo que significaba que la Clave no investigaría. "Gracias a Dios" pensó mientras anotaba cosas en el margen de la imagen con pulcritud. Que los cazadores de sombras oscurecidos fueran una plaga que molestaba a cualquiera era beneficioso para su trabajo; el hijo de Lilith no les tenía aprecio como para investigar la muerte de cada uno de ellos, la Clave aplaudía cada vez que uno de ellos caía muerto y los subterráneos tampoco metían sus narices. Eran difíciles de matar, incluso más complicado que asesinar a un cazador de sombras normal, porque tenían más fuerza; pero para alguien con su experiencia seguía siendo más un caramelo que un verdadero reto. Levantó la vista cuando lo sintió. Era extraño, la sensación que provocaban los demonios en ella. De forma pulcra desapareció la carpeta de la mesa y se puso de pie para mirar al demonio a los ojos. Milena solía ser insolente, peligrosa y seductora; pero cuando encaró al demonio no había nada más que cierta frialdad y elegancia. Era una reina de hielo después de todo.

Señor Vanhanen— dice de forma serena mientras extiende la mano. No esta segura si esperar una respuesta de su parte o no, así que sonríe cuando el hombre le estrecha la mano. Ella siempre se ha sentido cómoda entre los demonios después de compartir tantos años su vida con Deian así que no siente ningún tipo de repulsión o miedo mientras aquella aura de oscuridad que poseen todos los demonios la rodea. En su lugar toma asiento, esperando que el hombre frente a ella haga lo mismo —Espero no tome como ofensa el tiempo que nos hemos tomado para contactar con usted. El señor Rhys no podrá acompañarnos debido a que una emergencia a hecho que tenga que irse del país momentáneamente— Milena nunca ha tenido problemas al mentir y una parte de ella espera que Erik entienda (si es que sabe que la joven miente) que lo mejor es que Deian no esté ahí —Pero tengo todo el poder legal y la confianza del señor Rhys para que este cumpla cualquier acuerdo al que lleguemos sobre la convivencia de sus empresas y negocios con los nuestros.

Sabía que el tema principal seguramente serían las almas y los mundanos. Los demonios solían cobrar más por almas que por dinero o otras formas de pago. Milena lo entendía. Ella había dejado de cobrar dinero hacía mucho y si aceptaba de vez en cuanto el mismo como pago, eran menos veces de las usuales. Solía pedir favores o secretos, lo cual la había hecho una persona terriblemente poderosa y bien informada. Dejó que su mente divagase mientras se metía en las distintas mentes de los ahí presentes, pero evadió con pulcritud husmear la privacidad del demonio. Por muy buena que fuera temía que de intentarlo este lo sintiera y entonces aquello terminase en un derramamiento de sangre innecesario. Ya había sentido lo que era un demonio enojado una única vez en toda su vida y el recuerdo todavía tenía un efecto en ella, pese a que sabía que Deian jamás volvería a lastimarla como aquella vez. Cerró los ojos durante un momento y negó con la cabeza antes de volver su atención al demonio frente a ella. Tenía el mismo porte que Deian, como si todos a su alrededor le parecían insectos.

Un escalofrío la recorrió, no por miedo, si no por alguna especie extraña de respeto. Los demonios eran criaturas volubles y un paso en falso podía provocar tu muerte. No de una forma rápida, si no lenta y dolorosa.

¿Empezamos señor Vanhanen?





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Now I am become Death, the destroyer of worlds
A Erik no le gustaban para nada las sorpresas ni las cosas que no podía controlar.

Como obseso y maníaco del orden que era, como persona dominante, las cosas que se escapaban de sus manos le hacían sentirse tremendamente inquieto e incómodo, y eso se pagaba con el consecuente maltrato a sus subyugadas y subyugados, aunque eso fuese recibido con tanto entusiasmo, con tanto anhelo como habían terminado deseándolo. El placer que obtenía al someterles en esas circunstancias era completamente diferente; no el usual, que le recorría todas las porciones de su cuerpo con ese hormigueo tan glorioso que le hacía sentirse como el dueño y señor de sus almas. No, era el que obtenía pisoteando, arrancando dolor de pieles ajenas, necesitando sentir que todavía era capaz de controlar lo que le rodeaba, por poco que fuese. No dejaba de ser un comportamiento absurdo y pueril, pero Erik era increíblemente infantil, a fin de cuentas.

La llegada de Milena Sardothien a la ciudad le había perturbado lo suficiente como para haberse pasado encerrado en su cámara de tortura durante varios días, porque él no era ningún crío para no saber quién solía acompañar a la bruja. Había vivido los suficientes años en Europa y en suficientes países como para no sólo tener una idea bastante sólida de quiénes eran ambos, sino también para preocuparse ligeramente, porque por todos era conocido que ese maldito traidor no era precisamente simpatizante de la Reina, y que le partiese un rayo si él estaba dispuesto a tener que soportar en su ciudad la presencia de alguien así. Lo peor, sin embargo, era que no sólo no debía hacer nada, sino que realmente no podía. Erik era antiguo. Mucho más antiguo que muchos demonios que pululaban por la zona, pero nadie conocía la edad exacta de Deian, por lo que probablemente era más antiguo que él, y por consiguiente, más poderoso. Y Erik estaba loco, pero no era ningún necio suicida, por lo que no podía hacer nada contra él; no al, menos, en soledad. Y la posibilidad de hacer una alianza con el resto de sus congéneres empezó a esfumarse en cuanto esa zorra sibilina que le acompañaba empezó a engatusarles para que aceptasen su presencia. Eso le había frustrado todavía más, por lo que había terminado la semana con varios cadáveres horriblemente mutilados a sus pies.

Cuando la invitación de la bruja llegó a su casa, por primera vez en siglos, no supo qué hacer. Eso, por supuesto, causó todavía más estragos, y sólo entre Arvid y Cosette pudieron tranquilizarle, de algún modo u otro. El resto del día lo pasó sentado en el sillón de su estudio, frente a la chimenea apagada, donde hacía un par de años había seducido a Ivory hasta tomarla allí mismo. Su mente divagaba en ideas difusas, cada vez más inestable, más distorsionada; no quería tener nada que ver con aquel maldito engendro, pero sólo no iba a poder ser capaz de tumbarle sin terminar como mínimo muerto en el proceso, y ya había muerto una vez. No le interesaba repetir el proceso. Quizás, aliarse con ella y con él hasta que llegase el momento oportuno... Había respirado profundamente antes de ordenar que le prepararse un baño, además de uno de sus mejores trajes, habiendo tomado una determinación. Incluso llegó a sonreír, más calmado, aunque con el fuego del infierno brillándole en los ojos mientras maquinaba y maquinaba, como llevaba haciendo desde que había llegado al mundo.

Además, había escuchado decir que Milena era toda una belleza...

No se había esperado lo que iba a encontrar al llegar horas después al punto acordado. La sonrisa que había adornado sus facciones al contemplarla no hacía justicia a lo que la belleza de esa mujer había despertado en él, y el ansia le recorrió, como siempre hacía, cuando deseaba a alguien. No obstante, ni un ápice de lujuria atravesó su rostro, siquiera su mirada, porque Erik había aprendido a contenerse demasiado bien con el paso de los años, aunque a veces perdiese totalmente la cabeza. Pero esa noche se mostraba frío; tan frío como su convocadora, aunque al estrecharle la mano sintió lava derretida recorriéndole las venas. Lo que podría hacer con un cuerpo tan pequeño, tan curvilíneo, y con esos labios...

Señora Sardothien. — El apelativo fue totalmente intencionado. No podía no creerse que el demonio con el que ella iba no fuese el dueño absoluto de toda su belleza, y por eso la había tratado con una mujer casada. Se le hizo tierno, casi, que fuese ella quien resolviese sus asuntos por él, como si fuese una socia o una compañera. Quizás lo era. Aquello hizo que las ideas bullesen más deprisa por su mente. Se desabrochó el botón de la chaqueta y se sentó frente a ella, escuchando sus palabras con cierto interés, preguntándose quién era el verdadero interesado, entonces, en aquella reunión. ¿Él, que la estaba utilizando para evaluarle? ¿O ella...?— . Por favor, no tiene nada que disculpar. Yo mismo soy un hombre de negocios y entiendo que a veces hacerse un hueco en una apretada agenda es difícil. Es un alivio ver que tiene a una compañera como usted que cubre sus huecos cuando él no puede acudir a las citas. —Aquello fue una provocación en toda regla, un tanteo, para ver cómo reaccionaba, qué botones podía presionar y hasta qué punto. Sonrió, casi afable, mientras entrelazaba los dedos sobre la mesa—. Por supuesto, querida. Por favor, comience. A fin de cuentas es usted quien me ha convocado. ¿Qué puedo tener yo en mis negocios que puedan interesarles al señor Rhys y a usted?


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Who am I? Not the body, because it is decaying; not the mind, because the brain will decay with the body; not the personality, nor the emotions, for these also will vanish with death.
El apelativo le arranca una sonrisa. Por un segundo se pregunta si como ella le ha investigado, Erik ha hecho lo mismo con ambos; ¿Qué tanto había indagado el demonio? ¿Hasta qué punto? la idea le fastidia más de lo que está dispuesta a demostrar. Deian tenía más reputación de la que le gustaría si bien pocos demonios conocían su verdadero origen; y en cuanto a ella, ella siempre había sido el rostro de ambos. La Clave la conocía. El submundo la conocía. Incluso había algunos mundanos que la conocían. Pocos sabían de su cercanía con el ángel caído eso si. Deian no era muy adepto a las muestras de cariño si no más bien a las de posesión, Milena era suya y como tal no dejaba que nadie la viese o tocase; y la castaña era igual. El demonio era suyo. Suspira. Vuelve a mirar a Erik con calma mientras lo pesa en la balanza, era calmado. Le gustaba. Claro que ella sabía que la calma de un demonio era terriblemente relativa; había visto como Deian pasaba de tranquilidad a locura en cuestión de segundos. ¿Tendría él también alguien que podía calmar la oscuridad de su pútrida alma? ¿O siquiera se podía calmar a un demonio que nunca había caminado por los cielos? —No es interés señor Vanhanen— le dice con calma mientras se acomoda el cabello. Deian y ella tenían capital a montones y no necesitaban alianzas económicas, más bien era el otro tipo de favores el tema a tratar —Le seré completamente honesta. Yo no sentía la necesidad que tuvo el señor Rhys de abandonar nuestros negocios en Europa para venir a este centro de desolación si bien entiendo lo que le atraía de esta ciudad. Pero yo sé que los de vuestra clase no suelen aceptar competencia o intrusos.

Se acomoda un poco, mientras intenta analizar que tanto debería moverse. Que tanto puede presionar y que tanto debe desvelar también. Deian aborrecía la idea de soportar a alguien como Erik tanto como este debía odiarla. Era curioso para ella. Porque ahí estaba él, educado, calmado, con modales; pero ¿Qué le aseguraba que no estuviera planeando como deshacerse de ellos? ¿O venderlos con Lilith? La reina de los demonios nunca había mostrado demasiado interés en Deian pese a que era un ángel caído. Le sorprendía bastante que lo hubieran dejado llegar a demonio a decir verdad, a veces se preguntaba porqué la reina no intentaba fulminarle sin más pero con lo idiota que había sido últimamente, dejando que un nefilim con su sangre liderase a los suyos, tampoco le pedía grandes muestras de inteligencia —No me gusta tener enemigos si puedo evitarlo. Nuestro interés en esta pequeña reunión era acordar los términos en los que ambos, tanto usted como nosotros, podamos coexistir sin terminar en un derramamiento de sangre.

Por ahora. Vigilaría muy bien el submundo porque no dudaba que Erik tuviese las influencias suficientes como para lograr que los demonios que ya había convencido se aliasen en su contra. No le gustaría tener que protegerse las espaldas en esa ciudad cuando ya tenía suficiente con el drama que los había arrastrado hasta ahí y con la tarea que la hada les había encargado. Odiaba a esa hada. Le tenía miedo y respeto porque no le extrañaría que fuese tan antigua como la misma reina Seelie y la antigüedad era peligrosa. Más en un hada. Además no soportaba la forma en que la miraba, como si fuera una idiota por creer que podía dominar a un demonio. No lo creía. Lo tenía seguro. ¿Cómo si no había evitado que Deian matase cada vez que se encaprichaba? ¿O que siguiera planes? Esa halada bien debería agradecerle porque si el demonio mayor no se había lanzado como perro tras un hueso al saber sobre los dos pequeños engendros de su maldición, era gracias a ella.

Básicamente nos gustaría pactar una alianza estratégica con usted. No en lo económico puesto que ni vuestros negocios ni los nuestros lo requieren, si bien si así lo desea podemos incluirlo de igual manera. Más en lo referente a vuestros tratos y los del señor Rhys como mangantes de deseos y el cobro de las mismas, almas. Puesto que fuimos nosotros los que llegamos a irrumpir la paz en una ciudad donde usted era el averno principal, estamos dispuestos a ceder en lo que usted considere necesario siempre y cuando sea justo, para evitarnos una guerra sin sentido que terminaría con alguno de vosotros herido o muerto— no se inmuta en lo absoluto; ni amenaza. Sabe que no es necesario. Erik le parece un hombre inteligente, lo suficientemente inteligente para saber que sin alianzas ya fuese con brujos o con otros demonios, ella y Deian tenían las de ganar. Con sus casi ochocientos años, Milena no era precisamente un blanco fácil y Deian era tan poderoso como caprichoso. Nunca habían tenido oposición, no realmente. Sólo había vivido una experiencia de cercanía a la muerte, cuando habían sido emboscados en Estambul por un demonio mayor y sus múltiples seguidores. Habían tenido que dejar la ciudad en lo que Milena desmantelaba la oposición en su contra. Pero en este caso sabía que Deian no querría abandonar la ciudad incluso con una amenaza de muerte, puesto que el juego de su maldición era más poderoso para él. Los demonios y sus maldiciones. ¿Qué tipo de obsesión enferma tenían con ellas? ¿Cómo si fueran un hechizo vinculante?

No quisiéramos imponernos sobre usted, como tampoco deseamos una guerra en vuestra contra. El señor Rhys tiene asuntos en la ciudad que le tomarán cierto tiempo, pero tampoco planeamos quedarnos indefinidamente. Esta sería una alianza temporal por así decirlo— sonríe un poco y se inclina sobre la mesa, con el suave movimiento de su pecho visible por el escote de aquel vestido color ciruela —Una de la que podríamos salir beneficiados ambas partes. Estoy personalmente dispuesta a asistirlo si así lo requiriese. Tengo innumerables acuerdos y tratos con los hijos de Raziel y oídos en todas partes. Como verá, podríamos ser aliados valiosos si usted no tiene problemas en nuestra continuidad en la ciudad hasta que nuestros asuntos en la misma se hayan resuelto.




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Now I am become Death, the destroyer of worlds
Después de un primer vistazo, decidió que Milena podía llegar a gustarle. Sabía mantener la presencia delante de un demonio mayor -probablemente acostumbrada a tener que lidiar con uno-, era hermosa, inteligente y sabía escoger muy bien qué decir para hacerle creer que podían ser aliados. Se le escapó una ligera risa de entre los labios cuando ella le dijo que iba a serle honesta, por no tener muy claro si aquella mujer realmente sabía decir la verdad, o era una expresión como cualquier otra para hilar ideas unas con otras.

A nadie le gusta los enemigos, querida mía. Son una molestia más que otra cosa.

Su discurso parecía ensayado una vez y otra por su complejidad, y sin embargo de sus labios salía con tanta naturalidad que no sonaba artificial, ni forzado. Era digno de una persona que se molestaba en conocer perfectamente de lo que hablaba y con quien hablaba; eso también le gustó. Realmente Deian sabía rodearse de aliadas, y le envidió por ello.

Querida mía, descubrirá que yo puedo ser muy justo cuando me lo propongo. —Sin embargo no respondió a esa cuestión directamente, sino que la dejó continuar, viendo si tenía algo más que ofrecerle. Y no le decepcionó.

De pronto la curiosidad le corroyó los huesos como el ácido. ¿Asuntos? ¿Qué clase de asuntos podían tener pendientes en la ciudad de New York un demonio traidor y traicionero y su zorra? Enarcó una ceja, realmente interesado de pronto en las palabras de Milena. Acuerdos, tratos, ser el demonio dominante de la zona, todo eso había esperado que saliese de los labios de la bruja en aquel encuentro para intentar camelarle, para intentar hacerle creer que no eran ninguna amenaza para él -cosa que evidentemente él no creía en absoluto; ¿cómo no iban a ser una amenaza cuando representaban todo lo que odiaba en el mundo?-. Sin embargo el que hubiesen ido allí con una idea en mente, con un objetivo, con un plan, se le hizo tremendamente sustancioso como para no intentar tirar del hilo en su favor. Ella parecía lo suficientemente inteligente como para tener en cuenta que aquel dato despertaría su curiosidad, y desde luego dudaba que pudiese apretar el botón que le revelase tal información, pero, ¿quién sería si no lo intentaba, al menos? Erik sonrió con naturalidad, preguntándose cuándo había sido la última vez que había mantenido una batalla de ingenio con alguien. Las criaturas que le rodeaban eran tan insignificantes, tan fáciles de dominar; encontraba placer en eso, por supuesto, pero también en la sutil resistencia, en alguna dificultad, aunque al final lo que le interesaba, como siempre, era ganar.

Tan intrigado se encontraba por ese hecho que la visible exposición de piel de Milena ante él pasó casi desapercibida. Casi, porque tenía un escote demasiado delicioso como para no hacerle caso, como para no alimentase la llama dentro de él, pero por primera vez en siglos prefirió alzar la mirada, dirigirla directamente a sus ojos y buscar dentro de ella para ver qué podía extraer de su cabecita. Al contrario que los brujos, él no poseía la capacidad de leer mentes mediante la magia, pero llevaba vivo el suficiente tiempo como para haber aprendido a encontrar en los rostros ajenos las claves de sus secretos. Milena no se los daría así como así, estaba seguro, porque sabía perfectamente que esgrimía una máscara, como él, pero al menos así sentiría la tentación de prestarle atención lo suficiente como para no terminar deseando asesinarla allí mismo, tan voluble como el humo que era el demonio.

Entiendo. Por supuesto que yo tampoco quiero que una nimiedad, que un malentendido pueda desembocar en una guerra que termine perjudicándonos a ambos. No soy tan ingenuo como para no reconocer el hecho de que el señor Rhys sería un poderoso enemigo a tener en cuenta, y al mismo tiempo, un aliado de incuestionable valor. —Se apoyó en la mesa y cruzó las manos por debajo de los ojos, observándola con atención. ¿De verdad tendría el bozal y la correa de Milena bien sujetos al demonio? ¿O tan sólo era lo que él le hacía creer en todo momento? A fin de cuentas, es lo que él mismo haría... Darle suficiente manga ancha para que pensase que tenía poder sobre él cuando en realidad era todo lo contrario. Eso sólo la hacía más adorable y deseable, y por eso sonrió con los labios cubiertos—. Sería un necio si no aceptas el jugoso trato que me propone, desde luego. Incluso teniendo en cuenta que vuestro señor no le tiene aprecio a la Reina y que, como probablemente sabéis, yo no soy más que el humilde servidor de quien gobierna en Edom. Eso nos haría enemigos naturales, por supuesto, pero, ¿qué imbécil se dejaría matar por eso? ¿Somos nefilims, acaso? No, ni mucho menos. —Por supuesto que cualquier alianza al final era papel mojado, y estaba convencido de que Milena lo sabía. Pocas cosas podrían hacerle asentar su palabra con un traidor, y dudaba mucho que ella consiguiese encontrar alguna de ellas. Sin embargo, de momento, quizás era lo más apropiado—. ¿Qué asuntos les han traído a mi ciudad? —No tuvo ningún reparo en comentarlo así, a fin de cuentas, había sido ella quien había dicho que él era el demonio principal y que no pensaban quedarse eternamente, por lo que si eso era cierto, no debería sentirse amenazada al escuchar eso—. Quizás pueda serles de utilidad, señora Sardothien. Yo también tengo muchos contactos y puedo mover hilos para intentar ayudarles a conseguir su propósito. No porque quiera que se marchen rápidamente, por supuesto. —Bajó las manos hasta dejarlas sobre el mantel, atravesándola con la mirada, recorriéndola y deleitándose con ella—. Que termine yo encerrado en los confines de la tierra si quisiese yo que alguien como usted desapareciese pronto de mi vista...


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