29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


37 # 34
15
NEFILIMS
7
CONSEJO
10
HUMANOS
7
LICÁNTRO.
10
VAMPIROS
12
BRUJOS
3
HADAS
7
DEMONIOS
1
FANTASMAS
Últimos temas

No man is above the law ➳ Theodore K. Eckhart

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

No man is above the law
"No man is above the law and no man is below it: nor do we ask any man's permission when we ask him to obey it."

→ Lunes → 11:30 → Oficinas del Instituto de Nueva York → Templado
Honor. Deber. Leyes.

Se supone que un nefilim se rige por esos principios. Honor. Deber. Y el lema de la Clave. La ley es dura pero es la ley. Todos los cazadores de sombras tenían que obedecerla y la rubia siempre había pensado que no era tan complicado. La forma en la que los criaban como soldados divinos facilitaba bastante el que entendieran las leyes y quisieran seguirlas; no revelar el mundo de las sombras a los mundanos, no matar, investigar cualquier violación de la ley y reportarla, no cometer crímenes contra uno de los tuyos, no ocultar información al Consejo, entre otras. Todas tenían sentido. O por lo menos la mayoría.

Sin embargo es la primera vez que Victorie es llamada a la oficina del director y siente un vuelco en el corazón. Siente miedo de ser regañada o castigada. Ella nunca ha sido esa persona, sigue la ley al dedillo, su récord es impecable y su desempeño admirable; desde que había llegado a Nueva York no había recibido otra cosa que no fueran palabras de aliento por parte de los Lightwood, a ella y a Alam. ¿Cómo iba a ser de otra manera? Ellos eran uno solo, venían juntos y trabajan juntos, ambos desde su llegada habían trabajado codo a codo con el Instituto. Entonces, ¿Por qué alguien como ella tendría miedo del castigo? Porque por mucho que amara la ley, por mucho que la respetase; sabía que la estaba rompiendo. No tan literal. No en el sentido estricto de la palabra; pero esperaba un regaño fuerte de parte de la Clave cuando se enterasen de lo que sentía por un mundano. Nefilim. Nefilim rezagado mundano. Así que cuando entró en la oficina de Robert Lightwood aquella mañana, estaba mucho más seria de lo normal.

Pero no era algo suyo, no por ahora. El alivio que la invadió cuando le dijo que necesitaba su apoyo hablando con un recién llegado algo revoltoso, se podía comparar solo con la culpa de traicionar la confianza que el director había depositado sobre sus hombros "Es joven y un modelo a seguir señorita Wintercloud, hemos intentado ya hablar con él pero no entiende razones. Tal vez si usted habla con él sea capaz de hacerle entender que incluso los más jóvenes de los nuestros, no están por encima de la ley" Asiente pese a todo y le agradece cuando el director se marcha diciéndole que puede usar la oficina para convocarle. A la francesa nunca le ha agradado esta parte de ser nefilim del Consejo, la autoridad que eso conlleva y como por lo mismo estaba sobre los demás; el deber que eso conllevaba, el pedirle a alguien que se ponga frente a ti y acepte las consecuencias de sus actos, nunca le ha gustado. Pero lo hace, porque, como ya se ha dicho, un nefilim se rige por esas tres cosas: honor, deber y leyes.

Y su deber era ese. Espera paciente revisando el códice de los cazadores de sombras, con la esperanza de que este le diga algo sobre todo lo que últimamente le ronda por la cabeza; su relación con Michael, fantasmas, hadas, demonios, brujas, personas que no pueden ser rastreadas, y entre otras cosas. Sus ojos recorren las palabras con monotonía pues no tiene que concentrarse para que estas se graben en su cerebro; su memoria es infalible. Lo recordará a la perfección, como recuerda todas las cosas en esta vida. Apenas y levanta la vista del libro cuando nota la presencia del otro cazador de sombras, lo cierra con tranquilidad, la serenidad y calma que la caracteriza en cada movimiento. Victorie es menuda no es especialmente alta y es plenamente consciente de lo joven que es para pertenecer al Consejo. Casi desea tener a Alam a su lado, porque su parabatai con su seriedad y mirada, suele acallar cualquier mirada desaprobatoria en su dirección. Pero cuando se pone de pie solo hay dureza e inflexibilidad en sus ojos, no va a permitir que por ser mujer y posiblemente ser más joven, aquel nefilim olvide que ella está por encima de él de cierta forma.

Deberías sentarte— le dice con calma. Espera a que el joven tome asiento, con los ojos azules claro clavados en su dirección; ha sido una petición pero por su actitud, hacer lo contrario es poco recomendable, vuelve a tomar asiento con tranquilidad —No recuerdo haberme presentado antes contigo, pero mi nombre es Victorie Wintercloud. No hace falta que tu te presentes, pues el director Lightwood me ha puesto al tanto ya, lo cual nos evita darle más vueltas al asunto e ir directos a la razón por la que estás aquí. De nuevo— añade con cierto desenfado como quien quiere dejar en claro que esta situación debería dejar de repetirse o habrá represalias. Lo entendía sin embargo. Había leído que había perdido a su parabatai y la mera idea de que eso le pasara a Alam, la hace más compasiva respecto a su situación. Pero eso no quería decir que podía seguir de la forma en la que se estaba desempeñando, pues su actitud y comportamiento eran más que reprochables.

Quiero aclarar que a diferencia del director yo no adoro tener estas conversaciones sobre ultimátum y castigos. Te diré lo que hemos decidido y eres libre de decir cualquier cosa al respecto. No soy una caja cuadrada como muchos de mis compañeros en el Consejo, he aprendido a escuchar, porque me tocó vivir lo que es estar en desacuerdo con lo que se estaba haciendo y no poder decir nada al respecto— su voz no es dura o autoritaria pese a todo, Victorie jamás se ha creído más que los otros cazadores de sombras por formar parte del Consejo, es algo que ha aceptado e incluso le agrada porque no es la primera vez que los miembros más jóvenes del mismo evitan que los más antiguos instauren leyes absurdas para la época en la que viven.

Lo que estás haciendo, cumplir las misiones jugando con los límites de las leyes, tiene que detenerse. Porque llegará un punto donde estas conversaciones dejen de ser advertencias y sean castigos. Llegará un punto donde la Clave empezará a cuestionarse si eres alguien a quien se le puede confiar las vidas que por nuestro deber, están bajo nuestra protección. Esta es la última advertencia que se te da al respecto, porque la próxima vez, consideraremos tomar medidas. ¿Qué medidas? No lo sé. Por ahora, quedas avisado y estás bajo observación— algo de lo que ella iba a encargarse personalmente. Si tenía que ser su sombra para eso lo haría, porque en tiempos oscuros como aquellos, lo mejor sería poner un alto antes de que aquel joven decidiera que Sebastian Morgenstern y sus ideales eran mejores que las decisiones que tomaba la Clave —Sé que estás molesto. Todos lo estamos. Esto que está pasando nos sobrepasa a todos, nosotros no estamos para dictar las órdenes y ya. Votamos. Intentamos representarlos lo mejor posible, pero si en lugar de decirnos lo que no les parece rompen las leyes, nos ponen en esta incómoda situación de tener que actuar como jueces y verdugos.




- If I break the glass, then I'll have to fly -:

we don't get to choose whom we love:
avatar
Mensajes : 156

Reliquias : 129

Temas : 3/6


Hoja de personaje
Inventario:
Ver perfil de usuario http://www.cazadoresdesombras-rpg.com/t8381-love-is-a-beautiful-fear-victorie-c-wintercloud-idhttp://www.cazadoresdesombras-rpg.com/t8423-nothing-but-i-m-damn-sure-it-s-more-than-you-victorie-c-wintercloud-rshttp://www.cazadoresdesombras-rpg.com/t8441-lights-will-guide-you-home-victorie-c-wintercloud-chronology
Personaje inactivo

Volver arriba Ir abajo

No man is above the law
"No man is above the law and no man is below it: nor do we ask any man's permission when we ask him to obey it."
→ LUNES → 11:30 → OFICINAS DEL INSTITUTO DE NUEVA YORK → TEMPLADO


A plena mañana me hallaba sentado en un banco de un parque cercano al instituto neoyorkino, fumando un poco de tabaco a la vista de todos aquellos transeúntes que pasaban ante mis ojos, pensando en sus quehaceres diarios. Mientras daba una calada a aquel cancerígeno filtro de nicotina, pensaba en el aviso por corta que hacía unos días había llegado a mis aposentos, con el sello oficial del Consejo. Una misiva que me informaba de una reunión con un miembro del consejo, para tratar diversos temas conmigo en un dia y hora concretos, alejad del resto de mis compañeros cazadores. Una correspondencia que precisamente se hallaba en mi mano en aquel momento, mientras sostenía el cigarrillo con la otra mano. Ni siquiera necesitaba acudir a aquella “cita” para saber lo que me comunicarían en uno de sus elegantes y protegidos despachos repletos de terciopelo y comodidades. Conocía suficientemente a esos cobardes administrativos para adivinar que el motivo de aquella maldita convocatoria. Estaba seguro de que estaría relacionado con mi forma de trabajar a la hora de realizar las cacerías que me eran encomendadas, digamos que mi estilo no era demasiado elegante ni fiel a las normas preestablecidas por el dichoso Consejo. Mis métodos cada vez se alejaban más de lo que una vez me enseñaron en la academia cuando era joven, y no por gusto, sino por pura supervivencia. Un papel con leyes y reglamentos no te salvaba de que un Oni te quebrara el cráneo con su boca, sino el rápido movimiento de tu cuchillo serafín, eso es algo que aquellos estúpidos jamás comprenderían, por mucho que prediquen estar a nuestro lado en el verdadero campo de batalla.

Meditando en todas aquellas cosas, coloqué la punta de mi cigarrillo sobre aquel pergamino y dejé que comenzará a arder, consumiéndose entre tenues llamas y convirtiéndose en nada más que un montón de cenizas. Acto seguido, me incorporé de mi asiento y arrojé el cigarro sobre esos negruzcos restos, extinguiéndolo con un rápido pisotón y me encaminé hacia el Instituto, para afrontar mi posible castigo o reprimenda. En el trayecto, fui elaborando en mi cabeza diferentes argumentos para tratar de justificar mis actos allá afuera, para poder calmar los ánimos de aquellos robots con plumas de tinta. Sin embargo, cuanto más pensaba en ello, más me daba cuenta de que realmente no tenía por qué excusar mis procedimientos a la hora de cumplir con mi deber. Al fin al cabo, lo que verdaderamente importaba para un cazador era alcanzar sus objetivos, que en la mayoría de ocasiones era exterminar a aquella amenaza que esté dando problemas en X sitio. No entendía el por qué tal cosa debía controlarse tanto con reglamentos y guías del buen hacer del cazador que no encajan en absoluto con la verdadera naturaleza de un hijo de Raziel. Pero supuse que era normal que tratasen de vigilarlo todo desde sus altivos butacones, ya que estaba seguro de que a muchos de ellos les interesase que sus peones de batalla se descontrolen y armen trifulcas que ni ellos mismos puedan dominar con su supuesto infinito poder. Un dominio que fue incapaz de evitar la muerte de muchos de mis camaradas en aquella triste noche, un derramamiento de sangre angelical por calles mundanas que de verdad me hizo replantearme si estaba en el bando correcto para obtener mis metas futuras.

Suspiré y al llegar al Instituto, entré en su interior, y me dirigí hacia las oficinas donde normalmente los cazadores rasos éramos llamados para informarnos de nuestra misión o para en este caso, darnos una reprimenda como a niños pequeños. Recorrí las enmoquetadas escaleras del lugar, observando de pasada los cuadros de nuestros antepasados, héroes en antaño que no se regían por leyes ni juramentos, tan solo por la fuerza de su divino deber. Y no pude evitar detenerme en el retrato del ángel Raziel, nuestro creador y divino protector. Su refulgencia resaltaba en aquella pintura, con esos colores dorados y plateados, que emanaban una luz aliviadora y cálida, las cuales me recordaban el propósito de nuestra raza por encima de cualquier otra cosa. Posé la mano sobre el cuadro y murmuré el lema de los nefilim, con los ojos cerrados y continué con mi camino, dispuesto a continuar con mi perpetuo cometido, aunque eso conllevara pasar por encima de obstáculos inesperados. Tras aquello, llegué a mi destino y con un par de golpes suaves al despacho en el que me habían citado, me dieron paso, entrando en este con total decisión y endereza. He de decir que me sorprendió lo que me encontré en aquella habitación, ya que me esperaba al clásico hombre trajeado con sus trofeos de guerra y una mirada férrea que deseaba someter a todos sus subordinados, con una edad más avanzada a la mía. No obstante, la persona que se hallaba sentada tras aquel escritorio de brillante madera era una joven a la que por lo menos le sacaba un par de años de edad. Sus luceros verdes se clavaron en mí en cuanto la puerta se cerró y me dispuse a tomar asiento en silencio, en cuanto me lo ofreció, sin mostrar emoción alguna. Con la espalda recta y los brazos en cruz, permití que aquella mujer comenzara con sus explicaciones, fijando mi mirada sobre sus ojos, iniciando un minucioso análisis de sus posibles intenciones. Y ninguna de ellos se salió del guion que había maquinado en los engranajes de mi mente horas antes de cruzar aquella puerta de madera, todo se trataba de advertencia verbal respecto a mis actos fuera del Instituto. Con los argumentos habituales de que el Consejo comprendía nuestra situación y tratando de demostrar empatía hacia mi persona, lo que me hizo deducir que había revisado mi informe y encontrado aquel suceso relacionado con mi parabatai.

Cualquier otro cazador más inexperto contra ese tipo de alegaciones, habría saltado a la mesa y hubiese gritado a los cuatro vientos su valía como nefilim. O se hubiese derrumbado en el suelo a lagrima tendida, suplicando una nueva oportunidad para que sus marcas no le sean retiradas. Con otros compañeros esa burda técnica funcionaba, pero no era mi caso, la experiencia me permitía darme el lujo de contratacar y lo iba a hacer.– Primero de todo, encantado de conocerla, señorita Wintercloud. Permítame decirle que su despacho es fantástico, y combina muy bien con la elegancia que usted porta como bandera. – comencé con un suave cumplido, para allanarme el terreno antes de entrar en materia. – Una vez dicho esto, voy a ir directamente al grano, si no le importa. Comprendo que mis maneras a la hora de trabajar quizás no sean precisamente políticamente correctas, eso se lo concedo. Sin embargo, como quiere el Consejo que los cazadores procedamos de acuerdo a las leyes si hace nada hemos visto a nuestros camaradas, a nuestros hermanos e incluso parabatais desangrarse en medio de las calles mientras ustedes estaban cómodamente en sus butacas. Tratando de resolver una situación que les sobrepasaba por completo. – argumenté alzando una ceja de incredulidad, mientras me remangaba las mangas de mi cazadora de combate, relevando la indecente cantidad de heridas y cicatrices que poblaban la piel de mi brazo.

– Simplemente no tienen derecho a reclamarnos nada en absoluto, después de todo aquello y de tantas otras. Muchos de nosotros les hemos sido fieles durante años, sin quejas ni lamentos, tan solo para cumplir con el juramento eterno que poseemos con Raziel al momento de nuestro nacimiento, como cazadores de sombras, algo que a veces parecen haber olvidado. –  continué sin dejarme amilanar por muchas miradas de desaprobación y altanería que quisiese lanzarme con aquellos luceros glaucos. – Todas estas heridas y cicatrices han sido provocadas por criaturas que estoy seguro que usted, con todo mi respeto, solo ha visto en esos libros que tiene en esas estanterías. Créame que cuando vive el verdadero horror como servidor o como tantos otros camaradas, toda ley posible queda en el olvido. ¿Por qué? Muy simple, porque nuestra vida es la que está en riesgo o la de nuestros parabatais en combate. -  añadí al mismo tiempo que me recolocaba las mangas de mi chaqueta, sin desfijar la mirada de su rostro ni un segundo. – Tomo nota de su advertencia, y trataré de corregir mi conducta para que sus jefes estén contentos. Ahora, si me disculpa, si no dispensa más de mí, me marcharé a mis aposentos, aunque no sin antes no darle un pequeño consejo. – me levanté de aquel asiento y apoyé las dos manos sobre aquel pulcro escritorio. – No trate de mostrar falsa empatía con personas que no conoce personalmente, no está hecha para engaños de ese calibre. - susurré justo antes de encaminar mis pies en dirección a la puerta, en espera de su respuesta, que no se haría de rogar y que estaría repleta de reproches y más estúpidas advertencias de una chica demasiado joven para su trabajo.






avatar
Mensajes : 41

Reliquias : 297


Hoja de personaje
Inventario:
Ver perfil de usuario http://www.cazadoresdesombras-rpg.com/t9537-theoodre-k-eckhart-idhttp://www.cazadoresdesombras-rpg.com/t9538-theo-s-relationshipshttp://www.cazadoresdesombras-rpg.com/t9539-cronology-of-a-shadow-hunter-theodore-k-eckharthttp://www.cazadoresdesombras-rpg.com/t9712-searching-my-despair-0-2#84668
Personaje inactivo

Volver arriba Ir abajo

No man is above the law
"No man is above the law and no man is below it: nor do we ask any man's permission when we ask him to obey it."

→ Lunes → 11:30 → Oficinas del Instituto de Nueva York → Templado
Ella sonríe con ironía. No está seguro si aquel cazador de sombras está buscando molestarla o es ingenuo. Cualquiera que lleve un tiempo en aquel instituto sabe que aquella oficina es exclusiva de los directores, por seguridad asume que es burla y pierde cualquier rastro de amabilidad y compasión. No esboza mueca alguna o desagrado, pero sus ojos azules relucen con una seriedad impropia de su edad. Por un segundo desea que Michael o Alam estén con ella porque siente que jamás se habría atrevido a hablarle de esa forma si fuera mayor o si fuera un hombre —Como seguramente sabeis, esta oficina pertenece a los directores del instituto. El señor Lightwood me ha dado permiso de usarlo para nuestra pequeña reunión— los directores nunca habían recelado de ella, pero cuando se volvió evidente que ella y Christopher se habían vuelto cercanos, estos se habían vuelto más amables con ella, en especial Robert Lightwood. Supuso que Christopher y él eran cercanos de alguna forma. Su siguiente declaración enciende un fuego en ella tan poderoso que su rostro se crispa un poco, con una frialdad seca y filosa, como la de una arma. Espera a que termine de hablar con aquel gesto serio tan impropio de ella, ¿Qué cree este Nefilim que hace Victorie? ¿Solo sentarse cómoda mientras los demás arriesgan su vida? —Discúlpeme— lo interrumpe con un tono de voz helado y autoritario —Posiblemente me equivoque, porque no creo que seais tan descuidado como para insinuar frente a alguien cuyo rango te sobrepasa que no hace nada— le recuerda severa. Todavía tiene las cicatrices frescas de su encuentro con Sebastian Morgenstern, la forma en que esté la había amenazado diciéndole que si se movía le arrancaría los ojos de las cuencas y los guardaría como trofeos. Recuerda el horror, la impotencia, la forma en que se había dejado las horribles heridas provocadas en dicha pelea porque no deseaba que le quitasen dolor de encima. No hay forma de describir su enojo. Es una molestia visceral y muy impropia de ella, porque que insinúen en su cara que ella disfruto cómodamente de su vida sin hacer nada, es una ofensa tan grande que se siente tentada a invocar al consejo en ese momento para que el castigo que caiga sobre él, sea uno severo.

Pero se recuerda que ella, es mejor que aquello y tras tomar aire, vuelve a una serenidad fría.

Lo deja terminar pese a que las palabras que salen de su boca no hacen más que empeorar el humor de la rubia. Casi se echa a reír cuando aquel nefilim dice que ella nunca ha visto un demonio. ¿Cómo cree que se llega a ser Nefilim del Consejo? ¿Por tu bonita cara? Habían sido sus méritos en batallas, sus cicatrices y su esfuerzo los que le habían dado aquel asiento, no su cara bonita. Y cuando se levanta ella se pone de pie con aquella velocidad sobrenatural que tiene —Lo lamento, pero no te he dado permiso de retirarte— le dice con severidad. Ella odia usar su autoridad para retenerle, pero no piensa dejar que aquella ofensa a su persona pase impune, no piensa dejar que él ofenda a todos los miembros del Consejo como ella, Christopher, Alam, entre otros; pase impune —Y para tu desgracia necesitas mi permiso para retirarte, así que no, no hemos acabado.

Ni siquiera lo mira con altanería o desaprobación, hay solo indiferencia y seriedad en su rostro de muñeca y en sus ojos azules. Le cierra el paso hacia la puerta con su cuerpo, y pese a que es más baja qué él hay cierta aura en su ser que si era prudente, entendería que lo peor que podía hacer era salir por esa puerta —Déjame explicarte algo Eckhart. Porque estas tan equivocado que me pregunto como es siquiera que te dejan portar runas. Me gane mi puesto a los 21 años porque yo y tres cazadores de sombras más limpiamos un nido de demonios dragonidae y raum. En dicha incursión falleció uno de los míos y es un peso que voy a cargar toda mi existencia, porque bien pudo haber sido mi parabatai. Y ese solo fue el último de los méritos por  los que me dieron dicho puesto. Posiblemente he matado más demonios que tu en tu vida, y es debido a eso, a lo mucho que he aportado como cazadora de sombras que me lo dieron. No por mi bonita cara o porque yo sea miembro de una familia importante de cazadores de sombras —ni siquiera acepta algún tipo de interrupción de su parte pues antes de que él pueda hablar prosigue con el mismo tono serio y frío —Yo estuve en medio de la batalla en Times Square, luchando al lado de mi medio hermano, que da la casualidad de que igual es un miembro del Consejo, que oh, si ha visto demonios fuera de los libros— dice con sarcasmo —Entre los dos debimos haber salvado a unos quince mundanos y matado a más de veinte demonios hasta que nuestras heridas fueron demasiado grandes como para que pudiéramos seguir de forma segura. Y antes de eso Sebastian Morgenstern amenazó con arrancarme los ojos de sus cuencas y tenerlos como trofeo. Te recomiendo firmemente que vuelvas a considerar tu posición antes de ofender de esa forma a un Miembro del Consejo y a todos los que formamos parte de el— suspira y sus ojos azules lo atraviesan como cuchillas —Que nuestros méritos en batalla sean mejores que los tuyos y por eso ahora podemos ser participes de la toma de decisiones, no indica que jamás los tuvimos o que ahora lo único que hago es sentarme y regañar cazadores de sombras con tu capacidad de razonamiento.

Vuelve a tomar asiento, ya sin importarle si aquel cazador de sombras tiene la osadía de retirarse si así lo desea. Que lo haga. Así ella puede ir con el director y pedir convocar una audiencia de verdad en su contra. Que le de razones para llamar al Consejo. Se quita la chamarra y su piel reluce con aquellas cicatrices finas que siempre han bañado su piel. Tanto dolor en su vida siendo tan joven. Tantas cicatrices, tanto sufrimiento, ¿cómo podría existir gente que pensaba que ella no hacía nada? ¿No sufría nada? —Así que cuando te recrimino por tu comportamiento, es porque tengo todo el derecho de hacerlo. Porque existe una forma de ser un Nefilim excepcional y seguir las reglas. Yo lo sé, y todos los que estamos en el Consejo lo sabemos porque así es como te ganas tu puesto. Puedes irte ahora. Informaré al Consejo sobre tu opinión de todos nosotros y como somos burocráticos que viven vidas llenas de lujos sin riesgos. Seguro les encantará. Te avisaré personalmente de nuestra decisión respecto a tu comportamiento

Vuelve entonces su atención a los informes que tenía frente a ella evitando parpadear para que no se reflejase ningún tipo de debilidad en sus ojos. No podía ni debía. No cuando la habían ofendido de aquella forma tan personal, tan íntima. Había lidiado con muchos cazadores de sombras en su vida, rebeldes, maleducados, aliados con Valentine; tenían en común que algo les molestaba, pero ninguno jamás la había mirado a los ojos y le había dicho que no hacía nada. ¡Nada! Apenas saliese de ese lugar buscaría a Alam o a su hermano, necesitaba quitarse aquel mal trago.




- If I break the glass, then I'll have to fly -:

we don't get to choose whom we love:
avatar
Mensajes : 156

Reliquias : 129

Temas : 3/6


Hoja de personaje
Inventario:
Ver perfil de usuario http://www.cazadoresdesombras-rpg.com/t8381-love-is-a-beautiful-fear-victorie-c-wintercloud-idhttp://www.cazadoresdesombras-rpg.com/t8423-nothing-but-i-m-damn-sure-it-s-more-than-you-victorie-c-wintercloud-rshttp://www.cazadoresdesombras-rpg.com/t8441-lights-will-guide-you-home-victorie-c-wintercloud-chronology
Personaje inactivo

Volver arriba Ir abajo

No man is above the law
"No man is above the law and no man is below it: nor do we ask any man's permission when we ask him to obey it."
→ LUNES → 11:30 → OFICINAS DEL INSTITUTO DE NUEVA YORK → TEMPLADO


La sonrisa en mi interior se ensanchaba por momentos al escuchar cada palabra y observar cada pliegue de los músculos faciales de aquella chica en señal de puro enfado. Una cólera que se encendió gracias a las diversas pullas que había arrojado hacia unos minutos hacia la organización de la Clave. Unas acusaciones que impactaron directamente en el orgullo de aquella muchacha de traje elegante y aparente semblante frío y distante. Sin duda, su inherente inexperiencia la había arrojado a un fuego de ira innecesario por unas provocaciones que debía haber esperado de antemano de alguien que ha sido acusado por su irresponsable conducta. Me faltó poco para no desternillarme de la risa delante de sus ojos y acabar de quebrar la escasa paciencia que debía permanecer en su interior tras mis declaraciones.

Unos ataques certeros, a la vez que osados que podían costarme incluso las runas que portaba orgulloso en mi piel. Pero en aquel punto de mi vida, me daba casi igual si decidían imponerme tal castigo, solo sería una muestra más de la inoperancia y la rigidez de la que aquejaba la Clave en cuanto a la crisis que estaba aconteciendo en la ciudad neoyorquina. Solamente había que ver a quien le habían encomendado regañarme por mis actos excesivamente violentas. Una muchacha que por haber sentido un par de veces el miedo y la desesperación, y poseer un rango superior se creía capaz de tratar de ponerse a mi altura en cuanto a sufrimiento y oscuridad. Una necia que había caído al primer desafío mal preparado y derrumbaba su templanza sin remordimiento alguno. El primer mandamiento de cualquier dirigente o comandante que dirija a sus tropas es nunca perder la calma ante casos como el mío.


El silencio se apoderó de mi persona, estableciendo un semblante gélido y imperturbable mientras su sarta de bravatas y reproches continuaba impactando sobre mis oídos. Una colección de críticas y regañinas que no me afectaban en lo más mínimo y tan solo confirmaban mis sospechas de que los de arriba no se encontraban precisamente cómodos con la situación de aquellos momentos. Por mucho que quisieran aparentar serenidad y calma hacia la tormenta venidera, la realidad era muy distinta. Quizás podrían engañar a los más novatos, pero a los nefilim con experiencia como mi persona no lo iban a conseguir. Sobre todo, aquellos que han tenido el contacto directo con la mismísima muerte y la destrucción, como era mi caso. Me importaba poco lo que aquella mujer estirada podía decir a sus superiores, lo único que me interesaba era marcharme de allí y dejar de escuchar sus estupideces de reglas y convenios estúpidos.

Fuera de aquellas puertas de roble se estaba librando una maldita guerra y sabía a la perfección que un pergamino con cuatro letras escritas no iba a salvar mi pellejo de la garra de un demonio o ser del abismo. ¿O acaso seguir las normas iba a hacer que recuperase a “esa persona”? Lo dudaba profundamente, así que estaba decidido a continuar con mi método de trabajo. Y si realmente tenían problemas los de arriba con este, siempre me quedaba la opción de actuar por mi cuenta, cosa que no me parecía tan descabellada. Al fin al cabo, hacía bastante tiempo que había dejado de tener fe en cualquier palabra que fuese pronunciada por la Clave o sus delegaciones. Aunque bueno, en realidad, hacía siglos que no creía en nada más que en mí mismo y en mi propia supervivencia. Una actitud que se había construido con los ladrillos de la veteranía en combate y el pesar de aquella eterna perdida.


Cuando aquella señorita por fin terminó de hablar, me encaminé hacia la puerta de salida de su despacho, realizando un severo esfuerzo en esconder la sonrisa burlona que bregaba por dibujarse en mis labios. Estaba resuelto a simplemente salir por aquella puerta y dejar sus sandeces atrás, para enfocarme en el enfilamiento de mis armas. Sin embargo, mi parte sarcástica y acida surgió a la luz, girando mi rostro ligeramente para fijar su mirada sobre sus ojos por última vez en aquel día. – Me parece curioso que andemos en plena guerra, y usted pierda la calma de esta forma para reñirme por cuatro faltas tontas de comportamiento. Está muriendo gente: Mundanos, nefilim y demás criaturas, pero no, centrémonos en que el señorito Eckhart está siendo demasiado violento en sus misiones. Tiene hasta su punto gracioso según como se mire. - le espeté trazando definitivamente esa sonrisa que tanto había luchado por retener, sin despegar los luceros de los suyos propios, percibiendo el verdadero fuego que emergía de ellos.

– Haga los tramites que sean necesarios. Asumiré los castigos pertinentes como buen nefilim de pura raza que soy. Eso sí, no espere que me someta completamente a lo que sus jefes dicten en sus despachos. Y menos en una guerra. -  le inquirí realizando un notorio gesto con la mano en señal de falsa inocencia, como un crío pequeño cuando realiza alguna trastada. –En fin, la decisión sigue siendo vuestra. Y es muy simple: ¿Queréis soldados u ovejas obedientes que os sigan hasta la muerte? Esta resolución puede marcar la diferencia en esta sangrienta contienda, y eso usted lo sabe perfectamente. Igual que yo, lo que ocurre es que soy el único que tiene la osadía de decírselo a la cara. – giré el pomo de la puerta, abriendo esta lo suficiente para poder salir al pasillo exterior, sintiendo la fresca brisa de aire que corría por allí. – Le deseo un buen día y espero que la próxima vez que nos veamos sea en un tono más amistoso. Hasta más ver. - me despedí esbozando un fingido semblante de simpatía y salí de aquel lujoso despacho, cerrando su puerta con la fuerza justa para marcar mi postura. Seguidamente, volví a recorrer los pasillos de aquel edificio, con la conversación aun en mi mente y expectante del dictamen de los chupatintas de arriba.








avatar
Mensajes : 41

Reliquias : 297


Hoja de personaje
Inventario:
Ver perfil de usuario http://www.cazadoresdesombras-rpg.com/t9537-theoodre-k-eckhart-idhttp://www.cazadoresdesombras-rpg.com/t9538-theo-s-relationshipshttp://www.cazadoresdesombras-rpg.com/t9539-cronology-of-a-shadow-hunter-theodore-k-eckharthttp://www.cazadoresdesombras-rpg.com/t9712-searching-my-despair-0-2#84668
Personaje inactivo

Volver arriba Ir abajo

Contenido patrocinado
está

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.